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HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA INSTITUCIÓN JURÍDICA DEL

MATRIMONIO.

A través del matrimonio los esposos experimentan sentimientos de solidaridad, de valía y


de madurez personales, de ahí que este tipo de unión facilita las relaciones sociales, las
hace más llevaderas, libres, conscientes y creadoras. El hombre a través de esta institución
desarrolla más armónicamente los distintos aspectos de su personalidad, los cuales tienden
por naturaleza a ser más armoniosos y creadores.

2.1.1 El Matrimonio en Civilizaciones anteriores a la Época Romana.

2.1.1.1 En Babilonia

En esta antigua sociedad el matrimonio se convenía entre los padres e iban acompañados de
un intercambio de regalos. Dicho acto, en algunos casos, se convirtió en una compra lisa y
llana, el padre podía entregar a su hija por dinero y, en otros casos no matrimonia les,
incluso podía vender a su mujer y a sus hijos.

El matrimonio era monógamo y en él se practicaba regularmente la fidelidad. De acuerdo


con lo dispuesto por el Código de Hamurabi, la mujer adúltera y su cómplice debían pagar
su delito con su vida, a menos que el marido prefiriese —al haberlos sorprendido—
arrojarlos desnudos a la calle.

En dicho código, la patria potestad otorgaba derechos de carácter absoluto, hasta el extremo
de que el padre podía vender o arrojar del hogar a sus hijos.

Las leyes sucesorias colocaban a los hijos en una posición de preeminencia con respecto a
la esposa, pero a la misma debía restituírsele la dote y los presentes matrimoniales, y
poseerlos hasta su muerte, siendo cabeza de la familia.

En el Código de Hamurabi el adulterio se castigaba con la muerte de ambos culpables y no


sólo con la de la mujer; cuando el marido acusaba sin pruebas bastaba el juramento en
contrario de su esposa para obligarlo a desistir.

En dicha civilización coexistían, simultáneamente, el repudio y el divorcio. En ambos casos


el marido debía restituir a su mujer la totalidad de su dote y, en muchas circunstancias,
también se le otorgaba la tenencia y el derecho de educar a sus hijos.

El hombre podía divorciarse devolviendo la dote a su mujer y diciéndole simplemente: “Tú


ya no eres mi mujer.” Las causas que justificaban esta actitud fueron: la esterilidad, el
adulterio, la incompatibilidad de humor y la negligencia demostrada en la administración
del hogar.

Cuando estas causales revestían una gravedad extrema, el hombre no sólo estaba autorizado
a divorciarse sino además podía hacer caer a su mujer en la esclavitud o simplemente
arrojarla fuera del hogar o al río.

2.1.1.2 En Asiría

En Asiría los matrimonios se celebraban a través de un contrato y en ciertas ocasiones se


limitaban a una compra pura y simple. La mujer se encontraba en una situación de
inferioridad, ésta debía aparecer velada en público; obedecer ciegamente a su marido y
serle estrictamente fiel. Los hombres, por el contrario, solían tener tantas concubinas como
les permitían sus medios económicos, sin recibir por ello ninguna sanción moral o legal.

2.1.1.3 En Persia

La legislación familiar contenida en el Zendavesta o libro sagrado persa permitía la


poligamia, aunque restringida.
Fue costumbre que los padres convinieran el matrimonio de sus hijos cuando éstos llegaban
a la etapa de la pubertad. Al incesto se le consideró un pecado por lo que las uniones
siempre se realizaban entre extraños.

En la legislación de Zoroastro se fomentaba el matrimonio y ordenaba a todos los


ciudadanos que conocieren a un hombre célibe que lo persuadieran para que “abandonara
dicho estado.”

La costumbre persa, admitida por la legislación civil, permitía el matrimonio a plazo, es


decir, por tiempo determinado, vencido el cual los cónyuges podían renovarlo o no.

2.1.1.4 En China

El matrimonio era un acto religioso que permitía perpetuar el culto del antepasado, a través
de sus descendientes.

Se admitía la poligamia, generalmente era practicada por los ricos. Aunque la poligamia
estaba permitida a los grandes y a los mandarines, una sola mujer tenía la preeminencia de
esposa, las demás estaban sometidas y no participaban en la administración doméstica.

No obstante lo anterior, las leyes protegieron a las concubinas y a los hijos de éstas, quienes
de acuerdo con ciertas leyes llegaron a tener el mismo derecho que la esposa legítima.

El matrimonio se realizaba por medio de un arreglo entre los padres de los contrayentes,
pues ellos eran quienes elegían a los cónyuges de sus hijos, mismos que no se conocían
sino hasta el día de la boda.

