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AGENTES DE INTERVENCIÓN SOCIOCOMUNITARIA

Ángel De Juanas Oliva

Resumen

En este documento se conceptualiza la intervención sociocomunitaria (ISC) a través de


un breve recorrido por las condiciones sociales actuales y su impacto en la sociedad. De
la misma manera, el texto plantea un análisis de las funciones y tipos de actuaciones de
los agentes de ISC. Asimismo, se describen los roles de los agentes de la intervención
social, su formación, sus competencias y los ámbitos en los que desarrollan su labor.
Finalmente, se presta especial atención a los animadores socioculturales y a los
educadores sociales como dos de los principales representantes de los actores de
intervención social y desarrollo comunitario.

Palabras clave. Sociedad del conocimiento; Agentes de intervención sociocomunitaria;


educador social; animador sociocultural; competencia profesional.

1. INTRODUCCIÓN

El objeto del presente texto es ofrecer una panorámica general y actualizada que sirva
de soporte para conocer la labor de los agentes de intervención sociocomunitaria (ISC).

A fin de dotar de significado el análisis sobre los diferentes agentes de intervención,


determinaremos los rasgos definitorios de la ISC en la sociedad actual. A lo largo del
documento se tratarán los diversos roles y actitudes que, a día de hoy, definen la
actuación de los agentes de este campo de intervención, su formación y sus
competencias.

Finalmente, haremos un análisis más detallado sobre los principales agentes de ISC
haciendo especial hincapié en la colaboración entre profesionales y en las figuras del
educador social y del animador sociocultural.

2. CONTEXTO Y CONCEPTO DE INTERVENCIÓN SOCIOCOMUNITARIA

Las grandes transformaciones experimentadas por las sociedades occidentales en el


último medio siglo permiten comprender la necesidad de llevar a cabo intervenciones en
el ámbito social y cultural (Delors, 1996). Al respecto, la complejidad de nuestra
sociedad conlleva nuevos planteamientos que han sido establecidos a partir del
fenómeno de la globalización y las nuevas tendencias gubernamentales de los países
desarrollados.


 
En la actualidad, la llamada sociedad del conocimiento está materializando la necesidad
constante que tiene el ser humano de adaptarse por medio del aprendizaje al mundo que
le rodea y, por ello, se constituyen mecanismos que ofrecen posibilidades educativas
para atender a los nuevos requerimientos sociales. En este sentido, se está produciendo
de modo progresivo una mayor interconexión entre el sistema educativo y otros
sistemas, en especial el productivo (Medina, 2005; Martín y Moreno, 2007; García
Aretio, Ruiz Corbella y García Blanco, 2008). Teniendo en cuenta este aspecto, no
debemos obviar que en definitiva el desarrollo económico ha sido uno de los factores
más determinantes del cambio global. A su vez, los avances científicos y tecnológicos
han posibilitado nuevas transformaciones y los medios de comunicación tradicionales se
han visto superados, dado que requieren nuevas reglas y procedimientos para ayudar a
los ciudadanos a desenvolverse dentro la denominada cultura de masas en la que se
generan tendencias sociales, valores, actitudes y políticas, se potencia la actividad
comercial y se promueve la universalización de la información.

Del mismo modo, cabría hacer alusión a los procesos de individualización que atañen a
las sociedades actuales. De tal forma que podemos afirmar que la vigente orientación
individual de la sociedad ha supuesto cambios drásticos en las relaciones
interpersonales y en las formas en las que se producen, llegando a provocar nuevas
situaciones de exclusión social dentro de una sociedad multicultural, rica y diversa.

