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CAPÍTULO IV

El razonamiento práctico-prudencial
1. DIAGNÓSTICO JURÍDICO Y SENTENCIA JUDICIAL

En nuestra época los nuevos profetas son los hombres de ciencia


porque anuncian algo que va a ocurrir. Ser profeta es saber predecir el
futuro, anticiparse a los acontecimientos y anunciarlos a las gentes.
Sabemos que Tales predijo un eclipse (585 a.J.C.) y por eso sabemos
también con certeza que en esos tiempos ya existía una ciencia
astronómica.
Los abogados cuando reciben un caso y lo llevan a los Tribunales,
de alguna manera se aproximan a los profetas, al espíritu que animaba
a Tales y a los hombres de ciencia', porque anticipan el resultado,
predicen lo que el juez probablemente hará, es decir, confían en que
han de salir airosos en el planteo. Si no fuera así no iniciarían una
demanda.

¿De qué proviene esa confianza? ¿De dónde les viene esa seguridad?
Es que, a despecho de Jerome Frank, ¿hay algo predecible en lo que
va a acontecer? ¿Hay algo cierto, necesario o algo tan sólo probable?
Pues bien: la confianza radica en el estudio preciso del problema, en el
conocimiento profundo del derecho y en la investigación del hecho o
acto acaecido (directa o indirectamente causado por la acción o
conducta humana) que da lugar a esa situación jurídica. Con esos
elementos se encuentran habilitados los abogados para resolver el
problema y suponer que los jueces han de razonar ante el caso
concreto, de idéntica o similar manera. En otras palabras, interesa por
sobre todo la conclusión de la sentencia judicial. Acudimos siempre, en
abstracto o en la realidad, al modo de razonar de los jueces. Y sabemos
también que nuestra profecía tiene una base apenas probable.

Cuando nos volvemos hacia este particular horizonte del pensamiento


jurídico, nos damos cuenta que algo nos aprisiona de tal forma, que esa
estrechez del laberinto pone ante nosotros dos notorios
condicionamientos:

GHIRARDI, O. Hermenéutica del saber Madrid. Gredos. 1979, págs. 193 y sgts.
OLSEN A. GHIRARDI

a) El derecho trata siempre de la conducta humana y, de alguna


manera, la hace su objeto material.
b) El juez, por su parte, juzga siempre dicha conducta en el caso
concreto, singular, vitalmente histórico, y, como tal, abierto a la
realidad de la vida, cual una ventana que nos refresca y oxigena
constantemente

Fue, quizá el percatarse de estas características que


permitió, algo avanzado este siglo, comparar el
razonamiento en el saber especulativo de las ciencias
naturales con el del saber práctico del cual participa el
derecho.
Se ha dicho, por otra parte, que al ser los filósofos los que
nos hablaron siempre de la historia de la Lógica, por su
formación, no captaron algunos matices. Fue menester que
aparecieran los especialistas en Lógica e Historia de la
Lógica para que se patentizaran algunas sutiles
características. Advertir la importancia de la tópica, del
razonamiento dialéctico y argumentativo, de la retórica, de la
conclusión singular en el silogismo, no tratada esta última por
Aristóteles, llevó mucho tiempo. Puede avecinarse, pues,
una profunda renovación.

El viejo esquema de la disputa descripta en la Tópica


aristotélica, de la cual surgió el modelo del proceso que aún
nos rige, necesita de nuevos aires para estar a la altura de
los tiempos que nos llegan.

No obstante, lo dicho, el pensamiento tiene sus reglas,


así como la composición de la materia tiene sus elementos
fundamentales. En cuanto entes humanos estamos
confinados en un cierto acto, en una cierta estructura, de la
cual no podemos salir. Y así como hay leyes del pensar hay
sólo ciertas y determinadas maneras de obrar (leyes de la
praxis). Ambas, verdaderas categorías, nos condicionan y
mediante ellas pensamos y expresamos lo que pensamos.

Pese a lo antiguo y discutido del tema, cuando leemos una


sentencia judicial, no podemos evitar pensar en una
estructura silogística, de naturaleza muy compleja, que
podría ser llamada silogismo practico-prudencial. Pero, a
medida que calamos más hondo, observamos que en el
proceso del razonamiento del juez, se utilizan todos los
métodos que nos enseña la Lógica. De ahí que nos parezca
más correcto denominarlo simplemente razonamiento
jurisprudencial. A la par de las valoraciones, hay
deducciones, inducciones, inferencias, razonamientos por
analogía, etc. Toda, esta carne está insertada en una
columna vertebral que da la forma y cuya estructura
idealizada es silogística. Pero para llegar a ella es preciso
primero fijar las premisas, siendo esta tarea la que realmente
es ardua y que consume las energías del juez.
El Calamandrei juvenil nos dice que «la ley es un juicio
hipotético de carácter general que vincula un efecto jurídico
a un posible evento: `Si se
EL RAZONAMIENTO JUDICIAL

