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Ricardo Martín Sánchez Muñoz

Derechos de autor
Ensayo de la lectura de Cinco ensayos combativos contra el copyright

Hace tres siglos comenzó la historia del Copyright, la primera regulación para los
derechos de autor fue en 1710 con el Estatuto de la Reina Ana en Inglaterra, antes de
su creación todas las ideas eran de dominio público lo que permitía que cualquier
persona pudiera copiar, modificar, mejorar o arruinar un invento, pero también los
grandes monopolios de la época podían hacerlo y por sus capacidades de producción
ganar el terreno y beneficiarse de una idea ajena. Digamos que la idea de esta
protección a las nuevas creaciones era darle al autor beneficios individuales por su
obra y seguridad ante el robo –sobretodo- de los poderosos. Pero también buscaba un
equilibrio con los derechos del público para poder crear a partir de lo que ya se hizo,
por lo que después de 14 años los inventos pasaban a ser de dominio público. Grandes
inventos han emergido del dominio público, desde la imprenta de Gutenberg a la
Wikipedia y hasta hace no más de un siglo se buscaba un equilibrio justo para que los
creadores ganaran su paga y el avance tecnológico no cesara por limitaciones penales,
sin embargo, varios intereses privados han ido inclinando la balanza a su favor.
Veamos el caso de los Estados Unidos, de 14 años pasó a 28 desde su fundación,
después pasó a 56, suficiente para que una persona con un buen invento pudiera
lucrar con él toda su vida antes de que el público pudiera usarlo libremente. Pero la
cosa cambió en 1998 con lo que se conoce como la Ley de protección de Mickey
Mouse, resulta que para ese año el ratoncito pasaría a ser de dominio público –fue
creado en 1928 y en 1976 habían logrado proteger por primera vez a Mickey más
tiempo ya que en 1984 debió pasar a ser de dominio público - pero The Walt Disney
Company echó mano de una práctica muy común en política estadounidense, donó 6.3
millones de dólares a la campaña de Clinton a cambio modificar la ley de derechos de
autor. Finalmente la ley se cambió para proteger una obra durante toda la vida del
autor + 70 años, en el caso de una obra personal y 90 años después de su publicación
en el caso de autoría corporativa. Así es como Disney nos ha dejado sin dominios
públicos nuevos hasta 2019, gesto bastante hipócrita considerando que la misma
compañía ha realizado muchas de sus creaciones a partir del dominio público,
adaptando cuentos.

La copia y las tendencias cut-up y sampling habían sido ya un dolor de cabeza para los
defensores del copyright en las décadas previas a los 90. Con los movimientos punk,
hiphop y la filosofía del Do It Yourself se había continuado con las prácticas dadaístas
de la apropiación y remezcla, sin embargo la capacidad de difusión de estas creaciones
era aún limitada y significaba un coste de producción. Fue hasta la llegada de internet
que esta misma filosofía tuvo una expansión sin precedentes, la cultura del mash up se
volvió la cultura popular del futuro. Internet inauguró una nueva época para el
procomún1, se crearon espacios digitales gestionados por comunidades donde
compartían información peer to peer(P2P)2 de manera gratuita con el único fin de
enriquecer la red desde un saber no precisamente especializado, los usuarios dejaron
de ser agentes pasivos para convertirse en lo que Chris Kelty llama públicos recursivos.3
Las empresas se dieron cuenta que perdían el control sobre sus propiedades
intelectuales, la gente tomaba de aquí y allá fragmentos y los transformaba sin pagar
regalías. Fue entonces que decidieron emprender acciones en contra de esta
generación. Famoso es el caso de Napster, una plataforma digital P2P que permitía
descargar música gratuitamente. Los precios de los discos originales eran manipulados
por especuladores que los inflaban a gusto y excluían a toda la población que no podía
costearse una mínima biblioteca musical, por ello Napster se viralizó como una
alternativa dispuesta a todas las personas, era sencilla, divertida y comunitaria. Sin
embargo, comenzó una campaña para penalizar a las personas que descargaran
música gratuita, muchos se endeudaron para pagar multas incosteables por ellos,
otros fueron llevados juicio y Napster fue cerrado. ¿Qué es lo que evidencia esta
situación? Que las nuevas tecnologías han abierto nuevas posibilidades para que el
público cree y esto choca frontalmente con un paradigma clave del sistema capitalista:
la propiedad privada. Es, en términos económicos y rimbombantes, la confrontación
entre las Fuerzas Productivas y las relaciones de propiedad. ¿Pero qué tenemos que
entender por propiedad privada?, ¿es acaso que proteger las obras está mal?, ¿cómo
se debe entender la circulación de la información en la era del internet?, ¿el dominio
público y el copyright son antagónicos?

