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Santiago, nueve de agosto de dos mil doce.


VISTOS:
En estos autos, seguidos ante el 11° Juzgado Civil de Santiago, rol
Nro. 10.994-2007, en autos sobre denuncia de obra nueva, caratulado
“Koke Arndt, Pedro con Ribba Yáñez, Germán”, por sentencia escrita a
fojas 181, de fecha veintidós de enero de dos mil nueve, se acogió la
demanda de fojas 1 siguientes por la cual se solicitó la suspensión definitiva
de las obras denunciadas.
La parte demandada interpuso recurso de apelación en contra de
dicho fallo y una Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, por
resolución de cuatro de marzo de dos mil diez, que se lee a fojas 230, lo
confirmó.
En contra de esta última resolución, el demandado deduce recurso de
casación en el fondo.

Se trajeron los autos en relación.


Y TENIENDO EN CONSIDERACIÓN:
PRIMERO: Que el recurrente sostiene que la sentencia impugnada
ha incurrido en infracción de los artículos 346 Nro.3 del Código de
Procedimiento Civil, 1700 del Código Civil, 66 de D.F.L. 458 y 3.1.2 del D.
S. 47, 58 y 59 de la Ley de Construcciones y Organizaciones (D.F.L. 345 de
1931) y su Ordenanza General.
Hace presente que su parte es el nuevo propietario del inmueble cuyo
usufructo pertenece a Germán Ribba Álvarez, quien no ha sido demandado
y es el que encargó la construcción de la casa y que dicho inmueble
corresponde al loteo respecto del cual nunca ha existido subdivisión entre el
sitio del actor y el del demandado.
Agrega que la supuesta obra nueva no era tal a la época de
notificación de la demanda y que de acuerdo al artículo 930 del Código
Civil para que proceda la acción intentada es necesario que la obra no esté
concluida y ser poseedor del suelo en el cual se pretende construir.
Indica que respecto del primero de los requisitos señalados, de
acuerdo a lo que prevé el artículo 565 del Código de Procedimiento Civil,
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lo que pretende el legislador es que la obra no esté concluida, es decir que


físicamente esté en construcción, y no puede estimarse que sólo deja de
estarlo cuando se ha tenido la recepción municipal, de lo contrario esto
debería ser constatado con certificaciones municipales y no como lo exige
el precepto citado en orden a que sea el tribunal quien constate la situación
fáctica.
En cuanto al segundo requisito de procedencia de la acción, esto es
ser poseedor del suelo en que se pretende construir, hace presente que en la
especie se está frente a una comunidad, existe un lote que jamás se
subdividió, tal como lo acredita a fojas 131 la Directora de Obras
Municipales y otros documentos acompañados, como asimismo el informe
del Conservador de Bienes Raíces de fojas 145, en el que asevera que
existen dos lotes, pero destaca que no se encuentra archivado un plano de
subdivisión.
Argumenta que la regulación de la formación de poblaciones y
barrios nuevos se encuentra en el D.S. 304 del año 1930, específicamente
en su artículo 58, que se refiere a la apertura de calles, misma norma que se
reproduce en la Ordenanza General respectiva, de manera que desde antes
que se hiciera la venta de los lotes 26-A y 26-B, la ley y ordenanza exigía la
autorización de la municipalidad respectiva para que existiese un loteo.
Afirma que en el caso en estudio la autoridad legalmente competente
para determinar y aprobar un loteo o subdivisión ha informado que no hay
aprobación alguna en dicho municipio que acredite la existencia de una
subdivisión del referido sitio.
Agrega que para subdividir un predio es necesario cumplir desde el
año 1929 con normas legales que regulan el tema, no pudiendo aceptarse
una subdivisión práctica, aun cuando por un error del Conservador se
inscriba a los inmuebles y se les asigne los deslindes que en la escritura les
dieron las partes.
De estado forma, concluye, se ha dictado un fallo sin considerar las
pruebas presentadas y, lo que es peor, se le ha dado una aplicación a las
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probanzas rendidas distinta de la que en ella se señala, lo que ha influido en


