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GÉNERO,

MASCULINIDADES
Y POLÍTICAS DE
CONCILIACIÓN
FAMILIA-TRABAJO* nomadas@ucentral.edu.co • PÁGS.:130-141

Eleonor Faur**
El artículo analiza la estructuración de la conciliación familia-trabajo en las legislaciones laborales y en las subjetivi-
dades masculinas en América Latina. La pregunta central acerca de cómo conciliar responsabilidades de producción y
reproducción se considera en dos niveles: por una parte, ¿con qué dispositivos institucionales se cuenta para facilitar la
conciliación de estas responsabilidades? Y por otra, ¿quién es el sujeto de la conciliación en dichas instituciones y en las
representaciones de los hombres contemporáneos?
Palabras clave: conciliación familia-trabajo, masculinidades, legislación laboral, género.
Este artigo analisa a estruturação da conciliação das relações familia-trabalho nas leis trabalhistas e nas subjetivida-
des masculinas na América Latina. A pergunta chave de como conciliar as responsabilidades na produção e na reprodução
sera considerada em duas dimensões: por uma parte ¿com que dispositivos institucionais é posivel contar para facilitar a
conciliação destas responsabilidades? e, por otra, ¿quem é o sujeito de dita conciliação nas referidas institucões e nas
representações dos homens contemporáneos?
Palabras-chaves: conciliação familia-trabalho masculinidades, leis trabalhistas, gênero
This paper analyses the structuring of family-work reconciliation strategies in labour laws and policies and masculine
subjectivities in Latin America. Thus, it proposes a two-sided approach to consider the reconciliation of productive and
reproductive responsibilities. It reviews which are the institutional mechanisms available for that purpose and on the
other hand, it attempts to identify who is the subject of reconciliation among those institutions and in the social
representations of contemporary men.
Key words: family-work reconciliation, masculinities, labour laws, gender.

ORIGINAL RECIBIDO: 17-I- 2006 – ACEPTADO: 08-II-2006

* Este artículo es una ajustada síntesis del trabajo presentado en la reunión “Cohesión
social, políticas conciliatorias y presupuesto público: una mirada desde el género”,
desarrollada en la ciudad de México en octubre de 2005 y organizada por UNFPA y
GTZ. La versión completa será publicada próximamente por las agencias organizadoras
de dicha reunión.
* * Socióloga, Especialista en Género y Derechos Humanos. Investigadora del Instituto de
Altos Estudios Sociales, de la Universidad Nacional de General San Martín (IDAES-
UNSAM) - Argentina. E-mail: eleonorfaur@fibertel.com.ar

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Introducción al 44,3% en el año 2002 (Cepal, 1999), América Latina se encuen-
2004a). Por otra parte, el porcen- tra apenas iniciando estos debates,
Uno de los pilares que ha mar- taje de hogares con jefatura feme- centrándose, casi siempre, en el
cado la construcción social de las nina ha aumentado en casi todos ámbito de las políticas orientadas
identidades masculinas y femeninas los países de la región y en los dis- a las mujeres.
en las sociedades modernas ha sido tintos estratos sociales, engrosando
la prevalencia de una matriz de di- la proporción de familias en las que Pensar la conciliación entre tra-
visión sexual del trabajo que asigna las mujeres son las únicas percep- bajo productivo y reproductivo
al hombre adulto la responsabilidad toras de ingresos (Cepal, 2004b). cobra sesgos particulares en Latino-
de la provisión de ingresos familia- Esta transformación coloca un vie- américa. En primer lugar, porque el
res y a las mujeres las obligaciones jo problema de la agenda feminista incremento de la participación fe-
de reproducción del mun- menina en el trabajo re-
do doméstico, incluyendo munerado se produjo en
el cuidado y la crianza de el marco de profundas
hijos e hijas. En las últi- transformaciones econó-
mas décadas, este mode- micas e institucionales,
lo ha resultado alterado impulsadas por políticas
por los cambios en las es- de corte neoliberal, que
tructuras y dinámicas fa- restringieron los sistemas
miliares, el aumento de la de protección social y ex-
participación femenina pandieron la flexibiliza-
en el mercado de trabajo ción laboral, aumentando
remunerado, la flexibili- los niveles de informali-
zación de las condiciones dad y precariedad en el
de trabajo, el avance trabajo, la desigualdad
educativo de las mujeres, social y económica y la
por transformaciones en persistencia de altos nive-
la orientación de la polí- les de pobreza en la región
tica social y por cambios (Cepal, 2004b). Esto ha
demográficos, jurídicos y incidido, entre otras co-
culturales. Múltiples fac- sas, en que sólo el 50% de
tores han incidido sobre las mujeres trabajadoras
estas transformaciones, de la región participen en
provocando a la vez, la el sector formal de la
redefinición de las pautas economía (Valenzuela,
de provisión económica 2004), y asocien su parti-
en los hogares y la des- cipación económica con
naturalización de cierta Plantón frente a la Corte Constitucional. Bogotá, 28 de mayo de 2005.
derechos que facilitan la
estructuración de las rela- Foto Beatriz Quintero. conciliación entre las res-
ciones sociales de género. ponsabilidades laborales y
en la actual contienda del debate las familiares.
En América Latina, la tasa de público: ¿cómo conciliar las respon-
“actividad doméstica” de las muje- sabilidades de la vida familiar con En segundo lugar, porque en
res cónyuges, entendida como el aquellas propias de la esfera del tra- América Latina, “cuna del machis-
porcentaje de la población femeni- bajo remunerado? 1 Mientras buena mo” (Valdés y Olavarría, 1997),
na cuya ocupación principal son parte de la política social europea persisten en buena medida las re-
los quehaceres domésticos, ha des- ha asumido éste como un proble- presentaciones sociales tradiciona-
cendido casi un 10% en menos de ma de política pública específica les respecto de las responsabilidades
diez años, pasando del 53% en 1994 (Ellingsaeter, 1999; Crompton, diferenciales de hombres y mujeres

