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LA VIRGEN MARIA, ESTIRPE


ESCOGIDA DE ISRAEL

MENSAJE PASTORAL
Presentar a María como mujer cercana a nosotros, por su origen humano y por
la sobriedad informativa con que la refleja el Nuevo Testamento.

Introducción

En la entrada del Adviento, nos reunimos para celebrar a María como mujer de
nuestra estirpe humana, y, como una figura de la historia, situada en el vértice
de dos tiempos distintos. distintos.

En ella se cumplieron las esperanzas de toda una cadena de generaciones


creyentes que, desde Abraham, confiaron en las promesas de Dios y esperaron
gozosamente al Mesías. María pertenecía a ese grupo de "Pobres de Yavé» que
todo lo fiaban a su proyecto salvador. Había hecho de su corazón un trono que
sólo el Señor podía ocupar.

De este modo, Maria nos sitúa también a nosotros en esa encrucijada de la


esperanza que se abre a los favores de Dios y se gana el aprecio de la gente. Ella
fue elegida precisamente por considerarse la última. Las generaciones
posteriores también la llamamos dichosa a causa de su perfecta sencillez.

Acto penitencial

- Por dejarnos impresionar sólo de lo grandioso, desatendiendo a los signos


tuyos que contienen las personas y acontecimientos humildes, SEÑOR, TEN
PIEDAD.

- Por menospreciar los valores y testimonios de nuestros antepasados en la fe,


CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por cerrar el corazón y la mente a los n9bles deseos de renovación de nuestros


jóvenes, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Génesis 12, 1-7)

La confianza de Abrán, al dejar su casa y marchar a lo des-conocido, es como


un adelanto de la actitud creyente de María. Al despojarse de toda aspiración de
engendrar, es elegida como punto de partida para una nueva estirpe, la de los
hermanos de Jesús.

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Evangelio (Mateo 1,1-17)

La genealogía según San Mateo nos proporciona una escueta noticia de la


madre de Cristo. Pero esta pobreza noticiosa relativa a "María, de la que nació
Jesús", es nada menos que el comienzo de una nueva era.

Comentario Homilía

El evangelista Mateo dedica sus dos primeros capítulos a la infancia de Cristo,


con las lógicas alusiones a su madre. Llama la atención cómo en Mateo, María
no pronuncia ni una sola palabra, sino que se limita a creer en Dios y a obedecer
a su marido, sobre el que recaen la mayoría de iniciativas y responsabilidades.
La misma genealogía que hemos leído deriva por línea directa hasta José, de
modo que el titulo de Hijo de David le viene a Cristo no por herencia de Maria,
sino de su padre legal... Escrito este Evangelio para la comunidad de origen
hebreo, no se sustrae a las condiciones de sumisión propias de la mujer semita.

Mucho más explícito y jugoso en noticias marianas es el evangelista Lucas,


quien dota a los relatos de mayor dinamismo y expresividad. Para Lucas, María
es protagonista; es la mujer en la que desembocan los anhelos de libertad de un
pueblo. Ella viene a constituir como el último eslabón de una estirpe, la de
Israel, que finalmente asiste al cumplimiento de las promesas del Señor. Por
eso, recogiendo el canto de Ana, la madre de Samuel, María canta: «El Señor
auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, conforme lo habla
prometido a nuestros padres...»

La similitud de los relatos de la infancia de Jesús con algunos del Antiguo


Testamento nos lleva a pensar que los evangelistas utilizaron una especie de
moldes literarios o cuchés para recrear el vacío informativo y documental que
les ofrecían los primeros pasos de Jesús. Por eso, desde el punto de vista de la
historia, no sabemos demasiado del Jesús Niño ni de su madre María. Por otra
parte, los evangelistas tampoco quisieron ofrecernos una biografía de la Virgen,
sino una lección de fe y disponibilidad encarnadas en ella.

¿Qué podemos saber, pues, con certeza, acerca de Maria? Desde el punto de
vista histórico, tal vez éste pueda ser un buen resumen: Que hace dos mil años
vivió en una aldea de Palestina una joven perfectamente encajada en las mejores
tradiciones y esperanzas de su pueblo. Que había situado a Dios en el eje de su
existencia. Que tuvo la intuición de que Dios prefería a los humildes, y que no
consideraba que pudiera verificarse en ella el sueño de toda mujer: ser la madre
del Mesías anunciado por los profetas... Con todo, tuvo un hijo extraordinario,
siendo ella la primera persona que albergó la convicción de que Dios residía en

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Jesús y actuaba en él.

En María, estirpe escogida de Israel, tenemos un trozo de historia humana muy


cercana a la nuestra. Cuanto más cerca estuvo de Dios, más apreció su infinita
distancia respecto a El. En consecuencia, más cerca se sintió de su pueblo. Al
celebrarla como mujer de nuestra estirpe, ella hace nacer en nosotros estos dos
sentimientos: el de la adoración a Dios y el de la solidaridad humana.

Oración de fieles

Invoquemos al Padre por medio de María, aurora y portadora del Salvador que
viene, pidiéndole las oportunas disposiciones para recibirle:

1. Por la Iglesia universal, para que, sin exageraciones ni mezquindades,


transmita y cultive una imagen de María que responda a lo que de ella nos dice
el Evangelio, ROGUEMOS...
2. Por los responsables de la información, para que, guiados siempre por la
verdad, pongan especial empeño en difundir cuanto en el mundo se produce de
bello, noble y justo, ROGUEMOS...

3. Por los hombres y mujeres honestos y despojados de interés noticioso, para


que desde su irrelevancia social contribuyan como María a establecer el reino de
Dios, ROGUEMOS...
4. Otras peticiones concretas y oportunas.
5. Por todos los que aguardamos la venida de Cristo, para que entendamos que
su encarnación es posible en la medida en que, como María, aceptemos
prestarle nuestro corazón como morada, ROGUEMOS...

Padre, que te sean gratos los deseos que te hacemos llegar por medio de nuestra
hermana en la esperanza, la Virgen María. Que acertemos a recibir en la mejor
disposición al Salvador que, enviado por Ti, nació de su carne. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te expresamos, Señor, nuestra alabanza y nuestra gratitud, por la Virgen María,


perfecta en su sencillez.

Gracias por su pequeña historia, por su raíz humilde, porque no tiene hazañas,
ni apellidos, ni otra voz
que un formidable «si» para aceptar ser madre.
Nos gusta y aprovecha más así:
simplemente entrevista, velada, escondida en el misterio de una fidelidad
esencial.

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Nos gusta en la grandeza de su escasez histórica, pues así pertenece
plenamente a este pueblo anónimo y sufrido que trabaja su fe y suda su
esperanza, que construye su paz, puestos en Ti los ojos... Gracias, Señor, por
ella, mujer de nuestro pueblo.

2 LA VIRGEN MARIA EN LA ANUNCIACION DEL SEÑOR

MENSAJE PASTORAL
Descubrir en María el don de la virginidad y apreciarlo porque dota al
creyente de libertad frente a las cosas y personas.

Introducción

En el tiempo litúrgico de la espera, la Iglesia recuerda a María como madre


dispuesta a canalizar el don de Dios hasta nosotros. La celebramos hoy como
esposa del Espíritu Santo, al que presta sus entrañas en el momento de la
Encarnación.
Nos situamos frente a la asombrosa noticia de una Madre Virgen, porque
virginidad es mantener el alma libre de toda posesión, de manera que sólo Dios
la ocupe. Virginidad es subordinar toda ambición y poder, incluido el poder
afectivo y sexual, a la voluntad del Señor.

Como María, el creyente puede amar intensamente cuanto Dios ha creado en


orden a su felicidad, sin desgastar su corazón en ese amor, y sabiendo quién es
el dueño principal de su vida.

Acto penitencial

- Por tantas veces como desparramamos el corazón en amores y ambiciones que


no nos hacen más felices, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por no aceptar cobijarnos en Ti en los momentos de soledad, CRISTO, TEN
PIEDAD.
- Por haberte querido someter a nuestros proyectos, ignorando que Tú sueles
actuar de modo sorpresivo, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 7,10-14; 8,1 O)

La profecía de Isaías introduce el tema de la Virgen/madre. Esta paradoja


contiene una convicción constatada entre los creyentes como experiencia
inapelable: Dios, que lo puede todo, actúa así de imprevisiblemente.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

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Cuando la capacidad de procrear era para toda muchacha hebrea una posibilidad
de ser la futura madre del Mesías, María está desposeída de esa ambición: «Yo
no conozco varón». Pero Dios la ha elegido precisamente por eso.

Comentario-Homilía

Dios mantiene siempre la continuidad de la Promesa; pero lo hace


salvaguardando su iniciativa y a través de muchas sorpresas. Le gusta
desconcertar rompiendo cálculos y rutinas. Buena prueba de este imaginativo
proceder divino es el hecho admirable de que varios de los grandes héroes
bíblicos nazcan de madres estériles. Y es que no es conveniente que el pueblo se
confíe demasiado, pensando que sólo con mantener una línea generacional va a
dar a luz al enviado de Dios. No, el Señor no se deja dominar ni programar. La
salvación no depende de decisiones o acciones mecánicas de los hombres.
Quien ha de ser ante todo un don de Dios, debe ser sobre todo un fruto suyo.
En esta misma línea, el Evangelio ha recogido la profecía de Isaías -«Una
Virgen concebirá y dará a luz un hijo..."-para avanzar más todavía en esta
peculiar manera con que Dios procede. La esterilidad de la madre, tan prodigada
en ocasiones menos solemnes, en el caso de Maria se suple por una virginidad
intacta. De este modo, las maravillas de Dios serán más celebradas todavía. El
misterio se realiza siempre de modo sorpresivo.
Ahora bien, este misterio no carece de su propia lógica: lo mismo que un vaso
no puede contener toda el agua del mar, el poder humano, significado aquí en la
capacidad reproductora, se muestra insuficiente para engendrar al hijo de Dios.
El mundo por sí solo no es capaz de hacer que florezca lo divino. Se necesita la
intervención y fuerza del Espíritu Santo para que nazca el hombre nuevo.
La virginidad de Maria en modo alguno encierra miedo o crítica hacia el amor
carnal. El Evangelio es positivo. Todo lo que pretende decirnos es que Jesús
procede de más lejos, y que si participa de la naturaleza humana que le presta
una madre, hay también en él una semilla espiritual que lo acredita como Hijo
de Dios. La Virgen María va a ser el terreno en que va a resaltar mejor el don
divino. Un huerto que, por albergar en sí a un árbol único, necesita ser abonado
por un jardinero singular.
Por lo demás, la virginidad de Maria desborda la dimensión física de la
cuestión, para referirse también a su actitud de pobre y disponible. Ya San
Ambrosio reconocía que “virgen fue no sólo en su carne, sino también en su
alma: humilde en su corazón y confiada en las oraciones de los pobres más que
en el valor efímero de las riquezas...»
Para nosotros, la virginidad de Maria es como un lujo de Dios con fuerza de
llamada. A través de ella se nos invita a desembarazar el corazón de cosas,
ambiciones y poderes, para sentirnos libres y hacer posible el Reino. También
nos ayuda a no idolatrar la sexualidad, sino a considerarla en su verdadera

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dimensión, como una fuerza orientada hacia el amor, que puede llenar algo el
inmenso vacío con que Dios nos formó. En todo caso, El es para nosotros, como
para Maria, nuestro único señor y dueño.

Oración de fieles

Conscientes de que «sólo Dios basta», pues sólo El puede saciar nuestra
capacidad de amar, le dirigimos hoy nuestras peticiones por intercesión de
María:

1. Por la Iglesia, esposa de Cristo e imagen de la Virgen, para que, libre ante el
poder, el halago y la riqueza, no se entregue a otro amante que a Dios su Señor,
ROGUEMOS...

2. Por los hombres y mujeres que hacen profesión de amor consagrado, para que
lo vivan libre y gozosamente en su verdadera motivación de dar a luz a Cristo
para el mundo, ROGUEMOS...

3. Por los jóvenes cristianos, para que comprendan las ventajas del dominio de
su cuerpo y orienten la sexualidad en orden a madurar en el amor,
ROGUEMOS...
4. Otras peticiones espontáneas.
5. Por todos nosotros, para que amando a Dios sobre todas las cosas, en nuestro
corazón haya siempre un espacio reservado al amor de los que nadie ama,
ROGUEMOS...

Concédenos, Señor, esa fecundidad del espíritu que brota de estar unidos a Ti y
se manifiesta en una particular entrega para hacer que venga a nosotros tu amor
y tu Reino. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias, Señor, y te alabamos, por esa maravilla de una Virgen madre,
cauce de tu llegada hasta nosotros. Virgen fue por tener el alma libre de otra
ambición que Tú no fueras. Virgen porque amó intensamente cuanto Tú creaste,
sin gastar su corazón en ese amor.
Gracias te damos
por el don de la virginidad con que sigues regalando a la Iglesia, por todas las
personas consagradas en cuerpo y alma al Evangelio. Ellos se han entregado a
Ti como promesa de ese tiempo futuro en que sólo a Ti estemos unidos.
Gracias porque a través del don de la virginidad tu Espíritu sigue engendrando
a Cristo.

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3 VISITACION DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA

MENSAJE PASTORAL
Estimular el gozo que suscita la cercanía de Navidad y apoyados en María,
hacer que se traduzca en obras de amor al pr6jimo.

Introducción

La fiesta de la Visitación se celebra el día 21 de mayo por su proximidad al


nacimiento de San Juan Bautista. En el Adviento también se conmemora a
María como portadora del Salvador que va a nacer.

Se trata de una conmemoración explosiva de gozo. Desde el eco de la profecía


“alégrate, Hija de Sión», hasta el detalle pintoresco del Precursor «saltando de
alegría» en su estado prenatal, el tema de la expectación llega a su punto más
ilusionante.

Los cristianos vemos aquí a la Virgen como la gran comunicadora de la Buena


Noticia, y como imagen de la Iglesia misionera que visita a los pueblos,
comunicándoles la Salvación. María no testimonia al Señor sólo con las
palabras agradecidas del Magníficat, sino también con el gesto de amor que
supone el hecho de «correr apresuradamente” allí donde se le necesita.

Acto penitencial

- Por nuestras faltas de fe, que no testimonian a Cristo como Salvador, SENOR,
TEN PIEDAD.

- Por nuestras faltas de esperanza, que engendran tristeza en los demás,


CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por nuestros egoísmos y faltas de caridad, que empañan el carácter solidario


del nacimiento de Jesús,
SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Sofonias 3,14-1 8a)

Los profetas del Antiguo Testamento frecuentemente apelan a un personaje


femenino al que denominan "Hija de Sión”. Es la expresión metafórica con que
se dirigen a un pueblo sometido, invitándole al optimismo por su liberación
futura. En la Hija de Sión, la Iglesia reconoce a la Virgen Maria.

Evangelio (Lucas 1, 39-56)

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Alegría y caridad son los dos sentimientos presentes en el relato de la
Visitación. Alegría porque en la Virgen, "dichosa por haber creído'>, se hace
carne el Verbo de Dios. Y amor, porque es un fruto del Espíritu atento siempre
a la necesidad ajena.

Comentario-Homilía

«Con toda presteza» hace el evangelista Lucas que Maria corra hasta el otro
extremo del país llevando la noticia del Dios con nosotros. Hay unos 150
kilómetros hasta Ain karim, en donde una tradición sitúa la casa de Isabel. Le
sobra alegría y amor para que el riesgo del camino se constituya en estímulo
para sus deseos de comunicar y de servir, más que en freno de su impulso... Al
llegar, sucede el abrazo más y mejor representado en la historia del arte: dos
mujeres fundidas en un saludo que ha de fecundar las mejores esperanzas. Y
entonces María se pone a bordar como guirnaldas los nueve versos del
Magníficat: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador...»
Lo que alegra a Maria no es el hecho, ya suficientemente jubiloso, de dar a luz a
un hombre. Es la conciencia de ser habitación del Salvador. Sentirse portador de
Dios es razón suficiente para despojarse de tristezas profundas. Nos urge a
recuperar la alegría y a combatir el sentimiento de la soledad.
Ahora bien, en Maria de la Visitación se descubre otra fuente de gozo: cuando
su vientre estalle, se romperán las cadenas de los oprimidos, pues se invertirá el
orden injusto de las cosas y de los criterios egoístas: “Levantará del polvo a los
humildes». El poder divino se almea al lado de los pobres. Por eso ha elegido a
una representante del pueblo más sufrido. Y se estremece de alegría, más que
por ella misma, por todos los despojados a quienes representa. La causa de su
gozo es el Señor, pero los beneficiarios van a serlo los pobres que confían en
Dios y trabajan por su dignidad, lo cual le alegra doblemente.

Por consiguiente, en la Visitación de María se contempla la esperanza de todo


un pueblo que verifica en ella sus deseos de liberación. Ella misma se
constituye en agente del amor del Padre, con su gesto de ponerse en camino.
Apenas capta la indirecta invitación del ángel "ahí tienes a tu prima», despierta
sus resortes de mujer generosa. Al percatarse de que alguien la necesita en otra
parte, se declara en situación de disponible y llega a abandonar temporalmente
el hogar por una causa mayor. María está dispuesta a acudir a donde haga falta;
vigilante como el centinela que se considerase permanentemente de servicio;
solícita para asumir siempre los riesgos de la caridad.

En la Visitación, Maria nos enseña a ser emprendedores y valientes cuando se


juega la felicidad de los demás. Por eso, hoy, cuando palpamos el desamor en
torno nuestro, cuando manda el criterio de que cada cual se arregle como pueda,

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cuando nadie visita a nadie si no bajo la guía de sus propios intereses, cuando la
burocracia tiende a desplazar el sentimiento de familiaridad..., la Virgen de la
Visitación va pidiendo, camino de Judea, creyentes que sepan sembrar gestos de
amor. El nacimiento del Señor, nuestra felicidad, la mejor y más sólida alegría,
están dependiendo de nuestra capacidad de amor mutuo y entrega desinteresada.

Oración de fieles

Con la expectación gozosa que anima la fiesta de la Visitación, celebramos el


auxilio y la misericordia del Señor, implorando su favor sobre nuestras
necesidades.

1. Por la Iglesia, comunidad peregrina y de servicio al necesitado, para que una


siempre al anuncio de la fe el servicio de la caridad, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por los misioneros y los que anuncian lejos de su tierra la gozosa noticia de
Cristo, para que sean testigos eficaces de la universalidad de la salvación,
ROGUEMOS...

3. Por las madres gestantes y los profesionales que ayudan a dar a luz, para que
transmitan delicadeza y ternura a los niños en el momento de nacer,
ROGUEMOS...

4. Otras preces espontáneas de la comunidad.


5. Por todos nosotros, para que en las visitas a familiares y amigos nos guíe una
sincera cordialidad y amor al prójimo por encima de otros intereses,
ROGUEMOS...

Señor, Tú que inspiraste a Maria la necesidad de atender a su prima olvidándose


de su propia situación, haz que en la caridad cristiana nos guíe siempre el bien
de los demás. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias, Señor, por el don de la alegría que concediste a la Virgen en


la Visitación. Te bendecimos, sobre todo, por la causa profunda de su gozo,
pues ella declaró en el Magníficat que se alegraba en Ti, su Salvador. Gracias
por habernos dado a conocer el gran cántico de su vida, el himno de alegría que
la hizo melodía de amor a los demás.

Te pedimos, Señor, que nuestras oraciones sean, antes que nada, incesante
alabanza de tu misericordia; y que el gozo de haber sido salvados nos lleve a
difundir tu amor con obras y palabras a los demás hermanos.

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TIEMPO DE NAVIDAD

FORMULARIOS DE MISAS

4. Santa María, Madre de Dios.


5. La Virgen María, Madre del Salvador.
6. La Virgen María en la Epifanía del Señor.
7. Santa María en la Presentación del Señor.
8. Santa María de Nazaret.
9. La Virgen María de Caná.

4 SANTA MARIA, MADRE DE DIOS

MENSAJE PASTORAL
El nacimiento del H,jo de Dios a través de Maria tiene una doble vertiente de
misterio divino y normalidad humana.

Introducción

En plena Navidad festejamos a María como Madre de Dios. Es una fiesta


dedicada, como Pablo VI escribió al instituiría, «a conmemorar la parte que
tuvo Maria en el misterio de la salvación, y a exaltar la singular dignidad de que
goza la madre santa, por la que merecimos recibir al autor de la vida'>.

La mujer está en el eje de la rueda de la vida. También en el centro de la vida


humana de Dios hay una mujer como progenitora, a través de la que Dios ha
verificado su presencia en forma humana.

Supuesto que, como dice San Agustín, «ella concibió en su espíritu antes que en
su seno», la Madre de Dios nos dice que también nosotros podemos recibir a
Cristo en nuestra vida y acercarlo a los demás a través de la fe.

Acto penitencial

- Por no acertar a leer tus signos en la normalidad de las situaciones ordinarias,


SENOR, TEN PIEDAD.

- Por no prestar nuestras manos y nuestro corazón a tu nacimiento, CRISTO,


TEN PIEDAD.

- Por negarnos a ser encarnaciones de tu bondad y de tu salvación, SEÑOR,


TEN PIEDAD.

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Primera lectura (Gálatas 4, 4-7)

Vamos a escuchar el más antiguo documento escrito que en el Nuevo


Testamento se refiere a la madre de Cristo. El texto paulino de la carta a los
Gálatas nos habla del nacimiento indiscutiblemente humano del Hijo de Dios.

Evangelio (Lucas 2,1 5b-1 9)

El relato del nacimiento del Señor, según San Lucas, nos habla de María como
protagonista y como testigo. De la atenta lectura del texto se deduce que ella
conservó siempre la memoria de aquel momento clave de su vida, como un
misterio admirativamente contemplado.

Comentario-Homilía

Ni el Evangelio ni los demás textos del Nuevo Testamento emplean la


expresión "Madre de Dios» aplicándola a María. Fue el Concilio de Efeso, en el
año 431, el que acuñó la fórmula '<Theotocos» o Madre de Dios. Lo hizo para
replicar a la herejía nestoriana, según la cual María solamente habría dado a luz
a la persona humana de Jesús, que no a la divina... Pero antes de aquellas
disputas nestorianas, los creyentes saludaban a María con las palabras de Isabel:
«La madre de mi Señor»; y así daban por supuesto que la Virgen era la madre
del Jesús total, del Mesías esperado, del Verbo humanizado: la madre de Dios.

El relato de la Anunciación primero, y la posteriormente reiterada noticia de que


«Maria guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón», aluden
claramente a que ella tomó conciencia del misterio que la habitaba. Tal vez no
adquirió de pronto ese conocimiento. Acaso hubo algo de proceso gradual en él.
Pero sin duda que ella entreveía y aceptaba haber habilitado sus entrañas como
espacio de la presencia del Todopoderoso.
Desde luego, ser la madre de Dios no supuso ni hizo de ella una especie de
diosa. Siguió siendo la mujer sencilla y ocasionalmente desconcertada. A
diferencia de las mitologías de la época, y tal como declara expresamente San
Pablo, la maternidad divina de María caminó por derroteros completamente
«legales», es decir, naturales y humanos. Cibeles de Frigia, Isis de Egipto o
Démeter de Eleuxis, eran celebradas en los misterios paganos de aquel tiempo
como diosas progenitoras de dioses, a través de procedimientos fantásticos.
Pero Cristo es el nacido de mujer según todas las de la ley; una ley que se
inscribe en la naturaleza humana; esa ley que madura los procesos de gestación
en nueve meses, bajo todos los síntomas normales del embarazo.

La generación virginal y aquellas transparencias del alumbramiento son el

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reflejo literario de esta constatación teológica: Dios se nos muestra rompiendo
nuestros cálculos y previsiones. Con todo, en el Evangelio abundan más los
datos ordinarios que los maravillosos: está el embarazo de una madre soltera,
hay por medio un asunto de celos resuelto con ternura y con fe, existe un
problema de hospedaje para el nacimiento, una purificación ritual a la que
María quiere someterse sin invocar derechos de excepción... Y, por encima de
todo, está la ejemplar confianza con que sabe leer, en clave de misterio, lo que
aparentemente nada encierra de maravilloso.

El interés primordial del Evangelio reside en testificar que Cristo es el Señor, y


que este Señor es completamente humano. Decir que María es la Madre de Dios
es una afirmación que la encumbra ciertamente a ella, pero que trata, sobre todo,
de poner a Dios a nuestra altura. Para descubrirle, para hacerle nacer
nuevamente, para sentirlo en las entrañas, en los deseos y en las realizaciones
tendremos que plegamos, lo mismo que su madre, a las exigencias de la fe y a
las leyes de la Encarnación. Dios no nace cada día si no le prestamos gozosa y
es-forzadamente nuestras manos, nuestro cerebro, nuestro corazón.

Oración de fieles

En el gozoso nacimiento del Señor nos dirigimos al Dios-con-nosotros,


presentándole nuestros ruegos en las manos de María su madre.

1. Por la Iglesia, madre en la que Dios engendró y alimenta nuestra fe, para que
aprenda de María a ejercer una maternidad de amor y de servicio, ROGUEMOS
AL SEÑOR.

2. Por las madres en su misión de transmitir la vida, para que la desempeñen


con responsabilidad, agrado y respeto hacia los seres que engendran,
ROGUEMOS...

3. Por todos los niños del mundo y especialmente por aquellos que nacen y
viven en la pobreza, el desamor y la violencia, para que sean rescatados de esas
condiciones, conforme a su dignidad de seres humanos e hijos de Dios,
ROGUEMOS...

4. Otras peticiones.
5. Por todos los presentes, para que, puestos los ojos en la madre santa y
humana de Cristo, avancemos en humanidad al mismo tiempo que en santidad,
ROGUEMOS...

Señor, Tú elegiste a María como espacio de la Encarnación. Te pedimos aceptar


con sencillez este misterio y recibir con apertura de corazón los dones de tu

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nacimiento. Por C. N. 5.

Acción de gracias

Te alabamos y te damos gracias, Padre, por el regalo de María, a través de la


cual descendió a nosotros el don incomparable de Jesús. Al hacerse semejante a
nosotros, acortó la distancia que de Ti nos separa.

Te damos gracias por la fe de la Virgen que hizo posible su maternidad. Gracias


por esa fe tan pura y vigorosa con la que preparó sus entrañas como tu templo
santo, para acoger tu misterio y transmitirnoslo. Gracias, Señor, por los detalles
tan humanos con que envolviste tu divinidad, y por la naturalidad humilde con
que arropaste a María, en ese privilegio de ser la madre tuya y la puerta de
nuestra salvación.

5 LA VIRGEN MARIA, MADRE DEL SALVADOR

MENSAJE PASTORAL
La salvación de Cristo se verifica también en esa línea mariana del servicio, la
humildad y el detalle.

Introducción

El titulo de Maria Madre del Salvador contiene el sabor de exaltación que el


mismo nombre de Jesús está evocando. En la mentalidad bíblica, el Salvador
reúne en sí todas las cualidades del héroe, del pacificador y del rey justo. Su
madre, de algún modo ha de participar de esta grandeza.
Ahora bien, ya sabemos cómo Jesús invierte el sentido de su realeza. Su reino
no es de este mundo. "Dios le otorgó un nombre sobre todo nombre por haberse
hecho obediente... María es la madre del Salvador-Siervo, unida a él por una
maternidad concebida como servicio más que como un honor.
Ser Madre del Salvador es la raíz de todos los demás privilegios de María, lo
mismo que nuestra dignidad proviene de ser hermanos suyos. Pero se trata de
privilegios y dignidades que han de leerse a la luz del Magníficat: "Dios
encumbra a los humildes».
Acto penitencial

- Porque al ayudar a alguien hemos buscado más nuestro éxito que su


crecimiento, SENOR, TEN PIEDAD.
- Porque no acabamos de aplicar a nuestra vida el hecho de que Tú has venido a
servir, no a ser servido, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Porque en nuestro afán de sobresalir no nos hemos detenido ante la
humillación de los demás, SENOR,

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TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 9,1-3, 5-6)

La venida del Salvador era la gran ilusión colectiva de Israel. Así, la consigna
del profeta Isaías, definiéndolo como Emperador, Consejero, Príncipe de la paz
y Héroe divino. Nuestra equivocación se puede producir si hacemos de estos
textos una interpretación más temporal o política que espiritual.

Evangelio (Lucas 2,1-14)

El ángel del Nacimiento anuncia al Salvador, pero todo el contexto del relato
está sembrado de signos de ternura y pobreza: <'Lo hallaréis envuelto en
pañales y acostado en un pesebre».

Comentario-Homilía

Nos cuenta San Lucas que son los pobres del Señor, los hombres de corazón
abierto, representados en los pastores de Galilea, los primeros en conocer y
reconocer el nacimiento del Salvador. Y, juntamente con ellos, María, la madre.
Una vez más se cumple así aquello de que '<los últimos serán los primeros y los
primeros últimos».

No podemos olvidar que, desde el nacimiento de Jesús, el perfil de nuestra


salvación tiene ya forma de cruz. Jesús es Salvador porque rehusó nacer en un
palacio y comenzó a abrir sus ojos y sus brazos en un pesebre. Su indefensión
de niño es el primer gesto de un poder salvador nada convencional. Aunque
costase reconocer en ese signo al Mesías poderoso, «él era la vida de los
hombres y su luz'>. Fue y es nuestra salvación porque así nos abrió un reino de
paz, de amor, de verdad y de amistad con Dios. Ahora no fuerza la entrada en
nuestro corazón. Se nos impone sólo por la fuerza de esa estatura moral y vida
transparente que abre una fuente de confianza en todo corazón limpio y sencillo.
Sin herir susceptibilidades ni faltar a la cortesía, Cristo aprovechó la invitación
a un banquete para hacer un encendido elogio de la humildad, desvelando al
mismo tiempo el aspecto práctico de sus ventajas: '<Cuando te conviden a una
boda, no te sientes en el puesto principal..., al revés, vete a sentarte el último... »
El ejemplo es una alusión a su propia actitud de servicio: «El que quiera ser el
primero, que se haga el servidor de todos, lo mismo que el Hijo del hombre no
ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como salvación de
muchos...»
La salvación de Cristo tiene para nosotros un camino de amor y de servicio.
Participamos en ella en la medida en que a ella nos entregamos, sin exhibir
méritos, privilegios o cualidades. Como Maria, quien sólo presentó escaseces:

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"No conozco varón». Como Maria, esculpida como un retablo de maravillas por
haber dado a Dios toda su persona, ya que carecía de cosas que entregar. Como
María, la exaltada y favorecida de Dios por considerarse la última, por ser tan
poca cosa.

En la lista de méritos que Dios maneja de cada uno de nosotros, seguro que no
figuran fortunas, diplomas, uniformes, antigüedad ni éxitos. Seguro que El
aplaude y enriquece sólo a los corazones humildes como el de la humilde sierva
de Nazaret. «La Virgen no tuvo ni milagros ni triunfos. Su Hijo no permitió que
la rozase siquiera la gloria humana, ni tan sólo con una punta de su ala salvaje.
Nadie ha vivido ni ha sufrido ni ha muerto más sencillamente que María y en un
ignorar tan profundamente su propia dignidad» (Bernanos). La Madre del
Salvador fue tal por esa humildad que prendó el corazón de Dios y despierta la
confianza de los que nos sentimos salvados en Jesús.

Oración de fieles

En el momento de pedir al Señor por nuestras necesidades, no podemos


presentarle méritos, pero si la certeza de que El es el Salvador de los pobres.

1. Por la Iglesia, servidora de la salvación de Cristo, para que se considere la


primera en el orden del compromiso y la última en el de recibir honores,
ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por los que se dedican a la actividad política, para que sepan liberarse de toda
arrogancia, de todo aprovechamiento ilegítimo y de la tendencia a considerarse
salvadores absolutos, ROGUEMOS...
3. Por los que desempeñan algún servicio, especialmente por las empleadas de
hogar, para que con la Virgen del Magníficat se alegren por el orden de
predilección que Dios ha establecido, ROGUEMOS.
4. Otras intenciones particulares.
5. Por cuantos tenemos alguna responsabilidad en el trabajo, en el hogar o en la
Iglesia, para que valoremos a las personas por encima del rendimiento y de
los buenos resultados, ROGUEMOS...

Señor, Tú que nos has salvado por medio de la cruz de Cristo, ayúdanos a suplir
con nuestra actitud de alegre servicio lo que falta por completar de su pasión. Te
lo pedimos por el mismo J. N. S.

Acción de gracias

Te bendecimos y te damos gracias, Padre, por haber descartado el éxito y el


triunfo como puerta para entrar Jesucristo a este mundo. Revelaste tu salvación
en la humildad de un Nacimiendo revestido de pobreza humana. Así te sitúas

15
junto a los despreciados, y en su humildad les das un nombre sobre todo
nombre.

Te bendecimos y te damos gracias, Padre, por Maria, la madre y compañera del


servidor Jesús. Haciéndose pequeña Tú la hiciste Madre del Salvador, sin que la
sombra del orgullo la rozara siquiera. Ella nos estimula a confiar en Ti cuanto
más desvalidos nos sentimos, y a no atribuirnos ninguna superioridad sobre
nuestros hermanos. Gracias, Señor, por esta servidora de la Salvación.

6 LA VIRGEN MARIA EN LA EPIFANIA DEL SEÑOR


MENSAJE PASTORAL
Nuestra fe, como la de Maria, es un itinerario que no se cumple en un definitivo
«ver» el rostro de Dios, sino en un constante perseguir sus huellas.
Introducción

La Epifanía del Señor es la manifestación del Dios cristiano a todos los pueblos
y razas representadas en los Magos de Oriente. Es la celebración de la
universalidad de la fe, en la cual algunos textos litúrgicos conceden a Maria un
papel de mediadora: «Brilló la grandeza de Dios y su poder se manifestó por
medio de una Virgen».

Hay un punto de unión entre los Magos y María: es la fuerza que unos y otra
necesitan para iniciar un camino. Es la fe que demuestran para reconocer que
Dios se ha manifestado, a pesar de tantas dificultades como aparecen en su
itinerario.

Tampoco para nosotros resulta siempre fácil el encuentro con Dios. Entonces
necesitamos saber en profundidad que «los Magos encontraron al Niño con
Maria, su madre». Estar junto a la Virgen es una inmensa ayuda para acceder a
Cristo.

Acto penitencial
- Por pensar que ya tenemos toda la verdad y no situarnos en continuo proceso
de búsqueda y conversión, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por no superar del todo los prejuicios intelectuales que nos impiden creer en
Ti y adorarte como nuestro Salvador, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por haber abandonado el espíritu de infancia que nos lleva a reconocerte y
confesarte, SEÑOR, TEN PIEDAD.

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Primera lectura (Isaías 60,1-6)

En la visión de Isaías, la aparición del Señor disipa toda oscuridad. Los que se
atreven a levantar la vista para esperar su manifestación, sienten el gozo de su
presencia.

Evangelio (Mateo 2, 1-12)

Buscar a Dios de todo corazón significa ya, de alguna manera, haberlo


encontrado. Los Magos, lo mismo que María, han habilitado su corazón para
descubrirle en la humildad de un niño. Lo esencial suele manifestarse en la
trivialidad de lo pequeño.

Comentario-Homilía
Al leer los episodios de la infancia de Cristo, descubrimos que son las gentes
sencillas de Israel, tales como José, los pastores y la propia Maria, los únicos
capaces de acoger sin prejuicios ni reservas el Reino de Dios. Podría concluirse
que los ricos y poderosos se han inhabilitado para creer. Pero el Evangelio,
siempre desconcertante, nos presenta también a tres astrólogos del misterioso
oriente empeñados en encontrar a Dios. Encarnan la ciencia y el fasto, pero son
igualmente sencillos hasta el punto de ponerse a buscar la verdad religiosa
venciendo sobre cualquier posible sentimiento de ridículo.
Buscar la verdad de Dios, que es tanto como buscar la más íntima y genuina del
hombre, acaso no esté muy de moda. Pero esto no quita para que también haya
gente inquieta y rebelde a la rutina, dispuesta a encontrar ese sentido mayor de
la existencia que procede de la revelación de Dios. Hay, en efecto, personas que
han emprendido un camino de amor y devoción para encontrarlo; gente que
hace su acto de fe en la manifestación de Dios, aun sabiendo que esa
manifestación nunca será total y cara a cara, sino veladamente y entre muchas
sombras. ¿Acaso los Magos quedaron colmados en su búsqueda desde el punto
de vista sensitivo o intelectual? Desde luego que no. Al llegar a Belén y
encontrarse con un niño que en nada se diferenciaba de los otros y carecía de
apariencia regia, hubieron de dotarse de otro acto de fe tan grande como el que
necesitaron para ponerse en camino. Pero lo hicieron, ya que «postrados de
rodillas, lo adoraron»
Los autores que reflexionan sobre la fe de María ponen mucho empeño en
demostrar que su fe no fue muy diferente de la nuestra respecto de facilidades y
ventajas. Fuera del hecho extraordinario de la Encarnación que, lejos de
transformar su fe en evidencia, debió ponerla a prueba una vez más, ninguna
epifanía extraordinaria acude en su socorro para ahorrarle peligros o salvarla de
la duda en encrucijadas decisivas.
«La vida de Maria no sigue el esquema de los cuentos de hadas con pajarillos
silvestres que la saquen del apuro en medio de una deliciosa musiquilla

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celestial... Tendemos a olvidar que la vida terrena de Maria transcurría bajo el
velo de la fe, de una fe que ni veía ni comprendía, pero que seguía confiando en
las insondables dispensaciones de la Providencia divina» (E. Schillebeeck><).
La fe de María se sitúa, pues, más acá de todo milagro, en las manifestaciones
corrientes de una vida desenvuelta en la trivialidad de lo cotidiano. Las
epifanías extraordinarias no son precisas ni concluyentes para "ver» a Dios. El
que se cierra a la fe no creerá «ni aunque un muerto resucite». Por el contrario,
María reconoció a Dios presente entre nosotros también cuando hubo de tomar
a Cristo e irse a Egipto; también cuando lo vio fracasado, vencido y ajusticiado.
Como los Magos y como todos los creyentes actuales de a pie, Maria hizo el
camino de su fe al andar.

Oración de fieles

Los Magos ofrecieron a Jesús sus dones, pero nosotros sólo podemos
presentar al Señor unas manos vacías para que El nos colme con su gracia.

1. Por la Iglesia, destinada a ser universal, para que se mantenga abierta al


diálogo con todas las culturas, religiones e ideologías, ROGUEMOS AL
SENOR.

2. Por los teólogos creativos, para que permanezcan fieles a la comunión de la


Iglesia y a la unidad de Cristo, sin renunciar a ofrecer el rostro de Dios que
necesita el mundo de hoy,
ROGUEMOS...

