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Avitaminosis, hipovitaminosis e

hipervitaminosis
Se denomina avitaminosis a la falta de vitaminas, e hipoavitaminosis a su
disminución e insuficiencia.

Los desórdenes que la hipoavitaminosis produce, llamados trastornos de


carencia, demoran semanas o meses en manifestarse, porque el organismo
tiene reservas de vitaminas en depósito, que tardan en agotarse. Una vez
producidos los desarreglos patológicos, basta suministrar la vitamina
correspondiente para que desaparezcan. En múltiples casos así sucede. Las
vitaminas se introducen en el organismo con una alimentación adecuada, y
cuando ésta es deficiente se inician los trastornos por carencia.

Así planteado el problema de la hipoavitaminosis resulta muy sencillo; pero


sucede que aun con una administración suficiente y adecuada de vitaminas,
puede producirse la avitaminosis porque el organismo no utiliza suficiente o
adecuadamente las vitaminas administradas. Estos casos, denominados
desvitaminosis, son mucho más frecuentes que los de avitaminosis o
hipoavitaminosis por déficit de la alimentación, y se encuentran relacionados
con alteraciones orgánicas especiales secundarias a otras enfermedades, a
menudo localizadas en el aparato digestivo, que obstaculizan la absorción de
las vitaminas alimentarias. En este sentido, Ederer y Kramar han demostrado
que en los niños con lactancia artificial, las vitaminas quedan destruidas por los
intensos procesos de reducción.

Entre las causas que producen avitaminosis por insuficiente ingestión de las
mismas, se encuentra en primer término la manera de preparar los alimentos,
cocinándolos exageradamente, o las diversas manipulaciones empleadas para
su conservación, tales como el ahumado, la salazón, la fermentación; o la
separación de las porciones que precisamente contienen las vitaminas, como
ocurre con el arroz pulido, o con el trigo, al que se quita la cáscara. Por este
motivo, el pan tiene un contenido muy pobre de vitaminas, pues las que hay
en el trigo se separan con el salvado. Por otra parte, los granos de trigo, de
por sí, contienen muy pocas vitaminas (con excepción del embrión). El llamado
pan integral no tiene mayor cantidad de vitaminas que el pan blanco, portador,
aunque no en cantidad importante de la vitamina Bx (antineurítica) y la
vitamina A (propulsora del crecimiento y antixeroftálmica). La vitamina D
(antirraquítica) no existe en la harina blanca.

Las causas principales de la hipoavitaminosis son: la disminución de la


ingestión de alimentos, como se observa en los ulcerosos, que la limitan
voluntariamente para evitar sus dolores, o en aquellas personas que no comen
para adelgazar y especialmente en los estados de pobreza o de alimentación
poco variada, como ocurre en algunos países, cuyos habitantes comen casi
exclusivamente arroz o harina de maíz, o en los niños que después de cierta
edad continúan recibiendo, exclusivamente, leche materna, o de vaca, u otra
alimentación artificial insuficiente.

Existen también factores externos capaces de producir trastornos por carencia,


como la falta de sol (rayos ultravioletas), que no permiten la transformación
del ergosterol (provitamina D) en su vitamina correspondiente, lo que origina
el raquitismo.

Es conveniente señalar que algunos estados especiales, como el de un niño en


crecimiento, o el de una nodriza, necesitan un aporte mayor de vitaminas, de
modo que una ingestión adecuada para una persona fuera de tales condiciones
resulta insuficiente en esos casos.

La hipervitaminosis no se observa nunca en la dietética humana, de modo que


sus efectos sólo se conocen en las experimentaciones de laboratorio, donde se
ha comprobado que la administración excesiva de las vitaminas A, D, etc.,
puede provocar trastornos serios y hasta mortales. No obstante, el abuso de
las vitaminas, sin atención médica, ha producido algunos casos de
intoxicaciones graves y fatales no pocos de ellos.

La Vitaminosis; Avitaminosis e Hipervitaminosis

¿CARENCIA O ABUSO?

Las vitaminas son sustancias orgánicas de composición variada que


requiere el organismo en pequeñas cantidades para su desarrollo
normal. La carencia o exceso de éstas, ocasionada por una dieta
deficiente o abuso de complementos alimenticios, puede generar
enfermedades genéricamente conocidas como vitaminosis.

