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De aliados a enemigos

ISABEL I FELIPEII

Y

Pese a que en el inicio de su reinado llegó a proponerle matrimonio, el rey de España terminó viendo a Isabel de Inglaterra como una hereje a la que había que destronar

GILES TREMLETT

HISTORIADOR

DOS MONARCAS PODEROSOS

A la izquierda, retrato de un joven Felipe II, obra de Antonio Moro. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Sobre estas líneas, el retrato, obra de George Gower, que Isabel I de Inglaterra encargó para conmemorar la victoria sobre la armada española en 1588. Abadía de Woburn, Bedfordshire.

IZQUIERDA: ORONOZ / ALBUM. DERECHA: BRIDGEMAN / ACI

SS

III

CRONOLOGÍA

El camino hacia la ruptura

1553

María Tudor, hija de Catalina de Aragón y de Enrique VIII, es proclamada reina de Inglaterra. Anuncia su compromiso con Felipe de España.

1554

Fracasa la rebelión de Thomas

Wyatt para derrocar a María. Isabel, acusada de participar,

es encerrada en Woodstock.

Felipe y María se casan.

1556

El emperador Carlos V abdica

en favor de su hijo Felipe II, que se convierte en rey de España. El emperador se retira

al monasterio de Yuste.

1558

A la muerte de la reina

María, Felipe II apoya a su antigua cuñada Isabel en sus pretensiones al trono de Inglaterra.

1570-1571

Felipe II decide que su deber

como rey católico es contribuir

al derrocamiento de Isabel I

y a su sustitución por María Estuardo, reina de Escocia.

1588

El rey de España envía una

armada contra Inglaterra,

pero la descoordinación y los temporales provocan

el fracaso de la empresa.

1598

Felipe II muere en El Escorial. En 1603 fallece Isabel en Richmond. La paz entre ambos países no se firmará hasta 1604.

MET / SCALA,

FIRENZE

LA DINASTÍA

ESPAÑOLA

Este camafeo, obra de Leone Leoni, muestra a Carlos V como emperador junto a su hijo, el futuro Felipe II. Museo Metropolitano, Nueva York.

C on sus 180 naves y un contin- gente de 10.000 soldados, la armada española que apareció frente a la costa del sur de In- glaterra en julio de 1554 era la

más grande que se recordaba. Muchos in-

gleses temían su llegada: les preocupaba que su país cayese bajo el yugo del imperio más poderoso de Europa. Sin embargo, otros lo celebrab an con júbilo porque, al contrario que otra as armadas posteriores, la que echó el ancl la en Southampton Water el 20 de julio de aquel año llegaba en son de paz.

n ella venía un príncipe de 27 años,

Con

bio y de ojos azules. El heredero de

rub

monarquía española había sido en-

via ado por su padre Carlos V para ca- sa rse con María Tudor, reina de los in gleses desde hacía un año. Hermanastra de María y segun- da a hija de Enrique VIII, Isabel debió de contemplar todo aquello con una me zcla de alivio y preocupación. Unos mes ses antes, un grupo de rebeldes pro-

la m

testantes, liderados por Thomas Wyatt, se había alzado en contra de aquel matrimonio

e Isabel fue acusada de haber instigado la re-

belión. Encerrada en una celda de la Torre de Londres, la princesa debería haber acabado del mismo modo que su madre, Ana Bolena, la primera de las esposas de su padre que fue víctima de la espada del verdugo. Sin embargo, Felipe no quería avivar más la ira de los protestantes y recomendó a la reina María que no procesara a su hermanastra, que entretanto había sido confinada en los aposentos, mucho más confortables, del pa- lacio de Woodstock.

