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COMUNITARISMO E INDIVIDUALISMO

Octavio Martínez López 1017332


Sumario:
I. Acercamiento a la modernidad.- II. Hacia el nacimiento del comunitarismo
III. Comunitarismo: alternativa reaccionaria.- IV. Individualismo capitalista e
individualismo liberal.- V. El comunitarismo frente al individualismo.-
VI. Comunitarismo.- VII. Conclusión.- VIII. Bibliografía.

I. Acercamiento a la modernidad
De acuerdo con Cervantes Jáuregui, “modernidad significa un modo particular de acción
humana que es peculiar a una gran época histórica o, por lo menos, que permite distinguir
esa época de otras anteriores”.1 Lo que significa que “modernidad” comporta “una
transformación persistente y extensiva de los límites de la acción humana sobre su entorno
natural y sobre el propio conglomerado humano, creando procesos y sistemas de procesos
de especialidad y diversidad crecientes y que tienden a abarcar prácticamente todos los
órdenes de la vida y todas las formas de relación social o interindividual”.2
Acaso no sea lícito decir que la modernidad contribuyó a la perfección de todas las
ciencias y las artes, de los oficios y las técnicas, empero sí a la sofisticación de todos estos.
Ortega y Gasset, en su obra La rebelión de las masas, enuncia que la técnica y la
democracia son los inventos del hombre moderno que lo distinguen de sus antepasados.3
Inventos tales que buscan ampliar el horizonte de las acciones y dominios humanos, y que
no consisten únicamente en herramientas como prolongación del cuerpo humano,
herramientas propiamente materiales, sino se hace referencia asimismo a herramientas
intelectuales y sociales.
Ciertamente la modernidad representa un periodo de considerable extensión. Desde
Galileo el giro de la ciencia tiene lugar con dirección hacia lo denominado moderno, antes,
no. Y aunque las primeras técnicas no aparecieron en el mundo desde el momento en que
históricamente se considera que comienza la edad moderna de la humanidad, sí desde este
momento se hace énfasis en el desarrollo de las mismas. El desarrollo de la técnica es,
entonces, una nota distintiva de la modernidad.
Cuatro son los factores, al decir de Cervantes Jáuregui, que pasan a ser los pilares de
la constitución política de la modernidad, a saber: el individuo, la democracia, la separación
formal entre Estado y sociedad y la neutralización de las tensiones políticas. Marx
considera, en Introducción a la crítica de la economía política, que “solamente al llegar al
llegar el siglo XVIII, con la ‘sociedad civil’, y las diferentes formas de conexión social

1
Cervantes Jáuregui, L. (1994) Los límites de la modernidad. México: UAM/GEG. Pág. 8.
2
Ibid., pág. 8.
3
Citado por el autor, pág. 9.

1
aparecen ante el individuo como un simple medio para lograr sus fines privados, como una
necesidad exterior. Pero la época que genera este punto de vista, esta idea del individuo
aislado, es precisamente aquella en la cual las relaciones sociales (universales según este
punto de vista) han llegado al más alto grado de desarrollo alcanzado hasta el presente”.4 El
hombre se torna así en una animal que sólo puede individualizarse en la sociedad.5
Desde esta perspectiva, la modernidad es la primera organización que reconoce al
individuo como elemento fundamental. Es la época moderna “la que se distingue por el
lugar político básico ocupado por aquél”,6 dice el citado autor, quien a continuación
menciona: “Si la sociedad civil es una categoría moderna, ella es una sociedad de
individuos, aunque no únicamente de tales. También el Estado tiene una raíz echada en el
sustrato individual; en tanto institución universal representa la generalidad de los intereses
individuales y constituye la garantía de la existencia de aquellos, esto es, permite que
sobreviva la libertad, sustancia del concepto de individuo”.7 La sociedad civil viene a ser
un modelo forjado en la fragua de la modernidad.
La exaltación de la libertad llevó al liberalismo, como corriente filosófica y política,
cancelar las autocracias, acabar con los absolutismos y echar los fundamentos del régimen
democrático.8 Aun cuando la idea de modernidad ha ido cambiando desde su nacimiento, la
figura del individuo, legado de ella misma, “sobrevive como uno de los recursos más
poderosos de autocontrol”.9 Luego se hablará de la autonomía, concepto afín al individuo
moderno.
He ahí que la democracia, según Ortega y Gasset, sea uno de los inventos que
definen la imagen del hombre moderno. El individuo en la sociedad democrática, en la
sociedad de masas, tiene la libertad de participar en la organización política de la misma. Se
habla entonces de una participación legítima de índole política. La participación política
legítima que aquí se abre paso se constituye en “el instrumento por medio del cual la masa
interviene en los procesos de gobierno para asegurarse la vigencia de los derechos iguales y
universales que le den esperanza de arribar a una igualdad material y social”.10
El hecho de que en la modernidad los individuos sean ponderados en cuanto
individuos, y en cuanto conglomerado de individuos, que circunscriben su participación
política en una determinada sociedad, lleva a pensar que la sociedad moderna es por un
lado una sociedad de individuos, y, por el otro, una sociedad de masas. De este modo, se

