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UNIVERSIDAD SAN PEDRO 1 de septiembre de 2018

INTRODUCCIÓN
La muerte es la culminación de la vida con el cual nunca se va a relacionar, ya que
mientras la vida existe la muerte no va a existir, pero si la vida no existe la muerte
va a estar presente.

La vida se relaciona con la existencia, pero esta no se relaciona con la muerte y


que si uno está vivo no va a estar muerto, pero si uno vive va a existir.

La existencia va a estar siempre presente porque las rocas el suelo existe, pero no
están vivos, pero las plantas y los animales existen y tienen la vida como nosotros
así que siempre se van a relacionar.

La muerte puede ser vista y estudiada desde varios aspectos como la finalidad de
la vida humana, estudiar a un ser humano como ser humano o la relación que
existe entre la muerte y la religión y nuestras creencias.

Si nosotros no nacimos y existimos por una razón y por un motivo, aunque no


tenemos las cuentas que tenemos, tenemos la responsabilidad de vivir, podemos
decir que la vida es el sentido de la vida y la muerte el sentido de la vida.

La simple convivencia diaria con la muerte, no impide a los profesionales de salud,


la expresión de malos sentimientos, por el contrario, es necesario que tengan
mejor comprensión sobre este hecho, para que puedan sufrir menos, controlar las
emociones y ayudar mejor a los pacientes y a sus familiares, a pesar de que la
muerte forma parte de la vida y sea exactamente esta perspectiva la que va
replantear la propia vida, hablar sobre el tema siempre asustó al ser humano, aun
tratándose de profesionales de la salud, conscientes de la impotencia humana y
de la propia muerte.

La muerte significa, normalmente, dolor y soledad para los que quedan. Por lo
tanto, desde esta perspectiva, no es solo la destrucción de un estado físico y
biológico que ella trae, sino también el fin de un ser en correlación con el otro.

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EL HOMBRE ANTE LA MUERTE: UNA


MIRADA ANTROPOLÓGICA
1. EL HOMBRE ANTE LA MUERTE: UNA MIRADA ANTROPOLÓGICA.
“El animal conoce la muerte tan solo cuando muere; el hombre se aproxima a su
muerte con plena conciencia de ella en cada hora de su vida”. Shopenhauer

1.1 La muerte
Al momento de hablar acerca del significado de la muerte se debe considerar que
es una expresión compleja ya que implica no solo el hecho biológico en sí, sino
que conlleva matices sociales, legales y religiosos, entre otros. Así mismo, morir
no es un hecho bruto, nuestra sociedad ha querido comprender este fenómeno en
distintas formas, buscando adjudicarle un significado a través del tiempo, así, la
representación de la muerte y del más allá tiene siempre relación con la vida, con
las formas de vivir en cada época y con las creencias ligadas a ella1.

Se conoce que el ciclo de vida de un ser humano se desarrolla desde el


nacimiento, pasando por un crecimiento, una reproducción que asegura la
conservación de la especie y finaliza con la muerte, por consiguiente, la muerte es
el destino inevitable de todo ser humano, una etapa en la vida de todos los seres
vivos que constituye el horizonte natural del proceso vital. Sin embargo, aun
sabiendo esto, la toma de conciencia de la muerte puede ser considerada como
una crisis en la vida de las personas; pudiendo ser, no la muerte, sino la
representación anticipada de la muerte lo que inspira terror1,2.

Ideas científicas respecto a la muerte1

 Carl Von Linneo. (1707-1778): Plantea que la sabiduría divina ha impuesto un


orden natural el cual descansa sobre cuatro fenómenos relacionados:
propagación, distribución geográfica, destrucción y conservación. Todas las
calamidades han sido instauradas por Dios por el bien supremo de los seres
vivos en su conjunto, ya que hay que equilibrar nacimientos y muertes. La
muerte mantiene la justa proporción de la las especies.
 Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829): considera que un cuerpo vivo es un
cuerpo limitado en su duración, organizado en sus partes, que posee lo que
denominamos vida y que está sujeto necesariamente a perderla, o sea, a sufrir
la muerte, que es el fin de su existencia. Sitúa la muerte directamente en el
interior del ser vivo.

