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¿Para qué crear un Senado?

, por Gabriel Negretto


"Pensar que una segunda cámara mejorará automáticamente la calidad de la labor legislativa carece de
asidero empírico".

Entre las diversas propuestas de reforma


que se discuten para mejorar la calidad y el
desempeño de la democracia, en el Perú ha
cobrado estado público la idea de
restablecer el Senado. Si bien no está
garantizado que tal cambio vaya a ser
adoptado, es importante que sus
proponentes tomen en cuenta ciertas
consideraciones para que el debate tenga
la seriedad y profundidad que merece. Dos
aspectos que requieren una reflexión más profunda son definir con claridad para qué
se quiere una segunda cámara y qué reformas complementarias se necesitan para que
esta cumpla la función deseada. Los senados
han sido defendidos tradicionalmente como instituciones que mejoran la calidad de
la legislación al exigir una mayor deliberación e inducir una visión de largo plazo en
los procesos de cambio legislativo. Esta idea, de raíz aristocrática, se ha mantenido en
el presente al exigir que los senadores tengan mayor edad y duren más tiempo en sus
cargos que los diputados.
No hay duda de que esas características pueden hacer del Senado una institución
atractiva para políticos de larga trayectoria. Sin embargo, pensar que una segunda
cámara mejorará automáticamente la calidad de la labor legislativa carece de asidero
empírico. En todo el mundo, los senadores, aun teniendo mayor edad o experiencia
legislativa, pueden ser tan mediocres, partidistas u oportunistas como los diputados.