En nuestros días se llama la atención muy a menudo sobre la


importancia de las vitaminas, y muchos productos alimenticios son
promocionados bajo el lema: "enriquecido con vitaminas", de modo que
atribuimos a estas sustancias un valor que, si bien es justificado, en
muchas ocasiones es excesivo.
Desafortunadamente, hay quien olvida que una dieta balanceada por sí
misma proporciona todos los nutrientes que necesitamos, y sólo en
casos especiales se aconseja el refuerzo de un producto que complete la
dieta; al contrario, convierten a polvos y cápsulas en su base alimenticia
e ingieren comidas rápidas sin horario fijo, esperando que su
complemento alimenticio, muchas veces suministrado en cantidades
excesivas, cubra sus necesidades.

En el otro extremo se encuentran los individuos que por tratar de


alcanzar un ideal de belleza se privan de sus comidas diarias con la idea
de que, al comer menos, su silueta poco a poco adelgazará hasta
alcanzar un estereotipo estético, sin notar que desbalancean su dieta y
propician el surgimiento de enfermedades.
Cierto es que seres vivos como vegetales, hongos y microorganismos
son capaces de elaborar vitaminas por sí mismos, pero no los humanos;
nosotros necesitamos de una alimentación balanceada, que incluya
productos de todos los grupos de alimentos, para procurar que haya
estabilidad y evitar los transtornos orgánicos relacionados con estas
sustancias, conocidos como vitaminosis. generalmente se conocen dos
tipos :

Ø Avitaminosis, cuando hay carencia total de una o varias vitaminas.


Ø Hipervitaminosis, en caso de existir exceso de una o varias vitaminas.

Las vitaminas se dividen en dos grupos, de acuerdo a si son capaces de


disolverse en agua (hidrosolubles) o en grasas (liposolubles). En el
primer grupo encontramos a la vitamina C y las del complejo B, y en el
segundo a las vitaminas A, E, D y K; por cierto, es más fácil padecer
hipervitaminosis de estas últimas, ya que al ser poco solubles en agua
son también difíciles de eliminar por la orina.

A continuación mencionamos los efectos que se generan por el exceso y


carencia de cada una de estas vitaminas en el organismo humano.

Avitaminosis:

La avitaminosis, o deficiencia de vitaminas, se puede deber a dieta mal


balanceada, régimen alimenticio inadecuado para bajar de peso,
problemas de anorexia y bulimia, enfermedades del hígado o mala
absorción de nutrientes en el intestino a causa de problemas congénitos,
parásitos o alcoholismo, entre otros factores.
La avitaminosis no se presenta como carencia única de una sola
vitamina, sino que siempre se genera en conjunto. Es decir, si falta
alguna de las vitaminas hidrosolubles (C y del complejo B), escasean
otras de su tipo; de igual manera, si es insuficiente alguna liposoluble
(A, D, E, K) se acompaña de la carencia de sus similares.

Es más común encontrar bajos índices de vitaminas hidrosolubles,


contenidas en vegetales (cereales, verduras y fruta), dado que la
comida rápida, común en la dieta actual, hace de lado este tipo de
productos. Sus rasgos característicos son los siguientes:

Vitamina B1. Su falta genera degeneración neuronal, debilidad


muscular, hipersensibilidad, pérdida de reflejos, insuficiencia cardiaca,
falta de apetito, edemas (hinchazones blandas formadas por cantidad
excesiva de líquido en tejidos) y, en casos extremos, la muerte. Este
cuadro sintomático es conocido como beriberi. Abunda en la cascarilla
de cereales y legumbres, donde se encuentra en forma inactiva
(tiamina).

Vitamina B2. La deficiencia de esta vitamina, aunque extraña, ocasiona


dermatitis y lesiones en las mucosas (lengua, labios, córnea y,
principalmente, en comisuras de la boca). Se encuentra casi en todos
los alimentos, pero principalmente en lácteos, carne, pescado y aves.

Vitamina B3. En bajas cantidades puede ocasionar pelagra, enfermedad


caracterizada por dermatitis, diarrea y demencia. Puede deberse a
alimentarse con maíz que no es tratado a través de nixtamalización,
pues esta vitamina se encuentra "encapsulada" y sólo se libera a través
de dicho proceso. Para cubrir las necesidades del organismo deben
incluirse alimentos obtenidos por fermentación con levaduras (requesón,
cerveza), carnes, leche, ajonjolí y pescado.

