You are on page 1of 35

Los desbandes de Basualdo y Toledo: hacia la fractura del federalismo entrerriano1

Mónica Alabart

“…es voz general entre la gente que se vino, que se reunirán donde
V.E. ordene, pero que no van para arriba. Aquí no hago otra cosa que ver a
todo el mundo y hablarle de la necesidad de reunirse, llegado el momento,
sin entrar en ninguna clase de explicaciones de para qué, ni con qué objeto,
sino concurrir al llamamiento que V.E nos hará a su tiempo- creo que
conseguiremos más así.” 2 (Ricardo López Jordán)

El episodio que el gobierno nacional argentino tomó como justificación oficial3 para
declarar la guerra al Paraguay ocurrió el 13 de abril de 1865 cuando tropas paraguayas
tomaron los buques “Gualeguay” y “25 de Mayo” e invadieron el territorio correntino. 4 A
pocos días del hecho, el presidente Bartolomé Mitre le envió una carta al Gral. Urquiza, en
la que le informó lo sucedido, le comunicó su designación oficial como jefe de la Guardia
Nacional de Entre Ríos y la necesidad de levantar un cuerpo de ejército de cinco mil

1
En Schmit Roberto (comp.) Interacciones de la política local, regional y nacional. Caudillos, Política e
Instituciones en los orígenes de la Nación Argentina. El federalismo entrerriano en la década de 1860. Los
Polvorines, Universidad Nacional de General Sarmiento, 2014, capítulo V, (en prensa)
2
Ricardo López Jordán a Justo José de Urquiza, Paraná, 31 de julio 1865, Fondo Urquiza, AGN
3
Sin entrar en el debate sobre las causas del conflicto, de acuerdo con el estudio de Germán Tjarkrs basado en
el archivo de Rufino Elizalde, se conoce que el ataque a Corrientes fue un pretexto secretamente esperado por
la cancillería argentina, ya que sólo una agresión tangible podría lanzar al país a una guerra impopular.
Tjarkrs, Germán, O.E. “Nueva luz sobre el origen de la Guerra de la Triple Alianza” en Revista de Historia,
nro. 1, Universidad Nacional, Costa Rica, Heredia, 1975, pp. 21-84.
4
Los buques fueron remolcados hasta Humaitá e incorporados a la flota paraguaya y al día siguiente, el
general Wenceslao Robles al frente de 3000 soldados ocupó la ciudad de Corrientes, que había sido
abandonada por las autoridades, encabezadas por el gobernador Manuel Lagraña quien se retiró a San Roque
a organizar la resistencia. Desde ese momento hasta octubre de 1865, fecha del abandono definitivo de los
últimos batallones paraguayos del territorio provincial, Corrientes se transformó en el principal escenario de
las operaciones bélicas. Después de esa fecha, las batallas se libraron en suelo paraguayo pero el clima bélico
permaneció en la provincia, que pasó a ser campo de batallas a retaguardia de los ejércitos aliados. Ramírez
Braschi, Dardo, La Guerra de la Triple Alianza. A través de los periódicos Correntinos. 1865-1870,
Corrientes, Moglia Ediciones, 2004, pp.42
hombres, organizarlos y nombrar sus jefes superiores para marchar hacia Corrientes.5La
posición tomada por Urquiza fue decisiva, inmediatamente, ordenó la movilización de las
fuerzas entrerrianas hacia la base de operaciones de su ejército, el campamento militar de
arroyo Calá, ubicado en Concepción del Uruguay. 6Los jefes departamentales de la
provincia respondieron a la convocatoria reuniendo a los milicianos de cada departamento
quienes comenzaron a dirigirse hacia Concepción del Uruguay. El 11 de mayo, cerca de
8000 hombres agrupados en Calá, se pusieron en marcha con gran rapidez y en junio se
encontraban concentrados en el campamento ubicado junto al arroyo Basualdo, próximo al
límite con la provincia de Corrientes. En la noche del 3 de julio, mientras Urquiza se había
retirado del campamento para asistir a una reunión con Mitre, se produjo el primer
desbande de tropas. Después del toque de queda, grupos de cincuenta a cien hombres
formaron orden de batalla y se unieron a otros grupos que en número cada vez mayor
hicieron resonar los cascos de sus caballos, gritando “¡Muera el presidente… Viva el
general Urquiza!”. Casi 3000 soldados de caballería comenzaron a regresar al interior de la
provincia en busca de sus hogares, eran nogoyaceros y victorianos que pertenecían a las
fuerzas comandadas por Manuel Navarro, Domingo Hereñú y Manuel Caraballo. Ya de día
se sumaron los hombres de la división Gualeguay. En todas ellas se quedaron jefes y
oficiales, los soldados se habían ido.

Después de este episodio, el general Ricardo López Jordán envió su carta a Urquiza, los
jefes federales sabían que la gente no quería ir para arriba. El desbande era enorme, los
hombres se esparcían por todos los caminos de la provincia. No obstante, Urquiza no tomó
grandes represalias, decidió licenciar las tropas y ordenó a sus jefes y oficiales de las
divisiones regresar a sus departamentos para volver a convocar las fuerzas en el mes de
octubre en el campamento del Yuquerí, cerca de Concordia. En la segunda convocatoria
logró concentrar una fuerza de 6000 soldados, que él mismo condujo hacia Corrientes. Pero
poco antes de llegar, en Arroyo Toledo, en la noche del 4 de noviembre las tropas del
5
Carta de Bartolomé Mitre a J. J de Urquiza, Buenos Aires, 17 de abril, 1865, Archivo Mitre. “Guerra del
Paraguay”, Tomo II, Buenos Aires, 1911, pp.112
6
J.J de Urquiza no dudó en apoyar al gobierno nacional encabezado por el gobierno de B. Mitre con lo cual
se disiparon las conjeturas acerca de qué actitud asumiría si se iniciaba el conflicto con Paraguay. El 19 de
abril impartió órdenes a los jefes departamentales a fin de que las tropas se encontraran reunidas en Calá el 28
de abril. Manuel Basalvilbaso al Secretario de la Jefatura política de Gualeguay, Uruguay. 19 de abril, 1865
en División Gobierno, Sección C, Comandancia de Gualeguay, Carpeta 42, Legajo 6, AHER, Paraná.
Segundo Regimiento de Gualeguaychú, a las que se sumaron las de los batallones de
Victoria, Diamante, Gualeguay, Paraná y Nogoyá, comenzaron a desertar… noche tras
noche hasta el 10 de noviembre, con gritos de aves nocturnas, aullidos de perros o zorros,
daban la señal acordada y desaparecían del ejército…esta vez ni la presencia del general
logró evitar el desbande.

Los desbandes de tropas de Basualdo y Toledo, marcaron un momento de inflexión en la


crisis de la relación de Urquiza con sus seguidores. Consideramos que estos episodios se
inscriben en un contexto más amplio que llevó a una redefinición de las identidades
partidarias al interior del federalismo entrerriano que se inició con la derrota de la
Confederación liderada por Urquiza y alcanzó su punto culminante en la década del setenta
con las rebeliones jordanistas. La fractura del Partido Federal abrió una etapa de
inestabilidad, de ruptura del consenso y de redefinición de las identidades políticas que se
vinculó con las nuevas alianzas y las resistencias que originó la formación del Estado
Nacional.7

La Guerra del Paraguay tuvo repercusiones importantes en el proceso de formación del


Estado Nacional argentino. El país recientemente unificado no estaba preparado para
afrontar una guerra internacional, el ejército de línea contaba con pocos hombres
pobremente equipados. El presidente Bartolomé Mitre ordenó una leva de soldados y la
movilización de la Guardia Nacional en todas las provincias estableciendo los cupos con
los que cada una debía contribuir.8 En ese contexto le escribió la carta a Urquiza en la que
le solicitó el contingente que debía aportar la provincia de Entre Ríos.

7
Este trabajo se enmarca dentro de mi proyecto de tesis en el cual, me propongo estudiar el jordanismo,
como expresión de un realineamiento y redefinición de las identidades políticas en el contexto de crisis del
federalismo entrerriano.
8
Durante el gobierno de la Confederación se intentó la creación de unas Fuerzas Armadas a escala nacional a
las cuales debían contribuir todas las provincias. Las Fuerzas estarían integradas por: el Ejército de Línea de
carácter profesional, las milicias provinciales para garantizar el orden local, y la Guardia Nacional, con el
principio de la “ciudadanía en armas”. Aunque la organización de la Guardia Nacional quedaba a cargo de las
provincias, dependían del poder central y debían auxiliar al Ejército de Línea, sin embargo las provincias
manejaron esas fuerzas con gran autonomía. Sábato, Hilda, “¿Quién controla el poder militar? Disputas en
torno a la formación del Estado en el siglo XIX” en Moreno, Oscar, coord. ; La construcción de la Nación
Argentina. El rol de las Fuerzas Armadas. Debates históricos en el marco del Bicentenario, 1810-2010, Bs.
As., Ministerio de Defensa, 2010.
El poder militar de Entre Ríos, con su prestigiosa caballería, jugó un rol fundamental en las
luchas civiles del siglo XIX. La base de su fuerza radicaba en sus milicias, que desde la
década de 1840 forjaron el poder del ejército entrerriano. A fines de la década de 1820 los
milicianos eran menos de 2000, en 1844 las tropas milicianas se duplicaron y en vísperas de
la batalla de Caseros, Urquiza había logrado reunir más de 10 mil hombres de infantería,
artillería y especialmente de caballería.9Esta particularidad, justificaba, en parte, el esfuerzo
bélico que se le exigía al pueblo entrerriano una vez declarada la guerra al Paraguay.

