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Cómo
Pastorear
Hermanos
sin
a los

Trabajo
Desafío para la iglesia

Serie Diálogo

CertezaArgentina
Buenos Aires 2002
Participaron con ponencias y testimonios:
Arturo Baspineiro, Pablo Bedrossian, Nidia
Dalfaro, Valdo Ferrari, Jorge Galli, Pablo
Garaño, Viviana Montón, Noemí Ojcious,
Carlos Zóffoli, Beatriz Buono, Dafne Sabanes
de Plou, Adriana Powell.
Además hubo aportes y testimonios de Viviana de
Olivares, Carlos y Patricia Yabraian, Marta de Gómez,
Leonardo Angles, Omar Cabral, Matías Córdoba, Tony
y Rosi Hanson, Miguel e Isabel Collie, Cecilia Biagini.
© 2002 Ediciones Certeza Argentina
isbn 950-683-097-5
Queda hecho el depósito que marca la ley argentina
11.723. Prohibida la reproducción total o parcial sin
la autorización de los editores.
Las citas bíblicas corresponden a la Versión Reina
Valera 1995.
Editora de la Serie Diálogo: Dafne Sabanes de Plou
Edición literaria: Adriana Powell
Diseño: Miguel Collie
Ediciones Certeza Argentina es la casa editorial de
la Asociación Bíblica Universitaria Argentina (abua), un
encuentro de estudiantes, profesionales y amigos de
distintas iglesias evangélicas que confiesan a Jesucristo
como Señor, y que se han comprometido a ejercer un
testimonio vivo en las universidades del país.
Informaciones en: Bernardo de Irigoyen 654,
(c1072aan) Buenos Aires, Argentina.
Teléfono y fax: (54 11) 4334-8278, 4345-5931,
4331-5630. Correo electrónico: certeza@logos.com.ar
Impreso en Argentina. Printed in Argentina.
Dice la Biblia que ‘a los que aman a
Dios, todas las cosas los ayudan a bien’. En otras palabras:
el tiem­po de crisis es un tiempo de oportunidad.
No ignoramos que la situación actual de la economía y la
sociedad es grave; sin embargo, la Palabra de Dios te invita a
reconocer que él puede hacer que esta crisis tenga un efecto
positivo y trascendente en tu vida. El secreto está en obe­
decer a Dios y en orar, buscando el bien que él quiere darte
en medio de estas circunstancias. Pídele que te muestre lo
que otros no pueden ver, para que la crisis se convierta en
un verdadero trampolín que te impulse hacia lo mejor.
Cómo pastorear a los hermanos sin trabajo te dará herra­
mien­tas para renovar tu mente, y para obtener logros que,
sin esta crisis, jamás hubieras alcanzado. Antes de empezar
la lectura, encomiéndate a Dios en oración y pídele que el
Espíritu Santo te alcance a través de este libro.
Daniel Gonzalez,
Pastor de la Iglesia del Centro,
Buenos Aires, Argentina
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Prólogo
Cuando me invitaron a hacer este prólogo, recordé mi for­
ma­ción en relaciones laborales, mi trabajo en relación de
depen­dencia, tiempos prolongados sin empleo, iniciativas
en micro­emprendimientos. Recordé que antes, en algunas
iglesias, el hecho de estar sin trabajo era considerado señal
de algún problema espi­ri­tual. Hoy esto suena ridículo.
¡Cuántos cambios han ocurrido y siguen ocurriendo! Por
ser ines­pe­rados y excesivos, nos ponen en crisis. Quizás algu­
nos disfrutamos del cambio, por tener sentido de humor y
aventura; pero creo que a todos nos cuesta asimilar tantos
cambios continuos sin sentirnos afectados psicológica, emo­
cional y físicamente. Como iglesia, la situación nos exige re-
visar cómo plan­teamos la misión, e inte­grar la proclama­ción
del evan­ge­lio con el testi­monio del amor de Dios, nuestro
declamado amor al prójimo con el ser­vi­cio concreto, nuestra
alegría en el templo con el dolor en las calles.
No es intención de este libro abrumar con estadísticas;
una persona sin empleo es más que una cifra, es un ser hu­
ma­no que sufre. Es una persona en crisis en una sociedad
en crisis. Hoy vivimos un proceso deses­truc­turante en lo per­
sonal y también como iglesia y sociedad. Al mismo tiempo,
vivimos un proceso estruc­tu­rante, la construcción de nuevos
paradigmas. Por eso necesitamos mirar lo que nos sucede
desde distintas perspectivas, y entresacar aquello que nos
ayude a edificar nuestra comprensión y articular respuestas.
La sociedad espera una propuesta realista, espe­ran­zadora
e inspirada por Dios.
¿Qué dice el evangelio a los hermanos sin trabajo, al
prójimo y a la sociedad afectados por esta situación? ¿Cuál
es el testimonio de hombres y mujeres comprometidos con
Jesucristo? ¿Cuáles son los valores del reino de Dios y su
justicia para el trabajo? ¿Cuál es la voz de la iglesia hoy?
Estamos llamados a trabajar por la recuperación de la
dignidad del ser humano y del valor del trabajo en el orden
de Dios. Debemos restaurar la creatividad y la iniciativa,
tan­to individual como en la iglesia y en nuestros barrios y
zonas de influencia.
Cómo pastorear a los hermanos sin trabajo es una herramien-
ta que enriquecerá su perspectiva en el servicio cristiano.
Espe­cialistas laborales, psicólogos, teólogos, periodistas,
edu­ca­dores y pastores de varias iglesias ofrecen aquí un en-
foque bíblico y pastoral. Este es un aporte para quien sufre,
y espe­cial­mente para quienes ejercen el ministerio pastoral.
Por mi compromiso con los valores del reino de Dios y su
jus­ti­cia, y con quienes están sin trabajo, estaré apoyando las
ini­cia­tivas que apunten a la restauración de todas las cosas,
y esta es una de ellas.
Lic. Eduardo Mariani
Profesor universitario, conferencista, consultor
privado, asesor gubernamental y director de
Ministerios Comunitarios de la Fundación Kairós
Contenido
Prólogo 5
1 Trabajo y desocupación en la Biblia 9
2 Temores y esperanzas 23
3 ¿Cómo responde la iglesia? 37
4 Pautas para la tarea pastoral 53
5 Cómo acompañar a la familia en crisis 75
6 No estamos solos 89
7 Obediente, trabajador… y en serios problemas 111
Apéndices
1 Panorama global 121
2 Estudios bíblicos 139
3 Propuestas para grupos 149
4 Mensaje a la nación 165
Notas 173
Bibliografía 175
c a p í t u l o  |  1

Trabajo y
desocupación
en la Biblia
Ideas y consejos que te ayudarán
a crecer en tu trabajo.

CertezaArgentina
Trabajar no es una maldición, como algunos
consi­deran. Todo lo contrario, trabajar es una bendición.
Es bueno notar que Dios estableció el trabajo antes de
la entrada del pecado. En Génesis 1 y 2 vemos que el plan
original de Dios para la huma­ni­dad garantizaba una vida
plena para todos; como parte de ese proyecto, Dios dio a
hombres y mujeres el mandato de guardar y labrar la tierra
(Génesis 2.15) y de administrar res­pon­­sable­mente toda la
creación.
Calvino decía: ‘Si tienes trabajo, no pidas otra bendición.’
Es decir, el trabajo es valioso y es un don de Dios. Ese es el
concepto bíblico del trabajo. Por ser una bendición de Dios,
el trabajo es algo para celebrar. Por eso dice el sabio en
Eclesiastés: ‘No hay cosa mejor para el hombre que comer
y beber, y gozar del fruto de su trabajo’ (Eclesiastés 2.24).
Lutero decía que hay más espiritualidad en la tarea del za­pa­
tero que trabaja con alegría que en la del ministro reli­gioso
que se amarga con lo que se hace.
Las fiestas ordenadas por Dios a su pueblo expresaban
de manera culminante este concepto, ya que los primeros
frutos de cada cosecha se ofrecían a Dios en un clima de al-
12 | sin trabajo

garabía popular. ¡Qué bueno sería disfrutar así en las fiestas


que celebran la vendimia y otras cosechas, recono­ciendo la
bendi­ción del trabajo! ¡Qué contraste con la ley de la oferta y
la demanda, tal como se practica hoy en el mer­cado, donde
las primeras uvas o las primeras papas se destinan a lograr
el mejor precio de venta!

El trabajo no es sagrado
Justamente porque es una bendición que viene de Dios, el
trabajo no es un fin en sí mismo. Si bien da significado a la
vida personal, no es la base de nuestro valor e identidad. El
fin último de la vida no es trabajar. En ningún
El trabajo es lugar de la Biblia se sacraliza al trabajo; se
presenta, más bien, como un medio para
una bendición: glo­ri­ficar a Dios (Efesios 6.5–8), para satis­
> Glorifica facer las pro­pias necesidades y para tener qué
a Dios. com­ partir con otros (Hechos 20.34–35).
La vida toda se nos da como una gracia;
> Satisface cada día de existencia es un regalo. Por eso
nuestras hemos de estar agradecidos si tenemos salud
necesidades. y trabajo hoy.
Porque el trabajo es una bendición, Dios
> Nos da qué también estableció un día de descanso para
compartir que el trabajador disfrute del resul­tado de su
con otros. trabajo y se recupere del esfuerzo. El trabajo
fue ins­ti­tui­do para el ser humano pero no para
que este entregara su vida al trabajo.
Hoy es común ver a hombres y mujeres que viven sólo
para trabajar. Sin saberlo, se han convertido en máquinas
trabajo y desocupación en la Biblia | 13

cuyo fin es sólo producir. El cristiano debe guar­dar equilibrio


entre trabajo y descanso porque su vida no gira alrededor
del trabajo sino de Dios. Él nos dio el trabajo como medio
para admi­nistrar y cuidar de todo lo creado.1
Por supuesto, no es lo mismo un día de descanso que un
día desocupado. Para que el día de reposo realmente sea un
día de adoración y gratitud a Dios, de celebración y des­canso,
es preciso haber tenido trabajo los días previos. Tam­poco
honra a Dios el que no quiere trabajar o el que lo hace sin
responsabilidad. En palabras del rabino Daniel Gold­man:
La paz del sábado sólo adquiere significado si durante la
semana que acaba de pasar la persona pudo desarrollar su
potencia creativa y su aporte a la convivencia social; sólo así
llena de sentido a la celebración.

La falta de trabajo
A la luz de lo que venimos diciendo resulta obvio que la crisis
del trabajo atenta contra el plan divino. El que está sin trabajo
no sólo padece el sufrimiento material y emocional por no
poder sostenerse ni sostener a su familia, sino además el
sufri­miento espiritual al no tener oportunidad de contri­buir
al bien de la comunidad y celebrar con ella. Cuando se cierra
una fuente de trabajo, se impide a hombres y mujeres desa-
rrollar sus dones y habilidades para lograr su propio sustento
y contribuir al de otros. Se les impide disfrutar con todos de
la ben­di­ción del trabajo, el servicio y el descanso.
La falta de trabajo es una grave afrenta y constituye la raíz
de muchos traumas individuales y sociales. Una evidencia
dra­­má­tica es lo que ocurrió en Japón durante 1998, donde se
14 | sin trabajo

suici­daron en promedio 90 personas por día, por la vergüen­


za y las tensiones causadas por los despidos colectivos o el
temor a ser parte de ellos.2 Cada día somos testigos del grave
daño personal que sufren hoy miles de personas.

