Sie sind auf Seite 1von 119

Peter Bias

Los comienzos
de la adolescencia
~. <>.0\ """" .. ~ ,........... ~. Ioo""'''-'
<W en MI PI .... iII>f<> On .,. g' =:...... 10 O<tr 't~
e_!>.:.a ... ""*,,,_"" ~ *"""
tu; , _ <1.. :.,o:;ar , 9M> t......., .Ion.......
<1 . . f'T>!Jf un v,."PQ d~ pr ... nolPoo ~1" qo.,. !' a
,'... '" .... '~ ,,,,,,I,oOff(lt> "~l""'-... "·Q 1r'<I"""'" t~ L<N
lO""'. de' OI_~ -=>. L10 1<'14"-'
• C"'90 '" Ir ....... '
~ _ _ ,..... ~ ... J>S"II'AOtn.o - ...... _""-'
.. loo _ _ d.l0<:t.0 de •• ' .... 1.00 "".~n.o 10 "'.. ......
~ ~<Id n.>t"""", 'O~'" ....... ~ ...... ,e
, ...11; ..
", _lO. .. 'r.... ..
t~~' ... .., T' .... de' _ ' .. '" _ "'11....,"" .. • dooI
1' $ PNU, .... e-;I~'" If~ ............ CQI"I ' " .,..
"..,., ....
~
.... P'"'C',!aI
:..ot'~ po<I.'. ' .. ""0>1, _
~
. . . . t<._ _ _ .... ..,., ",>r<o""" ' _ _ _ _
<loo ""'"'"'" __ .~ «oo>n<.."..- dtr _ ... _ ... " . - , .
,...... 10 ~
dtr ""'<~_ Pt"""'_ de' 10"""¡" cno;w
I',_,r_
""~_ <loo ,,,,,,, 1KIr ..'O, lIf" ct .. _ N PO"I' .... er~ aro ...
tu . " ....,,".do en w, cu...co ole. ~'«W""-"P ,.ocIO , MI
"n.o (>Ilt.~ d. ""lMo.IU md.l$peorl.s.olllt ""'~ p<
d or ' ..,...,...." ..... en~J"JanI<>J~ .....
I'Lrut I,IW:; _90\ 1m. ~~. 001 ......... 40 , ... ..-
1

Ir't~,,,,.wr'" ""
1'\Ib?Ir'ldo '""~ on_ Ob< La ,,~
_ I __ M .,....-.".at>tdo"" ....
Los co:q:úenzos
de la adolescencia
De Peter Blos en esta biblioteca
Los comienzos
La transición adolescente
de la adolescencia
Peter Blos

Amorrortu editores
Buenos Aires - Madrid
\5~.'5
IOsC6 NVENTARIO '13
2.-011 " . LJ
Biblioteca d~SYP Dedico esta obra a M. G . B.
TIte Youn-g Adolescelll . Clinical Studies. Peter BIos
O The Free Press. A Divislon o f the Macmillan Company, 1970
Traducción: Ricardo Montí
Primera edición en cas t ellano. 19BO; primera reimpre s ión, 1981: se-
g unda reimpresi.ón , 1.986; tercera reimpresi6n, 1993; cuarta reim-
pres ión, 2003. Segunda edición, 2011

o Todos los derechos do la edición e n castellano reserv ados por


Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225, 7" piso - CJ057AAS Buenos
Aires
Amorro rtu editores España S.L.. ClLópe2; de Hoyos 16, 3 0 izquierda -
28006 Madrid
www-.amorrortueditores .co m
La reproducci6n to tal o parcial de es te l ibro en forma id éntica o mo-
dificada por cua lq uier medio mecánico, electrónico o info.rmático,
incluyendo Cotocopia. grabaci6n, digitalizaci6n o cualquier sis t ema
d e almacenamiento y rec u pe r ación de i nformación, n o autorizada
por los editor es, viola derechos reservados.
Que d a b echo el d epósit o q ue previene la ley n- 1 1.723
Ind u stria argentina. Made in Argentina
IS B N 978-950-518-153-7

BJos. Peter
Los co mienzos de la. adolescencia.- 2- ed.- Bu,e nos Aires :
Amorrortu. 201 L
240 p . ; 20x1 2 cm.- (Biblioteca de psicología/Jorge Cola pinto
y Duvid Ma ldavsky)
T raducci6n de: Ricardo l\lonti
ISBN 978-95 0-518- 153-7
1. Ps ico log{o de Adolesce nt.es. J. Mont.i, Ricardo, trad.
11 . Título.
cno 150

Impreso e n loa Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, AveUancda, pro-
vincia de Buenos Aires, en febrero d e 201 l.
Tirada de esta edición: 1.500 e jemplares_

7
dice general

11 Prólogo
la Introducción

21\ PrÍlnera parte. Susan: La etapa inicial


de la adolescencia en la mujer
:117 1. El cuadro clínico
31 2. De la latencia a la adolescencia
45 3 . La regresión preadolescente
61 4. El efecto del trauma en la organización pulsional
preadolescente
65 5 . La doble identidad de género: sus equivalentes
en la conducta y en las actitudes
73 6. La masturbación y el desarrollo progresivo
1\2 7. El ingreso en la adolescencia
90 8 . Relación de la maduración y el desarrollo
con la transferencia y la resistencia
108 9 . El concepto de «elaboración» desde el punto
de vista del desarrollo
116 10. Evaluación estructural y evolutiva de Susan
a los 13 años

125 Segunda parte. Ben: La etapa inicial


de la adolescencia en el hombre
127 11. El cuadro cl1nico
135 12. Ben comienza el tratamiento
143 13. La fase :inicial del tratamiento
153 14. Análisis de un estancamiento en la terapia
168 15. La formación de la identidad sexual
187 16. De la madre arcaica a la madre edípica
209 17. La intagen paterna. el padre real y el ideal del yo
224 18. El «ÍInpsse» recíproco de los progenitores
y su hijo adolescente
235 Referencias bibliográficas

9
ólogo

lllgamos, para comenzar, que fue posible escribir este li-


bru K'"ncias a circunstancias e influencias que abarcan, a es-
In IIltura, toda una vida de trab~o clínico, iniciada en el
ml"to del análisis de niños, extendida luego a la edad adul-
t., pura restringirse por último, gradual mente, a l período
dol scente.
Cuando echo una mirada retrospectiva, me agrada pen-
••• 'n esta progresiva especialización como en un modo de
prox1marse en forma resuelta y simultánea, por así decir-
1.. , .. ambas márgenes de un río, desde los vastos territorios
.. la niñez y la adultez hasta el punto en que las dos orillas
• ,·omunican entre sí ~s decir. la adolescencia-o Una vez
lI_gado al puente que cruza el rio, me detuve en medio de él
Jlnrn observar a la interminable multitud moverse en una u
ut.o dirección, ora precipitándose hacia adelante, ora dete-
n ..lndose y esperando, Ora retrocediendo, para después cam-
blnr de rumbo por completo.
Por lo que se refiere a mis observaciones y registros sobre
11, ndolescencia r así com.o a .mi l abor teórica en la materia ,
111' douda alcanza a tantos co legas psicoanalistas que tal
v ..z me seria imposible nombrarlos aquí a todos ellos. Puse
Mran cuidado en hacerlo en mi libro On Adolescence (1962),
rundamentalmente teó rico, y con respecto al cual esta mo-
IHll{raffa fue concebida COlllO complemento.
Ilay algunas personas, no obstante, cuya particular con-
Irlbución me permitió llevar a término el presente trabajo.
1'. to me insumió varios años, y el hecho de que DO vacilara
,'n la tarea se debió, en gran medida, a aquellos que me
"1,oyaroD y alentaron durante ese lapso. Mi esposa, Merta
IlIos, participó en el proyecto desde un principio de lllanera
I'rltica, fervorosa y creativa. Su entusiasmo y clara com -
prensión de lllis intenciones me ayudaron a vencer el desa-
lo nto y las dudas que la preparación de una obra d e este ti-
1m depara al autor. Su aguda percepc ión y buen criterio

11
concernientes a la calidad y la autenticidad de las ideas con- troducción
tenidas en este libro, así como a su expresión. orientaron
~n los largos y numerosoS veranos que insumió la labor -
los primeros borradores, antes de que el manuscrito final
mereciera la aprobación de anIDas.
Hago extensiva mi gratitud a la doctora Andrée Royon ,
colega psicoanalista y amiga , quien reavivó nú in t~és en el
proyecto, hace algunos años, despu és de leer el pnmer ~o­
rrador de ",-SUSSfi)Iot posteriormente sometí el manuscrIto
terminado a su apreciación crítica. Sus conceptuosos co- on el fin de ubicar este estudio en el lugar que le corres-
mentarios, al igual que su respaldo profesional al caracteri- ndo dentro de la investigación de la adolescencia que lie-
zar la monografía como un documento clínico útil, hallan cabo durante muchos años, debo historiar su origen.
aqui el debido reconocimiento. trnbajo psicoanalítico y psicoterapéutico con adolescen-
Quedo en deuda, además, con la señora Sheldon Bennet • dio lugar a un cúmulo de observaciones, que cuajaron
por alentarIne a dedicar todo el tiempo necesario a la inter- n una teoría del desarrollo adolescente. Los numerosos
minable tarea de dar fonna legible a los datos clínicos. Ello alamas que enfrenta el estudioso en este dominio me im-
pernútió deInostrar, mediante ejemplos clínicos, las propo- IlIaron a buscar, a 10 largo de esos años, conceptos y prin-
siciones teóricas que hacen int eligible la conducta de los j ó- ¡pIOS en torno de los cuales pudieran organizarse las ob-
venes adolescentes de ambos sexos, a la vez que posibilitan rvaciones c1inicas. Sólo un marco de referencia teórico
un desempeño más eficaz del terapeuta que se dedica a este metía poner orden en ese material, orientar la terapia y
período de la vida y abren nuevos rumbos a la investigación porcionar una base racional para l a evaluación del desa-
del desarrollo. rrollo normal y patológico.
Por supuesto , al efectuar mis propias observaciones tuve
Peter Blos a mi disposición un cuerpo sustancial de estudios psicoana-
Día de Año Nuevo, 1970 "lIcos sobre la materia. Debo expresar nú deuda con los nu-
Holderness, New Hampshire rosos autores que publicaron sus hallazgos al respecto;
su. contribuciones concretas fueron reconocidas en mi libro
anterior, On adolescence [1962). Ahora bien, me vi obligado
a mpliar, modificar y especificar las formulaciones teóri-
•• que otros habían propuesto. En este sentido, me atuve
rmemente a dos lineamientos básicos: la observación clí-
nica y el punto de vista evolutivo.· Mi propia práctica ana-
UUca con adolescentes me había demostrado ya que existía
una secuencia en el desarrollo psicológico, que describí co-
mo las seis fases de la adolescencia [Blos, 1962]. Este es-
quema debía ser corroborado por la descripción y los datos
cllnicos. La presente monografia procura cumplir ese come-
tido, en lo que respecta al estadio inicial de l a adolescencia.
Quisiera referir ahora qué me llevó a centrar nú investi-
Ilación en el adolescente joven. Entiendo por este último al

• El término .. evolutivo» traduce deuelopmental, o sea, relativo al


,1 arrollo. <N. ckl T . )

12 13
que se halla comprendido entre los 10 y los 14 afias, aproxi- •• 1.. duda en un terreno psicológico que aún contiene
madamente_ Al fijar este lapso es preciso tomar en cuenta "TUSas zonas inexploradas y sin derroter os conocidos.
un intervalo cronológico que varía en relación con el hom- lnltmci6n fue adentrar en ellas, con plena conciencia de
bre y la mujer en general, y con el ritmo y estilo de madura- Incultad de la tarea.
ción y desarrollo d e cada individuo en particular. Toda refe- roímos q u e ya no era suficiente ilu strar determinadas
rencia a la edad cronológica tiene que complem.entarse con ,"aciones teóricas con viñetas clinjcas: babía que expo-
una estim.ación de la edad de desarrollo. U8 formulaciones in vivo, en la realidad concreta., de
Un examen de la vasta literatura sobre la adolescencia n deliberado y explicito; también d ebía efectuarse a lo
revela, a primera vista, que los estudios dedicados al ado- , de un continuo telllporal y abarcar los diversos aun-
lescente joven ocupan sólo un l ugar subalterno. La investi- I oimultáneos procesos evolutivos que explican, en su
gación se ha volcado, fundamentalmente, a las etapas es- 1~lInto. el funcionamien.to de la personalidad y la rees -
pectaculares y dramáticas de la adol escencia propiamente Ut'lurllci6n psíquica de la adolescencia te mprana. Espe-
d icha y la adolescencia tardía. No obstante, l a observación enmante, lo que procuré i n vestigar y elucidar en este es-
clínica no deja lugar a dudas de que las desviaciones del de- di" (\f' qué lugar ocupa y cuáles son los efecto s del estadio
sarrollo adol escente aparecen en su etapa inicial -si es que Irl,,1 de la adol escencia en r elación con la totalidad del
no tienen sus raíces en ella-o La experiencia me indica que • O adolescente.
todas las perturbaciones del adolescente reflejan la existen- F.I dulto puede rememorar con bastante facilidad y en
cia d e un _impase_ evolutivo en ese primer estadio. L.. II ' los momentos culminantes de su adolescencia (la
Mi trabajo analitico con adolescentes mayores me persua- dnlo Rcencia propiamente dicha), así como su lenta transi-
dió de que su desviación, inm.adurez o perturbación em.ocio- n (1 la madurez Oa adolescencia tardía), aun cuando gran
nal se halla vinculada siempre de modo significativo con fa- arl<' de la angustia o la exaltación que acompañó esos
llas evolutivas en los comienzos de este período de la vida. ..tccimientos haya sucumbido ante determinad as elabo-
En otras palabras, por detrás de los desórdenes de las eta- ~nn '8 idiosincrásicas de la memoria .
pas subsiguientes asoman los conflictos específicos de l a r. 8 idealizaciones borran, en efecto, las inevi t ables heri-
adolescencia temprana. La urge ncia de los problemas que d .. lIarcisistas de la adolescencia y son encerradas, a su
el adolescente mayor trae al clínico desvía la atención de , en un santuario especial de la mente. O ocurre lo mis-
este último de las fallas decisivas e n el desarrollo que han o <"nn los recuerdos ralacionados Con la etapa i nicial de la
dejado su lllarca en el estadio inicial. Ello nos permite infe- .. 1"!!Cencia, p u es algunas de las experiencias emocionales
rir que un análisis exhaustivo de esta estadio no sólo es va- " importantes de este estadio escapan por completo de la
lioso para quien estudia el desarrollo adolescente sino tam- Intrn pección d el adulto. En su mayor parte, dado que nada
bién para el clínico que trabaja con adolescentes de cu al- I • preserva para que resulten accesibles a la conciencia
quier edad [Bias, 1954, 1967, 19701. Los casos expuestos dllllu, terminan por ocultarse en los oscuros repliegues de
nos permitirán mostrar las razones concretas por las cuales 1 monte. Los estudios de casos Illostrarán cómo las a pren-
aquella etapa constituye una crisis normativa decisiva para .'111' 8 Y los miedos que el adolescente suele experimentar
todo el desarrollo posterior. tlllrnnte las regresiones de este período pronto se desvane-
El desarrollo del adolescente joven es tan complejo que 11 (ti i no surge ninguna dificultad) ante el esplendor de
muchas personas juzgarán preferible trazar directamente .u victorias.
un esquema evolutivo d e ese período , antes que seguir su l'or consi guiente, se tiende a considerar al adol escente jo-
cursO l aber í nt ico, como me propu se en esta mODograña. YU II . ora como un adolescente en miniatura. ora como un .n:i -
Puesto que la casuística ofrece amp1ia evidencia de tal com- no muy desarrollado. Puesto que se halla en tránsito de la
p lejidad, es probable q ue, por ese mis.mo motivo, desaliente IIln z a la adolescencia, pertenece sim.ultáneamente a am-
a algunos lectores, a la vez que despierte curiosid a d y fasci - I,n etapas; ya dejó atrás la primera, pero aún no ha alcan-
nación en otros. Con respecto a esta e t apa, nos encontra- .ndo la segunda. En realidad, lo que aparece como un esta-

14 15
dio intermedio es una fase evolutiva que se diferencia neta- 01 de las relaciones objetales regresivas y el de la iden-
mente de la anterior y de la posterior por las características rI sexual han pasado a segundo plano . En son de broma,
de la actividad mental que, pese a ser aisladas, tienden a na que uno arriesga su buen crédito y popularidad s i se
generalizarse. Es preciso, pues, definir y descri bir esta fase ve a señalar ante la opinión pública las divergencias de
en relación con las secuencias de desarrollo que constitu- rrollo psicológico entre el hombre y la mujer. Sin em-
yen, en su conjunto, la progresión ordenada de la infancia a I'l10. es indudable que la formación de la identidad feme-
la adultez. na o masculina constituye una de las principales tareas
Debo señalar aquí que en mis escritos anteríores !Blos, 11. adolescencia, y que esa tarea sólo puede cumplirse por
1962J atribuí un papel demasiado relevante a los impulsos manos totalmente distintos.
libidinales con respecto a la formación de conflictos en el Por supuesto, mi investigación sobre la adolescencia es-
adolescente, a la vez que relegué la pulsión de agresión a YO aiempre encaminada a elucidar el desarrollo psicológi-
una función casi exclusiva.m.ente defensiva. Posteriormen- d .. runbos sexos, en relación con su maduración puberal.
te, corregí este punto !Blos, 19651. por lo cual considero que presente monograña
. no sólo mantiene esa distinción , si-
mi modelo teórico de la adolescencia se acerca más ahora a que se orgaruza en torno d e ella, pues se divide en dos
la teoría de los dos instintos. rtcs: una dedicada al desarrollo de la adolescencia tem-
La práctica clínica me persuadió de que la pubertad in- na en el varón y la otra a dicho desarrollo en la IIlujer .
tensifica en igual medida las pulsiones Jibidinales y agresi- n I fin de lograr claridad y orden en l a exposición, las
vas. Estas últimas, en su forma primitiva y IIlenos atenua- 'lfCocias. conflictos, tareas y resoluciones evolutivos espe-
da, son fáciimente observables durante la adolescencia . ,ncos de la adolescencia en Jos dos sexos fueron formula-
Este tipo de agresión resulta de la defusión de los instintos da_ de modo consecutivo, desde e l período de latencia basta
--<) sea, la libido y la agresión- concomitante con la regre- .dolescencia propiamente dicha.
sión adolescente [BIas, 19671. La agresión empleada con rara ello tuve que dar varios pasos. En primer término,
propósitos defensivos es, empero, cualitativamente distin- 11 ntar a la consideración de los lectores ciertas situacio-
ta, pues a fin de asumir tal función fue necesario que se mo- - Individuales extraidas de sesiones terapéuticas. Con el
dificara según l os intereses del yo y se adaptara a ellos. pósito de facilitar su comprensión, utilicé los conceptos
Las investigaciones sobre el crecimiento y la fisiología d e ricos que había propuesto en mis escritos anteriores. De
la adolescencia deben tener en cuenta, obviamente, las dife- manera. recurrí a los datos cünicos como una forma de
rencias entre ambos sexos; resulta dificil imaginar que al- rlficar la validez de tales conceptos. En otros términos
guien quiera proceder de otro modo. No obstante , en las in- ,... Intervenciones terapéuticas -sus efectos o su eficacia-'
vestigaciones psicológicas y evolutivas esa diferenciación I ron la última palabra en cuanto a la correspondencia
pierde su nitidez en tanto se habla del adolescente «en ge- .nlOcativa y plena de sentido entre los hechos clínicos y
neral-. Parecería que el ideal democrático de la «igualdad , • proposiciones teóricas.
entre todos los hombres- ha sido transferido aquí de la filo- lIn trabajo de tal magnitud debe encararse de modo des a-
salia política a la psicología evolutiva . Mis conferencias so- pi . Iona~~ y con humildad intele<:tuaJ. No conozco mejor
bre e l tema me revelaron que una teoría evolutiva acerca de IbnnulaClon para promover esa actitud que el siguiente pa-
la adolescencia tem prana basada en los distintos rumbos
del desarrollo psicosexual en el hombre y la mujer significa,
-'Ú. del ensayo de Freud Una dificultad del psicoanálisis:
"u08 la mente no es algo simple; por el contrario, constitu-
para muchas personas, abogar por la desigualdad entre los 1 una jerarquía de instancias dominantes y subordinadas,
sexos o atribuir superioridad a un sexo sobre otro. IIn laberinto de impulsos que pujan independientemente
No resulta sorprendente que el estudio de la adolescencia IIn.. de otros para alcanzar su realización, y que correspon-
tardía haya despertado el interés y la imaginación genera- d n a una multiplicidad de instintos y de r elaciones con el
les. En esta etapa, el problema que se perfila en primer tér- mundo externo, llluchos de los cuales son antagónicos entre
mino es el de la consolidación de la personalidad, mientras I incompatibles».

16 17
Dada la influencia del desarrollo que tiene lugar entre la .Hu .. nn» y 4CBeID) fue r o n los casos en los Que recayó mi
infancia y la etapa media de la niñez sobre la segunda déca- ,6n, luego que decidí restringir el present e estudio a la
da de vida, mi labor analítica con niños en el perlodo de ,n micial de la adolescencia en el hombre y la mujer.
prelatencia y de latencia me resultó inestimable para com- hu provenían de lo que se denomina familias in/actas;
prender el proceso adolescente- Además de mi práctica pri- .uno era hijo único. Los grupos familiares mantenian.
vada, durante muchos años me desempeñé como asesor y n Itrtln esfuerzo y a menudo sin éxi to, un grado mínjmo
supervisor en una clinica de orientación infantil Ello me Independ encia económica. La edad de anIbos casos re·
puso en contacto con un material clínico qu.e .rara vez es~ .... cierta explicación. Ben fue estudiado desde los 12
al alcance del analista de niños. El marco ClinlCO me OfreclO .tn los 15 años; Susano de los 8 a los 13. Esta no es exac-
la oportunidad de trasladar mi experiencia como psicoana- "nte la edad con la que suele asociarse la adolescencia
lista infantil al tratamiento de niños y adolescentes. "rnna. En este sentido. me permito recordar al lector e l
La psicoterapia de los casos descriptos en este libro fue hu. hoy comúnmente aceptado, de que el desarrollo ado.
conducida por trabajadores sociales especializados en psi- .... to no guarda un necesarJO paralelismo con l a madu-
quiatría. No dudo de que los tratamientos que luego deta· ." .. puberal y la edad cronológica .
lIaremos pondrán de manifiesto que e l analista de niños ntes de proseguir. debemos aclarar qué significado tie-
cumple un papel sumamente útil en una clinica de orienta· n un est e trabajo los términos ((desarrollo)) y ccmadura-
ción infantil. Su experiencia profesional le permite brindar I n Esta última se refier e al despliegue de potencialí -
a l terape uta de niños un grado de comprensión que de otro
modo le estaría vedado por completo. Los estudios evoluti·
.,1.·" innatas -tales como el lenguaje. la locomoción . l a
_m" r ia. el crecimiento. la pubertad, e te.-. El ritmo de ta-
vos sobre los que versa este libro se llevaron a cabo en e l ,.rocesos está sujeto a las características de la especie y
Instituto de Orientación Infantil Madelaine Borg, pertene· II.rlO ipio epigenético. Se los considera autónomos. en con -
ciente al Consejo Judío de Protección al Menor de la ciudad 1'" ,ción con las secuencias del desarrollo. que son pues-
de Nueva York. ..., movimiento. e laboradas y mantenidas gracias a la
Permitaseme describir brevemente de qué manera se ini- I meción entr e el organismo y su ambient e .
ció esta investigación. JVIis estudíos teóricos sobre la a doles- 1",. secuencias del desarrollo también tienen su ritmo óp-
cencia [1962] me plantearon la necesidad de fundamentar 1m.. ; de b echo. su sincronización con la maduración biol6-
clinicamente 108 con ceptos y formulaciones que habia pos· 11 constituye un requis ito previo para el desarrollo nor-
tulado. Co n el fi.n de aunar la práctica, la teoría y los datos /11. gn la infancia y la niñez temp r ana este principio siem-
clinicos, era preciso efectuar estudios en aquella dirección. , " ha puesto de manifiesto con la mayor claridad. Para
En el instituto antes mencionado se encontraban en trata- ' ... te del lector. citaré unos encantadores versos de A. A.
miento cierto número de adolescentes, inclusive niños en el Mi l ..... quien dio testimonio en len guaje poéti co de la se-
periodo de latencia que alcanzarían la adolescencia durante U .. cm de las etapas del desarrollo:
el curso de la terapia. Esta e r a condu cida por trabajadores
sociales especializados en psiquiatría. bajo mi supervisión. (~unnd.o tenía un año
en sesiones semanales . Cada re unión de control abarcaba r"t'ié n empezaba.
dos O tres sesiones terapéuticas consecutivas . Las in terven· ('unndo t enía dos,
ciones del niño o del terapeuta se transcribían de memori a. • ru casi nuevo.
con todo detalle y lo más fielmente posible. No se tomaban ('lmndo terua tres.
notas durante las sesiones. Este método de registro del pro- 11 ¡tt'nas era yo.
ceso se complementaba con sinopsis de las reuniones de C'u undo tenía cuatro,
control. sinopsis que se hacia n sobre la marcllB y que el te· Uf) ra mucho más.
rapeuta y el supervisor reteman para su uso. El proyecto de los cinco años
investigación a b arcó seís años. ... ,10 estaba vivo.

18 19
Pero ahora que tengo seis soy tan tan inteligente, .te t r abajo no examinamos las signific.a tivas conse-
que pienso quedarme en seis para siempre. ncias de este cambio en el ritmo da maduración , ya que
tro objetivo es investigar la reestructuración psiquica
Debo renunciar a mi deseo de escribir un poema similar un individuo dado dentro de un medJo biológico y am-
sobre las etapas evolutivas de la adolescencia temprana; e n tul especifico. l De cualquier manera, los cambios hor-
lugar de ello, vuelvo al sobrio lenguaje de mi profesión. n.les previos a la pubertad incrementan e l nivel de
El margen de sincronización necesario para que la madu- .Ión pulsionaJ, lo c u al se pone de manifiesto tanto en la
raci6n y el desarrollo progresen dentro de los limites de la "ducta como en los contenidos mentales. Estos fenóme-
normalidad es restringido. Por lo tanto, cuando la madura- nos anuncian que ha comenzado la reestructuración
ción puberal y el desarrollo especifico de la fase se apartan Ulca preadolescente. El carácter inseguro y tentativo de
demasiado en el tiempo, se alcanza un punto de disparidad • procesos infunde en el preadolescente un deseo de
crítica. Es entonces cuando comienza a formarse una perso- nt r arse en lo desconocido, a la vez que temor ante la
nalidad desviada_ Desde mi punto de vista, el desarrollo ado- Ida del terreno que le era Úlmiliar. Una prolongada so-
lescente sólo puede seguir su curso normal a cierta distan- n transaccional entre estos dos sentimientos conduce a
cia cronológica del proceso biológico de la pubertad. Hablar _.mpasE!). en el desarrollo, que he caracterizado como
de un «eterno adolescente» constituye una contradictio in fijación en la fase de la preadolescencia o de la adoles-
adjectu. En el lenguaje cotidJano, nos referimos a los proce- t .. tempr ana respectivamente.
sos interrelacionados de la maduración y el desarrollo COIllO lmilar a cualquier otra fijación infantil. esta revela en
«crecimiento». .1 medida una preferencia compul siva por ciertas for-
El lector advertirá que, si bien me atengo estrictamente a • de regular la tensión, preferencia que se manifiesta en
las definiciones antes formuladas respecto de la «madura- modaciones yoicas o pulsionales específicas. Las nuevas
ción» y el .. desarrollo», hago un uso menos rígido de los ca- ntaciones pulsionales, en términos de objeto y finali-
lificativos «inmaduro)), ccmaduro.) y «(:relativo a la .madura- , deben adjudicarse al acontecimiento biológico de la pu-
ción», así como del verbo «(madurar». Puedo aplicar estos d. Como ocurre con las fijaciones d e las fases pregeni-
términos, por ejemplo, a la consol idación de una función del desarrollo, la etapa inicial de la adol escenci a pre-
yaiea autónoma. su florecimiento o su progresión hacia un to nuevos puntos potenciales de fijación a lo l argo del
nivel superior de integración o hacia un estado más maduro Ino hacia la genitalidad. Una fijación pulsionaJ y yoica
dentro de su historia naturaL Las connotaciones especificas lall secuencias del desarrollo adolescente terminará por
en cada caso se harán evidentes a partir del conte.xto_ t rrorir en la progresión normal hacia la formación de la
Una función yoica --el lenguaje, por ejemplo-- es el re- .unruidad adulta . Los estudios clinicos demuestran bien
sultado de la maduración de una Anlage que, no obstante, 1 • claras cuáles son las secuel as de ese catastrófico impe-
necesita del estimulo ambiental para articularse y diferen- nto en el desenvolvimiento y la integración del proceso
ciarse, y para ser utilizada como vehículo de comun.icación . lente.
Es dentro del contexto social que el lenguaje adquiere el ni- L.. objetivos de nuestro trabajo son siete: 1) investigar la
vel de una función yoica autónoma e independiente_ En ese 11 I 16n entre el período de latencia y la adolescencia; 2)
punto, la expresión «se desarrolla» debe reemplazarse por
<ClDadura»_ Admito que esto reneja ralta de precisión verbal,
I 1(1 hecho est.adistico de la iniciación más temprana de la pubes-
pero espero evitar cualquier malentendJdo anticipándolo_ na ,,, debe complementarse con investigaciones clínicas antes de
La maduración fisiológica, cuya primera evidencia es el puodan compreoderse y evaluarse de modo apropiado sus efectos
metabolismo hormonaL precede a las manifestaciones cor- .,1 desarrollo individua] . Este cambio en el ritmo de la madura -
porales de la pubertad que cualquiera puede observar. Es ,Uo lugar a muchas especuJaciones. aun cuando todav-ia no d.ispo-
un hecho reconocido y comprobado que en la presente gene- In". cabalmente de observaciones clinicas y conclusiones psicodi -
ración la pubescencia aparece a una edad más temprana . ..I¡e". referidas al desarrollo individual

20 21
extraer de la casuística los episodios evolutivos típicos del l. r.. rmación del terapeuta de niños_ Así, pues, se harán
estadio inicial de la adolescencia I>n el hombre y la mujer; Iklt/Ia las ideas y consideraciones que orientaron y acom-
3) describir la resolución de una enfermedad emocional en IIrlm e l tratamiento_ De ello se deduce también que la
el transcurso del proceso evolutivo de la adolescencia; 4) di- Id", de este trabajo se halla sujeta a un examen minucio-
ferenciar entre las manifestaciones patognomónicas de una uh) tivo.
enfermedad emocional y las crisis transitorias especificas I rnpre que una investigación sobre el desarrollo forme
de la p r eado1escencia y la adolescencia temprana; 5) eva- 1.. de un proceso de tratamiento debe prevalecer una ac-
luar la influencia del ambiente como variable que promue- uel,' éptica, O al menos cautelosa; es preciso plantearse
ve u obstaculiza el crecimiento, den~ro del contexto de la • tllntcmente si determinadas intervenciones terapéuti-
permanencia neurótica de una valencia más o menos patog· " .. habrán inclinado el estudio evolutivo en favor de su-
nomónica; 6) indagar sobre los efectos de las propensiones f" a priori_ Dado que este libro apunta a la validación,
al desarrollo desviado que el adolescente acarrea desde el mención o refutación de una teoría del desarrollo ado-
pasado, y 7) determinar en qué medida el proceso adoles- liLe [Blos, 1962), no debe extrañar que e l enfoque de
cente es en sí mismo corrector, al aumentar l a posibilidad Cll1OQ9 que se examinan peque de cierta parcialidad_ Por
de neutralizar o transforlllar las rémoras emocionales in· misma razón, juzgué imprescindible formular de modo
rantiles. pro o los supuestos que operaron en el tratamiento, de
La d escripción m u ltifacética de un individuo, a medida n .. ,'o que pudieran ser evaluados a la luz de su influen-
que este pasa por las secuencias de desarrollo, requiere una p" .tiva o negativa sobre la elaboración d e la teoría y so-
forma y un método propios. En tér:minos ideales, el ma- , I desarrollo del niño o la niña en estudio_
terial deberí a organi zarse de modo tal que abarcara los as- I tratamiento fue conducido siempre con ánimo inquisi-
pectos clínicos, terapéuticos y teóricos, así como los relati- y fán de indagación_ La actitud científica estriba en
vos al desarrollo y la mad u ración, en una visión panorá- c,lncionar, probar y validar observaciones para extraer
mica pero detallada_ Para aproximarnos a esa meta, elegí llll~, en última instancia, principios que trasciendan el
una forma de exposición que exige algunas explicaciones_ Individual. La exposición acumulativa y discursiva de
Parece razonable afirmar que la descripción totalmente tlll109 clinicos y de los problemas teóricos pertnit irá al
especifica, sistemática y cronológica de un caso tiende a r prestar atención a los detalles d el material clinico a
simplificar en exceso la complejidad psicológica, puesto que Ida que estos vayan apareciendo, y apreciar a la vez su
debe prestar por fuerza insuficiente atención a las numero- pllrtancia con r:especto a la formación de la personalidad,
sas interconexiones que penetran e influyen en todos los es- procesos relativos a la maduración, la técnica terapéuti-
tratos de la mente. Por otro lado, la insistencia en esa mis- 1.. evaluación del desarrollo normal y anormal.
ma complejidad tendería a oscurecer las diversas influen-
cias externas e internas, así como las secuencias evolutivas
que es mi intención poner de relieve _ Para no perder de
vista ninguno de los dos polos, varié el foco de atención de
uno a otro.
El lector comprobará, por consiguiente, que la exposición
de los casos alterna con aná]jsis acerca de la teoria y de la
técnica terapéutica_ La consideración de los aspectos evolu-
tivos encuentra su lugar lógico entre estos cambios de pers-
pectiva. Las ideas que sean relevantes para cualquier pro-
blema en discusión se hallarán a lo largo del texto en forma
de comentarios marginales. Este tipo de exposición tiene
como fundamento general su propósito didáctico: contribuir

22 23
mera parte. Susan: La etapa inicial
1 adolescencia en la :mujer
I cuadro clínico

I rlllamiento de la perturbación emocional de Susan


n~"u" con la transición de la niñez a la pubertad, o, en
rDllII"" psicológicos, de la latencia a la adolescencia (pre-
IICI.c'0I1cia y adolescencia temprana)_ El uso de una ter-
nolCllpa dual se debe al hecho de que .pubertad.. denota
fisiológicos y morfol6gicos que acompañan a la
"'lul·"c~ón sexual, mientras que el término ~ adolescencia "
..[.r,-nae la suma total de las modificaciones psicológicas
puoden atribuirse, directa o indirectamente. a la apari-
ch· la pubertad. Repetidas veces he destacado [Blos.
10671 la importancia del período de latencia como fa-
nrc'o'lIr·atoria para el ingreso en la adolescencia Y. por
lI\liente, para el proceso adolescente en su conjunto.
I lin de estudiar este problema particular del desarra-
on referencia a la formación de l a estructura psíquica,
Clconsejable seleccionar un caso que aún se hallara
I P"rrado de latencia. De ese modo, sería posible demos-
rllnicamente la transición desd e la etapa media de la
11 la pubertad, y poner de relieve las tareas psíquicas
<"<'" nietos emociolUl.les específicos que son propios de
adolescente.
rllHO de Susan constituye, por supuesto, una constela-
UIOlca de circunstancias vitales, externa e internamen-
lIu In diferencia de los demás casos de la misma edad.
mbargo, cada caso, si se 10 entiende adecuadamente
"",I:rll d un marco teórico coherente del desarrollo de la
cllllllidad, permite extraer inferencias y generalizacio-
t: las prueban su validez en términos de las caracte-
"'nI específicas de la fase y las pautas de desarrollo, así
,,, I1 su secu encia típica. El desarrollo desviado sólo des-
a C "tos diversos aspectos; la investigación clínica de-
U _1 ro, ad Deulos. lo que de otro modo seguirían siendo
U,"" conceptos teóricos. A pesar de la singularidad clini-
ti UD caso dado, se obtienen formulaciones teóricas que

27
ayudan al terapeuta a ordenar sus observ~~iones según el on su e:ristencia consciente. Ama a su padre, pero lo
curso del desarrollo Y ponen a prueba la utilidad de la cons- ..,ocn hasta que este le inflige castigos físicos. Es obvio
trucción teórica para la labor clínica.. _ . tc>dos -incluida Susan , y no en último términc>-- que
Susan inlció su tratanúento a los ocho anos; lo terDlII7ó a menta envidia y resentimiento hacia su hermano
los trece, siete meses después de su primera. mensO:unClón. y medio menor que ella. Para completar el cua~
En estos cinco años de psicoterapia conc~rrló n seStón .una indicaré algunos de los numerosos síntomas de
vez por semana; hubo en total 162 entrevl!;~. En la pnme- , no todos los cuales eran conocidos al comienzo de la
ra de ellas se mostró como una niña atractiva, normalmen- NI~".' Susan es enurética; últimamente, su madre ha oh-
~e desarrollada. Era simpática, curiosa,! observadora. Po- "'Ido lo que podríamos caracterizar como rastros de de-
seía -al menos en la situación de entrcV1Sta- una extra.o_r· ....Icm'es involuntarias (manchas) durante las horas de
dinaria facilidad para la expreslón verbal y la adecuaclOn Padece de sueños aterradores, que a veces asumen el
social, lo cual contrastaba agudamente con su cond~cta 1III,t<J,r de pesadillas. Tiene dificultades para dormirse y
pueril y hasta infantil en el hogar, y con su falta de art.'cu- 1.. oscuridad. Rechina los dientes en sueños. En una o
lación social en la escuela y el vecindario. Estaba anSlosn
de que la ayudaran a superar sus problemas, de los cuales : ':I:~~'J.;:".,~~~ se ha .mesado los cabellos hasta arran-
Sin embargo, como no hay indicio alguno de ello
cuero cabelludo, no resulta claro si 10 que la madre ha
tenía plena conciencia. .'
Encabeza la lista de sus particularidades el hecho de que, -;:~~,~~~,",,;c~;o~;ns:~ti.tuye un háb! to nervioso o un ominoso sigo
si bien es la mayor de la clase, su dese.mpeño resulta pobre. l' Se come las uñas. Cuando está enojada
Sus ensueños excesivos, junto con su Incesante ps:loteo .. la IU madre, se queja de dolores de cabeza; cuando está
convierten en una niña problemática en el aula. Tiene difi- do su pequeño hermano, se siente mal del estómago.
cultades con la lectura (identificadas en la escuela como de manera pulcra y suele entregarse a una limpieza
_estrefoslmbolia .), pero son los erroT~s de ortograña los que 1I""118IV8. Si bien miente habitualmente, rara vez rehúsa
más la irritan. Periódicamente olVIda cómo dele.t;ear las rlo cuando se la interroga. La masturbación persis-
palabras más simples (p. ej., -muyo). Su comprenslO n d e las " incontrolada fue el motivo principal por el que su
operaciones aritméticas se halla, a veces, penosamente por decidió recurrir a la ayuda profesional para su hija.
debajo del nivel de su grado. Pero 10 que ha llamado la ha sido siempre una niña excepcionalmente sana, no
atención de los maestros es fundamentalmente su condu,:ta ,_,r•.,-,_ enfermedades de importancia ui accidentes, y ca-
imprevisible, su desempeña inconsecuente Y despareJo. defectos ñsicos. E s zurda.
Saben que Susan es una niña inteligente y ~p~, ~ les re- evaluación de este caso -y, con mayor razón toda-
sulta intolerable que su trabajo Ouctúe casI a dian~ entre un diagnósticc>-- debería tener en cuenta, entre los nu-
_excelente- y .descuidado>. El segundo l ugar en su lista de 11'1'","08 componentes implicados, la historia vital de la 01-
problemas lo ocupa su fracaso s~cial, su falta de amIgos: se .1 como el curso de la formación O la transformación de
considera a sí misma una extrana, una espectadora. ._ '''''m,as, desde el nacimiento de SllSan basta el presente.
La madre se queja de que en la casa SU;;an es una runa m.>do en que exponemos aquí este caso se aparta de lo
colérica, insatisfecha Y ansiosa. En las conndas se compo,,:ta mbrado. Los rasgos constitucionales de la niña y sus
aún de modo perezosa Y soñoliento. De hecho, l?u.ede dI S- lIIII'r14m,e:ulS de vida, pasadas y presentes, se darán a cono-
traerse repentinamente cualquiera que sea la actiV1dad que romo información fundada emergente d el proceso tera-
esté realizando -ya sea vestirse, hacer los deberes o p,?ner
la mesa-o Estas distracciones suscitan con.stantes riñas I~~!:~~. La evaluación nnal y definitiva del caso debe man-
en suspenso hasta que se llegue al término del tra-
entre madre e hija. Cuando al altercado. ternnna, Susa:' co- . . . h,," tAo. Esperamos que, al alcanzar ese punto, el lector
mieD.7.a a tener miedo de las consecuenClas, aunque es inca- ~".:" una comprensión más acabada de los síntomas, en
paz de decir en qué consistirían. Ser buena o mala: ~ales •• pectos genéticos y dinámicos, que lo que permite la
son las alternativas que se hallan presentes de modo mva· .~~inci6n inicial. El proceso de tratamiento mismo nos

29
28
posibilitará evaluar la reversibj)jdad del desarrollo desvia-
do, así co:mo el potencial adaptativo de la niña. En conse-
la latencia a la adolescencia
cuencia, estare:mos en condiciones de estimar el grad o de
dete r ioro i rreversible del desarrollo, así como las insufi-
ciencias constitucionales particulares que mantuvieron la
diferenciaci ón psíquica de Susan dentro de límites circuns-
criptos.
En este punto de la evaluación inicial, podríamos decir
que el cuadro clínico señala una enfermedad multisintomá-
t ica establecida --es decir, estruct urada-, de naturalew un hecho bien establecido que ciertas configuraciones
predominantemente psiconeurótica. Algunos rasgos, como .,II<·<\J18 •.es
de la niñez temprana vuelven a experimentar-
el intento de arrancarse los cabellos y los rastros d e deposi - organizarse durante la adolescencia. En este período
ciones involuntarias por parte de una niña de ocho años, como desviaciones transj torias o como síntomas
nos previenen contra un optimismo terapéutico sin reser· IImllzlld,os . Ciertos signos patognomónicos persistentes
vas. Por otro lado, factores tales como l os componentes psi- reconocerse a menudo en esta etapa con mayor cla -
coneuróticos, la disposición hacia la terapia y la capacidad 'Iue en años anteriores, pues ahora se han conden-
introspectiva de la paciente, junto con el decidido apoyo que ,'O síntomas o rasgos de carácter, o en entidades idio-
La familia brind ó al trataIlÚento, nos persuadieron de la ·cas o sindrómicas. cada uno de los cuales revela a
conveniencia de hacernos cargo del caso. la historia de una enfer:medad emocional in nude.
un error, sin embargo, buscar las raíces de la psi-
,.'ollol:1a adolescente sólo en la reactivación de conflictos
I...,." no,s infantiles. La desviación del desarrollo normal
deberse, en igual medida, a fal las de la estructura
JIIIILlIC:U existente. Las fragilidades y deficiencias de este
.. ponen de manifiesto, por supuesto, sólo cuando se
a l organismo a un stress e,x cesivo. En otras paja.
In fuerza deL yo adolescente es relativa. La pubertad
un pe;íodo en que e l stress se intensifica y, en
1II11""'UCtnc:ia, deja al descubierto fácilmente ciertas fallas
"Atructura psíquica que antes no se manifestaban en
rA tica o parecían irrelevantes.
'lI'.lro in te rés, pues, gira en torno del tratanúento de
duleacente con problemas confli ctuales y estructurales .
.. 1 ya que las tensiones instintivas se incrementan co-
rllna cuencia de la maduración puberal. La intensifica-
n du las pulsiones libidinales y agresi vas, ya observables
In prepubertad, pueden deterIlÚnar, por un lado, el res-
I dmiento de formas prelatentes de gratificación pulsio-
)' el defensas, o bien, por el otro, convertirse en un de-
n para a lcanzar niveles superiores de diferenciación.
1 ,1 'sarrollo adolescente suele p r ogresar siguiendo los
..... de la regresión. Las fases de la preadolescencia y la
.. I.... cencia temprana se caracterizan por la regresi ón a

30 31
niveles preedipicos y pregenitales, míentras que el núcleo
de la modificación regresiva de la adolescencia propiamenlo tn...,'ntacione.s diferenciadas de sí mismo y de los objetos.
dicha es el complejo de Edipo posi t ivo. Las consecuencias troe trabajOS he descnpto con mayor amplitud este
psicológicas de las presiones pulsionales pubescentes están IB10s~ 1962, 1967J; en ellos puse de manifiesto que
determinadas por el nivel de diferenciación yoica y de au- 1.. capaCldad para efectuar una regresi6n limitada y
tonomía alcanzado durante el período de latencia. La conse-
cuencia más significativa se refleja en el distanciamienlO : kh~':': puede favorecer el proceso adolescente. Esta ca-
se basa en un desarrollo yoico relativamenta ade-
del yo con respecto al ello . Este avance de la autonomía yoi- durante el período de latencia.
ca da como resultado la expansión y la más firme confiabiJi- capacidad ~e re:,olver conflictos instintivos, típica de
d.ad de funciones yoicas como la cognición, la memoria. la .lollclIlCencda, unplica que se han alcanzado cambios es-
previsión, la tolerancia a la tensión, la autoconciencia y la rnles antes de la pubertad. Sólo entonces l os conllic-
capacidad para distinguir entre realidad y fantasía (prueba puooen ser elaborados y también tolerados' sólo enton-
de realidad), o entre acción y pensamiento. posible que las influ~ncins YOicas, supe;Yoicas y del
Cuando la falta de desarrollo de estas facultades alcanw d,,~ yo enfren.ten, modifiquen y atenúen internamente
nivel es críticos, hablamos de una latencia incompleta o mnones pulslOnales; estas influencias determinan la
abortiva. Muchas perturbaciones de la adolescencia se de- ~,n,:i ~,cj ón psíquica y la madurez emocional.
ben a esos tipos de deficiencia en el desarrollo. Lo que puc- curso más o menos ordenado del desarrollo durante la
de observarse en este caso es la continuación de ajustes se trastroca cuando e l niño ingresa en la adoles-
desviados de la latencia. Es inútil que busquemos una tran- a. Esto.se de~ a que el restablecimiento de posiciones
sición a la adolescencia, pues s6lo hallarem.os un resu r~ n"!es infantil,:s predomina, temporariamente, sobr e
girniento intensificado de formas infantiles de descarga pul- mo de la ~ealidad ac~ual y la capacidad de responder
sional Y. sin duda, una persistencia encubierta en esta eta- .010010 adaptativo a las ex¡gencias de la vida cotidiana. El
pa inmadura del desarrollo emocional. Ello equivale a una IIlI ....do es un estado de desequilibrio de la personalidad
obstrucción de la adolescencia. Dicha transición sólo puede obligado de ciertas etapas del desarrollo. Qued~
llevarse a cabo si las tensiones pulsionales facilitan la for- la constante cu estión diferencial acerca de qué debe
mación y resolución de conflictos. Esto presupone que el ni- en el estado manifiesto de disfunción de la per-
ño sea capaz de internalizar, en lugar de depender como lIIIah,d nd en la adolescencia, a Jos procesos del desarrollo
basta entonces de que el medio se adapte a sus necesida- por ende, no debe con.siderarse p atognomónica), y qué
des. Podemos concebir este _impas". del desarro llo en la un ~erdad~ ro cunpase» patológico, que obstaculi-
prepubertad como una regr esión p u esta al servicio de la " Incluso unpedirá el avance hacia niveles superiores.
gratificación pulsionaL Es decir, la modalidad infantil de a este probl~a c uando el caso de Susan exij a
gratificación pulsional sigue siendo un fin en sí mismo y no ".I~. r e n forma perentona estas cons ideraciones y elJas
entra en conflicto con los requerimientos adaptativos de la de in terés práctico. '
etapa psicosexual de la adolescenci a, ni es desafiada por un a observación clínica corriente que muchos adoles-
ellos. t08 (y, en particular, el a dolescente joven que necesita
Por el contrario, la pubertad, en su curso normal , activo tnm,ento) no h an llegado a consolidar el período de la-
la regresión al servicio del desarrollo progresivo lBlo s, C'6. Por otr.o lado, vemos también adolescentes jóvenes
19621. Empero, ello sólo es posible si el yo ha adqnirido UD • ban ~btenldo logros excesivos en esta etapa. La pujan-
grado de autonomía y estabilidad que lo proteja de la frag- dl'fenslva Con que ellos se introdujeron en la latencia ha
mentación o la disolución durante el proceso regresivo . En l\Jena~o d e t~ manera el yo respecto de las pulsiones que
taJes condiciones, el yo es incapaz de regresar al estadio in- ¡don~ l dad yOlca .resultante lleva la marca de una cuasi
diferenciado de las relaciones objetales (fusi6n), como resul- ... Iuclón .c_ompuJslva ~~ los conllictos d e la prelatencia. Es
tado de su firme aunque delicado anclaje en el nivel de las ir, ~I runo ha adqurrtdo una rigidez de latencia que se
ni :la a una formación reactiva del carácter.