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en relación con el trabajo domésti- y reproductivo. Finalmente, señala responsabilidad de la función de re-
co y la crianza de hijos e hijas. Y que mientras las políticas tendien- producción social en manos de las
esto no sólo filtra los contratos fa- tes a la conciliación de responsabi- mujeres3. Las legislaciones labora-
miliares de distribución del trabajo lidades familiares y laborales se les acompañaron esta noción fun-
de cuidado y crianza, sino también enfoquen de forma prioritaria en las dacional sobre el trabajo de las
las políticas públicas orientadas al mujeres, difícilmente permitirán un mujeres, centrando sus orientacio-
mundo del trabajo y de las familias. avance sustantivo en la transforma- nes en la regulación de dispositivos
Al respecto, varios autores han se- ción de las desigualdades de géne- que permitieran articular el traba-
ñalado que existe una estrecha re- ro. Por ello, propone la formulación jo con el cuidado infantil, o bien
lación entre la orientación de las de políticas públicas que vinculen en la “protección” contra el traba-
políticas estatales, en especial acer- más activamente a los hombres en jo nocturno. Mientras tanto, otras
ca del papel del mercado y las res- el contínuum productivo-repro- perspectivas ligadas a la concilia-
ponsabilidades asignadas a las ductivo, apuntando a la construc- ción familia-trabajo, como el reco-
familias, y la configuración de iden- ción de un nuevo “contrato sexual”. nocimiento de un conjunto más
tidades de género (Creighton, vasto de responsabilidades vincu-
1999; Esping-Andersen, 1996 y ladas a la esfera de la reproducción,
2002; Folbre, 1994; y Sainsbury, 1. La conciliación quedaron casi del todo apartadas
1999). Desde esta perspectiva, re- familia-trabajo en la de estas regulaciones.
sulta relevante observar tanto el legislación laboral2
modo en que las instituciones so- Como señala Ellingsaeter (1999:
ciales promueven la estructuración La regulación del trabajo remu- 41), las políticas públicas tendien-
o el sostenimiento de una determi- nerado operó como el primer in- tes a la armonización entre familia
nada matriz de responsabilidades de tento de conciliación entre las y trabajo suelen ofrecer tres clases
provisión y de cuidado según el responsabilidades familiares y la de dispositivos: “tiempo para cui-
sexo, como las representaciones inserción de las mujeres en el mun- dar, dinero para cuidar y servicios
que los sujetos construyen acerca do del trabajo. Esta regulación fue de cuidado infantil”. Al analizar la
de dicha estructuración. harto específica en términos de gé- legislación laboral latinoamericana,
nero, distribuyendo derechos y se observa que ninguno de estos
Este artículo sostiene que en responsabilidades en forma diferen- dispositivos se distribuye en el con-
América Latina, tanto en las insti- ciada para hombres y mujeres. Uno junto de trabajadores/as de forma
tuciones que regulan la conciliación de los primeros convenios de la igualitaria, y las principales diferen-
entre familia y trabajo como en las OIT (Convenio No. 3, de 1919) cias encontradas se sustentan en la
representaciones sociales, el sujeto estableció normas referidas a la pro- pertenencia a un sexo o en el tipo
de la conciliación no es un sujeto neu- tección del trabajo de las embara- de trabajo realizado por las muje-
tro, sino un sujeto “femenino”. Ana- zadas y las licencias por maternidad. res, filtrado fuertemente por su ins-
liza de manera crítica el modo en Este, que constituyó un importan- cripción socio-económica. Desde
que el andamiaje institucional se te adelanto en cuanto a derechos este supuesto, los hombres suelen
arraiga una y otra vez en las muje- sociales, indicó también un modo recibir “asignaciones familiares”, en
res, convirtiéndolas en el sujeto particular de protección de dere- términos de transferencias moneta-
prioritario de responsabilidades y chos laborales en el caso de las rias para trabajadores con familia –
derechos relativos a la conciliación, mujeres: el reconocimiento de su legalmente constituida–, dando por
y con ello, alienta prácticas que obs- trabajo se relacionó directamente sentado que a ellos les compete el
taculizan la demanda de trabajo fe- con su capacidad reproductiva y papel de proveedores económicos
menino en el mercado formal. con la protección de dicha capaci- del hogar. Mientras tanto, las mu-
Revisa también las representacio- dad. La posterior ampliación de es- jeres trabajadoras son las destina-
nes presentes en hombres colombia- tos derechos en América Latina, no tarias de otro tipo de derechos,
nos y argentinos respecto de las siempre ha llegado a cuestionar el relacionados con: a) la protección
responsabilidades femeninas y mas- sujeto portador de los mismos, del empleo durante el embarazo y
culinas en los ámbitos productivo dejando, en buena medida, la el puerperio, b) las licencias por