Todo trabajo honesto es digno


El trabajo, y en particular el trabajo manual, no siempre fue
considerado valioso. En otras épocas y culturas era visto
como algo degradante (por ejemplo, en la cultura griega o
en la Edad Media). En América Latina todavía escuchamos
el refrán: ‘El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo.’ En
otras palabras, consi­deramos más astuto al que gana dinero
sin trabajar.
En el otro extremo, que tampoco es bíblico, están quienes
sobrevaloran el trabajo y lo transforman en ídolo. El trabajo
llega a ser el centro orga­niza­dor de la vida y el fundamento
de su identidad y valor como personas.
Como vimos, los reformadores protes­tan­
Toda crisis tes nos apor­taron un concepto muy rico sobre
la dignidad de todo trabajo. Cada per­sona
contiene recibe una vocación de Dios: sea príncipe,
riesgos y ama de casa, abogado o estier­colero, todas
oportunidades. las profesiones son igualmente valiosas de­
lante de Dios.
Necesitamos preguntarnos a quién ser­vi-
­mos cuando trabajamos. No debemos endiosar al trabajo
ni poner allí nuestra seguridad. Tampoco trabajamos para
agradar a los jefes. Necesitamos revisar, desde el punto de
vista que Dios tiene sobre el trabajo, cómo nos relacionamos
con clientes, con empleadores y em­pleados.
trabajo y desocupación en la Biblia | 15

¿Cómo se considera al trabajo en la cultura en que


vivi­mos? ¿Cuál es nuestra perspectiva personal? Ni el
desprecio ni la idolatría del trabajo corresponden a la
perspec­tiva bíblica. Comprender la perspectiva de Dios nos
ayudará a mantener una actitud sana y a entender las con­
se­cuen­cias de la crisis laboral que hoy enfrentamos.

Proteger a los más vulnerables


¿Qué le podemos preguntar a la Biblia sobre el tema de la
desocupación? En la legislación del Antiguo Testamento en­
con­tra­­mos normas en relación con tres grupos sociales que
estaban en situación similar a la que hoy se encuentran las
per­sonas sin trabajo: las viudas, los huérfanos, y los per­se­
guidos y extranjeros. Como estos no podían proveer su propio
sustento, la ley de Moisés incluía normas muy concretas
para que la comu­ni­dad judía diera hospitalidad y cuidado
especial a estas personas desam­paradas y vulne­ra­bles. Hoy
incluiríamos en esta manera de proteger a los más débiles,
a los discapa­ci­tados y a quienes han perdido la capa­ci­dad
pro­duc­tiva por enfermedad o por accidente.
A estos tres grupos se agregaba el de los trabajadores
rurales y los pequeños productores arrendatarios que, en
momentos de enfermedad, guerras u otras crisis personales
o sociales quedaban arruinados, como hoy ocurre con los
excluidos del sistema laboral. La legislación judía incluía
normas para amparar y ayudar a salir adelante a quienes,
por cualquier causa, habían quedado laboral y socialmente
marginados. La meta era la justicia social.
16 | sin trabajo

Así no habrá mendigos entre los tuyos, pues


Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra
que Jehová, tu Dios, te da por heredad.
Deuteronomio 15.4
Mediante la distribución justa de la tierra y el cuidado de
los débiles, la comunidad expresaba el amor y la provisión
de Dios para todos. Así se evitaba que las oportu­ni­dades
de­si­­gua­les llevaran a nadie a la miseria y la desespe­ra­ción.
Esa es la actitud que Dios espera de nosotros hacia quienes
más sufren en el sistema económico actual y hacia aquellos
que quedan desempleados sin posi­bi­lidad de reinsertarse.

Una respuesta bíblica


Entre esas leyes protectoras, detalladas especialmente en
el libro de Deuteronomio, estaba la ley de la cosecha. Al
recoger los frutos o los granos, los trabajadores debían dejar
sin cosechar todo lo plantado en las orillas del campo. No
de­bían sacudir dos veces los olivos ni volverse atrás para
reco­ger las gavillas o las uvas caídas. Los menos afortunados
podían recoger lo que quedaba.
Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto,
y que Jehová, tu Dios te sacó de allá con mano
fuerte y brazo extendido. Deuteronomio 5.15
En otras palabras, la vida y todo lo que tienes es regalo
de Dios; recuerda tus aflicciones pasadas y comparte ahora
con el que no tiene.
trabajo y desocupación en la Biblia | 17

Dios nos hizo parte de su familia; su amor ha de mostrarse


entre nosotros en forma práctica:
Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a
su hermano tener necesidad y cierra contra él
su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
Hijitos míos, no amemos de palabra ni de len­
gua, sino de hecho y en verdad.
1 Juan 3.17–18
En el Nuevo Testamento vemos cómo se auxilió a quienes
sufrían las secuelas de las hambrunas y otras calamidades
sociales de la época (por ejemplo, 1 Corintios 8.12–15).
Los apóstoles enseña­ban claramente que los discípulos de
Jesucristo debían ofrecer cuidado espiritual y material a los
desamparados y a los oprimidos por la sociedad.
Entre los primeros cristianos se estimulaban lazos de
soli­daridad voluntaria, no forzada; como resul­tado, la iglesia
primitiva ofrecía una red de cuidado integral comparable y tal
vez superior a la de los seguros sociales en la actualidad.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento


muestran que la voluntad de Dios es proteger a
quienes sufren las conse­cuencias de las trage-
dias personales y de las injusticias sociales en
cada época, y lo hace por medio de una comu-
nidad sensible y obediente.

El llamado a la iglesia
Los políticos y los economistas discuten todo tipo de op-
ciones para superar la crisis actual: flexibilización laboral,
18 | sin trabajo

condo­na­ción de la deuda externa, jubilación precoz y mu-


chas otras. Aunque en cada campaña electoral los políticos
pro­me­ten estimular la producción y aumentar las fuentes
de trabajo, los índices no mejoran. No hay recetas f áciles
ni fórmulas matemáticas para resolver estos pro­blemas
com­plejos. Algunas propuestas resultan impracti­ca­bles en
países con economía en banca­rrota, pesados compro­misos
inter­na­cionales y corrup­ción insti­tu­cionalizada. La economía
nacional funciona en un com­plejo marco de relaciones inter­
na­cionales; además las decisiones involu­cran a personas,
con sus matices psicológicos, sus ambiciones y sus diversas
posturas políticas.
Lo cierto es que una civilización que ha sido capaz de un
fantástico desarrollo tecnológico parece incapaz de resolver
estos problemas, y no se muestra dispuesta a tratar con com­
pa­sión a las millones de personas que sufren el de­sem­pleo y
la injusticia económica. ¿Hay esperanza? ¿Qué alterna­tivas
tienen los que están sin trabajo? ¿Adónde pueden recurrir?
La iglesia tiene una responsabilidad pastoral, profética y
solidaria frente a esta crisis laboral cada vez más profunda y
exten­dida. Pero ¿está preparada para cumplirla?
Nuestro desafío es actuar de tal manera que podamos
acompañar eficazmente a quienes sufren por el desempleo
o la inestabilidad laboral. Estamos llamados a ser la iglesia
que Jesucristo vino a iniciar, para que, parafraseando sus
palabras en Mateo 25.34–36, nosotros también podamos
escuchar que el Señor nos dice:
Vengan, benditos de mi Padre, a heredar el
reino preparado para ustedes desde antes de
trabajo y desocupación en la Biblia | 19

la funda­ción del mundo, porque estuve sin


trabajo y no me marginaron, me echaron de la
f ábrica y se indignaron, viví de changas por un
tiempo largo y se solidarizaron, no conseguía
empleo y me capacitaron, me desanimé y me
alentaron, me angustié y oraron conmigo.
trabajo y desocupación en la Biblia | 21

Para pensar y actuar


¿En qué difiere el
concepto corriente
del trabajo del que
presenta la Biblia?

¿Está la iglesia
respondiendo con
sensibilidad a los
que más sufren?
¿Por qué?
22 | sin trabajo

¿Qué significa,
en la crisis laboral,
seguir el modelo
y el llamado de
Jesús?

Anote motivos
de gratitud y de
petición a Dios.
c a p í t u l o  |  2

Temores y
esperanzas
Ejercicios prácticos para aprender
y corregir nuetra economía

CertezaArgentina
Cuando despidieron a mi esposo de
su trabajo —relata Gladys— estábamos recién
casados, con algunas deudas y muchos sueños.
Me costó hablar con él y pasaron varios días
hasta que pudimos conversar. A algunos de
nuestros amigos les pasó lo mismo; sin duda
éramos parte de las cifras cada día más altas de
desocupación que mencionaban los diarios.
Sin embargo, no pude dejar de pensar: ‘Eduardo
hizo algo mal.’ Me vino una lluvia de ideas sobre
los errores que mi esposo pudo haber cometido.
No se lo dije, pero él se dio cuenta de mi actitud.
Justo cuando más hubiera necesitado mi apoyo,
yo estaba demasiado ocupada en analizar y sacar
conclusiones sobre él… Finalmente, yo me sentía
cada vez más triste, hablaba menos, y él se
sentía cada vez peor.

Buscamos culpables
Cuando una persona no consigue trabajo, ¿de quién es la
culpa? ¿De la sociedad que excluye o del individuo que no se
adapta? En las crisis tendemos a buscar en quién cargar la
culpa, cuando lo que necesitamos es analizar el problema y
sus causas, asumir responsabilidades y buscar soluciones.
A veces cargamos toda la responsabilidad sobre el
que está sin trabajo, y pasamos por alto las injusticias que
26 | sin trabajo

impiden a muchas personas capacitarse y desarrollar un


trabajo. Quizás pensamos que si nosotros hacemos las cosas
bien nunca nos sucederá lo mismo.

Por supuesto, si hubo debilidades y faltas


personales que pudieron haber contribuido al
desempleo, es realista y beneficioso reconocer-
las. Si no tomamos en cuenta nuestra parte de
responsabilidad, de­po­sitamos toda posibili-
dad de cambio en un incierto giro de las circuns-
tancias externas; dejamos de considerarnos
sujetos, protagonistas. Así, perdemos un factor
clave en nuestra posibi­li­dad de reinserción
laboral: nuestra iniciativa.

Sólo una posi­ción activa y realista ante el problema nos


permitirá identificar tanto las ame­nazas como las opor­tuni­
dades que una crisis contiene.

Los temores
Tener trabajo significa mucho más que obtener los recursos
para satisfacer nuestras necesidades materiales. Es cierto
que no define quién somos ni cuánto valemos; pero parte
de la descripción de nosotros mismos incluye el relato de
lo que hacemos. Cuando quedamos sin trabajo, ¿qué suce-
de ? Cuando la falta de trabajo se prolonga empezamos a
sentir frustración, dudas, inseguridad. Crecen en nuestro
inte­rior sentimientos de culpa, impotencia, amargura,
resenti­miento.
temores y esperanzas | 27

La dificultad de satisfacer necesidades básicas pone a


toda la familia en un estado de carencia, incertidumbre
y endeudamiento. Los jefes y las jefas de hogar corren el
ries­go de que se derrumbe su confianza y autoestima, con
lo cual pierden la perspectiva que necesitan para conducir
a su familia.
Esta sensación es similar a la que se presenta en otras
situaciones de catástrofe. Cuando han perdido todo lo que
tenían por causa de un terremoto o una inunda­ción, los
afectados tienden a preguntarse: ¿Por qué nosotros? ¿Qué
deberíamos haber hecho y no hicimos? ¿Qué hicimos mal?
Necesitamos explicaciones que nos tranquilicen; pero por
ese camino tal vez llegamos a conclu­siones falsas que sólo
aumentan nuestros temores. Es importante cambiar este
enfoque.