La impopularidad de la guerra que se expresó en la oposición y la resistencia al


reclutamiento de las tropas por parte de la población en las provincias del interior y del
litoral se ha convertido prácticamente en un axioma, sin embargo, esta cuestión, ha sido
poco estudiada por la historiografía reciente. 10 Sabemos que la guerra generó resistencias
que se plasmaron en acciones directas que dieron lugar a la deserción y a la rebelión, y
también se expresaron discursivamente en torno a las representaciones y los contenidos de
la nación.11Los federales que se oponían a la guerra, marginados del poder en casi todas las
provincias, se articularon en torno a un sentimiento antiporteño que identificaban con el
liberalismo mitrista y rechazaban el orden que se buscaba imponer desde Buenos Aires. En
Entre Ríos, donde el partido federal mantuvo su hegemonía bajo el liderazgo de Urquiza,
esa oposición a la guerra se manifestó en la prensa, en la literatura militante de José
9
De acuerdo con Roberto Schmit, estas cifras representaban un porcentaje muy alto de participación de la
población masculina mayor de 14 años en las milicias provinciales, alrededor del 60% al 70% en 1850, Ver
Schmit Roberto; Ruina y resurrección en tiempos de Guerra, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2004 pp177
10
Existe una amplia historiografía sobre la Guerra de la Triple Alianza, se han escrito cantidades de libros
acerca de ella y sigue siendo aún hoy objeto de investigaciones en el mundo, sin embargo, es un tema
escasamente abordado por la “nueva historia argentina” que viene renovándose desde la década del ochenta.
Entre los trabajos recientes realizados en Europa y otros países latinoamericanos, podemos mencionar:
Capdevila, Luc, Una guerra total: Paraguay, 1864-1870. Ensayo de historia del tiempo presente, Buenos
Aires, SB, 2010; Doratioto, Francisco Fernando, Maldita Guerra. Nova historia da Guerra do Paraguai, Sao
Paulo, Campanhia das letras, 2002; Guinot, Dolores, La Guerra Grande (1864-1870), La Triple Alianza
secreta contra el Paraguay, Madrid, Imagine Ediciones, 2005. En nuestro país, se están desarrollando varias
tesis de doctorado, y podemos mencionar el ya citado texto del historiador correntino Dardo Ramírez Braschi
(2004) y los trabajos de Liliana Brezzo (1995; 2007). Para el tema de las resistencias que generó en las
provincias del interior, ver: De la Fuente Ariel; Los hijos de Facundo, Caudillos y Montoneras de la provincia
de la Rioja durante el proceso de Formación del Estado Nacional Argentino (1853-1870), Buenos Aires,
Prometeo, 2007; Bragoni, B y Miguez, E; Un nuevo orden político, Provincias y Estado Nacional, 1852-1880,
Buenos Airea, Biblos, 2010.
11
En esa perspectiva se inscribe la investigación que está realizando Baratta, Victoria, ver su trabajo, “La
identidad nacional durante la Guerra del Paraguay. Representaciones, lenguajes políticos y conceptos en el
diario La Nación Argentina (1862-1870)”en Almanack. Guarulhos, n.03, p.82-98, 1º semestre de 2012.
Hernández y Olegario Víctor Andrade y alcanzó su mayor manifestación en la deserción de
las tropas en los campamentos de Basualdo y Toledo.

Recientemente la historiografía ha tratado el fenómeno de la deserción de las tropas de


línea, especialmente en estudios dedicados a los sectores subalternos,12 sin embargo, los
desbandes de las tropas entrerrianas convocadas para integrar el ejército aliado han sido
prácticamente ignorados, con las a excepción de un artículo que aborda directamente el
tema escrito por Beatriz Bosch a fines de la década de 1950 y las menciones en los trabajos
de algunos historiadores identificados con las corrientes revisionistas como: Fermín Chávez
y León Pomer, fundamentalmente, como señalamos, para destacar la impopularidad y
resistencia que generó la guerra en las provincias del interior y el litoral.13

En trabajos que estudian el problema de la deserción de las tropas de línea en otros


períodos, se ha indicado que esta cuestión constituye una vía de acceso para el estudio de
las configuraciones identitarias de los sectores subalternos porque en el acto de desertar es
posible visibilizar prácticas y representaciones centrales de estos actores que dan cuenta de
un entramado de pertenencias, un mundo de valores y lealtades propias. 14Tomando esta
perspectiva consideramos que la identidad federal de las tropas entrerrianas fue un factor
clave que permite interpretar los desbandes de Basualdo y Toledo como actos políticos en
12
En los trabajos que han abordado el tema se ha interpretado la deserción como una práctica de resistencia de
los sectores subalternos contra las prácticas abusivas de las autoridades, representadas por reclutadores y
oficiales, a partir del análisis de los sumarios militares. Pero también cruzando la información de los archivos
policiales y judiciales, se han podido complejizar las motivaciones de los desertores y de este modo se ha
considerado que la deserción no sólo consistía en una práctica criminalizada, considerada un delito por las
autoridades o un acto de resistencia contra las mismas, sino que a la vez formaba parte de la vida cotidiana de
una cultura de guerra. Ver: Di Meglio, Gabriel, Viva el bajo pueblo. La plebe urbana Buenos Aires y la
política entre la Revolución de Mayo y el rosismo, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007, pp.165-171.
Fradkin, Raúl, O, “Asaltar los pueblos. La montonera de Cipriano Benítez contra Navarro y Lujan en
diciembre de 1826 y la conflictividad social en la campaña bonaerense”, Anuario IEHS, n° 18, Buenos Aires,
2003, pp.87-122. Fradkin, Raúl, y Ratto, Silvia “Desertores, bandidos e indios en las fronteras de Buenos
Aires, 1815-1819”, Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, n° 75, 2009, pp.13-41.
13
El artículo de Bosch, Beatriz:”Los desbandes de Basualdo y Toledo” , Revista de la Universidad de Buenos
Aires - 5ª época, tomo 4, Buenos Aires; Universidad de Buenos Aires, 1959, pp. 213-245. La referencia a los
desbandes en otros trabajos en Chávez, Fermín, Vida y muerte de López Jordán, Buenos Aires, Ediciones
Theoría, 1957; Pomer, León, Cinco años de Guerra Civil en la Argentina (1865-1870), Buenos Aires,
Amorrortu editores, 2000.
14
Rabinovich, Alejandro, “El fenómeno de la deserción en las guerras de la revolución e independencia del
Río de la Plata. Elementos cuantitativos y cualitativos para un análisis. 1810-1829” Estudios
Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Tel Aviv, Vol.22, 1, enero-junio 2011, pp.33-56.
el contexto de disputa y redefinición de las identidades político partidarias que implicó la
Guerra del Paraguay.

En este capítulo nos proponemos analizar la problemática a partir de la correspondencia


sobre los desbandes entre Urquiza, las autoridades nacionales, los jefes políticos
departamentales y algunos oficiales de menor rango de la provincia, con los objetivos de
reconstruir la percepción de los diferentes actores según su posicionamiento en la estructura
de poder -Nación/Provincia, Organización Militar entrerriana- atravesada por la pugna
federalismo/liberalismo e identificar algunos componentes específicos del federalismo de
los sectores subalternos.15

Desde el inicio del conflicto, a partir de la invasión paraguaya a Corrientes, Mitre y sus
ministros, Urquiza y los jefes políticos intercambiaron una prolífica correspondencia sobre
la coyuntura que fue desencadenando la Guerra. Muchas son cartas oficiales, escritas como
representantes de los cargos públicos que ocupaban, pero también hay correspondencia
privada y confidencial que trasluce miradas, intereses y estrategias políticas, que se fueron
elaborando a medida que se desarrollaban los hechos.16

Los desbandes en la correspondencia: la perspectiva de las autoridades nacionales

La organización del ejército nacional para combatir en la Guerra del Paraguay no resultó
una tarea sencilla para las autoridades nacionales.17Mitre le exigió a Urquiza armar un

15
Nos queda aún por realizar el seguimiento de los desbandes en la prensa local donde escriben algunos de los
letrados que en los años setenta van a conformar el núcleo central de la dirigencia jordanista, como así
también seguir relevando el Fondo Urquiza del AGN, sumarios militares, correspondencia militar, jefatura de
policía, entre otros.

16
La correspondencia consultada se encuentra en el Archivo Mitre, en el Fondo Urquiza del Archivo General
de la Nación y en el Fondo López Jordán de la Academia Nacional de la Historia
17
A fines de mayo y principios del junio, el congreso argentino dictó las leyes militares para formar el ejército
nacional. Estaría formado por 10.000 soldados de línea existentes, algunos “enganchados” y condenados a
“servir las armas” la mayor parte, y 15.000 “guardias nacionales”. La Guardia Nacional estaba compuesta por
toda la población masculina comprendida entre los 17 años y los 45 años los casados, y los 50 años los
solteros. La totalidad de los 15.000 hombres estaría integrada por “contingentes” provenientes de cada
provincia en forma proporcional a su población, y si no encontraran el número suficiente se podría recurrir a
los “enganches” mediante paga. Ley Nro. 131 (02/06/1865) "Ejército de veinticinco mil hombres para la
guerra con el Paraguay". Leyes Nacionales, Tomo II, Librería La Facultad, Buenos Aires (1918), AGN.
cuerpo de ejército de cinco mil hombres, 18 a diferencia de las demás provincias que debían
reunir dos batallones de quinientas plazas cada uno. Las tropas entrerrianas debían situarse
en un punto fronterizo en retaguardia de la provincia de Corrientes hasta tanto el presidente
se pusiera al frente de todas las fuerzas nacionales.19

Los dirigentes del gobierno nacional tenían una percepción optimista sobre la guerra,
pensaban que duraría poco tiempo y que muy pronto podían reunir una fuerza superior a los
22 mil hombres para marchar sobre el territorio correntino.20 Una vez que Mitre dejó
inaugurado el Congreso Nacional, dejó a su vicepresidente, Marcos Paz, a cargo del Poder
Ejecutivo y marchó con sus fuerzas a Entre Ríos para asumir el mando como jefe de las
fuerzas de la Triple Alianza. Ya en Concordia, con el objetivo de intercambiar cuestiones
tácticas, arregló una entrevista con Urquiza para el 3 de julio, quien se encontraba con sus
tropas en el campamento de Basualdo.

Aún no se habían reunido cuando Mitre recibió la noticia del desbande de las tropas
entrerrianas. Benjamín Virasoro, Benjamín Victorica y Manuel Caraballo fueron los
encargados de informarle personalmente lo que había ocurrido y también el propio Urquiza
le envió una carta confidencial con la explicación de los sucesos. Le informaron que ante lo
ocurrido la reunión no podía realizarse, ya que Urquiza había regresado al campamento a
ocuparse del problema.