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 Claude Bernard (1813-1878): Los organismos viven a la vez de su entorno y


contra él; y éste es para ellos al mismo tiempo oportunidad y amenaza. La
existencia no es más que una perpetua alternancia de vida y muerte, de
composición y descomposición. No hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
 August Weismann (1834-1914): Hace una distinción entre causas externas e
internas de muerte, señalando que con la edad ciertos cambios en los tejidos
minan su funcionamiento y acaban por conducir directamente a lo que
llamamos una muerte normal, o bien conducen indirectamente a la muerte, al
hacerlo incapaz de resistir ante influencias perjudiciales externas de poca
importancia.
De lo que estos autores plantean emergen dos posturas: por un lado, la muerte
que se asume como una fatalidad arbitraria, impuesta contra nuestra voluntad; por
otro la reflexión científica que plantea una utilidad o función oculta de la muerte,
muchas veces expresada en términos de ventaja selectiva basada en mecanismos
de evolución1.

Aunque ningún ser humano ha sido capaz de definir y describir en sí misma la


muerte, se ha ido construyendo un concepto para tratar de resolver el misterio que
esta implica, dentro este podemos encontrar que es:

 Término de la vida (dejar de vivir, fallecer, acabar, caer en el olvido).


 Signos vitales nulos.
 Originada de la consecuencia de la imposibilidad orgánica de sostener el
proceso homeostático.
 La consecuencia de la vejez.
 Separación de cuerpo y alma.
 Acontecimiento natural e inevitable.
Se puede considerar, a su vez, tipos de muerte, dentro de los que encontramos:

 Muerte natural: se produce por una patología o enfermedad, sin ninguna causa
externa, por ejemplo: una enfermedad infecciosa, tumoral, etcétera3.
 Muerte violenta: es aquella que experimenta alguien a raíz bien de un
traumatismo contundente y de forma fortuita o bien como consecuencia de que
otro individuo ha decidido acabar con su vida. Así, alguien muere de muerte
violenta cuando es víctima de un asesino u homicida4.
 Muerte cerebral: cuando el cerebro deja de funcionar de forma total y de
manera irreversible, donde se evidencia el registro de la ausencia de reflejos
ante una serie de estímulos, y la falta de respiración absoluta y para finalizar la
toma de un encefalograma plano, el cual refleja la inexistencia de actividad
cerebral. Algunas enfermedades relacionadas con la muerte cerebral son:

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traumatismo encéfalo craneal, contusión cerebral, hemorragia subaracnoidea,


entre otras3-4.
 Muerte súbita: es la aparición repentina e inesperada de una parada cardiaca
en una persona que aparentaba tener un buen estado de salud. La principal
causa de la muerte súbita es la arritmia cardiaca, el corazón deja de latir, a los
pocos segundos el individuo pierde el conocimiento y por último, pierde su
capacidad de respirar3.

1.2 La muerte en la sociedad y culturas.

La muerte es uno de los acontecimientos que más interrogaciones ha planteado


en la historia del hombre. Filósofos, antropólogos, científicos sociales y muchos
pensadores realizaron numerosas reflexiones acerca de la muerte y del paradigma
con el cual está relacionada. Sin embargo, para muchas personas, la muerte es
vista todavía como un acontecimiento ajeno, lejos de la realidad y del cotidiano
moderno. Para el ser humano, generalmente la finitud se hace consciente de
forma angustiosa, dado que la vida es celebrada diariamente, dejando la muerte
de lado, como si nunca fuese a acontecer5.

Así, mientras que en algunos animales existen comportamientos innatos para


morir, en el hombre sus actitudes y comportamientos ante la muerte son
aprendidos culturalmente; dichas costumbres han variado de un tiempo a otro, a
veces la muerte es vista como un hecho natural e inevitable, otras como un
enemigo al que hay que conquistar, o también como un evento banal, y del que se
evita hablar. La cultura moldea nuestras experiencias de pérdida y los rituales que
la rodean1,5.

Por ejemplo, en las sepulturas encontradas en Europa pertenecientes al hombre


de Neandertal se hallaron utensilios, de ahí se supone su creencia en una
supervivencia en la cual necesitaban alimentos y utensilios habituales, la actitud
del hombre de esta época hacia sus muertos debió ser una mezcla de respeto y
temor1.

