Sie sind auf Seite 1von 39

7 GRANDES INTERROGANTES DE LA VIDA

1. ¿Tiene la Vida un Propósito?


2. ¿Existe un Dios?
3. ¿Por Qué Dios Permite el Dolor y el Sufrimiento?
4. ¿Es el Cristianismo Demasiado Limitado?
5. ¿Es Jesús Realmente Dios?
6. ¿Es La Biblia Fiable?
7. ¿Puedo Conocer a Dios Personalmente?
https://www.exploregod.com/es/discussion-groups/las-7-grandes-preguntas/es-el-cristianismo-
demasiado-limitado/introduccion

1. ¿Tiene la Vida un Propósito?


Alguna vez te has preguntado: “¿Por qué estoy aquí?” Al parecer todo el mundo lo ha hecho en
algún momento. Inclusive la persona menos filosófica o menos religiosa se pregunta de vez en
cuando de qué se trata todo esto.
¿Cuál es mi propósito? ¿Cuál es el significado de todo esto? ¿Por qué estoy aquí? ¿Hacia dónde
voy?
Ya seas rico o pobre, africano o europeo, hindú o musulmán, todos tenemos algo dentro de
nosotros que anhela un valor y significado en la vida. No importa cómo fuimos criados o el sistema
de creencia que tengamos, parecemos incapaces de deshacernos de ese sentimiento profundo
de que estamos aquí por una razón.
Buscamos esa persona especial en nuestra vida y una carrera significativa—y en ocasiones
tenemos la suerte suficiente de encontrarlas. Pero aún así, la pregunta molesta persiste: ¿Me
estaré perdiendo de algo? ¿Será esto todo lo que hay? o ¿Habré sido creado para hacer algo
más? Desafortunadamente, la naturaleza exacta de ese tan ansiado “algo más” sigue
eludiéndonos.

¿Tiene la Vida un Propósito?


Autor: Matt Shores
¿Hay algún significado en la vida? ¿Hay algún propósito que dure más que la muerte?
Mi pregunta -que a la edad de cincuenta me dejó al borde del suicido- era la más sencilla de las
preguntas, que yace en el alma de cada hombre... una pregunta sin respuesta y sin la cual no se
puede vivir, según he descubierto por experiencia propia. Era: ‘¿Qué será después de lo que estoy
haciendo hoy o voy a hacer mañana? ¿En qué devendrá toda mi vida?...¿Existe algún sentido en
mi vida que no sea destruido por la inevitable muerte que me espera?'León Tólstoi1
El gran autor ruso León Tólstoi lo tenía todo: Riqueza, familia, éxito y fama. Según el estándar de
casi todo el mundo, Tólstoi también debió haber poseído un enorme sentido de la alegría, el logro
y el propósito. Pero no era así.
Había algo que siempre lo acosaba: La muerte. “¿Hay algún significado en mi vida que no sea
destruido por la inevitable muerte que me espera?”, preguntó. Tólstoi no se pudo sacudir el
sentimiento de que el final impuesto por su muerte inevitable hacía que todo en la vida perdiera
sentido.
Intranquilidad en Plena Prosperidad
Tólstoi no estaba—y sigue sin estar—solo con este sentimiento. Por ejemplo, en la actualidad
Estados Unidos tiene la cultura más avanzada, adinerada y confortable en toda la historia de la
humanidad, pero al mismo tiempo podría decirse que es la que abarca más personas con
depresión, medicadas y desorientadas en toda la historia de la humanidad.
Un autor francés reconoció esto hace más de cien años. Cuando visitó Estados Unidos por primera
vez, Alexis de Tocqueville observó algo que hoy en día es aun más evidente: “Hay algo
sorprendente en esta extraña intranquilidad de tantos hombres felices, incansables en medio de
la abundancia... Además de las buenas cosas que él posee, a cada instante fantasea con miles
de otras que la muerte le impedirá probar si no las prueba pronto. Este pensamiento le llena de
ansiedad, temor y lamento, y mantiene su mente en una turbación permanente”. 2
Tólstoi, De Tocqueville y millones de personas hoy reconocen la misma pregunta agonizante:
¿Existe algún sentido o propósito en la vida que la muerte no borre?
Carencia de Sentido...
Sorprende descubrir que uno de los libros más intrigantes—y a menudo menospreciado—de
la Biblia aborda esta misma inquietud. El libro de Eclesiastés responde la pregunta anterior con
un rotundo no: “‘Vanidad de vanidades’, dijo el Predicador. ‘Vanidad de vanidades, Todo es
vanidad’”.3
No es algo que la mayoría de la gente espere encontrar en la Biblia, pero ahí está. El resto del
libro sigue desarrollando el principio de que en realidad no hay sentido en "todas las cosas que se
hacen debajo el sol”.4 La sabiduría y el conocimiento no tienen sentido, la riqueza no tiene sentido,
el placer no tiene sentido. La vida no tiene sentido. “Todo ello es vanidad”.5
La Biblia se las trae. Imagínese que estuviera en espera a ser ejecutado y que su ejecución fuera
mañana. No hay nada que pudieras hacer hoy que cambiara lo que va a pasar mañana. Por tanto,
no hay nada que pudieras hacer que no vaya a haber desaparecido mañana. La muerte le pondrá
fin a todo.
Ese es el punto de la Biblia. Si esta vida es todo lo que hay -si la muerte es el final y no hay nada
después- entonces no puede haber ningún significado o propósito real en la vida. La muerte lo
destruye todo. La vida se vive en vano porque nada de lo que puedas hacer impedirá el triunfo
final de la muerte.
. . . al menos que
Pero Eclesiastés no se queda ahí. Hay un pequeño pero enorme significativo detalle que es vital
para las afirmaciones hechas en Eclesiastés: alejada de Dios, la vida no puede tener ningún
propósito.
Permítanme explicarlo un poco.
De acuerdo con la visión de mundo científica que predomina en la actualidad, tú eres apenas una
composición aleatoria de átomos al azar. Tú eres el resultado accidental de un proceso biológico
que ocurre irreflexivamente y sin propósito.
Sin embargo, el libro de Eclesiastés—y el cristianismo en general—ofrece una perspectiva doble:
mientras que la vida alejada de Dios carece agudamente de sentido, la vida con Dios rebosa de
propósito.
Dios creó a la humanidad, y él nos creó para un propósito específico. Sin embargo, nosotros
rechazamos ese propósito (¿recuerdan la historia de Adán y Eva?) y desde entonces hemos
recorrido mucho para tratar de crear nuestro propio propósito y sentido. 6
El escritor C. S. Lewis lo expresó así:
Todo lo que llamamos historia humana—dinero, pobreza, ambición, guerra, prostitución, clases,
imperios, esclavitud—es la larga y terrible historia del hombre tratando de encontrar otra cosa que
no sea Dios para ser feliz... Esa es la razón por la que nunca tendrá éxito. Dios fue quien nos hizo:
nos inventó como el hombre inventa un motor. Un auto está hecho para funcionar con petróleo, y
no funcionará correctamente con ninguna otra cosa. Ahora, Dios diseñó la máquina humana para
funcionar en Él mismo. Él mismo es el combustible con el que nuestros espíritus están diseñados
para funcionar, o el alimento que contempló el diseño de nuestros espíritus. No hay otro más. 7
Su vida puede tener un gran propósito. Su vida puede tener un propósito eterno.
Por ser el creador de esta vida, Dios sabe lo que es mejor para el hombre. Dios sabe que la única
cosa que puede dar un verdadero sentido a la vida es el mismo. Los cristianos creen que Dios, a
través de Jesucristo, nos ofrece a todos vida eterna; vida más allá de este mundo, donde “ya no
habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”.7
Mira a tu Alrededor
Solo mira alrededor. Mira Hollywood. La gente más bella, rica y exitosa del mundo es afectada
con tanta frecuencia por la depresión, la adicción a las drogas, a desórdenes alimentarios e
innumerables problemas destructivos.
La historia ha demostrado una y otra vez que el dinero, el sexo, las posesiones y la fama
sencillamente no proveen la plenitud que deseamos. Una y otra vez la gente ha sabido que estas
cosas no ofrecen ningún propósito real ni duradero.
Según los cristianos, la vida puede tener un gran propósito, pero—no importa cuánto nos
resistamos—ese propósito se encuentra solo a través de una relación con Dios.
¿Cuál es mi Propósito?
Autor: Louis Markos, Ph.D.
Muy en lo profundo de nuestras almas hay un impulso de querer pertenecer, de tener un lugar y
un propósito en la vida. Pero ¿cuál es ese propósito?
Soy el dueño de mi destino: Soy el capitán de mi alma. “Invictus,” William Ernest Henley
Ya seamos ricos o pobres, africanos o europeos, hindúes o musulmanes, todos llevamos algo
dentro de nosotros que anhela un valor y significado en la vida. Muy en lo profundo del alma del
hombre hay un sentido de propósito. Sin importar cómo fuimos criados o el sistema de creencia
que tengamos, parecemos incapaces de deshacernos de ese sentimiento profundo de que
estamos aquí por una "razón."
Sí, buscamos esa alma gemela y una carrera importante—y en ocasiones tenemos la gran suerte
de encontrarlas. Aún así, la pregunta molesta persiste: ¿Me estaré perdiendo de algo? ¿Será esto
todo lo que hay, o habré sido destinado para algo más? Desafortunadamente, la naturaleza exacta
de ese tan ansiado “algo más” sigue eludiéndonos.
Cuando Henley escribió su poema «Invictus» (anteriormente citado), estaba recuperándose de la
dolorosa amputación de una pierna en una enfermería inglesa. Como lo muestra la
película Invictus del año 2009,las palabras de Henley inspiraron a Nelson Mandela, lo ayudaron a
aguantar veintisiete años de encarcelamiento injusto. Pasó a ser luego el primer presidente post-
apartheid de Sudáfrica.
Algunas personas han interpretado el poema de Henley como que cada ser humano determina su
propio propósito en la vida. Uno podría pensar: «Si yo soy ‘el dueño de mi destino… el capitán de
mi alma’, entonces la vida es simplemente lo que sea que yo haga con ella. Ni más ni menos».
Además, el poema de Henley está de hecho ofreciendo una respuesta a una pregunta diferente
aunque igualmente profunda: ¿Cómo puedo aguantar las épocas dolorosas y oscuras de la vida?
Para Henley, Mandela y otros, todo se devuelve a la pregunta del propósito.
Fines Principales y Propósitos Finales
Aristóteles, el padre de la lógica, hizo la distinción famosa entre cuatros tipos de causas: material,
formal, eficiente y final.1
Por ejemplo, la pregunta: "¿Cuál es la causa del David de Miguel Ángel?" podría ser contestada
de cuatro maneras distintas. Primero, la estatua está hecha de mármol (esto fue lo que Aristóteles
llamó su causa material).2 Segundo, tiene la forma bípeda de un hombre (esta es la
causa formal).3 Tercero, la esculpió Miguel Ángel (su causa eficiente).4 Cuarto, glorifica a ambos,
el hombre y a su creador (su causa final).5
Hoy en día inclusive la gente de fe tiende a evitar lo que Aristóteles llamó las causas finales—
el por qué. En nuestra era moderna y científica, las preguntas sobre el propósito se ven reducidas
a argumentos concretos de causa y efecto: si hago ejercicio y como saludable, estaré sano; si
trabajo duro, tendré dinero; si creo en mí mismo, tendré éxito. Mientras que estas causas eficientes
son buenas y conducen a la felicidad, no abordan la causa final (o propósito) de la vida humana.
Durante los últimos dos mil años, muchas religiones cristianas han construido catecismos—
manuales de preguntas y respuestas para enseñar a sus miembros las doctrinas básicas de su fe.
En uno de los más catecismos más conocidos de todos estos, el Catecismo Menor de
Westminster, el primer punto hace una pregunta simple pero profunda: "¿Cuál es el fin principal
del hombre?" ¿La respuesta? "El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de él para
siempre."6
Mientras que a la mayoría de nosotros nos gusta vernos como individuos autónomos, agentes
libres que tenemos el derecho de definirnos a nosotros mismos, el Catecismo Menor de
Westminster sugiere que nuestro propósito final no es el de buscar nuestra propia gloria, sino la
del Creador. Sugiere además que como ese es nuestro propósito final (o fin principal),
alcanzaremos la verdadera felicidad solo si buscamos satisfacer ese propósito.
"Por el Cual" vs. "Para el Cual"
Científicos modernos se esfuerzan para determinar el proceso por el cual la raza humana fue
creada. Lo que ellos descubren resulta en una lectura interesante, pero sin respuesta preguntas
más profundas sobre valor y significado. Hasta que los seres humanos no determinen el
propósito para el cual fueron creados, ignorarán a fondo quiénes son y por qué están aquí, en
este planeta.
Si la gente no conoce el propósito para el cual se le dio un cuerpo—de hecho, si no creen que su
cuerpo tiene un propósito—entonces no tendrán problema en abusar de su cuerpo con drogas,
comiendo en exceso o siendo promiscuos. Estas adicciones son lamentables, no porque son
divertidas, sino porque violan el propósito mismo para el cual se nos dieron estos cuerpos.
Aunque muchos hoy en día sientan que basta con saber la causa eficiente de la raza humana
(cómo fuimos creados), yo sugeriría que conocer nuestra causa final no es solo teórica pero
prácticamente necesaria si hemos de llevar una vida feliz y con sentido. Cuando la gente ignorael
propósito final para el cual una cosa fue creada, es justamente cuando dañan esa cosa.
Si se le entregara a alguien un valioso violín Stradivarius pero no se le dijera que el propósito del
mismo es producir música hermosa, puede que esa persona tome el violín y lo use como martillo.
Si a la misma persona se le diera un billete de 1,000 dólares pero no se le informara de su valor
monetario, no tendría reparo en usarlo para prender fuego.
Credos y Propósitos
Hoy en día, muchos piensan que sólo pueden ser "especiales" o "yo mismos" al despojarse de
credos y catecisimos que los encasillan en categorías preexistentes. De hecho, los gobiernos y
líderes tiranos a lo largo de la historia han usado credos para robarle la individualidad a la gente y
aplastarla dentro un molde único.
Pero, ¿qué pasa si los credos y catecismos tuvieran un valor positivo y afirmaran el valor de la
vida? ¿Y si son de verdad salvaguardias del valor humano y la dignidad, garantizando de que cada
individuo posee un valor intrínseco y un propósito final que transciende los límites estrechos del
tiempo y el espacio?
¿Qué sucede si somos seres creados especialmente con el propósito (y recompensa) de glorificar
a Dios y disfrutar de él por siempre? ¿No será que somos de verdad instrumentos creados por
Dios a través y de los cuales el Creador anhela tocar música gozosa, que afirma la vida y que
sometiera a la vergüenza a un violín Stradivarius?
Es una idea digna de ser explorada.
¿Por qué estoy Aquí?
Autor: Jason Malec
¿Cómo responden los ateos y el teístas a la pregunta del propósito?
Cada vez más personas hoy en día tienen más medios para vivir, pero no un significado por el
cuál vivir.Viktor Frankl1
Alguna vez te has preguntado: "¿Por qué estoy aquí?" Parece que todo el mundo lo hace en algún
momento. Inclusive la persona menos filosófica o religiosa en algún momento se pregunta de qué
se trata todo esto.
¿Cuál es mi propósito? ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy?2
Varias Perspectivas
Nuestras respuestas a estas preguntas dependen mucho de nuestra visión del mundo.
La explicación atea o naturalista del mundo es que no hay mayor razón por la cual estamos aquí.
El universo y todo lo que se encuentra en él—incluídos nosotros—ocurrió por puro accidente.
Por consiguiente, deberíamos "comer, beber y ser felices, porque moriremos mañana." 3
Hay una minoría pequeña pero muy franca de la población que encarna esta perspectiva.4 Algunos
de los defensores más evangélicos de esta visión se hacen llamar "Los Nuevos
Ateos." Diferencióndose de otros escépticos, ellos argumentan que "no se debería tolerar
simplemente la religión, sino que debería ser contrarrestada, criticada y expuesta por argumentos
racionales dondequiera que surja su influencia."5
Es decir, ellos se han convertido en misioneros del punto de vista de que estamos aquí por
coincidencia—la combinación por casualidad de gases, mutación aleatoria y la selección natural.6
En el otro lado del espectro, la visión del mundo teísta propone que algún Dios, dioses o un ser
supremo es responsable por el mundo y nuestras vidas. En esta visión, la mayoría de los
defensores dirían que nuestro propósito es agradar a nuestro creador o de alguna forma responder
sus normas.
Y, por supuesto, hay muchas ideas entre la del ateo y la del teísta.
Por ejemplo, Aristóteles, en la primera línea de su tratado Ética Nicomáquea (Nicomachean
Ethics, en inglés) alega que todo debe hacerse con un fin, y ese fin es el de hacer el bien. 7 Es
decir, servimos más y mejor si somos agentes de buenas obras en todo lo que hagamos.
Los cínicos, que representan otra escuela del pensamiento filosófico, propusieron que la razón por
la cual estamos aquí es para llevar una vida de virtud. Normalmente, esto implica la superación
de las tentaciones omnipresentes de poder, riqueza, fama y posesiones materiales.
Tentando a las personas hacia otra dirección, los epicúreos alegan que el propósito de la vida es
buscar placer sencillamente.
¿Dios o Sin Dios?
Cuando lo reducimos a lo esencial, el factor más grande al contestar esta pregunta es si hay o no
algo o alguien fuera de nosotros mismos a quienes le debemos la existencia. Pues si no hay un
creador, no hay propósito final.
De hecho, el filósofo Jean-Paul Sartre llegó a decir que puesto que la vida no tiene sentido, quizás
lo mejor que podamos hacer es acabar con nuestra vidas. "El suicidio es, según Sartre, una
oportunidad de afianzar la comprensión de nuestra esencia como individuos en un mundo sin
dios."8
Pero así como la idea de suicidio es insatisfactoria para la mayoría, también lo es la idea de que
no hay nada más en esta vida, nada más que esta vida.9 En los Estados Unidos, aunque la
mayoría de la población no está activamente involucrada en la religión organizada, más del 80 por
ciento cree en Dios.10
Los teístas alegarían que esta creencia es causada por una conexión innata para buscar lo
transcendental. C. S. Lewis escribió: "Si descubro dentro de mí un deseo que no puede ser
satisfecho con ninguna experiencia de este mundo, la explicación más probable es que fui hecho
para otro mundo."11
Y si hay un creador—suponiendo que él/ella/eso no sea arbitrario—entonces cada uno de nosotros
tiene sentido y propósito sencillamente porque los creadores crean por alguna razón. Horneo un
pastel para compartir con otros o para divertirme. Construyo una casa para vivir en ella. No tendría
sentido crear estas cosas sin un propósito.
Fe, de Cualquier Manera
Al final, puesto que la existencia de Dios y la voluntad divina no pueden ser probadas o refutadas,
parece que seguiremos haciendo preguntas sobre sentido, propósito y destino. La creencia o la
incredulidad en Dios es una cuestión de fe, de cualquier manera.
Aunque, si las respuestas dependen de la existencia o no de Dios, quizás a todos nos queda una
decisión, o como lo llamó Blaise Pascal, una apuesta.12
Según la apuesta de Pascal, Dios existe o no existe; o creo en él o no creo. Los que creen en Dios
no pierden nada, inclusive si él no existe; pero los que no creen en Dios corren el riesgo de perderlo
todo.
Entonces, como la apuesta lo sugiere, apuesta por Dios; si ganas, ganarás todo. Apuesta en contra
de Dios, y si tienes razón, no ganas ni pierdes nada. Pero si pierdes, sería una pérdida demasiado
grande.
De otro modo, primero resuelve la pregunta sobre Dios, y entonces el "¿por qué estoy aquí?" se
tornará en una pregunta mucho más fácil de tratar. Pero empieza primero con la última pregunta,
y es probable que nunca la puedas responder.
¿Cuál es el Significado de la Vida?
Autor: Leigh McLeroy
¿Riqueza? ¿Fama? ¿Poder? ¿Felicidad? ¿Y qué hay del amor? ¿Cuál es su significado?
¿Alguna vez te has preguntado, en un momento de hastío o frustración, “es esto todo lo que hay
en la vida?” Quizás sufres de agotamiento debido a tu búsqueda intensa de significado—en
búsqueda de amor, condición social, dinero o excitación—y acabar con las manos vacías. O quizás
has obtenido lo que buscabas, pero el resultado no es lo que pensabas.
No te puedes sacar esos pensamientos de la cabeza: ¿Qué pasó? ¿Esto es todo? ¿Qué sentido
tiene entonces? ¿Cuál es el significado de la vida?
Un Rey Insatisfecho
En la historia del Oriente Medio Antiguo existe una historia que nos recuerda alguien quien está
insatisfecho con el resultado de su búsqueda. Su nombre: Salomón. Era un rey; tenía riquezas,
sabiduría, tierras, ganado, esposas y poder. Sin embargo, no se encontraba satisfecho.
Resumiendo su existencia tan privilegiada, dijo: “Lo más absurdo de lo absurdo, lo más absurdo
de lo absurdo, ¡todo es un absurdo¡”1 Puesto de otro modo, “Es todo humo y espejismos. No hay
nada de sustancia aquí. Nada satisface. Nada dura”.
¡El hombre tenía todo lo que puede ofrecer este mundo! No obstante, ¿todavía pensaba que no
tenía sentido? No es muy alentador, ¿verdad?
Algo Más
El filósofo Peter Kreeft llama a Salomón “el primer existencialista”, al indicar que experimentó “el
mayor temor del tiempo moderno, que no es tanto el miedo a la muerte… pero el miedo a lo sin
sentido, de ‘vanidad’… el miedo a la Nada”.2
Cuando un hombre o una mujer llega al final tan esperado de todo su esfuerzo y no hay alegría,
satisfacción, paz, ¿qué ocurre después?
Entonces, quizás, puede entrar Dios?
Si la sabiduría, el placer, las riquezas, el poder, el deber, el servicio—hasta el honor o la religión—
te han dejado sintiéndote vacío o insatisfecho, tal vez eso sirve para indicarte que fuiste creado
para algo más.
Como decía C. S. Lewis: “Si encuentro en mi mismo un deseo para el cual ninguna experiencia
en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo fuí hecho para otro
mundo.”3 ¿Puedes identificar en ti ese deseo aparentemente insaciable?
Puntos de Referencia
¿Qué tal si las expectativas frustradas, las decepciones, los anhelos no cumplidos de este mundio
fueran realmente puntos de referencia, señalándote algo más allá de ti mismo? ¿Y qué tal si el
significado de la vida no fuera acerca de las cosas que podemos obtener o lo que podemos lograr,
pero acerca de un amor que sobrepasa el tiempo y el espacio?
Jesucristo dijo: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan
vida, y la tengan en abundancia.”4 Los cristianos creen que Dios quiere que cada uno de nosotros
tenga vida abundante—una vida buena, fructífera, gratificante—tanto así que envió a su Hijo para
que nos rescatara y restaurara del quebranto del mundo, y el nuestro propio.
Dentro del cristianismo, la historia del amor de Dios por la humanidad es conocida como el
evangelio, que significa literalmente “buenas nuevas”. El evangelio nos garantiza que Dios nos
creó, nos ama y que desea tener una relación con nosotros. Quiere revertir las maldiciones del
pecado y la tristeza, de la futilidad y frustración y atraernos a una relación con Él que comienza
ahora y es eterna. Mediante el sacrificio voluntario y la resurrección de su hijo, Jesucristo, quien
murió en la cruz como perfecto y completo pago por nuestros pecados, se abrió el camino a una
relación personal y directa con Dios.
Los cristianos entienden que este es un regalo de Dios para la humanidad. ¿Cómo uno se puede
apoderar de un regalo? Uno lo recibe del que lo ha regalado y lo “usa” o toma posesión del mismo
con gratitud y alegría. Nos “inscribimos” para el regalo de vida abundante que Dios nos da
creyendo en el evangelio y recibiéndolo con fe. Como dijo el Apóstol Pablo: “Porque con el corazón
se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.” 5
Un Hijo Perdido Vuelve a Su Hogar
Jesús cuenta una historia en la Biblia sobre un hijo perdido que regresa a su hogar. Puedes haberlo
oído. A menudo se conoce como la parábola del hijo pródigo. En la misma, un joven le pide a su
padre su parte de la herencia. Esencialmente, liquida todos sus bienes y se va de casa,
determinado a forjar su propio destino y hacer las cosas a su manera.
Usando el dinero que recibió de su padre, se dedica a vivir una vida destructiva y extravagante
hasta que se da cuenta de que no le queda nada. Cuando ya no aguanta más—en la quiebra,
hambriento y avergonzado—decide volver a casa y rogarle a su padre que le dé una oportunidad
de trabajar como su empleado. No hay esperanza de que reciba la bienvenida en su hogar como
un hijo después de su comportamiento.
Sin embargo, su padre lo sorprende. Cuando lo ve llegando desde la distancia, sale corriendo para
abrazarlo. Antes de que su hijo termine de pedirle disculpas y de mendigar algunas sobras del
comedor de su padre, este último lo devuelve a la familia y pide que se organice una gran
celebración: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo
y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque
este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos
encontrado.”6
Tú También Puedes Regresar a Tu Hogar
No hay un grupo de palabras mágicas que puedas recitar para acudir a la casa de Dios, pero al
igual que el hijo pródigo, debemos pedir, con un corazón sincero, que se nos perdone y que nos
deleitemos en nuestra restauración. Esto significa decirle a Dios que has pecado en su contra por
tu comportamiento errante. Dile dónde has ido a buscar satisfacción y que no la encontraste, y
dónde has “liquidado tus bienes” y que has querido forjar tu propio destino sin Él. Confiesa que
crees en el mensaje de su hijo, Jesucristo, y que confías en el sacrificio de Jesús para restaurar
tu relación con Dios, el Padre. Pide perdón a Dios y después deja que te dé la bienvenida al hogar.
Los cristianos creen que el significado de la vida se encuentra en tener una relación con Dios,
mediante la experiencia y aceptación de su amor por nosotros. Una vez se encuentra ese amor
incondicional, la vida adquiere un significado completamente nuevo.
2. ¿Existe un Dios?
Tal vez has escuchado a la gente hablar acerca de Dios, pero ¿será todo esto sólo un montón de
tonterías? Un famoso filósofo y escritor llamado C. S. Lewis escribió una vez:
La historia es un relato escrito por el dedo de Dios.C.S. Lewis
Es difícil de probar o desmentir, con un 100% de certeza, la existencia de Dios. Por lo tanto, ¿cómo
pudiéramos tan siquiera saber si existe un Dios? Mucho tiempo antes de que Galileo dirigiera su
telescopio hacia las estrellas, hombres y mujeres ya habían empezado a cuestionarse su origen y
la existencia de Dios. Las respuestas a estas preguntas han sido tan diversas como la misma
gente que se planteó estos cuestionamientos.