La presencia de estos condicionantes ha provocado por extensión e intensidad, situar la


educación en el eje de una gran encrucijada en la que cobra especial interés aprender a
vivir juntos y en comunidad. Asimismo, el hecho de que el ser humano muestre una
disposición natural a vivir con otros, ha colocado el punto de mira de las políticas
educativas en la convivencia que se da en las diferentes comunidades. Al respecto, es
patente que en los últimos tiempos se viene hablando insistentemente y con significados
diversos del término comunidad. Desde un punto de vista pragmático, podría entenderse
como una población que es percibida, se manifiesta y/o siente como una entidad o
colectivo. En opinión de Llena, Parcerisa y Úcar (2009:23):

“(…) se puede hablar de que una comunidad existe cuando hay personas que así lo sienten, así lo
manifiestan y así se consideran”.

Otro término afín, es acción comunitaria. Sobre el mismo, Llena et al. (op.cit.)
consideran que no existe unanimidad al respecto del concepto o la terminología más
apropiada para recoger este espectro. Tal y como apuntan los autores, esta expresión
surge de la simbiosis entre los conceptos acción y comunidad y vendría a interpretarse
como:

“Un marco conceptual amplio, polisémico y diversificado en el que caben disciplinas y prácticas
muy variadas. La acción comunitaria, (…) es el terreno de todos porque no es, en realidad, el
terreno exclusivo de nadie”.

(Llena et al., 2009:20).

Del mismo modo, al hablar de comunidad y acción comunitaria viene a colación


abordar el término sociocomunitario. En la reciente literatura pedagógica encontramos
que este término se utiliza con frecuencia como sinónimo de comunitario, si bien


 
merece la pena hacer una reflexión más profunda del vocablo enraizando sus orígenes a
las aportaciones del sociocontructivismo. Como es sabido, el construccionismo social
evidencia una perspectiva dialógica de la educación por lo que se acentúa la dimensión
“comunicacional” entre los miembros de una comunidad.

Habida cuenta del contexto social en el que estamos inmersos, así como los nuevos
requerimientos educativos que se han indicado, nos aproximamos a la expresión
intervención sociocomunitaria (ISC) desde una dimensión pragmática e intersubjetiva
ya que se requiere saber las características concretas de los miembros de la comunidad
con la que se trabaja; si existe o no un sentimiento de pertenencia a la misma por parte
de ellos; y, las implicaciones que tienen para ser parte de una comunidad.

Desde esta perspectiva, consideramos que la ISC cobra pleno sentido en tanto que
pretende mejorar la situación social de un sujeto o colectivo para dar respuesta a una
serie de problemas comunitarios buscando en último término la transformación social.
Así pues, entendemos que la ISC asume dos tareas básicas, por un lado la difusión de
los beneficios de la práctica social democrática en comunidad, y por otro, asegurar que
cada individuo, grupo o pueblo pueda participar de manera autónoma y responsable en
la creación y deleite de los bienes sociales.

Por tanto, en este escenario resulta obvio que, en un sentido amplio, cualquier persona
podría ser susceptible de ser potencialmente agente de ISC y, en consecuencia, no
existiría exclusividad por parte de una o varias figuras profesionales. No obstante, bajo
nuestro punto de vista y sin entrar a valorar las consecuencias que se derivan de esto,
entendemos que la ISC debe ser planificada, ejecutada y evaluada, por lo que se
requieren una serie de competencias que únicamente se desarrollan a partir de procesos
formativos iniciales y permanentes.

Teniendo en cuenta estos precedentes, en el siguiente apartado nos detendremos a


analizar brevemente los tipos de actuaciones propias de los agentes de ISC.

3. FUNCIONES DE LOS AGENTES DE ISC

Hoy más que nunca las demandas económicas y socioculturales obligan a preservar
diferentes modos de vida a la par que se han de promover cambios. Esta situación, junto
a las clásicas premisas de los sistemas básicos de prevención, hace necesaria la
intervención de los agentes de ISC dentro de las comunidades en nuevos sectores:
empresa, turismo, hospitales, medio ambiente, tecnología, medios de comunicación,
informática y telemática, financias y comercio, salud, asistencia social, etc.

