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TITULOS VALORES

Los títulos de crédito son una institución que se incorpora tardíamente a la ciencia del Derecho, pues
su funcionamiento no es concebible sino en una economía de cierto desarrollo. Estos constituyen el
mecanismo jurídico destinado a resolver de manera simple y segura los problemas propios de la
circulación de los derechos.
Si se examina el diverso contenido del título, fácilmente se llega a la conclusión de que es más
adecuado usar las expresiones papel valor o título valor por ser estas más comprensivas que la de
título de crédito
TERMINOLOGÍA
Messineo prefiere la utilización de la expresión papel valor y explica que papel alude al documento y
valor al diverso derecho, siempre de contenido patrimonial, que puede contenerse en el, agregando
que papel por otra parte, es más cercano que título.
CLASIFICACIÓN DE LOS TÍTULOS VALORES
A. Por la forma de creación de los títulos son singulares o en serie.
1. Los primeros se caracterizan por su individualidad.
2. Los segundos, llamados igualmente títulos en masa, se distinguen por su fungibilidad.
Teniendo todos las mismas características, son intercambiables y corresponden todos al mismo
negocio.

B. Por el sujeto que los crea, los títulos son públicos o privados. En el primer grupo entran los títulos
de deuda pública o los títulos emitidos por las diversas personas de derecho público. Al segundo
grupo corresponden los creados por las personas de derecho privado.
C. Por el objeto del derecho incorporado, los títulos valores son personales, reales y obligacionales.
1. Los títulos personales representan la participación del titular en una sociedad, razón por la cual
también se les llama títulos de participación.
2. Los títulos reales confieren al poseedor legitimo un derecho real sobre una cosa. Estos títulos
también reciben el nombre de títulos representativos de mercancías, para indicar que las cosas
a las cuales se refieren se encuentran incorporadas en los títulos.
3. Los títulos obligacionales incorporan créditos de carácter pecuniario. Son llamados también
títulos de pago. El hecho de que incorporen una promesa incondicional de pagar una suma de
dinero, es decir, que representen un crédito, ha dado lugar a la denominación de títulos de
crédito.

D. Por los efectos de la causa en la vida de los títulos, estos pueden agruparse en causales y
abstractos.
1. En los títulos causales, la causa esta deliberadamente expresada en el documento y no se
separa de él para ningún propósito.
2. En los títulos abstractos, la causa es desvinculada del título, aunque esté indicada en él, y no
tiene ninguna relevancia ulterior en la vida de éste.

E. Por su forma de circulación, los títulos valores se dividen en nominativos, a la orden y al portador.
Es la clasificación que lleva a cabo la propia ley.
1. Los títulos normativos o directos son aquellos que señalan como titular a una persona
determinada. Para la transmisión del título es necesario que se cumplan las reglas de cesión de
créditos. El título nominativo más usado en Venezuela es el de la acción de la sociedad
anónima, forma obligatoria en razón de disposiciones provenientes de los acuerdos de
integración económica.
2. Los títulos a la orden son los que señalan como beneficiario a una persona determinada o
cualquier otra que ésta indique. La transmisión de los títulos a la orden se verifica por medio
del endoso y por la entrega del documento. Este puede ser objeto de negociación por medio
distinto al endoso.
3. Los títulos al portador son aquellos que designan como titular al portador o aquellos en que la
falta de designación implica atribución al portador.

EL CHEQUE
La palabra cheque está indisolublemente unida al vocablo inglés exchequer, que significa tablero (de
ajedrez o de damas). El soberano ingles libraba ordenes contra su tesorería, las cuales llamaban
exchequer bills, por la forma que adoptaba el tapiz que cubría la mesa de la tesorería inglesa. De la
expresión exchequer bill surgió la palabra cheque. Fueron los ingleses los padres adoptivos del
cheque (Bonelli) y los promotores de su divulgación, la cual se extendió al mundo entero.
En Venezuela, la legislación sobre cheque fue introducida en 1.904. El Código de Comercio de ese
año adoptó las normas del Código de Comercio italiano de 1.882, a las cuales se hizo insensible. El
descuido del legislador venezolano en materia de cheque ha sido tan grande, que al producirse la
incorporación de la reglamentación de la reglamentación de la letra de cambio en 1.919, ni siquiera
se tomó el trabajo de revisar las normas de revisión cuando en materia de letra de cambio no existen
dispositivos sobre el particular.
El cheque es el medio más utilizado para disponer de los fondos de una cuenta corriente bancaria,
pero no la única forma. Por la relativa independencia del cheque y de la cuenta corriente bancaria, la
doctrina prevaleciente habla de la existencia de un pacto accesorio de cheque, superpuesto a los
contratos bancarios de una cuenta corriente. El convenio de cheque no es un contrato autónomo, sino
un acuerdo accesorio de la cuenta corriente.
El cheque, como título de crédito, es el documento necesario para ejercitar el derecho literal y
autónomo indicado en el mismo.
LETRA DE CAMBIO
Su función es la de permitir la circulación y la realización del crédito en forma particularmente
rápida y segura. Cumple esencialmente la función económica de ser instrumento de crédito a corto
plazo, tanto en el campo comercial como en el financiero. Su función típica es la de diferir el pago
de una suma de dinero, dando al mismo tiempos al beneficiario la posibilidad de convertir el crédito
en moneda mediante la transferencia del título.
Una letra de cambio es el título de crédito formal y completo que contiene la promesa
incondicionada y abstracta de hacer pagar a su vencimiento al tomador o a su orden una suma de
dinero en lugar determinado, vinculando solidariamente a todos lo que en ella intervienen.
La letra de cambio no nace de improvisto, la actual letra de cambio es el producto de una lenta
evolución a través de la cual fueron precisándose sus rasgos y sus reglas propias. Las letras de
cambio se popularizaron con el florecimiento del comercio, cuyas manifestaciones más importantes
ocurrían en las ferias, hacia donde mercaderes y señores se dirigían, transportando el dinero en
forma de letras de cambio. Antes de la fecha indicada en la letra para recibir su monto se
acostumbraba presentar está al librado, quien verbalmente manifestaba estar dispuesto a cumplir la
orden o retenía el documento y tal retención equivalía a aceptación.
El endoso
Antes de la utilización del endoso, la letra era empleada para el pago de deudas recíprocas entre los
comerciantes, a través de mecanismos diferentes: el acreedor libraba una letra contra su deudor y por
cuenta de su propio acreedor; el tomador que quería pagar con la letra a un tercero, firmaba como
avalista, el título acordaba al representante del tomador la facultad de ser sustituido por otra persona
para el cobro de la letra.
La letra pasa a constituirse en un instrumento de pago entre los extraños al primitivo contrato de
cambio trayecticio que le había dado origen y su uso sin la intervención de los banqueros se vuelve
frecuente.
El endoso permitirá que la cambial se transforme, con el tiempo, en instrumento para la circulación
de un crédito independiente de la relación de emisión, en el papel moneda de los comerciantes.
El aval
Durante la época en que la letra de cambio constituyó la representación del contrato de cambio
trayecticio y, en consecuencia, era un título expedido por un banquero, el documento estaba dotado
de una gran seguridad en cuanto a su pago. La palabra aval ha dado lugar a discrepancias en cuanto a
su origen.
El aval puede definirse como una institución típicamente cambiaria, que tiene por finalidad
garantizar el pago de la letra de cambio. Esa garantía tiene como función, entre oras, reforzar la
capacidad circulatoria de la letra de cambio.
EL PAGARÉ
El pagaré cambiario nace en la baja edad media con la fisonomía propia de otros documentos
notariales que contenían el reconocimiento de haber obtenido una suma de dinero y la consiguiente
promesa de restituirla. El pagaré se mantuvo en las legislaciones como lo que fue desde su origen,
como una promesa de pago: el emitente del pagaré no ordena a nadie que pague sino que se obliga él
mismo a pagar.
El pagaré es un título por medio del cual una persona se obliga a pagar a la orden de otra persona
una cantidad de persona en una fecha determinada. El pagaré es una promesa de pago y siendo un
título a la orden es transmisible por medio de endoso.
Las Libranzas
La función de la libranza era la de hacer posibles ciertas formas de giro que entonces no estaban
autorizadas valiéndose de la letra de cambio. Por otra parte, la letra debía librarse a cargo de una
persona distinta del librador. Tales limitaciones quedaban superadas con la libranza, la cual era
concebida como un título que podía cumplir las mismas funciones de la letra, pero
también como un título en el cual librador y librado podían ser la misma persona, y el lugar del
pago podía ser el mismo de la emisión.