¿Quién creó a Dios?


Autor: Norton Herbst
Todo en la tierra tiene una causa, un creador. Pero, ¿qué pasa con Dios?
Sucedió hace unas dos semanas. Mi hija menor hizo una de esas preguntas. No se trataba de una
cuestión moral compleja o de un acto violento que haya visto en las noticias. Ni siquiera fue el
temido “¿De dónde vienen los bebés?” Esta vez, fue teológica. Inesperadamente, me preguntó:
¿Cuándo nació Dios? ¿Quiénes eran sus padres?”
Fui rápido en responder: “Bueno, celebramos su nacimiento cada Navidad. Ya conoces la historia,
¿verdad?”
Mi hija disparó de vuelta: “No, no, Jesús. Hablo de Dios. ¿De dónde vino Dios? ¿Quién creó a
Dios?”
Me atrapó. El cambio de Jesús a Dios no había funcionado. Pude haberlo intentado de nuevo,
pero entonces hubiera tenido que tratar de explicar la Trinidad a una niña de seis años. Ni siquiera
estoy seguro de poder explicar la Trinidad a una persona de cuarenta y seis años. Así que, ahí
permanecí sentado, conduciendo una minivan llena de niños, todos esperando mi respuesta a una
de las preguntas filosóficas más grandes que jamás me hayan preguntado: si realmente hay un
Dios que creó todo en el mundo, entonces, ¿quién creó a Dios?
El Problema de las Tortugas
No podemos contestar esta pregunta con certeza. Pero existen algunas posibilidades. Una
respuesta posible es que alguien o algo creó a Dios. Sin embargo, esto plantea interrogantes sobre
lo que significa ser Dios, con D mayúscula, en primer lugar.1 Si antes de Dios existió algo y a su
vez lo creó, entonces Dios ya no es Dios.
Parte de su trabajo—al menos en la manera en que lo concebimos—es ser el creador omnipotente,
eterno, preeminente. Pero si algo o alguien creó a Dios, esto significa que: 1) hubo un tiempo en
el cual Dios no existía y 2) hay un ser aún más poderoso y preeminente que él. Entonces él ya no
es Dios.
Pero hay un problema aún mayor. Si la respuesta a “¿Quién creó a Dios?” es “un conejo gigante
lo hizo,” entonces la nueva pregunta sería, “¿Quién creó al conejo gigante?” Si la respuesta es
“una ráfaga de energía,” entonces la pregunta es, “¿Qué causó la explosión de energía?” Si la
respuesta es “una reacción química” o “un proceso biológico” o “un fenómeno astrofísico,”
entonces la pregunta es, “¿Qué causó esto?” Y así sigue y sigue el problema.
William James, un filósofo americano, una vez dio una conferencia sobre cosmología.
Posteriormente, “una pequeña ancianita” dijo que su teoría sobre el sistema solar estaba
equivocada. En cambio, aseguró, "Vivimos en una corteza de tierra que se encuentra en la parte
trasera de una tortuga gigante.”
James respondió, “¿Sobre qué se sostiene esa tortuga?”
“Es usted un hombre muy inteligente, Sr. James,” respondió ella, “pero la primera tortuga se
encuentra en el caparazón de una tortuga más grande.”
“¿Pero en qué se sostiene esta tortuga más grande?” Persistía James.
La viejecita se jactó de modo triunfal, “es inútil, Sr. James—son tortugas hasta el final.”2
El Punto Decisivo de la Cuestión
Es una historia absurda (y probablemente ficticia). Sin embargo, demuestra la profundidad del
problema. La pregunta no puede responderse simplemente afirmando que algo o alguien creó a
Dios. Asumido, muchos piensan que toda esta discusión subraya, para empezar, lo absurdo de
creer en Dios. Otra posible solución es sugerir que nuestras ideas acerca de Dios son fantasías y
la religión es sólo una construcción humana y un mecanismo de afrontamiento.3
Pero hagamos a un lado la idea de Dios y el problema simplemente no desaparece. El quid de la
cuestión permanece en estos tipos de preguntas:
 ¿Cómo y cuándo comenzó el universo?
 ¿Qué o quién creó el universo?
 ¿Qué causó el Big Bang?
 ¿Qué existía antes del Big Bang?
 ¿Cómo dieron comienzo el tiempo y el espacio?
Estas son preguntas extraordinariamente complejas que los científicos y los filósofos han debatido
durante miles de años.4 Y argumentando que Dios no existe no elimina el problema de la regresión
infinita. Aún nos queda intentar determinar la causa precedente de cada acontecimiento histórico
yendo hacia atrás en el tiempo, infinitamente.
Bajo la luz de estas preguntas, una de las soluciones más útiles se encuentra en volver a la idea
de lo que significa ser Dios.
Necesario y Contingente
Los seres humanos somos seres contingentes. Nuestra existencia depende de factores externos
o de otros seres. Necesitamos aire para respirar; alimento y agua para nutrirnos; y, en muchos
casos, compañerismo o propósito para tener una vida significativa.
Como infantes, requerimos de cuidadores; si nos hubieran dejado solos ninguno de nosotros
habría sobrevivido. Más fundamentalmente, nuestra existencia está totalmente supeditada a
nuestros padres. Ninguno de nosotros podría existir no si fuera por la existencia de otros seres.
Pero, ¿acaso la cadena de contingencia va infinitamente hacia atrás? Si cada ser en el universo
fue creado por y es dependiente de la preexistencia de otro ser (o seres), entonces ¿cómo
podemos explicar cómo llegamos aquí? ¿Acaso son seres contingentes hasta el infinito, como “las
tortugas hasta el final”?
Sabemos que esta regresión infinita no funciona lógicamente. Si el tiempo y la causalidad se
estiran hacia atrás hasta el infinito, nunca hubiéramos llegado al momento actual. 5
La mejor explicación es que, en algún lugar del camino, hay un ser que no es contingente. Este
ser es necesario. Ser necesario significa que la existencia de uno no es dependiente de nada más.
En otras palabras, este ser es auto-originado y auto existente. Esta ser a menudo es considerado
Dios.6
Incluso J. L. Mackie, un filósofo ateo preeminente, reconoce que la idea de un ser necesario
proporciona una respuesta robusta para la difícil pregunta que tenemos ante nosotros:
Cada cosa en el mundo es contingente. . . . El mundo como un todo, siendo una colección de
estas cosas, es por lo tanto contingente en sí mismo. . . . Debe haber una razón suficiente para el
mundo que es distinta además del mundo. Esto tendría que ser un ser necesario, que contiene su
propia razón suficiente para existir. Brevemente, las cosas deben tener una razón suficiente para
su existencia, y esto debe ser encontrado en última instancia en un ser necesario. Debe haber
algo libre de la enfermedad de la contingencia, una enfermedad que afecta todo en el mundo y al
mundo como un todo, incluso si es infinito en tiempo pasado. 7
Somos sus Descendientes
Este entendimiento ve a Dios como el origen de la vida y de la existencia misma. Dios no fue
creado; Él es la fuente de toda la creación. Independientemente de que este sea el mismo Dios
descrito en la Biblia, Corán, o cualquier otra sagrada escritura, esa es otra discusión. Pero por lo
menos uno de los primeros judíos cristiano lo pensaba. El apóstol Pablo creía que los teólogos,
filósofos y artistas podían llegar a la misma respuesta acerca de Dios el creador. Una vez se lo
dijo a una multitud de oyentes griegos:
El Dios que creó el mundo y todo en él es el Señor del cielo y la tierra y no vive en templos
construidos por manos humanas. Y él no es servido por manos humanas, como si necesitara algo.
Por el contrario, él da la vida a todos y aliento y todo lo demás. . . . “Puesto que en él vivimos, nos
movemos y existimos. Como algunos de sus propios poetas griegos han dicho: “De él somos
descendientes.”8
Para Pablo, Dios no era un Creador distante, sino nuestro Creador.

