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“Elegía escrita en un cementerio de aldea”, T. Gray (1751) Epitafio Deja que el sueño caiga sobre tus azules ojos.

Deja que el sueño caiga sobre tus azules ojos. príncipe, haciendo acopio de valor, trató de forzar la puerta
El toque de campana dobla al caer la tarde, Aquí yacen los restos, en la tierra materna, ¡Deja que el héroe se alce en tus sueños! a puntapiés, pero resistía a sus esfuerzos más extremos.
y el balar del rebaño cruza tranquilo el prado; de un joven ignorado por la Fama y Fortuna; -Puesto que el infierno no satisfará mi curiosidad -dijo
Cuthullin está sentado ante el lago Lego,
vuelve a casa el labriego con su paso cansado, bien aceptó la Ciencia su humilde nacimiento, Manfredo-, utilizaré los medios humanos a mi alcance para
viendo el oscuro girar de las aguas.
dejándonos el mundo a la noche y a mí. Melancolía marcólo como si fuera suyo. preservar mi linaje. Isabella no se me escapará.
La noche rodea al héroe.
El desvaído paisaje va perdiendo colores Tan grande fue su entrega como su alma sincera, La dama, cuya decisión había dado paso al terror en el
Sus huestes se extienden por el brezo.
y en todo el aire flota una solemne calma, por eso envióle el Cielo una gran recompensa: momento en que abandonó a Manfredo, continuaba su
¡Cien encinas arden en el centro!
que sólo rompe el ruido del moscardón volando su fortuna (una lágrima) se la dio a la Miseria, huida hacia la parte baja de la escalera principal. Allí se
El festín humea a sus anchas.
y el cencerreo monótono de lejanos rebaños; un amigo (su anhelo) arrebatóle al cielo. detuvo, sin saber a dónde dirigir sus pasos, ni cómo escapar
de la torre a lo lejos recubierta de hiedra Para poder contarlos no examines sus méritos ¡Dulce sea tu descanso en las cavernas, de la impetuosidad del príncipe. Sabía que las puertas del
la afligida lechuza a la luna se queja ni saques sus flaquezas de su feroz morada: Jefe de las guerras de Irlanda! castillo estaban cerradas y que había guardias en el patio. Su
de los que merodean por sus íntimas ramas, allí también reposan con trémula esperanza Bragela no esperará tu vuelta, corazón la impulsaba a acudir junto a Hippolita y advertirla
perturbando su antiguo y desierto dominio. […] el seno de su Padre y el seno de su Dios. Ni sobre la espuma del océano verá tu llegada. del cruel destino que la aguardaba, pero no abrigaba duda
Pueden urnas grabadas o bustos animados Sus pasos no están sobre la playa, alguna de que Manfredo iría allí en su busca, y de que su
hacer volver a casa el efímero hálito? “La muerte de Cuthullin”, J. Macpherson, en Fingal (1762) Ni su oído atento a la voz de los remeros. violencia le incitaría a duplicar la injuria que se proponía,
¿Puede la voz altruista retar al mudo polvo ¿Es el viento sobre el escudo de Fingal? Ella se sienta sola en el salón, dando rienda suelta a sus pasiones. El tiempo tal vez
o ablandar los halagos a la fría y sorda muerte? ¿O es la voz de los tiempos pasados en mi salón? Viendo las armas del que ya no existe. permitiera al príncipe reflexionar sobre los horribles
En este sitio ausente, quizá puede que duerma Porque eres agradable, ¡canta dulce voz! ¡Tus ojos llenos de lágrimas, propósitos que había concebido, o diera lugar a alguna
algún alma insuflada de fuego celestial Te llevas mi noche con dicha. Hija del zurdo Sorglan, circunstancia que favoreciese a la joven, si al menos por
o unas manos que asieran el cetro del imperio, Canta, oh Bragela, hija del zurdo Sorglan. Bendita en la muerte sea tu alma, aquella noche pudiera eludir los odiosos propósitos de
o que a la eterna lira al éxtasis llamaran. Oh, jefe de la umbrosa Tura! Manfredo. Pero ¡dónde ocultarse! ¡Cómo escapar a la
Es la blanca ola de la roca,
Pero el Conocimiento a sus ojos jamás persecución a que infaliblemente la sometería por todo el
Y no las velas de Cuthullin, a menudo la niebla
desplegó su amplia página con el saber del tiempo; El castillo de Otranto (fragmento) de H. Walpole (1764) castillo! Mientras tales pensamientos cruzaban con rapidez
insinuando el barco de mi amado me engaña,
la gélida Penuria reprimió su noble ira, En ese instante, el retrato de su abuelo, que colgaba sobre el por su mente, recordó un pasadizo subterráneo que
Cuando como un espectro se levanta
helando en esas almas su torrente genial. […] banco donde habían estado sentados, exhaló un hondo conducía desde las bóvedas del castillo a la iglesia de San
Y extiende sobre el viento sus grises faldas.
