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La Nueva Granada despues de haber jemido por el espacio

tle trescientos años bajo la tiranía española; despucs de haberse


• visto agoviada con el peso de las coutribucioncs; despues de ha-
ber sufrido el monopolio del comercio, ejercido por la madre pa-
tria; despucs de haberse visto sumerji la en la ignorancia por el
despotismo espafiol; despues, en fin, de haber sufrido cuanto ~e
puede sufrir <.leun monarca i de una ari tocraeia, empezó gra-
dualmente a pensar en los derechos que le dió el Hacedor Supre-
mo. Un rayo de luz empezó a brillar en la mentc de algunos
colonos, vasallos de Cárlos IV, i desde entónces tomó fuerza el
sentimiento innato de la libertad. Los derechos del hombre se
fueron reconociendo por los pobres esclavos, i bien pronto llega-
ron a preguntarse, llenos de asombro, los unos a los otros: i Por
qué nos domina Cárlos IV 1 i Quién es ese hombre i de dónde le
vienen sus poderes 1 Sus antecesores nos dominaron tambien, i se
declararon en el derecho de quemarnos en horribles hogueras •••
i pero quién les diú estos títulos 1 Dios pu o un mar inmenso en-
tre esta tierra i el viejo continente; Dios quiso que fuéramos
libres de los déspotas de Europa, i libres serémos.
El 20 de julio de 1810 se dió el grito de ind pendencia, i
una dilatada, penosa i heroica lucha se Siglliú despucs con el
poder español. Durant aquella guerra ,e desenvolvió el amor
al suelo natal,~e pudo reconocer una patria, i se discutieron los
principios del derecho natural. Mil victorias ellaron la indepen-
dencia de estas rejion~s, i desde entúnces jamas se ha separado
del alma el pensamiento de la libertad.
Los prohombres de aquellos tielnpos heroicos, conocicron que
en Colombia solo podian campear las instituciones democráticas,
i nos dIeron una Constitucion i alrrunas leyes, que formaron la
base de nuestra po. terior lcjislacion, i han formado nuestras pa-
siones republicanas. Gracias a lns virtudes de aquellos h9mbres
estamos hoi tan sedientos de la democracia, que nada podrá des-
viarla de nuestl'O suelo, nada podrá oponerse al torrente de la
civilizacion, nada impedirá que lleguemos uu dia, que está mui
cercano, a una federacion sabio. i tranquila.
- Las ideas dominantes en la N ueva Granada, souJas de una
democracia niveladora. Se quiere que los poderes conSt.i!~ciona-

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les se deslinden bien: que el Poder Ejecutivo sea un simple ad-
ministrador, con solo el derecho de iniciativa en el Cucrpo lejis-
lativo: que el mayor númcro posible de granadinos sea Hamado
al Poder Electoral, i que este dereeho se amplie: se quiere que
las altas digniriades salgan directamente de los votos del pueblo,
i que sean quienes fueren Jos escojidos, lo deban a su popularidad
i no a la intriga, a su' Yirtutles i no a su venalidad: se quiere
que las localidades tengan el e.'elu ivo goze de los derecho que
exiJen su' intereses particularos, i que la propiedad individual
est~ bien garantida: se quiere, en fin, que una responsabilidad
cierta haga (leseender de su asiento a los altos majistrados para
nar cupota de su conducta ante juezes independientes i amigos
del pueblo.
1 si nuestras instituciones están en pugna con todas estas
cxijencias de la nacion 1, no cncolltrnrémos en e to la causa de
nuestros disturbio. i de la inconstancia de nuestra lejislaeion 1
i o está patente la lucha entre las t ndeoeias populares i el es-
píritu de la COllslitueion 1 iNo se ve bien claro que habiendo
tanta contrariedad, hai tal~bien una propension perpetua a violar
la lei fundamental? La naeion está iempre disgustada i nllnea
encuentra u verdadera felizidad: pOI' ('sto s ineon ·tante i aji-
tada; por e to lija sus esperanzas en los hOlnbres que descuellan;
pero ellos no haeon nada sino multiplicar las disposiciones, for-
mar un caos i alejar 01 momento precioso en qu hemo' de deoil' :
está concluidn 7a obra-esl<í In nacíon bien orgalli;;;ada-tlcsc(I1lSCII!O~
Podemos citar en apoyo do IlU stras ideas a uu político respe-
table, a Con tant, que se espresa así: "Para que las instituoiones
de un pueblo sean esta bIes, d· ben e tal' al nivel de sus ideas:
entúnees no puede haber revoluciones propiamente dichas: i
aunque hai alguno choque i trastornos individua}es, algunas
mudanza. i purtidos, miúlJtras la ill'titueiolles permanecen en
aquel nivel, ellas sub. isten, Pero cllando se destruye la armo-
llía entre unas i otras, las rp\'olucion s son inevitables; ("stas en-
túnce concurren a restahlecer aquella; i aunque no es tal el
objeto de los rovol ucionario', s1 lo es empero cl ue las revolu-
ciones. "
E te principio quc juzgamos esaeto, manifiesta claramente
que 1m; honlhres que hacen la' con titueione. i las lcyes, son
rospon. ables de mucho: de lo tra 'tornos que se verifican en una
nacion, Aunquo los eiuuadano.' llue ('jereon el Poder Ejecutivo
pueden, ell mucho. casos, . er la cam;a principal de una rcvolu-
cían, esto no se \'crilica sillo por los ahuso que cometen; pues
desvirtuando así las in.titllciones, las hacen perder la armonía
indispensable con la ideas, i viene siempre a verificarse la exis-
tencia del principio,
En vano seria (Juerer desviar el torrente de las ideas demo-

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cráticas que empujan, por decirlo así, la presente jeneracion
BOJre las edades venideras. Sí, la presente jeneracion quiere que
sea hoi la Nueva Granudll, lo q ne el andar de los tiempos, por
sí solo, In haria ser tarde o temprano: la presente jeneraeion
quiere legal' a l[1.sjeneraciones v· nideras una organizaeion sabia,
una soberanía perfecta, una felicidad fundada en las institucio-
nes patrias.
--- i Qué nos falta, señores, para ser dichosos, para ostentar ante
la Europa todas las bellezas de nuestra patria '? Todo nos lo ha
dado el Eterno; pero los hombres públicos nos han negado una
sola cosa, i con ella nos han quitado todos los bienes; nos han
negado una libertad perfecta.}
La naturaleza, hermosa 'i fecunda en todo el territorio, pro-
mete al hombre todas las producciones del globo. Estos mismos
Andes tan elevados i embarazosos, encierran delicia os valles
donde arroyos cristalinos reparten a su antojo la fertilidad i la
abundancia. El hombre, sin hacer nada, puede vivir en muchos
puntos con solo levantar la mano para cojer los frutos que le
brinda la naturaleza silvestre; i nuestro in''tlenso terreno, casi
desierto, convida a todos los hombres del mundo a gozar de sus
riquezas.
El MBgdalena nos brinda sus corrientes para esportar todas
nuestras producciones, i el Meta nos lleva mar.samente al Orino.
ca, para ponernos enfrente de la i la de Trinidad, sin penas ni
fatigas.
Nosotros aplicamos a la Nueva Granada lo que dijo un polí.
tico hablando de la Am6riea del Norte: "Cuanto se presentaba a
la vista en estos lugares encantados tenia asomos de estar prepa.
rada para las necesidade . del hombre, o calculado para sus place-
res. Casi todos los árboles estaban cargados de fruta sustancial,
i entre ellos los ñ1énos útiles al h mbre, sorprendian sus miradas
con el brillo i variedad de sus matices. En una arboleda de li-
moneros de olor, de cabrahigos, de mirtos con ajas redondas, de
aeáeias j adelfas, todos ellos entrelazados con enredadeJ'(ls i be-
jucos floridos, una infinidad de aves, desconocidas en Europa,
hacian resplandecer 'LI.' purpúreas i azuladas alas, i mezclaban
su concertados gorjeos con la arlllonía de la naturaleza rebozan-
te de movimiento i de vida. 1 como estaba emboz(lda la muerte
col! esta recamada capa no se le cchaba de ver por entúnces, rei.
nando a mas de eso en el ambiente de aquellos climas, no sÓ<l1ué
influjo enervante, que apegaba al hombre a lo presente, j se le
daba poco o nada por lo venidero. "
Pero todas estas bellezas que la Providencia a manos Henas
nos legara, se han perdido para las jpncmcion's pasadas, sc cstán
perdieudo para la preseute. La Nueva Uranada debe hacer un
esfuerzo para alejar de su suelo las divisiones entre us hijos,

