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Fundamentos para cristianos que se enojan

julio 13, 2012Jim BergAmargura enojo venganza y odio


¡Él está tan enojado que no ve lo que hace!

“Mamá, yo no sé, pero creo que Jorge no debe conducir. Yo sé que él acaba de cumplir la
edad y que ya lo puede hacer legalmente pero puede matar a alguien de la manera que él
conduce cuando está enojado. Acaba de chillar las gomas al salir de casa y casi le da al
carro del correo”.

“Hija, Jorge se enojó porque tu papá no le dio permiso para ir a la playa con los García este
fin de semana. Estoy muy preocupada por él. Él se enoja tanto que no ve lo que hace”.

¿Qué pudieran hacer los papás de Jorge por él? Jorge admite que él ve la necesidad de
controlar su temperamento. Sin embargo, cuando él hace un esfuerzo para controlarse, algo
más sucede que nuevamente le enoja. Y se le hace casi imposible seguir tratando, y ya se
dio por vencido.

Si tú eres como Jorge o estás tratando de ayudar a alguien quien es como Jorge, tú
necesitas entender algunos principios sobre las causas y las soluciones al problema del
enojo.

Descripciones del enojo en una sola palabra


En primer lugar, en sí, el enojo es una fuerte emoción de DISGUSTO. Cada día hay muchas
cosas que suceden y que nos desagradan – la correa del zapato se nos rompe, nuestro hijo
pierde nuevamente el dinero del almuerzo, el carro nos deja a pie, nuestro jefe niega a
aceptar lo que le proponemos – y la lista sigue.

Todos experimentamos cosas así a menudo y por lo general no reaccionamos con enojo a
menos que la circunstancia nos desagrade mucho. Nosotros expresamos GRAN
DESAGRADO cuando aquello que nos sucedió le hemos dado GRAN SIGNIFICADO. Para
nosotros algo llega a ser importante cuando algo sucede repetidas veces – nuestro hijo
pierde el dinero del almuerzo OTRA VEZ – o también, cuando el suceso envuelve algo muy
importante para nosotros -como conseguir la aprobación de nuestro jefe en algo que le
proponemos. Así que, cuando somos GRANDEMENTE DISGUSTADOS, por la razón que
sea, nos enojamos.

En segundo lugar, el enojo es una declaración de DEMANDA. En otras palabras, sentimos


que el hecho que nos desagrada tiene que ser corregido antes de que nos consideremos
satisfechos.

En tercer lugar, el enojo es DESTRUCTOR de aquello que nos disgusta (el suceso o la
persona). Es una emoción que demanda un cambio. La persona enojada dice (muchas
veces con una cara colorada, tirando puertas e incoherente al caminar), “yo estoy muy
disgustado y estoy demandando que las cosas cambien”.

Ahora bien, hasta este momento, nada de lo mencionado tiene que necesariamente ser
pecado, excepto lo de tirar las puertas por causa del enojo. Recordemos que nuestro Señor
estaba MUY DISGUSTADO cuando él encontró a los cambistas de dinero en el templo
(Marcos 11:15-19). El demandó que la casa de su Padre fuese usada para adorar y no para
negocio. Además fue más allá, y destruyó el negocio de los mercaderes, quienes estaban
violando el propósito de su Padre.

Aquí encontramos un principio muy importante. El enojo puede ser bueno, cuando el
DISGUSTO está de acuerdo con las mismas cosas que le desagradan a Dios, cuando el
enojo hace las mismas DEMANDAS que Dios hace y cuando el enojo DESTRUYE las
mismas cosas a las cuales Dios se opone. Sin embargo, la mayoría de nuestro enojo es
pecaminoso porque estamos preocupados por nuestros propios intereses y no por los de
Dios.

Existe un cuarto elemento en el enojo y este elemento solamente está presente en el enojo
pecaminoso del hombre. Este elemento es la FALSEDAD o la DISTORSION de las cosas.
La mamá de Jorge estaba en lo correcto cuando dijo: “Jorge se enoja tanto que no ve lo que
hace”. El enojo pecaminoso nunca permite ver las cosas como Dios las ve, y por lo tanto, el
enojo incorrecto llega a conclusiones incorrectas y responde de una manera negativa.

