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Lineamientos filosóficos de la política provincial entre 1930-1943.

Primera parte

Crisis del consenso liberal: nacionalismo autoritario y la particularidad santafesina: el


reformismo liberal del P.D.P (1932-1935)

La crisis mundial de los años ´30, en sus múltiples dimensiones (económica, política y
social), marca una ruptura en la historia de la Argentina moderna. Los efectos de la caída de Wall
Street en 1929 sellan los límites del proyecto económico librecambista de la generación del ´80
suscitando una crisis social sin precedentes. La debacle económica y social será la antesala del
golpe militar del 6 de junio de 1930, encabezado por el general Uriburu, que interrumpe por
primera vez la experiencia democrática iniciada en 1912 a partir de la Ley Sáenz Peña. De este
modo, tanto la crisis económica como institucional, pondrán en tela de juicio los marcos
ideológicos con los cuales se habían organizado las relaciones entre Estado y sociedad hasta
entonces, impugnando ciertos aspectos del “consenso liberal” que desde 1880, pasando por los
años del “reformismo” de principios de siglo, había sido dominante. Este contexto afectará
profundamente el campo cultural y de las ideas argentinas en al menos dos sentidos. Primero,
desquebrajando ciertas representaciones que los intelectuales del siglo XIX habían ido
configurando acerca del al país, ligadas a la creencia en su “excepcionalidad” y su “destino de
grandeza”, apegadas a la idea de progreso propia de la generación de ´80. En segundo lugar, la
crisis institucional también pone en tela de juicio al reformismo liberal de las décadas anteriores
y la eficacia de la democracia representativa. Esta convulsión en el campo de las ideas no se
limita a las fronteras nacionales, sino que a nivel mundial remite a las consecuencias del
itinerario del comunismo soviético y el ascenso del fascismo italiano y el nazismo alemán, cuyos
marcos ideológicos también impugnan al liberalismo republicano.
En la década del 1930 las fuerzas políticas se reorganizarán en torno a un campo de ideas
complejo y con fuertes tensiones. Por un lado, se intensifican las corrientes nacionalistas en sus
múltiples variantes y matices: el nacionalismo autoritario y elitista (Leopoldo Lugones) el
nacionalismo católico (Manuel Gálvez) y el nacionalismo popular-democrático (FORJA y otros
sectores del radicalismo). Las corrientes nacionalistas se verán acompañadas una nueva variante
historiográfica conocida como el revisionismo histórico, que propone otra lectura del pasado
argentino. También y en tensión a las corrientes nacionalistas, convive la insistencia del
progresismo liberal encarnado en la figura de Lisandro de la Torre, líder del P.D.P y el
cosmopolitismo elitista del grupo Sur1. A continuación reseñaremos brevemente el itinerario
nacional a partir del golpe de Uriburu, para luego ver la particularidad de la experiencia
santafesina.

Del nacionalismo autoritario y elitista a la restauración oligárquica:

El golpe de 1930 que pone fin al gobierno de Hipólito Yrigoyen, es llevado adelante por
un grupo reducido de militares, cuyo núcleo principal estaba constituido por cadetes del Colegio
Militar y comendado por el general José Félix Uriburu. Estos militares estaban inspirados un
conjunto de ideas que la historiografía posterior ha denominado como nacionalismo autoritario