A ti, que te preocupas por los muertos anónimos suspiro e hinchó su pecho. Isabella, de espaldas a la pintura, Nicolás. Podía alcanzar el altar antes de ser detenida, pues
¿Por qué retrasas tu llegada, hijo del generoso Semo?
estas líneas te narran sus sencillas historias; no advirtió el movimiento ni supo de donde provenía el sabía que ni siquiera la violencia de Manfredo osaría
Cuatro veces ha vuelto el otoño con sus vientos,
si alguna vez guiada por su retraída vida sonido, pero se detuvo y dijo, a la vez que se dirigía a la profanar la santidad del lugar. Y si no se le ofrecía otro
Levantando los mares de Torgoma,
se acercara algún alma a conocer tu sino, puerta: medio para liberarse, estaba decidida a encerrarse para
¡Desde entonces has estado en el trueno de las batallas
podría un zagal granado decir alegremente: -¡Escuchad, mi señor! ¿Qué ruido es ese? siempre entre las vírgenes consagradas, cuyo convento se
Y lejos de la remota Bragela!
“Con frecuencia lo vimos al despuntar el alba Manfredo, indeciso entre la huida de Isabella, que ahora hallaba contiguo a la catedral.
¡Colinas de la isla de la niebla!
con paso presuroso evitando el rocío había alcanzado la escalera, y su incapacidad para apartar Con esta resolución, tomó una lámpara que ardía al pie de la
¿Cuándo responderás a tus perros de caza?
para el sol descubrir en los prados del valle. los ojos de la pintura, que empezaba a moverse, había escalera, y corrió hacia el pasadizo secreto. La parte baja del
pese a que las nubes forjen tu oscuridad.
Allí, al pie de aquella combada y lejana haya avanzado algunos pasos tras la joven, pero sin dejar de mirar castillo estaba recorrida por varios claustros intrincados, y
¡La triste Bragela en vano te llama!
que ascendiendo retuerce sus míticas raíces, atrás, al retrato. Vio entonces a éste abandonar el cuadro y no resultaba fácil para alguien tan ansioso dar con la puerta
Mientras la noche desciende girando.
su longitud indolente al mediodía alargaba descender al pavimento con gesto grave y melancólico. que se abría a la caverna. Un terrible silencio reinaba en
Se oscurece el rostro del océano.
y en sonoros arroyos fijaba la mirada. -¿Estoy soñando? -exclamó Manfredo retrocediendo-. ¿O es aquellas regiones subterráneas, salvo, de vez en cuando,
El gallo esconde su cabeza bajo el ala.
Junto a aquel bosque estaba sonriendo desdeñoso, que los demonios se han aliado contra mí? ¡Habla, infernal algunas corrientes de aire que golpeaban las puertas que
La cierva duerme con el ciervo en el páramo.
vagaba murmurando veleidosas quimeras, espectro! Y si eres mi abuelo, ¿por qué conspiras tú también ella había franqueado, y cuyos goznes, al rechinar,
Se levantarán con la luz de la mañana,
cabizbajo, afligido, cual niño abandonado, contra tu atribulado descendiente, que tan alto precio está proyectaban su eco por aquel largo laberinto de oscuridad.
Y en el húmedo arroyo beberán,
de preocupación loco o por amor herido. pagando por...? Cada murmullo le producía un nuevo terror, pero aún temía
Pero mis lágrimas retornan siempre con el sol,
Un día noté su ausencia por la colina amiga, Antes de que pudiera terminar la frase, la visión suspiró de más escuchar la voz airada de Manfredo urgiendo a sus
Y mis suspiros con la noche vuelven.
al lado de los brezos, junto a su árbol querido; nuevo e hizo una señal a Manfredo para que la siguiera. criados a perseguirla.
¿Cuándo volverás con tus armas.
y transcurrió otro día: mas ya no lo encontraron -¡Guíame! -gritó Manfredo-. Te seguiré hasta el abismo de la
Tú, poderoso jefe de las guerras de Erin?
ni al lado del arroyo, en el bosque o el prado; perdición.