4
De Querido Marx III, pág. 14.
5
Ibidem.
6
Cervantes Jáuregui, L., op. cit., pág. 32.
7
Ibidem.
8
Ravines, E. (1974). Capitalismo o comunismo. Disyuntiva del siglo, Editorial Libertad. Pág. 140.
9
Cervantes Jáuregui., L., op. cit., pág. 225.
10
Ibid., pág. 33.

2
fija una distinción taxativa entre sociedad y Estado. La separación formal entre el Estado y
la sociedad es una pauta que permitió la gestación de la modernidad.
Para que el reconocimiento de la libertad de los individuos pudiera llegar a ser, fue
menester la creación de un marco de reconocimiento, lo que representa el Estado moderno.
Los individuos requieren de un marco adecuado para el goce de los derechos que les ha
sido conferido. Y requieren a su vez que ese marco pueda ser un marco regulador. En este
caso, el Estado se consolida como agente regulador de los individuos, como regulador de
sus derechos, por medio de las leyes y, más aún, como garantía de la libertad de los
mismos. De modo que pudiese existir un equilibrio, no solo entre individuos y Estado, sino
también entre las diversas ideologías y acciones políticas, consecuencias directas de la
libertad garantizada y de la permisibilidad que de ella deriva. Hablamos, pues, de una
neutralización de las tensiones políticas, para lo cual se han empleado diversos medios y
establecido diferentes enfoques.
A este respecto, Cervantes Jáuregui menciona que “el Estado es imparcial pero está
sometido, junto con los otros sectores, a una tensión permanente y fluctuante, que no
encuentra solución dentro de la estructura política y que requiere politizar otros ámbitos,
constituyéndolos como espacios de neutralización de los conflictos emergentes”.11

II. Hacia el nacimiento del comunitarismo


El comunitarismo, en comparación con el individualismo, podemos decir que es el
primer estadio de orden social humano. La vida, sobre todo la del hombre, es una reunión
de manifestaciones y ausencias de manifestaciones respecto de lo social, personal y natural.
Platón reconoció la maravillosa organización de los lacedemonios, y encontramos
este reconocimiento en algunos de sus diálogos. Esta organización, que se presentó a la
hora matinal de la historia, por usar una imagen, se trata de un comunitarismo, que
encuentra en sus miembros y la mutua cooperación los factores fundamentales de la
comunidad.
Plutarco, en Vidas paralelas, menciona que de las novedades introducidas por
Licurgo en la constitución espartana, la primera fue la institución de la guerusía, con el
propósito de establecer un equilibrio en la comunidad. La segunda medida que tomó el
mismo legislador fue la redistribución de la tierra en partes iguales.12 “La tercera novedad
fue la institución de los comedores públicos. Todos los ciudadanos tenían que comer en
común, consumiendo todos lo mismo”.13 Dice después: “se sentaban en grupos de quince, y

11
Cervantes Jáuregui, L., op. cit., pág. 38.
12
De Comunitarismo clásico e individualismo moderno, pág. 1. Sabios y legisladores.
13
Ibidem.