1
El eje aglutinador del grupo, fue la revista Sur, financiada por la fortuna de su directora, Victoria Ocampo,
una escritora proveniente de una familia del patriciado agropecuario argentino. El grupo Sur será
altamente significativo de la cultura argentina de los años 30, algunos de sus integrantes más conocidos
fueron: Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Adolfo Bioy Casares, Ezequiel Martínez
Estrada
o elitista. Si bien las ideas nacionalistas ya habían tenido antecedentes, sobre todo en el
pensamiento en torno al Centenario, es recién a partir de mediados de la década del 1920
cuando con la difusión en medios de prensa, la circulación en revistas y medios literarios,
comienzan a tener mayor presencia en el campo cultural argentino, siendo uno de sus ideólogos
más reconocidos, el escritor y poeta, Leopoldo Lugones. Según sostiene el historiador Fernando
Devoto, es también a partir de esos años donde se comienza a dar lentamente el paso de un
nacionalismo amplio e integralista a variantes más restrictivas y excluyentes2. Una de las
dificultades inherentes al estudio del nacionalismo autoritario radica en la multiplicidad de
autores, formas y contenidos que conforman esta corriente de pensamiento. A pesar de ello es
posible reducir y exponer sintéticamente algunos de sus características principales.
En primer lugar, el nacionalismo autoritario se caracterizó por ser antidemocrático y
antipopular. Los nacionalistas consideraban, que ante la crisis del liberalismo a nivel mundial,
era necesario una profunda reforma (constitucional e institucional) de la sociedad que vuelva a
establecer el orden que el “exceso de democracia” había pervertido. En este sentido, defendían
la necesidad de una sociedad jerárquica en torno a un liderazgo fuerte y autoritario, que encarne
los “valores espirituales de la Nación”. En esta defensa de las jerarquías, hay una desconfianza
de la democracia liberal en sus dos aspectos centrales: la idea de sufragio universal y de la
representación partidaria. Para los nacionalistas autoritarios, el sufragio libre tal como era
establecido por la Ley Sáenz Peña conducía necesariamente a la demagogia de los
representantes y en el “caos y la anarquía”. Sobre este punto, Hernández Arregui, señala que:
“El nacionalismo en Argentina no surgió como un arma ideológica de la lucha antiimperialista
sino como reacción antidemocrática frente a las masas de trabajadores que habían crecido y
buscaban su organización sindical”3
En efecto, el carácter elitista del nacionalismo autoritario exaltada la calidad y el carácter
selecto de la elite oponiéndole la irracionalidad de las masas. Ahora bien, a diferencia del
conservadurismo del a generación del ´80, esta elite ya no se identificaba con la oligarquía sino
con los cuadros del Ejército. A la democracia liberal formal y su idea de representación
partidaria, el nacionalismo uriburista, oponía la noción de corporativismo y democracia
funcional, tomada del fascismo italiano. Discursivamente esta noción impugnaba la idea de
individuo liberal y apelaba al interés de la “comunidad nacional” conformada por distintos
grupos, “las fuerzas vivas de la nación”, de acuerdo a las funciones productivas en la sociedad.
Uriburu, hacia 1931, afirmaba que:
“Cuando los representantes del pueblo dejen de ser meramente los representantes de los
Comités políticos y ocupen las bancas del Congreso obreros, ganaderos, agricultores,
profesionales, industriales, etc. la democracia habrá llagado a ser entre nosotros una bella
palabra”.4
El corporativismo de Uriburu, idea que retoma del propio Lugones, pretendía que cada
sector de la sociedad, según su función en el aparato productivo, tenga representantes que
defiendan sus intereses. Esto implicaba la necesidad de un cambio institucional que dejará de
lado la idea de individuo-representante, propia del liberalismo. Como señala Alberto Pla, esta
idea nunca pudo imponerse y la pretendida reforma Constitucional de Uriburu, terminará
fracasando5. No obstante, el golpe de los nacionalistas dio inicio a la llamada “década infame”,

2
Devoto, Fernando Nacionalismo, Fascismo y Tradicionalismo en la Argentina Moderna. Siglo XXI, 2002.
3
Hernández Arregui, Juan José La Formación del a conciencia nacional Bs. As. Hachea 1970. P.175.
4
Gral. Uriburu Discurso del 1 de Octubre de 1930 citado en Pla, Alberto “La crisis social: de la restauración
oligárquica a la argentina de masas, en Ciria, Areses, Pla, Galasso, y otros (comp.) La Década Infame, Bs.
As. Carlos Pérez Editor. 1869. P. 122
5
Pla, Alberto, Op. Cit. p. 94.
denominación que, entre otras cosas aludía a la sistematicidad del “fraude patriótico”, que fue
la herramienta para separar a la voluntad de las masas de los rumbos de la política.
Otra característica propias de las corrientes nacionalistas en general, será la apelación,
búsqueda y construcción de un “mito de origen” de lo propiamente “nacional”. A diferencia de
los discursos liberales de la construcción del Estado-Nación en 1880, donde la argentinidad se
definía por su ruptura con el legado hispánico y su inserción “excepcional en el concierto de la
naciones civilizadas”, en las diversas corrientes nacionalistas se pueden encontrar una
reivindicación de lo “criollo”, del “gaucho” como el elemento humano de la nacionalidad,
resaltando el legado hispano y católico como raíz cultural exclusiva de lo nacional. Esta búsqueda
del “ser nacional” se mixtura con la crítica a las influencias externas, siendo en algunos autores
una denuncia de la dependencia argentina de Gran Bretaña, mientras que en otros redunda en
ciertas formulaciones xenófobas, que ven todo aquello distinto al tipo nacional un posible
peligro. Al igual que el mito de la nación liberal, los mitos de origen del nacionalismo no son
meras reconstrucciones históricas sino que tienen como pretensión ideológica de “crear una
tradición” a fin de justificar una acción política presente.
En cuanto a las ideas económicas, haciéndose eco de la reestructuración del capitalismo
post crisis del ´30, en general, los nacionalistas serán intervencionistas. Defienden la idea de que
el Estado debe intervenir, controlar o promover activamente ciertas ramas de la economía.
Como señala Hernández Arregui, si bien este aspecto marca un diferencia con el librecambismo
anterior, la política económica emprendida por los nacionalistas “no atacó la estructura colonial
de país”6 sino que implicó una reestructuración que puso al Estado al servicio do de los grupos
privilegiados y su relación con las grandes potencias, sobre todo Inglaterra, acentuando la
dependencia en materia económica, como bien lo demostrarían las investigaciones de Scalabrini
Ortiz y las denuncias de Lisandro de la Torre7. También es importante señalar que hacia 1932
con el triunfo del “ala liberal” del ejercito a lleva a Agustín Justo a la presidencia, los rasgos
conservadores y autoritarios del nacionalismo en relación a la político se mantendrán firmes,
mientras que su proyectos de nacionalización de ciertas ramas de la economía, proteccionismo
económico y de industrialización, que algunos intelectuales nacionalistas como Lugones veían
como necesario, quedarán prácticamente sin efectos. En este sentido, es posible afirmar que el
nacionalismo autoritario hizo posible las condiciones para una restauración de la elite
oligárquica en el poder político luego de los años del radicalismo. Paradójicamente los sectores
de la oligarquía terrateniente argentina con sus vínculos con el imperialismo inglés vuelven a
tener el control político del país después del golpe que se autoproclamó “nacionalista”.