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para e tinguir esas odiosas pa iones que nos enfurecen i nos
pierden: debe abrirles S\lS brazo a todos los hombres del mundo,
dánrlole garantía i libertad.
Cuando Colombia pobr. i desvalida gritaba por toda partes
libertad J' cuando agoviarla con el peso rle sus penurias luchaba
heroica con! ra el poder espaiiol ; cuando tantos de sus oprimidos
hijos rC'gaban con su l'nn~rc el mismo suelo quc los \lió nacer;
cunnrlo tanta ,gloria i ('lltusiU~lno lIelluban el mundo americano
i qui(.n hnbí r~ pen. ¡¡do que pa1'aran tantos aiio' sin gozar de li-
bertaJ! Sí, tras lo· C'sl'uerzos hC'l'oicos de uua nacion que gritaba.
ser libres o 1IIOri,., debió segui l' el itlJperio de la de1l10craeia; mas
no fu(. así. Libre Co'ombia de los déspota de España guardó en
su seno la fune. ta senlilJu ue otro riespotismo, guardó altaneras
ambicioncs, halagó a los valientes jenerales que habian cruzado
la América del Sur, acti va, COIllO el1'ayo, para ahuyentar a sus
rivales. Para ahuYI>ntar a sus rivales, dijimo, porque pronto
quisieron reemplazarlos, i aun no libre esta rejion de sus anti-
guos seiiore1', el primer jenerul gobcrnó como 10 hicieran los
déspotas dc >riente, i con mentidas palabras engañó al inocente
pueblo. El Libcrtador por escelencia; cl que tantas vezes fué
proclamado Padre de la 1Jttlria j el terror ue lo vC'ncidos timnos;
eljelJ 'ral Bolívar, des1 ustrando sus glorias, reunió en su persono.
todos los poderes de la sociedad, i muchas vezes soiió en hacer
ostentacion de u osauía poniendo n su cabeza una C01'Ono..
Languidecía el pueblo bajo la opresion de su mi mo Liberta-
dor, a cuya sombra medraban otros tiranuelos en distintos puno
tos de la República, i entre io' vivas uados a la libertad, entre las
fiestas i los recueruos de lo triunfo, los colombianos no se acor-
uaban de que eran esclavos.... o se acordaban •••• ! No lo
comprendian porque no conoeian la libertad' no lo comprendian
porque la lnisma guerra de independencia fué la causa del des-
potismo mílitar' porque este mismo esfuerzo de la libertad en-
jendrú la dictadura; i porque entre el despotismo de Jos reyes i
el de no Lib rtador casi uo hubo interregno: de entre las ruinas
del uno se levantú potente i orgulloso el otro.
Lo. PruI'ilieneia, que encamina las naciones ácia el goze de
su benefleios, q 11iso quC' los puehlos viesen la verdad; quiso que
conocirsen la n¡.'ntira de l'sas pulahra Ji 'onjcras con que habian
fascinauo su mC'lltc, i el tirano ~iúcrtador "iú paliuecer su estre-
lb, oy() el último atlios u su buen j nio, i vió que Jos cimientos
de su futuro trono Jos devoró la libertad. Cayó el jelleral Bolí-
var, i auuque esle fu( un triunJo obteniJo por el pueblo, sinem-
bargo, estaba. l11uilé.ios Jo sus deseadas prerogativas, i el reinado
de la dcmocracia apellus se di visaba desde ]éju,;.
Algo habiamos alcanzado, porque derribar u dos tiranos, al
ménos es haber aprendido Il vencer; pero aun quedaban los hijos
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predilectos de la monarquía, los viles aduladores de Bolívar, los
preocupados enemigos uel sistellla republicano. El pueblo ven·
cedorl"contínuó sus esfuerzos para llcrrar por fin a verse uueño
de si mismo; pero combatido por hombre. que tenian carácter
público, lo:>progresosue la libertad ,'e han retaruado.
Hoi estamos en cspectati va: el período pI' sidoncial que
principiú en 1840 estCt llamado a ver la crisis política que por
tantos aiíos se ha retardado; porque a la veráad, t de qué nos
servil'lt que el partido liberal est, enseiiornado del poder, si tam-
bien se huef) déspota i remiso eOlno todos lo partidos venecdores 1
i De qué nos servirá el triunfo de los homuros si ,'e uos niega i
csquiva el de los pl'ILleipios i la prácticas '! t De qué nos servirá
ver humillados a los enemigos de la libertau si entre los vence-
dores se forlllan círculos opresores que detienen el vuelo de la
democracia 1 Nada adelantamos con las palabras si los hechos
no las siguen, i si los hombres públicos que las profieren !la se
l'esuel vell u dejar las viciosas instituciones que les dan teutueion
i poder de hacerse esc1usi vistas. Léjos de esto: tend rémos que
lamentar la pérdida de esto' mismos llOmures, en q uieucs el pue-
blo fundaba sus mas ql1eridas esperanzas, i solo habrémos adqui.
rido la dolorosa esperiencia de que la posesion del poder es ene-
miga mortal de las iueas democráticas, del pensamiento de la
libertad.
1 ciertamente: Jos hombres que, humildes aun, viven confun-
didos en la multitud, qneman inciensos en los altares del pueblo,
i enarbolan el stand arte de esa mil vezesquerida libertad; mas
cuando los cándidos pueulos los hall levantado pal'a sentarlos
bajo el solio del poder, entónces, al verse en tan distinta esfera,
desconeeen la santidad de la democracia i niegan, como el ingra.
to Pedro, n su Señor.
Pro, en fin, los hombres pílblieos que son int:!ratos a la mano
que los levantó, i que miran eOJl desdei10so caril10 alas mismos
que los so. tienen ; los hombres públicos que tal hacen, scrán
tambien desconocidos por el pueblo, mirados con desconfianza i
releg¡tdos al olvido. 'í, necesariamente; porque si bien es cierto
que el pueblo es c:1udido i sCllcillo, tambien lo es que está se-
diento de sus prerogl~tivas, qne está irnpaeiente, que está cansa-
do d!'l esperar; tambien es cierto que las lisonjeras promesas se
le han hecbo insípidas a fuerza de gustarlas; tambien es cierto
que ya conoce mni mncho la burlona sonrisa que acompaña las
promesas de los hombrús pClblicos.
De sonrisa en son risa, de promesa en prome -a, dc esperanza
en esperanza, van corriendo los ailos i la vcrdadera dem0cracia
nunca llega. 1 qué! t Yivirémos eteruamente en ese sueiio her.
moseado con tan dulces e peranzas que nunca se realizan 1 t Vi.
viré mas siompre como inocentes niños con cu a simplicilhtd se

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divierten los mayores? ¡, Vivirémos siempre gobernados con pa.
labras democráticas i con instituciones monárquicas? Oh! no
será tal.

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I

Las malas instituciones corrompcn las naciones, porque con-


duciéndolas de rcvolucion en revolucion, las acostumbran a VIO-
lar la propiedad, a ver correr la sangre de su propios hijos, i lo
que es mas funesto aun, a ver a los hombres que ejcrcen el poder
como sus tiranos, al lejislador como su cruel enemigo, i la lei
como un baldan. 1 a la vel'llad, i qu ~ pueden ser los ejecutores
de instit.uciones tiránicas sino verdugos que ejecutan los manda-
tos de un déspota? i Qué puede ser el hombre que, sentado en la
augusta silla del lejislador laoza en sus mandatos la discordia,
la muerte, el estel'lninio? i Qué pueden ser esos mandatos, o esas
leyes, si se quiere, sino los eloeuentes testimonios de la esclavi.
tud i la vileza? Si los pueblos quieren conservar su dignidad i
ser libres, tienen que corromperse, empezando por hacerse re-
voltosos; i si no son revoltosos tienen que ser esclavos i .doblar la
cerviz bajo un yugo ignominioso.
Si este yugo hiciera virtuosos a los hombres, debiera perdo-
narse a lo~ tiranos que lo emplean; porque i a qué mas ha de
aspirar una nacion que a la virtud? Cuundo se trilta de la na-
ciones la felizidad i la virtud son inseparables. Eotúllces los dés.
potas podrian decir a los pueblos: "os mandarnos auuestro antojo,
pero os hacemos felizes: adorad la mano que os e elaviza." Lo.
voz de la gratitud resonaria entúoces de uo estremo a otl"O,i los
hombres le airian al déspota: "reinad eternamente, porque sois
nuestro padre, i el reinado de vuestra voluntad es el del bien."
Pero por desgracia es mui rara la apariciou de aquellos hombres
como Salan, Licurgo i Moises, que arraigando en el corazon de
los hombres grandes virtudes los encaminaron a la felizidad.
Los hombres que tratan de dominar sin escuchar a los pue.
bias, sin tener en consideracion sus mas ardientes votos, los pri-
van de todas sus virtudes, para que ya embrutecidos lleven la
pesada carga, i lijeros obedezcan al chasquido dell~igo.
Nuestra Constitueion, que debiera ser esencia1¿peJltedemo-
crática, no lo es; pues como ya se ha dicho: "No lUi demacra.
cia aquí en donde solo hai una aparente independe'ñeia de pocle.
res, estando en realidad confundidos en las manos de un solo