Vitamina B5. Su déficit ocasiona el síndrome de los "pies ardorosos"


(dolores, quemazón y palpitación en estas extremidades), aunque
también puede generar alteraciones nerviosas y circulatorias. Se
encuentra en todas las carnes (especialmente en el hígado), vegetales y
frutas.

Vitamina B6. La falta de esta sustancia genera anemia, depresión,


convulsiones, fatiga, inflamación de los nervios periféricos y alteraciones
de la piel. Para prevenir su falta debemos consumir hígado, pollo,
bacalao, salmón, queso, avena, huevo, aguacate y papa.

Vitamina B8. Bajas cantidades de este elemento generan dermatitis,


dolores musculares, anemia y aumento de colesterol en sangre. Los
animales obtienen este nutriente a través de la actividad de la flora
bacteriana de la pared del intestino. También la encontramos en hígado,
nueces, crema de cacahuate, frijoles, yema de huevo y coliflor.

Vitamina B9. Los niños que no cuentan con esta sustancia tienen baja
resistencia a enfermedades y ven detenido su crecimiento, en tanto que
los adultos padecen anemia, irritabilidad, insomnio, pérdida de memoria
y disminución de las defensas. La encontramos en verduras, hígado,
huevos y leche.

Vitamina B12. Su escasez ocasiona disminución y anormalidad en la


formación de glóbulos rojos; en casos de deficiencia extrema puede
presentarse psicosis, degeneración nerviosa, alteración del ciclo
menstrual, ulceraciones en la lengua y excesiva pigmentación en las
manos en personas de color. Se incluye sólo en alimentos de origen
animal, como carnes rojas, pollo, pescado, huevo y productos lácteos,
por lo que es común que la gente vegetariana padezca esta
hipovitaminosis.

Vitamina C. Cada vez menos frecuente, su carencia genera escorbuto,


padecimiento caracterizado por hinchazón y sangrado en las encías, en
casos extremos con caída de dientes; asimismo, pueden presentarse
hemorragias en vías sanguíneas muy delgadas (vasos capilares) que se
vuelven frágiles, y mayor propensión a las infecciones. Es abundante en
cítricos, hortalizas y leche.
Por su parte, las hipovitaminosis de elementos liposolubles, que se
encuentran principalmente en carnes y oleaginosas, son menos
frecuentes, aunque hay que hacer la acotación que muchas personas
que siguen un régimen alimenticio vegetariano suelen carecer de estos
nutrientes por la naturaleza de su dieta.
Vitamina A. Su déficit, que es el más común de este grupo, ocasiona
crecimiento lento en niños y jóvenes, y en general crea daños en el ojo,
por lo que se facilitan infecciones del órgano, opacidad de la córnea y
dificultad para adaptación de la visión a sitios oscuros (nictalopía o
ceguera nocturna). Esta sustancia puede obtenerse de aceite de hígado
de bacalao, anchoas, sardina, yema de huevo, leche y mantequilla.

Vitamina D. En baja cantidad ocasiona perturbaciones en la formación


de los huesos de los niños (raquitismo), y reblandecimiento óseo en
adultos (osteomalacia). Para generarla se requiere consumir atún,
sardina, salmón, arenque, hígado, leche y huevo, además de tomar
baños de Sol, pues el organismo humano la elabora con ayuda de los
rayos ultravioleta.
Vitamina E. La falta de este elemento ocasiona en general
envejecimiento a nivel celular; para evitarlo deben consumirse vegetales
de hoja verde, aceites (oliva, maíz, cártamo, soya), aguacate, cereales,
yema de huevo, mantequilla, zanahoria y plátano.

Vitamina K. En bajas cantidades ocasiona hemorragias. Para evitar este


problema deben consumirse vegetales de hoja verde (espinacas, coles,
lechuga, brócoli), raíces comestibles, frutas, semillas (ajonjolí, soya,
chícharo) y derivados de pescados (aceites).

