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FACULTAD DE DERECHO

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

TÍTULO DEL TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

“CONCAUSA”

AUTORES:

CHUNGA LIVIA, YESSICA.


GUERRERO JABO, BRENDA.
PEREZ CARMEN, JOSSELYNN.

ASESOR:
JOSÉ ARQUÍMEDES FERNÁNDEZ VÁZQUEZ.

LÍNEA DE INVESTIGACIÓN:
DERECHO PRIVADO.

PIURA – PERÚ
(2018)
INDICE

I. CAPÍTULO I ........................................................................................................... 5

1.1.- PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA .......................................................... 5

1.2.- JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN .................................................. 5

1.3.- OBJETIVOS .................................................................................................. 5

1.3.1.- Objetivo General .................................................................................. 5

1.3.2.- Objetivos Específicos ........................................................................... 5

II. CAPÍTULO II ......................................................................................................... 6

2.1.- NOCIONES GENERALES ............................................................................ 6

2.2.- CAUSA ADECUADA .................................................................................... 6

2.2.1.- FACTOR IN CONCRETO ....................................................................... 6

2.2.2.- FACTOR IN ABSTRACTO ..................................................................... 6

2.3.- FRACTURA CAUSAL ................................................................................... 8

2.4.- CONCAUSA ................................................................................................ 11

2.5.- CRITERIO PARA DIFERENCIAR A LA CONCAUSA ................................ 11

III. CAPÍTULO III ..................................................................................................... 13

3.1.- LA CONCAUSA COMO CATEGORIA GENERAL ..................................... 13

3.1.1.- CONCAUSA QUE GENERA RESPONSABILIDAD SOLIDARIA: ....... 13

3.1.2.- CONCAUSA PARA ATENUAR EL QUANTUM RESARCITORIO ...... 13

3.1.3.- CONCAUSA PARA DISTRIBUIR EL QUANTUM RESARCITORIO ... 15

IV. CAPÍTULO IV .................................................................................................... 17

4.1.- PROPORCION DEL QUANTUM RESARCITORIO ENTRE AUTORES Y


PARTICIPES ....................................................................................................... 17

4.1.1.- ¿LOS AUTORES Y PARTICIPES REPSONDEN SOLIDARIAMENTE?


......................................................................................................................... 18

CONCLUSIONES ................................................................................................... 23

2
INTRODUCCION
Si hablamos de Responsabilidad Civil, pues nos remontamos a los primeros
grupos humanos, en donde la venganza era un mecanismo privado, mediante el
cual se castiga a quien causaba daño al ofensor, es decir la venganza era
personal, puesto que no intervenía la sociedad.

Es por eso que decimos que la responsabilidad Civil es aquella obligación de


reparar y satisfacer, por si o por otra persona, como consecuencia de una culpa
o una causa legal.

Partiendo del principio romano es deber genérico de causar daño a nadie, si este
no es cumplido, se correlato es la obligación de reparar el perjuicio causado por
su responsable. Considerando que esta constituye la base de la responsabilidad
y de sus distintos regímenes jurídicos que derivan de él, sobre la naturaleza del
hecho ilícito entendido como algo ilícito civil y del daño ocasionado.

En cuanto a la responsabilidad civil como sistema normativo tiene como fin,


resolver conflictos entre particulares como consecuencia de la producción de
daños.

Pero para entrar a más fondo al tema de CONCAUSA, se debe tener en cuenta
que la responsabilidad se divide en contractual y extracontractual en donde:

a. La responsabilidad civil extracontractual es consecuencia entonces del


incumplimiento de un deber jurídico genérico y debe cumplir con ciertos
requisitos referidos a la antijuricidad, el daño causado, la relación de
causalidad y los factores de atribución.
b. La responsabilidad Contractual es producto del incumplimiento de un deber
jurídico especifico denominado “relación jurídica obligatoria”.

Lo que estudiaremos en este trabajo de investigación es aquel requisito de una


RESPONSABILIDAD CIVIL EXTRACONTRACTUAL en cuanto a su relación
causal en la responsabilidad civil.

Pues se sabe que este tercer elemento es fundamental puesto que no ha sido
desarrollado a profundidad por muchos doctrinarios nacionales, pero es aquella
teoría que ha sido asumida por nuestra legislación y consideramos que es

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necesaria desarrollarla y entenderla debido a que esta figura ha sido asumida por
nuestro código civil.

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I. CAPÍTULO I

1.1.- PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA


El problema que se presenta en este trabajo de investigación, tiene que ver con
el desconocimiento que se tiene por esta figura, de gran relevancia dentro de la
responsabilidad civil extracontractual, como es la concausa y así lograr una mejor
comprensión respecto a este tema. Además, nos permitirá analizar y descubrir las
diferencias que existen entre concausa y fractura causal, lo cual presenta un
problema para muchos estudiantes de este ámbito, lograr diferenciar ambas
figuras y sobre todo despejar las dudas en lo que se relaciona a la concurrencia
de causas.

1.2.- JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN


Esta investigación se justifica en brindar la información necesaria con respecto a
esta figura de relevante importancia dentro de la responsabilidad civil contractual,
presentando y redactando los diferentes conceptos de manera clara y precisa que
abarca esta información, asimismo comentando los ejemplos, los cuales han sido
materia de investigación, permitiendo de esta manera, lograr un mayor
entendimiento de la figura principal.