Al conocer sobre el desbande de las tropas entrerrianas, Mitre le envió una carta al
vicepresidente Marcos Paz, donde le comunicaba que, según Virasoro, Urquiza iba muy
quebrado pero que a pesar de todo tenía confianza y que si no se desmoralizaba, podría

18
Carta de Mitre a Urquiza, Buenos Aires, 17 de abril, 1865, Archivo Mitre. “Guerra del Paraguay”, Tomo
II, Buenos Aires, 1911, pp.112.
19
Como plantea Pablo Buchbinder la provincia de Corrientes fue el escenario mismo de la guerra en territorio
argentino, un escenario que puso en relevancia que el conflicto no puede analizarse como una contienda
meramente internacional, en Buchbinder, Pablo, Caudillos de la Pluma y hombres de acción . Estado y política
en Corrientes en tiempos de la organización nacional. Buenos Aires: UNGS-Prometeo, 2004.
20
Carta de Mitre a Urquiza, Buenos Aires, 24 de mayo, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo
II, Buenos Aires, 1911, pp 151.
impedir el mal que afectaba a esa provincia y concurrir más eficazmente que antes a las
operaciones de la guerra.21 Sin embargo, también le expresó que:
“Por supuesto que el general Urquiza como caudillo ha caído en Basualdo, y que una
revolución se ha operado en Entre Ríos, revolución que tendrá su repercusión más tarde,
pues por lo que es hoy, el resultado es puramente negativo para los que indirectamente lo
han promovido, explotando el egoísmo y las preocupaciones del soldado. Sin que esto
quiera decir que ese hecho no tomase las formas alarmantes de una reacción si no se
adoptasen las medidas eficaces para prevenirla.”22

En la perspectiva de Mitre, Urquiza había perdido poder porque los desbandes ponían de
manifiesto una reacción contra el caudillo, promovida por sectores que tenían la capacidad
para “explotar” las motivaciones individualistas de los soldados, que si bien habían
fracasado, seguían siendo una amenaza si no se adoptaban medidas eficaces. Los soldados
no se movilizaban en forma autónoma, sino manipulados por quienes conspiraban contra el
comandante entrerriano. Asimismo, más adelante continuaba:
“El general Urquiza, con menos poder personal que antes, tiene hoy en Entre Ríos un
poder moral cual nunca lo ha tenido, pues además del partido que siempre le ha de seguir
en todos los caminos, es en su provincia el representante de la causa argentina, y el
defensor del honor nacional, al cual se halla vinculada no sólo la seguridad de su
territorio sino la garantía del orden local en lo presente y lo futuro, pues todos
comprenden que, eliminando su influencia, esta provincia sería un caos en que los
caudillejos se tomarían a puñaladas, para ser dominados por cualquiera que fuese
vencedor.”23

Claramente Mitre reconoce a Urquiza como un representante de la “causa argentina” en su


provincia, y si bien expresa que el partido lo acompaña, resulta interesante marcar el
contraste que plantea Mitre, entre el poder personal debilitado de Urquiza y su mayor poder
moral que tiene su fuente de legitimidad en la adhesión al orden nacional. De esa unión

21
Carta de Mitre a Marcos Paz, Concordia, 10 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo
V, Buenos Aires, 1911, pp 234.
22
Idem, pp.235
23
Idem, pp. 236
depende no sólo la seguridad del territorio sino la garantía del orden local entrerriano en el
presente y el futuro.

Estas afirmaciones nos permiten señalar dos cuestiones, por un lado, la representación de la
“causa argentina” que le atribuye Mitre a Urquiza es lo que vuelve al líder entrerriano una
figura clave como interlocutor para las autoridades nacionales, al mismo tiempo que opera
como garantía del orden interno provincial y la otra cuestión está vinculada al significado
de la guerra y al rol que le asigna como defensor del honor nacional.

Con respecto al primer punto, ha sido señalado24que Urquiza lideró una postura dentro del
federalismo entrerriano que sin perder de vista los intereses locales, adoptó una estrategia
de negociación con el gobierno nacional en contraste con otros grupos, que también, dentro
del federalismo provincial comenzaron a manifestar una visión distinta sobre cómo debía
construirse un espacio nacional defendiendo la autonomía provincial, que en este contexto,
se expresó fuertemente en su oposición a la guerra.25 El gobierno de Mitre no reconocía a
estos últimos grupos como interlocutores y de hecho el propio presidente y algunos de sus
colaboradores pensaban que entre ellos se encontraban los instigadores o promotores del
desbande.26Para las autoridades nacionales Urquiza es el representante de la causa nacional
y de su adhesión depende su legitimidad y el orden interno de su provincia.

La otra cuestión está vinculada al significado de la guerra. Mitre presenta a Urquiza como
el defensor del honor nacional: él es quien ha convocado a las tropas entrerrianas para
reivindicar el honor de los argentinos mancillado por la invasión paraguaya al territorio
nacional, no a la provincia de Corrientes. En ese sentido, la guerra cumple un rol central en
la afirmación de la identidad nacional ya que se propone como el modo de dejar atrás las
24
Schmit, Roberto (2010), “El poder político entrerriano en la encrucijada del cambio, 1861-1870” en,
Bragoni, Beatriz y Míguez, Eduardo (coordinadores), Un nuevo orden político. Provincias y Estado Nacional,
1852-1880, Buenos Aires, Biblos, pp-119-145.
25
Olegario de Andrade y José Hernández son dos de las figuras de la élite letrada más trascendentes que
plantearon su oposición a la guerra y que luego estarían vinculadas al jordanismo. Al respecto puede verse:
Halperin Donghi, Tulio; José Hernández y sus mundos, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1985
26
En una carta dirigida a Juan A. Gelly y Obes, Mitre le informa sobre las explicaciones que ha recibido
sobre el desbande por parte de los enviados de Urquiza y agrega: “El general Urquiza ha sido víctima de
miserables intrigas de algunos de sus jefes, entre los que parece haber sido cabecilla López Jordán.” Carta
de Mitre a Juan Andrés Gelly y Obes, julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo III, Buenos
Aires, 1911. También aparecen mencionados Benjamín Virasoro, Manuel Navarro, José Ignacio Espíndola,
Dolores González y otros oficiales.
discordias del pasado, para reafirmar la unión de las provincias en contra de un enemigo
exterior. A ese llamado ha respondido con lealtad el general Urquiza. Por esa razón, Mitre
le ofreció el apoyo del gobierno nacional para que procediera “con energía” y le expresaba
que no era necesario que intentara reunir iguales fuerzas que bastaban tres mil o cuatro mil
hombres. Y le comentaba a Marcos Paz que así sería más útil:
“(…) un general de división y no una entidad al frente de un fantasma como el que se ha
disipado en Basualdo, tal vez para fortuna nuestra después de lo que hemos visto que
encerraba. Por lo que hemos visto es mejor que esa fuerza se haya deshecho antes de que
nos hubieran abandonado o traicionado (…) porque su espíritu no estaba formado y al
contrario nos era hostil.

Hoy la reacción que se opera, no dudo que va a producir un nuevo sentimiento que dará
razón de ser a los esfuerzos del patriotismo vinculando el interés local al de la nación, y
estimulando el entusiasmo de la provincia en el sentido de concurrir a una guerra justa y
gloriosa en la que todos irían a pelear en la defensa del territorio menos los
entrerrianos.”27

Alarmado por los sucesos de Basualdo, Marcos Paz, a cargo del Poder Ejecutivo Nacional,
se reunió con los ministros. En carta a Mitre le informaba que había decidido armar un
cuerpo de ejército, mayormente de caballería, en la ciudad de Rosario bajo las órdenes de
Emilio Mitre. El objetivo era asegurar Santa Fe, donde no sería extraño intentasen hacer
algo los de Entre Ríos. Marcos Paz temía que la sedición se extendiera entre los
contingentes y opinaba que deberían reunir ocho mil o diez mil hombres para imponer
respeto a los descontentos entrerrianos.28

Por su parte, Guillermo Rawson, ministro del interior, se dirigió a Mitre para expresar sus
reparos con respecto a la convocatoria de las tropas entrerrianas. Señalaba tres puntos: por
un lado, que la fuerza que Urquiza quería reunir era excesiva, por otro, que la organización
y denominación de “ejército entrerriano” iba en contra del tenor de la constitución nacional
y contra las conveniencias políticas y por último, no se explicaba la elección de Calá como
27
Carta de Mitre a Marcos Paz, Concordia, 10 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo
V, Buenos Aires, 1911, pp.236-237
28
Carta de Marcos Paz a Mitre, Buenos Aires, 11 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”,
Tomo V, Buenos Aires, 1911, pp.239.
punto de reunión de las fuerzas, cuando estaba el campamento general del ejército nacional
a tan corta distancia pudiendo integrarse sucesivamente por batallones. Por consiguiente,
afirmaba:
“El espíritu de la provincia es hostil porque así lo han formado la prédica de unos y la
culpable tolerancia de otros. (…) De suerte que su organización en ejército aislado del
nacional y respirando aquella atmósfera deletérea, no permite esperar que sean de alguna
utilidad en la hora del conflicto; antes serian una amenaza constante, o por lo menos, un
motivo serio de zozobra para los que exponen su honor y su vida en la contienda”.29

No obstante las objeciones de los miembros de su gabinete, desde el cuartel general de


Concordia, Mitre le comunicaba a Rawson a través de una carta a Marcos Paz, en la que
respondía también al general Juan Andrés Gelly y Obes y a Rufino Elizalde, sus
impresiones de los sucesos de Basualdo. En ella expresaba que comprendía bien la
gravedad y el alcance de lo sucedido y que había considerado que no debía quedar impune,
tanto por el honor y el crédito de la administración nacional, cuanto por la moral del
ejército. No obstante, estaba convencido, porque había recibido detalles de lo ocurrido de
centenares de personas, “de que lo que allí ha ocurrido ha sido un verdadero motín
anónimo” y que era muy difícil averiguar sus autores por medios legales. Por tal motivo,
consideraba que no era posible proceder de otra manera que apoyando al general Urquiza:
“Necesito aprobar su proceder para darle el apoyo moral necesario para sus trabajos.
Cuando se trata de sublevaciones u otros actos análogos cometidos por los guardias
nacionales, como era el caso, de todos los que formaban parte del ejército entrerriano, no
se puede castigar con todo el rigor de las ordenanzas, es político y más adecuado a los
intereses del país facilitar los medios de reparación. (…) Por las circunstancias especiales
de esta provincia, no podemos castigar a los criminales, ni reorganizar sus elementos
militares, ni aún, en el peor caso, neutralizarla sino valiéndonos del mismo Urquiza. Si
Urquiza reúne nuevas fuerzas, manifestará más poder que prescindiendo del hecho, el
gobierno nacional no se mostrará así vencido, ni su autoridad aparecerá desconocida”30
29
Carta de Rawson a Mitre, Buenos Aires, 23 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo V,
Buenos Aires, 1911, pp.13
30
Carta de Mitre a Gelly y Obes, Concordia, 14 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo
III, Buenos Aires, 1911, pp.38-39
Para Mitre quedaba claro que no podían prescindir de Urquiza y que la articulación del
gobierno nacional con la provincia dependía de la reafirmación del poder del líder
entrerriano.31 Ahora bien, en una carta personal que le escribió a Gelly y Obes, sostenía que
el general Urquiza:

“…de buena fe está dispuesto al bien, pero que a esta altura de la situación, ni comprende
de más cosas que las viejas que pasaron de moda hace muchos años. Pero es importante
que concurra moralmente, para honor del país y confianza de los aliados, aunque no ha de
tirar un tiro en esta ocasión.” 32

Si bien las autoridades nacionales dudaban sobre las fuerzas que pudiera volver a reunir
Urquiza, Gelly y Obes le manifestaba a Mitre la importancia de la participación de todos
los contingentes de las provincias en la guerra, así afirmaba:
“La ausencia del contingente entrerriano, deja en las filas del ejército de la República, un
vacío que es indispensable que sea llenado tan luego como sea posible, porque es
necesario que cada una de las provincias esté representada en la defensa del honor
nacional ofendido y que tenga igual participación en los sacrificios y las glorias
comunes.”33

Las fuerzas entrerrianas fueron nuevamente convocadas. Tres meses después de los sucesos
de Basualdo, se encontraban en el campamento de Yuquerí preparadas para marchar hacia
Arroyo Toledo. Urquiza mantenía una fluida correspondencia con Mitre por cuestiones
tácticas, y esperaba sus órdenes para seguir hacia el norte, cuando en la noche del 4 de

31
En este contexto, desahuciar a Urquiza y reprimir militar y judicialmente por el fuero federal a la provincia
de Entre Ríos (como en La Rioja o San Luis) hubiera significado para Mitre, abrir un frente de conflicto
frontal con un territorio muy cercano al escenario bélico y que la guerra pudiera convertirse en una guerra
civil antes que en una contra un enemigo externo.

