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norberto bobbio, nicola matteucci

y gianfranco pasquino

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a b c d e f g h i j k l mn
ñop q r s t u v w x y z
siglo
veintiuno
Cámara de Diputados del S istema de B ibliotecas
editores
DICCIONARIO DE POLÍTICA

b ajo la direcció n de
N O R BER TO B O B B IO , NICOLA MATTEUCCI
y GIANFRANCO PASQUINO

nueva edición enteramente revisada y ampliada

redactores de la edición en español


JOSÉ ARICÓ, MARTÍ SOLER y JORGE TULA

traducción de
RAÚL CRISAHO, ALFONSO GARCÍA, MIGUEL MARTÍ,
MARIANO MARTÍN y JORGE TULA

siglo
veintiuno
editores
CÁMARA DE DIPUTADOS
grupo editorial
siglo veintiuno
siglo xxi editores, méxico siglo xxi editores, argentina
CERRO DEL AG U A 2 4 8 , ROMERO DE TERREROS, GUATEMALA 4 8 2 4 , C 1 4 2 5 BUP

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NACIONALSOCIALISMO 1035

revoluciones nacionales no han llegado a rea­ E n su form a m ás genérica es usado desde


lizar plenam ente. hace más de un siglo p o r varios movimientos
e ideologías políticas que propugnan un tipo
b i b l i o g r a f í a : J.E.E.D. Acton, Nacionalidad, en de socialism o diferente del socialism o in ter­
Ensayos sobre la libertad y el poder (1922), nacionalista y m arxista, o que son contrarios
Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959; M. al mismo. Por una parte, el n. nació en el siglo
Albertini, Lo stato nazionale, Nápoles, Guida, xix como reacción a la sociedad industrial y
19812; M. Albertini, 11 Risorgimento e l ’unitá a la em ancipación liberal. Por o tra parte, los
europea, Nápoles, Guida, 1979; E.H. Carr, Nazio- m ovim ientos nacionalistas en los países en
nalismo e oltre (1945), Milán, Bompiani, 1946; vías de desarrollo, específicam ente en los
K.W. Deutsch, Nationalism and social commu- estad o s árabes (socialism o árabe), han pro­
nication, Cambridge-Nueva York, MIT-Wiley, pugnado hasta este m om ento nuevas form as
1953; L. Einaudi, La guerra e l ’unitá europea, de n. como alternativa al feudalismo y al colo­
Milán, Comunitá, 1948; R. Girardel, Autour de nialism o. Pero en todos estos ejem plos cual­
l'idéologie nationaliste: perspectives et recher­ q u ie r uso del térm ino lo torna confuso y se
ches, en Revue Franqaise de Science Politique, com plica por el hecho de que el n. como fenó­
XV, julio-septiembre de 1965; G. Goriely, Appun- meno político de dimensiones históricas mun­
ti per la storia del sentimento nazionale in Euro­ diales indica sobre todo el m ovim iento polí­
pa, Roma, Movimento Federalista Europeo, tico alemán fundado y guiado p o r Adolf Hitler
1953; C.J.H. Hayes, The historical evolution of después de la prim era guerra mundial (y polé­
modern nationalism, Nueva York, R.R. Smith, m icam en te conocido con el dim inutivo
1931; F.O. Hertz, Nationality in history and poli­ nazism o).
nes, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1951; En consecuencia, com o en el caso del fas­
B.F. Hyslop, French nationalism in 1789 accor- cism o italiano, hay que tener presen te el ori­
ding to the General cahiers, Nueva York, Colurn- gen concreto y el significado político del n.
bia Universitv Press, 1934; R. Johannet, Le prin­ histórico, cada vez que se lo u sa en la term i­
cipe des nationalités, París, Nouvelle Librairie nología actual, y esto es im portante cuando
Nationale, 1923; E. Kedourie, Nationalism, Lon­ se piensa que térm inos como fascism o y n. se
dres, Hutchinson, 1960; H. Kohn, Historia del usan frecuentem ente en form a inadecuada
nacionalismo (1944), México, Fondo de Cultura com o m edios de polém ica activa co n tra el
Económica, 1949; E. Lemberg, Nationalismus, enem igo político, sin te n e r en cuenta el sig­
Reinbeck bei Hamburg, Rohwolt, 1964, ii ; F. nificado original y la exacta aplicación a la
Meinecke, Cosmopolitismo e stato nazionale realidad. En am bos casos el análisis del fenó­
(1908), Florencia, La Nuova Italia, 19752, ir; G.L. meno histórico —el n. alem án y el fascism o
Mosse, La nazionalizzazione delle masse (1974), italian o — rep resen tan el requisito indispen­
Bolonia, II Mulino, 1975; Nationalism: a report sable p a ra cualquier intento de definición y
by a study group of members of the Royal Insti- aplicación de estos térm inos.
tute of International Affairs, Londres, Oxford Como fenómeno histórico, el n. se debe defi­
University Press, 1939; B.C. Shafer, Nationalism: n ir en dos niveles principales: prim ero de
myth or reality, Londres, Gollancz, 1955; B.C. todo como reacción directa respecto de la p ri­
Shafer, Faces of nationalism, Nueva York, Har- m era guerra m undial y de sus consecuen­
court Brace, 1972; G.J. Weill, L'Europe du xixe cias, pero también com o resultado de tenden­
siécle et l ’idée de nationalité, París, A. Michel, cias e ideas con origen m ás lejano en el tiem ­
1938. po, vinculadas a los problem as de unificación
política y de la m odernización social, proble­
fL U C IO I .E V l] m as que dom inan el d esarro llo alem án des­
de com ienzos del siglo xix. Sin duda fueron
la inesperada d erro ta de 1918 y sus desastro­
sas consecuencias —m ateriales y psicológi­
n a c io n a ls o c ia lis m o cas— las que hicieron posible la fundación y
el ascenso político del n. Pero al mismo tiem ­
i. p r o b l e m a s d e d e f i n i c i ó n El té r m in o n. tien e po es im p o rtan te co n sid erar el hecho de que
m u c h o s sig n ific a d o s y v a ria s c o n n o ta c io n e s. las tendencias y las ideas políticas fundam en­
1036 NACIONALSOCIALISMO

tales del n. nacieron m ucho antes de 1918 y tir y elim inar no sólo el poder político sino
de la guerra, y de que el n. es m ás que un sim­ tam bién las raíces m ás profundas del n. en
ple m ovim iento de p ro testa de la posguerra Alemania, y a im pedir, después de 1945, una
guiado por un eficaz agitador de m asas como c o n tin u a c ió n o u n a rev iv ifica ció n del
Hitler. nazismo.
Ambos niveles —las raíces ideológicas y la Las raíces ideológicas del n., com o conse­
realización política— son igualm ente im por­ cuencia de los eventos históricos alemanes del
tantes en el análisis y definición de los facto­ siglo xix, están estrecham ente ligadas a tres
res principales del n. Sus cualidades dinám i­ fases principales del cam ino de Alemania h a­
cas y explosivas pudieron m aterializarse sólo cia el deseado estado nacional: la reacción
en la situación de profunda crisis de la Ale­ nacionalista ante la ocupación napoleónica
mania de la p rim era posguerra, pero los (1806-1815), el fracaso de la revolución libe­
aspectos más extrem istas del m ovim iento se ral de 1848 y la solución conservadora-m ilitar
deben explicar como el resultado de d iferen­ del problem a alem án d u ran te el dom inio de
tes posiciones ideológicas fundam entales con B ism arck a p a rtir de 1871. A m edida que se
profundas raíces históricas. É stas form an el desarro llab a el com plicado proceso de unifi­
m arco de la W eltanschauung nacionalsocia­ cación política y de m odernización, la idea
lista, que contiene los postulados principales nacionalista alem ana se d esarrolló con p a r­
y el vocabulario específico del sistem a de ticular intensidad superando los ideales libe­
valores del n., cuyas palab ras claves son: rales y constitucionales. La "nación ta rd ía ”,
nación, raza, espacio vital (Lebensraum ), la sentida com o la últim a en llegar en tre los es­
com unidad del pueblo {Volksgemein-Schaft), tados europeos, estab a lista p ara adecuarse
liderazgo, acción, autoridad, sangre y tierra, al im perialism o y al colonialism o de la épo­
frente y batalla. ca. En una situación muy sim ilar a la italia­
na, estos sentim ientos nacional-im periales
II. RAICES IDEOLÓGICAS Y POLÍTICAS DEL NACIONALSO­ allanaban el cam ino a los m ovim ientos p re ­
CIALISMO. Sobre las raíces históricas del n. fascistas m ucho antes de la gran g u erra. En
austro-alem án los expertos disienten mucho. el caso alem án, u n a antigua trad ició n de la
Algunos ven los orígenes ya en el im perio especial misión de Alemania en E u ro p a y en
medieval, en la reform a p ro testan te o por lo el m undo, según lo que sostenía el filósofo
menos en Federico el Grande de Prusia. Otros Fichte (1810), coincidió con la reivindicación
niegan toda continuidad de la precedente polí­ de la realización de un im perio pangerm áni-
tica alem ana con el desarrollo del n., d esta­ co que com prendiese no sólo A ustria y otros
cando la im p o rtan cia esencial de la p rim era te rrito rio s de lengua alem ana sino que se
guerra m undial y de H itler: el n. se define reconociese como potencia hegem ónica de la
como "m ovim iento hitlerian o " o "h itle ris­ E uropa central.
m o”, ju sta m en te en la m ism a m edida en que Las ideas pangerm ánicas y hegem onistas
el fascism o po d ría verse como "m ussolinis- estuvieron en el vértice durante los movimien­
mo”. M ientras las interpretaciones continúan tos anexionistas de la prim era g u e rra m un­
fluctuando e n tre estas posiciones extrem as, dial. Fue su d e rro ta en 1918 —nunca recono­
perm anece el problem a del grado en el que cida p o r los p artid o s de derecha de la rep ú ­
una-tradición intelectual y un com portam ien­ blica de W eimar— lo que llevó a la form ación
to político específicam ente alemán eran indis­ de grupos radicales antidem ocráticos y revi­
pensables a la form ación del n. La controver­ sionistas; uno de éstos fue el "Deutsche Arbei-
sia debatid a en m uchos libros ya desde los te rp a rte i”, que en 1920 se convirtió en el "N a­
años trein ta tiene un interés que no es sólo tional Sozialistische Deutsche A rbeiterpartei”
académico. Por un lado influyó la m ism a afir­ ( n s d a p ). Hubo una característica de continui­
mación del n., que fue visto, precisam ente por dad de las ideas de la p reguerra; p ero al res­
sus propugnadores e ideólogos como Joseph pecto la experiencia de la d e rro ta en la gue­
Goebbels y Alfred Rosenberg, como consum a­ rra y las crisis de la república dem ocrática
ción de un m ilenio de h isto ria alem ana. Por aum entaron la intensidad de sus efectos sobre
o tra p arte, el problem a era muy im p o rtan te la opinión pública alemana politizada. La crea­
por todos los esfuerzos tendientes a com ba­ ción y el ascenso del n. pueden explicarse así:
NACIONALSOCIALISMO 1037

a] En la situación existente en 1918-1919 se un estado p redom inantem ente m ilitar com o


podía fácilm ente m ovilizar un nacionalism o P ru sia ejercieron una notable influencia
agresivo co n tra el tra ta d o de paz. de V ersa­ sobre la estru ctu ra social y de poder del Reich
lles con sus pesadas im posiciones a la Alema­ bism arekiano. El ejército es considerado
nia de la posguerra. E n realidad, la c a rre ra como el cam po de adiestram iento p ara la
de H itler comenzó antes que nada con sus efi­ nación (“ Escuela de la nación”); un grado en
caces discursos co n tra la "esclavización” de el ejército de reserv a aum entaba el estatu s
Alemania en el tratad o de Versalles. Pero esto social de un civil. Las consideraciones m ili­
represen tab a m ás que el revisionism o de los tares determ inaron incluso las ideas políticas
tratados; el nacionalism o llegó a significar la de grandes estrato s de la población. La ideo­
expansión im p erialista de la gran Alemania logía "belicosa” del n. pudo surgir sobre estas
en su papel de potencia-guía m undial b asa­ bases; H itler enco n tró m ucho menos d ificul­
da en las cualidades superiores de la raza ger­ tades que M ussolini p ara m ovilizar el pueblo
m ánica o nórdica. y conquistar el ejército. Sin embargo, contem ­
b] Todo esto culm inó en la teoría del "espa­ plando el papel del pensam iento m ilitarista
cio v ital” necesario p a ra los alem anes. En su prusiano, las ideas populares de H itler sobre
actividad política cotidiana el n. tomó la acti­ los orígenes austro-alem anes no pueden igno­
tud de ferviente rep resen tan te de las fuerzas rarse. De este modo, la energía expansionis­
co n trarias a Versalles; en su ideología volvió ta de H itler se dirigió incluso contra la idea
a la vieja idea de la especial posición de Ale­ reductiva prusiano-alem ana del Reich b is­
m ania en E uropa y d esarrolló la d octrina de m arekiano que, excluyendo A ustria-H ungría,
la suprem acía cu ltu ral y racial de un fu tu ro excluía una gran porción de la nación
"im perio germ ánico de la nación alem an a” alemana.
(como una nueva form a del medieval Sacro d] No hay que sorprenderse por lo tanto del
Im perio Romano de la nación alemana). La hecho de que los verdaderos precursores del
personalidad y las ideas de H itler le dieron n s d a p en tre fines del siglo pasado y com ien­
a e s ta re iv in d ic a c ió n de h e g e m o n ía zos deL presente fueran originarios de A ustria
nacionalista-im perialista la ideología nacio­ y de Bohem ia, zonas en las que el n acionalis­
nalista típicam ente austríaca de una gran Ale­ mo antieslavo y antisem ítico de tipo socio-
m ania, y ésta se su perpuso a las com ponen­ p o p u lar y cristiano-nacional era muy sen ti­
tes prusiano-alem anas de la filosofía del do desde h acía m ucho tiem po. No hay ta m ­
expansionism o. Protegido por una estrategia poco que so rp ren d erse de que el p artido de
de revisión del tratad o , inteligentem ente H itler se fu n d ara en Munich, ciudad que,
m anipulada, que engañó a m uchos dentro y com o Viena, favorecía no sólo las ideologías
fuera de Alemania, H itler desde el comienzo de oscuras sectas ligadas a un fantasioso m is­
apuntó a un objetivo inm utable: am pliar el ticism o germ ánico sino tam bién el concepto
te rrito rio del estado nacional y am pliar el católico de la g ran Alemania m ás que el
Lebensraum alem án mucho más allá del p rotestante-prusiano del estado. Bajo la guía
"núcleo racial” del pueblo alemán. La idea de los nacionalsocialistas, los alemanes m eri­
fundam ental de H itler era la de revelar el dionales, los austríacos y los étnicam ente ale­
principio expansionista del estado nacional manes dominaron a los prusianos. Sin em bar­
por medio del principio imperialista de la p re­ go, si no hubiese sido por la tradición político-
valencia de los elem entos "su p e rio res” b io ­ m ilitar y estatal de Prusia, las ideas y la exis­
lógica y racialmente, dirigiendo el ataque con­ tencia del pueblo alem án bajo el im perio y
tra los eslavos, racialm ente "in ferio res”, en bajo la república de W eim ar no h ab rían sido
el este, y en el in te rio r co n tra los judíos, "el m ilitarizadas, ni el estado totalitario h ab ría
enem igo m undial n ú m ero u n o ”. consolidado su poder. La unión en tre tra n s ­
c] S uscita todavía controversias el p ro b le­ nacionalism o y m ilitarism o durante la p rim e­
m a del lugar ocupado por el m ilitarism o ale­ ra g u erra m undial tuvo un fuerte influjo
mán entre estos factores causales. Si por m ili­ sobre H itler y su supervivencia en la b atalla
tarism o entendem os la agresión, entonces el co n tra la rep ú b lica de W eim ar y en la a lia n ­
problem a no es crucial. Sin em bargo no pue­ za en tre los nacionalistas reaccionarios y los
de negarse que el ejem plo y la tradición de revolucionarios nacionalsocialistas hizo posi­
1038 NACIONALSOCIALISMO

bles los acontecim ientos de 1933. sus objetivos b árb aro s se convirtieron en
e] De las p articu lares cargas y ferm entos h is­ posibles sólo después de que había entrado
tóricos de la idea del estado y de la nación ale­ a form ar p arte de un m ovim iento antidem o­
m ana se dio la m ás am plia expresión en la crático de m asas.
ideología nacionalsocialista. Al m ism o tiem ­
po, es cierto que la Weltanschauung nacional­ III. FACTORES DEL ASCENSO DEL NACIONALSOCIALISMO.
socialista, d istin ta del m arxism o y del com u­ El ascenso del n. (1919-1933) fue posible g ra­
nismo, no derivó de una filosofía o teoría cias a la com binación de los defectos de la
coherente sino que fue un conglom erado de política alem ana desde comienzos del siglo
ideas y de principios, de concepciones, de xix con las fatales raíces y la h isto ria plena
esperanzas y de em ociones m antenidas u n i­ de crisis de la república de W eimar. La dem o­
das por un m ovim iento político radical en un cracia de 1918 fue considerada responsable
periodo de crisis. Alemania no tenía n ecesa­ de las consecuencias que derivaban de la
riam ente que encam inarse hacia el T ercer d erro ta sufrida en la guerra. El nuevo gobier­
Reich. El hecho de que eligiese ese cam ino, no se convirtió en el chivo expiatorio y el obje­
a diferencia de o tro s países, se debió tan to a to del odio de las fuerzas de la restau ració n
la naturaleza específica de las tendencias anti­ y de la reacción en el estado y en la sociedad,
dem ocráticas en Alemania como a las p a r ti­ incluso de los m ovim ientos revolucionarios
culares condiciones en las que se verificó el dictatoriales reunidos en los belicosos Frei-
nacim iento del n. en la república de W eimar. korps, en sectas populares an tisem itas y en
La causa final, sin em bargo, fue la profunda organizaciones param ilitares. El "fan tasm a
ru p tu ra entre el pensam iento político alemán rojo” de la revolución com unista term inó la
y el occidental y el nacim iento de un p a rtic u ­ o b ra de to rn a r el ejército y la bu ro cracia, la
lar sentim iento fatalista alem án con m atices clase m edia y los patrones, accesibles a estos
antioccidentales. sentimientos. Las fuerzas dem ocráticas exten­
f] Con respecto a la im portancia del an tise­ dieron a sus enemigos la tolerancia de un sis­
mitismo radical, es sin duda correcto afirm ar tem a ju ríd ic o co n stitu c io n a l. D ebieron
que los precu rso res antisem itas del n. no en fren tar el deseo de au to rid ad auspiciado
tenían ninguna posibilidad de éxito político por un estado autoritario y burocrático, y esto
antes de la gran guerra. Form aban grupos de provocó serios problem as organizativos en el
m ínim a entidad, divididos por lo que se refe­ in terio r de la república.
ría a los objetivos, e incluso en sus ideas sobre Fue sobre estas bases que el n. se form ó
el papel de los judíos: no tenían ninguna como un nuevo tipo de fuerza integrante.
influencia en el proceso legislativo y no eran Dado que e ra una m anifestación específica­
capaces de proponer leyes antisem itas ni de m ente alem ana de an tidem ocratism o euro­
controlar la em ancipación y la asim ilación de peo, se arm onizó con la situación alem ana y
los judíos, a pesar de la am plitud de sus m ani­ perm aneció como un fenómeno de ex p o rta­
festaciones en tre 18.73 y comienzos del siglo ción m ás difícil que el fascism o. Éste es un
xx. Y aunque los grupos conservadores en el ejem plo u lterio r de los límites de la concep­
poder utilizaban de tan to en tan to el an tise­ ción de un fascismo universal. Los fundam en­
m itism o a su favor, p rep aran d o de ese modo tos nacionalistas llevan a profundas d iferen­
el cam ino p a ra su afirm ación y su d e sa rro ­ cias de país en país y no es posible ninguna
llo, en la práctica, políticam ente, no le dieron explicación m onocausal que se base en p re­
m ucho espacio. Antes del surgim iento del m isas económicas, políticas o ideológicas. El
H itler las m anifestaciones de violencia an ti­ n., como H itler, fue el producto de la p rim e­
sem ita eran ra ra s en Alemania, a diferencia ra g u erra m undial, pero recibió su form a y
de E uropa oriental. N aturalm ente el an tise­ su fuerza de los problem as fundam entales de
m itism o estaba siem pre presente, esperando la histo ria alem ana m oderna que c a ra c te ri­
nuevas ocasiones, especialm ente en periodos zaron el difícil cam ino del movimiento dem o­
de crisis política y económica. Se inflamó con crático. E ntre éstos estaba la fragilidad de la
gran intensidad en los periodos 1873-1895, tradición d em ocrática y los potentes restos
1918-1923, 1930-1933, pero su influencia sobre de las instituciones au toritarias gubernam en­
la vida política y la trem enda realización de tales anteriores y posteriores a 1848; la recep­
NACIONALSOCIALISMO 1039

tividad a las ideas nacionalistas, im perialis­ clase m edia y a la clase o b rera de los p roble­
tas, un producto de la creación reta rd ad a y m as internos. La "com unidad nacional" fue
nunca realizada com pletam ente de un e s ta ­ elegida como panacea para la cura de los
do nacional alemán; los problem as que d e ri­ m ales económ icos y políticos, en lugar del
vaban de la d erro ta inesperada y de la fáb u ­ pluralism o dem ocrático y de la sociedad cla­
la subsiguiente de la "p u ñ alad a p o r la esp al­ sista. Las doctrinas m ilitaristas y racistas fue­
d a ”, y el am plio descontento p o r la paz de ron los instrum entos p a ra engañar y conquis­
V ersalles; la crisis perm anente de una rep ú ­ ta r a la población. En la cam paña co n tra el
blica que no consiguió n u n ca obtener el apo­ tratad o de Versalles se utilizó un nacionalis­
yo pleno de la m ayoría d e la población; las mo agresivo que se rem itía al tradicional sen­
explosivas consecuencias de la depresión en tim iento alem án de unicidad y a la visión de
este estado altam ente industrializado, dividi­ una gran Alemania unida. El siguiente paso
do en lo social y en lo religioso, con sus re s i­ fue la exigencia de expansión de los confines
duos feudales y tradicionalistas, y, finalm en­ nacionales y étnicos, p o r el espacio vital, al
te, el m iedo de la proletarización y del com u­ este, de los pueblos alem án y germ ano, con­
nism o sentido p o r la clase m edia y el resen ­ siderados superiores. Además del culto a
tim iento ulterio r y el pánico de u na población H itler, que apelaba al deseo a u to ritario de
ru ra l am enazada por la expansión de la tec­ orden, la versión social y biológica del an ti­
nología m oderna. No debería, en consecuen­ sem itism o se convirtió en una de las p rin ci­
cia so rp ren d er el hecho de que el n. tuvo sus pales características fanáticas del program a
m ayores éxitos electorales prim ero en la hitleriano. Este problem a se prestab a al con­
B aviera ru ra l y luego en las provincias ru r a ­ cepto de! enem igo absoluto que cualquier
les del Schlesw ig-H olstein y en la Baja movimiento totalitario debe ten er para poder
Sajonia. d irig ir y desviar la agresividad que ha movi­
E ntre los factores caracterizan tes de los lizado. La ideología nacionalsocialista y la tra ­
com ienzos del n. está la parte sum am ente gedia política se basaban especialm ente en el
im portan te sostenida p o r el esp ectacu lar derecho del m ás fu erte según las teorías del
ascenso y p o r la veneración casi religiosa del darw inism o social. La exaltación de la
Fiihrer. La estru ctu ra organizativa y las acti­ "acción" como m áxim o ideal, por encim a de
vidades de este nuevo tip o de m ovim iento se la razón y del intelecto, definió la n atu raleza
basaro n com pletam ente en el principio del fundam entalm ente irracional del n. Su obje­
líder. En el centro estab a la figura de Adolf tivo final fue la adquisición de poder ilim ita­
H itler. En térm inos de psicología social, él do mediante la opresión en el interior del país
rep resen tab a el hom bre de la calle en posi­ y la expansión en el exterior. La h isto ria del
ción subo rd in ad a con deseos de suplir sus T ercer Reich revela q u e el n. siguió los p ri­
sentim ientos de inferioridad mediante la mili- m itivos planes de H itler, a p esar de que los
tancia y el radicalism o político. Su nacim ien­ críticos de la época lo liquidaron a p re su ra ­
to austríaco, su fracaso en la instrucción y en dam ente. En efecto, la historia del n. es la his­
la profesión, y la experiencia liberadora del toria de su fatal subestim ación.
cam araderism o m asculino durante la g uerra Esto es válido tam bién p ara la victoria de
form aron tanto su vida como la ideología del H itler en 1933; el T ercer Reich se realizó gra­
nacionalsocialism o. cias a una serie de eficaces y engañosas
El n. se basaba en un darw inism o social m aniobras. Sin ellas H itler propablem ente no
nacionalista, racista y u ltrasim plificado que habría jam ás llegado al poder. Él afirm ó que
habían hecho popular los escritos de los radi­ la suya era una "revolución legal". M ezclan­
cales sectarios. Sin em bargo, al mism o tiem ­ do estos dos conceptos contradictorios, los
po, trató, p o r m edio de u n a ecléctica mezcla nacionalistas satisficieron tan to el deseo
de program as doctrinales y políticos, de d iri­ popular de o rden com o el deseo de un cam ­
girse a todos los estrato s de la población. Los bio total en un periodo de graves males eco­
prim eros eslóganes del n. m ediante su éxito nómicos. Después del fracaso de su putsch de
im p erialista y expansionista y m ediante su 1923, incluso del putsch reaccionario de Kapp
subordinación al gobierno dictatorial nacio­ de 1920, que d em ostró la aversión de la b u r­
nalista fueron proyectados para d istraer a la guesía y de los funcionarios estatales respecto
1040 NACIONALSOCIALISMO

de los golpes de estad o y de revoluciones con­ se d e sm o ro n ó fre n te a la ley so b re los p o d e ­


d u cid as a b ie rta m e n te , H itle r se lim itó a tá c ­ res, y los fun cio n ario s co lab o raro n en la leg a­
ticas seudolegales. E n vez de in te n ta r un lización de la rev o lu ció n nazi. In c lu so la
p u tsc h c o n tra la rep ú b lica , utilizó las o p o r­ izq u ie rd a se en candiló y p o r dem asiado tie m ­
tu n id a d e s que le o fre c ía n las m ed id as de po perm aneció casi p aralizada fre n te a la n u e­
em erg en cia de la C o n stitu ció n de W eim ar va situ a c ió n de u n a revolución " le g a l” y
p a ra a b ro g a rla . El c am in o de u n a d ic ta d u ra " n a c io n a l”.
presidencial siem pre ha tenido el apoyo de los En ú ltim o a n álisis, H itler llegó al p o d e r
a d v e rsa rio s c o n serv a d o re s de la d e m o c ra c ia com o co n sec u e n c ia de u n a serie de e rro re s
p a rla m e n ta ria y, d esp u és de 1930, fue s o s te ­ q u e se h a b ría n podido ev itar. Él no fue e le g i­
nido activam ente p o r el m ariscal H indenburg, do lib re m e n te p o r la m ay o ría del pu eb lo a le ­
e! a u to rita rio y filo m o n árq u ico p re s id e n te m án ni hubo razo n es im p rescin d ib les p a ra la
alem án. Fue él q u ien ayudó al p a rtid o n a c io ­ c ap itu lació n de la república. Sin em b arg o , al
nalso cialista a lib e ra rse de las cad en as de un fin, las fu erz a s d e m o c rática s e stu v ie ro n en
p a rtid o m in o rita rio que no h a b ía lo g rad o m in o ría re sp e c to de los p a rtid o s to ta lita rio s
nu n ca m ás de u n a te rc e ra p a rte de voto p o p u ­ y d ic ta to ria le s de los n a c io n a lso c ialista s y de
la r en n in g u n a elección. Los p a rtic u la re s lo s c o m u n ista s. Y en e s ta situ a c ió n un g ran
p o d eres q u e d a b a n al p re sid e n te el d e re c h o n ú m ero de los c u a d ro s d irig en tes a lem an es
a d isolver el R eichstag y n o m b ra r un c a n c i­ se colocó ju n to a H itle r después de 1933. La
ller hicieron posible la d ictad u ra legal del p re­ s u sc e p tib ilid a d de la c la se m edia te n ía ra z o ­
sidente. F ue el ejercicio de estas p re r r o g a ti­ nes ta n to h istó ric a s com o co n tin g e n te s. En
vas, y no la a clam ació n de un g o b iern o de tan to la h isto ria de la to m a del poder p o r p a r­
m ayoría, lo que llevó a H itle r al poder. te de H itle r p u e d e ser o scu ra, ni s iq u ie ra los
La lograda im posición de un gobierno a u to ­ re q u is ito s del n. se p re s ta n a las ex p lic ac io ­
m átic o fue a u m e n ta d a p o r la apelación a una nes lineales. M uchos factores y elem en to s no
"rev o lu ció n n a c io n a l’’. P o r lo que se refe ría bien d efinidos d e sem p e ñ aro n un papel, y
a H itler, la a lia n za con los p a rtid o s de d e re ­ o sc u ra s fu erz a s s u b te rrá n e a s d e riv a b a n de
cha, c írc u lo s in d u stria le s , in te re se s a g ra rio s las condiciones nacio n ales y so c ia les a le m a ­
y m ilita re s fue sólo u n a m a n io b ra táctica. nas y eu ropeas. El fatal ascenso de H itle r está
C uando la grave c ris is del p a rtid o se perfiló e s tr e c h a m e n te v in c u la d o a u n a f u e r te
en el h o rizo n te a fines de 1932, él hizo g ra n ­ c o rrie n te de sucesos a lem an es del siglo xix
des concesiones a los cam peones de una "con­ y del siglo xx, si bien el n. no p u ed e e q u ip a r­
c e n trac ió n n a c io n a l” de la d erech a, guiados se a la h is to ria alem an a.
p o r von Papen, c o n fid e n te de H in d en b u rg .
Pero si bien en su c a lid a d de c a n c ille r aceptó IV. CONSOLIDAMIENTO Y DINÁMICA DEL RÉGIMEN. El
u n a m ay o ría de m in istro s c o n serv ad o res, régim en nacionalsocialista alem án (1933-1945)
in sistió sin e m b a rg o en el d erech o de e je rc e r se c a ra c te riz ó p o r un veloz p roceso de s u p re ­
poderes p resid e n cia le s d icta to ria le s. H acien ­ sión y coordinación (Gleichschaltung) de todas
do p a s a r las reiv in d icacio n es de p o d e r de los las fu erz a s e in stitu c io n e s p o lític a s, sociales
n a c io n a lso c ialista s com o la lla m a d a a un y c u ltu ra le s. La " to m a del p o d e r” se e fe c tu ó
renacim iento cristiano-nacional, H indenburg con éxito en el esp acio de cin co m eses, y
logró el efecto e sp e ra d o ta n to en el go b iern o m ucho m ás netam en te que en la Italia fascista
com o en el p u e b lo y no in te rfirió con la s des­ a lo largo de seis años. El s iste m a to ta lita rio
piadadas m ed id a s rep re siv a s que H itle r apli­ m o n o p a rtid ístic o y con un solo líd e r se e s ta ­
có con la ay u d a de eso s p o d e re s d ic ta to ria ­ bleció fin a lm e n te en el verano de 1934, c u a n ­
les "le g a le s" en fe b re ro de 1933. Los aliad o s do H itle r con u n a s a n g u in a ria p u rg a del p a r ­
de H itle r p rim e ro h a b ía n so b re v a lo ra d o los tid o (y de sus o rg an izacio n es m ilita re s , las
p ro p io s p o d e re s y luego h a b ía n tra ta d o de s a ) obtuvo el apoyo com pleto del e jé rcito y se
re c o n d u c ir la rev o lu ció n d e n tro de can ales nom inó, a la m u e rte del p re sid e n te H in d e n ­
m ás d iscip lin ad o s. P ero fue ju s ta m e n te la b u rg , jefe del estad o , can ciller, líd e r del p a r ­
c o la b o rac ió n d e ésto s la que hizo p o sible la tid o y de la n ació n y d ic ta d o r ú n ico de Ale­
seu d o leg alid ad de e sa revolución. P o r raz o ­ m ania.
nes sim ilares, la o p osición de la clase m edia En los años p o ste rio re s, el régim en se p r e ­
NACIONALSOCIALISMO 1041

p a ró p a ra la realización de los fines ideológi­ c rím en e s seudolegales y mal e n c u b ie rto s.


cos ta n to en la p o lítica in te rio r com o en la H itle r tu v o una sola, eg o m a n iac a resp u e sta :
e x te rio r. El co n tro l to ta lita rio del p o d e r en el pueblo alem án h ab ía fra c a sa d o en la p ru e ­
el in te rio r de A lem ania fue u tilizad o p a ra la ba h istó ric a y p o r lo ta n to se h a b ía a rrie s g a ­
m ovilización de todos los re c u rs o s con el fin d o la ex isten cia n acio n al. Él, al final, e sta b a
de lo g ra r el so stén m ilita r de la hegem onía o b sesionado por una idea: que no hab ría ced i­
alem ana en E u ro p a y la anexión de un am plio do jam ás, que lo que había o c u rrid o en
te rrito rio , so b re to d o en E u ro p a o rie n ta l. Es noviem bre de 1918 no se re p e tiría nunca m ás
s o rp re n d e n te o b se rv a r h a s ta qué g rad o la en la h isto ria alem ana. E n su testam en to polí­
p o lític a del n. e sta b a d e te rm in a d a p o r p o si­ tic o del 29 de a b ril de 1945 rep itió las id eas
ciones id eo ló g icas, m ás q u e nada en el cam ­ fijas que habían g o b e rn a d o el ascenso y el
po del ra c ism o y del a n tise m itism o , com o lo d om inio del n., com enzando po r el odio feroz
dem ostró la crim in al elim inación de m illones h a c ia "el ju d a ism o in te rn a c io n a l y sus cóm ­
de ju d ío s y la ríg id a su p re sió n de las n a c io ­ plices”, que, en la visión del m undo de H itler,
nes eslavas. La p o lítica d e la ocupación del e ra n los resp o n sa b le s d e todo lo que e sta b a
n. d u ra n te la segunda g u e rra m undial fue u n a su ced ien d o .
te rrib le realizació n de las ideas de s u p e rio ri­ La c a íd a del n. fue s e lla d a ju ríd ic a m e n te
dad a le m an a y del d e re c h o al espacio vital. p o r la co m isión aliad a d e co n tro l que el 4 de
F ue incluso fu n d a m e n ta lm e n te d ife ren te del ju n io de 1945 disolvió fo rm a lm e n te el n s d a p
gobierno d icta to ria l, m ás trad icional, del fa s­ y ordenó el a rre sto y la in ternación de sus fun­
cism o ita lia n o , si b ien la a lia n z a e n tre Mus- c io n a rio s. Los re s u lta d o s del dom inio nazi
solini y H itle r fue la q u e a lla n ó el cam ino a fu ero n obvios com o su final. Incluso su s c ri­
las e x tre m a s co n sec u e n c ia s del te rro r, de la terio s de m ed ició n del éxito im p u g n a b a n la
g u e rra y de la d e stru c c ió n . eficacia de la p o lítica n azi. El precio p ag ad o
Al fin, las m a n ife sta c io n e s reales del rég i­ fue altísim o: m ás de 6 m illones y m edio de ale­
m en n a c io n a lso c ia lista im p u g n a ro n ju s ta ­ m an es m u erto s, el do b le de prófugos, la divi­
m ente a quellas ideas so b re las cuales se b a sa ­ sión y la re p a rtic ió n d e l país, el final de su
ba y el neo n azism o no tu v o m ay o r su e rte en e x iste n c ia com o estad o : éste e ra el balance
la A lem ania de la p o sg u e rra . El com pleto f ra ­ alem án del T ercer Reich. El balance europeo,
caso y la a u to d e s tru c c ió n del n. en 1945 s ir ­ q u e com ienza con el e x te rm in io de casi seis
ven tam b ién p a ra im p u g n a r la creen cia p o p u ­ m illones d e judíos, s u p e ró am pliam ente estas
la r de que u n a d ic ta d u ra to ta lita r ia que a n u ­ cifras: m ie n tra s que F ra n c ia tuvo casi och o ­
la todo co n tro l político y m oral y que, en c o n ­ c ie n tas m il víctim as y la G ran B re ta ñ a a lre ­
secuencia, pu ed e a c tu a r e s p e c ta c u la r y rá p i­ d e d o r de c u a tro c ie n ta s mil, en R usia los
dam ente, g a ra n tiz a o rd e n y eficiencia en u n a m u erto s fueron a lre d e d o r de veinte m illones,
m ed id a m ás a m p lia y u n a m ay o r se g u rid a d c u a tro m illo n es y m ed io en Polonia y un
y e sta b ilid a d q u e los com plejos siste m a s m illón s e te c ie n to s m il en Y ugoslavia. La c u l­
dem ocráticos. M ás allá del rígido seudoorden pa de Alemania, especialm ente respecto de los
del T ercer R eich h a b ía u n a enorm e riv alid ad pueblos de la E u ro p a o rie n ta l —y la e x p u l­
p ro fesional y personal, u n a ca n tid ad de ó rd e ­ sión, p o r rep re salia , de los alem anes de estos
nes a r b itra ria s p o r p a rte del líd er e in se g u ri­ te rrito rio s —, q u e d a rá n com o la herencia p e r­
dad por la vigilancia y el te r r o r. El re su lta d o m an e n te d e ja d a por el nacio n also cialism o .
fue un te m p o ra l a u m e n to del poder, seguido
p o r una d ism in u ció n de la conciencia n a c io ­ : H. Arendt, Los orígenes del totali­
b ib l io g r a f ía

nal, que c u lm in ó en el cao s de la fase final. tarismo (1951), M adrid, Taurus, 1974; K.D. Bra-
Los excesos que a c o m p a ñ a ro n la declinación cher, La dictadura alemana (1969), Madrid, Alian­
del T ercer Reich m o stra ro n la verd ad era su s­ za, 1974; Die Auflóssung der Weimarer Republik,
ta n c ia de un s iste m a que, c o n tra ria m e n te a Villingen, Ring Verlag, 1971, 5a. ed.; Die natio-
la se d u c to ra te o ría de la d ic ta d u ra , no dio a nalsozialistische Machtergreifung, Colonia, West
sus ciu d a d a n o s ni o rd en p o lítico y g obierno D eutscher Verlag, 1974, 3a. ed.; La crisi
eficaz, ni m ay o r se g u rid a d y m ejo res p o sib i­ dell’E uropa (1976, 1979), Milán, Mondadori, 1978;
lidades de e x p re sa rse , sino q u e m ás bien se M. Broszat, D erS aat Hitlers, Munich, Deutscher
b asó so b re el d e sp o tism o o rg an iz ad o y so b re Taschenbuch Verlag, 1969; H. Bucheim (corap.),
1042 NEOCORPORATIV1SMO

Anatomie des SS-Slaates, Munich, Deutscher Tas- ¿Q ué tipo p u es de relaciones e n tre e s ta d o


chenbuch Verlag, 1965; A. Bullock, Hitler (\952), y so cied ad civil c o rre sp o n d e al c o n c ep to de
Barcelona, Bruguera, 1978, 2 vols.; J. Fest, Hitler: n.P En la lite r a tu r a esp ecializad a re c ie n te se
un estudio sobre el miedo (1973), Barcelona, h an ido a firm a n d o dos usos diversos d e este
Noguer, 1974, 2 vols.; K. H ildebrand, Das Dritte concepto.
Reich, Munich, Oldenburg, 1979; W. H ofer P ara los a u to re s que p arten de la definición
(comp.), 11 nazionalsocialismo (1958), Milán, Fel- de S c h m itte r (1974), el n. es u n a esp ecial for­
trinelli, 1964; E. Jaeckel, Hitlers Weltans- m a de in term ed ia ció n de los intereses e n tre
chauung, Stuttgart, W underlich Rainer, 1981, 2a. sociedad civil y estado, d istin ta o c o n tra p u e s ­
ed.; H.A. Jacobsen, Nationalsozialistische Aussen- ta a la co n o cid a com o p lu ra lis ta (v. p lu ra lis ­
politik 1933-1938, Frankfurt, A. Metzner, 1978; mo). Al c o n tra rio que en el siste m a p lu ra lis ­
G.L. Mosse, La crisi dell’ideologia tedesca (1964), ta, en uno de tip o n e o c o rp o ra tiv o los in te re ­
Milán, 1968; La cultura nazi, Barcelona, Grijal- ses que se generan en la sociedad civil se o rg a­
bo, 1973. nizan en un n ú m ero lim itad o de aso ciacio n es
(g en eralm en te en “ g ru p o s de p r o d u c to r e s ” ,
[k a r l d ie t r ic h b r a c h e r ] o sea sin d ic a to s de tra b a ja d o re s y de e m p re ­
sa rio s, aso ciacio n es de ag ric u lto re s, d ife re n ­
c iad as con base en las funciones que d e s a rro ­
llan y p o r lo ta n to sin c o m p e tir e n tre ellas.
neocorporativismo D ichas aso ciacio n es tien en u n a e s tr u c tu r a
in te rn a c e n tra liz a d a y je rá rq u ic a y la p e rte ­
I. d i v e r s o s c o n c e p t o s d e n e o c o r p o r a t i v i s m o . El n en cia a las m ism as es a m en u d o de hecho
co n cep to de n. se h a d ifu n d id o re c ie n te m e n ­ o b lig a to ria, a u n q u e no de derecho. P e ro su
te en la lite r a tu r a p o lito ló g ica in te rn ac io n al, aspecto m ás c a ra c te rístic o e stá en su relación
com o un in stru m e n to p a ra a n a liza r una serie con el a p a ra to e sta ta l. Es el e sta d o q u ie n les
de cam bios v erificados en la relació n e n tre concede rec o n o c im ien to in stitu c io n a l y el
e sta d o y o rg an iz ac io n e s de los in te re se s p r i­ m onopolio de la re p re se n ta c ió n de los in te ­
vados en los p aíses c a p ita lis ta s de régim en reses, así com o la delegación de u n a se rie de
dem o crático . El prefijo “ n e o ”, así com o ad je­ funciones públicas. Según Offe (1981), la "cor-
tivos tales com o " so c ie ta rio " , " lib e ra l" , p o rativ izació n ” de las organizaciones de inte­
" d e m o c rá tic o ” , " c o n tr a ta d o ”, " v o lu n ta rio ” , reses, en especial de los sindicatos, en los paí­
u sa d o s en su m o m en to p o r diversos a u to re s ses c a p ita lista s av an zad o s d e rég im en d e m o ­
(re sp e ctiv a m e n te p o r S c h m itte r 1974, Lehm - crático , co nsiste esen cialm en te en la " a tr ib u ­
b ru c h 1977, W ilensky 1977, C rouch 1977a y ción de un c a rá c te r p ú b lic o ” p o r p a r te del
1977b) in d ica u n a exigencia de d istin ció n de e sta d o . Sin em b a rg o el fenóm eno tie n e sus
este co n cep to re sp e c to del co n cep to clásico raíces en un hecho h istó ric o m ucho m ás a n ti­
de c o rp o ra tiv ism o (v. corporativismo), irr e ­ guo, en la " re fu n d a m e n ta c ió n de la E u ro p a
m ediablem ente identificado ideológicam ente b u rg u e s a ” (M aier 1975) que tuvo lu g a r e n tre
con el fascism o. El tip o de relacio n es e n tre las dos g u e rra s m undiales o incluso en el paso
e sta d o y so cied ad civil que se q u iere c a p ta r a n te rio r de u n c a p ita lism o lib e ral a u n c a p i­
con tales co n cep to s en re a lid a d no es m uy talism o organizado a p rin cip io s de e ste siglo.
d ife ren te . A m bos "se re fie re n a unos in te n ­ En a b ie rta p o lém ica con la visión p lu r a lis ­
tos p o r h a c e r rev iv ir algo de aq uella u n id a d ta, h eg em ó n ica en los países a n g lo sa jo n es
o rg án ic a de la sociedad m edieval fre n te al p ero in cap az de in te r p re ta r el s iste m a p o líti­
individualism o y atom ización p ro d u cid o s por co de los países de E u ro p a occidental, se seña­
el lib e ra lism o ” (Crouch 1977b). Sin em bargo, la el papel que han d esem p eñ ad o m u ch o s
existe u n a d ife ren c ia fu n d am en tal: que en u n e sta d o s en la fo rm a ció n y c o n so lid ació n de
sistem a neo co rp o rativ o las organizaciones de las o rg an iz ac io n e s de intereses, q u e m u ch a s
los in te re se s p riv ad o s son lib re s de a c e p ta r veces ap arecen d isp erso s e incapaces de u n ir­
o no sus relaciones con el estado, y p o r lo ta n ­ se en la so cied ad civil. "S o la m e n te la in te r ­
to c o n trib u y en a definirlas; al m ism o tiem po, vención c o e rc itiv a del e sta d o b u ro c rá tic o
en el co rp o rativ ism o clásico es el propio e sta ­ m o derno, so ste n ien d o la vida de la s o rg a n i­
do q u ien im pone y p la s m a d ich a s relaciones. zaciones, regulando su cam po de jurisdicción,
1536 STALINISMO

m uestra cómo el térm ino “ sistem a to talita­ co n stitu id o p o r una lucha sin tregua c o n tra
rio ” ha sido elaborado con base en las carac­ los reales o p resu n to s enem igos del socialis­
terísticas histórico-políticas muy particulares mo o an tip artid o . Así, son alejados de sus
del régim en nacional-socialista y del régimen posiciones los m ás famosos líderes de la revo­
stalinista. lución; p rim ero Trotski, luego Kámenev y Zi-
La distinción entre los varios sistem as polí­ nóviev, después B ujarin y poco a poco m u­
ticos en térm inos de relevancia de la socie­ chos otros h asta llegar a la culm inación con
dad civil, de la sociedad política y del e sta ­ los procesos de M oscú y la elim inación físi­
do, puede servir p a ra defin ir la distinción ca de toda la vieja g u ard ia bolchevique, de
entre los sistem as políticos más aceptados m uchos líderes m ilitares y, por fin, de T ro ts­
por la s. política contem poránea y que ya ki (1940) ya en exilio desde hacía un decenio.
hemos indicado. Y esto vale p articu larm en ­ E sta obra de represión capilar de cualquier
te cuando la s. política afro n ta —en un ám bi­ form a de disensión, identificada tout court
to comparativo y en una perspectiva de "desa­ con la tradición de la revolución y del partido,
rrollo político”— la gran variedad de siste­ im puso n atu ralm en te la potenciación de la
m as políticos contem poráneos, sean éstos de policía secreta, la fam osa gpu, el recu rso a
los países industrialm ente "avanzados” o bien los cam pos de concentración p a ra los oposi­
de los países en vías de desarrollo. to res y la centralización de todas las decisio­
nes y de todo el poder en las m anos del p ro­
bibliografía: R. Bendix, Estado nacional y ciu­ pio Stalin. H asta el p artid o perdió su papel
dadanía (1964), Buenos Aires, Amorrortu, 1974; central en la e s tru c tu ra estatal de la Unión
N. Bobbio, Saggi sulla scienza política in Italia, Soviética, p u esto que las depuraciones recu ­
Bari, Laterza, 1969; M. Duverger, Introducción rren te s habían debilitado fuertem ente su es­
a la política (1964), Barcelona, Ariel, 1968; C.J. queleto y debido a que la obediencia p rim a ­
Friedrich, Gobierno constitucional y democracia ria fue trib u ta d a en form as sin precedentes
(1937), Madrid, Centro de Estudios Constitucio­ a Stalin, cuyas acciones y cuyos escrito s fue­
nales, 1975; S.M, Lipset, El hombre político ron considerados como nuevos fundam entos
(1960), Buenos Aires, Eudeba; A. Pizzorno, Sche- y originales prosecuciones de la p ráctica y de
ma teórico con particolare riferimento ai partiti la teoría m arxista. Toda crítica a estas accio­
politici in Italia, en G. Sivini (comp.), Partid e par- nes y a sus form ulaciones y justificaciones
tecipazione política in Italia, Milán, Giuffré, 1971; teóricas fue proscrita como expresión de pen­
N. Poulantzas, Poder político y clases sociales en sam iento no m arxista: nacieron así u n a exa­
el estado capitalista (1968), México, Siglo XXI, gerada exaltación del líd er del p artid o y una
1969; M. Weber, Economía y sociedad (1922, absoluta subordinación a su voluntad en to­
1964), a cargo de J. Winckelman, México, Fon­ dos los cam pos (desde el arte, bajo el control
do de Cultura Económica, 1964. de Zhdanov, hasta la biología, bajo la influen­
cia de Lysenko) que los "d estalin izad o res”
[PAOLO FARNETl] definieron como culto a la personalidad.
En definitiva, las características distintivas
de la gestión stalin ista del poder en política
stalinismo in terio r son el culto a la p erso n alid ad y el
em pleo del terror. Por cuanto a m enudo, por
i .,el stalinismo en sus aspectos históricos . His­ lo tanto, el s. es considerado casi la en ca rn a­
tóricam ente el s. es el periodo en que el poder ción del poder to talitario hecho posible por
com unista en la Unión Soviética se consoli­ la presencia del control policial, en él el papel
da bajo la guía del partido com unista en cuyo trad icio n alm en te atribuido a una organiza­
vértice estaba como secretario Josif Stalin. ción b u ro crática como el p artid o es en cam ­
E sta fase histó rica p resen ta características bio desem peñado por un líder "carism á tic o ”
p articu lares, tan to en política in terio r como (que supo m anipular hábilm ente el p olitburó
en política exterior, que pueden ser sin teti­ y el com ité central).
zadas en la expresión "socialism o en un solo M uchas de las elecciones en política in te­
p a ís” . Desde el punto de vista de la política rio r (v. infra) fueron, según algunos com en­
interior, el aspecto sobresaliente del s. está ta ristas, fuertem ente influidas por la sitúa-
STAL1NISM0 1537

