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GESTION DE CALIDAD

Por Humberto Quiroga Lavie

BASES DE LA EFICIENCIA EN LA GESTION JUDICIAL

Debemos asumir que la eficiencia en la gestión del el servicio de Justicia depende del dominio de las relaciones humanas por parte de todos los operadores del tribunal, no solamente por parte del juez, sino también, y fundamentalmente, por parte de los funcionarios y empleados que cotidianamente se encuentran en contacto con abogados y partes. La relación humana genera una expectativa de asistencia o abandono, de interés o indiferencia, y ello constituye la grama misma del consenso o del disenso que genera el servicio. En nuestro país las expectativas sobre el desempeño de la Justicia son negativas, las encuestas lo dicen a diario: hay que cambiar la relación de trato, condición fundamental para lograr consenso, también, en la aceptación del resultado final que tienen los juicios.

Esa artesanía de vida que es el trabajo, debe estar sometida a reglas de previsión, de seguimientos de procesos, pero también debe estar sujeta a una capacidad de respuesta que proviene de la creatividad del funcionario ante lo nuevo: y lo nuevo es de todos los días, pues la gente cambia cotidianamente, y es diferente. Debemos aprender a ser flexibles en nuestras relaciones con la gente, y eso no depende de reglas, sino de nuestra calidad específica como hombres y como funcionarios judiciales. No todos los abogados o partes merecer n la misma respuesta en el trato diario, depende de mil aspectos, la diferencia hace al trato igualitario, pues de lo contrario negamos que las circunstancias puedan ser diferentes: negativa absolutamente alejada de la realidad. Quien no se haga cargo de la

circunstancia, ser un inflexible, y quien lo sea no se adaptar a la realidad, clave para entender

el disgusto que genera a diario aquello que denominamos burocracia.

Es por ello que el servicio de justicia debe prestarse en forma personalizada, porque ese es el acuerdo implícito que están esperando los usuarios del servicio; que el servicio se cumpla de acuerdo a reglas usuales, pero también con cintura creativa frente a lo

nuevo; que el servicio se satisfaga en forma completa e integral, no a parches, por sectores, por etapas, para salir del paso; que los plazos no cuenten, que el trato resulte gobernado por

la indiferencia, que no haya sonrisas y tolerancia en la dura realidad que a todos nos toca

sobrellevar. También los abogados tendrán que hacer cursos para mejorar la gestión judicial, pues ellos prestan el servicio, como si fueran jueces, o como si fueran funcionarios cuando concurren a los tribunales.

Debemos asumir que el servicio de Justicia no es un fenómeno

inconmensurable, intangible, inverificable, que se nos va de las manos, lleno de misterio; por

el contrario, es observable y verificable, porque está a la luz del día, lo sufrimos o gozamos,

generalmente lo soportamos, de forma tal que podemos identificarlo y medirlo. Animémosnos

a hacer encuestas en tal sentido y tendremos una idea m s concreta de lo que estamos

diciendo. No es difícil identificar un tribunal con mala calidad en la atención del servicio. No

digamos que esa es la razón por la cual los tribunales no quieren adherir a la experiencia, pues entonces el diagnóstico estar concluido: nunca mejoraremos la eficiencia de la gestión judicial.

El trabajo judicial no puede estar sometido a la improvisación, al mero esfuerzo personal o a una dedicación horaria exagerada: debemos, en cambio instalar a técnicas de

gestión apoyadas en métodos sistémicos, que permitan mensurar los resultados de la actividad. Se debe conocer con precisión el pensamiento de los abogados, atender sus puntos de vistas vinculados al trato recibido, escuchar sus propuestas. Los trámites deben ser sencillos y fiables, los retrasos se deben ir suprimiendo en la medida de lo posible, los tiempos de espera deben estar referidos a situaciones objetivas, siempre hay que medir el tiempo global que lleva la conclusión de cada trámite y de cada etapa del juicio. Un punto central es que el tribunal tenga capacidad para dar respuesta a situaciones imprevistas.

Es por ello que la gestión judicial debe contar, en forma permanente, con estadísticas sobre su desempeño: conocer cual es el porcentaje de quejas por retrasos en cada trámite, cual el de los abogados satisfechos e insatisfechos, saber si prevalece la lentitud o la rapidez, la premura improvisada o la prudencia ponderada. Nunca se puede actuar ignorando que se han cometido errores o reiteraciones de trámites innecesarios. Tener presente siempre que eficiencia es el cumplimiento de las especificaciones (Crosby), es decir que cada funcionario debe saber muy bien qué‚, cómo y cuando tiene que realizar su trabajo, para hacerlo predecible para si mismo y para los demás, por lo tanto controlable. Con que un sólo integrante del grupo de trabajo se equivoque el resultado de la gestión puede resultar insatisfactorio.

El tribunal que aplique un sistema a la búsqueda de luchar contra la burocracia, no puede conformarse con haber logrado una performance de buena eficacia un momento dado, por el contrario no es completo dicho sistema sino lleva incluida la mejora permanente. Una vez recogidos los resultados obtenidos, la información analizada debe servir para introducir cambios dirigidos a mejorar la gestión, así como a definir nuevos objetivos del tribunal, ajustando los existentes: estamos cumpliendo con el famoso "bucle de calidad" postulado por Edward Demming.

Las necesidades de las partes y de sus abogados están en relación directa con la complejidad de cada juicio o de cada trámite. Un sistema de gestión judicial eficiente nos debe indicar los puntos clave a ser tenidos en cuenta para lograr que el tribunal funcione correctamente, pero sus especificaciones no son constrictivas, sino una suerte de recomendaciones para realizar con eficacia y bajo control los procesos en curso. Las reglas que elabora el grupo de trabajo, se codifican en instructivos, previa elaboración de un manual de gestión que fije las responsabilidades de cada funcionario y las etapas de cada proceso, así como los documentos que deben elaborarse y los archivos que los deben almacenar. El sistema documental se debe realizar a partir de una estructura jerárquica: en un primer nivel se organizan los documentos base que indican el campo de acción del tribunal y sus objetivos, de ese modo se forma el denominado “Manual de Gestión"; en un segundo nivel se establecen los procedimientos generales que describen los métodos de trabajo del tribunal: en este nivel se deben indicar los objetivos del grupo de trabajo, el alcance o ámbito de aplicación, las responsabilidades de cada sector del tribunal, las definiciones de los conceptos utilizados, el orden cronológico de las actividades, las referencias documentales o normativas a ser utilizadas, los anexos donde se indiquen los diagramas de flujo que conforman cada actividad y los registros que utilizar el tribunal para ejecutar los procedimientos. Finalmente en el tercer nivel documental deben incluirse, en forma analítica los procedimientos específicos de trabajo y las instrucciones complementarias para llevarlos a cabo

El funcionamiento del sistema de gestión judicial debe ser conocido a la perfección por cada funcionario del tribunal: no se llega a ser eficiente a partir del desconocimiento integral de la gestión y del sistema que lo gobierna. La falta de información en tal sentido conducir a un elevado número de errores y a una gran confusión en el grupo de trabajo

COMO SE DEBEN REDACTAR EL MANUAL DE GESTION JUDICIAL Y LOS PROCEDIMIENTOS.

Cada funcionario judicial debe saber qué, cómo y cuando debe realizar su trabajo, de forma tal de hacer predecible su trabajo, a los efectos de poderlo controlar. Si un músico se equivoca en una orquesta, es obvio que se equivoca toda la orquesta. Si no hay sincronía no habrá gestión judicial eficiente. El manual de gestión debe indicar las especificaciones o estándares de trabajo que deben ser cumplidos para lograr los objetivos buscados.

Nos enseña Eugenio de Ors que "entre dos explicaciones debemos elegir la más clara, entre dos formas, la más elemental y entre dos expresiones, la más breve". Se trata de un buen concejo a ser seguido en la redacción del manual de gestión judicial por parte del grupo de trabajo, cosa que se hará con el apoyo de los capacitadores. No debemos documentar las actividades banales, sino sólo aquellas que pueden tener influencia directa o indirecta en la gestión. Si queremos configurar al grupo de trabajo judicial como una familia, y ello es encomiable, lo deseable es que todos participen en la elaboración del manual: de ese modo se fortifica la sensación de pertenencia, se incrementa el reconocimiento mutuo y aumentan las gratificaciones individuales, de ese modo no habrá brazos caídos en la gestión del tribunal.

Una vez elaborado el primer borrador del manual, ‚ él se debe someter a una fase de lanzamiento, previa consulta con todo el personal involucrado, a efectos de recibir sugerencias de modificación. Deber existir un responsable de la aprobación formal del documento, el juez, el secretario o el pro secretario, según fuere el nivel del manual que se aprueba. Las revisiones pueden ser solicitadas por cualquier funcionario.

Será muy importante identificar y gestionar los diferentes procesos que se encuentren interrelacionados. Los documentos indicados en el manual deben reflejar con claridad la forma de trabajar. La ejecución de los procedimientos también debe estar especificada en el manual: nunca el diseño es lo mismo que su ejecución. Recomendamos lo siguiente:

a) identificar con claridad los procedimientos necesarios para que la gestión en

el tribunal sea de eficiente;

b) establecer la secuencia de esos procedimientos y su interacción;

c) determinar los métodos y criterios para asegurar que los procedimientos sean

efectivos, así como el modo de controlarlos;

d) asegurar que siempre está‚ disponible la información necesaria para lograr

apoyar el funcionamiento de los procedimientos, así como su seguimiento;

e) medir la realización de los procedimientos e implantar las acciones necesarias

para lograr que se cumplan los resultados planificados, así como la mejora continua de los mismos;

f) indicar los documentos necesarios para que el tribunal pueda funcionar

adecuadamente de acuerdo al modelo de gestión programado: no puede obviarse el plan, la

ejecución el control del mismo; g) establecer con claridad la política de la gestión judicial y sus objetivos; h) indicar el tamaño y tipo de tribunal, su complejidad e interacción de procedimientos, así como su competencia jurisdiccional y administrativa.

En el manual se debe establecer cuales son los documentos que debe llevar el tribunal, cuales aquellos necesario para comprobar la idoneidad de la gestión, antes de su puesta en funcionamiento. Los documentos se deben revisar y actualizar todas las veces que fuera ello necesario. Se debe poder indicar el estado de revisión en cualquier momento. Se debe establecer dónde están disponibles cada documento. Ellos deben ser fácilmente

identificables, legibles y accesibles. Se debe evitar el uso no intencionado de los documentos que están obsoletos: estos deberán estar suficientemente identificados en el caso de no haber sido destruidos.