Matrimonio de conveniencia

Felipe acudía a regañadientes a Inglaterra pa- ra casarse con la hermanastra de Isabel, once años mayor que él y a la que llamaba «mi tía», puesto que era hija de su tía abuela, Catalina de Aragón. Por muchas razones habría pre- ferido a Isabel, cuya juventud, inteligencia

y belleza superaban a las de su avejentada y enfermiza hermana. Pero Felipe era un hijo

disciplinado y, como todos los enlaces rea- les, el suyo tenía más que ver con la política que con el amor. Su padre, Carlos V, quería forjar una alianza con Inglaterra por la vía del matrimonio, entre otras razones porque Francia, su gran enemigo, y Escocia estaban

a punto de hacer lo mismo. Muchos ingleses se mostraban descon- tentos con esta boda. Eran protestantes, sa- tisfechos por el hecho de que Enrique VIII hubiera cortado el vínculo entre la Iglesia de Inglaterra y Roma tras la negativa del papa a sancionar el divorcio del rey de Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena.Durante

el reinado de su hijo, el malogrado Eduardo VI, Inglaterra se había alejado todavía más de Roma y había puesto los cimientos de la re- forma protestante. Como rey de Inglaterra, Felipe pronto em- pezó a revertir aquella situación, al tiempo que su mujer se ganaba el apelativo de María la Sanguinaria (Bloody Mary) por mandar a la ho- guera a cientos de protestantes. María adoraba

a su joven y apuesto marido español, descrito

CORBIS / GETTY IMAGES

LA FAMILIA DE ENRIQUE VIII

En este óleo se muestra una alegoría sobre la sucesión de Enrique VIII de Inglaterra. A la izquierda, su hija María con su esposo Felipe de España, y a la derecha, su otra hija, Isabel I.

1589-1595.

ALBUM

FELIPE II. RETRATO DEL ENTONCES PRÍNCIPE HEREDERO DE ESPAÑA. TALLER DE TIZIANO. 1549- 1550. MUSEO DEL PRADO.

UN PRETENDIENTE POCO ARDOROSO

T RASLAENTRONIZACIÓNdeIsabel,Felipeinstóasuemba-

jadorenLondres,elduquedeFeria,aemprendernegocia-

ciones de matrimonio. De entrada él mismo no parecía muy convencido. «Ni la deis esperanza ni la desconfiéis,

sino que se vaya así entreteniendo el negocio hasta que yo me de-

termine»,leescribíaaFeriael27dediciembrede1558 diciembrede1558. El10deene- El10deene ro de 1559 decía estar decidido –«h he resuelto ofre- cerle mi voluntad y deseo en casar rme con la reinadeInglaterra»–,peroconlacon ndición no sólo de que se tolerara el catolici smo en Inglaterra, sino también de que él no estuviera obligado a residir junto

a la reina. Cuando ésta rechazó de- finitivamente la propuesta, Felipe se limitó a anotar: «Yo he quedado satisfecho y muy contento de lo que ella se contenta».

o

REAL DE OCHO DE PLATA CON EL NOMBRE DE FELIPE II ACUÑADO EN SEGOVIA, EN 1597.

ORONOZ / ALBUM

PALACIO DE HATFIELD

La princesa Isabel se encontraba en esta residencia cuando le anunciaron la muerte de su hermana María y su acceso al trono. «Es obra del Señor y es maravilloso a nuestros ojos», declaró.

por un observador como poseedor de un cuerpo de proporciones «perfectas, rostro

agraciado y con la frente ancha, ojos grises,

narizrectayporteviril[…]ydenaturalgen-

tilísimo».Sinembargo,apesardelasexpec-

tativas suscitadas por dos falsos embarazos –resultaronserunahinchazónabdominal–, la reina María no tuvo hijos.

Un rey en defensa de la fe católica

y

Tras la bo da, empezaron las intrigas pa-

ra asesin ar a Felipe, que fracasaron por- que e l príncipe pasaba poco tiempo en I Inglaterra, pues prefería quedar- se e en las posesiones que su padre t enía en los Países Bajos. Fue allí

donde d se enteró, en 1558, de que

su mujer se estaba muriendo. Su reacciónfuetanpragmáticacomo su matrimonio y enseguida pen- só s en las consecuencias políticas de e la desaparición de María, esto

es, en quién la sucedería en el trono.