32
33
Por consiguiente, la personnlidad ha perdido la capacidad ,ón previa para el tratamiento; si no existe, se la debe
de adaptarse a alteraciones de la maduración, como es el en la fase preparatoria de este ú ltimo.
caso de la pubertad . En este caso, una obstrucción prema - OII,,,<,re que los logros esenciales del período de latencia
tura de la fluidez del desarrollo, tanto regresiva como pro- l"n notoriamente ausentes, la psicoterapia tratará de
gresiva, ha impedido que se configuren l as condiciones pre- _ _ nOlar de manera metódica ese déficit del desarrollo_
vias para la diferenciación yoica subsiguiente. La pertinaz "¡>ccto del tratamiento dese:mpeña un papel de partí-
hostilidad del yo hacia la vida instintiva se pone de mani- Importancia en el caso de niños prepúberes, lo cual no
fiesto en la falta de flexibilidad de las respuestas pautadas .. ln,',A que una actitud pedagógica domine el proceso te-
de aquel al despertar de la angustia. Por lo tanto, podemos ,.., .. 'eo_ Ello sólo destaca el hecho de que el tratamiento,
hablar de una consolidación caracterológica prematura; s i 1I'11,"era que sea la edad dol paciente, utiliza como marco
esta es suficientemente severa, impedirá el desarrollo pro- ",rO"o/leila el estadio de desarrollo correspondiente a la
gresivo [BIas, 1968]. . . niño en cuestión. Sabemos que el debili t amiento
Por el contrario, cuando los años de latenCia determm811 • fijaciones provoca una expansión de la libido y la
una autonomía yoica insuficiente? observamos una larga ~.j(ln. En el curso de este movimiento, los residuos del
dependencia de las relaciones objetales. En general, ello se au"·.,.. patógeno alcanzan el nivel adecuado a la edad, en
debe a una internalización -es decir, i dentificaci ón- in- el conflicto debe afirmarse de nuevo. E l estado resul-
completa, que da a la organización psíquica de esta clase de pues, ofrece la oportunidad de llegar al núcleo pató-
adol escentes un carácter decididamente infantil, el cual primero en relación con el ~impase& evolutivo actual y
puede manifestarse en la conducta del niño a ocultarse por 'on los determi nantes históricos.
completo en la formación de síntomas. Si dicho carácter se Internalización del conflicto crea, por su misma natu-
expresa en formas infantiles de gratificación y dependen- qnivalentes representacionales de las fuerzas que
cia, y si estas superan o vencen los esfuerzos educacionales vez se proyectaron afuera y, además, de aquellas
y socializadores del medio, la terapia de adolescentes se en- desde entonces emanaron de] medio. tales com.o el cas-
frenta con un problema particularmente difícil. De hecbo, I.. censura, la gratificación, la seducción, etc. La inter-
este factor podría frustrar la psicoterapia por algún tiempo de ambas fuerzas -antagónicas o complementarias,
o para siempre, pues el conflicto entre los inter eses propios e l caso-- aparece en forma de fantasías, sueños, pen-
y las exigencias del medio se evita con éxito mediante fa l- ntos y nexos asociativos, en rel ación con estímulos
sas sublimaciones y recurriendo en forma indiscriminada a _ ... r,'ales, procesos cognitivos o incitaciones internas. El
gratificaciones instintivas encubiertas. dc Su san ilustrará cómo estas interacciones internas
En tales casos, el conllicto, polarizado entre el niño y el '.tIUl1lbinn en calidad y cantidad do un n ivel de desarrollo a
medio, continúa siendo externo: el niño espera e ~nc l uso p. ej., de la latencia a la adolescencia-.
exige que el medio cambie, pues carece de otra medida que nel .. fase del desarrollo contribuye de manera caracterís-
le permita controlar la angustia. Esto impide internalizar 111 desenvolvimiento de la personalidad. La represión,
el conflicto; se espera, entonces, que el terapeuta lleve a ca- ... hhmación y, en general, la expansión yoica represen-
bo lo que el medio no ha podido hacer. Tanto la insatisfac- n la contribución típica del periodo de latencia. De modo
ción del niño con el medio como su actitud de exigencia con l1Iulativo, esto determina que la homeostasis psicológica
respecto a este último expresan un esfuerzo anacrónico - y mllntenga mediante controles internos parcialmente (no
en consecuencia abortivo-- para reconstruir la situación in- 1 todo) independientes del apoyo externo . E l niño aún ne-
fantil de acuerdo con su nivel de maduración . La tarea de la Itll un sentido de pertenencia, aceptación y seguridad
terapia consiste en incorporar estas tendencias a la situa- otro del marco social de la familia. Como reguladores de
ción terapéutica. Si no surge ninguna dificultad, esto lleva- """ducta, los logros de esta índole se hallan contenidos
rá gradualmente a la internalización y la formación de con- 1 avance progresivo - y entrelazados con él- desde las
flictos . La continua elaboración de conflictos constituye una In,·iones objetales hasta las identificaciones , El yo adquie-

34 35
re independencia Y autono:mia =ediante la internalización, ill'ado encuentro que implica seducción. Hasta mucho des-
revelando en este proceso la singularidad de las relaciones , rara vez sabemos qué significado especial tuvo para
objetales, en tanto estas han pasado a f,?:=ar parte del sr: nI no el hecho de que el terapeuta tolerara o consintiera
mismo del niño o de su autorrepresentacion. HaUa=os aqul deseos infantiles, o qué significado particular le atribu-
el microcosmos interno, con sus reflejos de relaciones obje- paciente a la terapia misma. Este conocimiento, tan
tales abandonadas en forma parcial o total, incluyendo sus 1ad~.lpe:[Isable para dirigir esta última, no se adquiere fácil-
componentes positivos y negativos, reales e imaginarios . ..n,,~. Susan 10 reveló en determinado momento, diciéndo-
En la medida en que el niño continúe culpando a personas a la terapeuta en tono de súplica, aunque concisamente:
del =undo externo por sus padecimientos, en especial a la favor, no me transforme en muchacho",_ Esto era exac-
madre, y siga exigiendo que esta, o el IIl:undo en general, te lo que pensaba que la terapeuta podría hacer, o,
crunbien para evitarle frustración, angustia, cólera y depre- bien, lo que secretamente deseaba que ocurriera. Si se
sión, al terapeuta sólo le queda atraer hacia sí tanto la ira dar por sentado alguno de los deseos infantiles de Su-
como el flujo de acusaciones y exigencias, y suscitar, me- los cuales habían sobrevivido con plena intensidad, ese
diante la transferencia, un avance hacia niveles superiores era, por cierto, el de transformarse en muchacho .
de actividad mentaL Para asegurarse de que la valorada csperaba, precisamente, que la terapia la liberara de
persona que lo ayuda permanezca a su alcance, el niño acu- complejo, que había influido, como veremos luego, en
de a todo tipo de ajustes, dictados primero por el miedo a la las facetas de su vida.
pérdida de amor y, fmalmente, por el deseo de crecer, o tratar a un niño que se halla en el umbral de la puber-
bien -lo cual es de esperar- por el afán de mejorar a cual- los elementos patógenos del desarrollo desviado deben
quier precio. En esta constelación, que refleja el uso adap- ab.,rnrse dos veces, en dos niveles de desarrollo. Es me-
tativo de las necesidades de dependencia, se hallarán los que la terapia se ocupe, primero, del conflicto infan-
rudimentos de la alianza terapéutica. 1108 defensas concomitantes, y luego, de las propias ten-
La ¡ntemalización del conflicto posibilita l a transforma- IndllS, en tanto estas se afinnan de nuevo en relación con
ción psicológica de las necesidades infantiles. Es decir, es- .. ""uur"-C>O'[l puberal O la sexualidad adolescente. Una li-
tas últimas ya no se canalizan a través de expresiones puJ- .\.lciOn de la terapia infantil consiste en que el núcleo pa-
sionales directas, sino que aparecen bajo la forma de de- sólo puede ser eliminado o neutralizado en el nivel
rivados pulsionales. Esta t ransformación es posi.!'le gracias desarrollo emocional correspondiente -en el p lano nor-
a la intervención del yo. Cuando La adolescenCla Illtrodu- ",.,vo--- a la edad del amo. l Aun cuando no se puede so-
ce nuevas complicaciones en la vida emocional del mu~a­ rnar este logro porque proporciona al desarrollo fu-
cho, se ponen de manifiesto Las fallas en la autonomía yOlca un potencial mucho más favorable, es imposible prede-
-especialmente en la capacidad sintetizadora del yo--:-. .in embargo, si las mismas tendencias que provocaron
Consideradas desde el punto de vista del proceso terapéuti- nformedad originaria podrían desviar o no a la adoles-
co estas complicaciones no perjudican el tratamiento; por , en algún punto de su curso normal. Estas tenden-
el 'contrario constituyen los carriles de este último, siempre reconocerse en persistentes inclinaciones pul-
que la ali~a terapéutica se mantenga inexpugnable. Sin IDlnlllOS y en inflexibles, rígidas -es decir, infantiles- ca-
embargo, aun en estas condiciones favorables, es menester ;'''ILe''fs'ticas superyoicas y yoicas.
evaluar siempre con cuidado la fuerza relativa del yo en 10 I análisis precedente acerca de la importancia concreta
que respecta a su capacidad para adaptarse a cualqw.er atribuyo al período do latencia como preparación nece-
irrupción de las pulsiones primitivas. la para la adolescencia ha sido amplio pero general, sin
Si el terapeuta permite o incluso alienta de manera indis- Runa referencia al caso de Susan o Lo dicho hasta ahora
criminada la libre expresión de las pulsiones, el niño, com.o n podría reflejar 10 que un terapeuta debería tener en
veremos en el caso de Susan, reprimirá los impulsos pe\¡-
grosos, que tienden a destruir el objeto, y huirá de un ima- t V o -Ben., capitulo 17.

37
36
cuenta al emprender el tratamiento de un niño de la edad pidió a su terapeuta un pincel, da modo que pu-
de Susano Veremos ahora cómo estas generalizaciones y llevárselo a su casa y no tuviera que compartirlo con
conceptos. enunciados en abstracto. aparecen en la situa- niños. La terapeuta interpretó que el -deseo de curn-
ción clínica, baciendo que la conducta observada sea signifi· •• no, •• de Susan tal vez significara una compensación por
cativa y, en consecuencia, terapéuticamente ¡roductiva. El nI/año de que la hiciera objeto su madre cuando nació, al
tratamiento fue realizado por una terapeuta. dorle un pene, como lo había hecho con el hermano Oos
Susan tenía ocho años de edad cuando entró en el consul· _V"" niños.). Por supuesto, dicha interpretación no se ex-
torio. Lo primero que llamó su atención fueron los tarros d en esa oportunidad; debía quedar corno mera conje-
dactilopinturas. Estos coloridos recipientes la atrajeron de o la espera de un posible uso ulterior.
inmediato no obstante lo cual su ansiedad determinó que Intensidad de las defensas de Susan al comienzo de la
se mantuviera a ..prudente» distancia de ellos. Al principio, ,"11"" hacían evidente que la niña no poseía capacidad al-
esta niña meticulosamente limpia y prolija resistió la teo· para absorber semejante insight. Después de todo, no
tación de revolver y ensuciar. En forma d iscreta pero re· .uliciente que las deducciones del terapeuta sean correc-
suelta, optó por una solución de compro:miso y utilizó ~o NOn útiles sólo cuando el paciente es capaz de usarlas
pincel. Sin que ella pudiera evitarlo -Susan puso énfaSIS rn.rma integradora. La interpretación de símbolos suele
en esto-, una gota de pintura cayó sobre su mano y. ~uego lo guia más adecuada para el terapeuta -que está a la
sobre la m.esa. Esta gota provocó una intensa reaCClOn de ."lJlql ueda de indicios genéticos y dinámicos- y no para el
miedo así como un frenético esfuerzo por borrar el crimen ,-nLe --que trata de aliviar su angustia-o En el caso de
de ens'uciarse e indirectamente, de ensuciar también a la te- parecía más conveniente dejar que ella desarrollara
rapeuta. Lim.pi:.n.do y fregando , intentó disipar la angustia apropiado el tema del agravio, la ira y la re-
y la culpa.
La tentación de ensuciar - 0 pa.ra ser más exactos, de
1 validez de esta suposición se puso de manifiesto mu -
abrir de golpe las compuertas a las acciones, fantasías y después, cuando Su san misma verbalizó dicho tema.
emociones relacionadas con impulsos anales- precipitó ,,1 momento, la niña sólo pudo informar que con e l oh-
una angustia masiva. Susan la controló mediante una ve·
hemente expiación y reparación, o, en otras palabras, por J=:~::f6,~del pincel -no pasó nada bueno-, porque «'IIlÍ padre lo
y .:mi madre lo regaló • . Ambas afirmaciones eran
medio de las bien conocidas defensas de negación y trans- t'il.,na, pero expresaban la "verdad_ de Susan al respecto.
formación en lo contrario. Por el momento, la terapeuta to- mismo cabría decir de su declaración de que le fue impo-
maría nota mentalmente. ¿Qué había interferido en la pro- utilizar el pincel en el hogar porque «mi madre nunca
gresión normal de la formación reactiva a la autonom.ía yoi- deja pintar-. E r a en «mentiras_ como estas que Susan
ca? El grado de compromiso objetal, de temor a la terapeu- proBaba su .verdad_ oculta, antes de que pudiera articu-
ta, era notable. El hecho de permitirse la gratificación de rlll en un lenguaje que no r equiriera ser descifrado. En
un impulso, ¿signiñcaba aún l a pérdida de amor, o el caso In etapa del tratamiento, la «verdad- sólo es com.urucable
tigo mediante el rechazo? r medio de metáforas, símbolos y circunloqnios. Natural-
Su san podía soportar la frustración, la supresión de la ira nle, los progenitores de Susan y el medio en general coo-
y el renuncia.miento sólo si recibía una gratiñcacióD com- doroban que la «verdad . de la niña era una mentira.
pensatoria de naturaleza simbólica. Como regalo de CUID- Ilt'Apués de cinco meses, la niña dejó de insistir en la pro-
Ulldud y la limpieza; había puesto a prueba a la terapeuta
2 Siento gran pLacer en reconocer el estupendo lrabajo rea~8do I .uliciente como para arriesgarse a mostrar su criticable
por Florence Lieberman. Su habilidad para conducir el trataml.eDto. mismo. Primero de manera cautelosa, y luego con total
su cooperaci6n en la supcnrisión y sus fieles registros no sólo posi.bili· bllndono, dio rienda suelta a los im.pulsos anales prematu-
taron mi estudio de Susano sino que hicieron de él una tarea muy gT8- ml'nte reprim.idos. Se arrojó sob re los tarros de dactilo-
t i6cant.e. 'nt u ras, deleitándose con la textura «viscosa, pegajosa- de

38 39
Las sustancias contenidas en ellos, su delicioso «olor a men- la escuela era la única que mantenia aseado el pizarrón.
ta- y el color sucio que se obtenía al mezcLar los colores del _'D'LU", en forma despectiva, que los demás niños tenían
arco iris. Se entregó a una verdadera orgía de sensualidad -:I::',::d~~~; de ensuci.a rs.".. Las manchas y salpicaduras
táctil. !I .. ~r su afán de Limpieza y orden eran amplia-
Muy pronto, sin embargo, la excitación provocada por es- relvmdicadas por el fin virtuoso de su acción. Incluso
te «desorden_, junto con fantasías asociadas (conscientes e desdeñosos comentarios relativos a los otros niños
inconscientes), hizo que esta actividad se volviera desagra- dedicados que ella a la -belleza. , pareelan de est~
dable. La regresión a modos anales de expresión pulsional ju.stiific:&c!o,;; su primitiva arrogaDcia se había trans-
fue severamente criticada por fuerzas prohibitivas y contro- ahora en un siguo merecido de superioridad moral.
ladoras que operaban en la propia mente de la niña. Esto Jebemos detenernos ahora un momento, con el fin de
determinó súbitos ataques de náuseas y de . debilidad •. Su- ",:Iac~rail" la naturaleza de este cambio en la conducta y la
san expresó el temor de que podría ponerse las manos su- Surge el interrogante de si esa modificación anuo-
cias en la boca o tocar con ellas el rostro de la terapeuta. Se abandono beneficioso de las posiciones infantiles, o
esforzó por hallar una solución de compromiso entre sus in- ~I)lc,mente refleja una reinstauración de la organización
clinaciones íntimas y los requisitos del decoro, impuestos . .'n."v·a. que continúa manteniendo intacto e inmutable
por su conciencia social. De este modo, sus tendencias in- mpl.ejo de síntomas. Las implicaciones prácticas para
fantiles se hicieron invisibles, desapareciendo bajo la cober- rupia residen en la decisión de ver en este cambio un
tura mágica de la complejidad. hacia adelante en el desarrollo -que sería convenien-
Cuando la angustia puso fin a la actividad anterior, en- DO onfrentar-, o una resistencia al tratamiento una
traron en escena las palabras, que guardaban mayor dis- 1O"".'..a defensiva que debería detenerse. Parecerf': más
: ::~o interpretar ese hecho en términos de defensa . No
tancia aun que las acciones con respecto a la irrupción de
los impulsos anales. Calificó a la terapeuta de _canalla. y re~ponder si esto es correcto o no, pues el prohle-
- apestosa. , gozando con el sonido y la osadía de estas pala- no ~ons1ste en la alternatIva -defensa versus adapta-
bras, y se refirió al saco marrón de aquella diciendo que era SUlO en cuánto de cada COsa está implicado en el fenó-
de un - color repulsivamente sucio •. A cada uno de estos total de cambio quc tiene lugar ante nosotros. Sólo
ataques verbales le seguía de inmediato un estado de te- Ilvalu,,;ción diferencial puede servir aquí como guía pa-
mor: de pronto empalidecía y se volvía impasible, o fregaba terapLa.
y limpiaba el pizarrón, el piso o las paredes del consultorio. hecho de que Susan recurriera al manejo defensivo de
Cuando estas maniobras ya no guardaban proporc.i ón con la angustia contiene dos elementos. Uno de eUos refleja su
intensidad de su angustia, Susan afirmaba que no volverla .,nc.o necesidad de expansión yoica, Como requisito pre-
a terapia. Haciendo un último sacrificio, dijo en cierta opor- la regresión a aquellas posiciones pulsionales pri-
tunidad : «Puede decirle al hombre que viene antes que yo y In.lvas (con SUS conflictos resultantes) que nunca habían
al muchacho que viene después que pueden tener más .rl.l)u'es1~0 su nivel originario. El otro reneja una tenden-
tiempo para eUoso. Estas amenazas adoptaban la forma de apartarse en la seguridad de su organización defensi-
expresiones de modestia y resignación ; nunca constituye- sea, en Los síntomas de su enfermedad emocional-o
ron intenciones o decisiones a ponerse en práctica. Susan nfoque de la terapeuta con respecto al cambio de con-
hablaba consigo misma, no con el mundo, en la esperanza de Susan debe ser cauteloso. En principio, es preciso
de que la terapeuta la cOlnprendiera. ",Iunr los logros parciales con respecto a la expansión yoi-
En determinado momento, la niña renunció en forma de- -u autenticidad y estabilidad. En eL caso de Susan, los
finitiva a su placer de ensuciar. Un día llegó a sesión con WI fUlb"lmas en la ,:,scuela habían disminuido basta el punto
rollo de papel para estantes, dispuesta a poner orden en la , sm que nunca se los tratara en particular.
habitación. Se le ocurrió que tal vez poma pintar los ana- BJ,bc,mos que ~e debe dar tiempo al crecimiento yoico pa-
queles para que quedaran limpios y lustrosos. Explicó que que se consolide, antes de enfocar de nuevo las fijaciones

40 41
pulsionale s y sus defensas correspondientes. E l joven p a- roporcionarle esos sustitutos simbólicos de sus deseos
ciente suele dar la señal de que se ha alcanzado este punto.
De hecho , cabe confiar en ello si la alianza terapéu tica per- -:b~,:~':.:l~:~S no constituía, por supuesto, una respuesta al
• de Susano El becho de que ella esperara una re-
mane ce intact a después de algunas tormentas episódicas. IIrlp,!n!.a, bajo la forma de un regalo fálico, por renunciar a
¿Se había aliado Su san con e l yo de la terapeuta por identi- pulsos anales --en particular, los sádicos-- ocupaba
ficación? De ser así, estaba experimentando en forma ego- ntro de su enfermedad. o habi a otra manera de disi-
distónica sus síntomas . De este m.odo, la niña y su terapeu- 1 sentido de injusticia y de falta de equidad que se ha-
ta unieron esfuerzos para poner al desarrollo otra vez en nrraigado en ella cuando su m.adre dio a l uz a un niño
movimiento, liberándolo de sus trabas patógenas . Susan tenía tres años y medio). El deseo de l a
Susan afirmó que, ~de ahora en adelante, sólo trabajaría P'''''Le de ser varón estaba rodeado de circunstancias es-
y no volvería a jugar.. Por cierto, su desempeño escolar ha- IOIlnl,,,s, a las que nos referiremos luego. Lo que debemos
bía mejorado, y no se oyó hablar más de sus dificultades en ahora es la desaparición del material de carácter
la lectura . Insistió en que se tiraran los tarros de dactilo- su reaparición años después. luego de una rra-
pinturas y, con igual celo, en que la llevaran a la biblioteca ~au:u incursión en la femineidad, o, mejor dicho, en las
pública para conseguir libros y, al mismo tiem.po, para en- lizaciones y fantasías heterosexuales . En esta etapa,
contrarse con un muchacho al que caracterizó como «irre~ ver se a Susan recorriendo el camino de la latencia a
sistihle- y a quien -adoraba • . Esta ola de represión, simul-
táneamente con un precipitado avance hacia la adol escen- .1~~~~I~::.~~~.i~~ la niña se halla en los umbrales de la pra-
• El incremento pulsional que acompaña a la
cia, desterraron las expresiones de modalidad anaL La ex- rLad da lugar a un movimiento progresivo hacia una
pansión yoica y el concomitante, aunque débil, adelanto ex- ","niz"ción genital; no obstante, las fijaciones en modali-
perimentado en el desarrollo pulsi onal se combinaron en infantiles (oral, anal, fálica) dejan su sello en la cua-
determinado punto para traer lo reprimido, en forma deri- pulsional de su preadolescencia. Al aludir al problema
vada, a la superficie psicológica - o, hablando desde el pun-
to de vista fenomenológico, hast a el nivel de la conducta y
la masturbación anal, Susan anunció la reaparición de su
"la.,,,,a<:lO,n instintiva infantil, que las modificaciones yoi-
el pensamiento consciente--. Fue preciso que transcurriera d. la latencia habían ocultado por algún tiem.po. Esto sen-
un año antes de que ello pudiera ocurrir. ha" bases para una investigación exhaustiva de su confu-
Durante el primer período de la terapia, la enuresis de " xual, o, para ser exactos, de su identidad bisexual.
Susan aumentó. Las pesadillas desaparecieron por comple- distorsiones del esquema corporal. debidas en parte a
to, y ahora sólo tenían lugar -malos sueños-, que rara vez
la despertaban . La niña abrumó a su madre con e l deseo ~~~~.;:í:"l~anal~ , tal vez no hubieran podido rectificarse defi -
~ en la época en que aparecieron por primera
obsesivo de que le regalara un perro. La falta de equidad de durante el largo período de latencia, entre los ocho y
l a madre al negarle este solo y único deseo provocaba en dll~z años. En consecuencia, era necesario tratarlas nue-
Susan torrentes de lágrimas antes de irse a dormir. Como ".~Iwnte ahora, cuando la analidad volvía a afirmarse, po-
a r gumento disuasorio, la pequeña exclamó en cierta opor- nilos después, pero ya desde una perspectiva genital,
tunidad: " ¡Yo conozco a un muchacho que t i ene once pe- 11 la influencia de la maduración puberal .
rros!lt . Esta exageración -una -mentira- que expresaba su Humiremos ahora los desarrollos esenciales esbozados.
- verdad»- tenía como objetivo destacar la enorme injusti- n " la de represión eclipsó temporariamente los impulsos
cia que ella, como m.ujer, debía sufrir. Cuando el deseo de ~ "liles de Susan; a esto le siguió un mejor desempeño en
que le regalaran un perro no fue satisfecho, Susan le pidió ..... uela y l a desaparición de las pesadillas. Por otro lado,
un obsequio a su terapeuta Esto ocurnó antes de una larga lIur sis empeoró; las mentiras y la búsqueda compulsi-
interrupción de las sesiones debida a l as inminentes vaca- .... restitución permanecieron rncólumes_ Tal es el precio
ciones de la terapeuta. Lo que quería era un martillo o un u. debe pagarse por recuperar el ímpet u perdido del desa-
destornilJador. .110 . Cada insight parcial facilita un adelanto relativo en

42 43
el desarrollo yoico y pulsional. Mientras los procesos de in· a regresión preadolescente
tegración y consolidación se hallan en marcha, los deterIDl-
nantes patógenos se vuelven evasivos~ a men.udo desa~~e.
ceo por completo de la terapia . Es~. etapa ':Xlge m~ch,slmo
tacto y paciencia, porque la represlOn y la lD~aClón apa·
recen bajo la forma engañosa de un estancannento. Mu?, a
menudo -y con demasiada premura- esto se denoIllJ.na
«resistencia- y se lo trata como tal. Con la reestructuraclón
de las defensas, sin embargo, se despeja el camino para que
resurjan los determinantes patógenos, que posibilitarán aparición de la pubertad pone en marcha un proceso
una investigación más minuciosa y menos improvisada del ~::~~~~~~:~ psíquica. A los efectos de comprender es-
origen de la enfermedad. Cada vez que se obtiene un nuevo rJ en toda su medida y complejidad, es pre-
insight, vuelve a despejarse el terreno para un mayor tra· "tablecer el patrón de secuencias correspondiente, tal
bajo de reconstrucción e interpretación. puede discernirse durante el curso del desarrollo y la