realiza un caso del tipo a, se produce el efecto jurídico b'. Aquí, dice el juez,
se verifica en concreto un caso que tiene los caracteres del tipo a; por tanto,
declaro que debo producir en concreto el efecto jurídico b. Por
consecuencia, todo el trabajo del juez se reduce a encontrar la coincidencia
entre un caso concreto y la hipótesis establecida en forma abstracta por la
norma, o sea, de acuerdo con la conocida terminología escolástica, la
coincidencia entre la hipótesis real' y la 'hipótesis legal».2.
Y más adelante, sin embargo, agrega: «También yo, en un ensayo
juvenil («La Genesi logica della sentenza civile», Studi, I, 1930) he
presentado la sentencia como una progresión de silogismos en cadena,
pero con posterioridad la experiencia del patrocinio forense me ha
demostrado, no que esta representación sea equivocada, pero sí que es
incompleta y unilateral, porque aquel que imagina la sentencia como un
silogismo no ve la sentencia viva, sino su cadáver, su esqueleto, su
momia»3.
En el primer párrafo citado tenemos el esquema subyugante del
silogismo, expuesto con cierta ingenuidad, y, quizá, sobre todo, con cierta
inexperiencia de las cuestiones judiciales. Fue preciso que pasara el tiempo
para que pudiera ajustar el concepto. Más añoso, el maestro Calamandrei
advierte que la imagen del silogismo es una imagen apetecida e idealizada.
Ocurre con ello prácticamente lo mismo que con la pirámide kelseniana.
Mas, en cuanto se profundiza, aparecen los problemas. La realidad muestra
algo mucho más complejo, mucho más trabado, si bien en el trasfondo
pensamos siempre que la estructura vertebral es silogística. Y que en la
búsqueda de las premisas hay inducciones, deducciones, inferencias,
argumentaciones, etc., no pretendemos negarlo.

La norma jurídica, y la menor la subsunción de los hechos en

El mismo Calamandrei nos previene: «... no (es) que esta imagen sea
equivocada (la del silogismo), pero sí es incompleta y unilateral» 4.
Manuel de la Plaza, al estudiar los vicios o errores in procedendo e in
iudicando en la casación civil 5, regulados por las leyes españolas, utiliza
el esquema del silogismo. Así, dice: «Partiendo de la tesis según la cual la
sentencia es un silogismo en que la conclusión es el fallo, la premisa mayor

2 CALAMANDREI, P., Proceso y Democracia, Buenos Aires, EJEA, 1960, pág. 71 y sgts.
Ibíd., págs. 75/76.
Cfr. la hermosa obra de CALOGERO, G., La Logica del Giudíce e il suo Controllo in
Gassazione, Padova, Cedam, 1937. En la pág. 34 nos dice de la complejidad de la sen-tencia, que
es mucho mayor que un simple silogismo en barbara.
DE LA PLAZA, M., La Casación Civil Madrid, Rev. Der. Priv., 1944, pág. 152
OLSEN A. GHIRARDI

la norma jurídica, y la menor la subsunción de los hechos en ella...».


ella...». Y, desde ahí, hace una clasificación.
El método del autor español, luego, tiene otros supuestos que no cabe
analizar aquí. Pero creemos que se complica mucho el problema ligando
las leyes del pensar con clasificaciones de la ley o de la doctrina que
confunden farragosamente al lector no advertido.

Al margen de las discusiones sobre el modo de razonar de los jueces, hay


algunos puntos que no ofrecen disparidad de opiniones. Los juristas están
de acuerdo en que la sentencia es obra de seres racionales que siguen
leyes lógicas que no se pueden violar, so pena de caer en el error. Los
primeros principios, las leyes supremas del pensar, no pueden ser violadas
no deben ser violadas porque una sentencia lógicamente incorrecta
Vormalmente incorrecta, utilizando el vocablo «formalmente» en sentido
lógico) repugna a la racionalidad humana.
De acuerdo a ello estimamos que los procesalistas generalmente siguen
un camino inverso al aconsejado por la misma razón. El esquema
clasificatorio de errores in procedendo y errores in iudicando, no debe
anteponerse a las leyes lógicas. Y, para que las cosas queden más claras,
sería preciso positivizar prime-ro, las leyes del pensar. Cualquier otra
clasificación elaborada por la ley adjetiva o la doctrina debiera venir con
posterioridad y ser coherente con ellas.