Con el paso del tiempo, la muerte se convirtió en una experiencia meditativa de


introspección. La vida debía ser la preparación para la eternidad. La muerte
continúa considerándose como una intervención deliberada y personal de Dios, y
siguió así durante la Edad Media; dramatizada en el momento de la agonía, donde
se alude a una lucha encontrada entre ángeles y demonios que se disputan el
alma del que va a morir. Por eso era importante morir de “buena muerte”, para
acceder a la esperanza de ganar el reino de los cielos1.

Durante el Romanticismo, época en la se exaltaban por igual pasiones violentas y


emociones desbordadas, se tuvo una visión dramática de la muerte; aparecieron

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escenas de dolor frente a la muerte del otro, del ser amado. La muerte deja de
estar asociada al mal, declina, aunque no desaparece la conexión entre ésta y el
pecado1.

Para el siglo XIX es “el otro mundo” el lugar de reunión entre aquellos que han
sido separados por la muerte, la cual se comienza a dilucidar como algo
demasiado horrendo como para tenerlo de manera constante en mente, comienza
a ser un tema tabú. Sin embargo, O’Connor describe que a finales de este mismo
siglo lo más común era que la gente muriese en el hogar donde habían habitado,
dándose cuenta así de la proximidad de su muerte y teniendo con ello la
oportunidad de terminar los asuntos emocionales de su vida en su ambiente
familiar; permitiendo también a los miembros de la familia y amigos decir adiós al
ser querido, contemplado a la muerte como algo natural1.

Actualmente, la muerte se vive socialmente como un tabú, no se les permiten


hablar de ella incluso a aquellos que saben que están cerca de morir; tal es el
caso de los enfermos terminales quienes acuden a los hospitales en un afán de
luchar hasta lo último contra ella, sin importar lo adverso de las circunstancias 1.
Esto se puede explicar basándonos en que la “problemática sociológica de la
muerte” aparece cuando se considera que “lo decisivo para la relación del hombre
con la muerte no es sencillamente el proceso biológico en sí, sino la idea de la
muerte”. Sin embargo, aunque la muerte es un acontecimiento inevitable y
universal, “las actitudes hacia los moribundos y hacia la muerte […] no son ni
inalterables ni accidentales”, son peculiaridades de sociedades determinadas
(ELÍAS, 2011, p. 131). Los padecimientos, los modos de enfermar y de morir son
procesos históricos y socialmente construidos según las condiciones de vida de
los conjuntos sociales y sus modos de afrontarlos, produciendo sentidos y
significaciones individuales y colectivas que se exteriorizan de diferentes formas
(GRIMBERG, 1998, MENÉNDEZ, 1990)6.

La muerte ha sido un evento que invita a la reflexión, a rituales, a ceremonias, a la


búsqueda de respuestas, que causa temor, admiración e incertidumbre.
Actualmente, las sociedades han desarrollado sus propias culturas, dentro de las
cuales el tema de la muerte no ha sido la excepción en ninguna, ya que esta es
inherente al ser humano, así, por ejemplo:

 África: El Lumbalú hacía tanto referencia a los cánticos al muerto, como al rito
de paso. En este se canta, se llora, se baila frenéticamente y se alaba al
muerto, que está presente. La vela dura 9 días, y el más importante es el
último. En el Lumbalú todo irradia africanidad. Si al muerto se le honra bien con
este rito, consigue traspasar esa frontera al mundo de los muertos y no se
queda en la casa familiar. El Lumbalú mantiene como idea principal la

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solidaridad e identidad comunitaria. Este tipo de ritos de paso o de transición