Una autoimagen distorsionada


Así como convenimos llamar a un objeto mesa y a otro
silla, también convenimos en definir empleo, economía de
mer­cado, beneficio empresarial, etc. Las reglas no escritas
que nos rigen actualmente dicen, entre otras cosas, que en
esta forma de organización no hay lugar para todos y, por
lo tanto, ‘algunos entran pero otros quedan afuera’, unos
son ‘gana­dores’ pero otros son ‘perde­dores’.
Cuando me despiden sin mucha explicación, tal vez lle-
go a la conclusión de que quedé afuera porque ‘hice algo
mal, me falta capacitación, no tengo buena presencia, soy
inútil, ya soy viejo’… Es decir, llego a conclusiones sobre mi
persona a partir de datos que pueden o no ser correctos, y
paso por alto otros datos.
28 | sin trabajo

Si tenemos una imagen negativa de nosotros mismos,


proyectamos esa inseguridad y, en consecuencia, los demás
terminan aceptando y confirmando esa imagen. Finalmente
nuestras conclusiones se transforman en profecías de auto­
cumplimiento.
Este es un ejemplo de una secuencia frecuente de
pensa­miento:
Me despidieron sin explicación.
[Un hecho con pocos datos.]
Algo debo estar haciendo mal.
[Conclusión negativa sobre mí mismo.]
Siempre me pasa lo mismo, soy un inútil.
[Generalización.]
Nadie me va a dar empleo, soy un fracaso.
[Profecía de autocumplimiento.]

Los temores que acompañan a esta forma de razonar


—temor de no ser aceptado, de no poder resolver una si-
tuación, de prolongar la incertidumbre— nos encierran en
un círculo vicioso. Es preciso salir de él y mirarnos desde
afuera, tomar distancia de la situación y razonar desde otra
perspectiva.

Renovar la manera de pensar


Hay pérdidas y transiciones que son propias de la vida.
También hay crisis accidentales y otras que son resultado
del pecado personal o social. Sea como fuere, no todo es
negativo en una crisis.
temores y esperanzas | 29

En el Nuevo Testamento la palabra ‘crisis’ contiene la


idea de poner en tela de juicio una realidad. Una crisis nos
empuja a revisar y a cambiar. En este sentido, la crisis labo-
ral pone en tela de juicio la validez del sistema y no sólo mi
validez como trabajador. Abre los ojos a una realidad polí­tica
y social. También me da la oportunidad de cues­tio­nar mis
hábitos y actitudes, y decidir cambios.
A veces nos predisponemos a ver solamente los peligros.
Frente a los problemas nos quejamos, nos resignamos,
simu­­la­­mos que nada pasa o buscamos formas de escapar
(dormir mucho, beber en exceso). Con fre­cuen­cia inten­ta-
mos soluciones indivi­dualis­tas: ‘Yo me sal-
vo solo.’ Bajamos los brazos y terminamos
sin­tién­do­nos víctimas de la sociedad, del Toda crisis
go­bier­no de turno, del Fondo Monetario In­ contiene
ter­nacional o del ‘destino’. Cuidado: cuan­
riesgos y
do adoptamos una permanente actitud de
lás­ti­ma hacia nosotros mismos finalmente oportunidades.
re­sul­ta­mos víctimas de nuestra propia forma
de pensar y elegir.
En el idioma chino, la palabra crisis es la integración
de dos conceptos: ‘peligro’ y ‘oportunidad’. Es fundamen-
tal aprender a percibir la oportunidad que trae consigo
toda crisis; siempre contiene desafíos y oportuni­dades de
creci­miento que tal vez no hubieran surgido en la estabi-
lidad. Cuando una persona pierde su empleo en relación
de depen­den­cia y debe organizar un trabajo autónomo, la
situa­ción lo empuja a adquirir habilidades que de otro modo
no hubiera desarrollado.
30 | sin trabajo

Algunos descubren nuevas vocaciones que nunca hubie-


ran explorado: un empleado descubre que puede ini­ciar un
pequeño comercio; otro descubre sus capaci­da­des produc­
tivas al participar en una red de trueque. Alguien que antes
fue vendedor comprueba que puede aprender y desarro­llar
un oficio. Los profesionales comprueban que nece­sitan algo
más que su título para no quebrar en tiempos difíciles.

Vencer los temores


Es asombroso todo lo que puede crecer una persona cuando
está dispuesta a hacer esa ‘reingeniería mental’; podemos
construir nuevas formas de responder a las crisis, con ayuda
de Dios y su Palabra. La Biblia nos da este mandato:
No vivan ya según los criterios del tiempo
presen­te [lo que la mayoría piensa, las explica-
ciones que aceptamos rápida­mente]; al contra-
rio, cambien su manera de pensar para que así
cambie su manera de vivir.
Romanos 12.2 vp 94
El pueblo de Dios es un cuerpo formado por muchas
partes, todas las cuales sirven y se comple­mentan. Somos
valiosos para Dios, él nos ama y nos adopta como hijos a
través de Jesucristo y nos hace miembros de su familia. Ese
es el funda­mento estable que ni siquiera la peor amenaza
externa o la más grande debilidad interna pueden destruir.
Sobre esa roca firme tendremos más posibilidades de enfo­
car correcta­mente la realidad.
Cuando reconocemos que nuestros temores son sólo en
parte reales y respondemos con iniciativa, podremos salir
temores y esperanzas | 31

de la crisis beneficiados. Dice Víctor Frankl que no elegimos


las circunstancias pero sí decidimos cómo reaccionar frente
a ellas. Dios nos ha creado únicos e irrepeti­bles, y nos ama;
si somos valiosos para Dios, entonces pode­mos ser valiosos
para los demás. Sobre esa certeza, y con la gracia de Dios,
pode­mos mirarnos a nosotros mismos honestamente e iden­
tificar qué cosas afianzar, mejorar o modificar. Por ejem­plo,
es importante aprovechar la experiencia y el conoci­miento
que tenemos y los talentos que Dios nos dio.

Silvia y Teresita son mujeres de mediana edad


que quedaron sin empleo en Buenos Aires;
cuando empezaron a responder a los avisos se
dieron cuenta de toda la experiencia que tenían
y que podían ‘venderle’ al entrevistador. Estas
mujeres sólo habían completado el secundario,
pero aprovecharon todo lo que sabían y pronto
pudie­ron conseguir otro empleo. Prestaron
atención a su aspecto personal, sin gastar dinero
que no tenían. Hasta la simple decisión de
com­binar un pañuelo de color sobre el eterno
buzo negro contribuyó a afianzar su autoestima.
Cuidar mejor el cabello, la vestimenta o las
manos las ayudó también a apreciarse más como
personas y a no temer la comparación frente a
las jovencitas que se postulaban junto con ellas.

La angustia nos hace sentirnos desamparados aunque


no lo estemos. Siempre hay algo que podemos hacer si estamos
32 | sin trabajo

dispuestos a iniciar nuevos caminos, a cambiar de rumbo, a


recomenzar después de la caída. Al mirar la realidad como
Dios la ve, descubrimos que todos somos valiosos, todos
tene­mos capacidades, y siempre nos necesitamos unos a
otros, sea que el mercado aprecie o no nuestras cualidades.
Aun cuando se agravan las amenazas del ambiente y
nos pesan más nuestras debilidades, siempre habrá alguna
opor­tunidad nueva. Empecemos a considerar a quien ofre-
ce puestos de trabajo como un cliente a quien convencer
de nuestra capaci­dad. Si preferimos realizar una actividad
sin rela­ción de dependencia, tomemos en cuenta nuestras
habi­li­da­des y cómo podemos unirlas a las de otros para
enfrentar soli­da­ria­mente el nuevo desafío. Si una per­sona
tiene un gal­pón desocupado, otra cuenta con el dinero de
su indem­ni­za­ción y otra con conocimientos técni­cos o arte­
sanales, ¿por qué no sumar recursos en lugar de tratar de
salir a flote cada uno por su lado?
Para salir adelante necesitamos cuatro herramientas
básicas:
Actitud flexible frente a los cambios y desafíos.
Capacitación apropiada y disposición para
seguir aprendiendo.
Fe en la provisión y el cuidado diario de Dios.
Apertura para acompañar y ser acompañados.
¿Qué hacer con nuestras debilidades? Empecemos por
aceptar que todo ser humano las tiene; conocerlas nos pone
temores y esperanzas | 33

en camino para crecer y para ayudarnos unos a otros, com­


ple­mentándonos y sosteniéndonos.

Renovar la esperanza
Tengamos o no trabajo en este momento, es importante
apren­der a evaluarnos con honestidad pero sin subesti­mar­
nos. Tenemos que tomar en cuenta las nuevas exigencias
de la época, pero a la vez mantener una actitud crítica hacia
el sistema y ser fieles a los valores del reino de Dios.
Nuestra vida y nuestro futuro están en las manos de Dios,
confiamos en que él nos sostiene y él tiene la última palabra
en la historia. Podemos seguir andando aun cuando el ho­
ri­­zonte parezca cerrado.
He aquí que yo hago cosa nueva;
pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis?
Otra vez abriré camino en el desierto
y ríos en la tierra estéril. Isaías 43.19
La iglesia es la familia espiritual a través de la cual fluye
el cuidado de Dios. Para hacer frente a las pruebas toda per­
sona necesita estar contenida, acom­pañada. Como igle­sia
tenemos grandes oportunidades para anunciar lo que Dios
dice sobre el el trabajo, las relaciones laborales y la jus­ti­cia,
y para ayudar a cada persona a aplicar esas verdades a su
situación personal.
La crisis laboral es grave y cada día afecta a a más per­
so­nas. Pero, aunque los temores parecen más grandes que
nues­tras fuerzas, hay un camino diferente que podemos
hacer juntos.
temores y esperanzas | 35

Para pensar y actuar


¿Qué oportunidades
y qué beneficios
ofrece esta crisis
a nivel personal,
familiar y social?

¿Qué estamos
aprendiendo
a través de
esta crisis?
36 | sin trabajo

¿En qué se sostiene


nuestra esperanza?

¿En qué necesita-


mos cambiar?
Anote las
decisiones que
toma en este
momento,
y ore por ellas.
c a p í t u l o  |  3

¿Cómo responde
la iglesia?
Pasos para concretar un sueño
y abrir ese potencial escondido.

CertezaArgentina
La falta de trabajo es una situación que ‘nos da
vuelta’ completamente. Trastorna a la persona, a la fami­lia y a
la iglesia. ¿Cómo actuar en medio de una crisis tan ex­ten­dida?
Aunque afecta a un número cada vez mayor de miem­bros
de la iglesia y de la comunidad, todavía no sabe­mos muy
bien cómo interpretar la realidad y cómo acom­pañar a las
personas que más sufren el problema.
Necesitamos entender lo que está ocurriendo, orar y
buscar la guía del Espíritu Santo para descubrir qué significa
ser, como Cristo nos pidió, ‘sal y luz’ en esta situación.