1.3.- OBJETIVOS
1.3.1.- Objetivo General
 Analizar La Concausa en la responsabilidad civil.

1.3.2.- Objetivos Específicos


 Comprender el concepto de concausa en la
responsabilidad civil

 Analizar las diferencias entre la concausa y fractura


causal

 Identificar la concurrencia de causas y la posición


asumida en el código Civil peruano.

5
II. CAPÍTULO II
2.1.- NOCIONES GENERALES
La relación causal es entendida como el nexo existente entre el hecho
determinando del daño (evento dañoso) y el daño propiamente dicho.

Esta relación causal es importante porque nos permitirá determinar dos aspectos
principales:

a. Entre una serie de hechos susceptibles de ser considerados hechos


determinantes del daño cual es aquel que lo ocasiono (causa)
b. Entre una serie de daños susceptibles de ser indemnizados cuales
merecerán ser redistribuidos.

Entonces la relación de causalidad es pues un requisito general de la


responsabilidad civil, tanto en el ámbito contractual como en lo extracontractual. La
diferencia reside en que mientras en el campo extracontractual la relación de
causalidad debe entenderse según el criterio de la causa adecuada, en el ámbito
contractual la misma deberá entenderse bajo la óptica de la causa inmediata y
directa.

2.2.- CAUSA ADECUADA


Corresponde a que aquella conducta sea causa adecuada de un daño es
necesario que concurran dos factores o aspectos:
- Un factor in concreto
- Un factor in abstracto

2.2.1.- FACTOR IN CONCRETO debe entenderse en el sentido de una relación de


causalidad física o material, lo que significa que en los hechos la conducta debe
haber causado el daño, es decir, el daño causado debe ser consecuencia fáctica o
material de la conducta antijurídica del autor.

Sin embargo, no basta la existencia de este factor, pues es necesaria la


concurrencia del factor in abstracto para que exista una relación de causalidad
adecuada.

2.2.2.- FACTOR IN ABSTRACTO debe entenderse como la conducta antijurídica


abstractamente considerada, de acuerdo a la experiencia normal y cotidiana, es
decir, según el curso normal y ordinario de los acontecimientos debe ser capaz o

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adecuada para producir el daño causado. Si la respuesta a esta interrogante es
negativa, no existirá una relación causal, aun cuando se hubiera cumplido el factor
in concreto.

Es pues necesaria la concurrencia de ambos factores para que se configure una


relación de causalidad adecuada.

Un ejemplo que podría graficar esta figura seria:

Si una persona de 25 años de edad, sin ningún problema cardiaco, fallece en forma
inmediata como consecuencia de un susto producto de una broma, no existirá
relación de causalidad adecuado, aun cuando en los hechos la muerte haya sido
consecuencia del susto por la broma, por cuanto de acuerdo a la experiencia
normal y cotidiana un susto por una broma no es capaz de producir la muerte de
una persona joven de edad. Por lo contrario, si se tratara de un susto por una broma
a una persona de 75 años de edad, no habría duda alguna que se trataría de una
causa adecuada, en tanto y en cuanto el susto a una persona de edad avanzada
es causa adecuada, de acuerdo a la experiencia normal y cotidiana, para producir
la muerte.

De esta manera, resulta claro el sentido de la Noción de causa adecuada, de


aplicación obligatoria para todos los casos de responsabilidad civil extracontractual
en el sistema legal peruano, por haber sido consagrada expresamente y en forma
imperativa en el artículo 1985° del Código Civil, donde señala: el CONTENIDO DE
LA INDEMNIZACION que comprende las consecuencias que deriven de la acción
u omisión generadora del daño, incluyendo el lucro cesante, el daño a la persona
y el daño moral, debiendo existir una relación de causalidad adecuada entre el
hecho y el daño producido. El monto de la indemnización devenga intereses legales
desde la fecha en que se produjo el daño.

Ósea no basta con establecer si una conducta ha causado físicamente un daño,


pues es necesario también determinar si esa conducta abstractamente
considerada es capaz de producir ese daño de acuerdo al curso ordinario y normal
de los acontecimientos.

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En cuanto al tema de la relación de causalidad no se agota en la noción misma de
causa adecuada, sino que es necesario precisar todas las figuras y supuestos que
se presentan en torno a este aspecto fundamental de la responsabilidad civil, para
poder entender la mecánica de la relación de causalidad dentro del sistema de
responsabilidad extracontractual.

En tal sentido, resulta fundamental determinar las nociones de fractura causal o


causa ajena, la de concausa y aquella de pluralidad de causas, reguladas
sucesivamente en los artículos 1972, 1973 y 1983 del código civil.

2.3.- FRACTURA CAUSAL


Esta figura se presenta un conflicto entre dos conductas o causas sobre la
realización de un daño, el mismo que será resultado de una sola de dichas
conductas. En este sentido, en todo supuesto de fractura causal una de las
conductas o causas habrá producido o causado el daño y la otra no habrá llegado
a causarlo justamente por haber sido la misma consecuencia de la otra conducta.

Y es por ello que a la conducta que no ha llegado a causar el daño se denomina:

1- Causa Inicial
2- Causa Ajena

Pues todo supuesto de fractura causa implica pues un conflicto entre la causa ajena
y la causa inicial, siendo el daño consecuencia de la causa ajena y no existiendo
ninguna relación de causalidad respecto de la causa inicial.