PRINCIPIOS RECTORES DE LOS TITULOS VALORES

Estos elementos característicos tienen relación con las figuras de la


incorporación, de la literalidad, de la legitimación y la autonomía de los títulos
valores.
l. LA INCORPORACIÓN

A. DEFINICIÓN

El artículo 619 del Código de Comercio enseña que los títulos valores son
documentos necesarios para legitimar el ejercicio del derecho literal y
autónomo que en ellos se "incorpora".

B. INSEPARABILIDAD ENTRE EL DOCUMENTO Y EL DERECHO INCORPORADO

Emerge la incorporación como una característica que busca poner de presente


la inseparabilidad, la indisoluble unión que 'en materia de títulos valores se
presenta entre el derecho y el documento, o en palabras corrientes, entre el
derecho y el papel representativo del documento.

Por lo tanto debe afirmarse que estos dos conceptos: derecho y documento,
son inseparables, imposible de concebirlos el uno sin el otro, de manera que el
derecho se incorpora en el título, existe y vive en el documento, o como
corrientemente se ha afirmado el documento es el lugar de habitación del
derecho, por lo que donde está el documento está el derecho.

La inseparabilidad a la que hace referencia tiene obviamente grandes


repercusiones en la vida o existencia del título valor, porque si afirmamos que
donde está el documento está el derecho, estaremos afirmando igualmente que
para poder exigir el derecho, requisito indispensable debe ser el de la exhibición
o posesión del título o documento, o, en otros términos, no resulta viable
invocar el derecho si no se tiene el documento.

Visto desde el ángulo de la circulación o negociación de los títulos valores, lo


anterior significa que si se quiere transferir el derecho incorporado en un título
valor, no podrá existir transferencia de tal derecho si ella no conlleva o no
involucra la transferencia o la entrega del documento que lo contiene.

En conclusión, si se pretende transferir el derecho, obligatorio es transferir


también el documento. Cuando se habla de transferencia se hace alusión a
cualquier tipo de negociación; pero además esta característica se extiende a
cualquier acto de limitación, gravamen o medida cautelar sobre el derecho
inserto en el título valor. Así por ejemplo, si se embarga el derecho, tal
embargo debe tener efecto sobre el documento contentivo del derecho;
necesariamente, de afectarse el derecho tendrá que repercutir en el documento
mismo, aspectos estos que se materializan con la aprehensión del documento.
Igualmente, si el documento se extravía o si se pierde, se perderá el derecho
en él contenido. Así, sólo podrán invocarse los derechos que en el título o
documento están contenidos.

Por ello la posesión del documento es la nota característica de la titularidad.


Quien posee eI documento es titular del derecho incorporado, y si se pierde tal
posesión desaparece el derecho. Lo anterior da para concluir que el documento
es lo principal, lo esencial y el derecho contenido es accesorio al documento.

En consideración a este principio, que coloca al documento por encima del


derecho, es que se habla del derecho cartular, en la medida que el derecho
descansa sobre un papel, sobre un cartón o documento. ¿Querría decir lo
anterior que el documento es titular de derechos? Indudablemente que no,
puesto que jurídica y estrictamente hablando los únicos que pueden ser
titulares de derechos son las personas, naturales o jurídicas. Cuando se habla
de que existe una estrecha relación jurídica entre el documento y el derecho y
que lo primero es lo principal y el segundo lo accesorio, con ello simplemente
se quiere enfatizar es la inseparabilidad, el nexo existente entre el derecho y el
documento, de tal forma, como ya se dijo, que no pueda concebirse el uno sin
el otro.

C. CONSAGRACIÓN LEGAL

Ahora bien, ¿de qué manera se consagra la incorporación en nuestra legislación


comercial? como inicialmente lo señalamos, la primera norma que consagra la
incorporación como característica de los títulos valores es el artículo 619. La
segunda disposición es el artículo 621, al señalar que todo título valor debe
llevar la mención del derecho que en el título se "incorpora". Otra norma que
consagra esta característica es el artículo 622, al estatuir que los espacios en
blanco pueden ser llenados por el tenedor legítimo del mismo antes de
presentado para ejercer el derecho que en él se "incorpora". También de la
incorporación hace mención el artículo 624, en la medida que expresa que
cuando se quiera ejercer el derecho consignado en el título valor, se requiere
de la exhibición del mismo, por lo que si el título es pagado deberá ser
entregado a quien lo paga, pues allí donde está el documento allí estará el
derecho y si éste es cancelado, el derecho será satisfecho. De la incorporación
también tiene injerencia el artículo 628, cuando indica que la transferencia de
un título implica no solo la del derecho principal "incorporado" sino también de
la de los derechos accesorios.

El artículo 629 del Código de Comercio se refiere a la característica en estudio.


En efecto, conforme esta norma la reivindicación, el secuestro, o cualesquiera
otras afectaciones o gravámenes sobre los derechos consignados en un título
valor o sobre las mercancías por él representadas, no surtirán efectos si no
comprenden el título mismo materialmente. Fíjese bien como se coloca la
aprehensión física o material del documento como un requisito esencial para
que tenga validez cualquiera de las acciones allí tipificadas. Coloquemos
algunos ejemplos para explicar mejor la norma: si se pretende reivindicar un
título valor, la reivindicación no producirá efecto alguno si no se logra, si no es
posible aprehender materialmente el documento. Si se inicia un proceso
ejecutivo y dentro de él se pretenden embargar derechos incorporados en un
título valor, la forma como se secuestran los derechos incorporados en él es la
aprehensión física del documento que lo contiene. ¿Cómo se explican las
anteriores consideraciones? Naturalmente que todo tiene relación o explicación
con la incorporación, porque, como se dijo precedentemente, allí donde está el
documento ahí mismo se encuentra el derecho y en tanto no se haya
aprehendido el título, quien lo posea, conforme a su ley de circulación, allí
estará el derecho. Por ello el interés al exponer la relación entre la posesión y la
titularidad, en la medida que sólo aprehendiendo el título se sabrá quién es su
titular. Un ejemplo lo constituyen las mercancías representadas en un
certificado de depósito: una persona es dueña de determinada mercancía y la
lleva a un almacén general de depósito; esta entidad le expide un certificado de
depósito que representa, precisamente, las mercancías depositadas. Si un
tercero pretende embargar tales mercancías el procedimiento es lograr el
secuestro de ese certificado de depósito y no el de practicar una diligencia de
embargo y secuestro sobre las mercancías depositadas porque donde está el
documento están las mercancías, así se hubiere practicado alguna medida
cautelar respecto de las mercancías en el almacén general de depósito, ya que
hasta tanto no se logre la aprehensión material del certificado de depósito la
diligencia de embargo efectuada en las bodegas del almacén no producirá
efecto alguno, pues, recuérdese bien que el documento es el portador de las
mercancías o, mejor dicho, las mercancías residen jurídicamente dentro del
documento.

II. LA LITERALIDAD

A. DEFINICIÓN y NATURALEZA

Se parte del ya citado artículo 619 del Código de Comercio, norma que al definir
los títulos valores hace referencia al ejercicio del derecho "literal", para dar a
entender el derecho escrito, el contenido impreso en el título valor.

La literalidad implica seguridad o certeza en materia de títulos valores, porque


tanto los aspectos principales o fundamentales como los accesorios o conexos
se definen, se determinan por su tenor literal, por lo que en el documento se
dice o reza, de tal forma que de su observación, de su lectura, de su examen,
cualquier persona pueda conocer la magnitud, o la extensión, o el contenido del
derecho que en el título se expresa para que, si se quiere transferir el
documento, el adquirente sepa a ciencia cierta la clase de derecho que
adquiere. Así, es dable afirma que la literalidad es la mayor expresión del límite
de un derecho, la medida del mismo, porque únicamente se tienen los derechos
que en el título se expresan, ni más ni menos.

La literalidad debe ser examinada desde dos puntos de vista:

B. LITERALIDAD ACTIVA Y PASIVA

Conforme a la primera, el tenedor de un título valor no podrá invocar más


derechos de los que aparecen en el documento, ni puede pretender exigir
derechos distintos de los allí insertos. Por medio de la literalidad pasiva, se
expresa que el obligado o interviniente en un título valor no podrá ser forzado a
atender prestaciones distintas de las que reza el documento y cumplirá su
obligación en la medida que pague la prestación que se describe en el mismo
título.

