Sie sind auf Seite 1von 20

J O O o B S L - T W M j K . C . A r x r W s c te .

A M c u G x V a o , h o b &
l o C J t e ^ c W i W j m &woS 2W. Q ) n ^ j'x d u jJ z M A d o v * ,y t( ¿ d - )
CüU á^ A L ^SOAVA * | t^O ^O C ^ C ¿ > f^ oí^ ^ I k^ maV a o v"LcO a

internacionales, y penetrando en sn aplicación al derecho inter­


no. No es más la ley la que sigue en orden de prelación a la
constitución, son los tratados internacionales, y algunos de ello s;
elevados a la jerarquía constitucional, más importantes que la
Constitución, o tan importantes como ella.
Así, la aplicación de los derechos humanos se abre paso en el
juego interno y desde los reclamos internacionales Así, los de­
rechos indígenas van aplicándose en el filo de la ley, jurispru­
dencia y doctrina ambiental, como en las defensas de los dere­
chos humanos civiles, políticos, culturales y de pueblos

156
APORTES DE ADELA CORTINA SOBRE
LOS DERECHOS HUMANOS

María C. Jugo Beltrán 1

Pretendemos exponer y analizar la propuesta de Adela Cortina,


deteniéndonos en aquellas consideraciones éticas, antropológicas
y ,políticas que estén relacionadas con uno de los aspectos del
tema de estas jomadas: los Derechos Humanos. Concluiremos
con algunas consideraciones y reflexiones sobre la propuesta de
la pensadora. .

1. La fundamentación de la ética y sus


aspectos antropológicos

La autora se identifica con el modelo procedimental dé funda-


mentación dé la pragmática trascendental y la teoría de la acción
comunicativa de Apel, comprometiéndose también con algunos
aspectos que hacen a la vida buena, a la felicidad y no sólo al
deber. En una apretada síntesis sobre la constitución de la ética
del discurso la pensadora dicef “(La ética del discurso se ha ido
configurando (...) como uno deTos radios de ese denso núcleo
constituido por la pragmática formal (...), la teoría de la acción

1 Magister en Ética Aplicada. Profesora de la Facultad de Filosofía y Huma­


nidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Profesora de la Universidad
Católica de Córdoba.

157
María C. Jugo Beltrán

comunicativa, una nueva teoría de la racionalidad, una teoría


consensual de la verdad y la corrección y una teoría de la evo­
lución social.” 2 Se clasifica como una ética postconvenciónal,
cognitiva, universalista, procedimental, deontológica, y de prin­
cipios. No pretende por tanto prescribir formas. de vida, ni vir­
tudes, ni ideales de felicidad, sino procedimientos de iegitima-
ción de normas que puedan prescribirse con validez universal.
Si bien afirma que una fundamentación racional no implica ne­
cesariamente proponer a la razón como fundamento último, pa­
reciera, sin embargo, presuponer que una práctica es propiamgp-
te humana si es racional, y racionad en^el^entido dejJur^razones
universalizaí^srEnTfecto, entiende qué ser' racional es_ser ca-
paz de universalidad y de querer ía universalidad y la verdad; un
modo de ser racional común a todos los hombres, ‘una naturale­
za racionar humana que se autocomprende hoy como diálógica,
en un ajuste de la autorreflexión monológica kantiana.
D istingue diversos tipos de racionalidad: lógico-matemática,
científico-técnica, estratégica] consensual, comunicativa y diaíó-
_gical La racionalidad ^ica^jmphca a las tres ultimas y encuen­
tra sujvalidez en el lenguaje, ..enJa.,£s_truetuxa.jdeJrQSv-A<^^-
Jlgjila.3 Estas pretensiones de validez: verdad, cqrrección, vera-
cidad y com petunciacoim m ^
te en formas de vida históricamente situadas pero^a sujvez^ son

2 A. Cortina, Ética sin Moral, Madrid 31995, 163.


3 Como claramente explica M ic h e l in i refiriéndose a la pragmática trascenden­
tal de Apel, en su libro La Razón en Juego, Río Cuarto 1999, 86: “después
del giro lingüístico de la filosofía analítica contemporánea no es posible ya
sostener que el pensamiento y la reflexión racional puedan alcanzar validez
intersubjetiva exclusivamente a través de la evidencia consensual y al mar­
gen del lenguaje y la tradición...” Y más adelante dice: “la pragmática tras­
cendental sostiene que sin tener en cuenta las reglas del juego lingüístico es
imposible no sólo la reflexión filosófica radical sino, incluso, el pensar sin
más.” (ibid., 88).

