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LOS EVANGELIOS

según
Mateo, Marcos,
Lucas y Juan

Versión directa del griego al español de

Ernesto de la Peña
LOS EVANGELIOS
según
Mateo, Marcos,
Lucas y Juan
Advertencia

E sta versión de los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan no tiene


más pretensión que la de servir al pueblo de México en sus lecturas
bíblicas. Hasta donde lo permite la lengua española, me he apegado al texto
griego original, siguiéndolo en sus pormenores, aunque tratando de aclarar los
pasajes más difíciles y hacerlos más accesibles al lector.

Sólo de manera eventual, cuando el texto evangélico ofrece un aspecto


extraño de difícil comprensión, he seguido algunas lecturas recomendadas por
los biblistas contemporáneos, como las que propone Luis Alonso Schökel, que
tiene merecida autoridad en estos asuntos. En estos raros casos, sin embargo,
incluí estas versiones en las notas, sin incorporarlas a mi traducción del texto
evangélico, que sigue la norma de la literalidad, a pesar del riesgo de que la
acusen de anticuada. En medida de lo factible y sin descartar las deficiencias y
errores que se me puedan imputar, mi norma ha sido siempre el apego a lo que
podría llamarse “la verdad griega de los evangelios”.

Por respeto a las normas ortográficas de nuestra lengua, tan precisas y tan
rotundas, he roto con la tradición: algunos nombres que se han escrito siempre
de una manera, aparecen aquí con la grafía que recomienda el buen uso del

4
5 ernesto de la peña

español, por ejemplo Ecequiel (y no Ezequiel) o Cebedeo (en lugar de


Zebedeo).

Pero en ciertos casos, y en beneficio de la claridad, he tenido que transigir


con las viejas costumbres, aunque con ello rompa la uniformidad que sería
deseable: en las abreviaturas con que se suelen citar los nombres de los libros
de la Biblia he dejado las formas habituales, que todos siguen empleando, y,
así, por ejemplo, se puede ver todavía Ez (y no Ec).

Abrigo el deseo de que esta versión mexicana de los cuatro evangelios que
la Iglesia católica considera canónicos contribuya a su difusión en mi país, tan
urgido de orientación sana y mensajes de aliento espiritual. Si lo consigo, se
habrán colmado todas mis esperanzas.

22 de febrero de 1996
Ernesto de la Peña
Evangelio según Mateo

Capítulo uno

1
L ibro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. 1
2
Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judas
y a sus hermanos. 3Judas engendró en Tamar a Fares y a Zara; Fares engendró a
Esrón; Esrón engendró a Arán. 4Arán engendró a Aminadab; Aminadab engendró
a Naasón; Naasón engendró a Salmón. 5Salmón engendró en Racab a Booz; Booz
engendró en Rut a Obed; Obed engendró a Jesé. 6Jesé engendró al rey David; David
engendró a Salomón en la mujer de Urías.
7
Salomón engendró a Roboán; Roboán engendró a Abías; Abías engendró a
Asaf. 8Asaf engendró a Josafat; Josafat engendró a Jorán; Jorán engendró a Ocías.
9
Ocías engendró a Joatán; Joatán engendró a Acaz; Acaz engendró a Ecequías;
10
Ecequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amós; Amós engendró a
Josías. 11Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos cuando la deportación a
Babilonia.2

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel


12

engendró a Zorobabel, 13Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliacín;

6
7 ernesto de la peña

Eliacín engendró a Azor. 14Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquín; Aquín
engendró a Eliud. 15Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán
engendró a Jacob. 16Jacob engendró a José, esposo de María, de la cual nació Jesús,
el llamado Cristo.3

Así pues, todas las generaciones, desde Abrahán hasta David, son catorce; y
17

desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; y desde la


deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
18
El nacimiento de Cristo fue así: estando su madre, María, comprometida con
José, antes de que estuvieran juntos, descubrió que estaba embarazada por obra del
Espíritu Santo. 19José, su prometido, que era justo, no quiso desprestigiarla y decidió
en secreto dejarla. 20Estaba pensando estas cosas cuando se le apareció en sueños un
ángel del Señor, diciendo: —José, hijo de David, no vaciles en recibir a María, tu
mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21Parirá, pues, a un hijo y
lo llamarás Jesús, porque salvará a su pueblo de sus propios pecados.4 22Todo esto
ocurrió para que se cumpliera lo dicho por el Señor a través del profeta, que dice:
23
“He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz a un hijo y le dirán por nombre
Emanuel”, lo cual, traducido, significa “Dios con nosotros”.5 24José, tras levantarse
de su sueño, hizo tal como le había mandado el ángel del Señor y tomó consigo a su
mujer. 25Y no la conoció hasta que tuvo a un hijo y le puso por nombre Jesús.

Capítulo dos
1
Después de que hubo nacido Jesús en Belén de Judea, en los días del rey Herodes,
llegaron a Jerusalén unos magos del oriente6 2diciendo: —¿Dónde está el rey de los
judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y vinimos a hacerle
homenaje.

Cuando oyó esto el rey Herodes se perturbó y toda Jerusalén junto con él. 4Y
3

congregó a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó
los evangelios 8

dónde habría de nacer el Ungido. 5Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así
fue escrito por el profeta:
6
“Y tú, Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la más pequeña entre las
ciudades principales de Judá, porque de ti saldrá un gobernante que apacentará a mi
pueblo, Israel.” 7
7
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, se informó detalladamente
con ellos del momento en que había aparecido la estrella. 8Y enviándolos a Belén,
dijo: —Vayan e infórmense exactamente acerca del niño, y cuando lo hayan
encontrado, avísenmelo, para que yo también vaya y le rinda homenaje. 9Y ellos se
fueron después de oír al rey, y la estrella que habían visto en el oriente iba marchando
delante de ellos hasta que, habiendo llegado, se detuvo encima de donde estaba el
niño. 10Y al ver la estrella se regocijaron mucho, con gran alegría. 11Y al entrar en la
casa vieron al niño con María, su madre, y prosternándose, le hicieron homenaje, y
abriendo sus tesoros le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra. 12Y puesto que,
por revelación, se les advirtió en un sueño que no regresaran a Herodes, por otro
camino volvieron a su país.
13
Una vez que se hubieron ido, un ángel del Señor se apareció en sueños a José,
diciendo: —Levántate y toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí
hasta que te diga; porque Herodes buscará al niño para matarlo. 14Y él se levantó,
tomó al niño y a su madre. por la noche, y se retiró a Egipto. 15Y permaneció allí
hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo dicho por el Señor a través del
profeta, que dice: “De Egipto llamé a mi hijo”.8
16
Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se encolerizó
mucho y mandó matar a todos los niños que había en Belén y todas las regiones
vecinas, desde los que tenían dos años hasta los de menos, según el tiempo que había
averiguado con los magos. 17Entonces se cumplió lo dicho por Jeremías, el profeta:

“En Ramá se oyó una voz de gran llanto y duelo: Raquel que llora a su hijos y
18

no quiere que le consuelen, porque ya no existen”.9


9 ernesto de la peña

19
Cuando murió Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños José, en
Egipto, 20diciendo: —Levántate y toma al niño y a su madre y ve a la tierra de Israel,
porque ya han muerto los que buscaban la vida del niño. 21 Entonces él se levantó y
tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel. 22Pero al oír que Arquelao
gobernaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, temió ir allá, y habiendo sido
instruido mediante una revelación que se le dio en un sueño, se retiró a la región de
Galilea.10 23Y cuando llegó, se estableció en la ciudad llamada Nazaret, para que se
cumpliera lo dicho por los profetas: que se lo llamarían nazareno.

Capítulo tres
1
En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, 2y
diciendo: —¡Arrepiéntanse, porque se ha acercado el reino de los cielos!11 3Porque
éste es aquel del que dice Isaías, el profeta:

Voz del que clama en el desierto:


Preparen el camino del Señor,
hagan planos sus senderos.12
4
Juan iba vestido de cerdas de camello y llevaba una correa de cuero en torno a la
cintura, y su alimento eran saltamontes y miel silvestre. 5Entonces salió hacia él
Jerusalén y toda la Judea y toda la gente de la región que bordea el Jordán. 6Y eran
bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
7
Y al ver a muchos fariseos y saduceos que venían a él para que los bautizara, les
dijo: —¡Criaturas de víboras!, ¿quién les enseñó a huir de la ira futura? 8Produzcan
un fruto digno del arrepentimiento 9y no se hagan ilusiones al decir: “Tenemos por
padre a Abrahán”, porque les digo que Dios puede extraer de estas piedras hijos para
Abrahán. 10Ya el hacha está puesta junto a la raíz de los árboles, pues todo árbol que
no produce fruto conveniente es cortado y arrojado al fuego. 11Yo los bautizo con
agua para el arrepentimiento: el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no soy
digno de quitarle las sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y con fuego; 12trae
los evangelios 10

el rastrillo en la mano y limpiará su era y juntará su trigo en el granero, pero quemará


la paja en fuego inextinguible.
13
Entonces, desde Galilea, llegó Jesús al Jordán, hasta Juan, para ser bautizado
por él. 14Pero Juan se lo impedía, diciendo: —Soy yo quien necesita ser bautizado
por ti, ¿y tú vienes a mí?

Jesús le contestó y le dijo: —¡Deja eso ahora, porque así es conveniente, que
15

cumplamos nosotros todo lo que es de justicia! Y entonces se lo permitió.


16
Una vez bautizado Jesús, salió en seguida del agua y los cielos se abrieron para
él y vio al espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él 17y una voz
desde los cielos decía: —Éste es mi hijo, el amado, en el que tuve contentamiento.13

Capítulo cuatro
1
Entonces Jesús fue conducido al desierto por el espíritu, para ser tentado por el
diablo. 2Y tras ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre al fin. 3Y,
acercándose, el tentador le dijo: —Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en panes.
4
Y él contestó, diciendo: —Está escrito:

No sólo de pan vivirá el hombre,


sino de toda palabra que salga
de la boca de Dios.14
5
Entonces lo llevó el diablo a la ciudad santa y lo puso en el pináculo del templo,
6
y le dijo: —Si eres hijo de Dios, lánzate hacia abajo, porque está escrito:

A sus ángeles les ordenará, respecto a ti,


que te levanten en sus manos
para que tu pie no se golpee con piedra alguna.15
7
Jesús le dijo: —También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.16
11 ernesto de la peña

Y entonces lo llevó el diablo a una montaña muy alta y le mostró todos los
8

reinos del mundo y su gloria 9y le dijo: —Te daré todo esto si, postrado, me adoras.
10
Entonces Jesús le contestó: —¡Vete, Satanás!, porque está escrito: “Al Señor tu
Dios harás reverencia y a él solo adorarás”.17
11
Entonces lo dejó el diablo y he aquí que llegaron ángeles que le servían.

Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea 13y dejando
12

Nazaret fue a vivir en Cafarnaún, la que está junto al lago, en tierras de Zabulón y
Neftalí, 14para que se cumpliera lo dicho por Isaías, el profeta:
15
Tierra de Zahulón y tierra de Neftalí,
camino del lago, más allá del Jordán,
Galilea de los paganos;18
16
el pueblo que está sentado en la oscuridad vio una gran luz y para los que
están sentados en región y sombra de muerte, brilló una luz.19

A partir de entonces, empezó Jesús a predicar y a decir: —¡Arrepiéntanse!,


17

porque se ha acercado el reino de los cielos.20


18
Mientras caminaba junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, Simón, el
llamado Pedro, y Andrés, su hermano, que lanzaban una red al lago, porque eran
pescadores. 19Y les dijo: —Vengan detrás de mí v los haré pescadores de hombres.
20
Y ellos, dejando inmediatamente sus redes, lo siguieron. 21Y siguió adelante y vio a
otros dos hermanos, a Santiago, hijo del Cebedeo, y a Juan, su hermano, en la barca
junto con Cebedeo, su padre, reparando sus redes, y los llamó. 22Y ellos, dejando
inmediatamente la barca y a su padre, lo siguieron.

Y recorrió toda Galilea enseñando en sus sinagogas y predicando el evangelio


23

del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia que padecía el pueblo. 24Y se
extendió su fama hasta toda Siria; y le llevaban a todos los que estaban mal por
padecer diversas enfermedades y afecciones y a los endemoniados, lunáticos y
paralíticos, y los curaba. 25Y lo seguía mucha gente de Galilea y la Decápolis y
Jerusalén y Judea y de más allá del Jordán.21
los evangelios 12

Capítulo cinco
1
Al ver a tal muchedumbre, subió a la montaña. Y estaba sentado cuando se
acercaron a él sus discípulos. 2Y abrió la boca y les enseñó, diciendo:

3
—Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos:
4
bienaventurados los que sufren,
porque serán consolados;
5
bienaventurados los mansos
porque ellos heredarán la tierra;
6
bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia,
porque quedarán saciados;
7
bienaventurados los compasivos,
porque se les tendrá compasión;
8
bienaventurados los puros de corazón,
porque verán a Dios;
9
bienaventurados los que hacen la paz,
porque serán llamados hijos de Dios;
10
bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
11
Sean bienaventurados cuando los insulten y los persigan y digan falsamente
malas cosas contra ustedes por causa mía. 12Alégrense y regocíjense porque su
recompensa será grande en los cielos: porque así persiguieron a los profetas que
hubo antes de ustedes.
13
Ustedes son la sal de la tierra y si la sal se echa a perder ¿con qué se sazonará?
Ya no servirá para nada, sino para ser echada fuera a que la pisoteen los hombres.
14
Ustedes son la luz del mundo: no puede permanecer oculta una ciudad que
esté arriba de una montaña; 15no se prende una lámpara para ponerla bajo un
13 ernesto de la peña

canasto, sino en un candelero y así alumbrará a todos los de la casa. 16Que así brille
la luz de ustedes enfrente de los hombres, para que vean las buenas obras de ustedes
y alaben al padre de ustedes, que está en los cielos.
17
¡No piensen que vine a destruir la ley o a los profetas: no vine a destruir sino
a cumplir!;22 18porque de verdad les digo que hasta que desaparezcan el cielo y la
tierra, ni una sola letra, ni un solo acento desaparecerá de la ley, hasta que todo haya
sucedido. 19Quien suprima uno solo de estos mandamientos mínimos y así lo enseñe
a los hombres, será llamado mínimo en el reino de los cielos; pero quien los cumpla
y los enseñe será llamado grande en el reino de los cielos. 20Porque les digo que si la
justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y los fariseos, no entrarán
ustedes en el reino de los cielos.

Ustedes han oído lo que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate,
21

será merecedor de condena.23 22Pero yo les digo que todo aquel que se enoje contra
su hermano, será merecedor de condena, y el que diga a su hermano “¡estúpido!”,
será merecedor de comparecer ante el sanedrín; pero el que le diga “¡impío!”, será
merecedor de la gehena de fuego. 23Si presentas tu ofrenda en el altar y allí recuerdas
que tu hermano tiene cualquier cosa en contra tuya, 24deja allí tu ofrenda, enfrente
del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano y después regresa y presenta
tu ofrenda. 25Sé benévolo con tu enemigo, pronto, mientras estés con él en el
camino; no sea que tu enemigo te entregue al juez y éste al guardián y que te pongan
en la cárcel. 26En verdad te digo que no saldrás de allí mientras no hayas pagado hasta
el último céntimo.
27
Ustedes oyeron que se dijo: “No cometerás adulterio”.24 28Yo les digo que
todo aquel que ve a una mujer para desearla, ya cometió adulterio en su corazón.
29
Si tu ojo derecho te escandaliza, ¡sácalo y arrójalo lejos de ti!, puesto que más te
conviene que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado a
la gehena. 30Y Si tu mano derecha te escandaliza, ¡córtala y lánzala lejos de ti!, porque
más te conviene que se pierda uno de tus miembros y no que se vaya a la gehena todo
tu cuerpo.
los evangelios 14

31
Se ha dicho: “El que repudia a su mujer, que le dé libelo de divorcio”.25 32Pero
yo les digo que todo el que repudia a su mujer, excepto por razón de prostitución,
la hace cometer adulterio, y aquel que se case con una mujer repudiada, cometerá
adulterio.
33
También oyeron ustedes lo que se dijo a los antiguos: “No jurarás en vano y
darás cuenta de tus juramentos al Señor”.26 34Yo les digo, sin embargo, que no juren
nunca: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, 35ni por la tierra, porque es donde
se apoyan sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey, 36ni por tu
cabeza jurarás, porque no puedes crear ni una cana ni un cabello negro.

Que sus palabras sean “sí, sí” y “no, no”, pues todo lo que exceda de esto
37

pertenece al mal.
38
Ustedes oyeron que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”;27 39pero yo les
digo que no se resistan al malvado sino que, al que te abofetee en la mejilla derecha,
ponle también la otra. 40Y a quien te quiera llevar al tribunal y despojarte de tu
túnica, entrégale también la capa. 41Y a quien te fuerce a caminar una milla,
acompáñalo dos. 42Da a quien te pida y no rechaces al que te quiera pedir prestado.
43
Ustedes oyeron que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo;28
44
pero yo les digo que amen a sus enemigos y que recen por los que los persiguen,
45
para que así se conviertan ustedes en hijos de su padre, que está en los cielos, que
hace que salga su sol sobre los malos y los buenos y hace llover sobre justos e injustos.

Porque si aman ustedes a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No
46

hacen lo mismo los recaudadores de impuestos?29 47Y si sólo sienten cariño a sus
hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48Sean
ustedes perfectos, tal como su padre celestial es perfecto.
15 ernesto de la peña

Capítulo seis
1
Tengan cuidado de no ejercer su justicia enfrente de los hombres para ser vistos por
ellos, porque, si no lo hacen, no tendrán recompensa con su padre, que está en los
cielos.

Así pues, cuando des una limosna, no la proclames frente a ti, como hacen los
2

hipócritas en las sinagogas y las calles, para ser ensalzados por los hombres; de verdad
les digo que no tienen mérito alguno. 3Cuando des una limosna, que no sepa tu
mano izquierda qué hace la derecha, 4para que tu limosna quede en lo escondido y
tu padre, que ve en lo escondido, te retribuya él mismo.
5
Y cuando recen, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en
las sinagogas y en las esquinas de las plazas para hacerse evidentes ante los demás;
porque de verdad les digo que no tendrán recompensa. 6Cuando reces, entra en tu
cuarto más secreto y, después de cerrar la puerta, reza a tu padre que está en lo
escondido y tu padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Al rezar, no uses palabras huecas, como los paganos, que se imaginan que se les
7

oirá por su palabrería vana. 8No se parezcan a ellos, porque el padre de ustedes sabe
qué es lo que necesitan, antes de que se lo hayan pedido.
9
Recen, pues, así:

Padre nuestro, que estás en los cielos,


que se santifique tu nombre,
10
que llegue tu reino,
que se haga tu voluntad,
tanto en el cielo como sobre la tierra.
11
El pan que nos sea necesario dánoslo hoy
12
y perdónanos nuestras ofensas,
así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden
los evangelios 16

13
y no nos induzcas en tentación,
sino sálvanos del mal.

14
porque si ustedes perdonan a los demás sus transgresiones, también su padre
celestial los perdonará a ustedes, 15y si no perdonan a los demás, tampoco su padre
celestial perdonará sus transgresiones.
16
Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que contraen la
cara para que los otros noten que están ayunando; de verdad les digo que no tienen
recompensa alguna. 17Cuando estés ayunando, perfúmate la cabeza y lávate la cara,
18
para que los hombres no noten que estás ayunando, sino que lo vea tu padre, que
está en lo escondido, y tu padre, que ve en lo escondido, te retribuirá.

No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los deterioran y los


19

ladrones hacen horadaciones y los roban. 20Acumúlense tesoros en el cielo, donde


ni la polilla ni el orín los deterioren y los ladrones no hagan horadaciones ni los
roben. 21Porque donde está tu tesoro estará también tu corazón.
22
La lámpara del cuerpo es el ojo: así, pues, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo
será luminoso, 23pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará oscuro; y si la luz
que hay en ti es oscuridad ¡qué gran oscuridad!30

Nadie puede servir a dos señores, porque o bien odiará a uno y amará al otro
24

o a uno será leal y despreciará al otro. No pueden ustedes servir a Dios y al dinero.31

Por eso les digo que no se preocupen en su alma por lo que comerán o beberán,
25

ni por aquello con que vestirán su cuerpo: ¿no es el alma más que el alimento y el
cuerpo más que el vestido? 26Contemplen a las aves del cielo, que no siembran, ni
siegan, ni almacenan en bodegas y el padre de ustedes, que está en los cielos, las
alimenta: ¿no valen ustedes más que ellas? 27¿Quién de ustedes, por mucho que se
afane, podrá agregar un codo a su estatura? 28Y de los vestidos, ¿por qué se
preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan, ni hilan 29y
digo a ustedes que ni siquiera Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
17 ernesto de la peña

30
Si a la hierba que hoy está en el campo y que mañana será arrojada al horno Dios
la viste de tal manera, ¿no hará mucho más con ustedes, hombres de poca fe? 31Por
eso, no se preocupen diciendo: “Qué comeremos?, o ¿qué beberemos?, o ¿con qué
nos vestiremos?” 32Porque todas estas cosas las buscan los paganos; porque ya sabe
su padre celestial que ustedes necesitan todas estas cosas. 33Busquen, pues, primero
el reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se les darán por añadidura. 34 Así pues,
no se preocupen por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación: a
cada día le basta su propio mal.

Capítulo siete
1
—No juzguen, para no ser juzgados, 2porque con el mismo juicio con que juzguen
serán juzgados, y con la medida que midan serán medidos. 3¿Por qué ves la paja en
el ojo de tu hermano, pero no percibes la viga que tienes en tu propio ojo? 4º ¿cómo
dirás a tu hermano: “¡Déjame que te saque la paja del ojo!”, si tienes la viga en tu
propio ojo? 5 ¡Hipócrita! ¡Saca primero la viga de tu propio ojo y después verás con
claridad para sacar la paja del ojo de tu hermano! 6No den lo sagrado a los perros, ni
tiren sus perlas enfrente de los cerdos; no sea que las pisoteen con sus pezuñas y se
den vuelta y los destrocen a ustedes.

Pidan y se les dará; busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá; 8porque todo
7

el que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que toca se le abrirá. 9¿O acaso hay
entre ustedes un hombre que dé una piedra a su hijo si éste le pide pan? 10O si le pide
pescado, ¿le dará una serpiente? 11Así pues, si ustedes, que son malos, saben hacer
buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su padre, que está en los cielos, dará bienes
a quienes se los piden? 12Todas las cosas que quieran que hagan por ustedes los
demás, háganlas ustedes por ellos: porque ésta es la ley y los profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y de cómodo paso el


13

camino que conduce a la perdición y son muchos los que han entrado por ella.
los evangelios 18

¡Qué angosta es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida y qué
14

pocos son los que lo han encontrado!

Tengan cuidado de los falsos profetas que llegan a ustedes vestidos con ropaje
15

de ovejas, pero que por dentro son lobos voraces. 16Por sus frutos los conocerán;
¿acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? 17Pues todo árbol sano
produce frutos sanos y el árbol dañado produce frutos malos. 18El árbol sano no
puede producir frutos malos, ni el dañado puede dar frutos sanos. 19Todo árbol que
no dé fruto sano debe ser cortado y echado al fuego. 20Así pues, por sus frutos los
conocerán ustedes.

No todo el que me dice: “¡Señor, señor!” entrará en el reino de los cielos, sino
21

el que cumpla la voluntad de mi padre, que está en los cielos. 22Muchos me dirán en
ese día: “¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en tu nombre y en nombre tuyo
expulsamos demonios e hicimos muchos portentos en tu nombre?” 23Y entonces les
confesaré: “Nunca los he conocido: ¡apártense de mí los que practican la injusticia!”.

Todo el que oiga estas palabras mías y las observe se asemejará al hombre
24

prudente que edificó su casa sobre piedra. 25Y cayó la lluvia y vinieron los ríos y
soplaron los vientos y se abatieron sobre esa casa y no se vino por tierra, porque
estaba cimentada sobre piedra. 26Y todo el que oiga estas palabras mías y no las
observe, se parecerá al hombre torpe que construyó su casa sobre arena. 27Y cayó la
lluvia y vinieron los ríos y soplaron los vientos y golpearon esa casa y se cayó y su
caída fue grande.

Y sucedió que cuando acabó Jesús de decir estas palabras la gente se


28

maravillaba de su enseñanza, 29 porque les impartía su enseñanza como quien tiene


autoridad y no como lo hacían sus escribas.

Capítulo ocho
1
Cuando bajó del monte lo siguió mucha gente. 2Y se le acercó un leproso que le
rindió homenaje diciendo: —Señor, si quieres, me puedes purificar. 3Y él extendió
19 ernesto de la peña

la mano y lo tocó, diciendo: —Lo quiero: ¡purifícate!, e inmediatamente sanó de la


lepra. 4Y le dijo Jesús: —Cuida de no decirlo a nadie, pero ve y muéstrate al sacerdote
y lleva la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.
5
Cuando entró en Cafarnaún se le presentó un centurión, 32 suplicándole 6y
diciendo: Señor, mi sirviente está postrado en la casa, paralítico, sufriendo
terriblemente. 7Y le dijo: —Iré y lo curaré. 8Yel centurión le contestó, diciendo: —
Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, pero di una sola palabra y se curará
mi sirviente. 9Yo, en efecto, soy hombre sometido a disciplina y tengo a soldados
bajo mis órdenes, y si le digo a éste: “¡Ve!”, va, y a otro: “¡Ven!”, viene, y si a mi siervo
le digo: “Haz esto”, lo hace.

Cuando Jesús lo oyó, se admiró y dijo a los que lo seguían: —En verdad les
10

digo que en nadie encontré una fe igual en Israel. 11Les digo que vendrán muchos
hombres de las regiones de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán,
Isaac y Jacob, en el reino de los cielos. 12Y los hijos del reino serán lanzados a la
oscuridad de afuera: allí serán el llanto y el crujir de dientes. 13Y dijo Jesús al
centurión: —Ve: tal como creíste, así sucederá. Y se curó su sirviente en esa misma
hora.
14
Y cuando llegó Jesús a la casa de Pedro vio a su suegra en cama, con calentura;
15
y le tocó la mano y la abandonó la fiebre y se levantó y lo atendió. 16Y cuando llegó
la noche le llevaron a muchos endemoniados y expulsó a los espíritus con la palabra
y curó a todos los enfermos, 17para que se cumpliera lo dicho por Isaías, el profeta:

Él cargó sobre sí nuestros padecimientos


y padeció enfermedades.33

Al ver Jesús que mucha gente lo rodeaba, ordenó que fueran a la otra orilla.
18

19
Y acercándosele, un escriba le dijo: —Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas.
20
Y Jesús le dijo: —Las zorras tienen sus madrigueras y los pájaros del cielo sus nidos,
los evangelios 20

pero el Hijo del Hombre no tiene dónde apoyar la cabeza. 21Otro de sus discípulos
le dijo: —Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. 22Y Jesús le dijo:
—Sígueme y deja que los muertos entierren a sus propios muertos.
23
Y cuando entró en la barca lo siguieron sus discípulos. 24Y se desató una
tempestad grande en el lago, de modo que la barca quedaba oculta por las olas, pero
él estaba dormido. 25Y llegaron a él y lo despertaron diciendo: —Señor: ¡sálvanos,
que perecemos! 26Y les dijo: —¿Por qué son cobardes, hombres de poca fe? Y,
levantándose, dio órdenes a los vientos y al lago y se hizo una calma chicha. 27Y los
hombres se maravillaron y dijeron: —¿Quién es éste, que hasta los vientos y el lago
lo obedecen?

Ycuando fue a la otra orilla, a la región de los gadarenos, se le pusieron enfrente


28

dos endemoniados que salían de las tumbas y eran tan malos que nadie podía pasar
por aquel camino. 29Y gritaron, diciendo: —¿Qué te importamos nosotros, hijo de
Dios? ¿Viniste aquí a atormentarnos antes de tiempo? 30Había, lejos de ellos, una
piara de muchos cerdos, que hozaban. 31Y los demonios le suplicaron, diciendo: —
Si nos expulsas, lánzanos a la piara de cerdos. 32Y les dijo: —¡Váyanse! Y salieron y se
fueron a los cerdos y entonces toda la piara se arrojó desde el acantilado hacia el lago,
y murieron en las aguas. 33Y los que los apacentaban huyeron, y al llegar a la ciudad
lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados. 34Y entonces toda la ciudad salió
al encuentro de Jesús y al verlo le rogaron que pasase de largo, más allá de sus
fronteras.

Capítulo nueve
1
Y entró en la barca y cruzó al otro lado y fue a su propia ciudad. 2Y entonces le
llevaron a un paralítico que estaba en una camilla. Y al ver Jesús la fe que tenían, dijo
al paralítico: —¡Ten valor, hijo!, tus pecados te han sido perdonados. 3Y algunos de
los escribas dijeron: —Éste blasfema. 4Y sabiendo Jesús lo que pensaban, les dijo: —
¿Por qué están pensando malas cosas en su corazón? 5¿Qué es más sencillo, decir:
21 ernesto de la peña

“Tus pecados te han sido perdonados”, o decir: “¡Levántate y camina!”? 6Pues para
que vean que tiene poder el Hijo del Hombre en la tierra para perdonar los pecados
(entonces dijo al paralítico): —¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa! 7Y se
levantó y se fue a su casa. 8Al ver esto, la gente se amedrentó y alababa a Dios que da
tal poder a los hombres.

Y al irse Jesús de allí vio a un hombre sentado frente al banco de los


9

recaudadores de impuestos, llamado Mateo, y le dijo: —¡Sígueme! Y se levantó y lo


siguió. 10Y sucedió que estaba en casa, a la mesa, y llegaron muchos recaudadores de
impuestos y pecadores y se pusieron junto a él a la mesa, al lado de Jesús y sus
discípulos. 11Y al ver aquello los fariseos preguntaron a sus discípulos: —¿Por qué
come su maestro con los recaudadores de impuestos y los pecadores? 12Y él, al oírlos,
dijo: —Los sanos no son los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13
Sigan adelante y aprendan lo que significa “Quiero misericordia y no sacrificio”,
porque no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores.34

Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: —¿Por qué nosotros


14

y los fariseos ayunamos mucho y tus discípulos no ayunan? 15Y Jesús les dijo: —
¿Pueden afligirse los invitados del novio mientras éste está con ellos? Llegarán días
en que el novio será llevado lejos de ellos y entonces ayunarán. 16Nadie pone un
remedio de tela nueva sobre un manto viejo, porque el remedio tira del manto y se
hace un rasgón peor. 17No se vierte vino nuevo en odres viejos, pues, si se hace, se
rompen los odres y se derrama el vino y los odres se echan a perder, sino que se vierte
vino nuevo en odres nuevos y los dos se conservan.

Estaba diciéndoles estas cosas cuando llegó un hombre principal que,


18

suplicándoles, le dijo: —Mi hija ha muerto ya, pero si vienes y le pones la mano
encima, vivirá. 19Y Jesús se levantó y lo siguió, junto con sus discípulos. 20Y. entonces
una mujer que padecía hemorragias desde doce años antes se acercó a él por atrás y
tocó la orla de su manto, 21porque se dijo en sí misma: “Basta con que toque su
manto para curarme”. 22Y Jesús se volvió y, al verla, dijo: —¡Ten valor, hija!, tu fe te
ha salvado. y la mujer se curó a partir de aquella hora.
los evangelios 22

23
Y llegó Jesús a la casa de este hombre principal y vio a los flautistas y a la gente,
que estaban haciendo ruido 24y dijo: —Retírense, porque no ha muerto todavía la
muchacha, sino que está dormida. Y se burlaban de él. 25Y cuando sacaron a la gente,
él, acercándose, la tomó de la mano y la muchacha se levantó. 26Y la fama de aquello
se extendió por toda esa región.
27
Y al salir de allí, siguieron a Jesús dos ciegos, que gritaban y decían: —¡Tren
piedad de nosotros, hijo de David! 28Y al entrar en la casa se le presentaron los ciegos
y Jesús les dijo: —¿Creen ustedes que yo puedo hacerlo? Y le contestaron: —Sí,
Señor. 29Entonces tocó los ojos de ellos diciendo: —Que suceda según la fe que
ustedes tienen. 30Y se les abrieron los ojos y Jesús les intimó, diciendo: —Tengan
cuidado de que nadie lo sepa. 31Pero al salir, divulgaron lo sucedido por toda aquella
región.

Cuando salían, le llevaron a un hombre mudo, que estaba endemoniado. 33Y


32

cuando expulsó al demonio, el mudo habló y la gente se admiró, diciendo: —Nunca


había sucedido esto en Israel. 34Y los fariseos dijeron: —En nombre del jefe de los
demonios expulsa a los demonios.

Y recorrió Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas y


35

predicando el evangelio del reino y curando cualquier enfermedad y cualquier


padecimiento. 36Y se apiadó de la gente al ver que estaba maltrecha y decaída, como
ovejas que no tienen pastor. 37Y dijo entonces a sus discípulos: —La cosecha es
abundante, pero los labradores pocos. 38Así, pues, pidan al dueño de la cosecha que
mande a más trabajadores para cuidarla.

Capítulo diez
1
Y llamando a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus
impuros y para curar toda enfermedad y toda afección.

Los nombres de los doce apóstoles son: primero, Simón, llamado Pedro, y su
2

hermano Andrés; Santiago, hijo de Cebedeo, y su hermano Juan. 35 3Felipe y


23 ernesto de la peña

Bartolomé, Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, hijo de Alfeo, y


Tadeo; 4Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionó. 5A estos doce envió
Jesús, con estas instrucciones: —No vayan a la tierra de los paganos ni entren en la
ciudad de los samaritanos;36 6vayan, más bien, al lado de las ovejas descarriadas de la
casa de Israel.
7
Por el camino prediquen, diciendo que se ha acercado el reino de los cielos.
8
Curen enfermos, resuciten muertos, curen a leprosos, expulsen a demonios. Gratis
lo recibieron, denlo gratis.37 9No posean oro, ni plata, ni moneda menuda de cobre
que llevar en el cinto; 10 ni lleven alforjas para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias,
ni bastón, porque digno es el trabajador de su sustento. 11Cuando entren a una
ciudad o aldea, averigüen qué persona digna hay allí y quédense en su casa hasta que
se vayan. 12Al entrar a una casa, salúdenla. 13Si la casa fuere digna, que llegue a ella la
paz de ustedes; si no lo fuere, que su paz regrese a ustedes. 14Si hay alguien que no
los recibe o que no oye sus palabras, al salir de su casa o de la ciudad aquella, sacudan
el polvo de sus pies. 15En verdad les digo que el día del juicio será más tolerable para
Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.

Miren que los mando como a ovejas en medio de lobos; por eso, sean
16

cautelosos como las serpientes e ingenuos como las Palomas. 17Pero tengan cuidado
de los hombres porque los llevarán a sus tribunales y los azotarán en sus sinagogas.
18
Por causa mía serán conducidos ante gobernantes y reyes para que den testimonio
ante ellos y ante los paganos. 19Pero cuando los entreguen, no se preocupen por lo
que van a decir o por cómo lo dirán, pues lo que deben decir les será inspirado en
ese momento; 20porque no serán ustedes quienes hablen, sino el espíritu de su padre
que habla en ustedes. 21Un hermano entregará a su hermano a la muerte y un padre
a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán. 22Serán ustedes
odiados de todos a causa de mi nombre, pero quien soporte hasta el final, será
salvado.

Cuando en una ciudad los persigan, huyan a otra, porque de verdad les digo
23

que no habrán acabado de recorrer las ciudades de Israel cuando llegue el Hijo del
los evangelios 24

Hombre. 24Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo es más que su amo;
25
basta que el discípulo sea como el maestro y que el siervo sea como su amo. Si han
apodado Belcebú al jefe de la casa, ¡con mayor razónalos que la habitan!38
26
Así pues, no les tengan miedo, que no hay nada escondido que no se descubra,
ni nada encubierto que no llegue a saberse; 27lo que les digo en la sombra, díganlo
ustedes a la luz, y lo que oigan con la oreja, anúncienlo ustedes desde encima de las
casas. 28Tampoco tengan temor a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el
alma; teman, más bien, al que puede destruir el alma y cuerpo en la gehena.39 29¿No
se venden dos gorriones por una moneda de cobre? Y, sin embargo, ni uno solo caerá
por tierra sin que el padre de ustedes lo disponga. 30Hasta los pelos todos de la cabeza
de ustedes están contados. 31Por eso, no tengan miedo, que ustedes valen más que
muchos gorriones.

A todo aquel que me confiese ante los hombres, yo también lo confesaré ante
32

mi padre que está en los cielos; 33pero al que me niegue ante los hombres, también
yo lo negaré ante mi padre, que está en los cielos.
34
No crean que he venido a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada;
35
porque vine a enemistar al hombre contra su padre y a la hija contra su madre, a la
nuera contra la suegra.
36
Los enemigos del hombre serán los que están en su propia casa.40
37
El que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que
ame a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí,41 38y el que no tome su
cruz y me siga, no es digno de mí. 39El que encuentre su alma, la perderá; y el que
por mí pierda el alma, la encontrará.42

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a
40

quien me ha enviado. 41Quien recibe a un profeta bajo nombre de profeta, tendrá


recompensa de profeta; quien recibe a un justo bajo nombre de justo, tendrá
recompensa de justo; 42y quien dé de beber, aunque sea un vaso de agua fresca, a uno
25 ernesto de la peña

de estos humildes sólo porque es mi discípulo, no perderá su recompensa, lo


aseguro.

Capítulo once
1
Y sucedió que cuando terminó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, se
fue de allí para enseñar y predicar en las ciudades de ellos.

Juan, habiendo oído en la cárcel las obras que hacía el Cristo, a través de los
2

discípulos43 3le dijo: —¿Eres tú el que viene o debemos esperar a otro?44 4Jesús les
contestó y les dijo: —Vayan a contarle a Juan lo que oyen y ven; 5los ciegos vuelven
a ver y los cojos andan, los leprosos quedan curados y los sordos oyen, los muertos
resucitan y a los pobres se les anuncia la buena nueva.45 6
¡Dichoso el que no se
escandalice de mí!

Cuando se iban, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: —¿Qué salieron a


7

contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 8Si no, ¿qué salieron a
ver? ¿A un hombre elegantemente vestido? Los que visten con elegancia están en las
moradas de los reyes. 9Así pues, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, entonces les
digo que a más que a un profeta; 10porque éste es aquel de quien se ha escrito: “Mira,
yo envío a mi mensajero ante ti para que prepare tu camino enfrente de ti”.46
11
En verdad les digo que de los nacidos de mujer no ha nacido nadie más grande
que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande
que él. 12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, se hace violencia al reino de
los cielos, y los que la hacen lo quieren arrebatar;47 13porque todos los profetas y la
ley, hasta Juan, profetizaron.48 14Y si ustedes quieren recibirlo, él es Elías, el que va
a venir.49 15Quien tenga oídos, que oiga.

¿A quién compararé esta generación? Se parece a los niños que están sentados
16

en las plazas y que gritan a los otros, 17diciendo: “11emos tocado la flauta y ustedes
no bailaron, entonamos lamentos y ustedes no hicieron duelo”.
los evangelios 26

Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dijeron: “Está endemoniado”.


18

19
Viene ahora el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡He aquí un tragón
y bebedor, amigo de los recaudadores de impuestos y de los pecadores!”, pero su
sabiduría quedó justificada por sus propias obras.
20
Entonces empezó a reprochar a las ciudades donde había hecho la mayoría de
sus milagros el no haberse convertido. 21 —¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!
Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en ustedes, ya haría
tiempo que habrían hecho penitencia, cubiertas de saco y de ceniza. 22Pero yo les
digo que el día del juicio será más llevadero para Tiro y para Sidón que para ustedes.
23
Y tú, Cafarnaún, ¿no fuiste levantada hasta el cielo? Hasta el infierno serás
rebajada;50 pues si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que ahora en ti, habría
durado hasta hoy. 24Pero les digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma
que a ti.
25
En esa ocasión, dando contestación, Jesús dijo: —Te confieso, padre, señor
del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y los prudentes
y se las has descubierto a los ignorantes. 26Sí, padre, porque así se hizo tu placer frente
a ti. 27Todo me ha sido entregado por mi padre y nadie reconoce al hijo sino el padre;
nadie reconoce al padre sino el hijo y aquel a quien el hijo se lo quiere descubrir.

Acérquense a mí todos ustedes, cansados, llenos de cargas, porque yo les daré


28

descanso. 29Carguen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, porque soy manso y
humilde de corazón. Así encontrarán descanso para sus almas, 30porque mi yugo es
fácil de llevar y mi carga ligera.

Capítulo doce
1
En aquella ocasión, Jesús pasó un sábado por los sembradíos y sus discípulos, que
tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. 2Cuando los vieron los
fariseos le dijeron: —Mira, tus discípulos están haciendo lo que no es lícito hacer en
sábado. 3Y él les dijo: —¿No han leído lo que hizo David cuando él y sus
27 ernesto de la peña

acompañantes tuvieron hambre?51 4¿Cómo entró en la casa de Dios y comieron los


panes de la ofrenda, que no estaba permitido comer ni a él ni a los que estaban con
él, sino sólo a los sacerdotes? 5¿O no han leído en la ley que, durante los sábados, los
sacerdotes violan el sábado y siguen siendo inocentes? 6Pues yo les digo que aquí hay
algo mayor que el templo. 7Si ustedes entendieran lo que significa “Quiero
misericordia y no sacrificio”, no condenarían a los inocentes.52 8Porque el Hijo del
Hombre es señor del sábado.

Y se fue de allí a la sinagoga de ellos. 10Y había allí un hombre que tenía una
9

mano seca. Y, para acusarlo, le preguntaron, diciendo: —¿Es lícito curar en sábado?
11
Y él les dijo: —¿Quién de ustedes, si tiene una sola oveja y se le cae en un pozo en
sábado, no la rescata y la saca? 12Pues, ¡cuánto más importa un hombre que una
oveja! Por consiguiente, es lícito hacer el bien en sábado. 13Entonces dijo al hombre:
—Extiende la mano. Y la extendió y le quedó de nuevo sana, como la otra. 14Los
fariseos salieron y celebraron una reunión contra él, para urdir cómo perderlo.

Pero Jesús se enteró y se retiró de allí. Y lo siguió mucha gente y él los curó a
15

todos, 16instándolos a que no lo dieran a conocer, 17para que se cumpliera lo dicho


por el profeta Isaías:

18
Miren a mi siervo, al que he elegido,
a mi amado, en quien se regocijó mi alma:
pondré mi espíritu sobre él,
y anunciará el juicio a los paganos.
19
No disputará ni gritará,
ni oirá su voz quien esté en las avenidas,
20
no romperá la caña quebrantada,
ni extinguirá el pabilo que humea,
hasta que desemboque el juicio en la victoria
21
y que en su nombre crean los paganos.53
los evangelios 28

22
Entonces le llevaron a un endemoniado ciego y mudo y él lo curó, de modo
que el mudo hablaba y veía. 23Y todos se asombraban y decían: —¿No es éste el hijo
de David? 24Y los fariseos, cuando lo oyeron, dijeron: —Éste no echa los demonios
sino por Belcebú, príncipe de los demonios.54 25Y al conocer sus cavilaciones, les
dijo: —Todo reino que está dividido contra sí mismo quedará devastado; toda
ciudad o casa dividida en contra de sí misma no podrá mantenerse en pie. 26Si
Satanás expulsa a Satanás, se divide de sí mismo: entonces, ¿cómo podrá mantenerse
en pie su reino? 27Si yo expulso a los demonios en nombre de Belcebú, ¿con potestad
de quién los expulsan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán jueces de
ustedes. 28Pero si yo expulso a los demonios mediante el espíritu de Dios, es que ya
ha llegado a ustedes el reino de Dios. 29¿O cómo podrá alguien entrar en la casa del
fuerte y robarle sus tesoros, si primero no lo ata y después saquea la casa? 30El que
no está conmigo, está contra mí, y el que no reúne conmigo, dispersa.55 31Por eso
les digo: se perdonará a los hombres todo pecado o blasfemia, pero no se perdonará
la blasfemia contra el espíritu. 32Y a quien diga una sola palabra contra el Hijo del
Hombre, se le perdonará; pero a quien la diga contra el Espíritu Santo, no se le
perdonará ni en esta edad ni en la futura.
33
º hacen ustedes bueno el árbol y bueno su fruto o lo hacen malo y su fruto
estará podrido. Porque el árbol se conoce por su fruto. 34 ¡Retoños de víboras!,
¿cómo pueden decir cosas buenas, si ustedes son malos? Porque de la abundancia
del corazón, habla la boca. 35El hombre bueno extrae cosas buenas de su buen tesoro,
en tanto que el hombre malo extrae malas cosas de su tesoro perverso. 36Les digo que
el día del juicio, los hombres darán cuenta de toda palabra inútil que hayan dicho.
37
Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.
38
Entonces le preguntaron algunos escribas y fariseos, diciendo: —Maestro,
queremos ver alguna señal tuya. 39Y él les contestó, diciendo: —Esta generación,
mala y adúltera, desea una señal y no se le dará más señal que la de Jonás, el profeta.
40
Pues así como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, el Hijo
del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.56 41Los ninivitas
se levantarán en el juicio junto con esa generación y la condenarán, porque ellos se
29 ernesto de la peña

convirtieron a la predicación de Jonás y aquí hay más que Jonás.57 42La reina del
noto se levantará en juicio contra esta generación y la condenará, porque vino desde
los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón y hay más que Salomón
aquí.58
43
Cuando el espíritu impuro sale del hombre, vaga por lugares sin agua,
buscando reposo, pero no lo encuentra. 44Yentonces dice: “Regresaré a mi casa, de
la que salí”, y al llegar, se la encuentra sin ocupantes, barrida y bien arreglada. 45Y va
entonces y lleva consigo a otros siete espíritus, más perversos que él y, entrando,
habita en ella. Y los últimos momentos de ese hombre son peores que los primeros:
así le sucederá a esta generación perversa.

Estaba todavía hablando a la gente cuando su madre y sus hermanos se


46

detuvieron afuera, tratando de hablar con él. 47Y alguien le dijo: —Allí afuera están
tu madre y tus hermanos y quieren hablar contigo. 48Y él contestó a quien se lo decía:
—¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? 49Y extendiendo la mano sobre
sus discípulos, dijo: —He aquí a mi madre y a mis hermanos. 50Porque quien
cumple la voluntad de mi padre, que está en los cielos, es mi hermano, mi hermana
y mi madre.

Capítulo trece
1
Aquel día Jesús salió de su casa y se sentó junto al lago. 2Y se reunió a su lado tanta
gente, que tuvo que subir a sentarse en una barca mientras que toda la
muchedumbre se quedaba en la playa. 3Y les habló mucho en parábolas, diciendo:
—He aquí que salió el sembrador a sembrar. 4Y cuando estaba sembrando, unos
granos cayeron al lado del camino y vinieron las aves y se los comieron. 5Otros más
cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y como la tierra no
tenía profundidad, brotaron en seguida; 6pero cuando salió el sol, se quemaron y,
por falta de raíz, se secaron. 7Otros más cayeron entre espinas y las espinas crecieron
y los sofocaron. 8Pero otros cayeron sobre tierra buena y produjeron fruto: uno,
cien; otro, sesenta; otro, treinta.
los evangelios 30

9
¡El que tenga oídos, que oiga!
10
Los discípulos se acercaron a él y le dijeron: —¿Por qué les hablas en
parábolas? 11Y él les contestó, diciendo: —A ustedes les fue concedido conocer los
misterios del reino de los cielos, pero a aquéllos no les fue concedido. 12Porque al
que tiene se le dará y tendrá abundancia, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo
que tiene. 13Por eso les hablo en parábolas, porque ven sin ver y oyen sin oír ni
entender, 14y así se cumple para ellos la profecía de Isaías, que dice:

Con el oído oirán y no comprenderán,


verán y no mirarán, ni sabrán,
15
porque el corazón de este pueblo se ha espesado,
y oyeron pesadamente con los oídos
y han cerrado los ojos;
no sea que vean con los ojos
y oigan con los oídos
y comprendan con el corazón y se conviertan
y que yo los cure.59

16
Bienaventurados los ojos de ustedes, porque ven, y sus orejas, porque oyen.
17
Pues en verdad les digo que muchos profetas y justos quisieron ver lo que ustedes
están viendo y no lo vieron, y oír lo que están oyendo ustedes, y no lo oyeron.
18
Escuchen ahora la parábola del sembrador: 19cuando oye cualquiera la palabra
del reino y no la comprende, viene el perverso y se lleva consigo lo sembrado en su
corazón: esto es lo sembrado al lado del camino. 20Lo sembrado en el terreno
pedregoso es el que escucha la palabra y la acepta inmediatamente, con alegría;
21
pero no tiene raíces propias, es pasajero, y cuando surge un conflicto o una
persecución por la palabra, de inmediato se escandaliza. 22Y lo sembrado en las
espinas es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de
31 ernesto de la peña

las riquezas ahogan la palabra y se queda sin fruto. 23Lo sembrado en tierra buena es
el que escucha la palabra y la comprende: ése da fruto y produce, unas veces cien,
otras sesenta, otras treinta.
24
Y les planteó otra parábola, diciendo: —Se asemeja el reino de los cielos a un
hombre que sembró buena semilla en su campo 25y mientras dormían los hombres,
su enemigo llegó y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. 26Y cuando brotaron
los tallos y se formó el fruto, apareció también la cizaña. 27Los trabajadores fueron
entonces a decirle al dueño: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Por
qué, entonces, tiene cizaña?” 28Y él les contestó: “Algún enemigo lo hizo”. Los
trabajadores le preguntaron: “¿Quieres que vayamos y la escardemos?” 29Y él
contestó: “No, porque quizás al escardar la cizaña también arranquen el trigo.
30
Déjenlos crecer juntos hasta que llegue la cosecha. Y en el momento de la siega,
diré a los segadores: «Entresaquen primero la cizaña y átenla en amasijos para
quemarla y almacenen el trigo en mi granero»”.

Y les planteó otra parábola, diciendo: —Se asemeja el reino de los cielos a un
31

grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. 32Es la más pequeña de todas
las semillas, pero, cuando crece, sobresale por encima de las legumbres y se convierte
en árbol, hasta el grado de que los pájaros del cielo vienen a anidar en sus ramas.

Les dijo otra parábola: —Se asemeja el reino de los cielos a la levadura que
33

escondió una mujer en tres medidas de harina, hasta que todo se fermentó.
34
Todo esto lo dijo Jesús a la gente en parábolas y nunca les hablaba sin parábola,
para que se cumpliera lo dicho por el profeta: “Abriré en parábolas mi boca,
35

anunciaré las cosas ocultas desde el principio del mundo”.60

Entonces dejó a la gente y se fue a su casa. Y los discípulos se le acercaron y le


36

dijeron: —Explícanos la parábola de las cizañas del campo. 37Y les contestó: —El
que siembra la buena semilla es el Hijo Hombre; 38el campo es el mundo; la buena
semilla son los hijos del reino; la cizaña son los hijos del perverso; 39el enemigo que
la siembra es el diablo; la cosecha es el acabamiento del mundo; los segadores son los
ángeles. 40Porque así como la cizaña se entresaca y se consume en el fuego, así
los evangelios 32

sucederá cuando acabe el mundo; 41el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y
extirparán de su reino todos los estorbos y a todos los que cometen injusticia 42y los
arrojarán al horno de fuego: allí serán el llanto y el crujir de dientes. 43Entonces los
justos brillarán como el sol en el reino de su padre. Quien tenga oídos, que oiga.
44
Se asemeja el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo: un hombre
lo encuentra, lo esconde de nuevo y, a causa de la alegría, va y vende todo lo que
tiene y compra ese campo.
45
Se asemeja también el reino de los cielos a un comerciante que busca perlas
finas; 46y al encontrar una perla muy preciosa fue a vender todo lo que tenía y la
compró.
47
Se asemeja también el reino de los cielos a una red que se lanza a la mar y recoge
toda clase de peces; 48y que, cuando está llena, la arrastran a la playa y los pescadores,
sentándose, reúnen los buenos pescados en cestas y tiran los malos. 49Lo mismo
sucederá al terminar mundo: saldrán los ángeles y separarán a los buenos de los
malos 50y los arrojarán al horno de fuego. Allí serán el llanto y el crujir de dientes.
51
¿Han entendido todo esto? Y ellos contestaron: —Sí. 52Y él les dijo: —Por ello,
todo escriba convertido en discípulo del reino de los cielos se asemeja a un jefe de
casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
53
Y sucedió que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí 54y llegó a su
patria y se puso a enseñarles en su sinagoga, de manera que ellos se pasmaban y
decían: —¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos poderes? 55¿No es acaso el hijo del
carpintero? ¿No se llama su madre María y no son sus hermanos Santiago, José,
Simón y Judas? 56¿,No viven todas sus hermanas entre nosotros? ¿De dónde saca
entonces todas estas cosas?61 57Y se escandalizaban por causa de él. Y Jesús les dijo:
—A ningún profeta desprecian más que en su patria y en su casa. 58Yno hizo allí
muchos milagros por la incredulidad de ellos.
33 ernesto de la peña

Capítulo catorce
1
En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se decía de Jesús62 2y dijo a sus
siervos: —Éste es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos y por ello los
milagros se ponen en actividad en él.63 3Pues Herodes, tras haber prendido a Juan,
lo había encadenado y puesto en la cárcel a causa de Herodías, esposa de su hermano
Filipo, 4y porque Juan le decía: —No es lícito que la tengas. 5Y quería asesinarlo,
pero tenía miedo de la gente, que lo consideraba profeta. 6Un día en que Herodes
cumplía arios, la hija de Herodías bailó en medio de todos y le gustó tanto a Herodes
7
que le prometió bajo juramento darle lo que pidiera. 8Ella, persuadida por su
madre, le dijo: —Dame ahora mismo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
9
Y el rey se afligió, pero, en atención a sus juramentos y a los que estaban sentados
con él a la mesa, ordenó que se la dieran, 10y dio órdenes y decapitaron a Juan en la
prisión. 11Y subieron su cabeza sobre una bandeja y se la dieron a la muchacha y ésta
se la llevó a su madre. 64 12Y vinieron sus discípulos, recogieron el cadáver y lo
enterraron y se fueron a anunciárselo a Jesús.
13
Al oír esto, Jesús se retiró de allí, en una barca, a un lugar desierto, para estar
solo. Y cuando oyó esto la gente lo siguió a pie desde las ciudades.65 14Al salir, vio
una gran muchedumbre y le dio compasión y se puso a curar a sus enfermos.66 15Por
la tarde se le acercaron los discípulos y le dijeron: —El lugar es desierto y ya ha pasado
la hora: despide a la gente, que se vaya a sus aldeas y se compre comida. 16Y Jesús les
contestó: —No tienen que irse; denles de comer. 17Y ellos contestaron: —Aquí no
tenemos más que cinco panes y dos pescados. 18Y les dijo: —Tráiganmelos aquí. 19Y
mandó a la gente que se recostara sobre la hierba y tomando los cinco panes y los
dos pescados, alzó la mirada al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos,
y éstos los dieron a la gente. 20Y comieron todos hasta saciarse y recogieron doce
cestos de lo que había sobrado. 21Quienes comieron fueron unos cinco mil hombres,
sin contar a mujeres y niños.

E inmediatamente obligó a los discípulos a subirse a la barca y a que se le


22

adelantaran en la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23Después de despedirla,


los evangelios 34

subió al monte para rezar a solas. Y cuando anocheció, seguía allí solo. 24Mientras
tanto, la barca se había alejado ya muchos estadios de la orilla, mecida por las olas,
porque el viento era contrario. 25En la cuarta vela de la noche se les acercó,
caminando sobre el lago. 26Los discípulos, al ver que caminaba por el lago, se
asustaron y dijeron: —Es un fantasma. Y gritaban, debido al miedo. 27Pero Jesús les
dijo en seguida: —¡Tengan valor, que soy yo! ¡No tengan miedo! 28Y Pedro le
contestó, diciendo: —Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti caminando sobre las
aguas. 29Y él le dijo: —¡Ven! Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el
agua, acercándose a Jesús, 30pero cuando vio que el viento era fuerte, le dio miedo y
comenzó a hundirse y gritó: —¡Sálvame, Señor! 31Y Jesús extendió en seguida la
mano, lo tomó y dijo: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado? 32Y en cuanto
subieron a la barca, amainó el viento. 33Los que estaban en la barca se postraron ante
él, entonces, diciendo: —Realmente eres hijo de Dios.

Una vez que hubieron cruzado, fueron por tierra hasta Genesaret. 35Los
34

hombres de aquel lugar, cuando lo reconocieron, avisaron a toda la región y le


presentaron a todos los enfermos 36y le pedían que les permitiera tocar siquiera el
borde de su manto. Y los que lo tocaron, se curaron.67

Capítulo quince
1
Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas que venían de Jerusalén y le
preguntaron: 2—¿Por qué transgreden tus discípulos la tradición de los antiguos?
¿Por qué no se lavan las manos cuando comen pan? 3Él les contestó: —¿Y por qué
transgreden ustedes también el mandamiento de Dios según la tradición de ustedes?
4
Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre y quien murmure de su padre o
de su madre, sea condenado a muerte”.68 5En cambio, ustedes afirman que el que
dice a su padre o a su madre: “Sirva de ofrenda lo que de mí puedas aprovechar”, 6ya
no honrará a su padre y así, pues, por su tradición, han invalidado la palabra de Dios.
7
¡Hipócritas! Muy bien profetizó de ustedes Isaías al decir:
35 ernesto de la peña

8
Estepueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí;
9
en balde me veneran,
al impartir enseñanzas que son preceptos de los hombres.69

Y llamando a la gente, dijo: —¡Óiganme y entiendan! 11No mancilla al hombre


10

lo que le entra por la boca, sino que lo que sale por la boca es lo que lo mancha. 12Se
acercaron entonces los discípulos y le dijeron: —¿Sabes que los fariseos se
escandalizaron cuando oyeron la palabra? 13Y él contestó, diciendo: —Toda
plantación que no haya hecho mi padre celestial será arrancada de raíz. 14 ¡Déjenlos!
Los ciegos son guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un
hoyo. 15Pedro le contestó y le dijo: —Explícanos esta parábola. 16Y Jesús contestó:
—Es ya el momento propicio y ¿ustedes no entienden? 17¿No comprenden que
todo lo que entra por la boca pasa al vientre y se evacua en el retrete? 18En cambio,
lo que sale de la boca, proviene del corazón, y eso sí que mancilla al hombre.
19
Porque del corazón salen malos pensamientos, homicidios, adulterios,
prostituciones, robos, falsos testimonios, blasfemias. 20Eso es lo que mancha al
hombre; comer sin haberse lavado las manos no lo mancha.

Jesús se fue de allí y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22Y había una mujer
21

cananea de aquella región que salió y se puso a gritarle diciendo: —¡Apiádate de mí,
Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada. 23Y él no le contestó ni
una sola palabra. Entonces los discípulos se le acercaron, diciéndole: —¡Despídela!,
porque viene gritando detrás de nosotros. 24Y él les contestó: —No he sido enviado
más que para las ovejas descarriadas de la casa de Israel. 25Ella los alcanzó y se puso a
rogarle, diciendo: —¡Señor. ayúdame! 26Y él le contestó: —No está bien tornar el
pan de los hijos y echarlo a los perros. 27Y ella contestó: —Es cierto, Señor, pero
también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28Jesús le
los evangelios 36

contestó entonces, diciendo: —¡Oh mujer!, ¡qué grande es tu fe! ¡Que sea lo que
deseas! Y a partir de aquel momento, quedó curada su hija.
29
Jesús salió de allí y llegó a la orilla del lago de Galilea y subió al monte y allí se
sentó. 30Y llegó a él una gran muchedumbre, que le traía cojos, ciegos, lisiados,
mudos y a muchos otros más y los echaban a sus pies y él los sanaba. 31Y la gente se
admiraba al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban sanos, los cojos
andaban y los ciegos veían; y glorificaban al dios de Israel.
32
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: —Me da compasión esta gente, porque
hace ya tres días que permanece a mi lado y no tiene qué comer. Y no quiero que se
vayan en ayunas, no sea que desfallezcan por el camino. 33Los discípulos le
preguntaron: —¿De dónde, estando en despoblado, vamos a sacar panes suficientes
para satisfacer a tanta gente? 34Jesús les preguntó: —¿Cuántos panes tienen? Y le
dijeron: —Siete, y unos cuantos pescaditos. 35Entonces ordenó a la gente que se
sentara en el suelo, 36tomó los siete panes y los pescados, los bendijo, los partió y los
dio a sus discípulos y éstos los dieron a la muchedumbre. 37Y todos comieron hasta
saciarse y recogieron siete canastos llenos de lo que sobró. 38Habían comido cuatro
mil hombres, sin contar a mujeres y niños. 39Después despidió a la gente, entró en la
barca y se fue a la región de Magadán.

Capítulo diez y seis


1
Y se acercaron los fariseos y los saduceos para ponerlo a prueba y le pidieron que les
mostrara una señal que viniera del cielo. 2Y él les contestó, diciendo: —Cuando cae
la tarde, ustedes dicen: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojizo”; 3y por
la mañana, dicen: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojizo y encapotado”.
Así pues, ustedes saben interpretar el aspecto del cielo, ¡pero no pueden interpretar
los signos de los tiempos! 4 ¡Generación perversa y adúltera que demanda un signo!
Pues no se les dará signo alguno, excepto el signo de Jonás. Y los dejó y se fue.
37 ernesto de la peña

5
Y llegaron a la otra orilla y los discípulos habían olvidado llevar pan. 6Y Jesús les
dijo: —¡Vigilen!, y guárdense de la levadura de los fariseos y los saduceos. 7Y ellos se
decían para sí: —Es porque no hemos traído pan. 8Y al darse cuenta, Jesús les dijo:
—¿Qué están lucubrando, hombres de poca fe? ¿Que no tienen pan? 9¿No
entienden todavía? ¿No recuerdan los cinco panes de los cinco mil y cuántos cestos
recogieron? 10¿No recuerdan los siete panes de los cuatro mil y cuántas espuertas
recogieron? 11¿Cómo no entienden que no les estaba hablando de panes? Tengan
cuidado de la levadura de los fariseos y los saduceos. 12Entonces comprendieron que
no los prevenía contra la levadura de los panes, sino contra la enseñanza de los
fariseos y los saduceos.70
13
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos,
diciendo: —¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14Y ellos
contestaron: —Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, otros más que
Jeremías o uno de los profetas.71 15Y él les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que
soy yo? 16Simón Pedro contesto y dijo: —Tú eres el Cristo, el hijo de Dios viviente.72
17
Jesús le contestó y dijo: —¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo
ha revelado ni la carne, ni la sangre, sino mi padre, que está en los cielos. 18Y yo te
digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno
nada podrán contra ella.73 19Te daré las llaves del reino de los cielos y lo que ates en
la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedará desatado
en los cielos. 20Y entonces prohibió a sus discípulos que dijeran a quienquiera que él
era el Cristo.
21
A partir de entonces comenzó Jesucristo a mostrar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén, sufrir allí mucho a manos de los ancianos, los sumos sacerdotes y
los escribas, ser matado y resucitar en el tercer día. 22Entonces Pedro lo llevó aparte
y comenzó a increparlo, diciendo: —¡Que Dios se apiade de ti, Señor! ¡Que no te
pase semejante cosa! 23Jesús se volteó y dijo a Pedro: —¡Aléjate de mí, Satán! Eres un
obstáculo para mí, porque no te preocupan las cosas de Dios, sino las de los
hombres.
los evangelios 38

24
Entonces dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere venir detrás de mí,
que se niegue a sí mismo, que cargue su cruz y que me siga. 25Porque el que quiera
salvar su alma, la perderá; pero, en cambio, el que pierda su alma por mí, la
encontrará. 26¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde el alma?
¿O qué dará el hombre a cambio de su alma? 27Porque el Hijo del Hombre va a venir,
en la gloria de su padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada quien según sus
acciones. 28En verdad les digo que algunos de los que están aquí presentes no
probarán la muerte antes de haber visto al Hijo del Hombre que llega en su reino.

Capítulo diez y siete


1
Seis días más tarde, Jesús llevó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y
los condujo a una montaña alta, para estar a solas. 2Allí fue transfigurado delante de
ellos: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se pusieron blancos, como la luz.
3
Y vieron a Moisés y a Elías que conversaban con él. 4Y Pedro dijo a Jesús: —Señor,
¡qué bueno que estemos nosotros aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una
para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 5Estaba todavía hablando, cuando una
nube luminosa los cubrió y una voz desde la nube dijo: —Éste es mi hijo, el amado,
en quien me he complacido. ¡Óiganlo! 6Al oír la voz, los discípulos cayeron de
bruces, y se llenaron de miedo. 7Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: —
¡Levántense y no tengan miedo! 8Y levantaron los ojos y no vieron a nadie, sino sólo
a Jesús.
9
Y mientras bajaban de la montaña. Jesús les ordenó, diciendo: —¡No digan a
nadie lo que acaban de ver, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los
muertos! 74 10Y los discípulos le preguntaron, diciendo: —¿Por qué dicen los
escribas que primero tiene que venir Elías? 11Él les contestó, diciendo: —Elías viene
y lo restaurará todo; 12pero yo les digo que Elías ya vino y no lo reconocieron e
hicieron con él lo que quisieron, así, el Hijo del Hombre también padecerá a manos
de ellos. 13Los discípulos comprendieron entonces que les estaba hablando de Juan,
el Bautista.75
39 ernesto de la peña

14
Cuando llegaron a donde estaba la gente, se le aproximó un hombre y,
cayendo de rodillas, 15le dijo: —Señor, ten piedad de mi hijo, que está lunático y
padece atrozmente porque muchas veces cae sobre el fuego y muchas sobre el agua;
16
y lo traje a tus discípulos y no pudieron curarlo. 17Y Jesús le contestó y le dijo: —
¡Oh, generación incrédula y pervertida! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta
cuándo les tendré paciencia? ¡Que me lo traigan aquí! 18Y Jesús le dio órdenes y salió
de él el demonio y quedó curado el muchacho desde aquel momento. 19Entonces,
llevaron los discípulos a Jesús aparte y le dijeron: —¿Por qué nosotros no pudimos
expulsarlo? 20Y él les contestó: —Por la poca fe que tienen: porque de verdad les
digo que si tuvieran fe como una semilla de mostaza, podrían decir a esta montaña:
“Muévete de allí”, y se movería, y nada sería imposible para ustedes.76
22
Y cuando estaban reunidos en Galilea les dijo Jesús: —El Hijo del Hombre
será entregado en manos de los hombres 23y lo matarán y resucitará al tercer día. Y
ellos se entristecieron mucho.

Cuando fueron a Cafarnaún, llegaron a Pedro los que cobraban los impuestos
24

del templo y le dijeron: —El maestro de ustedes, ¿no paga el impuesto?77

Y él les dijo: —¡Sí! Y cuando llegaron a la casa, Jesús se le anticipó, diciendo:


25

—¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿a quiénes cobran sus impuestos o
tributos? ¿A sus hijos o a los de los demás? 26Y aquél le contestó: —A los de los
demás. Y Jesús le dijo: —Así, pues, sus propios hijos están dispensados. 27Pero para
que no seamos escándalo para ellos, ve al lago y echa el anzuelo y recoge el primer
pescado que salga, y al abrirle el hocico encontrarás una moneda y la tomarás y se la
darás a ellos, a nombre mío y tuyo.78

Capítulo diez y ocho


1
En aquella ocasión llegaron los discípulos a Jesús diciendo: —¿Quién es más grande
en el reino de los cielos? 2Y llamando a un niño, lo puso de pie en medio de ellos 3y
dijo: —De verdad les digo que si no cambian y se hacen como niños, no entrarán en
los evangelios 40

el reino de los cielos. 4El que se humille como este niño, ése será más grande en el
reino de los cielos; 5y el que reciba a un niño como éste en nombre mío, me recibirá
a mí.
6
Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, le convendría que
le colgaran al cuello una piedra de molino, de las que jalan los asnos, y que se le
hundiera en alta mar. 7 ¡Ay del mundo que padece escándalos! Es necesario que haya
escándalos, pero, ¡ay del hombre por quien llega el escándalo! 8Si tu mano o tu pie
te escandaliza, córtalo y arrójalo lejos de ti; más te conviene entrar en la vida lisiado
o cojo que, teniendo dos manos o dos pies, ser arrojado al fuego eterno. 9Y si tu ojo
te escandaliza, arráncalo y arrójalo lejos de ti, porque te será mejor entrar con un solo
ojo en la vida que, teniendo los dos ojos, ser arrojado a la gehena de fuego.79
10
¡Tengan cuidado! No desprecien a uno solo de estos pequeños, porque les
digo que sus ángeles en los cielos ven constantemente el rostro de mi padre, que está
en los cielos. 12¿Qué les parece? Si un hombre tuviera cien ovejas y una de ellas se
extraviara, ¿no dejaría a las noventa y nueve en las montañas e iría a buscar a la que
se ha extraviado? 13Y si la encontrara, en verdad les digo que se alegraría por ella más
que por las noventa y nueve que no se han extraviado. 14Así, no es la voluntad del
padre de ustedes, que está en los cielos, que se pierda uno solo de estos pequeños.
15
Si pecare contra ti tu hermano, ve y repréndelo cuando estén a solas tú y él, y
si te oye, habrás ganado a tu hermano, 16pero si no te escuchare, toma contigo a uno
o dos hombres para que “mediante la declaración verbal de dos o tres testigos se
arregle todo el asunto”.80 17Y si los oyere sin hacerles caso, díselo a la comunidad, y
si también oyere a la comunidad sin hacerle caso, entonces que sea para ti como un
pagano o un cobrador de impuestos.81
18
En verdad les digo que lo que aten en la tierra será atado en el cielo y lo que
desaten en la tierra será desatado en el cielo.82 19Además, de verdad les digo que si se
pusieran de acuerdo dos de ustedes en la tierra sobre cualquier asunto que hayan
solicitado, les será concedido por mi padre, que está en los cielos. 20Pues no se
congregarán siquiera dos o tres a nombre mío que no esté yo allí, en medio de ellos.
41 ernesto de la peña

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: —¡Señor!, ¿cuántas veces podrá pecar


21

contra mí mi hermano y lo perdonaré? ¿Hasta siete veces? 22y Jesús le contestó: —


No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta y siete.83 23Por ello se asemeja el reino
de los cielos al rey que quiso arreglar un asunto con sus siervos. 24Y cuando comenzó
a concertar, le llevaron a un hombre que le debía diez mil talentos.84 25Y como no
podía pagarle, el señor ordenó que fueran vendidos él y su mujer y sus hijos y todas
las cosas que tenía, y que se le pagara con eso. 26Y el siervo cayó de rodillas y le
suplicó, diciendo: “Tenme paciencia y te pagaré todo”. 27Y habiéndose conmovido
el amo con aquel siervo, lo soltó y le perdonó el adeudo.
28
Y al salir, el siervo aquel encontró a uno de sus compañeros siervos, que le
debía cien denarios, y apoderándose de él, mientras lo ahogaba, le decía: “¡Págame
lo que me debes!”85 29Y el compañero de servidumbre cayó en el suelo y le suplicaba,
diciendo: “Ten paciencia conmigo y te pagaré”. 30Pero él no quiso, sino que lo
encarceló, hasta que pagara su adeudo. 31Al ver lo ocurrido, los demás siervos se
entristecieron mucho y fueron a contar al amo todo lo ocurrido. 32Entonces el amo
lo mandó llamar y le dijo: “¡Siervo perverso! Te perdoné toda aquella deuda, porque
me lo suplicaste. 33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero de
servidumbre, tal como yo la tuve contigo?” 34E irritándose su señor lo entregó a los
verdugos hasta que pagara todo su adeudo. 35Pues así también mi padre celestial hará
con ustedes si cada uno no perdona, de corazón, a su hermano.