Lacan ndidata natural era Isabel, aunque

SSPL / GETTY IMAGES

no todos reconocían sus derechos. Por ejem- plo, el rey de Francia definía a Isabel como «una bastarda» no apta para reinar. Felipe, en cambio, la apoyó como heredera. Al final de aquel año, Isabel ya era reina de Inglaterra. Al rey de España le interesaba ante todo asegurarse la alianza de Inglaterra en la pugna que mantenía con Francia, y el mejor modo de lograrlo parecía ser de nuevo una alianza matrimonial; tanto más cuanto que Fran- cisco, heredero del rey de Francia, acababa de casarse con María I de Escocia para forjar una unión que resultaba amenazadora para España. Las circunstancias personales de Felipe e Isabel parecían ser más propicias que en el caso de María Tudor. El heredero de la Corona española no sería insensible a la inteligente, pelirroja y seductora Isabel, seis años más joven. En muchos aspectos, los dos jóvenes monarcas se pare- cían bastante.Ambos eran cultos y de mente inquieta, vestían –en aquella etapa de sus vidas– con el recato que se exigía tanto para los

protestantes como parasusoponentescon- trarreformistas, e incluso se parecían en sus aficiones: la caza, la cetrería y la equitación. Pero cuando Felipe propuso matrimonio a Isabel –afirmando que no habría de «te- ner menos cuidado de sus cosas, siendo de hermana a quien yo quiero tanto, que de las mías propias»– lo hizo exclusivamente por los mismos motivos políticos por los que se había casado con María.

TRAPLIGHT / ALAMY / ACI

CARRUAJE

REAL INGLÉS

En respuesta a una embajada rusa que llegó a Londres en 1601, Isabel regaló esta magnífica carroza al zar Boris Godunov en 1603, poco antes de morir. Museo de la Armería del Kremlin,, Moscú.

GRANGER / ALBUM

LOS PAÍSES BAJOS, SIMBOLIZADOS POR UNA VACA, SON EXPLOTADOS POR FELIPE II Y ASISTIDOS POR LA REINA ISABEL. ÓLEO DE AUTOR ANÓNIMO.

HOLANDA, MANZANA DE LA DISCORDIA

L A REVUELTA DE LOS PAÍSES BAJOS arrastró a Felipe II a una larga guerra. La imagen de arriba, una alegoría flamenca de 1590, muestra al rey español sobre una vaca –una representación de los ricos recursos de los Países Bajos– que está siendo

ordeñada por el duque de Alba. A pesar de los esfuerzos españoles para controlarlo y explotarlo, el animal quiere dejarse guiar por Gui- llermo el Taciturno –el líder holandés asesinado en 1584– e Isabel de Inglaterra. Los problemas en los Países Bajos españoles, que Felipe había heredado de su padre, Carlos V, comenzaron en 1567, cuando Felipe II envió al duque de Alba a cobrar elevados impuestos y acabar con la disidencia protestante. La actuación de Alba provocó una revuelta general, que se transformó en guerra abierta a partir de 1572. Isabel mostró desde el primer momento sus simpatías por los holandeses, pero limitó su apoyo a la ayuda financiera. Sólo en 1585 envió un pequeño contingente de tropas a combatir sobre el terreno.

EL DUQUE DE ALBA. RETRATO POR TIZIANO DE FERNAND DO ÁLVAREZ DE TOLEDO, TERCER DUQUE DE ALBA. SIGLO XVI.

ORONOZ / ALBUM

Sin embargo, Felipe insistió en poner una condición a su enlace: Isabel debía aban- donar cualquier apoyo al protestantismo.

La reina se negó, y de este modo el español fueel primerodelosmuchos spretendientes rechazados por quien pa asaría a la his- toria con el apodo de la a Reina Virgen. A pesar de todo,al pare ecer se separa-

ron en buenos término

os. Nada mejor

queunenemigo común

ncomo Francia

para mantener su amis stad.