Esto significa en consecuencia que LA CAUSA AJENA es un mecanismo jurídico


para establecer que no existe responsabilidad civil a cargo del autor de la causa
inicial justamente por haber sido el daño consecuencia del autor de la causa ajena.
Dicho en otros términos, cada vez que se le intente atribuir a un sujeto una
responsabilidad civil extracontractual por la supuesta producción de un daño, el
mismo tendrá la posibilidad de liberarse de dicha responsabilidad si logra acreditar
que el daño causado fue consecuencia no de su conducta, sino de una causa
ajena, o lo que es lo mismo de otra causa, bien se trate de un supuesto de caso
fortuito o de fuerza mayor, o del hecho determinante de un tercero, o del propio
hecho de la víctima, según establece el artículo 1972° del código civil, cuyo texto

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señala lo siguiente: en los casos del artículo 1970, el autor no está obligado a la
reparación cuando el daño fue consecuencia de caso fortuito o fuerza mayor, de
hecho determinante de tercero o de la imprudencia de quien padece el daño. Si se
trata de caso fortuito la causa ajena será un fenómeno de la naturaleza, como un
terremoto, una inundación consecuencia del fenómeno del Niño, etc.

Del mismo modo, si se trata de fuerza mayor la causa ajena será un acto de la
autoridad como una prohibición repentina decretada por norma jurídica de una
conducta antes permitida, la declaración de guerra de un Estado u otro, etc… Si se
trata del hecho determinante de tercero, la causa ajena será justamente el hecho
del tercero y en el caso del hecho de la víctima la causa ajena será precisamente
el hecho de la propia víctima. De esta manera en estos cuatro supuestos el daño
no será producto del autor de la causa inicial, el mismo que no será responsable
civilmente, por ser la misma consecuencia de caso fortuito, o de fuerza mayor, o
del hecho de un tercero, o del hecho de la misma víctima, es decir, de una causa
ajena.

En relación a los conceptos de FUERZA MAYOR Y CASO FORTUITO debemos


señalar que se trata de nociones con las mismas características pues deberán ser
eventos extraordinarios, imprevisibles e irresistibles con la única diferencia
respecto al origen del evento, como se ha anotado anteriormente, según fluye
claramente del artículo 1315° del código civil.

Pues se puede decir que en los supuestos de causa ajena denominada también
doctrinariamente “FRACTURA CAUSAL”, no existe responsabilidad a cargo del
autor de la causa inicial, por ser el daño consecuencia de otra causa que puede
ser una conducta humana o un evento de la naturaleza.

Las fracturas causales se invocan consiguientemente siempre que el autor de una


determinada conducta logre acreditar que no ha sido el causante del daño
imputado, por ser el mismo consecuencia de otra causa, ya se trate de caso fortuito,
fuerza mayor, hecho de tercero o hecho de la víctima.

Así, por ejemplo, si en plena vía expresa en la ciudad de Lima, un sujeto decide
quitarse la vida y se arroja debajo de un vehículo en plena marcha, aun cuando el
daño haya sido causado aparentemente por el conductor del vehículo, no existiría
9
duda alguna que el mismo podrá liberarse de responsabilidad invocando como
causa ajena el hecho de la propia víctima, por cuanto en este ejemplo es la propia
víctima como consecuencia de su propia conducta la que se ha causado el daño el
conductor no hubiera producido materialmente el daño. El daño, en este caso lo
muerte del suicida no ha sido consecuencia del hecho del conductor, sino del
propio hecho de la víctima.

Debe señalarse igualmente que para poder tener una exacta visión de las fracturas
causales, no deben confundirse el aspecto de la culpabilidad del sujeto de la
conducta, con el aspecto objetivo de la relación causal, pues no interesara que el
autor de la causa inicial haya actuado con dolo o culpa, es decir, no interesara que
el mismo haya querido producir un daño a sabiendas del mismo, o en forma
negligente, en tanto que lo único importante es que el daño causado a la víctima
no ha sido consecuencia de dicha conducta, sino de un evento extraño y ajeno a
él.

En todos los supuestos de fractura causal debe dejarse de lado el análisis del
aspecto subjetivo del autor de la conducta de la denominada causa inicial, pues lo
único relevante es que el daño ha sido consecuencia de una conducta o evento
ajeno y distinto, bien se trate de caso fortuito, de fuerza mayor, del hecho de tercero
o del hecho de la propia víctima.

Por ello es que decimos y ello debe quedar bastante claro, que las fracturas
causales deber ser invocadas cuando se le impute a un sujeto una responsabilidad
civil por un daño que no ha causado, habiendo sido el mismo la consecuencia de
un evento o conducta ajena y esta noción y mecanismo de la fractura causal como
es evidente no guarda vinculación alguna con la noción de culpabilidad, tratándose
de un asunto meramente objetivo, referido a que la conducta o evento es la que ha
causado el daño.

Se deduce fácilmente no solo que en todo supuesto de fractura causal, no existiera


responsabilidad civil a cargo del autor de la causa inicial, sino que si la fractura
causal es un supuesto de caso fortuito, fuerza mayor o hecho de la propia víctima
no se configurara tampoco ninguna responsabilidad civil, salvo que se trate del
supuesto de hecho determinante de tercero, en cuyo caso dicho tercero será el
responsable civilmente por haber sido el causante del daño.