Ahora, si es cierto que todos los aspectos principales o accesorios de los títulos
valores se miden, se definen o determinan sólo por el contenido mismo del
texto, por su tenor literal, la literalidad implica que los derechos que se
incorporan en el documento por lo menos originariamente, no pueden ser
objeto de complementación o adición mediante documentos extraños, al igual
que las estipulaciones contenidas en un título, naturalmente distintas al propio
título valor, no están llamadas a dejar sin efecto, a variar el derecho inserto en
el documento, en la forma y en los términos como se encuentran escritos en el
mismo.

C. EFECTOS DE LOS CONVENIOS EXTRACARTULARES.

Este aspecto plantea una discusión: Saber qué efectos tiene en la vida de un
título valor los acuerdos, convenios, pactos o estipulaciones que se hayan
celebrado en otros documentos diferentes del título valor. Pues bien, tales
aspectos, dichas estipulaciones no están llamadas a modificar, a alterar, a
afectar o derogar las estipulaciones o el tenor literal del documento; ello en
principio, de manera originaria.

Lo anterior debe verse desde una doble acepción: Los pactos extraños no están
llamados a alterar el documento respecto de terceros, es decir, frente a
personas que no han intervenido en tales pactos o en la elaboración del
documento, pero sí podría verse afectado el tenor literal de un título valor con
convenciones o acuerdos contenidos en documento extraño si se trata de las
mismas partes que lo elaboraron, o sea, si puede invocarse entre las personas
que han celebrado dichos pactos y han suscrito el título valor. Así por ejemplo,
si en un título valor se acuerda el pago de una determinada suma de dinero
para pagarla en cierto tiempo y cualquier tenedor del título condona alguna
parte de la deuda o concede una prórroga en el plazo o acuerda un lugar
distinto para la cancelación de su importe o rebaja los intereses, tales
convenios valen, surten efectos entre quien lo concedió y el obligado; sin
embargo, si el título es negociado o transferido a un tercero, sencillamente ese
tercero no está llamado a respetar los pactos de su antecesor, razón por la cual
el nuevo tenedor, de buena fe, puede exigir el pago teniendo en cuenta el
tenor literal del título valor. De manera contraria, si con quien se pactó el
beneficio incumple, el deudor perfectamente podrá impetrar la correspondiente
excepción en caso de ejecución.

Como puede observarse, de la literalidad se derivan diversos efectos. Nos


plantea esta figura la posibilidad de determinar el tipo de excepción que podría
proponerse, porque al parecer, en un principio, si se mira desde un punto de
vista eminentemente formal, únicamente podrían proponerse aquellas
excepciones que tienen relación con el tenor literal del texto. En forma original
ello es así, empero ¿de qué manera podría repercutir, por ejemplo, el negocio
causal, aquél que dio origen al título valor?, porque como ya se expresó,
también podrían plantearse excepciones basadas en prórrogas o rebajas, es
decir, en pactos suscritos con independencia del título, extraño a él, empero,
dijimos, tales excepciones operan respecto de las mismas partes, más no frente
a terceros.

El mismo tratamiento se puede plantear con explicación del negocio causal o


negocio subyacente. En efecto, la literalidad exige explicar en qué medida el
negocio fundamental u originario del título puede repercutir en la vida de éste.
En materia de títulos valores nada se opone a que dentro del documento o con
independencia de él se haga referencia al negocio motivo de su emisión, o sea,
a que por algún medio se deje constancia de la causal por la cual se emite el
título valor. Ello es aplicable a cualquier modalidad, e incluso la ley lo exige en
algunos títulos valores; es el caso de las acciones en sociedades, los
certificados de depósito, los bonos de prenda, las facturas cambiarias de
compraventa y transporte y el conocimiento o embarque, entre otros. En estas
clases de títulos la ley exige que dentro del documento se efectúen las
correspondientes referencias relativas al negocio causal. En consecuencia,
mencionar dentro del título valor el negocio fundamental, voluntariamente o por
disposición legal, conduce a que no se pueda, precisamente ateniéndonos al
principio de la literalidad, pretender derechos o exigir obligaciones distintas de
las allí escritas, con mayor extensión o con un contenido distinto al plasmado
en el título valor; pero, además, ello conduce a que en el título valor se
describa el negocio motivo de su emisión, por lo que en estos eventos las
excepciones que se puedan formular serán más exactas, mucho más limitadas.
¿Qué sucede, entonces, si se llegara a plantear, a formular un negocio distinto
al que realmente le ha dado origen al título valor? Necesario es advertir que así
la causa sea suplantada, distinta de la que verdaderamente fue, la literalidad
conlleva a que tal causa se tenga como cierta, hasta tanto no se pruebe o
demuestre lo contrario, hasta tanto no sea desvirtuada.

Lo expuesto precedentemente nos lleva a una conclusión: La literalidad no


significa independencia, porque, como ha podido observarse, por múltiples
circunstancias el título valor puede encontrarse unido, puede ser conexo a
documentos o pactos diferentes a su tenor literal y, así, nada se opone a que se
emita un título valor y se deje constancia, bien en el título o en documento
aparte, que su emisión se hace en desarrollo de tal o cual negocio celebrado
entre las partes que lo suscriben e igualmente nada se opone a que en un
documento se exprese, se haga constar un título valor como medio o
instrumento del pago del precio de una transacción determinada.

Vale la pena hacer referencia a la sentencia del 19 de abril de 1993 emitida por
la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia. Refiriéndose al tema
expresó:

"Como bien se sabe, los principios rectores de la literalidad, incorporación,


autonomía, y legitimación que informan el derecho cartular, confieren al
tenedor de un título valor garantías indispensables en orden al afianzamiento
de su circulación, reclamada por la expansión del comercio y al propio tiempo
por la seguridad que debe gobernar la actividad cambiaria. No en vano se
establece por nuestro ordenamiento que, cuando el título se halle en poder de
persona distinta del suscriptor, se presumirá la entrega de éste (inciso 20. arto
625 C. de Co.); o que "se considerará tenedor legítimo del título a quien lo
posee conforme a su ley de circulación" (art. 647 C. de Co.); o que "se
presumirá la buena fe, aún la exenta de culpa ... "; y que "... quien alegue la
mala fe o la culpa de una persona, o afirme que ésta conoció o debió conocer
determinado hecho, deberá probarlo" (art. 835 C. de Co.).
La literalidad, en particular, determina la dimensión de los derechos y las
obligaciones contenidas en el título valor, permitiéndole al tenedor atenerse a
los términos del documento, sin que, por regla general, puedan oponérsele
excepciones distintas a las que de él surjan. Es de ver, con todo, que por
cuanto la consagración de la literalidad es una garantía para quien desconoce
los motivos que indujeron la creación o la emisión del título, o ignora los
convenios extracartulares entre quienes tomaron parte antes que él en su
circulación, es obvio que ella está consagrada exclusivamente en beneficio de
los terceros tenedores de buena fe, pues este principio no pretende propiciar el
fraude en las relaciones cambiarias. Es apenas lógico entender el por qué no
puede predicarse absolutamente la literalidad entre quienes han sido partícipes
del negocio causal o subyacente, determinante de la creación o la emisión del
título valor, ya que en este caso no estaría en juego la seguridad en el tráfico
jurídico, prevista como razón fundamental para su consagración legal. Por
idéntico motivo, el alcance de presunción legal que ostenta este principio
respecto de terceros, en el sentido de considerar que la existencia y magnitud
del derecho se condiciona y mide por el contenido del documento mismo, cede
ante la prueba que acredite el conocimiento de los mismos en torno a situación
subyacente, constitutiva de excepción personal frente a él (art. 784 del C. de
Co.)".

D. CONSAGRACIÓN LEGAL

El Código de Comercio consagra la literalidad en distintas disposiciones:

En primer lugar hacemos mención al artículo 619 como norma básica en el


estudio de las características generales, como norma aplicable a la
incorporación, literalidad, legitimación y autonomía. En verdad el artículo 619
señala que los títulos valores son documentos necesarios para legitimar el
ejercicio del derecho "literal" que en ellos se incorpora. Igual mención se hace
en el artículo 621 cuando se señalan los requisitos generales que deben
contener los títulos valores, porque si bien se ha establecido que tanto los
aspectos fundamentales como los accesorios del título valor se definen o
determinan por su tenor literal, consecuencia lógica es que la ley está
interesada en que la mención del derecho que en el título se incorpora, la firma
de quien lo crea, el lugar de cumplimiento o ejercicio del derecho, la fecha y el
lugar de creación, etc., no puedan ser omitidos dentro del texto del documento,
a menos que sucede la ley supla algunos vacíos, destacando como requisito
básico, no sustituible la mención del derecho que en el título se incorpora. Lo
afirmado tiene confirmación en lo preceptuado por el artículo 620 del Código de
Comercio en el sentido de que el título sólo producirá los efectos en él previstos
cuando contenga las menciones y llene los requisitos que la ley señale, salvo
que ella misma lo presuma.