ción internacional, pero en p arte tam bién el más breve tiempo posible los recursos nece­
plasm aron el contexto internacional en que sarios p ara la industrialización del país tan­
el s. se encontró p ara actu ar. No sólo el lar­ to p ara h u ir a la am enaza de una invasión
go aislam iento diplom ático —el conocido cor- como p a ra responder a las necesidades de los
don sanitaire (tendido p o r los estados occiden grupos sociales más im portantes. En un sen­
tales alrededor de los lím ites de la Unión tido bien preciso, el s. fue el sustituto funcio­
Soviética p ara im pedir que "la infección" del nal de la acumulación originaria efectuada en
socialism o revolucionario contagiara a otros los países capitalistas, pero debió a fro n ta r
países)— sino las num erosas tentativas de problem as fundamentalmente similares: trans­
subversión y el soborno de las bandas de los ferencia de recursos d e la ag ricu ltu ra a la
blancos, sobre todo en los prim eros años de industria, acentuación de la producción de las
vida de la Unión Soviética, dejaron im presa in d u strias pesadas, com presión de los consu­
en la m ente de Stalin y de muchos com unis­ mos, control y subordinación de las organi­
tas la realidad y la psicosis de la c o n tra rre ­ zaciones de los trabajadores.
volución. Ante ella los com unistas reacciona­ Si al m enos en p arte los problem as fueron
ron, al principio, favoreciendo cualquier ten­ los mism os, las m odalidades con que el s. tra ­
tativa revolucionaria y anticolonial, luego con tó de sum inistrarles una solución fueron neta­
una estrategia de lucha contra la socialdemo- m ente diferentes. La producción agrícola a
cracia (ya teorizada por Lenin con sus 21 pun­ través de diversas fases fue, finalmente, com­
tos) que debía revelarse nefasta en Italia y en pleta y bruscam ente colectivizada, y este pro­
Alemania, y que habría de llevar a la d estruc­ ceso se d esarrolló c o n tra la tenaz oposición
ción del fuerte p artid o an arq u ista español (la de los kulaks o cam pesinos ricos, que fueron
Federación A narquista Ibérica) d u ran te la com pletam ente expropiados y exterm inados
g u erra civil española y, después, con la acep­ en m asa. La producción de las industrias
tación ta rd ía de los fren te populares (promo­ pesadas y la com presión de los consum os fue­
vida sobre todo p o r el éxito del Front Popu- ron rígidam ente im puestas mediante una pla­
laire francés en 1936), y por fin frente a los nificación centralizada y global, m ientras que
titubeos y a las o scu ras m an io b ras de las po­ el co n tro l y la subordinación de las o rgani­
tencias occidentales an te la política h itleria­ zaciones de los trab ajad o res, ya codificados
na, con el pacto Molotov-von R ibbentrop, ac­ en la constitución de la Unión Soviética, fue­
to culm inante dictado, según algunos, p o r el ron m antenidos a trav és del p artid o y de la
m iedo al cercam iento, según o tro s inicio de policía secreta. A todo esto se agrega el hecho,
una Realpolitik basada exclusivam ente en los m uy grave a la luz del objetivo de la contruc-
intereses nacionales de la Unión Soviética. I. ción de una sociedad sin clases, de la in tro ­
ducción, querida por Stalin, de una fuerte di­
II. E L S T A LIN IS M O COMO FASE D E DESARROLLO . SÍ bien ferenciación en los salarios.
los estudiosos del s. están profundam ente A pesar de muchos erro res candentes, sobre
divididos acerca del ju icio histórico atribui- todo en el sector agrícola, que la reciente his­
ble a este "rég im en ”, la m ayor p a rte de ellos to rio g rafía económ ica h a docum entado am ­
concuerdan al considerarlo como una fase po­ pliam ente, la Unión Soviética em ergió a prin­
sible, pero no inevitable, en el desarro llo de cipios de los años cincuenta como un país
un país com unista, au n q u e m uchos de ellos esencialm ente industrializado y que había sa­
califican esta adm isión destacando las carac­ bido d a r solución sobre todo a los problem as
terísticas de excepcionalidad del p rim er sis­ sociales tales com o in strucción universal y
tem a com unista en un m undo com pletam en­ asisten cia m édica y pensiones generalizadas,
te capitalista. El s. es visto esencialm ente por aun en tre inevitables desequilibrios. El s. co­
m uchos estudiosos, p ero no por todos, como mo fase de acum ulación o rig in aria y como
una resp u esta funcional a los problem as de política de industrialización había dado, por
un vasto país escasam ente industrializado, lo tanto, sus frutos, au nque los historiadores
con fuertísim os desequilibrios regionales, no pueden hacer menos que aclarar los aspec­
sem idestruido p o r la g u e rra y socialm ente tos m ás macroscópicos de derroche y de m ala
desorganizado. utilización de los recu rso s y de desorganiza­
El s. constituyó la tentativa de acum ular en ción económ ica en general. A la luz de los
1538 STALINISMO

resultados obtenidos, sin em bargo, el uso del o p ositores y p artid ario s del com unism o han
terro r, la im posición de una férrea discipli­ destacado al m ism o tiem po tam bién los as­
na del trab ajo (que adem ás obstaculizaba en pectos que hacen del s. una degeneración del
gran m edida la m ovilidad interna) y la com ­ m arxism o-leninism o. Antes que nada, el cul­
presión de los consumos, son justificados por to a la personalidad que Stalin favoreció de
m ucho com o precio inevitable a pagar para todas las m aneras dism inuyendo, a través de
una rápida transform ación social. depuraciones co n stan tes y m asivas, el papel
del partido, m ientras que Lenin trató p o r to­
I I I . E L S T A L IN IS M O : ¿C O N T IN U A C IÓ N O D E G E N E R A C IÓ N dos los m edios de tra n sfe rir su propio caris-
del marxismo-leninismo ? P ara la p ráctica y pa­ m a al propio partido, de in stitu cio n alizar su
ra la teo ría del m ovim iento internacional co­ propio carism a ateniéndose rigurosam ente a
m u n ista un problem a muy im p o rtan te y tal una dirección colegiada. En segundo lugar,
vez decisivo es saber si el s. representa la con­ la burocratización, la elusión de las resp o n ­
tinuación lógica e inevitable del m arxism o- sabilidades de los dirigentes, su c a rre ra por
leninism o o constituye en cam bio sólo una los privilegios y, en p articu lar, el abandono
posible degeneración del mismo. Aquellos que de los m étodos de control dem ocráticos de la
sostienen la continuidad del desarrollo com u­ base sobre el vértice, la despotenciación y el
nista de Marx a Stalin, y que pueden ser situa­ agotam iento del soviet, denunciado con firm e­
dos tanto en tre los opositores de derecha co­ za y tenacidad en todos sus escritos por Trots-
mo entre los de izquierda, aclaran los aspec­ ki. En tercer lugar, aunque la disensión entre
tos com unes al leninism o y al s. La lucha de los estudiosos en este punto es m ayor, el fin
S talin c o n tra los an típ artid o puede ser rem i­ de la tendencia revolucionaria internacional
tid a al principio —m antenido siem pre inva­ que Lenin, pero sobre todo Trotski, habían
riable a p a rtir de Lenin— de la expulsión de considerado indispensable no sólo para la ins­
aquellos que am enazasen la unidad ideológi­ tau ració n del socialism o sino p a ra su conso­
ca, política y organizativa del p artid o con la lidación y el crecim iento hacia el com unism o
constitución de fracciones. El uso del terro r, sin fenóm enos regresivos. Con su hab itual
que Lenin criticó, puede ser im putado, sin lucidez T rotski aclaró plenam ente cual e ra el
em bargo, a la creación de la policía secreta verd ad ero objetivo de Stalin: "La te o ría del
hecha p or el m ism o Lenin y a su justificación socialism o en un solo país, germ inada a p a r­
del carácter dogm ático del m arxism o revolu­ tir del estiércol de la reacción contra octubre,
cionario, in terp reta d o desde Lenin cada vez es la única teoría que se opone en modo to ta l­
m ás frecuentem ente er> este sentido, y de la m ente consecuente con la teoría de la revo­
llam ada legalidad revolucionaria. El control lución p erm anente".
y la subordinación de los sindicatos, simple Y en efecto, la obsesiva política de seg u ri­
co rrea de transm isión de las decisiones del dad perseguida por el s., en vez de u n a coo­
partido, son la directa consecuencia de la doc­ peración leal y fecunda ante los otros países
trin a expuesta p o r Lenin, y nunca renegada socialistas y los dem ás p artid o s com unistas,
p o r él, del centralism o democrático. Todos resultó en una constante e insidiosa te n ta ti­
estos aspectos del s. pueden, en definitiva, ser va de servilism o y de in strum entación, sin
considerados ya p resen tes in nuce en el leni­ co n tar la elim inación física de casi todos los
nism o y fueron proféticam ente individualiza­ representantes de la Comintern en 1937. P ara­
dos por Rosa Luxem burg en su fam osa polé­ fraseando la im aginativa com paración de
mica con Lenin —cuando afirm ó que "la liber­ D eutscher, podem os afirm ar que el verbo
tad sólo p a ra los p artid ario s del gobierno, m arxista, revelado en Occidente y difundido
p ara los m iem bros de una sola p arte [. . . ] no en O riente por su profeta Lenin, había encon­
es lib ertad de hecho. L ibertad es siem pre y trad o en los b u ró cratas stalin istas sus sacer­
solam ente lib ertad p ara aquellos que tienen dotes m ás b ru tales y m ás intolerantes, siem ­
opiniones d istin ta s" — y h allaron una inm e­ pre prontos a la condena, el anatem a y el
d iata confirm ación en la realidad com unista recurso a las declaraciones de herejía con tal
con la b ru ta l rep resió n de la rebelión de los de salvar la iglesia institucionalizada, visible.
m arin ero s de K ro n stad t en 1921.
Es im portante, sin embargo, observar cómo
STALINISMO 1539

iv. destalinización y neostalinismo. Con la en el periodo 1961-1965) y, p o r fin, la in ter­


m u erte de Stalin (1953), y sobre todo con la vención en Checoslovaquia en agosto de 1968
“ denuncia de sus crím enes" hecha por Jrus- y la proclam ación de la do ctrin a Brezhnev o
hov en el XX Congreso del pcus (1956), se ini­ de la “ sob eran ía lim itad a”.
cia p ara la Unión Soviética y p a ra los o tro s Por o tro lado, en política interior, casi como
países de F u ro p a o rien tal un periodo que es confirm ación del aforism o de Lenin de que
llam ado destalinización. No se tra ta de un ver­ un pueblo que oprim e a o tro no puede ser
dadero giro, de un salto cualitativo, ni de la libre, el s., o m ejor dicho el neostalinism o, se
reintroducción de la dem ocracia socialista, m anifiesta en una acentuada involución buro­
sino de cambios m arginales en la Unión Sovié­ crática y verticista en la gestión del poder, en
tica, y del surgim iento de im pulsos naciona­ la despotenciación del p artid o como in stru ­
listas an tiburocráticos en los países de E u ro ­ m ento de particip ació n política, en el agota­
pa oriental. m iento de las organizaciones ob reras y en la
La denuncia de los crím enes y de los e rro ­ prohibición de cu alq u ier form a de disensión
res políticos del s. efectuada p o r quien había (castigada no ya con el cam po de co n cen tra­
sido colaborador de Stalin, corresponsable o ción sino con la internación en hospitales psi­
connivente, no podía m ás que ser im parcial quiátricos).
o im perfecta, y es explicable la reticencia de Por cuanto que es indudablem ente difícil
Jrushov p ara señalar las causas profundas del evaluar la p ersisten cia, la atenuación y la
s. El logro de los objetivos de d esarrollo in­ desaparición de las características del s,, es
dustrial y de reconstrucción posbélica, la p re­ sin em bargo posible hacerlo sobre todo en
sión de las m asas, aunque m odestam ente referen cia a los diversos modelos explicati­
acrecentada, p a ra o b ten er m ejores condicio­ vos avanzados p a ra el análisis de este fenó­
nes de vida; la búsqueda de un reconocim ien­ m eno histórico, y es tam bién necesario e
to internacional de "d em o craticid ad ” en la im portante proceder a esta evaluación, pues­
fase de la gu erra fría y de la descolonización to que gran p arte de la h isto ria y del com por­
(con el fin de reforzar el llam ado socialista tam iento de los p artid o s com unistas ha sido
a los pueblos de las colonias) y, finalm ente, fuertem ente influida p o r el s. para bien y para
las exigencias de la p ro p ia b urocracia p olíti­ mal.
ca de in sta u rar un clim a de m ayor previsibi­ Quien adopta el m odelo del to talitarism o
lidad de com portam iento y de m enor insegu­ con el fin de in te rp re ta r el s. y utiliza, por lo
ridad social, im pulsaron a realizar la parcial tanto, como com ponentes fundam entales los
revisión del pasado que lleva el nom bre de siguientes elem entos —un p artid o único, el
destalinización. m onopolio de los m edios de com unicación,
Sin embargo, esta revisión fue parcial, más una policía secreta, la nacionalización de la
que nada porque el s. había conseguido indu­ economía, el te rro r y un líder suprem o— tien­
dablem ente notables éxitos en los cam pos de a d estacar la m ay o r o m enor persistencia
económ ico y político. La expansión efectiva de estos elem entos y la m ayor o m enor a te ­
del socialism o en escala m undial, aunque a nuación de su aplicación sobre la sociedad.
m enudo producida en co n traste con las direc­ Estos estudiosos destacan, en p articu lar, el
tivas stalinianas (China y Yugoslavia), y lue­ dism inuido papel de la policía secreta y la
go en absoluta autonom ía (Cuba), rep resen ta práctica cesación del te rro r como consecuen­
una tendencia de la que los dirigentes sovié­ cia del fin del s. aunque sigue persistiendo un
ticos se vanaglorian y de la cual obtienen cré­ estado fuertem ente a u to ritario y esencial­
dito político p ara defender los intereses m ente no dem ocrático.
nacionales de la URSS. Y estos intereses han Los estudiosos que consideran al s. como
sido defendidos con m edidas de corte stali- un estadio del desarro llo político, ca ra c te ri­
n ista como las represiones de las rebeliones zado p o r procesos de acum ulación e indus­
d e 'B e rlín (junio de 1953), de Poznan y de trialización rápidos y b ru tales con fu erte
B udapest en 1956, las recu rren tes am enazas com presión de las necesidades de las m asas,
a la vía yugoslava y a la vía china (pasando ponen el acento sobre la inevitable d ism inu­
desde el retiro de los técnicos soviéticos de ción de la tensión y señalan en la expansión
China en 1959 h asta u n a insanable ru p tu ra de los consum os, au n privados, en la Unión
1540 STALINISMO

Soviética, la p ru eb a m ás evidente del adve­ do co m u n ista chino. E ste últim o, en p a rtic u ­


nim iento del “com unism o de m a sas” y el fin lar, parece q u erer destacar, con la recu p e ra­
de la "n ecesid ad ” p o r p arte del estad o de ción positiva del periodo de Stalin, u n a adhe­
intervenir p rofundam ente y de m an era capi­ sión m ás estrech a a los principios del m a r­
lar en todos los sectores de la sociedad. En xismo-leninismo respecto de las desviaciones
efecto, una econom ía in d u strial avanzada im p u tab les a los actuales dirigentes soviéti­
necesita p a ra funcionar una m ayor circu la­ cos. Un an álisis de los principios del m aoís-
ción de ideas, una m ejor coordinación entre mo, sin em bargo, no fácilm ente rem isible al
los diversos sectores y un aum ento en la p ro ­ s., hace co n sid era r en tre o tra s cosas que la
ducción de bienes de consum o. La destalini- polém ica China-URSS ha im pedido h asta hoy
zación es, po r lo tanto, la tom a de conciencia un balance cuidadoso del s. e n tre los estu d io­
de la funcionalidad de una m oderada libera- sos chinos.
lización in tern a a los fines del d esarro llo de Si el s. representó, a pesar de todo, una fase
la sociedad. tal vez necesaria en la consolidación del régi­
O tros auto res ponen el acento en la desta- men soviético y en la instauración de un p u n ­
linización com o consecuencia de la m ayor to de referencia obligado p ara el m ovim ien­
seguridad que la Unión Soviética ha ad q u iri­ to o b rero internacional, el neostalinism o
do en las relaciones internacionales. Esta parece se r incapaz de d isfrazar su v erd ad e­
seguridad, sin em bargo, no avanza h a sta la ra n atu ra leza de in stru m en to p ara defender
posibilidad de to lerar tensiones nacionalistas los in tereses constituidos de los grupos en el
y centrífugas en los países del este, de m ane­ poder en los países socialistas y, en d efiniti­
ra que el m antenim iento de la unidad del blo­ va, de la Unión Soviética en cuanto potencia
que socialista surge como principio inform a­ m undial. Y parece ser o tro el juicio a d a r del
dor de la política ex terio r soviética, su b o rd i­ s. y de sus consecuencias en la política in te­
nando a ella to d a posibilidad de refo rm a in­ rio r de un país, si se lo ve a la luz de la disci­
te rn a en los o tro s países socialistas. plina y de la intransigencia revolucionaria
Los críticos que han visto en el s. la expre­ (elem entos que los com unistas chinos han
sión de la degeneración b u ro crática del esta­ in tentado siem pre m an ten er vivos) y otro
do obrero, en cambio, no pueden hacer menos cuando se lo ve en sus efectos de m an ifesta­
que efectuar un balance muy negativo aun del ción y expansión de m onopolio ideológico y
régim en soviético. En efecto, si el s. ha rep re­ de poder ejercido p o r una oligarquía, en
sentado sobre todo la creación de una casta represen tació n de un estado, sobre el m ovi­
b urocrática, la represión de la participación m iento o b rero internacional en los países
política de las m asas y la subordinación de com unistas y en los partidos com unistas en
la expansión en escala m undial de la revolu­ los países occidentales. El s. sigue siendo, en
ción socialista a los in tereses nacionales del conclusión, una tendencia ínsita en todo p a r­
estado soviético, el sim ple pero im portante tido com unista en el poder y que sólo cons­
retorno a una vida social caren te de “ te rr o r ” tan tes adecuaciones en la relación cuadros-
no señala el fin del s. La Unión Soviética m asas pueden d esb aratar.
rep resen ta todavía, quiérase o no, el re su lta ­
do del s., y su grupo dirigente no ha innova­
do sustancialm ente, en los aspectos fu n d a­ b i b l i o g r a f í a : G. Bofia (comp.), Stalin (1979), Bar­

m entales, sobre la política seguida p o r Sta- celona, Orbis, 1985; E.H. Carr, Historia de la
lin y por sus colaboradores. La única a lte r­ Rusia soviética (1950-1971), Madrid, Alianza,
nativa real es, según los estudiosos de m a r­ 1980-1987, 8 vols.; P.L. Contessi, I processi di
cada p o stu ra tro tsk ista, una revolución Mosca, Bolonia, II Mulino, 1970; I. Deutscher,
política que d esb arate la b u ro cracia y re p ro ­ Stalin, biografía política (1965), México, Era,
ponga la dem ocracia socialista. 1970; J. Elleinstein, El fenómeno staliniano
Hoy se rem iten abiertam ente al s. sólo algu­ (1975), Barcelona, Laia, 1977; A. Kresic, Per la
nos grupos que reivindican sus presuntos con­ critica dello stalinismo, Bari, De Donato, 1972;
tenidos ascéticos y de lucha sin tregua con­ J.J. Marie, Stalin (1879-1953) (1967), Roma, Somo-
tra el capitalism o y el im perialism o, en tre ná e Sarelli, 1969; R.A. Medvedev, Lo stalinismo:
ellos el p artid o com unista albanés y el p a rti­ origini, storia, conseguenze (1964), Milán, Mon-
SUBDESARROLLO 1541

dadori, 1969; A, Natoli, Sulle origim dello stali- falta de recursos, de energías o de voluntad.
nismo, Florencia, Vallecchi, 1979; A. Nove, Sta- Desde esta persp ectiv a el s. es sinónim o de
linismo e antistalinismo nella economía soviéti­ in t e r r u p c i ó n del desarrollo. M ientras que en
ca (1966), Turín, Einaudi, 1968; A. Nove, Stalin la sociedad trad icio n al no se han alcanzado
e ii dopo Stalin in Russia (1975), Bolonia, II Muli- todavía —desde el interior o desde el exterior,
no, 1976; M. Reiman, El nacimiento del stalinis- pero m ás a m enudo desde este últim o— los
m o( 1979), Barcelona, Crítica, 1982; J. Stalin, Los estím ulos p a ra ro m p er el m anto de la tra d i­
fundamentos del leninismo, Barcelona, Grijalbo, ción en los sectores económico, social, reli­
1975; R.C. Tucker, Stalin il rivoluzionario (1879- gioso, cu ltu ral y político, en las sociedades en
1929) (1973), Milán, Feltrinelli, 1977; R.C. Tucker las que se ha in terru m p id o el desarrollo fue­
(comp.), Stalinism: essays in historical interpre- ron las fuerzas de la tradición las que se im pu­
tation, Nueva York, Norton and Co., 1977; A.B. sieron a los estím u lo s dem asiado débiles y
Ulam, Stalin (1973), Barcelona, Noguer, 1975, 2 vacilantes y los sofocaron, al menos tem po­
vols. ralm ente.
Si nos adherim os a la tesis del d esarrollo
[ g ia n f r a n c o p a s q u in o ] como consecuencia de la expansión o de la
difusión de algunos estím ulos en los sectores
más variados de la actividad hum ana, pero
sobre todo en los sectores económicos y socia­
subdesarrollo les (vistos como sectores de arrastre en el inte­
rio r de las diversas sociedades), el s., tan to
i. definición de suBDF.SARROLLO. El an álisis s is te ­ en el nivel interno o nacional como en el nivel
m á tico d e las ca u sa s d e l s. ha p asad o a tra­ internacional, puede ser visto como debido a
vés de d iversas fa ses o p eriod os h istó rico s, una im perfecta e incom pleta difusión de los
en riq u e cién d o se n o ta b lem en te p ero re g is­ estím ulos que ocasiona así la existencia de
trando del m ism o m o d o p rofu n d os ca m b io s zonas todavía no alcanzadas por ellos. El
de esq u em a en referen cia al abordaje co n cr e­ desarrollo se pro d u cirá cuando se destruyan
to del p rob lem a. No e s por lo tanto p o sib le las b a rre ra s que obstaculizan la difusión de
p rop on er una d e fin ic ió n de s. válida en a b so ­ estos estímulos, b arreras que a menudo están
luto o a cep ta b le por to d o s. Es im portante, en constituidas por dificultades de com unica­
cam bio, tratar de señ a la r las ca r a cte rística s ción y no sólo por falta de recursos. Esta tesis,
de vez en vez a so c ia d a s a la situ a ció n d e s. y, respecto de la precedente, se propone expli­
siem p re que se a p o sib le, señ alar las e str a te ­ car el s. interno y no sólo las desigualdades
gias p ro p u e sta s para su su peración . en el nivel internacional. A esta tesis, en su
Al principio se com ienza a h ab lar de s. aplicación a los diversos casos nacionales, se
poniéndolo en estrech a relación con el p ro ­ le confiere el nom bre de d u a lis m o .
ceso de incipiente o avanzada modernización, En su versión m ás sim plificada esta tesis
pero se habla de él en dos sentidos muy d is­ afirm a que es dualista la sociedad en la que
tintos, P ara algunos autores, en p a rtic u la r se m anifiesta una considerable diferencia
para aquellos que se adhieren al planteo que en tre el secto r ind u strial y el sector agríco­
hacen de las e ta p a s d e d e s a r r o llo , más que un la. Por un lado, el sector agrícola, en su m ayo­
útil in stru m en to heurístico, casi una teoría, ría dedicado a econom ía de subsistencia, es
el s. rep resen ta esencialm ente la etapa origi­ considerado subdesarrollado en cuanto toda­
naria del proceso. La sociedad tradicional es vía no ha sido alcanzado p o r la expansión del
por lo tanto, casi por definición, una socie­ sector industrial; p o r el o tro es considerado
dad su b d esarro llad a y sus características como un obstáculo objetivo, un freno a esta
constitutivas son identificadas e x a d v e r s o expansión. Las relaciones e n tre dos sectores
según un análisis de las sociedades llam adas son consideradas, alternativam ente, com o
desarrolladas. Poco a poco se agrega a esta r e la c io n e s d e c a m b i o entre econom ías d istin­
interpretación la tesis que ve en las socieda­ tas, pero de las cuales los dos sectores term i­
des subdesarrolladas las sociedades que, aun nan por ex tra er beneficios lim itadísim os, o
habiendo iniciado el proceso de desarrollo, no bien como r e la c io n e s d e e x p lo t a c i ó n del sec­
fueron capaces de proseguir el camino, p o r to r industrial sobre el sector agrícola, contra­
616 F A S C IS M O

del estado que no sea la de la coexistencia precio de los valores del individualismo libe­
pacifica de todas las filosofías e ideologías. ral, en el ideal de colaboración entre las cla­
ses, en una contraposición frontal ante el
[norulrto hobhio] socialismo y el comunismo, en el ámbito de
un ordenamiento de tipo corporativo; unos
objetivos de expansión imperialista en nom­
bre de la lucha de las naciones pobres con­
fascismo tra las potencias plutocráticas; una moviliza­
ción de las masas, encuadradas en organiza­
i. problemas de DEFINICION. En la vasta produc­ ciones dirigidas hacia una socialización polí­
ción literaria acerca del fascismo es normal tica planificada en función del régimen; una
encontrarse con definiciones conceptuales eliminación de la oposición por medio del uso
diversas y a menudo contradictorias. La mul­ de la violencia terrorista; un aparato de pro­
tiplicidad de definiciones es indicativa de la paganda fundado en el control de la informa­
complejidad real del objeto investigado y de ción y de los medios de comunicación de
una pluralidad de enfoques, cada uno de los masas; un creciente dirigismo estatal en el
cuales destaca ciertos rasgos considerados ámbito de una economía que sigue siendo fun­
especialmente significativos para la descrip­ damentalmente privada; un intento de inte­
ción o explicación del fenómeno. grar en las estructuras de control del parti­
En principio se pueden distinguir tres usos do o del estado, según una lógica totalitaria,
o significados principales del término. El pri­ el conjunto de las relaciones económicas,
mero se refiere al núcleo histórico original sociales, políticas y culturales.
constituido por el f. italiano en su especifici­
dad histórica; el segundo está vinculado con II, IAS -TEORIAS" SOBRE EL FASCISMO. Como todo
la dimensión internacional que el f. adquirió acontecimiento histórico de relieve, el f. ha
cuando el nacionalsocialismo se consolidó en suscitado desde su nacimiento un interés que
Alemania con características ideológicas, cri­ va más allá de la contingencia de la lucha polí­
terios organizativos y finalidades políticas tica, para tocar una serie de temas importan­
tales que indujeran a los contemporáneos a tes a la comprensión de la sociedad contem­
establecer una afinidad sustancial entre el f. poránea. Ha estimulado, pues, una imponen­
italiano y el llamado f. alemán; el tercero, te reflexión teórica sobre las causas y posi­
finalmente, extiende el término a todos aque­ bles consecuencias de los regímenes fascis­
llos movimientos o regímenes que comparten tas, articulada en una serie de hipótesis
con el definido como "f. histórico” un cierto interpretativas, que con el tiempo se han ido
núcleo de características ideológicas, crite­ afinando y enriqueciendo, ya sea por efecto
rios organizativos y finalidades políticas. En de la acumulación de material empírico, va
esta últim a acepción, el término f. ha asumi­ por efecto de la adopción de nuevos marcos
do una indeterminación tal que pone en entre­ teóricos de referencia. A esta serie de hipó­
dicho su utilización con fines científicos. Se tesis interpretativas, más o menos sistemáti­
ha ido delineando pues cada vez más una ten­ camente correlacionadas y más o menos veri­
dencia a lim itar su uso solamente al f. histó­ ficadas empíricamente, se hace a menudo
rico, cuya vigencia cubre en Europa el perio­ referencia cuando se habla de "teorías" sobre
do comprendido entre 1919 y 1945 y cuyas el f. y con esta amplia acepción será usado
especificaciones están constituidas esencial­ también dicho término en el presente con­
mente por el f. italiano y el nacionalsocialis­ texto.
mo alemán. Existen diversos criterios para clasificar las
Por lo general se entiende por f. un siste­ teorías sobre el f.: el cronológico, el políti­
ma de dominación autoritario caracterizado co-ideológico. el disciplinar y el sistemático
por: un monopolio de la representación polí­ —por citar los más usados—, los cuales se
tica por parte de un partido único y de masas, pueden combinar diversamente entre si. dan­
organizado jerárquicamente; una ideología do origen a tipologías más o menos comple­
tundam entada en el culto del jefe, en la exal­ jas. La subdivisión que aquí utilizaremos tie­
tación de la colectividad nacional y en el des­ ne un carácter introductorio e intenta llamar
F A S C IS M O 617

la atención sobre los principales enfoques al al carácter represivo de la cultura, a las carac­
análisis del fenómeno, desarrollados por terísticas inmanentes de la lucha política,
investigadores de diversas tendencias a p ar­ etcétera.
tir de los años veinte. La propensión hacia las leorias singulari­
Utilizando la terminología usada por E. zantes o generalizantes respectivamente no
Nolte en su conocido ensayo Theorien iiber puede atribuirse, como a menudo sucede, a
den Faschismus, la cual forma ya parte del la diversa orientación de los historiadores por
léxico común de los estudios sobre este tema, una parte y de los científicos sociales por la
las teorías sobre el f. pueden dividirse en dos otra. De hecho, no faltan corrientes historio-
grandes categorías: teorías singularizantes y gráficas que. aun con la necesaria articula­
teorías generalizantes. ción de una investigación en diversos niveles
Pertenecen a la primera categoría aquellas de cada realidad nacional, no sólo no contra­
teorías que, para la explicación del surgimien­ dicen una teoría generalizante, sino que recu­
to y de la consolidación de los movimientos rren a ella —baste pensar por ejemplo en la
y de los regímenes fascistas, recurren a fac­ historiografía m arxista—, asi como existen
tores estrecham ente vinculados con las par­ análisis sociológicos que asumen como fac­
ticularidades de una determ inada realidad tor explicativo general del surgimiento de
nacional y rechazan todo intento de genera­ regimenes fascistas la especifica configura­
lización desde un contexto histórico especi­ ción de las relaciones entre sistema social,
fico a otro. Según los partidarios de dicha político y cultural de un país determinado. La
aproximación, las analogías que se pueden opción por una u otra orientación aparece
encontrar entre los movimientos y regímenes más bien determinada por el tipo de factores
cumúnmente definidos como fascistas tienen que se consideran más relevantes con fines
un carácter formal, mientras que las diferen­ de descripción o explicación del fenómeno o
cias entre una situación y otra son tan rele­ por el nivel prioritario de análisis.
vantes que permiten una reflexión fundada Es preciso tener presente este último aspec­
científicamente sólo en los fascismos parti­ to, porque —como ha observado Gino Germa-
culares. Por consiguiente, el término f. es apli­ ni— la falta de distinción entre diferentes
cable correctam ente al movimiento político niveles de análisis del fenómeno fascista ha
consolidado en Italia en los años que siguie­ originado a menudo contrastes interpretati­
ron inmediatamente a la primera guerra mun­ vos más aparentes que reales, porque están
dial y al tipo de régimen instaurado por dicho fundados en la contraposición de resultados
movimiento después de tomar el poder, y sólo válidos en diversos niveles de generalización.
de manera impropia se puede aplicar a otros En realidad, el f. en cuanto acontecimiento
movimientos y regímenes asimilados de diver­ histórico concreto forma parte de una amplia
sa m anera a través de la utilización de sus fenomenología del autoritarism o en la socie­
esquemas analíticos. dad moderna y se plantea como resultado de
Pertenecen a la segunda categoría aquellas una serie bastante compleja de concatenacio­
teorías que consideran el f. como un fenóme­ nes causales, unas remotas, otras más próxi­
no supranacional que ha tenido, en las formas mas, que se estudian en sus interrelaciones
en que se ha presentado históricamente, especificas. El problema principal pura la ela­
características sustancialmente análogas, boración de una teoría del f. consiste pues en
reducibles a un conjunto de factores homo­ la determinación de un nivel de observación
géneos. Según los factores que se consideren que permita captar la especificidad sin renun­
varían la definición y el ámbito de aplicación ciar a las conexiones de carácter general que
del concepto. Las teorías generalizantes pue­ hacen del f. un fenómeno radicado en algu­
den a su vez subdividirse en dos subcatego­ nos rasgos típicos de la moderna sociedad
rías, que se pueden definir respectivamente industrial.
como intrapolíticas y transpolíticas. Las pri­
meras se refieren a factores histórico-políti- ni. el enfoove SINGULARIZANTE. La tendencia a
cos determinados, empíricamente individúa- analizar el f. como un producto de caracte­
bles; las segundas se refieren a factores ahis- rísticas particulares de la sociedad italiana
tóricos, inherentes a la naturaleza humana, y de su historia es contemporánea al mismo
61» F A S C IS M O

surgimiento del f. Aunque m inoritaria en el evolución del sistema político en un sentido


panorama global de los estudios sobre este moderno, habían sido terreno abonado para
tema, ha constituido una parte importante de el f., que se planteaba más en una linea de con­
la historiografía italiana y extranjera y ha tinuidad que de ruptura, respecto del siste­
recibido nuevos impulsos en los años recien­ ma liberal. De aquí arranca un juicio susian-
tes bajo la influencia de investigaciones como cialmentc reductivo del f. v de su potenciali­
la de G. Mosse sobre Los orígenes culturales dad de expansión, que podía captarse sola­
del Tercer Reich, que, revalorando la impor­ mente a partir del reconocimiento de los ele­
tancia del componente nacionalista para la mentos de novedad existentes, va sea en las
comprensión de los aspectos esenciales del técnicas de gestión del poder, ya en el modo
régimen nazi, y en primer lugar el del consen­ de organización del cuerpo social, y, más en
so, ha abierto de hecho nuevamente la discu­ general, en la configuración de las relaciones
sión sobre el peso relativo de las diferencias entre estado y sociedad civil. Dicho con otras
y analogías entre f. y nacionalsocialismo pri­ palabras, lo que les faltaba a los partidarios
mero y a continuación entre determinados de la tesis del f. como revelación era una per­
regímenes autoritarios que han marcado la cepción adecuada de la naturaleza de la cri­
historia contemporánea más reciente. sis que había afectado al sistema liberal, y no
Las prim eras hipótesis de explicación del sólo en Italia, en el periodo comprendido
f. sobre la base de factores internos y típicos entre las dos guerras mundiales, así como del
de la sociedad italiana fueron naturalm ente tipo de solución dada por el L a dicha crisis.
formuladas en los años veinte, simultánea­ La afirmación del carácter típicamente ita­
mente con la afirmación del movimiento fas­ liano del f., que incluso hicieron propio, entre
cista, con la toma del poder por parte de Mus- otros, notables teóricos fascistas que reivin­
solini y con la progresiva transformación del dicaban para él la culminación del proceso de
estado liberal en un estado de connotaciones unificación nacional iniciado con el Risorgi-
totalitarias. Pocos supieron ver entonces en mento, fue puesta en tela de juicio al apare­
el f. la anticipación de una crisis más gene­ cer movimientos fascistas en diversos países
ral que conmovió Europa y produjo, a través europeos y sobre todo por la ascensión al
de la catástrofe de la segunda guerra mundial, poder del nacionalsocialismo en Alemania. A
profundos cambios en la organización inter­ partir de los años treinta predominaron las
na de los estados nacionales en particular y interpretaciones tendientes a señalar el carác­
en la situación internacional en general. ter supranacional del f., que han orientado a
Las causas inmediatas de la victoria del f. la mayor parte de las investigaciones y ali­
fueron generalmente atribuidas al clima de mentado la discusión teórica, incluso después
fuerte inestabilidad social, política y econó­ de la segunda guerra mundial.
mica creado en Italia en los primeros años de Precisamente polemizando contra tales
la posguerra. Sin embargo, con la intención interpretaciones se ha ido delineando en el
de explicar la vulnerabilidad de las institu­ último decenio una corriente historiográfica
ciones liberales y su caída, algunos investi­ tendiente a reducir nuevamente el ámbito de
gadores se preguntaron por el pasado de la aplicabilidad del concepto de f. únicamente
historia nacional, llegando a detectar en el al contexto italiano. Planteando la justa exi­
proceso de formación del estado unitario una gencia de evitar las generalizaciones arb itra­
debilidad intrínseca en sus estructuras, la rias, pero expresando al mismo tiempo una
cual fue cuestionada por el f. Surgió así la orientación metodológica de desconfianza
conocida tesis del f. como "revelación”, pro­ respecto del uso de conceptos generales en la
pugnada por hombres tan distintos como G. investigación histórica y respecto de mode­
Fortunato, C. Rosselli, P. Gobetti, G. Salvemi- los teóricos propios de las ciencias sociales,
ni y otros. El retraso del país, la ausencia de dicha corriente —que tiene en Italia a su expo­
una auténtica revolución liberal, la incapaci­ nente mas notable en Renzo de Felice— ha
dad y pereza de las clases dirigentes, unida producido una serie de investigaciones sobre
a la arrogancia de una pequeña burguesía el f. como movimiento y como régimen con
parasitaria y enferma de retórica, la prácti­ el objetivo de estudiar el fenómeno —por así
ca del transformismo, que había impedido la decir— desde el interior {de aquí la utilización
F A S C IS M O 619

de Tuentes predominantemente fascistas) y de relación con la burguesía y el proletariado,


reconstruir la historia más allá de esquemas el f. como movimiento representaría un
interpretativos preconstruidos. El resultado momento de ruptura respecto del pasado, una
de tales investigaciones ha sido el de llevar propuesta de modernización de las estructu­
a una revaloración de las diferencias entre los ras de la sociedad italiana con cierta carga
diversos "fascismos", hasta llegar a poner en revolucionaria. El f. como régimen, en cam­
tela de juicio la utilidad de un modelo uni­ bio, en cuanto resultado del compromiso
tario. entre el ala moderada del movimiento y las
Las argumentaciones aducidas para soste­ viejas clases dirigentes, habría marcado un
ner esta nueva versión de la especificidad del freno del empuje subversivo de los orígenes
f. italiano difieren radicalmente de las que del movimiento y el predominio de las tradi­
habían caracterizado los primeros análisis de cionales relaciones de poder entre las clases,
los investigadores contemporáneos al mismo. aunque sin llegar a una pura y simple reac­
Estos fundamentaban el tema de la especifi­ ción. La delegación de la gestión del poder
cidad en un conjunto de variables estructu­ político al í. por parte de la burguesía marcó
rales típicas de la sociedad italiana, cuya per­ en efecto la puesta en marcha de un proceso
sistencia se asumía como principal factor de recambio de la élite dirigente, el cual, si
explicativo del régimen fascista, y ponían el no hubiese sido interrumpido por la caída del
acento en la relación de continuidad respec­ régimen como consecuencia de los aconteci­
to del sistema liberal, la cual, no por casuali­ mientos bélicos, habría podido desafiar a los
dad, ha sido después aceptada por gran par­ centros del poder real controlados hasta
te de la historiografía marxista o cercana al entonces por las viejas clases dominantes.
marxismo. La r e a f i r m a c i ó n d e la " u n i c i d a d ” d e l f. i t a ­
En otra perspectiva completamente distin­ l i a n o y d e la n e c e s i d a d d e h a c e r p r e v a l e c e r
ta se ubican en cambio las investigaciones que lo s e le m e n t o s d e d if e r e n c ia c ió n e n tr e r e g ím e ­
hemos mencionado anteriormente. El análi­ n e s d e fin id o s c o m o f a s c is t a s c o n a r g u m e n ta ­
sis se centra en efecto sobre el f. en su dimen­ c i o n e s s ó l i d a s , c o n e l f in d e u n a c o m p r e n s i ó n
sión político-ideológica y la tesis de la espe­ h is tó r ic a m á s c la r a , h a s u s c it a d o m u c h a s
cificidad se argumenta en prim era instancia p o l é m i c a s . E s t a s n o c u e s t i o n a n t a n t o la v a l i ­
sobre la base de las diferencias ideológicas d e z d e p r o p o s ic io n e s d e te r m in a d a s — n in g u ­
y proyectivas del f. italiano respecto del nazis­ n a d e la s c u a le s e s d e p o r s í to t a lm e n t e n u e ­
mo. No se niega la existencia de un denomi­ v a — c o m o u n a c u e s t ió n d e fo n d o q u e e s al
nador común entre los dos fenómenos y por m is m o tie m p o d e m é to d o y d e c o n te n id o ; e s
tanto de la posibilidad de integrarlos bajo el d e c ir , la le g i t i m i d a d d e a s u m i r c o m o c r i t e r i o
mismo concepto de f., pero dicho denomina­ p r i n c i p a l d i s c r i m i n a n t e la d i m e n s i ó n id e o l ó -
dor sirve más para establecer límites respecto g ic o -c u ltu r a l, c o n e l r ie s g o d e c o n s id e r a r
del exterior —o sea, en relación con otros c o m o d is tin to s fe n ó m e n o s q u e so n s u s ta n c ia l­
regímenes de tipo autoritario— que para cla­ m e n te s im ila r e s .
rificar la naturaleza, los objetivos de fondo
o la función histórica. Estos objetivos se ven iv El.enfoque generalizante. Que el f. italiano
diferentes en cuanto se contrapone el radica­ y el nacionalsocialismo alemán, a pesar de las
lismo de izquierda y el carácter revoluciona­ diferencias debidas a las particularidades de
rio del movimiento fascista italiano al radi­ las respectivas historias nacionales, se deben
calismo de derecha, sustancialmcnte reaccio­ considerar como especificaciones de un
nario, del nazismo. modelo de dominación sustancialmcnte úni­
También el problema de la relación con el co. ha sido sostenido por la mayoría de los
orden social y político preexistente se plan­ investigadores contemporáneos, independien­
tea sobre bases distintas, y concretamente temente de su ubicación ideológica y políti­
sobre la diferenciación entre f. como movi­ ca. A ellos se debe la elaboración de algunos
miento y f. como régimen. En cuanto a expre­ esquemas interpretativos que han contribui­
sión de las aspiraciones de la clase media do en gran medida a orientar el trabajo de los
emergente, o de una consistente parte de la historiadores y de los científicos sociales de
misma, con un papel político autónomo en la generación posterior. Las hipótesis e.xpli-
621) FA SC ISM O

cativas que tales planteamientos sugieren son ra. entre esfera de la economía y esfera de la
distintas, cuando no decididamente alternas, política.
y dependen en diversa medida del tipo de fac­ En la primera formulación, los orígenes del
tores predominantes, del nivel de análisis en f. como fenómeno internacional se plantean
el que se mueven y de la diversidad de los en relación con la crisis histórica del capita­
paradigmas de referencia. Lo que tienen en lismo, que ha entrado ya en su fase final, la
común es el intento de captar las raíces del del imperialismo, y con la necesidad, por par­
f., y en general de los fenómenos autoritarios te de la burguesía, ante las crisis económicas
en la sociedad moderna, dentro de un marco cada vez más graves y ante el conflicto de cla­
de variables que trascienden los límites de las se cada vez más agudo, de mantener el pro­
realidades nacionales en particular. pio dominio intensificando la explotación de
Por el diverso peso que han ejercido en el las clases subalternas, y en prim er lugar de
panorama global de los estudios sobre el f. la clase obrera. El imperialismo comporta
y por su aportación al conocimiento del f. en una tendencia a la transformación de las ins­
su dimensión histórica concreta, presentare­ tituciones de la burguesía en un sentido reac­
mos aquellas interpretaciones que permiten, cionario, y el f. es la expresión más consecuen­
en diversa medida, traducir las hipótesis te de esta tendencia. El f. constituye pues una
generales que contienen en cuestiones a inves­ de las formas del estado capitalista, y preci­
tigar susceptibles de verificación empírica. samente la que se caracteriza por una dicta­
No tomaremos en cambio en consideración dura abierta de la burguesía ejercida ya sin
aquellas contribuciones que, ubicándose en la mediación de las instituciones de la demo­
cracia parlam entaria. Italia y Alemania, en
el terreno filosófico o de filosofía de la histo­
ria, constituyen un capítulo im portante en la cuanto anillos débiles de la cadena im peria­
historia de las ideas de nuestro siglo, pero lista, fueron las prim eras en experim entar
escapan a toda posibilidad de control que se esta forma de dominación, pero la amenaza
pudiera ejercer mediante el recurso a catego­ se cernía igualmente sobre los otros estados
rías históricamente determinadas. capitalistas.
Los elementos centrales de este tipo de aná­
a] El fascismo como dictadura abierta de la lisis son dos: la concepción instrum ental de
burguesía. Entre los prim eros que captaron los partidos y de los regímenes fascistas, con­
la dimensión internacional del f. y su poten­ siderados como expresión directa de los inte­
cialidad expansiva están los exponentes del reses del gran capital y su función esencial­
movimiento obrero en sus varias denomina­ mente contrarrevolucionaria en el doble sen­
ciones. El elemento unificante entre las diver­ tido de ataque frontal contra las organizacio­
sas formas de reacción en Europa en el perio­ nes del proletariado y de intento de frenar el
do comprendido entre las dos guerras fue el curso del desarrollo histórico. Por consiguien­
análisis de las contradicciones de la sociedad te se da escaso relieve al hecho, cualitativa­
capitalista y de las modificaciones introdu­ mente nuevo respecto de las formas preceden­
cidas en ella por la dinámica de las relacio­ tes de reacción, de que el f. opera a través de
nes y del conflicto entre las clases en la fase la mediación de un partido de masas de base
histórica inaugurada con la prim era guerra predominantemente pequeñoburgucsa, aun­
mundial. que sobre ello llamaron la atención comunis­
Dentro de esta interpretación conviene dis­ tas italianos o alemanes, como Palmiro
tinguir una formulación "clásica” —retoman­ Togliatti y Clara Zetkin. Al contrario, fueron
do las tesis elaboradas por la Tercera Inter­ decididamente rechazados, porque descono­
nacional comunista hacia la mitad de los años cían la definición del f. como dictadura de la
treinta— respecto de sus derivaciones poste­ burguesía, todos los análisis que desde diver­
riores, que retomarán temas y rasgos de la sas partes se hacían dentro del movimiento
discusión abierta entre los diversos grupos obrero acerca del f. como forma de “bonapar-
marxistas europeos a partir de la toma del tismo", o sea como régimen caracterizado por
poder del f. en Italia, considerándolas en fun­ la cesión temporal del poder político a una
ción de un análisis menos esquemático de las tercera fuerza y por una relativa autonomía
relaciones entre estructura y superestructu­ del ejecutivo respecto de las clases dominan­
FA S C IS M O 621

tes, posibilitada por una coyuntura de equi­ tes, en un contexto caracterizado por la dis­
librio de las principales fuerzas de clase en gregación de los estratos sociales tradiciona­
lucha. les, el derrum be de sistemas de valores com­
La teoría del f. como dictadura de la bur­ partidos, la atomización y la masificación de
guesía constituye todavía la clave interpreta­ los individuos, en una situación de burocra-
tiva dominante en aquellos estudios que tie­ tización creciente.
nen como paradigma de referencia el marxis­ El aspecto más im portante de esta teoría,
mo y su concepción del cambio histórico. Sin y al mismo tiempo el más criticado, es la inte­
embargo, dicha teoría ha sufrido con el tiem­ gración bajo una misma categoría, la de esta­
po una revisión que ha hecho más problemá­ do totalitario, de regímenes fascistas y comu­
ticos algunos nexos, en especial los existen­ nistas sobre la base de las analogías existen­
tes entre la burguesía y el f., entre movimien­ tes en la estructura y en las técnicas de ges­
tos y regímenes fascistas, entre capitalismo, tión del poder político. Al existir tales analo­
democracia y f. Tal revisión ha sido el resul­ gías, independientemente de los objetivos
tado de una reflexión teórica que ha tenido declarados, de los precedentes históricos y del
importantes efectos en varias direcciones: en contenido de las ideologías respectivas, los
prim er lugar, la atenuación del economicis- teóricos del totalitarismo las presentan como
mo presente en las prim eras formulaciones privilegiadas en el plano descriptivo y como
y el reconocimiento de una autonomía rela­ problema principal en el plano explicativo.
tiva de la esfera de la política respecto de la Los elementos que definen el estado totali­
de la economía. Esto comportó un análisis tario en la formulación elaborada por Frie-
más profundo de la crisis en la que surgen los drich y Brzezinski en términos típicos idea­
regímenes fascistas; una articulación más les son: una ideología oficial tendiente a
compleja de la relación entre f. y clases socia­ cubrir todos los ámbitos de la existencia
les; una consideración más atenta de los humana, a la cual todos supuestamente se
aspectos institucionales de los regímenes fas­ adhieren, al menos de manera pasiva; un par­
cistas, de su lógica de funcionamiento, de sus tido único de masa, guiado en su forma más
bases de legitimación. A pesar de todo no se típica por un solo hombre; un sistema de con­
ha modificado la concepción del f. como for­ trol policiaco terrorista; el monopolio casi
ma especial de dictadura de la burguesía, completo de los medios masivos de comuni­
pero si se ha atenuado con el reconocimien­ cación; el monopolio casi completo del apa­
to de una relativa autonomía de los estados rato bélico y, finalmente, un control centra­
fascistas respecto del gran capital en el ámbi­ lizado de la economía. El objetivo general es
to de una convergencia común hacia los ob je­ conseguir el control total sobre la entera orga­
tivos imperialistas. nización social al servicio de un movimiento
caracterizado ideológicamente.
b] El fascismo como totalitarismo. En una Las condiciones esenciales para su apari­
perspectiva completamente diversa de la ción son un régimen de democracia de masa
anterior se ubica el análisis del f. en térm i­ y la disponibilidad de un aparato tecnológi­
nos de totalitarismo, cuya aportación princi­ co que solamente puede ofrecer la moderna
pal ha sido haber captado la novedad repre­ sociedad industrial. El estado totalitario se
sentada por la aparición de los regímenes fas­ configura por lo tanto como una forma de
cistas en la escena política y haber llamado dominación completamente nueva, no sola­
la atención sobre las diferencias cualitativas mente respecto de los sistemas de democra­
entre las formas tradicionales de autoritaris­ cia liberal, sino también respecto de las for­
mo y las modernas. mas precedentes de dictadura y de autocra­
El marco de referencia está constituido, cia, ya que en el pasado no existían los supues­
directa o indirectamente, por las teorías de tos para su realización. El totalitarism o tie­
la sociedad de masas y se sustituye a la diná­ ne además un carácter subversivo respecto
mica de las relaciones entre clases, como prin­ de la ordenación social preexistente, porque
cipal factor explicativo del surgimiento de modifica radicalmente una estructura funda­
fenómenos de autoritarism o moderno, por la da en la existencia de una pluralidad de gru­
dinámica de las relaciones entre masas y éli­ pos y de organizaciones autónomas.
622 FASCISMO