Hipervitaminosis:

Las hipervitaminosis son menos frecuentes, y su principal causa es el


consumo desmedido de complementos alimenticios o multivitamínicos
con la finalidad de incrementar peso o aumentar masa muscular. Son
todavía menos frecuentes en las hidrosolubles, ya que su exceso es
eliminado naturalmente a través de la orina.

Vitamina B1. La tiamina, aneurina o antiberibérica ayuda a obtener


energía a partir de las grasas. No se tienen reportados efectos
secundarios por consumo excesivo.

Vitamina B2. También llamada riboflavina, ayuda a obtener energía y es


importante para el mantenimiento de las mucosas y de la piel. Tampoco
se tienen registros de efectos nocivos por ingerirla en demasía.

Vitamina B3. Conocida como niacina, ácido nicotínico, factor PP o


vitamina antipelagrosa, ayuda a obtener energía de los alimentos,
mejora la circulación sanguínea y contribuye al mantenimiento de piel,
lengua y sistemas nervioso y digestivo. En ocasiones se recomienda
tomarla en dosis 200 veces superiores a la cantidad diaria
recomendada, a fin de controlar elevadas concentraciones de grasas en
la sangre; en tales circunstancias puede provocar rubor intenso, lesiones
del hígado, trastornos cutáneos, gota, úlceras y alteración en la
tolerancia a la lactosa (azúcar de la leche).

Vitamina B5. También Llamada Ácido Pantoténico O Vitamina W, Es Necesaria En La Síntesis


De Hormonas Antiestrés, Aprovechamiento De Ácidos Grasos, Formación De Anticuerpos Y
Transformación De Sustancias Tóxicas. Su Exceso No Ocasiona Daños.

Vitamina B6. La Piridoxina Se Encuentra Ligada A La Elaboración De Sustancias Transmisoras


Empleadas Por El Sistema Nervioso. Aunque Se le llega a recetar en grandes
cantidades para atender problemas en tendones, nervios o tensión
premenstrual, puede lesionar las terminaciones nerviosas e incluso la
médula espinal.

Vitamina B8. Es conocida como vitamina H o biotina, e interviene en las


reacciones que producen energía y en la asimilación de ciertas grasas;
es necesaria para el crecimiento y buen funcionamiento de piel, cabello,
glándulas sebáceas, sudoríparas y de tipo sexual. No se han reportado
problemas por su consumo en demasía.

Vitamina B9. Más popular bajo el nombre de ácido fólico, interviene en


la correcta elaboración de un componente esencial del ADN y ARN, la
timidina; también ayuda en la producción de células sanguíneas. En
dosis 100 veces mayores a la cantidad requerida puede aumentar la
frecuencia de las convulsiones en epilépticos y agravar lesiones
neuronales en personas con deficiencia de vitamina B12.

Vitamina B12. Es llamada cobalamina e interviene también en la


síntesis de ADN, ARN y proteínas, así como en la formación de glóbulos
rojos; se requiere, asimismo, para mantener la reserva energética de
los músculos. No se han reportado efectos por su consumo excesivo.

Vitamina C. El ácido ascórbico o antiescorbútica es un agente


antioxidante que también ayuda a la generación de tejidos, estimula la
defensa contra infecciones y es indispensable en la producción de
hormonas antiestrés producidas por las glándulas suprarrenales. Su
ingesta en grandes cantidades puede ocasionar litiasis (presencia de
cálculos o piedras en el interior de los riñones o vías urinarias). Por su
parte, la hipervitaminosis de liposolubles es más común, ya que éstas se
almacenan en el hígado y son más difíciles de aprovechar, por lo que su
cantidad en exceso no se elimina con facilidad.

Vitamina A. Conocida como retinol, betacaroteno o antixeroftálmica, es un antioxidante que


elimina radicales libres (moléculas que aceleran el envejecimiento de las células), frena el
deterioro de tejidos y es imprescindible para la regeneración de la rodopsina, cuya
descomposición por la luz permite la visión del ojo. Sin embargo, su consumo excesivo produce
descamaciones de la piel, caída del cabello, debilidad, ahogo y vómito.

Vitamina D. También conocida como calciferol o antirraquítica, regula la absorción intestinal de


calcio y fósforo y, por tanto, la estabilidad ósea. Si se encuentra en exceso en el organismo genera
trastornos digestivos (vómito o diarrea), así como acumulación de calcio en riñón, hígado, corazón
u otros órganos.