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maternidad y c) la disponibilidad sobre el servicio doméstico –una de ración física de la madre y el esta-
de servicios destinados al cuidado las ramas de actividad principal de blecimiento de la relación paterno/
de hijos e hijas en sus lugares de tra- las mujeres pobres en América Lati- materno-filial. El cuidado de los/as
bajo4. De este modo, la legislación na–. Así, existen legislaciones como niños/as requiere tiempo, y las li-
laboral es un reflejo de las relacio- la del Ecuador, que hacen explícita cencias procuran garantizar tanto el
nes sociales imperantes, pero tam- la excepción del fuero maternal empleo como los ingresos de quie-
bién una forma de reproducir los para las trabajadoras del servicio nes trabajan durante este tiempo.
patrones culturales de distribución doméstico5; o la de Argentina, que
de recursos y responsabilidades de tiene un estatuto especial para la En los seis países analizados, la
cuidado entre hombres y mujeres. reglamentación del servicio domés- legislación establece licencias por
tico, en la que no se considera di- maternidad, con algunas variaciones
En los seis países analizados cho fuero 6. Otras, como la de El en cuanto a su duración, las cuales
(Argentina, Chile, Costa Rica, Salvador, señalan que para las tra- se extienden entre alrededor de
Ecuador, El Salvador y Uruguay), bajadoras del servicio doméstico el doce semanas, en Argentina, Ecua-
se presentan similitudes y diferen- contrato puede realizarse en forma dor, El Salvador y Uruguay; diecio-
cias en el modo en que la legisla- verbal, dejando así abierta la cho semanas en Costa Rica; y
ción laboral protege estos derechos. discrecionalidad del empleador/a cuatro meses en Chile. En cambio,
La totalidad de estos países presen- en la definición de las reglas que las licencias por paternidad encuen-
ta disposiciones relativas al despi- regirán la relación laboral 7. Estas tran expresiones mínimas o nulas
do sin causa justa de mujeres consideraciones violan abiertamen- en estas legislaciones. Así, Costa
embarazadas y a las licencias por te los principios de igualdad y no Rica, Ecuador y El Salvador care-
maternidad. No obstante, sólo al- discriminación que las constitucio- cen por completo de licencias para
gunas aluden a la obligación de nes de los países analizados recono- padres por nacimiento de hijos/as;
otorgar servicios para el cuidado de cen en sus textos. Argentina cuenta con una licencia
niños en los lugares de trabajo. Fi- de dos días de duración; Chile re-
nalmente, en todos los casos, la alu- Resulta grave observar que el conoció recientemente un permiso
sión a las responsabilidades de tratamiento diferencial de la regla- de cinco días para el padre; y Uru-
cuidado familiar se concentra casi mentación del fuero maternal se guay dispone de licencias de tres días
exclusivamente en las mujeres. concentra precisamente en las mu- para los empleados del sector públi-
jeres más desprotegidas de la esca- co, las cuales sólo se otorgan bajo el
Protección del empleo durante la social y, por ende, en quienes requerimiento del trabajador.
el embarazo y del embarazo en necesitan mayores dispositivos de
el trabajo igualación de oportunidades. Esta La normativa chilena ofrece
discriminación da cuenta del modo una protección adicional para pa-
Durante el período de gestación en que se articulan la inscripción dres y madres de hijos/as “que re-
hay dos figuras presentes en los de clase y la de género, a través de quiera de atención en el hogar por
marcos jurídicos analizados. Una se instituciones que no siempre coad- motivo de enfermedad grave”8; si-
relaciona con proteger el empleo yuvan a paliar desventajas, sino tuación en la cual, las licencias pue-
de las embarazadas, e impedir su que muchas veces no hacen más den tomarse por la madre o por el
despido sin causa justa. Otra, que que reforzarlas. padre (a elección de la primera) y
no se encuentra en todas las legis- cubrir hasta el primer año de vida
laciones revisadas, prohíbe la rea- Licencias por maternidad del niño/a, y hasta diez días por año
lización de trabajos que puedan y paternidad en caso de enfermedad grave de
poner en riesgo la salud de la mu- hijos/as menores de dieciocho años.
jer o del bebé en gestación. Las licencias por maternidad y Otra particularidad de esta legisla-
paternidad parten de reconocer que ción, expresa que en caso de falle-
Ahora bien, una excepción im- luego de un nacimiento o adopción cimiento de la madre, tanto la
portante a estas normas protecto- se requiere de un tiempo dedicado licencia como la protección contra
ras se encuentra en la regulación a la atención del bebé, la recupe- el despido se traslada al padre, be-

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neficio que da cuenta el servicio doméstico
de algunos esfuerzos – quede por fuera de las
aún incipientes– en el garantías del contrato
sentido de democrati- de trabajo.
zar las responsabilida-
des familiares entre Guarderías
hombres y mujeres, y servicios de
ampliando algunos de- cuidado infantil
rechos a los hombres
(aun cuando esto to- El análisis de la re-
davía dependa de la glamentación sobre
voluntad o de la ausen- guarderías y servicios
cia de las mujeres). para el cuidado infan-
til también da cuenta
En términos gene- de significativas varia-
rales, no obstante, en ciones entre los seis
los países analizados la países analizados. En
perspectiva que pre- tres de estos, la norma-
Plantón frente a la Corte Constitucional. Bogotá, 28 de junio de 2005. Foto Beatriz Quintero.
domina en las licen- tiva compromete a los
cias parentales se vincula con la lar, tuvieran una duración más ex- empleadores a disponer de salas de
protección de la “maternidad bio- tendida. De algún modo se requie- cuidado infantil en función del nú-
lógica”, vale decir, con la protec- re de un cambio de enfoque que mero de empleadas mujeres que
ción de los períodos de gestación, permita superar la visión “biolo- ocupe (la cifra oscila entre 20 muje-
parto y lactancia, cuyo sujeto prio- gicista” y “politizar” la maternidad res –en el caso de Chile– y 50 muje-
ritario es la mujer-madre (Elling- y la paternidad, con miras a una res –en el caso de Argentina–). En
saeter, 1999). Por el momento, sustantiva ampliación de permisos Ecuador este servicio depende de
resultan escasas las normas relati- para el cuidado que implique su de- la vinculación de 50 trabajadores,
vas al cuidado de niños/as de eda- mocratización entre géneros. con independencia de su sexo. Por
des más avanzadas, e insuficientes contraste, las legislaciones labora-
aquellas que promueven la vincu- Ahora bien, la amplia partici- les de El Salvador y Uruguay no
lación de los padres en este tipo de pación de las mujeres en el sector reglamentan servicios de cuidado
tareas (Pautassi, Faur, Gherardi, informal y la falta de continuidad para los hijos e hijas de los/as tra-
2004) 9. en el tiempo de las licencias para bajadores/as amparados/as por la
trabajadoras/es en el sector formal, ley (aunque El Salvador ha imple-
Si bien es legítimo que este tipo exige que muchas familias busquen mentado programas focalizados en
de licencias se originen en el reco- estrategias de índole privado para esta dirección). Por su parte, en
nocimiento de que las mujeres ne- lograr permanecer en el mercado de Costa Rica se sancionó la ley 7380,
cesitan cierto tiempo para la trabajo. En América Latina resulta que abre la posibilidad de que los
recuperación física luego de un par- paradójico que la salida laboral de servicios de cuidado infantil tengan
to, y para la lactancia materna, el las mujeres de clases medias se apo- un carácter universal y no estén su-
cuidado y la atención de niños/as ye frecuentemente en la contrata- peditados a las personas empleadas
pequeños/as supone una serie de ac- ción de empleadas domésticas, y en el sector formal.
tividades que pueden ser realizadas así, la matriz societal de responsa-
tanto por hombres como por mu- bilidades traslada el cuidado infan- En general, la reglamentación de
jeres, y que no concluyen al tercer til de unas mujeres hacia otras, que guarderías resulta discriminatoria
mes de vida de un bebé. Desde esta se encuentran especialmente en desde varios puntos de vista: 1) pre-
perspectiva, sería deseable que los desventaja, con el agravante de que supone que será la trabajadora ma-
permisos parentales en general, y las en varios países de la región la pro- dre quien concurrirá al lugar de
licencias para hombres en particu- pia legislación laboral permite que trabajo con su hijo/a, y se descarta

