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REPUBLICA DE CHILE

TRIBUNAL DE JUICIO ORAL EN LO PENAL


TEMUCO

Temuco, veintiocho de diciembre de dos mil uno.


VISTOS:
PRIMERO: Que, ante la Segunda sala del Tribunal de Juicio Oral en
lo Penal de Temuco, se celebró el 27 de diciembre del año en curso la
audiencia convocada para el juicio rol interno N° 020/2001, sustentado
en la acusación formulada por el fiscal del Ministerio Público don
Alejandro Ivelic Mansilla, en contra de CARLOS GRIEGO RUBILAR
AROCA, chileno, soltero, natural de Temuco, pintor de brocha gorda, de
35 años, Cedúla nacional de identidad N°10.900.005-1, domiciliado en
calle Uspayatas N° 085, Villa Andina de Temuco y de LUIS ARTEMIO
UTRERAS ANABALON, chileno, casado, natural de Lota, de 45 años,
mueblista, RUT N° 7.666.095-0, con domicilio en calle Nibaldo Sur N°
1391 de la comuna de Padre Las Casas, ambos con antecedentes
penales pretéritos, a quienes representaron los abogados de la
Defensoría penal pública, don Jaime López Allendes y doña Helen Thiers
Hernández, domiciliados en calle Prat N° 020 de esta ciudad.
SEGUNDO: Que los hechos objeto de la acusación, - consignados
en el auto de apertura de juicio oral expedido el seis del mes y año en
curso, por la señora Jueza de Garantía de Temuco, doña Cecilia Elena
Subiabre Tapia -, se desarrollaron en la madrugada del día 17 de
septiembre del presente año, ocasión en la que Carlos Rubilar Aroca,
saltando un muro de concreto de aproximadamente 1,75 m. de altura,
ingresó al patio de la casa de Pedro Sandoval Castro, ubicada en calle
Huichahue N° 295 de la comuna de Padre Las Casas y sustrajo una
carretilla metálica que entregó por sobre el muro a Luis Utreras Anabalón;
luego saltó el cerco que separa ese sitio con el que corresponde a la casa
de Ingrid Sepúlveda González, signada con el N° 297 de la misma vía e
ingresó al patio, desde el cual sustrajo un balón de gas y una herramienta
afiladora de cuchillos y, luego de trasladarlas al sitio vecino entregó
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también el recipiente a Utreras, quedando la herramienta en el suelo,


siendo sorprendidos y detenidos por funcionarios de Carabineros.
TERCERO: Que, en presencia de su defensor, los acusados fueron
debida y legalmente enterados de los hechos antes referidos y en esa
oportunidad, y durante el curso de la audiencia de debate, señalaron
que se asilaban en su derecho a guardar silencio. A su turno, el defensor
solicitó la absolución de sus representados respecto de los cargos
formulados en su contra por el Ministerio Público, aduciendo que la
prueba rendida ha sido insuficiente para llevar al tribunal - más allá de
toda duda razonable -, a la convicción de que aquéllos hubiesen tenido
alguna participación en los hechos que se les imputan; que a lo sumo
se trata de hechos constitutivos de robo en lugar no habitado, por
funcionar allí una empresa funeraria y que les beneficia la atenuante de
haber reparado con celo el mal causado. Al final de la audiencia los
encartados hicieron uso de la palabra y ambos alegaron su inocencia.
CUARTO: Que la prueba testimonial producida por el Ministerio público
proviene de testigos que protagonizaron los hechos que narraron, de
modo que los percibieron y apreciaron con sus sentidos; fueron
legalmente interrogados y además examinados por la defensa de los
acusados; sus declaraciones están conformes con los demás
antecedentes allegados durante el debate y no han sido desvirtuadas por
otra prueba en contrario, por lo que sus dichos impresionaron a los jueces
como imparciales y verídicos. Por tales razones y apreciando libremente
la prueba, según lo permite el artículo 297 del Código Procesal Penal,
pero sin contradecir los principios de la lógica, las máximas de la
experiencia y los conocimientos científicamente afianzados, los
sentenciadores han llegado a la convicción de que realmente ocurrieron
los hechos punibles objeto de la acusación del Ministerio público y en
consecuencia, - tal como se adelantó por este Tribunal en el veredicto de
fecha 27 de diciembre en curso -, se tiene por acreditado:
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a).- Que Pedro Sandoval Castro e Ingrid Sepúlveda González