32
Carta de Mitre a Gelly y Obes, Concordia, 24 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo
III, Buenos Aires, 1911, pp. 47
33
Carta de Gelly y Obes a Mitre, Buenos Aires, 15 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”,
Tomo II, Buenos Aires, 1911, pp.228.
noviembre se inició el segundo desbande de las tropas de Entre Ríos en el campamento de
Toledo. Unos días después, Urquiza le comunicó a Mitre, en una carta confidencial, los
nuevos sucesos, reconociendo su desaliento e impotencia:
“Mi querido presidente y amigo: Temo que sean tan estériles mis esfuerzos y mis
sacrificios para concurrir a la guerra de una manera honrosa para esta provincia. Me
cuesta sufrir tan cruel desengaño; V.E. puede considerar que todo me sería preferible a la
necesidad de darle cuenta de tan fatal circunstancia.”34

Notificado Mitre de los acontecimientos, desde el cuartel general establecido en Costa del
arroyo Vatel, se comunicó con Marcos Paz, a quien le adjuntó la carta confidencial de
Urquiza. En términos de las necesidades operativas del ejército aliado y la retirada de las
tropas paraguayas del territorio correntino, le expresaba que podría prescindir del
contingente de Entre Ríos, y de hecho, le hubiera ordenado licenciar las tropas en su
totalidad. Sin embargo, consideraba que dadas las circunstancias, esa provincia debía
cumplir con sus deberes en la lucha nacional, ya que el crédito de la república se
encontraría dañado si una de las provincias más importantes se rebelaba contra las órdenes
de la autoridad nacional.35 Por ese motivo le escribió a Urquiza impartiéndole nuevas
órdenes:
“(…) reconociendo que V.E. ha procedido con todo acierto y energía para contener el mal,
debo manifestarle, que la circunstancia referida de la retirada del enemigo, los triunfos
alcanzados sobre el por la parte del Uruguay, y el estado y poder del ejército aliado a mis
órdenes, no hacen ya tan indispensable la incorporación del contingente de esa provincia
en el número ordenado; y aun cuando podría absolutamente prescindirse de él, en vista de
los hechos ocurridos, el honor de la República y el crédito de la misma provincia de Entre
Ríos, hacen indispensable que ella sea dignamente representada en este ejército con un
contingente de sus leales y valientes hijos.”36

34
Carta de Urquiza a Mitre, Toledo, 11 de noviembre, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II,
Buenos Aires, 1911, pp.245.
35
Carta de Mitre a Marcos Paz, Costa de Vatel, 17 de noviembre, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del
Paraguay”, Tomo III, Buenos Aires, 1911, pp.
36
Mitre a Urquiza , Costa de Vatel, 14 de noviembre, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II,
Buenos Aires, 1911, pp 247-248
En consecuencia, Mitre le ordenó a Urquiza que dispusiera de una división de caballería,
de mil hombres, dos batallones de infantería y un escuadrón de artillería con sus respectivas
piezas para incorporarse al ejército nacional a la brevedad.

Las dificultades internas le impidieron a Urquiza enviar la totalidad de las fuerzas


solicitadas. En enero partieron de Paraná dos batallones de infantería y el escuadrón de
artillería, que llegaron a comienzos de marzo al cuartel general de Ensenadita. Desde allí,
Mitre le comunicó a Urquiza que la fuerza de la provincia de Entre Ríos ya estaba integrada
al ejército nacional para completar su instrucción de manera que el día del combate pudiera
participar a la par de los demás cuerpos. En la carta le expresaba su reconocimiento:
“He hecho ya la debida justicia a los patrióticos y recomendables esfuerzos de V.E para
reunir, organizar y remitir al ejército argentino, el contingente que acordamos
contribuyese a esta guerra la provincia de Entre Ríos, estos esfuerzos son tanto más
meritorios cuanto que V.E, ha tenido que luchar con serios inconvenientes para llegar al
fin que se ha arribado. El honor y el crédito de esa provincia y de su gobierno, han
quedado bien puestos, y es un acto de justicia que lleno como un agradable deber repetirle
que a V.E es debido en gran parte tan satisfactorio resultado.”37

El empeño en contar con las fuerzas entrerrianas, evidencia la importancia que tenía para
Mitre la incorporación de los contingentes de las provincias al ejército nacional para
combatir en la guerra del Paraguay. Desde su perspectiva, la guerra contra un enemigo
exterior, debía desvanecer las luchas entre facciones, partidos y provincias y estimular la
unión argentina. La deserción de las tropas entrerrianas era minimizada porque el tiempo de
las discordias había pasado, los hombres desbandados no representaban los intereses de la
nación, ni siquiera los de su provincia. Los soldados habían sido conducidos por
instigadores de las luchas facciosas, enemigos de la causa nacional.
De esta manera, con las invocaciones a la unión nacional, Mitre legitimaba la supremacía
del comando militar del Estado nación por sobre las provincias. En una carta a Urquiza,
expresaba que una vez que las fuerzas entrerrianas tomaran conocimiento que los primeros
contingentes que se incorporaron al ejército “fraternizaron y se llevaron en entera unión y
37
Mitre a Urquiza , Cuartel general, Ensenadita, 3 de marzo, 1866, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”,
Tomo II, Buenos Aires, 1911, pp 262
concordia con sus hermanos de las demás provincias argentinas”38se sentirían estimuladas
a prestar de buen grado sus deberes con la nación.
Sin embargo, a Urquiza le llevó casi un año reunir el contingente que su provincia prometía
aportar a la guerra con el Paraguay, es que para algunos sectores el conflicto internacional
comprometía identidades y alineamientos políticos internos.

La perspectiva de Urquiza

Unos días antes de la invasión paraguaya a Corrientes, Urquiza le escribió a Mitre


ofreciéndole su mediación para lograr un acuerdo entre Paraguay y Brasil:
“Estoy para ello a las órdenes de V.E. y nada sería para mi más satisfactorio que obtener
el restablecimiento de la paz en esta parte de América y hacer salir airoso en su iniciativa
al primer magistrado de mi país.”39

Urquiza no imaginaba que la guerra iba a tocar tan pronto el territorio argentino, pero en su
carta ya reconocía a Mitre como jefe de la nación y se ponía a sus órdenes. Esta posición,
que mantuvo a lo largo de todo el conflicto evidencia una solidaridad con la nación y el
gobierno nacional que proclamó, tal como plantea Halperín Donghi, “más explícitamente
que nunca en el pasado”.40Así, notificado por Mitre acerca de la invasión paraguaya, le
escribía:
“Ha llegado el momento en que las palabras deben hacer lugar a los hechos. Nos toca
combatir de nuevo bajo la bandera que reunió en Caseros a todos los argentinos. Me
congratulo de ello porque la felicidad de esta campaña fiada al tino y al patriotismo de
V.E mientras dará gloria a la República puede dar por resultado seguro extirpar del todo
las disensiones políticas que antes han dividido al país.”41

38
Mitre a Urquiza, Rincón de los Zeballos, 4 de diciembre, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”,
Tomo II, Buenos Aires, 1911, pp.250.
39
Urquiza a Mitre, Uruguay, abril, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II, Buenos Aires,
1911, pp. 112.
40
Halperin Donghi, Tulio, Una nación para el desierto argentino, Buenos Aires, CEAL, 1982, pp.75.
41
Urquiza a Mitre, Uruguay, 19 de abril, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II, Buenos
Aires, 1911, pp. 114.
Para Urquiza, la guerra requería la participación de todos los argentinos y la eliminación de
las divisiones políticas internas. Si algunos sectores esperaban que el jefe nacional del
federalismo abandonara la lealtad que había manifestado desde Pavón con el gobierno
mitrista, su respuesta fue inequívoca. Para el líder entrerriano, la agresión externa le daba a
la guerra una dimensión nacional.