En el manual se deben indicar los registros que cuenta el tribunal para asegurar una gestión eficiente. Los registros son los documentos que indican el resultado obtenido o pone en evidencia el nivel de gestión que al respecto se ha obtenido. Los registros pueden encontrarse en soporte informático o en papel. La organización de los registros debe estar procedimentada: ellos deben estar identificados, ser legibles, asegurado el almacenamiento de datos respectivo, protegidos, se debe poder recuperar la información fácilmente, debe estar indicado el tiempo de retención de la información.

Es absolutamente necesario conocer las necesidades y expectativas de los litigantes y sus abogados, a los efectos de convertirlas en requisitos y objetivos de la gestión del tribunal. Para eso las encuestas y consultas deben estar procedimentadas en el manual.

La designación del personal debe también estar a tono con la gestión eficiente del tribunal. Para ello se deben dar cursos de capacitación a los aspirantes a concursar, por supuesto, en el caso de los meritorios ellos deber n estar incluidos en la capacitación. La capacitación, tanto de aspirantes como de todo el personal debe ser permanente. Previa a la capacitación dada en forma orgánica, debe haber procesos de sensibilización o difusión sobre la gestión judicial y sus beneficios.

En el caso de la infraestructura de funcionamiento del tribunal, el manual deber definir cuales son las necesidades a cubrir en términos de funcionamiento óptimo, a tenor de los objetivos previstos, con cálculo de costo, de seguridad de funcionamiento, de protección de lo existente y por existir, así como la cobertura de un mantenimiento para asegurar que las instalaciones cumplan con las necesidades y objetivos previstos. Los factores físicos deben ser mensurados: calor, ruido, iluminación, higiene, humedad, limpieza, contaminación ambiental, como casos más importantes. También se debe considerar la evaluación de los riesgos laborales. Si el tribunal debe realizar compras las mismas deben realizarse de acuerdo con los procedimientos de selección, evaluación y control que en tal sentido se encontraran vigentes.

El manual debe contener también los procedimientos de revisión, en ellos se deben tomar en cuenta el resultado de las auditorias que se realicen en el tribunal, los informes sobre los requerimientos de los litigantes o abogados, a modo de retroalimentación, el análisis del cumplimiento de los procedimientos previstos y su conformidad en términos de ejecución, el estado de las acciones correctivas implementadas, el seguimiento de las anteriores revisiones que se hubieran efectuado, así como los cambios que hubieran afectado al sistema de gestión de calidad implementado. En el caso de los cambios se deben identificar los efectos que ellos han producido, lo cual debe ser verificado, validado y aprobado antes de autorizar su continuidad y/o implantación.

Como colofón tenemos que decir que el manual debe tener en cuenta que hay tres ejes fundamentales donde descansa el funcionamiento del sistema: la formación del personal, su motivación y la comunicación con el entorno del tribunal, esto último en términos de litigantes abogados u oficinas centrales de apoyo, así como también con la burocracia pública y privada que se encuentra en necesaria relación con el funcionamiento del tribunal.

EL CONTROL DE LAS NO CONFORMIDADES

Las no conformidades sobre el funcionamiento del sistema de gestión judicial deben ser puntualizadas en cada instancia de control o auditoria que se realice. Se debe lograr que los servicios o ejecución de procedimientos no conformes sean apartados de la gestión, valorados en tal sentido y controlados para evitar su reiteración. A tal efecto se debe establecer un procedimiento documentado donde se definan dichas actividades no conformables. Se debe indicar un procedimiento de rectificación, el cual debe ser comunicado a todo el personal del tribunal, así como a los litigantes, abogados y terceros involucrados en el funcionamiento del sistema, salvo que se tratare de una cuestión sometida a reserva.

Que un tribunal funcione en situación de convivencia con procedimientos incorrectos, no sometidos a control de conformidad, genera, necesariamente, una situación de déficit en la búsqueda de optimizar la gestión judicial. Para evitarlo se debe establecer un procedimiento de identificación de no conformidades, incluyendo las reclamaciones de litigantes, abogados o terceros, se debe determinar las causas de las no conformidades, que tipos de procedimientos o acciones se deben disponer para evitar su reiteración, las acciones correctivas que correspondan, el registro del resultado de la acción correctiva adoptada, así como también la revisión de la acción correctiva.

Si no se quiere incurrir en acciones o ejecución de procedimientos que impliquen no conformidades, un camino óptimo es programar la realización de acciones preventivas, frente al caso de riesgo de producirse una no conformidad. A tal fin se debe actuar sobre las causas de las no conformidades potenciales para evitar que ellas se produzcan. Se debe documentar este tipo de procedimientos, así como los resultados que se obtengan.

LA FORMACION DEL GRUPO DE GESTION JUDICIAL

El punto de partida para instalar el sistema de gestión judicial eficiente en un tribunal de justicia es que su cabeza, es decir, el o los magistrados que lo componen se encuentren compenetrados y convencidos de su utilidad. Si ello no ocurre no habrá gestión eficiente en la oficina judicial. La segunda conveniencia es que se encuentre todo el personal que integra el tribunal involucrado en el programa: la clave es que no puede haber actividades compulsivas involucradas con la gestión eficiente judicial. Es por ello que, si hubiera algún funcionario disconforme es preferible no involucrarlo en el programa, lo cual no significa no implantarlo, sino establecerlo con aquellos que se encuentren motivados a hacerlo. Los beneficios de cercanía, por la ejemplaridad del sistema, deber determinar la conducta de los remisos o resistentes.

Al grupo de trabajo interno se debe integrar a los destinatarios de la gestión judicial, es decir a los litigantes, en la medida de lo posible, a los abogados, y a los integrantes de oficinas de apoyo, públicas o privadas. Escuchar a todos en audiencias públicas, o a través de otros conductos, ser siempre muy provechoso. Las reformas no deben ser ideales, rayanas en utopías, sino respuestas a problemas concretos, planteados por la cotidianidad.

Pero la formación de un grupo de trabajo dirigido a instalar gestión eficiente en un tribunal de justicia, no es una cuestión que se produzca por generación espontánea, sin darle al personal la formación y preparación necesaria. Las reuniones o talleres de formación deben funcionar a partir de técnicas apropiadas, con dinámica de grupo que motiven a los participantes, capacitando para la negociación y la resolución de problemas, para el logro de los objetivos y la mejora continua: se trata de una capacitación para la reingeniería humana, donde el desarrollo de la inteligencia emocional juega un papel trascendente. Lo dicho supone que no puede haber un mal clima laboral entre el personal, tanto en lo técnico como en lo relativo a las relaciones humanas. Entre las cuestiones que no se deben desatender es lo

relativa a la suplencia de los posibles ausentes, tampoco lo relativo a la incorporación de nuevo personal: en ambos casos las substituciones no deben ser sentidas en el funcionamiento del grupo de trabajo.

Para abordar con eficiencia y propiedad lo relativo a la reingeniería humana la gestión judicial debe contar con el apoyo de psicólogos sociales experimentados, ellos más los especialistas en gestión, por lo general ingenieros especializados en tal sentido, particularmente los matemáticos estadísticos, configuran un sistema gestión judicial interdisciplinaria que se integra con el saber tradicional de los juristas, no en su menosprecio, sino para potenciar al máximo el quehacer de la Justicia. Se tratar de buscar el diseño personalizado para cada integrantes del tribunal, así como apropiado a las modalidades de cada grupo de trabajo. En esto no puede haber improvisación, se trata de un sistema metodológicamente desarrollado para lograr los objetivos que el tribunal se ha propuesto.

Nadie ha nacido sabiendo. La reingeniería humana busca producir transformaciones profundas en los procedimientos tradicionales de la actividad administrativa tradicional, logrando procesos de interacción humana que hagan posible el programa de gestión judicial propuesto. La formación escolar tradicional se ha desentendido del trabajo en función de objetivos de eficiencia: y no lo habrá nunca, por más que exista una gran dedicación temporal y un gran esfuerzo personal para conseguirlo. No se trata de bajar gastos superfluos, aunque ello pueda resultar importante, se trata de mejorar el servicio para lograr, con el consenso que ello genera por parte de los inversores del extranjero, difundir la idea de que la Argentina, en el piélago de ineficiencia que la ha caracterizado siempre, ha comenzado a cambiar en un lugar sensitivo del sistema social: el servicio de Justicia.

¨¿Queremos empezar? Escuchemos a los litigantes y a sus abogados involucrados en el tribunal que busca mejorar su gestión de calidad, tendremos a la vista las miles de peripecias que ellos sufren por el mal servicio que se les brinda: si escuchamos bien esta voz y le damos respuesta habremos comenzado a implantar en nuestro tribunal el sistema de gestión judicial al cual aspiramos.

LA AUDITORIA DEL SISTEMA DE GESTION JUDICIAL

Sin control no hay sistema en funcionamiento. El control del programa de gestión en un tribunal de justicia, obliga a instalar una auditoria interna, como seguimiento cotidiano de lo que se esta haciendo, y una auditoria externa para objetivar el control y evitar la subjetividad propia de los protagonistas. Para ejercer control es preciso una recorría sistemática de la información proveída por los procesos previstos por el programa de gestión que se está desarrollando; se controlan los procedimientos, el ejercicio del liderazgo, la gestión global y la satisfacción de los usuarios del servicio, también el clima organizacional, los recursos disponibles, el nivel de realización, es decir la performance del tribunal.

Después de la recogida de los datos es preciso analizarlos, cuantificarlos, elaborar estadísticas con ellos, compararlos, con el objeto de obtener un panorama claro a fin de adoptar decisiones, tanto de transformación como de mantenimiento. En esa tarea deben intervenir todos los integrantes del grupo, en la medida de su rol dentro del tribunal. Las transformaciones o cambios de procedimientos es conveniente realizarlas a partir de pruebas piloto, en paralelo con el procedimiento usual, pero si hay consenso suficiente es posible introducir el cambio en todo el sistema, en forma radical: depender del costo que se advierta con mantener el procedimiento en uso como consecuencia de la dimensión del error o falla que se haya advertido; también ello depende del consenso que despierte el cambio en los usuarios o que haya sido solicitado con insistencia por ellos.