El reformismo liberal del Partido Demócrata Progresista: descentralización, laicismo y


democracia representativa (1932-1935).

Hacía 1932 la provincia de Santa Fe, debido una serie de causas particulares, presentará
un escenario político e ideológico marcadamente distinto a la experiencia nacional. En las
elecciones de 1931, la abstención del radicalismo recientemente derrocado y las disputas entre
los sectores uriburistas y justistas locales, le permitirán al Partido Demócrata Progresista, en
alianza con los socialistas, llegar por primera vez a la gobernación de la provincia con la formula
Luciano Molinas - Isidoro Carreras.

6
Hernández Arregui, La formación de la conciencia nacional, op. Cit. p. 175.
7
“En Argentina el criterio de política intervencionista protegió a los grupos terrateniente, en tanto que
debe destacar la falta de medidas análogas en beneficio de las clases populares” (Ciria, Alberto “Crisis
económica y restauración política (1930-1943)” en Cantón, Morena y Ciria La democracia constitucional
y su crisis, Bs. As. Paidós, 1990 p. 131.
El P.D.P, fundado en 1914 y cuyos orígenes remitían al partido local La Liga del Sur, tenía
un fuerte arraigo y un largo itinerario político en la provincia. Desde sus primeros años, logró
constituirse en la principal fuerza opositora al radicalismo, obteniendo en las sucesivas
elecciones, numerosos cargos legislativos a pesar de no llegar nunca a ocupar la gobernación.
Su fundador, referente e ideólogo fue un personaje interesante y complejo en la historia política
argentina: el doctor Lisandro de la Torre, quien lideró el partido hasta su muerte en 1939 y de
quien Molinas se declaraba su “discípulo”. Desde sus inicios el P.D.P, en los pasos de de la Torre,
va a defender un ideario liberal, democrático y progresista, que alineándose en el reformismo
de las primeras décadas del siglo, consideraba necesario llevar adelante una serie de
transformaciones institucionales, políticas y sociales, graduales, para la “regeneración” del país.
El reformismo liberal del P.D.P se opone, en la década de 1930, abiertamente al
conservadurismo político de los sectores nacionalistas y oligárquicos, y como veremos, también
se distancia en algunos aspectos de las corrientes reformistas radicales, católicas y socialistas8.
En este sentido, su llegada a la gobernación de la Provincia, abre un panorama claramente
disonante con la experiencia política nacional; se retoman las ideas democráticas y reformistas
liberales marcadas con ciertos rasgos propios y el fraude electoral no se convertirá en la regla
del juego político en Santa Fe, sino hasta después de 1935, cuando el gobierno de Molinas sea
interrumpido por otra intervención nacional.

El retorno a la Constitución de 21 y el ideario reformista del PDP.

El mérito principal de la campaña electoral de 1931 del P.D.P fue, ante la profunda crisis
institucional y económica que vivía la Provincia, presentar un programa reformista de
“regeneración espiritual” retomando como bandera la puesta en vigencia de la Constitución de
1921, que había sido vetada, por el entonces gobernador radical, Enrique Mosca. Esta
plataforma electoral para nada es casual: desde 1916 hasta 1920 fueron los demócratas
progresistas quienes mayor esfuerzo hicieron para que se convoque a una Convención
Constitucional Constituyente a fin de renovar la carta magna provincial de 1890. En 1921, en un
marco las internas del radicalismo provincial, la presión del P.D.P tendrá efecto y Mosca llamará
a la reforma constitucional. Luego de intensos meses de debate legislativo y público, la
Convención formada en su mayoría por radicales y demócratas progresistas, formulará un texto
claramente influenciado por el espíritu ideológico del reformismo liberal de gran resonancia en
esos años. En el texto constitucional, se hacían presentes algunos principios esenciales en el
ideario del P.D.P, entre los que vale destacar; la descentralización política y administrativa, la
autonomía para las comunas, la neutralidad religiosa del Estado, la inmovilidad de los jueces,
una mayor autonomía al poder legislativo, la prohibición de los juegos de azar y ciertas reformas
sociales. Debido a la gran reacción de los sectores conservadores y eclesiásticos, el gobernador
Mosca, decide vetar la Constitución generando un fuerte rechazo, incluso en las líneas del propio
radicalismo que había participado en su elaboración.
Luego de diez años, cuando la Constitución del 21 parecía olvidada en la opinión pública
santafesina, es retomada por el P.D.P como su principal programa de gobierno. Ahora bien, las
circunstancias habían cambiado: Santa Fe se encuentra hacia 1931 en una fuerte crisis
económica, social y política, lo cual llevó a que la Constitución del 21 sea presentada, no

