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GIOVANNI SARTORI

Traducción de
MARCOS LARA

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LA POLITICA
Lógica.y método en las ciencias sociales

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FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO
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IV. ¿QUÉ TEORíA?

IV.l. INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA

¿PARA qué sirve la teoría? ¿Cuál es su eficacia? ¿Cuál la función del


conocer con respecto al hacer? ¿Qué quiere decir que ésta es una ver­
dad teórica, pero no una verdad práctica? Plantearse estas pregunL.ls
equivale a examinar el problema de la relación entre la teoría y la
práctica.
Obsérvese que digo: relación entre la teoría y la práctica. :'\0 digo:
relación entre la jrráctica y la teoría. En la primera expresión se va
de la teoría a la práctica; en la segunda, inversamente, ele la práctica
a la teoría. El punto de partida, o mejor dicho la elección como pun­
to de partida es importante. Lo justificaré en el transcurso del aná­
lisis. Por el momento, diré solamente que elijo la teoría como punto
de partida por razones metodológicas.
Descartes decía: cogito, ergo mm. Pero otros han dicho, invirtiendo
la proposición: SlIm, ergo cogito. La diferencia entre las dos propo­
siciones radica en que, en la primera, el pensamiento está dado, de
modo que el problema es la existencia, el sum; en la segunda, en
cambio, es la existencia la que se da por admitida y el misterio a
resolver reside entonces en el pensamiento. el cogito. En abstracto,
ninguna de las dos tesis predomina sobre la otra. Pero cuando parti­
mos del Sllm en lugar del cogito, el problema se complica. Y se com­
plica porque el cogito me autoriza a hablar, mientras el sum 110 me
autoriza a hablar ni del cogito ni de nada. Cuando digo cogito ergo
Sllm, el surn figura en esta sucesión como un objeto del pensamien­
to, como un término pensado y pensable. Pero cuando digo mm,
ergo cogito, la inferencia (el ergo) se vuelve acrobática: ¡hay que ex­
plicar el pensamiento partiendo de un no pensamiento (el slIm an­
tepuesto al cogito), que sin embargo debe ser forzosamente pensado!
Transformando la terminología cartesiana en la nuestra. he aquí por
qué parto de la "teoría", del cogito: porque no veo -hablando en
términos de procedimiento- cómo puede ser posible tomar el cami­
no de una "práctica" que, en cuanto objeto de mi discurso, sería
siempre "teoría de la práctica", y por lo tanto una teoría disfrazada.
una teoría que finge no ser tal.
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¡H) LA RELACION ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ QUf: TEORIA? 89 11
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Planteado el problema, no trataré de resolverlo de una vez me­ cable. Todo al revés de lo que parecería más plausible. Pero la parado­ ¡;I'
diante fáciles fórmulas dialécticas como la de que la práctica es "teo­ ja se disipa si prestamos atención a las premisas y seguimos el razona­ I
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ría realizada", o viceversa, que la teoría es "práctica hecha saber". La miento que lleva a los dos autores hasta conclusiones inversas. 'ti
verdad es que, al fin de cuentas, la práctica es en cierto sentido una ¡¡"
:1;
teoría realizada, así como en la teoría hay una cierta práctica hecha
saber; sólo que para comprender estas fórmulas "sintéticas", antes La disertación de Kant
hay que descomponerlas y examinarlas analíticamente. De otro modo,
ellas lo dicen todo y no dicen nada; pero si se las utiliza como funda­ Veamos más de cerca la posición de Kant. Para empezar, cuando él
mento, dejan el problema en la oscuridad en que se encuentra hasta
ahora. Comenzaré, pues, pasando revista a las distintas respuestas
sostiene que lo que es justo en teoría debe valer también en la pr.ic­
rica, no quería decir con ello que la teoría se reproduce tal cual en
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posibles que se le han dado a nuestro problema. Las enumero: 1) la práctica. Kant escribió: "Es evidente [. ] que entre la teoría y la
teoría sin práctica (ejemplo: la vida contemporánea); 2) práctica práctica tiene que haber también Ull término medio de conjuución II
sin teoría (ejemplo: el act ivismo): 3) la teoría depende de la prácti­ y de pasaje de una a la otra. En efecto, al concepto intelectivo que I
!
ca (esto es, que la teoría va a remolque de la práctica): 4) la prác­ cont ienc la regla (se refiere a la teoría verdadera, entendida como
,1
tica depende de la teoría (o sea que es la práctica la que sigue a la "complejo de reglas pensadas como principios generales") debe agre­ I
teoría). garse un acto del juicio por el cual el hombre práctico distingue si
Estas respuestas permiten vislumbrar desde ya cuán controvertido el caso cae o no dentro de la regla [ J. Así puede ocurrir que haya
y enredado es este problema. Antes de meternos en el. enredo, no teóricos que en su vida no lleguen jamás a ser prácticos porque les
estad de más tantear el terreno, examinando las posiciones asumidas falta la capacidad de juzgar." 8 En sustancia , Kant observa, justa­ I1

por Kant y Pareto, mente, que la teoría hace abstracción de toda una serie de condicio­ I

nes que determinan su aplicación; razón por la cual puede haber


hombres "teóricos" que no sean jamás "prácticos". Pero esto no quie­
IV.2. Es VERDAD EN TEORÍA, PERO b\LSO EN LA PRÁC1ICA re decir que lo que es verdad en teoría sea verdad también en la prác­
tica; sólo significa que a algunos hombres les falta la capacidad de
En 1793, Kant escribió una disertación titulada Sobre la expresión co­ juzgar, esto es, el talento práctico, la actitud para aplicar la teoría
mún: "esto puede ser justo en teoría, pero no sirve en la práctica". El de la manera, en el momento y en el pUllto justos. En segundo lllgar,
escrito de Kant era una vigorosa refutación del dicho corriente: "se­ Kant no sostiene que en todos los casos lo que es justo en teoría deba
gún el filósofo, lo ql1e vale en teoría debe valer también en la prác­ también ser justo en la práctica. En efecto, hay dos casos en los cua­ 1

tica". Pero si el "filósofo" Kant es partidario de la conversión del les la teoría no vale en la práctica: 1) cuando la teoría es errónea o ..~I'1'
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verllm en [actum, de la teoría en práctica, en 1916 el "científico" imperfecta (pero entonces, observa Kant, "no dependía de la teoría I
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Pareto sostiene todo lo contrario. En su Tratado de sociología gene­ si ella valía poco para la práctica, sino del hecho de que no habla bas­ j'
:I
ral escribió: "Si queremos hacer uso de los términos vulgares 'prác­ tante de dicha teoría"); 2) cuando tenernos una teoría que no "se
tica' y 'teoría', diremos que la práctica es tanto mejor cuanto más refiere a objetos de la intuición" (nosotros diríamos: que uo t icuen
práctica es; y que la teoría cuanto más teoría. En general resultan fundamento empírico), sino en cambio una "teoría en la cual tales
pésimas la práctica teórica y la teoría práctica" (pub. 1788). El con­ objetos están representados sólo pUl' couceptos (por ejemplo, los ob­
traste resulta a primera vista paradójico; que sea el filósofo -es de­ jetos de la matemática o de la filosofía), y estos últimos pueden ser
'1
cir, quien más dista de la práctica- el autor de una conversión de
la teoría (filosófica) en práctica; mientras que el científico -que
pensados perfectamente y en pleno nruerrlo con la razón, y sin em­ ¡
bargo 110 estar dados (debe entenderse: liados, por medio de la ex­ j
verosímilmente se encuentra más próximo a los problemas prácti­ ü
;)

I
cos- niega que la teoría (empírica) sea prácticamente válida y apli­ 1 Kant, se-tu; Potitici, Turín, UTET, 19SG, p. 237.

J,
90 LA RELACrON ENTRE LA TEORfA y LA PRÁCTICA ¿ QUE TEORfA? 91
pericncia) y ser ideas vacías, que en la práctica no tendrían ningún inficionada de teoret icidad), "y la teoría cuanto más teoría" (esto
(loe. cit., pp. 238, 239.)
lISO",
es, menos inficionada de prnct ici dad). Teoría y pr.irt ira son aquí
En sustancia, y traduciendo la terminología de Kant, su tesis con­ como dos paralelas, de tal modo que el saber y el obrar no deben en­
siste en que lo que es justo en teoría vale en la pr.lctica, pero con contrarse jamás. Para Pareto, pues, el hombre que se dedica ;1 la
tres condiciones: con tal que se sepa apl ir:ar la teoría; a condición de teoría ha de cultivar una ciencia que ser¡'¡ tanto más ciencia (y couo­
que no se trate de una teoría errónea: y tampoco de una teoría que cimiento) cuanto menos se proponga fines prácticos y menos pre·
no tiene nada que ver con la práctica. Se advert ir.i que esta última renda valer para la práctica.
Ulndición limita mucho la comprensión de la tesis kantiana. Y hay Al sostener que la teoría científica de la sociedad (como era su
más, Porque cuando seguimos leyendo, advertimos que el ámbito de sociología) no puede tener aplicabilidad práctica, Pareto parece adu­
su tesis queda todavía más reducido. En efecto, la cuestión qne le cir dos motivos. El primero -que aparece indicado en varios mo­
urge a Kant en esta Disrrtacián es en definitiva una cuestión ética, mentos- es el estado de retroceso en que se eucnentr.i la sociología
de filosofía moral. El escrito ético m.is importante de Kant se titula (y la ciencia política). Sólo que ('ste es IIn argumento [no t.eni porr,
Critica de la razón práctica. Correlativamente, la teoría que se debe que no justifica de por sí el repudio a IIn;1 "teoría práctica". Si una
convertir en práctica no es para Kant la teoría "en general", siuo "ciencia de aplicación" no está hecha todavía, razón demás para ha­
propiamente y en particular su "razón práctica". En suma, la Diser­
cerla; mientras que si la negamos en principio, no se la prolIlueve
tación de 1793 se encuadra en el contexto del "racionalismo ético" tampoco para el futuro. Comprobar que no la hay, no equivale a
de Kant. Éste cambia todo el eje riel discurso. Volvamos a Forrnu lar
excluir que ella sea posible y deseable.
la pregunta, ¿cu;íl es la teoría que debe ser justa t amb ién en la pr.ic­
De hecho, Pareto no insiste en esta línea argumental. Pareto insiste
tica? Kant precisa a este respecto: es la teoría "que se funda en el
en cambio -y ésta es SIl segunda tesis-e- en subrayar que el hom­
concepto del deber".
bre no sólo no es un animal racional, sino tampoco un animal razo­
De modo que la solución kantiana -si la formulamos con exacti­ nable ni "racionable". Los hombres -Pareto no se cansa de repetir­
tllCl- se expresaría de este morlo: lo que es justo para la teoría "mo­
lo-- actúan impulsados por la fe y no por la razón: creen antes de
r:t1"d(~ú(~ valer para la práctica. puesto que en este campo "el valor
comprender y sobre todo sin comprender; no saben lo que hacen y
de I;¡ praxis reposa por entero en SIl adecuación a la teoría que le sir­
hacen sin saber. Lo que cuenta, por lo tanto, son las ideologías, los
ve de fundamento, y todo se pierde cuando las condiciones ernpír i­
"sentimientos", lo que Pareto denomina "residuos". De esto deduce
cas y, en cuanto tales, conting-entes, de la ejecución de la ley, se ele.
Pareto que la vida y la realidad política escapan por completo a la
V;1Il a condiciones de la propia ley, y mando una práctica que se mide
captación de la ciencia, y por consiguiente que el consejo práctico
C<JlI respecto a un éxito probable, de acuerdo con una experiencia que
del "teórico" será siempre un consejo equivocado y rou traproducente.
se ha tenido hasta ahora, conquista el derecho a dominar la teoría, De modo que si el "práctico" quiere tener éxito, hará bien en olvi­
que Ita de poseer valor por sí misma" (p. 239) . La respuesta kantiana
darse de la ciencia. Hará bien en olvidarse de ella porque la política
recae pues, sobre el caso del hombre moral, de ese hombre moral que
ideológica tendrá siempre la primacía sobre la política científica. In­
es tal Jlorque va guiado por su "razón". La tesis ele Kant es convino
versamente, y por la misma razón, quien quiera hacer ciencia. que
cente: sólo que su Disertación es m.is que nada un capítulo de su fi­
prescinda a la larga de la práctica. Pero también en este argumento
losofía moral y por ello su respuesta resuelve sólo un aspecto del pro­ hay un salto entre las premisas y la conclusión. De la premisa de que
bICIlla plan teado,
las acciones de los hombres no se guiadn jamás por su conocimien­
to, no se puede extraer la conclusión de que una "teoría práctica" no
La tesis de Pareto tiene sentido. Argumentando de este modo se confunde una cuestión
de hecho con una cuestión de derecho, El pesimismo de Pareto esta­
Pasemos a la posición de Pareto, que se resume en la tesis de que rá justificado; pero el hecho de que los hombres, en su inmensa
"la práctica es tanto mejor cuanto más práctica sea" (es decir, menos mayoría, no se benefician con el saber, no implica ni excluye que el