¿Quién es Dios?
Autor: Jason Malec
La mayoría de la gente cree en la existencia de un Dios que trasciende la humanidad, pero ¿quién
es ese Dios?
Tanto nuestras vidas como este mundo pueden ser casuales, productos accidentales de una
combinación fortuita de elementos ensamblados en el universo.
Pero, ¿consideras improbable o insatisfactorio la idea de que tu existencia es meramente una
coincidencia? Pues no estas solo. Mucha gente tiene la creencia de que debe haber algún ser que
trascienda la humanidad—una deidad de algún tipo.
Dicho de otro modo, “Dios” es la palabra en la lengua española para referirse al ser supernatural
que consideramos el responsable de crear y sustentar el universo. Mas, ¿quién es esa persona?
¿Quién es Dios?
Primeras Concepciones
Algunas de las obras más antiguas de la literatura existentes incluyen explicaciones vívidas de un
mundo gobernado por un sinnúmero de dioses egoístas y hasta temerarios. 1 En estos primeros
relatos, la mayoría de las descripciones del mundo trataban de toda una serie de dioses o seres
divinos que ocasionaban o, por lo menos influenciaban, las experiencias de las personas. 2
Esta visión politeísta del mundo (o estas religiones) dominaba las culturas hasta el nacimiento del
judaísmo y las demás religiones monoteístas.
En el judaísmo vemos las primeras explicaciones ampliamente reconocidas de la existencia del
mundo, atribuida a un divino Creador y Sustentador. El cristianismo se originó de esta base
monoteísta después de la muerte y supuesta resurrección de Jesús hacia el año 33 D.C. Más de
un milenio después, luego de que comenzaran a circular las revelaciones recibidas por Mahoma
en la península arábiga, el islam se convirtió en la tercera principal religión monoteísta durante el
comienzo del Siglo XVII.
Hoy, el 31 por ciento de la población terrestre se identifica como cristiana, el 23 por ciento como
musulmana, el 15 por ciento como hindú, el 0.2 por ciento como judía y el 16 por ciento no está
afiliado a ninguna religión. El 20 por ciento restante se compone, en su mayoría, por religiones
orientales como el sijismo, shintoismo y budismo.3
Definiendo "Dios"
Según las religiones monoteístas, Dios es una sola deidad; en las politeístas, muchos dioses
tienen diversas funciones para atender al mundo.
San Anselmo, un monje benedictino del Siglo XI, definió a Dios como “posiblemente el mejor ser
que podamos concebir”.4 Posteriormente, la mayoría de las personas le atribuyen a Dios las
siguientes características: omnisciente (conocedor de todo), omnipresente (está presente en todos
lados), omnipotente (todopoderoso) y perfectamente bondadoso.
Los teístas—los que creen en un dios o en muchos dioses—sugerirían, a diferentes niveles, que
Dios está involucrado de alguna manera con el mundo. Según la mayoría de las religiones, aunque
Él es invisible, Dios todavía se puede percibir mediante oraciones, textos sagrados y hasta
observando su creación.5
De hecho, para validar sus experiencias, muchos filósofos y teólogos han intentado probar la
existencia de Dios. Asimismo, algunos han intentado refutarla.
Ataques a Dios
Aunque siempre ha habido personas que dudaban de la existencia de un poder supremo, o que
la denegaban, siempre ha sido una minoría relativamente silenciosa. Según la historia, una de las
estadísticas más sorprendentes, según se ha indicado antes, es la proporción alta de agnósticos
en el mundo actual.
Hace solo un siglo, Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán, dio voz a un desdén creciente hacia
Dios, la religión y la gente religiosa cuando declaró: “¡Dios ha muerto!”6 En años más recientes,
esta tendencia se ha acelerado. De hecho, según la Encuesta de identificación religiosa
americana, “ninguna/ninguna religión” es el segmento religioso que crece más aceleradamente en
los Estados Unidos, por mucho.7
Un grupo emergente de eruditos, científicos y filósofos—llamados los “nuevos ateos”—se han
encargado de esta causa con fervor. Afirman que “la religión ni siquiera debería ser sólo tolerada,
sino que debería ser rebatida, criticada y expuesta al razonamiento argumentativo donde quiera
que se suscite su influencia”.8
Richard Dawkins, uno de los principales ateos actuales, no mide sus palabras cuando habla de
Dios. “El Dios del Antiguo Testamento es, sin duda, el personaje más desagradable en toda la
obra de ficción: celoso y orgulloso de ello; un mezquino, injusto, implacable maniático del control;
un vengativo limpiador étnico sediento de sangre; un misógino, homófobo, racista, infanticida,
genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista y acosador caprichosamente
malévolo.”9
Muchas de estas personas están de acuerdo con Dawkins y estarán satisfechos sólo cuando Dios
sea eliminado de nuestro vocabulario y de nuestra conciencia.
Resurgimiento de Dios
Otras personas argumentan que esto es imposible y aceptan la famosa declaración de C.S. Lewis:
“Si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia del mundo pueda satisfacer, la explicación
más probable es que fui creado para otro mundo”.10 Y mientras muchos ateos pueden estar en
desacuerdo, la mayoría de las personas reconocen este deseo como insaciable.
Por consiguiente, la humanidad siempre buscará a Dios, tratará de conectarse con Él y de
encontrarlo. De hecho, datos recientes dan evidencia del desarrollo de esta tendencia. Dinesh
D’Souza declara: “El mundo está siendo testigo de una explosión enorme de conversión y
crecimiento religioso… la gente está buscando un resurgimiento de la religión—tal vez en una
nueva forma—para atender sus inquietudes particulares dentro de una sociedad secular”. 11
Encontrando a Dios
Algunos describen la religión como el esfuerzo de la humanidad para alcanzar a Dios. Muchas
religiones también profesan que su Dios o dioses actúan de manera que puedan ser reconocidos
y encontrados por los que los buscan.
Mientras que el cristianismo es único en muchas maneras, su singularidad es mejor entendida
como el esfuerzo de Dios—mediante la persona de Jesús—para alcanzar y restaurar la
humanidad. Mientras los seguidores de Jesús con frecuencia fallan en extender la gracia amorosa
de Dios a un mundo necesitado de la misma, no obstante, Dios es flexible y decidido”.12 Él extiende
su amor incondicional, inmerecido a todo ser humano en un acto de gracia inmensurable.
Además, el judaísmo nos enseña que podemos llegar a saber quién es Dios simplemente
buscándolo.13 El Rey David dijo: “Si lo buscas, se dejará encontrar por ti”.14
Lo que parece estar claro es que para descubrir a Dios, debemos empezar por buscarlo
para encontrarlo. Eso es parte de la razón por la cual tú y yo estamos aquí ahora mismo—estamos
juntos en esta travesía.
¿Dónde está Dios?
Autor: Ella Hearrean
¿Cómo puede Dios estar activo en nuestras vidas si no está aquí con nosotros?
"Ya estamos totalmente en presencia de Dios. Lo que falta es conciencia de ello."David Brenner
Alguna vez has volteado a tu alrededor y te has preguntado, ¿Dónde está Dios?
Tal vez, para ti, este fue un día particularmente hermoso afuera; pudiste sentir el sol de la tarde
dando calor a todo tu cuerpo. Tal vez te preguntaste, ¿Está Dios aquí en esta belleza? O quizás
fue lo contrario. Un momento difícil, seguido por otro reto...y otro y otro. ¿Has auto evaluado tu
vida, sacudido tu cabeza y te has preguntado, “Dónde está Dios en medio de todo este dolor”?
Tal vez has escuchado que Dios vive en el cielo. Pero el cielo puede parecer muy lejano, ¿no? De
hecho, a veces se siente como si Dios no estuviera cerca en absoluto—especialmente cuando
pasan cosas malas en nuestras vidas.
Sin embargo la Biblia con frecuencia describe a Dios como un padre que protege y provee para
sus “hijos e hijas.”1 Pero si Dios es un padre espiritual que es activo en las vidas de sus hijos,
¿dónde está? ¿Cómo puede estar tan lejos de sus hijos?
La Trinidad
Para empezar, no debemos caer en la trampa de pensar en Dios de la misma manera en la que
pensamos en cosas terrenales. Dios no está sujeto a limitaciones humanas. Si alguien nos
pregunta dónde estamos, sólo hay una respuesta veraz; sólo podemos estar en un lugar a la vez.
Esto no es lo mismo para Dios. Dios puede estar en todas partes al mismo tiempo. Aunque puede
ser difícil de entender, esto es lo que la gente de fe cree. Ellos creen que Dios está presente con
todos al mismo tiempo. Simultáneamente, Dios está en el cielo.
El concepto cristiano de la Trinidad es clave aquí. Los cristianos entienden a Dios como “tres-en-
uno”: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.2 Estas tres personas son distintas pero están unidas;
tres personas forman un sólo Dios.
¿Cómo nos puede ayudar esto a responder la pregunta de dónde está Dios? Bueno, echemos un
vistazo.
Dios el Padre: Dios está en el Cielo
Dentro de la Biblia, Dios el padre es descrito como “el Dios del cielo,”3 y el cielo se llama “la casa
de Dios.”4 De hecho, en Isaías 66:1, el mismo Dios dice, “El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado
de mis pies.”
Existen otros innumerables casos que demuestran la residencia de Dios en el cielo. Incluso la
misma palabra de Dios refleja esto. Él promete “Voy a hacer que les llueva pan del cielo” para el
bien de los israelitas.5 Entonces, después de revelar los Diez Mandamientos, Dios le dice a
Moisés, “Diles lo siguiente a los israelitas: ‘Ustedes mismos han oído que les he hablado desde el
cielo.’”6
Después del Éxodo, los profetas Hebreos repetidamente suplicaron al Señor que “escuchara [sus
plegarias] desde el cielo.” 7 Estaban seguros de la ubicación de Dios.
Pero esto no terminó con el Antiguo Testamento. Incluso Jesús nos instruyó a llamar a Dios “padre
nuestro que estás en el cielo” cuando oramos.8 En Juan 17:1, Jesús mismo mira “al cielo” y ora al
padre.
Los cristianos creen que, como nuestro Padre en el cielo, Dios nos ama como un padre ama a sus
hijos. Pero, ¿cómo puede Dios activamente amarnos como un padre si él está en el cielo y
nosotros estamos en la tierra?
Dios el Hijo: Dios está en la Tierra
Hay algunos casos en el Antiguo Testamento que hablan sobre Dios el padre viniendo a la tierra—
quizás más notablemente como una columna de humo o fuego cuando conduce a los israelitas
fuera de Egipto.9 Sin embargo, los cristianos señalan un ejemplo principal de la presencia de Dios
en la tierra: Jesús.
Los evangelios afirman que el Hijo de Dios vino a la tierra en la persona de Jesucristo. Es por esto
que Jesús es a veces llamado Emmanuel, que significa “Dios con nosotros.” 10
Los evangelios describen a Jesús como una persona humana que nació en un momento
determinado de la historia; una persona que vivió en una parte específica del mundo por un
determinado período de tiempo. Pero Jesús no era sólo un ser humano; fue “concebido por obra
del Espíritu Santo.”11 Como a menudo lo dicen los cristianos, Jesús fue completamente Dios y
completamente hombre. Jesús es Dios hecho carne.
A lo largo del Nuevo Testamento, Jesús es descrito como el Hijo de Dios.12 La Biblia nos dice que
Jesús vivió entre nosotros, murió por nuestros pecados, fue resucitado tres días después y
ascendió a los cielos para sentarse a la diestra de Dios padre.13
Aunque esto puede parecer extraño, la pregunta más importante que hay que plantearse aquí es:
¿Por qué Dios vendría a la tierra como un ser humano? Según la Biblia, Jesús vino a “salvar a su
pueblo de sus pecados.”14 Dios se convirtió en una persona humana para nuestra salvación.
Sí, la Biblia dice claramente que Jesús vivió en la tierra. Y Sí, la Biblia también dice claramente
que Jesús murió.15 Pero las buenas noticias, según el Nuevo Testamento, son estas: Jesús no
permaneció muerto. Los evangelios dicen que en el tercer día después de la crucifixión, Jesús
conquistó la muerte y resucitó.16 Después de esto, Jesús permaneció con sus discípulos durante
varias semanas, enseñándoles y animándoles.
Finalmente les dijo que debía ir a casa de su Padre para preparar un lugar para ellos. 17 Jesús
reunió a sus discípulos, habló con ellos una última vez, y luego “fue llevado al cielo.” 18
Sin embargo ese no es todavía el final de la historia. La Biblia nos dice que Cristo “aparecerá por
segunda vez.”19 “El Señor mismo descenderá del cielo...Y así estaremos con el Señor para
siempre.”20 Ahora, en el cielo, Jesús espera su momento para volver.
Pero, ¿y mientras tanto? Claro, Jesús estuvo una vez en la tierra—pero ahora está en el cielo.
¿Cómo nos ayuda esto en el presente?
Dios el Espíritu: Dios está en todas partes
Antes de que Jesús ascendiera al cielo, prometió que no dejaría a los creyentes por sí solos. Jesús
le aseguró a los discípulos, “Yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los
acompañe siempre.... [Y] el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre,
les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.” 21
El Espíritu Santo—Dios el espíritu—es la última persona de la Trinidad. Después de la muerte de
Jesús, Dios el padre envió al Espíritu como una fuente de fuerza, dirección y confort en este mundo
atribulado.22 Los cristianos creen que a través del Espíritu, Dios continúa guiando a sus seguidores
que están aquí en la tierra.
El Espíritu Santo está presente en todas partes, tanto en la tierra como en el cielo. Salmo 139: 7–
10 nos enseña esto:
¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo,
allí estás tú;
si tendiera mi lecho en el fondo del abismo,
también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba,
o me estableciera en los extremos del mar,
aun allí tu mano me guiaría,
¡me sostendría tu mano derecha!