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hombre: no hai democracia aquí donde estos poderes no son obra
de la voluntau poplllar, sino do una oleocion imperfecta i desna-
turalizada: no hai demooracia aquí en dondo se uiega el derooho
do sufJ'ajio i de ciudadnnía al qlle no tieno ciorta renta, pero en
dando 'í -o impone a e 'lo mismo el sacrificiu de su vida en caso
necefiariu: no hai domocracia aqul en donde el <3-uilierno e para
UlIOSpocos en cuanto a los hrneficios i para el pueblo on cuanto
a las carga': no hai demooracia aquí en donde el poder del funa-
tiSlll i de las hayonetas han sido la súlv:l"uardiu de los que han
tenido la autoriuau en sus nliltlOS; i final1f1ent " no Imi democra-
cia aquí en dando el Cóuigo fuudamontnlno es sino la parodia de
esos prinoipio francos i liberales que deben reinar en una ]'e-
pública. "
Fijarémos nuestra consic1eracion en un solo punto, que a
nuc tro modo dc ver los comprende todo',
Lo mas sagrado do una nacion, el podor que está IJamado a
sembrar la' semillas del bion, para que lo cosechen los puoblos,
el Cuorpo lejislativo, ha desmerecido casi siempre la confianza
públioa, ha sido oujeto del desprecio nacional. 1 a la veJ'dad
i cómo ha de amarso i re.'pctalse una reunion de hombres que,
fa cinados por lisonjeras esperanzas, hacen causa comun con el
poder i en sus actos rlesoycll el voto nacional? i Cómo se ha de
confiar en hombres cuyo sustento, cuya vida, dependen de un
PresidellLe qu los ha hecho Jejisladores i les ha sal,ido lisonjear
la vanidad?
Cuando en una corporacion hecha para establecer garantías,
evitar el mal i promover el biell, se reunen hombres enviados por
el poder i no por lo pu blos, o cuando estos hombres hacen ttai-
cion a 'us comitentes, entóncos 'c acaban los vínculos, i todos los
respetos: enlúnces se alarma el honrado ciudadano, porque ve
amenazados el porvenir d su patria i su adorada libertad. i 1
quereis, granadino" quo el sauto fuego de la independenoia no
brille con todo su esplendor cuando una mano alevosa qui re
apag 1'lo? i Quereis que esta loca pasion que nos domina, que
nos arrebata, que nos vuel vo locos; que este ardentísimo amor a
la libertad permanezca mudo i tranquilo cLlando se amenaza su
ídolo? El quo ama la libortad la cela con toda el alma i en todos
los momentos de la vida; todos sus I}(msamient'ls i afectos se di-
rijen a ella, i J1('O"ara perrlerln. seria perder el pensamiento, seria
perdor el corazon, seria morir. La libertall es una hermosa llena
de encanto, a quien adora el lago 'o rppllblicano, i cuando la
pano en malla' ele sus amigos le palpita el corazon, ostá inquieto
i a la menor descortesía vucla rabioso a defenderla. Engroido
con su dicha no ve sino a su hermosa en todas partes, i hasta en
sus gratos ensueños la acaricia i la venera.
Cuando un Congreso huella los derechos del pueblo i menos-

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precia sus votos para unirse al Presidente de la Macjoll, elllúnces
hai un amago contra la soberanía, i se necesitan grandes virtu-
des en los ciudadanos para que no se lanzen contra una eorpora-
cion que los ataca individnalmcnte cuando ataca lo:; derechos
colectivos: elltónces.puede haber una terrible conmociono
Preciso e , pues, quitar al Presidente de la República todos
los medio de dosvil'luar la mi 'ion del Congreso, • i se quiere que
haya rp peto por este poder fundam ntal i por las Joye ,
Léjos de nosotros la idea de que ntre los granadinos haya
muchos capazes de hacer traicion a su patria; l(ojos de no otros
la idea de que todos los ciudadanos que han venido a de empeñar
el santo encargo del leji Iador hayan estado v ndidos al poder.
o: si el honor i la dignidad no fueran un patrimonio de la ma-
yoría de los granadino, ni esta riamos libre del poder e pañol,
ni mereceriamos estarlo; . i el honor i la dignidad no fueran dos
divinidades adoradas por los hombres libres i qué seriamos hoi !
Pero cuando el Poder manepdo por hOlllbres ambicioso pue-
de penetrar en el recinto dcllejislador i hacer ostentacion d :;us
riquezas; cuando el Poder pcnctra en el augusto salon, i empie-
za a scrialar con su enfático d do lo plllltoS culminante- de la
sociedad; cuando cada uno de los lejisludores puede lisonj('arse
con la esperanza de pararse en esos pUlltos; i eu fin, cuando el
Presidente puede, con una sola mirada, arrojar en ulla profunda
sima al impolente lejisladol'; entúnees los pueblos pueden des-
confiar i desconfian realmente.
1 si por desgracia las virtudes republicanas, cansadas de lu-
char contra la seduccion i I:1s intrigas, abtlndonan el campo a la
ambician i qué harán los amantes entusiastas de la libertad? Si
un prcsidente amañado al mando qui 'iera poner en accioll los
recur os que le dan las instituciones viciosas ]Jara sourpponerse
a todas la volulltades i a todos los respetos i qué harian lo hom-
bre d una alma ooble i orgullosa? o s quedarian tranquilos,
ni serian viles spectadores de su lllelJCrua i su baldan: corre-
rian a impedir la usurpacion, i a tomar de lluevo los derechos
que habian delegado a los viles que aSI vendifln su libertad.
Si un Congreso, formado por inlluencias estrañas i sinie tras,
qui iera desconocer la soberanía que reside en el pueblo, i reu-
nir en un solo hombre todos los podereR; el pueblo temlria dere-
cho a disputade su oberanía i a quitarle los derechos otorg!ldo
con la espresa condicion de hacerlo todo por el pueblo. Sí, pue-
de despojar de toda inmunidad a hombres illdignos de gozarlas;
porque i qui'n tendrá valor para decimos quc una nacian debe
canse rvar en su gracia a ciudadanos ingratos que la vti'nden ?
i quién nos dirá que debe aceptarse la esclavitud cUllndo la im.
ponga un Congreso?
Si al ménos ese Congreso fuera una obra escJusiva de la na-

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cion, tal vez podria decirse que debia scr consecuente consigo
misma i respetar sus propias creaciones. Pero cuando 10 votos
de los asociados se han dcsvi rtuado al pasar por d istiatas escalas;
cuando las ianuencias pecuniarias i la ielea de los honores vie-
nen a poner el egoismo Jonde debiera estar el patriotismo; cuan-
do instituciones viciosas, hechas en el momellto del triunfo, le
dan a un Presidente la facultad de hacer lejisladores a sus cria.
turas, i ele prcmiar i castigar; entónces la nacion no pueele ver
en ese Congre. o silla una reunion ele egoistas, enemigos suyos,
una conspiracion contra su libertad i su existencia.
Creemo que estas cosas tienen una gran parte en la impo-
pularidad de nucstros Congr '0. i en nuestras periódicas revuel-
tas, i que e tundo el vicio en la Constitueion, es forzoso reme-
diarlo. 1 si la lleva Granada \'i "ra pasar muclto' Congresos
uno tras otro sin prohijar ta" Je 'cadas reformas i qUl~ haria-
mas? Seria preciso promover una conmocion violenta; seria
preciso e1errihar todo lo existente, sin dilacion, para levantar de
nuevo el edifICio, i levantarlo sólido i herma 'o.

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uestra Constitucion tiene muchos rasgos monárquicos i por


cons cuencia opuesto~ a las ideas dominantes hoi, no solo en la
ueva Granada, sino en muchas otras IHlcione'. De aquí nace,
como ya hemo' manife 'lado, la impopularidod de casi todo lo
que viene de ella; pues el pueblo, celoso de u libertad, no quie-
re que se le prive 11ide la mas pequeña parte de su natural 50-
beraní':J
Constant, hablando de las prerogativas reales, diee que la
primera faeultad del rei es la de nombrar i destituir el Poder Mi-
nisterial, prerogativa real que tiene tambien el Presidente de la
N ueva Granada.
Este poder, que reside en el rei, se ha consirlerado como
esencialmente distinto del Poder Ejceutivo quc reside en los mi-
nistros de estado. Se ha visto como indispensable en las monar-
quías, pucsto que se ha Cl'eido necesario que el rei sea un poder
neutro que mantenga el equilibrio ent.rc los otros poderes. Así
es que el publicista ya citado refiriéndose a la Constitucion in-
glesa dice: "Si la accion del Ejecuti vo, es deci r, de los minis-
tros ~s irregular, el rei le destituyc; si la del Repre entativo es
funesta, disuelve el Cuerpo Representativo, i n fin, .¡ la del Poder
Judicial es dura oJuui gravosa, miéntras quc e te aplica a las
acciones individualcs penas mui severa, el rei templa esta ac-
cion por su derecho de hacer gracia. "
osotros creemos que este poder neutro, que sirve para ate-
nuar la accion de lo otros poderes cuanclo abusan, puedc tam-
bien servir para detencr sus tendencias benúficas, puesto quc el
uso de tales facultades e tá en manos dc un hombre cuyos juicios
no son infalibles, i cuyas pasiones puedcn conducirlo a cometer
actos despóticos.
El derecho de destituir a los ministros de estado hac ue no
haya una completa independencia en ellos, i que ced u las
influencias de la humanidad, que pesa sobre todos los' hombres,
marchen siempre de acuerdo con el que ejerce esteYoder Real,
que entre nosotros es el Presidente de la República,
Por otra parte, parece poco filósofo i humano el que se im-
ponga a los ministros una tremenda responsabilidad cuando se

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hu dejado en manos del rei, o :"C'aud presidente, un meuio coer-
citivo umamente poderoso. i IluLrú muchos hombres tan libres
i pundonorosos que profieran descender de las cumbrC's n que
se hallan ¡ínt('s que cOlnl'lacC'r a su Señor? Si acaso se hallan
será en Jos gobiernos verdaderamente denl cnUieos, en que es
mas (¡til adular al pueLJo que a los que transitoriamente tienen
el poder.