Las razones por las que los regímenes tota­ monstruoso experimento de ingeniería social,
litarios se consolidan se pueden encontrar en teniendo como fin la creación de un nuevo
la decadencia del sistema liberal burgués, y tipo de hombre-máquina completamente he-
en especial en la disolución del sistema cla­ terodirigido— y la renuncia explícita a dar
sista que es causa y condición de su sobrevi­ una explicación en favor de una morfología
vencia. Sin embargo, lo que más interesa a los de los sistemas totalitarios.
partidarios de la teoría clásica del totalitaris­ El segundo orden de problemas se refiere
mo son los mecanismos de funcionamiento a la utilidad misma del concepto de totalita­
del estado totalitario en el ámbito de una mor­ rismo en cuanto instrum ento que no permi­
fología más general de los sistemas políticos. te una discriminación entre regímenes que,
En esta perspectiva, las diferencias existen­ aun presentando analogías de funcionamien­
tes entre regímenes fascistas y comunistas, to del sistema político, difieren en lo que hace
como las que pueden encontrarse en su seno a otros aspectos importantes como los refe­
—que ciertam ente no se niegan— pierden rentes a la convergencia de fuerzas que ha
importancia: unos y otros, en la medida en favorecido la consolidación de los mismos, a
que presentan la especial combinación de ele­ la relación entre viejas y nuevas élites, al tipo
mentos que definen al estado totalitario, per­ de intervención sobre la estructura económi­
tenecen a la misma clase de fenómenos y co-social y a sus consecuencias. Se ha ido pues
expresan el rostro del autoritarism o en la afirmando, entre los que retienen todavía la
sociedad mederna. validez de la teoría en el plano descriptivo,
La teoría clásica del totalitarism o ha sido la exigencia de una tipología más amplia de
sometida a numerosas críticas que compor­ los sistemas totalitarios, fundada en un aná­
tan dos órdenes de problemas. El prim era se lisis comparado de los diversos regímenes,
refiere al terreno específico del análisis de los capaz de tener en cuenta tales diferencias. De
regímenes fascistas. Desde este punto de vis­ aquí surge la tendencia a reconsiderar den­
ta parece hoy difícilmente sostenible la hipó­ tro del mismo tipo el f. italiano y el nacional­
tesis según la cual el origen y el éxito de los socialismo alemán basándose en las analogías
movimientos fascistas están en relación con que podemos encontrar no solamente en las
una serie de fenómenos integrados bajo el técnicas de gestión del poder político, sino
concepto de "sociedad de masas". Investiga­ también en la ideología, en la base social y en
ciones recientes han demostrado que en los la función histórica de los dos regímenes.
países en donde el f. se ha consolidado el sis­
tema de estratificación es más rígido, el peso cj El fascismo como camino a la moderniza­
de las estructuras tradicionales más fuertes ción. En tiempos más recientes se ha desarro­
y el grado de "atomización" —en términos de llado un nuevo tipo de enfoque que tiene como
falta de estructuras asociativas intermedias— referencia el esquema teórico de la moderni­
bastante menor que en otros donde el f. no zación y considera a los regímenes fascistas
se ha planteado nunca como alternativa con­ como una de las formas político-instituciona­
creta. Incluso el intento de explicar el proce­ les a cuyo través se ha llevado a cabo históri­
so de fascistización en términos de dinámica camente la transición de una sociedad agra­
de las relaciones entre masas carentes de una ria de tipo tradicional a la moderna sociedad
precisa connotación de clase se contradice industrial.
con el dato empírico, hoy aceptado, de la base Los análisis precedentes —a excepción de
de masas predominantemente pequeñobur- los intentos par explicar la consolidación del
guesas de los movimientos fascistas y su coa­ f. en Italia sobre la base del retraso general
lición con amplios sectores de la burguesía de la sociedad italiana— tienen en común un
agraria e industrial, antes y después de la aspecto: el de situar a los regímenes fascis­
ascensión al poder. Finalmente, dicha teoría tas en un contexto caracterizado en su con­
no logra aportar una explicación satisfacto­ junto por una situación de industrialización
ria al problema de la función histórica de los avanzada. La dinámica entre masas y élites,
regímenes fascistas, oscilando entre una res­ el conflicto entre gran burguesía y proletaria­
puesta de tipo irracionalista —por la que los do en la fase imperialista del capitalismo, asi
regímenes totalitarios serían una especie de como la rebelión de los grupos medios emer­
F A S C IS M O 623

gentes, son todo ello indicadores de un tipo sociopolítico tradicional.


de sociedad en la que el paso a la moderni­ Los factores básicos para una solución de
dad ya se ha producido por completo o en par­ tipo fascista se encuentran pues en las moda­
te. Incluso los fenómenos de naturaleza más lidades asumidas por el proceso de moderni­
estrecham ente política que se plantean en zación en los países donde se ha consolidado.
relación con el surgimiento de los movimien­ Esta perspectiva de investigación ha con­
tos y de los regímenes fascistas son típicos tribuido a enriquecer el análisis de los fenó­
de un sistema democrático plenamente con­ menos fascistas en diversas direcciones.
solidado, ya sea que se subrayen sus contra­ Reclamando la atención sobre la variedad de
dicciones internas, como pretende el análisis formas que el f. puede asum ir en distintos
marxista, ya sea que se establezca en él el contextos nacionales, dicha teoría ha favore­
terreno específico donde aquéllos pueden sur­ cido el desarrollo de la aproximación histó-
gir y desarrollarse, como pretende la teoría rico-comparativa, estableciendo las premisas
del totalitarism o. para la formulación de generalizaciones empí­
El análisis del f. a la lu/. de las teorías de ricas fundamentadas en investigaciones sis­
la modernización, en cambio, lo ubica no en temáticas y llevadas a cabo a la luz de cate­
relación con los conflictos y las crisis propias gorías homogéneas. El concepto de moderni­
de la sociedad industrial sino con los conflic­ zación, como proceso global de transform a­
tos y las crisis que caracterizan la fase de ción que afecta a todas las esferas del siste­
transición a ella. En este marco. los regíme­ ma social, ha orientado además los estudios
nes fascistas se configuran como uno de los hacia un análisis de las interacciones entre
caminos a la modernización —siendo ios sistema político, sistema económico y siste­
otros caminos establecidos históricamente el ma sociocultural, originando fracturas, asin­
libe ral-burgués y el comunista— fundado en tonías y discontinuidades que parecen carac­
el compromiso entre sector moderno y sec­ terizar mejor las situaciones en las que sur­
tor tradicional. Los rasgos característicos, en gen los fenómenos fascistas.
1a esfera económica, son una industrializa­ La aportación más consistente de este tipo
ción retrasada pero intensa, promovida des­ de enfoque se ha producido en el plano de las
de arriba con la intervención conspicua del indicaciones de método y, en el plano sustan­
estado en favor de la acumulación; en la esfe­ tivo, en la profundización de las precondicio­
ra política, el desarrollo de regímenes auto­ nes del f., pero parecen bastante problemáti­
ritarios y represivos, expresión de la coalición cas las vinculaciones entre éstas y el mismo
conservadora entre élites agrarias y élites f. En particular, el análisis del f. como diná­
industriales, que intenta avanzar sobre el mica de los procesos de modernización resul­
camino de la modernización económica, sal­ ta más eficaz al explicar la vulnerabilidad de
vando al mismo tiempo las estructuras socia­ los sistemas liberales burgueses de los paí­
les tradicionales; en la esfera social, el inten­ ses en que se ha consolidado que al estable­
to de evitar la disgregación de tales estruc­ cer las modalidades de la caída de estos últi­
turas obstaculizando o reprimiendo los pro­ mos y del tipo de régimen que les ha sucedi­
cesos de movilización social puestos en m ar­ do. Acentuando el peso del componente tra ­
cha por la industrialización. dicional, dicha teoría tiende a infravalorar el
El concepto de movilización social adquie­ alcance del enfrentamiento de clase entre bur­
re especial relieve en cuanto el f. se conside­ guesía y proletariado, el papel de las clases
ra como un tipo particular de respuesta a los medias, la crisis del sistema liberal y de sus
conflictos que surgen de la exigencia de par­ instituciones representativas, fenómenos
ticipación en el goce de determinados bienes todos ellos que se presentan vinculados con
y sen-icios —materiales y no materiales— por las tensiones que se producen en el contexto
parte de sectores de la población anterior­ de una sociedad que ofrece como rasgos fun­
mente excluidos; respuesta fundada en la des­ damentales las características de una socie­
movilización forzada de los grupos que dad industrial moderna. La misma óptica,
habían empezado a movilizarse, llevada a además, impide captar la especificidad de los
cabo por la coalición entre viejas y nuevas éli­ regímenes fascistas y los elementos de nove­
tes, en función de la conservación del status dad que presentan o diferenciarlos respecto
624 FASCISMO

de otras formas de regímenes reaccionarios, ta sin embargo, desde la consolidación del f.


conservadores o autoritarios. en Italia, como uno de los elementos caracte­
rísticos del movimiento fascista.
d] El fascismo como rebelión de la pequeña Este hecho fue analizado por algunos obser­
burguesía. Al contrario que en las interpre­ vadores en términos de rebelión de la peque­
taciones precedentes, cada una de las cuales ña burguesía urbana y rural, amenazada en
se encuadra en una perspectiva teórica bien su status por los procesos de transformación
definida, que ha permitido la elaboración de socioeconómica en acción, especialmente por
hipótesis relativamente homogéneas acerca los procesos de concentración industrial, y
de la naturaleza y la función de los regíme­ por el consiguiente crecimiento en la escena
nes fascistas, el análisis centrado en la rela­ política del peso de la gran burguesía y del
ción entre pequeña burguesía y f. no ha alcan­ proletariado industrial. El esquema de la
zado nunca una autonomía tal que le perm i­ lucha de clases, aplicado a la pequeña burgue­
tiera imponerse como posibilidad interpreta­ sía. aportaba el criterio interpretativo de un
tiva global. Lo mencionamos ya sea por la movimiento considerado revolucionario en
aportación específica dada al conocimiento sus premisas subjetivas, pero reaccionario en
de aspectos decisivos del fenómeno, ya sea sus contenidos objetivos, en cuanto expresión
por su función de estímulo ejercido respecto de estratos marginados del desarrollo pro­
de esquemas teóricos demasiado simplifi­ ductivo y de la evolución de la sociedad capi­
cados. talista.
El hecho de que la pequeña burguesía En los años treinta, después del éxito del
pudiera contribuir de modo determ inante al nazismo en Alemania, la atracción ejercida
éxito de los movimientos fascistas, aportan­ por los movimientos fascistas sobre la peque­
do los cuadros y las bases masivas en la fase ña burguesía se convirtió en objeto de inves­
de ascenso, así como un activo consenso en tigación tendiente a intregar la explicación en
la fase de régimen, no entraba en los esque­ términos socioeconómicos con un análisis psi-
mas clásicos de la teoría liberal y del marxis­ cosocial.
mo. Según la prim era, esta pequeña burgue­ Las cuestiones a las que la aproximación
sía constituía uno de los presupuestos de la psicosocial pretendía dar respuesta eran del
ordenación democrática y la garantía de un siguiente tipo: ¿Por qué la pequeña burgue­
desarrollo pacífico y gradualmente progresi­ sía, más que cualquier otra clase, se había
vo de la sociedad; para el segundo, estaba adherido al f., del cual no podía venir ningu­
imposibilitada para desempeñar un papel na solución a su situación de crisis? ¿Qué ele­
político autónomo en virtud de su ubicación mentos de la ideología fascista habían ejer­
en la estructura de clase y su posición subal­ cido una influencia tal sobre ella capaz de
terna respecto del conflicto fundamental más eficacia que cualquier otra propuesta
entre gran burguesía y proletariado. De presentada en términos racionales acerca de
acuerdo con tales esquemas, la aportación de las finalidades y objetivos del movimiento fas­
la pequeña burguesía al éxito de los movi­ cista? ¿Estaban dichos elementos relaciona­
mientos fascistas, o fue infravalorada, como dos con la especial ubicación de clase de la
en la teoría del totalitarismo, en favor de la pequeña burguesía en la estructura de la
relación entre masas indiferenciadas y élites, sociedad capitalista y con las modificaciones
o bien fue concebida en términos instrum en­ que ésta estaba atravesando? Ya que no existe
tales, atribuyéndole la función de masa mani­ una relación inmediata de correspondencia
pulada por un movimiento al servicio de los entre situación de clase y acción de clase, ya
proyectos del gran capital, como en la teoría que ésta sufre la mediación de la percepción
del f. como dictadura de la burguesía. subjetiva de aquélla, ¿qué aspectos del siste­
La capacidad de movilizar a la pequeña bur­ ma social pueden explicar la conducta social
guesía a p artir de una ideología compleja, en de la pequeña burguesía y, más en general,
la que confluían irracionalismo y voluntaris­ la disposición de individuos, grupos y clases
mo. anticapitalismo y antisocialismo, v a g a s sociales a someterse a relaciones de tipo auto­
aspiraciones a una democracia radical unidas ritario?
a rasgos fuertemente nacionalistas, se presen­ Las contribuciones más relevantes se abrie­
FASCISMO 625

ron en dos direcciones: por una parte en la v. lo s pr o blem a s a r ie r t o s . La variedad de las


profundización de las características de la interpretaciones que han sido elaboradas en
ideología fascista —en especial en su versión el curso de los años sugiere una imagen del
alemana— asi como de su capacidad de cana­ fascismo como un fenómeno de muchas face­
lizar el resentim iento de la pequeña burgue­ tas, cada una de las cuales capta un aspecto
sía hacia objetivos ficticios a cambio de satis­ parcial, sin lograr reconstruir el conjunto.
facciones por lo general simbólicas; por la Una tul imagen parece dar razón a los que sos­
otra, en el establecimiento de un nivel de aná­ tienen que se debe abandonar el camino
lisis intermedio entre situación de clase y demasiado trillado de la investigación de
acción de clase, como el de la personalidad modelos explicativos de carácter general para
según la importancia de las estructuras de dirigirse a una investigación histórica de los
socialización —en prim er lugar de la fami­ diversos fascismos, sin pretender juzgar o
lia— en cuanto sede de formación y reproduc­ evaluar de manera global la naturaleza y la
ción de estructuras psíquicas congruentes función de los regímenes fascistas.
con la ideología de las clases o élites domi­ No es ahora el momento de enfrentar las
nantes. complejas cuestiones de método que una
Que la relación entre pequeña burguesía y opción de este tipo lleva consigo. Tampoco el
f. constituya uno de los aspectos clave para de establecer si una reconstrucción históri­
la comprensión de la naturaleza de los regí­ ca carente de hipótesis interpretativas y guia­
menes fascistas está demostrado por el cons­ da por el solo criterio de "hacer hablar a los
tante interés que tal tema suscita y por las hechos” sería posible y aun deseable. En rea­
numerosas investigaciones empíricas que se lidad el rechazo de los modelos interpretati­
llevan a cabo al respecto. Se trata sin em bar­ vos aceptados apelando a los hechos es el
go de una cuestión todavía no resuelta, sobre resultado de una opción, más o menos explí­
todo en lo que se refiere a la función, dirigente cita, en favor de un modelo diverso a la luz
o subalterna, de la pequeña burguesía dentro del cual los hechos se seleccionan o inter­
del sistema de poder fascista. Mientras que pretan.
actualmente está suficientemente documen­ Ahora bien, las dificultades para resolver
tado y articulado el papel que ha desempeña­ algunas cuestiones fundamentales para la
do como base masiva de los movimientos fas­ comprensión de los regímenes fascistas deri­
cistas, parece más problemático el intento de van en parte de la diversidad de los paradig­
presentar al f. régimen como expresión de la mas de referencia, asi como de la confusión
pequeña burguesía en el poder. Las investi­ de los niveles de análisis y de la poca exigen­
gaciones que se orientan en esta dirección, si cia respecto de una estrategia de investiga­
bien han demostrado el crecimiento cuanti­ ción tendiente a traducir las hipótesis gene­
tativo de los estratos pequeñoburgueses —co­ rales en cuestiones susceptibles de verifica­
mo consecuencia de la expansión del papel del ción empírica.
estado y de sus funciones político-administra­ Una relación de las diversas interpretacio­
tivas, de los aparatos de propaganda y de re­ nes y de su evolución en el tiempo permite
presión—, el restablecimiento de las distan­ establecer una serie de temas entre los cua­
cias sociales en la confrontación con la clase les ha ido disminuyendo la distancia, ya sea
obrera, un cierto recambio de los cuadros por acumulación de los datos históricos acer­
dirigentes en los diversos niveles de las buro­ ca de los sistemas investigados, ya sea por
cracias políticas y administrativas, no han una mayor disponibilidad por parte de los
logrado sin embargo dem ostrar de manera investigadores de distintas tendencias para
convincente que las opciones de fondo de los proceder a una verificación de los propios
regímenes fascistas respondieran a una lógi­ resultados a la luz de los resultados de otros.
ca contraria a los intereses de las viejas cla­ De m anera especial se ha producido una
ses dominantes ni que fueran reducibles a un convergencia notable en el análisis de las con­
proyecto de transformación social dotado de diciones de surgimiento de los regímenes fas­
autonomía propia y tendiente a conferir a la cistas y en la forma político-institucional a
pequeña burguesía, vieja o nueva, un papel través de la cual se ha hecho intrínseco su
hegemónico. dominio. Esto ha llevado a un uso más criti­
f>26 FASCISMO

co del término, cuyo ámbito de aplicación se y los que consideran que era la forma totali­
circunscribe cada vez más a los casos italia­ taria más adecuada a los objetivos imperia­
no y alemán. listas del capitalismo monopolista (como
Más distantes quedan en cambio las evalua­ Franz Neumann). Se ha ido pues planteando
ciones acerca de la naturaleza y la (unción de la exigencia de pasar de un tipo de argumen­
los regímenes fascistas. Una diferencia de fon­ tación en términos de objetivos buscados
do sigue siendo la de la relación entre capi­ intencionalmente a otra fundamentada en el
talismo y f. Sigue pues abierta la cuestión análisis concreto de los cambios producidos
acerca de si el f. habrá representado un tipo en las estructuras de la sociedad fascista,
especial de solución a las crisis de transfor­ como resultantes de estrategias, a veces con­
mación del sistema capitalista a lo largo de vergentes. a veces divergentes, de las m últi­
una linea de identidad estructural o si más ples fuerzas en juego.
bien ha representado la puesta en m archa de A partir de este trabajo de profundización
un proceso de modificación de las estructu­ dirigido en varios sentidos surge una imagen
ras del capitalismo tendiente a crear un orden de los sistemas fascistas bastante más com­
económico y social distinto del capitalismo pleja y contradictoria que en el pasado. Esta
y del socialismo. La solución a esta cuestión complejidad v contradicción parece vincula­
se vuelve cada vez más difícil por el hecho de da al hecho de que tales sistemas han repre­
que la duración relativamente breve de los sentado un ejemplo de solución a los conflic­
regímenes fascistas y su correspondiente caí­ tos que surgen en el campo de la sociedad
da como consecuencia de los acontecimien­ industrial, fundada en la utilización de téc­
tos bélicos sólo permite hacer frente al estu­ nicas políticas profundamente innovadoras,
dio en términos de tendencias. cuyas implicaciones no han sido formuladas
La cuestión gira alrededor de la relación con la suficiente claridad.
entre política y economía y del mayor o
menor grado de autonomía alcanzado por los T.W. Adorno y otros, The authori-
b ib u o u k a f IA:
estados fascistas en relación con las fuerzas larian personality, vol. I de Studies in prejudi-
económicamente dominantes, especialmente ce, a cargo de M. Horkheimer y S.H. Flowerman,
el gran capital industrial y financiero. Exis­ Nueva York, Harper. 1950; H. Arendt. Los orí­
ten al respecto dos lineas de investigación genes del totalitarismo (1951). Madrid. Taurus.
importantes, que se mueven de manera diver­ 1974:0. Bauer, H. Marcuse y otros, Fascismo y
gente: la prim era tiende a dem ostrar la con­ capitalismo (1967), Barcelona, Martínez Roca,
vergencia de intereses entre f. y gran capital, 1972; F. Borkenau, Zitr Sociología des Faschis-
con el fin de apoyar la tesis de una continui­ mus, en Archiv fiir Wisscnschaft und Sozialpoli-
dad estructural entre capitalismo y f., según tik. 68, 1923: R. de Felice, Fascismo: sus inter­
la cual la autonomía relativa del poder polí­ pretaciones (1970), México. Paidós; C.J. Friedrich
tico se explica dentro de una coincidencia sus­ y Z. Brzezinsky, Dictadura totalitaria y autocra­
tancial de objetivos y fines respecto del poder cia (1956), Buenos Aires, Libera, 1975; G. Germa-
económico; la segunda, en cambio, tiende a ni. Autoritarismo, fascismo e classi sociali, Bolo­
presentar tal convergencia como resultado de nia, 11 Mulino, 1973; D. Guérin, Fascismo y gran
situaciones contingentes que evitan que apa­ capital (1939), Madrid. Fundamentos, 1974; R.
rezca la contradicción de fondo entre la ideo­ Hilferding, State capitalism or totalitarian State
logía y práctica de los movimientos y regíme­ economy (1940). en Modern Review, i, 1947; Slu-
nes fascistas y las condiciones de sobre\ ¡ven­ di sull'autoritá e la famiglia (1936), a cargo de
d a del sistema capitalista. Bajo este aspec­ M. Horkheimer, Turin, it e t , 1974; R. Kühnl,
to, las investigaciones llevadas a cabo en Liberalismo y fascismo: dos formas de dominio
ambas líneas no parecen haber modificado burgués (1971), Barcelona, Fontanella, 1978: B.
los términos del problema respecto de la dis­ Moore Jr., Los orígenes sociales de la dictadura
cusión suscitada a principios de los años cua­ y de la democracia (1966), Barcelona, Penínsu­
renta, incluso dentro del marxismo, entre los la, 1973; F. Neumann, Behemoth. Pensamiento
que sostienen una incompatibilidad de fon­ y acción en el nacionalsocialismo (1942), Méxi­
do entre la lógica de los estados totalitarios co, Fondo de Cultura Económica, 1943; E. Nol-
y la lógica del capitalismo (como Hilferding) te, Fascismo (1970), Barcelona, Plaza y Janes,
F E D E R A L IS M O 627

1972; A.F. Organsky, Le»forme Jallo sviluppo polí­ nizados emplearon los principios federalistas
tico (1965), Barí, Laterza, 1970; N. Poulantzas, para definir su actitud política.
Fascismo y dictadura (1970), México, Siglo X XI, Estas dos observaciones parecen indicar la
1971; Fascismo a sociala italiana, a cargo de G. superioridad del segundo modo de concebir
Qunzza, Turin, Einaudi. 1973; W. Reich, Psico­ el f., o sea entendido como una doctrina social
logía da masas dal fascismo (1933), Buenos Aires, de carácter global como el liberalismo o el
Latina, 1974; P. Togliatti, facciones sobre el fas­ socialismo, que no se reduce, en consecuen­
cismo (1935), México, Ediciones de Cultura Popu­ cia, al aspecto institucional sino que entraña
lar, 1977; The natura of fascism, a cargo de J.S. una actitud autónoma hacia los valores, la
Woolf, Londres, Weidenleld and Nicholson, sociedad, el curso de la historia, etc. El pun­
1968. to de referencia obligado para este segundo
significado es la utopía de Proudhon que, sin
[Lt-DA SACCOMANl] embargo, a pesar de haber hecho en ciertos
aspectos una aportación efectiva a la teoría
del f., al no basar su concepción en una defi­
fascismo latinoamericano nición científica de la estructura social y al
dejar históricamente indeterminado su pro­
V. MILITARISMO LATINOAMERICANO yecto federalista, no fue capaz de darnos una
definición satisfactoria.
Para llegar a una definición más rigurosa
federación, v. f e d e r a l is m o
es preciso proceder, por medio del método de
las ciencias histórico-sociales, prim ero a
encontrar el conjunto de los datos federalis­
federalismo tas y luego a organizar los diferentes aspec­
tos identificados (de valor, de estructura,
I. LACONFUSION DE SUS SIGNIFICADOS En la CultU- histórico-social) dentro de un marco coheren­
ra p o lític a el té rm in o f. se u sa p a r a d e s ig n a r te. De este modo se podrá situar el f. en el cur­
d o s o b je tiv o s d ife re n te s . En u n a p r im e r a so de la historia y relacionarlo con las demás
ac ep ció n , c la r a a u n q u e re d u c tiv a , d e s ig n a la ideologías.
te o ría d el e s ta d o fe d e ra l. En u n a s e g u n d a
acep ció n , m á s b ie n o s c u ra , s e re fie re a u n II. LA NEGACION DLL ESTADO NACIONAL. Tal Vez se
p a n o ra m a g lo b a l d e la so c ie d a d . puede llegar más fácilmente a comprender el
Si el prim er significado no es controverti­ significado del f. si se empieza considerándolo
do, porque se basa en la teoría del estado fede­ desde el punto de vista de lo que niega, más
ral, modelo constitucional que ha sido obje­ bien que desde el de lo que afirma. En efec­
to de numerosos estudios que han ilustrado to, desde el punto de vista histórico, las deter­
los aspectos fundamentales de su estructura minaciones positivas de la teoría del f. se han
y de su funcionamiento, es sin lugar a dudas ido aclarando a través de la experiencia de la
reductivo. En efecto, por un lado el conoci­ negación de la división del género humano en
miento de un estado no es completo si no se estados soberanos. Y ya que esa división se
toman en cuenta las características de la ha manifestado de un modo más agudo en la
sociedad que permiten mantener y hacer fun­ Europa de las naciones, el f. se ha precisado
cionar las instituciones políticas. Y, por con­ como la negación del estado nacional.
siguiente, si el estado federal es un estado con En Europa se ha puesto de manifiesto una
características propias, que lo distinguen de corriente federalista al mismo tiempo que se
los demás tipos de estado, debemos suponer afirm aba el principio de la soberanía nacio­
que la conducta de los que viven en ese esta­ nal durante la revolución francesa, y se ha
do tiene cierto carácter federal. Por otro lado, mantenido viva en el transcurso de los siglos
debemos poner de relieve la existencia de con­ xix y xx. En la obra de Kant y en la utopía
ductas federalistas aun fuera de los estados europea de Saint-Simon se encuentra por pri­
federales: en Europa, durante el transcurso mera vez el elemento cosmopolita del ideal
de los siglos xix y xx, primero individuos ais­ federalista. Este ideal se encuentra en los pro­
lados y luego verdaderos movimientos orga­ gramas de las asociaciones pacifistas, en las
Nueve
lecciones
sobre
vpolítica
ecunomía en---
JJ=marX
Curso
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deMéxico

José M. Aricó

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, prólogoynotasdeHo
racioCrespo

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JOSt M. ARICÓ

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HoRAaOCRESPO

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A MANERA DE PRÓLOGO:
EL MARXISMO Y LA ro LITI CA.
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1976 y 19n y ron~do cn Múirn :>nu,, dcl regra<> de ,u :>uto1a
BuenosAircscnl984,r:sunw:rd.uk10:>eoru«imicnto.Locs1c,pr<;to
de 1u obra, y:, que el libro pc,mito odcntr>r$<de ÍO•m• "mantiva cn lo
vi,ión general dd muxi,mo que d:ibo r&Aricó. que rnnodamo, frag-
mentari:unemc a trasádeotrosc,c,irosconobjcto,mhrcconado.
y apcdfieo1, como l<>1 dediodos • Mori:hci;ui,a Juan li. Juoto, a la
rcccpción dcGram<ei o a fa hi11oriadei marxismo ycl soc.iali,mocn las
latitodcs amcriana,i;, odcm,h de rcHc:xion,smuy mc<litad:isapua1u
cn 1uccsi"'Scntrcviotu . Tambifo lo rs cn referencia a bcuhura política
de Arn~tia. Lotina. y,, 'I""seguramente de inmcdiato p,:isari a imegru
cl no muy n«n><> conjunto de obra, significati""s dei marxismo pro-
ducid.o.sen nur:stro continente. Su dmlo, Nurw !rtcio..udr «onoml• y
pdltiu rn rl marxitmo, clar:untmc indicado en forma rnanUKrÍta ro•
d autoicnl>.porca<la<ldoriginal.w,eloelorib"'"magisterialdccm>.1
101,osdc:,tin:td0$inicialmente a alumno,,k p<>5gradodeEl Colq,~odc
Mnioo,cuyamaradoccnter:sinmediatamcnlcrcconocibl c noM•lo
cnla primcravcui611quedisponcmos•inoeneloriginalcn,rcgidocn
forma cui ddiniti"", pan publiación, que Jejó Atiro.
Al $er d 1ínia, mbajo C)ltcn,u ~n el que d m,.,.,,., c.leCórdob•
tro.b..j61i"em i ,iamcntc d terna de la, dabor acionct de Marx. de En-
gd, y de l:u divcrsu Uncu del pcn,..micn10 monista, de.de lkm11cin
y Kauuky hasta d ou.imman:i<mo, 1, oocialdcmocracia y lo, rodicale>·
de emrcguetr.u, p•<:indo ror Ltnin, Rns:iLuxcmburg y Gnm.ci, po-
drc,mos • partir de ,1 oomcnz:1.r• dar rcspucscu mb orgfoicu yoonsi1-
1cn1cs resp«10 • loque pucdc co,mimiuc en "d maniimu de Aricó",
unf'O'mladocv idcmea1nvttdc1uiow»rnbajospoU1ioo•y•n•U-
ticos, "" cmrcv;otas y, fundomcmalmemc, de ill 1robajo como editor,
ounquc noex plid1:tdoha"•cs1e1a,oqueaho radispondrcmos . En
1cgundo lug:,r •parca oon ni1ida d "'f"'rle teórico y polhio, de la
labor como editor d e Mon, los di1icos de l• mdición mani«o y los
dd>.a 1cs con1cmpor:lnC01;d~c .,.,. ,exto podemo., rc,ij,m31 la in,cr-
pm:ación mb gcnenl que •mcs ya hahfamos formulado oon respe.:10
a l.u ookccioncs de Cuadcrnos de J'u;ido y Prucn1c y la Bibliou:e>dei
l'cmamicn,oSoc ialina,at?iru lodaiporun•sóliday><>fisricat!aclabo-
ración tcóriaoriginal.qucomcriormcmcsólodcbfamosn1ponc:1c
inícrlr, y que• tr•Yttdc lu N,m~/«ci,,nnop:m,.'CIC'ooh.:rcn,cc impcca•
biemente formulada .' Un tcn:cr :upccto cs d :uunrn 01:nu-.1 de lo obn,
b búsqueda de un ci101u10 prcciw de I• rolhlc:i en la teoria m•rxÍ<10,•
par1i, d d1cma-cons1ruidosoh1cunolu,cgra11lSO•na,ycs1aÍucuna
dcci,iónestr:11égicadclamor-m:i1ocuciamcparoA1icó:lo "•U10no-
m!adc lapolltica"1cspcctoacu1lquicrdctenniniirnoe :mucmn.lisia.
Un cuano clemcmo cs la visu:tliución de la tn.dición marxiita, •u
1clKión ,omi~nrHon cl >OCÍ~li1mo(con los >OCÍ•liom°'JivcriOS), la

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y prictia cs un• 1cn1i6n pcrmancncc e imposible de ,cr raucho cn d
man:od clapropia1coría ".Formulaci6ndcunalancccpi11cmol6gico
muyddinirnrioqu c ponccnjuq...,l•a1,:gor{agr.tn1scianadcpn«is
marcando ui lrmita • lo, ricogos dei cmpi,i,mo, y 1ambi~n polhico,
porque:afirma d poda tre>tivo dei mundo de b npcricncia polhic.a
- • .-Vmul 1upcnndo d IHtrc de lru dog,na1ilimoi doc1rinario1 de
blllto pesoncg:uivo cn 1, hi,to,ia dei moncis,no. El 1nmniemo de csr,,,
ralación :a.Iam.a ,u punto mil s,,n1iblc y csd linanmuc ponderado•
uavá de! gr:m problema de la m«!iación ori;•niiativ,, <>oca e! tema
dd p:mido político revolucionari<>,la din:lmica c,mc cl cspomane/J-
mo, los proc= y org•nismm • u1ónomo1 produc1os dc la lucha dc
dasa y lm modelos orga<>ici«••• y l,x alcances complejos dei movi-
micnco ,indicai c,n1r, la in«gración funcion:a.lili< • y la expm ión de
mnírontacionu<lcduc.
l:i.nd inicio dd original definitivo dd libro, cn d mar~n dei <<lt•
tn dei progr:ima que v:i a dc,nrrolLu, una no1a manuscrito de Aricó
a.braya, cn vii;orouiln<ni.s, d objc,occntr.tl de~ incbgación: "d
problcmadd<kstinohi.stóricoddapi,ali.sn10·. Elcornicnrodcl•
primc1,1.lccción a con,undc!l tc: "analiur d rruni1u10 como coe.>rfa de
larnolución ". AIUcsd tctrcnocndqucs,,jucg.ibp;irtidad«isin,b
prkt ia...oci:il r,vulucioflaria. FJ mani.smouoasólo una 1eo1(1de
la tociccbJ ni dei api1ali,mo, e< fund..mcni:ilmcu,c la 1oe.>1(a dei cam-
bio •<>dairo:voluciona,io. Quiili cn 1~d«atla de 1980 nca «nidum•
~ de Aricó se atcmpcró un 1an10 y 1.. viuculaciona dei oocialismo
ron la <klnoc1,1.ci,Jcoarrolbron cn tl akanccs y Jarmcro, que podfan
Y" vislumbr.,,,s,,cn las 1dlCllinnc<quc an1criormtmc ~nenb.,. cn él b
obra de Bcrn'1cifl. Esto rs lo que podri:unoo 1i111niur -o mcjor ,im•
plifia,, por las exigcociu misma, de ci1c tc,no ifltrodllctnrio, con ,o.
das las consecucncia, nqp1iv.., que canll.,.,..una ,im pli~c:idón- con
l•idcodcuna"socialdemocr:r.tización " dc sufl"nS:rn,ienioy1w•p'-' ...
tu polrticu. Sin emb.ugo, el hori1.0n1cde una complet~ tumfonna-
ción de la oocic.-dadnu11c:,s.e.borró cn Aricó (rcc11crdo,u r.,dja]
afirm:ación,cn una de.,_,, úhim"" intcrvcnciona. dd s.emido ,u.sran-
cialmcmccontaurio dei mopi,mo c11la socicdid c,pitali,10 y.u cnm-
siosmocon I• obra de F.,n,, l:lloch, l:!.lprinâpi<1t1p,tnlnz.a),
y ac tad,c:,-
lismo, que s,e muc>tra op«ffiamc111c a lo largode ]as N"~"'krriMeJ
y ala nu. uno dinmuión rnuy dcwda cn su culmiuación "" d último
tramn dd libro, oti pr=nte "" 1:u reflexiones polítias de b dk:i.da
fir,al de rn vida. La,, vincu!:ociones.,.,rat~gica,<ld socialismo y!a dc-
mocr:td, Íucron cn ~! mucho m:is alli que cvcmu, lc, combin..:ione.1
polllica,dccoyunrnra,ylcpcrmi1icrondibu~1-algoy•prn,,ntccn
la1N11~..,/«riontf-unacrític:i.dcfondo,locxl"'rienciad d •sociafü-
mo rc,r cn cl momento de lo. dmido, imcntoi de autorrdorm• que
c.ondujcronasuimplosió11yal o dcfiniriwre.11,ur.1dónddo,pil>fü •
mo. E.srcn un demento, no ménor, de la acrnalidad dd P""'•micnto
&A ricócncldcbatcacecro,Jclm,:.,ntido.sdclarcconsiitudóndela
1•~1io,an,icapitafüt:1.:tlcmadopo,l o, fuq,,o,:crccicntcsdclaaaual
c,isi1 dei ocuo dei capit~li,mo mundial "globali>.a<lo".
F.J' destino histórico dd capitalismo" cs ind>.ga<locuid,doumeme
por Aricó • panir de la di..,,uión acecra de! detcrmi11i1moa1rucrnr11
q"c cond,icida fatolmemc , 1 finde! sistema capitalista, d f, mooo y
c:nendido dd»te "'""'' dd "dcrrumbc" ir.iciado inmc.-di,uomcn1edc,o-
pub dc la muertc <lcF-"gt:IJcn l895. •bsolu1ameme li~o •l "Jd,:,,,c
dclrcvisionis,no"cnlaM1CialdcrnocracioolemonaycuroP"a,1ctornado
cnlad«adadcl920porcfcct"'dclarcvoluciónbokhcviqueycnla
dcl9:10po1bcrisi.smundialquccondu;oaltriunfodclnaii,mora
Losegunda guerra. Aricó se ""P"""' d1ramcn1c conm, la conapción
detcrmini111, argumcnt:1.11do cn torno a la función de I• política como
laopciclncon.ci cmccnlaqu cs.eco nmuyclapoiíbilid,.d<lcun,ahcr -
nativa,la><><:Ícd>dcapitali"•• lapo 1ihilidad1icmprcabi<,naatro.vó
de l;u c,isis, cntcrafülas inas como v,:rdodcra, "vcnunu de oporrnni-
dad" p.a,n que un.o poU,ia. r<:volucionari•f><»Íl>i lite dcc1inmen1c l•
apertund cotroho1iwn1csoci.olnoçapi 1afüta.Lop olí1iae ntendida
no comoun cad logu~ntricodcso lucion.. dea plicación infulible.
oino como la imaginOliva ntmcmr:ación de tt\Miaciona cn d ni""l
de 1-"'Iformacioncs cconómico-->Ocialcs, ct d«ir . cn d nivel rni,mo de
la auicul .>eión entre la esm,ctun !."'"era] dei ,istcma api 1a.lista y J.
hi.Jtori>concrctadcrn deu rrollo cspedficocnuncs,ncioyun mo•
mcmo hiotórico pu!Í cu!ar. AII! <e i,111alab obn de Lenin como uno
YC«!.odcnno...,Jad1eório.ypclctia,ypor,upuc<tor10esriaentodc
wrpresa.1 pan d inundo dei socialismo po<tcrior • b cafd. dei muro
de Bc,línybimpkuióndcl.o Unión Sovi<',ica, l.oagudo intcrp,cta-
dón de Nicó dei wfo,l,is,;,;,,,J, Lenin y e1lcninim,o. Resuha ,uma-
mcnte sug,:rcntc 110 sólo lo •prcciación de lo fucn.a de! penu mien«1de
Leninrespc,ctoal1no mrola.i.deluc 1isi,api 1aliotuylo.,nivclcspo-
llricosyr,occonómicordc1urcsol11ción~lucionoria,1ino1amb1<'n
laasuncióndcl umbn.l "lcnini>1a"del a obndcCr.unsci (siguicndo
en .. to la hcrmcno!i.uic:icUs.io de Togfü,r i) paro pode, apreciar dc-
bidomemc ... ndica! innov:ición. J~rnita a,! I• ,niliució n uéptica y
"ncuttal"-v:1.lcl.oiron Ca-po rJ"'<tc de la sociologlapoHric,acadim ica
delaa.tcgorí adchcg,emo niag romsci:rna,ytamhi<'nJCsc:p.>ncríli-
c.uncntc de lu Uncu imcrp1e1a1iv:,.s dei ripo "marxi,mo occidental",
cupdas de p1cjuiciOiJeu1occn1ri11, s, o, iginadascn los tnb.tjo,dc Pc-
rry And,,uon. F.. sta !ecrun de Lcnin abre tamhién, por cicrto y ""'
ak:ancesiruosp«hados.l•di«:wióndel "momcntoorg•niz,1ivo"yru
imponancia dccis.iv:1 en 1, confii,'1.lració
n de alternativu de lucha • n•
tic,ipitalim. ,upenndo la gro.scn m.ol~rución ro.agubd.ocn la tt0rfa
dd "mar~isrno-lcuinismo" y, lo que fue m~s graY<,e,1b pr:ktica pol!ti-
ca Jd comunismo durante .-..,iu J&adu qu<:cood ujo a su implu1ióu
fin;iJy al opl cnaremuncióncapita lisl'Jcnl,d<'Qdadel990.
;Cu il cs la opc:1ón mctodológia 'I"" c,t:i plamcada <:nlu N11rw
lt·râ1>nd.L,,,.-.,upcraciónlib 1cydcsprejuiciadadclostcuOiJcUs,co,ct
el pun10 de f"'<tid~, como dice A,icó ha~, aprendido de Dnid Borl-
"°"ich Rinfaov y Moximilicu Rubd (o quicna dcdicó d impormuc
atudio qw: rcoli?.6 de la co rmpondcncia cn1re Man,, Engels y Da-
nicllon), •=rup,doso1 y duprcjuiti•do, uu,dioso.s dd J'<'numicnto
de Mm !", dos c:alifiarivosno pues1os • vucbplumo, y que podrf•mos
apliar con toda jm1ici,, • 11rni,mo. A partir de.,_ 1,:xtos,d arnino
escl "csborodcunapcrsp«li.,.,,.man,ianadecuct<ionamicmudcla
oonvcrsióndc1uductrin • cnunaideologladcldcs:mollodcla1fucn.a,
producti.,.,,..
".oo n lo'lucscobrcunamaradifcrcncialabsolutacon
1.. apc,icnci:udeco,mruccióndclsociali1modc1igno.rovihico-in-
cluida la china •I nm,os hasta d "gran i;,.ho:idehmc" y la revolución
cultural de MàO,y mucho ,nis accmu•damcn,c 10,bvf>dcspu6,de 1u
dcno1a • manos de Dcng Xiaoping- que ab,ió lu puenas a un api-
t:ifümo que hoy no encucnrra frcno. al igual qw: la rntaunción rw:..
No cst:I <km:1,:iJvcr,ir que cn d c.:ntro mismo de 1..confron1ación
conuncicr,otipodclectura«onomicis<alp roducrivistadcMoriq uc
cs1ãcn cl n~dco d.cl libro que prcsenfllmos, se cntucmra m ticmes b
po.,ibilidaddcabrir unaforma(cn d-l'Cntidncomplcjoqucadquicrc
1..atq;orfa en cl pcn,amicmo de Aricó) de pen .. , cl 1ociali1mo 'I""
difieccfundamcn11!mmtcde:iqucll .. c:xpcric1\Ci .. :"todounmundn
de p,oblcmas nucvos y antiguru, pero aplast:.dospor d peso asfüian-
lc dc la rnón 'obt"l:ivim:que prcdominó m la pc,rspcctin ma,~i11• ··
Alma Aricó de una ~rspcc1i.,.,,.uqueológin de rescue Jc CIOf matc-
rialei dcl marxi1rno,dirfamo, prec:1.vcrsc
dc una función dc anticu,rio
desdcclpuntodevi11adclNictUChcdelascgundaJcla,C,,n1;,/,rrtri,,.
nn inum/>nlÍNJ. Por cl contrario, su IK'"P""''"" cs clara y fumhrncn-
1almcn1cpol/ria: 1r:ab..joren la recon,cinicióndei marxi,mo • p.1nir
de t..cri1i• que lo am,via;a ,in a1cnuan1cs.Esa recupe~ón. di«, no
d sólo "una mcr.1opcración arq.,eológie1y ,in om. imporm, cia que 1,
de abonar csc ompo nouuo e indifcm,ci:adode b hiJto ria de las idoas.
Dicho de 0110modo, tólo un ,memo postrcro por uiva ,• ioda cosia a
Man, dei naufngi o de 11mer:úlsia occidcmaly dei marxÍmlO en ella
induido".Pcnu.1dccs1amancn,ydcsecharlasmúhiplcsposibilidadcs
de !a apcrmr:i de los 1cnos dt,icos n u1iliur un ••rgumentn f.du,
parque lo qut rcalmcmc impon• es que (cm» ••1nos y cominos hcre-
,od.m,s re<pcclo d e si mismo Jd propio Marx , IH ••nomal!., " cn d
lenguojcdcG01JIJncrcnlo,do,m,irxÍl,mn,H.C.]hubier.>n•i<lopcn-
~os,quclapo,ibilidaddcsuformulació11cnuvicrain,c1itacn una
ma1riz Jc pcnsamicmn <1ucoparcmemcmc los ac.lu!a. Porque si ntu
esaii,,iaisrc unapar1 c..,, l,yaJadc Marllcn l~quc1parccccorno
un agudo ahico de ú mi,mu y dei "marxismo', sólo reincorponndo ai
Jcbo1ces:1p.1ucscpucdcllcgar•formularunapropun1a<lca11 :lfüis
dcMnxydclm•rxisu1oquctctcn~l•muhipliciJ..ddcpcr1pcctiv:>s,dc
núekos problcm focos. dcccntl"O$dc <en,ión,Jc pumos<lc Íug:, cn
dl<n porcncialmenrc courrados. Si !a1 ccmm.di«ionn ~:ln -y cl
lógicoquc:a,;l sca-culapn >pio1co1fa,sid marxismonon uncdili -
ciopc,-í«1opcroinat:ab:ulo,,inoun bbulntiropueblodcmo<ldos,
mostruquc,d problcmo yo ntaba in,ralado cn cl mismo Marx obliga •
inmxlucir d principi o Jc la crl1i«1-catq;orfa r:rn cara al pcnamicnlo
m:lllli•no ,;iu nqu cpo r comp!cromenn,p r«üdacn 1un:coru rru«i ón
pos<crior-cnuna100,ía,pornodecirunaidcol ogfa,rolocaJ..a lmu -
gcndclacon•icndayc-kvadaalni~lddnpíritu•bsoh.uo ".'F.<tanla
pcr11pcc1i""de Aricóo:prcmla a pleno cn N,,n1rff'«io11n. FJ marxismo
"1econfiguróiiemprccomounarttr/t1C'Tlric,,";cri1ia.dclacconomfa
políticaquc Kronv icrtcCTicriricadelnpitalismo;cr!tiodcla1co-
rla pol!tio que devicuc cn ahica de la pol!,io, dd dm,:hu y dei es-
tadoburguú.
Nww k«ionn se in,aibc cn cl aiduo 1.-.b::ojo de Aricó de incor-
porarsc de lleno ai dc-ba,cn,arxi,r~ conmnpod nro ,lr;;4 Am~rio L, -
1ina, por la v(, de inrroducir e111: dcb.ate a l.. cnnJieionn concr<:12<
dclaludu1,olhicade!arrollulaennuesrr0<pa/..,._{)eall!loíunción
pol!ticadela tntdurci611.en ,udimcn,ión plcnatncn1cc rcadora, que