~" o=¡.
02 LA RELACION ENTRE LA TtORIA y LA PRACTICA ¿ QUf: TEORIA' 91

saber esté o pueda estar a su disposición. En suma, una cosa es la fica, bastará buscar en la Filosofía de la [rráitica de 1908, de Beuc­
posibilidad de una ciencia práctica, de un conocimiento aplicable; detto Croce, y en ese texto encontraremos totalmente expl icacla y
otra, la eficacia o el éxito que puede alcanzar. Las dos cuestiones de­ bien razonada la convicción ele Pareto. Y llamo la atención sobre
ben examinarse separadamente. este nexo Pareto-Croce también para dejar en evidencia que en la
El problema que se discute es si la teoría, el pensamiento o el co­ controversia sobre la relación entre la teoría y la práctica, se infil­
nocimiento pueden tener validez aplicativa, pueden valer en el ámbi­ tra con frecuencia, y con frecuencia en forma inadvertida (no sola­
to de la práctica, y en qué medida. La pregunta es ésta, ¿se puede mente en el caso de Pareto), una antigua disputa Filosófica: 1:1 que
actuar bien (no en el sentido moral, sino técnico) sin saber? A esta versa sobre la naturaleza de la uol untad,
pregunta -es decir a la quaestio juris- no se puede responder com­ Me explico. La esfera práctica es la esfera del harer )' por rilo
probando que aunque hay quien predica bien, los más lo hacen muy del querer. Ahora bien, ¿cuál es 111 naturaleza del querer? Es una
mal. Será así, pero la cuestión es otra, ¿es verdad o no que hay quien pregunta que puede ser decisiva a efecto de cómo se resuelve el pro­
predica bien? Pareto responde que no. Pero responde que no en blema de la relación entre la teoría y la práctica. En efecto, si con­
razón de que los escuchadores no escucharon, de que la voz del sabio frontamos las tesis de Kant con las de Croce y Pareto, ellas divergeu
resuena en el desierto, de que la "ciencia práctica" no tiene crédito. de raíz porque subyace en ellas una concepción diferente de la vo­
En suma, responde que no, cambiando el discurso. No demuestra que luntad. Kant sostiene una concepción inrelectualista del querer (se­
una "teoría práct ica", no tiene sentido: dice únicamente qne no pue­ gún la cual el querer ejecuta lo que le manda la razón), ruieut r.rs
de tener éxito. Que es algo completamente distinto. Por lo tanto, si que Crece y Pareto sostienen una concepción ant iintclectual ista del
Kant respondía sólo parcialmente al problema planteado, de hecho querer, por la cual la voluntad, al revés, es rebelde a la razón.
Parcto no responde a él. Sucede en general que si IIn autor llega a una concepción anti­
Puede parecer extraño que una inteligencia tan sutil como la de intelectualista del querer, Sil respuesta a la pregllnta "¿cuál es la re­
Pareto no haya advertido el patente vicio lógico de su argumentación. lación entre el pensamiento y la voluntad?" está ya implícita en aque­
Debe haber otra cosa detrás de la fachada. Y de hecho la hay. Impor­ lla concepción: ninguna relación, o poco rn.is o menos. Para la ron­
ta explicitar eso que hay detrás. Que debe decirse en plural, pues cepción anti intelectual ista, la voluntad no se deja gobernar por el
son dos cosas; una puramente filosófica y la otra característicamente intelecto, la praxis se rebela contra la teoría y actúa por sí misma.
científica. En primer lugar, si Pareto no se aviene a responder a una Ergo, la tesis consistid en que el pensamiento no se traduce en ac­
q uaesiio juris con un argumento de hecho, sospecho que es porque ción, que la teoría y la práctica no se juntan. Viceversa, si un autor
el "hecho" asume a los ojos de Pareto un peso y un valor muy dife­ llega a una concepción uitelcct u alisia del querer, si piensa que el
rente; esto es, expresa su filosofía del hombre y ele la naturaleza del querer obedece al intelecto, entonces su respuesta sed que entre la
hombre. Se alegará con asombro, ¿cómo hablar de filosofía a propó­ teoría y la práctica la relación es mil)' estrecha, que una se convier­
sito de Pareto, que se declaraba su enemigo? Sin embargo, Pareto no te en otra.
cree en la concepción "racionalista" del hombre con la misma inten­ No importa a quién otorgarle el uiuuf'o en esta cuestión, es decir
sidad cun que creía, en cambio, Kant. Esto equivale a decir que Pa­ quién tendrá razón y quién estad equ ivocado." Por ahora \WS hasta
reto hace suya una concepción "irracionalista" y "voluntai ista" de con haber puesto en claro que en la solución de nuestro problema
la naturaleza humana; y la hace suya al modo de los ilósofos, fijan­
í
interfiere demasiado a menudo una inadvertida "complicación filo­
do sobre una idea de la "esencia" del hombre todo su sistema de sófica" .
pensamiento. Esta sospecha se ve reflejada por el hecho de que Pareto Volviendo a Pareto, y pasando al segundo elemento que sospcch.i­
vivía en un época en que había sido vigorosamente teorizada por la barnos detrás de la fachada de Sil posición, y que he indicado romo
filosofía crociana una concepción voluntar ista de la vida. De hecho, su preocupación científica, el problema ya no consiste en explicar Sil
la tesis ele Pareto es exactamente la tesis sostenida en los mismos
años por Croce. Si se le quiere dar una explícita legitimidad filosó­ a Volveremos a este terna in[ra § 1V.5.
9-l LA REL.'\CJ6N ENTRE LA TEORIA y LA PRACTICA ¿ QUf. TEORtA? 95
equívoco (haber confundido una cuestión de hecho con una cues­ una interferencia posterior: la preocupación de salvar la o/¡jetividad
t iónde derecho). sino en comprender su aversión hacia esa "canta­ de la teoría de las contaminaciones prácticas. de salvar a la ciencia de
m inar ión" que él denomina "teoría práctica" (y viceversa). Aquí me la pasional idad y unilateralidad de quien se empeña en la acción
parece advertir que la condena pa ret iana a 1111 saber práctico, no (práctica). La tercera advertencia es, pues, qne debernos también
est.i motivada tanto por la razón que él aduce oficialmente; más bien tomar en cuenta la incidencia de la disputa sobre los juicios de valor.
proviene del hecho de que Pareto se preocupa de la objetividad, o He aquí por qué Kant y Pareto llegan a conclusiones diametralmen­
imparcialidad, del conocimiento científico. Si Pareto no quiere una te opuestas. Vale decir que son éstas las variantes que inducen a Kant
"teoría pr.ict.ica", es porque ve en una teoría desprovista de toda fun­ a sostener la "dependencia de la práctica con respecto a la teoría",
ción pr.ict ica el único modo de salvar la oh [etioidad de la ciencia del rechazando correlativamente la subordinación de la teoría a la prác­
abrazo sofocador de los "residuos" y de las ideologías. A este res­ tica. Éstas son las variantes que, en cambio, hacen que Pa rct o llegue
perto, Pareto se conecta con una pr eocu par ión gnoseológ-ica que ya a la tesis de "la teoría sin prárt ica", y por esto mismo a la tc~,i, de la
se vislumbraba en Platón y que Ine explicitada completamente por "práct ica sin teoría", Como se ve, es importante poner orden en esta
los estoicos del tiempo de Epiru ro, y que se traducía antiguamente discordante sinfonía. Es lo que nos proponemos hacer ahora.
en el ideal de la "vida contemplativa". Retraerse y retirarse del mun­
do, salirse de la "ciudad", no era s<"110 un ideal ele vida idílica y bn­
cólica, incluía también -como diríamos hoy- una preocupación IV.3. ANÁLISIS DE LO') n~RmNOS
por la "objetividad". La siguiente: que no hay saber verdadero, ver­
dadero couocimiento. mientras el ánimo está dominado por las pa­ ¿Qué se entiende flOr tcorin?
siones, mientras el mirar intelectual no se aparte de los asuntos del
mundo. Como se advierte. el problema de la "valorabif idad" no na­ Cuando la teoría se une con la inucstigacián, queda sobreeutcnd ido
ció COlI Max Weber. Si Weber lo tran- forma (kantianamente) en que por teoría se entiende teorla científica. Cuando, en cambio, la
un problema de "juicio", de juicio de valor, detr.is de este enfoque teoría se une con la práctica, el sobreentendido es completamente di­
weber iano, el problema que lo abarca desde siempre es el problema ferente: teoría se utiliza en este caso como equivalente a cualquier
del apartarse de las pasiones; un saber pasional, un saber emotivo, teoría, a cualquier tipo o género de teoría. Pero veamos con más cui­
nu es saber. dado. Decir "teoría" es un poco como abrir la caja de Paridora: sal­
dr.in de allí los términos razón, pensamiento, intelecto, conocimiento,
Recapitulación ciencia, filosofía, saber, etc. Pero si lo qne queremos es establecer qué
relación existe entre la teoría y la pr.ict ira. el problema será inabor­
Los casos representativos dc Kant y de Pareto nos hacen palpable dable hasta que no precisemos: ¿qué teoría?
h;¡Stl qué punto es intrincado el problema. De nuestro examen se Con anterioridad distinguimos entre "tcorta-Filosofía" o filosofía.
pueden extraer tres advertencias. Primera, el término icorla no sólo y "teoría empírica", o, para abreviar, ciencia. Si la Iilosoí ía y la cien­
es polivalente, sino que es usado de una manera ambigua en alta cia no son lo mismo, se infiere que la relación "filosofía-práctica"
medida. Segundo, mucho depende ele lo qne se entienda por prác­ será diferente que la relación "r.icucia-prácr ica". Dada una teoría­
t ica. Aquí la complicación proviene de la interferencia de la disputa filosofía, tendremos una cierta relación con la praxis; dacia una teo­
filosófica sobre la naturaleza de la voluntad. Lo que es verdadero en ría-ciencia, tendremos otra. Sólo que al decir "teoría", no podemos
teoría, es justo también en la práctica, si (como en el caso ele Kant) aludir sólo a los casos específicos; también debemos tener presente
se acepta unu concepción inteiectual ista del querer; pero si no se la un significado global) en razón del cual es "teoría" todo lo que
acepta (como en el caso de Pareto) lo que es verdadero en teoría no es práctica. Con el fin de examinar la relación compleja entre la
J1() cambia nada en la práctica. Te1'CCI'O, la solución del problema de
teoría y la práctica, debemos contemplar todos los casos posibles de
la relación entre la teoría y la práct ira puede verse perturbada por la teoría (y todos los casos posibles ele la práctica). Lo que equivale

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96 LA RELACION ENTRE LA TEüR1A y LA PRÁCTICA ¿ QUf: TEüR1A> 97

decir que la teoría y la práctica deben ser definidas antes que nada
;J.
sigue Lukács-e- no es el producto de ningún individuo en particular,
por cxclusion reciproca; así, la teoría sed definida como lo "no prác­ ni de todos los individuos tomados en su conjunto, ni del pensador
tico", y viceversa, la práctica como lo "no teórica". Sólo de esta qne se arroga el derecho ele expresar su voluntad profunda; ni tam­
manera podremos abarcar todo el tema planteado. De otro modo poco es u n a totalidad conclusa y definitiva, a diferencia de las obras
(esto es, si le damos a la "teoría" un significado más estrecho), obten­ del pensamiento; es, en cambio, ideología, t ecnologia, el movimiento
dremos una solución parcial, válida sólo para un caso específico, de las fuerzas productivas, el, proceso por el cual cada uno reclama al
pero con la pretensión de proporcionar una solución general. Ahora otro para sí y obtiene su sustento elel otro, y donde cada uno desem­
bien, cuando se entiende globalmente por teoría todo lo que no es peña una Iunr ión preem inente en cierto momento, la cual, sin cm­
práctica, el significado ele este término se vuelve coextensivo al de bargo, no es jamás exclusiva.";~
vida mental; todo lo qne tenemos "en la cabeza" podría llamarse teo­ ¿Qué se extrae de la lectura de este pasaje? En sustancia, que "prác­
ría. Más precisamente, teoría no será solamente la teoría "racional", tica" es torio; o mejor, que todo vuelve a ser rebautizado C0ll10 "pi.ict i­
sino también la "irracional" (que es siempre un hecho mental y no ca". ¿Pero cómo estudiar una relación entre dos términos, si estos
volitivo); no sed sólo el discurso cognoscitivo (ya sea filosófico o términos no son dos, y si no empezamos deslindando un término del
científico), sino también el no cognoscitivo. Frente a la práctica, son otro? Por m.is estrecha que pueda ser su interrelación e interpreta­
teorías no solamente las teorías "verdaderas" (correlativas a un dis­ ción recíprocas, debo separarlos a los fines del análisis, desvincular
curso cognoscitivo), sino igualmente las teorías "no verdaderas"; uno ele otro. Lo que no quiere decir que uno pueda estarse sin el
puesto qne estas últimas son también un producto mental. otro; sólo quiere decir que los debo captar por separado. De otro
El problema de la relación entre la teoría y la práctica, pues, no modo, si tomo el camino de una práctica ya mezclada con la teoría,
puede tener una respuesta unívoca, y toda la confusión viene de ya infusa en la teoría, lile privo con ello de la posibilidad de auali­
aquí: que se quiere contestar con una sola respuesta, a por lo menos zar las relaciones qne tienen lugar cnt rr la práctica y la teoría. Finjo
tres preguntas diferentes: 1) ¿Qué relación existe entre la [ilosoiia que hay dos términos, pero en realidad cocino un único pastel prc­
y la práctica? 2) ¿qué relación hay entre la ciencia y la pr.ictica? ~3) fabr icaclo.
¿qué relación hay entre cualq uier hecho mental (en general) y la Puesto que por práctica debe entenderse lo "no teórico". nos que­
práctica? da todavía una amhigiirdac1. En efecto, los términos pr.ict ica y pra­
xis se utilizan indist inta-uente en dos acepciones IllUY diferentes:
¿Qué se entiende por "práctica" y por "jJraxis"? 1) para aludir al h acrr , a la acción en acto, o bien 2) a lo )'ll hr ch o,
y por lo tanto a las obras que resultan de ese hacer. Dicho ele otro
Si por teoría debe entenderse en principio lo contrario de la prác­ modo. praxis es el preciso querer, la conrrcta vul itión-ar-r ión de al­
tica, de igual modo "pr.ict ica" debe definirse como todo lo que no guien; o bien lo Yll querido, un ya querirlo colectivo, ele todos. En
es teoría. Por lo tanto, no puedo aceptar todas las connotaciones de general, la realidad que nos circunda y en la que vivimos puede ser
"práct.ica" o de "praxis", en las que se suele entremezclar de todo reivindicada de modo n.uur.r] ist.i, ("; decir cntcud id.t corno una rcali­
u n poco. dad dada, objetivamente dada; o bien se la puede referir a una matriz
Es en el marxismo donde la relación teoría-praxis se convierte en lnuuaua (subjetiva), y en (;11 caso hay que entcudcrl.r CUU}() un fe­
tema ceutral. Tornemos, pnes, a uno de los mayores filósofos ele la nC'))l\t'IIO coustru iclo. Por lo tanto, nada impide que el referente de
escuela marxista, Lukács, y leamos este pasaje, en el qne "práctica" "pr.irt ica" se amplíe hasta abarcar a toda la rca lid.rd, entendida exac­
aparece def in ida o configurada así: "Principi o interno de actividad, tamente CUUIO sub especie de "realidad constru ida": esto es, como la
la conceprián global que mantiene y anima la producr ióu y la acti­ opcratiuidad jJrlÍctica consolidada en iust it uri ancs, y en último análi­
sis sulidificada en historia.
vidad ele una clase, unida por una concepciou del mun do y sus co­
metidos en el mundo, y que, tomando debidamente en cuenta las :l el. G. Lu k.ir-s. Ge sclu clu r u nd Kl assc nb cuusstsrin (!li.llollcl ) COlle icncia de
condiciones externas, determina su historia. Esta concepción -pro­ ciase), Viena, Malik Ver lag, 1'123, p. 115. Las cursivas son mías.
98 LA RELACIÓN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ QUÉ TEORtA? 99