La sC'gunda prerogativa dc Jos reyes es el velo, es la sancion


de los actos lC'jislativos, sin la cual llO pueden tener fuerza de leí.
E h facultad, que resiu tambien en el Pre,idente de la Nueva
Granada,ti"ne el defecto de anular en muchos ca ·os la repre en-
tacion nacional.
Los qn sostienen esta prcrogutivu se fundan en que solo
aquellos qu' conoc n los embrll'az s d la Administraeion pue-
den conocer los i:lconvenientcs d" una lei, i cn que siendo el
presidente el qU<ldeLe cjecutarla, es precio o que esté a toda su
sati -filccion para que la ejecutc con gusto. ,
Esto es deferir absolutamente a la voluntad de un ola hom-
bre, que jamas puede teller la sabidur1a i los conocimientos prác-
ticos que se encuentran en la reunion dc muchos. 1 si sc consi-
dera que '010 Jos hombres qne están palpando las dificultades
administrativas pued 'n conocer las ventajas o inconvenientes de
una lei i por qné no se les da a ello' solos la facultad de lejislar?
i para que· se ha crendo un cuerpo lejislativo, que úespucs de
oca iOllar ¡rrallde ga:<los i dc trab¡ljar a 'iduamente, ye que sus
votos encallan en el gahinete pre.·idellcill]? 'i 'e quier~ llevar
las consideraciolles debidas al qne ejerce el Poder I:.jpcutivo
hasta el estrelllo d hacor todo ]0 que (.l quiera, i de n hacer lo
que le Inoleste, es llIC'jor reunir en él todos los podere ; porquc
conoeida la tcm/encia que tienc el honibre a estender Illas i mas
la esfera de sus facultade', convendn:mos en que le seráu mo-
lestas todas las ley"s, todas las restricciones.
El Presidente de la República, colucauo allí por el pueblo
para ejecutar la voluntad nacional, tiene que ser fiel al solemne
juramento qu hu prestado, i no puede tener otra vol untar! que
la que el cuerpo soberano estampa en su códigos. Si él quisiera
dejar de ejecutar un acto lejislati\'o, cometeria un atentado con-
tra la 'oberanía nacional, i por consecuencia denía dcscender a
los tribunales a respolluer ele su conducta.
La soLeranía, como dice Rous 'eau, e . indivisible, i no pUflde
promediarsc entre el Congreso i el Poder Ejecutivo. Cuando hai
conllieto í oposieion entrc e 'tos dos poderes, la vo]ulltad de uno
de los dos triunfa, i el que queda vencido no puede llamar e so-

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-13-
berano. 1 en efecto, sienclo la soberanía el ejercicio de la volun-
tad jcnerul i CÚIlIO puede ella cxistiJ' cuando se anula esta ente-
ramente, cuando se depJ'ime, cuando se rec.haza ?
No debe existir esta facultad en una Constitueion democníti.
ca porque ella ••taca al verdadero sobernno; i aunque nosotros
creemos que este está en el, pleno derecho de irrespetarla, uo
• desconocemos que tal acto haria perder al c6digo fundamental
el prestijio i respetabilidad que necesitan Ins leyes.
Que el Congr 'so, en el cual suponemos que reside la volun-
tad jeneral, está en el pleno derecho de irrespetar aquella facul-
tad, es uu hecho que n<Jee necesariamente de la naturaleza de
que está investido; i si no pudieJ'a hacerlo en el momento fJue
fuese tal su volunt.ad, dejaría de existir la soberunía. No puede
decirse que la nacion ha cedido al presidente su soberanía en
este punto, roí'que siendo est.a el ejercicio de la volunt.ad jeneral,
no puede ser reemplazada por la voluntaJ particular, i por esto
no puede ennj narse sín dejar de existir.
Los abusos (Ii:e pu ,de cometer un president.e, en el Pjereicio
de la facultad en cuestion son mucho " pues que ella lo pone en
capazidad de sujetar el Congreso a los inlerpses privados, ya
propios, ya de sus favorecidos. 1 es nlui (Iigno de lamentarse que
cuando todos los inconveniente. enunciados por los que sostie-
nen esta prerogativa hubieran desaparecido con la simple facul-
tad de objetar, se haya ocurrido al remedio mes funesto. Miéu.
tras mas luzes concurran a la confeccion de las leyes mas pero
fectas serán: por esto convenimos en que será mui útil conceder
al Poder Ejecutivo el derecho de objetar las leyes; pero por la
misma razon descamas que las luzes ele muchos no tengan que
plegar a la voluntad de uno solo.

Sigue la tE!rcera prerogativa de los reyes, que consiste en el


nombramiento de los juez s, i que por sllplle to la tiene tambien
el Presidente de Iluestra Rc¡rúblicft.
Partienclo do! principio de que tOlla las majistraturas deben
ser populares, miramos con odio el ('jercicio de e 'te derecho
cuando no es el pueblo el que lo 'jen·e. El nombramiento de los
alt.os funciouarios es lIJl0 de los derechos esenciales a la~)'a.
nía; porque cuando el pueblo espresa su voluntad quie~~be se
ejecute bien, quiere quedar saLislccho, i por consiguiente los fun-
cionarios deben ser hechul'tl suya. Cuando 61 ve que no se ad.
ministra justicia como lo exije el verdadero espíritu de la lei,
cuando no le inspiran cOllfiaJlza los hombres que ha escojido el
Poder Ejccutivo, ent6nces las decisiones no gozan de aquella
popularidad que necesitan.

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-H-
Cuando el pueblo hace los nombr::LI'nientos tiene bastante eUI.
dado de scojer a los hombres de probidad i de luzes, puesto que
va a poner en sus manos su. intereses, ¡;u misma vida; puesto
que él seria la víeLima si cf;eojier(l juczcs inmorales o ignol'llntcs.
Por otra parte, el pueblo tiene en sus manos la sancion mo-
ral, i el juez que llegurlt a prostituir la dignidad de que se le
habia invest.ido, spria destcrrudo para SlCmpre del santuario de
las le) cs. Esto scria tallLo mas seguro cuanto que el qtle tcnia la
facultad de aplicar Jie!J;l sancion seria el mismo OD l1I,lido, seria
el pueblo que se veia amenazado dia por dja individual i colecti-
vamente: los juezes convencidos de la seguriJad de su castigo
serian rectos.
i Pero en qué se f1mda el !Jecho de conceder al Poder Ejecu-
tivo la facultad de nombrar los juez s? Los que han querido
sostener las prcrogativas reales, pOI' adular a su monarca, !Jan
finjido creer que el pueblo es mui susceptible d equivocaciones,
i que los errores del monarca sen, i tienen q uc ser por necesidad,
mui raros; pero nosutros, que no podemos conc d rles a los re-
yes ninguno de los atributos de la Divinidad, decimos c,ue esto
es falso. Las jntelijencias, que están confundidas en las masas,
i sus propios imereses, ilustlan al pueblo sobre aquello que le
conviene: los reyes sue!C'n pensar poco cn los intereses del pue·
blo i mucho en su auloricl~ll i ~11 poder. El que ejerce este dere-
cho real puede s ntar en lac sillas majistrales a hombres que ha.
gan lo que él quiera, puesto (Iue el nombramiento puede ser so
cond'Ícioll ..
En!Jol':lbu na que el dueño de e'la prerogativa no tenga el
del' eho de destituir a un juez s•... auo la clase que fuere; pero si
tiene el derecllo de reelcjir a los mini 'lrns de lo tribunales, i
de sulJir hasta esta digni la'[ a los jl1CZI's iof;'riorcs, ticne en sus
manos un gran poder, un gran mrdin de influir. Tan lisonjrras
cspcranzns ti(,I1t·Ji que cjercl'l' su f'ullrsta influencia en la frájil
humnllidad (Iú 1111padre car;5Hdo de hijos, de un \'jejo avaro, de
un jr,ven pródigo, i en liu, de tudos lo.' hombrc.·,
Exanlinell1o' con cuidado u los <¡lle sostien n esta [¡lIsa doc-
trina i los I'CrÍ;rnOHsalirse (lrl eampo de la lújica, para p rdel"e
dcspurs cn lo ]ab rinlos dI'] sofisma. Si ueaso puedell mirarse
como hn •... nas razonps los f'undalllcntrJS que ellos pr •... srlltU1J, es
solo considc/'i'¡nd(JlrJs en re1ucian íntima con el sistl'ulll monúrq ui·
ca: i aun así, solo podrian <;ulllprtlr •...
n monarquiaspoco liberales.
Así pues, el dr.recho qne liene el Prrsidcute de la Nueva
Granada de nombrar los juezes, no e5Lí ('undado en Iluda, silla
en los vicios garZos de que se resicut •... n aun todas nuestras obras,
No esl;'¡ fundado en la r;1zon, i los hpchos que no tif>nctl cstn base
son vic:iosos drsde sus cí nipntos; lJo\' c:ollsiguielltc en ni reinudo
de las 1uzes i de la. democracia debemos llamar a la l'azon, para
no hacer nuda ~in elltl.