Desde un punto de vista educativo actual, los encargados de la ISC deben presentar
diversas funciones que pueden ser identificadas dependiendo de lo que los autores
denominan “medio externo”, “medio interno” y “gestión” (Románs, Petrus y Trilla,
2000). Las funciones en el medio externo son aquellas que se desarrollan desde una
institución hacia el medio exterior. Por tanto, se pueden realizar intervenciones dentro
de un plan individualizado y/o dirigido a título individual o con núcleos familiares.
Desde este prisma, las funciones principales serían: informar, orientar, asesorar;


 
elaboración y seguimiento de un plan de trabajo educativo. Igualmente, se tendría que
tener presente el desarrollo de una propuesta de detección y prevención de situaciones
de riesgo. En cuanto a las actuaciones con otras instituciones se tendría en consideración
la realización de propuestas hacia otros servicios, conjunto a un plan de trabajo
educativo.

Por otro lado, nos encontramos con aquellas funciones relacionadas con el medio
interno que son aquellas que se realizan dentro de un centro o institución. Se trata de
actuaciones que, por ejemplo, se llevarían a cabo en centros de menores, geriátricos o
centros abiertos para la infancia y adolescencia. En cualquiera de los casos, dependerán
del estilo, orientación y filosofía de cada centro.

Finalmente, las funciones de gestión que tienen que ver con aquellas que se desarrollan
indistintamente en uno u otro medio y que guardan relación la gestión de recursos y
servicios de la propia institución en la que se deben establecer prioridades sobre la base
de los intereses comunes y la propia capacidad humana y administrativa-económica.
Desde esta perspectiva, se requiere la contribución de todo un equipo de profesionales
de ISC que busque alternativas a las necesidades planteadas, genere iniciativas y lidere
proyectos de intervención social. Del mismo modo, la asunción de estas funciones por
parte de una institución no debe entrar en contradicción con la derivación coherente y
responsable de aquellos casos que precisen de la intervención de otros profesionales o
instituciones especializadas.

Una vez presentadas las diferentes funciones de los agentes de ISC, podemos
cuestionarnos sobre el tipo de actuaciones que desarrollan y qué roles deben asumir los
diferentes agentes de intervención.

3.1. TIPOS DE ACTUACIONES EN LA INTERVENCIÓN


SOCIOCOMUNITARIA

Los tipos de actuación en la ISC son muy variados, sin embargo creemos conveniente
señalar a título indicativo aquellas de carácter más decisivo para el campo objeto de
estudio.

Así por ejemplo, en el ámbito social de la educación la acción preventiva ocupa un


primer nivel a tener en consideración. Con este tipos de actuaciones preventivas se
pretende conservar, proteger e incluso mejorar a la comunidad. Desde esta perspectiva
se podrían establecer planes para la prevención de drogodependencia o propuestas
socioeducativas para trabajar con jóvenes y adolescentes en situación de riesgo social.

En otro sentido, en otro nivel tendríamos en consideración aquellas actuaciones


dirigidas a ofrecer información, orientación y apoyo al desarrollo de la persona y de la
comunidad. Se pretende pues, promover iniciativas comunitarias, servir de promotor de
empleo a través de planes de inserción sociolaboral, promoción de la cultura, educación


 
de familias, educación de adultos, animación de personas mayores, creación de escuelas
de padres, educación de personas con déficits o discapacidades, etc.

Desde otra línea paralela, se puede hablar de un nivel de actuaciones terapéuticas o


tratamientos que tendrían un carácter reeducador o corrector. Entre las cuales podrían
considerarse a modo de ejemplo, los talleres ocupacionales, las propuestas dirigidas a la
modificación de conducta de colectivos en situación de dificultad, las propuestas de
medicación familiar, etc. Desde esta línea de actuación se debe considerar no sólo el
tratamiento sino también planes de seguimiento y la derivación de actuaciones en
relación a la población objetivo. En este sentido, Pérez Serrano (2004) señala la
importancia de no sustituir a otros especialistas terapéuticos ni a otras entidades
educativas como la escuela o la familia con las que se está llamado a colaborar.