Este entendimiento no se manten- dríamuchotiempo. Tras la abdica-

ción de su pad

dre Carlos V, en

1556,Felipe e II se convirtió

enreydeE

España,los Paí-

ses Bajo s, los diversos

dominio

vastas p

osde Italia y las

posesiones en

el cont tinente ameri- can o. España apa- re ecía como la

potencia p hege-

mónica m en Eu-

E. LESSING / ALBUM

ropa y ultramar, y también como la máxima

defensora de la Iglesia católica, en unos años en que todo el continente se veía sacudido por las luchas religiosas provocadas por la difusión del protestantismo. Durante algunos años, Felipe II optó por mantener buenasrelacionesconlaInglaterra protestante. Pero en 1566, el estallido de la revuelta de losPaísesBajos,enlaquelospro- testantes calvinistas tuvieron un gran pro-

UNA ESPADA DIGNA DE UN REY Empuñadura de la

espada de Felipe II, en forma de lazo

cinc

Obra

de

ebasti

rnández. Museo del Ejército,

Alcázar de Toled

MONASTERIO DE EL ESCORIAL

Este grandioso edificio fue concebido por Felipe II como un complejo que incluyese un palacio, una biblioteca, una iglesia, un monasterio y el panteón real. El monarca falleció aquí en 1598.

DANIEL HERNANZ / GETTY IMAGES

narcas eran elegidos por Dios. De hecho, al principio Felipe se mostró molesto con el papa Pío V por haber excomulgado a Isa- bel y haber instado a los católicos a des- tronarla en 1570. Pero él siempre fue un hombre muy devoto y un firme defensor de la creencia de que había que limpiar el mundo de cualquier herejía antes de la última venida de Cristo. Fue así como se enciódequeEspañadebía intervenir en

tagonismo, cambió la situación.El gobie

o

Ingl

rrapara«mataroprender a la Isabel y

ner en

español empezó a temer que Isabel pre

ra

bertad y en la posesión del reino

apoyo, financiero o militar,a los rebe

s.

a la [reina]

scocia».

Además, llegaban a España noti la persecución que sufrían los

as de

ólicos en

La empresa de

glaterra

Inglaterra, lo que en 1570 lle

al papa a ex

Empezóasíafraguarsela

empresa de Ingla-

comulgar a Isabeleinstaral

católicosare-

terra», un proyecto de inv

sión y conquista

belarse contra ella y dest debían poneralareina

narla.En su lugar Escocia,lacatólica

María Estuardo, a la mantenía en una

El enfrenta no era algo p partía con la

ue desde 1568 Isabel isión inglesa.

nto de Felipe con Isab rsonal. El rey español com-

glesa la idea de que los mo

l reino de Isabel. En su mejor gen

e reun

homb

71, Felipe ordenó a l, el duque de Alba,

ra un ejército de 6.000

es, y cuando el duque le

re

ondió que era un disparate,

el

y insistió en que se trataba de luntad de Dios. Felipe afirmaba

BRIDGEMAN / ACI

FRANCIS DRAKE. EL MARINO Y CORSARIO FAVORITO DE ISABEL I. EN UN RETRATO DE SAMUEL LANE. SIGLO XIX.

DRAKE Y LA BARBA DE FELIPE II

L AREINAISABELI descubrióquelapirateríaera unmediomuy útil de acosar a Felipe II. La reina revivió la vieja costumbre de la patente de corso, un documento real por el que el propietario de un navío podía atacar barcos enemigos y

apoderarse de su cargamento. El más famoso de estos corsarios fue Francis Drake, que se convirtió en la pesadilla de los galeones españoles. Elfabuloso botín obtenido en sus ra- zias proporcionó grandes recursos a laCorona y le convirtió en un hombre muy rico.Mientras el furioso Felipe aceleraba sus planes de invasión, el papel de Drake se hizo más combativo. En 1587,elcorsariose dirigió haciael puertoespañol de Cádiz, donde destruyó barcos y materiales destinados a la invasión de Inglaterra. Con esta forma de «chamuscarle la barba al rey de Espa- ña», como decía élmismo,Drake retrasó un año el ataque de la armada española a Inglaterra.

DESPACHO ENVIADO A LA REINA ISABEL POR FRANCIS DRAKE DESDE CÁDIZ, EN EL QUE DESCRIBE EL ASALTO A LA CIUDAD. 1587.

