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6.

Descripción y análisis lingüístico

Mario Ulises Hernández Luna


muhernandez@colmex.mx
El Colegio de México

Violeta Vázquez Rojas Maldonado


vazquezrojas@colmex.mx
El Colegio de México

Introducción

A
l documentar una lengua guardamos un regis-
tro organizado de sus usos y, con ello, conformamos
un testimonio parcial de la cultura, la historia y la co-
tidianidad de la comunidad que la habla. La documentación,
así, captura la lengua en sus interacciones reales y consolida
un registro para la memoria comunitaria. Pero si, además, te-
nemos el propósito de desarrollar materiales de enseñanza, o
posibilitar en un futuro el desarrollo de documentos escritos
oficiales,43 es necesario no sólo registrar los usos cotidianos de
la lengua, sino analizarla y describirla como sistema de sig-
nos, es decir, necesitamos complementar la documentación

43 Muchas comunidades lingüísticas de México ya han desarrollado alfa-


betos prácticos o sistemas de representación más o menos homogéneos
que permiten el registro escrito, pero estos avances no se podrían
haber logrado sin una sólida descripción fonológica detrás.

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con una labor de descripción lingüística. La documentación y la descripción
lingüísticas son tareas distintas, aunque complementarias.
¿Qué es lo que describimos cuando describimos una lengua y en qué
difiere esta actividad de la labor de documentarla? En términos generales,
la documentación se dedica al registro de la lengua en su uso efectivo, co-
tidiano. El objeto de la descripción lingüística, en cambio, es una entidad
abstracta: un sistema de signos organizado por reglas y que constituye un
tipo de conocimiento implícito en todos sus hablantes. Para confirmar esto,
apelaremos al conocimiento lingüístico de nuestros lectores, quienes, como
hablantes de español, pueden juzgar si las siguientes secuencias son oracio-
nes de esta lengua o no lo son:

(1) Todos que miércoles en silla abucheo resolverán.


(2) Enjutecido y absulto, bromaba un espertorio sobre el voladín.

Seguramente concuerdan con nosotros en que, mientras que (2) parece una
oración en español, (1) no tiene ni esperanzas de serlo: es una ensalada de
palabras que de manera aislada tienen significado, pero que juntas no atinan
a aportar significado alguno. En cambio, en (2), aunque no reconocemos el
significado de las palabras en aislamiento, la secuencia en su totalidad parece
una estructura bien formada. Si esas palabras figuraran en un diccionario,
todo lo que necesitaríamos sería consultarlo para averiguar el mensaje que
(2) pretende conferir. Este simple ejercicio nos permite atestiguar que una
de nuestras capacidades como hablantes de una lengua es la de distinguir
las estructuras bien formadas de las mal formadas, incluso cuando nunca
las hayamos escuchado antes. Lo más sorprendente de esta habilidad es que
la tenemos casi completamente dominada desde una edad muy temprana:
un niño de dos años es perfectamente capaz de reconocer cuando le deci-
mos algo que tiene sentido (como “dame la pelota”) y cuando estamos solo
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

jugando a decir incoherencias (como “bbbrrr, bababa, pipipipi”). Partimos,


pues, de estos dos hechos comprobables: primero, que podemos reconocer
la buena o la mala formación de secuencias que nunca hemos escuchado
antes y segundo, que sabemos distinguir secuencias bien formadas de las mal
formadas desde muy temprana edad. Estos hechos sólo pueden explicarse
si asumimos que la lengua es un sistema de signos organizado por reglas.
Hablar una lengua no es solamente conocer un inventario de signos, sino
además, conlleva el conocer de manera implícita el sistema de reglas que

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rigen su combinación. La descripción lingüística, pues, es la tarea de hacer
explícito el conocimiento de este sistema: por un lado, reconocer los signos
o piezas básicas con las cuales se conforman estructuras mayores y, a la
vez, dilucidar las reglas que les permiten a esas piezas combinarse entre sí
y constituir estructuras que pueden transmitir mensajes o ideas completas.
En este capítulo, presentamos una guía preliminar para la descripción de
una lengua con base en la elicitación (y que se opone, por definición, al
análisis de emisiones espontáneas de habla). Dentro de las muchas técni-
cas particulares de la elicitación, nuestra guía se constriñe a aquellos datos
que podemos obtener directamente mediante traducciones y su respectivo
análisis estructural.

1. Un sistema de signos articulado y organizado en niveles

La idea detrás de la llamada doble articulación del lenguaje humano es que,


con un puñado de sonidos que por sí mismos no tienen significado alguno,
podemos armar secuencias que, a su vez, se concatenan para formar un nú-
mero infinito de estructuras o secuencias con las que conferimos mensajes
completos. Cada signo es una unidad de dos caras: por un lado, una cara
material, que es una forma sonora; por otro lado, un concepto o función
gramatical. Pondremos un ejemplo del español: la palabra [le’on] es una
mera secuencia de cuatro sonidos que se pueden aislar, y podemos aislarlos
porque los encontramos también en otros signos, como [‘lago] [‘ese], [‘oso],
[no]. Además de ser una secuencia de sonidos, un hablante de español que
escucha la secuencia [le’on] inmediatamente piensa en un felino de gran
melena: asocia, pues, la secuencia de sonidos [l],[e],[o],[n] con un concepto
o significado. Por otra parte, si escuchamos simplemente [l], [n] o [e], no
alcanzamos a formar un concepto en nuestra mente. Se trata solamente de
sonidos aislados, sin significado asociado. Aunque no tienen significado, sí
son significativos, porque podemos reconocer, gracias a ellos, que [le’on] y
6. Descripción y análisis lingüístico

[ne’on] refieren a cosas distintas, aunque [l] y [n] en aislamiento no remitan


a ninguna idea o función gramatical. Los signos de la lengua son, pues, uni-
dades de forma y concepto o, como se le llama en la lingüística estructural
inaugurada por Saussure, unidades de significante y significado.
Los elementos significativos mínimos de este sistema conforman el in-
ventario fonológico de una lengua. La determinación de ese inventario, así

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como de sus reglas de combinación es el ámbito de estudio de la fonología
(aunque no es la única tarea de esta subdisciplina). Además de ser una rama
de la lingüística, la fonología es un nivel primordial en la organización de
una lengua al que dedicaremos el siguiente apartado.
No todos los conceptos que se asocian a las formas sonoras de la lengua
son tan claros y delimitados como en el ejemplo [le’on]. También hay con-
ceptos más abstractos, a los que llamaremos significados funcionales. Por
ejemplo, los hablantes de español reconocen que canté y cantó son dos pa-
labras distintas, con significados distintos, aunque comparten un concepto
en común (ambos remiten a la actividad de cantar), y una forma común (la
secuencia cant-) La diferencia entre canté y cantó reside en un único segmen-
to: -é vs. -ó. Cuando aparece el primero de estos segmentos, entendemos que
quien realizó la actividad de cantar fue el propio hablante, y cuando aparece
la forma con -ó, se entiende que quien realizó la acción de cantar fue un
tercero, distinto de los interlocutores. Ambas palabras, por cierto, expresan
que el acto se realizó antes del momento de habla, es decir, en el pasado.
Entonces, en canté y cantó no sólo podemos reconocer una diferencia entre
dos segmentos, sino que también asociamos cada uno de estos segmentos
con una diferencia en el significado del verbo: uno refiere a la primera per-
sona (el hablante), mientras que el otro remite a una tercera persona. Esa
diferencia se mantiene constante en otros pares: armé / armó; sané / sanó,
etc. Bueno, pues esto no sucede con la diferencia entre león y neón. En ese
par sabemos que los sonidos [l] y [n] hacen que las dos secuencias contras-
ten, pero el contraste que hay entre [le’on] y [ne’on] no es el contraste que
hay entre [‘lana] y [‘nana], a pesar de que los sonidos que cambiamos sean
los mismos. Diríamos, pues, que mientras que [l] y [n] aportan apenas un
contraste de significado, -é y -ó sí aportan significados distintos. ¿Pero esto
es así porque los sonidos [e] y [o] en sí mismos significan “tercera persona
del pretérito” y “primera persona del pretérito”? No realmente: [‘eso] y [‘oso]
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

también varían en un segmento: [e] vs. [o] al inicio de palabra, pero en


ese caso los segmentos en cuestión no conllevan el significado de persona
o de pretérito. Lo que sucede es que [e] y [o] se pueden ver como simples
segmentos que forman parte de una base, como en [eso] y [oso], y en ciertos
contextos, además, se pueden ver como morfemas, como en las vocales fina-
les de cant-é y cant-ó, es decir, como segmentos asociados a un significado
que aparece de manera sistemática en varias palabras de la misma clase.

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El estudio de estas unidades mínimas con significado, y de las reglas
con las que se combinan para formar palabras o frases es el ámbito de la
morfología. Así como los segmentos significativos –es decir, los fonemas–
se combinan para conformar unidades mínimas con significado –es decir,
los morfemas–, a menudo se asume que éstos últimos se combinan para
formar palabras (por ejemplo cant-é) las cuales, a su vez, se combinan para
formar frases y oraciones (como Ayer canté La Macarena). El nivel en el que
los morfemas se combinan para formar palabras suele considerarse de la
competencia de la morfología, mientras que el nivel en el que las palabras
se combinan para formar oraciones se considera el ámbito de estudio de
la sintaxis. Nosotros tomaremos una postura ligeramente distinta. En una
lengua como el español, canté es una palabra, pero también es una oración,
en la medida en que hace una aseveración completa, susceptible de ser
verdadera o falsa en un contexto determinado. No hay manera de saber a
priori cómo identificar una palabra. En muchas lenguas (especialmente en
las llamadas sintéticas), una misma palabra puede servir para expresar una
aseveración completa, con lo que muchísimas oraciones están conformadas
por una palabra solamente. En esas lenguas, ¿empezaremos describiendo
palabras? ¿o directamente oraciones? Y, sobre todo, ¿importa hacer la dife-
rencia? Vamos a asumir aquí que esa diferencia, por lo pronto, nos tiene sin
cuidado, y haremos confluir los dos niveles (el morfológico y el sintáctico)
en uno solo, al que llamaremos morfosintaxis.
En la visión clásica de los niveles de la lengua se apela también a un ni-
vel ulterior, digamos, “por encima” de la morfología y la sintaxis, en el que
se organizan los significados de la lengua y al que se llama nivel semántico.
Nosotros creemos que el significado es un componente necesario de cada
uno de los signos, por lo que no se le puede analizar por separado de su
manifestación formal –al menos no en un primer acercamiento, como es
el objetivo en este texto–. Y tampoco se puede hacer la descripción de las
formas de la lengua si no se identifican, por lo menos, contrastes sistemá-
ticos en el significado.
6. Descripción y análisis lingüístico

En suma, la lengua es un sistema de signos, que son unidades conforma-


das por materia fónica, por un lado, y un concepto o una función gramatical,
por otro. La descripción de los elementos mínimos que pueden conformar
a los significantes de ese sistema es parte del ámbito de la fonología. La
descripción de los signos mínimos y sus posibles combinaciones, así como
de las funciones gramaticales que manifiestan, es parte del ámbito de la

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morfosintaxis. Cada uno de estos ámbitos de descripción descansa en distin-
tas técnicas y métodos. Primero explicaremos los métodos de la descripción
fonológica –para la cual es indispensable, primero que nada, dominar una
transcripción fonética– y después los de la descripción morfosintáctica.