Los nuevos desafíos


Frente a los problemas ‘nuevos’ nos desorien­tamos. No
sabemos qué hacer. Pero si realmente queremos encontrar
un camino juntos, Dios nos lo mostrará. Él es quien abre
caminos en el desierto donde parece que no los hay. En la
comunidad cristiana, todo problema humano es una ocasión para
dar testimonio del poder y de la misericordia de Dios. La crisis es
una oportunidad para confiar en que esa misericordia se
manifestará, a través de la acción del Espíritu Santo, en la
comunidad de creyentes y aun afuera de ella.
Los periódicos difunden constantemente datos sobre el
incremento del desempleo, el aumento de la población con
necesidades básicas insatisfechas y los nuevos bolsones de
pobreza; detrás de cada cifra hay rostros y situaciones con­
cretas de mucho dolor. Los políticos hacen anuncios que
40 | sin trabajo

provocan confusión e incertidumbre. ¿Qué está suce­dien­do


y por qué nos afecta de manera tan fuerte y tan profunda?
Aunque hubo promesas de que los avances tecnológicos
y el aumento global de la riqueza permitirían a la sociedad
en conjunto alcanzar mejor calidad de vida, no ocurre así.
La brecha entre ricos y pobres se agranda; la recesión y el
desempleo se extienden. Los más pobres o menos instruidos
tienen la doble carga de la pobreza y la falta de trabajo; pero
la amenaza no ronda sólo sobre ellos: el riesgo de perder
el trabajo y no poder reinsertarse es también grande entre
pro­fe­sionales y personas con larga trayectoria laboral.
En los apéndices de este libro incluimos información
sobre los cambios en la tecnología y en los modos de produc­
ción. También se describen allí los grupos sociales más afec­
ta­dos por la crisis laboral en un mundo caracterizado por el
consumismo y el individualismo. Estos y otros docu­mentos
nos ayudarán a entender las causas de la crisis y los diversos
rostros que hoy tiene la desocupación.
Con todo, no es suficiente conocer las estadísticas y ana­
li­zar las tendencias sociales; necesitamos esforzarnos por
comprender la compleja situación que vive cada persona y
cada familia afectada. Como cristianos, el compromiso no
termina al haber comprendido el problema.

Una vez que conocemos la situación, comienza


nuestro desafío de caminar con los que sufren,
buscar alternativas juntos y descubrir cómo Dios
nos bendice aun en la adversidad.
¿cómo responde la iglesia? | 41

Personas, no cifras
Juan es padre de familia y tiene alrededor de
50 años. Ha perdido su empleo de toda la vida y
está buscando uno nuevo. Todos sus contactos
laborales le dicen que tenga confianza, que por
su experiencia y su capacidad pronto volverá a
tener un excelente empleo; pero han pasado
más de tres meses y el futuro se le presenta
sombrío. Lee y conversa mucho sobre la crisis.
Se ha convertido en un experto en desempleo
y se da cuenta de que eso está contribuyendo
a aumentar su ansiedad.
Desde que conoció a Jesucristo y se incorporó
a la iglesia, Juan siempre fue un líder reconocido
y un excelente consejero. Pero los consejos que
dio a otros no parecen servirle ahora a él mismo.
Además, siente que si deja salir a la luz sus
senti­mientos, Dios quedará mal parado. Piensa
que es el único responsable del sostén de su
familia, a pesar de que su esposa y uno de sus
hijos han conseguido ahora empleos precarios.
En los cultos en la iglesia no canta los himnos
que expresan ‘victoria en Cristo’ porque se
senti­ría hipócrita. Está sumamente irascible,
pero esto sólo lo nota su familia. La crisis tam-
­bién ha sido el disparador de conflictos que
estaban ocultos a lo largo de los años en su
matri­monio y en la relación con sus hijos, de
quienes se siente cada día más lejos. Las discu-
42 | sin trabajo

siones por cuestiones económicas, prioridades y


manejo del dinero son cada vez más frecuentes.
Juan siente que el resto de la familia piensa que
si él no está aportando, no tiene derecho a
opinar.
Los hijos de Juan tratan de no estar en casa
cuando él vuelve, agotado por la búsqueda
infructuosa de trabajo. Poco a poco Juan se
va internando en un callejón sin salida. Su fe
tamba­lea. Siente que ya no tiene futuro.
Si Juan perteneciera a nuestra congregación,
¿qué respuesta encontraría? ¿Cómo lo sosten-
­dríamos? ¿Recu­peraría la esperanza y las ganas
de vivir? ¿Cómo se sentiría su familia?

Los nuevos rostros del desempleo


Las personas que acaban de quedar sin trabajo tienen algún
resto anímico pero poco a poco se van desanimando; quizás
contagien a los demás su sensación de amargura y de im­
potencia. Sería penoso que estas personas se fueran de la
iglesia, desilusionadas, y nos dejaran con la sensación de
haber fracasado.
Cuando en otras épocas se acercaban a la iglesia personas
desempleadas, llevábamos a cabo una pastoral ‘moraliza­
dora’, convencidos de que la solución era que usara mejor
sus aptitudes, su energía, su tiempo. Las iglesias enseñaban
a los nuevos convertidos a adquirir la disciplina del trabajo
de la misma manera en que les enseñaban a leer, ahorrar y
alejarse de los vicios.
¿cómo responde la iglesia? | 43

Siguen llegando a la iglesia algunas personas sin empleo


que podrían mejorar sus condiciones de vida con aquel
enfoque pastoral. Pero también hay entre nosotros muchos
desempleados con casa, instrucción, moralidad y hábitos de
trabajo. El desempleo tiene nuevos rostros; ya no es suficiente
recomendar un estilo de vida disciplinada y más esfuerzo.
En general, a los varones les cuesta más que a las mujeres
reaccionar a la crisis y buscar otras alternativas de trabajo.
Perdura el concepto machista de que ‘si el
varón no es pro­veedor, no es hombre’. En
No es un
consecuencia, el varón sin trabajo tiende a
desvalorizarse; se angustia y busca evadirse. individuo
Tal vez lo haga aislándose de los amigos, quien vive la
alejándose del hogar y la familia, dejando crisis. Es una
de asistir a la iglesia o ‘refugián­dose’ en el
alcohol. La ansiedad que resulta de la incerti­ pareja, una
dumbre laboral y la falta de ingresos crea un familia, una
clima de tensión en la familia, que puede comunidad.
llegar a la violencia. No es sólo el individuo
quien vive el problema: es una pareja, una
familia, una comunidad.
Si bien los más afectados por la desocupación son los
hombres mayores de 35 años, también lo son los jóvenes que
quieren ingresar al mercado laboral y no consiguen em­pleo o
sólo encuentran trabajos de muy baja remunera­ción. ‘Si me
quejo por las horas extras impagas o por el sueldo miserable,
quedo afuera. Me dicen que hay dos­cien­tos esperando en la
puerta —relata Marita, que con sus ínfi­mos ingresos ayuda
en la casa y paga sus gastos. Hizo un año del terciario, pero
44 | sin trabajo

los horarios de trabajo y las necesidades familiares ya no


le permiten seguir estudiando.
A quienes habían alcanzado cierto bienestar les resulta
muy difícil adaptarse al retroceso y tienden a ocultar sus
problemas. ‘Cuando me invitan me da vergüenza decir que
no voy porque no tengo para el ómnibus,’ dice Nora, que
perdió su empleo en el comercio; ahora sale todos los días
a pie a buscar trabajo y le resulta más difícil asistir a la igle-
sia. Su esposo siempre había trabajado bien como herre­ro,
pero la recesión disminuyó mucho la demanda. La casa que
habían comenzado a construir quedó a medias; tam­bién los
hijos tuvieron que dejar los estudios por la mitad.
Sin duda, esos sentimientos de frustración que hoy viven
muchas familias de clase media la sufrieron antes las familias
y los jefes de hogares más humildes. La falta de recursos y
de alternativas deja a las personas con una sensación de im­
potencia e ‘intemperie’. En muchas familias no es sólo una
sen­sa­ción: es la dura realidad de la falta de trabajo sumada
a la pobreza absoluta.
Las familias con más carencias saben que no pueden llegar
muy lejos por sus propios medios y, en consecuencia, a veces
están más dispuestas a ayudarse mutuamente, a confiar en
Dios y a adaptarse a sus recursos limitados. Una sana actitud
de aceptación no es lo mismo que resignación, y puede ser
un punto de partida para tomar un camino transformador.

El evangelio integral
La crisis laboral es una oportunidad para la evangelización,
es decir, para mostrar que Jesús trae buenas nuevas para esta
¿cómo responde la iglesia? | 45

situación de dolor y de incertidumbre. No tenemos una receta


ni creemos que haya un solo camino para alcanzar a las
personas con el evangelio de Jesucristo; pero sí sabemos
que él tiene buenas noticias para todos los que están que­
bran­tados y oprimidos. Si bien oramos por todos los que
padecen injusticia y por todos los necesitados, sólo obra­mos
plenamente con aquellos a los que llegamos personal­mente
con el evangelio.
Dios transforma toda nuestra existencia por su presencia.
El mensaje de Jesucristo es para toda la vida de todas las
personas. Por eso no miramos separadamente cada una de
sus necesidades ni hacemos de una de ellas el todo de su
situación. Más bien, analizamos la realidad y acompañamos
a la persona con un enfoque integral. El servicio no es un
suplemento de la misión espiritual de la iglesia sino parte
integral de ella. Nuestro prójimo es alguien en necesidad
por quien Cristo murió. Por eso nos importa su bienestar
total.

Ser una voz profética


La Biblia nos muestra a un Dios que se levanta a defender
a quienes sufren las consecuencias de la injusticia social
y eco­nómica. Él es quien crea, sostiene y promueve la vida;
todo lo que tiende a destruir y deteriorar la vida proviene de
Satanás y se opone a la voluntad de Dios.
Entendemos que la solución de fondo para la crisis del
desempleo requiere una transformación política y eco­nó­mica
global. Jesucristo nos manda denunciar el pecado que pro-
duce desigualdad y pobreza. Nos llama a construir alter­na­
tivas de vida coherentes con los valores del reino de Dios.
46 | sin trabajo

No nos toca sólo asistir a los que sufren; la iglesia tiene que
sumar su voz a la de los afectados y denunciar a las personas
y estructuras injustas que provocan desocupación.
Hacia la mitad del siglo viii a.C. el reino de Israel era
rico y próspero; pero esta riqueza estaba concentrada en
manos de unos pocos ricos, mientras aumentaban los po-
bres y exclui­dos. Dios irrumpió e hizo oír su voz por medio
del pro­feta Amós:
Así ha dicho Jehová: ‘Por tres pecados de Israel,
y por el cuarto, no revocaré su castigo: porque
vendieron por dinero al justo, y al pobre por un
par de zapatos. Pisotean en el polvo de la tierra
las cabezas de los desvalidos y tuercen el camino
de los humildes.’ Amós 2.6–7
También hoy Dios nos envía como sus mensajeros a un
mundo donde la maldad está arrasando la dignidad de
millones de personas. ¿Qué haremos frente a los despidos
colectivos, frente a la discriminación por razones étnicas,
frente a la explotación de empleados que temen perder su
puesto?
Una congregación donde Jesucristo está presente y activo
por medio del Espíritu Santo puede ser una esperanza para
el mundo. La iglesia debe denunciar el pecado y llamar a
hombres y mujeres al arrepentimiento; debe anunciar y ser
ejemplo de una nueva forma de vida justa y generosa.