En cualquier caso, estas actuaciones se puede decir que en determinadas ocasiones están
claramente diferenciadas pero en otras circunstancias pueden parecerse mucho y no
resulta sencillo delimitarlas. No obstante, las actuaciones presentadas representan un
punto de encuentro interprofesional en el que la especialización debe dar paso a la
integración de diversas disciplinas que han de colaborar conjuntamente. Al respecto, en
un mismo equipo de ISC se pueden encontrar educadores sociales, animadores
socioculturales, trabajadores sociales, sociólogos, psicólogos, antropólogos,
profesionales sanitarios, etc. Todos ellos con una formación muy variada, con un
lenguaje profesional propio, con unas competencias y un estatus profesional diverso
pero con un nexo común: la búsqueda de respuestas a las necesidades detectadas en la
comunidad y para la comunidad.

3.2. ROLES

Lograr que una sociedad o una comunidad sea más fuerte y compleja en los tiempos
actuales supone un desafío que requiere del desarrollo múltiples cualidades humanas y
profesionales. Diversos autores han indicado ciertos rasgos que permiten esbozar un
perfil de los agentes de ISC (Quintana Cabanas, 1993; Ander-Egg, 2000; Pérez Serrano,
2004). A partir de las aportaciones de estos autores se presentan algunos roles a tener en
consideración:

En primer lugar, facilitador del discurso sociocomunitario. Este rol encajaría con un
nivel de actuación de ayuda puesto que se pretende promover todo tipo de discurso
sociocomunitario de manera eficaz y en adelante generar procesos de participación
abarcando el mayor espectro posible de población. De esta manera, se trataría de
promover la participación voluntaria en instituciones y asociaciones que tengan un
marcado carácter solidario y humanizador. En este sentido, algunas vías de actuación
pueden ser: divulgar información, favorecer la interrelación entre ciudadanos, promover
el asociacionismo, promoción de la cultura a partir de visitas a foros culturales, museos,
conferencias, conciertos, etc. Consecuentemente con este planteamiento, los agentes de
ISC deberán ser capaces de iniciar y mantener relaciones con instituciones, grupos y
personas diversas.


 
En segundo lugar, educador. Este rol guardaría relación con la actuación preventiva y
de ayuda dado que se trataría de que los agentes de ISC adopten funciones relacionadas
con la educación y la docencia a fin de abordar las diferentes problemáticas
sociocomunitarias y tratar de abordarlas desde una perspectiva preventiva. Desde esta
óptica, se deberá hacer un análisis de la realidad, emplear metodologías educativas
acordes a la población objetivo y estructurar el diseño de aquella información que se
pretende enseñar a fin de consolidar aprendizajes. Para poder desarrollar este rol se
requiere de una formación y madurez intelectual que permita ser flexible, creativo,
tolerante y cognoscitivo.

En tercer lugar, mediador sociocomunitario. Este rol vendría a desarrollarse a través de


cualquiera de las actuaciones planteadas con anterioridad (prevención, ayuda o
terapéuticas). Tiene su sustento en la comunicación y las diferencias sociales y, por
tanto, se entiende que cualquier agente de ISC debe tener como principio ayudar a
acceder a los beneficios de la vida en sociedad a partir de la intencionalidad de los
programas y actividades socioculturales que ha de desarrollar. Para ello, se pretende que
el agente de ISC actúe como intermediario para devolver el protagonismo a las personas
implicadas facilitando la comunicación y dinamizando la participación ciudadana a
través de actividades de ocio cooperativo que fomenten la relación entre iguales y con
otros sectores de edad, actividades culturales por un bien comunitario, talleres de
formación sociolaboral, participación en asociaciones de carácter social, solidario y
humanizador, turismo, actividades físico-deportivas, etc. En definitiva, desde esta
perspectiva, el agente de ISC tiene como principal función dinamizar y animar a grupos
y colectivos a partir de la organización y planificación de su intervención.