Vitamina E. Se denomina también tocoferol o entiestéril; tiene


capacidad antioxidante, y al parecer desempeña actividad protectora
para ciertas moléculas de grasa. Hasta el momento no se reportan
efectos nocivos por su ingesta desmedida.

Vitamina K. Llamada naftoquinona, fitomenadiona o antihemorrágica,


participa en el mecanismo de coagulación de la sangre; no se requiere
un gran consumo, ya que la flora bacterial la produce en cantidades
suficientes. Asimismo, abusar de ella no tiene efectos secundarios.

Luego de este recorrido sólo queda recordar que la mejor manera de


evitar este tipo de padecimientos es seguir una dieta balanceada y
asesorarse siempre con un médico general o nutriólogo acerca de las
dudas que se tengan respecto a alimentación, dieta ideal,
requerimientos de vitaminas y otros nutrientes.La industria farmacéutica
proporciona gran cantidad de complementos que pueden llegar a suplir
alguna deficiencia nutricional en nuestro organismo. Sin embargo,
siempre será recomendable acudir al médico para saber cuáles son las
vitaminas que nos hacen falta y recordar lo que dice una antigua frase:
"que nuestra medicina sea nuestra comida".
Avitaminosis
La avitaminosis, déficit vitamínico o hipovitaminosis se define como una falta o deficiencia
en la cantidad de una o más vitaminas que el organismo requiere normalmente.

Esto determina alteraciones en la actividad metabólica ya que las vitaminas son cofactores
(coenzimas) que ayudan a las enzimas en sus procesos catalíticos.

La carencia de vitamina C provoca escorbuto.

El deficit de vitamina A puede generar ceguera permanente.

La carencia de vitamina D produce raquitismo; deformidades ósea en los niños,


incorregibles en la vida adulta.

La carencia de vitamina K causa deficiencias en la coagulación, que pueden generar


hemorragías.
1. INTRODUCCIÓN
El término Vitamina se le debe al Bioquímico polaco Casimir Funk quien lo planteó en 1912. Consideraba que
eran necesarias para la vida (vita) y la terminación Amina es porque creía que todas estas sustancias poseían
la función Amina.
Las Vitaminas son esenciales en el metabolismo y necesarias para el crecimiento y para el buen
funcionamiento del cuerpo. Solo la Vitamina D es producida por el organismo, el resto se obtiene a través de
los alimentos.
Todas las vitaminas tienen funciones muy específicas sobre el organismo y deben estar contenidas en
la alimentación diaria para evitar deficiencias. No hay alimento mágico que contenga todas las vitaminas, solo
la combinación adecuada de los grupos de alimentos hacen cubrir los requerimientos de todos los nutrimentos
esenciales para la vida.
Tener una buena alimentación es indispensable para el desarrollo de todas nuestras habilidades físicas y
mentales; además la deficiencia de vitaminas puede llevarnos a contraer enfermedades graves que
podríamos corregir con una alimentación balanceada. La carencia de vitaminas se denomina Hipovitaminosis
y el exceso de alguna de ellas puede producir Hipervitaminosis.
Son sustancias indispensables en la nutrición de los seres vivos; no aportan energía, pero sin ellas el
organismo no podría aprovechar los elementos constructivos y energéticos suministrados por medio de la
alimentación.
El consumo de tabaco, alcohol o drogas provoca un mayor gasto de algunas vitaminas por lo cual es
necesario suministrarlas en mayor cantidad o hacer un aporte suplementario teniendo en cuenta que las que
vienen naturalmente en los alimentos son más efectivas que las que se producen en laboratorio.
Las Vitaminas se dividen en dos grupos, LIPOSOLUBLES que se disuelven en grasas y aceites, e
HIDROSOLUBLES que se disuelven en agua. Veremos pues la importancia de estas sustancias, sus
características generales, sus rasgos principales, estructuras, las consecuencias de su deficiencia,
aplicabilidad industrial y algunos otros datos de importancia en el estudio de LAS VITAMINAS