Con la literalidad hace relación el artículo 622, norma que posibilita la entrega
de títulos valores con espacios en blanco o de hojas firmadas en blanco en la
medida que advierte que el tenedor legítimo del mismo debe llenar tales
espacios antes de presentar el título para exigir el pago o el derecho en él
incorporado, porque de no hacerlo no habría manera de determinar su
contenido, sus aspectos fundamentales, o accesorios; en otras palabras, no
podría ser pagado.

También el artículo 624 se refiere a la literalidad, particularmente en lo que


tiene relación con el pago total o parcial, porque si ha existido pago parcial el
tenedor tendrá que efectuar la debida anotación en el mismo título y si ha sido
total lo ha debido entregar al obligado, incluso, en ambos casos deberá
extender el recibo correspondiente, conservando la eficacia legal en eventos de
pago parcial, por la parte no cancelada.

Dos aspectos relativos al tema merecen ser atendidos por separado:

En primer lugar, en tratándose de pago parcial, la ley impone la obligación que


se haga constar en el título, pues de no hacerse no podría posteriormente
formularse la excepción de pago parcial. Si se trata de pago total el título será
entregado a quien lo pague, pero si no se entrega, cabe la misma observación
hecha para el pago parcial, es decir, obliga a la anotación en el título
respectivo, por la misma razón establecida, por la posibilidad de formular
excepciones de pago, porque como la establece el artículo 784, numeral 7o, del
Código de Comercio, contra la acción cambiaria podrán oponerse las
excepciones que se funde en pago parcial o total, pero siempre que conste en
el título.
En segundo lugar, ¿qué sucede si el pago no se hace constar en el título pero sí
en documento extraño? Este punto es de gran importancia:

En la medida que el pago se haga constar en el título, dicha anotación es


oponible a cualquier tenedor; las excepciones serían generales pues todos los
tenedores sabrían del pago total o parcial. Pero si no se produjo la anotación en
el título sino que se extendió un documento aparte o extraño al mismo, en ese
evento los tenedores posteriores adquieren el título valor tal y como está, razón
por la cual contra esos terceros no cabe la excepción de pago (a no ser que se
demuestre mala fe) y la excepción se circunscribe entre las partes que
participaron en la elaboración del documento de pago.

El artículo 626 del Código de Comercio se refiere igualmente a la literalidad, al


preceptuar que el suscriptor de un título valor queda obligado conforme al tenor
literal del mismo, con lo que se expresa que el contenido de la obligación, a
efecto de determinar la responsabilidad que asumen quienes han intervenido en
el título recae en el contenido del mismo, en su tenor literal, bastando
simplemente con observar, examinar el texto, para saber el alcance de las
obligaciones del suscriptor, de los endosantes o avalistas.

Mención complementaria hace el artículo 631, conforme al cual, en caso de


alteración del texto de un título valor, los signatarios anteriores se obligan tal
cual el texto original y los posteriores de acuerdo al alterado. En la actual
normatividad el título valor es eficaz, así sea alterado o falseado y se presume
que un título es cierto, es verdadero hasta tanto no se pruebe la alteración,
pero incluso probando la falsedad, la alteración, el título conserva plena
eficacia; habrá que determinar el momento en que fue alterado para precisar el
alcance de las obligaciones de las personas que aparecen como deudores,
endosantes o avalistas. Por eso la norma divide la vida jurídica del título y
partiendo del momento de la alteración los signatarios anteriores se obligan en
su forma originaria mientras que los posteriores de acuerdo a lo alterado. Es
precisamente en virtud del principio de la literalidad que las partes son
obligadas a responder como vieron el título, como éste rezaba, por su
contenido al momento de la transacción.
Con la literalidad igualmente tienen relación los artículos 657, 658 Y 659 del
Código de Comercio, normas relativas al endoso en propiedad, procuración o en
garantía, porque de ello depende la clase de título que se trata y la calidad de
la persona que aparece endosando. Así mismo se relacionan con esta
característica los artículos 706 y 708 del Código de Comercio, relativos al
protesto.

IlI. LA LEGITIMACIÓN

A. CONCEPTO y CARACTERIZACIÓN

La legitimación es la calidad que tiene el tenedor de un título valor para


ejercitar el derecho incorporado en éste, por obtener judicial o
extrajudicialmente el cumplimiento de la obligación que lo contiene. La
legitimación se caracteriza por la identificación del titular del derecho
incorporado en un título valor. La consecuencia lógica para poder exigir la
prestación que incorpora el título es la exhibición misma del documento.

B. EXHIBICIÓN DEL TITULO

Pero la legitimación no solo impone la obligación de exhibir el título para poder


exigir el pago, sino que por pasiva el obligado no le puede satisfacer la
prestación a una persona que no le exhiba el documento, de tal manera que la
posesión del título de acuerdo con su ley de circulación, unida a la exhibición,
es igual a legitimación. La legitimación conduce también a que para defender
los derechos que incorpora un título valor sea necesario exhibirlo, que nadie
pueda invocar mejores derechos sin respaldar sus alegaciones con la exhibición
misma del título. Tal como lo refleja el hecho de que el artículo 810 del Código
de Comercio cuando se está en presencia en un proceso de cancelación de un
título valor, no admite oposición si el tercero no presenta o exhibe el título.

Es la lógica consecuencia de que para defender los derechos incorporados en


un título es necesario exhibirlo, presentarlo. Pero no es una exhibición o
presentación de cualquier manera, porque ya lo hemos advertido que se trata
de una posesión calificada o cualificada, teniendo en cuenta la ley de
circulación. La legitimación plantea el interrogante de saber si quien exhibe el
título para que se pueda legitimar debe ser a su vez el verdadero propietario
del derecho, o si por el contrario la ley se conforma con una categoría un poco
distinta como sería la del mero poseedor o la del simple tenedor del
documento. Cuando se plantea este interrogante no significa que el propietario
no pueda legitimarse o que no sea el primer llamado a legitimarse.

Ordinariamente sucede que la exhibición del título por una determinada


persona está acompañada a su vez de la propiedad del derecho a esa misma
persona, de tal manera que la posesión y la propiedad coinciden. En tal sentido,
hay paralelismo entre el aspecto interno y externo, entre la propiedad formal y
la propiedad real, pero lo que se plantea más bien es si una persona que no es
propietaria del título puede legitimarse y la respuesta tendrá que ser afirmativa,
porque la ley exige simplemente que quien exhibe el título sea poseedor,
poseedor de acuerdo con su ley de circulación.

C. POSESIÓN y PROPIEDAD DEL TÍTULO

En otras palabras, no exige la ley la propiedad, es decir, la coincidencia entre la


posesión del título y la titularidad del derecho. Así lo tiene consagrado el
artículo 647 cuando dice que se considera tenedor legítimo a quien posea el
título de acuerdo con su ley de circulación, y desde este punto de vista se
puede afirmar que la ley se conforma con el aspecto externo, con la apariencia.
En consecuencia, basta que formalmente quien invoca derecho posea el título,
lo exhiba de acuerdo con su ley de circulación para que se le tenga como titular
aunque en realidad la propiedad pueda recaer en otra persona, lo cual induce a
ratificar que en esta materia prima la posesión formal sobre la posesión real, la
propiedad formal sobre la propiedad real, la apariencia sobre la realidad. Por
ello no es extraño observar el caso de que personas que no son verdaderos
titulares se pueden llegar a legitimar, porque cumplen con los requisitos que
impone la legitimación.

En síntesis, ordinariamente el propietario será el primer llamado a legitimar,


pero pueden darse casos en que el propietario no se pueda legitimar por
carencia del documento. Así mismo, la ley no exige la coincidencia entre la
propiedad y la legitimación dado que impone una categoría distinta como es la
del mero poseedor de acuerdo con su ley de circulación.

D. LEGITIMACIÓN POR PERSONAS NO TITULARES

El hecho de que personas distintas a su verdadero titular se puedan llegar a


legitimar, evidencia la gravedad que tiene para cualquier persona la pérdida de
un título valor máxime si se agrega que en nuestra legislación quien ha sufrido
el extravío, hurto o robo de un título valor, para poder recuperar el documento
tiene que recurrir a un proceso precisamente de cancelación y de reposición. Si
se puede legitimar una persona que no es verdadero titular porque ha llegado a
poseer el título por un medio irregular, la legitimación nos plantea el
interrogante de determinar la conducta que debe adoptar el obligado cuando
antes de pagar el título o en el momento de tener que satisfacer la prestación
incorporada en el mismo, tiene noticias de la mala fe del tenedor.