Al siguiente, con cánticos y vestidos de luto, ¡Agradable es tu voz en el oído de Ossián, El espectro avanzó con calma, pero apesadumbrado, hacia el
lentamente a la iglesia vimos que lo llevaban. Hija del zurdo Sorglan! final de la galería, y penetró en una sala a mano derecha.
Acércate (tú puedes) y lee esta inscripción Pero retírate al salón ante el rayo de la encina. Manfredo le acompañaba a escasa distancia, lleno de
grabada aquí en la lápida bajo el vetusto espino”. Escucha el murmullo del mar: ansiedad y horror, pero decidido. Cuando iba a entrar en la
Que gira en Duncai contra sus muros, estancia, una mano invisible cerró la puerta con violencia. El
“El hombre”, G. Herder (ca. 1765) Y, sin embargo, ardiendo enmudecer. Me reconcentro en mí mismo y hallo un mundo dentro de mí; pero un mundo más poblado de presentimientos y de deseos sin
Mi canción canta al hombre, al hombre natural en tu bondad y juventud, iluso, formular, que de realidades y de fuerzas vivas. Y entonces mis sentidos se nublan y sigo por el mundo con mi sonrisa de ensueño. […]
al que nadie jamás vio agradecías tu salud a aquel 18 de julio. Wilhelm, ¿qué sería sin amor el mundo para nuestro corazón? Una linterna mágica sin luz. Apenas pones la lamparilla aparecen sobre
mientras en su alma lo vislumbran que, allá arriba, dormita... tu blanca pared imágenes de todos los colores. Y aun cuando no fueran más que eso, fantasmas pasajeros, constituyen nuestra felicidad si los
y todos desean verlo, contemplamos como niños pequeños y nos extasiamos ante esas maravillosas apariciones. Hoy no he podido ver a Lotte, me retuvo una visita
¿Honrarte yo? ¿Por qué?
mientras nadie trata de serlo: ineludible. ¿Qué hacer? Le envié mi criado solamente por tener a mi alrededor alguien que hoy hubiera estado cerca de ella. Con qué
¿Aliviaste tú alguna vez
el hombre sin artificios, impaciencia le estuve esperando, con qué alegría volví a verlo. Si no me hubiera dado vergüenza me habría gustado tomar su cabeza y la habría
los dolores del afligido?
nada más que alma incapaz de burlarse, besado. Cuentan de la piedra de Bolonia que si se la pone al sol absorbe rayos y resplandece algún tiempo durante la noche. Lo mismo me
¿Enjugaste las lágrimas del angustiado?
bueno aun sin recibir favores de los dioses, sucedió a mí con el criado. La sensación de los ojos de ella se habían posado en su rostro, en sus mejillas, en sus botones y en el cuello de su
¿No me han forjado a mí como hombre
lleno de humanidad sin avergonzarse, casaca ¡Hacíamelo tan sagrado, tan valioso! En aquel instante no hubiera cambiado mi criado por mil táleros. ¡Me sentía tan a gusto en su
el tiempo omnipotente
lleno de verdad nada mentirosa, presencia...! Dios te libre de reírte. Wilhelm, ¿será la felicidad producto de la fantasía? [...]
y la eterna fortuna,
piadoso sin ostentar virtud Werther caminaba por la sala visiblemente agitado. Carlota se sentó al clave y quiso tocar un minué; sus dedos se resistían a cooperar.
que son mis dueños y también los tuyos?
y feliz sin diversiones, Abandonó el clave y fue a sentarse al lado de Werther, que ocupaba en el sofá el sitio habitual.
a este canto: canción mía, ¿Acaso imaginaste -¿No traes nada que leer? -preguntó ella.
sé natural como aquel a quien cantas, que iba yo a aborrecer mi vida -Nada -le contestó Werther.
verdadera sólo por el sentimiento y a retirarme al yermo -Ahí, en mi cómoda, tengo la traducción que hiciste de unos cuentos de Ossian. Aún no la he visto, pues esperaba que me la leyeras; pero hasta
y bella sólo por la verdad” porque no todos mis floridos ahora no se había dado la oportunidad.