Capítulo diez y nueve


1
Y sucedió que terminó Jesús de decir estas palabras y salió de Galilea y fue a la región
de Judea, más allá del Jordán.86 2Y lo seguía mucha gente y curó a muchos allí.
3
Y se le acercaron algunos fariseos Para tentarlo, diciendo: —¿Le está permitido
a un hombre repudiar a su mujer por una causa cualquiera? 4Y él contestó, diciendo:
—¿,No han leído que el creador, desde el principio, “macho y hembra los creó”87 5y
dijo: “A causa de esto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer
los evangelios 42

y los dos serán una sola carne”?88 6Así que ya no son dos, sino una sola carne; así
pues, que lo que unió Dios no lo divida el hombre. 7Y le dijeron: —Entonces, ¿por
qué Moisés ordenó dar libelo de divorcio y divorciarse?89 8Y les contestó: —Moisés,
debido a que ustedes tienen el corazón duro, les permitió repudiar a sus mujeres,
pero no fue así desde el principio. 9Les digo a ustedes que quien repudie a su mujer,
si no lo hace porque ella se ha prostituido, y se casa con otra, cometerá adulterio. 10Y
sus discípulos le dijeron: —Si así es la condición del hombre respecto de la mujer,
no le conviene casarse. 11Y él les contestó: —No todos ceden a esta razón, sino sólo
aquellos a quienes ha sido concedida. 12Porque hay eunucos que así fueron
engendrados desde el seno de su madre, pero hay otros que quedaron convertidos
en tales por los hombres, y hay otros más que se hacen a sí mismos eunucos en
consideración del reino de los cielos. El que pueda ceder, que ceda.90
13
Le llevaron entonces a unos niños para que pusiera las manos encima de ellos
y rezara.91 Pero los discípulos los regañaban 14y Jesús les dijo: —Dejen a los niños y
no impidan que se acerquen a mí, porque de quienes son como tales es el reino de
los cielos.92 15Y poniendo las manos sobre ellos, se fue de allí.
16
Y he aquí que se le acercó alguien y le dijo: —¡Maestro!, ¿qué bien haré para
tener vida eterna? 17Y él le dijo: —¿Por qué me preguntas acerca del bien? El bueno
es uno solo. Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos. 18Y él le dijo: —
¿Cuáles? Y Jesús le contestó: —“No matarás, no cometerás adulterio; no robarás; no
darás falso testimonio; 19honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como
a ti mismo”.93 20Y el joven le dijo: —Todo esto he cumplido, ¿qué más me falta? 21Y
Jesús le dijo: —Si quieres ser perfecto, vete, vende todo lo que tienes y dalo a los
pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y ven pronto y sígueme. 22Y al oír el joven
estas palabras, se fue entristecido, porque tenía muchos bienes de fortuna.
23
YJesús dijo a sus discípulos: —De verdad les digo que un rico difícilmente
entrará en el reino de los cielos, 24y les digo, además, que es más fácil que un camello
pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios.94 25Y al
oírlo, los discípulos se admiraron mucho y dijeron: —¿Quién, pues, podrá salvarse?
43 ernesto de la peña

26
Y viéndolos, Jesús les dijo: —Entre hombres, esto es imposible, pero para Dios
todo es posible. 27Entonces le habló Pedro y le dijo: —Mira, nosotros hemos dejado
todo y te hemos seguido, ¿qué será de nosotros? 28Y Jesús les dijo: —En verdad les
digo que ustedes, los que me han seguido, en el nuevo nacimiento, cuando se siente
el Hijo del Hombre en el trono de su gloria, se sentarán también en doce tronos a
juzgar a las doce tribus de Israel.95 29Y todo el que haya dejado casas o hermanos o
hermanas o padre o madre o hijos o campos a causa de mi nombre recibirá cien veces
eso y heredará la vida eterna. 30Muchos primeros serán últimos y los últimos serán
primeros.

Capítulo veinte
1
Porque se asemeja el reino de los cielos a un dueño de casa que salió muy temprano
a contratar trabajadores para su viñedo. 2Y habiéndose puesto de acuerdo con los
trabajadores en el salario que recibirían al día, los mandó a su viñedo 3y al salir a la
tercera hora vio a otros, que estaban de pie en su patio, sin trabajo. 4Y les dijo:
“Vayan ustedes también al viñedo y les daré lo que sea justo”. 5Y se fueron. Y volvió
a salir hacia la sexta y la novena horas e hizo lo mismo. 6Hacia la hora undécima salió
y encontró a otros, que estaban allí de pie, y les dijo: “¿Por qué han estado aquí, de
pie, todo el día, sin hacer nada?” 7Y ellos le contestaron: “Porque nadie nos ha
contratado”. Y entonces les dijo: “También vayan ustedes al viñedo”. 8Al oscurecer,
dijo el dueño de la viña al encargado de la misma: “Llama a los trabajadores y
entrégales su salario, empezando por los últimos y hasta los primeros”. 9Y llegaron
los contratados hacia la undécima hora y recibieron un denario.
10
Y se acercaron los primeros, pensando que recibirían más, y cobraron un
denario también ellos. 11Y, al cobrarlo, empezaron a quejarse contra el patrón,
12
diciendo: “Estos últimos trabajaron una sola hora y los hiciste iguales a nosotros,
que soportamos el peso de la jornada y el calor”. 13Y él contestó a uno de ellos,
diciendo: “Compañero, no te hago injusticia alguna: ¿no estuviste de acuerdo
conmigo en el salario? 14Toma lo tuyo y vete: a este último quiero darle lo mismo
los evangelios 44

que a ti; 15o ¿no me está permitido hacer lo que quiero con lo mío?, ¿o tus ojos ven
con disgusto que soy bueno?” 16Así, los últimos serán los primeros y los primeros
serán los últimos.
17
Y al subir a Jerusalén, Jesús llevó consigo a los doce discípulos a un lugar aparte
y en el camino les dijo:96 18—He aquí que vamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del
Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas y lo condenarán a
muerte. 19Y lo entregarán a los paganos, para que se burlen de él, lo azoten y lo
crucifiquen, pero al tercer día resucitará.
20
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Cebedeo, con sus hijos, y se
prosternó y le pidió algo. 21Y él le dijo: —¿Qué quieres? Y ella le contestó: —Di que
se sienten éstos, mis dos hijos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu reino.
22
Y le contestó Jesús, diciendo: —No saben lo que piden. ¿Pueden ustedes beber el
cáliz que yo beberé? Y le contestaron: —Podemos. 23Y les dijo: —Beban mi cáliz,
pero el sentarse a mi derecha y a mi izquierda, no me está permitido concederlo, sino
a los que han sido preparados por mi padre. 24Y al oírlo, los diez se disgustaron contra
los dos hermanos. 25Y Jesús, convocándolos, les dijo: —Saben que los amos de las
naciones las dominan y que los grandes las tienen bajo su férula. 26No será lo mismo
entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, sea servidor de ustedes, 27y el
que quiera ser primero entre ustedes, sea primeramente siervo de ustedes. 28Así
como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por muchos.97
29
Y cuando salieron de Jericó, lo siguió mucha gente. 30Y había dos ciegos,
sentados al lado del camino, y al oír que Jesús pasaba por allí gritaron, diciendo: —
¡Señor, ten piedad de nosotros, hijo de David! 31Y la muchedumbre los instaba a
callarse, pero ellos gritaban más fuerte, diciendo: —¡Señor, ten piedad de nosotros,
hijo de David! 32Y deteniéndose, Jesús les habló y les dijo: —¿Qué quieren que haga
por ustedes? 33Y le contestaron, diciendo: —¡Señor que se nos abran los ojos! 34Y
Jesús, apiadado de ellos, les tocó los ojos e inmediatamente vieron y lo siguieron.
45 ernesto de la peña

Capítulo veintiuno
1
Y cuando se acercaban a Jerusalén, llegaron a Betfagé, cerca del Huerto de los
Olivos, y entonces Jesús envió a dos discípulos 2diciéndoles: —Vayan a la aldea que
está enfrente de ustedes: allí encontrarán inmediatamente a una burra atada y su
burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos; 3y si alguien les dijere algo, díganle: “Su
dueño los necesita, pronto se devolverán”. 4Esto sucedió para que se cumpliera lo
dicho por el profeta, que dice:

5
Digan a la hija de Sión:
“He aquí que viene a ti tu rey,
manso y montado en una burra
y en un burrito, hijo de acémila”.98

6
Y fueron los discípulos e hicieron como Jesús les había ordenado 7y llevaron a
la burra y al burrito y encima de ellos pusieron los mantos y él se sentó en ellos. 8Y la
mayor parte de la muchedumbre extendía sus mantos por el camino, otros cortaban
ramas de los árboles y alfombraban el camino. 9Y tanto la gente que iba antes de él
como la que lo seguía, gritaba diciendo:

¡Hosana al hijo de David:


bendito sea el que viene en nombre del Señor;
hosana en lo más alto!99

Y cuando él entró en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad diciendo: —


10

¿Quién es éste? 11Y la muchedumbre decía: —Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de


Galilea.
los evangelios 46

12
Y entró Jesús en el templo y expulsó a todos los que vendían y compraban en
él y derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían las palomas.
13
Y les dijo: —Está escrito:

Mi casa será llamada casa de oración,100


pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.

14
Y llegaron a él ciegos y cojos, en el templo, y los curó. 15Al ver los sumos
sacerdotes y los escribas los prodigios que hacía y a los niños que gritaban en el
templo diciendo: —¡Hosana al hijo de David!, se irritaron 16y le dijeron: —¿Oyes lo
que dicen éstos? Y Jesús les contestó: —Sí: ¿nunca han leído eso de que “De la boca
de los niños y de los lactantes obtendrás alabanza”?101 17Y dejándolos, salió fuera de
la ciudad, hacia Betania, y allí pasó la noche.
18
A la siguiente mañana, mientras subía a la ciudad, tuvo hambre. 19Y viendo
una higuera sola en el camino, se acercó a ella y no encontró sino hojas y le dijo: —
¡Que ya no nazca fruto alguno de ti, por todos los siglos! E inmediatamente se secó
la higuera. 20Y al ver esto, los discípulos se admiraron y dijeron: —¿Cómo se secó
inmediatamente la higuera? 21Y Jesús les contestó, diciendo: —De verdad les digo
que si tuvieran fe y no dudaran, no sólo podrían hacer lo de la higuera, sino que
también podrían decir a esta montaña: “¡Apártate y tírate al mar!” y sucedería. 22Y
recibirían todo lo que pidieran al rezar con fe.
23
Y cuando entró en el templo, se acercaron a él, que estaba enseñando, los
sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciéndole: —¿Con qué autoridad haces
estas cosas?, y ¿quién te dio esta autoridad? 24Jesús les contestó, diciendo: —Yo
también les haré una pregunta, y si me la contestan, les diré yo también con qué
autoridad hago estas cosas: 25el bautismo de Juan, ¿de dónde provenía? ¿Del cielo o
de los hombres? Y ellos deliberaban entre sí, diciendo: —Si decimos que del cielo,
nos dirá: “Entonces, ¿por qué no creyeron en él?” 26Y si decimos: “De los hombres”,
47 ernesto de la peña

tememos a la muchedumbre, porque todos consideran profeta a Juan. 27Y


contestaron a Jesús, diciéndole: —No sabemos. Y entonces él les dijo: —Tampoco
yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.

¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y acercándose al primero, le dijo:
28

“¡Hijo!, ve hoy a trabajar en el viñedo”. 29Y él contestó: “No quiero”, pero después
recapacitó y fue. 30Y acercándose al otro, le dijo lo mismo. Y éste le contestó
diciendo: “Sí, señor”, pero no fue. 31¿Quién de los dos cumplió la voluntad del
padre? Y le contestaron: —El primero. Y entonces Jesús les dijo: —En verdad les
digo que los cobradores de impuestos y las prostitutas irán antes que ustedes al reino
de Dios. 32Porque vino Juan a ustedes por el camino de la justicia, pero ustedes no
creyeron en él y los cobradores de impuestos y las prostitutas sí creyeron en él.
Ustedes, aunque han visto, no recapacitan después para creer en él.

Oigan otra parábola: había un propietario que plantó una vid y en torno de
33

ella puso un cercado y cavó un lagar y construyó una torre y los arrendó a unos
campesinos y salió de ese lugar.102 34Cuando se acercaba la estación de los frutos,
envió a sus siervos a los campesinos para que tomaran sus frutos. 35Y los campesinos
se apoderaron de los siervos y a uno lo apalearon, a otro lo mataron y a otro más lo
lapidaron. 36Yde nuevo envió a otros criados, más que los primeros, y les hicieron lo
mismo. 37Después les envió a su propio hijo, diciendo: “A mi hijo lo respetarán”. 38Y
los campesinos, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero. ¡Vamos, matémoslo y
tendremos su herencia!” 39Y se apoderaron de él y lo sacaron fuera del viñedo y lo
mataron. 40Cuando venga el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos campesinos? 41Y
le contestaron: —A los malos los hará morir de mala muerte y rentará el viñedo a
otros campesinos, que le entregarán los frutos en su tiempo de sazón. 42Y Jesús les
dijo: —¿Nunca leyeron en las Escrituras:

La piedra que rechazaron los constructores,


se convirtió en clave del ángulo
los evangelios 48

y así fue, de parte del Señor,


y es maravillosa para nuestros ojos?103

43
Por este les digo que se les quitará el reino de Dios y será dado al pueblo que
logre sus frutos. 44Y el que caiga sobre esta piedra será quebrantado y despedazará a
aquel sobre el que cayere.104
45
Y al oír los sumos sacerdotes y los fariseos estas parábolas supieron que hablaba
de ellos. 46Y trataban de apoderarse de él, pero temían a la gente, porque lo
consideraba profeta.

Capítulo veintidós
1
Y de nuevo contestó Jesús hablándoles en parábolas y diciendo: 2—Se asemeja el
reino de los cielos a un rey que celebraba las bodas de su hijo. 3Y envió a sus criados
a llamar a los invitados a las bodas y no quisieron venir. 4Y nuevamente envió a otros
criados diciendo: “Digan a los invitados: «¡Miren!, he preparado mi banquete, se ha
sacrificado a los toros y los animales de engorda y todo está listo. ¡Vengan a las
bodas!»” 5Pero no lo tomaron en cuenta y se fueron, uno a su propio campo, otro
a su comercio.
6
Los demás, apoderándose de sus criados, los vejaron y mataron. 7Y el rey se
encolerizó y envió a sus ejércitos, que destruyeron a aquellos asesinos y quemaron
su ciudad. 8Y entonces, dijo a sus criados: “Las bodas están listas, pero los invitados
no fueron dignos. 9Vayan a las encrucijadas de los caminos e inviten a las bodas a los
que encuentren”. 10Y salieron aquellos criados a los caminos y trajeron a todos los
que encontraron, malos y buenos. Y se llenaron las bodas de comensales. 11Y entró
el rey a ver a los comensales y vio allí a un hombre que no estaba vestido con ropaje
de bodas. 12Y le dijo: “Amigo, ¿cómo entraste en este lugar sin tener ropaje de
bodas?” Y él se quedó callado. 13Entonces el rey dijo a los criados: “¡Amárrenlo por
49 ernesto de la peña

los pies y las manos y arrójenlo afuera, a la oscuridad exterior! Allí serán el llanto y el
crujir de dientes”. I4Porque son muchos los llamados, pero pocos los escogidos.

Entonces se fueron los fariseos a deliberar cómo atrapar a Jesús en sus propias
15

palabras. 16Y enviaron a él y a sus discípulos junto con los herodianos, diciendo: —
Maestro, sabemos que eres verdadero y que enseñas el camino de Dios en verdad y
que no te preocupas de nadie, porque no ves el aspecto exterior de los hombres.105
17
Dinos, pues, qué te parece: ¿se debe pagar el impuesto al César o no? 18Y Jesús, que
conocía su maldad, les dijo: —¿Por qué me ponen a prueba, hipócritas?
19
Muéstrenme la moneda del impuesto. Y le trajeron un denario. 20Y él les preguntó:
—¿De quién es la efigie de la inscripción? 21Y le contestaron: —Del César. Y
entonces les dijo: —Entonces paguen al César lo que es del César y a Dios lo que es
de Dios. 22Y al oírlo, se admiraron y, dejándolo, se fueron.

Ese mismo día se acercaron a él los saduceos, que dicen que no hay
23

resurrección, y le preguntaron, 24diciendo: —Maestro, Moisés dijo: “Si alguien


muere sin tener hijos, que contraiga nupcias su hermano con su esposa y que suscite
descendencia a su hermano”.106 25Había entre nosotros siete hermanos: el primero,
después de casarse, murió y, al no tener descendencia, dejó su mujer a su hermano.
26
De igual modo hicieron el segundo y el tercero, hasta los siete. 27Después de todos
murió la mujer. 28En la resurrección, ¿de cuál de los siete será esposa? Porque todos
la poseyeron. 29Y les contestó Jesús diciéndoles: —Se equivocan por no conocer las
Escrituras ni la fuerza de Dios, 30porque en la resurrección nadie se casará ni tomará
marido, sino que serán como ángeles en el cielo. 31Acerca de la resurrección de los
muertos, ¿no han leído lo que les ha dicho Dios: 32 “Yo soy el Dios de Abrahán y el
Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos.107

Y, al oírlo, la gente se admiraba de su enseñanza.


33

Los fariseos, al oír que había dejado mudos a los saduceos, se reunieron en el
34

mismo lugar. 35Y uno de ellos, experto en la ley, para tentarlo, le preguntó: 36—
Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley? 37Y él le contestó: “Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma” y con todo tu
los evangelios 50

discernimiento. 108 38Éste es el mandamiento mayor y primero. El segundo es


39

similar a éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 109 40


De estos dos
mandamientos dependen toda la ley y los profetas.110

Una vez que estaban reunidos los fariseos, Jesús les preguntó, 42diciendo: —
41

¿Qué piensan ustedes del Cristo? ¿De quién es hijo? Y le contestaron: —De David.
43
Y entonces les dijo: —Entonces, ¿cómo es que David, inspirado por el espíritu, lo
llama Señor, cuando dice:

Dijo el Señor a mi señor:


44

“Siéntate a mi derecha
hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”?111

45
Pues si David lo llama Señor, ¿cómo es su hijo?

Y nadie pudo contestarle una sola palabra y, a partir de ese día, nadie se atrevió a
46

preguntarle más.

Capítulo veintitrés
1
Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, 2diciendo: —En la silla de Moisés
se sentaron los escribas y los fariseos. 3Por eso, hagan y cumplan iodo lo que les
digan, pero no hagan según sus obras, porque hablan pero no actúan. 4Atan cargas
pesadas y difíciles de soportar y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero
ellos no quieren moverlas ni siquiera con un dedo. 5Hacen todas sus obras para que
los vean los hombres; ensanchan sus filacterias y agrandan los bordes de sus
túnicas; 112 6les gusta tener el primer lugar en los banquetes y los sitiales de
preferencia en las sinagogas 7y los saludos en las plazas y que los hombres los llamen
“rabí”.113 8A ustedes no se los llama “rabí”, porque uno solo es el maestro de ustedes
y todos ustedes son hermanos; 9y a nadie llamarán “padre” en la tierra, porque uno
es su padre celestial. 10Tampoco serán llamados instructores, porque el instructor de
51 ernesto de la peña

ustedes es uno, el Cristo. 11El que sea mayor que ustedes, será servidor de ustedes;
12
quien se ensalce será humillado y quien se humille será ensalzado.

¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que cierran el reino de los cielos
13

enfrente de los hombres; porque ustedes no entran ni permiten entrar a los que
llegan.

¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para
15

conseguir un solo prosélito y, una vez que lo consiguen, lo convierten en hijo de la


gehena, al doble de ustedes mismos.114
16
¡Ay de ustedes!, guías ciegos que dicen: “El que jura por el templo, no importa;
pero el que jura por el oro del templo, se convierte en deudor.” 17¡Tontos y ciegos!,
¿qué es más: el oro o el templo que lo santifica? 18Y “el que jura por el altar, no
importa, pero el que jura por la ofrenda que está encima, se convierte en deudor”.
19
¡Ciegos! ¿Qué es mejor la ofrenda o el altar que la santifica? 20El que haya jurado
por el altar, que jure por el mismo y por todo lo que está encima. 21Y el que haya
jurado por el templo, que jure por el mismo y por quien habita en él. 22Y el que haya
jurado por el cielo, que jure por el trono de Dios y por el que está sentado en él.

¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta


23

y del eneldo y del comino y suprimen las partes más pesadas de la ley: el juicio, la
piedad y la fe; estas cosas les convendría hacer y no omitir aquéllas. 24Guías ciegos,
que filtran el mosquito y se beben el camello.
25
¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que purifican la parte exterior de
la copa y del plato, pero por adentro están llenos de rapiña e intemperancia. 26Fariseo
ciego, purifica primero la parte interior de la copa para que también quede limpio
el exterior.

¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que semejan sepulcros


27

encalados, que por afuera parecen hermosos, pero por adentro hierven de huesos de
muertos y de toda impureza. 28Así también ustedes, por afuera les parecen justos a
los demás, pero por adentro están repletos de hipocresía e iniquidad.
los evangelios 52

29
¡Ay de ustedes!, escribas y fariseos hipócritas, que construyen las tumbas de
los profetas y adornan los sepulcros de los justos, 30y dicen: “Si estuviéramos en los
días de nuestros padres, no participaríamos junto con ellos de la sangre de los
profetas”. 31Para dar de este modo testimonio de que son hijos de los que asesinaron
a los profetas; 32pero ustedes rebasaron la medida de sus padres. 33¡Sierpes!, ¡criaturas
de víboras! ¿Cómo podrían huir de ser condenados a la gehena? 34Por eso, he aquí
que yo envío a ustedes a profetas y sabios y escribas: a algunos de ellos matarán y
crucificarán y azotarán en sus sinagogas y perseguirán de ciudad en ciudad, 35para
que caiga sobre ustedes toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde
la sangre de Abel, el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien
ustedes mataron entre el templo y el altar. 36En verdad les digo que todas estas cosas
vendrán sobre esta generación.
37
¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y lapidas a los que te han
enviado, ¿cuántas veces quise reunir a tus hijos de la manera en que el ave reúne a
sus polluelos bajo las alas y ustedes no quisieron? 38He aquí que su casa se les quedará
desierta. 115 39Porque les digo que no me verán desde ahora hasta que digan:
“Bendito el que viene en nombre del Señor”.116

Capítulo veinticuatro
1
Salió Jesús del templo y se fue y vinieron a él los discípulos a mostrarle las
edificaciones del templo. 2Y él les contestó diciendo: —¿No ven todas estas cosas?
En verdad les digo que no quedará aquí una piedra sobre otra que no sea
derrumbada.
3
Estaba sentado en el Monte de los Olivos cuando se le acercaron los discípulos,
en privado, y le dijeron: —Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de
tu presencia y del acabamiento del tiempo.117
4
Y les contestó Jesús, diciéndoles: —Tengan cuidado de que nadie los engañe,
5
porque vendrán muchos en nombre mío, diciendo: “Soy el Cristo” y muchos serán
53 ernesto de la peña

engañados.118 6Ustedes oirán guerras y hasta noticias de guerra. Vigilen bien, no se


alarmen. Porque es necesario que esto ocurra, pero no es el final todavía. 7Porque se
levantará un pueblo contra otro y un reino contra otro y habrá pestes y terremotos
en algunos lugares, todas estas cosas son principio de tribulaciones; 8en esas fechas
los entregarán a la aflicción y los matarán y serán odiados por todos los pueblos a
causa de mi nombre; 10entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán unos a
otros y se odiarán entre sí. 11Y surgirán muchos seudoprofetas, que engañarán a
muchos. 12Y al proliferar la injusticia, se congelará el amor de muchos. 13Pero el que
soporte hasta el final, ése será salvo. 14Y se predicará este evangelio del reino en todo
el mundo conocido para que sirva de testimonio a todos los paganos y entonces
llegará el final.119
15
Cuando vean ustedes al ídolo abominable de que habló Daniel, el profeta, que
está en lugar sagrado, el que lea, que comprenda.120 16Entonces, los que estén en
Judea, que huyan a las montañas 17y que el que esté en la parte alta de su casa no baje
a llevarse los objetos que tiene en ella, 18y que el que esté en el campo no vuelva atrás,
para llevarse su túnica. 19¡Ay de las mujeres que estén embarazadas y las que
amamanten en esos días! 20Rueguen ustedes que la huida de ustedes no caiga en
invierno ni en sábado, 21porque habrá entonces una aflicción grande, como no la ha
habido desde el principio del mundo y hasta ahora y no habrá otra igual.121

Y si no se acortaran esos días, no se salvará carne alguna: por causa de los


22

elegidos se acortarán aquellos días. 23Si entonces alguien les dijere: “Mira, ¡éste es el
Cristo!” o “¡Ése es!”, no le crean. 24Porque surgirán Cristos falsos y seudoprofetas y
harán grandes signos y prodigios para engañar, si es posible, hasta a los elegidos.
25
Miren que los he prevenido: 26si les dijeren: “Miren, que está en el desierto”, no
salgan; “Miren, que está en sus habitaciones”, no lo crean; 27porque así como el
relámpago sale de las regiones del Oriente y se muestra hasta las del Poniente, así será
la llegada del Hijo del Hombre; 122 28porque donde está el cadáver, se juntarán
también las águilas.
29
Inmediatamente después de la aflicción de aquellos días:
los evangelios 54

El sol se oscurecerá
y la luna no dará su brillo
y las estrellas caerán desde el cielo
y las potencias de los cielos serán sacudidas.123

30
Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo y entonces se
golpearán el pecho las tribus de la tierra y verán al Hijo del Hombre que viene sobre
las nubes del cielo con poder y fuerza mucha.124 31Y enviará a sus ángeles con una
gran trompeta y reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos y desde las partes
altas de los cielos hasta sus partes altas.125

Y por la higuera conozcan esta parábola: cuando sus ramas se ponen blandas y
32

brotan las hojas, sepan que está cerca el verano. 33Así también ustedes: cuando sepan
todas estas cosas, sepan que está cerca, a las puertas.

De verdad les digo que no pasará esta generación hasta que se hayan cumplido
34

todas estas cosas. 35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Nadie sabe de ese día ni de esa hora, ni los ángeles del cielo, ni el hijo, sólo el
36

padre. 37Tal como los días de Noé, así será la llegada del Hijo del Hombre. 126
38
Porque tal como estaban en aquellos días, los anteriores al diluvio, comiendo y
bebiendo, casándose y tomando en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el
arca, 39y nada sabían hasta que llegó el diluvio y se llevó a todos consigo, así también
será la llegada del Hijo del Hombre. 40Entonces habrá dos en el campo: uno será
llevado, el otro se quedará; 41dos mujeres estarán haciendo molienda en el molino:
una será llevada y la otra se quedará; 42así pues, vigilen, porque no saben en qué día
vendrá su señor; 43sepan que si hubiera sabido el dueño de casa a qué hora llegaría el
ladrón, habría velado y no habría permitido que le robaran la casa. 44Por eso, estén
preparados también ustedes, porque el Hijo del Hombre ha de venir en una hora
que no suponen.
55 ernesto de la peña

Pues, ¿quién es el siervo fiel y prudente a quien el amo encargó dar a su


45

servidumbre la comida en su momento justo? 46Bienaventurado ese siervo a quien


el amo, al llegar, encuentre haciendo estas cosas. 47De verdad les digo que a él le
encargará el cuidado de todos sus bienes 48y si aquel mal siervo se dijera en su
corazón: “Mi amo se retrasa”, 49y empezara a golpear a los demás siervos, sus
compañeros, y si comiera y bebiera con los borrachos, 50llegará el amo de ese siervo
un día en que no lo espera y a una hora que no sabe 51y lo apartará y pondrá su parte
junto con la de los hipócritas. Aquí serán el llorar y el crujir de dientes.

Capítulo veinticinco
1
—Así pues, se asemeja el reino de los cielos a diez vírgenes que, tomando sus
lámparas, salieron a encontrar al novio. 2Cinco de ellas eran tontas y cinco
inteligentes. 3Porque las tontas, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite consigo. 4Y
las inteligentes llevaron aceite en sus alcuzas, junto con sus lámparas. 5Y como el
novio se retardase, todas se adormilaron y se durmieron. 6En medio de la noche se
oyó un grito: “¡Ha llegado el novio!, ¡salgan a su encuentro!” 7Entonces se
levantaron todas aquellas vírgenes y despabilaron sus lámparas. 8Y las tontas dijeron
a las inteligentes: “Dennos de su aceite, porque se apagaron nuestras lámparas”. 9Y
las inteligentes contestaron, diciendo: “No, porque no alcanzaría para nosotras y
para ustedes. Mejor vayan con quienes lo venden y cómprenlo”. 10Y cuando habían
ido a comprarlo, llegó el novio y las que estaban listas se fueron con él a la boda y la
puerta fue cerrada. 11Llegaron después las demás vírgenes, diciendo: “¡Señor!,
¡señor!, ¡ábrenos!” 12Y él les contestó, diciendo: “De verdad les digo que no las
conozco”. 13Así pues, estén vigilantes porque no saben el día ni la hora.
14
Y sucedió que un hombre que se iba llamó a sus siervos y les entregó sus bienes
15
y a uno le dio cinco talentos y al otro, dos, y al otro, uno; a cada uno según sus
capacidades y se fue. Inmediatamente 16el que había recibido cinco talentos fue e
hizo negocio con ellos y ganó otros cinco, 17y del mismo modo, el que había recibido
dos, ganó otros dos. 18Pero el que había recibido uno, se fue y cavó la tierra y
los evangelios 56

escondió el dinero de su señor 19y después de mucho tiempo, regresó el señor de


aquellos siervos y quiso arreglar cuentas con ellos, 20y llegó el que había recibido
cinco talentos y le mostró los otros cinco, diciendo: “Señor, me entregaste cinco
talentos. Mira que con ellos gané otros cinco”. 21Y entonces le dijo su amo: “Bien,
siervo bueno y fiel, fuiste fiel con lo poco, te pondré a encargarte de lo mucho, entra
en la gracia de tu señor”. 22Y se acercó el de los dos talentos y dijo: “Señor, me
entregaste dos talentos: mira que gané otros dos más”. 23Y el señor le dijo: “Bien,
siervo bueno y fiel, fuiste fiel con lo poco, te encargaré de lo mucho: entra en la
gracia de tu señor”. 24Y se le acercó también el que sólo había recibido un talento y
le dijo: “Señor, sé que eres hombre duro, que siegas donde no has sembrado y recoges
donde no has diseminado. 25Tuve miedo y me fui a esconder tu talento en la tierra:
mira, ¡aquí tienes lo tuyo!” 26Y el amo le contestó y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso!,
¿te constaba que siego donde no he sembrado y que recojo donde no he diseminado?
27
Pues te convenía entonces haber confiado mi dinero a los cambistas, para que, al
venir yo, pudiera recuperar lo mío, junto con los intereses. 28¡Quítenle el talento y
denlo a quien tiene diez! 29Porque a quien tiene todo se le dará y tendrá en exceso y
a quien nada tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. 30¡Expulsen a este siervo
inútil a la oscuridad exterior! ¡Y allí serán el llorar y el crujir de dientes!”.
31
Cuando llegue el Hijo del Hombre en su gloria y todos los ángeles con él,
estará sentado en el trono de su gloria. 32Y se congregarán enfrente de él todos los
pueblos y los distinguirá a unos de los otros, al igual que el pastor distingue a las
ovejas de los cabritos 33y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su
izquierda. 34Entonces, el rey dirá a los que están a su derecha: “¡Vengan, benditos de
mi padre! Hereden el reino que les está preparado desde la fundación del mundo,
35
porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui
extranjero y me acogieron, 36estaba desnudo y me vistieron, me enfermé y me
cuidaron, estuve en la cárcel y vinieron a mí”. 37Entonces le preguntarán los justos,
diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos o te vimos
sediento y te dimos de beber? 38¿Cuándo te vimos como extranjero y te acogimos o
te vimos desnudo y te vestimos? 39¿Cuándo te vimos enfermo y te cuidamos o en la
57 ernesto de la peña

cárcel y te fuimos a visitar?” 40Y contestándoles, el rey les dirá: “En verdad les digo
que cuanto ustedes hicieran por uno de mis hermanos, el más pequeño de todos, lo
habrán hecho conmigo”.
41
Entonces dirá a los que están a su izquierda: “¡Váyanse lejos de mí, los
condenados al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles! 127
42
Porque tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber,
43
fui extranjero y no me acogieron, estuve desnudo y no me vistieron; estuve
enfermo y en la cárcel y no me cuidaron”. 44Entonces preguntarán también ellos,
diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o extranjero o desnudo
o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?” 45Y entonces les contestará, diciendo:
“En verdad les digo que cuando no lo hicieron con uno de los más pequeños,
tampoco lo hicieron conmigo”. 46Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida
eterna.

Capítulo veintiséis
1
Y sucedió que cuando terminó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos: 2—
Ya saben ustedes que dentro de dos días viene la pascua y el Hijo del Hombre será
entregado para que lo crucifiquen. 3Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y
los ancianos del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, llamado Caifás, 128 4y
deliberaban entre sí para apoderarse con dolo de Jesús y matarlo. 5Pero decían: —
Que no sea en la fiesta, para que no haya tumulto en el pueblo.

Mientras estaba Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso,129 7 vino a él


6

una mujer que llevaba un jarrón de alabastro con un perfume de mucho precio y lo
derramó sobre su cabeza, mientras él estaba recostado a la mesa. 8Al ver aquello, los
discípulos se indignaron y dijeron: —¿A qué viene este despilfarro? 9Porque este
perfume se podría haber vendido por mucho dinero para darlo a los pobres.

Y Jesús se percató de esto y les dijo: —¿Por qué le dan molestias a esta mujer?
10

Pues lo que hizo conmigo es bueno, 11ya que todo el tiempo tendrán ustedes a su
los evangelios 58

lado a los pobres, pero a mí no siempre me tendrán. 12Y cuando esta mujer derramó
este perfume sobre mi cuerpo, lo único que hizo fue prepararlo para la tumba. 13De
verdad les digo que dondequiera que se predique este evangelio en todo el mundo,
también se dirá lo que hizo esta mujer en recuerdo de ella.
14
Entonces se acercó uno de los doce, el llamado Judas Iscariote, a los sumos
sacerdotes130 15y les dijo: —¿Qué me darán si yo lo entrego? Y ellos le asignaron
treinta monedas de plata.131 16Y desde entonces buscaba la ocasión propicia para
entregarlo.
17
El primer día de la fiesta de los ácimos se acercaron los discípulos a Jesús,
diciendo: —¿Dónde quieres que te preparemos la comida de la pascua?132 18Y él les
contestó: —Vayan a la ciudad, a casa de fulano, y díganle: “El maestro dice: «Mi
ocasión está cercana, en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos»”. 19E
hicieron los discípulos tal como les ordenó Jesús y prepararon la pascua. 20Cuando
llegó la noche, se puso a la mesa con los doce 21y mientras estaban cenando, les dijo:
—De verdad les digo que uno de ustedes me traicionará.
22
Y se dolieron mucho y empezó a preguntarle cada uno de ellos: —¿Acaso soy
yo, Señor? 23Y él les contestó, diciendo: —El que haya metido conmigo la mano en
el plato, ése me entregará. 24El hijo del Hombre se va, tal como está escrito acerca de
él; ¡ay del hombre aquel por quien será entregado el Hijo del Hombre! ¡Le
convendría más a ese hombre no haber nacido!
25
Y le preguntó Judas, el que lo traicionó, diciendo: —¿Acaso soy yo, rabí? Y él
le contestó: —Tú lo dijiste.
26
Y mientras cenaban, tomó Jesús un pan y, bendiciéndolo, lo partió y lo dio a
sus discípulos, diciendo: —Tomen y coman: éste es mi cuerpo. 27Y tomando una
copa y bendiciéndola, la dio a ellos, diciendo: —Beban todos de ella, 28porque ésta
es mi sangre de la alianza, que se ha de verter por muchos para perdón de los pecados.
29
Les digo que no beberé desde ahora de este fruto de la vid hasta el día aquel en que
lo beberé con ustedes, nuevo, en el reino de mi padre. 30Y después de entonar un
himno, salieron al Monte de los Olivos.
59 ernesto de la peña

31
Entonces les dijo Jesús: —Todos ustedes me rechazarán esta noche, porque
está escrito:

Golpearé al pastor
y se dispersarán las ovejas del rebaño.133

Después de resucitar iré antes que ustedes a Galilea. 33Y Pedro le contestó,
32

diciendo: —Si todos te rechazan, yo nunca te rechazaré. 34Y Jesús le dijo: —En
verdad te digo que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres
veces. 35Y Pedro le contestó, diciendo: —Aunque fuera necesario que yo muriera
contigo, no te negaré. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
36
Entonces fue Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus
discípulos: —Siéntense aquí para que, apartándome de este lugar, pueda rezar.134
37
Y llevándose consigo a Pedro y a los dos hijos del Cebedeo, comenzó a padecer y
angustiarse. 38Y entonces les dijo: —Tristísima está mi alma, hasta la muerte.
¡Quédense aquí y velen conmigo! 39Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro,
rezando y diciendo: —¡Padre mío, si es posible, que se aparte de mí este cáliz! Pero
que no sea como yo quiero, sino como tú. 40Y se acercó a los discípulos y los
encontró durmiendo y entonces le dijo a Pedro: —Así pues, ¿no pudieron velar
conmigo una hora? 41Velen y recen para que no entren en tentación, porque el
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. 42Y de nuevo, por segunda vez, se fue
y se puso a rezar, diciendo: —¡Padre mío!, si no puede evitarse que lo beba, ¡hágase
tu voluntad! 43Y volvió a ellos y los encontró durmiendo, porque tenían los ojos
pesados. 44Y los dejó y se fue de nuevo a orar por tercera vez, diciendo las mismas
palabras nuevamente. 45Después llegó a los discípulos y les dijo: —Sigan durmiendo
y descansando: ¡miren!, ha llegado la hora y el Hijo del Hombre será entregado a
manos de los pecadores. 46¡Levántense!, ¡vamos! Ya llegó el que me ha de entregar.
los evangelios 60

47
Y estaba todavía hablando cuando llegó Judas, uno de los doce, y junto con él
mucha gente con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del
pueblo. 48Y el que lo entregó les había dado una señal, diciendo: —Aquel a quien
bese, ése es. ¡Apodérense de él! 49Y acercándose rápidamente a Jesús, le dijo: —
¡Salud, rabí!, y lo besó. 50Y Jesús le dijo: —¡Amigo! ¡A lo que has venido! Y entonces,
llegaron a él y pusieron manos sobre Jesús y se apoderaron de él. 51Y uno de los que
estaban con Jesús extendió la mano y tomó la espada y golpeó al siervo del sumo
sacerdote y le cercenó la oreja. 52Entonces, Jesús le dijo: —Vuelve tu espada a su
funda, porque todos los que toman la espada por espada morirán. 53¿O crees que no
puedo suplicar a mi padre, que me enviaría de inmediato más de doce legiones de
ángeles? 54¿Cómo, entonces, se cumplirían las Escrituras que dicen que así debe
suceder? 55En aquel momento, dijo Jesús a la gente: —Salieron como tras un ladrón,
con espadas y palos para aprehenderme: todos los días estaba sentado en el templo,
dando enseñanza, y no se apoderaron de mí.

Todo esto sucedió para que se cumplieran los escritos de los profetas.
56

Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.


57
Y los que se habían apoderado de Jesús lo condujeron a Caifás, el sumo
sacerdote, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Y Pedro lo seguía
desde lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote Y entró en él y se sentó junto con los
sirvientes para ver en que paraba aquello. 59Y los sumos sacerdotes y el sanedrín
entero buscaban un falso testimonio contra Jesús, para matarlo. 60Y no encontraban
a nadie, entre los muchos falsos testigos que se les acercaban, hasta que, finalmente,
llegaron dos 61que dijeron: —Éste dijo: “Puedo derribar el templo de Dios y
construirlo en tres días” 62Y levantándose, el sumo sacerdote le dijo: —¿No
contestas nada? ¿Qué son estos testimonios en contra tuya? 63Pero Jesús calló. Y el
sumo sacerdote le dijo: —Te conjuro por Dios viviente a que nos digas si eres el
Cristo, el hijo de Dios. 64Y Jesús le dijo: —Tú lo dijiste; pero además les digo:
61 ernesto de la peña

A partir de ahora verán al Hijo del Hombre


sentado a la derecha del poder
y que viene sobre las nubes del cielo.135

65
Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo: —¡Has
blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Ustedes acaban de oír la
blasfemia; 66¿qué les parece? Y ellos le contestaron, diciendo: —¡Es digno de muerte!
67
Y entonces le escupieron en el rostro y lo abofetearon y otros lo golpeaban,
68
diciendo: —¡Adivina Cristo!, ¿quién te golpeó?

Y Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Y se le acercó una criada, diciendo:


69

Tú también estabas con Jesús, el galileo. 70Y él lo negó enfrente de todos, diciendo:
—¡No sé lo que dices! 71Y al salir a la puerta, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
—Éste estaba con Jesús, el nazareno. 136 72Y de nuevo negó bajo juramento,
diciendo: —No conozco a ese hombre. 73Después de poco se acercaron los que allí
estaban y dijeron a Pedro: —Verdaderamente tú también eres de ellos, porque tu
manera de hablar lo demuestra. 74Entonces comenzó a maldecir y a jurar, diciendo:
—¡No conozco a ese hombre! Y en ese momento cantó el gallo. 75Y recordó Pedro
lo que le había dicho Jesús: “Antes de que el gallo cante, tres veces me negarás”. Y
salió y lloró amargamente.

Capítulo veintisiete
1
A la mañana siguiente celebraron una reunión todos los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo en contra de Jesús, para ver cómo lo matarían. 2Y lo ataron y lo
llevaron a entregar a Pilatos, el gobernador.

Entonces, al ver Judas, el que lo había traicionado, que había sido condenado,
3

se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los
ancianos, 4diciendo: —¡Pequé al entregar sangre inocente! Y ellos le dijeron: —¿Qué
los evangelios 62

nos importa? ¡Tú carga con eso! 5Y él, después de echar el dinero en el templo, se
retiró y luego se ahorcó.
6
Y los sumos sacerdotes, tomando las monedas de plata, dijeron: —No es lícito
arrojar estos dineros en la caja del tesoro del templo, porque son precio de sangre.
7
Y, tras celebrar un consejo, compraron con ellas el “campo del alfarero”, para
enterrar a los extranjeros. 8Por ello se ha llamado a aquel campo “campo de sangre”
hasta ahora. 9Entonces se cumplió lo dicho por Jeremías, el profeta, que dice:

“Y tomaron las treinta monedas de plata, precio convenido por uno a quien
tasaron los hijos de Israel, 10y las dieron por el campo del alfarero, según me lo
ordenó el Señor.”137
11
Y Jesús quedó enfrente del gobernador y éste le preguntó, diciendo: —¿Eres
tú el rey de los judíos? Y Jesús le dijo: —Tú lo dices. 12Y al ser acusado por los sumos
sacerdotes y los ancianos no contestó nada. 13Y entonces le dijo Pilatos: —¿No oyes
cuántos testimoniaron en contra tuya? 14Y no le contestó ni una sola palabra, de
modo que el gobernador se asombró mucho.
15
En la fiesta se acostumbraba que el gobernador entregara a la muchedumbre a
un prisionero, al que ésta quería. 16Y tenían entonces a un prisionero famoso,
llamado Barrabás. 17Y se reunieron y les dijo Pilatos: —¿A quién quieren que les
libere? ¿A Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo? 18Porque sabía que lo habían
entregado por envidia. 19Y estando sentado en el tribunal. mandó llamar su esposa
diciendo: —Que no haya nada entre tú y el justo ese, porque hoy, en sueños padecí
mucho por su causa.138 20Y los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la
gente de que pidiera que soltaran a Barrabás y que a Jesús lo ejecutaran. 21Y el
gobernador les preguntó, diciendo: —¿A quién de los dos quieren que les libere? Y
contestaron: —¡A Barrabás! 22Y Pilatos les dijo: —¿Y qué he de hacerle a Jesús, el
llamado Cristo? Y todos le dijeron: —¡Que sea crucificado! 23Y él les dijo: —¿Qué
hizo de malo? Pero ellos seguían gritando excesivamente: —¡Que sea crucificado!
24
Al ver Pilatos que de nada servía, sino que, más bien, se provocaba tumulto,
63 ernesto de la peña

tomando agua, se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: —Inocente


soy de esta sangre. Ustedes lo ven. 25Y todo el pueblo le contestó, diciendo: —¡Que
su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 26Entonces liberó a Barrabás,
y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que fuera crucificado.

Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y lo pusieron


27

frente a toda la cohorte.139 28Y lo desnudaron y le pusieron encima una capa de color
escarlata 29y trenzaron una corona de espinas y la colocaron encima de su cabeza y le
pusieron una caña en la derecha y, arrodillándose enfrente de él, le decían,
burlándose: —¡Salud, rey de los judíos! 30Y lo escupieron y le quitaron la caña y lo
golpearon en la cabeza 31y cuando se hubieron burlado de él, lo despojaron de la
capa y le pusieron sus ropas y se lo llevaron para crucificarlo.

Al salir, se encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo


32

contrataron para que le cargara la cruz.140 33Y fueron a un lugar llamado Gólgota,
que significa “el lugar de la calavera”141 34y le dieron de beber vino mezclado con
hiel y cuando lo probó, no quiso beber.142 35Y después de crucificarlo, dividieron
sus ropas a la suerte143 36y lo vigilaban, sentados allí. 37Y pusieron escrita, encima de
su cabeza, la causa de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos.” 38Y crucificaron
junto a él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39Y los que pasaban,
lo insultaban moviendo la cabeza144 40y diciendo: —Tú, que derribas el templo y en
tres días lo reconstruyes, ¡sálvate a ti mismo! Si eres el hijo de Dios, ¡baja de la cruz!
41
Igualmente, los sumos sacerdotes bromeaban con los escribas y los ancianos,
diciendo: 42—A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Es rey de Israel,
¡que baje ahora de la cruz y creeremos en él! 43Ha confiado en Dios, que lo salve
ahora si lo quiere; porque dijo: “¡Soy hijo de Dios!”145 44Y hasta los ladrones que
estaban crucificados junto con él lo injuriaban.

Desde la sexta hora cayó la oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
45

46
Y hacia la hora nona, Jesús gritó con fuerte voz, diciendo: —¡Elí, Elí, ¿lema
sabajzani?, es decir: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me abandonaste?” 146
47
Algunos de los que estaban allí, al oírlo, dijeron: —Éste llama a Elías. 48E
los evangelios 64

inmediatamente corrió uno de ellos y, tomando una esponja, la llenó de vinagre y,


poniéndola en una caña, se la dio a beber. 147 49Y los demás decían: —¡Déjalo!
Veamos si viene Elías a salvarlo. 50Y Jesús, gritando de nuevo con voz fuerte, entregó
el espíritu.
51
Y entonces se rasgó en dos el velo del templo, desde arriba hasta abajo, y la
tierra fue sacudida por un sismo y las piedras se partieron. 52Y se abrieron los
sepulcros y muchos cadáveres de los santos que allí reposaban, resucitaron 53y,
después de que él resucitó, salieron de los sepulcros y entraron en la ciudad sagrada
y se aparecieron a muchos. 54El centurión y los que estaban con él, custodiando a
Jesús, al ver el terremoto y lo que sucedía, se espantaron sobremanera, diciendo: —
Verdaderamente éste era hijo de Dios. 55Y allí estaban muchas mujeres que miraban
desde lejos y que habían seguido a Jesús desde Galilea, para servirlo. 56Entre ellas
estaban María Magdalena y María, madre de Santiago y de José, y la madre de los
hijos de Cebedeo.
57
Por la tarde, llegó un hombre rico, de Arimatea, de nombre José, que también
había sido discípulo de Jesús, 58y fue a ver a Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús.
Entonces, Pilatos ordenó que se le entregara. 59Y tornando el cuerpo, José lo
envolvió en una sábana limpia 60y lo puso en la tumba nueva que tenía para sí y que
estaba tallada en la roca, y después de rodar una gran piedra frente a la puerta de la
tumba, se fue. 61Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas enfrente de
la tumba.148
62
Al día siguiente, el que sigue a la preparación, se reunieron los sumos
sacerdotes y los fariseos ante Pilatos,149 63diciendo: —Señor, hemos recordado que
este embaucador dijo, cuando todavía vivía: “Después de tres días, resucitaré.”
64
Ordena que se selle la tumba hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vayan y
se lo roben y digan después al pueblo: “Resucitó de entre los muertos”, y este engaño
será todavía peor que el primero. 65Y Pilatos les dijo: —Ustedes tienen la custodia.
Vayan a sellar la tumba como saben hacerlo. 66Y ellos fueron y aseguraron la tumba,
sellando la piedra en presencia de la guardia.150
65 ernesto de la peña

Capítulo veintiocho
1
Y después del sábado, en la madrugada del primer día de la semana, vinieron María
Magdalena y la otra María a ver la tumba. 2Y se produjo un gran temblor, porque el
ángel del Señor, al bajar del cielo y llegar allí, removió la piedra y se sentó encima de
ella. 3Tenía aspecto de relámpago y sus vestidos eran blancos como la nieve. 4Por el
miedo que les dio, se echaron a temblar los guardias que vigilaban y quedaron como
muertos. 5Y el ángel habló y dijo a las mujeres: —Ustedes no teman, porque sé que
buscan a Jesús, el crucificado. 6No está aquí, porque resucitó, tal como dijo. Vengan,
vean el lugar donde estuvo. 7Y vayan pronto a contar a sus discípulos que ha
resucitado de entre los muertos y ha de precederlos en Galilea, donde también lo
verán. Ya lo dije a ustedes.

Y se alejaron inmediatamente de la tumba, con miedo y alegría, y corrieron a


8

avisarlo a sus discípulos. 9Y Jesús les salió al paso y les dijo: —Las saludo. Y ellas se
acercaron a él y le tomaron y lo veneraron. 10Entonces les dijo Jesús: —No teman.
Vayan y avisen a mis hermanos para que vayan a Galilea: allí me verán.151

Cuando se marcharon, algunos miembros de la guardia fueron la ciudad a


11

anunciar a los sumos sacerdotes todo lo sucedido. 12Y reunieron con los ancianos y
deliberaron con ellos y tomaron dinero suficiente y lo dieron a los soldados
13
diciendo: —Digan: “Sus discípulos vinieron por la noche y se lo robaron, mientras
nosotros dormíamos”. 14Y si el gobernador oyera esto, lo convenceremos y ustedes
no serán molestados. 15Y tomaron el dinero e hicieron como se les había indicado. Y
se propaló esta versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
16
Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había ordenado Jesús
17
y al verlo, lo adoraron, pero algunos dudaron. 18Y Jesús, acercándoseles, les habló,
diciendo: —Me fue dado todo el poder en el cielo y sobre la tierra. 19Vayan, pues,
instruyan a todos los pueblos, bautizándolos en nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo152 20y enseñándoles a observar todo lo que he ordenado a ustedes. Y
yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos.
los evangelios 66

Notas

1 San Mateo escribió, primordialmente, para los judíos; por eso le interesa sobre todo hacer

notar que Jesús pertenece a una familia que tiene sus más remotas raíces en los patriarcas
(Abrahán) y los reyes (David). Los hechos que el propio evangelio narrará más adelante
demostrarán a los lectores que Cristo es también el ungido de Dios, es decir, el Mesías que
viene a salvar a los hombres de sus propios pecados y a fundar el reino de Dios sobre la
tierra.

2 Hubo, en realidad, varias deportaciones a Babilonia, pero dos fueron muy importantes:
la primera ocurrió el año 597 a. C., en que salieron de Judá el rey Joaquín y unos 7 000
hombres. La segunda fue el año 586 a. C.: los judíos fueron llevados en masa a Babilonia.
No salieron de esta condición de desterrados hasta la victoria de Ciro, rey de los persas.
sobre los babilonios. Este soberano, por edicto del año 538 a. C., permitió a los israelitas
regresar a su país y reconstruir el templo destruido por los invasores.

3 La palabra Cristo es griega y significa untado o ungido. Alude inicialmente al ritual de


coronación (y de consagración) hebreo, que consistía en verter aceite bendito sobre la
cabeza del futuro rey que, de esta manera, recibía una especie de carisma (gracia espiritual
concedida gratuitamente por Dios) y carácter sagrado. Por consiguiente, la unción es la
señal típica de los elegidos. El rey de Israel era llamado a menudo “ungido de Yahvé”, el
término hebreo que corresponde a Cristo (en griego Jristós es, precisamente, Mashíaj,
Mesías, en español). Si en este versículo se hace alusión a la salvación (en el sentido
espiritual, principalmente), ello se debe a que el nombre de Jesús (Yeshúah, en hebreo)
significa salvación.

4 Como se indicó más arriba, la primera parte del nombre de Jesucristo, esto es, Jesús, es la

adaptación griega de una palabra hebrea, yeshúa, que significa salvación. La teología
cristiana nos enseña, por otra parte, que la misión de Cristo fue, precisamente, salvarnos
del pecado.
5 Is 7, 14. El nombre teofórico (se llama así a todos los nombres que llevan en sí, como
elemento componente, el nombre de Dios) Immanuel se convirtió, en español, en
Manuel.

6 Hay que distinguir a Herodes el Grande, que reinó del 37 al 4 a. C. y ordenó la matanza
de los inocentes, de Herodes Antipas, uno de sus hijos, que gobernó sobre Galilea y la parte
judía de Transjordania. Ante este último soberano bailó Salomé y obtuvo como premio la
cabeza de Juan el Bautista.

7 Miq 5, 1.

8 Os 11, 1.

9 Jer 31, 15.

10Arquelao, hijo de Herodes el Grande, fue nombrado etnarca de Judea, Samaria e


Idumea. Su gobierno duró del año 4 a. C. al 6 de nuestra era. Se llamaba etnarca a un
soberano cuyo poder no era tan grande como el de un rey.

11 La expresión que se traduce aquí por “¡arrepiéntanse!” significa, igualmente, “cambien


de actitud”. La penitencia es, en su sentido original, un cambio de actitud frente al
comportamiento que se ha observado.

12 Is 40, 3.

13 El pasaje que habla del bautismo de Cristo contiene lo que los teólogos llaman una
“teofanía trina”, es decir que se manifiestan a los hombres las tres personas de la Trinidad.
Cristo, la segunda persona, está siendo bautizado; sobre él se cierne la paloma del Espíritu
Santo (la tercera persona) y se oye la voz de la primera persona, el Padre. Se llama teofanía,
en general, a una manifestación de la divinidad.

14 Dt 8, 3.

67
15 Sal 91, 11-12.

16 Dt 6, 16.

17 Dt 6, 13.

18 Solía llamarse a Galilea la “de los paganos” o “de los gentiles” o “pueblos”, debido a que
en ese lugar hubo una gran mezcla de sangres de la población autóctona (habitantes de
Palestina) y otros pueblos, en ocasión de las conquistas de Tiglatpileser III, rey de los
asirios.
19 Is 9, 12.

20 El sentido literal del verbo es acercarse. Sin embargo, algunos traductores ponen llegar.

21 Se llama Decápolis (en griego, “diez ciudades”) a un conjunto de poblaciones situadas,


en su mayoría, en Transjordania (o región situada más allá del río Jordán, hacia el oriente).
Eran urbes helenizadas y Alejandro Janeo, primer rey de la dinastía de los macabeos, las
incorporó al reino de Judea. Las ciudades, según la lista que da el naturalista romano Plinio
el Viejo, son las siguientes: Damasco, Filadelfia, Rafana, Escitópolis (llamada también
Beisán), Gadara, Hipo, Dion, Pela, Gerasa y Canata. Algunas autoridades excluyen del
grupo a Rafana y añaden Abila.

22 La Biblia hebrea se divide en tres grandes secciones: la Toráh (ley o enseñanza


fundamental), los Profetas y los Hagiógrafos (o escritores de cosas sagradas). Quien ataca
las enseñanzas que se encuentran en la ley y los profetas, está atacando los pilares del
judaísmo.

23 Ex 20, 13.

24 Ex 20, 14; Dt 5, 18.

68
25 El derecho hebreo permite y codifica el divorcio. El testimonio de que tal procedimiento
se ha observado es un documento que así lo hace constar. A este documento alude Cristo
en este pasaje. Véase también Dt 24, 1.

26 Ex 20, 14.

27 Ex 21, 24.

28 Lv 19, 18. “Odiarás a tu enemigo” es adición del evangelio, porque no está escrito en el
texto original hebreo.

29 Los recaudadores de impuestos eran llamados publicanos y algunas traducciones de los


evangelios emplean este término todavía.

30 La Nueva Biblia Española, vertida por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos, da una
interpretación distinta a estos dos versículos, al traducirlos del siguiente modo: “22La
esplendidez da valor a la persona. Si eres desprendido, toda tu persona vale; 23en cambio,
si eres tacaño, toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes sólo miseria ¡qué miseria
tan grande!” La justificación son Sal 112 (111), 3-4, e Is 58, 7-8, para la versión de “ojo
brillante” por “esplendidez o “generosidad”. Por lo que respecta a “ojo perverso” o “mal
ojo” (que tradujeron como “tacaño”) se encuentra, en opinión de estos autores, en Eclo
14, 10 y en otras lenguas semíticas.

31 Se daba el nombre de mamón, de manera genérica, a los bienes, a las propiedades. La


palabra llegó a tener un sentido peyorativo y parece que así la emplea Cristo. Puede
traducirse también como riquezas o dinero. La enseñanza moral que de esto se desprende
es que el amor excesivo a las riquezas se opone al amor a Dios.

32 Centurión se llamaba al individuo que comandaba una centuria, esto es, un contingente

de cien soldados. La centuria era, por otra parte, la unidad mínima de la infantería romana.
En los evangelios se habla de un centurión que estuvo al pie de la cruz. Este hombre, al ver
los terribles fenómenos naturales que ocurrían en el momento de la muerte de Cristo,
reconoció en él al hijo de Dios. Un centurión, quizás el mismo, dio un informe a Pilatos

69
acerca de la muerte de Cristo (cf. Me 15, 44 y ss.). El nombre Longinos, que en algunos
apócrifos se da al soldado que, tras la muerte de Cristo y para cerciorarse de ella, traspasó
el costado del Señor con una lanza, parece provenir de un error, ya que lanza se decía lonji
en el griego de aquellos días. De cualquier manera, la tradición cristiana dice que del
costado de Cristo manaron sangre y agua que curaron la oftalmía de este hombre y lo
convirtieron a la religión del crucificado.

33 Is 53, 4.

34 Os 6, 6.

35 El nombre de Iákobos (en griego, correspondiente al hebreo Yaqob) se ha traducido, de


conformidad con la costumbre cristiana española, como Santiago. De hecho, este nombre
adopta en español varias formas: Jacob, Jacobo, Santiago, Diego y Yago. Hay autores que
sostienen que Jaime proviene del mismo nombre, pero no es así, ya que deriva del hebreo
Jáyim que significa “vida”. Otros afirman que el equivalente de este nombre en hebreo
sería Vidal. El sentido original del nombre Jacobo, aunque muy debatido, parece haber
sido “el protegido”.

36 Hay, hasta la fecha, enemistad o, cuando menos, graves diferencias doctrinales y de


obediencia religiosa entre judíos y samaritanos. Éstos, que habitaban la región
comprendida entre Galilea y Judea, tienen un origen racial en parte extranjero (babilonio)
y se opusieron inicialmente al culto de Yahvéh, pues adoraban al dios pagano Nergal.
Finalmente, sin embargo, los samaritanos se volvieron monoteístas y aceptaron el culto al
único Dios. En ocasión del destierro a Babilonia, se quisieron unir a los exiliados, pero
Zorobabel y Nehemías no los aceptaron. De entonces parte, a lo que parece, la enemistad
entre los dos pueblos: los samaritanos construyeron su propio santuario en el monte
Guerizim (o Garizim) y, hasta la fecha, sostienen que la verdadera tradición del
monoteísmo se encuentra en su Pentateuco y no en la Toráh de los judíos. En tiempo del
Nuevo Testamento, este apartamiento de los dos grupos humanos sigue siendo
perceptible.

70
37 Por el texto escueto del evangelio se puede colegir que los apóstoles recibieron gratis su
elección al apostolado y su autoridad, la buena nueva del reino de los cielos y su
participación en él. Por añadidura les vienen los dones de curar y expulsar demonios (esto
es, de ser terapeutas y exorcistas). Estos dones se llaman “carismas” en la teología; más
adelante se verá que los apóstoles pueden también hablar en lenguas extranjeras y distinguir
a los verdaderos de los falsos profetas. Estos carismas o gracias dadas gratuitamente (así los
define Santo Tomás) están tratados con amplitud en la primera epístola de San Pablo a los
corintios, en los capítulos 12 a 14.

38 La aceptación del mensaje de Cristo debe ser íntegra, con todas las potencialidades y
capacidades del ser. Tal como fue el Maestro deberán tratar de ser los discípulos. Así como
Cristo fue ejemplo moral, los apóstoles y los cristianos, en general, en su propia medida
deberán imitarlo. Belcebú llamaban los fariseos al jefe o señor de los malos espíritus. Parece
que el término (generalmente mal escrito, pues debe ser, con toda probabilidad,
Baalzebub) significa “señor de las moscas” y quizá aluda a la suciedad en que viven y se
reproducen estos insectos. Podría significar, también, señor del estercolero.

39 Gehena proviene de las palabras gue hinnom o valle de Hinón (Hinón es nombre propio,
sin etimología firme conocida). En el Nuevo Testamento se usa como equivalente a
infierno. Se supone que en el valle de Hinón, particularmente en un recodo del mismo
llamado Tófet, se llevaban a cabo sacrificios paganos e inmolación de niños al dios Moloc
o Molec.

40 Miq 7, 6.

41 No hay que ver en estas líneas, dicen los teólogos morales, una exhortación a la
disolución familiar. El mensaje de Cristo significa que, por encima de los intereses
familiares inmediatos y como medida de mejoramiento de las relaciones domésticas, cada
uno de los miembros integrantes de cada unidad familiar debe buscar la ruta de la
salvación. Una vez que todos y cada uno de los miembros de una familia (particularmente
los padres, pilares de la institución) conozcan la moral cristiana, estarán mejor preparados
para enfrentarse a las adversidades y tentaciones de la vida cotidiana. Acoger el mensaje de

71
Cristo es capacitarse para la mejor orientación del grupo familiar y, por derivación natural,
del conglomerado social.

42 Es frecuente que en el Nuevo Testamento se emplee el término griego psyjé (literalmente


“alma”) para indicar la vida, en general. El sentido teológico moral del pasaje aclara la
aparente paradoja de este versículo al contrastar la vida temporal, terrena, con la
imperecedera, que tendrán quienes sigan las enseñanzas de Cristo. Por consiguiente, quien
haya podido hacer a un lado las tentaciones de la vida humana (esto es, quien haya negado
esta vida de aquí) tendrá su recompensa en la vida ultraterrena (tendrá la vida verdadera,
que es la vida eterna).

43 Véase nota del versículo 16 del capítulo 1.

44 La esperanza mesiánica, es decir, la confianza en que había de llegar un salvador del


pueblo de Israel, sometido en diversas ocasiones a todas las humillaciones y los despojos
del cautiverio y la esclavitud, se fue fortaleciendo, sobre todo durante la época que va de
170 a. C. hasta la de la llegada de Cristo. El libro de Daniel, en especial, ejerció un influjo
particular en la configuración de estas ideas. Los judíos habían soportado la esclavitud y el
maltrato en Egipto, las deportaciones a Babilonia y en esos días evangélicos, bajo la sujeción
del yugo griego de los llamados “diádocos” (sucesores) de Alejandro Magno, habían
emprendido, bajo los macabeos, una guerra suicida. La idea del Mesías, ya no como un
salvador espiritual universal, sino como algo entrañable, un redentor personal, estaba en el
aire. Además, la profecía de Malaquías (3, 23-24) hablaba de que Elías había de preceder al
Mesías esperado. De allí parte la pregunta de Juan el Bautista, que desea informar a todos
los fieles que lo siguen que el verdadero Mesías, no el precursor, Elías, ha llegado. La misión
de Elías consistía, fundamentalmente, en establecer la paz sobre la tierra y reestablecer el
orden, trastornado por las desgracias que se habían abatido sobre los judíos. Cuando
aparece Cristo, pues, el terreno está propicio para que el pueblo en general no sólo entienda
el mensaje de paz y redención que trae, sino para que acepte su carácter de Mesías
verdadero.

45 Is 35, 5-6; 42, 18; 61, 1. La recepción de la buena nueva o buena noticia (éste es el
significado de evangelio) no se limita a escuchar el mensaje del mismo, sino a modificar los

72
hábitos morales, seguir al Salvador y observar sus enseñanzas. El Mesías ya ha llegado. Éste
es el Mensaje capital del evangelista.

46 Ex 23, 20; Mal 3, 11.

47 Se ha querido ver en estas violencias de que habla Mateo una alusión a las acciones
agresivas de los enemigos del Bautista.

48 La ley y los profetas constituían las partes más importantes del Antiguo Testamento,
desde el punto de vista de la doctrina y la disciplina que de ella derivaba. Quien rompía
con ellos, rompía al mismo tiempo con el judaísmo, su comunidad y su significado.

Algunos profetas (como Malaquías, por ejemplo) habían hablado de un precursor del
49
Mesías. En el caso citado, se trataba de Elías. También habían hablado de un día del Señor,
grande y terrible, que habrá de suceder al precursor. Hay algunos intérpretes que afirman
que San Juan Bautista encarnó, de hecho, esta figura del Elías profético, precursor de
Cristo, que es el Mesías verdadero, el esperado. De esta manera se puede explicar la
pregunta de San Juan.

50 Is 14, 13, 15.

51 1 Sm 21, 1 y ss.

52 Os 6, 6.

53 Is 42, 1-4.

54 La demonología, es decir, el estudio de los demonios, era una disciplina que se cultivaba
mucho entre los pueblos antiguos. Quienes la practicaban, atribuían nombres
significativos e importantes a los diferentes demonios que invocaban. Ya se ha explicado
más arriba que Belcebú debe de ser una forma corrupta de Baal Zebub o “señor de las
moscas”. Sin embargo, en general, los demonios de que se habla con frecuencia en el
Nuevo Testamento están sometidos al poder de Satán (Satanás o el Diablo). Los dos

73
primeros términos (Satán y Satanás son la misma palabra) significan, originalmente,
adversario y se refieren, sobre todo, al sentido moral de las acechanzas del demonio. El
tercero, diablo, es de origen griego (los dos primeros tienen raíz semítica) y quiere decir el
que calumnia, el que introduce sospecha.

55 No debe entenderse este párrafo de una manera literal, como si Jesús incitara a los
hombres a levantarse contra sus familiares. Significa, sencillamente, que por encima de las
consideraciones humanas y familiares, debe prevalecer la enseñanza evangélica, incluso en
beneficio de las buenas y sanas relaciones que debe haber en el seno de la familia. El criterio
moral tiene que vencer a las debilidades y lenidades propias de lo humano.

56 Jon 1, 17.

57 Jonás es uno de los profetas menores, en cuya lista ocupa el quinto lugar. Se lo ha
llamado “prefigura” de Cristo por haber estado en el seno de una ballena durante tres días,
lo cual es comparable con la permanencia de Cristo tres días en la tierra (en una cueva)
antes de la resurrección. Se interpreta la “señal de Jonás” como sigue: Cristo ha de
descender al seno de la tierra, después de morir, y allí permanecerá tres días y tres noches y
posteriormente resucitará. Hay intérpretes modernos que ven en “la señal de Jonás” una
alusión a la segunda venida de Cristo, cuando ha de llegar a juzgar a los hombres. Sin
embargo, la interpretación mejor aceptada en los círculos católicos es que, tácitamente, se
está hablando en este pasaje de la resurrección. La alusión a los ninivitas o habitantes de
Nínive es una advertencia: Jonás, el profeta menor del Antiguo Testamento, por orden del
Altísimo va a Nínive a avisar a los habitantes que la ciudad será destruida si no hacen
penitencia. Al ver que todos obedecen la advertencia, perdona el Señor a Nínive y no la
destruye.

58El viento del noto era el que venía del sur. La reina de Saba, a quien la tradición (no la
Biblia) llama Balkis, provenía del sur y llegó a la corte de Salomón para admirar sus riquezas
pero, sobre todo, para tener testimonio de su sabiduría.

59 Is 6, 9-10.

74
60Sal 78, 2. A lo largo de toda la Biblia es frecuente el empleo de la parábola, género muy
gustado por los orientales y mediante el cual se pretende dar una enseñanza moral a través
de una narración que transcurre entre animales o por medio del planteamiento de
situaciones similares u otros recursos semejantes.

61 Este versículo y los pasajes paralelos de los otros evangelios han suscitado infinidad de
comentarios, puesto que está en juego nada menos que la virginidad de María. Los pasajes
paralelos son (respecto de los hermanos) Mc 3, 31; 6, 3; Jn 2, 12; 7, 3, 5, 10; Hch 1, 14; 1
Cor 9, 5: Gal 1, 19; respecto de las hermanas son los que siguen: Mc 3, 32; 6, 3. Los
nombres que se dan son, uniformemente, cuatro para los hermanos: Santiago, José, Simón
y Judas. Las hermanas, en cambio, no se mencionan por nombre, quizás por la posición
inferior de las mujeres en aquella sociedad y en aquellos días. La explicación habitual que
dan los católicos, a la que se oponen, generalmente, los miembros de las denominaciones
reformadas, para quienes el dogma de la virginidad no tiene importancia, es que en los
tiempos de Cristo el término adelphós (hermano) tenía connotaciones diversas y se
aplicaba por igual a los medios hermanos y a los primos. Este hecho puede observarse en
las sociedades patriarcales semíticas, donde el término aj (hermano) tiene un sentido lato
y puede decirse por igual de hermanos, medios hermanos, primos en primero y segundo
grado. ¿No es lógico suponer, aunque la lengua que se emplea sea el griego (que era como
la lengua inglesa de aquellos días en el sentido de idioma de gran importancia para la
comunicación), que los escritores sagrados, que eran judíos, dieran el mismo sentido
elástico a este término de parentesco? San Mateo, en especial, usa con gran frecuencia giros
de carácter semítico en su escritura y puede adivinarse un pensamiento que se expresa en
arameo por debajo del ropaje helénico.

62 Ya hemos considerado más arriba, al hablar de Herodes el Grande, a la complicada


familia herodiana. El Herodes que aparece ahora es Herodes Antipas, hijo del anterior y de
su esposa Maltace, la samaritana. Este soberano llevaba el título de tetrarca, no de rey. La
distinción es importante: se daba el nombre de tetrarca a quien compartía un dominio
determinado, que estaba dividido en cuatro partes. Éste es el sentido griego, original, que
tuvo el título cuando lo creó Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Pero en
tiempos romanos significaba tan sólo soberano menor, que no merecía, precisamente por
la pequeñez de su territorio y de su poder, ser llamado rey. El Nuevo Testamento menciona

75
a otros tetrarcas: Filipo y Lisanias. El territorio gobernado por un tetrarca era, por
supuesto, llamado tetrarquía. Herodes Antipas fue tetrarca de Galilea y Perea a partir del
año 4 a. C., fecha en que murió su padre, Herodes el Grande. Su mujer legítima era hija del
rey árabe Aretas, pero se llevó consigo a su sobrina Herodías, hija de su hermano
Aristóbulo, que estaba casada con Herodes Filipo (también hermano suyo). Por ende, el
incesto y el adulterio eran particularmente evidentes, y repugnantes, para San Juan
Bautista. Salomé, la hija de Herodías, pidió la cabeza a instigación de su madre (como se
lee en el texto sagrado). Salomé, tras lo que se narra en este pasaje, casó con el tetrarca Filipo,
tío suyo (pues era también hermano de Herodes Antipas, aunque su madre era Cleopatra
y no Maltace), que era treinta años mayor que ella y gobernaba Iturea, Traconítida,
Gaulanítida, Batanea y Auranítida. Su tetrarquía fue incorporada, a su muerte, a la
provincia de Siria.

63 Estas “fuerzas” de que se habla en este pasaje bien pueden ser también traducidas por
“milagros”. Pero el texto se cuida de decir que se hacen “a través de” o que “se activan” en
San Juan. Debe entenderse que el control de esas fuerzas extraordinarias está sólo en manos
de Dios y que algunos hombres, por permiso divino especial, pueden emplearlas en
contadas ocasiones, siempre “a nombre” y “por virtud” del poder divino. El texto habla,
en un sentido metafórico, de la resurrección de Juan Bautista, dando a entender por el
término el tiempo que el Bautista había estado encerrado en la cárcel, bajo tierra.

64 En el momento en que Jesús se entera de que el Bautista ha sido decapitado, teme por
su vida, pero no por el simple miedo a la muerte (que, de acuerdo con su misión, le era
extraño), sino por no haber terminado todavía su predicación. Por eso se refugia en otro
lugar, tal como puede verse en el versículo siguiente.

65 A consecuencia de lo sucedido a Juan el Bautista, Jesús se retiró a un lugar desierto, para

estar solo. Tal vez necesitaba meditar en la profundidad de su misión, que exige todos los
sacrificios.

66 Las curaciones que Jesús hace en el lugar al que se ha retirado tras la ejecución del
Bautista son una demostración más de su divinidad, de su carácter de hijo de Dios.

76
67La curación de las enfermedades y padecimientos que Jesús hace en estos parajes y que
puede efectuarse incluso cuando sólo tocan el borde de su ropa, pone de manifiesto que lo
que premia el Señor es, fundamentalmente, la fe, en su condición de Mesías redentor e hijo
de Dios. Unos versículos antes hemos visto que San Pedro no pudo sostenerse sobre las
aguas porque tuvo miedo, provocado por la duda. Jesús le dice entonces que es “hombre
de poca fe”, pues de otra manera, mediante la fe, habría triunfado.