158
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

trascendentes a ellas, ya que van más allá de lo relativo y parti­


cular de estas formas históricas . La comunicación lEñjdícaTn sí
misma dichas pretensiones de validez, negarlas es caer en una
autocontradicci.ón o en una contradicción pragmática.
Dice Cortina:

Partiendo de los actos de habla y del factum de la argumenta­


ción, se trata de descubrir las condiciones de racionalidad del
punto de partida. Y es este proceder el que nos conduce al prin­
cipio formal y al principio de universalización que, como regla
de la argumentación, está propuesta en los discursos prácticos
(...) sólo ofrece el modelo racional de proceder a lo que es me­
nester someter las normas que surgen del mundo de la vida,
para comprobar si pueden considerarse legítimas.4
**

La tarea es entonces la reconstrucción de las condiciones de po­


sibilidad trascendental del diálogo intersubietivo. que se dan
pragmáticamente inmanentes al mundo de la vida y que dotan de
sentido a toda comunicación o argumentación auténticamente
humana. Estas condiciones se vuelven normativas o regulativas
d eja intersubjetividad"y,~por tantoTcíeTos consensos fácticos, de
M ^^^5üIX£Eüsdar^TtituirJ,fracionabrtente^^a,ípi& 4]io ^
.el mero acuerdo la fuente de la legitimidad sino el acuerdo ra-
cjonabnetde fundado. Admitir un formalismo procedimental nn
es^en esta perspectivá apartarse de la realidad, ya que las estruc­
turas de la razón y sus procedimientos pueden leerse en la praxis
concreta. Es posible desde el procedimentalismo reconstruir toda
la riqueza del fenómeno moral sin tener que legitimar la tajante
división existente en las democracias liberales entre la vida p ú ­
blica, sujeta a la planificación de los expertos, y la vida priva­
da, sujeta a las decisiones de conciencia. Esta separación entre

4 A. C ortina, “Una Ética Política, contemplada desde el ruedo ibérico”, en K.


O. A pel y otros, Ética Comunicativa y Democracia, Barcelona 1991, 230.

159
María C. Jugo Beltrán

lo moral y lo político, y entre lo racional y lo moral, se debe a


la reducción de lo moral a lo subjetivo e irracional como conse­
cuencia de la universalización de la racionalidad instrumental y
estratégica, que niega toda otra interpretación posible de ía ra­
cionalidad. 56 - ,
En esta propuesta, para que las pretensiones de validez intersub­
jetiva de una noima~tengan sentido y legitimidad, deben estar
avalada^^por^rgumentos que, a su vez, deben estar ofrecidos a
trí^s~delirnH:&u^^^ legitimante no
sólcTes dialógica^sinolirgumen^^ Los argumen-
t ^ p o r ld niartTtienent ^
contrario serían irracionales en sus prete^iones de validez uni-

vos argumentos, nuevos temas, nuevos e ilimitados participan-


tesrL^^a^a^cbaccidñ ejercida en ellos debe ser la fuerza del
m ejóráfgum éntó^ ía Búsqueda coopera-
S a de la verdad". Por obra parteólas condiciones idealesjiejio-
municación implican siempre la simetría de los participantes en
jeI7diálogo7por lo que todos deben ser considerados como libres
e iguales, sin lo cualTOnérza no será efectivamente la del me­
jor argumento. Dado el peligro de que los dé participanteS-_sólo
busquen sus intereses particulares, deben tener en cuenta tam­
bién los intereses de los afectados por lá norma a legitimar.
Cumplidas éstas condiciones los consensos expresan una ‘volum
tad racional’,,JL
Afirma Cortina: “(--O la legitimidad de las normas morales-cívi­
cas se fundamentaría en la racionalidad. de un consenso racio­
nal, hacia cuyo logro progresa el género humano.” 7 Entendiép^
dose por racional lo que verdaderamente pretenda validez