3. Por los científicos y hombres del pensamiento, para que, aceptando sus
limitaciones, Dios se les manifieste como sabiduría compatible con la verdad
del universo, ROGUEMOS...

5. Por todos nosotros, para que no perdamos nunca el sentido de la utopía, la


admiración y la sorpresa, ni la actitud de adoración ante el misterio,
ROGUEMOS...

Señor, renueva nuestro corazón con la simplicidad de la fe de María. Que


aceptemos, con la gozosa afirmación de los niños, el don de Jesús que ella
hoy nos ofrece. Te lo pedimos por el mismo J. N. S.

18
Acción de gracias

Te adoramos, Señor,
postrados ante Ti,
como los Magos ante el misterio de Jesús.

Te agradecemos
el gozoso encanto de los niños
y de los que creen, haciéndose como ellos.

Te bendecimos por la Epifania


en la cual se mostró tu deseo
de que la salvación alcance a todo el mundo
sin excepción de razas ni fronteras.

Gracias, Padre, por la Virgen Maria,


ofrenda de oro puro,
incienso que agradablemente se quema para Ti,
sin que la mirra de su sacrificio
destruya la alegría de ser tuya
en el privilegio de ofrecernos a Cristo.

Animados por Ella,


te ofrecemos la fe
para que la ilumines en sus perplejidades.

Que Maria sea la estrella orientadora


en nuestro difícil caminar hacia Ti,
hasta que Tú transformes nuestra débil visión
en iluminación y comprensión totales.

19
7 SANTA MARIA EN LA PRESENTACION DEL SEÑOR

MENSAJE PASTORAL
Maria nos enseña a aceptar con naturalidad y entereza las renuncias y
desprendimientos que necesariamente exige el itinerario de la existencia.

Introducción

Al festejar a María en la Presentación del Señor, vamos a recordar la


consagración que hizo de Jesús al Padre, según era normativo hacer con todo
varón primogénito. Se trataba de un gesto de agradecimiento por la noche de la
liberación, cuando el ángel exterminó a los primogénitos egipcios, respetando a
los de Israel.

En el caso de Jesús, el episodio reviste las características de una renuncia a la


patria potestad en favor de Dios, a quien Cristo verdaderamente pertenece. Este
primer viaje a Jerusalén en los brazos de Maria es como un ensayo de la subida
al Calvario que un día efectuará el Jesús paciente.

En la Presentación del Señor, Maria nos enseña que la función de madre y de


creyente se realiza en clave de generosidad y, consiguientemente, de sacrificio.
Toda una lección de dignidad y fortaleza frente a un futuro menos risueño.

Acto penitencial

- Porque en nuestra oración estamos más dispuestos a pedirte que a ofrecerte,


SENOR, TEN PIEDAD.
- Porque en el trato con el prójimo nos inclinamos más al egoísmo que a la
generosidad, CRISTO, TEN PIEDAD.

20
- Porque en la vida comunitaria rehuimos el sacrificio y escatimamos la
colaboración, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Malaquías 3,1-4)

El profeta ve al mensajero de Dios entrando deslumbrante en el santuario, para


hacerle agradables las ofrendas del pueblo. En él vemos nosotros a Jesús dando
sentido a nuestras oraciones y ofrecimientos.

Evangelio (Lucas 2, 27-35)

La profecía de Simeón sobre María se desenvuelve en la ambigüedad. Le


predice al mismo tiempo restauración y caída, triunfo y fracaso, gloria y dolor.
Pero esa perplejidad ante el futuro no hará tambalear la firmeza que ella tiene
definitivamente asentada en el Señor.

Comentario Homilía

De la profecía de Simeón, Maria sacaba en claro que Jesús dividiría a la gente


en dos mitades: los que se iban a alinear con él y los que se iban a situar en
contra. Todos habríamos de definirnos como frente a una bandera discutida.
Esto habría de suscitar el gozo de la redención, y desatar al mismo tiempo la
tragedia de la pasión. El cántico de Simeón habla de Jesús como Salvador y luz
de las naciones», pero también recuerda demasiado al Siervo sufriente de Isaías.

¿Sabría Maria todo lo que le esperaba? Parece ser que no. Ella no tiene el
carisma de la adivinación, sino que va deshojando la margarita del misterio a
medida que las cosas suceden. Al contemplar al pequeño Jesús, todo lo que
intuye es que van a suceder cosas humanamente ingratas. Pero no se resiste al
futuro, sino que va integrándolo, como expresará Pablo más tarde, para
»completar en propia carne lo que falta a la pasión de Cristo». En la
Presentación de Jesús, ella también se ofrece voluntaria en el altar de los
sacrificios. »María ofreció a su hijo de manera diversa a como solían las demás
madres, las cuales sabían que esa oblación no pasaba de ser una ceremonia
legal... Pero ella ofreció realmente a su hijo, y así hizo a Dios perfecto
holocausto de sí misma» (San Alfonso de Liguod).
La terrible espada de Simeón es, a decir de la exégesis, una “ronfea”, o espada
de dimensiones superiores a las normales y de más devastadores efectos. Con
ella quiere significarse el más punzante dolor que puede sobrevenirle al alma.
Pero, además, esta profecía debe considerarse en paralelo con los textos que
presentan la palabra de Dios como una espada rompedora: »La palabra de Dios
es viva, eficaz y más tajante que espada de dos filos, la cual penetra hasta la
división del alma y del espíritu, y discierne los pensamientos e intenciones del

21
corazón» (Hebreos).

El corazón de María será un Calvario permanente, en el que se ha clavado la


espada-cruz del Verbo. Al haber accedido a la propuesta de la Palabra en la
Encarnación, Cristo se aposentó en su entraña como alegre noticia, pero
también como siervo sufriente. María transforma en ciencia del Nuevo
Testamento aquella sentencia del Job paciente: »Dios me lo dio, Dios me lo
quitó». Su despojo es absoluto, si entendemos el significado que Lucas atribuye
al verbo »presentar», y que no es otro que el de »ofrecer a Dios en sacrificio».

En los momentos más amargos de la existencia, en el trance de alguna pérdida


irreparable, cuando se necesita aceptar que el hijo crezca o abandone el hogar...,
¿hay desgaste o agotamiento en nuestra fe? La recta silueta de María en el
Templo con su hijo en los brazos es un símbolo de entereza creyente y una
metáfora del heroísmo maternal.

Oración de fieles

En los mismos brazos de María que una vez ofrecieron a Jesús,


presentamos al Padre nuestras peticiones, para que las acoja como
entonces acogió a Cristo.

1. Por la Iglesia a la que el Padre ha designado para presentar a Cristo al mundo,


pedimos la obediencia de María y una mayor conciencia de ser medio, y no fin,
en esa misión. ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por los ministros que diariamente ofrecen a Cristo en el altar como ofrenda al
Padre y redención del pueblo, pidamos que ejerzan el ministerio con limpio
corazón. ROGUEMOS...

3. Por las familias que ven alejarse del hogar a sus hijos, pedimos que esas
separaciones se produzcan por ley natural de vida, y nunca sean motivo de
amargura. ROGUEMOS...

5. Por todos nosotros, pidamos ser personas que saben ofrecerse con actitud
amable y acoger a los demás con agrado y reconocimiento. ROGUEMOS...

Señor, Tú que acogiste la ofrenda de Maria, recibe hoy la de nuestras


peticiones, y actúa en nosotros conforme a la respuesta de tu amor. Por C.
N. S.

22
Acción de gracias

Padre, nuestra expresión de gratitud


quisiera hoy traducirse en acto de consagración,
y que Tú lo asociaras
al que hizo Maria de Cristo y de si misma.

Volvemos a ofrecerte hoy a Jesús


y en El lo mejor que nos has regalado:
esta fe por la que renovamos cada día
nuestra promesa de pertenecerte,
y este deseo de dedicar nuestra existencia al servicio del Reino.

Gracias por haber entendido,


a través de María,
que transmitir la vida
y animar la fe
sólo puede ejercerse en clave de generosidad.

Junto a la fortaleza
que demostró la Virgen
cuando le pediste despojarse del Hijo,
te ofrecemos nuestra debilidad.

Comunícale Tú
el heroísmo maternal de Maria
para ofrecernos en sacrificio a Ti

23
cuando y como dispongas.
Amén

24
8 SANTA MARIA DE NAZARET

MENSAJE PASTORAL
La Familia de Nazaret, con María en su centro, sigue siendo un ejemplar punto
de referencia para las familias actuales.

introducción

Con el titulo »Santa María de Nazaret» se conmemora el papel que desempeñó


la Virgen en favor de Jesús durante los largos años de su vida oculta.
Ocupándose de su educación, cuidando sus pasos y atendiendo a las tareas
domésticas, María hizo corredención en lo escondido.
Hoy acompañamos a la Virgen María como mujer casada, ama de casa y madre
de familia. Visitamos el hogar de Nazaret para celebrar el clima de amor y
libertad que lo presidió, a pesar de los conflictos que también allí se plantearon.
Frente a la Sagrada Familia, con María como punto de apoyo y equilibrio,
nuestras familias cristianas están llamadas a ser un refugio en donde restaurarse
afectivamente, y en donde renovar la fe comunitaria. Apoyadas en la de
Nazaret, nuestras pequeñas iglesias domésticas pueden ser lugares de salvación
para sus miembros.

Acto penitencial

- Por la falta de respeto y de comprensión hacia nuestros hijos, SENOR, TEN


PIEDAD.
- Por los pecados de ingratitud y de incomprensión hacia nuestros padres,
CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por la armonía rota, la paz perturbada y la convivencia enrarecida de nuestros
hogares, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Gálatas 4, 4-7)

Haber nacido »bajo la ley» supone para Jesús haberlo hecho según las
circunstancias normales que acompañan la infancia de una persona. También,
por supuesto, el haber vivido en una familia aparentemente idéntica a las del
resto de la ciudadanía.

Evangelio (Lucas 2,22.39-40)

Sin menoscabo de la »gracia de Dios» que lo acompañaba siempre, Jesús iba


creciendo lo mismo que los otros niños galileos, y sus paisanos le conocían por
»el hijo del carpintero».

25
Comentario-Homilía

A menudo me he detenido en el museo del Prado ante una pintura deliciosa de


Murillo, titulada »Sagrada Familia del pajarito». »Sagrada -comenta Camón
Aznar- por la belleza del arte que ennoblece estas figuras tan hondamente
humanas y cercanas. San José, como trono de Dios. En su regazo, un niño
luminoso que le enseña un pájaro a un perrito. Al fondo, la Virgen hilando.
Toda la paz que puede conseguirse en la tierra está aquí...»
Lo mismo que la anterior, otras versiones pictóricas o literarias de la Familia de
Nazaret son también espiritualizaciones cargadas de devoción y afecto. La
realidad de aquella familia seguro que era más compleja y menos ideal. Si bien
hacia adentro la copó el misterio, todo permite concluir que hacia afuera no se
diferenciaba demasiado de las demás familias honradas del entorno. En ella
asimiló Jesús la sana religiosidad de sus padres. Entre el trabajo manual, las
diversiones típicas, la contemplación del paisaje y los consejos de los allegados,
Jesús fraguó su asombrosa contextura humana. Creció y vivió en el seno de una
familia ejemplar durante treinta años.
Esa ejemplaridad que le ha merecido el nombre de Sagrada, siempre ha sido una
invitación para que nuestras familias se miren en la de Nazaret como en un
espejo. Un empeño moralizador muy justo, pero también porque aquella casa no
siempre fue la balsa de aceite que algunas pláticas ejemplares han pintado.
María hubo de sostener planteamientos distintos a los vigentes en la época:
engendrar un solo hijo y en condiciones de excepción suponía un cambio en la
mística judía de la maternidad. Necesariamente suscitaría en torno
incomprensiones y extrañeza, comenzando por las sospechas de José. Más tarde
tuvo que plantar cara a una viudez acaso prematura. Y el capitulo final de
aquella vida oculta se cerró con la despedida del hijo, dejándola en un pueblo
que nunca le aceptó como profeta.
La Sagrada Familia aparece impulsada por esa extraña lógica con que Dios
distingue a los que elige. Es golpeada por diversas pruebas, como dando a
entender que ser sagrado no da derecho a ser inmune contra las más ásperas
condiciones de la vida. '<Haremos bien en considerar a la Sagrada Familia
como compuesta por personas comprometidas en una batalla por su fe, de
personas que se enfrentaban valientemente con todas las dificultades, gracias a
la completa sumisión a las disposiciones divinas» (E. Schillebeeckx).
Pero también hay que pensar que, gracias a aquel esfuerzo, el clima básico de
aquel hogar se resolvía en amor, gozo y armonía. La Virgen de Nazaret era allí
un punto central de sensibilidad y de equilibrio, según se deduce de los textos.
»Guardaba en su corazón todo lo que ocurría», llenándose de asombros y
obediencia al Padre. Guardaba un silencio cuajado de amor y de sabiduría, y
contenía en él todas las exigencias de madre, esposa, ama de casa y
colaboradora de la redención.

26
Oración de fieles

Con espíritu de familia unamos nuestras plegarias para dirigirlas al buen


Padre Dios a través de nuestra madre Maria.

1. Por la Iglesia, gran familia de los hijos de Dios, para que adquiera y
mantenga siempre el calor del hogar en torno a la Madre Maria, ROGUEMOS
AL SENOR.

2. Por todas las familias que intentan vivir su comunión íntima desde la fe en
Cristo, para que en sus necesidades y dificultades encuentren inspiración en la
familia de Nazaret, ROGUEMOS...

3. Por los matrimonios rotos o en proceso de separación; por los hijos que
sufren abandono; por los abuelos que no se sienten queridos; por los padres
desconcertados. Que todos encuentren la mejor salida a su problema,
ROGUEMOS...

5. Por nosotros y los miembros más necesitados de nuestras familias, para que
seamos agentes de armonía y construyamos nuestros hogares como espacios de
paz, de diálogo y de equilibrio, ROGUEMOS...

Otórganos, Señor, el espíritu de fe que nos permita acercarnos a Ti


llamándote Padre y el espíritu de comunión que nos haga sentirnos como
hermanos. Por C. N. S.

27
Acción de gracias

Te alabamos, Dios nuestro,


Padre de esta familia que es la Iglesia,
porque pusiste en nuestro camino
a una familia humana que acogiera a tu Hijo,
y la formaste a imagen de tu misterio trinitario.

Te damos gracias por María y José


en los que uniste comunidad de amor y fe.
Con su completa sumisión a tus disposiciones
hicieron que Jesús creciera en estatura,
gracia y sabiduría.

Nos sentimos favorecidos a causa de Maria,


esposa, ama de casa y madre de familia.

Los sobresaltos e incertidumbres de su hogar


sólo sirvieron para hacer más sólida su fe,
llenándola de sabiduría divina y equilibrio humano.

Asiste nuestros hogares con su ejemplo, Señor,


ahoga en tu perdón nuestros defectos personales,
haz de nuestras casas lugares de reconciliación,
y resplandezca en ellos tu armonía.
Amén

28
9 LA VIRGEN MARIA DE CANA

MENSAJE PASTORAL
En María aprendemos que la oración de súplica supone la fe, pero no la
condiciona al éxito inmediato de nuestras peticiones.

Introducción

El evangelista San Juan sitúa el episodio de las bodas de Caná al comienzo de la


vida pública de Cristo. En él aparece Maria como mujer de fe e intercesora ante
las necesidades de los demás; como madre solícita que no duda en conseguir de
su hijo lo que le pide en beneficio ajeno.
El relato rebosa de intenciones teológicas. Entre otros significados, aquí se
prefigura a la Iglesia reunida en asamblea festiva, celebrando la manifestación
del Señor y siendo consolidada en la fe con sus signos.
Animadora y medianera, la Virgen María de Caná nos enseña que la oración de
súplica siempre ha de hacerse con gran delicadeza y suma confianza,
presentándole a Dios nuestros problemas, en lugar de exigirle lo que queremos
que haga.

Acto penitencial

- Por nuestra fe sin depurar cuando pretendemos el éxito como recompensa por
creer en Ti, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestra esperanza maltrecha cuando no te vemos actuar conforme a
nuestras pretensiones, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestra caridad desviada cuando pedimos mucho por nosotros y poco por
nuestros hermanos, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Exodo 19, 3-8a)

Públicamente Moisés interpreta la historia de su pueblo en clave providencial.


Y el pueblo, que lo escucha, responde con una declaración de obediencia que
es, al mismo tiempo, una proclamación de confianza: «Haremos lo que ha dicho
el Señor».

Evangelio (Juan 2,1-11)

El mayor deseo de Maria, así como el mejor sentido de la devoción que le


profesamos, es el de orientar hacia Cristo nuestros cuidados, amor y obediencia.

29
Le honramos de veras cuando hacemos lo que él nos dice.

Comentario-Homilía

La fe de Maria, entre ingenua y osada, se muestra de tal suerte segura que no


duda en informar: «Hijo, no tienen vino». Su calidad creyente ha progresado ya
hasta la certeza de que Cristo no podrá negársele. Sin embargo, Jesús se resiste,
como si considerara que esa fe está todavía demasiado apegada a la idea
mesiánica del triunfo y la eficacia. Y como si quisiera convencerla de que él no
ha venido al mundo para hacer ilusionismo, le dice: «¿Quién te mete a ti en
esto, mujer?».
No se trata de negar el papel de los signos. De hecho, Jesús ha venido a esta
boda para manifestar la gloria de Dios y dar la fe a sus discípulos a través de un
signo. No se trata de negarse al milagro, sino de invitar a una fe más depurada
que no necesite confirmarse en el «ver». A María se le pide una fe más perfecta,
no apoyada en la ostentación y en el triunfo. Se le pide una fe mantenida
incólume incluso si no se ve sancionada por el éxito humano. A ella se le invita
a pasar a un plano superior y más espiritual en donde la adhesión a Dios no se
apoye en otra prueba que en la de su palabra: «Dichosa tú que has creído,
porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá».
La verdadera fe descansa únicamente en «lo que Dios ha dicho». El creyente
entrega su corazón y voluntad a la Palabra, a Jesús como Verbo de Dios. Para el
creyente, los hechos milagrosos no son pruebas concluyentes del poder de Dios,
sino envases de sabiduría y signos de una renovación interior que se produce
cuando El irrumpe en la vida. Llama la atención cómo Jesús no hizo milagros
para los incrédulos, sino para los que ya creían, como si considerase inútil
pretender convencer a los que previamente se habían cerrado. Para sanar a los
enfermos, Jesús exigía que creyeran en él, antes de operar el signo. En cambio,
negaba toda manifestación de poder cuando prevalecían el escepticismo y la
incredulidad.
En Caná de Galilea Maria representa a la Iglesia. Por eso Jesús la llama »mujer»
y no «madre», como correspondería a un hijo. Más que progenitora de un
hombre extraordinario, María es aquí el miembro más cualificado de la
comunidad eclesial: esa mujer de fe que ha de seguir madurándola y
purificándola. .. Nosotros, miembros de la Iglesia y representados en María,
estamos también en proceso de fe. Aquí se nos invita a decidirnos por el Señor,
a cobijar su palabra y a dejarnos conducir por ella, aun cuando el agua no se nos
convierta en vino por arte de magia, y aun cuando las pruebas de lo divino
queden recubiertas por la costra de lo humano.
La Virgen María de Caná también nos convoca a la obediencia perfecta: «Haced
lo que El os diga». Se trata de aceptar cualquier decisión de Dios en nuestras
vidas, sea contraria o favorable al sentido de nuestras peticiones.

30
Oración de fieles

Sabiendo que «nos falta el vino», es decir, la alegría, la salud, el afecto, el


trabajo y tantas otras cosas, ponemos tanta necesidad en los ojos de Maria,
para acudir a Dios.

1. Por la Iglesia, representada en las bodas de Caná, para que los signos del
Espíritu que la asiste la confirmen en la fe y, a ejemplo de María, ejerza el
ministerio de la intercesión en favor de los más necesitados, ROGUEMOS AL
SEÑOR.

2. Por los recién casados y las parejas que preparan su vida en común, para que
las dificultades materiales no minen su convivencia, y vean en su amor un signo
del que Jesús profesa a la Iglesia, ROGUEMOS...

3. Por las fiestas familiares y populares, para que reine en ellas el buen sentido,
la creatividad, el espíritu de colaboración y el impulso solidario,
ROGUEMOS...

5. Por todos los presentes, para que consigamos hacer de nuestras


eucaristías fiestas de encuentro participado y de fraternidad, de modo que
sintamos en ellas la presencia humana y divina de Cristo, ROGUEMOS...

Señor, que, a ejemplo de Maria, intercedamos a favor de nuestros


hermanos y que aceptemos cualquier disposición tuya sobre nuestras vidas.
Te lo pedimos por C. N. S.

31
Acción de gracias

Te damos gracias, Padre,


porque en los signos de Jesús
mostraste la atención
y el cuidado con que nos favoreces.

Gracias por la prodigiosa iniciativa


que llevó a Maria
a ponerse junto al necesitado
con amor de madre atenta al último detalle.

Gracias
porque en las bodas de Caná
quisiste compartir las sanas alegrías humanas,
amenizar la convivencia popular,
disipar la tristeza que amenazó la fiesta
y confirmar la fe de los discípulos.

También nuestra esperanza


se refuerza al sentir a María
en el centro de la comunidad
como modelo de la Iglesia y Madre intercesora.

Admiramos su confianza suplicante en Cristo,


nos anima a interceder unos por otros
y nos hace ayudarnos en las necesidades.
Gracias, buen Padre, por tan buena madre.
Amén

32
TIEMPO DE CUARESMA FORMULARIOS DE MISAS

10. Santa María, discípula del Señor.


11. La Virgen María junto a la cruz del Señor (1).
12. La Virgen María junto a la cruz del Señor
13. La Virgen María confiada como madre a los discípulos.
14. La Virgen María, madre de la reconciliación.

10 SANTA MARIA, DISCÍPULA DEL SENOR

MENSAJE PASTORAL
El humilde y atento aprendizaje de María es un motivo de inspiración para
seguir fielmente a Jesús Maestro.

Introducción

«El tiempo de Cuaresma es un camino que los fieles recorren entregados a


escuchar más intensamente la palabra de Dios y a la oración. De este modo se
convierten en auténticos discípulos de Cristo, siguiendo sus huellas y
procurando permanecer fieles al pie de su cruz» (Misal de la Virgen).
En Maria resalta sobremanera su actitud receptiva frente a la palabra de Dios.
Cumpliendo en cada momento su voluntad, se acreditó como la mejor alumna
del Señor en un aprendizaje fiel y en una entrega total a la verdad salvadora.
Al contemplarla hoy como discípula, escuchamos el eco de las palabras que un
día le dedicó Jesús: «Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la
guardan». Dichosos los que en este tiempo de reflexión encuentran en Maria un
fuerte motivo de inspiración para seguir fielmente a Jesucristo.

Acto penitencial

- Por las veces que hemos querido aleccionar a otrqs, sin querer someternos
nosotros al aprendizaje, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por haber hablado de Ti, sin dejarnos antes interpelar por Ti, CRISTO, TEN
PIEDAD.
- Por nuestro orgullo al pensar que lo sabemos todo, o que no necesitamos
convertirnos, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Eclesiástico 51, 13-18.20-22)

33
El autor del Eclesiástico expresa su contento por haber seguido desde joven el
camino de la sabiduría. Adquirirla supone humildad para seguir el consejo ajeno
y gratitud hacia el maestro.

Evangelio (Mateo 12, 46-50)

No se puede ser buen discípulo sin una actitud fundamental de atención. Maria
estuvo siempre conectada al deseo de Dios. Jesús valora esta actitud más,
incluso, que su condición de madre física.

Comentarlo-Homilía

Otra madre en su lugar tal vez se hubiera ofendido, por considerar como un
desplante hacia ella el modo como Jesús responde a la alabanza de la mujer.
Maria, en cambio, con su silencio, ofrece una muestra más de esa sabiduría que
ha aprendido en la escuela del Señor. Lejos de sentirse herida o menoscabada en
su amor propio, lo toma como un elogio, pues sabe que su condición de
discípula obediente está por encima de su maternidad biológica. Y en lugar de
entristecerse por lo que parece una falta de atención o reconocimiento, se goza
de que otros se le unan en el cumplimiento de la voluntad de Dios como
hermanos y condiscípulos suyos.
Además, «Cristo no rebaja aquí el mérito de su madre; al contrario, apunta a la
nueva dimensión, a la futura familia de Dios donde su madre ocupará el primer
puesto, subrayando su absoluta apertura a la palabra divina, y su entrega total a
la verdad salvadora a él, que es la verdad misma» (B. Háring).
No hay discipulado ni aprendizaje posible sin humildad, sin conciencia de los
propios limites intelectuales. Al confesar su incapacidad radical para contener la
verdad -«No conozco varón»- y al mismo tiempo su deseo de saber -«¿Cómo
será eso?»-, Maria acredita haberse despojado de soberbia y de incredulidad>
haciéndose digna de conocer, de concebir, de poseer a Dios. La humildad
siempre se gana el aprecio ajeno. Mientras que el soberbio se termina en si
mismo, en su ciencia, en su autosuficiencia, el humilde se prolonga hacia los
demás y facilita la comunicación, a través de la cual le llegan nuevos dones y
conocimientos... Y si la mente de un alumno así, no comprendiese algunas
razones, entra en juego su confianza en el maestro. Por eso, la reacción de
Maria ante el «imposible» de la Encarnación es de absoluta entrega. Donde
acaban sus objeciones, empieza el amor. Después de «turbarse» frente a la
desmesurada proposición del ángel, se recupera y dice: «Hágase en mi según tu
palabra>), que no pertenece al discípulo corregir las disposiciones del maestro.
Una segunda cualidad del discipulado es la atención constante. Por eso, Maria
es la mujer que siempre escucha, la que guarda los acontecimientos en su
corazón, la que en el Evangelio de Mateo no pronuncia ni una sola palabra, y en
el de Lucas, siempre que habla es para decir que si, después de haber escuchado

34
atentamente las razones de Dios.
Como Maria, la discípula del Señor, estamos llamados a aceptar su palabra; a
leerla e interpretarla a través de los signos de los tiempos y de cuanto
personalmente nos ocurra; a ser modestos y sencillos en nuestras
intervenciones; a saber aceptar y encajar, sin refugiarnos en falsas seguridades,
las muchas perplejidades del momento presente; a no pretender tener soluciones
infalibles para todo; a dejarse evangelizar por los que acaso saben menos que
nosotros, pero que están más cerca de Jesús porque escuchan la palabra de Dios
y la cumplen.

Oración de fieles

En el deseo de que sea Cristo quien nos enseñe a orar, acudimos al Padre
presentándole nuestras necesidades.

1. Por la Iglesia, para que sea escuela de verdad a base de aprender en la


palabra de Dios y en el servicio a los hombres, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los profesores y educadores, para que sean formadores integrales de sus
alumnos, transmitiéndoles la sabiduría del corazón, además de los contenidos de
cultura, ROGUEMOS...
3. Por los alumnos, para que se esfuercen en rendir conforme a los talentos que
recibieron y para que les guíe siempre el deseo de conocer la verdad, por
encima de otros intereses, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones
5. Por todos nosotros, para que estemos siempre abiertos a la palabra de Dios, y
dispuestos a incorporar nuevas enseñanzas que nos enriquezcan en humanidad y
en fe, ROGUEMOS...

Señor, enséñanos a orar. Danos el conocimiento que nace de sabernos


necesitados de tu constante iluminación, incluso cuando solicitamos tu ayuda.
Te lo pedimos por C. N. S.
Acción de gracias

Te alabamos, Señor, pues en todas tus obras das muestra de un sabio proceder.
Desde que nuestros padres y maestros nos enseñaron a amarte, toda nuestra vida
es un canto de gratitud a tu sabiduría. Tu verdad nos atrae, pero desborda la
capacidad de nuestro limitado entendimiento. Por eso queremos aprender de
Maria, la que atenta y humilde escucha tu palabra.
Otórganos un corazón abierto y transparente para escuchar tus mensajes en el
acontecer, y hacer tu voluntad
como condiscípulos de la madre de Cristo. Gracias, Señor, por Ella, digna de
conocerte por haberse despojado de incredulidad. Gracias por la modestia y
sencillez con que supo recibir tus lecciones, a pesar de no entenderlas

35
inmediatamente. Gracias por aprender de Maria y con ella.

11 LA VIRGEN CRUZ MARIA JUNTO A LA DEL SEÑOR (1)

MENSAJE PASTORAL
Al contemplar a María como mujer de corazón fuerte ante la cruz, hallamos un
motivo más para nuestra firmeza en la fe.

introducción

Hoy nos hemos reunido para celebrar a María como compañera del Redentor.
Los relatos bíblicos no la mencionan entre las mujeres que seguían a Cristo
camino del Calvario. Sólo el cuarto Evangelio habla de ella, pero no la sitúa en
el camino, sino al pie de la cruz.
Del texto de San Juan se deduce que la Virgen María estaba dotada de una
extraordinaria firmeza, al permanecer junto a la cruz cuando los demás
discípulos habían huido.
La virtud de la fortaleza es la que nos permite afrontar peligros y soportar
adversidades. Ante la firmeza de corazón demostrada por María, hoy queremos
preguntarnos: ¿Somos personas de temple robusto y ánimo esforzado?
¿Tenemos afianzada nuestra vida y nuestra esperanza sobre la roca de
Jesucristo?

Acto penitencial

- Por nuestra flaqueza y falta de perseverancia en el mantenimiento de los


compromisos, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestra debilidad y cobardía en el momento de tomar la cruz y caminar
contigo, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por abandonar a su suerte o desgracia a quienes necesitan compañía y apoyo,
SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Romanos 3, 31 b-39)

En uno de sus textos más hermosos, tanto desde el punto de vista literario como
testimonial, el apóstol Pablo se sitúa más allá del bien y del mal en lo
concerniente al seguimiento de Cristo. Nada ni nadie le pueden apartar ya de él.

Evangelio (Juan 19, 25-27)

El arte ha sabido interpretar, como ninguna otra escena religiosa, la que


seguidamente vamos a escuchar: a ambos lados de la cruz se quedaron Juan y
Maria como dos centinelas de la lealtad tallados en granito. El evangelista narra

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el momento con una pincelada austera y sobrecogedora.

Comentario Homilía

¿Qué motivos hallaría la Virgen para no sentirse completamente defraudada en


el camino de la cruz? ¿Qué remedio tomaría para no derrumbarse? Es cierto que
la naturaleza dota a las madres de fortaleza suficiente para explicar el milagro
de la perseverancia sin abandono. Aun así, la frase de Juan parece dar a
entender que, además de la simple presencia, Maria demostraba una serenidad
difícil de entender sin un elemento de inconmovible fe en el Padre. Tal vez
buscaba fortaleza en aquel salmo: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi
corazón está firme».
Los clásicos de la espiritualidad han gustado de recrear el momento, con objeto
de mover a compasión, a contrición, a solidaridad filial con el dolor de Maria:
«Contemplemos a una madre condenada a ver morir ante ella con muerte
ignominiosa a un hijo inocente a quien ama con toda su ternura. Al evangelista
no se le ocurre decir cosa mayor que ésta: "Estaba junto a la cruz de Jesús su
madre". Mírala, asistiendo a la agonía del hijo, y dime luego si hay dolor como
el suyo o fortaleza semejante. Todos le abandonaron, pero no le abandonó
María... Las llagas que padecía Jesús en su cuerpo las padecía María en su
corazón. Quien entonces se hubiera hallado en el Calvario habría visto dos
altares en los que se consumaban dos grandes sacrificios: el uno en el cuerpo de
Jesús y el otro en el corazón de María...» (San Alfonso).
La Virgen del Calvario no sólo conmueve, sino que, sobre todo, causa
admiración. La Virgen paciente está junto a la cruz porque la sostiene desde
dentro la mujer fuerte. María está representando allí dos papeles distintos: el
de madre humana de Jesús y el de madre espiritual nuestra. El primero la inclina
a doblegarse como un junco a la pena; pero el segundo la endereza y la
mantiene. Perder a un hijo no es para ella motivo suficiente para abandonar
a los demás que acaba de engendrar.
María es aquí la mujer tierna, pero también la madre inconmovible. Con la
fragilidad del tallo y con la reciedumbre de los rompeolas. El recorte de su
silueta sobre el Calvario es un gran símbolo de entereza humana. No en vano la
tradición ha ido acumulando sobre María una serie de imágenes que tratan de
expresar la solidez de su fe y la perseverancia de su amor: la llamamos refugio,
torre, puente, roca, columna, etcétera. Es la perfecta realización de aquella casa
que, por tener sus cimientos bien clavados en piedra, ni el viento ni las aguas
consiguen abatir.
Entre la flaqueza de los discípulos desertores y la inconmovible perseverancia
de María nos encontramos nosotros. Es fácil sucumbir a sentimientos de
derrota y desmoralización cuando, a pesar de nuestra confesión de fe, nos
vemos azotados por la adversidad o por la incomprensión ajena. Nuestra
voluntad no siempre corre al mismo ritmo de nuestras convicciones. Es fácil

37
traicionar al Crucificado, o duro permanecer junto a él, cuando una
permanencia así supone renunciar a otros valores o a otros intereses. Entonces
es el momento de mirar a María y de ver cómo y dónde ella aseguró sus pies
y clavó sus cimientos.

Oración de fieles

Ante Jesús, que muere por nosotros, y junto a María, la madre fiel, nos
dirigimos al Padre con la confianza de que, en presencia de ambos, escuchará
nuestras preces.

1. Por la Iglesia, a quien el Espíritu Santo no abandona, para que ella también
permanezca junto al hombre crucificado, como garantía de que Cristo
permanece en ella, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los cristianos que prestan su voluntaria colaboración en los ministerios de
la caridad y del apostolado, para que cuando les tiente el desaliento apoyen su
perseverancia en la de María, ROGUEMOS...
3. Por los perseguidos a causa de su conciencia, para que encuentren puntos de
apoyo en la nobleza de sus intenciones y en la solidaridad de todos,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, especialmente por los más débiles de fe, para que nada ni
nadie logre apartarnos del amor de Cristo, ROGUEMOS...

Señor, fuerza de nuestra debilidad y refugio de nuestro desamparo, refuerza Tú


el ánimo de los que nos cansamos, devuelve la energía a quienes desfallecemos
y asegura nuestros pies en la roca de Jesucristo, que contigo vive y reina por los
siglos de los siglos.

Acción de gracias

Te damos gracias, Padre, porque siendo débiles todo lo podemos en Cristo, que
nos fortalece.
Por eso, nuestra gratitud hoy se resuelve en una adhesión inquebrantable a Ti
y exclamamos con Pablo:
«¿Quién podrá separarme del amor de Cristo? ¿Las pruebas, la angustia, la
persecución, el hambre, los peligros, la espada...? Nada podrá apartarme del
amor de Dios».
Gratitud y alabanza, Padre, por María,
a la que no abatió el dolor más amargo.
Junto a ella nos guarecemos.
A su amparo confiamos nuestras inconstancias.
Haz que permanezcamos fieles a Jesucristo;

38
y que, aunque otros se cansen y abandonen,
nos quede siempre el consuelo y apoyo
de una madre fuerte junto al Crucificado.

12 LA VIRGEN MARIA JUNTO A LA CRUZ DEL SEÑOR (II)

MENSAJE PASTORAL
Al contemplar a Maria como Virgen fiel, se acrecienta nuestra fidelidad a
Cristo, también en los momentos de prueba o dificultad.

Introducción

Junto a su condición de madre, en Maria resalta la de ser compañera de Cristo


en su misión salvadora, es decir, corredentora al lado suyo. Por eso la
celebramos hoy junto a la cruz, presente a la hora decisiva de la redención.
En ese momento del Calvario brilla, junto a su fortaleza, su absoluta
fidelidad. El si de la Anunciación se prolonga y se mantiene en el instante de
compartir el sufrimiento de Cristo, consciente de que "quienes hemos sido
incorporados a Cristo fuimos incorporados a su muerte».
A quienes por el bautismo hemos sido asociados a Cristo, se nos pide, lo
mismo que a Maria, una fidelidad a toda prueba. Incluso el que alguna vez
reciba la impresión de estar malogrando su vida a causa de Jesús, debe tomar la
cruz y proseguir, pues entra dentro de la lógica de Dios que "quien quiera salvar
su vida, la entregue».

Acto penitencial

- Porque en la vida de fe muchas veces nos guía el oportunismo más que el


amor, y nos puede el ambiente más que la decisión personal, SENOR, TEN
PIEDAD.
- Por habernos avergonzado y haberte negado, en lugar de dar la cara por Ti,
CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por resistirnos a caminar por el camino estrecho y a entrar por la puerta
angosta que conducen a la vida, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera Iectura (Judit 13,17-20)

Judit llegó a arriesgar su vida por fidelidad a su pueblo. Cuando la ciudad fue
liberada gracias a su colaboración, sus paisanos le compusieron una canción que
contiene resonancias marianas: "Bendita seas, hija del Dios Altísimo, más que
todas las mujeres de la tierra».

Evangelio (Juan 19, 25-27)

39
¿Cómo se explica que María al pie de la cruz mantuviese la integridad de su
perseverancia? Supo resistir, dominar y permanecer, porque había empeñado su
palabra y sabia hasta dónde debe conducir el compromiso de la fe.

Comentario-Homilía

Fidelidad es esa observancia de la lealtad que uno le debe a otro. Es la


perseverancia junto a alguien en lo bueno y en lo malo. Es el crisol de la
amistad, allí donde se prueba la calidad de un compromiso. Fidelidad es esa
mujer derecha frente a un Crucificado que, además, es su hijo.
Los profetas habían presagiado una larga vida para el Rey-Mesías. También el
ángel de la Anunciación le había augurado un porvenir brillante: “Será grande,
tendrá el trono de David, reinará sobre la casa de Jacob...» Luego resulta que da
a luz a su rey en un establo, que tiene que emigrar del país y que el trono se va
configurando poco a poco como cruz de esclavos. En la subida hacia el
Calvario que la tradición nos ha transmitido, seguramente fue señalada muchas
veces como la madre de aquel malhechor ajusticiado. A su dolor por la
injusticia se unía la vergüenza por una condena judicial supuestamente justa.
Pero ella no se avergonzó. A diferencia de los discípulos que »huyeron» en
aquel momento decisivo, demostró una adhesión inquebrantable. Demostró
que la fidelidad es ese amor que nunca muere.
Maria había cimentado su constancia sobre la de Jesús, al que sabía "fiel por
nosotros hasta la muerte». Los acontecimientos de la vida de su hijo debieron
ser para ella otros tantos signos de interrogación. Los guardaba en su corazón
como en un cofre indestructible. No experimentaba aquella debilidad a la que
continuamente se inclinaba la fe de los apóstoles. Quienes la veían, no podían
menos de concluir que María se había tomado a Dios completamente en
serio.