Las leyes antiguas chinas dieron gran importancia al intercambio de regalos entre los
consuegros. Estas donaciones se consideraron irrevocables. Se dice que la mujer se debía a
su marido en todos los aspectos y a él se le autorizaba tener concubinas en caso de que no
quedara satisfecho con su mujer.

En el rito de la boda se mezclaban ceremonias religiosas y civiles.

En la antigua civilización china existió la costumbre que permitía a algunos padres


examinar previamente a la joven para descubrir si tenía algún defecto y luego la compraban
a sus padres pagándoles la dote. El día de la boda la conducían a la casa del marido
acompañada de parientes, amigos y criados, con música, guirnaldas, hachones, perfumes y
regalos.

La esposa viajaba en un hermoso palanquín cerrado con llave, que abría el novio cuando
llegaba y entonces veía por primera vez a la mujer con quien pasaría el resto de su vida.
Tenía la opción de despedirla si no le gustaba y, si le agradaba, la introducía a la sala de la
casa donde después de hacer algunas reverencias a los invitados y a los nuevos parientes, la
dejaba con las señoras para que conviviera.

A través del matrimonio, la mujer salía de la autoridad de su propia familia y pasaba a la de


la familia del esposo, a la cual también pasaban sus bienes, salvo los de uso personal.

En cuanto al divorcio, éste podía ser arreglado sin la intervención de las autoridades
estatales. Eran causas de divorcio: la desobediencia habitual, la esterilidad, el adulterio, los
celos o intolerancia a la otra mujer, las enfermedades contagiosas, el carácter de hablador y
pendenciero, el hurto hecho al marido para enriquecer a la familia de la esposa y la
antipatía del marido.

2.1.1.5 En Egipto

Era costumbre que los egipcios se casaran con las primas y cuñadas que quedaban viudas y
sin hijos.
Más tarde, la dinastía macedónica introdujo los matrimonios entre hermanos, y si bien se
practicó primitivamente la poligamia, poco a poco se fue evolucionando hacia el
matrimonio monogámico. La poligamia estuvo prohibida entre los sacerdotes, quienes
tenían ideas más justas acerca de este sagrado título. Asimismo era costumbre en esta
cultura que hubiera personas encargadas de proveer el harén del rey.

En Egipto el matrimonio siempre fue monógamo, salvo excepciones introducidas a favor


del rey y de los príncipes dentro de las épocas feudales.

El contrato matrimonial fue sumamente estricto. Según esto, el esposo-padre era quien
debía mandar y la esposa e hijas obedecer.

Existió la propiedad conyugal donde el hombre disfrutaba de las dos terceras partes y la
mujer del resto, cada parte podía tener propiedad exclusiva.

Los egipcios conocieron tres formas de matrimonio:

A) El servil, en el que la mujer quedaba convertida en esclava del hombre a quien se unía.

B) El basado en la igualdad de derechos y una cierta comunidad en los bienes de los


consortes.

C) El que estaba en una posición intermedia en relación con las anteriores y que se basaba
en cierta dote que el marido hacía a la mujer.

2.1.1.6 En la India

De acuerdo con el Código o Leyes de Manú, la mujer gozaba de una posición poco
halagadora, llegando hasta el extremo de ser considerada un ser impuro, que debía
reverenciar a su marido como un dios. Se consideraba que el hombre y la mujer formaban
una sola persona; el hombre se componía de él mismo, de su mujer y de sus hijos.

Entre los hindúes hubo principalmente ocho modos de contraer matrimonio por las cuatro
clases citadas, en los cuales intervenía muy poco la voluntad o albedrío de los contrayentes.
Algunos se catalogaban como buenos y otros como malos, y eran los siguientes:

 El del modo de Brahma. En el matrimonio brahma, el padre da a su hija vestidos y


ador nos para entregarla a un hombre virtuoso y versado en las sagradas escrituras,
otorgaba la mano de su hija después de haber recibido del pretendiente una vaca y
un toro en cumplimiento de la ceremonia religiosa. De esta manera, la hija se
desligaba del hogar paterno y de su culto, para pasar a formar parte del hogar del
marido y de las ceremonias dirigidas por él.

 El de los dioses o devas. El matrimonio de los dioses es prácticamente igual al


anterior, excepto que en vez de que el marido participe en la ceremonia religiosa, él
mismo la dirige.

 El de los santos o rishs. En las nupcias de los rishis el padre entrega a su hija
conforme a la ley, después de haber recibido del novio un toro y una vaca, no en
concepto de precio sino para ser destinados al sacrificio.

 El de las criaturas (pradjapatís). Para que se formalizara el matrimonio de los


pradjapatís, el padre debía honrar a su yerno en el momento de entregarle a su hija.