Suele ocurrir que existan en el sistema judicial o en sus procedimientos problemas crónicos de vieja data, de difícil solución. Por lo general la solución de ‚este tipo de problemas no se aborda nunca, por la complejidad que genera su resolución. El resultado es que los tribunales aprenden a convivir con este tipo de problemas: incluso ocurre que hasta se llega a negar su existencia como problema. Para salir de la inanición y del estado de negación a que nos hemos referido hay que formar en cada tribunal un modelo de gestión judicial, que deber afrontar el problema utilizando herramientas apropiadas, estamos pensando en las siete propuestas básicas de Ishikawa, apuntando a: definir el problema, indicar los errores m s importantes en los procedimientos, establecer sus causas, marcar las solucionas para cada caso, definir los resultados previstos y establecer cómo controlar sus efectos.

En síntesis los objetivos de las auditorias ser n: verificar el grado de adecuación del sistema de calidad existente en el tribunal a la norma que regula cada procedimiento, comprobar que el comportamiento de todos los funcionarios concuerdan, y en que‚ grado, con lo documentado por el tribunal, medir el nivel de eficacia de los procedimientos en relación con los objetivos del tribunal, buscar la mejor continua a tenor de los cambios que se han propuesto, así como de las acciones correctivas y preventivas propuestas, evaluar la capacidad de los litigantes, sus abogados o terceros involucrados, para colaborar con el programa de gestión judicial.

En todos los casos se deben evitar actitudes agresivas y discusiones impropias en el grupo de trabajo judicial; tampoco se deber n extraer conclusiones precipitadas a la hora de evaluar la marcha del programa de gestión de calidad; sólo se debe considerar hechos o episodios constatables, no hipótesis no comprobadas; nunca se debe personalizar las críticas:

siempre hay que imputar los errores a deficiencias grupales, si falla un funcionario falla el grupo.

OBSERVACION FINAL

Quienes piensen que el programa de gestión para el funcionamiento administrativo de un tribunal judicial es un desafío complicado y engorroso, a tenor de los lineamientos sentados en la presente introducción, deben saber que la propuesta tiene equivalentes dificultades que un régimen para adelgazar. Sabemos que no es fácil, pero si no lo asumimos no adelgazaremos nunca. Eso si cuando empezamos a comprobar que bajamos de peso el nivel de felicidad y de gratificación es muy fuerte, hemos vencido la inercia y la rutina que nos niega como hombres libres y capaces de transformación: estamos pensando en el "hombre mediocre" de José Ingenieros y sabemos que el gran pensador argentino avala lo que estamos diciendo.

El programa de gestión judicial no se compra en un supermercado, se asume como realización artesanal por cada grupo de trabajo judicial, así como del protagonismo de cada funcionario, con el ineludible liderazgo del o los magistrados que conducen la gestión.

El Manual de Gestión y los instructivos de la gestión elaborados por Tribunales u Oficinas que han certificado , no es un producto a ser copiado por los tribunales u oficinas que acepten la propuesta. Cada manual debe ser construido o elaborado por cada grupo de trabajo, pues en eso radica la auto organización que propone el modelo de gestión de gestión judicial. Las copias desnaturalizan el modelo.

LA GESTION DE CALIDAD EDUCATIVA EN EL PENSAMIENTO DE PAULO FREIRE

Haremos un estudio de la obra de Paulo Freire, que continua en un todo su

clásico aporte al saber pedagógico, nos referimos a la “Educación como práctica de la libertad”

y a “La Pedagogía del oprimido”, pero, en éste caso, revisando sus últimos libros "El grito manso" (Siglo XXI, 2003) y "Pedagogía de la autonomía, Siglo XXI, l997). La idea es intentar integrar el pensamiento del ilustre pedagogo con las propuestas organizacionales planteadas en términos de gestión de calidad. Con miras a enriquecer la técnica de gestión de calidad, sobre todo cuando esa‚ dirigida a ser aplicada al aprendizaje. Planteamos en el primer estudio de la presente serie de notas, que el desafío es marchar del "humanismo integral", de acuerdo al paradigma de Jaques Maritain, hacia la "democracia integral" enfatizada por Mario Bunge. La profunda visión ‚tica de Paulo Freire puede convertirse en un valioso aporte en tal sentido.

El pensamiento freireano es profundamente ‚tico y humanista por que se trata de "la inclusión del ser humano, de su inserción en un permanente movimiento de búsqueda" (conf. Pedagogía de la autonomía, pag. l5). Esto implica la búsqueda de la desburocratización, porque el hombre burocratizado no busca nada: y esto es un eje central de la organización del trabajo, también de la educación, de gestión de calidad. Porque según Freire la formación educativa "es mucho más que adiestrar" en prácticas laborales, sino se trata de instalar la curiosidad en los hombres, para hacerlos creativos. Para nosotros el método de gestión de calidad no implica adiestramiento, sino formación de trabajadores creativos, que puedan auto organizarse y no rutinizarse. Se infiere del pensamiento de Freire que aquellos que no tienen trabajo, es decir los excluidos, son o mansos corderos o seres violentos. Se pronuncia en

contra de toda acción terrorista, pues de ellas resulta la muerte de seres inocentes. Es que el terrorismo niega lo que Freire ha llamado "ética universal del ser humano". La ética de la cual

él habla "no es la ética menor, restrictiva del mercado, que se inclina obediente a los intereses

del lucro (vid. pags. l6 y l7 op. cit.). Es que interpretamos que para Freire la educación no puede acomodarse a la ética del mercado, que es el puro lucro, sino a la ética del ser humano:

sin embargo observamos que el mercado no solamente está formado por comerciantes, es

decir vendedores, sino también por una sociedad compradora, no otro que el pueblo que tiene que satisfacer necesidades vitales adquiriendo bienes y servicios por los cuales tiene que pagar, lo justo, así como por bienes o servicios de calidad, no contaminados, que terminen perjudicando su salud o su calidad de vida. De eso se ocupa la gestión de calidad en la organización del trabajo, también de eso debe ocuparse la educación en términos de formación una ética que busque ese resultado.

Otra idea fuerza en Freire es aquella según la cual los hombres no somos "el puro producto de la determinación genética o cultural o de clase" (vid. pag 20 op. cit), porque de ser así nos convertimos en seres irresponsables de lo que hacemos, porque somos meros objetos determinados y no sujetos, en consecuencia "si carezco de responsabilidad no puedo hablar de ética". Sostiene que "somos seres condicionados pero no determinados". El antideterminismo de Freire lo ubica, claramente, en una posición netamente liberal, a favor de la "educación como práctica de la libertad", no de la determinación de la historia. "El futuro es problemático, no inexorable". En cambio, para el neoliberalismo el futuro está determinado por la inexorabilidad de los mercados globalizados: la falta de trabajo, la exclusión laboral generada por el desarrollo tecnológico, no puede ser contenido ni modificado por la libertad creativa del ingenio humano; hay que cruzarse de brazos porque es el destino trágico del hombre quien está operando.

Hay tres ejes en la "pedagogía de la autonomía" de Paulo Freire, ejes que pasamos a desarrollar.

El primer eje o idea fuerza es que "no hay docencia sin díscencia": docentes son los que enseñan, discentes quienes aprenden. Hay una dialéctica en la pedagogía autonómica de Freire, según la cual, sin práctica la teoría es pura palabrería, y la práctica sin teoría, puro activismo (vid. pag. 24, op. cit.). En el mismo sentido la gestión de calidad educativa resulta dialéctica, porque parte del pensamiento sistémico, en tanto éste instala el principio de la causalidad circular a partir de relaciones de retroalimentación. Hacer de la teoría un pensamiento dirigido a ser practicado implica ocuparse de la eficacia de la conducta humana, también de la educación: postulado clave de la gestión de calidad. Por ello es que para Freire "enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades de su construcción", por parte de quienes aprenden. La auto organización de la gestión de calidad equivale a la pedagogía de la autonomía que postula Freire.

Es de allí que para Freire "quien enseña aprende al enseñar, y quien aprende enseña al aprender". Esto debe poder medirse en términos de resultados, de allí que la eficacia constituye un dato inexorable de la pedagogía que estamos analizando. Y lo que debe medirse son los resultados de la capacidad problematizadora de los educandos. Por otra parte la pedagogía autonómica "exige rigor metódico", nos lo dice Freire, lo cual "nada tiene que ver con el discurso bancario" de la educación tradicional, que se almacena, no se incorpora a la conducta, y también se olvida. De allí que no base enseñar contenidos, sino "también enseñar

a pensar correctamente" (vid. pag 28, op. cit). No debemos estar seguros de nuestras certezas, porque la clave debe ser la posibilidad del cuestionamiento, propio o de terceros: este equivale a la mejora continua de la gestión de excelencia educativa. En un sentido correspondiente la pedagogía autonómica "exige investigación", no mera repetición del saber acumulado: la curiosidad ingenua debe gobernar la educación.

"Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos", no solo para estimular a los que aprenden, sino porque quienes enseñan también aprenden del saber de sus alumnos. "Exige crítica, tanto por unos como por los otros, porque la curiosidad debe funcionar como inquietud indagadora, como búsqueda permanente, por ello forma parte del fenómeno vital. La curiosidad nos defiende de la irracionalidad, generada por el exceso de la racionalidad tecnológica: sin embargo, "no hay en esto ningún arrebato falsamente humanista de negación de la tecnología y de la ciencia". La posición de Freire es que no debemos, ni divinizar la tecnología, ni tampoco satanizarla. A la ciencia y a la tecnología la debemos ver en forma curiosamente crítica. En ello se fundamenta el humanismo freireano (vid. pags 32 a 32 op. cit).

"Enseñar exige estética y ética": estar lejos, m s aun fuera de la ‚tica (también de la estética), es una transgreción. Hacer de la "la experiencia educativa un puro adiestramiento técnico, implica despreciar lo que hay de fundamentalmente humano en el ejercicio educativo" (op. cit. pag. 34). Ambas exigencias cualifican la pedagogía organizacional que se

debe instalar en la escuela. No habrá autonomía de gestión educativa de calidad en el aula sin el refuerzo del sentimiento ético y estético entre quienes protagonizan el desafió que genera

la escuela.

Enseñar no es cuestión de palabras, sino de ejemplos. "Las palabras a las que les falta la corporeidad del ejemplo, poco o nada valen: pensar acertadamente es hacer acertadamente". Este pensamiento de Paulo Freire vuelve a reclara, a expresar, su compromiso metodológico con la eficacia. Los ejemplos son las realizaciones prácticas, efectivas, de las propuestas verbales. Las palabras se olvida, los ejemplos calan el alma. Pero los ejemplos no pueden implantar una mirada dirigida exclusivamente al pasado: sino un

punto de referencia a la realidad ya ocurrida, como puerta que nos permita ingresar al porvenir que debemos construir a partir de nuestra culturalización.