Tenemos, pues, que trabajar con dos significados muy diferentes Hecha esta aclaración y establecida esta premisa, volvamos a nues­
del término. Por ello, para evitar confusiones, llamaré praxis (en los tra relación. A este efecto. debemos hacer dos precisiones, una con
casos dudosos) a la práctica entendida precisamente como voluntad, respecto al vector de la relación que examinamos, otra con respecto
acción, acto; y obras o ambiente (según el grado de cristalización con a la naturaleza de tal relación. En cuanto a lo primero, sabemos
que la consideremos) a la práctica entendida como la sedimentación ya que debemos manejar en hipótesis dos relaciones; la que va de la
institucionalizada de la operatividad humana. "Praxis" es lo que esta­ teoría a la práctica (dirección: teoría-práctica) y la inversa, que va
mos haciendo, la acción individual in jieri; "obras" o "ambiente" de la práctica a la teoría (dirección: práctica-teoría). Se dirá que
es el jactum colectivo, la práctica como dato preconstituido con res­ esto no impide que exista un círculo entre la teoría y la práctica, en
pecto a la praxis. Esta distinción nos permitiría deshacer muchos el sentido de que su relación es de condicionamiento recíproco. Sin
nudos. embargo insisto; para que veamos claro, el círculo debe dividirse en
dos semicírculos: el que parte de la teoría para llegar a la práctica, y
¡[Que se entiende IJOr "relación".' el que toma el camino de la práctica para volver a la teoría. y esto por­
que la vuelta (de la práctica a la teoría) no es simétrica a la ida.
Volvamos a advertir: para que haya relación, o correlación, es in­ Dado que "práctica" se emplea para dos cosas muy diferentes, los re­
dispensable que haya dos términos. De modo que es legítimo hablar tornos pueden ser dos, y ser a su vez diferentes también. Habíamos
de relaciones entre la teoría y la práctica, mientras se admita que una dicho que el término práctica posee dos referentes; la praxis, es de­
cosa es la teoría y otra la práctica. A este respecto, se debe llamar cir, lo que estoy construyendo yo, con mi volición-acción; o bien lo
la atención sobre la importancia de la terminología, es decir, sobre ya hecho, lo que ha sido construido por otros, y que está fuera de mí
el condicionamiento lingüístico del pensamiento. En efecto, es raro y antes que yo, es decir el ambiente (que resulta de la operatividad
que la distinción entre la teoría y la práctica sea negada por quie­ humana).
nes emplean, precisa me n te, las expresiones "teoría" y "práctica". La Ahora bien, el caso de la primera acepción (el volver a operar ele
negación, en cambio, se le hace fácil a quien se refiere a esa rela­ mi praxis sobre mi conceptllalidalf) no plantea problemas, en el sen­
ción diciendo relación entre "pensamiento" y "acción". ¿Por qué? tido de que cada uno de nosotros sabe lo que él mismo ha hecho;
Respondo: porque esta última nomenclatura se presta a un desarro­ razón por la cual mi praxis se vuelve a convertir sin solución de con­
llo que en cambio la otra no permite. Cabe hacer est a consideración: tinuidad en mi teoría. Por lo tanto, si el semicírculo práctica-teoría
qne también el pensamiento es acción, puesto que un pensamiento contemplase solamente la hipótesis de la práctica que es praxis, no
inactivo. inerte, no piensa, no es siquiera pensamiento. Está bien; habría razón para dividir nuestro círculo en dos "semicírculos". Quie­
pero en cambio no está bien extraer de allí la conclusión de que el ro decir que la relación praxis-teoría podría ser reabsorbida sin más
pensamiento y la acción -por ser ambas "actividad"- son la misma en la imagen global del "círculo", de ese círculo que expresa la idea
cosa. No está bien porque -no lo repetiré bastante- la homonimia del condicionamiento recíproco entre teoría y práctica. Pero el caso
no es homologla. planteado por la segunda acepción es totalmente diferente. AqUÍ ya
Si la pobreza de la nomenclatura nos hace usar dos veces la misma no es cuestión de mi praxis. De modo que el problema se convierte
palabra, de ello no se puede deducir ni por asomo que se trata de ahora en cuál será la influencia ejercida por el ambiente sobre la
una misma cosa. Podemos utilizar en ambos casos el vocablo "acti­ teoría. En este punto, nos preguntamos, ¿en qué medida y de qué
vidad"; pero esto no demuestra que se trate de una misma actividad, manera el ambiente condiciona al pensamiento? Es l vidente que esta
es decir que la actividad teórica coincida con la actividad práctica, última pregunta no puede resolverse siguiendo el camino de la pri­
que la actividad mental sea idéntica a la actividad volitiva. Hay mo­ mera, como si la relación ambiente-pensamiento fuese análoga a la
dos y modos de ser "activos"; y en particular se puede ser activos relación praxis- pensamiento. Factum et verum convertuntur, sí: pero
sub specie mentís, o ser activos sub specie uoluntatis. No es lo mismo, en el caso de que el [actum sea lo que yo he hecho. De otro modo,
todo lo contrario. el problema no es tan simple. Cuando el punto de partida es el am­
100 LA RELACION ENTRE L\ TEORIA y LA PRÁCTICA
¿QUÉ TEORIA? 101
bienie, nos queda por resolver el formidable problema gnoseolúgico de terminación causal. Pero es claro que "teoría" y "práctica" son ma­
un "fuera" de nosotros, que debe ser hecho entrar "dentro" de nosotros.
croent irlades, que remiten a una intrincada y evasiva multicuusali­
Por lo tanto, es verdaderamente fundamental distinguir el semi­ dad. Además, y aún más importante, la relación entre la teoría y la
círculo práctica-teoría del semicírculo inverso. Entre otras cosas, práctica plantea el problema ele la distancia que puede mediar en­
porque gracias a la imagen del "círculo", que sirve para todo, tanto tre las causas y los efectos.
los idealistas como los marxistas se hacen trampas en el ¡llego gno­
No es cuestión de perderse en ninguna casuística. El punto cen­
seológico, es decir, eluden el gran y clif ícil problema de cómo un "no
tral consiste en establecer la diferencia entre los casos en los cuales
pensami en to" (el ambiente) puede reproducirse en térm inos de "pen­
la teoría y la práctica se encuentran eu relación directa y los casos
samiento" (teoría).
en que su nexo, en cambio, es indirecto.
Pasemos a las precisiones sobre la naturaleza de nuestra relación,
La relación es directa cuando la teoría y la práctica est.iu muy
vale decir para aclarar la idea misma de relacion, Relación, correla­
próximas y se convierten una en otra sin apreciable solución de
ción, son términos generalísimos; tanto, que nada puede considerarse,
continuidad, con un margen de desviación que puede descartarse.
en rigor, "des-relacionado", sin ningún tipo de relación con algo.
En cambio, la relación es j 71 di rc cta, media ta, o hasta intermediada
Pero precisamente por esto, precisamente porque tocio, de alguna ma­
cuando la eficacia del pensamiento sobre la acción es distanciada,
nera y por algún lacio, tiene relaciones, el t órm iuo "relaciones" in­
retardada. En esta última hipótesis, antes de llegar a la práctica, la
cluye variedac!es de lo más diversas.
teoría cumple un largo recorrido, debe hacer una serie de "pasajes
Ya habíamos examinado (slll~ra III.l.) la relación cle tipo causa­
intermedios", de tal modo que aquel pensamiento que al final del
efecto, dourlc distinguimos entre una relación de dct erminacion ca u­
periplo se prolonga y proyecta en la acción, es sólo un pálido reflejo,
sal (dacia la causa, es dacio tamliiéu el efecto), y una relación de in­
un eco deformado de la teoría originaria. Aquí, en cambio, la sepa­
dctermiuacion causal (la causa es condición necesaria, pero 110 sufi­
ración es muy grande. Nuestro problema de fondo se plantea, pues,
ciente), por la cual, dacia la causa c, no puedo pre\er con seguridad
de este modo: separar aquellos casos en que la teoría opera más o
cuál será el efecto x. Aquí la incógnita sigile siendo tal, pC1Hlue cle
menos directam cnír sobre la práctica, de los casos en los que la rela­
una misma causa pueden salir much ísiiuos y muy diferentes efectos.
ción entre la teoría y la pr.ict ica es a ltaiuente indirecta.
Lo que quiere decir que todas las veces que el hombre penetra en una
Aclarado el vocabulario, retomemos las cuatro soluciones típicas
cadena causal, en esa cadena se introduce una indeterminación. ¿Cómo
que se le pueden dar a las relaciones entre la teoría y la práctica (y
se comportará una persona como consecuencia cle un cierto hecho,
viceversa). Las recuerdo de nuevo: teoría sin práctica; práctica sin
o en respuesta a una determinada presión o sol icitac ión qlle se ejerce
teoría; teoría dependiente de la práctica: práctica dependiente de la
sobre ella? No puedo saberlo por adelantado. Me encuentro con un
teoría. Gracias a las precisiones y distinciones que hemos hecho, será
enemigo y le cloy una bofetada. ¿Cómo reaccionad? Es posible que
fácil ver ahora en qué sentido estas cuatro soluciones han tenido
se arroje sobre mí para golpearme; pero también es posible que lile
partidarios, y a qué efecto cada una encontró una plansibilidad. Con
responda sólo con palabras; o hicn <¡ue se l iurit.c él envi.umc sus paclri­
este fin, tendremos que atravesar las líneas a lo largo de las cuales
nos; o incluso que no haga nacla, que se quede con la bofetada. Ia
se atrincheraron los contrincantes.
bofetada (cama) proclucir.i probablemente (pero no COlI segmidad)
una reacción cualquiera (efecto); mas no puedo aut ici pa r ru.i l.
Pero también la indeterminación causal es un tipo de relación ele­ IVA. TEORíA SIN PRÁCTICA
masindo precisa para la relación entre la teoría y la práctica. A los
efectos de nuestro problema, con viene 1imi tamos a expresiones más Conocimiento m ctaíisico )' t coria metapráctica
genéricas, a aquellas ¡ elaciones que vaga y variadarnerue se llaman
de "dependencia" o de "influencia". Es obvio que también la depen­ No se puede dudar de que existe una "teoría sin práctica". Tal es, casi
dencia, o la influencia, pueden concebirse como subclases de la inde­ por definición, todo saber considerado contemplativo. Pero la exis­
102 LA RELACIÓN ENTRE LA TEORfA y LA PRÁCTICA ¿QUÉ TEORfA? 103

tencia de las teorías metaprácticas no nos autorizan a sostener que La exigencia de distanciamiento
"ninguna teoría" tenga utilidad práctica, que ningún saber se preso
te para la utilización práctica. Establecido esto, la pregunta es en­ Por cierto que la tesis de la "teora sin práctica" no se identifica
tonces la siguiente: ¿qué teoría es del tipo meta práctico? necesaria y únicamente con el caso específico de la "teoría filosófica".
Ya lo sabemos; sabemos ya que el ejemplo clásico de teoría meta­ El ideal de un saber puro, distanciado, contemplativo, expresa tamo
práctica es la filosofía. El conocimiento especulativo se sitúa "más bién -dentro de cualquier tipo o nivel del saber- una legítima
allá" de los problemas de la acción, exactamente por la misma razón preocupación heurística. Es un punto que ya hemos tocado, pero que
por la cual se proyecta "más allá" de las cosas físicas. Bastará volver merece ilustrarse con mayor amplitud.
a observar que un saber metaempírico no tiene, no puede tener, una En este contexto más amplio, la tesis de una teoría sin práctica se
directa prosecución práctica. Atención, decir que la [ilosoiia es una resuelve y traduce en una amonestación, que podría formularse así:
teoría sin práctica, no equivale a decir de ninguna manera que la "Atención, no dejarse envolver demasiado por los asuntos prácticos."
filosofía no tiene indirectamente efectos y consecuencias en la esfe­ Esta recomendación y preocupación -como ya tuve ocasión de re­
ra práctica. Todo lo contrario (como veremos injra § VI.2). Quiere de­ cordar- ha asumido su forma más extrema en el ideal de la vida
cir únicamente que la filosofía no se propone, en cuanto tal, resol­ contemplativa, tal como fue entendida por los estoicos y los epicúreos.
ver problemas prácticos, que no tienen las características de un saber Es verdad que entre los estoicos, este ideal perseguía sobre todo
de aplicación. Pero los filósofos no se sienten inclinados a aceptar la la tranquilidad del ánimo. Pero era vida contemplativa también la
implicación "metapráctica" de un conocimiento "metafísico". Si por que Platón y Aristóteles llamaban blos theorcticos, vida teorética. De
un lado proclaman que su conocimiento sobrepasa el mundus sensi­ donde resulta que el amor al saber (filosofía) y la sabiduría se unen.
bilis, por el otro no parecen advertir, o en todo caso graduar, la impli­ Refugiándose en la "apatía" (falta de pasiones) y en la "ataraxia"
cación que se desprende de ello; es decir, que una visión "distante (indiferencia), y estando proeul negotiis, el sabio alcanza la bios theo­
del mundo" no está hecha "para operar en el mundo". Tan es así
reticás, y por lo tanto la mente puede conocer y recibir en sí lo ver­
que muchos filósofos (empezando por Platón) tomaron la aparien­
dadero. Este mensaje, a pesar de sus cambiantes aspectos y aparien­
cia de reformadores. cias, ha llegado hasta nuestros días. Todavía hoy nos decimos: sólo
¿Se equivocaban? Si nos fijamos bien, es decir si recordamos que
cuando el estudioso mantiene una "distancia", cuando no se deja en­
hasta hace cerca de dos siglos la filosofía concentraba en sí misma
volver demasiado por la acción, es cuando su juicio puede ser sereno
casi todo el saber, resultaría injusto decir que se equivocaban; es
que no tenían opción. Y cuando no hay opción, se debe resolver como e imparcial. Un juicio puede ser objetivo sólo si es un juicio desapa­
mejor se pueda. Podemos comprobar que sus reformas demostraron sionado; y un juicio desapasionado presupone y requiere una "dis­
ser casi siempre mala práctica: pero esto era inevitable (cosa que es tancia" de las pasiones de la vida práctica. Por esto Pareto, precisa­
fácil de señalar retrospectivamente, gracias al saber posterior). Pero mente porque estaba preocupado con la objetividad de la ciencia,
si en el pasado los filósofos hacían lo que podían (y debían). el quería una teoría como "pura teoría". sin intereses ni prolongaciones
hecho es que todavía hoy a muchos filósofos les gusta presentar su prácticas. Por análogas razones, se sostiene que no se puede hacer
pensamiento político como si valiese o pudiese valer como preceptiva historia, verdadera historia, del mismo presente; que sólo se la pue·
práctica. Entre estos filósofos todavía rige hoy la superstición de la de hacer de un pasado que sea lo bastante "pasado" como para haber
"verdad única", y más precisamente de una verdad "suprema", que decantado las pasiones que suelen acompañar a la praxis.
por eso mismo debe ser la "verdad filosófica". Pero ahora sí corres­ Max Weber hizo extensiva esta preocupación, este reclamo de "dis­
ponde decir que se equivocan. Y por cuanto al filósofo le gusta pre· tanciamiento", desde el hombre de cultura al hombre de acción. El
sentar su filosofía política como una "teoría aplicable", hay que reba­ observaba que la "falta de distanciamiento (Distanzlasigkeit) [ ... ]
tirlo diciéndole que la perpetuación y la repetición de un error no es uno de los pecados mortales de todo hombre político, y una de las
lo hace menos erróneo. cualidades que, cultivadas en las jóvenes generaciones de nuestros
lO'} LA RELACION ENTRE LA TEüRIA y LA PRÁCTICA ¿ Qut TEüRIA? 10:;