'JootA.ri, "Prc.tn,.,.1,,·,.,. K.rl M.,,_ Nib~, F.[l,,ud- 1 f,.cdrod, fns<I~


~;,,//lá9-/8'JS.R,,ropõ1.<,6n,J'l<'<•,.ci6ny...,..,do}a,lAnc<l,5;p.:0:I
l'Mo...,M"'-.1'111 .Pl'""'•xY
na a1umir cn una ac>la sin prcccdcntcs cn ,u obra editorio.l. l'cro
enN,m,.,úrrionn...,,mi<o.llideesediilogoaprop i:idordelacuhura
polhia m:uxina europu. fundamentalmente Jade la pcr<ptttin ita·
liana -ounquenosólodccllo,,;:onvienc1ubrar:.11lo--,cuhur,.ccntral
cn la tons<rucción origirul inicial dei marxismo hana la Revolución
de Ocmb,c, cn la que cl mismo l.cnin y 101 bolcheviques oc form•-
ron y fucron parce. En e>tc lihm oc inco,po,a plenametlle en clh, :ac-
nb desdcrn mi,m<>in«,ior, ..:a p ropiadecoc lugar de elocución, y
produceun1construC(ióndcg,anvudo,p ,oíundamentcor igin1l. Eu
CStCJ('n<idop,x friamo1<lccirqC1CNu,w/r«ione1csunaobra<lniacn
la clabo=ión mu,ri1<a latinoamcriana, yaquc no J('C0mtrnyc pan 1,
•pli<:Kión cr.,a<loradei mar,rismo e11cs1:u lalirndcs (la obn de Mui:t-
1egui 1nfa d paradigma dc cst,t :acfÍvid.ul),sino que trab.:ija cn cl ccn-
1,0 de bs claboncio ncs COll«prnales dei marxismo, en ili maimtrr,1m

para dccirlo de o.lguna mancn. Par,. •prcci•rd plcm,,cntido y 10$


•lances de esta opcnción politia e imd-xu»I de Aricó insi,to en
que cs impr acindible b ltt:rura a,njunta de Nutw: la<ionn con d
núcloo de lacolccción de Cuadc:rno1 de P:u.:idoy Prcscntc y la Bi-
bliotcc:1dei l'enumicmo Sociolim: fo,m1n un ronjunrn ine,c;ndib!c,
una de euy.. d,vn fund>mcn!Olr.:sr.:sor,icular un nucvo dcurrn llo dei
mar,riimo • la o.lmra de b1 n.ovcdodcsque ,e produccn cn cl mundo
contcmpor.inco.
l::ldi1p>radordce1 1ccrabajocscmon«sunredamoprofundode
imcrpm;,ción de lu 1ransíormacione1 cn curto en cl sinema api1;1fü.
1a, cl cstar o la ahura dc la hi,1oria contcmpor.inca, la idca dc b cri1i1
como opormnidad de cr~ón y p.-ktic:u poU,icu origino.lc. • pauir
dclainmprcuciónadccuadaJceso,ambios.l'~n=larcvi1iónde
laconf,ontacióncn1rcdctCTmini1,noy1ojctorcvolucionariocnlahi1-
101i•dei movimicnto 1nor,ri11ay ]a luch• de d•IICScÍ«1 11ad, cn Nu~"'
k«fonn.. En d hori:oomc M: c1>eucnu.1 Ja 1d«tur• de lo vigcmc en
Mar,r:lo,ro,!odclvalory la !cy1cndcn ci• ld c la ca!dadcl11 uadc
garunci• rnmo limite :uintótico dei copi1ofümo, y un r«ha -,,, a l:u
ido, de b imJ'O'ibilidàd de 1, rcprodu,;,:iónc,:,.pi ,ali., ._por dcbili<Ud
de la demand&(v:1.rian,udd ";<Ulxonsumo"),lo que ..,,1 , cn reo(id&d
una v:uümc cn dav., nqr,niv:, dei kcynniani,mo. (.,2, u,.,. propunti
esinmenn,yrnnocc,ido.d..,cncon1r:1b.,.apresa,hcnnfucrucne!
,ihimo Luk.io;:d marxi,n><>,ln, ,,;J~ por ami,mo, po, faha de cm n i-
vid;i.d.por inmovili.rno. Ellibrodc:AricóuU.,o:ik:a.l encuen1rodc
e11•1i1'"°ción:es un ,..clamode crc,uividad, de rnovimicmo teórico y
polhico innovador wb ,c IJ b:isc:de las andu profund;u con una he•
n:nciayuna1radi ci6n
Lacn1crapcnpa,1ivad=rrofüdaporAricócnco1c1r:1bajolumi-
noso,cprcfiguracnun1a1udcGi;KomoMarnm•o,qucporsupr..ci-
1ión y conci,ión .., me hace imp,escindiblc tranocribir:"Con GramlCÍ
ciertonlc!HC""<amo, mucho mú :a.Ilide lo, lrmi<o dd lid1ftcmm11·
11iim111,asirom o c.,arnosrnúallidd'mar xi, n10dclaTcrccr:1ln1cm••
cional' (incluycodo sw variant"" 'hc,.!1ic:,.i).pero, :a.lmi,mo ,ic,mpo,
110.1hallam osc nunapcrs pa,1ivaqucconllcv:aye1plia losproblcmas,
1. conm1dicci<>nC1 y 1.,. rcmibl.,. m asos dd rn<>Yimicmo obn:rn <>a:Í•
dental ffl n, ronjun<o, De Gramsd, cn cfcc10,noffllo hcmm oblcniJo
una un •prcciablc comu gcntria cxigt,nciade dcsarrollo crniiw, dei
marxismo. Hemos ap,cndido 11mbifo la impor!ancia cm~1q;ia
dei problcm• de la rclar;:ión entre !a crhica <.kla cw nom!a polhica y I•
cicncia de la política:"' decir de! p,oblcm, de cóm~ íunciona b din~-
mica de la ai,i, cn la Ía«: :acrnal dd 'o pi1alismo de .,.,.oo• y, denuode
ella,]adin:l.mia de esc proccso1cproduc1ivu<j""'"º">Óloreproduc-
ción de '1r:ilx>jomucno' y de riqueu (merc:u,da), , in<>de relaciones
de producción, po1 lo tanto: up,w/11«i,11dr rlmn. Si P"" apror d
olQnc,:dc.,.,cnudo tsindi1pcn,::,,blcvolv,:ram:otr~1,laicroSndob,la
hiuo,ia dd marxismo y <.klmovimiemoobrcro, p ar.a d=,arlo. l,;,yu
lle<:~riopcnc<rarteóricamcnlccnladin~micaintcrn•<.koa'pol;,;ci •
dw imegr.al'(cl 'ciclo político', oomo lo llam• Kalccki) que n e! único

~ 0n:mu: ~:L;;P~
•,l::::;.,c::,;1::.::~
~:::~
laoontr:1.dictori,m.ycc1ori,del'c,urcmi,mohi>1óriro'-l•1r:1.duçción
dd problcm• dei dc.lino dei opitali,mo :al problcm• polí1ico de la
tr:1.n<ÍO
rmaciónr<:volocion•ri•dcl .. r<:l:acioocscxiscénlciporinncde
la,ubjctivitbdorg:i.niud,". 1
Eu ,uma: la politia cn d mundo capitalista nuduro como forma
de ,u lími1c hinóriw, de "' hinoricidad plamcad• como dial~ctia.
c111rcl•kydel,a.l<L1tendc11cia ! <kla1u:idcg•n•nciaylaconfor-
mación de un ,ujcto hi.,6rico revolocionorio. Como pl,ma Aricó: "cl
problema de!, 1ror/• muxi1ta de I• pol!tia , lo Ktilud freme al c,to<lo,
d c.mlctcr dd p•nido, I• na,u r.,la,:a dd poder, d oarkccr dd proccso
de 1r.,n,ición". En "' pl•ntomicmo inici•I cn Nutw l«âQ,utdicc Ari-
có, "Poresoh1ycn Marx una rcbción muycurechae ini<:par.iblccnmi
lacrllicacconómic,.yl•cdtioapolltioa,en1relocrf1ic,.dolaeconomJ•
polftioay la1a.,radela1cl<lldoocio l<:<,ypor=nocs,i mplcmcn1c
cnsusobrupolf1ic,..,ocn,wobruhi11óricu, 1inofundamcnr.lmcn -
tc en d imerior de la emucmn lógica de f/ r11pi111/ y de )01 dcm:l.s
trx101Jclacrlticadcla«onomfapo1!1icadcMm:,dondcdcbcbu1-
cari<:lafundaciónciendfic:idelopolfcicoyladimcn1ióncspcdftca
de la ,roda de lu d>1cs sociala, •• allf donde i<: <:nc11cntrocl punrn
cruci,l , d núcleo ocnc i,I donde M,rx es1abh,ccI• .-.,]acióna1rccha,
l,vincu laciónop«ílica,<:ntrcl:acrhioadtl:acconomlaylac1hicade
la política". Cnn,..:i ,,. Íucntc y p11n10de, p:artida lwico pan cl,bt,,..,
una 1eorlapolhica marxi11ae11laq>Oeadc la plena madurndclapit:a-
lismo,y 1ambi~ninn laq>Oea dc l>1c1Í<isdc,11ocaso his1órico, y=
<co,f:ade h p<>lhio...:insiala prcciumcn,., cn d o.mpo de dcvcbmicn-
ro de J,. form>1 de, m:aniíoración de la sociedad burg11es.i. como clc-
mcnlo Íllnd,mcmal. Aricó: "A panirdeõ1e reconocimieniose plancc:a

>Gõ.n.nu, H.,,.,...,_"Di.,lttt"'-',kl,futm, ,ci...,,,J.l,pd hi<,",..,K,,rlKo rldi.


1':i..lM•nidt.M<..,P,nndo:,rl.;D,,,,. •.,J,i,,,;,J,,-.,,-,,,"""""'.,,,..t,C....
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lau11,..,nciodcl,furnfacióncicntífic:idcl,poli1ic:ip•r>nn•esm1cgi•
de mmsición que rcb.ts.:defini1ivamen1c,no..Slo fa scporación cnuc cl
ektnemo económico y cl dcmcmo polhico, ,ino ambitn la que se d.,
en1rclopoliticoylo ,oda!.A.i11im°'hoyau n,arduadi,cu ,ión sohrc
cón10puedc,urgirydc-<a rroll•rseunal/nc,,ap:1zdccni,:l~rlauni-
doddcprodu«iónydcrcproduai 6ncnla(íbrica,y l.. c:.1ego,íudc
cmdo,dcluchadccl=ydcin11iuxinncs,bu tcandor«o mponcrl..
to una nucv:,.,:bbor.teión c,tnt4ia", Un p,~m• de tnb , jo que la
úhima d6:ad, de luch:u y de vigoroso movimitmo socioJcn Amüici.
l.a1inaycndmundo.aunad..alamanifcnacióndcunacti,i,~r1igi-
n01:1ydcunau1.,nsi6nsinigu.alcnbrcproducci6nc,.pitalimvudvc
máJ:actualqucnunca.
Relacionado con cm,, un problema intcreumc es cl de por qut
AliCOdesi,1iódcpublicarcs1c1cx10quc,dcacu crdoc on la.snidcnciat
pn:«:nrad:upo,l°'originaln,cvidcntcm('n1ccJ1•boccufas,,muyavan-
ud.adcp~paración . EltrnladoaArgcmina"n 1984,Lu uri...,,,ciai
priciic:u,dnodi,poncrdcuna«li1oria!momad..yl:unucv:,.smn1
poUdc;ucintc lto:1ualcspuMcn..,,.mo1ivwani;r imir51e.Sin cmb,rgo,
cm. ql.11:la nzón fund..mcnto.lest~ dada indirto:tamcntcpor cl propio
au1or,cuandoupliabalanocon1inuidaddclacol~ción dcCu,d~-
nos de l':uado y PréSCn<C por n1.<,nn polltia., mi, <k fon<io:am-
bio de esccnario, irrupción dc una nucv:,.grnc=ión tn l:1Arb"'l"ina,
~no vación1 usi,nriv,dclan1rattgi•dcin1ct,..,ncióncn loscvcnros
públicosyel:arunté«rsocial.0,,,;(aAiicó:"l'crolapropucttadclos
Cuadcrnosmcparccchoy[l986]insulicicn1cporunarazónadi cion,l.
Dcbido • c:.u.:u que no fucrnn m iginod:u ool.. ncn,e por l:1cc1m1ra y
L. rc,prC$Íón,la tradición nmxim n hoy mucho máJ Mbi l m b k-
g,,,-
min a, Advicno b prcKncia de una ,ucr 1cde niprur.,.de 1rad1cionn
quc,dcmucn locicr,o,dd,c rlallevaroosa"naliia 1 roumi>cuida-
dolafu,idinn ,cprodua:ióncn f:1,jó,..,nngcncr.teinneodc 101vic-
t(J$discu,&01.E, como ,; cl olvicloo cl opacamicnro de=> ,nodición,
lt:111.<
form,n a 101vicjo, di,cur,o, cn P"bbn mucrta. cn un rctloblc
de 11mborcs que impidc ai lfflguajc ~er un mOOiode a,municu idos.
Elia 1r.1dición,r.m fuc11cen los hombra de mi gcneración, o odn m~•
jówncs. porecicr.1impor,ar hoy mocho menoo, como algo que por no
vi,ido no c.s , uficicn,cmcmc conocido. U> jóvcna gcneracioncs de
izquic«lanocon<l«'nhoyoa.figur:ucntornoal:ucualddcbolimos
ran,os•fios ... l;.,posiblc'luccntcr:,dosdeloaii,enciodeLenin,ni
h1yono!doh:d,lordcRo10Luxc111burg,odcGrams,ci,p•ranoh•blor
ya de KouW:y, o de Juan B. Juuo o de J<m üulos Morii,q:ui. Un.:i
nquicrd• nuc"" irucnta mOOirsccon los p,oblemas que lc pbmeo un.:i
1ocit<l1d •pelando, undi,curso vicjo,anacrónico.,Pcro hoyo1rolll
quepuedarecurrir?l.orrsurr«cióndclovicjo;noocuhohoybpul •
1ióndelonucvoqucnocncuc,m:>111spolabnu1". 4 Un,cgundoproblc•
ma c.sque el dcb,ic de I• cri<i, dd mon1i,mo. de I• recompooición de
unapolhiarcvoluciunoriaal'l"c•ludcconÍr«ucn1cmcn1cAricódejó
deai,tir. Se focatini;uicndo cn ladéca<U.dd ochcma, fagocimlo por
la. tr~mform:icionc.s cn l01 po(m dei socialismo rui. lo!'""'"''"" de
Gorbachov, lu rcformu de Deng Xíaoping cn China, lu convulsiones
crecicmcscn Europaccnu,tl yoricn11l,port iculormcn1ccn Polonia,
pero 11mbi<!nmis 50rdo1pero no mcnm ogudu cn lm ouw palocs dei
bloquc dei Pac10de Vorsovio,cn Rumonia, cn Albanio. Ahorasc pucdc
1prcciorconcbridadquccs11lncnmarchalavfoalcopírali1moplcno,
'luc,econcrcmtaOOpU<!sdclaaíchdcl"muro"c,11989yladcsime-
g=ión de la UJ.SScn 1991. Y cl posmiorouge dei neolilxr.1lismo cn la
d<!c:aW.dc1990,lo"dc.sacruoliución " del•revoluciónydclm•rxismo
lo scpulró aiin m:h. Lo• 01iginolcs de Aricó focron co,,..,,.,...dos, cn
espt"radcunacoyumuradiícrcn,cp•rarecobrar•u plcnaaclllolichd.
Dcspu~ de casi 1reinr.1y cinco al\os, Nunw lttrion~ 10/m =nomi11J
po/fof11m~I m11,xÍlmopucdcllcgara ,u,lectorcs, los de lacoyun1ur.1dc
cfcrvcs«nci• y cri1i1de los díos ocmala. Un 1icmpo de rcromposición

•Jo,iAtkó.&,,n;,..,i,J,l./9/Jl,C<o«od.<f.><udiooA•••...i....uo...,.,d.dl'I••
""""'d.<G:1...W..,cs.J,,IN..lffi.p.H
cn cl •1uc, •l rccobr.arl:u. b.s palal,,... de Aricó alanzan sentido, pe>o
y1uS1"an1ividad.
ESTAEDICIÔN

Maria Tcrcu Poy.. U•n nos entrcgó -• Jorge Tui• y • mf- un conjmuo
demate1ialesinAfi10,dcAricó,conlalin.o1idaddciden tÍÍ1c.lWl,orga-
niurlos y, en s11cuo, nfüorlos para s11publiaeión. En esc important e
cunj11nto,q11cnoten(ounor<knexplíc ito,pudim0llidc:n1ifiarm•1e-
ri:i.lesquen°'permiticronorganiurdo.originalcsqu,:,prõcn1aban
scmejont:u importantes, y que conniruycr, I• base dd prescutc librn.
Un primor c,.mjumo, co,mi1uido po• !ransc,ip,cionc, b,;,,m,tc litcralc,;
de d•-· ounque con una corrección y:acf«uuda dd material b,u,o
inmediaio; y un scgunJo conj unto organizado cn do.inrpctu nulcs,
la primcro de lucuales esuln rotulada de Íorn,a manuscrita por Aricó,
con el titulo y I• dar• indic..ción de que.., trouba dei como cn El Co-
legio de Mt~ico. "E.:onomfa y polfric:,.cn cl anifüis de 1.. formacioncs
,ocia lu~, dicudo cn cl Centr o de E.uudios &onó,nicru y O.:mogcl-
ÍM:o<p.:in la M,nuía en Duanollo Urbano 1976-1978, cn su m«r
semcst~, cn novicn,ln c y diciembrc de 1977. Esrc original <T> una
veuión dq:,ur.>J,,y COI regida dei an1«ior, y JObre este mcc,nogrofiado
m:tlgunadela<lcccioncsieenconu ·abannuevucorr.-«ioncsdcpufio
y !cua dei autor. Dimo. ai prime• conjunio 11dcnotniBación de "Ori-
gina.lA". y:tl segun<la conjumo el d, "Origin1l ll". Marl, F_.,., R:,p1lo
conrribuyó mnb ifo con una copia dei original "A" que pnmitió cu-
b.ira.lguna1lagunasai>1rn1 Qen d mm:rial proporcioB:uio p,u Marla
Tere:sal'oyr.,l.Í:in,porlocualdcboagr.><kcc,1lcmuyQpecialmcntc.
Lacmreg., dd mater ial inédito por pau, de Maria ·1~rcsaco11Uc.,.-
ba tambi~n d g,s,o cnormcmemc 1mi,w>o de morivu c<> n una nucv.>
ynliosaac fiYidad1JorgcTu l1.aquejadoy,,porunamuygr ••••n-
f.,,-medad. l'ud csos ren.ertoJaYialarga,conversacione:scon,l,cncl
1r.>ns,;ur
ao de ln ni,lc.1, muchu Yccc.1,no, ÍOClliun>O<rn d estilo de
tr.i.bajod cAricó,,usprcocupacioncsn,1urnoa ,cm:unp.-cllicos,la
dificulml de :tdjudiculc :1lgunos matcri:1lcs sin ..,fiuduJ.J de idemifi -
aClón dcautorb . P:u,dos un par de meses, cn d u-.n1C1.1í$0dces,c ini-
ci,l pro«oo dc idc,ntiÍlcaci6n y urg:miuci6n dd maicrial, sc produjod
lamcnt..do fallccimicntndd N'f"', arni1,'<>dcAricód....klad6:ado de
19G0yccranlsimorolahor:idnrintdccuulycomp•ficrt)polhico1u)'O
cn losúhim0>vcintc afiosde , uvida.. Lo.últimosc,<fucn.w intclcc -
tuales de c<<c gran amigo y aimpalluo e>luviuon deJicados a lo bbor
quchcmcncionadoarrib:.,porloqucesunliorntnajcimprcscindiblc
para mi d«liarlc ena ,dición y unir cn c,,c csfucno posircro una vez
mis ,u nombrc, ron d de Jo..! María Aricó, Hc sido, y espero seguir
,ifodolo, un continu,dor de eu aventura intd«1uaL
FJ orjgin>l "A" 1ienc 4119piginu, )' eni ,eunido cn una carpe-
ta gris, con cl tl!ulo manuoc,iro por Aricó: "Curw de B Colcgio de
México(l977) ". Eloriginal"B "," dc378p:lginu endosarpem
uulrs1iiulad:upor1uamor .E. 1adifw:n ci•dcp:l.gin:u,aumcncadacn
b m«lida cn que I•• ptginu dei original "B" wn menores cn anti -
d..d de cato que ludd origino! "A", indica claramente lo dtp11ración
que Wmctió d amor a !a primor-~ vcrJión. Sin embargo, prictia1ncntc
ninguno de lo.otemas dd p1imcr origin•l fue eliminado, ~nc que oólo
.., muó de dar mayot ronci,ión y sfntcsi, ol 1raiamicn10 )' eliminar lu
marcos coloquialcs mis tvidcntes, indu idu l:u prq:11n1:u cfoctu..i:u ai
Í,naldcc:ada,cunión.
F..n ts<> cdición >ercproduce, na111r.1lmen1c,d original •s•. por
ser cl displitslo por d a111or.Sin du<U llcv;1l.is mucu de:una inaim·
plcta rtvÍJión, cn puticul:u- cn cl es1ilo )' pun1U.Kió11.Sin cmb:ugo, no
hemos h<echnninguna modiliación, s:tlvo corrtgir los mil evidentes
crro,rs de tipco cn cl mcanuKJiro. Nuesmu nor:1s fucron mlnimas,
hedu,rondscntidodcadarar:a.lgúnlaptusenclo,iginal,odcindi•
ar fuemrs bibl,ogdlias de las cir:1, , incxiJ1cn1es cn cl mi, mo . Hemos
agrcgado:a.lguno,apéndices,cn l<:><qucproporcionamo.s 1cx10,quc
0>mplement>n•lgunnstrniasc.1cncialcs1rat•Joscncl hbrn,qu cju-i-
g,.mnspucdense1dcu1ilidadinm«liatap:tratlltc10,.Scinduycron.
con dara indic:ación de procc<lcnci•, lis prcgun1•1 y rcspUCSla>de lu
da,c1 que se cncuenrr:111cn d original A, y un texto dd mi1mo ori-
ginal que iu,g•mn, imponamc y ""' 1ex1osdei mi,mo original (uno
couc•pondicn1calal«ción1cn:cr.1ydo 11lal«ció nocuva)qucjuz -
gomos signifiauivm y que fucron omi,idos por Aricó cn s11revis.iónai
prt~nudoriginalR .
S6lunosrcst:1agradccern......,,mcn1e,MarfaTen::s:al'oyru.ifolo
opormnid:id que me ho d,do de trIDajor con b obr.1 <lcJOK A,icó, y
1JovicrG:uci:&diegolaaoogid,qucdioaloposibi!ididdcednorNjo
d prenigio,o sello editnri, I de EJColtgin c!cMé>:icome 1r.1bajofun-
d:imcmal clobondo eu e<:1 co... Por úhimo. • Francisco Góm~ Ruiz,
dircc1or de publia1cion cs ck El Colcp<> de Mhico, y a P:.ol• Morin
lcyvalaa:cclen1ea1cnciónprofcsionalalaediciónqucprc..cn,amos.

CiudM!dcMéxico,2ckjuliodc2011
Enatcetphulo,tr,.tarcmusdcanofü.ar,ponicndodes,.,=rito,;tt0-
n6mioos, cómo la formulación dd cuncep,o deformuián mmámi,.,,_
,«j,i/!c!'(rmitcalcuir,cS1abl«crun•d;fcrcncioc ión,con,csp«fO>
!01ra<lici6nddm1r xismndcl•Scgunda lnr ernaciona l,quetcndr i un•
importan ciad«isiv,.cns,i,Íôrrn nla cioncspos1eriom .E.ire •lej•rnicn-
, o, que apu«c ron ,oda ni,idc>. "" cl 10.x,o pw1cr ior /)ui IJArm, no
futvinoconabsolu1adari<hd 1><>1dpr11pi11Lcninyme nos•Ünporla
trod ición pwrerior. De oquf que, cn la polémica dc<,nroll,da cn 111,no•
lasigniliacióndccsc,-lib,01animf><>rlamcp.i10don:llisi sdc lardación
1corialmovimicnroyla formulacióndcla,propue<tasorganiurivas
delosl""rtido.scomuni11as , laidc,n1ific:aciónq11chabimalmcn1 csc hace
cmrcd pcni:unicntodc, l..cnin y d pc:n samicnrodc Kautskyscacn
gran pane indd>ido aunquc, Lcnin ""ampare cn la ouro rid ad de K:mu-
ky p,r.o,1o,;1cncrJU pasició11, y aunq,u, o v«a digan •p•rc n<cmcn,c las
mismu COSli. Oijimos cn d cap/u,lo an,crior. que Lcnin. cn ..,, pri-
meros cnbajo< (l"'r cjcmplo, cn A propóst'ro ,M lL,mndopr-ob/,,,,..dr lo,
1tU1TtlÁ41),par1fadclanfü,i , quchaccMorxcnd~undoromodcE1
r11pha/,cneuterccra=ción<lnlicadaolorcproducciónycirculación
dei capiul ..,_.,ialglobal, a diícm, cia <le la iocia ldcmocracia que b,.,ah:a
1ndos1u1anlli,i,mdcaphule>,;obrclaacu ,mila cióno1ig in:iriad,:lc- •
pi1al dei prime, 10,no y cn d A,.,;,0,1hn'"f, E.i1e h«ho 1icnc nna im-

'f_.,d..,~...JA ~pn• 1, r..:t..d. '"'l"'"';.s.,d, L, ,a- :,oJ<"""' '""i,.,


<l<i,n ,Noo,d<1«1,,.,.
portancia decisin ya que al cs1ablccc, como núcleo 1Wrico un tCJC10Jc
Mux Ji,lincn. J.c,nin Uq;:aa condusionc, 1ambifo Ji:;linlas cu torno
a la wcialdcrnocracia alemana. Dijim°', adcmh, que era imponamc
pani, de ""e 1cxto marxiano porque úniamcn,c a travá J., CIera po-
1iblc lograr una visión d.:I Jcs:mollo dcl apitaliJ1no diotin,a Jc la que
prcdominabacnlasocialJemocracia:Llcman•;yJislimapo,que,por
un lado, dicha concepción no se bualn ~ en 1lrminos exclusivamente
cuJmita1 ivos{en losdatosapormlosporl:asestadiS11c:i.sfabrilcs,por
d gn.dode consincncia de la claKobrera, por cl número de obreros,
dcfibric:u.~1c.),ypordo1ro,po1quc,córiamcntcsóloaf»rtirde
cs10s«<:ión<kflc11pit"/sc1ornaposibleunaintcrpre•acióndeMarx
que supere la cscisión enne economfa y socicdld, elememo dis1imivo,
arac1erl11ico, de iodo el marxismo ame,ior a Lcnin; dicho marlismo
nohabíalogr:idornmificarcsoqueenlaobradcMarxscprcsupon!a
queemNfundido.
Yaensu1raNjosobreelprob lemadc l°'mercados.Lcninformu-
lóclcon«ptodeformAriJ11«on6mk.-111<i"l,concep10quc1ieneuna
impor1ancia fundamemal desde cl pumo de vi1ta teórico d~ que
1u caracterl.Hia acncial coru i,1c en rona:bir a 1000S los fenómenos
reb1i,-os a la producción nmeri:Ll como mediaciones de l;u rdaciories
1ociales hum a~. En este aso -ya lo hemos record..do-- Lcnin utiliu
cl1foninodetsq11t/mr.laform11âJn,ro,d,niro-1ori11/csclcsqudeo:on1
1orno:Llcu:Llsca11iculatodalasoci«lad.A~nirdccstavisiónelnur-
lÍlmo~nocsun.a1eor(ad«liadaaanahurMvid11«onJmir"ú110M
,o,,,/;J,,JJcl,, vi,L,1t1âill Adem.is, plamcando esta c11,gorla d( fo1m1-
ción «on6mico-social romo ,je imerprct01ivo dc la soci<:<l•d,Lcnin sc
coloaba fuen de li concq:,ción dcl ma1erialismo histórico que lubla
carac1eriudolasposicionesan1c rioresyquepbn ,c::abalacuestión cn
,,rminosdcrdacióninfnc,mocturalou1,crcs1r.1cu11a.
Es e11auna rclación qu.,, como h,bíam,,. •i•to, cmpan,anó toda
laJiscusión 1cória.iniciadaap~ni,delrevisionismoyJcl .. cona,p-
ciono:sJc Bernstein. Oijimos 11lmbi~nque cs a partir <k csc conctp10
como Lcnin li~• comp,.,ndcr la di'1inción cnuc dos oc•pcionos dd
concoptodcprodu«ión:porunlodo,prnducciónco,nounmomcnto
p,-rcial dd prO(e,oeconómico y por'-'<n1ocomo una visión té'Cnica,
comounoconve n ióndclaeconom/• rolí,io.,quc:cr.tu,ucrilicodc
i. sO<CiW><l npitali1ta, cn una reorla económica bu:.da fundamtmol-
mc:n<c en losrebciones 1knicosde producción y, por el orro lodo. d
con«pro de producción como equivalcmc •I C<m«p<o de n,odo d,
p,.,,,lu«id1t.
AI inrcrprcm la producción como modo de produ«ión, lcnin
coincidia con la formulació n heclu por Ma1J1cn d segundo p:lm,fo
de la Jm,~,,,aidn de l 8~7, donde dice que lo pmducción, la cim,-
lación ye l con1umosonclcmcnu11dc unami,ma realidad,1u•cs
lo ptodu cción. Porcllo. d on:lfüi,dcl proccwdcproducción liecho
cnd,q;;undo,omodcE/r11pir11/ronnirnf•clterrcnom:l,íavorablc
parant racrcn511form• mis<lesarro lladalosfu11dam cn toslógico1
de la crftin de la economia política formulada por Marx, y por e.o
~omara<'loolO(abaaLcnina nrc,d ptoblc,madclac,truc:turalógica
dcl:.1rapi111(c1<kc:ir.•nr c lacs1ruc1uralógiadcunaobro crflica dc
l•economfapolhicaqucscgúnMarxcraalavnunaapmicióndd
fimcionarnic,n1odeconjumodcla,ocicdadC1piiafü1ayunacrhi ca
radicaldc , uQÍHencia
lcnin había llcg::,doa em problema no a 1rav6<c.kun conjun 10 de
lioc1u1t1m,:1odológicas previa,, sino a rr. vés de un rawnamiemo que
c,.ul». determinado necesa.,iamome por los ~ uerimic,uos de la prk •
tic:i. En cfecto, la dimuión oon 101 pop ulim, cn iom o a la po11ibilid,t!
de ninencia de un si11ema api1alim cn Ru.i• lo rondufo a analii:•r
d mco.ni,mn dc rcproducdón dd conjunto dei npi1al (de cómo ,e:
forma y circula esc apitai cn la socicdro global), tema que Marx wa-
liza por mcdind c los ""luc:on:asdc rcprodm:ción dcl ap itai en laci1:ada
lt'Ceión dei tomo 11.Dijimos adcm:I.<.que mic,ntr:asn,e tomo de E1
ct1fi,.,/no habla ,nt,recido ni ,iquicn un pniucfio comcntorio (cxccpto
do. línca• de Kam,ky ) cn la socialdemO(ncia ,l cm,na, se convinió cn
ambio, cn d cjc de l• d~ión sobre si cl api,oli1mo .en posiblc o
nocnloR.u,au, ·., •.
Ahorobicn,dproblcmacoo1i11ccnquccnlo ,nc<liJocnquccra
unaJiocu,Íónqucotabomcdi:ad:iporla1K>lhica,l.cninnuu,ili,.:io1c
cooocimicnto para hac"' un Ji..:unodc lipo mc1odológioo, sino como
inmumcmodc:anifüíscof"Udc:Ofr«cruno,cprcscmaciónconcrcia
dd dcs:urollo «onómico que se escab.:aopcr.indo cn Rwio, rcprcscn•
c.ciónquceroncccs:iriamen1cahcmo1iv:ialadc:lo1cl~icosdclaeco-
nomía polhic:a, como se vc claramcnlc cn la m:pucsla d,, l.cnin a los
populiuu a rravá de Locdrica ck Si,mon,li.'
E.n.,.,. rcrccra ,p,:ccióndei segundo lomo de, E/ C.p11lllMorxJ...,..
rrolla b diJ!inción emre c:api,ale ingrC>Oy dcmuo,ra la impoiibilidod
defundarclanih1isdclproccsodcrcproduccióndc:lc:api1alsobrcla
b.:aseck la dimibución dd ini;r= cmrc l:11disrim:is d:ISCS.Tambi~n
en o,, obr:, indica que a los movi miemos y tu comr:,dicciones que ff
OJl'fllncnclproa:wdc:rq,roduccióndc l opiralbayquccon1ider:ulos
como1ubordinados:llp1occsodcdcsanollodela:sfucrusproduc1ivu
y a los nwvimicmos imcmos de tsrc desarrollo. E.so,u lu que cs,aba
vicndo l.cnin y lo que la socüldcmocracia ale.mana y d mi,mo K:ims•
kynohabfanpcrcibidodaJoqucporunlado1ua1enció11sc~mrab.:a
cnloqucpucdcdc:nominarsclauor/11,Mp/uslhJ!,,rquccllosrcduc(on
a una ,implc 1<:m!ade los uluios, a una r«.ri• de la a:plo,acíón cop1•
1ali11a,yporo1ro,cnL1sociali~ció11dclproccsodcproduccióncmno
íundamcmoobjctivoparala1r:,11.1fu1mación•ociali,1adcl•socicdad;
por cJO.,. .. i..., ofincados fund.i.mtmalmcme cn d tomo Ide E1rapitnl
Una obni, que CJ paradigmiria tn este scmido, (S l,, dominA mm6-

'E,pf"f<,,.,..,.,.,
••,1,,.1,,.,0.,, .. ,.Si,,_,.i,cc-,~~1.,,.,_,,.,,.,,,.,.,1,1
,._._,;,;,-""""""")do<Hkl.<01•1,.,,:t,...fo,m.i,õd•d< .. rmd••:<,oM.q,,oloN.. ,
• ..,r...,,.,...,,.wJ.
.. u,d,c:ió<icU1ondd........., .... «· .. ...........i.d;,,c:,,.h,
....,,umb.>do•""'• .... pr<><WC<i,k,W<!,o•~-•••po!C<,ldtlph~<0>0M',a,.
P""I'"" .,_'°' 1.,p1,,,ho<<Ml<>tla><>J"""'J,l,,,CU,.,,..._,.k,<ku•• _,«t.d.
<1olm<>JoJ,p,-,.luao6nd,u...,--,J,d• .
nu<•ú M•rx. de Ko.uuky{un• csp«ic, de manual de populariudón
de la tcorí• cconómic.. de Morx), que,v,,,s;asolamente s,~,rc cl primer
,omodcF.lr,ipi1,i/.curoejeinlctpma{ivog1r.,almlo<lordceuosdm
dcm cr,1os:la 1corl•dd plu,nlor convcnid• cn simpk tcorfa dei ui_..
,io-y po, ,~mo de la cxplo<ui(m npi1alím-. y d pruccM> objccivo,k
soci:1lizaciónde b producción y po1 ,amo de la 1paricióo de un• bue
cuhur.,I pu;i la mmform ación de la socied,d c:ipitali11acn socif<l:ul
..xiali,,a. ~all/entonca, qucen l<,tursky1e ~icr-•ncccs,ri•mcntc
unaintcncl,c1Ónc<trtthacn«clarcducc1ónJc,ipo«on6rnico-eor-
por>1in de b clai.cnbrcta, y Ul\O {COIÍ> apoallplÍCI de [a dc1rucción
dei capirahsmn: """" la dase obrcr., convc<Lida,implerncn,c cn cJ...,
obrcraindumial.ylan,:,:;csidadineluctablcdddmumbcdelsis,cma
capita!i11~.ü sol»c ""'"' dOI cjes inmprcmim • que .se Nu rnda la
concc,pcióndc K1111.ky.Por1upuu10,cuaro<1ecpáón ,icn<=cm,1e-
01cncioscn1ndala,cori=ión11111/11ca : cnla111cdidacnquclad=
obrcra.seoponcalronjuntodcla,da...,.,cl[ano1edcfincporuna
poli1icadealianiasronclconjunroJcluduesaplmad:u,puesro
qucdcbc luchorsolacomr:o un si>1cmaqucen última in.iancia , por
supropiadin:lmica«onórn ia,c>1icondcnado , pcr«cr.Sones10,
1wdo, ejes intc,pretativo1 de ,odo d roci•lismo d:hicn, que llcnn,
por un lado, a •i,la, corponrivomcntc • la d..., obrcra Jcl resto de
l<»oc<:ton:$rocialt:1y,pordorro.oconfiarc11qucclcopirofü,nolicm ,
Umiu:,fa,.[..,.,1ucleimpidenrccon>1itui .... ylocondenanapc,,«tr.
Apc,;arJclaiinconsteucnciasqucl.cninpuMahabcrrnrutradool
accptardcalgunammcralapo,ibiliiladdclacaídaodestru«ióndd
capi,afümo,cnnduycconun•fr:ucquc,•difoenciadcK:au1~,lo
enf,cnta r:idicahncnte a roda ,eo,ía dei dcrrumbc ~om'>mico. U:nin
dkcquenohayn•dam:lsin1ens;a10,1ucilc<lucirdclascon1r:1dicciones
dei capicali,mo la imposibilidod de"' ,ubsimnc ia. l'or d commio, la
po.ibilid:,J tkl c:1pi1alismoraidc cn la ttproduo:ión pc,rmanentc de
cuocotur.idi«ionn. E,1aidcavincularia l.cnincon laconccpción
económica marxi«•. enfrentada a cu Olr.lcorric111e,que ,icnJc a vc,
1S0 Y l'OllTicA ~1<U .>VJtXl>l.lO
tllJ!.\'f:U .<X1ôt<IS 509Rt ll<:ONOML\

a M,rx no como un 1córico dei equilíbrio económiro •inu como un


tcóric<>dd dcoequilibrio «onómico; por lo 'I"" cn1011c""d 111:ili1i1
,e monta ...brc la ln.., ck la dinimia dei pro«so de ,cumuladón ck
upitalynorobrcl., rclacioncsdccquilibrioqvc,cm•micncncnd
interior de la .ocicd•d apitali>u. l'odtmotd«i, cntonccsquc csa
partir ck wa rcah um.xión -porque y• c11abo.conm,id, cu lm tcxtot
de Marx~ dd concc,pto de form:ición cconómiro-.ocial como madura
cnl,cninun•ro1iciónp•r1icul>tsobtetrcsproblema1fundamemalcs
alrWedor de lo, cu1lcs ,e dcsurolló 1od1 la discutión promovida I'"'
Bcmmin y lo, rcvi,ioni,uo, cómo tnlcndcr /a ,urnitÍltd ,ú/ da.,rr•II•,
/,, unidad dr rirnri• J rr,,./,.,;~.,, y 121 rcl•cioncs cnlrc trorla y mwi-
mirmo ,,,,.;,,/. E., cn 1, respun,a • <:<<m"' "' problcmosdonde Unin se
difcrcncia,adic:i lmenle de K.'uuky, ycn goncrol de I• 1r>dición dei
man1i,mo ck la Segunda lmcmacional, ;ncluy<:nOO• 1us coriienres
m:i1radicalei,c1>tuc:n1ad:1,porR.osal.uxcmb111g,Pannekoek,Parvu1
o Radck, lo, q,,.
po,miormemc, cuando surge la lmem:1cional Ü)..
munista, comriniycn lo que oc conoc, como comuni,mo de Íl<p1ic1d•

Comovimo<enelc:aphulo•n<c1io1,iexi>1ecnUninunnC1or«huo
aoonccbiralm,rx iunocomounafilooofüdol,hi,10,ia cuy•función
fmra I• de v,•nriz,.r la in<Vir•bilidod de la victo,i• dei prnlcmiodo .
thypu•jcsdcsu.obr.udondcdiKutcc,pc,:ialmcn1cc,,1c1tm•,quc
gira cn tornoa ladiscu,ión sob,clasf.imosa< trl:ad.uhcgdianas.. Sc-
gUn M ij,ilonki, M,rx lu •pliab:a cn e] cnmcn 10hrc la acurnul,ción
originui• I"'" demost,or la incvitabk c:aducid.d dd e>pi,alismo.
Su argumento p.anía de un• ci1>de Mux louliud• ai final dei
caphulo oob,c la ºacumuluión originui:1 dei c:api1al",cn el 1~mfo \i!
("'l~ndcnci• hi<16ricade la Kumulación c:apiuliscaj OOnckdic,e:

El,is1<madc•p"'pia ci6nc,1,ioali,,aqucbn>1addr4imcnt':lpitali010<k
prodo,c,;i611,yport1ntolap,-p,,,J,,dp,i..,J,,api1 •Ü11,1,n/,,p,i,.,,,.,,,,_
r..ui6ndrt,p,,,pi,../,,JpriVUAi.,,/i~iJ,.ni /,,,,.,J,,,n ,!p,,,p#l1NM~. ~ro
l,proJucci6ne>pÍ1>líuacng,ndr>.conl•fuuuinu<>r.1blcJe11npro.
~ n><ural. ,u primer> nopción , Es l, """'"'" ,ú t,, ""lª'U" , t,,. n<>
rutaur.il,propi.,L,dpti,..day:,dauuida, oinoun•f"'fiMll,li,u/,i,i,/.,.,/
querro:,gtlo.1>,ogrnood•l>cr.,capitali>1a:unapropiedadind1vidwl
~•nl•-p,r.1<iJ1tylapoKUJ • r,i/«ri,..,úl,,rim#JIÚ/ ,s ,.,,,1;,,,,1,-
pn,d"" " "P""',,,;,/,sp.,,lprvpiot"'Hfa. [...] Alll. .. ,m,l,.,dclau.
prnpi>ei6n<lc:lam.. addp uob!o1><,runo,cuan10.,u.,>rJUdort::1:aqulde
l•upropiaci6nd•uno>cuan1<,.wurp;tdordporl,,r1osaddputtllo. •

De-a9u/ los populim.s ru!IOS,y cn primer lug:,r Mijailonk.i, bum


.., crhic.t a la lffiria muxista. al conoider..r que dc1cll: de iodo d an:l.li~
,i, de Marx hay una filo.. ,íla de la ltiuoria que con,isic en 1, ,plicxión
ala«onom(apallüc.tdcl .. ,rfad.<hegefün ... dclalcydcl,neg:oción
. En 5Uob ra 1i1ul•d•cQuilnn ~n ln ",m,il"' ,M f"~
de la h<'g:OCión
Mo"?,U:nin demucma !a fal&edod de la intcrpm>ción ,:k Mijailov,ki.
No apandromos aquf " ' conocido argumento p:ro agregarcrnos 'I"º
es en "''" afirmación de Marx cn " La acumul.>.:ión originaria " donde
puedcn cf«ti""mcme cncomr:aroc demcn<os p,r:i ena con~nión dei
nmxi,mocnunalllosoíladelahis1oriaymisengcncr.1l1odoelr:izo.
namicmo...brela•c1.unu laciónorigin.,i,9L1chacc:M,rx .. rcducid,
por cst• marxismo ,k la Scgund, lntc,nxion•I • pu1i, ~ lm clcmcn -
10&c:ir:aa•1í11ico, de 1odocl J>O'ÍfÍYismoei,mpeoa una con ccpción
,.,.,l<>f:i<ta.
AI rcduw cl aiúfüir de Marx a los rn•rcm de una concepción po-
sitiv;,.., .. d• un proa:so de gtncr.i.liución de los tn~,odo, dc la, cicn -
cia, mnunles y su •plioción ai mundo JOCial.F..m, rc<lucción se Yio
mo1iV'>d>po1cl des,rmllo de la biologia, de las cicncin natur>lcs, po,
la ap,rición d• lo que><=h llam,do e( dorwinismo soei,], <J.UC con,iotc
c111nJ:id;uluconcc:pcionesdcD•rwinabsocict.bd.
lcl ntudio de 1, ~iedid d'-""icncuf cn una iucrcc de ori;:iniimo
'l"e rnfrc un procc.<ocvolu,ivo nuural oign~do por I• Clr.>Ct.,,bric:i
d.: nacin1kn10, a«imicmo y rnucr,c, & • p:mir de ate org•nici,mo
oon que SICimcrpren I• wcicitfad como SICpu«lc con,·crtir este on::llisis
dcMmtJOl,...,laocumul•ciónorii;in•1i•cnu"afilosofhdcl•hi•1t>ri•dc
tipo ~luciunisr•; e< • p•nir de h l"'r«JKÍ6!l de'"'" ky mducublt
dc1odoo,g•ni1mo'lucndcondcn•doafcn«er,comose llq;:i • b
ide• de b c,ducid,d dd iisrem• c,pu•lis1a y I• ne«,id:.d de su mucr,e
incluc,,blc. Por= b po.,ción de Mijoiloviki no n uno postción gro-
tui••· l''"'"º'l"""ld d:.ndocucnc. dcciuto ,ipodc imc,prei:ici6n ilc
la Lcurb de Mar~ que ,in embargo confunde con la posición de Lc,,,in
cuando en rc:didad és••
m,ro una ruptun. que se rcd,bo1:1 a partir
dei 0011Ccp1u de 1urni"4d hi11~,fr~,y de rc=ror l~ ncccsidod ,igcnre
cn la 1oorfade M>1J, de des.onofür un anifüi, minucin"" • ~11ir de I•
ooyun1urapmrHu,ynodclaurnpfa(111u12.'
La cor,icmc npuc,u ai pnp ufümn, d m,mri1mo !cg•I. se r.Jt1cc
porsup.incaladocrrin•'l""ªPlic:1c6mnbpropi«ladindividual,
bas,ub cn d 1r.1bajodei propictolÍo , cumplc cn cl r~lmcn ~.,.pitafüta
"' dcnrmllo di,léctico. y cómn se IN'1sfnrm• cn 1<1prnpia ncgaci6n
poraluc,g,,socialiuor. l..c,ninr«l,a,..cs1•po•iciónycontlladcom.
pnnemcescncialddmarxi,modclaS.gundaln,c1n•cinn•lqucllcvd
ocor,...:nir,Elrapira/cnunlngrNicnrcnccc,,.riopar.1ju"ifin11od,
rcodadcl,ind,mrializ:ici6n apiiafü,o . Enbucoc,.ccomponen -
,c 1oJas l:u rorricnics Jc,mocr::l1icu hl:11m>l•burgunude finalu dei
1lglo pondo que pugn:dnn por cl dcnrrnl!n dei api1ali,tn0 cu Rwia,
se apoyarnn cn la, fomrnlacionn Jc, Man: pa,a dcmo01ror la nccc-

' El><Kul;""°d,,o<l/w;,,,!tj<>1Jcr,tahit<«pn<p«liv,,Jr"n•ooiN<cll""'""U•
><limóNl•b:n•n..,11 ... ,ddttgKl>ft<i-pnm.oJ,..,., , .,,mJ...,... . Y..ilno<0•
... .i.J.p,<Yutonn . ...J,d,u,"l,r .. S<llo,l""''J,1,..,,...,J,l,.conu..i.x..,,..,;,,,., .
...,dd,lg,m<obu,guio,..,J,,rn<1, ><pu<d<ndtdU<,.Lupcnpt<"mdcu,..,.-.,d•,.,..,
,ic>...,..liu,.A.ju/mi,kl,o;,,•<•"'l"u"'""''~d,im,niu,,..,nh.i...J,, .,.,..lo

l.n=••!.JJdo<1,...l,ép...,n•I • ~~
si<bd de cslc si.cem•. E1capi1alse l»l•I• convcrri<k, cn d libro de
loshurg=s. •
A pcs:11de 1.. diferencias .. d1n una ,ucuc de alian.,_.implkit> en
la lucha cu11u... los populiu;u, cnm los llamados muxism lq:oles que
JCb:uab•ncnMorxp•.-.dcrnom>rlaposibilidaddcJcs:.rto llo,in
comndiccioocs y al infiniro dd ,isccrnac:opitali,u -<urno Sm,.--, y
figuras111isradicalc,,oornol'lcjfo<1Y,oclpropiol.enin.Losprimcrn>
tr.iba.josdcl.cnin>epublic:oroncnunar«opi lacióndondcromhifo
6gur:1una<0ri1odcSuuvc,l:Jhccho susci1ópos1ctiurnl(ll<CCncl..,nu
dclosgruposma,~i11a1un1,fücusión,cspt<:10:ipurqut.•J)C"'rdcla,
diícrcnciao,fucneouari<>c<tabl~•msuniorncntounfrcnl"dc
xción junro con los nurxim., lcg,lc,, Con rodo, cl h«ho imrorrantc
111dic:ocnc1ucdc.sdciusprimcros1r:1b.tjos,ladifcrcnciacmrcl.cnin
y 1<>4 mat~i,ias kg.,lcs. y por tanu) c,mc l.cnin y la Segunda Inter-
nacional, cno ndical . Ya cn dlos L:nin con«aponca loquc ~I llama
"rocicllogo objctivisia • d "sociólogo mot.:riali,u": micnu,., d primuo
habladclanecesidaddddcs:.rrollodcl,i.ic,naupir,-li<ta,cl""rdule-
rorrmc ,i:i.listadcbctra1a,dccompn:ndc,l;upar1ic11l>rid'"1csdc11na
formación cronómico-soci1Jdeterminada, cs10 cs, dcxubrir las con-
uadicciona de claJC <l"e se gcnenn cn d in1c,ior de esta formac:1ón
l"CClnómico-,ocia l. AI pl,mcu cst, difcn:nci, Lcnin .. colocó fu~n dei
i,ucrrogamcqueob,csionabaalospanicipamcsdcldcbatcpro-ocado

' Ap.,N,rd,n<o<ópodr<utnrnla<-,,..i,.,.,fo,....i • .,.,1.,,..,.i.,dtlcb.,nollo


dtlu r...,_ p,oJ0<1ÍY>oq1>< p1<tonJ.~,-,.. q11<tóloo po,iblramhu, 1, ""ótJ , d
opi,,li1<••p•11i,d,,l,:,cm,,n1.i..11><1oJcJc..,t<>llo.kluNf=pr<><l"'""•T""'I>
,L,q,,o""l"'"'"'l,,li,"n,cw,i<,,,,d,u.q.,;nJ.,.i.,,,,.,dtlp,tt><k>l<Ki•h~•q""
kq,,,....,,i,..,,.J.,Po'GtamKi,qu1<11""'•óbid""".ti.jo""'d"ll";fi<a,,.,,m,,1,,J, "1.,
.....iuóSo<unltadapi<>l"(rw,"""r,lu1,ucioo«ar,uli•u,""" """'"'f1<,,,u/d,
Man/.dond,dm,...,..,,'1"'1,,...,luóóornR»H,Í0<un••""".,.;.!o,h,,:h.,«>n0,.fJ
<y114/d,:Mm,pnu..,<onrul,,'l"ol.unn:.J,....,1<p<n..b,u..,<onrr•iod,,,qudl..
q"'1.,"",.1d<ftMx,.,;..h.t>r,;,,,,,,,,,.,c1o:u,......i
.........,,.,.1r,
...... r.,.;.,.,..,,,,
hlNN,l!<pdo,.,..,,p.,Jon,..Jvrn~dde.,.,c:,ll.,J,L,,~.,.,.,r-J>,m,,o. ,- ,n••,n,
<l<Li,ullp.,<tlanlo,-i,l,u.,r,,......,.,,., 1,.;.i.~da.1<1...,,proc.,..,<Yffll<_,,;.,,
por la u,orfa de lkrrutcin: ;cl desarrollo de 1,,. l,«ho. corrc,spond!a •
la, prcvisiones hed,as por Marx?: Pª"' ~I no.., mualn d<: indhiduoli -
u r lu inesi11iblcs tcnd1:nciu hi11óri<>.._

& tr:uaba cn ronces, dedc:lcrminu la cla1<:qu1:cn una dctc,minada
cstructu.,. cwnómica se pondría a la cabeu dei proccso, b"'ncn nd o la
rcsincn<:ia dd resto de l:u dases socialcs. AI plantcar cl problema de
esta maneta l.cnin concibió ""ª
rcl,ción c,urc teoria e historia <111edu-
dfa es:i pcrccpción dei marxi1mn c1ue. con disciim» •Ígno. , cr• rom,in
unro a rcvisioninu como I unodo~os. Micmn, un w habl,han de
i1rcsistihlcs1cncknciashis1óricao.011ostr:uabandcncga.rlas,micn11u
un osoo>1cnfanqucluprcdiccio"e,d.:M,ochab(:u1f~•dolosotros
oo,un!an que dias se v,ri!ic:iban cn la rcalid:ad: micnm., unos :adudan
que uulnn aparec.icndo nucv:11dases m..Jia, lns ouw rc,pond/an que
estu d ases no enn t:u, consisrente,; micn,ns unas h,blah,n de la
c::mclización de la sociNl,J. como formas de rcorganiución c,;onó-
mia. y de autocontrol J c la socitdad los utrus la v,fau como iin,oma
delacx<lCctbac iónde!aar,m1u!aydc laiprnximaciónC:Wa vcimi,
incluci-•hlc dei dcrrumbc. Con rodo, cl Clqucm• de pcnumicnto de
011odoxw y 1evi.sioninu era cucu,ncntc d mi1mo.
CiunJolcninubicaclproblemacklastcndc:nciuhi11ó,ic:iscnla
Jct<:rmin,ción ck I><ducs que dirig<:n un dercrininaJo orcknamien-
10 cconómico y 1, confrontación dc tn:ucon el ,cs,o de las daic,;,
rrordcn> todo cl campo de b rch<ión enue li teoria y 1~hinori,.