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-15-
i Quién debe, pues, haccr estos 1J0mural1liantos -/ El pueblo.
Ya hemos manifcstauo algunas razoues que conducen a probar
que cs capaz de desempcñar bien esta sagl'flda fUlJciOl1, Taml,icn
le corres!,on le 1'01'la razon i la justicia; pues eua.ndo los hom-
bres han sometido al dictado de la. Iei, e decir, a la voluntad je-
neral, sus intereses i su vida, tienen derecho a tomar todas in
proYirlencias posibles para quc no se cometan abusos qtle podrian
perdcrlos,

La cuarta prerogati va de los reyes es el derecho de haccr


gracia, i por supuesto la tiene tambicn cl Presidente de la Nue-
va Granada,
Este derecho cstá fundado ti la teoría dc los gobiernos mo-
n¡írquicos, lomismo que 1 'velo i la facultarl de t1estituir a los
ministros rle Estauo; está fundauo en aquella teoría que da al
Poder Real la misiou de temperar los demas porlercs, i que no es
en efecto sino la facultad de anular los actos dcl Poder Judicial.
Verdad cs que esto tipne su oríjcll el] un sClltimicnto de humani-
dad, al lnislOo tiempo que en la imposibilidad de hacer una lei
para cada hecho; pero tambien -s verdad que llluchas vezps las
buenas instituciolles se rcsienteu de vicios que las desvirtílan, o
quc hacen daño a la bond¡rd de otras disposiciones, quizá esencia-
les al sistema constitucional. La facultau de f] ue tratamos tiene
el gravc inconveniente de confundir el Pod('r Judicial con el Po-
der Ejecuti vo cuando está cn manos del Presidentc dt~la Rcpú-
blica, i sin dejar dc ser uuclla 1m podido ser mal colocada al
distribuir los dcrcchos dc cada poder.
i Qué dcberémo' haccr, pues, rn est conflicto 1 Concederle
estu facultad a la Corte Suprcllla dc .Jl:sticia. De c ta manera sc
const'guirá q uc se con 'CJ"\"C intacto el Puder.r udicial, i '1uitúlllJole
al Ejecutivo el del' 'cho de nomurar los llliuistros quec/al'll tum-
bien indepeudientc. Así sc consegui rlÍ q uo al hacer gracia se
llllga con mejor conocimicnto de cuu -a; pues hombres profundos
en el dcrecho i en cl conocilllicnto del CQrazotl humano, valuar:ln
las circunstancias atenuuntcs i agravuntcs, i califlCUl'Ún mcjor
los motivos de eonl'ctli,)ncill pClulica.
Si despues de las obscrvacioncs prccedcntes pudiél'amos de-
cir aun que el Pro -illcut dc In Nueva Granada en't perpetuo
¿ qué diriuis vosotros libérrimo. fTl'Unadinos 1 Dirlais que la
N neva l~j'unalla cra una l\lonarq uia, no una Rcpública.

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IV

Consideramos eomo defectos constitueionales todos los que


afecten directamente la existencia, independencia o separacion
de los poderes fundamentales, aunque no estén comprendidos en
la Constitueion : ellos pueden existir en las leyes orgánicas, en
las que asignan sus atribuciones a los diversos funcionarios i en
aquellas que asignan lugar a los empleados en cualquiera de los
poderes. De estas últimas es la lei que declaró que los fiscales
de la Corte Suprema i Tribunales de Distrito son miembros del
Poder Ejecutivo, sacándolos así violentamente del lugar que les
corresponde.
Este hecho introduce en cierto modo el Poder Ejecutivo en el
Judicial, dándole la facultad de acusar i la de dur'su dictámen
sobre los juicios, lo cual corresponde esencialmente al último de
los poderes mencionados: los que tienen la facultad de aplicar
la lei alas casos particulares son los que tienen naturalmentc la
de vijilar sobre estos casos i someterlos aljuieio ; pero darle esta
facultad al Poder Ejecutivo, es investirlo de un poder enteramen-
te estraño al caráctcr de su misiono
Cuando un fiscal tiene que dar su dictúmen sobre un hecho
criminoso, tiene que imponerl>e de todas las pruebas que corren
en el espediente, i f(!)rmado así B!t juicio, escribe cl proyecto o
base dc una senteneia: si el jucz se conforma con ella es evidcll-
te que el fiscal ha tenido WJa directa influencia en esa condena-
cion o absolucion ; i como este funcionario es miembro del Poder
Ejecutivo, resulta que este ha tenido una influcncia dirccta en la
sentencia.
La l'azon principal en que sc apoya sin duda esta disposicion
es la de quc, siendo el Poder Ejecutivo el encargado dc velar en
que se le dé cumplimiento a la lei, es preciso quc tenga en su
mano los medios neccsarios par:l llenar esle debcr; pero no o-
tros creemos que el cará 'ter esen ial del Poder Ejccutivo es el
de administrador, i que cl deber de vijilar en el cUlnplinliento de
la' leyes les corresponde a lodos los ciudadanos, a las COI' '
nes parroqniales, cantonales, provinciales i nacionales"
tiempo que al Poder J udicia!' .,
Corresponde a las corporaciones mencionadas, I rque cllas
colecti vamente represenlan los inlerese;; nucionale , i estando
•.2

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- 18-
estos intereses garantidos por Jo. Constitucion i las leyes, us
guardianes naturales son los mismos interesados. Por otra parte,
estas corporaciones son o deben ser delegudas del pueblo, i sien-
do la lei lo. espresion de la voluntad de los pueblos, tienen el de-
ber de vijílur en el cumplimiento de estas voluntades.
Corresponde al Poder Judicial, porque él está encurgado de
aplicur su sancion a todas las violaciones de la lei, i para cumplir
su mision necesita comprobar la culpabilidad, cuya funcioll tiene
el fiscal.
El deber de denunciar los hechos i pedir su acusaeion debe
tenerlo el Poder Ejecutivo,· porque si los simples ciudadanos
están obligados u ello i cómo no lo estarán los hombrcs promi-
nentes a quienes la nacion ha honrado con su conuanza? Para
esto no hai ob táculos de ninguno. clase; pero tampoco hui neceo
sidad de declarar quc los fiscales corresponden al Poder Ejecu-
tivo, ni m6n08 de concederlc el derecho de nombrarlos i remo-
verlos a su antojo.
Segun la orinion de algunos publicistas, con los cuales esta-
mos enteramcntc de acuerdo, el Poder Ejecutivo se divide en dos
ramas: la una es la judicial i la otra la administrativa. La pri-
mera aplica su sancion a los. quc no cumplen lo que les manda
la lei, sea afirmativa o negativamente, i la segunda cjecuta la lei
sin aplicar sancion ninguna.
Esta difcrencia entre las dos ramas cs tan digna de 11otarse,
que nos parece que basta comprenderla bien para conocer cuán
cxóticas on las funciones dc un fiscal colocado en la rama admi-
nistrativa. Las funcioncs de csta, como acabarnos de manifes-
tarlo, son las de ejecutar la lei sin aplicar sancioll alguna, i las
del fiscal son las de aplicar la saneion legal i hacer que los tri-
bunales la autoricen.
Pero en fin, sea de csto lo que fuere, nosotros pasarémos ade-
lante.

El Poder Ejecutivo tiene la facultad de nombrar i remover


un gran número de empleados, i este derecho pone en su mano
uno de los medios mas pouerosos de enajenarse la volu¡¡tad de
muchos ciudadanos. No hai necesidad de que tenga esta funcian
el mencionado poder, i ademas es sumamente nocivo para las
libertades individuales; porque lCY3 hombres aSLsometidos a un
poder despótico, naturalmente se rinden a una voluntad que no
es la suya. Esto manifiesta que un. Presidente cuenta entre no-
sotros con una falanje mui respetable que secunde sus miras
sean las que fueren; i si el número de empleados es mui grande,
la soberanía nacional sufre un amago mui dañoso para la libero

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-19 -
tau. COIllos destinos que ofrecc puede influir en lo presente,
con los que pueue dar i quitar influirá en lo venidero; de donde
se infiere, que una gran parle del presente i otra del porvenir
estún en su mano. p

Estas razones se enrobustecen mas cuando se ve que la in.


