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Por qué la próstata

da tantos problemas

La revisión anual de la próstata es imprescindible. Lejos de falsos mitos,


la visita al urólogo no es tan desagradable y puede evitar que el cáncer de
próstata sea hoy el más extendido entre adultos. Una simple revisión
anual puede salvar muchas vidas.

Uno de cada siete hombres va a padecer cáncer de próstata, una cifra


similar a la de cáncer de mama. Sin embargo, la percepción es muy
diferente. Mientras en el cáncer de mama las revisiones son generalizadas
y el tratamiento personalizado y muy efectivo, en el caso de los hombres
parece que, ellos mismos, no le dan la misma importancia.

Si se hiciera una visita anual en el urólogo a partir de los 50 años, sin


duda la afectación y los problemas serían muy inferiores. “Es el cáncer
más extendido entre los hombres y sólo las revisiones periódicas pueden
detectarlo”, añade el Dr. Juárez. Hay mucho desconocimiento y de ahí que
se haya instaurado el 15 de septiembre como el Día Europeo de la Salud
Prostática.
¿Qué es la próstata y qué le puede pasar?
La próstata es un pequeño órgano del tamaño de una nuez situado justo
debajo de la vejiga y que solo lo tienen los hombres. Cumple una función
reproductora, puesto que produce el líquido seminal que protege y
alimenta los espermatozoides. También es crucial en la función urinaria,
dado que la uretra, el conducto por el que se transporta la orina a través
del pene, pasa por la próstata.

El problema principal que presenta es que a partir de los 40 años empieza


a crecer y con los años dar lugar a tres tipos de problemas diferentes:

 Prostatitis: es una inflamación puntual de la próstata, habitualmente


por una infección bacteriana. Es muy frecuente y afecta casi a la
mitad de los hombres en algún momento de su vida. Se resuelve sin
problemas.

 Hiperplasia Benigna de Próstata (HBP): es un crecimiento demasiado


rápido de la próstata, que hace que se comprima el conducto de la
orina y es el principal responsable de los problemas para orinar en
hombres mayores de 50 años

 Cáncer: es un crecimiento por células malignas. Pese a su crecimiento


lento es el tercer cáncer más mortal, tras el de pulmón y digestivo. Y
eso que muchos podrían detectarse a tiempo, pero sólo en una
revisión, puesto que en ocho de cada nueve casos no de síntomas
hasta que ya está avanzado. La hiperplasia, suele ser la antesala del
cáncer.

¿Cómo se puede proteger la próstata?


 Controlar el consumo de alcohol.
 Vaciar la vejiga frecuentemente durante el día y, sobre todo, antes de
ir a dormir.
 Evitar el sedentarismo.
 Eyacular con frecuencia. Algunos estudios recientes sugieren que los
hombres que eyaculan 21 veces al mes tienen menos riesgo de
padecen cáncer urológico que los que eyaculan 4 o 5.

Una dieta saludable


El cáncer es más frecuente en varones con una dieta rica en grasas
saturadas. Por eso es fundamental cuidar la alimentación, evitando el
estreñimiento y las comidas flatulentas.

 Reduce el azúcar. Las células tumorales necesitan un aporte


energético para crecer, especialmente en forma de azúcares de
absorción rápida.

 Menos carne roja. Es rica en grasas saturadas y su poder


proinflamatorio es alto.
 Aumenta el aporte de vitamina C y E. La primera tiene una acción
reguladora del sistema inmunitario. La vitamina E es antioxidante y
clave en la regulación de las hormonas sexuales; está presente en
germen de trigo, nueces y cacahuetes, por ejemplo.

 Pepitas o aceite de calabaza. Son antiinflamatorios y facilitan la


micción. Previenen y reducen la hiperplasia benigna.
LOS FalSOS MITOS DEL TACTO RECTAL
Los mayores de 50 años deben acudir periódicamente al urólogo,
especialmente si un padre o hermano ya ha tenido cáncer de próstata ,
puesto que tienen tres veces más riesgo.

El Dr. Fernando Gómez Sancha, director del Instituto de Cirugía


Urológica Avanzada, es tajante: “La detección precoz es la única arma
contra el cáncer de próstata cuando aún es curable. No acudir al urólogo
por si me hacen un tacto rectal es una grave actitud en la que se pone en
riesgo la salud”. El Dr. Gómez recuerda la famosa frase mencionada una
y mil veces en las facultades de medicina: “más vale meter el dedo que
meter la pata”.

Además, existe mucha desinformación respecto al tacto rectal. En primer


lugar, no siempre es necesario. Primero se hará un análisis de sangre,
para detectar los niveles de un elemento, el antígeno prostático específico
(PSA), que puede dar pistas de si hay cáncer.

Y cuando hay que hacerlo,“tampoco resulta especialmente molesto, además


de ser bastante rápido”, añade el Dr. Gómez. El único síntoma de algunos
cánceres es el endurecimiento de la próstata y por tanto, si no se hace el
tacto es posible que no se detecte.

Síntomas que hay que vigilar


No todos son síntomas de cáncer, puesto que puede deberse a un
crecimiento de la próstata benigno, pero la visita al especialista se hace
obligada para que lo aclare.
 Problemas al orinar: puede ser dificultad para comenzar, menos
fuerza en el chorro de la orina o continuo goteo al acabar y sensación
de acabado incompleto.

 Sangre en la orina o el semen.

 Dolor al orinar o en la eyaculación.

 Molestias en la cadera o en la parte baja de la espalda que no


desaparece con el tiempo
 Pérdida de apetito y de peso.

Avances en el TRATAMIENTO del cáncer


La comprobación definitiva de que se trata de un cáncer es mediante una
biopsia. Una pequeño pinchazo que se hace normalmente con anestesia
local y que no produce mayores problemas. Además, “hasta ahora se
hacía a ciegas, puesto que no se podía ver la próstata y se cogían muestras
aleatorias, pero ahora gracias a un aparato de resonancia se puede guiar la
aguja hacia la zona que queramos”, explica el Dr. Juárez.

En caso de confirmarse el diagnóstico, se le da al paciente un folleto con


los tratamientos para que estudie con el especialista el que más le
conviene con sus pros y contras. Los más comunes son:

 Cirugía: es la extracción de la parte afectada de la próstata. Se ha


avanzado mucho gracias al uso de la laparoscopia que la hace menos
invasiva.
 Radioterapia: radiaciones a alta potencia que matan las células
malignas. El problema es que también puede afectar a otras zonas.

Cogido a tiempo, el paciente se recupera y puede volver a hacer una vida


normal sin pérdidas de orina y volver a tener una vida sexual plena.