'Pu, 11,,,.Nnybto<i,ldtm<><flOln,g<n<rol. bl,l,..,.I, 0<nl>un6n ..,...i.u,m~


....t.,.l""lo<t""d""'ilimo-<1"'d..,_,,...,.....,..,fu, . lt,'f"...d•rnmn•na•-I>
, .... ,.i...a.Juu,L,11fo,.,.....t««111a, ioo,p!an,,.l,,....,.,;i!..l<1<h1m,,.n,.,ol.,.,.
,;,"""l""'l"'•ª""'l"'b,..,.bd<M,n-rlodia-no,..tgod,f,o,1o,..,,.,..,,_ibl, .
1\,, d cmtr,rô,, aú ..........ado dt qut til, >6lo h, p•,.o "W pi<J, .. ••gubm do lo
C>:n<i,,q.,.looo,,<i,lõ,.,.d.ti.nt.x..p,°"""",'"'O<Wludu«c.,.,.,,,oi"°q""""
din,n,;i,,wd,Li riJ,. N"""""r<" '".-qu,Jw•loo...d, lin• ,~,.,.., .... ,õa,l,,m«<r,
....,..,.;,..n,daboroci<ln ;,.J,,-,.J;,•i,J,l,u:,o,bd, Ma<>.P"""''l"'nu«orl•"""
4,oob,,,. 01<1<,,,_;.,;,;.,;;,.,,,;..,,.... , .i.._q,.. .. .plk,n <01"'1i<uJ.,,lnglmn,.l.
.... .,.,J ....... 'l".,Alo ......... ,Alo....... ,1,,......,.J;.,;,,.,q,,,,1!,o<i,"
Aho,...la1rrupcióncnelanifoisde1odal,V;1ritdadhis16ri o no,-,y.a
oonuadic,oria con la 1eoría, ,ino<Jue cons1irny,:d 1errcno espttlfico
de"' ronva.liwción. l..o.pru<'bode la cicn<ificid:uldei maaí1mo, dice
l,enin. con,is1e prcciAmemc en la co.p:ici<Ud de fundar d es,udio p:11·
,icului~do y minucioso de la re:1li<lad: es d«.ir, d ,nanci,mo pod!• Rr
cimtíf,co cn la medida cn que ic mom:1r.,co.potde d=L>rir toda la
mulrip!icidad oontradic1oriadel:ufo,m,..de an1agonismosocia!quc
icgcner.ib:,nencl i1ueriordela,:ociedadco.pi10li.ua, En dcfini•i""la
idea cenm.1de Maa que retoma l.min de la 1c1cc,:a Je«ión dd "1;1JO·
do mmo de t1 C,fit11l.,. aquclb ><g(inI• cui.l d modo c:api,ali"• de
produc:ciónes1i condicionadoporlosmodo1<kp ,odu cci6111.,.;duala
conlnsque~xi11c,~•o<JUCtÍendcasomctera5<1lógicomcranril:
loqucscgúndpropioManclolog,...atmifodolosasuproccrodccir-
cul:u:ión. E.u:aiai, nollcv:aaconccbirun• uniformidad material de
todos ]o, procesos,,i110,implcmcn<c Kllal• I• subwnción cn d modo
çopi1a!imdcp1odL>CcÍóndc1odmlosmodosdcp•od1"ción•n«rio-
ra, que ,i bicn no d=parc«n. 1i..: imbrican a ate modo ap italim
d<:producciónd:indoleunafisonomfap,u1iculu.
li,ncmo.i ya losdemcntos par:, abordard kgu ndo pun,o d.:di..:u -
•ión con d revisionismo:la .,.,jd,,d Jrrimti11y rrvof11ti,,., Panicndo de
lacon«p<:ióu apucsia ydd rcconocimicm<>deque cl marllismo 1om6
como pum<>de poni<b la accpcación dircaa y abicna de la pcrspcc1iva
de una dctcrmi,ud, daJC >oei:il---clproleuri1dc,.., e! p:i,tidi,mo de l:i
<luc:uin:imanisr:i no pucdc derivar y:, de una pom,,... hxia d fmuro,
,inuiélocldan :lli,i,dclc.onjunrodel;is,clacioncs:imagónia,oi1-
tem,scnl•rc:ilidade,;apitafüca. Pcmtlp.inidi,modcladocuin•sc
.ksplieg;. cn d :an~li,iJde b multiplicid:adde lascon1r.idiccim,a inter-
nas de l:i furmación cconóm ico-,:ocial. Emoncn la noencia rcvo!ucio-
n:iria dd manci&mudcbc Kr buscada a partir dc la 1,ropia 1coda, in-
de~ndien1cmemc de b pcnpecriv• quccllapueda 1,azar. Es cn 101
propimdcmcn,osdondchayqucbus.:ar,ucondkiónrcvolucio n:iri•:
y no cn cl hccl1<> de que lijc un fin último de iodo d p10ceso.L:,.fucn.2
dccstat«:>ríarcsid{acnfllClp•CÍdaddccxplic>, l<><httho,a:,mernpo-
,inco,ynocnsupm;bjlidaJdcdtvcnir11na<cligi6no1nn1fo,m.rse
cn un.> filosoíl,dclahiH01i•. Por dloJir:1 L<,nin, nocsn«cs,mo
Jrr:u1malobrcrocnpo,dcun>pcr<p«1iv:iofinúhimop•nquc
tnc cumpb cnn iu f,mción de rcprcsen1:.n1• de ln• uploiatlos cn una
ludu cohc1cn1cy org:,ni,;ada; bu,a con cxplicarlc ,.,. condiciones ac-
111alcs,11cs1ruc1un .-conómic• y político dei 1iuem• que lo oprime, 1,
nttnidadylainevi1abilidaddd,nngonllmodecla..,.sobrcclqucc..,
hua cs,c iiimna. Desde "'"' pu,p«riv:i todo dN:r.rrollo de la cspon-
1aneidad en la lucha dc l• cl•K ol>,.,r:o o dc 01ros ketorcs g,,ncn una
cxigcnciadc1wríayuna1>rofirndincióndclo,rnuwqocvinc11lano
kt:1contlconjun1odcloscl=cnros'lucconfo rman unasocinlad
dcruminada. Pur oua pano ts d onálisi.sde la fottnación «nnómiru•
soc,a.l lo único 'l"c º"' pcrmi1c fundar d uamcn de lo que pu«lclla -
marx cl ,nomcnto érico-po lftico. F...6rc d tlnico nivd • pani, de! cual
K puffle: conm1uir la política como cicncia, porque e, a panir dei
anili,i, de la formaci6n econ6mico-sociil como.., CSf:lcn condiciones
ricm:onuruirdc1nancracicn1ífica,ynoiubje1iV:1,Jasrclacioncs'I""
vinculan ai conjunto ,lc las ducs sodale1 aW.cntes cn d interior de
un• formaci6n .-conómico •,ocial. FJ •n~lisisdc Unin llega:1 un rc-
suhadoimpon:1n1c:sóloclanális.i1dclafo1maciónecun6mico•JOCÍil
pcrrnitc 1upcnr b diotinci6n irr~uctiblc es1ablccicb por lkrn>1cin
entre (Ítncia o ideologia coocd,idas como ckmcntOf aboolutamcmc
con 1ndrcu»ios.
UnaVC1.liquid:idoclcor>ecp1odccicnciapropiodcla,cicnciun>-
1uralc,1,I• :iplioción de I• teoria a una opc,:ilicid;ul hiJ<6nu dcicrmi-
nada nos dicc Lmin, y,, nosc conligura romo urui ~rifi<=ión cmpíri-
ca de un modelo criota\iudo. Ena con,idcraci6n nos permite Jlcgu al
pu"'º'l""'lu«!Jporan•liu,cnlo,clacióncmrct«:>rfaymovimicmo
,ocia l. E:5cnc>IC punto dondcapor"'cd nao indisoluhlcquc une
los primér0$ cscri,01 de Lc,nin -;Quibm IM /,,, ",imil"' J,/ pwrblo?
y la Crl11n, bl ,-,,,,,,.n,icumo ,n,,r~mir,.. con todo lo 'I"" conforma la
fern~tic:i Gcntul dd 1Qui htser,!,u,;,i10 cinco O sei<•lios dcsp....!s: una
vo quc 1e ha li(luid,.do de I• t«irl• <od>incruJl>ÓÓn finofüta, y q"c ,;e
lcco1uidcr,.cnu !rmino,dcinwurncnra lJc an:ili<i,dcla101alidadtk
los koómono1 q,oc c:ons1i111yc"d pr=ntc, cl imp<>s;bJe ,epr cscn1».<e
y:abg.!n c:<i<dela 1corfa co111oalgoqucM:cons1i1uyc• p.:u1ir,le la
!uchadcdaoesddprol cwi:ido.
Encf«rn,pucssibienpar.i.bco11ccpció11n>ruraliun1edclurcla-
cioncs toei:i.l"t es cn la cnnnitución de la lucha de d:ues dd prok1uia-
do donde reside h vo.lidición de I• 1cor!a m•rxim, • p•nir dd concc11-
10 de fo,mación cronómicu-social - ,;egún d mar~i<mo de Lcnm - db
non« esiiadcdichav ,l idt.:ión. F...10j)O«JllCC!ltrC 1«1rlo. 111Hxi"•Y
constirnción tkl movimicntudedases dei proletariado no hay una
rcl•ción c:iuul nc.:csc.uia.aunquc, ...,;Jcmcrncmc, es la crnmi1ución
dclprolc1oriadocorno1al,cnlamc<liJ,cn•1ucapartcdclacon>1i<u-
ción del sinc ,na apiulist>. 1~que pe,mnc d smgimicmo de I• tan(a
marxi11a.
Lcnin dir:I. cn ;Quiinn um 1,,, ·.,,,.;pi
,M pu~bú,!,que:

[... ]dmovimicnroobrcro-.ocialdc1n6cr.ot1,qu<ludomw1.-..foa1odM
dcmodo..,,,dcnt<dp•p<l1...-ohiciorurioyuniliado,,letcapit;ali,mo,
,urgiódosdeconiM mJ< t1nk,cU.1ndo I• domina drl ..xi •lumoc~tff,.
co .. funnód,finiti>">m<nto,<u>ndo..,.,.t<ndiórnnm>yor>mplitudJ.
gran indu.,ri• y "f"'r«ÍÓ uru plipdc ,1.,homb,.. t>knro- y "~
qu<!difunJ,.,,onn1 >doctnn• entre lo1ohn,rw , AdcmbJe plU<!fl<>rh.j(,
un>luifal$tló.h.,,,l,ruhi,tó<iooo,yolvid.:.r!,IU>o,gig•mn..irG1i...d,
por lo<-i•li<t» p>r> infunJn conc,<!nci>y ..,,.,ido de <>rg>niudón •l
mQ,limi<:ntoob«ro, º"'"''""6ló.oofos1trihu~11 1 l,bnc 1.. m;I, .t..urJ,,
conce1Kionn farali>,a,. AI dccir de C>«>< filótofoc. -"'&~nb cunc,,p<:<Ún
d<M>11rLau,g.,ni,ac:iónyocc,.)iuciói,deL>oob1<r0< .. 0pc,i•n«ponli•
n,,am<ntc y. J><><
1>010, •i nounros, ai wr d apiufümo no p<rcibimosol

movim,cnro obrcro, n porqu< cl c.pi1>li1.mo M cumpl<.., rni,ión. y no


porqucrW•bse>pocu<ficu.nut~1rotrab.ojo<>q,;;,nimi-..oyd<p,npa -
ganda<ntr<k..obm<>1.Ni,iq 11i,rav:al<l,p-cn•refut art$\e, 11b«rfutio
6lim,:,dcn1Ke>tl("'61ósolotnccp<ionali" u: lorefut•tod.l•><=ti•ida,l
dcLo.>0<i,kkm<kr->usdc1odo<Lo.l"'l!t$.lo,cfutaadadi>cur,opu -
bl"od<:cuolqu"crm•n·«•.l..>>0<i;Jd<moc1><:·•·•l"cccon<nT<r>ju11··
lúu.,ky , .. l,.uni6riddmo\'imicn1oobref<l<:0nd1<><:i•fütt10.Yp.,raqu.c
d r,>J>d prog,a.i,ra dei apit;ali.mo "oc:mani6<>t<" 1,mbio!ncn no,ulro
par,. nun,ro1 ,.,d,tistas debcn p0ntt con tod.. cn"l!t. mar,o,;• l, obn:
dW<n d,00,,U d, u111m•n•ra mb dcull,d.,. la cono:pción m•ni11, de
la hi,.ori., ydc l, rcalid.,d ru...s. y hxor un cstudio mú '""'nú ticu, más
« mcr<1odcrod.slufo,m.,d,laloKh>d<d1.1a rdc l•c.<plota<ión.qu<
cnR,..iaap>rrttn,ingubm1tn«:cmbrollad.a<ycncobicrta,. >

&1:l< alirmxionies de 1.enin "°"


fundamcntoles pa1,1.erucnder d
so.,n1id.odd iQuJ ba,~ De lo que se <n<>ba ,,.. de cu mbatir d fa, ..
fümo (la filmofla de b hisioria ), q,ie se, afirma ncciesariarnen<csobre
lo buc de uno co1K<:pción 1implin• y lincol dd dcsurolki c:opitalisr,
Pcrocomba!i11odo eno•igni6c:o,inevitohlcrncntc,co 1nho1ir1od.ofor
..
rn>po$iblcdc<,$pontondsmo1cór iai.
Elbcchodcq""nooi , 1icracn!lmia11nmovimicn10oLrcroor-
ganiudo, no podia xrimerprct.doab manna populisc:.como un
de uncn1idoconcr c1odclpr occoo dcd=110llnc.tpitoli11a abier10c n
ace paf1. E.n1recl denrmllo capnali11a y el 11:x:imient a de un movi --
miemo obre,o y .ocialiota uo ni11e, como dice Unin, una rcl,ción
dcd erh-.ciónnc,<;cs:uia;no escic 1toquc a mcdidaqucunasoc:ied>d
so.,des:trmlla en forma capitlfüi. deb• gcncrarsc n«=riotnen,c 1u1
movimicnto obrc,o, ni, menos a,ín , un movirnicmo ob , cro de c,racrc--
rb1iC2Ssoci•!i1<a1corno pr<tcndia, pa r cjcrnplo, d p«>grarna ,ocial<le •
m<kr.11ade Erí,m. NI la posiOilid,d de que fcnncm ar-.id 1radcun10---
ni1mo cn d seno de la duc obre.-. nua , cr-.iun rcllc;o real, que lo llevd

'1/.l. t,..,.._q..;,-_i.,-,,*'1",1,J~·,,._..,....,_,.,i.,,.,i,JJ,,-
:::: ."' o,r-..,,_,.,..,_ lédl<<>1,,l
,._,......,,U..... M,d,M. l'7S. ,. 1. p. }33, No,.
ai anfliii, W, IH fo1ma1 1r.1.,kun1oni<11< de urg.tni1;1.ción1indic:al que
..xiJ1/:mcn lngl>mr:a. De c11c •n:ili,is l.cnin .,,.,r.1.pob b ronccpción
dd ,rackunion11mo COO$idcr:ad•no rumo rrsuhado de la conform• •
ción panicul•1 de li esn ucrur:a sindinl inglcn., <mo como c:a1cgorfa
quernt1CS1t•unpro<:e$0dcdi,npi1•ci6np<>lí1indcl•da,cobrcr:o.l'or
cllo, ,1 no .. ublear una ,doción n«rtari• cmrc J,.arro!lo ap;,.1;,.,
y d .. ,mol lo dd movimien,o ffl<:iali.,,, l..::nin p•nc de la idca de que
cxi,dacnRmiaunpcligruconcr,,«>tk1radcunioni1moqucdcbía..,,
.:vir.do; la Unia forma de cvi1u a., i,cligro, cn luchar plcnomcn1c
conu11.rodo1ipodcC'lp<>n10ncí,mo1"6riro.
Al rcspecto K ohonn cn cl ~n 11nin, do,, documrn,w que,
rncuerur.1.n ~• eJ;Qul l,aur? una plena función: CU primcr lugar. d
hcchodc conoccrprofund,mcnccd•nóli,iJq ucddpr o«sodcrcpm •
ducción dei apitai social glolnl l,occ Mar%lo 11.-vó • excluir de ante·
mo.notoda hipóu:,i, catamólia., I"''° adcmh lo ll.-vóa n,con,idcru b
rdoción cntrcd npi1al yd 1rll>,;ljocornoclpun1occn1r.1.I
de rcf'crcncia
p•r.1.un ro.:onocimicncoa "alflicodclconju morl c l.. rdacioncsde
d:uc que ui,tfan cn una formación económico-social determinada
~all/,cn<oncc1li.afiunlcióndclcu:k1crirrcduc1iblcrncmcpol/1ico
de la acxión de h duc obrcra rw:r.. lo que en .. 1, cuo ,i'°,if,Cl.b;ila
impwibilidaJ 101:;il de >epar:ub lucha por cl sociali,mo, la lucha por
L. lilx:rt:idp<>Ucica,dclaluchacconórniu;motr.1.•p•labr.ulalucha
oocial cn RU$iaadquiria necesariarnemccl aráccertk uno lucha por
~vinJic-acH>ncr económicas y polhia.. y iodo intrnlo de su~m esta
rclacióncruc,::haem,earnNsconllcvac lri cogoJcconducirauna1r~-
deunioniucióndelacJaseobrerarusa.'

'E.iirnpomruol<l\al11qu,
.. • ............... úfüum>,du,0Jo!p<ocaodor"J'">-
~=iolft M <>r;,,1 ..,.i.,l p.,h,l «,m., 1kg, l..oio .! ,l>l!ioi, .lt la «)Mi<iol, l"'ric,,ior 1k
.,..-.,,...i..q....,,,,,..«1,m
la.i.....i.... , ,,..... 'l'"';,,1,1,,.."'<f'<Õól• putic..i., J.d
.,.....,,_ 1,>0««1.,,1,~,.,lf<l"lryumboi,,llq;.o,ro"'l"...,1<, lantt....tod<ld,~oid>d
IUUl,,odiduhke••«luc!.,p<>l11ic& r ko<M~~llc:p,,,L..m~M .. «>1> •
dow4rtpu,Jóf<,.,.,.,,_ ..... ,.,n,..tulJ"',d'-hod<qu,L<,,"'h..t>i<r1mf>,....i..
d anil~;, dd I""'<""' J, l<'f"<"lum<)~ dd ~•f"ul ..,.;.,I p,1,,1 <e><couod.,l, c.i<'l"tfa
En sq;untlo lug~,, es1ctipo de con,idor.ición lleva a Lcnin • xc:n-
mu llll> ••• mi, d paf"'I fünda rncntoJ de b <eoda como Ín<trnmcrw,
cap:u. de g.:,r.rntiur ><1udni•d de la !ucha ck d= c11 d que se ddine
cl an:ili1i1de lu rdacio,u :s que existen cmrc d conjunio de la, daJn
oocialcsJeunaformación«onómico-oocialdadi,unaltl.qucsem.
prcci-SO c>t• fim,a aistcnlc entre d demento t:JponL:lnco, y d irn
propia,on l•9...,sedefincunapoliticaoocialdcmóc1a1> . No"61ono
scpuedee,pcr., r,di ceLc nin, unwximicn1oaucom:l1icodc11n ,no-
Yi,nicntoobn:ro ,;ociali11a. ,ino que hu<• se cxduy,: la pwibilid:id de
h,blardeunaidcologfainde.,endiemecloboradaporl>Jpropia,ma,ai
ob,cr.,,sen e] curw de'-'°' movimicnros.
Accnruando el rol Jc la ,eorfa y colodnOOla como d nivd emic-
,.,ncnte n«=rio p:ir.i dd\nir el conjnn10 Jc l;u contr.u:licciono dc
da""de una><>eic:<l,d,Lcninll eg• • J. e<mclusióndequefigur.indo
esta,dos:1,eu---,,!espondncopu!u!ardelmovimicmodela !uchadc
clua mpcc10 ai i,e:i cn que se ddinc 1~pol/fia socialdcm6<'.r;11a-no
sepu,edelleguahablardelaformulxióndcunaideologfaindcpcn-
dicnte elaborada I'""ln propiu ma.s•• ubrcr.u en luch:1. E. ata idc;i
la 9ue lo 11.....,.
a •pro~imarsc :a las fo,mulacio11es de K>1mky (lu 9uc
mo1iv6• idcn1ificarinrorrcc1amomeaaml»,p<>1;cione1)::1poyándo.1t
cn~,cc Lcnin,firma

[... l1.1mbi<'ioe,1Rusialadomina1<6tic>Jdoociafü 1nu>1uge.i..J'!'"n·


J1cn10R1tn10 dd cr<ein1itnrnnponríncn dd ,novimien10 obrcro. co,no
n:,u!uJo1,oturaloiJ>CVi1abledddeurrollodolptn»mi<ntodclo,,n1c-
l«,~·'a ·<>e·•r•• •rcvoluc:' ,.· .

Es1aofü111aciónquchaccl.c11inrncl;Q11/hatr-?yqueenbucna
m<:<li,b.., co,miruyó cn la picdr~ dd csdndalo, no surge rorgene,~·

ikfo11n,nóoi«on6.,Ko-1,u<ullol....•l•T"•P•ok,og,r,..,,,úl,,n,lroniun<od,I"
<'-' dt 1, -...i..i ,.,., r •'l"l 'I"'""""
p t., JJ,..,,d, n,;i,bl<f '"" Troo,kyfunJ..•
..,,..,1 .............. 00.Jpml,k,.,,J,1.....,, ........ .,,."'I""',,.,.
d6n cspom:lnoa. ll.ec:or<!omos en •~•e .scn,ido lo ci,~ 'I'"'
hcm<>,,.,;;.J~-
do en ;Qi,ift1fl ,a,,!,,, •,,1111f"11Mp,,,b/O?.
o lo ,p,c l..c:
nin Jir:í lc,q;o ""
/,P.I,arrru J, lo, ,,,,.;,,/dmukr,,ra, •=~C<Cr;1,"" 1897 y Jon<lo puoJo
pcrcibirs,oduomcn1e lo d iforenci•~u" K:tu11ky:

S<hoJK:hnh;.uy,n1...:hnq11••i n ,<0da,cvnlucinnariarwpuodoh•b,,•
,,.,,.·n,· n,or...-..,oc·nna,· ,y<:<dudn.,oquc,,.,,.,,,,.,~,•••' ,ano-
ccsmlldc:,nru1ra, emv,,dad.C. lificordc:"p•nicularid•dc," la1<U<fa,!t
lal..ch•<l•cl• .... bcnncorci<lnma,eria li«•d•l•hi>1u<1•ru,a,l>,pro-
ci><i<lnmmria li,,. de la x ,ual ,in1xirin económica y !"-Ni<Ín<k Ru;i,
yclr<e<>nnc:"m"cm<>dcquccsnc-c:m,·oml...:"rbl.ich,ol ·,,.,,.,.,
1 d,.,rm in,d<>.< in,.,~ de ""ª clue conc:,n,, analiwuSu ,u t<!-"ión
oon W dc:m:he!, ... , n lifica, d• "panicularicbdcs" cscos;mpu<1an1bimo,
p,ohl,nu.1 ,eml...:io<,;,;.,. .., "" """' ,.,, dcsc<>munole inc,p,c:ruluon
unvo,cronnd•l•u•rl•revnl ,1einnariaq,w:cs1amruco,icfüpucm,,awn-
,idcrue"cpa<>,}oconmun,;mplcbl'5u,.Enloquo,1>fu:•bvrinu:n
m i1addc ! p:lrrafoci1ado ,, u,in, .. 6ncsm:ls0Ulj>«:ndc:n«1<>d,vía,L>,,cb-
r,rcn !cm\ do mu!dc:quc !u. wc:ialdcmóc:m;a, "'"°"
•~"'I'"' ,h,K" •111•n«
• b, fucru, ub,cra, I'ª'" lucharam,r• el npiul (ics ,!..:ir .ólu p•r• 1, lu-
cha <e<>nómin !). ,;n un;,, 10.,,n<li,iduo, y gmpos n",,l..c:101,.ri<»)"'r>
lud!are<111frad•h,ol,ui,mn.,lgnifu:a ignonroq uct<rii;n0ra,hcchuod<
,udcocnnncklM.«>h<•l•actividaddc:k>soocialdcmócra1•·ru001,•

l.onin(lfr«c:><1uí,mavi,iór, rnuyportic ula,Jcladdlnición !Obro


louniclidJciocio li,moymo,imi.,moubrcrnoomc n i<l••n• l oomen-
torio ai pmgr,rna de Erfurt. Por"' p>rlécn Kaustky, y cn 0110tsuib,
lo diferencia.cst~ formuloción n1,l,lc,c;c """ ,d.ción n.ccsuia tntro la
ll'O!fadcldcrrumbcylainc!ifo rcnd, 10u l f,-.,n1colltCm:lric:idelp11-
1ido. Si cl apit•l ;,mu rn:I inchict•l>lcmcntc Jntin•<lo • ~•.ccr y ii 11
clas,oob ,~r• c.i aba ind...:1ablcmcmo do.iina,fa • tomar ooncionci, ,k

' L:"m,Ot,,,,~1.ffld<><<ll>f!M><l. l, "J?I


ure h.undimienro. l• <Mrí• de la oci;,ni,..ción >.p>re<:c como prob!em•
1t,;undario,qucs,r/•supcr:od<>porl•pmpi1to ,n•tkconcienciadcb
d1sc. t'or= I• sociol<kmocn ci• carcció ,icmpr., de propuat1s, fren,e
alosp,oblem;,sorg;,nit.11ivoo.f.nc,,mbio, l..cnincnfaciul1ne<:aid.d
de conmuir rubjeti~mcmc d movimicn<<>obn:ro, por m«lio de l•
fu,jón de dos dcmcn,o.11dininLos, 12n,o por su n>turaln:a como I''"..,
ori~n.dcfurmatalqucJcn ini;unarn:mct1podfanencon1ran:cau10-
m,ilicamcn1c cn I• sociccbd. P:.ra l..cnin 11!arca de la -IO(ialdcmocracia
<:<in1roducirenelmovimicntoob,cro<Sp<>n1inc:odc1c,min1dncon-
viccione1 socialisw, cuyo nivcl ser.!.d de b ciencia moderna; incrodu-
cir l1 cxplia.ción 1«1,ica de l1 rttlid.d económia sociol quc los obn:-
,os no pucden. =pondn01mcn1c, d=ubrir punto que n necuario
quc Q1alc..,.Jcvcladaconlwmt!1odosdcunaticnciap1rticulu11ue
posccun,i,1cm1propiodccacrgorit.1ciónajcno1lorg;,nici,mn, 1ucin-
1r0<h1ccluc1tei;ori .. dcla1cicncias natur, ]c,a la<cicn.cio, S<>Cio lcs.
En ,11s1rabajosJObro !a p:miculuid,d dei dcu,rollo dei c,,pi1a-
fümoenR,.,,ia, l,,nin loj;ra..,pcrarunaincomp1cn1iónquc1ubyKc
cn d marxismo amcrior a t!I, la rdación c:s<rcchaque uis1c cmre cl
an~lilis de EJr11piulyla riqun:a dd dcsarrollo hi>1óricn. Ena incom-
prcosión occrc, de b 1uilid.ad de, EJc11pi1"1dc Marx como clcmcnro de
v,.lidación de larealid•d muhiíaa'iiacsd,ignoromúna 1od01l01 par•
1icipan,e5cnm rnoaldcb..1csobroBcrn>1cin:Ro#aL1ixcmburg.dmi, .
mo K11mky,e incluso Bcrns1ein. E,; pordlo que la considcnción .,,1,,.,
lancce1id.ad<khxeravanzarl11eorbap111irdclan:llisiJdc,unarca-
lidadconcrct1csa su~i:acompatiad•endasodcl..cnin,<kuna
dcícnJaauhran:iadclosclcmcntorconstitutivoo-ncialcsdcladoc-
1,ina de Marx. 1..cninse cnfrtcntó a lu cooccptionn que innlidal»n
esta, posiciones de, M•rll. a l:u que ulil,c-.1». de cconnmiciuas. &gún
l..cnin cl rcvisinnismo b.ernneiniann cn 1oulmcn,c idczuilicablc CO<l d
economiciS1no; este, cn 1u iec~a>.o11 dcrrumbi,mo. co,uideró que b
<linimica de b socicd>d apiialiua ,.,ponb un• lenta cYOluciónhacia
una socicdad m:ls jus,1, <lon<k lu luchu cconómia, pur 1.. p101,ias
rtiviodioooncs, u las luch:u polhica, cn mr«ho rel:oción con bm
ooodudan• un rncjor:1.,niemopcrmrncn<cdel:ucondicioncsdcla
vi<L:.dcbcl:u.:ob<Cr:1.,delisocicd.adcapi1 • li11:i.alsoci•li, mo.l'oreso.
dedo Bctnmin, d movimiemo lo es iodo, los objetivos nod:,. Y son
nod• porque cl movimiemo es e>p•t de r,;,Jiur todo, cn la m«li~
en que >V>m,apor.i.ldameme • b cvo]ución ruiu1:i.l de la< rda.cionn
económicas.' º
AJ!!a1<orl,dclarevo!oción.<u<:i:i.l aparoxfacomouna,rorfaaven-
rurcraqu,;lo único que logr:ib> cr.t p,:rjwiior l•evolución nmiral y
lógiah•~•unrnundodeigualdad.
Comh>,i1e<t:tconcepciónfucp•r:tU'ninun•1:i.n,acenu:i.ldebi -
doaqueefüpodrfaconsoli<lul•1endenci:i.1r:,deunioni.raeneljovm
pmlna ,iado ruw. En ata :i.firm>CÍÓnl.<nin 01org:,b;i un l"'pcl csen-
ci:i.la l:t pmiculuidad de la simación ,uu, i i bien no h•y Gue olvidor
quee11a1i<uKÍónl:i.habiayadescifr-uiaabluide11n•in1erpretación
de u1ani,mu que comider:ib• que cl clemeu10 cen1r.tl de la autono-
m,a dc la dasc ob1e1a no raidla cn ,u esci,ión oon r"'l'""10 :iJreHo dd
c11crposuci1I (1rorfaqueK:rn~•kyba bfae11rafd o d cn1 lecmndeE/
c1tpi1alouová de l:i.tt01i• dd ula,io). La 1.-orí• kouukiana de la au-
tonomla llevab> • fo,neutu lo corpo,otiviución de 11dase ob,en; de
aqulqucdes<lclinaladelsiglo,enlo•pro«so,decon11iu.ci6ndelos
movi miem<» .<u<:ial in as, la amonomf1 de la d:uc obren fuct:t viit:1cn
u!rmin<»decon>1i111cióndepartid<»indcpcndiemesqucnodeb{in
de n1ablecer :alian= con ningun~ focru puU1ia que no fuc.,,, d pro-
leuriado. En con1ra,rc, p~ra Unin, la ,111onomb dei prolc,uiado no
c,o uno au1onorn!o orginiutiv~. simplcmcnrc polítia, ,ino 1111:1 auto-

"f~ <>aooc.pc,ón<upa111.M,ndpd;v,,fuo.i.n,,o,,lqu<h,bl.,~u,d,,,,rm,1""
..,,fuoS.1uv,,d1""r•iln ...... dollo,n>1orn,,lbL,,.,,,,,,,.,,,1.i....,.,"'1,_SrJ-ln"" ••
,,,;,,r,.,.,,.,L,,rot1 ,drl,,....r uci6,ooocDlyb~óor,n1<«o1l....,drbl...1011,uo,
c,,,, ... .i;..;.,....,. .... u,,.,,.1,drl•- oo<io
l,cmlud,pm;!,1,,,«>mJ.,L,
=~~:::'~..,.,::'""',lui, dr b h~"" " ., ...i,..;,, un, ,i,.6,rdem"''"'" ' dr
nomla 1c6,in, idcológin, cn I• mcdid, cn que podí• rcwnocer y de-
1ermin•r cicn<lfinméntc d conjun,o dc las rcl,cinn .-sdc cl.u<:cxi11cn-
lécnun,f na i\ncwn6m'ro•soc"al.L,n"nyK,w1kycon,•cD cn
laidc:idcquedsocialismodcb.escraportado,lmovimicumOOrcto
dddc d c.icrior. pero b1 mo1iV1>Ciona que conduccn • ,mbn, • esta
rrrnoción mn' tcn • dru conccpc'nnc, dei marx' smo rod'a lment c
di11inia1en 1u1propi osfond,mcn1os.)Jóndc..,,i11io lodifcrcnci,1
Vcamw mú dC1cnid:11ncn1clo ,;,,cnión. l':1.1\1. l.cnin. lo concie ncia Jc
d:uc. Wlo puede ..,, •i><>rc•d•d~e cl atcrior de l:u relaciones cmrc
ubrcros y pa1ronc1. V c1to ronci~nc ia de clasc :Se pucdc adquirir cn la
mcdidocnquedanfüsilpartcdcbooc:iedadcomoun1odoydentro
dc6t•scconcedcfunJ>1ncntolimpo,unciaalasrdacionesr"dpro·
cai cmrc 1oda1 h, dasci, y <lcén:u con d E.nado. L• coru;í,,ncio de
clasc~lopnt!iailorsccnlamcdid,cn,1uccl,nóli1isdcj•r•dee<t.r
1i1uodoenl,confro n1acióne1urcobruosyp•uon.-s.y..,•i1Ua 10 al
nivcl dei conjunto de 1.. cla,cs wcialeJ ai,rcntes cn d in1erior de na
soc1edaddcrc rmin,ndoo ,iclgradodctc nsioru:se,urccll ... clgrado
de diícrcnciacionc, y de oproxim>eio11c,que podían 1c11crrespccro a
lod:ucobrero. En Ru,ia,par, l.cni11.porconcicndadcd»cKcn•
iicndc d conoci micnm de la ,or,!id,d cwnó,nico- .. >eiol.Po, su pmc
por;,.K•unky, 1, conciencia de cbM: eu 1, concicncia de 1, nccnid>d
de un fin ,\himo, la n«esid,d dei ooc:i,!i,mo. FJ con,r;,.m .-s noublc:
cn lug:n de nt• pcrccpción de 1, cnncie11ci• como un lin bico. p•r>
Lcninloconcicnci•Njuivoll,oconocimicn10-ypor1an1<>•cienci•-
dcl•co1alidadcconómico -ooc:i•I.R.uóni><>rlocu•l.,ib1cndiccnlo
mismo,cl ,ig,,ific:idodcconcicncia e• unocn l.cnin yorrocn K.ounky.
U.1 1esisde ;Qd l,a,-,,!noct:n cn,on ces dd estudio <ld proceso de
rcp1oducción dd c:ii,ital wc ial global y de la aplic:tción de c11earn dio
ai dnarrollo dd capi1>li,mo cn Ru1ia. Aqul reside. en Uhim• in,toocia.
dcon1cnidodcvcrd>dquepucdchabcrcnb tcorfadcl .cnin:nocn
que1<aÍ>e1iblcdcoplinci6ncncnn1ci10,ooc:i•laypoUticnsdi>1inu,..
sino cu qoc deriva dei propio c:rr-icln de vcrd•d de la lrorlo moaisto.
E.,• partir dei ,.-.:onoi:imicn,o ,ld c.,n,po dei conjunto Jc l:u od•·
cionc• -ialoes como lug.,.,Jc comtinuci6n de 1~poliuci como cicocio
como Lcnin responde• uno,:,,igcnciav::llid:I plonrcado por lac,!<ic•
bornncinian:i: li. oon1ide,ación apcrilic. dd mov,micmo ifico-poll -
tico como un momento por1icular y no dcrivodo dei monl(nco «o-.
nómko. Emoncu. • 1uvh dc h c,.tcgorl> de formxión «ouómico -
,ocí• I cncuenm• Lenin li. fo, ma Jc ,d:u:ionor cs•os do1 elementos ----,, 1
momento «onómko y d momccuo ~,ico•po.U.ia,.... que •1urc,;bn p,r -
rnancn1cmcn,c -1Cp,,r,dolcn el moixi1mo •n•c1ior o t'I
E, • 1r,vé. de es•• c:ncgorí• como d on:ili,i, podr.Si!Qplaur ,11
cjc de ll simplc rdoción de conu ..diccicln ""'"' capirol y rr,bajo p.uo
orrilw ai estudio de ];u ,dacione, y tcnsion,:sque aum, enuc d con·
jumodclasclasessocialeiycl F.>t:ulo.con locuallasoc:icd,,ddcjab.a
deocr unocmel(111i•dcfinidao1r.1.vátklaconrrod1«iónc11rrca -
pi1:1I y ,nbajo paroconvc«inccn unasocic:d:ul.oon una h11,orio,y
11napiicologlap1rrkularco1,c,c11S. f.sap•nirdces1cducub1inticnto
de la ooc~:><l concun, como -1Cpodia llq;>r a c.mucmror desde la
pcrsp«1ivam•r~is,o. nno,cmilpolltic•4u.e '1<>Íllcr,lo apliaciónal
1cncnodclapoHtia deunobj,.,ivofinal.,ir1<>1e>u liadu,kldcspl1<, ..
guc de las con1r,diccionei in1ern:11de uno "->Ci<:d>d opo11•ndo a una
d.uc sociol dc1erm111od~. E11«10 comis1c d pumo de ~nidi de l:,.s
d.•scs; cn rtt0nOC(I que d sociali,mo no« un h«.ho mducrablc ,ino
que pucdc -1Crcl r~ruh•do de lo :u:ción de uno cl31Cen la medida
en que dia iuperc cicrros uivei« ,k ..,,ivid•,l y de confromaciclu p• -
,. llcgo, • nivela más •mplios tlondc se cunvicrrc cn una fueru social
que:,iene 1, ooncicncia y d comx:imicnto dei conjumo de la socicJ:ul
n«a:irio,, como p>n c,nprcndcr la luch• ,k 1r,n1form:>cióu.Sólo :nf
d sociafümo dcja de -1Crd rc,;ubdo dei e.mino inclucr•blc de l. ru<:d.
dc lahi,u,.iop,,r,convcrt ir<ccnun••r11cJ1>hís16ric•quc<kbcscr
co,..,ruid.,ubje1ivomcnrc•1n>vkdebcon<1rucc1Ôndclaconcicncia
de chsc dd ptulc1a,i•1lo. E, evidcn,e 'l"" • pmi, de ""'° pcrccpción
lcnin dcbla privil"I,~., d momen!o de co,ucirución dd p>rtido. V a
cn tomo• 1us ide:osde hegemonia dei prole1ui:adoy dd papd de un
partiOOn::volw:ionario,cornos,:, p,!We r«anoccr la v:.lidn ahis16ria
del:uconcepcion .. de Lc:nin:ahimlria.qllelllegorcqu.,rfas,,rhmo-
riud., cn la rn«lld. cn que lo, do<N soci,J.,. sou di~1in1a1,
cn que ton
o<rn•lusmomcn1ospolf1icusyo,ruslo:1procnos<kcon1ci1Ucióndcb
organiuciónpolicic,,
Laconccpciónqucdioori~n•l"lcnini1mo"no provinode lage •
Mraliución dei m,rodo dei ;Qul hu"!sino prccinmcntc de ,u pme
,hin6,ia: el oontcnido. El ;Q,.; hum .. ur, !ibro dt polhia. y no de
teoria donde Uuin intemo ver !u formu concma, 'I"º dcbc, uumir
d proa.><> de ro,ur imción dd movimicmo tocioli"• cn Ru,ia. En r.uc
s,,mido,hayc11ilelc rnrnlos tcól1cusq<1cÍormanunaunidadcono1ro1
que s, han idoconoolidando drnle los p,irncro. rn:rit<><de Lcnin:
oone.roselcmcntoslo,qucayudanadiscingui, \01dcloonjuncode la
socialdcrnocncia cn la medida cn <Jut: Lcnin r«onsü1uyc un m~1odo
cicmificodcperccpci6ndela rcalidadquem:1b:a~enMa,xyqueha-
bíaqucdadooculropo r cuantola1igr,ifiaci611úhimadcru.olm••
había >idod=<>nocidaporb tociald,mocncia. Eu• concepción de
l..cnins,,de.a rroll•an~vhdelrc$C:1tedounaco.1ci,'Olíaparticuluqu"
.. d,uby•ccn1ccnMuxpcrnqncf'ucignondaincl 1100porl:.ngeJs,la
a ,cgorfa de formación ~nómic.,.wci•l. Pi:rud con,.,nido dd libro
., rcfi,,c ai problema d, la conmucci6n Jd par1ido '"' b wci«lad
ruu,dcaqulqucdiga l..cninqucdcrrorcon•incencrttrq ucdicho
libtopuedc1plica1s,,1cualquierr<2lid1J,quc 1odo.,:lo1panidodcben
strconmuidosapanirdcloallíapuesroporil.
E.te hn:ho condujo, po1 una parrc, • convcnir •I ;Qul h.crr!en
una sunl< de Unoa diviooria de ln aguas emrc rtvi•ioni11asy mar-
x·nas (,na,x·.,as,,' · na,·os,.,' , solamente los qucacép,ond
;Q11/h.«r?,marxi,i.,rovisioni111ss,,1/1nlosqueloni~n),y,p<>rla
01ra.cnuoquienescon1id.r.1n<1ucaistonlrumar,cisrn•u1oritari<>'
qnc>eh:.s:ancncl;QHlh,urr?ylusrnarxisiaslib,..,,,,copon1ands11s,quc
hablandclao.pacidaddo,u1oconmucci611del:ud1..,.,qucniogan
ai;Q,,;h,,ut? En térmioos de Unin . tod:i IAdiscusión, cn óltima ins•
g nda, cs f.Ju: l"'''l"c se le csd vien<loa travá; de 1~C>.racteriHia
particulu y concma que :uumió cl proceso de constitución dei par·
iido wcialdcmócrota cn Rusia y de la confusión existente entre bs
c,onccpcior,cs lcninistaJ y buiskianu de "concicncia", Sin sabcrlo,
pensandoque esta copiando a Kautsky. que pu<l!a ,eproducir todo
01oqucéldecfa,Unincsrabadicicndocosas,adicalmcn1cdis1int>1
romo,1edem0$lfÓluegodclagu c,r.tdd'l4apropósitodcla1co,fadel
imperialismo donde las difcrcnci:u r:idia.lcs con K.tutsky ><=pusicron
dar.tmentcdcmanificsro .

(Dei original AJ

PRS.UNTA:
St-p!n rrt"Oh,,i,,,, rmmdiJo, dr,u.,,~" f,, o.p1m111/'O' u,r,J, '4, ;,,,,.
kr1u11/n11µr«fa11,.,,mt1ltn1nuluc1ou1drl111n>rfam11r.ri<111111<11Arl,
'f" J>O• ,I mi,m11no p,mürrb,,,,,, n, honunu idrofóti,.,,m,nomiâS111.
/llr ,,.,,.,.,.,,, ,; no hdr/11 qur ma1iur "" p«a md, las p~1iâon<tP""'
.zkj11r,«/,,,lud,, druna>1p,,,.,,ri4nrnmi,11d«1ual<ttf"'/'O'ª" ,J ,,,1,,,,
11rolr111ritnip11rt11tUS..