varían de una cultura a otra, pero sirven para lo mismo: para reforzar los
vínculos de grupo7.
 Budismo: En las culturas orientales que practican el budismo, la vida no acaba
con la muerte. La persona se reencarna en otra vida y debe aprender en cada
vida, lecciones para ir mejorando hasta llegar a ser un ser puro espiritual, que
se ha ido perfeccionando a través de esas diferentes vidas.
Según la visión budista, la vida es eterna. Ya que atraviesa sucesivas
encarnaciones, la muerte no se considera tanto el cese de una existencia como
el principio de una nueva. Para los budistas el fenómeno de la trasmigración es
obvio, así que la muerte es necesaria7.
 Hinduismo: La preocupación del hindú no es la muerte. Para él, ésta no es el
enemigo. Desde su nacimiento, la muerte para él no es un término. Él va a
renacer en otro lugar y lo importante es interrumpir la cadena de los
renacimientos. Desde siempre, él pertenece a la eternidad. Él es una
manifestación de lo divino. Desde el momento en que nació, es un ser extraño
al mundo. Tiene ya una preexistencia, ya ha existido de alguna manera, y
cuando él desaparece, no hay paso del ser a la nada. Si el occidental va tras la
inmortalidad y desea eludir la muerte que le angustia, el hindú en cambio
busca liberarse de la vida, escapar a la existencia terrestre. En el pensamiento
religioso del hinduismo, la muerte consiste en la unión del alma individual con
el alma Universal, por lo que se cree que al morir se pasa no a otra vida como
la que conocemos en la Tierra, sino a otra forma de existencia, que es
esencialmente espiritual.
Según el hinduismo, cada persona vive muchas vidas a lo largo de su
existencia. Este ciclo eterno de reencarnaciones se llama “samsara”. Cuando
uno muere, su alma vuelve a nacer, reencarnarse, en otro cuerpo. Lo que le
sucede en cada vida es el resultado de vidas anteriores. Es decir, uno se
reencarnará en un cuerpo bueno si en su vida anterior se ha comportado
según su deber en la vida o “dharma”. Si son buenas, se reencarnará en una
forma de vida superior. Lo que uno hace bien, le hace bueno y lo que hace
mal, le hace malo7.
 México: La sociedad mexicana entró en contacto violento con el cristianismo
del siglo XVI, y el catolicismo se impuso sustituyendo a lo que antes de la
llegada de los conquistadores eran sus deidades. En el México del siglo XVI,
los símbolos nativos se combinaban sin remedio con los católicos. Un buen
ejemplo de ello es el Día de los Muertos mexicano. La arqueología ha ayudado
a saber que la práctica de ofrendar y que el muerto no se fuera solo (sino con
alimentos, armas y riquezas), era algo común desde hace miles de años en
diferentes sociedades prehispánicas7.

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 Argentina, Venezuela y Paraguay: En estos países, el velorio dura 24 horas y


se hace de esta manera porque, según los propios nativos, «San Pedro no
espera». Aunque a veces se celebra en una funeraria, normalmente se celebra
en casa del difunto y éste es acostado en su propia cama. Los velorios son
momentos de reunión no solo familiar, sino también de todos los amigos y
allegados. Por tanto, son lugares en los que se oyen historias, se cuentan
anécdotas, se realizan comentarios sobre política y economía, se juega a las
cartas y se cuentan, incluso, chistes. Acuden masivamente tanto parientes
como vecinos y se organizan turnos de rezos que combinan oraciones
propiamente dichas con canciones religiosas. Al mismo tiempo, los dueños de
la casa organizan un abundante banquete.
Al día siguiente se celebra el entierro, en el que todo el pueblo se dirige en
procesión al cementerio. Dependiendo de la clase social a la que perteneciese
el difunto, pueden llegar a suspenderse las clases y todo tipo de actividad
social. Después de la inhumación, se barre todo el cementerio y, en algunas
ocasiones, se arrojan hojas de coca en la sepultura. Los primeros días
después del entierro, se llevan flores a la tumba a diario o semanalmente7.
 Guatemala: es un país multicultural y plurilingüe, por lo que cuenta con
diferentes mitos y costumbres que varían según zonas. La familia
guatemalteca se caracteriza por mantener una unión fuerte en cualquier
circunstancia, de manera que cuando un miembro fallece, todas trabajan en
conjunto para realizar los preparativos de la velación del difunto. Durante el
velatorio, en algunas regiones se ofrece desde chocolate hasta sopas o
sándwiches y los participantes recuerdan anécdotas del fallecido; en otras
zonas, todo el pueblo pasa la noche fumando, tomando ron y jugando a las
cartas, especialmente al póquer.
La velación puede alargarse hasta 72 horas. Al día siguiente, antes de
trasladar el féretro al cementerio, se realiza una misa de cuerpo presente en la
Iglesia. Caminando detrás del féretro, en ocasiones, acompañan bandas de
mariachis7.
 Perú: Desde la Antigüedad, los peruanos han tenido mucho respeto por los
fallecidos y es común la de idea de que, si alguien muere, esto es una ofrenda
para Dios y, por tanto, ha de celebrarse una ceremonia ante esta situación.
En Perú, por motivos ideológicos, existen diferencias entre las clases más
acomodadas y las de bajos recursos. Esto responde a motivos ideológicos,
según los cuales la sociedad ha adquirido ciertos hábitos y praxis culturales
que contribuyen a la jerarquización y/o discriminación de los diferentes grupos
sociales dentro de esta misma cultura.