2. La transcripción fonética

Un prerrequisito del análisis de cualquier fenómeno, no sólo en lingüística


sino en cualquier disciplina, es tener la posibilidad de percibirlo. La astrono-
mía, por ejemplo, dispone de sofisticados observatorios que permiten apre-
ciar el comportamiento de los astros, mientras que la bacteriología hace uso
de microscopios que le permiten al ojo humano capturar el comportamiento
de algo tan diminuto como una bacteria. A partir de la observación de los
astros o de las bacterias, los astrónomos y microbiólogos logran acercarse
a su objeto de estudio al grado en el que pueden hacer de él descripciones
rigurosas.
A diferencia de la astronomía y la microbiología, que tienen la posi-
bilidad de observar directamente su objeto de estudio, por muy alejado
o pequeño que éste sea, la lingüística se enfrenta al problema de que su
objeto de estudio es una entidad abstracta que no puede ser observada de
manera directa. Como dijimos antes, la lengua es un sistema de signos, es
decir, un inventario de entidades abstractas y un conjunto de reglas para
su combinación en estructuras mayores. Luego, no se trata de objetos que
se puedan percibir físicamente o que formen parte del mundo material.
Aún así, podemos acceder a esos sistemas con base en sus corresponden-
cias perceptibles, de modo que un punto de acceso al estudio del lenguaje
es el habla. A través de ella se pueden deducir las reglas que conforman a
un sistema de lengua específico. Ahora bien, el habla misma, aunque es
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

la cara material de un sistema abstracto, es una mera realidad sonora y,


con ello, momentánea. ¿Cómo podemos capturar algo igual de volátil que
un soplo? Una manera de “atrapar” el habla es mediante dispositivos de
grabación de audio o video, pero eso no es suficiente, pues una grabación,
en su imparable correr, no nos permite contemplar el objeto de nuestro
análisis con detenimiento. Lo que necesitamos es capturar el habla en una
suerte de “foto fija”, o lo que es equivalente, representarla mediante un
sistema de transcripción especial, y con ello permitirnos observar con mayor

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detenimiento lo que de otra manera sólo podemos escuchar en una secuen-
cia dinámica y fugaz.
El uso de sistemas de transcripción no es exclusivo del análisis lingüístico.
En la industria bancaria, por ejemplo, se recomienda transcribir alfabética-
mente los nombres que originalmente se presentan en sistemas de escritura
no latinos (como los del árabe, el persa, el hebreo o el ruso), para facilitar los
procedimientos asociados a dichas cuentas. En tales
casos, hacer una aproximación a la escritura latina El uso de sistemas de
es suficiente, pues no importa transcribir en detalle transcripción en lingüística debe
toda la información de cómo suenan esos nombres. estar basado en los objetivos de

En cambio, si lo que se quiere es desarrollar síntesis cada estudio, si nos interesa, por

de voz, es fundamental capturar hasta el mínimo ejemplo, el análisis semántico en

detalle del habla, con el objetivo de que la voz sin- una lengua con una ortografía
establecida y con cuño social,
tetizada suene lo más natural posible. Para el caso
no requerimos el mismo detalle
de la industria bancaria, la transcripción alfabética
fonético necesario para el análisis
resulta ser la ideal mientras que, para el caso del
fonológico.
desarrollo de lenguajes naturales, la transcripción
fonética es la mejor opción.
En general, para un primer acercamiento al estudio de lenguas sin or-
tografía establecida es recomendable hacer una transcripción fonética. El
sistema de transcripción fonética más extendido actualmente es el que de-
sarrolló la Asociación Fonética Internacional (AFI) aunque también se usa
el Alfabeto Fonético Americanista (AFA).44 En la Tabla 1 mostramos una
versión simplificada de las convenciones de transcripción de consonantes de
acuerdo con el AFI. En el eje horizontal, las grafías se encuentran ordenadas
con base en los distintos puntos de articulación, desde los labios hasta la
glotis, y en el eje vertical, las grafías se encuentran organizadas por la ma-
nera como este punto de articulación se emplea para emitir el sonido: si se
trata de un cierre u oclusión, por ejemplo, o si por el contrario, los puntos
de contacto permiten el paso del aire, o bien, señalan si el aire sale por la
nariz en lugar de emplear sólo la cavidad oral.
6. Descripción y análisis lingüístico

44 Para tener un panorama más detallado de la transcripción fonética recomendamos la


revisión de la guía de uso de la Asociación Fonética Internacional (International Phonetic
Association, 1999)

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Postalveolar
Labiodental

Faríngea
Alveolar
Bilabial

Uvular
Palatal
Dental

Glotal
Velar
p t c k q
Oclusiva ʔ
b d ɟ ɡ G
Nasal m ɱ n ɲ ŋ N
Vibrante
B r ʀ
múltiple

Vibrante
ɾ
ɸ f θ s ʃ ç x χ ħ h
Fricativa
β v ð z ʒ ʝ ɣ ʁ ʕ ɦ
ɬ
Fricativa lateral
ɮ
Lateral l ʎ ɰ
Aproximante ɹ j L

Tabla 1. Alfabeto Fonético Internacional, consonantes

Una de las divisiones más importantes, tanto en fonética como en fono-


logía, es la distinción entre consonantes y vocales. Desde una perspectiva
fonética, las vocales corresponden a sonidos plenos cuya principal carac-
terística acústica es que tiene ondas sonoras regulares, mientras que las
consonantes corresponden a silencios o a perturbaciones sin ondas regu-
lares. En la Tabla 2 mostramos el repertorio de grafías que representan los
segmentos vocálicos. Las vocales están ordenadas en el plano horizontal
siguiendo el punto de articulación (o sea, de la misma manera en la que se
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

presentan las consonantes) y en el plano vertical, se ordenan de acuerdo


al grado de apertura o separación que hay entre la lengua y el techo de la
cavidad bucal. En los pares de grafías separados por un punto, el de la de-
recha corresponde a los sonidos que se producen con una protrusión labial,
es decir, sonidos labializados, y el de la izquierda a los sonidos que carecen
de tal protrusión.

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Tabla 2. Vocales en el AFI

Tanto las grafías consonánticas como las vocálicas pueden acompañarse


por diacríticos que representan modificaciones o acompañamientos secun-
darios a la articulación primaria. Por ejemplo, una oclusiva velar sorda [k]
puede acompañarse de una aspiración. En tal caso, la grafía debe acompa-
ñarse por el diacrítico que describe este rasgo, es decir: [kh].

Ensordecida
̥
n̥ ̪ Dental t̪
h
Aspirada th ̺ Apical t̺
w
Labializada t w
̻ Laminal t̻
j
Palatalizada t j n
Prenasal n
d
ɣ
Velarizada tɣ n
Soltura nasal t
n
˞ Rótica ɚ l
Soltura lateral dl
ʕ
Faríngea tˤ ̚ Sin soltura t̚
ʔ Glotal tʔ ̢ Retrofleja t̢
ʼ Eyectiva tʼ ɓ Implosiva ɗ
̤ Voz aspirada a̤ ̃ Nasalización ã
̰ Voz laringizada a̰ ̘ Adelantamiento a̘
̬ Voz tensa a̬ ̙ Retracción a̙
Tabla 3. Diacríticos
6. Descripción y análisis lingüístico

2.1 Algunas consideraciones sobre el tono

En las lenguas indo-mexicanas, principalmente en la familia otomangue,


el tono es un rasgo común. Existen lenguas como el ocuilteco, en donde
el inventario de tonos es relativamente reducido (Herrera 2014) y len-
guas con un espeso inventario tonal como el triqui (Hernández 2017). A

143
La transcripción tonal puede
diferencia de la transcripción de consonantes y vo-
darse en varios niveles.
cales, la transcripción de los tonos puede realizarse
Recomendamos que se
de diferentes maneras que corresponden a diferentes
asuman distintas tradiciones
de transcripción para indicar
tradiciones: la tradición africanista, la tradición asiá-
distintos niveles, por ejemplo: la
tica y la americanista. Las tradiciones americanista
transcripción fonética resulta más y asiática basan su sistema de notación en una es-
adecuada mediante números, cala numérica. En la tradición americanista el tono
pues nos permite expresar el más agudo se transcribe como 1 y a partir de éste se
mayor detalle posible; para van determinando los valores para los tonos más
la transcripción fonológica bajos, si la lengua tiene 3 niveles tonales, enton-
recomendamos el uso de letras ces el tono más bajo será transcrito como 3. En la
en versales que indiquen la tradición asiática, el tono más bajo es 11 y a partir
categoría fonológica de cada de este tono se van determinando in crescendo los
tono o el uso de diacríticos como tonos más altos. Los tonos complejos y extra-com-
en la tradición africanista. La plejos se escriben con secuencias numéricas. La tra-
determinación de qué sistema dición africanista basa su sistema de transcripción
de transcripción tonal se debe
en tildes que se ubican en la vocal. El tono bajo se
emplear será más simple si se
transcribe con una tilde grave >`<, el tono alto con
toma en cuenta la lengua de
una tilde aguda >´<, el tono medio se transcribe
estudio.
> < ̄ , mientras que los tonos de contorno se transcri-
ben mediante la combinación de las tildes simples.
La Asociación Fonética Internacional, además de adoptar la tradición africa-
nista, diseñó un sistema basado en líneas donde una línea vertical simboliza
una escala y la ubicación y trayectoria de los tonos se indica mediante líneas
horizontales. Por último, existe una cuarta alternativa más abstracta basada
en letras: >A< alto, >M< medio, >B< bajo, >AB< descendente, >BA< ascen-
dente y las secuencias extra complejas, por ejemplo >ABA<.
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