3
cada uno aportaba, cada mes, una medida de harina, vino, queso, aceite, higos, y una
módica cantidad de dinero”.14
En lo concerniente a la educación, menciona Plutarco: “cuando el niño nacía, el
padre lo presentaba a los ancianos de la tribu, que lo examinaban”.15 Si el niño era
encontrado sano ante los ojos de los ancianos, “asignaban, para su mantenimiento, uno de
los nueve mil lotes, si les parecía deforme, lo enviaban a que fuera arrojado a un pozo
natural en una ladera del Taigete, llamado Apotete”.16 Además, no era el padre el que
decidía sobre la educación, “a la edad de siete años los niños entraban a filas, encuadrados
en compañías, con reglamento y comidas en común, y se acostumbraban a divertirse y
estudiar compartiendo”.17
Las palabras de Plutarco inducen a pensar que el comunitarismo es una de las
primeras formas de organización ideadas por el hombre histórico. Es el orden social óptimo
para el progreso solidario humano. Una referencia laerciana relativa a la vida de Pitágoras,
nos permite saber que éste filósofo “fue el primero, como asegura Timeo, que entre los
amigos todas las cosas son comunes; y que la amistad es una igualdad”.18 Considerando lo
escrito por el memorable doxógrafo, la idea de lo común en Pitágoras es altamente valorada
desde una perspectiva humanitaria, lo que ocuparía un lugar privilegiado dentro de un
orden social comunitario.
La vida comunitaria no es una tendencia natural del hombre. Es un estado que se da
a partir del acto de reconocimiento de nuestras limitaciones individuales, limitaciones estas
no sólo físicas, sino también intelectuales. Ya Heráclito proclamaba también lo común, en
este último sentido, al decir que “debemos seguir lo común, aunque la muchedumbre viva
como si tuviera sabiduría propia”.19
El comunitarismo a que nos hemos estado refieriendo hasta aquí es un
comunitarismo naciente, que echó los fundamentos bastantes para erigir la concepción de lo
comunitario e imprimirla en distintas sociedades y, que por ello, merece el atributo nominal
de clásico. Este comunitarismo, según Jaeger, en Paideia, es donde la comunidad
representa “el más alto bien que conduce a la polis e incluye en sí la existencia particular de
los individuos”,20 y, por supuesto, consiste en una concepción de ningún modo distante a la
del comunitarismo en nuestro tiempo.
El comunitarismo, al igual que la razón y la sensibilidad, distingue al hombre de las
demás especies. Aunado a esto, no sólo proclama la libertad y la igualdad, sino que va al
14
Ibidem.
15
Ibidem.
16
Ibidem.
17
Ibidem.
18
En Comunitarismo clásico e individualismo moderno, pág. 2.
19
Ibid., pág. 3.
20
Ibid., pág. 4.

4
encuentro de la fraternidad, lo que olvidó la Declaración de 1791, que proclama, al decir de
Kropotkin en Sobre la cuestión judía, solemnemente “la legitimidad del hombre egoísta,
separado de su prójimo y de su comunidad”.21 De acuerdo con lo que precede, dice el
mismo autor, “a diferencia de los droits du citoyen [derechos del ciudadano], los derechos
humanos, los droits de l´homme [derechos del hombre], no son otra cosa que los derechos
del miembro de la sociedad civil, es decir del hombre egoísta, separado del hombre y la
comunidad”.22
No puede asombrarnos las palabras de Kropotkin al identificar las diversas
instituciones jurídicas que han sido creadas recientemente con el ánimo de defender el libre
desenvolvimiento de la persona, sobre los de la comunidad o seno social a que ésta
pertenece. Son, por lo tanto, risibles y lamentables las pugnas sostenidas a causa de esta
defensa, que defiende al hombre en abstracto, para fijarle derechos que afectan en concreto.
El hombre, pues, es reconocido como persona, como individuo de valor universal, y
no es enseñado a ser persona. Acaso ni se tenga la menor idea de lo que es e implica ser
persona. Hegel, en Fenomenología del Espíritu, declara que “el individuo que no ha
arriesgado la vida pueda sin duda ser reconocido como persona, pero no ha alcanzado la
verdad de este reconocimiento como autoconciencia independiente”.23 Esto es que no
abandona su condición de siervo o señor, según sea el caso, siempre dependiente de otra
conciencia, esperando ser dirigido o esperando dirigir. No existe, entonces, verdadera
independencia.

