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escenarios

El ESPACIO
en el CINE
PERUANO
Aunque de manera intermitente y no tan profusa, en
el cine peruano también se han retratado esos lugares
por los que solemos movernos. Muchos de ellos son
espacios de encuentro; testigos de nuestra atropellada
historia y de nuestras diferencias.

Arenales y asentamientos humanos


Diego Arévalo

“Nosotros somos como la higuerilla, como esa planta medio del arenal como si se tratase de un espejismo.
salvaje que brota y se multiplica en los lugares más Al igual que tantos, su futuro es desolador. Veinticin-
amargos y escarpados”. Así es como empieza uno de los co años después, ese futuro, quizá, lo podemos ver en
cuentos más conmovedores de Julio Ramón Ribeyro, Joaquín, el protagonista de Paraíso (2009). Junto con
llamado Al pie del acantilado. El autor encontró una sus amigos, crece en un territorio hostil -ya no es la
triste y hermosa metáfora entre dicha planta y las per- policía ni los terroristas ni el propio paisaje, sino los
sonas que pueblan los arenales que circundan nuestra pandilleros- y sin oportunidades. A diferencia de Gre-
ciudad. Estamos en el territorio de los olvidados. De gorio, que vino a quedarse -no le quedó otra-, Joaquín
aquellos migrantes que, como el pequeño Gregorio, realizará el movimiento contrario: terminará huyendo
llegaron a la capital en busca de una oportunidad y se por las condiciones duras y nada esperanzadoras en
vieron obligados a construirse un hogar en el cerro, un pueblo totalmente ingrato con sus habitantes. Am-
porque, como dice uno de los personajes de la película bas películas, de trato documental, nos dan una sen-
del Grupo Chaski de 1984, es “una tierra que no le per- sación de proximidad a los espacios y personajes que
tenece a nadie”. De a pocos, estos espacios han sido po- los habitan, y que resultan un valioso registro de tales
blados por millones de peruanos del interior del país, realidades a través de nuestro cine.
que llegaron huyendo de la miseria y la violencia, para
Un caso ejemplar de lo que empezó siendo una ba-
seguir encontrándola en medio del desierto.
rriada y terminó por convertirse en uno de los distri-
Tenemos el testimonio de Gregorio, ese niño que tos más importantes es Villa El Salvador. Fue el lugar
emprende un viaje heroico desde su tierra y confiesa de residencia de la luchadora social María Elena Mo-
ante la cámara todas las dificultades a las que está yano. Su garra y compromiso con el pueblo le costaron
expuesto. Él tratará de aprender y adaptarse al ritmo la vida en manos del grupo terrorista Sendero Lumi-
caótico de la ciudad mientras lo vemos caminar en noso, y quedó documentada en Coraje (1998).