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Asimismo, debe también señalarse en forma expresa que cuando decimos que la
conducta del sujeto que no ha causado daño debe denominarse “causa inicial”, no
estamos haciendo referencia a que dicha conducta haya causado algún tipo de
daño distinto, sino que la expresión ha causado daño alguno, utilizándose la
expresión “causa” justamente para poder distinguirla de la conducta que si causo
el daño y que se denomina por ello mismo “causa ajena”

2.4.- CONCAUSA
Finalmente, en el caso de que se dé la concurrencia de causas, denominado
también pluralidad de causas o coautores (en los cuales dos o más sujetos,
mediante una conducta común o a través de conductas singulares, causa un mismo
daño). En este caso se trata del supuesto en que el daño no es consecuencia de
la conducta de un solo sujeto, sino de la conducta de varios sujetos, se encuentra
previsto en el artículo 1983º del Código Civil y el efecto es que son solidariamente
responsables. Cuando no sea posible discriminar o distinguir el diferente grado de
participación, la indemnización se distribuirá entre ellos en partes iguales.

2.5.- CRITERIO PARA DIFERENCIAR A LA CONCAUSA


El único criterio para diferenciar ambas figuras será el plantearse la siguiente
pregunta: ¿La conducta de la víctima por sí misma es suficiente para la producción
del daño?

- Si la respuesta es afirmativa se trataría de fractura causal


- Si la respuesta es negativa será un supuesto de concausa.
Por cuanto además de la conducta de la víctima es necesaria la conducta
del autor.

En estos casos de concausa, no se trata de un conflicto entre dos conductas a


efectos de establecer cuál de ellas ha causado efectivamente el daño y cuál de
ellas no ha llegado a producirlo, sino se trata de un supuesto en el cual
objetivamente la propia víctima, queriéndolo o no colabora o contribuye con su
propia conducta a la realización del daño.

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Evidentemente, por lo general esta contribución es producto de un acto de
imprudencia de la víctima, como con el ejemplo de elegir una autopista para

Por ello el efecto jurídico de la concausa no es la liberación de la responsabilidad


civil del autor, sino únicamente una reducción de la indemnización a cargo del autor
en consideración al grado de participación de la víctima.

Reducción de la Indemnización que deberá ser determinada por el juez, según


sean las circunstancias de cada caso concreto en particular y según lo establece
expresamente el artículo 1973° del Código civil.

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III. CAPÍTULO III
3.1.- LA CONCAUSA COMO CATEGORIA GENERAL
Desde nuestro particular punto de vista, lo adecuado es partir del análisis de la
concausa como categoría general. Si en determinado supuesto, concurren dos
causas destinadas a producir el efecto dañino, hablamos de concausa. Por ende,
ésta, como categoría general, reúne los siguientes supuestos:

3.1.1.- CONCAUSA QUE GENERA RESPONSABILIDAD SOLIDARIA: Cuando son


dos o más los autores directos del daño. Técnicamente, acá se habla de coautoría,
y la forma como responden los coautores de un daño, se encuentra regulada en el
artículo 1983 CC Al respecto, un sector importante de la doctrina nacional,
refiriéndose a la relación existente entre la concausa y la responsabilidad solidaria,
ha sostenido que las mismas deben ser diferenciadas: “los supuestos de causa
concurrente o concausa difieren del de la responsabilidad solidaria, por cuanto aquí
la causalidad se enfoca respecto de una pluralidad de agentes dañantes”1 Desde
nuestro particular punto de vista, y como bien se indicó, ambos términos (concausa
y responsabilidad solidaria) deben ser clasificados en categorías distintas: una cosa
es la concurrencia de varios sujetos al momento de producirse un determinado
evento dañoso (concausa) y otra muy distinta la forma como se distribuye la
responsabilidad entre dichas personas causantes del daño. Sin embargo, ello no nos
debe llevar a establecer diferencias entre ambos términos, ya que estos pueden
presentarse de forma conjunta en determinado caso: la concausa, bajo la forma de
la coautoría, puede dar lugar a un supuesto de responsabilidad solidaria, como es el
caso normado en el artículo 1983 del Código Civil 2. En este caso, como se aprecia,
uno es la causa del otro: la coautoría (concausa) es la causa o factor determinante
para que se presente un supuesto de responsabilidad solidaria.
3.1.2.- CONCAUSA PARA ATENUAR EL QUANTUM RESARCITORIO: Cuando la
propia víctima,colabora con el autor del daño para que el evento lesivo se produzca.

1
ESPINOZA ESPINOZA, Juan. Derecho de la Responsabilidad Civil. 5ª. Edición. Editorial Gaceta Jurídica. Lima. 2007. Pág. 177
2
Artículo 1983 CC: “Si varios son responsables del daño, responderán solidariamente. Empero, aquel que pagó la totalidad
de la indemnización puede repetir contra los otros, correspondiendo al juez fijar la proporción según la gravedad de la falta
de cada uno de los participantes. Cuando no sea posible discriminar el grado de responsabilidad de cada uno, la repartición
se hará por partes iguales”