lo dispositivo del fallo;
SEGUNDO: Que para una acertada resolución del recurso, se debe
tener en especial consideración los siguientes antecedentes:
1°.- Que en autos se ha interpuesto denuncia de obra nueva
solicitando se ordene la suspensión definitiva de la obra denunciada, bajo
apercibimiento de proceder con la fuerza pública, con costas.
Funda su solicitud en que por escritura pública de cesión de derechos
suscrita con fecha 23 de marzo de 2000 ante Notario Público, adquirió los
derechos hereditarios que le correspondían a los comuneros propietarios del
inmueble denominado Sitio Nº 26 Oriente, del plano de Farellones de Cerro
Colorado de la Hacienda Yerba Loca de la comuna de Las Condes, los que a
su vez se adjuntan a aquellos derechos que le correspondían como heredero
directo de los antiguos propietarios del mismo, teniendo desde esa fecha la
posesión tranquila e ininterrumpida de dicho inmueble.
Señala que los títulos anteriores consisten en la posesión efectiva de
los bienes quedados al fallecimiento de don Federico Koke Klasing y de
doña Albina Arndt Fette o Albina Arndt de Koke o Alvina Arndt de Koke o
Alwine Wilhelmine Arndt.
Agrega que desde hace unos meses atrás el denunciado comenzó la
construcción de una casa que se emplaza en una extensión aproximada de
200 mts2 en su propiedad, la que se encargó a la empresa Smithhouse,
causándole una grave perturbación en la posesión que detenta, y, además,
está siendo construida a no más de siete metros de su propia vivienda,
eliminando en forma absoluta la vista panorámica del Centro de Ski
Farellones, razón que fue el motivo por el que adquirió la propiedad.
Solicita en definitiva, en base a lo señalado en los artículos 930 del
Código Civil y 565 y siguientes del Código de Procedimiento Civil que se
ordene la suspensión definitiva de la obra señalada.
2°.- Que al contestar, el demandado solicita el rechazo la demanda,
con costas. Señala que es nudo propietario del sitio en cuestión, siendo el
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usufructuario su padre don Germán Ribba Álvarez, quien encargó la


construcción de la casa.
Sostiene que al día 25 de julio de 2007, época en que se notificó la
presente demanda, la obra estaba concluida, según certificado emitido por la
constructora, en el cual se afirma que las obras terminaron el día 28 de junio
de 2007.
Por otra parte, alega que el actor tomó conocimiento de la
construcción mucho tiempo antes ya que conversó con la gente que estaba
haciendo las faenas y que nada expresó sobre el lugar en que se levantaba la
casa, por ende, la acción debe ser rechazada pues se trata de una obra
terminada y no de una obra nueva como señala el actor.
Adicionalmente refiere que la demanda también debe ser rechazada,
por cuanto ambas propiedades, la del demandante y la suya, conforman una
copropiedad ya que nunca ha existido subdivisión y legalmente el sitio que
existe es el Nº 26.
Sostiene que cuando presentó los antecedentes de la construcción a la
Municipalidad respectiva, ésta levantó un acta con fecha 17 de abril de
2007, indicando entre otras observaciones que debía aclararse si se acogía a
la Ley de Copropiedad Inmobiliaria, pues se pretendía alzar una segunda
vivienda en el terreno. Continúa señalando que ante esta situación se revisó
si existía algún plano de subdivisión del terreno y se pudo constatar que en
el año 1939 el propietario de esa época vendió a una persona la parte oriente
del sitio y en el año 1947 vendió la parte poniente del mismo a otra persona,
sin que existiera subdivisión alguna.
Argumenta que no discute el derecho del demandante respecto de la
parte en que está construida su vivienda pero éste no puede alegar posesión,
ni tampoco puede probarla, respecto del resto del sitio, puesto que no hay
hechos positivos de posesión, como exige la norma pertinente, sosteniendo
que su parte midió su sitio, tomando como antecedente el único cerco
existente en la parte poniente, respecto del cual hoy el demandante alega
que está mal instalado.
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Finaliza señalando que el demandante ha tenido el dominio sobre su