práctica clínica nos enseña que cada etapa sucesiva


d"Harrollo exhuma los residuos de experiencias no asi-
ni integradas que no se transformaron en estructu-
pHfquicas estables (rasgos de carácter, ajustes adaptan-
orRanización de defensas) ni suscitaron modificaciones
relacionadas con el estatus físico y social caro-
del niño en crecimiento. Estos residuos suelen ser el
~~~~l::~d:e~.~~demasiado. o <otdemasiado poco. con respecto a
JI o a los ajustes pasados y presentes especifi-
la fase. Cabe decir, en términos geoerales, que cada
del desarrollo enfrenta de nuevo, y en diversos gra-
lo influencia desorganizadora de las fijaciones pulsio-
y yoicas, y que cada una de ellas trata de unificar y
monll'zar nuevamente los impulsos discordantes y anacró-
del yo y el ello. En esto residen la tarea y el desafío de
fase del desarrollo.
otras palabras, la finalidad de cualquier tarea especi-
da UDa fase reside, precisamente, en alcanzar una cre-
diferenciación psíquica y una síntesis yoica de com-
ilJlldo,d cada vez mayor y de orden superior. En su empeño
nlcanzar esta meta, cada fase balla un nuevo y persis-
impedimento u obstáculo. El cuerpo y la mente, cuya
1Ir1'J)(·t.e'D<:ia se acrecienta en forma gradual, realizan un
uo esfuerzo por ajustarse a los impulsos infantiles y
"',p<¡n"ar la estructura defectuosa (como ocurre en el caso
formación de síntomas), o por volver inocuos los ele-
I.r,t~.s que estorban el desarrollo pulsioDal y yoico progre-
Ccomo ocurre en la sublimación, la formación del carác-

45
44
ter y la disociación yoica. para mencionar los mecanismos ~:!~I~'~:: de la naturale.z a infantil de las pulsiones las ha
más importantes). .. hasta una modalidad más egosintónica -<lS dc-
No es raro que el nüio en edad prepuberal utilice en su Il"nital-. Resulta obvio el aspecto defensivo que en-
provecho las aptitudes yoicas adquiridas en el período de sta transposición. No obstante, independientemente
latencia, con el fin de encarar las tareas inminentes de la 110, no debe pasarse por alto la tendencia implícita ha-
adolescencia. Vuelven a aparecer los componentes pulsio- I dominio, o, más bien, hacia los ajustes adaptativos,
nales y yoi cos que no habían desempeñado ningún papel en del proceso tata! de crecÍIIÚento . Queda en pie el be-
el avance progresivo del desarrollo psicológico. Se los pueda _ID embargo, de que en la prepubertad se produce un
identificar fácilmente como fenómenos residuales produci- mcremento de la energía pulsional, con el consiguien-
dos por la fij ación y el traum a, que aparecen ahora como .. torno del equilibrío entre el yo y el ello alcanzado en
reacciones prepuberales. Es decir, estos residuos adoptan lal.4!ncia. Un movimiento regresivo, que se alterna con
la forma y el contenido de la constelación pulsional prepu- IIOstenida posición defensiva, constituye la caracterís-
beral, en UD esfuerzo por mantenerse en armaDÍa con el n i- o el desarrollo especifico de la preadolescencia. Un
vel de desarrollo apropiado a la fase. Podemos reconocer es- de la libido indica un nuevo equilibrio entre el yo y
tos residuos infantiles en el vuelco definido hacia una orien- y que los ajustes adaptativos que llevan al estadio de
t ación genital yen las fantasias, los pensamientos y las con- ración ñsica se hallan en camino.
ductas concomitantes, manifestados por la niña en edad pre- re Oexiones precedentes acerca de la organización puI_
puberaL y yoica preadolescente son de índole general; pueden
Los recuerdos infantiles -incluidos los preverbales- orse por Igual a ambos sexos. Pero hemos llegado al
vinculan con las modalidades genitales y, de este modo, SO en que termina la similitud aceptada entre el desa-
vuelven comunicables, como lo demostrará el caso de Su · p~~cosexual-y, en cierta medida, yoico-- d el varón y
san. Por supuesto, las tendencias preadolescentes regresi- nma . Surgen ahora características
vas y progresivas quedan sujetas a las influencias yoicas, propias de cada sexo [BIas, 1958, 1962J . La
superyoicas y del ideal del yo; los conllictos resultantes dan preadolescente del varón es más intensa que la
l ugar a un empleo caleidosc6pico de defensas, algunas d e niña; se orienta hacia la acción y tiende a concretarse.
las cuales se transformarán en atributos permanentes d el primera embestida de la pubescencia, el varón se apar-
carácter, mientras que otras serán formaciones ud hoc y de- 11 sarcasmo y desprecio del sexo opuesto. La muchacha,
saparecerán con el tiempo, sin dejar rastros observables. ,1 contrario, pone en primer plano los deseos y fanta-
Otras, aun, forman parte --<:omo nos enseña nuestra expe· h terosexuales, mientras que las tendencias r egresivas
riencia con pacientes jóvenes- de UD sistema de defen.sas rman en forma secreta y periférica.
patológicas que rara vez se puede penetrar por completo en vuelco hacia el otro sexo contrapesa s iempre las esca-
la etapa de la preadolescencia. 1 regresivas d e la niña. Rara vez se extravía en la con-
E l aumento de intensidad pulsional que acompaña a lo regresiva de manera tan completa COmo el varón. De
maduración puberal se hace sentir antes de que se mani· se sabe que las chicas son, a esta edad , mejores alum-
fiesten ciertos signos físicos -p. ej., las características se- que los muchachos, y que tienen mayor capacidad de
xuales secundarias- o Esta modificación del equilibrio en- que estos. Por supuesto, lo que la niña ha ad-
tre el yo y el ello tiene profundos efectos sobre los procesos en esta etapa no es una auténti ca feminidad, pues
catécticos. Como consecuencia del incremento pulsional, las .... "o'''one's con el otro sexo se hal lan dominadas por la
huellas mnémicas O las fan tasías relacionadas con expe· 1I'I1.10n y el deseo de posesión. Estos modos infantiles de
riencias. deseos y afectos infantiles se vuelven a catectiz8T. Ilo'<16,n objeta! ocultan apenas el aspecto narcisista de sus
Aparecen en l a conciencia después que una transposición :a.b"lt's --es decir, la necesidad de encontrar un sentido de
lhlltlrnloil'in al poseer el objeto--. Nuevamente, el caso de
'Véase .llen., capitulo 17. nos permitirá ilustrar este punto.

46 47
Mi experiencia me indica que la vu~erabi1idad emocio expectativas e influencias normativas del medio no
na! de la niña prcadolescente se manrfiesta de dos mane· constituyen un estímulo para el crecimiento: tam.bién
ras. Un aspecto de aquella consiste en la atracción regresi. izan y dermen las fuerzas elementales y amorfas de
va que la m.adre preedípica ejerce sobre La ~a, reinsta~. 1",lsiol~e:s, a medida que estas surgen en cada etapa su-
randa así la ambivalencia de las relaciones obJetales pnnll' del desarrollo. A su vez, el yo adquiere ( <<aprende.)
tivas. El otro aspecto reside en la identidad bisexual t~pi C8 ",odi de manejo que predominan en el medio. Las for-
de esta etapa, cuyo ejemplo más elocuente es La . mar:m a . "e,iooes transaccionales entre los mundos público y priva-
cho>. Uno de estos complejos, o incluso am.bos, se ubIcan ... desarrollan, de este modo, en beneficio de la supervi-
siempre en el centro de La fijación fem.enina en la fase pr.... social. La conformación activa y la socialización ri-
adolescente . Por supuesto, estos conflictos o temas no impuestas por el medio son indispensabl es para el
originan en dicha fase . Cuando habl o de fijación preadoles. en crecimiento, pues evitan los peligros del azar y las
cente, me refiero a la perpetuación del modo especifico de la It.'rr~allizac:ione,s idiosincrásicas que el medio rechaza. Las
fase -es decir, preadolescente- de llegar a un acuerdo ~on stas del ambiente, tanto las positivas como las co-
los aspectos yoicos inmaduros y las. necesldades tnfantll e. ICllor'as y punit ivas, no sólo son necesarias para el desa·
persistentes en el nivel de la expreSlón pulsio.nal pu~eral . futuro del individuo, sino también para impedir que
El ejemplo más cabal de esto lo ofrece la ~ña delincuen. d .. biliten o pierdan los logros alcanzados durante el de-
te, cuyas actuaciones heterosexuales con5tituy~~ una do· ""'0"'0 previo.
fensa contra la regresión hacia la :madre preedíplca [BIas. ..Iveremos ahora al caso de Susan, con el fin de analizar
1957 19691. Desplaza la atracción regresiva hacia el sexo Ingreso en la preadolescencia. En el nivel psicológico, ve-
opue~to, donde el hambre de contacto. infan.til h~la uno la aparición de las manifestaciones pulsionales y yoi-
gratificación sustitutiva. Las fijaclDnes infantiles tiendeo u que esclarecerán la vida mental preadolescente, tal co-
desviar el desarrollo preadolescente. Com.o resultado de l. In examinamos con anterioridad. Tardíamente, Susan
maduración puberal, los genitales se convierten en la zooo consolidar el período de latencia. lo cual determinó
erogena mediante la cual continúan satisfaciéndose las neo u desempeño escolar y su conducta social mejoraran
cesidades infantiles de seguridad y cercanía corporal. E l mnnera considerable. Las pesadillas desaparecieron co-
hecho de que en la pubertad se incorpore lo genital y se rea· consecuencia directa del juego regresivo durante la t e-
Iice el acto sexual no indica en absoluto que se ha alcanzado y las interpretaciones transferencial es con respecto a
la madurez emocional o la genitalidad. . La terapeuta se convirtió en antagonista y protago-
Desde el comienzo de su adolescencia, la niña se preocu· de Susan, es decir, en la persona contra la cual esta
pa mucho más que el varon por las vi~i~tudes d~ !as rela· sus impulsos destructivos y a la que recurria en bus-
ciooes objetales; las energías de este ultimo se ~gen ~a. ayuda y protección, atribuyéndol e omnipotencia.
cia afuera tienden a controlar y dominar el ambIente fisico. "ll"~rO que el desorden orgiástico y el desenfreno con las
Para co;"pletar el cuadro de la preadolescencia normal lopinturas cedieran gradualmente, Susan com.enzó a
en la mujer, debemos definir ahora la tarea del desarrollo 11\I1"o,r las expresiones verbales de manera más significa·
en esta fase. Esa tarea se halla implícita, por supuesto, en . Si bien hubo algunas recaídas, estas no se acompaña·
el conflicto que heJDos descripto: consiste en resistir con de la excitación incontrolable, ni del mismo pánico y
éxito la atracción regresiva que despierta la madre preedí· " anteriores . Las recaídas no superaban la capacidad
pica y, además, eo renunciar a las gratificaciones de la., yn para controlar la angustia concomitante. Ahora pre-
pulsiones pregenitales. Eo el caso. de .~usan, ~e hará eVI' emplear pinceles y pint ura para carteles, utilizaba
dente cómo los cambios en la organlZaClon pulslDnal y en la 11 menudo creyone s, o se dedicaba a colorear las figuras
estructura psíquica afectaron y conformaron su conduct~ un libro, lo que le exigía exactitud y contención. Mostra-
social, así como sus distintos roles sociales
. -alUIllfia, amI' tendencia hacia la confonnidad social y la participación
ga, niña expLoradora, acam.pante, eteetera-. organizada, no sólo en la escuel a sino en su v ida so-

49
cial. Le agradaba su uniforme de exploradora, que le d a b ..
un aspecto ~exa.ctamcnte igual al de las otras niñas». El efecto del trauma en la
Durante el período subsiguiente a la declinaci6n de su t"( n-~~aJru:a(~íón pulsional preadolescente
gresi6n anal, Susan mostró ~ interé~ ,:,"eciente por di~!"
sas cosas (pája["os, plantas, libros, actIVIdades de los film
exploradores, deberes, fotografía y natación). A medida qu
ampliaba de este modo su participación en activi~es con
tructivas, en la terapia trataba de vencer, con sincera dt'
terminación los obstáculos que le impedian transfoTIDaTII
en una .niii.a grande». Estos obstáculos consistían en 11. Cuando Susan tenia cinco años, su madre sufrió UD episo-
fijación a un trauma, que había dado a su desarrollo em .. psicótico de naturaleza depresiva que determinó su re-
cional un giro patológico. Resulta imposible comprender In ~[ltinn hospitalización. Sin que la niña supiera por qué ha-
enfermedad neurótica de Susan sin conocer ciertas circun internado a su madre, se la envió a la casa de unos pa-
taocias decisivas de su vida. Esos datos aparecen, en cad que se hallaba a mitad de camino en dirección al
caso como un conjunto único de variables . Nuestro inter, extremo del país. Conocía vagamente su lugar de destí-
se ";ntra aquí, fundamentalmente, en cómo dete~mioad" pues este tenía un nombre, pero no sabía d6nde que-
trauma infantil se afirma en relación con los conflictos, tu ni por qué i ba aDi. U na vez instalada en el hogar de su
reas y resoluciones especificos de la preadolescencia. (0, nadie mencionó nunca a su madre; tampoco recibió car-
Pero antes de seguir desarrollando este teIIlB. deseo d o> 11 oi llamados telefónicos de ella . Si bien el padre continuó
tacar que e l traums J tal como lo concebimos en este caso, nh nnteniéndose en contacto con l a niña, sus evasivas s6lo
constituye un hecho patógeno aislado en la vida de un oii\h udlzaron la sensación de incertidu=bre y confusión de
infortunado. Muy por el contrario, considero que el trauOllO usan,
forma parte de la condición humana universal durante I La pequeña tomó el enigmático silencio COIllO un indicio
infancia y la niñez temprana, y deja, aun en las circunstall d que no debía formular p["eguntas respecto del inexplica-
cias más favorabl es, un ["esiduo permanente IBl0s, 196:.!, lo acontecinriento que habfa arrancado a su madre de su
1968] . La historia temprana de Susan y la formación de .,. Ida. La aclaración de que .. mamá tuvo una oper ación. l e
personalidad preadolescente m.ostrarán cómo e l t.rauma in e>naba más a subterfugio que a verdad. Durante mucho
fantil, junto con l os afectos, los pensamientos y las ~ant" 'Iompo intentó en vano figurarse cosas por sí misma, y to-
sias, influyó en la niña cuando ingresó en la adolescencl8. vía recordaba un pensamiento persistente: ~Las madres
d otros niños no se quedan tanto tiempo en el hospital pa-
r. operarse; seguro que no permanecen todo un año». Su-
• n fue separada t ambién de su hermano, que a la sazón te-
nlu dos años. ¿Por qué a él no lo habían enviado lej os del
hogar? L a niña sabía que aq u el estaba en casa de los abue-
10M, en la ciudad natal. No sólo había permanecido de este
mudo cer ca de la madre y el padre -lo suficiente como para
d""pertar los celos y la envidia de Susan-. sino que se le
.......mitió volver al hogar tres meses antes. A aquella herida
'0 I sumó la afrenta.
usan denom.io6 ~el año de Wisconsin. al período de exi-
lio. En su mem.oria, este estaba lleno de encantos y de ma-
rllvillosas experiencias y aventuras. Wisconsin: un mundo
donde los niños eran felices y existía la posibilidad de dejar

50 51
la vida gris de la ciudad por los vastos campos en los que, de su enuresis nocturna, el cual se sumó al terror
pacían caballos, donde podía cabalgar en un querIdo, mu~, lo producían las corrientes de agua. En este punto, s6lo
nífico padrillo , donde a su llegada la habían recibido en 1" aludir al problema y pedir paciencia al lector, para
estación con un carruaje tirado por caballos, nevándola ) -tema agua .. pueda desenvolverse por sí mismo, a
una casa grande con muchas, muchas habitaciones. En 5n, de los sucesivos pasos que llevaron a Susan a.l in-
una maravilla tras otra. La negación de su soledad era LIII correspondiente .
que ahora cuando se sentía desdichada, desamparada Y t -año de Wisconsin --{), en otras palabras, el trauma de
merosa, p~nsaba en los días felices de Wisconsin. ....d.o nc-- había provocado una disociaci6n yoica: la far-
La niña sabía, y a la postre terminó por aciInitirlo, que, de síntomas consiguió ligar la agresión iamane-
sus asombrosos recuerdos eran fábulas y mentiras , De he Simultáneamente, se constituyó un repertorio de fan-
cho, quería expHcitamente que la ayudaran a frenar el im ; a ello contribuy6 la facilidad de Susan -tal vez de-
pulso irresistible a fabular las historias que debía relalor .,.lJ1'IOS hablar de su don- para fahular con extraordina-
como realidades. No ignoraba - y así lo dijo una vez con alismo, y esto se transformó en un refugio siempre
sencillez- que sus mentiras y su enuresis nocturna oC> ble ante cualquier tipo de displacer, Tales circuns-
eran sino las dos caras de una misma moneda: ambas ho del trauma originaron, en la preadolescencia de Su-
bían comenzado en WiscoDsin; ambas eran síntomas d 11\ Insuficiencias de desarrollo que pusieron en peligro su
negación y la inversión del afecto. Finalmente, BlIlergieron ' lo por la adolescencia. El peligro consistía en que
reminiscencias aterradoras que r evelaban su temor a pero hasta esta última su disociación yoica, la cual,
derse y ahogarse, y que coexistían con el falso recuerdo do veremos luego, había canalizado la mayor parte de su
baber vivido en un paraíso. ...",¡',ón hacia la formación de síntom.as, y hecho de su vida
Dos recuerdos característicos correspondientes al ~año de' fantasías una fuente de consuelo y seguridad. Ambas
WisconsinlO nos permitirán describir su estado de ánimo. habían vuelto a Susan cada vez lllás inacce-
Sin ningún signo de afecto. se refuió a su primer dia en el o las exigencias de la realidad. Básicamente, los dos
jardín de infantes, cuando su tía olvidó ir a bus~rl:, y ello ....oct:os de su ajuste a la angustia -anhelo y retaliación,
tuvo que salir sola a la calle. Puesto que no sabla como ha· I~~,~:~~:~ed amor Y odio-- reflejan un grave conflicto de
llar la casa de su tía, pues los alrededores aún no le resul to· • larga data, en relación con la madre. Por
ban familiares caminó sin rumbo fijo basta que un agenw oto, el pel!gro puede definirse, en últinla instancia,
la llevó al dep~rtamento de policía. Yendo hacia allf, vio d una persIstente incapacidad para constituir relacio-
pronto pasar a su tía en auto. Cuando esta fue a recogerl o, objetales estables -es decir, posambivalentes-, Este
Susan le dijo que había llegado dos horas tarde. Al pregun en sí mismo, haría abortar el proceso adolescente.
tarle si había sentido temor, la niña afirmó: .Ob, no, n 'A.he,ra que conocemos una parte importante de la historia
tuve olledo~ . Susan, volveremos a la situación de tratamiento. El ma-
También tenía otros recuerdos, relacionados con el agua que apareció en primer plano, una vez que todo lo re-
y las inundaciones, Se alegraba de vivir en una habitaci6n .I'Drlaldo con el acto de revolver y ensuciar se perdió más o
del piso alto; de este modo, una inundación no podría arra- de vista, era de índole más especifica: giraba alrede-
sar con ella. Hasta finalizar su tratamiento, Susan no fue de una palabra, .C·o-g-e-r., * tal como la escribió Susan
capaz de reconocer la angustia que le provocaba el sonido I pizarrón. También la pintó, la dijo, la cantó, Pidió per-
del agua al precipitarse. Por supuesto, en ese momento y. para usarla en sesión y luego lo obtuvo de su madre
sabía cuál era el objeto de su terror. o sea, el miedo a pero decirla en voz alta cuando estaba sola en el departa-
der, con la descarga de agua del ~etrete, la parte más pr;
ciada de su cuerpo: el falo UusorlO. ¿Qué oL~a cosa podna f:n el sentido de p-ract.icar e l coito, este americanismo es cas i des-
haber conferido a su hermano el privilegio de permanecer ..._Iido en Es'p alla, pese a 10 cual e l Diccionario de la Real Academia
cerca de los progenitores? Proyectó el afecto agresivo y reta· hIII'Rtrn en su edición de 1970. (JII. del E. l

53
52
mento .•Coger. representaba un conglomera.do o conde~a­ r sultó ser su escondrijo favorito para masturbarse.
ción de pulsiones, deseos o fantasías I?regerutales y . ge~ta­ <\Jl1I.ndlo admitió con tristeza que .mi coger no parece gran-
les, así como de diversos estados afectivos: provocación, trn, hizo claro que, al masturbarse, buscaba su pene. La
rabia, placer y miedo. El vínculo entre l~s fan~ías sexua- illlliIIlur·b,.ciLón bajo la cama iba acompañada por un sonso-
les y los efectos agresivos dio a este penodo V1V1do por Su- y una sensación de anticipación" que Susan expresó
san la vastedad y la naturaleza ambigua característica d "tas palabras: - Creo que algo va a pasar; pero no sé
la regresión preadolescente. En el tratamiento, los diversos "H, y nunca pasa",.
componentes del cuadro regresivo se clasificaron de acuer- búsqueda de una parte del cuerpo que se había perdi-
do con las defensas. deseos. fantasías, experiencias y per- o n podía hallarse debe entenderse dentro del contexto
cepciones reales. Este proceso dependió mucho de la capaci- amplio de la pérdida objetal: la pérdida de la madre,
dad de la terapeuta para comprender las declaracione.s de amenazó a la niña con una rabia impotente y depresiva
Susan en el contexto de su experiencia, fantasía, realidad se la envió al uexilio. -lo que ocurrió en realidad
actual e historia vitaL Para entender este tipo de lenguaj , ............ su fase fálica-o La experiencia de Wisconsin no
el terapeuta debe conocer el pensamiento sincrético y el "'"l!'rn sido tan crítica y devastadora si en la relación tem-
mecanismo de condensación. De atTO modo, puede enre entre madre e hija no se hubiera establecido una con-
darse en el sentido literal de las palabras y la sintaxis. ón previa para el temor a la pérdida. En este punto,
La enunciación del vocablo .coge:r>o iba acompañada por "'DIIIOS volver nuestra atención hacia la formación del es-
una sensación de osadía, excitación y placer sensual por corporal en la niña preadolescente ~ su defoctuosi-
parte de Susano La niña también lo utilizaba para provoca:. • n el caso de Susan-. en el cual pueden reconocerse
fastidiar escandalizar e insultar a la terapeuta. Estos dI- fullas de las primeras relaciones objetales .
versos si~cados resultaron, sin lugar a dudas, aspecto .,n.,mos en condiciones de observar de cerca la influencia
distintos de la palabra total. Susan misma pensaba que di - 1.. primeras relaciones objetnles en la formaci ón del sí-
cbo vocablo se referia a un niño y una niña, ambos desnu- y en la representación del cuerpo en particular. En
dos, cuya actividad consistía en esto: el prime:o frotab:o su rupia de niños, el dibujo y la pintura suelen transfor-
pene contra la niña y esta, como consecuenCl8, cmOVla el en reflexiones gráficas acerca de la representación
vientr.... La actividad anal ocupaba un lugar destacado eo .1 mismo. Susan dibujaba y pintaba caballos, siempre
su concepción de las relaciones sexuales: la de~ecació~ de In 111:008, como nunca dejó de repetirlo; en la época en que se
mujer representaba la contraparte de la .ereCClón viril. E~ ­ • poró del hogar, estos se habían convertido, en su fan-
tre los datos clínicos no había referenCIa alguna al naCl · n compañeros que le ofrecían consuelo .•Coger es al-
miento anal, lo cual es típico de la preadolesc,:,ncia femeni - quo hacen los animales- , explicaba; pero, ¿por qué. en-
na cuando la capacidad procreadora de la mUJer pasa a se- "",e.,,., sólo habia machos en su mundo de caballos? A modo
~do plano ante el problema de la bisexualidad. No ob~ . dl!saño y como expresión de ira -dirigida, alternativa-
tante, se habían manifestado algunos detalles de la teona contra la terapeuta o la madre-, Susan compuso una
sexual infantil de Susano ~"",6n con este le.n guaje Urico: . Coger, mierda, caraja. in-
Persiguiendo con extraordinaria perspicacia la "Palabrn Esta canción se mantuvo tan en secreto como sus
de muchos significados- , como era característico de Susan, .,..41151016 sexuales de naturaleza infantil, es decir, regresiva.
un día anunció que . coger significa que una niña quiere u.n 1(1 largo de todo este período, Susan se vistió con ropas
pene-o Puesto que nunca había visto ~o, o ~s:í lo afir:maba • '-"0/1 0188 y limpias, de colores vívidos. Mantuvo SU unifor-
ignoraba qué quería. Cuando se le objeté .su .gnoran~a, Su- dI) exploradora. sin excepciones, en condiciones ejem-
san abandonó muy rápidamente este obvLO subterfug1o, q~o rt H. En cuanto a corrección y decoro, su aspecto era el de
había ideado para ocultar sus dudas acerca de su propIa uier otra niña de diez años. Cuanto más revelaba a Su
mezcla genital-anaL .Coger- se transformó, por último, en .r.!loo"ta con respecto a su vida secreta, menos influía esta
un objeto que, según dijo, se hallaba bajo la cama. Este lu- .11 conducta y su apariencia en público. Por ejemplo, du-

55
64
rante este período, caracterizado por la palabra «coger-, su no me gusta- o «Ese pensamiento es malo .. , decía la
conducta y su desempeño escolar majorarorL Las notas qu con remordimiento y culpa. Su tendencia a liberarse
obtuvo en el colagio fueron sumamente satisfactorias. Su IIMICionalm,ente de la madre preedipica se puso de mam-
vida de fantasía, secreta y florida, había hallado un depo..i- en una autoa11rmación reciente. un «autoritarismo....
tario confiabl e en la si t uación terapéuti ca . Pert enecía 11 hogar que contrastaba en forma aguda con sus provo-
esta última, pues era aquí donde Susan había . aprendido.
a hacerla inteligible y a crecer. La niña hubiera sido la úl ti-
"'''.8 exigencias anteriores y SU pedido obstinado de amor
. , ••,lgO a través de la extorsión. Además, la independen-
ma en creer que había obtenido logros reales simplementa Icanzada se hizo evidente en sus movimientos libres
porque le fuera bien en la escucla y como exploradora. S a- I vecindario y en su participación social más activa en
bía que su ~vida secreta . seguía siendo una fuente de con s- po de pares.
tante angustia y la raíz de sus problemas. miedo emergente a la madre primitiva --es decir, pre-
Debemos examinar ahora el material clínico teniendo e n fplc •• -- nos interesa aquí particularmente, porque rerreja
consideración las características del desarrollo preadoles- arnt,ivaleIllcia tan característica de l as relaciones objeta-
cente en la mujer. Ese material se halla tan asociado con lo mpranas. Al buscar nuevas relaciones objetales, la ni-
historia vital y la personalidad únicas de Su san que resul to preadolescente experiment a una intensificación del
difícil traducirlo en formulaciones teóricas. En principio, el lo emocional primario, y esto la lleva, necesariamente,
proceso tiene que ofrecer datos y mostrar un propósito. Los madre primitiva. Por supuesto, la "lll8dre primitiva~
primeros, por supuesto, son proporcionados por los regí s· ....dípicl.) y la - madre actual. (posedipi ca) no son idénti-
tras. El segundo consiste en la expectativa de que los con- capto en que se trata de la misma persona. Cuando ha-
ceptos teóricos extraídos de l os datos clínicos redundarán, de la atracción regresiva hacia la madre primitiva,
en última instancia, en una mayor eficacia de la terapia d e referimos a la representación objetal de esta. Hallamos
niños y adolescentes. Queda al lector la tarea d e juzgar y la huella mental en la que la madre primitiva sobrevi-
verificar ambos. " la mente del niño, i ndependientemente de los distin-
En Susan, el periodo caracterizado por la palabra «coga,.. mies que toda madre desempeña en relación con su hijo,
constituyó, en términos de regresión pulsional, una re.ini· ...'.n .... el crecimiento de este.
ciación de la búsqueda de la madre primitiva, preedípica. A • evidente de por s í que la larga separación. o e l trauma
esta atracción regresiva le acompañó un estado de angus- )tilia que tuvo lugar cuando Susan contaba cinco años,
tia, que alertaba al yo an t e el surgimi ento de deseos de d e- negativamente en la rel ación madre-hija; a raíz de
pendencia y tend.e ncias pasivas. En el tránsi t o de la regre- esta adoptó una forma particular, virulenta y persis-
sión a la relación simbiótica se agudizaron los conflictos d e Lo que llama nuestra atención, O despierta nuestra
ambivalencia; sin embargo, la regresión no fue tan lejos co- IIII~OSI(1altl, es la forma adoptada por tal pérdida --{l, más
mo para negar a la fusión entre el sí-mismo y el objeto. S e , la representación mental en la cual se articuló-.
consi deró que esta capacidad de resistencia a la regresión Lo palabra global «coge,.,. contenía matices de excitación,
total constituía un índice de l a salud esencial de la niña, o, lusión, desesperanza y tristeza, todo lo cual se relacio-
en otras palabras, una prueba de que se trataba de una per- con una sensación de falta de integridad fisica, de em-
turbación neurótica y no de un estado fronterizo. La histo- ..tlr.·cümi.e~lto corporal y, en general, de constante miedo al
ria hereditaria y ciertos síntomas, tales como la encopresis, ~lnc:lolno y la pérdida. Suponemos que el abandono, la pri-
la tendencia a mesarse los cabellos (síntoma dudoso) y la ~:~::de un vínculo objetal esencial, se desvió hacia el
somatización , hicieron pensar, natura1m.e nte, en un estad o • en términos de la pérdida de una parte de este. Por
fronterizo. IIJl,uc)sl~, la masturbación misma constituía una forma in-
Sin embargo, en vez de la regresión a la dependencia pa- ." .. ~'dJ,e.lte de obtener consuelo (reducción de la tensión)
siva en su búsqueda de integración, Susan experimentó sen- momentos de pesadumbre y aflicción. Sin e:mbargo, la
timientos y pensam.ientos perturbadores del tipo de . Mi _ ....uc'uu JDasturbatona del pene perdido dejaba a la niña

56 57
una sensación de abatimiento, enojo y te=or. La angustio rondición humana que la fuente de la cual Susan ex-
superyoica obstaculizaba siempre el grado de gratificación 1 fuerza que la llevó con éxito a través de la terapia
que obtenía de su actividad autoerótica. tuía, al mismo tiempo. el origen de su vulnerabilidad
o fue difícil descubrir que detrás del juego sexual soli t.a· .rOllc". Sea COIDO fuere. en el curso del tratamiento re-
rio y secreto de Susan había una búsqueda de integridad daro que la _madre mala_ desaparecida cont inuó
que, en esencia., sólo puede adquirirse mediante relaciones 0. durante un lapso muy largo, una representación ob-
objetales primarias establ es. Estas facilitan, en forma gra o xistente con la de l a _madre buena» que ofrece con-
dual. la identificación con la madre. La pérdida original e y amor.
l a p é rdida del pezón; la disponibilidad o posesión de est e r . 'to la larga ambivalencia como l a constancia objetal
presenta, pars pro toro, la unidad primordial que constituye plota impidieron a Susan identificarse con el objeto
el punto d e partida de toda diferenciación psíquica . Tal e <1, para decirlo en otras palabras, ambas sentaron las
el fundamento genético del que se derivan las u l teriores para un ambivalente sentido del sí-mismo y un es-
reacciones patológicas ante l a pérdida. 11 orporal ambiguo. Esta d isociación impidió una
El pezón o el pecho, en el sentido amplio que le damos. ficación sexual estable. Desde el punto de v ista cli-
abarca la totalidad de la experiencia con respecto a l a m a Hto se puso de manifiesto en las aspiraciones de Su-
dre y la alimentación, incluidos los numerosos estimulo 'lUC fluctuaban entre ser varón o mujer, usar vestidos o
sensoriales concurrentes, ya sean gratifican tes o penosos . ,.o.ntalones de niña,... En una pintura en negro, repre-
Es verdad que la experiencia de l a pérdida primaria no so n la "lnadre mala» como una -bruja perversa que co-
recupera, en la psicoterapia de la niña preadolescent e, en el nh"los». La pintura mostraba numerosas manchas ver-
nível de la repetición afectiva o la realización consciente. lo largo del borde: ..Estas son las lágrimas de los ni-
Ambas, sin embargo, pueden reconocerse en esta fase en IIUe lloran y están muy asustados». fue la explicación
sus formas derivadas -p. ej., en los problemas relativos al "11"'on. quien ahora hablaba de l a época en que su madre
acto de CO:IIler, o en una voracidad general y una demand o. j o:muy mala. porque dejó a su hija sola y se fue al
exagerada, cercanas a una extorsión implacable-. l• .
inguna de estas manifestaciones se observaba en el co- pesadillas que la niña contó al iniciar el trat amiento
so de Susano La historia de esta niña nos revela que cuando 1II1~lIzaron a esclarecer el tipo de angustia que no babía
era pequeña necesitaba estar junto a su madre . en la s o- manejar mediante sus defensas o sus s íntoUlas. Sus
ledad de l a noche. Al regresar del exilio, solía reclamarla a reflejaban una sensación gene ral de abandono y so -
gritos y exigir que la llevaran a la cama con ella. Sól o la La angustia que experimentaba en sus sueños y pe-
presencia de la Uladre podía disipar el terror de sus pesa- 111111"'8 repetían el trauma de l a pérdida objetal . el desam-
dillas. Al comienzo d e l tratamiento. Susan contó que grita- depresivo, la ira hostil y el ataque r e taliativo del obje-
ba todas las noches, pero su madre ya no l a escuchaba como " lImor perdido . En este ataque reconocernos la proyec-
antes. Esta inforJDación constituye otro ej emplo de las du la rabia destructiva. que transforma en monstruo al
ot<Dlenruas-" de Susan., que hem.os caracterizado como su .cver· de amor.
dad». Es obvio que la historia de la falta de respuest a a s us uno de sus sueños (que ilu stró p i ntándolo), aparecía
llamados alude a la época en que se la separó de su IDadre. niña pequeña encerrada en una gran burbuj a. Tenía
Susan recordaba los ataques de angustia que había experi- cola de caballito y yacia en la burbuja. terribleUlente
mentado cuando su Uladre se vol vió inalcanzable y pareció ."I"I.III]a y llorando . Un gorila con dientes y manos enor-
perdida para siempre. una besti a de aspecto aterrador, l a mantenía prisio-
No debe olvidarse que la r el ación entre la pequeña y su usan sabí a, por supuesto, que la niña era ella misma
madre había sido excesivamente estrecha, y que el "amor ~:~'.~:~~oPeqUeña. Asociándolo con e l sueño. se refirió al con-
desmesurado» que la última sentía por la niña contribuyó • como un aula (.porque adoro la escuela-) y a la te-
al extraordinario apego de esta. Forma parte de la paradoj o ta como una maestra a la que no debí a compartir con

58 59
otros niños. La terapia implicó para Susan liberarse de 1
burbuja y vencer la depresión anaclítica que había tratadQ
"'''>l'., mientras que " mi mamá y mi hermano nO tienen
de eso-o . Sólo papá y yo dibujamos, y sólo a nosotros
de manejar por =edio de la negación (uA mamá no le po nos gustan los caballo~. ~So:mos jinetes •. La identifica-
sará nada. ), la transformación en lo contrario (-En Wiscon- con el padre, así C0D10 su interés par los varones, perle-
sin soy la niña más feliz del mundo~) o la identidad bise- al dominio de las relaciones objeta les narcisistas, en
xual (.Si soy varón, mamá me conservará a su lado~). S. c",ales la cualidad esencial del vínculo emocional está
bien la terapeuta destacó aquellos aspectos del sueño qua por una supuesta identidad de cuerpo y mente. Estos
reflejaban la experiencia patógena trauma), nunca se igno· atributos y semejanzas, que constituyen parte fun-
ró el efecto perturbador que la enfennedad psicótica de la del complejo de Edipo negativo, o la iden tificación
madre ejerció sobre la niña. de Susan con el padre, nos retrotraen indirecta-
La fijación de Susan en el nivel de las relaciones objetales hacia el vínculo infantil con la madre.
preedipicas se puso de manifiesto en sus sueños, fantasfas ante su identificación masculina, Su san se apropia
y réplicas transferenciales. La paciente resistió con energía IU'''''' que el padre y el hermano ocupaban cuando ella
el retorno a la pasividad infantil; en vez de esta, adoptó el -en el exilio> , mientras ambos disfrutaban de la cer-
rol activo y autoritario del varón, o, más claramente, d 1 corporal y la posesión de la madre. Ahora vive, en su-
padre. Esta maniobra defensiva es típica de la niña preado por poder. La unión con el padre muestra las caracte-
leacente, cuando la atracción regresiva de esta fase despier- ..,CBS de la relación diádica típica de las relaciones objeta-
ta una ansiedad ingobernable. Entonces se identifica tran· preedípicas. Los peligros futuros para el desarrollo psi-
sitoriamente con el rol masculino (la marimacho), se vuelvo ••'Xl''''' de la niña, inherentes al empleo defensivo de la
hacia el padre y huye de la madre, evitando así que esta In
suma en un estado de pasividad pri=aria. El tema edipico
ocupa, a menudo en fonna dramática, un lugar destacado
: i.,~:~:~;:~ edipica, residen en la perpetuación de sus re-
objetales preedípicas y el traspaso de estas, duran-
adolescencia , a los aj ustes heterosexuales definitivos.
en el material clínico, y la oportunidad parece propicia para los casos de delincuencia femenina, observamos con
realizar una interpretación edípica. Pero mi expe.r iencia mo claridad que la 1Duchacha busca constantemente el
indica que una interpretación de este tipo sólo fortalece la IDIJllLnero heterosexual que gratifique su necesidad infan·
maniobra defensiva de la niña, haciendo que se olvide e l contacto corporal y de posesión del objeto, sin que
problema del vínculo no resuelto con la madre preedipica. una capacidad real para establecer relaciones inter-
Me he referido a esta constelación COmo -la defensa edipica anales íntimas y de reciprocidad emocionaL Además,
de la niña preadolescente~; el caso de Susan constituye un .abrazos> heterosexuales (seudoheterosexualidad) que
ejemplo pertinente. van acompañados de excitación genital defienden de la
La maniobra defensiva que protegía a la niña contra la hacia la madre preedipica y, en consecuencia, de
regresión a la madre primitiva intensificó también su iden- Menciono esto sólo al pasar, para seña-
tificación con el padre: . Papá y yo somos iguales; somos 1118 vastas consecuencias clínicas del concepto que intro-
idénticos y hacemos las mismas cosas~. Lo que surge ahora en otro 1Domento [Blos, 1957, 1969J. N i nguna de tales
como hostiHdad edípica hacia la madre cs, en realidad, uno " •• ciooJes tuvo lugar dentro de la órbita de las tendencias
actitud negativa hacia la madre preedípica activa y contro- .I,culógiclls da Susan .
ladora, frustradora y represora; lo que aparece como un hemos referirnos ahora a la historia de las relaciones
vuelco edipko positivo hacia el padre representa una iden- lIa.urana.s entre madre e hija, prestando especial atención
tificación narcisista con él en el nivel fálico. Sin duda, 10 fantasías de l a madre con respecto a la niña y al rol
edipico se halla presente, pero sólo en estado larval; el pa- ...mCUlla,r de dichas fantasías en la crianza. Una circuns-
pel dominante lo desempeña el aspecto defensivo. decisiva para el infante es el hecho de que cada ma-
Susan piensa ahora que es la favorita del padre, pues am- en las crisis normativas del embarazo y el nacimiento,
bos son iguales; tienen los mismos intereses, las mis:m.as tlIIMlca al niño de fantasías conscientes e inconscientes. Es-

60 61
tas son bastante persistentes y aIcanzan un segundo punto UNan empezó a comer sola precozmente y renunció proa·
culminante, luego de su primer florecimiento en la infancia t 1 biberón. _Aprendió sola» el control de esfinteres a los
cuando el niño se acerca a la pubertad o ingresa en ella. La meses - o así lo afirmó su madre, sin duda exageran-
intimidad regresiva con la madre, que vuelve a establecerse . El hecho de que la niña lo aprenmcra por sí misma
durante ln preadolescencin, sensibiliza de nuevo la pcrccp· 1.. «experiencia más emocionante~ de la madre. Esta úl-
tividad de la niña en relación con las fantasías de aquello nurética hasta los veinte años, no quería arriesgarse
sobre su persona . Esta ..sintonización» provoca en la OOoles· su hija sufriera un retraso en la adquisición. de hábi-
centejoven un desapego emocional con respecto a la madre, higiénicos, y trató de que todo estuviera bajo control lo
tenmente a proteger su propia autonomía. pronto posible. Susan dejó de mojar los pañaIes antes
Las fantasías acerca del bebé, si bien son universales, rnpezar a camjnar, a los quince Dieses. Si bien . tardó en
pueden magnificarse en forma desmesurada si no se la s _ ..... r·. --según la madre--, "comenzó a hablar pronto».
controla y corrige de acuerdo con el niño concrelo, su reali· mlldre recuerda con placer que Susan era capaz de
dad física y sus caracterlsticas de temperamento. D e otro .nILeOE!r una conversación a los nueve meses.». Tajes fal-
modo, se InoIdea aI bebé en la fantasía, con el resultado do ICI'.","ones de la memoria arrojan luz sobre el aspecto que
que las pautas de interacción se vuelven confusas y provo- dc'se,al,aver de la crianza, a la vez que dudas sobre la
can, a su vez, conf usión. El bebé, ser indefenso y dependi en. _,'U 'tuO de las informaciones relativas a la historia de la
te, sólo puede protestar en Wl esfuerzo por oponerse a la
J
•• or.u,. Es interesante señalar que la madre recordaba
inarm.ónica relación, mediante crisis somáticas e irregulari·
dades en el desarrollo. Las fantasías de la madre pueden gi.
rar po.r ejemplo, en t~rno ~el sexo del niño, de s~ propia
J
.u
fI.ium·eDlte su propio deseo infantil de ser varón. A partir
primera menstruación, durante las reglas «omaba a
el mundo- -in.cluso a sí misma, podría agregarse.
sensaCión de falta de mtegndad corporal. de una situaClón conside,r amos que la madre usaba a la niña para rope-
de competencia vivida antes con aIgún hermano, de gratifi- y reparar su propio pasado y, además, como objeto com-
caciones narcisistas y de muchos otros factores. Dichas fan - lotono para completar su profundo duelo, pareceria ra-
tasías en conjunto, O cualquiera de eUas en particular, pue- "",ble suponer que la disponibilidad emocionaI de la ma-
den aIcanzar un punto taJ que dificulten críticamente la in- ru. en el mejor de los casos, variable e inconsecuente.
terpretación de las demandas del bebé en cuanto a alimen- quu le producIa mayor placer era el desarrollo yoico pre-
tación, sueño, tenerlo en brazos, acariciarlo, etcétera. dc Susan, su con Lrol de esfinteres y el hecho de que co-
La illlportancia que atribuimos al in.f1ujo que a l gunas de a hablar tempranamente. Su orgullo recibió un
las condiciones antes m.encionadas ejercieron en la relación golpe cuando Susan volvió a orinarse encima a los dos
entre madre e hija en e l caso de Susan no es fruto de conje- de edad. La niña fue reeducada durante el siguien te
turas. La madre de esta recordaba vívidamente cómo In y pudo mantener su control de esfínteres hasta que la
Inuerte de su propia madre había suscitado en ella el deseo nocturna se estableci ó como síntoma a los cinco
de tener un hijo. El embarazo la había ayudado a enfrentar en oportunidad de su -exilio•.
un proceso de duelo muy penoso: el bebé anhelado debía ser menester destacar el papel de la agresión en el desa-
una niña y llamarse como la abuela materna. Repetidas lu yoico precoz de Snsan. La niña satisfizo cuanto pudo
veces, la madre describió sus sentimientos hacia la hija en oxpectativas de su madre , suprimiendo sus pulsiones
estos términos: ~La quería con locurll>'. El rol de reemplazo vas en relación con la gama normaI de experiencias
asignado a la niña imbuyó a la relación de un matiz alta. y anales adecuadas a su edad. Si bien no se conocen
mente idiosincrásico y entorpeció la capacidad de la madr d,·tnlJe los determinantes primitivos de las modiflcacio-
para interpretar las demandas de la niña y responder en pulsionales de Susan, las exigencias --eualesquiera
forma apropiada al flu jo y reflujo de las necesidades. Lo fueran- dieron como resultado una formación reactiva
madre se describió a sí misma como una persona 4C'lIluy to r· lIIl"OR 'V.LlD,eIlI;e Lemprana y rígida que luego fue mantenida
pe para equilibrar las comidas, el sueño yel aseo-o un superyó punitivo. Las relaciones objetaJes tendían,

62 63
ante todo a agradar y producir placer. La desobediencia s
utilizó. a ~a edad temprana. para provocar el castigo -va· a doble identidad de género:
le decir. ser azotada-o Su san revivió esta necesidad en el equivalentes en la conducta
tratamiento, donde esperaba que la castigaran por hab~r
sido una niña mala, ensuciarse encim.a, m-ancharse con la las actitudes
dactilopinturas o decir malas palabras. Los regi~tros ofr
cen abundantes signos de fijación oral y. especlalmen t.e
anal-sádica.
Los elenlentos precursores del trauma principal, ocurrido
a los cinco años contribuyeron., cada uno a su turno. a 1 princi pio del tratamiento. en la décima sesión., Susan
elaboración de l~ experiencia culminante ---es decir. La in una fantasfa acerca de UD rey y una reina que dor-
explicable enfermedad de la madre y la abrupta sep~aci6n en la torre de un castillo. La contó susurrando, para
del medio familiar-o Esto ocurrió. como lo hemos senalado. aquellos no se despertaran . La historia era simple~en­
durante la fase fálica de Susano La historia de la runa y lo. . la pareja real poseía joyas que a Su San le hubIera
registros clínicos nos permitieron observar cómo los conflic ver; la niña temía, sin embargo, que se des perta-
tos acumulados de las fases instintivas anteriores, incJUI y la castigaran por su curiosidad. Se trataba de UD rey
das las soluciones adaptativas y defensivas. se articularon reina perversos; robaban dinero de las carteras d~ las
por fin en términos fálicos. Estábamos preparados para ha pequeñas. Mientras pintaba la escen.a del castillo ,
llar en el - complejo viril- de Susan la condensación de ~r. se volvió de pronto a la terapeuta y dijo: _Mejor que
turbaciones conflictivas y estructurales que se extendía" transforme en varón; es mejor que no lo haga)t,
desde el estadio de la infancia y la niñez temprana hasta el historia es una típica fantasía de escena primaria,
periodo fálico-edípico . Debemos volver ahora nuestr~ aten se asignó a los progeni tores el estatus de reyes.
ción hacia la consolidación de las tendencias neuróticas, QI erIVI<1l.,a y las miradas a hurtadillas ocultan apenas .la
decir. hacia la formación de la n.eurosis infantil. Esta e8' to.,idad sexual de la niña. Lo que sorprende en esta h1S-
tructuración neurótica se produjo en un momento en que el es la acusación de que la pareja real roba dinero de las
desarrollo progresivo de Susan había llegado a UD ~impasc. ~ras de las niñas pequeñas. En su perversidad, privan a
absoluto. El ajuste neurótico constituyó una respuesta a 1 de su valiosa posesión. En esta etapa del tratamien-
situación intol erable y abrumadora a la que la habían arro 8610 podernos conjeturar que esto se relaciona con el h<;-
jodo circunstancias desdichadas. de que eUa n.o es varón . No obstante, nuestra SUpOS1-
Re fortalece en virtud de la repentina advertencia de
: -No me transforme en varón- o
posibilidad de cambiar de género obses;?na. a Sus~ .
ser una niña y a la vez poseer los pnvileglOs y atri-
fisicos de un varón.. Estos deseos y temores habían
rido tal fuerza que no la dejaban dormir de noche. an-
I temor de convertirse en un runo al despertar. Cierto
.".,,"'.... servirá para ejemplificar su creencia en que los se-
no eran excluyentes entre sí, sino que pod ían coexistir en
misma persona: acerca de un sueño en que aparecía
niña vestida con ropas de varón, señaló que de ese modo
estaba linda mientras que con vestidos de mujer esta-
rea. y agregó ~;gni.ficativamente que. en realido:>d , ~la. ru-
vestida de varón estaba.más guapa que el propIo varollJ' .

64 65
La creencia en que se podia cambiar e intercambiar 108 .'JM!iCto a la madre y su profunda envidia hacia el hermano
sexos se hall aba firmemente arraigada en su pensamiento: Los privilegios infantiles de que este gozaba ha-
ello da pruebas del papel desempeñado por la magia en s u despertado la voracidad infantil de la niña. Cuando fi-
comprensión de la realidad. Su r u ego d e que no la transfor- ~~~~:~ps~;e~~la separ6 del hogar, en el apogeo de su etapa
maran en varón revelaba que ella misma había proye ctado ~I la ausencia de pene y la búsqueda frenética

~:~:ff::~~~~::~~F!:~
esos poderes mágicos en l a tecapeuta, y ahora suplicaba o
esta que no los utilizara. De este modo, salfa a la superfici la ausenci
desaparición de laa madre.
de los progenitores
Las fantasías yau-
la
un doble tema qu e oontinuó resonando durante todo el tra· de restitución, íntimamente vinculadas COn su
tamiento; se refería al deseo de ser varón y a la esperan zo 1UlJ1L1u-t.aC:lOln compulsiva -genital y anal-, mitigaron por
concomitante de convertirse en niOa -pero en una niño tiempo su sensación de pérdida y abandono .
real del todo y para siempre-o Transfonnarse en verdade· omo derivados de esta perturbación en el desarrollo psi-
ro varón o en verdadera niña: estos er~ para Susan , loa surgieron rasgos y actitudes arraigados en este
dos modos alternativos de crecer. IJnPáISe, • . Podia detectárselos en l as incesantes exigencias
Pensar que lo único que promovía esas fantasías era lo DllS'lO, en el desprecio y la e nvidia simultáneos hacia los
precx:upación de Susan con respecto al género seria utilizar "'"'''u,,,, en su afán por congraciarse con personas des-
un criterio demasiado estrecho. Debe considerarse, mó ....x:1Uas yen sus inhibiciones sociales e intel ectuales. A
bien, que dichas fantasías son las últimas de t oda una serie esfuerzo de autoafirmación o a cada éxito le seguía
de ellas. cuyo contenido específico varía de acuerdo con lo sensación de desilusi ón. desesperanza y culpa. Los sÍIl-
fase libidinal predominante. En cada instancia, las pulsio- propiamente dichos se elucidaron en forma gradual
nes, defe nsas y adapt aciones se entremezclan. En las j oyos, intermedio de l os derivados pulsionales, las defensas y
reconocemos la suma total de los apetecibles placeres y po- fnntasías.
deres que los progenitores pueden dispensar, extrayéndolo después de que Susan entrara en tra t amiento, l a
del cúmulo de sus inagotabl"s riquezas; en la pareja real qua IItJ..'rtad intensificó las presiones instintivas y puso en pri-
duerme, egoísta y punitiva, vamos la exclusión de la niñ a plano sus fantasías sex-uales preadolescent es . Ya he-
de la habitación O e l lecho de los padres. Ambas cosas r e xaminado la naturaleza pregenital de estas, tanto en
presentan, en un nivel primitivo, la soledad de la pequeña y f(!rente a su contenido co.rno a su expresión en la conduc-
su anhelo de la madre. Si tenemos en cuenta el desarrollo OfIta modalidad pregenital pertenece también a su -com-
yoico y superyoico precoz de Susan, no sorprende que los Le' viri l». El becho de que naciera un 24 de diciembre l e
mores nocturnos aparezcan tempranamente, y que el acto decir: -Sólo Jesús y yo nacimos en Navidad, y, por lo
de correr con angustia hacia la cama de la madre se hayo soy una persona especial. Mamá me dijo que voy a
convertido, en aquel momento, en algo rutinario. . IIIllclgulir todo 10 que qniero _. Estos comentarios, que po-
La t emprana imposición de autocontrol despertó anSl0 _ manifiesto su confianza en sí misma, alternaban
anaclíticas, así como impulsos hostiles y retaliativos . Ella- una sensación de derrota y una obstinada pretensión de
mor y la culpa pusieron fin a ambos y dieron como resul ta· varón, 0, por 10 menos, similar a un varón . Cort.arse el
do una inhibición de la agresión dirigida hacia el objeto. Lo la llenaba de gozo, pues entonces se parecía lllás a un
tensión libidinal se descarg6 mediante la gratificación aulo lo mismo ocurría cuando cambiaba sus polleras por
erótica y la creación de un mundo de fantasías . Si bi e l1 IIIllo loI1e:9. Por el contrario, cuando reflexionaba sobre las
abundan las fantasías que expresaban de modo directo 1 '.'rIlltCllas entre varones y niñas palidecía repentinamen-
deseo de Susan de ser varón, la inlBgen egosintónica de sr No podia imaginarse en qué con sistían aquellas, excepto
misma era femenina: esperaba que la terapia la ayudara n los varones usaran pantalones; pero -medilaba-
convertirse en una niña completa. Itnbilén las niñas los usan.
Susan percibía, aunque confusamente, que su identidad ala comparación entre sí misma y l os otros, entre varo-
bisexual sólo expresaba su ambivalencia no resuelta c on y niñas y sus respectivas competencias y expectativas,

66 67
ocupaban sus pensanlientos cotidianos. Era incapaz de aa"el'S. la niña se levantaba de la tumba y regresaba,
cribir cualquier palabra en el pizarrón del consu1t{)rio Slll ....n .loa en ángel,junto a la familia durmiente. A esta al-
estar segura de que lo haría correctamente; exponer Su ig Susan le piruó un fósforo a la terapeuta, porque l a
noraocia le resultaba excesivamente humillante yeso deb( que rep resentaba al ángel debía tener una varita
evitarse a toda costa . Se quejaba de que las tizas que la L . La historia termina en este punto; tanto el ángel
rapenta ponía a su disposición eran demasiado pequeñruo la varita mágica fueron depositados silenciosamente
lnInediatamente, entraba a funcionar su fantasía, y con tll cojón del escritorio de la terapeuta. para que queda-
ba que en el sótano de su escuela guardaban una tiza enor • buen recaudo.
me ___ de casi un metro de largo»- . De esta vara gigan forma gradual , Susan verbalizó sus deseos fálicos , los
tesca arrancaban pedacitos para dárselos a los niños; n" se hicieron concretos. En la etapa del tratamiento
era raro, pues, que ella no escribiera muy bien . Los adult ..,'lOnO'Q'" con el vocablo - coger- había declarado, Iiteral-
siempre conservaban para sí SuS secretos tesoros y los mon y de modo directo, que «coger significa que una niña
tenían fuera del alcance de los niños . un pene_o La articulación exagerada de dicho térroi-
Las típicas fantasías sexuales (genitales) de la niña pr' pruv'oc:al:,a un alto grado de excitación, combinado con
adolescente aparecen bajo la forma de modalidades preg vivenc,;a mágica y fálica de s; misma. Cuando se exami-
nitales; el caso de Sosan lo ilustra a la perfección. En ciert problema de la masturbación , Susan describió cómo
oportunidad, por ejemplo, ella contó la historia de un mu de su muy escaso vello púbico (tenía 12 años) y de su
chacha llamado .Cogerrápido~, que había perdido su carrit" para ~hacer un pene•. En esta época jugaba con una
colorado. Por fin, el muchacbo descubria a la niña que lo al -muchacho y a la chica.., poniendo pelotas de tenis
babía hallado y la persuadia de que se quitara la ropa, parlO de corpiños prestados , así como en la zona genital.
que «él pudiera meterse dentro del carrito-o Si bien se alu juego bisexual aparece la ecuación entre pechos y
dia al co ito, la concepción de Susan al respecto seguía sien [Blos, 1960). Con otra am.iga jugaba a la ~pelea
do oscura ; por lo tanto, no se dio ninguna interpretación dos varones »: este juego era ttsucio- ; consistia en gol.
que lo ubicara en un contexto objetivo, basado en una buo mutuamente en el pecho, el estómago y los geoita-
na información. Acto seguido, Susan se dedicó con fruición Con el tiempo, este tipo dejuego derivó en contarse his·
a manipular pintura marrón, a la que calificó de «caca•. Ha· de amor, en las que Susan representaba el papel de
bló de las distintas maneras en que orinaban los varones y
las niñas. Exhibiendo sus manos cubiertas de pintura -Ial ,cIada vez que el desesperado deseo de ser varón la arre-
llamó .. guantes de caca~-. anunció, en tono runcnazador y a::b~ Susan destacaba su temor a cambiar de sexo, e in-
suplicante al mismo tiempo, que prefería venir a las sesio· • que la terapeuta la ayudara a seguir siendo niña.
nes vestida con pantalones y no con vestidos. Esperaba qU(' ellOS momentos, su creencia en la lIlagia del pensamien-
se le otorgaría el permiso correspondiente y, de este modo.
se evitaría su ataque anal.
Sin esfuerw alguno, Susan podia pasar de la expresion
.u
era tan fuerte que tenía miedo de perder la continuidad
sí-mismo, convirtiéndose en la víctima de sus irresis-
deseos. La represión pulsional prematura, en la ni-
pulsional pregenital a las historias poéticas e infantil es. temprana, la había vuelto particularmente vulnerable
que fabulaba con gran facilidad. En estas historias, las re peligro de que cerueran las barreras represivas y. en con-
ferencias personales s iem.pre eran transparentes, como en ':;::~~~I;~,~i:rrum~: pieran sus hnpulsos primitivos. Este coro-
e l caso de la oíiiita que se peleaba constantemente con su ~ . . un cúmulo de fantasías y afectos asociados
hermano y a la que terminaban matando mientras se diri· la a de una relación no ambivalente con la ma-
gía a la escuela. La enterraban en una tumba que Susan relación que Susan sólo podía obtener mediante el do-
construyó cuidadosamente con bloques para armar, colo· de su rabia retaliativa. Para lograr esto, l a oíiia de-
cando en la parte superior una pieza puntiaguda. Cuando lIegaJ" a un acuerdo con su i limitada envidia y con los
el padre, la madre y el hermanito dormian en l a casa do "'1~lLl"~'S destructivos hacia el hermano.

68 69
illteriorment e, se puso de manifiesto otro elemento d I 1I1l.I\IS, en su compulsiva necesidad de mentir; por ejem-
complejo viril. Susan creía que la enfermedad mental de hl o,,,,,:a a sus compañeros de escuela que había nacido
madre (factor que preci pitó la separación repentina enlr s, o bien se ponía en un plano envidiable y misterio-
ella y la niña cuando esta tenía cinco años) había hecho qUI' buyéndose experiencias que tal vez ninguno de ellos
algo anduviera mal, retroactivamente, en el momento de su podido tener.
nacimiento. Cuando se le preguntó qué podría haber sido, otra fantasía, Susan estaba en una fiesta, con los la-
respondió que ]a enfermedad tal vez influyera en su clítori Inntados; los varones trataban de ver qué usaban las
- _esa cosa que asoma-o Susan pensaba que era d istintn debajo de sus polleras. Todas llevaban . shorts cortos»
de las otras niñas de la colonia veraniega a la que ooncurrid shorts) menos Susan, que no tenía puesto nada. Los
cuando tenía diez años: estaba convencida de que su cJitorl "'.nos lo sabían y no levantaban su vestido. En una se-
sobresalía . Observando su propio cuerpo ahora, a los d oc" versión eran las niñas las que dejaban ver sus -shorts
años, podía overlo muy clarament.".. En cierta oportunidad. a los varones, nuevamente excepto Susano que no
dibujó un desnudo de sí misma con una minúscula protuoo IVlsba nada . Después de referi r esta fantasía, Susan habl ó
rancia, un pene rudimentario, debajo d.e l vello púbico. D del tipo de baños que le gustaban, y contó que en la
bem.os señalar que, en este punto de la terapia, se intern de Wisconsin babía si ete, mientras que la suya sólo te-
de nuevo a la madre. La niña preguntó repetidas veces si In lina. Dando a la sesión un final feliz, fab uló otra rusto-
enfermedad d e aquella podia haber influido en la conforma· (-n la que ella estaba dotada de poderes mágicos y poseía
ción de sus genitales. La deformación ilu soria, además d. varita mágica que todos podían ver.
ser una restitución. constituía un castigo por la masturba· deseo podía posesionarse de ella incluso hasta el
ción retaliatlva a la que había recurrido cuando se sinti de que intentara hacer magia, como cuando decidió
abandonada por la madre. .bon,er los creyones sobre la mesa del consultorio siguien-
No sorprende hallar una tendencia al exhibicionisIno en un orden cromático y con los ojos cerrados, O recortar fi-
el repertorio empleado por Susan para mantener y resta· sin mirar. Este tipo dc maniobras defensivas ofreció
blecer la autoestima. También este impulso estaba inhibido oportunidad de interpretar l as «ficciones» -inversio-
por completo; aparecía sólo en su mundo de fantasía, y, aun esto es, la sustitución de cierta incapacidad deficien-
l

asr, bien encubierto. Cuando la terapeuta la frustraba, lla· decepción, pérdida o envidia dolorosas por una afirma-
maba la atención de manera . permisible_ - a saber: tratan· de su sup e rioridad y singularidad. Estos procedimien-
do de sumar cantidades enorm.e s en el pizarrón, sin estar, para engrandecerse y consolarse se ballaban estrecha-
por supuesto, en condiciones de bacerl()--. Al comienzo del •• "\1.1" rel acionados con las prácticas au t oeróticas; de be-
tratamiento, todavia no le resultaba claro el concepto arit,- eran los equivalen tes d e la masturbación fálica.
mético de adición y sustracción. La aritmética estaba vincu· n la terapia de Susan se trataron primero las fantasías
lada en forma muy Última con e l tema de la competencia 108 afectos y pensamientos conexos de carácter defensivo,
entre varones y mujeres. Tenía qu e pensar demasiado, y luego su actividad autoerótica, o sea. la masturbación mis-
siempre que debía hacer lo le dolía la cabeza. . Esta técnica es común en la te r apia de niños. Obvia.men-
Estos dolores aparecían ahora cada vez que su hermano . cuanto más conscientes, a la vez que secretas, sean las
recibía alguna atenci ón especial por parte de sus progenito· nlasías, Con mayor obstinación se tratará, quizá, de man-
res -p. ej., en su cu.mpleaños-. La actividad yoica (v. ¡;T.. nt!rlas ocultas. Con el tiempo, empero, s us versiones en-
el pensamiento) entraba fácilmente en conflicto ante la in- biertns y censuradas se harán transparentes yel terapeu-
trusión de impulsos agresivos y competitivos no sublima- podrá arriesgarse a enunciar con claridad los secretos y
dos. En una oportunidad, Susan le pidió a la terapeuta qua utuctos del niño . En el caso de Susan, sus historias y Be·
pusiera una pintura suya en la cartelera., para que todos la sintomáticos no eran más que confesiones involuntarias.
vie-ran; a modo de firma, utilizó la palabra ..coger-, m _á gica y Es verdad que, durante un largo período, estas últimas
provocativa . La tendencia exhibicionista podía reconocerse. no benefician al paciente en forma d irecta e in.mediata, sino

70 71
que más bien ayudan al terapeuta a penetrar en la vida in a masturbación y el desarrollo
tenor de aquel. La confrontación prematura con los complll
jos rechazados sólo fortalece la barrera defensiva. Graduol
mente, sin eInbargo, esta fase de la terapia lleva a revel ,
el _secreto_ --en el caso de Susan, la Inasturbac;ón- y 1,.
fantasías. afectos y pensamientos vinculados de manera rOl
tiIna e inextricable con aquel. Los siguientes temas de di"
cusión serán estos: determinar de qué Inanera y con qué ji"
los componentes infantiles de la masturbación compu]sivII la prepubertad, cuando aumenta la intensidad de las
de Susan influyeron en su desarrollo adolescente tempranll teJloflles pulsionales, es habitual que el niño recurra a la
además, si una fijación en la actividad autocrótica interfi!' "llurbac:i6n. En el caso del varón, esta, por su Inisma na-
re generalmente en el desarrollo adolescente progresivo , "',l.,,,a Oa erecci6n), es innegable y. en consecuencia, re-
cómo lo hace. atención y resulta consciente; por el contrario, la
1I•.&\<:;6n genital de la niña puede despertarse de distintas
bl.ras (muslos apretados, postura, pensamientos y fanta-
sin que se usen necesariamente las Inanos. Además,
obtener placer y bienestar elevando ligeramente y
I .. rgo tiempo la excitación, sin alcanzar una cul=ina-
A menudo , no es consciente de sus prácticas y del ca-
erótico de estas [Blos, 19621.
la masturbación puberal podemos observar los resi-
de las prácticas autoer6ticas pregenitales, así COInO el
mental de estas. Específicamente, me refiero
al estadio pregenital. caracterizado por los componen-
poco diferenciados del erotismo uretral y fálico-clitorí-
El afecto global concomitante de excitación y satisfac-
interviene como regulador primitivo de la tensión, y
de manifiesto, al mismo tiempo, que la regulación so-
y el InanteniInicnto de la hOIneostasis emocional se
obteni,do sólo con un comproIniso objeta! indistinto e
1U•• <IlLDCOlaLL. Por lo general, el yo se bace cargo de un am-
"ector de las funciones de regulación, dominando en
progresiva las pulsiones y el medio. Este dominio
••,UI30ne la internalización, que puede reconocerse en la
11<:a<:10n secundaria y en la representación psíquica
,..,u." del mundo objetal; estas internalizaciones dan lu-
.. nuevas formas de estimulación y gratificación. Puede
IIocnnúrs'llals en el ejercicio cabal de las facultades físicas
au=u:uO recientemente adquiridas, así como en el uso
",'''',,'' ..u de los objetos y las inflllÍtas posibilidades de ela-
...... CIO;O que ofrecen_ El juego del niño muestra de manera
elocuente este proceso.

73
72
La capacidad para tolerar la postergación y la tensión
permite que el yo busque y encuentre la gratificación de I"M como lo deznuestran ciertas perturbaciones infan-
demandas instintivas en consonancia con la dependencill d"l aprendizaje (que se observaban también en el caso
del objeto (socialización), o bien que las desvíe, con el tran ti
curso del tiempo, hacia actividades gratificantes para el yo, tD~b::::~~:·s examinar en este punto, además, los denonrina-
que denominamos . sublimaciones>. La regulación de la 11\1 ,,'quivalentes de la masturbación.,; estos aluden al he-
toestima mediante actividades yoicas adquiere a la post de que la manipulación voluntaria de la zona erogena
una inlportancia proporcional a las actividades del ello 1 fm de obtener placer puede ser reemplazada por COll1-
decir, el gobierno de la descarga y la gratificación pulsionu .""O'nE'S, rasgos. actitudes, rituales, impulsiones (actua-
les-o La capacidad para tolerar la tensión se basa en 111 que también permiten una reducción autorregula-
_expectativa confiada- , o sea, en la certidumbre y la espl' tensión. Tales desviaciones de la conducta cons-
ranza de que un medio solícito graduará bien el alivio de 111 a menudo los síntomas relevantes que indican la
tensión. Esta confianza promueve y asegura una r egulaci " "."id:ad de administrar terapia a un niño o un adolescen-
eficaz de la angustia, e impide que estaUen crisis psicológl impulso autocr6tico desplazado subyacente en estos
cas excesivas. 11t"."as se pone de manifiesto, en muchos casos, a través
La masturbación es una de las tantas medidas que se ull ulla prueba de realidad más o menos deficiente. Dicho
lizan para manejar situaciones críticas de tensión. Si se In l&l"d'O puede ser notorio y obvio, u oculto y confuso, como
practica en demasía o se la prefiere como modalidad gratifi cuando el yo se disocia defensivamente. La disocia-
cante, las emociones o los intereses dirigidos hacia el objelu fensiva del yo permite ll1antener en la fantasía una
se infantilizan. Si absorbe un monto elevado de cnergi secreta, libre de conflictos; esta posee siempre un fuer-
psíquica (libido y agresión), las relaciones objetales se elll motiz de realidad (no psicótico). a la vez que el yo realiza,
pobrecen. en detrimento de l.a elaboración de la estructura ue superficialmente, las funciones que protegen la
psíquica. Esta afirmación se basa en el supuesto de qUI' vida,. de la conciencia de sí y de la percepción e inter-
dicha estructura se va perfilando de acuerdo con e l grado lrenc:ia del mundo externo. En tales casos, el cuadro clíni-
de internallzación de las relaciones objetaJes. Al decir esto, muestra la formación de sen tomas, acompañada por un.a.
no ignoro la importancia de la internalización del mundo ... pl.oc:Ión espuria.
externo ( realidad), sino que destaco el papel de un primu corriente ver a niños y adolescentes Uevar esa doble
ínter pares. hasta que, en la fase de consoHdaci6n de la adolescen·
Los instintos parciales (sadismo, masoquismo, exhibicio- Lardía, el déficit de desarrollo acumulado p r ovoca una
nismo y voyeurismo) obtienen una gratificación directa e n mDtura emocional. Mi experiencia me indica que un impe-
virtud de las fantasías que preceden o acompañan a la mas- III1l0r.to acumulativo de esta naturaleza puede tratarse con
turbación . Esto puede retardar, impedir o debilitar la trans d orante la niñez o el estadio inicial de la adolescencia.
formación de dichos componentes, bajo la tutela del yo, mo· rt4mente, la intervención terapéutica en estas etapas
diante su combinación con (y su contribución a) las modi- "",.de impedir los efectos devastadores que produce la
ficaciones yoicas que amplían la esfera de acthridad libre d "'lBIJUoación de una personalidad anormal . Aun cuando
conflictos del yo. Conocemos bien estas facultades sublima- 1Ie,.-to,S vestigios d.e la tendencia patológica sobrevivan en
torias a través del juego, el aprendiz~e, el desempeño , 01 secretas fisuras de la personalidad. la reanudación del
desarrollo de habilidades, la competencia, la capacidad d • ·...ID'"'~nl1en[;o durante el período posadolescente. o bien en la
observar, concentrarse, crear, etc. Cuando los instintos par- adulta, constituye una empresa muy prometedora, en
ciales --excesivam.e nte arraigados o intensos- se conectan ...... I"a de aquella primera intervención .
con la masturbación, las funciones yoicas se desarrollan De este modo, sería posible, por últizno, separar el aspec-
pobrell1ente, se las abandona con facilidad o se contaminan .ubversivo del yo y el superyó de su connivencia con la
con e lementos sexuales. Esto las hace connictu.adas e ines- ntificación instintiva primi tiva, y ganar sus facuJtades
ro los fines de la terapia --o sea, la síntesis yoica-. De

74
75
otra manera, el paciente utilizará el tratamiento para per III.WlrJO habia adquirido dilnensiones desmesuradas. Co-
petuar la disociación yoica; aun cuando haya mejoría COIl Il lo indicamos, mientras se mast urbaba la niña espe·
respecto a los síntomas, ella sólo simulará la madurez eme ..iempre que . pasara algo., que nunca ocurría. Cuando
cional. En tales casos, la nueva exigencia de la terapia., qu laba oculta bajo l a cama, diciendo la palabra mágica
intenta suprilnir las fijaciones pulsionales y yoicas par .... r·.. la asociación (podría hablarse incl uso de iguala-
movi.lizar el desarrollo progresivo y la diferenciación d e 111 entre «coger- y «pene- despertaba su exci tación se-
personalidad, reviven las exigencias que provocaron la di Poro, al mismo tiempo. ello era fuente de decepción y
sociación.. El problem.a terapéutico inherente a la configura 1\I,."a; de hecho, cada vez la deprimía más descubrir que
ción estructural que hemos descripto será tratado en los IUtolñs seg1lLÍa siendo tan pequeño como siempre .
pitulos 8 y 9, ambos dedicados a los aspectos técnicos. ""m,a la certeza, tal como lo ponian de manifiesto
Susan reveló sólo en forma gradual su actividad m.astu r de los genitales de una niña y sus prácticas
batoria y las fantasías concomitantes. En una etapa mil "',ur·b.,torri,..s , de que dentro de eUa se ocultaba un pene.
temprana de su tratam.iento, babía dado innum.erables in 1K)uejar el clítoris, le dio la forma de un pene volumi-
dicios de los equivalentes de la masturbación. El há.bito completamente desproporcionado en relación Con el
transitorio de mesarse los cabellos pertenecfa a esta cate ".DcicDÍE!Dt;o táctil que babía adquirido. La identidad entre
goría;l el más generalizado, sin eIllbargo, era el hábito COO1 órganos -si aún se necesitaran más pruebas- re-
pulsivo de mentir. No podía evitar la necesidad de hacer explícita en las estrías que les atribuyó. Cuando se le
pasar por verdadero algo que babía fabulado; al mi smu _u<,w qué significaban las líneas horizontales en el cH-
tiempo, tenía p l ena conciencia de que estaba diciendo unu explicó: -Estas son las arrugas•. Las babía observado
mentira., por la que merecía un castigo. De becho, las teml' 6rgano viriL
bIes consecuencias de decir m.entiras la aterrorizaban, pero masturbación de Susan era fálica . Ante la decepción,
era incapaz de renunciar a ellas . Al contar una bistoria -fol "''"'010 a ella y delegó a la fantasía lo que la manipulación
sa», experimentaba una mezcla de placer (por el becho d ~hDbiía podido materializar . Se dedicó entonces a prácticas
que tal vez le creyeran) y de temor a las . Uam.as del infiero angustiantes que las que entrañaba la percepción tác-
no- -una mezcla que describió como -excitante»-. Amo· por las noches, tomó por costumbre colocar su osito de
nudo confesaba a su terapeuta que le estaba diciendo uno o su almohada entre las piernas, lo cual le producía
mentira. El deseo apremiante de mentir surgía, en realidad, aensación agradable, que le permitía conciliar el sueño
cuando sus impulsos agresivos hacia la terapeuta amenaza· facilidad .
ban con desbordarse. Entonces la vencía el miedo a que ln recuerdos más vividos de Susan respecto de la mas-
recbazaran O dejaran de quererla. ~bacj'Jn fálica se referían a los cinco y seis años, cuando la
A veces, y sólo en la intim.idad, recurría a la masturba. separado de su familia. En esa época, se mastur-
ción al ballarse en circunstancias similares, dirigiendo SUI tanto que «sen tia dolor adelante> y temía baberse las-
impulsos agresivos, en la fantasía, contra la persona frus· IDIIIV'U. Este miedo al daño permanente o a la castración
tradora, en general la madre . En tales oportunidades, tra· ",lp,araClle sólo incrementaba su necesidad de masturbar-
taba de descubrir o de producir un pene en su cuerpo, bU8' comprobar que aún podía reproducir la sensación
cándolo m.ediante la manipulación. Este com.ponente mas· ••,,"u,~ . La masturbación, pues, además de ser un recurso
obtener placer, sema para confirm.ar el hecho de que
había producido un daño irremediable. En suma, la
1 Debemos señalar aquí que el compulsivo mesarse los cabellos d
~ce!lidad de restituir el objeto, el miedo constante a la pér-
Susan nunca dejó indicio alguno en su cuero cabelludo y no re.fleja bll
el intento de autodestrucción que este hábito suele poseer en los ni·
definitiva y, por consiguiente, a la falta de integridad,
taos psicóticos. En realidad. constitui a un desplazamiento de abajo celos hacia el herm.ano privilegiado, junto con la per-

:
(tirarse del clítoris; véase el capitulo 5 ) hacia arriba; sus padres lo de· :d~:~'.:8~m~b~~iValencia respecto de la madre, transformaron
nominaron cot"l"'eetamente un .. mal hábito». la masturbación en un síntoma compulsivo.

76 77
de una maraña de inve nciones, demostrando ser re-
Pudimos comprender este síntoma sólo cuando recon o encubridores. Durante mucho tiempo , Susan se
cimos que tenia su origen en las relaciones obj etal es de S u a la ficción de que esa época había sido la más feliz
san, las cuales, en virtud de su interrupción traumático VIda, De acuerdo con ella, Wisconsin era el paraíso de
causaron un viol e n to regreso de la libido al nivel autoe DII~0'9. La existencia idílica y fabulosa había comenzado
tico. En la terapia había que desandar este carnino, es d~ su llegad a . Basta recordar al lector el carro tirado
cir, habla que reemplazar gran parte de la gratificación au ':I,h.illos y la extraordinaria _casa COD s iete baños>, el
toerótica por relaciones objetales posambivalentes. Dichn lo preferido -un padrillo, por supuesto-- que la ama·
transición corría paralela con la resolución del síntoma. Pu 01 que ella ado r aba. Estas fabulaciones -numerosas,
dimos ver cómo la masturbación, a través de los años, habín I~'rto-- constituían recuerdos encubridores que ocul·
adquirido numerosas facetas distintas. En el tratamien Lt> las emociones conflictivas y perturbadoras.
se las consideró por separado y muchas de ellas se supr; mantenimiento de los recuerdos encubridores cumplía
mieron específicamente de la masturbación, en el sentid doble función: por un lado, evitaban la angustia, elimi-
estricto del término. de la conci encia los afect os, pensamientos y recuer-
La magia desempeñaba un papel muy import ante entn dolo r osos que la niña era incapaz de integrar , y , por el
l a operaciones mentales vinculadas con La masturbación . El transformaban estos mismos pensamient os y afectos
complejo onarusta contenia l as te.ndencias a la obstinación , _UN opuestos, De este modo, La niña j ustiñcaba el crimen
la terquedad y el negativismo; el afecto retaJiativo se halla IPrniol~aJble cometido por su madre. El hecho de que Su·
ba omnipresente, pero, por encima de estas actitudes y admitiera COD bastante facilidad que h abía inventado
a fectos, el acto mismo, en general, disipaba la angusLin historias confinnó que siempre fue consciente, en cier·
t r aumática al establecer que ninguna circunstancia viLnl ml>d.id a, de su irrealidad. En e l curso de la terapi a, tales
- y, en especial, ninguna pérdida, cualquiera que fuese s u 1IKl1ll'>CÍLlDientos seguían a sueños y pensamientos cuyo con·
naturaleza- es permanente e inalterable. El aspecto d . eran impulsos agresivos (golpear a La madre) o acu-
fensivo de la masturbación consistía indudablemente en ne· lIIIones contra esta (la bruja que devora niños).
gar el carácter definitivo de cualquier situación existente· concienci a naciente de estos afectos dirigidos hacia el
tod o era recuperable, remediable, reversible. El aspecto y cargados de culpa permitió a Susan vincularlos,
restit utorio residia en la comprobación mágica de que un n asociaciones, con la masturbación; la terapeuta,
niña podía transformarse en varón y, de este modo, queda r ultimo, llevó est os nexos asociativos, por medio de in·
a salvo de la pérdida, como el hermano. El aspecto adaptativo trl~r(,ta,ci(m(os, hasta un nivel de insight. Las asociaciones
debe buscar se en la disociación yoica que permitió a Susan iltsight provocaron una dis t ensión de La actividad auto·
desempeñarse bastante bien en el exilio, dentro del nuevO ro'uca compulsiva y estereotipad a. En realidad, a esta Le
contexto social; esto hizo que los adultos la quisieran y In "UIIO, en el tercer año de tratamiento, una regresión a la
consideraran dulce y simpá t ica. Se tole r aba incluso qu de desarrollo psicosexual que Susan habí a revelado
mojara l a cama, lo cual e r a visto por sus parientes como le principio de la terapia. Me refiero al hecho de revolver,
desdichada debilidad de una nina por lo demás adorabl e . Nuciar y oler, y a sus opuestos, limpiar, fregar y Lavar.
Vale la pena reflexionar, a la luz del análisis pr ecedente, uego d e años de quietud, los impulsos anales se afirmaron
sobre los recuerdos d e Susan acerca del año de separación. nuevo.
La paciente se aferró a una distinción entre los _bechos> ConÍorme a estas tendenci as, la masturbación siguió un
que aparecían en sus sueños y los que se r elacionaban con " predet erminado, regresivo, hasta el punto de fij ación
acontecimientos reales. Los sueños contenian sus angus· nnl. Esta se puso de manifiesto en la mast urbación anal.
tias, que se expresaban a través de inundaciones y del te· l ... elCploración manual por UD lado, y la elaboración de la
mor a perece r ahogada; y puesto que estas catástrofes eran ntasia, por otro, hicieron de la región glútea -es decir,
sólo imaginarias, podían recordarse. Sin embargo, las remj· 11(,1 y perineal- La parte esencial del c u erpo y la única im·
niscencias de acontecimientos reales persistían únicamente
79
78
portante en relación con el sexo. En sus dibujos, por ejem-
plo, trasladó el vello púbico a la parte trasera. Podemos su- ""P'~tE!D(:ia que había adquirido en la escuela a los doce
poner que su decepción con respecto a la pequeñe~ de su cb- su comprensión de la anatomía y la fisiología huma-
toris contribuyó en foOlla decisiva a esta regreslón pulSIO- infantil y primitiva. El control de esfínteres, esta-
nat. Susan lo expresó muy claramente, cuando dijo que -ex- en época temprana y de modo precipitado, sólo le
plorar el aguj ero de adelante no hace más que doler, y, d permitido adquirir un conocimiento sensorial supero-
cualquier manera, es demasiado pequeño-o de los orificios excretorios del cuerpo. El periodo de
Este comentario contrastaba, en la época de su masturba- había dejado un monto excesivo de agresión
ción anal, con su observación de que la diferencia entre va- Inc,u.ac,o con estas zonas. En tales condiciones, el yo nunca
rones y lllujeres residía en las nalgas: .El trasero de los va- extendido su autonomfa sobre las funciones corpara-
rones es lllás chico que el de las niñas _. Por fin, había halla- cn cambio, el control se obtuvo y mantuvo por medio del
do un punto de superioridad comparativa. Por supuesto, y la culpa. No sorprende que estos controles cayeran
cuando su hermano era pequeño y ella tenía tres años, sus el impacto del trauma: enuresis a los dos años (se des-
excrementos resultaban más grandes que los de aquel. Al el hecho precipitante), y con posterioridad, en foOlla
introducir un dedo en el ano podía sentir una masa sólida . ar'l\(le,ra. a los cinco años, con rastros episódlcos de deposi-
especialmente cuando estaba constipada. Esto contrastaba en escuela.
muchísimo con la suavidad que notaba en el clítoris al mas- Entre los numerosos conceptos erróneos de Susan acerca
turbarse una sensación que la inducía a «tirar de eso- en la anatomía se hallaba su finne creencia de que existía
foOlla vehemente y airada; ello la dejaba fisicamente dolo- conexión, una «especie de puente», entre la parte pas-
rida y emocionalmente asustada. (ano-rccto) y la parte anterior (vulva-clftoris). En es-
Susan pensaba ahora que la atracción que los varones concepción falsa, referida al orificio excretor, reconoce-
sentían por las m ujeres se debía a su interés en contemplar la supervivencia de la teoria sexual infanti l universal
el trasero de estas. Al dibujar a un muchacho desnudo (era las niñas. Es posible que su pertinacia y resistencia al
la época de la exploración e información anatómicas), esbo- IrIlUl.IDl,e:rn;o se originaran en la unión del síntoma urinario
zó primero su parte posterior. Resulta innecesari? decir elementos anales. De todos modos, la enuresis cedió par
que, en este sentido, la diferencia entre varones y niñas es ",,,~ao, después que la masturbación se hubo desligado de
insignificante; además] esta zona del cuerpo no suele ser füación anal. Es indudable que la proximidad de la pri-
accesihle a la observación directa par parte de ambos sexos. menstruación facilitó esta tendencia. La observación
La masturbación anal, como cualquier complacencia en
~~~~~~'aSin embargo, corroboró ampliamente la influencia
pasatiempos «sucios-, la llenaba de culpa y de temor al cas- • por los desplazamientos catécticos, la progresión
tigo. En cierta oportunidad mostró a la terapeuta el dedo P.,lc>os,exufol y la autonomía yoica en la resolución de sínto-
medio de la mano derecha y le señaló una verruga que ba- El vuelco de energía pulsional a la libido objetaJ y de
bía crecido en él. En su afán de prepararse para recibir el ....lc."!tÍ:a pulsional neutralizada al desarrollo y la sínte.sis
castigo que adoptaría la forma de pérdida de un miembro ·JD'lcels corrió paralelo a la disminución de la masturbaClón
(castración) se había entrenado en escribir con la mano iz- mpulsiva, las mentiras, las deposiciones involuntarias y
quierda y e;' desempeñar con ella tareas que solía realizar l. enuresis. Veremos por separado su interrelación, cuando
con la mano derecha. Puesto que Susan era zurda, estas aminemos el proceso de resolución de síntomas.
medidas de prevención no tenían mayor sentido, salvo el d
asegurarse de que el uso de ambas manos haría menos pe-
nosa la pérdida de los dedos de una de eUas_ .
En el curso de la exploración corporal, se puso de mam-
fiesto que Susan conocia de manera muy confusa la anato-
mía femenina. En comparación con su inteligencia y con la