8
Los demócratas progresistas festejarán el golpe de 1930, al que llamarán “revolución” ya que implicó la
caída de Hipólito Yrigoyen, quien era considerado como el representante de la “polítiquería criolla”, la
demagogia y el centralismo autoritario. No obstante, al poco tiempo el propio Lisandro de la Torre se
alejará de Uriburu, quien era su amigo personal, y llevará adelante un memorable trabajo de denuncia y
crítica en el gobierno de Agustín Justo.
apelando no tanto a su inspiración liberal y laicista, sino a los resultados beneficiosos que
supuestamente tendría su aplicación. Como señala el historiador Diego Mauro, en los discursos
de campaña, la Constitución del 21 es asimilada al cambio institucional que haría posible una
administración eficiente y un gobierno eficaz capaz de solucionar todos los problemas
generados por la crisis.9 En este sentido, a partir de la década del 1930, los demócratas
progresistas conjugarán en su discurso la defensa de los principios liberales-reformistas con sus
supuestos beneficios para la capacidad de acción del gobierno, en términos de eficacia en la
gestión.
En su primer mensaje a las Cámaras Legislativas en 1932, el gobernador Luciano Molinas,
afirma que “Todas las ramas de la administración demandan reformas, ajustes o
transformaciones” y agrega que la puesta en vigencia de la Constitución implicaría “el cambio
de un régimen institucional a otro” y la posibilidad de “iniciar una serie de medidas que
permitieran una transformación en el orden de la descentralización política administrativa y de
mejoramiento económico, financiero y social”10.
El 8 de abril, el gobernador envía a la Legislatura el proyecto para poner en vigencia de
la Constitución del 21, reivindicando que “La constitución del año 21 es, no obstante los años
transcurridos, de las mejores si no es la mejor que rige en la república”11 y también señala los
límites de la carta magna en relación al régimen electoral, para lo cual propone mandar una ley
de reforma electoral para garantizar la transparencia en los comicios. En el discurso de Molina
el espíritu regenerador, liberal y democrático se hace presente:
“Marchamos a la realización de una democracia de verdad, poniendo y reclamando esfuerzo
común en nuestras instituciones, en su mayor descentralización y en los resguardos y seguros de
todos los derechos y las libertades”.12
El reformismo liberal del P.D.P, que se cristalizaba en el espíritu de la Constitución del
21 tenía como principales ideas: la descentralización política y la autonomía comunal, la
neutralidad religiosa del Estado y la democracia representativa formal basada en la idea de
ciudadano consciente.

-Descentralización política y régimen comunal:

La descentralización política y administrativa era una de las transformaciones principales


de la Constitución del 21 e implicaba una compleja reestructuración del Estado Provincial que el
gobierno de Molinas, por limitaciones propias y falta de consenso en la Legislatura, dejará
inacabada. En efecto, las trasformaciones institucionales que preveía la Constitución requerían
la modificación y aprobación de un conjunto de “leyes orgánicas”, que por la férrea oposición
del Antipersonalismo13, nunca se llevarán adelante.
En los discursos de Molinas, y otros representantes del P.D.P, hay un especial énfasis en
la necesidad de la descentralización del Estado como garantía del resguardo de los derechos y
las libertades individuales y como limitación al Poder Ejecutivo central, que permitiría la