Asiática Americanista Africanista AFI


pa33 pa1 pá pa ˥ pa A
Simples pa 22
pa 2
pā pa ˧ pa M
pa 11
pa 3
pà pa ˩ pa B
pa31 pa13 pâ pa ˥˩ pa AB
Complejos
pa13 pa31 pǎ pa ˩˥ pa BA
Extra complejos pa 313
pa131
pa᷉ pa ˥˩˥ pa ABA
Tabla 4. Tipos de transcripción tonal

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3. El análisis fonológico

En teoría, debería resultar relativamente simple presentar una metodología


para emprender el análisis fonológico de una lengua, pero, de hecho, no hay
metodología única para esta labor. La determinación de qué camino tomar
está regida, la mayoría de las veces, por prejuicios que vamos adquiriendo
a lo largo de nuestra formación como lingüistas. Estos prejuicios nos llevan
a adoptar un camino casi como un dogma y a rechazar cualquier otra ruta.
Desde nuestro punto de vista, todas las miradas son útiles para desentrañar
los fenómenos fonológicos y no hay ninguna razón para desdeñar de entrada
ningún tipo de acercamiento. La metodología debe estar siempre modelada
por los objetivos de cada investigación.
Aunque el análisis fonológico no se restringe a la delimitación del inven-
tario de sonidos significativos de la lengua, la naturaleza del presente vo-
lumen nos motiva a establecer una guía metodológica para desarrollar esta
tarea. Podemos reconocer, pues, al menos dos tipos de metodologías para la
delimitación del sistema fonológico. La primera se basa en la distribución
de los segmentos. En esta línea, los términos como par mínimo, par análogo,
distribución complementaria o variación libre son ampliamente usados. Esta
metodología parte de la revisión exhaustiva de los sonidos de la lengua y,
a partir de observar las posiciones en las que cada uno de ellos puede o no
aparecer, se determina cuáles son las unidades pertinentes o significativas
en la lengua. La segunda metodología se enfoca en las modificaciones que
sufren los sonidos (conocidas como alternancias) y no simplemente en su
distribución. En este enfoque se considera que, si la aparición de un sonido
es predecible en un entorno morfosintáctico específico, entonces, no debe
formar parte del repertorio fonológico. Si, por el contrario, la aparición de
un segmento no es predecible por el entorno en el que se presenta, debe
tratarse de un segmento con pertinencia fonológica.
Es importante señalar que en los últimos años, gracias al fácil acceso a
programas de análisis acústico, se ha desatado el furor por los estudios fo-
6. Descripción y análisis lingüístico

néticos de corte instrumental. Estos estudios han sido bastante útiles para
explorar las bases fonéticas que subyacen a las representaciones fonológicas
y para arrojar luz sobre la relación que establecen las categorías fonológicas
en el nivel fonético. Los estudios instrumentales son muy útiles cuando se
plantean correctamente. El entusiasmo por los estudios instrumentales ha
traído consigo la confusión de pensar que, a través del análisis acústico, es

145
posible acceder a las representaciones fonológicas de una lengua, pero no
hay nada más equivocado. De nada sirve caracterizar fonéticamente a deta-
lle los segmentos de una lengua si éstos no se han asociado previamente a
una categoría fonológica. Por ejemplo, resulta totalmente irrelevante hacer
mediciones exhaustivas de la duración de las vocales, si antes no hemos de-
terminado un grupo congruente de factores fonológicos que la condicionen.
Pues bien, nuestra postura es que una buena metodología para el análisis
de una lengua debe hacer uso de todas las posibilidades que nos ofrecen las
distintas escuelas metodológicas. Un error común en análisis lingüístico
es asumir que existe una sola manera de hacer las cosas. En las siguientes
líneas presentamos un procedimiento que debe ser interpretado, no como
una receta de cocina, sino como una guía que puede ser modificada en vir-
tud de intereses particulares. Esta guía considera desde aspectos esenciales
durante el trabajo de campo hasta estándares para reportar los resultados
del análisis.

3.1 Guía para el análisis

Al contrario de lo que dicta la intuición, el trabajo de análisis comienza antes


de la recolección de los datos. Es importante establecer buenos cimientos
que sirvan de soporte a la descripción que vamos a emprender. Antes de
empezar a recolectar datos, debemos hacer una brevísima revisión de traba-
jos previos sobre la lengua de interés. Aún en la actualidad, existen lenguas
sobre las que hay estudios escasos o inaccesibles, o incluso, lenguas sobre
las que simplemente no hay estudios previos. En estos casos, recomenda-
mos dirigir la revisión hacia las lenguas genéticamente más cercanas. Esta
revisión será, de preferencia, somera.
Durante la primera revisión de los materiales, nuestro interés debe en-
focarse en cuestiones extralingüísticas y sólo en segundo plano en al aná-
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

lisis lingüístico. Un buen comienzo es leer trabajos


La revisión minuciosa de análisis
previos sobre la comunidad de habla, de tal manera
previos antes de desarrollar
que nos formemos una idea de la situación socio-
nuestro propio análisis nos puede
lingüística, del número estimado de hablantes de
predisponer a tomar ciertas
la lengua y de su ubicación geográfica, para calcu-
determinaciones analíticas. Lo
ideal es emprender el análisis por
lar el tiempo de recorrido y la accesibilidad entre
cuenta propia. las localidades. Vale la pena conocer la clasificación
lingüística e identificar las lenguas cercanas que no

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pertenezcan a la misma familia lingüística pero que se ubiquen en la misma
región geográfica.

3.2 Consideraciones para el primer acercamiento lingüístico

Ya en el terreno lingüístico, existen listas diagnósticas diseñadas para la


elicitación de lenguas particulares. El zapoteco, por ejemplo, cuenta con dos
listas léxicas ampliamente utilizadas: la lista de Fernández (1995) y la lista de
Kaufman (2016). Para el mazateco se sugiere elicitar la lista de Kirk (1966).
Si no existen listas diagnósticas para la lengua en la que estamos interesados,
un buen comienzo es recolectar la lista de 207 palabras de Swadesh. Cual
sea la lista que se escoja, el requisito es llegar preparado con alguna, pues
la peor forma de iniciar una elicitación es esperar que las palabras lleguen
a la mente de manera espontánea.
La lista de elicitación, además de contener las entradas (es decir, las pala-
bras cuya traducción se va a solicitar en la lengua de estudio), debe contener
información del cuestionario y de los colaboradores. Es importante prever
un espacio en nuestro cuaderno de notas, donde escribiremos la fecha de eli-
citación, el número de colaboradores y la información personal de cada una
de las personas a quienes se consulte en cada sesión. Esta información debe
contener mínimamente la edad, el sexo, el número de lenguas que hablan y
cuál de las lenguas que habla es su lengua materna.
Puede ser relevante incluir información sobre sus Los objetos indispensables

actividades sociales y económicas, así como una bre- durante el trabajo son: un

ve encuesta sobre las actitudes lingüísticas hacia las cuaderno especial para la
transcripción, bolígrafos de
lenguas que hablan. Toda esta información puede
distintos colores, una grabadora
ser reinterpretada en etapas avanzadas del análisis.
que nos permita hacer
Durante cada sesión, el primer paso es llenar
grabaciones de calidad, pilas y
los espacios relacionados con la elicitación y con la
tarjetas de memoria extras.
información del colaborador. El orden en nuestro
6. Descripción y análisis lingüístico

Debemos prever que a lo largo


cuaderno de notas también es de suma importancia.
de la elicitación surgirán ideas,
Recomendamos usar la hoja izquierda para observa-
hipótesis e incluso análisis
ciones y la hoja derecha para la transcripción. Nun- preliminares y estás ideas
ca debemos hacer transcripción a renglón seguido, tienen que ser plasmadas en el
lo ideal es dejar al menos cinco renglones entre cuaderno de campo.
cada una de las entradas y así dejar espacio para la

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información extra. Esta información puede ser desde
Es importante distinguir las
transcripciones alternativas, hasta información de
nociones frase marco y base
de sustitución, la función de la
orden morfológico o sintáctico. Respecto a la graba-
primera es evitar la entonación
ción de las sesiones de elicitación, es recomendable
particular de la elicitación de crear archivos breves y evitar generar archivos tan
lista, la segunda refiere a una largos como la sesión entera. Por ejemplo, si traba-
base que nos permite controlar jamos un total de dos horas con un colaborador es
alternancias fonológicas prudente generar seis archivos de veinte minutos y
promovidas por la morfología o no un solo archivo de 120 minutos.
la sintaxis. La transcripción tiene que hacerse siguiendo un
solo sistema notación fonética (por ejemplo, AFI o
AFA). Una vez que hemos elegido uno, es conveniente seguir usándolo hasta
terminar el análisis. También es fundamental transcribir de manera con-
sistente la mayor cantidad de información fonética posible, y si no estamos
seguros de cómo transcribir una emisión determinada, es conveniente ano-
tar todas las posibles transcripciones. Una transcripción consistente puede
ahorrarnos mucho trabajo de corrección: si resultase que transcribimos mal
un segmento, corregir los errores será más simple si el error fue transcrito
consistentemente.
Algo que debemos tener en cuenta cuando iniciamos una elicitación lin-
güística es que no sólo debemos usar nuestros oídos. A menudo ponemos
toda nuestra atención en lo que escuchamos y des-
No debemos mantener atendemos lo que podemos ver. Los gestos pueden
nuestra mirada fija en nuestro resultar reveladores incluso para la transcripción
cuaderno mientras elicitamos,
fonética detallada.
la mirada debe dirigirse siempre
Existen factores naturales que influyen en la eli-
hacia nuestro colaborador,
citación, como el cansancio o el nerviosismo, tanto
especialmente debemos poner
del entrevistador como del colaborador. Estos fac-
atención en los labios.
tores se pueden reflejar en errores de pronunciación
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

o lapsus. Una manera de detectarlos es elicitar tres


emisiones para cada entrada. Además de elicitar las tres emisiones aisladas,
es fundamental elicitar cada palabra dentro de una frase marco como: “Yo
digo ____ tres veces” de tal modo que se evite, en la medida de lo posible,
la entonación de “lista”, que puede opacar los contrastes tonales.
Además del detalle fonético, debemos atender siempre a las categorías
morfosintácticas pertinentes en la lengua, pues entre más rápido las detec-
temos, más rápido podremos llegar a entender la fonología. Una vez que