TRES CAUSAS COMUNES DEL ENOJO


En Números 2:1-13 tenemos un recuento detallado de un hombre enojado. Ese hombre fue
Moisés. Primero, él se enojó porque estaba FRUSTRADO. Entendamos que la frustración es
el resultado de una actitud defensiva cuando nuestras metas son impedidas de ser llevadas
a cabo. Francamente, Moisés le había tolerado al pueblo muchos lloriqueos y quejas por
muchos años, y estaba cansado del espíritu carnal de ellos.

Entendamos también que él estaba DOLIDO. Los Israelitas le estaban acusando de haberlos
llevado al desierto para matarlos, cuando la verdad es que Moisés fue quien les había
librado de la ira de Dios (Éxodo 32:7-14), estando dispuesto hasta dar su propia vida por
ellos. Si Moisés realmente hubiese querido el mal para ellos, él hubiera permitido que Dios
les hubiese destruido (matado) en aquella ocasión. Y naturalmente, las acusaciones le
dolían.

En tercer lugar, es muy probable que Moisés tenía MIEDO. Recordamos que la última vez
cuando al pueblo de Israel le hizo falta el agua, el pueblo vino a Moisés para matarle (Éxodo
17:1-4).

Todos estos elementos (FRUSTRACIÓN, DOLOR Y MIEDO) nos desagradan. A ninguno de


nosotros nos gusta que nos lleven la contraria en alguna de nuestras metas. Nos
disgustamos cuando alguien nos causa dolor y evadimos las situaciones cuando se nos
pone en alguna situación de peligro. Y cuando experimentamos gran desagrado por causa
de alguno de estos tres elementos, nos enojamos.

CUATRO DISTORCIONES O FALSEDADES CAUSADAS


POR EL ENOJO
Como vimos al principio, el enojo maligno o pecaminoso siempre distorsiona o tuerce las
cosas. En el caso de Moisés, su enojo torció su conversación (Números 20:10). De hecho él
dijo: “Hasta tenemos que sacar el agua para ustedes?” Aquí el habló sarcásticamente. El
sarcasmo resulta cuando se toma en poco a otra persona. La palabra SARCASMO viene de
la raíz griega SARX que significa CARNE. Así es que SARCASMO significa RASGAR
CARNE. Y esto bien puede ser incluido en lo que el apóstol califica como “palabra
corrompida” (Efesios 4:29-30) y que contrista el Espíritu Santo de Dios. Dios nos dice
en Salmos 106:32-33 que a El no le gustó la manera en que Moisés le habló a la gente en su
enojo. Y como en el caso de Moisés, nuestro enojo primero se da a conocer en nuestra
manera de hablar.

El enojo tuerce el pensamiento del mismo hombre. El hombre piensa que la manera correcta
de ver las cosas es como él las hace y las ve. En otras palabras, él le da mucha más
importancia al concepto que él tiene de sí mismo (Romanos 12:3).

También, el enojo tuerce el conocimiento que se tiene sobre los demás. Se toma en menos
a los demás cuando se usa el sarcasmo. La gente destruye solamente aquellas cosas que
no tienen valor. Nosotros tiramos la basura porque ya no tiene un uso para nosotros. Un
individuo enojado pone en menos a las demás personas porque éstas ya no tienen valor
para él. Su enojo muestra nada más la preocupación por sí mismo y su desprecio por los
demás.

Y en último lugar, la ira de Moisés muestra como los mandamientos de Dios pueden ser
fácilmente torcidos. Moisés no llevó a cabo lo que Dios le había mandado; ÉL ESTABA TAN
ENOJADO QUE EL NO VIO LO QUE HACÍA; en vez de llevar a cabo el mandamiento
sencillo de Dios de hablarle a la roca, él la golpeó con enojo.

EXPRESIONES DEL ENOJO


No todas las personas expresan el enojo de la misma manera. Vemos que la ira de Jorge
era bastante evidente. Él hizo chillar la gomas del auto cuando salió de su casa y cuando se
enojaba se desesperaba. Por el otro lado, otras personas guardan sus sentimientos de
disgusto o desagrado dentro de sí mismos y le causan gran destrucción y daño a sus
propios cuerpos. Podemos decir que esas personas se cierran y no dejan que el enojo salga.