9
Diego, Mauro, “El fraude y la legitimidad de ejercicio. El PDP santafesino y las transformaciones del
discurso político en la entreguerras”. Ponencia presentada en las X Jornadas
Interescuelas/departamentos de Historia, Rosario, 2005,
10
. EL LITORAL, Viernes 1 de Abril de 1932.
11
EL LITORAL, Viernes 8 de Abril de 1932.
12
Mensaje del Gobernador a las Cámaras Legislativas 1932. EL LITORAL, Viernes 1 de Abril de 1932.
13
El Antipersonalismo, encabezado por Manuel de Iriondo es una alianza de radicales antiyrigoyenistas y
conservadores que representa en la provincia a la Concordancia, la coalición que respondía a Agustín
Justo.
moralidad administrativa y una gestión eficaz.14 La descentralización formaba parte de los
principios del liberalismo reformista que distingue al P.D.P de las demás fuerzas políticas, tanto
conservadoras como progresistas, y constituye uno de los mayores y tempranos esfuerzos del
pensamiento de Lisandro de la Torre. Para el líder del P.D.P la descentralización implicaba no
sólo un real funcionamiento en la división de poderes (para lo cual la Constitución del 21 preveé
una mayor autonomía del poder legislativo y la inmovilidad de los jueces), sino también un
cambio en el régimen de municipio y comunas que les otorgue mayor independencia y
capacidad de decisión política. En 1933, Lisandro le escribe una carta pública a Molinas,
respaldando sus acciones y, afirmando que:
“En Santa Fe como en las demás provincias argentinas, la tendencia centralista ha prevalecido
desde el comienzo de la organización administrativa y en el andar del tiempo se ha ido
acentuando. El régimen comunal se ha visto despojado de sus atribuciones fundamentales”.15
Esta idea, que Lisandro mantendrá hasta el final de su vida, ya era esbozada muchos
antes, en 1888, en su tesis titulada “El régimen Municipal”. Allí el ideólogo del P.D.P señalaba
que la necesidad de descentralizar el poder no solo obedecía a la tradición liberal de delimitar y
proteger a los ciudadanos frente a posibles excesos y arbitrariedades del poder central, sino
también que, al brindar de una mayor autonomía a los municipios y comunas, sería posible,
mediante una mayor participación de los ciudadanos en los asuntos públicos locales y un
contacto más directo con sus representantes, regenerar la idea de democracia representativa y
su funcionamiento. Molinas también vinculaba la descentralización y la autonomía municipal
como pedagogía democrática:
“Necesitamos afianzar el régimen comunal. La democracia consagra que la soberanía reside en
el pueblo y hay que asegurarla. El gobierno empieza en la comuna: está allí su aprendizaje y
práctica, y en el manejo de los intereses locales, se muestra el pueblo dueño de su destino” 16
Molinas coincidía con Lisandro en que si se le otorgaba al espacio comunal mayores
capacidades de decisión política y se lo dejaba de considerar como un ámbito meramente
administrativo del poder central, entonces, las comunas serían capaces de constituirse en un
espacio para la formación de un sujeto político: el ciudadano consciente, imbuido de los hábitos
cívicos. En este sentido, considerada que la delegación de tareas y decisiones del poder central
hacía los municipios y el respeto por su autonomía era imprescindible, ya que estos eran las
bases del edificio institucional del país, eran el primer lugar donde el individuo participaba de la
vida democrática. Para el P.D.P, hacia 1930, la descentralización podía ser una herramienta para
regenerar la idea de una democracia representativa puesta en duda por el corporativismo
nacionalista, el fraude patriótico y la “política criolla” y demagógica del cual acusaban al
radicalismo.
En el discurso de Luciano Molinas, hacia 1933, se presentaba también a la autonomía
de las comunas como la garantía de la “buena gestión” en términos de eficacia. En primer lugar,
porque de la autonomía de la comunas “nacen y se afianzan ante la mirada de los vecinos, los
conceptos de responsabilidad en la función pública”17. Con lo cual:
“La mayor autonomía de las comunas, la mayor intervención del pueblo en la administración
pública, la iniciativa, el referéndum, la revocatoria, aseguran a todos los núcleos de la población
la mejor garantía de una gestión correcta”. 18

14
“Con una mayor descentralización (…) el P.E se somete voluntariamente a una Constitución que
restringe sus facultades y le crea controles en el orden política administrativo y financiero.” Mensaje del
Gobernador a las Cámaras Legislativas 1932
15
EL ORDEN, Viernes 12 de Mayo de 1933
16
Barberis, Santiago Luciano Molinas, un ejemplo civil. 1987 Centro Editor de American Latina., p. 64.
17
Barberis, Santiago Luciano Molinas, un ejemplo civil, op. Cit. p. 65
18
Mensaje del Gobernador a las Cámaras Legislativas, 1933. EL ORDEN, Martes 16 de Mayo de 1933
Con la puesta en vigencia de la Constitución del 21 y la nueva Ley Orgánica de
Municipalidades se dividieron los municipios en tres categorías de acuerdo a la cantidad de
habitantes: las Municipalidades, los Consejos Municipales y las Comisiones de Fomento. La ley
preveía mayores potestades de acuerdo a cada categoría, pero aseguraba una autonomía mayor
de las comunas en los ámbitos de la política, la educación y la justicia. Con la implementación
de la ley, los municipios podían percibir e invertir sus impuestos, elegir a sus autoridades
políticas, policiales y a los miembros de los Consejos Educativos. Las Municipalidades con más
de 25.000 podrían tener una Constitución propia. Hacía 1933 las ciudades de Santa Fe y Rosario
dictarán sus cartas magnas comenzarán a tener una carta magna propia.

-Neutralidad religiosa del Estado y la denuncia al clericalismo:


Otro de los ejes centrales de la Constitución del 21, que sin duda que mayor clima de
conflicto generaron en el gobierno de Molinas, fue el de la neutralidad del Estado en materia
religiosa y el establecimiento de la educación laica. Estos principios, centrales del ideario del
P.D.P, estaban expuesto en los incendiarios artículos 6 y 161 de la carta magna:
“La Legislatura no podrá dictar leyes que restrinjan o protejan culto alguno. Es inviolable en todo
el territorio de la Provincia el derecho que todo hombre tiene para profesar su culto libre y
públicamente, según los dictados de su conciencia, sin más limitaciones que las impuestas por la
moral, las buenas costumbres y el orden público”.
“La educación común será, obligatoria, gratuita, integral y laica, en las condiciones y bajo las
penas que la ley establezca” 19
A diferencia del reformismo católico o del radicalismo, el P.D.P va a recuperar de la
tradición liberal-positivista de la generación de ´80 una posición claramente laicista en relación
al Estado que es acompañada con la denuncia de lo que denominan clericalismo y por un
discurso a veces antirreligioso. El laicismo, expuesto en el artículo 6, resulta coherente con la
crítica al clericalismo, que es la injerencia directa o indirecta de los sectores del clero en las
decisiones del Estado. En cambio, laicismo y discurso antirreligioso no siempre resultan del todo
compatibles. En efecto, para el liberalismo clásico, el laicismo redunda en la idea del respeto de
la libertad de conciencia del individuo, de no violentar sus creencias (religiosas o no), para lo
cual el Estado no debe profesar ningún culto y respetar a todos. Ahora bien, el discurso por
momentos antirreligioso de Molinas (y como veremos de de la Torre) al considerar que, por
ejemplo, el gobierno tenía la misión de defender “la escuela de influencias extrañas” como la
enseñanza religiosa, que “la desnaturalizaban y corrompían”20, se desvía de la tolerancia laicista.
No obstante, hay que contextualizar las palabras de Molinas, en el fuerte conflicto entre su
gobierno y los sectores eclesiásticos, que a partir de la implementación de la Constitución se
agudizó.
Los motivos ideológicos para sostener la neutralidad religiosa del Estado son expresados
claramente por Lisandro de la Torre en una conferencia que dictará en 1937 en el Colegio de
Estudios Libres, “una las pocas tribunas para la exposición sin trabas del pensamiento que
quedan en el país”21. En esta conferencia, titulada Intermedio Filosófico, el ya ex senador,
presenta sus ideas filosóficas acerca de la ciencia y la religión. El objetivo de la conferencia es

19
Constitución de Santa Fe. 1921
20
. Discurso del gobernador Luciano Molinas al Poder Legislativo, 04/11/1932, citada en Mauro, Diego A.
«Catolicismo, educación y política. La enseñanza religiosa entre la curia diocesana y las orientaciones
educativas del estado provincial. Santa Fe, 1915- 1937», en: Estudios Sociales, Revista Universitaria
Semestral, año XIX, Nº 36, Santa Fe, Argentina, primer semestre, 2009, pp. 143-172.
21
De la Torre Lisandro Intermedio Filosófico, en Escritos y discursos, 1943, Bs. As. P. 1.
desautorizar y contradecir las doctrinas cristianas acerca del origen de la vida y la posición del
hombre en el universo, apelando a los descubrimientos de la ciencia. No obstante, Lisandro,
también se aleja de una concepción de conocimiento positivista, ya que considera que la ciencia
es siempre aproximativa y “en relación con las causas primaras desplaza las incógnitas sin
descifrarlas”22. Para Lisandro el conocimiento humano es siempre limitado, falible y sus
pretensiones deben ser modestas, pero al menos la ciencia procede por “conjeturas racionales”
que deben probarse en los hechos, mientras que la religión, en cambio, se constituye a partir de
la revelación y sus especulaciones son dogmáticas e irracionales.
“Mediante la revelación la teología aclara todos los enigmas. Adorna al hombre con caracteres
superiores a los que poseen los demás animales (sus parientes próximos) y afirma la existencia
de un Ser Superior (…) “No es exacto que las religiones sepan lo que no sabe la ciencia”. 23
Haciéndose eco de las ideas del filósofo moderno, Barcuh Spinoza, el tribuno sostiene
la idea de que las religiones son instituciones humanas que tiene por causa el miedo, la
esperanza en el futuro y la ignorancia de sus fieles, y que de la idea de “revelación deriva el
derecho que invocan las religiones para imponer creencias” Lisandro concluye su conferencia
afirmando:
“Todo esto explica por qué razón es ilegitimo imponer creencias religiones como perseguirlas. El
Estado debe ser neutral. Las teocracias fueron siempre funestas, y en cualquier parte lo es la
infiltración del clericalismo en la enseñanza y también en la justicia”.24
El punto de vista de Lisandro, de corte moderno y con sesgos positivistas, resulta algo
simplificador en relación a la religiosidad. En primer lugar, la distinción tajante entre
ciencia/religión, racional/irracional, admite matices. Es ciertamente excesivo plantear que los
hombres pueden desarrollar un saber puro de la razón, o de lo contrario, solo poseer creencias
arbitrarias. Ahora bien, en gran medida, la impugnación y el ataque de Lisandro a la religión se
debe a partir de la influencia clerical en los rumbos de política argentina. Hay que tener en
cuenta que, por esos años la Iglesia consideraba “pecaminoso” votar a la Alianza Demócrata
Socialista, de la cual él era el candidato. Para Lisandro, el clericalismo, en tanto intromisión de
la Iglesia en las cuestiones públicas implica un doble riesgo para las instituciones democráticas
y republicanas. Por un lado, porque esta injerencia atentaba contra las libertades individuales,
y por otro, porque considera que la propagación de los dogmas católicos, era un obstáculo para
el progreso o una evolución racional de la opinión pública. Los demócratas progresistas ven, con
razones válidas, en el clericalismo el responsable del veto de Mosca a la Constitución del 21 y
los obstáculos para llevar adelante las reformas progresistas y liberales.
“La inmensa mayoría de la Nación es liberal, pero el liberalismo no actúa y en cambio el
clericalismo no descansa. Los conservadores de todo linaje lo apoyan porque les interesa
propulsar la institución que es llamada con razón “opio del pueblo” 25