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un derecho equivalente para el tra- cas de conciliación entre la vida La legislación laboral analiza-
bajador hombre; 2) estimula al familiar y laboral, no sólo se con- da muestra así un importante
empleador para no contratar más centran en las mujeres que se ocu- anclaje en un modelo de respon-
que el número de trabajadoras in- pan en el sector formal, sino que sabilidades diferenciales para hom-
mediatamente anterior al regulado además adscriben a nociones de bres y mujeres, en el que el hombre
por la ley, para esquivar la carga ex- masculinidad prácticamente des- se consolida como proveedor de
tra que supone hacer frente a una vinculadas del cuidado de los recursos económicos y la mujer
sala de cuidado infantil, y 3) resulta miembros de la familia. Esto se ob- como responsable del cuidado fa-
un mecanismo restrictivo en el con- serva al encontrar que en las legis- miliar. De esta forma, se distribu-
texto latinoamericano, donde la laciones analizadas la participación yen los derechos y beneficios de
proporción de mujeres trabajadoras del padre en el cuidado de sus hi- manera desigual tanto desde una
en el sector formal es apenas del jos/as no se encuentra suficiente- perspectiva de género, como de
50% para un promedio de catorce mente reconocida ni estimulada por clase social. En consecuencia, se
países de América Latina (Valen- los dispositivos existentes para puede decir que el conjunto de dis-
zuela, 2004), siendo aún menor la conciliar las responsabilidades fami- posiciones y representaciones
que se desempeña en empresas u or- liares y laborales en cánones com- sociales que exhiben las legislacio-
ganizaciones con el número de em- parables con los de la madre, ni nes, implica que el derecho cons-
pleados requeridos para el acceso a siquiera en aquellos derechos plau- tituye una práctica discursiva y
este derecho. Esta situación resulta sibles de ser equiparados, como las social y no sólo un sistema de nor-
indicativa de las dificultades que licencias y la disponibilidad de mas y regulaciones (Birgin, 2003).
muchas familias enfrentan para la guarderías en el lugar de trabajo. De Discursos y prácticas que además,
obtención de servicios de cuidado tal modo, no sólo se restringen los contribuyen de manera significa-
infantil, en especial aquellas perte- derechos que facilitan signifi- tiva a la creación o a la reproduc-
necientes a sectores populares. cativamente la conciliación de ción de ciertos rasgos subjetivos en
responsabilidades productivas y las identidades de género, tanto de
En síntesis, se observa que el reproductivas para ambos trabaja- mujeres como de hombres.
derecho a disponer de servicios de dores, sino que además se favorece
cuidado infantil y contar con recur- la escogencia de trabajadores hom- Un cambio profundo de enfoque
sos estatales para favorecer las ac- bres por parte de los empleadores, supondría tanto la estructuración de
ciones de crianza, reconocido en los por los menores costos que hipoté- nuevos consensos societales, como
marcos jurídicos internacionales 10, ticamente supondría su contratación. la creación de incentivos institucio-
se topa con una serie nales para universalizar
de mediaciones en las efectivamente la pro-
regulaciones naciona- tección de derechos
les que dificulta a las vinculados con el tra-
familias el acceso a di- bajo y la vida familiar
chos servicios. en igualdad de condi-
ciones para hombres y
Representaciones so- mujeres. Así, la garan-
bre masculinidades en tía de estos derechos
la legislación laboral supondrá en algunos
casos la dotación de
El análisis pro- servicios públicos de
puesto permite desta- cuidado infantil gratui-
car que los escasos tos y de calidad, y en
dispositivos presentes otros, la ampliación de
en la legislación labo- derechos administrati-
ral latinoamericana vos, que considere la
para promover políti- Plantón frente a la Corte Constitucional. Bogotá, 28 de julio de 2005. Foto Beatriz Quintero. transferencia de recur-