parte del sitio 26 desde el año 2000, y su familia desde el año 1939 y jamás
cerró el sitio, a sabiendas que no existía un plano de subdivisión y tampoco
colocó algún hito que demarcara su supuesto deslinde, más aún, permitió
que el vecino al poniente mantuviera un cerco de piedras dentro del sitio
Nro. 26;
TERCERO: Que, los jueces del mérito, para decidir acoger la
demanda, han argumentado que de la abundante prueba documental rendida
en autos, especialmente de la cadena de inscripciones que dan origen a la
posesión inscrita de ambas partes, ha resultado acreditado que el sitio Nro.
26, que era de propiedad de don Santiago Roi Sonntag fue subdividido, en
la práctica, en dos lotes denominados 26 A y 26 B, ello no obstante no
existir ningún plano de subdivisión de dichos predios en la Municipalidad
de Lo Barnechea.
Agregan que de las sucesivas escrituras públicas e inscripciones
practicadas con ocasión de las ventas posteriores de dichos predios, se ha
logrado establecer que se trata de propiedades distintas, cuyos deslindes, si
bien no están señalados materialmente en el terreno, aparecen claramente
establecidos en las inscripciones registrales y que de acuerdo a los
certificados de avalúo de ambas propiedades, las mismas tienen roles de
avalúo diversos en el Servicio de Impuestos Internos.
Concluyen que de todo lo anterior no puede menos que concluirse
que la alegación del demandado de que entre ambas partes existiría una
comunidad de bienes, debe desestimarse.
Adicionalmente indican que la aseveración del demandado de que el
actor no ha ejecutado actos positivos de posesión respecto de su predio
resulta errónea a la luz de lo dispuesto en el artículo 724 del Código Civil,
misma conclusión a la que se puede llegar respecto del argumento del
demandado de que la construcción de su vivienda habría finalizado en el
mes de junio de 2007, es decir, antes de la notificación de la demanda.
En cuanto a que la casa habitación estaba siendo alzada en el terreno
del actor, el informe pericial que rola en autos resulta esclarecedor, toda vez
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que revisados por el perito los títulos de inscripción de ambas partes, y el de


sus antecesores en el dominio, además de haber efectuado las mediciones
correspondientes, concluye que la casa del demandado se encuentra
emplazada casi en su totalidad en el sitio 26 A de propiedad del
demandante;
CUARTO: Que la revisión de la forma en que se han dado por
establecidos los hechos por parte de los jueces de la instancia, al conocer de
un recurso de casación en el fondo, ha sido una tarea que muchos
ordenamientos no permiten, dejando definitiva e inmutablemente resuelta
esta materia conforme al juicio de los magistrados del mérito.
El sistema chileno, en lo referente al recurso de casación en el fondo,
ha transitado desde la imposibilidad de modificar los hechos a la aceptación
jurisprudencial en materia civil, pero esto solamente en el supuesto que los
recurrentes denuncien infringidas las normas que gobiernan la prueba. En
efecto, no puede soslayarse la importancia de la correcta aplicación de la
ley en la determinación de los presupuestos fácticos – materia integrada por
la noción de leyes reguladoras de la prueba –, desde que sólo una vez
fijados aquéllos, procederá la determinación de la correcta aplicación de las
normas sustantivas que reglan el asunto sometido al conocimiento de los
sentenciadores del fondo, pero en lo cual resulta igualmente relevante el
estricto cumplimiento de la legislación que regula, con un carácter objetivo,
los distintos aspectos que integran la actividad probatoria de las partes y el
tribunal;
QUINTO: Que de lo dicho con antelación se desprende que esta
Corte, conociendo de una nulidad de fondo, puede entrar a apreciar la forma
como han sido fijados los hechos, al precisar la correcta aplicación de las
normas legales pertinentes a la prueba, pero para ese exclusivo objeto:
examinar la legalidad en la determinación de los hechos y, por lo mismo, su
validez. La Corte Suprema no varía los hechos y sobre ellos concluyen una
nueva decisión, sino que únicamente –en el fallo de casación– establece que
aquellos supuestos fácticos –fijados erróneamente– no permiten llegar a la
determinación adoptada por los jueces de la instancia en cuanto a la
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aplicación del derecho sustantivo. En una labor anexa a ésta, fijando los
hechos correctamente decide la litis conforme a la normativa aplicable a
esos nuevos supuestos fácticos establecidos válidamente, esto es, en el fallo
de reemplazo.
Para llegar a tal actuación compleja, que conforman la sentencia de
casación y la de reemplazo, es preciso que se conjugue la primera con la
segunda decisión. En lo medular se podrán variar los hechos asentados por
los jueces del mérito, circunstancia que tendrá lugar cuando se haya
constatado la transgresión de normas que reglan la prueba. Se les atribuye
tal naturaleza a aquellas directrices o pautas fundamentales, impuestas por
la ley, que se encargan de determinar los diferentes medios probatorios, el
procedimiento y la oportunidad en que deben ofrecerse, aceptarse y rendirse
las probanzas, la fuerza o valor de cada medio y la manera como el tribunal
debe ponderarlos, importando verdaderas obligaciones y limitaciones
dirigidas a ajustar las potestades de los sentenciadores en dicho ámbito y, de
esta forma, conducir a una correcta decisión en el juzgamiento.
El legislador ha adoptado la decisión política básica y fundamental en
cuanto al sistema probatorio, el procedimiento y la ponderación, ajustarse a
él es una obligación de los magistrados. Ante tal determinación legislativa,
su transgresión trae aparejada una sanción, cual es su ineficacia, la que se
declara mediante una acción de nulidad.
Así, las leyes reguladoras de la prueba en el sistema probatorio civil
están referidas: 1) a aquellas normas que instituyen los medios de prueba
que pueden utilizarse para demostrar los hechos en un proceso; 2) las que
precisan la oportunidad en que pueden valerse de ellos; 3) las que se
refieren al procedimiento que las partes y el juez deben utilizar para ofrecer,
aceptar y aportar las probanzas al juicio; 4) a aquellas reglas que asignan el
valor probatorio que tiene cada uno de los medios individualmente
considerados y 5) a las que disciplinan la forma como el sentenciador debe
realizar la ponderación comparativa entre los medios de la misma especie y
entre todos los reconocidos por el ordenamiento legal.
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Empero, sólo a algunas de las normas relativas a la prueba se le