5 C fr. A. CORTINA, Ética Mínima, Madrid 1994, 77-126.


6 Cf. ibid., 127-131.
7 Ibid., 127 (la cursiva es nuestra).

160
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

intersubjetiva, significando esto universalizable, que abarca inte­


reses generalizables y no He un grupo determinado de suietos.
Por otra parte, los mejores defensores de tales intereses, serán
los interesados (...) tomarse en serio sus intereses implica posi­
bilitar que se expresen a través de un diálogo racional” *
/ Esta ética dialógica s^compromete con una concepción rjfí bnm-
jGre~en laniolnterlocutor. como. sen.capaz.,dcL-comunicación,y ar­
gumenta^ Una concepción que supone que el individuo debe
a la comunidad su proceso de personalización, que no se admite
como Infirviduo^utóWficiénte, es, en principip,, una concepción
de hombre solidario, que se sabe inscripto, en upa comunidad ,
con la que ya comparte Intereses, y además valora, como, valio-
\ ^ o s en s í mismos a cada imo de sus componentes. Para Cortina,
""ello tiene sus consecuencias a la hora de decidir entre los distin­
tos modelos éticos existentes.89 Así, por ejemplo, quedan fuera
aquellas éticas que desautorizan a algunos hombres como inter-
,Tocuf6réFválidos; los subjetivismos individualistas y el objeti-
jyismo universal y abstracto.
Este compromiso antropológico constituye un supuesto sin el
cual no se puede comprender la fundamentación de la pragmáti­
ca trascendental. Es cierto que el análisis trascendentn 1■-fwym -p rrt-
jDuesto dice, más bien, que son las condi ciones di al ó gjca s^.prag-
m áficasT as.que conllevan a afirmar estas características del
^M^pre y ae~sK iad malidad. Nos parece, sin embargo, que tam­
bién puede dar lugar a que se afirme una circuí aridad entre la
racionalidad y las “condiciones pragmático-trascendentales. Así,
~~ afirmar que las normas morales pretenden ser intersubietivamen-
te válidas, si bien no significa que su objetividad está fundar}3
en una naturaleza metafísica, implica que se pretenden capaces

8 I b i d 131 (la cursiva es nuestra).


9 Cfr. A. C ortina , Ética aplicada y democracia radical, Madrid 1993,
132-135.

161
María C. Jugo Beltrán

de ser comprendidas y aceptadas por cualqitier sujeto humano,


porque suponén' afectar'aquellcrqW loslfóm hres^ienen en co-
lu ü n i común capacidad de comprensión y asentimiento.10 Habría
una concepción antropológica, ¡según entendemos, que posibilita
eí procedimiento racional, aí jguai que una idea regulativa, vi­
sualizada como la “comunidad ideal d é comunicación”. p '1"" :
Dada la necesidad de determinar el alcance de términos que, por
la tradición que cargan, pueden llevamos a equívocos en la in­
terpretación del problema del fundamento, distingue Cortina en­
tre universal y universalizable. Así, nos propone entender por
universal “(...) el conjunto de intereses ya reconocidos a través
de un consenso, légitimádo (...) pero revisable en el futuro. Lo
universalizable es el contenido, la materia del diálogo (...)” 101
La verdad y corrección devienen de que algo pueda ser justifi­
cado argumentativamente Imtecuñlqm ante
jg^^'Tén]ga''c(mp^ñma"c 0m1mici^vá~ 07nó''qub es lo mismo,
condiciones^de.raciÓnHidafiTXÓ lrascéndéñte y lb^inmanente de
este principio implica que está puesto en práctica en lo históri­
co, pero trasciende lo histórico, por lo que se vuelve, por un
lado, límite para la racionalidad estratégica de los posibles con­
sensos fácticos y, por otro, posibilita la racionalidad crítica so­
bre los contenidos del mundo de la vid a.12
El giro lingüístico aquí implicado visualiza al hombre como ha-,
blante competente en una comunidad real de habla. Atender a
los “actos de habla”, y a sus presupuestos^magmatrcós, es aten­
der a la realidad social íntersubjetiva generadora de hormas.

(...) quien eleva pretensiones de verdad o de corrección en un


acto de habla, ha reconocido ya contrafácticamente la idea de

10 Cfr. A. Cortina, Ética Mínima, 124-125.


11 Ibid., 134.
12 A. Cortina, Ética sin Moral, 112-113.

162
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

una comunidad ideal de comunicación, para poder seguir ha­


blando con cierta verdad y corrección (...) ha reconocido el
principio de la ética discursiva, según el. cual, sólo serán normas
legítimas las que todos los afectados admitjríaa^tras un diálogo
celebrado en condiciones de simetría.13
Todo lo expuesto no está, para la pensadora, exento de virtudes
y valores:

(..^^responsabilidad por las con^ecuenpja^dp.sus^ecisiones,


j^sposicipn'a^ihrsTrairs^m
sino también el juicio, . atepeion-.a^Jos,,intereses
,, generalizables, actitud argumentativa, compromiso para elevar
el nivel material v cultural de los posibles áfectados, de modo
** ............................i M I ' l l f lH JLJ II^ r ................ .............................. .

que la situación se aproxime lo más posible a la simetría.14


h h m éw po w w -■ ***■ ■ 1 1 -■.* %■n hm ■«w / 1 n A i *■**>*• --

Para poder llevar a cabo una moralización efectiva de los con­


sensos y las normas es pues “...necesario que los afectados...
adquieran una segunda naturaleza’, que sean ilustrados, autóno­
mos, responsables y solidarios.” 15
¿Dónde encuentra Cortina el límite de esta ética procedimental?
En que “(Tirios prOycctosrnioraleaT'iaa cm iee^lone? del hombre
(...) son^pfopuesm ?^e^S?woí: bosquejan ideales^de hombre¡ y
de felicidácí descje el arte, ías ciencias y la religión, desde esa
trama (...) de tradiciones que configuran la vida cotidiana.” 16
Por otra parte, Cortina advierte que las éticas^diadagica&^onmna
secularización de la fúndamentación moral cristiana y una pro-
cedimentalización áQ la concepción del hombre del socialismo,

13 A. Cortina, “Una Ética Política contemplada desde el ruedo ibérico”, 232-


233.
,4 I b i d 235.
15 Ibid., 237. Cf. Ética Mínima, 153-155; id., Ética Aplicada y Democracia
Radical, 204-205.
16 A. Cortina, Ética Mínima, 158.