148
hemos identificado las categorías pertinentes (ver apartado siguiente), es
necesario insertar las entradas léxicas dentro de diferentes entornos morfo-
sintácticos. Debemos intentar repetir las emisiones en la lengua de estudio
para facilitar la transcripción y para motivar un habla más cuidada en nues-
tro colaborador. Esto nos ayudará a esclarecer el estatus de ciertos segmentos
dudosos. La transcripción se tornará cada vez más
fácil, no sólo porque nos habremos acostumbrado La transcripción tonal es
poco a poco a los sonidos de la lengua, sino porque más fácil si pedimos a nuestro
en las etapas finales habremos identificado casi por colaborador que silbe o murmure
completo el repertorio fonético, de tal manera que la palabra, de esta manera nos

estaremos utilizando sólo una pequeña parte del proporcionará solo la información

sistema de transcripción elegido al comienzo de la relacionada con la tonía. Si

elicitación. Una vez que nos hemos habituado a los nuestro colaborador no accede a
silbar podemos silbarlo nosotros
sonidos de la lengua, es necesario reevaluar nuestras
y que él evalúe la producción.
primeras transcripciones para corregir errores y ela-
borar listas transcritas de manera más consistente.
Un aspecto importante de un trabajo de campo efectivo es que la jornada
no termina con la elicitación. La tarea principal después de la sesión de eli-
citación es revisar las transcripciones y hacer listas de patrones fónicos, es-
pecialmente con los sonidos en los que tuvimos dudas durante la elicitación
o las entradas que tienen más de una posible transcripción. Este ejercicio
incluye, por supuesto, elaborar listas de palabras en las que aparezcan los
mismos tonos. El objetivo de elaborar estas listas es elicitarlas nuevamente
al siguiente día para identificar patrones fónicos similares. Este ejercicio
ayudará a reducir el repertorio de grafías utilizadas, y también servirá de
apoyo para la transcripción tonal. En una segunda (o tercera) sesión, es
importante que nuestro colaborador emita la lista de forma continua, de
tal manera que sea fácil reconocer patrones y detectar las entradas que no
correspondan.
Además de la elaboración de listas, tenemos la tarea de identificar las
mutaciones fonológicas promovidas por la morfosintaxis. A partir de los
6. Descripción y análisis lingüístico

ejemplos de mutaciones fonológicas, debemos generar pequeñas hipótesis


del tipo: “El prefijo j-, que indica pasado, palataliza la consonante de la
raíz”, “La marca de primera persona plural =naʔ provoca un cambio en el
tono del nominal poseído” o “El sufijo –a sonoriza las obstruyentes”. Con
base en estas hipótesis se elaboran bases de sustitución que son útiles para
distinguir segmentos pertinentes de sus alternancias derivadas por procesos

149
morfológicos. Estas bases de sustitución son templetes morfosintácticos en
los que se deben conmutar piezas léxicas. En los ejemplos que acabamos de
dar, el prefijo j- de pasado, el clítico de primera persona de plural =naʔ y
el sufijo –a constituyen las bases de sustitución. Para efectos de simplificar
este paso, las piezas léxicas deben separarse según su clase léxica, de modo
que cada pieza pueda ser conmutada en la base de sustitución que le corres-
ponde; por ejemplo, las frases verbales son compatibles con el prefijo de
pasado, mientras que las frases nominales lo son con el clítico de primera
persona que expresa la posesión.

3.3 ¿Qué sigue después de la recolección de datos?

Así como el análisis empieza a desarrollarse durante la elicitación, el tra-


bajo no termina con la recolección de datos. A partir del momento en el
que tenemos a nuestra disposición todos los datos obtenidos, es necesario
asumir que tales datos representan el universo de nuestro análisis. Las eta-
pas para determinar las unidades pertinentes en la lengua son tres (Hyman
2010): (1) determinar los contrastes fonéticos, (2) descubrir mutaciones y
(3) interpretar las observaciones de los pasos (1) y (2). Los pasos (1) y (2) se
realizan desde el trabajo de campo y la recolección de datos. El tercer paso es
la síntesis de esas observaciones y a continuación lo explicamos en detalle.
Una primera etapa consiste en realizar un cuadro fonético que contenga
todos los segmentos registrados. En este punto muy probablemente tenga-
mos ya hipótesis bien fundamentadas sobre el estatus de algunos segmen-
tos, pero es importante realizar el ejercicio, pues será de gran utilidad para
presentar el análisis de forma consistente. Con el objetivo de ilustrar este
paso, consideremos los datos de la siguiente lengua hipotética:
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

(3) a. [te5n.zo21] ‘mesa’


b. [de p.se ]
4 43
‘pañuelo’
c. [ti3l.zu21] ‘casa’
d. [be2k.sa42] ‘jardín’

Supongamos que el conjunto de datos presentados en (3) corresponde a


la totalidad de entradas recabadas durante el trabajo de campo (en la rea-
lidad nuestra lista no será así de breve ¡desde luego! pero este ejemplo es
necesariamente simple para ser ilustrativo) La tarea es definir cada uno de

150
los segmentos de acuerdo a la Tabla 1, es decir, mediante su punto y su modo
de articulación. La colección de segmentos debe incluir toda la información
fonética contenida, incluyendo la información tonal. Nuestro cuadro foné-
tico quedaría como sigue:

Posterior
Anterior
Alveolar
Bilabial

Central
Velar
Tonos
p t
Oclusiva k Alta i u Nivel Contorno
b d
Nasal n Media e o 5 21
s
Fricativa Abierta a 4 43
z
Lateral l 3 42
2

Tabla 5. Inventario fonético

El inventario fonético presentado en la Tabla 5 consta de 9 consonantes,


5 vocales y seis tonos. Mediante el análisis fonológico, debemos reducir el
repertorio fonético a las unidades fonológicamente pertinentes. Para lograr
este objetivo es fundamental encontrar instancias en las que los diferentes
segmentos contrasten. Respecto a la noción de contraste, es importante se-
ñalar que ésta puede operar en dos niveles: en el nivel fonético y en el nivel
fonológico. Podemos encontrar contrastes fonéticos mediante el estudio de
la distribución de los segmentos. En cambio, para llegar al contraste fonoló-
gico, debemos observar las alternancias fonológicas promovidas morfosin-
tácticamente. La manera tradicional de encontrar contrastes es buscar pares
mínimos. Un par mínimo es un par de palabras que denotan dos diferentes
conceptos y que difieren en un solo rasgo. Un concepto más flexible es el de
6. Descripción y análisis lingüístico

par análogo, es decir, un par de palabras que expresen conceptos distintos


y permitan más de una diferencia en forma. Es más fácil entender estos
conceptos viendo el juego de ejemplos de (4), en donde presentamos dos
pares mínimos (4a) y (4b) y uno análogo (4c):

151
(4) a. toʔ ‘semana’
toh ‘día’

b. paŋ ‘arena’
pam ‘madera’

c. toχ ‘hombre’
tuʁ ‘mango’

Mediante los ejemplos de (4) podemos determinar, según esta metodolo-


gía, que los pares de segmentos: /h ʔ/, /ŋ m/ y /χ ʁ/ contrastan, como se
muestra, respectivamente, en (2a), (2b) y (2c). Sin embargo, esta metodolo-
gía tiene dos problemas: primero, que es verdaderamente difícil encontrar
pares mínimos para cada uno de los segmentos de la lengua y segundo,
como mostraremos enseguida, en muchos casos los contrastes fonéticos no
corresponden necesariamente a contrastes fonológicos.
Volvamos a la Tabla 5 y, especialmente, a los ejemplos de (3). En la Tabla
5 encontramos los segmentos fonéticos [s] y [z]. Una observación detallada
de los datos de (3) nos indica que [z] aparece después de resonantes [n] y
[l], mientras que [s] aparece después de las obstruyentes [p] y [k]. Este es un
ejemplo de distribución complementaria, es decir: el contexto que ocupa el
segmento [s] no lo ocupa el segmento [z], y viceversa. Este hecho indica que
estos segmentos posiblemente corresponden a realizaciones contextuales
de un mismo fonema. Por otro lado, los tonos 5 y 3 se muestran después de
consonantes sordas, mientras que los tonos 4 y 2 se muestran después de
consonantes sonoras. De nueva cuenta, esta es una instancia de distribu-
ción complementaria. Estas dos observaciones de índole distribucional nos
muestran que el inventario fonético presentado en la Tabla 5 debe reducirse
tanto en el nivel segmental como en el nivel tonal. Desde luego, nuestro
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

ejemplo es extremo, pues sólo contamos con cuatro entradas. Las genera-
lizaciones sobre distribuciones complementarias deben hacerse sobre un
universo mucho más amplio de datos.

152
Posterior
Anterior
Alveolar
Bilabial

Central
Velar
Tonos
p t
Oclusiva k Alta i u Nivel Contorno
b d
Nasal n Media e o 5 21
s
Fricativa Abierta a 4 43
z
Lateral l 3 42
2

Tabla 6. Reducción del inventario fonético por distribución complementaria

Ahora bien, ¿cómo decidir cuál es la representación básica y cuál es el resul-


tado de un proceso fonológico? En el ámbito tonal el dilema es más fácil de
resolver si adoptamos una transcripción más abstracta. En tal caso, estaría-
mos en condiciones de asignar a los niveles 4 y 5 una representación A y a
los niveles 3 y 2 una representación B, es decir, los agrupamos como en los
recuadros que aparecen en la tabla 6 y a cada par de tonos fonéticos le asigna-
mos una representación. En tal caso, podríamos decir que A se realiza como
5 ante una consonante sorda y como 4 ante una consonante sonora, mientras
que B se realiza como 3 y 2 bajo las mismas condiciones. Para explorar la
alternancia [s] [z] es necesario indagar dentro de la morfosintaxis. En esta
lengua hipotética, la posesión se expresa mediante la concatenación de los
pronombres de persona: =naʔ indica la primera persona y =te la segunda
persona. Veamos el siguiente juego de ejemplos:

(5) a. [te5s]  [te5z=na4ʔ] ‘mi hongo’


[de s=te ]
5 5
‘tu hongo’

b. [bi3s]  [bi3z=na3ʔ] ‘mi cuerda’


6. Descripción y análisis lingüístico

[bi s=te ]
3 3
‘tu cuerda’

Las alternancias de (5) muestran que la forma básica /s/ se presenta como
[z] ante una consonante resonante y se mantiene como [s] ante una obs-
truyente sorda. Es decir, [s] tiene más contextos de aparición: además de
preceder a las obstruyentes sordas, aparece a final de palabra. De ello de-

153
ducimos que [s] es la forma básica y que [z] es una manifestación de esta
forma, condicionada por la sonoridad de la consonante que le sigue. Estas
observaciones nos permiten reducir el inventario fonético a las unidades
que se presentan a continuación.