reconoce el carácter de esenciales respecto de la actividad probatoria y que
es objetivamente ponderada por el legislador –que permite justificar la
intervención del Tribunal de Casación–, pues no queda dentro del criterio o
decisión subjetiva de los magistrados que aquilatan los antecedentes, por
ello su conculcación se puede producir en las siguientes circunstancias: a) al
aceptar un medio probatorio que la ley prohíbe absolutamente o respecto de
la materia de que se trata; b) por el contrario, al rechazar un medio que la
ley acepta; c) al alterar el onus probandi o peso de la prueba, en quien queda
radicada la carga de aportar los elementos que acreditan los hechos que
conforman la litis; d) al reconocer a un medio de prueba un valor distinto
que el asignado expresamente por el legislador o hacerlo sin que se cumplan
los supuestos objetivamente determinados por el legislador; e) igualmente,
a la inversa, al desconocer el valor que el legislador asigna perentoriamente
a un elemento de prueba, cuando éste cumple efectivamente los supuestos
legales, y f) al alterar el orden de precedencia en que deben ser llamados los
medios probatorios y que la ley les asignare, en su caso.
Se excluye de la labor anterior la ponderación comparativa de una
misma clase de medio probatorio o de la apreciación que se realiza en
conjunto de todos los medios. Esta exclusión se justifica en el antecedente
que la actividad jurisdiccional considera un componente básico de
prudencia en la decisión, por cuanto las determinaciones que adoptan los
jueces, sustentadas en aquellos preceptos –como se ha dicho–, le otorgan
libertad en la justipreciación de los diversos elementos probatorios, por lo
que quedan al margen del examen que se realiza por la vía de legalidad en
la casación;
SEXTO: Que constituye un factor mínimo de procedencia de la
nulidad o de trascendencia, que la errónea labor desarrollada por los
magistrados de la instancia repercuta o tenga consecuencias necesarias en la
decisión. En efecto, en complemento de la infracción de ley constatada
respecto de las leyes que regulan la prueba, debe tenerse presente, que aun
cuando, efectuado al caso concreto el análisis precedente se constatara la
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violación que la recurrente reclama, tal conclusión no es suficiente para