Enseñar exige riesgo, por que es obvio que optar por lo nuevo, a partir de la cultura, determina el peligro de fracasar. De allí la fuerza del pensamiento conservador. Por lo dicho no significa que "lo viejo, cuando preserva su validez, o cuando encarna una tradición, o marca una presencia en el tiempo, no deba continuar existiendo como nuevo". De este modo Freire no se pronuncia a favor de los fundamentalismos que proclaman la tierra arrasada, el que se vayan todos, buscar lo imposible, porque queremos realizar nuestro fracaso. Busca en cambio, derrotar el síndrome burocrático, a partir de la enseñanza como técnica de comunicación humana, sin discriminaciones de ningún sector, evitando el entendimiento mecánico de las cosas, huyendo de la mentalidad burocrática, la cual, precisamente, bloquea la comunicabilidad social. Porque "no hay entendimiento (de lo que aprende) que no sea también comunicación de lo entendido" (vid. pag. 39 op. cit).

La enseñanza es un permanente desafío "al educando con quien se comunica, y a quien se comunica, a producir su comprensión de lo que viene siendo comunicado"."Es que no hay entendimiento que no sea comunicación e intercomunicación y que no se funde en la capacidad de dialogo" (pag. 39, op. cit).

"Enseñar exige reflexión crítica sobre la práctica". Encierra un movimiento dinámico, dialéctico, entre el hacer y el pensar, sobre el pensar y sobre el hacer. Es que el criticismo freireano implica partir del saber ingenuo de quien se reconoce inacabado (no somos pobres, sino ignorantes: aunque sepamos muchas cosas). Pero el saber ingenuo no implica abjurar del rigor metodológico. Partimos del saber ingenuo, que debe ser crítico, pues de lo contrario no aspiraríamos a crecer y a instalar la novedad que precisamos para solucionar los conflictos sociales: pero ello no lo lograríamos sin una instrumentación metodológica adecuada (vid. pags. 39 y 40, op. cit). Consideramos que la aplicación del sistema de gestión de calidad en la educación, es un método apropiado a la propuesta educativa que nos formula Paulo Freire. Ambas posiciones son integrativas, no colisionan, se potencian: no tenemos duda de ello.

La crítica puede usarse un en contexto de rabia, que nunca puede convertirse en odio. Caso típico de la rabia que tuvo Cristo, lo recuerda Freire, contra los fariseos en el Templo. Debe haber pasión en los debates, compromiso por el cambio, no cuando se advierta que cambiar no es necesario. Debemos criticar, m s que la teoría, la vida práctica que llevamos a cabo. De allí que no tiene sentido una teoría, un derecho y una predicación de la justicia, como puras ideas que "deben ser", pero que no sabemos cómo practicarlas.

"Enseñar exige reconocimiento y la asunción de la identidad cultural". El reconocimiento del otro es un factor esencial de la conducta humana: así lo planteo Hegel en su estudio "Fin de la historia", de fines del Siglo XVIII. Sin reconocimiento alguno el hombre se convierte en un alienado: existimos y hacemos, nos motivamos en la medida que nos reconozcan. La idea es tomada por Paulo Freire y lo expresa con belleza y profundidad filosófica: "La asunción de nosotros mismos no significa la exclusión de los otros. Es la "otredad" del "no yo" o del tu, la que me asume el radicalismo de mi yo" (op. cit. pag. 42). En cuanto a la identidad cultural, ella es visualizada por Freire como continente de la dimensión individual y de clase de los educandos (pertenecemos a distintos grupos o sectores, no cabe duda), cuyo respeto es absolutamente fundamental en la práctica educativa. De lo contrario se forja una actitud discriminatoria desde la propia escuela.

El primer eje de la propuesta pedagógica freireana, nos referimos a la que esta propuesta como "no hay docencia sin discencia", concluyó con dos indicaciones que no

aparentemente triviales u obvias, no pueden dejar de ser atendidas. En primer lugar destaca la importancia de esos gestos que se multiplican diariamente en la escuela y pueden marcar para toda la vida a un ser humano: una incomprensión gestual puede signarnos para siempre. En segundo lugar "el descuido de las condiciones materiales de las escuelas alcanza niveles alarmantes". Si el Estado, como aparato de la organización social, daña la escuela por desatención podemos pedirle a los alumnos que la cuiden? se pregunta Freire (op. cit. pag.

45).

El segundo eje pedagógico de la obra de Freire es "enseñar no es transferir conocimientos". Se parte de la idea de que "enseñar exige conciencia del "inacabamiento" en que nos encontramos todos: docentes y alumnos. Ya lo dijimos, recordando a Freire, no somos pobres (se refería a los excluidos sociales), sino ignorantes. Para eso debemos partir de la asumisión de que, diariamente, no vemos infinidad de cosas, de relaciones, de circunstancias, ni las comprendemos. Freire incita al "asombro delante de la vida misma, de lo que contiene el misterio". Si no aprendemos a asombrarnos, no generaremos opciones diferentes: seremos carneros o elefantes (vid. pag. 50 op. cit.). "El hombre no puede existir sin asumir el derecho o el deber de optar, de decidir, de luchar, de hacer política" (pag. 52 op. cit) Porque aprender a criticar, a reconocerse como inacabado, a optar, es, en definitiva, aprender a hacer política, para nosotros en términos de gestión de calidad por imperio de la "autonomía pedagógica"_ cosa que no ocurre en nuestras escuelas y que tampoco hacen nuestros políticos, que no han nacido de la nada, sino formados por nuestra insuficiente operatoria escolar. Nada freireana ni de gestión de calidad, por cierto.

"Enseñar exige el reconocimiento de ser condicionado": es decir, de ser sujeto, no un objeto determinado. De ese modo Freire ratifica su posición antideterminista, en contraposición al posicionamiento del marxismo ortodoxo. Nos parece que Freire comparte la ‚tica humanista de Marx y no su materialismo histórico, de corte determinista. "El hombre lucha por ser un sujeto y no un objeto" (pag. 53, op. cit). Desde esa posición humanista Freire insiste en la necesidad de ponderar a "la concientización" como una necesidad y una exigencia humana, "uno de los caminos para la puesta en práctica de la curiosidad epistemológica". La curiosidad se torna formadora de la formación del conocimiento, ya es conocimiento (pag. 54 op.cit). "Es la conciencia del inacabamiento la que nos ha hecho seres responsables".

El resumen del desarrollo de este pensamiento es la siguiente preciosura argumental, propuesta por Freire que, no nos cabe duda, integra la sustancia misma de la educación en términos de gestión de calidad: "Estar en el mundo sin hacer historia, sin ser hecho por ella, sin hacer cultura, sin "tratar" su propia presencia en el mundo, sin soñar, sin cantar, sin hacer música, sin pintar, sin cuidar de la tierra, de las aguas, sin usar las manos, sin esculpir, sin filosofar, sin puntos de vista sobre el mundo, sin hacer ciencia, o teología, sin asombro ante el misterio, sin aprender, sin enseñar, sin ideas de formación, sin politizar no es posible".

Si estoy condicionado por mi condición de ser inacabado, ello implica que sólo estoy en condiciones de completar mi saber, a partir de mi curiosidad creadora y, también, de hacerme cargo del saber que proviene de otras ciencias: posición transdiciplinaria de Freire que conjuga con una posición equivalente sustentada por la teoría de sistemas y el por el m‚todo de gestión de calidad educativa.

"Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando", lo cual implica a que "el respeto a la dignidad de cada uno es un imperativo ‚tico". "No deben existir ni profesores autoritarios, que ahogan la libertad del educando, ni permisivos que no les ponen límites, ni

los instan a ser por si mismos: ambos excesos rompen con el radicalismo del ser humano" (pags. 58 y 59 op. cit)

"Enseñar exige buen juicio, así como humildad, tolerancia y lucha en defensa de los derechos de los educadores". Esa lucha implica "la pelea por salarios menos inmorales", pues el salario justo es un deber irrecusable y no solo un derecho de los docentes y no solo un derecho (vid. pag. 65 op. cit). Esta máxima del pensamiento de Freire tiene jerarquía constitucional en nuestro país, tanto a partir del salario justo, como de la participación de los educadores en las ganancias en las empresas, como lo establece el art. l4 bis, pues si bien la escuela pública no es una empresa comercial, si lo es como formadora de seres humanos útiles al bienestar general diseñado en nuestro Preámbulo.

Tampoco puede caber duda que la inversión en mayores salarios escolares genera ganancias a la producción nacional, que le pertenece a todo el pueblo argentino, y que por razones de incentivación, hace razonable la mejora salarial de los docentes. En este punto resulta importante la visualización que hace Freire sobre el manejo de las huelgas docentes,

cuando sostiene que "los órganos de clase", es decir los dirigentes, "deberían dar prioridad al empeño de formación permanente de los cuadros del magisterio, como tarea altamente política, y repensar la eficacia de las huelgas (pags. 66/67, op. cit). No creemos que Freire haya escrito esto para desactivar huelgas, generalmente legítimas, sino para indicar que, la prioridad de los dirigentes debe ser la mejora de la formación de los docentes, y no convertirse en dirigentes solo para hacer huelgas, sin propuestas pedagógicas superadoras, pues ello lleva

a la ineficacia. Estamos de acuerdo.

"Enseñar exige la aprehensión de la realidad", es decir al medio social al cual dedico mis enseñanzas, para generar endopatía de comprensión mutuas con los educandos, sin que ello implique dejar de divulgar una educación acreditada universalmente. La cultura universal forma parte también de la realidad.

"Enseñar exige alegría y esperanza": "sin esta última no habría historia, sino puro determinismo (pag. 7l op. cit). "La desproblematización del futuro por una comprensión mecanicista de la historia, de derecha o de izquierda, lleva necesariamente a la muerte o a la negación autoritaria del sueño, de la utopía, de la esperanza (pag. 7l op. cit.).

"Enseñar exige la convicción de que el cambio es posible": sin curiosidad por el cambio no hay educación de calidad. Por ello es que no puede aceptarse una escuela colocada en la posición de no innovar, que instala en los educandos la resignación al estado en que se encuentran los excluidos, algo así como decir: "es lamentable la condición de los excluidos sociales, que cada día son m s". Esa es la consigna para no hacer nada producida que se escucha como justificación neoliberal. Esto implica una educación dirigida a formar seres

adaptados, para que no cambie la penosa historia de nuestro pueblo. Estamos convencidos que la aplicación del modelo de gestión de calidad en la escuela, se ubica en sentido contrario

a la formación de individuos adaptados a una realidad que, se supone, no se puede cambiar,

sino seres críticos y creativos. No hay espacio para el elogio de la resignación. Freire pide

"resistencia a la desconsideración ofensiva de que son objeto los miserables".