En torno a la solución de este conflicto las posiciones son encontradas.


VIVANTE, consecuente con los efectos de la legitimación, es de la opinión de
que aunque el obligado tenga noticias de la mala fe del tenedor, en la medida
en que el título cumpla con los requisitos propios de la legitimación, debe
pagar, porque es una consecuencia propia de la legitimación. Por el contrario,
ASCARELLI sostiene la tesis opuesta; dice que en realidad resulta absurdo que
a pesar de que el obligado tenga noticias de la mala fe del tenedor, sea
responsable en el pago del título por el solo hecho de que está legitimado, en la
medida que ello conllevaría a sostener que la mala fe es fuente de derechos,
cuando realmente siempre se ha tenido como un vicio, como circunstancia que
impide invocar derechos.

Frente a estas dos posiciones antagónicas ha surgido la "teoría oportunista",


sostenidas por BONELLI y MESSINEO, quienes plantean que cuando el
obligado antes de pagar recibe noticias de la mala fe del tenedor, lo primero
que tiene que saberse es la· seriedad de tales noticias, de dichos rumores y en
segundo lugar, establecer si los hechos o las circunstancias de donde se
pretende derivar la mala fe del tenedor pueden ser o no constitutivos de una
excepción personal y además, si el obligado está en posibilidad o no de reunir
las pruebas que le permitan demostrar (en caso de ser demandado) que
efectivamente el tenedor es de mala fe. Si se reúnen estas circunstancias:
veracidad y credibilidad de la información, que los hechos realmente son
constitutivos de una excepción personal y que el obligado está en posibilidad de
probar la mala fe del tenedor, el obligado debe abstenerse de pagar; de lo
contrario, debe pagar.

Pues bien, esta última posición parece ser la que acoge nuestro código, en la
medida que el numeral 13 del artículo 784 permite al demandado proponer
cualquier excepción personal contra el demandante, pero cualquier excepción
de él frente a su demandante. También apoyaría esta tesis el hecho de que el
mismo artículo, en su numeral 11, permite probar y hacer prosperar la
excepción de falta de entrega o entrega sin intención de ser negociable un
título valor, hechos que comprenden el extravío, el robo, el hurto del título, o el
abuso de confianza, pero siempre y cuando que se trate de un tercero tenedor
que no sea de buena fe exenta de culpa, y obviamente nos está diciendo la
norma que si se trata de un tercero que es de buena fe exenta de culpa, pues
no puede prosperar este tipo de excepción.

Haciendo referencia a la legitimación de los títulos valores y a la desconexión


entre la titularidad y la tenencia ha dicho la Corte:

"El artículo 619 del Código de Comercio define los títulos valores como aquellos
"documentos necesarios para legitimar el ejercicio del derecho literal y
autónomo que en ellos se incorpora ...", concepto que pone de presente, entre
otras características, su fuerza o función, legitimadora, en virtud de la cual
invisten o facultan al tenedor legítimo, es decir, a quien los "posea conforme a
su ley de circulación" (artículo 647 ejusdem), para que ejercite el derecho en
ellos incorporado, inclusive, cuando de acuerdo con las reglas del Derecho
común, éste no sea el titular de los mismos, particularidad que apareja, por
consiguiente, la renuncia de cualquier intento de indagación respecto de la
propiedad del derecho.
De modo, pues, que "el significado pleno del concepto de legitimación -ha dicho
la Corte con apoyo en la doctrina-, lo da, precisamente, el hecho de abstraerse
totalmente de la investigación sobre pertenencia del derecho de crédito que
pueda corresponder al que ha sido admitido para ejercitarlo ... Así las cosas, el
poseedor del título, amparado por la apariencia de la titularidad que le
proporciona la circunstancia de ser su tenedor en debida forma, está facultado,
frente a la persona que se obligó a través de la suscripción para exigir el
cumplimiento de lo debido" (Casación del 23 de octubre de 1979). En síntesis,
la función legitimadora de los títulos valores, usualmente justifica en la teoría
de la apariencia, prescinde de la demostración de la titularidad del derecho,
para, en su lugar, habilitar al tenedor para que ejerza el derecho en ellos
incorporado mediante la exhibición de los mismos, siempre y cuando, claro
está, los posea conforme a su ley de circulación.

Entendida en esos términos la función legitimadora de esa especie de


instrumentos, débese acotar seguidamente, que la misma adquiere una doble
connotación toda vez que, en un lado, inviste o faculta a quien posee el título
conforme a su ley de circulación, para ejercitar el derecho en él incorporado
(legitimación activa) y, de otro, la de, por regla general, habilitar al deudor para
pagarle a quien en las anotadas condiciones le exhiba dicho documento.

La legitimación activa, como acaba de puntualizarse, presupone la tenencia del


título conforme a su ley de circulación; en consecuencia, en tratándose de
títulos al portador, en tenedor se legitima con la mera exhibición del mismo
(artículo 668 del Código de Comercio); si de títulos a la orden se habla, además
de la exhibición, deberá el tenedor acreditar la serie ininterrumpida de endosos
(art. 661 ídem), estándole vedado al deudor, hay que destacarlo de una vez,
exigir la comprobación de la autenticidad de los mismos, aunque sí deberá
identificar al último tenedor y verificar la continuidad de los endosos (art. 662 in
fine). Finalmente, en el supuesto de que se trate de un título nominativo, se
exige el endoso acompañado de la inscripción en los libros del obligado. Por
tanto, quien, dependiendo de la naturaleza del título, lo posea en cualquiera de
las señaladas condiciones y lo exhiba al obligado, se legitima para ejercer el
derecho en él mencionado, sin necesidad de establecer su titularidad sobre el
mismo, pues de tal prueba se encuentra aliviado. Recae, así mismo, en su
favor, la presunción de ser poseedor de buena fe exenta de culpa, condición
que despunta en que contra él no pueden oponerse las excepciones de los
numerales 11 y 12 del artículo 784 ídem, o sea las relativas a su posesión, a la
emisión del título, ni a las relaciones jurídicas que le antecedieron; o lo que es
lo mismo, no le son oponibles los vicios concernientes a la emisión del
instrumento valor ni los relacionados con los actos de transmisión del mismo
que la anteceden.

Desde el punto de vista del deudor (legitimación pasiva) la función legitimadora


trasciende en que para honrar su obligación, suele serle suficiente exigir la
exhibición del documento y verificar que el poseedor del mismo lo detente
conforme a su ley de circulación.

Despréndese de lo dicho "en el campo relativo a las normas que regulan los
títulos valores, deba distinguirse entre la persona que lo posee materialmente,
pudiendo hacer uso frente al deudor o suscriptor, de su derecho cambiario, y el
sujeto que, en realidad de verdad, es el propietario del documento y por ende
del derecho en él contenido o incorporado. En ocasiones, claro está, existe
plena identificación entre uno y otro sujeto, pero en otras no dejará de
presentarse la falta de coincidencia" (casación del 23 de octubre de 1979).

Significa lo anterior, que puede darse la ruptura o separación entre el titular del
derecho cartular (el propietario del instrumento), despojado del mismo e
impedido, subsecuentemente, para ejercitarlo, y la persona legitimada para
hacerlo, esto es, quien lo posee conforme a su ley de circulación. En esa
hipótesis, en caso de conflicto, valga la pena anticiparlo, si ese poseedor
legitimado es de buena fe, exenta de culpa, la ley lo protege con excepcional
preeminencia y tan paladinamente, por cierto, que llega a negar la acción
reivindicatoria en su contra (artículo 820 del Código de Comercio) e, inclusive,
habiendo iniciado el propietario el proceso de cancelación y reposición del título
extraviado, su pretensión naufraga si a ellas se opone dicho tercero, poseedor
de buena fe exenta de culpa.

La escisión anotada puede ocurrir por un acto voluntario del titular (como
cuando lo entrega en usufructo, depósito, prenda, etc.), o puede originarse en
un acto ajeno o contrario a su voluntad, como ocurre en los eventos de pérdida
o hurto del título, hipótesis en la cual, conviene distinguir entre dos situaciones
diversas la condición del primer adquirente (quien lo hurtó o lo halló) y la de un
tercero tenedor de buena fe exenta de culpa del mismo" (Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Civil, sentencia del 14 de junio de 2000, M.P. DI.
JORGE ANTOONIO CASTILLO RUGELES).

