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Existe una necesidad urgente de practicar y promover una agricultura con el menor impacto

ambiental posible, a través de mejores prácticas agrícolas, maximización de rendimientos y


obteniendo productos de alta calidad y valor nutricional. Actualmente la mayoría de las actividades
agrícolas hace uso de un alto nivel de insumos, lo que impacta negativamente ocasionando: erosión
de suelos, contaminación del agua, de acuíferos y del aire, pérdida de biodiversidad y deterioro de
paisajes. Si bien, de manera inmediata se abastecen grandes mercados de alimentos, estos no se
caracterizan precisamente por ser saludables; en muchos casos contienen restos de pesticidas y
otros productos nocivos que ponen en riesgo la salud. Desde hace algunos años, el gobierno,
empresas privadas, instituciones educativas y de investigación están enfocando esfuerzos en torno
a políticas públicas, uso de tecnologías, generación de conocimiento y formación de profesionales
con una visión de producción de alimentos bajo un enfoque sustentable. Así mismo, la sociedad
demanda cada vez más, alimentos saludables y prácticas agrícolas amigables con el medio
ambiente.

Las políticas públicas agroambientales

De acuerdo con la SAGARPA, el fortalecimiento de las políticas públicas agroambientales ha


contribuido a promover la sustentabilidad ambiental así como la reducción de la pobreza rural y de
la inseguridad alimentaria, por lo que se trabaja constantemente para implementar directrices
internacionales al marco legal nacional. La innovación tecnológica está siendo aplicada para
promover un uso racional y eficiente de recursos para la producción de alimentos, por ejemplo:
drones en la agricultura para monitorear en tiempo real, la nutrición de cultivos, plagas y
enfermedades en áreas específicas. Esto permite reducir costos de producción, menor impacto
ambiental y eficientar los procesos de producción. En las instituciones educativas y de investigación
se tiene el mayor progreso en temas como la producción de alimentos funcionales, biotecnologías
para conservación y aprovechamiento de recursos genéticos, cultivos en suelos marginales,
obtención de variedades vegetales resistencias a factores bióticos y abióticos, entre otros.

Sin embargo, en México, las políticas publicas no se implementan adecuadamente, la innovación


tecnológica no aterriza en los lugares que son necesarios, y los recursos humanos e intelectuales se
pierden a causa de la falta de incentivos y programas eficientes de transferencia de tecnología y
conocimiento. Por lo tanto, se tiene el reto de llevar este conocimiento y tecnologías al campo, a
través de programas de extensionismo eficientes que haga posible su aprovechamiento en los
sectores agrícolas, en especial las regiones más vulnerables.