A partir de ese momento Urquiza se comprometió a aportar el mayor contingente de tropas


provinciales, en el que iba incluida la gloriosa caballería entrerriana. El éxito del
reclutamiento fue celebrado en Corrientes donde la movilización de tropas había
encontrado mayor resistencia.42 Sin embargo, a pesar del éxito de la convocatoria también
en Entre Ríos se plantearon algunos cuestionamientos que el gobierno provincial consideró
una falta de patriotismo hacia los ciudadanos que defendían la causa nacional.43

En la madrugada del 4 de julio, mientras Urquiza se encontraba en la estancia de Gregorio


Castro para dirigirse al encuentro con Mitre en Concordia, recibió tres notas, con el mismo
contenido, que le informaban que en el campamento de Basualdo las tropas habían
comenzado a desbandarse. Los partes están firmados por Benjamín Virasoro, Mariano
Querencio y Pedro Martínez. Según informaban, a la noche se oyó una gritería de vivas y
un grupo de soldados de las divisiones de Nogoyá y Victoria, comenzaron a irse hacia el
campo, en dirección a Entre Ríos, con sus armas y municiones. 44 Ante estos
acontecimientos, Urquiza decidió regresar al campamento de Basualdo y desde allí envió
una carta confidencial a Mitre donde exponía su opinión sobre las causas que provocaron el
desbande:
42
“La impopularidad y la resistencia a la contienda en Corrientes, siempre causaron, por otra parte,
especial preocupación por parte de quienes conducían los ejércitos de la alianza (…) múltiples testimonios
señalan la falta de resistencia que opusieron vastos sectores de la sociedad correntina a la invasión
paraguaya.” Buschbinder, Pablo, op. Cit. 149-150.
43
El gobernador José María Domínguez le escribe al Ministro de Guerra informándole que habían apresado
en Concordia a Juan Coronado, un individuo que se encargaba “en desacreditar la causa nacional de
manera subversiva, desmoralizando a los ciudadanos que marchan a sostener la honra nacional” y
dificultando el reclutamiento. Bosch, op. Cit. pp217. También se planteaba la oposición a la guerra y al
reclutamiento a través de la prensa. Evaristo Carriego, redactor de El Litoral, fue acusado por el jefe político
de Paraná por sus “publicaciones anárquicas”, haciendo referencia a dos sueltos antimitristas publicados el 15
y 17 de junio. Citado por Chávez, Fermín, op cit. 144.
44
Virasoro, Querencio, Martínez a Urquiza, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II, Buenos Aires,
1911, pp. 218-220.
“Pero los falsos rumores de mi viaje, las producciones de la prensa recordando nuestra
antiguas disensiones torpemente comentadas, la bebida agitando todo, esto quizá y otras
causas han producido un desorden que tal vez no hubiese ocurrido estando aquí, o que
hubiese contenido a mejor tiempo.”45

En la explicación de los motivos hay una minimización de lo ocurrido, que califica como
un “desorden”. Si bien menciona en primer y segundo término, los “falsos rumores” de su
viaje y la prensa explotando las “antiguas disensiones”, con lo cual reconoce el malestar
que generaba su nuevo alineamiento político, todos los factores parecen tener el mismo
peso “agitados” por la bebida y, fundamentalmente, considera que hubieran sido
neutralizados con su presencia en el campamento. Sin embargo, continuaba diciendo en la
misma carta:

“Siempre conseguí hacer regresar grandes grupos pero como se habían ido muchos, y
algunos leales servidores que sólo el extravío del momento ha podido arrastrar, he creído
conveniente mandar a los jefes y oficiales de las fuerzas que habían sufrido el desbande,
con las que quedaban para que traten de volver a venir. Entrar a perseguir, sería quizá
provocar la montonera, lo que no ha de suceder, tenga completa confianza en ello. Tengo
la fe en volver a reunir mayor número que el que se ha ido.”

De hecho, Urquiza, consiguió hacer regresar algunos grupos, pero la magnitud del
desbande, junto a la presencia de “leales servidores”, lo llevó a decidir el licenciamiento de
todas las tropas para volver a convocarlas más adelante. Hasta este momento, conservaba la
confianza en su liderazgo y en la adhesión de su pueblo. En una carta dirigida al coronel
Manuel Navarro, le aseguraba que no dudaba de la lealtad de “sus” entrerrianos, que no
olvidaban los veintitrés años de constantes esfuerzos para llegar a donde se encontraba la
provincia y proseguía:
"Cuando digo que la cuestión de hoy, no es cuestión de partido, sino una cuestión
eminentemente nacional es porque se ha mansillado el honor de la patria a quien todos
nos debemos. Y si estoy al lado del Presidente de la Nación, es porque nosotros debemos

45
Urquiza a Mitre, 5 de julio, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II, Buenos Aires, 1911,
pp.220-221.
hacer efectivo el grandioso pensamiento de mayo de 1851 consignado en la Constitución
Federal que los pueblos argentinos se dieron en 1853.” 46

La guerra no es cuestión de partidos, por encima de ellos se encuentra la nación. La


Constitución de 1853 da base jurídica al poder nacional y son sus principios los que resalta
Urquiza en este momento político. Su alineamiento con Mitre queda justificado en la
defensa del honor de la patria. A sus jefes políticos les pide que tengan confianza en él,
porque en el último tercio de su vida no va a cometer una infamia conduciendo su pueblo a
la ruina. 47
Sin embargo, no resultó fácil la segunda convocatoria, entre los meses de julio y noviembre
los jefes políticos trabajaron activamente para volver a concentrar las fuerzas. El desbande
de Arroyo Toledo sorprendió a Urquiza en su propia presencia. Ya desde su residencia en
San José le escribió a Marcos Paz una extensa carta para informarle lo ocurrido. Le
explicaba que las noticias sobre la retirada del enemigo a Paraguay con la idea de que no
hacía falta llevar la caballería motivó la decisión de desmontarla. Según su informe, este
hecho, perturbó la moral de las tropas que empezaron a desbandarse. La orden de licenciar
se dio a tiempo de contenerlo “cuando sólo faltaban ocho cientos hombres”. Hubiera
podido continuar la marcha pero comprendió, que en estas circunstancias, era más
importante para la nación, reforzar el orden y la paz en la provincia que agregar fuerzas al
ejército aliado. Su principal temor era que la dispersión y la persecución ordenada a los
desertores promovieran la anarquía y la montonera, si él se alejaba de la provincia. Se
comprometía a castigar a los promotores y enviar a los demás a engrosar los cuerpos de
infantería y artillería. Concluía la carta afirmando:
“Puede V.E estar tranquilo de que si esta provincia no concurre, como yo hubiese
deseado, a la guerra, no causará a la Nación conflicto alguno, respondo de su orden y
tranquilidad interior…”48

46
Urquiza a Manuel Navarro, San José 21 de julio, 1865, Fondo Urquiza, AGN.

47
Idem.
48
Urquiza a Marcos Paz, San José, 3 de diciembre, 1865, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II!,
Buenos Aires, 1911, pp.408.
En estas circunstancias, la participación del contingente entrerriano en la guerra, quedó
subordinado al restablecimiento del orden al interior de la provincia. En consecuencia,
Urquiza comisionó a diversos jefes del ejército entrerriano 49a tomar las medidas necesarias
para corregir los desórdenes que el desbande pudiera ocasionar y perseguir y capturar a los
desertores. Los promotores o los que estaban ligados con circunstancias agravantes debían
ser fusilados y el resto integrados a los cuerpos de infantería y artillería. Hubo ejecuciones
y persecuciones en toda la provincia y en los meses siguientes fueron remitidos a San José
individuos capturados por las autoridades militares y civiles. Finalmente, el 20 de enero de
1866, ocho meses después de la primera convocatoria, Urquiza envió los contingentes con
las tropas entrerrianas desistiendo de participar personalmente en la guerra. Cuando los dos
batallones50 fueron remontados, le escribió a Mitre:

“Estoy satisfecho de haber logrado que la provincia cumpla con su deber, aunque no sea
la forma que yo hubiera deseado, y permitiéndome en persona acreditarle lo que tantas
veces le dije, que sabría ser buen subalterno del que fue mío en Caseros, honrándome en
esta campaña, así, tanto, como en aquella, tan justa como lo será gloriosa.
La provincia queda moralizada y tranquila, yo espero que podrá servir aún
importantemente a la conservación del orden en la República y del prestigio de la
autoridad que V.E. inviste”51

Nos parece interesante señalar como a lo largo del proceso se produce un viraje en el rol
que Urquiza pretendía tener en la guerra: desde agente diplomático o mediador al de
solícito militar subalterno Más llamativo resulta, todavía, la coincidencia de miras con

49
Comisiona a los generales: Almada en Gualeguaychú, a Urdinarraín en Gualeguay, a Galarza en Victoria y
Nogoyá, y a López Jordán en Paraná y La Paz.
50
Fue una labor ardua formar los batallones de artillería e infantería que sumaron poco menos de 800
hombres, muchos eran desertores capturados luego del desbande de Toledo. Las tropas fueron llevadas por el
propio Urquiza desde San José acompañado por Pedro González y Simón de Santa Cruz como coroneles al
mando. A principios de marzo arribaron al cuartel general de Ensenadita incorporándose como batallones nro,
2 y 3 de las guardias nacionales.
51

Urquiza a Mitre, San José, 20 de enero, 1866, Archivo Mitre, “Guerra del Paraguay”, Tomo II, Buenos
Aires, 1911, pp.261.
Mitre sobre su propio rol. Es así, que aún reconociendo que el contingente entrerriano
estaba lejos de ser lo que había deseado, no dejaba de expresar su satisfacción por el deber
cumplido y el restablecimiento del orden en la provincia. En este punto, otra cuestión clave
para mencionar es que la acción represiva corrió a su cargo y no de fuerzas externas a Entre
Ríos. La provincia quedaba moralizada y tranquila, sin embargo, el triunfador de Caseros,
se ubicaba como un buen subalterno del vencedor de Pavón…

La perspectiva de los jefes políticos

Como hemos dicho, inmediatamente que se conoció la noticia de la invasión paraguaya, los
jefes políticos departamentales52 recibieron la orden de convocar las tropas para reunirlas en
el campamento de Calá. Ellos estaban en contacto estrecho con los oficiales intermedios
que tenían una relación más cercana con los soldados y fueron quienes brindaron los
informes de lo que iba aconteciendo. Uno de los principales protagonistas, por la prolífica
correspondencia que mantuvo con Urquiza y con el gobernador de la provincia José María
Domínguez durante los sucesos, fue el coronel y jefe político de Nogoyá, Manuel Navarro.
En una carta redactada unos días después del desbande de Basualdo, le describió al
gobernador provincial los sucesos. En principio comentaba que todos los jefes de división
como él, fueron llamados por el capitán general para comunicarles que ese mismo día, 3 de
julio, Urquiza había partido para entrevistarse con Mitre y dejaba al general Benjamín
Virasoro al frente del de ejército. Expresaba que:”Esa noticia circuló en todo el Ejército, al
parecer sin que causase impresión alguna” 53Sin embargo, proseguía relatando que en la
noche, después del toque de silencio, el jefe de su cuerpo le informó que salían grupos de
cincuenta y cien hombres, del 2do Regimiento de la división, al que se iban sumando otros,
pasando entre los claros de los escuadrones gritando:

” ¡Vivas! Al General Urquiza y ¡Mueras! Al Presidente de la República. Ese mismo


pelotón de gente se paró en el centro de mi División y allí les empezó a hablar a mis
soldados, diciéndoles:”Compañeros, el Capitán General se ha ido a su casa y es necesario
52
Los jefes políticos tenían un papel clave como articuladores de las relaciones entre el gobernador y los
sectores subalternos. Si bien en este momento el gobernador de la provincia era José María Domínguez, este
le reportaba inmediatamente a Urquiza. Sobre la importancia y funciones de los jefes políticos ver Roberto
Schmit, (2008), (2010), y capítulos 2 y 4 del presente libro.
53
Carta del coronel Manuel Navarro a José María Domínguez, Nogoyá, 10 de julio, 1865, Legajo Urquiza,
AGN.
que también nosotros nos vamos, no sean tontos, no se dejen engañar”. Entonces se
pusieron a ensillar, casi a la vez, como 200 hombres, que fueron también a formar a
retaguardia dando entusiastas vivas al Capitán General”.54