80
81
7. El ingreso en la adolescencia (encia, la per severancia y la ambición se articulan
••JlJu\ILic:a.rn.,n!t.e en actividades normativas, mediante los
, la escuela, los pasatiempos y las tareas . Só lo si es-
racterísticas del periodo de latencia se hallan presen-
... ra factible pasar a la fase d e la preadolescencia.
Ilrepubertad y la pubert ad teIOprana, por su Inisma
Itulrll.le,.s, influyen en el equilibrio entre la pulsión y el yo.
ttxpansi6n, la iniciativa y la autonomía yoicas -en su-
.,1 estil o y la estructura del yo-- son deficient es, ines·
Cuando el tratamiento se realiza en las etapas form al; y desparejas, la presión pulsional de la pubertad des·
vas de la maduración y el desarrollo, el terapeuta se enfren las afirmaciones del yo débil. Ello determina la reac·
ta siempre con la necesidad de efectuar una evaluación di ",,.,, ,ó n siInpl e y n o elaborada de las consLe la.ciones pulsio-
ferencial de la conducta, las fantasías , la ansiedad y las d o· infantiles (sexualidad infantil). En el cuadro clínico,
fensas. Cada fase , a lo largo de l a pauta secuencial de lo Imposibl e discernir nada nuevo o claramente adolescen-
personalidad en desarrollo, contiene tendencias pnlsionn Yon los preadolescentes cuya fase de latencia se ha desa·
les, ansiedades y ajustes yoicos críticos y caracteristicos qu .. do e n forma deficient e hallamos enclaves de singular
a menudo no pueden distinguirse fácilmente de las forma ...'nllidadl. que adopta la forma de persistentes necesidades
ciones patológicas. La adolescenci a demuestra este hecho dt1pendencia y de falta de tolerancia a la tensión. La con·
del modo más terminante, pues durante ella ciertas condi. imitativa y las poses encubren a menudo la incompe·
ciones, al parecer patognmnón.icas, no constituyen más que a social. Los rituales privados toman fOrIlla dentro del
estados transitorios que acoIllpañan a la reestructuración ...uuanlO de la familia.
psíquica. Puesto que ya he descripto en otro trabajo las vi· tiene la iInpresión de estar frente a un desarrollo dese·
cisitudes de las pulsiones y el yo durante las cinco fases d ¡brado o retrasado. Este retraso se hace más percepti·
la adolescencia [Blos, 1 962], sól o volveré a subrayar este ni llegar a la puhertad, cuando la intensificación de las
hecho, antes de relacionarl o con el caso de S u sano ~,,"'Ici,ones prelatentes pone en priIner plano la inmadurez
SabeIllos perfectamente que la regresión constituye UD niño De pronto, el aInhiente inmediato al niño se mues-
rasgo caracteristico de la preadolescencia. Por lo tanto, te· a1arIOado, p u es la conducta y las actitudes que antes se
nemas que preguntarnos a qué se debe la diferencia entre Ircunscribran al ámbito familiar se transfieren ahora al
la regresi ón propia de la fase y la patognomónica. Para dis · mllTCO social Inás amplio -es decir, quedan expuestas a la
cernir qué corresponde con propiedad a la fase preadoles· pin.ión pública-. Sin embargo, lo q u e observamos en t ales
cente es necesario efectuar primero una revisión de la fase Ircunstancias no puede atribuirse a l a regresión, ya que no
precedente: la latencia. Al hacerlo, debemos to:mar en cu en· hubo avances decisivos de la laten cia que establecieran una
ta ciertos rutas del desarrollo. Si pretendemos enumerar los I'tld ición adelantada desde la cual regresar. Al iniciarse la
logros de la latencia, tenemos que d irigir nuestra atención, pubertad -{) sea en la p r epubertad- se suele producir una
principalmente, a la expansión del yo y a la autonomía yoi. Intarrupción o ruptura con respecto a los logros de la laten-
ca secundaria. El punto de partida de ambas -y, al mismo "10. E l d eterioro de los modales y de la conforIllidad, l a con·
tiempo, el camino por donde transitan- son los procesos de " ntración y la cooperación son a l gunos signos relevantes
identificación, que reeInpl azan las dependencias objetales ti ,1 cambio preadolescente. Cuando en el período de laten-
temp r anas. A su vez, la regulación de la autoestiIna se in · CIO tiene lugar un cr ecimient o yoico suficiente, es posible
dependiza Inás de los controles ambientales. La adaptación ubservar una regresión genuina en ]a preadolescencia . La
y la ansiedad sociales aparecen cada vez con mayor clari- regresión pulsional a la pregenitaJid a d es el - gran secreto»
dad en este período, durante el cual el niño amplía su dI>- 'lue, en esta etapa, las niñas cuchic.h ean entre sí con risitas
InÍOio sobre sí mismo y el mundo objetaL La habilidad y la ofoc.ad as. Quien esté familiarizado con el contenido de es-

82 83
tos «secretoso sabe perfectamente que corresponden a las indudable que, cuando Susan inició su tratamiento, el
fases anal y fálica, y que se expresan en términos de instin- ••,rro11.o de su latencia se hallaba obstaculizado por fija-
tos parciales. pulsionales en el nivel anal. Su desempeño respecto
La participación del yo en el movimiento regresivo puede aprendizaje era tan inestable que no merecía confianza
conocerse en el restablecimiento de defensas primitivas, co- pn.,. Podía olvidar la ortografía de las palabras más sim-
mo el pensamiento mágico, la proyección y la negación, y en en cuanto interfería el pensamiento infantil o mágico,
la aparición de todo tipo de rasgos, hábi~os e ideas obsesiv~­ c:om¡>rEm,ri.ón lógica de los hechos se hacía añicos; la per-
compulsivas. La evitación, la observ~Cla de reglw;;.Y los .rl- y la exactitud habían adoptado un carácter com-
tuales caracterizan la preadolescenCla. La regreslon yOlCIl ....,iv,' del que estaban ausentes el juicio y la elección. En
se manifiesta bajo la forma de actitudes e intereses yoicos urso del tratamiento, se puso claramente de relieve que
primitivos -p. ej., controlando el medio, o dependiendo en funciones yoicas de Susan se cargaban de inquietudes
demasía de él-. Junto con los aspectos defensivos, dehe- la,raltOl,ia.s y restitutorias toda vez que una sensación de
mos reconocer explícitamente el lado adaptativo de la re- O de falta de integridad degradaba su imagen de sí
gresión yoies, ya que el clínico suele tender a ignorarlo [Blos,
1967) . esos mOlDentos, solía dedicarse en la escuel a a borr ar
Un rasgo peculiar de la regresión preadoLescente es qu. el pizarrón, y expresar desdén hacia los otros niños,
el yo se mantiene elástico_ Esto le permite volver a su pos.- se cuidaban poco de la limpieza y el orden_Deseaba te-
ción poslatente adelantada, recuperando así con facilidad no sólo uno, sino veinte pizarrones para limpiar, pero
su dominio y su autonomía. La regresión pulsion.a l y yoicn ~mi8 lno tiempo temía escribir en ellos una palabra e incu-
hacia etapas pregenitales y preedípicas constituye la carac- an errores ortográñcos . Esta secreta preocupación con
terística psicológica de los adolescentes jóvenes. Estos de- lpoiICt;o a «ensuciar y limpiar. la alejalta de los detnás ni-
ben seguir dicho curso, antes de efectuar un salto hacia la n;,:~;:~~!~ aislada y sin auténticos amigos.
genitalidad, durante la fase de la adolescencia propiamento e mejor en la asignatura c,Arte)Oo; aquí mos-
dicha. '-::~t::~·~~~~~'S~:";: y sus maestros ponderaban su inusual
La regresión preadolescente patognomónica . implica .v?l- 1'1 Susan tenía un excelente dominio de] ]en-
ver a puntos de fijación tempranos -vale decIr, a poSICIO- en este sentido, se hallaba realmente adelantada a
nes correspondientes al desarrollo pulsional y yoico quo . ,aC1. Esta facultad, sin embargo, se esfulDalta inespera-
nunca se abandonaron totalmente- . Si se observan de cer- .,."nt:e en determinados momentos de la terapia; enton-
ca tales casos, es posible advertir que las fijaciones en cues- .al!a utilizar papel, lápices y pinturas para expresar en
tión nunca dejaron de afirmarse durante todo el periodo do gráfica lo que era incapaz de decir con palabras. Así
latencia (en trastornos de la conducta o los hábitos, en sln- BUS dibujos anatómicos. Sólo cuando las fantasías y
tomas obsesivos o compulsivos, en disfunciones somática s, asociados con sus dibqjos e historias inventadas sa-
en inhibiciones intelectuales o desajustes sociales). Con a la luz, mediante l a exploración y la interpretación,
bastante frecuencia , el niño deja de lado, sin que ello so restablecerse la verbalización directa y sostenida_ Su
note, las tareas del período de latencia; tales omi~iones sólo 8 que los niños descubrieran sus mentiras, con la
se manifiestan más tarde_ El papel que desempena este pe guiente humillación, llenaba las horas de escuela de
ríodo en el esquelDa del desarrollo progresivo es evidenl : cautela y aprensión; e)]o influía desfavorablemente
constituye una condición previa para ingresar en la adoles capacidad de concentración y aprendizaj e.
cencia. Sólo si los logros esenciales del periodo de latencia funciones yoicas habían quedado inextricaltlemente
se han afianzado podrá pronosticarse, con buen grado d .-c:leda.s con derivados pulsionales . Por lo tanto, sus re-
certeza, si el estadio inicial del desarrollo adolescente reau defensivos se hallaban sometidos al constante es-
zará sus propias modificaciones pulsionales, yoicas y super· de ofrecer una correcta apariencia en público. Ello
yoicas especfficas, sin sufrir impedimentos excesivos. a".rltáa la vida cotidiana en una prueba penosa, de la que

84 85
esperaba liberarse mediante la terapia. Se adhirió con cm Simbolismo: El . caballo», la ..-vari t a mágica- , la . des-
peño a l os objetivos de esta última y rara vez vaciló en lnl de agua>. el .carrito colorado>.
esfuerzo. En l a terapia reveló su capacidad para establecer
una relación sin trabas. Su impulso hacia el desarrollo pro- Larea de la terapia consistió en identificar estos diver-
gresivo demostró ser más fuerte que cualquier tendenc, . tl.ems psicol6gicos y elevarlos al nivel de la ver baliza-
regresiva o afianzamiento regresivo de su perturbación. el pensamiento. antes de que la niña p,,:dier~ ex~ri­
El primer logro de la terapia fue la consolidación tard( _r,..."r su interrelación. S610 entonces la funCl6n srntetiza-
del período de latencia. mediante la liberación de alguno del yo pudo abarcar las distintas líneas de insight y
funciones yoicas con respecto a ciertas fij aciones pulsion a cabo su integración. Este proceso, si bien se repitió
les infantiles. otorgándoles así una posición autónoma. L, _nB,S veces. nunca fue idé ntico. Como b ien sabenlOs. el
interpretación de las defensas y el gradual descubrim.ienlAl "I"n.oo se resiste involuntariamente al tratamlento -cu-
de su «Vida secret dieron como resultado la autonom íll n.ota es la renuncia a l a gratificación pulsi onal primiti-
yoica. Este cambio fue paralelo a la regresión pulsion al, a pesar de su cooperación consciente y de su deseo de
permitida en la situación terapéutica. y a la recuperación .Ic,rar. No sorprende e l hecho de que las defensas se soli-
de los afectos. las ansiedades y realidades históricas rela . . . . w _ o se desplacen. en forma súbita o repetida. durante
cionadas esencialmente con la misteriosa separación de 1/1 e.,u.,rz,o conjunto de la terapia. El caso de Susan ofrecía
madre. El mismo proceso de -designar- 10 olvidado le con calidoscópico conjunt o de materiales. que invitaban a la
firió representación verbal y . de este modo. lo bizo accesibl .... p'e~'<a a considera.r el conflicto neurótico, O aspectos
al yo. Este avance permitió que la experiencia traumát ic . ales de este, desde ángulos constantamente renovados.
fuera objeto de la int rospección y de los procesos del pen la fase de . e laboración» de la terapia. esta reiteración
samiento. lo cual acercó los recuerdos reprimidos a la esfo a proporcionar la IDayor ventaja terapéutica . 1
ra de la síntesis yoica -o sea. la integración del yo--. Po "''':.'U que la envidi a hacia el hermano. la ambivalencia
dría decirse que en el proceso de . designa..,. lo que el nÍJ' u respecto a la madre y la fijación anal se investigaron y
siente. fantasea O recuerda, l a esfera del yo se extiende h . . .¡lrearon basta sus diversos . escondrijos>, pudo observar-
cia un área de la vida mental que basta entonces s610 babh, nlgo significativo en el material aportado por Susan o La
existido en términos de síntomas, so matización. esquerou 11 comenzó a mostrar un interés femenino por BU aspecto
corporal, fantasías. estados emocionales, humores y sím Itr1lo(lal y su atractivo (12' años). Su preocupación por obte-
bolos idiosincrásicos. integridad fálica ---o, en un nivel diferente. su empeño
Con el fm de resumir y aclarar l o dicho hasta abora. in· reconquistar todo el amor de su madre como requisit.o
troduciremos la siguiente enumeración . A través de esta, para sentirse completa- fue reemplazada por el CUI -
siete categorías fue posible descubrir varias veces los sínto- de la belleza femenina. En ello ohservamos la iden-
mas en el curso de la terapia. lII.oB.!ión t ardía con la madre. En vez de poseer a esta cor-
.... rlll'men'<e. bastaba abora con parecérsele. El lápiz de l a-
1. Síntomas: Enuresis. mast urbación compulsiva. inhibi Susan compr6 en secreto constituyó un acto de ri-
ción en el aprendizaj e, mentiras. ",II~'a" hacia la madre. e insinu6 un compromiso edípico.
2 . Somatización: Dolores de cabeza y de estómago. can · hora deseaba que su padre na descubriera que le había
sancio. debilidad. re cido vell o en l as axilas y una «pelusita adelante- ( 12
3. Esquema corporal: Según las palabras de Susano . To· IIUK). Tal negativa era. en realidad. una manifestación del
das mis partes están mal puestas»_ nflieto. Transi toriament e. el padre desempeñaba un pa-
4. Fantasías: La creación de un mundo ficticio . I que conspiraba contra su tímido pudor, al inspeccionar
5 . Estados afectivos: Envidia. ira. rabia, seguidos por an u cama de noche para ver si estaba mojada. En esa época,
gustia y culpa.
6. Humores: Estados eufóricos y disfóricos. a Véas e -cSusan- , capítulo 9.

86 87
.UII.oIS, pues de otro modo, según la paciente, tenninarían
Susan dormía desnuda, pues ya no se porua la almohad I •• r -aburridos... Esta autoproteccióD contra un exceso
entre .las piernas, sino su pijama_ Había pasado ya la ed ,1 lellciit.e,ción representaba una capacidad recientemente
del OSlt.o de felpa. El padre habia mostrado siempre un in contrastaba en forma aguda con la gratifica-
res activo en los problemas de Susan y ansiaba ayudarl . m'lt1Jnt1.va secreta de los años precedentes y la inhibi-
pero c~ando la terapeuta tomó conocimiento de aquello P""SlOIl81 total en las situaciones sociales.
mspecclOnes nocturnas le explicó a Susan que era demas. dificil evaluar eJ nivel evolutivo de Susan como pa·
do grande para que su padre controlara si mojaba la camR O específico de la fase sin pasar revista a los sínto-
La. niña estuvo de acuerdo y el asunto se discutió Can aqu l. que la trajeron a la terapia. Al cumplir los 13 años de
qUIen aceptó la sugerencia de abandonar dicha costumbre. aproximadamente, dejó de mojar la cama; esta últinlo
Lentamente, SUBan comenzó a considerarse una nii\ I Yolvió a ocurrir durante una enfermedad que le hizo
Participaba del placer femenino de embellecer su cuerpo,
n.o sólo en. lo que respecta a la prolijidad y corrección; e l 1
,,·u•. .- cama por corto tiempo. Antes, las enfermedades
habían agravado su enures;s. En esta oportunidad,
p-,," de labl~s y eJ corpiño se convirtieron en preciadas pos actividades la mantuvieron ocupada. El carácter
sl/:,nes. Su mterés en la anatomía correcta y en el funciono ~lpU.IS1.VO de su masturbación genital disminuyó muchísi-
mIento de los genitales femeninos pasó a primer plano. E y la masturbación anal desapareció de la esfera del au·
peraba menstrua.r a los 13 años, pues su madre había t ~:~:::~~acque nOTInalmente acampana el ingreso en la
nido la primera regla a esa edad. En esta época -<1 los J:l 111 De la concepción cloacal de sus genitales pasó
años-, se enlbarc6 en el proyecto de dividir la habitación concepción hUIDana , es decir, feIDenina. Durante un
que compartia con Su hermano. Los planos y las medicion período no hubo rastros de deposiciones involunta·
llenaron las sesiones. Por último, se decidió realizar la di . de hecho, este síntoma fue el primero en desaparecer.
visión de. la pieza IDediante una cortina; el lado que le co ocurrió en una etapa temprana del trataIDiento, des-
rrespondía a Susan sería decorado como un cuarto de niño que Susan dirigiera abiertaIDente su agresión anal
:mientras que el de su hermano seguiría siendo una . desor ' la terapeuta.
denada. p.ieza de IDuchacho. A esta le acljudicó el espacio fllejllT01D de manifestarse insuficiencias tales COIDO el des-
más amplio, pues -los varones necesitan más lugar paro social, la sensación de ser diferente de los otros niños
moverse que las niñas_o inestabilidad en el proceso de aprendizaje. Todas ellas
El arreglo de su habitación reflejaba un CBIDbio en el es reemplazadas, en igual medida, por un afán de su·
quema cOry>OraJ, 0, a la inversa, la organización espacial y ...·.."ión en los planos social, personal y escolar. Cuando
la decoraClón de su cuarto fue posible sólo después que su medíos o recursos resultaban incompatibles con sus as-
esquema corporal sufriera una transformación. En vez de' II'llcioDle,;, estas desembocaban en frustraciones y decep-
colocarse e l pijama o la almohada entre las piernas, MOril 1o~le'l; no obstante, Susan perseveraba. Se convirtió en
se abrazaba a uno u otra. Sus fantasías iban desde abrazar lIIeml,ro activo y entusiasta de las Niñas Exploradoras. Co-
a la madre o a un bebé hasta ser un varón que abrazaba n a buscar modelos y guias adultos fuera de los lí:mites
la madre, o una niña que envolvía en un abrnzo a un varón la familia y abandonó gradualmente su dependencia
En la configuración total de su desarrollo, este juego de fan: ftJJo.nm con respecto a la madre y la terapeuta.
tasías puede calificarse de -típicamente p~eadolescenteo.
Con una nueva a:miga hablaba del nmor en el país de 109
vaqueros, o bien, durante cortos intervalos, ambas desem.
peñaban el papeJ de varones. Sus fantasías podrían consi.
derarse entonces románticas, antes que infantiles . En una
fiest~ en la que participaban varones y ninas, Susan orga.
ruz6 Juegos tan excitantes como -hacer girar la botella» o
-estar en el cielo> (besar); tales juegos duraban sólo algunos
89
88
8. Relación de la llladuración
Jlltdod las experiencias críticas y no integrad8.ll, sin que
y el desarrollo con la transferencia nsas tengan oportunidad alguna de consolidar su
y la resistencia lIl,ción a la manifestación de los antecedentes patógenos;
ntcrvalos semanales, O de mitad de semana, propios de
lalcoLe"a"ia de nrnos, dan lugar, en cambio, a que las de-
cumplan su función. La psicoterapia tiene eficacia
IIII'O'H'C" en la medida en que la psicopatologia d el niño
,,1~IL'"ye un sistema abierto. La neurosis infantil, sin em-
La transferencia se desarrolla sólo cuando determinad n en cuant o sistema cerrado, requiere la intervención
condiciones perm.iten y favorecen su fonnación. El pacianl. nlilisis, pues la rígida continnidad temporal del proc,:
debe asignar al terapeuta el papel de una persona signifi 1 ,,,'UIU.,,W tiende a incorpor ar dentro de su esfera la totali-
~iv a e~ su vida emocional e investir a la nueva relación, pUl d la patogénesis.
ilusona que ella sea en parte, con la libido y la agresión s u reacciones de transferencia en l a psicoterapia son,
fiClentes para experimentar, en relación con el terapeul.l\ ftR! decirlo, efímeras; tienen carácter de comunicación
aquellas constel aciones emocionales críticas de su pasad .. , y este es su propósito. Constituyen declaraciones
que contin~ existiendo Como agentes virulentos, patógtl cl terapeuta enlaza con materiales relevantes y a me-
nos, en su vIda mental. Se requiere algo más que centrar (m ya conocidos de la historia vital del paciente, para po-
el terapeuta el interés emocional; también es preciso qu a disposición del yo en forma verbalizada, causal y
haya en el paciente la urgente necesidad de comprometerl .. Dllo,ral. Lo que ayudó a Susan a organizar sus experien-
en sus actividades pulsionales y yoicas, aunque só lo sea ell fueron el -qué», el _por qué. y el . dónde-. Esto tuvo, en
e l plano de la imaginación. La pauta y la secuencia de In ~:~~~~~~un:.,:e~fecto integrador y adaptativo, y llevó su acti-
reacciones de transferencia revelan, a la postre, el s i gni i\l a un nivel superior. Ello fue posible, sio nin-
ficado oculto de los síntomas. Mediante la reiteración de la p or el hecho de que 1a niña se relacionó con
manifestaciones de transferencia , v1ncuJadas con recuer l!Ien,ente pasi ón, positiva y negativa, con su terapeuta, y
dos, fa.o:'tasías y pensamientos asociativos, la historia vital p:.:;~=~~~c:lo~~n bastante rapidez una alianza de trabaj o in-
del paClente se aclara y surgen a la luz los períodos crítiCOll
de su d~sarrollo; luego es posible empezar a corregir el curo Sin la discreta participación de la terapeuta en este pro-
so deSViado de este últi mo. Las manifestaciones de trans ~ . la transferencia apenas hubiera llegado a ser tan pro-
rencia reflejan un cúmulo de experiencias cruciales' Su vo. ¡lIctlva y provechosa para la ter apia. El contenido pSíquico
lor terapéutico es dudoso -excepto como alivio c~tártiC<1 111118<,ClaOI0- y los afectos ligados eran, en e l plano descrip-
tran~itorio-:-, a menos que se transformen en un puenlo no dinámico, inconscientes. Es decir, uno y otr.os
tendido haCIa los recue r dos y la expresión verbal, posibi li ,,"'~llto.ban ioaccesibles al yo y, en virtud del estado de alS-
tando asi la inferencia de un significado personal. El re de Susan, super aban la capacidad de l a niña para
cuerdo y la verbalización elevan la experiencia patógena y nlegrarl os. Sentimientos dolorosos Y. desorg~ador~s
sus secuel8.ll al nivel del yo y perm.iten que la patogénes:is v elaculizaban el camino. En este sentido, la pSIcoterapIa
el síntoma puedan investigarse y evaluarse. - udó a _poner las partes en su lugar- -parafraseando e l
En el caso de Susan, como ya lo habrá advertido sín duda comentario de Susan, según e l cual s us partes corporales
el lector, el material clínico estaba lleno de fenómenos tran . Loban - todas mal puest8.ll. - .
ferenciales. Ante una mirada inquisitiva, estos revelan ca Ahora resulta elaro qué dife rencia existe entre la transfe-
racteristicas que los di s tinguen de la transferencia en el ncia en la psicotcropia y en el análisis de niños. En este
análisis de niños. La frecuencia de las sesiones en este últi. IHUmo, la transferencia es el instrumento terapéutico que
mo (cinco veces por semana) perm.ite r evivir con cierta con. trae a la luz el contenido psíquico inconsciente, o, en otras
palabras, lo incorpora al ámbito del yo. Este proceso reqnie-
90
91
re una relación de transferencia ininterrumpida, facilitado eL tacto necesario para no caer en el desaliento y el
por la frecuencia de las sesiones. Un intervalo de una sem terapéuticos. Por supuesto, esto no siempre es posi-
na, como en la terapia d e Susan, impide que se desarroJl Las reacciones de transferencia deben vincularse sola-
una relación de transferencia continua; como sabemos. esln con el terapeuta y con La situación terapéutica; d.e
es indispensabLe para recuperar el contenido psíquico In modo, no cabe calificarlas de tales. Es gratmto denoIlli-
consciente patógeno. _reacción de transferencia- a cualquier conducta rela-
Es indudable que en la terapia de Susan ciertos núcle con el terapeuta, cuando en realidad eUa sólo cons-
patógenos quedaron sin tratar; por otro lado, los progresCl una conducta habitual del niño, que este muestra en
emocionales de la niña y la expansión de sus recurSos yo) o'lrt;es y con respecto a cualquiera.
cos le permitieron una vida ps{quica menos conflictuada y hace tiempo se admite que ciertas constelaciones
menos acuciada por la angustia. En otras palabras, se est ..,.ciclmtles atentan contra el establecimiento de la transo
bleció la condíción para que comenzaran a funcionar lo ~~~;~¡~,~E~~s~o:bviO que las dos clásicas -el duelo y el ena-
procesos integradores. Los núcleos patológicos que se dej • no dejan energía psíqujca disponibLe para
ron intactos y en estado latente fueron superados, median p,tener un interés activo por el mundo externo, incluidos
te la intervención psicoterapéutica, gracias al ascendí en . rapeuta y la situación terapéutica. En la adolescencia
de las funciones yoicas autónomas. Cuando las defensas do pr'eselll,a un estado psicológico característico que t~­
bilitadoras se fueron volviendo paulatinamente prescindl conspira para que no se establezca la transferenCla;
bies, la energía psíquica se puso a disposición de los proct él dirigiremos ahora nuestra atención.
sos integradores. dependencias emocionales, en sus diversas formas,
Durante la niilez (hasta finalizar la adolescencia), la transo ser menos egodistónicas en la niñez que en la ado-
ferencia enfrenta ciertas limitaciones que le SOn inheren -:~v~:;!'~~ Sabemos que las necesidades de dependencia se
tes, pues la relación entre progenitores e hijos mantiell .. a activar regresivamente en esta etapa. El adoles-
aún toda su fuerza. En la transferencia, sólo hallan expre· se resiste y se defiende contra l a regresión pulsional y
sión los aspectos interoalizados que dejaron de formar par- hacia estados infantiles; en la terapia, esto aparece
te activa de la relación actual con los progenitores o herma· resistencia a la transferencia. Este tipo de resistencia
nos. La regresión específica de la fase, que tiene lugar en lo lugar a un sutil problema técnico, pues el terapeuta debe
preadolescencia, mantiene a flote relaciones objetales in IItlinlp1Íir entre la resistencia esencialmente adecuada a la
fantiles al parecer abandonadas, con la finalidad de que el que aspira, a menudo bajo el disfraz de una falsa
niño pueda liberarse emocionalmente de ellas y realizar la, 1Ia,~u:r"",. a preservar el estado patológico.
transformaciones que le permitirán ingresar en la adoles- Si bien la resistencia especifica de la fase a la transferen-
cencia. Las manifestaciones asociadas con este proceso n obstaculiza la terapia, e incluso tal vez llegue a abortar-
pueden caracterizarse como auténticas reacciones de trans- no podemos iguorar sus implicaciones adaptativas. El
ferenci a; con todo, ponen de manifiesto ciertas connotacio- trata de lograr el control yoico sobre la tenden-
nes infantiLes distorsionadas que han quedado adheridas a regresiva. La. resistencia constituye, en parte, un r~­
los vínculos objetales primarios y que amenazan transo distanciador, que disminuye la intensidad del compromt-
mitirse a las relaciones extrafamili e res del adulto. La etapa objetal infantil. La demanda implicita t>e~~ por el.tera-
inicial de la adolescencia constituye un período favorabl ",ut.a a través de la confrontación, la ex:plicaClon y la mter-
para la acción terapéutica, pues el desarrollo coadyuva a lo p"eU,ci,ón -es decir, eL pedido de que el adoLescente joven
tarea. Por otro lado, la angustia que despierta la atracción .aJ~a:Ddon,e la necesidad de desapego emocional o el temor a
regresiva tiende a aumentar la resistencia basta un punto te-- sólo intensifica la maniobra defensiva. Cuando se le
en que el trabajo terapéutico debe interrumpirse. Mi expe- rmita rehacer sus fuerzas primero --o sea, mantener m-
riencia me indica que el hecho de conocer la constelación eta la denominada _resistencia a la transferencia-, el
psíquica propia de la preadolescencia permite al terapeu ta adolescente revelará, cuando llegue el momento de elegir,

93
92
e introduciendo elementos de expresión forma-
el miedo al desamparo y a las necesidades de dependencl a sean Illetáforas o simbolos. De este modo, su vida in-
Según las palabras de un adolescente: _Ahora que gané 1111 pasó a ser objeto de un examen crítico y de insights,
punto, estoy dispuesto a escuchar lo que usted tiene qu. de límites tolerables de angustia y culpa. Así, Susan
deci ..... El terapeuta debe determinar en qué momento y 11 mantener cierta independencia y, al mismo tie.mpo,
qué medida intervendrá para expresar lo que, cuan ¡I -::;::i~,:a~c~eptar la ayuda de la terapeuta ~ d"'7-'"' su
menos, hace tiempo ya sabe o ba comprendido. • expresada en forma de comentarlOS e lOter-
El hecho de que cada etapa posea sus defensas prefer '/1
tes O típicas forma parte de la naturaleza del desarrollu ITIlIZ'u-e ahora un perfil longitudinal de la transferencia Y
Cada estadio establece la represión de las gratificacion,· ""i!.te,n<:ia, tratando de destacar las pautas de desplaza-
pul si anales -desmedidas>, así como las adaptaciones yoicB . que se deben más a los cambios del de~ollo qu'.' a
basta que aquellas hayan desaparecido o experimenten un nuctuaciones dinámicas propias de la re1aC16n terapeu-
transformación. Sin embargo, esto no siempre es de e sto y sus defensas . Por supuesto, ambos componentes de-
modo . Cuando los componentes patológicos del desarrollo incluirse en el perfil, pues los dos Impulsan e l proceso
son arrasados por el flujo de la represión normal ( p . ej. , 1 ~~,.;.~~~~C)~ SU acción conjunta permite que las etapas del
represión de los conflictos edípicos al iniciarse el período d . .. recientemente alcanzadas consol iden su organi-
latencia), reaparecen , bajo alguna forma determinada, du especifica. Sin eIllbargo, antes de aplicar dicho !",rfil
rante el proceso de recapitulación de la adolescencia . En de Susan, debemos hacer algunas conslderaClones
eS08 momentos, el terapeuta se apoya en la alianza ter I
péutica para ayudar al nino a reconocer, en estos vestigio ~~::~:~:r.;~dse alcanza un nuevo nivel de integración de
de antiguas posiciones, formaciones anacrónicas que tien 11 reaparecen los vestigios de la patología ori-
den a bacer abortar el desarrollo progresivo. En virtud dI' ".,n,,,-: en terapia se los vuelve a examinar, entonces. d.::s-
este tipo especial de asociación en e l esfuerzo terapéut ico. una posición más ventajosa . Los residuos de los CO~1C­
el paciente -ya sea niño o adolescente- percibe que el in y las fijaciones se someten, de este modo, a ~a repetida
terés del terapeuta en la -enfermedad» refleja, correcta 6n -proceso conocido como «elaborac.'ónoo--. En-
mente, su propio interés yoico o sos esfuerzos para lograr y en un nivel especulativo, podríamos dCClr
salud y madurez. que el desarrollo no concluya y las condiciones
El caso de Susan mostr6 de manera terminante este a 8' e internas se estabilicen no cabe afirmar con cer-
pecto de la terapia. La niña nunca llevó a la práctica s u que el n6cleo patógeno ha perdido su -:alencia. -.-en
amenaza de abandonar el tratamiento. Este era su modo d,. palabras, que ha dejado de existir-o La Imposlbibdad
probar a la terapeuta, de determinar en qué medida esln alcanzar este estado en la vida humana babIa a las ela-
entendía que la resistencia era resultado de la angustia, en de la relatividad de los logros terapéuticos.
relación con las abrumadoras necesidades de dependencia y La importancia práctica de este tipo de con~ideraci?nes
la intimidad ambivalente de la niña. Unas y aira habían al mucho mayor que l o que podría parecer a pnmera VISta.
canzado ya un punto crítico en la época en que la regresión se pone de manifiesto, en particular, cu~do noS d,;-
de Susan hacia las tendencias pulsionales anales O fálica H a evaluar los resultados de un tratamiento conelw-
amagaba irrumpir en la situación terapéutica. Recuerde ,,1 1·~\Id:rle'Cn'Stro de los márgenes de un proceso de desar~ollo (p.
lector los períodos caracterizados por el ~desorden. y lo .. la niñez o la adolescencia) . La frecuent e neceSIdad de
palabra «coge,",". Susan desistió de su amenaza de aban- más tarde el trat~miento -ya sea en la adoles-
donar la terapia y estableció en cambio -al menos tem- ¡ ... n'OJe',en los primeros años de la edad adulta O dur~te la
porariamente- una distancia emocional respecto de la Le- ,. p.t'~I1[llc:ta,[l-- constituye un hecho clínico bien conOCIdo. No
rapeuta y d e sus pmpios conflictos. Por entonces, su yo ba- .~,etrulU' , pude comprobar que una experiencia terapéutica
bía adquirido controles más eficaces: Susan podía estabili sitiva en la niñez o la adolescencia, aunque sea fragmen-
zar ahora la alianza terapéutica verbalizando en el mamen-
95
94
taria o incompleta, representa de todos modos una venl '1 observamos el perfil de las reacciones de transferencia
perdurable. Los numerosos casos que he seguido me penul .l.BlllD a 10 largo de 105 años de tratamiento, veremos que
ten considerar esta ventaja como una base firme para ~ UDa paut a de secuencias que ahora examinaremos. Al
prender un nuevo tratamiento con una sensación de sell' .:~~:;';l.a niña se relacionó con la terapeuta de acuerdo
ridad y confianza. I sociales ya puestas a prueba , recurriendo a las
A menudo surge el interrogante de si el sexo del terap(1II de seguridad» de conformidad, simpatía y obe-
ta es de crucial importancia para el desarrollo de la tran8~ a. Se esperaba que hablara, de modo que hablaba.
rencia y la resistencia. Mi eJl..-periencia me indica que e I fin de despertar el interés de la terapeuta, .hacia los
pregunta debe contestarse negativamente, con una notnbl. _Irels.:· pintaba, recitaba poesias y deletreaba palabr~s.
excepción. Tuve oportunidad de verificar que el tratami n las pinturas que ",no eran buenas". con lo que no solo
to de las adolescentes jóvenes está erizado de dificultad.,. 1II.,eaba los altos valores que regían su vida, sino que de-
cuando 10 dirige un hombre. La estimulación erótica, con _',nou .. su deseo de que la consideraran perfecta. Si al
frecuencia crudamente sexual , que la nifla experimenta du .,1I.ar algo - p. ej., ajustar bloques de plástico-- tropeza-
rante las sesiones llena la situación de tratamiento d. on la más ligera dificultad, abandonaba dicha actividad
emociones que determinan formas extremas de resistencill, IlUrriLeDldo a algún pretexto inteligente. Solía pedir conse-
una cooperación superficial o la actuación. Ninguna de e y sugerencias a la terapeuta, sabiendo que a los adultos
tas complicaciones dan lugar fácilmente a maniobras t Q agradan los niños que aprecian su conocimiento acerca
rucas que se hallen al alcance del terapeuta; queda, comu -todo>. Llevaba este _truco_ hasta el punto de mostrar
única posibilidad, derivar tales casos a una mujer. Mo,rés por la terapeuta y por lo que esta querría hacer , y,
Mis propias experiencias con adolescentes jóvenes de s consecuencia. hacer con ella.
xc fe:IIleruno me convencieron de que era preferible poner ,,1 Estos esfuerzos oportunos por conquistar el aprecio, la

: =~f!~~~i~y el amor de la terapeuta ocultaban apenas la


tratamiento en manos de una. mujer; durante muchos añ
he adherido a este precepto. En consecuencia, mi investigo agresiva de Susano En realidad, esta tenden-
ción de la adolescencia se vio privada de un segntento qu favorecía la formación de una relación terapéutica pose-
debía estudiarse. Compensé esta desventaja, debida a mi absorbente, controladora y pegajosa ~n suma, de ca-
sexo, consultando a analistas de niños experimentadas, y !IIc!teLr ambivalente-. El conflicto de ambivalencia se puso
supervisando a analistas y terapeutas de sexo femenin o manifiesto ya en la segunda sesión, cuando la niña pre-
que se dedicaran a tratar niños. Esto ocurrió con Susan. El . ¿'''UI ......,W'~ años puedo venir?-. Esta simple pregunta
material sexual de este caso, tan indispensable para como ntrañacba dos afectos opuestos: el rechazo y la dependen-
prender los síntomas, nunca habría surgido con la mismu Uno se relacionaba con su decepción ante la lentitud
facilidad ru resultado tan productivo si la paciente hubiero que venía la ayuda que necesitaba ~gentemente ~.Si
sido tratada por un hombre . La decisión de asignar una Lo· es lo mejor que puede hacer, es preferible que la deje.);
rapeuta a Susan se basó en el supuesto de que el traLo otro reflejaba la súplica y la esperanza de que no la consi-
miento duraría hasta su adolescencia. Se eligió este cas aran indigna y prescindible ("IOjalá no me deje nunca y
porque se lo consideró adecuado para investigar la transi pueda estar a su lado para slemprel.). La primera sa-
ción de la latencia a la adolescencia, tomando como ejemplo 16n, dijo, no la había «ayudado mucho». Ella esperaba que
a una niña determinada. Esperaba que los conceptos e8' la liberaran de sus sueños aterradores sin tener que hablar
tructurales y evolutivos que yo había formulado con respee ellos. Cuando se dio cuenta de que nada había sucedido,
to a la preadolescencia y la ado1escencia temprana en In aeusó a la terapeuta de que no se había molestado en hacer-
mujer se corroborarían en la situación clínica. Por lo do· la sentir mejor. No obstante, en vez de abandonar la tera-
más, el proceso terapéutico y los datos clínicos constituyen, pia, comenzó a contar sus malos sueños. . . I

en general, el camino principal para exponer y verificar lo Primero con cautela y luego en forma ab.erta, Susan deJO
teoría [Blos, 1962]. d ser la niña grande que preguntaba y respondía de mane-

96 97
ra adulta, contemplando con d esdén los juguetes del col1!ru l
torio, como si fueran cosas pueriles. Ahora se quejaba, d ll _'lt"a'lDJ.erlUJ intestinal; a través de ella surgen a la su-
rante un intento furtivo de jugar con la casa de muñecas, d. las afectos reprimidos de la fase anal. E l adiestra-
que ninguna de sus presuntas amigas la h abía dejado ha. l" intestinal prematuro provocó una obstrucción de la
de madre cuando jugaban a la familia . Esperaba que la l Bnal cuando la autonomía del esñnter anal era ineom-
rapeuta la compensara por estos rechazos y decepcion o e iu'estable. En otras palabras, la etapa anal no quedó
Había observado que un niño pequeño concurría a sesi6u a la manera de una estación intermedia en el camino
ant es que eUa; los crecientes celos le hicieron exigir por uf la progresión psicosexual, sino que fue abandonada
timo una explicación sobre los motivos por los cuales n D1''''''. como alguien que huye. Por consiguiente, la li-
podía tener una sesión que durara toda La tarde. Al ver q u la quedaron ligadas a esta zona erógena,
no se le satisfacía este deseo, qui so que ciertos materia l! . . ..ull"'''WCI\J de este modo en un punto de fijación.
de juego se reservaran para su uso exclusivo ; si ello no rUt, regresión a esta etapa se puso de manifiesto primero
ra viable, al menos la terapeuta podría hacerle un regoll' lB expresión de rasgos, actitudes y características repre-
(un pincel, creyones). Quería una prueba concreta de amor ~nlnllivos de la modalidad anal. En las sesiones, Susan se
no palabras; deseaba que aliviaran su angustia, sin penn, prov·ocaclOI·a, obstinada , desordenada, irresoluta y
fu ninguna intrusión en su mundo de fanlasias; quería qUI "IDi,'alente. Cal ificó a la terapeuta de . canana.. (la madre
la compensaran y repararan en forma tangible. ....... u. del período anal). Esta actitud se desplazó rápida-
La niña percibía a la terapeuta como una persona omoi hacia el amor y la dependencia, BUSel tad os por las
ciente y omnipotente que ofrecía consuelo y protecció n V IleIrz.SlS disuasorias del pánico y el t error, por miedo de des-
que, como cualquier madre buena, podía otorgarle un est.n r el objet o del que se había vuelto dependiente. Su te-
do de beatitud y una sensación de integridad. Puesto que I . era tan grande que suprimía sus impulsos hostiles y
babía asignado este rol a la t erapeuta , Susan la trataba dI ~:~~,~~~:l,;. su conducta p r ovocador a al precio de ~sentirse
acuerdo con él. En una oportunidad, la n.iña afirmó que con • y débil• . Se aquietaba, empalidecia, se sentía des-
tarle sus sueños no ayudaba para nada y que ' pensar» on 11~ lh a,da y deprimida; sin embargo, una y otra vez evitaba
ellos le producía dolor de cabeza. Dejó bien seutado qUI' IUlldiirse en este pantano proyectando poderes mágicos en
hasta entouces, aislada del afecto, bahía estado satislech , terapeuta. Con voz ansiosa, rogaba: . No me transforme
bloqueando así de nuevo el trabajo terapéutico y expen varó~ . Esta frase ponía al descubierto con claridad su
mentando una nueva decepción respecto de la terapeut a ;..'mp"'JU viriL
Su vehemente deseo de recibir un regalo concreto impedlll Para Susan ser varón y poseer poderes mágicos y contrI>-
que Se explorara su vida de fantasía ; esto no sufrió mayorcM ~ "d~.res era la' misma cosa. Pero el problema no es tan s im-
cambios h asta que paciente y terapeuta conocieron el objeLo como se desprende de la man.e ra en que ella 10 enuncia-
de los deseos y reclamos de Susan o En general, el complejo viril de una niña suel e engll>-
O obstante, antes de que ello ocurri era se desencaden "I,rse en el concepto psi coanalítico de _envidia al pene-; ello
una verdadera tormenta de frustracióu y desilusión. HubD Dbataculiza la búsqueda de sus orígenes más profundos y de
una explosión regresiva de rabia infantil y de expresion mita vastos alcances, los cuales se hallarán en un sentido d~
instintivas, de las cuales la niña se hahía defendido hastn It a de integridad corporal. El caBO de Susan demos t ro
entonces mediante la formación reactiva, la negación, la re· "lo con toda clar idad. En cierta oportunidad, una paciente
presión, la proyección y la somatización. De aquellas, IUH mla - adolescente que también padecía de un virulento
principales eran las manifestaciones de agresión anal y IOH mplejo viril- expresó su problema de este modo: . No, no
ataques retaliativos anales en respuesta a la negativa de In quiero tener un pene; pero tampoco quier o que nadie lo ten-
terapeuta a compensarla por las privaciones que habia im · IU - . En última instancia, el problema 9ue .h~bia p~~a­
puesto - t ales como ~ningún regalo, ningún favoritismo --. necid o fuera de control y que a la postre illlPldió e l transIto
La transferencia refleja aquí la integración incompleta d I normal de Susan por la fase de la preadolescencia era la ex-
clusiva posesión de l a madre.

98 99
Resultó imposible comprender totalmente el complejo VI tiles resulta esencial para la terapia. por cuanto sin
ril de Susan mientras esta ocultó el problema volviendo 11 es imposible movilizar las porciones estancadas de Ji-
recurrir a defensas obsesivo-compulsivas de índole ritual,· y agresión_
mágica. Las evitaciones (no pisar baldosas negras, no US~ I particular influencia que ejercen las fijaciones pulsio-
pinturas, no decir malas palabras) y las compulsiones (d s obre las funciones yoicas puede observarse en la fija-
dicarse a la interminable limpieza del pizarrón, el piso y 111 de Susan en la fase anal , en el esquema corporal eloa-
paredes del consultorio) t.enían por objeto evitar el peligro y en el hecho de sentirse poseedora de un cuerpo ¡ncom-
del castigo o la pérdida de amor. En este período, en el qUI' Estos estados se transformaron, con e l transcurso del
e l trabajo escolar ocupaba su mente, solía usar las sesione iln,pI', en r ealidades anacrónicas a las cuales e l yo debia
para capacitarse en escribir con la mano izquierda.] Comu t".u¡u-:se- Convergían en la representación de sí misma, la
pudo comprobarse luego, esto representaba una medida dI' a su vez, influía de manera a dversa en las funciones
seguridad contra la culpa que le provocaban la masturbo. de la niña. SUBan revelaba esta correlación a través
ción y el miedo a la castración_ Sus esfuerzos defensivo. IIU escasa comprensión del mundo físico, sus dificultades
culminaron en la renuncia a la terapia. Un día, en forma to la lectura y la ortografía, su poca capacidad en aritmé-
talmente deliberada, arrojó todas las pinturas en un tarro, y su defectuosa prueba de realidad. Estas deficiencias
impidiendo de esa manera que otros pudieran utilizarlo. se tratar on en forma direeta, ni se intentó eorregir-
(.Ahora nadie puede usarlas.), y declaró que no volvería medio de clases particulares. Se las consideró sioto-
Agregó: cAsí, el hombre que viene antes que yo y el mu cas y, en consecuencia, no remecliabJes mediante la
chacho que v iene después pueden tener más tiempoo. Esul
renuncia altruista constituia el últilno recurso de Susan De acuerdo con lo anterior, nunca se le pidió a la madre
para mantener bajo control su agresión retaliativa y asegu· compensara a la niña por las privaciones que esta ha-
rarse el amor y la protección continuos de la madre preedr s ufrido en el pasado. Tampoco se le solicitó que intenta-
pica, personificada ahora en la te r apeuta. gratificar las necesidades regresivas de Susan, con m-
Ciertos datos históricos se aplican al análisis precedente. Itd,ndlose en una madre preedípica real. Sí se obtuvo de ella
El nacimiento del hermano debió despertar celos desmedi. mayor grado de tolerancia en relación con las marufesta-
dos en una niña cuyo desarrollo yoico precoz la volvió, en el ::tIon es sintomáticas d e regresión -p. ej., el desorden, las
plano emocional, extremadamente sensib le a los privilegios ntiras y el atrevimiento (la compra de un lápiz de la-
oLorgados a un bebé. Dicho nacimiento coincidió con la len· 09)--. Esto no ofreció dificultad alguna, pues la madre en-
La y dudosa disminución de las necesidades de la fase anal día perfectamente la naturaleza del tratanúento y, como
de Susan, cuando esta tenía tres años y dos meses. El em- ultado de su propia enfermedad, había adquirido una ac-
barazo y la espera de un bebé habían comenzado antes, por Utud comprensiva hacia los inconvenientes y tribulaciones
supuesto, alrededor de los dos años y medio. Debemos sub· propios de la te r apia. Esta actitud le permitió apoyar el tra-
rayar aquí la distinción entre la madre de la infancia (pre- tamiento de su hija con extraordinaria paciencia_
edípica) y la de la niñez temprana (edípica), por un lado, y Las resistencias que hemos descripto se desarrollaron
la madre presente en la vida del niño o el adolescente, por omo consecuencia de la regresión pulsional y den tro del
e l otro; la transferencia trae a la luz las etapas de las rela- lIIarco de la transferencia. La fuerza y el alcance de la resis-
ciones objetales que pueden consi derarse reales sólo en re- ncia dan cuenta siempre de la magnitud de los peligros
lación con el pasado. Volver a experimentar estos estados bnaginarios atribui dos a la situación terapéutica. En el ca-
llO de Susan, el peligro consistía en una tendencia regresiva
1 Era zurda pero habia sido adiestrada en la escuela para. escribir
que la llevaría, en defwitiva, a ser absorbida por la madre
con su mano derecha. Sus paulas de aprendizaje y memoria. una "c~
modificadas por la terapia, confirmaron nuestra primera impresión arcaica. Una fusión potencial de este tipo despierta un sen-
de que sus fallas en estas áreas no se debian a la - dominancia Ia.tern l "miento de pánico cuya señal de alarma es la angustia .
mixta •. 110 moviliza poderosas defensas que se manifiestan en la