E. CONSAGRACIÓN LEGAL

Ahora, ¿dónde está consagrada la legitimación? Tiene diversas normas que la


recogen como característica esencial de los títulos valores. En primer lugar, nos
encontramos con el artículo 619, norma que define el título valor como
documento necesario para "legitimar" el ejercicio del derecho. Pero el artículo
624 nos pone de presente cómo para ejercitar el derecho se requiere la
exhibición misma del título, porque la legitimación en concordancia con la
incorporación exige que por activa, para que pueda exigir el derecho, debe
exhibirse el documento, y la misma norma agrega que si el título es pagado hay
que devolverlo a quien paga.

También se ocupa de la legitimación el artículo 648, norma que después de


definir el título valor nominativo, señala que tratándose de estos títulos, para
que se otorgue la legitimación, además de la exhibición del título, debe de
existir cadena de los endosos, ser ininterrumpidos y que haya coincidencia
entre el titular que aparece en los libros del emisor y el título mismo. En los
artículos 661 y 662 se precisa cómo se puede legitimar el poseedor de un título
valor a la orden, porque, en primer lugar, advierte que la cadena de los
endosos debe aparecer ininterrumpida, formalmente completa, sin solución de
continuidad, pero además agrega que el tenedor debe exhibir el título, debe
identificarse plenamente, con la aclaración de que el artículo 662 le prohíbe al
obligado exigir la autenticidad de los endosos. A él le basta que el tenedor,
aparentemente, externamente se legitime, exigiéndole el título de acuerdo con
la ley de circulación.

El artículo 668 del Código de Comercio también hace una consagración expresa
de la legitimación cuando dice que tratándose de títulos valores al portador el
tenedor se legítima con la mera exhibición, con la sola presentación física del
documento. El artículo 810 advierte que si se adelanta un proceso de
cancelación de un título valor y un tercero se quiere oponer, su oposición no
será admitida si no exhibe el título.

El artículo 647 es también norma de inmensa importancia porque


categóricamente nos dice que se considera tenedor legítimo a quien posee el
título de acuerdo con la ley de circulación.

Tal vez hay tres normas que constituyen una excepción a la legitimación,
excepción en el sentido de lo aquí afirmado, respecto a que nadie puede exigir
el pago sin exhibir el título.

1. El artículo 696 del Código de Comercio establece que si vencida la letra, norma
aplicable para los demás títulos valores, no es presentada para el pago dentro
de los plazos previstos en el artículo 691, cualquier obligado puede entrar a
depositar el importe de la letra en un establecimiento bancario facultado para
recibir depósitos judiciales y el pago que haga descarga el título. Entonces, es
una norma que expresamente autoriza pagar un título valor, a pesar de que el
documento no es presentado, norma de excepción que busca evitar que la
situación del obligado se agrave seguramente ante la negligencia del tenedor
en presentarse a exigir el pago incorporado en el título.
2. El artículo 812, en la medida que prevé que en el evento de un proceso de
reposición y cancelación de un título valor, durante el transcurso del proceso el
título vence o ya estaba vencido, el actor debe pedirle al juez que requiera a los
obligados para que depositen el importe del título, y si los obligados se niegan
a hacer el depósito el actor puede legitimarse, puede entrar a exigir el depósito
del importe del mismo con la sentencia, es decir, la decisión judicial viene a
sustituir el documento mismo.
3. Un tercer caso de excepción se presentaría cuando se cancela un título
(cheque) y el demandado se niega a librar un nuevo cheque. Frente a esta
circunstancia no cabría solución distinta que quien adelante el proceso de
reposición y cancelación de un cheque, tenga que legitimarse exclusivamente
con la sentencia si a esto se agrega el hecho que a medida que el título entra
en circulación pueden surgir circunstancias personales, vicios que podrían
afectar una determinada relación jurídica y el título seguía circulando, a medida
que se produjera su negociación, lejos de depurarse no estaría haciendo cosa
distintas que recogiendo o acumulando defectos o vicios como sería el caso de
que el creador fuera incapaz por edad, el aceptante incapaz por demencia, un
endosante pudiera endosarlo a nombre de una persona jurídica sin existir
personería, o teniéndola sin poderes suficientes para hacerlo, y así
sucesivamente, pues podría pensarse que el título al circular estaba
acumulando toda esa serie de defectos, de vicios, y a medida que circulara más
tenía la posibilidad de acumular, de traer nuevos efectos. En otras palabras, se
planteó la necesidad de idear unos principios que impidieran que todo
adquirente de un título valor fuera un simple continuador de los derechos de su
anterior titular o de su tradente, y además se trató de idear que todo el que
interviniera en un título valor para determinar si se había obligado o no
válidamente, pues se miraran exclusivamente las circunstancias en que esa
persona intervino en el título.

IV. LA AUTONOMíA

A. DEFINICIÓN y NATURALEZA

La autonomía de los títulos valores consiste en el ejercicio independiente que


ejerce un tenedor legítimo del título sobre el derecho en él incorporado.

Los títulos valores contienen dentro de su razón ser el principio de la


circulación, es decir, la facultad de transmitirse a muchas personas mediante el
endoso respectivo, donde el endosatario adquiere un derecho totalmente
autónomo de las circunstancias que dieron origen a su emisión. Con esta figura
cada tenedor adquiere un derecho que empieza en él. La autonomía se
caracteriza por la incomunicabilidad de vicios, en tanto que al tenedor legítimo
no se transmiten los defectos que pudieron haberse creado con las relaciones
anteriores, por ejemplo, en lo que hace referencia al negocio causal que dio
origen al documento y como esos vicios no se comunican, tampoco podrán
proponerse excepciones al tenedor legítimo del título derivado de dicha
creación, porque el título se desvinculó de las partes que le dieron nacimiento,
del negocio que lo originó.

B. EL DERECHO AUTÓNOMO DE CADA TENEDOR

La autonomía adquiere por lo tanto una característica de particularidad en


cuanto hace mención al derecho de cada tenedor. En este sentido se habla es
de autonomía en las personas, en el derecho incorporado y en sus
responsabilidades frente al título valor y no de autonomía del título valor como
tal.

E! derecho incorporado en un instrumento es autónomo porque el poseedor de


buena fe ejercita un derecho propio que no puede limitarse o decidirse por
relaciones que hayan existido anteriormente.

C. IMPROCEDENCIA DE LA CESIÓN

En otras palabras, se pretende a través de este mecanismo no aplicar a los


títulos valores ni a su circulación las normas, las reglas o principios propios de
la cesión, conforme a la cual todo el que transfiere transmite el derecho que
tiene, ni tampoco las normas de la tradición, las cuales advierten que nadie
puede transferir más derechos de los que tiene. En consecuencia, todos estos
propósitos de separar los títulos valores de las reglas de la cesión y de la
tradición se sintetizaron en la característica de la autonomía, principio que trae
a la mente la idea de independencia, de separación, lo cual, cambiariamente, se
traduce en que todo adquirente de un título valor adquiere un derecho no
derivado sino originario.

Con ello se quiere significar que quien adquiere un título valor no es un


cesionario, no es un continuador de los derechos que tenía su tradente, sino,
por el contrario, adquiere unos derechos nuevos, distintos, independientes a los
que tenía su tradente, unos derechos que empiezan con él. Ésta sería la
autonomía vista desde el punto de vista activo.

D. DETERMINACIÓN DE RESPONSABILIDADES E INCOMUNICABILIDAD DE


VICIOS Y EXCEPCIONES
Pero desde el punto de vista pasivo, la autonomía se explica indicando que
cada interviniente en un título valor contrae su propia obligación, contrae una
obligación independiente de los demás intervinientes y, en consecuencia, a él
no lo beneficia ni está llamado a afectado seguramente por el hecho de que la
obligación o la relación jurídica de otro interviniente no sea eficaz, porque la
eficacia de su propia obligación no se va a medir sino por las circunstancias en
que intervino en el título y no bajo la circunstancia de los demás intervinientes
o de la persona que intervino concurriendo algún vicio o defecto. De tal suerte
que para determinar la responsabilidad, el interviniente tuvo que obligarse.

Obviamente, si cada relación jurídica se mide por la circunstancia en que sea


asumida cada relación jurídica es independiente y los vicios de esa relación
jurídica no pueden transmitirse a una relación jurídica diferente. Por ello se ha
dicho que la autonomía se sintetiza en la incomunicabilidad de vicios, de
enfermedades, no hay contagio de defectos, cada vicio de tipo personal
circunscribe sus efectos, está llamado a repercutir exclusivamente en la relación
jurídica en que concurre y no en otra.