habitan respectivamente, con sus grupos familiares, los inmuebles
signados con los N°s 295 y 297 de la calle Huichahue, en la comuna de
Padre Las Casas; ambas construcciones cuentan con un patio posterior
deslindado por un cerco divisorio de mediana altura, que tiene absoluta
continuidad y dependencia con el resto de la respectiva casa, con un
acceso directo a ellas, y el primero de dichos sitios se encuentra
resguardado en su costado poniente por un muro de concreto de
alrededor de 1,75 m. de altura, que lo separa de la calle Corvalán.
También está acreditado que Sandoval Castro guardaba en su patio una
carretilla metálica y una sierra circular y que Ingrid Sepúlveda González
mantenía en el suyo un bidón de gas y una herramienta para afilar
cuchillos, artefactos que son de propiedad y preexistían en el patrimonio
de cada una de las personas mencionadas;
b).- Que en la madrugada del día 17 de septiembre último,
alrededor de las 04,00 horas, un sujeto, - que resultó ser Carlos Griego
Rubilar Aroca -, superó el muro del costado poniente de la casa habitación
de Pedro Sandoval Castro, donde éste pernoctaba junto a sus familiares,
y sacó hacia el exterior la carretilla metálica que entregó a otro individuo, -
Luis Artemio Utreras Anabalón -, que se mantuvo fuera del recinto; a
continuación, saltando el cerco divisorio, entró al patio de la casa de
Ingrid Sepúlveda González, donde ésta también pernoctaba con su grupo
familiar y sacó de allí el balón de gas y el afilador de cuchillos, especies
que trasladó al patio vecino, pasando el bidón a Utreras, quien también lo
recibió desde la calle.
QUINTO: Que, en efecto, los hechos reseñados en el acápite a) del
motivo anterior han quedado plenamente comprobados con los atestados
de Pedro Sandoval Castro y de Ingrid Sepúlveda González, quienes
narraron que el día ya mencionado se encontraban cada cual durmiendo
junto a sus familiares en sus hogares, cuando fueron despertados por los
carabineros que habían sorprendido a dos individuos que habían
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sustraído desde el patio de sus respectivas casas las herramientas ya


referidas; sus dichos además concuerdan en lo pertinente con el informe
de los peritos Washington Apablaza Olivos y Eduardo Herrera Soto,
quienes describieron con lujo de detalles los inmuebles de cada uno, y
apoyaron sus dichos con los correspondientes informes periciales
planimétrico y fotográfico, confeccionados por éstos; mientras, los eventos
que se narran en el párrafo b) del mismo fundamento, aparecen
debidamente acreditados con los dichos de los aprehensores Alberto
Esteban Cerda Navarrete, Teobaldo Alfredo Alvarado Muñoz y Jaime
Hugo Díaz Sierra, quienes concuerdan en que, en la ocasión que se viene
señalando, mientras realizaban un patrullaje por la población recibieron
aviso de la Central de comunicaciones para que concurrieran a un lugar
donde se estaba produciendo un robo; enfilaron por calle Corvalán y
sorprendieron a un individuo que se encontraba en la vereda sobre una
carretilla metálica, junto a un bidón de gas, y luego descubrieron a otro
en el interior del patio de la casa de Pedro Sandoval; que requerida su
individualización, el primero se identificó como Luis Utreras Anabalón y el
segundo, como Carlos Rubilar. Los mismos testigos y peritos han
proporcionado suficientes antecedentes para tener acreditado que para
ingresar al patio de las casas de Pedro Sandoval Castro e Ingrid
Sepúlveda González, el hechor debió necesariamente escalar la muralla
circundante; igualmente, fluye que en el interior de cada uno de los sitios,
los ofendidos mantenían las especies que en cada caso se señalaron y
que estas fueron apropiadas por sujetos que carecían de titularidad
alguna para hacerlo y que, indudablemente, actuaron impulsados por
ánimo de lucro y sin la voluntad de sus dueños.
De esta forma, concurren copulativamente cada uno de los
elementos exigidos por el tipo penal constitutivo del delito de robo con
fuerza en las cosas, cometido en dependencias de lugar habitado,
descrito en el artículo 432 del Código Penal y sancionado por el artículo
440 del mismo texto punitivo, en grado de consumado, como quiera que
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uno de los hechores, sin la voluntad de sus dueños Pedro Sandoval