Jesús es nuestro modelo


La máxima prueba de que Dios interviene en nuestra historia
para darle un nuevo rumbo es que envió a su propio Hijo a
¿cómo responde la iglesia? | 47

este mundo. Jesús vivió y encarnó la misión de Dios en un


contexto de mucha falta de trabajo e injusticia social. Él
reci­bió a las multitudes desamparadas y les mostró compa­
sión. Luego delegó a sus discípulos esta tarea de acom­pa­ñar
pastoralmente a quienes buscan respuesta a sus problemas
existenciales.
Observando a Jesús aprendemos cómo hacer esta ta-
rea. Él es nuestro mejor modelo de trabajo pastoral con
los desem­pleados: él sintió compasión hacia todos los que
sufrían, y estuvo con ellos; su compasión no era lástima sino
compro­miso. Cuando caminamos como lo hacía Jesús con
los que sufren, aprendemos juntos, compartimos, vivimos,
nos transformamos.
Jesús envió por primera vez a sus discípulos a realizar la
misión en su nombre y estos volvieron entusiasmados por
el éxito. Sin embargo, si observamos el texto en Marcos 6,
habían entendido sólo una parte de su responsabilidad. Los
discípulos habían sanado a los enfermos y habían predi­cado
el arrepentimiento. ¡Pero proponían despa­char­los a sus casas
porque tenían hambre! Jesús les hizo ver que la misión trae
consigo el compromiso integral. Por eso les dijo: ‘Dad­les
vosotros de comer.’ En otras palabras, presten aten­ción a las
necesidades que la gente tiene en el momento y par­ti­ci­pen
en la búsqueda de solución a sus problemas. En el reino de
Dios no hay soluciones individualistas.
Una iglesia que no se conmueve por las necesidades de
la gente ni actúa con misericordia no tiene el espíritu de
Cristo. Para Jesucristo, la predicación y la acción eran inte­
grales e indivisibles. Él es quien nos dice: sanen, enseñen y
denles de comer…
48 | sin trabajo

La iglesia muestra el poder de Dios


La historia de Juan, a quien mencionamos al comienzo de
este capítulo, todavía no ha concluido. Sí sabemos que ha
renovado su confianza en Dios y su voluntad de perseverar.
Deseamos que termine de manera similar a otra historia:
Manuel tiene más de 50 años y es miem­bro de
una iglesia en la provincia de Buenos Aires.
Llevaba cuatro años sin trabajo y hace poco
cobró su primer sueldo en un nuevo puesto.
Los hermanos y hermanas en su iglesia temían
que se tratara de algún trabajo engañoso, de
aque­llos que nunca se pagan; ¡pero está contra-
tado formalmente y hasta con obra social!
Aunque el salario es mínimo, espera aumentarlo
con comi­siones por ventas. Manuel sabe que por
lo menos cuenta con un ingreso básico. Su digni-
­dad se ha fortalecido. Pasó años muy malos,
sobre todo anímicamente. Pero la iglesia no
lo abandonó, ni siquiera cuando Manuel dejó de
asistir por un tiempo porque sentía vergüenza
de su situación.
La congregación oraba por él, lo visitaba, le
entregaba una caja de alimentos todos los meses
y le avisaba cada vez que había una oferta de
trabajo que podía ser para él.
Esa fideli­dad es clave: no excluir, ni siquiera
cuando las personas se autoexcluyan.
¿cómo responde la iglesia? | 49

La historia de Manuel no es única. Muchos dan testimonio


de cómo se ha profundizado su fe a partir de la crisis. Aun­
que todavía no ha podido recomponer su situación, Héctor
ahora considera un privilegio estar pasando por las mismas
dificultades que sus amigos; puede hablarles de la fidelidad
y el amor de Dios que él está comprobando en su propia
situa­ción.
Cuando partió a otra provincia para buscar nuevos hori­
zontes encontró hermanos y hermanas dis­pues­tos a darle
una mano aunque recién lo conocían; esa fue una valiosa
expe­riencia de lo que significa formar parte del cuerpo uni­
versal de Cristo.
Como iglesia no somos omnipotentes pero tampoco
impo­tentes; y somos responsables de aquellos a los que
com­pro­­metemos con el reino de Dios.

Cuando la iglesia da espacio al Espíritu Santo,


se renueva y produce un impacto en el mundo.
Sabemos que no hay verdadero avivamiento
sin transformación social; debemos anunciar
la justicia de Dios y también practicarla. Cada
comunidad cristiana debe ser mensajera y
modelo de una nueva humanidad bajo el
gobierno de Jesucristo.

Como parte de la iglesia tenemos una tarea para realizar.


Jesús no sólo nos ofrece su ejemplo sino su presencia cons­
tante por medio del Espíritu Santo. Él es quien nos muestra
la verdad, quien desarrolla en nosotros nuevas actitudes y
maneras de pensar. Él es quien obra con el poder de Dios
50 | sin trabajo

en situaciones donde ningún poder humano puede hacerlo,


porque él hace nuevas todas las cosas.
¿cómo responde la iglesia? | 51

Para pensar y actuar


¿Conocemos a
quienes están
sin trabajo en la
congregación o
el vecindario?
¿Cuáles son sus
alternativas?

¿Cuáles son las


preguntas más
frecuentes que
las personas sin
trabajo le hacen
a Dios?
¿Cómo podemos
ayudarlas a
fortalecer su fe
y su esperanza?
52 | sin trabajo

¿Cuáles son las


evidencias de que
en nuestra iglesia
practicamos
un evangelio
integral?

Anote nombres de
algunas personas
sin trabajo
por las cuales
se compromete
a orar y a
interesarse
activamente.
c a p í t u l o  |  4

Pautas para
la tarea pastoral
Acompañar a quienes sufren la crisis labo-
ral es una de las tareas pastorales más complejas. Requiere
mucha percepción, paciencia y un enfoque equilibrado de
com­pa­sión y guía.
Howard Clinebell1 indica al menos cinco funciones del
cuidado pastoral:
1. Sanar. Identificar lo que está dañado en la
persona y restaurar a la persona a su plenitud,
guiándola para superar el deterioro.
2. Sostener. Ayudar a la persona afligida a sopor­
tar una circunstancia en la que es impo­si­ble o
muy difícil volver a las condiciones ante­riores.
3. Guiar. Acompañar a las personas confundi­
das, para que realicen elecciones seguras entre
distintas alternativas de pensamiento y acción.
4. Reconciliar. Procurar restablecer relaciones
rotas entre la persona y Dios, y con aquellos que
le hicieron daño.
5. Nutrir. Estimular a la persona para desarrollar
todas las capacidades que Dios le ha dado.
56 | sin trabajo

Dentro de este marco, ¿cuáles son las pautas específicas


para acompañar a las personas que sufren la crisis laboral
hoy? ¿Cómo podemos actuar más eficazmente en la congre­
ga­ción? Las recomendaciones que siguen toman en cuenta
la experiencia de pastores y líderes en distintos lugares del
país, que comparten lo que aprendieron a través de sus
erro­res y aciertos, e incluso de sus propias vivencias como
desempleados. Cada congregación descu­brirá cómo aplicar
estas recomendaciones en su contexto particular.

Acompañar a la familia
Cuando el jefe de hogar está sin trabajo, cambia la dinámica
en la pareja y en la familia. Por eso acompañamos a la familia,
no sólo al que está desempleado.
Hay una fuerte tradición de que el varón es el principal
o único proveedor que gana el sustento familiar, y cuando
queda sin trabajo pierde autoestima. La esposa también
sufre ansiedad a causa de la falta de trabajo de su esposo;
es posible que se sienta nerviosa y no sepa qué hacer con el
marido que está en casa todo el tiempo, cuando se supone
que debiera estar trabajando. Seguramente la familia tendrá
que redistribuir tareas: falta de empleo no es lo mismo que
falta de trabajo; trabajo siempre habrá, especialmente en el
hogar, y por supuesto siempre es justo compartirlo.
Cuando estamos desanimados tendemos a descuidar la
alimentación, el aspecto físico, la limpieza del hogar. Si una
per­sona está en esa situación, muéstrele com­pren­sión y a
la vez estímulo firme para ayudarle a recu­pe­rar el respeto
y el cui­dado de sí misma. Algunas personas necesitarán
atención especializada para superar la depresión; existe un
pautas para la tarea pastoral | 57

grado pro­fundo de depresión —llamado melancolía— que


requie­re tratamiento, porque la vida de la persona está en
peligro.
Hay ocasiones en que la familia tiene que desmembrarse
o convivir con otras personas; necesitan más ayuda cuando
el padre (o en ocasiones la madre) tiene que irse lejos a
buscar trabajo. La inestabilidad o el retroceso
económico afectan los planes de la familia y
provocan tensión y frustra­ción.
Cada familia,
En la crisis, la mujer tiende a centralizar cada grupo
la administración del dinero; a veces busca social y cada
trabajo remunerado o aumenta las horas.
Ambos miembros de la pareja se ven obliga­
vecindario
dos a postergar expectativas per­sonales o tienen modos
profe­siona­les para buscar otros ingresos. de pensar y de
Todas estas circunstancias pueden provocar
tensiones si no se enfocan con sensibilidad
actuar carac-
y equi­librio. terísticos.
En la actualidad son muchos los hogares
que están a cargo de un solo progenitor,
generalmente la madre. En Argentina casi el 30% de los
hogares está a cargo de mujeres jefas de hogar; ya es difícil
sostener y atender a sus hijos, y si no consiguen trabajo sus
problemas se multiplican. Además, el hecho de que tengan
niños desalienta a los emplea­dores; también impide a las
madres aceptar ciertos puestos, por los horarios y otras
com­pli­caciones.
Al acompañar a una familia, tome en cuenta el contexto
cultural al que pertenece. ¿Por qué rechazan algunos
ofreci­mientos? ¿Por qué aceptan dinero de los punteros
58 | sin trabajo

políticos? ¿Por qué fallan los proyectos en el vecin­dario?


Cada familia, cada grupo social y cada vecindario tienen
modos de pensar y de actuar carac­terísticos. ‘Cada casa es
un mundo.’ Ayude a cada familia a aplicar las enseñanzas
bíblicas en su circunstancia particular.

Brindar cuidado integral


La falta de trabajo produce un impacto profundo y abarcador.
Afecta a la totalidad de la persona y a su entorno. Provoca
con­se­cuencias emocionales, espirituales, físicas y de rela­
ción. Pone en riesgo la subsistencia y también la identi­dad
social y el sentido de dignidad. Cuando no
trabajamos es más difícil mantener un horario
La pérdida y una organización de la semana. Perdemos
del trabajo el compañerismo y los contactos sociales que
puede ser teníamos. Por lo general la familia queda sin
cobertura médica. Se esfuman las expecta­
el disparador tivas de contar con una jubilación para la
de problemas vejez.
psicológicos Como en otras crisis profundas, la pérdida
del trabajo puede ser el disparador de pro­
que antes ble­mas psicológicos que antes no llega­ban
no llegaban a aflorar. Pueden aparecer conduc­tas como
a aflorar. drog­adicción, alcoholismo y otras formas de
evasión, agresión y auto­destruc­ción. A veces
es otra persona en la familia (no la que está
desempleada) la que muestra estos efectos de la crisis en
su salud física y emocional.
Demos a cada persona la respuesta pastoral adecuada
y sostenida a lo largo del tiempo, a fin de sanar heridas
pautas para la tarea pastoral | 59

emo­cionales y facilitar cambios. Visitemos a las personas


en su casa; fomentemos el contacto con otras personas;
recomendemos lecturas apropiadas; formemos grupos de
oración y ayuda mutua.
Es posible que la persona guarde resentimiento hacia la
empresa o el patrón que lo dejó cesante. Se acumulan culpas,
temores y amargura. Suelen producirse ataques mutuos en
la pareja. Algunas personas se preguntan si será un castigo
de Dios o si las está llamando a otro servicio. Aunque así
fuera, ese no es todo el análisis.

La tarea pastoral incluye corregir falsa culpa,


compartir el consuelo de Dios, ayudar a
comprender la situación global y cuál es la
responsabilidad de cada persona para encontrar
una salida.

En ocasiones la pareja o la familia necesitarán ayuda


espe­cializada para hacer los ajustes y cambios necesarios.