De su testimonio surge la importancia asignada a los rumores que generó la partida de


Urquiza, como una causa de los desbandes. Los jefes de división estaban informados sobre
la reunión del general entrerriano con Mitre en Concordia, ya que se estaba preparando
desde tiempo atrás. Probablemente, entonces, que las tropas aceptaran la idea de que
Urquiza se había vuelto a su casa, y los vivas a su persona y mueras a Mitre, expresan lo
que los soldados esperaban del caudillo, y reflejan como entendían las lealtades en este
contexto.55

La carta de Navarro seguía el relato de los sucesos contando que mientras estaba reunido en
el campamento con el general Virasoro, les llegó el parte que las divisiones de Victoria y
Nogoyá se iban sublevadas, empezando a desertar, ya de día, la de Gualeguay. Virasoro le
ordenó que les dijera que si desertaban y volvían a la provincia no cometieran desórdenes y
proseguía: “Ese mandato no lo quize obedecer, porque no me pareció prudente. Ni mandé
oficial alguno, ni tampoco dije palabra a los soldados, pues, estaba seguro que al
hablarles no iba a quedar ni uno solo.”56

El reclutamiento de tropas había sido muy exitoso en relación con otras provincias, ahora
bien, los soldados entrerrianos tomaron la decisión de irse del campamento en masa y los
jefes de división y el propio Urquiza se vieron impotentes ante el hecho que aceptaron
como consumado.
Días después del licenciamiento de las tropas Manuel Navarro, le escribía a Urquiza desde
Nogoyá, reafirmándole su lealtad personal, “V.E debe estar convencido de que yo le
pertenezco, de que mi vida es suya; y por consiguiente V.E debe contar con seguridad, no

54
Idem.
55
De acuerdo con Ariel de la Fuente, durante la guerra, los rumores fueron una de las formas a través de las
cuales los federales se resistieron al reclutamiento De la Fuente (2007) pp. 227-228.

56
Carta del coronel Manuel Navarro a José María Domínguez, Nogoyá, 10 de julio, 1865, Legajo Urquiza,
AGN.
solamente con mi persona, sino con todos cuanto me pertenezcan.”57 Le garantizaba que
podía reunir las divisiones de Paraná, Nogoyá y Victoria cuando las llamara y como prueba
le adjuntaba cartas de sus subordinados entre los que estaban algunos de los sospechados de
instigadores del desbande. De acuerdo con Navarro, el contenido de las mismas reafirmaba
que: “los E.Rianos le pertenecen y que los sucesos pasados, son indudablemente
ocasionados por nuestros eternos adversarios. Cuando la toma de Corrientes por el Gral.
Paunero, la prensa de Bs.Ays. no tubo inconveniente en decir que los batallones, que se
habían batido allí, eran los mismos que en/Pabon habían quitado cuarenta piezas de
artillería a las chusmas coloradas. Esto u algo mas que se decía siempre, fue, a mi juicio
también lo que contribuyó mas eficazmente a producir descontento en el Ejercito.”58

En los meses siguientes frente a la nueva convocatoria, una preocupación de los jefes de las
divisiones fue afirmar su lealtad al general Urquiza y buscar una explicación de los sucesos.
Así, en varias cartas se adjudicaba la responsabilidad de los desbandes a la prensa porteña
que recordaba a los vencedores de Pavón sobre las “chusmas coloradas”, y hablaba de un
enfrentamiento entre los intereses nacionales contra el espíritu localista de las provincias,
alimentando antiguas rivalidades y el espíritu faccioso. En esa línea, Ricardo López Jordán
escribía:

“Te diré de paso que el desenfreno de la prensa de Bs Ays ha tenido buena parte de lo
ocurrido en Basualdo y sigue aún haciendo mucho daño. Si la cuestión – pues es
esencialmente nacional porque invocan a cada paso los vencedores de Pavón & & como tu
conoces y sobre todo con que derecho nos llaman localistas los que creen que la bien
aventuranza se encierra en la gran ciudad de Bs. Ays.”59

Tanto Manuel Navarro como Ricardo López Jordán fueron acusados por la prensa porteña
como promotores de los desbandes. “La Tribuna” y “La Nación Argentina” periódicos de

57
Manuel Navarro a Urquiza, Nogoyá, 28 de julio, 1865, Legajo Urquiza, AGN.
58
Idem.
59
Ricardo López Jordán a Félix Constanzó, Paraná, 28 de julio, 1865, Sección Manuscritos, Biblioteca
Nacional, Anexo Documental, en Bosch, op cit, pp.238.
Buenos Aires señalaron a estos oficiales y a otros de menor rango como autores de la
deserción y pidieron su castigo como traidores a la patria. 60 No es extraño entonces, que
estos jefes adjudicaran a la prensa porteña un rol clave en la explicación de los desbandes.
En palabras de Manuel Navarro:
“…creo sumamente peligrosos esos artículos, que en estas circunstancias sirven solo para
agriar a los hombres, y que podrían causar desgracias incalculables.”61

Debido a esta imputación a la prensa porteña, después del desbande de Basualdo, El


Nacional publicó un artículo, que con ironía, ponía en duda la lectura de los diarios por
parte de los soldados entrerrianos:
“Sabeís porqué se desbandó la división de Entre Ríos? Un jefe de Urquiza nos lo ha
repetido: por lo que contra este hombre hablan los diarios de Buenos Aires ¡Cómo me he
felicitado de tan plausible nueva! En Buenos Aires con cuatrocientas escuelas nuestros
gauchos no saben leer. Aquí con menos no hay soldado entrerriano que no sepa leer y
comentar un artículo de diario. Qué bueno está eso…”62

Sin embargo, se sabe que durante la guerra, en los campamentos de los aliados63 tanto como
en los paraguayos, circularon periódicos y surgieron diarios de trinchera que leían los
oficiales y que estaban dirigidos a los soldados. 64 Si bien, es difícil evaluar qué
conocimiento tenían las tropas entrerrianas en plena campaña sobre la prensa porteña y qué
impacto pudo tener la misma en los desbandes, es posible que la propia prensa federal

60
Manuel Navarro a Urquiza, Nogoyá, 30 de julio, 1865, Fondo Urquiza, AGN
61
Idem.
62
El Nacional, julio, 1865
63
Cándido López, el pintor de la Guerra, fue nombrado Teniente 1ro.cuando se incorporó al ejército porque
sabía leer, él pidió un cargo menor porque nunca había disparado un arma. En sus pinturas recreó la vida
cotidiana de las tropas en los campamentos y en varios de sus cuadros se ven escenas de soldados u oficiales
leyendo periódicos. Dada su intención de obrar como un cronista de la guerra, no debía ser una actividad
poco habitual. Ver Anexo de los cuadros al final del capítulo.
64
Luc Capdevila menciona que existía una prensa de guerra gubernamental que era repartida en el ejército.
Los redactores eran letrados patriotas que servían bajo bandera muy próximos a Solano López. Estos
periódicos estaban escritos en guaraní, estaban destinados a los soldados paraguayos. No obstante el autor
señala que la información pasaba fundamentalmente por la oralidad y los contextos de grupo. Capdevila, Luc,
op cit, pp.75-76,
entrerriana haya difundido esos artículos de los diarios porteños.65Probablemente, la
retórica descalificadora de la prensa porteña de las mismas fuerzas entrerrianas a las que se
les exigía contribuir en la guerra, afectó sobre todo a sus cuadros intermedios si todo el
tiempo les recordaban que debían subordinarse porque fueron vencidos en Pavón o eran
estigmatizados como localistas, traidores y analfabetos. Podemos pensar, entonces, que un
posible efecto fue irritar a los jefes intermedios que podían traducir esos discursos a la
oralidad, cumpliendo órdenes en abierta disconformidad.
En los meses siguientes al desbande de Basualdo, los jefes políticos de los departamentos
más afectados usaron todos sus recursos y medios para hacer volver a su gente. Enseguida
corrieron rumores de que había agitadores promoviendo la no concurrencia de las tropas. El
mismo coronel Navarro se quejaba de que hacía días que estaba acampando en María
Grande y que pocos hombres se estaban presentando, tanto, que algunos jefes y oficiales
llegaban solos. Le advertía a Urquiza, que eso se debía al éxito que estaban teniendo los
que “trabajaban” para que las tropas no asistieran y entre los instigadores mencionaba al
comandante Retamal, a Gerónimo Romero (alias el Chumbiao), al Alférez Mauricio
Godoy, todos hombres de López Jordán. A todos los acusaba de seducir a la gente,
incitándolos a no concurrir y pasarse a la división de éste:
“A todos estos pillos les ha sido fácil obtener éxito en sus trabajos, por que hacen
comprender a los soldados de que Ricardo no marcha, y V.E sabe bien que en
circunstancias como estas el que no marcha tiene siempre mas adeptos”66

Si bien, estas imputaciones reflejan que había grupos locales pensando en que López Jordán
podía asumir el liderazgo, representando otra alternativa para los federales entrerrianos, a lo
largo de todo el proceso de reclutamiento, éste se mostró leal y acatando las órdenes
impartidas por Urquiza.67

65
La prensa federal entrerriana tuvo un rol militante en contra de la Guerra y la conducción del gobierno
nacional, uno de esos periódicos fue El pueblo Entre-rriano(1862-1867) donde escribieron Olegario Víctor
Andrade, Francisco F. Fernández y Marcos Luis Funes y el periódico El Porvenir (1864-1867) fundado por
Olegario V, Andrade. Ambos clausurados en 1867.
66
Navarro a Urquiza, campamento en las puntas de la Cañada Grande, 23 de noviembre, 1865, Legajo
Urquiza. AGN.
67
Sobre la lealtad de López Jordán a Urquiza durante los desbandes y la convocatoria a las tropas, hay
evidencias en los hechos y los documentos. El tema ha sido tratado por Fermín Chávez, op. cit., pp. 146 a 149
Más allá de los rumores, de la acción de la prensa porteña, de los “trabajos” de quiénes
intentaban hacer fracasar el segundo reclutamiento, en la lectura de los jefes políticos se
percibe que las tropas plantearon su resistencia por motivos propios, que, consideramos,
estuvieron vinculados a un imaginario y una fidelidad política con lo que entendían era el
orden federal entrerriano.68

