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TRABAJO PRÁCTICO JURISDICCION INTERNACIONAL. – COMISION N° 2 - DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO.

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CASOS: SASTRE C/ BIBILONI y COMPTE C/ IBARRA.-

INTEGRANTES:
BARBERAN, FERNANDO.-
CASASOLA, CRISTIAN ADRIAN.-
FERNANDEZ, LUCIANO MARTIN.-
VALENZUELA, RODRIGO NICOLAS.-

EL CASO “COMPTE C/ YBARRA Y CIA”.-


1).- Características del caso: La empresa armadora del buque “Cabo San Agustín”
(Ybarra y Cia.) se había comprometido a transportar desde el puerto de Valencia
(España) y a entregar en el puerto de Buenos Aires (Argentina) dos cajones de azafrán
consignados a la firma Miguel Compte y Cia. o a su orden (contrato de transporte
documentado mediante conocimiento). Amarrado el vapor en el puerto de Bs As., los
estibadores sustrajeron parte de la carga, de resultas del cual sufrió deterioros parte de la
mercancía, quedando prácticamente perdida para los destinatarios.-
2).- El problema: En el conocimiento se había establecido una cláusula por la cual los
Tribunales del puerto de Sevilla serían los competentes para entender en cualquier
demanda que pudiera plantearse como consecuencia del cumplimiento del referido
contrato de transporte.-
El problema radicó en decidir si la determinación de la competencia de los tribunales del
lugar (Argentina) es de orden público o no. En otras palabras, si tienen las partes libertad
para pactar la competencia de los tribunales de otro Estado (V.gr. Los tribunales del
Estado de Bandera del Buque o los del domicilio del transportador o del puerto de
embarque).-
El problema fundamental a resolver se puede resumir en la siguiente proposición. ¿Es
válida la renuncia anticipada a la jurisdicción de nuestros tribunales en las causas
marítimas cuando de no existir la cláusula tendrían que ser resueltas por nuestros
tribunales?-
3).- Nuestro ordenamiento: En nuestra legislación, al año 1936, existían disposiciones
expresas acerca de la competencia de los tribunales federales para intervenir en las
causas de Almirantazgo y jurisdicción marítima. El art. 100 de la Constitución Nacional
dice textualmente que corresponde intervenir en esas causas a la Corte Suprema de
Justicia de la Nación y el art. 2° de la Ley 48 concretaba esa jurisdicción en lo referente
a los jueces federales de 1° instancia.-
En lo que respecta al contrato de fletamento p de transporte a ejecutarse en la República
Argentina el texto del art. 1091 del Código de Comercio (la regulación del comercio
marítimo con las naciones extranjeras ha sido puesta por la Constitución, a cargo
exclusivo del Congreso Nacional, art. 67 inc. 12) se estableció el principio de la
aplicación de la ley del Estado a los contratos de fletamento o transporte a ejecutarse en
la República Argentina y los tribunales interpretaban extensivamente que ello implicaba
pronunciarse también sobre la competencia de los Tribunales de la República si podía
sostenerse que el contrato se ha cumplido en ella.-
4).- Dictamen del Procurador General de la Nación: El Dr. Juan Álvarez, Procurador
General de la Nación, después de puntualizar las circunstancias del caso, concluye
sosteniendo que la jurisdicción es un atributo de la soberanía y que las leyes
respectivas son de orden público1.-

1
Es conveniente distinguir entre la jurisdicción internacional exclusiva de los tribunales argentinos y otras hipótesis de jurisdicción
argentina sólo concurrente. Si una norma de jurisdicción internacional argentina les confiere a los jueces nacionales la jurisdicción
exclusiva para extender en un caso, no cabe reconocer ninguna sentencia extranjera que invada la jurisdicción argentina. Puede
haber jurisdicción extranjera concurrente con la jurisdicción argentina. Ello ocurre por ejemplo si un contrato internacional tiene
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CASOS: SASTRE C/ BIBILONI y COMPTE C/ IBARRA.-