En este contexto es muy significativo el señalamiento de Freire según el cual:

"no puedo aceptar, impasible, la política asistencialista que, al anestesiar la conciencia oprimida, prorroga, sine die, la transformación de la sociedad" (pag. 78 op. cit). Esto nos concierne directamente a los argentinos, donde el único pragmatismo que se les ocurre a los dirigentes, el único camino hacia la justicia social, es distribuir planes trabajar, así como asistencialismo de diversa índole, que en nada cambia la condición marginal y el subdesarrollo

de los excluidos sociales. Para superar la pobreza se debe formar trabajadores eficaces, predica Freire (op. cit. pag. 78). También la alternativa cooperativista está prevista en su discurso pedagógico, con lo cual encontramos otro punto de acuerdo con Bunge y con Leonardo Schwarstein.

Si como señala Freire, la miseria genera violencia (además de injusticia social y de frustración humana), estamos convencidos que el método de gestión de calidad aplicado a la educación, debe coadyuvar a la superación de la miseria social, por ende de la violencia. No es con la imposición del saber autoritario, al cual nos tiene acostumbrada la dirigencia política, sino haciéndose cargo del saber popular para convertirlo en creativo, corrigiendo sus errores ancestrales, como generaremos educación de calidad. Con la imposición nada se logra. Convivir con experiencias sociales facilita la comprensión mutua entre los educadores y educandos (pensamiento de Freire vertido en pags. 78 a 82 de op. cit.). En términos de resultados, consideramos que si aplicáramos m‚todos de gestión de calidad en la escuela, a partir de instructivos generados por los propios alumnos, con apoyo de docentes debidamente capacitados, el pensamiento pedagógico de Freire sería mucho más fácil de implementar.

"Enseñar exige curiosidad". Este lema ya ha sido instado por nuestro pensador, sólo que aquí se avanza el concepto, considerando que debe existir el reconocimiento de un derecho a la curiosidad (pag. 83 de op. cit). De este modo, si los estudiantes estuvieran limitados en su vocación creativa, podrían buscar en el amparo constitucional una tutela eficiente para corregir prácticas autoritarias por parte de los docentes.

La tercera idea fuerza desarrollada por Freire en su propuesta pedagógica, consiste en sostener que "enseñar es una especificidad humana". A tal fin es preciso que se exija "seguridad, competencia profesional y generosidad" por parte de los docentes y de la escuela. También se requiere "compromiso" a la hora de hacerse cargo de la enseñanza. Tener el valor de mentir, así como la sinceridad de reconocer que se sabe. Señala también Freire, que la enseñanza no puede desentenderse de la política (por supuesto que en el sentido arquitectural de su ejercicio, no en el sentido agonal partidario). Queremos destacar que, ni la teoría de sistemas, ni el modelo de gestión de calidad educativa instalan, ni en la epistemología, ni en la organización del trabajo, predicaciones agnósticas, no comprometidas con las urgencias sociales, desde lo arquitectónico, claro está . La teoría de sistemas se hace cargo de la reproducción de la vida de los sistemas, de modo tal que si el sistema social esta enfermo, es función del sistemismo no adoptarse a la enfermedad, sino curarla. Con la organización del trabajo de gestión de calidad ocurre lo mismo. En ambos casos se busca eficiencia en términos de valores y no monetarios.

Es por ello que coincidimos con Paulo Freire, cuando sostiene que es reaccionaria la afirmación según la cual "a los obreros solo les debe interesar alcanzar el máximo de su eficiencia técnica y no perder tiempo con debates ideológicos" (pag. 98 op. cit). Si fuera cierto lo contrario, sería ‚tico y de provecho social capacitar técnicamente a los trabajadores para implementar técnicas incrementadoras de la contaminación ambiental. "El obrero necesita inventar" nos dice Freire, para evitar la recreación de la sociedad injusta en que nos encontramos" (pag. 98, op. cit). En realidad, este es, para los argentinos, un mandamiento constitucional dirigido al Congreso, pues ‚ este debe promover el desarrollo de la economía con justicia social (art. 75, inc l9) que‚ más apropiado, en consecuencia, que dictar leyes de organización educativas, inspiradas en las bases pedagógicas que nos brinda Paulo Freire, y en la aplicación de gestión de calidad en nuestras escuelas?

El posicionamiento ideológico de Freire es de neto carácter liberal, con compromiso social. Así lo inferimos de la siguiente definición que el mismo hace: "soy profesor

en favor de la decencia contra la falta de pudor, en favor de la libertad contra el autoritarismo, de la autoridad contra el libertinaje, de la democracia contra la dictadura de izquierda o de derecha; soy profesor contra el orden capitalista vigente que inventó ‚ esta aberración: la miseria es la abundancia" (pag. 98, op. cit). Obviamente no contra el capitalismo que sustenta nuestra Constitución, cuando proclama el bienestar general a través del desarrollo económico con justicia social.

Pero Freire no se cansa de sostener que no se puede ser un profesor enseñando solamente contenidos, desentendiéndome del testimonio ético que debo realizar cuando divulgo esos contenidos. Divulgar permanentemente el plexo de valores en que se sustenta la Constitución es una obligación de todos los docentes argentinos. La educación en términos de gestión de calidad debe enfatizar el logro de ese resultado.

"Enseñar exige libertad y autoridad": para ambas partes de la relación educativa, pues el alumno, si tiene derecho a la curiosidad, de allí puede generar un control sobre el docente que lo bloquea para lograrlo. "La libertad sin límite es tan negativa como la libertad asfixiada o castrada" (pag. l0l, op. cit): ni los padres sobre sus hijos, ni los profesores sobre sus alumnos."

"Enseñar exige una toma consciente de decisiones". No puede ser campo proclive para el accionar de "alborotadores", sino campo propicio para la toma de conciencia de los problemas sociales, para el perfeccionamiento del saber, en términos de contenido y metodológico, así como para la definición política, en términos, no de lucha (alborotadora), sino arquitectónica.

Uno de los pocos puntos que merecen nuestra crítica, en relación con el pensamiento de Freire que estamos analizando, es el pesimismo que ‚l transmite sobre la capacidad de la educación para "transformar el país". No nos creamos capaces de ello, nos dice Freire (pag. l08 op. cit): solamente podemos demostrar que es posible cambiar. No lo vemos del mismo modo: por el contrario, sin cambio cultural, por ende educativo, no visualizamos posibilidad de transformaciones sociales. Revolución existe cuando cambian los usos, no cuando cambian los abusos, nos enseño Ortega y Gasset. Y, precisamente, para cambiar usos, no bastan discursos, ni tampoco hacer asistencialismo, como bien nos enseño Freire. No debe haber lugar al excepticismo sobre la capacidad del cambio educativo como palanca de transformación social. Lo hubiéramos querido ver a Freire comprometido con el m‚todo de gestión de calidad. En ese caso, probablemente hubiera levantado su optimismo en relación con la capacidad transformadora de la pedagogía. Nuestra propuesta es lograr interactuar la pedagogía freireana con el m‚todo de gestión de calidad, para lograr una síntesis superadora en beneficio de ambas.

"Enseñar exige saber escuchar". Que es lo que no hacen los dirigentes que sufrimos en nuestro país. Que lo que no hacen los burócratas que lo administran. Que es lo que no hacen los científicos cuando se encierran en su especialización, negándose a hacer transdisciplina. Que es lo que no hacen nuestros educadores con formación tradicional. Cuando Freire predica "el saber escuchar", lo que hace es denunciar, entre otras cosas, "el poder invisible de la domesticación enajenante, que alcanza una eficacia extraordinaria en lo vengo llamando "burocratización de la mente". He sostenido en otro lugar, que el m‚todo de organización del trabajo de gestión de calidad ha logrado disolver el dilema que nos planteo Max Weber sobre la dominación burocrática. La reforma continua de las reglas administrativas en pos de su mejora continua, es lo que ha hecho posible ese resultado: a partir de la autorización, por supuesto. Como no voy a estar de acuerdo con el diagnóstico de Paulo Freire.

Freire finaliza su estudio insistiendo en algo que ya hemos analizado: "estudiar exige reconocer que la educación es ideológica". Sin embargo, en este lugar aclara que no se trata de una de aquellas ideologías que tiene por finalidad el mantenimiento de la verdad,

utilizando el lenguaje para opacar la realidad, volviéndonos miopes (vid pag. l20, op. cit). Esa es la función del discurso fatalista del neoliberalismo que Freire critica: a los sueños de realización hay que matarlos, pues nada se puede cambiar, el destino este escrito, aunque genere injusticia. Desde ya que nosotros consideramos que el discurso que utiliza el método de gestión de calidad, sobre todo a partir de la aplicación de las reglas ISO, no tiene por función ocultar la realidad, sino ponerla en claro o develarla, haciendo transparente el saber y

su aprendizaje, a partir del reconocimiento de nuestra ignorancia, así como de la conveniencia de utilizar la auto gestión organizativa: en la escuela y en los lugares de trabajo.

En cuanto a la ‚tica del mercado que se preocupa por denunciar Freire, nosotros coincidimos con ‚l en la necesidad de que pensemos que la supresión del mercado es tan utopico, como pensar que todos los sistemas sociales son un mercado o deben ser organizados como un mercado. El quicio que resuelve la cuestión es considerar que la función de la teoría de sistemas, así como de la socio tecnología de organización del trabajo de gestión de calidad, como la denomina Mario Bunge, logren, ambas, instalar la ‚tica del ser humano en el funcionamiento de los mercados, así como en la reorganización del trabajo administrativo, con

el objeto de desburocratizarlo.

No a todas las dictaduras, es el mandamiento que predica Freire. Ni a la dictadura de mercado ni la del proletariado. De este modo "el anuncio de un mundo personalizado ser un arma de alcance incalculable (pag. l23 op. cit.). A ello nosotros agregaríamos, en aras de integrar posiciones: que no se trata de la libertad de comercio a cualquier precio, sino de la organización del trabajo productivo que haga posible una efectiva y no distorsionada libertad de comercio, que pueda afectar el equilibrio de las relaciones sociales. Estamos en pos de una ‚tica de la solidaridad humana, como predica Freire. Si Freire sostiene que "la libertad de comercio no puede estar por encima de la libertad del ser humano", estamos coincidiendo a partir de lo que llevamos dicho.