163
María, C. Jugo Beltrán

y “tales transplantes a la ‘pura razón’ no se producen sin pérdi­


da de coherencia y savia vital (...) si no quiere perder coheren­
cia ni savia vital, no debería sustituir antiguos modos, sino ser­
vir de procedimiento para (...) la imagen del hombre con la que ;
consintamos.” 17
Para la búsqueda compartida de lo verdadero y lo justo, y para
la resolución de los conflictos, el diálogo ha de respetar, en sín­
tesis, las siguientes condiciones:
i 1. Deben participar los afectados por la decisión final. Sólo
' en el caso de que sea imposible que todos participen, debe
haber alguien que represente los intereses de los que no
puedan estar presentes.
2. Los participaníes eiLel diálogo deben estar convencidos. de
_que el interlocutor tiene algo para.npQrtarv...por lo-que-de-
ben estar dispuestos^a-escucharse.
/ 3. Lo anterior implica que no creen tener toda la verdad, por
lo que el interlocutor no es un sujeto a convencer sino a l-.
guien con quien dialogar.
4.jQuien^dialoga-de_verdad está dispuesto a escuchar para
mantener su posición si no le convencen los argumentos
del interlocutor, o para modificarla-en el caso de que le
convencieran. Está dispuesto tanto a convencer como a ser
convencido..
( 5. Está dispuesto a encontrar una solución justa y, por tanto,
"~ra entenderse con quien dialoga. Entenderse no es lograr
un acuerdo total pero sí descubrir lo que tenemos en'co­
mún, y precisar lo que ncH ui®
( 6. Implica poner en paridad a todos los que intervienen para
expresar sus puntos de vista, poner sus argumentos y re-
_^glicar los argumentos de los otros.

17 lbid., 138-139; cf. 231 ss.

164
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

( 7. La decisión final, para; ser justa, no debe responderla in­


tereses individuales sino a intereses un iyers aliza bles.
{ 8. Dado que lá solución final puede estar equivocada, debe
estar abierta: siempre a revisiones, cuestión sencilla si los
que intervienen en el diálogo están dispuestos a determi­
nar lo que realmente es lo justo.38
En las estructuras pragmáticas de nuestro lengua]em presenta
uña racionalidad práctica que desde un mínimo incondicional
ños posibilita construir una ética de la autonomía personal, una
teoría crítica de la sociedad, y legitimar un derecho y una teoría
del Estado Social de Derecho.1819

2. Los Derechos Humanos

El tema de los Derechos Humanos es desarrollado por la autora


en relación con la acción comunicativa, y con la síntesis entre lo
histórico y lo trascendental allí presente. En resumen significa
que ¡^universalidad sólo se da en las formas del procedimiento
y en la dimensión trascendental, supuestas como -las condiciones
de posibilidad de una relación_eomunicativa verdaderamente ra-
cipnal. No se da, en cambio, con relación a los contenidos logra;
dos en los acuerdos fécheos, que podrían relativizarse 0 ade­
cuarse a las s^acigñjs^p^cr^ta,s„ep_.la.s^pue.^e..xealice-la -
farmuladómdedfls^así llamados Derechos Humanos. Sin embar­
go estos contenidos no pueden negar o ignorar cierta interpreta­
ción sobre los interlocutores ni las condiciones trascendentales
del acuerdo, pues se caería en contradicción.

18 A. C ortina, Ciudadanos del Mundo, M adrid 1998, 248-249.


19 A. C ortina, Ética sin Moral, 166-167.

165
María C. Jugo Beltrán

Todo esto lleva a proponer una antropología mínima quz.conci­


be ¡x\ hombre como un interlocutor vá lid o 20 que tiene ‘derechos
pragmáticos’ sobre los que se fundan los Derechos Hunianos,
dejando a las comunidades históricas concretas el determinar, en
un diálogo abierto y respe|upsp^ deJater& sssJm iy.^
cuáles serían aquellos derechos. Los deinchqs pragnTáticos, que
hacen a fá^fficipácibñ~sm"cóacción en los discursos, deben ser
presupuestos en los consensos fácticos para que tengan validez:

(...) descubren, a su vez, un tipo de derechos (...) Rumanos’,


^omp .son .eLderecho^láTvídOeTc^ afectados por las decisio­
nes de los discursos (...), eí derecho a participar sin coacción
(...), a expresarse libremente (...) (con los que se exige uñ com
junto de 1ibertade^y^e condiciones matéfialeíT)^^
permitan a los afectados discutir y decidir eh^ié'déngUáldad:21

En discusión con el liberalismo; reflexiona sobre la necesidad de


sumar a los derechqscivíte^ .=pol.íticos~ys o cíales,
que son un debermoral realÍzable_sLeLestada--es^un^Estado de
Justicia. Advierte que, si la igualdad es un constitutivoesencial
HeTsTdeiñocr^ia7j^il)bhgáürbñI3eLum.estado-demoGrátÍGo-corre- —
p x ^^desigualdades producidas por la economía de mercado.
Estas desigualdades~ñcTpue3en ser justificadas por las diferen-
cías accidentales de los seres humanos, porque “nuestra grande­
za ha consistido (...) en descubrir la igual dignidad, en la des­
igualdad física y psicológica, y en intentar igualar a los por
nacimiento desiguales.” 22 Y añade Cortina que uno de los ci­
mientos que han caracterizado a Europa es: “(...) la afirmación
kantiana de raíz cristiana, según la cual, todajgersona es un fin

20 A. Cortina, Ética Aplicada y Democracia Radical, 19.


21 A. C ortina, “L os Derechos Humanos a Examen”, 246. Cf. id., Ética sin
Moral, 247-253.
22 A. Cortina, Ciudadanos del Mundo, 90.

166
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

en sí misma y jien e, por tanto, dignidad y no precio”, de lo cual


se sigue que no será verdaderamente Europa “(...) si no se com­
promete en la tarea de lograr que se protejan dentro y fuera de
ella los derechos cívicos y sociales de todas las personas.” 23 De
allí que a los derechos civiles haya que añadir los derechos so­
ciales, económicos y políticos, que deben integrar también los
Derechos Humanos.
Dadcyque la persona resulta un valor sagrado para las socieda­
des ‘‘avanzadas’’“'cuyam tégndid Hebe ser respetada y su desa-
rroIld"gafañtízadó'pórras ínsfítackmj^^man^análisi s .sobre., el
nexo que une nociones como “valor absoluto”,^“fin en sí mis-
jna7yL!!persona”,7afíiÍ9álHHsn:^^
nales para dar razón de esta sacralización de la persona y de su
dignidad. En efecto, ninguna de las categorías creadas por la ra­
zón justifican la afirmación de la persona como valop absoluto,
fin en sí mismo, por lo que la mzóm.se„ved.levadan.xelacÍQnar
este dato de la conciencia moral con la afirmación ofrecida por
la revelación^que e l,hombre es “imagen y semejanza de Dios”.
Esto significa que no radica su dignidad en una determinada
cualidad, que puede abrir uña discusión interminable acerca de
cuál sea dicha cualidad, así como plantear el problema de su
ausencia o presencia en algunos individuos, sino en que su hu~
manidad es imagen de la divinidad. Estas afirmaciones cobran
significado dentro de la distinción entre Razón Teórica y Razón
Práctica realizada por la autora, y en relación con la compren­
sión de la fundamentación como coherencia y necesidad de sen­
tido de la Etica de raíz kantiana. Esto implica que si bien la ra­
zón no puede entender todo, sí es razonable buscar todas
aquellas categorías que vuelvan?' coherente y racional el obrar
moral, quedando abierta a cuestiones que salen del orden de la
racionalidad teorética.24

23 Ibid. 95.
24 Cf. A. C ortina, Ética Mínima, 231-268.

167
María C. Jugo Beltrán

Podríamos afirmar, sin embargo, que La.dignidM^Xeviste^a la


persona y que depende, por tanto, de una cierta .estmetura que el
hombre posee. Él hombre es persona en tanto sujeto -autónomo
e interlocutor válido, y por ello tiene dignidad.
Considerando el valor de igualdad proclamado por la Revo­
lución Francesa, tiene en vista tres acepciones: 1) La igualdad
de todos los ciudadanos ante la ley;. 2) La igualdad de oportuni­
dades, por lo que las sociedades se comprometen a compensar
las desigualdades naturales y sociales; 3) La igualdad es ciertas
prestad oné s lióciáleslihT vé^ ,al. Estado S oci al.
Todas ellas tienen como fundamento la idea qpejodas-las.perso^.
nas^sonighales^m^^ lo^que merecen igual, respetó,,
consideración. Ésta igual dignidad, advierte, tiene raíces reli­
giosas y filosóficas” y exige a las sociedades proteger los “de­
rechos humanos de segunda generación” porque son “exigencias
morales” en tanto que son indispensables para el desarrollo de
una persona.25
Su propuesta, como ya dijimos, concibe que las personas cobra-
mos nuestra identidad en el seno .de. una, sociedad,, la cual ..nos
Reconoce o nos niega derechos. “(...) el proceso de socialización
posibilita la configuración del individuo con sus capacidades, de
modo que no existe individuo algmiq que no tenga c^
deuda conla^^ocTedad v Fesuite independiente de., efia.” 26 Por
ello, el individuo puede reconocerse como solidario y ejercecsu
autonomía* comoTTOflocutoí7"áffinomía que se expresa en su
T:apacidád^eJüñíversal^^or~elIo, en su capacidad dé"abnrse a
la posibilidadTacioñal de acordar leyes^üñíversales.
Desde esta interprHacTÓñ áñfiñpÓlÓgica el etnocentrismo se„su-,
pera, dado que en el punto de partida de la acción comunicati-
^ 7^ ^ gh m en ta cló n " ó la discusión sobre normas morales o po-