100 101
DOLr'!S. Este cambio fue tan notable que suscitó COIllen-
resistencia a la tra.nsferencia En esencia, la situación d'l en el ambiente de Susan o La tolerancia a la tensión,
peligro que implica la fusión reside en tragar el objeto di' ceptación de la postergación y la frustración anU?ciaron
amor o ser tragado por él. En una oportunidad, en la que di Ofitado de control y dominio cada vez mayores. Sunultá-
cho peligro parecía inminente, Susan tuvo una pesadilla en mente, aumentó el desapego emocional respecto de. l a
la que aparecía un tiburón de dientes afilados. Al describir ~IID.~u 'ta. Los vínculos objetales prel atentes habían cedido
ese peligroso animal, dijo: -El tiburón era tan grande con () a la identificación. Ahora era más fácil convivir con
esta habitación-o De este modo qu.e dó al descubierto el pela la niña respondía mejor a los requisitos de la vida so-
gro de los impulsos orales y de su ambivalencia: anterior· , e l hogar, la escuela, etcétera. _
mente, la alternativa babía sido incorporar O ser incorpo· A pesar de estos avances, despues de tres ailos de tr~ta­
rada. Susan nunca cedió a la atracción regresiva rindién "hml;o aún se mantenían síntomas tales corno la enureSLS y
dose a = 0 de estos estados primordiales. mentiras . Susan los toleraba con cierta ecuanimidad
El miedo a la terapeuta disminuyó cuando la ni ña s~ ..,nta de preocupación. Las d es agradables y pertw:bado-
orientó hacia la fase fálica, abandonando el deseo de hallar pesadillas habían desaparecido. Al hacerse consCIentes
una restitución regresiva mediante la posesión de la madre, impulsos agresivos, primitivos y violentos -después ~e
En eJ conflicto de Susan en la fase fálica podemos descuhrir, U1lbClrlo'srastreado a través de las visicitudes de las reJaClo-
sin embargo, un componente oral persistente que sufrió cier- objetales-, aquellas habían perdido, por así decirlo, su
ta transformación. El origen de lo que aparecía como mo- ""'I30n d'étre. La consolidación tardía del período de laten-
dalidad fálica podía encontrarse en constelaciones pulsio- se reflejó en la personalidad de Susan cuando tenía en-
nales prlmjtivas: pnr ejemplo, la posesión absoluta de la ma- 10 y 11 años. Ahora que el ascen~iente ~e l~s.intereses
dre como UD modo de sentirse definjtivamente íntegra. Esto '~')ICOS era visible la niña solía practicar antmetica con la
se expresaba, en el rnvel fálico, en el anhelo y la búsqueda _rllU<ou, .... Las p~Dcupaciones sexuales y las expresiones
del pene, O en la reparación de la castración o la pérdida. p\,lsrion.tl.e,s regresivas, tan importantes hasta el momento
Cabe señalar que los conflictos y deseos orales no reapa- sus actos, juegos, fantasías, fabulaciones y sueños, pasa-
recieron en forma critica hasta que la integración de la per- ron a segundo plano. _
sonalidad fue tan sólida como para asegurar una protección abe preguntarse si la mejoría c~~ respeeto a ~o~ smto:
eficaz contra la renuncia y la fusión regresivas. Ya hemos mas se debía sólo a una ola de repreSlon patognom.oruca, o 51
descripto cómo ocurrió la evolución hacia la fase fálica; res- mbi én reflejaba, por encima de aquella, un aspecto ad~p­
ta decir que la niña comurucó a la terapeuta todos los de- tativo equivalente a la p["ogresión evolutiva, característico
tal les de las prácticas, fantasías y sensaciones relacionadas del período de latencia. Después de t odo, una ola de repre-
con la masturbación y el deseo de tener un pene sólo d es- 116n es algo normal en el período de latencia, especialmente
pués de una larga resistencia, que resultó ser la prepara- n sus comienzos. Por supuesto, ambos aspectos, eJ defen-
ción de Susan para la osada y regresiva r evelación de sr "Ivo y el adaptativo. se hallaban presentes en el caso de
misma. La niña se sumergió en el proceso terapéutico du- Susano Los cambios estructurales implícitos en el des~-
rante el período caracterizado por la palabra _coger_, en el 110 de la latencia le pennitieron a la niña, n.o sólo tole~ar, SI-
cual surgieron, en toda su magnitud, su confusión, su preo- no adem ás enfrentar, en un nivel su-p enar de actiVldad
cupación y su curiosidad sexuales. Cuando este período al- mental, la angustia conflictiva que había originado sus sín-
canzó un punto de ans ie dad conflictivo, una nueva ola d e tomas. Las resoluciones de conflictos de las que ahora era
represión cayó sobre su vida instintiva. capaz hubieran quedado fuera de su alcan~.si sus impulsos
Siguió otro período de vigorosa expansión yoica. La cre- umocionales infantiles, hub1cran sobreVlvetdo con toda su
ciente independencia del yo con respecto a las pulsiones fuerza bajo 1~ defensas mas-¡vas, o si estas se hubieran ~es­
instintivas (autonomía yoica secundaria) se hizo evidente moro nado, dando lugar a una regresión hacia la etapa SUD-
en conexión con la terapeuta, el trabajo y la escuela, sus pa- bi6tica de las relaciones objetales.
satiempos, intereses, actividades sociales y relaciones con
103
102
Podemos decir, sin temor a e quivocarnos, que los s ínlA'
mas la protegían de la regresión totaL Sólo hacía foil del verano en que Su s an pasó cuatr,:, ~emanas en
tiempo para que su expansión yoica le permitiera, por ú lt, COllorua de vacaciones (a los 10 años), revlVló con la te-
mo, renunciar a ellos. La consolidación del período de la te n su sensación infantil de abandono y su neceSldad
cia debía fomentarse, o, más bi en, no ser combatida u o con l a madre activa y nutricia . Era verdad, por
taculizada por interpretaciones inoportnnas ---es decir, p". ;~~~ que la terapeuta habla recoInendado esta separa-
maturas- referentes a las pulsiones, o estimulando lig y resultaba sorprendente ver jugar a l a _mamá. a una
ramente a la niña para que revelara más secretos. La imp nunca había jugado con muñecas . Como es ca-
ciencia, la curiosidad y la ambición del terapeuta puedo" lIt.t,rístiico en estos casos, Susan j ugaba en forma alterna-
controlarse mejor mediante la observación de reglas técni simultánea los rol es de madre e hljo. Alim~taba al
cas basadas en una teoría dinámica del desarrollo. con un biberón de juguete, a la vez que bebla de es!:"
Cualquier mejoría observada en la conducta debe enten rOI"lll.a subrepticia. El bebé debía recibir los mayores cw-
derse en su exact a diInensión .-o sea, no como un signo dt· y Susan se encargó de que l~ ter~peuta .le facilitara
resolución total y duradera del conflicto sino, en parte, c . .. h,m'eIltc,s correspondientes. El Ulteres con:un de ambas
mo una preparación y una condición previa para el trab~o a.<Jlora en hacer feliz al bebé. La ansIedad ante la
terapéutico que aún resta por realizar--. Tropezamos aqul :~~n~:;.,~ de padecer hambre y el ~edo a la pérdi<il;' del
con un príncipio terapéutico que se aplica al curso del trato pasaron dramáticamente a pnmer plan~ a r8l.Z de
miento, cuando este se realiza dentro de los limites d e un huelga de los distribuidores. ~". leche de la Ciud ad y de
proceso de desarrollo : para continuar la terapi a, es india noticia aparecida en los penodicos acerca de la muerte
pensable hacer nn alto en un nivel de funcionamiento ade· niños en un hospit al, provocada por una en.t:er-
cuado a la edad , aunque este sea espurío y parcial. Esto es n.'I~U.deUU's"conocida. Susan n o había advertido que tambIén
particularment e válido en la etapa inicial de la adolescen - muerto personas adul tas -incluid a s algun.a s ma-
cia, cuando se opone resistencia a la regresión , no s610 en
forma defensiva, sino adaptativa. Cuanto más fuerte es lo Ulteriormente, la pacient e se voLvió hacia la terapeuta en
tendencia regresiva, más urgente es la necesidad de mante- de una explicación de la enfermedad de la madre. D ....
Der una posición defensiva. comprender un sueño en el que .~ a mamá la mata-
E l yo, a la vez que mantiene en actividad las defensas, y mostraba cierto grado de perplejIdad con respecto a
efectúa progresos, por lo menos parciales, en aquellas áre , te:mor de «ser mala- o Pudo establ ecerse con
determinadas por ciertos requerimientos del medio, relati- que - ser mala- y - estar alejada. constituian, en ~a
vos a la edad del niño. La situación terapéutica , que apoyo ::~'~;~dde Susan, eslabones de una cadena de aco.nt~cl­
el yo y disminuye la angustia mediante la comprensión pro- l -::~~~~~~!Pero Lo más patógeno era el i mpulso retaliativ~ ,
tectora y l a disponibilidad regular, influye de modo decisivo ti y agresivo que formaba parte de esta secuenCIa
en esa leve y parcial expansión yoica. Por supuesto, si la te- de hechos. En la transferencia, la niña había :egresado, de
rapia se limita a cumplir esa función, o si ella misma repre- lDanera fugaz y subrepticia, a la madre aremca; ahora, la
senta una insuperable situación de peligro, es preferible pos- dentificación reemplazaba la regresión.. Identificánd,:,se
tergar el tratamiento, pues se corre e l riesgo de que la tera - con la terapeuta, Susan experimentaba en fo~ tentativa
pia sólo mantenga una posi ción defensiva permanente y ca- on su feminidad : en cierta oportunldad, le 'p,dió a aquella
rente de sentido. Puede aparecer también otra alternativa. que le ayudara a coser una pollera. El ,,?nflicto sexual rea-
cuyos efectos son más decisivos y, por cierto, fatales : si l a pareció en las sesiones debido al efecto VIolento de la puber-
regresión pulsional y yoica, agudizada por la pubertad, a l- tad temprana. La terapeuta se convirtió en una compañera
canza el punto de fusión --() sea, sj se borran los límites en- que la ayudaba a efectuar insights y a poner orden en su
tre el sí-mismo y el objet<>--, s e produce una desintegración conflictuada identidad sexual y en su co.n fusiÓn respecto.de
de la personalidad equivalente a la que ocurre en la psi cosis. la conformación anatómica. Las prácticas masturbatonas
anales y la teoría c10acal salieron a la luz . Susan comenzó a
104
105
escribir un diccionario sexual; ello reveló su absoluta con IUlllr os infantiles fomenta, a su tu rno, una nueva regre-
fusión, así como su deseo de clro-ificación. Cuando se pro esta vez a capas del pasado más prim itivas, más peli-
dujo la regresión típica de la adolescencia temprana, aqu y, genéticamente, más profundas. En el plano clí-
lIa tuvo un carácter diferente al de las manifestaciones r se puede observar este concepto eD. los progresos de
gresivas de la primera etapa del tratamiento. En esa épocll, con respecto a la resolución de síntomas; ello se logró
dichas manifestaciones habían constituido, simplemente, 1.. y por etapas, eD. un moviIDiento sesgado: cada
afirmación de posiciones infantiles que la niña nunca hablo .U t.c. ón parcial producía UD. avauce en el desarrollo y
abandonado . hacía posible, a su vez, una aproximación terapéutica
La diferencia entre ambos tipos de regresión reside en C8 a la patología esencial .
too en un caso no hay ningún progreso esencial hacia
ciones pulsionaJes y yoicas más evolucionadas. mientraH
posl ~a.DO.O la terapia se realiza dentro de un periodo del de-
o, se halla sujeta, necesariam.ente, a las fluctuado-
que en el otro se regresa desde una posición evolucionadn del _éxito y el fracaso~ . Seria un error, originado en la
hasta una más primitiva. Si tenemos en cuenta esta distin · .~~~!::,~:,1Yr.,
I
· en la estrechez de miras, darpor terminado
cuando los síntomas del paciente ofrecen un
ción y nos referimos a la regresión como descriptiva o dinó-
mica , podemos decir que la regresión de Susan era, a los 1:1 ",d"o más favorable . Este pensamieo.to nos lleva a consi-
años, específica de la fase y , por consiguiente, de [ndole d i· el proceso de . elabor aciówo y su papel decisivo en la
námica . La. condición previa esencial para una auténtica re .. ..oc"a. Hacia él dirigiremos, pues, nuestra atención.
gres ión es el logro de UD.a posición más avanzada desde la
cual sea posible regresar. La regresión descriptiva equival
dría, pues, a la reafirmación de posiciones pulsionales qUI>
nUDca han dado l ugar a transformaciones del desarrollo.
El caso de Susan revela con toda claridad los nexos exis-
tentes entre e l estancamiento p ulsional y sus nocivos efec-
tos so~re las funciones yoi cas. Cuando finalmente pued
prodUCIrse la regresión dinámica y obligatoria de la adoles-
cencia, es preciso que el yo haya avanzado hacia un niv I
más adecuado a la edad; es menester que se haya emanci-
pado, en gran medida, de la dependencia con respecto a las
pulsiones, y fortalecido, simultáneamente, mediante la ere-
ciente diferenciación de funciones. La función más relevan-
te en este Inomento es la capacidad autoobservadora del yo,
la cual asegura que los aspectos o componentes de este, in-
fluidos por la regresión, no pierdan contacto con el estad
yoico más evolucionado que ha constituido e l punto de par-
tida de dicha regresióD.. La regresión a dolescente --en este
caso, p readolesc en t e - suele ser transitoria Y2 en conse -
cuencia, no es patoguomónica ; su aparición en la terapia de
Susan fue bien acogida, desde un punto de vista evolutivo.
Podríamos decir, en forma esquemática y metafórica, que
cada vez que el yo adolescente retorna victorioso de una in-
cursión regresiva que ha culminado con la d estrucción d e
una u o tra de las quimeras del pasado, la competencia yoica
se amplía. Este incremento del poder de dominio sobre los

107
106
que protege y promueve el proceso terapéutico es la
9. El concepto de «elaboración» desde terapéutica. Esta opera independientemente de la
el punto de vista del desarrollo IUlm'!Ía de aquellas fuerzas poco dispuestas a participar
la l abor terapéutica. De hecho, es ella la que gradual·
convierte estas fuerzas en egodistónicas. Este mismo
IDI:lIl9oconsolida la capacidad observadora d.e l yo y lo transo
en centro de atención, promoviendo así la autoobser·
y la introspección. La terapia las utiliza ampliam~n.
realidad su misllla existencia depende de ellas. El m·
Un aspecto singular de la psicoterapia es que su duración deL niño 'con respecto al origen y el propósito de sus
no está determinada por el tiempo que le lleva al terapeut ",ns,,,s, el hecho de enfocar ciertos detalles de la conducta
comprender la enfermedad del paciente. Si así fuera, el pro observarlos en C01IlÚD, el recuerdo y las asociaciones
ceso sería más acelerado y Susan no hubiera necesitado lP<,nt;ár,e'ts del pequeño, todas estas características de l~
permanecer en tratamiento casi cinco afios. Su terapeuta "',D,a de niños sirven para derribar las barreras defensl-
comprendió muy rápidamente cuál era la naturaleza de su y familiarizar al paciente con las raíces de su malestar.
enfermedad: la historia personal y familiar de la niña, sus productivo movimiento terapéutico da como ~su1tado
síntomas, su conducta durante las sesiones, sus comenta- parciales en la resolución de síntomas, segwdos, pa·
rios, sueños y fantasías, todos estos materiales habían sido ica.mente, por estancamientos e, incluso, retrocesos.
reunidos, sin ninguna dificultad, al finalizar el primer año. clínico no desconoce el hecho de que, aun cuando las
Ello dio como resultado una comprensión adecuada de In ~~~~~~cil~~ y defensas yoicas hayan sido tratadas en forma
enfermedad, en lo que se refiere a sus aspectos genéticos ¡,; permanecen todavía ciertas .adheren~ias. a las
dinámicos y estructurales. Además, las tres instancias psi: IDlricione,. instintivas o modos de descarga pulslOnal a los
quicas ~Uo, yo y supery~ habían revelado, por aquel en· alguna vez se consideró COlJlO refleJo de una cu.alidad de
tonces, qué papel desempeñaban, respectivamente, en la instintos mismos. Hemos caractenzado este tipo de re-
~rturbación de la niña. No obstante, ese conocimiento, por ",~e:nciia -dado que se halla fuera del complejo conflictivo
nco que fuera, no bastaba para acelerar la recuperación de por lo tanto, del ámbito del yo- como no defensiva: Su
la paciente. La razón de ello es obvia. .... r7... varía mucho según el caso, y podríamos definrr el
Cualquier pensamiento, confrontación, explicación O in· -;:~::~~ de ~elaboración. como un esfuerzo sistemático para
terpretación comunicados al paciente deben complementar. lt l as resistencias DO defensivas o del ello hacia la 6rbi·
se, en este, por una capacidad equivalente para aceptar e conClicti,ra. Siempre que se resuelve un conflicto entre la
integrar los planteos del terapeuta. Dicha capacidad debe ,,'¡Sll0n y el yo, quedan algunos derivados de aquella ~e
atribuirse al yo. Por consiguiente, el terapeuta sólo comuni· escapado del alcance del yo observador. Estos repl.'e.
ca al paciente los conocimientos e insighJ.s que este puede o escondrijos de l a personalidad, en los que sobrevrve
aprovechar en forma integradora y adaptativa, en la etapa patología originaria, deben suprimirse del todo ~a ob-
deL tratamiento de que se trate. Esta regla técnica supone ner la cura. En esto reside la tarea de . elaboraC1ón»; su
que al deseo consciente de mejorar por parte del paciente se objetivo consiste en asegurar cada logro terapéutico p~ciaJ.
le oponen, durante un período indeterminado, poderosas in· Greenacre sugiere que existen casos en los que clertas
fluencias que no se someten al controL volitivo. Las expec· fantasías infantiles típicas adquieren .-una fuerza, forma y
tativas, miedos y fantasías de Susan en relación con el tra· pliSO especiales por repetición, al verse confirmadas. por
tamiento pusieron de manifiesto un cúmulo de influencias acontecimientos externos• . l En el caso de Susan , dicho
que mantenian el estado patológico relativamente intacto.
Como veremos luego, no todas ellas podían interpretarse 1 P. Greenacre, -Re-evaluation oribe Process ofWorking Through».
como resistencias. Inúrnatio"al Jaurnal of Psycho-Analysis, voL 37, 1956, pág. 44{).

109
108
acontedrlliento es el - año de exilio~. Este hecho --<lue no ' ..;ione,s. Tales logros fomentan la integración y la consoli-
constituye en sí mismo el trawna originario que la terapi a
:
~::. ~d~e~l~yo . Las nuevas posiciones pulsionales y yoicas
debe d escubrir- aparece, sin embargo, como el tema del una detención o un .i.m pase~ temporarios de la
p roceso de elaboración, pues encarna el principio organiza- terapéutica. los que a menudo se consideran posicio-
dor de la enfermedad emocional . Gr eenacre se refiere al h e- defensivas . Puesto que no permiten analizar las defen-
cho de que las experiencias y conflictos infan tiles genéricos se los suele denominar «resistencias- , Surge espontá-
reciben una valencia especifica y patógena cuando se orga- •.••• n:'e[1"" la idea de que se trata de resistencias del ello;
nizan alrededor de algún aco n tecimiento que corrobora las embargo, lo que observamos no corrobora este punt o de
experiencias anteriores dispersas y las fantasías conexas, Después de transcurrido algún tiempo -durante el
reuniéndolas en una experiencia total cuasi traumática. La la consolidación yoica ha seguido su curso, a menudo
reconstrucción de las experi encias o fantasías infantiles .1I'to-, advertimos con sorpresa que se produce un regreso
más tempranas no tendrá, por sí sola, un efecto curativo; ",)Or,tBlll"o al complejo patógeno y que el trabajo terapéu-
también se requiere elabor ar el acontecimiento cuasi trau- se pone de nuevo en marcha. La maduración yoica obte-
mático en torno del cual se han organizado los antecedentes durante la pausa terapéutica no sólo facilita la tarea,
preedípicos. En contraste con el análisis infantil, la psicote- que la impulsa hacia adelante.
rapia de niños subraya, fundamentalmente, esta elabora- El hecho de recuperar el ímpetu terapéutico pone de ma-
ción del hecho organizador_ iIlIfi.,sl., una significativa diferencia entre esta etapa y las
Toda forma de terapia infantil ocurre en el contexto de un pn,cEod,.rJ tes. El terapeuta se halla en condiciones de alcan-
proceso de desarrollo_ Esto me impulsa a ofrecer una con- ahora, a través de expresiones simbólicas o manifesta-
cepción evolutiva de la elaboración y a relacionarla coo .,emes derivadas, posiciones pulsionales más prirllitivas.
aquellas resistencias que no pueden interpretarse como de- no se debe simplemente al mayor grado de familiari-
fensas en el tratamiento de niños. En aras de la brevedad, del niño con ]a terapia o a su creciente confianza en el
designaré estas resistencias con e l nombre de «evolutivas"'. Si bien estos factores ejercen, sin duda, una Íll-
Ya que estas se hallan fuera del ámbito del conflicto, es pre- '.a~lerlcia positiva en la profundización del tratamiento, hay
ciso introducirlas en él durante la terapia. Cabe señalar aspectos vinculados con el desarrollo que merecen que
que parecen ligarse inevitablemente con las secuencias evo- prestemos atención.
1u tivas, a lo largo de la formación de la personalidad. En ta- Al reconstituir l a secuencia normal del desarrollo me-
les casos, podemos ver cómo cada etapa del desarrollo lleva " ian,te la tera pia, observamos que el trauma patógeno apa-
el sello de la mstoria patógena originaria . Esto 10 observa- y reaparece repetidas veces. Este se presenta una y
mos a través de las modalidades pulsionales y las manifes- vez, aunque con énfasis distintos en cada oportunidad,
taciones yoicas, que facilitan el curso de la terapia. lo hace de acuerdo con la modalidad pulsional y yoica
Debemos reconocer, sin embargo, que en ningún momen- que corresponde a la fase evolutiva que el niño
to especifico del tratanllento tenemos oportunidad de inves- alcanzado o vuelto a experimentar en determinada eta-
tigar la totalidad del complejo patológico. Sólo es posible del tratarlliento. De acuerdo con ello, la . elaboraciÓn. re-
tratar problemas parci ales, o, para ser más exactos, los pro- una recapitulación evolutiva del núcleo patógeno, a lo
blemas sólo pueden tratarse parcialmente. La experiencia de las secuencias del desarrollo. Por consiguiente, el
patógena y sus secuelas conllictivas son pasibles de investi- n'''''''U patógeno aparece, desaparece y reaparece en todos
gación, en cualquier punto de la terapia, sólo en la medida loa niveles del desarrollo psicosexual. Una función implícita
en que estén relacionadas o en consonancia con la organiza- d. la terapia es corregir las secuencias incompletas o dete-
ción pulsional y yoica que se ha alcanzado en ese momento Idas de la progresión psi cosexual y, en forma concomitan-
preciso del tratamiento. • promover la diferenciación yoica. El nivel de desarrollo
La terapia aspira a suscitar un movimiento progresivo de n el que es posible sacar a la luz el proceso patológico, en
las pulsiones instintivas mediante una distensión de las un punto deterrllinado de la terapia, depe nde de la etapa

110 111
una p r ogresión del desarrollo que seria preferible no
del desarrollo yoico; no está subordinado de manera simph "".rlt 'lr, o se lo ve como una resistencia al tratam.iento
y to.tal a la pres,:"cia o ausencia de resistencias yoicas, Inl habría que examinar para superarla.
carusmos defenslvos o reacciones de transferencia. este punto, d.e bemos admitir que las interpretaciones
Auna Freud 2 afirma que la elaboración requiere, no S 1" ntes a l as defensas no surtieron efecto alguno. Por
las facultades yoicas de asimilación e integración. sino tam II:!~:~,:~; la resistencia manifiesta de la niña reflejaba,
bién la disponibilidad de un yo observador y observado. E I necesidad de que los procesos integradores
ta concepClón pone el acento en la interrelación del movl ",'p"e:ran su co=etido o, en otras palabras, que el yo se
miento progresivo de las pulsiones instintivas con la difl "'.Jc!Ciera y diferenciara. Se trataba, pues, de una . resis-
renciación yoica. El proceso de elaboración equivale a es! '0 del desarrollo • . Este tipo de resistencia se halla al
correspondencia dinámica. de la labor terapéutica; puesto que constituye una
Volveremos ahora al caso de Susan con el fin de relacio de l a integración del yo, debe considerársela un re-
nar la tesis que hemos expuesto con 'el curso de Su trato 1II'lito previo para regresar al tema patógeno. Como pudi-
miento. A esta altura, el lector ya está familiarizado con I observarlo en la terapia, esta resistencia era producto
datos clínicos pertinentes. Lo que introduciremos en esto una confrontación con la intensidad y la cualidad especí-
punto es una nueva dimensión, que nos permitirá consid de su iInpulso anal-sádico. Sólo después de haber obte-
rar desde otra perspectiva el material que conocemos. Eso un grado mayor de fortaleza yoica, Susan pudo deseen-
dimensión es la conceptualización evolutiva del proceso d a niveles más profundos de su desarrollo desviado, sin
elaboración. mentar una angustia excesiva. A la presunta deten-
Ya nos hemos referido en detalle al Suceso traumático (01 de su tratamiento le acompai'ió un cambio en el conjun-
eai'io de exilio~) que sirvió como experiencia organizadora de sintomas, pero no, por cierto, en la enfermedad. Cuan-
de toda la gama de heridas preedípicas inferidas al desarro. se llegó a este punto de la terapia, las pesadillas desapa-
llo. Lo primero que Susan reveló en el tratam.iento fue el 'eron Los problemas relativos al aprendizaje pasaron,
papel que cumplía la fijación anal en su vida emocional. Lo a segundo plano; por otro lado, la enure-
niñ~ dedicó muchas horas a sus orgías de sensaciones (eo. lo necesidad de mentir se acentuaron . Llegamos a la
suclar, revolver y oler). El hecho de comerse las heces sim- IDI~cll U!¡jó'n de que debía darse tiempo al crecimiento yoico
~ólicamente rep!esentado por las dactilopinturas y {,or el que se fortaleciera, antes de tratar de nuevo las fija-
Ultento de agraVIar a la terapeuta tocándola con materia fe - Ilone,s pulsionales y los déficit del desarrollo. El joven pa-
cal, puso d~ manifiesto hasta qué punto los impulsos orales 'el.. n.te suele dar la señal de que se ha alcanzado este punto;
y anal-s.ádicos se mantenian en la plenitud de sus fuerzas . ...,l()nc,e,;, el niño y el terapeuta vuelven a unir sus fuerzas
La magIa cumplia una función de suma importancia. Esta poner en =ovimiento el desarrollo progresivo, liberán-
resurgimiento regresivo terminó cuando Susan decidió, en aún más de sus trabas patógenas.
f0r:n:l". bastante rep~nt!-na, trabajar y dejar de jugar. Lo dijo Cada vez que la exploración de estados infantiles se inte-
y lo hizo. A ello le SlgwÓ un período de resistencia descripti- 'llTuropía, tenía lugar una fase de crecimiento yoico, de con-
va, si no djnÁmica. ",\ldación y de esfuerzos adaptativos. Basta recordar cómo
~abe preguntarse si este CB.IIlbio anunciaba un aleja- I repetición y la investigación de la envidia fálica dio pie
~ento ben~?ClOSO de posiciones infantiles, o reflejaba la ara que la feminidad se afirmara; cómo la exploración de
re~stauraCIon de la organización defensiva que habla man-
~mdo hasta ~nto,:,-ces.' inta".to .e inmutable, el complejo de
r. • masturbación anal (cloacal) fue reemplazada por un
vuelco hacia la actividad organizada. mientras que a la ex-
smtomas. La ImplicaCIón practica para la terapia reside en ploración de la masturbación genital (fálica) le sigllió ~a
la siguiente alternativa: o bien se considera que este Catn- conciencia social más amplia; cómo, en lugar de la atracCIón
rogresiva hacia la madre preedípica, que comprendía su.s
2 A. Freud, Norma.lity and Pathology in Childhood Nueva York: ndencias pasivas, emergió el -autoritarismolt y una maru-
InteroatiooaJ Uoiversities Press, 1965, págs. 27 Y 221. '

113
112
festación de eufórica independencia; cómo la etapa d o 1ft
~dentidad bisexual permitió identif'icarse con el padre , " ",iZllción entre el desarroUo psi cosexual, l a maduración
1mitarlo; cómo la investigación del año de exilio y la cal y la int egración social amplió, a s u vez, la aut onomia
trófica pérdida de la madre confirió un carácter compuls 1V1 hasta el punto de que las nuevas condiciones de stress
y restitutorio a la b úsqueda del pene. ".oo.s a la maduración no pudieron tomar contacto con
Una vez que se llegó a la «experiencia organizadora», fu d el traUlDa, except o en forma adaptativa [Blos,
posib le interrelacionar las distintas tendencias patógenll
aisladas de la vida temprana de la niña, facilitando así un H.'.sta que el desarrollo no cese y las influencias mutuas
avance ulterior en el desarrollo de su personalidad. E s l 108 condiciones inter nas y externas se est abilicen firme-
síntesis, caract erística de la fase final de la terapia, C0111 no cabe afirmar con certeza que el estado patógeno
prende la totalidad de las tendencias patógenas, sin d ej r, perdido su valencia O s u impulso, o , en otras palabras,
en el caso ideal, ningún enclave en e l que algunas de ell(,. ha dejado de existir. La imposibilidad de alcanzar este
puedan perpetuat"Se. El reiterado regreso al tema patógclIlI en La vida bumana es claro indicio de la relatividad
p ermite q ue una gama cada vez más amplia de componen éxito terapéutico. No obstante, la confianza en el proce·
tes pulsionales no integrados se incorporen al complejo COII de _elaboración _ nos gar antiza una mayor aproximación
flictivo. Este oscilante proceso de elabo ración caracteriza 111 meta de la terapia .
terapia cuando eUa tiene l ugar dentro de cierta etapa d -1
deSBlTollo .
Esto significa que toda vez q u e en el tratamiento se a l
canza un nuevo nivel d e int egración, los residuos del nú cleo
patógeno originario permanecen inaccesibles durante u r,
tiempo; estos últimos no permiten analizar las defensas y,
después de algunos titubeos, vuel ven a aparecer. Se prese n
tan entonces d e acuerdo con la modalidad de l a fase del dl'
sarrollo a la que se ha llegado o que ahora predomina.
este modo, es posible conocer cada vez más l os r esiduos del
conflicto y la fijación, e investigados en los distintos nivel .
del desarrolIo y la actividad psíquica. En ello consiste 01
proceso de el aboración.
Cuando e l tratamient o concluye dentro de un proceso dl\
desarrollo, siempre queda l a posibilidad de que los restoR
patógenos sobrevivan, para afirmar se en la época en que I
maduraci ón origina UD nuevo stress de desarrollo. D e e sw
modo, e l concepto evol u t ivo de «elaboración- explicaría el
hecbo empínco de que, =ando la terapia termina en la ni
ilez o en La etapa inicial de l a adolescencia, a menudo d e b
reanudarse en la adolescencia tardía O en Los comien.zos d
la edad a d u l ta . Parece ser inherente al d esarrollo La impo-
sibili dad de pronosticar un resultado de largo alcance de la
terapia durante el estadio de inmad urez. Estamos acostum·
brados, por supuesto, a casos de terapia d e niños en Los cua·
les un resultado favorable permi t e hacer frente a un stress
emocional ulterior. Suponemos que, en tales casos. la si n·

114 li5
instintiva l a culpa, la angustia suscitada por el daño
10. Evaluación estructural y evolutiva la r enu'ncia y la fantasia de restitución confonna·
de Susan a los 13 años circul o vicioso. Se seguia este curso con una pre·
de causa y efecto. D e este modo, la energía psiquica
....nE'cía ligada a un sistema defensivo del que Susan no
escapar. Estaba en marcha un desarroll~ ano~~
duda asumiría, al terminar la adolescenCia, la ng¡-
una organización desviada de la personalidad, a me-
ue i n terviniera la terapia.
Debemos examinar ahora con mayor detal le el problo"'1II Infl uencia del superyó en el desarrollo desviado d~ Su-
de la finalización del trlstamiento . Cuando el terapeuta ocupa un lugar predomina.nte dentro del.cuadro clínic~ .
cid e darlo por ter minado, sigue ciertos lineamientos r..._. I .• • 1 fin de establecer su oTlgen y de medir su profandl-
mentales . Sostenemos que sólo una evaluación esrn,r' ...... debemos relacionarla con sus dos fuentes , una de las
y evol utiva del caso puede sentar las bases para una d~" se halla en la etapa preedípica de las relacione~ o.b-
sión válida en cuanto a la continuación o la finalizaci ón ti y l a otra en la edípica. La severidad y el prurutiV1s·
la terapia. Aplicaremos este requisito al tratamiento de ., de la primer a -el s u peryó arcaico-- I?r~venían de la
san y d efinir emos e l grado de integración y funcionamien I Iy,o,,,'¡ón de la agresión infantil en sus dIstintas fo,:mas.
de su personalidad cuando la niña cumplió 13 años. resultado de la supresión teIllprana de las pul:llo.n es
Desde el punto de vista estructural, el equilib rio entre, 1 y anales, así como también merced a~ es~ableClIDlen­
yo y el ello se había desplazado en favor del primero. Er un control yoico prematuro sobre los LDStintoS prage-
indud able que las funciones yoiCBs se habían hecho más . lP.el., los impulsos agresivos y retaliativos de S~~ cre-
tables, a u ténticas y autónomas. La tendencia a alcanzar 1" en fonna desmesurada. Dado que las adqulslClo,,:es
gros estaba asociada sólo muy parcialmente con los impul precoces eran nece~arias para c.ontrolar I~s p~l,!­
sos agresivos y retaJiativos; Jo que es más importante, ya no con 10 cual se obtendría y asegurana la atencIón pOSI.tl·
era, en ~d del desplazamiento, una prueba de integr. la presencia eInOcional de la madre, esta madurez ~n:
dad genItal, de ser .niña-varón». Ahora, la paciente pode, IltA6n't íca se con virtió en prot ectora de Susan y le garantizo
gozar sin culp a del éxito. amor de aquella.
La liberación emocional de los objetos de amor printario La repetición de esta adaptación infantil a través de la
había fac ilitado la formación de nuevas relaciones objeta ralrlslfel'er.cia permitió poner a Susan en contacto con la
les. Susan comenzó a buscar modelos de identiñcación en -1 de su pulsión agresiva y con la meta y el objeto de su
medio, entre pares y adultos; entró en situ aciones social I .~:~(i~. De este modo, el superyó arcaico se hizo. menos
en las que s u necesidad de reciprocidad emocional podía ex· .. y monstruoso . La desaparición de las pesadillas, ~
presarse claramente. Se hizo de amigos. ...,ie,do a la oscu ridad y el pánico al abandono podían atri-
E l papel cumpl ido por los - logros> en el funcionamiento hu,irlse. en gran medida, a la rela~va ?eclinaci?n del s~per-
total de su personalidad había cambiad o. Si observamo" 16 arcaico. Por supuesto, lo que diSID1Duyó la influenCia .de
sus aspiraciones al per feccionamiento antes del tratamien· .te último fue el progreso de la niña en el desarrollo yOlco
to y durante los períodos de resistencia, se hace muy evi · 1 psicos exual. . ' .
den~ q,,;e los logros de todo tipo -ya sea la limpieza, In Sin embargo, este adelanto haCIa una .orgBDlZaCl_ón es·
obedJencJa o la falta d e egoísmo-- constituían formaciones table del superyó edípico tardó en prodUCIrse: La senal del
reactivas y eran, por consiguiente, de índole defensiva. Su progreso fue que los sentimientos de culpa deJ.aron de exte-
conducta virtuosa no era más que una expiación compulsi· rio rizarse bajo la forma de SItuaCIOnes de peligro catastró-
va d e sus t r ansgresiones instintivas, entre las que se desta· ficas - tales como ser destruida, devorada Y abandonada
caban la masturbación y las faotasías agresivas. La gratiñ · por UD ambiente persecutorio que, en esencia, representaba

117
116
Lo preadolescencia en la mujer
a la madre mala y arcaica-o Por el contrario, la culpa h
pica es producto de conillctos intcrsistémicos que buse .. " consolidación del período de latencia permite que a~a·
resoluciones internas de carácter defensivo o adaptati\'l' las características especificas de la preadolescenCla,
Además, la progresión evolutiva de Susan hacia un OIY I uales no deben confundirse con una mera intensifi~a.
superior de integración se manifestó de dos manerll de las posiciones pulsionales y yoicas infantiles. El m·
cuando la identificación comenzó a reemplazar la posesu\n ,m"-"'" prepuberal de las presione~ pulsi?nales prod~ce
del objeto, y cuando los logros se convirtieron en un medl preadolescente un vuelco regreslV? hac1a 1,;, pregeD.lta-
para regular la autoestima y la participación social. l Además, en el ámbito de las relaclOnes obJet~les apa·
Examinemos ahora los cambios experimentados en rol .. UDa tendencia regresiva. que se encauza Mela la ma-
ción con e l esquema corporal. Fue posible seguir su tran preedipica o, para ser más exactos, h.acia la madre .sr:
forlDSción, desde el yo corporal cloacaJ hasta el fálico·· clit", de ]a infancia. La expresión de los lDtereses y activ]·
rfdeo, para culminar. por último, en una comprensión pregenitales se liruita, en gran medida, al circ~l~ de
aceptación de los genitales de la mujer y de la totalidad d I 1II1,l{a'8, y provoca las risitas sofoc:adas y .l os secretos tiP1CO~
cuerpo como femenino, atractivo y completo. Esta progn ta edad. La tendencia regreS1va haCIa la madre preedi·
sión no fue espuria, porque corrió paralela con la progr , ya ser nutrida pasivamente suele ser re~~! sobre-
sión yoica, en términos de un sentido y una comprensión d ~pensadla por medio de la acció~ y la teatralizac~on.
la realidad más maduros. Este adelanto yoico relativo a 111 vuelco hacia la heterosexualIdad, en la realIdad o 'a
comprensión --<>s decir, a .la capacidad de distinguir enlr es 'a principal maniobra defensiva para ~t;ar el
ideas y percepciones»--2 se puso de manifiesto en el apren IIIUllaS,",'as' relaciones objetales regresivas; por conslgulente,
dizaje de Susan, en el hecho de entender la causalidad y 111 de l as cualidades de feminidad y no implica una au·
lógica y en su capacidad para planear y organizar. orientación heterosexual. A esta edad, la niña juega
Como puede deducirse de esta descripción metapsicológl ller una -KmujercitatoJ ; lejos de ser femenina, es La agresora
ca, los cambios en el funcionamiento de la perscnalidad ob el juego del amor. Familiarmente, esta es la e~pa del
servables a los tres años eran inteligibles en cuanto cam adolescente~ . El conflicto de la preadolescenCla en '.a
bias estructurales, los únicos permanentes. Además, de e9 reside en la tendencia regresiva que amenaza sumll'
te tipo de cambios cabe inferir que la energía psíquica dis, niñ.s en posiciones infantiles, y su tarea consiste en re-
ponible se había puesto al servicio de la adaptación, En su· ' r con éxito esa regresión. Durante esta fase de rees·
ma, podemos decir que Su san estaba preparada ahora par psíquica, la relación de la niña coo la madr.e
enfrentar los conflictos y tensiones de la adolescencia pro, el sello de la ambivalencia iofantil, antes que. de. la n·
piamente dicha y la adolescencia tardia. YllIl,oa.O edipica; de hecho, la regla es que ambas colDCIdan.
Es preciso complementar ahora esta evaluación estructu·
raJ con una evolutiva, la cuaJ requiere un modelo normativo
que posibilite comparar o evaluar. A continuación, expon·
dré en forma sucinta el modelo de la niña preadolescente y ) La adolescencia temprana en la mujer
la adolescente joven, pues estas son las fases del desarrollo
con respecto a las cuales debe evaluarse la posición de Su- La fase de la preadolescencia se desliza eo forma ~I?er.
san a los 13 años !Blos, 1962). eptib'e hacia la de la adolescencia tempran~. Esta úlbma
• caracteriza por la posición bisexuaJ de la nii?a. que ahora
1 Para un análisis de las etapas diádi ca (preed fpicn) y tri ádica (edf
• la proverbial _marimacho>. No obstante, dich~ papel no
pica) de las relaciones objetalcs. véase -Ben-. capítulo 16. , mpre se manifiesta e, incluso, puede se~ ,sustituido ~T
2 H . Bartmann ... Notes on lbc Reality Principie .. ( 1956). en H una autocontención narcisista . Ambas poslclones nO Orlgl'
HartmanD. EssaysonEgo Psychology. Nueva York : lDternation Uni· lUirían lIlayores conflictos en este período, s i no fuera por-
versities Presa. 1964, pág. 256.
119
liS
que la maduración exige implacablemente integrar los rol • la esfera de la exp~rimentación mediante la fantasí~;
sociales y los cambios corporales (primera D1enstruaciÓllI indicativa d e esos estados yoicos fluidos que caracten-
en un esquema corporal coherente y estable, así como su r la personalidad esquizoide. . . ._
ticuLación sociaL El conflicto de la adolescencia temprOllll cuerpo de Susan se cargó de libido narcls.,sta; la n,:-,a
gira en torno de la bisexualidad, y la tarea de esta fase COII ....iIIleIltó entonces la sensación de estar fís1.c8lllente m-
siste en resolverLo facilitando a la adolescente una imagt·" así COlllO un sentimiento de amor a sí m isIlla. Queda-
femenina de sí misma. La lllovilización de defensas nur pocos residuos 'l.ue recordaran su estado de desespera-
cisistas --que pueden asumir, en esta etapa. proporciono cuando estaba segura de que s u cuerpo y su mente se
notabl es- favorece este fracaso. Es posible observar sigo II"D'~ " mal puestos-o Ahora experimentaba con s~s e,;,--
anticipa torios de amor romántico, así como todo tipo de BIT! felllerunos Y advertía con placer el poder que eJ.ercla
be1lecimientos, en un intento por acelerar artificialmente ,-1 llluchachos. La disminución de su compete ncIa re-
t ielllpo de llladuración. La in versión defensiva de estas ten U.,ti'va con estos le permitió resolver su _complejo viril-o
dencias, como en el caso del ascetismo, no hace más q\.u .upuesto, la atenuación de su runbivalencia ~antil ha-
destacar su naturaleza conflictiva. la madre también desempeñó un papel esenCial en este
IICBS<>, lo cual se reflejó en un sentido más estable de sí
De lo dicho acerca de las dos fases iniciales de la adol
cencia en la mujer se deduce que, normalmente, aparece un ~'''ti'''''' comenzó a senti .... e similar a las otras niñas, no un
cúmulo de adecuaciones a la pubertad que se ajustan a I IDIncllo de la naturaleza ni una curiosa mezcla de varón y
gunas categorías generales de la psicopatología. En la m , Su sentido de sí ntisllla adquirió una estabilidad de
dida en que ellas operen para favorecer el desarrollo pru cuño, lo que le perntitió afrontar Jos peligros psi.col~
gresivo --es decir, si promueven el proceso de reestructll de una enfermedad (gripe) y de una nueva hOSPlt~­
ración psiquica- son específicas de la fase, O sea , se hall 11 de su madre, víctUna de UD episodio psic6tico. La m-
dentro de la esfera del desarrollo nOTlllal y no indican pSI era capaz de considerar abara la enfermedad de la m~­
copatología . Sin embargo, no debe olvidarse que las ad,,· sin que se reactivaran la rab.ia, la culp~ y l~ autoderu-
cuaciones específicas de la fase rep r esentan siempre punto ,:::,~i~n!fantiles, y sin que volv1era a sentirse Lncompleta
de crisis evolutiva e implican un alto grado de riesgo, cornil li de que se hubier a infligido un daño irreparable
lo demu estra la irrupción relativ8lllente frecuente de enfcr· U cuerpo Y a su mente. Las representaciones objet.ales y
.m.edades emocionales (neurosis, delincuencia, psicosi s ) on sí lllÍsma ya no se hallaban sujetas a .despl~amJl:mtos
las coyunturas críticas del proceso adolescente. .~=~~.~:;~ rápidos y fáciles; por el con trano, en sJtu'.'CI~mes
Si volvelllos nuestra atención hacia Snsan y observaroo. 11 se D1aDtenían bastante bien dentro de sus lúnites.
su personalidad a los 13 años, vereD10S el siguiente cuadro juego que Susan llevaba a cabo an~s de don;mrse re-
Las manifestaciones regresivas han disminuido en favor d de modo encantador e] flujo y reflUjO de movll1llentos
una posición defensiva. con constantes incursiones en el du "'!l'Csj"os y progresivos tan caracte.rís~icos de u n.a niña de
sarro11o progresivo y adaptativo. La n:iña ha aband onado años. Dicho juego estaba constitUldo por vanos roles y
(reprimido) y superado la necesidad -tan grande duranlt s distintos. La almohada podía ser la llladre, a la que
la terapia- de regresar al ámbito de ]a pregen:italidad. A ....
n·niñ
,aa se abrazaba, buscando s u suave contacto; o b.ien
modo de prueba. se vuelca abora hacia las tiernas emocio· ser Billy, su presunto amigo, al 'l.ue ar'ena;; CO~OCla y
nes del amor romántico. Sin e=bar go, este no se halla liga· nunca habia hablado, pero cuya UDagtIlana pro·
do todavía a ningún objeto; Susan se debate en un mundo q,u"ula llenaba de dulces elllociones. En una variante de
de fantasia, que comparte con una amiga a call1bio de I • escena previa a quedar dormida utilizaba s11:s m.anos,
fantásticas fabulaciones de esta. La tea tralización con 111 ya n o necesitaba para masturbarse compulslvamente
amiga. en la que runbas representan a una pareja de aman · la cama Una mano representaba a un varón, y la otTa, a
tes, turnándose en los roles masculino y femenino, pertenc niña --<>, bien podrí8lll0S decirlo, runbas representaban

120 121
a Susan-. Esta orientaba a una de las dos para acaricl I nCJUgarse de conducir hacia la madurez al organis·
münar a la otra. crecimiento incluidas sus persistentes debilidades,
Esta escena constituye el paradigma de las tendencia" I~ .....nci:as y pr~osiciones . Estas considera<:,ones detar·
sexuales y narcisistas en ascenso durante la fase de la ,1 n •• n,u que se decidiera finalizar el tratamIento en un
lescencia tempr ana. La vida de fantasía de Susan perúl"'..•• "'Oflto en que Susan ya había pasado la preado]escencia
ahora al dominio de las etapas iniciales de la aclolescerlllllj ataba internando a tientas en la fase de la adolescen-
ya no tiene la monotonía defensiva que poseía algunos I .... mprana.
atr~s . Su ami~~d con niñas, SU interés en clubes y orglllll ando se decide concluir el tratamiento, los problemas
zaClones de runas, y en fiestas planeadas para evitar UII nitlo o el adolescente no se han superado del todo y para
excitación excesiva entre ambos sexos, todo eUo habla o 1, La terapia puede contabilizar estos logros iInpor·
c~aras de sI;' ~reciente capacidad de participación . Lo 1'" la distensión de las fijaciones, la liberación de enero
c~e~te adq\llrló el rol social correspondiente a su compel,." psfquica mediante la resolución de síntomas, la adquisi·
Cla mterpersonal y sus normas morales. de un manejo adaptativo de la tensión por parte del yo
Debe esperarse que el interés en la terapia disminuv paralelamente, la ampliación de la esfera Libre de con-
c.uando 1a vida del niño se vuelve más satisfactoria y aLr i, de este. Todos estos cambios en el funcionamiento de
ti,:,a. El hecllO de que ello OCurra debido al compromiso a." personalidad debidos a la terapia. pueden resumirse di-
fildo por Susan respecto de su v ida social y las actividad., el d~sarrollo ha superado el estancamiento, la
escolares debe concebirse en términos de una correcta dedl .l1rlOVlJl10ao , y recuperado el ímpetu del crecimiento. Esto
ca<;ión ~e acuerdo con su edad- a esos asuntos, y no at.rl te tener la certeza razonable de que el desarrollo se-
bUIrlo SImplemente a la - resistencia». Sólo cuando un esto ni en adelante un curso progresivo. La decisión de poner
do de indiferencia u oposición tiende a mantener los ag 1\
te~ patógenos fuera del alcance de la terapia, y a abort.nr
°
• .,mlno a la terapia de un niño un adolescente enfrenta
terapeuta con consideraciones más perturbadoras que
aSI el proceso terapéutico, puede hablarse d e resistencin ",.anoo se recomendó iniciar el tratamiento. Aun cuando un
Pero cuando las regresiones específicas de la fase constilu adolescente como Susan se comporte mejor , de
ye?- el preludio de un progreso pulsiona l o de una expan si h ."'~eroo con su edad, y se balle indudablemente mejor in·
yOlca, es menester evaluar en términos d e l desarroUo la a i t.¡'Ill"a.io y sea más eficaz en sus actividades cotidi anas, de
~tud de indiferenci a hacia la terapia. Lo que aparece a 1.. ~ ~,dc'8 modos tendni que hacer frente a las tensiones y con-
Simple observación como huida de la terapia, bien podrr.. letos específicos de las etapas evolutivas ulte~ores. En
ser el mod~ en que el joven paciente pide al terapeuta qu. tras palabras, si el paciente adolescente m8Dlfiesta las
n.o ~bstaculice sus esfuerzos por dirigir por sí mismo su cr acciones típicas de un estadio del desarrollo, el terapeuta
Clffilento o, como suele decirse, «arreglárselas por su propiu d berá enfrentar una tarea sutil y dificil: discernir entre la
cuenta ». La resistencia de este tipo es de un orden absolu .Intomatología transitoria de determinada fase y la perma-
tamente distinto, y sus reclamos deben tenerse en cuenta. n"ncia de la patología originaria , que, al parecer, no ha ce-
La diferenciación que hemos esbozado sólo puede alean dido ante el tratamiento.
zarse superando grandes dificultades. No podria ser de otro Por ejemplo, los conflictos específicos y los ajustes transi-
modo, pues sólo tenBIIlos a nuestro alcance una evaluación torios de la preadolescencia entrañan problemas tales como
r elativa, no a?solut.a. del equilibrio entre los dos tipos difo- la regresión, la bisexualidad y el narcisismo, junto con de-
ren~s de reslstenCla. Pero el hecho de que esa evaluación ~ nsas tipicas. Sus valencias patognomóuicas pueden detec-
se~ ~c?mpleta no justifica que ignoremos el problema. En tarse mejor s i rastreamos el curso anterior del desarrollo.
pnnClplo, yo estaba convencido de que la creciente falta d Ksto le permite al clínico formarse una opinión en cuanto a
interés de Susan por el tratamiento representaba una afir. lo especificidad de los cambios en la conducta. Esta evalua-
mación legítima -es decir, específica de la fase- de su d ción aportará un argumento razonablemente válido para
sarrollo progresivo. Una vez puesto en libertad, este último decidir si el tratamiento debe finalizar o continuar. En al-

122 123
gunos casos, lo indicado es una interrupción de este últ "'"
a la espera de que la labor terapéutica pueda reanudara
,........... ~~ parte. Ben: La etapa inicial
completarse, de modo más eficaz y perdurable, en on 111 la adolescencia en el hombre
mento ulterior. Por supuesto, debemos preguntarnos SI 111
pre hasta qué punto el funcionamiento modificado do I
personalidad se debe a la terapia, y en qué medida ello •
producto del crecimiento y la maduración.
Problemas clínicos COIllO estos Ille llevaron, al principio,
investigar el proceso adolescente en su conjunto, en témll
nos de las pautas de secuencias específicas de cada fase. FI
bosquejo y la descripción de las cinco fases de la adolt••
cencia fue resultado de mi trabajo analítico con adolesctlll
tes. Los datos clínicos dieron lugar, en forma gradual y ~II
el transcurso de muchos años, a la formulación teórica d
las secuencias que abarca el proceso adolescente IB I ,
1962, pág. 124). El objetivo de este estudio ha sido no sól ..
exponer en términos clínicos la teoría de la adolescenclll.
sino también determinar en qué medida estos criterios d,"
desarrollo pueden constituir puntos de referencia confiu
bies, útiles para evaluar, y principios que orienten el tratu
miento de las desviaciones adolescentes.