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Si se trata de una familia de bajos recursos económicos, se realiza el velorio en


la casa del difunto y se le entierra en las tierras de su propiedad después de
haber realizado una misa con el párroco del pueblo.
Cuando la posición económica es mayor, dependiendo de la importancia del
fallecido en vida, se puede llegar a prolongar el velorio hasta tres días y,
durante el recorrido al cementerio, se visitan los lugares del pueblo donde pasó
los momentos más importantes de su vida.
Con respecto al sepelio, consiste en trasladar al difunto desde la casa donde
vivió o donde se “veló” hasta el cementerio, acompañado por cierta cantidad de
personas, evento que se conoce como cortejo fúnebre.
Encabezando la marcha desfilan un grupo de niños portando flores, en
ocasiones precedidos por vehículos que portan “arreglos” florales, en algunos
casos participa una agrupación musical y dependiendo de la reputación del
occiso, asisten delegaciones de instituciones con sus estandartes.
El féretro es cargado por parientes o allegados que se van turnando para
participar en el duelo. En ocasiones puede intervenir una hermandad religiosa
que dirige los rezos y cantos relacionados al hecho, no faltando los llorones
que ensalzan las virtudes que en vida tuvo el difunto7.
 Ecuador y Bolivia: cuando un familiar fallece, es una práctica muy común que
lo bañen y lo vistan con sus mejores ropas y se le entierre junto a sus objetos
más preciados. Por lo general, el funeral dura dos días en los que se les ofrece
a los presentes comida y bebida. Al tercer día se celebra el entierro, en el que
todos visten de negro. Los familiares deben permanecer en duelo durante un
año. En algunos pueblos indígenas, especialmente los del oriente ecuatoriano,
un chamán realiza un ritual post mortem con hierbas y flores. Después, se
coloca al fallecido en una balsa que está en el agua y, mientras el pueblo
celebra una fiesta en honor al difunto, se quema su cuerpo. Al finalizar, se
recogen los restos de la balsa y se entierran7.
 Colombia: La muerte se ha hecho un suceso más protocolario, hace unos años
la velación era una oportunidad de encuentro, para recibir a los familiares
lejanos y a cualquier persona que fue amigo del fallecido. El difunto estaba en
casa y la velación era todo un suceso. Mientras que los familiares llegaban
desde cualquier lugar, el fallecido estaba en casa en velación, podía darse la
espera hasta 3 días, todo el día y toda la noche se acompañaba al difunto, los
familiares se turnaban para no dejarlo solo. Las mujeres preparaban alimentos
para los visitantes y dolientes, y durante la espera se contaban historias del
difunto, siempre alegres dando cuenta de lo bueno que fue en vida. Pasado el
entierro nueve días de oración, las novenas seguían permitiendo el encuentro y
el último día se cerraba el novenario con comida y en algunos pueblos hasta
con celebración.

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1.3 La muerte y el duelo

El luto y el duelo son formas de vivencia social dramática de la muerte de un ser


querido, la función del luto es expresar la tristeza y el dolor que siente el vivo por
la partida o desaparición física de un familiar o amigo. Duelo, por su parte, es un
sentimiento subjetivo que aparece tras la muerte de un ser querido y proviene del
latín dolos que significa dolor. También es un estado en el que el individuo
transmite o experimenta una respuesta humana natural que implica reacciones
psicosociales y psicológicas a una pérdida real o subjetiva (personal, objeto,
función, status, etc.). Para Posada, es la respuesta psicológica sentimiento y
pensamiento que se presenta ante la pérdida de un ser querido; por lo tanto, es
fundamental entender el duelo como un proceso en movimiento, con cambios y
múltiples posibilidades de expresión y no como un estado estático con limites
rígidos2.