25 Cf. A. C ortina, Ciudadanos del Mundo, 237-238.


26 Ibid ., 91.

168
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

l.íjicas es un hecho trans cultural, que la jeflexión trascendental


Jo ha eomprendido como un “nosotros “noso­
tros argumentamos”. Esta concepción dialógica de persona le
posibilita ver a la solidaridad, noción séculárizada de la frater-
J^Mad,_plasmad a n o sólo jen aquellas,relaciones que existen eii-
tre personas que participan con^el mismo interés, ya que el. éxi­
to de la causa co n n m r e d u n ^ de todas y cada
qmLd^_eí las^ m o ja m b ién .en Jam ctjtudjie, interesarse en otras
personas y poner los esfuerzos en aquellas empresas que ayu-
dan y j ie n e f íc ^ a otros. Ésta segunda actitud no es iñdispen-
sable para la propia subsistencia pero, nos pregunta: ¿se puede
subsistir bien siendo indiferente al sufrimiento ajeno? Poder
afirmar que lo que afecta a las personas no nos es ajeno en tan­
to personas,^es ver entre todosTos hombres una unidad esen­
cial, la humanidad, _ ..... —
La Moral, el Derecho y el Estado tienen como finalidad, si son
racionales, defender los derechos de todos. Desde esta convic­
ción Cortina problematiza dos concepciones de democracia, la
participaHvi^riarfepfésMt^tivg^m sclafece que cualquier "con­
cepción de jiempcraciajdeb^-cumplir ios siguientes requisitos; i )
- ALSfLPPÉ?L ponto, con una.nocjón compartida de bien cornúri^
normativos y axiológicos’
que posibiliten la convivencia lo íera n tellelfi^ ^

cedimental. 3), Tiene que admitir qq^ ,ño,s e n a r i amente lo.legí--_


timo es justo. 4) El precedimentafianmúia^s^axLnlógicam&nte-, 5r
-SgPirgLlJig cabida,a ^ualquigrJorma de jylda^excluyendo
aquellas^que no „se „ajusten a_susÁVaiores v procedimientos. 51 _
Debe encuadrarse en el nivel postconvencioñal, esto es, sus ins-
aBcfím e s ^ B ^ e g i ^ ^ O o r pnñcipiosITmverbales~.y__nfypnr
normas comin^tarias^ó) Presupone una determinada concepción
déTEomBre concibiéndolo autónomo y solidario. Lo social no es27

27 A. C ortina, Ciudadanos del Mundo, 242-246.

169
María C. Jugo Beltrán

en ningún plano más importante que la autonomía del sujeto,


pero el individuo es un individuo no exclusivamente .entendido
como poseedor, por lo que su autonomía es
daridad, y ésta es transcultural ya que sus pnncipios
^ ^ T f ^ ^ ~ v ó iu n ta d delpueblo tenáiá que ser;/ to r ^ s ta u c ia ^
libada’ y expresarse a ' través d e * ^
legitimación,*8
Pareciera sin embargo que el ideal participativo responde y pro-
mueve mejor a la concépción de interlocutor válido de la demo­
cracia procedimental, pero realizarlo implica concebir que no
sólo el estado tiene en sus manos la defensa de intereses uriiver-
FaíTzables, sino qué tienen que asumir protagonismo moral otros
sectores^de la sociedad civil. La sociedad civil pasaría de esa
'mañir^dFunaTébcá~^ derecfíos a una ética de responsabilidá-
~de s . ^ M o n ^ e s ^ harpara nuestra pensadora, Tá'bFrígaciÓB'mo^^
laTcixi^liené el estado de asegurar para todos los ciudadanos la
justicia,' esto es, la obligación de asumir como su responsabilidad
fundamentales y
Y ertos bienes bájñcos^Sin embargo, Qortina exige que se ;distin-