Posterior
Anterior
Alveolar
Bilabial

Central
Velar
Tonos
p t
Oclusiva k Alta i u Nivel Contorno
b d
Nasal n Media e o 21
A
Fricativa s Abierta a 43
Lateral l B 42

Tabla 7. Reducción del inventario fonético con base en alternancias contextuales

A partir de los tonos de contorno, nos interesa plantear un problema con


los pares mínimos y análogos. Con base en los ejemplos de (3), podemos
determinar el contraste entre los tonos 21, 43 y 42 en la segunda sílaba. Si
nuestro análisis se basara únicamente en pares mínimos, no tendríamos
otra alternativa que proponer tres tonos de contorno que contrastan en la
última sílaba. Esta reflexión no es correcta, pero nos interesa plantear la
situación para mostrar que tal reflexión está lejos de carecer de problemas.
En esta lengua hipotética el artículo definido me sigue al sustantivo. Una
particularidad es que el artículo definido no tiene tono, sino que toma el
tono de la sílaba anterior. Veamos los ejemplos de (6):

(6) a. [te5n.zo21]  [te5n.zo2 me21] ‘la mesa’


¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

b. [de p.se ]
4 43
 [de p.se me ]
4 4 43
‘el pañuelo’
c. [ti3l.zu21]  [ti3l.zu2me21] ‘la casa’
d. [be k.sa ]
2 42
 [be k.sa me ]
2 4 21
‘el jardín’

Los ejemplos (6a) y (6b) revelan un par de alternancias: el tono 2 que apa-
rece en la sílaba [zo] en [te5n.zo2 me21] y en la sílaba [zu] en [ti3l.zu2me21], se
expresa como 21 a final de palabra (ver la columna izquierda en (6a) y (6c)).
Lo mismo pasa con el tono 4 en [de4p.se4me43] y [be2k.sa4me21]: a final de
palabra, este tono cambia por 43. Es decir, al concatenar el artículo definido,

154
la condición de final de palabra se pierde y los tonos de contorno 21 y 43 se
expresan como niveles. Podemos identificar esta alternancia mediante la
siguiente representación:

(7) A final de palabra: 2  21


4  43

Observando estas alternancias estamos en condiciones de reducir el inventa-


rio tonal a tres miembros: dos tonos de nivel, que serían 4 y 2; y un tono de
contorno, que es 42. Ahora bien, el ejemplo (6d) revela un comportamiento
distinto, respecto a (6a, 6b y 6c). En este caso, el tono que se extiende no es
4 sino 2. Después, al estar en posición final de palabra, se realiza como 21
siguiendo la alternancia 2  21. Entonces podemos decir que el tono 42 en
realidad corresponde a la secuencia de dos tonos 4+2 y no a la alternancia
que produce la posición final de palabra. Veamos las siguientes representa-
ciones para aclarar dichas alternancias:

(8) a. b. c. d.
4 2 4 4 3 2 2 4 2

ten zo me dep se me til zu me bek sa me


[te n.zo me ]
5 2 21
[de p.se me ]
4 4 43
[ti l.zu me ]
3 2 21
[be k.sa me21]
2 4

Los contrastes fonéticos de la tabla 4 quedan, pues, reducidos a dos contras-


tes fonológicos: A y B, que pueden combinarse de la siguiente manera: AB.
En este momento podemos distinguir entre las representaciones fonética:
4, 2 y 42 y las representaciones fonológicas: A, B y AB.

4. El análisis morfosintáctico
6. Descripción y análisis lingüístico

Una vez que tenemos una idea de las piezas con las que está conformado
el inventario fonológico (segmentos y tonos), podemos describir cómo se
combinan esas piezas para dar lugar a elementos básicos con significado.
Una nota de cautela: aunque la exposición de este capítulo nos obliga a pre-
sentar las técnicas de análisis en cierto orden (primero el análisis fonológico

155
y luego el morfosintáctico), el lector ya se dió cuenta de que, para identificar
segmentos relevantes en la fonología, a menudo habrá de recurrir a infor-
mación morfosintáctica. Esto es normal: la verdad es que entre el análisis
fonológico y el morfológico hay más un ir y venir que una sucesión estricta
de pasos de un nivel a otro. Dicho esto, en esta sección explicaremos bre-
vemente algunos de los tipos de información que podemos obtener en una
primera exploración, por medio exclusivamente de elicitación de traduc-
ciones y que, aunque limitada, nos alcanzan a proporcionar un panorama
preliminar de la gramática de una lengua.
Al hablar de piezas mínimas con significado, estamos empleando la pa-
labra “significado” en un sentido muy general, pues queremos abarcar tanto
los significados conceptuales (como ‘comer’, ‘flor’, ‘tener miedo’) como los
significados funcionales, es decir, aquellos que más que nociones, se ase-
mejan a información que ancla esas nociones en eventos e individuos espe-
cíficos sobre los que decimos algo. Por ejemplo, en español la palabra flor
tiene un significado conceptual (remite al concepto ‘flor’). La frase esta flor
agrega al significado conceptual de flor la instrucción de encontrar una flor
específica cercana al hablante. Esa información está proporcionada por el
demostrativo esta, que no tiene significado conceptual, sino funcional. En la
descripción de las piezas con significado importan, pues, tanto las que tienen
significados conceptuales como las que tienen significados funcionales. Los
significados funcionales ayudan a articular los significados conceptuales en
estructuras que llamamos frases y, si pueden emitir un mensaje completo,
en oraciones. El estudio de las piezas mínimas con significado (llamadas
también morfemas) es el ámbito de la morfología,45 mientras que el estudio

45 Algunos autores definen a la morfología como la subdisciplina que se aboca al estudio


de la forma de las palabras y su constitución interna. Nosotros preferimos no apelar en
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

este texto al término palabra, pues no es una unidad lingüística sobre la que haya una
noción universal o precisa. La palabra se define de diferentes maneras dependiendo de si
estamos indagando procesos fonológicos, o unidades con significado léxico, o elementos
independientes de la sintaxis. Las lenguas con tradición escrita a veces eligen separar sus
representaciones gráficas en palabras, pero esto no ha sido siempre así, y ciertamente
no es un reflejo de cómo se conforma el flujo real del habla (al hablar no separamos
“palabra por palabra” sea lo que eso sea). Sería metodológicamente erróneo iniciar una
descripción de una lengua desde nuestra concepción (quizá española) de la palabra. Otra
noción, con la que concordamos más, define a la morfología es el estudio de la co-va-
riación sistemática entre formas y significados (ver, por ejemplo, Haspelmath & Sims,
2010). Esta definición, que consideramos más precisa, es quizá muy extensa para nuestroa

156
de las reglas que rigen su concatenación en unidades mayores es el ámbito
de la sintaxis.
Cuando describimos una lengua por primera vez, esos dos ámbitos no se
presentan separados. A lo que nos enfrentamos, como explicamos al prin-
cipio, es a un flujo continuo de habla, sin separaciones por palabras, ni por
morfemas, ni por oraciones. Detectar cada uno de estos niveles es el resul-
tado del análisis (que quiere decir, justamente, “separación”). Nosotros usa-
mos el término “morfosintaxis” para esta parte del análisis por dos razones
(i) porque nos enfocamos en la identificación de las piezas “funcionales”,
más que en las piezas léxicas (ii) porque estas piezas no aparecen “sueltas”,
sino que para identificarlas requerimos extraerlas, mediante una inspección
minuciosa, de contextos más amplios. En otras palabras, esta parte de la
descripción es un ir y venir entre las piezas mínimas y su concatenación. Por
eso lo llamamos “morfosintaxis” y no sólo “morfología” o no sólo “sintaxis”.

4.1 Retomando el análisis fonológico para el análisis morfosintáctico

Cuando trataste de determinar el inventario fonológico de la lengua, co-


menzaste preguntando por listas de palabras, como explicamos en el apar-
tado 3.2., y para descubrir si los sonidos variaban consistentemente en de-
terminados contextos, te recomendamos también emplear frases-marco,
como “yo digo ____ tres veces”. Otra utilidad de las frases marco es que los
elementos léxicos con los que ya estás familiarizado aparecen rodeados de
información gramatical, como las marcas de posesión, o el número. Veamos
un ejemplo: supongamos que en una primera etapa preguntaste las traduc-
ciones de ‘perro’, ‘tortilla’ y ‘rana’. Después quizá pediste las traducciones de
‘mi perro’, ‘mi tortilla’ y ‘mi rana’, y verificaste si los sonidos que original-
mente estaban en las palabras sueltas cambiaron en el contexto de la marca
de posesión de primera persona. Si tus entradas eran verbos, como ‘caminar’
o ‘nadar’, muy pronto seguramente te sirvió ponerlas en contextos como ‘yo
corrí’ y ‘yo nadé’. Todo esto tenía el propósito de ayudarte a descubrir los
6. Descripción y análisis lingüístico

sonidos que sí hacen contribuciones pertinentes de significado y los cambios


que provoca sistemáticamente el contexto que los rodea y que, por lo tanto,

fines. Por eso preferimos, en este texto, acotar la morfología a la tarea de identificar las
formas mínimas con significado (aunque esa no es su única tarea, del mismo modo que
determinar el inventario fonológico no es la única tarea de la fonología).

157
se pueden predecir. Vamos a imaginar una lengua en la que estas entradas
corresponden a las formas que enlistamos en (9) y (10).

(9) a. taza ‘tortilla’ (10) a. ndaza ‘mi tortilla’


b. keta ‘rana’ b. ngeta ‘mi rana’
c. sa ‘perro’ c. nza ‘mi perro’

A partir de estas listas y los contrastes que son en ellas muy evidentes, po-
demos extraer la generalización que presentamos en (11):

(11) Generalizaciones:
(i) El segmento n- es la marca de primera persona.
(ii) La forma de la base léxica (taza, keta, sa) cambia ante la presencia de
la marca de posesión: la primera consonante, que en aislamiento es sorda,
se vuelve sonora después de una nasal.

Esas frases-marco, además de darte información fonológica (la sonorización


de las sordas ante una nasal), te ayudaron a descubrir tu primera informa-
ción gramatical. Aquello que varía entre ‘mi perro’ y ‘mi rana’ es el elemento
léxico ‘rana’, mientras que lo que permanece igual es muy probablemente
la marca de posesión de la primera persona del singular.

4.2 Adentrándose al análisis morfosintáctico

A partir de aquí, puedes empezar a descubrir los otros valores de esa mis-
ma categoría. Por ejemplo, en la categoría de posesión puede empezar a
contrastar ‘mi rana’ ‘tu rana’ y ‘su rana (de él)’. Y de manera sistemática,
puedes ir variando el elemento léxico, para formar otras triadas como ‘mi
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

perro’, ‘tu perro’ y ‘su perro (de él)’. En nuestra lengua imaginaria, estas
entradas lucen así:

(12) a. nataza ‘tu tortilla’ (13) a. ítaza ‘su tortilla (de él)’
b. naketa ‘rana’ b. íketa ‘su rana (de él)’
c. nasa ‘tu perro’ c. ísa ‘su perro (de él)’

158
Al contrastar las listas de (12) y (13) con la de (9) y (10), podemos extraer
más generalizaciones morfológicas (i) y fonológicas (ii):

(14) Generalizaciones:
(i) la secuencia na- marca la segunda persona del singular, y la secuencia
í- marca la tercera persona del singular en el elemento poseído.
(ii) la consonante inicial de las bases léxicas no se altera ante estas marcas.