68 Ex 20, 12; Dt 5, 16.

69 Is 29, 13 (de los Setenta).

70 Sería imposible, y excesivo, tratar de resumir aquí las enseñanzas de estas sectas judías de

tiempos de Jesús. Sin embargo, es necesario conocer algo de sus doctrinas, cuando menos
la parte sustancial y más importante. Los fariseos (cuyo nombre griego parece derivar de
una palabra aramea que significa “los separados”) formaban una secta ritualista y seria, que
se afanaba por conocer mejor la ley judía y las tradiciones de los padres de Israel; su
interpretación de la ley era rigurosa y severa: había que observar todos los ordenamientos
relativos a los sábados (el día del Señor), debía conservarse la pureza ritual y era obligatorio
pagar los diezmos o décima parte destinada al templo. Este tributo se tomaba de las
ganancias habidas mediante el trabajo. Parece que, originalmente, el nombre “fariseo” fue
empleado de modo despectivo por los enemigos de la secta, que les reprochaban su
aislamiento. A partir del gobierno de Alejandro (76 - 67 a. C.) se apoderaron del poder
espiritual sobre el pueblo judío y sus teorías y prácticas predominaron en el judaísmo a
partir de la caída de Jerusalén ante las fuerzas romanas de Tito. Los fariseos no tenían,
como los saduceos, autoridad sacerdotal, pero sí cultural. No abrigaban aspiraciones
políticas y se conformaban con el cumplimiento de ritos religiosos. Defendían
vigorosamente la interpretación oral de la ley, a diferencia de otras sectas, que se atenían
sólo a lo que estaba escrito. Las diferencias que Jesús tiene con ellos se deben,
fundamentalmente, a los aspectos morales cotidianos: los fariseos eran hipócritas y se
ensoberbecían de ser los guardianes de la ciencia del judaísmo y la verdad de la ley; se habían
apartado del pueblo y no practicaban la caridad con los demás. Tenían una mentalidad
excesivamente jurídica y, por consiguiente, cerrada a muchos problemas humanos que
exigen flexibilidad y deseo de comprender, para ayudar.

77
Los saduceos se habían distinguido, desde el siglo II a. C., como un partido principalmente
político en el judaísmo. Su nombre parece derivar del de Sadoq, nombrado sumo sacerdote
por Salomón. A partir de ese momento, los descendientes de Sadoq se ocuparon del
servicio del templo y no es raro que la Biblia aluda a los sacerdotes llamándolos “hijos de
Sadoq”. En la vida pública de los judíos, los fariseos y los saduceos se enfrentaron
frecuentemente para dominar a la comunidad. Eran más tolerantes y libres que los fariseos
y se inclinaban a favor de cierto materialismo; negaban la resurrección de los muertos y,
según el gran historiador judío Flavio Josefo, no creían en la supervivencia del alma (así lo
dicen los Hch 23, 8) ni en la existencia de los ángeles y los espíritus. Según Flavio Josefo,
negaban la providencia divina y la libertad humana, aunque algunos autores ponen en
duda el testimonio de este historiador, porque fue enemigo de los saduceos. Con los
fariseos, aparte de estas diferencias, tenían otras de carácter ritualista y a menudo peleaban
por la determinación de las fechas de algunas festividades y minucias similares. Jesús se
opone a los saduceos por la actitud antiespiritualista que aquéllos profesaban, pero su
importancia, al lado de los fariseos, es menor. Sin embargo, ambos partidos se unieron para
acabar con Jesús y el propio Caifás, que pronunció la sentencia de muerte contra él,
formaba parte de la secta de los saduceos, según parece.

71 En tiempos de Jesús, el mesianismo estaba sumamente difundido, esto es, había muchos

individuos que esperaban a un salvador del pueblo de Israel. Pero había distintas sectas y
unos pensaban que quien vendría primero sería un precursor (por ejemplo, Elías, de
conformidad con la profecía de Malaquías, o bien Jeremías o alguno de los profetas
antiguos). Para algunos judíos, Juan Bautista fue una figura que pudieron identificar con
ese salvador. Muchos hombres estaban preparados, también, para luchar por el Mesías, ya
manifiesto, contra las fuerzas hostiles, hasta la victoria final. Incluso el nombre que Jesús
se da a sí mismo, el Hijo del Hombre, aparece en la profecía de Daniel (7, 13) y en el
apócrifo libro etíope de Enoc (46, 1-6). La confusión a que esto daba lugar puede
entenderse fácilmente.

72 Pedro declara frente a


los demás apóstoles, esto es, públicamente, que Jesús es el Cristo,
el ungido, el hijo de Dios. Aunque en capítulos anteriores de este evangelio se había
hablado de Jesucristo y de Cristo, ésta es la primera declaración expresa, hecha por un
apóstol, de que Jesús es el ungido, el esperado. Los otros pasajes en que aparece el título

78
son parte de la narración que hace quien escribe los hechos; en cambio aquí, uno de los
actores del drama del Calvario declara la divinidad de Jesús. Es tal la importancia de esta
acción, que Jesús nombra a Pedro, inmediatamente, jefe de la iglesia que lo seguirá a lo
largo de los tiempos. Esta iglesia, por otra parte, estará fundada sobre cimientos firmes, ya
que se apoya sobre una roca: ése es el sentido profundo del juego de palabras que hay entre
Pedro (Petros, en griego) y piedra (petra, en griego, por un préstamo del latín).

73 Al instituir Cristo a Pedro como cabeza y fundamento del grupo humano que ha de
difundir y defender su doctrina, se crea la iglesia, es decir, la congregación o comunidad de
los llamados a la asamblea del Señor. En efecto, el término ekklesía, de donde deriva nuestra
palabra iglesia, significa, originalmente, asamblea popular. La iglesia será, pues, la
comunidad, asamblea o grupo de los fieles que profesan la religión de Cristo.

74 Tal como antes Cristo había prohibido a sus discípulos divulgar cualquier cosa de su
condición divina, ahora les prohíbe que digan que se ha transfigurado. El silencio que les
impone debe prolongarse hasta el momento de la resurrección; probablemente Cristo
quería evitar cualquier tipo de agitación mesiánica entre el Pueblo: reservaba, por lo
pronto, este tipo de revelaciones a los más allegados a él, sus discípulos.

75 Este versículo confirma, una vez más, dos hechos: 1) la esperanza mesiánica,
ampliamente extendida en la masa del pueblo; 2) la confusión acerca de quién debía ser el
Mesías, ya que no saben a ciencia cierta si es Elías o debe ser Juan Bautista. La instrucción
que da Jesús a sus discípulos les aclara las cosas.

76 No hay versículo número 21 en este capítulo: hay algunos manuscritos que suplen esta
laguna intercalando aquí un versículo: Mc 9, 29: “Esta especie (se sobreentiende que de
demonios) no puede ser expulsada más que por la oración y el ayuno” (en el texto de
Marcos no aparece la palabra ayuno). Hay que pensar, además, que este error se debió,
muy probablemente, a una inadvertencia de quien dividió por primera vez los textos en
capítulos (Henri Étienne, en el siglo xvi); posteriormente, por respeto al texto sagrado, el
error se perpetuó. No sería la primera (ni la única) vez que esto sucede en un texto tan
importante.

79
77 San Mateo habla de tres tipos de impuestos: el que se pagaba al emperador de Roma
(kenson), los impuestos en general (tele) y el tributo que se daba específicamente al templo
(ta dídrajma). Parece que la palabra (que literalmente significa “dos dracmas”) no tiene,
en este pasaje, ese sentido cuantitativo.

78 La unidad monetaria que se usó en tiempos de los seléucidas (que gobernaron la llamada
provincia de Siria, en la que estaba comprendida, burocráticamente, Israel, desde el 312
hasta el 65 a. C. y, por consiguiente, fueron autoridad en Palestina) era la dracma, que valía
seis óbolos. Cada óbolo valía ocho monedas de cobre (jalkós). Había monedas de dos
dracmas (véase más arriba, junto con la aclaración correspondiente) y también de cuatro.
Las estáteras eran monedas de oro de dos o cuatro dracmas de plata. Por consiguiente, una
estátera equivalía, por regla general, a dos dracmas.

79 La “gehena de fuego” es el infierno.

80 Dt 19, 15.

81 Ekklesía, de donde deriva la palabra ecclesia (latín) que, a su vez, produce el español
iglesia, significa congregación o comunidad o grupo convocado por una voz y que, por lo
general, tiene un propósito común. En la Grecia clásica, donde se empezó a usar el término,
significaba la reunión de todos los ciudadanos libres. En su origen, pues, no tuvo
significado religioso alguno.

82 A pesar de la aparente claridad del texto por lo que respecta a los interlocutores, se ha
discutido si se trata de los apóstoles o, en general, de cada cristiano, a quien se da poder
para “atar y desatar”, es decir, para regular su comportamiento individual.

83 El número siete tenía un valor mágico entre muchos pueblos de la antigüedad: siete
niveles celestiales, siete jerarquías celestes, siete eclesiásticas, siete cuerpos celestes, etcétera.
En el Antiguo Testamento se usa a menudo para indicar pluralidad, sobre todo cuando va
acompañado de la expresión “setenta veces siete”.

84 El talento era una unidad de peso que equivalía aproximadamente a 60.6 kilogramos.

80
85 El denario (término de donde proviene nuestra palabra dinero) era una moneda de plata,

que tenía un valor equivalente a una dracma griega. Se tomaba como unidad del salario
diario de un jornalero.

86 Desde el punto de vista geográfico, la Transjordania incluye las tierras que se encuentran
al Oriente del Jordán, desde las fuentes del río, cerca del monte Hermón, hasta el Mar
Muerto.

87 Gn 1, 27; 5, 2.

88 Gn 2, 24. Muchas autoridades eclesiásticas ven en este pasaje del Génesis una
confirmación de la perennidad e indisolubilidad del matrimonio.

89 Dt 24, 1. Este pasaje del Antiguo Testamento habla de la facultad que tiene un hombre
para repudiar a una mujer.

90 El pasaje indica, claramente, que no son eunucos reales, sino que se han apartado
voluntariamente de los placeres de la carne.

91 Hasta la fecha (como en el caso del Dalai Lama, del Tibet) se sigue pensando que hay
fluidos benéficos que se trasmiten mediante la imposición de manos. Éste es el sentido
paralelo de la unción de reyes y sacerdotes.

92 El texto griego indica claramente que todos los individuos similares o parecidos (dice, en
efecto, toioúton, es decir, “de tales”) a los niños gozarán de este privilegio.

93Ex 20, 12-16. En este capítulo del Éxodo se encuentra el Decálogo; cf. Dt 5, 16-20; Lv
19, 18.

94 Mucho se ha discutido el sentido de este pasaje. Una explicación razonable es la


siguiente: el Nuevo Testamento se escribió en griego en su totalidad; cuando esto ocurrió,
se pronunciaban “i” varias letras y diptongos del griego; sonaban, pues, “i” tanto la iota

81
como la eta (llamada ita desde entonces). Hay dos palabras casi iguales en griego: kámelos
(camello) y kámilos (cable). La primera se escribe con eta (ita) y la segunda con iota.
(Hemos dejado la transliteración kámelos por respeto a la tradición). En la época en que se
escribió el Nuevo Testamento, ambas palabras sonaban exactamente igual. ¿No pudo
cometer un error ortográfico un escriba descuidado o ignorante y pasar este error a la
posteridad y perpetuarse? ¿No es más lógico pensar en la dificultad de que pase un cable
por el ojo de una aguja y no un camello? No es éste, por supuesto, el único caso en que
estas equivocaciones tomaron cartas de ciudadanía en la tradición literaria de un pueblo.

95 El nuevo nacimiento del que se habla en este pasaje es, fundamentalmente, el nacimiento

espiritual, la palingenesia.

96A Jerusalén “se sube” no “se va” o “se llega”. En el sentido literal, es un hecho que hay
que subir para llegar a Jerusalén, ya que su altura sobre el nivel del mar (762 m) la hace una
de las ciudades más elevadas del territorio de Palestina. Pero también hay que considerar el
sentido místico de la expresión, puesto que llegar a Jerusalén fue, durante mucho tiempo
e incluso en nuestros días, alcanzar el fin de una peregrinación. La palabra aliyáh (que
significa literalmente “ascenso”) se usa para indicar la llegada de los judíos de cualquier
parte del mundo a la ciudad santa. La aliyáh ha sido un proceso continuo desde la época
romana, pero se usa en la actualidad, de preferencia, para designar ciertas inmigraciones
modernas a la ciudad, esto es, para indicar el regreso de los judíos a su ciudad santa.
Cuentan los historiadores judíos modernos hasta cinco “ascensos”, que se inician en 1882
y terminan en 1939. Posteriormente, la inmigración de los judíos a su patria original tomó
otros perfiles, aunque hay autores que hablan de un sexto v séptimo “ascensos”, que
culminarían, precisamente, en 1948, fecha de la fundación del Estado de Israel.

97 El término psyjé, que habitualmente se vierte como “alma”, tiene también la acepción de

“vida”. Creo que es la que más conviene en este pasaje.

98 Is 62, 11; Zac 9, 9.

99 Sal 118, 25, 26.

82
100 Is 56, 7; 60, 7; Jer 7, 11.

101 Sal 8, 3 (de los Setenta).

102 Is 5, 1-2.

103 Sal 118, 22-23.

104 Este versículo, que a veces se omite, no aparece en algunos códices muy importantes del
Nuevo Testamento, como el D, de París_ La alusión es a Dn 2, 34-35, 44-45.

105 Los herodianos designan aquí, específicamente, a los partidarios de Herodes, que se
inclinaban a favor de los romanos. En este sentido, eran traidores al judaísmo.

106 Dt 25, 5; Gn 38, 8.

107 Ex 3, 6; 15, 16.

108 Dt 6, 5.

109 Lv 19, 18.

110 El amor viene a colocarse, así, como el imperativo moral fundamental de las relaciones
humanas.

111
Sal
110, 1.

112 Las filacterias son pedazos de pergamino o piel, en los que están escritos textos sagrados.
Esta fue su primera forma; posteriormente se usaron y siguen usándose estuches que
contienen esos textos y que penden de trozos de piel o pergamino. La palabra, griega,
significa “amuleto”. Según el Antiguo Testamento, los judíos deben amarrarse las
filacterias en la mano y el brazo derechos y sobre la frente al hacer la oración matutina,
excepto los sábados y los días de fiesta. Los textos contenidos en los estuches de las

83
filacterias están tomados del Éxodo y del Deuteronomio. El empleo ostentoso de estos
objetos es reprobado por Cristo como señal de falsa piedad y comportamiento soberbio.

113 Rabí significa, literalmente, “maestro mío”. No se trata de una distinción académica en
el sentido habitual que tiene el término en occidente, sino de una forma de respeto a una
persona mayor, piadosa y bien versada en las Sagradas Escrituras.

114 Se llamaba prosélito en Grecia (la palabra es griega) a quien había llegado del extranjero

y se había avecindado en un lugar. En el Nuevo Testamento, el término se refiere a quienes


se han convertido al judaísmo.

115 1 Re 9, 7-8; Jer 12, 7; 22, 5; Tob 14, 4.

116 Sal 118, 26.

117En griego, parusía (parousía) significa presencia. Desde la época de los Tolomeos, el
término se empleó para designar la visita oficial del rey a una ciudad. Posteriormente, se
designó con ese nombre la iniciación de una nueva era de gobierno. Aunque es más raro
encontrarlo usado así, el término puede significar, también, la aparición beneficiosa de una
divinidad. San Pablo emplea el término tanto para designar la llegada de personas como
para indicar el regreso de Cristo e, incluso, para la llegada del Anticristo. Puede decirse, en
general, que la “parusía” o “segunda llegada de Cristo” será el día en que reaparezca,
rodeado de sus ángeles y todo su poder, a juzgar a vivos y muertos. Muchos han
identificado el concepto con la idea veterotestamentaria del “día de Yahvéh”.

118 Teme Cristo que los falsos Mesías puedan engañar hasta a sus propios discípulos por lo

que respecta a su identidad. Los movimientos mesiánicos, que tuvieron suma importancia
en la evolución del judaísmo, no aparecieron hasta poco antes de mediada la segunda
centuria de nuestra era. Bar Kojbá, que es la principal figura mesiánica de esos días, se
levanta contra los romanos durante el gobierno de Adriano. Dos individuos mencionados
en relación con esto en Hch (5, 36 y 21, 38), Teudas y el Egipcio, no tuvieron intenciones
de carácter mesiánico, a lo que parece.

84
119 “El mundo conocido” traduce la voz griega oikoumene, que tiene esa acepción. Se
refiere al mundo habitado, que comprende por igual a judíos y gentiles. Entre los griegos
y los romanos pudo haber tenido un sentido restrictivo de esta naturaleza. Sin embargo,
en este pasaje parece aludir a todos los pueblos de la tierra.

120 Dn 9, 27; 11, 31; 12, 11; 1 Mac 1, 54; 6, 7.

121 Dn 12, 1; Jl 2, 2.

122 La parusía (véase más arriba) tendrá lugar para todos los hombres, no sólo para el
pueblo judío.

123 Is 13, 10; Ez 32, 7; Jl 2, 10, 31; 3, 15; Ag 2, 6.

124 Zac 12, 10, 14; Dn 7, 13, 14.

125 Is 27, 13; Dt 30, 4; Zac 2, 6. Los vientos más temidos en Palestina vienen del desierto,
es decir, del oriente: allí nace el siroco, que tan nefastos efectos puede tener en hombres y
paisaje. En tiempos del Nuevo Testamento, se solía hablar de cuatro vientos, como cuatro
eran los puntos cardinales. Del norte venía el Bóreas; del sur el Noto; del oriente el Euro y
del occidente el Céfiro. Paralelamente, en el Antiguo Testamento se hace mención de
cuatro regiones cardinales: tsafón (el norte, misterioso y oculto), darom (el sur, quizá
región luminosa), mizraj (el oriente, zona del nacimiento, del brillo original) y maarav (el
occidente, lugar del crepúsculo). El oriente se llama también qédem (el antiguo, el
originario).

126 Algunos exégetas ven en esta comparación de la parusía con los “días de Noé” una clara

alusión a que la ignorancia moral conduce, necesariamente, a la catástrofe.

127Se subraya en este versículo el poder que el diablo (el tentador, el calumniador) y los
ángeles tenebrosos que están a su servicio tienen sobre los hombres. Para triunfar y llegar a
la vida eterna no basta una actitud pasiva, hay que ejercer la bondad, la caridad y
misericordia.

85
128 Caifás era yerno de Anás y, como éste, sumo sacerdote de Israel. Su nombre verdadero
(pues Caifás, de significación desconocida, era su sobrenombre) era José. Se sabe que
ejercía su sacerdocio desde el ministerio de Juan Bautista y todavía ocupaba ese puesto en
tiempos de la pasión de Cristo. Flavio Josefo dice que lo nombró el procurador romano
Valerio Grato y que lo depuso el legado Vitelio.

129 Hay dudas acerca de la identidad de Simón, el leproso. Algunas autoridades sostienen
que es el mismo personaje que en otros pasajes aparece mencionado como Simón, el
fariseo. La suposición se basa en que lo que se relata que sucedió en su casa, es decir, que
una mujer ungió los pies de Cristo, en Mateo y Marcos ocurre en casa de Simón, el leproso,
en tanto que Lucas dice que aconteció en casa de Simón, el fariseo.

130 Judas Iscariote fue hijo de Simón Iscariote. Hay quienes derivan el sobrenombre
Iscariote de dos palabras hebreas: ish qeriyyot (hombre de aldea); otros piensan que se
deriva de sikários, sicario (miembro de esa secta de judíos fanáticos); hay, finalmente, otros
que, siguiendo la hipótesis de C. C. Torrey, piensan que el nombre se deriva del arameo
isqaryá o ishqeryá, que quiere decir falso. Si se atiende a esta última suposición, habría que
pensar que se lo llamó así sólo después de cometer la traición y entregar a Cristo en manos
de sus perseguidores. San Mateo es el único evangelista que habla del arrepentimiento y el
suicidio de Judas. San Juan comenta su incredulidad después del discurso sobre la
eucaristía y hace entrever la envidia de Judas respecto de Cristo cuando lo ungen en
Betania. Parece que Judas se unió a Cristo porque lo consideró un Mesías terrestre, esto es,
que habría de restaurar la justicia y que, a la postre, podría ocuparse de los bienes materiales
y el dominio mediante la política.

131 Zac 11, 12; Ex 21, 32.

132 Se llama ácimo al pan sin levadura. En determinadas fiestas, los israelitas tenían
prohibido comer pan de levadura y, por otra parte, celebraban una fiesta de los panes
ácimos. Parece que esta prohibición deriva de una idea ritual antigua, que veía en la
fermentación una especie de manifestación de la corrupción.

86
133 Zac 13, 7.

134 Getsemaní es palabra de origen arameo y significa lugar de aceitunas. Se supone, por el
nombre, que hubo allí, efectivamente, una instalación para obtener el aceite de la oliva.

135 Sal 110, 1; Dn 7, 13.

136 Las tres negaciones de Pedro han motivado dudas en algunos comentaristas, puesto que

el número tres tiene, hasta la fecha, resabios mágicos. También se usa a menudo para
indicar algo que se repitió, aunque no forzosamente tres veces. Algunos exégetas piensan
que se trata de dar énfasis a la negación del futuro primer vicario de Cristo.

137 Zac 11, 12, 13; Jer 32, 6-9.

138 La mujer de Pilatos, llamada Prócula en los evangelios apócrifos y considerada santa en

las iglesias griega y romana, da un testimonio indirecto, en este versículo, de dos hechos
fundamentales: que se creía entonces en el valor de los sueños para normar la conducta y
que consideraba justo (o inocente) a Jesús. No explicita, por otra parte, qué soñó, ni cuál
fue la advertencia que creyó leer en su sueño, pero sí tiene la determinación de influir en
su marido para que no se involucre en el destino de Cristo. Tal vez haya sentido, al sufrir
en el sueño, que Cristo estaba siendo víctima de una gran injusticia.

139 En tiempos de Cristo, se llamaba pretorio a la residencia de un pretor. El término latino


praetor, que originalmente designó a una especie de general, en la época de Cristo se
aplicaba al gobernador de una provincia. Pilatos era gobernador de la provincia de Siria,
dentro de cuya administración se encontraba la provincia de Judea, es decir, Palestina (hoy
Israel). Una cohorte era una unidad o grupo militar romano; constaba de entre 500 y 600
soldados.

140Cirene era, originalmente, una colonia griega situada en la costa norte de África. Más
tarde, se convirtió en provincia romana, bajo el nombre de Barca o Cirenaica. Se distinguía
por la gran cantidad de judíos que vivían en ella. Es más, algunos de ellos predicaron el
evangelio cristiano. Respecto de Simón de Cirene (o Simón Cireneo) poco sabemos: que

87
ayudó a Cristo a llevar la cruz y que era padre de Alejandro y de Rufo (Rom 16, 13). Se ha
supuesto que Simón se encontraba en Jerusalén en el momento de la crucifixión porque
había ido allí a celebrar la pascua.

141 Gólgota es palabra aramea gulgulta o golgolta, que se simplifica en Gólgota; significa
cráneo o calavera (en hebreo gulgólet). Se ha supuesto que el nombre provenía de la forma
de la roca así llamada, que semejaba una calavera. Otros opinan que estaba allí la calavera
de Adán. Una tradición antigua, no avalada por ninguna iglesia o comunidad religiosa,
piensa que la cruz de Cristo, al caer sobre el cráneo de Adán y despedazarlo, terminó en
cierta forma con la culpa original, ya que, mediante la gracia, da al hombre la posibilidad
de salvarse. Por otra parte, el Gólgota servía, junto con sus alrededores, de cementerio para
la cuidad de Jerusalén.

142 Sal 69, 21.

143 Sal 22, 18.

144 Sal 22, 7; 109, 25; Lam 2, 15.

145 Sal 22, 8. Pese a la afirmación, que aquí se hace, de que Cristo se llamó a sí mismo hijo
de Dios, él sólo se tituló Hijo del Hombre.

146 Sal 22, 1.

147 Sal 69, 21.

148 La “otra María” es, casi sin duda alguna (puesto que unos versículos antes el evangelio
asienta su nombre), la madre de Santiago y José.

149Día de la preparación o parasceve (que eso significa la voz griega) era el precedía
inmediatamente al sábado, pues durante él, los judíos preparaban alimentos, objetos,
etcétera, para la celebración del día santo.

88
150 La custodia que se pone a la tumba de Cristo estaba formada, en opinión de algunos
intérpretes de las Escrituras, de guardias romanos, en tanto que otros suponen que eran
judíos.

151 Cristo quiere reforzar la fe de sus discípulos al mostrárseles resucitado. La misión


verdaderamente trascendental de la Iglesia empieza en este momento: los discípulos han de
propagar las enseñanzas y los ejemplos morales del fundador. Al mismo tiempo, al aceptar
su resurrección, estarán admitiendo, tanto ellos como los catequizados por ellos, la
divinidad de Cristo.

152 La tarea salvífica de la Iglesia se inicia con la misión propagandística y evangelizadora


de los discípulos de Cristo. Pero no sólo deben predicar y tratar de conquistar las almas:
también es necesario que bauticen a los hombres, como cristianos convencidos, en nombre
de las tres personas de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Así recibirán los
dones del espíritu y pasarán a formar parte de la comunidad cristiana. Queda aquí
instituido el papel insustituible que tienen los apóstoles en la difusión del cristianismo:
propagandistas, evangelizadores y consagradores, mediante el sacramento del bautismo.

89
Evangelio según Marcos

Capítulo uno

1
P rincipio del Evangelio de Jesucristo, hijo de Dios.1 2Tal como está escrito en
Isaías, el profeta:

He aquí que envío a mi ángel ante tu rostro,


al que preparará tu camino;2
3
voz del que grita en el desierto:
—¡Preparen el camino del Señor,
hagan rectos sus senderos!3

4
Estaba Juan bautizando en el desierto y predicando el bautismo del
arrepentimiento para el perdón de los pecados.4 5Y salieron a él toda la región de
Judea y todos los hierosolimitanos y fueron bautizados por él en el río Jordán,
confesando sus pecados.5 6Y estaba Juan vestido de cerdas de camello y un cinto de
cuero en torno a su cintura y solía comer saltamontes y miel silvestre. 7Y predicaba

90
91 ernesto de la peña

diciendo: —Viene detrás de mí el que es más fuerte que yo y a quien, ni siquiera


postrándome, soy digno de desatar la correa de las sandalias. 8Yo los he bautizado
con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.6
9
Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue
bautizado por Juan, en el Jordán. 10Y en el momento en que estaba saliendo del agua
se vio que los cielos se rasgaban y que el espíritu, como una paloma, descendía sobre
él. 11Y una voz que venía de los cielos, dijo: —Tú eres mi hijo, el amado, en ti me
regocijé.

Y en seguida el espíritu lo expulsó al desierto. 13Y estuvo en el desierto cuarenta


12

días para que Satanás lo sometiera a prueba y vivía entre los animales salvajes y los
ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, vino Jesús a Galilea predicando la buena
14

nueva de Dios7 15y diciendo: —Se ha cumplido el plazo y se ha acercado el reino de


Dios: ¡arrepiéntanse y crean en la buena nueva!8
16
Y al pasar al lado del lago de Galilea vio a Simón y a Andrés, hermano de
Simón, que lanzaban sus redes al mar, puesto que eran pescadores. 17Y Jesús les dijo:
—Vengan tras de mí y haré que lleguen a ser pescadores de hombres. 18Y dejando
inmediatamente sus redes, lo siguieron. 19Y caminó un poco más y vio a Santiago,
hijo del Cebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca, reparando sus redes,
20
y los llamó en seguida y ellos, dejando a su padre, el Cebedeo, en la barca, junto
con los asalariados, fueron detrás de él.9

Y entraron en Cafarnaún y al sábado siguiente, entrando en la sinagoga, se


21

puso a enseñar 22y se admiraban de su enseñanza, porque les predicaba como si


tuviera potestad y no como los letrados. 23Y había en su sinagoga un hombre que
tenía un espíritu impuro, que gritó, 24diciendo: —¿Qué te importa de nosotros a ti,
Jesús Nazareno?, ¿viniste a destruirnos? Sé quién eres: el santo de Dios.10 25Y Jesús
lo intimó, diciendo: —¡Calla y sal de él! 26Y, tras haberlo atormentado, el espíritu
impuro, hablando con voz grande, salió de él. 27Y todos se maravillaron tanto que se
preguntaban unos a otros, diciendo: —¿Qué es esto? Una nueva enseñanza, con
los evangelios 92

autoridad, que domina a los espíritus impuros y lo obedecen. 28


Y su fama se
expandió pronto por dondequiera, en toda la comarca de Galilea.

E inmediatamente que salieron de la sinagoga vinieron a la casa de Simón y de


29

Andrés con Santiago y Juan. 30Y la suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y de
inmediato le hablaron de ella 31y acercándosele, la hizo levantarse, tomándola de la
mano; y la abandonó la fiebre y los sirvió. 32Cuando se hizo de noche porque el sol
se puso, llevaron a él a todos los que padecían algún mal y a los endemoniados 33y
toda la ciudad se congregó al lado de la puerta 34y curó a muchos que estaban
padeciendo diferentes enfermedades y expulsó a numerosos demonios y no los
dejaba decir que lo conocían.11

Y cuando era todavía muy de madrugada se levantó y salió y se fue a un lugar


35

desierto y allí se puso a rezar 36y lo siguieron Simón y los que con él estaban 37y lo
encontraron y le dijeron: —Todos te andan buscando. 38Y les dijo: —Vamos a otro
lugar, a las aldeas cercanas, para predicar también allí, porque para eso he salido. 39Y
llegaba predicando a sus sinagogas en toda la Galilea y expulsaba a los demonios.

Y llegó a él un leproso que le suplicó y se prosternó, diciéndole: —Si quieres,


40

me puedes curar. 41Y se conmovió y extendiendo la mano lo tocó y le dijo: —Lo


quiero, queda curado. 42E inmediatamente se fue la lepra de él y quedó purificado.
43
Y lo amonestó y lo despidió, 44diciéndole: —Mira que no digas nada a nadie. Vete
y muéstrate ante el sacerdote y entrega por tu purificación lo que Moisés te ordenó,
para que les sirva de testimonio. 45Y él salió y comenzó a pregonar muchas cosas y a
divulgar el asunto, de manera que ya no podía entrar públicamente en las ciudades,
sino que se quedaba afuera, en despoblado, y llegaban a él de dondequiera.

Capítulo dos
1
Y al volver a entrar en Cafarnaún, pocos días después, se difundió la noticia de que
estaba en casa 2y se reunió tal cantidad de gente que no había lugar ni siquiera junto
a la puerta y él les exponía su doctrina.
93 ernesto de la peña

3
Y llegaron trayéndole a un paralítico, que sostenían cuatro hombres. 4Y al no
poder acercárselo a causa de la muchedumbre, levantaron el techo del lugar en
donde estaba y perforaron una abertura y bajaron la camilla donde se encontraba el
paralítico 5 al ver Jesús su fe, dijo al paralítico: —¡Hijo!, te han dejado tus pecados.
6
Y estaban allí algunos de los escribas, sentados, y se decían en su corazón: 7 “¿Por
qué habla así éste? Está blasfemando: ¿quién puede expulsar los pecados sino el
único Dios?” 8Y sabiendo Jesús en su espíritu que así razonaban dentro de ellos, les
dijo: —¿Por qué abrigan estos pensamientos en su corazón? 9¿Qué es más sencillo:
decir al paralítico: “Tus pecados te han abandonado”, o decir: “¡Levántate y toma
tu camilla y vete!”? 10Para que sepan que tiene poder el Hijo del Hombre para
expulsar en la tierra los pecados, dijo al paralítico: 11—A ti te digo: ¡levántate, toma
tu camilla y vete a tu casa! 12Y se levantó y tomando rápidamente su camilla salió
enfrente de todos, de tal modo que se admiraron todos y alabaron a Dios diciendo:
—Esto no lo habíamos visto nunca.
13
Y salió de nuevo al lago y toda la muchedumbre llegó a él y le impartía sus
enseñanzas. 14Y al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al mostrador de las
contribuciones y le dijo: —¡Sígueme! Y aquél, levantándose, lo siguió.12 15Y sucedió
que cuando estaba en casa, a la mesa había muchos recaudadores de impuestos y
pecadores que estaban con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos y lo seguían
16
y los escribas de los fariseos, al ver que comía con los pecadores y los recaudadores,
dijeron a sus discípulos: —¿Come con los recaudadores y los pecadores? 17Y Jesús,
habiéndoles oído, les dijo: —Los que están sanos, no necesitan médico, sino los
enfermos; no vine a llamar a justos, sino a pecadores.

Y los discípulos de Juan y los fariseos estaban haciendo ayuno y llegaron y le


18

dijeron: —¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos hacen
ayuno y, en cambio, tus discípulos no lo hacen?13 19Y Jesús les contestó: —¿Los
amigos del novio pueden hacer ayuno mientras éste esté con ellos?, todo el tiempo
que el novio esté con ellos no podrán hacer ayuno; 20pero vendrán días en que el
novio se apartará de ellos: entonces podrán hacer ayuno. 21Nadie pone un remiendo
de tela nueva sobre un manto viejo; y si no, el parche tira lo nuevo desde lo viejo y la
los evangelios 94

rotura se hace todavía peor. 22Y nadie vierte vino nuevo en odres viejos, pues, si lo
hace, el vino romperá los odres y se perderá, lo mismo que los odres; lo que hace,
entonces, es verter vino nuevo en odres nuevos.

Y sucedió que él, un sábado, andaba paseando por los sembradíos y sus
23

discípulos empezaron a caminar mientras cortaban espigas. 24Y los fariseos le


dijeron: —¡Mira!, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? 25Y él les
contestó: —¿No han leído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y
padecieron hambre él y los que con él estaban? 26¿Cómo entró en la casa de Dios,
cuando Abiatar era sumo sacerdote, y comió los panes de la propiciación, que no
está permitido comer sino a los sacerdotes, y también los dio a quienes iban con él?14
27
Y les dijo: —El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado,15
28
de modo que el Hijo del Hombre es dueño también del sábado.16

Capítulo tres
1
Y volvió a entrar en la sinagoga y allí estaba un hombre que tenía una mano seca,17
2
y lo estaban vigilando para ver si, en sábado, lo curaría, para poder acusarlo. 3Y le
dijo al hombre que tenía la mano seca: —Levántate y ven al centro. 4Y les preguntó:
—¿Está permitido, en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar el alma o matarla?
Pero ellos callaban. 5Y viéndolos a todos alrededor, con ira, contristándose de la
dureza de su corazón, dijo al hombre: —Extiende la mano. Y la extendió y la mano
quedó curada. 6Y salieron inmediatamente los fariseos con los herodianos y hacían
conciliábulo contra él para ver de qué manera podrían perderlo.18

Y Jesús, con sus discípulos, se retiró a la orilla del lago y lo siguió mucha gente
7

de Galilea y de Judea 8y de Jerusalén y de Idumea y de más allá del Jordán y de los


alrededores de Tiro y de Sidón; mucha gente, al oír las cosas que hacía, vino hacia
él.19 9Y dijo a sus discípulos que tuvieran preparada una barquilla que lo esperara,
para que la multitud no lo agobiara, 10puesto que había curado a muchos y podían
caerle encima los que sufrían algunos padecimientos, para tocarlo. 11Y los espíritus
95 ernesto de la peña

impuros, en cuanto lo veían, se prosternaban enfrente de él y gritaban, diciendo: —


Tú eres el hijo de Dios. 12Y mucho los instó para que no lo divulgaran.20

Y subió a la montaña y él mismo llamó a los que quiso y fueron a él. 14Y designó
13

a doce y hasta los llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a
predicar 15y tener el poder de expulsar a los demonios. 16E instituyó a los doce y a
Simón le puso de nombre Pedro21 17Y a Santiago, el hijo del Cebedeo, y a Juan,
hermano de Santiago y les puso por nombre Boanergés, que significa “hijos del
trueno”,22 18Y a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, y a Mateo, a Tomás y a Santiago, el
hijo de Alfeo, y a Tadeo y a Simón el cananeo 23 19y a Judas Iscariote, el que lo
traicionó.24

Y fue a su casa y de nuevo se congregó la muchedumbre hasta tal punto que


20

ni siquiera podían comer pan. 21Y al oír esto los que lo rodeaban, salieron a
apoderarse de él, porque decían que estaba fuera de sí.25
22
Y los escribas, que habían bajado desde Jerusalén, decían que Belcebú lo poseía
y que expulsaba a los demonios en nombre del príncipe de ellos. 23Y dirigiéndose a
ellos, les hablaba en parábolas, diciendo: —¿Cómo puede Satanás expulsar a
Satanás? 24Si el reino se dividiera, ya no podría tal reino mantenerse firme. 25Y si la
casa se dividiera dentro de sí misma, no se sostendría ya más aquella casa. 26Y si
Satanás se ha levantado contra sí mismo y se ha dividido, no podrá mantenerse, sino
que llegará a su fin.26 27Pero nadie puede, al haber entrado en casa del fuerte, robar
sus enseres, si no ata primero al fuerte y luego saquea su casa. 28En verdad les digo
que todas las cosas les serán perdonadas a los hijos de los hombres, las transgresiones
y las blasfemias que puedan proferir, 29pero quien blasfemare contra el Espíritu
Santo, no tendrá perdón por los siglos de los siglos, sino que será digno de una culpa
eterna.27 30Pues ellos decían: —Lo posee un espíritu impuro.28

Y llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, mandaron a que lo


31

llamaran. 32Y había mucha gente sentada en torno a él. Y le dijeron: —Allí afuera
están tu madre y tus hermanos y tus hermanas y te buscan. 33Y contestándoles, dijo:
—¿Quiénes son mi madre y hermanos? 34Y volviendo los ojos hacia los que estaban
los evangelios 96

en torno de él, sentados en círculo, dijo: —He aquí a mi madre y a mis hermanos.
35
Porque quien hiciere la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi
madre.29

Capítulo cuatro
1
Y comenzó nuevamente a impartir sus enseñanzas junto al lago. Y se congregó en
torno suyo mucha gente, de modo que, entrando en la barquilla, en el lago, se sentó
y toda la muchedumbre estaba junto al lago, sobre la tierra. 2Y les enseñaba muchas
cosas en parábolas y, en sus enseñanzas les decía: 3—Oigan: he aquí que el sembrador
salió a sembrar 4y mientras estaba sembrando, una parte del grano cayó al lado del
camino y llegaron los pájaros y la devoraron. 5Y otra parte cayó sobre terreno
pedregoso, donde no había mucha tierra, y en seguida brotó pero, al no haber tierra
suficientemente profunda, 6al nacer, el sol la calcinó y, por no tener raíz, se secó. 7Y
otra parte cayó entre los espinos y crecieron éstos y la ahogaron y no dio fruto
alguno. 8Y otra más cayó en tierra buena y dio un fruto que brotó y creció y que
produjo, uno, treinta, y otro, sesenta y otro, cien. 9Y dijo: —Quien tenga orejas para
oír, que oiga.

Y cuando se quedó solo con unos cuantos, los que estaban a su lado con los
10

doce le preguntaron acerca de las parábolas.30 11Y les dijo: —A ustedes les ha sido
dado el misterio del reino de Dios; pero para aquellos que están afuera, todas las
cosas se dan en parábolas,31 12pues

Aunque vean con los ojos, no comprenderán,


y aunque oigan con las orejas no entenderán,
no sea que se conviertan y les sea perdonado.32
97 ernesto de la peña

Y les dijo: —¿No entienden esta parábola? Pues, ¿cómo entenderán todas las
13

parábolas? 14El sembrador siembra la palabra. 15Las semillas que cayeron al lado del
camino donde se siembra la palabra, son los que tan pronto como la escuchan, llega
Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.16Y las que fueron sembradas sobre el
terreno pedregoso son los que, en cuanto oyen la palabra la aceptan en seguida
alegremente, 17pero no tienen raíces en sí mismos, son oportunistas, y después, en
cuanto llega una aflicción o una persecución a causa de la palabra, se escandalizan
inmediatamente.33 18Y las otras, las sembradas entre espinos, son los que oyen la
palabra, 19pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de la riqueza y los deseos
de tener todo lo demás ahogan la palabra y se queda sin fruto. 20Y las semillas que se
sembraron en la buena tierra son los que oyen la palabra y la reciben y producen
frutos: uno, treinta, otro sesenta y otro, cien.34

Y les dijo: —¿Acaso se saca el candil para ponerlo bajo el canasto o bajo la
21

cama? ¿No es para ponerlo en el candelero? 22Porque no hay nada escondido que
no llegue a descubrirse, y nada ha quedado oculto sino para que salga a la luz. 23El
que tenga oído para oír, que oiga.

Y les dijo: —Pongan atención en lo que oyen, porque con la medida con que
24

midan se les medirá y se les dará más, por añadidura. 25Pues al que tiene, se le dará
todavía más, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
26
Y les dijo: —Así es el reino de Dios, como cuando un hombre lanza su simiente
en la tierra 27y se duerme, pero se despierta durante la noche y el día y la semilla
germina y crece, sin que él entienda cómo. 28La tierra va produciendo frutos por sí
misma: primero los tallos, luego la espiga, más tarde la plenitud del grano en la
espiga. 29Cuando el fruto está maduro, usa enseguida la hoz porque es la hora de
segar.

Y les dijo: —¿A qué compararíamos el reino de Dios? ¿O qué parábola


30

podríamos usar? 31A un grano de mostaza que cuando se siembra en la tierra es la


semilla más pequeña de todas las que hay en la tierra, 32pero una vez que se ha
los evangelios 98

sembrado, brota, se hace más alta que las demás legumbres y echa ramas tan grandes
que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.

Y con estas muchas parábolas les decía la palabra, según la podían oír. 34Sin
33

parábolas no les hablaba y, en privado, explicaba todo a sus propios discípulos.


35
Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: —Crucemos a la otra orilla. 36Y
dejaron allí a la gente y se lo llevaron en la barca, tal como estaba, y había otras barcas
con él. 37Y se produjo un fuerte torbellino de viento y las olas se abalanzaban contra
la barca hasta casi engullirla. 38É1 estaba en la popa, dormido sobre una almohada. Y
lo despertaron y le dijeron: —Maestro, ¿acaso no te importa que muramos? 39Y se
despertó y ordenó al viento y dijo al lago: —¡Silencio! ¡Enmudece! Y el viento
amainó y se hizo una calma chicha. 40Y él les preguntó: —¿Por qué son tan cobardes?
¿Todavía no tienen fe? 41Y les dio un miedo terrible y se decían unos a los otros: —
Pero, ¿quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?

Capítulo cinco
1
Y llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos.35 2Y cuando salió de
la barca fue inmediatamente a su encuentro, desde el cementerio, un hombre
poseído por un espíritu impuro, 3que tenía su habitación en medio de los sepulcros;
y nadie podía sujetarlo ya, ni con cadenas; 4muchas veces lo habían sujetado con
grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los grillos y nadie tenía
fuerza para dominarlo. 5Y se pasaba todo el día y la noche en las tumbas y los montes,
gritando y golpeándose con piedras. 6Y cuando vio a Jesús desde lejos, se echó a
correr, se prosternó ante él, 7y gritando con fuerte voz, dijo: —¿Quién te inmiscuye
en esto, Jesús, hijo del Altísimo? Te conjuro por Dios a que no me atormentes.36 8Y
Jesús le dijo: —¡Espíritu inmundo, sal de este hombre! 9Y le preguntó: —¿Cómo te
llamas? Y le contestó: —Me llamo Legión, porque somos muchos.37 10
Y le rogó
mucho que no los expulsara de aquella región.
99 ernesto de la peña

Y había allí cerca, en la falda del monte, una gran piara de cerdos, que hozaban.
11

12
Y los demonios le rogaron diciendo: —Mándanos a los cerdos, para que entremos
en ellos. 13Y él lo permitió y los espíritus inmundos salieron del hombre y entraron
en los cerdos y la piara, que era de unos dos mil, se lanzó al lago desde la costa, que
era una pendiente, y se ahogó allí.

Los porquerizos salieron huyendo y lo contaron por la aldea y los campos y la


14

gente fue a ver lo que había sucedido 15y se acercaron algunos a Jesús y vieron al
endemoniado que estaba sentado, vestido y cuerdo, el mismo que había estado
poseído por Legión y les dio miedo. 16Y los que lo habían visto, contaron lo que le
había sucedido al endemoniado y a los cerdos. 17Y empezaron a suplicarle que se
fuera de su región. 18Y mientras estaba entrando en la barca, el endemoniado le
suplicaba estar con él, 19pero no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa,
con los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y que se apiadó de
ti. 20Y el hombre se fue y se puso a proclamar por toda la Decápolis lo que Jesús había
hecho con él y todos se admiraban.
21
Y Jesús volvió a atravesar en la barca hasta la orilla de enfrente y se congregó
mucha gente por su causa y se quedó junto al lago. 22Y se le acercó uno de los
presidentes de la sinagoga, llamado Jairo, quien, al verlo, se postró a sus pies 23y le
suplicó fervientemente diciendo: —Mi hijita está en las últimas; te ruego que vengas
y pongas tus manos encima de ella para que se salve y viva. 24Y Jesús se fue con él y
lo seguía mucha gente que lo apretujaba. 25Y había una mujer que padecía flujos de
sangre desde doce años antes; 26había padecido mucho a manos de muchos médicos
y se había gastado todo lo que tenía y no le había servido, sino que, más bien, se había
puesto peor. 27Al oír hablar de Jesús, se le acercó por atrás, entre la gente, y le tocó el
manto, 28diciéndose: “Bastará con que toque sólo su ropa para curarme”. 29Y de
inmediato se secó la fuente de sus hemorragias y sintió en el cuerpo que se había
curado de semejante tormento. 30Y Jesús, inmediatamente, al percatarse en sí mismo
de que había salido de él esa fuerza, se volvió en seguida en medio de la gente y
preguntó: —¿Quién me tocó la túnica? 31Y los discípulos le contestaron: —Estás
viendo que la gente se arremolina junto a ti y preguntas: “¿Quién me tocó?” 32Pero
los evangelios 100

él siguió mirando a su alrededor, para ver quién lo había hecho. 33La mujer, asustada
y temblorosa al comprender lo que le había pasado, se le acercó, se postró a sus pies
y le confesó toda la verdad. 34Y él le dijo: —Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y
queda sana de tu tormento.
35
Y estaba hablando todavía cuando llegaron de la casa del presidente de la
sinagoga diciendo: —Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al maestro? 36Pero
Jesús, sin prestar atención al mensaje, dijo al presidente de la sinagoga: —No temas.
Sólo ten fe. 37Y no permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y
Juan, hermano de Santiago. 38Y llegaron a casa del presidente de la sinagoga y al ver
el estrépito y a los que lloraban y vociferaban sin parar, 39entró y les dijo: —¿Por qué
hacen tanto ruido y por qué lloran? La niña no está muerta, está dormida. 40Y ellos
se burlaron de él, pero echó fuera a todos y condujo al padre y a la madre de la niña
y a quienes estaban con ellos a donde estaba la niña. 41Y tomándola de la mano le
dijo: —¡Talithá, kum!, lo cual, traducido, significa: “Muchacha, te digo:
¡levántate!”38 42Y la niña se levantó de inmediato y echó a andar, pues tenía doce
años. Y los presentes quedaron inmediatamente pasmados, en gran trance.39 43Y les
ordenó que nadie supiera esto y les dijo que dieran de comer a la muchacha.

Capítulo seis
1
Y se fue de allí y llegó a su patria y lo seguían sus discípulos. 2Y cuando llegó el
sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga y mucha gente, al oírlo, se preguntaba,
azorada: —¿De dónde saca este hombre eso? ¿Qué sabiduría le han dado a éste para
que tales milagros salgan de sus manos? 3¿Qué no es el carpintero, hijo de María,
hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No son sus hermanas las que
viven a nuestro lado en este lugar? Y se escandalizaban de él. 4Y Jesús les dijo: —Sólo
en su tierra, entre sus parientes y en su casa, desprecian a un profeta. 5Y no pudo
hacer allí ningún milagro, sólo curó a unos pocos enfermos, imponiendo las manos
sobre ellos. 6Y se extrañó de la falta de fe de aquéllos. Mientras, recorría las aldeas de
los alrededores, dando enseñanzas. 7Y llamó a los doce y los empezó a enviar, de dos
101 ernesto de la peña

en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. 8Y les encargaba que no
tomaran nada para el camino, más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni monedas de
cobre en la escarcela,40 9que calzaran sandalias, pero que no se pusieran dos túnicas.
10
Y les dijo: —Quédense en la casa donde se alojen, hasta que dejen ese lugar. 11Y si
en un lugar no los reciben ni los oyen, cuando se vayan de allí, sacúdanse el polvo de
las suelas de los zapatos como testimonio para ellos.

Y ellos se fueron y predicaron, instándolos a que se enmendaran, 13y


12

expulsaban a muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los


curaban.

Y oyó el rey Herodes, puesto que su nombre se había hecho famoso, que
14

decían que Juan Bautista había resucitado de entre los muertos y que por eso los
poderes actuaban a través de él. 15Otros, en cambio, opinaban que era Elías y otros
más, que era un profeta como uno de los demás profetas. 16Pero Herodes, cuando
lo oyó, dijo: —Aquel Juan a quien yo decapité, ha resucitado. 17Porque el propio
Herodes había mandado prender a Juan y lo había puesto en la cárcel, encadenado,
debido a Herodías, esposa de su hermano Felipe, con la que se había casado, 18y Juan
le decía a Herodes: —No te está permitido tener a la esposa de tu hermano. 41
19
Herodías odiaba a Juan y quería matarlo, pero no podía, 20porque Herodes temía
a Juan, por saber que era hombre justo y santo, y lo tenía protegido. Cuando lo oía,
se desconcertaba pero le gustaba oírlo.

Pero se presentó un día propicio cuando Herodes, con motivo de su


21

cumpleaños, dio un banquete a algunas personas de importancia, a tribunos y a la


gente principal de Galilea. 22La hija de Herodías misma entró y danzó, y le agradó a
Herodes y a sus convidados y el rey dijo a la muchacha: —Pídeme lo que quieras,
que te lo daré. 23Y se lo juró varias veces: —Te daré lo que me pidas, aunque sea la
mitad de mi reino. 24Y ella salió y preguntó a su madre: —¿Qué le pediré? Y la madre
le contestó: —La cabeza de Juan el Bautista. 25Y regresó ella en seguida, y con
vehemencia le pidió al rey, diciendo: —Quiero que ahora mismo me des en una
bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
los evangelios 102

26
Y el rey se puso muy triste a causa de los juramentos y por consideración a los
invitados no quiso desairarla. 27Y en seguida mandó a un verdugo que trajese su
cabeza. Y éste fue y lo decapitó en la cárcel 28y trajo la cabeza en una bandeja y se la
entregó a la muchacha y ésta se la entregó a su madre.42

Cuando oyeron esto sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron


29

en una sepultura.
30
Los apóstoles se reunieron con Jesús y le relataron todo lo que habían hecho y
todo lo que habían enseñado. 31Y él les dijo: —Vengan sólo ustedes a un lugar
apartado y descansen un poco. Porque los que iban y venían eran muchos y no
tenían tiempo ni siquiera para comer. 32Y se fueron en la barca a un lugar apartado.
33
Y los vieron irse y muchos los reconocieron; y de todas las aldeas salieron corriendo
a pie a aquel lugar y llegaron antes que ellos. 34Y al desembarcar vio a mucha gente y
se apiadó de ella porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a predicarles
muchas cosas.
35
Y ya avanzada la tarde, se acercaron a él sus discípulos y le dijeron: —Está en
despoblado el lugar y ya es tarde; 36despáchalos para que al llegar a los campos y
aldeas que están alrededor se compren algo que comer. 37Y él les contestó, diciendo:
—Denles de comer ustedes. Y le contestaron: —¿Vamos a ir y comprar doscientos
denarios de pan para darles de comer? 38Y él les preguntó: —¿Cuántos panes tienen?
Vayan a ver. Y cuando supieron, le dijeron: —Cinco, y dos pescados. 39Y dijo a la
gente que se sentara sobre el pasto verde, formando grupos. 40Y se recostaron en
grupos de ciento y de cincuenta. 41Y él, tomando los cinco panes y los dos pescados,
alzó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a sus
discípulos para que los repartieran y dividió entre todos los dos pescados.

Y comieron todos hasta saciarse 43y recogieron doce cestos de sobras de pan y
42

pescado. 44Y quienes habían comido los panes eran cinco mil personas.
45
En seguida ordenó a los discípulos que se embarcaran y se adelantaran a la otra
orilla, a Betsaida, mientras él despedía a la gente. 46Yen cuanto se hubo despedido de
ellos se retiró al monte, a orar.
103 ernesto de la peña

47
Al anochecer, cuando la barca estaba a la mitad del lago y Jesús solo, sobre la
tierra, 48al ver con qué trabajo remaban, puesto que tenían el viento en contra, se
dirigió en la cuarta guardia de la noche en dirección a ellos, caminando sobre el lago,
y estaba a punto de pasar al lado de ellos.

Pero ellos, al ver que andaba por el lago, pensaron que era un fantasma y
49

comenzaron a dar gritos, 50porque todos lo vieron y se sobresaltaron. Pero él les


habló de inmediato y les dijo: —¡Ánimo, que soy yo, no tengan miedo!

Y subió a la barca con ellos y amenguó el viento. Y ellos se admiraban mucho,


51

hasta el colmo, 52porque no habían entendido lo sucedido con los panes y su


corazón estaba confuso.

Y atravesaron por tima y llegaron a Genesaret y atracaron. 54Y al salir de la


53

barca, lo reconocieron de inmediato 55y se pusieron a recorrer toda aquella región: y


la gente transportaba a los enfermos en camillas, a donde oían decir que estaba. 56Y
a dondequiera que llegaba, aldeas, pueblos o villorrios, ponían a los enfermos en la
calle y le suplicaban que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto y todos
los que lo tocaban, quedaban sanos.

Capítulo siete
1
Y se reunieron con él los fariseos y algunos escribas llegados desde Jerusalén 2y al ver
que algunos discípulos comían los panes con las manos sucias, esto es, sin habérselas
lavado, 43 3pues los fariseos, y los judíos en general, no comen sin haberse antes
lavado cuidadosamente las manos, en lo cual conservan la tradición de sus mayores
4
y al volver del mercado no comen sin haber hecho sus abluciones, y han guardado
otras muchas tradiciones, como enjuagar vasos, jarras y ollas y camas. 44 5Y le
preguntaron los fariseos y los escribas: —¿Por qué tus discípulos no proceden de
acuerdo con la tradición de los mayores, sino que comen el pan con las manos
sucias? 6Y él les contestó: —¡Qué bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas!, como
está escrito:
los evangelios 104

Este pueblo me honra con los labios,


pero mantiene su corazón lejos de mí.
7
lnútilmente me rinden culto,
pues la doctrina que enseñan son preceptos humanos.45

8
Ustedes, dejando a un lado el mandamiento de Dios, se aferran a la tradición
de los hombres.
9
Y les dijo: —¡Bien!, ustedes hacen a un lado el mandamiento de Dios para
aferrarse a su tradición. 10Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el
que hable mal de su padre o su madre sea castigado con la muerte”.46 11Ustedes, en
cambio, dicen: “Si un hombre dijera a su padre o a su madre que ha donado al
templo los bienes con que podría ayudarlos, 12ya no se le permitiría hacer nada por
su padre o por su madre”,47 13anulando el mandamiento de Dios con la tradición
que ustedes han transmitido, y como éstas, hacen ustedes otras muchas cosas
similares.48
14
Entonces, volvió a llamar a la gente y le dijo: —Escúchenme todos ustedes y
entiendan esto: 15nada que entre de afuera puede manchar al hombre; lo que sale de
adentro es lo que mancha al hombre.16Quien tenga oídos para oír, que oiga.49
17
Y cuando entró en casa, apartándose de la gente, sus discípulos le preguntaron
qué quería decir mediante la parábola. 18Y él les dijo: —¿De modo que tampoco
ustedes son capaces de comprender? ¿No comprenden que nada que entre de afuera
puede manchar al hombre? 19Porque no le entra en el corazón, sino en el vientre y
se echa a la letrina, y con ello dio pureza a todos los alimentos.
20
Y dijo: —Lo que sale de adentro del hombre es lo que mancha al hombre,
21
porque de adentro del corazón de los hombres salen los malos razonamientos,
hechos de prostitución, robos, asesinatos, 22adulterios, avaricias, maldades, dolo,
105 ernesto de la peña

lascivia, mal ojo, blasfemias, arrogancia, desatino. 23Todas esas maldades salen de
dentro y manchan al hombre.

Y, levantándose, fue de allí a la región de Tiro y entró en una casa sin querer
24

que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido: 25oyó hablar de él


inmediatamente una mujer que tenía una hijita poseída por un espíritu impuro y
fue a él y se echó a sus pies. 26La mujer aquella era griega, de origen sirofenicio, y le
suplicaba que expulsara al demonio de su hija. 27Y él le dijo: —Deja que primero
coman tus hijos. No está bien quitar el pan a los hijos y echárselo a los cachorros.

Y ella le contestó, diciendo: —Señor, pero también los cachorros, debajo de la


28

mesa comen las migajas que tiran los niños. 29Y él le contestó: —Por esa razón, vete,
que ya ha salido de tu hija el demonio. 30Y cuando llegó a su casa, se encontró a la
niña echada en la cama y el demonio se había ido.

Y al salir de la región de Tiro, Jesús pasó por Sidón hacia el lago de Galilea, por
31

en medio de la región de la Decápolis. 32Y le presentaron a un sordo y tartamudo y


le pidieron que impusiera la mano sobre él. 33Y alejándolo de la gente, a un lugar
aparte, le metió los dedos en las orejas y escupió y le tocó la lengua. 34Después,
alzando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: —¡Effatá!, que significa “¡Ábrete!” 35E
inmediatamente se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y
habló correctamente. 36Y les prohibió decírselo a nadie, pero mientras más lo
prohibía, más lo divulgaban 37y, en el colmo del azoro, decían: —¡Qué bien ha hecho
todo! Hace oír hasta a los sordos y hablar a los mudos.

Capítulo ocho
1
En aquellos días, puesto que de nuevo se había reunido mucha gente y no tenía qué
comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 2—Me da mucha lástima esta gente,
pues lleva ya tres días a mi lado y no tiene qué comer 3y si los envío a sus casas sin
comer, se van a desmayar por el camino. Algunos, además, han venido desde lejos.
4
Y sus discípulos le contestaron: —¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí en
los evangelios 106

despoblado, para que se satisfagan? 5Y él les preguntó: —¿Cuántos panes tienen? Y


le dijeron: —Siete. 6Entonces ordenó a la gente que se sentara en el suelo y tomando
los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus
discípulos, para que los sirvieran. Y ellos los sirvieron a la gente.
7
Tenían, además, unos cuantos pescaditos y él los bendijo y ordenó que también
los sirvieran. 8Y comieron y se satisficieron y recogieron todavía siete canastos de
sobras. 9Eran aproximadamente cuatro mil y Jesús los despidió 10y después entró en
la barca junto con sus discípulos y llegó a la región de Dalmanuta.50
11
Y salieron los fariseos y se pusieron a discutir con él y, para ponerlo a prueba,
le pidieron una señal que viniera del cielo. 12Y Jesús suspiró en su espíritu y les dijo:
—¿Esta generación qué señal busca? Aseguro a ustedes que a esta generación no se
le dará señal alguna.51
13
Y dejándolos, una vez más se embarcó y se fue a la otra orilla.
14
Y se les olvidó llevar pan consigo y no tenían más que uno en la barca. 15Y
entonces les ordenó, diciendo: —Vean, cuídense de la levadura de los fariseos y de
la de Herodes.
16
Y los unos con los otros discutían porque no tenían pan. 17Y cuando se dio
cuenta de ello, les dijo: —¿Qué?, ¿están discutiendo porque no tienen pan?
¿Todavía no entienden ni comprenden? ¿Se ha entorpecido su corazón? 18 “Tienen
ojos y no ven y orejas y no oyen”. ¿No recuerdan52 19cuántos cestos llenos de sobras
recogieron cuando repartí cinco panes entre cinco mil? Y le contestaron: —Doce.
20
¿Y cuántos cestos llenos de sobras recogieron ustedes cuando repartí siete panes
entre cuatro mil? Y le contestaron: —Siete. 21Y él les dijo: —¿Y todavía no
comprenden?
22
Y llegaron a Betsaida y le llevaron a un ciego y le pidieron que lo tocara. 23Y,
tornándolo de la mano, lo sacó de la aldea, escupió en sus ojos, le puso las manos
encima y le preguntó: —¿Ves algo? 24Y empezó a distinguir algo y dijo: —Veo a la
gente; los veo como árboles que caminan. 25Y de nuevo le puso las manos sobre los
107 ernesto de la peña

ojos y el hombre vio perfectamente: había quedado restablecido y veía todo con
claridad. 26Y lo envió a casa, diciéndole: —¡No entres en la aldea!

Jesús y sus discípulos salieron rumbo a las aldeas de Cesarea de Filipo y en el


27

camino preguntó a sus discípulos, diciendo: —¿Quién dice la gente que soy? 28Y
ellos le contestaron, diciendo: —Unos dicen que Juan el Bautista y otros que Elías y
otros más, que uno de los profetas. 29Y él les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen
que soy yo? Pedro contestó y dijo: —Tú eres el Cristo.53 30Y él les prohibió que a
nadie dijeran nada acerca de él. 31Y empezó a enseñarles que es necesario que el Hijo
del Hombre padezca mucho y que tienen que rechazarlo los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas y que deben matarlo y que, después de tres días, deberá
resucitar. 32Y hablaba con entera libertad. Entonces, Pedro se lo llevó aparte y
comenzó a reprenderlo. 33Y él se volvió y, al ver a los discípulos, increpó a Pedro,
diciendo: —¡Quítate de mi vista, Satanás, porque no te preocupan las cosas de Dios,
sino las de los hombres!

Y convocando a la gente a que se reuniera con sus discípulos, les dijo: —Si hay
34

alguien que quiera venir tras de mí, que reniegue de sí mismo, que cargue con su
cruz y que me siga, 35porque quien quiera salvar su alma, la perderá, pero el que
pierda su alma por causa mía y por la buena nueva, la salvará.54 36¿De qué le sirve al
hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? 37Y ¿qué podría dar el hombre
cambio de su alma? 38El que se avergüence de mí y de mis palabras en medio de esta
generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él
cuando venga en la gloria de su padre con los ángeles santos.

Capítulo nueve
1
Y les dijo: —De verdad les digo que hay algunos aquí presentes que no gozarán de
la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que llega en plena potencia.

Seis días después tomó Jesús a Pedro, Santiago y Juan y los hizo subir con él,
2

sólo a ellos, a una montaña elevada y apartada. Allí, se transfiguró delante de ellos:
los evangelios 108

3
sus ropajes se pusieron de un blanco deslumbrador, como no puede blanquearlos
ningún lavandero del mundo. 4Y vieron a Elías con Moisés, que conversaban con
Jesús. 5Y dijo entonces Pedro a Jesús: —Maestro mío, está muy bien que estemos
aquí nosotros: haremos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
6
Porque no sabía lo que decía, pues estaban muy amedrentados. 7Y surgió una nube
que los cubrió y salió una voz de la nube, que decía: —Éste es mi hijo amado,
¡óiganlo! 8Y de pronto, al mirar alrededor, ya no vieron a nadie, más que a Jesús solo
con ellos.

Mientras descendían de la montaña, Jesús les ordenó que no contaran a nadie


9

lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
10
Y se apoderaron de estas palabras y discutían entre ellos qué podría significar eso
de resucitar de entre los muertos. 11Y le preguntaron, diciendo: —¿Por qué dicen los
escribas que primero tiene que venir Elías? 12Y él les contestó: —¿De manera que
primero tiene que venir Elías a ponerlo todo en orden? Entonces, ¿cómo está escrito
que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? 13No, les digo
que también de Elías ha venido ya y lo han tratado a su antojo, como ya estaba escrito
de él.

Y al llegar a donde estaban los discípulos, vieron a mucha gente a su alrededor


14

y a unos escribas que discutían entre sí. 15E inmediatamente que lo vio la gente, se
conmovió y corrió a saludarlo. 16Y él les preguntó: —¿De qué están discutiendo
entre ustedes? 17Y uno, entre la multitud, le contestó: —Maestro, te he traído a mi
hijo, que está en poder de un espíritu que no le deja hablar; 18y cada vez que se
apodera de él, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido.
He pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido.
19
Y él les contestó, diciendo: —¡Oh, generación sin fe! ¿Hasta cuándo tendré
que estar con ustedes?, ¿hasta cuándo tendré que soportarlos? ¡Tráiganmelo! 20Y se
lo llevaron y en cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a atormentar al muchacho, que
cayó por tierra y rodaba, echando espumarajos. 21Y Jesús preguntó al padre: —
¿Cuánto tiempo hace que le sucedió esto? Y él contestó: Desde la infancia. 22Y
109 ernesto de la peña

muchas veces hasta lo ha lanzado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes
hacer, ¡ayúdalo!, ¡ten lástima de nosotros! 23Y Jesús le contestó: Dices: “Si puedes”...
todo es posible para el que cree. 24Entonces, el padre del muchacho, gritó: —¡Creo,
ayúdame tú en la incredulidad! 25Y Jesús, al ver que llegaba gente corriendo, ordenó
al espíritu inmundo, diciéndole: —¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de
éste y no vuelvas a entrar en él! 26Y salió, en medio de gritos y convulsiones. El
muchacho quedó como muerto, a tal punto que la gente decía que había muerto.
27
Pero Jesús lo levantó, tomándolo de la mano, y el muchacho se puso de pie. 28Y al
entrar en la casa, sus discípulos le preguntaron a él, aparte: —¿Por qué no pudimos
expulsarlo nosotros? 29Y él les contestó: —Este género de espíritus no sale sino a
fuerza de oración.55

Y se marcharon de allí y anduvieron recorriendo Galilea, pues no quería que


30

nadie se enterara, 31porque iba dando instrucción a sus discípulos y les iba diciendo:
—El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán, pero,
después de que lo maten, resucitará a los tres días. 32Ellos no entendían sus palabras
y temían preguntarle.

Y llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó: —¿De qué discutían
33

por el camino? 34Y ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el
más grande. 35Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Quien quiera ser el
primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. 36Y tomando a un niño,
lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: 37—El que acoge a un niño parecido
a éstos a nombre mío, me acoge a mí, y el que me acoja a mí, no es a mí a quien acoge,
sino al que me ha enviado.

Y Juan le dijo: —Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu


38

nombre y se lo impedimos porque no nos seguía. 39Y Jesús contestó: —No se lo


impidan, porque nadie que haga un milagro a nombre mío podrá después hablar
mal de mí. 40Porque el que no está contra nosotros, está a favor nuestro. 41Y el que
les dé de beber un vaso de agua en virtud de que ustedes son de Cristo, no se quedará
sin recompensa, les aseguro a ustedes.
los evangelios 110

42
Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor que
le ataran al cuello una rueda de molino y que fuera echado al mar. 43Y si tu mano te
escandaliza, ¡córtatela!; mejor será para ti entrar manco en la vida que ir a la gehena,
al fuego inextinguible, teniendo ambas manos. 56 45Y si tu pie te escandaliza,
¡córtatelo!, pues más te convendrá entrar en la vida cojo que ser arrojado a la gehena
teniendo ambos pies.57 47Y si tu ojo te escandaliza, ¡sácatelo!, pues más te convendrá
entrar tuerto en el reino de Dios que, teniendo ambos ojos, ser arrojado a la gehena,
48
donde ni el fuego se apaga. 49Porque todo hombre ha de ser salado por el fuego.
50
Buena es la sal, pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonarán ustedes? Tengan
la sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.

Capítulo diez
1
De allí se fue a la región de Judea y de más allá del Jordán y de nuevo se fueron
congregando grupos de gente y, según solía hacer, les impartió enseñanza también
entonces. 2Y se le acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba,
si le está permitido a un hombre repudiar a su mujer. 3Y él les contestó: —¿Qué les
ha mandado Moisés? 4Y ellos contestaron: —Moisés permitió escribir un
documento de repudio y repudiarla.58 5Y Jesús les dijo: —Por la dureza del corazón
de ustedes, les escribió este precepto. 6Pero desde el principio de la creación los hizo
macho y hembra;59 7a causa de esto, el hombre dejará a su padre y a su madre y se
unirá a su mujer60 8y serán los dos una sola carne, de modo que ya no son dos, sino
una sola carne.61 9Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
10
Y estando de regreso en su casa, los discípulos le preguntaron nuevamente
acerca de esto. 11Y él les dijo: —El que repudia a su mujer y se casa con otra, comete
adulterio con ella. 12Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.
13
Y le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendían.
14
Al ver aquello, Jesús se indignó y les dijo: —Dejen que los niños vengan a mí, no
se lo impidan, porque a los que son como ellos pertenece el reino de Dios. 15De
111 ernesto de la peña

verdad digo a ustedes que quien no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará
en él. 16Y tomándolos en los brazos, los bendecía poniéndoles las manos encima.

Y al salir al camino se le acercó uno, corriendo, se arrodilló ante él y le


17

preguntó: —Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? 18Y
Jesús le contestó: —¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno: Dios. 19Ya
conoces los mandamientos: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no
darás falso testimonio, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre”.62

Y él contestó: —Maestro, todo eso he cuidado de hacer desde mi juventud.


20

21
Entonces, Jesús lo miró, lo amó y le dijo: —Te falta una cosa: vete y vende lo que
tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo y ven y sígueme. 22Al oír esto,
el hombre se entristeció y se fue, apesadumbrado, porque era muy rico.

Y Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: —¡Qué difícilmente


23

entrarán en el reino de Dios los que tienen bienes! 24Los discípulos se admiraban
ante estas palabras y Jesús insistió, diciendo: —¡Hijos, qué difícil es entrar en el reino
de Dios! 25Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que entre un
rico en el reino de Dios.63 26Y ellos se decían, completamente confusos: —Entonces,
¿quién podrá salvarse? 27Jesús se les quedó viendo y les dijo: —Para los hombres es
imposible, pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.

Y Pedro le empezó a decir: —Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos


28

seguido. 29Jesús dijo: —Les aseguro que no hay ninguno que haya dejado casa o
hermanos o hermanas, madre o padre, o hijos o campos, por mí y por la buena nueva
30
que no reciba en ese tiempo cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres
e hijos y campos, con persecuciones y, en la edad futura, la vida eterna. 31Pero
muchos, aunque sean los primeros, serán los últimos y los últimos serán los
primeros.

E iban subiendo por el camino que conduce a Jerusalén, y Jesús iba adelante
32

de ellos; los discípulos estaban azorados y los que lo seguían iban con miedo. Y él se
llevó una vez más aparte a los doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder: 33 —
Miren, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los
los evangelios 112

sumos sacerdotes y a los escribas que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los


paganos, 34que se mofarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los
tres días resucitará.
35
Y se le acercaron Santiago y Juan, hijos del Cebedeo, y le dijeron: —Maestro,
desearíamos que hicieras por nosotros lo que te vamos a pedir. 36Y él les preguntó:
—¿Qué quieren que haga por ustedes? 37Y le contestaron: —Concédenos que uno
se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria. 38Y Jesús les contestó: —
No saben lo que me piden. ¿Son acaso capaces de beber el cáliz que yo voy a beber
o de ser bautizados en el bautismo en que yo seré bautizado? 39Y le contestaron: —
Sí, somos capaces. Y Jesús les dijo: —El cáliz que yo voy a beber, lo beberán ustedes,
y en el bautismo que voy a recibir ustedes serán bautizados; 40pero el que se sienten
a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí concederlo sino a aquellos
para los que están ya preparados.

Y los otros diez, al oír esto, se indignaron en contra de Santiago y de Juan. 42Jesús
41

los reunió y les dijo: —Sepan que los que aparecen como jefes de pueblos los
tiranizan y que los grandes los oprimen. 43Pero no ha de suceder así Con ustedes:
que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes sea su servidor le sirvan, 44y que el
que quiera ser el primero sea esclavo de todos, 45porque el Hijo del Hombre no ha
venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate de muchos.

Y llegaron a Jericó y al salir él de esa ciudad, con sus discípulos y con una gran
46

muchedumbre, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego y mendigo, estaba sentado al lado


del camino. 47Y cuando oyó que era Jesús el nazareno, comenzó a gritar, diciendo:
—¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! 48Y muchos lo instaban a que callara,
pero él gritaba más, diciendo: —¡Hijo de David!, ¡ten piedad de mí! 49Y Jesús se
detuvo y dijo: —¡Llámenlo! Y llamaron al ciego, diciéndole: —¡Ten ánimo,
levántate, que te llama! 50Y él echó su manto a un lado y, dando un salto, vino a
Jesús. 51Y Jesús le dijo: —¿Qué quieres que haga por ti? Y el ciego le contestó: —
Maestro, que vuelva a ver. 52Y Jesús le dijo: —Anda, que tu fe te ha sanado. Y en ese
momento recuperó la vista y lo fue siguiendo por el camino.
113 ernesto de la peña

Capítulo once
1
Cuando se acercaban a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos,
Jesús envió a dos de sus discípulos, 2diciéndoles: —Vayan a la aldea que está enfrente
de ustedes y a la entrada encontrarán enseguida un borrico atado, que todavía no ha
sido montado por ningún hombre. Desátenlo y tráiganmelo. 3Y si alguien les
preguntare: “¿Por qué hacen esto?”, díganle: “El dueño lo necesita y pronto lo
devolverá”.

Y allá fueron y encontraron al borrico afuera, en la encrucijada, atado a una


4

puerta y lo soltaron. 5Y algunos de los allí presentes, les preguntaron: —¿Qué están
haciendo allí, desatando al borrico? 6Y ellos contestaron tal como Jesús les había
dicho y les permitieron que se lo llevaran.