Freire ha venido insistiendo en que "el desempleo en el mundo no es una fatalidad (como lo pretende el monetarismo), sino, ante todo, el resultado de una

globalización de la economía y del avance tecnológico (pag. l24, op. cit). Para nosotros se trata

m

s bien del resultado de la desorganización del trabajo y de la educación humana, ajenas ellas

al

modelo pedagógico que predica Freire y, en forma correspondiente, a la aplicación de

gestión de calidad en la educación.

Encontramos una correspondencia del pensamiento de Freire con lo que estamos diciendo. l señala que "a un avance tecnológico que amenace a millares de mujeres

y de hombres a perder su trabajo deberá corresponder otro avance tecnológico que estuviera

al servicio de la atención de las victimas del progreso anterior (el subrayado es nuestro: ver

pag. l25 de op. cit.). Esa tecnología que está reclamando Freire, como pidiendo que otros acerquen propuestas en tal sentido, es como alternativa, entre otras, por supuesto, la de la gestión de calidad. Esperemos no equivocarnos, y si su aplicación no fuera ni pertinente, ni suficiente, pues no queda otro camino que seguir buscando el camino para lograr la gestión de calidad escolar.

Porque, como bien señala Freire, "no se trata de inhibir las investigaciones y frenar

los avances tecnológicos, sino de ponerlos al servicio de los seres humanos" (pag. l25 op. cit).

M s adelante agrega que " el saber fundador del camino del en busca de la disminución de la

distancia entre la realidad perversa de los explotados y yo, es el saber fundado en la ‚tica de

que nada legitima la explotación de los hombres por los propios hombres. Pero (añade Freire),

necesario que le se añadan otros saberes de la realidad concreta, de la

fuerza de la ideología (para nosotros el saber organizacional y la ‚tica de la solidaridad predicada en nuestra Constitución Nacional), así como saberes técnicos, en diferentes áreas, como lo es la de la comunicación" (pag. l33 op.cit.)

este saber no basta

es

Eso es lo que intentamos con estos an lisis, a la espera que no sólo sean meras investigaciones teóricas, sino que se puedan instalar investigaciones de campo con resultados provechosos, en términos de lograr la mayor eficacia de la gestión de calidad educativa.

LA DEMOCRACIA INTEGRAL

Una introducci¢n al pensamiento de Mario Bunge

I. A modo de introducción

Cuando después de la segunda guerra mundial Jacques Maritain puso en circulación la convocatoria hacia un "humanismo integral, en el libro homónimo que lo inmortalizara, el pensamiento occidental se hizo cargo de la importancia que tiene para el destino del hombre, y de la humanidad que lo alberga, hacer de la "integración" de los opuestos, de las antinomias que han socavado la historia de la "humanidad", la clave para la superación de los tiempos de dolor y crisis. Hoy los argentinos nos encontramos en uno de esos momentos, digamos que en situación virtualmente abisal, porque no otra cosa que un abismo es lo que tenemos por delante, día a día, en la marcha sin destino hacia donde nos dirigimos. Diariamente vamos incorporando cuantificaciones negativas, superando con tristeza y también con horror, récords en materia de desocupación y pobreza, de violencia social y de anomia ética e institucional, camino de impotencia que no vislumbra la salida de tamaña situación.

No faltan diagnósticos, lucen en cambio por su ausencia propuestas técnicas

concretas, la indicación del camino a recorrer para evitar la disolución nacional. Entre tantos males el más señalado es el de no escucharnos, sobre todo entre los dirigentes, que continuamos creyendo que pueden sustentarse soluciones válidas, para salir de la ciénaga, sin apelar al pensamiento científico, sin "integrar saberes", negando pertinazmente que el mundo en que vivimos es un sistema, no una convivencia de mundos aislados, que conviven pero que no interactúan: la política desvinculada de la ética, ambas sin hacerse cargo de la sociología, la ecología no llamada a fijar los límites del crecimiento, total que las generaciones futuras revienten, las ciencias de la organización sin jugar rol alguno, nada menos en tiempos en que se ha hecho un lugar común sostener que sin organización no hay poder, ni tampoco vida, por fin no hacernos cargo de la trascendencia que tiene el manejo y el control de la información en la gobernabilidad social, ni tampoco que sin estudios de impacto que la desinformación produce no estamos en condiciones de revertir el caos de desorganización en el cual vivimos. En ese marco de incomunicación en que nos encontramos, hablar de convocar a la psicología social para que se ocupe de la inteligencia emocional de los argentinos, o pretender que la organización de la información sea la via idónea que nos permita instalar el "gobierno electrónico" de las múltiples variables que configuran la sociedad compleja en la que vivimos, simplemente para medir impactos, de lo que se hace y de lo que no se hace, como si hubiera otro camino para cambiar la historia del burocratismo ineficiente del cual no podemos salir, hacer ese tipo de propuestas, decíamos, resulta cosa de utópicos, de teóricos alejados de la

veces hemos sentido ese tipo de respuestas, que se nos digan a la cara,

pocas, recibiendo el silencio por respuesta, todos los días.

realidad Cuantas

En ese cuadro de desolación e impotencia, los economistas y los especialistas en derecho, sean ellos abogados o juristas, que entre ambos constituyen los dos sectores del saber que más dotación de gentes aportan a la política, viven aislados, entre si y con el mundo del saber que operan las otras ciencias. En tanto la protesta social genera cada vez más impotencia y desasosiego, que se vayan todos no es la forma de indicar quienes son quienes tienen que venir para lograr cambiar la historia. Hemos ido siendo testigos de esta historia desde hace ya veinte años, tiempos en que abordamos el estudio de los sistemas y de la cibernética, consientes de que el estudio de la Constitución, área preferida de nuestra especialización, no podría convertir nuestra decaída "constitución real o material", en el cumplimiento efectivo de la "constitución formal" votada por el pueblo cuando puso en acción al poder constituyente. Es por eso que nos ha llenado de satisfacción poder constatar que, nada menos que de quien se ha dicho que es el más inteligente de los argentinos, circunstancia que nadie a medido, por cierto, pero que recorriendo la imponencia de su saber escrito podemos tener por cierta es a Mario Bunge a quien nos estamos refiriendo , nada menos que él, decíamos, ha puesto a consideración de todos quienes quieran escucharlo nosotros, los argentinos, más que querer debiéramos estar constreñidos moralmente a hacerlo un estudio sobre "las ciencias sociales en discusión" (Sudamericana, l999), estudio que nos marca con toda nitidés cual es el camino, desde la ciencia, claro está , que se tiene que convertir, como lo propone Bunge, en la auténtica ideología del hacer político. Algo que nunca hizo la dirigencia argentina, producto de un barato saber práctico, que trató siempre a la ciencia y al pensamiento teórico y filosófico, como algo ajeno a las exigencias prácticas del quehacer político. Tan lejos los políticos de nuestro tiempo de la impronta que instalaron lo padres fundadores de la organización nacional: Echeverría, a quien le bastó ser poeta para convertirse en el jefe de su generación, Alberdi el ingeniero organizacional que también fue economista, filósofo y artista, Gutiérrez el padre de la ciencia interdisciplinaria de los argentinos a partir de la cual hizo política, Sarmiento quien hizo de la escuela y la educación la plataforma política de su vida, Mitre que conjugó erudición cultural con conducción militar y política, Joaquín V. González, quien hiciera del derecho constitucional una vida práctica, enriquecido por su enorme saber literario. Númenes del saber interdisciplinario y de la acción política, todos ellos: además, periodistas ¿Porque‚ desanduvimos ese camino? Mario Bunge desde la modernidad nos los indica, nos marca el desafío.

Bunge parte del supuesto de que la economía es una ciencia en formación, una semi ciencia porque pretende serlo sin haber verificado empíricamente sus pretendidas leyes. Lo afirma tanto en relación con la economía de mercado, de sesgo individualista, como del colectivismo, de orientación holista, porque cree en fuerzas impersonales, es decir en totalidades, y en leyes históricas que se imponen por si mismas a los individuos. En ambos casos la economía ha fracasado porque sus presupuestos o principios no "logran concordar con la realidad económica actual", de allí "la desconfianza popular con respecto al status científico de la economía en boga" (p. ll9 y l20). Esto los argentinos lo venimos comprobando desde hace tiempo. Los economistas basan sus teorías en meras intuiciones, y la información empírica con que cuentan es incompleta (p. l27). En cambio luce por su ausencia la necesidad de que la producción de bienes y servicios sea de "calidad" (pag. l29), como lo ha logrado el primer mundo de manos, no de economistas, sino de organizacionistas (Deming, l982). La economía de mercado se desentiende de la estanflación, no sabe como manejarla, de la protección ambiental, ni que decir de los efectos desvastadores que producen la creciente desocupación, el marginamiento social, la insalubridad y la decadencia educacional, de la mano de la impugnación pertinaz del denominado "estado de bienestar": la clave del equilibrio económico para el liberalismo es la deserción del Estado. El colectivismo se desentiende de la libertad y dignidad humana, en tanto no afirma el postulado de creatividad y auto organización que debe gobernar toda actividad económica: por eso fracasó su puesta en práctica, por ineficiente y no competitivo, además de autoritario.

El camino que propone Bunge para superar tanta frustación en términos de resultados, implica, a nuestro juicio, una nueva ideología superadora de la tradicional confrontación liberalismo colectivismo. Propone el método sistémico, de forma tal de no desentendernos del "abajo hacia arriba", es decir de la acción económica de la sociedad, siempre que el trabajo productivo este‚ gobernado por reglas de gestión de calidad, con plena participación de todos, tanto de los gerentes como de los trabajadores; ni tampoco desentendernos del "arriba hacia abajo", es decir de la necesaria intervención del estado poniendo límites legales a la concentración monopólica, para garantizar la plena competencia,

a la agresión ambiental, en protección de las generaciones futuras, y haciéndose cargo de

todos los servicios públicos no redituables para la actividad privada: todo ello en un marco de

estricto control sobre las finanzas públicas, también sobre el endeudamiento interno y externo. Exactamente lo contrario que hemos venido haciendo los argentinos y que no estamos seguros que vayamos a dejar de hacerlo.