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En este supuesto, corresponde la aplicación del artículo 1973 CC 3; es decir,
corresponde que el Juez reduzca la “indemnización”, toda vez que la imprudencia de
la víctima concurrió en la producción del daño. Cabe señalar que esta participación
de la víctima en la producción del daño, no es de tal magnitud como para que se
configure un supuesto de ruptura del nexo causal, regulado en el artículo 1972 CC 4.
En efecto, no se debe confundir la concausa con la ruptura del nexo causal 5. La
concausa viene a ser una causa concurrente con otra, ambas destinadas a producir
el efecto dañino. En cambio, en el supuesto en el cual es la propia víctima quien
produce o contribuye de forma determinante en la producción del daño (la
denominada ruptura del nexo causal) no es posible hablar de concausa, toda vez
que el único hecho causante del daño fue el de la propia víctima. A pesar de ello, la
conducta de los terceros intervinientes en el evento dañoso, podría ser considerada
como condición u ocasión6, pero bajo ningún supuesto como causa7.
Otra aclaración resulta importante: si la conducta de la propia víctima fuese de tal
magnitud, al punto de ser el factor desencadenante del daño (es decir, al punto de
producirse una ruptura del nexo causal), no podremos hablar, jurídicamente, de un
“autor” del daño, toda vez que éste se habría producido exclusivamente por el hecho
de la propia víctima. Si consideramos a la víctima, como autora de su propio daño,
tendríamos que considerarla responsable del mismo, y al ser responsable, debería
responder por el daño y pagar la “indemnización” a favor de sí misma (en aplicación
del artículo 1983 CC). Esta forma de ver las cosas, naturalmente, resulta absurda,
motivo por el cual somos de la opinión que, en este supuesto, no es posible hablar
de un “autor” del daño. Por ende, en aplicación del artículo 1972, al no existir,
jurídicamente hablando, un autor del daño, nadie estará obligado a el resarcimiento
del mismo. Sin embargo, ello no impide que exista, fácticamente, una conducta
generadora del daño (esta conducta fue precisamente la de la propia víctima) y por

3
Artículo 1973 CC: “Si la imprudencia sólo hubiere concurrido en la producción del daño, la indemnización será reducida
por el Juez, según las circunstancias”
4
Artículo 1972 CC: “En los casos del artículo 1970, el autor no está obligado a la reparación cuando el daño fue
consecuencia de caso fortuito o fuerza mayor, de hecho determinante de tercero o de la imprudencia de quien padece el
daño”.
5 ALTERINI, Aníbal. Responsabilidad Civil. 3ª. Edición. Editorial Abeledo – Perrot. Buenos Aires. 1987. Pág.140). El error en

que incurre el citado autor, ya ha sido advertido en sede nacional por Juan Espinoza, quien acertadamente señala que, tal
como está definida la concausa según Alterini, “se está haciendo referencia a un supuesto distinto, que es el de ruptura del
nexo causal.
6
CABANELLAS, Guillermo. Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual. Tomo V. 29ª. Edición. Editorial Heliasta. Buenos
Aires. Pág. 646)
7
GOLDENBERG, Isidoro. La relación de causalidad en la responsabilidad civil. Editorial Astrea. Buenos Aires. 1984. Pág.45

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ende, un causante directo del mismo. Es decir, en estos casos, sí es posible realizar
un juicio de causalidad Pongamos como ejemplo el caso del suicida que se arroja a
las llantas de un carro que se encuentra en pleno trayecto. Naturalmente, acá no es
posible señalar que nos encontramos ante una concausa (dos o más hechos
desencadenantes del daño), toda vez que la única causa desencadenante del daño
fue la conducta misma de la víctima, quien se arrojó a las llantas del vehículo. La
conducta de quien manejaba el vehículo deberá ser considerada simplemente como
ocasión, es decir, asumirá una relevancia mínima a efectos de imputar
responsabilidad. En consecuencia, el causante del daño será la propia víctima
mientras que el conductor del carro no podrá ser considerado autor del daño, por lo
que no asumirá ningún tipo de responsabilidad. Distinto sería el caso en el cual dos
automóviles colisionan y ambos conductores se demandan mutuamente. En este
supuesto, en caso ambos conductores hubiesen actuado negligentemente (uno
porque se pasó la luz roja y el otro porque conducía a una velocidad por encima de
lo permitido por las normas de tránsito), podríamos concluir que cada uno de ellos
fue autor del daño producido a su contraparte y contribuyeron (por su imprudencia)
en el daño producido a ellos mismos. Por ende, corresponderá que el Juez fije el
resarcimiento de manera proporcional. Es decir, aquí la concausa sirve para atenuar
el quantum resarcitorio, al haber contribuido la propia víctima a la producción del
daño.

3.1.3.- CONCAUSA PARA DISTRIBUIR EL QUANTUM RESARCITORIO: Se

presenta cuando el autor del daño, actuó en complicidad con un determinado sujeto
(ayuda) o se vio incitado por éste a causar un daño (instigación). Ambos supuestos,
incitación y ayuda, se encuentran regulados en el artículo 1978 CC. Como se puede
apreciar, en cada uno de los 3 supuestos de concausa descritos, ésta cumple una
función distinta. En el primer caso, la concausa sirve para distribuir la responsabilidad
de forma solidaria (artículo 1983). En el segundo supuesto, la concausa sirve para
atenuar la responsabilidad del autor del daño (artículo 1973), y en el tercer supuesto,
la concausa sirve para distribuir la responsabilidad entre los autores y partícipes del
evento dañoso. (Artículo 1978). De todos estos supuestos de concausa, el que nos
interesa, a efectos de la elaboración del presente ensayo, es aquél en el cual
conjuntamente con la actuación de un determinado sujeto, pasible de ser calificado
como autor, concurre la actuación de otras personas, pero a título de participación,

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ya sea como instigadores o como cómplices (o ayudantes, para usar la terminología
empleada por nuestro Código Civil.

