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Alvaro Mutis: "La literatura no tiene función social"

El narrador y poeta colombiano, ganador del Premio Cervantes en 2001, dice que la novela
"acompañará al hombre hasta su último día".

ALVARO MUTIS: "Hay películas excepcionales, pero eso no es literatura, eso es cine, es otro
mundo, son otros elementos".
¡Cómo se llevan la literatura y la sociedad de la información? ¿La tecnología ha menoscabado
a la literatura?

Yo desconozco por completo las computadoras. No he tocado una en mi vida. Sé por mi nieto,
Nicolás, que existe en Internet algo llamado Wikipedia, donde está todo: desde lo más banal hasta lo
más sublime; para mí eso tiene algo de ciencia ficción. Creo que frente a esto la literatura tiene su
camino marcado, acompañando al hombre desde hace milenios. Todo esto que llaman la informática,
todos estos aparatos, poco tienen que ver con el fomento o el incremento de la literatura. La literatura
nace del hombre en una forma completamente natural, hay grandes vacíos en las épocas, hay siglos,
a veces, en donde sólo dos o tres obras vale la pena que continúen existiendo, y esa es la literatura, es
un don del hombre que no está sujeto a ninguna suerte, ni a ninguna mecánica. Ahora bien, en nuestra
época, siento que hay contra la literatura una serie de medidas y de sistemas, que alejan el interés del
creador literario de la verdad que tiene que decir, y lo colocan en un camino de una palabra que yo
detesto, que se llama éxito.

¿El mercado impone sus criterios, entonces?

Totalmente. Pero, la literatura seguirá existiendo. Siempre he dicho que lo último que hará el hombre
sobre la tierra, cuando el planeta desaparezca gracias al sobrecalentamiento que está sucediendo con
una fuerza impresionante, será decir unas palabras muy semejantes a un poema, un trozo de poesía
para despedirse del mundo. Y hablo de un poema porque la condición de la poesía es decir una parte
de nuestra más secreta y más profunda visión del universo y de la gente, de los hombres, de nuestros
hermanos; decirlo en una forma que no se parece en nada a todos los otros medios de comunicación:
a partir de sus propias entrañas, en lo más íntimo, y que sea verdad.
Hablaba recién de un mercado exitista. ¿Ese tipo de mercado forja lectores alérgicos a la
escritura sofisticada?

El mercado es un accidente que tiene que sufrir la creación literaria que se convierte en libro. Yo, por
ejemplo, mis libros los imagino y los sueño como personas; y de pronto, pienso: "Ay, mis pobres
libros, en los estantes de las librerías, y muuuuuy de vez en cuando, en las vitrinas, pobres, ¿qué
harán?, ¿cuándo llegará un lector que los recoja y se ponga en relación con ellos?". Están sujetos a
una serie de eventualidades que yo ya no puedo controlar, ni me interesa controlar. Que caminen
ellos.

¿Existe para usted una función social de la literatura?

No, en absoluto. La literatura no tiene ninguna función social. Eso es uno de estos inventos –a partir
del siglo XIX– que transforman y deforman la noción de la literatura. La literatura –insisto– es una
visión muy personal, muy íntima del hombre, del mundo y de sus hermanos, de sus semejantes. Esto
no tiene función social ninguna. Los críticos y la gente interesada en darle al arte ese camino de la
función social, se la colocan, se la imponen, pero nunca van mucho más lejos de lo poco que ellos
pueden alcanzar respecto a algo que no es una verdad. La literatura tiene su propia vida, tiene su
propia razón de existir y nada más. No está ni para rescatar al hombre ni para hacer mejor la vida del
hombre ni para hacer mejor la vida de la sociedad.

Ni hablar entonces del compromiso en sentido sartreano...

¡No, por Dios! Eso ya es un juego totalmente falso y totalmente interesado de las fuerzas políticas de
uno y otro lado para apropiarse de la literatura y ponerla de su lado. Pero no hay literatura de izquierda,
ni hay literatura de derecha. Mentira. El arte tiene su propio territorio, que es al margen.