-Democracia representativa basada en el ciudadano consciente:

En el aspecto político los demócratas progresistas defenderán la vigencia de un régimen


republicano plural y en una democracia representativa. Según Molinas:
“Lo que anima a todo este movimiento renovador y progresista es la fe en la democracia, es la fe
en las instituciones representativas, en la capacidad de la ciudadanía para ejercer un gobierno libre (…)
En estas horas de inmensas confusiones en que una situación económica perturba a muchos cerebros, en
que tantos reaccionarios buscan la solución en los gobiernos fuertes, en que las críticas a la democracia y

22
De la Torre Op. Cit.
23
De la Torre Op. Cit.. 3
24
De la Torre Op. Cit p. 15.
25
De la Torre “La cuestión social y un cura II”, Escritos y Discursos. Bs As. 1943.
al comicios resultan gratas para los espíritus ultraconservadores que todavía creen en sus privilegios, es
cuando más debemos afirmar los principios democráticos”26
Hacia fines de 1932, en clara divergencia con la política electoral nacional, el gobernador
envía a la Legislatura un proyecto de reforma de la ley electoral que proponía “sanear” ciertos
aspectos de la ley que regía desde 1912. Molinas presenta su proyecto afirmando que:
“La solución del 12, sólo abarcó una faz del problema integral que plantea la aplicación del
régimen de la soberanía popular, pues no abolió del todo la vieja regla que reserva al caballo del comisario
el derecho a la victoria. [Desde 1912] se ha incurrido en los mismos errores y el sufragio ha resultado en
la práctica un aparato con los vicios de la oligarquía: corrupción y fraude”.27
Hay tener en cuenta que los demócratas progresistas, en su discurso, rechazaban tanto
las prácticas conservadoras de la oligarquía que sistematizaban el “fraude patriótico”, como lo
que consideran las caídas “demagógicas” de la democracia plebeya, cuya figura más
representativa ven en Hipólito Irigoyen. Para los demócratas progresistas, si bien la Ley Sáenz
Peña marcó una evolución positiva, que abrió una etapa progresista y democrática para la
sociedad argentina, el radicalismo con sus prácticas de “política criolla” había vuelto a
corromperla. En este sentido, le criticaban al radicalismo, no haber manipulado los resultados
electorales, sino el hecho de no haber educado al pueblo en los valores democráticos y no
abogar por el “voto consciente” de los ciudadanos. Según el diagnóstico del P.D.P, la demagogia
del radicalismo no sólo era efectiva por sus prácticas electorales y la retórica de sus líderes, sino
porque el entramado de instituciones fuertemente centralista y la influencia del clero en el
Estado, que este partido mantenía, impedía el surgimiento de una ciudadanía consciente. Esta
crítica a la democracia plebeya deje entrever un aspecto aristocrático, y de desconfianza y
subestimación hacia los sectores populares.
La reforma electoral se presenta de manera claramente regeneradora del desvío
demagógico del radicalismo, Molinas señala que:
“Reivindico para nosotros el haber promovido la sanción una ley electoral, la más perfecta que
ha conocido toda la república y en la que hemos volcado la experiencia de veinte años de fraudes
y de vicios para cortarlos y corregirlos así nunca se volvieran a reproducir, quitan al P.E (Poder
ejecutivo) los recursos con lo que durante tantos años ha perjudicado los procesos electorales.” 28
La reforma electoral propuesta por Molinas propone, entre sus medidas más
importantes; la utilización del padrón nacional para evitar la manipulación por parte de la Junta
Electoral Provincial (siempre manejada por el Poder Ejecutivo), una mayor transparencia en la
fiscalización del proceso electoral, con mayor participación de representantes de los partidos
políticos. También permitía al votante, votar sin libreta de enrolamiento, siempre y cuando
concurra con un certificado de identidad de la autoridad judicial competente, medida propuesta
para evitar la práctica del “secuestro de libretas”. Por último, la ley, también, prohibía las fiestas
el día previo a las elecciones y el uso de insignias, retratos y símbolos partidarios en las boletas.
Estas dos últimas prohibiciones, sumadas a la crítica a la democracia plebeya, dan cuenta
del sesgo ideológico de la idea de democracia del P.D.P. En primer lugar, ambas medidas
permitirían “sanear” algunos de los métodos por el cual la voluntad individual del ciudadano se
veía corrompida, sea por su sometimiento al caudillo a través de los vicios (el alcohol y juego) o
por su identificación irreflexiva o masificación a partir de las insignias o símbolos. Para el P.D.P
el secreto de los triunfos electorales del radicalismo descansaba en el uso de su capital simbólico