JWMOO:
Mc-10rprcndcq ucustc:dhaya cntcndidodi,ectamcnrclocontrariodc
lo que durante dos horu me ci;ford! por c:irpl.or. UstcJ erre habcr
acuch.>do qu e en mi opinión la función de los in,decmalcs •• la de
u..ducirlatcorbmarxinaporquclosobrcrosnolacnticndc11. Yodijc
o.lgo ,,.J,ca]mcr,1cdinin10, no que h,b!aquc t"'dnci, !~teoria ma,-
XÍ>.ra,Ji11oqucintrodncirlaconcicnci•soci•liuac11lacl,..,obreracro
analiu1 la formación socio.lapiiali,ta y lograr que este a11ili,i1 pc:-
nct"'"' "" el conjunto dc la acciún dc la cla>c.Entonccs, no "' t"'t•
de uaducir la tc,orla.La 1corb mancista no logn ddinir u11aformación
económico-social •implemen te 1n1d11déndola,pucs cs10implinrlaqiie
la 1corf:1marxi01:1ricnc y:, un :1n:!.lisisde rodas ln formaciones cconó•
mico-soci;ilcs,apanirdclocu;il1i mplcmcmch:ib rf:1qucbU>Carcnun
ajón la ficha com:spondicmc • M~,ico, o a Argcmina, por cjcrnplo, y
tswf:1 =udto d problema. No, pred1arnente cl h«ho <lcque., haya
pcru:1do cn una ve,<hd univc11:1ldei marxismo que debc "" llcvad.
aJ.,r>0del:1chl('ob1cr:1h:1p1ovoc:1dounaconfo,ióneuucl.cniny
Kauuk y,porquees1ocr.1.loquc,pl:1n1e•b..K..uulr.y,q,~ h•bfauna vcr-
d,.ddcl:1Jocuinamwrista,unavcrdaddcl:11wrfamorxis1:1quehabí:1
que Ucv:ira la duc. Lcnin ntaba pbnreando otr:1 COA: lm obruos ir:
cnfrcm:111a lo, capitafüw. y:,sn cn una f:lbria, y:i. Ka como dai(' en
rn oonjumo. Lo que no logr.m s.abc:,,i r.o inuod..cen par, cllo un :i
cienci:1, lo que no K derivo de la propia namro.lcu espont~ne• de •u
a.ccióneselconju11<od.e,d:1cioncsqucc•i"cnentrcelconjun10dclu
dascs.Entonces,cuandol'"obren»luchanporun20%dcaumcnto
no sicrnpre sahcn que e>c 20% Jc aumcmo pro~ una tran,forma-
ción 001:11 <ld ,i,tcm•. una confrontación rotai dei 1i1tcma, modifia
un• camid:ad de clcmcntol: s6lo ukn 'I"" nc«sir.1n un 20% porque
hahabidounadevaluación,uncncarecimi<:n1odd20%:perop.>1:1 ...
krla,claciónquchaycnrrc,uluch:1pord20%deaumen1oyl:1lu-
ch:idclcon;unto-dcl'"sec10,cs,:,•mpcsinos.obrcros,es1udian1cs.cm-
piados, pequdlo burgu=s:, burgueses, burgutsla n:icional. monopo-
lios, 1r.1.macio11:rlcr,p•n a,mprender la madcja de N"lacioncoque
.., muc~n cn 10, 11 0 a 1, conquiira de! 20% de •umemo riencn que sa•
bcr cómo funciona cl c.pit>liimo til u11ak><Ci«hdtle1e1mi,mh, y pua
comxcr cómo funciona cl apiralilmo cn u11a11<xittladde1c,minad:1
hay'luecsmdiarclcapi1ali,mo.f:.lconfun10de1cl:iciunc,api1:rfü,n
no•-=tran1pucn<0 cn la ,implc oonfrnntación cnuc obrem> y parroncs:
dctrá., de bra 1ubyxc un conjunto de conr1:1diccioncs que dcb, ocr
dcvdado a tr.wts dd rttunocimH!nto de cor.1formxión económico-
""'ial, y. como dcdam'"· >Ín l:r imroducción dei inmum cmal teórico
rn:1nú1taunaformacióne<eonómico-socialnopuctlcl<'rco11ocida,no
puctk1erdevcla<h,nopucdc..,,analitada.Enronccs,lafu11ciónJ.:
P"l'-'!:>Ot •1;p l!IU:>;,p opulJ l"P J.0J:uqo 0)""!"'!AOlll:,s., :,p llll!J•!Xlf
•1:>u:>l:>U0:>:,p Op1'JlJl"P 'PJnJ"'W "P "P"-1:1 n• :,p 01:ml""d 'o!•q<Jl Á
1..,!de:> "9!""1"' "l "1'º!dwJ odwc 1""'l""P'l>qf"Pfl
"»1111•ni:>)U'".,,,
-s:, t,( ;,nb 0J:>J<j0 0jU;>!W!A0W un A 'J]»p 13 'HUOZ;,p.( 'D!J<li:}:,p
'°'".19oru!:xuo:>:>pu9p•WlOJUOO•J1pqAt.1l•ur1p<»•J:>nb1:>110!:>
-lll!llll!ffl"J'O)Un!uoopÁD!J<HJ•l""U:>AUO!:>•pJro1:,p•w"]90Jd
p ·•pu•ud •1 "P IOJ>uooI" ·nu<l'!u:>Au! ••1 >p 10J1uoop 'o/•<jtJJ :,p
;iu:>1q1u•pp10.11uooppu9!l<:H0•1'0!"'1""'"1''ºWl!''°1"!'10JlUOO
l"P •w11qo1d1"º"!' Pl"!'"Iª >'O>u:>wn• :>1u:>W:>t
dw!• u1u•1d ou ou
·f!)tl!O,l11900JU;>!U>?AOU , pÁIMj'Ojdw=>!:>J'\J,:tUO !>D!PU!APJlllj;>p
0)]U•q•[:>1)U1llll0J0)J)J<j•:,P•WJ0J•UlllJIU:m:>U:>DU<>?C!PU(" !)l
'"P'"!ll!J:>l:>pJO]lloqi;,pJ•:mb """!ID!P"!' un •ow•!ID?P"!'·"•d p
,w,n~ :>nbor .,,uo)u" »:1.1•dv ·s:oic1ru!• "'"ºP""J"'I "P 0111:>!w
-•u"!<U:>W!f>aJq<>I pp l?,\Ul • •01dm:>f; ,od •n,p11•11ui JTJJ0.>JmP;1d
-wn:>:»U9!:>UOJ"'P!P<:>»t.V'll9?JUllJl':$aOJ!ldu,n311;,p,:mdJ01:>J)
'°l'""!Wl:>1:>p SOf'!lllÓ"'º"'"!' º" ;,nbJod •nmwoo :U)U)"''l'l"d "'""
,ow:>uudoppnJ ;p 1ou1e19•1.f opu•ro:>:mbun• '"f'!l"d "P UJ>!•t :,p
,;MUl • 'll9!)"1.!UtlJ10 ;,p·~ •1:,p sp.u, • •pu:>p n:> Á:np """ :>UU:>
llj)!DUOO :>ptWJ0Jti SOW!II~"(] '"!"U"!:> e<:>Á =><•p os:> :U>U:>U9!nU0)
:>p•WJOJ•! JUlllOOU:> O!JOS:>»u s:, ,, .. p •un :,P C!>/iod U9!:0e•i U:>

oznpo.1>U!~ "•!:,u;,p:,p odJ:m:>un •wm; :mb ·o,np""I' sxiop•!P:,W


:,p u,unfu<>:> :K:I :>nbu,d '11:>!q "'OIIV•s;,uop•!P:,W:,p oiun!uoo 11s:>
,.,!I""" D 1,1spuew IOJ;,p n.1•1 "1 '"'"ºP"!p:,<1' :,p oiunJuoo un :>)
·•!u :,nWod 'ºN ·soptU?Wm>pj)J0):>.-Jwp :,p 0)U~!W•)U:UJU~ 1•u, o
u9!:>r.>UOJJUOOiJU:>elU>Jfd1u~l"'fOU'J•·!:>Ol'P"J'!l•101•t'mu1>(1
u•p•p)!:>OS•[:Oll>S:>opu>p!p1<>111•1s:o:>nboo!U!'"'l ·p•p;,!:>OS•lõ>f'
0>u11fu0:> p Á opuap•q ups;, :mb "P"l "I ;,nu> Á•lf:>nh"9!""1:U"J "ri'
-u:udwoo w,q :>nb~rd ropi:u!'"'~l:,P""I'!""' s:uoi»< ~ro •p•u!1um
-~p tJVCjOnrp iun ;,p•1.f:ml•1 uoo '!'!l~u• ,.,,., JOU:tJ>DU) >p =u•UI
•1J<.llllO)U>.<op,u!IUmap1J•dunap1•!;,os..<D!Ul911"""'tJnl)11J)P•I
J<Z?1•"·U>)ll!IUOO"9!)UllJn, ''!"""!"•un "I' '°!'"'!md;,puos ,rob
U:>•P!P""' t i u;, :;,)p•u • •pu:>puo:, '!"''l""l"! D <>u"'l"'u~plll! SOi

vu.~1bN<JCX11
·1
g_pi,,fü,, romo ul que no puedc tc<olv,;r• 1r.nis de un• polí•ic:,.. J,.
rial d01crminadaronfron1acionosdcd=quc•<>n c:,davn mif"í,,,..d,..,
A vcccs, entc>ncct,cw.ndo dctcrrnin~ panidw políticm qUC1Un
dcmls de C$1Cnivd de condmciadcl propiomovimimroobrcro, e:, <!.te
cl que .alia romo un movimienrode:punta y di1mni1.aciónde lospar·
1idospolí1icm.Pore.ocuandoe.1ramo,hililamlodcrar1ido,1""'cfc-
rimm ,l mommt<>de orl:"ni.-.ación, o oca, cota concirncia de da<cque
""una cicn<:i•1>0se cot11K111r:> si no ,es • 1r.1v6de clcmc11101,de:org>ni-
ución. Unadasc sólc>se nptt:$0.oomo dasca ,,.vt,s de ,w organi,.acio-
1>CS.y c:presa= a ,,.vó. dc:,us org;iniJ:aci<>I\CSsignifia c:prcsanc, cn
JC11ridogranuciano,a1,.vé,dc:Jorsinrdtt1wl .. porquc.oncll01,los'I""
ocup:ind movimicnt<> organiucion1I. Cu.andoGcamsciescl h,hl,ndo
de los imdtt u»la como ocupando d momento org:1ni1.:1cic>nal nc>s esri
hablondodc lc>sintdtttu.alc:sd:isicc>s.delc>s 110VC!i11u,delospin1<>rn,
de lot que ,es,;,i~ ""' ... cn los periódico,, pero ••mb~n de tod<>horn-
brc que cu uo lug,t dc:1c1minado OCUf"'uo papel org;tniuti-..,. F.ncsc
scmido,M:rfaintckau:I! uojcfedcpolicía,scrloimdtttual unprimer
ministro, scrlan imdectw.leslos dirigcn,.,. sindiales. scr(:r.nintdtttu.1-
les los jcfesde $0CÍ«bdesvecin:tles,scr/an inrckauales todos :l<judlos
l,omh«:sque owpan un pu.,.tn de nrg•niución de la >õciedad
f;l dcsdibuj,micmo de es1acatcg<.>fla intdecmal ticnc impamnci•
porque !leva• mo.<1r.1r que no ci ciert<.> que hay:,.un mlclro dcpositario
delacicn,ciayo1ronúdco,01rosccrorampliocornpuci10po r lmq11c
aplicon cita cient Í>. No, esta cicncia c<>micnza a naV<g.trmú ,Há de
k>ipropiotintcl.au:1!01enl,rn«lidaenque«>nlaimcgrxi611dcla
$0Ci«lodcapir:alistaaparcccbind11miacuhur:tloorno11nhcd,odenu-
.... ,enbm«lidacnque•par«cn lo,lihrmd e !asocicdadcapii,li,r:a,
Amcs E1r11pi1,i/ lo h:w:fa"" homhrc y ocedii.b,u, mil cjc•npl>r... 1-!oy
ocedi1,ncientosdemileJdect(111plare•,ycom<.>INtapi1•li11.,hon
enconrrod<.> que editar E1r11pi111! cn fu11na«<>n6mia rindc mucho,
en1on,cc1ediranmilcsymilesdecjcmplarndc:E/r11pit11(ynosólodc
E/r11pil11/sin<.>dc:lasobrosdcLc11in,dc:Mao,EJnuu/01/11r,ua/11â6,,,
r1c.Enroncei,losnminrudoaccosoal•ticnci•sonhoy111dic:i.lmen«
di11in10>de los qw, e111ncu•n<l<>u: ncab., discmicndo d rQuJ/i,1a.lcn
clsenodcun•socio:d,doph:.liv,,quep•np<><krlttrt'l"'PiM/h,bl•
quccopiulo • mmo porque lo tení• un sciio1 • cincuenu o d<»t:icnm,
kiJón1cuo1dc un lug:11determinado. &1osc ha modi6c:ido hcy, por lo
cuaJl:uform:udeoccuoolacienci•sonoir:11 . Peroiambiên..,bc,1nru
qucpar:1q11ee>1 oseconformcen11naroncicncianeccsi10.Jtro rg,.ni-
zado y definir J. c:i.rx rer/1tia de Na organizxión n definir la c:i.rx·
1t-dstica de una formxión económico-soci•I de1erminada . Por 1anto,
elproblcmanoe,1~ ,c..,chopordsolohcchodequc,us1r:1duc1ores
dcbu,o,rascpong:,ndc:ocuerdo,h•ganun..llo.a.lquilcnunloca.la
partir de •Ili ., de6nan como I• vangua1dia dd pmleuri,do. No. no
,c1ra1>dee$0,<Ínodedefinir ",córicarnemc "•,u .urdacioMs1«6ricu.
No se mn:> de rrW.ucir l• 1<0rl• de Marx como un innrnmemal ,&nico
aplic:iblc :al:>n:Ui,isdec,ulquin ,ealidod. Porcl co11muio, lo., man:i,w
dcsa,rollan d mancumo cn la medida t"<1 q ue .on apacer de onalizar
unon::ilidad,eron6mico.10Ci•l<k1mninW,ydhtthodc,11><:hop
l•n CJak» •nili,i,deforrnacionn«on6mico-.o.:ia lc,de1c"n ;nad a,,
d hecho de que pan ,...,rcómo s,e des>rmlla y conforma d merc,.do
nocion,I C11 un p.a,s,cómo se desarrolla d opi1:ili,mo en un pa.!s siem•
prc que 1cng,11no, que recurtir ntteu11a.mcntc • Lenin dem=tn
cntonCCJ '!"º 6m, no ,s uni ,...,rruJ
simple . sino qu,, e, una ,...,nbd
oomplic:id1quclosnm:cim1nohan!ogmlo1úndilucida1porqu,,
picnsancfec,ivamcmcquela1rorb,nan1Uraesun1vcrdadunivenaly
qucp uedcscr,in,plememca<ltt....b,recorr.id:l;oscaquecambiando
el nombrc J., los suje«», ombiando d nombrc de 1:ua1cgot!u. pucdc
oe, opliad:a a rua.lquin 1ulida.d. y ,s oJIO lo que nicg> concreumcn,c
Lcninconmcumendela.form>eiónccon6mico-soci•I.
Cn:oquohayuna.roum "yv; ..:osaquederi..-a<lchd i6cu h•d<L::
defini, la conformxión p•nkular de los $«!Ores no o pi1a.lii1a1clh i-
cos. Enadiferenciación '"" pronunci,d,. oun cuat>do ha.surgidoen
Europa, que es d ccn1m de dabonción de hcmunientH cona: p1ua.les
- ctco que su,ge de toclala
-a l\,ul.nria,: un,r..Jmcn1c cl que b o,,1,ala
di1eusión 9uc"' cd hxicndo cn Am,ria La1ina..,l,rc d ar:lccer de
la dcpe11dcncia,...brc d aclc1cr de las formaciones nxionalcs. sobrc
el gr.idode rclxión cmre es1:asforrnacionc rucion1les con cl impc·
rioli,mo con cl fin Jc, a1abl=1 una di«inción d:hiçi. O«fam<><que
definir!. d:uc 10Ci•l que comanda d proccw de de1arrollo opita liota
en una fo1mació11ccunó,ní,;o.social rs ddinir 1• dominamc; d dc-
mcn10 dominamc o,,rfacn1oncn elmodode proclucción, ,nicn1r.i<9uc
definirlaformaciónc:conómi,;o.,o<;ialo,,rla1no,uarlardu:iónquehay
enuc esrc dcmcnlo dominanrc y el conjunw de I°' clemcmo., que
oon,1ituycnunasocicdaJde1erminada.Sincmba'l,'O,oradi,rinción
que para;c poocrr un valor hermcnéutico e:unordinuio no ha logr.K!o
11\n dilucid,,, d prol,lcm• de si lu 10Ci«Lade,,preapi1oli1t:1.1luino•
amcrican:u son sociedades ltud:lln cn 1r:ln1i10hacia ,l sociali,mo <>so·
cicdadcs apitalimu dcfor,u..b,, cs dccir .i ,u rcmpnna ,d.w:ripciónai
mcrc,do apitalina mundial 1:udefine como iOCicdad cs apitalrnas o
,ihayqucvcrfundanmualmen1cl:urcbcionesdeproducciónimcrna.,
ylafo1madecx1rxc ióndeplusvalorpandecidir1iwncfcc1ivamcmc
apitalísu ., n fcudala. E.u.sson la, J.,. tcndencias que prt"valcccnhoy
cn d discurso m,nistaen i\m<!ricaLo.tina,discurso que•~ ,e for·
na cxcc,.iv,mcmc vio!""º porque, recubicno lr.i< ~l, h1y un imen·
to de a1cgoriución de la, rcalidadrs lati~mcric:rnH. una discmión
sobre el papd de dcrcrminadu cla.,escn d procao de d=rrollo de la
re--olución o de cransfo,m;,clón revolucionaria, íund,,menralmcnte
lardxiónqucpuedehabc,cntrcdao,,obrcr:1yburgucdanu:ional
o gr.K!ode dcsarrollo apiialista cn cl campo. loda la di•auión gir:1
en1ornn1cs1oyhayespecialis1uencs tc•cm•quescha11cnun.>.dncn
oomplicad:u dircmionc<. Nosoun, hcmo• contribuído a 1, confu,i6n
gcnaal oon un Cu.demo sobre los modo, de pmducción en Am~rica
La1ina;dopuâ Historiily 10.itd,,dha h.echouna di,cu,ión y yo prc<u•
mo11uccsadi,cu,iónno1ieneulida.;Por11w!?Porquea1nvhdcla
rd"crcnciade Marx a cuaor.Kmb1ia particular dei sismna api1ali,ta
IHDôNQUINTA

cnclscn1idodcquc6,c1<1t..umcclconjun1nd.,rd•ciones.clconjun-
lndesocied.,d.,spr,:api,olin:uy,sin modlfico.rl:,s,convicr1cl,circub-
cióndcproduct~cnunaeircubcióngcncralizadadcmcrco.nd:,sypor
tanto cn un• cin;ulaci6n co.pitoliua de mrra.nd:,s, d~c este •n:1.li,i,
Jadiscu,iónhab,ía1idoliquidadahac c1icmpo.N~i n1cr=clgrado
dedifcrcnciaciónimcm•deadaunadccsmformacioncr,dcsdccl
punto de vUta dei mcrco.domundi,I -,n tod:u socie<bda co.pi1,Jina,
enlamedidacnquce>1inadscri1u, l:usocicd>daco.pi1a.lim.s.,lo
Mnoin .. lidaqucclreconocc,l•natur.1lcurnldel"'d:u.escnd
in1c1io, de cada un• de uru ,ocicdadcs1cng;icicna impouanci• p•r.r.
d anJlisis polftico, pan cl •náli,i, wcial, etc. Pcrn la distinción no
ap:u~ d:an ni cn Marx ni cn l..cnin, y cl hecho de que no ap:una
dua no lc impidió • Lcnin haur un cnmcn dd dcs:,rrollo inccrno dei
apita lismocnRu.,í,,anil isisdelcualscdiscu.1choysicnil,Lcnin
h, exagcndo o no cl grado de difcrcn,ciac,ón npi<afüt• en d inccrim
dd campo. E.nc an:lfüis. 'l"" e< muy minuciooo, c,i:1 hecho cn un
momento cn 4uc Lcnin se:n urgido por la nec-,,idad de dcmo.m·ar
que uc dcsarrollo sc es1:iopt,N.ndo. l:n1onca, .. 1como ua lógico que
cn un mom.,-1110 donde cstob.:.predominando cl economici,mo Lenio
indinua todo 111 ,nonamicn«• hada b neccsidad de I• conformación
de] pmido, dei dcmm•o polr,ico ,;:ornodemento decisorio cn ti jQrd
h,,u~, tombiln ,:s faciible •iuc haya fon.ido d an:ili1iJde [;$ difcrcn-
ciaciona de du,:s en Ru,i, lo cua.l lo hay, li~• afirmar 911cla
dif-,.!l'nciacióncN.N.ngN.ndequcd pcsodcl,hurgue$~agroriana
mayo1 de lo 9uc realmen1c cN..Si cs10n a~f. no part« comndiaorio
quclapoH1ico.delosbolcheviqucshas1>lorovoluciónde\9 17con -
taN.conl•n•c io»alii.ocióndcla1icir•comoprincipalreivindinción,
tendicndo • •poyirsc fund amentalmente sobn: e! ompttin:ido pobre.
l'cro JÍ u .. diíc,cncixión no cN. 1>n gnmdc, •i lu np•• in,~mcdi:u
dei nmp,:sin.do eran muy consisinua, lo política de nacionali-..ción
podfa llcv~r • un cnfrcmamicnto entre d prolctuiado dc b ciudad
y e&ios.«!ores mr:>lcsmuy con,incntcJ. 1:1qu-,. Lcnin ,nodifican d
progr.unarocial<kmócralàdcnacion:i.liución pano<lop1uddel<>1
populimu moos ~m•~ de b ticrra a los am~inoo- quiW ,rc Jd,;,,
• ale hecho. De mdu manem, em modificuión de plan plama y:a
lanecrsidulderccxaminuha.,mqu<!pun1ocl•n:IJisi1delud=quc

L.cnin pm!a dd crilerio de que el inmumemal ieórico era un ins-


m,mcmal dc anil i,i,, y no podí, pr(figurar, <k1crmin:1r,condicionar la
propua1, politia. Adem:b, sabfa que ti movimiemo popu!im posefa
un•&r:infucru.ycomose1m,badcganarpanclprolc1aríadoelmo-
v;micn1oumpaino pue>de lo com mio se liquid1ba la posibi!idad de
un1r;unío,evo!u cinn,rio,l.eninpodl,1n1ccrripid1mcmccierr0$0b-
jctivoopo lí1ico,,po,cf•l1 ,uficicn1educ1ibilidadcomoparaha«do.
Ahor, bien, como deciamo,, cxiue una difcrcnciación cmre modo
deprodua:iónyfornucióneconómioo-roci:i.lquclleva,lanecesidaddc
un >n:lfüi, wbr, 10$g,.,,J,.. de ;mbrinción entre ,mb :u. Pero Cn:tl
9ucnoe1,,,.,,vé<del>dcfinición1«>fia.de]21diíucnc:i>1cnm:c,111
a1cgo,fa1 o de l, dcfinici6n teórica de "''" imbriución como hoy
pucdcavan"l;l,d ,nilisi,conc,c1odede1ermin...!Hr""lidadQ. Portl
con1rorio,aporquchayundlfici1cnclconocimicntodecic:na,,.,.,1i-
d,dcs que ,e plamn 1, cutJtión de I• dcfinición, de la imbriaciôn de
lwmodoodc:produc:cióncomoproblcm:hiadc irrCU>l
ublcsolución
tcória . Emonca,h,ye1apa,cnla,que,cneceiiuunavancc1córicoy
onucnlasqucloquc,cneccsllaesuna,sin«pric1ico.Ytlmomen-
<o ae<ualK ubiu on d <q,'1.lndoaso cn dos Kn1id0.1:on 1omo • l:ai:
cs1rucruruin1c1nHtlel .. formacioncseconón1ico-socialcsyentorno
,]anucvaeiuuetutaqucvaadquiricndoclmc:n:adomuntlialapi,o,
lista. Corno ,mcdei so.bcn, a,n é<1osdw impor1an1ct clcmcnl0$ que
M,n: no .kanolló. El qunJo, que, M,n: rdcgó • un atutlio fu1uro,
no llqi> • analiz:1110,y a su ,·c:zti anilisi.s de las formacioncs econó-
mic:aspreapitali.sw no cs un aamen profundo pucs se ,educc a ,·tr
cómo, 1r.1.vk de un modelo K pucde dtscmrallu que las sociedades
antcriorein.np1efigurondolossocicd.dcsc:ipi1alis1:1S.Osca,Mmcno
ntaba analu:mdo la sociedad run, ni la ,ocic,bd gricga, ni la socicdad
china,sinolosdcmcmosquccontribuyerona laconformacióndcla
socicdada pitalistacn Europ~. Pcrosurgcunadifcrcnciadana,ando
K analiu una rnlidad n, l~rmin<Mde modo de rroducción o n, tfr-
minos de furrnxión económico-M>Cial. En cl prime, cuo a analiu.rx
cnr~rminosdcrnodclo;nicltotgundo.•uponccl an:ili,i,dcuna,o-
cicdad concrct,,, determinado. Si tcncm01cn cucnta quccl conjunto
dcla,oc:iakkmocraeiamont6todaJ11intc'1'rcucióncntérminosdc
modo de producción, K cntcn<kr:1que pcrdi<:n c.lc~ista ,lo., clcmcmo•
ccmrolcs:cl prohlemaagrafl oy olprob!cmanacinnal.
E! problema nacional, diríam0&, •~•= como tal c11ando una
formadón crnnómico--lOCialnn.., ha r«ortado como una forrnxión
KOD6rnico--socialau16nom1. FJ h.tcho de que n1c conccpto no..,
i0Jt:1lat:1en cl ampo de n:Rcxión de la 10e11ldemocncia 1njo corno
conoec11cnciaque.., lo hicicn • un lado y que, por CJcrnplo, Ron
Luxcmburg analizan a la sociMd polxo como una oocicdad sm pro-
blema nacional. ePor qu~1 Ros:il.t1X cmburganoliub.i d apitafümocn
to!rminosde mercado, como una apccic de mec:1ni,mo l"'rfocto <J'IC
J6lop<>díaíunciona1 sobrclab.iscde,ucapacidaddedcglu1irmcrca-
do, preapit:r.lisw. Entoncn, t.. contndiccionn K plant.,,,ban entre
la ,oc:icdad apit:a.lina y d rc>to de IDSmcradoi. En cl cuo concmo
de Polonia, dd,ido • qw: 611.ac,n lo wn• indusrrial m:h dcsarrollad.:r.y
• que ,u conmmido r fundamcntol cn R111io, cl copi,a!i,mo polxo J6lo
podia como!idanc ,i este mcrac.li, co,ab., p-,:rmanen,ememe abiuro
Portamo,l11charporl•indcpcndcnciadel'oloni•,l11charpo1msep•-
"'c ión de Rmia er• condenar• md, 1, induwi• polaca y a la ,ociedod
polaca a la ruina cconómia. Por eso Ros:.Lw:cmburg decidió que no
habla problema nacional cn J>oloni•,a pcur de ser énc un pais ndn-
dido. 11npai1 q11c, i bicn babfa n1J1ido COrno11nidadindepcndicntc,
eit.abadivid,doahonacn rcgionc,,con minorfupolacasenAlcrn•nia.
Ausuia, HungríayRusi•yquc,·e1,laluchandopor1uindcpcndcncia
destlc largos •Íglos am a . Ros:.Luxemburg daconnció esta si111,ci6n
porque 1cn/a un nqu,:ma tcóriro demasiado cerndo, porqu., ona.liuM
lasociabdcnthminosdemododeproducci6n:ín 1ta.ladacncl nivcl
mcnmcn,c «on6mioo, se lc csap.1M d oonjunm de medi"'ioncs cs-
pccffias de una socic,bd dc<ctminada. EI m ate M:n1idoque digo a
u11cdc:.quccs1coonc,p10dcl.cnin ou noonc'l'rori11uí~imoporquc
obligaa !01 muxiu:u :1 :ab.,,ndonu tudo conc.pción de m0<ldo in<«·
pm11ivo !'MI oonoi:bir cl mari:i,mooomo un inmurncn,al de •nili•i•,
oomo un ml!todo de anili,iJ aplia<lo a rnlidada rnuy oonctc1a.<y
rnuy demminadas. Ejemp lifiando oon ti caso de 11;, os:, Luxcmburg.
que collOl:bb • la wci«bd c.>pitali>1acomo una socinl:ul que funcion.a
sol>tt la b,a,c Jc dcmmin.ad:u ,cbcio ,~, desannllo de la indumia,
e1c.,l:nceraelmodclodcfuncionamicmodcunasocicdodcapi1>.!i,. ,,
cw m iliCà<llm tfoninos de fucn.a de tnMjo, cn türninos de (jbricas,
d e camíd;u:1 de produc1os que., cxpomm e importan. Y a partir de
concdiirc.rooocicd ad capitali,iaoomoclripo idcalhablaqucsub-
sumir " mlucir 1od:u lu formacioncs cconóm ico-iocialo • n1c 1ipo
ideal. E.10 con rap«10 ai modelo c-~pita!ista. Pua lclamcn tc, .. hau
dclrnHIÍJmou n moddo,porcjcn1plo,cuando .. h•hladequcclde--
•urollo de la humanidad ha seguido un uqucma unilinoe:.Iqu,: de><lc
cl comuni,mo primitivo p.1,a lucgn ai csclavi,rno. de !!ate ai fcudali,-
mo y finalmcmc ai c:apiralumo. Todo, los apcc i,li nu ch inos nkn
que cn Chi na nun c:a hubo feudaliimo. pero como los (comunim ,)"
chinO:Sacc n • p ie junri ll,.. m CIU lllpua•• àSC\lcra.ci6
n de Mari: han
dncubicno d feudalismo 1ambifo en Oúna. Pero esta conducra b
hon1cnidonosó lolocchi nos,•inoqueapmi rd cS1olin.,,plic6cn
cuolquicr,n:lfüi1debslõcinl:uks,locu•llln'Qaunaca111id..ddcpro-
hlemu><.>nrela, amic:,ur:u cconórnie11 fc11dalts, ,o,b,c b cxinencia de
ro.t0&de fcudali 1,noendc:o.mpo,50brelaircvulucionesagrari .. yan-
,iimpcriali,i:uy,mgfflCnl,sobrcc:,niidaddtca.1q;od.umanri11a,.dc
c:atcgo,,.upolhicasqucdcriv::rbandccit•runv.,ni6uckcicuospro«-
"°"o <kcicrtH conccpciouc, o <lccicnos h,:chos en n,oddo. Hay una
çin:un,12ncia que 1ienc dc:mui..do l"'so sobre 1odos los in=tig:,dore.:
la conveuión dei a1pi1afamo como modelo ideal que .., des:molb en
Jngl11crr:aapanirdclocu:,l1odc»lmprocno •..,• n:i.li:r.an...góncl
gr:ado de aproximación o diferencia que prtstmen con lngbtern. En-
rorocc$,.., ha conveuido • lngbtcrn c11 d aso 1ípico. en d moddo,
porcamo,dedesa,rollodcle:>pitafümo ,a uncuandoobstrv;,ndocon
mil detenimiemo vemo., que todos l<Xprocts<>1son diferenciad m y
queesmuydiRcil m:luci1losacsos n><>ddru.1:i.lcornoocuniócon
Japón,Alemania , oaunlooE.!1 adosUnidns.
C.On«bi1 d marxismo romo un modelo llcva a pensa r que dd
(Qul hM,~.., dcducen una serie <k ,nodd01 org.,.niutiros que dc,bcn
scrapliadospan laconformacióndelospmidospolíricoscnelmun•
do. E.!topace« unaCOR\lbiurda: sincmbargo. cnd VC.Ongceso (de,
la "ll'n:ua] " Jn,ern>cionalde 1925..,pr oclamaro nloqucsecono«
como la, • Toi , de bolchcvii:ación de lns parridos " • purirdc 1., 01>1<:s
se n:org:miuron \.,. panidru comuniota1 dei mundn p:,nicndn de un
pmónfijo.

rCJmo tt p,,drlit condliitr COIIN'ttitmrnlt111n,,uionamirnro dr/ ma.-xii-


mo ramo ,no,úlo, ramo wrd,,d i,bs,,/11111,y ,f Mho dr qur, po r rjrmplo,
,,. 1aw "'"'º 8 iu1uicrdi1mo. .. Lmi~ p/a,u,., ,/ w,/o, uníwrn,I dt ú.
a~,,.,;,,
bol,Mi7ur J rr·rtmou ,,. dirl,,, rxp,,imcíit toda,,,,,, uri, d,
<lln,tt,r{,t,r•i. dt tdrri,.,. dr ttlnU'f'."'- dr Nlor uniwrwf pllm ,.
Lu o,iitniurío11<1uwl11cíonitriits! fj1,1 ttrlit """ primm, P"l""'"· VnA
~,.,;,,P"P"'""Ú. ,;p,írm,: il,,,i,., q11Ipunia ,r p,,driit combínllr o
mittíu,,I ffll,od,l/11,.,ionitmi,mo,,1âitlm ,., conjunto ti,,.,.,, wd~d
r,m,r,r,r,u/,, m 11nWttmitdrclitsr,i"On 1,,p,,rricu/i,ri,/i,,inprc{jiritdr ,.,.,,
cÚ.S,qr,r timr inwnn yobj,ril!O.Ipn,pin, i,u,Jnomo, ydi,tintotdr bi ti,/
n.110 d, /,, ,,,,;,d,,d!
EH frrur f"t"r. MJ otnt P"l""tll m ,r/,ui,Sn <I riímo H po,{r/11,Ú.
ftndrrrf r,rn«pto tk ",o,,ârnti<I dr da,, • rn ,./ ..,,.,;J., ,Ú qur 1i l,i,n n/11
ronârnri• drrlau tmpfir,rr/JJri ntn11âmimt11dr/,,, ,r/,uionn tfol,,,k, ,k
ú, ,,,,,;,d.,d ,11pitJJ!is,.,.n,,,, rtl,,ri,m,, no" tTJJnspllrtntanm 1,,,ú , n<i111
1Hi11/,,. Crto '1""/_,,,;,. l,,,b{,, tn •l["n /,,do ,k '/"" l,u rtlJJCionrsqru u
r,1.,l,/«rnrn.,.,.l,,,.,brtrt11prrmi1rnJJ!unu.r•d;,,;,.t,"ir/airtlJJâ11nr,,k
di11ril,,,,.;,;,. ~ no Útl dt prtxl11ai,in, fondJJdor,u dr "1"/IIJJt ÜmJJndo
n,,r 4/irmttci4n dr únin JOPrtt""'" ,; Út ,...,.,;,,,ti" iÚ d,ur impfiu un
1implL r,rnaâmitnto "<dri<"O tf"'
" tk ,.,,.. ,u/id,,,l 1rNirfJJm111'1"' ht,u,-
t"llnocrra ,ttf"'s mJ10 m,n111..olt!idar1/,ln d, 1n1b,,j""4rt1. o nr., ,anci,n•
<ÍJJHrirnrqut1Ht1nifo,.,,d,,,..,nar1,anrrt/am11n1111«i6npnl<tic11
np«fji,a 1= baçJJ ""'I"' "' /,,
prr,pia =tli,l,,J o:iittn iodo m, nf"' dr
rr/arion'1 impllriu,1 d,,,1~ dr""" formJJâ6n ,«ia/ ,

Como"" advertir.!, m:ls q,ie prcgun, .. , lo quc u.11edplante• a un <on•


juni odcproblemuquemo<inrlanou,,conferencia,on prolongada
como ,!.1<a. l'r,1<aremosde d..r una rcspucna lo m.,b b~ posiblc.
Yo crm que pu• analiur la r.ilidn univn$>.Idd m,ni.mo hayquc
partir de un elemcnm cenu11Ique como habfamw vi.10 ddinfa iodo d
""zonamien1od.:Man.esd«irpartirddprt-1C n1e, locu•liigniliapar·
1ir de una fpoca dncrminad• 'I"" ts ddinidl en J\1$ ouac1erluicu.
pattir de wu coyunrura d.t1crminatb. Mejor que h>bloi de coyun1ura
dirf,mwqllch.ayqllepartirdcun•formacióncconómicu•,ioci•lde1cr·
minada. Eii1tc 0<ro pro«dimicntô, d cual es d ik convutir • dctcrmÍ·
nulo< principios en principio tk validn uni,..,rsal. los 'l"" J<:bc,nKr
:1pliados inaonblcmcme; o s:co, par<ir J.: la presencia de principioo
univcrJales que d<:bcn apliark inaor.iblemcn,c cn un m<lvimicnoo
comubtesignificapartirdcc,modiosJces1n1p1"incipiruíund.mcnt>·
letk)cua.lllcvanecoori.mcn,c•pcnsarquchaypolscs,lugaru,pou.,n·
ci.. ,SOCJedada,pmido,dctcrminodosq11e>0nlosq"cdcbcnvclarp<>t
lavc n!.d dcoaospríncipios~ncnlco.F,ucnoc,unhechoc,prichwo.
1innlnqutocurl'<!hoyconc ,ctan,cmecnelmovimienroobrcron>rnu•
nisn mundi,.I. Exi,cc un c,:mro de po<kr, que u l• Unión Sovitria,
que ricnc uno ddinición dc lo qu,:,"'" los principiOJ de v:,lidn univc1-
.ul quc dcbw 1plic:a= en c.d.a uno dc los ,::afOll conctt<OJ. Eii,rc o1ro
on11ro,quca China. que ric1,cla misma pruc~ión, yc:11 imno110$ccn •
U'O$ mcnoru de rech:ru, como p11ttkn ser los grupo• dcnominados

eurocom11ni1ru o la mi•m• Cuba. co cicno scmido. o Vinn1m. An•


rcrionnc11u,e:stosprincipim se ddinf•n • trav& dc la Tcrttra lmcrm•
ciono.l,lucgn dd Cominfom,, de:sputs cn I• rr:unión de lm p.>rtido,CO·
muni,r.,s. Debido a que cn la úhim1 éf"X" l, 1 diferencia< in,crn:u enn
muy grandes, los principi<><eran definido• diplomfoamcntc, e, decir
tclograb,.d acucrdowb«:11n aco m•y><=bU1abaclcomúndcnomi•
n,dor; como la difcrcnci, era 1111gr.i.n<k,cl co,mín denominado, 1cnfa
lac:ar:teterb1iaJescrmuy~111cfio,muyfurma l,1anabsolutarneiuc
gmcn.l que todns podían reconoc:asc en 8 pua ,implemente cnc:ubrb
un campo de problcmu y n<>un• dcfinición. Cu,ndo Lcnin ad arrics-
gando e:scintcmo de definir cicrtas urx<cr(sticu univcnatlc<dd pro-
cao de la rc\lOlución,:n R,,oia, I<>hace cn un momento muy particular
--c,n un 1c:1110
cuy:i imporr:11,ciano es 1córic:asino fundamenralmcmc
políria-, • tr.ivb de un cxamcn y de un• ddinición dei o.piralismo;
pero es ttle 1111mom,:mo d,: virajc. Cu:tndo, • parrir dd tc,ccr congre•
J<'.>dc la lmcmaciono.l [Comuni1111'' rc ha llcg:,do • b condwión de
que d capiialismo no.., ,:namina a su dcrrumbc definitivo sino que
pucdcco1UUlid:u rc.Sc,brcnuor1CCSloqucochall1m•dod pc,iodo
de "cmhifüadón ,ebtiv:," dei c:ipitalismo. dura me el cu,I •p>rcc!a p•n
Lenincomouraíundam,:nt>I dclospar1idoscomunina,dc:Euro-
~nocopi,,rcl modcloruso ,i no1mardcco11struir<Ccomo partidos
naciono.lc.o.Ddin~ entonccs las t::ar.KfaÍJticu univ,:1sa.lc.o• m,v& de
cicnu ca1cgorl:u: do.mino -IO"il!!ico,la diaadun dd prolcmiado, la
form:ocióndc:unp.:midodccla.., ,rtv0 lucionario.l•difcrcnci•cióncon
fucnuintcrmc<liu,csdcc ir•tra.-6;deun• tcric~c:inctc,lotiasquc

"Agr,pJ,,J.loJ,u"
rcsuhan de una rclKión l""licular cmrc csu,u,gia y 1:ktic, y que po,
t:1.modcbcncscucnrcl:ociónconungradode«rmin.\OO<lch<>mogc--
nciuci6n dei movimien10 >DCiaJ, sou principiois qoc dcriv:ib:m de u,,.
curumut:1.pmicular,cnnc:momcn1111•rcci:10deco,mitucióndclos
p•rrido.s romunUru como p•nidos vcrtbdcnmemc "marJ1U1u", Lcnin
pl:uuealadisc11si6n«n1ra l oon1r:a:1<judlos=torcsqucpic 11s:1nquccs
ncc=n<> cominua. 1, !~-orlade la nícrniva. No .é si tcndremos licmpo
en este cuuo, pero ,c,la imcrcsamc ,n,liur. • t,avé, de lo que .., li, .
ma la di.cw.ión sol,., cl derrumbc:, :MJ.11.dlncorric:n1csque deriv:in !.
nc«sidaddclarcvol11ci6ndeunaoo11«pci6nJ»fliculardclarclaci611
cmrc eronorob y sociW>d, aquclloo9uc sonies,en cicrta oonccpción a-
p,eculirde laromr:adicción ,-con6mica '!'IC se u·-;
1111formacn roncicncia
social ,in mediació11de tod'>' los dcm;I< ckmemos prnc:ntcs e11Lenin
yquc,portamo,con.<idcral»nquelapõ$ÍCÍÓndcfalnicroacionalet:1.
dc:fcru1iva,vincubdaa lasdificuhadcsintcm>Sdc la Uni6nSovi.!1ia .
En1onao,la0Clll>ción9uel,occnlosG<irteryP:tnnckoek,oclg111podc
los romuniH:,s •!emane, de Í"'luicrda a Lcnin y a lo1oomuui,tas Ili!<»
eslodeuna1u,,ncdcegoSsrnon•cional.Alprivi\cgiarlaoo,m111cción
deliociali•moyalnc«si1arun,cspiropolítico,noric11cnln1crbalgu •
nocn t11frcn1•nc• laspotntciasocddc111.Je1 . Sonsus nt«Sidad csy
111soomradiccionain1cm:u ,anfucr1al:u9ucaabanpor•rr•nrarlos
• J;>crifiar l,rcvoluciónmunJi,I cn prodcl,oonmucciónddt<> -
cialismo cn Rusi,. H,bfa, .<inembargo, en L:nin una reconsideradón
estrat,!gia mundi;i.l iubyaccntcqucdlosnq, .. ron, por loqucpodrla
inicrprcws.i, 9uc csa diforenci~6n que hacc L:nin cn ex momuuo
wbrel:ucar.ac:tcrb tic::u uniwmle1dcl balch.,.,.(1mo y lasatxtcdni-
cas pmicul:ues de \os prnccsos cn oda socic:dad e11aba muy m.di,da
pordichoreconocimiemo. Porejemplo,hayunelcmen 1oquea,;1Ua
en iodo d movimicn<o romunU1a h:u,a 1935 y que.., n>Odilic:acn cl
SIOp1imocongrcso [de la lnu,rnacional Comunist;il": la neccsicbd Jc
que rodas las soci«ladcs cn prOCO<> de 1r::1.nsic1ón
inkiar:,.n un c:11nino
sovi~tico. f:.nme ""nrido, ,od.,. Ja ,corización de los comun;n,, l"f:!lidí.
cnquelaalterna<iva1lcstadobu'l,'llo!ser:111n•sa.lidadeliposovio!iico,
lo que lubía que cormimir cr;,n socicdaiks-10Yitiicu.Pot-t:imo, da-
mino soviêtioo no= un ca.io p1rtic ..lu mw oino una ..-.,nbd uoi_..,,,_.1
dcrodoprocn:orevol..cion:ario.
Como d,,d,rnos. cola com;epción.., rnodifia en 1935 y hay cn los
cornuni11u una ,econ,idcr:ición dei papel de lasdemoa1ciu, de losc,s..
tado, rqm:sc,mrivo,,parl,mcnt•rio,: ,inemborgo, ""mo,quccstc
pl,nte:1mien10.J dcjar dc ladoe:n,verdaddclurninosoviéficoquc
:ahoro.•parece como p>rriculu, deja de lado simuh,lnc-~meme cicrtos
clcmcnro, de validei ur,;.,..,.J de e,rlcnmino: no"" puetlc com:•bir 1,
1ro.n,icióndeunasocicdr.Japi11lina1un,sociffladioci1li,u,inun
cs1,docnprocesodco:1inción.,inuncs<ado<ju•alconformar<Ccomo
uncu .. i-e:stadovacrc,ndoin11itucionc,dcnuevo1ipoquc,ignifi-
c:rnun1ruptu<aconrdp« lo1l.,.1,dorcp,.,..,n111ivo.Entonccs,cicr101
ckrncntos de valida universal que c.caban deu¾, de cs11verd:ul p,,,11i-
cula, fuc,on dcj:ulor dc l•do, y hoy sc vuclv,:111pbn1c11 cn d 1crrc110
mar.,;Í"• como un• discusión M>l,,clu ar.u:mfnica, dd csrado, IK!b«:
si n posiblc cn cl Cut>de halia, de F=icia, de E.paiia, conmuir una
socifflad,inkia r unproc~detro.nsic ión,1idntadoscdeja1alcual,
si ,implemente,.. moJifican los grupo, gob,,rnamn, la, cll>C"Idirigen·
tcs de c,c .. tado. Hoy nbcm°' que la diocu,ión cs m:b profund.a. ;Por
qu~! Porque la re,;onsider:món de c.srnque Mau ..,i;,l,b.a como lo,;
clcmemru de producción y d~ reproducción dd api1al wcia! global
llcvan • comprondct <JUC d e,udo no cs un elcnm>to e~1crno, no a un
clcmomo.upcrcs11ucturo.la un• formación ccunómi(o-socio.lc•plnlis-
1a, sino un domenro intcrno dcl prop io proccso de producc:ión apito.•
li,a,yportomounain,titu.ción1eprudu.ctorad.:rclacion"->co. pi10.!iim.
Mamc11crd a,odo como tal cs permidr lo.posibilidul de ttpro-
ducción de 1, ,ocietlad c.piraliuo.. De a1c modo, podcmot ""' córno
t•n• vcnbd quo ,urgió comn u11ivcrul cn un momento determinado
-porquc1od:a rup1unconlasoc:Wdcmocr.teiascprodujoalr«ltdorde
b validndcl camino KWit1ico,o la dei caminosociali11a,ioda ladíscu-
sión cmrc Kautsky y U.nin, emre la izquicrda socialdcmócma y Rosa
l..uxcmburgse, dirimía como d cnfrenumiemo cnm, una ampl,a franja
sovic1U1ayunafr.mjasocialdcmócr.ua--,cs1oqucapar«lacomouna
vcrdad uni,-erAI lu~ fuc recomider.l<Upara ser analiw:fa como un
camino panicul:u de d=rrollo de b revolución cn Ru1ia, hoy, cn mo-
mcn101en quc, a 1u vn., .sercdiscu1cuna caregoria quc aparecia hasra
abon como univcr>al-la diaa<lura dd proletariado--, apar«c, &incm-
b.ugo, como un elcmen,o que csct plamcando un problenu ccmnl
para1odoprocesorevolucionario. Porc.socsmuydifkildi11inguirlo
quc.sonvcrd:adctuniw:rAle!adcloqiu,50r,w,rda&spanicularcs;cl
caminodcdc6ni ,lo a1nvúdelapropiahi11oriadela1corla,a1n,-tt
de lo búsqucda dc clemen101comunes de los procesos y de definíreso,
clcmcn101comunes como verdades unive,nlcs cs un c,,,míno 1eórico
inconduccmcq,u,noapor1aning,lndemen1oinnredcfinirelcampo
cn ,«mi nos de Íormación económico-social concma. Yocrcoquc sólo
a 1nvú de redefinir cs,c campo .sepucdcn ver cicnu verdades, y rede-
finir es,e campo de li formación económico-social concn:u lleva • su
vnarcckfinirotroproblcmaqucainrccccomounaw:rdaJunivcrAI:
ladascobrcncomo.soporicdc,odoprocesorcvolucionario.cPorqu~1
Porque se da cl ,;a.so de form:acioncscconómiaHO<ialcs de1crminaJ:u
dondcaparcccnimbricacioncsdesccmrcsproductivosdifcrcnciad.»y
cnloqucobjctivamcntclad:ucobrcr.iap:ucceformandopartedcun
sistema dcdir«ción, de hom01,...,nciución,decom rol dc una sociedad,
donde los múimos niveles de dirccción no cst:ln rcprCKmados por la
clasc obrcn prccisamemc, sino por ou·os KC1on:s. Emonccs, pucdc
dane cicna conjugación. ciatos clcmcmos de unidad emrc burguesia
y prol(rariado i,mr,s campuinado, a panir de lo cual la comid(ración
q,u, csi,mos h:lci,ndo de la duc obma como cl cjc, como el 50p0r1(
dcunprocesorcvolucionario,:Jabandonarlatcoríay•nali~rcicrr:u
formacioncscconómico-socialcsconc ,ctas,scmodi6ca.Porcjcmplo,
la duc obrcra ugdina era una d= constitu,da fünd.:imcmalmcnlc
po1 Ír.lllCCSC$ r=idc:ncn cn Argel ia; o la d.u.c obrcra indwui:i.l organi-
zado cn Áfna dd Sur, panicularmcmc cn d r«tor scrviciru, "" una
dose obrcra fundomcnta lmnuc bianca aunquc, ~1.,c,nru, cn África dei
Sur la socicdad ati monmb JOl>r<:b ba... de 1. cxplotxión de un
prolctoriadoncgroqucvcalJCC1orprolc1a,iado -burgueslacomouna
unid.adcncicnoscn1idor=cion>riafrcn1ea1usobJctivos,iusnc-
cesidadcs,1n1rrivindicacionc.J.A.l,clhcchodclav:ilidn1,ó,icadd
fCCOn<>CÍmicmo de la amralidad de la rc,laciónapical-u-.1>:ijo y dc la
ç,:nu-.lidaddelcnfrcn1amicntoprolcuriado--burgucsfano•ignifiaquc
dcbamosforurl.-consydcjaraunladoluconnotacionesparticu-
lares de los proccsos hilróriCOJconae,os de conm1ución de una cbsc
ob1c0t tktcrminada •n un momcmo dc,erminodo y d ,ipo de rdación
que cll>.guarda con cl n::s,ode lu dases. Si no comprcndcn,os ""'º·csa
1arcadccon,1rucción,ubfc,riv:adclaconcicnci.adcd=•quc,,;omo
Ud.insinuabacor=tamcntcCfl1uprcgun1a,noQ'un1'roetJO•implc-
mcn11,,oó,ico.1inounp,ocesodondc lo,oóJJcoC1riimbricadoconla
pr.lctica, porque las rtalidadc1 $C pcrcihcn • travb de lm h«hos. • !r:i·
vádc la rc,con1m,cción teórica de los hcchm, ~ro &tos• rn vct dcbcn
manifcuarJc para que puedan $Cf estuJiadru, y cn W formaciones eeo-
OOmic:o-soci:i.lc1 lo., hcchos wn a,x1one5 polhicu. pronunci:ur11cmru.
m0\'iliucio11e5,luchu,co11f,on1;ic,oncs,con<radiccioncs,cnrnoces.1i
nocomp,cndemo1°"10<'.tlrr<:n101e l ricsgodcquees1•con11rucción
subjeii..,.Jclaconcicnci,dcd;ue,que1ambifopre1uponcunadiní•
mia propi> de b ela.e, no se df, porque no e, 1uficico1c con que •
niVt"]dc,:s1:1d!J1ia1,:anivdscn1ible,anivclcconómico,sc=ifiq1.1el•
exi11enci•de uoa clasc obrcr.1 inn que b co11form:icióno I• cnnmuc-
ción de un> e<mcicriciade duc Jc:afac1ibk JCa 1iemprc posihle. Hoy
u~ mo. que a una i,rca mucho mi 1 difícil de lo que se pic111a.La
conAucnciacnnem>11c,1moymovimientosocial,en1r<!tcorfaym0\'1•
micnt o socJOI.cs un I'"'"º muy co11,,,.Jic1orio. muy Jifkil. H1116,i-
camcn1e ha uum1do cicrta, ca1>1ÇTcd"i=.cn Europ>"' conform•ron
p:mio:L»ul>rcrosque• vcces cr.rn mucho mh grandes que las propias
orvnizacioncs ,indicalcs (micntras la 50cialdcmocncia o.lemana tenra
unmillónymcdiodcafilia<losacomie,r,,,.dccs1c,igfo, l... orgoni-
t.acionel 1indic:r.le1 no m,l,n mh de cuamxicntos mil; y porque só!o
lcníon cuatrocicntos mil ofiliado.. pudo Rosa l.uxcmburgmon1a, la
1corfade la lmdga polhica de ma,a.s como inmnmcmo p0Uticoccn1,,.J
p.lr.1 logn,, incorpom a la lucha oocial a los dc,.org,.niudot pmicndo
de la rdxión quc<:Xist(a~me 1indio.liud01 y no sindio.liudos). Pero
ubemos q.u, cn lngl•tern nos,; configuró as/. que cn t$1ados Unid.,.
noM:conlig,uóu!,yc!problcmaiCIIOlplamcacnrornoalacausadc
qucno1ehayaconfigur.1doosLS.b.mos.po,otrolado,quecnRusia
scconliguióuf,quccnArgcntin.omnbiénaunqw,]ucgoschayamo•
dific::ador.,dicafmcmc, y ubf mm q= cn Ml!xico r><> s,; configurei de
ena m•ncr.1; ukmos que en Chile ,1, P"'ºcn Br.,..il 11<>
. Ernonccs,
pnrqu\!s-econfigutcdcdc1crminad•m•ncrou1 a u11idadcnu c1corl•y
movimicnto u un:i euo1ión muy difleil de pr«i,:u. FJ problema con-
sistccn quchcrnosconvc,r<idonna configu,xión hinório.concrttacn
cl ,1nico moddo, la ,inica forma posiblcdc dcs:mollo y wuo lo Mmw
configur:ido como única formo de d=rrollo que todavia los pequcftm
grupcMdci1quicrda1igucnwfia11doconlosiQuih.urr!qucvanorc-
doeu, y con los ]>"rLi<lwbolchevique, que van • ammuir.
Perorttomando nuesrro tema tr.11Jil>ammde vn • qu~ QTIUC{U,..
da migcn Clt~ conílucncia cnrre nurxi,mo y movimicn,o social y cuil
tslor.1fflndcqucc11lul?radi>finrosorigincdinin,..conforrn1eiona.
E.ono>esab.. H:u:epocoomvc!~ndounodi,cu,ióoquchuhocnt,c
hisrori, dora dd movimiento ohrcro cu,opco. Ur><> de cllos, micmhm
dd P.nido Comuni,ra l'r.1ncé$.Annic Kriegd, que ha cbborado una
(t.1Í, muy impon:intt sob,c cl origm de este p:urido, c1.1.1ndo mvo que
habbrdcporqn~sólocndtte,minado.lugara,cndc,cnnina.luion:u
dcEuropa,scditcu1iólacuC$<Íóndclosp•rlidos,ociolis1udem:uo.s,
laúnicaruónquccnconrr.1b.,.cr~,dcalgunamancn.,dc,p/r;u,di1ico
!nmc .J C$píriturom:ln,ico, como ,i lo, pucl>Jo, mvicr.111 Clcrtru ,ignos
que lo, dcfincn. Pero cl h«ho de que una hi11oriodor1 cui<iidosa y
pr«ÍA Uq;ar.r.1 es:.condusión se <:kbea quem d 1n:llisi1de cada una
de cg.1 ooc:i~es no encomr.r.bo los elemento,; que pudicran definir
= coníormación parliculir. EmunOOI.Qtc es un<l de los 1,roblcrna1
ccntr:alcs:ladefinicióndclaform><=ióncconómico-><><:ial nosr<:mitea
lud~,1 lasrdo<:ioncsc n 1rcdl1,y,Jc.dc unpun10Jcvi1i. m1rxl>11,
noi 1~rmi1c 1posr:ar• un• d1$C y !rotor de hallar los núcko:i organiza-
!ÍVOII y d conjumo <k in><irn c iond cn torno de lu cualc, una dr.se se
Jcspliq;.,.. P.,,o de a:r. ,nancr.r. solamente est:imos obriendo una V<:r.t,
unproblemahiotóricoquepucdeonoserrducho./!uuahor.r.p-en-
dbamotquc•p•<1irdcunafil010fladel•hístori•sicm prccr:aposiblc
resolverlo. Hoy sabemos que no es as!. Has11 ha« poc:osab(amo:i que
después dd cr.pitafümo v,:ndrfa d socialismo: hoy s.o.lxmo:ique des-
pu6' Jc.lcapit1li1mo pucdc sobrcvcnir l1 b.,1b.aric.la demt1CCión,01aL
porquclosllombrcsrienfflahor:acn1u,mano•l•po.,:ibiliduldch:,a,r
esi:o.llard mundo. Si se q uierc ,e pue<k C<>nveuirestc mundo cn inh1-
bir.r.hle.Por el contr.r.rio, aiando Marx, Lenin, RosaLuxemburg, es11-
ban planu:ando cicrtu cucstiom., los llombrcs no tcnfan cn sw manos
lapo,ibiliduldcdcstruirdmundo;hoyla1iencn,yemposibi!id.od
introdu« un ambio r.r.dical.A pmir de esto sabemos hoy que cl 50CÍi•
li>mocsfrutodeunalud,amuydiflcil,muycompljgda.congr.r.ndes
vaivencs.conav,r.m:uyrcuocesos,porunlado,peroquc,poro1ro lado,
d camino de la barbvic esti JÍcmprc ,bierro. Si esro ei asl, dcbemos
ser mil 1n1Uticos,m:ls modestos, ~mos busca, y cncon<r.r.r11mejor
form1 de xción, la mcjor forma de modificar un• rc:alid..d: dcbe:mos
comp ,endcrqueun a 1eorfaeisimplemcn1cun11wrfa,1uesccnriquecc
conlosh«ho!conloscua!esdcbc,..rpcrm•ncntemen,econfron,ad...
Lo que imeni:o.mosdccir es qu.: la m:,r(a de Marx no cs un moddo; si
se 11define como e] anílisi, de laicontradicciono intornu de un modo
dcprodu.ccióndctormin:ado.dcj1unampoabiertoal•p-e,m1ncnue
...,,if!Oci6nhi,tór icr.•tr.r.~dd1n:ifüisdc1od11b1v:iri ablesquc""
v,r.ninm1ducicndoenes1ecuerpodcp,en11miemo.
Entonccs,loqucdcfincal mariismoessucondicióndetc,orfa
abicna, dc trorla cap.izde incorpor:u un múimo de •,:niablcs,y cn la
mcdid:,en quees capnde incorpor:uW y de apos,ar a las tnamforma•
cionesqueKOpc"r:>natra.vhdeunafuerzasocial,esunatc,orfarevo-
lucionariayesunatc,or{aabima. l~rosóloooncibifodolaasfptJcde
J:.rcucmadelosh«hoJ.
Para.resumir la rdación emre I» tres p~unw plameadas,pode-
moo afirmar que oonstituycn Irei problemascentrales: d primero .se
xlara.apanirdeladefinicióndel:ucarxterlnic:ufondamenralesdc
unafornw:iónc:conómico-soc~ldeterminada:elsegundoxdefinc1
p.,nir dei an~lisi1preciso dei p.ipdque desempdi.auna da.se obrcra.
determin~ en eu formadón social determinada, los procesosde ru
oonstitución,lacuhuraencuyointeriorxformó,laidcologfapolftia
que b cnvolviócn cl proccM> mismn dc 1u constirución, que son ideo-
logfasmuy difkilu de ,;:,mb~,. de tra.mformar.Me at~fa a afirmar
que si K oonoceo si .sesabe Wmo se oorutimyó una dasc:obrcnaK po-
drfa determinu qu~ 1an rcvolucionariocs o pucdc llcgara Kr. Existen
vicio.!deorigenqucesmuydifkilmodiflcar,pcroelh«hodequexa
difkil d cambio no implicapor 1(que sea imposible.Sólo significaque
una fuem polfricadebcaprendera conocer las formas p.1rticularc1
qocpucdcasumirdichaposibilidaddecambio,loC\Wnosremi,ealúlti-
mo problemaque plameamosa<:ercadclsignificadode la conformación
dcunaconciellciaded:1K,ydelgrnlodedemcn1wdepricticaqucdcbc
cnglOWr.Porque hy oontr.idiccionesde d:IK, porque la cl:IK obrera.
escon1nadictoriadclacl:1Kcapi1alistaaniveldcingf'CSO'l,anivcldcla
pU1CSióndcla(uerude1nal»io,aniveldcritmodcml»jo,anivcldc
pue1tosjer:lrquicos,etc.;esd«i1,quckw:conAicu>1aparc:a,npc:rma·
ncn1cmcntcysoni111uprimiblesenlasocie.:hdcapi1aii.ta.Sóloapartir
dccsosoonfliccosxpueder«onS1ituireltododcloJocicdadporquc
'610 ~ panir de cito.se pucdc cktenninu oon ,icrto gradode ,icntifici•
dad las me<iiacionesneccurias, cn vim,d ck lascondiciona p3rtkulara
yooncrew,deunaformxi6n«on6mi'°"'°'~ldada.
HISTORIA
DEL SIGLO
XX