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sos monetarios al conjunto de tra- ras productiva y reproductiva. Por caso de las mujeres– por las trans-
bajadores/as, para garantizar el tiem- tanto, a continuación analizo las formaciones del ciclo vital perso-
po necesario destinado al cuidado representaciones de distintos hom- nal ni familiar, ni por la condición
de sus hijos/as y, ojalá, de otros bres sobre su propia posición y la socio- económica de sus hogares.
miembros de sus familias. de las mujeres en la esfera laboral y A su vez, el papel de proveedor
en la vida familiar, a partir de los de recursos económicos los exime
Mientras el acceso a estos de- resultados de dos investigaciones de buena parte de las actividades
rechos se encuentre estratificado realizadas en contextos diferentes12. ligadas con la crianza de hijos/as
en términos de vinculación o no Es importante aclarar que los y de las responsabilidades domés-
al mercado de trabajo formal, y señalamientos que realizo no deben ticas. Además, asumirse como sos-
segmentado en términos de géne- ser tomados como prueba empíri- tén del hogar no sólo define los
ro, los dispositivos de conciliación ca de mis hipótesis, sino como ca- parámetros de su aporte económi-
entre familia y trabajo seguirán sos exploratorios que permiten co, sino que también cumple una
configurando relaciones e identi- identificar algunas de las represen- doble función simbólica: por una
dades de género atravesadas por taciones vigentes en las subjetivi- parte, los afirma individual y so-
pautas jerárquicas, no sólo entre dades masculinas contemporáneas. cialmente en su masculinidad, por
hombres y mujeres, sino también, la otra, les otorga ciertos privile-
entre mujeres de distintas inscrip- Ser hombre es ser proveedor gios frente a otros miembros del
ciones sociales. (y ello es ser importante) hogar (Faur, 2004). Trabajar for-
ma parte del papel que como hom-
Si la legislación laboral se sus- bres les toca ocupar en sus familias
2. Conciliación tentó en la figura del trabajador y en la sociedad, el cual se des-
familia-trabajo masculino, de tiempo completo y empeña sin conflicto ni necesidad
y subjetividades con familia “a su cargo”, esta estruc- de conciliación con responsabilida-
masculinas11 tura institucional se corresponde des de cuidado familiar, no sólo
también con la forma en que los en la legislación analizada, sino
Las posibilidades efectivas que hombres se ven a sí mismos en su también en las representaciones
tienen los hombres y las mujeres de papel como proveedores, más que colectivas.
conciliar los ámbitos familiar y la- como cuidadores. La imagen de res-
boral no dependen exclusivamen- ponsabilidades diferenciales para las En esta dirección, Ariza y de
te de los dispositivos institucionales mujeres en el ámbito familiar, Oliveira (2003) han observado
con los que cuentan. En buena permea los discursos de muchos igualmente que, en América Lati-
medida, resultan también de las re- hombres adultos, quienes en sus na, aunque se han ido legitiman-
presentaciones sociales acerca de la reflexiones dejan entrever un par- do diferentes modelos familiares,
distribución de responsabilidades y ticular énfasis en la división entre la continúan primando las concep-
de las negociaciones que se estable- esfera productiva y la reproductiva, ciones más tradicionales en rela-
cen entre los sujetos involucrados. como uno de los ejes de su cons- ción con la valoración del papel
Negociaciones que se producen trucción identitaria. masculino como proveedor econó-
entre personas con desiguales gra- mico, y su vinculación con atribu-
dos de autonomía y autoridad en El modelo de sociedades ba- tos de protección, de autoridad
el ámbito de sus familias (Jelin, sadas en hombres proveedores y legítima y de soporte moral de las
1998; Di Marco, 2005). Este hecho mujeres amas de casa, se encuen- familias. Estos hallazgos coinciden
hace relevante el análisis de repre- tra presente en las imágenes –por también con buena parte de los
sentaciones sociales a la hora de momentos nostálgicas– de mu- estudios sobre masculinidades e
definir e implementar políticas pú- chos hombres contemporáneos. identidades de género desarrolla-
blicas, si se pretende que éstas im- En este esquema, el trabajo remu- das en la región, entre ellos los de
pulsen formas de conciliación entre nerado representa para ellos una Viveros (2001) para Colombia,
mujeres y hombres, dirigidas a su responsabilidad insoslayable, que Olavarría (2001) para Chile y
participación paritaria en las esfe- no se ve afectada –a diferencia del Fuller (2001) para Perú.