 El de los malos genios, que eran los asuras. En el matrimonio de los malos genios,
el pretendiente recibía de su plena voluntad la mano de una hija y requería de la
entrega de regalos por parte del novio a ella y a los suegros.
 El de los músicos celestiales (gandarbas). Cuando la unión resultaba de la mutua
atracción se trataba del matrimonio de los músicos celestiales o gandarbas.

 El de los gigantes, que eran los raksasas. La unión conyugal de los gigantes
representa el extremo de la unión anterior y era en el que se invocaba a los genios
del mal para dar estabilidad a las relaciones emergentes de estupro, rapto o violencia
a mano armada.

 El de los vampiros o pizachas. El matrimonio considerado como el más vil fue el de


los vampiros, en el cual el amante se introduce secretamente en el dormitorio de la
doncella y la posee en estado de sueño, ebriedad o locura.

La ley consideraba la procreación como esencial para el perfeccionamiento del matrimonio


y de la vida misma. De acuerdo con el Código de Manú, antes de contraer matrimonio el
hombre debía cumplir con las etapas del noviciado y adquirir carácter sacerdotal. Después
estaba en condiciones de asumir los deberes y responsabilidades de jefe de familia.

Si la mujer incurría en adulterio, el esposo obtenía de inmediato el divorcio. Si era


bebedora, enferma, rebelde, derrochadora o pendenciera, podía ser repudiada o
reemplazada sin más trámites por otra esposa. En cambio la mujer no lograba el divorcio
cualquiera que fuese la gravedad de la ofensa. Tanto el divorcio como el segundo
matrimonio de la mujer estaban prohibidos. La obligación de fidelidad era recíproca; la ley
imponía explícitamente la mutua fidelidad hasta la muerte. En relación con la mujer su
fidelidad debía ir más allá de la muerte, hasta el extremo de no levantar nunca los ojos en
presencia de un hombre, ni pronunciar jamás el nombre de otro varón. Dicho deber sólo
admitía como excepción permitir, que si el muerto había sido estéril, su hermano podía
engendrar un hijo con la viuda para que pudiera rendirle honores fúnebres y alimentar su
cuerpo y espíritu durante muchos años.

Asimismo, el marido que no tenía hijos podía entregar a su mujer a uno de sus hermanos
para que la fecundase, este era un acto que se realizaba con importante solemnidad y una
vez cumplido el deber por el hermano, éste ya no debía volver a ver a la cuñada.

2.1.1.7 En Israel

La Biblia, libro sagrado para los creyentes en él se relata hechos que comprenden a la
familia y el ideal del matrimonio. La unión monogámica, indisoluble, Se consideraba que el
hombre y la mujer se complementan mutuamente y cada uno enriquece al otro con sus
propias aportaciones. La familia patriarcal tenía la obligación de contraer matrimonio
dentro de su propio clan; admitía el matrimonio entre hermanos, situación que persiste
hasta la época del rey David.

La poligamia era practicada, ya que se consideró que lo primordial del matrimonio era la
procreación, toda vez que la población debía multiplicarse para sobrevivir.

Entre los hebreos existió como tradición una obligación especial para los cuñados que,
consistía en que si varios hermanos vivían juntos y uno de ellos moría sin tener hijos, la
esposa del muerto tenía la obligación de no casarse fuera de la familia, con un extraño, y su
cuñado se casaría con ella, cumpliendo “su deber legal de cuñado”. El matrimonio era
obligatorio después de los 20 años. Consideraban inferior a la mujer estéril. El aborto, el
infanticidio o cualquier otro medio destinado a controlar la natalidad se conceptuaban como
abominaciones paganas.

No se reconoció el divorcio aunque se consideró lícito que el hombre repudiara y separara


de su lado a su mujer, en muchas ocasiones las causas del repudio se encontraban sujetas al
capricho del marido. El procedimiento para tal efecto era muy sencillo, consistía en
entregar a la esposa el libelo de repudio y hacerlo saber a la familia de su cónyuge.
Había la tendencia hacia la bigamia, en especial en la época de los reyes y jueces, en la que
dentro de las familias de alto nivel, el señor de la casa tenía las concubinas que pudiera
mantener.

Con el paso del tiempo, el pueblo hebreo conoció varias formas de matrimonio, entre las
que se distinguen las siguientes:

a) Matrimonio polígamo, que fue el que se practicó primitiva mente.

b) Matrimonio por captura, llevado a cabo por la fuerza con mujeres cautivas tomadas en
los botines de guerra.

c) Matrimonio sádico, en el cual los hijos eran criados en el clan de la madre.

d) Matrimonio monogámico, que comenzó a practicarse cuan do desapareció la poligamia,


a fines del siglo IV de la era cristiana.