Pero su fidelidad a Cristo se extiende también al "cuerpo de Cristo que es la


Iglesia», desde el momento de su fundación. En vísperas de Pentecostés, “todos
perseveraban unánimes en la oración con María la madre de Jesús». Imploraban
con oraciones la fuerza del Espíritu Santo, que acabó por derramarse sobre la
Iglesia tan pródigamente como sobre María el día de la Anunciación. Por eso, la
fidelidad de Maria a la Iglesia se muestra también en la semejanza que entre
ambas existe: "La madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la
caridad y de la unión perfecta con Cristo... La Iglesia se hace también madre
mediante la Palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el
bautismo engendra a nueva vida a los hijos concebidos por obra del Espíritu
Santo»

Pablo dice que “los que fuimos agregados a Cristo, nos incorporamos a su

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muerte». Por tanto, no basta sacar pecho sólo en los momentos de exaltación
triunfal, cuando está bien visto, cuando la galería aplaude y la afición aclama,
cuando viene el Papa y se establece un clima de euforia militante. Eso puede ser
oportunismo y versatilidad. La fidelidad es cosa, sobre todo, de momentos
como el presente.

Oración de fieles

Confiamos en la pasión y muerte de Jesús, apelamos a la fidelidad de Maria,


para presentar hoy al Padre nuestras necesidades.

1. Por la santa y fiel Iglesia, para que sepa llevar como una divisa de fidelidad a
Cristo el hecho de la persecución, comprendiendo que el discípulo no puede ser
tratado mejor que su maestro, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los que se sienten acosados por la calumnia y la maledicencia, para que
hallen consuelo en el Crucificado inocente, y esperanza en el Resucitado
Glorioso, ROGUEMOS...
3. Por los que penan cárcel, destierro u otras condenas de la justicia humana,
para que el perdón generoso de la justicia divina les compense en su desgracia,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, que nos llamamos fieles discípulos de Cristo, para que a
ejemplo de Maria y conscientes de que no podemos servir a dos señores,
permanezcamos en fidelidad amante a Jesús, aceptando estar siempre al lado de
su cruz, ROGUEMOS...

Concédenos, Señor, que en los momentos de desmoralización y cansancio no


cedamos a la tentación de abandonarte. Pero enséñanos también a comprender
que, aunque nosotros te seamos infieles, Tú permaneces fiel. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te bendecimos y te damos gracias, Padre, porque, llevado de tu fidelidad y


amor, permitiste la muerte de Jesús, para rescate nuestro.
Te bendecimos por la obediencia del Crucificado, cuyos brazos abiertos en
actitud de entrega cumplieron tu designio redentor sobre el mundo. Quienes por
el bautismo fuimos incorporados a su muerte y a su resurrección, hoy
prometemos abrazar su cruz y proseguir con El. ¿A dónde iremos, si solamente
Cristo tiene palabras de verdad y de vida?
Tú nos diste a María como compañera de escalada a la cima del Calvario.
Gracias, Señor, pues tal corredentora nos facilita una fidelidad a toda prueba.
Con ella de la mano no desfalleceremos. Su recio amor nos llenará de fuerza
para asentar en Ti, Dios fiel, toda perseverancia.

41
13 LA VIRGEN MARIA, CONFIADA COMO MADRE A LOS
DISCÍPULOS

MENSAJE PASTORAL
María, como madre nuestra, pertenece a la herencia de Jesús en la cruz,
constituyendo un lazo de fraternidad para los cristianos.

Introducción

«Las palabras de Jesús al morir en la cruz: "Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu
madre", la Iglesia las recibe como un testamento particular en el que Cristo
confió a todos los discípulos como hijos a la Virgen Madre, y encomendó a los
discípulos que la veneraran como a tal...” (Misal de la Virgen).
Esta declaración solemne de Jesús supone revestir nuestra fe de sonrisa, de
abrazo, de ternura y paciencia. Supone introducir en la Iglesia un regazo

42
amoroso de confianza.
Cuando decimos que Dios se vale de un corazón de madre para rodearnos de su
amor de Padre, estamos aludiendo al momento en que Cristo nos dejó a la
Virgen Madre como su mejor herencia.

Acto penitencial

- Por la desconsideración de los hijos para con sus madres a las que Tú
mandaste amar, honrar y respetar, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestras discordias y faltas de fraternidad que hieren el corazón de la
madre común, Santa María, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por las madres que abandonan a sus hijos y por las que les protegen en exceso,
SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Macabeos 7,1.20-29)

La madre de los macabeos es otra de las grandes mujeres bíblicas en la que


vemos anunciada a María. Para aquella mujer admirable era más importante la
integridad moral de sus hijos que su misma vida física.

Evangelio (Juan 19, 25-27)

Juan, el discípulo más joven, que siempre se ha distinguido por una fidelidad a
toda prueba, es el representante de un pueblo nuevo que cree en Jesús.
Adoptándolo a él como a hijo, María se hace cargo de todos nosotros.

Comentarlo-Homilía

Cuando Juan describe los episodios de la pasión, parece que se reviste de


solemnidad como para oficiar una liturgia. Y es que para el cuarto evangelista
"ha llegado la hora», la hora cero, el culminante momento del sacrificio y la
elevación, al cual asiste emocionado y conteniendo el aliento: »Padre, ha
llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique..." Para San
Juan el Calvario es un altar y Jesús la víctima ofrecida. Los hechos suceden
pausada y cadenciosamente como resultado de un largo ensayo.
En este escenario de liturgia enfática y solemne, Jesús pronuncia las palabras
que hemos escuchado en el Evangelio y que vienen subrayadas por la
importancia del momento: "Ahí tienes a tu hijo..., ahí tienes a tu madre". A
primera vista parece que Jesús está simplemente cumpliendo con el deber filial
del cuarto mandamiento, es decir, hallar acomodo y seguridad
para una madre viuda que va a quedarse sola. Pero, más allá de esta lectura, hay
datos que nos inclinan a otra interpretación. Por ejemplo, si Cristo sólo hubiera
pretendido dejar a su madre en el cuidado del más íntimo amigo, lo natural

43
habría sido dirigirse primeramente a él, y no a ella, como consta en el texto.
Además, ¿por qué comienza llamándola “mujer» y no "madre», como habría
sido lo propio? Sin duda porque la vocación maternal de Maria no se refiere
aquí a Jesús, sino que se hace extensiva a todos aquellos a quienes el "discípulo
amado» está representando.
Todo indica que aquí se proclama solemnemente la maternidad espiritual de
María sobre los cristianos. En la hora tristemente famosa del primer pecado, al
lado del hombre Adán estuvo Eva. En la hora cumbre del cumplimiento y la
restauración, junto al hombre nuevo que es Jesucristo, está también Maria como
nueva Eva. Y al lado de ambos, como gran beneficiado de la redención, se
encuentra el firme seguidor Juan, delegado y representante de toda la
humanidad.
Como de los dolores de un parto, la Iglesia está naciendo de ese pie de la cruz
regado con la sangre vertida. De la tragedia del Calvario se levanta una familia
nueva. Maria pierde a un hijo, pero su maternidad se ve compensada con el
nacimiento de otros innumerables.
Amar a Maria como a nuestra madre supone sentirnos entre nosotros mucho
más unidos en esta nueva familia, que es la Iglesia. Llamar madre a Maria nos
remite necesariamente al gran momento en que Cristo entregó su vida por
nosotros. Por eso, María madre nos vincula estrechamente al hecho redentor. La
devoción a la Virgen es entonces genuina, recia y cimentada, porque en ella
vivimos el misterio salvador de la solidaridad que brota de la cruz. Invocar a
Maria como madre nuestra es algo más que un mero recurso sentimental;
supone sentirse unidos como hermanos en la cruz de Cristo; supone ayudarnos a
llevar mutuamente las cargas y las cruces; supone no olvidar jamás lo mucho
que le costó a esta Madre darnos a luz.

Oración de fieles

El Señor, que dotó a las madres de especial condición para derrochar ternura
con sus hijos, comprende que nosotros le hagamos nuestras plegarias por
intercesión de nuestra madre María.

1. Por la Iglesia, para que al recibir a María por madre ¡a ponga en el sitio que le
corresponde como educadora de los sentimientos y puerta de entrada al corazón
de Cristo, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los niños huérfanos y los que no han podido conocer el calor de una
madre, para que encuentren por otros medios una sana integración afectiva,
ROGUEMOS...
3. Por las mujeres que no han podido ver realizados sus deseos de maternidad,
para que encuentren cauces de realización y de fecundidad espiritual,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.

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5. Por todos los presentes, para que, mirándonos en la madre María nos
reconozcamos como hermanos de Cristo, renacidos de su sangre y
colaboradores de su misión salvadora, ROGUEMOS...

Señor, ya que Jesucristo nos ofreció como madre nuestra a su propia madre,
haznos destinatarios de los demás dones que tu bondad nos reservó por la
pasión de Cristo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Acción de gracias

Te damos gracias, Señor, por Jesucristo, mediador de salvación y hermano


nuestro, por el que recibimos como madre a María. En su dolor nacimos como
Iglesia
del costado abierto del Crucificado, y en su gozo elevamos la esperanza de
unión global, de universal familia.
Te damos gracias, Padre,
porque no permitiste que tu pueblo peregrinara huérfano de ternura.
María nos acompaña; es de nuestra familia; soporta con nosotros las cargas y
penurias
de un hogar indigente que aspira a construirse con la herencia y los dones de
Cristo.
Envíanos, Señor, tu espíritu de amor, para que seamos Iglesia acogedora,
sensible y maternal, con María en su centro.

14 LA VIRGEN MARIA, MADRE DE LA RECONCILIACION

MENSAJE PASTORAL
Con María como mediadora de paz y de perdón, desde nuestra conciencia de
pecado se promueven sentimientos de reconciliación.

introducción

La Cuaresma nos llama especialmente al encuentro de Dios en el abrazo de la


reconciliación. Reconocer que no somos inocentes, sino responsables del dolor
ajeno, no es para el cristiano un sentimiento que le hunda en el fatalismo. Es un
ejercicio de madurez humana que hace posible la conversión, la pacificación, la
inserción en una nueva vida que comienza y progresa desde el perdón.
Cristo es nuestro reconciliador con el Padre: «La sangre que derramó paga
nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados. Y en esto se conoce la
inmensidad de su gracia que El nos concedió>< (Carta a los Romanos).

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Llamar a Maria «madre de la reconciliación« no es atribuirle a ella el papel que
sólo le corresponde a Cristo. Concederle ese título es asumir la tradición que la
invocó siempre como «refugio de los pecadores». Es reconocer que la madre de
Dios y madre nuestra está más capacitada que nadie para poner paz entre todos
los hermanos.

Acto penitencial

Por habernos negado a perdonar a los que nos ofenden, así como Tú perdonas
nuestras deudas, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestro menosprecio de los signos sacramentales en los que nos ofreces el
perdón, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por habernos hundido en sentimientos de culpa, desconfiando de tu
misericordia, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Segunda Corintios 5, 17-21)

Reconciliarse es para San Pablo como nacer de nuevo; la posibilidad de ser libre
para recomenzar la vida. Este camino de libertad y encuentro pasa por abrirse a
Jesucristo, en quien «recibimos la justificación de Dios».

Evangelio (Juan 25,19, 25-27)

Junto a la cruz de Cristo, María es testigo de reconciliación entre Dios y los


hombres. Allí fue declarada madre nuestra y «por su maternidad divina fue
hecha colaboradora de Dios en la misma obra de la reconciliación» (Pablo VI).

Comentario-Homilía

¿Por qué la gente sufre? ¿Por qué la miseria y el derroche conviven frente a
frente? ¿Cuánto dolor recogemos como cosecha inmediata de los egoísmos
propios y ajenos? La muerte, todas las variadas formas de muerte que se
observan en el mundo actual son resultado del pecado. En un dramático
testimonio de experiencia, San Pablo habla de «una ley que pelea contra el
espíritu y me convierte en prisionero de una inclinación al pecado» (Romanos).
El Concilio también transmite esta experiencia de fractura interna que se
prolonga luego en muchos desajustes sociales: «Los desequihbrios que fatigan
al mundo hunden sus raíces en el corazón humano. Son muchos los elementos
que combaten en el interior del propio hombre. Por eso siente en sí mismo la
división que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad» (Gaudium et
Spes).
Verdaderamente estamos inclinados a causar mal, a dañar y a ofender, aun
cuando nuestra conciencia nos dicte en cada caso el camino de la paz y el

46
respeto. La naturaleza humana, dejada a su propia suerte, no nos orienta
precisamente a un paraíso de convivencia. La serpiente y la mujer del Génesis
encarnan esa lucha compleja entre los buenos sentimientos y las malas
inclinaciones. Eva cayó lo mismo que nosotros caemos. Pero nadie hay
definitivamente echado a perder. De hecho, el relato termina en promesa
esperanzada: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la
suya...», le dice el Creador a la serpiente.
En todo este drama mítico permanentemente actualizado, María es para
nosotros la imagen de una nueva Eva, de una tierra limpia, de una humanidad
renovada y pacificada. Situada en el vértice de nuestros mejores sueños de
pureza, María es el espacio de la inocencia original que el ser humano sueña
desde siempre. Reconciliada con la belleza y la bondad de Dios desde antes de
nacer, ella es para nosotros su mejor espejo. La sangre de Cristo la regeneró
desde su misma raíz santificada para ser su casa. La única criatura que se nos
ofrece sin ninguna sombra, sin ninguna culpa, sin ninguna grieta.
Pensar a María, contemplarla en esa su enemistad con el pecado, supone
necesariamente percibir una hermosura dinámica que conduce a la
transformación del corazón. Pero, si además de admirarla como modelo humano
sin fisuras, la amamos como a madre entrañable, nuestra enemistad con Dios o
con los hermanos no puede durar mucho. Por algo la tradición cristiana siempre
la veneró como mediadora de paz:
«No hay duda de que María es la pacificadora, la que sabe alcanzar de Dios
perdón para los enemigos, salud para los desahuciados, clemencia para los
delincuentes, misericordia para los desesperados... Si una madre tiene dos hijos
que no se tratan, ¿hasta dónde no llegará para concertar la paz entre ambos?
Cuando María advierte que alguien ha incurrido en enemistad con Cristo, no
descansa hasta conseguirles la reconciliación» (San Alfonso).

Oración de fieles

Desde nuestra conciencia de pecado y sin ningún derecho acudimos al Padre,


fuente de gracia, pidiéndole a través de María que nos renueve en su amistad.

1. Por la Iglesia, para que a imagen de la Virgen Santa pueda presentarse sin
mancha ni arruga ante Dios, pasando por el desierto de su continua conversión a
Cristo, ROGUEMOS AL SEÑOR.
2 Por las víctimas del pecado estructural, por aquellos a quienes muerde el
sufrimiento que otros provocan, y por la conversión de los responsables del mal
en el mundo, ROGUEMOS...
3. Por los torturados en su conciencia y por los que piensan que no pueden
cambiar, para que Dios se les revele como Padre de misericordia, inagotable
reserva de perdón y fuente de renovación moral, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.

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5. Por todos nosotros, pecadores, para que beneficiándonos del perdón de Dios
seamos agentes de reconciliación, promotores de paz y repartidores de
esperanza, ROGUEMOS...

Padre de amor y Dios de todo consuelo, Tú que no deseas la muerte del


malvado, sino que se convierta y viva, recibe nuestro arrepentimiento en manos
de María, refugio de pecadores, y sana nuestras heridas. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias, Señor, por la paciencia con que aguardas el regreso


de cada hijo perdido
en la noche de la infidelidad.
Te damos gracias porque no te gusta
retener ni forzar al amor, sino que nos sitúas en un camino llamado libertad,
desde donde a veces elegimos mal. Pero Tú esperas que nazca el
arrepentimiento en el que descubrimos
que tu amor no termina jamás.
Gracias, Señor, por la Virgen María,
imagen de una humanidad reconciliada y nueva, refugio de pecadores y ternura
en vela
para distribuir el pan de tu misericordia a todo corazón que vuelve herido.
Gracias por recobrar hoy la limpieza del alma mirándonos en el espejo limpio
de María.

TIEMPO PASCUAL

FORMULARIOS DE MISAS

15. La Virgen María en la Resurrección del Señor.


16. Santa María, fuente de luz y de vida.
17. La Virgen María del Cenáculo.
18. La Virgen María, reina de los apóstoles.

48
15 LA VIRGEN MARIA EN LA RESURRECCION DEL SEÑOR

MENSAJE PASTORAL
En la fe pascual de María vemos que Dios conduce la historia hacia una
plenitud de vida y de resurrección, a pesar de los síntomas de retroceso y
muerte que pueden observarse.

Introducción

Aunque los Evangelios no mencionan a María en ninguno de los episodios


pascuales, el acontecimiento central de nuestra redención fue para ella tan
luminoso e iluminador como para los demás testigos. María comprendió a la luz
de la Resurrección todo el alcance de los acontecimientos precedentes.
Durante los días de Pascua, la Iglesia ¡a recuerda sustituyendo la oración de
Angelus por aquella antífona más propia que la saluda así: «Reina del cielo,
alégrate, porque el Señor verdaderamente resucitó».
Hoy nos proponemos celebrar el gozo pascual de María. La que junto a la cruz

49
dio a luz a la Iglesia al aceptar ser proclamada nuestra madre, es también la que
ahora alienta nuestra fe pascual, llevándonos hasta el sepulcro vacío del
Resucitado para decirnos que Jesús está vivo.
Acto penitencial

- Por nuestro pesimismo, faltas de esperanza y visiones sombrías acerca del


futuro, SENOR, TEN PIEDAD.
- Porque te hemos vivido y presentado más como el Cristo muerto que como el
Señor glorioso, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por querer ignorar que la Resurrección de Jesús nos reclama para la liberación
del hombre, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Apocalipsis 21,1-Sa)

La nueva Jerusalén del Apocalipsis es la imagen de María como morada de


Dios, como lugar recreado por el triunfo de la Resurrección, en el cual el luto y
la aflicción se cambian en novedad y gozo.

Evangelio (Mateo 28,1-10)

Por su anterior fidelidad al pie de la cruz, un grupo de mujeres obtiene ahora la


primicia de la Resurrección de Cristo. Es la confirmación de que «si con El
morimos, viviremos con El».

Comentario-Homilía
El texto bíblico se ha referido a dos mujeres madrugadoras, María Magdalena y
la otra María, la madre de Santiago el Menor, que era pariente de María la
madre de Jesús. Aunque las personas cercanas a ella, tales como el mismo
discípulo Juan, con el que ahora vive, son testigos explícitos del Resucitado,
una vez más se guarda silencio respecto de María.
A la hora de buscar explicaciones para una omisión tan notoria, no se puede
ignorar esa calidad creyente que María exhibe desde el comienzo y a lo largo de
todo el Evangelio. Mientras otros titubean a la hora de optar por Jesús, María ha
otorgado su sí de una vez para siempre. Estaba tan identificada con Jesús que,
para creer en El y afirmar su Resurrección, no necesitaba de una demostración
específica al estilo de las que se reservan a los apóstoles, los cuales llegan
gradualmente y a lo largo de muchas dificultades hasta la afirmación de que
Jesús es el gran viviente. La comunicación íntima entre María y su Hijo, el
Resucitado, parece que se da por supuesta.
«Podemos dar por sentado que María, la madre de Jesús, la compañera
constante de su hijo desde el comienzo hasta el final de su éxodo, la humilde
sierva del Señor tan hondamente introducida en el misterio de la salvación, a

50
través de Jesús y por la misma acción del Espíritu Santo, no tuvo las mismas
dudas ni experimentó las mismas dificultades que Pedro, Tomás, María
Magdalena, los discípulos de Emaús y otros. Ella, nuestra madre espiritual, es el
prototipo de la fe pascual de toda la Iglesia. Absolutamente identificada con la
pasión y muerte de Jesús, lo está también con su Resurrección... Cuanto más
permanezcamos junto a Maria al pie de la cruz, mayor será también nuestra
participación en el gozo pascual de María y nuestra fidelidad al camino trazado
por ella, el camino hacia la plenitud de la fe» (B. Haring).
La plenitud de la fe fue para María el principal fruto de la Resurrección. Sólo
después de este acontecimiento le fue dado resolver esa madeja de misterios que
antes había vivido desconcertadamente, aunque siempre inclinada hacia Dios en
actitud de acatamiento y obediencia. Finalmente, a la luz del clima postpascual,
María fue ubicando cada instante de su existencia y la de su hijo en un esquema
general de lógica divina. Aunque los evangelistas, quienes también escribieron
a la misma luz, le adelantaron al momento de la Anunciación esa claridad
absolutamente diáfana, lo cierto es que una evidencia tal sólo pudo adquirirla
con la venida del Espíritu en Pentecostés.
La Resurrección del Señor tiene para nosotros las mismas consecuencias que
para la Virgen: integrar en un sistema coherente de Providencia divina tantos
acontecimientos como hoy nos parecen confusos y contrarios a una lógica de
vida, de progreso y de sentido. Como María, sabemos que, más allá de la cruz y
de la muerte, está la vida y la restauración. A pesar de muchos retrocesos y
contradicciones, Dios tiene un proyecto regenerador a gran escala. Frente a la
totalidad está la libertad, y frente a la muerte siempre está la vida.

Oración de fieles

Desde el sepulcro vacío del Resucitado, se levanta nuestra oración


esperanzada al Padre, pidiéndole que nos infunda vida, aliento y alegría
pascual.

1. Por la Iglesia llamada por Cristo a repartir esperanza, para que ofrezca
siempre el rostro ágil y alegre de la salvación, superando sus tentaciones de
solemnidad, miedo y condena, ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por la cultura del nihilismo y por sus manifestaciones de fatiga, pesimismo y


pasividad; por los que no pueden creer en nada; por las víctimas de la
depresión..., para que todos resuciten de la melancolía.

3. Por los oprimidos de este mundo; por los que malviven bajo (osas impuestas
de pobreza material, ignorancia, hambre o destierro, para que resuciten con
Cristo a su dignidad de hijos de Dios, ROGUEMOS...

51
5. Por todos nosotros, para que testimoniemos siempre a un Cristo amigo de la
vida y del futuro, libertador de esclavitudes y quebrantador de sepulcros,
ROGUEMOS...

Otórganos, Señor, la fe pascual de María, para que acertemos a ver tu


vasto proyecto de salvación sobre el hombre y la historia, por encima de
tantos accidentes de muerte como pueden inducirnos a la incredulidad. Te
lo pedimos por C. N. S.

Acción de gracias

Gracias te damos, Señor de la existencia.


por haber convalidado el esfuerzo de Cristo,
levantándolo del olvido y la sombra.

El es para tu Iglesia el gran viviente


por el que los afanes cobran significado,
claridad las preguntas, y afirmación la fe.

Te bendecimos por el gozo pascual


que otorgaste a María,
pues el triunfo de Cristo
iluminó definitivamente los enigmas
que en su obediente corazón guardaba.

Haz, Señor, que seamos como ella:


pregoneros de luz y anuncios vivos
de alegría pascual.

52
Que no nos desoriente
el aparente avance de la muerte,
ni nos venza el pesimismo de los presagiadores de catástrofes.

Que nuestra gratitud a Ti


sepa manifestarse en una fe eficaz y operativa
que haga rentable la Resurrección de Cristo.

Amén

16 SANTA MARIA, FUENTE DE LUZ Y DE VIDA

MENSAJE PASTORAL
La devoción a María es fuente de vitalidad cristiana, siempre que se en foque
desde el misterio y para el misterio de Cristo.

Introducción

Con el sonoro título de «Santa María, fuente de luz y de vida», la Iglesia celebra
a María en relación a los sacramentos de la iniciación cristiana que se confieren
en este tiempo pascual.
Llamamos a Maria fuente de luz porque engendró a Cristo, luz del mundo.
También el Espíritu descendió sobre ella, como sobre quienes reciben el
sacramento de la confirmación. La podemos llamar «fuente de vida» porque nos
dio a Jesús, el pan de vida con que los fieles nos alimentamos.
En sentido propio la fuente de la luz y de la vida solamente es para nosotros
Jesucristo. Sin embargo, la devoción mariana enfocada desde y hacia el misterio
de Cristo también se ha demostrado a lo largo de la historia del pueblo de Dios

53
como un medio eficaz de santificación.

Acto penitencial

- Por las veces que hemos reducido la devoción a la Virgen «a un


sentimentalismo estéril y transitorio», SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por haber buscado nuestra felicidad fuera de Ti, única fuente de luz y de vida,
CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por haber despreciado expresiones de devoción mariana que merecían mayor
consideración, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Hechos 2, 14a. 36-40a. 41-42)

Bautizarse y recibir el Espíritu Santo eran en la Iglesia primitiva signos visibles


que facultaban para acceder a la nueva luz de la fe. Como María, la Iglesia se
constituye así en madre de una nueva vida.

Evangelio (Juan 12, 44-50)

Jesucristo se presenta solemnemente como luz, vida y salvación del mundo.


Cuando llamamos a María «vida y esperanza nuestra» no se trata de atribuirle
títulos que sólo a Cristo corresponden, sino de ver reflejado en la madre, y
canalizado a su través, el caudal de vida cristiana que nos llega de la única
fuente, Jesucristo.

Comentario-Homilía

¿Es cierto que a veces se ha dado más importancia a la devoción mariana que a
la práctica de los sacramentos? ¿Es verdad que elogiar y festejar a María en
algunas demostraciones populares ha sido en menoscabo del misterio de Cristo?
Algo de desmesura hubo a lo largo del tiempo, cuando leemos en el reformador
Lutero cosas como esta: «Si no fuera por los abusos en que ha venido a dar el
culto a María, yo no insistiría en que se abandonase». Abusos que los mismos
católicos dotados de buen juicio llegan a detectar y denunciar: «Lo peor es que
con el pretexto de que María todo puede alcanzarlo se le piden cosas que ni
pueden ponerse por escrito... Y si se niega a atender tales peticiones se le echa
en cara que no es madre de misericordia» (Erasmo).
Al margen de estos extremos, una sana devoción a María ha sido siempre fuente
fecundísima de vida cristiana en el pueblo de Dios. ¿Cuántos hombres y
mujeres de fe no han proyectado las principales actitudes de María en su propia
vida, buscando inspiración en ella? Por eso, la reflexión de la Iglesia tiene tanto
interés en poner a la devoción mariana en su justo punto de equilibrio:
"Recuerden los fieles que la verdadera devoción a María no consiste en un

54
sentimentalismo estéril y transitorio, ni en una vana credulidad, sino que
procede de la fe auténtica, fe que nos conduce a reconocer la excelencia de la
madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia ella y a la imitación de
sus virtudes» (Marialis Cultus).
Estas palabras del Papa Pablo VI no significan un recorte a la piedad mariana;
al contrario, es un intento de potenciar la enorme energía que contiene de cara a
una vida cristiana más rica en vida, en cordialidad y en fidelidad a Dios en el
misterio de Cristo. Por eso añade el mismo documento: "Quisiera recordar que
la finalidad última del culto a la bienaventurada Virgen María es glorificar a
Dios y empeñar a los cristianos en una vida según su voluntad».

La devoción a María no sólo no resulta incompatible con el seguimiento de


Cristo, sino que la frase "a Jesús por María" se comprueba diariamente en
muchos lugares de peregrinación mariana en que los fieles se acercan a los
sacramentos; en las fiestas populares, que ya estarían vacías de contenido
cristológico a no ser porque una imagen de María está apuntando al lugar y al
momento en que la vida de Cristo deriva a su Iglesia. María está presente en
muchas personas que acaso no tienen oportunidad de ilustrarse en la fe, pero
conservan un afecto entrañable a la madre de Cristo. Quien está cerca de la
madre no puede andar muy lejos del Hijo.

Oración de fieles

El Señor, que ha despertado el amor de su pueblo a Maria, escuche las


plegarias que le dirigimos con la confianza que Ella nos hace concebir.

1. Por la Iglesia, pueblo amado de Dios y protegido de María, para que centre su
legitimidad cristiana y vigorice su espiritualidad en la práctica de los
sacramentos y del amor al prójimo, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por las poblaciones que tienen como patrona a una imagen o advocación
mariana, para que, guiadas por ella, hagan que el eje de sus celebraciones sea
siempre Jesucristo y su Evangelio, ROGUEMOS...

3. Por los lugares marianos de peregrinación y culto, para que se constituyan en


centros irradiadores de vida espiritual, fidelidad a la Iglesia y compromiso con
las causas humanas, ROGUEMOS...

5. Por todos nosotros, para que el afecto entrañable que profesamos a la madre

55
de Cristo se traduzca en unas relaciones mutuas más cordiales, ROGUEMOS...

Señor, Tú que eres fuente de luz y de vida, aclara nuestro entendimiento y


vigoriza nuestra voluntad, para desear y hacer siempre lo que más te agrade. Por
C. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias, Padre, por Maria,


genuina representante de tu pueblo santo,
con el que comparte gozo, dolor y lucha.

Te damos gracias
por el sentir del pueblo
cuando intuye a Maria
como el mejor camino para llegar a Cristo.

Por ella nos lo diste,


y ella es aún la senda más segura para llegar a El.

Gracias, Señor, por el alma del pueblo,


pobre como la de María y rica como ella,
porque Tú la levantas del polvo por humilde y sabia.

56
Ayúdanos a responder
con la fidelidad amante de la Virgen
a las iniciativas de santificación
que en la oración y en los sacramentos nos ofreces.

Con Maria en el centro del misterio cristiano,


con ella como guía que nos conduce a Cristo,
a Ti, Señor, te damos la gloria y el amor.

Amén

57
17 LA VIRGEN MARIA DEL CENACULO

MENSAJE PASTORAL
La Virgen del Cenáculo despierta el aprecio de los fieles a la oración, de donde
se recoge la energía para la vida eclesial y el apostolado.

Introducción

"En María, presente en el primer grupo de discípulos, la Iglesia ha ido


descubriendo progresivamente a la madre que alentaba con su amor los
comienzos de aquella primitiva comunidad, y al modelo destacado de la oración
unánime» (Misal de la Virgen).

Hoy, pues, celebramos a Maria en íntima comunicación con el Padre y en


espera del Espíritu Santo que crea la comunión de la Iglesia. Antes de
testimoniar a Jesús en la palabra y en la acción, María y los discípulos entran en
intenso contacto con ¡a fuente de su energía.
El Espíritu trabaja dentro de nosotros. El Cenáculo es el espacio interior de cada
uno. Sólo allí se hacen posibles "la música callada" y "¡a soledad sonora»,
creando el clima necesario para toda comunicación con Dios y los hermanos.

Acto penitencial

- Por la actitud irreflexiva que precede a nuestro comportamiento imprudente y


precipitado, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por pretender sólo una Iglesia del éxito y la acción, descuidando la oración
común en el recogimiento, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por pedirte en la oración los bienes materiales, antes que el don de tu Santo
Espíritu, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Hechos 1, 6-14)

Jesús asocia su promesa del Espíritu Santo con una donación especial de fuerza
para ser testigos. No existe testimonio válido ni apostolado sincero que no vaya
precedido de una intensa comunicación con Dios.

Evangelio (Lucas 8,19-21)

La oración es una comunicación recíproca. Orar no es solamente hablarle a


Dios. Ante todo se trata de escucharle, es decir, de dejar que el Espíritu ore en
nosotros. Por eso, la mejor oración es aquella que hacen los que "escuchan la
palabra de Dios'>.

58
Comentario-Homilía

La Virgen del Cenáculo es una presencia orante dentro de la Iglesia, cuando se


nos presenta perseverando en la plegaria con los demás apóstoles, en anhelante
espera del Espíritu. El libro de los Hechos es parco en la noticia, pero muy
preciso al trazar la última pincelada de María, ofreciéndola como Virgen orante.
La verdad es que Virgen orante es María siempre que se asoma al Evangelio.
Como tal aparece en casa de Isabel, al abrir su espíritu en expresiones de
glorificación. Orar no siempre puede ni debe ser pedir. El Magníficat es, ante
todo, una oración de alabanza al Señor, por sentirse necesitada y desposeída y,
consecuentemente, colmada de gracia. Es el canto de los tiempos mesiánicos y
la oración de toda la Iglesia. Virgen orante aparece también María en las bodas
de Caná, con una muestra de auténtica oración de súplica. Es auténtica por-que
expone ante Cristo una necesidad temporal, y lo hace de manera sincera y
confiada'. pero, sobre todo, porque no exige nada a Dios y si ruega un
sometimiento claro a su voluntad: "Haced lo que él os diga».
Toda la vida de María es oración, porque acoge con fe la palabra de Dios. "Fe
con la que, protagonista y testigo singular de la Encarnación, siempre volvía
sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en
lo hondo de su corazón» (Madalis cultus).

El corazón de María es una caja de resonancias en la que adquiere sonido y


armonía todo lo que ocurre fuera. Siempre atenta a las insinuaciones del Padre,
porque vivía dentro del corazón y su silencio en atenta actitud contemplativa,
"concibiendo a Cristo como dice San Agustín en su mente antes que en su
vientre».
A una religiosa contemplativa se le preguntaba en cierta ocasión si no
consideraba como inútil su vida al margen de las preocupaciones cotidianas de
la gente. Y respondía: "Todo lo contrario; nosotras nos sentimos metidas de
lleno en el corazón de la realidad del mundo y de la Iglesia... El agua
subterránea no se ve, pero fertiliza la tierra. La raíz escondida o la savia
silenciosa son alma y vida de la planta...» Y es que, verdaderamente, las cosas
más vitales operan de este modo, en el silencio, en la maduración lenta y natural
y en el recogimiento. Como María y los discípulos maduraban en el Cenáculo el
momento del Espíritu Santo.
María nos ayuda a salir de la permanente agitación, del desgaste a que nos
someten las experiencias del trabajo, del placer y del dolor. Ella nos lleva al
Cenáculo, al espacio del amor y del recogimiento, allí donde se hace posible
participar en la corriente oculta de la vida de Dios. María nos hace valorar la
dimensión contemplativa de la vida de fe y nos introduce en la curación del
silencio.
Oración de fieles

59
Dejando que el Espíritu de Dios ore en nosotros, nos abrimos a su
presencia, para que El sane lo que está enfermo, riegue lo que está árido y
encienda lo que está frío.

1. Por la Iglesia a la que el Espíritu fecundó en Pentecostés, para que beba en la


fuente de la oración su fidelidad a Cristo y su audacia testimonial,
ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por los movimientos espirituales y grupos de oración, para que perseveren en


su carisma como pulso de la Iglesia, corazón del mundo y alma de toda
actividad, ROGUEMOS...

3. Por los cristianos a quienes les resulta difícil o imposible orar a causa de los
engranajes de la actividad diaria, para que recuperen el equilibrio y Dios se les
manifieste como descanso en la fatiga, ROGUEMOS...

5. Por nosotros y todos los miembros de nuestra comunidad local, para que el
Espíritu nos visite, clarifique nuestro corazón, nos renueve en el fervor y nos
confirme en su gracia, ROGUEMOS

Espíritu Santo, Consolador y Padre de los pobres, Tú que descendiste sobre


María y los discípulos, otórganos su misma docilidad creyente que hizo
posible tu presencia en ellos. Por C. N. S.

Acción de gracias

60
Gracias te damos, Padre,
por los dones con que visitaste
a la Iglesia naciente por medio del Espíritu.

Gracias por el consejo,


por la sabiduría, piedad,
confirmación y audacia, que llegaron
después de una oración unánime y perseverante.

Gracias por la acogida


que Maria te hizo
cuantas veces tu Espíritu descendió sobre ella.

En su "hágase» creyente
fue posible que engendraras a Cristo para el mundo.

Te bendecimos,
pues su generosidad se fraguó en el silencio,
en esa vida íntima
con que fertilizaste su estéril tierra humana,
en esa palpitación
con que interiorizó cada disposición
con que la sorprendías.

En la Virgen orante
te ofrecemos nuestras agitaciones y fatigas.

Que tu Espíritu
apacigüe nuestra diaria lucha
y nos devuelva
a la contemplación serena del misterio.

Amén

18 LA VIRGEN MARIA, REINA DE LOS APOSTOLES

MENSAJE PASTORAL

61
Hay un ministerio apostólico que ejerció María, a través de los frutos del
Espíritu, "que son alegría, paz, amor».

Introducción

Nada nos dice el Nuevo Testamento acerca de María como misionera o testigo
de Jesús en el mundo a través de la comunicación oral. Se nos transmiten
discursos e intervenciones de varios apóstoles; sin embargo, María sigue en su
fiel y profundo silencio.
A pesar de ello, nosotros la celebramos como Reina de los apóstoles y origen
del apostolado, pues nadie como ella ejerció el servicio de dar a Cristo al
mundo. Además, nos consta la importancia que tuvo María en el suceso
pentecostal que habilitó a los apóstoles para propagar el mensaje de Cristo.
Sin el consentimiento de la que concibió al Verbo, Dios no se hubiera hecho
Palabra. Tampoco hoy, si nosotros no proclamamos el Evangelio con nuestra
voz y nuestros medios.

Acto penitencial

- Por nuestras cobardías y falsos temores en la proclamación de la palabra


evangélica, SENOR, TEN PIEDAD.
- Porque nuestras palabras de verdad no se ajustan en todos los casos a la
realidad de nuestra vida, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestras faltas de entusiasmo y generosidad para "dar gratuitamente lo que
gratuitamente recibimos», SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Hechos 1,12-24; 2, 1-4)

El acontecimiento de Pentecostés se produce en función del apostolado. El


comienzo de la actividad misionera de la Iglesia viene presidido por María, la
Reina de los apóstoles.

Evangelio (Juan 19, 25-27)

La vida de María en relación con los demás está marcada por constantes actos
de donación en los que se desprende de Jesús para entregarlo al servicio de su
misión salvadora. Esta continua ofrenda culmina al pie de la cruz.