Usted ha trabajado en el mundo del cine y ha estado relacionado también con la televisión. A
veces, en estos tiempos en los que lo audiovisual manda, uno tiene la sensación de que el relato
pasa por lo audiovisual, de que son el cine y la televisión los que nos están contando el mundo.
No, yo no estoy de acuerdo con esto. De todas maneras, y siempre, tanto el cine como la televisión,
el convertir en imágenes las páginas de un libro, de todas maneras, lo están deformando y están dando
una versión limitada. Nunca he visto una película basada en una novela que tenga realmente en su
esencia, que ver con la película.

Me refería, en verdad, no a las adaptaciones que se hacen a partir de una obra literaria sino a
los relatos que arman el mundo, el cine y la televisión. ¿A usted le parece que la literatura sigue
teniendo una capacidad de contarnos la vida más profunda, más intensa que lo audiovisual?

Hay películas excepcionales, pero eso no es literatura, eso es cine, es otro mundo, son otros elementos
para poner presentes estas visiones, sensaciones y emociones de un ser humano. Lenguajes diferentes.

Así como en algún momento se dictaminó la muerte de las artes plásticas, se ha trazado más de
una vez la partida de defunción de la novela. ¿A usted le parece que hay algo de verdad en eso?

Mire, se está haciendo de todo por dejar la novela de lado y reemplazarla por toda una serie de
artilugios electrónicos o como se les quiera llamar. La novela seguirá acompañando al hombre y
seguirá siendo la voz del hombre, de sus intimidades, de sus obsesiones, de su visión de una realidad
que es de él, y exclusivamente de él. Esto acompañará al hombre hasta su último día. Novela habrá
siempre.

¿Por qué?

Porque, sencillamente, el hombre necesita, a fuerza, si tiene el don y las condiciones de escribir, dejar
testimonio de sus obsesiones y de su visión del mundo y de su paisaje privado. Y de hacerlo con
imaginación. Se crea un mundo diferente. Hay una realidad que ha creado el novelista –o el poeta
también, en el camino de la poesía, y en las condiciones de la poesía–, pero es un cuadro de
emociones, de visión del mundo, totalmente personal y creado a fuerza de imaginación. .

¿Quiénes le parecen a usted, dentro de las nuevas generaciones, que marcan de alguna manera
el rumbo de la literatura que vale la pena seguir de aquí en más?

Mire, no me atrevo a contestarle la pregunta con ningún nombre propio. Porque ésa es una aventura
y un riesgo que no quiero correr. No sé. No sé. Yo sé que Vargas Llosa, que García Márquez, que
Juan Rulfo, desde luego, ya pertenecen a la gran herencia de las letras del mundo. Bueno, muy bien.
De los que siguieron, todavía no me atrevo a decir nada.

Pero los tiene vistos y los está...

No.

¿No?

No, no, no. Se me confunden, se me borran...

Pero en todo caso, ¿qué es lo que le parece que vale la pena? ¿Cuáles serían las características
de las novelas que usted distingue?

Que cuenten y digan la verdad de esa ficción; que no estén escritas para probar una tesis política, para
probar la verdad de una experiencia sentimental. No. Que no estén escritas para mejorar la vida de
nadie. Ellas tienen que tener su propia condición y su propia vida.

¿Proponer un universo propio?

Exactamente.

Leí por allí que no le gusta la palabra intelectual, ni que lo llamen intelectual.

Ay, no. ¡Por Dios!


¿Por qué?

No, porque eso se volvió ya en el mundo una especie de enorme rebaño de personas que van detrás
de las letras, y que finalmente no tienen nada que ver con ellas, en el fondo. Yo soy un escritor y
punto. Y ya es mucho. A veces me entran dudas de mí mismo. Pero, en fin.

¿Por qué le entran dudas y qué se dice en esos momentos?


A veces en que abro un libro mío y digo: "Ay, esto no tendría que haber sido escrito así. Ay, por qué
no puse primero a esta persona y después...". Pero bueno, esa es otra historia.

En http://edant.revistaenie.clarin.com/notas/2008/07/12/01713098.html