2.1.1.8 En Grecia

El matrimonio tenía lugar por compra, debiendo pagar el novio al padre de la novia el
precio correspondiente en bueyes o su equivalente. La compra solía ser recíproca, el padre
entregaba a la novia una importante dote.El padre entregaba a su hija como aportación al
matrimonio una suma de dinero, ropa, joyas y, en su caso, esclavos. Estos bienes
continuaban siendo propiedad de la esposa y a ella volvían en caso de separación.

En Grecia, la ceremonia del matrimonio se componía de tres actos:

Primer acto: ambos jóvenes se encuentran en la casa del padre, quien entrega a su hija,
ésta a su vez entra a la religión del esposo, por lo cual queda exenta de todo lazo que la
uniera con su primera religión

Segundo acto: se conduce a la joven a la casa del esposo velada con una corona y
antorchas. El cortejo se detenía frente a la casa del marido, para que la joven entrara y se
simulaba una especie de rapto. El esposo debía levantar a la joven en brazos y transportarla
sobre el umbral sin que los pies de ella lo tocaran

Tercer acto: los pretendientes conducían a la esposa ante el lugar donde se encontraban los
dioses domésticos. Ambos esposos ofrecían un sacrificio, pronunciaban algunas oraciones y
juntos comían una torta de flor de harina.

Las leyes de Dragón autorizaron el concubinato. La esposa solía aceptar a la concubina con
resignación, sabiendo que a la hora que se terminara el encanto de la segunda mujer, ésta se
convertiría en esclava doméstica, y sólo la prole del primer matrimonio era reputada
legítima.

El adulterio sólo se estimaba como causa de divorcio cuando lo cometía la mujer. El


derecho castigaba a la adúltera y al adulterador con la pena de muerte, muchas veces a éste
se le enviaba como esclavo y en algunos casos se contentaba el marido agraviado con
exigirle una indemnización pecuniaria.

Para el hombre, el divorcio era sencillo, pudiendo repudiar a su mujer en cualquier


momento sin tener que declarar el motivo.

La mujer no podía abandonar libremente a su esposo, pero sí podía solicitar el divorcio


fundándose en la crueldad de los excesos de su cónyuge.

2.1.2 El Matrimonio en Roma y sus Costumbres


Los varones que decidían casarse lo hacían más bien tarde. Usual mente lo hacían a los 30
años y preferían tener esposas que no excedieran de los 15 años. Hecha la elección y
aceptada la dote, en el domicilio del padre de la novia tenía lugar la celebración de los
esponsales, en los que debían intervenir testigos, no siendo necesaria la presencia de la
desposada. Este era el primer acto para el matrimonio.

El segundo acto tenía lugar pocos días después y consistía en una fiesta en casa de la novia.
Los novios debían purificarse previa mente en sus hogares mediante un baño ritual. La
ceremonia se realizaba a un lado de la habitación de la novia, ahí se sentaban los hombres y
al otro lado las mujeres; comían todos un pastel nupcial y tomaban vino. Luego el novio
conducía a la novia, cubierta con un velo y vestida de blanco, en una carroza a la casa de su
padre acompañada de un cortejo de amigos y tañedores de flautas que alumbraban el
camino con antorchas y entonaban canciones.

El tercer acto. Al llegar a la casa de su padre él la tomaba en brazos y franqueaba el umbral,


como en una simulación de rapto. Los padres del joven saludaban a la muchacha y la
recibían con ritos religiosos en el círculo de la familia y en el culto de sus dioses, ningún
sacerdote intervenía en la ceremonia.

Los invitados acompañaban a la pareja a su aposento, entonando un canto a la cámara


nupcial y permanecían en la puerta, hasta que el marido avisaba que el matrimonio había
sido consumado. En esta época se acostumbraba que los hombres tuvieran cortesanas para
el deleite, concubinas para la diaria salud de sus cuerpos y esposas para dar legítima
descendencia y para ser fieles custodias del hogar.

En Roma el matrimonio no es un derecho, sino una situación de hecho socialmente


reconocida, que produce ciertos efectos jurídicos. El matrimonio legítimo exige una serie
de condiciones relativas:

1) Al CONUBIUM, la capacidad reciproca para contraer un matrimonio valido,


corresponde en principio, a los ciudadanos romanos; de ahí que la unión fáctica con quien
no tiene el conubium constituye un matrimonio injusto, al que no se le reconocen efectos
jurídicos.

2) LA APTITUD NATURAL PARA CONTRAERLO: Es la pubertad, entre varón y


mujer, entre los que no debía existir parentesco civil ni de sangre. La contravención de esta
norma comportaba el sufrimiento de sanciones por incesto, que alcanza hasta el tercer
grado para el matrimonio entre cognados y hasta el sexto grado entre afines.