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Chicama

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Por otro lado, tenemos a Fausta, por las figuritas de los héroes naciona- muestran atentos a la clase. La escue-
la protagonista de La teta asustada les, precisamente motivada por alguna la de Chicama no es un colegio común
(2009), que recorre temerosa los ca- frase mencionada durante una clase. y corriente, se ubica en una plaza de
minos de tierra y vive en una de esas Pero se trató solo de un atisbo que ayu- pueblo, tiene varios salones, tiene un
casas a medio construir con su tío. A da a despegar la trama. director y una infraestructura defi-
diferencia de los filmes anteriores, ciente, que hace que los profesores casi
En Chicama (2012), de Omar Fore-
aquí somos testigos de las costumbres compartan un aula dividida por una
ro, la escuela sí cumple un papel fun-
–celebraciones que giran en torno al suerte de pared de triplay. Quizás Chi-
damental, ya que se convierte en el
matrimonio, donde desfilan persona- cama  refleja bien esa distancia entre
sistema problemático que acoge a los
jes en decorados que parecen sacados docentes y estudiantes, sobre esas bre-
dos profesores, sin ser solo un telón
de un cuadro de Polanco– con cierta chas sentimentales que han termina-
de fondo. La escuela aparece como un
distancia y, eso sí, mucho sentido del do apagando el interés por retratar de
entorno dejado al azar, sin liderazgos,
humor. Pero ojo: muchas de estas cos- manera distinta los recreos, el tiempo
donde los docentes se van a topar con
tumbres, que reafirman la presencia de relajo, o la intimidad dentro de las
situaciones propiciadas por la burocra-
de gente de lo más hondo del país, no aulas.
cia, el centralismo y la inequidad. Los
necesariamente se corresponden con
docentes que van a las zonas rurales
la realidad.
suelen ser los más jóvenes y sin expe-
Espacios de pobreza, frustraciones, riencia, los que de alguna manera de- Discotecas
olvido, de nuevas formas culturales, ben pagar el llamado ‘derecho de piso’, Diego Arévalo
pero, sobre todo, de violencia. Inevita- si es que desean acceder a un colegio
ble, sin embargo. Como un árbol rese- urbano y más cercano, y eso es lo que
Concurrida en su mayoría por jóvenes,
co y solitario que se obstina en crecer precisamente parece reflejar Chica-
es uno de los mejores lugares para que
sobre la arena, como la higuerilla. ma al inicio, para luego ahondar en el
el cine –a través de la energía transmiti-
retrato del joven profesor que ocupa un
da por la música, las luces multicolores,
cargo en la sierra de La Libertad.
el baile, los decorados, los cuerpos– se
Escuelas En Chicama, Forero se concentra en exprese cautivando nuestros sentidos.
Mónica Delgado registrar unos días en la vida de este En este espacio cerrado y bullicioso,
joven docente, y para ello incluye al- en el que abundan el alcohol y la dro-
A simple vista, pareciera que la es- gunas escenas con actores de la zona, ga, dúo satánico, los jóvenes bailan las
cuela como espacio ha sido represen- estudiantes en una escuela rural, que canciones de moda –recordemos la fa-
tada muy poco en el cine peruano. No a modo de testimonio van narrando mosa ‘carne radioactiva’ a la que se re-
vamos a encontrar escenas que mues- su cotidianeidad o simplemente se fiere el Diablo, interpretado por Silvia
tren a la escuela de manera sublime
como en las películas de François
Truffaut, ni aquellas que evocan a la
institución educativa como ente de
concreción del mal o del abuso, como
la que aparece en El joven Törless
(1966), de Volker Schlöndorff, y que
asomó por el cine peruano por única
vez, en los ochenta, a través de La ciu-
dad y los perros (1985), de Francisco
Lombardi. La escuela como espacio
para la motivación para la arbitrarie-
dad, repetición de los prejuicios, dis-
criminación e intolerancia.
Quizás sea más fácil hallar ‘modelos’
de maestros en el cine peruano, como
el viejo adoctrinador de robos de Ju-
liana (1988), el preso ilustrado de Alias
La Gringa (1991), o el incauto asaltado
en  El premio (2009), de Chicho Du-
rant, pero ese es otro tema. La escuela
no ha sido tópico de interés o locación
más amplia en el cine nacional.
En el cine peruano reciente apare-
cieron algunos ejemplos, muy breves,
como Las malas intenciones (2011), de
Rosario García-Montero, donde la pe-
queña protagonista da rienda suelta a
Las malas intenciones
su imaginación, a partir de su fijación