Así, si no hay comunicabilidad de vicios, de defectos, de enfermedades de tipo


personal, si no hay contagio, la conclusión es que tampoco hay comunicabilidad
de excepción. Si un interviniente no puede servirse de los vicios que afectan la
relación jurídica de otro interviniente, sencillamente no se podrá invocar ese
vicio o defecto como excepción, sino concurriendo en su relación jurídica el
vicio que afecta la relación jurídica de esa persona. Así por ejemplo, si se crea
una letra y el aceptante acepta siendo incapaz y luego la letra entre en
circulación, el creador de la letra, o sea el librador o girador, el día que sea
demandado no puede invocar el vicio de la incapacidad, ni un endosante puede
invocar el vicio de la incapacidad que concurre en el aceptante, de tal suerte
que el librador o los endosantes, a pesar de la incapacidad del aceptante, serán
obligados a pagar y no podrán exonerarse de responsabilidad alegando la
incapacidad mencionada.
El vicio de la incapacidad del aceptante estará llamado a prosperar sólo en la
medida en que el aceptante sea demandado y ese aceptante invoque su
incapacidad, y entonces, y sólo entonces, como vicio que concurre en su
relación jurídica, él si podrá servirse de esa circunstancia para que sea
exonerado de pagar, pero no los demás intervinientes, no las demás personas
en quienes no concurre el vicio de la incapacidad, en manera alguna las demás
partes que intervinieron en el título siendo plenamente capaces.

Éste es el significado de la autonomía, una característica que impide la


comunicación de vicios y, en consecuencia, la invocación de excepciones.

Lo afirmado es distinto a la concepción de que la autonomía hace referencia a


la desvinculación o no del título valor del negocio causal que le ha dado origen.
En otras palabras, si como se sabe todo título valor se crea en virtud de un
motivo, de una causa, si ese negocio subyacente que motiva la emisión del
título afecta la eficacia del título, ese es un problema diferente y que toca con el
concepto de la causalidad de los títulos valores. En la medida en que un título
valor pueda ser afectado o permanezca vinculado al negocio causal, al negocio
subyacente, estaremos en presencia de un título valor eminentemente causal,
pero si por el contrario una vez creado el título se desvincula, rompe sus
relaciones con el negocio causal que le ha dado origen, en consecuencia, los
vicios o los defectos del negocio causal no están llamados a repercutir en la
eficacia del título, pues estaremos frente a un título valor abstracto. Pero, como
indicamos, éste es un tema y un problema distinto de la autonomía, de la
característica de la autonomía, en la medida que tiene que ver con la
causalidad o incausalidad de los títulos valores.

La autonomía, como lo hemos señalado, hace referencia a que el derecho de


todo adquirente de un título valor empieza en él. Éste no es un cesionario o
continuador de los derechos de su anterior titular o de su tradente. Desde el
punto de vista pasivo nos enseña que cada interviniente contrae su propia
obligación. Entonces, lo que es autónomo es el derecho de cada adquirente, lo
que es autónomo es la responsabilidad de cada interviniente. No es que el título
sea autónomo, que el documento o el derecho incorporado en el título sea
autónomo, la autonomía no se refiere a esos aspectos sino a la independencia
de las obligaciones de cada interviniente y al carácter originario de los derechos
de todo adquirente.

E. CONSAGRACIÓN LEGAL

En lo relativo a la aplicación normativa de la autonomía, el Código de Comercio


hace numerosas referencias. En el artículo 619 advierte que los títulos valores
son documentos necesarios para legitimar el derecho literal y autónomo ".

El artículo 622 consagra la posibilidad de que en un título valor se dejen


espacios en blanco o simplemente se entregue una hoja en blanco con
instrucciones para convertirlo en título valor, señalando que si se quiere obtener
eficacia contra quienes lo han entregado en esas circunstancias es necesario
que se llene de acuerdo con las instrucciones. Empero, si se llena contrariando
las instrucciones, o sin ellas, y luego se transfiere a un tercero de buena fe
exenta de culpa, no puede invocársele excepción alguna al respecto. Es una
aplicación de la autonomía, el vicio no afecta a terceros, a personas que no
intervinieron en el lleno del título o en el lleno de la hoja de papel en blanco y
que contrarían las instrucciones o se llena sin instrucción; la excepción prospera
contra quien llenó el título contrariando las instrucciones o sin instrucciones,
contra él podrá invocarse el vicio, el defecto, la violación de las instrucciones o
la falta de instrucciones, porque en esa relación existe el vicio pero, repetimos,
si el título se transfiere a un tercero de buena fe exenta de culpa ya no hay
posibilidad de que quien dejó el título pueda hacer prosperar la excepción de
falta de instrucciones o de desconocimiento de las instrucciones.

Existe un artículo aún más categórico, que es el 627, porque nos advierte que
todo suscriptor de un título valor se obliga autónomamente y las circunstancias
que invaliden la relación jurídica de alguno de los intervinientes no afecta la de
los demás. Esta norma nos está aclarando dos aspectos bastante
fundamentales: Que la autonomía es predicable de toda relación jurídica y que
todo interviniente se obliga autónomamente, lo cual conduce a que no sea de
recibo la afirmación, seguramente válida en otras legislaciones donde no hay
una norma como el artículo 627 nuestro, de que la autonomía solamente se
puede concebir cuando el título entra en circulación. No, entre nosotros es
autónoma la obligación del creador y es autónoma la responsabilidad del
aceptante y es autónoma la responsabilidad de un endosante. Agrega la norma
que las circunstancias que invaliden la obligación de uno de los intervinientes
no afecta la de los demás, advirtiendo con ello que los vicios, los defectos que
afecten una relación jurídica, solamente están llamados a repercutir en esa
relación jurídica, están llamados a servirle a la persona que intervino en el
título, no obstante mediar ese vicio, y seguramente sí es constitutiva de una
excepción esa circunstancia podrá exonerar de responsabilidad a la persona en
quien concurra el vicio, pero de manera alguna pasa a otros intervinientes, no
puede ser invocado ese vicio por otra persona que intervino en el título, sin que
mediara el defecto, sin que mediara el vicio y si la enfermedad mantiene sus
efectos en la relación jurídica en que concurre, pues los posteriores
intervinientes o los intervinientes en que no concurre esta circunstancia
defectuosa no la podrán invocada como excepción.

Es, pues, una norma que expresa grandes limitantes para formular excepciones
frente a una acción de cobro de un título valor y que explica el por qué cuando
el artículo 784 permite invocar la excepción; por ejemplo de incapacidad, o la
excepción de falta de representación o poder, o las demás excepciones
personales que tenga el demandado, advierte o previene que es la incapacidad
del demandado, que es la falta de representación o de poder suficiente en ese
demandado, que son las excepciones personales que tenga un determinado
demandado frente a un determinado demandante, pero de manera alguna un
demandando puede servirse de la incapacidad de otro demandante, ni de la
excepción de falta de representación y poder bastante en un demandado
diferente a él, o una excepción personal que no concurre frente a su
demandante, para poner de ejemplo, una excepción de pago parcial o de pago
total que no se hizo constar en el título valor; se puede invocar como excepción
personal en virtud del numeral 13 del artículo 784, en la medida en que el
demandante sea quien ha recibido el pago, y, entonces, el demandado que
pagó a ese demandante le puede invocar la excepción de pago parcial o pago
total según el caso.
Otro artículo que hace una consagración muy clara de la autonomía es el 636,
al ocuparse de la responsabilidad del avalista. El avalista es la persona que
garantiza en todo o en parte el pago de un título valor y no obstante ser un
garante, la norma advierte que el avalista contrae obligación autónoma, y en
consecuencia su obligación será valida aunque la de su avalado no la sea. En
otras palabras, el avalista responde aunque la obligación del avalado, del
garantizado sea ineficaz por cualquier vicio o defecto; tan autónoma, tan
independiente es la responsabilidad del avalado como la del avalista y, en
consecuencia, los vicios que tenga la obligación del garantizado no afecta la de
su garante. Supóngase de nuevo la letra aceptada por una persona incapaz, por
demencia o por edad, y un avalista que interviene garantizando la
responsabilidad del aceptante. En este evento, si el tenedor tiene que accionar,
el avalista al ser demandado no puede invocar, y si la invoca no está llamada a
prosperar como excepción la incapacidad del aceptante, o sea, la incapacidad
de la persona cuya obligación él está garantizando, porque ese es un vicio o un
defecto que concurre en la relación jurídica del aceptante, o sea, del avalado,
pero no concurre en la relación jurídica o en la responsabilidad del avalista. El
avalista intervino siendo plenamente capaz y en consecuencia no puede invocar
el vicio o el defecto; por lo tanto la excepción de incapacidad que no concurra
en su relación jurídica sino en la de un tercero no está llamada a prosperar.