3) EL CONSENTIMIENTO ENTRE LOS CONYUGES. Se expresa en la durabilidad


de la convivencia, más que una declaración inicial de voluntad que, por lo demás,
correspondía al paterfamilias y no a los cónyuges, la exigencia del consentimiento inicial,
como base para la creación de un vínculo indisoluble comienza con la legislación cristiana.
La base del matrimonio romano es la convivencia de los cónyuges con una apariencia
honorable, que fundamentalmente consiste en la voluntad prolongada en el tiempo de vivir
en común.

2.1.2.1 Requisitos para el Matrimonio

Se consideraba matrimonio válido cuando se daban los siguientes requisitos:

Capacidad natural. No podían contraer matrimonio los impúberos, es decir cuando los
varones tenían menos de 14 y las mujeres menos de 12 años.

Capacidad jurídica. Se debía ser libre y ciudadano, es decir, tener el status civitatis y
líbertatís; la unión de los esclavos se consideraba un contubernio y estaba excluido el
matrimonio entre personas libres y esclavas.
No se consideró como matrimonio la unión de una persona romana con una persona
extranjera, salvo una especial concesión, este matrimonio sólo era valido en el Estado al
que pertenecía la persona extranjera.

Consentimiento de los esposos. No podía contraer matrimonio el loco y no se tenía por


válido el contraído con violencia.

Consentimiento del paterfamilias. Cuando los contrayentes no eran mayores, el


paterfamilia siempre debía dar su consentimiento. En caso de que éste fuere prisionero de
guerra o estuviera ausente, se podía contraer el matrimonio en su ausencia. El Derecho
Justiniano exigió que debieran haber transcurrido tres años de ausencia para poder contraer
nupcias.

Consentimiento del Derecho Civil y de ciertas personas. Un hijo y un nieto, ambos bajo
la potestad del abuelo; el nieto necesitará del consentimiento no sólo de su abuelo, sino
también de su padre, aunque no se halle bajo la potestad de este último. La razón es porque
a la muerte del abuelo, el padre tendrá bajo su potestad no sólo al futuro esposo, sino con él
a los hijos que nazcan de este matrimonio.

En orden a las mujeres, señalaba como necesario el consentimiento del tutor para las
menores de 25 años. Si eran viudas, se requería del consentimiento del padre, y a falta de
éste, de la madre y de sus parientes.

2.1.2.2 Impedimentos absolutos para el Matrimonio

Se consideraban impedimentos absolutos los siguientes:

1. El matrimonio precedente todavía no disuelto, en cuanto que la ley no autoriza la


coexistencia de un doble vínculo.

2. La esclavitud de uno de los cónyuges.

3. El voto de castidad y las órdenes mayores, en el derecho nuevo.

2.1.2.3 Impedimentos relativos para el Matrimonio

 El parentesco de sangre o cognación en línea recta. Estaba prohibido el matrimonio tanto


en ascendientes como en descendientes hasta el infinito, y en línea colateral, hasta el tercer
grado.

 El parentesco espiritual. Estaba prohibido el matrimonio entre el padrino y el ahijado.

 Por afinidad. No debía darse el matrimonio entre los familiares de los cónyuges.

 El adulterio y el rapto. No se podía dar el matrimonio entre la adúltera y su cómplice o


entre el raptor y su víctima.

Además, existieron razones especiales de diversa índole, como fueron las siguientes:

o El matrimonio entre el tutor, su paterfamilias, sus descendientes y la pupila,


estaban prohibidos bajo la pena de nulidad.

o Se prohibía que el magistrado contrajera matrimonio con una mujer que


perteneciera a la circunscripción donde él ejercía su cargo.

o Se prohibía que los militares contrajeran nupcias. En el siglo II fue revocada


esta prohibición.
o Por motivos de índole social se prohibía el matrimonio entre senadores y
descendientes y sus libertas; esta prohibición desapareció en la legislación
justiniana.

o En el Derecho Clásico la mujer no podía contraer nupcias antes de los 10


meses de la disolución del precedente matrimonio por muerte del marido. En
la época posclásica se ex tiende este periodo a un año, considerándose la
disolución por divorcio. Dicha prohibición cesaba en todo caso si la mujer
daba a luz antes de los 10 meses o del año.

o Por motivos religiosos, se estableció la prohibición por el derecho nuevo de


contraer matrimonio entre cristianos y judíos.

2.1.2.4 Disolución del Matrimonio

El matrimonio se disolvía por las razones siguientes:

 Por la muerte de uno de los cónyuges.

 Por sobrevenir un impedimento, por ejemplo cuando el padre del hombre adoptaba
a la mujer de éste, de manera que los cónyuges se convertían en hermanos, debiendo
emancipar a la hija e hijo, antes de contraer matrimonio.

 Por divorcio, se consideraba suficiente presentar un aviso por escrito.

La Lex Lua de adultenis (ley del adulterio) estableció que el repudio debería participarse
por medio de un liberto, en presencia de siete ciudadanos púberos.