Y llevaron al borrico a donde estaba Jesús, le pusieron encima sus mantos y


7

Jesús se montó en él.64 8Y muchos alfombraron el camino con sus mantos y otros
con ramas que cortaron en los campos. 9Y los que iban adelante y los que iban en
seguimiento gritaban:

¡Hosana!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!65
10
¡Bendito el reino venidero de nuestro padre, David! ¡
Hosana en las máximas alturas!66

Y entró en Jerusalén y en el templo y vio todo alrededor, porque era ya tarde y


11

se fue a Betania con los doce.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, sintió hambre. 13Y al ver a lo lejos
12

una higuera llena de hojas, se acercó a ver si encontraba algo en ella, pero al llegar
sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos. 14Y entonces dijo: —Nunca
los evangelios 114

comerá nadie ningún fruto tuyo, por los siglos de los siglos. Y los discípulos lo
oyeron.
15
Y llegaron a Jerusalén y entró en el templo y comenzó a expulsar a los
vendedores y a los compradores que allí estaban, y tiraba por tierra los mostradores
de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas 16y no consentía que nadie
transportara nada a través del templo.

Y empezó a enseñarles, diciéndoles: —¿Acaso no está escrito: “Mi casa será


17

llamada casa de oración para todos los pueblos”? Pues ustedes la han convertido en
una cueva de ladrones.67 18Y oyeron esto los sumos sacerdotes y los escribas, pero
como le tenían miedo porque todo el mundo estaba asombrado de sus enseñanzas,
buscaban la manera de acabar con él. 19Y cuando anocheció, salieron de la ciudad.
20
Por la mañana, al pasar junto a la higuera, la vieron seca desde sus raíces.
21
Pedro se acordó y dijo a Jesús: —Maestro mío, mira, la higuera que maldijiste está
seca. 22Y Jesús contestó y les dijo: —Tengan fe en Dios. 23Porque de verdad les digo
que si alguien le dice a esa montaña: “¡Quítate de allí y arrójate al mar!”, sin tener
dudas en su corazón, sino creyendo que va a suceder lo que dice, así sucederá. 24Por
eso les digo que cualquier cosa que imploren y pidan y que crean que les ha sido
concedida, la conseguirán. 25Y cuando estén orando de pie, perdonen cualquier cosa
que tengan contra alguien, para que también su padre que está en los cielos les
perdone sus transgresiones.

Y llegaron de nuevo a Jerusalén y mientras andaba por el templo, se le


27

acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos 28y le preguntaron: —
¿Con qué autoridad haces estas cosas?, ¿o quién te ha dado la autoridad para hacer
estas cosas? 29Y Jesús les contestó: —Les voy a hacer una pregunta; contéstenmela y
les diré entonces con qué autoridad hago estas cosas. 30El bautismo de Juan: ¿fue
cosa del cielo o de los hombres? ¡Contéstenme!
31
Y ellos pensaban dentro de sí, diciéndose: “Si decimos «del cielo», entonces
dirá: «¿Por qué, pues, no le creyeron?» 32Y si decimos «de los hombres»”, temían
a la gente, porque todos pensaban que Juan había sido realmente un profeta. 33Y
115 ernesto de la peña

contestaron a Jesús, diciendo: —No sabemos. Y Jesús les contestó: —Entonces yo


tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas.

Capítulo doce
1
Y entonces comenzó a hablarles en parábolas, diciendo: —Un hombre plantó una
viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre, la rentó a unos
labradores y se fue de aquel lugar.68 2Y, en cierta ocasión, envió a un criado para que
cobrara a los labradores una parte de los frutos de la viña.69 3Pero ellos lo capturaron
y lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías. 4Entonces les envió a otro
criado y a éste lo descalabraron y lo deshonraron. 5Y mandó a otro más y a ése lo
mataron y a otros muchos: a unos los golpearon, a otros los mataron. 6Todavía le
quedaba uno, su hijo amado; y lo mandó al último a ellos, diciéndose: “Respetarán
a mi hijo”. 7Pero los labradores aquellos se dijeron: “Éste es el heredero; ¡vamos!,
matémoslo, y la herencia será nuestra”. 8Y capturándolo, lo mataron y lo arrojaron
fuera de la viña. 9¿Qué hará, pues, el dueño de la viña? Irá y acabará con los
labradores y dará la viña a otros. 10¿Acaso no han leído lo que está escrito?:

La piedra que desecharon los constructores


se ha convertido en piedra angular.
11
Esto lo ha hecho el Señor:
¡qué admirable es a nuestros ojos!70

Y buscaban cómo apoderarse de él, pero tenían miedo a la gente, porque se


12

dieron cuenta de que la parábola se refería a ellos y, dejándolo, se fueron.

Y enviaron a él a algunos de los fariseos y herodianos para que lo pusieran a


13

prueba con una pregunta.71 14Y acercándosele, le dijeron: —Maestro, sabemos que
eres veraz y que nada te importa, porque tú no te preocupas por la persona de los
los evangelios 116

hombres, sino que, de acuerdo con la verdad, enseñas el camino de Dios. ¿Está
permitido pagar tributo al César o no? ¿Pagaremos o no?
15
Pero Jesús, notando su hipocresía, les dijo: —¿Por qué quieren ponerme a
prueba? Tráiganme un denario para que lo vea. L6Y se lo llevaron y él les preguntó:
—¿De quién son este rostro y esta inscripción? Y le contestaron: —Del César. 17Y
Jesús les dijo: —Pues tributen al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Y se quedaron asombrados de él.

Y llegaron ante él unos saduceos, que decían que no hay resurrección, y le


18

preguntaban, diciendo: 19—Maestro, Moisés nos dejó escrito: si alguien se le muere


su hermano y deja esposa, pero no hijos, que tome el hermano a esa mujer y dé
descendencia a su hermano”.72 20Había siete hermanos: el primero se casó y al morir
sin dejar descendencia, 21segundo se casó con la viuda y murió sin tener
descendencia, y lo mismo el tercero. 22Y ninguno de los demás dejó descendencia.
Finalmente, después de todos, la mujer murió también. 23Cuando llegue la
resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos va a ser mujer, si ha sido de los siete?
24
Y Jesús les contestó: —Están equivocados porque no comprenden las
Escrituras ni el poder de Dios. 25Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni
los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles del cielo. 26Y
acerca de si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio
de la zarza, lo que Dios le dijo: “Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el
Dios de Jacob”?73 27No hay un Dios de muertos, sino de vivos. Están ustedes muy
equivocados.74
28
Un escriba, que había oído lo que discutían y había observado lo bien que
contestaba, se le acercó y le preguntó: —¿Cuál es el primero de todos los
mandamientos? 29Y Jesús le contestó: —El primero es: “Escucha, Israel, el Señor,
nuestro Dios, es uno, 30y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda
tu alma, con toda tu inteligencia y con toda tu fuerza”.75 31El segundo es: “Amarás
a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que éstos.76
117 ernesto de la peña

Y el escriba le dijo: —Muy bien, maestro, tienes razón al decir: “Es uno y no
32

hay otro fuera de Él”; 77 33y que “amarlo con todo el corazón, con todo el
entendimiento y con toda la fuerza, y que amar al prójimo como a uno mismo” vale
más que todos los holocaustos y sacrificios.78

Y Jesús, al ver que había contestado con prudencia, le dijo: —No estás lejos
34

del reino de Dios. Y nadie se atrevió ya a hacerle más preguntas.

Y contestó Jesús, diciendo, mientras enseñaba en el templo: —¿Cómo dicen


35

los escribas que el Mesías es hijo de David? 36El mismo David dijo, movido por el
Espíritu Santo:

Dijo el Señor a mi Señor:


“Siéntate a mi derecha
hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”.79

David mismo lo llama Señor. Entonces, ¿de dónde sale que es hijo suyo? Y
37

mucha gente lo oía con agrado.

Y, entre sus enseñanzas, dijo: —¡Tengan cuidado de los escribas, que gustan
38

de pasear con sus mantos y que les den la bienvenida en las plazas 39y los primeros
asientos en las sinagogas y los primeros lugares en los festines, 40los que consumen
los bienes de las viudas, so pretexto de hacer rezos largos! Ésos recibirán una
sentencia más severa.

Y se sentó enfrente de la cámara del tesoro y observaba cómo la gente iba


41

echando dinero en el cepo; muchos ricos echaban cantidades grandes.80 42Y llegó
una viuda pobre y echó dos monedas pequeñas, que son un codrante. 43Y llamando
a sus discípulos, les dijo: —De verdad les digo que esa viuda pobre ha echado en el
cepo más que nadie, 44porque todos han echado de lo que les sobra, mientras que
ella ha puesto, de lo que le hace falta, todo lo que tenía para sobrevivir.
los evangelios 118

Capítulo trece
Cuando salía del templo, uno de sus discípulos le dijo: —Maestro, ¡mira qué grandes
piedras y qué construcciones! 2Y Jesús le contestó: —¿Ves esos grandes edificios?
No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.
3
Y mientras estaba sentado en el Monte de los Olivos, enfrente del templo,
Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron aparte: 4—Dinos cuándo van a
ocurrir estas cosas y cuál será la señal de que esto está por cumplirse.
5
Y Jesús comenzó a decir: —Tengan cuidado de que nadie los engañe. 6Van a
llegar muchos en nombre mío, diciendo: “Soy yo” y engañarán a mucha gente. 7Y
cuando oigan ustedes guerras y noticias de guerra, no se alarmen: eso tiene que
ocurrir, pero no es todavía el fin.81 8Porque se levantará un pueblo contra otro y un
reino contra el otro y habrá terremotos en diferentes lugares, y hambre, y eso será el
principio de las preocupaciones. 9Ustedes mismos cuídense, porque los llevarán ante
los tribunales y a las sinagogas, los golpearán y los harán comparecer ante
gobernadores y reyes por causa mía para dar testimonio ante ellos. 10Además, es
necesario que se predique la buena noticia entre todos los pueblos. 11Y cuando los
lleven para entregarlos, no se preocupen por anticipado por lo que van a decir: digan
lo que les sea inspirado en ese momento, porque no serán ustedes quienes hablen,
sino el Espíritu Santo.
12
Un hermano entregará a su hermano a la muerte y un padre a su hijo; los hijos
se levantarán contra sus padres y los matarán. 13Ustedes serán odiados por todos a
causa de mi nombre, pero quien resista hasta el final, se salvará.
14
Y cuando vean que la corrupción de la devastación está donde no debe —que
lo entienda el que lea esto—, entonces que los que se encuentren en Judea huyan a
las montañas,82 15quien esté en la azotea, que no baje de allí, ni entre en su casa a
tomar alguna cosa; 16y quien esté en el campo, que no vuelva para recoger su capa.
17
Y, ¡ay de las mujeres encintas o que estén amamantando en aquellos días! 18Recen
119 ernesto de la peña

para que no ocurra en invierno, 19porque aquellos días serán una angustia como no
se ha visto igual desde el principio de la creación que Dios creó, hasta ahora, ni la
habrá nunca más. 83 20Si el Señor no acortara aquellos días, no se salvaría carne
alguna. Pero por consideración a quienes ha elegido, los acortará.

Y si alguno de ustedes dice entonces: “¡Mira, aquí está el Mesías!, ¡míralo, allí
21

está!”, no se lo crean. 22Porque saldrán Cristos falsos y falsos profetas, que harán
milagros y prodigios para engañar, si fuera posible, a los elegidos. 23Ustedes estén
pendientes, pues los he prevenido acerca de todo esto.

Pero en aquellos días, después de esa angustia,


24

el sol se oscurecerá,
y la luna no dará su resplandor;
25
las estrellas estarán cayendo del cielo,
y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas.

Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes, con gran
26

fuerza y gloria, 27y enviará entonces a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los
cuatro rumbos del viento, desde lo alto de tierra hasta lo alto del cielo.84

Aprendan de la parábola de la higuera: cuando la rama se pone ya blanda y


28

brotan los retoños, sepan que ya está cerca el verano; 29y lo mismo sucede con
ustedes: cuando vean que pasan estas cosas, sepan que ya está cerca, a las puertas.
30
En verdad les digo que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31El
cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

En cuanto a aquel día y aquella hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo
32

ni el hijo, sólo el padre. 33Tengan cuidado, ¡velen!, porque no sabrán cuándo llega el
momento. 34Es como un hombre que iba a salir al extranjero: dejó su casa, dándoles
autoridad a sus criados, asignando a cada uno su tarea y al portero le mandó que se
los evangelios 120

quedara en vela. 35Por eso, estén vigilantes, porque no saben cuándo llegará el dueño
de la casa; si será al anochecer, a media noche, cuando cante el gallo o cuando
amanezca; 36no vaya a presentarse de pronto y los encuentre dormidos. 37Y lo que
les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡vigilen!

Capítulo catorce
1
La pascua y la fiesta de los ácimos se celebrarían en dos días más y los sumos
sacerdotes y los escribas andaban buscando una manera de darle muerte,
apresándolo a traición,85 2porque se decían: —Que no sea durante la fiesta, no sea
que surja un tumulto en el pueblo.
3
Y estando Jesús en Betania, reclinado a la mesa en casa de Simón, el leproso,
llegó una mujer que llevaba un perfume de nardo auténtico en una jarra de alabastro,
de mucho precio, y quebró el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Cristo.
4
Y algunos se indignaron: —¿A qué viene ese derroche de perfume? 5Podría haberse
vendido ese perfume por más de trescientos denarios y habérselos dado a los pobres.
Y la censuraban, 6pero Jesús replicó: —Déjenla, ¿por qué la molestan? Hermosa
obra ha hecho conmigo. 7Porque a los pobres siempre los tendrán con ustedes y les
podrán hacer el bien siempre que quieran; en cambio, a mí no me van a tener
siempre. 8Ella hizo lo que pudo, ha embalsamado de antemano mi cuerpo para el
entierro. 9Les digo de verdad que en cualquier parte del mundo en que se predique
el evangelio, se dirá también, en su recuerdo, lo que ella ha hecho.86
10
Y Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los sumos sacerdotes, para entregarlo.
11
Y al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Y él andaba buscando una
ocasión propicia para entregarlo.

Y el primer día de la fiesta de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero


12

pascual, sus discípulos le dijeron: —¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la


cena de pascua? 13Y él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: —Vayan a la
ciudad; allí los encontrará un hombre que carga un cántaro de agua: síganlo, 14y en
121 ernesto de la peña

la casa que entre, digan al dueño: “El maestro pregunta: «¿Dónde está el aposento
donde voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?»” 15Y él les mostrará una
sala grande en el piso de arriba, arreglada a con tapices, ya dispuesta. Prepárennosla
allí.

Los discípulos se fueron y llegaron a la ciudad y encontraron lo que les había


16

dicho y prepararon la pascua.

Cuando cayó la tarde llegó con los doce. 18Y estando a la mesa, comiendo, dijo
17

Jesús: —En verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar, uno que está
comiendo conmigo.

Y ellos empezaron a afligirse y a decirle, uno tras otro: —¿Acaso seré yo? 20Y él
19

contestaba: —Es uno de los doce y está mojando el pan en el mismo plato que yo,
21
porque el Hijo del Hombre se va, como está escrito acerca de él, pero, ¡ay de aquel
por quien es entregado el Hijo del Hombre!, ¡más le valdría a ese individuo no haber
nacido! 22Y mientras estaban comiendo, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: —Tomen, éste es mi cuerpo. 23Y tomando una
copa, pronunció la acción de gracias, la pasó a ellos y todos bebieron de ella. 24Y les
dijo: —Ésta es mi sangre, la de la alianza, que se derrama por muchos. 25En verdad
les digo que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo,
en el reino de Dios.

Y tras cantar himnos, salieron hacia el Monte de los Olivos.


26

y Jesús les dijo: —Todos me repudiarán, porque está escrito: “Golpearé al


27

pastor y se dispersarán las ovejas”. 87 28 Pero después de resucitar, iré delante de


ustedes a Galilea. 29Y Pedro le dijo: —Aunque todos te desconozcan, yo no lo haré.
30
Y Jesús le contesto: —Te digo en verdad que tú, hoy, esta misma noche, antes de
que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. 31Pero él insistió mucho, diciendo:
—Aunque tenga que morir contigo, nunca te negaré. Y los demás decían lo mismo.

Y llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: —Siéntense


32

aquí, mientras que yo voy a rezar. 33Y se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y
los evangelios 122

comenzó a sentir perturbaciones y angustias, 34y les dijo: —Mi alma está triste hasta
la muerte, ¡quédense aquí y velen! 35Y se adelantó un poco, cayó por tierra y pedía
que si era posible se alejara de él aquella hora; 36y decía: —¡Padre!, ¡padre!, todo es
posible para ti, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo
que quieres tú.88
37
Y se acercó a ellos y los encontró durmiendo y le dijo a Pedro: —¿Simón, estás
durmiendo? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? 38Estén despiertos y recen
para no caer en la tentación, porque el espíritu es animoso, pero la carne es débil.
39
Y se alejó nuevamente y rezaba, repitiendo las mismas palabras. 40Y al regresar,
los encontró una vez más dormidos, porque tenían los ojos pesados y no sabían qué
contestarle.
41
Y volvió por tercera vez y les dijo: —Sigan durmiendo y descansen. ¡Basta: ha
llegado la hora! Miren: el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores. 42 ¡Levántense, vamos!, ya llegó el que me ha de entregar.

Y estaba todavía hablando cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él una
43

turba con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, los escribas y los
ancianos. 44El traidor había quedado en darles una contraseña diciendo: —El que
yo bese, ése es: deténganlo y llévenselo con precaución.
45
Y al llegar, se acercó y le dijo: —¡Rabí! Y lo besó. 46Y los otros le echaron mano
y lo aprehendieron, 47pero uno de los circunstantes sacó la espada e hirió al criado
del sumo sacerdote y le cercenó la oreja. 48Y Jesús habló, diciéndoles: —¿Como si
fuera un ladrón salieron ustedes con espadas y con palos para aprehenderme? 49A
diario estaba yo entre ustedes, en el templo, enseñando, y no me detuvieron. Pero
que así sea para que se cumplan las Escrituras. 50Y todos lo abandonaron y huyeron.

Y lo iba siguiendo un joven, envuelto en una sábana y desnudo debajo y lo


51

aprehendieron, 52pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.


53
Y condujeron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron allí todos los sumos
sacerdotes, los ancianos y los escribas. 54Y Pedro lo siguió de lejos, hasta el interior
123 ernesto de la peña

del patio del sumo sacerdote y se quedó sentado con los guardas, calentándose al
fuego.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio en contra


55

de Jesús para matarlo, pero no lo encontraban,89 56porque aunque muchos daban


falso testimonio contra él, los testimonios no eran iguales. 57Algunos, levantándose,
daban falso testimonio contra él, diciendo: 58—Nosotros lo hemos oído decir: “Yo
destruiré este templo hecho por la mano y en tres días construiré otro, que no estará
hecho por las manos”.

Pero ni siquiera en esto eran iguales sus testimonios. 60El sumo sacerdote se
59

puso de pie en el centro y preguntó a Jesús, diciendo: —¿No contestas nada? ¿Por
qué éstos testifican en contra tuya? 61Pero él seguía callado, sin contestar nada. Y el
sumo sacerdote de nuevo le preguntó, diciendo: —¿Eres tú el Cristo, el hijo del
bendito? 62Y Jesús contestó: —Yo soy.

Y verán al Hijo del Hombre


sentado a la derecha del poder
y que viene con las nubes del cielo.90

El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo: —¿Qué necesidad tenemos


63

de más testimonios? 64Ya oyeron ustedes la blasfemia. ¿Qué les parece? Y todos lo
juzgaron digno de muerte. 65Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la cara, le
daban golpes, diciéndole: —Adivina quién te golpeó. Y los guardas lo abofetearon.

Y mientras tanto Pedro estaba abajo, en el patio, y llegó una de las criadas del
66

sumo sacerdote 67y al ver a Pedro, que se calentaba, se lo quedó viendo y le dijo: —
También tú estabas con el nazareno, con Jesús.

Y él negó, diciendo: —¡Ni sé ni entiendo de qué me estás hablando! Y salió


68

afuera, al zaguán y un galio cantó. 69Y al verlo, la criada comenzó a decir a los
los evangelios 124

presentes: —Éste es uno de ellos. 70Y él lo volvió a negar y al poco tiempo, los que
estaban allí presentes, dijeron de nuevo a Pedro: —Verdaderamente eres uno de
ellos, pues eres galileo. 71Pero él comenzó a decir maldiciones y a jurar, diciendo: —
¡No conozco a ese hombre que ustedes dicen!

Y enseguida, por segunda vez, cantó un gallo. Y Pedro recordó las palabras que
72

le había dicho Jesús: “Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces”.
Y prorrumpió a llorar.

Capítulo quince
1
E inmediatamente después de que se hizo de día, los sumos sacerdotes, junto con
los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, deliberaron, ataron a Jesús y lo
condujeron ante Pilatos y se lo entregaron.91

Y Pilatos lo interrogó, diciendo: —¿Eres tú el rey de los judíos? Y él le contestó:


2

—Eres tú quien lo dice. 92 3Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas,


4
Pilatos volvió a preguntarle, diciendo: —¿No contestas nada? Mira de cuántas
cosas se te acusa. 5Pero Jesús no contestó nada más, de modo que Pilatos estaba muy
asombrado.

Era costumbre, por la fiesta, dar libertad a un preso, el que pidieran. 7Y estaba
6

en la cárcel un tal Barrabás, junto con los rebeldes que habían cometido un asesinato
en la revuelta.93 8La gente subió y empezó a pedir que se procediera con ellos como
era costumbre. 9Y Pilatos les contestó diciendo: —¿Quieren que les suelte al rey de
los judíos? 10Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por
envidia, 11pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que les liberara más
bien a Barrabás.

Pilatos volvió a hablar y les preguntó: —¿Y qué quieren que haga con ese al
12

que llaman ustedes rey de los judíos?


125 ernesto de la peña

Y ellos gritaron de nuevo: —¡Crucifícalo! 14Y Pilatos les replicó: —Pero, ¿qué
13

ha hecho de malo? Y ellos gritaban más y más, diciendo: ¡Crucifícalo!

Y Pilatos, por querer dar satisfacción a la gente, les soltó a Barrabás y a Jesús lo
15

entregó a que lo azotaran para ser crucificado.


16
Los soldados lo llevaron al interior del patio, es decir el pretorio, y convocaron
a toda la compañía. 94 17Y lo revistieron de púrpura y alrededor de la cabeza le
pusieron una corona de espinas que habían trenzado 18y comenzaron a saludarlo: —
¡Salud, rey de los judíos! 19Y le golpeaban la cabeza con una caña y lo escupían y,
poniéndose de rodillas, le rendían homenaje. 20Y cuando terminaron de burlarse de
él, le quitaron la púrpura, le pusieron su manto y lo sacaron, para crucificarlo.

Y obligaron a un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y Rufo, que por allí
21

pasaba de regreso del campo, a que cargara la cruz. 22Y lo llevaron al lugar del
Gólgota que, traducido, significa “Lugar de la calavera”, 23y le dieron vino mezclado
con mirra, pero él no lo bebió. 24Y lo crucificaron y repartieron su ropa, echándola
a las suertes para ver qué se llevaba cada uno.
25
Era la hora tercera y lo crucificaron.95 26Y estaba escrita la causa de su condena:
“El rey de los judíos”. 96 27Y crucificaron junto con él a dos ladrones, uno a su
derecha y otro a su izquierda.97 29Y los que pasaban, lo apostrofaban moviendo la
cabeza y diciendo: —¡Bah! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días,
30
¡sálvate, bajando de la cruz!

Y de la misma manera los sumos sacerdotes, junto con los escribas, bromeaban
31

entre sí, diciendo: —Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. 32El
Cristo, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos! Y
también lo insultaban los que estaban crucificados junto con él.

Y cuando llegó la hora sexta, toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora de
33

nona. 98 34Y a la hora de nona, Jesús gritó con voz fuerte: —¡Elohí, Elohí, lema
sabajthaní!, que, traducido, significa: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has
abandonado?”99
los evangelios 126

35
Y algunos de los circunstantes, al oírlo, decían: —Mira, está llamando a Elías.
36
Y uno de ellos corrió y empapó una esponja en vinagre y clavándola en una pértiga,
se la dio a beber, diciendo: —¡Déjenlo!, ¡a ver si viene Elías a llevárselo! 100
37
Y Jesús, lanzando una grande voz, expiró.
38
Y la cortina del templo se rasgó en dos, desde arriba hasta abajo.
39
Y el centurión que estaba enfrente de él, al ver que había expirado así, dijo: —
¡Verdaderamente este hombre era hijo de Dios! 101
40
También estaban allí unas mujeres que, desde lejos, miraban. Y entre ellas
estaban María Magdalena y María, la madre de Santiago el menor y de Joset, y
Salomé,102 41quienes, mientras él estaba en Galilea, lo seguían y lo servían y, además,
otras muchas, que habían subido con él a Jerusalén.
42
Y cuando cayó la tarde, pues era el día de la preparación, esto es, el día anterior
al sábado,103 43vino José, el de Arimatea, notable consejero que esperaba también el
reino de Dios y, atreviéndose, se presentó ante Pilatos y le pidió el cadáver de
Jesús.104 44Se asombró Pilatos de que ya hubiera muerto y llamó al centurión y le
preguntó si hacía mucho que había fallecido 45e, informado por el centurión, le dio
el cadáver a José. 46Éste compró una sábana y, descolgándolo, lo envolvió en ella y lo
puso en un sepulcro que estaba excavado en la roca y rodó una piedra frente a la
puerta del sepulcro.

María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo habían


47

puesto.

Capítulo diez y seis


1
Una vez que hubo transcurrido el sábado, María Magdalena, María, la madre de
Santiago, y Salomé compraron perfumes para ir a embalsamarlo.105 2El primer día
después del sábado, muy temprano, llegaron al sepulcro cuando salía el sol. 3Y se
preguntaban unas a otras: —¿Quién quitará para nosotras la piedra de la puerta del
127 ernesto de la peña

sepulcro? 4Y cuando alzaron la vista, vieron que la losa estaba descorrida, aunque era
muy grande.

Y entraron en el sepulcro y vieron a un joven vestido con una túnica blanca,


5

sentado a la derecha, y se atemorizaron. 6Pero él les dijo: —¡No se atemoricen!


¿Buscan a Jesús nazareno, el crucificado? ¡Ha resucitado, ya no está aquí! Miren el
sitio donde lo habían puesto. 7Y ahora, ¡váyanse!, digan a sus discípulos y a Pedro:
“Él se les adelantó a Galilea; allí lo verán, como les dijo”.

Y saliendo, huyeron del sepulcro, porque estaban atemorizadas y confusas y no


8

dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

Habiendo resucitado en la mañana del primer día después del sábado, se le


9

apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado a siete demonios.106


10
Y ella fue a decirlo a quienes estaban con él, haciendo duelo y llorando. 11Y
aquéllos, al oírle decir que estaba vivo y que ella lo había visto, no le creyeron.107

Después de esto, se apareció en forma diferente a dos de ellos, que andaban


12

por el campo.13Y aquéllos se fueron de allí y lo anunciaron a los demás, pero


tampoco éstos les creyeron.

Finalmente, se apareció a los propios once que estaban a la mesa y les reprochó
14

su incredulidad y la dureza de su corazón por no haber creído a quienes lo habían


visto resucitado. 15Y les dijo: —Vayan por el mundo entero predicando la buena
nueva a toda la creación.108 16El que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, será
condenado. 17A los que crean, estos milagros los acompañarán: en nombre mío
expulsarán a demonios, hablarán en nuevas lenguas, 18y tomarán serpientes en las
manos, y si beben algún veneno mortal no les hará daño alguno; impondrán las
manos sobre los enfermos y quedarán sanos.

El Señor Jesús, después de decirles esto, fue ascendido al cielo y se sentó a la


19

diestra de Dios. 20Aquéllos salieron y predicaron por dondequiera, con la ayuda del
Señor, confirmados en la palabra por los milagros que la acompañaban.109
los evangelios 128

Y anunciaron brevemente a los que estaban alrededor de Pedro todas las cosas
que les habían sido ordenadas. Y después de esto, el mismo Jesús, desde el oriente
hasta el occidente, envió a través de ellos la predicación santa e incorruptible de la
salvación eterna. Amén.
129 ernesto de la peña

Notas

1 La cristología de San Marcos, esto es, su doctrina acerca de la persona y significado de


Cristo, se centra, fundamentalmente, en la afirmación de que es hijo de Dios. Para Marcos,
la divinidad de Cristo se manifiesta en su propia persona, en las obras y en sus palabras,
que son, simultáneamente, mensajes de aliento y de doctrina correcta. En la expresión “hijo
de Dios” se encuentra el mensaje fundamental del Evangelio de Marcos. Para el autor,
Cristo es, simultáneamente, “hijo de Dios” e “Hijo del Hombre” y con ello, en opinión de
numerosos intérpretes, parece querer indicar la doble naturaleza de Cristo, hombre y Dios
al mismo tiempo. Ahora bien, de manera implícita, al identificar los dos términos, el
evangelista está aludiendo a la misión salvadora de Cristo, en su calidad de Mesías del
pueblo de Israel. El "Hijo del Hombre" es el siervo sufriente pero, en su carácter de “hijo
de Dios”, estará sentado a la diestra de Dios Padre en el momento en que se haga el juicio
final.

2 Ex 23, 20.

3 Is 40, 3.

4San Marcos hace hincapié en el bautismo como el sacramento mediante el cual los
hombres se pueden liberar del pecado, por haber quedado purificados gracias a él. Con
ello, trata de hacer a un lado la concepción del agua que el Antiguo Testamento expresa a
menudo, en el sentido de que elemento de destrucción. El bautismo, esto es, la inmersión
de una persona en agua para limpiarla, no sólo corporal, sino espiritualmente, aparece
vinculado aquí con un “cambio de mentalidad” (que es lo que, literalmente, significa el
término griego que, con mucha frecuencia, se traduce por “arrepentimiento”), y ello indica
que no basta la acción ritual, de carácter no únicamente higiénico, sino mágico, para lavar
las faltas que se han cometido a lo largo de la vida. El efecto inmediato del bautismo (en
tanto que va acompañado del arrepentimiento) es el perdón de las transgresiones o
pecados.
5 Una de las primeras consecuencias que se desean obtener de la acción purificadora del
agua del bautismo es, precisamente, la confesión de los pecados, primer paso para lograr el
perdón.

6 La distinción que hace San Marcos entre el bautismo del agua y el del Espíritu Santo es
que la palabra viva de Cristo debe producir una reforma moral integral del hombre, ya que
la simple confesión de los pecados no es suficiente para la regeneración humana, para la
creación del hombre nuevo, que es el cristiano.

7 La buena nueva es, en palabras españolas, lo que en griego es el evangelio. La buena nueva

que trae consigo el mensaje evangélico es, precisamente, la apertura de la posibilidad de


conseguir la gracia mediante la acción salvífica de Cristo.

8 Hay que entender correctamente el sentido de estas palabras. No se trata de anunciar el


fin de los tiempos, sino de indicar, con toda claridad, que la llegada de Cristo representa la
oportunidad de que el hombre se salve. Además, el cristiano debe estar siempre preparado
para enfrentarse a su creador, ya que nadie conoce el momento de su muerte. Por
consiguiente, la pureza moral que se nos confiere a través del mensaje evangélico y el
ejemplo de Cristo debe presidir todos los actos del seguidor del Cristo, esto es, del Mesías.

9El sentido del énfasis que se hace en que los humildes pescadores abandonen sus tareas
para seguir a Cristo es doble. Literalmente, significa que los apóstoles se adhirieron a Cristo
en su predicación en el mundo. En el sentido moral, indica que la tarea primordial del
cristiano consiste en mirar por su mejoramiento espiritual y por la práctica de las buenas
obras y el cumplimiento de los mandamientos.

10 Los propios demonios reconocen la potencia superior de Cristo al llamarlo “santo de


Dios”, pues reconocen en él al representante del Altísimo.

11Puede interpretarse este pasaje, tan complejo, viendo en el silencio que los demonios
guardan ante Cristo, “porque lo conocían”, un reconocimiento de la mayor potencia del
Señor por lo que respecta a los poderes taumatúrgicos.

130
12Cristo, consciente de que su misión en la tierra es de muy corta duración y de que son
necesarios hombres comunes y corrientes para la difusión de su doctrina, llama a aquellos
que serán sus apóstoles o seguidores inmediatos. El llamado, como se dijo más arriba, tiene
precedencia sobre cualquier interés mundano.

13 La pregunta encierra una terrible acusación, ya que los judíos eran celosos guardianes de
las leyes del ayuno.

14 La expresión “la casa de Dios” se usa, en el Antiguo Testamento, para indicar la tienda
en que se conservaba el arca de la alianza. Algunos grandes analistas del texto están de
acuerdo en que las palabras originales del Antiguo Testamento (1 Sm 21, 6) “entonces el
sacerdote le dio el pan santo”, no significan forzosamente que David lo haya consumido.
Abiatar, por otra parte, parece mencionarse por error, ya que no era él, sino su antecesor,
que era su padre, Ajimelec. La dificultad parece resolverse al admitir que los términos
griegos deben interpretarse no como que Abiatar era sumo sacerdote, sino que ayudaba a
su padre en esas funciones. El “pan de la propiciación” o “pan de la presentación” es,
literalmente, el “pan del rostro” o “pan de la presencia” (debe sobreentenderse divina).

15 Hasta algunos comentaristas judíos, como el célebre C. G. Montefiore, elogian la


humanidad de Cristo, que se aparta del absurdo legalismo hebraico en pro de la libertad
del hombre. Se afirma también, implícitamente, que, por muy sagradas que sean las
instituciones religiosas, tienen que tomar en cuenta al hombre, de quien, directamente,
dimanan.

16 Según algunos comentaristas estrictos, Jesús no pudo haberse declarado “dueño del
sábado”, ya que había sido instituido por su padre. Prefieren, entonces, ver en este
versículo un comentario cristiano que se asimiló al texto original del evangelista o que éste
adoptó.

17 El propósito de esta narración es, fundamentalmente, poner de relieve que, para Cristo,
la curación del hombre está por encima de los legalismos y las prohibiciones casuísticas. Es,
en resumen, una alta lección de humanismo, que va más allá de los criterios estrechos de
los judíos de esa época.

131
18 Es sumamente interesante observar que en este versículo se menciona a los herodianos
al lado de los fariseos, enemigos jurados de Cristo. Aquéllos, en realidad, eran un grupo de
individuos allegados a la familia herodiana y, en Particular, a Herodes Antipas. Algunos
críticos han sospechado de la autenticidad del versículo por considerar muy difícil una
alianza o, cuando menos, una amistad entre una secta tan cerrada e intransigente como la
de los fariseos y estos individuos que, a fin de cuentas, eran simplemente políticos
acomodaticios, a lo que parece.

19 La mención de estas regiones y ciudades indica, por encima de cualquiera otra


consideración, la popularidad que iba adquiriendo Cristo gracias a sus acciones milagrosas,
la originalidad de su doctrina y el mensaje moral que ésta contenía. Por la otra, nos permite
comprender hasta dónde se extendía la hebraización en estos territorios: Judea y Jerusalén,
que aquí se mencionan por primera vez en este evangelio, van unidas a Idumea, al sur, que
pertenecía a los judíos desde la época de Juan Hircano (135-104 a. C.), tercer hijo de Simón
Macabeo; la región llamada aquí, vagamente, de “más allá del Jordán”, abarcaba a Perea,
situada al este, y la zona noroccidental de Tiro y Sidón, ciudades tradicionalmente fenicias,
vinculadas con Galilea.

20 Jesús no considera que haya llegado ya el momento de hacer público que es el Mesías
esperado.

21Hay indicios y testimonios de que el cambio de nombre indicaba, entre los antiguos,
una caracterización de quien recibía el segundo apelativo. Es decir, al llamar Pedro a
Simón, Cristo parece estar aludiendo a la función que, más tarde, le confiará: ser la piedra
toral sobre la que se construirá su iglesia.

22El nombre Boanergés = “hijo del trueno” y su significación siguen causando discusión
en los círculos eruditos. El primer miembro del nombre (boan) podría ser una
transcripción viciada del hebreo bne = hijos. La segunda parte plantea problemas todavía
más difíciles. Se podría tratar de roguez, término arameo que significa rabia, violencia, ira,
irritación, pero, según parece, no “trueno”, al menos en los textos de que se dispone. Otra
hipótesis sustenta que se trata del hebreo popular bne réguesh o “hijos del trueno'', pero la

132
dificultad es que esta forma no está documentada en hebreo y por ello hay que acudir al
árabe (el hebreo y el árabe están estrechamente emparentados), donde radyas tiene ese
significado. La raíz árabe rds tiene, en efecto, el sentido de apedrear, apabullar, aplastar.

23 Los críticos y comentaristas están de acuerdo, en general, en que Simón “el cananeo” es
la misma persona que Simón “el celota”. Las razones históricas apoyan este punto de vista,
ya que los cananeos, como partido, se convirtieron, con el paso del tiempo, en los celotas,
secta violenta y fanática que defendía los valores tradicionales del judaísmo en contra de
cualesquier extranjeros, especialmente los romanos. No hay que confundir al partido de
los cananeos (en griego khananaíoi) con el grupo étnico llamado de la misma manera en
español (en griego khananaíoi), y mucho menos con los habitantes de Caná, que son los
llamados “caneos” (kanaíoi, en griego).

24 Es posible que el nombre Iscariote indique el lugar de procedencia de Judas, que, si es


verdad la hipótesis, nació en la aldea de Queryot. Entonces ish Queryot significa “hombre
proveniente u originarlo de Queryot”. Se ha querido encontrar esta Queryot en la aldea de
Queriot Esrom, que menciona el libro de Josué (15, 25) y que es una población situada
unos 19 kilómetros al sur del Hebrón.
Wellhausen, uno de los más eruditos conocedores de la Biblia, objeta que, en tiempos de
Cristo, la palabra ish ya no se empleaba para designar a un hombre. Alegan sus adversarios
que pudo haberse conservado para formar un compuesto. Otros han supuesto que el
apelativo de Judas proviene del latín sicarius, que produce “sicario” en español, y que
designaba entonces a un grupo de fanáticos que empleaban una daga corta, llamada sica,
para enfrentarse a sus adversarios. Los sicarios, históricamente hablando, sucedieron a los
celotas en su defensa de las tradiciones judías y cuatro mil de ellos, que están mencionados
en los Hechos de los Apóstoles, fueron exterminados por órdenes del gobernador romano
Félix. La tesis moderna, que ve en el nombre del Iscariote simplemente el de un “hombre
del pueblo” u “hombre de los barrios bajos”, se apoya en que la palabra qiryá (plural qiryot)
significa precisamente “arrabal” (aunque también “aldea”).

25 Supone una gran cantidad de comentaristas que la familia de Jesús estaba preocupada
por su extraño proceder y que trataba, por todos los medios, de hacer que volviera a cuidar

133
de su persona. La conducta de Cristo era, en realidad, anómala, según las reglas comunes
de la vida.

26 Se puede ver en este versículo cómo la lucha entre el bien y el mal terminará con el
triunfo del primero, precedido, quizás, por pugnas intestinas entre las fuerzas del mal. De
cualquier manera, los poderes negativos son menos fuertes que los positivos. Se encuentra
también una alusión, bastante clara, al llamado protoevangelio (Gen 3, 15), donde se
anuncia la guerra que se harán luz y tinieblas, simbolizadas éstas en la figura de la serpiente,
enemiga del género humano.

27 Pese a que ha habido diferentes interpretaciones de lo que es el pecado contra el Espíritu


Santo, del contexto de este pasaje de Marcos parece desprenderse la mejor (si no la única)
posible: blasfemar afirmando que las obras que se deben, en realidad, al Espíritu Santo,
proceden del demonio. De hecho, al hacer tal aseveración, se está escatimando a Dios el
mérito de dichas obras y se está induciendo a confusión entre el bien y el mal. Quien
comete este pecado, dicen los teólogos, incurre en una transgresión eterna, que sólo puede
merecer perdón por la intercesión excepcional de la misericordia divina.

28 Confirma este versículo el anterior: han supuesto estos hombres que Jesús está poseído
de un espíritu impuro, es decir un demonio, o que éste lo ha invadido. Por ende, atribuyen
las obras prodigiosas de Cristo a la presencia de este espíritu y no a la del Espíritu Santo.

29 Ríos de tinta han corrido acerca de los parentescos de Jesús a que aquí se hace alusión.
Si los hermanos fueran hijos de María, automáticamente se negaría que Cristo es unigénito
y que María siguió siendo virgen. Si se supone que eran hermanos que venían de la rama
paterna, se estaría contradiciendo la castidad de San José, que ha sido idea muy querida
para la Iglesia. Muchos comentaristas católicos han insistido en que el término griego
adelphoí, que se usa para estos parientes, se empleaba entonces en Judea para designar
también a los primos hermanos. Se seguía, entonces, en ello, la costumbre judía, que
reserva el nombre de aj no sólo para los seres nacidos de los mismos padres (o de uno de
ellos, en relación con los otros), sino para los primos hermanos, esto es, los que lo son en
primer grado.

134
La atribución de otros hijos a San José, que ha gozado de gran predicamento en la
imaginación popular, sobre todo en los primeros siglos del cristianismo, proviene del
apócrifo llamado Protoevangelio de Santiago, donde se dice que San José era un anciano,
con hijos, cuando se desposó con María. Desde otro punto de vista, la parte medular del
versículo (y de todo el pasaje, que viene desde el versículo 31) consiste en la afirmación de
Cristo de que serán verdaderamente familiares suyos quienes cumplan la voluntad de Dios.

30 La expresión griega, traducida literalmente, es algo confusa, pues significa “a solas”. Sin
embargo, hay que matizarla y comprender que se quiso decir que Cristo se queda a solas
con sus discípulos.

31 Este versículo ha sido objeto de las más enconadas polémicas, porque parece absurdo y
contradictorio que Cristo, que vino a predicar a todas las gentes, diga que empleará un
lenguaje para los iniciados y otro para el vulgo. La solución definitiva no se ha encontrado,
aunque parece indicar que los sacerdotes por su preparación especial, son los abocados
para guiar al pueblo de Dios y aclararle las verdades de la fe.

32Véase la nota anterior. La cita es Is 6, 9-10. Doy la traducción al español que hizo el
eminente hebraísta Luis Alonso Schökel: “Oigan con sus oídos, sin entender; miren con
sus ojos, sin comprender. Embota el corazón de ese pueblo, endurece sus oídos, ciega sus
ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su corazón no entienda, que no se
convierta y sane”.

33 La “palabra” a la que se refiere Cristo es, por supuesto, el mensaje evangélico, que no
aceptan los judíos ni los paganos y que provocaba en ellos extrañeza o “escándalo”, es decir,
tropiezos, antipatía y rebeldía, por falta de comprensión y aceptación.

34 Los números son, por supuesto, simples cifras que indican una reproducción abundante
y digna de tomarse en cuenta. La buena tierra es la de los cristianos que aceptan y observan
la palabra de Dios.

35 En el pasaje equivalente de San Mateo se lee que Cristo llegó a la tierra de los gadarenos.

Los diferentes manuscritos de San Marcos consignan gerasenos (que parece la mejor

135
lectura) o gergesenos. Otros más, que dicen gadarenos, parecen estar imbuidos por el deseo
de concordar con Mateo. De cualquier manera, es posible que el propósito original del
texto haya sido indicar una región muy distante del lago de Genesaret: Gerasa dista 48
kilómetros, aproximadamente, hacia el sureste, en tanto que Gadara está a sólo diez
kilómetros en la misma dirección. Opinan algunas autoridades que si Marcos eligió Gerasa
rasa se debió a que este distrito se extiende hasta los confines del lago. De cualquier manera,
la descripción de la región es sumamente imprecisa y hace sospechar que el sitio se conocía
sólo de oídas o que se recorrió sin prestarle atención. Para el gran erudito Orígenes, la
región debió de ser la de Gergesa (de donde vienen los gergesenos), pues cumple las
condiciones para comprender el pasaje. Los estudios modernos identifican este lugar con
Kersa o Kursa, al lado de la desembocadura del río (o torrente) Samak.

36El hecho escueto de que el demonio que está posesionado de este hombre pida a Jesús
que no lo atormente, indica un claro reconocimiento de la mayor potencia de Cristo. Esta
explicación podrá ser admisible para quienes profesan fe en la existencia de otro tipo de
espíritus (demonios o ángeles nobles), que pueden interesarse por el destino de los
hombres. Para la mentalidad moderna, que, en general, no cree en esto, pone de
manifiesto, de cualquier manera, la facultad que hay en Cristo para curar tanto las
enfermedades del cuerpo como los padecimientos del espíritu, trátese de obsesiones,
fobias, manías o cualquier clase de trastorno mental.

37 Que el demonio que atormenta a este hombre responda diciendo que se llama “Legión”

indica solamente (de acuerdo con la mentalidad mágica de aquellos días) que habitaban en
ese individuo muchos espíritus negativos, que lo inquietaban de manera continua. Podría
pensarse, también, que el poder taumatúrgico de Cristo es suficiente para enfrentarse, de
modo victorioso, a una caterva entera de malos influjos o a un sinnúmero de enfermedades
de la mente.

38 La orden, dada en arameo, es “¡Talithá, kum!” y equivale a un original “¡Telitha, kum!”

El poder de Cristo sobre la vida y la muerte queda manifiesto en este pasaje de una manera
particularmente vívida.

39 El texto dice, literalmente, que cayeron en “un éxtasis grande”.

136
40 Estas observaciones de Cristo a sus discípulos indican, fundamentalmente, el ideal de la

pobreza evangélica y el estímulo que ha de darse a la caridad, por una parte, y a la no


apetencia de bienes materiales, por la otra.

41 La mujer de Herodes Antipas había sido antes esposa de Herodes Filipo, medio hermano
suyo, pues los dos eran hijos de Herodes el Grande, aunque Antipas era vástago de Maltace
y Filipo de Mariamne (Mariana) II. Del matrimonio de Herodes Filipo y Herodías (su
sobrina, pues era hija de Aristóbulo, hermano suyo, por ser hijo también de Herodes el
Grande) nació Salomé. Esta proclividad al incesto inflamó de ira a San Juan Bautista, que
fue decapitado por órdenes de Herodes Antipas debido a sus censuras continuas a la
dinastía herodiana.

42 El episodio aquí narrado es uno de los que más obras plásticas (pictóricas en especial) ha

inspirado. Salomé, que interpreta la danza de los siete velos y recibe, a cambio de ello, la
cabeza del justo, ha alentado el pincel de innumerables artistas, y no menor importancia
ha tenido en el arte musical, una de cuyas cumbres, la ópera Salomé, de Richard Strauss, se
ha convertido en una de las obras favoritas del repertorio moderno de todas las salas líricas
del mundo. Uno de los historiadores más importantes del pueblo hebreo, Flavio Josefo,
habla de Juan Bautista y explica el asesinato del mismo por el miedo que Herodes Antipas
tenía al número de sus seguidores, que estaban en contra de una monarquía corrompida.
Parece demostrado que las enseñanzas de San Juan Bautista tenían gran similitud con las
de la secta del Mar Muerto: la dicotomía tradicional entre buenos y malos y la comunidad
de las propiedades y los bienes, que compartían los miembros de la secta. Hay quienes
distinguen en las enseñanzas de Juan la doctrina de que estos bienes comunes sólo se
comparten con los pobres y menesterosos. Juan, sin embargo, permitía que los publicanos
(cobradores de impuestos) y los soldados conservaran sus posesiones como propias. La
demostración de esta divergencia, opinan, es que Juan no pretendió fundar una secta
propia y que, si perteneció de hecho a la comunidad del desierto, la abandonó para predicar
sus propias enseñanzas. El bautismo de Juan vuelve a purificar el alma, purgada ya por la
penitencia y las abstinencias. Una preparación importante para merecer el bautismo era,
por supuesto, la confesión de los pecados. La purificación se logra gracias a una acción del
Espíritu Santo. El hecho de que San Juan predicara la llegada del fin de los tiempos y,

137
concomitantemente, la venida del Mesías, inclinó a muchos judíos a creer que era Elías
quien, según las Escrituras, habría de preceder al Salvador. Algunos eruditos encuentran
una gran semejanza entre las prédicas del Bautista, en lo referente al Mesías, y la figura del
“Hijo del Hombre” que se halla, por ejemplo, en el libro de Enoc, que sólo la iglesia etíope
acepta como canónico. Los partidarios de San Juan, que siguieron existiendo después de
la aparición de Cristo y su predicación, han sido identificados con los mandeos, a pesar de
que habría que vencer ciertos anacronismos para poder afirmarlo de manera rotunda. La
base de esta identificación que suscita muchas polémicas, es que los mandeos, que
formaban parte de una de las sectas gnósticas, respetaban principalmente a San Juan
Bautista y practicaban el bautismo como rito de purificación. No es posible, sin embargo,
hacer una identificación no sujeta a impugnaciones.

43La prescripción de lavarse las manos en el momento de levantarse sigue en vigor hasta
nuestros días. El nuevo código de los judíos (que, a su vez, es una versión resumida del
famoso Shulján aruj, La mesa preparada, de Joseph Caro, erudito judío-español que se
inmortalizó por esta obra, que compendia y hace accesibles las disposiciones rituales y
legales contenidas en la halaká o parte prescriptiva del Talmud) sigue considerando
impostergable esta obligación. El texto dice, en efecto: “Puesto que todos los hombres, al
levantarse de su sueño, en la mañana, son como criaturas recién nacidas, por lo que
respecta al culto al Creador, se deberán preparar para el culto lavándose las manos (con
agua procedente) de una vasija, tal como los sacerdotes se lavaban las manos diariamente
(con agua) del recipiente del lavatorio, antes de cumplir su servicio en el Templo”. Este
lavado de manos se basa en el versículo bíblico (Sal 26, 6-7) que dice: “Lavaré mis manos
con inocencia y daré vueltas en torno a tu altar, ¡oh, Señor!, para poder proclamar en alta
voz...” Los cabalistas dan otra razón (Zohar, citado en Beth Joseph) a este lavatorio
matutino de manos: “Cuando un hombre está dormido, el alma sagrada se aparta de su
cuerpo y sobre él desciende un espíritu inmundo. Cuando se levanta, el espíritu inmundo
se aparta de todo su cuerpo, excepto de los dedos y no se quita (de ellos) hasta que se vierte
agua sobre ellos tres veces, alternadamente”. Cristo estaba en contra de estos rigores, que
van más allá de lo razonable y no contribuyen a la verdadera purificación, que es la del
espíritu.

138
44Son prescripciones similares a las expuestas más arriba, en relación con el versículo
número 2, y no se asientan en obsequio a la brevedad.

45 Is 29, 13.

46 Ex 20, 12; Dt 5, 16; Ex 21, 17; Lv 20, 9.

47 Los hijos que demostraban satisfactoriamente ante las autoridades religiosas judías que
habían ofrecido al servicio del templo un donativo económico quedaban eximidos de la u
obligación de ayudar a sus padres.

48 En opinión de Vincent Taylor, uno de los grandes comentaristas de San Marcos, en este

versículo se recalca de manera enfática la desobediencia en que incurrían los judíos, a


consecuencia de la observancia de preceptos puramente superficiales. Los escribas repiten
de manera mecánica mandamientos que no entienden; sin embargo, lo único que importa
es no perder jamás de vista la obediencia a los mandatos capitales de Dios.

49 Este versículo no aparece en algunos de los códices más antiguos y respetables del Nuevo
Testamento. Por ello, a menudo se suprime.

El nombre Dalmanuta ha dado lugar a numerosas conjeturas. El pasaje paralelo de San


50
Mateo dice, por ejemplo, Magadán, que se ha leído también Magdalán (esto es, Magdala).
La lectura que seguimos es la tradicional, puesto que está avalada por la mayor parte de los
manuscritos, aunque hay algunos que asientan Melegadá, Magaidá y Maguedán. Eusebio
y San Jerónimo creyeron identificar el lugar con una aldea (Magaidane o Megaidane) que
se encuentra cerca de Gerasa. Cheyne, otro erudito, ha querido ver en el nombre la forma
“Migdal-nunia”, que significa “torre del pez”. Sea cual fuere la interpretación correcta, se
ha conservado el inexplicable nombre Dalmanuta (Dalmanouthá, en su forma griega) por
ser el que aparece en el mayor número de manuscritos, como se dijo más arriba.

51 La palabra empleada en este pasaje (el término griego geneá) significa, literalmente,
“generación” (en el sentido de conglomerado de personas que han nacido en fechas

139
cercanas), pero en el presente contexto podría significar “clase de...”, y algunos traductores
han vertido así el término.

52 Jer 5, 21; Ez 12, 2.

53 Ya hemos dicho en otro lugar que Mesías y Cristo son términos equivalentes, aunque el
primero es hebreo y arameo, y el segundo, griego. Los Setenta (LXX), esto es, los
traductores del Antiguo Testamento al griego, que pertenecían, en cierta forma, a lo que
ahora se llama “escuela de Alejandría”, emplearon el término Jristós = Cristo, para verter la
palabra hebrea mashíaj, que significa “ungido”. Sin embargo, lo aplicaron a reyes,
sacerdotes y patriarcas, a Ciro, al pueblo y al rey ideal. El sentido en que San Pedro lo usa
en este pasaje es, casi sin ninguna duda razonable posible, el rey ideal de estirpe davídica,
que ha de venir a realizar las esperanzas de Israel.

54 El “alma” (psyjé) a que aquí se hace alusión es la néfesh hebrea y tiene, entre sus diversas
acepciones, la del “yo”, en el sentido de fuente de la identidad personal y, por ende, núcleo
de la persona humana. La expresión de Cristo, paradójica por naturaleza, indica que quien
renuncie a sus propias pasiones (“que abandone el mundo y sus tentaciones”, decía la vieja
moral católica) obtendrá una recompensa en el más allá y gozará de la vida eterna. Tal vez
valdría la pena añadir que gozaría de manera personal, al pervivir la identidad tras la
muerte.

55Jesús, al contestar a sus discípulos, les explica que ese género de demonios, como el que
acaba de expulsar, sólo abandonan al ser a quien atormentan cuando se los exhorta
mediante la oración. Éste, precisamente, es el papel del exorcista, que no confía en sus
propios medios, sino que se remite al poder de la plegaria, que es como el puente de
comunicación con Dios, que hace descender sobre él el poder para gobernar a los espíritus
malignos.

56Los versículos 44 y 46 se omiten en varios códices muy antiguos por repetir “donde ni
su gusano muere ni el fuego se apaga”.

140
57Todas estas ordenanzas, de tanta severidad, indican hasta qué grado el hombre debe
someterse a una disciplina moral, que se traduce, por supuesto, en una serie de
abstenciones, observancias y repeticiones.

58 El acto jurídico de repudio está codificado en Dt 24, 1b.

59 Gen 1, 27.

60 Gen 2, 24.

61 La glosa al Génesis (“de modo que ya no son dos, sino una sola carne”) tiene otras
repercusiones cristianas, que se encuentran en las epístolas de San Pablo (1 Co 7, 10; Ef 5,
31).

62 Ex 20, 12-16; Dt, 5, 16-20. El mandamiento “no defraudarás”, que aparece en esta lista,

no forma parte de los diez mandamientos fundamentales, es decir, no pertenece al


Decálogo, pero aparece en el Deuteronomio (24, 14).

63 Taylor, que no apoya la tesis de que una puerta de Jerusalén se haya llamado “de la aguja”

y tampoco gusta de admitir la postura de quienes afirman que la extraña expresión


proviene de una confusión entre kámelos, camello, y kámilos, cable (que sonaban de
manera idéntica en tiempos evangélicos), sugiere que se trata de emplear una
confrontación llamativa, que indique la dificultad inherente a que un rico entre en el reino
de los cielos. Al respecto, alude a una expresión similar, empleada en el Talmud (Berajot,
Tratado de las bendiciones, 55b), donde se dice que es imposible que un elefante cruce por
el ojo de una aguja.

En la imagen de Cristo que entra en Jerusalén montado en un huno, es decir, en una


64
montura humilde, se ha querido ver precisamente la mansedumbre de Jesús y su
disposición a sufrir humillaciones y vejámenes de parte de los demás, como una prueba
moral y una muestra de paciencia sublime.

141
65¡Hosana! significa originalmente “¡sálvanos!”, “¡sálvanos ahora!” La expresión está
tomada del salmo 118, 25. La forma hebrea de la expresión es hoshiáh-na. El verbo hebreo
(hoshía) que da origen a esta expresión tiene relación con el sustantivo Yoshúa (Jesús, en su
forma helenizada), que quiere decir “salvación”.

66 Sal 118, 25-26.

67 Is 56, 7; Jer 7, 11.

68 Is 5, 12.

69 Los arrendamientos se pagaban habitualmente mediante una participación del


arrendador en las utilidades del arrendatario.

70 Sal 118, 22, 23.

71 Los fariseos (o “separados”), contra quienes tantos agravios tenía Cristo, representaban
una de las principales facciones religiosas del judaísmo en ese tiempo. Observantes de la ley
(algunas, pocas veces, hasta la intransigencia), se dedicaban a la interpretación de los textos
sagrados y a su empleo en la vida cotidiana. Insistían no sólo en la aplicación correcta y
continua de la Ley, sino en la observancia del sábado, la pureza ritual y el pago de los
diezmos. Los herodianos, por lo contrario, eran sencillamente los seguidores o servidores
de Herodes.

72 Dt 25, 5 y ss. La institución a que se hace alusión en este pasaje es la llamada “levirato”
(del latín levir, “cuñado”, “hermano del marido”) y aparece prevista, como se ve más arriba,
en el Dt 24, 1b, para los casos en que, a la muerte de un hombre, la mujer no le haya dado
un hijo varón. Entonces, el hermano se unirá a ella y le dará un vástago, que será
considerado hijo y heredero del difunto. Esta costumbre la observaban también los asirios
y los hititas.

73 Ex 3, 6.

142
74 Es Dios de vivos y muertos el preconizado por Cristo porque, después del juicio final,
los elegidos seguirán gozando de una vida inmortal. La inmortalidad del alma se convierte
en este pasaje en una consecuencia directa de la observancia de los preceptos cristianos.

75 Dt 6, 4-5; Jos 22, 5.

76 Lv 19, 18.

77 Dt 6, 4.

78 Dt 6, 5; Jos 22, 5.

79 Sal 110, 1.

80 En este versículo y en los siguientes, hasta el final del capítulo, se observa una vez más la

doctrina moral de Cristo: da más quien, teniendo menos, pone poco en el cepo, pero lo
que ha puesto es todo lo que tiene. Se predica así una religión en que la acción moral
correcta consiste en una entrega a la caridad, como virtud fundamental del creyente.

81 Se ha supuesto que el fundamento del capítulo 13 de Marcos es un escrito apocalíptico


anónimo, que sirvió para hacer las predicciones de los versículos 7, 14-20 y 24-27. Los
eruditos que sostienen esta tesis, entre los cuales figuran en lugar prominente Rudolf
Bultmann y Eduard Meyer, suponen que, poco antes de la caída de Jerusalén, un cristiano,
cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros, escribió esta profecía apocalíptica de carácter
judeocristiano. Las frases apocalípticas de Cristo debían dar aliento a sus seguidores (de
acuerdo con esta hipótesis), y es de suponerse que San Marcos empleó este documento
para redactar este capítulo; aunque añadió conceptos propios.

82 La corrupción de la devastación cuyo significado parece ser el detestable devastador (en

algunas versiones modernas se encuentra esta traducción, en lugar de la literal, que es la


que se ofrece aquí), es una expresión sacada del libro de Daniel (9, 27) y alude al altar
pagano que Antíoco Epífanes mandó levantar sobre el de los holocaustos en 168 a. C.

143
83 Dn 12, 1.

84 Is 13, 10; 34, 4; Ez 32, 7-8; Jl 2, 10, 31; 3, 15; Ap 6, 12-14; 8, 12. El llamado “pequeño
apocalipsis” termina con la aparición de un hombre sentado sobre las nubes, lo cual es
señal indudable de un origen celeste y potestades por encima de lo humano. Los cuatro
vientos que se mencionan en el texto, pese a que provengan, como imagen literario-
profética, de Zac 2, 6, 10, adquieren aquí el sentido de los cuatro puntos cardinales, es
decir, la totalidad de la tierra. Las parábolas y comparaciones que siguen al pasaje
apocalíptico tienen por finalidad primordial dar a entender a los lectores la vigilancia moral
que han de tener sobre sus actos todos los días y en todos los momentos de su vida. Con
esta admonición acerca de los poderes de Cristo, como hijo de su padre, y con la
orientación ética, se prepara de manera sumamente inteligente y efectiva la narración de la
pasión.

85 La fiesta de los (panes) ácimos, es decir, de los panes sin levadura, parece haberse
originado en la religión cananea, que los israelitas adaptaron a sus propias tradiciones y
rituales religiosos. La tarde del decimocuarto día del mes de nisán (mediados de marzo a
mediados de abril), había que sacar toda la levadura que hubiera en las casas y quedaba
prohibido comerla durante las celebraciones. La condena de la levadura se remonta, según
parece, a la idea primitiva de que este fenómeno (la fermentación y la consecuente
hinchazón del pan) es señal de corrupción material que, en el momento de la ingestión por
vía oral, puede transmitirse a quien transgreda este precepto.

86 Podría verse en este pasaje, amén de los comentarios que Cristo hace al respecto, una
doctrina que enseña que todo cristiano debe prepararse a una buena muerte mediante un
examen de sus pecados, el arrepentimiento de haberlos cometido y la enmienda que
introduce oportunamente. De este modo, el alma del pecador queda perfumada y
dispuesta a la gran transición, que es la muerte.

87 Zac 13, 7.

88 Emplea aquí una forma que, sin duda, era, no sólo familiar, sino coloquial y tierna; dice:

“Abbá”, que posiblemente significó, no solo “padre, sino “papá”.

144
89 El sanedrín es, en el Nuevo Testamento, el cuerpo colegiado supremo que cuida de los
asuntos de la comunidad judía y la gobierna. La palabra proviene directamente del hebreo
sanhedrín que, a su vez, es una semitización del término griego synédrion, reunión,
asamblea.

90 Sal 110, 1; “que viene (o vendrá) con las nubes”, Dn 7, 13.

91 Poncio Pilatos fue procurador romano en Judea desde el 26 hasta el 36. Era necesario
que los judíos, dominados por los romanos, sometieran sus asuntos públicos al arbitraje y
decisión de éstos. Poncio Pilatos aparece mencionado en los escritos de algunos
historiadores antiguos, como Filón, Flavio Josefo y Tácito (que sólo menciona su nombre
en los Anales); los otros dos autores hablan de manera desfavorable de él por haber ido en
contra de los sentimientos religiosos de los judíos. Se sabe que tomó dinero del tesoro del
templo para construir un acueducto y que trató con particular crueldad a los samaritanos,
lo cual provocó que lo sustituyera en sus funciones Vitelio y que Pilatos tuviera que ir a
Roma, a dar cuenta de sus acciones. Eusebio, el historiador de la Iglesia Cristiana, habla de
muchos autores que afirman que Pilatos se suicidó, y la narración de esta acción puede
encontrarse en uno de los libros apócrifos del Nuevo Testamento llamado, justamente,
Mors Pilati (La muerte de Pilatos). En otra tradición narrativa, Pilatos, convertido al
cristianismo, muere por órdenes de Tiberio.

92 Jesús no afirma que es rey de los judíos, pero sostiene que es “Hijo del Hombre”. El
rótulo burlón e infamante que ponen en la cruz tiene relación con las acusaciones de que
lo hacen víctima.

93 No se ha podido determinar, con la precisión deseable, de qué revuelta o levantamiento

se trata. Es más probable que el texto aluda simplemente a un acto delictivo, ya que se habla
de un asesinato.

94 El pretorio que se menciona aquí parece designar el palacio de Herodes o la torre


Antonia. Cuando se alude a “toda la compañía” se está hablando de la cohorte romana,
formada por entre 200 y 600 soldados.

145
95 La hora tercera corresponde a las nueve de la mañana y este tiempo no concuerda con el

que menciona San Juan (19, 14: “Era como la sexta hora”). La falta de concordancia se ha
pretendido explicar diciendo que San Juan siguió el sistema de contar las horas que privaba
entre los romanos o bien que los judíos crucificaron a Jesús cuando pidieron este castigo,
esto es, cuando gritaron “¡Crucifícalo!”.

96 En opinión de todos los comentaristas, la inscripción que mandó poner Pilatos en la


cruz obedecía a una intención burlona, ya que le habían dicho que Cristo se proclamaba a
sí mismo “rey de los judíos” y no lo era a los ojos de nadie.

97 Los nombres de los dos ladrones crucificados junto con Cristo han llegado a nuestra
tradición como Dimas y Gestas, pero tienen otras formas, según los documentos a que se
recurra: Zoatán y Jamatá; Tito y Dúmaco, según el Evangelio árabe de la infancia; Yotas
y Magatras, de acuerdo con otro ejemplar del mismo escrito. La tradición de llamarlos
Dimas y Gestas proviene de los Hechos de Pilatos.

98 La hora sexta coincidía con nuestro mediodía y la nona con las tres de la tarde, en el
sistema romano.

99 La confusión que suscitan las palabras de Cristo se debe, fundamentalmente, a que están
dichas en un “arameo hebraizante” (así lo califica Taylor). La transliteración sería ¡Elohí,
Elohí, lama sabajtaní! y el significado “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me abandonaste?”
Se trata de una cita bíblica y está tornada del Salterio (Sal 22, 1), aunque en este pasaje se
lee, en hebreo clásico, “Elí, Elí, ¿lama azebtaní?”. A estas minucias (importantes) debe
atribuirse que los judíos que rodeaban a Cristo no comprendieran bien sus palabras. El
idioma que hablaban entonces era, como se sabe, arameo.

100 Muchos críticos opinan que los propios judíos, ignorantes del hebreo, dijeron, en tono

de burla, que esperaban que viniera Elías a auxiliar a Cristo.

101 La evidencia del milagro hace que el propio pagano crea que Cristo es hijo de Dios.

146
102 Aunque el texto griego asienta la forma Iosetos (de un Ioset original), hay consenso en el
sentido de que se trata del nombre José, sumamente común en aquellos días.

103 Según lo asentado en el texto, lo narrado debe de haber ocurrido hacia las cuatro de la
tarde, la víspera del sábado. Los días litúrgicos judíos terminan al ponerse el sol.

104 La figura de José de Arimatea suscitó numerosas leyendas, ya que, sobre todo en la Edad

Media, se le atribuyó la custodia de la copa en que Cristo derramó el vino que consagró en
la Eucaristía. De allí nace la leyenda del Santo Grial (o Graal), que tan fecunda fue en las
literaturas de la Europa medieval y, posteriormente, en la música (el Parsifal, la obra
inmortal de Wagner, se basa en estas leyendas).

105 Era costumbre embalsamar y ungir a los cadáveres con diferentes esencias y perfumes.

El “final largo” de Marcos.


Los más competentes eruditos especializados en el Evangelio de Marcos rechazan casi por
unanimidad que los versículos 9-20 hayan pertenecido originalmente al escrito del
evangelista. Suelen añadirse al final, por razones piadosas. La razón del rechazo de estos
versículos es que los más antiguos documentos que contienen el texto del evangelio no los
incluyen, ni los conocen las viejas versiones etíope, armenia y georgiana. Eusebio y San
Jerónimo, por su parte, informan que no aparecían casi nunca en los textos griegos que
habían consultado. Amén de estas consideraciones, que tienen suma importancia, el
análisis estilístico demuestra que se deben a otra mano.

106 El número siete, por ser simbólico, no indica forzosamente esa cifra. Alude sólo a la
multitud de los pecados que Magdalena había cometido.

107 Es natural que los discípulos no hayan creído lo que la Magdalena les narró. Además,
el texto concuerda en esto con los pasajes paralelos de Mateo (28, 17) y Lucas (24, 11).

108 El evangelio, es decir, la “buena noticia” de la posibilidad de salvación que la


predicación y el ejemplo de Cristo abren a los hombres, tiene que darse a toda la
humanidad.

147
109 La predicación y difusión de las enseñanzas de Cristo a todos los mortales se ven
confirmadas por los milagros que los apóstoles hacen, gracias a la intercesión y permiso de
Jesús.

El “final breve” de Marcos.


El final breve que aquí insertamos se encuentra en algunos manuscritos griegos, siríacos,
coptos y etíopes. El estudio estilístico que han hecho los especialistas indica que no es de la
mano de Marcos. Tiene interés, sin embargo, por dar noticias de la difusión y predicación
de las enseñanzas cristianas, que alcanzaron por igual a los países de oriente y occidente. En
opinión de Swete, uno de los más conspicuos estudiosos del Nuevo Testamento, la alusión
a la predicación en occidente es señal indudable de que es una adición romana.

148
149
Evangelio según Lucas

Capítulo uno

1
P uesto que muchos han intentado ordenar la relación de todo lo que ha
ocurrido entre nosotros, 2según nos la trasmitieron los que fueron, desde el
principio, testigos oculares y ministros de la palabra, 3también a mí me ha parecido
conveniente, tras haberlo investigado con diligencia desde su origen, escribírtela en
orden, ¡oh querido Teófilo!,1 4con el fin de que quedes enterado con precisión de
aquellas cosas en las que has sido adoctrinado.2

Hubo, en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote de nombre


5

Zacarías, del turno de Abdías, y su mujer era una de entre las hijas de Aarón y el
nombre de ella era Isabel.3
6
Y ambos eran justos enfrente de Dios, pues observaban todos los
mandamientos y reglas del Señor: eran irreprochables. 7Y no tenían hijo alguno,
pues Isabel era estéril y los dos tenían una edad avanzada.4

Y fue así que, al encargarse él de las cuestiones sagradas, por el orden de su


8

turno, delante de Dios, 9según lo acostumbrado en su ministerio sacerdotal le cayó

150
151 ernesto de la peña

en suerte entrar en el santuario del Señor a oficiar con el incienso. 5 10Y toda la
muchedumbre del pueblo estaba afuera, orando a la hora de la ofrenda del incienso.
11
Y se le apareció un ángel del Señor que estaba de pie a la derecha del altar del
incienso. 12Y se turbó Zacarías al verlo y el temor se precipitó sobre él.

Y el ángel le dijo: —No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido oída y tu


13

mujer, Isabel, te parirá un hijo y le darás por nombre Juan, 14y será para ti gozo y
regocijo y muchos se alegrarán de su nacimiento, 15porque será grande enfrente del
Señor y no beberá vino ni licor fuerte y desde el vientre de su madre estará lleno del
Espíritu Santo 16y a muchos de los hijos de Israel los convertirá a su Señor Dios 17e
irá delante de él, con el espíritu y la virtud de Elías, para reconciliar los corazones de
los padres con los hijos y devolver a los desobedientes a la cordura de los justos y
preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.

Y Zacarías dijo al ángel: —¿Cómo me percataré de eso?, porque yo soy viejo y


18

mi mujer está avanzada en sus días.

Y el ángel, como respuesta, le dijo: —Yo soy Gabriel, el que está enfrente de
19

Dios, y he sido enviado a hablar contigo y a traerte estas buenas noticias, 20y he aquí
que estarás silencioso y no podrás hablar hasta el día en que estas cosas sucedan,
puesto que no creíste mis palabras, que tendrán su cumplimiento en su debida
oportunidad.

Y el pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaba del tiempo que se


21

retardaba en el santuario. 22Y cuando salió, no pudo hablar con ellos y supieron que
había tenido una visión en el templo y él les estaba hablando por señas y siguió
estando mudo.

Y sucedió que, cuando se cumplieron los días de su turno sacerdotal, se fue a


23

su casa.

Y después de estos días, concibió Isabel, su mujer, y se mantuvo escondida


24

cinco meses, diciendo: 25—Así lo ha hecho el Señor conmigo en los días en que tuvo
a bien quitarme el oprobio que padecía ante los hombres.
los evangelios 152

26
En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, 27a una virgen comprometida con un hombre de nombre José, de
la casa de David, y el nombre de la virgen era María.

Y habiendo llegado el ángel hasta ella, le dijo: —¡Salud!, llena de gracia: que el
28

Señor sea contigo.


29
Y ella se perturbó con sus palabras y se preguntaba dentro de sí misma qué tipo
de saludo era ese.
30
Y el ángel le dijo: —No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
31
Y he aquí que concebirás en tu vientre y parirás un hijo y lo llamarás Jesús. 32Y éste
será grande y será llamado hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David,
su padre, 33y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos de los siglos y su reinado no
tendrá fin.6
34
Y María dijo al ángel: —¿Cómo será eso, puesto que no conozco varón?
35
Y el ángel le contestó, diciendo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza
del Altísimo te cobijará bajo su sombra, por lo cual lo que ha nacido en ti será
llamado santo, hijo de Dios.
36
Y he aquí que Isabel, tu parienta, también ha concebido a un hijo en su vejez
y está precisamente en el sexto mes, ella, que llamaban estéril. 37Porque no habrá
cosa alguna imposible para Dios.
38
Y María dijo: —He aquí a la esclava del Señor, hágase en mí según la palabra
tuya. Y el ángel se alejó de ella.
39
En esos días, se levantó María y se encaminó con diligencia a la región
montañosa, a una ciudad de Judá, 40y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41Y
fue así que, cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se agitó en su seno e
Isabel quedó llena del Espíritu Santo. 42Y levantó la voz con gran clamor y dijo: —
Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43Y ¿de dónde me viene
a mí esto, que venga a mí la madre de mi Señor? 44Porque he aquí que cuando llegó
153 ernesto de la peña

la voz de tu saludo a mis oídos, el niño que llevo en el seno dio saltos de alegría, 45y
bienaventurada la que creyó que tendrán cumplimiento las cosas que de parte del
Señor le fueron dichas.