ensueños dieran fruto? Werther sonrió y fue por el manuscrito. Al tomarlo un estremecimiento involuntario lo abordó; al hojearlo se le llenaron los ojos de lágrimas. […]
“Prometeo”, W. Goethe (1774) Un raudal de lágrimas, que brotó de los ojos de Carlota, desahogando su corazón, interrumpió la lectura de Werther. Éste hizo a un lado el
Aquí estoy, dando forma
Cubre tu cielo, Zeus, manuscrito y tomando una de las manos de la joven, soltó también el amargo llanto. Carlota, apoyando la cabeza en la otra mano, se cubrió el
a una raza según mi propia imagen,
con un velo de nubes, rostro con un pañuelo. Víctimas ambos de una terrible agitación, veían su propia desdicha en la suerte de los héroes de Ossian y juntos lloraban.
a unos hombres que, iguales a mí, sufran
y, semejante al joven que descabeza abrojos, Sus lágrimas se confundieron. Los ardientes labios de Werther tocaron el brazo de Carlota; ella se estremeció y quiso retirarse; pero el dolor y la
y se alegren, conozcan los placeres y el llanto,
huélgate con los robles y las alturas. compasión la tenían atada a su silla como si un plomo pesara sobre su cabeza. Ahogándose y queriendo dominarse, suplicó con sollozos a
y, sobre todo, a ti no se sometan,
Déjame a mí esta tierra, Werther que siguiera la lectura; su voz rogaba con un acento del cielo.
como yo.
la cabaña que tú no has construido Werther, cuyo corazón latía con la violencia de querer salir del pecho, temblaba como un azogado. Tomó el libro y leyó inseguro:
y el calor del hogar que tanto envidias. “¿Por qué me despiertas, soplo embalsamado de primavera? Tú me acaricias y me dices: ‘traigo conmigo el rocío del cielo; pero pronto estaré
Las desventuras del joven Werther, W. Goethe (1774)
Nada conozco bajo el sol tan pobre 4 de mayo de 1771. “¡Cuánto me alegro de haber partido! marchito, porque pronto vendrá la tempestad, arrancará mis hojas. Mañana llegará el viajero; vendrá el que me ha conocido en todo mi
como vosotros, dioses. ¡Ay, amigo mío, lo que es el corazón del hombre! esplendor; su vista me buscará a su alrededor y no me hallará”.
Nutrís, mezquinos, vuestra majestad ¡Alejarme de ti, a quien tanto quiero, de quien era Estas palabras causaron a Werther un gran abatimiento. Se arrojó a los pies de Carlota con una desesperación completa y espantosa, y
con las ofrendas de los sacrificios inseparable, y sentirme dichoso! Sé que me lo perdonas. tomándole las manos las oprimió contra sus ojos, contra la frente.
y con el vaho de las preces. No parece sino que el destino me haya puesto en contacto Carlota sintió el vago presentimiento de un siniestro propósito. Trastornado su juicio, tomó también las manos de Werther y las colocó sobre su
En la indigencia viviríais con mis otros amigos, con el exclusivo fin de angustiar mi corazón. Se inclinó con ternura hacia él y sus mejillas se tocaron. El mundo desapareció para los dos; la estrechó entre sus brazos, la apretó
de no existir los niños y esos necios corazón. ¡Pobre Leonor! Y, sin embargo, no es culpa mía. contra el pecho y cubrió con besos los temblorosos labios de su amada, de los que salían palabras entrecortadas.
mendigos que no pierden la esperanza. ¿Podía yo evitar que se desarrollase una pasión en su -¡Werther! -murmuraba con voz ahogada y desviándose-. ¡Werther!, insistía, y con suave movimiento trataba de retirarse.
desdichado espíritu, mientras me embelesaba con las -¡Werther! -dijo por tercera vez-, ahora con acento digno e imponente.
Cuando era niño y nada sabía, Él se sintió dominado; la soltó y se tiró al suelo como un loco. Carlota se levantó y en un trastorno total, confundida entre el amor y la ira, dijo:
gracias hechiceras de su hermana? ¿No he alimentado esa
levantaba mis ojos extraviados -Es la última vez, Werther; no volverás a verme.