Es posible que lo que identificaste como la marca de la primera persona en


los nombres poseídos varíe en forma entre un lexema y otro. Habrá que
verificar si se trata de cambios inducidos por los sonidos circundantes, como
en (10); o si parecen ser más arbitrarios, como en (15) y (16):

(15) a. nekajo ‘tu hermano ’ (16) a. kájo ‘su hermano (de él)’
b. netosa ‘tu cabello’ b. tósa ‘su cabello (de él)’
c. nemera ‘tu casa’ c. méra ‘su casa (de él)’

En (15), la marca de segunda persona poseedor ya no es na-, sino ne-. Pero


nada en la base parece motivar ese cambio, pues todas las bases son disími-
les. No se trata, pues, de una alternancia fonológica. Lo mismo sucede en
(16), en donde la marca de tercera persona poseedor en lugar del segmento
í- que habíamos identificado es ahora un cambio tonal en la base, que pasó
de tener un tono bajo (no marcado) a un tono alto. Si te enfrentas a una
situación como la de (15) y (16), no desesperes. Es probable que al tener
un panorama más amplio sobre la lengua te des cuenta de que, a pesar
de su aparente arbitrariedad, estos cambios son sistemáticos, y se deben a
que el vocabulario está organizado en “clases” (que suelen llamarse “clases
léxicas”).
Las marcas que identificaste como portadoras de significado gramatical
(como n-, na- í-, ne- y el cambio tonal en 3d-f) se llaman morfemas. Un
6. Descripción y análisis lingüístico

morfema es una unidad de forma y significado que no se puede descomponer


en más formas componentes. En nuestros ejemplos, el morfema de posesión
de la primera persona singular resultó ser el segmento n- antecediendo a
lo que llamaremos la base léxica, o simplemente “base”. Como el morfema
de posesión se coloca antes de esa base, lo llamamos prefijo. El morfema de
segunda persona, hasta donde tenemos datos, es na- en las palabras de (12),

159
pero es ne- en las de (15). En tal caso decimos que se trata de un morfema
con dos alomorfos: uno para ciertas palabras y otro para otras. El morfema
de tercera persona también toma dos formas distintas, es decir, tiene dos
alomorfos: en las palabras de (13) es el prefijo í-, pero en las palabras de
(16) no aparece asociado a un segmento. Sin embargo, sí se identifica un
cambio tonal en la base. Entonces diríamos que la tercera persona posesiva
tiene dos alomorfos, uno de ellos es un prefijo y el
Los valores que puede tener otro es una modificación de la base. Los morfemas
una categoría no siempre están que se pueden segmentar y separar de sus bases se
predeterminados, ni son los llaman morfemas concatenativos (prefijos, sufijos,
mismos en todas las lenguas. infijos y circunfijos, dependiendo de su posición)
Por ejemplo, en español, la mientras que los que se manifiestan como modifica-
posesión, que se marca con una
ciones en la base se llaman procesos, o simplemente,
palabra independiente, marca
morfemas no concatenativos. Hay muchos procesos
oposiciones de persona (1, 2 y 3)
posibles. El cambio tonal en la base es uno de ellos,
y número (singular y plural). En
pero se pueden también alargar las vocales, o se pue-
algunas lenguas mesoamericanas
de modificar su altura o anterioridad, o puede ser
es común que además marque
que un trozo de la base se repita (reduplicación),
en la primera persona plural
el rasgo de inclusividad, es
etc. Cuando uno de estos procesos corresponde siste-
decir, que se especifique si la
máticamente a un cambio de significado gramatical
primera persona corresponde sin que se altere nada más, decimos que el morfe-
al hablante y a su interlocutor ma en cuestión es, pues, un proceso. Los morfemas
(posiblemente a alguien más) o pueden presentarse en más de una forma, que se
si sólo refiere al hablante y una llaman formas alomórficas o alomorfos, y esa forma
tercera persona, exluyendo al que toman puede estar determinada por el contexto
interlocutor. Esta oposición se fónico (en cuyo caso decimos que se trata de alomor-
conoce como ‘primera persona fos automáticos) o puede ser más arbitraria (aunque
inclusiva’ y ‘primera persona en última instancia será sistemática), en cuyo caso
exclusiva’, respectivamente, y podemos sospechar que la lengua organiza sus pa-
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

se puede reflejar en las marcas labras en “clases léxicas”.


de posesión, en los pronombres Volviendo a nuestros ejemplos, vamos a decir
independientes o en las marcas que los morfemas que identificamos a partir de los
de concordancia verbal. Al elicitar
datos en (9)-(16) pertenecen a la misma categoría,
un paradigma que involucre el
es decir, expresan el mismo significado o función
rasgo de persona, no te olvides
general, que en este caso es la categoría de posesión.
de averiguar si se manifiesta
Esa categoría tiene muchos valores diferentes, que
abiertamente esta oposición.
son los rasgos que oponen una forma y otra: cada

160
uno correspondiente a la persona gramatical del poseedor: primera persona
singular, segunda persona singular y tercera persona singular. Hay más valo-
res posibles, desde luego: por ejemplo, los de la primera, segunda y tercera
personas del plural. Para completar todos los valores de la categoría, hay que
indagar, entonces, cómo se diría “nuestro perro”, “su perro (de ustedes)” y
“su perro (de ellos)”. Fíjate cómo en español la tercera persona del plural
en la categoría de posesión se marca igual que la segunda y tercera personas
del plural, es decir, con el pronombre posesivo “su”. Estos traslapes son
muy frecuentes, y podemos decir que son formas homónimas, pero no nos
adelantamos a decir que se trata de una sola forma con un rango amplio de
significados hasta no contar con mayor evidencia. Una vez que completas las
formas que designan todos los valores posibles de una categoría (o al menos,
varios de ellos), decimos que cuentas con un paradigma.
Hay varias categorías que puedes averiguar elicitando paradigmas, es
decir, listas ordenadas de oposiciones gramaticales en las que lo único que
varía es un rasgo gramatical a la vez. Por ejemplo, puedes empezar por eli-
citar oraciones muy simples, como un verbo con información de persona, y
ver cómo se marca el sujeto:

(17) a. corrí
b. corriste
c. corrió
d. corrimos (tú y yo)
e. corrimos (yo y alguien más)
f. corrieron (ustedes)
g. corrieron (ellos)

Nota que en el paradigma de (17), cada elemento cambia sólo en la persona


y su número, pero no cambia la entrada léxica (correr) ni cambia el tiempo/
aspecto en el que está el verbo (en español, diríamos que es un pretérito o
pasado perfectivo).
6. Descripción y análisis lingüístico

Podemos seguir indagando cambios paradigmáticos. Por ejemplo, en (18)


hay otro paradigma. En este caso, lo que se mantiene constante es la per-
sona/número (tercera singular) y la base léxica (correr), pero va cambiando
el tiempo/aspecto del verbo. Para que sea explícito que la persona sujeto
es tercera de singular, mencionamos abiertamente un sujeto, como Juan.
Como el aspecto y el tiempo son categorías íntimamente ligadas (al igual que

161
lo son la persona y el número), no siempre se pueden separar estos rasgos,
y también es probable que en la lengua de estudio se expresen a la par en
un solo morfema. Esto no siempre es el caso, desde luego, pero es un buen
punto de partida empezar por un paradigma como el de (18):

(18) a. Juan corrió


b. Juan estaba corriendo
c. Juan corre (habitualmente)
d. Juan corría (habitualmente, y ya no)
e. Juan va a correr (al rato)

Las primeras dos oraciones expresan eventos en pasado, pero se distinguen


porque (18a) expresa un aspecto perfectivo (en palabras burdas, expresa un
evento concluido), y (18b) expresa un aspecto imperfectivo (es decir, descri-
be un evento en su progresión, sin asumir necesariamente que concluyera
al momento de reportarlo). Las oraciones de (18c) y (18d) manifiestan el
mismo aspecto, que llamamos habitual, y que describe eventos que se dan
con regularidad, pero estas dos oraciones contrastan en el tiempo: (18c)
describe un hábito que tiene lugar en el presente (es decir, que coincide con
el momento en que se habla) y (18d) describe un hábito que tuvo lugar en
el pasado (es decir, que precede al momento en que se habla). Por último,
la oración (18e) describe un evento que tendrá lugar en el futuro (después
del momento de habla). En muchas lenguas, la marca que expresa eventos
futuros se emplea también para describir eventos posibles, remotos o que
tienen lugar en un “mundo alternativo” distinto al mundo actual. Esto nos
evidencia que, además del aspecto, las marcas de tiempo a veces se traslapan
con otra categoría, a la que llamamos modalidad. No es necesario que te
preocupes por eso en este momento, pero es bueno
Las lenguas pueden hacer
estar preparados por si un morfema que identificaste
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

muchas distinciones aspectuales.


como “de futuro” más adelante aparece describien-
Nosotros nos limitamos a tratar
do, por ejemplo, deseos, amenazas o eventos que
de identificar perfectivo (eventos
no sucederán.
concluidos) e imperfectivos
(eventos en desarrollo). Además,
Otro contraste paradigmático útil y fácil de detec-
se pueden marcar diferencias
tar es la oposición de plural y singular en los nom-
entre eventos que están por bres comunes. Casi todas las lenguas de Mesoamé-
ocurrir (aspecto inceptivo), que rica pueden marcar explícitamente la distinción
entre, por ejemplo, rana y ranas, venado y venados.