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Pinal, en Simón del desierto (1965), de montaje esquizofrénico, ingresamos te representado en el cine. Esto se debe
Buñuel, y que, de alguna manera, pro- en el ‘mundo Salvini’ –ese de persona- a su poca fama en los Estados Unidos,
fetizó los tiempos actuales de cuerpos jes alucinados e irreverentes–, donde que históricamente ha representado
convulsos que se agitan al ritmo de la lo grotesco es un verdadero carnaval otras disciplinas más sonadas en el
electrónica y del reguetón– para diver- de cuerpos exóticos. país, entre las que se excluye al deporte
tirse con el exceso. En esta realidad,
los espectadores podemos reconocer y
distinguir a toda una generación.
Un ejemplo de ello es la que fue en
su momento una de las películas más
polémicas y taquilleras del cine pe-
ruano: No se lo digas a nadie (2006).
Marcada por el tema homosexual, el
espíritu noventero se siente a través de
la música: el reencuentro de la pareja
en la discoteca de Miami con su tema
favorito, El amor después del amor,
ilustra una situación en la que quizás
más de uno nos hemos encontrado; o
Meier y Maguil haciéndose ojitos con
las enamoradas al lado, mientras se es-
cucha Mi auto era una rana, de Pedro
Suárez-Vértiz. Mientras que en ambas películas rey. El director alemán Wim Wenders,
percibimos a una clase social despreo- con su película El miedo del portero
O cómo olvidar la desmesura juve- ante el penalti (1972), se acercó a este
cupada y hedonista que se divierte por
nil en Bala perdida (2001): el grupo
hastío, donde los personajes logran mundo. Una película como Escape a la
de amigos que sueña con su ‘juergaza’
mezclarse con su entorno, en la ópera victoria (1981) también lo intentó. En
en el Cusco. Mientras escuchamos los
prima de Méndez ocurre lo contrario. años recientes, la trilogía de películas
consejos de Charlie –ese gurú sexual
En Días de Santiago (2004), el pro- ¡Gol! (2005-07-09), de Danny Cannon,
encarnado por Aristóteles Picho– a sus
tagonista observa el espacio como si trató directamente el mundo alrededor
‘cachorros’ en algún antro de la ciudad
estuviera en pleno operativo en la sel- del fútbol, con mucho éxito de público.
sagrada, después de un ‘tiro’ de cocaí-
va, en el tiempo de las misiones y las
na tras otro, y apoyados a través de un El cine en el Perú, a pesar de ser este
emboscadas: reflexiona, juzga, anali-
un país muy aficionado a tal deporte,
za, “saca su línea y arma su estrategia”,
ha tocado el tema de manera muy indi-
como diría él. En la pista de baile re- recta. En los años setenta se dio un pri-
conoce a su presa y, acompañado por mer acercamiento en Espejismo (1972),
esa voz en off ronca, logra visualizar de Armando Robles Godoy, donde uno
su fracaso y replantearse la situación. de los dos niños protagonistas sueña
Esta vez lo hace bien, resulta ‘ganador’. con ser jugador profesional, contra los
Pero aquellos dos intentos no han sido deseos de su madre. El partido de fút-
otra cosa que una proyección propia bol aquí se juega sobre arenales y está
de los hombres que se la pasan cavi- representado mediante ralentíes que
lando y que, por eso mismo, nada ha- estilizan las jugadas, muy a la manera
cen, ya que el pensamiento es un freno de su autor, haciéndolas muy bellas y
para la acción inmediata. Santiago, al acercándolas casi a la danza.
contrario del resto, no consigue dar el
primer paso, sacarla a bailar, producto Una película de la misma época,
de la alteración mental que ha sufrido Cholo (1972), de Bernardo Batievsky,
al cambiar radicalmente de entorno y productor de Espejismo, cuenta la his-
en la que parece imposible creer: “Aquí toria de Hugo Sotil, estrella del fútbol
tres de la tarde, día de semana y mira: peruano de esa época y una de sus fi-
todos bailando, fumando, chupando, guras históricas más reconocibles. La
pasándola bien. Toda la juventud lime- película, paradójicamente, muestra
ña. Todo el futuro del Perú”. poco fútbol. Lo poco que se ve tiene la
originalidad de mostrar un trabamien-
to cámara en mano, con la cámara en
la misma cancha y muy cerca de los
Canchas de fútbol jugadores y en constante movimiento.
Nicolás Carrasco Lamentablemente, a la última secuen-
cia del partido se le da un tratamiento
El fútbol, siendo el deporte más popu- despersonalizado, como si se estuviera
lar en el mundo, no ha sido ampliamen- viendo el partido desde la televisión,