124
, El cuadro clínico

Ben tiene doce años. Obviamente, se trata de un prepú-


«gordinflón . , como es común en esta edad. Es un nino
,..'IU',""UU -bajo, macizo y de sólida constitución-. Sabe
qué entra en tratamiento; al menos, sabe qué pensaban
padres cuando pidieron ayuda. Sabe que sus padres y
maestros no están satisfechos con su conducla ni con su
.'lmpe.ñ o escolar. Su padre y su madre lo han esLado per-
iendo con reprimendas, azotes y todo ti po de castigos y
...."u""'''', a fin de que modifique su conducta. Ben posee el
de provocar a sus progenitores; sus provocaciones ti.e-
un carácter compulsivo y, en los últimos tiempos, los
iga a que lo castiguen. De este modo, logra que los casti-
pierdan su sentido. Durante algún tiempo, Ben y sus
r es se vieron envueltos en un tira y afloja sadomaso-
1"'8"" , feroz y primitivo, que dio lugar a una interminable
ad,e na de escenas emocionales. Los padres piensan que a
le debería ir mejor en la escuela, puesto que es inteli-
siendo el mayor de tres hermanos, no tendría que es-
jugando y peleando constantemente con los dos meno-
de 5 y 7 años. Opinan que e l hecho de que descienda al
de aquellos constituye un signo de su -inmadurez-o Su
Vida social se restringe al hogar: prefiere l a compañía de los
rmanos a la de los pares; carece de amigos y se halla so-
Dlalmen te aislado. La mayor parte del tiempo está notoria-
n\Cnte insatisfecho con todo y con todos. Esta insatisracción
4!neralizada oculta apenas una corriente subterránea de
dep resión y d e dolido y global resentimiento. Ben es un ni-
1\0 desdichado y rencoroso , un niño enfadado, víctima de un
mundo malévolo, un niño vengativo con razón. que sufre el
.ombrío destino de haber perdid o para siempre toda espe-
ranza de encontrar un lugar bajo el sol.
Las dificultades en la escuela ocupan un lugar destacado
n la lista de quejas de sus padres. Interrumpe la clase; ha-
bla cuando no debe; se hace el payaso de manera exhibicio-

127
nista. Puede quitarse los zapatos de forma tal que tod". 1, d ser el sostén del hogar o el hombre que ella ,:spera-
vean, o besar a un compañero para -qJTovocar risas ... o 1I fuera. El estado de ánimo que sigue a estos epIsodIos
yantar la pollera de una niña como ' chiste-. Ningún CtIst la despersonalización. Le ofende que nadie de su fa-
de la maestra o el director tiene efectos duraderos. Por I la baga sentir importante. Por su parte, .~xperunenta
contrario, parecen inducirlo aún más a provocar a la 111 l' ellos cólera y odio, junto con una sensaClon de repug-
tra y obligarla a que lo vuelva a castigar. Se lleva decidid" física. Se siente _encerrada», y dice: .Esta no es una
mente mejor con los maestros que con las maestras. Los d sólo gente que vive bajo un ntism,? te~o •. Agr~ga :
beres, en las raras ocasiones en qlle los hace. no con s li t tengo responsabilidades. para con aus h1Jos, y qUlerO
yen un problema para él; los realiza bien, con facilidad y I la familia se mantenga umda». _. ,.
pidez. Ahora, sin embargo, apenas si está en condicionca ,1 casi tres años y medio, Ben fue el ~co ~lJ?; su
pasar de grado. Aunque nunca repitió un grado, la pos,!., recuerda con placer que era ~i ñoso, ~l~mpatico Y
lidad de que esta calamidad ocurra provoca intenso p áOl I "ible. Sólo había problemas con la ahmentacton: el bebé
Y resentimiento en los padres. A pesar de estas incesanl I fCIIlru¡at'8 fácilmente cuando le daban de lllamar y se que-
dificultades, al niño le gusta la escuela y nunca falta . dormido, para despertarse Y llorar antes de la mama-
Ben es un ticqueur, con una variedad de tics; 1) en IH. .Iguiente. A mediados del primer año, el pequeño ~e ':'01-
ojos (guiños); 2) en la boca (se pasa la lengua por los l a bi • •• activo y comenzó a desplazarse en la cuna; c~mtDo al
3 ) en la nariz Oa mueve -como un conejo-); 4) en los hon. Empezó a decir palabras pronto, y a los dos anoS y. m 7-
bros (sacudimiento bilateral); 5) en e l abdomen (lo empujft hablaba fluidamente. Según se nos dijo, el apr'7'dlZaJe
hacia dentro y hacia afuera, moviendo también las c0811 los hábitos higiénicos no sufrió mayores contratiempoS;
Uas). Su postura al andar es bastante rigida y erecta . Se etl Inició a los ocho meses Y se completó a los do~ añoS! me-
me las uñas. El niño tuvo varicela y sarampión, y a los ctDCO ~os le
No es difícil mantener una conversación con él. Tiene f¡ ¡'!~~:~II:e:~~ una hernia; los especialistas no aco~seJa~on
cilidad de palabra y es inteligente, se muestra impacient.· ;; pues según la madre, . Ia hernia se habta rettra-
por detallar sus quejas y explicar. de la misma manera ,,~ y no estab'a causando más complicaciones. Al parecer,
pansiva, sus demandas y derechos. Al hablar es extremadu era un muchachito listo ; al menos, la madre recuerda
JDente serio, hasta solemne; da a sus palabras un tono dI! claramente esta caracteristica. De hecho, hubo un .pe-
indiscutible importanci a, urgencia y objetividad. Durant.l\ en que el niño le infundió ese sentimiento de éxtaSIS y
el tercer año de tratamiento empezará a ponerse de relievl' ~!~~~~~~: que siempre habfa anhelado. En esa é!XX':B' Ben
su delicioso sentido del humor, así como su capacidad de r . ~ signos de una «extraordinari a inteligenCIa» . Se
flexionar en forma divertida; pero en este momento se hall n D'l1D,¡fc,n:nó así en el -niño prodigio. de la llladre, en el que
totalmente absorbido por sus agravios. Se queja intermina· volcaba las expectativas y esperanzas sobre las que de-
blemente de las disputas y peleas entre sus padres, y siem- construir su vida futura. . .
pre prueba sus puntos de vista con un relato detallado d Es interesante señalar que esta exhibición de inteligenCIa
los hechos, citando testigos y especificando qué dijo cado " hizo muy notable a los 4 años, cuando Ben se mteresó en
uno. Se refiere. con infinitas variaciones, a la arbitrariedad 108 calendarios Y comenzó a estudiarlos con vebeme~C1a. Su
de los castigos que recibe; dice: - El castigo nunca tiene pro- madre informó que el pequeño era capaz de determmar con
porción con el delito>. xactitud en qué día de la semana caaria cualqui~r fecha
acabe dllda de que en las acusaciones y las lamentacio- dentro de un periodo de 40 años. Esta extravagancIa ~en­
nes del niño hay algo d.e verdad. E l clima emocional de l. tal tuvo corta duración y es probable que nunca haya exISti-
casa es turbulento, y los cambios de humor, imprevisible s. do. Sin duda refleja la elaboración de la madre con respecto
La madre tiene frecuentes episodios de ira y depresión, d.u - • la curiosidad del niño durante su embarazo del segundo
rante los cuales l anza improperios, despectivos y hasta de- hijo. Los recuerdos de la madre pa:ecen mezclados con la
vastadores, contra su marido, que desde hace mucho ha de- fantasía; su necesidad de ver cumplido un deseo compensa-

129
128
torio se había acentuado, por aquel entonces, en virtud th observada; el niño la abandonó aproximadamente a
un embaIazo que no deseaba, pues estaba convencidu ti 1 anos.
que no podría querer más que a un solo niño. nneva ola de decepción cayó sobre la vida de Ben du-
La primera decepción de la madre con respecto a Ben tu la fase de la preadolescencia. El niño trasladó del ho-
vo lugar mientras esperaba su segundo hijo. El niño simp n la escuela la batalla por el Teconocimiento personal y
tico y apacible -explotó., según expresó ella. Estallaba t· .. privilegios exclusivos. Su resiste.ncia al aprendizaje se
rabietas a la menor provocación, lo que dio como resultod" con un vocinglero recJlUIlo de mdependenCla con res-
que la madre se alejara de él. Esto, por supuesto, no h. " a los controles moderadores. La aparatosa provoca-
más que empeorar las cosas . La obsesión del calendaruo de castigos era un indicio de prohibiciones superyoicas
durante el tiempo que duró, restableció el amor de la mil una explotación =asoquista del sufrimiento y el s.a-
dre. El desempeño intelectual y la gratificación emocion,,1 E! síndrome de los tics ponía de manifiesto conIDc-
entraron en antagonismo a una edad temprana. De ahí ... internos de naturaleza neurótica, con una tendencia a
adelante, cualquier situación ansiógena r etrotraía a Be., •
la época en que una imperdonable injusticia se había com I padre tenía plena conciencia de la perturb.ación d.e
tido contra él: obviamente, el hecho dc que se hubiese admi . de hecho, se preguntaba en qué medlda habla contri-
tido un competidor en ls vida sin fisuras que llevaba con au al desdichado estado de su hijo. Ambos progeruwres
madre. pasado una niñez llena de privaciones, y I?s dos se
A los 5 anos, Ben tenia pesadillas. Para calmarlo, la mil obligados, tempranamente, a bastar~e ~ S I mls~.os
dre lo acostaba en su cama. Dada la dependencia mutua en el plano emocional. Estos antecedente~ surulares hi?e-
tre wnbos, el segundo hijo fue considerado un intrnso por que ambos buscaran en el matrimoll.lo y con los hiJOS
parte de los dos. Podemos suponer que esta necesidad com gratifica<cicm,.s del recibir, sin la obligación de la ren-
partida de poseerse exclusivamente uno al otro constituy l'O.c icl a(1. E l padre explicita esto, afirmando que espera
un trnlllIla para el primogénito. E s te trató de agradar a 111 Beo me dé primero, para darle yo despué.... Concreta-
madre mediante hazanas intelectuales o, más bien, m ",'UA', el niño fue forzado a asumir el rol de los padres. El
diante ficciones compartidas; cuando esta harrera de con "'C:a.iO del padre como sostén estable del hogar no hizo más
tención de su n e cesidad de posesión d e la madre cayó hechl1 agravar su necesidad de que los rujos (especialmente el
trizas, tuvo 1ugar una reac ción de ira, bajo la forma dI' Ben) le demostraran amor y respeto. Que ría que
rabietas . A la noche, estas aparecian como pesadillas, 10ft lo 'besara y se sentara en sus rodillas.
cuales, al ser llevado a la cama de la madre, lo ponían por Frustrado como mantenedor de la casa, como esposO, co-
último en contacto físico con ella, restableciendo así la bie· hombre consciente de su masculinidad y como padre
naventuranza de la infancia. La casuística nos permiti ró -:,~~~1~'!~~1~c~~a:~da
:11 Al
tanto se alejaba emocionalmente de la fa-
del trabajo solia quedarse dormido. Se de-
verificar hasta qné punto estos supuestos reflejan el ver-
dadero curso de los acontecimientos. mpenaba a la sazón como viajante de repuestos de auto-
Durante el período de latencia, cuando cursaba los prime- 1Jl6vi1es. El carácter competitivo de esta ocupación s uscita-
ros grados, Ben se mostraba en la clase como un niño tran· • en él ansiedad y vacilación; temía enfrentarse con otros
quilo, hasta pasivo, quieto y callado, que nunca levantabo hombres que se dedicaban a lo mismo , presionar para l o-
la mano y que obedecía dócilmente las reglas. Cuando en~r ¡rrnr una venta o negociar con astucia. En ~I hogar, .donde
a la escuela, a los 6 años, lns pesadillas habfan dejado de u agresión ya no era cont:olada por la ans~edad SOCIal, s~-
atormentarlo. Durante estos años comenzó a masturbars 1111 infligir ocasionales castigos a sus tres hijos . Desde la m-
en forma notoria, frotándose de manera compulsiva el bajo lIez temprana de Beo, lo azotaba con una corr~a .. - Usaba a
vientre. Lo hacia a plena luz del día y vestido, sin tener en n como chivo emisario., confiesa con remordimlentos, ad-
cuenta la situaci6n social, ante la mirada azorada y la tur- mitiendo su vergonzoso fracaso ante fuerzas abrumado::as.
bación de sus padres. Esta forma de masturbación fue lo Si Ben es un chivo emisario, ¿qué otra persona es el objeto

131
130
de su agresión sino su esposa, que sin duda prefiere el h\lll aino que influye s ignificativament e sobre la dirección
al padre? No obstante, este desea fervientemente ser m,u", terapia. La corrección y propiedad de la técnica tera-
padre, porque ama a Ben y qmere hacer todo lo poslblo 1'" II~I";.'. en cada caso, afectan e incluso determjnan la pro-
ra ayudarlo. ~iyiid,.d o la esterilidad terapéuticas. así como la conti-
Cuando un niño vive con pad.res fronterizos, o que p r ~"Olll o interrupción del tratamiento. La distorsión dc la
sentan perturbaciones caracterológicas, los compone nt alldad por parte de Ben. junto con su sensación de perse-
etiológicos dentro del cuadro cJínjco son dificiles d e el I sus tendencias masoquistas, indicaban una grave
ficar. A primera vista, es imposible discernir cl aramenl I Iollo~:ía yoica y un esfuerzo reparatorios -es decir, resti-
linea de demarcación entre un proceso patológico intrO[1 I 1D,'¡o-por cambi ar l a realidad a fin de que esta se adap-
quico y un estedo reactivo ante un ambiente nocivo. Las In a su majest uosidad infantil. Ben afirmaba, muy ex-
congruencias en el cuadro clínico fueron atribuidas a UI1 1ai1:.rum,m·te, que no sentía ninguna necesidad de «cambiar
ambigüedad diagnóstica que no es infrecuente en los co '. mismo. ; esperaba - y se mostraba insist ente al respec-
infantiles, particularmente en los del tipo de Ben. Nos oh. que el mundo a su alrededor camblara para avenirse a
tuvimos de modo deliberado de formular una evaluación tI .. necesidades. Además, su aislamiento social y su total
furitiva y delegamos esta tarea a la terapia misma. "",Iu,cración con la fami lia podían atribuirse, en un senti-
Cuando se adopta una decisl6n de este tipo, el terapoll1 positivo, a la vigilancia del yo ante dos figuras parenta-
permanece muy atento a los indicios, en todos los uivel 8 ti confundidas y confusas, O bien. considerados negativa-
inferencia. que permitan una respuesta diferencial a los 111 a una regresión yoica de un parasitismo emocional
terrogantes que quedaron pendi entes en la evaluación '''' simbiótico.
cial. El curso del tratamlento equivale entonces a una vn plantea abora una cuestión de la mayor importancia,
¡uación cada vez más sintética y refinada, que a menudo _ber:. si la negación de la realidad por parte del niño es-
conduce a una revisión del diagnóstico original . Debem ." al servicio del ello O del yo. Dicha negación, ¿adaptaba
aclarar que el término . diagnóstico_ alude aquí al bosqD'.' "",rc,epción de la realidad a las necesidades instintivas
noseológico de una enfermedad; - evaluación. , por el COII niño, o servía para proteger al yo de ser contaminado
trario, se refiere a una proyección abstraída de la personn un ambiente casi psic6tico? Sea como fuere, la neceSl-
lidad total como sistema de funcionamiento . Pone de m an ' de dependencia y la sensación de impotencia ante un
fiesto el grado en que la personalidad no se ha visto tocad I ,,,:nao persecutorio y malévolo contribuyeron sustancial-
por las normas y logros relativos a la maduración y el d 11 a magnificar los peligros intermos y externos, psiqui-
rrollo, aSl como por las ventajas e insuficiencias del a m y físicos, que amenazaban la vida del niño.
biente. Los componentes de la estructura pSlquica - ello,)'1I Varios datos anamnésicos, más bien aislados, no pudie~
y supery6- son descriptos en su interacción, revelando, d integrarse al principio dentro de un bosquejo coherente
esta manera, el nivel de funcionamiento psíqUlco en térml desarrollo; debió mantenérselos en reserva hasta que
nos de las relaciones objetales, la prueba de realidad . 111 Ilo,straran su utilidad en el futuro, cuando su slgnificado

:
cognición, las defensas y la orgaruzación defensiva. ~~~~:~~c1aro. La obsesión temprana (a los 4 anos) con el
En el caso de Ben, el diagnóstico de una .sintomatologlll y las proezas intelectuales en relación con el cál-
compulsiva con tendencias depresivas_ dice po= acerca d hacían pensar en el idiot savant O el nino atípico. Como
la posibilidad de tratar tal estado en ese niDo. La eval u dijimos, había en este caso buenos motivos para dudar
ción debe proporcionar la respuesta a dicho interrogan • la confiabilidad del informaate. El otro hecho se vincula
aunque en contadas ocasiones se dispone de ella por coro la afirmación de la madre de que cuando tenía al pe-
pleto al principio del tratamlento; sólo se la alcanza a m edi l!l"'Oil,O en su regazo sentía que este se fundía COD su cuerpo.
da que este último progresa. nos lleva a sospechar en una esquizofrerua infantil; no
Una diferenciación etiológica es siempre de primerisimn 1IIIl,.,ar,<o" no existían correlatos confirmatorios en la esfera
importancia. No sólo brinda una base firme para el pron ó~ tiva. De todos modos, estos datos deben tenerse pre-

132 133
sentes sea cual fuere su valor, pues durante la teraplo • Ben comienza el tratamiento
confirmará su significación patogn omónica o se los d
chará como erróneos.
Se decidió aceptar que Ben entrara en psicoterapia. CU I1
quiera que fuera la mezcla de com.pooentes neuróticos y nO
picos en el cuadro clínico, se pensó que un tratamiento I
ría beneficioso para al niño, puesto que la evidencia de COn
nieto interno resultaba amplia e irrefutable y, por 10 dI
más, existía el deseo de tratarse.
Hasta qué punto e l margen diagnóstico inicial estabaju rec.ordarse que la psicoterapia de Ben es investi·
tificado sólo se pondría de manifiesto durante la terapi en este estudio, desde el punto de vista del desarrollo.
cuando se supiera más acerca de las fuentes y la naturalcl I que l a historia del tratamiento del niño sea pre-
de su ansiedad, sobre sus fantasías y su capacidad para un una introducción especial .
relación terapéuticamente útil (transfeTencia). Tal vez hu dar cuenta abora de las ideas de la terapeuta y el
hiera s ido imposible conocer estos rasgos decisivos del en ti ...,.. t,igad.or en cuanto al desarrollo especifico de un ado-
únicamente a través de la bistoria del conjunto de sí n lco te joven. Contra este telón de fondo conceptual se
mas. El niño no sólo quería el tratamiento, sino que pref,' el desarrollo de los síntomas, las pulsiones y el yo, y
TÍa que este fuera conducido por una mujer l Este pedidu, lIuvó a cabo el tratamiento. Además, prestaré atención a
inusual por parte de un niño de 12 años, fue satisfecho, aun I>roblemas técnicos de la terapia, diferenciando entre
cuando todavía no se entendia su significado . problemas que se deben n cooflictos especificas de
Ben inició su tratamiento a los 12 años y 1 mes. Se lo vel , fase, los que tienen su origen en el desarrollo desVlado

:
una vez por semana. Terminó a los 15 ailos y 2 meses. 1':1 :~i~~~~~~[~ y aquellos que surgen en respuesta a un
número total de entrevistas fue de 110 sesiones. nocivo. La misma difeTenciación se aplica a las
la organización defensjva , la resolución de con-
y la adaptación. Es de esperar que este examen ~e
valencias patognomónicas no sólo incremente la eficaCIa
tratamiento sino también ayude a definir con mayor
aión las fa;es de la preadolescencja y la adolescencia
prana. . .
•~s esencial, para el aspecto que en este estudio se relaclo-
con l a investigación, que el lector esté informado del
de ideas .preconcebidas- (por así decirlo) con las
se emprendió el tratamienw y se consolidó la situación
IÍtrucléllti,ca. Este cuerpo de ideas se hallará en la teoría del
adolescente en el hombre que be formulado a 10
de varios años [BIas, 1958, 1962, 19651. Con este cono-
previo, el lector estará en condiciones de seguir
I Debo expresar aqu1 mi reconocimiento a Sylvia Arnnow por la ha mayor facilidad el material del casO y de comprender
bilidad y la compTensión que puso de manifiesto con respecto a e s le
caso. Su compenetraci6n con el material clínico y el tacto que revel i.."i"r cómo se desenvuelve.
al manejar situaciones difTciles hicieron la supervisi6n sumam e nte Los adolescentes, en particular los adolescentes jóvenes,
provechosa . Sus meditados y meticulosos registros de las sesiones, IOn traídos al tratamiento por sus progenitores o derivados
as! como de las reuniones de supervisión conmigo. fueron una ayudo r personas aj enas al ámbito familiar, como maestros y
invalorable para llevar a cabo esta investigación c.l1nica . 'sores. Cuando uno de estos llega a considerar que la con-

135
134
ducta d?l niño es anormal y advierte la total inefico 1" y privilegios especiales. El niño estaba dispuesto a
las medid:,s pedagógicas, puede sugerir la terapia. Lo" , IbclrILr' en la medida en que la influencia de la tera-
lescentes tóvenes o los niños rara vez vienen por sí mlall','" .Irviera a esos fines. La terapia era para Ben un mo-
CualesqUJera que sean las razones e intenciones del a un acuerdo mejor» en este mundo, al que él
que .trae a un niño o a un adolescente para someterlo o .'raba el peor de todos. Como veremos a continuación,
tamiento, estos lo enfocan con un conjunto de ideas de conocer este factor de expectación ayudó mucho
f~rentes y sumamente personales en cuanto a la primer tramo del tratamiento. .
Slgnificado y función de tan extraña empresa. DichliansfilhllN se hal laba en la etapa inicial de la adolescenCIa (pu-
P?r amorf~s y oscuras que sean, están contenidas en temprana), y su deseo más deses~erado era ser
SI~ consCIentes e inconscientes sobre el propósito de IR a los mayores». Trataba de alcanzar dicha meta com-
rapIa y la persona del terapeuta. Podemos descubrir lIM,u'enao al medio en su mundo imaginario. Había sus-
mente en ellas ciertos elementos infantiles relacionad 8 la maduración emocional y la düerenciación yoica
los padres b<:oévolos o malévolos, pero siempre onlllip()h"", exigencia de que el ambiente reconociera y respetara
tes, d~ la mnez te-m prana, y COD pensamieDtos m,ágico,. IIU'80I'Ía edad adulta. Deseaba lograr la certeza externa e
p."elóglCOs que se materializarán en estas misteriosas "'Ifvoc,a de que era un -niño grande-, competente y au-
SlOnes de charla. Al hacer esto, pasaba por alto la necesidad de un cam-
Un amplio sector de la mente del paciente se halla don" Interno y trataba de m itigar su angustia, su culpa y. s~
nado por lo que d,:nominaré -factor de expectación., qll 'I(lel12:a rmendo con el ambiente que sofocaba su Vln-
comprende su caótica aglomeración de ideas y afectos r,," Puesto que se aferraba con obstinación a esta posi-
respecto a I? que podría ocurrir O no en la terapia. IncJu su desarrollo adolescente tenia que malograrse.
lo que es obJe'to de duda pero se conoce, se cuestiona pero lIe,rn¡.re que Ben se daba cuenta de su incompetencia , ~
cree se qwere pero se rechaza, se teme pero se desea y f
J atrapado entre la rabia y la resignación. Con deterDll-
espera. E l factor de expectación no sólo sigue rumbos re pero sin v:iolencia, la terapeuta ~antuvo e~ dol?-
~vos; tambIén se halla presente, aunque en pequeña mi imagen de sí mismo en la superfiCIe de la conCIenCia
dlda, una tendencia progresiva, que puja hacia la madur! niño. Se esperaba que su tolerancia ante los afectos dis-
y la competencia adaptativa. Los modos y medios medion!" 1Il.... ~'U'rc's aumentaria gradualmente al expenmentarla
los c.uales el niño espera llevar a cabo esta adecuación r respecto a sí mismo y no sólo en relación con los otros.
greSlva o progresiva difieren según los casos. La atenciólI objetivo del esfuerzo terapéutic? era intern:uio:ar y es-
pres.tada a las manifestaciones del factor de expectación ,,1 ....:t'rraLr el conflicto. La dolorosa Imagen de SI mIsmo ac-
~o~enzo del tratamiento compensará al terapeuta COn nI( como un constante factor de irritación; la compren-
Ins'ght sob~e la comprensión de la situación terapéutica pclr de esto permitió que el proceso terapéutico y su tarea
parte del niño. ~ondensadas en dicha comprensión se hn PI¡m 'c,,'" se desplazaran lentamente hacia un nivel egodis-
Uan I~s tendenCIas patológicas que trajeron al paciente a J ico. En otras palabras, cuando Ben reconoció que su me-
~rapla y las potencialidades de recuperación que harán po. imagen de sí mismo era un derivado de su des-
sIble el tratamiento. pudo dejar de culpar al medio por sUS propias defi-
A los 12 años, Ben se empeñó agresivamente en hacor , En este punto, el tratamiento se conv:irtió en un
r~s~e~ su edad y So masculinidad, con todos sus rasgo. ,..,fuerzo por superar su dependencia infantil con respecto a
dlstmtlvos de ~rivilegio y poder. Poco después d e iniciado el reguladores externos de la autoestima.
trataDllento, dio a COnocer que esperaba la ayuda de la tera. Tales fueron las ideas que orientaron la actitud de la te-
peuta par~ cambiar su ambiente, y manejar a sus pragen; peuta hacia las quejas de Be.D- C:,ando se determinó ~ue
tores median te sugerencias y extorsiones, y despertándoles I impulso del niño hacia un auténtico desarrollo progreSlvo
~ulpa . De este modo, aquellos se convertirían en protector 8 lIunca disminuía tanto como para que no se lo pudiera vol-
mdulgentes y le otorgarían, seguramente, beneficios mat~ y r a estimular, este tipo de intervención terapéutica se

136 137
emprendió COn mayor vigor. Además del genuino afcho 01 ... reorelacía) del niño.} Desde el comienzo de la terapia,
Ben .por superar ese estado de impotencia, no debemo " osperaha --como lo hubiera hecho en cuaJqujer parte,
be~unar la ayuda aportada por el impulso innato de mllll de modo menos ex.plicito-- que la terapeuta estu-
raCIón a la labor terapéutica . Por cierto, a menudo es dill 1I de acuerdo con él acerca de l as intol erables injusticias
saber cuánto de la mej oría de un niño se debe a la terapi" mundo a rbitrario cometía con é l y, por lo tanto, lo
cuánto a su desarrollo autónomo. Natura sanat, medIe . . [IIIIr a a rectificar esta condición y se uniera a sus de-
curato In,d~.s de que los responsables recibieran su merecido cas-
. ~I factor de expectación se haUa presente en toda s il"" Esta actitud era global. Sólo cuando la terapeuta ad-
Clon nueva a la que el niño se enfrente. Normalmento, BU incapacidad para cambiar el mundo por él, resultó
mantIene en segundo plano y no enturbia demasiado 1 cuál era la esencia de sus agravios y qué lo había vuel-
percepción de l as nuevas circunstancias. En otras palabr I toltallmru:,te incapaz de considerar incl uso que él mismo
el arraigo del niño a la realidad, o la estabilidad de sus C"" cambiar.
ciones yoicas, impide que Jos rudinlentos irracionaJes o JI' terapeuta de adol escentes enfrenta una dificultad par-
fantiles del pensamiento, COmo los que puedeu observar, inher ente al desarrollo de ese período de la v ida.
en .Ias fantasías, determinen su conducta. La interacciftU debo efectuar un rodeo para exponer mi razonamien-
soCJ~ fomenta la valoración realista de las nuevas circutl pues, a veces, lo que parece alejarnos del problema en
~CJas en las que el niño se halla; ella constituye, por 11 ••,I.)()n en realidad nos acerca más a él.
nusma naturaleza, un proceso de evaluación, en el que 111 la p sicoterapia, esperamos que el paci~nte revele sus
personas que interactúan interpretan mutuamente sus COlO lC!rot.,s. renuncie a su intimidad y ve r balice sus pensa-
ductas. De este modo, el adulto apoya el yo del njño en P"" 18r,10,s y fantasías IIlás preciados, los cuales contienen las
ceso d e maduración. aClone,s pulsionaJes y yoicas que ban obstaculiz~do un
La interacción en la situación terapéutica tiene un carll lan,rroUlo adecuado y armonioso; la tarea de la terapIa cD.n-
ter totalme,;,te distinto: sentimos impaciencia por descubrl. en incorporar esos componentes del desarrollo e.mocl o-
los pensamlentos y afectos infantiles; deseamos traer a 1 detenidos en distintos niveles infantiles, a la corriente
luz. l~s fantasías que acompañan las experiencias de la vid. , del =ecimiento de la personalidad. Sin embar-
cotidiana o, más específicamente. aquellas que se vincul"n experiencia clínica nos enseña que las perturbaciones
con la, si.tuación terapéutica o con la persona del terapeutn ...m<ues del desarrollo, en tanto se m .a ntienen en. el nivel
Este ultimo no sólo es receptivo a los pensamientos irracio las gratificaciones, inhibiciones y fantasías d.esvladas de
n.ales, absurdos o fortuitos que pasan por la mente del nh'". rase vuelven a ser arrastradas, por así declflo, por las
SIDO que los busca en forma activa. Es natural que un niñu lU,evas' oleadas del desarrollo. Por ejemplo, una modalidad
o un adolescente reaccione ante una sjtuación tan desacOll se expresará, si existe una fijación, en t odos. los nivel es
tumbrada como la psicoterapéutica de acuerdo con pau ta IUtlsigu,iente:, del desarrollo psjcosexual, a medida que es-
habituales d~ pensamiento, fantasía y conducta. Estas pau surjan al impulso de la maduración física o, simple-
~ de reaCCIón se observan también en la , cida cotidiana , _.nt.e.de la edad.
sm que en ella revelen , sjn embargo, su contenido mentnl No sorprende, por consiguiente, que las fijaciones o re.gro-
Cuando aparecen, COn claridad y coherencia en el comienzo Iones pulsjonales se liguen, en la pubertad, a la modalid.ad
de la t~rapia, no sjempre representan una v~rdadera tran s. nital de expresión pulsional o, más exactamente, se V1Q-
ferencla; tal vez sólo constituyan el lÍrÚco modo conocido ulen con la representación que e l adolescente tiene de ~{
por el niño para ~ctuar y reaccionar en cualquier parte. mismo. De este modo. por ej emplo, una fijación en un sentI-
La trru:sferencu~.. ell el.sent.ido más amplio, se refiere 01 mIento de cólera infantil o la voracidad oral suscitará on e l
comproDllSo específico e ,rraclOnal y a la relación afectivu dolescente joven que reclama independencia un cúmulo de
con el terapeuta; ambos reviven una relación significativa
de la vuia pasada (transferencia) O presente (fenómenos d (, • Véase . Su5an.. ~ ca-pfLu1o S.

138 139
fantasías agresivas, dirigidas contra la mujer controllalll"11I tienen una historia y un desarrollo absolutamente
la madre arcaica de la fase oral. El papel ejecutivo d Debenlos investigar su desarrollo completo basta la
fantasías de destrucción y ataque correspondientes a lo actual, para comprender el modo. en que la berenci~
dalidad oral se delega a los genitales, los cuales duranl .,na de los niveles precedentes de mmad~ez detenm-
etapa inicial de la adolescencia, funcionan reahnente solución transaccional. En el caso particular de Ben,
1M't!>CÍ!;0 rastrear esta herencia hasta la fase de la adoles-
órganos inespecíficos de descarga de todo tipo de e::~~~;~
tensió~. Es la etapa de ..sadismo fálico>, que en el temprana. .• .'
cente Joven suele aparecer como fenómeno regresivo y común que en esta fase la confi~,:,on edíplca nega-
transición [Blos, 1965]. pase a primer plano. Lo que en la runez temprana e~
",:,olvamos a la dificnltad particular a la que nos hemol madre que se negaba a dar, en el perlodo de latenCUi
fend:0 antes. Parecerá razonable suponer ahora que lo. en un mundo malo; en la adolescenCIa. temp~a se
tenclOnes del terapeuta de penetrar en la vida intern .."l."...... en un padre nada cariñoso, que rehusa satisfacer
niño serán percibidas por este como un ataque o una ~"I~!SÍdad que tiene su hijo de contar ~on un padre fu~e
gencia de sumisión. La ambivalencia y la ansiedad vinen que lo proteja de la madre ar~mca . Cuando el runo
das con fantasías específicas influyen significativament n en la fase de la preadolescenCIa, la madre se t rans-
la intensidad y la duración de estas reacciones. Por lo t.nn regresivamente, en objeto tem.ido.
to, cabe esperar que el niño se resista a subordinars o .. , pc¡,de:m'Ds ver cómo la ansiedad vinculada con la frustra-
forma pasiva; de hecho, esta resistencia es proporcional 01 la rabia infantiles avanza a través de las fases del. de-
fuerza de la tendencia regresiva hacia la dependencia y 1 ..,.,;lI.o. adquiriendo en este proceso nuevas car~cteristicas
suministro pasivos. lQeltois, metas, defensas), a la vez que, en esenCJa, se m~­
Cuando el hecho de poner a prueba las intenciones real fiel a su estimulo originario, a menudo t r aumátICO .
o imaginarias del terapeuta ha perdido su urgencia. el odu el fin de examinar las fijaciones a través de sUS trans-
lescente se unir? al trabajo con optimismo y aceptará, , ~~~~~~~~~ a lo largo de las secuencias normativas <;le.1 de-
como una cuestión de fe, que existen formas de vida mil. • en el tratamiento de adolescentes resulta utll te-
gratificantes que las que ha conocido hasta entonces. Pod,· presente un bosquejo de las secuencias del desarrollo
mos resumir esta última actitud bajo la denominación d tuI81.orl8J y yoico tal como aparecen en el ~roceso adoles-
~a1ianza terapéutica•. Esta conjunción de propósitos es LlIII
Los síntomas adquieren mayor sentido en el curso
unportante como salvaguarda del proceso de tratamienlo desarrollo, Y revelan así su sobredeterminación. .
que a menudo damos prioridad a su formación en delrt Este hecho exige volver en forma reIterada a ~os IDlS':"OS
mento incluso de la interpretación del material ..:cantil. EK ~;~~:~:::.;durante la terapia. Sólo obrando aSI es pOSIble
to tiene como objetivo impedir que la terapia se transforml' ~¡ esos problemas de una a otra et~pa del desa-
e~ una lu~:ha interminable por ver quién es superior, -qu ién rrollo. proceso --denominado.• elab."raclón~ s e en-
tiene la últIma palabra. y -quién debe decirle a quién lo frenta siempre con evasiones y reslstenClas, pero a menos
que pie~a.. Hace falta. una pizca de tacto terapéutico parn que se lo lleve a cabo quedarán cie~s residuos patógenos
neutralIzar la alternativa entre sumisión y dominación al que pueden reactivar una perturbaClon en alguna coyuntu-
tratar a un adolescente joven. ra crítica del desarrollo u lterior .2 Aun cuan~o este proble-
Debem~s tocar ahora otro punto de carácter general. En ma se maneje con mucho cuidado, la práctica cUruca de-
el trat~ento ~e un niño neurótico, buscamos siempre lo~ muestra que cualquier pronóstico con ~specto al desarrollo
orígenes infantiles del desarrollo insuficiente o desviado. normal futuro constituye una mera cOnJetura. No obstante,
Es~ interé~ y atención acríticos e implacables pueden pro-
li se ha logrado un movimiento progresivo del ~esarroJlo
duCIr, por SI mismos, el mejoramiento o~ en fonna menos vi ~ omocional, o, para expresarlo en otras palabras, SI se ba po-
sible pero con igual frecuencia, el cambio de un síntom a.
Ello se debe a que los síntomas, como formaciones transac- 2 Véase .Susan.-, capilulo 9.

141
140
dido evitar que este último se estanque (fijación adolesr, "
te), <;110 dehe consi~er,,:,"se, de todos modos, un logro ti., La fase inicial del tratamiento
péu~co .. Una expenencra terapéutica positiva aun cuo",'"
sea limitad. a , cons tj·t uye Siempre
· ,
una adquisición par/! l.
persona.l:idad .

8 probable que un niño de 12 años se muestre reticente


I.,/lu¡ivo al comenzar el tratamiento, aun cuando responda
manera locuaz y obediente. Ben era locuaz, pero carecía
cspontaneidad; más bien, dejó que la terapeuta tomara
riendas de la situación y le dijera qué deseaba saber. En
actitud hacia la situación terapéutica pueden recono-
tres elementos: el primero se relacionaba con el deseo
la terapeu ta , mediante su protección nutricia, lo
~I,dara y a.l:iviara su angustia; el segundo se vinculaba con
creencia de que la persona que lo cuidaba seguramente
lo que le hacía falta saber acerca de él, y de que, ca-
protectora buena y omnipotente, apenas necesitaría que
contara qué le bacía sentirse mal, para clispensarle el a.I:i-
apropiado. En suma, babía atribuido poderes mágicos a
terapeuta. En su deseo de contar con una terapeuta mu-
influían las fantasías relativas al poder felnenino. Ben
-::~~~~por propia experiencia, que la mujer -la madre-
11 el destino de los cuatro hombres que formaban parte
su núcleo fa=iliar ; creía, pues, que estar en manos de
lnujer benevolente era algo deseable, seguro y venta-
Ocupando la posición de un suplicante que reclallla
ante una autoridad la reparación de las injusticias cometi-
das con él, Bcn detalló durante muchos meses una intermi-
nable lista de agravios sufridos en el pasado y en su vida
actual, los cuales implicaban a su madre, su padre, sus her-
manos, su maestro y sus compañeros de escuela. El estribi-
llo de Bcn ante esas acciones de control, ya fueran adopta-
das por los progenitores o los maestros, era siempre el mis-
mo: -El castigo nunca guarda relación con el delito_o Temía
01 castigo; sin embargo, se las arreglaba para ponerse en si-
tuaciones que lo provocaban. Acogia con inclignación cual-
quier inferencia referente a su propia participación provo-
cativa en estas pequeñas o grandes catástrofes. La recibía
como si fuera la acusación más ultrajante; o, de acuerdo con
142
143
el tema general. el niiio la consideraba ideada maligno ",1 " ri •• res. Con el fin de comprender l a línea genética y la
te para justificar las accioDes punitivas de quienes lo ni. dinánlica de este tema, que surgió bastante pront o
mentaban. Atribuirle la menor responsabilidad en e s • 1 terapia hubo que esperar su reaparición dentro de di-
ellos desdichados sólo era, para él, otra forma de conteJd.os; sólo entonces se 10 pudo incorporar al tra-
sea, negarle comprensión y rechazar sus quejas p~o~r~~~~~'IlIl~ de interpretación Y reconstrucción del proceso de tra-
ficantes-. Ben quería un cómplice benávolo que vierll
cosas del mismo modo que é l las veía , y que en virtud d 1" modo que Ben tenía de controlar ciertos sentimien-
seer poder y autoridad adultos influyera para que s us 1"" fantasías en cuante fuentes potenciales de angustia,
genitores fueran más indulgentes y generosos, lo res pllLl" au concepción de si mismo como .hombre mecán~co .. , la
ran IDás y toleraran su conducta. Lo único que podía constituia una expresión puramente metafórtca; no
en estas circunstancias era «maldecir por lo b~o» O opa ' *'nt i8 ningún rasgo de la conocida representación de si
los muebles. _ como robot, característica del niño psicótico. En t?no
Durante un interminable número de sesiones, Ben se ¡Ir sarcástico Y burlón, se decía hecho de engranajes ,
sentó a si mismo COIDO un ser indefenso que se hallab .. mIDr4'S. resortes, etc., como un reloj. Todos querían saber
merced de personas poderosas. O sólo las buenas intene l.. su tictac, pero -aflrmaba triunfalmen~
nes de estas, sino incluso su voluntad de tener en cuentu l. puede imaginárselo • . Convencido de que no v,:,lia la
felicidad del niiio debían cuestionarse. La última en ineu. continuar discutiendo, puesto que él nada tema que
porarse a este grupo de personas poderosas fue, por supu,'. , sólo podia decir: _Dejemos este. asunto· ... .
to, la terapeuta. ¿Qué bien podría hacer hablar acerca tlo mecanismos de defensa de negacIón y desplazaIDlen·
las cosas? Sólo importaba mejorar concretamente su vid manifestaron con amplitud en la etapa inicial d.C! la te-
cotidiana, mediante la obtención de ventajas materiale8 Sin embargo, la identificación de las defensas sólo re-
consideraciones especiales. No sorprende que las 'Ólsesiont' "acnta un logro parcial con respecto a nuestra compren-
de charla . lo decepcionaran -por cierto, 10 enfu recían . de ellas. Queda siempre el problema de trazar su bisto·
aunque nunca hasta el punto de abandonar el consultorou los factores genéticos dejan sus huellas en los distintos
Se había ligado firmemente a su protectora e im.aginari ft 1""'leS del desarrollo por donde pasan las defensas. Una
torturadora . If'E,m;a se suele elaborar a través del tiempo, y una u otra
Manteniendo la creencia de que la causa de sus probl stas elaboraciones aludirá a la situación de peligro sus-
mas era sólo externa, Ben acallaba su temor de ser un . en por La acción defensiva. Nuestro obj etivo es conocer
fermo mental•. Se había -topado. con este tama en un die profundidad la situación de peligro prototípica. en los
cionario, y en - alguna revista» habLa leído acerca de l a to Ilane.s tanto histórico como psicológico. Las raíces de la
rapia de juegos y cómo los niños revelan en forma in direclll 181ira<:ión nunca han de ser localizadas exclusivamente en
sus senti~entos hacia la familia. Por supuesto, no le gus· alucinaciones negativas de la más tierna infancia. Me-
taban los juguetes; le agradaban más algunos pasatiempos , este proceso mental, La dol orosa ~ealidad s~ vuelve
par ticularmente e l ajedrez. En este último, lo que más I lIellCÍst.,n'te. La negación opera en un rovel supenor, pero
entusiasm.a ba era perseguir a la reina (nunca al rey) por lo· ~1,m8Illee:e ligada al pensamiento mágico, a una identidad
do el tablero y «dejarla fuera de juego>.· Resultó claro quo pensamiento y percepción. En etapas ~ás a,:anzad~s
el niño conocía e l significado sexual de esta frase. Los sent.i · del desarrollo la negación instiga una regresión yOlca haCIa
mientas agresivos y retaliativos hacia la terapeuta adopta- 1 pensamiento prelógico. De hecho, un.rasgo típico de} p:e-
ron la forma de un ataque sexual d esplazado; este era s u adolescente es que estas formas regresIvas de cogmclOn lD-
modo de d espojar a la mujer amenazadora de sus poderes
• En el original, .Let's drop U-, cuyo signifi cado Literal ( . ~j ~os10
• En el original, -kn.ocking her upo. cuyo significado en slang ca caer-) serA revclador', como l uego se verá , de una caracten s tlca de
«dejarla embarazada>. (N. del T. ) lIen. (N. del T .)

145
144
fluyan -de manera selectiva, claro est.á- en sus pro!"" I !llvuc.atilvBLs del niño . El contenido psíquico que la situa-
de pensamiento. Los conocidos rituales y supersticionl pe'ügro, prototípica y traumática. adopta en la pre-
esta edad pertenecen a dicha esfera de actividad menU,1 .!':~~~(:~ masculina se relaciona con esta etapa del
En el caso de Ben, el pensamiento mágico desempen í., El caso de Ben constituye un buen ejemplo. La
un papel destacado en su vida mental. El niño creía qUt IlIO'C" on de peligro intrapsíquica consiste en perder con-
se concentraba lo sufidente en algo deseado (p. ej., con su i dentidad masculina, a la vez que la ~menaza
una lapicera en una rifa), las circunstancias se verían uloh "',Lante a esta última se origina en una tendenCia .regre-
gadas a obedecer sus pensamientos; de modo similar, 1, extraordinariamente fuerte haci a la depeodenCl~ Y el
pensaba en algo, esto no ocurriría . El pensamiento m llUlbW 1II11niS •.ro pasivos. Resulta claro que el yo desempena un
s e aplicaba a hechos indeseables, como enfermedad" defensivo.
accidentes. La mayor parte del tiempo, sin embargo, e,""" este punto, sin embargo, debemos fo,:",ularnos otra
do las circunstancias no lo favorecían, Ben opinaba qu 111 "'n",t.,. ¿Cuáles son los componentes pulswnales ~~p~ctfi.­
tenía «mala suerte-o El tema de Hla buena y la mala suc,l responsables de las provocaciones de este .~o . En
ocupaba un l ugar privilegia d o en t odas sus historias. 10:, ItIrner término, tenemos la pulsión agreSiva y sadica, que
cualquier situación era víctima: la maestra le gritaba s61 .. aoti sface con el tormento de los otros; en ,*:gundo lugar,
él, los progenitores sólo a é l lo privaban de sus placeres. Rwnisión masoquista, que gratifica regr,:slva~llt:nte las
E l temor a su maestra adquiría propor ciones de terro r, .L'esi,ds,d'LS de dependencia. La autoafirmaClón sa~ca apa-
pánico; cuando exclamaba: -Quiere matarme_, lo decía li como egosint6nica., en contras~ con la re.nunca ma!i~­
ralmente. Afirmaba que e n presencia de aquel]a se senil I ¡U18tli, ajena al yo . Debemos ~am1nar tamb.én la partic.-
extremadamente nervioso: -Tembla ba. cuando ella lo 1111 de otra estructuro psíqUIca, el superyó, e n los pro~­
maba. Esperaba que . me agarrara de la camisa_ si no COII defensivos (yo) y gratifican tes (ello): L a culpa arr~Ja
testaba en forma correcta. Paralizado por el pánico, era in sombra de disforia sobre el comproIlllSO sadoma~oq~s-
capaz de hablar. - Tengo ganas de llorar y no puedo r esp' de Ben con el mundo externo. La culpa y la explac.ón ,
ra .... El hecho de provocar a la mujer homicida (castrador ' el niño experimenta como sacrificio e impotenoa, ~án
tenía dos objetivos: por un lado, afi r maba su autonomía d, ,¡ ¡a.dBLS a una cadena de acon t ecimientos que se movihza
acci6n o, en otras palabras, preservaba su identidad maseu sí misma y cuya función consiste en manten~r la angus-
!ina; por el otro, le permitía comprobar que el casti go n to en un nivel tolerable. Cuando Ben estalla, mesperada-
violaba su integridad fisica y mental (castración ), y, po, ente, y confiesa: . S í, soy malo, muy malo~, está. e~resan­
consiguiente, no representaba ningún peligro real. Ambo do la culpa que l e despiertan sus p~ovocaClones sadicas. Por
asp~ctos de la p~ovocaci6n const ituían, en consecuend n, otro lado la gratificaci6n masoqUlsta se expresa en su so-
JDedidas de segundad. E l grado y la persistencia del peligl'" lI1etimie~to al castigo que él mismo ha provocado. Su e~ta­
interno podían calcularse por el carácter compulsivo do SU" do de impotencia, la cmala suerte~ y el. tratanuent~ ~mJus­
provocaciones. En este punto so nos plantea el siguiente i n too no son más que signos de una neceSIdad mssoqUlsta ~ue
terrogante: ¿Cuáles son las si tuaciones de peligro especf(i _debemos suponer- se halla arraigada en una expenen-
cas y prototípicas contra las cuales se erigen l as defensas? cia traumática. La amenaza de capitular en el p~o emo-
La elección de estas, a sí como su e xpresión a través d e 1 cional moviliza, a su vez, una vehemente afrrmac16n de su
conduct a y la verbalización en el tratamiento, muestran un masculiuidad.
camino para responderlo. Después de examinar su curso a través de las tres estruc-
. Reconocemos la i dentificación d e Ben con el agresor, turas pSíquicas, el ciclo dinámico resulta c~"."o ahora. No
-igualmente hom.icida,.. ; t ambién reconocemos, e n el m e· obstante estas inferencias deben ser proVl.slOnales, pues
canismo de la negación, la eliminación activa del peligro ex- s6lo s e b~san en primeras impresiones. Empero, con el ñ:'
terno . Esta negación aparece en forma contrafóbica y es de proseguir la terapia, es indispensable formular una hi-
responsable de la mayoría de las conductas intolerables y pótesis de trabajo que la oriente por el momento. Mediante

147
146
la elaboración o el descarte de las hipótesis formuJad oM, 01 a las niñas con ciertos nombres que no puede repetir
bemos perfeccionar sin cesar e l grosero instrumento CUl' sesión- _Usted tendría que t ener menos de vein~ .
que empezamos a indagar. El paciente nunca deja d e oh o l~ gustan l as niñas porque son estúpidas_ .Difie-
cernas el material necesario para ese perfeccionamien l los varones, pues _tienen pelo largo y una costilla; de
principio, tratrunos de determinar los aspectos djnámj " Nunca se preocupó por descubrir cuál es la - di fe-
económicos del funcionamiento de la personalidad d a 11. real- entre runbos sexos, y da por t erminado el asun-
por el modo en que se reflejan en las tres estructuras pa' f.nrman.do que .uno nace mujer y otro varón-o Sí, una vez
quicas. Un ciclo patológico, autodestructivo, se alimenlll t!.~~;::!e a la madre acerca de ello, y esta le contestó que
s í mismo una vez establ eci do; es decir, una pau t a oh • r ¡,¡ puede tener un bebé y un hombre no». Esta. de-
vable (sintomatología) se reitera con absoluta monoton fll negativa acerca de la masculinidad (pelo, ~ostilla,
Durante una inesperada pero breve interrupción d e ' l. refleja el concepto del niño sobr-; la sexualidad: l~
última, Ben señaló: - Es gracioso. No puedo recordar 10 ... procreadora posee un poder supenor; ha de ser ~Vl­
pas6 en casa hace poco, pero recuerdo cosas que p aso .. "" y temida. En realidad, Ben carece de una concepCl~n
hace años~_ Recuerda las pesadi llas que tenía a los cio\l'n relativa a las diferencias genitales. Sabe que la mUjer
años, y el hecho de que - papá no estaba en casa en esa é l'" una vagina y el bombre un pene. pero agrega: .Ya sé
ca, y mamá me dejaba ir a su cama- o En la actualidad, e l 11. tengo pene; pero lo que no sé es si las niñas lo tienen.o
ño tiene dificul tades para concili ar el sueño; cuenta una PI En el resto de la sesión lo absorbe la tarea de convertir
sadilla reciente en la cual aparece su maestra, quien , en 1 muñeco padre en madre, asignándole tareas de ama de
sueño, tiene una hermana gemel a. Confirma con una o m en abrir de piernas al muñeco niño.
plia sonrisa la interpretación de que la hermana g e m e lo .'. otra oportunidad en l a que Ben se estaba expla-
la terapeuta y de que su cautela con respecto a la terapia ,.,ld.o acerca de su miedo 'a la maestra, el cual seguía a las
debe a temores similares a los que ha experimentado en 11. 1n1",~"""ci,(mes de que la hacía objeto, inter rumpió de repen-
escuela. - Dejemos este asunto- rue su réplica, habitual, plll el biJo de sus pensamientos, se dirigió hacia el pizarrón y

;
lo demás, cuando se trataba un t ema que le producía alg\1 ~~::i~ la palabra .Auxilio». Al preguntársele, no supo ex-
na inquietud. por qué lo había hecho. ¿Carece realmente de s~gnifi-
Este ejemplo pone de manifiesto que el yo de Ben permito
a est e tener deseos infantiles, manteniéndolos lejos en 01
tiempo, como ctJDeros recuerdos,.. Por el contrario, cuandn
.u este pedido de ayuda subsiguiente a la revelaclón de
temor a que . la maestra me mate-? El niño responde a
ata sugerencia con irritación y suficiencia, Y rech~za l a
l as mismas necesidades emocionales e instintivas perten charl a diciendo que simplemente son . estados de ánuno» y
cen al presente, - no se las recuerda _o Cuando la terapeut, nada puede hacer para remediarl o. La terapeuta se compa-
exponía un nexo interpretativo, el paciente lo ignoraba; si n dece de esta deplorable circunst ancia Y Ben confirma sus
embargo, nunca respondió con una actitud negativa gl obal apreciaciones asintiendo con la cabeza. De re~te, el ~no
hacia la terapia . El niño quería algo: ¿Qué? Para hallar I pasa a otra cosa -un cambio en el que descubnroos ~~e­
respuesta, haré la sinopsis d e dos sesiones. aión incidental pero no un desvío del t ema-o La asoClaClón
siguiente se refiere a l padre y a cómo echa de menos l a
a ) En una oportunidad, durante los primeros seis m eses compañía de este: le gustaría que l o llevara a un partido de
del tratamiento, Ben hablaba, como lo hacía con frecuencia, béisbol. ·
acerca de las injust icias que debí a soportar. Mientras lo
hacía, levantó un "D1uñeco padre» y comenzó a pasar sus 1 Esta es una reveladora fal si ficación de la creación de Ev'a ; dice, en
dedos entre las piernas de este. Al mismo tiempo, contó qu e esencia: lo que el hombre pierde 10 gnnn. la mujer. Por supuesto, ello
había mirado en el armario del padre. descubriendo su r e- no fue interpretado en ese m omento, pero s e lo mantuvo _en reserva ..
galo d e Navidad; luego se lo habia confesado, y aquel , como para su pos ible uso futuro.
era previsible. lo castigó. De manera abrupta, declara q ue • En las referencias al _béi sbol_ debe tenerse e n cuenta. para com-

149
148
D~sanim~do por este pensamiento, se vuelve, inqu'" el trntamiento de Ben demostró que es-
~aCla las pmturas, ?espués de advertir a la terapeu~1I ." recibir ayuda, pero se sentia tota1ment:e inco~­
el no es -bueno •. PInta las caras de un nii\o y un poyu . .d ••<Io. Por cierto los responsables de su tcrapla sc Vle-
Los resultados lo llenan de desaliento: -Esto no es nad'u cosados, al p~cipio, por la incómoda sensación de no
Es horrible ... ¡Mire la oreja!-. Lo que lo decepciona en h el caso en absoluto. o obstante, siempre vale la
bos casos son l as orejas. En un retrato estas son deform • prestar atención a algunas señal.e s, aun~ue .sean débi·
demasiado !:,Tandes; e,:, el otro, el siti~ que les correspon, Ilntes de ahogarlas en un fárrago de exphcacl(~nes e~te­
ría está cub1erto de pIntura. Abandonando esta activlcl,"1 podas la más común de las cuales eS la .reS1stenc.a • .
el niño declara que, después de todo, su padre es real m.", In.ca.patc':idad de Bcn para responder a las expectativas
un -buen tipo_, aunque grite demasiado. Cuando se lo di ",111~,uticf'S no podía atribuirse sólo a la resistencia, la .~a­
que la sesión ha terminado, se pone de p ie de un salto ,..." de la familia el miedo a la crisis, etc., pues el nmo,
alivio; luego se detiene y en tono casual deja caer el co';' n pllrecer, tTataba desesperadamente de comunicar fr?g-
tario de que al volver a su casa suele comprar una barro ,le significativos de información a la terapeuta, qill~n
confite! pero que esta vez n o podrá hacerlo, pues se ha qt.. "ólo fracasaba en sus intentos de entender el mensaje,
dado SIn un centavo. Al ver q u e la terapeuta no le ofr¡,•• que se h a bía convencido de ese fracaso. . .
ayuda financiera. Ben abandona el consultorio sin de l' tendencias descriptas abarcaron un penodo de caSi
una palabra. meses. Si bien no son rar as en la fase irucial del trata-
Estas sesiones constituyen un ejemplo típico de mucl, • ah,nl,o de un preadolesccnte, ciertos aspectos de l as lD:is-
otras; no obstante, ese carácter repetitivo refleja una pau determinaban el escepticismo terapéutico. Las quejas
ta.2 Las s e siones suelen comenzar con un esfuerzo por t U ~I)el;id.as y la ausencia de movimiento . terapéu~ico, por
municar «algo importante. a l a terapeuta (b, Il. Tan pronl" Woo"."n l e, planteaban el interr~gante de SI er~ poSible o no
como sus comentarios
. adquieren sentido , al reu n írselos NI el caso. Las interpretaClones, expltcaclones u obser·
un pensamlent~ c,:,mprensible (b, 2), el paciente se escol.'" 'Olci~. nE'~ compartidas destinadas a promover la introspe~·
n;'-0strando aba~llIDento o haciéndose el payaso (b, 3). Ren no surtían efecto alguno. El cir culo vicioso del complejO
Clona ?te l as Interpretaciones, explicaciones o pr egunuuI síntomas, al que ya hemos aludido, se repetía sin pau-
co~o ~I fueran a t ?ques, o exigenci as de que se someta al en y con tal vigor que los pro~enitores, des~sperad,:,s , co-
nOClm1ento supenor de una mujer (b, 4) . A ello le sigue Unl' a cuestionar la utilidad de la pSlcoterapla y a
fantasía restitutoria, q ue por 10 general se desvanece rápl pensar seriamente en separar a su hijo de la familia e inte.:·
d amente (b, 5). Se abandona otro esfu erzo por comunica, arlo en un centr~ de tratamIento. Por fortuna, se pudo evt-
.algo importante_ antes d e entenderlo (b, 6). D e nuevo •• tor que aqu ellos adoptaran una medida precipitada,:, im-
b~sca reaseguTam..iento a t ravés de UD deseo, un pensa p rudente. La madre, entretanto, h~ía iniciado tratamIento
m .ento (b, 7), una fantasía o un pedido de suministro con pSicoterapéutico y, a pesar de sentir se exaspera~a Y decep-
creto (b, 8). cionada, rue capaz de entender que el hecho de mternar a
I U h ijo no implicaba solu ciones.al pr~blema, SIDO e~~dirl0.
En esta etapa, declarar que era unpos.ble tratar. al ru:n? hu-
prender .a .lgunBS#?e las interpretaciones, que en el inglés coloquial biera sido equivalente a admitir que su patologJa habla .es-
«un partido de béisbol» es -a ball garne .. ; literalmente., -un juego do capado de nuestra comp rensión. Una decisión d.e .tanta ';ill-
pelota •. CN. del T .}
po r tancia no debía apoyarse en bases p ragmatic~s, sIno
2 La sesión b que hemos tomado como muestra sintetiza de la si. científicas. No podía negarse que Ben estaba ansIoso por
g~ente manera la tendencia general de tales e ntrevistas: (b. 1) a u.
xilio; (b. 2) la maestra podría matarme; ansiedad, pánico; (b. 3) meroH continuar el tratamiento, había establ ecido una b uena re-
es-t;ados de ánimo; (b, 4) echo de menos a mi padre; (b. 5) partido de lación y participaba de modo inteligente. Hab ía ?ado m ues-
bé.sbol; (b, 6) la pésima oreja; lb, 7) papá es un buen tipo; (b, 8) barrn tras de sufrir un conflicto interno, al que proteg<a con tena-
de confite. cid ad de cualquier intrusión. Cualquiera que fuese el rum-