INTEGRANTES:
BARBERAN, FERNANDO.-
CASASOLA, CRISTIAN ADRIAN.-
FERNANDEZ, LUCIANO MARTIN.-
VALENZUELA, RODRIGO NICOLAS.-

Para reforzar su argumentación recuerda los fundamentos del Sr. Fiscal de Cámara Dr.
Matienzo, que “el comercio marítimo argentino utiliza para el transporte de barcos
extranjeros y por ello es asunto que afecta directa e inmediatamente a la economía
nacional determinar los derechos y obligaciones de quienes toman a su cargo el
transporte de tales riquezas. Si su regulación se deja, por completo, en manos de los
particulares, el Código argentino tendría sólo el carácter de ley supletoria, y habría
desaparecido la facultad del Congreso para dictar normas obligatorias al respecto (…)
Mediante tan sencillo procedimiento, las grandes empresas extranjeras obtendrían,
prácticamente, una especie de privilegio de extraterritorialidad, que ninguna ley ha
entendido concederles. (..) Además, el principio de que bastan cláusulas de tal tipo para
excluir a los jueces argentinos de toda intervención en el cumplimiento del contrato,
conduce a conclusiones desfavorables para los propios armadores. Aplicándolo
estrictamente resultaría que el capitán no puede pedir a la justicia federal embargo de la
carga que conduce, sea por falta de pago del flete, o por contribución al prorrateo de las
averías: para ello, sería indispensable la llegada de algún exhorto librado por los jueces
de Sevilla, únicos competentes. Y pues no ocurren así las cosas, y son los propios
armadores domiciliados en el extranjero quienes acuden a cada paso ante nuestra justicia
cuando necesitan se les ampare en su derecho, tampoco es admisible que los jueces
argentinos carezcan de jurisdicción cuando quienes piden ese amparo son los
consignatarios domiciliados en el país.-
5).- El fallo de la Corte Suprema de Justicia.- La Corte Suprema de Justicia de la
Nación en su fallo sostiene que habiendo la Constitución Nacional reservado para la
Nación el derecho de legislar y de resolver todos los conflictos que se plantean en
materia de jurisdicción y comercio marítimo, no armoniza con las normas que consagran
esa tesis, la doctrina de que existe libertad de elegir los tribunales que deben entender en
los casos que se susciten.-
Es un principio reconocido del derecho de gentes –dice la CSJN- que toda Nación tiene
jurisdicción sobre sus habitantes, hechos que ocurran en su territorio y en los casos
judiciales que se produzcan a consecuencia de los mismos y cita la opinión del Juez
Marshall que comentando la cláusula equivalente a inc. 12 del art. 67 de la CN, afirma
que el poder de reglar el comercio marítimo es el de prescribir la regla que regulará ese
comercio y que el pleno poder sobre la cosa reglada excluye el de otros sobre la misma
cosa.-

lugar de cumplimiento en el extranjero y el demandado se domicilia en la Argentina. Según los arts. 1215 y 1216 del Código Civil
derogado (actual art. 2650 CCyC), concurrían la jurisdicción de los diferentes lugares de ejecución y la del domicilio del demandado.
De ahí que les reconociéramos jurisdicción a los jueces extranjeros de algún lugar de cumplimiento o del domicilió del demandado
si éste radica en el extranjero. Así es importante recordar que la Corte en "Eberth Clemens c. Buque Paulo" consideró: "Por lo
expuesto, en general, la jurisdicción internacional es concurrente, no exclusiva. En cambio el derecho aplicable tiende en general, a
la unidad. La jurisdicción puede ser exclusiva en determinados casos porque influyen valoraciones materiales de solución de fondo
del caso que el foro se considera con derecho o poder para imponer. Son asuntos generalmente influidos por principios de orden
público, normas de aplicación exclusiva o normas materiales imperativas". La concurrencia se podría producir entre diversos
tribunales extranjeros —por ejemplo, de distintos lugares de cumplimiento del contrato—. En cambio, si el juez extranjero entiende
en el litigio contractual sobre la base de una conexión jurisdiccional diferente —v.gr. de los bienes que el demandado posee en el
país de aquel juez—, su sentencia no será pronunciada según las reglas argentinas de jurisdicción internacional. Empero, si en los
lugares en que existe jurisdicción según las reglas argentinas se admite la jurisdicción del juez del lugar de los bienes, deberemos
también admitir el reenvío a esa jurisdicción. En cambio, si los jueces que consideramos con jurisdicción no admiten reconocer el
foro de patrimonio, tampoco habremos de reconocer la jurisdicción de un tribunal por la sola circunstancia de la radicación de bienes
del demandado (“Boggiano, Antonio; Curso de Derecho Internacional Privado, II Edición Año2000, Abeledo Perrot”.-
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CASOS: SASTRE C/ BIBILONI y COMPTE C/ IBARRA.-