BRIDGEMAN / ACI

que Isabel ejercía una «tiranía» en su país, mientras que María Estuardo era la «legítima sucesora». «Su Majestad está volcado en esta empresa», escribió un consejero sorprendido de que incluso después de que Isabel hubiera descubierto la estrategia del rey español éste insistiera en seguir adelante. La invasión no

se llevó a cabo entonces, pero la ruptura entre ambos países fue definitiva. Por su parte, Isabel tenía su reino bien con- trolado. Su verbo florido, su vivo ingenio y su deseo de mostrarse ante el pueblo le reportaron popularidad y respeto. Además, la sobe- rana presumía de su estir- pe de pura cepa inglesa y el pueblo la llamaba «la buena

reinaBess».Siempreconse-

guía enfrentar entre sí a los nobles del país y a los alia- dos extranjeros dejándoles entrever la posibilidad de casarse con ella, y a veces

impresionándolos con su dominio de las len- guas –entre ellas, el francés y el italiano–, su vasta cultura y su capacidad para componer sonetos. Sin embargo, fuera de sus fronteras, no podía competir con el creciente imperio de Felipe, en el que ya vivían cincuenta millones de personas y se extendía hasta las Filipinas, archipiélago bautizado así en honor del mo- narca. La población de Inglaterra ni siquiera alcanzaba los cuatro millones de habitantes.

Fracasado intento de invasión

Ante tal desequilibrio, Isabel recurrió a una nueva arma: la piratería. La mejor manera de mermar la riqueza de España e incrementar la de Inglaterra consistía en robársela. Mu- chos de los mejores piratas de la época eran avezados marinos ingleses como William Hawkins y Francis Drake. Isabel fomenta- ba su actividad, invertía en sus campañas y se enriquecía gracias a los saqueos practica- dos en los puertos comerciales españoles del Caribe y los ataques a las flotas que trans- portaban metales preciosos.

En 1585,Isabel era consciente de que Felipe II había puesto ya en marcha la operación de invasión de Inglaterra, por lo que recurrió decididamente a la piratería para «causar quebranto al rey de España». Ese mismo año, Drake saqueó numerosos puertos españoles en Cabo Verde y el Caribe, y dos años más tarde se dirigió contra la propia España rea- lizando una destructiva incursión en Cádiz. Isabel acababa de despertar a una bestia peligrosa, puesto que los ingleses coincidían en que el ya veterano Felipe era «el monarca más potente de la Cristiandad». Dos semanas después de la incursión de Drake en Cádiz, Felipe decidió enviar a Inglaterra un nuevo tipo de armada. Estaba acostumbrado tanto a las aventuras arriesgadas como a acciones que controlaba obsesivamente hasta el último detalle. Por eso, cuando recuperó la idea de la «empresa de Inglaterra», insistió en supervi- sar los detalles de una campaña que incluiría el envío hacia las islas británicas de 130 em- barcaciones cargadas con 30.000 hombres desde la península ibérica y el desembarco

FINE ART / ALBUM

LA REINA ANTE SU PUEBLO

Isabel gustaba de ser vista y admirada por su pueblo. En este óleo, la reina, vestida con sus mejores galas, es paseada en una silla de manos. Castillo de Sherborne, Dorset.

CASTILLO DE WINDSOR

La reina Isabel I pasó largas temporadas en esta residencial real, que remodeló, amplió y embelleció. Isabel también valoró las características defensivas del edificio, capaz de soportar un largo asedio, e hizo instalar en él diez cañones. En la imagen se ve la puerta principal del castillo que el padre de la soberana, Enrique VIII, ordenó construir en 1510.

STEVE VIDLER / AGE FOTOSTOCK

ORONOZ / ALBUM

BATALLA EN EL CANAL DE LA MANCHA

Este óleo muestra la batalla naval que tuvo lugar en aguas del canal de la Mancha, cerca de la isla de Wight, entre barcos españoles, dirigidos por el duque de Medina Sidonia, e ingleses, dirigidos por Francis Drake. Nicholas Hilliard, 1588.

de otros 30.000 soldados procedentes de los Países Bajos. Los preparativos de la campaña absorbieron completamente su atención. «Son las diez y no he cenado ni levantado la cabeza

en todo el día», se quejó el rey en una ocasión. En mayo de 1588, zarpó de Lisboa su «grande y felicísima armada» (el sarcástico adjetivo de «invencible» se lo pusieron des- pués sus enemigos). El plan era brillante

y la armada era la más grande que jamás

se había visto en aguas europeas, pero también tenía un punto débil. Felipe ha- bía establecido normas para impedir las

borracheras, el juego y la sodomía a bordo de los navíos, pero no se había preocupado de la coordinación entre sus dos contingentes. El 30 de julio se avistó por primera vez

la armada desde la costa de Inglaterra, con

un orden de batalla en forma de media luna de tres millas de ancho. Los ingle- ses encendieron hogueras en lo alto de los montes con el fin de dar la alarma. El 6 de agosto, la armada fondeó