Comentario-Homilía

María es como un recipiente lleno de Dios, siempre vertido, pero siempre lleno.
Y si la evangelización es, como dice San Pablo, dar gratuitamente lo que

62
gratuitamente recibimos, con razón a la Virgen la podemos llamar Reina de los
apóstoles y evangelizadores. Dio a Jesús en Belén a los pastores y a los Magos.
Lo dio en la casa de Isabel, "para visitar y redimir a su pueblo”. Y lo volvió a
entregar con más fuerza y sentido al pie de la cruz, en una comunión eclesial de
amor, de dolor y de sangre. No le fue necesaria la elocuencia verbal. Ella fue
pura ofrenda de Jesús a los hombres a través del don de la generosidad con que
el Espíritu Santo la había revestido.
María es como un recipiente lleno del Espíritu Santo. Por medio de la
Encarnación, el Espíritu produce en ella la comunión entre la humanidad y
Dios, por lo cual recibe el nombre de "sagrario del Espíritu Santo» (L. G. 53).
Ya antes había sido preparada para esta misión, "plasmada por el Espíritu Santo
y hecha una nueva criatura» (L. G. 56). Ahora, en Pentecostés, se está
fraguando la Iglesia misionera con la central presencia de María. Otra vez el
Espíritu, en su demostración más palpable, la va a ceñir fundiéndola al destino
de los demás apóstoles. Nuevamente María va a ser puerta por la que Dios sale
de sí, del pequeño grupo, y se hace universal.
María es un recipiente lleno de los frutos del Espíritu Santo. Precisamente en
ello estriba su peculiar modo de ser apóstol y de evangelizar. Existe una medida
para saber silo que hacemos y decimos al pretender comunicar el mensaje de
Cristo es o no resultado de la presencia del Espíritu. '<El árbol se conoce por
sus frutos». Y San Pablo nos ha dejado un resumen de signos para ese
conocimiento: "El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad,
bondad, mansedumbre, fidelidad y dominio de sí» (Gál. 5, 22).
¿Quién mejor que la Virgen gozosa del Magníficat, amorosa de Belén, paciente
de la huida a Egipto, fiel y dominadora de sí en el Calvario, ha predicado las
bienaventuranzas de Jesús? Maria no habla, pero testimonia, porque es una
transparencia de Dios en medio de la Iglesia. Es apóstol por la llama interior
que la consume y que nos ilumina. La esposa del Espíritu Santo es
evangelizadora orando sin cesar, confiando en el Señor y dando continuas
gracias por sus dones.
“Jamás llegaremos a vivir el nuevo y esperado Pentecostés de la Iglesia si no
unimos nuestra fe y nuestra esperanza a las de María, la Reina de los apóstoles.
Si la Iglesia da a María la honra y el puesto que le corresponden, se convertirá
de veras en casa de oración, fuente de alegría para todos los pueblos y aprenderá
a orar cada vez más a Dios en espíritu y verdad» (B. Háring).

Oración de fieles

Al Señor, que nos hizo conocer el Evangelio por medio de apóstoles y profetas,
le pedimos que nos haga conocer hoy su bondad, escuchando y atendiendo a
nuestras necesidades.

63
1. Por la Iglesia evangelizadora, para que sea permanente voz profética de
Cristo a imagen suya, uniendo la palabra de verdad a su testimonio de
autenticidad evangélica, ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por las instituciones y personas que se dedican a difundir el Evangelio a
través de los medios técnicos de comunicación, para que les guíe su amor y
fidelidad a Cristo por encima de su inevitable dimensión empresarial,
ROGUEMOS...
3. Por los sacerdotes y seglares comprometidos en el ministerio explícito de la
Palabra, para que el espíritu de verdad les asista y el espíritu de fortaleza
renueve sus ánimos en las dificultades, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por nosotros y por todos los miembros de esta comunidad, para que, así como
al árbol se le conoce por sus frutos, se nos distinga por los frutos del Espíritu,
que son paz, bondad, alegría y mansedumbre, ROGUEMOS...

Asístenos siempre, Señor, con la gracia del Espíritu Santo, para que El nos
inspire lo que hemos de pedir y aceptemos de Ti lo que nos conviene recibir.
Por C. N. S.

Acción de gracias

Gracias te damos, Espíritu de Dios, por Jesucristo, al que enviaste a anunciar la


Buena Nueva. Gracias te damos con todos los profetas y apóstoles del pasado
que prestaron sus ojos, sus oídos, sus labios para ver, escuchar y anunciar tu
mensaje.

64
Te alabamos y te damos gracias por María, la dócil pregonera de tu acción
salvadora, que cantó en el Magníficat
la fe de los pobres a quienes Tú prefieres. Ella nos impulsa a abrir el corazón
para que también nosotros recibamos a Cristo, y pone en nuestros labios
palabras encendidas para contar a otros tus grandes obras. Proclama nuestra
alma tu grandeza, Señor, y, agradecidos, a Ti nos ofrecemos para colaborar con
Maria, Reina de apóstoles en la tarea de la evangelización.

TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA SECCION

Títulos marianos directamente extraídos de la Escritura, o que indican la


relación de la Virgen María con la Iglesia.

65
FORMULARIOS DE MISAS

19. Santa María, Madre del Señor.


20. Santa Maria, la nueva mujer.
21. El santo Nombre de la bienaventurada Virgen María.
22. Santa María, esclava del Señor.
23. La Virgen María, templo del Señor.
24. La Virgen María, trono de la Sabiduría.
25. La Virgen María, imagen y madre de la Iglesia (1).
26. La Virgen María, imagen y madre de la Iglesia (II).
27. La Virgen Maria, imagen y madre de la Iglesia (III).
28. El Inmaculado Corazón de la Virgen Maria.
29. La Virgen María, reina del universo.

19 SANTA MARIA MADRE DEL SENOR

MENSAJE PASTORAL
Los privilegios que concurren en María proceden de ser madre de Cristo, hacia
el que nos conduce como único camino, verdad y vida.

Introducción

En el Nuevo Testamento la figura de María está siempre en función del Señor.


Nunca brilla ni desea brillar con luz propia, sino por el reflejo que le llega de
arriba, del Señor, en quien se alegra y en quien se confía, y en cuya presencia se
disipa todo temor: "No temas, Maria, porque el Señor está contigo”.
Al celebrarla como la madre del Señor, tenemos presente que '<en la Virgen
María todo es referido a Cristo, en vistas al cual Dios Padre la eligió desde toda
la eternidad como Madre Santa y la adornó con los dones del Espíritu"
(Marialis Cultus).
Ninguna devoción debe olvidar jamás la frase de Luis Grignón de Monfort:
“Digo María y el eco responde Jesús!", sencillamente porque ella es su madre,
la madre del Señor.

Acto penitencial

- Por no subordinar nuestros afectos al amor que sobre todas las cosas se te
debe, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por haberte vuelto la espalda cuando María nos mostraba tu rostro, CRISTO,
TEN PIEDAD.
- Por nuestro menosprecio o indiferencia hacia las mediaciones con que quieres

66
llevarnos a Ti, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Crónicas 15, 3-4.15-16; 16,1-2)

El arca de la Alianza, símbolo de María madre, era venerada por el pueblo


porque contenía dentro de silos signos de la promesa del Señor. El arca no era
Dios, pero silo aproximaba al pueblo.

Evangelio (Lucas 1, 39-47)

Al saludarla como "la madre de mi Señor", Isabel se hace portavoz de toda la


Iglesia. "Ambas, la Iglesia y María, concurren en engendrar el Cuerpo Místico
de Cristo y contribuyen al nacimiento y a la educación de los fieles" (Marialis
C.)

Comentario-Homilía

"El Papa Pablo VI escribió que en la Virgen Maria todo es referido a Cristo y
todo depende de El. Esto tiene una especial aplicación en el culto mariano.
Todos los motivos que encontramos en Maria, para tributarle culto, son de
Cristo; privilegios depositados en ella por Dios para que fuera la madre del
Verbo. Y todo el culto que le ofrecemos redunda en gloria de Cristo, a la vez
que el culto mismo a María nos conduce a Cristo".
"Como es obvio, estas relaciones reales existentes entre Cristo y Maria hacen
que el culto mariano tenga a Cristo como objeto último. Con toda claridad lo
vio San Ildefonso: "Pues así se refiere al Señor lo que sirve a su esclava; así
redunda al hijo lo que se entrega a la madre; así pasa el rey al servicio que se
rinde en honor de la reina". Se comprende entonces el doble destinatario del
deseo que el mismo santo formula hablando con la Santísima Virgen: "Que me
concedas entregarme a Dios y a ti, ser esclavo de tu hijo y tuyo, servir a tu
Señor y a ti"».
"No faltan investigadores que sostienen que la Salve, la más popular oración
mariana después del Avemaría, se compuso en España a finales del siglo X.
Esta oración culmina con la petición "muéstranos a Jesús". Esto es lo que María
realiza constantemente, como queda plasmado en el gesto de tantas imágenes de
la Virgen esparcidas por ciudades y pueblos. Ella, con su hijo en los brazos, nos
muestra sin cesar al Señor como camino, verdad y vida. A veces, con el hijo
muerto en sus rodillas, nos recuerda el valor infinito de la sangre del Cordero
que ha sido derramada por nuestra salvación. En otras ocasiones su imagen, al
inclinarse hacia los hombres, acerca su hijo a nosotros y nos hace sentir la
cercanía de quien es revelación radical de la misericordia.»
"Las imágenes de María recogen así una enseñanza evangélica de primordial
importancia. En la escena de las bodas de Caná, María dijo a los criados:

67
"Haced lo que El os diga". La frase podría parecer limitada a una situación
transitoria. Sin embargo, su alcance es muy superior: es una exhortación
permanente a que nos abramos a las enseñanzas del Señor."
«Y para que nuestra fraternidad con él sea completa, quiso ulteriormente que su
madre fuera nuestra madre espiritual. Esa maternidad, para que no quedara
reducida a un mero título jurídico, se realizó, por voluntad de Cristo, a través de
la colaboración de María en la obra salvadora de Jesús, es decir, en la
restauración de la vida sobrenatural en las almas" (Juan Pablo II).

Oración de fieles

Conscientes de que María es sólo un medio para llegar a Cristo, pero un medio
sin el cual Dios hecho hombre no hubiera llegada hasta nosotros, oramos por su
mediación intercesora.

1. Por la Iglesia como institución, para que se muestre ante el mundo en la


realidad de su misión, como presencia y camino para llegar a Cristo y nunca
como un fin en sí misma, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los padres y madres en su función de dar vida, para que, conducidos por
un amor alegre, sacrificado y generoso, no les pese menguar para que sus hijos
crezcan, ROGUEMOS...
3. Por los que no conocen o reconocen a Cristo, para que puedan ver en
nosotros una ayuda, nunca un obstáculo, en su aproximación a la verdad
salvadora de Dios, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos los miembros de nuestra comunidad, para que al saludar a María
como Madre del Señor, ella nos muestre el camino más seguro para llegar a El.
ROGUEMOS AL SEÑOR

Señor, Tú que a través de la madre humana de Jesús te has mostrado como


cercanía misericordiosa, haz que, al aproximarnos a ella, alcancemos y gocemos
las promesas de nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos
de los siglos.

Acción de gracias

Gracias, Señor, por Cristo, a quien nosotros también decimos hoy: Bendito sea
el vientre que te llevó.
Benditos sean, Señor, los brazos de María, que nos muestran el fruto de tu
gracia, y bendito el corazón que sabe despojarse del hijo en beneficio nuestro.
Ella no fue la autora de la redención, pero sin ella no hubiera sido posible que
Tú nos visitaras y nos redimieras.
Gracias, Señor, por esta esclava pobre que sabe oscurecerse para que

68
amanezcas. Gracias por su digno silencio, por su exacta palabra, por su humilde
estatura en la que Tú descansas. Apoyados en ella, también nosotros vamos
hacia Ti. Que su estrella nos guíe, y en su regazo hallemos el abrazo gozoso que
nos reúna junto a Ti por siempre.

20 SANTA MARIA, LA NUEVA MUJER

MENSAJE PASTORAL
María puede ser aceptada como modelo y punto de referencia por la mujer
cristiana de hoy que se integra en los valores de la modernidad.

Introducción++

Inspirada en la Biblia y en la tradición, la Iglesia aplica a María algunas


expresiones que se refieren a ella como nueva criatura inserta en nuevos
tiempos. Se la nombra como »primicia de la nueva creación, »tierra nueva,
discípula de la nueva ley», etcétera.
Celebramos a María como mujer nueva porque fue hecha por el Espíritu matriz
de una nueva era, de un nuevo pueblo, de una nueva tierra. La novedad implica
comienzo y sorpresa, pero también impecabilidad y estreno, como lo indica este
hecho de salvación: frente a Eva, la antigua mujer que ha dañado al género
humano, María lo repara y eleva.

Junto a la Virgen vamos a preguntarnos hoy si su figura contiene elementos que


configuren un modelo de mujer cristiana actual que se pueda ajustar tanto a la
fidelidad a Dios como a los valores de la modernidad.

Acto penitencial

- Por todas las situaciones de dominio y marginación a que está sometida la


mujer en diversas culturas, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por la degradación de la mujer cuando se la presenta como objeto o gancho

69
puramente publicitario, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por las faltas de aprecio y consideración que pueden sufrir las mujeres en el
hogar o en la Iglesia, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Apocalipsis 21, 1-Sa)

La visión apocalíptica de la nueva Jerusalén arreglada como una novia, se


refiere directamente al futuro de la Iglesia en Dios, más allá de su actual
condición peregrinante. Nosotros aplicamos esta alegoría a la Virgen por ser
también tierra nueva en que habita la justicia».

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

La Encarnación es el acontecimiento de Dios que inaugura los tiempos nuevos.


El ser nuevo que va a nacer necesita también un tipo de mujer renovada en
Espíritu y gracia.

Comentario-Homilía

A menudo nos hemos encontrado con una literatura piadosa que exaltaba
demasiado el papel sumiso y estrictamente familiar de María, para aplicarlo a la
mujer cristiana. Por eso, dice Pablo VI: »Es difícil encuadrar a la Virgen, tal
como la presenta cierta literatura devocional, en la vida de la sociedad
contemporánea y en las condiciones de la mujer de hoy, bien sea en el ámbito
doméstico, en donde las costumbres tienden a reconocerle la igualdad con el
varón en la dirección de la vida familiar, bien sea en el campo político, en
donde ella ha conquistado un poder igual al hombre, bien sea en el campo
social, en donde desarrolla su actividad, dejando el estrecho ambiente del
hogar».
Desde luego que María es una mujer nueva en su dimensión espiritual, a partir
de su misma raíz santificada para contener lo santo. Pero también representa
una cierta novedad, aunque bastante relativa, mirada desde nuestros días, con
respecto a su comportamiento familiar y social. Su renuncia a “conocer varón»,
su maternidad única, el hecho de que aparezca en el Evangelio tomando
iniciativas y acompañando algunas veces a Jesús en su actividad pública, nos
dicen que María no concede demasiada importancia al rol cultural que en aquel
momento determinado se le asignaba a la mujer semita.
El mismo Jesús rompió con múltiples prejuicios que aconsejaban no hablar con
las mujeres o considerarlas con poca fuerza moral e intelectual. Charla con la
Samaritana, hasta el punto de que sus discípulos se extrañaron» de una tal
naturalidad en la conversación. Un grupo de mujeres le acompañaban desde
Galilea. Distinguió con especial amistad a algunas de ellas. Marta y María
fueron sus interlocutoras en uno de los más bellos diálogos. Las mujeres

70
estuvieron firmes al pie de la cruz, y ellas comunicaron la primicia madrugadora
de la Resurrección... Por todo ello, San Pablo pudo exclamar que »en Cristo no
hay hombre ni mujer”.
El Evangelio presenta a María como una gran creyente, pero no la conforma a
un papel social determinado. Si alguna función se le atribuye en este sentido es
la de compañera y colaboradora en la obra de la redención. Y más que relegada
a funciones secundarias o meramente privadas, la Virgen del Magníficat resume
los anhelos de todo un pueblo que espera su liberación y trabaja por ella.
De haber tenido algo más en cuenta estas consideraciones, la Mujer Nueva
María no se hubiera encontrado con ciertas dificultades a la hora de ser aceptada
por la nueva mujer cristiana que tiene que integrar en su vida las nuevas
exigencias propias de la cultura actual, cuando trabaja fuera de casa o cuando
aspira a que se reconozca su dignidad de persona en igualdad con el varón.
Porque “estas dificultades están en relación con ciertos clichés de la imagen
popular y literaria de María, pero de ninguna manera con su verdadera imagen
evangélica» (Marialis G.)

Oración de fieles

Oremos al Señor, que en María nos ha dejado un modelo de mujer


perfecta, para que El renueve nuestra mente y cambie nuestro corazón.

1. Por la Iglesia, para que corresponda a la generosidad que en todos los


tiempos la mujer le ha demostrado, y les dé acogida y acceso a los diversos
ministerios que puedan ejercer, ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por las instituciones y personas dedicadas a la promoción de la mujer, para


que en sus reivindicaciones no desfiguren su identidad, sino que le ayuden a
realizarse en todas sus dimensiones, ROGUEMOS...

3. Por las mujeres cristianas, para que tomen en cuenta y lleven a la práctica que
en nuestra fe no existen diferencias de sexo, pues todos somos uno en Cristo e
iguales ante Dios, ROGUEMOS...

5. Por nosotros, para que a partir del modelo de María depongamos todo
prejuicio hacia la mujer y repongamos nuestras carencias de ternura, acogida e
interiorización, ROGUEMOS...

Señor, al celebrar a Maria como la Nueva Mujer, te pedimos que nos


renueves en los valores y cualidades con que la preparaste para que fuese
tu madre y madre nuestra. Por C. N. S.

71
Acción de gracias

Te damos gracias, Señor,


porque, además de Padre,
te revelaste como madre entrañable
“que trata a su pueblo con gestos de ternura».

Gracias por Jesucristo, nacido de mujer,


y en cuya fe no hay distinción de sexos.

Eligiendo a María como madre suya


sancionaste la dignidad de la mujer,
la hiciste espacio de libertad
y compañera de la Redención.

Gracias, Señor, pues quieres renovar


a mujeres y hombres de este tiempo
a través del enriquecimiento mutuo,
no como oponentes,
sino como hermanos
que se libran de falsos sentimientos
e intercambian ternura y valentía.

Gracias por esta Mujer Nueva,

72
por María;
pues ella nos anima
a que, en pie de igualdad,
te ayudemos, Señor,
a recrear el mundo.

Amén

21 EL SANTO NOMBRE DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA

MENSAJE PASTORAL
El poder evocativo del nombre de María despierta confianza y nos lleva a
pronunciar el nombre del prójimo con amor y respeto.

Introducción

El nombre no es una simple combinación de letras. El nombre de cada persona


contiene herencias de familia, deseos e ilusiones por parte de quien lo impuso.
Cuando Adán puso nombre a cada cosa, significaba que tomaba posesión sobre
la creación.
María es una posesión del Espíritu creador. Su nombre es para nosotros una
constante referencia a Dios y contiene un encanto especial, el encanto de todo
un mundo de sugerencias dulces y entrañables que transforman el alma de quien
lo pronuncia. Es el nombre de la madre, para el cual el pueblo elaboró su cariño,
su devoción y su ternura.
Al celebrar el Santo nombre de María, no nos movemos en un terreno de vacuo
nominalismo. Pronunciarlo es abrir en el corazón una fuente de fe y de
confianza.

Acto penitencial

- Por tantas veces como pronunciamos tu nombre en vano, SENOR, TEN


PIEDAD.
- Por todos los nombres que se pronuncian para acusar, maldecir o condenar,
CRISTO, TEN PIEDAD.

73
- Por dirigirnos al prójimo sin amor, consideración y respeto, SENOR, TEN
PIEDAD.

Primera lectura (Eclesiástico 24,17-22)

El poema del Eclesiástico que vamos a escuchar elogia a la sabiduría diciendo


que su nombre es más dulce que la miel. La liturgia aplica este poema a la
Virgen porque sus palabras se adaptan a la función de »vida, dulzura y
esperanza» que Dios confió en la Iglesia a María.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

"La Virgen se llamaba María». Así la llamaba Jesús, así se nombraba ella y así
la han invocado y saludado las generaciones de veinte siglos. El nombre de
Maria se ha repetido más veces y con más amor que ningún otro nombre de
mujer.

Comentario-Homilía

¿Qué tendrá el nombre de María que inmediatamente inspira ternura, hace la


oración más sabrosa y convierte la teología en devoción? Será que al pronunciar
el nombre de un ser conocido y amado reproducimos toda su historia y nos
aproximamos a su misterio personal. El nombre de alguien con quien nos
sentimos identificados nunca es una cáscara vacía. Nos abre siempre a un
mundo de evocaciones tan rico como inexpresable. No es casual que las cotas
más elevadas de expresividad mariana hayan sido logradas precisamente a
través del lenguaje simbólico de la poesía. Cuando oramos con las letanías,
auténtica lluvia de metáforas sobre el nombre de María, es porque intuimos que
al denominarlo como “estrella de la mañana», "salud de los enfermos» o
«refugio de los pecadores», nos aproximamos más al misterio que encierra este
nombre que con cualquier otro discurso.
El pueblo fiel, lo mismo que la tradición y la reflexión mariana, ha asociado
siempre este nombre a sentimientos de ternura. El nombre de María es la fibra
sensible de la fe: «Como aceite derramado es tu nombre, diré con el Cantar de
los Cantares; pues así como el aceite sana las heridas, esparce la fragancia y
alimenta la llama, así también María cura las llagas que motivan las culpas,
recrea el corazón entristecido, y es ca-paz de inflamar en el amor de Dios.
Jamás quisiera dejar de invocar un nombre que tanto aliento y confianza sabe
comunicarme» (San Alfonso).
El nombre de María, como el de Jesús, se ha invocado en oraciones de
repetición con la eficacia que atestiguan quienes más intensas experiencias de fe
nos han comunicado: «Cuando alguien pronuncia con unción el nombre de
Jesús escribe también San Alfonso el Redentor entra en el corazón, lo alimenta

74
de buenos sentimientos y lo colma de dulzura. La fe se hace experiencia de
misericordia con sólo repetir el nombre de Jesús». Y en relación al de María,
sobradamente conocido es aquel texto de San Bernardo: “Si se levantan los
vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira
a la estrella, invoca a Maria».
Decir María en la Iglesia equivale a expresar y sentir toda la ternura de Dios que
se vale de un corazón de madre para rodearnos con su amor de Padre. “Decir
María significa todavía el secreto a voces de una infancia enamorada. Significa
la experiencia cristiana inicial, vigilada por el gozo y mecida por la ternura más
impronunciable del corazón... Significa el pan de las caricias en el deletreado
aprendizaje de la primera fe La fe: esa cuna que se llamó María en el alborear
de nuestra sensibilidad cristiana... Hacer recuento de María en nuestra historia
significa tanto como hacer la historia de una declaración de amor»
Pronunciar el nombre de María es apelar a su corazón de madre y despertar los
mejores sentimientos creyentes. El nombre del ser amado se instala en el
corazón como otra forma de su misma y real presencia.

Oración de fieles

Cristo nos anima a dirigirnos a Dios llamándole Padre. Con la entrañable


confianza que este nombre nos inspira, pasamos a exponerle nuestras
necesidades e intenciones.

1. Por la Iglesia, comunidad de bautizados, para que pro-mueva el conocimiento


mutuo de sus miembros en unas relaciones personalizadas y acierte a ser
comunidad humana al mismo tiempo que cristiana, ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por los funcionarios públicos, los jefes de personal, los que manejan
expedientes e historiales, para que consideren con atención y respeto a la
persona que hay detrás de cada ficha y de cada nombre, ROGUEMOS...

3. Por los que oyen decir su nombre sin amor; por los que son conocidos sólo a
través de un número o de un apodo; por los forzados a ocultar su identidad. Que
todos ellos encuentren en Dios y en la comunidad cristiana el nombre que el
mundo les niega, ROGUEMOS...

5. Por nuestros familiares, amigos y enemigos; por todos los nombres


arraigados en nuestro corazón, para que al pronunciarlos sólo nos despierten
sentimientos positivos de amor, gratitud, paz y comprensión, ROGUEMOS...

Señor, pues nos diste en María un gran signo de misericordia por el que
ella pudo proclamar santo tu nombre, concédenos alabarte por los favores
que esperamos de Ti. Por C. N. S.

75
Acción de gracias

Gracias, Señor,
pues al decir tu nombre
te sentimos como misericordia.

Cristo nos enseñó a llamarte Padre,


haciéndonos objeto de tu predilección.

Gracias porque has grabado el nombre de María


en la memoria afectiva de la fe cristiana.

Al sentirla como vida,


dulzura y esperanza,
ella nos declara tu amor hacia nosotros,
y con ella decimos que tu nombre es santo.

Gratitud y alabanza, Señor,


por tantos nombres amados que nos acompañan,
con los que Tú repueblas nuestras soledades
y en los que te sentimos como Dios amigo.

Permítenos unirlos al nombre de Maria


para alabar y bendecir al tuyo
con el de Jesucristo y el del Santo Espíritu.

Amén

76
22 SANTA MARIA ESCLAVA DEL SENOR

MENSAJE PASTORAL

En María aprendemos a poner las propias cualidades al servicio de Dios y del


bien común.

77
Introducción

Celebramos hoy <'el misericordioso designio con que Dios hizo a la Virgen su
humilde esclava y madre de Cristo, al abrazar ella con generoso corazón a la
persona de su Hijo, sirviendo al misterio de la Redención por la gracia de Dios
omnipotente» (Lumen G. 56).

En el título de Esclava del Señor resuena el cántico del siervo de Dios (ls.42,1-
7), pero, sobre todo, lo que constituye la actitud fundamental y la razón de ser
de la venida de Cristo, »que no ha venido para ser servido, sino para servir y dar
su vida en rescate por muchos» (Mc. 10, 45).

En María se nos ofrece un manantial de generosidad en cuanto pone al servicio


de los hombres todo lo que de Dios ha recibido. Ella nos convoca a poner los
propios dones, con sencillez y naturalidad, al servicio del bien común.

Acto penitencial

- Por rehuir las responsabilidades que el bien común nos exigía, SEÑOR, TEN
PIEDAD.
- Por utilizar a los demás abusivamente o en contra de su voluntad, CRISTO,
TEN PIEDAD.
- Por buscar más nuestra gloria que tu deseo, cuando nos prestamos para algún
servicio, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Samuel 1, 24-28; 2,1-2.4-8)

El cántico de Ana que vamos a escuchar es literariamente hermano del


Magníficat. En ambos están presentes los mismos motivos de alabanza al Señor,
“que alza de la basura al pobre y levanta del polvo al desvalido».

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

En el Evangelio de San Lucas María se autotitula dos veces esclava del Señor:
en la Anunciación y en el Magníficat. Con esta aceptación el Hijo de Dios se
hace hombre y se convierte él también en servidor.

Comentario-Homilía

«Al oírlas palabras del ángel, se turbó...», se puso colorada como una rosa de
Jericó. Hay, pues, una primera reacción de desconcierto. El momento la
desborda, al pensar sinceramente que ella no da la talla para el servicio en que

78
se la requiere. Ella no es presidenta de ninguna asociación benéfica o piadosa.
¿Cómo y por qué habrá Dios de fijarse en una pobre chica de Nazaret para un
servicio así?
De este modo, María pasa a ser la primera dama del reino de los pobres; el
único terreno bien acondicionado para que la redención comience a dar sus
frutos. Antes de que Jesús enseñara humildad y ejerciera obediencia, aprendió
de su madre. Jesús fue concebido en el acto de pobreza espiritual que supone la
confesión de María: '<He aquí la esclava del Señor».
El proyecto de Dios se verifica en María en forma enteramente natural. Nada
hay aquí forzado. La voluntad del Padre ha encontrado en ella su molde exacto,
su perfecta horma.
Cualquier desajuste resultará impensable. Ha sido anegada en el Espíritu. Como
una caracola, contiene dentro toda la armonía secreta del océano. Como el río
que se funde con el mar en su desembocadura, la obediencia de María y el
designio de Dios son ya un mismo e inseparable elemento. Moldeada como
arcilla en las manos de su Dios alfarero.
En María, la esclava del Señor, tenemos una verdadera creyente. Al sentirse
favorecida del Altísimo, no le responde que le deje pensar más despacio a fin de
calcular mejor los riesgos. La Virgen reproduce el gesto de Abraham, padre de
los creyentes, cuando deja su patria para irse hacia lo desconocido. La persona
de fe se confía en Dios como el niño en su padre. María-madre es a la vez
María-niña, que no pone objeciones. Es la entrega sin gratificación, la servidora
a cualquier riesgo, lámpara que se desgasta dócil sin pretender brillar... María es
humildad sin saberlo ni ensayarlo, que es la forma más perfecta de serlo. Asume
gozosamente y con naturalidad ser la esclava de Dios, con lo cual se gana su
confianza y la de todos los demás que también nos sentimos pobres.

Un servidor leal de Dios es necesariamente un pobre en el espíritu. Es aquel


que, no considerando nada propio, se muestra agradecido por sus dones y
cualidades y se entrega a compartir lo que tiene. Un pobre de Dios, según el
Evangelio, es aquel que no se enorgullece de sus buenas obras, ni saca pecho
cuando ayuda a alguien, ni presenta a cada instante las fichas de sus méritos, ni
se deja arrastrar por el vértigo de la vanidad. A nadie condena, porque a nadie
se atreverá a juzgar con arrogancia; no espera una condecoración por parte de
los hombres, ni siquiera un premio por parte de Dios, sino que, habiendo
cumplido como bueno, al final de la jornada se dice a sí mismo con el apóstol
Pablo: “Siervos inútiles somos, no hicimos si no lo que debíamos”.

Oración de fieles

María ejerce en beneficio nuestro el servicio de la intercesión. Pongamos


nuestras peticiones en manos de la esclava del Señor, para que El las
atienda favorablemente.

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1. Por la Iglesia, para que, lejos de considerarse como dueña o señora de nadie,
se empeñe solamente en facilitar a los hombres el camino del único servicio de
Dios, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por los encargados de todos los servicios, para que los desempeñen con buen
talante, desde el gozo que otorga el hacer felices a los demás y ayudarles en sus
problemas, ROGUEMOS...

3. Por los sometidos a todas las formas nuevas de esclavitud, para que sus
cadenas sean sustituidas por el libre y responsable ejercicio de la voluntad que
nos hace hijos de Dios e imágenes suyas, ROGUEMOS...

5. Por los aquí presentes, para que cuando ejerzamos alguna autoridad sobre
cualquier persona lo hagamos comprensivamente y sin abuso, ROGUEMOS...

Señor, Tú que enviaste a tu Hijo a servir y a dar su vida en rescate por


muchos, concédenos el fruto de su redención y admítenos como siervos y
colaboradores suyos. Te lo pedimos por el mismo C. N. S.

Acción de gracias

Señor grande y misericordioso,


Tú imaginaste maravillas en nuestro favor,
pero ninguna como la de hacerte servidor nuestro,
para levantarnos

80
desde la condición de esclavos a la de hijos.

Por eso te glorificamos


y te damos gracias,
pues por medio de Jesús, tu Siervo,
has ejercido con nosotros
los servicios de médico, pastor, libertador y guía.

Gracias, Señor,
por María, tu sierva.
Por ella fue posible
el milagro de amor
por el que su Señor se convirtió en esclavo.

Su humilde disposición,
su valeroso sí
nos impulsa a seguirte donde quieras llevarnos.

Aquí estamos, Señor,


para hacer tu voluntad.
Queremos convertir nuestro agradecimiento
en una confianza
que nos haga desear solamente lo que Tú deseas.

23 LA VIRGEN MARIA, TEMPLO DEL SEÑOR

MENSAJE PASTORAL
Desde la contemplación de María como morada de Dios, cobramos conciencia

81
de la dignidad de la persona en cuanto que es albergue de espíritu.

Introducción

La imagen del templo se aplica a todos los creyentes. El bautismo nos ha


constituido espacios de lo santo. San Pablo se lo recordaba a los cristianos de
Corinto, en orden a hacerles conscientes de su dignidad: "¿No sabéis que sois
templos de Dios y que el Espíritu habita en vosotros?»
María es, a título especial, ese Templo de Dios, "por haber llevado en sus
entrañas inmaculadas al mismo Hijo de Dios. Por haber amado intensamente a
Cristo y haber guardado fielmente sus palabras, el Hijo y el Padre vinieron a
ella e hicieron morada en ella» Al celebrar a María como espacio de lo sagrado,
comprendemos que Dios ama esta vasija de barro que es el ser humano, y que, a
pesar de nuestra condición frágil y quebradiza, nos modeló a su imagen y
semejanza.

Acto penitencial

- Por los atentados cometidos contra los derechos humanos, SENOR, TEN
PIEDAD.
- Por no ver siempre a los demás como hijos de Dios y hermanos tuyos más
pequeños, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestra pérdida de dignidad humana al no actuar como reflejos de tu gloria
y bondad, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Reyes 8,1. 3-7.9-11)

El día de la inauguración del templo, Dios manifestó su presencia por medio de


la nube. En el espacio más intimo de aquel templo estaba el arca como un
corazón. De modo similar, María es un corazón entrañable dentro de la Iglesia.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

Maria es el templo del Señor porque el Espíritu la cubrió con su sombra, lo


mismo que en el pasado la nube inundó con la gloria de Dios el templo de
Jerusalén.

Comentario-Homilía
Si alguien buscara vivienda y se le diera a elegir entre un piso convencional y
una casa amoldada a su necesidad y gusto, es claro que se inclinaría por la
segunda posibilidad. Aunque torpe, la comparación puede servirnos para
comprender por qué Dios construyó su morada en Maria. Estaba modelada

82
como vasija de lo santo. Hecha al gusto de Dios, porque para El la había
pensado. «El sentido concreto y último de la Inmaculada Concepción no reside
en María, sino en la voluntad encarnatoria del propio Dios. Al intentar
autocomunicarse de forma total, prepara para sí el templo animado en el que va
a morar» (L. Boff).
Es imposible aproximarse a María sin ser bañados en la luz del Espíritu que la
rodea de santidad, la ciñe y la dilata: «Descenderá sobre ti». Es la primera y
única vez en la Escritura que el Espíritu coima así a una mujer. Es una
excepción que viene a explicar el absoluto derroche con que Dios la ha
gratificado:
«María -dice el Concilio fue plasmada y hecha una nueva criatura por el
Espíritu... Por lo que nada tiene de extraño llamar a la madre de Dios totalmente
santa e inmune de pecado... Enriquecida desde el primer instante de su
concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular».
«El Altísimo te cubrirá con su sombra.” Esta expresión de Lucas nos recuerda el
episodio antiguo «cuando la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del
Señor llenaba el santuario.. . » Para aquellos peregrinos del desierto
acostumbrados a la sequía, la nube era la refrescante presencia del Señor. Por
eso, el Evangelio siente a María como una nueva tienda del encuentro anegada
en la sombra del Altísimo. María es el santuario donde lo sagrado cobra imagen
visible, donde la gloria de Dios nos llena de alegría, nos sirve de consuelo y nos
lleva a contemplar agradecidamente sus dones.
Ahora bien, esta contemplación no puede ser pasiva o enervante. El sentido
cristiano de lo sagrado no paraliza. De otra parte, como escribió con buen
sentido San Ambrosio, «María es el templo de Dios, pero no el dios del
templo>'. Si nos ponemos bajo su amparo, si usamos de su techo, no es con la
finalidad exclusiva de rendirle culto, sino para proyectar su abrigo y su sombra
en nuestras encrucijadas. Entrar en el templo del Señor que es María, dinamiza
y construye. La perfecta santidad de esta criatura nos remite a una semilla de
santidad que también Dios depositó en nosotros para ir levantando un templo
consagrado al Señor.
Y esto a pesar de que la calidad de nuestra piedra no sea precisamente la mejor.
Si somos edificación de Dios no se debe tanto a nuestra solidez, cuanto a que El
desde dentro construye nuestra casa. Dios nos habita, aunque nos hallemos
incómodos con nuestra persona o con nuestra conciencia. Aunque nos cueste
aceptar nuestro cuerpo y sus limitaciones, o aunque nos veamos heridos por
secretas oscuridades, somos un lugar donde el Espíritu trabaja.

Oración de fieles

Somos edificios de Dios, cuyos cimientos en El se apoyan. Por eso le


pedimos conciencia de esta dignidad y fuerza cuando desfallecemos.

83
1. Por la Iglesia, para que Dios la cubra con su sombra como a la tienda del
encuentro y así pueda apacentar el misterio y distribuirlo generosamente entre
los hombres, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por las instituciones y personas que defienden y promueven los derechos


humanos, para que les conforte la certeza de que luchar por las causas del
hombre es luchar por las causas de Dios, ROGUEMOS...

3. Por los templos de todas las religiones, por los espacios sagrados de
adoración y culto, para que sean lugares de espíritu y verdad, casas de
reconciliación, escuelas de humanidad y ámbitos de diálogo entre Dios y los
hombres, ROGUEMOS...

5. Por todos los presentes, para que reflejemos siempre la gloria y la bondad de
Dios, y como Maria hagamos transparente la gracia que nos habita,
ROGUEMOS...

Infúndenos, Señor, la luz del Espíritu que descendió sobre Maria y que con
ella proclamamos el gozo de tenerte dentro como templos tuyos. Por C. N.
S.

Acción de gracias

Gracias, Señor del cielo,


por poner tu tienda en esta tierra.

Eres vecino nuestro en Jesucristo


y habitante del corazón por el Espíritu.

84
Llenas el universo de fuerza creadora,
y te escondes en nuestra débil carne
elevándola a dignidad de templo tuyo.

Así, te empequeñeces
para engrandecernos
y te limitas para proyectarnos.

Gracias, Señor,
por darnos a María,
templo y arca de la nueva Alianza,
la cual hizo visible
tu presencia abriéndote
la puerta de este mundo.

En ella realizaste
la visita a tu pueblo,
y ella facilitó el camino del Espíritu,
dulce huésped del alma.

Gracias, Padre,
por tener en María una medida de santidad
a que ajustarnos para ser dignas moradas tuyas.

Amén

24 LA VIRGEN MARIA, TRONO DE LA SABIDURÍA

MENSAJE PASTORAL

La sabiduría bíblica de la que María participa es una propiedad del corazón, y


se caracteriza por una búsqueda incesante y humilde de la verdad.

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Introducción

En la mentalidad bíblica, la sabiduría, lo mismo que la justicia, tienen un


significado más amplio que el que nosotros le atribuimos normalmente. Sabia
no es propiamente la persona que posee cantidad de conocimientos, sino aquella
que se sitúa frente a la vida con equilibrio, modestia y autoridad.
La Virgen María es sabia por su saber estar, por su dominio de las situaciones,
por la prudencia de sus cortas y profundas palabras. Y lo es, sobre todo, por
hacerse consciente de la distancia que existe entre ella y el Todopoderoso.

Al celebrarla como Trono de la sabiduría, atendemos a valores evangélicos de


primer orden, como son: la delicadeza, la discreción y ese modo de buscar la
verdad evitando toda sombra de ostentación o vanagloria.