Y María dijo:
46

47
Mi alma proclama la grandeza del Señor
y se regocijó mi espíritu en Dios, mi salvador,
48
porque miró la humildad de su sierva:
por eso, he aquí que, desde ahora,
me considerarán bienaventurada todas las generaciones,
49
porque hizo en mí grandes cosas el poderoso cuyo nombre sea santo
50
y cuya misericordia está, de generación en generación, con los que lo temen.
51
Hizo grandes obras con su brazo:
dispersó a los que se ensoberbecen de los pensamientos de su corazón;
52
arrancó de sus tronos a los poderosos
y enalteció a los humildes,
53
a los hambrientos colmó de bienes
y a los ricos despidió, vacíos.
54
Prestó ayuda a Israel, su siervo,
para que recordara su misericordia,
55
según lo había dicho a nuestros padres,
a Abrahán y a su descendencia, para los siglos de los siglos.7

Y María se quedó con ella unos tres meses y regresó a su propia casa.
56

Y a Isabel le llegó el tiempo de parir y dio a luz a un hijo. 58Y oyeron sus vecinos
57

y sus parientes cómo el Señor engrandecía con ella su misericordia y se


congratularon junto con ella. 59Y sucedió que en el octavo día vinieron a circuncidar
los evangelios 154

al niño y le daban por nombre Zacarías, de acuerdo con el nombre de su padre.


60
Pero su madre respondió y dijo: —No, sino que se ha de llamar Juan.
61
Y entonces le dijeron: —No hay nadie entre tus parientes que se llame de ese
modo. 62Y hacían señas al padre del niño, preguntándole cómo quería que se
llamara. 63Y él, tras pedir una tablilla de escribir, escribió: “Juan es su nombre”. Y
todos se asombraron. 64Y de improviso se abrieron su boca y su lengua y habló,
bendiciendo a Dios. 65Y todos los que vivían cerca de ellos se atemorizaron y en toda
la región montañosa de Judea se charlaba de estas cosas. 66Y todos los que las oyeron,
las guardaron en su corazón, diciendo: —¿Qué, pues, será este niño?, porque la
mano del Señor estaba con él.

Y Zacarías, su padre, se llenó del Espíritu Santo y profetizó, diciendo:


67

68
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque se preocupó y creó redención para su pueblo,
69
y nos suscitó una fuerza de salvación
en la casa de David, si hijo.
70
según lo dijo desde el principio por boca de sus santos profetas,
71
que nos daría la salvación respecto de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian
72
para obrar misericordia con nuestros padres
y recordar su santa alianza;
73
hizo el juramento a nuestro padre, Abrahán, de concedernos 74que, sin
temor,
liberados de la mano de nuestros enemigos,
lo adoremos, 75en santidad y justicia,
frente a él, durante todos nuestros días.
76
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo
porque precederás al Señor para prepararle sus caminos,
77
para dar a su pueblo conocimiento de la salvación,
155 ernesto de la peña

en el perdón de sus pecados,


78
por la ternura de la misericordia
de nuestro Dios,
por la que ha de cuidar
de nosotros, desde las alturas, el oriente,
79
para iluminar a los que están
sentados en tinieblas y sombra de muerte,
y encaminar nuestros pies
hacia el camino de la paz.

Y el niño crecía y se fortalecía su espíritu y estuvo en los parajes desiertos hasta


80

el día de su manifestación a Israel.

Capítulo dos
1
Y sucedió que en aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto para que
se empadronara todo el mundo habitado.8 2Este primer empadronamiento se hizo
cuando Cirenio gobernaba en Siria.9 3Y todos iban a empadronarse, cada uno a su
propia ciudad. 4Y José subió también desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a
Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser de la casa y de la estirpe de
David, 5a empadronarse, jumo con María, su desposada, que estaba encinta. 6Y
sucedió que mientras ellos estaban allí, se cumplieron los días de que ella pariera 7y
parió a su hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque
no había sitio para ellos en la posada.

Y había unos pastores que estaban en la misma comarca pasando la noche a la


8

intemperie y haciendo turnos para vigilar de noche sus rebaños. 9Y un ángel del
Señor se presentó enfrente de ellos y la gloria del Señor refulgió en torno de ellos y
entonces sintieron un gran miedo.
los evangelios 156

10
Y el ángel les dijo: —No teman, porque les traigo la buena noticia de una gran
alegría, que será para todo el pueblo, 11porque hoy les ha nacido un salvador, que es
el Cristo, señor en la ciudad de David. 12Y tengan esto como señal: encontrarán a un
niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

E inmediatamente se unió al ángel una muchedumbre del ejército celestial,


13

que cantaba alabanzas al Señor, diciendo:

14
Gloria a Dios en lo más alto
y, en la tierra, paz a los hombres de buena fe.

15
Y sucedió que cuando los ángeles se alejaron de ellos hacia el cielo, los pastores
se dijeron unos a los otros: —Vayamos hasta Belén y veamos esto que ha ocurrido y
que el Señor nos ha dado a conocer.
16
Y se apresuraron a ir y encontraron a María y a José y al niño que estaba
acostado en el pesebre. 17Y al verlos, entendieron la palabra que les había sido dicha
acerca de este niño. 18Y todos los que la oyeron, se asombraron de lo que los pastores
les decían.

Y María conservaba todas estas palabras, guardándolas en su corazón. 20Y los


19

pastores regresaron a su lugar, bendiciendo y alabando a Dios por todas las cosas que
habían oído y visto, según les habían sido dichas.
21
Y cuando se cumplieron los ocho días para la circuncisión, le pusieron el
nombre de Jesús, que había dicho el ángel antes de que él fuera concebido en el
vientre.
22
Y cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo
llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. 23Según está escrito en la ley del
Señor, que: “Todo macho que abra la matriz será llamado santo para el Señor”.10
157 ernesto de la peña

Y para ofrecer sacrificio, de conformidad con lo dicho en la ley del Señor, “de una
24

pareja de tórtolas o dos polluelos de paloma”.11

Y he aquí que había un hombre en Jerusalén que tenía por nombre Simeón y
25

era hombre justo y temeroso de Dios, que esperaba la retribución de Israel; y el


Espíritu Santo se mantenía sobre él.12 26Y le había sido vaticinado por el Espíritu
Santo que no vería la muerte sin haber contemplado al ungido del Señor.13

Y, movido por el espíritu, vino al templo y al presentar sus padres al niño Jesús,
27

para hacer con él según lo acostumbrado de conformidad con la ley, 28él también lo
tomó en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo:

29
—Ahora, Señor, despacha a tu siervo,
según tu palabra, en paz;
30
porque mis ojos han visto a tu salvador,
31
al que preparaste enfrente
de todos los pueblos, 32luz para la revelación a las naciones
y para gloria del pueblo tuyo, Israel.

Y estaban el padre y la madre de él asombrados de las cosas que de él decía. 34Y


33

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: —Mira que él está aquí para que caigan
y se levanten muchos en Israel y como señal que se impugna; 35y tu propia alma será
traspasada por una espada de manera tal que queden revelados los razonamientos de
muchos corazones.14

Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser y estaba muy
36

avanzada en días. Había vivido con su marido siete años, desde su virginidad, 37y era
viuda y tenía hasta unos ochenta y cuatro años y no se alejaba del templo, sirviendo
a Dios con ayunos y oraciones toda la noche y todo el día, 38y había llegado a la
misma hora y estaba alabando al Señor y hablaba de él a todos los que esperaban la
salvación de Jerusalén.
los evangelios 158

Y cuando se hubieron cumplido todas las prescripciones de la ley del Señor,


39

regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

Y el niño crecía y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba


40

sobre él.

Y sus padres iban cada año a Jerusalén, en la festividad de la pascua. 42Y cuando
41

cumplió doce años, subieron, según la costumbre, a las fiestas. 43Y una vez que
terminaron los días de la fiesta, mientras regresaban, Jesús, el niño, se quedó en
Jerusalén, sin que se dieran cuenta sus padres, 44que, pensando que los estaba
acompañando en el camino, hicieron la ruta de una jornada y lo anduvieron
buscando entre los parientes y los conocidos 45y, al no encontrarlo, regresaron a
buscarlo a Jerusalén. 46Y después de tres días lo encontraron en el templo, sentado
en medio de los maestros, oyéndolos y haciéndoles preguntas. 47Y todos los que lo
oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

Así pues, cuando lo vieron, se quedaron sorprendidos y su madre le dijo: —


48

Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? Date cuenta de que tu padre y yo te andábamos
buscando, preocupados.

Y él les contestó: —¿Por qué motivo me buscaron? ¿No sabían que tengo que
49

estar ocupado de los asuntos de mi padre?15

Pero ellos no entendieron lo que les dijo. 51Y bajó junto con ellos y fue a
50

Nazaret y se mantuvo obediente a ellos. Y su madre conservaba todas estas cosas en


su corazón. 52Y Jesús adelantaba en sabiduría, estatura y en gracia ante Dios y ante
los hombres.16

Capítulo tres
1
El decimoquinto año del reinado de Tiberio César, cuando Poncio Pilato era
gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, Filipo, su hermano, tetrarca de
Iturea y de la región de la Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2cuando eran
159 ernesto de la peña

sumos sacerdotes Anás y Caifás, llegó la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, que
estaba en el desierto. 17 3Y anduvo por toda la comarca de alrededor del Jordán
predicando el bautismo de penitencia para el perdón de los pecados;18 4tal como
está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías:

Voz del que clama en el desierto:


Preparen el camino del Señor,
hagan planos sus senderos;
5
todo barranco se colmará
y todo monte y colina será humillado
y los caminos torcidos se enderezarán
y los difíciles se harán transitables
6
y toda carne verá la salvación de Dios.19

Así decía a la gente que salía a ser bautizada por él: —¡Estirpes de víboras!,
7

¿quién les ha enseñado a escapar de la ira futura? 8Produzcan frutos dignos de


penitencia y no empiecen a decir dentro de ustedes mismos: “Tenemos por padre a
Abrahán”, porque les digo que Dios puede hacer salir de estas piedras a hijos de
Abrahán. y el hacha ya está colocada en la raíz de los árboles, así que todo árbol que
no dé frutos buenos será cortado y arrojado al fuego.

Y la gente le preguntaba, diciendo: —¿Qué haremos, pues? 11Y les contestaba,


10

diciendo: —Quien tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene ninguna y
que el que tenga alimentos haga lo mismo.

Y vinieron también unos recaudadores de impuestos a que los bautizara y le


12

dijeron: —¡Maestro!, ¿qué debemos hacer?

Y él les contestó: —No hagan nada que esté por encima de lo que se les ha
13

ordenado. 14Y los que hacían la guardia le preguntaron, diciendo: —Y nosotros,


los evangelios 160

¿qué debemos hacer? Y él les dijo: No extorsionen, ni calumnien y dense por


satisfechos con su paga.
15
Y puesto que el pueblo estaba en espera, pensando para sí que Juan era acaso
el Mesías, 16Juan respondió, contestándoles a todos: —Yo los bautizo con agua, pero
viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las
sandalias: él los bautizará en el Espíritu Santo y en fuego,20 17tiene el rastrillo en la
mano para purificar su parva y poner el grano en el granero, pero la paja la arderá
con un fuego inextinguible.
18
Y así, con muchas otras cosas los exhortaba y evangelizaba al pueblo.
19
Herodes, el tetrarca, que había sido reprobado por él a causa de Herodías, la
mujer de su hermano, y por todas las cosas malas que había hecho,21 20añadió a todo
ello que encerró a Juan en la cárcel.
21
Y sucedió que, cuando todo el pueblo había sido bautizado y Jesús también, y
estaba en oración, se abrió el cielo 22y descendió sobre él el Espíritu Santo en forma
corporal de paloma y vino una voz desde el cielo, diciendo: —Tú eres mi hijo, a
quien amo: en ti me regocijé.
23
Y cuando Jesús comenzó su ministerio tenía como treinta años y, según se
pensaba, era hijo de José, de Elí,22 24de Matat, de Levi, de Melquí, de Janaí, de José,
25
de Matatías, de Amós, de Nahún, de Eslí, de Nangay, 26de Maat, de Matatías, de
Semeín, de Josec, de Judá, 27de Joanán, de Resa, de Zorobabel, de Salatiel, de Nerí,
28
de Melquí, de Adí, de Cosán, de Elmadán, de Er, 29de Jesús, de Eliécer, de Jorín,
de Matat, de Leví, 30de Simeón, de Judá, de José, de Jonán, de Eliaquín, 31de Meleá,
de Mená, de Matatá, de Natán, de David, 32de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de
Naasón, 33de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrón, de Farés, de Judá, 34de Jacob,
de Isaac, de Abrahán, de Tará, de Najor, 35de Seruc, de Ragan, de Falec, de Éber, de
Salá, 36de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lamec, 37de Matusalen, de Enoc,
de Jaret, de Maleleel, de Cainán, 38de Enós, de Set, de Adán, de Dios.23
161 ernesto de la peña

Capítulo cuatro
1
Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y fue llevado por el Espíritu al
desierto 2durante cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada en
aquellos días y, en cuanto hubieron acabado, sintió hambre.24 3Y el diablo le dijo:
—Si eres hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. 4Y Jesús le contestó,
diciendo: —Está escrito: “No sólo de pan vivirá el hombre”.25
5
Y el diablo, que lo había hecho ascender, le mostró todos los reinos de la tierra en
un instante del tiempo. 6Y el diablo le dijo: —Te daré todo este poder y la gloria de
éstos, puesto que me ha sido entregada y la doy a quien yo quiero; 7si tú te postraras
en adoración frente a mí, será toda ella para ti.

Y Jesús le dijo, contestándole: —Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a


8

él sólo servirás”.26

Y lo llevó a Jerusalén y lo puso sobre el pináculo del templo y le dijo: —Si eres
9

hijo de Dios, lánzate desde aquí hacia abajo, 10porque está escrito: “Dará órdenes a
sus ángeles respecto de ti, para que te cuiden”27 11y “Te levantarán con sus manos,
no sea que tu pie tropiece en alguna piedra”.28

Y le dijo Jesús, contestándole: —Se ha dicho: “No tentarás al Señor, tu


12

Dios”.29
13
Y el diablo, terminada ya toda la tentación, se apartó de él hasta otra ocasión.

Y Jesús regresó a Galilea gracias a la potencia del espíritu y su fama se difundió


14

por todas las regiones de los alrededores. 15Y enseñaba en las sinagogas de ellos,
elogiado por todos.

Y vino a Nazaret, donde se había criado, y, según tenía por costumbre, entró
16

el día sábado en la sinagoga y se levantó para leer. 17Y le entregaron el libro del profeta
Isaías y, tras desenrollado, encontró el pasaje en que está escrito:
los evangelios 162

18
El espíritu del Señor está sobre mí,
por el cual me ha ungido
para que dé la buena noticia a los pobres.
He sido enviado para anunciar la liberación a los prisioneros,
y la vista a los ciegos,
para poner en libertad a los oprimidos
19
y proclamar el año de gracia del Señor. 30

20
Y enrollando de nuevo el volumen y devolviéndolo al servidor, se sentó y los
ojos de todos los que se habían congregado en la sinagoga estaban fijos en él. 21Y
comenzó a decirles: —Hoy se ha cumplido esta Escritura los oídos de ustedes. 22Y
todos testificaban acerca de él y se admiraban de las palabras de gracia que salían de
su boca y decían: —¿No es éste el hijo de José? 23Y les dijo: —Sin duda me dirán este
refrán: “Médico, ¡cúrale a ti mismo!, todas las cosas que hemos oído que se han
hecho en Cafarnaún, hazlas también aquí, en tu patria”.
24
Pero él les dijo: —De verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su
patria. 25Por la verdad les digo que en los días de Elías había muchas viudas en Israel,
cuando se cerró el cielo durante tres años y seis meses, de modo que hubo una gran
hambruna en toda tierra 26y a ninguna de ellas fue enviado Elías, excepto a Sarepta,
de Sidón, mujer viuda. 27Y había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue purificado, excepto Naimán, el sirio.
28
Y en la sinagoga se llenaron todos de ira al oír estas cosas 29y, levantándose, lo
arrojaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la falda de la montaña sobre la que
estaba edificada su ciudad, para despeñarlo. 30Pero él se abrió paso entre ellos y se
fue.
31
Y bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado les estaba dando enseñanza
32
y se admiraban de su enseñanza, porque su palabra tenía autoridad. 33Y había en la
sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio impuro y que se puso a
163 ernesto de la peña

gritar a grandes voces: —¡Ea! ¿Qué tienes con nosotros tú también, Jesús Nazareno'?
¿Viniste a destruirnos? Sé quién eres: el santo de Dios.31

Y Jesús le ordenó, diciendo: —¡Calla y sal de él! Y arrojándolo el demonio en


35

medio, salió de él sin hacerle daño alguno. 36Y todos se azoraron y lo comentaban
entre sí, diciendo: —¿Qué palabra es ésta que con autoridad y fuerza da órdenes a
los espíritus impuros y salen? 37E iba expandiéndose su fama por todos los lugares
de los alrededores.

Y saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. Y la suegra de éste padecía


38

una gran fiebre y le rogaron por ella. 39Y él, inclinándose sobre ella, dio orden a la
fiebre y ésta la dejó. Y la mujer, inmediatamente después, los servía.

Y cuando el sol se puso, todos los que tenían enfermos que padecían varias
40

enfermedades los llevaron a él, que, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos,
los curaba. 41Y salían también de muchos los demonios, gritando y diciendo: —Tú
eres el hijo de Dios. Pero él les daba órdenes y no les permitía hablar, porque sabían
que él era el Cristo.32

Y cuando se hizo de día, al salir se encaminó a un lugar desierto y la gente lo


42

andaba buscando y llegó hasta donde estaba y lo retenía para que no se apartara de
ellos. 43Pero él les dijo: —También en las otras ciudades tengo que predicar la buena
nueva del reino de Dios, porque para hacer eso se me ha enviado.

Y andaba predicando en las sinagogas de Judea.


44

Capítulo cinco
1
Y sucedió que cuando la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios
y él se encontraba también al lado del lago de Genesaret 2vio dos barcas que estaban
junto al lago, pues los pescadores las habían dejado para ir a lavar las redes. 3Y
entrando en una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que se acercara un poco
a la tierra y sentado desde la barca daba sus enseñanzas a la gente.
los evangelios 164

4
Tan pronto como terminó de hablar, dijo a Simón: —Entren en las aguas
profundas y echen sus redes para pescar.
5
Y Simón le contestó, diciendo: —Maestro, durante toda la noche estuvimos
trabajando y no atrapamos nada; pero, puesto que tú me lo dices, echaré las redes.
6
Y lo hicieron y atraparon una gran cantidad de pescados, tantos que la red se rasgaba
por no poder soportarlos. 7E hicieron señas a los compañeros de la otra barca, para
que vinieran en su ayuda. Y vinieron y llenaron ambas naves, hasta que estaban a
punto de hundirse.
8
Yal ver esto Simón Pedro cayó postrado de rodillas ante Jesús, diciendo: —
Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9Porque le sobrevino un
temblor, a él y a quienes estaban con él, debido a la gran cantidad de peces que
habían pescado. 10Y lo mismo sucedió a Santiago y a Juan, los hijos del Cebedeo, que
eran compañeros de Simón. Y Jesús le dijo a Simón: —No temas, desde ahora
andarás pescando hombres. 11Y habiendo traído las barcas hasta la tierra, dejaron
todas sus pertenencias y lo siguieron.

Y sucedió que cuando estaba él en una de las ciudades llegó un hombre


12

cubierto de lepra, quien, al ver a Jesús, cayendo de bruces, le suplicaba, diciendo: —


Señor, si quieres, puedes purificarme. 13Y él alargó la mano y lo tocó, diciendo: —
¡Quiero! ¡Purifícate! E inmediatamente la lepra se fue de él.
14
Y él le ordenó que no lo dijera a nadie, sino que se fuera y se mostrara ante el
sacerdote y que ofreciera por su purificación lo que había ordenado Moisés, como
testimonio para ellos. 15Y su fama se hacía todavía más grande y se juntaba mucha
gente a oírlo y a ser curada de sus enfermedades. 16Pero él se retiraba a los parajes
desiertos y rezaba.
17
Y sucedió en uno de esos días, cuando estaba él impartiendo sus enseñanzas,
que estaban allí, sentados, algunos fariseos y maestros de la ley que habían venido de
todas las aldeas de Galilea y de Judea, y de Jerusalén; y la potencia del Señor se
manifestaba en que curaba. 18Y he aquí que llegaron unos hombres que llevaban
encima de una camilla a un hombre que estaba paralítico y estaban buscando la
165 ernesto de la peña

manera de introducirlo y de ponerlo enfrente de él, 19 y al no encontrar cómo


introducirlo por en medio de la gente, subieron a la parte alta de la casa y, por las
tejas, lo bajaron junto con la camilla y lo pusieron enfrente de Jesús. 20Y al ver la fe
que tenían, dijo: —Hombre, tus pecados te son perdonados. 21Y entonces
comenzaron deliberar entre sí los escribas y los fariseos, diciendo: —¿Quién es éste,
que habla diciendo blasfemias? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?
Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, les dijo: —¿Qué es lo que están
22

pensando en sus corazones? 23¿Qué es más fácil: decir “Tus pecados te son
perdonados”, o decir: “¡Levántate y anda!”? 24Pues para que vean ustedes que el Hijo
del Hombre tiene potestad sobre la tierra para perdonar los pecados (dijo al
paralítico): —A ti te digo: ¡levántate y, tomando a cuestas tu camilla, vete a casa!

Y de inmediato se levantó a la vista de todos y se echó a cuestas la camilla en


25

que había estado acostado y se fue a su casa, alabando a Dios. 26Y todos se
asombraron y glorificaban a Dios y, llenos de temor, decían: —Hemos visto hoy
cosas que están más allá de lo razonable.

Y después de esto, salió y se quedó viendo a un recaudador de impuestos que


27

tenía por nombre Leví, que estaba sentado a su mostrador, y le dijo: —¡Sígueme!

Y aquél, dejando todo, se levantó y lo siguió.


28

Y Leví le hizo un gran festín en su casa y había muchos recaudadores de


29

impuestos y otros muchos más, que estaban al lado de ellos, recostados a la mesa.33
30
Y se quejaban los fariseos y los escribas a los discípulos de él, diciendo: —¿Por qué
comen y beben con los recaudadores y con los pecadores?

Y Jesús les contestó y les dijo: —No son los sanos los que tienen necesidad de
31

un médico, sino los enfermos. 32Yo no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores,
a que hagan penitencia.

Pero ellos le dijeron: —¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia
33

y hacen oración y lo mismo hacen los de los fariseos, en tanto que tus discípulos
comen y beben?
los evangelios 166

34
Y Jesús les contestó: —Ustedes no pueden hacer que los invitados del novio,
cuando están con éste, ayunen. 35Pero han de venir días en que les sea quitado el
novio y entonces, en esos días, han de ayunar. 36Y les dijo, además, una parábola: —
Nadie, rasgando un manto nuevo, se hace un remiendo para ponérselo a un vestido
viejo y, si lo hace, de seguro se volverá a rasgar y al vestido viejo no le vendrá bien el
remiendo que se tomó del nuevo; 37tampoco vierte nadie vino nuevo en odres viejos,
pero, si lo hace, sin duda el vino nuevo reventará los odres y se derramará y los odres
se echarán a perder. 38Más bien, se debe verter vino nuevo en odres nuevos. 39Y
tampoco nadie, mientras está bebiendo el vino viejo querrá el nuevo, puesto que
dirá: “El viejo es de gran valor”.

Capítulo seis
1
Y sucedió que un sábado, mientras iba él caminando por unos sembradíos, sus
discípulos arrancaban las espigas y se las comían, pelándolas con las manos. 2Y
algunos fariseos les dijeron: —¿Por qué hacen lo que no es lícito hacer en sábado?
3
Y Jesús les contestó, diciendo: —¿Ni siquiera han leído ustedes lo que hizo David
cuando tuvo hambre, tanto él como los que con él estaban? 4¿Cómo entró en la casa
de Dios y tomó los panes de la proposición, que no está permitido comer sino a los
sacerdotes, y se los comió y les dio a los que estaban con él? 5Y les dijo: —Señor del
sábado es el Hijo del Hombre.
6
Y sucedió en otro sábado que entró en la sinagoga y estaba enseñando y había
allí un hombre cuya mano derecha estaba seca. 7Y lo espiaban los escribas y los
fariseos para ver si haría curaciones en sábado y tener de qué acusarlo, 8pero él sabía
lo que estaban pensando y dijo al hombre que tenía la mano seca: —¡Levántate y
ponte en medio! Y él se levantó y se puso de pie. 9Y Jesús les dijo: —Les pregunto si
es lícito en sábado hacer bien o hacer mal, salvar la vida o perderla. 10Y después de
mirarlos a todos alrededor, le dijo: —Extiende la mano. Y él la extendió y la mano
quedó restablecida. 11Pero ellos se llenaron de ira y dialogaban unos con los otros,
pensando qué harían con Jesús.
167 ernesto de la peña

Y sucedió que en esos días se fue a la montaña a rezar y se pasó la noche entera
12

orando a Dios. 13Y cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y habiendo elegido
a doce de entre ellos, les dio el nombre de apóstoles.34 14A Simón, a quien llamó,
además, Pedro, y a Andrés, su hermano, a Santiago y a Juan, a Felipe y a Bartolomé,
15
a Mateo y a Tomás, a Santiago, el de Alfeo y a Simón, apodado “el celota”,35 16y a
Judas, hijo de Santiago y a Judas Iscariote, que se hizo traidor.36

Y bajó con ellos de la montaña y se detuvo en un lugar plano y muchos


17

discípulos suyos, y una muchedumbre numerosa del pueblo, de toda Judea y de


Jerusalén y de la marina de Tiro y Sidón, 18quienes habían venido a oírle y a que los
curara de sus enfermedades, y los que padecían a espíritus impuros fueron
purificados 19y toda la gente buscaba la manera de tocarlo, porque de él salía
potestad y los sanaba a todos.

Y entonces él, levantando los ojos hacia sus discípulos, decía: —


20

Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios;


bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque quedarán saciados.
21

Bienaventurados los que ahora lloran, porque reirán; 22bienaventurados ustedes


cuando los hombres los odien y los aparten de sí y los insulten y expulsen el nombre
de ustedes, como malo, a causa del Hijo del Hombre.

Alégrense ese día y brinquen de júbilo porque, ya lo ven, su premio es grande


23

en el cielo, pues cosas semejantes hacían a los profetas sus propios padres.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque carecen de la consolación de ustedes!


24

25
¡Ay de ustedes, los saciados, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, que ahora se
ríen, porque se afligirán y llorarán!

¡Ay de ustedes cuando hablen bien de ustedes todos los hombres, porque lo
26

mismo hicieron con los falsos profetas sus propios padres!

Pero a ustedes les digo lo que están oyendo ahora: amen a sus enemigos, hagan
27

el bien a los que los odian, 28bendigan a los que los maldicen, recen por los que los
vejan, 29al que te golpee la mejilla, preséntale también la otra, y al que te quita el
los evangelios 168

manto, ni siquiera le niegues la túnica; 30a todo el que te pide, dale y no reclames
nada a quien te quita lo tuyo.
31
Y tal como quieren que los hombres procedan con ustedes, hagan ustedes con
ellos. 32Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman
a quienes los aman.
33
Porque, en efecto, si hacen ustedes beneficios a quienes los hacen a ustedes,
¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen eso. 34Y si dan ustedes prestado a
aquellos de quienes esperan que les han de retribuir, ¿qué mérito tienen ustedes?
También los pecadores prestan a los pecadores para que se les retribuya algo
equivalente. 35Pero no, amen a sus enemigos y háganles el bien y denles en préstamo,
sin esperar recibir nada en compensación, y entonces la recompensa de ustedes será
grande y serán ustedes hijos del Altísimo que es benigno con los que no han recibido
la gracia y con los perversos. 36Sean, pues, misericordiosos, tal como su padre es
misericordioso.

Y no juzguen, para que no los juzguen; no condenen y no serán condenados;


37

perdonen y serán perdonados. 38Den y les será dado en una medida generosa,
colmada, suficiente y bastante para ustedes, porque con la misma medida con que
midan, serán medidos. 37 39Y les dijo también una parábola: —¿Acaso puede un
ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un pozo? 40No hay discípulo por
encima del maestro, pero todo discípulo plenamente adiestrado será como su
maestro. 41¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, sin ver que tú
tienes una viga en el propio? 42¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja
que te saque la mota que tienes en el ojo”, sin darte cuenta de la viga que tienes en
tu propio ojo? ¡Hipócrita!, primero extrae la viga que tienes en el ojo y después verás
con claridad para extraer la mota que tiene tu hermano en el ojo.

Porque ningún árbol sano produce un fruto dañado ni un árbol dañado


43

produce un fruto sano.

Porque cada árbol es conocido por su propio fruto, puesto que no se pueden
44

recoger higos de los espinos, ni la zarza produce uvas. 45El hombre bueno saca lo
169 ernesto de la peña

bueno del buen tesoro de su corazón y el hombre malo del mal tesoro de su corazón
extrae lo malo y su boca habla de lo que sobra de su corazón.

¿Por qué me llaman diciendo: “Señor, Señor” y no hacen lo que digo? 47Todo
46

aquel que viene a mí y oye mis palabras y las pone en obra, yo les diré a quién se
parece: 48se parece a aquel hombre que edificó una casa y cavó y profundizó hasta
sentar los cimientos sobre la roca y cuando vino una crecida de las aguas, se abatió el
río contra la casa y no tuvo fuerza para derribarla, porque estaba bien edificada.
49
Pero aquel que oyó y no hizo nada parecido, se parece al hombre que construyó
su casa sobre tierra, sin ponerle cimientos y cuando el río se salió de madre, se le cayó
inmediatamente y fue grande la ruina de aquella casa.

Capítulo siete
1
Y cuando hubo terminado de decir todas estas palabras suyas enfrente del pueblo,
entró en Cafarnaún. 2Y un sirviente de un determinado centurión se encontraba
enfermo y a punto de morir y era sumamente apreciado del centurión, 3y como
había oído hablar de Jesús, le mandó a unos ancianos de los judíos, pidiéndole que
fuera y curara a su sirviente. 4Y éstos se presentaron ante Jesús y le rogaron
encarecidamente que lo curara, diciendo: —Es digno de que le concedas esto,
5
porque ama a nuestro pueblo y él mismo nos construyó la sinagoga. 6Y Jesús fue
con ellos y cuando se encontraba no lejos de la casa, el centurión envió a unos
amigos, que le dijeron: —Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres
bajo mi techo; 7por eso, no me consideré digno de presentarme ante ti; pero di una
sola palabra y mi servidor quedará curado. 8Porque yo también soy un subordinado
y tengo soldados a mis órdenes y si le digo a éste: “Ve”, va, y al otro: “Ven”, viene, y
a mi criado: “Haz esto”, lo hace. 9Cuando Jesús oyó esto, se pasmó y, volviéndose a
la gente que lo seguía, dijo: —Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado tanta
fe. 10Y cuando regresaron a la casa los que habían sido enviados, se encontraron sano
al sirviente.38
los evangelios 170

11
Y sucedió inmediatamente después que, yendo de camino a una ciudad
llamada Naín, caminaban junto con él sus discípulos y una gran cantidad de gente.
12
Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que una comitiva llevaba a
enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, y una buena cantidad
de gente de la ciudad iba con ella. 13Y cuando el Señor la vio se enterneció y le dijo:
—¡No llores! 14Y se acercó al féretro y lo tocó y los que lo cargaban se detuvieron. Y
dijo: —¡Muchacho! A ti te digo: ¡levántate! 15Y el muchacho se incorporó y
comenzó a hablar y entonces se lo entregó a su madre.

Y el miedo se apoderó de todos y ensalzaban a Dios, diciendo: —Un gran


16

profeta ha surgido entre nosotros: ¡Dios ha visitado a su pueblo!


17
Y corrió la fama suya por toda Jadea y por todas las tierras de los alrededores.
18
Y comunicaron a Juan todas estas cosas sus discípulos. Y Juan, haciendo que
vinieran dos de sus discípulos, 19los envió al Señor, diciendo: —¿Eres tú el que ha de
venir o esperamos a otro?

Y estos hombres llegaron a presencia suya y dijeron: —Juan, el Bautista, nos


20

ha enviado a ti, diciendo: “¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?”


21
Y en aquella misma ocasión sanó a muchos de sus enfermedades,
padecimientos y espíritus malignos y a muchos ciegos les hizo la merced de que
vieran. 22Y, como contestación, les dijo: —Vayan y cuenten a Juan lo que han visto
y oído: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan purificados, los sordos
oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la buena nueva. 23Bienaventurado
todo aquel que no se escandalice de mí.
24
Y cuando se hubieron ido los mensajeros de Juan, comenzó a hablar a la gente
acerca de Juan: —¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
25
Pero, ¿qué salieron a ver?, ¿un hombre vestido con lujosos ropajes? Miren que los
que andan con ropas suntuosas y llenos de regocijo se encuentran en los palacios.
26
Pero, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Les digo que sí y más que profeta. 27Éste
171 ernesto de la peña

es aquel de quien está escrito: “He aquí que mando a mi mensajero frente a ti, para
que te allane el camino que está frente a ti”.39

Porque les digo que, entre los que han nacido de mujer, no hay nadie más
28

grande que Juan y, sin embargo, el menor en el reino de Dios es mayor que él. 29Y
toda la gente que lo oyó y los recaudadores de impuestos alabaron a Dios, por justo,
y fueron bautizados con el bautismo de Juan. 30Pero los fariseos y los expertos en la
ley impugnaron el consejo que Dios les había dado y no fueron bautizados por él.

Pero, ¿a quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién son


31

semejantes? 32Se parecen a los muchachos que están sentados en la plaza y se llaman
los unos a los otros, diciéndose:

Les tocamos la flauta y no bailaron;


entonamos cantos funerales y no lloraron.

Porque ha venido Juan, el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes
33

dicen: “Lo posee un demonio”. 34Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y
ustedes dicen: “Miren a ese hombre, que come y bebe vino, que es amigo de
recaudadores de impuestos y de pecadores”. 35Pues la sabiduría fue justificada por
todos sus hijos.

Le pidió uno de los fariseos que comiera con él. Y habiendo entrado en la casa
36

del fariseo, se sentó a la mesa 37y he aquí que una mujer pecadora que había en la
ciudad, al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó consigo un jarrón de
alabastro con un perfume 38y se puso atrás, junto a sus pies, llorando, y sus lágrimas
comenzaron a llover sobre los pies de él y los enjugaba con los cabellos de su cabeza
y le besaba los pies y se los ungía con el ungüento.

Y cuando el fariseo que lo había convidado vio esto, se dijo a sí mismo: “Si éste
39

fuera profeta, sabría quién es y qué clase de mujer es ésta que lo toca, que es una
los evangelios 172

pecadora”. 40Y Jesús, respondiéndole, le dijo: —Simón, tengo algo que decirte. Y él
le dijo: —Di, maestro.

—Había dos hombres que debían dinero a alguien; uno le debía quinientos
41

denarios y el otro cincuenta.40 42Y al no tener ellos con qué pagar, perdonó a los dos.
¿Cuál de ellos lo amará más?

Y Simón replicó y dijo: —Supongo que aquel a quien perdonó la deuda


43

mayor. Y él le contestó: —Has juzgado de manera correcta.


44
Y volviéndose a la mujer, le dijo a Simón: —¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa
y no vertiste agua sobre mis pies y ésta, con sus lágrimas, regó mis pies y con sus
cabellos los secó. 45No me diste un beso de bienvenida, pero esta mujer, desde que
entré, no ha dejado de besarme los pies; 46no me ungiste la cabeza con aceite y ésta,
en cambio, me ha ungido los pies con aceite aromático; 47por lo cual, te digo, se le
han perdonado muchos de sus pecados, ya que amó mucho; pero a quien poco se le
perdona, poco ama.
48
Y a ella, le dijo: —Tus pecados están perdonados. 49Y los que estaban allí con
él, sentados a la mesa, comenzaron a decirse dentro de sí mismos: “¿Quién es éste,
que hasta pecados perdona? 50Y él dijo a la mujer: —Tu fe te salvó, vete en paz.

Capítulo ocho
1
Y sucedió inmediatamente después que él mismo anduvo recorriendo ciudades y
aldeas, predicando e impartiendo la buena nueva del reino de Dios, y los doce
estaban con él 2y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus impuros y de
enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la cual hizo salir a siete demonios,
3
y Juana, mujer de Juza, inspector de Herodes, y Susana y otras muchas, que los
andaban siguiendo ayudándolos con lo que tenían.
4
Y se reunió mucha gente y se les sumaron muchos, provenientes de la ciudad,
y les dijo una parábola:
173 ernesto de la peña

—El sembrador salió a sembrar su simiente y, mientras la estaba sembrando,


5

una semilla cayó al lado del camino y la pisaron y se la comieron las aves del cielo 6y
otra más cayó sobre las peñas y se secó en cuanto nació por no tener humedad. 7Y
otra, que cayó en medio de los espinos, fue sofocada por éstos, cuando crecieron. 8Y
otra más, que cayó en la tierra buena, cuando hubo nacido, dio fruto, a ciento por
uno.

Una vez que hubo dicho estas cosas, exclamó: —Quien tenga oídos para oír, que
oiga.

Y sus discípulos le preguntaron cuál era el sentido de esta parábola 10y él les dijo:
9

—A ustedes les ha sido dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los
demás sólo en parábolas, de manera que,

viendo, no vean
y oyendo, no comprendan.

La parábola debe entenderse así: la semilla es la palabra de Dios, 12las que


11

cayeron al lado del camino son los que escuchan, viene enseguida el diablo y suprime
la palabra de adentro de sus corazones para que, por no creer, no se salven; 13las
semillas que cayeron sobre las piedras son aquellos que, cuando escuchan, reciben
la palabra con alegría, pero ellos no tienen raigambre y creen en alguna ocasión, pero
en otra ocasión sucumben ante la tentación; 14la semilla que cayó entre las espinas
son aquellos que escuchan pero que, llevados de aquí para allá por las
preocupaciones de la riqueza y de los placeres de la vida, al seguir adelante son
sofocados y así, no rinden fruto alguno; 15la que cayó en la tierra buena son los que,
con corazón sano y bueno, han oído la palabra, la retienen consigo y producen fruto
en la paciencia.

Ahora bien, nadie que prenda un candil lo esconderá dentro de un jarrón ni


16

lo pondrá debajo de una cama, sino que lo coloca en candelabro para que los que
los evangelios 174

entran vean la luz, 17porque no hay nada oculto que no llegue a quedar expuesto, ni
hay nada escondido que no llegue a ser conocido y quede en evidencia; 18por eso,
pongan atención en la manera con que oyen, ya que, a quien tiene, se le dará, y a
quien no tiene hasta lo que parece tener ya le será quitado.
19
Y lo vinieron a ver su madre y sus hermanos y no podían llegar hasta donde
estaba, debido a la muchedumbre 20y se le anunció: —Tu madre y tus hermanos
están allí afuera, y te quieren ver.
21
Pero él contestó, diciéndoles: —Éstos son mi madre y mis hermanos: los que
oyen la palabra de Dios y la ponen en obra.
22
Y sucedió uno de esos días que entró en una barca y sus discípulos con él y les
dijo: —Vayamos a la otra orilla del lago. Y partieron.
23
Y mientras iban navegando, se durmió y cayó sobre el lago una tempestad de
viento y se les llenaba la nave de agua y estaban en peligro. 24Entonces se acercaron
a él, lo despertaron y le dijeron: —Maestro, maestro, nos morimos. Y él despertó y
dio órdenes a los vientos y al oleaje del agua y se aplacaron y siguió una calma chicha.

Y les dijo: —¿Dónde está la fe de ustedes? Y ellos, atemorizados, se


25

maravillaban, diciéndose uno al otro: —¿Quién es éste, pues, que hasta a los vientos
manda y al agua y lo obedecen?
26
Y navegando llegaron a la tierra de los gerasenos, que se encuentra enfrente de
Galilea.41
27
Ycuando él hubo saltado a tierra, se encontró a un hombre de la ciudad que
estaba poseído por demonios y desde mucho tiempo atrás no se vestía, ni habitaba
en casa, sino que vivía en medio de sepulcros, 28y en cuanto vio a Jesús, gritó, cayó a
sus pies y dijo, a grandes voces: —¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, hijo del Dios
altísimo? Te suplico que no me atormentes.42

Pues ordenaba al espíritu impuro que saliera de aquel hombre, porque


29

durante mucho tiempo había estado apoderado de él y lo habían atado con cadenas
175 ernesto de la peña

y ataduras para cuidarlo y él las rompía y se escapaba, impulsado por el demonio, a


los lugares desiertos.

Y Jesús le preguntó: —¿Cuál es tu nombre? Y él le contestó: —Legión; porque


30

habían entrado en él muchos demonios. 31Y le suplicaban que no les ordenara que
se fueran al abismo.

Había allí una piara de algunos cerdos que hozaban en el monte y los
32

demonios le suplicaron que los dejara entrar en ellos y lo permitió.43

Y entonces los demonios salieron del hombre y entraron en los puercos y la


33

piara se lanzó por el despeñadero, hacia abajo, hasta el lago, y se ahogó.

Y los pastores vieron lo que había pasado y huyeron y llevaron la noticia a la


34

ciudad y a los campos. 35Y salió la gente a ver lo que había sucedido y llegaron a Jesús
y se encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, que estaba
sentado, vestido y cuerdo, a los pies de Jesús. Y se amedrentaron.

Y los que habían visto aquello les contaron de qué manera el endemoniado
36

había sido salvado.

Y toda la gente de la comarca de los gerasenos le rogó que se fuera, porque


37

tenía mucho miedo y él entonces, entrando en la barca, se fue.

Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera


38

estar con él, pero Jesús lo despidió, diciendo: 39—Regresa a tu casa y cuenta todo lo
que Dios ha hecho contigo. Y él se fue, propalando por toda la ciudad lo que Jesús
le había hecho.

Y sucedió que cuando regresó Jesús lo recibió la gente, porque todos lo habían
40

estado esperando. 41Y he aquí que llegó un hombre llamado Jairo, que era presidente
de la sinagoga, y, postrándose a los pies de Jesús, le rogó que fuera a su casa 44
42
porque tenía una hija única, de unos doce años de edad, que había muerto.

Y mientras él iba caminando, la gente lo sofocaba 43y una mujer, que padecía
flujo de sangre desde que tenía doce años, que había malgastado toda su vida en
los evangelios 176

médicos, sin lograr que ninguno la curara, 44se le acercó por detrás, tocó la orla de su
manto y, en ese mismo instante, se le detuvo el flujo de sangre.
45
Y Jesús dijo: —¿Quién me tocó? Y todos le dijeron que no lo sabían y Pedro le
dijo: —Maestro, la gente te sofoca y aprieta... 46Y Jesús repuso: —Alguien me tocó,
porque me he dado cuenta de que de mí ha salido energía.45

Y la mujer, al ver que no había pasado inadvertida, se acercó temblorosa y,


47

postrada enfrente de él, declaró en presencia de todo el pueblo por qué lo había
tocado y cómo, inmediatamente, había sido curada.
48
Y él le dijo: —Hija, tu fe te ha curado; vete en paz.
49
Y estaba todavía hablando cuando llegó alguien de la casa del archisinagogo,
diciendo: —Tu hija ha muerto; no fatigues más al Maestro. 50Pero Jesús, al oírlo, le
dijo: —No temas, solamente cree y será salva.

Y entrando en la casa, no permitió que entrara nadie con él, excepto Pedro y
51

Juan y Santiago, y el padre de la muchacha y la madre. 52Lloraban todos y hacían


luto por ella. Y él dijo: —No lloren, porque no ha muerto: está dormida. 53Y se
burlaban de él, sabiendo que ya había muerto. 54Pero él, tomándola de la mano,
exclamó: —¡Muchacha! ¡Despierta!46 55Y le volvió el aliento y en seguida se levantó
y se ordenó que se le diera de comer. 56Y los padres se quedaron pasmados, pero él
les pidió que no dijeran a nadie lo ocurrido.

Capítulo nueve
1
Y después de convocar a los doce, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios
y para curar enfermedades. 2Y los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los
enfermos. 3Y les dijo: —No lleven consigo nada para el camino: ni bastón, ni morral,
ni pan, ni dinero, ni tengan dos túnicas. 4Y en la casa en que entren, descansen y de
allí váyanse. 5Y cuando no los reciban, salgan de esa ciudad y sacúdanse el polvo de
los pies, como un testimonio acerca de ellos.
177 ernesto de la peña

6
Y ellos, al irse, andaban por las aldeas y evangelizaban y curaban dondequiera que
iban.

Y Herodes, el tetrarca, oyó estas cosas que hacía y dudaba cuando le decían
7

unos que Juan había resucitado de entre los muertos, 8en tanto que otros le decían
que Elías se había aparecido y otros más que había resucitado un profeta antiguo.47

Y Herodes dijo: —Yo decapité a Juan, pero éste, de quien oigo decir tantas
9

cosas, ¿quién es? Y trataba de conocerlo.

Y los apóstoles, que habían vuelto, le contaron todo lo que habían hecho y
10

llevándoselos consigo, se retiró a un lugar solitario de una ciudad que se llama


Betsaida. 11Pero la gente, que se había enterado, lo siguió. Y él la acogió y le hablaba
a la gente del reino de Dios y a aquellos que tenían necesidad de curación, los sanaba.

Entre tanto, el día había empezado a declinar y los doce llegaron a él y le


12

dijeron: —Despide a la gente para que vaya a las aldeas y campos que hay en los
alrededores y se albergue y encuentre qué comer, porque estamos en un lugar
desértico.

Y él les contestó: —Ustedes denle de comer. Pero ellos replicaron: —No


13

tenemos más que cinco panes y dos pescados... a no ser que vayamos a comprar
alimentos para toda esta gente.

Y eran como cinco mil hombres. Y él dijo a sus discípulos: —Hagan que se
14

formen en grupos de cincuenta.


15
Y así lo hicieron y todos se sentaron. 16Y él, tomando los cinco panes y los dos
pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo y los partió y los dio a sus
discípulos para que los distribuyeran entre la gente. 17Y comieron y se satisficieron
todos, y levantaron lo que había sobrado y llenaron con estas sobras hasta doce
canastos.

Y sucedió que cuando él estaba rezando, a solas, se reunieron con él los


18

discípulos y les hizo una pregunta, diciendo: —¿Quién dice la gente que soy?
los evangelios 178

19
Y ellos le contestaron diciendo: —Juan el Bautista, y otros dicen que Elías y
otros que algún profeta de los antiguos, que ha resucitado.

Y él les preguntó, diciendo: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Y Pedro,
20

respondiendo, dijo: —El ungido de Dios.


21
Pero él, amonestándolos, les ordenó que no dijeran eso a nadie. 22Y les dijo que
es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas y que sea rechazado por
los ancianos y los príncipes de los sacerdotes y los escribas y que se le quite la vida y
que resucite al tercer día.
23
Y a todos les decía: —Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí
mismo, que tome su cruz a cuestas todos los días, y que me siga. 24Porque quien
quiera salvar su alma, la perderá, pero quien por mí la perdiera, se salvará. 25Pues,
¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o si sufre
merma de sí mismo? 26Puesto que quien se avergüence de mí y de mis palabras, de
ése se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la del padre y
de los santos ángeles. 27Y les digo de verdad, hay algunos entre los que aquí están,
que no han de gustar de la muerte hasta que vean el reino de Dios.
28
Y sucedió, aproximadamente ocho días después de estas cosas que, tomando
consigo a Pedro, a Juan y a Santiago, subió al monte a orar 29y mientras estaba
rezando, se le cambió la cara y sus ropas se pusieron blancas y relampagueaban, 30y
he aquí que había dos hombres que conversaban con él, que eran Moisés y Elías,48
31
que, habiéndose aparecido en gloria hablaban de la partida de él, que debería
ocurrir en Jerusalén.49
32
Entretanto, Pedro y los que iban con él estaban vencidos por el sueño, pero,
habiéndose despertado, vieron la gloria de él y a los dos varones que estaban junto
con él.
33
Y sucedió, cuando se separaron ellos de él, que Pedro dijo a Jesús: —Maestro,
es muy agradable estar aquí: haremos tres tiendas, una para ti, una para Moisés y otra
para Elías. Pero no sabía lo que decía. 34Y mientras estaba él diciendo estas cosas, se
179 ernesto de la peña

formó una nube, que les dio sombra y se amedrentaron los discípulos cuando
aquéllos entraron en la nube. 35Y de la nube salió una voz, que decía: —Éste es mi
hijo elegido, óiganlo.50

Y mientras se oía la voz, Jesús se encontró solo. Y ellos se callaron y a nadie


36

contaron, en aquellos días, nada de lo que habían visto.

Y al día siguiente sucedió, mientras ellos bajaban del monte, que se encontró
37

con él una gran muchedumbre 38y he aquí que un hombre de en medio de la


muchedumbre dio gritos, diciendo: —Maestro, te lo ruego, mira a mi hijo, que es el
único que tengo 39y un espíritu se apoderó de él y de repente grita y lo hace
retorcerse, echando espumarajos, y con dificultad se va de él y lo deja todo
maltrecho. 40Y he suplicado a tus discípulos que lo echen, pero no han podido.

Y Jesús, contestándole, le dijo: —¡Oh, raza incrédula y descarada! ¿Hasta


41

cuándo estaré con ustedes y tendré que soportarlos? Trae a tu hijo.

Pero en el momento mismo en que se acercaba, el demonio lo poseyó y él se


42

convulsionó. Pero Jesús le hizo reproches al espíritu inmundo y el muchacho quedó


sano y lo devolvió a su padre.

Y todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios; pero, como todos se


43

admiraban de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 44—Conserven ustedes
estas palabras en sus orejas, porque el Hijo del Hombre va a ser entregado a las
manos de los hombres.

Pero ellos no comprendían lo que les decía porque estaba escondido de tal
45

manera que no podían captar el sentido y les daba miedo preguntarle acerca de lo
que había dicho.
46
Y hubo una discusión entre ellos acerca de quién era el mejor de ellos. 47Pero
Jesús, al percatarse de lo que estaban pensando, tomó a un niño y lo puso a su lado
48
y les dijo: —Quien reciba a este niño en nombre mío, me recibe a mí y quien me
recibe a mí, recibe al que me envió: porque el que es menor entre ustedes, es grande.
los evangelios 180

Y Juan tomó la palabra y dijo: —Maestro, vimos a uno que expulsaba


49

demonios en tu nombre y se lo prohibimos, porque no te sigue, junto con nosotros.


50
Y Jesús le contestó: —No se lo prohíban, porque quien no está contra ustedes,
está con ustedes.
51
Y sucedió que cuando se cumplieron los días en que habría de partir, él decidió
con firmeza ir a Jerusalén. 52Y despachó a mensajeros a que lo precedieran. Y ellos
partieron y entraron en una aldea de samaritanos, con el fin de conseguirle
alojamiento51 53y no lo recibieron, porque se dieron cuenta de que había decidido
firmemente ir a Jerusalén.52

Y cuando vieron esto sus discípulos Santiago y Juan, le dijeron: —Señor,


54

¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?
55
Pero él, vuelto hacia ellos, los reprendió. 56Y se fueron a otra aldea. 57Y sucedió
que cuando iban caminando, uno le dijo: —Te seguiré a donde quiera que vayas.
58
Y Jesús le dijo: —Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos, pero el
Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.
59
Y le dijo a otro: —¡Sígueme! Y él dijo: —Señor, permite que primero vaya a
enterrar a mi padre.
60
Pero Jesús le dijo: —Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú ve y
anuncia el reino de Dios.
61
Y otro le dijo: —Te seguiré, Señor, pero antes permíteme arreglar los asuntos
de mi casa. 62Pero Jesús le contestó: —Ninguno que eche mano al arado y mire hacia
atrás es apto para el reino de Dios.

Capítulo diez
1
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos y los mandó, de dos en dos,
delante de él, a todas las ciudades y lugares a donde él habría de ir, 2diciéndoles: —
181 ernesto de la peña

Es verdad que la cosecha es abundante y los obreros pocos; por eso, pidan al dueño
de la cosecha que mande obreros a ella. 3Vayan, he aquí que los mando como a
corderos en medio de lobos; 4no vayan cargando bolsas, ni morrales, ni lleven
zapatos y no saluden a nadie en el camino, 5en la casa en que entren, digan primero:
“Haya paz para esta casa”, 6que si allí estuviera un pacífico, sobre él descansará la paz
de ustedes; pero si no es así, regresará a ustedes 53 7y quédense en la misma casa,
comiendo y bebiendo lo que ellos les den, puesto que el obrero merece su jornal. No
se cambien de casa en casa 8y en la ciudad en que entren y sean recibidos, coman
ustedes lo que se les ofrece 9y curen a los enfermos que allí hubiere y díganles: “Ha
llegado a ustedes el reino de Dios”. 10Pero en la ciudad en que entren y no sean
recibidos, al salir por las calles, digan: 11 “Hasta el polvo, que de su ciudad se nos ha
pegado a los pies, lo sacudimos hacia ustedes. Pero sepan esto: que ha llegado ya el
reino de Dios”, 12y les digo que, ese día, la misma Sodoma será más aceptable que esa
ciudad.

¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida, que si en Tiro y Sidón hubieran
13

sucedido los milagros que en ti han sucedido, hace ya tiempo que habrían hecho
penitencia, sentadas en saco y cubiertas de ceniza!54 14Pues bien, a Tiro y a Sidón les
será más llevadero el juicio que a ustedes.55 15Y tú, Cafarnaún, ¿no fuiste levantada
hasta el cielo?, pues serás sobajada hasta el infierno.56

El que los oiga a ustedes, me oye a mí, y el que los rechaza, a mí me rechaza, y
16

el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.

Y los setenta y dos regresaron con alegría, diciendo: —Señor, hasta los
17

demonios se someten a nosotros a causa de tu nombre. 18Y él les contestó: —Veía yo


a Satanás, que caía del cielo como un relámpago. 19Miren, les he dado potestad para
pisotear a serpientes y escorpiones y, sobre todo, poder sobre el enemigo; nada les
hará daño; 20pero no gocen con que los espíritus se sometan a ustedes; gocen porque
sus nombres están escritos en los cielos.

Y en la misma hora se alegró en el Espíritu Santo y dijo: —¡Oh padre!, te


21

agradezco, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y los
los evangelios 182

prudentes y las descubriste a los infantes: ¡sí!, padre mío, porque así se hizo tu
propósito frente a ti. 22Todas las cosas me han sido entregadas por mi padre y nadie
sabe quién es el hijo, sino el padre, ni quién es el padre, sino el hijo y a quien el hijo
lo quisiera revelar.
23
Y volviéndose a los discípulos, en privado, dijo: —Bienaventurados los ojos
que ven lo que ustedes miran, 24porque yo les digo que muchos profetas y reyes
quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo
oyeron.

Y he aquí que se levantó un experto en la ley, para ponerlo a prueba, y le dijo:


25

—Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?


26
Y él le contestó: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lo interpretas?
27
Y él, al replicarle, le dijo: —Amarás al señor Dios tuyo, con todo tu corazón,
con toda tu alma y con toda tu fuerza y todo tu entendimiento y a tu prójimo como
a ti mismo.57 28Y él le dijo: —Has contestado bien; haz eso y vivirás.
29
Pero el otro, queriendo justificarse, dijo a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?
30
Y Jesús le contestó y le dijo: —Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y vino
a caer en manos de unos salteadores que, después de despojarlo e inferirle heridas, se
fueron y lo dejaron medio muerto. 31Y casualmente bajaba un sacerdote por aquel
camino y, al verlo, se siguió de largo, 32y lo mismo un levita que andaba también por
ese lugar y lo vio al llegar y pasó de largo. 33Pero un samaritano que andaba por ese
camino, se acercó a él y, al verlo, le dio mucha lástima, 34y llegándose a él, vendó sus
heridas y derramó en ellas aceite y vino, y lo subió sobre su propio burro, lo llevó a
un mesón y estuvo al cuidado de él. 35Y al otro día, sacando dos denarios de la bolsa,
los dio al hostelero y le dijo: “Cuida de él y lo que gastes además de lo que te doy, yo
te lo pagaré cuando regrese”. 36 ¿Quién de estos tres te parece que ha sido prójimo
del que cayó en manos de los salteadores?
37
Y él contestó: —El que se apiadó de él. Y Jesús le dijo: —Ve y haz tú lo mismo.
183 ernesto de la peña

Y sucedió que cuando iban de camino, entró él en cierta aldea y una mujer
38

llamada Marta lo recibió en su casa. 39Y tenía una hermana que se llamaba María
que, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras. 40Pero Marta andaba
afanada en muchos servicios y al fin, parándosele enfrente, le dijo: —Señor, ¿nada
te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me ayude.

Pero el Señor, respondiéndole, le dijo: —Marta, Marta, te acongojas y


41

perturbas a causa de muchas cosas, 42pero sólo una es necesaria. María ha escogido
para sí la mejor parte, que no le será quitada.

Capítulo once
1
Y sucedió que estaba orando en cierto lugar y, en cuanto dejó de hacerlo, uno de
sus discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a rezar, así como Juan también enseñó a
sus discípulos a rezar. 2Y él les dijo: —Cuando recen, digan:

Padre, sea santificado tu nombre;


venga tu reino;
3
el pan que necesitamos dánoslo cada día
4
y perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a los que nos deben
y no nos induzcas en tentación.

Y les dijo: —¿Quién de entre ustedes tendrá un amigo y se irá a él a media noche
5

y le dirá: “Amigo, préstame tres panes, 6porque un amigo ha llegado de viaje a mi


casa y no tengo nada que ofrecerle”. 7Y aquél, contestando desde adentro, diga: “No
me molestes; la puerta ya está cerrada y mis hijos están conmigo en la cama; no puedo
levantarme y darte algo”? 8Yo les digo que, si no se levanta y le da algo por ser su
amigo, aunque sea por su inoportunidad se levantará y le ha de dar todo lo que
los evangelios 184

necesite 9y también les digo que pidan y les será dado, busquen y encontrarán,
llamen y se les abrirá 10porque todo el que pide, recibe y el que busca, encuentra y al
que llama, se le abrirá. 11¿A quién de ustedes que pida un pescado al padre éste le
dará una serpiente en lugar del pescado? 12O si le pide un huevo, ¿le dará un
escorpión? 13Pues si ustedes, siendo malos, saben hacer buenas dádivas a sus hijos,
¡cuánto más el padre desde el cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!
14
Y estaba arrojando a un demonio que era mudo y sucedió que, cuando lo
expulsó, habló el mudo y las muchedumbres quedaron asombradas. 15Pero algunos
de ellos dijeron: —En virtud de Belcebú, príncipe de los demonios, expulsa a los
demonios.
16
Y otros, a su vez, para tentarlo, le pedían que diera una señal procedente del
cielo. 17Pero él, al ver sus pensamientos, les dijo: —Todo reino que está dividido
contra sí mismo, queda desolado y una casa cae sobre otra, 18pues si Satanás también
se ha dividido contra sí, ¿cómo se mantendrá su reino en pie? Porque ustedes dicen
que yo expulso a los demonios en nombre de Belcebú, 19pero si yo los expulso en
nombre de Belcebú, ¿en virtud de quién los expulsan los hijos de ustedes? Por eso,
ellos serán jueces de ustedes.
20
Pero si con el dedo de Dios expulso a los demonios entonces es que ya ha
llegado a ustedes el reino de Dios. 21Cuando el fuerte, armado de todas armas, cuida
de su plaza, las cosas que son su propiedad están en paz; 22pero si alguno más fuerte
que él llegare y lo venciere, le quitará las armas en que confiaba y repartirá sus
despojos.58 23El que no está conmigo, está contra mí, y el que conmigo no recoge,
desparrama.
24
Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagabundeando por
lugares sin agua, buscando un lugar donde reposar y, al no encontrarlo, dice:
“Regresaré a mi casa, de la que salí”, 25y al regresar, la encuentra barrida y limpia, 26y
entonces se va y se lleva consigo a otros siete espíritus, más perversos que él y, al
entrar, allí se establecen y los últimos días de aquel hombre vienen a ser peores que
los primeros.59
185 ernesto de la peña

Y cuando él estaba diciendo estas cosas, sucedió que una mujer, levantando su
27

voz en medio de la gente, le dijo: —Bienaventurado el vientre que te llevó y los


pechos a que te amamantaste.

Y él le dijo: —Más bien di bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y


28

la cumplen.

Y cuando se hubo reunido la gente, comenzó a decir: —Esta generación es


29

mala: busca una señal, pero no se le dará ninguna, sino la señal de Jonás.60 30Porque
así como Jonás fue una señal para los ninivitas, el Hijo del Hombre lo será también
para esta generación. 31La reina del noto se levantará, en el juicio, con los hombres
de esta generación y los condenará, porque vino desde los extremos de la tierra a oír
la sabiduría de Salomón y hay más que Salomón aquí.61 32Los hombres de Nínive
se levantarán en el juicio con esta generación y la condenarán, porque se
convirtieron ante la predicación de Jonás y hay más que Jonás aquí.62

Nadie, después de encender una lámpara, la coloca en lo escondido, sino en el


33

candelero, para que todos los que van llegando vean la luz.

El candil del cuerpo es tu ojo: mientras tu ojo esté limpio, todo tu cuerpo
34

estará luminoso, pero en el momento en que se enferme tu cuerpo también quedará


en tinieblas. 35Observa, pues, no sea que la luz que hay en ti sean tinieblas. 36Así
pues, si todo tu cuerpo es luminoso y no tiene ninguna parte oscura, todo él será
luminoso, como cuando el candil te ilumina con el relámpago.63

Y mientras estaba él todavía hablando, un fariseo lo invitó a comer con él y él,


37

al entrar, se puso a la mesa.


38
Pero el fariseo, al verlo, se extrañó de que no se hubiera lavado antes de comer
39
y el Señor le dijo: —Ustedes, los fariseos, limpian la parte externa de la copa y del
plato, pero por adentro están llenos de avaricia y maldad; 40 ¡insensatos! ¿Acaso el
que hizo lo de fuera no hizo también lo de adentro? 41Sin embargo, den limosna de
lo que tengan a la mano y entonces todas las cosas quedarán limpias para ustedes,
42
pero, ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la hierbabuena y de la ruda y
los evangelios 186

de todas las hierbas, pero transgreden el juicio y el amor de Dios! Habrían de hacer
esto y no omitir aquello.
43
¡Ay de ustedes, fariseos, que quieren los primeros sitiales en las sinagogas y los
saludos en las plazas! 44 ¡Ay de ustedes, que son como los sepulcros no evidentes y
los hombres que los pisotean al pasar por encima no lo saben!
45
Entonces uno de los expertos en la ley, para responderle, dijo: —Maestro, al
decir estas cosas también nos ultrajas a nosotros.
46
Y él le contestó: —Y ustedes, los expertos en la ley, también, ¡ay de ustedes,
que imponen sobre los hombres cargas insoportables y ustedes mismos no sopesan
las cargas ni siquiera con un solo dedo!
47
¡Ay de ustedes, que edifican los sepulcros de los profetas, pero fueron sus
padres quienes les quitaron la vida! 48Después, dan ustedes testimonio, pero están
de acuerdo con lo que hicieron sus padres, pues ellos, en verdad, los mataron, pero
ustedes edifican sus sepulcros. 49Por eso también la sabiduría de Dios dijo: “Les
enviaré a ellos profetas y apóstoles y a algunos de ellos los matarán y perseguirán:64
50
para que se le reclame a esta generación la sangre de todos los profetas, sangre que
se ha derramado desde la fundación del mundo, 51desde la sangre de Abel hasta la
sangre de Zacarías, el que murió entre el altar y la casa”. Sí, les digo que a esta
generación se le exigirá.
52
¡Ay de ustedes, expertos de la ley, que se llevaron la llave del conocimiento:
ustedes mismos no entraron y no dejaron entrar a los demás!
53
Y cuando él estaba saliendo de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a
insistir mucho y a sacarle las palabras de la boca acerca de muchas cosas 54y le tendían
trampas y trataban de atraparlo a causa de algo que dijera.
187 ernesto de la peña

Capítulo doce
1
Entre tanto se había reunido una gran cantidad de gente, de modo que se
atropellaban unos a los otros, y él comenzó diciendo primero a sus discípulos: —
Cuídense de la levadura de los fariseos, que es hipocresía.

Y no hay nada escondido que no se descubra, ni nada oculto que no llegue a


2

saberse. 3Y, por lo contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la
luz y lo que se hayan dicho al oído en los cuartos, se pregonará encima de las casas.

Pero yo les digo, amigos míos: no teman a los que matan al cuerpo y después ya
4

no les queda nada por hacer; 5yo les mostraré a quién deben temer: teman a aquel
que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehena; sí, les digo, teman a ése.65

¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues ni uno solo de ellos está
6

olvidado enfrente de Dios. 7Y hasta los pelos de la cabeza de ustedes están contados
todos. Así pues, no teman: ustedes valen más que muchos pájaros.
8
Y, además, les digo que a todo el que me confiese delante de los hombres,
también el Hijo del Hombre lo confesará a él delante de los ángeles de Dios. 9Pero
el que me niegue delante de los hombres será negado delante de los ángeles de Dios
10
y todo el que diga algo contra el Hijo del Hombre, será perdonado, pero quien
blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado.

Y cuando los lleven a las sinagogas y ante los magistrados y las autoridades, no
11

se apuren por cómo o qué van a alegar en su defensa ni por lo que van a decir,
12
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deben decir.

Y uno que estaba entre la muchedumbre le dijo: —Maestro, di a mi hermano


13

que divida la herencia conmigo.

Y él le contestó: —Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o mediador entre


14

ustedes?

Y a ellos les dijo: —Tengan cuidado y apártense de toda codicia, porque la vida
15

de alguien no depende de que tenga bienes en abundancia.


los evangelios 188

Y les propuso una parábola, diciendo: —Un hombre rico tuvo una tierra que
16

le produjo una cosecha abundante, 17y reflexionaba dentro de sí diciéndose: “¿Qué


debo hacer?, porque no tengo dónde almacenar mis frutos”, 18y dijo: “Haré lo
siguiente: derribaré mis graneros y construiré otros mayores y en ellos podré recoger
todo el trigo y mis propios bienes, 19y le diré a mi alma: «¡Alma mía!, tienes muchos
bienes, suficientes para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida»”.
Pero Dios le dijo: “¡Insensato!, esta misma noche te pedirán tu vida y todo lo que
20

preparaste, ¿para quién será?” 21Así sucede al que acumula riquezas para sí mismo,
pero para Dios no tiene riqueza alguna.

Y dijo a sus discípulos: —Por eso, les digo que no se preocupen por qué
22

comerán, ni con qué cubrirán su cuerpo. 23Porque la vida es más que el alimento y
el cuerpo es más que el vestido. 24Piensen en los cuervos, que ni siembran ni
cosechan, que no tienen despensa ni granero y Dios los alimenta y ¡cuánto más valen
ustedes que las aves! 25¿Quién de ustedes, por mucho que se acongoje, puede añadir
un ápice a su estatura? 26Pues si ni lo menos pueden, ¿por qué se tienen que
acongojar por lo demás?
27
Piensen en cómo crecen los lirios: no trabajan, ni hilan y, a pesar de eso, les
digo que ni siquiera Salomón, en toda su gloria, estuvo vestido como uno de ellos.
28
Y si a la hierba que hay ahora en el campo y que mañana se echa en la fogata Dios
la viste de tal manera, ¡con mayor razón a ustedes, hombres de poca fe! 29Tampoco
busquen lo que han de comer o lo que van a beber, ni estén ansiosos. 30Porque todas
estas cosas las busca la gente del mundo, pero el padre de ustedes sabe que las
necesitan. 31Busquen, en cambio, el reino de él y todas esas cosas les serán dadas por
añadidura.

No temas, pequeño rebaño, porque a tu padre le dio gusto darte el reino.


32

33
Vendan lo que tienen y den limosna; háganse bolsas que no envejezcan, un tesoro
en los cielos que no desperezca y al que no puedan llegar los ladrones ni carcomerlo
la polilla. 34Porque donde está su tesoro, allí estará también su corazón.
189 ernesto de la peña

Tengan la cintura ceñida y los candiles encendidos. 36Y estén como hombres
35

que esperan a su amo cuando regrese a casa después de la boda, de modo que, en
cuanto llame, ustedes le abran.

Bienaventurados los siervos aquellos a quienes el amo encuentre despiertos al


37

llegar a casa: en verdad, digo a ustedes, que se ceñirá el delantal y los hará ponerse a
la mesa y los irá sirviendo. 38Y si llegara en la segunda guardia o en la tercera y así los
encontrara, bienaventurados tales siervos66 39y sepan que si el amo de casa supiera a
qué hora ha de venir el ladrón, no habría de permitir que entrara en su casa. 40Por
eso, estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del
Hombre.

Y Pedro le dijo: —Señor, ¿esta parábola nos la diriges a nosotros o a todos?


41

Y el Señor le contestó: —¿Quién, pues, es el fiel y prudente mayordomo a


42

quien el Señor ha de poner sobre sus siervos para darles la ración justa a su debido
tiempo? 43Bienaventurado el siervo a quien su señor, al llegar, se encuentre
trabajando así. 44En verdad les digo que lo pondrá por encima de todos sus bienes;
45
pero si el siervo ese dijera en su corazón: “Mi señor tarda en llegar”, y comenzara a
golpear a criados y criadas, a comer y beber y a embriagarse, 46el amo de aquel siervo
llegará el día que menos espera, y en una hora que no conoce y lo partirá en dos y
pondrá su suerte junto con la de los incrédulos.67

Y al siervo que, habiendo conocido la voluntad de su señor, no se preparó ni


47

actuó de acuerdo con la voluntad suya, le serán dados muchos azotes; 48pero al que
no la conoció, pero hizo cosas dignas de azotes, algunos pocos le serán dados. Y a
todo aquel a quien se dio mucho, mucho le será pedido, y a aquel en quien mucho
se confió, más le exigirán.

Vine a arrojar fuego sobre la tierra y si ya se encendió, ¿qué quiero? 50Con


49

bautismo tengo que ser bautizado y ¿cómo me contendré mientras eso sucede?
51
¿Piensan ustedes que vine a traer paz a la tierra? Les digo que no, que vine a traer
división. 52Porque desde ahora estarán divididos cinco en una casa, tres contra dos y
los evangelios 190

dos contra tres: 53se enfrentará el padre con el hijo y el hijo con el padre; la madre
con la hija y la hija con la madre; la suegra con la nuera y la nuera con la suegra.68

Y le decía, además, a la gente: —En el momento en que vean que se levanta


54

una nube en el poniente, digan inmediatamente: “Viene la lluvia”, y así sucederá 55y
cuando sopla el viento, digan que habrá bochorno, y llegará. 56¡Hipócritas!, bien
saben ustedes conocer el aspecto de la tierra y del cielo, ¿y cómo pueden no conocer
esta ocasión?

¿Y por qué no juzgan ustedes lo que es bueno? 58Mientras vas con tu


57

contrincante al magistrado, pon en juego tu ingenio por el camino para librarte de


él, no sea que te haga comparecer ante el juez y el juez te entregue al alguacil y el
alguacil te meta en la cárcel. 59Y yo te digo que no saldrás de ella mientras no hayas
pagado hasta el último céntimo.

Capítulo trece
1
En ese mismo momento comparecieron unos hombres que le dieron la noticia de
que Pilatos había mezclado la sangre de unos galileos con la de los sacrificios.69
2
Y les dijo: —¿Creen ustedes que estos galileos fueron más pecadores que los demás
galileos porque padecieron tales cosas? 3Pues yo les digo que no, sino que, más bien,
todos ustedes perecerán de la misma manera si no hacen penitencia.

O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿creen
4

ustedes que eran más culpables que todos los hombres que vivían en Jerusalén?70
5
Pues yo les digo que no, sino que, si no hacen penitencia, todos perecerán por igual.

Y decía, además, esta parábola: —Había un hombre que tenía una higuera
6

plantada en su viña y vino a buscar frutos en ella y no los encontró 7y le dijo entonces
al viñador: “Hace ya tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los
encuentro; arráncala, para qué va a perjudicar, además, la tierra” 8Y él le contestó,
191 ernesto de la peña

diciendo: “Señor, déjala todavía este año, mientras hago un agujero alrededor de ella
y le echo estiércol, 9para ver si da fruto; si no, más adelante la arrancarás”.

Y estaba enseñando un sábado en una de las sinagogas 11y he aquí a una mujer
10

que tenía un espíritu de enfermedad desde hacía dieciocho años y estaba jorobada y
no podía enderezarse de ninguna manera.

Y Jesús la vio y la llamó, diciéndole: —Mujer, estás ya libre de tu enfermedad.


12

13
Y le impuso las manos, y en ese mismo momento se enderezó y glorificaba a Dios.

Pero el archisinagogo, molesto de que Jesús hubiera hecho una curación en


14

sábado, decía a la gente: —Hay seis días en los cuales se debe trabajar; vengan a que
se los cure en esos días, no en sábado.

El Señor le respondió, diciéndole: —¡Hipócritas! ¿No desata cualquiera de


15

ustedes a su buey o a su asno del pesebre y lo lleva a darle de beber? 16Pues ésta, que
es hija de Abrahán, a la que Satanás ató hace ya dieciocho años, ¿no había de quedar
desatada de esta cadena en día de sábado? 17Y cuando decía estas cosas, se
avergonzaban todos aquellos que lo contradecían y toda la gente se regocijaba de las
cosas gloriosas que hacía.

y decía: —¿A qué se parece el reino de Dios, a qué lo compararé? 19Es parecido
18

a un grano de mostaza, que un hombre tomó y echó en su huerto y creció y se


convirtió en árbol y los pájaros anidaron en sus ramas.