En cuarto lugar, rol de guía en los procesos de participación propios de la vida


asociativa. Este papel, complementa a los anteriores en el sentido de que permite
abordar el proceso de intervención desde un prisma de orientaciones precisas siempre
que se requieran sobre el proceso de participación de los ciudadanos en la sociedad.
Este modelo debe procurar que cada uno pueda orientar su vida a partir del respeto de su
propia identidad y de la de aquellos que le rodean adoptando una posición ética acorde a
la deontología profesional. En este sentido, siguiendo unos principios éticos
fundamentales es importante recuperar, mediante la orientación del ocio personal y
estrategias de reflexión, la importancia de utilizar el tiempo libre de manera positiva a
fin de ayudar a la persona a organizar su tiempo y lograr una dimensión que rompa con
la cultura del consumo y el intenso ritmo de vida a nivel laboral, social y familiar. El rol
de guía viene determinado por una asunción de liderazgo por parte de los agentes de
ISC y requiere de un equilibrio personal y una madurez elevada para poder mantenerse
estable ante los éxitos y los fracasos propios y de los demás. Del mismo modo, este rol
requiere del desarrollo del sentido crítico para facilitar los procesos de selección y
elección de los interesados en torno a las posibilidades de participación ciudadana.

Finalmente, el rol de evaluador del proceso de intervención. Uno de los puntos de


referencia de cualquier intervención debe ser partir de la evaluación interna que los
propios agentes realizan del programa desarrollado. Para ello, los profesionales
implicados deben proporcionar un conocimiento del proceso antes y durante la
intervención para finalmente dar conocimientos de los resultados y poder de esta
manera incorporar, si procede, las modificaciones necesarias. Del mismo modo, los


 
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y capacidades simples bastaría con un nivel formativo elemental. Para aquellos
ambientes en los que se precise de actividades precisas y utilización de técnicas
puntuales se requeriría cierta formación profesional al margen de un nivel reglado de
formación elemental. De otro modo, para responsabilidades de coordinación y
programación, así como de dirección y gestión se requeriría una formación secundaria
profesional e incluso, en determinados casos, formación superior.

Una vez tomada en cuenta esta premisa, los ámbitos de actuación o escenarios
profesionales son muy diversos, así pues desde la perspectiva de la edad se puede hablar
de que se abarcan todos los sectores poblacionales a lo largo de la vida. Al respecto
Pérez Serrano (2004) indica tres grandes ámbitos que guardan relación con la propuesta
del Real Decreto 1420/1991 de 30 de agosto: animación sociocultural que guarda
relación con la pedagogía del tiempo libre y la educación complementaria a la escuela;
educación de adultos y mayores que atiende a la educación básica, a la formación socio-
laboral y otros campos formativos de carácter cívico, familiar, cultural, etc; y,
finalmente, la educación social especializada que comprende la inserción social de
personas inadaptadas y minusválidas.

En otro sentido, se podrían considerar los ámbitos de intervención a partir de la


propuesta de Pachón (1988:119). Este autor estructura una propuesta de ámbitos de
actuación sobre la base de los conceptos de área y contextos de intervención. Siguiendo
al autor, las áreas hacen referencia al medio en el que se desarrollan las intervenciones
y/o a la población. De tal manera que en relación al medio se podrían considerar tres
áreas: medio abierto (la calle); semi-abierto (centros de día); y cerrado (centros
residenciales e institucionales). En cuanto a la población, se distingue entre población
en general (en los niveles de prevención primaria, secundaria y terciaria), grupos
poblacionales (asociaciones culturales y recreativas, talleres participativos, comunidad
en general) y población tipificada como marginada (personas con disminución física,
psíquica, autismo, trastornos de personalidad, etc.). Por otro lado, el autor establece los
siguientes contextos a tener en cuenta: el barrio; los núcleos cotidianos (familia, escuela,
núcleos asociativos, etc.); y las instituciones específicas.