Los cristianos concluyen de estos versículos que Dios está presente en todas partes, activamente
amando, guiando y protegiendo a su gente.
Entonces ¿qué hace el Espíritu Santo? El Espíritu Santo “los guiará a toda la verdad.”23 El espíritu
provee regalos “de sabiduría y de entendimiento... de consejo y de poder... [Y] de conocimiento y
de temor al Señor” al pueblo de Dios.24 Los cristianos deben confiar en este sentido interno de la
dirección de Dios cuando se trata de hacer decisiones sabias. Isaías 30:21 dice: “Ya sea que te
desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: ‘Éste
es el camino; síguelo.’”
Jesús dijo a sus discípulos que conocerían a Dios el Espíritu, “porque vive con ustedes y estará
en ustedes.”25 Dios el Espíritu es una presencia activa en la vida de la gente de Dios—el Espíritu
está en todas partes en todo el pueblo de Dios. El Espíritu nos guía; nos alimenta espiritualmente
y transforma a la gente de ser personas que una vez vivieron para sí mismos, a ser personas que
ahora viven “para el que murió por ellos y fue resucitado.”26
En todas partes a la vez
Entonces, ¿cuál es? ¿Dios está en el cielo o Dios está en todas partes en la tierra? Bueno, la
respuesta es ambas.
Dios no está meramente en el cielo. Dios está aquí, participando activamente en nuestras vidas—
ya sea que siempre reconozcamos o no su presencia. Dios el padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu
juntos nos enseñan que incluso en el peor de los tiempos, Dios no nos ha abandonado.
En días en los cuales parece que Dios no está alrededor, podrías encontrar consuelo en estas
palabras: “Reconoce y considera seriamente hoy que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo
en la tierra, y que no hay otro.”27
Dios, ¿Estás Ahí?
Autor: Leigh McLeroy
Me siento solo. Rezo, pero Dios esta en silencio. En estos momentos, me pregunto si Dios siquiera
está ahí.
Estás solo. Estás preocupado. Estás frustrado. Estás desesperado. No sabes a quien acudir, así
que llamas a Dios. Rezas tus mejores oraciones. Y. . . sólo se escucha el sonido de los grillos.
Nada. Por lo que puedes decir, Dios está en silencio. Es indiferente.
Esa es una conclusión perfectamente lógica. Después de todo, si le contaste a un amigo todos tus
problemas y se quedó ahí sentado en silencio como una piedra—sin ningún consejo, ningún gesto
de empatía, sin palabras de aliento—¿no te preguntarías si se quedó sordo, o peor aún, que
simplemente no le importó? Entonces, ¿qué vamos a hacer con el silencio de Dios?
¿Quién está ahí?
Cuando alguien nos hace “la ley del hielo,” recorremos en nuestra mente toda una lista de posibles
razones: ¿Lo habré ofendido? ¿Habré faltado a una promesa? ¿Me habré portado mal? Nos
imaginamos que si podemos atribuir la falta de respuesta de la parte silenciosa a alguna acción
ofensiva de nuestra parte, entonces tal vez podamos hacer las paces y volver a hablar. La carga,
creemos, está en nosotros.
Pero “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” 1 Quizá el
primer error que cometemos al querer comprender el silencio de Dios es fallar en comprender su
naturaleza. Nos olvidamos de que Dios no es un hombre, y le atribuimos motivos y emociones
humanas a él en un intento de explicar sus acciones. Pero nuestros caminos, él dice claramente,
no son sus caminos.2
Y mientras que otros seres humanos podrían predicar sus respuestas a nosotros sobre nuestro
comportamiento—bueno o malo—Dios no lo hace. Su comportamiento es una manifestación de
su carácter, no del nuestro. Y su naturaleza es el amor.3
El Silencio y los Santos
“No es muy cariñoso”, podrías decir, “que alguien que te ame permanezca en silencio.” Pero el
silencio de Dios ha sido experimentado por muchos devotos seguidores [de Dios] a los que podrías
suponer que Dios nunca dejaría de hablarles. Incluso La Madre Teresa escribió en privado que
ella no pudo sentir la presencia de Dios en su vida durante más de cincuenta años—una confesión
asombrosa de una mujer cuyo amor por Dios produjo tantas obras buenas.
“Jesús tiene un amor muy especial para ti”, le escribió a uno de sus mentores, “[pero] en cuanto a
mí, el silencio y el vacío son tan grandes que miro y no veo, oigo y no escucho.” 4 Madre Teresa
no podía explicar el silencio de Dios, pero no cuestionó Su amor—tal vez porque sabía que los
caminos de Dios no eran sus caminos.
El teólogo escocés Oswald Chambers sostuvo que “Los silencios de Dios son sus respuestas.”5 El
silencio de Dios, por lo tanto, puede ser una obertura de intimidad, y no un retiro de la misma:
“¿Estás de luto ante Dios porque no has obtenido una respuesta audible? Tú encontrarás que Dios
ha confiado en ti de la manera más íntima posible, con un silencio absoluto, no de desesperación,
sino de placer, porque él vio que podías soportar una revelación más grande. Si Dios te ha dado
un silencio, alábalo; Él te está llevando a la gran carrera de sus propósitos.” 6
Desde este punto de vista, el silencio de Dios no es castigo o abandono sino un regalo íntimo de
su confianza.
Cuando todo está en Calma
Así que cuando Dios parece estar en silencio, ¿qué debemos hacer? Para empezar, podríamos
usar el silencio como una ocasión para recordar las maneras en las que él nos ha hablado en el
pasado. Cuando estás separado de un ser querido y no pueden conversar, es común recordar
conversaciones o momentos de intimidad de los tiempos que pasaron juntos.
En lugar de preguntarte “¿A dónde se fue Dios?”, considera el uso de dicha “tranquilidad” en la
comunicación para recordar aquellos tiempos. Recuérdate a ti mismo los momentos en que
sentiste profundamente Su presencia, las veces que creíste haber escuchado Su instrucción,
aliento o afirmación. Deja que los recuerdos llenen el vacío y fortalezcan tu fe.
A medida que recuerdas, da gracias a Dios por esos tiempos. Alábalo, también, por Sus atributos,
Su carácter, Sus poderosos actos en el pasado, y las formas en las que te ha sido fiel. Deja que
la gratitud—no el miedo o la duda—empiecen a llenar el vacío que puedes estar sintiendo. Su
carácter no depende de tu percepción de él— ¡algo más por lo cual estar agradecidos!
Comprende que tu fe está siendo ejercitada cuando Dios parece estar ausente. Durante los
tiempos de silencio, debes confiar en algo más allá de tus propios sentimientos y emociones.
“Cualquiera que venga [a Dios]”, dijo el escritor de Hebreos, “tiene que creer que él existe y que
recompensa a quienes lo buscan.”7
Creer en tiempos de silencio es difícil. Cuando Dios está en silencio, estamos tentados a dejar de
creer que él existe y que se preocupa. “Lo que hace que la falta de fe en muchos sea más atractivo
[que tener fe], es que mientras crees en algo requieres de un cierto grado de comprensión y
esfuerzo, y no creer no requiere mucho de nada en absoluto.”8 Toma el camino difícil. Que se
fortalezca tu fe mientras crees sin ver u oír.
También es importante continuar obedeciendo a Dios—sobre todo en esos momentos en los que
su presencia no se siente. No caigas en la trampa de decir: “¡Si no vas a hablar conmigo, yo
tampoco voy a tratar de escucharte!” Mucho de la voluntad y la instrucción de Dios se nos da de
manera individual, pero corporativamente. En las páginas de Su Palabra, él ha dicho mucho acerca
de la forma en que quiere que su pueblo viva.
Él habla a través de la Biblia, a través de otras personas, a través de su mundo creado, y a través
del “aún, susurro” de su Espíritu. A menudo, lo que nos imaginamos como el silencio de Dios es
todo lo contrario. Obedece lo que ya ha dicho y estarás listo para escuchar aún más de él.
Recuerda. Alaba. Obedece. Repite.
“Yo he hecho todas estas cosas,” podrías decir. “¿Acaso Dios no me debe una prueba de su
presencia ahora? ¿No tiene algo sólo para mí? "No. Y sí.
No, él no nos debe prueba de que él es. (Él nos da esto en muchas maneras, pero no nos lo debe.)
Lo que somos debido a nuestro comportamiento, por suerte, no es lo que él le da a aquellos que
ponemos nuestra confianza en Cristo.
Él ofrece gracia a aquella persona que confiesa sus faltas y pide misericordia. Él se entrega a
aquellos que le piden. Sí, él tiene algo sólo para ti. Si su voz no está claro, si su plan no está
clara—sigue haciendo las cosas que sabes. Sigue recordando su bondad y amor. Continúa
elogiándolo. Sigue obedeciendo su voluntad, tanto como ya sabes.
Y mientras te concentras en estas cosas, mantén el oído de tu corazón atento hacia Dios.
Escucharás su voz de nuevo. Hasta entonces, recibe el silencio. Éste nos enseña, también.
¿Dios es Real?
Autor: R. Robert Creech, Ph.D.
Probablemente has escuchado a la gente hablar acerca de Dios, pero ¿será todo eso sólo un
montón de tonterías? ¿O podría Dios ser real?
¿Qué diferencia hay entre una afirmación de que un Dios invisible está presente en el mundo y de
afirmaciones sobre la realidad de Santa Claus, el Conejo de Pascua, el Hada de los Dientes o el
amigo imaginario de un niño? ¿Es real Dios? Si es así, ¿dónde está este Dios que la gente afirma
conocer?
En 1952, el filósofo Bertrand Russell, un autoproclamado ateo y agnóstico, escribió un artículo
para la revista Illustrated titulado “¿Existe un Dios?”1 Ahí, presentó su famosa idea de la “tetera en
órbita”. Russell afirmó que la carga de poder comprobar esto cae en aquellos que hacen
afirmaciones que no se pueden verificar científicamente:
Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana orbitando alrededor del sol
en una trayectoria elíptica, nadie podría desautorizar mi afirmación siempre que yo tuviera el
cuidado de agregar que la tetera es demasiado pequeña incluso para nuestros telescopios más
poderosos. Y si yo continuara diciendo que, dado que mi afirmación no puede ser desmentida, es
una intolerable presunción que la razón humana dudara de ella, con justa razón se pensaría que
estoy hablando sin sentido. Sin embargo, si la existencia de esa tetera fuera afirmada en libros
antiguos, enseñada como la verdad sagrada cada Domingo, e instigada en las mentes de niños
en la escuela, la duda para creer en su existencia se convertiría en una marca de excentricidad y
haría al dubitativo el blanco de las atenciones del psiquiatra en una edad iluminada o del Inquisidor
en una época anterior.2
Russell sugirió que los creyentes deben probar la realidad de Dios en vez de esperar que los no
creyentes impugnen la realidad de Dios. Algunos incluso han aplicado la idea de Russell de
manera satírica a aquellos que creen en unicornios rosados invisibles y monstruos de espagueti
voladores.3
La postura de Russell tiene algo de sentido. Por el solo hecho de que una persona afirme que algo
es verdad no significa que lo sea o que debamos sentirnos obligados a probar que no es cierto.
No obstante, la afirmación de que Dios es real es un poco distinta de la tetera de Russell, y del
Conejo de Pascua y de Santa Claus en todo caso.
¿Físico o Espiritual?
Nosotros sabemos cosas del universo físico que harían que la afirmación sobre la tetera pareciera
injustificable. Después de todo, las teteras son objetos físicos. Basado en nuestro conocimiento
presente de las leyes del universo físico, no tenemos motivo racional para creer en una tetera
orbitando.
Por otro lado, la mayoría de las religiones describe a Dios como un espíritu, no una entidad
física.4 Si esto es verdad, pondría la realidad de Dios y la de la tetera orbitando en categorías
totalmente distintas.
¿Visible o Invisible?
La no creencia en la realidad de Dios también se basa en el hecho en que a Dios no se le ve. Sin
embargo, creemos en la realidad de un sin número de cosas que no podemos ver. Por ejemplo,
aceptamos la realidad de figuras históricas como Platón y Sócrates, aunque nunca hemos visto a
ninguno. La evidencia histórica señala la existencia de ambos, así que los aceptamos como reales.
Pensamos de distinta forma en los personajes ficticios como Mickey Mouse o Superman. Los
rechazamos como fantasía porque no tenemos evidencia que señale la realidad de ellos. Si
alguien negara la existencia de Sócrates, esperaríamos que presentaran su argumento para no
creerlo, en cambio si alguien negara la existencia de Superman no exigiríamos la exposición de
un argumento. Al mismo tiempo, podemos aceptar otras realidades invisibles y no verificables
desde la perspectiva científica. Por ejemplo, ¿cómo puedo probar científicamente que amo a mis
hijos o a mi cónyuge? Y sin embargo sé con certeza que lo hago. ¿Estoy dispuesto a catalogar
ese conocimiento como engañoso?
No podemos ver el viento, pero sabemos que es real sobre la base de cómo afecta las cosas
alrededor de él. No podemos ver el olor ni el sonido, pero su realidad es evidente para todos los
que pueden ver, oler y escuchar. Dentro de nuestro universo, la realidad no se demuestra
simplemente por visibilidad y demostrabilidad, sino también por afecto, confiabilidad histórica y
plausibilidad.
¿Entonces Dios es Real?
Los pensadores cristianos responderían que sí, pero debemos ser cuidadosos para definir qué es
"real". Los cristianos hablan de la naturaleza de Dios como un ser espiritual en vez de físico.
Entre las implicancias de esta afirmación está la idea de que Dios no se limita ni se describe por
las leyes físicas de este universo. Dios no consiste en materia.
Los cristianos creen que Dios está presente igual y totalmente en todo el universo, y sin embargo
también es distinto de este y reina sobre él.5 No hay lugar del que Dios esté ausente; todo el
universo revela su presencia y poder.6
Dallas Willard, profesor de Filosofía en la University of Southern California, describe a los humanos
como “seres espirituales” con cuerpos físicos. Comenta: “No se me puede hallar a mí ni a ninguno
de mis pensamientos, sentimientos o aspectos de mi carácter en ninguna parte de mi cuerpo. Ni
siquiera yo puedo. Si desean encontrarme a mí, lo último que deben hacer es abrir mi cuerpo para
dar una mirada”.7
De manera análoga (y todas las analogías se desglosan), dice que Dios se relaciona con el
espacio como nosotros con nuestros cuerpos. Dios "lo ocupa y lo sobrepasa, pero no puede ser
ubicado en él”.8 En resumen, Dios está en todas partes, total y completamente.
El antiguo poeta hebreo comprendió esto de Dios y dijo de Él en los salmos: “¿A dónde iré para
estar lejos de Tu espíritu? ¿A dónde huiré de Tu presencia? Si subo al cielo, allí estás Tú; si me
tiendo en el Abismo, estás presente”.9
Si Dios es real, entonces nos enfrentamos a una pregunta más personal. ¿Podemos conocer a
este Dios invisible? Si la naturaleza de las cosas espirituales es que no se pueden percibir con los
cinco sentidos—que no realidades no físicas—¿cómo puede uno encontrar a Dios?
El testimonio de hombres y mujeres que han lanzado una afirmación sobre la realidad de Dios a
través de los siglos se resume en las palabras del antiguo profeta hebreo de nombre Jeremías:
“‘Cuando me busquen, me encontrarán; porque me buscarán de todo corazón. y yo me dejaré
encontrar por ustedes”—oráculo del Señor”.10
Los pensadores cristianos han entendido que los seres humanos tienen una capacidad para
relacionarse con el Dios creador. Nosotros, también, parecemos tener una dimensión espiritual,
una manera de ser que va más allá que los cinco sentidos. Tal vez sea la búsqueda para conocer
a Dios la que mejor nos pone en la posición de responder a la pregunta "¿Es real Dios?".
3. ¿Por qué Dios Permite el Dolor y el Sufrimiento?
La pregunta—Si Dios es un Dios bueno, ¿entonces por qué hay dolor y sufrimiento en el mundo?—
es una pregunta muy común y es posible que sea la más difícil de contestar. Indudablemente es
uno de los obstáculos más significativos para muchas personas que se están preguntando si Dios
existe o si deben confiar en Él. Así que si ha sido difícil para ti, entérate que no estas solo.
Mira los videos de esta sesión y explora por ti mismo. ¿Por qué hay dolor y sufrimiento en el
mundo?
Pensamientos Finales
El Problema del Mal argumenta que un Dios todopoderoso y perfectamente bueno jamás permitiría
que existiera el mal en el mundo. Las respuestas a este razonamiento varían dentro del
Cristianismo y otras religiones. Tal vez sea una prueba de fe. O quizá Dios es simplemente incapaz
de cambiar nuestras circunstancias.