III. Comunitarismo: alternativa reaccionaria


La época moderna ha contribuido inevitablemente al robustecimiento del
individualismo, entendido como tendencia a un determinado interés o propósito, háblase así
de individualismo capitalista y de individualismo liberal (más adelante trataremos de estas
dos formas de individualismo). El individualismo, en cualquiera de sus tendencias,
podemos decir, se adscribe a la perfección dentro del margen de la época moderna. Si
consideramos esto, la aparición del comunitarismo viene a significar una revolución radical
a esa idea de sociedad conformada por individuos y que por lo mismo se presenta a manera
de una sociedad de individuos y como sociedad de masas, donde vista la sociedad como
conglomerado, a los individuos se los confunde. Estimada la individualidad de todos como
la primera, en un orden de importancia, la individualidad y, por consiguiente, la libertad de
los individuos no podrán estar en una situación de relación común; en virtud de esa
valoración, los atributos de los individuos, considerados entitativamente individuales, sólo

21
Ibid., pág. 11.
22
Ibidem.
23
De Querido Marx III, pág. 1.

5
podrán estar yuxtapuestos, en obediencia a un determinado estado de cosas relativamente
favorable.
Advertimos que negar la posibilidad de existir en comunión no es negar la
posibilidad de desenvolvimiento de los individuos como constituyentes de una sociedad,
para este caso existen las relaciones de producción, relaciones involuntarias en la mayoría
de las veces, que permiten el progreso individual y social-individual, mas nunca realmente
el de la comunidad social.
El comunitarismo “es una ideología político-social de esencia revolucionaria”.24
Ello porque modifica la visión que se tiene del individuo dentro de una sociedad. “Dentro
del pensamiento comunitario la revolución está puesta al servicio del hombre, como fin en
sí mismo, como persona humana”.25

IV. Individualismo capitalista e individualismo liberal


La degeneración del individualismo desembocó en la ilusión de pensar al hombre
simplemente como individuo, totalmente independiente de todos los demás hombres que le
rodean. “Sin negar la realidad del individuo, debemos reconocer que, en su definición,
entran forzosamente muchos elementos productos del ambiente social”.26
Por otra parte, De Julios Campuzano en Individualismo y modernidad. Una lectura
alternativa afirma que en cuanto fenómeno de la modernidad el individualismo “no tiene
una única trayectoria ni un único fundamento moral y político sino que se desenvuelve en
distintas direcciones y con efectos y consecuencias diversas e incluso, opuestas”.27 En este
tenor, el mismo autor sostiene que “el individualismo, como tal, no debe identificarse
necesariamente con el egoísmo –más bien éste constituye una perversión de su sentido
inicial–. El individualismo tampoco debe contemplarse como un fenómeno obligadamente
dispersivo de los vínculos comunitarios que fomenta el aislacionismo y una concepción
atomista de la sociedad”,28 así como tampoco debe identificarse con la defensa de libre
mercado y la justificación de la apropiación capitalista ilimitada”.29 De Julios, en ese
mismo escrito, considera que es oportuno referirse a un individualismo triunfante y a un
individualismo postergado.
La primera clase de individualismo asocia las ideas de individuo y apropiación, “y
somete el desarrollo de la individualidad a un proceso selectivo y excluyente determinado

24
Rodríguez-Arias Bustamante, Lino (1971). Alternativa ideológica comunitarismo. Venezuela: Universidad
de los Andes. Pág. 61.
25
Rodríguez-Arias Bustamante, Lino, op. cit., pág. 63.
26
Rodríguez-Arias Bustamante, Lino, op. cit., pág. 110.
27
De Julios Campuzano, Alfonso (1995). “Individualismo y modernidad. Una lectura alternativa”, Anuario de
filosofía del derecho, XII. Pág. 239.
28
Ibid., pág. 240.
29
Ibidem.