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Los hombres frente al trabajo ta ser tratado de modo singular. Se Al igual que en la legislación
de las mujeres: ¿conciliación o pueden esbozar al menos tres posi- laboral, pareciera que en las repre-
conflicto? ciones en las representaciones de los sentaciones de este grupo de hom-
entrevistados. Las mismas se aso- bres resulta más sencillo considerar
En las representaciones masculi- cian, por un lado, con sus niveles la igualdad como un principio apli-
nas aparece una creciente acepta- sociales y educativos, pero también cable, o deseable, en el ámbito es-
ción del trabajo femenino –bastante con la disponibilidad objetiva que trictamente laboral, que desarrollar
impensable décadas atrás– 13 con sus familias encuentran para utili- una mirada integral del mundo pú-
matices y variaciones, pero, al igual zar mecanismos públicos o privados blico y el privado como esferas que
que en la legislación laboral, la de conciliación entre demandas requieren de una reestructuración
mención del trabajo femenino que productivas y reproductivas. Las de responsabilidades para la efecti-
efectúan los hombres suele asociar- posiciones identificadas son: 1) va conquista de la igualdad14.
se unívocamente con la evaluación aceptación del trabajo y de la con-
del papel de las mujeres como cui- ciliación por parte de las mujeres; 2. Aceptación “pragmática”
dadoras de las familias –particular- 2) aceptación “pragmática” del tra- del trabajo femenino,
mente cuando se trata del trabajo bajo femenino –incomodidad fren- incomodidad frente a la
de sus parejas–. Algunos hombres, te a la conciliación–, y 3) oposición conciliación
aunque pocos, se refieren al traba- al trabajo de las mujeres –percep-
jo femenino con naturalidad, o lo ción de familia y trabajo como es- Otros hombres evidencian po-
asumen como un “derecho propio” feras irreconciliables–. siciones más conflictivas frente al
de ellas, pero la mayoría de nues- trabajo de las mujeres que las ci-
tros entrevistados se preguntan si es 1. Aceptación del trabajo y de tadas en el ítem anterior. Sus rela-
bueno o no que las mujeres traba- la conciliación por parte de tos reflejan la tensión que surge
jen, aun a la luz de la extensión de las mujeres cuando no se logra equilibrar dos
esta práctica. De tal modo, al refe- mandatos de peso en sus represen-
rirse al trabajo productivo de las Hay un grupo de hombres –en taciones: 1) el modelo tradicional
mujeres, una y otra vez, surge la refe- especial aquellos que cuentan con de división sexual del trabajo y 2)
rencia a sus actividades reproductivas mejores credenciales educativas– la necesidad de que los recursos
como parte de una imagen amalga- que aceptan la inserción femenina aportados sean suficientes para el
mada e indivisible. No obstante, casi en el mundo del trabajo remunera- mantenimiento de la familia. Así,
no se presenta esta percepción cuan- do. Esta aceptación se sustenta en emergen discursos en los que cier-
do los hombres se refieren a su pro- la valoración de una fuente adicio- tos hombres sostienen que preferi-
pio trabajo, no sólo mucho más nal de ingresos para el hogar, o en rían que la mujer no trabaje –para
naturalizado, sino también represen- la defensa del derecho de las muje- que pueda dedicarse plenamente
tado como un espacio independien- res a trabajar, en especial cuando a las actividades del hogar– pero
te de los requerimientos de tiempo el trabajo de ellas antecede al con- lo aceptan –porque la situación
que demandan los hijos/as y la vida trato conyugal. Lo interesante en económica hace necesario contar
familiar. este grupo es que aparece igualmen- con un ingreso adicional–. En estos
te naturalizado el hecho de que sea casos, se percibe un importante
Si bien la referencia al trabajo ella quien ajuste sus horarios y con- costo subjetivo para los hombres,
de las mujeres surge casi siempre diciones de trabajo para el cuida- que perciben cierto déficit de au-
asociada con sus responsabilidades do de los hijos/as y la familia. Así, toridad por no lograr aportar los
domésticas, las posiciones de distin- surge una y otra vez la referencia a recursos necesarios para el desen-
tos hombres frente a éstas muestran la responsabilidad doméstica de las volvimiento del hogar. La tensión
algunas diferencias significativas, mujeres en su formato ahistórico y entre imaginarios de provisión y
por lo que no puede hablarse de un esencializado, en donde el ingreso de división sexual del trabajo en
único discurso hegemónico ni de la de las mujeres en el trabajo remu- cánones tradicionales, en ocasio-
“subjetividad masculina” como un nerado requiere ser equilibrado con nes se resuelve visualizando al tra-
concepto homogéneo, que permi- “sus” responsabilidades domésticas. bajo femenino como un “aporte

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momentáneo” que podría ser mo- dad como parte de las políticas pú- gen se percibe “feminizada”, lo que
dificado, en caso que el contexto blicas de corte universal (Martínez no resulta nada atractivo en tanto
permitiera rearmar el modelo de y Camacho, 2005). interpela uno de los pilares centra-
provisión tradicional, centrado en Asimismo, las representaciones les de la construcción social e indi-
la figura masculina. masculinas que surgen en esta di- vidual de la virilidad, y con ello, su
rección, parten del sostenimiento jerarquización diferencial. La ecua-
3. Oposición al trabajo de las simbólico de un modelo dicotó- ción se cierra entonces oponiéndo-
mujeres, percepción de mico, en el cual si las mujeres tra- se al trabajo de las mujeres.
familia y trabajo como esferas bajan, es a los hombres a quienes
irreconciliables les correspondería de forma exclu- Los hombres frente al trabajo
siva la atención de los hijos y de la doméstico y la conciliación
El extremo de la in-
comodidad frente al tra- En síntesis, si para las
bajo de las mujeres, se mujeres la salida laboral ha
percibe entre aquellos traído aparejada la necesi-
hombres que se oponen dad de compatibilizar sus
explícitamente a la incor- responsabilidades en las
poración de mujeres en la esferas productiva y repro-
esfera laboral, al no avi- ductiva, y las instituciones
zorar posibilidades de sociales han dado cuenta
“conciliación” entre el de este requerimiento a
trabajo remunerado de través, por ejemplo, de la
las mujeres y sus respon- legislación laboral, ¿qué
sabilidades familiares. sucedió en las representa-
Este tipo de discurso se ciones masculinas frente a
encuentra sobre todo en su propia participación en
algunos de los hombres la esfera doméstica? ¿La
pertenecientes a los sec- estructuración de nuevas
tores más desaventajados formas de provisión, com-
socialmente, quienes, partida en buena medida
por otra parte, son los que con las mujeres, interpeló
cuentan con menor can- de algún modo su lugar en
tidad de dispositivos de este espacio?
conciliación. En efecto,
las mujeres de sectores En general, las inves-
populares suelen em- tigaciones que han anali-
plearse en el sector infor- zado las transformaciones
mal de la economía, con en la división sexual del
mayor frecuencia en el trabajo en el interior de
servicio doméstico y rara Primer encuentro feminista latinoamericano y del Caribe. Bogotá, 1981. los hogares, han mostrado
vez disponen de los be- Foto Beatriz Quintero. que las imágenes acerca
neficios vinculados con la de quiénes deben realizar
seguridad social. Por otro lado, los casa. El trabajo de ellas pondría en el trabajo no remunerado han cam-
ingresos de estos hogares suelen ser duda tanto el lugar del hombre biado más aceleradamente que las
insuficientes para contratar servicios como proveedor, como el bienes- prácticas efectivas. Y a su vez, que
de cuidado infantil en el mercado tar de sus hijos/as, quienes, en el las creencias acerca de los papeles
y son escasos los países que en La- imaginario de estos hombres, deja- apropiados para hombres y muje-
tinoamérica disponen de servicios rían de contar con su madre. Con res en el mundo del trabajo se han
estatales que ofrezcan esta posibili- este telón de fondo, su propia ima- modificado en mayor medida que