Es que en esta materia no puede confundirse la figura del aval con la de la


fianza, porque el aval es una figura autónoma mientras que la fianza es una
responsabilidad accesoria y a diferencia de lo que sucede con el aval, si la
obligación principal es nula o está afecta de algún otro vicio, esos vicios están
llamados a repercutir en la responsabilidad accesoria del fiador; cosa diferente
sucede con la responsabilidad del avalista, quien tiene una obligación autónoma
y, en consecuencia, los vicios, los defectos de la responsabilidad de su avalado
no están llamados a repercutir en la responsabilidad de éste.

El artículo 639 hace también consagración de la autonomía, en la medida que


allí se prevé la posibilidad de que alguien suscriba un título valor sin que exista
contraprestación cambiaria. Pues bien, si una persona suscribe un título valor
en esas circunstancias y el título está en manos de una persona que sí ha
intervenido en virtud de una consideración de valor, quien firmó sin que
mediara consideración de valor no puede invocar ese vicio, si se puede hablar
así; o mejor, la falta de causa onerosa o la falta de consideración de valor
frente a quien intervino en el título mediante una consideración de valor. En
esto ha hecho un cambio fundamental el Código, porque la Ley 46 de 1923 en
la medida en que no mediara una consideración de valor se afectaba la eficacia
total del título, cualesquiera que fuera su tenedor. En el actual código, si una
persona suscribe, a sabiendas, un título valor sin que medie consideración de
valor pero el título está en manos de una persona que ha intervenido por un
valor, no se le puede invocar esa falta de consideración de valor.

El artículo 657 también habla de la autonomía, cuando preceptúa que todo


endosante contrae obligación autónoma frente a los tenedores posteriores del
título; todo endosante por el hecho de endosar, se responsabiliza del pago del
título frente a los tenedores posteriores. Pero la norma agrega que la
responsabilidad de cada endosante es autónoma, es decir, es independiente de
la de los demás endosantes o intervinientes y, en consecuencia, los únicos
vicios o defectos que puede in-. vocar un endosante para exonerar su
responsabilidad, desde el punto de vista de excepciones personales, son las que
concurren o hayan concurrido, mejor, en el momento en que él haya
intervenido como endosante y en esta relación jurídica de nada le servirá o le
va a servir que pruebe en un proceso que otro endosante era incapaz, que el
endoso de una de las partes es falso, porque en la medida en que esos vicios
no concurran en su propia relación jurídica, en su propia responsabilidad, no
están llamados a servirle, en últimas, de defensa.

El artículo 659 se ocupa de la posición de quien ha recibido un título valor en


prenda, advirtiendo que al endosatario en prenda no se le pueden proponer, y
si se le proponen no están llamados a prosperar, las excepciones personales
que se le podrían proponer al endosante; de tal manera que si alguien ha
comprado un electrodoméstico a crédito y su vendedor ha obtenido crédito de
un banco y para respaldar el crédito entrega las letras al banco y en un futuro
esa persona no le paga el crédito al banco y éste se ve en la necesidad de
accionar con base en los títulos valores recibidos en prenda, el comprador del
electrodoméstico no podrá invocarle al banco que es un endosatario en prenda,
excepciones como la de que el vendedor no le entregó la mercancía o de que la
mercancía resultó con defectos, porque esas excepciones se las puede invocar
al vendedor pero no al endosatario en prenda que no intervino en el negocio; y
tal vez es bueno no solo referimos a este tipo de excepciones, sino a una más
frecuente, como es la de los compradores de esos electrodomésticos que
continúan pagando las cuotas a las firmas vendedoras sin que les exhiba el
título, y la firma vendedora les extiende recibos y de nuevo los títulos valores
están en poder de un banco a quien se le han entregado en garantía de
créditos de la compañía vendedora y la compañía vendedora no paga y el
banco tiene que recurrir a la prenda, pues de nuevo los compradores de los
electrodomésticos no podrán invocarle al banco que le han pagado total o
parcialmente, porque esa excepción se la pueden proponer a quien recibió el
pago pero no al endosatario en prenda que no ha recibido el pago, máxime si
agregamos que es un pago que no se ha hecho a quien no está legitimado, que
el pago ha debido hacerse constar en el título, que la incorporación y la
legitimación se oponían a que ese deudor le pagara a quien no estaba
legitimado y a quien no poseía el documento, situación esta de frecuente
ocurrencia y que condena a que quienes han pagado mal tengan que volver a
pagar, pagarle a quienes verdaderamente están legitimados, como es el
endosatario en prenda en los ejemplos mencionados.

El artículo 785 preceptúa que el tenedor de un título puede demandar a todos


los intervinientes en el título, a alguno de ellos o a uno solo de ellos, a su
elección, sin que tenga que respetar el orden de las firmas. Esa es una norma
que tiene su explicación no en la figura de la solidaridad sino que tiene su razón
de ser en la característica de la autonomía. Si todo interviniente en un título
valor contrae la obligación de pagar el título, salvo los casos en que la ley le
permite atenuar esa responsabilidad, mediante cláusulas sin responsabilidad, o
cuando se permite avalar en parte o por cuenta de determinadas personas
únicamente el título, o aceptar parcialmente, etc., salvo estas excepciones, todo
suscriptor de un título contrae su propia obligación y la obligación de pagar la
totalidad del importe del título. Y en consecuencia, el tenedor puede
demandarlo, bien sea que elija uno solo, que los elija a todos o algunos de los
intervinientes.
El código también consagra la posibilidad de que un título valor pueda ser
reivindicado pero advierte que la reivindicación no está llamada a prosperar
sino contra el primer adquirente y contra terceros que no sean de buena fe
exenta de culpa. En otras palabras, de nuevo, si el título entra a circular y en
un momento dado se pierde, se extravía y quien lo ha hurtado o quien se lo
encuentra a su vez lo negocia y cae en manos de un tercero de buena fe,
contra ese tercero de buena fe no está llamada a prosperar la reivindicación. El
vicio de la falsa tradición, de la falta de titularidad, por haberlo adquirido por un
medio no lícito, o por no existir acuerdo con la ley de circulación del título, está
llamado a afectar a quien se lo robó o lo hurtó o a quien se lo encontró, en la
medida en que éste pretendiera cobrar el título, pero no puede ser invocado o
no puede ser alegado ese vicio frente a una persona en quien no concurre tal
defecto.

Los Títulos Valores


Al hablar de títulos valores debemos entender que éstos son documentos
mercantiles, de naturaleza especial, cuya regulación obedece a la necesidad de facilitar y
sobre todo garantizar su circulación , dicho de otra forma de permitir que pasen de
unas manos a otras, dando al adquirente plena garantía en cuanto se refiere a los
derechos que se derivan del título que adquiere.
Para la mejor comprensión o entendimiento de esta característica de los titulo valores,
tal como lo es “la incorporación”, se hace necesario, hacer una breve clasificación de los
documentos, atendiendo a la relación existente de los documentos y de los derechos que
el mismo amparan, y estos son:
a. Documentos probatorios: esta clase de documentos son aquellos que únicamente tienen por
objeto servir como comprobantes a la existencia de un determinado derecho o una relación
jurídica existente.
b. Documentos constitutivos: estos son aquellos que constituyen una formalidad indispensable,
porque así lo exige la ley, para la constitución de un derecho.
c. El titulo valor: este es aquel que no puede suplirse por otros medios probatorios y su traspaso
con las formalidades que exige la ley, acredita al tenedor legitimo como dueño del derecho.
Como podemos observar en la clasificación realizada con anterioridad acerca de los documentos
y los derechos que representan, tanto en el caso del literal “a y b”, estos documentos pueden
faltar o ser sustituidos, sin que altere el derecho que amparan, en cambio el literal ”c”, nos habla
que los título valores , no pueden suplirse, ni hacer falta, porque con el va conjuntamente el
derecho que representa o ampara ante terceros, ósea que si altera el derecho que representa,
porque en él está incorporado el derecho como tal, y únicamente podrá ser exigido por aquel
legitimo poseedor del título.