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acompañada por algunos planos del vez, se alinea al heterogéneo imagina- fin de no detener la cadencia reinante
público. rio nacional del deseo: charapita, blan- en la Amazonía.
quita o vedette.
Francisco Lombardi, quien también También se presentan este tipo de
trabajó como dirigente en un club lo- Francisco Lombardi presenta un re- travesías lideradas por púberes en
cal, se aproximó a las canchas de fútbol encuentro amical en una cantina, que búsqueda de su primera entrada a un
cuerpo femenino. Mañana te cuento
(2005) y Peloteros (2006) plantean
esta primera exploración desde las an-
típodas sociales: si en la primera obra
se paga en dólares y se trae a las me-
retrices a casa en modo delivery, en la
segunda más bien se opta por un troca-
dero de Breña bastante más terrenal.
No obstante, a comparación de las ci-
tadas películas de Lombardi, más que
una práctica explícita coital, el foco de
atención se despliega a través de una
charla didáctica sobre sexualidad en-
tre adolescentes y prostitutas; que no
en vano son acompañados por indis-
tintos planos conjuntos de un modo
casi lúdico. Así, el enclaustre a solas en
en Bajo la piel (1996). En la secuencia culmina con una inopinada visita a un una habitación con una mujer resulta
inicial, previa al descubrimiento de un prostíbulo en Los amigos (1979), uno mucho más gratificante ante la posibi-
cadáver, vemos a unos niños jugar en el de los episodios de Cuentos inmora- lidad de un primer fracaso fálico.
arenal de un pueblo joven. Aquí, a dife- les. No obstante, no son las meretrices
quienes lideran tamaña salida sino la Erotismo y cine son un híbrido per-
rencia de Espejismo, la puesta en esce-
repentina desviación sexual de uno petuo que plasma el deseo esencial-
na fragmenta los cuerpos de los niños,
ellos. Este filme desarrolla una especie mente masculino de poder visualizar
con un montaje muy picado.
de fórmula espacial entre una cantina a actrices inalcanzables, sometidas
Para terminar, un ejemplo más re- promiscuamente dentro de un uni-
y un burdel, o mejor dicho esta última
ciente es Peloteros (2006), de Coco como su prolongación tras varias bote- verso ficcional. A su vez, el mundillo
Castillo, película que, a pesar del nom- llas de más. Asimismo, esta funciona
bre, también muestra muy poco de no solo para estrechar vínculos sino
este deporte. Y lo que es peor, la mane- fundamentalmente para reafirmar la
ra en que está filmada y editada es muy virilidad del grupo.
descuidada: no se puede apreciar bien
lo que está pasando, las elecciones de Nuevamente Lombardi exhibe la ex-
encuadre cortan los pies y hacen difícil periencia del lupanar bajo la mitología
ver la acción. Como la historia de nues- de la mujer amazónica en Pantaleón
tro fútbol, el tratamiento del deporte y las visitadoras (1999). Esta es mi-
más popular del mundo en nuestro nuciosamente elaborada, al punto de
cine ha sido muy accidentado. presentar a una proxeneta como nexo
para acceder a los servicios de sus tra-
bajadoras. Todas ellas muy bien aci-
Prostíbulos caladas, uniformadas y con genuinos
apelativos. Tal y como si fueran unas
Alex Zamora ejecutivas, pero bastante más profa-
nas.
Instantes inevitables en cualquier
Estas, de igual forma, no son seres
guión de cine incluyen alguna escena
anónimos ni relegados: poseen voz y
mórbida, que va desde cándidos besos
su espacio no se limita a una litera. Es
hasta desenfrenados quites de ropa
así que la puesta en escena montada
con gemidos y alaridos de por medio.
en la selva, además involucra cierta
A su vez, también están aquellas donde
exultación instantánea en las acciones
el amor no es gratuito; más bien, tiene
subsiguientes del reparto: el próximo
un precio.
beso, la acción copulativa o cualquier
En el cine peruano se encuentran escenario de seducción. En efecto, pa-
variadas situaciones donde se repre- reciera que la manera más salomónica
senta la prostitución, que, de acuerdo de resolver un conflicto fuera a través
al espacio y el contexto, varía para cada de encuentros carnales o con una men-
propuesta cinematográfica. Esta, a su tira espontánea. Todo esto con el mero