Comprender las etapas de la crisis


Como otras pérdidas, esta también implica un duelo y sigue
una secuencia que necesitamos conocer para acompañar
con sabiduría al que sufre. El primer momento es de nega­
ción o incredulidad: ‘No puedo creer que me esté pasando
esto.’ La crisis suele llegar sorpresivamente, a diferencia,
por ejemplo, de los conflictos conyugales. Las emociones
iniciales incluyen una mezcla de temor, culpa, humillación,
tristeza, ira. Algunos se sienten repentinamente ‘libres’, sin
jefes ni horarios.
60 | sin trabajo

A continuación la persona se lanza a una búsqueda frenética


de trabajo, con mucha expectativa. Tal vez regatea con Dios:
‘Ahora que he vuelto a la iglesia, Dios tiene que darme un
trabajo.’ ‘Si me nombran en ese puesto, ofrendaré más.’
Cuando no logra resultados, comienza a sentir ansiedad
y desánimo; puede sentirse enojado con quien lo cesanteó y
tam­bién con quienes lo rodean, consigo mismo y con Dios.
En situaciones extremas sufrirá depresión.
Si la acompañamos en el proceso de perdonar y sanar las
heridas, y si la persona permite que el Señor la restaure, no
quedará atrapada en esas fases iniciales del duelo y podrá
avanzar hacia la restauración plena.
Muchas veces queremos soluciones rápidas; cuesta
aceptar que la solución de algunos problemas requiere
esfuerzo y tiempo. Tenemos que atravesar dis­tintas etapas,
algunas de ellas no muy gratas pero necesarias. Llegará el
momento en que podamos aceptar la situación con actitud
realista. Aprenderemos a confiar más en Dios y a depender
del Espíritu Santo en medio de la incertidumbre. Entonces
esta­re­mos en condiciones de buscar respuestas creativas
para seguir adelante.
Si usted es pariente o acompaña pastoralmente a una
persona sin trabajo, sea sensible a la etapa en que se
encuen­tra. Ayúdela a reconocer y admitir sus emociones,
y anímela a seguir avanzando hacia la nueva vida que Dios
puede darle.

Recordar que cada situación es diferente


¿Cuál es la situación concreta de la persona a la que estamos
acompañando? Cada persona (cada familia) tiene su propio
pautas para la tarea pastoral | 61

ritmo. Muchos factores influyen en la forma de reac­cionar.


Cada persona es diferente y por lo tanto nuestra manera de
acompañarla debe ser distinta si es varón o mujer, joven o
mayor, con o sin instrucción. Tomemos en cuenta si quien
busca trabajo es ciudadano o extranjero, si ha sido forzado
a migrar o desplazarse de su región, si tiene o no per­sonas
a cargo, si tiene o no una experiencia sólida de fe, si está
desesperada, resignada o dispuesta a ser acompañada.
Tal vez la persona tuvo actitudes o hizo decisiones equi­
vocadas. Quizás hay hábitos dañinos que la familia no reco­
noce o simula no conocer, como gastar el dinero en apues­tas
o pedir prestado a distintas personas con expli­ca­ciones que
ocultan parte de la verdad. Para ayudar a romper estos patro­
nes de comportamiento, tene­mos que hablar con fran­queza.
Mostremos que estamos dispuestos a acompañar con amor
y también con firmeza.

Ser prácticos
Es fundamental que seamos coherentes entre lo que le
decimos a la persona y lo que hacemos para acompañarla.
Es legítimo denunciar los males del sistema político y eco­
nómico; es correcto estimular a hacer los cambios personales
necesarios. Pero mientras tanto, no podemos desatender a
las personas.
En la iglesia no podemos limitarnos solamente a dar re­
co­menda­ciones, por válidas que sean. ‘Ore’ es la mitad del
consejo que la persona necesita. Decirle ‘Dios proveerá’ es
una media verdad.
62 | sin trabajo

Al construir en la con­gre­ga­ción redes de apoyo,


evitamos que las personas sin trabajo terminen
víctimas de su desesperación o del abuso de
otros. La solidaridad espontánea, sincera
y respetuosa es de enorme valor para salir
adelante en la crisis.

La Biblia nos describe como una familia o como un cuer-


po; lo que un miembro está pade­ciendo nos afecta a todos.
Cuanto más com­partimos en la iglesia, no sólo en los cultos
sino en otros momentos, tanto mejor conoceremos las ne-
cesidades cotidianas de los que están sin trabajo.
A la vez que ayudamos a las personas a enfocar el proceso
a largo plazo, prestemos también atención a sus necesida­des
cotidianas. No se trata de elegir entre dar el pescado y ense­
ñar a pescar; debemos hacer ambos, y hacerlo con ellos.
Norma había trabajado durante veinte años
como secretaria en una multinacional y de
pronto quedó sin trabajo. Ella estaba a cargo de
su hogar y tenía una hija adolescente. La iglesia
comenzó ayudándola con alimentos y ofreciendo
unas horas de trabajo a su hija en la guardería
maternal que funcionaba en el templo. Acom-
pañaron a Norma en el proceso de expresar
y superar la amargura y el resenti­miento que
sentía hacia la empresa, hacia el país, hacia
Dios. La desa­fiaron a no quedarse en el pozo
y a buscar nuevas alternativas.
No fue un proceso f ácil para Norma ni para
pautas para la tarea pastoral | 63

quienes la acompañaron en forma práctica y


espiritual. Norma necesitaba recuperar la
confianza en sí misma; necesitaba capacitarse
para nuevas actividades laborales. Hoy tiene un
departamento que compró con la indemnización
que recibió, su hija ya terminó un profesorado
y está trabajando bien. Norma cuida bebés y
prepara alumnos en su casa. En la iglesia es líder
de un grupo de mujeres solas. Aunque sigue
buscando un puesto como secretaria, que es
su profesión, está tranquila y agradecida por
el cuidado que Dios le dio en estos años.

Es importante ayudar a la familia a cubrir las necesidades


básicas, sin que esto se convierta en un subsidio. Sembremos
conciencia de que en otro momento ellos podrán ayudar a
otros. Aun en situaciones de mucha carencia las familias
pueden encontrar cómo ayudarse mutuamente, ya que unas
tendrán lo que a otras les falta.
A veces lo que más nos cuesta es admitir nuestra necesi-
dad. Otras veces nos resistimos a compartir lo que tenemos
porque nos da miedo que luego nos falte. Busquemos pasar
tiempo juntos para conocernos mejor, para practicar la ayuda
mutua y la confianza en Dios, cuya Palabra afirma:
No digo esto para que haya para otros holgura
y para vosotros escasez, sino para que en este
momento, con igualdad, la abundancia vuestra
supla la escasez de ellos, para que también la
abundancia de ellos supla la necesidad
64 | sin trabajo

vuestra, para que haya igualdad, como está es-


crito: ‘El que recogió mucho no tuvo más y el que
poco, no tuvo menos’.
2 Corintios 8.13–15

No olvidemos ciertos ‘detalles’: no es suficiente entregar


una caja de mercaderías si la familia no puede comprar el
gas para cocinar. Tampoco sirve avisar de oportunidades de
trabajo sin averiguar si la persona tiene cómo trasladarse
hasta allí, sobre todo hasta que reciba la primera paga.
Hay muchas necesidades cotidianas que no se resuel-
ven f ácilmente cuando falta dinero. Una congre­ga­ción de
Buenos Aires ofrece a desempleados y personas que viven
en la calle la posibilidad de bañarse, tomar una merien-
da, recibir ropa usada en buenas condiciones, cortarse el
cabello y compartir un momento fraternal y devocional. Parte
de estos servicios pueden ser hechos con la cooperación y
el intercambio de quienes los reciben. Aunque simple, esta
atención mejora el ánimo y contribuye a las posibilidades
de conseguir trabajo.

Acompañar, no sobreproteger
Proteja siempre la dignidad de cada persona, estimule su
responsabilidad y afiance en la congregación la conciencia
de que como cuerpo nos necesitamos unos a otros.
Evite actitudes pater­na­listas; si en la iglesia funciona un
comedor pida cola­bo­ra­ción a todos con dinero, mercade­rías
o trabajo, aun­que sea un aporte pequeño. Tam­bién puede
sugerir a las personas que lleven la vianda a sus casas, para
pautas para la tarea pastoral | 65

que mantengan su intimidad y el sentido de lo cotidiano en


medio de la crisis.
Los cristianos debemos desechar las actitudes omni­
potentes y los gestos de lástima. El Señor nos mandó a tener
compasión y a restaurar la dignidad de hombres y mujeres.
Lo que necesita la persona que sufre es que
nos pongamos a su lado y la acompañemos Acompañemos
en la marcha. Necesita estímulo para ponerse
sobre sus propios pies y para tomar decisio-
al que sufre
nes por sí misma. Mostramos respeto, por a tomar
ejem­plo, cuando ofrecemos alternativas y decisiones
dejamos que ella elija; a veces hasta será ne-
por sí mismo.
cesario insistir y ‘exigir’ que tome deci­siones
propias en lugar de esperar que alguien las
tome por ella.
No es recomendable tomar decisiones demasiado pronto
ni hacer cambios demasiado grandes apenas se pierde el em­
pleo. Salvo que no quede alternativa, no es sensato cam­biar
de casa, barrio o ciudad en ese momento. Muchos actúan
impulsivamente, y pierden la indemnización que reci­bieron:
compran un auto para trabajar como taxi o remise pero no
logran pagar las cuotas. Finalmente pierden el vehícu­lo (o
el capital invertido en alguna otra forma) y que­dan endeu-
dados; salir de esa situación es mucho más difícil.
No siempre es una buena idea prestar dinero a la per-
sona sin empleo. Si no puede devolverlo se sentirá mal; tal
vez entre en un círculo vicioso de pedir a otro para devolver
al anterior. Como cristianos, Dios espera que simple­mente
demos, a quien realmente lo necesita, sin esperar retribu­
66 | sin trabajo

ción. Seamos sabios para ayudar a la persona a afianzar su


auto­nomía.
Hay quienes piensan que el gobierno, la iglesia u otras
agencias están en la obligación de proveerles todo lo que
necesitan, a cambio de nada. Sin duda la sociedad y la iglesia
tienen una responsabilidad hacia quienes no pueden valerse
por sí mismos. Pero los que sí pueden hacerlo deben buscar
la manera de trabajar y ganar su sustento honrada­mente. El
equilibrio entre responsabilidad personal y cuidado mutuo
está claro en la Biblia:
Acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de
que os escriba, porque vosotros mismos habéis
aprendido de Dios que os améis unos a otros
… Procurad tener tranquilidad, ocupándoos en
vuestros negocios y trabajando con vuestras
manos de la manera que os hemos mandado, a
fin de que os conduzcáis honradamente para con
los de afuera y no tengáis necesidad de nada.
1 Tesalonicenses 4.9, 11–12

Carolina es una mamá soltera; cuando nació la


bebé, perdió su empleo como administrativa
de un pequeño negocio. Mientras su hija era
pequeña, la iglesia acompañó a Carolina con
dinero mensual para alimentos y para comprar
telas con las que confeccionaba ropa para
vender. Recibió ayuda para capacitarse, además
de apoyo psicológico y legal para con­se­guir que
el papá de la niña le pasara un aporte mensual.
pautas para la tarea pastoral | 67

También acompañaron a Carolina en el proceso


de sanidad interior. Ahora el papá cubre el
alquiler del departamento y visita regularmente
a su hija. Sin embargo, Carolina sigue sin traba­-
jar porque sólo quiere hacerlo en lo que le gusta.
¿Cómo actuar en esa situación? La iglesia decidió
que era más sano para Carolina dejar de entre-
­garle dinero mensual.
Este mismo desafío se les plantea a los padres con hijos
adultos sin trabajo. Los jóvenes necesitan de nosotros amor
y firmeza. Tenemos que darles ayuda durante la búsqueda
y también estímulo para madurar. Es importante escuchar
a nuestros hijos adultos y ayudarlos a tomar decisiones,
pero no debemos hacer por ellos lo que pueden hacer por
sí mismos.