¿Por qué existe el Dolor y el Sufrimiento?


Autor: Jason Malec
Si Dios es bueno y poderoso a la vez, ¿por qué no elimina el dolor y el sufrimiento?
¿Cuál es el sentido de todo esto, Watson?”—dijo Holmes solemnemente mientras dejaba a un
lado el documento. “¿Qué propósito persigue este círculo de aflicción, violencia y miedo? Sin duda
ha de tender hacia algún fin, de lo contrario, nuestro universo estaría regido por el azar, lo cual es
inconcebible. Pero ¿cuál fin? He ahí el gran problema perenne del cual la razón humana está tan
lejos de poder responder como siempre. Sir Arthur Conan Doyle, en Sherlock Holmes y La
aventura de la caja de cartón
La Pregunta Universal
Quizá no haya mayor desafío para la fe que la presencia de dolor y sufrimiento en el mundo.1 Ya
seas teísta a ateo, el dolor parece ser el laboratorio de pruebas de la fe.
Esta pregunta -¿por qué hay dolor y sufrimiento en el mundo?- ha plagado la humanidad desde
nuestros primeros pensamientos acerca de Dios. Inclusive la primera narrativa de seres divinos
lidiaba con la idea de dolor y sufrimiento.
En el Antiguo Cercano Oriente, las historias mesopotámicas y acadias que datan de tres a cuatro
mil años atras explican por qué pasan cosas malas en el mundo.2 Puesto de una manera simple,
hay dioses buenos y dioses malos. Los dioses buenos hacen cosas buenas en nuestro mundo y
los dioses malos son responsables por las cosas malas.
En la teología oriental, en especial en el confucianismo, se incorpora esta idea dentro del "yin y
yang". Así como la vida nos presenta polos opuestos que están interconectados (piense en "luz y
oscuridad", "caliente y frío"), igualmente nosotros experimentamos también "el bien y el mal".
Sin embargo, esto revela nada sobre el por qué pasan las cosas; solo dice que ocurren.
Teodicea: el Gran Problema
Pero cuando la mayoría de la gente se pregunta sobre el dolor y el sufrimiento, quiere saber la
causa. Y esa causa, casi por definición, siempre regresa a Dios.
Desde una visión politeísta del mundo, como se mencionó antes, el dolor y el sufrimiento son
sencillamente factores causados por dioses malévolos. Pero en una visión monoteísta del mundo,
¿por qué permitiría Dios el dolor y el sufrimiento?
Si Dios es bueno, como lo indica el razonamiento, eliminaría el dolor y el sufrimiento. Si él es
poderoso, podría erradicarlos, ¿no? Pero existe el mal en el mundo. Así que, o Dios no es amoroso
ni todopoderoso, o Dios no existe.
Los filósofos y teólogos llaman al esfuerzo para superar este proceso de razonamiento "teodicea".3
Este dilema ha atormentado a creyentes y no creyentes. Sin embargo, hay algunas observaciones
que aclaran la pregunta e inclusive proporcionan una explicación para el dolor y el sufrimiento.
La Pregunta Atemporal
Independientemente de cuándo o por qué se hace la pregunta sobre el dolor y el sufrimiento, se
puede proponer ante todo, que es un problema de la cosmovisión cristiana.
Si Dios es el creador benévolo y sustentador de vida que se describe en la tradición cristiana,
entonces debería poder y querer eliminar el dolor y el sufrimiento. Obviamente él no lo hace. En
consecuencia, los cristianos encuentran esta tensión grave y preocupante.
Los ateos evangelistas alegan que este es el último clavo en el ataúd de la fe: Dios no permitiría
que el sufrimiento y el mal absoluto persistieran en su creación. Por lo tanto, él no puede existir
(o si existe, le faltan las características de un buen dios).
La Pregunta de la Moralidad
Sin embargo, para poder considerar algo "diabólico" (o inclusive malo o innecesario), uno
presupone un estándar moral por el cual esas cosas o experiencias se consideran "malévolas".
De hecho, el mal es sólo un mal cuando se le compara con algo que no es un mal.
Pero si la experiencia humana es completamente aleatoria, entonces cosas "buenas" y "malas"
son sólo como son las cosas -no podemos atribuirle un peso moral a nada que experimentemos.
Sin un Árbitro de Bondad, los teístas alegan, entonces no existe algo como una "mala" experiencia.
Una suposición de que Dios o un dios existe está implícita en esta discusión. Entonces, ¿por qué
Dios permite la existencia del dolor y el sufrimiento?
Reformulando la Pregunta
Para responder a eso, tenemos que preguntarnos primero: ¿Eliminaría un buen dios el dolor y el
sufrimiento? C. S. Lewis abordó esta misma pregunta en su libro The Problem of Pain (El problema
del dolor).
En este libro, él sostiene que la humanidad no desea tanto un buen dios, sino un dios amable. A
la amabilidad "no le importa si su objeto se vuelve bueno o malo, siempre y cuando escape del
sufrimiento". Nosotros queremos "no tanto un Padre, sino un abuelo en el cielo". Lewis propone
que un padre realmente amoroso "preferiría ver [a sus seres queridos] sufrir mucho más que estar
felices en un modo fragil y apartado".4
Es decir, un buen Dios no eliminaría el dolor y el sufrimiento del mundo porque se usan para
alcanzar fines significativos.
Sin no hay Dolor, no hay Ganancia
He visto cómo funciona este principio en mi propia vida. Cuando mi hija mayor tenía nueve
semanas de nacida, se le diagnosticó una enfermedad pulmonar poco común, la cual requería
operación inmediata para rertirar el pulmón defectuoso. Para preparar la intervención, los doctores
solicitaron que se le hiciera una resonancia magnética, lo que les permitiría operar con eficacia.
Como puedes imaginarte, una bebé de nueve semanas de nacida no va a seguir instrucciones de
acostarse sin moverse durante un escaneo de veinte minutos. Tuve pues que pararme enfrente
de ella presionando sus hombros sobre una mesa de metal dura y fría mientras la máquina hacía
su ruidoso trabajo.
Fueron veinte minutos dolorosos. Solo podía imaginar lo que pasaba por la mente de Cassie en
ese momento: Papá, ¿por qué estás haciendo esto?¡ Me estás lastimando!¡Para, por favor!.
Pero si yo le hubiese hecho caso a su mirada y al mensaje que me mandaba, si yo la libraba del
dolor temporal que le estaba causando, ella habría muerto a los pocos días. Yo conocía mucho
mejor que Cassie sus circunstancias y deseaba lo mejor para ella, no únicamente un placer o alivio
temporal.
Si Dios conoce mejor que nosotros nuestras circunstancias y desea cosas buenas para nosotros,
probablemente él también utilice situaciones dolorosas para darnos mejores finales de lo que
podemos ver o imaginar.
Limites Intelectuales
Una cosa es certera: cualquier respuesta intelectual a la pregunta sobre el dolor no hará que la
experiencia se desvanezca o se haga más tolerable. C. S. Lewis bromeó: "Usted quiere saber
cómo me comporto cuando tengo dolor, no escribo libros acerca de ello. No necesita adivinarlo
porque yo mismo se lo diré; soy un gran cobarde".5
No importa cuánto sepamos intelectualmente sobre el dolor y el sufrimiento, ellos tienen una
manera de entrar de golpe en nuestro centro. Ellos exponen de lo que estamos hechos de una
manera que otras emociones no lo hacen.
Tal vez por esto Lewis, a través de experimentar mucho dolor, descubrió que "Dios nos susurra
en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestro dolor".6
Una Opción
¿Será posible que de esta forma el dolor nos ayude a crecer -aunque a veces resulte difícil verlo,
inclusive en retrospectiva?
No importa cuál sea la razón, parece que el dolor y el sufrimiento son inevitables; parece que no
tenemos opción al respecto. Lo que controlamos es nuestra reacción, cómo lidiamos con el dolor
y lo que hacemos con nuestra vivencia.
¿Qué decidiría hacer con su dolor?

¿Dios Provoca Sufrimiento?


Autor: Ben Sharp
Todos experimentamos dolor. ¿Dios provoca el sufrimiento?
Como reportero, he estado parado en la mitad de una oscura carretera, he sentido en mi piel el
calor de un incendio de auto y he visto las lágrimas de paramédicos veteranos y bomberos
mientras sacan el cuerpo de una niña de siete años de entre los fierros retorcidos. Como hijo, he
estado de pie junto al lecho de mi madre—con mi mano en su pie, mi visión borrosa—cuando su
batalla de dos años contra el cáncer llegó a su fin. Como esposo, he sentido un vacío frío en mi
estómago cuando el cirujano llevó de urgencia a mi esposa a la sala de parto para una cesárea
porque el cordón umbilical estaba enrollado alrededor del cuello de mi hija. Y como padre, he
pasado la noche recorriendo pasillos, rezando para que la fiebre de 103 grados de mi hijo
finalmente cediera.
No importa lo que hagas o quién seas: vas a experimentar sufrimiento de alguna manera o forma.
Es un hecho de vida tan inalterable como la gravedad, tan cierto como que el sol saldrá. Humano
o animal, todos experimentamos dolor y sufrimiento en diversos grados. Como el gran teólogo C.
S. Lewis escribió en The Problem of Pain: “Si trata de excluir la posibilidad de sufrimiento que
involucra el orden de la naturaleza y la existencia del libre albedrío, se encontrará con que se ha
excluido de la vida misma.”1
Dios y el Dolor
Durante siglos, el hombre ha tratado de explicar por qué esa condición es parte del orden natural.
Algunos culpan al destino, diciendo que esa es la manera en que se alinearon las estrellas. Otros
dicen que es indicativo de las leyes de la ciencia, el equilibrio que el universo logra a través de la
dicotomía de lo positivo y lo negativo, la luz y la oscuridad, el bien y el mal.
Pero en tales reflexiones, el dedo acusador siempre parece apuntar hacia Dios. Si existe un
creador todopoderoso, que mucho de nosotros consideramos como Dios, ¿entonces por qué él
permite que estas tragedias sucedan? Más claramente, ¿Dios provoca el sufrimiento que nos
azota?
El Carácter de Dios
Esta pregunta ha hecho que incontables personas evalúen su fe, cuestionen sus creencias y, en
algunos casos, abandonen la idea de que existe un Dios después de todo. Muchos llegan a una
conclusión similar a esta: Si existe un Dios amoroso y todopoderoso, él eliminaría el mal del mundo
ahora. Ya que no lo hace, no debe haber un Dios, y si lo hay, él no es ni amoroso ni todopoderoso,
en cuyo caso no vale la pena que lo adoremos.
¿Pero cómo reconcilian su fe aquellos que creen en un Dios personal y amoroso con el tema de
la causa del mal? Desde la perspectiva cristiana, la respuesta se puede encontrar en la Biblia, una
colección de sesenta y seis libros que los cristianos confían que es la Palabra de Dios.
Mirando a la descripción bíblica del carácter y del ser de Dios, la respuesta breve a la pregunta de
que Dios provoca el sufrimiento debe ser no. Se nos dice en la Biblia que Dios es amoroso,
compasivo y misericordioso; Dios es perfecto; Dios es tan divino e inherentemente bueno que
nosotros, seres mortales y pecadores, ni siquiera podemos estar en su presencia. En el Antiguo
Testamento, líderes como Moisés tenían que quitarse los zapatos o cubrirse el rostro con un velo
para ponerse en algún lugar cercano a Dios, porque el espacio mismo que Dios ocupa es sagrado.
Primero, Juan 4:8 dice de manera sencilla y concisa: “Dios es amor”.
Si nos basamos en este entendimiento de Dios, vemos que inflingir sufrimiento a su creación
contradeciría la naturaleza fundamental de Dios. Si ese es el caso, entonces ¿quién es el
originador más lógico del sufrimiento que padecemos?
Si no es Dios, ¿Entonces quién?
En la creencia cristiana, la respuesta a la pregunta anterior es Satánas. El libro de Job se refiere
a esto con cierto detalle cuando Job es victimizado por el demonio mediante ataques a su familia,
sus posesiones y, finalmente, a él mismo.
Sin embargo, lo interesante aquí—y lo que a la mayoría de la gente le genera más dudas—es que
si bien Satánas administra el sufrimiento, Dios debe otorgar permiso para que eso ocurra. En Job
2:6 dice: “Muy bien—dijo el Señor a Satanás—, Job está en tus manos. Eso sí, respeta su vida”.
Esto parece alarmante, ¿verdad? ¿Por qué Dios está dispuesto a entregar a Job a la tortura de
Satán? ¿Por qué Dios permitiría ese sufrimiento?
Los cristianos creen que él hace esto porque él, de hecho, ama y se preocupa de su pueblo.
Dolor con un Propósito
Eso puede sonar extraño, pero la realidad es que a través del sufrimiento, llegamos a entender
mejor nuestra necesidad de ponernos en las manos de Dios. Como escribió C. S. Lewis: “El dolor
insiste en que se le atienda. Dios nos susurra durante nuestros placeres, habla en nuestras
conciencias, pero grita en nuestros dolores. Es su megáfono para alertar a un mundo sordo”. 2
Por ejemplo, miremos a los antiguos israelitas. En numerosas ocasiones Dios permitió a
gobernantes paganos que atacaran, castigaran y persiguieran a su pueblo en un esfuerzo por
hacer que ellos se alejaran de sus elecciones pecaminosas y desarrollaran el entendimiento de
que la vida lejos de Dios es dolorosa y sin esperanza.3
Como escribió la gran autora Jane Austen: “No sufrimos por accidente.” 4 El sufrimiento es una
excelente manera de cambiar de perspectiva. Cuando las cosas van bien y la vida parece fácil,
puede ser difícil ver cualquier razón más allá de nosotros mismos. Cuando se cumple lo opuesto,
nuestra necesidad de asistencia divina se torna transparente. Es a través del sufrimiento que
empezamos a mirar más allá de los superficiales confines de esta vida y damos una mirada a la
eternidad—hacia la gloriosa salvación que espera a todos aquellos que creen en Jesucristo.
“Por tanto no nos desanimemos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por
dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y temporales que ahora
padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.”5

¿Le importa a Dios mi Sufrimiento?