Acto penitencial

- Por estimar más los conocimientos de la mente que la sabiduría del corazón,
SENOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestra obstinación, falta de diálogo y falsas seguridades, CRISTO, TEN
PIEDAD.
- Por nuestras palabras indiscretas, gestos imprudentes y actos irreflexivos,
SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Proverbios 8, 22-31)

Desde el siglo X se vienen leyendo algunos textos sapienciales con referencia a


la Virgen. «Según los teólogos de la Edad Media, la sabiduría de Dios habla, en
cierto modo, como personalización de María» (Misal de la Virgen).

Evangelio (Mateo 2,1-12)

En el relato de los Magos contemplamos a tres sabios orientales que no se


instalan para siempre en sus conocimientos adquiridos. Un día se ponen a
buscar la verdad de Dios, hasta que la encuentran en los brazos de María.

Comentario-Homilía

El Evangelio, poco amigo de definiciones, no nos define al hombre sabio, pero


sí nos ofrece esta cualidad humana a base de ejemplos vivos que dicen relación
con las virtudes de la prudencia, la discreción, el agradecimiento y la humildad.
El bagaje de conocimientos o saberes se sitúa en segundo término o se valora en
tanto fue adquirido en el roce de la vida, en el flujo de las experiencias que
aleccionan, curten y maduran. Aquel invitado al banquete que va a sentarse en

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el último lugar; o aquella viuda pobre que, dando una sola moneda, tuvo más
generosidad que ningún rico; o aquel leproso único que, entre los diez curados,
volvió para agradecer... son las personas sabias para Cristo.
También lo son, desde luego, los Magos orientales del relato, aquellos
peregrinos de la verdad de Dios que, además de la sabiduría de la mente por su
condición de astrólogos, prepararon su corazón con la humildad para iniciar un
camino de búsqueda, siempre más allá de los conocimientos presentes.
El episodio de los Reyes Magos recuerda a aquella declaración del gran
científico Einstein: «La experiencia religiosa cósmica es mi gran estimulo de
investigación científica. Mi religión consiste en una humilde adoración del
superior espíritu ilimitado que se revela en los mínimos detalles que somos
capaces de percibir con nuestras mentes frágiles y débiles».
La sabiduría es una propiedad del corazón. Y nunca se agota para quien tiene el
coraje de hacer un acto de adoración ante el misterio. Más aún, la sabiduría
absoluta sólo se deja entrever a los ojos que aprendieron a mirar con conciencia
de sus limitaciones ópticas: “Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas
cosas a los sabios, y se las has manifestado a la gente humilde». Bien entendido
que estas palabras de Cristo entienden por humilde al que, al margen de su
mucha o poca cultura, escucha la palabra revelada con la simplicidad de un
niño; en tanto que «sabio” aquí representa al engreído, al pagado de sí, al que se
instala en su ciencia copiosa o mediocre, como en una posesión incontestable o
imperecedera.
Pilato, con toda su formación grecorromana, no obtuvo respuesta a la curiosidad
que le hizo preguntar por la verdad. En cambio, sí la conocieron, por ser una
propiedad del corazón, aquellas personas honestas y modestas que merecieron
en el Antiguo Testamento el título de sabios-justos. Como la conoció, sobre
todo, María, trono de la sabiduría. ¿Quién tuvo el corazón más repleto que ella
de los secretos de Dios? ¿Quién mejor que María confió en el Señor y edificó
sobre El como único soporte de su vida? ¿Quién más prudente en sus palabras
que María? ¿Quién más certera en sus respuestas? ¿Quién mejor encajadora de
sus muchas perplejidades? María hizo de su corazón el trono de la sabiduría
divina, ésa que coincide más veces con la «locura de la cruz» que con la
sabiduría de los hombres.

Oración de fieles

Dirijámonos a Dios, que pone en el corazón los deseos que convienen y en


los labios las palabras de verdad que se necesitan, para exponerle nuestras
necesidades.

1. Por la Iglesia, para que su posesión de la verdad no le impida buscar


continuamente el rostro de Dios, en diálogo con la cultura de cada tiempo y

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lugar, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por los intelectuales y las personas de ciencia, para que su trabajo de desvelar
los secretos del universo y de la vida sea en ellos compatible con la adoración
de Dios y el respeto a su ley, ROGUEMOS...

3. Por la comprensión entre todas las razas y por el respeto a las minorías
étnicas, para que el mundo comprenda que todos cabemos en el ancho corazón
de Dios, ROGUEMOS...

5. Por nosotros y las personas que nos son cercanas, para que aprendamos de
María la ciencia de convivir y la sabiduría que nace de los corazones
acogedores como el suyo, ROGUEMOS...

Señor, Tú que te complaces en manifestarte a los que te buscan con sencillo


y sincero corazón, concédenos conocerte, amarte y pertenecerte. Por C. N.
S.

Acción de gracias

Gracias, Padre,
pues tu sabiduría
es el principio de todo lo que existe.

Desplegó el universo,
le infundió unas leyes,
sostiene su cimiento

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y alimenta sus ritmos.

Tu providencia nos regaló la vida


y nos la recreó en el don de Cristo.
Nuestra mente
no llega a comprender
tu formidable proyecto salvador,
por eso nos inclinamos con María
para engrandecerte por tus maravillas.

Gracias, Señor, por ella,


por tu esclava,
por su fiel discreción,
por su sabiduría forjada de prudencia,
de bienaventuranza, de una humildad
que eleva su calidad humana sobre toda altivez.

A su canto de gozo
unimos hoy el nuestro
proclamándote sabio,
pues en ella trazaste un sendero de amor
y de conocimiento
para los que queremos seguir a Jesucristo.

Amén

25 LA VIRGEN MARIA, IMAGEN Y MADRE DE LA IGLESIA (1)

MENSAJE PASTORAL

Llamar a María Madre de la Iglesia es algo que educa en la fraternidad


cristiana y en las experiencias de la vida de fe.

Introducción

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Al terminar la tercera sesión del Concilio Vaticano II, Pablo VI declaró a María
Madre de la Iglesia, esto es, de todo el pueblo cristiano que la llama madre.
En la fe nadie logra ser algo más que un niño, ya que dependemos totalmente
del amor y del favor del Padre. Sin embargo, nuestra fiel dependencia se reviste
de seguridad y mayor confianza cuando invocamos a la Madre para apelar a la
bondad de Dios. Entonces se comprueba que El nos ha dado un corazón de
madre para rodearnos de su amor de Padre.
La madre del hermano mayor Jesucristo, necesariamente ha de serlo de la
fraternidad por El fundada. Al pie de la cruz nos engendró como nuevos hijos.
En vísperas de Pentecostés fue beso fundacional de la primera Iglesia. Ahora,
mientras la celebramos como Madre, nos precede y acompaña en el camino de
la fidelidad a Cristo.

Acto penitencial

- Por nuestros pecados de desunión y nuestras rupturas de la fraternidad


cristiana, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por no corresponder a nuestras madres como se merecen en su constante
presencia a nuestro lado, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por desconfiar de tu bondad y recelar de tu providencia, SENOR, TEN
PIEDAD.

Primera lectura (Génesis 3, 9-15.20)

La tradición ha visto en Eva, "madre de todos los vivientes», a María,


generadora de bienaventuranza y madre de la vida nueva que brota de Jesús. De
mujer a mujer, el árbol de la cruz recupera en Maria lo que en el del paraíso Eva
echara a perder.

Evangelio (Juan 19, 25-27)


El Pueblo de Dios nace en el Calvario, como en los dolores de un parto, en el
regazo mismo de Maria: "Mujer, ahí tienes a tu hijo...>' El discípulo fiel
representa a todos los creyentes bajo cuyo techo -la Iglesia- María vivirá en
adelante.

Comentario-Homilía

El Concilio Vaticano II tuvo cierto reparo en explicitar que María fuese madre
de la Iglesia. Se inclinó, más bien, a llamarla su modelo, su imagen, su figura.
Se recelaba de la expresión, sobre todo por respeto a algunos círculos de
hermanos protestantes. Se temía que una declaración de María como madre de
la Iglesia pudiera inducir a equívocos, en cuanto que la causa matriz y
generadora de la Iglesia, su principio vital, es solamente Cristo, y no María: "El

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comienzo de la Iglesia está simbolizado en la sangre y el agua que manaron del
costado del Crucificado» (Lumen G.). La Iglesia no nació de María, sino de
Jesús, por lo cual no puede ser hija de ella en sentido análogo a como cada uno
de nosotros lo somos de nuestra propia madre.
No obstante estos reparos, el papa Pablo VI tomó la decisión de declarar
solemnemente la maternidad de María sobre la Iglesia, apoyándose en estas
razones: "Hemos creído oportuno consagrar en esta sesión pública un título en
honor de la Virgen, sugerido por diferentes partes del orbe católico y
particularmente entrañable para mí... Se trata de un título que no es nuevo para
la piedad de los cristianos; antes bien, con ese nombre de madre, y con
preferencia a cualquier otro, los fieles y la Iglesia están acostumbrados a
dirigirse a María... María es, como madre de Cristo, madre también de os fieles
y de los pastores, es decir, madre de la Iglesia...
La declaración de Pablo VI es larga, pero en la breve cita precedente constan las
razones principales de su decisión. Y la primera de ellas es la entrañabilidad del
nuevo título: un espontáneo dato de experiencia personal del Papa, que es de
agradecer tanto como la doctrina. Llamar madre a la Virgen ayuda a configurar
el paisaje amoroso de la fe. Es penetrar en la zona cristiana de las intuiciones
vitales, en cuyo espacio la acogida y el don de si también son un lenguaje.
Llamar madre a María en la Iglesia es algo teológicamente correcto, pero
también vitalmente saludable para las experiencias comunitarias de la fe.
Nuestro crecimiento como creyentes también necesita una pedagogía. Para
educarnos en la fraternidad cristiana y en la adhesión a la Iglesia-madre, Dios se
vale de un corazón concreto de mujer. "La madre es el primer continente que
descubre la criatura... La pedagogía de Dios fue orientando a la psique humana
hacia el acontecimiento histórico realizado por Dios Espíritu Santo en María. La
mitificación que todos hacemos de la mujer como virgen y como madre
constituye la forma en que Dios nos acerca a su madre y madre nuestra»
Sentimos hoy a María como la madre humana de nuestra familia de la fe, tal
como la pintaron sus más tiernos amantes. La contemplamos a través de los ojos
de nuestra madre terrena. Estamos seguros de que ella acuna nuestro dolor,
amansa las tormentas y nos lleva escritos en las rayas de sus manos. En la fe del
pueblo de Dios cabe la celebración, la fiesta y la afectividad, gracias, en gran
medida, a que la Madre está siempre presente.

Oración de fieles

Dios nos ha dado un corazón de madre para rodearnos de su amor de


Padre. Por eso nos dirigimos confiadamente a El a través de María, madre
y corazón de la Iglesia.

1 Por todo el pueblo de Dios que recibió a María como madre, para que entre
nosotros siempre esté vivo el lenguaje maternal de afecto, la entrega y la

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acogida, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por las mujeres que hacen compatible la atención a la familia propia con la
dedicación a alguna causa de servicio a los demás, para que reciban de María la
generosidad y el coraje que precisen, ROGUEMOS...

3. Por las mujeres cristianas que se han quedado viudas o perdido algún hijo,
para que no encierren sus cualidades en el dolor, sino que las sepan entregar al
servicio de la Iglesia y de los demás, ROGUEMOS...

5. Por todos nosotros, para que, como María, acertemos a responder a la


vocación de amor y entrega que lleva consigo el seguimiento de Cristo,
ROGUEMOS AL SENOR.

Señor, Tú que hiciste nacer a la Iglesia del costado de Cristo y la pusiste


enseguida en brazos de una madre, haz de nosotros hijos que sepan
responder a ese gesto de amor. Por C. N. S.

Acción de gracias

¿Cómo podremos, Padre,


agradecerte este nuevo detalle de tu misericordia,
al dejar a tu Iglesia,
recién amanecida,
el consuelo y el gozo de la madre de Cristo?

El mismo nos la dio


como madre y hermana,

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en el mismo momento
en que nos dio su vida.

Ella es, por eso,


madre de la Iglesia,
cuna de nuestro acontecer,
beso en las penas
y ánimo en las luchas.

Gracias, Señor, porque


desde el principio de las comunidades
nos dotaste de entrañas
de maternal ternura y de afectividad.

Bendito seas por ese rostro amable de mujer


con que alivias la diaria batalla de vivir y creer.

En María cantamos tu ternura de Padre


eternamente bueno y misericordioso.

Amén

26 LA VIRGEN MARIA, IMAGEN Y MADRE DE LA IGLESIA (II)

MENSAJE PASTORAL

María es madre de la Iglesia porque nos sirve de estímulo y ayuda. Su


maternidades mas una función que un recurso sentimental.

Introducción

En la vida de fe no hemos crecido huérfanos de madre. María representa la fibra


más entrañable de todo creyente; un nombre amorosamente cocido en el horno
del alma, que nos dejó calor, sabor y alimento para el resto de nuestros días.

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La llamamos madre de la Iglesia y, como tal, la celebramos hoy. Es madre
porque protege y porque acoge; pero también reúne, identifica y da impulso
para la evangelización y el testimonio.
La maternidad espiritual de María no es para nosotros un simple refugio
sentimental o inoperante. Decir madre en la Iglesia es fundamentar bien las
raíces cristianas. Es tomar conciencia de la casta evangélica que de ella hemos
heredado. Es tomarla como un punto de fuerza y unidad, para actuar en la
práctica como hermanos y seguidores leales de Jesús.

Acto penitencial

- Por nuestra falta de sensibilidad ante las necesidades del prójimo, SEÑOR,
TEN PIEDAD.
- Porque al celebrarte nos dejamos llevar por la rutina, en lugar de crear el
sentimiento festivo de la fe, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestros falsos pudores cuando ocultamos cualidades y sentimientos de
ternura y acompañamiento, SENOR, TEN PIEDAD.
Primera lectura (Hechos 1,12-14)

En la Iglesia primitiva María es un punto central de referencia y equilibrio para


la vida de comunión. Ocupando el centro de la asamblea, simboliza el aliento
maternal de la familia que acaba de nacer.

Evangelio (Juan 2,1-11)

En las bodas de Caná se encuentra prefigurada la Iglesia, reunida en celebración


festiva. En el vino del milagro es posible ver el símbolo eucarístico, y María es
allí la madre intercesora a favor de todos los creyentes.

Comentario-Homilía

Para declarar a Maria madre de la Iglesia, Pablo VI se apoyó en esa tradición


jamás interrumpida que, de hecho, siempre adoptó a María como madre nuestra.
El mismo Lutero escribió sin dudar que María es madre de Cristo y madre
nuestra, aunque sólo a El lo llevara en su seno... Donde está El debemos estar
también nosotros, todo lo suyo debe ser también nuestro y su madre es también
la nuestra...
Efectivamente, la madre de la cabeza de la Iglesia ha de serlo también de todo el
cuerpo. No se trata, desde luego, de una maternidad generativa, pero sí de
adopción, acompañamiento y proximidad. Ya en la comunidad primitiva había,
además de una comunión de bienes, otra de parentesco. Gracias a esta
comunión, los creyentes se llamaban hermanos entre sí, y denominaban padres
y madres a los miembros ancianos de la comunidad. Estos, con su oración,

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experiencia y consejo, proveían a las necesidades espirituales de los miembros
más jóvenes.
Con seguridad, María sería allí conocida como la madre por antonomasia.
Mientras vivió, ella poseía el tesoro que todos más estimaban: la información
sobre Jesús y el secreto de su intimidad con El, dones que generosamente
distribuiría. Guardando la reserva y compostura que se deduce de Hechos 1,14,
María actuaba en la primera comunidad como un corazón dentro del pecho:
discreta y casi oculta, pero activa y constante en aportar a todo el cuerpo la
herencia y el espíritu de Cristo, la esperanza en su venida, la savia de una
oración perseverante.
María fue un eje de la rueda de la vida de la primera Iglesia. Y aquí sigue como
madre nuestra, ejerciendo idéntico servicio. María no es madre en la Iglesia para
que la entronicemos sobre un pedestal inaccesible, sino para servirnos de
testigo, estímulo y ayuda. Ser madre en la Iglesia no es para ella una ventaja o
título nobiliario, sino una función que desempeña con igual talante que en las
bodas de Caná: atenta a las necesidades y preocupada por mantener un clima de
alegría, cordialidad y confianza en Cristo.
María es madre en la Iglesia porque cada mañana puede despertarnos a la vida
de fe. Lo es porque puede distribuirnos el vino del gozo, repartirnos el pan de la
ternura, educarnos en la práctica de las bienaventuranzas. Llamar “madre» a
Maria dentro de la Iglesia equivale a abrir ventanas en sus muros, a veces
demasiado espesos de racionalización y rutina. La Iglesia que dice madre
mirando a María está dibujando una sonrisa en su rostro, a veces demasiado
grave o demasiado acostumbrado a expresarse sólo con palabras. Decir Maria,
madre en la Iglesia equivale a restaurar constantemente el vinculo de la
fraternidad cristiana.

Oración de fieles

Con la primera Iglesia reunida en oración junto a María, nosotros nos unimos en
súplica al Señor por las necesidades de todo el mundo.

1. Por la Iglesia, madre de nuestra fe en cuanto que Cristo le encomendó


guardarla y transmitirla, para que ejerza su ministerio maternal con el coraje y el
amor de María, ROGUEMOS AL SEÑOR
2. Por los que ejercen responsabilidades de dirección y gobierno, para que no se
olviden de desempeñarías con la humanidad que todos necesitamos en orden a
una convivencia más feliz, ROGUEMOS...
3. Por las personas mayores, para que a través de sus consejos, experiencia y
testimonio merezcan ser reconocidos como padres y madres de las nuevas
generaciones, ROGUEMOS...
4. Por otras intenciones.
5. Por los aquí presentes, para que acertemos a generar espíritu de confianza y

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fraternidad tanto en las reuniones familiares como en las asambleas eucarísticas,
ROGUEMOS...

Señor, enséñanos a orar, pidiendo siempre lo que nos conviene, pero, sobre
todo, enséñanos siempre a hacer lo que Cristo nos diga. Te lo pedimos por el
mismo J. N. S.

Acción de gracias

Recibe, Padre, la expresión sincera de nuestro corazón agradecido que late hoy
con un amor de madre. Gracias por cedernos a Maria como regazo maternal
que acoge y reconforta.
Y, sobre todo, gracias por haberla puesto en el origen de la fe cristiana como
generadora de bienaventuranzas y aliento de todos los creyentes.
Con esta acción de gracias te ofrecemos lo mejor que de Maria hemos heredado:
el pan de la ternura, el don de la acogida, el lenguaje de la afectividad, ese sabor
de hogar que nos da el conocer que somos los hijos de esta tierna madre.
Gracias, Señor, por habernos amado tan entrañablemente por medio de Maria.

27 LA VIRGEN MARIA, IMAGEN Y MADRE DE LA IGLESIA (III)

MENSAJE PASTORAL
La Iglesia encuentra en María un molde o modelo para configurar su
personalidad de acuerdo con los rasgos fundamentales de la Virgen.

Introducción

María es madre de la Iglesia porque es su molde, su figura y el espejo donde


puede mirarse para caminar tras los pasos de Cristo. Por eso hoy «celebramos la
bondad de Dios, que tanto amó a la Iglesia, que le dio a la Virgen para que la
contemplara como imagen profética de su peregrinación por la tierra...» (Misal
de la Virgen).

Ocurre que, al mirar a la Iglesia, no siempre se refleja en su rostro el rostro sin


mancha ni arruga de la humilde sierva de Nazaret. Acaso no aparece en nosotros
la misma sencillez, la misma libertad de espíritu, el mismo sentido de intimidad
con el misterio...
Pero aquí sigue María, madre nuestra y espejo de Dios, para que la Iglesia
rectifique siempre hasta reproducir en silos rasgos y la personalidad de María.

Acto penitencial

- Por no haber confiado siempre en tu poder, por encima de otros poderes e

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influencias, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por no haber sido, como María, servidores de los pobres y voz de los que están
sin voz, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por no reproducir en nosotros los rasgos de santidad y humanidad de Maria,
SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Apocalipsis 21,1-5a)

En la visión apocalíptica que vamos a escuchar, Juan vio reflejada en esa


«nueva Jerusalén» a la Iglesia peregrina. La tradición ha interpretado también
este texto con referencia a María. Es una prueba de que ambas caminan
enlazadas, fundidas entre si y unidas en un mismo destino.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

El relato de la Anunciación ofrece las disposiciones y actitudes fundamentales


de María: sencillez en la entrega al Señor y confianza en sus planes. Todo un
punto de referencia para una Iglesia que se fía de Dios.

Comentario-Homilía

Es natural que, en una comparación entre María y la comunidad cristiana, no


salgamos muy favorecidos. Precisamente por eso nuestra madre es también
nuestro modelo; y a la pregunta de cómo debe ser la Iglesia basta responder que
lo más parecido a la Virgen, sobre todo en esa actitud fundamental de sencillez
y disponibilidad al proyecto de Dios, con que Lucas la ha perfilado en su relato
de la Anunciación.
«Como María, la Iglesia fiel y santa es amada en su pobreza por Dios... La santa
y fiel Iglesia no busca su propia gloria, no se hace notar, no reclama honores...
No quiere distinguirse ni desea señalarse... No busca la compañía de los
poderosos del mundo; antes bien, se goza en la amistad de los que llamamos
gente humilde... Igual que Cristo, que gustaba de la mesa y compañía de los
publicanos, la Iglesia guarda en su corazón un lugar privilegiado para los
hombres ordinarios y corrientes, sin riqueza ni grandeza, sin oropel... Tanto
más glorificará al Señor cuanto más perfecto sea su parecido con María de
Nazaret« (Max Thuriam).
Desde luego que nos gustaría una Iglesia así. Constantemente sorprendida por el
Espíritu en su pequeña habitación y en bata de estar. Una Iglesia sin aire alguno
de superioridad, sin falsas ni ridículas hinchazones, sino confiada sólo en el
poder de Dios. Una Iglesia servidora de los pobres; voz permanente del
Magníficat para los que, en su irrelevancia social, jamás son escuchados; madre
y obrera de las mejores esperanzas del pueblo. Una Iglesia que no calcule
demasiado los riesgos de las encarnaciones, ni tema perder santidad por ganar

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humanidad.
Nos gustaría una Iglesia-mediación para llegar a Dios, y no un fin en sí misma.
Una Iglesia, por consiguiente, transitoria y peregrina, comunidad de itinerante
fe que, como Maria en la Visitación, considerase tan importante la caridad
como la fe misma... Iglesia desprendida para mejor hacer el viaje, sin acumular
otro título que el de esclava del Señor, ni más posesiones que las necesarias, ni
otras alianzas que las de su esposo Cristo.
¿Será esta Iglesia únicamente un sueño, la perpetua utopía irrealizable? No,
porque esta Iglesia existe también hoy en el pueblo creyente, aunque no se haga
notar demasiado. La auténtica Iglesia de Jesús coexiste, desde luego, con los
defectos y las culpas con que otros también la afeamos. Pero, por señaladas que
sean nuestras infidelidades, por alejada de la verdadera imagen de María que
esté la realidad de nuestra Iglesia actual, Dios no nos declara irrecuperables.
Asumir nuestras limitaciones es otro modo de mostrar esa pobreza que atrae la
misericordia. Nuestra Iglesia no es enteramente santa ni inmaculada como
María; tiene manchas y arrugas. Precisamente por eso nos necesita. Necesita
nuestro arrepentimiento y esfuerzo; reclama nuestra fidelidad, desde la certeza
de que el Espíritu Santo seguirá fecundándola de santidad como a María.

Oración de fieles

Desde nuestra necesidad nos sentimos pobres, pero también afortunados por
poder dirigirnos a Dios llamándole Padre y esperando su misericordia.

1. Padre, te pedimos por la Iglesia, cuerpo de Cristo y figura de Maria, para que
construya su grandeza sólo en el hecho de pertenecerte a Ti y de servir a la
causa de la salvación,
ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Padre, te presentamos el servicio de los pastores de la Iglesia. Que no aparten
sus ojos ni sus pasos de Aquel que, siendo rico, se hizo pobre y no consideró
deshonra compartir en todo nuestra vida, ROGUEMOS AL SEÑOR.
3. Padre, recibe las buenas acciones de tantos cristianos anónimos que pasan
desapercibidos. Que sigan constituyéndose en piedras fundamentales de la
Iglesia en el orden de la santidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.
4. Otras intenciones.
5. Padre, te ofrecemos nuestra escasez de méritos, nuestras manos vacías. Que,
como María, esta comunidad sea tierra desocupado en la que sólo Tú siembras y
recoges. ROGUEMOS AL SENOR.

Padre, Tú que nos amas, vuélvenos continuamente a Ti hasta hacer de tu Iglesia


una copia fiel del alma de Maria. Te lo pedimos por J. N. S.

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Acción de gracias

Gracias, Padre, te damos con el apóstol Pablo «por haber elegido a los que no
son nada para confundir a los que creen ser alguien, a fin de que nadie pueda
envanecerse
ante Ti». Gracias por esta Iglesia que, a pesar de sus fallos, se fía de Jesús y
quiere construir su fuerza en su debilidad, su triunfo en tus deseos y su gloria en
tu cruz.
Te ofrecemos, Señor, el alma de esta Iglesia. Que tu Espíritu Santo
la fecunde y anime a imagen de Maria, para que se presente
ante el mundo sin arrugas ni manchas. Queremos una Iglesia, Señor,
comprometida con las causas más nobles de amor y de justicia, cantando con
Maria tu gran misericordia.

28 EL INMACULADO CORAZON DE LA VIRGEN MARIA

MENSAJE PASTORAL
María introduce en la vivencia de nuestra fe lo cordial y lo afectivo como clima
vital de la misma.

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Introducción

«La expresión Corazón de María se ha de interpretar en sentido bíblico; designa


a la persona misma de Santa María Virgen, su ser íntimo y único, el centro y la
fuente de su vida interior, la actitud indivisa con que amó a Dios y a sus
hermanos« (Misal de la Virgen).

Celebrar el Corazón de Maria es centrarse en algo tan fundamentalmente


cristiano como es el amor del Padre y la misericordia que Cristo derrama desde
sus manos a las de Maria y desde éstas a nosotros.
Celebrar a la Virgen María bajo el símbolo de su corazón equivale a sentir a
Dios como ternura, a descubrirlo así en la cordialidad de una mujer tan recia
como sensible, hecha lo mismo al gozo que al dolor, y acostumbrada a la
caricia, al beso y a la compasión.

Acto penitencial

- Por habernos forjado una imagen demasiado rígida y severa de Ti, SENOR,
TEN PIEDAD.
- Por los obstáculos racionales que nos impiden hacernos como niños para
entrar en tu reino, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por las continuas faltas de calor humano y de cordialidad con que tratamos a
nuestros semejantes, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Judit 13,17-20; 15, 9)

Con la felicitación que el pueblo dirige a Judit, aquella mujer de corazón


decidido, nosotros saludamos a Maria. Reparamos, sobre todo, en el motivo que
dice: «Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que
tú inspiras«.

Evangelio (Lucas 2, 46-51)

El Evangelio hace mención explícita al corazón de Maria. Lo presenta como un


espacio de hondura creyente y equilibrio humano; como un cofre en el que Dios
va colocando sus secretos y en el que cobra sentido su relación con Jesús.

Comentario-Homilía

El fugaz Papa Juan Pablo 1 dejó caer en una de sus memorables catequesis la
siguiente frase: «Dios es más madre que padre». Se refería, sin duda, a los
rasgos de cercanía y entrañabilidad con que el Dios cristiano, el padre de Jesús,
está revestido desde que el Hijo nos lo reveló como amor y misericordia. No es

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justo que el concepto de Dios contenga en nuestras mentes más connotaciones
masculinas que femeninas; que se le hayan aplicado preferentemente los rasgos
de la racionalidad, actividad y organización, mientras se le han escatimado
cualidades como la acogida y la capacidad de sentir afecto. Hay que tener en
cuenta que los profetas del Antiguo Testamento a veces presentan a Dios dotado
de matices típicamente maternales (Oseas, 11). Y si Cristo propuso la palabra
«Padre» para designar a Yavé no fue con la intención de acentuar su carácter
masculino, sino porque su Dios-papá (Abba) iba a ganar así en cordialidad y
ternura.
María ha sido para el pueblo creyente ese rostro materno de Dios. En el corazón
de María se ha concentrado gran parte de la dimensión afectiva de la fe. «La
Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que
está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre, para obtener consuelo en
la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado»
(Marialis Cultus).
En el fondo de esta constatación hay un factor psicopedagógico de primer
orden, que también tiene su aplicación en la vida de fe. Todo ser humano se
encuentra emocionalmente vinculado a la madre de manera especial. En la
infancia, el regazo materno constituye el mejor abrigo contra las amenazas
exteriores. El corazón materno es el mejor educador de los sentimientos del
hijo. Añadamos a esto que en el orden de la fe nadie puede pretender superar
totalmente el estadio de infancia. Hacerse como niños es condición
indispensable para acoger el Reino. Por eso se comprende mejor esta necesidad
de una madre que nos ayude a saltar en la oscuridad, a sortear tantos escollos, a
tomar decisiones, a encajar tantos golpes... Una madre que nos traduzca el amor
tantas veces desconcertante de Dios Padre.

En este sentido, María ha sido todo corazón, todo afectividad para la fe del
pueblo. A veces, incluso, se llegó a exageraciones sensibleras en la piedad y el
arte, o a devociones desviadas que reservaban para la Madre toda la bondad y
atribuían al Hijo todo el rigor. Pero, salvados estos excesos, la función cordial
de María, rostro materno de Dios, permanece como necesaria y como
inevitable.
Y también como útil y provechosa. Porque la relación entre el pueblo y María
no ha sido siempre pasiva o aprovechada por parte del creyente. La más genuina
vida y acción cristiana ha latido siempre con el corazón de María. En él se
alimenta la ternura; en él se aprende la solicitud hacia el prójimo; por él se sabe
que, también en el orden de la fe, lo afectivo es lo efectivo.

Oración de fieles

El Señor nos llama a confiar en El como un hijo en su madre. Dios siente


ternura por nosotros y en su corazón recoge las súplicas que le hacemos.

101
1. Pidamos por la Iglesia de Jesús, para que su voz de maestra no se oponga ni
se imponga sobre su corazón de madre, ROGUEMOS AL SENOR.

2. Pidamos por las personas encargadas de juzgar y por las instituciones


penales, para que en sus despachos haya también lugar para los sentimientos de
confianza y comprensión, ROGUEMOS...

3. Pidamos por los jóvenes inadaptados a causa de la falta de afecto y por las
personas endurecidas a causa de la lucha por la vida, para que unos y otros
encuentren la curación en el camino del corazón, ROGUEMOS...

5. Por las personas a las que más amamos, por todos los que ocupan un lugar
preferente en nuestro corazón, para que ellos y nosotros permanezcamos atentos
a las exigencias del verdadero amor, ROGUEMOS...

Señor, Tú que nos das a María como intérprete de tu amor de Padre,


infunde en nosotros sentimientos de afecto y de ternura para amar a los
demás como Cristo nos amó a nosotros. Te lo pedimos por el mismo J. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias,
Dios de la ternura,
por haberte revelado con rasgos maternales.

102
Los antiguos profetas
te mostraron dotado de corazón y de entrañas sensibles:
«Cuando Israel era un niño pequeño,
Tú lo enseñaste a andar
cogido de tu mano».

Gracias, Señor, por Cristo,


quien nos habló de Ti
como Dios de generosos brazos
para acoger, perdonar y dar ánimos.

Tu bondad y nuestra acción de gracias


se han encontrado hoy
en este símbolo del corazón inmaculado de Maria.

En él experimentamos tu sonrisa,
tu paciencia, tu abrazo, tu acogida.
El traduce tu afecto maternal
y nos adiestra
para amar al prójimo
bendiciendo la suerte de llamarnos tus hijos.

Amén

29 LA VIRGEN MARIA, REINA DEL UNIVERSO

MENSAJE PASTORAL

En María glorificada vemos coronarse (a esperanza de los que, como ella, se


han entregado al servicio de Dios y del prójimo.

103
Introducción

Dice el Concilio Vaticano II: «La Virgen María, terminado el curso de su vida
terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste y ensalzada como Reina
del universo, para que se asemejara más a su Hijo, Señor de señores y vencedor
del pecado y de la muerte». »Por tanto, la dignidad real de Santa María
pertenece al misterio de su plena glorificación y perfecta configuración con su
Hijo, Rey de los siglos» (Misal de la Virgen).

Con este símbolo de la realeza, nuestro lenguaje, siempre limitado a la hora de


expresar el misterio, quiere significar los tesoros de bondad y belleza que María
ha alcanzado al lado de Jesús.
Celebrar a María Reina es rememorar en ella las «obras grandes» del Magníficat
que el Señor realiza también en quienes se sienten pobres en méritos propios y
favorecidos por los dones de Dios.

Acto penitencial

- Cuando la ambición o la soberbia nos llevan a encumbrarnos a costa de


humillar a los demás, SENOR, TEN PIEDAD.
- Cuando pretendemos erigirnos en el centro de las miradas y de la admiración
de los que nos rodean, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Cuando las preocupaciones de este mundo nos apagan la esperanza de la gloria
futura junto a Ti, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 9,1-3.5-6)

El principado del Mesías no es de orden temporal, sino de esos valores que


Isaías vislumbra en el horizonte: paz, justicia y derecho. Del mismo modo, el
reinado de María pertenece al orden de la fe y del espíritu.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

Al anunciarle el ángel a María que el reino de Jesús no tendrá fin, de alguna


manera la está coronando como soberana de un reino de amor y de justicia que
se prolongará más allá de la vida presente.

Comentarlo-Homilía
Todo el esplendor del lenguaje resulta insuficiente para aproximarnos al
misterio de María, sobre todo cuando, más allá de su perfil histórico y su verdad
teológica, pasa a ser un símbolo en el pueblo creyente. María es un gran signo
que arranca de nuestros mejores deseos de plenitud. «Su verdad simbólica
irrumpe en los condicionamientos mitológicos más primigenios de la

104
humanidad, de los anhelos más nobles de autorrealización que alberga el
corazón humano. Su verdad simbólica proclama la experiencia real de que todo
lo cristiano pasa por ella» (Miguel Rubio).
María es una obra perfecta de Dios; como tal, no puede ser abarcada en nuestras
coordenadas espaciotemporales, ni adecuadamente descrita con nuestro
lenguaje. Sólo con analogías y comparaciones nos aproximamos algo a ella. En
el Evangelio la tenemos ofrecida como un dato histórico y como un misterio
para la contemplación; pero podemos inventarla siempre, recrearla
continuamente, aplicarle lo mejor que descubrimos en el ser humano, dibujaría
desde la sensibilidad de cada nueva generación cristiana. En esta posibilidad de
proyección constante descansa, precisamente, la afirmación según la cual «de
María nunca se dice bastante "De María nunquam satis"-».
El pueblo, en su peregrinar al lado de María, la ha pintado como Inmaculada y
como Asunta al cielo. Y otra de las imágenes de plenitud que más pródigamente
le ha otorgado ha sido la de Reina. De las cuarenta y seis invocaciones que
contiene la nueva versión de las letanías, dieciséis usan esta metáfora para
designarla: Reina de los apóstoles, Reina de los profetas, Reina de todos los
santos, etcétera. Las magníficas representaciones del misterio mariano que son
los iconos orientales, también presentan a María con los símbolos de la realeza:
en postura de cátedra, sobre fondo dorado, que es signo de la majestad; ciñendo
su frente con un nimbo de luz, que significa su participación en el esplendor y la
gloria del Padre.
El pueblo la pensó y la sintió como Reina, cuando volcó en María sus deseos y
proyecciones de nobleza, seguridad y esperanza del cielo. Pero el pueblo
también sabe que, lo mismo que Cristo es el Rey-Siervo de Dios y servidor de
sus hermanos, María es la Reina-esclava del Señor. Las «obras grandes» del
Magníficat se realizan en ella a través de la humildad. Obtiene su gloria al
despojarse de Jesús para entregárnoslo. María pasa a ser así la reina servidora de
la redención, la primera dama del reino de los pobres.
El único sentimiento cristiano genuino que se deriva de contemplar a María
Reina del universo es un desprendimiento fecundo en favor de los demás. La
devoción a María Reina actúa como antídoto contra el impulso de abusar del
prójimo, o de encumbrarse por encima de él, o de adquirir poder en nombre de
la religión. El sentimiento que María nos comunica desde su condición
glorificada es el de evitar falsas seguridades y el de vivir el Evangelio desde el
servicio, el éxodo y la esperanza.

Oración de fieles

Despojando nuestras peticiones de toda presunción y de toda exigencia,


oremos al Señor, que ensalza a los sencillos y humilla a los soberbios.

1. Por la Iglesia, pueblo de reyes y esposa del Rey Jesús, para que sólo en El

105
ponga su gloria, mientras guía a los fieles hacia el reino de la paz, el amor y la
justicia, ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por los responsables del gobierno de los distintos países, para que antepongan
la elevación moral y económica de los humildes a los intereses de los
poderosos, ROGUEMOS...

3. Por los famosos de la sociedad, para que no pierdan la cabeza en un necio


endiosamiento; y por la gente que les encumbra, para que entienda que sólo
Dios permanece, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que en este peregrinar hacia la Gloria del Padre no
apetezcamos otra corona que la de vivir el Evangelio conforme a Maria, la
esclava y reina del Señor, ROGUEMOS...

Señor, pues volcaste tus dones en María como premio a su humildad,


concédenos depositar nuestra seguridad en Ti para alcanzar su misma
gloria. Por C. N. S.

Acción de gracias

Te damos gracias, Padre,


por Jesús,
el primero de todos
por hacerse el último,
a quien diste un nombre sobre todo nombre

106
por hacerse servicio y obediencia.

En Jesucristo Rey
permite que aclamemos
a tu humilde Esclava como a nuestra Reina:
reina de la paz y la misericordia,
reina de los profetas y de los patriarcas,
de los ángeles y los apóstoles,
de los mártires y de los confesores,
de las vírgenes y de los santos,
reina concebida sin pecado original,
reina elevada al cielo,
reina, en fin, de todo el universo.

Recibe, Señor,
con las aclamaciones de tu Iglesia a Maria,
los deseos de alcanzar tu bienaventuranza.

Amén

TIEMPO ORDINARIO

SEGUNDA SECCION

107
Títulos marianos que celebran el influjo de la Virgen María en la vida espiritual
de los cristianos.

FORMULARIOS DE MISAS

30. La Virgen María, madre y medianera de la gracia.


31. La Virgen María, fuente de la salvación.
32. La Virgen María, madre y maestra espiritual.
33. La Virgen María, madre del buen consejo.
M. La Virgen María, causa de nuestra alegría.
35. La Virgen María, amparo de la fe.
36. La Virgen María, madre del amor hermoso.
37. La Virgen María, madre de la santa esperanza.
38. Santa María, madre y reina de la unidad.