A esta propuesta Bunge la define como una "democracia integral". Integral porque se ocupa tanto del hombre, como Maritain en su humanismo integral, como de la sociedad como ente moral o colectivo, como lo sostuviera nuestro Bartolomé Mitre en la Convención Constituyente de l860, al referirse a los derechos del pueblo a que hace mérito el art 33 de nuestra Constitución. La democracia integral es una propuesta de plena participación en la actividad económica, tanto a través del control de calidad que deben hacer todos los trabajadores en su gestión, como del modelo de trabajo cooperativo, alternativa de gran impacto social en términos de afianzamiento de la solidaridad como de lograr luchar con eficiencia contra el flajelo de la desocupación. La democracia integral, en estos términos, conduce a la superación del cuello de botella que le instala la burocracia a la economía, como sistema de dominación política que es (Weber, Economía y Sociedad, F.C.E. l964), y del cual nunca se ha salido por impericia sociotecnológica. Resulta clarísimo que el costo país no pasa, como creen los economistas, por achicar costos, ni suprimiendo puestos de trabajo, ni bajando sueldos, sino haciendo eficiente la gestión, tanto la pública como la privada ¿Hemos medido los argentinos cuanto le cuesta al país la ineficiencia burocrática, tanto administrativa como judicial: sabemos cuando dinero está afectado por los trámites judiciales administrativos y judiciales en todo el país? Según estudios realizados por el Instituto Federal para la Gestión de Calidad de Washington, cada dólar que se invierte en dicho sistema de organización del trabajo produce un ahorro de cinco veces la inversión. Podemos sacar consecuencias.

Además de lo dicho, la nueva formulación ideológica, que no hace otra cosa que desenvolver y hacer operativo el modelo económico provisto por nuestra Ley Fundamental (arts l4, l4 bis, l6, l7, l8, l9, 4l, 42, 43, 33 y 75 incs. l8 y l9, entre otros), es integral porque parte de la base de utilizar el sistemismo como método científico (Quiroga Lavié, Cibernética y Política, Ciudad Argentina, l985) y hacer de la inter y de la transdiciplina el puente de comunicación de la economía: para que madure como ciencia, y sobre todo para que no se desentienda de la ética. Una economía sin ética, que no se hace cargo de los efectos inmorales de su funcionamiento, no es economía.

II. Leyes, reglas y planificación económica.

El paradigma sistémico es isomórfico por cuanto las leyes o principios que gobiernan

el desenvolvimiento de los sistemas se aplican a todos los subsistemas que integran el macro

sistema o sistema general. Como nos vamos a referir al sistema social, como macro sistema, coincidimos con Bunge en considerar como subsistemas del sistema social: al político, al económico, al ambiental y al cultural. En todos los casos resulta imperioso que dichos sistemas

cumplan con la regla de eficiencia, es decir aquella según la cual, en grado de optimicidad, el sistema funciona, se adapta a los cambios que le sugiere su ambiente o los desafíos de la realidad, si realiza los objetivos normológicos previstos en el programa del mismo. De este

modo podemos concluir que, si bien la subjetividad de las ciencias sociales resulta inexorable,

la eficiencia de los sistemas que la integran establécen el nivel de objetividad básico que les

permite ser consideradas como ciencias y no como ciencias en formación. La prueba empírica que garantiza dicha objetividad, la determinará el cumplimiento del postulado de eficiencia. Ninguna ciencia puede estar exenta de pruebas empíricas (Bunge, p. l6).

Una de las características diferenciales de las ciencias sociales es que quienes funcionan como objeto de investigación, los hombres y la sociedad a quienes ellos perteneces

o están referidos en sus comportamientos, son al mismo tiempo quienes diseñan, en gran

medida, el programa de acción del respectivo sistema: opera en las ciencias sociales la auto

organización o autoconstrucción, en términos de Bunge (p. l9). Desde ya que la autoconstrucción tiene limites, entre otros los que les pone el ambiente: "olvidemos el medio ambiente y este no perdona (Bunge, 2l). El hombre es el constructor de las normas sociales

(políticas, económicas, culturales: no de las medio ambientales) y al mismo tiempo el violador de esas normas, a veces como infractor, otras como reformador revolucionario. Que convenga

o no utilizar uno u otro camino, lo determinaran los resultados de la opción elegida: por lo

general el camino revolucionario no ha podido cambiar la historia; a la cultura no se la cambia

con revoluciones o con cambios de abusos, sino con cambios de usos, tarea mucho más difícil que cambiar un gobierno (estamos siguiendo en esto el pensamiento de Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

El isomorfismo que predica Bunge para las ciencias sociales, le permite desautorizar la pretensión del economicismo, de no encontrarse dicha ciencia en la necesidad de probar la existencia de las leyes que ellos formulan por mera intuición (caso típico de la mano invisible equilibradora de los mercados). Todas las ciencias son nomotéticas, es decir se apoyan en patrones subyacentes a los datos empíricos, esas son sus leyes, y al mismo tiempo ideográficas, es decir consagradas a lo individual e irrepetible. En ambos casos las leyes y los hechos que las confirman o desmienten, o hacen excepción, son susceptibles de ser probados. El incumplimiento de ambas exigencias, en forma acabada y no meramente tentativa, por parte de los economistas, habla de su irresponsabilidad científica (Bunge, ps. 37 y sigts.).

Que sea difícil encontrar y comprobar leyes sociales, particularmente las económicas, no implica que ellas no existan. La despreocupación de los economistas por lograrlo quizás este determinada por el temor que ellos tengan a que se conozcan cuales son las leyes susceptibles de ser probadas, contrarias a las que ellos predican como verdaderas, no habiéndolas probado. Un caso notable, en tal sentido, es la ley postulada por Bunge, según la cual "en las economías de mercado la productividad decrece con la desigualdad de ingresos" (p. 43): esta ley, que debe haber sido medida en numerosas estadísticas, va en contra de los remanidos reclamos formulados por el Fondo Monetario, cuando nos indica a los países acreedores, como receta infalible para salir de la recesión, que se deben bajar los salarios si queremos que crezca nuestra economía. Eso fue lo que hizo el Presidente de la Rua, cuando redujo en un l3% los salarios de los empleados públicos, con el beneplácito del Fondo, generando más recesión, más descontento social, y la parálisis de los trabajadores del Estado, quienes a partir de allí no hicieron otra cosa que trabajar a desgano y a realizar protestas públicas que no generaron otra cosa que incrementar la recesión ¿Será que el Fondo ha detectado, por intuición, una ley, en sentido inverso a la indicada, según la cual "a más recesión, más productividad? No puede sostener tal cosa el Fondo, dado que se violaría otra evidente ley destacada por Bunge, según la cual "las líneas de producción o intercambio no

rentables terminan por desaparecer": es decir que se termina con más desocupación ¿Será que para el Fondo la ley válida es que "a más desocupación, más productividad" y no al contrario? No necesitamos continuar con indicaciones evidentes para ratificar lo acertado de la posición del pensador argentino.

Si de leyes estamos hablando, importa destacar la distinción que hace Bunge entre

ley y regla, para los sistemas sociales, se entiende. Ley es una regularidad percibida de estados

o sucesos, en tanto que regla es realizar lo valioso, satisfactorio o eficiente (p. 45). Cuando

predicamos la conveniencia de instalar sistemas de gestión de calidad, aplicando reglas ISO, no

estamos haciendo otra cosa que poner énfasis en valorizar la producción argentina de bienes y servicios, cosa sobre la cual nuestros economistas nunca han sostenido que se trate de una cuestión prioritaria.

Terminaremos éste acápite hablando de la planificación económica: otro tema tabú para los economistas clásicos, sobre todo para la gente del Fondo Monetario: ellos siempre han sostenido, siguiendo a Friedman, tenaz defensor de las políticas monetarias rigurosas, al igual que a Hayek y von Mises, para todos los cuales "el mercado capitalista libre es un sistema neutral y autorregulado que satisface los deseos de todos los seres humanos, por lo cual las interferencias externas, es decir las regulaciones gubernamentales no pueden sino dañarlo" (Bunge, p. 457). Podemos sostener sin temor a equivocarnos que no hay prueba ninguna de que la tremenda crisis por la que atraviesa la Argentina de nuestros días, no se ha

debido a la planificación razonable de una economía para el crecimiento, sino, por el contrario,

a la instalación sistemática de un Estado desertor, que privatizó todos los servicios públicos al mejor postor sin control de calidad, pero con graves sospechas de corrupción, y sobre todo borrándose absolutamente de controlar el desempeño de las concesionarias, en el marco regulatorio de las concesiones, exigiéndoles una gestión de calidad que nunca pasó por la mente del Gobierno establecer ni exigir su cumplimiento. Así nos fue, cumpliendo a rajatabla con los dictados del Fondo. Desde ya que la sabiduría de los economistas argentinos siempre estuvo ausente para denunciar y pronosticar cual iba a ser el destino de semejante anarquía de funcionamiento. El principal responsable de todo esto ha sido, sin duda, Domingo Cavallo,

el buscador más notable del milagro argentino: como crecer incrementando sin límites nuestro

endeudamiento público. Las tesis de Cavallo, y de todos los economistas que lo respaldaron,

que fueron muchos, gozaron del explícito apoyo del Fondo Monetario, quien llegó a calificar a

la Argentina como el mejor discípulo de sus políticas dirigidas a instalar el equilibrio económico

en los países "en vías de desarrollo". La genial política de Cavallo, durante su gestión como ministro de Menem y de la Rua, política que contó también con el apoyo de la oposición política, al sostener que no había otro camino, pues contrariar los dictados del Fondo sería llevarnos al aislamiento de los mercados mundiales, pues esa genial política económica nos llevó al default de hecho, a partir de una huida generalizada de capitales del sistema bancario, hasta hacerlo virtualmente quebrar. Luego del desastre, que por supuesto aun no ha concluido en sus derivaciones, el Fondo ha endurecido aun más su posición, incrementando sus exigencias de ajuste económico, para realimentar la recesión, sin duda, todo ello en cumplimiento de unas leyes económicas que solamente deben haber sido visualizadas en los sueños de los monetaristas, y capaces de generar resultados provechosos en países instalados en la irrealidad, no el primer mundo, precisamente. La fenomenal crisis monetaria mundial que ya hemos recordado, y que todavía azota la mundo, especialmente a Europa, es consecuencia directa de las referidas recetas suicidas de Fondo Monetario.