150 151
bo que Ben imponía a su material, volvía a caer inevitcb l
mente. en las quejas acerca de las injusticias que el m lll ul.. . Análisis de un estancamiento
cometía con él y de cuán impotente se sentía para modifi~ "
su suerte. la terapia
Ante esta coyuntura, emprendí una cuidadosa revi s jóll
del material .r eunido durante ocho meses. Me referiré ahollO
al nuevo ons.ght que obtuve, a la sospecha que me asaltó
CJ.ue luego se convirtió en una hipótesis de trabajo y por ul
tlDl.O , a los datos que sirvieron de base a las inf~r~ci a8
resultados .
En mi revisión de los ocho meses de terapia de Ben, re-
sumamente claro que no había inclicio alguno de fun-
llol<J.a.m:·ieIlt<> fronterizo; el chico se ballaba bien arraigado a
realidad. Por supuesto, en los ámbitos de la provocación
lD~npul:si\la y el complejo de persecución dominaba, en efee-
pe.ns:arn,jelrlto prelógico y mágico. El núcleo patológico
IlllWla en la actitud general del niño hacia la vida, su ima-
de sí mismo, su identidad sexual y su autoproyección
el futuro . Todos estos aspectos conscientes estaban mar-
ca,dos por una sensación difusa de insatisfacción e impoten-
Ben aceptaba sólo parcialmente y en forma conflictiva
mejoramiento regresivo de este afect o displacentero y
lu,st.a depresivo.
En el niño en edad prepuberal el ascenso de la modalidad
pnital de descarga pulsional intensifica la angustia pro-
ducida por la pasividad regresiva. Este hecho relativo a la
maduración contrapone la necesidad aún vigente de la
madre numcia y protectora al surgimiento de la seKUalidad
..,mtal. El adolescente proyecta como temor a la mujer -o,
de modo más especifico, a la mujer castradora- el miedo a
regresar a la dependencia infantil, a someterse a la madre
arcaica y omnipotente de l a infancia y la niñez temprana .
Al ámbito de la angustia de castración pertenecen los obs-
táculos reales o imputados a la maduración (- la madre con-
troladora. ) y los efectos del narcisismo (en mayor meclida
que el orgullo) parenLal eOl relación con los logros del hijo
(. Mi hijo, el mejor alwnno.).
Los intensos temores que Ben verbalizó de manera tan
elocuente con respecto a la maestra se ajustan perfecta-
mente a la configuración conflictiva típica del adolescente
que he descripto en términos teóricos [Blos , 1958, 1962,
1965]. Mi teoría de la adolescencia se vio confirmada tam-
bién por el vuelco de BeD hacia su padre como protector
contra la madre preedípica, arcaica . En esta fase, el padre

152
153
no es todavía competidor en una constelación triñdi Cll ' de sí mismo . De este modo , influye indirectamente
decir, edi~ica. La compañía masculina ofrece segurid 11; I "
Ben; por. CIerto, la falta de disponibilidad emocional d el JI"
dre conVlerte e l reclamo del hijo en un desespe~ado pedi d"
de auxilio.
'.
actitud los estados de ánimo y la conducta . Debe ad-
rse que ,ambos tipos de secretos 50.D externos; .50 o se-
IIclruri'U1l,ellte se vuelven parte esencIal de la pSlcopato·
central del niñ o.
Todo esto es caracteristico del preadolescente. Sin emb " material de Ben apuntaba a un e stado do: testíc,:,l?s
go, la persistencia, si no el agravamiento , de los s í nt mIl ""oleto". En virtud de mis estudios sobre la cnptorqwdia
de B en --en general, su monótona reiteración- desp t i" 1960], sabía que La omisión d e est e estada, en la hlst<:
~reocupación ..N'0. se trataba, en este punto , de que se cu clínica del niño no es nada infrecuente. SabIa que el 01-
tlOnara la pOSIbilidad de tratar al chico, pues este probl 01" nunca revela espontáneamente este estado al terapeut a ,
ya se había resuel to afirmativamente. E l problema, aho r .. caso de q ue los progenitores 10 ignoren. Sólo pu e ~e ser
era c~mprender de maner a más exacta y profunda la polIO mediante datos i ndirectos, como la eleCCIón de
géneSIS y e l lllodo de funcionamiento en virtud de los cu a l. uu-,~~ueuI esqu ema corporal, la identidad de géne~o, la
el estado patológico babía conseguido mantenerse inta ctu """lt.i!;¡a~i~órl. Además, se refleja en un estado de resIgna·
Pensamos en el compromiso sadomasoquista del yo y en . " rebelde, que in11uye de modo si\"tn iflcativo en la conduc-
desastrosos efectos sob re la formación de l as facu lta d" atribuyéndole inte nciones mágicas. E l terapeuta debe
adaptativas; pero el esfuerzo terapéutico dirigido hacia eij l. el estado genital junto con l a recomendaCIón o e l
fin fracasó. No obstante, la perturbación de Ben era de fll II<Ilido de examen médico.
dole neurótica; por consiguiente, debería haber sido, al al Los padres de Ben nunca habían mencionado una anoma-
nos. de algu."a manera obs~>rvable, susceptible a la psicot" genitaL Sobre la base de datos ind i rectos contenid?s en
TapIa; por CIerto, l a correcCIón de este problema no requeri I material de entr evistas, se le preguntó a la madre SI Ben
controles ambientales. testículos retenidos; se obtuvo una respuesta afirma-
Mi experiencia terapéutica me llevó a sospechar qu e en La madre informó que cuando Ben tenía 5 años el.doc-
]os casos en que se produce un ctimpase". semejante, exiSh' había diagnosticado una hernia y testículos ret emdos.
un secreto pr~sen te o ~asado, relativo a la familia, que ell h ernia desapareció en forma espontánea, pero se poster·
la mente del Joven paCJente ha caído bajo el dominio d e 111 una edad más avanzada la corrección de la criptor·
BDlDesia. Este tipo de BDlDesi a no era resultado de la re II U"U18 . Nunca más alguien hizo referencia a la anomalia
p~sión en cuanto mecanismo de defensa; en cambio, e l 01.
v~do se debía a una orden impartida por el ambiente, ID La experiencia me había enseñado tan:'-bién que si en la
diante gestos y ejemplos, para olvidar e ignorar. Por lo tan labor terapéutica se omite el defecto gellltal.se.p~oduce en
to, la .fuerza ~presiva era externa !Blos, 1963). El esfuerzo ella U D estancamiento, cuyos rasgos son slDl l l ares ~ 10.5
abo r tIVO por l.l~tegr~ .la experiencia perd ida al yo y a Su observados en el caso de Ben. Se nota una cadena de mdi-
S:S~lllB lllflémiCO orlgIDa formas psicopatológicas caracte- cios constantes y repetidos de comunicac,i6n significativa
rísticas, entre Las cuales ocupa un lugar destacado el sín- que, al parecer, se prestan a la interpretaclón o SIrVen como
drome de - actuación_o hitos para la investigación; no ~bstante , de un modo u otro,
Otra clase de secret.os, de val encia patógena similar s stos halagüeños atisbos ternunan ~ n nada. Hasta que e l
relaCIOna con algún defecto usico al que los progenitore~ no defecto genital no constituye m~tena .de CO~oc.lIDlento por
?restaron ni.prest.an atención y al que d e hecho ignoraron " parte del niño y el terapeuta, es ImpOSIble ~nal'. los obs-
Ignoran delIberadamente. La inatención selectiva de tos t.áculos que han mantenido intacto el complejO de sm~mas .
progenitores es complementada por una inatención selecti . Intentos tales como las interpretaciones, el apoyo yOICO, la
va 5elllejw;>te por parte del niño . No obstante la negación a participación comprensiva y la acti t ud p.ennis i~a o ge,::-
la que oblIga el ambIen te, la anomalía física, cualquiera rosa del terapeuta pronto demuestran su ~e~caCla~ el nmo
que sea, se refleja en el esquema corporal o en la represen- los considera esfuerzos inútiles, aunque blenmteoclonados.

154 155
Un niño criptorquídico suele aferrarse a la terapia COl\ 111 familiarizado con el proceso de decodificación de esta
quebrantable pertinacia, en la esperanza de que -todo .,., !I"",a1fa genital. .
puesto en su lug8I~~ . aras de la claridad, he organizado el matenal de en-
Dos actitudes de Ben (sus excesivas exigencias de co ". _'8',as pertinente en cuatro puntos; est~sJ .por su .mlS~~
materiales y la sensación de que habían cometido unn 111 ~cit¡n, permitirán analizar las <;aractenst.C8S pSlcolog.-
justicia con él), si bien pueden interpretarse con SOSpeChh , y conductales de la criptor<¡Uldia.
facilidad como fenómenos infantiles y regresivos, aparee 11
por lo menos parcialmente, bajo una luz diferente si se h••
relaciona con un defecto genital. La búsqueda de integr.tlu4
física, tan rápidamente caratuJada como un fenómeno ,l. sintomáticos
mezcla o de fusión infantil, aparece aquí como un recIo",
normal de restitución, que el niño dirige a la Madre NollI Cuando Ben concurrió a su primera entrevista, tenía la
raleza. Era justo que recibiese no sólo algunas sino todo l'IIiruE!ta abierta. En sí mismo, esto no significa nada espe-
las partes (yen sus lugares apropiados) correspondien pero se tuvo en cuenta la observación y se planteó la
un genital masculino completo. En la pubertad, este sorl .. ft:¡;(Ilnla de si e l muchachito, inconscientemente, no esta-
defect o adquiere una connotación particularmente penosn. amando la atención sobre sus genitales; si era así,
pues provoca en la conciencia del chico un estado de incerll contenido mental particular debía atribuirse a ese be-
dumbre acerca de su masculinidad y sofoca la declaraci h ¿Se repetiría? Esto no ocurrió, pero la zona ge~tal
afirmativa de una realidad corporal masculina, tan esene",1 ¡gniLLI[lUU siendo una parte del cuerpo sobre la que el paclen-
para un muchacho en proceso de maduración. llamaba una y otra vez la atención, tirándo~e de los pan-
E l grado de ansiedad vinculado con este incierto estad" en la entrepierna Y manoseando esta area ~entras
genital es tanto mayor cuanto más fuerte es la tendencin :::~:~~: decir algo. No resultaba claro si es,:,," act'Vl~~des
regresiva hacia la pasividad y la sumisión. Por supuesl.(), indicaban tendencias masturba tonas Y exhiblC10-
dicha tendencia es previa a la pubertad, pero se afirma CO II ::~~~~o;~e:ran gestos reasegu r adores y protectores, siInilares
más vigor durante la fase de la preadolescencia. El niño al los de los niños pequeños que se aferran a su pene cuando
terna la autoafirmación y las exigencias agresivas con ro sienten asustados O presa de angustia. .
clamos impotentes para que lo conforten fisicamente y 1,- Las mentiras de Ben tenían un carácter COm,pulslVO y, al
proporcionen autoestima. Todos estos esfuerzos se dirigen, '1nislno tiempo, un propósito consciente y manejador. Resul-
en su mayor parte, a la madre. La sexualización de esta, obvio el esfuerzo por controlar a los otros y no ser con-
tendencias determina una enmarañada relación sadomas \rolado por ellos. Además, las mentiras poseían la cu?,Jidad
quista con el ambiente, tal como el caso de Ben lo pone d(' de un juego -de imaginación-, cuyo encanto partIcul ar
relieve. Como Ocurre siempre en estos casos de adolescen- residia en el hecho de que alteraba la realidad, a voluntad y
tes jóvenes, existe una red de precondiciones infantiles que fácilmente , mediante la magia de la palabra hablada. ~ I
entran en pugna con los impulsos preadolescentes y los uso de la negación como reaseguramiento y fuen~ de sunn-
cambios corporales de la pubertad. nistro narcisistas se hallaba estrechamente relaclOnado con
En este punto, debo informar al lector acerca del razona- estos fenómenos. Dicha defensa se había sexualizado, adop-
miento que me llevó a sospechar que Ben tenía problemas tando así las características de un síntoma. .
testiculares. Es preciso aclarar desde un principio que nin · E l hábito de perder y olvidar cosas constituía un acto SlO-
guna faceta aislada justiñcaría, por sí misma, dicha con - tomático de orden muy diferente. Ben perdía constante-
clusión. S610 después de articular las distintas piezas del mente sus libros, sus zapatillas de goma~ su pase p~a el
rompecabezas podremos reconocer una imagen sugestiva. ómnibus, su sombrero, su gorra. Sorprendla, en es~~clal, la
Mis estudios clinicos sobre la cripto rquidia en niños en pérdida del pase, pues. este rep~esentaba ~ pOS~SlOn más
edad prepuberal -etapa temprana- [Blos, 19601 me ha- preciada; lo hacía sentIr cSupenop., . varonil- e ~Importan-

157
156
te». ¿Se basaba esta pérdida de objetos en sentimi ent.o. ,1 de reaseguramiento y esperanza . La confusión y la
~ulpa? ~Era un acto masoquista. o, quizá, una abrog lH I I de su identidad sexual se refleja en su esquema
lnconsCJente de su masculinidad? r I l " ' .... el cual, a su vez, determina el componente irracio-
En el materi~ se daban casos inexplicables: palabr n que descubrimos en su prueba de realidad. Debe te-
aCClones apareClan ! desaparecían en forma abrupta , eO tlll en cuen ta que la percepción correcta y estable de la
estrellas fugaces, S1ll dejar rastro alguno acerca de s u UfI realidad corporal se complementa, ipso {acto, con
gen o su d~s~o. Perduraba el deseo de la terapeut a d e ,... percepción similar del mundo externo. Cuanto menor
tender el slgnificado de todo ello. Como ejemplo, recucrdl' I la discrepancia entre el percepto y el concepto de rea-
lector la palabra que Ben escribió en el pizarrón (-Auxiliu I corporal, más confiable será la capacidad relativa a l a
Este espontáneo SOS se originó «sólo en un estado d e ," de realidad.
mo,,:, explicó él;. pero nosotros teníamos la certeza de quo .1 pintw'as y dibujos de Ben indicaban una insatisfac-
pedido de awtiho se había referido a una si tuación de pl.1I decisiva con sus partes corporales. Las orejas siempre
gro ,:specifica. En otra oportunidad, de nuevo en forma 11 JW'Dio.o mal; faltaban por completo, eran demasiado gran-
p~".ti.na, Ben se dedicó a efectuar en el p izar"ón una la'll" O consistían simplemente en una mancha de color. El
d.ivlS16~,. agregando cero tras cero interm inablemente. I!! de centrar la atención en las orejas bien podía ser un
tas actIndades eran seguidas, en general, por COnversa , ...,I"u'.....""CL to de abajo hacia arriba. ¿Qué significaba?
nes ~u:' en vez ?-e elucidar su sentido, 10 oscurecían.; de m niños con testículos retenidos siempre utilizan los ór-
do S I milar, las lndagaciones acerca del signjlicado de S il pares como sustitutos o equivalentes de aquellos .
acciones resultaban infructuosas. pintaba jugadores de béisbol y magos, ambos perso,:,a-
restitutorios. Junto con esto, las numerosas referenclas
las pelotas (béisbol) y el temor a lastimarse durante el
--especlal mente los globos oculares (ot ro órgano
El esquema corporal y los equivalentes ••r)-- nos rocier on sosrbar que tal vez existiera un .pro-
de los órganos _ '.u,i1 con las pelotas - o
Cuando jugaba al béisbol, el niño usaba anteojos de sol
El . esquema corporal forma parte de la representación di' proteger sus ojos; luego anunció que tenía un defecto
s~ mismo. En esta medida, tiene dos componentes: uno ~, . ""\UU (ceguera a los colores). Esta deficiencia era cxage-
vtncula con el cuerpo tal como se lo percibe, y el otro, con I si es que realntente existía; ningún miembro de la fa-
cuerpo t~ com? se !o concibe. El concepto de cuerpo t.ien ' había oído hablar nunca de ella. Por consiguiente,
connotacJones lrrac10nales que influyen en forma dccisivn un mensaje confiado a la terapeuta, en la espe·
en la conducta y los estados de ánimo. Ben dice muy clarn ronza de que 10 decodificara. El hecho era que su juego fa-
~ente: ~Ya sé que tengo pene; pero 10 que no sé es si las ni vorito, al bé.isbol, se había convertido en peligroso debido a
~as lo tienen o nO f) . Por consiguiente, que una njña sea d ía. todo tipo de accidentes potenciales, como .quebrarse una
bnta o semejante a él es asunto discutible. A un nuevo re. pierna- o . destrozarse la cabeza de un golpe_o Nunca había
lato de los agravios y el tratamiento injusto que recibía l o wfrido un accidente, pero I.enía la idea de que esl.uvo una
~guía la explora~6n de la ent~epierna de muñecas y mu o ve" en un hospital por -quedárseme metido un carozo de ce-
necos. ConversacIones CODCO"IDltantes no dejaron ninguno reza en la nariz • . Luego de pensarlo otra vez, no estaba se·
duda d~ 5ue el paciente no poseía UD concepto claro de va. lfUI"o d e si había sido él o su hermano . De todos modos, el
rón y ~a, de hombre y mujer, a pesar de que un libro que carozo sólo pudo ser extraído en un hospital.
le habla dado su madre le había proporcionado un conoci.
miento anatómico exacto.
El hecho es que Ben no quería saber; la incertidumbre I Con referencia a ..j ugar a la pelota. y l DS .. órganos pares", véase
con respecto a l a diferenciación sexual se había vuelto uno Bias /19601.

158 159
Recordaba que el episodio de la hernia había tenido lu 11 y de las injusticias que siempre cometían con él. Las
a los 5 "?~S, pero estaba confundido respecto de su locall .. " .""rsa,cj,ones invariablemente terminaban en lo mismo:
cl.60, ~blcan~OIn cerca del pene. No sabía qué era llIUJ. h • cambio era beDeficioso, y para él , signado por la
Ola; solo sabIa que estuvo allí y luego desapareció. Lo lu suerte-, no había esperanza alguna.
mores al daño corporal eran generalizados. Ben tenía plt." ~Uu"l1.ca,ba enorme importancia a su pase para viajar en
conciencia de su baja estatura y su exceso d e peso. Cono"" l1rt'b •.lS: tenerlo bien seguro eD su bolsillo lo hacía sentir
raba que ?l hec:ho .de que los otros niños no simpatiwr " un hombre» . EntoDces lo perdía. Su intelecto s uperior
Con él debla atribwrse a su aspecto fisico. Cabía pregunl" otra posesión valiosa: recordar su inteligencia le pr~­
se, pues, qu~ se hallaba en condiciones tan desastrosa8 '" ,":10'<1808 una sensación de bienestar. En cierta oportwli-
su e:<tado fislco. En un niño de esta edad, lo primero en qu decidió acometer una tarea casi imposible: aprender
se. pIensa es, por supuesto, en el deseo de «crecer» y en t I ~ombres de todas las calles de la ciudad, con el nn de
mle<!0 a .ello; p':TO este conocido tema no proporcioDaba un l'\E,nlA"se mejor que cualquiera. Viajar en ómnibus con su
~xpli?,clón sabsfactoria en el caso de Ben. Este se scnl! lo ayudaría a alcanzar e sa meta . Mis est.udios sobre
lnsatisfe.cho con su sí-mismo corporal y esperaba que todl' me permitieron reconocer. en la exploración
los demas fueran consC1entes también de su estado fls in, IpaclaJ de las calles en cuanto vías de ingreso y salida--o,
para aprovecharse de él o para rechazarlo a causa de e llo.• general, en la curiosidad geográfica de Ben-, un int.erés
.. r.,re,nte a la topografia corporal. Est.e proyecto nonca se
a cabo. La idea de ser capaz de cumplir semejante ha-
bastaba a Ben para res tablecer su sensación de domi-
Fenómenos restitutorios Asimismo, las payasadas y el afán d e ridiculizarse y_de
a los otros, en especial a la maestra, ¿no podrían
Cie~ movimiento abdominal involuntario atrajo nuestrM :~~.~~r~~r.:e' esfuerzos restitutorios? ¿No cabría parafra-
a~enc16~ desde el comienzo del tratamiento. Ben nada PI' _'ln.U~ diciendo: .NO es de mí, sino de ti de quien deben
dla .declr acerca de su historia; de hecho, este síntoma, qu reírs'.; se burlan de mí porque soy inteligente; cuando yo
teru~ el carácter de un tic, no le molestaba. Una vez estll río, es a costa tuya; yo manejo los hilos y tú salta..?
bleClda la sospecha de criptorquidia, ese extrafio movirniclI
t~ adquirió el significado de un gesto restitutorio; simul
táne.'lI,;,ente, co~maba la sospecha. Consideremos que (.1
mOVllDlento caSI mvoluntario tenia el propósito de empujul'
los t:stículos dentro del s~co escrotal. En este sentido, co
rregla = defecto que constituía una fuente de ansiedad con~ Un niño de 12 años puede decir muy poco acerca de su vi-
tante ., S I n~estra suposición era correcta, dicho movimientu da interior; esta no es la edad de la introspección, la obser-
d~bena dejar de ser extravagante y convertirse en un acl.lI vación de sí mismo o la curiosidad psicológica. El niño sólo
"Justado a un propósito, aunque involuntario. puede revelar 10 que está al. alcance de su co,:,:iencia! por
. Ben atribu~a, por desplazamiento, enorme importancia u ejemplo: acciones y hechos. Sm embargo, tamblen alud1rá a
C1ert~ poseSIones materiales y aptitudes mentales suyo '. ciertos temas sumamente personales e íntimos. Estos te-
pero Sin obte:>er de ellas ninguna satisfacción duradero. mas , por lo general, quedan pendientes: no terminan. d.e
Por el contrarIO, deseaba perderlas o las perdía inconscien eompletarse en relacióD con el papel que tienen en la activI-
temente. El intento de examinar e~tas pérdidas en funci ón dad psíquica y, particularmente, con la enfermedad o el
d~ su inmolación -es decir, como expresiones de senli complejo de síntomas. Cualquier tema , una vez introdu-
mIentos de culpa y sacrincios expiatorios- no tenía sentido cido, tiene que complementarse con ~eferencias que mues-
alguno para el niño; sólo podía señalar que los hechos coli tren on significado o valencia espeCIales. Para ello .conta-
dianos eran pruebas irrefutables del trato arbitrario qu e rt'- mos con el uso que el niño hace de símbolos, gestos, Juegos,

160 161
teatralizaciones y paráfrasis, y, en particular, con su 111 1. Miedo a la mujer castradora (maestra). .
xOs asociativos. 2. La fuga hacia el rol femenino provoca turbaclón
Estos ne.,<os se mani1icstan en charlas al parecer inl'o'" (trabajo con el cesto).
xas, en :1 hecho de saltar de tema en tema, interrumpII 11 3. Vuelco hacia el béisbol, el mundo de los varones.
4. Tener un amigo agresivo no sirve de nada ...
pensanuento para seguir otro y desplazarse hacia mCl41"
expresivos de acción. A través de este camino indirect" I 6. Desafío al ingenio de la terapeuta (el acertijo).
terapeuta obtiene la información más útil acerca de la v:oI. 6. Aumento de la angustia: deseos de orinar. .
i nterior del paciente y los procesos patológicos en acción I 7. El niño está dispuesto a atacar a la terapeuta (jue-
tarea del terapeuta consiste en reconOCer en la secuencl/\ 1I go de damas). .
temas, aunque sean heterogéneos y carezcan de conexlt . 8 . El temor a su propia agresión lo lleva a la renunCla
racional, un mensaje pertinente, homogéneo y significai, " y la derrota.
Con el fin de il ustrar eslas observaciones, expondrcmli
ahora dos secuencias asociativas. Unificando estos temas, tenemos la siguiente secuencia
Un día, al principio del tratamiento, Bcn llegó presa ti lIIhi!roenlte de ideas:
gran excitación. No podía dejar de pensar en su maeslro
en el dano físico que esta podría infligirle . golpeándol 1 Para evitar el daño físico iniligido por la mujer ca:'trado.
cabeza•. Un incidente semej ante nunca había ocurrido renl (1), puedo elegir identificarme con el sexo remenmo (2);
mente. Ben se rió cuando la ter apeuta le indicó que ello pu es agradable, pero inaceptable (3); no h.ay más ~medio
nía en peligro sus facultades cerebrales; no obstante, qu du defenderse (4) e identificarse con el amIgo agresIV?; pe-
el hecho de que él sabÚl que la maestra iba a dañarlo corpu esto tampoco es una solución, pues pelear (6) sexualiza la
raIn:ente . Luego abandonó este tema y r ecogió un cesto quo InlJiedad concomi tante (deseos de orinar) (6); sólo la agre-
habla empezado a hacer dos semanas antes. Se instaló COII puede restablecer la sensación de integridad m?SC1;'I~­
actitud cómoda y satisfecha en su silla y reinjció el trabajo. ( 7)' en algún punto, esto siempre se convierte en mhibl-
Cuando advirtió que la terapeuta lo estaba observando co. ~ la búsqueda de seguridad mediante la derrota.
menz6 a sentirse cohibido; se ruborizó y se puso nervi'oso,
Por últ~o, .renunció a dicha actividad, se dirigió al piza . En suma, aquí se pone de manifiesto la ambivalenc~a de
rrón y dJbujó un marcador de béisboL Mientras lo hacía. Sen con respecto a su identificación sexual y la gratifica-
habló de ~ muchacho con el que su madre le había prohi. ción que obtiene alternando la lucha y la ~errota; en otras
bIdo que jugara, porque le gustaba pelear. Pero Ben ignoró palabras destaca la enorme fuerza del uuedo a la castra-
la p~hibición, y su madre, al saberlo, lo castigó. ¿Cómo se ción y d:' deseo de eUa., que lo lleva~ in~?rablemente, en
habla enterado? . Se lo sopló una chica». No podía entender un círculo vicioso, del ataque a la res.gnaClon. .
a su madre. Luego, volviendo al tema del béisbol, le planteó En la segunda secuencia asociativa cabe o~s:rvar vanos
a la terapeuta un acertijo: -¿Cómo puede un equipo comple- temas, ya conocidos, dentro del conte.xto orlgu>al de una
t.ar sel~ ~ueltas sm alcanzar nínguna base?, y le dijo que IICsión. . to
era caS1 illlpoS1ble resolverlo. ¿Acaso ella podía hacer lo? En En una oportunidad, en la etapa inicial del tratamlen ,
este punto, tuYO urgencia de ir al bano. Al regresar mani- Ben llegó quince minutos tarde; estaba -de pésun.o humOr>:
festó que quería jugar a las damas, advirtiéndole a Ía tera· .Me tiene loco-, dice repentinamente. ¿Q,;,é? . El t~empo». S .
peuta que iba a darle una paliza, de modo que se aeuviera a continúa lloviendo, no podrá ir a un partido d~ belsbol pro·
las consecue~cias . Jugó muy mal, se vio perdido y quiso gramado para dentro de dos semanas, apro=a~~ente .
abandonar el Juego. Luego habla. de lo bien que le va en l a escuela donurucal, en
Si organizamos el contenido manifiesto de esta sesión en la que le ha tocado un maestro. La fuente de ~us verdaderos
un.a secuencia de temas aislados, podemos anotar lo 5i- problemas es la maestra de la otra escuela: tiembla y se po-
gmente: ne nervioso al estar frente a ella; no puede contestarle, por-

162 163
que sienta como si tuviera ganas de llorar y le resulLo 11 .. daño permanente? (desplazamientos hacia los ojos,
posible respirar. Inmediatamente, salta a otro tema y dio orejas, el mentón, el brazo) (4, 5,H); DO ~es~ta claro de
que es ciego a I~s colores; sabe los nombres de estos , p , manera encaja en esta secuenCIa asoClativa la confu-
!",me mucbo e.qwvocarse. Quiere dibujar y pintar: dibllio u .. entre él y su hermano (7); el dolor estA en el estóm9.J'!0
Jugador de béu;bol con una cabeza grande y sin orejas " expulsar el dolor malo (gesto mágico) me. .t>a~e sentir
no puede escucbar al árbitro»--, sin mentón y con un lorw Estoy seguro de que nada malo me ocumo m me ocu-
cuello. Señala un error en el brazo derecbo, cuya mano 11 nunca (negación) (9).
va el guante y aferra la pelota. Menciona el accidente d "'1
jugador de béisbol profesional, que ose rompió una piern 11 Ciertos datos que me parecieron significativos eD un
algo asÍo. En forma abrupta, afirma que él mismo estuvo "11 no fueroD más que corazonadas. Fue a la luz de la
un hospital una vez por . habérsele metido un carozo do e ~~:~~~:~'~ ulterior de los datos aportados por las en-
reza en la nariz» . Agrega: -Tal vez fue mi hermanoo. Vuoh ~ que se sugirió la e~encia ~e eriptorquidia. De-
a dibujar, esta vez no una persona, sino una cancha d secuencias asoclativas, slmilares a las trans-
béisbol y una casa. Lo hace en forma distraida e indolente elevaroD al nivel de certeza la sospecha y la s uge -
y pierde interés en ello. De pronto, parece sentirse mili: .."Clla. Dicha certeza se basó en datos indirectos, es decir,
c:umdo se .Ie pregunta, Se queja de un dolor de estómago V la interpretación de los nexos asociativos y la represen-
p,de p~rmu;o para II al baño. A] regresar se sienta mejell', ¡acjión simbólica del cuerpo.
pero mega que haya teuido algún problema tisico o expeTl este punto, tengo que subrayar nue~amente que la
mentado dolor o malestar alguno antes de ir al retrete. :-; ~'=la(:ióD explicativa alcanzada no se denvó sólo del con-
muestra impaciente por concluir la sesión y a bandoDo I ..,~uu manifiesto de las comunicaciones verbales de Ben.
consultorio unos minutos antes de terminar su hora. absurdo atribuir algún significado especial al alivio
A] organizar el contenido manifiesto de esta entrevisto " mediante la satisfaccióD de la Decesidad de UD

:
una secuencia de temas aislados anotamos lo siguiente:
J ~i;;cl6~j~;~U, de vientre. Este acto sólo adquiere significado
dentro de una secuencia asociada de expr esio-
1. Afecto persecutorio desplazado al tiempo. sean verbales o motoras, gráficas O simbólicas. Los De-
a: 2. Seguridad frente al maestro. asociativos aunque no sean verbaHzados, atraen nues-
a: 3. Impotencia y angustia frente a la maestra. atención y 'mediante la interpretacióD, dan sentido a la
a: 4. Defecto orgáuico (ceguera a los colores). r hablada. Cuando las palabras dejan de decirlo todo,
a: 5 . Imagen defectuosa de sí mismo (falta de orejas). oz del silencio Oos nexos asociativos) la que habla.
I"sul·sa,ov...
a: 6. Accidente y hospital (pierDa quebrada, carozo di' La asociación que ligaba el carozo de cereza atravesad~
cereza en la nariz). n un conducto o canal con el dolor de estómago y con el ali-
a: 7. Carozo de cereza y hospital: confusión entre sí mis- vio obtenido al expulsar algo actiVRlIleDte era muy revela-
mo y el hermano. dora. La negacióD de Ben eD cuanto al carác~ :elevan~ y
a: 8. Dolor de estómago, movimiento de vientre. lrigoificativo de la secuencia manifiesta y asoclatlva se aJus-
a: 9. No pasa nada, no hubo problema alguno con mi es- taba perfectamente a la facilidad con ~ue su yo r~gresaba,
tómago. ante un peligro, a la etapa del peDsamlento prelógtco o .a la
magia del pensamiento Degativo. El ~echo de sustltUlT l a
Uuificando estos temas, hallamos la siguiente secuencia tendeDcia regresiva por la preferenC1a o el re~hazo haCIa
coherente de ideas: ciertas asignaturas en la escuela puede conSIderarse un
triunfo del yo; tal es el caso de la notoria falta de interés de
El mundo entero se ha propuesto arruinar mis placeres BeD por el estudio del cuerpo (biología), en contraste con su
(1); la presencia de hombres me reasegura (2); las mujeres marcada inclinación hacia e l estudio de las estrellas. Los
me asustan (3); algo anda mal en mi cuerpo; ¿ha sufrido cuerpos celestes, después de todo, se hallaban a prudente

165
164
distancia y era posible contar con ellos para siempre ~ I ca u optimista, del análisis precedente. La interven-
material citado permitió entender el presunto tic abdollll de la terapeuta -es decir, la confront.ación del mu -
?-al, que ahora aparecía como un gesto mágico para -em" .. con su defecto ñsico- no aspiraba a resolver su en·
Ja.... los testkulos fuera del -estóm ago». El análisis d i ... II'rnee(l,m neurótica, sino a hacerla accesible a la terapia.
datos nos dio la certeza casi absoluta de que la mente de l~," criptorquidia no fue considerada como agente pa.M~no
se hallaba ocupada por la angustia relativa a la falta do 111 la emocional de B en, smo como pnnClplO
~~idad real de su cuerpo, junto con el problema de la po.I ~~~!f~~~:1 en torno del cual había cuajado aquella . Es de
bilidad O no de repararla. Ello habia adquirido ya el car • ¡. importancia advertir que la anomalia física había
ter de una _i.cUe f'ixe . o de un pensamiento dominante: \.ml" .vil.do hacia sí la angustia originada en va l-ias fuentes y
lo demás era menos urgente o tenía menor importancia. del desarrollo . Una compleja estructura de sfntomas
Esta constelación dinánlica semejaba una resisten. y materializó en un estado físico.
masiva; en realidad, representaba el obstinado empeño d I Sí tiene en cuenta que el niño se hal laba en la e tapa
niño en se,r comprendido, fundamentalmente, en térm int .• I"Opulb.,r.,I, podrá entenderse la importancia que revestía
de la existencia verdadera de su principal - y justificado adecuación y la normalidad físicas de los genitales. En
preocupación. Esta insistencia se expresaba en el inqu h edad, debía darse prioridad a la integridad y normali-
brantable compromiso de Beo con respecto a la terapio, '" ñsicas, antes de que las vicisitudes del desarrollo !'ul-
~sar de su queja de que esta Kno me hace ningún bien al y yoico pudieran pasar a un plano de urgen~".l !
N:mguna otra cosa -el conflicto interno, los afectos de 011 U,.a,rr así la atención del paciente. E l accesO a estas VlClSl-
~stia y de~resión , el ámbito de las d efensas y la odapLIt estaba bloqueado, en el casO de Ben, por un estado ñ-
cl~n-.- podria.atraer y mantener su atención hasta que UII que reclamaba a voces que .la inju sticia fuera repara-
mediCO atendiera el estado físico. No sorprende, pues, q .' Cuando se reconoció la anomalia genital Y se le dío un

:
la - resistencia. de Ben disminuyera en forma moderado \ ~~~:r: -y, además, cuando se recurrió a la atención ~ el
rápida una vez que la terapeuta planteara el problema cI., médicos - abrió súbitamente el vasto campo pSICO'
una anomalia genital y se decidiera efectuar un exam O ~~~:~n;q~~u~e:¿s~e extendía detrás de la fachada corporal. En ese
médico. Esta intervención alivió muchisimo a Ben . La tero ti territorio debían hallarse las fuentes patóge-
peuta sugirió el problema testicular cuando el niño pregun nas de la enfermedad. Una vez superado el cstancarruento
M: -¿Acaso algunos chicos no crecen más rápido que otros'/ terapéutico, el tratamiento pudo reanudar su cursO normal .
¿Por qué yo no?- . En ese momento medía 1,46 m de estatu
ra, y tenía doce años y diez meses.
El médico diagnosticó "testiculos en ascensor-; no se tro
taba, pues, de verdadera criptorquidia: no se requería ope·
r ación .al~a ru trat~ento hormonal . Ben confirmó qu
el mOVlIlliento abdommal, aparentemente involuntario, ha·
bía sido al principio una contracción voluntaria de los mús-
culos abdominales, cuyo fin era empujar los testiculos den.
tro del saco escrota!. Había practicado esto durante un lar-
go período. Con el tiempo, se desarrolló un hábito que ser-
vía, podriamos decir, como regulador automático de la ano
gustia, posibilitando que el pensamiento y la volición no
estuvieran implicados. Desde el punto de v ista cl.in..ico estos
movimientos tenían el aspecto de un tic. '
Debemos formu lar ahora una palabra de advertencia, pa-
ra eVltar que el lector extraiga una co.nclusión errónea. es·

167
166
Itructura corporal, los genitales. Al concretizarse de este
15. La formación de la identidad sexuul el problema pasa por completo a la esfera. del cuerpo;
6rgano es demasiado pequeño o deforme, o sunplemente
ItlLD 'OO: «DO es como se supone que debe ser». Por desplaza-
l~~c~~rl~:a~~d~u~da se expresa en relación con cualquier parte O
11' fisica: la altura, las proporciones, la forma, la
...... r·A de la piel, etc. Ben nunca vaciló en lo que res~ecta a
sé nero ; dudaba de su virilidad. El hecho de sufrir una
lom,wa genital indicaba, en este.caso, el modo en que se
concretizado una duda preeX1stente. ,
La conformación de la identidad sexual durante la IItl" lo dicho se deduce que la identidad sexual es la mas

t
lescencia temprana es una corulición previa para progr "
hacia la posición heterosexual en la adolescencia proplll ~E~I:~a:~m~:ás~ compleja de ambas fo~aciones. D~ntro de
hallamos multitud de modalIdades gratificantes
mente dicha. Por supuesto, los niños saben que son varo"". . que poseen diversas y variables intensi~~­
o mujeres; no tienen dudas al respecto. El aJDhiente CII" y cualidades de valencia sexual opuesta. Estas se ongl-
finna de innumerables maneras su identidad de género, en las etapas tempranas del desarrollo --es decir, en
las propias observaciones del n iÍio lo corroboran. No ob modalidades de las zonas corporales a las que se les ha
tante, sabemos, en virtud de las fantasías y sueños de ni,'u preferencia; en las relaciones objetale~ y. sus pautas
y adultos, quo además del conocimiento objotivo exist.e uo! interacción; en las identificaciones, Y por úl~o, au~que
conjunto de ideas e ilnágenes que no se corresponden COIt es esto 10 menos ilnportante, en las tendencas pulslOna-
los hechos tal como el niño los conoce. Por cierto, no es dt y las características yoicas constit,:cionaJes---. A fin de
fícil descubrir que aJDbos conjuntos de ideas pueden coexi rl,;r.,r más este punto, digamos, por ejemplo, que un~ mo-
tir, :incluso en el nivel consciente. Esto ocurre con la mismn dad oral a la que se le ha dado .suma preferenCl,a es
facilidad con la que la racionalidad de una persona pucd., una y otra vez hasta el ruvel edíplco; a r~ de
tolerar una creencia supersticiosa: el gesto mágico de - toco .. raslll"a':tacoQnastelación triádica adquiere un carácter pulsl0nal
madera- no constituye una negación de la comprensión ""';V'O y receptivo. Si estas tendencias resultan opuestas a
racional del mundo por parte de un individuo. intereses yoicos su expresión pulsional puede ser nega-
La distinción entre identidad de género e identidad se y tal vez aquelias aparezcan en form~ s~bli~ada, de
xual puede hacerse en los términos más simples, diciendo :1IC:u."O.O con la ambición. el talento y las lDcltnaclOnes ~el
que la primera tiene que ver con la diferenciación rela tiva n . Este paso final llene lugar en la adolescenc,a,
los géneros masculino y femenino, y la segunda se relacion" pero sus antecedentes ya son observ~b les en el período de
con la virilidad y la feminidad. La identidad de género raro latencia e incluso antes. Ello no modifica el hecho de que la
vez se cuestiona conscientemente, mientras que la sexual pulsión ~exual se regule en forma decisiva durante la ado-
da lugar a una incertiduznbre general. Una adolescente ma-
yor tenia presente esta distinción cuando decía: . Si fu e r a
lescencia, bajo el imperio de la genitalidarl: Hacia el
de aquella surge una duradera representaClón se:rual ~e SI
fina:
fiel a mi sexo ["identidad sexual"), debería ser varón ["iden- mismo, estructurada Y conceptualizada como IdentIdad
tidad de género") • . Las frecuentes dudas adolescentes acor-
ca de las tendencias homosexuales de índole femenin a o sexual. , I I
El hecho de conocer el propio género no da, por SI so o, u-
masculina ofrecen abundantes pruebas en relación con un gar a la identidad sexual; esta se ve decisivamen~ influi.da
conjunto de variantes mediante las cuales puede definirse por las ideas que provoca el género opuesto. Las ~fer,:nc,as
la identidad sexual. corporales entre los géneros suscitan en cada runo c ..:r~o.s
Cuando la incertidumbre con respecto a la identidad se- pensamientos acerca del origen .de aquellas, ~e la pos,bili-
xual llega a ser desmedida, en términos de ajuste O norm a- dad de cambiar de género Y de SI el suyo propIO es deseable
lidad, observamos que la sombra de esta duda cae sobre la
169
168
"CI"uz.aJ:'. Cada una de estas requiere que se )a siga. en for-
o no en comparación con el otro. La c01nparación, la cvnh", separada, antes de que pueda entenderse Y modificarse
ción y el deseo culminan en la posesión ilusoria de nlgllllll. o ..."".,so patológico en su conjunto. Este aspecto del tr.ata-
partes corporales pertenecientes, o atribuidas, al g n .. se denomina «elaboración"'; pertenece, en e5e~~la, a
opuesto, o bien determinan el rechazo de determ i no,lft ""úu)"ti,vrna etapa de la terapia. Sin emb~rgo, al des<;nbu un
partes del cuerpo correspondientes al propio género. _'Dllei,o de síntomas a lo largo de sus llneas evolutivas, pa-
Aun cuando la percepción contradice estas fantn . , • ventajoso utilizar como punto de visión general la ,:,ta-
ellas ejercen una influen.cia decisiva en la represento 101" de insight alcanzada medlante ~ proceso de elabo_raCJón.
de sí mismo . La valencia motivacional del esquema e rpu tortuoso sendero que lleva a la elIDa de la ,:"entan a pue-
ral, basada en variantes de la identidad de género o bien 11 d istinguirse mejor desde la cumbre. Se~emo~ abara
claras fantasías relacionadas con la estructura corpol,.1 sendero -vale decir, la formación de la Identidad se·
tiene tanta fuerza como el cuerpo objetivamente percibullo .......__ . Por supuesto, tengo plena concienci~ de que est e oo·
Las fantasías posi tivas o negativas acerca de los atrib 1.. uno de los varios componentes que, al mte:actuar, de-
del género, relativas a si mismo y los otros, a menudo '" larmi.n.tron e l resultado satisfactorio del tratanuento.
seen un carácter mucho más real que las propiedades r .. 1 Por supuesto, Ben estaba en~ado de su particularidad
mente percibidas y validadas por e) consenso general .:1 "[Iital. De hecho, su preocupacIón con respecto a sus pr~­
origen de numerosas complicaciones que acompañan )0 rll' genitales y a los de los demás ~e debía a ese conOCI-
mación de la identidad sexual en la adolescencia puede h I 1I11;eI1l;,). Cuando se lo enfrentó por pnmera vez con su ":"0-
Harse en algún aspecto de la teoría sexual infantil que h .. declaró en forma terminante que nunca había Vlsto
ejercido un efecto duradero sobre determinado niño. No el ···'~teLAs'ticu l os de nadie, y que nada sabía acerca de los su-
be sorprendernos descubrir que estas distorsiones infanll No se oponía a un examen médico, pero expresaba te-
les se hagan sentir de modo perentorio cuando se produlI por lo que el doctor podría hacerle. Bajo el fuerte efecto
la maduración sexual -vale decir, la pubertad-o examen médico, su tendencia a soma tiza; se acentuó.
Sin duda, el problema testicular de Ben complicó la rOl DesrurroUó un dolor de estómago al que tanto el c~m~ su ~a­
mación de su identidad sexual; secundariamente, influy,1 caracterizaron como un ataque de apendlc:tis . ~.!,-
también en su complejo de persecución o su compulsión I mbargo, cuando dicho diagnóstico casero se s.ometió al J~­
sacrificio. El material de entrevistas, hasta el _impa s ., cio del facultativo, este afirmó que ':'0 se necesl:aba recurTlr
contenía muchas referencias al problema de la identidad d una intervención quirúrgica. La mterpretaCJón de que la
género, la angustia que despertaba la mutilación. el micdu IIJlgustia por una operación _genital_ se había desplazad:O a
a )a castración y el deseo de ella. Ninguna de estas comunl una abdominal (no debía «cortarse- nad.a _maloo) per"?'tló a
cationes, por reveladoras que fueran en su forma fragm ti Ben revelar que a menudo había ex~ado sus testlculos,
taria, traspasaron los lí:mites de una primera enunciación descubriendo que -unO estaba más b~o que otro en el escro-
de) problema respectivo. La terapeuta sólo disponía de aUM lo-o Tenía miedo de una «operación genital - porque «nunca
bos, comienzos y repeticiones --en suma, alusiones, indi !le sabe ... A último momento podría pasar algo>. Por su-
cios y fragmentos-o Por supuesto, se investigó en form n puesto, se referia a la castración (BIes, 1~601. .
exhaustiva la índole de la resistencia, pero ello no sirvió do' En un esfuerzo por dominar su angustia, preguntó por el
nada. Después que la terapeuta elevó la anomalia genital 111 procedimiento de la operación. Quería saber detal~es y
nivel del reconocimiento mutuo, dichos atisbos y comienzo hechos, y estos se le explicaron en fo-r;na verb~ y mediante
perdieron su cauteloso carácter restrictivo. En otras p alo 8imples croquis anatómicos. Pe~o la infor;maClón que !,-e~e­
bras, fue posible ampliar la exploración de los síntomas sitaba para enfrentar su angustia era de mdo~e muy di~tin­
su núcleo patógeno. la, como se hizo evidente cuando preguntó SI :l~s mUjeres
Tan pronto como se empieza a rastrear los orígenes de un tienen pelotas y un pen..... Este concepto prel?glco se mez-
síntoma en la organización psíquica y la historia vitaI. sur· claba con su conocimiento acerca de la ausencia de . pelotas
ge un sistema cada vez más complejo d e huellas que se en ·
171
170
y pene- en la mujer. Contenia tanto la realidad de la ClINt, .. modos un nuevo argwnento en favor de la superioridad
ción como Su negación. muj~r. «¿Cómo es posible que u,na niña de .ci.nco años
Debem~s me."ci~nar ahor~ el intenso efecto ejercido 1"" un bebé?, preguntó . Habí a leIdo una not IcIa al ~es·
una .com~ldenCla CircunstanCIal. Precisamente antes d 11". en el periódico. Recordemos que a esta edad, preclSa-
se discutiera el problema testicular, la suerte quiso qu l. el nacinllento de un hermano lo privó de su madre.
madre de Ben tuviera que internarse para que le cxllr debería sorprend ernos descubrir que en este período se
paran un tumor benigno en uno de sus pechos. El -corL, . su envidia hacia el poder procreador de su madre,
del .tumor malo- se añadió a la anomalía de Ben. Los d". romo su deseo de tener un h ijo él mismo, por i dentifica-
órganos pares (pechos y testículos) debían correr el m i 1111' con aquella. Siempre que debía -reparar una pérdida.
albur; esto significaba para el paciente la supresión del h !U'71a a la abdicación d e su viriHdad.
tícuJo -defectuoso>, o, sinlplemente, la castración. Ben ni Volv'UIlLos a la sesión en la que Ben habló de la madro de
gó desconocer la razón por la cual su madre estaba en 1.1 años. Si bien la idea del coito lo excitaba, el contenido
hospital. En son de broma dijo que tal vez aquella nec ¡ esa idea se desplazaba, cada vez más, hacia f~tas~as
tara tomarse -un descanso de él. -o, podríamos agreglll D'E~sivals y destructivas. Entonces, su creciente excltnClón
desplazarlo por otro lUjo, como lo había hecho cuando B.", acalló hasta estallar en la vívida descripción de un _nue-
tenía cuatro años-o De cualquier modo, mediante 1ft revól ~er que no desintegraría a una persona-, sino que
divertida explicación el niño expresaba inconscientement, rendlelia fuego a sus ropas, a su cuerpo y hasta la dejaría
su sentimient:o de culpa; su mala conducta habla alej ado 11 1tI¡¡a'•. Refrenando estas fantasías sádicas, sugirió luego
su madre~ q-wen, en consecuencia~ debía sufrir la destru los esfuerzos científicos deberían orientarse hacia me-
ción del pecho. pacíficas, como la invención de una máquina de rayos X
La. ambivalencia de Ben hacia el pecho es plausible, , determinaría, inInediatrunente después de la concep-
c~051dera:mos que el pecho es el prototipo ancestral del am el sexo del bebé. Agregó: . Sería mejor para el hombre
blente que se da o se niega -o, en terminos de emocionel padre] saberlo todo desde un principio • . De este modo,
del contento de la saciedad o la rabia de la frustración-o J;:i ~1S.tb,a. lID padre podría prepararse para recibir a su hijo
senti:m.iento de «mamá está enojada conmigo» es una rnvol para la lucha de voluntades que debería ocurrir ferzosa-
sión de .yo estoy enojado con mamá •. Esta inversión se bizCI nent.e, pues un varón que ha sido declarado como tal desde
e~dente cuando el niño completó su negación de la opera prinler momento constituye un desafio para e l padre.
Clón de la madre y su confesión de culpa con una discusión terminó esta conversación con un misterioso comenta-
sobre la función del muñeco en el vudú. Cuando un milo rio: -Si el padre tiene un varón, se volver á loco tratando de
quería hacer daño a otro clavaba una aguja en el muñeco, controlarlo>.
que, de este modo, hacía que el niño se enfermara en el lu El material precedente tuvo su origen en el inminente
gar exacto en el que la aguja había -lastimado» al muñeco. examen médico. El orledo de Bco al m6dico -o, a la inver-
Est~ magia simpática apenas ocultaba el e fecto hostil y aB, el imaginario fracaso de este en controlar al paciente-
sádico haCIa la madre que lo habia abandonado dejándolo revivió su lucha competitiva con el padre . Cualqwer rcs-
angustiado y lleno de culpa. ' tricción o prohibición impuesta por el progenitor se conver-
El miedo a la mujer fálica aparecía repetidas veces en las tía en un ataque castrador. La ambivalencia de la identidad
fantasías de Ben. Sólo en fecha reciente había tenido uno sexual automáticamente traducía a estos térm.inos cual-
polución nocturna (a los 13 años), y no estaba seguro res. quier experiencia de desigu aldad. ?uanto m~s ce;rcano es-
pecto de la naturaIeza del líquido. Creía que en el coito e l taba el examen médico más senSIble y _qwsqudloso» se
~ombre orina?a dentro de la vagina de la mujer . Advir- volvía Ben tanto en la ~cuela como en la casa. Descuidaba
tien'!o que elliqutdo que había mojado su pijama difería d e sus deber~ casi por completo, y en cierta opor:urudad le re-
la onna; que era, en verdad, semen y, en consecuencia una sultó imposible terminar un informe sobre el sIstema dlges·
prueba de la integridad de sus testículos, Ben halló, de to- tivo ~s decir, sobre la nnatomia y fisiología de la parte

172 173
contro~erti~a del cuerp?: el abdomen-o Por primera Vl'l
~o~tro r~a~lo a Concurnr a la escueJa , Como resultado de' II iMI,te,s. Dos polos emocionales se hicieron evidentes en esta
timidez fíSIca y de su idea de que la maestra y los paro" • el dominio sádico-agresivo y l a renuncia masoquista
~amente cono dan su defecto genital. Deda que su s CU III 08.51"8 . En sus tértninos más simpl es, la disyuntiva con-
paneros se burlaban de él : cuando entra ba en el aula , " '" en - matar o ser muerto• . Se desechaba y temía a la
pezaban a mUrmurar: cMátenJo, mátenlo maten eso un la identidad masculina; una vez establecida, l:iberarÍa
de que se multiplique [me llaman "eso"].: Es bien evidelll carga de agresión incontrolable. En cierta oportunidad ,
que en este relato se amalgaman hechos y fan t a s í as; tI, lo expresó de esta manera: - Si yo usara teda mi fuerza,
obstante, basta para hacer de la escuela un lugar peligr " matar a alguien • .
Las contracciones involuntarias del abdomen se volviofUII En el curso de l a sesión anterior al día del examen mé-
más frecuentes y percept ibles. La terapeuta informó u H"" el niño recordó un sueño que tuvo a los 3 años. Dicho
de lo que .suponia era la relación entre estos movimienLOH ~ había sido tan vivido que Ben no podía convencerse
el comple~ o testicular. El nino ya había c.o nfumado eslu '" que no hubiera ocurrido realmente. Recordaba que esta-
terpretaclón de las contracciones musculares. Adem ás d acostado en su cuna y se despertó en medio de la noche;
corroborar el significado y la función del ~tic abdominal, pronto vi o entrar en su habitación a un hombre mecáni-
Ben pudo ofrecer abara un informe detallado de sus exporl un robot. -Fíjese -prosigue excitado--: agarré mi fraza·
mentaclOnes con los testículos. Sabía CÓmo bacerlos de sc('1I me cubrí los pies y puse mis manos debajo. ¿Por qué hi-
der ap=~tando los muslos y se hallaba acostumbrado 1\ I eso? ¿Por qué s ólo l as manos y los pies, y no la cabeza? .
sensaclOn de sus cambios de posición . Había ideado un 01" recordar este sueño experimentaba todavía una extraor-
do de. controlar estos rebeldes testículos -que se desplllZlI Ilb18ln.a sensación de realidad. ' Esta pesadilla es típica, y
ban. libremente, como si tuvieran voluntad propia-, y de IXIJre,sa en forma dramática e l miedo a la castración (pier-
cublerto un lugar, a ambos lados de la parte inferior del oh y manos) y la agresión proyectada (robot ).
domen , donde, al presionar ---como si ruera un botón- (1 1 Con dicho recuerdo, Ben penetró en el osCuro pasado de
tes tículo correspondient e a ese lado descendía dentro dl'i vida j ustamente antes de someterse al examen geni tal.
escroto. Había examinado e l tamaño, la dureza y la posici6 n ante el sueño del robot , salió a la superficie el terror
comparativos de ambos testículos, confrontándolos reitero tD,rnJ,ralllo a la pérdida de una parte del cuerpo, terror que
dame.nte con los de su hermano, con quien solía acosta l"!ll perimcntaba ahora con igual in tensidad. Por cierto, ha-
en secreto. Había comprobado que los testículos de su her bía hecho buen uso de dos meses y medio que mediaron en-
mano eran «blandos, pequeños y arrugados», pero siemprt' tre la introducción del problema t esticular en la terapia y la
I~s hallaba en el escroto; nunca sallan de él. Incluso, le hn. \risita al doctor. La decisión de dejar transcurrir un margen
bla mostrado a su bermano cómo sus propios testículos po_ de tiempo razonable fue sumamente provechosa. Ello per-
dian baj ar y subir. PliLió preparar al niño mediante la exploración de las fanta·
. Una vez que se dispuso la visita al doctor, la somati za. lías, los miedos y los antecedentes históricos que se halla·
cl6n ~ect6 un pie .d e Ben, sus ojos y su p echo. Al señalárso. ban, directa e indirectamente, en la raiz de su complejo de
I~ al niño su Identificación con la madre, que se había some- síntomas. El examen médico revivió la angustia por el dallo
tido a una operación en un pecho, se evitó una postergaci6n corporal, que abora se hallaba centrada en los genitales; la
del examen. Su desesperación ante lo que podría pasarle
después que el doctor lo viera había a lcanzado proporciones
1 Otro niño de la misma C!dad manifes tó un terror similar. que ex-
extremas y peligrosas . Se echaba a llorar y expresaba el
perimentaba por las noches. desd e su niñez temprana hasta s u ado-
deseo de que lo atropellara un auto; en otra oportunidad, d lescencia. Ta pa ba cuidadosamente sus miembros con la frazada y se
que sus ~adres 1.0 mataran. Estas situaciones imprevistas aseguraba de que no sobresalieran del bo rde del colchón. Cu a ndo se
fueron objeto de IOterpretaciones directas, que ponían al ni- lo preguntó s i era porque e l monstruo que había baj o la cama (cuya
ño en contacto con sus pensamientos y fantasías ÍnCODS- ínexistencia reconocía) podía a tTa par]os, respondió: - No. no es qu e
traLe de agarrarlos, sino de cortarlos - .