A pesar de las múltiples categorías relacionadas con los ámbitos de actuación de los
agentes de ISC no resulta sencillo delimitar o poner fronteras a la acción de estos los
mismos en diferentes escenarios. Según Romans et al. (2000) la principal complicación
de marcar fronteras muy precisas en los distintos ámbitos es la interacción que se
produce en los distintos agentes y la complejidad de los problemas sociales. No
obstante, separar los campos de intervención tiene su interés dado que en determinadas
situaciones puede ser de utilidad para distinguir identidades profesionales y perfiles que
en el ejercicio profesional pueden no estar claramente diferenciados.


 
5. FORMACIÓN DE LOS AGENTES DE INTERVENCIÓN SOCIAL Y
DESARROLLO COMUNITARIO

Toda intervención sociocomunitaria se concreta a través de unos agentes que se


desenvuelven en un determinado ámbito del que simultáneamente forman parte y se
diferencian. Según Llena et al. (2009:104), un agente es:

“(…) aquel que tiene capacidad de obrar, que realiza la acción del verbo y que
a primera vista parecería neutro”.

Siguiendo a estos autores, la realidad social actual exige un planteamiento de partida


según el cual los profesionales de la ISC participen del desarrollo sociocomunitario
poniéndose al servicio de la ciudadanía. Esta participación se concreta en dos
direcciones: 1) apoyando al desarrollo de todo el proceso que conlleva diseñar e
implementar la intervención; 2) actuando como expertos en un tema específico del que
se requiere su experiencia y sus conocimientos.

Por este motivo y dado que la realidad social es cambiante, la ISC requiere de
profesionales competentes acordes a los nuevos requerimientos. A tal efecto, es
importante resaltar la influencia que en la sociedad española han tenido las propuestas
adoptadas por la propia Unión Europea y su impacto en nuestro sistema educativo
superior y de modo similar en la formación profesional.

De tal manera, la entrada del denominado Espacio Europeo de Educación Superior


(EEES) promulgó una reforma de las titulaciones académicas universitarias que han
derivado en una reformulación del plan de estudio de los educadores sociales. Como
consecuencia de estos cambios, la carrera de Educación Social pasa a ser una titulación
de Grado con una duración de cuatro cursos académicos frente a los tres anteriores. Así
mismo, la capacitación de estos profesionales pone de manifiesto un nuevo modelo de
movilidad que permite a los educadores sociales poder desarrollar su profesión de
manera reconocida en cualquier país de la Unión Europea. Al margen de las carreras
profesionales, en los últimos años la necesidad de una formación profesional
universitaria en el ámbito de la Animación Sociocultural se ha puesto de manifiesto
mediante la aparición de títulos universitarios propios como los estudios de Máster y
Experto en Animación Sociocultural, Máster y Experto en Intervención de calidad de
vida de personas mayores.

En otro sentido, nos encontramos con la reforma de los ciclos formativos de formación
profesional de la familia de servicios socioculturales y a la comunidad. Estos estudios
comprenden los ciclos formativos de grado medio: técnico en atención sociosanitaria; y
los ciclos formativos de grado superior: técnico superior en Animación sociocultural
(TASOC), técnico superior en Educación Infantil, técnico superior en Integración social
y técnico superior en Interpretación de Lengua de Signos. Estos títulos se encuentran en
constante estado de revisión y transformación por parte del Instituto Nacional de las
Cualificaciones (INCUAL) dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia. Por otro
lado, se debe tener en consideración que los técnicos de estas especialidades han de
trabajar bajo la supervisión general de licenciados, diplomados o graduados.


 
6. COMPETENCIAS DE LOS AGENTES DE ISC

El desarrollo de la sociedad actual requiere nuevas profesiones, así como competencias


específicas para el desempeño de las mismas. Los agentes de ISC están inmersos en esta
situación de cambio social. Actualmente, las cualificaciones profesionales se
determinan sobre el concepto de competencias de acción profesional. El concepto de
competencia encuentra un sinónimo en el término capacidad, de tal manera que
podemos entender que las competencias hacen alusión a capacidades o habilidades que
se desarrollan en un contexto situado. El término competencia tiene su origen en el
mundo empresarial pero en un sentido amplio este término ha ido extendiéndose al
ámbito educativo poniendo de manifiesto la necesidad de dar respuesta a nuevas
problemáticas sociales. Si tomamos en consideración la propuesta de Pérez Serrano y
Gúzman (2005) podemos abstraer cuatro competencias que han de desarrollar los
agentes de ISC: 1) capacidad de elaborar proyectos educativos; 2) capacidad de
intervenir en el plano educativo; 3) capacidad de formación continua; y 4) capacidad
para gestionar recursos.