Autor: Leigh McLeroy
Estoy sufriendo. ¿Tan solo le importa a Dios que estoy sufriendo?
Tenía dieciséis años y sufría profundamente pues alguien me había roto el corazón por primera
vez—casi no podía contener las lágrimas al estar rodeado de mis amigos y familiares. Cada día,
cuando terminaba la escuela, me escondía en mi habitación, apagaba las luces, me acurrucaba
en la cama y lloraba hasta que me llamaban para la cena. Los placeres normales de la vida de
adolescente eran poco consuelo para mí. No podía imaginar que volvería a sentirme
despreocupada o alegre de nuevo.
Después de una semana de sombría desesperanza, oí que alguien tocaba a mi puerta. Murmuré:
“Adelante”, sin levantar la cabeza y mi padre entró a mi habitación.
No me habló—no al comienzo. Solo se sentó a los pies de la cama en la oscuridad,
compadeciéndose de mi sufrimiento. De vez en cuando me daba palmadas en el hombro o la
cadera, mientras yo me mantenía sumergida hasta las orejas en un viejo edredón. Finalmente me
dijo: “Puede ser que no me creas ahora, pero vas a estar bien. Además tu Papi te ama no importa
lo que pase”. Se quedó sentado un rato más, me dio una leve palmada y dijo: “Ya mismo estará
lista la comida” y salió de allí.
Todavía me sentía herida, pero veía un rayito de esperanza. Alguien entendía mi situación . Yo le
importaba a alguien.
A los padres bondadosos les importa cuando sus hijas sufren. Sin embargo, ¿a Dios le importa
cuando sufrimos? Si es así, ¿cómo nos lo demuestra?
Dios Combate el Mal y el Dolor de Frente
Algunas religiones intentan explicar los males del mundo. Las cosas malas se atribuyen al karma
o se culpa exclusivamente a los actos mal dirigidos de la humanidad, o a la falta de atención de
parte de Dios.
No es así con el cristianismo. No disfraza el mal que hay en el mundo: “Cuando el mundo nos
informa, como suele hacerlo, que todo ser humano tiene derecho a una vida fácil, cómoda y
relativamente libre de sufrimiento, una vida que nos permite descubrir, demostrar y desplegar
todas las fortalezas latentes en nuestro interior, el mundo deforma la realidad”. 1
La visión de Jesús del mundo era muy diferente. Él no andaba con rodeos: “En este mundo
afrontarán aflicciones”.2 Sin embargo, no se quedó ahí. Alentó a sus seguidores: “¡Pero anímense!
Yo he vencido al mundo”.3
Dios Ofrece Consuelo Oportuno
Dios no niega que vivimos en un mundo muy viciado y quebrantado. En cambio, se acerca a
nosotros y nos acompaña mientras se adentra en ese mundo. “Hay una grieta en todo”, escribió
el poeta y músico canadiense Leonard Cohen. “Así es como entra la luz”. 4
Nuestras aflicciones se pueden convertir en el lugar mismo donde nos encontramos con Dios y
experimentamos la intimidad de su presencia reconfortante. “Cuando cruces las aguas”, el Señor
nos dice, “yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas”.5
Dios no nos promete librarnos de todo dolor, ni promete evitarlo. Él no siempre interviene para
alejarnos del sufrimiento o de todo mal, pero cuando estamos afligidos, nos reconforta en medio
de nuestras penas.
A veces nos levanta mediante la bondad de otras personas. A veces nos brinda un sentido de paz
que nunca podríamos conjurar ni mantener por nuestra cuenta. A veces, al mirar algo bello o
mediante unas oportunas palabras de aliento, nos tranquiliza y nos damos cuenta de que
estaremos bien, que somos amados.
La Creación Divina Es Prueba de Que Sí Le Importamos
Puede ser que no creas que Dios es el creador de este mundo, pero en cada acto de creación se
refleja su creador—así que si Él es capaz de crear algo, entonces esta creación es un reflejo de
su carácter. Además, el universo que fue creado demuestra un cuidado y una atención a los
detalles increíbles.
Las plantas producen semillas y se reproducen por sí mismas de forma natural. Las estaciones
cambian, garantizando que las condiciones extremas del invierno y el verano no sean muy
duraderas. La primavera y el otoño nos dan espacio para recuperarnos y acostumbrarnos a cosas
nuevas. Las heridas cutáneas se curan de manera natural—se forma una costra encima de la
herida y las células del cuerpo se reabastecen sin nuestra ayuda ni atención. Los niños crecen y
se desarrollan en el vientre de sus madres, de manera invisible hasta que ocurre el milagro del
nacimiento.
De estas maneras (¡y miles más!) Dios ama y se ocupa de su creación. Y si estamos en el nivel
más alto de esa creación, ¿no suena razonable que se ocupe de nosotros también? Considera lo
que Jesús dijo: “Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros;
sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?”6
Dios Ha Arriesgado Su Propio Pellejo
La mejor razón que tenemos para creer en el amor y la compasión de Dios por nosotros es la
encarnación. Dios, viendo todo lo que estaba quebrantado en el mundo—todo el pecado, toda la
tristeza—intervino en persona. Sin embargo, no solo envió un mensaje; nos envió a su hijo.
Jesús se hizo humano y Dios le encomendó a introducirse en nuestro afligido mundo: “El Espíritu
del Señor está sobre mí,” dijo Jesús, “por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a
los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, poner en
libertad a los oprimidos”.7
En otras palabras, Dios se dio cuenta de nuestro mayor y eterno dilema (que nos separamos de
Él), sintió amor y compasión por nosotros y demostró ese amor: “Porque tanto amó Dios al mundo,
que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida
eterna”.8
En la persona de Jesús, Dios se involucró en carne y hueso. Como un buen padre, le dice a los
que sufren y le piden ayuda: “Puede ser que no lo sepas ahora, pero estarás bien… y tu padre te
quiere muchísimo”.

¿Por qué Dios no se deshace del Mal ahora mismo?


Autor: Ben Sharp
Si Dios es verdaderamente poderoso y nos ama, ¿entonces porque no se deshace del mal de una
vez?
No hay que haber vivido mucho para saber que el mal es parte de este mundo. Desde las
amenazas nucleares de Corea del Norte, al tornado F5 que castigó a Oklahoma, hasta los
incidentes cada vez más numerosos que provoca el cáncer en el mundo, parece haber una oleada
de circunstancias malas esperando caer sobre nosotros. Es como jugar una lotería cósmica, solo
que en este juego nadie quiere un boleto ganador.
Muchos buscan a Dios en momentos como esos, creyendo que él tiene el poder—y la
compasión—para combatir estas fuerzas malignas. Pero esto genera una pregunta urgente: ¿Si
Dios es amoroso y todopoderoso, por qué entonces no elimina el mal de una vez?
Caminando en los Zapatos de Dios
Tratar de responder esa pregunta puede ser igual a tratar de ponerse zapatos que sencillamente
son demasiado grandes para nosotros. No tenemos ninguna garantía de que Dios entienda las
cosas como nosotros. De hecho, si estamos hablando de un Dios creador—un Dios
suficientemente sólido para crear todo el universo—¿por qué esperaríamos que sus pensamientos
estuvieran a nuestro nivel?
La Biblia, que muchos creen es una revelación parcial del carácter de Dios y un registro de su
relación con la humanidad, dice claramente que los caminos de Dios no son como los nuestros:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos', dijo
el Señor. ‘Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros
caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos’”.1
Los planes de Dios trascienden el tiempo y el espacio. Están tan por encima de nuestro
entendimiento limitado que inclusive si hubiese más información que explicara su carácter y
persona, probablemente aún así nunca entenderíamos por completo sus acciones, aún así nunca
entenderemos la grandeza o el propósito de sus planes.
Los Caminos de Dios
La Biblia habla de esto en muchos pasajes, tal vez el más conocido se encuentra en el libro de
Job. Cuando Job cuestiona por qué Dios ha permitido que experimente un dolor y el
sufrimiento devastadores, Dios le recuerda a Job su poder y conocimiento divino -que por mucho
supera el entendimiento del propio Job en su sufrimiento temporal: “¿Quién es ése que oscurece
mis planes con palabras sin conocimiento? (...) ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?”
Le pregunta Dios a Job. “Házmelo saber, si tienes inteligencia.”2
En el Nuevo Testamento, Jesús se refiere a este tema en la víspera de su arresto en el Huerto de
Getsemaní. Mientras los soldados se acercan para llevarlo prisionero, uno de los discípulos de
Jesús ataca a un soldado con una espada. ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Sana al hombre
herido y dice: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de
doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario
que así se haga?”3 Casi puedes sentir el deseo desesperado de Jesús de que sus discípulos
pudieran entender qué estaba pasando, casi podems escucharlo decir: “¡Si solo pudieran
comprenderlo! ¡A la larga, esto es por el bien de ustedes mismos!”
Momentos antes, mientras contemplaba su inminente y horriblemente dolorosa muerte por
crucifixión, Jesús reveló a través de la oración su máxima devoción a su padre celestial, inclusive
cuando la voluntad de su padre incluía un sufrimiento inevitable y extremo para Jesús. El temor y
el impulso humano natural de Jesús de evitar el dolor no anuló su fe: “Padre mío, si es posible,
pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como tú,”4 oró.
Sin embargo sólo saber que los caminos de Dios no son los nuestros parece simplificar en exceso
por qué se permite la existencia del mal. Para complicar las cosas aún más, está el hecho de que
hay situaciones en que Dios se hace presente y se hace cargo. Una cura milagrosa para una
enfermedad terminal; un desvío de último minuto de una rutina diaria—generado por un inusual
"presentimiento"—que impide que uno se vea envuelto en un accidente de tránsito grave; por
último encontrar una puerta abierta en la ardua búsqueda de trabajo por largos meses.
Si una "intromisión" como esa existe, entonces ¿por qué Dios parece sentarse a mirar en todas
las otras ocasiones y deja que el mal siga su curso, inclusive cuando eso significa dolor y
sufrimiento para su pueblo?
Un Proceso de Aprendizaje
Tal vez es un proceso de aprendizaje por el cual Dios desea que nosotros pasemos. La Biblia
habla de Dios "refinando" y "perfilando" su creación, como un herrero forja metal grueso en una
espada afilada o como un escultor forma un hermoso jarrón a partir de un montón de arcilla.
A menudo los tiempos de prueba nos hacen mejores de lo que ya éramos antes—fortalecen
nuestro carácter, humillan nuestros egos y demuestran los aspectos positivos de la perseverancia.
Salir adelante luego de una tragedia también puede ser una experiencia que enseñe fe y que nos
lleve a mirar más allá de nuestra visión estrecha y egocéntrica a una visión más universal y
preocupada de los demás—una perspectiva que reconoce nuestra abrumadora dependencia de
nuestro creador.
En el libro Extreme Devotion: The Voice of the Martyrs (Devoción Extrema: La Voz De Los
Mártires), un cristiano chino que experimentó la persecución resume mejor esta idea: “Donde no
hay cruz, no hay corona (...) Si las especias no se refinan para convertirlas en aceite, la fragancia
del perfume no puede ser emanada; y si las uvas no son molidas en la batea, no se convertirán
en vino.”5
Misericordia
Hay algo más que considerar. Al permitir que el mal sobreviva, Dios demora el juicio sobre aquellos
que aún no han encontrado la buena nueva de Jesucristo. Si él eliminara el mal del mundo hoy
mismo, habría millones de almas perdidas, y por toda la eternidad. Tal vez a los ojos de Dios, el
"mal menor" es permitir que su propia gente siga experimentando este sufrimiento transitorio,
mientras que los millones que están perdidos reciben un poco más de tiempo para ser
encontrados.
Como dice el apóstol Pedro: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por
tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento.”6

¿Nos ha dejado Dios a nuestra Propia Suerte?