mensa lalanje de hombres dependientes del Poder puede tomar
asieuto en el cuerpo lejislativo. Llamado ellejislador a espresar
la voluutad nacional i teniendo la suya propia enajenada, escla-
vizada i podrá cspresar con dignidad i crijir en lei los votos de
la nacion 1 Esto no sucederá casi nunca, porque las grandes vir-
tudes no son mui comunes, i el egoísmo domina con vigor donde
debiera dominar el patriotismo. Esto afecta indudablemente la
independencia de los poderes; porque si todos los representantes
dependen uel Poder Ejecutivo, es evidente que el Poder Lejisla-
tivo le está subordinado.
Ménos funesta nos pareceria la facultad de disolver el cuerpo
que representa la nacion; pues si los diputados escluidos eran
reemplazados con ciudadanos independientes, nada o poco ten.
dria que lamentar la soberanía del pueblo. Ellos se presentarian
con toda la dignidad de uu patriota a espresar los votos de la
nacion i no por esto verian anublado i tempestuoso su porvenir;
miéntras que el hombre que con una sola voluntad del Presiden.
te puede ver apagadas sus mas lisonjeras esperanzas, el bienestar
de una esposa i la felicidad de unos hijos queridos, este hombre
110 puede ser libre sin ser un Decio, sin ser un Régulo. Estos
patriotas que han aparecido en el mundo como meteoros brillan-
tes, como otros tantos rasgos de la divina poesía del Eterno, estos
patriotas no tendrán acaso imitadores en el trascurso de muchos
siglos. La edad presente que ve jerminar por donde quiera una
jeneraciou metalizada i egoista i podrá darnos ejemplos tan su-
blimes 1
En las repúblicas deben ser independientes todos los emplea-
dos, todos los ciudadanos en jeneral ; pues la úniea dependencia
pasable es la que se tiene de la voluntad del pueblo que es el so·
berano, i por consiguiente de la lei, en cuanto al desempeño de
los deberes que se tienen en la sociedad. La dependencia de las
personas es odiosa i contraria al espíritu de la democracia.
La propiedad de la mayor parte de los destinos convendria
quizá que fuese periódica, i en este caso i cuál seria el período
que debiera adoptarse 1 Creemos que seria conveniente adoptar
el mismo presidencial, i siendo así, tal vez no habria inconvenie
..iJo---
te en concederle al Poder Ejecutivo la facultad de n t;
pues la influencia que ejerciera entónces sobre los ci.u lt anos
seria influencia de un momento, brillaria como una. ~ alacion
para desaparecer eternamente: los nuevos empleado ntrarian
a desempeñar sus funciones con toda la libertad e ind andancia
imajinables, sin agachar su cerviz sino delante de la 1

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Podria tambien recompensarse eJ' múrito i la honradez de los
ciudmlanos que habian desempeñado bien sus destinos; porque
el Poder Ejecutivo, no pudiendo ser indiferente, por su propio-
interes, a estas eualidadcs, estaria en el caso de reelcjirlos. Si
el Presidente de la República no creia convcninte usar tic este
derecho, los empIcados que no fuesen re lectos, no tendri:m ni
en apariencia, el Jerreho de atacar al Gohierno ni de llamarlo
arbitJ·ario. La id a de propiellall, la de invi.olabilidad, la de pcr-
petuidad aplicadas a los empleados, desapll.recerian pll.rasiemprc,
i no podrían por c nsecucncia cchar esas profundas raizes que
tan fun stas son para. 1a paz i para el ónlen.
El Presidente de la República ticne que administrarla ayu-
dado de hombrcs que no 'chen por tierra, o al ménos que no en-
torpezcan, el plan administrativo que él se haya propuesto:
cU:lntlo una pec¡UClla rueda de un:l máquina deja de moverse, o-
se mueve irregularm nte, la máquina'entera se trastorna, i sus
protluctos, si los da, 'on imperfectos. En virtud de esto el Poder
Ejecutivo se ve boi en la durísima necesidad de destituir a todos
los empleados que pucden scrle hostiles, i los individuos a.fecta-
dos cousideran cste paso como un atentado contra su propicdad,
se lanzan en la mas cruda oposicion i suelcn trastornar el órden
i ahuyentar la paz. Nada de esto podria succder si ellos su picran
que llegado cierto dia terminaban todas sus funciones i todos sus
derechos.
Sin empeñarnos mas en esta cuestioll la entregaré mas a los
caprichos del destino i seguir6mos adelante.

La facultad que tiene el Congreso de perfeccionar la eleccion


de Presidente i Vicepresidente no es en rcalidad otra cosa que
la facultad de dcstruir todo lo que el pueblo ha hecho en la. ma-
teria. 1 a la verdad i qué hace un Congreso cuando le otorga la
dignidad presidencial al que ha obtenido menor número de votos ~
Destruye la obra cmpezada por el pueblo, que estaba diseñada
en cl candidato que obtuvo mayor número de votos. i 1se qu iere
que cl pueblo permanezca indiferente cuando se le defraudan sus
derechos, cuando se le da una pru ba del insultante desprecio
con que se le mira? El Poder Electoral reside en el pucblo, i 01
Poder Lejislativo lo comhate i lo anula, gritando sinembargo, a
voz en cuello, que representa la voluntad popular.
Perfeccionar, como se ha manifestado en otra parte, es acabar
enteramente alguna obra, i el único medio que puede tener un
Congreso de perfeccionar una eleccion empezada por el pueblo
es hacer el escrutinio, declarar elccto al que baya obtenido ma-
yor número de votos i ponorlo en ejercicio do sus funciones.

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-21-
Pero decir que no quiere escojer al que el pueblo le ha indicado,
i en efccto escojer otro, eso no es perfeccionar, eso es destruir i
hacer de nuevo.
De estas observaciones se infiere que los lejisladores hicieron
uso de una palabra impropia cuando dijeron que tocaba al Con-
greso perfeccionar la eleccton tic Presidente i Vicepresidente,
escojiéndolos entre los tres que en su respectivo ca o hubiesen
obtenido mayor nCirnerode votos.
i no se tienen en cuenta las mayorías nacionales, no hai
nada que puede servir de norte para conocer la voluntad domi-
nante en el pueblo. i Se preferirán acaso las minoría ? Esto
seria absurdo: i sinembargo, muchos creen que así debe se 1', fun-
dados en que las intelijencias son las que deben gobernar i en
que estas estún en minoría en todas las naciones.
Los que así juzgan se olvidan de que las intelijencias estún
esparcidas en la sociedad i de que solo se encuentran como las
tlores en las selvas, distribuidas acá i allá, o entrelazadas con la
zurza i los abrojos. De esta dispersion nace que las intelijencias
no puedan aparecer, euundo se traLa de votos nacionales, sino
envueltas en la multitud, i que no se puedan formar en tales
casos minorías respetables. Por la mi ma razon seria inCitilpesar
los votos en lugar de contarlos, como lo quieren algunos, i solo
seria ventajoso i aun necesario si las intelijeneias i las nulidades
estuvieran deslindadas i ocuparan rejiones di tintas en la so-
ciedad.
Cuando se toman indistintamente algunas porciones del pue-
blo, en cada una de ellas se encuentra un mayor o menor núme-
ro de intelijencias ueseollanLes; i miéntras mayor sea el número
de individuos comprendido en cada masa, mayor será el de las
intelijencias. Vease, pues, que respetando las mayorías se res-
peta la intelijeneia, puesto que en el mayor número es csta ma~
abundante que en las minorías.
Los de 'precios que se hacen a las mayorías se consideran
como amagos hechos al soberano que es el pueblo, i produciendo
un profundo di gusto, producen tambien la impopularidad de los
hechos respectivos, porque no emanan de aquellas. E,;ta es una
de las razones en que uos apoyamos pam creer que el Congreso
no debe inLcrvenir cnla elecciol1 de los des primeros majistrudos
de la Repílbliaa sino como simple e 'crutador; pues pudielldo
escojer al que ha teuido menor nlnnero dc votos, está e pu sto a .•
cometer con frecuencia actos tau impopulal'e' i fune tos q,l1éle
cuesten mucha angre a la nacion. ,
Se dirá quizás, que estando los sufrajios repartidos e 'tre mu-
cho. candidatos, puede suceder que el mas favorecido o reunu
la mayoría de los concurrentes; pero porque no haya uQa' abso-
1uta popularidad i debe escojerse al mas impopular? i 'r..~dr6.1l
/

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- 22-
derecho de hacerlo los que han venido a espresar los votos del
pueblo?