30 LA VIRGEN MARIA, MADRE Y MEDIANERA DE LA GRACIA

MENSAJE PASTORAL
La solidaridad es una virtud humana que también demuestra su eficacia en el
ministerio de la intercesión que María ejerce en la Iglesia.

Introducción

Dice el Concilio: «La función maternal de María para con los hombres no
oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que muestra su
eficacia. Cualquier influjo salvador de la Santísima Virgen nace del beneplácito
divino y deriva de la superabundancia de los méritos de Cristo» (Lumen G.)
Al celebrar a María como medianera de la gracia celebra mos al Dios
misericordia y nos sentimos más unidos a Cristo, cuyos méritos nos alcanzan
los favores del Padre.
Al mismo tiempo, María nos educa en el noble oficio de la intercesión. Ella es
un puente que Dios ha tendido desde su orilla hasta la orilla de la necesidad.
Interceder en favor de alguien supone creer en la eficacia de la solidaridad
cuando apela al sentimiento del amor.

Acto penitencial

- Por nuestras desconfianzas o exigencias cuando te pedimos algo, SENOR,


TEN PIEDAD.
- Por nuestra falta de solidaridad con las necesidades y sufrimientos del
prójimo, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestra fe interesada; por condicionar nuestro ser cristiano a las gracias y
dones que nos concedas, SENOR, TEN PIEDAD.

108
Primera lectura (Ester 8, 3-8. 16-17a)

En la memoria del pueblo de Israel, la reina Ester es el gran símbolo de la


intercesión. La tradición ha visto prefigurada en esta mujer a María suplicando
ante el Padre: ¿Cómo podré ver indiferente las desgracias que afligen a mi
pueblo?.

Evangelio (Juan 2,1-11)

Con una insinuación muy delicada y de pocas palabras, María se dirige a Jesús
en favor de unos novios: “No tienen vino». La oración cristiana de súplica no
descansa en el mucho hablar, sino en la humilde fe de nuestras peticiones.

Comentario-Homilía

Estamos muy cerca de María, »una de nuestra raza», como para que la fe dejara
pasar por alto este dato de vecindad sin aprovecharlo a la hora de exponer ante
Dios nuestras necesidades. En ningunas manos como en las suyas se pueden
presentar al Señor nuestros deseos en favor propio o ajeno. La mediación de
María es una consecuencia de su solidaridad con los hombres y mujeres que,
como los novios de Caná, se encuentran en algún aprieto.
En el Magníficat María canta su compromiso de solidaridad con todos los
oprimidos de la tierra. Dando a luz a Cristo en un establo se solidariza con los
que carecen de un techo en el que cobijarse. Huyendo hacia el destierro
comparte la suerte de los exiliados. En la Pasión vive el dolor de las madres a
quienes la guerra, el terrorismo o el accidente arrebatan violentamente un hijo.
¿Habrá alguien cerca de Dios mejor preparado que Maria para entender la
intensidad de tanto drama humano? Seguro que también ahora se dirige al Señor
para indicarle delicadamente que »no tenemos vino», que hemos perdido la
alegría, la salud, el trabajo, la esperanza o el amor...
La oración de súplica a María, generosa medianera de las gracias de Dios y
abogada nuestra, goza de legítimo consenso eclesial. La tradición la ha
invocado siempre como intercesora ante el único mediador, Jesucristo. Y los
creyentes de los tiempos futuros seguirán clamándole, con el Avemaría, que
ruegue por ellos. Porque la solidaridad que vivió María en su dimensión
histórica sigue y seguirá ejerciéndola »allí donde la necesidad humana es más
palpable, allí donde el drama del sufrimiento amenaza con absorber el sentido
de la vida, allí donde se toman las decisiones que marcan el futuro. Desde el
cielo sigue solidarizándose y haciéndose presente con mucha mayor intensidad»
(L. Boft).
No hay que temer exponerle cualquier necesidad humana, como si le
mostrásemos una prenda deteriorada. El muchacho que acude a su madre con

109
alguna pena, lo hace por simples exigencias de su corazón, independientemente
de consideraciones intelectuales. Y, aunque la madre no pudiera o no debiera
aliviar la causa de ese dolor, el encuentro entre madre e hijo ya es en alguna
medida curativo.
Pero sí hay que ponerse en guardia contra cierto egoísmo religioso que se
traduce en una devoción sólo por interés. Invocar a Maria sólo para que nos
proteja de los peligros de este mundo y atienda a nuestras conveniencias
personales sería ignorar que su oficio de medianera se orienta, sobre todo, en
orden a los bienes de Dios. Por lo demás, »nuestro Padre sabe mejor que nadie
aquello de lo que tenemos necesidad». Seria incompatible con la actitud
fundamental de Maria pedirle que fuerce o pretenda torcer la voluntad de Dios,
cuando toda su oración consistió en una absoluta puesta a disposición del
proyecto divino. El mejor don que puede darnos es el de Jesús »fruto bendito de
su vientre».

Oración de fieles

En las manos de Maria, que consigue de Dios lo que a nosotros nos conviene y
ella solicita, presentamos estas peticiones confiando en los buenos oficios de tan
poderosa abogada.

1. Por la Iglesia, para que abunde en ella el vino del amor, del gozo y de la
solidaridad entre todos sus miembros, ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por los más necesitados de la tierra. Que los hambrientos consigan pan,
trabajo los parados, paz los que están en guerra, motivos para vivir los que están
desesperados y perdón aquellos a quienes acusa su conciencia, ROGUEMOS
AL SENOR.
3. Por los que, desde su oficio o vocación, defienden causas justas, para que
nunca se cansen de poner sus medios y cualidades al servicio de la paz y de la
justicia, ROGUEMOS
AL SEÑOR.
4. Otras intenciones.
5. Por todos los miembros de nuestra comunidad y por los que nos precedieron
en la fe, para que, intercediendo unos por otros, testimoniemos el valor divino
de la solidaridad, ROGUEMOS AL SENOR.

Señor, invocando tu generosidad sobre nosotros, por medio de la intercesión de


María, te pedimos también que nuestro corazón sea la casa acogedora de
cuantos soliciten nuestra ayuda. Por C. N. S.

Acción de gracias

Gracias te damos, Padre, por Jesús, con cuya muerte nos alcanzó los dones de

110
su sobreabundante redención.
Con sus brazos abiertos ha clamado
y logrado paz y misericordia en favor nuestro. Y gracias por María, a quien
pusiste
al lado de Jesús como nuestra abogada para distribuirnos el fruto de sus méritos.
Ella es guía segura que conduce hacia Cristo. Ella es nuestro socorro en el
dolor.
Ella nos reconforta en el desánimo
y te expone delicadamente nuestras necesidades cuando nos falta la salud, la
esperanza, el trabajo o la felicidad. Gracias, Señor, por esta mujer solidaria y
atenta, en la cual aprendemos a sentirnos hermanos y a interceder por otros.

31 LA VIRGEN MARIA, FUENTE DE SALVACION

MENSAJE PASTORAL

Jesús es el único salvador de nuestras más íntimas aspiraciones, y María está


asociada a El como fuente de misericordia que conforta y alienta.

Introducción

Hoy celebramos a María como fuente de la salvación, en cuanto que ella dio a
luz al único salvador, Jesucristo, y por el misterio de la intercesión Dios la
constituyó canal que nos acerca los dones de la redención.
Hay en esta celebración un eco de agua viva, de torrente que parte del corazón
abierto del Crucificado, que pasa por María y llega hasta nosotros. Cristo se
entrega a quienes, aun teniendo fe, a veces se ven acosados por alguna secreta
sed que les impide ser felices.
Y la madre está junto a la cruz como repartidora de consuelo, de espíritu, de
fuerza, de esperanza, de todos aquellos dones que constituyen el tesoro de la
salvación cristiana.

Acto penitencial

- Por cerrarnos a Ti, Padre de la salvación, y abrirnos a otros dioses que no


pueden salvar, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por olvidarte a Ti, fuente de agua viva, para ir a beber aguas contaminadas,
CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por desconfiar de Ti, Padre del perdón, cuando nuestra conciencia nos acusa o
condena, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Ezequiel 47,1-2.8-9.12)

111
El manantial que en la visión profética nace de la base del Templo es el signo
de la fecundidad de Dios. Hay una inmediata invasión de vida y gozo en todo
aquel que se abre al influjo de su gracia y bendición.

Evangelio (Juan 19, 25-37)

Del costado abierto de Jesús brotan, con el agua y la sangre, el perdón y la vida
nueva. María asiste como testigo a este nacer del bautismo y de la eucaristía,
pero también como madre dispensadora de la última expresión de amor con que
Cristo obsequia a la Iglesia.

Comentario-Homilía

La fuente como imagen de abundancia y generosidad salvíficas se prodiga


mucho en la cultura bíblica, por ser una cultura de éxodo y desierto. «Sacaréis
aguas con gozo de las fuentes de la salvación», dice un salmo. La roca de
Horeb, el paso del Jordán, el torrente de la visión profética, están presentes en la
memoria del pueblo como signos de bendición.

El evangelista San Juan retoma el símbolo del agua como elemento


regenerador: junto al pozo de Jacob, Jesús habla de un agua que calmará la sed
por siempre. Aconseja a Nicodemo renacer del agua. Promete el agua viva del
Espíritu Santo. Finalmente, Juan notifica que del costado abierto del
Crucificado brota ese manantial de agua y de sangre que, según las
interpretaciones, simbolizan los sacramentos del bautismo (agua) y de la
eucaristía (sangre).
Ese corazón abierto de Jesús es un modo poético de describir el poderoso amor
que derrochó toda su vida. Es difícil encontrar un más certero símbolo que el de
su pecho como manantial, para expresar la total donación que hace de sí,
inmediatamente después de habernos dejado a su madre y de haber entregado su
último suspiro. El misterio de la salvación se ha consumado así en un acto de
tan consoladora belleza, como las mismas palabras que, pronunciadas en
ocasión precedente, le confieren todo su sentido: «Tanto amó Dios al mundo
que le entregó a su único Hijo para que no perezca ninguno de los que creen en
El. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para que el mundo sea
condenado, sino para que el mundo sea salvo por El».
Si Jesucristo es nuestra única fuente de la salvación, ¿en qué sentido cedemos a
María este apelativo y otros similares, como «fuente de caridad», «fuente de
misericordia» o «fuente de clemencia»? La Virgen es fuente de salvación por el
misterio de intercesión que ejerce ante Jesús en favor nuestro, y en la medida en
que Cristo la asocia a sí como corredentora. El costado abierto de Jesús y el
dolor fecundo de Maria al pie de la cruz son dos fuentes que enseguida

112
confluyen, riegan y redimen al que se siente acusado por su conciencia;
absuelven al que se ve acusado por sus semejantes; hacen crecer en cada
persona aquello que le puede elevar, promocionar, salvar.
Hay muchas leyendas de sabor mariano que atribuyen el nacimiento de una
fuente a unas apariciones de la Virgen. La fe de los sencillos creyentes atribuye
a esas aguas poderes curativos, y María se convierte así en una fuente de salud
para el pueblo. Estas intuiciones populares son algo más que el hallazgo de esa
«medicina milagrosa», cuyos efectos no llegan a producirse en la inmensa
mayoría de los casos. Sabemos que el «agua milagrosa» raramente desvanece
las enfermedades. Tampoco nos importa demasiado, porque en cualquier acto
de aproximación a María sentimos la poderosa influencia de la madre que
conforta, alienta y comunica el secreto para llevar la cruz. Aunque no cure la
salud física, siempre nos acerca la salvación de Cristo.

Oración de fieles

Ante el buen Dios amigo de la vida, el que a nadie condena y el que a todos
ofrece la salvación de Cristo, oramos en nuestras necesidades y peligros.

1 Por la Iglesia, en su misión de salvar, curar, perdonar e integrar, para que se


presenta ante el mundo como ese espacio en el que Cristo verifica su salvación,
ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por las personas angustiadas ante el enigma del más allá, por los que
desconfían de una última y definitiva salvación, que todos encuentren en la
persona de Cristo la paz, el sentido y la serenidad. ROGUEMOS...
3. Por los condenados a muerte, por las víctimas de la enfermedad irreversible o
de la desgracia irreparable, para que al menos encuentren su consuelo en Cristo
salvador, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que estemos siempre más dispuestos a absolver,
comprender y salvar que a condenar, reprochar o acusar, ROGUEMOS...

Señor, Tú no nos enviaste a Jesucristo para condenar al mundo, sino para que
fuera salvo por El. Concédenos entrañas de misericordia para con el prójimo, y
sed de Ti para aprovechar la salvación que nos ofreces. Te lo pedimos por C. N.
S.

Acción de gracias

Señor nuestro y fuente de nuestras ansias, gracias por el hambre y la sed


que, para desearte, has puesto en nuestra alma. Gracias por mantener abiertas
nuestras manos al misterio de tu necesidad.
Y gracias por mandarnos a Cristo como fuente de vida y lluvia deseada.

113
Nuestra vida se llena de alabanza por el don de la fe, y, junto con María,
proclamamos y engrandecemos tu misericordia. Ella nos canaliza el manantial
de gracia que brota del costado del Crucificado. Ella nos aproxima la salud
que el Cristo herido ganó para nosotros. Gracias, Señor, por la Virgen Maria,
fuente de alivio, curación y descanso, que, en nuestra peregrinación hacia Ti nos
enriquece, reconforta y salva.

32 LA VIRGEN MARIA, MADRE Y MAESTRA ESPIRITUAL

MENSAJE PASTORAL
El cultivo de la espiritualidad y la vida interior son fuente del conocimiento de
sí mismo y de humanidad hacia los demás.

Introducción

Fijarse atentamente en María es hallar un camino para la contemplación de


Dios. A través de la Virgen nos llega la luz que surge directamente de la puerta
entreabierta de lo divino. Por eso, ella se nos ofrece hoy como maestra de vida
espiritual y contemplativa.

Los hombres y mujeres dedicados a la autorrealización en el cultivo de la


espiritualidad cristiana tienen un punto de fuerza en esta mujer metida en Dios,
entregada a la meditación y colmada de razones profundas para amar al
prójimo.
Pero no sólo a los que profesan el seguimiento de Jesús, sino a todos nosotros
también, María nos impulsa a buscar a Dios en la intimidad del corazón y su
música callada, como palanca de comunicación con las alegrías y sufrimientos
de los demás.

Acto penitencial

- Cuando nos dejamos llevar por lo superficial y efímero, sin tener en cuenta lo
que importa y perdura, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Cuando ponemos barreras al don de tu presencia en nosotros, CRISTO, TEN
PIEDAD.

114
- Cuando el ruido de las preocupaciones y trabajos nos impide escuchar tu
palabra, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Proverbios 8,17-21)

¿Dónde está el secreto de la felicidad que todos los hombres buscamos? La


primera lectura responde a esta cuestión, que la vida dichosa se encuentra en el
aprendizaje constante y práctico de la sabiduría de Dios.

Evangelio (Mateo 12, 46-50)

En el relato que vamos a escuchar, Jesús aprovecha la presencia de Maria entre


los que escuchan para dar una lección clave de vida espiritual: su madre y sus
hermanos pertenecen al orden de la fe'. son los que, como la Virgen, se
abandonan a la voluntad del Padre.
Comentario-Homilía
María de Nazaret es la mejor lección práctica de vida espiritual, y no porque se
la sorprenda en el Evangelio diciendo muchos rezos, sino por su actitud
constante de disponible ante el Señor. Ella sabe que Dios no necesita para nada
sus plegarias, pero sí reclama toda su existencia como ofrenda agradable. Por
eso se hace oración a sí misma, lo mismo que una lámpara que, sin brillar
demasiado, se consume en el servicio divino. Ocupando un segundo plano,
como en el Evangelio que acabamos de escuchar, María se goza en ser nuestra
maestra a través de esa humildad con que acoge la lección de Jesús:
«Mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad del Padre».
Así María es maestra de comunicación con Dios a través del despojo de sus
propios intereses; desde una fe sin demasiadas compensaciones humanas; desde
el alegre abandono de la gratuidad. Ella sabe que a Dios no se le puede exigir
absolutamente nada. Ha entendido bien que con Dios existen relaciones filiales
pero no mercantiles. Por eso prefiere ser su hija agradecida, la hermana solidaria
de Cristo, antes que la madre de Jesús según la carne. En lugar de exhibir la
ficha de sus méritos, presenta su escasez: «No conozco varón«. En lugar de
invocar títulos de propiedad, sólo ostenta su propia servidumbre: “He aquí la
esclava del Señor«, y a mandar.
Toda la vida espiritual de la Virgen se resuelve en un acto de rendición global
en el que se destruye cualquier obstáculo que hubiera podido atajar el paso del
Señor. Toda oración cristiana se construye sobre un terreno de apertura previa.
Toda meditación puede que exija métodos y técnicas, pero supone antes
entregar a Dios las llaves y secretos del propio corazón. Sólo entonces el alma
se dota de hondura y comprensión. Sólo entonces se ilumina de repente la vida,
se despeja de nubes, se sumerge en el sereno gozo de la confianza.
Por eso, a la pregunta de cómo unirse a Dios, nuestra maestra no responde con
cuestiones técnicas, sino que nos conduce hacia el corazón y su callada soledad,

115
a ese espacio donde ella «guardaba todas las cosas«. Lo transformó en un arca
en donde resolver los enigmas de la Alianza nueva que sobrepasaban su
entendimiento. Muchos años de vida recogida en íntimo diálogo con Dios;
escuchando palabras, insinuaciones y silencios cuya custodia no la replegaba
sobre sí misma, sino que la hacía fielmente disponible para cumplir su oficio de
corredentora.
Toda persona profundamente espiritual es también rotundamente humana y
solidaria. Lo mejor de nosotros está dentro de nosotros mismos; pero en esa
«interior bodega« no sólo está el secreto de la iluminación sobre sí. De allí se
sale también capacitado para entender a los demás. De la interioridad se emerge
mejor preparado para comprender y amar al prójimo, incluso al que, a causa del
sufrimiento y de las condiciones de la vida actual, se ha incapacitado para
entender que es portador de espíritu. Contemplación y solidaridad son para
María consecuencias de un mismo aprendizaje que nos transmite con sabiduría
y paciencia de maestra.

Oración de fieles

A través de María, que se hace oración a sí misma por su obediencia y


puesta a disposición del Padre, oremos al Señor.

1. Por toda la Iglesia, para que sea lugar de encuentro entre los hombres, por
medio del cultivo y la comunión con el misterio, ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por las familias religiosas de vida contemplativa, para que adquieran


conciencia de ser el corazón de la fe en el cuerpo místico de Cristo,
ROGUEMOS...

3. Por los educadores, catequistas y maestros, para que infundan en niños y


jóvenes las bases de una sana y auténtica espiritualidad cristiana,
ROGUEMOS...

5. Por todos nosotros; que en la oración hallemos motivos para vivir, acierto
para actuar y bondad para relacionarnos, ROGUEMOS...

Señor, en el corazón orante de María ponemos hoy estas plegarias. Escucha


nuestras peticiones y cumple tu voluntad en nosotros. Por C. N. S.

116
Acción de gracias

Gracias, Señor,
te damos hoy
por el denso silencio de María
cuajado de insinuaciones,
secretos y enseñanzas.

Gracias por esta escuela de humildad


en que aprendemos a hacer lo que te agrada.

Toma Tú las llaves de nuestro interior


y entra en él
como un día habitaste
en el santo Templo de la madre de Cristo.

Sin condiciones
nos rendimos a Ti
como se abandonó en tu confianza
la que quiso llamarse sierva tuya
y hoy es nuestra maestra.

Nuestro agradecimiento
se traduce en su oración de esclava:
Que se cumpla tu palabra en nosotros;
que aprendamos a contemplarte
y vivirte en cuanto nos rodea.

Amén

117
33 LA VIRGEN MARIA, MADRE DEL BUEN CONSEJO

MENSAJE PASTORAL
María nos enseña a hallar, en beneficio del prójimo, la palabra adecuada, la
orientación oportuna o el silencio respetuoso para cada circunstancia.

Introducción

Con el nombre de »madre del buen consejo» celebramos a María en su


dimensión humana de mujer prudente, llena de sentido común y dotada de esa
cualidad que la naturaleza regala a las madres para saber guiar, corregir y
orientar a sus hijos.
La advocación nos remite también a ese don del Espíritu Santo por el que los
creyentes, dóciles a las inspiraciones de Dios, aciertan a indicar siempre el
camino que conduce hacia El.
Saber aconsejar no es fácil. Requiere dosis especiales de respeto, oportunidad,
paciencia y delicadeza. Requiere renunciar a cualquier forma de dominio sobre
los demás, para hacer posible la libertad y la maduración de personas
responsables. María es madre del buen consejo porque con sus palabras y
actitudes facilitó el crecimiento de Jesús, “maravilla de consejero».

118
Acto penitencial

- Por cerrar los oídos a los consejos e inspiraciones de tu palabra, SEÑOR,


TEN PIEDAD.
- Por pretender conseguir la obediencia de los demás a base de imposiciones y
dureza, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por nuestras faltas de tacto y delicadeza en el aconsejar, SENOR, TEN
PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 9, 1-3.5-6)

Dibujado sobre la raya del horizonte, Isaías ve al futuro Mesías, y le da, entre
otros, el apelativo de »maravilla de consejero». Su aparición disipará las
sombras de la ignorancia, la violencia y la opresión.

Evangelio (Lucas 2, 41-52. Texto alternativo al propuesto en el misal.)

El momento en que María recupera al Jesús perdido en el Templo refleja, como


ningún otro, su tacto y su valor en el consejo. Es un cuadro desbordante de
sabiduría femenina y de finas observaciones psicológicas.

Comentario-Homilía

Para una interpretación de este Evangelio es preciso situarse en esa etapa de la


adolescencia en la que los muchachos se distancian inevitablemente de la tutela
familiar. Es ley de crecimiento, y, en este caso de Jesús, un primer ensayo de su
misión profética. Lo cierto es que el despiste, al parecer enteramente voluntario,
va a poner a prueba esa capacidad de encajar bien y aconsejar mejor de María.
Como no existe una medida exacta para ver hasta qué punto un adolescente está
maduro para tomar ciertas decisiones, ella se desvive por recuperarlo. Y aunque
corresponde a José el deber del reproche cuando por fin lo encuentran, es ella la
que se adelanta en un alarde de intuición y de prudencia.
“Hijo -le dice”, ¿por qué nos has hecho esto?» La pregunta ha sido cariñosa,
pero reprensiva. Para ella está claro que los hijos no pueden hacer siempre lo
que les dé la gana.
Resulta inadmisible que unos padres lleguen a sentirse dominados por los
caprichos de sus hijos. Saber educar y aconsejar a veces supone contradecir, sin
dejarse ablandar por un falso cariño. «Mira prosigue, tu padre y yo te
andábamos buscando.» Dominando el natural disgusto, Maria ha estado precisa,
delicada, perfecta; como si poseyera ya la convicción del consejo paulino:
«Padres, no exasperéis a vuestros hijos».
Pero Jesús no se calla. Es normal que un adolescente muestre su desacuerdo. En
la familia cristiana hay un lugar para el diálogo. Para que el consejo posibilite el

119
crecimiento de quien lo recibe, debe evitar convertirse en orden o en
imposición; consecuentemente, ha de abrirse al riesgo de las contestaciones.
José y María se han afanado por recuperar al hijo; pero es que el hijo, lejos de
considerarse perdido, piensa que acaba de encontrarse a si mismo, y lo expresa:
«¿No sabíais que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?».

La salida causa tal impacto en la Virgen que decide guardar un silencio de


muchos años. Es su modo de dejarse aconsejar ella también. Ha comprendido
que, junto a las legitimidades de la sangre, hay otras legitimidades a las que
atender, entre ellas las de la fe. Y gracias a esa sabiduría de la humildad de su
madre, el hijo deja aconsejar y vuelve a casa para seguir creciendo.
Frente a Jesús, que se le distanciaba, María no perdió los papeles. Contuvo esos
nervios que a muchas madres les llevan a lamentarse: «Este hijo mío va a
matarme a disgustos». Ella no había estudiado psicología evolutiva, pero el
Espíritu le había dotado de ese don de consejo por el que el consejero comunica
seguridad y aceptación en el aconsejado. Poseía esa particular ciencia de
quienes mezclan proporcionadamente disciplina y ternura. Tenía el alma abierta
al consejo de Dios y el corazón repleto de su sabiduría. Sólo aconseja bien y
eficazmente quien sabe aconsejarse en el trato íntimo con el Señor.

Oración de fieles

Al Señor, que continuamente nos instruye y aconseja, le dirigimos hoy


nuestras peticiones por medio de Maria.

1. Por la Iglesia, en su labor de maestra y consejera, para que ejerza esta misión
guiándose ella misma por la palabra y la voluntad de Dios, ROGUEMOS AL
SEÑOR.

2. Por los consejeros espirituales, para que acierten a acompañarnos siempre


con las orientaciones más oportunas, y nos ayuden a crecer en gracia y
sabiduría, ROGUEMOS...

3. Por los psicólogos, médicos, juristas y otros profesionales dedicados a


asesorar y aconsejar, para que antepongan su vocación de servicio a una
consideración humanística de su trabajo a otros intereses y ambiciones,
ROGUEMOS...

5. Por las familias de todos los presentes, para que reine en ellas la armonía
como fruto del consejo mutuo, la corrección fraterna y el ánimo de superación,
ROGUEMOS...

Señor Jesús, Tú que nos aconsejaste dirigirnos al Padre desde el

120
sentimiento de la confianza, alcánzanos de El lo que en este momento más
nos convenga. A Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Acción de gracias

Alabanzas a Ti
y acción de gracias, Padre,
porque a través del tiempo
nos llevaste, por medio de profetas
y hombres santos,
hacia tu gran proyecto salvador.

Ellos nos guiaron


en momentos difíciles de duda,
oscuridad y error.

Nos diste un sentido común


y una conciencia
para aconsejarnos a nosotros mismos;
pero, ante todo,
nos sorprendiste con el don de Jesús,
nuestro Maestro.

En la sabia palabra de su Buena Nueva


hallamos energía para no sucumbir
y renovada fuerza para levantarnos.

121
Alabanzas a Ti,
y acción de gracias, Padre,
por Maria la Virgen,
corazón cuajado de tu sabiduría,
madre del buen consejo,
que formó los sentimientos humanos de Jesús
y hoy infunde en nosotros paz,
respeto, comprensión y paciencia,
rectitud y verdad,
para saber aconsejar y ser aconsejados.

Amén

34 LA VIRGEN MARIA, CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA

MENSAJE PASTORAL

Pertenecer a Dios es para nosotros, como para María, el mayor motivo


existencial de gozo y el impulso más poderoso para hacer felices a los demás.

Introducción

«Cuando Jesús vino al mundo por medio de María, la Iglesia fue


comprendiendo que la Virgen, por su cooperación en la encarnación del Verbo,
es causa, origen y fuente de tanto gozo. De ahí que empezara a venerarla como
causa de nuestra alegría, pues lo son para la Iglesia y para el género humano los
acontecimientos de la salvación» (Misal de la Virgen).
Así como la melancolía es una tristeza profunda y permanente que impide
gozarse en cosa alguna, la alegría se define como grato movimiento del ánimo
que se manifiesta en signos exteriores y procede de haber alcanzado o esperar
alcanzar un bien.
La alegría cristiana se fundamenta en la salvación de Jesucristo. Es esa peculiar
infancia, sencillez y fiesta del sentimiento que brota de algunas personas que,
como Maria de Nazaret, tienen en Dios su centro y su contento, y disfrutan en el
servicio a los demás.

122
Acto penitencial

- Por la falta de fe que suponen nuestras tristezas, SEÑOR, TEN PIEDAD.


- Por la falta de esperanza que indican nuestros pesimismos, CRISTO, TEN
PIEDAD.
- Por las faltas de candad que nuestras amarguras causan en el prójimo,
SENOR, TEN PIEDAD.
Primera lectura (Zacarías 2, 14-17>

La Hija de Sión es una personificación de todo el pueblo al que los profetas se


dirigen siempre con una salutación al optimismo. Como motivo de gozo se
invoca la presencia del enviado de Dios que habitará la tierra.

Evangelio (Lucas 1, 39-47)

Isabel y Maria son, en el relato de la Visitación, dos gritos de júbilo que se


abrazan en una misma causa: más que por el feliz acontecimiento de ser madres,
las personas de la Visitación son dichosas y saltan de júbilo «por haber creído».

Comentario-Homilía
La Virgen Maria abre su Evangelio siendo invitada al gozo:
«Alégrate, María, el Señor está contigo... No temas...» Desde el momento en
que Dios está con ella no hay razones fundadas para el miedo, y sí para un
inmenso júbilo interior. La suya es una alegría sólidamente cimentada, pero no
intimista o puramente interna, sino desbordante, explícita y manifiesta. ¿Cómo
va a dejar el tiempo sin contagiaría alrededor? Vuela hasta el otro extremo del
país llevando la noticia de la encarnación... En casa de Isabel ocurre algo
sorprendente y más significativo que pintoresco: en su estado prenatal Juan
también «salta de gozo» estimulado por esa fuente de salud que brota de la
Virgen.
Santa Teresa escribió que «quien a Dios tiene, nada le falta». Los que descansan
su cuidado en El irradian luz, contagian paz, conservan el sereno semblante de
María. El gozo que reparte la Virgen se apoya en la confianza de que el buen
Dios está al principio y al final de todo lo que ocurre. Ni la espada que anuncia
Simeón ni la cruz presentida consiguen arrancarle la perfecta alegría de tener a
Dios. El la nombró restauradora de la alegría de su pueblo que por todas las
generaciones la llamaría dichosa. Dichosa por haber creído y por haber servido
a la causa de la salvación.
No desea Dios unos creyentes sobrecargados de angustia, ni una Iglesia
colmada de problemas. El problema es muchas veces el eufemismo del miedo o
la desesperanza; y la desesperanza resulta incompatible con la fe. Es como para
desconfiar de los devotos inquisidores o amargados, esos que parecen cargar

123
sobre sí con todos los pecados del mundo, que auguran inmensas catástrofes o
reaccionan con miedo a todo lo que les desconcierta.
Hacer felices a los demás es misión evangélica. Jesús y su madre comparten las
alegrías humanas, las aplauden, celebran y amenizan, según lo demuestra su
postura en las bodas de Caná. Las fiestas populares y familiares son expresiones
con que Dios quiere que sazonemos nuestra convivencia. Alegrar-se es un
sentimiento divino. También ayuda a acrecentar la fe en el buen Dios ese
milagro de generosidad que ofrecen las personas creativas, cuando contribuyen
a la honesta diversión de la gente con su bondad, ingenio y gusto.
Quien a Dios tiene no puede caer en las redes de esa enfermedad de moda que
es la melancolía y la falta de motivos para existir. Quien a Dios tiene no puede
menos que mostrar e irradiar el rostro alegre del Padre. «Alégrate, María,
porque Dios está contigo.« Santa Teresa también escribió: «El Señor me dio a
entender cómo premia a los que le sirven: al punto experimenté un inmenso
contento y a partir de entonces nunca me faltó...» Nunca falta el contento a
quien lleva a Dios en su existencia. Es una participación en el gozo de la mujer
que lo llevó en su vientre. Ser portadores de Cristo nos hace ver las cosas con
unos ojos nuevos, nos hace recuperar esa gozosa infancia que el problematizado
hombre de hoy tanto precisa.

Oración de fieles

Oremos al Señor que nos ha llamado a la fiesta de la vida y desea


alegrarnos con sus bendiciones.

1. Por la Iglesia, agente de alegría evangélica y de gozo pascual, para que sepa
repartir en el mundo la perfecta dicha de ser presencia de Cristo en el mundo,
ROGUEMOS AL SENOR.

2. Por los profesionales del ocio y de la diversión, para que sean conscientes de
la fortuna que supone hacer felices a los demás y procuren un esparcimiento
sano y creativo, ROGUEMOS...

3. Por los jóvenes, especialmente dotados para la alegría, para que ejerzan esta
cualidad con iniciativa, buen gusto y generosidad, ROGUEMOS...

5. Por quienes de entre nosotros se encuentren agobiados por algún problema o


tristeza, para que no se dejen arrebatar la esperanza y encuentren consuelo en el
hecho de tener a Dios consigo, ROGUEMOS...

Señor, Tú que enviaste a Cristo al mundo en medio de signos de gozo,


regocija hoy nuestros corazones con tu visita y sé nuestro alegre huésped
para siempre. Por C. N. S.

124
Acción de gracias

Qué dicha es tu amistad, Señor!


Nuestra alma también salta de gozo
al sentirte como Padre
y como Salvador.

Sólo Tú colmas nuestro deseo de felicidad


con la promesa de compartir un día
el abrazo que nunca nos separe de Ti.
Por eso caminamos
radiantes de esperanza,
sin que disgustos,
tropiezos ni fracasos
nos arrebaten la pasión por la vida.

Qué inmenso don es Maria para nosotros,


la que se alegra por estar contigo
derramándose en cántico sonoro,
en contagioso gozo
por tenerte como su Salvador!

Te damos gracias, Señor,


porque en ella nos libraste de la melancolía,

125
cuando nos regaló a Jesús como causa
y origen de nuestra mayor alegría.

Amén

35 LA VIRGEN MARIA, AMPARO DE LA FE

MENSAJE PASTORAL
María consolida en nosotros esa virtud de la fortaleza en la fe que permite
afrontar los peligros y soportar las adversidades.

Introducción

Llamamos a María amparo de la fe en cuanto que ella, con su propio testimonio


de vida y su actual cuidado de madre sobre nosotros, nos pone en un camino de
fidelidad a Cristo. Cuando las experiencias del dolor, del trabajo, del placer o de
la fatiga minan y desgastan la fe, ella está ahí como refugio para desfallecientes.
Por tanto, María defensora no es para nosotros un grito de combate frente a
hipotéticos enemigos exteriores. Tampoco nos induce a encerrarnos con ella al
abrigo de cualquier dificultad exterior, por miedo al ambiente de la increencia.

María es amparo de la fe por su inquebrantable firmeza al pie de la cruz; por el


testimonio superior de su paciencia; porque en el marco de una vida humana
normal, plenamente integrada en el mundo que le tocó vivir, supo mantener
viva la llama de la esperanza con que ahora alumbra nuestro caminar creyente.

Acto penitencial

- Por nuestras presunciones y falsas seguridades, en lugar de apoyarnos en Ti,

126
SENOR, TEN PIEDAD.
- Por nuestro corazón perezoso y nuestros pasos vacilantes a la hora del
compromiso, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por dejarnos llevar de vientos, corrientes y presiones ajenos a tu voluntad,
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Judit 13,14.17-20)

En Judit, la heroica defensora de su pueblo, el nuevo Pueblo de Dios ve a Maria


dotada de decisión y de valor para colaborar en la obra salvadora de Cristo: «No
dudaste en exponer tu vida ante la humillación de nuestra raza».

Evangelio (Juan 6, 41-42.66-68. Texto alternativo al propuesto en el misal.)

Frente a los que toman pretexto del origen humano de Jesús para negarse a
seguirle, otros se abren a la fe como don del Padre, y hacen su declaración de
firmeza creyente: «Sólo Tú tienes palabra de vida eterna».

Comentario-Homilía

La vida de la fe produce inevitablemente desgaste y tentación de abandonar.


Cabe que el hombre religioso dude de la verdad que profesa, o que a veces
reciba la impresión de que Dios le falla, o se encuentra demasiado ajeno a sus
preocupaciones reales... No resultamos inexpugnables. Incluso Cristo se vio
acometido, aunque no vencido, por sentimientos de cansancio y
desmoralización. Uno de esos momentos es el recogido por Juan en el
Evangelio de hoy. Sus compatriotas no se lo toman en serio. Lejos de prestarle
credibilidad, se interrogan: «¿No es éste el hijo de José? ¿No conocemos todos
a su madre?” Así se le descalifica desde su humilde origen familiar.
Contrariamente a la alabanza de la mujer que gritó: «Bendito el vientre que te
llevó«, Maria aquí es pretexto de incredulidad. Muchos se alejan de Cristo
porque no son capaces de leer la grandeza de lo invisible detrás de lo pequeño.
Es fácil suponer el sentimiento de derrota que acometería a Jesús ante aquellas
mezquinas reacciones. El bloqueo a que se le sometía a causa de los prejuicios
hacia sus padres debió dejarle una herida moral tan dolorosa por su amor a
María como por su predilección hacia los pobres. Probablemente cualquiera de
nosotros hubiera cedido entonces al sentimiento de derrota. No así Jesús, que
redobla su seguridad en el Padre y pasa a hacer una de las proposiciones que
más escándalo y adhesión provocan: «Yo soy el pan de vida». Declaración que
aleja a unos definitivamente, y lleva a Pedro a hacer la más espléndida
confesión de su fe.
En María no hay una confesión tan contundente; pero tampoco existe vacilación
alguna. Ella había cimentado su humilde perseverancia en la seguridad de un

127
Hijo al que sabía «fiel por nosotros hasta la muerte”. Quienes le veían no podían
menos de concluir que se había tomado a Dios completamente en serio. Jamás
experimentó aquella debilidad a que tanto se inclinaba la fe de los apóstoles.
Por eso, en vísperas de Pentecostés aparece en medio de todos ellos amparando
y arropando a la Iglesia naciente.

En su visita a un famoso santuario mariano, Juan Pablo II dijo: «Quisiera


invitaros a traducir vuestra fe en una inteligente y fuerte fidelidad a la Iglesia de
hoy. ¿Y cuáles serán las dimensiones de esa fidelidad, sino las mismas de la
fidelidad de María?» Esta es su función como amparo y defensa. Con ella
delante nos afectarán menos las deserciones ajenas; no nos seducirá el error ni
nos dañará la persecución. Con el ejemplo de Maria sabremos subordinar al
amor de Dios todos los demás amores y aficiones; y nos dejaremos iluminar por
El en las dudas y perplejidades del confuso momento que nos toca vivir.
María es un cimiento de nuestra fe, un recurso de solidez y de perseverancia
contra todas las hostilidades que procedan de dentro o fuera de nosotros. Por
eso le aplican imágenes como «refugio», «torre», «roca», «pilar», «columna»,
etcétera. María, amparo de nuestra fe, nos hace más fácil la convicción de que a
nadie podemos pertenecer mejor que a Cristo. «Señor, ¿a quién iremos?»