Teniendo en cuenta esta propuesta, los agentes de ISC deben estar preparados para
adquirir conocimientos que les proporcionen el suficiente bagaje científico, legal,
administrativo, etc. Es decir, deben tener conocimientos: saber.

Del mismo modo, deben ser capaces de desempeñar su función educativa dese un punto
de vista técnico y estratégico. En definitiva, han de ser capaces de saber hacer.

Finalmente, los agentes de ISC deben ser capaces de relacionarse dentro del conjunto de
relaciones interactivas que se establecen durante los procesos de intervención
sociocomunitaria. Por lo tanto, deben saber relacionarse o saber ser.

7. EL ANIMADOR SOCIOCULTURAL Y EL EDUCADOR SOCIAL

Como se ha planteado con anterioridad, existen múltiples agentes de intervención


sociocomunitaria que han de ser tomados en consideración, no obstante por su interés y
relevancia prestaremos una especial atención a las figuras del animador sociocultural y
del educador social.

En el caso del primero, se trata de un perfil profesional sumamente complejo que, en


España, tiene su origen en el sector asociativo. Tal y como señalan Pérez Serrano y
Gúzman (2005), se trataba de voluntarios formados en entidades diversas y con
preparación desigual. En la actualidad el animador sociocultural desarrolla su labor de
manera voluntaria o profesional colaborando con asociaciones o trabajando al servicio
de instituciones privadas o públicas.

Los animadores socioculturales desempeñan una gran labor como dinamizadores de


grupos y comunidades en distintos ámbitos. Con su actuación contribuyen a la

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utilización adecuada del ocio y el tiempo libre, así como al desarrollo comunitario.
Asimismo, potencian la colaboración de los miembros de la comunidad fomentando la
participación, la solidaridad y la ayuda mutua.

Desde un punto de vista profesional, los técnicos en Actividades Socioculturales


(TASOC) desempeñan su actividad en el sector servicios y han alcanzado un estatus
social reconocido y caracterizado por unos conocimientos especializados fruto de su
apreciada labor social y su formación.

En cuanto a los educadores sociales, durante años se han ocupado de incorporar a los
sujetos a la diversidad de las redes sociales y la promoción socio-cultural (Vallés,
2009).

La figura del educador social surge, en España, a mediados del siglo pasado para apoyar
en la resolución de problemas carenciales de ese momento histórico. Desde su aparición
hasta la fecha, la historia de la Educación Social constituye todo un ejemplo de progreso
en relación a los reconocimientos a su labor profesional. Durante décadas las reformas
educativas han ido dejando paso a estos profesionales hasta alcanzar el nivel
universitario. No obstante, se ha de tomar en consideración que desde 1951, los
educadores sociales han estado representados por la Asociación Internacional de
Educadores Sociales (AEJI). Precisamente, la Oficina Europea de la AEJI considera que
la educación social es: “(…) una profesión constituida por una combinación de
conocimientos teóricos, habilidades prácticas y compromiso (…) Para trabajar por la
integración de grupos marginados e individuos están obligados a identificar y a
oponerse a los mecanismos de exclusión de la sociedad”.

En la actualidad, el educador social es un profesional que según la Directiva de la Unión


Europea sobre Cualificaciones Oficiales debe tener una formación correspondiente a un
título de grado.