intelectuales, los condenará a la ineptitud política". De modo que la Pero rometnos el significado onm icompreusivo de "teoría" (que
diferencia entre el verdadero hombre político y "los diletant es de es el ree¡uerido por la unión ele la tcor ía con la pr.ict ica). En t a J caso,
la política que se agitan en el vacío" era precisamente la de encontrar por "práctica sin teoría" se debería entender e¡ue la praxis es in con­
según 'Weber, el "hábito de la d istaucia"." Ya hemos dicho (su/na cept ualizable, que es posible una praxis sin "presencia mental". ¿Es
§ Il.H) que no creo en esa "libertad de valor" que se traduce en la re­ una tes is sosten ibl e? En este caso, tal tes is es post ulada por quienes
coniendación extremista de suprimir los valores. Creo en la libertad adhieren a una concepción aut i int electua lista del querer. Pero antes
del valor que retoma y precisa una exigencia que atraviesa toda al his­ de entrar en el debate sobre \a natu raleza de la voluntad, importa
toria del pensamiento: la exigencia de una ciencia desapasionada. volver a subrayar que con frecuencia la tesis de la pdctica sin teo­
Recapitulemos. Cuando se alude a una "teoría sin práctica", se ría se basa en e l car.icter equÍ\·oco del término t('oría.
debe precisar cuál es el rcfncntc, de qué teoría se trata. Tal es, por Si Pareto hubiese considerado que en cout raposición con la prác­
ejemplo, la filosofía. Lo que no significa que la filosofía no tenga tica, también las ideolugías, lo irracional, lo e¡ue él llarua residuos,
efectos y repercusiones pr.irt icas: quiere decir únicamente que son son "teoría", quizás no hubiese llegado a una conclusión en pro de
repercusiones "indirectas". Y la tesis de la teoría sin pr.ict ica será v.i­ "ninguna teoría". Justamente porque no advierte que la t eo rí.r no
lida en tanto sea precisada de ese modo. Viceversa, esa tesis sed es solamente ];¡ "verdadera" (la que tiene validez cognoscitiv;¡), sino
errónea si se la entiende en el sentido de que ninguna teoría tiene también "cualquier teoría" (iuclu,o la de-;pro"ista de valor coguos­
o puede tener validez práctica. esto es, cuando se quiere negar la c it ivo), Paret o termina por defender en sustaucia una pr:lClica "iua l
legitimidad o hasta la mera posihilidad de un saber social de tipo teorizada". Sería como hacer una rcconicu dacióu de este tipo: visto
aplicado. En fin, no hay que olvidar que la instancia de una teoría
que las manzanas podridas pudren a las sanas. el remedio consiste en
sin práct ica expresa en términos generales una adruon ición gnoseol('l'
tirar las manzanas sanas (y no Lh podridas). Tamhiéll poede ser
gica siempre válida. Porque si el hombre de pensamiento no logra
exacto qne en política -no menos que en economía- la moneda
conservar una cierta "distancia" de la realidad que observa y de los
falsa desplaza a la buena; ¿pero es ésta uu a buena ra Z<"JI I para rechazar
problemas que examina, si no consigue despoj.use de la pasionalidad
a priori la moneda buena. la posib i Iidad misma de una luu-ua tucr íar
pr.ict ica de quien esui "empeñado" e inmerso sin regateos en la ac­
ción, su juicio no sed sereno y su mirada no podrá ser límpida.
Lntclcct ualismo J an tiirürlcc t unl is nio ¡mírliro

IV.5. LA PRACTICA SIN LA TEORL\


Vayamos al fundamento filosófiro de la tesis de LI pr.ict ica sin teo­
[Sin teoria o "mal teorizada"? ría. Deseo poner de inmediato en evidencia la naturaleza Iilosóf ica
del problema, porque el punto est.i propiamente aquí; en distinguir
También hablar de "práctica sin teoría" tiene sentido. Como obser­ entre el modo especulativo-filosófico y el modo empírico de alrun­
vaba Kant, con Frecuencia la teoría es inadecuada, equivocada o abier­ tal' el problema de la rclacióu cut re LI teoría y la pr.ict ira.
tamente defectuosa; y entonces procedemos a ciegas, a tientas, al azar. Muchas veces he mencionado la ronccprióu anr iinte lert ualista del
Pero ahora, cuando decimos práct ica sin teoría, hacemos referencia querer, cuyo núcleo no est.i cxprcsad« cu la frase uol u nt as [ert ur in
a la teoría en sentido propio, al pensamiento cognoscitivo. Por lo incogni t um: que la vol untad se proyecta hacia lo dcsrouociclo (lo
tanto, la práctica "sin teoría" es solamente, en esta tesis, una práctica que es Lícil de admitir), y mucho nleU1IS en la aserrióu de qlle [iri­
que no está orientada por una "verdadera teoría", por un conoci­ mero se quiere. y después se roncept ualiza (o se racionaliza, o se t co­
miento válido. riza) el querer. C011l0 veremos (i¡¡fra ~ IV.(i), la tesis según 1;1 cual el
pensamiento surge ex IJostfaclo, no presupone necesariamente una
• M, Weber, Il Locor o l ntelle ct u ale come Pr oiessione, Ej'LllH.1i, ¡9IB. concepción an t i in te lcrt ual ista del querer. Para fundar realmente la
10G LA RELACIÓN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ ous TEORIA? 107

tesis de la práctica sin teoría, sería preciso sostener que la voluntad puede creer que sólo sigue la inspiración de su voluntad. Lo puede
simplemente quiere, que es la única guía de sí misma: stat pro ratio­ creer porque su problema no es el de autoobservarse. Pero el estu­
/le va/untas. Por lo tanto, la concepción anriinrelecrual isra es en el úl­ dioso sabe bien que también la praxis más instintiva implica siempre
timo análisis una concepción uoluntarlsta del querer. premisas mentales, propósitos, cálculos, ideas, justificaciones (aun­
Obviamente, esta concepción resulta negada y refutada por las filo­ que sean toscas y desarticul adas): y su misión es precisamente extraer
sofías no voluntaristas y por la verdad del grueso de la tradición fi­ o abstraer de esa praxis que parece ateórica, el elemento mental
losófica. Pero entrar en este debate sería a mi juicio salirse del tema -y por lo tanto teórico-- que ella presupone y del que está infor­
propuesto. Recordemos nuestra pregunta inicial, ¿para qué sirve la mada.
teoría? Porque también podríamos llegar a considerar que no sirve
para nada; pero no porque nos adhiramos a una determinada "meta­ IV.6. LA TEORÍA DEPENDE DE LA PR),CTICA

física" sobre la naturaleza del qnerer. Vale decir, una metafísica del
Cjuerer no puede decidir una cuestión empírica; si la teoría es con­ Hasta ahora hemos considerado las tesis que separan la teoría y la
vertible en praxis, y cómo. Lo (Iue el filósofo eleva a "esencia" del práctica; una procede en ausencia de la otra, independientemente de
querer, el empirista vuelve a proponerlo como la hipóstasis de dos la otra. Pasemos ahora a las tesis que "eúnen teoría y práctica, y que
"casos límites", entre los que él observa y coloca toda una gama de las unen en una relación de 511 botdinac ion, Esta ~II bordinación está
I:\SOS in terrnedios. dada por la dirección de la relación. A estos efectos, se puede soste­
Así, la tesis intelectua lista puede también enunciarse como el caso ner que la teoría precede y condiciona a la práctica (dirección: de
en el que el intelecto ejerce un fuerte control sobre la voluntad (el la teoría a la práctica ), o que la pr áct ica precede y condiciona a la
tipo racional); viceversa, las tesis anti inteleetualistas, como el caso en teoría (dirección: de la práctica a la teoría). En el primer caso, se
que los impulsos volitivos son poderosos y no se dejan guiar por las habla del círculo teoría-práctica; en el segundo conviene hablar, en
cambio ---como ya se sugirió-, del anticii culo práctica-teoría. Quede
cogniciones (el tipo no racional). Vale decir que, empírica y descrip­
claro que la dependencia o subordinación no excluye que en todos
t ivameute hablando, los absolutos del filósofo se convierten en pre­
los casos la práctica y la teoría interactúen y reaccionen entre sí, es
do nnna ncias, que se vinculan con la tipología "hombre de pensa­
decir que existan siempre relaciones recíprocas. El punto a dilucidar
miento" (el hombre predominantemente contemplativo) y "hombre
consiste en ver si es la práctica o la teoría la que da la orientación.
de acción" (el hombre predominantemente activo, ftirt ico).
0, empleando una expresión de Aristóteles, cuál de las dos será el
Que quede, pues, claro: en el dominio empírico, nuestro razona­ primum mouens, el primer motor.
miento no depende, ni debe depender, de la hipótesis sobre la "na­ Vamos a ocuparnos a continuación del anticírcu lo, es decir que
turaleza última" del querer. Por ello es un error -para quien hace examinaremos la tesis según la cual es la práctica la que produce la
ciencia y no filosofía- hacer depender la solución de la relación teoría. Es una tesis, como veremos, altamente elusiva. Comencemos,
entre la teoría y la práctica de la adhesión a una u otra de las teo­ entonces, despejando el terreno; consideremos los casos en que se
rías filosóficas sobre la naturaleza del querer. Y un error en que es habla de "dependencia de la teoría con respecto a la práctica" en un
fácil incurrir si no estamos advertidos del riesgo. sentido inocuo, vale decir, los que no conducen a un anticírculo.
Recapitulo. Mi tesis es que si se puede hablar de pdctica sin teo­ Son los casos que denominaré, para entendernos, de dependencia
ría, es porque la teoría puede ser ignorada, y hasta ser errónea, insufi­ aparente.
ciente y embrionaria; pero no porque se pueda comprobar, en el
campo de la indagación empírica, que se dan comportamientos sin Dependencia aparente
presencia mental. La acción puede ser iluminada poco y mal por las
luces del intelecto; pero por esto "la práctica sin teoría" es un modo Procedamos mediante ejemplos, examinando los tres puntos siguien­
de decir practica con mala teoría. El hombre práctico "sin teoría" tes: 1) la teoría sigue a la acción, es decir surge ex postjact o, una
¿QUE TEORIA? ¡oC)
1011 LA RELACION ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA

vez acontecida la acción; 2) la tcori« describe la práctica, constituye fórmula de que la teoría es "relativa a", a la de la teoría "producida
su "sumisión descriptiva"; :1) la teoría es exprcsion de ll1la 1/)01/1) y por", se necesita el coraje de ignorar formidables objeciones gnosco­
por lu tanto es un "producto histórico". lógicas. Esto es, hay que tener el coraje de sostener uua tesis que desde
Ya nos encontramos con el argumento (iniv« § IV.S) de que el hom­ hace mucho tiempo no se atreve a sostener ni el más crudo empi­
bre actúa [rrimcro , y que des/mes teoriza sobre lo ya hecho; e hicimos rismo seusua lista: la tesis que Popper denominó agulbmente 1111'
notar que este argumento no basta para fundar una concepción vo­ b uckct theory o] mind: que la mente es una cuba, un recepuiculo
luntarista del querer. Veamos ahora, ad ab urulant.iam , por qué no que allí está, a la espera de que algo venga a llenarlo.
Iuuda ni siquiera un ant irírtulo. Por supuesto, si una teoría surge Es obvio que si el conocimiento tiene un "objeto", este objeto lo
1.'.\ /Justfarlo) es perfectamente lícito afirmar que ella "depende" del
condiciona. Pero de ahí no se puede pretender que se deba poner
iuctu,n que la precedió. Pero las más de las veces se trata, COtIlO decía, patas arriba la relación entre el observador y la realidad observada.
de una tesis inocua con respecto al problema que aquí tenemos plan­ Toda teoría es teoría de algo; pero esto 110 signilica ni pOI asomo
teado. En efecto, sucede a menudo que el denominado hombre de que ese "algo" subordine a la mente que lo aprehende, que el objeto
.utión , el hombre pr.ictico por antonomasia, primero .n-túa y después observado genere la teoría que lo observa. Lu suma, no es que uua
busca la cx pl icación (teórica) de lo que hizo. Y también es verdad ligazón descriptiva eqni\'alga a poner en pos irióu pa .,iva al pema­
<¡ue muchas veces, por la [orma m cnt is del hombre de acción, la teo­ miento. Y ello resulta todavía ui.is evidente ruando nuestro rcícrcu tc
ría llO es tanto uua guía para la arciúu, corno u u moclo de justificar es la práctica, vale decir, los productos del obrar del hombre; poJ"(l'le
1', post los propios actos, de recubrir 10 <¡ue ha hecho y querido hacer
aquí la mente "copiaría" 10 "no copiado" (10 que el hombre inven­
con una "cobertura teórica". Aparte de este caso, encontramos tam­ tú), Por lo tanto, la teor,a <¡ue describe l.i pr;ktica c; suuplcmcnte
liién el de quien debe proceder oLligadamente en terreno descono­ una actiuulu d mcnial (no una mente pasiva) que está 1'11 [unciou
cido. Invitado a explicar cómo vencía en sus batallas, Napoleón res­ de la práctica.
pondió: nos metemos; después se ve. Lo m ismo vale para el revo lu­ Vayamos al tercer puuto: la teoría COl\lO producto historico, como
«ionario en el transcurso de su acción, cuando hay <¡ne atreverse más expresión del "tiempo", condicionada pOI" eso mismo a "su época".
que saber. Esta tesis se diferencia de la anterior porque se basa en el concepto
En estos casos se puede hablar, pues, de una teor ía que depende de historia. Hasta ahora nos habíamos contentado COI} di,tinguir
de la praxis. Sí; pero esta teoría que surge e, /}()stfacto es precisa­ cutre la praxis y la pr.ict ira (el h.uer sol id i ir.ulo) : y en cst a con t r.i­
í