6
por el orden espontáneo del mercado”;30 individualismo este cuyo fundamento teórico se
encuentra en la escuela librecambista escocesa con autores como Malthus, Mandeville y el
movimiento fisiócrata. El individualismo postergado “surge implicado en el nacimiento de
la modernidad y tiene también mucho que ver con la forma de producción capitalista y con
la defensa del orden de mercado, pero lo trasciende y lo supera”.31 Este individualismo es
liberal y, por tanto, defiende la idea de que la libertad es la condicio sine qua non para el
desarrollo de la individualidad, lo que, al derivar de una concepción igualitaria de los seres
humanos respecto a la dignidad, ha permitido obtener la concesión legítima de un cúmulo
de derechos, hasta las declaraciones de derechos que se extenderían, a la postre, a todos los
sistemas constitucionales.
Decimos, entonces, que el individualismo triunfante es el individualismo capitalista
y el postergado, el individualismo liberal. El primero gira en torno al concepto de propiedad
privada “y que ello genera un modelo de apropiación que es exclusivo y excluyente en la
realización de las inicialmente iguales y legítimas pretensiones individuales”.32 Los lazos
de cooperación social, en este caso, se crean sin desviar la mirada de “los intereses egoístas
privados de los individuos y resalta el valor de la independencia individual como límite a la
sociabilidad del hombre, subordinando los fines de la comunidad a la defensa de los
intereses particulares concretados como derechos negativos absolutos”.33
El liberalismo capitalista es una farsa. Propiamente la libertad que proclama
obedece a una determinada teoría económica, dentro de la cual el hombre es necesario que
exista, empero no como tal, “sino como obrero, para que perpetúe no la humanidad, sino la
clase esclava de los obreros”.34 Dentro de la teoría económica capitalista “la
desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de
las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también así mismo y al obrero
como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general”.35
Es insoslayable la contradicción en que cae el liberalismo capitalista. Se agita el
estandarte de la libertad, se proclama al hombre libertado. El hombre pasa a ser un liberto
del sistema de producción. El hombre liberto, luego, es enajenado, por medio del trabajo
enajenado. El trabajo enajenado le arranca al hombre la vida genérica, toda libertad, sin
actividad libre:36
“El animal es inmediatamente uno con su actividad vital. No se distingue de ella. Ella es. El
hombre […] Tiene actividad vital consciente. No es una determinación con la que el

30
Ibidem.
31
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 240.
32
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 246.
33
Ibid., pág. 247.
34
De Querido Marx III, pág. 5.
35
Ibidem.
36
Ibid., pág. 8.

7
hombre se funda inmediatamente. […] La actividad vital consciente distingue
inmediatamente al hombre de la actividad vital animal. Justamente, y sólo por ello, es él un
ser genérico. O, dicho de otra forma, sólo es ser consciente, sólo es su propia vida objeto
para él, porque es un ser genérico. Sólo por ello es su actividad libre. El trabajo enajenado
invierte la relación, de manera que el hombre, precisamente por ser un ser consciente hace
de su actividad vital, de su esencia, un simple medio para su existencia”.37

El individualismo liberal, o la tradición individualista liberal, concibe la libertad


semejante a una “emanación de la individualidad”. El individuo es el portador de la
libertad, lo que trae como consecuencia la inversión de determinados ordenes sociales y
jurídicos: los individuos, en cuanto ciudadanos y pertenecientes a un determinado
organismo político, son los facultados para otorgar legitimidad al gobierno, instituido, claro
está, mediante el consenso.38 El progreso social, dentro de esta teoría, depende de la
efectiva realización del ideal de autonomía. “El ideal de autonomía contribuye a conformar
una concepción dinámica y secuencial de la libertad humana”.39 La libertad es aquí un
continuo hacerse, un proceso, el rasgo distintivo de toda persona plena, íntegra, del ser
político y moral de todo hombre.
Tocqueville, en su obra La Democracia en América, apunta la siguiente sutil
observación:
“Individualismo es una expresión reciente que ha creado una idea nueva: nuestros padres no
conocían sino el egoísmo.
El egoísmo es el amor apasionado y exagerado de sí mismo, que conduce al hombre
a no referir nada sino a él solo y a preferirse a todo.
El individualismo es un sentimiento pacífico y reflexivo que predispone a cada
ciudadano a separarse de la masa de sus semejantes, a retirarse a un paraje aislado, con su
familia y sus amigos; de suerte que después de haberse creado así una pequeña sociedad a
su modo, abandona con gusto la grande”.40

En este sentido, el individualismo se relaciona con “el aislamiento del individuo en


la sociedad”, y nos acerca al individualismo de nuestro tiempo, individualismo este,
escribía De Julios en el último lustro del siglo XX, “con tendencia generalizada propiciada
por el igualitarismo, la apatía, el abandono de las responsabilidades públicas, el atomismo,
la extrañeza y el aislamiento con respecto son temas de nuestra época”.41

37
Ibidem.
38
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 247.
39
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 248.
40
Tocqueville, A., La Democracia en América, II parte, pág. 466, citado en el escrito Individualismo y
modernidad. Una lectura alternativa, pág. 257.
41
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 259.