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IV. CAPÍTULO IV
4.1.- PROPORCION DEL QUANTUM RESARCITORIO ENTRE AUTORES Y
PARTICIPES
Primero corresponde determinar si es posible que los autores y partícipes de
determinado daño, respondan en iguales proporciones El artículo 1978 únicamente
se encarga de señalar que el grado de responsabilidad de los partícipes debe ser
determinado por el Juez de acuerdo a las circunstancias. La norma no señala si el
grado de responsabilidad de los partícipes puede o no ser igual al de los autores. En
este punto el legislador omitió un pronunciamiento expreso. Corresponde entonces
preguntarse si es posible que producido determinado hecho dañoso generador de
una responsabilidad por 100, el autor y el partícipe sean condenados a asumir cada
uno 50. Desde nuestra perspectiva, esto no es posible, ya que desnaturalizaría el
fundamento por el cual se diferencia la autoría y participación. En efecto, la
bifurcación que hace la doctrina y el Código Civil entre autores y partícipes, implica
reconocer distintos grados de responsabilidad en cada uno de ellos, y esto acarrea
a su vez imponerles distintos montos resarcitorios. Si distinguimos entre autores y
partícipes, es porque consideramos que ambos no tienen el mismo grado de
responsabilidad, y como no tienen el mismo grado de responsabilidad, corresponde
que cada uno de ellos asuma distintos montos resarcitorios. Es un contrasentido que
producido determinado daño por 100, hablemos de autores y partícipes que
respondan cada uno en un porcentaje idéntico por 50. Lo correcto será sancionar al
autor en un porcentaje mayor que al partícipe (la distribución del monto resarcitorio
podría ser por ejemplo 60-40 o 70-30, dependiendo del criterio del Juez y de las
pruebas aportadas por las partes).
No olvidemos que hablar de autores y partícipes lleva implícito reconocer distintos
grados de responsabilidad, y esto a su vez conlleva la existencia de distintos montos
resarcitorios. Todo lo contrario, sucede con los coautores. Si en la producción de
determinado daño participan dos (o más) sujetos cuya intervención se da en la misma
magnitud (igual grado de responsabilidad), contribuyendo ambas conductas en igual
porcentaje a la producción de aquél, entonces nos encontraremos frente a un
supuesto de coautoría. Por ende, corresponderá que los coautores asuman su deber
resarcitorio en la misma proporción, tal es así que, si el daño producido fue por 100,
cada uno de ellos asumirá 50 (en caso sean dos los coautores), sin perjuicio de la

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responsabilidad solidaria a favor de la víctima. A diferencia de lo que sucede con los
supuestos de autoría y participación, en los cuales a diferente grado de
responsabilidad corresponde distintos montos resarcitorios, en los casos de
coautoría, al encontrarnos frente al mismo grado de responsabilidad, corresponderá
que los coautores asuman el monto resarcitorio fijado por el Juez en proporciones
iguales.

4.1.1.- ¿LOS AUTORES Y PARTICIPES REPSONDEN SOLIDARIAMENTE?


El artículo 1983 CC establece la solidaria respecto de todos los responsables del
daño: “Si varios son responsables del daño, responderán solidariamente”
Corresponde preguntarse: ¿responden solidariamente tanto los autores como los
partícipes, o es que la solidaridad está pensada sólo para los coautores, estando
exenta de dicha regla los partícipes? Para responder prolijamente la interrogante
planteada, corresponde analizar detenidamente los artículos 1978 y 1983, pero antes
de ello, debemos anotar algo. La responsabilidad solidaria es un supuesto en el cual
concurre una pluralidad de sujetos dentro del esquema de la relación jurídica
obligatoria (obligaciones pluripersonales). Esta pluralidad de sujetos puede
presentarse tanto en la parte activa (acreedores solidarios), pasiva (deudores
solidarios), como en ambas partes de la obligación (acreedores solidarios versus
deudores solidarios). El primer supuesto se presenta cuando un sólo deudor, se
encuentra obligado frente a una pluralidad de acreedores (solidaridad activa), a
ejecutar determinada prestación. El segundo caso se da cuando son varios los
deudores, quienes se encuentran vinculados frente a un único acreedor (solidaridad
pasiva). Finalmente, la solidaridad puede presentarse en ambos polos de la
obligación, cuando varios deudores (dos por lo menos) tienen el deber específico de
ejecutar determinada prestación a favor de una serie de personas (por lo menos dos
acreedores). Ahora bien, la particularidad de la solidaridad radica en que cualquiera
de los acreedores solidarios puede reclamar a título personal la ejecución total de la
prestación al deudor (en caso fuera uno) o a cualquiera de los deudores solidarios.
Por su parte, cualquiera de los deudores solidarios puede ejecutar íntegramente la
prestación a favor del acreedor (en caso fuese uno) o a favor de cualquiera de los
acreedores solidarios, con lo cual la obligación quedará extinta. En efecto, si A y B