La forma en que los seres humanos expresamos el duelo está estrechamente


relacionada con la cultura a la que pertenecemos, por ejemplo vestirse de negro; a
las situaciones que rodean dicha pérdida; a la edad de la persona que fallece; o a
sí dicha muerte fue anticipada, por ejemplo en personas enfermas o de manera
repentina como en la las muertes violentas, pero no solo con la muerte nos
expresamos con duelo y perdida, sino que estos síntomas se ven en otros eventos
que representan perdida alguna. Las manifestaciones y los síntomas con los que
cada una de las personas responde a dichas pérdidas, son diferentes, de aquí que
en la actualidad el duelo sea considerado como un Síndrome8.

El duelo ocurre o se inicia inmediatamente después, o en los meses siguientes a


la muerte de un ser querido y está limitado a un período de tiempo que varía de
persona en persona; este no siempre es consecutivo al fallecimiento. En múltiples
casos el carácter previsible de la muerte del ser querido, provoca una reacción
emocional que se denomina "duelo anticipado". Esta situación puede atenuar el
choque emocional frente al deceso y facilitar la resolución del duelo posterior o
bien estrechar la relación entre el moribundo y el doliente intensificando el
posterior sentimiento de pérdida y complicando la correcta evolución8.

El trabajo psicológico del duelo es un proceso complejo, que implica deshacer los
lazos contraídos con el ser querido, para enfrentarse al dolor de la pérdida; es en
esta actitud en la que la persona entra realmente en el proceso personal del
duelo8.

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1.4 La enfermería y la muerte


El enfrentamiento a la muerte ha conllevado la especialización de algunos
individuos en la realización de tareas relativas al manejo y gestión de los “efectos
destructores y desorganizativos” tanto de los fenómenos que conducen a la
muerte (enfermedad y envejecimiento), como de la propia irrupción de la misma 9.
Esto a llevado a que actualmente la muerte es un hecho social que ha pasado a
ser institucionalizado: la instauración de ella en los hospitales, ya sea por deseo
de prolongar la vida o por el miedo de morir sin atención, ha alejado este
acontecimiento del entorno colectivo donde era visto como un evento natural: “Y
entre tanta tecnología y sin alma, entre tantos objetos inanimados y casi ningún
sujeto ¿cómo percibir el rasgo de humanidad en todo acto médico?” (GHERARDI,
2007, p. 29). Tanta tecnología y omnipotencia de la ciencia oculta el padecimiento
humano no solo del enfermo sino del que lo atiende.

La muerte se ha convertido en un asunto traumático: “los grupos sociales actuales


no sólo han desarrollados rituales de evitación y ocultamiento respecto a la
muerte, sino que desarrollaron rituales para reducir la muerte a enfermedad”
(MENÉNDEZ, 2006, p. 153). El profesional de enfermería, como personal
capacitado en la realización de tareas relativas al manejo y gestión tanto de los
fenómenos que conducen a la muerte, como de la propia irrupción de la misma, no
queda al margen de estos rituales de evitación y reducción de la muerte a
enfermedad, percibiendo el fallecimiento del paciente como un fracaso de sus
acciones y esfuerzos terapéuticos por salvar una vida (CHACÓN; GRAU, 1997;
FRUTOS et al., 2007; MAZA et al., 2009) 9,6.

Con todo, encarar la muerte a cada instante se convirtió en encargo esencial para
los trabajadores del área de la salud, en especial para el profesional de
enfermería, que a su vez es quien presta los cuidados integrales al paciente y a la
familia5.

El equipo de enfermería es el que está más próximo en las situaciones críticas con
inminencia de muerte, es a quien el paciente y las familias buscan cuando
precisan de explicaciones, amparo, cuidado físico y psicológico. Así, el profesional
debe enfrentarse al sufrimiento, a la aflicción y a los recelos que pueden existir en
los más diversos momentos que involucran el cuidar. Estos cuidados para ser
eficaces exigen del enfermero no solamente conocimiento de las técnicas y de la
enfermedad en sí, sino también habilidades para trabajar con los sentimientos de
los otros y con sus emociones ante el paciente con o sin probabilidad de cura5.