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v

La libertad, al panel' su benéfico pié cn el continente ameri.


cano, lo alumbró con su brillante antorcha, j desde cntúnces las
intelijencias han reflejado su luz, han rcsplandecido tambien.
Sin ser enemi.rros de la Nueva üra.nada no .·c le pueden negar
los adelantos que ha heeho en m(.n08 de m('dia centuria, j casi
p demos decir que los granadinos, en su mayoría, cnnocen hoi los
derechos que tienen como ciudadanos i jnzg;an hi n sobre sus
vcrdaderos intereses. La intelijencia no es'y'a el pa.trimonio de
unos pocos, i es evidente quc pasó la époc:l en qur un corto I!lI·
mero de hombres podian cr'rrsc en al esclusivo goze del prn'a-
mirllto i de las ¡uzes. ]\fuehos jÚI'cnrs hai que (¡ntes de llegar a
los veintiun años han alcanzado grados :lCnd~nlicos, conocen el
derecho civil i criminal, compren~len las leyes administrntiva' i
saben cómo han de cmplcar las ¡¡leultadps que les da la socie-
dad: los colejios brotan diariamente multitud de jÚl'enos \lenas
de intelijencia i patriotismo que Ilcvan luzos i amor patrio a sus
provincia. Jo 'otrO' no podemos pro cinc!ir dc tribntarle nuestro
respeto i acatamiento a la j('neracion que acaba de formar, e i a
la quc vi ne delras a reemplazarla o quién sabc si a me:wlarse
COI1clla, para ~evantar u patria al apojco de u carr ra.
No hai duna: ya es tiempo dc llamar al muyor níllnero posi.
ble a tOlllar pa.rte en el ejercicio ele la soberanía: cl pueblo no
se contenta boi con ver tan pocos ciudadano decidiendo sobre
los interr 'es de todos.
La edad seiialada por la COllstitucion para poder 'cr c1C'clor,
puede, sin rrran peligro, ser la de veintiun aiins; Pll('.' son IllU-
chí,;illlos Jos granadillOS qu a e 'la edad son suficientemcllte ca·
pazcs dc COI1l>ccrell1ll-rito de 10HhOlllbrC's a quiC'nes halJ d' C'1e-
jir. i St'ní ju 'lo, ser(¡ mui d,·mocrático.l'seluir de ('sta pl'l'ro n .
va a tanto:> jÚI'enC',; que por otr.1 partC' ('sl:íl! en el gozC' de 1Yl1lho:s
derechos civiles? i Será l(,jico C'sc:!uir de esta prl!l'u!}-1til'a a
tantos que plI('(Il'11ser jllezC's i decidir sobre los intcreses: la vida
d los granadino ? E tus son incollsPcllencias a que ya 1)('mos
renunciar. Para ser J Llez Letrado solo se necesita sel abogado

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- 24-
recibido o incorporado en alguno de las tribunales del Estado i
tener veintinn años, i este mi8mo hombre que puede condenal' a
un ciudadano i hacerle perder toda su hacienda, que puede ha-
cerle morir en las agonías de un presidio, en los horrores de un
patíbulo j no pu('de fiN elector! j no puede COHocer u los hombres
capazes d hae l' el bien de la patria!
No :>c)!al11ent,e,' forzu~o ¡lUcer e~te ayanze en obsequio de
los uogroas demoeníticos, sino que ya se hace preciso l1amar a
las asanlbleas electorales un núnlero mayor de granadinos, La
proporeion ele uno por cnda mil almas produce l1Iui pocos electo-
res i sus actos se alejan mucho ue la popularidad, siendo eviden.
te, al mismo tiempo, que el :>obol'l1oes llla . practicable en las pe.
queiias asambleas que en las mui numerosas. Quisiéramos que
se nombra, e un elector por cada cien almas, o al !TI ~nos uno pOI'
cada quinieutas, :>iendo condicion precisa que los actos de las
asambleas no estuviesen sujetos a modifieaeion ninguna sino a
un simple escrutinio.
QuerGmos esto porque quisiéramos que las elecciones se
aproximasen lo mas que fuese posible al sistema directo; pues a
mas de que creemos que el pueblo tiene derecho a esto, lo consi.
deramos corno una reforma que alejará de nuestro suelo las dis-
cordias políticas. 1 en efecto i con quién ha de reñir el pueblo
cuando él solo, esclusivamcnte, i pOI'medio de numerosos electo-
res ha hecho la cleecion de un Representante, de un Senador,
de un alto majistrado? i con quién ha de reñir cuando se le deja
así en el pleno ejercicio de sus derechos'? No sucede lo mismo
cuando intervienen dos poderes, el Electoral i el Lcjislatíyo ; pues
cuamlo ellos están en contradiccion i conflicto, la division es
marcada, el enemigo de cada uno e:>tá.al frente, lanza sus tiros i'
recibe los contrarios: esto es lo que ha sucediuo siempre entre
nosotros en la eleccion de los dos altos majistrados de la Repú-
blica. El Poder Electoral ha llecho uso de sus derechos naturales,
i ha llamado a las sillas lI1ajistrales a un ciudadano; pero el Po.
del' LeJislativo, ejerciendo funciones que !la le corresponden,
que le :>onenteramente exóticas, ha yen ido d 'spuos a luchar con
ese Poder Electoral, 1m querido echarlo por tierra i anularlo.
Nada tenemos que decir sobre los funestos efectos de sta lucha,
porque bast.ante se han presenciado todos los escándalos, todas
las divisiones que prouuce.
1 ciertamente: residiendo el Podcr Electoral en el pueblo, es
decir, en el mismo soberano i cómo ha de consentir él que se le
arrebate de entre las mallOS tan importante prerogativa ? i cómo
ha de mirar con estoica filosofía que se menosprecian :>11Svotos,
que se insulta su dignid:lcl, que se huellan sus derechos? Preciso
es que su indignacion desborde, que rompa todos los diques ¡que
destruya todos los obstáculos: preciso es quc haya entúnce te-

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rribles amagos contra esc cucrpo que se llama Soberano, ¡que
no es, en e~te caso, sino enemigo cruel del verdadero Soberano.
E] Poder Electoral reside en el pueblo, i esta verdad tiene
que reconocerse desde el momento mismo en que se reconozca
que re ide en él la soberanía; pues si el que se llama Soberano
no puelle por sí mi mo delegar todos su llerechos, ni es sobera.
no ni tiene derecho que delegar. Las ideas contradictorias de
esta frase e tún demostrando cuún absurdo es llamar soberano a
un pueblo que no puede haccr nada si no es con el permi' aje.
no. i 1 cuúl es esc permiso quc e le concede o se le niega capri-
chosamente 1 El de un puñado de hOlllbres que, auuque dotados
de intelijencia, no pueden ser superiores a las intelijer:cias dise.
minadas en toda la nacion.
i Sení que los hombres que perten cen al pueblo no tienen
intelijencia sino cuando pisan el salan donde se ha supuesto que
reside la soberanía 1 i Sení acaso que cuando cesan en sus de.
rechos de le.iisladores, para vol ver al seno del pueblo, se apaga
la luz que alumbró su pensamiento 1 Los mismos ciudadanos
que han venido a tomar asiento n el cuerpo lejislativo, ven de-
satendida su intelijencia i su opinion cuando e;;t¡ín privados de
esta facultad; i esto manifiesta, que, cuando queremos que el
pueblo se acerque a la plenitud de sus derechos, abogamos por
cada uno de los lejisladores, por cada uno de los ciudadanos, por
la intelijencia misma.

Consiguientes con nuestros principios, absolutamente demo-


crúticos, quisiéramos que la Nueya Granada remedase en algo
las repúblicas antiguas. Bien sabemos que aquellas repúblicas
tenian imperfecciones, i que las sociedades modernas no podrian
quizú llevar a tan alto punto el ejercicio de la soberanía del pue.
blo; pero ¿ serú jliSto que no nos acerquemos a este !in cuanto
lo permitan las circunstancias del siglo 1 Los hombres dc todas
la edades han sido esencialmente los mismos, i basta leer las
l'elaciones elel ilustre Barlhelemy para aber cuún parecidos
eran los hOl)1bres de las repúblicas griegas a los hombr s de las
rejiones americanas. La lejislacion contllllia rasgos que marca-
ban el carúcter que cierto jGnero tle civilizacion llem consigo,
al mismo tiempo que las susceptibilidades de aquellas rejiones;
pero los griegos reconocian la soberanía del pueblo, com
conocen los habitantes de la América, i este solo hecho 1(')$ 1ace
parecerse en muchos rasgos. "
Las numerosas asambleas de los antiguos, las reunioues del
pueblo, es lo que mas ha escitado nuestra envidia; porque, re-
bozando la democracia en ellas, producían la "ida pública i la