mente la t eor ía "elaborada"; pero un embrión de prugrama, ele con­ posición, la práctica se vuelve en lt inio an.ilisis rocx tcns iva COIl el
ú

ccpci('Jll. de cogniciones, ha guiado primero la acción del hombre de ambiente. Por supuesto <¡ue 110 el ainlrirntr-not uralc:a (n.u ura l). siuo
atción. f:ste ya sabia 10 que quería en el momento eu que actuó. Por el amliicntr-liombvr, creado por el lu n u l ur-. El COIlCqltO de h i-t ori.,
otra parte, aquí "práctica" se emplea por [naxls, El hecho de <¡ue la introduce uu.t v.ninutc eu la uoción de .uubicu: c. Pr u 1:1/')IlC:; de
praxis, lo <¡ue )'0 he hecho o esto)' hncicu do, vuelva a operar sobre simplicidad, la podernos lunuular así: hast.r qlle 110 asu mimo-, 111);1
la teoría, quiere decir simplemente que el hombre aprende exper i­ perspcctiva h ist órica, el .uuhicutc e~t;'1 da d» , existe \ h;¡SL1: InieI111;¡)
mentando y equivocándose, dicho en otras palabras, aprende de su qlle el ambiente liistorico es UI1 .uu hirru e pcnibido ]"llgillldill;¡1 )
experiencia. genéticamente, en Sll fluir desde un pas.ulo hacia el presente <¡lle a
Pasemos al segundo punto, el ele la t ecnia como descripcion de la su ver. se proyecta hacia el íut uro. Lo que ¡lOS muc-.t ra 1111 amlucnt c
[nátt«:«, Se dice qlle la teoría debería "copiar" a la realidad; y por que cont ieue en sí la propia ex pl iración.
otra parte, la exactitud descriptiva es justamente lo que se le pide Establecido esto, ¿qué se entiende, o ruejor <¡U(' ¡lIlcde ser lo <¡ue
al conocimiento empírico. Pero estas tesis no implican, en realidad, subyace CIl la aserción de <¡ue la vc n].u l es filia II'I!I/I/ni': El \('1Il'11"
uiuguna "sumisión' de la teoría a la práct ica. Una cosa es sostener de este tema --si es qlle un tenia puede teJ1U veneno- reside en lo
que la teoría se rciierc a (o está en función de) otra cosa; y algo sigu ient c: en <¡ue d ism inu ye el pC'o y la iiuport.uuin dcl I'Cll";¡lIlil'IJII)
muy distinto sostener que es jlroducida /JOr algo. Para pasar de la como agente de los cambios h istóricos. Cu auclo se dice <¡ue las t co-


¿ ous TEOR1A? 111
110 LA RELACION ENTRE LA TEOR1A y LA PRÁCTICA
El anticirculo práctica-teoría
rías son un "producto histórico", se cree sugerir tal vez que no hay
que darle demasiada importancia a la historia de las ideas, porque
Empecemos a tirar del hilo. Para demostrar que el impulso que hace
no serían las teorías las que cuentan, las que determinan realmente
girar realmente la rueda es el "impulso práctico", es necesario que
el curso de los asuntos humanos.
la práctica no se conciba ni como praxis ni como ambiente histórico,
Es cierto que a esta desvalorización se puede oponer la comproba­
sino como ambiente material. En efecto, en las primeras dos acepcio­
ción de que los grandes giros de la historia corresponden a momen­
nes, la práctica contiene ya en sí misma la teoría que debiera produ­
tos de alta tensión "ideal", están marcados por poderosas explosio­
cir; por lo tanto, quien funde el anticírculo sobre estas bases, estará
nes de "ideas", y que estos ideales y estas icleas tienen siempre una
haciendo trampa. En segundo lugar, para demostrar que la teoría
paternidad precisa. Sí, pero esta objeción puede ser obviada dicien­
depende de la práctica, no basta argumentar que el ambiente mate­
do: nadie niega la importancia de Rousseau o de Marx (por dar dos
rial condiciona el pensamiento. Una relación de "condicionamiento"
nombres): pero si esas doctr-inas no hubiesen sirlo teorizadas por
no postula una direccion qne suponga subordinación. Un condicio­
ellos, habrían sido teorizadas por algún otro. Respondo: es posible; namiento es sobre todo un límite, o como máximo, un impedimen­
pero en tal caso, también estos hipotéticos otros habrían sido personas to, un vínculo. En suma, asegurar que el ambiente condiciona el
de excepción. Porque cuando se dice que determinadas ideas estaban pensamiento (lo que es obvio), no equivale a asegurar que el amo
"en el aire", que eran las ideas de la época, y que la época estaba biente produce el pensamiento.
"madura" para esas ideas, no se debe confundir una condición ne­ De lo anterior se deduce que la forrnulaciún exacta del problema,
cesaria -es decir que una época determinada estaba madura para desde el punto de vista terminológico, es la de Marx, cuando ste la
é

dar vida a ciertas ideas- con una condición suriciente. Esas ideas formula así: que la teoría (el pensamiento) es el producto de las
no nacieron, literalmente hablando, del seno de la época, y por cierto condiciones materiales. Éstas son en concreto las fuerzas y las formas
no cayeron por fortuita combinación dentro de una cabeza que las de la producción (económica). Pasemos por alto l.i expresión "fuer­
esta ha esperando. zas", que es peligrosamente elástica y altamente polivalente. En cam­
De cualquier modo, en este campo la cuestión de la importancia bio es adecuado decir "condiciones materiales", y especificar que entre
de las ideas como agente del proceso histórico. tiene una entidad se­ éstas son determinantes las "formas de produrr ióu". Yendo a Marx,
cundaria. Independientemente de que se consideren más o menos im­ la pregunta es: ¿Marx llega realmente a darle Fnndarnen to al ant i­
portantes, en todo caso tampoco este argumento puede demostrar de círculo, a demostrar que la teoría es producida por la práctica?
ninguna manera que la práctica -el hahitat h istóriro-c- produce la
teoría. No lo puede demostrar porqlle esa historia ele la cual las icleas
y las grilndes filosofías político-sociales serían un "producto", es tam­ El materialismo "idealista." de Marx
hién ella IIn total simbolice, y ya teoría real izada y pr.ictica teori­
zada formando una unidad. Para situar el discurso, conviene distinguir antes que nada entre va­
Por lo tanto, si queremos sostener qlle todo el círculo parte de la rios tipos de materialismo. Dejando de lado el material ismo "sensua­
práctica, debernos referirnos, nu a la "atmósfera simbólica" de una Iista" del setecientos -el de Lamettrie y del !J;¡rClI1 de Hol hach-,
época, silla a la situación material, a la práctica solidificada. Sólo que llamaríamos de tipo primitivo, podemos hablar ele 1) 11n mate­
en este momento y sólo a partir ele este punto, se presenta la hipó­ rialismo estricto,' 2) un materialismo idealista, y ~) un mater ia Iismo
tesis del ant irírculo. Pero entonces la tesis no es ya: en el origen diluido. Es fácil definir el materialismo en sentido estricto y propio.
era la historia. Ahora deberá ser: en el origen eran las condiciones En este caso, la tesis es que las condiciones materiales -claramente
ni.i ter iales,
precisadas como realidad extramental-»- determinan las construccio­
nes mentales; y aquí el verbo "determinar" indica una relación de
determinación causal (no de mera indeterminación causal). es de­
112 LA RELAClON ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿Que TEORIA? 113

ci r una determiuarióu viuculaclora. ¿Es 6t:1 la tesis de Marx? La res­ está empleado apropiadamente, plantea el problema de distinguir
puesta segnra es que no. Porque el de Marx es un materialismo sui entre un tipo y otro de relaciones causales, tampoco se le 'ocurrió a
gencris, cuya pecul iariclad es exactamente la de ser 1\11 ideal isrno dado I'vIarx. Y esto fue así de nuevo porque Marx había sido acostumbrado
vuelta. No se puede entender nada de Marx si no se parte de Hegel, por Hegel a resolver cualquier relación en clave dialéctica; y en dia­
es decir. si no se tiene bien presente qne Marx "mat erial iza una filo­ léctica se puede usar el vocab lo determi11ación pero no hablar de
sdía irlcal ista. En una célebre apostilla de F.l ra pit al aparece perfec­ "determinación". Se objetara: es que Marx no piensa pcr causas,
tamente ilustrado este procedimiento: Marx invierte la imagen de piensa "dialért icamen te". Respondo: justamente por esto su deno­
Hegel que hace marchar al mundo "con la cabeza", haciéndolo andar minado materialismo no es un verdadero materialismo y por consi­
"sol ire los pies". Marx d.r vuelta a Hegel de este modo, poniéndolo guiente su línea (en relación con nuestro problema) es siempre amo
sobre LIS piernas; mientras que "para Hegel el movi rn icnt o del pen­ bigua y ondulante.
samiento [. ] es el demiurgo de la rca liclad [ .. ] para mí, por el Que el materi,t!ismo de Marx es, como materialismo, un materia­
contrario, el movimiento del pensamiento es sólo el reflejo elel mo­ lismo "ingenuo" (es decir, sólo un idealismo dado vuelta) surge de
vimiento leal, transportado y traspuesto en la cabeza del hombre". su desarrol lo posterior. En efecto, una conceptuación precisa de sus
Primera e inmediata pregulIta, ¿<¡lié es un niouimicnt.o real? ¿C('llllO problemas se volverá a encontrar más tarde en la corriente de pensa­
debemos entender el "primer motor de "Llrx? ..\ 1111 antes de las miento que se denominó "empírio-criticismo' y que tuvo como ex­
fuerzas y L1S [orillas de producción, este primer motor marxista es su ponente al filósofo Ernst 1\lach. Al presentar un materialismo crítica­
cOllcepto de [naxis, tal como lo encontramos dcf iu ido en las Tesis meru.e aceptable, Marh destruía inipl íritamcntc el fundamento mismo
50/lre Fcuerbacli ele I S4:J. Transcribo las distintas expresiones con de la doctrina marxista. Bien lo vio Len in, que dedicó a la refu­
qlle Marx vierte el concepto de [naxis en las oucc Tesis antes citadas: tación de las tesis de Mach su único trabajo filosófico, Materialismo
"act i vi d;nl real sensitiva", "act iv idad pt ác t ico-r r it ir a" (Tesis J); "ac­ y em.pirio-criticismn, notas sobre una [ilosojia reaccionaria. El sub­
t iviclad humano-sensitiva pr.ict ica" (Tesis V): "scns il ii lid.«] ro mo act i­
título del volumen de Lenin indica ya que él no vio otra manera de
vidad prárt ica" (Tesis IX). Merece t.uubi óu tr.mscrib irse íntegra, afrontar la amenaza de la escuela em pirio-criticista, que restaurar
Jada su brevedad, la Tesis VII 1: "La vida social es fund.unenralmente Ia ortodoxia. con los textos sagrados en la mano. Como escrito filo­
pr.ictica. Todos los misterios que impulsan a las teorías hacia el mis­ sófico, el volumen no tiene gran valor; pero precisamente es signifi­
ticismo, encuentran su expl icación racional en la praxis humana y cativo que el marxismo haya tenido que rechazar en bloque -por boca
en la inteligencia de esta praxis." ¿ESLí claro? A m no me parece.
í

de Lenin- la única tentativa de profundización gnoseol('lgica y epis­


Lo único claro es que la jlm,'.;is ele Marx no satisface la couclición pre­ temológica de los problemas rodeados e ignorados por Marx.
lim i n ar cle un materialismo e11 scnt ido est r« !"; la [naxis no es jamás Rechazado el empirio-criticismo, y olvidado Hegel, el marxismo
en Mrux (lo sed clespuc-, e11 el m.irx ismo vulg.u) un LIctor segura­ se convierte en una doctrina que se declara "material ist a", pero q ue
mente cxt ramcut al. no dispone de sostén gnoseolcígico. A ojos vistas, el llamado materia­
Si11 liar cruos mala sangre C011 la [naxis ele Xlarx. volv.uuos a nues­ lismo marxista no posee una teoría materialista del conocimiento.
tro tema. Marx se proclamaba materialista en polémica con Hegel; Si se ve enfrentado a este tema, el marxista inteligente hace una
peTO por esto mismo, su inater iausmo era sólo un "antiiclenlisuto". mezcolanza con el concepto de pr.irt ica (como Luk.irs) y el marxista
qlle conserva de él todos los planteamientos y todos los 110 Pro/J/OIIIlS ordinario se contenta con esta versión oficial: "El materialismo filo­
(l'S decir, el modo idealista de dee!!Jitar los problemas). El hecho de sófico marxista parte del princi pio de que [. . ] la materia es el dato
qlle el materialismo (el verdadero) plantee un problema gnoseo ló­ primero, porque es la fuente ele las sensaciones, de las representacio­
gico y epist emológico, no fue ni sospechado por Marx. 0!0 se le pasa­ nes, de la conciencia, mientras que la conciencia es el dato secunda­
ha por la cabeza, por la obvia razón de qlle :'IIarx dcri v.. de IIegel y rio, un dato derivado, puesto que es el reflejo de la materia, el re­
el idca l ixm« se saltea toda probl eui.ir ica gnu.s(:(llc'lgil.1 ) cpistcmoló­ flejo clel ser; el pensamiento es un producto ele la materia cuando ésta
gica. De modo análogo, que el concepto de "dct ermiuaciún", cuando ha alcanzado en su desarrollo un alto grado ele perfección; esto es,
114 LA RELACION ENTRE LA TEüRIA y LA PRÁCTICA ¿QUÉ TEüRtA? 115