162
concluyeron pero llegaron a una
La lista de palabras sueltas que elicitaste al principio
compleción (aspecto completivo)
te puede servir para detectar estas diferencias. Toma
o que señalan un evento puntual
en cuenta que en muchas lenguas esta marcación
y momentáneo, que concluyó
no es obligatoria, de modo que la misma forma de
pero no tuvo duración (algunos
una palabra puede servir para expresar tanto el sin- lo llaman aspecto aoristo).
gular como el plural. En tal caso decimos que, al Del mismo modo, los tiempos
menos en esa parte del vocabulario, la lengua tiene verbales remiten a la locación
número general (Corbett 2004). También es común de los eventos respecto del
que algunas lenguas agreguen una marca de plural momento de enunciarlos, pero
en los nombres que designan entidades humanas no se reducen a pasado, presente
(como niño/niños) o animadas no-humanas (como y futuro. Algunas lenguas
venado/venados), pero que no distingan ese valor distinguen, además, pasados
explícitamente en los nombres inanimados (como remotos de pasados recientes.
roca/rocas, cazuela/cazuelas). Aún más: hay lenguas Hay que estar también atentos
que no tienen una, sino dos o más marcas que pa- a las formas que varíen por

recen marcar el plural. En tales casos hay que saber combinar un aspecto y un tiempo

si se trata de alomorfos del mismo morfema o si determinados, por ejemplo, es


posible que la marca de pasado
cada uno expresa significados ligeramente distintos.
perfectivo sea distinta a la de
Por ejemplo, el español tiene dos alomorfos para el
pasado imperfectivo, sin que sea
plural: -s que se afija a las bases que terminan en
posible encontrar entre ellas dos
vocal (venado-s), y -es, que se afija a las bases que
un segmento en común.
terminan en consonante (tejon-es). Sabemos que
son alomorfos del mismo morfema porque nunca
aparece uno en el contexto en que aparece el otro (no se dice *tejons ni *vena-
does). Algunas lenguas tendrán, entonces, distintas marcas, pero en contex-
tos claramente diferenciados. Si no encuentras una motivación fonológica
o semántica para la distribución de los alomorfos, es posible que la lengua
organice sus elementos léxicos en clases, como vimos en el ejemplo (15) y
(16). Por último, hay lenguas que, además de la oposición plural/singular,
usan un morfema distinto cuando las entidades referidas son exactamente
dos. En tales casos, se dice que la lengua opone singular, dual y plural. Hasta
6. Descripción y análisis lingüístico

donde se sabe, el matlatzinca es la única lengua de México que marca esa


distinción en los nombres comunes, aunque varias otras la marcan en los
pronombres personales.
No todo se puede elicitar en paradigmas. Algunas categorías sólo serán
visibles si elicitas oraciones completas, de modo que puedas reconocer si,
por ejemplo, los sujetos de verbos intransitivos (como “caminar”) se marcan

163
del mismo modo que los sujetos de verbos transitivos, como “construir una
casa”, y distinto a como se marcan los objetos de estos últimos verbos. Esta
distinción puede estar visible sólo en los pronombres, así que es recomen-
dable empezar por pares como el siguiente:

(19) a. Yo caminé
b. Yo vi al niño
c. El niño caminó
d. El niño me vio

Algunas lenguas optarán por marcar igual el pronombre en (19a) y el pro-


nombre en (19b), y ambos como distintos del pronombre en (19d). Observa
que en los tres casos el participante es primera persona, así que ese valor lo
hemos dejado constante, y lo que cambia en casa caso es su función: sujeto
intransitivo en (19a), sujeto intransitivo en (19b) y objeto en (19d). Si este
patrón se repite con un número considerable de verbos, puedes afirmar que,
hasta donde llega tu evidencia, la lengua tiene un patrón de alineamiento
nominativo-acusativo.
Otras lenguas marcarán al pronombre en (19a) de manera distinta al
pronombre en (19b), y el pronombre en (19a) (es decir, el sujeto intransitivo)
igual al pronombre en (19d). Si este patrón se repite con varios verbos, pode-
mos colegir que la lengua tiene un patrón de marcación ergativo-absolutivo.
Las lenguas mayas suelen tener este tipo de alineamiento. Observa, eso sí,
que no siempre se cumple ese patrón, y que puede ser que si la oración está
negada, o si está en aspecto imperfectivo, el patrón cambie de ergativo-ab-
solutivo a nominativo-acusativo. En tales casos se habla de “ergatividad
escindida”, y es un fenómeno también muy común.
Algunas lenguas marcan no sólo sus pronombres, sino sus nombres co-
munes, con morfemas que hacen explícita su función gramatical. Se trata
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

de las marcas de caso. Las marcas de caso en nombres comunes son poco
usuales en las lenguas mesoamericanas, pero para indagar si tu lengua las
tiene, juega colocando una misma frase nominal en diferentes posiciones
sintácticas. Por ejemplo, en (20a), la frase nominal el tlacuache está en fun-
ción de sujeto. En (20b) está en función de objeto (directo, u objeto-tema);
en (20c) está funcionando como objeto-receptor, y por último en (20d)
como locativo:

164
(20) a. El tlacuache se espantó.
b. El niño espantó al tlacuache.
c. El niño le dio tortillas al tlacuache.
d. Las moscas se pararon en el tlacuache.

Otra distinción pertinente en las frases nominales comunes (es decir, las
que tienen un sustantivo común) es la presencia de marcas de definitud o
indefinitud. Los criterios para distinguir estas marcas son un poco más com-
plejos de lo que narraremos aquí, pues se trata de distinciones semánticas
y no meramente morfosintácticas. Pero puedes empezar por pedir traduc-
ciones de oraciones como las de (21), y registrar si encuentras en esos pares
mínimos alguna diferencia:

(21) a. La rana se comió una mosca.


b. La rana se comió a la mosca (a una mosca
de la que ya habíamos hablado)
c. La rana se comió una mosca (la rana de la que ya habíamos hablado)
d. Una rana se comió a una mosca.

En el mismo ámbito, vale la pena indagar si la lengua que describes tiene


distintos demostrativos. Todas las lenguas del mundo tienen expresiones que
señalan la distancia de un objeto respecto del hablante o del oyente. Encon-
trar toda la gama de divisiones que pueden marcar es tarea delicada –una vez
más, del terreno de la semántica más que del de la morfosintaxis–, pero en un
primer acercamiento, bastará elicitar traducciones de las oraciones siguien-
tes, colocando el objeto al que te refieres a diferentes distancias del hablante:

(22) a. Regálame este jarro (el hablante sostiene el jarro con sus manos)
b. Regálame este jarro (el jarro está cerca del hablante, pero no en sus
manos, y lo señala)
c. Regálame ese jarro (el jarro está a la vista del hablante, pero no al alcance
6. Descripción y análisis lingüístico

de su mano, y lo señala)

También se pueden elicitar de manera muy sencilla los numerales, ya sea


en aislamiento, pidiendo a tu colaborador que cuente del 1 al 20, como en
el marco de una frase, del tipo:

165
(23) Dame una calabaza / dos calabazas / tres calabazas etc.

Pon atención a si la expresión que señala el número va antes o después


del nombre. También observa si las palabras que expresan números tienen
segmentos en común. Por ejemplo, en español, dos, tres, cuatro, etc. no
comparten nada en común en su forma, pero en algunas lenguas todos los
numerales o algunos de ellos tienen la misma terminación.
También es pertinente registrar si en los nombres que acompañan a
números mayores a ‘uno’ viene una marca de plural o no aparece. Si no
aparece la marca de plural, puedes empezar a pedir tus primeros juicios de
aceptabilidad: preséntale a tu colaborador la misma forma, en la lengua de
estudio, pero con la marca de plural en el nombre, y pregúntale si le suena
como algo que él diría o si no. En sentido opuesto, si al numeral le acompaña
siempre un nominal con marca de plural, construye una forma idéntica pero
sin la marca de plural y pregúntale a tu colaborador si esta forma la usaría
él al hablar con otra persona que conozca la lengua. Replica esta prueba con
nombres de varias clases: animados, inanimados, humanos, etc. Para ser más
claros, ejemplifiquemos esto en nuestra lengua imaginaria. Supongamos que
en (23) tenemos las formas en plural de ciertos nombres, y en (24) las frases
conformadas por estos nombres y un numeral:

(23) a. taza-ma ‘tortillas’ (24) a. ari taza ‘una tortilla’


b. keta-ma ‘ranas’ b. digi taza ‘dos tortillas’
c. sa-ma ‘perros’ c. tiri taza ‘tres tortillas’
d. ari sa ‘un perro’
e. digi sa ‘dos perros’
f. tiri sa ‘tres perros’
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

Primero, identificamos que -ma es la forma que marca el plural, pues el


único contraste de significado entre (23) y (9) es que (23) se recabó como la
traducción de entradas en plural. En (24) vemos que el nombre taza ‘tor-
tilla’ y el nombre sa ‘perro’ no llevan esta marca cuando se combina con
numerales, incluyendo los numerales digi ‘dos’ y tiri ‘tres’. Para confirmar
que los nombres no acepta el plural cuando se combinan con numerales,
construimos unas secuencias en las que el plural sí aparezca, y se las pre-

166
sentamos a nuestro colaborador al mismo tiempo que le preguntamos qué
tal le suenan (o si él las emplearía):

(25) a. digi taza-ma ‘dos tortillas’


b. tiri taza-ma ‘tres tortillas’
c. digi sa-ma ‘dos perros’
d. tiri sa-ma ‘tres perros’

Supongamos que nuestro colaborador nos dice que las secuencias en (25)
le suenan “mal”, o que él nunca las diría. Entonces, debemos marcarlas
inmediatamente como inaceptables. Después de probar esta técnica con
varias entradas léxicas y obtener juicios consistentes, podemos arribar a la
siguiente generalización:

(26) Los numerales, al combinarse con nombres, no permiten que en estos


últimos aparezca la marca de plural, incluso cuando son mayores a ‘uno’.

En este punto, hemos llegado a la elicitación de un


A algunos documentalistas les
tipo de información muy importante en la descrip-
puede molestar el registro de
ción: los juicios de aceptabilidad. Como no estamos
juicios negativos, pues se trata,
haciendo hipótesis sobre el significado preciso de las
ciertamente, de secuencias que
formas que vamos encontrando, podemos decir que
*no* se emplean en la lengua,
la razón por la que un hablante rechace una forma
lo que contraviene el propósito
que tú le presentes se debe a que esa forma está,
de registrar la lengua en su
simplemente, mal formada, es decir, que no obe- uso real. Sin embargo, para la
dece las reglas morfosintácticas de la lengua. En tal descripción de la lengua como
caso, decimos que obtuviste un juicio negativo, y ese un sistema de reglas, los juicios
juicio debe quedar registrado (casi siempre usamos negativos son tan valiosos como
un asterisco para marcar que un hablante nativo re- las producciones (que cuentan
chaza esa secuencia). Los juicios negativos son tan como juicios positivos, pues
importantes en el registro de una lengua como las un hablante, al enunciar una
6. Descripción y análisis lingüístico

producciones (es decir, las secuencias que el mismo oración, primero elaboró una
colaborador produce en respuesta a tus peticiones secuencia bien formada). Lo
de traducción) y como los juicios positivos (es de- importante es siempre marcar los

cir, las secuencias que le presentas al colaborador y juicios negativos con un diacrítico

que juzga que sí usaría como hablante nativo). Los que señale que la expresión en

juicios negativos nos dan información sobre cuándo cuestión fue rechazada.