Un enfermero sin haber tenido oportunidad de discutir y reflexionar mejor sobre el


tema se distancia de la situación como mecanismo de defensa y no afronta la

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muerte. Por tanto, es necesario profundizar en la visión del profesional de


enfermería sobre el tema, de modo que él mismo pueda percibir más allá de las
circunstancias visibles, y conocer los procesos de la muerte y del morir, para que
su asistencia sea de calidad, buscando la integridad y una atención humanizada
en el cuidado prestado al paciente, haciendo efectivo y mayor el vínculo entre el
paciente y la familia5.

Los miembros del equipo de enfermería son seres humanos incapaces de separar
sus sentimientos del trabajo y de su vida particular, en este sentido, los
sentimientos derivados de su profesión son llevados a su vida privada, pudiendo
influir en las relaciones familiares de manera significativa. En su trabajo pueden
manifestar sentimientos de autoreprobación, baja autoestima y desamparo, que
también forman parte del luto, llevando al desgaste profesional de todo el equipo
involucrado con pacientes en condición de riesgo, mostrando impotencia al no
conseguir dominar a la muerte. Por tanto, es fundamental para los profesionales
del área de salud, comprender y aprender sobre los conceptos de muerte y morir,
para que durante la asistencia de enfermería sepan enfrentar la situación5.

2 EL PROCESO DE MORIR.
Wolinsky afirma: "Cada sociedad tiene su propia imagen de la muerte, y hemos
asistido a una transformación desde la consideración de la muerte como
acontecimiento natural a creamos la obligación de buscar los más sofisticados
sistemas capaces de mantener viva a la persona, rechazando la muerte a
cualquier precio". Desde el Barroco, se inició un movimiento pendular acelerado
progresivamente en los últimos años, en virtud del cual, y de forma más marcada
en la sociedad occidental y desarrollada, se ha investido a la muerte y al morir de
todos los inconfesables temores. La muerte, de ser considerada como una
culminación lógica del proceso vital, hoy se ha llegado a considerar como un
fracaso en las conquistas humanas, relacionándose socialmente el término con:
ruptura, abismo, absurdo, dolor, irracionalidad y olvido. Se enfatiza en la vida,
olvidándose que la una no se puede entender sin la otra10.

Unamuno advertía: "El olvido de la muerte es la deserción de la vida misma".

Con este ritual de negación y de huida, se ha expulsado a la muerte del horizonte


de lo cotidiano, conformando un nuevo tabú social, confinándola, en palabras del
Profesor Terradillos, al "universo de la subcultura hospitalaria, entre catéteres,
batas blancas... abocando a las ciencias de la salud a ser un nuevo arte estéril de
alargar una agonía"10.

Estas concepciones concluyen con actitudes diversas en las personas que se


encuentran en el proceso de muerte que van desde la negación, hasta su

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aceptación pasando por distintas etapas y manifestaciones que son la respuesta


lógica de personas orgullosas de su antigua independencia y que finalizan
encontrándose impotentes y dependientes de personas y máquinas10.

La “Muerte Digna” significaría: aceptar el proceso de muerte como la culminación


lógica al proceso de vida y suprimir los aspectos que degradan y deshumanizan el
fin de la vida10.

CONCLUSIÓN
El acto de morir es un proceso normal que le ocurre a todos los seres vivos. Y al
igual que el acto de nacer, constituye una parte más de la existencia. Es una
experiencia única de cada persona, que representa la culminación del proceso
global de envejecimiento.

La ciencia define la muerte como el cese absoluto y definitivo de todas las


funciones biológicas, que incluye la interrupción total e irreversible de las
funciones circulatoria y respiratoria y de todas las funciones cerebrales.

La muerte tiene una gran proyección en las distintas sociedades en general y en


cada ser humano en particular. Hablar sobre la muerte no es pura especulación,
ya que podemos ver con toda la claridad, el aspecto central que ella desempeña
en las diferentes culturas y tradiciones de las mismas.

Para algunas personas, el proceso de la muerte ocurre de una forma rápida, sólo
en un período de unas cuantas horas o días. Sin embargo, para otras personas el
proceso que conduce a la muerte resulta un proceso lento y de deterioro, que se
puede prolongar durante meses y posiblemente, años.

Centrándonos en la muerte psicológica, añadiremos que ésta va paralela a la


muerte física y social. El enfermo terminal se va muriendo poco a poco y va
diciendo adiós al amor, a las ilusiones y a las esperanzas.

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Cuidados Paliativos En enfermería PÁGINA 13