Mientras que cuando una persona se cierra y no deja salir el enojo, no es tan destructivo
para otras personas, sí trae destrucción para la persona que está enojada. Recordemos que,
a menos que la energía del enojo sea concentrada en las cosas correctas (aquellas contra
las cuales Dios se enoja) y por las razones correctas (la reputación y los derechos de Dios),
a menos que este sea el caso, de otra manera estaremos enfrentándonos a un enojo
pecaminoso. El enojo maligno o pecaminoso es incorrecto ya sea expresado externamente o
experimentado internamente. Esa energía que produce el enojo pecaminoso será destructiva
para algo o para alguien.

Por esto, concluimos que la solución no es el llegar a ser buenos en cómo controlar y
cuándo controlar cuando queremos estallar de enojo. La solución es: OBTENER LA
PERSPECTIVA DE DIOS SOBRE LAS COSAS QUE NOS DESAGRADAN O NOS
DISGUSTAN.

Las cosas que desagradan a Dios debieran desagradarnos a nosotros. Si lo que nos hizo
enojar a nosotros no hace enojar a Dios, entonces debemos renovar nuestras mentes
pensando como Dios piensa para que también a nosotros no nos haga enojar. Recordemos,
que nosotros no solamente debiéramos aprender a controlar nuestra ira, sino que
debiéramos obtener la perspectiva de Dios sobre las cosas que nos hacen enojar para poder
responder de la manera que Dios responde o reacciona. Para que tú puedas cambiar tu
perspectiva, tú tienes que ser transformado (cambiado) “por medio de la renovación de
vuestro entendimiento” (Romanos 12:2).
EL CORAZÓN DEL PROBLEMA
¿Notaron ustedes en el recuento sobre el enojo de Moisés en Números 20:1-12, que Dios no
le llamó la atención a Moisés por su enojo? Cuando Dios reprendió a Moisés, DIOS LE
REPRENDIÓ POR SU INCREDULIDAD. Dios le dijo: “Por cuando no creísteis en mí, para
santificarme delante de los hijos de Israel”. Santificar a Dios significa “el poner aparte a Dios
como algo especial”.

¿No es esto interesante? Dios nos está mostrando que las causas del enojo son la
incredulidad y la falta de considerar a Dios como lo más importante en nuestras vidas. Dios
le dijo a Moisés, “Moisés, ¿tú no te has puesto a pensar sobre esta situación? ¿Tú no crees
que yo estoy envuelto en todo esto? Te has adelantado y has tratado este problema a tu
manera en vez de usar la oportunidad para mostrarle al pueblo mi poder y cómo yo resuelvo
sus problemas. Pero ahora, por tus acciones, este pueblo no me ha tomado en cuenta en
nada. Todo lo que ellos han visto es el estallido de tus emociones y tu desobediencia.

Nosotros sabemos que Moisés sabía lo que tenía que hacer ante este problema. La última
vez que el pueblo se había quedado sin agua (Éxodo 17:2), cuando el pueblo de Israel vino
a él, él le dijo a la gente, “¿por qué altercáis conmigo?” El disgusto de ustedes es con Dios.
Y puesto que él es la solución de sus problemas, “¿por qué tentáis a Jehová?” En esta
ocasión, Moisés vio la situación correctamente. Él pudo usar el problema de la falta de agua
para mostrarles los defectos de la vida espiritual de ellos y demostrarles que Dios era la
única esperanza que tenían. De hecho, en aquella ocasión Moisés le hizo ver al pueblo que
la murmuración de ellos era el resultado de la incredulidad y la rebelión de ellos (Éxodo
17:7).

Amigo lector, entiende que el obstáculo más grande en tratar el problema del enojo es tu
incredulidad en que Dios puede solucionar tus problemas. Cuando estamos enojados,
nuestra posición parece ser muy justificable y también nuestra perspectiva parece ser la
correcta, PERO NUESTRO ORGULLO ES EL CORAZÓN DEL ENOJO PECAMINOSO.