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son acreedores solidarios de C por un monto de 100, B podrá cobrar la totalidad de
la deuda a C, quien no podrá negarse al pago argumentando que
a B únicamente le corresponde cobrar la mitad de la deuda, es decir 50. Pero una
vez que C haya pagado la totalidad de la deuda a B, la obligación se habrá extinguido
y a A no le quedará más remedio que dirigirse contra su coacreedor B, a efectos de
que éste le entregue la parte que le corresponde, todo ello conforme lo establecido
por el artículo 1203 CC: “En las relaciones internas, la obligación solidaria se divide
entre los diversos deudores o acreedores, salvo que haya sido contraída en interés
exclusivo de alguno de ellos. Las porciones de cada uno de los deudores o, en su
caso, de los acreedores, se presumen iguales, excepto que lo contrario resulte de la
ley, del título de la obligación o de las circunstancias del caso”. Como puede
apreciarse, dentro de las coordenadas diseñadas en el Código Civil vigente, se
entiende que la solidaridad no implica, necesariamente, una pluralidad de porciones
iguales entre sí a pagar, por cuanto, de acuerdo al segundo párrafo del art. 1203
C.C., en las relaciones internas las porciones de cada uno de los deudores o, en su
caso, de los acreedores, se presumen iguales, salvo excepciones. Y es que cuando
se habla de solidaridad (pasiva), no necesariamente se hace alusión al mismo grado
de responsabilidad (culpa) en que incurrieron los sujetos causantes de determinado
daño. La solidaridad únicamente significa que todos los causantes del daño
responden por la totalidad del mismo, independientemente del grado de
responsabilidad que tuvieron y por ende independientemente del monto resarcitorio
que les correspondería asumir a título personal. Si la ley lo dispone, podría establecer
que tanto los autores como los partícipes responden solidariamente por el daño
ocasionado; es decir, la persona afectada podría exigir la totalidad de la deuda al
partícipe, y éste se encontrará obligado a pagar, pudiendo dirigirse luego contra el
autor, a efectos de que éste le restituya el monto que pagó de más y que no le
correspondía asumir. Así por ejemplo, en caso la deuda fuese de 100, y al partícipe
le hubiese correspondido pagar tan sólo 30, a pesar de lo cual pagó la totalidad (ante
la exigencia del dañado), aquél podrá dirigirse contra el autor del daño a efectos de
que éste le restituya los 70 que pagó de más, pero de ninguna manera podría
negarse a pagar la totalidad frente al dañado, ya que al tratarse de un supuesto de
responsabilidad solidaria, éste se encuentra facultado a cobrarle la totalidad de la
deuda a cualquiera de los obligados, ya sea autor o partícipe. Como se puede

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apreciar, la solidaridad termina siendo sumamente útil para los acreedores y
tremendamente perjudicial para los deudores, es por ello que el legislador le otorgó
un tratamiento bastante específico y limitado, al instaurar que sólo la ley o las partes
pueden establecer los supuestos en los cuales la solidaridad opera y que la misma
no se transmite a los herederos.
Ahora bien: ¿Los partícipes y autores responden solidariamente?
El artículo 1978, el cual regula expresamente lo referente a los partícipes
(instigadores y cómplices), no hace alusión alguna a la solidaridad. Se limita a
señalar, en la primera parte, que tanto los instigadores como los cómplices también
son responsables del daño; mientras que, en la segunda parte, establece que el
grado de responsabilidad, en relación con el o los autores, deberá ser determinado
por el Juez en el proceso seguido por la parte afectada contra los causantes del daño.
Por su parte, el artículo 1983 sí hace alusión expresa a la solidaridad de todos los
responsables del daño. De ello se podría concluir que tanto autores como partícipes
son responsables solidarios, toda vez que el 1983 establece la solidaridad de los
responsables el daño, y según el 1978, los partícipes son también responsables del
daño. De ello se derivaría, irremediablemente, que los partícipes, al ser responsables
del daño, responden solidariamente. Pero desde nuestro punto de vista, esta
interpretación literal no es suficiente. Es necesario analizar también la segunda parte
del artículo 1983, según la cual en caso uno de los responsables solidarios asuma la
totalidad del monto resarcitorio, podrá repetir contra los otros responsables, a efectos
de que cada uno de ellos asuma el monto dinerario que le corresponde. El grado de
responsabilidad (o lo que es lo mismo, el monto resarcitorio que le corresponde de
cada uno de los causantes del daño), debe ser fijado por el Juez. Detengámonos un
momento en esta parte: si el grado de responsabilidad debe ser fijado por el Juez,
ello significa que éste, luego de un sesudo análisis, podría determinar que los
distintos sujetos participantes en la producción del daño, incurrieron en distintos
grados de responsabilidad: algunos a nivel de autoría, otros a nivel de instigación y
otros a nivel de complicidad o ayuda. Naturalmente, los autores asumirán un mayor
monto resarcitorio en comparación con los partícipes. En consecuencia, el legislador,
al establecer que el grado de responsabilidad debe ser fijado por el Juez, se está
refiriendo a la posible concurrencia tanto de autores como partícipes. Por ende, tanto
autores como partícipes deberán responder solidariamente.