EL REY AMANTE DE LOS ASTROS A Felipe II le gustaba coleccionar astrolabios como éste, con su caja de latón dorado. Museo Naval, Madrid.

frente al puerto francés de Calais, con las cos- tas de Kent a la vista para poder desembarcar. El ejército que la armada debía transportar estaba en Dunkerque, a sólo 40 kilómetros de allí, pero aún no estaba informado ni prepara- do. Así, la flota tuvo que aguardar durante 36 horas, un plazo que los ingleses aprovecharon para atacar con ocho brulotes, unas embarca- ciones incendiarias cargadas de brea y azufre. Además, se desató una fuerte tormenta. Cuando los comandantes españoles le- varon anclas para esquivar los brulotes, se vieron luego incapaces de volver atrás. Pronto se dieron cuenta de que la mi- sión era imposible y, aprovechando los únicos vientos que les eran favorables, decidieron volver a España siguiendo una peligrosa ruta alrededor de Escocia e Ir-

landa.Cuandolograronllegarabuenpuer-

to, la mitad del contingente había muerto y se había perdido un tercio de las naves. La famosa arenga de Isabel a sus tropas en Tilbury resultó innecesaria, pero la retrató para siempre: «Sé que mi cuerpo es el de

PETER MACDIARMID / GETTY IMAGES

AKG / ALBUM

una mujer débil y frágil –dijo–. Mas tengo el

decenio ambos monarcas siguieron atacán-

corazón y los redaños de un rey, de un rey de Inglaterra además, y vaya aquí mi desprecio

dose.En 1596, los ingleses hicieron otra in- cursión en Cádiz. Por otra parte, las guerras

al

duque de Parma [capitán general de Felipe]

iniciadas por Felipe condujeron a España a

o

a España, o a cualquier príncipe de Europa,

la bancarrota. Cuando el monarca hispano

si

osan invadir mi reino».

murió,en1598,Españaestabanegociandola

Choque de titanes

A Felipe lo había traicionado su talante ob-

sesivo y compulsivo. También su Dios le ha- bía fallado. Sus enemigos se burlaban de él proclamando que «un viento protestante» había arrastrado a su armada. «Dios sopló y los dispersó», reza la medalla especial acu- ñada por Isabel. España se tiñó de luto. ¿Fue «la mayor pérdida que ha padecido España

en más de seiscientos años a esta parte» (así

la calificó un contemporáneo) una señal de

que el rey había perdido definitivamente el favor de Dios, como algunos creyeron? El Imperio español seguía siendo inmenso

e Isabel fracasaría en sus intentos de estable- cer colonias en América, pero aquello fue un punto de inflexión. A lo largo del siguiente

paz con muchos de sus enemigos.Isabel,sin embargo, continuó en guerra y la paz entre ambos reinos no se firmaría hasta 1604, ya durante el reinado de su sucesor, Jacobo I. En 1607, cuatro años después de la muerte de Isabel, Inglaterra fundó Jamestown, la primera colonia permanente en América. Así empezó a tomar forma un nuevo impe- rio, el británico, que sustituiría en la hege- monía mundial al que Felipe II había llevado a su máximo grado de poderío.

Para

saber

más

ENSAYO

Felipe II, el señor del mundo Hugh Thomas. Planeta, Barcelona, 2013. La reina Isabel I Enrique Sarasa. Edimat, Madrid, 2005.

NOVELA

Felipe II y la reina de Inglaterra Margaret Irwin. Alba Editorial, Barcelona, 1998.

MAUSOLEO DE ISABEL II

La soberana, muerta en 1603, fue enterrada en una magnífica sepultura, junto a otros monarcas ingleses, en la capilla de Enrique VII de la Abadía de Westminster, en Londres.