Autor: Norton Herbst
El deísmo manifiesta que Dios creo el mundo y luego nos dejó solos. ¿Es esto verdad?
Tenía solo quince años cuando… algunos libros sobre el deísmo cayeron en mis manos… Sucedió
que produjeron un efecto en mí muy contrario a lo que intentaban; ya que los argumentos de los
deístas, que eran citados para ser refutados, me parecieron mucho más sólidos que las
refutaciones; en breve, muy pronto me convertí en un deísta practicante.Benjamin Franklin1
La experiencia de Franklin no es única. Durante el Siglo XVIII, el deísmo arrasaba la élite
intelectual en sitios como Inglaterra, Francia y América. Muchos adoptaban esta nueva manera de
entender a Dios y al mundo. En efecto, la mayoría de los Padres de la Patria, como Franklin, eran
deístas.2
El deísmo es la creencia de que hay un Dios quien creó el mundo, pero no interviene en sus
asuntos. El deísmo tradicional tiene otros principios, pero su visión de Dios como una deidad
distante es la que más se destaca.3 Y mientras unas cuantas personas ya no se denominan
deístas filosóficos, muchas continúan luchando con esta pregunta tan importante: ¿Dios puso el
mundo en movimiento y después nos dejó solos?
A Favor del Deísmo
La idea de que Dios puso el mundo en movimiento y lo dejó a su propia suerte tiene algunas
fortalezas. Para empezar, el deísmo empieza con creer en Dios. Ciertamente, en la actualidad
muy pocas personas se suscriben íntegramente al ateísmo en el sentido de que creen,
absolutamente, que no hay un Dios. La mayoría de las personas creen que existe un poder
superior y gran parte del resto de las personas cree que sencillamente no podemos saber si existe
o no.4 Aunque llamen a Dios por nombres diferentes y tengan opiniones distintas de lo que él (o
ella) aparenta ser, casi todas opinan que la belleza y el diseño de la naturaleza misma son
evidencia de que un Dios poderoso creó el mundo.
Pero independientemente de nuestras grandes ideas sobre Dios, todos vivimos en un mundo
gobernado por las leyes predecibles y científicas de la naturaleza. Nunca hemos visto una
manzana caer de un árbol, o un pedazo de papel que resista un fuego, o que el tiempo transcurra
hacia el pasado. Y aunque habramos podido usar la palabra “milagro” en algún momento, casi
ninguno de nosotros ha experimentado un suceso milagroso genuino que trascienda la ley
científica.
Así es que lo que hace más sentido es la idea de que Dios puso el mundo en movimiento, pero
ahora lo deja a su propia suerte conforme a las leyes de física, biología, química y otras similares.
El deísmo aparenta ser pertinente con nuestra experiencia humana de todos los días.
Lo más importante es que el deísmo defiende la responsabilidad humana. Si Dios puso el mundo
en movimiento y lo ha dejado a nuestra suerte, no podemos culparlo por nuestros problemas.
Tampoco podemos contar con él para que arregle las cosas mágicamente. Nos corresponde a
nosotros, somos responsables del destino de nuestras vidas, familias, ciudades y del planeta. No
es solo responsabilidad; es empoderamiento. Y muchos americanos, ya sea que abracen
el cristianismo o alguna otra religión, son deístas prácticos en este sentido. 5
Algunos Puntos Débiles
No obstante, hay algunas razones de peso para contradecir la idea de que Dios meramente puso
al mundo en movimiento y nos abandonó a nuestra propia suerte. En su punto de partida más
sencillo—y háganme caso en cuanto a esto—el deísmo está en conflicto con las enseñanzas de
casi todas las religiones del mundo.
Por ejemplo, la Biblia presenta a un Dios que está comprometido con los asuntos humanos:
escucha y responde a la oración, muestra su misericordia y gracia, da justicia a los oprimidos y,
más importante aún, se convierte en humano en la persona de Jesucristo.6 Otras religiones como
el judaísmo, el islam y el hinduísmo también proponen creencias de que la divinidad está
íntimamente relacionada con las vidas de las personas.
Por supuesto, esto no hace que el deísmo sea falso; es completamente posible que las
enseñanzas de la mayoría de las religiones universales estén incorrectas, pero sí revela que la
idea de un Dios que abandona al mundo a su propia suerte no es coherente con la tradición
religiosa y el pensamiento religioso a lo largo de la historia y es, en gran medida, un producto de
la filosofía moderna de la Ilustración.
En segundo lugar, en el fondo, el deísmo proyecta a Dios como lejano, distante, impersonal e
inaccesible. No hay lugar para la oración con un Dios que nos ha abandonado. No hay posibilidad
de obtener compasión, gracia, solidaridad de Él. Es solo un creador poderoso, pero nada más que
eso. No hay muchos que sientan consuelo con esta visión de Dios.
¿Qué beneficio nos da el poder de Dios si ni ayuda ni apoya su creación? ¿Qué fuente de
esperanza tenemos cuando la gente nos falla y los sistemas humanos siguen siendo injustos?
¿En qué sentido se le puede llamar Padre a Dios si no le importan sus hijos? Y hablando con más
lógica, ¿cuál es la idea de la creación si Dios iba a abandonarnos?
Sencillamente desear un Dios compasivo, interactivo, no hace que su existencia sea real, pero
para muchos de nosotros, la creencia que estamos solos en este mundo no hace sentido en lo
más profundo de nuestras almas.
Finalmente, la visión de que Dios ha abandonado al mundo a su propia suerte propaga el potencial
de orgullo y terror humano. Por un lado, creemos que todo el éxito, el progreso y la buena fortuna
son el resultado de nuestro trabajo duro y gran esfuerzo. Nos damos una palmadita en la espalda
y sentimos más confianza en nuestros propios logros. Esta clase de orgullo en la asombrosa
naturaleza del progreso humano fue lo que impulsó el movimiento de la Ilustración. También se
derrumbó cuando el Siglo XX reveló cómo el “progreso” podía resultar en guerras mundiales, el
colapso económico, la limpieza étnica y las bombas atómicas.
Claro, es posible que Dios creara el mundo, lo pusiera en movimiento y nos abandonara a nuestra
propia suerte. También es posible que Dios desee estar involucrado y comprometido con nuestras
vidas. En ausencia de prueba incuestionable, ambos puntos de vista requieren fe. La pregunta es:
¿En qué visión pondremos nuestra fe?
Una Mirada más Profunda a: ¿Qué dice la Biblia acerca del Dolor y el Sufrimiento?
Autor: Gavin Ortlund
¿Acaso la Biblia aborda el tema del dolor y el sufrimiento? ¿Qué es lo que dice?