Brindar afecto y un lugar de pertenencia


La persona sin empleo necesita amistad. Está comprobado
que un factor decisivo para salir adelante en una crisis es
el sostén y cuidado integral en un grupo.2 Quien queda sin
empleo pierde muchas de las posibilidades culturales que
antes tenía. Pierde la red de vínculos y amistades que le
brindaba ese trabajo; algunos comentan que dejaron de
recibir llamados e invitaciones. Los que están sin trabajo se
sienten solos, marcados por el estigma social.
La iglesia puede ofrecer amistad y contención, en parti-
cular en los grupos pequeños. Además de conversar, orar y
leer la Biblia juntos, podemos acompañar a las per­sonas en
cuestiones concretas. También podemos invitarlas a comer,
68 | sin trabajo

a participar en paseos o actividades recreativas. Visite­mos


a la familia para mostrarles afecto y decirles que estamos
orando por ellas, sin bombardearlas con preguntas ni reco­
men­daciones. En la iglesia y en los grupos pequeños tenemos
que aprender a escuchar y también a hablar. La comu­ni­ca­
ción debe ser circular. Todos, incluso la persona que sufre
tenemos que abrirnos para expresar lo que pen­sa­mos y
sentimos, en un ambiente de confianza y discreción; sólo
así pode­mos cono­cernos y empezar a com­partir las car­gas
que cada uno está llevando.
La iglesia cumple un papel muy importante cuando comu­
nica que la persona tiene un lugar en ella por lo que es y no
por lo que hace o lo que tiene; esta es una característica
genui­na del reino de Dios.
Una precaución: el que está sin trabajo tal vez ahora
des­cu­bra dones y oportunidades de servicio que estaban
dor­mi­das. Es correcto estimularlo, pero no debemos sobre­
cargarlo de tareas en la iglesia por el sólo hecho de que ahora
tiene mucho tiempo disponible. De hecho, su trabajo ahora
es buscar trabajo.

Llevar a Cristo
Cuando alguien llega a la iglesia porque ha perdido el
empleo, no podemos reducir nuestro enfoque a ese solo
aspecto del problema; si queremos que las crisis acerquen a
las personas a Cristo, mientras nos ocupamos del problema
concreto que las aflige debemos ayudarlas a preguntarse
por su relación con Dios, su necesidad de perdón y de sal­
va­ción completa.
pautas para la tarea pastoral | 69

Tenemos que tener claro que el trabajo es un medio para


producir bendiciones, pero no es un fin en sí mismo. Cuando
acom­pañamos a las personas desempleadas en su bús­que­da
de trabajo es importante que compartamos con ellas la fe en
Jesús, quien nos prometió una vida abundante y se pre­ocu­pa
por cada persona necesitada. Resolver puntual­mente una
situación de desempleo, sin prestar atención a las necesi­
dades espirituales de las personas, dejaría sin resolver bús­
que­das y carencias más profundas. Dar o conse­guir trabajo
a quien no ha nacido de nuevo ni está decidido a seguir a
Jesucristo puede a veces encubrir hábitos negativos para la
persona y su familia.

Es deseable que las dificultades acerquen a las


personas a Dios, pero tenemos que estar atentos
para que no tomen una decisión por Jesucristo
con la sola expectativa de que así conseguirán
trabajo o ayuda.

Mirar la realidad como Dios la ve no implica volver­nos


jueces de nuestros prójimos; más bien, podemos ser los
ins­tru­mentos de la gracia de Dios para poner en marcha cam­
bios profundos y duraderos. Otras organizaciones esta­ta­les
o privadas pueden ofrecer capacitación, asisten­cia legal, una
comida diaria, pero sólo la iglesia puede mostrar el camino hacia
un cambio total de la persona y la sociedad. Esto es lo singular
del enfoque cristiano.
70 | sin trabajo

Los que tienen trabajo


también necesitan cuidado
Si bien al presentar estas pautas hemos puesto el énfasis
en la persona que ha perdido el trabajo, también necesitan
consejo pastoral las personas que sí lo tienen. La crisis laboral
incluye a los que sufren abusos en sus puestos de trabajo, a
los subempleados, a los autónomos que trabajan muchas
horas pero no alcanzan a cubrir sus necesidades familiares.
Declaramos que el trabajo es un derecho y un deber, pero no
un ídolo ni un fin en sí mismo. Es insano estar sin trabajo; pero
el trabajo es muchas veces insalubre, como lo es también la
inseguridad que produce la posibilidad de perderlo.
Muchas personas están oprimidas por las condiciones
abusivas de su empleo, pero temen perderlo si protestan;
otras trabajan en exceso y en más de un puesto, ‘por las
dudas’, o porque en ninguno de ellos está estable. Surgen
ten­siones entre compañeros porque cada uno cuida su
puesto, muchas veces de manera egoísta y desleal.
Hay conflictos entre desempleados e inmigrantes, entre
profesionales y autodidactas, entre los más pobres y la clase
media acorralada. El resultado es ‘todos contra todos’, en
lugar del apoyo mutuo tan necesario.3
 A los que ‘están bien’ en sentido económico debemos
recordarles cuáles son, desde el punto de vista de Dios, las
verdaderas prioridades en la vida. No tenemos excusas para
desoír la enseñanza y el ejemplo de Jesucristo; él puso la
solidaridad con los que sufren en el centro del evangelio.
pautas para la tarea pastoral | 71

Tenemos también la responsabilidad de desenmas­ca­


rar las promesas engañosas de este mundo y alertar a los
jóve­nes para que no cifren sus esperanzas en el prestigio ni
en las posesiones que el sistema promete ‘a los mejores’. Los
dis­cí­pu­los de Jesucristo estamos siempre llamados a hacer
nuestro trabajo de buena gana y con responsabilidad, pero
no debemos aceptar la clasificación en ganadores y per­de­
dores que hoy hace el mundo.

Orar, esperar en Dios


Jesucristo inició un nuevo reino de justicia y este avanza
con cada acto de reconciliación y de transformación que
hacemos en su nombre. Sabemos que esto sólo es posible
con la inter­ven­ción del Espíritu Santo y por eso recurrimos
a la oración personal y comunitaria para presentar todos los
asuntos de la vida —también la falta de trabajo, el desánimo,
la exclusión y la injusticia.
Muchas veces Dios utiliza las crisis para decirnos algo y
para llevar a cabo sus planes. Los caminos del Señor son in-
sondables. En la iglesia primitiva, la persecución fue la crisis
que Dios utilizó para que los cristianos salieran de Jerusalén
y llevaran el evangelio a otras partes del mundo.
Hoy nadie está seguro en su puesto ni con el éxito de su
empresa. Tal vez Dios permita que salgamos de ese lugar
para ser sus testigos en otros sitios y otras situaciones. Si
hemos puesto nuestra confianza en el Señor, nada en nuestra vida
está librado al azar. Todo tiene su propósito, y descubrirlo es
también parte de la tarea pastoral.
pautas para la tarea pastoral | 73

Para pensar y actuar



¿Qué perdemos
junto con la
estabilidad
laboral? ¿Cómo
respondemos a
estas pérdidas?

Piense en las personas que conoce sin trabajo.


¿Qué puede hacer usted? ¿Qué puede hacer su congregación?

Acompañar a
la familia.

Brindar cuidado
integral.

Comprender las
etapas de la crisis.

Considerar
cada situación.
74 | sin trabajo

Ser prácticos.

Acompañar,
no sobreproteger.

Brindar afecto.

Llevar a Cristo.

Cuidar a quienes
tienen trabajo.

Orar, esperar
en Dios.


En lo que ya
están haciendo:
¿Qué convendría
modificar o
agregar?
c a p í t u l o  |  5

Cómo
acompañar
a la familia
en crisis
Cada contexto es distinto. Cada iglesia tiene una
manera de definir su misión, de analizar la realidad y de
elaborar proyectos. No pretendemos dar recetas sino com­
partir experiencias que pueden inspirar a otros y alertar sobre
posibles errores y dificultades.
Conviene que la tarea de acompañar a las familias sin
trabajo esté a cargo de dos o tres personas designadas para
este servicio en la congregación. Una razón para trabajar en
equipo es que trasmite mejor el compromiso de la comu­ni­
dad; otra es que estamos aprendiendo juntos a responder
a esta problemática.

¿En qué está puesta nuestra esperanza?


Silvia llegó a la oficina pastoral tres meses des-
pués de que su esposo se quedara sin trabajo.
Estaba demacrada y apretaba nerviosamente
el monedero entre las manos. Facundo, de tres
años, se aferraba a la pollera de su mamá mien-
tras Sofía, de seis, dibujaba con los lápices que
le había alcanzado el pastor. En el dibujo de la
niña, el papá miraba televisión; la mamá, en el
patio, sostenía una escoba en una mano y toma-
ba al niñito con la otra. Había una mesa vacía
en el interior de la casa.
78 | sin trabajo

Es frecuente que las esposas sean quienes primero se


acerquen a buscar consejo y ayuda; a veces se sienten an­
sio­sas o están enojadas con el marido por la situación. Des-
pués de que Silvia relató la situación que estaba pasando
su familia, el pastor le propuso tener un nuevo encuentro
en el que también participara su esposo. Aunque temía que
José no quisiese venir, Silvia aceptó; más tarde llamó, con el
acuerdo de su esposo, para concertar el horario.
Es conveniente tener un primer diálogo prolongado con
la persona desempleada y, si es casada, con el matrimonio.
Elija­mos un lugar adecuado y un momento en el que ni ellos ni
nosotros estemos apurados u ocupados con otras cosas.
El primer encuentro puede tener una estructura como la
que sigue, si bien no hay una regla fija. Comenzamos leyendo
un pasaje bíblico; podemos hacer la lectura juntos, si parece
más apropiado. Puede ser el Salmo 37, con énfasis en los
versículos 16, 18–19, 24–25. Explicamos que la protección
de Dios no es mágica; se expresa en la vida del pueblo de
Dios, de una comunidad solidaria en la cual cada persona
tiene su valor y sus derechos. Luego preguntamos si creen
en lo que declaran estos pasajes.
Si dicen que no, les explicamos que es comprensible que
estén angustiados por su situación, ya que humanamente
no podemos luchar contra un mundo injusto que impide el
bienestar de millones de personas. Les decimos que en la
iglesia podrán encontrar una manera distinta de enfrentar
sus problemas, poniendo su fe en Dios. Les proponemos
hacer su decisión por Cristo y una oración de fe. Finalmente
los invitamos a sumarse a la comunidad de fe que se reúne en
nombre de Cristo; junto a los hermanos y hermanas podrán
cómo acompañar a la familia en crisis | 79

encontrar en Jesucristo la fuente de esperanza, pro­visión y


alegría.