arribar al acogimiento del recurso en estudio, desde que se requiere
forzosamente y de manera adicional, la concurrencia de otra exigencia
dispuesta por el legislador para su procedencia, cual es, que la infracción de
una norma que reúna las características precedentes –de reguladora de la
prueba–, se verifique con influencia fundamental en lo decisorio de la
sentencia, esto es, que su correcta interpretación y aplicación conduzca a
modificar lo ya resuelto, puesto que, en caso contrario, la nulidad carecerá
del fin que la justifica.
El análisis de las normas que se denuncian violentadas debe
observarse a la luz de lo que se ha expresado y razonado precedentemente;
SÉPTIMO: Que, entonces, debe apuntarse que a la categoría jurídica
de las denominadas leyes reguladoras de la prueba pertenece el artículo
1700 del Código Civil - norma que se denuncia como transgredida- empero,
no se divisa en el caso sub judice la existencia del yerro reclamado, desde
que, al contrario de lo afirmado por el recurrente, los documentos
acompañados al proceso fueron debidamente ponderados por los
sentenciadores de la instancia, debiendo además consignarse que del contexto
de la fundamentación esgrimida por la parte demandada, parece inferirse que
ésta no objeta propiamente la valoración que de tal instrumento se haya hecho
por los jueces del grado, sino que ataca la consecuencia jurídica a la que
aquéllos arribaron a partir de los antecedentes allí contenidos, esto es, luego
de haber realizado, en forma legal, el proceso de valoración exigible,
situación esta última que no importa, de manera alguna, una conculcación al
precepto aludido.
Ahora bien, en relación a la alegación relativa a la trasgresión del
artículo 346 del Código de Procedimiento Civil, resulta que la infracción de
ley denunciada no alcanza al precepto invocado, desde que aquel sólo indica
pautas procesales para establecer el reconocimiento de los documentos
privados presentados al juicio pero su valoración se encuentra contenida en
normas del Código Civil que no han sido vulneradas, según se adelantó;
OCTAVO: Que no puede dejar de consignarse que del contenido del
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libelo de nulidad se advierte que el demandado más propiamente está


atacando la ponderación que los jueces del grado, dentro del ámbito de sus
potestades, han realizado de tales probanzas, que la equivocada aplicación
de los preceptos indicados. Así, no puede existir infracción de aquellas
normas cuando los sentenciadores valoran la prueba rendida para fijar los
presupuestos fácticos del proceso, como lo han hecho en la decisión que se
critica. En efecto, en un sistema de prueba legal de control judicial, la
primera función de los magistrados se encuentra en determinar que la
prueba rendida se encuentra dentro de aquélla reconocida por el legislador,
luego que fue ofrecida y rendida por la parte en la forma y dentro de la
etapa correspondiente del procedimiento, aceptando el tribunal incorporarla
al expediente, con la citación o el apercibimiento legal, para luego, entrar al
análisis como medio probatorio propiamente tal, al que se le puede
reconocer su mérito individualmente considerado, en lo cual corresponde
que se ajusten a lo dispuesto por el legislador. Establecido lo anterior,
corresponde ponderar la prueba documental en su integridad, tanto con la
rendida por las partes, como con la prueba en general, en lo cual los
magistrados tienen contadas disposiciones que les limitan en sus facultades
soberanas y de la lectura del recurso aparece claro que los preceptos que se
mencionan como reguladoras de la prueba han sido indicadas como
infringidas con el solo propósito de que se lleve a cabo por la Corte una
nueva valoración de las probanzas, precisamente la documental, distinta de
la ya hecha por los jueces del mérito; actividad que resulta extraña a los
fines de la casación en el fondo, según se adelantó;
NOVENO: Que del análisis realizado en las reflexiones que
anteceden se puede concluir que los sentenciadores del grado no han
incurrido en los yerros de derecho que se han señalado, circunstancia que
impide revisar la actividad desarrollada por ellos en relación a la prueba, y
variar, por este Tribunal de Casación, los supuestos fácticos determinados y
sobre los cuales recayó la aplicación del derecho sustantivo.
Por consiguiente, y teniendo en cuenta lo colegido precedentemente
resultan ser hechos de la causa, que adquieren el carácter de definitivos y,
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de acuerdo a los cuales corresponde resolver los demás errores de derecho