2.1.2.5 Esponsales

Los esponsales eran la mención y promesa de futuras nupcias. Incumplida la obligación


naciente de los esponsales, cabría exigir judicial mente el pago de una suma de dinero.

Los esponsales producían los siguientes efectos:

a) El no poder contraer otra promesa de futuro matrimonio.

b) El derecho del novio a ejercitar la acción de injurias por las ofensas inferidas de la novia.

c) El deber de fidelidad de la novia.

Los esponsales se disolvían por la muerte, por el mutuo acuerdo y por la simple voluntad de
uno de los novios.

2.1.3 El Matrimonio y sus costumbres después de los romanos

2.1.3.1 El cristianismo

Elevó al matrimonio a la dignidad de sacramento; proclamó los principios de la igualdad y


dignidad de los esposos y la indisolubilidad del vínculo matrimonial, y contribuyó a mitigar
la antigua rudeza de la patria potestad.

En esta religión la familia y, en general, el matrimonio se han regido durante muchos siglos
por el Derecho Canónico, sobre la base de que el matrimonio entre cristianos es un
sacramento y debe estar sujeto a la legislación y jurisdicción eclesiásticas, excepto las
relaciones patrimoniales entre los cónyuges.

El cristianismo fundó al matrimonio sobre la base de la igualdad; hizo de él una sociedad,


una unión de lazos en donde los cónyuges fundían sus vidas en una unidad superior..
Originalmente, el matrimonio cristiano se fundó indisolublemente por el recíproco
consentimiento de cada uno de los esposos. Hasta el Concilio de Trento bastaba únicamente
el mutuo consentimiento para que tuviera validez el matrimonio entre cristianos, sin
necesidad de realizar ceremonia alguna.

El matrimonio, con el cristianismo se convierte en un acto sublime, el signo sacramental se


convierte en la unión de los consentimientos y de los cuerpos, en la aceptación de los
esposos, en la promesa mutua.

2.1.3.2 Los Germanos

Entre los germanos, aunque la mujer tenía una situación jurídica inferior se le profesaba
bastante respeto. Primitivamente se practicó la poligamia y el derecho al repudio, a través
de sucesivas transformaciones se llegó al matrimonio monogámico.

El matrimonio se basaba en un acuerdo de voluntades el cual, una vez celebrado, no podía


disolverse. Dicho acuerdo se materializaba en un contrato que primitivamente fue de
compra de la esposa y, luego, más espiritual, de adquisición del poder sobre ella.

Para el matrimonio legítimo, este contrato se celebraba entre el varón y el tutor de la mujer.
Distinguiéndose desde época temprana dos partes: la primera consistía en un contrato de
esponsales en el cual originalmente no se contaba con la voluntad de la mujer y, la segunda,
un acto de entrega formal de la novia al novio en presencia de los parientes.

2.1.3.3 La Revolución Francesa

Con la Revolución Francesa se generó una reacción en contra del matrimonio sacramental.
Se sustentó la idea de separación entre el contrato y el sacramento.

La celebración del matrimonio, ésta se secularizó, debiendo celebrarse la ceremonia en


presencia de un oficial municipal para que se considerara legal. A partir de ese momento, el
oficial no era sólo responsable del estado civil, sino también declaraba a la pareja unida
ante los ojos de la ley.

A partir de entonces, el Estado se encargó de determinar y reglamentar todos los asuntos


relativos al matrimonio, sus impedimentos y su celebración.

2.1.3.4 Derecho canónico

Bajo su influencia se trataron de evitar los matrimonios de conveniencia acordados por los
padres en contra de la voluntad de sus hijos.

La Iglesia Católica ha sostenido la indisolubilidad del vínculo conyugal.

El Código Canónico para el matrimonio, establece lo que se debe entender por este
sacramento y es: “la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí
un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges
y a la generación y educación de la prole.

Asimismo señala que los principios esenciales del matrimonio son la unidad e
indisolubilidad, producidos por el consentimiento de las partes.

2.1.4 El Matrimonio en México

2.1.4.1 Época Prehispánica.

Los indígenas mesoamericanos no contaron con una codificación respecto del matrimonio y
sus costumbres.
Durante esta época, coexistieron una gran variedad de costumbres y principios
matrimoniales, dependiendo de la tribu de que se tratara, pues cada una ellas tenía sus
propias costumbres familiares.

2.1.4.2 Los Chichimecas.

En los antiguos tiempos, Nopaltzin, Señor de los Chichimecas, dictó ciertas leyes cuya
simplicidad indica las primitivas costumbres sociales de estos pueblos. El propósito de
aquella legislación fue proteger a la familia y a su propiedad en sus más rudimentarios
aspectos. Destaca que condenaban a muerte a los adúlteros.