Un camino nuevo
A quienes ya han aceptado a Jesucristo, les explicamos que
el bienestar es parte de la vida plena que Cristo nos ofrece
(Juan 10.10) y que sólo en él tenemos salida a esta y a todas
las angustias que aquejan nuestra vida. Esta búsqueda la
hacemos junto con nuestros hermanos y hermanas en Cristo,
en una comunidad abierta al Espíritu Santo, donde día a día
conocemos más al Señor y a su Palabra.
Es importante darle cierre a esta primera entrevista,
fijar fecha de la próxima y asegurarnos de que la persona no
se vaya sintiéndose descorazonada sino con la expec­tativa
renovada, aunque sea mínima. No hay crisis, por grave que
parezca, que pueda derrotarnos si estamos en Cristo. Él nos
promete:
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis
paz. En el mundo tendréis aflicción, pero
confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16.33
Este y muchos pasajes más serán fuente de seguridad
y de paz durante el tiempo sin trabajo. Podemos tener espe­
ranza porque Jesucristo ya triunfó. Esta crisis, que hoy parece
monstruosa, es provisoria.

Trazar planes realistas


Tener un proyecto personal ayuda a dar sentido a la vida
y a mantener la salud aun en medio de las dificultades. El
filó­so­fo existencialista Camus dijo que no renunciamos a la
lucha por lo tremendo de las dificultades o por la gran fuerza
80 | sin trabajo

del enemigo sino solamente cuando perdemos de vista las


razones para luchar.1
Sin metas, la salud emocional y física se deterioran f ácil­
mente. Cuando todo parece difícil tendemos a cultivar una
‘expec­tativa de catástrofe’. Un padre de familia llega pidien­
do una suma grande de dinero porque están por desa­lo­jar­
lo de su vivienda; está tan asustado que queda blo­­queado
y no logra ver cómo encarar el problema por etapas. No son
útiles las preguntas demasiado abiertas ni orienta­ciones
am­bi­guas que sólo lo confundirían más; ayúdelo más bien
a ela­borar algunas alternativas concretas y a trazar metas
cer­canas y realistas.
La experiencia de otros puede ser muy oportuna. Los
que están en medio de la prueba pueden com­partir lo que
ya aprendieron; también las personas mayores que vivieron
otras épocas de recesión aportan muchos ‘secretos’ útiles,
igual que aquellas que vienen de familias humildes y han
aprendido a aprovechar cada pequeño recurso.
Ayudar al jefe de hogar o al matrimonio a hacer un plan
realista abarca muchos aspectos:
Revisar el presupuesto familiar y redistribuir
las prioridades.
Planear cómo administrar el dinero que haya
ahorrado o recibido como indemnización.
Decidir hacia dónde y de qué manera orientar
la búsqueda de trabajo.
Hacer un currículum y valorizar la experiencia
acumulada.
cómo acompañar a la familia en crisis | 81

Adquirir información y nuevas habilidades.


Reorganizar las tareas familiares.
Orar en forma individual y como familia.
Es imprescindible estar informado, para no hacer sugeren­
cias o apoyar iniciativas que se frustrarán. En cada país va-
rían las condiciones económicas o legales. ¡Y a veces varían
constantemente en el mismo país!
Presionados por las urgencias, algunos
desempleados inician actividades que más o
Es difícil
menos resuelven sus necesi­da­des inme­diatas recortar el
pero generan nuevos problemas. En algu­nas presupuesto
situaciones, dedicarse a la venta calle­jera o
casa por casa, al reparto de volan­tes, a los tra-
familiar,
bajos mu­ni­cipales tem­­po­ra­rios o a con­du­cir pero puede
un taxi son formas de subempleo que tarde o ser necesario
tem­pra­no llevarán a una crisis mayor.
Es difícil recortar el presupuesto familiar,
hacerlo.
pero puede ser necesario hacerlo. Si los ingre­
sos habituales disminuyen o se cortan es fatal
seguir haciendo los mismos gastos que antes. Tomar crédi­
tos, usar tarjeta, pedir dinero prestado son salidas peligrosas
cuan­­do no hay seguridad de poder pagar las cuotas o devol­
ver el dinero. Por eso es im­portante ofrecer en la iglesia una
red de sostén para atender necesidades básicas y a la vez
enseñar principios bíblicos sobre admi­nistración.
Algunas personas se lanzan a una actividad autónoma
sin ninguna experiencia y cuando fracasan quedan más en­
deu­da­das. Antes de que alguien invierta su indemniza­ción,
82 | sin trabajo

pida un préstamo o venda parte de su patrimonio para trans­


formarlo en capital, ayúdelo a identificar si real­mente tiene
capacidad para trabajar en forma independiente, si lo que
está por ofrecer responde a una verdadera necesidad en el
medio, si sabe cómo tratar con quienes serán sus clientes y
sus pro­ve­e­dores, si tiene las herramientas y los cono­ci­mien­
tos necesarios para esa actividad. Tam­bién es con­ve­niente
saber con qué cuenta para mantenerse hasta que la actividad
empiece a dar resultado.

Aprender del pasado


Toda crisis nos da la oportunidad de revisar el pasado. Pero el
proceso de reconocer errores y tomar decisiones de cambio
no es rápido ni f ácil.

Si solamente buscamos que alguien reconozca


sus errores, podemos aumentar su desespera-
ción. En cambio, si lo ayudamos a encontrar
nuevos rumbos en un ambiente de afecto,
estará más dispuesto a revisar su vida. Final-
mente saldrá enriquecido y podrá agradecer
a Dios por las dificul­tades que debió enfrentar.

Muchas personas, creyentes o no, viven esencialmente


para hacer dinero y progresar, o por lo menos eso es lo que
en el fondo más desean. ¿Qué significa ‘buscar primero el
reino de Dios y su justicia’ (Mateo 6.33)? Esto es algo que
podemos explorar durante las charlas pastorales; es posible
que salgan a la luz fallas en la administración del hogar,
deudas injusti­fi­ca­das, hábitos de vestimenta o alimentación
cómo acompañar a la familia en crisis | 83

inade­cuados, mal aprovechamiento del vehículo, uso indis­


cri­minado de tarjetas de crédito. En muchos hogares se toma
como señal de prestigio social que los hijos no colabo­ren
en absoluto en las tareas del hogar ni aporten a los gastos
con su trabajo cuando ya tienen edad para hacerlo. En todos
estos aspectos, las crisis son una oportunidad para modi-
ficar formas inadecuadas de pensar y de proceder, que se
mantienen encubiertas mientras hay dinero.
Luis había trabajado quince años en una
empresa, escalando posiciones hasta llegar a
gerente zonal. Había construido una casa grande
y muy bien equipada. Su esposa no necesitaba
trabajar fuera del hogar y sus hijos habían tenido
oportunidad de ir a buenos colegios y participar
de muchas actividades culturales y recreativas.
Luis pasaba poco tiempo con su familia; en reali-
dad lo que más conocían de él era su agenda
atareada y su capacidad de compra. ‘Me afané
en lo que no aprovecha,’ debió reconocer,
cuando lo dejaron sin empleo y vio que retro-
cedía económicamente y se deterioraba su
imagen como proveedor en la familia. A pesar
de la angustia que siente en este momento, es
posible que para Luis esta sea una oportunidad
de enriquecimiento espiritual, si reconoce
cuánta vanidad había en su vida y qué distinto
es el estilo de vida que Cristo pide y enseña.
84 | sin trabajo

Aprender de la Palabra de Dios


Para ayudar a la persona sin trabajo a reorientar su vida,
en sucesivos encuentros exploramos pasajes de la Biblia. (En
los apéndices de este libro encontrará más recursos.)
En una ocasión podemos leer completo el pasaje de Ma-
teo 6.19–34 para descubrir el contraste entre las pro­puestas
consumistas y egocéntricas de la sociedad y la propuesta de
Jesucristo. Procure llevar este diálogo con mucho respeto.
Explique que no se trata de renunciar a la expectativa de
bienestar para la familia sino de subordinar este anhelo a
los propósitos de Dios. La promesa es que cuan­do buscamos
primero el reino de Dios y su justicia seremos bendecidos.
Conviene leer el pasaje paralelo en Marcos 10.27–30, ya
que este evangelista nos recuerda las dificultades de la vida
cristiana, además de las bendiciones. Cuando hemos entre­
gado la vida a Cristo, hasta podemos encontrar bendición en
las dificultades. Como dice Leonardo Boff, lo que se opone
a la felicidad no es el sufrimiento sino la tristeza. En medio
del dolor, Dios nos consuela, nos fortalece e incluso nos
permite ser de bendición para otros.

Buscar trabajo
Para la persona sin empleo, ‘el trabajo’ ahora es buscar
trabajo, y suele ser agotador: largas colas, horas de espera,
entrevistas indagatorias sobre asuntos personales, situa­
cio­nes ofensivas, abusos, ofertas de mala calidad, actitudes
omni­potentes del empleador. Todas estas experiencias pro­
ducen cansancio moral y físico. Hasta el más fuerte necesitará
que le demos sostén tanto práctico como espiritual.
cómo acompañar a la familia en crisis | 85

Anime al que está sin trabajo a mantener algunas disci­


plinas y rutinas cotidianas, a organizar horarios para los
trámi­­tes, a establecer metas y estrategias; esto ayuda a la
per­sona a no perder el sentido de protagonismo y de control
de la situación. Es útil escuchar las recomendaciones de quie-
nes están en situaciones similares o han pasado por ellas.
En esta búsqueda de nuevo empleo a veces tenemos que
rechazar un trabajo poco remunerado porque quedarnos
allí nos impediría seguir buscando una mejor solución; sin
embargo, si alguien necesita comer o dar de comer a los
hijos, quizás deba aceptarlo.
Es cierto que un trabajo estable puede dar más seguri-
dad, pero no despreciemos oportunidades. No debemos
rechazar ofertas dignas sólo porque no permiten mantener
el nivel de vida alcanzado o porque no están a nuestro nivel
profesional.
Ana Lía, de 42 años, perdió su empleo como
pro­fesional, y en el que ganaba lo suficiente
para sus necesi­dades. En pocas semanas em-
­pezó a recibir pedidos de trabajos que podía
hacer en su casa con la com­pu­ta­dora, y pronto
sumaba la misma cifra por mes; sin embargo,
no consi­de­­raba que estuviera ‘trabajando’,
porque espera­ba un empleo en relación de
dependencia y sueldo fijo.
Lo que no debemos aceptar por desesperación son las
ofertas incompatibles con los valores de Jesucristo. Una
buena pregunta para hacernos es: ¿Puedo pedirle a Dios
que bendiga este trabajo? De nada vale compensar dando
86 | sin trabajo

ofrendas generosas con lo que gano en un trabajo que Dios


no aprueba.
En la iglesia podemos hacer circular datos útiles, facilitar
contactos, orientar en la preparación de carpetas de ante­ce­
dentes y presupuestos de trabajo. Podemos dar ánimo a las
personas antes y después de una entrevista. Si es necesario
podemos ayudar en cuestiones prácticas: un par de zapatos,
una corbata, una tarjeta telefónica y cosas similares cuya falta
llega a ser una barrera para quien está buscando trabajo y
no cuenta con ningún ingreso para estos gastos.
Una vez que comencemos a tomar contacto con las per-
sonas descubriremos qué más podemos hacer. La iglesia
puede hacer mucho para acompañar a las familias que es-
tán sin trabajo, tanto a través de programas formales como
de manera informal entre los hermanos y hermanas de la
congregación.
cómo acompañar a la familia en crisis | 87

Para pensar y actuar


¿Cuál es la
situación cotidiana
de las personas
sin trabajo?
¿Y la situación de
sus familias?

¿Cómo afecta
esta situación la
participación en
los cultos y en la
vida de la iglesia?
88 | sin trabajo

Pensando en una persona o familia concreta,


anote algunas ideas para implementar cada punto:

Entrevista
inicial.

Entrevistas de
seguimiento.

Trazar planes
realistas.

Aprender del
pasado.

Aprender de la
Palabra de Dios.

Buscar trabajo.
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