Biblioteca E. /. Hobsbawm de Historia Contemporánea


ERIC HOBSBAWM

HISTORIA
DEL SIGLO
XX

CRÍTICA
GRIJALBO MONDADORI
BUENOS AIRES
Todos los derechos reservados.
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del cop)
right, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esi
obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la fotocopia y el tratamient
informático.

Título original:
EXTREMES. THE SHORT TWENTIETH CENTURY 1914-1991
Michael Joseph Ltd, Londres
Esta traducción se publica por acuerdo con Pantheon Books, una división de Randon
House, Inc.

Traducción castellana de JUAN FACÍ, JORDI AINAUD y CARME CASTELLS

Tapa de la primera edición española: Enríe Satué


Rediseño de tapa: SERGIO KERN
Ilustración: Fernand Léger, Los constructores (1950)

© 1994: E. J. Hobsbawm
© 1998 de la traducción castellana para España y América:
CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S.A.), Av. Belgrano 1256,
(1093) Buenos Aires - Argentina

Primera edición argentina: septiembre de 1998


Primera reimpresión: noviembre de 1998 Segunda
reimpresión: diciembre de 1998 Tercera
reimpresión: mayo de 1999

ISBN 987-9317-03-3
Hecho el depósito que previene la ley 11.723
Impreso en la Argentina
1999 - Imprenta de los Buenos Ayres S.A.I, y C.
Carlos Berg 3449 (1437) Buenos Aires.
Capítulo II
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

Al mismo tiempo [Bujarin] añadió: «Creo que se ha iniciado


un período de revolución que puede durar y extenderse al mundo
entero».
ARTHUR RANSOME, Six Weeks in Russia in 1919 (1919, p. 54)

Qué terrible resulta la lectura del poema de Shelley (por no


hablar de las canciones campesinas egipcias de hace tres mil
años) denunciando la opresión y la explotación. Quienes lo lean
en un futuro todavía dominado por la opresión y la explotación,
afirmarán: «Ya en aquel tiempo...».
BERTOLT BRECHT después de haber leído «The Masque of
Anarchy» de Shelley, en 1938 (Brecht, 1964)

Después de la revolución francesa ha tenido lugar en Europa


una revolución rusa, que una vez más ha enseñado al mundo que
incluso los invasores más fuertes pueden ser rechazados cuando
el destino de la patria está verdaderamente en manos de los
pobres, los humildes, los proletarios y el pueblo trabajador.
Del periódico mural de la / 9 Brigata Ensebio Giambone de
los partisanos italianos, Í944 (Pavone, 1991, p. 406)

La revolución fue hija de la guerra del siglo xx: de manera particular, la


revolución rusa de 1917 que dio origen a la Unión Soviética, convertida en
una superpotencia cuando se inició la segunda fase de la guerra de los Treinta
y Un Años, pero más en general, la revolución como constante mundial en la
historia del siglo. La guerra por sí sola no desencadena inevitablemente la
crisis, la ruptura y la revolución en los países beligerantes. De hecho, hasta
1914 se creía lo contrario, al menos respecto de los regímenes establecidos
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 63

que gozaban de legitimidad tradicional. Napoleón I se lamentaba amarga-


mente de que, mientras el emperador de Austria había sobrevivido a tantas
guerras perdidas y el rey de Prusia había salido indemne del desastre militar
que le había hecho perder la mitad de sus territorios, él, hijo de la revolución
francesa, se veía en peligro a la primera derrota. Sin embargo, el peso de la
guerra total del siglo xx sobre los estados y las poblaciones involucrados en
ella fue tan abrumador que los llevó al borde del abismo. Sólo Estados Uni-
dos salió de las guerras mundiales intacto y hasta más fuerte. En todos los
demás países el fin de los conflictos desencadenó agitación.
Parecía evidente que el viejo mundo estaba condenado a desaparecer. La
vieja sociedad, la vieja economía, los viejos sistemas políticos, habían «per-
dido el mandato del cielo», según reza el proverbio chino. La humanidad
necesitaba una alternativa que ya existía en 1914. Los partidos socialistas,
que se apoyaban en las clases trabajadoras y se inspiraban en la convicción
de la inevitabilidad histórica de su victoria, encarnaban esa alternativa en la
mayor parte de los países europeos (véase La era del imperio, capítulo 5).
Parecía que sólo hacía falta una señal para que los pueblos se levantaran a
sustituir el capitalismo por el socialismo, transformando los sufrimientos sin
sentido de la guerra mundial en un acontecimiento de carácter más positivo:
los dolores y convulsiones intensos del nacimiento de un nuevo mundo; Fue
la revolución rusa —o, más exactamente, la revolución bolchevique— de
octubre de 1917 la que lanzó esa señal al mundo, convirtiéndose así en un
acontecimiento tan crucial para la historia de este siglo como lo fuera la
revolución francesa de 1789 para el devenir del siglo xix. No es una mera
coincidencia que la historia del siglo xx, según ha sido delimitado en este
libro, coincida prácticamente con el ciclo vital del estado surgido de la revo-
lución de octubre.
Las repercusiones de la revolución de octubre fueron mucho más profun-
das y generales que las de la revolución francesa, pues si bien es cierto que
las ideas de ésta siguen vivas cuando ya ha desaparecido el bolchevismo, las
consecuencias prácticas de los sucesos de 1917 fueron mucho mayores y per-
durables que las de 1789. La revolución de octubre originó el movimiento
revolucionario de mayor alcance que ha conocido la historia moderna. Su
expansión mundial no tiene parangón desde las conquistas del islam en su
primer siglo de existencia. Sólo treinta o cuarenta años después de que Lenin
llegara a la estación de Finlandia en Petrogrado, un tercio de la humanidad
vivía bajo regímenes que derivaban directamente de «los diez días que estre-
mecieron el mundo» (Reed, 1919) y del modelo organizativo de Lenin, el
Partido Comunista. La mayor parte de esos regímenes se ajustaron al mode-
lo de la URSS en la segunda oleada revolucionaria que siguió a la conclusión
de la segunda fase de la larga guerra mundial de 1914-1945. Este capítulo se
ocupa de esa doble marea revolucionaria, aunque naturalmente centra su
atención en la revolución original y formativa de 1917 y en las pautas que
estableció para las revoluciones posteriores, cuya evolución dominó en gran
medida.
64 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

Durante una gran parte del siglo xx, el comunismo soviético pretendió ser
un sistema alternativo y superior al capitalismo, destinado por la historia a
superarlo. Y durante una gran parte del período, incluso muchos de quienes
negaban esa superioridad albergaron serios temores de que resultara vencedor.
Al mismo tiempo, desde la revolución de octubre, la política internacional ha
de entenderse, con la excepción del período 1933-1945 (véase el capítulo V),
como la lucha secular de las fuerzas del viejo orden contra la revolución
social, a la que se asociaba con la Unión Soviética y el comunismo interna-
cional, que se suponía que la encarnaban y dirigían.
A medida que avanzaba el siglo xx, esa imagen de la política mundial
como un enfrentamiento entre las fuerzas de dos sistemas sociales antagóni-
cos (cada uno de ellos movilizado, desde 1945, al amparo de una superpo-
tencia que poseía las armas de la destrucción del mundo) fue haciéndose
cada vez más irreal. En los años ochenta tenía tan poca influencia sobre la
política internacional como pudieran tenerla las cruzadas. Sin embargo, no es
difícil comprender cómo llegó a tomar cuerpo. En efecto, la revolución de
octubre se veía a sí misma, más incluso que la revolución francesa en su fase
jacobina, como un acontecimiento de índole ecuménica más que nacional. Su
finalidad no era instaurar la libertad y el socialismo en Rusia, sino llevar a
cabo la revolución proletaria mundial. A los ojos de Lenin y de sus camara-
das, la victoria del bolchevismo en Rusia era ante todo una batalla en la cam-
paña que garantizaría su triunfo a escala universal, y esa era su auténtica jus-
tificación.
Cualquier observador atento del escenario mundial comprendía desde
1870 (véase La era del imperio, capítulo 12) que la Rusia zarista estaba
madura para la revolución, que la merecía y que una revolución podía derro-
car al zarismo. Y desde que en 1905-1906 la revolución pusiera de rodillas al
zarismo, nadie dudaba ya de ello. Algunos historiadores han sostenido poste-
riormente que, de no haber sido por los «accidentes» de la primera guerra
mundial y la revolución bolchevique, la Rusia zarista habría evolucionado
hasta convertirse en una floreciente sociedad industrial liberal-capitalista, y
que de hecho ya había iniciado ese proceso, pero sería muy difícil encontrar
antes de 1914 profecías que vaticinaran ese curso de los acontecimientos. De
hecho, apenas se había recuperado el régimen zarista de la revolución de
1905 cuando, indeciso e incompetente como siempre, se encontró una vez
más acosado por una oleada creciente de descontento social. Durante los
meses anteriores al comienzo de la guerra, el país parecía una vez más al bor-
de de un estallido, sólo conjurado por la sólida lealtad del ejército, la policía
y la burocracia. Como en muchos de los países beligerantes, el entusiasmo y
el patriotismo que embargaron a la población tras el inicio de la guerra
enmascararon la situación política, aunque en el caso de Rusia no por mucho
tiempo. En 1915, los problemas del gobierno del zar parecían de nuevo insu-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 65

nerables. La revolución de marzo de 1917,1 que derrocó a la monarquía rusa,


fue un acontecimiento esperado, recibido con alborozo por toda la opinión
política occidental, si se exceptúan los más furibundos reaccionarios tradi-
cionalistas.
Pero también daba todo el mundo por sentado, salvo los espíritus román-
ticos convencidos de que las prácticas colectivistas de las aldeas rusas con-
ducían directamente a un futuro socialista, que la revolución rusa no podía
ser, y no sería, socialista. No se daban las condiciones para una transforma-
ción de esas características en un país agrario marcado por la pobreza, la
ignorancia y el atraso y donde el proletariado industrial, que Marx veía como
el enterrador predestinado del capitalismo, sólo era una minoría minúscula,
aunque gozara de una posición estratégica. Los propios revolucionarios mar-
xistas rusos compartían ese punto de vista. El derrocamiento del zarismo y
del sistema feudal sólo podía desembocar en una «revolución burguesa». La
lucha de clases entre la burguesía y el proletariado (que, según Marx, sólo
podía tener un resultado) continuaría, pues, bajo nuevas condiciones políti-
cas. Naturalmente, como Rusia no vivía aislada del resto del mundo, el esta-
llido de una revolución en ese país enorme, que se extendía desde las fronte-
ras del Japón a las de Alemania y que era una de las «grandes potencias» que
dominaban la escena mundial, tendría importantes repercusiones internacio-
nales. El propio Karl Marx creía, al final de su vida, que una revolución rusa
podía ser el detonador que hiciera estallar la revolución proletaria en los paí-
ses occidentales más industrializados, donde se daban las condiciones para el
triunfo de la revolución socialista proletaria. Como veremos, al final de la
primera guerra mundial parecía que eso era precisamente lo que iba a ocurrir.
Sólo existía una complicación. Si Rusia no estaba preparada para la
revolución socialista proletaria que preconizaba el marxismo, tampoco lo
estaba para la «revolución burguesa» liberal. Incluso los que se contentaban
con esta última debían encontrar un procedimiento mejor que el de apoyarse
en las débiles y reducidas fuerzas de la clase media liberal de Rusia, una
pequeña capa de la población que carecía de prestigio moral, de apoyo
público y de una tradición institucional de gobierno representativo en la que
pudiera encajar. Los cadetes, el partido del liberalismo burgués, sólo po-
seían el 2,5 por 100 de los diputados en la Asamblea Constitucional de
1917-1918, elegida libremente, y disuelta muy pronto. Parecían existir dos
posibilidades: o se implantaba en Rusia un régimen burgués-liberal con el
levantamiento de los campesinos y los obreros (que desconocían en qué con-

1. Como en Rusia estaba en vigor el calendario juliano, retrasado trece días con respec-
to al calendario gregoriano vigente en el resto del mundo cristiano u occidentalizado. la revo-
lución de febrero ocurrió realmente en marzo, y la revolución de octubre, el 7 de noviembre.
P"e la revolución de octubre la que reformó el calendario ruso, al igual que la ortografía. Eso
demuestra la profundidad de su impacto, pues es bien sabido que suele ser necesario un autén-
tico terremoto sociopolítico para implantar pequeños cambios de esa índole. La consecuencia
mas duradera y universal de la revolución francesa fue precisamente la implantación del siste-
ma métrico.
66 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

sistía ese tipo de régimen y a los que tampoco les importaba) bajo la direc-
ción de unos partidos revolucionarios que aspiraban a conseguir algo más, o
—y esta segunda hipótesis parecía más probable— las fuerzas revoluciona-
rias iban más allá de la fase burguesa-liberal hacia una «revolución perma-
nente» más radical (según la fórmula enunciada por Marx que el joven
Trotsky había recuperado durante la revolución de 1905). En 1917, Lenin,
que en 1905 sólo pensaba en una Rusia democrático-burguesa, llegó desde el
principio a una conclusión realista: no era el momento para una revolución
liberal. Sin embargo, veía también, como todos los demás marxistas, rusos y
no rusos, que en Rusia no se daban las condiciones para la revolución socia-
lista. Los marxistas revolucionarios rusos consideraban que su revolución
tenía que difundirse hacia otros lugares.
Eso parecía perfectamente factible, porque la gran guerra concluyó en
medio de una crisis política y revolucionaria generalizada, particularmente
en los países derrotados. En 1918, los cuatro gobernantes de los países derro-
tados (Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria) perdieron el trono,
además del zar de Rusia, que ya había sido derrocado en 1917, después de
ser derrotado por Alemania. Por otra parte, los disturbios sociales, que en Ita-
lia alcanzaron una dimensión casi revolucionaria, también sacudieron a los
países beligerantes europeos del bando vencedor.
Ya hemos visto que las sociedades de la Europa beligerante comenzaron
a tambalearse bajo la presión extraordinaria de la guerra en masa. La exalta-
ción inicial del patriotismo se había apagado y en 1916 el cansancio de la
guerra comenzaba a dejar paso a una intensa y callada hostilidad ante una
matanza aparentemente interminable e inútil a la que nadie parecía estar dis-
puesto a poner fin. Mientras en 1914 los enemigos de la guerra se sentían
impotentes y aislados, en 1916 creían hablar en nombre de la mayoría. Que
la situación había cambiado espectacularmente quedó demostrado cuando el
28 de octubre de 1916. Friedrich Adler. hijo del líder y fundador del partido
socialista austríaco, asesinó a sangre fría al primer ministro austríaco, conde
Stürgkh, en un café de Viena —no existían todavía los guardaespaldas— en
un gesto público de rechazo de la guerra.
El sentimiento antibelicista reforzó la influencia política de los socialis-
tas, que volvieron a encarnar progresivamente la oposición a la guerra que
había caracterizado sus movimientos antes de 1914. De hecho, algunos par-
tidos (por ejemplo, los de Rusia, Serbia y Gran Bretaña —el Partido Laboris-
ta Independiente—) nunca dejaron de oponerse a ella, y aun en los países en
los que los partidos socialistas la apoyaron, sus enemigos más acérrimos se
hallaban en sus propias filas.2 Al mismo tiempo, el movimiento obrero orga-
nizado de las grandes industrias de armamento pasó a ser el centro de la mili-
tancia industrial y antibelicista en los principales países beligerantes. Los

2. En 1917, los socialistas alemanes se enfrentaron a propósito del tema de la guerra. La


mayoría del partido (SPD) continuó apoyándola, pero una fracción importante, contraria a la gue-
rra, se escindió y constituyó el Partido Socialdemócrata Alemán Independiente (USPD).
LA REVOLUCION MUNDIAL 67

activistas sindicales de base en esas fábricas, hombres preparados que disfru-


taban de una fuerte posición (shop stewards en Gran Bretaña; Betriebsobleu-
te en Alemania), se hicieron célebres por su radicalismo. Los artificieros y
mecánicos de los nuevos navios dotados de alta tecnología, verdaderas fábri-
cas flotantes, adoptaron la misma actitud. Tanto en Rusia como en Alemania,
las principales bases navales (Kronstadt, Kiel) iban a convertirse en núcleos
revolucionarios importantes y, años más tarde, un motín de la marinería fran-
cesa en el mar Negro impediría la intervención militar de Francia contra los
bolcheviques en la guerra civil rusa de 1918-1920. Así, la oposición contra la
guerra adquirió una expresión concreta y encontró protagonistas dispuestos a
manifestarla. No puede extrañar que los censores de Austria-Hungría, que
supervisaban la correspondencia de sus tropas, comenzaran a advertir un cam-
bio en el tono de las cartas. Expresiones como «si Dios quisiera que retornara
la paz» dejaron paso a frases del tipo «Ya estamos cansados» o incluso
«Dicen que los socialistas van a traer la paz».
No es extraño, pues (también según los censores del imperio de los Habs-
burgo), que la revolución rusa fuera el primer acontecimiento político desde
el estallido de la guerra del que se hacían eco incluso las cartas de las espo-
sas de los campesinos y trabajadores. No ha de sorprender tampoco que,
especialmente después de que la revolución de octubre instalara a los bol-
cheviques de Lenin en el poder, se mezclaran los deseos de paz y revolución
social: de las cartas censuradas entre noviembre de 1917 y marzo de 1918,
un tercio expresaba la esperanza de que Rusia trajera la paz, un tercio espe-
raba que lo hiciera la revolución y el 20 por 100 confiaba en una combina-
ción de ambas cosas. Nadie parecía dudar de que la revolución rusa tendría
importantes repercusiones internacionales. Ya la primera revolución de 1905-
1906 había hecho que se tambalearan los cimientos de los viejos imperios
sobrevivientes, desde Austria-Hungría a China, pasando por Turquía y Persia
(véase La era del imperio, capítulo 12). En 1917, Europa era un gran polvo-
rín de explosivos sociales cuya detonación podía producirse en cualquier
momento.

II

Rusia, madura para la revolución social, cansada de la guerra y al borde


de la derrota, fue el primero de los regímenes de Europa central y oriental
que se hundió bajo el peso de la primera guerra mundial. La explosión se
esperaba, aunque nadie pudiera predecir en qué momento se produciría. Pocas
semanas antes de la revolución de febrero, Lenin se preguntaba todavía des-
de su exilio en Suiza si viviría para verla. De hecho, el régimen zarista
sucumbió cuando a una manifestación de mujeres trabajadoras (el 8 de mar-
zo, «día de la mujer», que celebraba habitualmente el movimiento socialista)
se sumó el cierre industrial en la fábrica metalúrgica Putilov, cuyos trabaja-
dores destacaban por su militancia, para desencadenar una huelga general y
68 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

la invasión del centro de la capital, cruzando el río helado, con el objetivo


fundamental de pedir pan. La fragilidad del régimen quedó de manifiesto
cuando las tropas del zar, incluso los siempre leales cosacos, dudaron prime-
ro y luego se negaron a atacar a la multitud y comenzaron a fraternizar con
ella. Cuando se amotinaron, después de cuatro días caóticos, el zar abdicó,
siendo sustituido por un «gobierno provisional» que gozó de la simpatía e
incluso de la ayuda de los aliados occidentales de Rusia, temerosos de que su
situación desesperada pudiera inducir al régimen zarista a retirarse de la gue-
rra y a firmar una paz por separado con Alemania. Cuatro días de anarquía y
de manifestaciones espontáneas en las calles bastaron para acabar con un
imperio.3 Pero eso no fue todo: Rusia estaba hasta tal punto preparada para la
revolución social que las masas de Petrogrado consideraron inmediatamente
la caída del zar como la proclamación de la libertad universal, la igualdad y la
democracia directa. El éxito extraordinario de Lenin consistió en pasar de ese
incontrolable y anárquico levantamiento popular al poder bolchevique.
Por consiguiente, lo que sobrevino no fue una Rusia liberal y constitu-
cional occidentalizada y decidida a combatir a los alemanes, sino un vacío
revolucionario: un impotente «gobierno provisional» por un lado y, por el
otro, una multitud de «consejos» populares (soviets) que surgían espontánea-
mente en todas partes como las setas después de la lluvia.4 Los soviets tenían
el poder (o al menos el poder de veto) en la vida local, pero no sabían qué
hacer con él ni qué era lo que se podía o se debía hacer. Los diferentes
partidos y organizaciones revolucionarios —bolcheviques y mencheviques
socialdemócratas, socialrevolucionario y muchos otros grupos menores de la
izquierda, que emergieron de la clandestinidad— intentaron integrarse en
esas asambleas para coordinarlas y conseguir que se adhirieran a su política,
aunque en un principio sólo Lenin las consideraba como una alternativa al
gobierno («todo el poder para los soviets»). Sin embargo, lo cierto es que
cuando se produjo la caída del zar no eran muchos los rusos que supieran qué
representaban las etiquetas de los partidos revolucionarios o que, si lo sabían,
pudieran distinguir sus diversos programas. Lo que sabían era que ya no
aceptaban la autoridad, ni siquiera la autoridad de los revolucionarios que
afirmaban saber más que ellos.
La exigencia básica de la población más pobre de los núcleos urbanos
era conseguir pan, y la de los obreros, obtener mayores salarios y un horario
de trabajo más reducido. Y en cuanto al 80 por 100 de la población rusa que

3. El costo humano fue mayor que el de la revolución de octubre pero relativamente


modesto: 53 oficiales, 602 soldados, 73 policías y 587 ciudadanos heridos o muertos (W. H.
Chamberlin, 1965, vol. I, p. 85).
4. Dichos «consejos», que se basaban en la experiencia de las comunidades aldeanas rusas
dotadas de autogobierno, surgieron como entidades políticas entre los trabajadores de las fábri
cas durante la revolución de 1905. Dado que los trabajadores organizados estaban familiarizados
con las asambleas de delegados elegidos directamente, que apelaban a su sentimiento intrínseco
de democracia, el término «soviet», traducido en ocasiones, aunque no siempre, a las lenguas
locales (consejos; rate), tenía una gran fuerza internacional.
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 69

vivía de la agricultura, lo que quería era, como siempre, la tierra. Todos


compartían el deseo de que concluyera la guerra, aunque en un principio los
campesinos-soldados que formaban el grueso del ejército no se oponían a la
guerra como tal, sino a la dureza de la disciplina y a los malos tratos a que
les sometían los otros rangos del ejército. El lema «pan, paz y tierra» susci-
tó cada vez más apoyo para quienes lo propugnaban, especialmente para los
bolcheviques de Lenin, cuyo número pasó de unos pocos miles en marzo de
1917 a casi 250.000 al inicio del verano de ese mismo año. Contra lo que
sustentaba la mitología de la guerra fría, que veía a Lenin esencialmente
como a un organizador de golpes de estado, el único activo real que tenían
él y los bolcheviques era el conocimiento de lo que querían las masas, lo que
les indicaba cómo tenían que proceder. Por ejemplo, cuando comprendió
que, aun en contra del programa socialista, los campesinos deseaban que la
tierra se dividiera en explotaciones familiares, Lenin no dudó por un mo-
mento en comprometer a los bolcheviques en esa forma de individualismo
económico.
En cambio, el gobierno provisional y sus seguidores fracasaron al no
reconocer su incapacidad para conseguir que Rusia obedeciera sus leyes y
decretos. Cuando los empresarios y hombres de negocios intentaron restable-
cer la disciplina laboral, lo único que consiguieron fue radicalizar las postu-
ras de los obreros. Cuando el gobierno provisional insistió en iniciar una
nueva ofensiva militar en junio de 1917, el ejército se negó y los soldados-
campesinos regresaron a sus aldeas para participar en el reparto de la tierra.
La revolución se difundió a lo largo de las vías del ferrocarril que los lleva-
ba de regreso. Aunque la situación no estaba madura para la caída inmediata
del gobierno provisional, a partir del verano se intensificó la radicalización
en el ejército y en las principales ciudades, y eso favoreció a los bolchevi-
ques. El campesinado apoyaba abrumadoramente a los herederos de los na-
rodniks (véase La era del capitalismo, capítulo 9), los socialrevolucionarios,
aunque en el seno de ese partido se formó un ala izquierda más radical que
se aproximó a los bolcheviques, con los que gobernó durante un breve perío-
do tras la revolución de octubre.
El afianzamiento de los bolcheviques —que en ese momento constituía
esencialmente un partido obrero— en las principales ciudades rusas, especial-
mente en la capital, Petrogrado, y en Moscú, y su rápida implantación en el
ejército, entrañó el debilitamiento del gobierno provisional, sobre todo cuando
en el mes de agosto tuvo que recabar el apoyo de las fuerzas revolucionarias
de la capital para sofocar un intento de golpe de estado contrarrevolucionario
encabezado por un general monárquico. El sector más radicalizado de sus
seguidores impulsó entonces a los bolcheviques a la toma del poder. En
realidad, llegado el momento, no fue necesario tomar el poder, sino sim-
plemente ocuparlo. Se ha dicho que el número de heridos fue mayor durante
el rodaje de la gran película de Eisenstein Octubre (1927) que en el momento
de la ocupación real del Palacio de Invierno el 7 de noviembre de 1917. El
70 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

gobierno provisional, al que ya nadie defendía, se disolvió como una burbuja


en el aire.
Desde que se tuvo la seguridad de que se produciría la caída del gobierno
provisional hasta la actualidad, la revolución de octubre ha estado envuelta en
polémicas, las más de las veces mitificadoras. Lo importante no es si, corno
afirman los historiadores anticomunistas, lo que ocurrió fue un golpe de esta-
do perpetrado por Lenin, un personaje eminentemente antidemocrático, sino
quién o qué debía o podía seguir a la caída del gobierno provisional. Desde
principios de septiembre, Lenin no sólo se esforzó en convencer a los ele-
mentos más dubitativos de su partido de que el poder podía escaparse si no lo
tomaban mediante una acción planificada durante el breve espacio de tiempo
en que estaría a su alcance, sino también, y con el mismo interés, de respon-
der a la pregunta: «¿pueden los bolcheviques conservar el poder del estado?»,
en caso de que lo ocuparan. En definitiva, ¿qué podía hacer cualquiera que
quisiera gobernar la erupción volcánica de la Rusia revolucionaria? Ningún
partido, aparte de los bolcheviques de Lenin, estaba preparado para afrontar
esa responsabilidad por sí solo y el panfleto de Lenin sugiere que no todos los
bolcheviques estaban tan decididos como él. Dada la favorable situación polí-
tica existente en Petrogrado, en Moscú y en el ejército del norte, no era fácil
decidir si se debía tomar el poder en ese momento o esperar a nuevos aconte-
cimientos. La contrarrevolución militar no había hecho sino comenzar. El
gobierno, desesperado, en lugar de dejar paso a los soviets podía entregar
Petrogrado al ejército alemán, que se hallaba ya en la frontera septentrional de
la actual Estonia, es decir, a pocos kilómetros de la capital. Además, Lenin
raramente volvía la espalda a las situaciones más difíciles. Si los bolcheviques
no aprovechaban el momento, «podía desencadenarse una verdadera anarquía,
más fuerte de lo que somos nosotros». En último extremo, la argumentación de
Lenin tenía que convencer a su partido. Si un partido revolucionario no toma-
ba el poder cuando el momento y las masas lo exigían, ¿en qué se diferen-
ciaba de un partido no revolucionario?
Lo más problemático era la perspectiva a largo plazo, incluso en el
supuesto de que una vez tomado el poder en Petrogrado y Moscú fuera posi-
ble extenderlo al resto de Rusia y conservarlo frente a la anarquía y la con-
trarrevolución. El programa de Lenin, de comprometer al nuevo gobierno
soviético (es decir, básicamente el partido bolchevique) en la «transformación
socialista de la república rusa» suponía apostar por la mutación de la revolu-
ción rusa en una revolución mundial, o al menos europea. ¿Quién —pregun-
taba Lenin frecuentemente— podía imaginar que la victoria del socialismo
«pudiera producirse ... excepto mediante la destrucción total de la burguesía
rusa y europea»? Entretanto, la tarea principal, la única en realidad, de los
bolcheviques era la de mantenerse. El nuevo régimen apenas hizo otra cosa
por el socialismo que declarar que el socialismo era su objetivo, ocupar los
bancos y declarar el «control obrero» sobre la gestión de las empresas, es
decir, oficializar lo que habían ido haciendo desde que estallara la revolu-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 71

ción, mientras urgía a los obreros que mantuvieran la producción. No tenía


otra cosa que decirles.5
El nuevo régimen se mantuvo. Sobrevivió a una dura paz impuesta por
Alemania en Brest-Litovsk, unos meses antes de que los propios alemanes
fueran derrotados, y que supuso la pérdida de Polonia, las provincias del Bál-
tico, Ucrania y extensos territorios del sur y el oeste de Rusia, así como, de
peto, de Transcaucasia (Ucrania y Transcaucasia serían recuperadas). Por su
parte, los aliados no vieron razón alguna para comportarse con más genero-
sidad con el centro de la subversión mundial. Diversos ejércitos y regímenes
contrarrevolucionarios («blancos») se levantaron contra los soviets, financia-
dos por los aliados, que enviaron a suelo ruso tropas británicas, francesas,
norteamericanas, japonesas, polacas, serbias, griegas y rumanas. En los peo-
res momentos de la brutal y caótica guerra civil de 1918-1920, la Rusia
soviética quedó reducida a un núcleo cercado de territorios en el norte y el
centro, entre la región de los Urales y los actuales estados del Báltico, ade-
más del pequeño apéndice de Leningrado, que apunta al golfo de Finlandia.
Los únicos factores de peso que favorecían al nuevo régimen, mientras crea-
ba de la nada un ejército a la postre vencedor, eran la incompetencia y divi-
sión que reinaban entre las fuerzas «blancas», su incapacidad para ganar el
apoyo del campesinado ruso y la bien fundada sospecha de las potencias
occidentales de que era imposible organizar adecuadamente a esos soldados
y marineros levantiscos para luchar contra los bolcheviques. La victoria de
éstos se había consumado a finales de 1920.
Ar.í pues, y contra lo esperado, la Rusia soviética sobrevivió. Los bol-
cheviques extendieron su poder y lo conservaron, no sólo durante más tiem-
po del que había durado la Comuna de París de 1871 (como observó con
orgullo y alivio Lenin una vez transcurridos dos meses y quince días), sino a
lo largo de varios años de continuas crisis y catástrofes: la conquista de los
alemanes y la dura paz que les impusieron, las secesiones regionales, la con-
trarrevolución, la guerra civil, la intervención armada extranjera, el hambre y
el hundimiento económico. La única estrategia posible consistía en escoger,
día a día, entre las decisiones que podían asegurar la supervivencia y las que
podían llevar al desastre inmediato. ¿Quién iba a preocuparse de las conse-
cuencias que pudieran tener para la revolución, a largo plazo, las decisiones
que había que tomar en ese momento, cuando el hecho de no adoptarlas
supondría liquidar la revolución y haría innecesario tener que analizar, en el
futuro, cualquier posible consecuencia? Uno tras otro se dieron los pasos
necesarios y cuando la nueva república soviética emergió de su agonía, se
descubrió que conducían en una dirección muy distinta de la que había pre-
visto Lenin en la estación de Finlandia.

5. «Les dije: haced lo que queráis, tomad cuanto queráis, os apoyaremos, pero cuidad la
producción, tened en cuenta que la producción es útil. Haced un trabajo útil; cometeréis errores.
Pero aprenderéis» (Lenin, Informe sobre las actividades del consejo de los comisarios del pue-
blo, 11/24 de enero de 1918. Lenin, 1970. p. 551).
72 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

Sea como fuere, la revolución sobrevivió por tres razones principales. En


primer lugar, porque contaba con un instrumento extraordinariamente pode-
roso, un Partido Comunista con 600.000 miembros, fuertemente centralizado
y disciplinado. Ese modelo organizativo, propagado y defendido incansable-
mente por Lenin desde 1902, tomó forma después del movimiento insurrec-
cional. Prácticamente todos los regímenes revolucionarios del siglo xx adop-
tarían una variante de ese modelo. En segundo lugar, era, sin duda, el único
gobierno que podía y quería mantener a Rusia unida como un estado, y para
ello contaba con un considerable apoyo de otros grupos de patriotas rusos
(políticamente hostiles en otros sentidos), como la oficialidad, sin la cual
habría sido imposible organizar el nuevo ejército rojo. Para esos grupos,
como para el historiador que considera los hechos de manera retrospectiva,
en 1917-1918 no había que elegir entre una Rusia liberal-democrática o una
Rusia no liberal, sino entre Rusia y la desintegración, destino al que estaban
abocados los otros imperios arcaicos y derrotados, esto es, Austria-Hungría y
Turquía. Frente a lo ocurrido en ellos, la revolución bolchevique preservó en
su mayor parte la unidad territorial multinacional del viejo estado zarista, al
menos durante otros setenta y cuatro años. La tercera razón era que la revo-
lución había permitido que el campesinado ocupara la tierra. En el momento
decisivo, la gran masa de campesinos rusos —el núcleo del estado y de su
nuevo ejército— consideró que sus oportunidades de conservar la tierra eran
mayores si se mantenían los rojos que si el poder volvía a manos de la noble-
za. Eso dio a los bolcheviques una ventaja decisiva en la guerra civil de 1918-
1920. Los hechos demostrarían que los campesinos rusos eran demasiado
optimistas.

III

La revolución mundial que justificaba la decisión de Lenin de implantar


en Rusia el socialismo no se produjo y ese hecho condenó a la Rusia soviéti-
ca a sufrir, durante una generación, los efectos de un aislamiento que acentuó
su pobreza y su atraso. Las opciones de su futuro desarrollo quedaban así de-
terminadas, o al menos fuertemente condicionadas (véanse los capítulos XIII
y XVI). Sin embargo, una oleada revolucionaria barrió el planeta en los dos
años siguientes a la revolución de octubre y las esperanzas de los bolchevi-
ques, prestos para la batalla, no parecían irreales. «Vólker hort die Sígnale»
(«Pueblos, escuchad las señales») era el primer verso de la Internacional en
alemán. Las señales llegaron, altas y claras, desde Petrogrado y, cuando la
capital fue transferida a un lugar más seguro en 1918, desde Moscú; 6 y se

6. La capital de la Rusia zarista era San Petersburgo. En la primera guerra mundial se


consideraba que ese nombre sonaba demasiado a alemán, y fue sustituido por el de Petrogrado.
A la muerte de Lenin. pasó a llamarse Leningrado (1924) y tras el derrumbamiento de la URSS
recuperó su nombre original. La Unión Soviética (seguida por sus satélites más serviles) mos-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 73

escucharon en todos los lugares donde existían movimientos obreros y socia-


listas, con independencia de su ideología, e incluso más allá. Hasta los traba-
jadores de las plantaciones de tabaco de Cuba, muy pocos de los cuales
sabían dónde estaba Rusia, formaron «soviets». En España, al período 1917-
1919 se le dio el nombre de «bienio bolchevique», aunque la izquierda espa-
ñola era profundamente anarquista, que es como decir que se hallaba en las
antípodas políticas de Lenin. Sendos movimientos estudiantiles revoluciona-
rios estallaron en Pekín (Beijing) en 1919 y en Córdoba (Argentina) en 1918,
y desde este último lugar se difundieron por América Latina generando líde-
res y partidos marxistas revolucionarios locales. El militante nacionalista
indio M. N. Roy se sintió inmediatamente hechizado por el marxismo en
México, donde la revolución local, que inició su fase más radical en 1917,
reconocía su afinidad con la Rusia revolucionaria: Marx y Lenin se convir-
tieron en sus ídolos, junto con Moctezuma, Emiliano Zapata y los trabajado-
res indígenas, y su presencia se aprecia todavía en los grandes murales de sus
artistas oficiales. A los pocos meses, Roy se hallaba en Moscú, donde desem-
peñó un importante papel en la formulación de la política de liberación colo-
nial de la nueva Internacional Comunista. La revolución de octubre (en parte
a través de socialistas holandeses como Henk Sneevliet) dejó su impronta en
la principal organización de masas del movimiento de liberación nacional
indonesio, Sarekat Islam. «Esta acción del pueblo ruso —escribió un perió-
dico de provincias turco— será algún día un sol que iluminará a la humani-
dad.» En las remotas tierras interiores de Australia, los rudos pastores
(muchos de ellos católicos irlandeses), que no se interesaban por la teoría
política, saludaron alborozados a los soviets como el estado de los trabajado-
res. En los Estados Unidos, los finlandeses, que durante mucho tiempo fue-
ron la comunidad de inmigrantes más intensamente socialista, se convirtieron
en masa al comunismo, multiplicándose en los inhóspitos asentamientos
mineros de Minnesota las reuniones «donde la simple mención del nombre
de Lenin hacía palpitar el corazón ... En medio de un silencio místico, casi
en un éxtasis religioso, admirábamos todo lo que procedía de Rusia». En
suma, la revolución de octubre fue reconocida universalmente como un acon-
tecimiento que conmovió al mundo.
Incluso muchos de los que conocieron más de cerca la revolución, y que
la vieron, por tanto, sin sentirse llevados a estas formas de éxtasis religioso,
se convirtieron también, desde prisioneros de guerra que regresaron a sus
países como bolcheviques convencidos y futuros líderes comunistas, como el
mecánico croata Josip Broz (Tito), hasta periodistas que visitaban el país,
como Arthur Ransome, del Manchester Guardian, que no era una figura
política destacada, sino que se había dado a conocer como autor de delicio-

traba una inclinación desusada a la toponimia política, complicada frecuentemente por los ava-
lares de la política partidista. Así, Tsaritsyn, en el Volga, pasó a llamarse Stalingrado, escena-
rio de una batalla épica en la segunda guerra mundial, pero a la muerte de Stalin se convirtió
en Volgogrado. En el momento de escribir estas líneas conserva todavía ese nombre.
74 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

sos relatos infantiles sobre la navegación a vela. Un personaje si cabe menos


bolchevique, el escritor checo Jaroslav Hasek —futuro autor de una obra
maestra. Las aventuras del buen soldado Schwejk— se encontró por primera
vez en su vida siendo militante de una causa y, lo que es aún más sorpren-
dente, sobrio. Participó en la guerra civil como comisario del ejército rojo y
regresó a continuación a Praga, para desempeñar de nuevo el papel de anarco-
bohemio y borracho con el que estaba más familiarizado, afirmando que la
Rusia soviética posrevolucionaria no le agradaba tanto como la revolución.
Pero los acontecimientos de Rusia no sólo crearon revolucionarios sino
(y eso es más importante) revoluciones. En enero de 1918, pocas semanas
después de la conquista del Palacio de Invierno, y mientras los bolcheviques
intentaban desesperadamente negociar la paz con el ejército alemán que
avanzaba hacia sus fronteras, Europa central fue barrida por una oleada de
huelgas políticas y manifestaciones antibelicistas que se iniciaron en Viena
para propagarse a través de Budapest y de los territorios checos hasta Ale-
mania, culminando en la revuelta de la marinería austrohúngara en el Adriá-
tico. Cuando se vio con claridad que las potencias centrales serían derrota-
das, sus ejércitos se desintegraron. En septiembre, los soldados campesinos
búlgaros regresaron a su país, proclamaron la república y marcharon sobre
Sofía, aunque pudieron ser desarmados con la ayuda alemana. En octubre, se
desmembró la monarquía de los Habsburgo, después de las últimas derrotas
sufridas en el frente de Italia. Se establecieron entonces varios estados nacio-
nales nuevos con la esperanza de que los aliados victoriosos los preferirían a
los peligros de la revolución bolchevique. La primera reacción occidental
ante el llamamiento de los bolcheviques a los pueblos para que hicieran la
paz —así como su publicación de los tratados secretos en los que los aliados
habían decidido el destino de Europa— fue la elaboración de los catorce
puntos del presidente Wilson, en los que se jugaba la carta del nacionalismo
contra el llamamiento internacionalista de Lenin. Se iba a crear una zona de
pequeños estados nacionales para que sirvieran a modo de cordón sanitario
contra el virus rojo. A principios de noviembre, los marineros y soldados
amotinados difundieron por todo el país la revolución alemana desde la base
naval de Kiel. Se proclamó la república y el emperador, que huyó a Holanda,
fue sustituido al frente del estado por un ex guarnicionero socialdemócrata.
La revolución que había derribado todos los regímenes desde Vladivos-
tok hasta el Rin era una revuelta contra la guerra, y la firma de la paz diluyó
una gran parte de su carga explosiva. Por otra parte, su contenido social era
vago, excepto en los casos de los soldados campesinos de los imperios de los
Habsburgo, de los Romanov y turco, y en los pequeños estados del sureste de
Europa. Allí se basaba en cuatro elementos principales: la tierra, y el recha-
zo de las ciudades, de los extranjeros (especialmente de los judíos) y de los
gobiernos. Esto convirtió a los campesinos en revolucionarios, aunque no en
bolcheviques, en grandes zonas de Europa central y oriental, pero no en Ale-
mania (excepto en cierta medida en Baviera), ni en Austria ni en algunas
zonas de Polonia. Para calmar su descontento fue necesario introducir algu-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 75

nas medidas de reforma agraria incluso en algunos países conservadores y


contrarrevolucionarios como Rumania y Finlandia. Por otra parte, en los paí-
ses en los que constituía la mayoría de la población, el campesinado repre-
sentaba la garantía de que los socialistas, y en especial los bolcheviques, no
ganarían las elecciones generales democráticas. Aunque esto no convertía
necesariamente a los campesinos en bastiones del conservadurismo político,
constituía una dificultad decisiva para los socialistas democráticos o, como
en la Rusia soviética, los forzó a la abolición de la democracia electoral. Por
esa razón, los bolcheviques, que habían pedido una asamblea constituyente
(una tradición revolucionaria habitual desde 1789), la disolvieron pocas
semanas después de los sucesos de octubre. La creación de una serie de pe-
queños estados nacionales según los principios enunciados por el presidente
Wilson, aunque no sirvió ni mucho menos para poner fin a los conflictos
nacionales en el escenario de las revoluciones, frenó también el avance de la
revolución bolchevique. Naturalmente, esa era la intención de los aliados
negociadores de la paz.
Por otra parte, el impacto de la revolución rusa en las insurrecciones
europeas de 1918-1919 era tan evidente que alentaba en Moscú la esperanza
de extender la revolución del proletariado mundial. El historiador puede
apreciar claramente (también lo veían así algunos revolucionarios naciona-
les) que la Alemania imperial era un estado con una considerable estabilidad
social y política, donde existía un movimiento obrero fuerte, pero sustancial-
mente moderado, y donde sólo la guerra hizo posible que estallara una revo-
lución armada. A diferencia de la Rusia zarista, del desvencijado imperio
austrohúngaro, de Turquía, el proverbial «enfermo de Europa», o de los semi-
civilizados habitantes de las montañas de la zona suroriental del continente,
capaces de cualquier cosa, Alemania no era un país donde cabía esperar que
se produjeran insurrecciones. Mientras que en Rusia y en Austria-Hungría,
vencidas en la guerra, reinaba una situación realmente revolucionaria, la gran
masa de los soldados, marineros y trabajadores revolucionarios de Alemania
eran tan moderados y observantes de la ley como los retrataban los chistes,
posiblemente apócrifos, que contaban los revolucionarios rusos («donde
haya un cartel que prohibe pisar el césped, los alemanes sublevados tendrán
buen cuidado de andar por el camino»).
Y sin embargo, este era el país donde los marineros revolucionarios
pasearon el estandarte de los soviets de un extremo al otro, donde la ejecuti-
va de un soviet de obreros y soldados de Berlín nombró un gobierno socialista
de Alemania, donde pareció que coincidirían las revoluciones de febrero y
octubre, cuando la abdicación del emperador dejó en manos de los socialis-
tas radicales el control de la capital. Pero fue tan sólo una ilusión, que hizo
posible la parálisis total, aunque momentánea, del ejército, el estado y la
estructura de poder bajo el doble impacto de la derrota total y de la revolu-
ción. Al cabo de unos días, el viejo régimen estaba de nuevo en el poder, en
forma de república, y no volvería a ser amenazado seriamente por los socia-
listas, que ni siquiera consiguieron la mayoría en las primeras elecciones, aun-
76 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

que se celebraron pocas semanas después de la revolución.7 Menor aún fue la


amenaza del Partido Comunista recién creado, cuyos líderes, Karl Liebknecht
y Rosa Luxemburg, fueron asesinados por pistoleros a sueldo del ejército.
Sin embargo, la revolución alemana de 1918 confirmó las esperanzas de
los bolcheviques rusos, tanto más cuanto que en 1918 se proclamó en Bavie-
ra una efímera república socialista, y en la primavera de 1919, tras el asesi-
nato de su líder, se estableció una república soviética, de breve duración, en
Munich, capital alemana del arte, de la contracultura intelectual y de la
cerveza (mucho menos subversiva desde el punto de vista político). Estos
acontecimientos coincidieron con un intento más serio de exportar el bolche-
vismo hacia Occidente, que culminó en la creación de la república soviética
húngara de marzo-julio de 1919.8 Naturalmente, ambos movimientos fueron
sofocados con la brutalidad esperada. Además, el desencanto con la conducta
de los socialdemócratas radicalizó a los trabajadores alemanes, muchos de los
cuales pasaron a apoyar a los socialistas independientes y, a partir de 1920, al
Partido Comunista, que se convirtió así en el principal partido comunista
fuera de la Rusia soviética. ¿No podía esperarse, después de todo, que esta-
llara una revolución de octubre en Alemania? Aunque el año 1919, el de
mayor inquietud social en Occidente, contempló el fracaso de los únicos
intentos de propagar la revolución bolchevique, y a pesar de que en 1920 se
inició un rápido reflujo de la marea revolucionaria, los líderes bolcheviques
de Moscú no abandonaron, hasta bien entrado 1923, la esperanza de ver una
revolución en Alemania.
Fue, por el contrario, en 1920 cuando los bolcheviques cometieron lo que
hoy se nos aparece como un error fundamental, al dividir permanentemente
el movimiento obrero internacional. Lo hicieron al estructurar su nuevo
movimiento comunista internacional según el modelo del partido de van-
guardia de Lenin, constituido por una elite de «revolucionarios profesiona-
les» con plena dedicación. Como hemos visto, la revolución de octubre había
despertado grandes simpatías en los movimientos socialistas internacionales,
todos los cuales salieron de la guerra mundial radicalizados y muy fortaleci-
dos. Con pocas excepciones, en los partidos socialistas y obreros existían
fuertes movimientos de opinión favorables a la integración en la nueva Ter-
cera Internacional (comunista), que crearon los bolcheviques en sustitución
de la Segunda Internacional (1889-1914), desacreditada y desorganizada por
la guerra mundial a la que no había sabido oponerse.9 En efecto, los partidos