Lo primero que tendríamos que hacer es poner en entredicho la idea del autor para
entender la importancia del dominio público, ambos van siempre de la mano y se
enriquecen mutuamente. Nada se crea por la genialidad de un sólo individuo, ese
individuo tuvo que coger de lo que ya se había creado. Echemos un vistazo a lo que
dice el artista Bryan Eno cuando propone cambiar la idea del genio (solitario creador
con una genialidad inaudita sacada de la misma nada) por la de escenio (un juego de
palabras resultado de unir “genio” y “escena”). La primera idea ensalza la figura del
autor -misma que en nuestros días se ha instrumentalizado como un recurso
comercial, que diferencia productos en el mercado, siempre le viene bien a las
compañías mitificar un poco a sus creadores, como en el caso de Steve Jobs-, mientras
que la segunda propone entender a los grandes autores como participantes
inmiscuidos en importantes escenarios socioculturales de los que se enriquecieron,
que supieron sintetizar y culminar lo que a su alrededor se gestaba. Basta con revisar
algunos ejemplos: Picasso, Kandinsky, Beauvoir, Foucault, todos involucrados en
importantes escenas culturales. Los genios necesitan de escenarios libres a su
disposición. Tener protegida la información estanca el progreso, la reemplaza por una
sola posibilidad: que las grandes empresas con acceso privilegiado a información sean
las únicas que puedan innovar, implantando así la idea errada de que la competencia
entre monstruos económicos es la única forma para el progreso, la competencia
mercantil por encima del desarrollo popular.

Esto también nos lleva a un problema bastante curioso y es que a veces el autor no es
más que un ratero listo. En ocasiones las comunidades en torno a un proyecto aportan
de manera gratuita sus conocimientos con la finalidad de mejorar pero algún listillo
decide robar ese conocimiento y registrarlo como suyo. El mismo Picasso fue acusado
de robar a Diego Rivera la idea conceptual y plástica del cubismo. Más recientemente
tenemos el caso de Microsoft que robó conocimientos en las comunidades de software
libre para registrarlo bajo su marca. Por ello se han creado licencias que protegen a las
comunidades creativas que deciden compartir su trabajo, pero eso lo retomaremos
más adelante.

Lo que tenemos que hacer ahora es distinguir entre derechos de autor y copyright.
Para ello tenemos que remontarnos a la década de los 80 cuando el “movimiento a
favor del software libre” de Richard Stallman y compañía desarrolló la idea del copyleft
y el concepto central es que toda obra pueda ser copiada total o parcialmente y ser
difundida telemáticamente siempre que sea para uso personal y no con fines de lucro.
Esto quiere decir que si yo quiero leer un libro del colectivo Wu Ming pero no puedo o
no quiero comprarlo encuadernado puedo descargarlo de su página o bien sacar copia
si algún amigo lo tiene. Todo esto sería permitido ya que no voy a lucrar con él,
simplemente quiero conocer o disfrutar. Pero si yo quisiera editarlo y venderlo con una
editorial mía entonces sí debo contactarlos y llegar a un acuerdo, porque es justo que
si yo me voy a lucrar con su trabajo ellos también reciban una parte. A final de cuentas
no se me está negando el acceso a la información, se garantiza el acceso universal a
lectura, que además el hecho de que yo lo descargue o lea en la computadora no
supone un gasto para ellos como sí lo es en la producción física de un libro. Se están
garantizando sus derechos como autores de lucrar con su creación pero no se está
negando el acceso por cuestiones económicas o sociales como sí hace el copyright.
Este colectivo en su ensayo El copyleft explicado a los niños relata cómo el poner a
disposición sus libros en internet ha hecho que la gente que los lee y resultan de su
agrado después compre sus libros, incluso varias veces para regalarlo. De hecho cada
vez más la industria musical entiende que limitar su música a discos y espacio
televisivos no ayuda a popularizar a sus artistas ni a posicionar hits, por lo que ahora el
contenido se sube a Youtube, con la seguridad de que te comprarás el disco de tu
artista favorito, le darás ganancias con las reproducciones o asistirás a sus conciertos.

Poner a disposición de cualquiera nuestro trabajo puede, como ya mencionaba antes,


atraer oportunistas que busquen beneficiarse al robar una idea ajena. Es por ello que
se han creado varias licencias bajo la filosofía del copyleft, que garantiza la circulación
de la información sin peligro de ser privatizada. El copylef es darle la vuelta al
copyright, como si se tratara de un calcetín, se trata de garantizar aquellos derechos
que te daría ser “dueño” de un producto –con la libertad de modificar o copiar lo que
sea- pero sin negar el derecho de otros a hacer lo mismo. La primera de estas licencias
fue GPL (GNU General Public License) que fue creada para proteger a las comunidades
de software libre. Hoy en día la licencia Creative Commons ha permitido la circulación
segura de muchos creadores.