“ gETentre Estado de Bienestar y Estado So^arHé^efecbgsrELEs-
iado d éB ién esíaL ro justificación'económica ^ tie ­
ne en cuenta^l^indiyiduo biológico.-psicoÍógino^yda.satisfac.cíón, ,
de sus necesidades. El Estado Social surge desdé una jústifica-
cjóñ ltica teñíébdo en cuenta a
de J,u sticiá,,^ ^ f f i T f d y ;a,.Razón, por ío cuál es importante dis-
dñgmFenSeTtisticia y bienestar. BLpmblePra^cpie^tendrá^que re-
sblverse en el sOTO^dte^j^mu^M^déraoccátíca«:tó.-'délimitar.-qúé .
"se ha dé considerar como los mínimos dé justicia, que el Estado
de Derecho no puede dejar insatisfechos si quiere ser legítimo.*2930

2i Cf. A. C ortina, Ética Aplicada y Democracia Radical, 100-101.


29 Ibid., 144.
30 Cf. A. C ortina, Ciudadanos del Mundo, 77-90.

170
Aportes de Adela Cortina sobre ios derechos humanos

A modo de síntesis, podemos decir que Adela Cortina nos pro­


pone que el respeto a la dignidad de las personas no puede que­
dar sujeto al mercado, y la exclusión de algunos hombres, tanto
de lo material como de lo inmaterial que constituyen los bienes
jsociales, es flagrante injusticia. Frente a una injusta globaliza-
ción económica, aconseja la autora imponer una globalización
de la Ética a través de la mundialización de la solidaridad y de
la justicia social.

3. Reflexiones finales

Sabemos que tanto Apel como Cortina admiten la comprensión


J^emienéiitica del lenguaje en el horizonte del mundogie la vida,
s M ro dan un paso jnás al reconstruir las condiciones de posibiíx-
■dad de los discursos prácticos, reconstrucción, que^se propone
£on relacióna la ÍPp.damentación racional ^
c.Qs y_políticos. Recordemos esta afirmación dé Apel: “(...) una
filosofía que fundara su validez únicamente en el compromiso
histórico volvería a dejar al hombre a merced del destino histó­
rico renunciando a la emancipación humana del destino ya al­
canzado bajo el signo de la ilustración filosófica.” 31
Parados también en la comprensión hermenéuticá del lenguaje y
en la racionalidad diálógica, distinguiremos con Heidegger y
.Gadamer la con cien cia co m o la reflexión ocurrida en y por el
l9Jhaj e:< de la reftexión y la conciencia lograda temáticamente,
flue .es lo. que .propiamente constituye la subjetividad moderna.
Del mismo modo distinguiremos el lenguaje como fondo abis-
ipal pre-comprendí do, desde donde sejhábía, del lenguaje como
objeto de tematización. Ya_Hnsserl .destaca.£n.e^!os ..hombres,..
como co-humamdad, nos movemos en un mundo jle la cultura,

31 K. O. A pel , La transformación de la Filosofía, Madrid 1983, 264.

171
Maríá C. Jugo Beltrán

fiutQ-deJa...tradición^como elhorizonts^enx¿^de^Lcm L_cpm :


prendemos, por lo que mundo y lenguaje están indisolublemen­
te entrelazados, y siempre ya .cierto.s_en; la unidad inasociable .
de su correlación. Esta correlación indisoluble permanece im p lí-:
'citamente aprehendida en la experiencia originaria, obviedad ya
presente allí desde el inicio de toda experiencia posible, aunque
no necesariamente tematizada como tarea expresa de la re­
flexión. 32
En el diálogo o “conversación” intervienen “rituales” que nos
permiten compartir lo íntimo y no sólo disponer del entorno o
argumentar. Esto no implica negar toda normatividad a la con­
versación, ya que ella supone no sólo la asunción de nuestros
prejuicios sino también la disponibilidad a reconocer la posible
superioridad del interlocutor y, por tanto, la decisión a cambiar
los propios puntos de vista en el camino del diálogo. “(...j peiT-^
/ A samos así el lenguaje como un estar de camino a lo común 4© . y
/I unÓs~cbh dtrós y no comq una comunicaciómde^hechos^ y csta->
V^ jio s de cosas a nuestra disposición.” 33 Lo que ha de entenderse
a partir de dos determinaciones primordiales del lenguajejjd
lenguaje como transmisión de sentido o apertura de mundo, y el
.lenguaje como tránsito, como m^vimientpjia 1o .otro.
Esta interpretación del lenguaje manifiesta que la reciprocidad
es"su estractñre
significado colectivo e implica una relación..social.” 34 Buscar un
método para sistematizar los entes, corroborar afirmaciones o
interpretaciones, plantear el conocimiento como emancipación y
progreso, son “valores” del paso de la “cosa del pensar” a la
subjetividad.

32 E. H usserl, “E t origen de la geometría”, en J. D erridá, Introducción a "El


origen de la geometria" de Husserl, Buenos Aires 2000, 160-170.
33 H-G. G adamer, Arte y Verdad de la Palabra, Barcelona 1998, 119.
34 lbid., 15.