Oración de fieles

Desde nuestra fragilidad oramos al Señor con la certeza que nos da el saber que
El no permitirá que seamos probados por encima de nuestra resistencia.

1. Por la Iglesia, testigo de Cristo, para que en los momentos de desorientación


acierte a servirnos palabras acertadas y criterios justos, ROGUEMOS AL
SENOR.
2. Por todos los militantes cristianos, especialmente por los jóvenes que van a
recibir el sacramento de la confirmación, para que el don del Espíritu les
mantenga siempre firmes y alegres en su promesa, ROGUEMOS...
3. Por los que dudan y vacilan en la fe; por los que padecen perplejidades de
conciencia; por las personas que ahora mismo deben tomar una decisión
importante para sí o para los demás, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que en momentos de desánimo, incomprensión o
acoso mantengamos la firmeza de corazón, apoyados en el testimonio de María,
ROGUEMOS...

Señor, Tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Haznos ahora,


como a Maria, fuertes en la fe y perseverantes en el amor. Por C. N. S.

128
Acción de gracias

Bendito seas, Señor, nuestro refugio, roca sobre la cual nos construimos desde
que aprendimos a llamarte Padre. Cuando estamos a punto de rendirnos bajo el
peso de alguna culpa, fatiga o desaliento, nos animas y tomas de la mano.
Cuando pesa la fe, y el seguimiento de Jesús se hace duro camino, El nos dice:
«Venid a mi cuantos estáis cansados, y yo os aliviaré».
Gracias, Señor, porque este apoyo tuyo se hace especialmente eficaz en María,
que es pilar, columna, amparo de la fe por su perseverancia inconmovible y su
fiel estatura al lado de la cruz. Ante Ti y junto a ella renovamos la voluntad de
ser enteramente tuyos bajo el amparo que María nos brinda.

36 LA VIRGEN MARIA, MADRE DEL AMOR HERMOSO

MENSAJE PASTORAL

Celebrar la belleza espiritual de María supone despertar en nosotros el


impulso de asemejamos más a ella y a Jesús.

Introducción

Al celebrar a Maria como «madre del amor hermoso<> evocamos en ella el


esplendor y la santidad de Dios «fuente de toda belleza». En esta evocación nos
referimos a la belleza espiritual de la Virgen, a ese retrato de un alma «llena de
gracia», colmada de valores y espejo de perfección humana.

Celebramos a Maria como icono de la inmaculada condición de Dios, como


imagen nunca empañada de su hermosura, como vidriera que el Espíritu Santo
traspasó y a través de la cual incide sobre nosotros.

La madre del amor hermoso nos convoca al misterio de la santidad. Ella es viva
comprobación del anuncio paulino: «Todos nosotros, que con el rostro
descubierto reflejamos como en un espejo la belleza del Señor, nos vamos
transformando en esa imagen cada vez más gloriosa, conforme a la acción del
Señor que es Espíritu”.

Acto penitencial

- Por los pecados que nos impiden asemejamos a tu belleza, SENOR, TEN
PIEDAD.
- Por nuestras manchas que afean el rostro de tu Iglesia santa, CRISTO, TEN
PIEDAD.
- Por las culpas que distorsionan la realidad de un mundo creado en hermosura,

129
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Eclesiástico 24, 17-22)

La expresión «madre del amor hermoso» aparece en el párrafo del libro del
Eclesiástico que vamos a escuchar. La Iglesia aplica esta definición a Maria
para expresar el efecto de armonía y la aspiración de belleza que su persona
motiva en nosotros.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

No nos es posible conocer cómo era físicamente la madre de Jesús. No


disponemos de un retrato de su rostro; sin embargo, podemos imaginarlo, ya
que si los ojos son el espejo del alma, el relato de la Anunciación describe a
Maria como interiormente perfecta: llena de gracia.

Comentario-Homilía

«Llena de gracia» es el titulo por excelencia de Maria. No es un simple adjetivo


común que se le aplica ocasionalmente en el momento de la Anunciación, sino
otro nombre propio que desde siempre se le asigna; una manera alternativa de
llamarle María; algo que le pertenece exclusivamente a ella; un titulo acuñado
expresamente por Dios para describir a la que, según un texto de San Efrén, es:
«Santa en el cuerpo, bella en el espíritu, clarísima en la inteligencia, perfecta en
sus sentidos, firme en sus propósitos, excelente y colmada de virtudes».

Hay quien se pregunta que de qué sirve tanta belleza, silo único que suscita es
admiración, pero no cambia las condiciones de su entorno ni lo hace más
vistoso. Hay católicos críticos que se interrogan sobre la utilidad de cierta
literatura mariana demasiado inflada que se recrea en gratuitas descripciones
sobre las grandezas de María. Ya Lutero habla formulado este mismo reparo:
“Se discute ahora si hubo en Maria algún influjo del poder del pecado, del
egoísmo, de la desconfianza. Yo no me pronuncio sobre ello, pues el gran
problema es si con eso los hombres se vuelven mejores. Aprendamos a
reconocer nuestros pecados, lo que es mucho más saludable, y dejémonos de
cuestiones inútiles».
Se comprende el argumento del reformador; sólo que el tema de la belleza
espiritual de Maria es más útil y necesario de lo que puede parecer,
precisamente en orden a ese reconocimiento de que él habla. Porque el pecado
se reconoce con referencia a la santidad; la sombra en relación a la luz; no
podríamos percibir la hermosura o deformidad de algo sin referirlo a un modelo
o criterio estético. Ahora bien, María es el signo vivo de la gracia en plenitud.
Por ella pasa todo lo cristiano. Es vasija de los dones que proceden de Cristo y

130
residen en ella hasta el borde de su capacidad. La única criatura humana que es
a la vez enteramente hermosa en el orden moral. El punto de comparación para
reconocerme en el fondo de mi pecado y en la cumbre de mi posible grandeza.
El tema de la belleza espiritual de Maria es vital y comprometedor. Si ha
existido una mujer como nosotros, en la cual lo humano y lo santo se han
fundido, es que no estamos definitivamente echados a perder. Si hubo una
representante nuestra que le sacó a la humanidad todo el brillo que en el fondo
contiene, el hecho despierta en nosotros la nostalgia de una belleza originaria
plena. La madre del amor hermoso es un grito de aliento para nuestro esfuerzo.
Su belleza despierta nuestra bondad tal vez dormida.

El rostro de un mundo afeado se nos despliega delante como una parte


demasiado evidente de la realidad. Ahí están tantas lágrimas inútiles, la sangre
de los inocentes, la explotación del débil, el aparente triunfo de Caín... Pero
¿por qué hacer ley o exhibición de lo que sólo es una parte del drama humano?
Dios tiene sobre nosotros un proyecto de regeneración en Cristo, y en Maria
tenemos la prueba de que puede ser realizado.

Oración de fieles

Oremos al Señor, fuente de toda santidad y origen de toda hermosura, cuyo


reflejo humano más cabal es la Virgen María.

1. Por la Iglesia, para que en su vida manifieste la armonía de lo divino, y en sus


celebraciones cultive el buen gusto, la sencillez y la hermosura del misterio,
ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los artistas y creadores de belleza, para que en sus formas acierten a
transmitir también la bondad del Creador, contribuyendo a la elevación del
espíritu humano, ROGUEMOS...
3. Por las personas especialmente preocupadas de su imagen externa, para que
cultiven en la misma proporción su vida interior y su calidad humana,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, que llevamos un tesoro en vasos de barro, para que el
espesor de la arcilla nunca nos impida percibir el amor hermoso que procede de
Dios y llega hasta nosotros a través de su madre, ROGUEMOS...

Señor, que el rostro de un mundo afeado por la injusticia, el odio y la mentira


no consiga ocultarnos esa otra parte de la realidad formada de inocencia, de
amor y de verdad que tiene en Ti su origen. Te lo pedimos por J. N. S.

Acción de gracias

131
Señor de la belleza, déjanos admirarte
en las cosas bien hechas que nos hablan de Ti. permítenos cantarte agradecidos
por este mundo armónico que surgió de tu amor y desplegaste para nuestro
disfrute.
¿Cómo no percibir tus manos artesanas en la naturaleza y en el hombre?
¿Cómo no ver tu huella creativa en el ritmo, la luz, el vigor y la vida?
Gracias, Señor, por dar a nuestros ojos capacidad y don de contemplarte
en el reflejo de las criaturas.
Y, sobre todo, gracias por Maria, la inocencia más útil; espejo que, al mirarnos,
nos devuelve nuestra mejor imagen en Ti reconciliada;
santuario en que Cristo se hizo hombre y nos hizo recuperar tu gracia y tu
hermosura.

37 LA VIRGEN MARIA, MADRE DE LA SANTA ESPERANZA

MENSAJE PASTORAL
La actitud serena de María en medio de la prueba nos habla de su esperanza
en conseguir, más allá de esta peregrinación, los dones de la Promesa.

Introducción

«El Concilio Vaticano II dice que, en esta tierra y hasta que llegue el día del
Señor, la Santísima Virgen precede con su luz al pueblo de Dios peregrinante,
como signo de consuelo y esperanza segura» (Misal de la Virgen).
No es fácil soportarla existencia sin una razón suficiente, sin una meta capaz de
ilusionar. El corazón aspira a un amor sin final, y por eso necesita motivos de
esperanza que lo colmen y no se marchiten fácilmente. El deseo de Dios y la
esperanza de unirse definitivamente a El puede desalojar la melancolía y
animar, como ninguna otra causa, las ganas de vivir.
Saludamos a María como '<vida, dulzura y esperanza nuestra<>, porque, pese a
las señales externas que parecían contradecir las promesas de Dios, confió
siempre en El como en el término de sus anhelos, con lo cual pudo afrontar su
vida como una aventura digna de vivirse.

Acto penitencial
- Por las faltas de esperanza en tu providencia cuando nos agobia la
preocupación por el mañana, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por las faltas de confianza en tu redención cuando nos deprimen nuestras
culpas, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por la falta de santa esperanza que supone vivir como si nunca nos fuéramos a
encontrar contigo, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Eclesiástico 24, 9-12.19-22)

132
En la interpretación de la Iglesia, María habla por boca de la sabiduría
personificada. Su mensaje nos remonta al espacio de lo sagrado, al lugar del
descanso y de la gloria, al término último de la esperanza cristiana.

Evangelio (Juan 2, 1-11)

En las bodas de Caná María hace una demostración de su confianza en el poder


de Cristo y para beneficiar a los invitados. Su gesto la convierte en nuestra
esperanza intercesora.

Comentario-Homilía

Una de las más bellas advocaciones que se le dedican a María es precisamente


la de Nuestra Señora de la Esperanza. Su vida no se parece a la de las heroínas
de los cuentos de hadas que se libran siempre de los peligros por la intervención
oportuna de invisibles bienhechores. Si María hubiera sido milagrosamente
preservada del dolor y de la incertidumbre, no sería para nosotros un ejemplo
para el diario batallar. Su vida fue, como la nuestra, enteramente humana. Pero
jamás se derrumbó. Su testimonio nos mostró que la esperanza en Dios puede
ser más robusta que la más amarga realidad.

Una pequeña muestra de esperanza entrañable y doméstica en el poder de Cristo


es la que nos ofrece el Evangelio de hoy. Con el particular detalle de que se
trata de una esperanza al servicio de toda la Iglesia, representada en las bodas de
Caná. Pero su gran lección cubre más allá de este episodio festivo. Se
manifiesta con toda su sobrecogedora fuerza en la pasión de Cristo. Allí es
donde Nuestra Señora del dolor supo transformarse para nosotros en Nuestra
Señora de la Esperanza, por su entereza, temple y arraigo en la segunda
bienaventuranza: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados

Para quien se pregunte de dónde saca María, y con ella todas las personas de
fuerte corazón, reciedumbre bastante para integrar el dolor en sus vidas, sólo
cabe una respuesta: un tal coraje, una tal superación de depresiones y de
rebeldías procede de la esperanza santa en que el dolor será definitivamente
vencido cuando seamos seres acabados en el ser de Dios.
La Iglesia católica reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda
hacia la conquista de la plenitud. Ella, la mujer nueva, está ya junto a Cristo...
En ella se ha realizado ya el proyecto de Dios para la salvación de todo el
mundo... Al hombre contemporáneo, frecuentemente atormentado, postrado por
sus limitaciones, turbado en el ánimo y dividido en su corazón, la mente
suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad, presa de
sentimientos de náuseas y hastío..., la Virgen, desde la realidad conseguida de la

133
ciudad de Dios, le ofrece una palabra tranquilizadora, la victoria de la esperanza
sobre la angustia» (Marialis Cultus).

El vino, el trigo y el aceite eran en el Antiguo Testamento signos de abundancia


y bendición divina. Para la mentalidad bíblica, el vino era, además, una imagen
de la posesión de Dios. Al pedir el vino para los invitados, en un relato que está
lleno de símbolos e intenciones teológicas, María intercede ante Cristo para que
El nos comunique siempre el don de Dios, aquello que nos permite adueñamos
de nuestros enigmas, sin que la angustia, la náusea o la desgana nos lancen a la
deriva. Porque María es madre de la santa esperanza.

Oración de fieles

Oremos, fijos los ojos en el Señor, en cuya misericordia descansa nuestra


esperanza.

1. Por la Iglesia, para que en su labor de anunciar y alumbrar el Reino presente,


acierte a orientar también nuestra esperanza hacia el Reino futuro,
ROGUEMOS AL SEÑOR.

2. Por las personas sumidas en depresiones, angustias, dudas e inseguridades,


para que la fe de Jesús y el ejemplo de María les comuniquen la paz del
corazón, ROGUEMOS...
3. Por nuestros hermanos que ya consiguieron la meta de la santa esperanza,
para que Dios les otorgue la plenitud del gozo junto a El, ROGUEMOS...

4. Otras intenciones.
5. Por los que todavía peregrinamos hacia la casa del Padre, para que nunca
perdamos de vista el carácter transitorio de nuestra vida ni el sentido
esperanzado de nuestra muerte, ROGUEMOS...

Señor, afianza nuestra esperanza en la resurrección de Jesucristo y en la


intercesión de María, para que nuestra vida florezca en la alegría de marchar
hacia tu encuentro. Te lo pedimos por J. N. S.

Acción de gracias

Qué gozo y qué seguridad, Señor, nos procura el saber que marchas con
nosotros. Nuestro canto de peregrinación
se vuelve gratitud al presentir
tu sombra protectora que nos guía y sostiene. En Cristo se ha cumplido la
promesa de un futuro coronado de dones:
la paz, la bendición, la vida junto a Ti. En su resurrección fundamos la

134
esperanza de un consuelo final e inacabable.
Gracias, Señor, por María, la madre de la santa esperanza, pues en ella hiciste
que se cumplieran todas las profecías en favor de un pueblo que esperó salvarse
por tu Alianza y tu misericordia.
En María te bendecimos y en ella renovamos la confianza que nos da ser tus
hijos.

38 SANTA MARIA, MADRE Y REINA DE LA UNIDAD

MENSAJE PASTORAL
Presidiendo la caridad de la Iglesia, María nos puede conducir a un futuro de
plena comunión eclesial y de armonía universal

Introducción

En los orígenes de la Iglesia, Maria aparece en el Cenáculo, presidiendo en el


amor la oración esperanzadora de apóstoles y discípulos: "Todos ellos
perseveraban en la oración, con unidad de espíritu, en compañía de María, la
madre de Jesús».

Una madre no puede engendrar división entre sus hijos, sino armonía en lo
esencial, y respeto a las señas de identidad de cada uno de ellos. Por eso Maria
es un punto de convergencia para la comunión de todos los que siguen a Cristo.

En María madre de la unidad celebramos el diálogo fraterno que conducirá a los


cristianos a la deseada unidad ecuménica. Al mismo tiempo, oramos por una
hermandad universal que supere toda frontera, división o diferencia injusta.

Acto penitencial

- Por no testimoniar la unidad en la diversidad que tu misterio trinitario nos está


reclamando, SEÑOR, TEN PIEDAD.

- Por los prejuicios y egoísmos que nos impiden ser agentes del perdón que Tú
nos ganaste, CRISTO, TEN PIEDAD.

135
- Por las fronteras mentales y cordiales con que hacemos imposibles los deseos
de unidad y de paz, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Sofon ías 3,13-20)

El profeta saluda a la Hija de Sión, encarnación del pueblo de Israel, con una
promesa de unidad: »Reuniré a los dispersos». En la Hija de Sión nosotros
vemos al pueblo de la Nueva Alianza gozoso por un futuro de plena comunión
en la fe y comprometido para lograría.

Evangelio (Juan 17, 20-26)

El Evangelio va a transmitirnos uno de los deseos más fervientemente


expresados y hechos oración por Jesús en el momento de su despedida: la
unidad que, además de una exigencia interna de la Iglesia, constituye un
elemento testimonial imprescindible.

Comentarlo-Homilía
Los primeros cristianos formaban una comunidad de esperanza y de oración que
aguardaba, en fidelidad al Señor, la promesa del Padre. «Quedaron todos llenos
del Espíritu Santo.» La primera, sin duda, Maria santísima. Se volvía a repetir,
de una manera distinta, pero en la línea de plenitud del mismo misterio, lo que
había ocurrido en los comienzos de su camino de esperanza: «El Espíritu Santo
vendrá sobre ti...,,

Es fundamental para la comunión aquella presencia de María en medio de la


primera Iglesia. Aunque no se la mencione más, ella está, vive y reza entre
aquellos que «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la fracción
del pan y a la oración..., vivían unidos y tenían todo en común...» Maria está
allí, silenciosa y significativamente, como el centro afectivo unificador de aquel
grupo que siguió la llamada, la enseñanza y la cruz de su propio Hijo...
Nos hace bien pensar que María, la madre de Jesús, pertenece a esa comunidad
de discípulos fieles que escucha con docilidad la palabra de los apóstoles y
participa en la eucaristía. También Maria, desde el interior de una comunidad
originariamente habitada por el Espíritu Santo, iba comprendiendo más
profundamente la Persona y las palabras de su Hijo. Iba siendo progresivamente
guiada por el Espíritu de la verdad «hasta la verdad completa». Nos hace bien
pensar que María pertenecía a esa comunidad diaconal o de servicio que «no
tenía sino un solo corazón y una sola alma».

136
En nuestro camino de esperanza con María es fundamental esa actitud de
comunión. María la vivió desde el silencio, la oración y la cruz. La comunión
exige desprendimiento y muerte; exige reconciliación y encuentro; exige, sobre
todo, entera fidelidad a la Palabra de Dios y obediencia madura y responsable a
quienes en la Iglesia nos presiden y guían por amor... Y todo esto solamente es
posible desde la fe y la oración: la oración nos ilumina y nos madura para la
obediencia. La fe nos arranca de nuestro egoísmo y búsqueda personal, y nos
hace vivir en la alegría fecunda de la comunión.

Nuestro mundo, resquebrajado y violento, aislado y en soledad, tiene necesidad


de una honda reconciliación que lo lleve a vivir en la paz la comunión profunda
para la que fue hecho. Los hombres de hoy necesitan la presencia serena y la
palabra pacificadora de verdaderos testigos del amor, que sean comprometidos
artífices de la paz y experimentados maestros de comunión, «para que el mundo
sepa que Tú me has enviado y los has amado como me has amado a mi...»
María hace posible esa comunión. Porque todo su misterio de comunión
consistió en unir el cielo con la tierra, a Dios con el hombre, la contemplación
con el servicio, en un acto de pura obediencia a la voluntad del Padre. La
comunión, en el fondo, es un modo concreto de fidelidad. (Cardenal E. F
Pironio.)

Oración de fieles

Oremos al Señor, uno y trino, que desea un mundo variado y plural, pero
pacificado y unificado a través del amor.

1. Por la Iglesia católica universal, para que funde su unidad en la fidelidad


apostólica, respetando las diversas expresiones de la misma fe, ROGUEMOS
AL SEÑOR.

2. Por los grupos y confesiones separados de la plena comunión católica, para


que su honestidad con Cristo les haga avanzar en el camino del abrazo
ecuménico y de la unidad, ROGUEMOS...

3. Por este mundo dividido y violento que dama por la paz, para que la
encuentre en un esfuerzo generoso, superando los egoísmos nacionales y las
fronteras ideológicas, ROGUEMOS...

5. Por nuestra Iglesia local, para que nuestra unión proceda de una sincera
comunicación de sentimientos y de un efectivo compartir de bienes,
ROGUEMOS...

Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz y artífices de tu comunión,

137
para que el mundo crea que nos has enviado a Jesucristo, que vive y reina
contigo por los siglos de los siglos.

Acción de gracias

Cuánta dicha y alegría, Señor,


produce a los hermanos habitar unidos.
Cómo te alegras y te reflejas
en el afecto de los que se quieren,
y reúnen sus fuerzas
para hacer realidad tu unidad amorosa
con Cristo y el Espíritu...

Qué bendición es
el cálido abrazo de los que se perdonan,
aceptan y consuelan.

Gracias y bendición a Ti,


Dios uno y trino,
por revelarte en la fraternidad,
y, sobre todo,
por habernos dejado como herencia
y lugar de encuentro a Maria.

Su regazo congrega a los hijos dispersos;

138
en su afecto convergen todas las diferencias.
Bajo su amparo hallaremos
la fuerza para volver a ser,
de corazón, hermanos.

Amén

TIEMPO ORDINARIO

TERCERA SECCION

Títulos marianos que evocan a la Virgen María en el misterio de su mediación


intercesora a favor nuestro.

FORMULARIOS DE MISAS

39. Santa María, reina y madre de misericordia.


40. La Virgen María, madre de la divina providencia.
41. La Virgen María, madre del consuelo.
42. La Virgen María, auxilio de los cristianos.
43. La Virgen María de la Merced.
44. La Virgen María, salud de los enfermos.
45. La Virgen María, reina de la paz.
46. La Virgen María, puerta del cielo.

39 SANTA MARIA, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA

139
MENSAJE PASTORAL
La misericordia de Dios pasa por el misterio de la intercesión que María ejerce
en favor de nuestras necesidades.

Introducción

«El titulo de Reina de misericordia celebra la bondad de María, la cual ruega


incesantemente a su Hijo por la salvación del pueblo que acude a ella
confiadamente en sus tribulaciones y peligros... Por tanto, la Santísima Virgen,
habiendo experimentado la misericordia de Dios de un modo único y
privilegiado, acoge a todos los que en ella se refugian» (Misal de la Virgen).

En esta eucaristía vamos a evocar la misericordia radical de Dios Padre que se


compadeció de nosotros al darnos a Cristo; la misericordia encarnada de Dios
Hijo que «sana los corazones destrozados» y la misericordia intercesora de
Maria.

La Virgen, madre de la misericordia, nos educa en el noble sentimiento de la


compasión. Compadecerse de la necesidad ajena no es, como alguien lo definió,
un bello defecto del corazón, es una oportunidad para seguir siendo agentes de
amor y solidaridad humana.

Acto penitencial

- Por nuestra dureza de corazón ante las necesidades del prójimo, SENOR,
TEN PIEDAD.

- Por no querer verte en los más débiles, aquellos a los que llamas «hermanos
míos más pequeños», CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por detenernos en nuestra miseria, sin confiar en tu misericordia, SENOR,


TEN PIEDAD.

Primera lectura (Ester 4,1 7)

La reina Ester es una de las grandes mujeres bíblicas que prefiguran funciones y
cualidades de María. En la oración de Ester vemos un corazón misericordioso
que utiliza su ascendiente ante el rey para interceder por su pueblo.

Evangelio (Juan 2,1-11)

En las bodas de Caná está representada la Iglesia en reunión festiva. Apelando


al poder de Jesús en favor de los invitados, María se muestra como madre

140
clemente y misericordiosa para todos nosotros.

Comentario-Homilía

Es en el Magníficat en donde Maria se hace canto de gozo por la misericordia


del Señor, acreditada en la reciente encarnación de Jesucristo: «Auxilió a Israel,
su siervo, acordándose de su misericordia». Es una frase que muestra la
intensidad con que la Virgen vive la historia de la salvación, y el sentimiento
solidario que la une al pueblo. Maria, la hija de Sión, está fuertemente arraigada
en esa realidad de la Alianza que hace ser a Dios condescendiente y
misericordioso. Desde el arraigo que le otorga su fe, en el hijo de sus entrañas
ve el don supremo de la fidelidad divina, y canta agradecida la misericordia del
Señor, con todas las generaciones pasadas que le esperaron anhelantes y con las
futuras que se beneficiarán de la redención.

María vive envuelta en esa atmósfera de misericordia que supone el


anonadamiento del Señor. Y la respira, sobre todo, a través de la persona
humanisima de Cristo, al verle y compartir con El su predilección por los
débiles y desafortunados.
Contrariamente a otros líderes que buscan y convocan a los fuertes, hábiles y
eficaces, Jesús se rodea de gentes modestas y sin relevancia. Afluyen hasta El
hombres y mujeres cargados de enfermedades y defectos: los pobres, arrojados
e indefensos, los condenados con los que no se puede ejercer un liderazgo de los
que no cabe esperar un voto, con los que no se puede formar un ejército, ni
hacer una revolución.

Cristo se identifica con ellos de tal suerte que llega a llamarles «hermanos míos
más pequeños», al mismo tiempo que formula algunas manifestaciones de la
misericordia: “Tuve hambre y me alimentasteis..., estuve enfermo y me
visitastes, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt. 25,35). De esta manera abraza
la miseria, pide corazones para la miseria (miserícorda). A través de la
compasión y del amor eficaz, Cristo nos reclama como auxiliares de una
salvación que comience por hacer sentirse a los pobres sujetos de dignidad e
hijos de Dios, y les haga prosperar hasta sentirse ciudadanos del Reino y
herederos de su gloria.
Maria, como discípula aventajada de Jesús, durante su vida realizó mejor que
nadie «el ejercicio jovial de la misericordia», la cual, según Pablo, se cuenta
entre los dones que el Espíritu concede a la Iglesia. Sin duda que se dedicó en
cuerpo y alma a una ayuda constante, a un consuelo permanente de los
miembros más necesitados de la primera comunidad cristiana.

Pero también ahora, a través del ministerio de la intercesión, Maria transmite a


Dios nuestras esperanzas y deseos, alcanzándonos de El los frutos de la

141
redención. Por eso nos acogemos bajo su amparo, pidiéndole que no desoiga las
súplicas que le dirigimos en nuestras necesidades. Nadie más idóneo que la
madre para despertar la confianza de los hijos en el padre y los favores del
padre hacia los hijos. «A este fin ~ice San AIfons~ el Señor la constituyó en
medianera y conciliadora de paz entre El y los pecadores. Pues no hay duda de
que María es la pacificadora, la que sabe alcanzar de Dios paz a los enemigos,
salud a los desahuciados, perdón a los delincuentes y misericordia a los
desesperados.» Maria es reina y madre de misericordia en la medida de nuestra
miseria, cualquiera que sea ésta.

Oración de fieles

Confiados en que el auxilio nos viene del Señor, pedimos unos por otros, a
través de la misericordia intercesora de Maria.
1. Por la Iglesia de Cristo, para que ejerza incesantemente y sin fatiga el
ministerio de la defensa y de la intercesión en favor de los más necesitados,
ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por aquellos a quienes falta el vino de la alegría, la salud, el trabajo o el
amor, para que en la ternura maternal de Maria encuentren protección y
consuelo, ROGUEMOS...
3. Por los que se han apartado del camino del bien, para que en su equivocación
y sufrimiento recuperen la dirección que lleva hasta los brazos misericordiosos
del Padre, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que, cultivando el noble sentimiento de la
compasión, ejerzamos acciones solidarias en la medida de nuestras
posibilidades, ROGUEMOS...

Señor de misericordia y Dios de todo consuelo, mira nuestra impotencia, entra


en nuestras necesidades y construye con ellas un espacio para tu inmensa
ternura. Te lo pedimos por C. N. 5.

Acción de gracias

Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.


Nos dio a Cristo por medio de Maria, porque es eterna su misericordia. Hizo de
ella el aliento de la Iglesia, porque es eterna su misericordia. La adornó con el
don de la ternura, porque es eterna su misericordia.
La puso en nuestra vida y sus afanes, porque es eterna su misercordia. La hizo
fuerte en la fe y en la esperanza, porque es eterna su misericordia. Nos la dio
como hermana y compañera, porque es eterna su misericordia. La hizo amor
solidario para el pobre, porque es eterna su misericordia. La nombró
intermediaria de sus dones, porque es eterna su misericordia.

142
40 LA VIRGEN MARIA, MADRE DE LA DIVINA PROVIDENCIA

MENSAJE PASTORAL
La bondad intercesora de María nos impulsa a abandonar en la providencia de
Dios nuestros cuidados.

Introducción

La divina providencia es el cuidado amoroso que Dios tiene sobre sus criaturas.
Celebraría equivale a fiarnos de El, en la certeza de que no puede fallarnos, pues
«hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, y ni uno solo se desprende
sin su consentimiento».

«La Santísima Virgen es llamada madre de la divina providencia porque Dios


providentisimo nos la ha dado como madre para que nos provea de los bienes
celestiales. A semejanza de Dios, que no puede olvidarse de su pueblo, María
intercede por nosotros y nos llena de consuelo» (Misal de la Virgen).

Así pues, celebrar la providencia de Dios en Maria supone ponderar una vez
más las grandes obras que en ella ha realizado, apelando a su poderosa
intercesión. Y, sobre todo, supone adquirir esa actitud fundamental de la Virgen
que se fía de Dios y hace descansar su destino en sus manos.

Acto penitencial

- Por no ser capaces de ver que Tú sueles sacar bien del mal, SENOR, TEN
PIEDAD.

- Por no recoger tu enseñanza en la que nos invitas a no agobiarnos por el


mañana, CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por no dar a todas nuestras acciones una finalidad, sentido o vocación,


SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 66,10-14)

Isaías imagina al Señor como una madre que consuela a su hijo. De este modo
trata de estimular la confianza del pueblo en un Dios cuya mano protectora lo
cuida y acaricia.

Evangelio (Juan 2,1-11)

143
En las bodas de Caná la Virgen es imagen de la Providencia en cuanto
permanece atenta a la necesidad ajena. La providencia de Dios es imaginativa y
detallista como María de Nazaret.

Comentario-Homilía

Dios vierte sus dones siempre que encuentre unas manos abiertas para
recibirlos. La prueba es que María propició el acontecimiento de la encarnación
con su buen hacer, pero, sobre todo, con su disposición para dejar hacer a Dios.
Jamás se le ocurrió pensar que sus planes pudieran ser discutidos y menos aún
enmendados. Desde una visión alicorta, el nacimiento de Jesús en pobreza y su
muerte en abandono le habrían cerrado definitivamente el horizonte. Pero María
es la creyente de mirada extensa y profunda; la que confía en Dios por encima
de los sobresaltos; la que siente tejerse en si, sin prisas y sin miedos, el trabajo
de la Providencia. Jamás se le ocurre pensar que, a la larga, Dios pueda ser otra
cosa distinta que amor.

Frente a este abandono de Maria en la providencia de Dios, podríamos


preguntarnos hasta qué punto nosotros hacemos descansar en El nuestras
preocupaciones o le cedemos nuestras seguridades. Porque decimos que nos
vamos realizando en multitud de proyectos y cosas excitantes; pero lo cierto es
que toda satisfacción hacia afuera es limitada y crea decepciones. Nuestro
corazón no se llena sólo con dólares o planes quinquenales. La fiesta termina
por decaer, a no ser que alguien que conoce nuestras verdaderas y profundas
necesidades nos traiga un mejor vino. Más tarde o más temprano, el ser humano
se pregunta por la razón de su melancolía y añora la providente mano que le
guíe, sostenga y recoja todos sus afanes.
A veces admiramos al hombre prometéico que vive solitario y magnifico,
manteniéndose erguido sin mirar jamás hacia lo alto. Hubo, incluso, una curiosa
«teología de la muerte de Dios», que se expresaba así: «La honestidad nos pide
que vivamos en el mundo como si no hubiera necesidad de Dios. Dios mismo
nos lleva a este reconocimiento. Dios nos hace saber que debemos vivir como
hombres que pueden caminar sin El».

Sin embargo, este empeño tiene una resistencia relativa. Es cierto que no
podemos declinar en Dios nuestras responsabilidades; pero algo le falta al ser
humano que sistemáticamente se cierra sobre sus propias obras. Séneca dijo que
una vida así le producía pesar, y Sartre concluyó que le daba náusea.

Necesitamos una piedra fundamental que nos sustente. Para restablecer nuestro
equilibrio es preciso complementar nuestras acciones con el «hágase en mi» que
pronunció María. Porque entonces nos percatamos de que las cosas no ocurren
porque si o al capricho de un ciego azar. Las cosas que hacemos y las que nos

144
hacen adquieren significado de totalidad en el proyecto clarividente de un Dios
que lo organiza todo con amor y sentido.

Necesitamos creer en la amorosa providencia de Dios, en cuyas manos están


nuestros destinos y los del universo. Necesitamos ensartar en ese hilo de oro
que es el «fiat» de la Virgen todo lo que nos ocurra, hasta configurar un paisaje
interior tan luminoso como el de María, sin que los episodios más sombríos
logren descomponerlo. Estamos sobre las rodillas del buen Dios, como un niño
a quien su madre consuela.

Oración de fieles

Al Dios providencia, en cuyas manos están nuestros destinos, le imploramos fe


para hacerle nuestras peticiones y conformidad con lo que desee concedernos.

1. Por la Iglesia, construida sobre la roca de Jesucristo, para que, evitando toda
presunción y falsa seguridad, no olvide que el poder del mal no podrá destruirla,
ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por las instituciones y personas encargadas de procurar el bien púbíic9, para
que, actuando honesta y eficazmente, constituyan un signo de la providencia de
Dios, ROGUEMOS...
3. Por los pobres que viven al día, por los trabajadores eventuales, por las
personas abandonadas a su suerte... Para que Dios cumpla en ellos lo que hace
con las aves del cielo y los lirios del campo, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, que tal vez confiemos más en las pólizas de seguros que
en la providencia de Dios, para que los posibles contratiempos o reveses de
fortuna nos ayuden a ordenar nuestra escala de valores.

Señor, escúchanos: a Ti nos hemos dirigido sabiendo que nos llevas escritos en
las rayas de tus manos. Que tu amor providente nos anime y sostenga. Por C.
N. S.

Acción de gracias

Qué alegría, Señor, al comprobar que nos tratas con gestos de ternura; que a la
sombra de tus alas nos proteges, que, aun de noche, veías nuestro sueño; que,
aunque vamos por valles de tinieblas, no tememos, pues que Tú nos conduces; y
qué gozo sentir esta experiencia de la Antigua Alianza, realizarse en Jesús,
como prenda entrañable
de que estás con nosotros... Gracias, Señor, por Cristo y por Maria.
En ellos dos te has hecho hermano y madre para hacernos sentir mejor tu
providencia. Permítenos, a ejemplo de la Virgen, que nuestra gratitud se exprese

145
en un SI de plena confianza. Señor, te prometemos no descansar en otro honor
mayor
que el de servirte y ser posesión tuya.

41 LA VIRGEN MARIA, MADRE DEL CONSUELO

MENSAJE PASTORAL
Consolar en el dolor es una acción de misericordia que María también ejerció
y ejerce con maternal entereza.

Introducción

Veneramos a María como madre del consuelo o consuelo de los afligidos,


porque a través de ella Dios consoló a su pueblo por medio de Jesús, el
Enviado. Y también porque ahora intercede por nosotros, si recurrimos a ella en
alguna tribulación.

Consoladora se mostró María junto a la cruz de Cristo, al mitigar con su


presencia los dolores del Hijo. Y con el consuelo de la santa esperanza, Dios le
concedió la dicha que prometió a los que lloran.

Por medio de su consuelo, Maria nos enseña a hacer del dolor una ciencia que
nos conduce a Cristo y nos aproxima al prójimo que sufre. Por medio de su
consuelo, María nos ayuda a integrar positivamente toda esa ración de dolor,
fracaso y sin sentido que ella también soportó sin jamás perder dignidad ni
compostura.

Acto penitencial

- Por pasar de largo frente a la persona física o moralmente herida, SENOR,


TEN PIEDAD.

- Por buscar en evasiones o falsos consuelos el ánimo que sólo Tú nos puedes
dar, CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por dejarnos hundir en la dificultad y aplastar en las contrariedades, SENOR,


TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 61,1-3.10-11)

El profeta Isaías recuerda la misión que recibió de Dios. Más tarde, en la


sinagoga de Nazaret, Jesús se atribuirá esta misma misión de consuelo y dirá
que ha venido para aliviar el sufrimiento.

146
Evangelio (Mateo 5,1-12)

Jesús formula sus ocho bienaventuranzas en términos de paradoja. Incluso los


que sufren pueden ser dichosos, si aciertan a encajar su dolor en un sentimiento
superior de esperanza.

Comentario-Homilía

En las bienaventuranzas Cristo no exalta ni glorifica el sufrimiento; muy al


contrario, su vida al lado de los pobres es un empeño de dignificación humana
que pasa por liberarles de la enfermedad, la ignorancia y toda forma de
opresión. Tampoco Maria se posiciona frente al dolor en actitud de fatalismo u
opaca resignación. Trata de evitarlo con la huida a Egipto y de aliviarlo con su
presencia al lado del Jesús paciente. Pero también lo acepta, como un modo de
obedecer al Padre, cuando resulta inevitable. Entonces lo encara y lo transforma
con suprema elegancia.

Verdaderamente, el comportamiento de Maria en los momentos adversos


permanece en el fondo de la conciencia cristiana, como medida de entereza y
fuente de consuelo. Se muestra como una mujer de corazón recio, consolada por
su fe en el Señor y consoladora de sus semejantes. Por eso acude a casa de
Isabel, apenas intuye que se la necesita; por eso acompaña a Jesús
frecuentemente en los años de la predicación, sin duda alentando la misión del
Hijo; y por eso se hace presente en el camino de la cruz, sosteniendo con temple
maternal la fragilidad de su Señor.
Así María nos enseña el ministerio del consuelo, y al mismo tiempo nos dice
que el dolor puede ser para nosotros algo más que esa pesada carga del destino
que de mala gana se soporta. El sufrimiento y las variadas aflicciones de la vida
pueden ser una fuente de sabiduría, ya que nos conducen a ese país en el que
todos los hombres somos iguales en la debilidad. De allí se puede volver con un
mayor bagaje de humanidad, paciencia y comprensión. La experiencia nos dice
que algunas personas, presuntuosas e irritables antes de pasar por el dolor, se
hicieron más modestas y conscientes al conseguir asociar su dolor al del
Crucificado.