Para los tiempos de Netzahualcóyotl, habían evolucionado las normas legales, aumentando
sus fórmulas e instituciones.

El derecho a tener varias mujeres constituyó una especie de privilegio entre las castas
pudientes, principalmente entre los reyes y señores; éstos podían tener las mujeres que
quisiesen, de todo género de linaje; de entre todas ellas se tenía a una por legítima, la cual
se procuraba que fuese del mejor linaje. Con ella se realizaba una ceremonia nupcial
especial.

Las esposas podían tener diferentes linajes o rangos. A la primera se le llamaba cíhuatianti,
a las otras cihuapillí o damas distinguidas; de éstas había las que eran dadas por sus padres,
cihua- nematli, y otras que habían sido robadas, tiacihuasantin, que eran las más en el
harén.

Se conoce también un tipo de matrimonio sujeto a condición suspensiva, como se diría hoy,
en el cual si la mujer tenía un hijo de tal unión, los parientes podían exigir al hombre que se
casara o la de volviera. También sucedía que, después de varios años de unión irregular que
ya los vecinos consideraban como matrimonio, dicha unión producía los efectos de una
legítima.

La ceremonia nupcial de los reyes o señores de gran linaje consistía en poner una estera lo
más arreglada enfrente del fogón principal de la casa, ante la cual se sentaban los novios,
atados uno del otro de los vestidos.

2.1.4.3 Las tribus Otomíes

Los muchachos les daban niñas de la misma edad. Se consideraba ilícito abusar de
cualquier doncella antes de casarse. Pero sobre todo, se autorizaba a que una vez casados, si
hallaban en su mujer algo que les disgustare, podían despedirla y tomar otra. De este
privilegio también gozaban ellas.

2.1.4.4 Las tribus Nahuas

En matrimonio se guardaban mucha lealtad. Se dice que eran monógamos. El matrimonio


se contraía con consentimiento expreso de los parientes y sólo los jefes de las tribus podían
tener más de una mujer. A los jefes de familia, les estaba permitido tener varias mujeres,
especie de concubinas. Sin embargo, el núcleo mismo de la familia entre los nobles, se
integraba siempre en función del matrimonio del señor con una sola mujer que en realidad
era su única esposa. De ella habían de venir los hijos legítimos; a ella correspondían los
atributos y derechos de esposa verdadera.

2.1.4.5 Los Olmecas y Toltecas

Se daban ritos matrimoniales que consistían en colocar en los cuatro ángulos de una estera,
que servía de tálamo nupcial, cuatro manojos de cañas en los que ponían algunas plumas y
un chaichihuiti. Estos eran los emblemas de la fecundidad y cuadruplicados por razón de
los cuatro elementos que intervenían y de los hijos que pedían a Quetzalcóatl.
2.1.4.6 El Matrimonio entre los Mexicas

El matrimonio entre los mexicas no era ceremonia religiosa. Los niños a cierta edad, se
educaban en el Templo y de ahí salían mancebos y doncellas para casarse. Generalmente la
edad para el matrimonio era, en la mujer de los 15 a los 18 años y en los mancebos de los
20 a 22 años.

Por los signos del mancebo y de la doncella escogida, los tonalpouhque, veían el agüero del
proyectado matrimonio; si resultaba infausto se abandonaba la idea: En el caso contrario,
los parientes ancianos visitaban al padre de la doncella y con discursos largos la pedían en
matrimonio.

El padre invariablemente, se negaba una vez y a la segunda asentía, diciendo que


consultaría con su familia. Era el buen signo, se hacía voto de servir al templo y entonces se
podía salir del hogar para casarse.

La ceremonia consistía, en que la noche de su celebración una ticitl o médica, llevaba a


cuestas a la novia a la casa del novio, acompañada de cuatro ancianos. La casa ya estaba
adornada con ramas y flores y en la pieza principal se colocaban una estera labrada,
(especie de alfombra de palma); en la estera se colocaban viandas, se encendía el hogar y a
un lado un trasto de copalli (incienso).Salía el novio al encuentro de la novia y después de
que mutuamente se sahumaban, sentábanse ambos en la estera, la mujer a la izquierda. La
ticitl, ataba el ayatl del novio al hipilli de la novia, con lo que quedaban unidos en el hogar.

La intervención del sacerdocio se marcaba después; los recién casados se separaban para
hacer oración y penitencia durante cuatro días en los templos, y no se reunían hasta que los
sacerdotes los llevaban a los aposentos preparados para ello.

2.1.4.7 Los Mayas

Más que un mutuo acuerdo entre dos personas que se amaban, el matrimonio entre los
mayas antiguos era una negociación instituida por adultos y sacerdotes, que tenía como
único propósito la procreación de grandes familias.