INTEGRANTES:
BARBERAN, FERNANDO.-
CASASOLA, CRISTIAN ADRIAN.-
FERNANDEZ, LUCIANO MARTIN.-
VALENZUELA, RODRIGO NICOLAS.-

Textualmente dijo el fallo:


“(…) examinando el Chief Justice Marshall la cláusula semejante de la Constitución de
Estados Unidos de Norteamérica, en la célebre causa "Gibbons v. Ogden" inserta en
Wheaton p. 1 y ss. y en la colección de fallos de Marshall hecha por Dillon -1903, p.
421- se pregunta: "¿Qué es ese poder? Es el poder de reglar; es decir, de prescribir la
regla que gobernará al comercio. Este poder, semejante a todos los demás investidos en
el Congreso, es completo en sí mismo, puede ejercerse en su mayor extensión y no
reconoce otras limitaciones que las prescriptas en la Constitución. Ellas están
expresadas en términos claros y no afectan a las cuestiones que surgen, en este caso, o
que han sido discutidas en el tribunal"; y haciéndose cargo de un argumento de la parte
apelante en el que "hay mucha fuerza y la Corte no está satisfecha de su refutación",
reconoce que "como la palabra reglar implica en su naturaleza, el pleno poder sobre la
cosa que será reglada, excluye necesariamente, la acción de todos los otros que
deberían efectuar la misma operación sobre la misma cosa". La misma doctrina
interpretativa corresponde al inc. 12 art. 67 CN pues no es menos asertivo y preciso el
dicho precepto ni son menos claras las razones de unidad jurisdiccional y de resguardo
de la soberanía nacional que la informan”.-
Después de invocar las disposiciones legales citadas en el dictamen del Procurador
General de la Nación sostuvo la CSJN que el art. 1091 del Código de Comercio afirma
la jurisdicción privativa, excluyente e improrrogable de los tribunales nacionales en
materia de fletamento, estadías "y en general, sobre todo hecho o contrato concerniente a
la navegación y comercio marítimo", que es el caso de autos, pues se trata de
indemnización al consignatario argentino por pérdida de carga consecutiva a hurtos en
puerto argentino.-
A esta fundamentación la CSJN agrega todo lo referente al carácter de adhesión que
podía invocarse en el caso, sosteniendo que se trataba de la ejecución de un contrato de
fletamento con cláusulas impresas, prefijadas de antemano por el transportador y que no
podía admitirse la validez de una cláusula que había dejado de lado la jurisdicción de
nuestros tribunales y disposiciones expresas de la CN, de las leyes federales y del código
de comercio.-

EL CASO "SASTRE C/. BIBILONI”.-


1).- Características del caso: Ilustra el caso de un accidente (colisión de automóviles)
ocurrida en la localidad de Punta del Este (República Oriental del Uruguay). Si bien el
accidente ocurrió en Punta del Este, la solución del caso en su sentido efectivo, está
relacionada con el domicilio de los demandados, determinado en la ciudad de La Plata,
provincia de Buenos Aires.
.2).- El problema: Los demandados, domiciliados en la provincia de Buenos Aires
opusieron la excepción de incompetencia de jurisdicción, fundada en el art. 56 del
Tratado de Montevideo de 1940, según el cual "las acciones personales deben
entablarse ante los jueces del lugar a cuya ley está sujeto el acto jurídico materia del
juicio. Podrán entablarse igualmente ante los jueces del domicilio del demandado. Se
permite la prórroga territorial de la jurisdicción si, después de promovida la acción, el
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demandado la admite voluntariamente, siempre que se trate de acciones referentes a