8
V. El comunitarismo frente al individualismo
Es imperioso, por tanto, reconocer que el hombre nace en sociedad y vive dentro de
las comunidades sociales, y la asunción de la responsabilidad para consigo mismo significa
una responsabilidad para con el otro. No por esto se hablará de una confusión de
individualidades, de lo contrario, se podrá hablar de una afirmación de la individualidad a
partir del reconocimiento de la comunidad social. Comunidad e individualidad, o
personalidad, no se excluyen entre sí, de lo contrario se complementan, mientras que la
comunidad no sea observada como una sociedad a menor escala conformada por individuos
que defiendan “una postura individualista basada en el absolutismo de la personalidad”.42

VI. Comunitarismo
Desde el enfoque del comunitarismo, el individuo “no actúa, sino en cuanto
miembro de la comunidad, y ésta no puede nunca olvidar que está compuesta de individuos.
Así se adquiere una valoración social de la vida humana y, en definitiva, no puede
concebirse ninguna actividad individual, sino en función de lo social”.43 Este entramado
social no da lugar a que, como mencionamos, el individuo sea despojado de su
individualidad, o la persona de la personalidad que le es propia.
El comunitarismo, al contemplar al hombre en función del bien común, si
despojarlo de personalidad o individualidad, se presenta, de acuerdo a Rodríguez-Arias, a
manera de alternativa, respecto de los sistemas capitalista y marxista, de una tercera vía
ideológica. El individuo, pues, se pone en función de la comunidad.
El individuo comunitarista se sociabiliza, por decirlo de algún modo, en la
comunidad se respeta la individualidad de los individuos, la personalidad de las personas;
considerando a todos los demás miembros de la comunidad como igual merecedores de tal
reconocimiento. “El individuo, en la sociedad burguesa, ha perdido todo sentimiento de
solidaridad y ha pasado a ser un mero factor instrumental. Han dejado de existir las
relaciones directas y humanas. Pareciera que los avances de la técnica se hubiesen
confabulado para acrecentar la insignificancia de la persona humana”.44
El comunitarismo significaría la ruptura de la idea moderna de organización social.
Las relaciones involuntarias a que se ve sujeto el hombre moderno, son las relaciones de
producción, el comunitarismo promete la recuperación de los lazos humanos o las
relaciones humanas, hace tiempo perdidos. El individualismo coloca al individuo en una
posición difícil y aislada, lo deteriora, lo obnubila entre tanta individualidad aparentemente
preponderada.

42
Rodríguez-Arias Bustamante, L., op. cit., pág. 119.
43
Rodríguez-Arias Bustamante, L., op. cit., pág. 119.
44
Ibid., pág. 116.

9
El individualismo, continuamos, olvida que el hombre social está polarizado
existencialmente hacia dos fines compenetrados, el individual y el social.45 Es claro que no
es posible hablar de individualismo sin tomar en cuenta los factores del medio social. “En
cualquier relación humana se advierte esa compenetración entre lo individual y lo social,
aun comprobando el predominio de uno u otro, de lo mío y de lo nuestro, en la relación de
que se trate. Separar lo individual de lo social, o viceversa, sólo es posible a título de
abstracción”.46
La acción individual se convierte, para el comunitarismo, en acción comunitaria. Lo
que nos permite hablar del hombre como persona que observa “todos los bienes humanos
desde el punto de vista del bien de la comunidad, y no de los caprichos de los hombres”.47