Las nuevas tendencias no respetan, rechazan, bordean o esquivan el copyright,


quienes aún se aferran a limitar el acceso y la reproductibilidad de sus contenidos no
se han dado cuenta que entre más circule una obra más se vende. Por citar un par de
ejemplo, la tendencia bootleg en la moda a posicionado marcas en la mente de toda
una generación y el vaporwave a rescatado música olvidada en lo retro, la ha
actualizado y relanzado.

Esto no es ni la punta del iceberg en los debates sobre copyright, existen, por ejemplo,
grandes implicaciones en el comercio internacional, el llamado “comercio invisible”
que es básicamente toda la ganancia que se obtiene por transmitir cosas que
virtualmente son gratuitas, es decir, a las empresas no les cuesta nada reproducir sus
productos ya sean audiovisuales, musicales, intelectuales, etc. en dispositivos y
tecnologías nuevas pero sí ganan pingues ganancias. Es como tener la máquina de
dinero en tu oficina. Por citar un ejemplo, hasta antes de 2013 si tú querías reproducir
la canción Happy Birthday to you en algún evento, película, obra o lo que fuese, tenías
que pagar regalías a Warner/Chappell Music. Lo mismo ocurre con la venta de
tecnologías y ciencia, todo esto lejos de querer propiciar el desarrollo humano se
limita el acceso a la información y se persigue a quienes no hayan pagado, que por
decirlo con todas sus letras, son limitantes de clase.

Citas.
1. Antonio Lafuente define el Procomún como “la nueva manera de expresar una idea muy antigua: que
algunos bienes pertenecen a todos, y que forman una constelación de recursos que debe ser
activamente protegida y gestionada por el bien común. El procomún lo forman las cosas que heredamos
y creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras.” (Lafuente, 2007)

2. Peer to peer (P2P) red de pares, red entre iguales o red entre pares (P2P, por sus siglas en inglés) es
una red de ordenadores en la que todos o algunos aspectos funcionan sin clientes ni servidores fijos, sino
una serie de nodos que se comportan como iguales entre sí. Es decir, actúan simultáneamente como
clientes y servidores respecto a los demás nodos de la red. Las redes P2P permiten el intercambio directo
de información, en cualquier formato, entre los ordenadores interconectados.(Wikipedia). Es decir es
una red donde se intercambia información entre iguales, donde aquellos que más a aportan más
privilegios tienen.

3. Un público recursivo es un público que está interesado con el mantenimiento material y práctico y con
la modificación de los aspectos técnicos, jurídicos, prácticos y conceptuales de su propia existencia como
público. Es un colectivo independiente de otras formas de poder y es capaz de hablar de formas de poder
a través de la producción de alternativas que realmente existen. El software libre es un ejemplo de este
concepto, como se ha puesto de manifiesto en los últimos tiempos y como se somete a transformación y
diferenciación en un futuro próximo. (…) Los públicos recursivos (y los públicos en general), difieren de
grupos de interés, empresas, uniones, profesiones, iglesias y otras formas de organización porque se
centran en la maleabilidad tecnológica radial y los propios términos de su existencia. (Chris Kelty).

Bibliografía

Richard Stallman, Wu Ming, César Rendueles, Kembrew Mcleod. (2014). Cinco


ensayos combativos contra el copyright. Ciudad de México, México: Tumbona
Ediciones.
Aung-Thwin. M., Baulu K. (NFB), Ying Gee Wong. G. (NFB). (Productores) y
Gaylor. B. (Director).(2008). RiP! A Remix Manifesto. [Cinta cinematográfica]
Canadá: EyeSteelFilm en coproducción con National Film Board
Antonio Lafuente. (2007). Qué es el Procomún. 28 de noviembre de 2017, de
Medialab-Prado Sitio web: http://medialab-
prado.es/article/video_que_es_el_procomun
Matías S. Zavia. (2015). El día que Disney manipuló el copyright para que
Mickey no fuera del dominio público. 10 de junio de 2018, de Univisión Sitio
web: https://es.gizmodo.com/el-dia-que-disney-manipulo-el-copyright-para-
que-mickey-1745463045
Javi Sánchez. (2016). Por qué Conan pierde el copyright, a Mickey Mouse aún le
queda y Peter Pan nunca será tuyo. 10 de junio de 2018, de Revista GQ Sitio
web: http://www.revistagq.com/noticias/cultura/articulos/conan-dominio-
publico-copyright-disney-mickey-superman-peter-pan/23942

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