Y también dijo: —¿Con qué compararé el reino de Dios? 21Se parece a la


20

levadura que tomó una mujer y escondió en tres sacos de harina, hasta que toda la
masa leudó.

Y deambulaba por las ciudades y las aldeas enseñando y haciendo su camino


22

hacia Jerusalén.

Y alguien le dijo: —Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les contestó: 24 —
23

Esfuércense para entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos
intentarán entrar, pero no podrán. 25Desde el momento en que se levante el amo de
los evangelios 192

la casa y cierre la puerta y ustedes comiencen a estar en la parte de afuera y a llamar a


la puerta, diciendo: “Señor, ¡ábrenos!”, y él les conteste: “No los conozco, ¿de dónde
son?” 26Ustedes empezarán a decir: “Comimos delante de ti y bebimos y enseñaste
en nuestras plazas”, 27y él les dirá: “No los conozco, ¿de dónde son? ¡Apártense de
mí todos los que hacen injusticias!” 28Y entonces será el llanto y el crujir de dientes,
cuando vean a Abrahán y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios
y a ustedes mismos se los arroje fuera. 29Y vendrán del oriente y del poniente y del
norte y del mediodía y se recostarán a la mesa en el reino de Dios. 30Y, ¡miren!, son
últimos los que serán primeros y primeros son los que serán últimos.
31
En el mismo momento se acercaron a él unos fariseos, diciendo: —¡Vete de
aquí, apártate!, porque Herodes te quiere matar.

Y él les dijo: —Vayan y digan a ese zorro: “He aquí que yo expulso a los
32

demonios y hago curaciones hoy y mañana y al tercer día, termino. 33Pero es


necesario que hoy y mañana y al día siguiente siga mi camino, porque no conviene
que un profeta muera fuera de Jerusalén”. 34 ¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los
profetas y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces he querido recoger a tus
hijos como el ave recoge a sus críos, debajo de las alas, y ustedes no han querido! 35He
aquí que les dejan la casa desierta. Pero yo les digo que no me verán hasta que venga
el tiempo en que digan: “¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!”71

Capítulo catorce
1
Y sucedió que cuando él entró en la casa de uno de los principales fariseos, en
sábado, a comer el pan, ellos lo estaban observando.
2
Y he aquí que enfrente de él había un hombre que padecía hidropesía. 3Y Jesús
preguntó a los expertos de la ley y los fariseos, diciendo: —¿Es lícito curar en sábado
o no? 4Pero ellos se quedaron callados. Y él, tomándolo de la mano, lo curó y le dijo
que se fuera.
193 ernesto de la peña

Y les dijo: —¿Quién de ustedes, si se le cae un hijo o un buey en un pozo, no lo


5

sacará inmediatamente, aunque sea sábado? 6Y no pudieron contestar nada a esto.

Y a los convidados les dijo una parábola, al observar cómo elegían los primeros
7

puestos, diciendo:

—Cuando alguien te convide a una boda, no vayas a ocupar el primer lugar, no


8

sea que alguien que sea más respetado que tú haya sido elegido para ocuparlo, 9y al
llegar el hombre que te convidó a ti y a él, te diga: “Deja el lugar a éste”, y entonces
vayas, avergonzado, a ocupar el último sitio. 10Más bien, cuando fueres convidado,
ve y siéntate en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó, te diga:
“Amigo, acércate”, y entonces serás honrado delante de los que estén contigo
sentados a la mesa. 11Porque todo el que se ensalza a sí mismo será humillado y el
que se humilla a sí mismo, será ensalzado.

Y al que lo había invitado le decía: —Cuando des una comida o una cena, no
12

llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no
sea que ellos también, por su lado, te inviten a ti en correspondencia y se cumpla así
la cortesía:72 13de modo que, cuando hagas un convite, llama a pobres, baldados,
cojos y ciegos; l4bienaventurado serás, porque no tienen cómo corresponderte, y el
pago te será entregado en la resurrección de los justos.

Y habiendo oído estas cosas uno de los que estaban sentados a la mesa, le dijo:
15

—Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.

Y él le dijo: —Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos 17y a la hora
16

de la cena mandó a su criado a decir a los convidados que vinieran, puesto que ya
todo estaba preparado; 18y comenzaron todos a excusarse. El primero dijo: “Compré
un terreno y tengo necesidad de ir a verlo: te ruego que me disculpes”, 19y otro dijo:
“Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas: te ruego que me disculpes”, 20y
otro más dijo: “Me casé y por eso no puedo asistir”. 21Y regresó el criado e informó
estas cosas a su amo y entonces, enojado, el amo de la casa le dijo al criado: “Sal
inmediatamente a las plazas y avenidas de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los
baldados, a los ciegos y los cojos”.
los evangelios 194

22
Y el criado le contestó: “Señor, se ha hecho lo que ordenaste y todavía hay
lugar”.
23
Y el amo dijo al criado: “Sal a los caminos y a las quebradas y oblígalos a que
entren, para que se llene mi casa, 24porque les digo que ni uno solo de aquellos que
han sido convidados ha de probar mi cena”.73
25
E iba caminando a su lado mucha gente y se volvió a ella y le dijo: 26—Si alguien
viene a mí y no odia a su padre, ni a su madre, ni a su mujer, ni a sus hijos, hermanos
y hermanas, y si no odia hasta a su propia vida, no puede ser discípulo mío. 27Quien
no lleva su cruz a cuestas y viene detrás de mí, no puede ser mi discípulo, 28porque,
¿quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula el gasto,
para ver si tiene con qué terminarla? 29No sea que, habiendo ya puesto los cimientos,
y al no poder darle fin, comiencen a burlarse de él todos aquellos que lo vean,
30
diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar”. 31¿O qué rey, al
ir a hacer la guerra a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres
podrá enfrentarse al que viene sobre él con veinte mil? 32O, si no, cuando está
todavía lejos, envía una embajada a pedir paz. 33Pues así mismo, aquel de ustedes que
no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.
34
La sal es buena, pero si se mustia, ¿con qué se sazonará? 35No será de provecho
ni para la tierra, ni para el muladar: será tirada fuera. Quien tenga oídos para oír, que
oiga.

Capítulo quince
1
Y se iban acercando a él todos los recaudadores de impuestos y todos los pecadores,
para oírlo. 2Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Éste acoge a los
pecadores y come con ellos”.
3
Pero él les expuso esta parábola, diciéndoles: 4—¿Quién de ustedes, si tiene cien
ovejas y ha perdido a una de ellas, no deja a noventa y nueve en descampado y va a
buscar a la que perdió, hasta encontrarla? 5Y una vez que la ha encontrado, se la
195 ernesto de la peña

pone, feliz, sobre los hombros 6y al llegar a su casa, convoca a los amigos y a los
vecinos, diciéndoles: “¡Alégrense junto conmigo!, porque encontré a mi oveja, a la
que se me había perdido”. 7Así pues, les digo que en el cielo habrá más alegría por
un solo pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen
necesidad de arrepentimiento.

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una sola de ellas, no enciende
8

una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado, hasta que la encuentra?74 9Y una
vez que la ha encontrado, llama a las amigas y vecinas, diciendo: “Alégrense todas
conmigo, porque encontré la dracma que había perdido”. 10Así, yo les digo que hay
alegría en medio de los ángeles de Dios por un solo pecador que hace penitencia.

Y les dijo, además: —Había un hombre que tenía dos hijos. 12Y el menor de
11

ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde”. Y


entonces repartió la hacienda entre ellos. 13Y al cabo de no muchos días, el hijo
menor, tras recoger todas sus cosas, se fue del pueblo hacia una tierra lejana y allí
malgastó toda su hacienda, viviendo licenciosamente. 14Y cuando lo hubo
malgastado todo, hubo hambruna en toda aquella tierra y él comenzó a pasar
estrecheces. 15Y entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquella tierra,
quien le mandó a sus campos, para que cuidara a los cerdos. 16Y él tenía ganas de
quitarse el hambre con las bellotas que comían los cerdos y nadie se las daba. 17Y
entonces, recapacitó y dijo: “¡A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan!, y
yo, aquí, me muero de hambre. 18Me levantaré e iré a casa de mi padre y le diré:
«Padre, pequé contra el cielo y ante ti; 19ya no soy digno de que se me llame hijo
tuyo, ¡trátame como a uno de tus jornaleros!»”. 20Y se levantó y llegó a casa de su
padre. Y estaba todavía lejos cuando su padre lo vio y se le ablandaron las entrañas
y, corriendo, se le echó al cuello y lo besó. 21Y el hijo dijo a su padre: “Padre, pequé
contra el cielo y enfrente de ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo”. 22 Pero el
padre dijo a sus criados: “¡Pronto!, traigan la mejor ropa y vístanlo con ella y
pónganle un anillo en la mano y calzado en los pies. 23Y traigan al novillo que ha sido
cebado y degüéllenlo y comamos y regocijémonos, 24porque este hijo mío estaba
los evangelios 196

muerto y revivió; estaba perdido y ha sido encontrado”. Y comenzaron a hacer el


festín.
25
Pero el hijo mayor estaba en el campo y cuando regresó a su casa, oyó el
concierto y los coros 26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué significaba
eso. 27Y él le dijo: “Ha llegado tu hermano y tu padre ha matado al novillo cebado
porque regresó sano”. 28Y el hijo mayor se enojó y no quería entrar y su padre, que
salió, le suplicaba que lo hiciera. 29Pero él dijo a su padre: “Mira, hace tantos años
que te sirvo y jamás transgredí tus órdenes y a mí nunca me diste un cabrito para
solazarme con mis amigos, 30en tanto que para este hijo tuyo, que despilfarró tu
hacienda con prostitutas, en cuanto ha llegado, has sacrificado para él un novillo
cebado”. 31Y el padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo;
32
pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos porque este hermano tuyo estaba
muerto y ha revivido, se había perdido y fue encontrado”.

Capítulo diez y seis


1
Y decía también a sus discípulos: —Había una vez un hombre rico, que tenía un
mayordomo; y el mayordomo le fue delatado por derrochar sus bienes. 2Y él lo llamó
y le dijo: “¿Qué es eso que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu mayordomía, porque
ya no podrás seguir ejerciendo ese cargo”.
3
Y el mayordomo se dijo dentro de sí: “¿Qué haré ahora, que me quita el amo la
mayordomía? Cavar, no sé; mendigar, me da vergüenza; 4sé lo que hay que hacer
para que, cuando me quiten mi cargo de mayordomo, otros me reciban en sus
casas”. 5Y habiendo llamado, uno por uno, a los deudores que tenía su amo, le dijo
al primero: “¿Cuánto le debes a mi amo?” 6Y él le contestó: “Cien barriles de aceite”,
y él le dijo: “Toma tu escritura y siéntate inmediatamente y escribe «cincuenta»”.
7
Y en seguida le dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?” Y él contestó: “Cien costales de
trigo”; y él le dijo: “Toma tus escrituras y escribe «ochenta»”. 8Y el amo elogió al
mayordomo injusto porque había actuado con inteligencia; porque los hijos de este
197 ernesto de la peña

siglo son más inteligentes que los hijos de la luz por lo que respecta a su propia
generación.75 9Y yo les digo: consíganse amigos a base de la riqueza de la injusticia
para que, cuando falte, los reciban en los tabernáculos eternos. 10Quien es fiel en lo
menudo, también lo será en lo grande y el que es injusto en lo mínimo, también lo
es en lo grande. 11Así pues, si en la riqueza injusta no fueron ustedes fieles, ¿quién
les confiará la verdadera? 12Y si no fueron fieles en lo de otro, ¿quién les dará lo
propio? 13Ningún criado puede servir a dos amos, porque odiará a uno y querrá al
otro, o a uno soportará y al otro lo despreciará. No se puede servir a Dios y a la
riqueza.
14
Oían todas estas cosas los fariseos, que amaban el dinero, y se burlaban de él.
15
Y les dijo: —Ustedes mismos se proclaman justos delante de los hombres, pero
Dios conoce sus corazones; porque lo más elevado entre los hombres es
abominación enfrente de Dios. 16La ley y los profetas llegaron hasta Juan; desde
entonces se predica el evangelio del reino de Dios y todos quieren forzosamente
entrar. 17Pero es más fácil que el cielo y la tierra pasen y no que caiga una sola letra
de la ley.76 18Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, es adúltero, y el que
se casa con la que fue repudiada por el marido, es también adúltero.

Había una vez un hombre rico, que vestía de púrpura y de lino finísimo y que
19

todos los días hacía opíparos banquetes. 20Y había un hombre pobre llamado
Lázaro, que estaba tendido delante de su portal, cubierto de llagas 21y que apetecía
comerse las migajas que caían de la mesa del rico, pero venían los perros y le lamían
las llagas. 22Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles del cielo al
seno de Abrahán; y también murió el rico y fue sepultado. 23Y en el infierno, alza los
ojos, pues está padeciendo tormentos, y ve desde lejos a Abrahán y a Lázaro, al lado
suyo, 77 24y dando grandes voces, dijo: “¡Padre Abrahán, compadécete de mí!, y
envía a Lázaro, que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque
sufro grandes dolores en esta llama”. 25Y Abrahán le contestó: “Hijo, acuérdate de
que tú recibiste durante tu vida los bienes que te correspondían y Lázaro recibió los
males. Ahora se le consuela aquí y tú sufres. 26Y de este modo, entre nosotros y
ustedes se extiende un gran abismo, de tal modo que los que quieran cruzarlo hasta
los evangelios 198

ustedes, no podrán hacerlo, y tampoco los que están allí podrán atravesar hasta
nosotros”.78 27Y él le dijo: “Te ruego, pues, padre, que lo envíes a casa de mi padre
28
porque tengo cinco hermanos; para que les dé testimonio, con el fin de que no
lleguen, también ellos, a este lugar de tormento”. 29Y Abrahán le contestó: “Tienen
a Moisés y a los profetas, ¡que los obedezcan!” 30Y él dijo: “No, padre Abrahán, pero
si alguno fuera desde los muertos hasta ellos, harían penitencia”. 31Y él le contestó:
“Si no obedecen a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni siquiera si resucita
uno de entre los muertos”.

Capítulo diez y siete


1
Y dijo a sus discípulos: —No puede concebirse que no haya escándalos, pero, ¡ay
de aquel por cuya causa vienen! 2 ¡Más le valdría que le pusieran al cuello una rueda
de molino y lo arrojaran al mar, antes que escandalizar a uno solo de estos pequeños!
3
Ustedes cuiden de sí mismos: si tu hermano cometiere un pecado, ¡repréndelo!, y si
se arrepintiere, ¡perdónalo! 4Y si siete veces al día pecara contra ti y siete veces
regresara a ti, diciendo: “Me arrepiento”, lo perdonarás.

Y los apóstoles dijeron al Señor: —Haz grande nuestra fe. 6Y el Señor les dijo:
5

—Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a esta morera:


“¡Desarráigate y plántate en el mar!”, y les obedecería.79
7
¿Quién de ustedes, si tiene a un siervo arando o cuidando del ganado, cuando
entra en casa, de regreso del campo, le dirá: “Pronto, entra y ponte a la mesa”, 8y no
le dirá, más bien: “Prepárame lo que voy a cenar, ponte el mandil y atiéndeme
mientras como y bebo, y después tú también comerás y beberás”? 9¿Acaso le
agradece al siervo haber hecho lo que le ordenó? 10Así también ustedes, una vez que
hayan hecho todas las cosas que les hayan ordenado, digan: “Somos unos siervos
inútiles, pero lo que teníamos que hacer, lo hemos hecho”.
199 ernesto de la peña

11
Y al ir camino a Jerusalén sucedió que cruzó por en medio de Samaria y Galilea
12
y al entrar en una aldea, se encontró con diez individuos leprosos, que se pararon
a lo lejos 13y levantaron la voz, diciendo: —Jesús, Maestro, ¡apiádate de nosotros!

Y al verlos, les dijo: —Vayan y preséntense frente a los sacerdotes. Y mientras


14

caminaban, quedaron curados.

Y uno de ellos, al observar que había sanado, regresó dando grandes voces y
15

alabando a Dios 16y cayó de bruces sobre el suelo, a sus pies, dándole las gracias y era
samaritano.80

Y Jesús, al contestarle, le dijo: —¿Acaso no quedaron curados los diez?,


17

¿dónde están los otros nueve? 18Y no se encontró, aparte de este extranjero, a quien
regresara para alabar a Dios. 19Y le dijo: —Levántate y vete: tu fe te ha salvado.

Y cuando le preguntaron los fariseos “¿Cuándo llegará el reino de Dios?”, les


20

contestó y les dijo: —El reino de Dios no ha de llegar tras una advertencia, 21ni se
dirá: “Allí está” o “aquí está” porque, observen, el reino de Dios está dentro de
ustedes.81 22Y a sus discípulos les dijo: —Han de llegar días en que ustedes van a
desear ver sólo uno de los días del Hijo del Hombre, pero no lo verán 23y les dirán:
“Aquí está” o “allí está”, pero no se aparten, ni vayan en su busca; 24porque, como
el relámpago que brilla desde un extremo del cielo hasta el otro extremo, así también
el Hijo del Hombre será en su propio día. 25Pero primero es necesario que él sufra
muchas cosas y que sea rechazado por esta generación. 26Y tal como sucedió en días
de Noé, sucederá también en los días del Hijo del Hombre.82 27Comían, bebían, se
casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca y cayó el diluvio
y acabó con todos. 28De la misma manera que pasó en los días de Lot: comían,
bebían, comerciaban, vendían, plantaban, edificaban, 29pero el día en que Lot salió
de Sodoma, llovieron fuego y azufre desde el cielo y acabaron con todos. 30Así
mismo sucederá en el día en que se revele el Hijo del Hombre. 31Aquel día, quien
esté en la azotea y tenga en la casa sus pertenencias, no debe bajar a tomarlas y quien
se encuentre en el campo no se vuelva hacia atrás. 32 ¡Acuérdense de la mujer de Lot!
33
Quienquiera que busque poner su vida a buen recaudo, la perderá, y aquel que
los evangelios 200

perdiere su vida la vivificará. 34Yo digo a ustedes: aquella noche estarán dos en una
misma cama: uno de ellos será aceptado y el otro será rechazado. 35Habrá dos yuntas
haciendo la molienda: una será tomada y la otra será rechazada.83

Y, como respuesta, le dicen: —¿Dónde, Señor? Y él les dijo: —Donde está el


37

cadáver se reúnen los buitres.84

Capítulo diez y ocho


1
Y también les decía una parábola acerca de que es necesario que ellos recen todo el
tiempo y no desfallezcan, 2diciéndoles: —Había una vez un juez en cierta ciudad
que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3Y en esa ciudad vivía también una
viuda que vino ante él, diciendo: “Hazme justicia frente a mi contrario”. 4Pero
durante cierto tiempo no quiso hacerlo, aunque después se dijo en sí mismo: “Bien
es cierto que no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5pero, puesto que esta viuda
me importuna, le haré justicia, no sea que, después de más tiempo, me siga todavía
molestando”. 6Y dijo el Señor: —¿Oyeron ya lo que dijo este juez injusto?85 7¿Acaso
Dios no se encargará de la justificación de sus elegidos, que la reclaman día y noche,
y será paciente con ellos? 8Yo les digo que les hará justicia con diligencia. Pero, en
verdad, cuando el Hijo del Hombre venga a la tierra, ¿encontrará fe en ella?
9
Y para aquellos que están convencidos de que son justos y no aprecian a los
demás, dijo la siguiente parábola: 10—Subieron dos hombres al templo, para rezar;
uno era fariseo; el otro, recaudador de impuestos. 11El fariseo, de pie, rezaba para sí
mismo, diciéndose estas cosas: “¡Oh, Dios!, te doy las gracias porque no soy como
los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros y que no soy como este recaudador
de impuestos; 12ayuno dos veces a la semana en sábado, doy diezmo de todo lo que
poseo”. 13Y el recaudador de impuestos, que estaba de pie, alejado, no quería
siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciéndose: “¡Oh Dios!,
¡ten piedad de mí, que soy pecador!”. 14Pues yo les digo que éste regresó justificado
201 ernesto de la peña

a su casa, más que aquél, porque todo el que se elogia a sí mismo, será humillado, y
el que a sí mismo se humilla, será ensalzado.

Y también le traían a niños, para que los tocara; pero los discípulos, al ver
15

aquello, los regañaban. 16Pero Jesús, llamándolos así, dijo: —Dejen que los niños
vengan a mí y no los estorben, porque de ellos es el reino de Dios. 17En verdad les
digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Y un hombre importante le preguntó, diciendo: —Maestro bueno, ¿qué debo


18

hacer para heredar la vida eterna? 19Y Jesús le contestó: —¿Por qué me llamas
bueno? Nadie es bueno, sino uno solo: Dios. 20Ya conoces los mandamientos: “No
cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre
y a tu madre”.86

Y él dijo: —He cumplido todas estas cosas desde mi juventud.


21

Y Jesús, después de oírlo, dijo: —Pues todavía te falta hacer una cosa: vende
22

todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres y tendrás tesoro en los cielos, y ven
acá y sígueme.

Pero él, al oír estas cosas se entristeció, porque era sumamente rico.
23

Y cuando Jesús vio que se había puesto triste, dijo: —¡Qué difícil es que los
24

que tienen riquezas entren en el reino de Dios! 25Porque es más fácil que un camello
pase por el ojo de una aguja y no que un rico entre en el reino de Dios.

Y los que estaban oyendo, dijeron: —Pues, ¿quién puede salvarse?


26

Y él les dijo: —Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
27

Pedro le dijo entonces: —Pues nosotros hemos dejado todas nuestras cosas
28

para seguirte.

Y él les contestó: —En verdad les digo que no hay nadie que haya dejado su
29

casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos a causa del reino de Dios 30que no reciba
mucho más en el tiempo presente y, en el siglo que ha de venir, la vida eterna.
los evangelios 202

Y llevándose consigo a los doce, les dijo: —Miren ustedes, subamos a Jerusalén
31

y se cumplirá todo lo escrito por los profetas respecto del Hijo del Hombre;
32
porque será entregado a los gentiles y será escarnecido, ultrajado y escupido,87 33y,
después de haberlo azotado, lo matarán y resucitará al tercer día.

Pero ellos no entendieron nada de esto y esto quedó oculto para ellos y no
34

sabían qué les decía.

Y sucedió que al llegar cerca de Jericó, un ciego estaba sentado al lado del
35

camino, pidiendo limosna. 36Y al oír el ruido de gente que pasaba, quiso saber de
qué se trataba 37y le dijeron: —Pasa Jesús, el nazareno.
38
Y. entonces dio voces, diciendo: —¡Jesús, hijo de David!, ¡ten misericordia de
mí!

Y los que venían delante, lo regañaban, diciéndole que se callara, pero él


39

gritaba mucho más, diciendo: —¡Hijo de David!, ¡ten misericordia de mí!


40
Y Jesús, deteniéndose, ordenó que lo llevaran frente a él. Y cuando lo tuvo
cerca, le preguntó: 41—¿Qué quieres que te haga? Y él contestó: —Señor, ¡haz que
vea! 42Y Jesús le dijo: —¡Ve!, tu fe te ha sanado.

Y en aquel mismo momento vio y se puso a seguirlo, alabando a Dios. Y toda


43

la gente que lo vio, alabó a Dios.

Capítulo diez y nueve


1
Y una vez que hubo entrado en Jericó, la iba atravesando. 2Y había un hombre,
llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos y rico. 3Y andaba tratando de ver cuál
era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de corta estatura. 4Y corrió
adelante y se subió a un sicomoro, para verlo, ya que tenía que pasar por allí.

Y Jesús, cuando llegó a ese lugar, levantó los ojos y le dijo: —Zaqueo,
5

apresúrate, baja, porque hoy he de hospedarme en tu casa.


203 ernesto de la peña

Y, dándose prisa, bajó del árbol y lo recibió con alegría. 7Y todos los que vieron
6

aquello, murmuraban diciendo: —Ha ido a hospedarse en la casa de un pecador.

Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: —He aquí, Señor, que doy la mitad de
8

mis bienes a los pobres y si obtuve con malas artes algo de alguien, se lo restituyo
cuatro veces.

Y Jesús le dijo: —Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque él también es


9

hijo de Abrahán 10y el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había
perdido.

Y ellos oyeron esto y él, prosiguiendo, expuso una parábola porque estaban
11

cerca de Jerusalén y ellos creían que el reino de Dios habría de manifestarse de


inmediato.

y dijo: —Un hombre noble se puso en camino hacia una región lejana para
12

tomar posesión de un reino y regresar. 13Y habiendo llamado a tres siervos suyos, les
entregó diez minas y les dijo: “Hagan negocios, mientras yo regreso”.

Pero los ciudadanos lo odiaban y enviaron tras él una embajada, diciendo: “No
14

queremos que éste reine sobre nosotros”. 15Y sucedió que después de que él volvió,
tras conseguir el reino, ordenó que se presentaran los siervos a quienes había
entregado el dinero, para enterarse de cuánto había ganado cada uno de ellos. 16Y se
presentó el primero y dijo: “Señor, tu mina dio diez minas de ganancia”.

Y él le dijo: “Bien, buen siervo, puesto que fuiste honrado en lo pequeño,


17

tendrás poder sobre diez ciudades”. 18Y llegó el segundo, diciendo: “Señor, tu mina
produjo cinco minas”. 19Y a éste, también le dijo: “Pues tú gobernarás a cinco
ciudades”. 20 Y vino el otro, diciendo: “Señor, aquí está tu mina, que tuve guardada
en un paño, 21porque te tenía miedo, pues eres hombre de carácter fuerte, tomas lo
que no pusiste y siegas lo que no sembraste”. 22Y él le dijo: “Por tu propia boca te
condenaré, mal siervo: ¿sabías que soy hombre de carácter fuerte, que tomo lo que
no puse y siego lo que no he sembrado?, 23pues, ¿por qué no entregaste mi dinero al
banco para que yo, al llegar, lo cobrara con intereses?”88 24Y a los que allí estaban,
los evangelios 204

dijo: “Quítenle la mina y dénsela al que tiene diez”. 25Y le dijeron: “Señor, tiene ya
diez minas”. 26 “Les digo a ustedes que a todo el que tiene se le dará y al que no tiene,
hasta lo que tiene le será quitado. 27Pero a aquellos enemigos míos, que no quisieron
que yo reinara sobre ellos, tráiganlos para acá y degüéllenlos enfrente de mí”.
28
Y una vez que hubo dicho estas cosas, continuó su camino, subiendo a
Jerusalén. 29Y sucedió que cuando llegó cerca de Betfagé y de Betania, en la falda del
monte llamado de los Olivos, despachó a dos de sus discípulos,89 30diciendo: —
Vayan a la aldea que está enfrente: al entrar en ella se van a encontrar a un burrillo
atado, sobre el cual nunca se ha sentado nadie; después de desatarlo, tráiganmelo 31y
si alguien les pregunta: “¿Por qué lo desatan?”, ustedes le contestarán: “Porque el
Señor lo necesita”.
32
Y se fueron aquellos a quienes había enviado y encontraron que todo estaba
como él les había dicho. 33Y estaban desatando al burrito cuando les preguntaron
sus dueños: “¿Por qué desatan al burrito?” 34Y ellos contestaron: “Porque el Señor
lo necesita”.
35
Y se lo llevaron a Jesús y habiendo echado sus mantos sobre el burrito,
subieron a Jesús en él. 36Y mientras él iba andando, le tendían debajo sus mantos,
por el camino.
37
Y cuando él estaba ya cerca de la bajada del Monte de los Olivos, todo el grupo
de los discípulos, regocijado, comenzó a alabar a Dios con grandes voces, por todos
los milagros que habían visto, 38diciendo:

Bendito sea el rey que viene en nombre del Señor.


¡En el cielo paz y gloria en las máximas alturas!
205 ernesto de la peña

Y algunos fariseos de en medio de la muchedumbre le dijeron: —Maestro,


39

reprende a tus discípulos. 40Y él, al contestarles, les dijo: —Digo a ustedes que si éstos
se callaran, las piedras se pondrían a gritar.

Y cuando estuvo cerca, al ver la ciudad, lloró por ella, 42diciendo: —¡Si
41

también tú supieras, hasta en este día, lo que conviene para tu paz!, pero ahora está
escondido de tus ojos. 42Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos trazarán
un cercado en torno tuyo y te sitiarán y te atacarán de todas partes 44y te arrasarán a
ti y a tus hijos, dentro de ti, y no dejarán piedra sobre piedra en ti, porque no
conociste el tiempo en que fuiste visitada.

Y al entrar en el templo, comenzó a expulsar de él a todos los que hacían


45

comercio, 46diciéndoles: —Está escrito: “Mi casa será casa de oración”, pero ustedes
la han convertido en cueva de ladrones.90

Y enseñaba cada día en el templo, pero los príncipes de los sacerdotes y los
47

escribas buscaban la manera de acabar con él y también la buscaba la gente


prominente del pueblo, 48pero no sabían qué hacer, porque el pueblo estaba como
embelesado oyéndolo.

Capítulo veinte
1
Y sucedió en uno de los días en que él estaba enseñando al pueblo en el templo y
predicándole el evangelio, que llegaron los sumos sacerdotes y los escribas, junto con
los ancianos 2y le dijeron: —Dinos con qué potestad haces estas cosas o dinos quién
te ha dado esta potestad.

Y él, como respuesta, les dijo: —Yo también voy a preguntarles algo: díganme,
3

4
el bautismo de Juan ¿provenía del cielo o de los hombres?
5
Y ellos razonaban dentro de sí mismos, diciéndose: “Si decimos que es del cielo,
nos dirá: «Pues entonces, ¿por qué no le creyeron?». 6Y si decimos que de los
los evangelios 206

hombres, todo el pueblo nos lapidará, porque están convencidos de que Juan era
profeta”.
7
Y le contestaron que no sabían de dónde provenía.
8
Y Jesús les dijo entonces: —Pues tampoco yo les digo con qué potestad hago
esto.
9
Y comenzó a decir al pueblo esta parábola: —Un hombre plantó una viña y la
arrendó a unos jornaleros y se fue del lugar durante un tiempo bastante prolongado.
10
Y en una ocasión envió a los jornaleros un criado, para que le dieran una parte del
fruto de la viña, pero los jornaleros, después de golpearlo, lo despacharon con las
manos vacías. 11Y envió entonces a otro criado y ellos, tras golpearlo y vejarlo,
también lo expulsaron con las manos vacías. 12Y envió todavía a un tercero y
aquéllos, tras golpearlo, lo expulsaron. 13Y entonces se dijo el dueño de la viña:
“¿Qué debo hacer? Enviaré a mi hijo querido; tal vez cuando vean a éste, le tengan
respeto”. 14Pero los jornaleros, cuando lo vieron, razonaron consigo mismos,
diciendo: “Éste es el heredero; ¡matémoslo!, para que la herencia sea nuestra”. 15Y
arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. Entonces, ¿qué les hará el dueño del
viñedo? 16Vendrá y acabará con estos jornaleros y dará el viñedo a otros. Y ellos, en
cuanto lo oyeron, dijeron: —No debe ser así.
17
Pero él, viéndolos, dijo: —¿Qué está escrito aquí?:

La piedra que desecharon los constructores


se ha convertido en el cimiento del ángulo.91

Todo aquel que cayere sobre aquella piedra, se hará pedazos, y aquél sobre el
18

que cayere quedará reducido a polvo.


207 ernesto de la peña

Y los escribas y los príncipes de los sacerdotes trataban de echarle mano en


19

aquella misma ocasión, pero tuvieron miedo del pueblo, puesto que comprendieron
que por ellos les había dicho aquella parábola.

Y como estaban buscando cómo atraparlo, mandaron a unos espías,


20

simulando que eran justos, para que aprovecharan algo que él dijera para entregarlo
al poder y a la autoridad del procurador.

Y le preguntaron, diciendo: —Maestro, sabemos que hablas y que enseñas lo


21

que conviene y que no te preocupa el exterior, sino que en verdad enseñas el camino
de Dios,92 22¿debemos pagar tributo al César o no?

Pero él, al comprender su malicia, les dijo: 24—Enséñenme un denario; ¿de


23

quién tiene la imagen y la inscripción? Y ellos le contestaron: —Del César. 25Y él les
dijo: —Pues entreguen al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.93

Y no pudieron aprovecharse enfrente del pueblo de lo que había dicho y,


26

asombrados de su respuesta, se callaron.

Y se le acercaron algunos saduceos, que sostienen que no hay resurrección, y


27

le preguntaron, 28diciendo: —Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si el hermano de


alguien muriera, teniendo esposa, pero sin tener hijos, que tome el hermano a la
mujer de él y le haga descendencia a su hermano”.94 29Pues había siete hermanos y
el primero de ellos, habiéndose casado, murió sin dejar hijos; 30y también el segundo,
31
y la tomó el tercero y así sucesivamente, hasta los siete, y no dejaron hijos y
murieron. 32Y al fin murió también la mujer. 33Pues bien, en la resurrección, ¿de cuál
de ellos será esposa, puesto que los siete la tuvieron por tal?

Y Jesús les dijo: —Los hijos de este tiempo se casan y las mujeres también,
34

35
pero los que sean considerados dignos de alcanzar el tiempo aquel y la resurrección
de entre los muertos, ni se casan ni son dadas en matrimonio, 36porque ya no podrán
morir, puesto que son iguales a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la
resurrección. 37Pero respecto de que los muertos resuciten, el propio Moisés lo
enseñó así al lado de la zarza, cuando dijo: “Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac
los evangelios 208

y Dios de Jacob”. 38Porque, en verdad, no es un Dios de muertos, sino de vivos,


porque para él viven todos.
39
Pero algunos de los escribas, respondiéndole, dijeron: —Maestro, dijiste muy
bien. 40Y ya no se atrevieron a preguntar nada.
41
Pero él les dijo: —¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?95 42
Cuando
el propio David dice, en el libro de los Salmos:

El Señor dijo a mi Señor:


“Siéntate a mi derecha
43
hastaque ponga a tus enemigos como banco para tus pies”.96

44
De manera que David lo llama Señor; entonces, ¿cómo es hijo suyo?
45
Y cuando todo el pueblo lo oía, dijo a sus discípulos: 46—Tengan cuidado con
los escribas, que quieren andar con largos mantos y gustan de que se les salude en las
plazas y que les den los primeros asientos en las sinagogas y los primeros sitiales en
los banquetes; 47que consumen las casas de las viudas y, como pretexto para hacerlo,
rezan largo tiempo, pues éstos recibirán una sentencia peor.

Capítulo veintiuno
1
Y, al alzar los ojos, vio a los ricos, que arrojaban sus donativos en el cofre de las
ofrendas,97 2y vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos monedas menores
3
y dijo: —En verdad les digo que esta viuda pobre echó más que todos, 4porque
todos éstos dan lo que les sobra como donativo, pero ella, tomando de su indigencia,
echó todo lo que tenía para sustentarse.
209 ernesto de la peña

Y como algunos decían que el templo estaba adornado de piedras preciosas y


5

de ofrendas, dijo: 6—De lo que están viendo, vendrán días en que no quedará una
piedra sobre otra, que no caiga por tierra.

Y le preguntaron, diciendo: —Maestro, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Cuál


7

es la señal de que esto está a punto de suceder? 8Y él les contestó, diciendo: —Vean,
no se engañen: porque han de venir muchos en nombre mío, diciendo: “Yo soy” y
“El tiempo ha llegado”; no vayan a ir detrás de ellos. 9Cuando oigan estrépito de
batallas y de sediciones, no vayan a tener pavor, porque es necesario que primero
pasen estas cosas, pero el fin no vendrá enseguida.

Y les decía entonces: —Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino,
10

11
y habrá grandes terremotos en muchos lugares, y pestes y hambrunas, y se verán
prodigios espantables y grandes signos que saldrán del cielo. 12Pero antes de todas
estas cosas, echarán mano sobre ustedes y los perseguirán, entregándolos a las
sinagogas y a las cárceles, serán llevados ante reyes y gobernadores a causa de mi
nombre, 13pero esto les sucederá como un testimonio. 14Así pues, graben en sus
corazones que no han de premeditar cómo van a hablar en defensa propia, 15porque
yo les daré boca y sabiduría, ante la cual no podrán resistir ni decir nada en contra
todos los enemigos de ustedes. 16Y serán entregados hasta por sus padres, hermanos,
parientes y amigos y algunos de ustedes serán muertos. 17Y serán odiados por todos
a causa de mi nombre, 18pero no caerá ni un solo pelo de su cabeza, 19con su
paciencia ganarán su vida.

Pero cuando vean que Jerusalén está rodeada de ejércitos, sepan que ha llegado
20

el momento en que será devastada. 21Entonces, los que estén en Judea, que huyan a
los montes, y los que se encuentren en el centro de ella, que se vayan, y quienes estén
en los campos, que no entren en ella, 22porque éstos son días de castigo, en que debe
cumplirse todo lo que está escrito. 23 ¡Ay de aquellas que tengan fruto en el vientre
y de las que estén amamantando en esos días! Porque habrá gran escasez sobre la
tierra e ira contra este pueblo 24y caerán a filo de espada y serán llevados presos a
los evangelios 210

todos los pueblos y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se hayan
cumplido los tiempos de éstos.
25
Y habrá signos en el sol y la luna y en las estrellas y en la tierra habrá gran
perturbación entre los pueblos debido al temor provocado por el bramido del mar
y de la tormenta, 26y los hombres desfallecerán por el temor y la expectación de lo
que ha de caer sobre todo el orbe de la tierra, porque los poderes del cielo serán
sacudidos, 27y verán entonces venir al Hijo del Hombre en una nube, con poder y
gloria grande.98 28Así pues, cuando empiecen a suceder estas cosas, levántense y
levanten la cabeza, porque su redención se aproxima.
29
Y les propuso una parábola: —Vean la higuera y todos los árboles, 30ya cuando
brotan, es suficiente verlos para darse cuenta de que ya está cercano el verano, 31y así
ustedes, cuando vean que estas cosas suceden, sepan que el reino de Dios está cerca.
32
En verdad les digo que no pasará esta generación sin que todo se haya cumplido;
33
el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 34Sean cautos, no sea que
sus corazones se hagan pesados a causa de los festines y las embriagueces y por las
preocupaciones de la vida y que, de improviso, salte ante ustedes aquel día. 35Porque
como lazo caerá sobre todos los que están sentados sobre la superficie de toda la
tierra. 36Por ello, estén pendientes todo el tiempo, rezando para tener la fuerza de
escapar de todas estas cosas que tendrán que suceder y para comparecer ante el Hijo
del Hombre.
37
Y se pasaba los días enseñando en el templo; pero las noches, al salir, se
albergaba en el monte llamado de los Olivos. 38Y todo el pueblo, desde la madrugada,
iba a él, al templo, para oírlo.

Capítulo veintidós
1
Y se aproximaba la fiesta de los panes ácimos, que se llama pascua.99 2Y buscaban
los príncipes de los sacerdotes y los escribas la manera de matarlo, porque temían al
pueblo.
211 ernesto de la peña

Pero Satanás entró en Judas, el apodado Iscariote, que formaba parte de los
3

doce. 4Y éste fue y habló con los príncipes de los sacerdotes y los capitanes acerca de
cómo se lo entregaría. 5Y ellos se alegraron y llegaron con él a un acuerdo: le darían
dinero. 6Y Judas empeñó su palabra y buscaba una buena ocasión para entregarlo
sin que la muchedumbre se percatara.

Y llegó el día de los ácimos, en que se debía sacrificar el cordero pascual.100 8Y


7

envió a Pedro y a Juan, diciendo: —Vayan y prepárennos la cena. 9Y ellos le dijeron:


—¿Dónde quieres que la preparemos? 10Y él les contestó: —Miren, cuando entren
en la ciudad van a encontrar a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo hasta
la casa en que entre. 11Y digan al amo de la casa: “El Maestro te manda decir:
«¿Dónde está el cuarto en que podré celebrar la pascua con mis discípulos?»”. 12Y
él les mostrará, en la parte alta de la casa, un salón grande, cubierto de tapices; allí
hagan los preparativos.
13
Y ellos fueron y encontraron todo como les había dicho y prepararon la pascua
14
y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él.

Y les dijo: —He deseado vivamente celebrar esta pascua con ustedes antes de
15

padecer. 16Porque les digo que nunca más la comeré hasta que se haya cumplido en
el reino de Dios.

Y tomó una copa, dio gracias y dijo: —Tomen esto y repártanlo entre
17

ustedes,101 18porque les digo que a partir de ahora, no volveré a beber del fruto de la
vid hasta que llegue el reino de Dios.

Y después tomó pan, dio gracias, lo partió y lo dio a ellos, diciendo: —Éste es
19

mi cuerpo, que se da por ustedes; hagan esto en recuerdo mío.

Y lo mismo hizo con el cáliz, después de haber cenado, diciendo: —Esta copa
20

es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama por ustedes. 21Pero he aquí la mano
del que me entregará, que está conmigo a la mesa. 22Porque el Hijo del Hombre,
según lo que está dispuesto, va por su camino, pero, ¡ay del hombre por el que es
entregado!
los evangelios 212

23
Y ellos empezaron a deliberar entre sí, preguntándose quién sería aquel de
entre ellos que haría tal cosa.
29
Y se suscitó una disputa entre ellos acerca de quién debía ser considerado el
más grande. 25Y él les dijo: —Los reyes de los pueblos los gobiernan y los que tienen
imperio sobre ellos son llamados bienhechores; 26pero no sucede lo mismo con
ustedes, puesto que el mayor de ustedes será como el menor y el que manda será
como el que sirve. 27Porque, ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa o el que
le sirve? ¿No lo es el que está a la mesa? Pues yo estoy entre ustedes como el que sirve.
28
Pero ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas102 29y yo les
asigno un reino, tal como mi padre me lo asignó a mí, 30¿para que coman y beban
sobre mi mesa en mi reino, y para que estén sentados en tronos, juzgando a las doce
tribus de Israel.
31
¡Simón, Simón!, mira que Satanás los ha buscado para cernirlos como al trigo,
32
pero yo he rezado por ti, para que tu fe no desfallezca y para que, cuando te
arrepientas, des firmeza a tus hermanos.

Y él le dijo: —¡Señor, contigo estoy preparado a ir aunque sea a la cárcel y a la


33

muerte! 34Y él le dijo: —Te digo, Pedro, que hoy no cantará el gallo hasta que hayas
negado tres veces que me conoces.
35
Y les dijo: —Cuando los mandé sin bolsa, ni morral, ni sandalias, ¿acaso
necesitaron algo? Y ellos dijeron: —Nada.

Y les dijo: —Pues ahora, sin embargo, el que tenga bolsa, que la tome y lo
36

mismo el morral, y que quien no la tenga venda su manto y se compre espada.


37
Porque les digo que tiene que cumplirse en mí aquello que está escrito: “Y fue
tenido por criminal”, porque lo que tiene relación conmigo, tiene su fin.103
38
Y ellos le dijeron: —Señor, ve: aquí hay dos espadas. Y él les dijo: —Es
suficiente.
213 ernesto de la peña

Y después de salir, se dirigió, según la costumbre, al Monte de los Olivos, y lo


39

siguieron también los discípulos. 40Y cuando estuvo en aquel lugar, les dijo: —
Recen, para no caer en tentación.

Y él se apartó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra y poniéndose de


41

rodillas, rezó, 42diciendo: —Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero que no se
haga mi voluntad, sino la tuya.

Y vio a un ángel que venía del cielo y le daba fuerzas. 44Y, puesto en agonía,
43

rezaba con mayor fervor. Y el sudor suyo se hizo como hilillos de sangre que caían
hasta la tierra. 45Y levantándose de rezar, llegó hasta sus discípulos y los encontró
dormidos, a causa de la tristeza. 46Y les dijo: —¿Por qué se quedaron dormidos?
¡Levántense y recen, para que no caigan en tentación!

Y estaba él hablando todavía cuando llegó una turba y el llamado Judas, uno
47

de los doce, iba al frente de ellos y se aproximó a Jesús para besarlo.

Pero Jesús le dijo: —Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
48

Entonces los que allí estaban, al ver lo que iba a pasar, le dijeron: —Señor,
49

¿heriremos con la espada? 50Y uno de ellos dio una cuchillada al siervo del sumo
sacerdote y le tajó la oreja derecha. 51Pero Jesús dijo: —¡Déjalo hasta ese punto! Y le
tocó la oreja y lo sanó.

Y Jesús dijo a los que habían llegado a él, príncipes de los sacerdotes, guardianes
52

del templo y ancianos: —Como contra un ladrón salieron, con espadas y palos.
53
Aunque yo estaba todos los días con ustedes en el templo, no extendieron las
manos contra mí; pero ésta es la hora de ustedes y del poder de las tinieblas.

Y una vez que lo hubieron apresado, lo condujeron a la casa del sumo


54

sacerdote. Y Pedro lo iba siguiendo, desde lejos. 55Y cuando encendieron una
hoguera en medio del patio y se sentaron alrededor, Pedro se sentó en medio de ellos.
56
Y lo vio una criada sentado junto a la lumbre y mirándolo con fijeza, dijo: —Éste
también andaba con él.
los evangelios 214

57
Pero él lo negó, diciendo: —Mujer, no lo conozco.
58
Y un poco después, otro dijo, al verlo: —Tú también eres uno de ellos. Pero
Pedro dijo: —Hombre, no lo soy. 59Y cuando había pasado como una hora, otro
insistió, diciendo: —En verdad que éste también estaba con él, porque es galileo.
60
Y Pedro le dijo: —Hombre, no entiendo lo que quieres decir. Y en ese
momento, mientras él estaba hablando todavía, el gallo cantó. 61Y el Señor,
volviéndose, miró a Pedro y se acordó Pedro de la palabra del Señor cuando le dijo:
“Antes de que cante el gallo hoy, me negarás tres veces”. 62Y saliendo afuera, lloró
amargamente.
63
Y los hombres que lo retenían prisionero, lo escarnecían, golpeándolo, 64y
habiéndole cubierto los ojos con un velo le preguntaban, diciendo: —Adivina quién
te hirió. 65E injuriándolo, decían otras muchas cosas en contra de él.
66
Y cuando llegó el día, se reunieron el senado del pueblo, los príncipes de los
sacerdotes y los escribas y lo llevaron ante su consejo, 67diciéndole: —Si tú eres el
Mesías, dínoslo. Y él les dijo: —Aunque lo diga, no me creerían.104 68Y aunque les
pregunte, no me han de contestar. 69Pero a partir de hoy, el Hijo del Hombre estará
sentado a la diestra del poder de Dios.105

Y todos dijeron: —Entonces, ¿tú eres el hijo de Dios? y él les contestó: —


70

Ustedes dicen que lo soy. 71Y ellos dijeron: —¿Qué otro testimonio necesitamos?,
puesto que nosotros mismos hemos oído esto de su boca.

Capítulo veintitrés
1
Y se levantó toda la muchedumbre y lo llevó ante Pilatos. 2Y comenzaron a acusarlo,
diciendo: —Hemos encontrado a éste desorientando a nuestra gente y prohibiendo
que se dé tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey.106

Y entonces Pilatos lo interrogó, diciendo: —¿Eres tú el rey de los judíos? Y él,


3

como contestación, le respondió: —Tú lo dices.


215 ernesto de la peña

Y Pilatos dijo a los príncipes de los sacerdotes y a la muchedumbre: —No


4

encuentro crimen alguno en este hombre. 5Pero ellos insistían, diciendo: —


Insubordina al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí. 6Pero
Pilatos, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo. 7Y al saber que era de la
jurisdicción de Herodes, lo remitió a éste, que estaba también en Jerusalén por
aquellos días.

Y Herodes, al ver a Jesús, se alegró sobremanera, porque desde mucho tiempo


8

antes estaba deseando verlo, porque oía decir muchas cosas de él y esperaba ver que
hiciera algún milagro. 9De manera que le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le
contestó nada. 10Y allí estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas
acusándolo con vehemencia.

Pero también Herodes, después de que lo hubo insultado y se hubo burlado


11

de él junto con su soldadesca, hizo que lo vistieran con una ropa vistosa y lo devolvió
a Pilatos. 12Y aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilatos, puesto que antes
había habido enemistad entre ellos.

Y Pilatos, tras convocar a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al


13

pueblo,107 14les dijo:

—Me han traído a este hombre diciendo que desorienta al pueblo y yo, tras
haberlo examinado en presencia de ustedes, no he encontrado en él ninguno de los
crímenes de que ustedes lo acusan. 15Y tampoco lo ha encontrado culpable Herodes,
puesto que nos lo devolvió y miren que no ha hecho nada que merezca la muerte,
16
de manera que, después de darle un escarmiento, lo pondré en libertad.

Porque en esta fiesta tenían que liberar a alguien. 108 18Pero ellos gritaron,
17

todos al unísono, diciendo: —¡Detén a éste y suéltanos a Barrabás!,109 19quien, por


una sedición en la ciudad y por un homicidio que había cometido, había caído en la
cárcel.

De nuevo, pues, Pilatos les dirigió la palabra, pretendiendo liberar a Jesús,


20

21
pero ellos contestaban a gritos, diciendo: —¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo!
los evangelios 216

22
Y él, por tercera vez, les dijo: —¿Qué mal ha hecho éste? No he encontrado en
él ningún motivo para que se le dé muerte; por lo tanto, lo dejaré en libertad, después
de castigarlo.
23
Pero ellos insistían con grandes voces, pidiendo que se lo crucificara y sus
voces prevalecían 24y entonces Pilatos determinó que se procediera de acuerdo con
su petición. 25Y por eso, liberó al que pedían, encarcelado por rebelión y homicidio,
y a Jesús lo entregó para que hicieran con él lo que quisieran.

Y cuando lo llevaban, echaron mano de un tal Simón Cireneo, que venía del
26

campo, le pusieron encima la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.110 27Y una
gran muchedumbre del pueblo y de mujeres iba siguiéndolo y éstas lloraban y se
lamentaban por él.
28
Y Jesús, volviéndose hacia ellas, dijo: —Hijas de Jerusalén, no lloren por mí,
lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos, 29porque vendrán días en que
dirán: “Dichosas las estériles y los vientres que no dieron a luz y los pechos que no
amamantaron”; 30entonces comenzarán a decir a los montes: “Caigan sobre
nosotras”, y a las colinas: “Cúbrannos”.111 31Porque si con el leño verde hacen esto,
¿qué harán con el seco?
32
Y también eran llevados con él otros dos, unos malhechores, para ser
ejecutados.

Y cuando llegaron al lugar que se llama Cráneo, allí lo crucificaron, a él y a los


33

malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.112


34
Y Jesús dijo: —Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y ellos se
repartieron sus ropas y las echaron a la suerte.113 35Y el pueblo estaba mirando y los
magistrados se burlaban de él, diciendo: —A otros salvó, ¡que se salve a sí mismo, si
es el Mesías, el elegido de Dios! 36Y también se burlaban los soldados, acercándose a
él y ofreciéndole vinagre114 37y diciendo: —Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti
mismo!
38
Y había encima de él una inscripción que decía: “Éste es el rey de los judíos”.
217 ernesto de la peña

Y uno de los malhechores que estaban colgados junto con él lo insultaba,


39

diciendo: —¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! 40Pero el otro,


respondiendo, lo reprendió, diciendo: —¿Ni siquiera temes a Dios cuando estás con
él sufriendo el mismo castigo? 41Porque nosotros recibimos lo que corresponde a lo
que hicimos, pero éste no hizo nada indebido.

Y a Jesús le dijo: —Señor, ¡acuérdate de mí cuando llegues a tu reino! 43Y Jesús


42

le contestó: —En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Y ya era hacia la hora de sexta y cayeron tinieblas sobre toda la tierra hasta la
44

hora de nona115 45y el sol se eclipsó y el velo del templo se rasgó por la mitad.

Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: —¡Padre, en tus manos encomiendo mi


46

espíritu! Y dicho esto, exhaló el espíritu.116

Y el centurión, al ver lo que había pasado, glorificó a Dios, diciendo: —En


47

verdad que este hombre era inocente.

Y todas las turbas que se habían congregado para contemplar este espectáculo,
48

al ver las cosas que pasaban, se regresaron, golpeándose el pecho. 49Y a lo lejos
estaban viendo estas cosas todos los que lo conocían y las mujeres que lo habían
acompañado desde Galilea.

Y he aquí que un hombre llamado José, que era miembro del consejo, hombre
50

bueno y justo,117 51no había estado de acuerdo con la decisión ni con las acciones
que habían llevado a cabo. Procedía de Arimatea, ciudad de los judíos, y también él
esperaba el reino de Dios. 52Y llegando ante la presencia de Pilatos, pidió el cuerpo
de Jesús. 53Y tras bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo puso en un
sepulcro que estaba abierto en la peña, donde todavía nadie había sido enterrado.
54
Y era día de la preparación y apuntaba ya el sábado. 118 55Y las mujeres que lo
habían seguido y que habían venido junto con él de Galilea, miraron el sepulcro y
cómo fue colocado allí su cuerpo 56y regresaron, prepararon aromas y ungüentos, y
el sábado, de acuerdo con lo ordenado, se estuvieron quietas.
los evangelios 218

Capítulo veinticuatro
1
Y el día primero de la semana, muy temprano, llegaron al sepulcro trayendo los
ungüentos que habían preparado.119 2Y encontraron que la losa del sepulcro había
sido removida 3y cuando entraron, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
4
Y sucedió que mientras estaban ellas allí, sin saber qué pensar acerca de esto,
dos varones de vestiduras relampagueantes se pusieron enfrente de ellas. 5Y como
ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro hacia el suelo, les dijeron: —¿Por qué
buscan entre los muertos al que está vivo? 6No está aquí: resucitó. Recuerden lo que
les dijo cuando estaba todavía en Galilea, 7diciendo que es necesario que el Hijo del
Hombre sea entregado a las manos de hombres pecadores y sea crucificado y que
resucite al día tercero.
8
Y recordaron entonces las palabras de él. 9Y regresaron del sepulcro y llevaron
estas noticias a los once y a todos los demás. 10Y eran María, la Magdalena, y Juana y
María, la de Santiago y sus demás compañeras, quienes dijeron estas cosas a los
apóstoles.120

Y declararon estas cosas ante ellos, pero tomaron lo que decían como
11

palabrería hueca y no les creyeron. 12Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro y al


asomarse vio la mortaja sola y se fue a su casa, maravillado de lo que había sucedido.
13
Y he aquí que dos de ellos iban, el mismo día, caminando a una aldea que
estaba a sesenta estadios de Jerusalén, cuyo nombre era Emaús. 121 14E iban
platicando de todas las cosas que habían ocurrido 15y mientras conversaban y
discutían sucedió que el mismo Jesús se acercó a ellos y comenzó a caminar a su lado.
16
Pero los ojos de ellos estaban bajo dominio para que no lo reconocieran.122 17Yles
dijo: —¿De qué van platicando mientras caminan? Y se detuvieron con el rostro
compungido.
18
Y uno, de nombre Cleofas, contestándole, le dijo

—¿Eres el único que está de paso en Jerusalén y no ha sabido las cosas que han
sucedido en ella en estos días?
219 ernesto de la peña

Y él les preguntó: —¿Cuáles? Y ellos contestaron: —Las relativas a Jesús, el


19

nazareno, que fue profeta, poderoso en palabras y obras delante de Dios y de todo
el pueblo; 20y cómo lo entregaron los príncipes de los sacerdotes y los magistrados
nuestros a un juicio de muerte y lo crucificaron. 21Nosotros, en realidad,
esperábamos que él fuera el que redimiría a Israel; pero, a pesar de todas estas cosas,
ya es el tercer día desde que sucedieron. 22Es verdad que algunas mujeres de entre
nosotros nos han asustado porque, habiendo ido al sepulcro, temprano por la
mañana, 23no encontraron su cuerpo y vinieron entonces diciendo que habían
tenido una visión de ángeles que afirman que está vivo. 24Y algunos de los nuestros
fueron al sepulcro y encontraron que estaba tal como habían dicho las mujeres, pero
a él no lo vieron.

Y él les dijo: —¡Oh, tontos, lentos de corazón para creer en todas las cosas que
25

dijeron los profetas! 26¿No convenía, acaso, que el Mesías padeciera estas cosas y
entrara en su gloria?

Y, comenzando por Moisés y todos los demás profetas, les fue interpretando
27

las cosas que, relativas a él, están en todas las escrituras.

Y al llegar a la aldea a la que se dirigían, él fingió que iba todavía más lejos.
28

29
Pero le insistieron, diciendo: —¡Quédate con nosotros, porque ya es sobremanera
tarde, pues ya ha caído el día! Y entró a descansar con ellos.

Y sucedió que, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo y
30

lo partió y lo dio a ellos. 31Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero
él desapareció de enfrente de ellos. 32Y se dijeron entonces uno al otro: —Pues, ¿no
se nos quemaba el corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba por el camino y
nos explicaba las Escrituras?

Y en aquel mismo momento se levantaron y regresaron a Jerusalén y se


33

encontraron a los once reunidos y a los que andaban con ellos, 34y decían: —El Señor
resucitó realmente y lo vio Simón. 35Y relataron lo sucedido en el camino y cómo lo
habían reconocido cuando partió el pan.
los evangelios 220

36
Y estaban hablando de estas cosas cuando él se puso en medio de ellos y les
dijo: —La paz sea con ustedes.
37
Pero ellos, asombrados y llenos de espanto, creían que estaban viendo a un
espíritu.

Y les dijo: —¿Por qué están turbados y por qué se hacen tantas ideas en su
38

corazón? 39Vean mis manos y mis pies: soy yo mismo: ¡pálpenme! Dense cuenta de
que un espíritu no tiene carne ni huesos, como están viendo que yo tengo.

Y al decir eso, les enseñó las manos y los pies. 41Y como todavía no creían,
40

debido a la alegría y al azoro, les dijo: —¿Tienen aquí algo de comer?


42
Y ellos le llevaron un trozo de pescado asado. 43Y tomándolo, comió a la vista
de ellos 44y les dijo: —Esto les quería decir cuan estaba con ustedes: que era necesario
que se cumpliera todo lo escrito acerca de mí en la ley de Moisés y en los profetas y
los salmos.
45
Y entonces les abrió la inteligencia para que entendieran las Escrituras 46y les
dijo: —Así estaba escrito: era menester que el Mesías padeciera y que resucitara de
entre los muertos al tercer día 47y que, en nombre suyo, el arrepentimiento para el
perdón de los pecados se predicara a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
48
Ustedes son testigos de todo eso 49y yo les voy a enviar ahora lo que les ha
prometido mi padre. Quédense en la ciudad hasta que desde las alturas los revistan
de fuerza.
50
Y los llevó fuera, hasta Betania, y alzando las manos, los bendijo. 51Y cuando
les dio la bendición, se separó de ellos y fue elevado al cielo.

Y ellos, tras adorarlo, regresaron a Jerusalén con gran alegría.


52 53
Y estaban
continuamente en el templo alabando a Dios.
221 ernesto de la peña

Notas

1 Algunos estudiosos han supuesto que Teófilo fue un importante ciudadano de


Antioquía, a quien San Lucas dedicó su evangelio. Otros creen que se trata de una simple
ficción literaria y otros más, en fin, lo identifican con el Teófilo mencionado en los Hechos
de los apóstoles, obra atribuida también a San Lucas. Quienes han supuesto que Teófilo es
un personaje real, suponen también que se convirtió al cristianismo. De hecho, no se puede
afirmar nada de él de manera irrefutable.

2 Esta afirmación hace pensar, de manera razonable, que el destinatario del escrito de San
Lucas había recibido un determinado adoctrinamiento en el cristianismo.

3 El rey Herodes, aquí mencionado, es el llamado “el Grande”, cuyo reinado se inició el
año 40 a. C. y concluyó el 4 antes de nuestra era. Zacarías pertenecía al turno o clase
sacerdotal de Abdías, que es la octava de las veinticuatro instituidas. Ambos, él y su mujer
Isabel (o Elizabet), son padres de San Juan Bautista.

4 Se perfila, desde este versículo, el carácter excepcional de la concepción y el nacimiento


de San Juan Bautista, a quien se ha llamado “el gran precursor”.

5 La ofrenda del incienso era un honor que, según el Talmud (Tamid, V, 2), recaía sólo
una vez en la vida de cada sacerdote; por ello tenía tal importancia.

6La divinidad de Cristo, que sostiene Lucas, queda enunciada en este versículo, puesto
que lo llama “hijo del Altísimo”. Además, su carácter de Mesías eterno se pone de
manifiesto en que, dice Lucas., reinará por siempre sobre la “casa de Jacob”, esto es, sobre
Israel. Las concepciones mesiánicas judías de esa época proponen a un Mesías temporal,
cuya función primordial es liberar a los judíos de cualquier tipo de servidumbre, tras
restaurar el reino de David.

7 Esta hermosísima oración, pues eso es, llamada tradicionalmente “La Magnífica” (por la
palabra que la encabeza en la versión latina: “Magnificat”) es un himno de gloria a la
voluntad divina. Algunos exégetas eminentes (como Loisy y Harnack) afirman que, en
realidad, este himno fue pronunciado por Isabel y no por María. Se apoyan,
fundamentalmente, en que en algunos textos de la versión latina llamada Vetus latina
(anterior a la versión de San Jerónimo, que es la tradicional de la Iglesia católica) se añade,
al principio del versículo 46, “E Isabel dijo”. Sin embargo, pese a que podría ser un poema
de agradecimiento y alabanza de parte de Santa Isabel, el contenido mismo del pasaje
parece confirmar la atribución tradicional.

8 Al hablar del censo general, Lucas fija un mareo temporal, puesto que menciona por
nombre al emperador Augusto (30 a. C. a 14 de nuestra era). Una grave dificultad histórica
es que, según la abundante documentación de que se dispone, Augusto nunca ordenó tal
censo general. Para mayores detalles al respecto, consúltese la nota siguiente.

9 Para definir con mayor precisión el momento del empadronamiento, Lucas dice que se
hizo cuando Cirenio gobernaba en Siria. A la dificultad histórica señalada en la nota
anterior, hay que añadir las siguientes que, hasta el momento, no se han podido resolver
de manera totalmente satisfactoria: puesto que Herodes era una especie de “rey asociado”,
no podía celebrarse tal censo en Palestina; según el testimonio del historiador judío Flavio
Josefo (Antigüedades judías 18, 1, 1) y los Hechos de los apóstoles (5, 13), el
empadronamiento de tiempos de Cirenio se hizo el año seis de nuestra era, pues a partir de
esta fecha dicho funcionario fue gobernador de Siria, en calidad de “legado” (el censo al
que alude Lucas debe situarse hacia el año 6 antes de nuestra era; por otra parte, dicho
empadronamiento tomó mucho tiempo para terminarse). Las respuestas que se han dado
a estas objeciones a la historicidad del empadronamiento que menciona Lucas son las
siguientes: es posible que haya habido un censo general en tiempos de Augusto; dicho
empadronamiento se inició hacia el año 12 antes de Cristo y terminó unos cuatro años más
tarde. No debe tomarse demasiado en cuenta la condición de “rey asociado” de Herodes,
puesto que pudo haberse hecho tal censo en sus tiempos, aunque jurídicamente no era
correcto. La aseveración de Flavio Josefo, aunque es correcta, debe entenderse sólo en el
sentido de que el empadronamiento que se hizo en tiempos de Herodes no tuvo verdadera
trascendencia política y que, por ello, no lo tomó en cuenta el gran historiador.

10 Ex 13, 2, 12, 15.

222
11 A los cuarenta días (u ochenta, si era niña), la recién parida debía presentarse en el templo

y entregar al sacerdote un cordero de un año, para el holocausto, y un pichón o tórtola


como sacrificio de expiación.

12 Quienes “esperaban la retribución de Israel” estaban esperando, en realidad, al Mesías,


mencionado en esta imagen. El origen se encuentra en el profeta Isaías (61, 2), que así
designa al salvador de Israel.

13 Este Simeón aparece mencionado en el apócrifo llamado Protoevangelio de Santiago. Su

testimonio sirve para confirma, una vez más, el carácter divino de Cristo.

14 Esto es, “las ideas (o pensamientos) de muchos”.

15 Estas palabras de Cristo, por la edad que tiene en el momento en que las pronuncia, son

las primeras que nos trasmiten de él los evangelios canónicos.

16 1 Sm, 2, 26; Pr 3, 4.

17 El propósito de Lucas es datar con la mayor exactitud posible los hechos de la vida de
Jesús. El dato más firme de todos los que aquí inserta el evangelista es el del año 15 del
reinado de Tiberio; puesto que Augusto murió el 19 de agosto del año 14 de nuestra era,
el año mencionado corresponde al lapso que va del 19 de agosto del 28 al 18 de agosto del
29. En este cómputo están de acuerdo casi todos los historiadores y cronógrafos que se han
ocupado de este importantísimo pasaje. Pero hay que tomar en cuenta que el sistema
oriental de medir el tiempo no coincidía plenamente con el romano. En Palestina se usaba
el año siriaco desde la época de los seléucidas y este año comenzaba el primero de octubre.
Así pues, el año 15 de Tiberio César duró desde el primero de octubre del 27 al 30 de
septiembre del 28. Quienes pretenden contar los años de Tiberio desde que fue corregente
no están de acuerdo ni con la costumbre romana ni con los cómputos orientales. Por una
serie de datos, cuya enumeración está de sobra aquí, se sabe que los periodos en que los
demás funcionarios mencionados ocuparon los cargos que el evangelista enumera son los
siguientes: Poncio Pilato fue gobernador del 26 al 36; Herodes Antipas (hijo de Herodes

223
el Grande) gobernó Galilea y Perea del 4 al 39; Filipo, su hermano, ocupó el cargo de
gobernador del 4 al 34. Se sabe que Lisanias fue tetrarca hasta alrededor del año 37. Por lo
que respecta a los sacerdotes sabemos que el único que tenía la dignidad de sumo sacerdote
era Caifás, que la tuvo del 18 al 36, en tanto que su suegro, Anás, que había ocupado tal
puesto del 6 al 15, seguía gozando de mucha influencia y un gran respeto en tiempos de
Cristo.

18 Este versículo no sólo delinea los límites en que se desarrolló la actividad del precursor,
sino que reafirma la condición de tal para San Juan Bautista e introduce la idea del
bautismo para la redención de los pecados, si va precedido de la confesión y acompañado
por la penitencia. En el Antiguo Testamento, el bautismo servía para purificación legal (se
conoce su empleo para enfermos, impurezas sexuales o respecto de impureza resultante de
tocar un cadáver). Esta función purificadora servía también para los objetos. El término
griego empleado para aludir a la penitencia es metánoia, cuya acepción primera es cambio
de mentalidad o, en sus derivaciones cristianas, cambio de actitud moral.

19 Is 40, 3, 5.

20 Según el anuncio del Bautista, el que ha de seguirlo ya no bautizará a los hombres en


agua, sino en el Espíritu Santo y en fuego. Con ello se alude a la purificación interna,
definitiva, al renacimiento del alma por virtud de la adopción de las verdades cristianas.

21Herodes Antipas estaba cometiendo una forma especialmente grave de adulterio al


haberse unido a Herodías, que había sido la mujer de su hermano, y que era, además,
sobrina suya, por ser hija de Aristóbulo, hijo de Herodes el Grande, y de Mariamne II, en
tanto que Herodes Antipas era hijo del mismo soberano y de Maltace, la samaritana. Estas
cónyuges del gran Herodes fueron, respectivamente, la tercera y la cuarta (Herodes se casó,
en total, diez veces). Por ende, las acusaciones del Bautista son especialmente molestas para
él y para Herodías. La consecuencia, la decapitación del Bautista, es uno de los episodios
más patéticos del evangelio. La historia final del Bautista no la registra Lucas; sólo la
consignan Mateo (14, 6-12) y Marcos (6, 21-29).

224
22En el Nuevo Testamento hay dos genealogías de Cristo: la de Mateo (1, 2-17) y la de
Lucas, que es la aquí considerada. El procedimiento que siguen ambos evangelistas es
recíprocamente inverso: mientras que Mateo parte de Abrahán y va por línea descendente
hasta llegar a José, Lucas asciende desde Cristo hasta Adán y, de allí, a Dios. Es mucho más
prolija y pormenorizada la genealogía que nos brinda San Lucas: 76 antepasados antes de
llegar a Dios, que vendría a ser el número 77, frente a 42 descendientes en el caso de Mateo.
Es evidente que, en el caso de Mateo, se suprimieron algunos nombres, puesto que la
intención primaria del evangelista era sólo demostrar la ascendencia davídica de Cristo.
San Lucas, por lo contrario, pretende hacer patente no sólo esta sangre real que corre por
las venas de Cristo, sino, de manera más universal, su origen divino. Es muy posible que
Lucas haya tomado los datos de su lista genealógica de la traducción griega de los Setenta,
ya que uno de los nombres que menciona (Cainán, hijo de Arfaxad), sólo aparece en esta
famosísima versión.

23 Las intenciones de esta genealogía parecen ser, fundamentalmente, dos: demostrar que
Cristo es el Mesías de origen davídico que los judíos estaban esperando y hacerles saber que
su mensaje y el sentido de su misión en este mundo tienen alcance y proyección universales.
Entre los antepasados de Jesús figuran David y Dios. De manera tácita se está afirmando,
quizás, la doble naturaleza, humana y divina, del redentor.

24La tentación de Cristo, es lo que parece lícito inferir del texto, dura todos los cuarenta
días que pasa en el desierto. Después de esta larga prueba, siente hambre, pero le están
reservadas las tres peores tentaciones, que son las que a continuación le plantea el demonio.

25 Dt 8, 3.

26 Dt 6, 13.

27 Sal 91, 11.

28 Sal 91, 12.

29 Dt 6, 16.

225
30 Is 6, 1-2; 58, 6.

31 El poder taumatúrgico de Jesús se manifiesta, entre otras maneras, por su capacidad para
expulsar demonios. El hecho de que los demonios que se alojan en ciertos cuerpos
reconozcan el poder superior de Cristo, sepan su nombre y tengan que ceder ante su fuerza
y abandonar el espíritu que han atormentado, es un reconocimiento de la supremacía de
Jesús sobre el poder de las tinieblas y, por otra parte, una muestra de la universalidad del
poder del bien, que ha de triunfar al final de los tiempos.

32Cristo prohíbe a los demonios que proclamen que él es el Mesías, es decir, el Cristo, ya
que los judíos (cuando menos la mayoría, no preparada para esta revelación) no deben
saber esto, por el peligro de que lo interpreten en el sentido de un Mesías nacionalista, cuya
misión consiste en la liberación del pueblo de Israel de manos de sus enemigos y la
proclamación de su soberanía. Esta concepción del Mesías, que fue muy común en
tiempos de Cristo, podía acarrear represiones de parte de los romanos a las revueltas que
podrían organizar los propios judíos. La misión divina que Jesús ha recibido no se reduce
a esta querella entre dos naciones, sino a la salvación del género humano. Recordemos,
para entender mejor el pasaje, que reconocer en Jesús al “Cristo” era ver en él al “Mesías'',
ya que las dos palabras indican el mismo concepto, en griego la primera y en hebreo (y
arameo) la segunda.

33 Leví, que es recaudador de impuestos, pertenece o grupo social que los judíos veían con
malos ojos por estar muchos de ellos al servicio de los romanos. En este caso concreto, pese
a las muchas discusiones que se han suscitado al respecto, parece tratarse de Mateo, el
apóstol y autor del primer evangelio canónico, personaje histórico que es conocido, pues,
bajo dos nombres, aunque el primero (Leví) no goce de la fama que el otro (Mateo) ha
disfrutado en la tradición cristiana. Por otra parte, los judíos, temeroso siempre de herejías
y diferencias religiosas o teológicas, que tan a menudo surgían en medio de ellos, recelan
de cualquier guía de masas, como Jesús, que no se somete a la autoridad del sanedrín y
hasta llega a provocarlo, como una prueba de estar al margen del judaísmo oficial. Hasta la
fecha, Cristo es considerado por ellos como un falso Mesías.

226
34Todo parece indicar que este núcleo original de doce discípulos puede considerarse la
única “escuela” directa de Cristo, puesto que él mismo los seleccionó de entre todos sus
seguidores. El nombre de apóstoles que les da, significa, literalmente, “enviados”, ya que
les corresponderá la labor de andar difundiendo el mensaje cristiano por todo el mundo
conocido, en carácter de embajadores o enviados de la palabra divina.

35 Las listas de los apóstoles que aparecen en los tres primeros evangelistas, llamados por lo

general “los sinópticos”, y en los Hechos de los apóstoles, concuerdan en los nombres,
aunque no en el orden. El Evangelio de Juan menciona por nombre sólo a seis (Andrés,
Simón, Felipe, Natanael, Tomás y Judas Iscariote), a otros dos los llama “hijos del
Cebedeo” y, finalmente, habla de otra pareja de apóstoles, sin mencionar sus nombres.

36 El término griego que se emplea para designar a Judas en su carácter de traidor (prodótes)
significa también “desertor”.

37 Lucas ofrece sólo cuatro bienaventuranzas, a diferencia de Mateo. Las bienaventuranzas


van seguidas de cuatro imprecaciones y el texto todo del pasaje es directo y coloquial. En
opinión de muchos exégetas o intérpretes de la Sagrada Escritura, el hecho de que Cristo
se dirija directamente a los discípulos tiene un sentido universal y debe entenderse que las
acciones aquí consideradas y recomendadas (la ley de la caridad, por ejemplo) deben ser la
norma de todo cristiano que se encuentre en las mismas circunstancias.

