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ITESO A.C. Federico Martínez C.

22 de agosto 2010 mc65636


Reporte de lectura

Cultura escrita y objetividad: el surgimiento de la ciencia moderna1

El texto de David Olson, titulado, Cultura escrita y objetividad: el


surgimiento de la ciencia moderna, propone la existencia de un vínculo
entre la Reforma y el surgimiento de la Ciencia moderna. Para el autor el
común denominador puede situarse en la cultura escrita, y
particularmente en su expansión a partir de la invención de la imprenta a
mediados del siglo XV. Lejos de plantear su propuesta en torno a las
nuevas instituciones se desprendieron a raíz del invento de Gutenberg, el
análisis realizado por Olson centra sus esfuerzos en los cambios
psicológicos y de conciencia ocurridos en las personas a partir de la
adquisición de nuevas formas de competencia escrita.

La difusión de una gran cantidad de textos impresos durante el siglo XVI,


permitió a las personas alejarse de la comunicación oral como recurso
único para la comprensión de la realidad, y acercarse paulatinamente a la
escritura. Este cambio, además de favorecer la difusión de un
conocimiento fiable, provocó una verdadera escisión entre el sujeto
comunicador y el discurso emitido; “La escritura suministra los medios de
dividir y separar los elementos fijando parte de su significado como texto
y permitiendo que las interpretaciones se vean, por primera vez, como
interpretaciones” (Olson, 1998). Lo que está en juego para Olson es la
llegada de la Modernidad a partir de un cambio en las estructuras
mentales de las personas. El sujeto es capaz de acudir al texto para
separar aquello que es verificable, y aquello que corresponde a sus
propias interpretaciones.

En la transmisión oral, el sujeto que relata fusiona los datos provenientes


de la realidad con sus propias interpretaciones en un mismo discurso. En
el texto escrito es posible diferenciar dos universos; el mundo dado, que
contempla la identificación de la objetividad en el texto, y el mundo
interpretativo, que ahora recae en el sujeto que lee. De tal manera los
libros son finitos en si mismo, todo lo que pueden significar se encuentra
en ellos mismos, “significa lo que dice” (Olson, 1998). Los primeros en

1
Olson, David (1998) “Cultura escrita y objetividad: el surgimiento de la
ciencia moderna”, en D.R. Olson y N. Torrance (Eds.). Cultura escrita y
oralidad. Barcelona: Gedisa.
recuperar la distinción sistemática entre un texto y su interpretación serán
los protestantes, quienes recuperarán la Biblia como un texto “autónomo”
al que no hay necesidad de interpretar. Menos de un siglo después serán
los científicos modernos los encargados de observar el mundo natural
como un texto. En su lectura los científicos clasifican y organizan el
conocimiento a partir de hechos, que fungen el papel de las oraciones
escritas en los textos, y que serán los insumos para sus descripciones
fácticas sobre la realidad.

¿Es este cambio lo suficientemente significativo para cifrar en él, el inicio


de la Modernidad? En principio, y correspondiendo a la propuesta de
Olson, hay una nueva socialización del conocimiento; el sujeto pasa de ser
un mero oyente, a un lector con capacidad interpretativa. De tal manera,
al contar con un referente dado, la persona ya no se atiene a las
interpretaciones ajenas. Se despoja al conocimiento de la boca de unos
cuantos, y se le coloca en las hojas de los libros como verdad. La cultura
escrita permite que el conocimiento exista con independencia de la propia
manera de pensar o de sentir de las personas.

Ahora bien, ¿Esta objetivación del conocimiento, lo hace más verdadero? A


mi juicio, no hay una respuesta concluyente a ello. La Ciencia moderna
recupera de la cultura escrita, y de las transformaciones en las estructuras
de conocimiento propias de ella, la posibilidad de desmitificar sus
productos. Todo está expuesto a discusión, a comprobación, o a
rectificación, en otras palabras, existe sobre el conocimiento un halo de
democratización. Sin embargo, esta nueva distinción conceptual entre lo
observable y lo interpretado, también excluye de la ciencia toda
abstracción; ideas, imaginarios, sueños.

No es de extrañarse que en las primeras entrevistas que he realizado en


torno a mi tesis, salga a flote la inquietud de algunos empresarios ante la
multitud de firmas que debe hacer diariamente; “Pero si nos conocemos
desde la primaria, ¿Cuál es la necesidad de tanto papeleo”, dejando
entrever así una preferencia por sus sentimientos antes que por ciertas
obligaciones legales. ¿Cuál conocimiento es mejor para el éxito de una
negociación? Más allá de una respuesta acertada, coloco éste ejemplo
para referir la cotidianidad con que el conocimiento válido moderno se
encuentra con las formas más tradicionales de relacionarnos, y los retos
que esto significa para nosotros como investigadores.

¿Tiene cabida la subjetividad en el proyecto Modernidad?, ¿Es posible


construir un conocimiento que, sin volver a caer en el dogmatismo de la
época medieval, reconozca este cúmulo de elementos ideológicos como
elementos esenciales del saber? Si Olson coloca a la expansión de la
cultura escrita como un eje fundamental en la irrupción de la Modernidad,
al producir una sustancial modificación en nuestras formas de conocer
objetivamente el mundo, es pertinente, desde mi pinto de vista,
preguntarse por los eventos actuales que están transformando los
regímenes de conocimiento, y su relación con aquellos que por más de
tres siglos nos han acompañado.