Gracias al ejemplo de María, hay gente azotada por la mala suerte o por un
particular destino doloroso, que viven su fe por encima de fáciles consuelos
humanos. Hay quienes encontraron en su propia desdicha o en la pérdida de un
ser querido el equilibrio interior que anteriormente les faltaba. Hicieron del
dolor una ciencia, a través de la cual aprendieron que Dios hace verdaderamente
felices a los que lloran, librándoles de la amargura.

147
La Virgen Maria es consuelo para los afligidos, porque su vida fue, como la
nuestra, auténticamente humana, también en esas situaciones limite de
desamparo, depresión y angustia. ¿Quién mejor preparado que ella para
comprendernos? Por eso, cualquiera que sea tu situación, cualquiera que sea la
secreta herida que ocupa tu corazón impidiéndote ser feliz, te será muy
saludable recurrir a ella. En las penas, en los apuros, en la separación, en las
dudas, en los sentimientos de derrota o de culpa puedes, como dice San
Bernardo, «mirar a la estrella, invocar a Maria». Tal vez no desaparezca
automáticamente la causa de tu aflicción, pero el simple contacto con la madre
te será beneficioso. Acudir a Maria en cualquier desconsuelo siempre supone
oír el eco de esa bienaventuranza que nos promete la dicha si, a pesar de todo,
somos fieles a Cristo.

Oración de fieles

Al Dios de misericordia y Señor de todo consuelo acudimos en nuestras


aflicciones, con la certeza de que «los que lloran» con sentido de
bienaventuranza «serán consolados».

1. Por la Iglesia de Cristo, para que, enjugando el llanto de los oprimidos, íes
transmita esperanza y construya con ellos el Reino de Dios, ROGUEMOS AL
SENOR.
2. Por los que ejercen la misión del consuelo: sacerdotes, sanitarios o amigos,
para que acierten a acompañar a los que lo necesitan con su palabra y su
presencia, ROGUEMOS...
3. Por los enfermos de soledad o ingratitud, y especial-mente por las personas
ancianas, para que encuentren la paz en el Señor, el único que nunca defrauda,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por aquel o aquella de entre nosotros que ahora mismo se halle sumergido en
algún dolor o problema especialmente grave, para que alcance remedio y
consuelo, ROGUEMOS...

Señor, a Ti clamamos gimiendo y llorando en este valle. Envianos tu consuelo a


través de María, para que te sirvamos en paz de espíritu y testimoniemos el
gozo de tu salvación. Te lo pedimos por J. N. S.

Acción de gracias

Por encima de todo desconsuelo que nubia o desvanece la alegría de ser,


sentimos tu presencia, Señor.
Tú nos consuelas.
Tú traspasas el cerco de las lágrimas cuando desde lo hondo te gritamos. Por

148
eso, hoy te decimos: Gracias, Padre, gracias por las heridas que has curado y
por las cicatrices que nos humanizan.
Gracias por la entereza de Maria en el momento limite de la pasión de Cristo.
En ella recobramos la fuerza que nos falta para lograr pasar sin amargura
el valle del dolor, cogidos de su mano. Ella nos acompaña en luchas y temores
como administradora de tu fiel consuelo. Gracias por esta madre que cura las
heridas y transforma nuestra cruz en gozo.

42 LA VIRGEN MARIA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS

MENSAJE PASTORAL
En el combate de la fe contamos siempre con el auxilio del Señor, por medio de
la intercesión defensora de María.

Introducción

La fiesta de María bajo el apelativo de «Auxilio de los cristianos» fue instituida


por el Papa Pío VII en agradecimiento por su liberación, después de haber sido
detenido y puesto bajo estrecha vigilancia. Nació de una circunstancia concreta
en que la Iglesia percibió el auxilio de Maria, a cuya intercesión había confiado
la liberación del sucesor de Pedro.

Celebrar a Maria como auxiliadora nos lleva, pues, a sentiría en comunión con
el pueblo que «participa en el combate de la fe y camina entre las dificultades
del mundo» (Prefacio).

La persecución no es extraña a los seguidores de Cristo, sino que acredita su


legitimidad, ya que «el discípulo no puede ser tratado mejor que su maestro».
Con Maria como escudo y defensa se salva mejor la fidelidad.

Acto penitencial

- Por nuestras cobardías a la hora de dar razón de la fe, SENOR, TEN PIEDAD.

- Por nuestras flaquezas cuando somos perseguidos por tu causa, CRISTO, TEN
PIEDAD.

- Por nuestra tibieza a la hora de defender la verdad, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Apocalipsis 12,1-3.7-1 2ab. 17)

El capitulo 12 del Apocalipsis narra la batalla alegórica que tiene lugar entre el
dragón y la mujer. La interpretación ha visto en esta mujer a María defendiendo

149
a su descendencia, es decir, a los hijos del nuevo pueblo que es la Iglesia.

Evangelio (Juan 2, 1-11)

El episodio de las bodas de Caná muestra el auxilio que la Virgen presta sin
cesar a la Iglesia, representada aquí en los discípulos, cuya fe se vio fortalecida
por el signo que Cristo realizó.
Comentario-Homilía

El auxilio que María presta a la Iglesia se hace patente en esa visión de


Apocalipsis 12, donde ambas aparecen unificadas en un mismo destino doloroso
y triunfante. La enigmática alegoría de la mujer vestida de sol, coronada de
doce estrellas y perseguida por el desierto, parece elaborada de acuerdo con las
vicisitudes del Israel peregrino y de las primeras persecuciones contra la Iglesia.
Pero en esta metáfora hay también elementos que perfilan la imagen de la
madre del Salvador.

La parábola de la mujer acosada se refiere a la Iglesia dando a luz a sus hijos


dolorosamente. Y al mismo tiempo, con esa lógica de los sueños apocalípticos
en que se funden y confunden planos y personas, la mujer pasa a ser también la
madre de Cristo nacido y arrebatado hasta el Padre. El sufrimiento,
comúnmente llevado por ambas, las une y robustece el auxilio que María, ya
glorificada, presta a la Iglesia todavía peregrina.

«Esta mujer del Apocalipsis representa precisamente a María y a la Iglesia,


como afirman escrituristas y teólogos... La Sagrada Escritura y la experiencia de
los fieles ven a la madre de Dios como aquella que de modo muy particular está
unida a la Iglesia en los momentos más difíciles de su historia, cuando los
ataques se hacen más peligrosos» (Juan Pablo II).

Hoy como ayer la Iglesia es perseguida. No es que todas las críticas hacia los
cristianos deban tomarse como acosos malintencionados o productos de un odio
injusto. Pero, mientras «el dragón» ande suelto, la persecución constituye el
sello y la divisa del justo acusado, preso y crucificado. Cierto que la
persecución se ejerce hoy con más sutiles métodos que en tiempo de los
mártires. Sería de pésimo gusto echar a los leones a «los que guardan los
mandamientos de Dios y son fieles a Cristo». Hoy puede resultar más eficaz y
civilizado, por ejempío, echarnos a la pantalla del televisor y desde allí
censurar, tergiversar y ridiculizar sin derecho a réplica. Incluso nosotros,
quienes nos llamamos hijos fieles de la Iglesia, estamos predispuestos a acoger
favorablemente sus mensajes sólo cuando éstos halagan nuestros oídos o se
muestran más acordes con determinada ideología.
No es extraño que surjan, pues, persecuciones desde fuera o divisiones desde

150
dentro. Los cristianos estamos, como Jesús, crucificados entre el cielo y la
tierra; somos acosados en la peregrinación por el desierto, porque nuestra patria
no es exactamente ésta. Como pueblo santo, estamos penetrados de la grandeza
de Jesús, pero también amenazados por los inconvenientes de los errores
propios y ajenos... No obstante, contamos con el auxilio de María. Contamos
con su inquebrantable firmeza al pie de la cruz. Contamos con una intercesora
capacitada para interponerse entre el peligro y nosotros. Ella nos llama a un
combate de la fe sin sombra de agresividad. Nos convoca a hacer frente ante
quien pretenda arrebatarnos a Cristo, con las solas armas de la dulzura, de la no-
violencia, de la unidad y del amor.

Oración de fieles

El auxilio nos viene del Señor; por consiguiente, salgamos a su encuentro con la
humilde esperanza de poder alcanzarlo.

1. Por la Iglesia de la clandestinidad, oculta o amordazada, y por los nuevos


mártires que hoy también sellan con su sangre y sudor la confesión del nombre
de Jesús, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por los jóvenes cristianos, para que con energía y sin fanatismo defiendan su
fe en la vida, frente a las filosofías del egoísmo, el cansancio y la nada,
ROGUEMOS...

3. Por las personas perseguidas, depuradas o encarceladas por motivos de fe o


de conciencia, para que sean devueltas al respeto y a la libertad que se les debe,
ROGUEMOS...

4. Otras intenciones.
5. Por los aquí presentes, para que estemos dispuestos a seguir y defender a
Jesús, también en las incomprensiones o burlas, e incluso aunque nos quedemos
solos, ROGUEMOS...

Señor, Tú eres nuestro refugio y fortaleza. Auxílianos en los peligros y


ayúdanos a seguirte incondicionalmente, sobre todo cuando hayamos de pasar
por ese «ca-mino estrecho que conduce a la vida». Te lo pedimos por J. N. S.

Acción de gracias

¿Quién nos atemorizará, Señor?


¿Quién podrá arrebatarnos la esperanza y el gozo de existir en Ti, si Tú mismo
te eriges en defensa y escudo antes de que te supliquemos el auxilio? Por eso te
venimos a dar gracias, y a proclamarte nuestro defensor. «El Señor es la defensa
de mi vida. ¿Quién me hará cambíar?»

151
Gracias, Dios fuerte, por la recia dulzura que pusiste en María, madre roca
en la que quieres apoyar nuestra fe. ¿Quién podrá arrebatarnos a Jesús si ella
nos fortalece con su temple junto a la cruz, y con su intercesión
cuando somos mordidos por la prueba? Gracias, Señor, por la mujer valiente
que auxilia y robustece a los cristianos.

43 LA VIRGEN MARIA DE LA MERCED

MENSAJE PASTORAL
María está con los pobres y oprimidos para comunicarles el mensaje liberador
que contiene su canto del Magníficat.

introducción

La advocación de Nuestra Señora de la Merced nació con la orden religiosa del


mismo nombre, fundada en Barcelona en el año 1218 para la redención de los
cautivos cristianos. Este título mariano contiene, por tanto, una clara
connotación liberadora.

Nuestra celebración «tiene en cuenta en primer lugar a Cristo, Redentor de los


hombres, con cuyo sacrificio nos mereció la verdadera libertad de hijos... Luego
conmemora a la Virgen María que, por ser la esclava del Señor y estar
entregada a la obra del Hijo, con razón es llamada dispensadora de los tesoros
de la Redención» (Misal de la Virgen).

Cristo nos libera del pecado, también del pecado estructural, de las opresiones
físicas y morales que se abaten sobre los más desfavorecidos de la sociedad. Y
con Cristo, María reivindica también el derecho de los pobres a su dignidad
humana.

Acto penitencial

- Por eludir el compromiso con los pobres, sin entender que su clamor es el
tuyo, SENOR, TEN PIEDAD.

- Por esa comprensión parcial de tu Evangelio, que no contempla la lucha por la


justicia social, CRISTO, TEN PIEDAD.

- Por la parte de pecado estructural que nos corresponde en este mundo enfermo
de egoísmo, SEÑOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Judit 15, 8-10.16,13-14)

152
Llamamos a María nueva Judit porque la antigua Judit, convertida en voz de su
pueblo, lo liberó del asedio de Holofernes; y María, en lucha con el pecado
social, es portadora de un mensaje de libertad para los oprimidos.

Evangelio (Juan 19, 25-27)

Al pie de la cruz María recoge los frutos de la Redención. A partir de entonces


se encargará de que los hombres, encomendados a su tutela, se beneficien de
ellos, cambiando su condición de esclavos por la de hijos.

Comentario-Homilía

El canto de María que hemos proclamado entre ambas lecturas es una radical
exaltación del amor que Dios siente por los oprimidos. La dulce Virgen de
Nazaret nos sorprende al revestirse de la valentía de Judit y expresar con un
lenguaje enérgico que «Dios derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a
los humildes». María pisa tierra; está con los descamisados, con los últimos, con
los que muestran sus manos cargadas de cadenas. Y está con ellos, más que para
consolarles en su desgracia, para comunicarles el programa que Dios ha
concebido con objeto de remediarla. El Evangelio tiene también un poder de
transformación social. El canto de Maria admite también una lectura desde el
empeño de liberar y liberar-se de toda nueva forma de cautividad.

De hecho, el Magníficat es un grito colectivo en el que va ensartada la


esperanza de mucha gente que confía en Dios, elevando hacia El un clamor de
justicia. Este canto brota de una tierra invadida, de un pueblo deportado, de una
gente que ha probado el llanto hasta agotarlo. María viene de esa tradición;
pertenece a ese colectivo sufrido de personas dotadas de un gran sentido común,
que detectan la injusticia y confían en que las cosas se muden.

El reino de Dios, reino de paz y de justicia, se ha proclamado también para este


mundo. La fe en Jesús no se reduce solamente a la salvación del alma, pues
implica toda una tarea de liberación integral: «Es el mismo Dios quien en la
plenitud de los tiempos envió a su Hijo para que, hecho carne, venga a liberar a
todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado: la
ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión; en una palabra, la injusticia y el
odio que tienen su origen en el egoísmo humano» (Documento de Medellín).

A partir de María, cualquiera que tenga su dignidad enajenada en alguna zona


de la marginación, incluida la cárcel, no debe sentirse arrojado de la Iglesia por
temor a ensuciar el pavimento. El canto de María establece que el criterio de
Dios es todo lo contrario: Dios ama a los oprimidos y se constituye en defensor

153
suyo, lo cual suscita en ella admiración y júbilo.

Cualquiera que se dirija a la Virgen para manifestarle una carencia, una


esclavitud, una injusticia promovida o alimentada por los poderosos, puede
sentir que María no le comunica sólo paciencia y resignación; también le
despierta la esperanza de que las cosas pueden ser distintas. Dios dispone de
fuerza para levantar al pobre, alentándole interiormente, haciéndole cobrar una
nueva conciencia, situándole en un camino de solidaridad... Y puede poner en
evidencia al opresor, haciéndole sentir el aislamiento de su egoísmo, o incluso
despojándole de su poder. Por eso, el canto de María es algo más que una
brillante pieza literaria. Explícitamente se hace lenguas del amor de Dios hacia
los pobres. Implícitamente nos compromete en una causa de liberación, cuya
legitimidad arraiga en la igualdad de todos los hombres ante Dios. De este
modo, el Evangelio de la redención lo es también de la liberación humana, a
cuya tarea nos convoca Santa María de la Merced.

Oración de fieles

Al Dios fuerte, al que puede romper las cadenas que nos aprisionan, le
dirigimos nuestra plegaria para que nos conceda su liberación.

1. Por la Iglesia, para que se constituya en agente de liberación y espacio de


libertad en todos los lugares donde se violen los derechos humanos,
ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por las instituciones penales, para que con prudencia y generosidad acierten a
encontrar alternativas a las penas de privación de libertad, ROGUEMOS...
3. Por los que están en prisión, para que, desde la reconciliación con Dios,
encuentren el camino de su rehabilitación humana y se íes proporcionen
verdaderas oportunidades de reinserción social, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que seamos más solidarios con los que sufren bajo el
peso de alguna esclavitud física o moral, ROGUEMOS...

Señor, Tú nos enviaste a Jesucristo para anunciar a los cautivos la libertad y


proclamar el año de la gracia; sálvanos de nuestras opresiones y asócianos a la
misión liberadora de Jesús, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Acción de gracias

Gracias, Señor, en nombre de los pobres que en Ti encuentran motivo de


esperanza, y ánimos en la lucha por su dignidad.
Gracias por e impulso de liberación
que, desde los profetas, diste a la humanidad para hacer una tierra

154
de hombres libres e iguales.
Gracias por ese Cristo que prefiere la misericordia antes que el sacrificio.
Nuestro canto de gratitud se extiende a María, la mujer del Magníficat, la que
canta esperando que las cosas se muden, aquella que proclama la superior
certeza de un Dios que está de parte de los últimos, de los humildes, de los
encadenados... Ella nos da energía para anunciar de nuevo aquel año de gracia y
amnistía que tu Ungido inauguró en el mundo.

44 LA VIRGEN MARIA, SALUD DE LOS ENFERMOS

MENSAJE PASTORAL
El cuidado y amor a los enfermos, así como la estima de la salud física, son
actitudes evangélicas verificadas en Cristo y en María.

Introducción

«La salvación de Dios abarca al hombre entero. El Padre envió al Hijo como
médico de los cuerpos y de las almas, tal como lo llama la liturgia. Y Cristo,
movido por su misericordia, curó a muchos enfermos, librándolos también de
las heridas del pecado.»

«También María, por ser madre de Cristo y madre de los fieles, socorre con
amor a sus hijos cuando se hallan en dificultades. Por eso los enfermos acuden a
ella para recibir, por su intercesión, la salud. En los santuarios marianos hay
muchos testimonios de esta confianza de los enfermos» (Misal de la Vfrgen).

Al celebrar a María como salud de los enfermos, afirmamos nuestra estima por
el cuerpo y los cuidados que éste merece a través del ejercicio, la higiene y la
moderación de sus instintos. Pero también vemos al enfermo y al impedido
como sacramento de Cristo y lugar privilegiado de nuestras solicitudes y
atenciones.

Acto penitencial

- Por el pecado de hedonismo que supone buscar siempre el placer, rechazando


el sacrificio necesario, SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Por no ser capaces de ver en los enfermos un sacramento del misterio de tu
crucifixión, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por ese error histórico de haber tomado el cuerpo como enemigo
irreconciliable del alma, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Isaías 53,1-5.7-10)

155
El Siervo de Yavé es una personificación profética de Jesucristo herido,
torturado y cargado con nuestras flaquezas, que soportó los sufrimientos para
curarnos de cicatrices y evitarnos un mayor dolor.

Evangelio (Lucas 1, 39-56)

En la Visitación vemos a María desvivirse por atender a Isabel, la cual se


encuentra en avanzado estado de gestación. Así se manifiesta su consuelo y
ayuda hacia quienes padecen alguna limitación física.

Comentarlo-Homilía

María, salud de los enfermos, es, ante todo, una fuente de humanidad y de
respuestas hacia ellos. Así lo demuestra el episodio de la Visitación, y así se
comprueba al pie de la cruz. En el primer caso, puede ayudar eficazmente con
su alegría, dinamismo y trabajo. En el segundo, sólo puede consolar, recoger las
quejas de dolor en su corazón de madre, y tal vez enjugar la sangre del
Crucificado. De una y otra forma, María es enfermera atenta y humanisima.

La enfermedad, el accidente o la minusvalía son situaciones posibles en nuestra


condición humana. Jesucristo, al pasar por el duro trance de la pasión sin perder
un ápice de su grandeza humana, en cierto modo normaliza la enfermedad y nos
advierte de que no estamos exentos de caer en alguna limitación física. «El más
hermoso de los hombres» rompe en plena juventud las normas de la belleza
clásica, consciente de que el dios Apolo no podría aportar demasiado consuelo a
quienes alguna vez se sintieran corporalmente faltos de fuerza o armonía. Por
eso, los cristianos vemos la humanidad de Cristo también, y, sobre todo, en su
pasión. Es el espejo en donde los más desfavorecidos por la salud física se
miran como sujetos de suma utilidad en el orden de los otros valores. Nosotros
«no nos fijamos tanto en lo que se ve, cuanto en lo invisible». Debajo de un
cuerpo fatigado, decrépito o enfermo, puede esconderse un alma bella y sabia.

El cuerpo es como un templo; «templo de Espíritu Santo», lo denomina Pablo.


Mejor cuanto más digno, vistoso y saludable. Es un reflejo de la belleza divina.
Se precisa cuidarlo y adiestrarlo con el ejercicio, la higiene, la sanidad y el
dominio de sus instintos. La salud física puede constituirse en fuente de
equilibrio mental y liberar preciosas energías psíquicas.. Pero la paz con el
propio cuerpo pide también no idolatrarlo, sino aceptarlo en sus limitaciones
cuando se produzcan, lo cual sólo se logra si el espíritu es sano y está entrenado
para esa contingencia.

Por eso, al llamar a María «salud de los enfermos», no entendemos la expresión


en clave dualista. Su poder de intercesión no actúa al modo de una simple

156
curandera de achaques. Desde luego que la fe te permite y aconseja recurrir en
la enfermedad a Maria, pero siempre en básica actitud de creyente, sin olvidar
plegarte a la voluntad de Dios, el cual sabe mejor que tú aquello de lo que
verdaderamente tienes necesidad.

María es salud de los enfermos porque, aunque no siempre se obtenga de ella la


sanación corporal, siempre se es favorecido con algún efecto saludable. En el
diario íntimo de una enferma que visitó un famoso santuario mariano, sin
obtener el milagro concreto que solicitaba, se relataba este milagro de mayores
proporciones. «He conseguido una fuerza nueva para llevar la enfermedad. El
Señor me lo ha hecho sentir cuando estaba absorta en la oración... Me dijo que
su madre no es solamente suavidad celestial, sino también torre de bronce y de
fortaleza invencible contra el dolor. Debo preguntarme su secreto para llevar la
cruz...

Oración de fieles

Oremos al buen Dios, que sabe sanar los corazones destrozados y vendar sus
heridas.

1. Por la Iglesia, para que mediante sus instituciones o vocaciones personales,


siga ejerciendo el ministerio de la sanación, como parte de la tarea
evangelizadora, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por el personal médico y sanitario, para que sepan añadir a la estricta
profesionalidad ese trato afable que tanto ayuda en el ánimo y la curación de los
enfermos, ROGUEMOS...
3. Por los jóvenes, los deportistas y todos aquellos que aún experimentan su
cuerpo como fuente de salud y energía, para que lo reconozcan también como
templo del Espíritu Santo, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos los enfermos, sobre todo por los pacientes de enfermedades
incurables, para que Dios les conceda fuerza y consuelo, o la curación si es su
voluntad, ROGUEMOS...

Señor, Tú que a través de Jesucristo curaste a los enfermos corporales como


signo de transformaciones más profundas, mira nuestras heridas y sánanos. Te
lo pedimos por el mismo J. N. S.

Acción de gracias

Gracias a Ti, Dios fuerte, manantial de salud y de energía, creador de un mundo


hermoso y sano que nosotros, después, hemos hecho enfermar. Gracias a Ti,
Dios Hijo, restaurador de una naturaleza caída, que en tu cruz cobró fuerza de

157
regeneración. Gracias, pues tus heridas nos sanaron y reconciliaron.
Gracias a Ti, Espíritu de vida, morador de este templo que es el cuerpo del
hombre, al que tu aliento anima. Tú cubriste con tu sombra a María, ceñiste su
cintura de divina belleza, y quedó habilitada como la fiel acequia que nos acerca
la salud de Dios. Gracias, Señor, por haberla nombrado esperanza y salud de los
enfermos.

45 LA VIRGEN MARIA, REINA DE LA PAZ

MENSAJE PASTORAL

La paz universal es una aspiración evangélica de primer orden que pasa por la
madre del Príncipe de la paz, y estamos llamados a realizar.

Introducción

En el año 1917, en plena guerra europea, el Papa Benedicto XV añadió a las


letanías de la Virgen la invocación de la Reina de la paz. Este título guarda
relación con el que las profecías atribuyen a Cristo, Príncipe de la paz, y surge
como un clamor cristiano frente a las situaciones irracionales de violencia
bélica.

La paz es el clima que propone Cristo para el progreso de su Reino, y para la


consolidación de unas relaciones verdaderamente humanas. Es uno de sus
mensajes más radicalmente formulados: «Se mandó a los antiguos amar al
prójimo y odiar al enemigo, pero yo os digo que améis a vuestros enemigos y
oréis por quienes os persiguen...»

Celebrar a Maria como Reina de la paz supone que ella camina a nuestro lado
en esta forma superior de lucha que es la no-violencia. Invocaría como madre
pacificadora equivale a inspirarnos en su actitud paciente, para no dejarnos
arrastrar por la cólera, el pánico o el ansia de venganza.

Acto penitencial

- Por haber respondido al mal con el mal, sin romper el círculo de la violencia,
SENOR, TEN PIEDAD.
- Por haber justificado la ira o la venganza, con grandes palabras como honor o
dignidad personal,
CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por haber negado al prójimo la compresión y el perdón que Tú nos brindas,
SENOR, TEN PIEDAD.

158
Primera lectura (Isaías 9,1-3.5-6)

Isaías presagia una era de paz precedida del nacimiento de un niño


extraordinario. La profecía se verifica en Cristo, que nos reconcilia con Dios y
proclama su mensaje de fraternidad universal.

Evangelio (Lucas 1, 26-38)

El ángel anuncia a María el nacimiento del Mesías pacificador, «cuyo reino no


tendrá fin». Y el primer signo de su venida es la disipación del miedo: «No
temas, María».

Comentario-Homilía

Junto a la gran visión de la Virgen que traería al Mesías al mundo, Isaías trazó
unos rasgos del futuro redentor como pacificador: «Su imperio de paz no tendrá
fin». Podemos suponer que la familia donde se educó María meditaba
frecuentemente esta promesa. Sin duda que ella vivió al lado de su pueblo esta
gran esperanza que de siglo en siglo venía resonando hecha súplica: «Destilad,
cielos, al justo, ábrase la tierra y alumbre al Salvador». ¿Cuántas veces
imploraría ella, antes de sentirse elegida, que se abriera por fin el seno de la
mujer prometida, y brotara de él un río incontenible de paz universal y eterna?

Finalmente, Maria expresó e hizo suyo en el Magníficat este ferviente anhelo de


las generaciones, como una bendición divina ya cumplida, como «auxilio de la
misericordia de Dios sobre Israel su siervo». El canto de Zacarías, pronunciado
seguidamente en su presencia (Lc. 1-68), puede considerarse como el himno de
entronización para ese Príncipe de la paz suscitado por Dios: «El Sol que se
levanta para alumbrar a aquellos que viven en tinieblas, y para guiar nuestros
pasos por el camino de la paz».

Con estos precedentes bíblicos, se comprende que, en el mensaje de Cristo, la


paz se constituya como tarea preferente del Reino, y como un pilar de su
predicación. Jesús prohíbe a sus discípulos el uso de las armas. A la violencia
del mundo contrapone la dulzura del amor o violencia de los pacíficos.
Establece el perdón de las ofensas y el amor al enemigo como muestra de altura
moral y dignidad humana, además de como única salida práctica para la
solución de los conflictos. Sólo el amor puede destruir la ira del violento.
Únicamente la bondad doblega al más irreductible enemigo. El círculo de la
agresividad sólo se rompe cuando alguien tiene el coraje de replicar a un daño
con dulzura.

159
Ahora bien, la paz es un camino interior antes que un fruto social. En tanto no
exista una reconciliación interna, las relaciones con los demás vendrán
marcadas de amenazas, reproches y condenas. Por eso, en las situaciones de
ansiedad, o en las rupturas internas, allí donde el miedo, la tensión o el pecado
alimentan el núcleo neurótico, también la Virgen María es para nosotros punto
de referencia y oasis de pacificación: Ella colaboró en la reconciliación que
Cristo realizó entre Dios y los hombres. Ella mantuvo siempre la calma, incluso
en las turbulencias de la pasión de su Hijo. María, integrando todas las
vivencias en su corazón, halló por su confianza en el Señor una paz inaccesible
a las inquietudes de la mente.

Hoy la paz es un clamor que se expresa sobre todo a través de los jóvenes. En él
hay resonancias de aquella utopía que hizo a la Virgen portavoz de su pueblo.
Ella está también presente en los deseos de paz que recorren hoy el mundo. Con
María se puede transformar ese anhelo, que a veces es puramente instintivo, en
fuente de tranquilidad interior y de reconciliación entre pueblos, ideologías y
generaciones.

Oración de fieles

Al buen Padre, que en Cristo nos mandó amar a nuestros enemigos y orar por
nuestros perseguidores, elevamos ahora una plegaria por la paz universal.

1. Por la Iglesia, para que se muestre siempre como lugar de reconciliación y


mediadora de paz allí donde surgen conflictos, ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por los dirigentes de las naciones, para que comprendan que el primer interés
y necesidad de sus pueblos es la paz, y transformen los ingenios bélicos en
instrumentos de trabajo, ROGUEMOS...
3. Por los objetores de conciencia, que por exigencias morales se niegan a tomar
las armas, para que su gesto sea anuncio y profecía de unos nuevos tiempos,
ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por todos nosotros, para que nunca nos falte el coraje de responder al mal con
el bien y de defender la vida en todas sus expresiones, ROGUEMOS...

Señor, Tú que nos has dado la paz como un tesoro para compartir, danos
también la convicción de que Tú ocupas el corazón de todos los seres, para que
Les tratemos siempre con sagrado respeto. Te lo pedimos por C. N. S.

Acción de gracias

Dichosos los obreros de la paz, felices los que sólo hacen la guerra para vencer
sobre sí mismos; dichosos, porque Tú los llamas hijos y les das en posesión la

160
tierra.
Por eso te alabamos, Señor, llenos de gozo, pues también nosotros esperamos la
herencia del mundo nuevo que tendrán los pacíficos.
Gracias, Señor, porque hemos comprendido que el mundo no va a ser de los que
hacen
y venden artefactos de muerte, sino de los que cantan, como la dulce Virgen, la
victoria del débil sobre el fuerte, y vencen sobre el mal a fuerza de sonrisa.
Gracias, buen Dios, por el clamor de paz que hoy recorre la tierra y que inspira
la perfecta mansedumbre de Maria.

46 LA VIRGEN MARIA, PUERTA DEL CIELO

MENSAJE PASTORAL
La glorificación de María supone el término y la glorificación del éxodo
cristiano: la incorporación definitiva a Dios.

Introducción

Ya desde los santos padres de la Iglesia se atribuye a María la imagen de


«puerta» para designar su función de nueva Eva, abriendo la entrada que el
pecado de la primera Eva había bloqueado. La misma comparación se le aplica
también en cuanto que por ella entró Cristo en el mundo.

Celebramos hoy a María como «puerta del cielo» con la esperanza de que un
día se abra también para nosotros. Celebramos en ella la condición peregrinante
de quienes, por no tener en este mundo una morada permanente, aspiramos a la
patria nueva en la que ya reside María.

Su entrada en la Gloria del Padre es una promesa a toda la Iglesia, la cual será
un día enaltecida si, como Maria, ahora permanece fiel a su condición de sierva
de Cristo.

Acto penitencial

- Por no vivir el éxodo y el desprendimiento como caminos que conducen al


Cielo, SENOR, TEN PIEDAD.
- Por cerrar a los demás con nuestros malos ejemplos la puerta de la esperanza
cristiana, CRISTO, TEN PIEDAD.
- Por distraernos demasiado en lo accidental de la vida, apartando los ojos de la
última meta, SENOR, TEN PIEDAD.

Primera lectura (Apocalipsis 21,1-5)

161
La Nueva Jerusalén del Apocalipsis, arreglada como una novia, es imagen de
María glorificada. Al mismo tiempo es una descripción de la morada de Dios y
del destino de los que esperan descansar en ella.

Evangelio (Mateo 25,1-13)

María es la Virgen prudente que aguardó, sin fatigarse ni dormirse, la llegada


del Esposo. La parábola de las diez muchachas es una llamada a velar
continuamente frente a la «puerta del cielo».

Comentario-Homilía

María, que con tanta intensidad vivió el éxodo de Cristo, su fecundo


desprendimiento, su fascinante predicación y las contradicciones que suscitó en
su pueblo, le acompaña también en la gloria de su resurrección. Pertenece a la
lógica de la cruz que «quien pierda su vida por amor a Cristo, la encuentre», y
que «si hemos muerto con El, con El también vivamos». El paciente esperar de
la Virgen prudente no se vio defraudado. Algunos años después de la muerte y
resurrección del Hijo, Dios la asumió para glorificaría. La recibió “como a una
novia engalanada para su esposo». Finalmente, en su oído pudieron resonar los
versos del cantar: “Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven a mí, porque ha
pasado el invierno».

El paso de este mundo al Padre tuvo para María, como para cualquier cristiano,
olores y colores de primavera. «Hermosa es a los ojos de Dios la muerte de sus
fieles.» Cuando se acepta en su misterio iluminado por la fe, se levanta frente a
esta vida como una puerta de acceso a ¡a morada de Dios, «en donde no hay
llanto, ni luto, ni muerte, ni dolor». Por eso, San Alfonso describió de este modo
el último momento terreno de María: «Se presentó rodeado de alegría y de luz.
Y así como una lámpara a punto de extinguirse lanza un último destello más
brillante, así también la Virgen al sentir que su Hijo la invitaba a seguirle. De
esta suerte, aquella paloma del Señor, rompiendo los lazos que la aprisionaban,
se levantó en vuelo hasta la gloria”.

Realmente, María comenzó a ser invadida por Dios y elevada del polvo desde la
encarnación de Jesucristo. Y luego, en cada «si», en cada nueva aceptación, le
iba cediendo espacio hasta transformarse en morada suya entre los hombres.
Como el sol incide sobre la vidriera e irradia desde ella, Dios traspasó a María,
la transformó en imagen clara de sí mismo, la envolvió y moldeó, la hizo
transparente, la transfiguró hasta incorporaría plenamente a la resurrección de
Cristo.

162
María es, desde entonces, la pionera de la glorificación, pórtico de la eternidad,
puerta del cielo, certeza de que «Cristo reformará nuestros cuerpos caducos
conforme al suyo glorioso». Porque en María se cumple todo lo que nosotros
esperamos. Su transformación atestigua cómo Cristo asume también a la Iglesia,
la renueva y la sitúa en órbita ascendente. En el triunfo de Maria, Cristo infunde
a la Iglesia la energía de la resurrección y le hace mostrar lo mejor de sí misma,
que es la gloria de lo humilde y de lo cotidiano.

«María glorificada es un constante estímulo para que la Iglesia como institución


y cada cristiano realicen en sí mismo el desprendimiento fecundo, la pobreza y
la humildad de la esclava del Señor, siguiendo las huellas de Cristo» (B.
Haring). Nuestro peregrinar acaba en las puertas del cielo. Allí nos espera
María para confirmarnos definitivamente en su gran verdad: Dios eleva hasta El
a los sencillos, abriéndoles de par en par su puerta.

Oración de fieles

Oremos a Dios, que nos hizo a imagen suya y desea vernos transformados en la
imagen clara de Jesús.

1. Por la Iglesia, para que cada día más purificada de sus manchas y arrugas se
constituya en sacramento luminoso de Cristo y puerta abierta que conduce hasta
El, ROGUEMOS AL SENOR.
2. Por esta tierra confusa y a veces inhabitable, para que, más allá del
pesimismo a que inducen sus graves problemas, reconozcamos en ella ese lugar
donde el Espíritu trabaja, ROGUEMOS...
3. Por los hombres y mujeres de cualquier religión a quienes mueve una
esperanza de inmortalidad, para que su testimonio y convicción ofrezca salidas
a un mundo cerrado sobre sí mismo, ROGUEMOS...
4. Otras intenciones.
5. Por los que confesamos que la vida de los que creen en Cristo no termina,
sino que se compíeta en El, para que esa esperanza del más allá nos haga
trabajar aquí con mayor gozo y eficacia, ROGUEMOS...

Señor, Tú que en la glorificación de María nos haces llamar a la puerta del


cielo, refuerza hoy nuestra esperanza en ¡a resurrección. Te lo pedimos por el
Primogénito de los resucitados, Jesucristo nuestro Señor.

Acción de gracias

Glorifica al buen Dios nuestro espíritu porque sacia las más sinceras búsquedas,
porque coima los más hondos deseos y pone en su descanso al corazón con la
promesa de una vida sin fin. Lo que el ojo no vio, ni percibió el oído, lo que el

163
Señor nos tiene preparado, lo que ya goza en su gloria María, hoy nos llena de
agradecido gozo mientras peregrinamos a su encuentro.
Nuestros pies ya traspasan el pórtico de la Jerusalén celeste, por lo cual
entonamos cantos de gratitud y de alegría.
Damos gracias al Padre que ilumina el centro del misterio de la vida con la
promesa de la resurrección cumplida ya en la gloria de la Virgen. Ella es puerta
del cielo que, solícita, se abre para acogernos en la última hora.

INDICE
Presentación
TIEMPO DE ADVIENTO
1. La Virgen María, estirpe escogida de Israel
2. La Virgen María, en la anunciación del Señor
3. Visitación de la bienaventurada Virgen María
TIEMPO DE NAVIDAD
4 Santa María, madre de Dios
5 La Virgen María, madre del Salvador
6. La Virgen María en la epifanía del Señor
7. Santa María en la presentación del Señor
8. Santa María de Nazaret
9. La Virgen María de Caná

TIEMPO DE CUARESMA
10. Santa María, discípula del Señor
11. La Virgen Maria junto a la cruz del Señor (1)
12. La Virgen María junto a la cruz del Señor (II)
13. La Virgen María confiada como madre a los discípulos
14. La Virgen María, madre de la reconciliación

TIEMPO PASCUAL
15. La Virgen María en la resurrección del Señor
16. Santa María, fuente de luz y de vida
17. La Virgen María del Cenáculo
18. La Virgen Maria, reina de los apóstoles

TIEMPO ORDINARIO

Primera sección
19. Santa María, madre del Señor
20. Santa María, la nueva mujer
21. El Santo Nombre de la bienaventurada Virgen María
22. Santa María, esclava del Señor

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23. La Virgen María, templo del Señor
24. La Virgen María, trono de la sabiduría
25. La Virgen Maria, imagen y madre de la Iglesia (1)
26. La Virgen Maria, imagen y madre de la Iglesia (II)
27. La Virgen Maria, imagen y madre de la Iglesia (III)
28. El inmaculado corazón de la Virgen María
29. La Virgen María, reina del universo

Segunda sección
30. La Virgen María, madre y medianera de la gracia
31. La Virgen María, fuente de la salvación
32. La Virgen María, madre y maestra espiritual
33. La Virgen María, madre del buen consejo
34. La Virgen María, causa de nuestra alegría
35. La Virgen María, amparo de la fe
36. La Virgen María, madre del amor hermoso
37. La Virgen María, madre de la santa esperanza
38. Santa María, madre y reina de la unidad
Tercera sección
39 Santa María, reina y madre de misericordia
40 La Virgen María, madre de la divina providencia
41 La Virgen María, madre del consuelo
42 La Virgen María, auxilio de los cristianos
43 La Virgen Maria de la Merced
44 La Virgen Maria, salud de los enfermos
45 La Virgen María, reina de la paz
46 La Virgen María, puerta del cielo

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