Déjame decirte que probablemente vas a reaccionar de una de estas dos maneras a lo que
acabas de leer. Vas a sentir cierto alivio al saber que hay solución para empezar a dejar el
enojo y vas a enfrentar tu problema de la manera que Dios quiere. O, por el otro lado, la otra
manera es que tu orgullo va a reaccionar fuertemente a lo que has leído y te vas a sentir
molesto (hasta enojado) sabiendo que tú eres quien tiene que cambiar algo en tu vida. Si
tomas esta última posición, vas a continuar enfocándote en los hechos y en las otras
personas, insistiendo que son ellos los que necesitan cambiar. Y es precisamente esa
terquedad, y no otra cosa, la que te mantendrá como esclavo del pecado del enojo. Pero hay
esperanza para ti si estás dispuesto o dispuesta a enfrentar la situación de una manera
bíblica y permites que Dios te cambie a través de su Palabra.

¿POR DÓNDE EMPIEZO?


Primero, tienes que identificar cuales son las cosas o personas que hacen que te disgustes
grandemente, ¿recuerdas las causas del enojo?

Puedes empezar enlistando algunos eventos, circunstancias y personas en tu vida que


consideras como una de las causas del enojo:
1. Haz una lista de las cosas (tanto en el pasado como en el presente) que te FRUSTRAN.
2. Haz una lista de las cosas (tanto en el pasado como en el presente) que te OFENDEN
(herir emocionalmente).
3. Haz una lista de las cosas (tanto en el pasado como en el presente) que te hacen tener
MIEDO, porque te ponen en una situación difícil.

¿Y AHORA QUÉ HAGO?


Como ya dijimos anteriormente, el tratar de resolver el problema del enojo bíblicamente
requiere que se obtenga la opinión de Dios o la perspectiva de Dios en cada uno de los
problemas específicos que enlistaste bajo las tres causas comunes del enojo. “La
renovación de vuestro entendimiento” es una parte importante dentro de cualquier cambio
bíblico en nuestras vidas (ver Romanos 12:2; Efesios 4:22-24; Colosenses 3:8-10 y Santiago
1:21-22). No habrá ningún cambio en nuestras vidas si meramente nos damos cuenta en
qué área necesitamos cambiar y luego decimos que trataremos de hacer “lo mejor que
podamos” en el futuro. NINGÚN CAMBIO PERMANENTE SE LLEVA A CABO SIN LA
MEDITACIÓN EN LAS ESCRITURAS Y LA DEPENDENCIA COMPLETA EN DIOS PARA
HACER LO QUE ÉL MANDA.

Por ejemplo, para obtener la perspectiva de Dios sobre aquellas cosas que nos FRUSTRAN,
significa que debemos aceptar el control supremo de Dios, aprendiendo lo que él nos
enseña cómo podemos tener contentamiento y es muy probable que parte de nuestro
problema tiene que ver con el egoísmo.

Para solucionar el problema de aquellas cosas que nos HIEREN o que nos OFENDEN,
necesitamos aprender la perspectiva que Dios tiene sobre el sufrimiento, las penalidades
(ver los Salmos, II de Corintios, I y II de Pedro y el libro de Santiago). También puede darse
el caso que tengamos que perdonar a alguien y que aprendamos a pagar bien por mal
(Romanos 12:14-21).

Para tratar con el MIEDO en nuestras vidas, necesitamos permitir que nuestro Dios tenga un
control soberano y amoroso en nuestras vidas. I de Juan 4:18 nos enseña que para
enfrentarnos a nuestros temores, es de suma importancia que entendamos el perfecto amor
de Dios hacia nosotros. El estudiar a grandes hombres de Dios como Abraham, José,
Daniel, David, Pablo y otros, es decisivo para obtener la perspectiva bíblica que debemos
tener hacia el temor.

Dios nos recuerda en I Corintios 10:13 que ningún problema es imposible de tratar. Otros lo
han hecho y tú puedes hacerlo también. Con la ayuda de Dios, Jorge puede cambiar su
enojo y coraje, así como cualquiera de nosotros, si estamos dispuestos a ver la vida desde
el punto de vista de Dios.

El Escudo de la Fe Julio / Agosto 97