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las imágenes relacionadas con la quien mantiene el hogar. En este mo un supuesto de las políticas pú-
esfera doméstica (Coltrane, 2000; caso la participación en las tareas blicas y de las representaciones so-
Wainerman, 2003b). Es decir, en de crianza y las actividades domés- ciales examinadas, al centrar la
todos los casos, aun cuando se ticas termina representándose casi mirada casi solo en la vida de las
flexibilizan los consensos sociales como un deber. Aunque vuelve a mujeres, mientras se desdibuja mu-
acerca de la participación econó- aparecer con relieve la lógica que cho más en el caso de los hombres.
mica femenina, el hecho de verlas indicaría que se está desarrollando La contra-cara de esto es que las
como las responsables de las tareas un papel ajeno a su inscripción de imágenes sobre los hombres como
del hogar y la crianza parece ser el género, esto se justifica por el he- sujetos con responsabilidades de
núcleo duro de la transformación cho de estar él mismo desocupado, “provisión” pero no de “cuidado
de relaciones sociales de género. indicando indirectamente que si se familiar” atraviesan tanto la regu-
reestructurase el sistema de provi- lación del trabajo como las subjeti-
De tal modo, y si partimos de sión, también podrá reestructurar- vidades contemporáneas.
que la noción de conciliar supone la se el de la reproducción.
existencia previa de una tensión o Vale decir: si las partes desave-
colisión “entre partes desaveni- El contexto de desocupación nidas en el litigio que busca gene-
das”15, se comprende el hecho que, inscribe un giro peculiar en las re- rar modos de conciliación son las
en las representaciones que exhiben presentaciones de algunos hom- familias y el trabajo, el sujeto de di-
los hombres al pensarse a sí mismos, bres acerca del cuidado de los cha conciliación sigue siendo un
no exista ningún antagonismo en- hijos/as y el desarrollo de activi- sujeto femenino. No aparece tal
tre familia y trabajo que requiera dades domésticas. De alguna “desavenencia” en el caso de los
ser conciliado. Particularmente, manera, no da cuenta de una con- hombres, lo que se explica en parte,
porque no suele percibirse como ciliación de responsabilidades, pues por el vasto entramado de institu-
responsabilidad propia (ni com- precisamente lo que se ha altera- ciones y representaciones colecti-
partida en términos paritarios) el do ha sido la dimensión de produc- vas que facilitan para ellos una
trabajo que debe realizarse en el tividad masculina, sino de un posición en el sistema de relacio-
interior de los hogares. Antes bien, posible reemplazo de las mujeres nes sociales de género que carga
cuando los hombres participan en en la realización de actividades con un mandato escueto en rela-
la esfera doméstica, continúa pre- que quedaron vacantes, con su sa- ción con el cuidado de los miem-
sente la idea de estar “colaboran- lida al mercado de trabajo. El mo- bros de sus familias. Mandato
do” con sus mujeres, bien sea para delo dicotómico –uno/a trabaja, escasamente alterado pese a las agu-
cubrir las necesidades propias de la otro/a realiza las actividades do- das transformaciones en el esque-
domesticidad en los momentos en mésticas y de cuidado– sigue ma de provisión de recursos para
que “ella no está”, o bien cuando estando presente en el imaginario el hogar.
ellos mismos “tienen tiempo”. Aun- de muchos de estos hombres, pero
que en efecto se presenta un leve permite cierta mutación en la asig- Así definida –por convicción o
incremento en la carga de tiempo nación de responsabilidades, en la por omisión– la conciliación entre
que dedican los hombres a las ta- medida en que ellos no estén apor- familia y trabajo se topará con difi-
reas paternales y domésticas, tam- tando ingresos monetarios. cultades excesivas para las muje-
bién resulta evidente que esta res trabajadoras quienes, como
dedicación sigue siendo muy infe- indican las encuestas de uso del
rior a la de las mujeres (Araya, 3. Formular políticas tiempo, desarrollan ahora una ma-
2003; Aguirre, Sainz y Carrasco, conciliatorias que yor carga total de trabajo que los
2005). vinculen a los hombres (al considerar el trabajo
hombres productivo y el reproductivo). Esta
Ahora bien, una importante al- situación ubica a las mujeres frente
teración de estas imágenes se Los argumentos presentados a un alto grado de exigencia en cada
produce cuando el hombre se en- evidencian que el “contínuum pro- uno de estos ámbitos y, a la vez, fren-
cuentra desocupado y es la mujer ductivo-reproductivo” aparece co- te a la necesidad de lidiar con el

