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casos de ausencia total de voluntad (o voluntad del acto), de divergencia entre voluntad

y declaración (o falta de voluntad del contenido) y, en últimas, los vicios del consentimiento.
Con arreglo a un criterio lógico-simétrico se contraponen los eventos en
que la voluntad está ausente (nulidad absoluta) a aquellos en que la voluntad apenas
se encuentra viciada (anulabilidad); en tanto que con menguada coherencia se aceptan
y justifican las soluciones que caso por caso estatuye la ley o impone el sentido jurídico
en contraste con las ofrecidas por el criterio voluntarista, acudiendo a los mentados
principios de la autorresponsabilidad y de la confianza”(1).
El autor que vengo siguiendo es reacio a las posiciones repetitivas sobre la
voluntad y un crítico de la tesis voluntarista y por tanto señala con respecto al querer
interno: “Más sea el caso de insistir ahora en que todos estos planteamientos y las
consiguientes dificultades y contradicciones de la dogmática se originan en el empeño
de tomar a la voluntad de los sujetos como el elemento esencial del contrato, que con
ese carácter habrá de estar presente en toda ocasión. Por tal motivo y ateniéndose a
una perspectiva más realista, sostenemos que el querer interno constituye apenas un
presupuesto de la actividad negocial, al que corresponde un delicado problema de
reglamentación, que a su turno, dada la complejidad de los intereses enfrentados, no
se presta para una solución unitaria (o siquiera con tendencia a la uniformidad)”(2).
Ahora bien, trataremos en primer término del error vicio y del error obstativo
como los dos grandes tipos de error regulados por el Código Civil (CC), el primero
previsto de los artículos 201 al 207 del CC y el segundo del artículo 208 en adelante(3).
Sobre ambos tipos de error se ha señalado con acierto que: “La contraposición
entre error obstativo y error vicio puede regir y adquirir una consistencia real, solo en
la medida en que se admita, como lo hace el resto de la doctrina, que son muy distintas
las repercusiones de uno y otro error sobre la voluntad”(4).
En cuanto al error esencial, que es una de las características del error vicio que
se ha señalado en la doctrina que vengo siguiendo:
“a) El error que recae sobre la naturaleza y sobre el objeto del contrato, y
así, sobre el tipo de contrato (por ejemplo, se confunde una venta con
(1) SCOGNAMIGLIO, Renato. Teoría General del Contrato. Universidad Externado de Colombia. Traducción
por Fernando Hinestrosa, Bogotá, 1996, p. 41.
(2) Ídem.
(3) Art. 201 del CC.- El error es causa de anulación del acto jurídico cuando sea esencial y conocible por la
otra parte.
Art. 207 del CC.- La anulación del acto por error no da lugar a indemnización entre las partes.
Art. 208 del CC.- Las disposiciones de los artículos 201 a 207 también se aplican, en cuanto sean pertinentes,
al caso en que el error en la declaración se refiera a la naturaleza del acto, al objeto principal de la
declaración o la identidad de la persona cuando la consideración a ella hubiese sido el motivo determinante
de la voluntad, así como en el caso en que la declaración hubiese sido trasmitida inexactamente por quien
estuvo encargado de hacerlo.
(4) SCOGNAMIGLIO, Renato. Ob. cit., p. 51.
El error en el Código Civil
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un arrendamiento) y más genéricamente, el error, sobre el contenido o
resultado en sus líneas esenciales (sin embargo, la expresión ‘objeto’ se
presta a equívoco, y no es la adecuada para imprimirle a esta hipótesis
una aceptación precisa)”(5). Aquí se pone de manifiesto la complejidad y
confusión que se deriva del término “objeto del contrato”. Para nuestro
ordenamiento civil es la creación, regulación, modificación o extinción
de relaciones obligatorias, pero para el negocio jurídico puede ser, dependiendo
de la posición doctrinaria a la que adhiramos, la prestación, el bien,
la relación jurídica o la situación jurídica.
“b) El error relativo a una calidad del objeto que se considera determinante.
Se trata en esta oportunidad de hipótesis que dan a lugar a graves discusiones,
puesto que es necesario establecer cuáles deben ser, entre las
varias, las calidades que pueden adquirir un alcance tan decisivo. El citado
artículo 1429 (CC italiano) en su inciso segundo se refiere a este propósito

a las calidades determinantes del consentimient