. LAS VITAMINAS Las vitaminas son sustancias orgánicas, de naturaleza y composición variada.
Imprescindibles en los procesos metabólicos que tienen lugar en la nutrición de los seres vivos. No aportan
energía, ya que no se utilizan como combustible, pero sin ellas el organismo no es capaz de aprovechar los
elementos constructivos y energéticos suministrados por la alimentación. Normalmente se utilizan en el
interior de las células como antecesoras de las coenzimas, a partir de las cuales se elaboran los miles
de enzimas que regulan las reacciones químicas de las que viven las células. Su efecto consiste en ayudar
a convertir los alimentos en energía. La ingestión de cantidades extras de vitaminas no eleva la
capacidad física, salvo en el caso de existir un déficit vitamínico (debido, por ejemplo, a un régimen de
comidas desequilibrado y a la fatiga). Entonces se puede mejorar dicha capacidad ingiriendo
cantidades extras de vitaminas. Las necesidades vitamínicas varían según las especies, con la edad y con
la actividad.
Las vitaminas deben ser aportadas a través de la alimentación, puesto que el cuerpo humano no puede
sintetizarlas. Una excepción es la vitamina D, que se puede formar en la piel con la exposición al sol, y las
vitaminas K, B1, B12 y ácido fólico, que se forman en pequeñas cantidades en la flora intestinal
s vitaminas son esenciales, pero en su justa medida, ya que un exceso puede
derivar en hipervitaminosis, un trastorno que entraña sus consecuencias para
la salud. ¿Cuáles son las causas más habituales?, ¿de qué vitaminas estamos
hablando? Y, sobre todo, ¿cuál es el tratamiento más adecuado? Vamos a ver
más detenidamente todos estos aspectos.
La hipervitaminosis, en términos médicos, hace referencia a un exceso de
vitaminas liposolubles, sobre todo de vitaminas A y D. Las vitaminas, como ya
sabemos, son uno de los nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento de
nuestro organismo, pero en su justa medida, es decir, sin excesos. Como en otros
aspectos de la salud, un exceso de vitaminas puede tener un efecto perjudicial,
por ejemplo, favoreciendo una mayor acumulación de toxinas al no eliminarse
por la orina. La hipervitaminosis, lógicamente, está provocada por una ingesta
demasiado elevada de vitaminas, presentes no solo en alimentos, sino en
los suplementos o complementos vitamínicos. Siempre que incluyamos éstos en
nuestra dieta, debemos hacerlo bajo supervisión médica, para evitar riesgos
innecesarios, como la hipevitaminosis.
Hipervitaminosis: vitamina A
La mayoría de las vitaminas se eliminan fácilmente por la orina, sin embargo, en
el caso de las denominadas vitaminas liposolubles (A, D, E y K) tienden a
acumularse en los tejidos grasos del cuerpo.
El exceso de vitamina A –la cual se encuentra sobre todo en huevos, pescados
grasos y mantequilla, entre otros alimentos- puede manifestarse tras una ingesta
elevada en poco tiempo (hipervitaminosis aguda) o de manera crónica. Entre
los síntomas más comunes del exceso de vitamina A se incluyen la visión
borrosa, dolor de cabeza, somnolencia, pérdida de apetito, náuseas y vómitos. En
algunos casos, sobre todo cuando se produce en los niños, puede aparecer visión
doble o un reblandecimiento de los huesos de la cabeza.
Hipervitaminosis: vitamina D
Es una de las supervitaminas, pero cuando hay exceso de vitamina D y de calcio
puede afectar directamente a los huesos, a los tejidos blandos y a los riñones.
Entre los síntomas más comunes se incluyen el cansancio, pérdida de apetito,
mayor irritabilidad, estreñimiento, debilidad muscular y vómitos. El exceso de
vitamina D constituye un factor de riesgo de problemas gastrointestinales,
descalcifación de los huesos y deshidratación.
La vitamina D se encuentra sobre todo en las carnes, cereales, aceites y
champiñones.