el pensamiento es el producto del cerebro [ .. ] no se puede separar nar el anticírculo, y si limpiamos la tesis de la "práctica que produce
por lo tanto el pensamiento de la materia, sin caer en un grosero la teoría" en todas las ambigüedades que enturbian la cuestión, ha­
error." 5 bremos advertido que se apoya siempre sobre arena movediza.
No es el caso de insistir en la dificultad en que se ve envuelta la
posición ingenua de quien quiere ver en el pensamiento un "epi.
fenómeno". Nos limitaremos a un ejemplo, tomando el caso del fí­ El materialismo diluido de Mannheim
sico, que seguramente nos autoriza más que otros a hablar de una
teoría que "refleja" la realidad física. Aquí no hay tabique separador ¿Cuál es actualmente la cosecha más profunda y más seria de la in­
entre el físico y la "realidad material", en el sentido de que si hay tuición originaria de Marx? Los más pensarán en la escuela de Franc­
un observador que no se ve perturbado, que se haIJa en contacto di­ Iort, en Marcuse o en Habermas. Pero a mí me parece que esta
recto con una inequívoca realidad extramental, éste es por antonoma­ escuela constituye un retorno a la disolución (de izquierda) de la fi­
sia el estudioso de la física. Sin embargo a nadie, que yo sepa, se le losofía hegeliana, que no enfrenta el problema que aquí nos hemos
ocurre ver al "físico" como alguien en cuya cabeza entra "la física". planteado, sino que lo envuelve otra vez en refinadas nebulosidades
Todos se dan cuenta cuán pueril sería una explicación del tipo: el dialécticas. A despecho de las modas, me referiré más bien a Mann­
físico recibe en su cabeza lo que la naturaleza física le mete dentro. heim, que a mi parecer sigue siendo el autor más original y serio en
Pero si una explicación materialista no funciona ni siquiera para el el campo del repensamiento empírico de la filosofia de Marx. Como
físico, ¿cómo podría valer para el estudioso de los fenómenos huma­ dice el término que he empleado ron Mannheim nos encontramos
nos? Esto es, para quien no tiene nada que hacer ----como se lee en con un materialismo "diluido". Vale decir que Mannheim deja de
el pasaje citado ----con el "primer dato" (la materia), sino única­ lado los juegos de apariencia prestigiosa (en los que tanto se destaca
mente con el "dato secundario", con el "derivado". la escuela de Francfort), aísla el problema central y lo pone en claro,
¿Cómo se sale de esto? El marxismo sale oscilando entre un mate­ En la retranscripción de Mannheim, el problema central es el del
rialismo estricto y un materialismo diluido, en el cual 1) la derer mi­ "condicionamiento existencial" del saber (Seinsoerburulenheit des
nación causal se vuelve indeterm inacion cal/sal, y 2) los factores ma­ Wissens). Por lo tanto, Mannheim pone de cabeza a la denominada
teriales pierden su caracterización ex tramen tal. Con respecto a lo sociología del conocimiento.
primero, el marxismo se presenta como un materialismo "dialéctico" Mannheim da por descontado desde el comienzo que la relación
(en el cual la naturaleza de la relación no se deja atrapar jamás); y entre los factores existenciales o la situación social por un lado, y las
en cuanto a 10 segundo, como un materialismo "histórico" (en el posiciones mentales por el otro, no es jamás una relación de determi­
cual es la naturaleza de ·Ia materia la que no se deja aferrar nunca). nación causal. Su concepción ha sido condensada por Maquet en una
La sustancia es que los marxistas, cuando advierten que su posición Ilamada "ley de Mannheirn", que dice así: "Las ciencias cualitativas
se acerca al punto del "materialismo diluido" en el cual se disuelve (ron exclusión, por lo tanto, de las ciencias cuantitativas) correspon­
el anticírculo, recurren a la terminología del "material ismo estric­ den más o menos estrictamente a la situación social e histórica de los
to"; pero cuando deben justificar su terminología de "materialismo grupos en los que se subdividen las clases sociales." 6
estricto". entonces recurren a las justificaciones del "material ismo di­ Como se ve, estamos muy lejos de Marx. Al pensamiento "produ­
luido". Es dificil seguirles el hilo porque todas las piezas son rápi­ cido" y "determinado por" de Marx, Mannheim lo sustituye por un
damente cambiadas en el tablero, y así nos encontramos cada vez ju­ pensamiento "correspondiente a", "correlativo a", en "acuerdo con",
gando una partida diferente. No sorprende, entonces, que el juego "ligado a", "proveniente de", en "conexión con"; es decir, un nexo
termine por transtornar y hasta convencer a los propios jugadores.
bastante blando de dependencia, que a menudo es sólo de correspon­
Pero si nos hemos hecho una idea precisa de cómo debería funcio­
dencia. Además, el factor condicionante queda por fin precisado. En
• Storia del Partito COl?luniJta de!l'URSS, p. 131. El pasaje se le atribuye oficial­
mente a Stalin. • Jean Maquet, La Sociologie de la Connaissance, Lovaina, 1949, pp. 69-70.
116 LA RELACION ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ QU1:~ TEORIA? 117

Manriheiru, las "condiciones materiales", el "ambiente material" (es­ to ideológico", es decir ~i la sociología del conocimiento puede medir
decir las expresiones genéricas) son dejadas de lado. la validez del pensamiento.
Es indudable que la evolución del pensamiento de Mannhe im, a 'Fercero; si el "con d iciouam iento social" elel pensamiento corres­
partir de 19j1,7 se desarrolló en el sentido de un alejamiento cada ponde a líneas de demarcación de "clase", esto es, si la sociología
vez mayor de Marx, a tal punto que las posiciones fin:,]cs de ~II su­ del conocimiento puede sustentar una co nccpcián clasista ele la rca­
ciología del conocimiento (como se ha observado cou acierto) ter­ Iidad.
minan por volver a las tesis de Rick ert y de M ax ,\'eher, es decir por En cuanto al primer pUllto, uie apresuro a decir que Mannhcim
reintegrarse a las fuentes elel historicismo m:h que a las del marxis­ quiere probar demasiado, de modo que las ambiciones ele la socio.
mo. Sin embargo, la inspiración y la derivación marxista su l is ist cu . logía del conocimiento son desproporcionadas con respecto a los me­
y es en esta perspectiva que nos interesa examinar la sociología del dios ele clue elispone y al horizonte que la delimita. Acaso sea debido
nmocimiento de Mannheim, La tesis origiuaria, la del vol umen de a la perrlurarión de las sugestioues tu.ux istas, o a otros ulotivos, pero
1929, l dcologia y utopi«, es la siguiente: que el saber. todo saber el hecho es que Maunh cim no rrn uncin al ambicioso proptísito ele
(salvo las ciencias exactas) corresponde a una perspcctvia de clase, llegar al [uü originario. Ahora bie-n, desde lJne Manuheuu fotografía
está "situado" en una clase y debe ser entendido y valorado cu rel:i­ una cierta situación y dice: p~,rto de lo que hay aquí y ahora, en esta
ción con Sil "ecuación social" (de clase). cleterm inadn situación social, sin proponerme el problema de "dónde
¿LogTa Mannheim clavle ele esa manera un a formulación acep­ prov iene lo que eucueu t ro", hast.i ese pun to hace sociología del co­
table a la idea de que el "impulso" que hace girar la rueda vicu e nocimiento (y con frecuencia la hace hicu). Pero cuando se pre­
ele fuera, ele factores existenciales-amb ieutalcs y no de factores simbó­ gunta: "¿ele dónde proviene lo que veo?", entonces su sociologia
licos? En suma, y a los efectos del ant icírculo pr.lct ira-te or ia , ¿la so­ elel conocimiento se transforma arbitrari;mlente en una teoria del
ciología del conocimiento puede hacer las veces del materialismo his­ conocimiento; es decir que trata de resolver en términos ele .wciologin
tórico? Mi respuesta es que en tanto la sociología del conocimiento un problema de gnosrologia, Lo que no se puede hacer.
ele Marmhe im se esfuerza por ser un a prolongación del materia lismo Tomemos el tema "clases". Si me limito a decir: "Parto de la COIl1­
histórico (aunque en el campo de la revivión crít ica), la tesis de probación de que hoy existen clases, con su conciencia de clase, y que
Manuhcim no es válida: mientras que lo qlle tiene de verdadero 110 este hecho caracteriza :1 la lucha política actual", no tenemos nada
hace de ninguna manera las veces de la tesis ele Marx. Y como la que objetar. Pero si en cambio paso a decir: "la conciencia" de clase
mejor manera de recoger lo que hay ele verdadero en la sociología es un e pi fenómeno del" hecho" clase, en tonces ya u o podemos estar
del conocimiento es quitar de en medio 10 qlle tiene de falso, comen­ de acuerdo. Y no estamos 111:ís ele acuerdo porque esta vez nos hemos
zaré por criticar las ambiciones equivocadas de Mannhe im. preguntado: ¿por qué las clases? A quien dice ex [acto oritur uiens,
es fácil opoucrle que las clases siempre existieron, mientras que la
"conciencia ele clase" no. i\Lis aún, con frecuencia la "idea" que nos
Critica de la 5ociologit, riel conocimiento hacemos ele las c1ascs def orrua Jo que es la efectiva estratificación
social de la sociedad que se considera. Lo que confirma que la "con­
U n examen de la sociología del conocim icnto pI an tea tres problemas. ciencia ele ser una clase" no nace autonuit icamento del hecho; en
Prim cro : si ésta puede hacer las veces de una teoría del conocimiento, cambio, cuando se da. tiende a violentar al hecho.
es decir, si puede funcionar como gnoseologia. Quc las prcteusioncs epistcnwlúgicas ele la sociología del conoci­
Segundo: si del "condicionamiento sociológico" elel pensamiento miento ele Mannheun son gratuitas, encuentra confirmación en las
es lícito extraer la inferencia de que tocio pensamiento es "pensam ieu­ otras suciologías del conocimiento, esto es, en su vertiente no mar­
xista. Si nos hemos centraelo eu Mauuhe im Iue porque nuestro pru­
7 Con el artículo "Wissenssoziologie", recogido como último capítulo en la edición blerna es el ant icírculo práctica-teor-ía. :'\0 se delJe olvidar por esto
inglesa de Ideología)' utopía, que es de 1931; mientras que el volumen e.' de 1929. que si Manuhe im sostiene la tesis del condicionamiento existencial
118 LA RELACIÓN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ QU~ TEORIA? 119
de los fenómenos mentales, existe también la sociología del conoci­ nal, es subconsciente. El problema de la ideología es entonces el de
miento de Max Scheler y de Sorokin, en las que se sostiene. inversa­ discernir si el "condicionamiento existencial" del pensamiento nos
mente, la primacía de los factores culturales. Más exactamente. Max autoriza a calificar (o mejor a descalificar) todo pensamiento como
Scheler veía en los "factores ideales" el determinante de los "facto­ pensamiento ideológico.
res reales"; y Sorokin desenvuelve en los cuatro volúmenes de su Según Marx, y en general según toda la doctrina marxista, de la
Social and Cultural Dynamics, la tesis de que toda civilización crece clase burguesa debe salir un pensamiento hurgués, es decir ese "falso
hacia un "supersisterna" (que responde a las preguntas metafísicas pensamiento de clase" que es la ideología burguesa. Empero Marx
fundamentales sobre la naturaleza última de la realidad), el que se se limita a atacar con su "descalificación de clase" a los burgueses. a
encarga de todo el resto, volviendo por esta vía a reafirmar que los la ideología burguesa; en cambio el proletariado, como "clase-no­
factores "existenciales" dependen y descienden de los "factores men­ clase", quedaba exonerado de este pecado original. Mannheim re­
tales". chaza esta salvación del proletariado, y argumenta que si el pensa­
No importa ver cuál de las dos líneas explicativas llega a ser más miento está determ inado por las situaciones de clase. no se puede
convincente. Basta tener presente que también existe una sociología evitar la conclusión de que también el pensamiento proletario es
del conocimiento "puesta de revés" (respecto a la idea que nos ha­ pensamiento ideológico, y por lo tanto tan falso como el burgués.
cíamos al leer a Mannheim); lo que confirma que, no bien el soció­ Conclusión muy lógica, pero que solamente cambia de lugar la difi­
logo se aparta del terreno que 1e es propio, sus tesis pueden ser fá­ cultad. Porque también a Mannhe im puede dirigírsele la antigua
cilmente derribadas (tanto más fácilmente cuanto la sociología no objeción que ya se le dirigía al escéptico: si se asegura que toda ver.
marxista del conocimiento presenta en este caso la no pequeña ven­ dad es "relativa", también la tesis de que la verdad es relativa es a
taja de evitar las notorias dificultades de orden epistemológico). Por su vez una "verdad relativa", y por 10 tanto no verdadera. Mannheim
lo tanto, y para terminar con el primer punto, la tesis del "condicio­ advierte bien este pel igTo de desembocar en un callejón sin salida.
namiento existencial-social" del saber es válida en tanto no pretenda Por ello, al excluir que la "clase-na-clase" pueda ser el proletariado
establecer si es primero el huevo o la gallina. -que es parte comprometida a no menor título que la clase a la que
Una vez precisado dentro de qué límites se puede hablar legítima­ combate-, Mannheim busca una clase-na-clase (que no tenga una
mente del pensamiento "situacionalmente condicionado", el proble­ propia identidad de clase) en otra parte. En suma, también él tiene
ma pasa a ser entonces el siguiente: la situación social (o existencial) necesidad de una "categoría privilegiada" que pueda escapar a la
relevante, ¿es la que está determinada por la "pertenencia de clase"? objeción de que si toda verdad es ideológica, tampoco la que tú sos­
Esta pregunta -al menos en el pensamiento marxista de Mannheim­ tienes es verdad.
está indisolublemente conectada con esta otra: si pensamos en tér­ Esta clase-na-clase es, en la doctrina de Mannheim, la de los inte­
minos de clase (en función de una ubicación y perspectiva de clase). lectuales, la integrada por los que él llama (retomando la expresión
¿todo pensamiento queda entonces, por eso mismo, viciado de "ideo­ de Alfred Weber) sozial freischwebende Intelligenz, o sea esa intel­
logismo"? Convendrá comenzar por esta última pregunta -es decir, ligentsia que está "socialmente desvinculada", no ligada por víncu­
por el problema de la ideología-, para volver después a las clases por los de clase. Ahora bien, es muy cierto que si se deben hacer excep­
esta vía. ciones, es mucho más plausible salvar de la imputación ideológica
Ante todo, una precisión terminológica, ¿qué quiere decir ideolo­ a los intelectuales que no al proletariado. Sí; ¿pero esta excepción
gía (en el uso marxista)? Ideología no es 10 mismo que engaño. El no elimina la regla? Los intelectuales son propiamente los que tienen
engaño es deliberado, la ideología no; es una deformación impre­ por oficio pensar. Si por un lado se afirma que todo pensamiento se
meditada de la verdad. Más exactamente, es la distorsión de la ver­ vuelve ideológico en virtud de la situación de clase a la que se está
dad que deriva automática y necesariamente de la "determinación de adscrito, y por el otro se excluye de la regla a quienes tienen por
clase" del pensamiento. La ideología. pues, es falsedad; y una false­ especialidad el pensamiento, la excepción es demasiado vasta; es una
dad insidiosa, precisamente porque no se la advierte, no es íntencio­ de esas excepciones que anulan la regla. En definitiva, la salvedad
120 LA RELACIóN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ~QU(: TEOR¡A~ 121