derechos personales patrimoniales. La voluntad del demandado debe expresarse en
forma positiva y no ficta". Los demandados invocaban el último párrafo de este artículo,
pues ellos no habían admitido voluntariamente la prórroga. Y el art. 43 del tratado, en
cuanto establece que las obligaciones que nacen sin convención se rigen por la ley del
lugar en donde se produjo el hecho lícito o ilícito de que proceden.-
3).- Dictamen del Procurador General de la Nación.- El Dr. Marquardt, señala que
“del texto del art. 56 del Tratado de Montevideo de 1940 se deduce que habiendo
elegido el interesado iniciar la acción ante los tribunales del lugar del domicilio del
demandado –que vive en la ciudad de La Plata (provincia de Buenos Aires), hecho no
controvertido en autos- no es aceptable la pretensión de la contraparte de que para
hacer uso de tal opción sea necesario que aquella preste su conformidad.-
En efecto, el tercer párrafo del artículo (trascripto ut-supra) en cuestión no se refiere
por cierto a los dos anteriores, que son independientes, por comprender situaciones
absolutamente distintas. Cuando la norma dice que se permite la prórroga territorial de
la jurisdicción –la que debe ser admitida expresamente por el demandado- no hay que
relacionar el párrafo con el que otorga al actor el derecho a radicar el juicio ante los
tribunales del domicilio el accionado; por el contrario, la norma ha sido dictada
exclusivamente para el caso de que el interesado inicie el juicio ante un juez que no sea
ni el del lugar a cuya ley está sujeto el acto jurídico de que se trata ni el del domicilio
del demandado, lo que ocurriría, por ejemplo, si la demanda hubiera sido promovida,
en el caso de autos, ante los tribunales de la Capital Federal.-
En lo que respecta a la disposición contenida en el art. 43 del tratado (…) pienso que de
su propio texto fluye que lo que aquélla determina no es el tribunal que debe entender –
materia del citado art. 56- sino la ley aplicable a dicho tipo de obligaciones, cuestión
que en ningún momento ha sido motivo de controversia”.-
4).- El fallo de la CSJN.- La Corte, y por los fundamentos del dictamen del procurador
general, juzgó que el actor había ejercido la opción que confiere el segundo párrafo del
art. 56 y que el ejercicio de tal opción no está subordinado a que el demandado admita
voluntariamente ser sometido a esa jurisdicción, pues al consentimiento sólo se lo
requiere en caso de prórroga, o sea, cuando la causa es promovida ante jueces distintos a
los indicados en los dos primeros párrafos del art. 56.-
Textualmente dijo el fallo:
“con arreglo a lo dispuesto en el art. 56 del Tratado de Derecho Civil Internacional de
Montevideo de 1940, ratificado por el decreto-ley 7771/56 –cuyo texto se transcribe en
el dictamen que antecede-, las acciones personales pueden entablarse ante los jueces
del lugar a cuya ley está sujeto el acto o, “igualmente”, según dispone el segundo
párrafo, “ante los jueces del domicilio del demandado”.
Que el ejercicio de tal opción por el actor en el proceso no se subordina a que el
demandado admita voluntariamente ser sometido a esa jurisdicción, pues sólo se
requiere su consentimiento (párrafo tercero y cuarto) cuando se trata de la “prórroga
territorial”, o sea, cuando la causa se promueve ante jueces distintos a los indicados en
los dos primeros aparatados del citado art. 56.
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5º) Que no obsta a esta conclusión lo dispuesto en el art. 43 del mismo Tratado, porque
él se refiere a la ley aplicable al caso –lo cual está fuera de la controversia- y no al
tribunal que debe entender, aspecto regulado específicamente, como se dijo, en el art.
56”.-