que se han reclamado, los siguientes:
a) El sitio Nro. 26, que era de propiedad de don Santiago Roi Sonntag
fue subdividido, en la práctica, en dos lotes denominados 26 A y 26 B, ello
no obstante no existir ningún plano de subdivisión de dichos predios en la
Municipalidad de Lo Barnechea, con posterioridad al 6 de septiembre de
1948, fecha en que se aprobó el plano de loteo L 135 de dicho sector.
b) Se trata de propiedades distintas, cuyos deslindes, si bien no están
señalados materialmente en el terreno, aparecen claramente establecidos en
las inscripciones registrales. Así el lote denominado 26 A tiene una
superficie aproximada de 1.000 metros cuadrados y deslinda al Norte con
gran bajada de ski en cuarenta y dos metros, cuarenta centímetros
aproximadamente; al Sur y Oriente con Av. de Las Águilas en cuarenta y
cuatro metros, cuarenta centímetros aproximadamente y; Poniente con parte
oriente del sitio números 26 en treinta metros más o menos, todo lo cual da
una superficie aproximada de 1.000 metros cuadrados más o menos. Por su
parte el sitio denominado 26 B tiene los siguientes deslindes particulares: al
Norte con gran bajada de ski, en 20 veinte metros aproximadamente; al Sur
con Av. de Las Águilas en veinte metros aproximadamente; al Oriente con
parte oriente del lote número 26, hoy de don Federico Koke, denominado
26 A en treinta metros aproximadamente y; al Poniente con lote número
doce, hoy de don Ramón Vicuña H. en treinta metros aproximadamente.
c) Los terrenos aludidos tienen roles de avalúo diversos en el Servicio
de Impuestos Internos, correspondiendo el Nº 03600-00007 para el lote 26
A de propiedad del demandante y el 03600-00006 para lote 26 B del
propiedad del demandado.
d) A la fecha de notificación de la demanda la casa habitación del
demandado estaba siendo construida.
e) La casa habitación del demandado se encuentra emplazada casi en
su totalidad en la parte oriente del deslinde poniente del sitio 26-A del
demandante;
DÉCIMO: Que, en vinculación con los restantes yerros de derecho
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que denuncia el recurrente, basta para descartarlos con anotar que a partir
de los presupuestos fácticos sentados de manera inalterables para esta
Corte, resulta inconcuso que se demostró que la obra denunciada no se
encontraba concluida al momento de la notificación de la demanda y,
además, que el actor es el dueño del inmueble en el cual se levantó tal
construcción; configurándose de esta forma los elementos de procedencia
del interdicto intentado.
No obstante la conclusión que antecede, según se advierte del libelo
de casación, la parte recurrente insiste en sostener que lo contrario,
planteamientos éstos que, en los términos que se han adelantado, no pueden
aceptarse.
En efecto, el artículo 785 del Código de Procedimiento Civil dispone:
"Cuando la Corte Suprema invalide una sentencia por casación en el fondo,
dictará acto continuo y sin nueva vista, pero separadamente, sobre la
cuestión materia del juicio que haya sido objeto del recurso, la sentencia
que crea conforme a la ley y al mérito de los hechos tales como se han dado
por establecidos en el fallo recurrido, reproduciendo los fundamentos de
derecho de la resolución casada que no se refieran a los puntos que hayan
sido materia del recurso y la parte del fallo no afectada por éste". Es decir,
en el evento de proceder a la anulación que se pretende por el recurrente,
los sentenciadores deben estarse a los hechos anotados en la resolución que
se reprocha, empero, como se ha expresado, en el caso en análisis no
existen aquéllos que permitan arribar a la decisión a que aspira la parte
demandada, razón por la cual la nulidad impetrada no puede prosperar;
UNDÉCIMO: Que, por consiguiente, al haber la sentencia censurada
acogido la demanda de autos, en la forma citada, no ha incurrido en errores
de derecho con influencia sustancial en lo decidido por ella, y siendo ello
así, el recurso de casación en el fondo con el que se ha pretendido
impugnarla, atribuyéndosele vicios de ilegalidad con efectos invalidatorios,
no puede prosperar y ha de ser desestimado.
DUODÉCIMO: Que no obstante ser suficiente lo señalado para
desestimar la nulidad impetrada, debe además, anotarse que, como es
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sabido, el recurso de casación en el fondo permite la invalidación de