167
se ha infringido una regla de la morfosintaxis. En las elicitaciones más so-
fisticadas, dan también información sobre el significado y las reglas de uso
conversacional de las oraciones. Recuerda que estamos tratando de describir
las reglas del sistema, y estas reglas incluyen tanto instrucciones sobre lo
que se puede decir como sobre lo que no se puede decir, y la descripción está
completa cuando tenemos información sobre las dos cosas, porque ambas
forman parte del conocimiento que los hablantes tienen de su lengua.
Otro aspecto sobre el que puedes obtener información por medio de
juicios de aceptabilidad es en el orden de los elementos de la frase nominal.
Puedes pedir, por ejemplo, traducciones de las siguientes oraciones:

(27) a. La cazuela pequeña se rompió.


b. La cazuela grande se rompió.
c. La gallina blanca ya comió.
d. La gallina negra ya comió.

Si encuentras que una palabra aparece junto al nombre y expresa los con-
ceptos “grande”, “pequeño”, “blanca” y “negra”, probablemente se trata de
un adjetivo. Vale la pena que, una vez obtenidos estos datos, mutes el orden
entre el adjetivo y el nombre y le preguntes a tu colaborador si sigue siendo
aceptable la secuencia (recuerda que no le puedes preguntar así, le tienes
que reformular esa pregunta en términos como “¿tú dirías algo como xy?”).
En muchas lenguas, la forma de esas palabras que modifican nombres es
casi idéntica a las palabras que aparecen como verbos. En tales casos, una
indagación más profunda nos permitirá determinar si los adjetivos provie-
nen o “derivan” de verbos, pero en este momento del análisis ese no es un
aspecto relevante.
Los morfólogos distinguen entre palabras que forman paradigmas y
palabras que también se relacionan entre ellas pero en lugar de formar
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

paradigmas forman conceptos nuevos. Las diferencias que hay entre las pa-
labras de un paradigma se consideran su morfología flexiva, mientras que
las diferencias que hay entre las palabras que forman familias de conceptos
relacionados pero distintos se suele llamar morfología derivativa.

(28) a. cant-é (29) a. cant-ante


b. cant-aste b. cant-arina
c. cant-ó c. cant-o

168
Las palabras en (28) forman un paradigma, y los sufijos -e, -aste y -ó son
morfemas flexivos, que marcan información de persona, número y tiempo.
En cambio, los sufijos en (29) no proporcionan información de la misma
categoría siempre, sino que derivan conceptos nuevos, aunque relacionados
por el concepto asociado a “cantar”. Se trata, pues, de morfemas derivativos.
Quizás puedas identificar algunos de ellos en la lengua que describes, y es
conveniente registrarlos, aunque en este paso del análisis no es indispen-
sable, dado que no contamos con una metodología precisa y ordenada para
obtener ese tipo de información. Digamos que los morfemas derivativos son
arbitrarios y difíciles de elicitar, pero no dudes registrarlos si “van saliendo”.
Tal vez el único tipo de morfemas que se suelen considerar derivativos y
que se pueden buscar con sistematicidad son las llamadas marcas de cambio
de valencia. Estas son marcas verbales que indican cambios en el número de
participantes de un evento. En español, por ejemplo, los eventos descritos
en (30) tienen un solo participante (la cazuela, la lancha y la vela, respectiva-
mente), mientras que los eventos descritos en (31) tienen dos participantes:
Juan, el agente, que rompe la cazuela, hunde la lancha y derrite la vela. Estos
últimos tres elementos son, en cada evento, el paciente que sufre el cambio:

(30) a. La cazuela se rompió


b. La lancha se hundió
c. La vela se derritió

(31) a. Juan rompió la cazuela


b. Juan hundió la lancha
c. Juan derritió la vela

Como ambos participantes son terceras personas, el verbo está en tercera


persona en los dos casos. Pero podemos ver que en (30) hay un morfema “ex-
tra” muy cerca del verbo (lo escribimos por separado, pero es una partícula
6. Descripción y análisis lingüístico

sin acento que se pronuncia en realidad como parte del verbo: es un clítico).
Ese morfema aparece sistemáticamente cada vez que un verbo pasa de tener
dos participantes a tener uno solo. Se puede considerar una marca de cambio
de valencia (en este caso, de reducción de valencia, pues reduce el número de
participantes de dos a uno). Las lenguas pueden marcar la reducción
de valencia o el incremento. Es decir, puede ser que la oración no marcada

169
sea la intransitiva (es decir, la de un solo participante, como en (30)), y que
la marcada sea la transitiva, es decir, la de dos participantes. En tal caso
habrás encontrado una marca de incremento de valencia. Una tercera po-
sibilidad es que no haya marca alguna en ninguno de los dos casos, en cuyo
caso podrás decir que el verbo es lábil (una palabra muy curiosa que, si la
predicáramos de una persona, querría decir “voluble”).
Una última indagación que vale la pena que hagas es la de las distintas
formas que puede tomar una oración dependiendo de lo que el hablante
busca hacer con ellas. ¿Tiene la misma forma una oración que describe
afirmativamente un hecho que una que trata de indagar si ese hecho fue el
caso? ¿Tiene la misma forma una oración que afirma que alguien hizo algo
que una que ordena que el interlocutor haga algo? Al menos los siguientes
tres tipos de oraciones deben poder elicitarse fácilmente: declarativas (afir-
mativas y negativas), interrogativas e imperativas.

(32) a. Duermes durante el día.


b. No duermes durante el día.
c. ¿Duermes durante el día?
d. Duerme durante el día.

Trata de elicitar muchas series de oraciones de este tipo, con distintos tipos
de verbos (transitivos e intransitivos). Si encuentras diferencias abiertas en-
tre estos tipos de oraciones (además de la entonación, que deberás registrar
como mejor puedas, aunque en este momento no cuentes con una notación
sofisticada para ello), habrás encontrado morfemas de modo.
Vamos a infringir aquí el orden lógico de la exposición, pues ya enfilados
hacia el final de este capítulo daremos una recomendación sobre cómo elici-
tar listas de verbos al principio de tu análisis. Una manera sencilla de elicitar
verbos cuando estés en la fase inicial de pedir listas de palabras sueltas es
¿Qué hacer para preservar una lengua indígena?

solicitar su traducción desde el imperativo:

(33) a. ¡Camina!
b. ¡Corre!
c. ¡Come!
d. ¡Escucha!

170
La ventaja de pedir los verbos en imperativo es que muchas lenguas no tie-
nen formas infinitivas (tipo correr), entonces al elicitar los primeros verbos
de tu lista es probable que te los digan flexionados en tercera persona. Pero
suele suceder que las marcas de tercera persona tengan alomorfos condicio-
nados léxicamente, y quizás esto oscurezca tu obtención de datos. Los impe-
rativos suelen ser más regulares y, en muchas lenguas, menos marcados (es
decir, en lugar de tener una marca flexiva más son las que tienen la menor
morfología posible). La desventaja de comenzar con una lista de verbos en
imperativo es que no todos los verbos pueden flexionarse en este modo (por
ejemplo, no se puede ordenar un estado involuntario, como “saber cocinar”).
En fin, las instrucciones vertidas en este manual, como decíamos al inicio,
no son recetas de cocina que se habrán de seguir al pie de la letra, sino
sugerencias de partida con las que puedes jugar, siempre y cuando cuides
el ser sistemático, y te apegues siempre a la regla de oro del par mínimo y
el paradigma: cuida que las expresiones (palabras, frases y oraciones) que
elicites tengan una base común y sólo varíen en un rasgo gramatical a la vez.
Una vez que manejas estas herramientas de descripción, puedes aven-
turarte a indagar en otras áreas. Por ejemplo, puedes pedir traducciones de
oraciones complejas, como las de (34):

(34) a. La niña bañó al bebé.


b. La niña que bañó al bebé está cansada.
c. La niña me dijo que bañó al bebé.
d. La niña está cansada porque bañó Al formar las oraciones que
al bebé. vas a elicitar, trata de usar el
vocabulario que obtuviste en
En (34a), la oración “la niña bañó al bebé” es una un inicio mediante listas de
oración principal. En (34b)-(34d) en cambio, corres- palabras. Estas listas están
pondería a una oración que está incrustada dentro controladas para contener

de otra oración (y por lo tanto, tiene una forma dis- lexemas que refieren a entidades

tinta en cada caso). Cuando esto sucede, decimos que comúnmente se hayan en
6. Descripción y análisis lingüístico

que es una oración subordinada. En algunas lenguas, varias culturas. Puedes agregar
tus propias entradas, pero intenta
el verbo (en este caso “bañar”) tendrá una forma
que refieran siempre a la fauna
diferente cuando es principal y cuando es subordi-
local y a utensilios que es común
nado. Si realizas esta elicitación, recuerda siempre
hallar en el sitio en el que te
mantener la información tempo-aspectual y de
encuentras. Por ejemplo,
persona idénticas, para identificar si las eventuales

171
“tiburón” seguramente no
alteraciones realmente obedecen a su encrustamien-
será una palabra que se
to dentro de una oración. Además, es posible que
use en la sierra, y “libro”,
aparezca una partícula o nexo que “conecte” ambas
por muy común que sea, no
oraciones en (34b)-(34d), y una posibilidad más es
suele expresarse en el léxico
patrimonial (u “original”) de
que ese nexo sea distinto en cada una de ellas, pues
una lengua. No hay ningún
la función de la oración subordinada es diferente
problema con que aparezcan en cada caso.
préstamos entre los El campo de la descripción lingüística es muy
elementos que elicitas, pero vasto. En este capítulo hemos tratado de darte una
trata de mantenerlos a un guía inicial de cómo comenzar a describir un sis-
mínimo, para asegurarte que tema de lengua. La descripción de un sistema lin-
tus colaboradores, dado que güístico no se puede presentar si no es después de
son bilingües, no recurrieron una labor de análisis. Tratamos de proporcionarte
a cambios de código. algunas herramientas para detectar, por medio del
análisis fonológico, los segmentos básicos pertinen-
tes de la lengua, y por medio del análisis morfológico, identificar unidades
mínimas con significado. Como asumimos que este sería tu primer acerca-
miento a la descripción lingüística, tratamos de enfocarnos en el tipo de
datos que puedes obtener mediante traducciones directas solicitadas a un
colaborador, así como la elicitación de juicios de aceptabilidad muy sencillos
a partir de secuencias o estructuras construidas ex-profeso. Esperamos que
te sean de utilidad, aunque, necesariamente, los alcances de esta guía sean
muy limitados.

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