AUTONOMÍA DE LAS PARTES EN LA ELECCIÓN DE JUECES


ARGENTINOS O EXTRANJEROS (PRÓRROGA DE JURISDICCIÓN
INTERNACIONAL) – TRATADO DE MONTEVIDEO DE 1940 (ART. 56) –
CODIGO PROCESAL CIVIL Y COMERCIAL DE LA NACION (ART. 1°).-

Ambos Trats. de Der. Civ. Int. De Montevideo contienen, en su art. 56, normas
genérales coincidentes en materia de jurisdicción internacional. Pero el Tratado de 1940,
a diferencia del de 1889, contempla la prórroga voluntaria de jurisdicción. La
disposición reza del siguiente modo: "Las acciones personales deben entablarse ante los
jueces del lugar a cuya ley está sujeto el acto jurídico materia de juicio. Podrán
entablarse igualmente ante los tribunales del domicilio del demandado. Se permite la
prórroga territorial de la jurisdicción si, después de promovida la acción, el demandado
la admite voluntariamente, siempre que se trate de acciones referentes a derechos
personales patrimoniales. La voluntad del demandado debe expresarse en forma positiva
y no ficta". Conviene recordar el art. 5 del Protocolo Adicional de 1940. Que estatuye
que la jurisdicción y la ley aplicable según los respectivos Tratados no pueden ser
modificadas per voluntad de las partes, salvo en la medida en que lo autorice dicha ley.
Se debe empezar con la jurisdicción radicada en el país en el que el demandado tiene su
domicilio. Esta regla es universal; y no se aplica sólo en materia de jurisdicción
internacional, sino igualmente cuando enfrentamos el problema de la competencia
territorial.-
Por un lado, se desea conceder a la persona atacada la comodidad de litigar en el lugar
donde tiene todo al alcance de su mano. Por otro lado, se supone que donde alguien está
domiciliado, posea también bienes en los que el actor puede hacer presa, en caso de que
venciera en el litigio.-
La segunda regla radica la jurisdicción internacional en los tribunales del país cuyo
Derecho es aplicable a la materia del juicio. Desde luego, esta regla no es inversible: El
hecho de que un tribunal tenga que aplicar Derecho extranjero no excluye su
jurisdicción. Sabemos que la extraterritorialidad del Derecho Privado extranjero es el
fenómeno fundamental del DIPr. Por lo demás, se desea favorecer un juicio cómodo,
puesto que siempre es más probable que el Derecho se aplique correctamente si es el
propio que si es Derecho extranjero. En cuanto a la prórroga, ella fue añadida en 1940,
lo cual prueba bien a las claras que los primeros dos fundamentos de la jurisdicción son
independientes de este último. Por lo demás, parece que la prórroga sólo se admite con
respecto a acciones personales y no reales) y patrimoniales y no de otro tipo, como, por
ejemplo, separación o divorcio, filiación, responsabilidad parental, aspecto moral de la
propiedad literaria y artística, etc.). La prórroga no puede concertarse sino después de
promovida la acción; la prórroga anticipada es inadmisible.-
TRABAJO PRÁCTICO JURISDICCION INTERNACIONAL. – COMISION N° 2 - DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO.-
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La legislación argentina tiene algunas disposiciones al efecto. Se ha dicho de entrada


que, si bien la competencia legislativa para la materia procesal incumbe a las provincias,
la concerniente a la jurisdicción internacional corresponde a la Nación como "poder
implícito" en el sentido del art. 75 inciso 32 de la C.N. Las normas en las que la Nación
reglamenta la jurisdicción internacional' son normas federales.-
Hay que tener en cuenta el art 1 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
texto según Ley N° 22.434 (BO. 26/03/1981): Asuntos exclusivamente patrimoniales de
índole internacional admiten la prórroga en favor de jueces extranjeros o a árbitros que
actúen fuera de la República, a no ser que haya jurisdicción argentina exclusiva (La
prórroga sería inválida si estableciera la jurisdicción de un tribunal extranjero cuando la
jurisdicción argentina es exclusiva. Así ocurre, v.gr., con el art. 6l4, último párrafo, de la
Ley 20.094. La Ley N° 22.434 suprimió la necesidad de que la prorroga se hiciere antes
de ocurrir los hechos litigiosos.-