En la vida cotidiana de los mayas había una ceremonia importantísima: "El descenso de los
dioses". Era la consagración del momento en que se deja la niñez para entrar a la vida
adulta, e indicaba que los protagonistas de ese cambio ya podían casarse. Durante la
ceremonia, los niños (de 16 años) y la niñas (de 12) eran despojados de sus adornos
emblemáticos: entre los varones una cuenta blanca en la cabeza, y entre las mujeres, una
concha atada con un cordón debajo de la cintura, que simbolizaba su virginidad. Poco
después de esa celebración (a los 18 y 14 años respectivamente) los padres empezaban a
pensar en el matrimonio de sus hijos.

La familia del novio contrataba los servicios profesionales de un casamentero o atanzahab,


quien debía examinar los horóscopos de los niños y verificar que no hubiera problema entre
los dioses de los días de sus nacimientos, así como de estudiar astrológicamente sus
nombres. Por ejemplo, no había ningún inconveniente cuando el novio se llamaba Nic (que
significa florecilla) y la novia Bacal (mazorca): eran nombres compatibles y por lo tanto se
autorizaba la realización del matrimonio.

Otra tarea del casamentero era efectuar las negociaciones entre las familias de los
contrayentes. El padre de la niña le ponía precio a su hija y, por otro lado, el padre del niño
negociaba el tiempo que éste trabajaría para sus suegros en la agricultura y la caza: el
periodo variaba de cinco a siete años. Todo dependía de la habilidad del atanzahab, pues los
padres convertían las negociaciones en verdaderas batallas de elogios y cualidades de sus
hijos. Una vez determinada la fecha para la boda, cuando la mayoría de las veces los novios
todavía ni siquiera habían cruzado palabra, empezaban los preparativos en casa de la niña.
Para los invitados —que generalmente llegaban con generosos obsequios— se cocinaban
tamales de pavo, frijoles, papas y tortillas. Igualmente, la mamá del novio bordaba los
atavíos tradicionales: para el niño, un taparrabo decorado con plumas de perico, y para la
niña una falda y blusa brocadas.

Durante la ceremonia de bodas, los novios eran bendecidos por el sacerdote y rezaban a los
dioses, aunque no existía una deidad relacionada con los asuntos amorosos. Al día
siguiente, la pareja seguía su vida cotidiana: los mayas no acostumbraban la luna de miel.

Casi todas las parejas eran monógamas, si bien llegaban a darse relaciones polígamas. Se
permitía el divorcio, al igual que las segundas nupcias. Si el varón estaba inconforme con
su esposa, la podía regresar a casa de sus padres, siempre y cuando fuera durante el primer
año de casados.

2.1.5 Época Colonial

Durante la Colonia, rigieron en nuestro territorio además de las normas del Código de
Derecho Canónico, las leyes españolas tales como el Fuero Juzgo, el Fuero Real, las Siete
Partidas, las Cédulas Reales y, en especial para el matrimonio, la Real Pragmática del 23 de
noviembre de 1776, en donde se prohibían los matrimonios celebrados sin consentimiento
de la Iglesia.

Las influencias españolas afectaron a la vida familiar mexicana de diversas formas. La


Iglesia trató de establecer de todas formas la institución del matrimonio cristiano-religioso.
Los matrimonios en consecuencia cayeron bajo el control del clero español a partir de
mediados del siglo XVI. Las costumbres según las cuales los mexicas se basaban fueron
prohibidas. La clase dominante mexica, que había practicado la poligamia de un tipo
específico para que no se extinguiera su clase, se veía obligada a aceptar las normas
cristianas monogámicas*

En esta época, el matrimonio generó, además de las normas del Derecho Canónico y la
legislación de Castilla, disposiciones especiales debido a las circunstancias particulares del
nuevo continente.

En estas normas se trató de que no se pusieran trabas a los matrimonios entre españoles y
mujeres de otras razas, ya sea que fueren indios, negros o de otras castas y, por tanto, se
consintió la celebración de matrimonios entre españoles y las demás razas.

Las reglas del Derecho Civil acerca del matrimonio en Indias señalaban que los menores de
25 años necesitaban autorización previa del padre para contraer matrimonio, en su defecto
de la madre, de los abuelos o de los parientes más cercanos o tutores, mientras que los
españoles cuyos padres o tutores vivían en España podían solicitar directamente licencia de
la autoridad local.

Por tanto, el matrimonio contraído sin licencia no producía efectos legales en relación con
los consortes y los hijos.

Finalmente, se estableció una prohibición especial para que los funcionarios coloniales y
sus descendientes pudieran contraer matrimonio sin la autorización expresa de las
autoridades; se buscaba que los nativos no pudieren obtener por el matrimonio ventajas
económicas o políticas en perjuicio de la administración española.