determinadas sentencias que hayan sido pronunciadas con infracción de ley,
siempre que ésta haya tenido influencia sustancial en su parte resolutiva o
decisoria.
Semejante connotación esencial de este medio de impugnación se
encuentra claramente establecida en el artículo 767 del Código de
Procedimiento Civil que lo instituye dentro de nuestro ordenamiento
positivo y se traduce en que no cualquiera transgresión de ley resulta idónea
para provocar la nulidad de la sentencia impugnada –la nulidad no se
configura en el mero interés de la ley– sino sólo aquélla que haya tenido
incidencia determinante en lo resuelto por aquélla, esto es, la que recaiga
sobre alguna ley que en el caso concreto ostente la condición de ser
“decisoria” litis;
DÉCIMO TERCERO: Que como ha podido advertirse, en el caso
en estudio el demandado ha centrado su crítica en la circunstancia de
haberse vulnerado por los sentenciadores del mérito los artículos 346 Nro.3
del Código de Procedimiento Civil; 1700 del Código Civil; 66 de DFL Nro.
458; 3.1.2 del Decreto Supremo Nro. 47; 58 y 59 de la Ley de
Construcciones y Organizaciones (DFL 345 de 1931) y su Ordenanza
General y, no obstante haberse cuestionado la decisión en cuanto se
pronuncia acogiendo la denuncia de obra nueva, el demandado margina del
reparo sobre ilegalidad, entre otros, los artículos 930 y 931 del Código
Civil, preceptos que precisamente reglan el interdicto posesorio en comento
y sobre los cuales la sentencia cuestionada basó su resolución, normas que,
por ende, revestían la calidad de decisorias del asunto litigioso;
DÉCIMO CUARTO: Que, de acuerdo con lo que se ha expuesto, la
parte recurrente acepta la forma en que se aplicaron las normas a que se
viene de hacer referencia, por parte de los jueces del fondo, de manera que,
en estas circunstancias, el recurso interpuesto tampoco puede prosperar por
este fundamento, puesto que lo decidido, en el punto preciso que ha sido
materia del pronunciamiento que se reprocha, no fue denunciado como
error de derecho.
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De conformidad, además, con lo dispuesto en los artículos 764 y 767


del Código de Procedimiento Civil, se rechaza el recurso de casación en el
fondo interpuesto en lo principal de fojas 243, por el abogado señor Manuel
Antonio Matta, en representación del demandado, en contra de la sentencia
de la Corte de Apelaciones de Santiago, de fecha cuatro de marzo de dos
mil diez, que se lee a fojas 230.
Se previene que el ministro suplente señor Cerda no comparte las
frases “a aquellas normas que instituyen los medios de prueba que pueden
utilizarse para demostrar los hechos en un proceso” y “al aceptar un medio
probatorio que la ley prohíbe absolutamente o respecto de la materia de que
se trata”, que se lee en los párrafos cuarto y quinto del razonamiento 5°,
respectivamente.
Regístrese y devuélvase, con sus agregados.
Redacción a cargo del Ministro Sr. Juan Eduardo Fuentes B. y de la
prevención, su autor.
Rol N° 2354-10.-
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Nibaldo Segura P., Juan
Fuentes B., Carlos Cerda F. y Abogados Integrantes Sres. Jorge Lagos G. y Alfredo Prieto B.
No firman el Ministro Sr. Cerda y el Abogado Integrante Sr. Lagos, no obstante haber concurrido ambos a
la vista del recurso y acuerdo del fallo, por haber concluido su periodo de suplencia el primero y estar
ausente el segundo.

Autorizado por la Ministra de fe de esta Corte Suprema.

En Santiago, a nueve de agosto de dos mil doce, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario la resolución
precedente.