pasión?” […]
al sol, como si arriba hubiese oídos Y entregándole una mirada llena de amor a aquel desdichado, corrió a la habitación contigua y ahí se encerró. […]
22 de mayo. Muchas veces se ha dicho que la vida humana
para escuchar mis quejas, El criado de Werther llegó a casa con las pistolas y se las dios a su amo, quien las tomó con un tipo de placer cuando supo que venían de las
no es más que un sueño, y no puedo desechar de mí esta
y un corazón, afín al mío, manos de Carlota. Ordenó que le llevaran pan y vino, y después de decir a su criado que fuera a comer, se puso a escribir:
idea. Cuando considero los estrechos límites en que están
que sintiera piedad de quien le implora. “Han pasado por tus manos; tú misma las has desempolvado; tú las has tocado… y yo las beso ahora una y mil veces. ¡Ángel del cielo, tú apoyas
encerradas las facultades intelectuales del hombre;
¿Quién me ayudó en mi pugna cuando veo que la meta de nuestros esfuerzos estriba en mi decisión! Tú, Carlota, eres quien me entregas esta arma destructora; así recibiré la muerte de quien quería recibirla yo. Me he enterado por el
contra los insolentes Titanes? satisfacer nuestras necesidades, que éstas sólo tienden a criado de los pormenores! Temblabas al darle estas pistolas…, pero ni un ‘adiós’ me haces llegar. ¡Ay de mí!, ni un ‘adiós’. ¿Quizá el odio me ha
¿Quién de la muerte me salvó, prolongar una existencia efímera y que toda la cerrado tu corazón por aquel instante de embriaguez que me unió a ti para siempre? ¡Ah, Carlota!, el transcurso de los siglos no borrará aquella
y de la esclavitud? tranquilidad sobre ciertos puntos de nuestras impresión; y tú, estoy seguro, no podrás aborrecer nunca a quien tanto te ha idolatrado”. […]
¿No fuiste tú, tú solo, investigaciones no es otra cosa que una resignación “Guillermo: por última vez he visto los campos, el cielo y los bosques. También a ti doy el último adiós. Tú, madre, perdóname. Consuélala,
sagrado y fervoroso corazón, meditabunda, ya que nos entretenemos en bosquejar Guillermo. Que Dios los llene de bendiciones. Todos mis asuntos quedan saldados. Adiós; nos volveremos a ver y entonces seremos más felices.
quien todo lo cumpliste? deslumbradoras perspectivas y figuras abigarradas en los “Mal he pagado tu amistad, Alberto; pero sé que me perdonas. He turbado la paz de tu hogar; he introducido la desconfianza entre ustedes…
muros que nos aprisionan... Todo esto, Wilhelm, me hace Adiós, quiera el cielo que mi muerte te devuelva la felicidad. ¡Alberto!, haz feliz a ese ángel, para que la bendición de Dios descienda sobre ti” […]
Después de las 11. “Todo duerme a mi alrededor y mi alma está tranquila. Te doy “Oda a la alegría”, F. Schiller (1785)
las gracias, Dios, por haberme concedido en momento tan supremo resignación Original (en itálica los agregados de Beethoven para su sinfonía) Traducción
tan mayúscula. Me asomo a la ventana, amada mía, y distingo a través de las O Freunde, nicht diese Töne! ¡Oh amigos, no en esos tonos!
tempestuosas nubes unos luceros esparcidos en la inmensidad del cielo. ¡Ustedes Sondern laßt uns angenehmere anstimmen, entonemos otros más agradables
no desaparecerán, astros inmortales! El eterno los lleva, lo mismo que a mí. Veo und freudenvollere. y llenos de alegría
las estrellas de la Osa, que es mi constelación predilecta, porque de noche, cuando Freude! Freude! ¡Alegría! Alegría!
salía de tu casa, la tenía siempre enfrente. ¡Con qué delicia la he visto tantas
veces! ¡Cuántas veces he levantado mis manos hacia ella para tomarla por testigo Freude, schöner Götterfunken Alegría, bella chispa divina,
de la felicidad que entonces disfrutaba! ¡Oh, Carlota! ¿Qué hay en el mundo que Tochter aus Elysium, Hija del Elíseo,
no traiga tu recuerdo a mi mente? ¿No estás en todo lo que me rodea? ¿No te he Wir betreten feuertrunken, penetramos ardientes de embriaguez,
robado, con la codicia de un niño, mil objetos sin importancia que habías Himmlische, dein Heiligtum. ¡Oh celeste! en tu santuario
santificado con tu toque? […] Deine Zauber binden wieder, Tus encantos atan los lazos
“Sereno y tranquilo tocaré la puerta de bronce del sepulcro. ¡Ah! ¡Si hubiera Was die Mode streng geteilt; que la rígida moda rompiera;
tenido la suerte de morir como sacrificio por ti! Con alegría y entusiasmo hubiera Alle Menschen werden Brüder, Y todos los hombres serán hermanos,
dejado este mundo, seguro de que mi muerte afianzaba tu descanso y la felicidad Wo dein sanfter Flügel weilt. bajo tus alas bienhechoras.