VII. Conclusión
El comunitarismo representa, de cierto modo, la vía que supera la antítesis
capitalismo-marxismo, según se mencionó: “Se trata de un sistema ideológico donde el
hombre encuentra un clima propicio para desarrollar su personalidad individual, teniéndose
siempre presente, por otra parte, sus deberes sociales”.48 Los propósitos de esta vía son que
la personalidad perteneciente a cada hombre no sea ahogada en el seno de la sociedad,
confundida y sustituida completamente por la idea de interés social, y que la acción humana
obedezca a la concepción del hombre para el hombre, “siempre al servicio de su semejante,
de su comunidad”.49
La reacción comunitaria ante este paisaje gris y desolador, que es la modernidad,
viene a decirnos que el discurso filosófico y moral de la misma modernidad está agotado.50
La decisión debe ser tomada por cada hombre: el hombre para el hombre o el hombre para
sí mismo, lo que es distinto a lo primero. O asumir que se vive con el otro dentro de una
sociedad, en la inmensa comunidad que es el mundo, o fingir vivir aislado dentro de una
sociedad, la cual, a su vez, me es necesaria para afirmar mi individualidad en ese
ostracismo figurado. Para una parte de este último supuesto, la auto-proscripción es una vía
que conduce hacia el apartamiento y la indiferencia, no obstante ¿se elevará a tan alto grado
nuestra osadía?
De acuerdo con Kropotkin, en Apoyo mutuo. Un factor de la evolución, “en la
sociedad humana, la autoafirmación de la personalidad también constituye un elemento de
progreso”,51 considerando el individualismo asimismo como una forma de autoafirmación
del individuo. Empero, “la práctica de la ayuda mutua y su desarrollo subsiguiente crearon

45
Ibid., pág. 111.
46
Ibidem.
47
Ibidem.
48
Rodríguez-Arias Bustamante, L., op. cit., pág. 18.
49
Ibidem.
50
De Julios Campuzano, A., op. cit., pág. 262.
51
De Querido Marx IV, pág. 4.

10
condiciones mismas de la vida social, sin las cuales el hombre nunca hubiera podido
desarrollar sus oficios y artes, su ciencia, su inteligencia, su espíritu creador; y vemos que
los períodos en que los hábitos y costumbres que tienen por objeto la ayuda mutua
alcanzaron su elevado desarrollo, siempre fueron períodos del más grande progreso en el
campo de las artes, la industria y la ciencia”.52
Si el comunismo es, según Marx, “la verdadera solución del conflicto entre el
hombre y la naturaleza, entre el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y
esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y
género”,53 el comunitarismo, como antesala del comunismo, estimamos que puede ser el
mutuo reconocimiento de los hombres que conforman un medio social para la afirmación
de sí mismos a través de la comunidad. No busca el comunitarismo abolir la individualidad
de cada hombre, la individualidad es inherente al hombre en virtud de su naturaleza, se trata
de apreciar con justicia la individualidad, justipreciar al individualismo en sí mismo; se
trata, pues, de reivindicar la individualidad del hombre entre los hombres, de proscribir el
egoísmo.
El comunismo que ha de venir representará, de acuerdo con Marx en Manuscritos
económico-filosóficos de 1844, “la superación positiva de la propiedad privada en cuanto
auto-extrañamiento del hombre, y por ello como apropiación real de la esencia humana por
y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es
decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de toda la riqueza de la
evolución humana hasta el presente”.54
La superación positiva de la propiedad privada humana, uno de los pilares propios
de la modernidad, y con ello, del individualismo; “de la propiedad privada como
apropiación de la vida humana es por ello la superación positiva de toda enajenación, esto
es, la vuelta del hombre desde la Religión, la familia, el Estado”55 a la existencia humana
que le pertenece, es decir, a la existencia social.

52
Ibid., pág. 5.
53
De Querido Marx III, pp. 9-10.
54
De Querido Marx III, pág. 9.
55
Ibid., pág. 10.

11
VIII. Bibliografía

De Julios Campuzano, Alfonso (1995). “Individualismo y modernidad. Una lectura


alternativa”, Anuario de filosofía del derecho, XII.

Cervantes Jáuregui, L. (1994). Los límites de la modernidad. México: UAM/GEG.

Ravines, E. (1974). Capitalismo o comunismo. Disyuntiva del siglo, Editorial Libertad.

Rodríguez-Arias Bustamante, Lino (1971). Alternativa ideológica comunitarismo.


Venezuela: Universidad de los Andes.

Comunitarismo clásico e individualismo moderno.

Querido Marx III y IV.

12