Decimos esto por que el primer mundo no salió de las grandes recesiones a las que se vio sometido, la Gran Depresión de los años 30, y las que se generaron en Europa Occidental y en Japón después de la segunda guerra mundial, no salió de esas crisis sin que

mediaran planes dirigidos a incentivar la actividad económica. Como bien señala Bunge (p. 444 y sgts), todos esos planes apuntaron, y lo lograron, a lograr el pleno empleo, una distribución más equitativa de los ingresos, el equilibrio de la balanza de pagos y la estabilidad de los precios: precisamente al revés de lo que ocurre hoy en la Argentina, tras cumplir prolijamente con los dictados del modelo monetarista. En Japón no solo el destape se logró con la macro planificación económica, sino con la aplicación a rajatabla de un modelo de gestión de calidad, implementado por Deming y Juran, que generó una verdadera revolución en paz en materia de organización del trabajo productivo: tan es así que no ha habido país desarrollado del mundo que no deba certificar calidad en sus productos y servicios, si quiere que sean ellos aceptados en los mercados mundiales. En cambio, cuando en Estados Unidos desaparecieron en forma masiva una serie de regulaciones económicas, allá por la década de los ochenta, durante la administración Reagan, se produjeron quiebras empresarias y estafas espectaculares, dejando una moraleja que no resulta difícil de formular. Bunge es claro en tal sentido cuando afirma sin piedad: "la moraleja no es que toda intervención es mala, sino que el monetarismo es

la actualidad, el laissez faire es más un eslogan ideológico que un hecho

político (comprobado)" (p. 445).

catastrófico en

El tema no es si se precisa o no de un plan para que opere eficazmente la economía, sino cual es el mejor tipo de plan. La respuesta de Bunge no se hace esperar: debe ser global, es decir integral, que interactúe con la política, con todo el sistema social y su entorno, también con la moral. Es por ello que solamente grupos de especialistas interdisciplinarios pueden hacerlo eficazmente. Se debe tratar también de una planificación democrática de allí que la experiencia japonesa del control de calidad, inspiradora de las reglas ISO, resulta insoslayable : nuestro constituyente en el art. l4 bis se ha ocupado del tema, sin bien sin ninguna aplicación práctica por parte de los sucesivos gobiernos: hablar de participación de los trabajadores en las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección, es una prueba contundente de donde ha radicado la causa del costo país, como consecuencia del incumplimiento constitucional, para no hacerlo competitivo. Nos preguntamos: los ciento ciento cincuenta mil dólares que debemos los argentinos no hubiera equivalido a un Plan Marchall para nuestro país, si semejante monto se hubiera aplicado en forma racional a la producción y no a la especulación o la rapiña. Nos preguntamos quienes son los responsables de semejante mala praxis económica e institucional. Recordamos, por si sirve, que el art. 29 de la Constitución fulmina con la tacha de infames traidores a la patria a quienes hubieren otorgado (habla del Congreso y de las legislaturas locales) sumisiones o supremacías por las que la vida (se mueren miles de argentinos como consecuencia del estado de quiebra en que estamos sumidos), el honor (el daño moral inflingido al pueblo argentino es inequívoco) o las fortunas de los argentinos quedaren a merced de gobiernos o persona alguna (no hay duda que de la banca acreedora). Joaquín V. González escribió en l9l3 "El juicio del siglo o Cien años de historia argentina", obra editada por la Universidad Nacional de Córdoba. No cabe duda que hoy debiera convocarse al intelecto nacional, porque no al extranjero, a realizar una labor equivalente en relación con la valoración histórica que merece el segundo siglo de vida, como país independiente, de los argentinos. La historia sirve "para entender mejor el presente e influir sobre él, y así contribuir a modelar el futuro, con el supuesto obvio de que el hoy es hijo del ayer y el mañana es hijo del hoy" (Bunge, p. 28l).

III. Los caminos de la libertad sistémica.

Jean Paul Sartre, entre su monumental aporte a la cultura, sobre todo a la literatura, nos regaló una apasionante y excelsa producción novelada, que diera comienzo con la entrega que él denominó "Los caminos de la libertad". De ese modo el filósofo existencialista afirmó, en el mensaje tácito que contenía ese título, que eso de "caminante no hay camino, se hace camino al andar", no es cierto ni siquiera para el portal de una obra

literaria, en contra de lo que pudiera pensar el poeta Machado. Siempre hemos estado con Sartre y no con Machado en la develación del sino del caminante que es el hombre: si lo es para un filósofo del existencialismo, mucho más debe serlo para quien se ocupa de la sociotecnología sistémica como forma de organizar la vida humana.

En tal sentido nos parece cierto que la organización del trabajo es la única forma de luchar contra la violencia organizada. Bunge nos dice que ello podrá lograrse con eficientemente con medios legales o políticos (p. 52): pero no con cualquier ley ni con cualquier política, sino aquellas que sigan puntualmente la propuesta metodológica que tenemos por cierta y eficiente. Organizarse es la defensa que tiene la masa social para aprovechar las ventajas que puede producirle su espíritu altruista, el de las masas sociales, que confronta con frecuencia con el egoísmo individual, aunque ello no puede convertirse en esa ley que pretende haber descubierto la economía clásica, nos estamos refiriendo a la ley de "la maximización de las utilidades". Bunge dedica largas páginas a desacralizar dicha ley. En cambio, si la sociedad no se organiza, su altruismo latente puede convertirse en instrumento de dependencia, en manos de un déspota aprovechando la buena fe altruista de la gente la utilice para manipularla, como a ovejas, en perjuicio de toda la sociedad. El altruismo sin organización será moralmente superior, pero instrumentalmente inferior. La propuesta de Bunge a favor de la instalación de un sistema de organización social de gestión de calidad cooperativa, tiene la dirección correcta que estamos señalando.

Pero la organización que estamos proponiendo no solamente consiste en medir conductas, en controlar el cero defecto, en manejar los tiempos y los costos en pos de la eficiencia, en conseguir la calidad de los resultados del trabajo, no solo en eso, sino también en lograr desalienar a los operadores involucrados en la gestión: jefes y empleados, empresa y clientes, aparato burocrático y entorno social. De eso se ocupa la inteligencia emocional, para no pensar que solamente la racionalidad lleva al equilibrio de las decisiones: si los afectos humanos no están equilibrados, no hay relaciones humanas sustentables. En el sentido de lo expuesto nos interesa observar la presunción que formula Boudon, citado por Bunge, según la cual los hijos de familias ricas, se motivan mejor que los de familias pobres en su desempeño escolar.

Desde ya que cuando hablamos de organización nos estamos refiriendo a la organización del trabajo, quedó dicho, lo cual es significativamente diferente a la organización social, de carácter biosocial, caso de los tabúes o del incesto, como nos enseña Bunge (p. 69). En cambio, cuando se trata de la organización del trabajo no hay inmanencia biosocial de ninguna clase, sino el resultado de un proceso de auto organización, proceso que opera en forma espontánea, porque, como también enseña Bunge "el hombre transforma su propio cerebro a medida que aprende y actúa" (idem). De todos modos el proceso de autoorganización se produce en el marco de una tensión entre el conflicto social, siempre inexorable, y la cooperación, con frecuencia difícil de lograr, sobre todo en sociedades poco solidarias como la argentina, pero absolutamente deseable.

Continuando con el desarrollo de la función que tiene la organización en el sistema social y económico, corresponde señalar que si resulta cierto, como lo destaca Bunge, que "una clase social es un grupo social que domina a otro o es dominado por este en algún aspecto" (p. 84), la circunstancia de la dominación es el resultado directo del mayor nivel de organización de la clase social dominante. Es por ello que el marxismo se equivocó al sostener que la historia social es el resultado de la lucha de clases, en vez de considerar que el rol protagónico no lo tiene la lucha, como mera confrontación de fuerzas por las vías de hecho, sino la organización de los grupos sociales, para, de tal forma, lograr los que se encuentran dominados dejar de serlo, no para pasar a ser dominadores, sino para lograr una situación de

equilibrio dinámico entre los sectores. No es la lucha de clases el motor de la historia, sino la organización de todos los sectores sociales, para de ese modo conseguir interrelaciones entre ellos y con el sistema que le sirve de entorno. No solo están en conflicto las clases sociales, sino los sexos, las etnias, la calificación técnica o la eficacia entre las diversas ciencias y artes, los grupos centrales y los periféricos (Bunge, p. 87). Se vislumbra claramente que este desenvolvimiento nos lleva a plantear un posicionamiento ideológico distinto a la clásica confrontación entre liberalismo y colectivismo. Ni la libertad de mercado ni la lucha de clases son los motores de la historia, sino la organización del trabajo en términos de gestión de calidad y a partir de una activa interrelación entre todos los subsistemas que integran el sistema social.

Los pueblos que han logrado implementar este tipo de funcionamiento se encuentran en paz, gozan de prosperidad, "disfrutan de la vida y ayudan a vivir", como lo propone Bunge, es decir logran que la libertad individual interactúe con la solidaridad social. Los pueblos que no lo han conseguido, caso notable el de Argentina, no han logrado ese resultado, vive en una ciénaga, carece de horizonte y de destino, se repite permanentemente

a si mismo sin sentido crítico: carece de independencia y no interactúa adecuadamente con el

resto del mundo. Plantear las cosas de éste modo resulta impensable para la ignorancia organizacional de la dirigencia argentina. Ocurre que se ignora la existencia y funcionamiento de dos leyes básicas de los sistemas: que se respete la variedad requerida por cada sistema, que para hacerlo posible se reduzcan las complejidades propias de todo sistema, mucho más cuando la complejidad es el resultado necesario del desarrollo tecnológico. Ni la reducción de la complejidad burocrática, ni el incremento de la organización de la información, ni los estudios de impacto, ni las interacciones interdisciplinarias, reales y no verbales, son prioridades en una propuesta de un nuevo modelo de gobierno social, político, económico y cultural.

El camino de la libertad económica ha estado tradicionalmente indicado a partir del principio de la maximización de las utilidades del homus economicus, a partir de la creencia, jamás comprobada, de que la libertad humana genera sujetos egoístas. Como si los hombres, al hacer negocios, no se comportaran con absoluta prudencia, no esperando ganar lo máximo por su trabajo, sino lo mínimo pero seguro: esa fue la máxima prevaleciente en el comportamiento de los puritanos que hizo crecer el capitalismo en los Estados Unidos (Max Weber, l964). El que gana menos, gana más: la tortuga le gana a la liebre (Esopo). En la Argentina hemos siempre buscado la maximización de las ganancias y así nos fue: obviamente quien nunca buscó maximizar ganancias fue el Estado. En cambio, hemos sostenido en otro estudio que el postulado de eficiencia de los sistemas, que no es lo mismo que maximizar utilidades, debe ser aplicado a todos los sistemas: también a la ética, a la