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del prostíbulo en el cine no debe verse de los rasgos culturales de un utópico y La masiva oleada de migraciones
meramente como un espacio libertino. exotizado pasado prehispánico, había del campo a la ciudad, que reconfigu-
Más bien, funciona como un retrato devenido en un elemento estructuran- ró por completo la organización social
social de la mirada que ofrece determi- te de los marcos de percepción y apre- del país a mediados del siglo pasado,
nada cultura a todas las periferias que ciación de los Andes peruanos, donde fue también objeto de reflexiones en la
incluyen a dos objetos del deseo varo- las manifestaciones regionales tenían cinematografía nacional. Esta vez las
nil: el sexo y las mujeres. aún una presencia marginal. imágenes en torno al mundo andino
se encontraban en una contraposi-
Sin embargo, la visión nostálgica ción cada más radical con el contexto
del mundo andino no excluyó el sur-
Campo gimiento de aproximaciones más críti-
urbano. Lima se presentaba entonces
como una suerte de tierra prometida,
Raúl Álvarez Espinoza cas. Tanto Armando Robles Godoy, por una fuente de inagotables oportuni-
un lado, como César Villanueva junto dades de progreso, frente a la cual el
1961. Luis Figueroa, Eulogio Nishi- a Eulogio Nishiyama, con Ganarás el entorno rural quedaba como un lugar
yama y César Villanueva estrenan su pan (1965) y Jarawi (1966), reflejan, sin futuro, donde la desigualdad y la
primer largometraje, titulado Kukuli, cada uno a su estilo, una preocupación injusticia eran marcas de un destino
el cual narra el accidentado recorrido latente por la situación de desigualdad irremediable.
de una joven pastora a la fiesta de la y violencia producto del abandono del
Mamacha del Carmen, desde su hogar Estado y el yugo gamonal, este último Sin embargo, la adaptación a la vida
en las alturas de Paucartambo hasta el en pleno apogeo por ese entonces. El en la gran urbe no fue fácil. La abierta
entorno urbano donde se lleva a cabo cine empezaba a trascender la celebra- discriminación, la incompatibilidad
la celebración. ción de un pasado idealizado, para ser de matrices culturales y la sistemá-
un medio de denuncia y problemati- tica marginación de la esfera pública
El filme, tanto a nivel técnico como
zación de la situación social del Perú, de la que fueron víctimas campesinos
narrativo, constituye una oda a un idí-
donde el mundo andino se presentaba y familias enteras, se encuentran re-
lico mundo rural y a sus habitantes. No
como un espacio en que la pobreza y flejadas en un filme clave sobre esta
es gratuito que esta película, situada
la exclusión aparecían como los prin- temática como es Gregorio (Grupo
en el Cusco, surja en un contexto don-
Chaski, 1984).
de el incaísmo y el indigenismo aún te- cipios naturales de la organización
nían cierto arraigo no solo en las élites social, la evidencia de un país lleno La representación del mundo an-
intelectuales, sociales y políticas del de contradicciones, imposibilitado de dino como una arena hostil, sin nada
país, sino también en los demás niveles concretar un proyecto de desarrollo de que ofrecer, se alimentó, entre 1980 y
del sistema social. Así, la idealización alcance nacional. el 2000, de un nuevo componente: el
de la violencia producida por el con-
flicto armado interno. Así, los Andes
devienen en espacio amenazante y
Gregorio lleno de peligros, tal y como lo dejan
entrever tanto La boca del lobo (Fran-
cisco Lombardi, 1988) como Ni con
Dios ni con el Diablo (Nilo Pereira del
Mar, 1990).
Las representaciones que se han
construido del mundo andino y sus
habitantes han estado en permanente
diálogo con los procesos sociales de la
época. Cada una de ellas, con sus ma-
tices, ha logrado cristalizarse como lu-
gar común a través del cual las nuevas
generaciones de cineastas construyen
sus propias visiones en torno a un con-
texto aún por completo inabarcable.
Queda pendiente, sin embargo,
una aproximación con profundidad
a las dinámicas de autorrepresenta-
ción del llamado “cine regional”, que,
desde 1996, viene adquiriendo mayor
presencia a nivel nacional, al tiempo
que se esfuerza por contar sus propias
historias, en un contexto en el que el
monopolio de los ‘medios de produc-
ción de sentido’ ha estado en manos de
cineastas limeños.

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