Hipervitaminosis: vitamina E
Cuando se trata de un exceso de vitamina E –cuya función en condiciones
normales es mantener las membranas celulares- pueden aparecer náuseas,
diarreas y gases.
Hipervitaminosis: vitamina K
La sobredosis de vitamina K aumenta los riesgos de problemas hepáticos y
hemorragias, ya que esta vitamina actúa directamente en la coagulación
sanguínea.
Hipervitaminosis: tratamiento
Lo más habitual es que el tratamiento pase por dejar de tomar los suplementos de
vitaminas y de moderar el consumo de aquellos alimentos que incrementan la
cantidad en la dieta. Eso sí, siempre debe realizarse bajo el consejo médico. Y si
queremos tomar algún suplemento nutritivo, antes de hacerlo, consultar, ya que
como hemos visto hay que regular el consumo de vitaminas para que no se
produzca un desequilibrio en nuestro cuerpo.

s vitaminas son esenciales, pero en su justa medida, ya que un exceso puede


derivar en hipervitaminosis, un trastorno que entraña sus consecuencias para
la salud. ¿Cuáles son las causas más habituales?, ¿de qué vitaminas estamos
hablando? Y, sobre todo, ¿cuál es el tratamiento más adecuado? Vamos a ver
más detenidamente todos estos aspectos.
La hipervitaminosis, en términos médicos, hace referencia a un exceso de
vitaminas liposolubles, sobre todo de vitaminas A y D. Las vitaminas, como ya
sabemos, son uno de los nutrientes esenciales para el correcto funcionamiento de
nuestro organismo, pero en su justa medida, es decir, sin excesos. Como en otros
aspectos de la salud, un exceso de vitaminas puede tener un efecto perjudicial,
por ejemplo, favoreciendo una mayor acumulación de toxinas al no eliminarse
por la orina. La hipervitaminosis, lógicamente, está provocada por una ingesta
demasiado elevada de vitaminas, presentes no solo en alimentos, sino en
los suplementos o complementos vitamínicos. Siempre que incluyamos éstos en
nuestra dieta, debemos hacerlo bajo supervisión médica, para evitar riesgos
innecesarios, como la hipevitaminosis.
Hipervitaminosis: vitamina A
La mayoría de las vitaminas se eliminan fácilmente por la orina, sin embargo, en
el caso de las denominadas vitaminas liposolubles (A, D, E y K) tienden a
acumularse en los tejidos grasos del cuerpo.
El exceso de vitamina A –la cual se encuentra sobre todo en huevos, pescados
grasos y mantequilla, entre otros alimentos- puede manifestarse tras una ingesta
elevada en poco tiempo (hipervitaminosis aguda) o de manera crónica. Entre
los síntomas más comunes del exceso de vitamina A se incluyen la visión
borrosa, dolor de cabeza, somnolencia, pérdida de apetito, náuseas y vómitos. En
algunos casos, sobre todo cuando se produce en los niños, puede aparecer visión
doble o un reblandecimiento de los huesos de la cabeza.
Hipervitaminosis: vitamina D
Es una de las supervitaminas, pero cuando hay exceso de vitamina D y de calcio
puede afectar directamente a los huesos, a los tejidos blandos y a los riñones.
Entre los síntomas más comunes se incluyen el cansancio, pérdida de apetito,
mayor irritabilidad, estreñimiento, debilidad muscular y vómitos. El exceso de
vitamina D constituye un factor de riesgo de problemas gastrointestinales,
descalcifación de los huesos y deshidratación.
La vitamina D se encuentra sobre todo en las carnes, cereales, aceites y
champiñones.

Hipervitaminosis: vitamina E
Cuando se trata de un exceso de vitamina E –cuya función en condiciones
normales es mantener las membranas celulares- pueden aparecer náuseas,
diarreas y gases.
Hipervitaminosis: vitamina K
La sobredosis de vitamina K aumenta los riesgos de problemas hepáticos y
hemorragias, ya que esta vitamina actúa directamente en la coagulación
sanguínea.
Hipervitaminosis: tratamiento
Lo más habitual es que el tratamiento pase por dejar de tomar los suplementos de
vitaminas y de moderar el consumo de aquellos alimentos que incrementan la
cantidad en la dieta. Eso sí, siempre debe realizarse bajo el consejo médico. Y si
queremos tomar algún suplemento nutritivo, antes de hacerlo, consultar, ya que
como hemos visto hay que regular el consumo de vitaminas para que no se
produzca un desequilibrio en nuestro cuerpo.

Hipervitaminosis
Siempre hemos oído hablar de los beneficios de las vitaminas, pero algunas
de ellas, tomadas en exceso, especialmente a través de suplementos
nutricionales, pueden provocar diversos problemas de salud.

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