Castro e Ingrid Sepúlveda González, con ánimo de lucro y mediante
escalamiento, por vía no destinada al efecto entró a dependencias de la
casa en la cual aquéllos tienen su morada, - ya que están ubicadas bajo
la inmediata vigilancia y defensa de las personas que en ellas habitan -,
las cuales se encontraban ocupadas físicamente por esas personas y sus
familiares, y sustrajo cosas muebles ajenas que entregó a otro individuo
que le esperaba afuera. Si bien en este juicio resultaron acreditados
hechos que han perjudicado a dos personas distintas, sin embargo en la
especie se trata de un solo delito que tiene la calidad de continuado, por
cuanto en su desarrollo existió una pluralidad de acciones sucesivas,
perpetradas por los mismos hechores, que vulneran el mismo bien jurídico
y están inspiradas por un mismo propósito criminal.
SEXTO: Que los policías Alberto Esteban Cerda Navarrete, Teobaldo
Alfredo Alvarado Muñoz y Jaime Hugo Díaz Sierra sorprendieron a Luis
Utreras Anabalón cuando se encontraba en la vereda de calle Corvalán,
junto a algunas de las especies que le había entregado Carlos Rubilar
Aroca por sobre el muro perimetral de la casa y sitio de Pedro Sandoval
Castro. Así, la prueba producida por el acusador fiscal durante el curso
del debate de este juicio oral, - superando la presunción de inocencia que
ampara a los imputados -, ha logrado conducir al tribunal a la convicción
- más allá de toda duda razonable -, de que a Carlos Griego Rubilar
Aroca y a Luis Artemio Utreras Anabalón les correspondió en esos
hechos una participación y responsabilidad culpable como autores, por
haber intervenido en su ejecución de una manera inmediata y directa.
SEPTIMO: Que la prueba aportada por la defensa de los acusados, -
constituída por la testimonial de Jerónimo Alfredo Saez Garrido y Mirta
Mariangel Vasquez -, no altera las conclusiones anteriores, ya que, aparte
de que se refieren a la conducta desplegada por los acusados a últimas
horas del día 16 de septiembre pasado, sus dichos carecen de seriedad y
solvencia y en consecuencia no son aptos para desvanecer las
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imputaciones que formularon en contra de los acusados los testigos


mencionados en el fundamento anterior.
OCTAVO: Que, de los elementos de prueba aportados en el curso de este
juicio por el fiscal, se desprende que la responsabilidad de los acusados
aparece modificada por la circunstancia agravante prevista en el artículo
456 bis N° 3 del Código Penal, por cuanto en la ejecución de los hechos
ilícitos materia de este juicio intervinieron dos malhechores.
NOVENO: Que, con los documentos extendidos por el Banco Boston,
agregados por su exhibición y lectura, se acreditó que los acusados
depositaron el 6 de diciembre pasado, la suma de $ 40.000 para cada
uno de los ofendidos Ingrid Sepúlveda González y Pedro Sandoval
Castro, con el objeto de reparar el mal que les causó su acción ilícita; la
defensa de los enjuiciados ha ilustrado también al tribunal sobre las
condiciones económicas de aquéllos mediante los informes socio
económicos practicados por la perito María Eliana Ríos Parra, que
también concurrió a estrados y prestó declaración sobre la situación de
Carlos Rubilar y Luis Utreras; sin embargo, tales depósitos de dinero no
son bastantes para dar por comprobada la atenuante de responsabilidad
prevista en el numeral 7° del artículo 11 del Código Penal, por cuanto
aparte de ser exigüos, fueron practicados después de haber transcurrido
más de dos meses desde que ocurrieron los hechos incriminados;
además nadie instó por hacer llegar ese dinero a sus destinatarios, de
modo que ellos no han recibido satisfacción alguna por la ofensa sufrida
y, por consiguiente, no revelan el celo que esa disposición legal exige de
parte de quien asume la actitud reparatoria para configurar la minorante
de responsabilidad invocada.
DECIMO: Que no existen otras circunstancias modificatorias de
responsabilidad penal que analizar.
UNDECIMO: Que la pena asignada por la ley al delito de que se trata es
de presidio mayor en su grado mínimo y en conformidad a lo prevenido
por el artículo 67 del Código Penal, al afectar a los acusados una
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circunstancia agravante, sin que le beneficien atenuantes, el tribunal la