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El último párrafo del 1983 CC permite confirmar esto: “Cuando no sea posible
discriminar el grado de responsabilidad de cada uno, la repartición se hará por partes
iguales”.
¿Qué quiere decir esto? Significa, que si son varios los responsables del daño, y el
Juez, debido a las circunstancias, se encuentra imposibilitado de determinar los
distintos grados de responsabilidad (es decir, quiénes fueron autores y quiénes
partícipes) deberá atribuir a todos los causantes del daño el mismo nivel de
responsabilidad: todos los causantes del daño deberán ser considerados coautores.
Por ende, nos encontraremos ante una serie de coautores que responderán
solidariamente frente al sujeto dañado, correspondiendo a cada uno de ellos asumir
(en lo que respecta a las relaciones internas entre todos los coautores) el mismo
monto resarcitorio, luego de dividir el monto total en partes iguales (no olvidemos que
si son coautores, es porque incurrieron en el mismo grado de responsabilidad y por
ende les corresponde asumir montos resarcitorios iguales) Como se puede apreciar,
luego de interpretar el artículo 1983, y leerlo conjuntamente con el artículo 1978, es
posible concluir que tanto los autores como partícipes se encuentran sujetos a
responsabilidad solidaria. Sin embargo, ello no significa que para efectos internos
(esto es, en las relaciones internas entre todos los causantes del daño), el monto
resarcitorio deba dividirse entre autores y partícipes en partes iguales: los coautores
asumirán el mismo monto resarcitorio, y lo mismo sucederá con los copartícipes, pero
jamás, coautores y copartícipes responderán en igual magnitud.
Un ejemplo para aclarar esto último: Si A es dañado por la conducta de cuatro
sujetos: B, C, D y E, entonces aquél podrá demandar a los cuatro de forma conjunta.
Supongamos que el Juez, luego del análisis respectivo, determina que B y C fueron
los autores del daño, mientras que D y E fueron los partícipes. Así mismo, fija como
monto resarcitorio a favor de A la suma de 100 y en aplicación de la segunda parte
del artículo 1978, determina que a B y C (como autores) les corresponde asumir 30
a título personal, mientras que a cada uno de los partícipes le corresponde 20. No
obstante ello, debido a que los 4 causantes del daño se encuentran sometidos a
responsabilidad solidaria, D (partícipe al cual le corresponde asumir tan sólo 20) paga
la totalidad de la deuda. En este caso, y teniendo en cuenta lo dispuesto por el
artículo 1983, D podrá dirigirse (en un proceso posterior) contra B, C y E, con la
finalidad de que estos le restituyan los montos que les corresponden, en función a la

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proporción establecida por el Juez. Es decir, B y C deberán restituirle 30 cada uno,
mientras que C tan sólo 20.
Por ende, nos reafirmamos, la lectura conjunta de los artículos 1978 y 1983, permite
concluir que tanto los autores como los partícipes responden de forma solidaria
contra el dañado. En efecto, si el legislador señala que la repartición del quantum
resarcitorio debe hacerse en partes iguales, entre todos los causantes del daño, es
porque atribuye a todos ellos el mismo nivel de responsabilidad, y en consecuencia,
considera a todos los participantes en el evento dañoso, como coautores. Sostener
lo contrario, nos llevaría a la conclusión de que sí es posible diferenciar (en este
caso) entre autores y partícipes, a pesar de lo cual, el Juez debe repartir el quantum
resarcitorio en partes iguales. ¿Cómo es que si el Juez reconoce distintos grados de
responsabilidad (autores y partícipes) sanciona a todos los participantes con el deber
de asumir el monto resarcitorio en partes iguales? ¿No se supone que los autores,
al haber realizado el hecho dañoso de forma directa, asumen un mayor nivel de
responsabilidad, y por ende asumen un mayor monto resarcitorio? No debemos
olvidar, como ya señalamos que, al hablar de autores y partícipes, estamos
reconociendo distintos grados de responsabilidad, y esto a su vez conlleva la
existencia de distintos montos resarcitorios. A contrario sensu, si partimos de la
premisa de establecer el mismo monto resarcitorio para todos los participantes (como
lo hace el último párrafo del artículo 1983 CC), es porque atribuimos a todos ellos el
mismo nivel de responsabilidad (coautoría) sin distinguir entre autores y partícipes.
En este caso, nos encontramos ante lo que la doctrina ha denominado
“responsabilidad solidaria imperfecta”. Así, “analizando aquello que ha sido llamado
“el fundamento de la solidaridad”, parece necesario distinguir dos formas, o dos tipos
en los cuales se presenta el esquema de la solidaridad. Estas formas son
denominadas “obligaciones solidarias con intereses comunes” y “obligaciones
solidarias con intereses unipersonales”.

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CONCLUSIONES

1. La figura de la concausa se presenta como el hecho por parte de la víctima


que coadyuva, esto es a nivel causal, a la producción del daño, con lo cual
existe responsabilidad en el agente, pero la indemnización se reduce de
acuerdo al grado de participación en la generación del daño, de esta manera
la exigencia de tutela puede ser menos intensa cuando el daño podría ser
fácilmente evitado por el mismo sujeto que debería ser tutelado.
2. La figura de la fractura causal se presenta como un conflicto entre dos
conductas o causas sobre la realización de un daño, el mismo que traerá como
resultado una sola de ambas conductas. Es resaltante señalar que una de las
conductas habrá producido o causado el daño y otra no ha llegado a causarlo,
por lo mismo que ha sido consecuencia de la otra causa.
3. La relación de causalidad es un requisito general de la responsabilidad civil,
tanto en el ámbito contractual como en lo extracontractual. Lo que lleva a
determinar que la relación causal es entendida como el nexo existente entre
el hecho determinado del daño y el daño propiamente dicho.
4. Con relación a los supuestos de concurrencia de causas, es necesario señalar
que se trata de los casos en los cuales dos o más sujetos, mediante una
conducta común o a través de conductas singulares, causan un mismo daño.
Lo que nos lleva a determinar que el daño no es consecuencia de la conducta
de un solo sujeto, sino de la consecuencia de varios sujetos.

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