38 Is 6, 9, 10.

39 Mal 3, 1; Ex 23, 20.

40 El denario (de donde proviene la palabra “dinero”) era una moneda romana, de plata,
que tenía un valor igual al de una dracma griega. Para tener una idea aproximada del valor
de esta moneda, baste decir que servía para pagar el sueldo de un día a un jornalero que
trabajaba en un viñedo. Dicho en términos mexicanos modernos, era el salario mínimo
diario.

227
41 El nombre de los habitantes de este lugar ha dado mucho trabajo a los comentaristas. En
efecto, la ciudad de Gerasa (de donde proviene el gentilicio “geraseno”) se encuentra en
Transjordania y fue fundada, posiblemente, en tiempos de Antíoco IV, Epífanes, uno de
los descendientes de Alejandro Magno. La objeción que hacen los entendidos a que se trate
de esta ciudad en este pasaje es que en el pasaje paralelo de Marcos (5, 1) se dice que el
dominio de esta ciudad se extendía “hasta la otra orilla” del lago de Genesaret, lo cual no
puede decirse de la ciudad de Gerasa. Se ha supuesto, entonces, que puede tratarse de la
ciudad de Gergesa, pero las investigaciones más modernas se inclinan a creer que el
topónimo proviene de Orígenes que, a su vez, lo tomó de una tradición local poco digna
de confianza. En general, los comentaristas contemporáneos apoyan la tesis de que se trata
de Gadara, nombre sometido a una gran corrupción textual. Gadara es una fortaleza
helenística construida en Transjordania, unos diez kilómetros al sureste del lago de
Genesaret y perteneciente a la Decápolis.

42 En pasajes paralelos, hemos comentado que el poder de Cristo sobre los demonios hacía

que éstos se sometieran por anticipado a sus mandatos, vencidos por su potencia superior.
En este caso, hay una efímera rebeldía de parte de un espíritu impuro que, por el nombre
que tiene, parece hablar por otros muchos, que están bajo su mando. De allí el nombre
“Legión”, con idéntico sentido al que tiene actualmente en español, aparte de significar un
grupo castrense romano. La legión de los romanos contaba, en la época clásica, con 6 000
infantes y 120 soldados montados, aparte servicios técnicos y tropas especiales. En vista de
que Mateo (26, 53) menciona a las legiones en relación con los ángeles, se ha supuesto que
el término tiene, de preferencia, significado exclusivamente religioso en los evangelios.

43 El cerdo era, y sigue siendo, un animal proscrito de la dieta judía. En el Antiguo


Testamento hay prohibición expresa de consumir carne de cerdo (véanse Lv 11, 7 y Dt 14,
8). En tiempos de los Macabeos, consumir esta carne se consideró como señal de que se
apostataba del judaísmo (2 Mac 6, 18; 7, 1). Por estas razones, quizás, puede comprenderse
que Jesús haya asentido a infestar a estos animales con la presencia de los espíritus impuros
que expulsó del endemoniado.

44 Jairo es uno de los judíos que creen en Cristo, quizás desesperado de acudir, inútilmente,

a médicos y al propio Dios de Israel.

228
45 El versículo da a entender que Cristo es perfectamente consciente de que la mujer que
lo ha tocado es digna de curación y que la fuerza taumatúrgica que él posee ha obrado su
trabajo salvador. No debe entenderse como si Jesús dispusiera de una especie de arsenal o
almacén de poderes, susceptible de agotarse alguna vez. Es una manera metafórica de
manifestar que la caridad bien entendida no hace acepción de personas.

46 Los pasajes paralelos (Mt 9, 18-26; Mc 5, 21-43) narran, con ligeras diferencias textuales,

el hecho. Sólo en el segundo evangelista citado se encuentra la cita aramea (¡Talithá, kum!)
que da más vivacidad todavía al milagro.

47 Elías, defensor de Yahvéh en tiempos de Acab y Jezabel (siglo IX a. C.), gozó de especial

favor entre el pueblo judío, tanto por su misteriosa desaparición, narrada en 2 Re 2, 11,
como por las predicciones acerca de su regreso, contenidas, sobre todo, en Mal 3, 23 y ss.
En efecto, muchos judíos lo consideraban como a un Mesías que habría de regresar para
llevar adelante la tarea del “siervo de Yahvéh”, de quien habla Isaías (49, 6) o como a un
precursor de Dios o del propio Mesías. Para los tres evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos
y Lucas), San Juan Bautista desempeña el papel que los demás judíos asignaban a Elías.
Tres apocalipsis apócrifos se han conservado bajo su nombre.

48 Vimos arriba que, en el mundo judío de tiempos de Cristo, Elías desempeñaba un papel
muy importante y que era frecuente que se le nombrara o se le hiciera aparecer en
situaciones sumamente diversas, aunque relacionadas con el más allá, puesto que se
suponía que no había muerto, ya que el Antiguo Testamento no dice que así haya
ocurrido. Se pensaba que Elías era, en cierta forma, un ser que estaba en contacto con los
dos mundos, el terrestre y el que hay después de la muerte.

49Hay aquí, sin lugar a dudas, una especie de aviso de la pasión de Cristo, que ocurre,
precisamente, en Jerusalén.

50 Sal 2, 7; Is 42, 1.

229
51Ya se ha visto que había una gran enemistad entre los judíos y los samaritanos. Este
conflicto, que continúa hasta el presente, tiene dos orígenes. Cuando, el año 721, terminó
la conquista de Samaria, una gran parte de los indígenas fueron deportados y reemplazados
por cuteos, originarios de Cuta. Así pues, los samaritanos tenían un origen racial mestizo,
pues se mezclaban en su sangre la propia, la asiria y la cutea. Desde el punto de vista
religioso, los samaritanos continuaron adorando a sus dioses, con Nergal a la cabeza, en
detrimento del culto a Yahvéh. Finalmente, abrazaron este culto y la ley de Moisés. A este
distanciamiento original hay que agregar que cuando los samaritanos quisieron unirse a
los judíos que regresaban de Babilonia, Zorobabel y Nehemías los rechazaron. A partir de
entonces, viven separados, tiene un Pentateuco diferente al hebreo y su culto es, también,
distinto.

52La decisión de ir a Jerusalén confirma la voluntad que tiene Cristo de sacrificarse para
lograr la salvación del género humano.

53 El texto griego dice, literalmente, “hijo de la paz”, expresión de cuño semítico que indica
a un hombre pacífico. El sentido del pasaje es que el Señor está del lado de los que tienen
el corazón en calma y que rechaza cualquier forma de violencia.

54 La maldición de Cristo se debe a la incredulidad de los habitantes de estas aldeas. Todas


ellas se encontraban a orillas del lago de Genesaret, en Galilea.

55Parece que el sentido que tiene mencionar a estas importantes ciudades fenicias en este
contexto es, precisamente, poner de relieve que, ante los milagros de Cristo, hasta sus
habitantes, paganos e idólatras, caerían postrados, reconociéndolo por hijo de Dios.

56 Hay un paralelismo con Is 14, 13, 15.

57 Dt 6, 5; 10, 12; Lev 19, 18.

58 Advertencia que hace Cristo para que el hombre no confíe nunca demasiado en sus
fuerzas, porque la tentación puede vencerlo en cualquier momento. La soberbia y el exceso
de confianza en la propia reciedumbre moral suelen ser malos consejeros.

230
59 Este versículo confirma que el espíritu perverso siempre está vigilante y que puede caer
sobre el hombre en cualquier momento y vencerlo, pese a sus mejores virtudes.

60 La señal o signo de Jonás indica, según la mayoría de los exégetas, la resurrección de


Cristo después de tres días. El símil es el siguiente: Jonás estuvo encerrado tres días y tres
noches en el vientre del monstruo marino (tradicionalmente se ha hablado de una ballena,
aunque el texto hebreo dice “un pez grande”) y después volvió a salir a la luz; así Cristo,
tras el encierro de tres días bajo tierra saldrá a la luz plena de su resurrección. Otra
interpretación ve en esta “señal” un anuncio de la “parusía” o segunda venida de Cristo.

61 La “reina del sur”, “del noto”, es la de Saba, de que habla el primer libro de los Reyes
(10, 1-13). La soberana, atraída por la fama de sabio de Salomón, se trasladó con un
esplendoroso séquito a visitarlo. Al comprobar su sabiduría y su magnificencia, bendice a
Dios, colma de regalos a Salomón y vuelve a su país. La fe de la reina de Saba en Salomón,
confirmada por su sabiduría verdadera, es empleada por Cristo para reconvenir a los judíos
incrédulos.

62 Para algunos comentaristas, el hecho de que se haga mención de lo que sucede en el libro

de Jonás, pero empleando el verbo en futuro (“los ninivitas se levantarán”) es indicación


clara de que la alusión de este pasaje es a la “parusía” o segunda venida de Cristo a la tierra,
y no a la resurrección.

63 Luis Alonso Schökel traduce de la siguiente manera este versículo en la Nueva Biblia
Española: “Si eres generoso de arriba abajo, sin tener ni tanto así de miseria, entonces vales
todo entero. Así es cuando la esplendidez te ilumina con su brillo”. Se asienta en este lugar
por diferir considerablemente de las versiones comunes y por la gran autoridad de biblista
de que goza este erudito español.

64 El destino de muchos profetas y apóstoles fue ser heridos o muertos por su predicación.
Los primeros “testigos” (en griego “mártires”) de Cristo han de perecer ante la violencia de
los hombres.

231
65 Habla aquí Cristo, en profundidad, de los pecados mortales, puesto que tienen facultad
para provocar la muerte del espíritu, no sólo la del cuerpo. El asesino mata el cuerpo, no el
alma. Los pecados, por lo contrario, pueden aniquilarla.

66 El espíritu debe estar siempre vigilante, para no caer en tentación.

67 Es una confirmación de las advertencias anteriores: el espíritu tiene que estar despierto
para no caer en la tentación.

68 Miq 7, 6.

69 Este acto brutal de Pilatos tiene antecedentes: Flavio Josefo, el historiador judío, dice
(Antigüedades judías, XVIII, 2, 2; 62; 87) que el procurador sufragó los gastos de
construcción de un acueducto con los dineros del templo, lo cual era una especie de
profanación para los judíos. A los samaritanos los mató inmisericordemente, según dice el
mismo historiador, aunque no entre en los macabros detalles que aparecen en este
evangelio.

70 No hay antecedentes judíos escritos del accidente que Cristo menciona. Es posible que
se haya encontrado el emplazamiento de la torre (que no formaba parte del trazo original
del llamado, por lo general, “túnel” o “piscina de Siloé”) en ocasión de las excavaciones
arqueológicas conducidas por Weill en 1923. Se trata de una construcción, en forma de
torre, que data de la época helenística y que se erguía sobre el túnel que mandó construir
Ecequías.

71 Sal 118, 26.

72 Al banquete que organice el cristiano debe convidar a quienes tienen necesidad, no a los
que sólo producen el placer de la compañía. El banquete tiene, por supuesto, un carácter
simbólico, y se refiere, fundamentalmente, a la participación en los beneficios de la
doctrina y la práctica de las virtudes cristianas.

232
73 El banquetesimbólico de que habla Cristo en este pasaje es, paradójicamente, un festín
hecho de privaciones, abstinencias y sacrificios. Pero el premio consiste en disfrutar de la
vida inmortal, alcanzada mediante práctica de la recta doctrina. Por ese motivo, no pueden,
ni desean siquiera, participar en él los que sólo atienden a los intereses y mandatos de los
sentidos y la satisfacción de los deseos.

74 Una sola alma que corra el riesgo de perderse para la vida eterna merece que se hagan
sacrificios e intentos de muy diversa naturaleza para recuperarla y reconducirla por la vía
correcta.

75 Cristo, en la parábola, hace que el amo elogie la sagacidad y previsión del administrador,
no la falta de honradez. Por ello, la parábola termina con una tajante declaración de los
deberes que la honestidad impone a los hombres: no se puede servir al dinero y, al mismo
tiempo, a Dios, cuyas exigencias son de muy diferente índole.

76 La ley cristiana es, por definición, eterna y sobrevive a todo lo perecedero, incluso en el
terreno cósmico.

77 Los ricos serán reducidos a su condición de hombres que sólo atendieron a los bienes
materiales, en tanto que los pobres (los que han observado la doctrina de Cristo) irán al
cielo.

78 Hay una clara y tajante división entre buenos y malos después de la muerte.

79 La fe es la virtud capital que debe tener el cristiano. Considerada por los teólogos
católicos como virtud teologal, encabeza la lista de las tres, antes de la esperanza y la caridad.

80 Ya hemos visto que los samaritanos, por viejas razones históricas, no eran queridos por
los judíos.

81 El “reino de Dios”, al que Jesucristo alude con tanta frecuencia, no se alcanza mediante
el poder, la riqueza o el dominio de los demás, sino gracias a las buenas obras y a la caridad
con nuestros semejantes.

233
82 Cristo, al decir “Hijo del Hombre”, está aludiendo a su condición de tal, más que a su
filiación divina, con lo cual se nos está acercando para que, al imitarlo y seguir sus
doctrinas, nos sea posible llegar a gozar del premio que nos tiene reservado.

83 En numerosos manuscritos y códices antiguos del evangelio, no hay versículo 36.

84 El original griego dice “águilas”, no “buitres”.

85 El juez es, evidentemente, injusto y venal, puesto que sólo accede a revisar el negocio de
la viuda en el momento en que el no hacerlo puede ocasionarle más molestias que cumplir
con su deber. No es ésta la actitud correcta de quienes imparten justicia, que deben buscar
hacerla sólo por la justicia misma.

86 Ex 20, 121, 3-16; Dt 5, 161, 17-20.

87 Cristo, para entroncar directa y efectivamente con la tradición judía, repite (al igual que

los evangelistas) que ha venido a cumplir las antiguas profecías. Sin embargo, los judíos
buscaron en él a un individuo mesiánico que los redimiera de la sujeción romana, no a un
salvador en el sentido moral y místico del término.

88 Al seguir Cristo las comparaciones de la vida que debe llevar el buen cristiano y las obras

de los demás, insiste en emplear el lenguaje que entienden todos los hombres: el del lucro
personal y la satisfacción de las pasiones y ambiciones. Por ello habla de “intereses”, pero
lo hace para darse a entender, ya que estos rendimientos son, precisamente, los frutos de
las buenas obras.

89 Cristo, que sabe por anticipado lo que le va a suceder y se ha sometido voluntariamente


a ello (aquí se ponen de manifiesto la presciencia y la voluntad salvífica de Jesús), envía a
dos de sus discípulos a que inicien, con su acción, lo que será su pasión.

90 Is 56, 7; Jer 7, 11.

234
91 Sal 118, 22.

92 Jesús se percata inmediatamente de que los judíos no pretenden, en realidad, hacer los
tributos justos, sino que buscan la manera de confundirlo y ver si incurre en alguna
afirmación que lo comprometa ante las autoridades romanas.

93 En la respuesta de Cristo se encuentra un admirable compendio de la sabiduría justa,


puesto que prescribe que se dé a cada quien lo que le corresponde. Dios debe recibir
respeto, acatamiento y sacrificios; el emperador de Roma debe recibir tributo en efectivo.
Son los dos aspectos de la justicia: el celeste y el terrenal.

94 El derecho del levirato ordenaba que la viuda sin hijos los buscara en un hermano del
difunto. Aunque algunos textos del Antiguo Testamento se oponen a esta institución (por
ejemplo, Lv 18, 16 y 20, 21) e incluso prohíben su práctica, otros la imponen, como Dt
25, 5-10. La costumbre de practicarla siguió en vigor, como se ve, hasta los tiempos de
Cristo.

95El Mesías davídico esperado por algunos judíos era un salvador de tipo heroico y
guerrero, que habría de librar los combates victoriosos contra todos los pueblos y los
enemigos de Israel. Con ello fundaría nuevamente el poder y el predominio del pueblo
elegido sobre las demás razas de la tierra.

96 Sal 110, 1.

97 Este cofre de las ofrendas era el tesoro del templo. Equivale, por su función, a los cepos
de los templos actuales.

98 Dn 7, 13.

99 La pascua era una de las más importantes festividades de los judíos, que recordaban en
ella su paso por el Mar Rojo y su liberación del yugo de los egipcios. La etimología es
aramea (pasja, que da el hebreo pésaj). Sin embargo, los especialistas no se han puesto de
acuerdo acerca del sentido original. Unos dicen que el verbo significa “saltar”, por lo cual

235
la palabra “pascua” designa la danza cultual; otros dicen, en cambio, que indica el paso del
sol a través de la constelación de Aries o de la luna, en su cenit. De cualquier manera, el
sentido de la festividad vino a ser el que se indica más arriba.

100 El cordero pascual, es decir, el que se sacrifica en ocasión de la pascua, debe ser, según
las prescripciones de Ex 12, 5 y de Lv 9, 3, un cordero sano y sin tacha. La inmolación la
hacían los levitas (después de la reforma deuteronómica): se expandía la sangre al pie del
altar y la grasa se quemaba encima de éste. El objeto, como en todos estos casos, era
congraciarse con Dios nuevamente, después de la comisión de alguna falta. Por ello, para
San Pablo, Cristo es una prefigura del cordero pascual ya que dona su sangre, en la cruz,
para redimir nuestros pecados. Éste es el sentido místico del cordero pascual.

101 El cáliz de la última cena ha tenido una larguísima tradición en la cultura católica. Según
una leyenda muy antigua, el cáliz fue rescatado por José de Arimatea y muchos siglos más
tarde lo tuvieron bajo su custodia los caballeros del Santo Grial o Santo Graal. Parece que
estas palabras se derivan de una vieja forma francesa (sang réal) de designar al maravilloso
recipiente que contuvo simbólicamente la sangre de Cristo. Uno de los dramas musicales
más importantes y hermosos de Richard Wagner, Parsifal, trata esta bella leyenda.

102 “Pruebas” quiere decir, en este pasaje, “tentaciones”.

103 Is 53, 12. Parece que el sentido de esta afirmación es que los textos que hablan de las
acciones de Cristo en la tierra tienen fin, lo mismo que los hechos que realizó él en esta
vida. En cambio, su reino en el más allá no tendrá fin.

104 Se enfrentan aquí, de modo directo, dos de las principales concepciones del Mesías: por

una parte, la más común entre los judíos, de la que se ha hablado arriba, la espera de un
Mesías guerrero que los colocara de nuevo en una posición de dominio y triunfo respecto
de los demás pueblos; por la otra, el Mesías místico, que es Cristo, que vino al mundo para
salvar al hombre de sí mismo y conducirlo a su reino celestial, si cumple sus preceptos y
sigue su ejemplo.

105 Sal 110, 1.

236
106 Aquí los judíos calumnian a Cristo diciendo que se ha llamado a sí mismo “Mesías rey”,

lo cual, a todas luces, está fuera de sus intenciones, puesto que, como hemos dicho más
arriba, él pretendía solamente indicar, con su propia vida y pasión, el camino de la salvación
espiritual del hombre y no aspiraba a conquistar el poder temporal.

107 Hemos traducido el término griego árjontas por “magistrados”, pero debe entenderse
en el sentido lato, no en el específicamente jurídico.

108 Hay una confusión en la numeración de estos versículos, ya que muchos códices
antiguos omiten, precisamente, el 17. Eusebio de Cesarea, que es uno de quienes lo
incluyen, habla de esta costumbre pascual de liberar a un preso.

109 Todos los testimonios que da el Nuevo Testamento acerca de Barrabás indican que era

un delincuente. En efecto, Mateo afirma que era un famoso preso, Marcos le atribuye ser
un revoltoso, Juan dice que era un ladrón y los Hechos de los apóstoles lo llaman asesino. J.
Pickl, importante conocedor del Nuevo Testamento y autor de una obra acerca de Jesús,
rey, asienta que se trataba, más bien, de un delincuente o perseguido político y héroe de la
independencia nacional judía, que había matado a algunos soldados romanos durante una
revuelta. Su nombre, que ha dado lugar a las más diversas conjeturas, significa, en arameo,
“hijo del padre”.

110 Cirene, región de donde son originarios los cireneos, era una colonia griega establecida
en el norte de África. Actualmente se llama Cirenaica. Los romanos se la arrebataron a los
fenicios y la convirtieron en provincia romana. Se caracterizaba porque en ella vivían
muchos judíos. De Simón, el cireneo, sólo se sabe lo que dice el Evangelio de Marcos, esto
es, que era padre de Alejandro y de Rufo. El que el evangelista los mencione sin añadir
nada indica, posiblemente, que eran muy conocidos de sus lectores. Es probable que Rufo
sea el mismo a quien San Pablo llama “elegido del Señor” en Rom 16, 13. De Alejandro no
se sabe nada más.

111 Os 10, 8.

237
112 “Calvario” es una versión abreviada del latín calvariae locus, es decir, “lugar de la
calavera” o del cráneo. Equivale a Gólgota, adaptación española de la forma griega
(Golgothá), que representa al arameo gulgulta o golgolta, que significa “cráneo”. Pensaba
Orígenes que allí estaba la calavera de Adán y San Jerónimo creía que era el lugar de los
ajusticiados. El nombre parece deberse, más bien, a la forma de la roca. En la actualidad, la
iglesia del Santo Sepulcro se levanta sobre el lugar donde se supone que estuvo ese
montículo. Los nombres Dimas y Gestas no aparecen en los Evangelios, que se conforman
con decir que crucificaron con Cristo a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.
En el apócrifo llamado Actas de Pilato, IX, 5, aparecen los nombres como Dismás y Gestas.
En otro apócrifo del Nuevo Testamento, el Evangelio árabe de la infancia, los nombres
de los ladrones son Tito y Dúmaco. En la Declaración de José de Arimatea los nombres son
Demás y Gestas y se habla de las fechorías que cometieron.

113 Is 53, 12; Sal 22, 18.

114 Solían beber vinagre para mitigar la sed los soldados y los obreros, se supone que lo que
ofreció el soldado a Cristo crucificado no fue esta bebida sino simplemente vino ácido, de
sabor muy desagradable y que aumenta la necesidad de beber.

115 Las tinieblas, como creación de Dios, no son malas en sí mismas. Lo son sólo cuando
se ponen, metafóricamente, en oposición a la luz, que es el reino propio de la divinidad.
En el Antiguo Testamento se emplea el símil para dar a entender la muerte y la desgracia.
En el cielo reina la luz y por ello las tinieblas sirven para indicar el estado del hombre que
está alejado, o privado, de la inspiración o la asistencia de Dios.

116 Sal 31, 5.

117Los datos que dan los evangelios canónicos acerca de José de Arimatea son bastante
escuetos: vivía en Jerusalén, era dueño de una cueva que podía servir de tumba, era rico y
honrado, justo y bueno y pertenecía al consejo, es decir, el sanedrín. Con Jesús pudo
entenderse, aunque no lo hizo público por miedo a los judíos. Tras la muerte de Cristo,
pidió el cuerpo a Pilatos y lo enterró. Lo demás son adiciones de la tradición cristiana.

238
118La “parasceve” o “preparación” era el día anterior al sábado, en que los judíos debían
preparar todo lo necesario para el festejo ritual. El término se refiere a esa víspera o a la de
una fiesta que coincida con un sábado.

119 La unción de los cadáveres era una costumbre ritual sumamente antigua, tal vez de
origen egipcio, y tenía como finalidad limpiar y purificar el cuerpo del difunto. Para ungir,
se empleaban perfumes y especias.

120 María Magdalena procedía de un pueblecillo llamado Magdala, que han identificado
con el antiguo Tariques, actualmente El-Megdel. Se encuentra en la orilla occidental del
lago de Genesaret. El nombre, posiblemente, proviene del hebreo migdal, torre. Parece
que esta Juana fue la mujer de Cusa (o Jusa), cortesano de Herodes Antipas. Cristo la libró
de una enfermedad o de un espíritu impuro y ella puso su haber a su disposición. María,
“la de Santiago”, es madre de Santiago el Menor y de José. Se sabe, por las propias Escrituras
(Mt 28, 1-7), que se le apareció un ángel. Hay de quienes suponen que esta María es la
misma que María Cleofas (esposa de Cleofas o Clopas), pero para ello habría que aceptar
que Cleofas es Alfeo, padre de Santiago el Menor. Santiago es la forma española más
común (y con mayor tradición sacra y literaria) de expresar el nombre griego Iákobos que,
por otra parte, da, también, Jacobo, Jacob, Jácobe, Jacobe y Yagüe. La forma portuguesa
es Tiago (por San Tiago). Otras formas españolas son Yago y Diego. La explicación de esta
profusión de nombres provenientes de uno solo es que se hace un todo del calificativo de
santo y el nombre mismo: Sant’ Jacob = Sant’ Yago, etc. El sentido del nombre parece darlo
el etíope —lengua semítica como el hebreo y cercano pariente del árabe—, donde se
encuentra la raíz verbal ’ágaba con el sentido de “custodiar, vigilar” y, por extensión,
“proteger”. Por consiguiente, el sentido de la palabra debe ser restituido: Jacob (y sus
diversas formas españolas) significa “él protege, él cuida”.

121Emaús es una aldea que se encuentra a unos 30 kilómetros de Jerusalén. Algunos


especialistas la identifican con la Nicópolis posterior, tornando como base la tradición
local y la existencia de las ruinas de una basílica cristiana de la primera mitad del siglo III.
Los talmudistas, siguiendo otro procedimiento y otras fuentes, la identifican con la actual
Qoloniyyah. La palabra está sumamente deformada (sólo se conserva en fuentes griegas) y
no es posible encontrar su sentido.

239
122 “Bajo dominio” indica, en este caso, que Cristo había hecho de tal modo que los
apóstoles no lo reconocieran por medio de los ojos.

240
241
Evangelio según Juan

Capítulo uno

1
E n el principio existía la Palabra y la Palabra estaba vuelta hacia Dios y Dios
era la Palabra.1 2Ésta estaba en el principio vuelta hacia Dios.2 3Todo fue
hecho a través de ella y sin ella no existió nada de lo que ha sido.3 4En ella estaba la
vida y la vida era la luz de los hombres 5y la luz brilla en la oscuridad, pero la
oscuridad no la comprendió.
6
Hubo un hombre enviado de parte de Dios, que se llamaba Juan. 7Éste vino
para testimonio, para que testimoniase acerca de la luz y todos creyeran por él.4 8No
era él la luz, sino que había venido para testimoniar acerca de la luz. 9Era la luz
verdadera, que ilumina a todo hombre que viene al mundo. 10Estuvo en el mundo
y el mundo a través de él existió, pero el mundo no lo conoció. 11Vino a los suyos,
pero los suyos no lo recibieron 12y a aquellos que lo recibieron les dio permiso para
convertirse en hijos de Dios, a los que creen en su nombre, 13que no nacieron de la
sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de voluntad de hombre, sino que nacieron
de Dios. 14Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y contemplamos su
gloria, gloria como de unigénito al lado del padre, lleno de caridad y verdad.5 15Juan

242
243 ernesto de la peña

testimonió acerca de ella y gritó, diciendo: —Éste es del que dije: “El que viene detrás
de mí fue antes que yo, porque es primero que yo, 16porque de su plenitud todos
nosotros tomamos y gracia por gracia”. 17Porque la ley fue dada a través de Moisés,
pero la caridad y la verdad existieron por medio de Jesucristo. 18Nadie ha visto a Dios
nunca: el dios unigénito que está en el seno del padre, ése nos condujo.

Y éste es el testimonio de Juan, cuando enviaron a él los judíos, desde Jerusalén,


19

a sacerdotes y levitas para preguntarle: —Tú, ¿quién eres? 20Y confesó, y no negó y
confesó: —Yo no soy el ungido. 21Y le preguntaron: —Entonces, ¿quién eres? ¿Eres
Elías? Y les dice: —No lo soy. —¿Eres el profeta? Y contestó: —No. 22Y le dijeron,
pues: —¿Quién eres? Para que demos una respuesta a quienes nos han enviado.
¿Qué dices acerca de ti mismo? 23Y dijo: —Yo soy voz del que clama en el desierto,
hagan llano el camino del Señor, según dijo Isaías, el profeta. 6 24Y los enviados
pertenecían a los fariseos 25y le preguntaron y le dijeron: —¿Por qué, pues, bautizas,
si no eres el ungido, ni Elías, ni el profeta?7 26Y Juan les contestó, diciendo: —Yo
bautizo con agua, pero en medio de ustedes ha surgido alguien a quien ustedes no
conocen, 27que viene detrás de mí, y a quien no soy digno de desatar el lazo del
zapato. 28Esto sucedió en Betania, más allá del Jordán, donde se encontraba Juan,
bautizando.8

Al día siguiente ve a Jesús, que se acerca a él, y dice: —He aquí al cordero de
29

Dios que quita la transgresión del mundo;9 30éste es de quien dije: “Detrás de mí
viene un varón que existió antes de mí, porque era antes que yo”. 31Y tampoco yo lo
conocí, sino para que se hiciera evidente a Israel: para eso vine yo, que bautizo con
agua. 32Y Juan testificó, diciendo: —Se ha visto al espíritu que desciende como una
paloma desde el cielo y que permaneció encima de él 33y yo no lo conocí, pero aquel
que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas al espíritu que
desciende y permanece sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu. Santo”.10 Y yo
34

he visto y testificado que éste es el hijo de Dios.

Y al día siguiente, de nuevo se levantaron Juan y dos de sus discípulos, 36y al


35

ver a Jesús, que pasaba, dice: —He allí al cordero de Dios. 37Y oyeron los dos
los evangelios 244

discípulos que hablaba y siguieron a Jesús. 38Y Jesús, dándose vuelta, los vio que lo
seguían y les dice: —¿Qué buscan? Y ellos le dijeron: —¡Rabí! (lo cual, traducido,
significa “maestro”), ¿dónde vives? 39Les dice: —Vengan y verán. Y fueron, pues, y
vieron dónde vivía y se quedaron a su lado ese día; era como la décima hora.11
40
Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído a Juan
y que lo habían seguido. 41Éste se encontró primero a su propio hermano, Simón, y
le dice: —Hemos encontrado al Mesías (lo cual, traducido, significa “el ungido”).
42
Y lo condujo a Jesús. Y cuando lo vio Jesús, dijo: —Tú eres Simón, hijo de Juan:
te llamarás Cefas (lo cual se traduce como “Pedro”).12

Al día siguiente, quiso salir hacia Galilea y se encuentra a Felipe y le dice Jesús:
43

—¡Sígueme! 44Era Felipe de Betsaida, de la aldea de Andrés y de Pedro.13


45
Y se encuentra Felipe a Natanael y le dice: —Hemos encontrado a quien
describió Moisés en la ley y los profetas, a Jesús, hijo de José, el de Nazaret. 46Y
Natanael le dice: —¿Puede haber algo bueno que venga de Nazaret? Y Felipe le dice:
—Ven y ve. 47Y Jesús ve a Natanael que viene hacia él y dice acerca de él: —He aquí
verdaderamente a un israelita en quien no hay engaño. 48Y le dice Natanael: —¿De
dónde me conoces? Y Jesús le contestó y le dijo: —Antes de que Felipe me dijera que
existes, te vi bajo la higuera. 49Y Natanael le contestó: —¡Rabí!, tú eres el hijo de
Dios, eres rey de Israel. 50Y Jesús le contestó y le dijo: —¿Porque te dije que te vi bajo
la higuera, crees? Verás cosas mejores que ésta. 51Y le dice: —En verdad, en verdad
les digo que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y bajan sobre el
Hijo del Hombre.

Capítulo dos
1
Y al tercer día hubo una boda en Caná, de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí;
2
habían invitado también a la boda a Jesús y a sus discípulos. 3Y como faltó el vino,
la madre de Jesús le dijo a éste: —Ya no tienen vino. 4Y Jesús le contestó: —¿Y qué
te importa eso a ti y a mí, mujer? Mi hora todavía no ha llegado.14
245 ernesto de la peña

Su madre dice a los sirvientes: —Hagan como él les diga. 6Había allí seis odres
5

de piedra, dispuestos para los ritos de purificación de los judíos, con una capacidad
de unas dos o tres metretas cada uno.15 7Jesús les dijo: —Llenen de agua los odres.
Y los llenaron hasta el borde. 8Luego, les ordenó: —Ahora saquen el vino de allí y
llévenselo al maestresala. Y se lo llevaron.

Y cuando el maestresala degustó el agua convertida en vino, sin saber de dónde


9

venía (los sirvientes sí lo sabían, puesto que ellos mismos la habían sacado), llamó al
novio 10y le dijo: —Todos sirven el vino bueno al principio y cuando la gente está
achispada, sirven el malo, pero tú has reservado el bueno para darlo ahora.

De este modo, en Caná, en Galilea, comenzó Jesús a hacer sus milagros,


11

manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.16

Después de esto, bajó a Cafarnaún junto con su madre, sus hermanos y sus
12

discípulos y permanecieron allí no muchos días.

Y se acercaba la pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 14Y se encontró


13

en el templo a los que vendían bueyes y corderos y palomas y a los alfareros, que
estaban allí sentados, 15y habiendo hecho un látigo de cuerdas expulsó a todos del
templo y a los corderos y los bueyes, y arrojó al suelo las monedas de los cambistas y
tiró al suelo sus mesas, 16y a los que vendían las palomas les dijo: —Llévense eso de
aquí, no hagan de la casa de mi padre una casa de comercio. 17Recordaron sus
discípulos que está escrito: “El cuidado de mi casa me consumirá”.17 18Contestaron,
pues, los judíos y le dijeron: —¿Qué señal nos muestras, pues haces estas cosas? 19Y
Jesús les contestó, diciendo: —Derrumben este templo y lo levantaré en tres días.
20
Y le dijeron los judíos: —Este templo fue construido en cuarenta y seis años, ¿y tú
lo reconstruirás en tres días?18
21
Pero el templo de que él hablaba era su cuerpo. 22Por eso, cuando resucitó de
entre los muertos, los discípulos se acordaron de que había dicho esto y creyeron en
la Escritura y en estas palabras de Jesús.
los evangelios 246

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de la pascua, muchos creyeron en


23

su nombre, al ver los milagros que hacía. 24Pero él no se confió en ellos, porque los
conocía a todos 25y no tenía necesidad de que alguien testificara acerca del hombre,
puesto que él sabía lo que había en el hombre.19

Capítulo tres
1
Había un hombre del partido de los fariseos, llamado Nicodemo, que era jefe judío.
2
Y fue a ver a Jesús, de noche, y le dijo: —Señor mío, sabemos que eres un maestro
venido de parte de Dios, pues nadie podría hacer los milagros que tú haces si Dios
no estuviera con él.20 3Jesús le contestó y le dijo: —En verdad te digo que si uno no
nace de nuevo no podrá ver el reino de Dios.21
4
Y Nicodemo le contestó: —¿Cómo puede el hombre nacer de nuevo si es ya
viejo? ¿Podrá acaso entrar de nuevo en el vientre de su madre y volver a nacer?
5
Jesús le contestó: —Así es, te lo aseguro. A menos que uno nazca del agua y el
espíritu, no podrá entrar en el reino de Dios. 6Lo nacido de la carne es carne, y lo
nacido del espíritu es espíritu.22 7Que no te extrañe que te haya dicho: “Tienen que
nacer de nuevo”. 8El viento sopla hacia donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes
ni de dónde viene ni hacia dónde va. Eso es lo que pasa con todo aquel que ha nacido
del espíritu.23
9
Nicodemo le preguntó: —¿Cómo puede pasar esto?
10
Jesús le contestó: —Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo comprendes? 11Pues sí, te
aseguro que hablamos de aquello que sabemos; damos testimonio de lo que hemos
visto pero, a pesar de eso, ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12Si no creen
cuando les hablo de las cosas terrestres, ¿cómo podrán creer cuando les hable de las
celestes? 13Y nadie ha subido al cielo excepto el que descendió del cielo, el Hijo del
Hombre. 14Al igual que Moisés, que levantó en alto a la serpiente en el desierto, el
Hijo del Hombre también tiene que ser levantado en alto 15para que todo el que crea
en él tenga vida eterna. 16Porque Dios amó tanto al mundo, que dio a su hijo único
247 ernesto de la peña

para que no muera el que cree en él, sino que tenga vida eterna. 17Porque Dios no
mandó a su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo, a través
de él, se salve. 18Al que cree en él, no se le juzga; el que no cree, ya está juzgado por
no haber creído en el nombre del hijo unigénito de Dios. 19El juicio consiste en que
la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus
acciones eran perversas. 20Todo aquel que hace el mal detesta la luz y no se aproxima
a ella para que no queden sus acciones al descubierto. 24 21El que obra de
conformidad con la verdad se acerca a la luz, para que se vean sus acciones, porque
se han realizado en Dios.25
22
Después de esto, Jesús fue a Judea con sus discípulos y vivía allí con ellos, y
bautizaba. 23También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, en donde
había mucha agua y venían allí y se bautizaban, 24pues todavía no habían
aprisionado a Juan.
25
Surgió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío respecto
de la purificación 26y fueron con Juan y le dijeron: —Maestro, el que estaba contigo
en la otra orilla del Jordán, acerca del cual tú diste testimonio, he aquí que está ahora
bautizando y todos acuden a él.

Y Juan contestó: —Nadie puede apropiarse de nada si Dios no se lo ha dado


27

ya desde el cielo. 28Ustedes son testigos de que yo he dicho que no soy el Mesías, sino
que he sido enviado antes que aquél. 29El que tiene a la novia es el novio; y el amigo
del novio que está allí y lo oye se alegra mucho de escuchar su voz; así, mi alegría,
que es ésa, se ha colmado. 30Aquél debe crecer, yo disminuir.

Quien viene de arriba, está por encima de todos; el que es de la tierra, de ella es
31

y de ella habla. Quien viene del cielo está por encima de todos 32y da testimonio de
lo que ha visto y oído, pero su testimonio no lo acepta nadie. 33Quien acepta su
testimonio, confirma que Dios es verdadero, 34porque aquel a quien envió Dios dice
las palabras de Dios, porque el espíritu no da de acuerdo con medida.26 35El padre
ama al hijo y todo se lo dio en la mano.27 36El que cree en el hijo tiene vida eterna; el
que rechaza al hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él.28
los evangelios 248

Capítulo cuatro
1
Cuando supo Jesús que los fariseos se habían enterado de que hacía más discípulos
y bautizaba más que Juan 2—aunque el propio Jesús no era quien bautizaba, sino
sus discípulos—, 3abandonó Judea y se fue de nuevo a Galilea.
4
Sabía que tenía que atravesar Samaria 5y llegó a una ciudad de Samaria llamada
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; 6allí estaba la fuente de Jacob. Y
Jesús, cansado del camino, se sentó en la fuente: era aproximadamente la hora
sexta.29

Y llegó una mujer de Samaria a tomar agua del pozo y Jesús le dijo: —Dame de
7

beber.
8
Porque sus discípulos se habían ido a la ciudad para comprar alimento. 9La
samaritana le preguntó: —¿Cómo es que tú, que eres judío, me pides de beber a mí,
que soy samaritana? (Porque no se tratan los judíos con los samaritanos).30
10
Jesús le contestó y le dijo: —Si conocieras el don de Dios y quién es el que te
pide de beber, le pedirías tú a él y él te daría a beber agua viviente.31
11
La mujer le dice: —Señor, si no tienes balde y el pozo es profundo, ¿de dónde
vas a sacar agua viviente? 12¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio
este pozo, donde bebían él, sus hijos y sus ganados?
13
Jesús le contestó: —El que bebe esta agua, volverá a tener sed, 14el que beba
del agua que yo le voy a dar, ése no volverá a tener sed jamás, porque esa agua se
convertirá en él en una fuente de agua que salta hacia la vida eterna.

La mujer dice: —Señor, dame esa agua para que ya no tenga sed y no tenga
15

que venir aquí a sacarla.


16
Él le dijo: —Ve a llamar a tu marido y regresa acá.
17
La mujer le contestó: —No tengo marido.
249 ernesto de la peña

Jesús le dijo: —Está bien dicho que no tienes marido, 18porque ya has tenido
cinco y el de ahora no es tu marido. En eso, sí dijiste la verdad.

La mujer contestó: —Señor, me doy cuenta de que eres profeta. 20Nuestros


19

padres celebraban el culto en este monte; pero ustedes dicen que el lugar en que hay
que celebrarlo está en Jerusalén.32

Jesús le dice: —Créeme, mujer, se acerca ya la hora en que no darán culto al


21

padre ni sobre este monte ni en Jerusalén. 22Ustedes adoran lo que no conocen,


nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación proviene de los judíos.
23
Pero se acerca la hora, que es ahora mismo, en que los que tributan culto auténtico
darán culto al padre en espíritu y en verdad, porque el padre busca a quienes lo
adoren así. 24Dios es espíritu y los que lo adoran tendrán que dar culto en espíritu y
en verdad.

La mujer le dijo: —Sé que el Mesías, el llamado Cristo, ha de venir y cuando


25

llegue, nos lo explicará todo.


26
Jesús le contestó: —Soy yo, el que habla contigo.

En ese momento llegaron sus discípulos y se asombraron de que hablara con


27

una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle qué deseaba o de qué hablaba con
ella.

La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: 29—Vengan a ver a


28

un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho, ¿será acaso el Cristo?33

Y salió la gente del pueblo y fue a donde estaba él.


30

Mientras tanto, sus discípulos insistían diciéndole: —Maestro, ¡come! 32Y él


31

les decía: —Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen. 33Y los
discípulos se decían unos a los otros: —¿Le habrá traído alguien de comer? 34Y Jesús
les dijo: —Mi alimento es cumplir el propósito de quien me envió y llevar a cabo su
obra. 35¿No dicen ustedes acaso que faltan cuatro meses para la siega? Pero yo les
digo esto: levanten los ojos y verán los campos, dispuestos para la cosecha. 36El que
los evangelios 250

siega cobra ya salario y recoge cosecha para la vida eterna; de este modo, quedan
contentos los dos: el que siembra y el que cosecha, 37porque en esto tiene razón el
refrán: “Uno es el que siembra y otro el que cosecha”. 38Yo los mandé a segar lo que
no habían labrado: otros labraron y ustedes han entrado en su labor.
39
Muchos samaritanos de aquella aldea creyeron en él por lo que les dijo la mujer
al testificar diciendo: “Me dijo todo lo que he hecho”.34 40Por eso, cuando llegaron
los samaritanos a donde él estaba, le pidieron que se quedara y se quedó allí dos días.
41
Y creyeron todavía más otros muchos por lo que les dijo 42y decían a la mujer: —
Ya no creemos por lo que tú nos dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos
que, realmente, él es el salvador del mundo.35
43
Después de esos dos días, salió de allí hacia Galilea, 44ya que el mismo Jesús
había afirmado que un profeta no es honrado en su propia tierra. 45Cuando llegó a
Galilea lo recibieron los galileos que habían visto lo que había hecho en Jerusalén,
en la fiesta, porque ellos también habían asistido.36
46
Así, Jesús llegó de nuevo a Caná, de Galilea, en donde había convertido el agua
en vino. Había en Cafarnaún un funcionario del rey que tenía un hijo enfermo.37
47
Y, al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, lo fue a ver y le pidió que bajara
a curar a su hijo, que estaba muriendo.
48
Jesús le dijo: —Cuando ustedes no ven signos y prodigios, no creen.
49
El funcionario le dijo: —Señor, baja antes de que muera mi hijo.
50
Jesús le contestó: —Vete, que tu hijo vive. El hombre creyó en las palabras de
Jesús y se fue.
51
Cuando estaba bajando, salieron a encontrarlo sus criados, que le dijeron: —
Tu hijo está vivo. 52Y él les preguntó a qué hora se había restablecido, y ellos le
contestaron: —Ayer, a la séptima hora, se le quitó la fiebre.38 53Y el padre se dio
cuenta de que aquélla era la hora en que Jesús había dicho: “Tu hijo vive”, y creyeron
él y toda su familia.
251 ernesto de la peña

54
Este segundo milagro lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Capítulo cinco
1
Poco tiempo más tarde, los judíos celebraban una fiesta y Jesús subió a Jerusalén.
2
En Jerusalén, junto al estanque de los rebaños, hay un lugar llamado en hebreo
Betesda, que tiene cinco pórticos39 3y allí se encontraban muchos inválidos, ciegos,
cojos y paralíticos. 40 5Entre ellos se encontraba un hombre que llevaba inválido
treinta y ocho años. 6Al verlo Jesús, allí tirado y por saber que ya llevaba allí mucho
tiempo, le dijo: —¿Quieres sanar? 7El inválido le contestó: —Señor, no tengo a nadie
que me eche en la piscina cuando el agua se mueve, pues cuando llego, otro se me ha
anticipado a bajar. 8Jesús le dijo: —Levántate, carga tu camilla y camina. 9En ese
momento, el hombre recuperó la salud, cargó su camilla y se fue. Y ese día era
sábado. 10Le dijeron, pues, los judíos al que había sanado: —Es sábado y no te está
permitido cargar la camilla.41 11Y él les contestó: —El que me curó, me dijo que
cargara la camilla y caminara.

Entonces le preguntaron: —Y ¿quién es el hombre que te dijo que la cargaras


12

y te fueras? 13El hombre que había sanado no sabía quién era, pues Jesús se había
escabullido porque había gente en el lugar aquel.

Más tarde, se lo encontró Jesús en el templo y le dijo: —Como ves, estás sano;
14

no vuelvas a pecar, para que no te suceda algo peor todavía. 15El hombre se fue e
informó a los judíos que Jesús era quien lo había sanado.

Por este motivo, los judíos comenzaron a perseguir a Jesús, porque hacía esas
16

cosas en sábado. 17Jesús les dijo: —Mi padre está trabajando hasta ahora y yo
también lo hago.42

Por esto, los judíos trataban de matarlo, porque no sólo abolía el sábado, sino
18

porque también decía que Dios era su padre, haciéndose igual a Dios.
los evangelios 252

Y Jesús les contestó y les dijo: —En verdad les digo que un hijo no puede hacer
19

nada por sí mismo, si no ve a su padre cómo lo hace. Lo que el padre hace, también
lo hará el hijo, 20porque el padre quiere a su hijo y le enseña a hacer todo lo que hace.
Y les enseñaré cosas mayores que éstas, para que ustedes se asombren. 21Porque así
como el padre resucita a los muertos y les da vida, también el hijo da vida a los que
él quiere. 22Porque el padre tampoco juzga a nadie y ha dado a su hijo toda la
potestad para juzgar 23a fin de que todos honren al hijo como honran al padre. El
que no honra al hijo no honra al padre que lo envió.43 24En verdad les digo que
quien oye mi mensaje y cree en quien me envió posee vida eterna y no se le llamará
a juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la vida. 25Sí, en verdad les digo que se
acerca la hora, que ya está aquí, cuando los muertos oigan la voz del hijo de Dios y,
los que la oigan, vivirán. 26Porque así como el padre tiene vida en sí, y concedió a su
hijo tener vida eterna en él 27y le ha dado potestad para pronunciar sentencia, porque
él es el Hijo del Hombre. 28Que esto no los asombre, porque se acerca la hora en que
oirán su voz los que están en la tumba 29y saldrán, los que hicieron las buenas obras
resucitarán para la vida; los que hicieron el mal resucitarán para el juicio.44 30Yo no
puedo hacer nada por mí mismo: juzgo como oigo y mi sentencia es justa porque no
busco hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Si yo fuera testigo en mi propia causa, mi testimonio no tendría valor de


31

verdad, 32pero, en mi causa, el testigo es otro y sé que el testimonio que da de mí es


verdadero. 33Ustedes enviaron a que se le preguntara a Juan y él declaró en verdad.
34
Yo no tomo mi testimonio de hombre, sino que digo estas cosas para que ustedes
sean salvados. 35Él era una lámpara encendida y brillante y, durante un tiempo,
ustedes querían gozar de su luz. 36Pero el testimonio que yo tengo vale más que el de
Juan, porque las obras que mi padre me ha encomendado que lleve adelante, las
obras que hago, testimonian de mí que mi padre me ha enviado. 37Y el padre mismo
que me envió ha dado testimonio acerca de mí. Nunca han oído ustedes su voz ni
han visto su figura 38y tampoco conservan su palabra entre ustedes; porque no creen
en aquel que envió a éste. Estudian las Escrituras porque creen encontrar en ellas la
vida eterna y son ellas las que dan testimonio acerca de mí, 40pero ustedes no quieren
253 ernesto de la peña

venir a mí para tener vida. 41No acepto los honores humanos, 42pero a ustedes los
conozco ya: ustedes no llevan adentro el amor de Dios. 43Yo he venido en nombre
de mi padre y ustedes no me aceptan, pero si viniera otro en su propio nombre, a ése
sí lo aceptarían. 44¿Cómo podrán creer ustedes que se dedican a tener honores y no
buscan la gloria que viene del único Dios? 45No piensen que los voy a acusar delante
del padre: hay uno que los acusa, Moisés, en quien ustedes han creído; 46porque si
ustedes creyeran en Moisés, creerían en mí, porque de mí escribió. 47Pero si no creen
ustedes en sus escritos: ¿cómo podrán creer en mis palabras?

Capítulo seis
1
Después de estas cosas, Jesús atravesó el mar de Galilea, de Tiberíades.45 2Lo seguía
mucha gente, porque habían visto los milagros que hacía con los enfermos. 3Jesús
subió al monte y allí se sentó, con sus discípulos. 4Se acercaba la pascua, fiesta de los
judíos. 5Jesús levantó los ojos y al ver que llegaba mucha gente, le dijo a Felipe: —
¿Dónde podremos comprar pan para que éstos coman? 6Lo decía para ponerlo a
prueba, porque él sabía ya lo que iba a hacer. 7Felipe le contestó: —Ni doscientos
denarios serían suficientes para que le tocara un pequeño pedazo a cada uno.46

Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9—Hay aquí
8

un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero, ¿de qué sirve
eso para tanta gente?

Jesús les dijo: —Hagan que la gente se siente en el suelo. Había mucha hierba
10

en aquel sitio y se sentaron los hombres, que eran unos cinco mil. 11Jesús tomó los
panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados y lo mismo
hizo con los pescados, de los que tomaron todo lo que quisieron. 12Cuando
quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos: —Recojan los pedazos que hayan
sobrado, para que nada se desperdicie. 13Y los recogieron y llenaron doce cestas con
las sobras de los cinco panes de cebada que les habían sobrado a los que habían
comido.
los evangelios 254

14
Los hombres, al ver el milagro que había hecho, decían: —Éste es
verdaderamente el profeta que tenía que venir al mundo. 15Jesús, entonces, al saber
que iban a venir y a llevárselo por la fuerza para hacerlo rey, se retiró al monte, él
solo.
16
Cuando llegó la tarde, los discípulos bajaron al lago 17y, tras embarcarse,
comenzaron a cruzarlo, hacia Cafarnaún. Ya había caído la oscuridad y Jesús no los
había alcanzado; 18además, soplaba un viento fuerte y el lago empezaba a
encresparse. 19Habían remado ya unos veinticinco o treinta estadios cuando vieron
a Jesús que caminaba por encima del lago y se acercaba a la barca, y temieron, 47
20
pero él les dijo: —Yo soy, no tengan miedo. 21Y entonces quisieron recibirlo a
bordo, pero la barca tocó tierra de inmediato en el sitio al que iban.

Al día siguiente, la gente que había permanecido en el otro lado del lago
22

observó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no se había
embarcado con sus discípulos, pues se habían ido solos. 23Y otras barcas de
Tiberíades habían atracado cerca del lugar donde habían comido el pan que el Señor
había bendecido. 24Cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos,
se embarcó y fue a Cafarnaún a buscar a Jesús.
25
Y lo encontraron al otro lado del lago y le preguntaron: —Maestro, ¿cuándo
llegaste? 26Y Jesús les contestó y dijo: —De verdad, de verdad les digo que no me
están buscando porque han visto milagros, sino porque comieron del pan y se
satisficieron. 27No trabajen por el alimento que se echa a perder, sino por el que dura
para una vida eterna; ése es el que les dará el Hijo del Hombre, porque el padre, Dios,
lo ha sellado.

Y le preguntaron: —¿Y qué tenemos que hacer para llevar a cabo las obras de
28

Dios?
29
Y Jesús les contestó y les dijo: —La obra que Dios quiere es ésta: que crean
ustedes en quien ha enviado. 30Y le contestaron: —¿Y qué milagro haces tú para que,
al verlo, creamos? ¿Cuál es tu obra? 31Nuestros padres comieron el maná en el
desierto, según está escrito: “Les dio de comer pan del cielo”.48
255 ernesto de la peña

Entonces Jesús les contestó: —En verdad, en verdad les digo que no fue
32

Moisés quien les dio pan del cielo, sino mi padre, que les da pan verdadero del cielo,
33
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da vida al mundo.
34
Entonces le contestaron: —Señor, danos siempre de ese pan.

Y Jesús les contestó: —Yo soy el pan de vida. El que se acerca a mí no pasará
35

hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. 36Pero ustedes, como ya les dije,
aunque me hayan visto, no tienen fe. 37Todo lo que me da el padre vendrá a mí y al
que se acerca a mí no lo echo fuera, 38porque no he bajado del cielo para cumplir mi
voluntad, sino la voluntad del que me envió: 39y la voluntad del que me envió es
ésta: que no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite en el último día.
40
Porque ésta es la voluntad de mi padre: que todo el que vea al hijo y que crea en él
tenga vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Los judíos protestaban contra él porque había dicho: “Yo soy el pan que ha
41

bajado del cielo”, 42y decían: —Pero, ¿acaso no es éste Jesús, el hijo de José, a cuyo
padre y madre conocemos? ¿Cómo es que ahora dice que ha bajado del cielo?

Jesús les contestó, diciéndoles: —No riñan unos con los otros. 44Nadie se me
43

impulsa puede acercar si el padre que me envió no lo impulsa a ése, yo lo resucitaré


el último día. 45Está escrito en los profetas: “Todos serán aprendices de Dios”. Todo
el que obedece al padre y que sabe, se acerca a mí.49 46No es que nadie haya visto al
padre, sino el que está junto a Dios: éste ha visto al padre. 47Pues en verdad les digo
que quien tiene fe posee la vida eterna. 48Yo soy el pan de vida, 49los padres de ustedes
comieron el maná en el desierto, pero murieron: 50éste es el pan que baja del cielo,
para que el que lo coma, no muera.

Yo soy el pan viviente que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá
51

para siempre. Pero el pan que yo voy a dar es mi carne, para la vida del mundo.

Los judíos discutían entre sí diciendo: —¿Cómo puede éste darnos su carne a
52

comer?
los evangelios 256

53
Entonces Jesús les dijo: —En verdad, en verdad les digo que si no comen la
carne del Hijo del Hombre y beben su sangre no habrá vida en ustedes. 54Quien
come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día,
55
porque mi carne es comida verdadera y mi sangre es verdadera bebida. 56Quien
come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. 57Así como a mí me
envió el padre viviente, y yo vivo gracias al padre, pues así también el que me come
vivirá a través de mí. 58Éste es el pan que ha bajado del cielo; no pasará como con los
padres que comieron, pero murieron: quien coma de este pan vivirá para siempre.
59
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando estaba enseñando en Cafarnaún.
60
Muchos de sus discípulos dijeron cuando lo oyeron: —Dura es esta doctrina,
¿quién la podrá obedecer? 61Jesús, sabiendo que sus discípulos protestaban por eso,
les preguntó: —¿Esto los escandaliza? 62Pues ¡si vieran que el Hijo del Hombre sube
a donde estaba antes! 63El espíritu da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras
que les he dicho son espíritu y son vida. 64Pero todavía entre ustedes hay algunos
que no creen. Porque Jesús sabía, desde el principio, quiénes eran los que no creían
y quién lo iba a entregar. 65Y dijo: —Por eso les dije que nadie puede acercarse a mí
si el padre no se lo ha permitido.
66
A partir de entonces, muchos discípulos se volvieron atrás y no volvieron más
con él.
67
Así pues, Jesús preguntó a los doce: —¿No se quieren ir ustedes también?
68
Simón Pedro le contestó: —Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de
vida eterna 69y nosotros hemos creído ya y hemos sabido que tú eres el santo de Dios.
70
Y Jesús les contestó: —¿No elegí yo a los doce? Y, sin embargo, uno de ustedes
es traicionero.50
71
Aludía a Judas, hijo de Simón Iscariote, puesto que éste lo iba a entregar: uno
de los doce.
257 ernesto de la peña

Capítulo siete
1
Después de estas cosas, andaba Jesús por Galilea, porque no quería ir por Judea,
porque los judíos trataban de matarlo. 51 2Se acercaba la festividad judía de los
tabernáculos 52 3y sus hermanos le dijeron: —Vete de aquí, a Judea, para que
también tus discípulos vean las obras que haces, 4porque nadie hace las cosas a
escondidas si trata de estar en público; si haces estas cosas, date a conocer al mundo.
5
Porque ni sus hermanos creían en él.

Y Jesús les dijo: —No ha llegado todavía mi tiempo; pero para ustedes, en
6

cambio, cualquier ocasión está dispuesta. 7El mundo no puede odiarlos a ustedes: a
mí me odia porque yo declaro que sus acciones son malas. 8Suban ustedes a la fiesta,
yo no subiré a esta fiesta porque no ha llegado todavía mi ocasión. 9Y después de
decir esto, permaneció en Galilea. 10Pero, después de que sus hermanos subieron a
la fiesta, subió él también, no de manera abierta, sino escondido.53

Los judíos lo buscaban en la fiesta y preguntaban: —¿Dónde está ése? 12La


11

gente hablaba mucho de él, en murmuraciones. Unos decían: —Es bueno. Otros,
en cambio, decían: —No, porque engaña a la muchedumbre. 13Pero ninguno
hablaba de él en público, por temor a los judíos.

Estaba la festividad en su mitad cuando Jesús subió al templo y se puso a


14

enseñar. 15Los judíos se preguntaban, extrañados: —¿Cómo sabe éste las Escrituras,
si no ha estudiado?

Jesús les contestó, diciendo: —Mi enseñanza no es mía, sino del que me ha
16

enviado; 17si hay alguien dispuesto a hacer la voluntad de él, sabrá si mi doctrina
proviene de Dios o si hablo en nombre mío. 18El que habla en su propio nombre
busca su propia gloria; pero el que busca la gloria de quien lo ha enviado es veraz y
no hay injusticia en él. 19¿No fue Moisés, acaso, el que les dio la ley? Pero ninguno
de ustedes la cumple. Entonces, ¿por qué me quieren matar?
20
Y la muchedumbre contestó: —Estás demente, ¿quién trata de matarte?
los evangelios 258

21
Jesús les contestó, diciendo: —Hice sólo una cosa y todos ustedes se
asombraron. 22Por eso, Moisés les dio la circuncisión (que no viene de. Moisés, sino
de los patriarcas) y ustedes circuncidan al hombre hasta en sábado. 23Si un hombre
puede ser circuncidado en sábado para no infringir la ley de Moisés, ¿se enojan
ustedes conmigo porque en sábado dejé completamente sano a un hombre? 24No
juzguen según las apariencias, sino según el juicio correcto.

Algunos de los habitantes de Jerusalén decían: —¿No es ése al que quieren


25

matar? 26Pues allí está, hablando con entera libertad y nadie le dice nada. ¿Acaso las
autoridades reconocieron verdaderamente que él es el Cristo? 27Todos sabemos de
dónde viene éste, pero cuando llegue el Cristo nadie sabrá de dónde viene.

Y Jesús, mientras estaba enseñando en el templo, gritó, diciendo: —¿Así que


28

ustedes saben quién soy y de dónde vengo? Pero yo no vine aquí por mi propia
voluntad, y el que me ha enviado es verdadero y ustedes no lo conocen. 29Yo sí lo
conozco, porque de él procedo y él me ha enviado.

Intentaron apresarlo entonces, pero nadie le puso la mano encima porque


30

todavía no había llegado su hora. 31Muchos de la muchedumbre creyeron en él y


decían: —Cuando venga el Cristo, ¿hará todavía más milagros que los que éste hizo?
32
Los fariseos oyeron estas murmuraciones del pueblo acerca de él y los sumos
sacerdotes y los fariseos enviaron a unos servidores para que lo prendieran.
33
Y Jesús dijo: —Voy a estar todavía un poco de tiempo con ustedes, y después
regresaré al que me envió. 34Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán, porque
donde yo estaré ustedes no pueden ir.
35
Los judíos decían entre sí: —¿A dónde pretenderá irse éste, que no podamos
encontrarlo nosotros? ¿Querrá irse a la diáspora de los griegos para enseñarles?
36
¿Qué significa eso que ha dicho: “Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán”
y “donde yo estaré ustedes no pueden ir”?
37
El último día, el más grande de la festividad, Jesús, puesto de pie, gritó: —Si
alguien tiene sed, que venga a mí y beba; 38quien crea en mí, como dicen las
259 ernesto de la peña

Escrituras: “De sus entrañas brotarán ríos de agua viva”.54 39Decía esto haciendo
alusión al espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Todavía no había
espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

Algunos de la muchedumbre que habían oído sus palabras dijeron entonces:


40

—Éste es, verdaderamente, el profeta.

Otros decían: —Es el Cristo. Y otros: —No, porque ¿acaso va a venir de


41

Galilea el Cristo? 42¿No dicen las Escrituras que el Cristo será de la estirpe de David
y vendrá de Belén, el pueblo de donde era David?

Así pues, se suscitó una división entre la muchedumbre respecto de él:


43

44
algunos deseaban aprisionarlo, pero nadie le puso las manos encima.

Los servidores vinieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y
45

éstos les preguntaron: —¿Por qué no lo han traído? 46Los servidores respondieron:
—Ningún hombre ha hablado nunca como éste.

Y los fariseos replicaron: —¿Ustedes también se han dejado embaucar?


47

¿Acaso uno solo de los jefes ha creído en él o un solo fariseo? 49Pero esta gente, que
48

no comprende la ley, está maldita.

Nicodemo, que anteriormente había ido a ver a Jesús y era uno de ellos, dijo:
50

51
—¿Acaso nuestra ley juzga a alguien sin oírlo antes y sin saber lo que ha hecho?

Y le contestaron, diciéndole: —¿Acaso tú también eres de Galilea? Averigua y


52

verás que de Galilea no puede salir profeta alguno.

Y cada quien se retiró a su propia casa.


53

Capítulo ocho
1
Jesús fue al Monte de los Olivos. 2Cuando amaneció, se presentó nuevamente en el
templo, y todo el pueblo llegó a él, y él se sentó y comenzó a impartirles enseñanza.
los evangelios 260

3
Los escribas y los fariseos le presentaron a una mujer que había sido
sorprendida en adulterio y la pusieron en medio 4y le preguntaron: —Maestro, han
sorprendido a esta mujer en pleno acto de adulterio; 5en la ley, Moisés nos ordena
apedrear a las adúlteras, tú, ¿qué dices? 6Le hacían esta pregunta para ponerlo a
prueba y para tener de qué acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo
en el suelo.
7
Como insistían en la pregunta, se levantó y les dijo: —Aquel de ustedes que no
haya cometido ningún pecado que sea el primero que lance una piedra sobre ella. 8Y
volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el suelo.
9
Al oír eso, fueron saliendo uno a uno, a partir de los más viejos, y él se quedó
solo con la mujer que seguía allí en medio.
10
Entonces se levantó y le dijo: —Mujer, ¿dónde están? ¿No te condenó nadie?
11
Y ella contestó: —Nadie, señor. Jesús le dijo: —Pues yo tampoco te condeno. Vete
y a partir de este instante ya no peques.

Jesús les habló de nuevo, diciendo: —Yo soy la luz del mundo: el que me sigue
12

no andará en las tinieblas, pues tendrá la luz de la vida.


13
Los fariseos le contestaron: —Tú testificas acerca de ti mismo: tu testimonio
no es verdadero.
14
Jesús les contestó: —Aunque yo testifique acerca de mí mismo, mi testimonio
es verdadero porque yo sé de dónde he venido y a dónde voy, pero ustedes no saben
de dónde vengo y a dónde voy. 15Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
16
pero si lo hiciera, mi juicio sería verdadero porque no estoy solo: estamos yo y mi
padre, que me envió, 17y en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos es
válido. 18Yo soy quien testifica acerca de mí mismo y el padre que me envió testifica
acerca de mí.

Entonces le preguntaron ellos: —Y tu padre, ¿dónde está? Jesús les contestó:


19

—Ustedes no me conocen, ni conocen a mi padre; si me conocieran, conocerían


también a mi padre.
261 ernesto de la peña

Jesús dijo estas palabras en la sala del tesoro, mientras estaba enseñando en el
20

templo, pero nadie lo aprisionó, pues todavía no había llegado su hora.

En otra ocasión, Jesús les dijo: —Me voy y ustedes me buscarán, pero morirán
21

con su pecado. A donde yo voy, no pueden ir ustedes.

Y los judíos decían: —¿Se suicidará acaso y por eso dice: “A donde yo voy, no
22

pueden ir ustedes”?

Y él continuó, diciendo: —Ustedes son de aquí abajo; yo soy de arriba. Ustedes


23

son de este mundo, yo no soy de este mundo. 24Por eso, les dije que morirán con sus
pecados, porque si no creen ustedes que yo soy, morirán con sus pecados.

Y entonces le preguntaron: —¿Y quién eres tú? Y Jesús les respondió: —Lo
25

que les he dicho desde el principio. 26Mucho podría decir de ustedes y juzgarlo, pero
el que me envió es veraz y lo que oí a su lado lo digo al mundo.

Pero ellos no entendieron que les hablaba del padre 28y Jesús agregó: —
27

Cuando ensalcen al Hijo del Hombre comprenderán que yo soy y que no hago nada
por mí mismo, sino que digo estas cosas tal como el padre me ha enseñado 29y quien
me envió está conmigo: no me ha dejado solo porque yo siempre hago lo que le
agrada. 30Mientras él hablaba así, muchos creyeron en él.
31
Entonces dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: —Si ustedes
permanecen fieles a mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, 32conocerán la
verdad y la verdad los liberará. 33Y le contestaron: —Nosotros somos de la estirpe de
Abrahán y nunca hemos servido a nadie, ¿por qué dices: “Llegarán a ser libres”?

Jesús les contestó: —En verdad, en verdad les digo que quien comete el pecado
34

es esclavo del pecado.

El siervo no se queda para siempre en la casa, pero el hijo sí 36y si el hijo les da
35

la libertad, ustedes serán libres realmente. 37Sé que son descendientes de Abrahán y,
sin embargo, me quieren matar porque esta palabra mía no tiene cabida en ustedes.
los evangelios 262

Yo hablo de lo que he visto al lado del padre; ustedes hagan lo que oyeron de parte
38

del padre.

Y le contestaron y le dijeron: —Nuestro padre es Abrahán. Y Jesús les


39

contestó: —Si ustedes fueran hijos de Abrahán, harían las obras de Abrahán. 40Pero
están tratando de matarme, a un hombre que les ha dicho la verdad que oyó al lado
de Dios. Eso no lo hizo Abrahán. 41Ustedes hacen las mismas obras que su padre. Y
entonces le contestaron: —Nosotros no somos hijos de la prostitución; tenemos un
solo padre: Dios.

Jesús les contestó: —Si Dios fuera padre de ustedes, me amarían, porque yo
42

vine y estoy aquí de parte de Dios; no he venido por decisión propia, sino de aquel
que me ha enviado. 43¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden
obedecer esta palabra mía. 44Ustedes tienen al diablo por padre y quieren cumplir
los deseos de su padre. Él fue asesino desde el principio y no estaba con la verdad
porque en él no hay verdad. Cuando dice mentiras, habla de cosas que le son
propias, puesto que es falso y padre de la mentira. 45A mí, porque digo la verdad,
ustedes no me creen. 46¿Quién de ustedes me puede reprochar algún pecado? Y si
digo la verdad, ¿por qué no me creen? 47El que es de Dios obedece las palabras de
Dios; ustedes no las obedecen porque no son de Dios.

Los judíos le contestaron, diciendo: —¿No tenemos razón para decir que eres
48

samaritano y que te posee un demonio?55


49
Jesús les contestó: —No me posee ningún demonio: honro a mi padre, pero
ustedes me deshonran. 50Pero yo no busco mi propia gloria; hay quien la busca y
que juzga. 51En verdad, en verdad les digo que quien observe mis palabras no verá
jamás la muerte.
52
Los judíos le dijeron: —Ahora estamos seguros de que tienes un demonio:
Abrahán murió y los profetas también, ¿y tú nos dices: “Si alguien observa mis
palabras no probará la muerte por los siglos de los siglos”? 53¿Eres tú más que nuestro
padre Abrahán, que murió? Y los profetas también murieron, ¿quién crees que eres?
263 ernesto de la peña

Jesús respondió: —Si yo me envaneciera, mi gloria no sería nada: es mi padre


54

el que me da gloria, de quien ustedes dicen que es su Dios, 55aunque nunca lo han
conocido. Yo, en cambio, lo conozco bien y, si dijera que no lo conozco, sería, como
ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y observo su palabra. 56Abrahán, el padre
de ustedes, gozaba esperando ver este día mío y lo vio y se alegró.

Los judíos le contestaron: —Todavía no tienes cincuenta años y ¿has visto a


57

Abrahán?

Jesús les contestó: —En verdad, en verdad les digo que antes de que Abrahán
58

naciera, yo soy. 59Entonces levantaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se


escondió y salió del templo.

Capítulo nueve
1
Y, al pasar, vio Jesús a un ciego de nacimiento. 2Sus discípulos le preguntaron,
diciendo: —Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego, él o sus padres?

Jesús contestó: —No pecó él ni pecaron sus padres, sino para que quedaran
3

patentes en él las obras de Dios. 4Debemos cumplir las obras del que me envió
mientras es todavía de día; porque viene la noche en que nadie podrá trabajar.
5
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

Y al decir esto escupió sobre el suelo, mezcló barro con la saliva y se lo untó al
6

ciego en los ojos. 7Y le dijo: —Ve a lavarte en la piscina de Siloé (que significa “el
enviado”). Y el ciego fue a lavarse y regresó ya viendo.

Los vecinos y quienes lo habían visto antes pidiendo limosna preguntaban: —


8

¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna? 9Unos decían: —Éste es. Otros decían:
—No es él, pero se le parece. Y él contestó: —Yo soy. 10Entonces le dijeron: —
¿Cómo se te abrieron los ojos? 11Y él contestó: —Ese hombre que se llama Jesús
amasó barro, me lo untó en los ojos y me dijo: “Ve a Siloé y lávate”, y fui allí, me lavé
y comencé a ver.56 12Y le preguntaron: —¿Y ése dónde está? Y él contestó: —No sé.
los evangelios 264

13
Y condujeron a los fariseos al que alguna vez había sido ciego. 14Era sábado el
día en que Jesús había amasado el barro y le había abierto los ojos. 15Los fariseos le
preguntaron una vez más cómo había podido ver. Y él les contestó: —Me puso barro
sobre los ojos, me lavé y ahora veo. 16Algunos fariseos comentaban: —No viene de
parte de Dios un hombre que no guarda el sábado. Pero otros contestaban: —¿Y
cómo puede hacer tales milagros un pecador? Y había división entre ellos.
17
Entonces preguntaron otra vez al ciego: —¿Qué piensas tú de él, tú, a quien
ha abierto los ojos? Y él contestó: —Que es un profeta.
18
Los judíos no creyeron que antes había estado ciego y que había obtenido la
vista hasta que llamaron a los padres del que había empezado a ver 19y les
preguntaron, diciendo: —¿Es éste su hijo, que ustedes dicen que nació ciego?
¿Cómo es que ahora ve? 20Los padres contestaron y dijeron: —Sabemos que es
nuestro hijo y que nació ciego; 21por qué ve ahora, no lo sabemos y tampoco
sabemos quién le abrió los ojos. Pregúntenle a él; ya es mayor y hablará por sí.
22
Los padres contestaron de este modo porque temían a los judíos, pues éstos
habían resuelto expulsar de la sinagoga a quien confesara que era el Cristo.57 23Por
eso dijeron: “Ya es mayor, pregúntenselo a él”.

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: —Da gracias a
24

Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador: 25Él contestó: —Si es
pecador, yo no lo sé; lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.
26
Y le dijeron: —¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27Y él contestó: —Ya
les dije y no me han escuchado, ¿para qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que ustedes se
quieren hacer discípulos de él también?
28
Y lo injuriaron y le dijeron: —Tú eres discípulo de aquél; nosotros somos
discípulos de Moisés.58 29Nosotros sabemos que Dios le habló a Moisés, pero no
sabemos de dónde es éste.

Y el hombre contestó y les dijo: —Pues lo admirable de esto es que ustedes no


30

sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. 31Sabemos que Dios no
265 ernesto de la peña

escucha a los pecadores, sino que al piadoso y al que cumple su voluntad, a ése oye.
32
Nunca se ha oído decir que nadie le haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento;
33
si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.

Y le contestaron, diciendo: —Todo tú naciste lleno de pecados, ¿y tú nos


34

enseñas? Y lo expulsaron.

Y oyó Jesús que lo habían expulsado y al encontrarlo, le preguntó: —¿Tú crees


35

en el Hijo del Hombre?

Y aquél contestó y dijo: —¿Quién es, Señor, para creer en él? 37Jesús le dijo: —
36

Ya lo has visto... el que habla contigo es ése.


