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ANTONIO DE JESÚS CUELLAR CUEVAS 1

TEODICEA (LIC FIL C4 2018 MOR)

LAS CINCO VIAS TOMISTAS


Santo Tomás de Aquino propone cinco vías o demostraciones pare referirse a la
existencia de Dios.
Cada vía tiene la siguiente estructura:
a) Un punto de partida en el mundo sensible, un hecho de experiencia,
b) Ese punto de partida se lo considera como un efecto, que en cuanto tal debe tener
una causa,
c) Pero a su vez esa causa supone una causa primera, porque la serie de las causas
no debe seguir al infinito,
d) Esa causa primera es Dio, como causa del mundo sensible, y en general de todo
lo creado.

1. Primera vía. El punto de partida es aquí el movimiento. Prueba por el


movimiento (ex motu).
Dice Santo Tomás que por nuestra experiencia todo se mueve. Es decir, todo tiene
movimiento y que cambian. Y también, que todo lo que se mueve es movido por otro,
llamamos “motor” a lo que mueve ya que para que algo se mueva se necesita un motor
que lo lleve a efectuar el pasaje de lo que no tiene en acto, pero posee en potencia.
Porque el movimiento es el pasaje del ser-en-potencia al ser-en-acto. Por lo que el motor
tiene que estar en acto, es decir, tener acto lo que transmitirá al móvil que lo reciba. Ahora
si lo que mueve, el motor, a su vez es movido, “es preciso que él mismo sea movido por
otro; y éste, por otro” así sucesivamente. Pero como no se puede seguir esto hasta el
infinito. Es preciso afirmar un primero motor inmóvil, algo que mueva sin ser él mismo
movido por nada. Y este primer motor que no sea movido por nada, es lo que llamamos
Dios.
2. Segunda vía. Su punto de partida es la causa eficiente. Prueba por la causa
eficiente (ex causa efficient)
En las cosas sensibles hay una ordenación de las causas eficientes, una serie de efectos
convenientemente subordinadas a sus causas. Por lo que todo efecto depende de la
causa eficiente que lo produce. Pero no es posible que las causas eficientes se proceden
al infinito por lo que hay que admitir una causa eficiente primera. Esa causa eficiente
primera es lo que llamamos Dios.
3. Tercera vía. Es la prueba por la contingencia. Prueba por lo posible y necesario
(ex possibili et necesario).
Contingente es todo ente que es, pero “podría” no ser, todo ente que llega a ser y deja de
ser.
Encontramos seres contingentes que en un tiempo no fue y después fue generado y en
un momento dejara de ser. Por lo que todo lo que puede no ser, alguna vez no fue, porque
de otra manera, si hubiese sido siempre, no seria contingente sino necesario. Por lo que
es falso decir que todo sea contingente, y es preciso admitir algo necesario para explicar
el hecho de la existencia de los entes contingentes. Ahora todo ente necesario, o tiene la
causa de su necesidad fuera de sí mismo o no. Si la tiene fuera de si mismo tendrá que
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haber otro ser necesario que lo produce y así sucesivamente. Pero no se puede continuar
al infinito con esta idea por lo que debe haber por sí un necesario que se causa de su
necesidad fuera de sí. Pues el ente necesario que existe por virtud de su propia
naturaleza es a lo que llamamos Dios.
4. Cuarta vía. Prueba por los grados de perfección (ex gradibus perfectioris).
Hay cosas mejores o perores que otras de tal manera que la realidad se nos ofrece como
sistema de grados de perfección. Toda jerarquía supone un grado o término supremo, un
arquetipo de perfección. Pues tiene que haber un ente absolutamente perfecto, “algo que
es verísimo, óptimo, nobilísimo y lo máximamente ente. Pero aquello que se dice
máximamente tal en cualquier género, es causa o fundamento de todo lo que pertenece a
dicho género. Por lo que sólo lo supremamente perfecto puede otorgar la perfección
mayor o menor que algo posea. A esto justamente lo llamamos Dios.
5. Quinta vía. Prueba por el orden o gobierno del mundo (ex gubernatione
rerum)
En la naturaleza hay orden y finalidad. Y no surge por azar o por causalidad sino para
conseguir lo óptimo. Por lo que todo orden supone un ordenador, pero el orden no puede
ser fruto del azar, sino que debe ser causa final. Por consiguiente, hay algo inteligente que
ordena las cosas naturales hacia su fin. Y debe existir una inteligencia suprema que no
dependa de otra. Y a esta inteligencia suprema la llamamos Dios.