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Resumen: Historia de la Universidad de Guadalajara

La historia de la Universidad de Guadalajara expresa abiertamente un proceso de aciertos


y errores. Naturalmente, todos ellos han sido nutritivos para su desarrollo. Sin al menos una
de esas decisiones no sería lo que es en este momento. Conviene, entonces, resaltar de
forma concreta los momentos más significativos para esta Universidad. Con esto,
entenderemos, quizá, qué significa hoy en día para los que participan de su ejercicio.

Primeramente, hay que resaltar su origen. Fue Fray Antonio Alcalde y Barriga quien gestó
la fundación de la Universidad. Alcalde fue nombrado Fundador de la Real Universidad de
Guadalajara por la corona española. Así, el 18 de noviembre de 1791 se decreta la
autorización y fundación de la Universidad. Ocupó los edificios que antes de su expulsión
ocuparon los jesuitas. Con esto pudo dar inicio con las cátedras que formarían a los jóvenes
de Guadalajara, cumpliendo con el deseo de Fray Antonio Alcalde, que murió un año
después.

Desde su fundación la Real Universidad de Guadalajara tuvo que soportar diversos


impactos. Debido a la época, muchos intereses se vieron en el camino de la Universidad.
Por ejemplo, llegada la Independencia de México, el mismo Miguel Hidalgo y Costilla se
acercó al recinto a solicitar dinero para seguir con la lucha. Y no podría ser diferente, pues
había llegado a ser la segunda Universidad de la Nueva España (la primera de la Nueva
Galicia). Necesariamente un recinto como este sería punto de encuentro para diversos
sucesos históricos. No sólo eso, también logró parir a diversas figuras que tendrían un peso
importante, como Valentín Gómez Farías.

De manera inmediata, posterior a la Independencia de México, la Universidad entra en una


guerra de intereses. Prácticamente la situación se reducía a quienes preferían el Instituto
de Ciencias y aquellos que eran fieles al proyecto de la Universidad. Entre varios cierres y
reaperturas, la sociedad jalisciense, principalmente los intelectuales, dejaron ver sus dos
bandos; uno netamente positivista y el otro de corte más especulativo clásico. Todo se
resolvió cuando se decidió fusionar ambos recintos y encaminar la educación del Estado
hacia la misma meta. No obstante, es claro cómo la Universidad de Guadalajara ponderó
inmediatamente sobre el Instituto de Ciencias.

En la década de los sesentas en el siglo XIX, la Universidad sufre uno de sus cierres más
prolongados. Es hasta el fin de la Revolución cuando la Universidad abre sus puertas a cargo
de, principalmente, José Guadalupe Zuno como gobernador que impulsó la iniciativa; y
Enrique Díaz de León, como primer rector de esta nueva etapa de la Universidad de
Guadalajara. El proyecto ahora se tornaba mucho más social. La tendencia de los rectores,
en particular de Díaz de León, era la de reconocer que la Universidad pertenecía a los
estudiantes, y no a los que ostentaban el poder de forma ambiciosa. A partir de ese
momento hasta nuestros días, la Universidad ha destacado por su crecimiento exponencial,
por la capacidad política y de negociación de los que controlan hegemónicamente el recinto
y por su capacidad de formar sujetos a voluntad bajo el lema “Piensa y Trabaja”.

Se podría concluir, a partir de todo esto, que la Universidad no ha sido el mismo proyecto
como el que nació. Ha caído en diversas manos y sido guiada por diferentes intereses. Al
momento, parece cumplir a medias lo que se prometió al principio: formar a los jóvenes.
Digo a medias, porque “formar” no sólo significa darles un grado universitario, mucho
menos capacitarlos tan sólo para su propio desarrollo. La Universidad ha desviado en
nuestros días, nuevamente, su objetivo de generar sujetos críticos, de buena voluntad. Sus
directivos deberían hacer conciencia, escuchar al estudiantado, al que Enrique Díaz de León
entregó alguna vez la potestad de la Universidad, y realizar un verdadero cambio. En pocas
palabras, poner más énfasis en le piensa que en el trabaja.
Respuestas:

2) Considero que sí. No tanto en su aspecto, ya sea secular o religioso, sino, más bien, en la
práctica áulica. Los modelos de enseñanza siguen radicando en lo que en la época colonial
se conocía como lectio. La práctica docente, a pesar de los avances en pedagogía y filosofía
de la educación, sigue manejando el modelo frontal, que se traduce a: profesor dicta el
curso, alumnos oyen y alumnos deben repetir. Cosa que ya está profundamente criticada y
demostrada de ineficiente.

3) En realidad sólo conozco el modelo de la UdeG, ya que ha sido el recinto que me ha


formado. Sin embargo, he tenido contacto con algunos modelos ya dentro de las aulas. De
ello sí puedo expresar mi opinión. En general, cualquier modelo que venga a desplazar al
frontal, sería mejor. No obstante, en el caso de México en general, convendría aplicar un
modelo de enseñanza por grupos o enseñanza en agrupaciones. Este modelo pretende
llevar a los estudiantes a que aprendan por ellos, y más importante aún, entre ellos. Genera
colectividad, confianza, capacidad crítica… Alguno urgente en el país.

En el caso particular de la Universidad de Guadalajara, propondría, además del modelo por


agrupaciones, las mesas redondas y los proyectos de investigación (o asignación de tareas).
Todos ellos se trabajan pensando en la colectividad, en el razonamiento crítico, y generan
la capacidad de observar problemas, algo que se ha vuelto vital en la UdeG.

4) La Universidad de Guadalajara tiene un modelo frontal predominante. A este se le fusiona


el proyecto de tecnologización de la educación. Se pretende conservar sólo las carreras de
formación técnica, que sean productivas y aquellas que impulsen ese mercado productivo,
como las carreras administrativas. A final de cuentas, es un modelo globalizado, a la merced
de las potencias mundiales y sus requisitos de inversión.

Le quitaría tanto sus objetivos actuales como sus medios para lograrlos. Se trata de
responder a la urgencia de la sociedad. Entonces, no se necesitan más tecnólogos o
administradores. Se necesitan críticos, pensadores, agentes que promuevan el cambio al
mismo tiempo que ofrecen alternativas. De lo contrario, aquellos que ostentan el poder y
ejecutan el proyecto neoliberal, a través de la Universidad de Guadalajara, lograrán
consumar su hegemonía.