reduce la tesis a estas modestas proporciones: todo pensamiento es la doctrina de la redención del proletariado sal ió de plumas no pro­
ideológico, salvo el pensamiento <¡ne piensa. La montaña ha parido letarias, de personas <¡ne traicionaron a su clase de origen y se af i lin­
un ratón; piensan mal (ideológicamente) quienes no piensan (los ron (evidentemente, no por razones de clase) a la clase enemiga de la
no intelectuales). propia. No sólo encontramos en la izquierda a quien narió en la de­
Mannheirn advierte <¡ue en estos términos, el discurso sobre la recha, sino que también encontramos en J:¡ derecha a qu ieu proviene
ideología (y también, por reflejo, sobre el condicionamiento exis­ de la izquierda. ¿Cu:llltas doctrinas qlle UlI marxista cal il'ica de "reac­
tencial) se reduce a poco o nada. En efecto, él reducirá en seguida el cionarias", "capitalistas" y "burguesas" no prm i encu ele pePiona..¡ <pIe
"privilegio" que antes dio a la irüctligcntsia. Pero en cuanto lo redu­ tienen un origen humilde? Esto es, de personas qlle h.ui pcus.ul«
ce, se reconstruye por otro lado la dificu ltad que este privilegio pre­ contra la propia clase de origen (por razones que cvidcntemcut e es­
tendía superar. Mas no importa seguir a Mannheim por estos veri­ capan a la cxplic.uióu de clase del pensamiento).
cuetos; lo que cuenta es <¡ue queda firme el punto de que el intelectual Se impone, pues, la couclusión de qne el verdadero pcusatuicutu,
"puede evadirse" del condicionamiento ideológico. Y esto nos hasta. el conocimiento propiamente dicho. escapa al cond icinn.un icruu de
Si el pensamiento que cuenta (el pensamiento cognoscitivo) es sus­ clase, no tiene necesariamente orígcncs ele clase. 1.:1 tesis de qne "pcn­
traído a la excomunión ideológica, se infiere de ello que decir que sarnos según nuestra clase" no es v.ll id.i. Tanto es así quc el propio
el pensamiento es "situacionalmcnte condicionado" no equivale ya. Manuhe im abandonó sus posiciones "clas istrs" del 2<1, Ya en los cv­
necesariamente, a decir que sea "ideológico". nitos del periodo I ~UO-10~)5, recogidos en el volumen Ensavos sobre
Sistematizada así la cuestión de la ideología (es decir de la validez la sociología. de la cultura -que sigilen a Id('ología )' I//o/n'a y cons­
del pensamiento), retornemos a la cuestión de la clase, Volvemos a tituyen la transición a la producr ión del pcriodo inglr"s-- Xl.mnhc¡m
formular la pregunta: admitido <¡ue el pensamiento está situacional­ ve a la int elligcntsia no ya como rlnse sino como grupo, y rerou occ
mente condicionado, ¿cómo se demuestra que entre todas las situacio­ <¡lIe hablar de "una deterrniunción soria l del individuo" es un modo
nes la que cuenta es la "situación-clase"? ¿Cúmo se demuestra <¡ue de hablar m ist ificaclor. Mist ificaclor porque el ambiente social (el
pensamos clasisticamentci En este punto. la respuesta es bastante ob­ grupo) le lanza al individuo un "desafio". al cual el iud iviclu o reac­
via, en base a las premisas de Marmhe: m no se lo puede demostrar. ciona "eligiendo la respuesta". Por lo tanto. no sólo la clase sc de'i­
En efecto, si los intelectuales escapan o pueden escapar a la impu­ compone en "grupos", sino que en el interior de éstos el individuo
tación ideológica, es porque son una clase-no-clase. Pero decir que se elige -en una situación social detcrminada- su dirección. Con esto
trata de una clase cuya característica es la de "no ser clase", ¿no equi­ estamos, no ya lejísimos ele la ecu.uióu de clase ele la que par( iú
vale a decir <¡ue los intelectuales no son l/na clase? ¿No equivale qui­ Mann heirn, sino también. diría yo, de toda forma de "dctcrminis­
zás a decir <¡ue la "explicación de clase" del pensamiento no es tal? Il\O social".

Prescindamos de Manuheim y observemos los hechos. Histórica­ Concluyamos. ¿Qué qu cda de la sociología clc l couoriut ieut o ;1
mente no ocurrió jamás que los intelectuales constituvcran 1ma clase; los efectos de los tres problemas que hemos ex.uu iuado? .\<I\·iérLl'iC, lo;
los encontramos alineados en todos los campos, unos en la izquierda, tres problemas son los que Ma nn hcim hereda ele vl.nx , es dccir los <¡ue
otros en la derecha, y en un continuo movimiento inquieto entre un planteó la sociología del conocimicruo SI//¡ spccic de uua cont iu uación
cam po y otro. Se podrá aducir <¡ ue la que cuen ta es la clase por ex­ crítica del marxismo, A mi juicio, de esta directriz del ]x'Il'i;nlliellto de
tracción. En tal caso se d irá: encontraremos a la derecha a los que son Mannheirn queda muy poco; en parte por .ulmisión dcl propio autor
de extracción burguesa y a la izqu ierda a los de extracción proleta­ (que se retracta de muchas de sus tesis iu i.iales): PC\() i.uu hiéu p"r,
ria. Muy bien; pero de acuerdo con esta explicación, la doctrina mar­ que la pretensión gnoscolr'lgica de Lt sociología del couocimicru o ,',­
xista es desmentida in prirnis por su autor, pnesto <¡ue Marx era de taba desprovista de Iuud.uucnto. De este modo, no queda ni se s.tlva
extracción burguesa, y sin embargo pensaba "contra la burguesía". nada ;\ los efectos de la prcgunt.: Iuud.uncut.u qne n os h.rl ii.uru «
Es verdad <¡ue una sola excepción, por grande <¡ue sea, no basta; planteado: la suciología riel couoci m icnt.o -esa dort riu.i [eprC''il'1l
pero ocurre <¡ue las excepciones son las que predominan. Casi toda tat iva ele la posición qlle he llamado "m.ncria lis ruo clilllirl'I"-- ¿l'll('­
122 LA RELACIÓN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA .ous TEORtA? 123
de sustentar la hipótesis del anticirculo práctica-teoría? A este efec­ El error de Mannheim (y primero de Marx) fue el de hablar del
to Mannheim no sostiene, sino que abandona a Marx. Y el caso de pensamiento, del saber, del conocimiento, sin distinguir entre el
Mannheirn confirma -si no estoy equivocado- la aserción que discurso común (o pensamiento acrítico) y el discurso cognoscitivo
hiciera al principio, o nos quedamos en un materialismo "estricto", (o pensamiento crítico), y correlativamente entre los que son sola­
o ya no se consigue hacer girar la rueda en sentido contrario, en mente receptores de cultura y los que en cambio son creadores o
el sentido del anticírculo. Y no se lo consigue porque -sea cual inventores de cultura. Mannheim pone el dedo en el punto justo
fuere la importancia del reobrar del hecho sobre la teoría- este cuando aísla el caso del intelectual; pero no extrae de ello la obvia
movimiento de retorno se interrumpe siempre por un "principio implicación de que el caso del pensamiento calificado no debe mez­
de indeterminación"; y para superarlo, hay que remitirse siempre al clarse con el del pensamiento no cognoscitivo. Así, por no haber
circulo, al vector que va de la teoría a la práctica. efectuado esta distinción, Mannheim cae en el equívoco de confun­
En este punto, puede parecer que nuestro examen crítico resul tó dir entre un problema de construcción del pensamiento (correlativo
negativo en toda la 1ínea; pero no es asl.. Una tesis puede estar equi­ a los pequeños números) y un problema de difusión del pensamien­
vocada a los efectos del problema que se planteaba, pero ser impor­ to (que corresponde al caso de los grandes números). Lo que equi­
tante en cambio a otros efectos; y vale la pena retomar el discurso vale a decir que en tanto la sociología del conocimiento husca ex­
sobre el condicionamiento existencial (ysituacional) del pensamien­ plicar el pensamiento crítico -es decir la génesis de la verdadera
to, visto desde esta última perspectiva. teoría- la explicación no convence; pero si en cambio aplicamos la
ley de Mannheirn a los comportamientos de masa, entonces ella ex­
plica una cosa muy importante. ¿Cuál?, pues nos explica el éxito,
Validez y límites de la tesis de Mannheim las razones de que se merezca atención y se alcance resonancia, los
requisitos de la "aceptación" de una doctrina. Y esto, a mi parecer,
Retomemos el hilo de esta consideración; admitido el "condiciona­ es el verdadero mérito de la sociología del conocimiento de Mann­
miento social" del pensamiento, no rige la simplista reconducción del heim. Pero, atención, el problema ha cambiado radicalmente. Ya no
pensamiento hasta una matriz de clase. Sí, pero ¿con respecto a quién estamos explorando las fuentes de creación del pensamiento, sino los
no rige? Hemos dicho que no rige con respecto a los "hombres de motivos de adhesión a un pensamiento. La sociología del conocimien­
pensamiento", a los intelectuales. Lo que no excluye qne pueda va­ to es, sí, un válido instrumento de diagnóstico, pero a los fines de
ler para otros destinatarios, es decir incluidos también los no inte­ entender por qué los hombres (en general) reciben aquella idea y
lectuales. De otro modo, si la ley de Mannheim indicada por Ma­ en cambio permanecen sordos ante otra; por qué creen en una tesis
q uet no funciona para los pequeños números (para la intelligent­ y no en otra; por qué abrazan una causa y combaten otra. Bajo esta
sia), eso no quita que pueda funcionar para los "grandes números". luz se explica la fascinación que ejerció sobre nosotros la sociología
Como ya advertimos, puede haber una gran diferencia entre lo que e".
del conocimiento. Ella proporcionó a la comprobación general que
se cree sostener y lo que efectiva -y válidamente- se sostiene. Así, el hombre no sigue una teoría por su "verdad", una clave apropiada
Mannheirn creyó o trató de resolver un problema de génesis de las para descifrar las motivaciones y las opciones de los hombres (en
producciones mentales. Su interrogación era, ¿cómo es que un autor general). Se dirá: admitiendo que el alcance efectivo de las sociolo­
tiene una idea? ¿por qué piensa así? ¿de dónde le viene su inspiración? gía del conocimiento sea el que acabo de indicar, ello no quita que
Son justamente las preguntas a las que no tiene modo de responder esa corriente haya alcanzado lo fundamental, pues, en definitiva, ¿lo
una teoría del "condicionamiento social" del pensamiento. Pero si que cuenta no son "los grandes números"? No es una cuestión que
rectificamos la mira, si preguntamos con qué criterio los hombres me interese discutir, incluso porque en verdad no es seguro que los
(en general) eligen entre las producciones mentales ofrecidas a los grandes números decidan sobre todo lo demás. En la gran dimensión,
consumidores, luego entonces la ley de Mannheim funciona a la en la duración, los grandes números terminan por seguir a los pe­
perfección. queños números. Los grandes números pueden sólo "elegir" entre

......

124 LA RELACIÓN ENTRE LA TEOR1A y LA PRÁCTICA ¿QUÉ TEORtA? 125

alternativas que les son propuestas; y por lo tanto van a remolque totalmente nueva: ¿por qué razón se sostienen estas posiciones?" Ob­
de quienes "inventan" estas alternativas. sérvese que la pregunta es nueva a este efecto, que mientras antes se
Como quiera que sea, lo que importa en este campo es afirmar y, recurría a esta pregunta para ex-plica» el error, ahora se recurre a ella
precisar bien para qué sirve -y viceversa para qué no sirve- el mé­ (extendiéndola a cualquier tesis) para inoolidar y relatiuiuir cual­
todo de indagación aportado por Manuheirn. Sirve para explicar la quier uerdad:" Como es Iácil comprender, es nna diferencia que hace
audiencia que una teoría alcanza eu el campo del pensamiento pcsiuo una enorme diferencia. El procedimiento heurístico quería que pri­
o acrítico. Viceversa, no sirve para explicar cómo se construye el pen­ mero se examinase la verdad-falsedad de una tesis, limitando la pre­
samiento activo, el pensamiento crítico. Las correlaciones entre "la gnnta "¿a qué causas podemos atribuir esta posición?" al caso del
situación existencial-social" y las "posiciones mentales", no pueden error (o bien atribuyéudole una Iunción explicativa, pero no de veri­
decirnos nada sobre este particular. ¿Qué es la creación mental? ¿Y ficación). Si en cambio extendemos la pregunta: "¿por qué él dice
cutil es el modo, el método, de la correcta creación mental? lo que dice?" a cualquier tesis, la implicación es qne resulta fútil,
Para resumir y concluir. La sociología del conocimiento no es una o incluso engañoso, afirmar su verdacl-Ialsedad: por lo tanto, la im­
epistemología ni uua lógica; UD puede hacer las veces ni de una ni de pl icación es la de que, así como toda tesis es en cualquier sentido fal­
otra. No nos puede decir ni de don de uie ne el [rensamicnt o, ni cómo sa, todo Jo que se debe hacer es explicar que es falsa y por qué lo es.
pensar correctamente. l\' inguna sociología del conocimiento puede Como se comprende, por esta vía no se tarda mucho en Ilegal' (como
explicar a Marx o puede explicar a Manu lie im: es decir, por qué dice Merton) a un sustancial "nihilismo mental". Por ello debemos
de una cierta "situación" nace el pensamiento de :\Iarx, o por preguntar, ¿hasta qué punto la "desconfianza" que ponía en eviden­
qué de un cieno "ambiente social" surge Man nheim. Lo qne en cia Merton es saludable, y a partir de qué punto destructiva? En este
cambio puede explicar es por qué Marx (y no, por ejemplo, los otros aspecto, el caso de la sociología del conocimiento merece vincularse
hegelianos de izquierda) pasó del contexto de la historia del pensa­ y parangonarse con el del psiroanál isis. En efecto, ambas son cx pl i­
miento al de la historia ético-política, y por qué la doctrina de Mann­ cacioncs de antecámara. Y las ambiciones del psicoan.ilisis no son
lieim -siguiendo la huella de! primero- ejerció a su vez tanta in­ inferiores a las de la sociología del conocimiento. También el psi­
fluencia. Por lo tanto, la sociología de] conocimiento no nos puede coanál isis pretende extraer el pensam ien to ele un antepensam ien to.
decir si una teoría es verdadera, menos verdadera, más verdadera, La diferencia reside en que el psicoaná lisis se remite al subconscien­
exacta o no exacta. fundada o errónea (o como se quiera decir); te, al inconsciente, o sea a una explicación de antecámara "subl imi­
sólo nos puede ayudar a comprender por qué ha sido "creída" o "no nal", que precede al umbral ele la conceptuación. Lo que no impide
creída". Suministrn un criterio para prever e! éxito de un pensa­ que el límite sea en principio el mismo; quien explora la antccáma­
miento ya dado, no para pensarlo. ra queda en la antecámara y 110 puede pretender resolver los problemas
Torl-. lo anterior equivale a decir que la sociología del conocimien­ que se plantean en otra "cámara".
to es antes que nada sociología. Indudable obviedad. Pero además, Volviendo a la sociología del ronocimieiuo, nos replanteamos la
la sociología del conocimiento incursiona de manera gravosa en una pregunta, ¿hasta qué puuto tiene un valor positivo nuestra "expli­
esfera que no es la suya, los más la siguen usando en el dominio de cación de la antecámara" y a partir de qué punto pasa a tener un
la oelid c: del saber, Mertou observa agudamente que si aplicamos
alcance destructivo? Que qnede claro que el propósito y el sentido
a la sociología del conocimiento su misma medida explicativa, queda
de toda I a obra de Mauuhei m no era in va 1ida r el saber, sino "des­
el] evidencia esta correlación: que ella sólo podía surgir en una "si­
enmascarar los mitos", convertir toda posición dogmiÍtica en una
t uación de desconfianza", y que corresponde exactamente a una "at­
presencia continua y vigilante del espíritu crítico. Por lo tanto, el
mósfera de desconfianza". ¿Cuál es el sign ificado ele esta ind icación?
reflejo positivo de la sociología del conocimiento en el ámbito de los
Según escribe Merton, es que "en un contexto de desconfianza, uno
no atiende ya al contenido de las creencias y de las aserciones para • GI. R. K. Mcrton, Social Theory and Social St i u cture, Free Pn-ss, 1957, pp. -t57,
establecer si son válidas o no [ .. ] sino que introduce una pregunta 458-460. [Hay traducción al español del FCE.]
"