172
Aportes de Adela Cortina sobre los derechos humanos

Es lo no-dicho y lo no-pensado, el horizpntejie. mundo en


doncfé ya somos intersubjetivamente, lo que nos permite todo
pensar y todo decir permaneciéndose como lo más próximo y lo
JejañQ... El reconocimiento y la correspondencia que posibí-
pensar"y el decir, es primordialmente un escuchar y un
abrir sentido, y no un conceptual izar o un juicio a verificar o a
" justificar argumentalmente. %..) No es un apresar, sino un per­
mitir el advenimiento de lo subyacente.” 3536Comprendemos con
Gadamer a ese fondo como la intérsubjetividad del lenguaje y,
por tanto, como el acuerdo Íntersubjetivo racionafhbrizonte en
®Lpual_se realizan los acuerdos y desacuerdos históricos, los
consensos y disensos fácticos.
La admisión dé la trascendentalídad de la razón argumentativa
puede poner en entredicho la fínitud y la diferencia, y, por tan­
to, la historicidad de la existencia y del lenguaje. En efecto, si
preguntáramos: .¿qué se entiende por un “interlocutor válido”?
La respuesta estaría cercana a aquella consideración sobre la
necesidad de que todos adquiramos un&jegunda naturaleza: la
JLséf-ilusfrádos, autónomos,.responsables y soridáriDs^ario^que
Jgpdemos añadir, comunicatiyamente.oompetentejs.- ^6 Esta com ­
p rensión de la racionalidad dialógica aspira a la universalización.,
de ciudadanos ilustrados, a la medldariJeTTaT tradición occidental
moderna“ Süponeque las estructuras pragmáticas trascendentales,,
del lenguaje, mediatamente reco^tim dásTcoñfiéñé^am qdem i^.
_zSgióiQlu'stfad ato chidéhfaLcom o^su JeIos7 ~~
Pensamos que el lenguaje preserva un mundo histórico, nos da
Palabm^oalabfá que "es~diálógbr y Sbnzonterintersuhj etivo. El
horizonte lingüístico se abre como conversación, más ella no es

35 Cf. H.-G. G adamer, Verdad y Método II, Salamanca 1992, 203.


36 A. C ortina, “Una Ética Política, Contemplada Desde El Ruedo Ibérico”,
237. Cf. id., Etica Mínima, 153-154; id., Ética Aplicada y Democracia Ra­
dical, 204-205.

173
María C. Jugo Beítrán

necesariamente argumentación racional. Desde ese diálogo nos


constituimos, por lo que es. la solidaridad del reconocimiento lo
que. constituye, lo propio, y I x a s c e n d e x ^ T d g ] B s ; d e g e -
allí que disponerme - al donar.y-alnecibin deLntro^deLexd^Ov
me posibilita permanecer en la conversación. Cuando se ha cor­
tado esa disponibilidad, y no la argumentación, como el dar ra­
zones, se ha cortado el diálogo racional y puede dar lugar al co­
mienzo de la violencia. La universalización de la importancia
occidental de lo universal y de sus competencias de fundamen-
tación racional, así como suponer a la comunicación racional
discursiva como ideal regulativo de la conversación puede,
como de hecho históricamente ha ocurrido, poner eñ peligro los
derechos dé otras etnias y o culturas, entre las cuales están las
etnias indígenas americanas.

174
LOS DERECHOS DE L@S ROSTR@S
PENSANDO CON EMMANUEL LE VINAS
LA CUESTIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

Marta Palacio 3

1. Tres rostr@s

¿Por qué nos odian tanto?” Frase célebre pronunciada por una
mujer estadounidense que apareció en las portadas dé los prin­
cipales diarios de ese país luego del acto, terrorista del 11 de
septiembre de 2001.
"¿Es así como vienen a liberarnos? ” Expresión de un niño ira­
quí de 12 años, A lí Abbs, que sobrevivió al bombardeo que se
le hizo a su casa familiar en Bagdad. Tuvo quemaduras en el
50 % de su cuerpo, toda su familia muerta y tuvo que ser muti­
lado de brazos y piernas el 13 de octubre de 2003.
Lo p eo r que te puede ocurrir en África es haber nacido mu­
j e r ”. Exclamación de una mujer africana, relatada por una mi­
sionera religiosa que trabaja en Benin (África), agosto de 2000.

2. La pregunta del filósofo'

Debemos preguntamos si el liberalismo satisface la dignidad


auténtica del sujeto humano. ¿El sujeto alcanza la condición

Licenciada en Filosofía. Profesora de la.Facultad de Filosofía de la Universi­


dad Nacional de Córdoba. Profesora de la Universidad Católica de Córdoba.

175