8. CONCLUSIONES

Los agentes de ISC vienen realizando funciones polivalentes que junto a los cambios
sociales han promovido el desarrollo de nuevos roles que caracterizan su perfil
profesional. A su vez, estos cambios han traído consigo diversos retos y dificultades que
han de ser considerados. Así por ejemplo, la polivalencia ha derivado en la indefinición
del campo de trabajo y el solapamiento de tareas entre profesionales. Del mismo modo,
como señalan Román et al. (2000), la falta de concreción en el escenario de intervención
ha generado tensiones entre aquellos que poseen una gran experiencia pero escasa
formación y aquellos que poseen estudios pero carecen de experiencia. Junto a estas
dificultades, conviene tener presentes las irregularidades laborales y económicas, la
inestabilidad laboral, los problemas institucionales y la complejidad que surge de tratar
de rentabilizar los esfuerzos realizados cuando los mismos objetivos socioeducativos
provienen de distintas administraciones y orientaciones diversas.

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Asimismo, no debemos olvidar la falta de sistematización y frecuencia en la formación
continua de los agentes de ISC que supone una grave limitación en el desarrollo de sus
funciones. Tal y como señala Melendro (2010):

“Máxime cuando también se reconoce que el educador, con su bagaje personal, su experiencia y
formación, es la principal herramienta de trabajo, muchas veces la única (…)”.

En otro sentido, se ha de considerar que dado que la problemática social es compleja se


requiere una aportación de diferentes profesionales cualificados para enfocarla desde
prismas distintos y complementarios. En este sentido, el trabajo en equipo cobra una
especial relevancia y constituye un auténtico reto que demanda de los agentes nuevas
habilidades interpersonales, comprensión y sentido colaborativo.

De todos modos, estas dificultades, no deben ocultar el compromiso social, político y


cultural que junto a la vocación de los agentes de ISC constituyen una fuente eficaz e
inagotable de actuación frente a las actuales problemáticas sociales. De la misma
manera, los agentes de ISC comparten un notable interés por el desarrollo de la
sociabilidad de aquellos sujetos de intervención pertenecientes a sectores sociales
desfavorecidos. En definitiva este esfuerzo se concreta en señas de identidad educativas
puesto que su principal pretensión es favorecer el desarrollo de la persona y por
extensión el de la comunidad.

REFERENCIAS

Ander Egg, E. (2000): La animación sociocultural (Madrid, Editorial Morata).

Asociación Internacional de Educadores Sociales (AIEJI) (2005): Plataforma común


para las educadoras y educadores sociales en Europa (Barcelona, Diputación de
Barcelona. Área de Bienestar Social).

García Areteio, L., Ruiz Corbella, M., García Blanco, M. (2008). Claves para la
educación. Actores, agentes y escenarios en la sociedad actual (Madrid, Editorial
Narcea).

Llena, A., Parcerisa, A. y Úcar, X. (2009). 10 ideas clave: la acción comunitaria


(Barcelona, Graó).

Martín, E. y Moreno, A. (2007). Competencia para aprender a aprender (Madrid,


Alianza).
 
Medina, R. (2005). Misiones y funciones de la universidad en el Espacio Europeo de
Educación Superior, Revista Española de Pedagogía, 230, 17-42.

Melendro, M. (dir.) (2010): El tránsito a la vida adulta de los jóvenes en dificultad


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Pachón Iglesias, C. (1988): Manual de Pedagogía de la inadaptación social (Barcelona,
Ediciones Dulac).

Pérez Serrano, G. (2004): Pedagogía Social ~Educación Social (Madrid, Editorial


Narcea).

Pérez Serrano, G. y Pérez de Guzmán Puya, M.V. (2005): El Animador: Buenas


prácticas de Acción Sociocultural (Madrid, Editorial Narcea).

Quintana Cabanas, J.M. (1993): Los ámbitos profesionales de la Animación (Madrid,


Editorial Narcea).

Románs, M., Petrus, A. y Trilla, J. (2000): De profesión: educador(a) social


(Barcelona, Paidós).

Vallés, J. (2009): Manual del educador social. Intervención en Servicios Sociales


(Madrid, Pirámide).

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