Los motivos de las tropas: una aproximación

El servicio de milicia y la guerra tuvieron un rol significativo en la conformación del orden


federal entrerriano. Como ha planteado Roberto Schmit, ambos fueron vitales para defender
y sostener el predominio militar de la provincia en la Confederación y al mismo tiempo
consolidar la gobernabilidad al interior del estado provincial. Pero, al mismo tiempo, en la
práctica, el servicio de milicia fue mucho más trascendente, porque constituyó el nexo
fundamental a través del cual los grupos dirigentes se vincularon con los sectores
subalternos.69
A medida que se incrementaban las necesidades de tropas y crecían las demandas de
guerra, sin recursos fiscales para sostener el ejército de línea, las autoridades utilizaron los
servicios militares como servicios a la patria, los cuales se convirtieron en el principal
recurso de aprovisionamiento de hombres y recursos materiales para el estado provincial.
Así, se fue estableciendo una negociación de servicios a cambio del reconocimiento de
derechos propios de los ciudadanos, que posibilitó a los sectores subalternos, el acceso a
bienes o el usufructo de tierras fiscales o de pastoreo, entre otras posibilidades.70

Al mismo tiempo, a través de los servicios a la patria y las experiencias colectivas que
resultaron del enrolamiento y las guerras federales se fueron desarrollando símbolos de
pertenencia y valores comunes que fueron conformando en las tropas un sentido de

68
Sobre el orden federal entrerriano y su crisis, ver Schmit Roberto, “Poder Político y actores subalternos en
Entre Ríos, 1862-1872”, Anuario IEHS 23, 2008, pp. 199-223, Schmit (2010), Schmit y Alabart, “Conflictos
políticos y justicia durante la crisis del orden federal en Entre Ríos, 1872-1874”, en Folia Histórica del
Nordeste, nro. 20, Resistencia, Chaco, Instituto de Investigaciones Geohistóricas, Facultad de Humanidades,
CONICET, 2012, pp. 49-72 y capítulos 3 y 4 de la presente edición.
69
Schmit Roberto, Ruina y resurrección en tiempos de Guerra, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2004.

70
Op cit, p. 182
identidad y pertenencia a la “familia entrerriana”. Lazos de solidaridad creados en los
combates por la defensa de la provincia. Urquiza, como el líder máximo en los servicios a
la patria, era considerado el “padre de la familia entrerriana”. Fue así, que su gobierno se
sostuvo sobre un fuerte poder de carácter personalista, un poder personal cimentado sobre
la fidelidad de los sectores subalternos en el intercambio de múltiples servicios y en las
experiencias comunes durante las campañas militares en defensa del federalismo. En ese
intercambio se fue conformando un imaginario cultural y político que sostenía el orden
federal entrerriano.71

¿Qué cambió en la década de 1860? Como es sabido a comienzos de 1860 se inició un


proceso de transformación institucional en Entre Ríos, que comenzó a modificar
profundamente las relaciones políticas y sociales entre las autoridades y los sectores
subalternos.72 En ese proceso resultó clave la aplicación de las Leyes de Tierras y de Vagos,
ya que ambas tuvieron un carácter socialmente excluyente y contribuyeron a profundizar la
pérdida de derechos consuetudinarios de los pobladores de la campaña entrerriana. 73 En ese
contexto de cambios, en el que comenzaron a modificarse las prácticas que habían
sostenido el orden federal provincial, se produjo el reclutamiento para la Guerra del
Paraguay.

Como hemos señalado, jefes políticos y comandantes militares de los departamentos


encabezaron las acciones para el reclutamiento. Si bien las milicias habían sido convertidas
en guardias nacionales, los mecanismos para la convocatoria de las tropas no habían
cambiado profundamente.74 Estar “bajo bandera” seguía significando un servicio

71
Schmit (2010) pp.204

72
Sobre el proceso de transformación institucional y como afecta las relaciones con los sectores subalternos,
Schmit, Roberto (2008) Schmit, y Alabart, (2011), y capítulo 4 de la presente edición.
73
Hemos tratado el impacto de las Leyes de Tierras y Vagos de 1860 en el capítulo 4 de la presente edición.

74
Un decreto provincial de julio de 1861 ordenaba el enrolamiento de todos los ciudadanos en la Guardia
Nacional de Infantería. Todo ciudadano residente en la capital, ciudades y villas debía presentarse en la
jefatura política de su departamento para ser enrolado en la Compañía de Infantería que le fuese asignada, y se
reunirían cada domingo para hacer ejercicios correspondientes por dos horas. Ante la inasistencia, una
circular posterior estableció penas para quienes no concurrieran cayendo la responsabilidad del cumplimiento
de las mismas en los jefes políticos Leyes y Decretos de la Provincia de Entre Ríos , Tomo VII- 1856-1861,
Biblioteca Instituto Ravignani.
obligatorio para la defensa de la tierra entrerriana. Los mecanismos de reclutamiento, los
términos de la negociación provenían de una tradición que permite entender el éxito de la
convocatoria. Sin embargo, en esta ocasión, las tropas fueron reunidas para participar en un
conflicto inédito, en una alianza con los antiguos enemigos: porteños y brasileños.75

Las guerras libradas a lo largo del siglo XIX tuvieron una dinámica regional que fue
generando tramas de vinculación y alianzas entre distintas facciones. Así, los blancos
uruguayos se encontraban unidos históricamente con los federales, y los liberales, como
antes los unitarios, se asociaban con los colorados y los brasileños. 76Este juego de alianzas
se había replicado en el reciente conflicto ocurrido en la Banda Oriental que tuvo un
impacto singular en el pueblo entrerriano con el sitio a la ciudad de Paysandú. Cuando se
convocaron las tropas a reunirse en el campamento de Calá, aun estaba muy vivo el
recuerdo de los bombardeos de la escuadra brasileña sobre los pobladores de la ciudad
vecina y muchos blancos uruguayos se refugiaron en Entre Ríos. 77Voces de protesta se
levantaron en la prensa, en las reuniones, en la correspondencia. El propio coronel Manuel
Navarro le envió una carta a Urquiza desde Nogoyá: “Mi querido general: Acabamos de
saber con profundo sentimiento la toma de Paysandú y la muerte de sus principales jefes.

75
Como ha sido señalado por la historiografía la guerra del Paraguay tenía origen y motivaciones facciosos, la
victoria liberal de 1861 sólo podía consolidarse a través de conflictos externos. Sin embargo las tropas no
veían a los paraguayos como enemigos y les costaba visualizar a los brasileños y los porteños como aliados.
Ver Halperin Donghi, (1982) pp74-75.
76
Sábato, Hilda, Historia de la Argentina, 1852-1890, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012, pp.148.

77
La Guerra Oriental se desencadenó a partir de la invasión del caudillo colorado Venancio Flores al territorio
uruguayo en 1863. El imperio del Brasil y los liberales mitristas (aunque el gobierno se mantuvo neutral por
la vía diplomática) apoyaron a los colorados contra el gobierno de los blancos encabezado por el presidente
uruguayo Bernardo Berro Ya en el Uruguay V. Flores con la colaboración de la escuadra brasileña tomó el
Salto y continuó con éxito la campaña militar logrando poner sitio a la ciudad de Paysandú a fines de 1864.
La defensa de la ciudad, que no contaba con murallas, duró un mes, y nunca recibieron los auxilios que
esperaban. Una tregua les permitió evacuar parte de sus pobladores a la isla de la Caridad de jurisdicción
argentina. La violencia de los bombardeos desde el río y tierra destruyeron completamente la ciudad, aunque
los pobladores resistieron heroicamente hasta caer derrotados por un ataque final de la escuadra brasileña el 2
de enero de 1865. Los oficiales rendidos fueron ejecutados y muchos blancos emigraron a Entre Ríos donde
fueron bien recibidos. La derrota de los blancos y la toma de Paysandú conmovió profundamente a los
entrerrianos, la prensa y la literatura militante denunciaron el atropello, la impotencia y el descontento. Víctor
Olegario Andrade lo hizo a través de su conocido poema “Paysandú”: ¡Sombra de Paysandú! ¡Sombra gigante
que velas los despojos de la gloria!”. Sobre los federales disidentes y la Guerra Oriental ver Duarte, María
Amalia, Urquiza y López Jordán, Buenos Aires, Editorial Platero, 1974, pp.57-68.
Los atentados y crímenes que cada día cometen los infames brasileños, nos llenan de
coraje y solo ansiamos el momento de vengar la sangre de los mártires de Paysandú. Los
amigos creemos y esperamos que V:E no podrá mirar con calma los bárbaros crímenes de
los brasileños.78 Si pocos meses antes del comienzo del conflicto con el Paraguay, sus jefes
se expresaban de esta manera, resulta esperable entonces, que los soldados entrerrianos no
pudieran ver como aliados a los brasileños, a los colorados uruguayos y a los porteños con
quienes tenían que unirse para combatir contra el ejército paraguayo.

En este contexto, las autoridades nacionales y provinciales necesitaban encontrar


instigadores de los desbandes. José Ignacio Espíndola, un oficial de menor rango, imputado
como sospechoso de haber sido promotor del desbande de Basualdo, le escribió a Urquiza
una carta en la que explicaba porque estuvo entre los sublevados. Por un lado señalaba que:
“Soldado desde niño siempre he estado al lado de V.E y siempre le he tenido por amigo.-
Hoy que íbamos a defender una causa justa, una causa en que el honor se halla
comprometido, no podía faltar a mi deber de soldado y Entre Riano echar un borron en mi
carrera.-“79

Afirmaba así, su lealtad a Urquiza, a quien consideraba como “amigo”, al mismo tiempo
que definía una pertenencia identitaria: la de ser soldado y entrerriano. En otro fragmento
de su carta, Espíndola sostenía que no había sido autor, ni promotor del hecho:
“Envuelto en los sucesos de Basualdo, he sabido que se me tiene a mi en el número de los
autores de esa especie de sublevación. No he sido yo, Gral., el autor ni el promotor de este
hecho.- Si V.E. me ha visto en las filas de los sublevados ha sido porque empeñé mi
palabra a mis soldados la noche del suceso, de salir con ellos al día siguiente; esperando
con esta denora a que los Gefes superiores tomaran alguna medida para calmar los
ánimos.-“80

78
Manuel Navarro a J.J de Urquiza, 5 de enero, 1865, Fondo Urquiza, AGN, Citado por Fermín Chávez
(1957) pp.131-132 (archivada por error en fecha 5 de enero de 1864)
79
Jose Ignacio Espíndola a J. J. de Urquiza, Montoya, 4 de agosto, 1865, Fondo Urquiza, AGN

80
Idem.
Es interesante notar que su acción es explicada a partir de su palabra empeñada, la de
acompañar la decisión de las tropas de salir al día siguiente, al mismo tiempo que
esperando una respuesta de quiénes estaban en cargos superiores en la jerarquía de mando.
Es posible pensar que las milicias provinciales seguían operando como redes de
organización en su funcionamiento y en sus prácticas.
Para sorpresa de Espíndola, los oficiales no tomaron ninguna medida y cuando amaneció se
encontró forzado a seguir a sus soldados evitando, así, que cometieran males por donde
pasaban. Esa ha sido su participación en los sucesos de Basualdo, y si Urquiza lo
consideraba pertinente estaba dispuesto a someterse a un tribunal. Finalmente, concluía:
”Persuadase, Gral., ese suceso no ha tenido autor, ni promotor,- Ha sido un movimiento
escandaloso/sugerido a la mente de los soldados, que ni nombre puede señalársele.-81

Más allá de la intención de Espindola de desligarse de la imputación como promotor, es


interesante destacar su caracterización acerca de que ocurrió en la “mente de los soldados”,
sin instigadores, una decisión autónoma de la tropa. Consideramos que en esta decisión se
pusieron en juego identidades partidarias constituidas en la construcción del orden federal
entrerriano y que los desbandes fueron una forma de acción política.