aplicará en su máximum, en una extensión que resulte condigna con la
gravedad de la conducta desplegada por los sentenciados.
DUODECIMO: Que, como se ha señalado, los sentenciadores han
apreciado la prueba rendida en este juicio en conformidad a las normas
previstas en el artículo 297 del Código Procesal Penal, cuya vigencia en
la Novena Región se cumple en virtud de lo dispuesto por el artículo 484
del mismo cuerpo legal, entendiéndose derogado el artículo 59 de la ley
11.625, que autorizaba al juez para apreciar en conciencia la prueba
producida en los casos de delitos contra la propiedad.
Por las consideraciones expuestas, y visto además lo dispuesto
por los artículos 1, (11 N° 6), 14 N° 1, 15 N° 1, 18, 21, 24, 26, 28, 50, 67,
432, 440 y 456 bis Nº 3 del Código Penal; artículos 47, 295, 296, 297,
340, 342, 344, 346 y 348 del Código Procesal Penal, y el resultado del
acuerdo alcanzado, por unanimidad el Tribunal RESUELVE:
Condenar a CARLOS GRIEGO RUBILAR AROCA y a LUIS
ARTEMIO UTRERAS ANABALÓN, ya individualizados, a sufrir cada
uno, la pena de OCHO AÑOS de presidio mayor en su grado mínimo,
accesoria de inhabilitación absoluta perpetua para cargos y oficios
públicos y derechos políticos e inhabilitación absoluta para profesiones
titulares mientras dure la condena y al pago de las costas de este juicio,
como autores del delito continuado de robo con fuerza en las cosas,
cometido mediante escalamiento en dependencias de lugar habitado,
de especies de propiedad de Pedro Sandoval Castro y de Ingrid
Sepúlveda González, perpetrado en la comuna de Padre Las Casas,
durante la madrugada del 17 de septiembre de 2001.
Los sentenciados cumplirán la pena de presidio impuesta una vez
que la presente sentencia quede ejecutoriada, sirviéndole a cada uno,
como abono, el tiempo que han permanecido ininterrumpidamente
privados de libertad por este juicio, desde el 17 de septiembre del año en
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curso, según consta de las cláusulas octava y novena del auto de


apertura de este juicio.
Devuélvase a la Fiscalía la documentación que acompañó durante
la audiencia, como evidencia documental.
Una vez ejecutoriada la presente sentencia, dése cumplimiento al
artículo 468 del Código Procesal Penal, oficiándose a la Contraloría
General de la República, Servicio de Registro Civil e Identificación y al
Centro de Cumplimiento Penitenciario de Temuco, adjuntándose copia de
esta sentencia con el atestado de encontrarse ejecutoriada.
Regístrese, comuníquese en su oportunidad al Juzgado de
Garantia de Temuco para los efectos de su cumplimiento; hecho,
archívese.
Redaccion del juez don Leopoldo Vera Muñoz. “(11N° 6) ”No Vale.
RUC: N° 0100050968-6
RIT: N° 020/2001

Pronunciada por los jueces titulares de la segunda sala, Jorge


Gonzalez Salazar, quien la presidió; Leopoldo Vera Muñoz y el juez
subrogante don Felix Vega Etcheverry.