de toda tu vida. Pero, ¡ay!, sólo algunos seres con privilegios logran dar su vida por
los que aman y ofrecerse en holocausto para centuplicar los goces de sus Wem der große Wurf gelungen, Quien logró el golpe de suerte
existencias amadas. Carlota: deseo que me entierren con el vestido que tengo Eines Freundes Freund zu sein; De ser el amigo de un amigo;
puesto, pues tú lo has bendecido al tocarlo. La misma petición hago a tu padre. Mi Wer ein holdes Weib errungen, Quien ha conquistado una noble mujer,
alma se cierne sobre el féretro. Prohíbo que me registren los bolsillos. Llevo en Mische seinen Jubel ein! ¡Que una su júbilo al nuestro!
uno aquel lazo de cinta rosa que tenías en el pecho el primer día que te vi, rodeada Ja, wer auch nur eine Seele ¡Sí, que venga aquel que en la tierra
por tus niños… ¡Oh!, abrázalos mil veces y cuéntales la desgracia de su amigo. Sein nennt auf dem Erdenrund! pueda llamar suya siquiera un alma!
¡Cómo los quiero! Aún los veo agitarse a mi alrededor. ¡Ay! ¡Cuánto te he amado, Und wer's nie gekonnt, der stehle Y quien jamás lo ha podido,
desde el momento primero de verte! Desde ese momento comprendí que llenarías Weinend sich aus diesem Bund! ¡Que se aparte llorando de nuestro grupo!
vida… Haz que entierren el lazo conmigo... Me lo diste el día de mi cumpleaños y lo
he guardado como una reliquia santa. ¡Ah! Nunca sospeché que aquel principio Freude trinken alle Wesen Se derrama la Alegría para todos los seres
llevaría a este final. Ten calma, te lo suplico, no desesperes... Están cargadas… Oigo An den Brüsten der Natur; por todos los senos de la Naturaleza;
las 12… ¡Que sea lo que tenga que ser! Carlota… Carlota… ¡Adiós! ¡Adiós!” Alle Guten, alle Bösen Todos los buenos, todos los malos,
Un vecino vio el fogonazo y oyó la detonación; pero, como todo permaneció en Folgen ihrer Rosenspur. Siguen su camino de rosas.
calma, no averiguó qué había sucedido. […] Küße gab sie uns und Reben, Ella nos dio los besos y la vida,
Cuando el médico llegó al lado del infeliz Werther, lo encontró en el suelo y sin Einen Freund, geprüft im Tod; Y un amigo, probado hasta en la muerte;
salvación posible. El pulso latía, pero todas sus partes estaban paralizadas. La bala Wollust ward dem Wurm gegeben, Al gusanillo fue dada la voluptuosidad,
había entrado por arriba del ojo derecho, haciendo saltar los sesos. Le sangraron Und der Cherub steht vor Gott. Y el querubín está ante Dios.
de un brazo; la sangre corrió. Todavía respiraba. Unas manchas de sangre que se Vor Gott! ¡Ante Dios!
veían en el respaldo de su silla demostraban que consumó el acto sentado frente a
la mesa en que escribía y que en las convulsiones de la agonía había caído al suelo. Froh, wie seine Sonnen fliegen Alegres, como vuelan sus soles
Se encontraba boca arriba, cerca de la ventana, vestido y con zapatos, con frac Durch des Himmels prächt'gen Plan, A través de la espléndida bóveda celeste,
azul y chaleco amarillo. […] Laufet, Brüder, eure Bahn, Corred, hermanos, seguid vuestra ruta,
Durante algún tiempo se temió por la vida de Carlota. Los jornaleros condujeron a Freudig, wie ein Held zum Siegen. Alegres, como el héroe hacia la victoria.
Werther al lugar de su sepultura; no le acompañó sacerdote alguno. Seid umschlungen, Millionen! ¡Abrazaos, millones de seres!
Diesen Kuß der ganzen Welt! ¡Este beso para el mundo entero!
Brüder, über'm Sternenzelt Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Muss ein lieber Vater wohnen. Habita un padre amante.
Ihr stürzt nieder, Millionen? ¿Os prosternáis, millones de seres?
Ahnest du den Schöpfer, Welt? Mundo, ¿presientes al Creador?
Such' ihn über'm Sternenzelt! ¡Búscalo por encima de las estrellas!
Über Sternen muss er wohnen. ¡Allí debe estar su morada!