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-:lG -
entidad polít.ica dc los ciudadanos. Las ajitaciones momentáneas,
que eran sio-nos de mucha vitalidad, se veian seguidas del órden
i de la satisfaccion pública; i, si no estamos equivocados, las
guerras eiviles no se conocieron miéotras reinó la democracia:
el pueblo no puede estar dividido cuando él solo reina; lTIas
cuando reinan fracciones ellas son euemigas del pueblo i este de
ellas.
En las sociecJacJe. modernas casi no hai vida pública: pues
en las que sc hallan gobernadas por principios mas liberales, los
actos públicos de la mayoría de los ciudadanos, se reducen a
acercarse a una mesa cada uña i hacer escribir un voto que se
pierde despues en infinitos pliegues: en la Nueva Granada tene-
mos que dejar trascurrir cuatro años para hacer aq uel movimien.
to eJe vida púlJlica.
La vida privada, a quc estún reducidas las actuales socieda.
des, ha debiclo hacerlas €'goistas, i estinguir los sentimientos pa.-
trióticos; porque, acostumbradas a olvidarse por largo tiempo de
los intereses públicos, hall debido perder ese ¡tprgo que se tiene
a todo lo que se prohija, a todo lo que s tiene como propio.
j Qué diferencia! Un escritor dicc que antiguamente se oeu·
paba el pueblo: "en deliberar en la plaza pública; en concluir
con los estranjrros tratados de alianza; cn votar las Jeyes, pro-
nunciar las sentencias examinar las cuentas, los actos, las jc;;tio-
nes de los majistrado«, hacerlos comparecer delante de todo el
pueblo, acusarlos, i condenarlo o absoh·erlos. " Entre los mo·
dernos no hai nalla, absolutanwnte nalla lle esto.
La ntillad polltica de cada ciudadano era bien sentida, por.
que el hombre que la gozaba podia hacer valer su elocuencia,
su valor i su encrjía en todo. los actos cu que estaba interesada
la nacían. Allí no era el ciudadano un menguado espectador de
los destrozos que sufria su patria, sino que la cuidaba con eSlna·
ro, como que era suya, la vijilaba en todos sus pasos, i con tocio
su coraza n sacrilicaba su existencia en sus venerables aras.
Nosotros conocemos mui poco dc esto, i sC'gun dicen, las so·
ciedad s mollerna« no puellen gozar le estas espansiones, de esa
vida llena de bcllrza . PeTO ¿ni siquiera podrémos acercanos 1
¿ tampoco podr~rnos llislninuir la pobrcza lle la vida pública a
que estamos reducido '1 [Jagámos nnestras asamblea' naciona·
les mas numerosas; llamemos al mayor 11(l1l1eroposible rle ciu.
dadanos al ejercicio de los derechos políticos; amplielllos e tos i
hagámo 'los absolutos, invlIlnerll.bles; quitémosle al Presillentc
talltas facultarles que no le corre ponden i d¡':ll1osJas al pueblo.
ue tras congreso e componen de mui pocos miembros, i
esto aleja a lIluchos ciudadanos del derecho de tomar parte en b
sancion de las leyes, en la declaratoria lle la guerra, en la impo.
sicion de impuestos &c. (yc. ¿ Convendria nombrar nn !lepre .

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sentante por cada cineo mil alma, o por cada diez mil al ménos 1
i Convendria nombrar un Senn.dor por cada quiuce mil, o al ménos
por cada veinte mil almas 1 o hai duda: los congresos serian
mas populares, las leyes mas acatada, las discusiones serian
mas sérias, las votaciones ménos festinadas, i habría en ellas
una cantidad mayor de luzes. 1\sl :lOS acercar1amos un poco al
ju to acatamiento que merece el pueblo; as1 no seria tan f.·kil
que los intereses jenerales, plegasen a los intereses particulares;
así no le s ria tan fácil al Poder introducir en las a ambleas na-
cionales u mano fatídica.
Igunos publicistas han notado una diferencia cntre la liher-
tad de los antiguos i la de los modernos: entre los pril1lC'l"osla
libertad individual era casi nula, porque la )pi se introducia
hasta el hogar domé 'lico, hasta los secretos del lecho Ilupeial;
pero la libertad política se llevó hasta el mayor grado posible,
porque, como ya hemos dicho, el pueblo en masa leji.l:lba, c1ejía
i d stenaba por medio del o tracismo: entre los 'egundos se ha
santificado la libertad individual, pero se ha restrinjido la políti-
ca. i 1 por qué no han de gozar las rep(iblica modernas de en-
trambas libertades 1 i Por qu ~ /la se han de ampliar los derechos
políticos i esa libertad nacional tan necesuria 1 Cuando vemos
que ha haLido pueblos que se reunían para lejislar, i en las eua·
les se componian las asambleas particular s de 500 o mas miem-
bros i nos admirarémos de ver entre nosotros un congreso de 150
o de 2001
Rou eau dice: "La soberanía no puede Sel' reprrsentada,
por la misma razon que no puedc ser enajenable: ella consiste
esencialmente en la voluntad jeneral, i la voluntad no se repre-
senta: ella es la misma o es otra, no hai medio. Los ¡iputados
del pueblo no son, pues, ni pueden el' sus representantes, no son
sino sus comisarios: ellos no pueden concluir nada dcfinitiva-
mente. Toda lei que el pueblo en persona no ha ratificado cs
nula, no es leí. "
De aqu1 se infiere que no pUf\lle haber una verdadera liber-
tad sino cuundo el pueblo obra por sí mi mo, sin trabas ni res-
tricciones, i que miéntras menor sea el número de lo comisarios
de que habla el citado publici ta, mayor será la di tancía que
hai de 1::l. vcrdadera libertad. Esto quiere decir que debemos es-
forzarnos para aproximarno' a ella lo mas que sea posible; por-
qu si bien es cierto que habria algunas difiuultarles para gozar-
la cn toda u plenitud, tambien lo es que podemos atenuar Mu-
chísimo este mal. i 1 cómo podrémos ateouarlo 1 Y¡¡ está indica-
do: haciendo mas numero 'as las asambleas electorales, i mas
numf'rosas tambien las lejislaiivas. ~
iPero qué gasto tan enorme! En efecto, qn este ioeonve-
niente seria sumamente poderoso si el congreso se uniora cada ;
'.....
-1./

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afio; pero, habiendo despojado al Poder Ejeeutivo de todos los
medios de abusar, la presencia del congreso no seria tan necesu-
ria, i entúnces podría reunirse cada dos años: los diputados du-
l'arian el1 el ejercicio de sus fuueiones cuatro afias. Aun así
l'r'lu1taría quizá un aumento de ~asto; pero pueden disminuirse
las dirtas de cad n diputauo, i si eon esta reduccion resultase to-
davía 1In mayor gasto, debcria quedarnos la satisíaccicn de que
él estaba compensado con las inmensas vcntajas que reportaria
la nacion.
Entúnces las leyes no serian <1erogUlJasinconsultamente, sino
que, despues dc haber probado bien sus electos, serian adiciona-
das, modilicaua . o derogadas, segun 10 hubiera indicado la espe-
riencia.

Epiloguemos i se verá que tenemos instituciones altamente


viciosas, por las cuales el PreBidente de la República tiene la
tremenda facultad de anular la independencia nacional, sometien-
do a su omnipotente voluntad la débil voluntad de los lejisladores:
verémos que nuestra Constitueion tiene muchos rasgos monár.
quicos, ajenos de aquella democracia que nos of1'eeiera la heroica.
lucha contra el poder dc los rcyes: vcrémos que los poderes
fundlll11entale. están en realidad confundidos, por mas <:¡.ueen la
apariencia se encuentren deslindados, i que este solo rasgo es
mas que suficiente para descubrir una monart'¡uía tras la mas
cngafiosa fiecion de democracia: verémos que la soberauía del
pueblo es una ilusion, i que aumentando los diputados a. las
asambleas eluctorules i lejislativas apénas podrémos aproximar-
nos a. ella.
Miéntras se hagan instituciones sobre principios inconexos;
miéntras se encuentren mal mezcladas las bases democráticas
con las monárquicas, jamas podrá existir un buen gobierno.
Creemos que para [armar los gobiernos mistos se necesitan ta-
lentos privilejiados, capazes de hacer combinaciones sabias i
profundas; porque cuando estas se hacen mal se pierde la afini-
dad en los principio:;, ellos se separan, i se derrumba el edilicio
político.
" Las repúblicas sur-americanas han manchado el dogma san-
lo de la democracia. Ellas han proclamado la. soberanía del
pueblo, i le han quitado su poder; han lel'antado el estandarte
de la democracia, i han hecho instituciones monárquicas; abrie-
ron el templo de la libertad, pero le han heeho li!Jaeionrs insul-
sas; han conocido la grandeza del hombre i la divinidad de sus
derechos, pero no han sabido despedazar sus cadena.~
Cuando los ::muios curopcos se internan en estas rejiones i es.

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cuchan el grito de las discordias políticas' cuamlo ven el sarcas-
mo que so lanza on todas partos contra la lei, i e! insulto inmoral
con que se trata a los altos maji trados; cuando ven e! desórden
en la lejislacion, i el caos en todos los principios; cntúuces se
burlan dc la dcmocrncria, i volviendo sus ojos <lcia la Europa,
saludan con respeto i amor sus vetustas monarquí as.
ilion l(-jos el contincnte americano de prescntar brillante i
hermosa la soberanía del pueblo, la ha presentado lúgubre, man-
chada de sangre, aeompailada siempre de la anarquía i de! es-
cúndalo. Solo 'un punto hai en sus confines que luze puro en
todo el hemisferio: los Estados U nido, que semejantes a un faro
a donde se dirije el desconcertado eaminantc, reciben las miradas
incesantes de us descaminadas hermana ; pero todas permane-
cen estupefactas i asombradas, in que ninguna haya tenido ta-
lento ni valor para imitarlos. De. caminadas están estas tristes
rejiones, porque los hombres que les sirvieran de guia se ofusca-
ron de repente, i en lugar de seguir la senda que les inclieaba
con su dedo la franca democracia, siguieron la que en trescientos
años trazara el testarudo ibero.
Será que es imposible la práctica de los principios democrá-
tieos? i Será que es un sueño la soberanía del pueblo, el clogma
de la igualdad i el anatema contra los reyes? No, Atenas llena
de ciencia, Esparta rucia i aguerricla, i Roma populosa, ardiente,
llena de ambician, de orgullo i de riquezas serán un testimonio
cleque·todo esto es posible supuesto que ha existido tautos,ños
Abandonemos las preocupaciones godas, a3auuonemos las ruti.
nas i procedamos de buena fe.

11t011 1QíllC'~tro ~'~'

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