Algunas Conclusiones

En Una Nación para el desierto argentino, Tulio Halperín Donghi se pregunta, sobre qué
federalismo podía sobrevivir a Pavón. De acuerdo con su planteo, luego de Caseros, la
solidaridad del partido encontraba una base de identificación en la Constitución Nacional
de 1853, y con la secesión de Buenos Aires, en los motivos antiporteños. Por consiguiente,
ese federalismo: constitucionalista y antiporteño, es el que debía sobrevivir a Pavón.
Asimismo, considera que Urquiza, el jefe nacional del federalismo no fue despojado de su
lugar legítimo por Pavón.82 Las rebeliones federales de la década del sesenta en el interior,
parecen demostrarlo, ya que el nombre del caudillo entrerriano servía para legitimar los
levantamientos y esto le daba al partido un carácter nacional.83

81
Ibidem.
82
Halperín Donghi, op cit, pp.84-85.
Sin embargo, el alineamiento inesperado de Urquiza con Mitre, fue desdibujando su figura.
Es así que en el contexto de la guerra aquí analizado, el caudillo entrerriano, aludía
constantemente a la necesidad de abandonar las divisiones partidarias, al reconocimiento de
la Constitución sancionada en 1853, y su total lealtad con el gobierno nacional mitrista. Esa
expresa solidaridad, contrastaba con la fuerte oposición que la guerra y el reclutamiento
provocaron en las provincias identificadas con el federalismo. Una resistencia que, como ha
sido señalado, transformó el reclutamiento en un conflicto social y político que adquirió
una dimensión nacional sin precedentes. En este contexto, el gobierno mitrista buscaba
fortalecer la alianza con el líder entrerriano, y asegurar su contribución a la guerra, fundada
más, en una proclamación política que, en la asistencia efectiva a través del contingente de
soldados. En tal sentido, frente a los desbandes de las tropas, la respuesta del presidente
fue el apoyo total a Urquiza para que restableciera el orden interno en tanto éste último
mantuviera su fidelidad a la “causa nacional”.

La posición asumida por Urquiza tuvo también un costo político al interior del federalismo
provincial que comenzó a enunciarse en este contexto. Como hemos dicho, los desbandes
de las tropas entrerrianas en Basualdo y Toledo, pusieron en evidencia un punto de fractura
en la relación de Urquiza con sus bases que asistieron a la convocatoria pero no marcharon
hacia Corrientes. En el contexto de las luchas entre unitarios y federales, se fueron
estableciendo lazos entre el caudillo y sus seguidores, que dieron origen a identidades y
lealtades partidarias conformando el orden federal entrerriano.

En nuestra opinión, en la década del sesenta, ese orden sufrió una fuerte erosión con los
cambios económicos, institucionales y políticos que se implementan en la provincia. En ese
contexto, cuando se produce el reclutamiento para la Guerra del Paraguay, persistía en las
tropas una identidad asociada a un imaginario y a un orden federal, del cual el
antiporteñismo era un componente fundamental, que no se correspondía con el discurso de
unidad nacional planteado por Urquiza a partir de la alianza con un gobierno nacional
identificado con la hegemonía porteña. Los desbandes de Basualdo y Toledo marcaron una

83
De la Fuente, op. cit. pp.230-231. Si bien su nombre sigue teniendo esa presencia, Urquiza no apoya los
levantamientos armados federales de la década del sesenta. Asimismo, Halperin Donghi afirma: “La
titubeante línea política que Urquiza adopta se revelará literalmente suicida”, Halperin Donghi, op cit. pp.77.
diferenciación de las tropas con respecto al mandato y al posicionamiento del general
entrerriano que contribuyeron a la fractura de ese orden basado en tradiciones paternalistas,
que habían unido a lo largo de su gobierno, a Urquiza con los sectores subalternos.

Con la libertad y la intuición que permite la literatura Ricardo Piglia pone en palabras de
Robustiano Vega, un protagonista de los desbandes, quien fue acusado del asesinato de
Urquiza años después:

“Fue por todo eso que yo lo hice. Pero ya había sucedido antes, la noche aquella en los
Bajos de Toledo, mientras la lluvia no nos dejaba respirar ocupando todo el aire. Esa vez
sucedió. Y no fue por divertirnos. Ni por miedo a pelear, como andan diciendo, sino por
coraje y porque el General ya no se mandaba ni a él. Y ésa fue la vez que se lo dijimos. Lo
que pasó después, es como si no hubiera pasado. Esto de que todo Entre Ríos ande con
voluntad de guerrear y gritando ¡Muera Urquiza! cuando para nosotros, los que peleamos
al lado de él, ya estaba muerto desde antes. Esa noche es la que importa. Con el cielo
sucio de la tierra y los esteros manchados por las fogatas, me la acuerdo más que a la otra
y me duele más, y ninguno de nosotros, de los que estuvo, se la olvida, porque fue como
despedirse”.84

Bibliografía

Baratta, Victoria, “La identidad nacional durante la Guerra del Paraguay. Representaciones,
lenguajes políticos y conceptos en el diario La Nación Argentina (1862-1870)”en
Almanack. Guarulhos, n.03, 1º semestre de 2012, p.82-98

Bosch, Beatriz:”Los desbandes de Basualdo y Toledo”, Revista de la Universidad de


Buenos Aires - 5ª época, tomo 4, Buenos Aires; Universidad de Buenos Aires, 1959, pp.
213-245
Buchbinder, Pablo, Caudillos de la Pluma y hombres de acción . Estado y política en
Corrientes en tiempos de la organización nacional. Buenos Aires: UNGS-Prometeo, 2004.

84
Piglia, Ricardo “Las actas del juicio” en: htpp://www.literaturaorg/Piglia/rpacta.htlm
Bragoni, B y Miguez, E; Un nuevo orden político, Provincias y Estado Nacional, 1852-
1880, Buenos Airea, Biblos, 2010.

Braschi, Dardo, La Guerra de la Triple Alianza. A través de los periódicos Correntinos.


1865-1870, Corrientes, Moglia Ediciones, 2004.

Brezzo, Liliana, La Argentina y el Paraguay, Buenos aires, Corregidor, 1997.

Capdevila, Luc, Una guerra total: Paraguay, 1864-1870. Ensayo de historia del tiempo
presente, Buenos Aires, SB, 2010

Chávez, Fermín, Vida y muerte de López Jordán, Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1957

De la Fuente Ariel; Los hijos de Facundo, Caudillos y Montoneras de la provincia de la


Rioja durante el proceso de Formación del Estado Nacional Argentino (1853-1870),
Buenos Aires, Prometeo, 2007

Doratioto, Francisco Fernando, Maldita Guerra. Nova historia da Guerra do Paraguai, Sao
Paulo, Campanhia das letras, 2002

Duarte, María Amalia, Urquiza y López Jordán, Buenos Aires, Editorial Platero, 1974

Halperin Donghi, Tulio, Una nación para el desierto argentino, Buenos Aires, CEAL,
1982.

Halperin Donghi, Tulio; José Hernández y sus mundos, Buenos Aires, Editorial
Sudamericana, 1985

Pomer, León, Cinco años de Guerra Civil en la Argentina (1865-1870), Buenos Aires,
Amorrortu editores, 2000.

Rabinovich, Alejandro, “El fenómeno de la deserción en las guerras de la revolución e


independencia del Río de la Plata. Elementos cuantitativos y cualitativos para un análisis.
1810-1829” Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Tel Aviv, Vol.22,
1, enero-junio 2011, pp.33-56
Sábato, Hilda, “¿Quién controla el poder militar? Disputas en torno a la formación del
Estado en el siglo XIX” en Moreno, Oscar, coord.; La construcción de la Nación Argentina.
El rol de las Fuerzas Armadas. Debates históricos en el marco del Bicentenario, 1810-2010,
Bs. As., Ministerio de Defensa, 2010.

Sábato, Hilda, Historia de la Argentina, 1852-1890, Buenos Aires, Siglo XXI, 2012

Schmit Roberto; Ruina y resurrección en tiempos de Guerra, Buenos Aires, Prometeo


Libros, 2004

Schmit Roberto, “Poder Político y actores subalternos en Entre Ríos, 1862-1872”, Anuario
IEHS 23, 2008

Schmit, Roberto, “El poder político entrerriano en la encrucijada del cambio, 1861-1870”
en, Bragoni, Beatriz y Míguez, Eduardo (coordinadores), Un nuevo orden político.
Provincias y Estado Nacional, 1852-1880, Buenos Aires, Biblos, 2010.

Schmit Roberto y Alabart, Mónica, “Conflictos políticos y justicia durante la crisis del
orden federal en Entre Ríos, 1872-1874”, en Folia Histórica del Nordeste, nro. 20,
Resistencia, Chaco, Instituto de Investigaciones Geohistóricas, Facultad de Humanidades,
CONICET, 2012

Tjarkrs, Germán, O.E. “Nueva luz sobre el origen de la Guerra de la Triple Alianza” en
Revista de Historia, nro. 1, Universidad Nacional, Costa Rica, Heredia, 1975, pp. 21-84.

Anexo:
Cándido López: Campamento argentino en los montes de la costa del río Paraná,
frente a Itapirú, Abril 12 de 1866, Provincia de Corrientes (detalle)
Cándido López: Soldados paraguayos heridos, prisioneros de la batalla de Yatay (detalle)