38
Y él dijo: —Creo, Señor. Y se prosternó ante él.

Y Jesús dijo: —Yo he venido a este mundo para hacer un juicio; para que los
39

que no ven, vean y los que ven se queden ciegos.

Algunos de los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: —


40

¿Acaso también nosotros estamos ciegos?

Jesús les contestó: —Si estuvieran ciegos no tendrían pecado; pero dicen:
41

“Vemos” y el pecado de ustedes permanece.

Capítulo diez
1
—En verdad, en verdad les digo que el que no entra por la puerta en el redil de las
ovejas, sino subiendo por otro lugar, es un ladrón y un bandido. 2El que entra por
la puerta es el pastor de las ovejas; 3a éste le abre el portero y las ovejas obedecen su
voz cuando llama a las suyas por su nombre y las saca 4y cuando ha sacado afuera a
todas las suyas, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.
5
No seguirán a un extraño, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los
extraños.
6
Jesús les dio este ejemplo, pero ellos no entendieron lo que les decía.
los evangelios 266

7
Por eso, Jesús dijo de nuevo: —En verdad, en verdad les digo que yo soy la
puerta de las ovejas. 8Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y bandidos,
pero las ovejas no los obedecieron. 9Yo soy la puerta: el que entra a través de mí será
salvo y podrá entrar y salir y encontrará lugar para pastar. 10El ladrón entra sólo para
robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en exceso.
11
Yo soy el buen pastor. El pastor bueno da su vida por las ovejas. 12El asalariado,
como no es pastor y como las ovejas no son suyas, cuando ve que viene el lobo,
abandona a las ovejas y echa a correr y el lobo las devora y dispersa; 13porque es
trabajador asalariado y no le importan las ovejas. 14Yo soy el buen pastor: conozco a
mis ovejas y ellas me conocen a mí, 15así como mi padre me conoce y yo conozco a
mi padre, doy la vida por las ovejas. 16Tengo otras ovejas que no son de este aprisco;
a ésas debo también guiar, obedecerán mi voz y habrá entonces un solo rebaño, un
solo pastor. 17Por eso me ama mi padre, porque sacrifico mi vida para recobrarla.
18
Nadie me la quita: la doy por mi voluntad. Tengo poder para arriesgarla y poder
para recuperarla. Éste es el mandamiento que he tomado de mi padre.
19
Estas palabras provocaron también división entre los judíos. 20Muchos de ellos
decían: —Está en poder de un demonio y desvaría, ¿por qué lo oyen? 21Otros
contestaban: —Ésas no son palabras de loco; ¿puede un loco abrir los ojos de los
ciegos?

Se celebraba la fiesta de la dedicación en Jerusalén: era invierno.59 23Jesús se


22

paseaba, en el templo, por el pórtico de Salomón,60 24los judíos lo rodearon y le


preguntaron: —¿Hasta cuándo nos vas a tener el alma en vilo? Si tú eres el Cristo,
dínoslo con franqueza.
25
Jesús les contestó: —Ya lo dije a ustedes, pero no lo creyeron. Los milagros que
hago en nombre de mi padre dan testimonio acerca de mí, 26pero ustedes no me
creen porque no son ovejas mías. 27Mis ovejas obedecen mi voz; yo las conozco y
ellas me siguen. 28Yo les doy vida eterna y jamás se perderán para siempre y nadie las
arrancará de mi mano. 29Lo que me ha dado mi padre, es mayor que todo y nadie
puede arrancar algo de mano del padre. 30Yo y mi padre somos uno.
267 ernesto de la peña

Cuando los judíos tomaron nuevamente piedras para lapidario, 32Jesús les
31

dijo: —Muchas cosas buenas les mostré de mi padre, ¿por cuál de ellas me van a
apedrear?

Los judíos le contestaron: —No te apedreamos por nada bueno, sino por
33

blasfemia, porque tú, que eres hombre, te haces Dios a ti mismo.61

Jesús les contestó: —¿No está escrito en la ley de ustedes: “Yo les dije: ustedes
34

son dioses”?62 35Pues si llama dioses a aquellos a quienes se dirigía la palabra de Dios,
y la Escritura no se puede anular, 36(a mí) a quien el padre santificó y envió al
mundo, ¿por qué me acusan de blasfemia, porque dije: “Soy hijo de Dios”? 37Si yo
no hago las obras de mi padre, no crean en mí, 38pero si las hago, aunque ustedes no
crean en mí, crean en las obras: para que sepan y entiendan que el padre está en mí
y yo estoy en el padre.
39
Trataron, pues, de apresarlo de nuevo, pero se les escapó de las manos.

Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al sitio donde, en otro tiempo, había
40

bautizado Juan, y allí se quedó. 41Y llegaban muchos que le decían: —Juan no realizó
ningún milagro, pero todo lo que dijo Juan acerca de éste era verdad. 42Y muchos
creyeron en él allí.

Capítulo once
Y estaba enfermo un tal Lázaro de Betania, de la aldea de María y de su hermana
1

Marta. 2María fue la que ungió al Señor con perfume y le secó con el pelo los pies.
Lázaro, hermano suyo, era el que estaba enfermo; 3por eso las hermanas le mandaron
decir: —Señor, aquel a quien amas, está enfermo.

Jesús dijo, al oír esto: —Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de
4

Dios, para que, por ella, tenga gloria el hijo de Dios.


los evangelios 268

5
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Por eso, cuando se enteró de
que estaba enfermo, se quedó dos días donde estaba. 7Entonces, después de esto,
dijo a los discípulos: —Vamos de nuevo a Judea.
8
Y los discípulos le dijeron: —Maestro, hace poco querían lapidarte los judíos y
¿vas a ir allí otra vez?
9
Jesús contestó: —¿No son doce las horas del día? Si uno camina de día, no
tropieza, porque la luz de este mundo hace que se pueda ver. 10Si alguien camina de
noche, tropieza, porque la luz falta.
11
Dijo estas cosas y después les dijo: —Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido,
pero voy a despenado.63
12
Los discípulos le dijeron: —Señor, si duerme, se salvará.

Jesús aludía a la muerte de Lázaro, pero ellos creyeron que hablaba del sueño
13

que produce ensueños.

Entonces Jesús les dijo con claridad: —Lázaro ha muerto. 15Me da gusto por
14

ustedes, para que crean, no haber estado yo allí. Vamos ahora a su casa.

Y Tomás, llamado Dídimo, dijo entonces a sus compañeros discípulos: —


16

Nosotros vayamos también a morir con él.64


17
Cuando llegó Jesús, descubrió que Lázaro ya llevaba cuatro días en la tumba.
18
Betania está cercana a Jerusalén, a unos quince estadios 65 19y muchos judíos
habían ido a ver a Marta y a María para darles condolencias por su hermano.
20
Cuando Marta supo que Jesús llegaba, salió a recibirlo, mientras María se
quedaba en la casa. 21Marta le dijo a Jesús: —Señor, si hubieras estado aquí, mi
hermano no habría muerto. 22Pero a pesar de todo, sé que Dios te concederá lo que
le pidas.
23
Jesús le dijo: —Tu hermano resucitará.
24
Marta le dijo: —Ya sé que resucitará, en la resurrección del último día.
269 ernesto de la peña

Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque
25

muera, vivirá. 26Todo el que está vivo y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?

Y le dijo a él: —Sí, Señor. Yo he creído que tú eres el Cristo, el hijo de Dios que
27

ha venido al mundo.

Y habiendo dicho esto, salió y llamó a su hermana María y le dijo aparte: —El
28

maestro está aquí y te llama.66

Cuando lo oyó, María se levantó y salió a verlo. 30Jesús no había entrado


29

todavía en la aldea; seguía donde Marta lo había encontrado.

Los judíos que estaban con ella en su casa, dándole condolencias, cuando
31

vieron que María se levantaba y salía rápidamente, la siguieron, pues creían que iba
a la tumba, para llorar allí.

Cuando María llegó a donde Jesús estaba, al verlo se echó a sus pies, diciéndole:
32

—Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Jesús, al verla llorar y que lloraban los judíos que la acompañaban, se


33

conmovió profundamente en su espíritu y se perturbó, 34y le preguntó: —¿Dónde


lo han puesto? Y le contestaron: —Ven y velo, Señor. 35Jesús derramó lágrimas. 36Y
los judíos decían: —¡Miren cómo lo amaba! 37Pero algunos de ellos dijeron: —Y
éste, que le abrió los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que éste muriera?

Jesús, vivamente conmovido, llegó al sepulcro: era una cueva y tenía una losa
38

encima. 39Y Jesús dijo: —Quiten la losa. Marta, hermana del muerto, le dijo: —
Señor, ya hiede, lleva ya cuatro días enterrado.
40
Jesús le dijo: —¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

Entonces quitaron la losa. Jesús levantó los ojos a las alturas y dijo: —Padre,
41

gracias por haberme oído. 42Yo sé que siempre me oyes, pero lo digo por la gente que
está a mi alrededor, para que crean que tú me has enviado.

Y después de decir esto, gritó con gran voz: —¡Lázaro, sal fuera!
43
los evangelios 270

44
El que había muerto salió, con los pies atados y las manos vendadas y con la
cara envuelta con un sudario. Jesús les dijo: —¡Desátenlo y déjenlo andar!
45
Muchos de los judíos que habían ido a la casa de María y habían visto lo que
había hecho, creyeron en él. 46Pero algunos fueron a ver a los fariseos y les contaron
lo que Jesús había hecho. 47Se reunieron los sumos sacerdotes y los fariseos en
consejo y se preguntaban: —¿Qué haremos?, porque este hombre hace muchos
milagros. 48Si lo dejamos así, todos creerán en él y vendrán los romanos y nos
destruirán a nosotros, el lugar santo y al pueblo.

Uno de ellos, Caifás, que era, ese año, sumo sacerdote, les dijo: —Ustedes no
49

saben nada. 50No piensan que les conviene que uno muera por el pueblo para que
no muera todo el pueblo.
51
Esto no lo dijo él por sí, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó
que Jesús iba a morir por el pueblo 52y no sólo por el pueblo, sino también para
unificar a los hijos de Dios que están dispersos. 53Y desde aquel día se conjuraron
para matarlo.
54
Por eso, Jesús ya no andaba libremente entre los judíos: se retiró de allí a la
zona cercana al desierto, a una aldea llamada Efraín, y allí se quedó con sus
discípulos.
55
Estaba cercana la pascua de los judíos y mucha gente subía del campo a
Jerusalén para purificarse antes de la pascua. 56Buscaban a Jesús y se preguntaban
unos a otros en el templo: —¿Qué piensan? ¿Creen que no asistirá a la fiesta?

Los sumos sacerdotes y los fariseos habían promulgado órdenes para que el
57

que supiera dónde estaba, les avisara, para encarcelarlo.

Capítulo doce
1
Seis días antes de la pascua, Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús
había resucitado de los muertos. 2Allí le hicieron una cena; Marta servía y Lázaro era
271 ernesto de la peña

uno de los comensales, junto con él. 3María tomó una libra de perfume de nardo
auténtico y muy costoso, ungió los pies de Jesús y se los secó con el pelo. La casa se
llenó del aroma del perfume.

Pero uno de los discípulos, Judas Iscariote, el que lo habría de traicionar, dijo:
4

5
—¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y el dinero no
se ha dado a los pobres?

Dijo esto, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como
6

él disponía de la bolsa de la comunidad tomaba lo que les daban.

Y Jesús dijo: —Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura, 8porque a los
7

pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán.

La gran muchedumbre de los judíos supo que estaba allí y fueron, no sólo por
9

Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
10
Los sumos sacerdotes se conjuraron para matar a Lázaro también, 11pues acudían
a él muchos judíos y creían en Jesús.

Al día siguiente, la gran muchedumbre que había ido a la fiesta, al oír que
12

llegaba Jesús a Jerusalén, 13tomó los ramos de las palmas y salió a su encuentro,
gritando: —¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, y el rey de Israel!67
14
Pero Jesús encontró a un borriquito y se montó en él, tal como está escrito: 15
“No temas, hija de Sión, mira que tu rey llega montado en un borrico”.68

Los discípulos no entendieron esto al principio, pero cuando Jesús fue


16

glorificado, recordaron que estas cosas estaban escritas acerca de él y que las habían
hecho para él.

La muchedumbre testificaba que había estado con él cuando llamó a Lázaro


17

para que saliera del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos. 18Por esto salió a
recibirlo la muchedumbre: porque habían oído que había hecho este milagro.

Los fariseos se decían entre sí: —Vean que de nada ha servido, todo el mundo
19

va detrás de él.
los evangelios 272

20
Había algunos griegos entre los que habían subido a presentar sus ofrendas en
la fiesta. 21Estos se acercaron a Felipe, el de Betsaida, de Galilea, y le dijeron: —Señor,
queremos ver a Jesús.69
22
Y va Felipe y se lo dice a Andrés y Andrés, junto con Felipe, fueron a decírselo
a Jesús.
23
Jesús les contestó: —Ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre será
glorificado. 24En verdad, en verdad les digo, si el grano de trigo no cae en la tierra y
muere, se queda infecundo. Pero si muere, su fruto es abundante. 25El que ama su
propia vida, la perderá; quien odia su propia vida en este mundo, la conservará por
una vida eterna. 26Si alguien me sirve, que me siga y allí donde yo esté, estará también
mi servidor. Mi padre honrará a quien me sirva.
27
Mi alma está conturbada ahora, pero, ¿qué digo? ¡Padre, sálvame de esta hora!”
Pero si para esto vine, para esta hora. 28Padre, ¡glorifica tu nombre! Entonces vino
una voz del cielo: —Lo glorifiqué y lo glorificaré de nuevo.

Cuando la muchedumbre que allí estaba lo oyó, decía que había sido un
29

trueno; pero otros decían: —Un ángel le ha hablado.


30
Jesús contestó y dijo: —Esta voz no era para mí, sino para ustedes. 31Ahora
empieza el juicio de este mundo. Ahora el que gobierna este mundo será expulsado
fuera. 32Y cuando yo sea elevado por encima de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
33
Y decía esto para dar a entender de qué muerte iba a morir. 34La muchedumbre
le contestó: —Hemos oído, por la ley, que el Cristo se quedará para siempre, ¿por
qué dices tú que el Hijo del Hombre tiene que ser elevado? ¿Quién es este Hijo del
Hombre?
35
Jesús les respondió: —Todavía estará la luz un tiempo corto entre ustedes;
caminen, mientras tengan luz, no sea que los sorprendan las tinieblas. El que camina
en las tinieblas no sabe a dónde va. 36Mientras haya luz, crean en la luz para que
lleguen a ser hijos de la luz.
273 ernesto de la peña

Así habló Jesús y después se fue y se ocultó de ellos.

A pesar de tan grandes milagros como los que Jesús había hecho enfrente de
37

ellos, no creían en él. 38Para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías, que
dijo:

Señor, ¿quién ha creído lo que hemos oído?


¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?70

No lo podían creer por lo que dijo también Isaías:


39

40
Les ha cegado los ojos
y entorpecido la mente,
para que no vean con los ojos
ni entiendan con la mente
y se conviertan y yo los sane.71

Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de él y de él habló. 42A pesar de todo,
41

muchos, hasta algunos jefes, creyeron en él, pero no lo confesaban por temor a los
fariseos, para que no los expulsaran de la sinagoga. 43Porque amaban más la gloria
de los hombres que la de Dios.
44
Jesús gritó y dijo: —El que crea en mí., no es en mí en quien cree, sino en el
que me ha enviado. 45Y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. 46Yo, la luz, he
venido al mundo para que todo el que crea en mí no se quede en la oscuridad. 47Y si
alguien oye mis palabras y no las cumple, no lo juzgaré yo, pues no vine a juzgar al
mundo, sino a salvarlo. 48El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene quien lo
juzgue; la palabra que he dicho la juzgará aquél el último día. 49Porque yo no hablé
en mi propio nombre, sino que el padre que me ha enviado me dio un mandamiento
los evangelios 274

acerca de lo que debo decir y hablar. 50Y sé que este mandamiento es la vida eterna:
así pues, lo que yo digo, lo digo según me lo dijo el padre y así hablo.

Capítulo trece
1
Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que había llegado para él la hora de
pasar de este mundo al padre, y habiendo amado a los suyos que están en el mundo,
los amó hasta el fin.
2
Y se hizo una cena y el diablo se le había metido ya en el corazón a Judas, hijo
de Simón Iscariote, para que lo traicionara; 3y Jesús, sabiendo que el padre había
puesto todo en su mano y que había venido de Dios y a Dios regresaba, 4se levantó
de la mesa, se quitó el manto y se puso una toalla alrededor de la cintura, 5después
echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de sus discípulos y a secárselos con
la toalla que llevaba en torno a la cintura.
6
Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: —Señor, ¿tú me lavas los pies a mí?

Y Jesús le respondió y le dijo: —Lo que estoy haciendo yo no lo comprendes


7

ahora, pero lo comprenderás más tarde.


8
Pedro le dijo: —¡Tú no me lavarás jamás los pies! Jesús le contestó: —Si no te
los lavo, no tendrás tu parte conmigo.

Simón Pedro le dijo: —Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la
9

cabeza.
10
Jesús le contestó: —Quien se ha bañado, no necesita lavarse más que los pies,
pues está limpio todo. Ustedes están limpios, aunque no todos.
11
Porque conocía al que lo iba a traicionar, por eso dijo: “Aunque no todos
están limpios”.
12
Cuando les hubo lavado los pies, se puso otra vez el manto, volvió a sentarse y
les dijo: —¿Comprenden lo que he hecho por ustedes? 13
Ustedes me llaman
275 ernesto de la peña

“maestro” y “señor” y tienen razón, porque lo soy. 14Si yo, el maestro y el señor, les
lavé los pies, también ustedes se deben lavar los pies unos a los otros, 15porque yo les
he dado el ejemplo para que ustedes hagan lo mismo que yo he hecho. 16En verdad,
en verdad les digo que un criado no es más que su amo, ni un enviado más que el
que lo envía. 17Si ya lo saben, dichosos ustedes si así lo cumplen. 18No lo digo por
todos ustedes: yo sé bien a quiénes elegí, pero para que se cumpliese la Escritura: “El
que come de mi pan, levantó su talón contra mí”.72 19Yo lo digo ahora a ustedes,
antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy. 20En verdad, en
verdad les digo: quien recibe a quienquiera que yo haya enviado me recibe a mí, y
quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

Y Jesús, habiendo dicho esto, se conmocionó en su espíritu y testificó y dijo:


21

—En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.

Los discípulos se miraban unos a otros dudando a causa de quién lo decía.


22

23
Estaba a la mesa uno de los discípulos, a quien amaba Jesús, reclinado sobre el
regazo de Jesús. 24Simón Pedro le hizo señas para que averiguara de quién hablaba.
25
Entonces él, apoyándose así en el pecho de Jesús, le dijo: —Señor, ¿quién es?

Jesús le contestó: —Es aquel para el que yo remoje este pedazo de pan y se lo
26

dé. Y habiendo mojado el pedazo de pan, lo toma y se lo da a Judas, el hijo de Simón


Iscariote.

Y entonces, tras el pan, entró Satanás en aquél. Jesús le dijo entonces: —Lo
27

que vas a hacer, hazlo inmediatamente.

Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué se lo decía.


28

29
Algunos pensaron que como Judas tenía la bolsa del dinero, Jesús le había dicho:
“Compra lo que nos es necesario para la fiesta”, o para que se diera algo a los pobres.

Y aquél, habiendo tomado el pedazo de pan, salió inmediatamente. Era de


30

noche.
los evangelios 276

Cuando hubo salido, Jesús dijo: —Ahora ha sido glorificado el Hijo del
31

Hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32Si Dios ha sido glorificado en él, también
Dios lo glorificará en él y pronto lo glorificará. 33Hijitos, todavía estaré muy poco
tiempo con ustedes. Me buscarán, pero lo que dije a los judíos, lo digo ahora a
ustedes: “Donde yo voy, ustedes no podrán ir”. 34Les doy un nuevo mandamiento,
que se amen unos a los otros; tal como yo los he amado, ámense también entre
ustedes. 35En esto reconocerán todos que son ustedes mis discípulos, en que se
tengan amor unos a otros.
36
Simón Pedro le dijo: —Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: —A donde yo
voy, no puedes seguirme ahora, pero me seguirás después.
37
Pedro le dijo: —Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Por ti daría la vida.
38
Jesús le contestó: ¿Tú darías la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que
antes de que cante el gallo me negarás tres veces.

Capítulo catorce
—Que no se acongoje su corazón, confíen en Dios y confíen en mí. 2En la casa de
1

mi padre hay muchos cuartos; si no fuera así, yo lo habría dicho a ustedes: voy a
prepararles un sitio. 3Cuando vaya y lo prepare, volveré para llevarlos conmigo; de
manera que donde yo esté, ustedes también estén. 4Ya conocen el camino para ir a
donde yo voy.
5
Tomás le dijo: —Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo es que podemos
conocer el camino? 6Jesús le dijo: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie se
acerca al padre si no es a través de mí. 7Si me conocieran a mí conocerían también a
mi padre, aunque desde este momento ya lo conocen y lo han visto.
8
Felipe le dijo: —Señor, muéstranos al padre y eso nos bastará.

Jesús le contestó: —Con tanto tiempo que llevo entre ustedes, ¿todavía no me
9

conoces, Felipe? Quien me haya visto, ha visto al padre. ¿Cómo, pues, dices:
277 ernesto de la peña

“Muéstranos al padre”? 10¿No crees que yo estoy en el padre y el padre en mí? Las
palabras que yo les digo no las digo de parte mía: el padre que permanece en mí hace
sus obras. 11Créanme que yo estoy en el padre y el padre está en mí, si no, crean por
las propias obras. 12En verdad, en verdad les digo que quien cree en mí hará las obras
que yo hago y aun mayores, porque yo me voy al padre 13y cualquier cosa que
ustedes pidan en nombre mío lo haré yo para que el padre sea glorificado en el hijo.
14
Cualquier cosa que pidan en mi nombre la haré.

Si me aman, guarden mis mandamientos 16y yo le pediré al padre que les dé


15

otro intercesor para que esté siempre con ustedes.73 17El mundo no puede recibir el
espíritu de la verdad porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen
porque vive ya con ustedes y estará entre ustedes. 18No los dejaré huérfanos: volveré
a ustedes. 19De aquí a poco tiempo, el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me
verán, porque yo vivo y ustedes también viven. 20Ese día sabrán que yo estoy en mi
padre, ustedes en mí y yo en ustedes. 21El que recibe mis mandamientos y los
cumple, ése es el que me ama y al que me ama, mi padre lo amará y yo también lo
amaré y me revelaré yo mismo a él.

Y le dijo Judas (no el Iscariote): —Señor, ¿por qué vas a revelarte a nosotros y
22

no al mundo?

Jesús le contestó y dijo: —Quien me ame cumplirá mi palabra y mi padre lo


23

amará y vendremos a él y con él haremos una cámara. 24Quien no me ama, no


cumple mis palabras y la palabra que ustedes oyen no es mía, sino del padre que me
ha enviado.

Les he dicho estas cosas mientras estaba entre ustedes. 26El intercesor, el
25

Espíritu Santo que enviará mi padre en nombre mío, ése les enseñará todo y les hará
recordar todo lo que les dije.74 27Les dejo paz, les doy mi paz: no según la da el
mundo la doy yo: que no se les inquiete el corazón y que no tema; 28escuchen que
yo les dije: “Me voy y vendré a ustedes”; si me amaran, se regocijarían porque voy al
padre, ya que el padre es mayor que yo. 29Y lo he dicho desde antes de que suceda,
para que cuando suceda, crean. 30Ya no hablaré mucho con ustedes, porque viene el
los evangelios 278

que gobierna al mundo; y sobre mí, no tiene poder, 31pero para que el mundo sepa
que amo a mi padre y que tal como mi padre me lo ha ordenado, así lo hago.
¡Levántense, vámonos de aquí!

Capítulo quince
1
—Yo soy la vid verdadera y mi padre es el labrador. 2Toda rama que haya en mí sin
producir fruto, la cortará, y limpiará a la que produce fruto, para que produzca
todavía más. 3Ustedes ya están purificados por la palabra que les dije; 4permanezcan
en mí y yo en ustedes: tal como la rama no puede producir fruto por sí sola si no
permanece en la vid, tampoco ustedes pueden, si no permanecen en mí; 5yo soy la
vid, ustedes las ramas: el que permanezca en mí y yo en él, producirá muchos frutos,
pero sin mí no podrán producir nada; 6si alguien no permaneciera en mí, sería
arrojado afuera, como la rama, y se secaría y la recogerían y la lanzarían al fuego y
ardería; 7pero si permanecieran en mí y en ustedes permanecieran mis palabras, todo
lo que ustedes quisieran pedir, se les concedería. 8En esto se glorificaría mi padre: en
que produjeran ustedes mucho fruto y se convirtieran en discípulos míos. 9Tal
como me amó mi padre, los he amado yo: permanezcan en mi amor. 10Si cumplen
mis mandamientos, permanecerán en mi amor, tal como yo, que he cumplido los
mandamientos de mi padre, permanezco en su amor.

Les he dicho estas cosas para que mi regocijo esté con ustedes y para que se
11

colmen de regocijo. 12Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros tal
como yo los he amado. 13Nadie tiene un amor mayor que éste: el que alguien dé su
vida por sus amados.

Ustedes son mis amigos si hacen lo que les ordeno. 15Ya no los llamo más
14

siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; los he llamado amigos porque
les he dado a conocer todo lo que he oído de mi padre. 16No fueron ustedes quienes
me eligieron, sino que yo los elegí a ustedes y les encomendé que se pusieran en
marcha y produjeran fruto y que el fruto de ustedes permanezca y que cualquier
279 ernesto de la peña

cosa que le pidan al padre en nombre mío, les sea dada. 17Esto les ordeno: que se
amen los unos a los otros.

Si el mundo los odia, recuerden que me odió a mí antes que a ustedes. 19Si
18

fueran ustedes del mundo, el mundo los amaría como a propios. Pero no son ustedes
del mundo, sino que yo los elegí en el mundo y por eso el mundo los odia.
20
Recuerden la palabra que les dije: “El servidor no es mejor que su amo”: si a mí me
persiguieron, también a ustedes los perseguirán; si guardaron mi palabra, también
guardarán la de ustedes. 21Pero les harán todas estas cosas a causa de mi nombre,
porque no conocen al que me ha enviado. 22Si no hubiera venido y hubiera hablado
con ellos, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa de su pecado. 23Quien
me odia a mí, también odia a mi padre; 24si no hubiera hecho entre ustedes los
milagros que nadie más ha hecho, no tendrían pecado, pero ahora han visto y me
han odiado tanto a mí como a mi padre; 25pero sólo para que se cumpliera lo que
está escrito en la ley de ellos: “Me odiaron gratuitamente”.75

Cuando venga el intercesor a quien yo envíe desde el seno de mi padre, el


26

espíritu de verdad que procede del padre, testimoniará acerca de mí 27y ustedes
testificarán que están conmigo desde el principio.

Capítulo diez y seis


1
Les he dicho estas cosas para que no se escandalicen, 2pues los expulsarán de la
sinagoga; pero ya viene la hora en que todo aquel que los mate creerá que al hacerlo
adora a Dios. 3Harán eso porque no reconocen ni al padre ni a mí 4y lo digo a ustedes
para que cuando llegue su hora recuerden que yo lo había dicho. No les dije esto
desde el principio porque estaba con ustedes, 5pero ahora me voy a quien me envió
y ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?” 6Pero porque les he dicho estas
cosas, la tristeza ha llenado sus corazones 7y, sin embargo, les digo la verdad: les
conviene que yo me vaya porque, si no me voy, nunca vendrá el intercesor, pero, si
me voy, lo enviaré a ustedes. 8Y cuando él venga mostrará al mundo que hay pecado,
los evangelios 280

justicia y condena. 9En primer lugar, pecado, porque no creen en mí; 10después,
justicia, porque me voy con el padre y ya no me verán más. 11Y condena, porque el
gobernante de este mundo ya ha sido condenado.76
12
Tengo muchas cosas más que decirles, pero no las podrían resistir ahora. 13Sin
embargo, cuando él venga, el espíritu de la verdad, los conducirá por toda verdad,
porque no hablará en nombre suyo, sino que dirá lo que oiga y les anunciará lo que
ha de venir.77 14Él me glorificará porque tomará de lo mío y lo anunciará a ustedes.
15
Todo lo que tiene el padre es mío; por eso les dije que toma de lo mío y lo anunciará
a ustedes.
16
Dentro de poco ya no me verán, pero un poco después me verán.
17
Entonces, algunos discípulos se dijeron unos a los otros: —¿Qué quiere decir
eso de que “dentro de poco ya no me verán, pero un poco después me verán” y eso
de “porque me voy con el padre”?

Y se preguntaron: —¿Qué quiere decir ese “poco” (que habla)? No


18

entendemos de qué está hablando.


19
Supo Jesús que algo le querían preguntar y les dijo: —Están discutiendo entre
ustedes de lo que les dije: “Dentro de poco ya no me verán, pero después me verán”,
20
pues en verdad, en verdad les digo que llorarán y se lamentarán y el mundo estará
alegre; ustedes estarán tristes, pero su pena se convertirá en alegría. 21Cuando la
mujer da a luz, siente dolor porque ha llegado su hora, pero cuando ya ha dado a luz
al niño, ya no recuerda su aflicción por su alegría de que ha concebido un hombre
para el mundo. 22 Ustedes están tristes también ahora, pero los veré de nuevo y su
corazón se alegrará y la alegría de ustedes nadie se la podrá llevar consigo. 23Y ese día
no me preguntarán nada; en verdad, en verdad les digo que si le piden algo al padre,
en nombre mío, él lo dará. 24Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre: pidan
y recibirán para que su alegría sea completa.

Todas estas cosas les he dicho en proverbios: ya es hora de que no les hable más
25

en proverbios, sino claramente, acerca del padre. 26Aquel día pedirán ustedes en mi
281 ernesto de la peña

nombre y no les digo que pediré al padre por ustedes, 27pues el padre los amará
porque ustedes me han amado a mí y han creído que salí del seno de Dios. 28Salí de
junto al padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y me dirijo al padre.

Los discípulos le dijeron: —He aquí que hablas con claridad y no dices ningún
29

proverbio. 30Ahora sabemos que lo sabes todo y que no necesitas que nadie te haga
preguntas. Debido a esto, creemos que has salido de Dios.

Jesús les contestó: —¿Ahora creen? 32Ya está aquí la hora y ha llegado para que
31

ustedes se dispersen, cada uno por su lado, y me dejen solo. Aunque yo no estoy
solo, porque el padre está conmigo. 33Les he dicho estas cosas para que tengan paz
en mí. En el mundo, ustedes padecen aflicción, pero tengan valor: he vencido al
mundo.

Capítulo diez y siete


1
Y habiendo dicho esto, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: —Padre, ha llegado la
hora, glorifica a tu hijo para que el hijo te glorifique, 2pues le diste autoridad sobre
toda carne para que todo lo que le diste dé a ellos vida eterna. 78 3Ésta es la vida
eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a quien enviaste, Jesucristo.
4
Yo te he glorificado en la tierra al llevar a su término la obra que me diste para hacer.
5
Ahora, padre, glorifícame tú de tu parte en la gloria que tenía junto a ti antes de
que el mundo existiera.

He manifestado tu nombre a los hombres que me confiaste, tomándolos del


6

mundo. Eran tuyos y tú me los confiaste y ellos han observado tu palabra. 7Ahora
saben que todo lo que me diste proviene de ti. 8Que las palabras que tú me inspiraste
se las he inspirado yo a ellos y ellos las han aceptado y saben que verdaderamente
provienen de ti y han creído que tú me enviaste.79

Te pido por ellos: no te pido por el mundo, sino por los que me has entregado
9

porque son tuyos. 10Así como todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo, mío, en ellos he
sido glorificado. 11Ya no estoy en el mundo, pero ellos están en él y yo voy a ti. Padre
los evangelios 282

santo, cuídalos en tu nombre, el que me diste, para que sean uno, como nosotros.
12
Mientras estaba con ellos, yo los guardaba en tu nombre, el que me diste, y los
vigilé, y ninguno de ellos se perdió, excepto el hijo de la perdición, para que se
cumpliera la Escritura.80 13Pero ahora voy contigo. Y digo esto en el mundo para
que mi alegría se cumpla en ellos. 14Yo les he dado tu palabra y el mundo los odió
porque no pertenecen al mundo, así como yo tampoco soy del mundo. 15No te pido
que los saques del mundo, sino que los protejas del mal. 16No pertenecen al mundo,
tal como yo tampoco pertenezco al mundo. 17Santifícalos en la verdad: tu palabra es
verdad, 18pues así como tú me enviaste al mundo, yo también los envié al mundo.
19
Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también queden santificados
en verdad.
20
No te pido sólo por éstos, te pido también por los que creen en mí mediante
su palabra; 21para que sean todos uno solo, como tú, padre, que estás conmigo y yo
contigo; que también ellos sean uno con nosotros para que el mundo crea que me
enviaste. 22Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno solo, así como
nosotros somos uno solo, 23yo con ellos y tú conmigo, para que queden realizados
en uno, para que sepa el mundo que tú me enviaste y que los has amado como a mí
me amaste. 24Padre, tú me los confiaste: quiero que, dondequiera que yo esté, ellos
estén conmigo, para que vean mi gloria, la que tú me has dado, porque me amabas
ya antes de la creación del mundo. 25Padre justo, aunque el mundo no te ha
reconocido yo sí te reconocí y éstos supieron que tú me enviaste. 26Y yo les di a
conocer tu nombre y seguiré dándolo a conocer para que el amor que tú me tuviste
esté con ellos y yo también esté con ellos.

Capítulo diez y ocho


1
Cuando hubo dicho estas cosas, Jesús salió con sus discípulos al otro lado del
torrente del Cedrón, a un sitio donde había un huerto, en el que entraron él y sus
discípulos.81
283 ernesto de la peña

Judas, el que lo traicionó, conocía también el lugar porque muchas veces Jesús
2

se reunía allí con sus discípulos. 3Judas tomó consigo a una cohorte de soldados y
entró allí junto con los servidores de los sumos sacerdotes y de los fariseos, con
faroles, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que le sucedería, salió y les dijo: —¿A quién buscan? 5Y
4

le contestaron: —A Jesús el nazareno. Y Jesús les dijo: —Soy yo. Estaba con ellos
Judas, el traidor. 6Y cuando les dijo: “Soy yo”, se fueron hacia atrás y cayeron por
tierra. 7Después, les preguntó otra vez: —¿A quién buscan? Y ellos contestaron: —
A Jesús, el nazareno. 8Jesús les dijo: —Les dije ya que soy yo. Si a mí me buscan,
dejen que éstos se vayan.

Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: “No he perdido a
9

ninguno de los que me entregaste”. 10Entonces Simón Pedro, que llevaba una
espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. El
nombre del criado era Maleo. 11Pero Jesús le dijo a Pedro: —Mete la espada en su
vaina. La copa que me ofrece mi padre, ¿acaso no he de beberla?

Entonces la cohorte, su comandante y los servidores de los judíos prendieron


12

a Jesús, y lo ataron.82 13Y lo llevaron primero a la casa de Anás, porque era el suegro
de Caifás, sumo sacerdote de aquel año. 14Caifás era el que había dado a los judíos el
consejo de que convenía que muriera un hombre por el pueblo.

Simón Pedro iba siguiendo a Jesús, junto con otro discípulo. Este discípulo
15

era conocido del sumo sacerdote y entró en el palacio de éste al mismo tiempo que
Jesús, 16mientras Pedro se quedaba fuera, a la puerta. Salió entonces el otro discípulo
a quien conocía el sumo sacerdote, habló con la portera y condujo adentro a Pedro.
17
La criada portera le preguntó a Pedro: —¿No eres tú también discípulo de ese
hombre? Y aquél dijo: —No lo soy. 18Los criados y guardas que allí estaban habían
encendido una hoguera de carbón, porque hacía frío y se estaban calentando. Y
también estaba allí Pedro, de pie, calentándose.

El sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y sus enseñanzas.


19

20
Jesús contestó: —He hablado en público para todo el mundo; he enseñado
los evangelios 284

siempre en la sinagoga y en el templo donde se reúnen todos los judíos y nada he


dicho en secreto. 21¿Por qué me preguntas? Pregúntales a los que han oído de qué
he hablado, pues ellos saben lo que he dicho.
22
Cuando dijo esto, uno de los guardas que estaban presentes le dio un bofetón
a Jesús, diciendo: —¿Así contestas al sumo sacerdote?
23
Jesús contestó: —Si he cometido alguna falta, explícame en qué consiste, pero
si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?
24
Entonces Anás lo mandó, atado, a Caifás, el sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le preguntaron: —¿No eres tú


25

también uno de sus discípulos? Él lo negó y dijo: —No lo soy. 26Uno de los criados
del sumo sacerdote, pariente del otro a quien Pedro cortó la oreja, le dijo: —¿No te
he visto yo junto con él en el huerto? 27Pedro lo negó otra vez y en seguida cantó un
gallo.
28
Era la madrugada cuando llevaron a Jesús desde la casa de Caifás al pretorio.
No entraron ellos en el pretorio para no contaminarse y poder celebrar la cena de
pascua. 83 29Pilatos salió, pues, a su encuentro y les pregunto: —¿Qué acusación
presentan contra este hombre? 30Y le contestaron y dijeron: —Si éste no fuera un
malhechor, no te lo entregaríamos. 31Pilatos les dijo entonces: —Llévenselo y
júzguenlo de acuerdo con la ley de ustedes. Pero los judíos contestaron: —No
estamos autorizados para ejecutar a nadie. 32Esto era para que se cumpliera la palabra
que Jesús había dicho, al hablar de qué muerte iba a morir.
33
Pilatos entonces entró nuevamente en el pretorio y llamó a Jesús y le dijo: —
¿Eres tú el rey de los judíos? 34Jesús le contestó: —¿Lo dices tú mismo o te lo han
dicho otros de mí?
35
Pilatos le contestó: —¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes
te han entregado a mí, ¿qué has hecho?
285 ernesto de la peña

Jesús contestó: —Mi reino no es de este mundo: si mi reino fuera de este


36

mundo, mis servidores habrían luchado para que no se me entregase a los judíos.
Pero mi reino no es de aquí.

Pilatos le dijo: —Pero, entonces, ¿eres rey? Jesús respondió: —Tú dices que
37

yo soy rey. Yo he sido engendrado para esto y para esto vine al mundo, para testificar
la verdad. Todo el que es de la verdad, oye mi voz.

Pilatos le dijo: —¿Qué es la verdad? Y después de decir esto, volvió a salir a


38

donde estaban los judíos y les dijo: —Yo no encuentro ningún delito en él; 39ustedes
observan la costumbre de que les libere a alguien en la pascua: ¿quieren que libere al
rey de los judíos? 40Y gritaron de nuevo, diciendo: —¡No a éste, sino a Barrabás!
Barrabás era ladrón.

Capítulo diez y nueve


1
Entonces, Pilatos tomó a Jesús y lo azotó. 2Los soldados trenzaron una corona de
espinas y se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto de color púrpura.
3
Y se acercaban a él y le decían: —¡Salud, rey de los judíos! Y lo abofeteaban.
4
Pilatos volvió a salir y les dijo: —Miren, lo traeré fuera para que sepan ustedes
que no encuentro en él ninguna culpa. 5Jesús salió, con la corona de espinas y el
manto color púrpura. Y Pilatos les dijo: —Aquí está el hombre. 6Cuando lo vieron
los sumos sacerdotes y los servidores, gritaron: —¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Pilatos
les dijo: —Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro ninguna
culpa en él. 7Los judíos le contestaron: —Nosotros tenemos nuestra ley y de acuerdo
con esa ley debe morir, porque pretende ser hijo de Dios.

Cuando Pilatos oyó estas palabras, le dio todavía más miedo. 9Y entrando de
8

nuevo en el pretorio, le preguntó a Jesús: —¿De dónde eres? Pero Jesús no le dio
respuesta. 10Le dijo, pues, Pilatos: —¿No me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad
para liberarte y autoridad para crucificarte? 11Jesús contestó: —Ninguna autoridad
los evangelios 286

tendrías contra mí si no te hubiera sido dada desde lo alto. Por esto, el que me ha
entregado a ti tiene una culpa mayor.

Pilatos, a partir de ese momento, intentaba liberarlo, pero los judíos gritaron:
12

—Si liberas a ése, no eres amigo del César, pues todo el que pretende ser rey está
contra el César.

Al oír estas palabras, Pilatos sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el


13

lugar que llaman “embaldosado”, en hebreo “gabatá”. 84 14Era el día de la


preparación para la pascua, hacia la hora sexta.85

Y entonces dijo a los judíos: —Aquí tienen a su rey. 15Ellos gritaban: —¡Mátalo!
¡Mátalo! ¡Crucifícalo! Pilatos les dijo: —¿He de crucificar al rey de ustedes? Y los
sumos sacerdotes contestaron: —No tenemos más rey que el César. 16Entonces les
entregó a Jesús para que fuera crucificado. Y se apoderaron de Jesús. 17Y él, llevando
a cuestas una cruz, salió a un lugar que llaman de la Calavera, que en hebreo se dice
Gólgota.86 18Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado, y Jesús en
medio.
19
Pilatos escribió también un letrero y lo puso sobre la cruz; y allí estaba escrito:
“Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”. 20Muchos judíos leyeron el letrero, porque el
lugar en que fue crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad, y porque estaba escrito
en hebreo, latín y griego. 21Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilatos: —
No escribas: “El Rey de los Judíos”, sino que éste dijo: “Soy el rey de los judíos”.
22
Pilatos contestó: —Lo que escribí, escrito queda.
23
Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus ropas e hicieron cuatro
partes, una para cada uno, y dejaron la túnica aparte. Era una túnica sin costuras,
tejida de una sola pieza desde arriba hasta abajo. 24Y los soldados se dijeron: —No la
rasguemos, ¡echémosla a la suerte, para ver a quién le toca! Esto fue para que se
cumpliera la Escritura: “Se repartieron entre sí mis ropas y sobre mi túnica echaron
suertes”. Esto fue lo que hicieron los soldados.87
287 ernesto de la peña

Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María, la


25

mujer de Clopas y María Magdalena. 26Cuando Jesús vio a su madre y, a su lado, al


discípulo que amaba, dijo a su madre: —Mujer, allí está tu hijo. 27Y después dijo al
discípulo: —Aquí está tu madre. Desde entonces, el discípulo la llevó a su casa.88

Después, al saber Jesús que ya todo estaba terminado, a fin de que se cumpliera
28

la Escritura, dijo: —Tengo sed.89 29Había allí un jarro lleno de vinagre y, poniendo
en un hisopo una esponja empapada en el vinagre, se la pusieron en la boca.
30
Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: —¡Ha terminado! Y reclinando la cabeza,
entregó el espíritu.90

Como era el día de la preparación, los judíos, que no querían que los cuerpos
31

se quedaran en la cruz durante el sábado, porque era un día muy grande, le pidieron
a Pilatos que les quebraran las piernas y los descolgaran. 32Así pues, llegaron los
soldados y quebraron las piernas del primero que había sido crucificado con Jesús,
y luego las del otro. 33Pero cuando llegaron a Jesús y vieron que estaba ya muerto,
no le quebraron las piernas. 34Pero uno de los soldados con una lanza traspasó el
costado de Jesús e inmediatamente después brotaron sangre y agua. 35El que vio esto
dio testimonio y su testimonio es auténtico y él sabe que dice la verdad para que
también ustedes crean. 36Todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: “No
se le quebrará ni un solo hueso”.91 37Y otra Escritura, que dice: “Verán a aquel a
quien traspasaron”.92

Después de esto, José de Arimatea, que había sido discípulo de Jesús, aunque
38

en secreto, por miedo a los judíos, pidió a Pilatos autorización para descolgar el
cuerpo de Jesús. Pilatos lo autorizó y él fue y descolgó el cadáver. 39Fue también
Nicodemo, que la primera vez había ido a Jesús durante la noche, trayendo una
mezcla de mirra y áloe como de unas cien libras.93

Así pues, tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en unos lienzos


40

preparados con aromas, como solían enterrar a los judíos. 41En el lugar donde había
sido crucificado Jesús había un huerto y en el huerto una tumba nueva, en la que
nadie había sido enterrado todavía.
los evangelios 288

Entonces, puesto que era el día de la preparación de los judíos y como el


42

sepulcro estaba cerca, enterraron allí a Jesús.

Capítulo veinte
1
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro, al alba, cuando
todavía estaba oscuro, y vio que habían quitado la losa del sepulcro. 2Así pues, corrió
y fue a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les
dijo: —Han sacado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
3
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro; 4los dos se echaron a
correr al mismo tiempo, pero como el otro discípulo corría más velozmente que
Pedro, se le adelantó y llegó antes al sepulcro 5y se inclinó y vio las sábanas por el
suelo, pero no entró. 6Y llegó Simón Pedro siguiéndolo y entró en el sepulcro y vio
las sábanas por el suelo 7y el sudario en que le habían envuelto la cabeza no estaba en
el suelo junto con los demás lienzos, sino que estaba enrollado en un lugar aparte.
8
Entró entonces también el otro discípulo, el que había llegado primero; y vio y
creyó, 9porque todavía no habían entendido la Escritura que dice que él tenía que
resucitar de entre los muertos. 10Los dos discípulos regresaron a casa.
11
María estaba fuera, junto al sepulcro, llorando, y mientras lo hacía se inclinó
sobre el sepulcro 12y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera
y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. 13Y le dijeron: —Mujer,
¿por qué lloras? Ella contestó: —Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo
han puesto.

Y al decir esto se volteó hacia atrás y vio a Jesús de pie, aunque no se daba
14

cuenta de que era Jesús. 15Jesús le preguntó: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién
buscas? Y ella, pensando que era el hortelano, le dijo: —Señor, si tú te lo has llevado,
dime dónde lo pusiste, para que yo lo recoja.

Jesús le dijo: —María. Ella se volteó y dijo, en hebreo: —Rabuni (que significa
16

“maestro”). 17Jesús le dijo: —¡No me toques!, que todavía no he subido a mi padre.


289 ernesto de la peña

Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo a mi padre y padre de ustedes, a mi Dios y


Dios de ustedes”.

Y María Magdalena fue a hacer el anuncio a los discípulos diciendo: —He


18

visto al Señor. Y estas cosas les dijo.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, los discípulos estaban a


19

puerta cerrada por temor a los judíos y Jesús entró, se puso en medio y les dijo: —La
paz esté con ustedes. 20Y tras decir esto, les mostró las manos y el costado. Los
discípulos se regocijaron al ver al Señor. 21Y Jesús les dijo de nuevo: —La paz esté
con ustedes. Así como el padre me envió, los envío yo a ustedes.

Y al decir esto, sopló sobre ellos, diciéndoles: —Reciban el Espíritu Santo: 23a
22

quienes ustedes perdonen los pecados, les quedarán perdonados, y a quienes se les
retengan, les quedarán retenidos.

Tomás, uno de los doce, el llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando los
24

visitó Jesús. 25Y los demás discípulos le dijeron: —Hemos visto al Señor. Pero él les
contestó: —Si no veo en sus manos la huella de los clavos y meto mi dedo en el lugar
de los clavos y meto la mano en su costado, no lo creeré jamás.

Y ocho días después, estaban otra vez los discípulos en casa y Tomás estaba
26

con ellos. Y entró Jesús aunque las puertas estaban cenadas, se puso en medio y dijo:
—La paz esté con ustedes. 27Luego dijo a Tomás: —Mete tu dedo aquí y mira mis
manos, acerca tu mano y métela en mi costado y no seas desconfiado, sino cree.
28
Tomás contestó y le dijo: —Señor mío y Dios mío.

Jesús le dijo: —Porque me has visto, has creído: bienaventurados los que no
29

han visto y han creído. 30 Muchos otros milagros hizo Jesús enfrente de sus
discípulos, que no se han escrito en este libro. 31Se han escrito éstos para que ustedes
crean que Jesús es el Mesías, hijo de Dios, y que, al creer, tengan vida en su nombre.
los evangelios 290

Capítulo veintiuno
1
Después de esto, se apareció de nuevo Jesús a los discípulos en el lago de Tiberíades.
Se apareció así: 2estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Gemelo, Natanael,
el de Caná de Galilea, los hijos de Cebedeo y otros dos de sus discípulos. 3Simón
Pedro les dijo: —Voy a pescar. Y le contestaron: —Nosotros vamos también
contigo. Y salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada. 4Cuando
ya había amanecido, Jesús estaba en la playa, aunque los discípulos no supieron que
era él. 5Y Jesús les dijo: —Muchachos, ¿por casualidad tienen algo que comer? Y le
contestaron: —No. 6Y les dijo: —Echen la red por la derecha de la barca y
encontrarán pesca. Echaron, pues, la red y no tenían fuerza para sacarla por la gran
cantidad de peces. 7Entonces el discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: —Es el
Señor. Simón Pedro, al oír que era el Señor, se ciñó la túnica, porque estaba desnudo,
y se arrojó al agua. 8Los demás discípulos se fueron a la barca, pues no estaban lejos
de tierra, sólo a unos doscientos codos, arrastrando la red llena de pescados. 94
9
Cuando saltaron a tierra, vieron una hoguera y un pescado colocado sobre ella, y
pan. 10Jesús les dijo: —Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar.

Subió, pues, Simón Pedro a la barca y arrastró a tierra la red repleta de pescados
11

grandes, ciento cincuenta y tres; pero, a pesar de que eran tantos, la red no se rompió.
12
Jesús les dijo: —Vamos, almuercen. Ninguno de los discípulos se atrevía a
preguntarle: “Tú, ¿quién eres?”, porque bien sabían que era el Señor. 13Jesús se
acercó, tomó pan y lo repartió, e igualmente hizo con el pescado. 14Ésta fue la tercera
vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
15
Después de que almorzaron, Jesús preguntó a Simón Pedro: —Simón, hijo de
Juan, ¿me amas más que éstos? Y Pedro le contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te
quiero. Jesús le dijo: —Apacienta a mis corderos. 16Y le preguntó por segunda vez:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Y él contestó: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Y Jesús le dijo: —Sé pastor de mis ovejas.
291 ernesto de la peña

Y le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se
17

afligió de que le preguntara tres veces si lo quería y le contestó: —Señor, tú lo sabes


todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Apacienta a mis ovejas. 18En verdad, en
verdad te digo que cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde
querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro será el que te ciña el
cinturón y que te lleve a donde no quieres.

Dijo esto haciendo alusión a la muerte con que iba a glorificar a Dios. Cuando
19

hubo dicho estas palabras, le dijo: —¡Sígueme!

Pedro se volteó y vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo
20

que se había apoyado en su pecho durante la cena, y que le preguntó: “Señor, ¿quién
es el que te ha de traicionar?” 21Y, al verlo, Pedro dijo a Jesús: —Señor... éste, ¿qué?
22
Jesús le contestó: —Si quiero que se quede aquí hasta que yo regrese, ¿a ti qué te
importa? Tú, ¡sígueme!

Y se difundió la noticia entre los hermanos: que aquel discípulo no moriría;


23

pero Jesús no dijo que no moriría, sino: “Si quiero que se quede aquí hasta que yo
regrese”.

Este discípulo es el que da testimonio de estos hechos y él mismo los escribió


24

y sabemos que su testimonio es verdadero.

Hay todavía muchas otras cosas que hizo Jesús, que, si se escribieran una por
25

una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se escribirían.


los evangelios 292

Notas

1 En opinión de algunos intérpretes, los versículos 1 a 18, inclusive, son un himno religioso
de los adeptos al evangelista. En estas líneas se expone, de manera sucinta y elegante, la
doctrina que ha de iluminar todo este testimonio acerca de la existencia y los hechos de
Cristo. La tesis fundamental, la existencia y acción de “la Palabra” (el Logos) y su identidad
con Dios, que le encomienda la salvación del género humano, expone el sentido de la
venida de Cristo al mundo. El cometido de “la Palabra” consiste, primordialmente, en
traer la luz de la verdad eterna a los hombres. El género humano ha de salvarse al seguir las
enseñanzas y el ejemplo de Cristo, que es la Palabra encarnada (el Verbo encarnado), esto
es, la segunda persona de la Trinidad que se hizo hombre y habitó entre nosotros. Este
sentido del término logos sólo se encuentra en los textos atribuidos a San Juan y se matiza
y explica en las siguientes acepciones: 1) la “Palabra” (el logos) preexiste a todas las cosas; 2)
está vuelta hacia Dios (o a su lado); 3) es Dios; 4) todo se hizo mediante ella y sin ella no
existe nada, pues en ella reside la vida, que es la luz de los hombres. El término logos se ha
traducido muchas veces por “verbo”.

2 Se dice que estaba “hacia Dios” (pròs tòn Theón) y, según parece, lo que se quiere dar a
entender es que la “Palabra” (otra forma de llamar al Verbo, que es el hijo) estaba “en la
presencia de Dios”.

3 Todos los seres creados tienen su origen en Dios. Él fue quien los creó y los formó y ante
él somos responsables.

4 “Testigos de la verdad” son, por definición, todos aquellos que, al recibir el mensaje
cristiano, comprenden su verdad y la propalan. Por ende, lo son los santos, los evangelistas,
etcétera.

5 Para salvar a los hombres, la segunda persona de la Trinidad, a la que, hasta este momento,
se ha llamado “la Palabra” (o “el Verbo”), desciende a la tierra y encarna en la persona de
Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En él se unen, por consiguiente, las dos
naturalezas, la divina y la humana.
6 Is 40, 3.

7 El bautismo con agua, que practica San Juan Bautista, debe ir acompañado de un
arrepentimiento por los pecados cometidos. Es, por consiguiente, un ritual purificador,
pero no suficiente para entrar en el reino del hijo.

8 Esta aldea se encontraba en la orilla izquierda del Jordán. El nombre puede significar “casa

de los manantiales” (bet-enón) o “casa del barco” (bet-aniyá). En la actualidad, hay quienes
la identifican con el lugar llamado Tel el-Medesh.

9 La interpretación tradicional más común, que parece contar con la mayoría de los
especialistas, es que el “cordero de Dios” es el título dado a Cristo, que ha sido enviado por
su Padre para redimir, con su sangre, los pecados de los hombres. Es, pues, simbólicamente,
un animal manso y puro, que reconcilia.

10 El bautismo de fuego, que es el que se puede recibir al seguir las enseñanzas de Cristo,
difiere del bautismo de agua, tal como se explica más arriba, que impartía San Juan, en que
el cristiano queda purificado, por este acto, de los pecados que haya cometido. En una
palabra, es una óptima preparación para entrar en el reino de Dios.

11 Las cuatro de la tarde es la equivalencia moderna de la décima hora de que habla el


Evangelio.

12 El término arameo Kef o Kefa significa “piedra” y, por extensión, “piedra preciosa”. Por
ende, no hay ningún matiz despectivo en él. En el griego del Nuevo Testamento, mezclado
ya con formas latinas, produce el nombre Petros (latín Petrus).

13 Betsaida significa, en arameo, “casa de la pescadería”. Era una villa de la ribera


septentrional del lago Tiberíades, patria de los apóstoles Felipe, Andrés y Simón.

14 La contestación de Jesús a su madre, que para la mente moderna podría considerarse


seca, era habitual en aquella época. Llamarla “mujer” no es, de modo alguno, una forma

293
despectiva; hay muchos comentaristas que ven en ella, por lo contrario, una distinción de
su condición femenina y, por extensión, de su privilegio de ser madre de Cristo.

15 Una metreta era una medida de capacidad que equivalía a unos 9 a 10 galones.

16 La aldea de Caná, donde hizo Cristo este milagro, el primero consignado en los
evangelios, no está mencionada en el Antiguo Testamento. Estaba en Galilea y fue patria
de Natanael. Galilea (del hebreo galil que, originalmente, sólo designaba a cualquier
circunscripción administrativa de una provincia; posteriormente, la forma galil se
convirtió en gueliláh que es ya la que se emplea, a menudo, para designar a la Galilea del
Nuevo Testamento) era una región primitiva y sus habitantes no gozaban de fama de
inteligentes entre los judíos. Por ello, el que Cristo proceda de esta región es una muestra
de humildad.

17 Sal 69, 9.

18 El templo fue reconstruido después del regreso de los judíos de la cautividad de


Babilonia, hacia los años 520-516 a. C.

19 La expresión “lo que había en el hombre” parece referirse a lo que el ser humano es por
dentro.

20 Hechos que están fuera de lo natural.

21 El nacer de nuevo alude al despertar espiritual y moral que trae consigo la nueva
doctrina.

22La carne indica, simbólicamente, el elemento animal, instintivo, que hay en el hombre.
El espíritu levanta al hombre por encima de sus propias posibilidades y lo convierte en
sujeto de la gracia.

23 En estas palabras de Cristo se alude, con cierto dolor en el fondo, a cuán incomprensible

(e inaceptable) es el mensaje evangélico para el hombre común.

294
24 La luz, en su acepción de luz que proviene de Dios, pone de relieve las intenciones,
buenas o malas, de los hombres. Por ello, quienes proceden mal, aunque se oculten a los
ojos de los demás, no podrán pasar inadvertidos en su mal obrar ante los ojos de los justos,
inspirados por Dios.

25 Aquí, la expresión “obra de conformidad con la verdad” es un hebraísmo, que significa


“ser fiel”.

26 “El espíritu no da con medida” significa que las acciones de Dios no pueden medirse con

parámetros y proporciones humanas. Los carismas, o gracias sobrenaturales dadas de


modo gratuito por Dios, son un ejemplo de ello. De estas figuras humanas, inspiradas por
el espíritu de Dios, se sirve éste para atraer a los hombres comunes a su obra e indicarles la
ruta moral que han de seguir para tener posibilidad de llegar al reino de Dios.

27 El padre todo lo dio al hijo porque, amén de ser amadísimo, le estaba confiriendo todo
el poder necesario para salvar al género humano con su ejemplo. Además, sabía que las
tentaciones y los sufrimientos de Cristo iban a ser terribles y que necesitaba, por
consiguiente, una fuerza y una virtud sobrehumanas.

28Así como se habla de la misericordia divina, se habla en los evangelios de “la cólera de
Dios”. La finalidad es, sin duda, inducir un justo miedo en los pecadores ante la justicia de
Dios.

29 La hora sexta equivale al mediodía nuestro.

30 Había, como se ha explicado en los comentarios a los otros evangelios, una profunda
división entre judíos y samaritanos. Uno de los motivos de la mala voluntad de los judíos
respecto de los samaritanos era de origen histórico: tras la conquista de Samaria (721 a. C.),
el territorio se repobló con cuteos, habitantes de la ciudad babilonia de Cuta, centro de
adoración del dios Nergal. Por ende, los judíos los consideraban semisalvajes y
semiidólatras. Además, los samaritanos pretendían (y hasta la fecha lo siguen afirmando)

295
tener en su poder el texto verdadero de la ley, el célebre Pentateuco samaritano, cuya
autenticidad sigue discutiéndose.

31 El agua “viviente” es una metáfora para indicar la doctrina correcta, la que hace posible
la vida eterna.

32 Los samaritanos se aferran, hasta la fecha, a su culto en el monte Garizín (o Guerizín),


sin reconocer otro santuario.

33 Ya se ha visto en los comentarios a los demás evangelios que Cristo y Mesías tienen el
mismo significado. El único indicio que percibe la mujer de la naturaleza divina de Cristo
es que sabe algo de su vida pasada.

34 Parece que, al igual que la samaritana, sus compatriotas sólo creyeron en Cristo por
conocer los antecedentes biográficos de la mujer sin haberla tratado anteriormente.

35 El título “salvador del mundo” se había aplicado anteriormente a los reyes del periodo
helenístico y a los emperadores romanos. En Cristo cobra, finalmente, su sentido literal y
su trascendencia espiritual.

La contradicción que se puede observar entre estos dos versículos contiguos ha tenido
36
muchos intentos de explicación. El que parece más sensato es que el primero de los dos es
una adición explicativa, escrita por un redactor.

37 Cafarnaún es una aldea de Galilea, donde transcurre una buena parte del ministerio de
Cristo. Estaba sobre el lago de Genesaret. Cristo, desesperado por el poco eco que sus
enseñanzas encontraban en este sitio, lo maldijo (Mt 11, 23). Se la identifica en la
actualidad con el “tel” (colina con ruinas) de Jum, a unos 5 kilómetros al oeste de la
desembocadura del Jordán.

38 La hora séptima equivale a la una de la tarde.

296
39 El nombre Betesda significa, en hebreo aramaizado, “casa de la caridad” (o de la gracia).
Si la etimología es aramea, lo cual es también probable, el sentido sería “casa del olivar”. El
pasaje ha sido puesto en duda porque no se encuentra en varios manuscritos antiguos e
importantes. El original griego nos da la forma Bethzathá.

40 Se supone que la tradición judía, que afirmaba que un ángel descendía del cielo y agitaba
el agua de la piscina, significa que el manantial que la nutría de aguas curativas tenía mayor
eficacia porque su corriente entraba en la piscina.

41 De conformidad con las ordenanzas del Talmud que, a su vez, se basan en pasajes del
Antiguo Testamento, interpretados por muchas generaciones de estudiosos de la ley judía,
el sábado no se puede cargar nada.

42 Brown, uno de los comentaristas más lúcidos del Evangelio según San Juan, cita un
interesantísimo documento copto cristiano, El evangelio de la verdad, para respaldar
todavía más la actividad de Jesús en el día sábado: “... un día en que la salvación no puede
estar ociosa”. Jesús, en efecto, ha salvado la vida de una oveja el sábado y su tarea salvífica
no puede tener este tipo de limitación tan elemental. Por otra parte, los antiguos escritores
eclesiásticos cristianos y algunos padres de la Iglesia rebatieron los especiosos argumentos
judíos diciendo que el Padre no descansó después de la creación, sino que sólo lo hizo tras
la muerte de Cristo, una vez cumplida la labor de salvación del género humano. Una de las
demostraciones que se daban es que, puesto que la vida de los hombres es dada por Dios y
los hombres nacen (y mueren) en sábado, la tarea del creador no se detiene jamás. Jesús
afirma, en el Evangelio según San Mateo (12, 5-6), que “el Hijo del Hombre es señor del
sábado”. Los propios judíos habían especulado en el sentido que se apunta más arriba, al
percatarse de que si la actividad divina se suspendiera un solo momento, la nada se abatiría
sobre todo el universo.

43 La labor que el padre ha desarrollado tiene su complemento y perfección en la del hijo.

44 El término “crisis” tiene dos acepciones fundamentales: “juicio”, pero también


“condena” o “censura”. Estas acepciones pasan, incluso, a la terminología jurídica.

297
45Este pequeño lago tiene varios nombres, que es necesario conocer para no cometer
confusiones. Recibe el nombre de “mar de Galilea”, como en este pasaje, pero también el
de “mar de Tiberíades”, apelación que preferían los romanos, pues les recordaba que estaba
dedicado al emperador Tiberio por Herodes Antipas, que bautizó la ciudad homónima en
honor del soberano de los romanos. Se llama también “lago de Genesaret” y, en la
actualidad es común decirle Kinéret, usando la forma hebrea. Aunque menos
frecuentemente, también recibe el nombre de mar de Ginesar (forma españolizada de
Kinéret). Tiene cerca de 20 kilómetros de largo por 12 de ancho y su profundidad máxima
es de unos 50 metros.

46 Un denario equivalía a un día de paga.

El estadio, medida de longitud que se introdujo en el Oriente en tiempos de Alejandro


47
Magno, equivalía a 177.6 metros. Era la distancia que mediaba entre el punto de partida
del corredor y el punto de llegada, es decir, la meta. Cuando vieron a Cristo habían
recorrido, por consiguiente, entre 4 440 y 5 328 metros.

48Algunos editores y traductores católicos califican de “libre” a esta cita del Antiguo
Testamento (Sal 77, 24-25). En efecto, el salmo 78 (según el orden de la Biblia hebrea, que
difiere del de la Biblia griega) dice: “E hizo llover sobre ellos maná como comida y les dio a
comer cereal de los cielos”.

49 Es giro semítico entender “oír” como “obedecer”. En este pasaje puede aceptarse esta
interpretación.

50 Al decir Cristo que uno de ellos es un “diablo” está afirmando, paralelamente, que uno
de ellos lo ha de traicionar o calumniar, ya que el sentido del término es, originalmente,
ése: “calumniador, traidor, mentiroso”.

51Jesús era, para los judíos ortodoxos, un rebelde que azuzaba al pueblo en contra suya.
Deseaban destruirlo ya que, además de hacer milagros ejercer una fascinación enorme
sobre las multitudes, predica una doctrina incompatible con las enseñanzas que los judíos
profesan. O bien se trataba de un Mesías falso, que intentaba levantarlos en contra de los

298
poderes establecidos para fundar un reino en la tierra (este tipo de mesianismo restaurador
fue muy común en tiempos de Cristo), o era un simple taumaturgo que quería aprovechar
sus dones para detentar el poder.

52 La “fiesta de los tabernáculos” (o sukkot) es, después de la pascua, la más importante


festividad judía. Su finalidad era dar cumplidas gracias a Dios por los frutos de la tierra y
recordar los cuarenta años que los israelitas habían errado por el desierto, viviendo en
tiendas de campaña y en cuevas. Este sentido tenían las cabañas y tiendas que se construían
en esta ocasión conmemorativa.

53 Es ya vieja la discusión
acerca del sentido que la palabra griega adelfós tiene en el Nuevo
Testamento. La primera acepción, “hermano”, parece haberse complementado con la de
“primo” y hasta “pariente cercano”.

54 Pro 18, 4; Is 58, 11. El “agua viva” es una metáfora, como se ha visto más arriba, para
indicar las virtudes de la enseñanza de Cristo, que capacita para la vida eterna.

55 Los judíos piensan que Cristo es samaritano o, mejor aún, que pertenece al partido de
éstos, puesto que discute las leyes judías y a ellos mismos los pone en entredicho. Esto sería,
en cierta manera, una forma de posesión diabólica o, dicho de modo más moderno, una
forma de locura.

56El nombre deriva del hebreo shilóaj, “enviado”. Se trata, en realidad, de dos cursos de
agua. El primero es un canal que corría, hasta tiempos del rey Acaz, por la parte oriental de
Jerusalén y que abastecía del líquido a la ciudad. El rey Ecequías, al darse cuenta de que era
sumamente fácil que cualquier enemigo represara el agua y dejara a Jerusalén sin ella,
construyó un túnel, que subsiste hasta el día de hoy, para dotar a la ciudad del precioso
líquido. Usó el torrente del Guijón para estos fines. El agua desembocaba en una piscina
que tenía fama de milagrosa. Una de las más viejas inscripciones hebreas se encontró en
una parte del túnel. Habla de los trabajos de construcción y, en la actualidad, se encuentra
en el Museo de Estambul.

299
57 Los judíos, temerosos de los falsos mesías, habían resuelto expulsar del seno de la
sinagoga a quien pretendiera serlo.

58 Se hace aquí una clara distinción entre los dos testamentos, es decir, las dos alianzas. Los
que siguen la ley mosaica (los judíos) y los que se han afiliado, o pueden afiliarse, a las
enseñanzas de Cristo.

59 La fiesta de la dedicación del templo (en hebreo januká) conmemora la purificación y


erección del altar de los holocaustos, después de que los macabeos vencieron a sus
enemigos. El Nuevo Testamento la conoce como enkaínia y era una festividad llena de
luces, quizás para recordar cuando se volvieron a encender las del candelabro del templo.
El nombre enkaínta (“renovación”, encenia en español, aunque el término no se usa)
indica que se renovaba el culto interrumpido por los paganos, enemigos de Israel.

60 El pórtico de Salomón estaba hacia la parte oriental, al abrigo de los fríos que venían del

desierto.

61Para la gente del pueblo es incomprensible por qué un hombre se proclama, con tanto
aplomo, Dios. El mensaje evangélico todavía no ha penetrado en ellos.

62 Sal 82, 6.

63 “Se ha dormido” significa “ha muerto”.

64 Tomás, cuya forma aramea original es Tomá, significa “mellizo, gemelo”. El mismo
sentido tiene la palabra griega dídymos.

65 Quince estadios equivalen, aproximadamente, a tres kilómetros.

66 Jesús, en vista de las acechanzas de que podía ser objeto, procede ya con cautela. Por ese
motivo no se da aviso al pueblo de que ha llegado a ver a sus amigas.

300
67 Sal 118, 25. La exclamación “¡Hosana!” tiene una historia interesante: el significado
primero es “¡Ayuda, por favor!” y en tal carácter figura en algunos salmos. Con el paso del
tiempo, esta súplica se fue transformando en una aclamación de la gloria divina, que se
empleaba en la celebración de las fiestas de la pascua y de los tabernáculos. El séptimo día
de celebración de esta fiesta, llamado el Gran Hosana, se entonaba con gran frecuencia,
mientras que se agitaban en las manos mazos de palma, llamados hoshanot en hebreo. Es la
festividad de las palmas, que se transformó en el Domingo de Ramos.

68 Zac 9, 9 y ss.

69 Se trata de uno de los doce apóstoles.

70 Rom 10, 16; Is 53, 1.

71 Is 6, 10.

72 Sal 41, 9.

73 El término paracleto, en su acepción fundamental de “abogado, defensor”, es de uso


exclusivamente juanino. Designa a Cristo como intercesor y defensor de los fieles
cristianos ante la justicia de Dios. Cuando San Juan se refiere, mediante este término, al
Espíritu Santo, alude a él diciendo “otro intercesor”.

74 Véase la nota anterior.

75 Sal 35, 19; 69, 4.

76El “gobernante de este mundo” es, obviamente, Satanás, cuyas fáciles victorias en él lo
convierten en una especie de divinidad. Satán, junto con el mundo (también condenado
en este pasaje) y la carne, son los tres enemigos del cristiano.

77 El “espíritu de la verdad” es el que deberá privar en el seno de la comunidad cristiana en

el momento en que Cristo haya abandonado físicamente este mundo. Aquí se podría

301
hablar de la misión de ese espíritu como de la del “paracleto” o “paráclito,” pero sin dejar
de tener en cuenta la distinción rotunda que hay entre Cristo y el Espíritu Santo. Algunos
comentaristas hablan del “espíritu de Pentecostés”, que deberá presidir la vida del cristiano
en todo momento.

78 La expresión “toda carne” es, propiamente, un hebraísmo (kol basar) Y designa a la


humanidad entera, en lo que tiene de más débil, tanto en el sentido real como en el
figurado.

79 El pasaje es anfibológico, ya que la forma verbal griega exêlthon sirve para la primera
persona del singular y la tercera del plural. Por consiguiente, puede aplicarse a Cristo o a
sus palabras.

80 Puesto que el cuidado directo, visible, de Cristo sobre sus apóstoles está a punto de
acabar, el Señor pide a su Padre que se encargue, en lo sucesivo, de esta amorosa vigilancia.
“Hijo de la perdición” designa, en términos sumamente claros, al Iscariote. También,
según la interpretación paulina, el Anticristo es “hijo de la perdición” (2 Ts 2, 3).

81 El torrente o riachuelo del Cedrón corría entre la ciudad de Jerusalén y el Monte de los
Olivos, rumbo al Mar Muerto. Fue durante un tiempo lugar de sepultura para los judíos.

82 Hemos traducido el término jilíarjos por “comandante”. El significado literal es “jefe de

un millar de soldados”.

83 En su empleo civil (pues originalmente fue un término militar), “pretorio” significa la


residencia del pretor o gobernador de una provincia (podría ser, también, propretor,
procónsul, procurador o prefecto).

84 Por el texto de los evangelios se comprende que, enfrente de la residencia del pretor, se
encontraba una plaza pavimentada, llamada en griego lithóstroton (“embaldosado”).
Aunque la palabra se encuentre contrapuesta, y como si la segunda la tradujera, el término
arameo gabbathá = guib'ata no corresponde, por el sentido, a la misma realidad. En efecto,
el arameo corresponde al hebreo guib'áh, que sólo alude a la altura o eminencia de un

302
edificio o accidente geográfico. Es posible que se haya conocido bajo este nombre al
pretorio, si es que este edificio, como lo han supuesto algunos investigadores, se
encontraba en la fortaleza Antonia.

85 La hora sexta es mediodía.

86 Para la significación de la palabra “Gólgota”, véanse los pasajes paralelos de los otros
evangelios.

87 Sal 22, 18.

88 La expresión indica no sólo que el discípulo dio albergue a la Virgen, sino que la
consideró, a partir de ese momento, como su propia madre. Esta es la tradición cristiana.

89 Sal 22, 15.

90 Muchos comentaristas suponen que, al ofrecerle vinagre en vez de vino o agua, se


cumplió un acto más de odio y burla a Cristo. Sin embargo, no todos los exégetas
comprenden de la misma manera el hecho; otros opinan, por ejemplo, que la soldadesca
romana era muy afecta a la posca, bebida hecha con agua mezclada con vinagre y que, al
darle a Cristo a beber esta pócima, se habían compadecido de él.

91 Ex 12, 46; Nm 9, 12; Sal 34, 20.

92 Zac 12, 10.

93 La mirra y el áloe se empleaban en la antigüedad para embalsamar a los cadáveres.

94 Doscientos codos equivalían, aproximadamente, a nueve metros.

303
Índice

Advertencia ................................................................................................................................ 4

Evangelio según Mateo ......................................................................................................... 6

Evangelio según Marcos ..................................................................................................... 90

Evangelio según Lucas ...................................................................................................... 150

Evangelio según Juan ......................................................................................................... 242

Versión digital por

Baumpir

304