7. Los socialdemócratas moderados obtuvieron algo menos del 38 por 100 de los votos
—el porcentaje más alto que nunca alcanzaron— y los socialdemócratas independientes, revo
lucionarios, aproximadamente el 7,5 por 100.
8. Su derrota desencadenó una diaspora de refugiados políticos e intelectuales por todo el
mundo. Algunos de ellos harían una sorprendente carrera, como el magnate cinematográfico sir
Alexander Korda y el actor Bela Lugosi, célebre sobre todo por ser el primer protagonista del
Drácula cinematográfico.
9. La llamada Primera Internacional era la Asociación Internacional de los Trabajadores
constituida por Marx, que estuvo vigente entre 1864 y 1872.
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 77

socialistas de Francia, Italia, Austria y Noruega, así como los socialistas


independientes de Alemania, votaron en ese sentido, dejando en minoría a
]os adversarios del bolchevismo. Sin embargo, lo que buscaban Lenin y los
bolcheviques no era un movimiento internacional de socialistas simpatizan-
tes con la revolución de octubre, sino un cuerpo de activistas totalmente
comprometido y disciplinado: una especie de fuerza de asalto para la con-
quista revolucionaria. A los partidos que se negaron a adoptar la estructura
leninista se les impidió incorporarse a la nueva Internacional, o fueron expul-
sados de ella, porque resultaría debilitada si aceptaba esas quintas columnas
de oportunismo y reformismo, por no hablar de lo que Marx había llamado
en una ocasión «cretinismo parlamentario». Dado que la batalla era inminen-
te sólo podían tener cabida los soldados.
Para que esa argumentación tuviera sentido debía cumplirse una condi-
ción: que la revolución mundial estuviera aún en marcha y que hubiera nue-
vas batallas en la perspectiva inmediata. Sin embargo, aunque la situación
europea no estaba ni mucho menos estabilizada, en 1920 resultaba evidente
que la revolución bolchevique no era inminente en Occidente, aunque tam-
bién lo era que los bolcheviques habían conseguido asentarse en Rusia. Sin
duda, en el momento en que se reunió la Internacional parecía posible que el
ejército rojo, victorioso en la guerra civil y avanzando hacia Varsovia, pro-
pagara la revolución hacia Occidente por medio de la fuerza armada, como
secuela de una breve guerra ruso-polaca provocada por las ambiciones terri-
toriales de Polonia, que había recuperado su condición de estado después de
siglo y medio de inexistencia y reclamaba ahora sus fronteras del siglo xvm,
que se adentraban profundamente en Bielorrusia, Lituania y Ucrania. El
avance soviético, que ha dejado un maravilloso monumento literario en la
obra de Isaak Babel Caballería roja, fue acogido con alborozo por un gru-
po muy variado de contemporáneos, desde el novelista austríaco Joseph
Roth, que luego escribiría una elegía de los Habsburgo, hasta Mustafa Kemal,
futuro líder de Turquía. Sin embargo, los obreros polacos no se rebelaron y
el ejército rojo fue rechazado a las puertas de Varsovia. A partir de entonces,
y a pesar de las apariencias, no habría novedad en el frente occidental. Las
perspectivas revolucionarias se desplazaron hacia el este, hacia Asia, que
siempre había estado en el punto de mira de Lenin. Así, entre 1920 y 1927
las esperanzas de la revolución mundial parecieron sustentarse en la revolu-
ción china, que progresaba bajo el Kuomintang, partido de liberación nacio-
nal cuyo líder, Sun Yat-sen (1866-1925), aceptó el modelo soviético, la ayu-
da militar soviética y el nuevo Partido Comunista chino como parte de su
movimiento. La alianza entre el Kuomintang y el Partido Comunista avanza-
ría hacia el norte desde sus bases de la China meridional, en el curso de la
gran ofensiva de 1925-1927, situando a la mayor parte de China bajo el con-
trol de un solo gobierno por primera vez desde la caída del imperio en 1911,
antes de que el principal general del Kuomintang, Chiang Kai-shek, se vol-
viera contra los comunistas y los aplastara. Ahora bien, antes incluso de que
quedara demostrado, con ello, que tampoco Oriente estaba preparado para un
78 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

nuevo octubre, la promesa de Asia no pudo ocultar el fracaso de la revolu-


ción en Occidente.
Ese hecho era innegable en 1921. La revolución se batía en retirada en la
Rusia soviética, aunque el poder político bolchevique era inamovible (véanse
pp. 378-379). Además, el tercer congreso de la Comintern reconoció —sin
confesarlo abiertamente— que la revolución no era factible en Occidente al
hacer un llamamiento en pro de un «frente unido» con los mismos socialistas
a los que el segundo congreso había expulsado del ejército del progreso revo-
lucionario. Los revolucionarios de las siguientes generaciones disputarían acerca
del significado de ese hecho. De todas formas, ya era demasiado tarde. El
movimiento se había dividido de manera permanente. La mayoría de los socia-
listas de izquierda se integraron en el movimiento socialdemócrata, constituido
en su inmensa mayoría por anticomunistas moderados. Por su parte, los nuevos
partidos comunistas pasarían a ser una apasionada minoría de la izquierda
europea (con algunas excepciones, como Alemania, Francia o Finlandia). Esta
situación no se modificaría hasta la década de 1930 (véase el capítulo V).

IV

Sin embargo, esos años de insurrecciones no dejaron sólo tras de sí un


ingente y atrasado país gobernado ahora por los comunistas y consagrado a
la construcción de una sociedad que se erigiera en alternativa al capitalismo,
sino también un gobierno, un movimiento internacional disciplinado y, lo
que es tal vez igualmente importante, una generación de revolucionarios
entregados a la idea de una revolución mundial tras el estandarte enarbolado
en la revolución de octubre y bajo el liderazgo del movimiento que tenía su
sede en Moscú. (Durante años se esperó que se trasladara a Berlín y, en con-
secuencia, durante el período de entreguerras no fue el ruso, sino el alemán,
el idioma oficial de la Internacional.) Sus integrantes desconocían cómo se
difundiría la revolución mundial después de haberse estabilizado en Europa
y de haber sido derrotada en Asia, y los pocos intentos que hicieron los
comunistas de organizar una insurrección armada independiente (en Bulgaria
y Alemania en 1923, en Indonesia en 1926, en China en 1927 y en Brasil en
1935 —episodio este último tardío y anómalo—) fracasaron por completo.
La crisis mundial y la subida de Hitler al poder no tardarían en demostrar que
la situación del mundo justificaba cualquier expectativa apocalíptica (véanse
los capítulos III a V). Pero eso no explica que entre 1928 y 1934 la Comintern
asumiera súbitamente la retórica de los ultrarrevolucionarios y del izquier-
dismo sectario, pues, más allá de la retórica, el movimiento no esperaba ocu-
par el poder en ningún sitio ni estaba preparado para ello. Ese cambio, que
resultó políticamente desastroso, se explica ante todo por razones de política
interna del Partido Comunista soviético, cuando su control pasó a manos de
Stalin y, tal vez también, como un intento de compensar la creciente diver-
gencia de intereses entre la URSS, como un estado que necesitaba coexistir
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 79

con otros estados —comenzó a obtener reconocimiento internacional como


régimen político a partir de 1920—, y el movimiento comunista, cuya finali-
dad era la subversión y el derrocamiento de todos los demás gobiernos.
En último extremo, prevalecieron los intereses de estado de la Unión
Soviética sobre los afanes de revolución mundial de la Internacional Comu-
nista, a la que Stalin redujo a la condición de un instrumento al servicio de la
política del estado soviético bajo el estricto control del Partido Comunista
soviético, purgando, disolviendo y transformando sus componentes según su
voluntad. La revolución mundial pertenecía a la retórica del pasado. En reali-
dad, cualquier revolución era tolerable con tal de que no fuera en contra de los
intereses del estado soviético y de que éste pudiera controlarla. Los gobiernos
occidentales que interpretaron el avance de los regímenes comunistas poste-
rior a 1944 como una extensión del poder soviético no se equivocaban sobre
las intenciones de Stalin, como no se equivocaban los revolucionarios que cri-
ticaron amargamente a Moscú por no desear que los comunistas ocuparan el
poder y por desalentar todas las operaciones encaminadas a ese fin, incluso
cuando triunfaron, como en Yugoslavia y en China (véase el capítulo V).
De todas formas, la Rusia soviética fue considerada, incluso por muchos
de los miembros corruptos de su nomenklatura, como algo más que una gran
potencia. La emancipación universal y la construcción de una alternativa
mejor a la sociedad capitalista eran, después de todo, la principal razón de su
existencia. ¿Qué otra razón habría impulsado a los duros burócratas de Moscú
a continuar financiando y armando las guerrillas de su aliado comunista, el
Congreso Nacional Africano, cuyas posibilidades de abolir el régimen del
apartheid en Suráfrica parecían y eran mínimas durante varios decenios?
(Curiosamente, el régimen comunista chino, aunque tras la ruptura entre los
dos países criticaba a la URSS por haber traicionado a los movimientos
revolucionarios, no prestó un apoyo comparable a los movimientos de libe-
ración del tercer mundo.) En la URSS se sabía desde hacía mucho tiempo
que la transformación de la humanidad no sobrevendría gracias a una revo-
lución mundial inspirada por Moscú. Durante los largos años de ocaso de la
era Brezhnev se desvaneció incluso la sincera convicción de Nikita Kruschev
de que el socialismo «enterraría» al capitalismo en razón de su superioridad
económica. Tal vez la erosión final de la fe en la vocación universal del sis-
tema explica por qué éste se desintegró sin oponer resistencia (véase el ca-
pítulo XVI).
Pero esas dudas no asaltaban a la primera generación de aquellos a los
que la brillante luz de la revolución de octubre inspiró a dedicar sus vidas a
la revolución mundial. Como los primeros cristianos, la mayor parte de los
socialistas del período anterior a 1914 creían en el gran cambio apocalíptico
que suprimiría todos los males y haría surgir una sociedad en la que no ten-
drían cabida la infelicidad, la opresión, la desigualdad y la injusticia. Si el
marxismo ofrecía la garantía de la ciencia y de la inevitabilidad histórica, la
revolución de octubre constituía la prueba de que el gran cambio había
comenzado.
80 LA ERA DE I,AS CATÁSTROFES

El número total de soldados que formaban este ejército implacable y dis-


ciplinado que tenía como objetivo la emancipación humana no era más que
de unas decenas de millares, y los profesionales del movimiento comunista
internacional, «que cambiaban de país más frecuentemente que de zapatos»,
como escribió Bertolt Brecht en un poema en el que les rindió homenaje, eran
sólo algunos centenares. No hay que confundirlos con lo que los italianos
llamaban, en los días en que contaban con un fuerte Partido Comunista, «el
pueblo comunista», los millones de seguidores y miembros de base, para
quienes el sueño de una sociedad nueva y buena también era real, aunque en
la práctica el suyo no era sino el activismo cotidiano del viejo movimiento
socialista, y su compromiso era un compromiso de clase y comunitario más
que de dedicación personal. Pero aunque fueran un núcleo reducido, el si-
glo xx no puede entenderse sin ellos.
Sin el «nuevo partido» leninista, cuyos cuadros eran «revolucionarios
profesionales», seria inconcebible que poco más de treinta años después de
la revolución de octubre una tercera parte de la raza humana estuviera
viviendo bajo un régimen comunista. La fe y la lealtad al bastión de la revo-
lución mundial de Moscú daba a los comunistas la posibilidad de considerarse
(desde el punto de vista sociológico) como parte de una iglesia universal, no
de una secta. Los partidos comunistas orientados hacia Moscú perdieron a
sus líderes como consecuencia de las escisiones y de las purgas, pero sólo se
fragmentaron después de 1956, cuando el movimiento perdió su fuerza vital.
Esa situación contrasta con la de los grupos fragmentados de los marxistas
disidentes que siguieron a Trotsky y con la de los conventículos «marxistas-
leninistas» del maoísmo posterior a 1960, más dados aún a la escisión. Por
reducidos que fueran esos partidos —cuando Mussolini fue derrocado en Ita-
lia, en 1943, el Partido Comunista italiano contaba con unos 5.000 hombres y
mujeres, la mayor parte de los cuales habían estado hasta ese momento en la
cárcel o en el exilio— eran lo que los bolcheviques habían sido en febrero de
1917: el núcleo central de un ejército formado por millones de personas,
gobernantes en potencia de un pueblo y de un estado.
Para esa generación, especialmente para quienes, pese a su juventud,
habían vivido los años de la insurrección, la revolución era el gran aconteci-
miento de sus vidas y los días del capitalismo estaban inevitablemente con-
tados. La historia contemporánea era la antecámara de la victoria final para
quienes vivieran para verlo, entre los que habría sólo unos pocos soldados de
la revolución («los muertos con permiso para ausentarse», como afirmó el
comunista ruso Leviné antes de ser ejecutado por los que derrocaron el soviet
de Munich en 1919). Si la propia sociedad burguesa tenía tantas razones para
dudar acerca de su futuro, ¿por qué debían confiar ellos en su supervivencia?
Sus mismas vidas eran la demostración de su realidad.
Consideremos el caso de dos jóvenes alemanes unidos temporalmente
como amantes, que fueron movilizados de por vida por la revolución sovié-
tica bávara de 1919: Olga Benario, hija de un próspero abogado muniqués, y
Otto Braun, maestro de profesión. Olga organizaría la revolución en el he-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 81

misferio occidental, unida a Luis Carlos Prestes (con quien finalmente se


casó), líder de una larga marcha insurreccional a través de las zonas más
remotas del Brasil, que en 1935 pidió a Moscú que apoyara su levantamiento,
gl levantamiento fracasó y el gobierno brasileño entregó a Olga a la Alema-
nia hitleriana, donde murió en un campo de concentración. Por su parte, Otto
tuvo más éxito en su actividad revolucionaria en Oriente como experto mili-
tar de la Comintern en China y como único elemento no chino que participó
en la célebre «Larga Marcha» de los comunistas chinos, antes de regresar a
Moscú para ir, posteriormente, a la RDA. (Esa experiencia despertó en él
escepticismo con respecto a Mao.) ¿Cuándo, excepto en la primera mitad del
siglo xx, podían haber seguido ese curso dos vidas interrelacionadas?
Así pues, en la generación posterior a 1917, el bolchevismo absorbió a
todas las restantes tradiciones socialrevolucionarias o las marginó dentro de
los movimientos radicales. Hasta 1914 el anarquismo había sido una ideolo-
gía mucho más atractiva que el marxismo para los activistas revolucionarios
en una gran parte del mundo. Fuera de la Europa oriental, Marx era conside-
rado como el gurú de los partidos de masas cuyo avance inevitable, aunque
no arrollador, hacia la victoria había demostrado. Pero en los años treinta, el
anarquismo ya no era una fuerza política importante (salvo en España), ni
siquiera en América Latina, donde los colores negro y rojo habían inspirado
tradicionalmente a muchos más militantes que la bandera roja. (Incluso en
España, la guerra civil acabó con el anarquismo y revitalize a los comunis-
tas, que hasta ese momento detentaban una posición de escasa significación.)
En efecto, los grupos revolucionarios sociales que existían al margen del co-
munismo de Moscú tomaron a partir de entonces a Lenin y a la revolución
de octubre como punto de referencia. Casi siempre estaban dirigidos o ins-
pirados por algún disidente o expulsado de la Comintern que, una vez que
Stalin estableció y afianzó su dominio sobre el Partido Comunista soviético
y sobre la Internacional, se dedicó a una caza de herejes cada vez más
implacable. Pocos de esos centros bolcheviques disidentes tenían importan-
cia política. El más prestigioso y célebre de los herejes, el exiliado León
Trotsky —uno de los dos líderes de la revolución de octubre y el arquitecto
del ejército rojo—, fracasó por completo en todos sus proyectos. Su Cuarta
Internacional, que pretendía competir con la Tercera, sometida a la influen-
cia de Stalin, no alcanzó importancia. En 1940, cuando fue asesinado por
orden de Stalin en su exilio mexicano, había perdido toda su influencia
política.
En suma, ser un revolucionario social significaba cada vez más ser segui-
dor de Lenin y de la revolución de octubre y miembro o seguidor de alguno
de los partidos comunistas alineados con Moscú, tanto más cuanto que, tras
la victoria de Hitler en Alemania, esos partidos adoptaron políticas de unidad
antifascista, lo que les permitió superar el aislamiento sectario y conseguir
apoyo masivo entre los trabajadores e intelectuales (véase el capítulo V). Los
jóvenes que anhelaban derrocar al capitalismo abrazaron el comunismo orto-
doxo e identificaron su causa con el movimiento internacional que tenía su
82 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

centro en Moscú. El marxismo, restablecido por la revolución de octubre


como la ideología del cambio revolucionario, se entendía ahora como el mar-
xismo del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, que había pasado a ser el
centro mundial de difusión de los grandes textos clásicos. Nadie más prome-
tía interpretar y transformar el mundo, ni parecía mejor preparado para con-
seguirlo. Esa situación prevalecería hasta 1956, cuando la desintegración de
la ortodoxia estalinista en la URSS y del movimiento comunista internacio-
nal hicieron aparecer en primer plano a los pensadores, tradiciones y organi-
zaciones de la heterodoxia izquierdista, marginados hasta entonces. Pese a
todo, siguieron viviendo bajo la gigantesca sombra de la revolución de octu-
bre. Aunque cualquiera que tenga el más mínimo conocimiento de la historia
de las ideas puede reconocer el espíritu de Bakunin, o incluso de Nechaev,
más que el de Marx, en los estudiantes radicales de 1968 y de los años pos-
teriores, ello no quiere decir que se registrara un renacimiento importante de
la teoría y de los movimientos anarquistas. Por el contrario, 1968 despertó
una enorme atracción intelectual hacia la teoría marxista —generalmente en
versiones que habrían sorprendido a Marx— y hacia una gran variedad de sec-
tas y grupos «marxistas-leninistas», unidos por el rechazo de Moscú y de los
viejos partidos comunistas, por considerarlos insuficientemente revoluciona-
rios y poco leninistas.
Paradójicamente, esa conquista casi total de la tradición revolucionaria
social se produjo en un momento en que la Comintern había abandonado por
completo las estrategias revolucionarias originales de 1917-1923 o, más bien,
adoptaba estrategias totalmente distintas de las de 1917 para conseguir el ac-
ceso al poder (véase el capítulo V). A partir de 1935, en la literatura de la
izquierda crítica abundarían las acusaciones de que los movimientos de Moscú
descuidaban, rechazaban o incluso traicionaban las oportunidades de promo-
ver la revolución, porque Moscú ya no la deseaba. Estos argumentos apenas
tuvieron fuerza hasta que el movimiento soviético «monolítico» comenzó a
agrietarse. Mientras el movimiento comunista conservó su unidad, su cohe-
sión y su inmunidad a las escisiones, fue la única fuerza real para la mayor
parte de los que creían en la necesidad de una revolución mundial. ¿Quién
podía negar, además, que los países que rompieron con el capitalismo en la
segunda gran oleada de la revolución social universal, entre 1944 y 1949, lo
hicieron bajo los auspicios de los partidos comunistas ortodoxos de orienta-
ción soviética? Sólo a partir de 1956 tuvieron los revolucionarios la posibili-
dad de elegir entre varios movimientos eficaces desde el punto de vista polí-
tico o insurreccional. Pero todos ellos —diversas ramas del trotskismo, el
maoísmo y grupos inspirados por la revolución cubana de 1959 (véase el ca-
pítulo XV)— eran de inspiración más o menos leninista. Los viejos partidos
comunistas continuaban siendo, con mucho, los grupos más numerosos de la
extrema izquierda, pero para entonces el viejo movimiento comunista había
perdido su fuerza interior.
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 83

La fuerza de los movimientos que aspiraban a realizar la revolución mun-


dial residía en la forma comunista de organización, el «nuevo partido» de
Lenin, una extraordinaria innovación de la ingeniería social del siglo xx
comparable a la invención de las órdenes monásticas cristianas en la Edad
Media, que hacía posible que incluso las organizaciones pequeñas hicieran
gala de una extraordinaria eficacia, porque el partido obtenía de sus miem-
bros grandes dosis de entrega y sacrificio, además de una disciplina militar y
una concentración total en la tarea de llevar a buen puerto las decisiones del
partido a cualquier precio. Esto causaba una fuerte impresión incluso a los
observadores hostiles. Sin embargo, la relación entre el «partido de vanguar-
dia» y las grandes revoluciones para las cuales había sido creado y que oca-
sionalmente conseguía realizar no estaba ni mucho menos clara, aunque era
patente que el modelo se había impuesto después de haberse producido una
revolución triunfante o durante las guerras. En efecto, los partidos leninistas
consistían esencialmente en elites (vanguardias) de líderes (o más bien, antes
de que triunfaran las revoluciones, en «contraelites»), y las revoluciones
sociales, como quedó demostrado en 1917, dependen de la actitud de las
masas y se producen en situaciones que ni las elites ni las contraelites pue-
den controlar plenamente. Lo cierto es que el modelo leninista ejercía un
notable atractivo, especialmente en el tercer mundo, entre los jóvenes de las
antiguas elites que se afiliaron en gran número a ese tipo de partidos, a pesar
de que éstos hicieron grandes esfuerzos, con poco éxito, para promocionar a
los auténticos proletarios. La pieza esencial en la gran expansión del comu-
nismo brasileño en los años treinta fue la incorporación al mismo de jóvenes
intelectuales procedentes de familias de la oligarquía terrateniente y de ofi-
ciales de baja graduación (Leoncio Martins Rodrigues, 1984, pp. 390-397).
En cambio, los sentimientos de las «masas» (incluidos a veces los se-
guidores activos de las «vanguardias») estaban enfrentados a menudo con
las ideas de sus líderes, especialmente en los momentos en que se producía
una auténtica insurrección de masas. Así, por ejemplo, la rebelión de los
generales españoles contra el gobierno del Frente Popular en julio de 1936
desencadenó inmediatamente la revolución social en extensas zonas de Espa-
ña. No era sorprendente que los militantes, especialmente los anarquistas,
intentaran colectivizar los medios de producción, aunque el partido comunista
y el gobierno central rechazaron esa transformación y, cuando les fue posible,
la anularon, lo cual sigue siendo debatido en la literatura política e histórica.
Sin embargo, ese episodio desencadenó también la mayor oleada de
iconoclastia y de homicidios de signo anticlerical desde que en 1835 ese tipo
de actuaciones pasó a formar parte de las tradiciones españolas de agitación
Popular, cuando unos barceloneses que salían descontentos de una corrida de
toros quemaron varias iglesias. Ahora fueron asesinados unos siete mil ecle-
84 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

siásticos —es decir, entre el 12 y el 13 por 100 de los sacerdotes y monjes


del país, aunque sólo un número reducido de monjas—, mientras que en una
sola diócesis de Cataluña (Girona) se destruyeron más de seis mil imágenes
(Hugh Thomas, 1977, pp. 270-271; M. Delgado, 1992, p. 56).
Dos son los aspectos a destacar en tan terrible episodio. En primer lugar,
que fue denunciado por los dirigentes o portavoces de la izquierda revolu-
cionaria española, a pesar de que eran virulentamente anticlericales, incluso
por los anarquistas, cuyo odio hacia los sacerdotes era notorio. En segundo
lugar, para quienes lo perpetraron, y para muchos de cuantos lo contempla-
ron, la revolución significaba eso, esto es, la transformación radical del orden
de la sociedad y de sus valores, no sólo por un momento simbólico, sino para
siempre (M. Delgado, 1992, pp. 52-53). Por mucho que los dirigentes insis-
tieran en que el principal enemigo no era el sacerdote sino el capitalista, los
sentimientos más íntimos de las masas eran muy distintos.
Sea como fuere, lo cierto es que en el siglo xx es raro el tipo de revolución
en la que desaparecen súbitamente la estructura del orden político y la autori-
dad, dejando al hombre (y en la medida en que le está permitido, a la mujer)
totalmente libres para hacer cuanto le venga en gana. Ni siquiera el otro caso
que más se aproxima al hundimiento súbito de un régimen establecido, la
revolución iraní de 1979, fue tan desestructurado, a pesar de la extraordinaria
unanimidad en la movilización de las masas contra el sha, en Teherán, un
movimiento que en gran medida fue espontáneo. Gracias a las estructuras del
clericalismo iraní, el nuevo régimen estaba ya presente en las ruinas del anti-
guo, aunque tardaría un tiempo en adquirir su forma definitiva (véase el ca-
pítulo XV).
De hecho, el modelo típico de movimiento revolucionario posterior a
octubre de 1917 (salvo algunas explosiones localizadas) se suele iniciar
mediante un golpe (casi siempre militar), con la ocupación de la capital, o es
el resultado final de una larga insurrección armada, esencialmente rural.
Como los oficiales de menor rango —mucho más raramente los suboficia-
les— de inclinaciones radicales e izquierdistas abundan en los países pobres
y atrasados, en los que la vida militar ofrecía buenas perspectivas profesio-
nales a los jóvenes capaces e instruidos que dispusieran de influencias fami-
liares y de una buena posición económica, estas iniciativas solían ocurrir en
países como Egipto (la revolución de los Oficiales Libres de 1952) y en otros
lugares del Próximo Oriente (Irak, 1958, Siria en varias ocasiones desde los
años cincuenta y Libia en 1969). Los militares forman parte de la historia
revolucionaria de América Latina, aunque en pocas ocasiones han tomado el
poder nacional por motivos izquierdistas. Por otra parte, para sorpresa de
muchos, en 1974 un clásico golpe militar (la «revolución de los claveles» en
Portugal), protagonizado por jóvenes oficiales descontentos y radicalizados
por las largas guerras coloniales de resistencia, derrocaron el régimen dere-
chista más antiguo del mundo. La alianza entre los oficiales, un fuerte Parti-
do Comunista que surgía de la clandestinidad y varios grupos marxistas ra-
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 85

dicales no tardó en romperse, para tranquilidad de la Comunidad Europea, en


la que Portugal se integraría pocos años después.
En los países desarrollados, la estructura social, las tradiciones ideológi-
cas y las funciones políticas de las fuerzas armadas inclinaban hacia la dere-
cha a los militares con intereses políticos. Por consiguiente, un posible golpe
en alianza con los comunistas, o incluso con los socialistas, no entraba en sus
esquemas. Sin embargo, es cierto que antiguos soldados de las fuerzas nati-
vas reclutadas por Francia en sus colonias, aunque raramente se trataba de
oficiales, desempeñaron un papel destacado en los movimientos de libera-
ción del imperio francés (particularmente en Argelia). Su experiencia durante
la segunda guerra mundial, y después de ésta, había sido negativa, no sólo
por la discriminación de que eran objeto habitualmente, sino porque los
numerosos soldados coloniales que servían en las fuerzas de la Francia libre
de De Gaulle y los muchos miembros no franceses de la resistencia armada
dentro de Francia pronto cayeron en el olvido.
Los ejércitos franceses libres que participaron en los desfiles oficiales de
la victoria después de la liberación eran mucho más «blancos» que los que
habían conseguido la gloria militar para los gaullistas. Hay que decir, sin
embargo, que en conjunto los ejércitos coloniales de las potencias imperiales,
incluso cuando sus cuadros eran nativos de la colonia, se mantuvieron leales,
o más bien apolíticos, con la salvedad de los cincuenta mil soldados indios
que se enrolaron en el ejército nacional indio bajo los japoneses (M. Echen-
berg, 1992, pp. 141-145; M. Barghava y A. Singh Gill, 1988, p. 10; T. R.
Sareen, 1988, pp. 20-21).

VI

Los revolucionarios sociales del siglo xx descubrieron tardíamente la


senda de la revolución a través de la guerra de guerrillas. Tal vez eso se debe
a que históricamente esa forma de actividad esencialmente rural se asociaba
con movimientos de ideologías arcaicas que los observadores urbanos con-
fundían fácilmente con el conservadurismo o incluso con la reacción y la
contrarrevolución. Después de todo, las grandes guerras de guerrillas del
período revolucionario francés y napoleónico se habían hecho siempre con-
tra Francia y nunca a favor de Francia y de su causa revolucionaria. De
hecho, el término «guerrilla» no pasó a formar parte del vocabulario marxis-
ta hasta después de la revolución cubana de 1959. Los bolcheviques, que
durante la guerra civil habían intervenido tanto en operaciones de guerra
regulares como irregulares, utilizaban el término «partisano», que durante la
segunda guerra mundial se impuso entre los movimientos de resistencia de
inspiración soviética. Retrospectivamente, resulta sorprendente que la guerra
de guerrillas apenas tuviera importancia en la guerra civil española, pese a
las grandes posibilidades de realizar operaciones de ese tipo en las zonas
republicanas ocupadas por las fuerzas de Franco. De hecho, los comunistas
86 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

organizaron una intensa actividad guerrillera desde el exterior al terminar la


segunda guerra mundial. Con anterioridad a la primera guerra mundial, la gue-
rrilla no figuraba entre las tácticas de los revolucionarios.
Excepto en China, donde algunos dirigentes comunistas fueron pioneros
en la nueva estrategia, después de que el Kuomintang, bajo la dirección de
Chiang Kai-shek, se volviera contra sus antiguos aliados comunistas en 1927
y tras el espectacular fracaso de la insurrección comunista en las ciudades
(Cantón, 1927). Mao Tse-tung, principal valedor de la nueva estrategia, que
terminaría por conducirle hasta el poder en la China comunista, no sólo reco-
nocía que después de más de quince años de revolución había extensas
zonas de China que escapaban al control de la administración central, sino
que, como devoto admirador de Al borde del agua, la gran novela clásica del
bandolerismo social chino, creía que la táctica de la guerrilla era un compo-
nente tradicional de los conflictos sociales en China. Desde luego, a ningún
chino con una cierta formación clásica se le escaparía la similitud existente
entre el establecimiento por parte de Mao de la primera zona libre de la gue-
rrilla en las montañas de Kiangsi en 1927 y la fortaleza montañosa de los
héroes de Al borde del agua. En 1917, el joven Mao había incitado a sus com-
pañeros de estudios a imitar a esos héroes (Schram, 1966, pp. 43-44).
La estrategia china, aunque heroica e inspiradora, parecía inadecuada
para los países con unas comunicaciones internas modernas y para unos
gobiernos habituados a controlar íntegramente el territorio, por remoto que
fuera. Lo cierto es que en un principio ni siquiera tuvo éxito en China, don-
de el gobierno nacional, después de varias campañas militares, obligó en
1934 a los comunistas a abandonar sus «territorios soviéticos libres» en las
principales regiones del país y a retirarse, en la legendaria Larga Marcha, a
una región fronteriza y poco poblada del noroeste.
Después de que los jefes rebeldes brasileños, como Luis Carlos Prestes,
abrazaran el comunismo a finales de los años veinte, ningún grupo izquier-
dista de importancia volvió a poner en práctica la táctica de la guerrilla en
parte alguna, a no ser el general César Augusto Sandino en su lucha contra
los marines norteamericanos en Nicaragua (1927-] 933), que inspiraría la
revolución sandinista cincuenta años después. (Sin embargo, la Internacional
Comunista intentó presentar, poco verosímilmente, como un guerrillero a
Lampiao, el célebre bandolero social brasileño y héroe de numerosos relatos
populares.) El propio Mao no sería considerado el astro guía de los revolu-
cionarios hasta después de la revolución cubana.
Sin embargo, la segunda guerra mundial ofreció una ocasión más inme-
diata y general para adoptar el camino de la guerrilla hacia la revolución: la
necesidad de resistir a la ocupación de la mayor parte de la Europa continen-
tal, incluidas extensas zonas de la Unión Soviética europea, por los ejércitos
de Hitler y de sus aliados. La resistencia, especialmente la resistencia arma-
da, surgió con gran fuerza después de que el ataque de Hitler contra la URSS
movilizara a los diferentes movimientos comunistas. Cuando el ejército ale-
mán fue finalmente derrotado con la colaboración, en grado diverso, de los
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 87

movimientos locales de resistencia (véase el capítulo V), los regímenes de la


Europa ocupada o fascista se desintegraron y los regímenes revolucionarios
sociales bajo control comunista ocuparon el poder, o intentaron hacerlo, en
varios países donde la resistencia armada había sido más eficaz (Yugoslavia,
Albania y —de no haber sido por el apoyo militar británico y luego estado-
unidense— Grecia). Probablemente, podrían haber conseguido también el
control de Italia al norte de los Apeninos, aunque no por mucho tiempo, pero
por razones que todavía son objeto de debate en lo que queda de la izquierda
revolucionaria, no lo intentaron. Los regímenes comunistas que se estable-
cieron en el este y el sureste de Asia con posterioridad a 1945 (en China, en
parte de Corea y en la Indochina francesa) deben ser considerados también
como producto de la resistencia durante la guerra, pues incluso en China el
avance definitivo de los ejércitos rojos de Mao hacia el poder no se inició
hasta el momento en que el ejército japonés intentó ocupar el territorio cen-
tral del país en 1937. La segunda oleada de la revolución social mundial sur-
gió de la segunda guerra mundial, al igual que la primera había surgido de la
primera guerra mundial, aunque en una forma totalmente distinta. En la se-
gunda ocasión, fue la participación en la guerra y no su rechazo lo que llevó
la revolución al poder.
La naturaleza y la acción política de los nuevos regímenes revoluciona-
rios se analizan en otro lugar (véanse los capítulos V y XIII). Lo que nos
interesa aquí es el proceso de la revolución en sí mismo. Las revoluciones
que estallaron a mediados de siglo tras el final victorioso de largas guerras
fueron distintas, en dos aspectos, de la revolución clásica de 1789 y de la de
octubre, e incluso del lento hundimiento de viejos regímenes como la China
imperial y el México de Porfirio Díaz (véase La era del imperio, capítulo 12).
En primer lugar —y en esto recuerdan a los golpes militares triunfantes—
no había dudas respecto a quién había hecho la revolución o a quién ejercía
el poder: el grupo (o grupos) político vinculado a las victoriosas fuerzas
armadas de la URSS, pues Alemania, Japón e Italia no habrían podido ser
derrotadas solamente por las fuerzas de la resistencia, ni siquiera en China.
(Naturalmente, los ejércitos victoriosos occidentales se opusieron a los re-
gímenes dominados por los comunistas.) No existió interregno ni vacío de
poder. A la inversa, los únicos casos en que un movimiento de resistencia
fuerte no consiguió alzarse con el poder tras el hundimiento de las potencias
del Eje, se dieron en aquellos países liberados en los que los aliados oc-
cidentales perpetuaron su presencia (Corea del Sur, Vietnam) o en los que
las fuerzas internas de oposición al Eje estaban divididas, como ocurrió en
China. En este país, los comunistas tendrían todavía que conseguir el poder,
después de 1945, enfrentándose al gobierno del Kuomintang, corrupto y
cada vez más débil, pero que también había luchado en la guerra. Por su
parte, la URSS observaba los acontecimientos sin dar muestras del menor
entusiasmo.
En segundo lugar, aplicar la estrategia de la guerra de guerrillas para
alcanzar el poder significaba apartarse de las ciudades y de los centros indus-
88 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

tríales, donde residía tradicionalmente la fuerza de los movimientos obreros


socialistas, y llevar la lucha al medio rural. Más exactamente, dado que el
entorno más adecuado para la guerra de guerrillas es el terreno montañoso y
boscoso y la zonas cubiertas de matorrales, supone llevar la lucha a un terri-
torio alejado de los principales núcleos de población. En palabras de Mao, el
campo debía rodear a la ciudad antes de conquistarla. Por lo que respecta a
la resistencia europea, la insurrección urbana —el levantamiento de París en
el verano de 1944 y el de Milán en la primavera de 1945— hubo de esperar
hasta que la guerra ya había terminado prácticamente, al menos en la región.
Lo que ocurrió en Varsovia en 1944 fue el resultado que acarrea normalmente
un levantamiento urbano prematuro. En suma, para la mayor parte de la
población, incluso en un país revolucionario, la guerra de guerrillas como
camino hacia la revolución suponía tener que esperar largo tiempo a que el
cambio procediera desde fuera y sin que pudiera hacerse mucho para acele-
rarlo. Las fuerzas de la resistencia, incluida toda su infraestructura, eran tan
sólo una pequeña minoría.
Naturalmente, la guerrilla necesitaba contar con el apoyo de una gran
parte de la población, entre otras razones porque en los conflictos prolonga-
dos sus miembros se reclutaban mayoritariamente entre la población local.
Así (como ocurrió en China), los partidos de los trabajadores industriales y
los intelectuales dejaron paso a ejércitos de antiguos campesinos. Sin embar-
go, su relación con las masas no era tan sencilla como lo sugieren las pala-
bras de Mao de que la guerrilla es como un pez que nada en el agua de la
población. En los países favorables a la guerrilla casi cualquier grupo de
proscritos cuyo comportamiento fuera considerado adecuado, según los cri-
terios locales, podía gozar de una amplia simpatía en su lucha contra los sol-
dados extranjeros invasores, o también contra los representantes del gobier-
no nacional. Sin embargo, por las profundas divisiones que existen en el
campo, conseguir amigos significaba automáticamente arriesgarse a tener
enemigos. Los comunistas chinos que establecieron sus zonas soviéticas
rurales en 1927-1928 descubrieron, con injustificada sorpresa, que convertir
a su causa una aldea dominada por un clan ayudaba a establecer una red de
«aldeas rojas» basadas en clanes relacionados con aquél, pero también les
involucraba en la guerra contra sus enemigos tradicionales, que constituían
una red similar de «aldeas negras». «En algunos casos —se lamentaban—, la
lucha de clases pasaba a ser la lucha de una aldea contra otra. Se daban casos
en que nuestras tropas tenían que asediar y destruir aldeas enteras» (Rate-
China, 1973, pp. 45-46). Los más avisados guerrilleros revolucionarios
aprendían a navegar en aguas tan procelosas, pero —como recuerda Milovan
Djilas en sus memorias de la guerra partisana yugoslava— la liberación era
una cuestión mucho más compleja que el simple levantamiento unánime de
un pueblo oprimido contra los conquistadores extranjeros.
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 89

VII

Pero esas reflexiones no podían turbar la satisfacción de los comunistas


que se encontraban al frente de todos los gobiernos entre el río Elba y el mar
de China. La revolución mundial que inspiraba sus acciones había progresado
visiblemente. Ya no se trataba únicamente de la URSS, débil y aislada, sino
que de la segunda gran oleada de la revolución mundial, encabezada por una
de las dos potencias del mundo a las que podía calificarse de superpo-tencias
(el término superpotencia se utilizó ya en 1944) habían surgido, o estaban
surgiendo, una docena de estados. Por otra parte, el ímpetu de la revolución
mundial no se había agotado, como lo atestiguaba el proceso en curso de
descolonización de las antiguas posesiones imperialistas de ultramar. ¿No
cabía esperar que ese proceso impulsara un nuevo avance de la causa
comunista? ¿Acaso la burguesía internacional no temía por el futuro de lo que
quedaba del capitalismo, al menos en Europa? ¿Acaso los industriales
franceses emparentados con un joven historiador no se preguntaban, mientras
reconstruían sus fábricas, si a fin de cuentas la nacionalización, o simple-
mente el ejército rojo, no serían la solución final a sus problemas, sentimien-
tos que, como recordaría más tarde, cuando ya se había convertido en un
conservador, confirmaron su decisión de unirse al Partido Comunista francés
en 1949? (Le Roy Ladurie, 1982, p. 37). ¿Acaso no le dijo un subsecretario
de comercio de los Estados Unidos al presidente Truman en marzo de 1947
que la mayor parte de los países europeos estaban al borde del abismo, en
el que podían caer en cualquier momento, y que muchos otros estaban gra-
vemente amenazados? (Loth, 1988, p. 137).
Tal era el estado de ánimo de los hombres y mujeres que salieron de la
ilegalidad, de la guerra y de la resistencia, de las cárceles, de los campos de
concentración o del exilio, para asumir la responsabilidad del futuro de sus
países, la mayor parte de los cuales no eran más que un montón de ruinas.
Tal vez algunos de ellos observaron que, una vez más, el capitalismo había
resultado más fácil de derribar donde era débil, o apenas existía, que en sus
centros neurálgicos. Pero ¿podía alguien negar que el mundo había dado un
decisivo giro hacia la izquierda? Si los gobernantes y los políticos comunis-
tas de estos estados transformados tenían alguna preocupación en el período
inmediatamente posterior a la guerra, no era el futuro del socialismo. Lo que
les preocupaba era cómo reconstruir unos países empobrecidos, exhaustos y
arruinados, en medio de poblaciones en algunos casos hostiles, y el peligro
de que las potencias capitalistas iniciaran una guerra contra el bando socia-
lista antes de que se hubiera consolidado la reconstrucción. Paradójicamen-
te, eran los mismos temores que perturbaban el sueño de los políticos e
ideólogos occidentales. Como veremos, la guerra fría que se enseñoreó del
mundo tras la segunda oleada de la revolución mundial fue una confronta-
ción de pesadillas. Estuvieran o no justificados, los temores que existían en
el este y en el oeste formaban parte de la era de la revolución mundial naci-
90 LA ERA DE LAS CATÁSTROFES

da en octubre de 1917. Pero esa era estaba a punto de finalizar, aunque ten-
drían que transcurrir otros cuarenta años antes de que fuera posible escribir
su epitafio.
Sin embargo, esta revolución ha transformado el mundo, aunque no en la
forma en que lo esperaban Lenin y quienes se inspiraron en la revolución de
octubre. Fuera del hemisferio occidental, bastan los dedos de las dos manos
para contar los pocos estados que no han pasado por alguna combinación de
revolución, guerra civil, resistencia y liberación frente a la ocupación extran-
jera, o por la descolonización preventiva de unos imperios condenados en
una era de revolución mundial. (Gran Bretaña, Suecia, Suiza y, tal vez, Islan-
dia son los únicos países europeos excluidos.) Incluso en el hemisferio occi-
dental, sin contar los numerosos cambios violentos de gobierno que en el
contexto local se describen como «revoluciones», se han registrado grandes
revoluciones sociales —en México, Bolivia, la revolución cubana y sus suce-
soras— que han transformado el mundo latinoamericano.
Se han agotado ya las revoluciones realizadas en nombre del comunis-
mo, pero es todavía demasiado pronto para pronunciar una oración fúnebre
por ellas, dado que los chinos, que son la quinta parte de la población del
mundo, continúan viviendo en un país gobernado por el Partido Comunista.
No obstante, es evidente que el retorno al mundo de los regímenes que
dominaban antes en esos países es tan imposible como lo fue en Francia tras
la era revolucionaria y napoleónica o como lo ha sido el retorno de las ex
colonias a la vida precolonial. Aun en los casos en que ha fracasado la expe-
riencia comunista, el presente de los países ex comunistas, y presumible-
mente su futuro, lleva, y continuará llevando, la impronta específica de la
contrarrevolución que sustituyó a la revolución. Será imposible eliminar la era
soviética de la historia rusa y de la historia del mundo, como si no hubie-
ra ocurrido. Es imposible que San Petersburgo pueda volver a ser lo que era
en 1914.
Las repercusiones indirectas de la era de insurrecciones posterior a 1917
han sido tan profundas como sus consecuencias directas. Los años que
siguieron a la revolución rusa contemplaron el inicio del proceso de emanci-
pación colonial y en Europa la política de la contrarrevolución salvaje (en
forma del fascismo y de otros movimientos similares; véase el capítulo IV) y
la política socialdemócrata. A menudo se olvida que hasta 1917 todos los
partidos obreros y socialistas (fuera del territorio periférico de Australasia)
habían decidido ejercer una oposición permanente hasta el advenimiento del
socialismo. Los primeros gobiernos socialdemócratas o de coalición (fuera
de la zona del Pacífico) se constituyeron en 1917-1919 (Suecia, Finlandia,
Alemania, Australia y Bélgica, a los que siguieron, pocos años después, Gran
Bretaña, Dinamarca y Noruega). Muchas veces olvidamos que la moderación
de esos partidos era en gran parte una reacción al bolchevismo, como lo era
también la disposición del viejo sistema político a integrarlos.
En suma, la historia del siglo xx no puede comprenderse sin la revolu-
ción rusa y sus repercusiones directas e indirectas. Una de las razones de
LA REVOLUCIÓN MUNDIAL 91

peso es que salvó al capitalismo liberal, al permitir que Occidente derrotara


a la Alemania de Hitler en la segunda guerra mundial y al dar un incentivo al
capitalismo para reformarse y (paradójicamente, debido a la aparente inmu-
nidad de la Unión Soviética a los efectos de la Gran Depresión) para aban-
donar la ortodoxia del libre mercado. De esto nos ocuparemos en el próximo
capítulo.