26
EL ORDEN, Martes 18 de Octubre de 1932
27
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la provincia de Santa Fe (DSCS), noviembre de 1932,
p. 411.
28
EL ORDEN, Martes 18 de Octubre de 1932
(insignias o retratos de caudillos), y no en sus ideas, principios y propuestas.29 Para el P.D.P el
sujeto de la democracia debe ser el ciudadano consciente y no el pueblo o la masa. Desde su
sesgo liberal ese sujeto es el que actúa de acuerdo a su interés individual, eligiendo a sus
representantes y no el que se identifica con un colectivo a partir de lo simbólico. La idea
ciudadano consciente como sujeto político, se aleja tanto de la apelación comunitaria de los
nacionalistas o por ejemplo de la apelación a pueblo por parte de los radicales y también los
socialistas. El politólogo Eduardo Rinesi haciendo un balance de las ideas de Lisandro en torno
a la democracia afirma:
“El sistema político de Lisandro de la Torre no fue jamás el de una democracia popular sostenida
en una participación deliberativa y activa de la ciudadanía en los asuntos públicos, sino el de un liberalismo
democrático representativo”.30

El gobierno de Molinas no terminará su mandato ya que en 1935 una nueva intervención


nacional pondrá fin a los años del reformismo liberal. En los años de su gestión, la crisis
económica y social, la férrea oposición del Antipersonalismo y los sectores eclesiásticos de
fuerte influencia en la sociedad santafesina, más las propias internas del partido, serán algunos
de los factores que explican el debilitamiento del consenso que hacia 1931 el gobernador tenía.
Por otro lado, el reformismo liberal del P.D.P confiaba excesivamente en que las
transformaciones instituciones y un equilibrio administrativo iban a ser posible el surgimiento
del ciudadano consciente, forjando así una opinión pública racional, como condición para la
evolución gradual de la sociedad que permitiría resolver los problemas sociales y económicos.
En este sentido, a diferencia del reformismo radical, católico y socialista, el P.D.P descuidaba la
“cuestión social” y dejaba en un segundo plano las reformas tendientes a los problemas
económicos de los sectores populares, como la vivienda, el salario, la organización gremial y una
mejor redistribución de la riqueza social. La falta de una respuesta efectiva a los problemas
sociales agudizados por las crisis constituye también uno de los motivos que explican las
limitaciones del gobierno de Molinas y su pérdida de consenso social.

Bibliografía utilizada:

Bonaudo, Marta y Mauro, Diego «Las paradojas del reformismo liberal. De la experiencia de la
Liga a la construcción del partido (1897-1931)», en: ESTUDIOS SOCIALES, revista universitaria
semestral, año XXIV, N° 46, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral, primer
semestre, 2014, pp. 119-144.

Ciria, Areses, Pla, Galasso, y otros (comp) La Década Infame, Bs. As. Carlos Perez Editor. 1869.

De la Torre, Lisandro Escritos y discursos, Colegio de Estudios Superiores 1943, Bs. As

Devoto, Fernando Nacionalismo, Fascismo y Tradicionalismo en la Argentina Moderna. Siglo XXI,


2002

Hernández Arregui, Juan José, La formación del a conciencia nacional Bs. As. Hachea 1970. P.175.

29
Waldino Maradona, el único diputado socialista en la Cámara llevado por la Alianza Cívica, afirmaba que
“Mientras ideas y principios estén ausentes de las cabezas de la masa ciudadana, quien más símbolos y
retratos usa, menos ideas ofrece al pueblo” Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la provincia
de Santa Fe 30/09/1932, pp. 1306-07, 1347-1348.
30
Rinesi, Eduardo El último tribuno, variaciones sobre Lisandro de la Torre. Colihue, Bs. As. 1996. P. 35.
Macor, Darío “¿Una república liberal en los años ’30? La experiencia Demoprogresista en el
Estado provincial santafesino”, en: Waldo Ansaldi et ál.: Representaciones inconclusas. Las
clases, los actores y los discursos de la memoria, 1912-1946, Buenos Aires, Biblos, 1995.

Mauro, Diego A. «Catolicismo, educación y política. La enseñanza religiosa entre la curia


diocesana y las orientaciones educativas del estado provincial. Santa Fe, 1915- 1937», en:
Estudios Sociales, Revista Universitaria Semestral, año XIX, Nº 36, Santa Fe, Argentina, primer
semestre, 2009, pp. 143-172.

Piazzesi Susana, “Después del liberalismo un nuevo conservadorismo”, en: Estudios Sociales, Nº
13, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1997.

Rinesi, Eduardo El último tribuno, variaciones sobre Lisandro de la Torre. Colihue, Bs. As. 1996

Videla, Oscar “Excepción y paradigma de la década infame” en Nueva Historia de Santa Fe, El
Siglo XX, Problemas sociales, políticas de Estado y economías regionales (1912-1976).
Prohistoria. La Capital, Rosario 2006.