En su libro “The View from a Hearse,” Joe Bayly cuenta la historia de dos hombres que vinieron a
consolarlo tras la muerte de sus tres hijos. El primero vino con respuestas. Dijo que Dios tenía un
plan, que Él lo resolvería para su bien, y que Dios le daría fuerza a Joe. El segundo hombre vino
simplemente a sentarse con Joe. No decía nada al menos que se le hablara, pero oró con Joe y
se sentó en silencio con él. Joe escribe que aunque ambos hombres tenían buenas intenciones,
no podía esperar más para que el primer hombre se retirara y no podía soportar que el segundo
hombre partiera.1
La Biblia tiene muchas cosas que decir acerca del dolor y el sufrimiento. Pero básicamente, es
más similar al hombre que da su presencia, que al hombre que da sus respuestas. La Biblia deja
muchas de nuestras preguntas sobre el sufrimiento sin respuesta. Sin embargo, lo que hace es
contarnos la historia de un Dios que se ha acercado a nosotros en medio de nuestro sufrimiento,
que en realidad sufrió por nosotros, que algún día destruirá el sufrimiento para siempre.
Sufrimiento y Mal
El punto de vista bíblico del sufrimiento está conformado por lo que la Biblia es en realidad.
Fundamentalmente, la Biblia es una historia—una historia que cuenta de dónde vino el mundo, lo
que ha salido mal en él y lo que Dios está haciendo para corregirlo. Puede ser pensado como una
obra con cuatro actos: Creación, caída, redención y restauración.
El sufrimiento hace su aparición en la historia con la entrada del mal en el segundo acto. La Biblia
enseña que el mal entró en la creación de Dios a través de la rebelión de algunas de las criaturas
de Dios—primero ángeles y luego seres humanos.2 Cuando los seres humanos perdieron su
inocencia a través del pecado original (desobedeciendo a Dios en el jardín de Edén),3 el dolor y la
futilidad entraron en las experiencias humanas básicas de la familia y el trabajo como resultado. 4
Entonces, dentro de la cosmovisión bíblica, el sufrimiento no es una fijación permanente o
intrínsecamente necesaria de la realidad, como en algunas representaciones de la noción oriental
del Yin y el Yang. Por el contrario, todo dolor y sufrimiento es el resultado de la caída. Es una
consecuencia de la noción bíblica del pecado—que un autor cristiano describe como una
enfermedad que ha entrado en el mundo a través de seres creados negándose a aceptar su
condición de criaturas.5
En otras palabras, la Biblia tiene un punto de vista lineal, más que cíclico, del sufrimiento. No ha
sido así siempre, y no siempre lo será. Es sólo un capítulo de una historia más grande.
La Gravedad del Sufrimiento
La Biblia también tiene una perspectiva sobria y realista sobre el sufrimiento. Afirma su aspecto
inconcebible, su tragedia, su peso asombroso y opresivo. En ninguna parte la Biblia prohíbe las
lágrimas o las presenta como un signo de debilidad. De hecho, las recomienda cuando estamos
en presencia de los que sufren; Los lectores de la Biblia están llamados a "llorar con los que
lloran.”6
Hay un libro completo en la Biblia titulado Lamentaciones, que, según la tradición, registra
oraciones cargadas de dolor del profeta Jeremías al Señor después de que Jerusalén fuera
saqueada y el templo destruido en el año 587 AEC. En el libro de los Salmos, que es una colección
de canciones y poemas utilizados para el culto, el lamento es un tema recurrente. El libro está
lleno de afirmaciones como:
“Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi
llanto!”—Salmos 6:6
“¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar angustiado y he de sufrir cada día en mi corazón?”—Salmos 13:1–2
“Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: ‘¿Dónde
está tu Dios?’”—Salmos 42:3
“Me has echado en el foso más profundo, en el más tenebroso de los abismos.”—Salmos 88:6
Las víctimas que acuden a la Biblia encontrarán en ella algo como el segundo amigo de Joe Bayly.
[La Biblia] No es remota, trivial, simplista o superficial. Es un libro honesto que funciona justo en
medio de las ásperas realidades que enfrentamos en la vida. Incluso tiene un libro dedicado a la
reflexión y la lucha con la aparente inutilidad y la falta de sentido de la vida.7 El libro del Eclesiastés
abordó este problema milenios antes de Kierkegaard, Sartre o Camus.
La Biblia es muy sensible al problema del sufrimiento, incluyendo el sufrimiento interno que
muchas personas modernas enfrentan. Siempre tiene algo que decirnos sobre estos temas, si
tenemos ojos dispuestos a leer y oídos dispuestos a escuchar.
Confiando en Dios en medio del Sufrimiento
El profeta Habacuc vivió un período de gran sufrimiento dentro del pueblo de Dios. Abrió su libro
al hacerle dos preguntas a Dios: ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué?
Habacuc vivió la época que precedió al exilio que Jeremías lamentó (unos seiscientos años antes
de que Cristo viviera). Habacuc miró alrededor del reino de Judá y clamó a Dios por la injusticia y
el mal que vio por todas partes. Dios contestó a Habacuc, pero no era la respuesta que Habacuc
esperaba. De hecho, causó aún más confusión a Habacuc.
Dios declaró que estaba levantando a los caldeos—un pueblo brutal y aterrador—para ejecutar el
juicio sobre Judá por su injusticia y transgresiones. Habacuc luego tuvo que luchar con la manera
en que Dios podría utilizar esa nación opresiva y perversa para lidiar con los problemas entre el
pueblo de Dios. Clamó a Dios otra vez, preguntando cómo Dios podía utilizar una maldad para
comprobar otra: “¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos?” 8
Dios respondió por segunda vez, declarando que tomaría todo en cuenta y se desquitaría. Podría
tardar más tiempo del que Habacuc esperaba, pero la justicia de Dios vendría definitivamente y
en el tiempo correcto. Entretanto, le pidió a Habacuc que confiara en él y, por fe, atravesara esa
temporada difícil, porque, “El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.”9 Al
final, Habacuc tuvo una visión de Dios de juicio y salvación. Ver a Dios le permitió encontrar
alegría, incluso en medio de su sufrimiento.
Cuando experimentamos sufrimiento o lo observamos en las vidas de las personas que nos
rodean, una de las preguntas más naturales que nos hacemos es, ¿Por qué? ¿Por qué sucedió
ese desastre natural? ¿Por qué mi persona amada tiene cáncer? ¿Por qué nunca conocí a mi
padre? ¿Por qué Dios permitió el Holocausto?
Es alentador saber que no estamos solos al hacer tales preguntas, y que clamar a Dios en nuestro
dolor no está prohibido. La Biblia ofrece la visión de un Dios que es lo suficientemente grande para
manejar este tipo de preguntas y suficientemente grande como para confiar en él incluso cuando
la vida parece estar cayéndose en pedazos.
Luchando con el Sufrimiento
Uno de los enfoques más profundos y más conmovedores sobre el sufrimiento en la Biblia es la
historia de Job. Job era un hombre inocente que sufrió terriblemente; perdió todo lo que tenía y,
por encima de todo, estaba cubierto de forúnculos. Ahora, eso es difícil. Los tres amigos de Job
vinieron a visitarlo, cada uno suponiendo que Job debía ser culpable de algún delito. Su
razonamiento era este: Seguramente, Job debió haber provocado a Dios de alguna manera. Es la
única explicación posible para el sufrimiento que le ha superado.
La mayor parte del libro de Job consiste en diálogos entre él y sus amigos en los cuales ellos
siguen diciendo esencialmente, “Vamos, Job, ¡confiesa! ¿Qué hiciste para merecer esto?” Pero al
final del libro, Dios reprende a los amigos de Job y elogia a Job. Incluso, Job ora por sus amigos
porque Dios está enojado con ellos sobre cómo trataron a Job.
Uno de los usos dados al libro de Job es para distinguir un punto de vista bíblico de sufrir el
concepto del karma, el cual es la idea de que existe una especie de ley de causa y efecto
inquebrantable en el ámbito moral. En un universo gobernado por el karma, la gente que hace
bien experimentará el bien y la gente que hace mal experimentará el mal. Eso significa que si
vemos a alguien que sufre, podemos concluir que hizo algo malo para ganárselo. Muchas
personas asumen—quizás a veces subconscientemente—que es exclusivamente así como
funciona el sufrimiento.
El punto de vista bíblico del sufrimiento está más matizado que el punto de vista kármico. En el
punto de vista bíblico, no siempre podemos entender por qué el sufrimiento ocurre en esta vida.
Job nunca aprendió la verdadera causa de su sufrimiento, incluso después de que había sido
restaurada por Dios. Pero Job encontró a Dios. Cuando Dios habla del sufrimiento de Job en Job
38-41, básicamente dice: “Oye, Job, soy Dios. Tú no lo eres. Vas a tener que confiar en mí en
esto.”
Algunos críticos ven esta respuesta como una no-respuesta al problema. ¡Pero no es así cómo se
siente Job! Cuando Job ve a Dios, él ya no necesita una respuesta. Dios mismo es la respuesta.
Job responde con alegría y arrepentimiento. Como el personaje de Orual en el libro de C. S. Lewis,
“Mientras No Tengamos Rostro” (Till We Have Faces) Job descubre que hay una especie de
alegría que es mucho mejor de lo que pensábamos que queríamos. Aquí vemos un atisbo de la
esperanza que la Biblia ofrece a los enfermos. Como Habacuc, como Joe Bayly, Job necesitaba
a Dios mismo más de lo que necesitaba que sus preguntas fueran contestadas.
¿Por qué es esto? ¿Qué de Dios cambia nuestra perspectiva sobre el sufrimiento?
El Dios que Sufrió
En su libro “Making Sense Out of Suffering,” Peter Kreeft escribe: “[Dios] no nos dió un placebo o
una pastilla o un buen consejo. Él se nos entregó. Él vino. Entró en el espacio y el tiempo y el
sufrimiento.”10
En el centro de la historia bíblica hay un Dios que en realidad se adentra en el sufrimiento por
nosotros. El Nuevo Testamento de la Biblia enseña que Jesucristo era Dios en forma humana. Él
nació, vivió, murió y resucitó de entre los muertos para derrotar al mal y reconciliar con Dios a
aquellos que confían en él. Cuando Jesús fue colgado en la cruz, sufrió una de las peores muertes
imaginables, porque tomó todos los pecados de la humanidad. A pesar de su inocencia, él murió
por nuestros pecados.
Este es el mensaje principal de la Biblia, y es un mensaje de muy buenas noticias. En esencia, la
Biblia no es un libro de consejos o principios morales que nos ayudan a lidiar con el sufrimiento y
a tener una mejor vida. Fundamentalmente, es la historia de lo que Dios ha hecho por nosotros,
de cómo está reparando un mundo quebrantado; es un mensaje de esperanza a la luz de su
sufrimiento por nosotros.
Si Jesús era Dios entre nosotros, como afirma la Biblia, entonces no podemos ver el sufrimiento
de la misma manera. Como Dorothy Sayers escribió:
Por alguna razón Dios eligió hacer a la gente como es—limitada, que sufre y sujeta a penas y a la
muerte—tuvo la honestidad y la valentía para tomar una cucharada de su propia medicina.
Cualquiera que sea el juego que está jugando con su creación, ha mantenido sus propias reglas
y ha jugado de manera justa. Él no puede exigirnos algo que no se haya exigido antes a sí mismo.
Él mismo ha atravesado la experiencia humana completa, desde las irritaciones triviales de la vida
familiar y la falta de dinero hasta los peores horrores de dolor y humillación, derrota, desesperación
y muerte. Cuando era hombre, representó al hombre. Nació en la pobreza y murió en la desgracia
y pensó que todo valdría la pena.11
Por supuesto, el sufrimiento de Cristo no se llevó nuestro propio dolor inmediatamente. De hecho,
Jesús le aseguró a sus seguidores que efectivamente tendrían problemas en esta vida. 12Pero el
sufrimiento de Cristo da esperanza durante tiempos difíciles porque imparte algo que es más fuerte
que el sufrimiento: El amor de Dios, que el Apóstol Pablo llamó un “amor que sobrepasa nuestro
conocimiento.”13 Como explica Tim Keller:
Si hacemos una vez más la pregunta, “¿Por qué Dios permite que el mal y el sufrimiento
continúen?” y vemos la cruz de Jesús, aún no sabemos cuál es la respuesta. Sin embargo, ahora
sabemos cuál no es la respuesta. No puede ser que no nos ama. No puede ser que sea indiferente
o esté separado de nuestra condición. Dios toma nuestra miseria y sufrimiento tan en serio que
estuvo dispuesto a cargarlo él mismo.14
El Final del Sufrimiento
Aunque la Biblia no hace promesa alguna de llevarse nuestro sufrimiento en esta vida, sí nos da
esperanza de que el sufrimiento un día terminará para siempre. Al final de la Biblia, nos da una
visión gloriosa de un mundo venidero en el que todo el dolor y el sufrimiento se irán para siempre.
Apocalipsis 21:4 nos dice algo hermoso: “Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá
muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.”
La imagen de Dios limpiando las lágrimas de los ojos de su gente comunica no sólo el cese del
sufrimiento terrenal, sino también el consuelo para el sufrimiento terrenal. Al final de “El Señor de
los Anillos,” Samwise Gamgee pregunta, “¿Acaso todo lo triste era irreal? ”15 En la Biblia,
el cielo representa el lugar donde la tristeza no sólo termina, pero se convierte en irreal—para
siempre. Como C. S. Lewis escribió en su libro “El Gran Divorcio” (The Great Divorce), “Dicen de
algunos sufrimientos temporales, ‘no hay felicidad futura que pueda compensarse sin saber que
el cielo, una vez alcanzado, funcionará al revés y convertirá incluso esa agonía en una gloria.’”16La
Biblia ofrece este increíble regalo a todo aquel que se arrepiente del pecado y confía en Cristopara
la salvación. Según la Biblia, quienes rechazan esta salvación y persisten en una rebelión en
contra de Dios serán desterrados de la presencia de Dios y experimentarán una muerte eterna y
sufrimiento.17
Según la Biblia, Dios ya nos hizo la primera entrega de este hermoso final cuando resucitó a Jesús
de entre los muertos. Un día, lo que le sucedió a Jesús—la revocación de la muerte y la liberación
de la decadencia—sucederá a través de la creación; el mundo será redimido y hecho nuevo. 18 El
antídoto se extenderá a lo largo de todo el sistema. Esta visión de alegría como el destino final de
la creación redimida explica nuestro anhelo de felicidad permanente y esa sensación que a veces
tenemos de estar fuera de lugar en este mundo. El teólogo Chesterton dijo:
El hombre es más él mismo, el hombre es más parecido al hombre, cuando la alegría es lo
fundamental en él y el dolor lo superficial. La melancolía debería ser un interludio inocente, un
estado de ánimo tierno y fugitivo; la alabanza debería ser la pulsación permanente del alma. El
pesimismo en el mejor de los casos es una semi-vacación emocional; la alegría es el trabajo
estruendoso por el cual todas las cosas en viven.19
Ya sea que creas o no en esta visión del triunfo de la alegría y la descomposición del sufrimiento,
tienes que admitir que este es un pensamiento hermoso.
Respondiendo al Sufrimiento
Pero, ¿qué hacemos con todo esto? ¿Cuál es el beneficio práctico cuando estamos activamente
sufriendo en el aquí y ahora?
El sufrimiento puede producir resultados muy diferentes en la vida de las personas, dependiendo
de cómo respondan a él. La misma experiencia dolorosa puede hacer a una persona amargada,
estrecha y mezquina y a otra persona más dulce, más humilde y más paciente. ¿Qué hace la
diferencia?
Un aspecto importante de la enseñanza de la Biblia es el llamado a perseverar con integridad
mediante el sufrimiento. Santiago enseñó que ante las pruebas nos debemos considerar “muy
dichosos” porque éstas producen constancia.20 El Apóstol Pablo llevó el concepto aún más lejos,
diciendo que “el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la
entereza de carácter, esperanza.”21 El Nuevo Testamento repetidamente llama a los cristianos a
ponerse en pie bajo el sufrimiento injusto e incluso a regocijarse en él a la luz de los propósitos
redentores de Dios.22
El sufrimiento puede endulzarnos y profundizarnos. El sufrimiento puede envenenarnos y
amargarnos. Tenemos una opción.
Viktor Frankl era un psicólogo judío que pasó años en un campo de concentración Nazi durante el
Holocausto. Tras su liberación, escribió sobre sus experiencias y observaciones. En su libro “El
Hombre en busca del Sentido Último,” escribió: “Al hombre se le puede quitar todo excepto una
cosa: La elección de una actitud personal ante ciertas circunstancias para decidir su propio
camino.”23
El Testimonio de Personas que Sufren
Las voces de las personas que sufren a lo largo de los siglos han clamado sobre la diferencia que
Dios hace en medio del sufrimiento. William Cowper era un poeta cristiano que sufrió terriblemente.
Cuatro veces se volvió loco, intentó suicidarse en varias ocasiones y se vio debilitado por
depresión durante largos períodos de tiempo, incluidos los últimos diez años de su vida. En medio
de una de sus más oscuras luchas, le escribió a un amigo:
Es con gran renuencia que escribo, sabiendo que puedo decir nada más lo que sé te angustia. Me
desespero de todo, y mi desesperación es perfecta, ya que se basa en una persuasión, de que no
hay alguna ayuda eficaz para mí, ni siquiera en Dios. Desde las cuatro de la mañana hasta
después de las siete estuve meditando terrores; terrores tales que ni el lenguaje puede expresar
y que ningún corazón, estoy seguro, sólo el mío lo sabe. La punta de mis dedos se estremecieron
con él.24
En otra carta confesó, “Una cosa y sólo una se queda para mí, el deseo de que yo jamás hubiera
existido.”25
Pero la desesperación de Cowper no es la suma y el total de su vida. En sus cartas, así como en
su poesía e himnos, hay otra línea de pensamiento—uno de esperanza, paciencia y fe en Dios.
En uno de sus himnos más famosos, escribió:
No juzguéis al Señor con vuestros
Débiles sentidos,
Sino confiad en su gracia;
Detrás de una providencia de ceño fruncido
Él esconde un rostro sonriente.
Sus propósitos madurarán con rapidez,
Abriéndose hora tras hora;
El capullo tendrá amargo sabor,
Pero dulce será la flor.
La ciega incredulidad yerra con seguridad,
Y escudriña en vano su obra;
Dios es su propio intérprete,
Y Él es quien la dará a conocer.26
La vida y las escrituras de Cowper nos recuerdan que, tan poderoso como sea el sufrimiento, Dios
es más poderoso. Tan real como sea el sufrimiento, Dios es más real. Tan profundo como pueda
llegar el sufrimiento, Dios va más profundo. Como Corrie Ten Boom escribió mientras languidecía
en una prisión Nazi en 1944: “No hay un hoyo tan profundo, sino que el amor de Cristo es aún
más profundo.”
Sufrimiento y Teodicea
Esta historia bíblica tiene un sorprendente poder para ayudarnos a resolver el sufrimiento en
nuestras vidas. Pero, por supuesto, hay una pregunta filosófica más básica a nuestro alcance: En
primer lugar, ¿por qué Dios creó un mundo en el que había la posibilidad de sufrir? Si él es
todopoderoso y absolutamente bueno, ¿por qué no ha eliminado la posibilidad de sufrir en
absoluto?
Durante siglos, los cristianos han respondido a esta pregunta, que a menudo se llama el Problema
del Mal, con muchas diferentes teodiceas—defensas del carácter bueno y poderoso de Dios a
pesar de la existencia del mal. “El Paraíso Perdido” de John Milton, uno de los poemas épicos más
respetados en el idioma inglés, está devotamente dedicado a este tema.
Pero quizás la respuesta más influyente ante el Problema del Mal es la “teodicea del libre albedrío”
de Agustín de Hipona (354-430). Agustín enseñó que el mal es simplemente la privación del bien;
existe como una posibilidad necesaria en un mundo de criaturas libres y moralmente conscientes.
Según esta manera de pensar, si Dios quisiera un mundo sin posibilidad alguna de dolor, él habría
tenido que crear un mundo sin posibilidades de libre elección o amor verdadero—un mundo de
robots, no de personas.
Otro filamento temprano del pensamiento cristiano, representado por teólogos tales como el
Origen de Alejandría (184/185 – 253/254), puede ser llamado “teodicea de los bienes más
grandes.” En esta defensa, se dice que Dios permite el mal porque en última instancia él está
usando el mal para lograr un bien más grande. La mayoría de las personas pueden identificarse
con esto al menos hasta cierto punto; algunos de nosotros podemos reflexionar en algún momento
en el cual pensábamos que algo estaba mal y al final resultó para ser para bien. Si Dios puede
convertir un mal en bien, entonces el argumento sería, ¿por lo tanto no es posible—dado suficiente
tiempo y sabiduría—que Dios pueda convertir todo el mal en bien?
Debido a tales posibilidades—y la finitud del conocimiento humano sobre lo que haría un Dios
perfecto en un determinado conjunto de circunstancias—incluso muchos ateos y agnósticos
contemporáneos reconocen que el Problema del Mal, tiene a lo sumo, un argumento probabilístico.
Se plantea interrogantes para el teísta, pero no hace el teísmo imposible.
El periodista cristiano Malcolm Muggeridge reflexionó el sufrimiento en su vida de esta manera:
Contrario a lo que podría esperarse, volteo hacia atrás a las experiencias que en aquel momento
parecían especialmente desoladoras y dolorosas. Ahora vuelvo atrás hacia ellas con particular
satisfacción. De hecho, puedo decir con total sinceridad que todo lo que he aprendido en mis
setenta y cinco años en este mundo, todo lo que realmente ha mejorado e iluminado mi existencia
ha sido a través de la aflicción y no de la felicidad ya sea que fuera perseguida o alcanzada. En
otras palabras, esto digo, si fuera posible eliminar la aflicción de nuestra existencia terrenal por
medio de alguna droga u otras palabrerías, los resultados no serían para hacer que la vida fuera
deliciosa, sino para hacerla demasiado banal y trivial como para aguantarla. Esto, por supuesto,
es lo que significa la cruz y la cruz, más que nada, es lo que me ha llamado inexorablemente a
Cristo.27
El Problema de la Felicidad y el Bien
Las teodiceas pueden ser útiles. Pero supón que uno encuentra como insuficientes las
tradicionales respuestas cristianas a la cuestión del mal y se siente obligado a negar la existencia
de Dios. En este punto, el problema del sufrimiento se convierte en un problema aún mayor.
Después de todo y en ese momento, ¿cómo puede decir uno que hay tal cosa como el mal? ¿Por
qué sufrir es realmente objetivamente malo y no meramente personalmente inconveniente? C. S.
Lewis llegó a darse cuenta de ello en su propio viaje fuera del ateísmo:
Mi argumento en contra de Dios era que el universo parecía muy cruel e injusto. ¿Pero cómo
obtuve esta idea de justo e injusto? Un hombre no llama torcida a una línea al menos que tenga
la idea de una línea recta. ¿Con qué estaba yo comparando este universo cuando lo llamé injusto?
Si todo el espectáculo era malo y sin sentido de la A a la Z, por así decirlo, ¿por qué yo—que se
supone debía ser parte del espectáculo—me encuentro en tal reacción violenta contra él? Un
hombre se siente mojado cuando se cae en el agua, porque el hombre no es un animal de agua:
Un pez no se sentiría mojado. Por supuesto, podría haberte dado mi idea de justicia diciendo que
no era nada más que una idea propia privada. Pero si hubiera hecho eso, mi argumento contra
Dios se hubiera derrumbado también—el argumento dependía sólo de decir que el mundo era
muy injusto y no simplemente que no complacía mis caprichos privados.28
En otras palabras, el sufrimiento y el mal son problemas para todos, teístas y ateos por igual. El
teísta sabe por qué los aborrece, porque el teísta cree que el sufrimiento y el mal son una
desviación de una norma real, una caída desde un bien real. El ateo, por el contrario, debe
proporcionar una explicación de por qué son tan trágicos el sufrimiento y muerte.
La película “Un Día para Sobrevivir” (The Grey) plantea esta pregunta dramáticamente: Si en
última instancia, la muerte es todo lo que hay, ¿por qué su presentación desde un punto de vista
nihilista es tan escalofriante, tan inquietante y tan conmovedora? ¿Por qué el personaje de Liam
Neeson valora tanto las fotografías de los miembros de la familia en las carteras de los otros
personajes? ¿Por qué clamó a Dios por una respuesta, si allí no había Dios alguno para que se le
solicitara nada? ¿Por qué la muerte es trágica, si la muerte es el rey?
Si al creyente se le pide que proporcione una teodicea, al incrédulo se le puede pedir que
proporcione una explicación de su deseo por la teodicea. Si el sufrimiento y el mal son
desconcertantes dentro de teísmo, la felicidad y el bien sólo pueden ser incomprensibles dentro
del ateísmo.
Una Útima Nota
Una cosa es hablar el problema del sufrimiento en lo abstracto. Otra cosa es experimentar el
sufrimiento en nuestras vidas o verlo dramatizado en las vidas de otras personas. La novela clásica
“Los Hermanos Karamazov” de Fiódor Dostoievski es una dramatización de gran alcance de la
naturaleza redentora del sufrimiento. El personaje de Iván da una expresión desgarradora del
Problema del Mal en un discurso en el libro V, capítulos 3 y 5, y ningún otro personaje en el libro
realmente da una respuesta.
Está tan enérgica y empáticamente articulado que uno se pregunta si es el punto de vista de
Dostoievski brillando a través de palabras de Iván. El enfoque de Iván en el sufrimiento de los
niños a lo largo de su discurso se agrega a esta sospecha, teniendo en cuenta que la escritura de
la novela de Dostoievski se interrumpió en mayo de 1878 por la trágica muerte de su hijo de tres
años.
Pero los acontecimientos de la historia debilitan el argumento de Iván. La narrativa abruma la
lógica. La filosofía de Iván es el razonamiento utilizado por el personaje Smerdiakov para cometer
la tragedia central de la trama: El asesinato del padre de Iván. E Iván se vuelve loco al tratar de
llegar a un acuerdo con su indirecta complicidad en el asesinato de su propio padre. No hay duda
que Dostoievski entiende la perspectiva de Iván desde adentro hacia afuera—y sin embargo
finalmente, demuestra su imposibilidad.
En la conclusión del libro XI, Aliosha, el héroe extrañamente silencioso del libro, reflexiona sobre
la locura de Iván:
[Aliosha] empezó a comprender la enfermedad de Iván: “¡Los tormentos de una decisión orgullosa,
una conciencia profunda!” Dios, en quien no creyó, y su verdad fueron superando su corazón, que
todavía no se ha querido someter. . . . Aliosha sonrió suavemente: “¡Dios ganará!” pensó. “Él se
alzará a la luz de la verdad, o perecerá en el odio, tomando venganza sobre sí mismo y sobre todo
el mundo por haber servido a algo en lo que él no cree,” Aliosha añadió amargamente y una vez
más oró por Iván.29
En “Los Hermanos Karamazov” y en nuestra vida real, no hay nada que pueda quitar la dificultad
del sufrimiento. Algún sufrimiento—al menos en esta vida—no tiene respuesta inmediata además
del llanto. Pero sin embargo, la fe difícil en Dios puede estar a la luz del dolor terrible en este
mundo, su única alternativa es una desesperación inhabitable. Y si rechazar a Dios sólo agrava el
problema del sufrimiento, la opción más inteligente—sin importar lo difícil que pueda ser—es
confiar en que al final Dios es lo suficientemente grande para tener una respuesta para el
sufrimiento.