126 LA RELACIÓN ENTRE LA TEORIA y LA PRÁCTICA ¿ QUÉ TEORIA? 127

problemas cognoscitivos es el de mantener despierto el espíritu "auto­ conocimiento con base en su ideología total. Estos métodos son fáciles
crítico". La sospecha de condicionamiento puede, e incluso debe in­ y muy agradables para quienes los usan. Pero destruyen claramente
ducir a un examen de conciencia, que se refleje en nuestros movimien­ las raíces de la discusión racional, y deben conducir en último aná­
tos; así como tomar conocimiento de los mecanismos subconscientes lisis a un irracionalismo y a un misticismo." 9
es una manera de combatirlos y de estar en guardia. Por medio de Hayek desarrolla el punto de este modo: "Si la verdad ya no se
ambas vías, tenemos la manera de darnos cuenta mejor de cómo el descubre por medio de la observación, del razonamiento y de la dis­
pensamiento está encarnado) de cómo el conocimiento se halla radi­ cusión, sino develando causas ocultas que, aunque sean desconocidas
cado en las situaciones y perspectivas en que estamos situados. para el propio pensador, determinan sus conclusiones, y si la verdad
En general, ya sabemos que nadie piensa en un vacío histórico. o falsedad de una proposición ya no es establecida por la argumenta­
Pero debemos hacer más precisa esta comprobación, ya sea estable­ ción lógica y por la verificación empírica, sino por el examen de la
ciendo de qué modo el pensamiento está "sítuacionalmente condi­ posición social de quien la emite [ .. ] el resultado es que la razón
cionado", ya valiéndonos del psicoanálisis, o bien asumiendo una viene como una inspiración." Y Hayek explica incisivamente cómo una
perspectiva instrumental, como cuando se dice que las "ideas" res­ vez que se toma el camino de las explicaciones de antecámara, ya
ponden a "necesidades" y que son una manera de afrontar las nece­ no se consigue seguir adelante. Escribe al respecto: "Si supiésemos
sidades. Todo está muy bien, pero llegados a este punto debemos de qué modo nuestro saber actual está condicionado o determinado,
detenernos. Debemos detenernos porque dada la necesidad, no está ya no se trataría de nuestro saber actual. Afirmar que podemos ex­
dada la idea. Aun admitiendo que las ideas hacen frente a las nece­ plicar nuestro saber, equivale a afirmar que sabemos más de lo que
sidades, esto no demuestra que estén producidas por ellas. De modo sabemos, que es formular una aserción desprovista de sentido." lO
análogo, una vez advertido que el pensamiento científico o filosófico Por lo tanto, se diría que el anticírculo llega como máximo a inva­
está condicionado y vinculado al hab itat social, o socioeconómico, lidar el pensamiento; y esto, sólo si se concede lo que no considero
en el cual "habita" el hombre de pensamiento, queda todavía por que deba concederse, es decir, que la sociología del conocimiento es
explicar 10 más: por qué "respondemos" de maneras tan diversas al una gnoseología. Pero hagamos de abogados del diablo y juguemos
desafío del ambiente, y por qué unas respuestas deben considerarse al juego de la masacre recíproca. Una vez llegados a la conclusión
verdaderas (más verdaderas) y otras falsas (menos verdaderas), Si de que todo pensamiento está "ideológicamente infestado", ¿qué se
una explicación de antecámara cree poder explicarlo "todo", se con­ infiere del efecto de la relación entre los que se tienen en mente
vierte en un poderoso corrosivo. En tal caso -el caso del uso polé­ y 10 que se hace? Diría que nada. En efecto, aunque las teorías filo­
mico (de inspiración marxista) de la descalijicación ideológica­ sóficas sean válidas en sentido tradicional, o falsas en el sentido de
los deméritos de una explicación de antecámara superan ampliamen­ que son ideológicas, su relación con la praxis no varía por esto, y
te sus virtudes. sigue siendo una relación indirecta. De igual modo, aunque la cien­
Observa Popper que nuestra época parece caracterizarse por la cia política sea "clasista" o no, la relación entre un saber empírico
"tendencia morbosa" a "develar los motivos escondidos de nuestras y la praxis sigue siendo directa: y esto porque el único requisito exi­
acciones". Y comenta: "La popularidad de este modo de ver reside, gido es que se trate de un saber operativo.
a mi juicio, en la facilidad con que puede aplicarse y en la satisfac­
ción que les produce a quienes ven 'a través de las cosas' y a través
de los desatinos de los no iluminados. Esta satisfacción sería inocua Conclusiones
si no fuese porque ese modo de ver amenaza con destruir el funda. En este capítulo adopté como punto de partida la "teoría". Después
mento intelectual de toda discusión, sustituyéndolo por lo que en se trataba de determinar si el punto de partida podía ser dejado de
otra parte denominé un dogmatismo reforzado." Dice también
• Kar! Popper, The Open Society and its Enemies, Londres, 1952, vol. II, pp.
"Los marxistas [, .. ] están habituados a explicar las críticas de un 215-216.
adversario en razón de sus prejuicios de clase, y los sociólogos del m F. A. Hayek, The Counter-Reoolution 01 Science, Free Press, 1952, pp. 89-90.
128 LA RELACIÓN ENTRE LA TEOR1A y LA PRÁCTICA ¿ Que TEORtA? 129

lado, y entonces la "práctica" servir como tal. He planteado el dis­ Consideraciones análogas valen para la denominada "determina­
curso de este modo: el que no quiera partir de la teoría, que nos haga ción ambiental". La verdad es que el hombre reacciona a sus ambien­
ver cómo hace para partir de la práctica, cómo hace para activar un tes de muy distintas maneras. Y si esto es así, ¿cómo se explica esta
anticírculo que recibe su impulso de factores extra mentales. Hasta multiplicidad de respuestas posibles? Evidentemente, no puede ex­
el final -es decir, hasta la sociología del conocimiento-- esta punta plicarse por el ambiente. De modo que, si preferimos forzar la mano
de la madeja se nos escapó siempre de la mano. Quiero decir que diciendo "determinación", esta determinación no será propia o au­
cuando se procura comprender hasta el fondo cómo es que la rueda ténticamente tal. Decimos esto para hacer resaltar las coerciones y
gira hacia allás (en el sen tido del anticírculo), UllO se queda con la vínculos inherentes a todo hábitat. Pero no queremos decir, en rigor,
sensación de que trata de atrapar una anguila. Como se vio, la formu­ que una vez dado el ambiente, queda dado su habitante.
lación verbalmente más precisa es la de Marx: la teoría en el producto Todas las consideraciones que hemos expuesto confluyen hacia
de las condiciones materiales. Pero esta precisión es únicamente ver­ esta conclusión, que la tesis de la dependencia de la teoría con res­
bal. En efecto, ¿qué quiere decir: es el producto? Y además, ¿qué pecto a la práctica no acciona, no alcanza a hacer accionar, un anti­
condiciones son propiamente materiales? círculo. Por lo tanto, todas las variantes de la relación entre la teo­
Son dos casos, y ambos netamente diferentes. En cuanto a la pri­ ría y la práctica pueden remitirse a casos diferentes de dependencia
mera pregunta, la alternativa es: el nexo expresado por el verbo pro­ de la práct ica con respecto n. la teoría.
ducir, ¿es un nexo de determinación causal o de indeterminación
causal? En cuanto a la segunda pregunta, la alternativa es: ¿se debe
en tender por con dicioncs ma ter iales, algo extra mental (ma ter ial en IV.7. LA PRAcr¡CA DEPENDE DE LA TEORÍA
sentido estricto); o algo que pertenece a la real idad simbólica, una
materialidad referida a los problemas de la vida práctica. (en su dife­ 'La tesis a la que hemos sido llevados es, pues, la de que la práctica
rencia con los problemas que llamamos de la vida espiritual)? depende siempre de una teoría. Con lo que se quiere indicar, simple­
Ahora queda claro que la tesis del "pensamiento producido por mente, que lo que hacen los hombres está siempre influido de distinta
el ambiente material", es una tesis en sí, en la medida en que el nexo manera y, en variada medida por lo que piensan. No es que la rea­
entre el ambiente y el pensamiento no sea de mero "condicionamien­ lidad "entre en la cabeza" de los hombres; es que el mundo del hom­
to", y en que la realidad material que encamina el proceso sea "mate­ bre está hecho por lo que los hombres "tienen en la cabeza". Por
rial" en sentido estricto. En suma, esta tesis tendrá su precisa con­ lo demás, y como dijimos poco antes, los casos de dependencia de la
sistencia y fisonomía, en la medida en que se la desarrolle de este práctica con respecto a la teoría son diferentes. Recordemos a este
modo: que las condiciones materiales (independieutemente de sus efecto que la teoría puede ser: 1) filosofía, 2) ciencia, o bien 3) seu­
expresiones mentales e interpretativas) determinan de un modo vin­ doteoría (definida, residual y simplemente, como cualquier otro con­
culaclor (es decir, en forma determinista) la producción mental (el tenido mental). De esto se desprende que cada una de estas "teo­
pensamiento y la teoría). Pero la tesis no es desarrollada de este modo rías" se relaciona de modo diferente con la práctica.
por nadie. En verdad, las condiciones materiales de Marx no entran Hasta ahora hemos visto los casos menos satisfactorios, o abierta­
dentro de una [ilosoiia materialista (que un antihegeliauo entiende mente insatisfactorios, de dependencia de la práctica con respecto
plJCO o mal), sino que aluden en sustancia a la acepción común a la teoría. En efecto, en el caso de la denominada "teoría sin prác­
de la expresión; esto es, se refieren a las necesidades y requerirnien­ tica" (sujJra § IVA), vimos que las teorías metapráct icas son tales
los de supervivencia, las estrecheces económicas, la dureza del traba­ porque no pueden convertirse directamente en praxis. De igual
jo y similares. En síntesis, son materiales todas las condiciones que modo, en el caso de la llamada "práctica sin teoría" (supra § IV.S), el
no se refieren a las "necesidades espirituales" del hombre. Podría­ embrión de teoría que, a despecho del "sin", informa siempre a la ac­
IIlOS decir <¡ue la materialidad es el "reino de la necesidad". Y este
ción, no será por cierto una teoría que alcance a plasmar en la apli­
es el mensaje con que Marx marcó realmente el curso de la historia. cación. Por lo tanto, queda por ver cuál es la teoría que más y me­
130 LA RELACION ENTRE LA TE ORlA y LA PRÁCTICA

jor puede traducirse en praxis. No basta con llegar a comprobar que


en todos los casos -ya se trate de teoría-filosofía o de teoría-ciencia,
o también de seudoteoría-, nuestra praxis alude a ella o de ella pro­
viene. El problema consiste en establecer cuándo tal dependencia es
buena o mala, por decirlo así.
La pregunta de la que partimos es, pues, la siguiente: ¿cuál es la
teoria que realmente se transforma en práctica, en el sentido de que
el éxito práctico se alcanza conforme al programa teorético? ¿Cuán­
do lo justo en teoría --como decía Kant- se muestra también justo
en la práctica? En suma, ¿cuándo una verdad teórica es al mismo tiem­
po una verdad práctica?
El verdadero problema de la conversión del pensamiento en ac­
ción, se plantea con dos condiciones: 1) cuando la teoría es adecuada;
2) cuando el pasaje es directo.
Con estas condiciones, y sólo con ellas, se da --como diría Dewey­
una "acción inteligentemente dirigida". Lo que equivale a decir
que la dependencia "buena" de la acción con respecto a la teoría,
no se refiere a la relación entre la filosofía y la praxis (que es indi­
recta, no se puede "deducir" la acción de la filosofía), y mucho me­
nos a la relación entre la seudoteoría y la praxis, sino a la relación
entre la teoría empírica y la praxis. Los hombres prácticos han mi­
rado siempre con sospecha y con fastidio a los denominados "teóri­
cos". Las más de las veces no se puede decir que estén equivocados.
Si, pero esos prácticos sólo tienen razón cuando se trata de la teoría
que no les afecta. Porque hay también una teoría que sirve para la
práctica, y que incluso le es indispensable. Y éste será nuestro tema
a partir de ahora.