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equilibrio entre ambos, frecuente- elocuente en cuanto a la viabilidad 3 Esfuerzos más recientes de la OIT se diri-
gieron a paliar esta situación. En 1981,
mente renunciando a ampliar sus de que los actores asuman la trans- el Convenio Nº 156 de la OIT, referido
perspectivas de participación en el formación de las relaciones socia- a la igualdad de trato y de oportunidades
mercado laboral o en la vida polí- les de género. En el caso de los de los/as trabajadores/as con “responsa-
bilidades familiares”, logra un importan-
tica, la calidad de las comidas o el hombres, por ejemplo, que hagan te avance en la arena internacional. Al
cuidado de la casa, y reduciendo su uso de las licencias para padres, en menos dos novedades surgen de la lectu-
espacio personal para el descanso tanto éstas existan; que luchen por ra de dicho instrumento: 1) el sujeto de
derechos de este convenio no son sólo
o la recreación. tenerlas, en caso de que no existan;
las mujeres, sino también los hombres; y
y que participen más activamente 2) el convenio amplía la noción de res-
Desde esta perspectiva, resulta en la estructuración de una nueva ponsabilidades familiares, reconociendo
evidente que para lograr una efecti- matriz de cuidado societal. Si el que tanto los hijos como otros miembros
de la familia requieren cuidados específi-
va conciliación entre familia y tra- camino relacionado con cambios cos. No obstante, el reconocimiento de
bajo, y que sus efectos colaterales no institucionales es largo y sinuoso, este convenio es aún poco extendido, ya
continúen perpetuando los privile- el que se orienta a alterar el anda- que cuenta sólo con 36 ratificaciones a
nivel internacional y nueve en América
gios masculinos ni la sobrecarga fe- miaje cultural puede ser aún más Latina. Igualmente, sus disposiciones no
menina, se requiere de un nuevo complejo, pero no por ello, menos han filtrado hasta el momento la legisla-
“contrato sexual” que incluya, pero determinante en el éxito de las po- ción laboral de la región.
a la vez supere, la definición de po- líticas de conciliación, y, en defini- 4 Es interesante destacar que, mientras los
líticas laborales y de conciliación tiva, en la construcción de un recursos transferidos vía asignaciones fa-
miliares dependen de la legitimidad jurí-
propiamente dicha, para el cual se nuevo “contrato sexual”. dica de los vínculos familiares, los dere-
requiere también revisar las políti- chos relativos a la maternidad, no se aso-
cas culturales, educativas y comu- cian de manera exclusiva a las mujeres
casadas, sino que se sustentan en el vín-
nicacionales. Este tipo de contrato culo entre madre e hijos/as.
debería incorporar a los hombres no Citas
5 Código del Trabajo, Título III, capí-
sólo como parte del problema, sino tulo I.
en especial como parte co-respon- 1 Esta pregunta ha estado presente desde
6 Decreto No. 326/56, que data de 1956.
sable en la búsqueda de un nuevo hace más de dos décadas en las investiga-
ciones acerca del modo en que se distri- 7 Código de Trabajo, Arts. 71 y 76.
equilibrio. buyen responsabilidades en las familias y
8 Art. 199, Código de Trabajo de Chile.
en el mundo laboral entre mujeres y hom-
La vinculación en el plano cul- bres, con fuerte énfasis en la mirada so- 9 El tema de las licencias por paternidad se
tural e institucional de las nocio- bre las mujeres. (Ver, entre otros, Jelin y va incorporando en la agenda pública de
Feijoo, 1980). Actualmente, aparece modo incipiente y de la mano de algunos
nes de virilidad y de cuidado parece resignificada por nuevos enfoques que cambios culturales que promueven la
un tema impostergable para el lo- procuran abordar de manera conjunta la paulatina vinculación de los hombres en
gro de la igualdad de género en las lectura sobre la vida familiar y la vida la crianza de sus hijos. En la actualidad,
laboral (Cfr. Crompton, 1999; Wainer- en Argentina y Costa Rica existen pro-
estrategias de conciliación de los man, 2003a; Ariza y de Oliveira, 2003, yectos de ley para ampliar licencias para
ámbitos productivo y reproductivo. entre otros). padres hasta quince días, aunque aún no
El modo en el que los sujetos re- han sido aprobados.
2 La información y buena parte del análi-
presentan sus responsabilidades en sis presentado en este acápite se basa en 10 Véase la Convención sobre la Elimina-
ción de Todas las Formas de Discrimina-
las esferas analizadas, resulta cen- un estudio realizado para la Unidad Mu-
ción contra la Mujer (CEDAW), Artí-
tral desde el punto de vista de las jer y Desarrollo de la Cepal, en el marco
culo 11, y la Convención sobre los De-
del proyecto Cepal/GTZ “Políticas labo-
condiciones de posibilidad de de- rechos del Niño, Artículo 18.
rales con enfoque de géneros”, publica-
mocratización de las familias; de do en: Laura Pautassi, Eleonor Faur y 11 Por razones de espacio, en este acápite se
organización de sistemas de “doble Natalia Gherardi, (2004), Legislación la- han suprimido las referencias a los dis-
boral en seis países latinoamericanos. Avan- cursos de hombres entrevistados, inclui-
provisión y doble cuidado”; y de ces y omisiones para una mayor equidad, das en la versión original de este artículo.
socialización de futuras generacio- serie Mujer y Desarrollo No. 56, Santia- 12 Una de las investigaciones analizó las re-
nes, en el marco de una moralidad go de Chile, Cepal. (LC/L 2140-P). En flexiones de hombres colombianos vin-
que responda a principios de justi- esta investigación se analizó la legisla- culados a la función pública acerca del
ción laboral de seis países latinoamerica- modo en que se estructuran las desigual-
cia que no impliquen la subordina- nos (Argentina, Chile, Costa Rica, Ecua- dades de género en distintos escenarios
ción de las mujeres. Es también dor, El Salvador y Uruguay). de la vida social (Faur, 2004). La otra,

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corresponde a los resultados prelimina- Family Work”, en: Journal of Marriage JELIN, Elizabeth y María del Carmen Feijóo,
res del análisis de 31 entrevistas en pro- and the Family, No. 62, November. 1980, Trabajo y familia en el ciclo de vida
fundidad realizadas con hombres de sec- femenino: el caso de los sectores populares
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tropolitana de Buenos Aires. decline of the ´male breadwinner family
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13 Véase Jelin y Feijoó, 1980. Economics, Vol. 23, No. 5, Special Issue MARTÍNEZ, Juliana y Rosalía Camacho,
on the Family, September, Oxford 2005, “¿Agua y aceite? Conciliación en-
14 Para la observación del modo en que el
University Press. tre mundos productivo y reproductivo
“principio de igualdad” se encuentra pre-
sente en las legislaciones analizadas, véa- CROMPTON, Rosemary, 1999, “The Decli- en América Latina”, Informe de consul-
se Pautassi, Faur, Gherardi, ob. cit. ne of the Male Breadwinner: Explana- toría para GTZ/UNFPA, mimeo.
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