174
175
organización defemrlva relacionada con aquella habio 111
erigida a una edad temprana, antes de que e l probhllll comenzaron a tener sentido; ese mismo año, por cierto,
testicular hubiera desempeñado un papel significativo. hechos confirmaron su corrección. . .
Antes de que Ben se encontrara con el doctor, se le inr" comprensión final de su problema genJtal suscJt~ en
IUó a este acerca del tic abdominal del pacien te y d U una serie de divertidas especulaciones. Esta eX.l?"nen.-
aprensiones y recelos con respecto al examen. Ellllédica t _refiexionaba- era algo para contarle a sUS ~Jos y a
nía buenas razones para tranquilizar al paciente con O"l •• nietos' una operación hubiera sido más sensa~lOnal . Su
palabras: -Todo marcha a la perfección, porque los te h 11 1IIIIU'Ien.Cl'a era realmente algo único; tal vez a?gun día s':-
los están en el saco escrataJ,. . Se diagnosticó «testículoR 1'11 maestro y se lo contaría a sus alumnos, o qwzá un médi-
ascensor en UD niño en rápido proceso de maduración., ospecializado en este C8lllpo. En todo esto reconocemos
trataba , por consiguiente, de una afección que podría "'" deseo de anunciar al mundo que era '.,lll ~o~bre íntegro.
malizarse en un futuro cercano. Ben estaba encantado . I último, decía que probablemente sena vIajante C?lllO su
infoT'm ó a la terapeuta. con una sonrisa y una condescf.'I\ o jugador de béisbol. Posteriormente, se dedicó con
diente actitud de -yo se lo dije_, que el doctor le había d ich" entusiasmo a dicho deporte, al sóCtbol y a todo tipo de
que era ocnormal-. Todo hahía resultado como 10 había I de pelota. Decía: _Podría jugar a la pelota t odos los
perado. Desde un principio había sabido que ello ocurrid. durante todo el día>. Al año siguien.te se transformó
así, y agregó: . Sabía que eso ["anormalidad", "operació""1 ex:celel~ '" j ugador, estimado por su eqUIpo. L~ego que se
no podía pasar, porque yo 10 deseé así y mi deseo se CU IlO r-:~t~:.~~la integridad de su cuerpo, Ben experLmen~ó una
plió:». Su exageración, así como su recurso aJ pensami ent h .. de competencia. Debemos señalar, en particular,
mágico, hicieron sospechar que se estaba defendiendo d I al mismo tielllpo se desarrolló un interés absorben.t:e (el
angustia que le habían provocado los halJazgos del m é dico ¡enorlCe de equipo), siguiñcativo en el plano personal e mle-
La falta de convicción en su voz ora evidente , aun cuana .. !mIdo en el social . b' .
tratara de ocultarla -{) más bien. a causa de ello--. De cunl emancipación emocional con respecl? a los o ~ etos lD-
quier manera, ponía una nota de disforia en este mome nlo faIltiles de amor Y odio tiene lugar a me':bda que el adoles-
de alegría . Pronto comprobaremos cuál era e11110tivO.
La opinión del doctor (. Eres normal .) se basaba, como vi
fa::!~~s~:e~l~dis~'~ta::n~,c~iadedelos
l.
e11os,lo cual lo permite evaluarlos. La
progenitores es producto de la de-
mos, en correctos argumentos médicos; para Ben, sin em infantil de suministros narcisistas c>,~ernos. La
bargo, carecía de sentido. Sabía perfectamente que los lObo i l."v~all'<1UeanCl·c.IÓan realista de aquellos, sin embargo,.o?bga al ad~­
tículos de su hermano no bajaban ni subían. mientras quo lescente a descubrir nuevas fuentes de SUUUDlStrOS narCl-
los suyos aÚD s í. Para él, esto era anormal. Luego del e XQ listas dentro de sí mi8lllo y en su interacción con el re~to
meo, Beo se ocupó en hacer subir y bajar sus testículos, e n del ambiente. Este avance evolutivo representa, en esenCIa,
posición de pie, sentado y acoslado. En un intento por lo que he denominado . individuación adolescente- [Blos,
resolver la contradicción entre el dictamen médico y SUB 1967]. Aludo ahora a este proceso porque deseo mos.trar las
propias observaciones, el niño estaba dando crédito a s u vastas consecuencias de una intervencIón terapéu,:,~a que,
percepción, con lo que revelaba un yo adherido do modo en sí misllla, puede parecer apenas digna de menClOn. Sus
considerable a la realidad. Por último, confió su dilema a la
terapeuta, quien no vaciló en aclnlltir la agudeza de sus
observaciones y de su razonamiento, y le explicó, mediante
::ra lías amificaciones se ponen de lllanifiesto sólo cuando
con~;idera en el contexto de una teoría del desarrollo
adol escente. .
un simple esquema anatómico, la diferencia entre testícu - Luego que se le explicó acerca de los testículos en B.;Scen-
los «retenidos> y "en ascensor•. 2 Ahora las palabras del m é- sor, Ben admitió en forma vacilante sus manlpulaclOnes

2 El dibujo tiene la vent1\ja de que la demostración gráfica de 13 hal Las láminas impresas confunden si se las utiliza ~ la primera
anntomia se desarrolla en form a simultánea con la explicación ver- e~lieacióD; pueden introducirse luego" para otorgar validez ClenUfiea
a los simples bosquejos trazados antenormcnte.

176 177
con aquellos, antes y después del examen, y, además, iI influyeron en el funcionamiento yoico, reducien~o su
confusión en cuanto a lo que realmente pasaba. Una v' su autonomía ejecutiva o simplemente su eficaaa .
que pedo entender y visualizar con claridad su anoro,,". la preadolescencia y la niñez temprana, Be~ podia
gerutal, ese punto ciego de índole cognitiva desapar el" ~~~~:r, una respuesta eInociona! de su madre sólo SI la pro-
Esta clara .comprensión ejerció un efecto beneficioso soh, '" exageradamente. La provocación, llevada a cabo ba-
S? pensamient o o, en términos generales, sobre la compr 'l' el stress de la necesidad de contacto, despertaba angus-
slón del mundo que lo rodeaba. Podía descubrirse en B •. " COInO resultado de la respuesta violenta de la madre.
un mayor grado de autonomía cognitiva y, por consiguienh último todo terminaba en la renuncia y la sumisión del
un progreso en la confiabilidad y la certeza del pensarnlCII En la' pubertad, sin embargo, este ciclo se hizo inacep-
to, No obst.ante, anticipando ciertos desarrollos ulterior!' ,to,bl,e: devino coní1ictivo en virtud de la connotación castra-
del . trat~ento, debemos mencionar en este contexto QII' dora que tenía en esta e t apa de crecimiento físico. ~u,,!,do
II!- liberacló';' ~e su ~ensamiento con respecto a las referon la madre le pedia a Beo que hiciera las compras, limplara
c ~as automaticas e Inconscientes al daño corporal fue deN la casa o lavara los platos, etc., el chico temía que estas ac-
slva ~ara evaluar de manera realista a los progenitores " Uvidades lo afeminaran, es decir, lo castraran: el de.sempa-
cambiO de una ,:valuación infantil). La rcevaluación de o de tareas femen.inas podría transformarlo en mña. La
tos y la desilUSión concomitante es un aspecto normal y persistencia del pensamiento mágico, así como el mie<;io a
esenaal del proceso adolescente. .us tendencias femeninas, hacían que Beo desobedecrera
Una vez que la identidad sexual de Ben se liberó del mi,. tenazmente este tipo de pedidos. En la escuela, por ejem-
do al daño permanente, aquella pasó por las etapas normo plo, bastaba con que una maestra le ~licitar~ ~go para que
les en un varón preadolescente. Ahora debía investigarse (.1 ee negara sin más, calificando el pedido de IDJUSto y agra·
~'!l0r de Ben a la mujer. Las intenciones castradoras que ul viante. Resulta interesante observar que las quejas con res-
n,mo le ~tnbufa se debían a la fuerza de la tendencia regro pecto a las maestras, m~y frecuen tes. a lo largo d.e los ocho
Slva hac~a I~ madre ar~aica o, en otras palabras, a los pun primeros meses de terapIa, desapareCieron despues del exa-
tos de fijaCión en el ruvcl preedipico. La protección de lo men físico.
madre era deseada y temida. La historia vital de Ben no Surgió ahora un fiujo similar de quejas, cs~ vez ace!,ca
revela que est~ pauta se consolidó después del nacimiento de los pares. Decía que los var ones lo persegu.¡an: le gnta-
del segundo hiJO, cuando el paciente tenía cuatro años. El ban, lo golpeaban, lo magullaban, e insultab~ a su ~adre.
tra:un a. que pr~vo~? este hecho dete r minó una regresión Los diecisiete niños de su clase estaban enCUDa de el; -To-
haCia ruveles PTlIDltJVOS , prcedípicos, que quizá fueran res. dos me pisotean",,, afirmaba con rabia. -Es una cacería : los
pon~ables de la persistencia del pensamiento prelógico o perros y los caballos van detrás del zorrito. N o, na puedo
máglco que refleja e l material del caso. soportarlo; no puedo seguir así-, grit aba. Lo ,peor era que
o En re]ación ~on esto, daré a conocer ahora una variación Ben no podía pelear. Paulatinamente revelo q1Je cu~do
musu~, .espect~ente porque tiene su origen en un varón, quería a1trI1larse lo paralizaba una inhibi~i6n de la acción
de ~a tiPlca ~eona sexual infantil. Bcn, al descubrir que la agresiva . Ello gratificaba sus deseos paSIVOS, que mcons-
mUjer carCCJa de pene (nunca había estado totalmente se- cientemente le hacían desempeñar e l papel de la mUjer en
guro de ello), creyó que él tenía uno porque -está cosido- el combate sexual, según entendia él las relaciones entre
(son pa!abras suyas). Se j ustifica suponer Que, en su mente. sus padres. Esta inhibición de la pulsión agresiva se impo-
los gerutales femeronos eran los únicos y originales, y qu nía por dos factores ; uno se relacionaba con el monto de
pertenecí~n tanto al hombre como a la mujer. La teoría del agresión y el miedo a perder el control, y el otro, con la gra-
~ne ~eosJdo. concu~rda con la actitud desconfiada, apren- tificación nlasoquista, que el niño obtenía mediante el mal-
Slva, ~segura y peSlmJsta de Ben hacia la vida; no tenía la trato físico a que lo sometían sus pares. .
s'7"'aclón de permanenCla y seguridad, sino más bien de in. Resumiendo estos desarroUos dentro de un marco teóTlCO,
mmente desastre. En el nivel del yo, estas creencias y acti. podemos decir que una tendencia regresiva persistente y la

178 179
inhibición de la rabia infantil exacerbaban el miedo pr 1111 _p. ej., -i Él tiene tantos s u eño s y yo t an po.cos! - : 3)
¡escente de Ben a que la mujer Oa madre arcaica) l o CO. !I,' deseaba el amor fisico de su hermano --p. ej., . besos y
ra. Ello podria resolverse s610 cuando se afirmara su in' tnlZ<'s ", _abrazarse fuerte- o
gridad ge~tal. Est e hecho, junto con la madurac ión p h estos tres modos de relacionarse con s u hermano r e -
ral (polucJOnes nocturnas) y el crecimiento (su mayor a ll ll !h(lce,mos el esfuerzo de Ben por enfren t ar e l trauma de
ra), impulsaron el desarrollo pulsional y yoico hacia la 'n laJ,don.o (a l os cuatro años); pero en el compromiso homo-
teracción competitiva dentro del grupo de pares. S u q UI" tambi én reconocemos l a eta pa del desarrollo pul-
era slmplemente esta: ellos no me quie ren; el único mOII" típica del var6n durante l a adolesce ncia tempr~.
en que me prestan atención es vapuleándOlne. El h echo ,1 La acumulación de estas tendencias ame nazaba paralizar
que él mismo suscitara esto en forma activa l e res u liuhn desarrollo progresivo del niño. La necesidad del abrazo
totalmente incomprensible. la r e pite el a brazo en l a cama de la madre,
Por supuesto, esta queja es un eco de la primitiva hum. uelD'dO era pequeño y temía dormir solo. Nuestra expec-
lIación de Ben en relación con su hermano . La envidia y In de que la . vida amorosa- de Ben con su hermano
~gustia ~es?ertadas por este, debidas a su intens a a grl Pr"ü,ria luz sobre s u desarrollo psicosexual no estaba erra-
Slón retaliatlva, se desplazaron hacia la clase, dond o In era segurO que los derivados de ~u orien~ación s e-
maestra y los pares adoptaron los papeles de madre y h r extenderían su influencia a l as rel aCIones obJetales en
manos. Este resumen teórico y fáctico indica la direcci n (progenitores, pares, maestros), y a l as funciones
que debía seguir la terapia. Era menes t er evitar qu e I en particular. . .
desarrollo pulsional masoquista y homosexual de Ben cri Poco después de que Ben com-:nzara a di~tlr su rel a-
talizara en una fij ación en la fase de l.a adolescencia tem con el hermano, ambos cambtaron s u pOSlClón en la ca-
prana . De este modo, la atención terapéutica se centró e n ahora se acostaban «espalda con espalda~ . Se nega ban
l as señales vinculadas con este tema. sensaciones eróticas (el contacto entre nalgas) . hacien-
Ben había mencionado que soüa examinar los testículoH juegos de palabras». Suponemos que el análisis del juego
de su hermano (el que le seguia en edad) por l a noch , ... xual había despertado sentimientos de culp~, .~e mo~o
cuando se trasladaba a la cama de aquel. Dormir juntos no que Ben lo desconocía mediante el cambio de pOSICJon yeVl-
sólo tenía como objetivo dicho examen: para Ben significaha tando tocar con las manos el cuerpo de su hermano . Se le
también una gratificación erótica . Le gustaba - abrazar BugiriÓ al niño que, quizás, el hecho de yacer _espalda con
fuerte,. a su hermano porque - en una noche frí_s uno se espalda. provocaba un placer similar a l del abrazo. B".n
s i.ente bien y caliente durmiendo así-. Puesto que los proge- respondió a ello contando un juego sexual ~n el que habla
Dltorea les habían prohibido en forma terminante acostarse participado hacía poco junto con algunos chicos ~e su edad.
juntos, los hermanos lo hacían primero en camas separa- Al poco tiempo de aclarársele el problema testIcular, Ben
das. La que compartían se hallaba junto a la pared d el se arriesgó a tomar parte en j uegos sexuales co~ a l gunos
c~to de aquellos, y los niños podían escuchar lo que ocu- muchachos. Podríamos preguntarnos dónde hab,a encon-
rrIa en él. «Por supuesto, teníamos que quedarnos muy trado él, paria del grupo, esos compañer~s de juego. S,:, an-
quietos, y no hablar ni golpear rontra la paredo . terior declaraci ón de que carecía de anugos fue , en CIerta
El deseo principal de Ben era que su hermano 10 quisiera . medida, una negación de las asoci aciones secret~s que n ;al-
Estaba celoso del menor, que recibía - besos y caricias. del mente había establecido con ellos. Él Y sUS amIgos hab,an
segundo, y trataba de romper la alianza entre ambos. De jugado a _hacer girar la botella.: el perdedor debía sacarse
este modo, .se de;;8ITolló una relación particular, en la que: las ropas, prenda tras prenda , basta quedar d!sDudo .
1) Ben se Identificaba con su hermano -p. ej . , -¿Fui yo Luego tenía que arrastrarse sobre sus manos y rodillas por
q~en tuve este.sueño, o fue mi hermano?:., o _¿Fui yo o fue entre las piernas abiertas de los otros , que le pegaban m~­
m1 hermano qlllen tuvo el carozo de cereza en la nariz? __ ' notazos en el trasero a medida que iba pasando . Ben hab1a
2) Ben envidiaba a su hermano, que poseía genitales intac~ sido azotado más de una vez . Otro juego, que tenía lugar al

181
180
aire libre, se denominaba ~Culos arriba.; un muchacho l' IUlram,en.t.e recibirá un castigo por .desnudar a una chica»,
nía que acertar con la pelota en las nalgas vueltas h ... '" gracias a ello Ben se librará de su perse~dor. .
arriba de una fila de companeros. Este ensueño diurno no sólo revela el SLstema def~slvo
Durante estos juegos, dijo Ben, -aprendí Cosas sob" ,1 M!l-Se"""to,ri.,. sino que en igual medida, pone al descubIerto
sexo y especialmente sobre el pene"' , refiriéndose a la tlft t cambiante ideDtid~d sexual de Ben. La unión de .nm~?s
ción. Sus amigos estimulaban la masturbación mutua, pi"" la base sobre la cual prospera una OrganIzaClon
Ben temía ser -toqueteado •. Reveló que no experimenllll, perversa. El ensueño diurna es transparen~e; el
la _gran sensación- de excitación sexual que en otros provoo activo de desnudar a una mujer se refrena haCIendo
caba el ser tocados. Lo que observó, en cambio, fue Hlln al otro la tarea; de este modo, Ben se libera de la
anestesia genital y reconoció que prefería ser golpeado " lI1o1estia sexual. Al ofrecer gratificación sexual al . pers~-
las nalgas. Recordemos en este punto los frecuentes aZOI. 'dor- Ben desvía de su propia persona al atacante. Sm
que su padre le habia administrado en esa parte del cuerl"', mbarg~, él también participa, pero a través del otro.
cuya capacidad erógena se hacía sentir de nuevo en la 1'" Vale la pena señalar que el muchacho ,!ue estim~l? esta
bertad. Esto puso de manifiesto la urgente necesidad ti
prestar particular atención a la relación del niño con su pll
dre -tema que examinaremos en un capítulo subsiguient.
.u
Cantasía sexual es alguien a quien el pacIente enV1dia por
superioridad física: su altura, su fuerza, el poder de sus
puños; con respecto a nada de esto puede ",:!wparars e B~n.
exclusivamente dedicado a él-o Esta envidia lo obliga a adoptar ~l rol pasIVO,. ~o cual solo
El efecto de este nuevo insight se manifestó de distint... aumenta su ansiedad persecutona. En CODe.xton con este
maneras. Hubo una ola de represión; el niño dejó de doronll ensueño diurno, Ben recuerda su hábito de «mirar bajo las
con el hermano y comenzó a desdeñarlo y a burlarse de 11 polleras de las nmas- (véase .EI cuadro clínico»), en 0:1 pe-
forma afeminada de besar y acariciar. eSe comporta cornil ríodo en que era . perseguido- por los varon~s ?e1 veclllda-
una nena-, exclamó con disgusto. Junto con este camb,o rio. Con cierta sorpresa, observa que estos últimos, en ge-
disminuyó el rechazo defensivo de sus sentimientos de clll neral, han dejado de usarlo como chivo emisario. ~s sue-
pa, y su compulsión al sacrificio se volvió menos intens , ños y fantasías habían ayudado a .ac~arar la confuslón-; a
Un dia, anunció que «ninguna pandilla me lleva por delan su vez la necesidad de repetir el conllicto a través de la ac-
te... Por último - y no es esto lo :menos importante-- ap , ción C.;'ctuación.) se había reducido muchísi:mo. .
recieron fantasías heterosexuales. En un principlo, se tru Ben estaba ahora en el ceuit de la fase de adol~scenCla
taba de fenómenos de evasión, con un ligero carácter hele temprana. Las características de esta fase aparecI.eron en
rosexuaL . l'.'Iis ensueños -inform.ó Ben- ya no tienen qw' forma exagerada. anulando de este modo las deSV1aclOnes
ver con la maestra, sino con una chica a la que desnudo y tempranas del desarroUo psicosexual. Es menester que el
entonces se convierte en otra persona»~ ¿En quién? 'fEo ni núcleo patógeno se trate d e nuevo e.o cada fase del desarro-
guien como yo)Oo~ De este modo, creaba en UD ensueño diurn(J Uo adolescente. Por consiguiente, no sorprende v,er aBen
a su propia chica, a quien nadie conocía. entrar en la etapa de la elección narcisista del objeto u ob-
El ensueño diurno comenzó cuando un muchacho -anda- servar su identificación transitoria con muchachos que po-
ba detrás mío en el ó:mnibus». Sigue describiendo una es· seían los atributos -<:asi siempre físicos- que er:vidiaba y
cena en la que desnuda a la mujer, «sólo un poco; no le saco admiraba tales como la fuerza, la altura, el coraje, la des-
más que la blusa~. De pronto. se detiene el tiempo, con In treza, la o'sadia, la crueldad y la capacidad depelear. Al s,:r
ayuda de un cronómetro que paraliza al Inundo entero, d su víctima, se convertía en parte de ellos. Sl blen estos feno-
modo que todo queda sin movimiento. (Esta idea fu e toma- menoS narcisistas, incluido el aspecto homosexual, perte.n~­
da de un programa de televisión.) Luego, la escena cambia . cen a la fase de la adolescencia temprana y no hay IndiCIO
El muchacho que lo molestaba ocupa ahora el asiento d alguno de una organización pulsional homosexu~, las .ten-
Ben, con sus manOS puestas en la blusa de la joven, en ple- dencias pasivas de Ben habían alcanz~do tal I~¡tensldad
no día, viajando en un ómnibus. Cuando lo descubran, se- que sólo podia considerárselas patolÓgIcas. Es mdudable

183
182
trabajo de equipo, junto con una serie de héroes comu-
que, sin la terapia, la fijación en la fase de la adolesccnl'l' como padres tribales. Los muchachos del campo de jue-
temprana hubiera consolidado la pulsión sexual baj I, aceptaban a Ben. Decía: . Supongo que soy uno de ello~;
fnrma de una perversión, lo cual debía impedirse. le,np,,,:,, me eligen primero. Eso realmente me hace sentir
_A pesm: del desagrado que le producía relatar sus fanl. demuestra que estoy mejorando~. Había adquirido
Slas e IDCldentes, Ben siguió comunicándolos a la teropt1u
:
:;~~) ,libertad en el uso de su cuerpo (girar sobre sí mismo,
ta M~chos de ellos contenían deseos homosexuales apell~ lo cual aumentaba su destreza atlética. En esa épo·
encu~llertos. Cuando Ben, con indignación y disgusto r catorce años, habra ganado en altura y estaba ~ás
chazo la conducta -afeminada' O simplemente .loca. d~ 11 lI!elg,..dC); sus testículos se hallaban ahora firmemente Ublca·
hermano, estaba en camino de abandonar la r elación infon en el escroto.
til con él. Lo que siguió fue un desplazamianto de estas mI La formación de la identidad sexual de Ben evolucionó
mas tendencias ~acia la escuela y el vecindario; pero, pUf rr~ldtJalm,e[lte hacia una moderada arrogancia masculina.
entonces, ya habla comprendido (durante el último año ti muchos retrocesos. Cuando se abrían paso sus impul·
la terapia) q~e había luchado en el ambiente contra un • 106 pasivos y masoquistas, volvía a aro.rmarse su tendencia
parte.de SI DllSmo . .En la medida en que la sensación de per I sacrificio, lo cual debía elaborarse una y otra vez en el
secumón y la ne~Sldad de s~crificio fueron desapareciendo, contexto de un nuevo hecho, real o imaginario. Su recurso
~en pud~ recurnr a la agresIón cuando lo consideró neceso al sacrificio lo había protegido contra el carácter amenaza-
r;o -p. ?J., para defenderse--. Orgulloso de sus puños, con do r amente incon.trolable de su agresión. Sin duda, su vuelo
té su pnmera pelea victoriosa con otro muchacho y deser. o hacia la masculinidad cumplía también una función de·
b,Ó cómo el grupo lo alentaba cuando golpeaba bien. Mion fensiva . Como resultado de esta fluctuación entre manio·
tras relataba este hecho, Ben hacía oscilar sus piernas 11 bras adaptativas y defensivas, l as tendencias femeninas
uno de los lados de la silla y dejaba caer su brazo, de modIO que amenazaban desbordarlo perdieron , durante los años
negligente., sobre el respaldo. Esto marcó un cambio decisl. de tratamiento, su poder irresistible.
vo en su Vida.
D ebemos agregar ahora una palabra final acerca de la
El insight a~quirido con respecto a sus deseos pasivos 8(' identificación del niño con su madre . La declinación del
puso de manifiesto cuando Comparó el ",juego amoro so,. complejo de Edipo positivo sigue el camino de todas las re-
entre sus ~os hermanos con una relación que había tenido laciones objetales abandonadas. La renuncia a la posesión
con un 8.IIlJgo. El modo en que sus hermanos se besaban exclusiva de la madre, en competencia con el padre edípico,
re!'ían y luego se miraban tiernamente le recordaba lo ocu: se logra mediante la identificación con este. Pero eso no es
rndo entre él y el otro: .Peleábamos y después hacíamos la8 todo. Como siempre, la renuncia a un deseo dirigido hacia
pa~es, peleábamos y hacíamos las paces_o En el plano psico. el objeto se obtiene identificándose con él. Normalmente, el
lógICO, Ben se había distanciado de esos deseos, lo que pro. varón se identifica CaD muchas caracLerísticas de personali·
bab~ el desarrollo de la parte observadora de su yo. La an. dad de la madre ---<ous actitudes, rasgos, ideas y objetivos,
gnstia, que actuaba COmo señal y que antes habla anuncia . etc.-. Sólo cuando la identificación comprende, fundamen·
do una regresión al pensamiento prelógico o mágico des . talmente, la identidad sexual de la madre, podemos hablar
pertaba ahora su asombro y curiosidad. Este estado d~ áni. de una resolución patológica de la etapa edípica. En este ca·
mo favorece la labor terapéutica.
so, la identificación con e l objeto edípico abandonado no
1: a iden~cación defensiva fue reemplazada per la adap-
puede integrarse en el contexto biológico de la ident idad de
tativa, t~plca de un muchacho de esta edad; ello podía ver. género. Resulta innecesario decir que, en tales circunstan·
se, por ejemplo, en la estrecha asociación con . la barra_ del cias, la relación del niño con el padre adoptará un carácter
c~po de Juegos. Ben manifestaba desprecio hacia - los roa. anormal durante la adolescencia.
nqmtas que se cuelgan de las mujeres todo el tiempo, que Es interesante señal ar, retrospectivamente, que el pro-
sólo va.n donde hay menos agua y se quejan de que está blema testicula.r tenía, por cierto, una importan.cia secun-
muy friao. Ahora, compartía Con los varones la perfección

185
184
daria en la etiología del desarrollo desviado d e Ben. Si bh 11 6. De la madre arcaica a la madre
este estado sj r"!ó de principio organizador durante la pI!
bert~d, no constituía el núcleo patológico de su enfermedlul dípica
Habla llamado nuestra atención debido a sus num eros" .
d<:talles y porq,,:e era el. principal obstáculo para el tra Lh
DlJento. Con el tiempo, SIn embargo, comprendwos que t'
t e problema especifico se SuperpoDÍa al núcleo patógeno V
de hecho, lo ocultaba . En este sentido, semejaba la arq uI
tectura plateresca español a del siglo XVI, cuyas fachad a~ \'
sorprendentes ornamentaciones de piedra absorben nu En este punto, el lector estará impacient e por que se exa-
tra atenc16n, aunque no tienen relación aJguna con 111 Drine más de cerca la enfermedad de Ben, introduciendo las
estruct.ura de los edificios que adornan con tanta riqueza. relaciones familiares en el cuadro clíruco . Es conocida l a in-
En este punto, sería imposible ofrecer un cuadro conv¡n nuencia patógena de la interacción familiar sobre la forma-
cente de los c~bios estructurales que marcaron el pas'IÍ¡' ción de la enfermedad neurótica; asimismo, no ignoramos
de Ben .a t raves de las fases de la preadolesceocia y la adó que los padres desempeñan un papel decisivo en el estable-
lescenc18 tempr~na, asi como describir Jos progresos con cimjento de pautas prototí p icas coo respecto a l os senti-
respec~ a los aJustes adaptativos y la integración socio l mientos, pensamientos y acciones d el niño. Estas pautas no
que el niño alcanza durante este período, sin exarnmar do. 11610 aparecen en la esfera de la adaptación social y los esti-
linea~ de ~esarrollo que corren paralelas Con la formaci 1\ los actitudinales; también influyen característicament e en
de la Identidad sexual. Estas tienen q u e ver con la relación todas las operaciones mentales, inclwdas la percepción y la
de Ben con s.us progerutores. Se salJe que estas rel acion " cogIDción. Por último -aunque no es esto menos importao-
sufren ~ambLOS. p,,?fundos durante la adolescencia. En lo te--, afectao la conciencia del sí-mismo mental y ñsico. To-
dos ca?I~OS slgmentes estudiaremos dichos cambios, cn. dos estos aspectos ej ercen influencia en la personalidad en
racten.sti COs del adolescente joven. crecimiento y se haIlan intimamente relacionados con las
experiencias familiares; por supuesto, dese mpeñaron su
parte en la vida de Ben.
El análisis hecho hasta ahora pone de relieve en qué me-
dida Ben habra desplazado su pat ol ogía familiar hacia el
ambiente social , y hasta qué punto esta repetición lo perju-
dicó en el plano social . Si bien este desplazamiento es trpico
del adolescente joven, en el caso de Ben se verificó sin la
indispensable transformación de connotaciones sumamente
personales en roles sociales aceptables y establecidos. Por
consiguiente, era UD inadaptado social. Como hemos visto,
el fracaso social se hizo inteligible duraote la terapia. Pero
aún debemos dar cuent a de los orígenes de la orientación
pulsional masoquista y de) mjedo jgualmente persisten te a
la mujer.
El desarrollo pulsional desviado se refleja s iempre en las
características yoicas; de hecho, ambos se influyen mutua-
mente, como lo hemos observado con respecto a la variable
capacidad de aprendizaje de Beo, la cual dependía, en algu-
na medida, del sexo de sus maestros. Los hombres reforza-

186 187
ban su yo ligado a la realidad, en tanto las mujeres lo h , de competencia que el chico establece con su padre y su
cían regresar al pensamiento prelógico. Además, la ro"" de tener de.rechos iguales, o incluso exclu~lvos, sobre
sión yoica solía complementarse con una interacción CO'I "' madre edipica., estaremos apoyando, en :ealidad,. su es-
ral erotizada (ser _un chivo emisario*"', o .vapuleado.), 11th defensivo por neutralizar la tendencla regreSlva ~a­
se había vuelto notoria respecto de Sus pares. o es dificil •• las rela,:iones objetaJes preedipicas. Cuando nos asOCl~-
conocer en estas repeticiones a los miembros prototfpico ,l. a su esfuerzo por oscurecer l os orígenes de ]a angustia
la unidad familiar primaria: madre, padre y hermano. después de todo, residen en una etapa m~ tempra-
En el caso de Ben, el papel de parien tes o de vecinos. 11 desarrollo-, estamos ayudándolo a consolidar l a de-
su vida temprana había sido más bien insigni ficante. CUIIII edipica. . ' . d fin' el .
do las figuras de una familia numerosa desempei'lan un 1'" ftlUL". de continuar, parece unpresclDdible e rr . :ng-
pel ;mportante en la vida tem prana del niño, se convierh'" lUIendo y la importancia específicos de los téT~OS utihz~­
en una parte --es decir. en una parte disociada- de la8 11 en el título de este capítulo: madre «arcaIca- y . edipl-
guras parentales. Cada persona, pues, se asocia con la gw Como ocurre con muchas denominaciones empleadas
tificación de necesidades específicas o representa la per o este estuclio, para definirl as es necesario ~:rpone~ un~
nificación de seguridades o peligros internalizados, ge n. !BC'ue:ncila de desarrollo que, en cierto punto cntico, C:lst~­
Talmente considerados buenos o malos, benignos o muy iX" en una síntesis termino16gica, o en un vocablo técn i CO.
judiciales. Los objetos primarios se vuelven a concretizar "11 cuando este -retroceder a los orí!lenes» a~o~e por el
la adolescencia, período en el cual adquieren predominl(!. ",)m,e[lt~ la paciencia del lector, constituye el UOlCO modo
ya sea directamente o mediante el desplazamiento. Esl dar precisión y claridad a las palabras, cuyo uso, de otro
aspecto regresivo de la adolescencia es contrarrestado poI' m'ocI,~, seria vago. .
la d i~tensión de Jos vínculos objetales primarios, que do Para sobrevivir, el infllllte depende, en pnmer lugar y en
tenruna la separación emocional definitiva de los objetos d, lform,a absolut a, de que se satisfagan r~gularmente sus ne-
la i nfancia y la niñez temprana lE los, 19671 . ee,81 ,~at1e,s físicas. Entre la madre y el mño se desarr0!la una
La reactivación de los vínculos objetales infantiles da lu IreciJ"ocidlad de necesidades. El bienestar físico del infa.r>:te
gar, en la etapa inicial de la adolescencia, a una configuro- a" QPH~ en la madre una sensaci ón de competenc18 y satis-
ción similar a la fase edipica. Mi experiencia me indica qu,' facción que pronto halla respuesta ~n la sonrisa del bebé y
en este estadio adopta el disfraz de un compromiso adípico. en los sonidos vocales que este articula. La madre se con-
Esta configuración seudoedipica obstaculiza la regresión vierte paulatinamente en un objeto identificable, que nutre
hacia las r elaciones objetales preedípicas. Por consiguien te. en los planos tanto fisico como emocional y es fuente de ~
constituye una formación defensiva a la que he denominado estado de bienestar. Demuestra ser el regulador de teOSlo-
- defensa edípica de la etapa inicial de la adolescencia_ IEI • nes y, en cuanto tal, una parte intrínsc~ de~ aparato ho-
19651. El terapeuta que ignore esta formulació n tenderá n meostático del infante. Este estado de Identificación prt-
pensar que el - mierlo a la mujer- en Ben se debe a la angus- maria da lugar con el tiempo a un reo:o.nocimiento ?el ~yo~ y
tia originada por la pulsión heterosexual. De esto se dedu- e l «tú-, diferenciación q ue. en definItI"~, determina la Ul-
ciría que la pulsión se vincula con el clásico triángulo edí- ternalización de las funciones de regulaClón. .
pico; la angustia y la defensa se i nterpretarían de acuerdo Este avance en e l desarrollo equival~ a I~ f0rn:t"clón del
con ello. yo o, más bien, a su estructu:~ción. La ,dentificaCión secun-
La práctica me ha ense ñado, sin embargo, que esta línea d aria estimula de modo deClSlvo la forn:"'Cl~n de la estruc-
de pensamiento nos eleja del conflicto que tratamos de re- t ura, mediante el proceso d e intern alizaclón. Cuando la
solver. En esta etapa, el peligro instintivo proviene de la etapa simbiótica de la niñez temprana ha pasado, en el t.er-
tendencia regresiva hacia la madre preedipica y del com - cer año d e vida, la r elación diádica --es decrr, la coneXIón
promiso pr egeuital que esta regresión supone. En la medi- esencialmente uno a uno entre el niño y la madre- !ta per-
da en que subrayemos, mediante la interpretación, la rela- dido su predominio exclu sivo. Sin embargo, la relaCIón con

189
188
el p~dre, fuen~e de bienestar y seguridad para e! niDO JI'
'l;u".no, s":, ,,?ns.dera según el modelo materno. El padre CI". l argo tiempo oponen resistencia a la conciliación me-
troua eXIstiendo de esta manera para el niño hasta el roll' la solución transaccional o la fusión. Constituyen un
mento en que a~a rece distinto de la madre y se establ '. pl0 de la ambivalencia en su forma original, como po-
una nueva rel~Clón -ahora triádica-, que identifican, .. onaaa. intransigente.
como constelaCIón adípica. Durante la fase de la preadolescencia, en la que la madu-
. El he~o de seguir e l curso de las primeras relaciones ..1, puberal intensifica la tensión pulsional, Se revive
Jeta le~ tiene el propósito de señalar el carácter de estas 110 a la madre arcaica. Esto exige, por su par-
coneXlón con las personas del ambiente que rodea al nl~1I nuevos reguladores de tensión (relaciones objetales, de-
en su más temprana edad. Es importante observar e8 1" adla¡lta,ci,Sn, etc.); en este momento crítico, el regula-
pues. las relacion:s obje,tal 7s de estas heterogéneas elap , ' la madre arcaica, se convierle en fuente de
subSISten e,n. la VIda ps.~ca del niño, aun después de u y seguridad. Debe recordarse que en la etapa avan-
período leg:¡timo, y se remstauran en la fase apropiada ti'" de la preadolescencia la madre arcaica existe como re-
d~."arroll0 ~dolescente. La madre preedfpica del perfod" I.ClOCIJ. internalizada -vale decir, como representacián obje-
dlawco eqUIvale a la ma?re .arcaica, mientras que la edfpitil que se mantuvo, parcialmente reprimida, hasta la ado-
pertenece. al período tnádico, que incluye al padre con",
person,a distinta y única, como hombre que posee poden'" En la mente de! niño, la madre arcaica está asociada con
para bIen o para mal, que la madre no puede ejercer. AJg\l control corporal de los esfínteres. El período de adiestra-
nos de estos podere," San deseados, otros enviwados O tem l incorpora las funciones corporales -tanto su res-
dos, tal COmo ~curna con la madre arcaica durante e! perlu tricción como su liberación- a UD complejo sistema de fun-
do dláwco. Al Igual que cualqUIer nueva relación objetal It, ,clOnl81nient<> autónomo. En él podemos discernir la interac-
d.e, la conste1,,:ció-? triádica aumenta el grado de compr~n ción de influencias derivadas de las necesidades instinti-
mon que e l nm~ tiene de la realidad, porque e! vuelco hnci "as, la dependencia objetal, los intereses y actitudes yoicos
a1';',:ra de l a hl;)ldo .objetal wSminuye, y a la postre reduce 111 1 8uperyoicos. :Mientras que el orgullo, el agrado y el elogio
rnJOIIDO. ]a prlIDltíva comprensión proyectivo-introyect.iv de la madre constituían antes una recompensa que justifi-
del mundo externo. caba renunciar a las gratificaciones inmediatas, en la etapa
Para el niño, Ja madre arcaica no constituye una personu puberal de maduración esta solución sólo precipita conI1ic-
s":,parada e in~epenwente. Debemos recordar que los est, tos . La sincronización entre maduración puberal y regre-
dios d,:, la conc.enc"a en la vida temprana reflejan simple d. .ión preadolescente hacia la pregenitalldad hace que la ma-
cotoffila entre saCIedad y tensión -la primera consiste 11 dre preedípica reaparezca en la vida emocional del adoles-
l.T';corporar; la segunda, en expulsar-o La madre es entcn cente joven_ Es obvio que e! niño en proceso de maduración
dida de acu<:"do con una wcotomia similar. Por un lado, In teme la regresión hacia la madre arcaica, buena O mala, y
madre arcaIca es fuente de toda bondad; por el otro, 111 se resiste a la sumisión y el suministro pasivos. A pesar de
~ente de .todo. Dlal. Puesto que el cuidado de] niño neceso esto, la tendencia regresiva consigue imponerse, pero sólo
namente ~plica fM1St.ración, ~olor y tensión, de este perlo en forma breve y transitoria; no debe sorprendernos, en
do sobreV Ive una teIDlda y odIada relación COn una pa rt consecuencia, que la madre arcaica controladora. amenaza-
del objeto, que identificamos como la madre mala arcai CI.I dora y frastradora pase al primer plano de la atención du-
!Je acuerdo COn el principio dicotómico de las relaciones ob: rante la preadolescencia del varón.
Jetales más tempranas, sobrevive tanIbién el recuerdo glo, Puesto que en este período se produce la maduración se-
bal y separado de la madre como fuente de saciedad, beati xual y, por consiguiente, se intensifican las pulsiones diri-
tud. segurldad.y bondad, que caracterizamos Como la ma . gidas hacia el objeto, resulta obvia la incorporación de la
d.re buena ~ca. Ambos componentes d e la madre prim i. madre arcaica dentro de esta nueva constelación pulsional.
tIva se mantienen en las representaciones objetales, y du. Su función de control se concibe, en consonancia con la ma·
duración sexual , en términos de castración. Esta es la típi-
190
191
ca situación de peligro de la preadolescencia e n el hu",I lII1.eru bajo formas infantiles: las de los componentes sá-
A ello se debe que el muchacho evite a las mujeres dI" "11 que babían desempeñado un papel fundamental en el
esta fase; observamos, en cambio la formación d o 11 ....TOlIo pulsional infantil. .
exclusivos de varones y el vuelco ~sitivo de estos h au .. experiencia indica que, en la terapia, los detennman-
padres. E l hecho de que el niño permanezca dentro ti. de la conducta y el pensamiento patológicos, condensa-
Jímjtes seguros de su propio sexo apenas oculta su "" en el complejo de síntomas, sólo pueden dilucidarse
miento activo del sexo opuesto. Advertimos su ~"Ul""I". ""UaLm,en. ,,. Mediante interpretaciones y explicaciones.
distancia con respecto a la madre y a todas las muje r • comunican al niño el reconocimiento y la comprensi ón de
general, o su franca animosidad hacia ellas o inclu " conexiones que existen entre el estado anormal final y
abierto y cruel rechazo. ' historia natural. Cada uno de estos pasos posibilita el
Esta aÍlrmaci6n activa pero defensiva de que h a n a otras fuentes que tambi6n contribuyeron a la per-
trascendidas las relaciones objetaJes tempranas su clt ....ba,ci~'n manifiesta, revelando así la naturaleza in~ca-
desbaratada por movimientos regresivos que aspiran n r I y la estructura compleja de esta última en cuanto SISte-
~blecer la receptividad preerupica y la dependencia unn. 1I que se autoperpet úa. Sin embargo, las defensas prote-
tica . Co~o consecuencia de la regresión pnlsional, el yu tenazmente durante largo cempo, algunos factores
ve empujado hacia etapas primitivas y ya abandonad" DD.trib,uyeDltes. Por cierto, el abandono de la terapia consti-
Por ~j~mplo, vuelve a proliferar el pensamiento mági,'" y con frecuencia una defensa inexpugnable en virtud del
prelogICo, después de su sorprendente declinación dura ll físico; en este caso, la situación terapéutica
el período d~ latenci.a, en e! que los procesos cognitivos .1 implica un peligro de t al magnitud que la única res-
carácter lógICO se dIferenCIaron claramente, por priml't posible es la fuga. La alianza terapéutica es siempre
v,,~, de la temprana concepción animista del mundo. Dese" protección más segura contra un a.bandono tan catastr~
bnmos e,;, el preadolesceute una racionalidad y un poder ti del lento y dificn1toso proceso para recapturar el perdi-
observ.aCl6n muy desarroUados, junto con el pensamie nl" ímpetu vital del desarroUo.
p~16gIcO y las creencias mágicas . Las dos formas de pen " En el tratamiento de Ben, pronto resultó obvio que este
Dllento, aun cuando sean contradictorias poseen al menu. un intenso temor bacia l a mujer, que se sentía
en potencia, valencias motivacionale. i~ales . E~te model" perseguido, incluso mortalmente amena~ado por ~lla. E.ste
doble del proceso de pensamiento explica gran parte de IrI. peligro constante ~uscitaba en él una ac~tud. fa.talista e Im-
con~uctas contradictorias de la adolescencia. La regresi ón potente bacia la VIda, pu.esto que se crel?, Vlctima de fuer-
pnlslOnal y la regresi6n en las relaciones objetales son lo zas malignas cuya finalIdad era destruIrlo. ~ la vez. que
madas aqui en. su in~rdependencia; no obstante, hay q Uf' sentía que todos se le oponían, era totalmente mconsClent.e
agregar otra dunens1óD, a la que denominaré ",impera tivu de sus propias intenciones y acciones agresivas y provocatI-
de la maduracióll» propio de la adolescencia. Tal es la caus yas hacia los otros. La índole de estas sólo podia deducirse
de que aquellos se muevan en direcciones diametral.menl de sus profundos sentimientos de culpa y de sus ~rman~­
opues~as. El estadio regresivo de la preadolescencia se ca- tes ofrecimientos de reparación . E l miedo a la mUjer consti-
ract,:nza por el predo~io de las necesidades de depen- tuía un tema repetido, dramáticamente desplazado en la
~enCla y los deseos pasIVOS. Empero, estas posiciones infan- escuela hacia sus maestras. Experimentaba un pánico mor-
tiles constituyen un anatema para el niño en edad prepube- tal cuando la maestra le formnlaba una pregunta que no es-
ral, cuya.~aduraCl6n .s~~ual serí~ negada, ciertamente, por taba seguro de poder contestar en forma correcta. Entonces
la re~81on a la nutricJOn receptIva y la sumisión pasiva 11 lo dominaba la idea de que .la maestra me quiere matar- o
la mUJer. No sorprende que la tendencia regresiva hacia la Este pensamiento se acompañaba de una sensaci6n doloro-
dependencia objetal movilice «en su camino_ el instinto sa en el pecho. La angustia que padecía en la escuela era un
agresivo, con propósitos defensivos y en aras de la adaptn- desplazamiento del hogar y constituia una repetición de la
Clón adolescente progresiva. La pulsión agresiva aparece relación con su madre.

192 193
El hecho de que Ben deseara la muerte de aquell 8 1I •
lo atormentaban se manifestó sólo en una etapa tardin ,1 I ItHlaI)e~:o emocional y de falta de conexión de aquella. Esta
tratamiento, cuando admitió este frecuen te pensam it."" interacción se había establecido tempranamente
_Quiero que mi madre o mi padre, o los dos, se mueran I la vida de Ben cuando la alternación de comidas y vómi-
más ligera frustración o humillación despertaba t alos 1I se convirtió ~n un aspecto rutinario de la interacción
seos. La idea de quedarse sin padres, por otro lado, lo 11,·" madre e hijo. Es notable que la madre nunca sintier~
ha de terror, pues -insistía- aún los necesitaba c.. a u nql 1c"esid,ad de tener en brazos al bebé cuando le daba el b,-
sólo sea para que me den dinero y me alimenten- o La mili,.
valencia infantil dominaba sus relaciones objetales h i t 3. Ambos progenitores informaron que discutían '! se pe-
un punto tal que ni sus progenitores ni Sus maestros - 111 ••""}iWJ con frecuencia cuando era el momento de alimentar
en cuanto a eso, sus pares- la podían tolerar. De es te II1U pequeño. Después, esto se repitió durante las comidas.
do, el niño se veía impedido, en gran medida, de mante nl • recordaba las violentas peleas que se producían en
una interacción positiva con personas perteneciente s n ti 8as oportunidades. Tales recuerdos correspondí~ a sus
familia o ajenas a ella. Normalmente, estas son las fu en te • al\os de latencia . Los hechos que más tarde dab~ pie a su
en las cuaJes los niños se alin1-entan para su crecimi ni,. conducta provocativa se basaban en frust~aClones , !':'e-
emocional. El tratamient o no alcanzó uno de sus objeti vo. nosprecios e injusticias . El hecho de estar slBmpre remdo
esenciales hasta que Ben fue capaz de utilizar los recu l1lil con sus progenitores los ponía constantemente a prueba
del ambiente social, extrafamiliar. -¿quién satisfaria sus deseos?, ¿quién Jo frustraria?-, ha-
Cuando la terapeuta llegó a conocer el mundo de ra nu. ciendo que de este modo se enemi staran entre sí. El niño
sías de Ben, su conducta y su pensamiento consciente rev~ nunca perdió la esperanza de que su padre se afirmara
laron su significado secreto. El complej o de sacrificio e s U II frente a l a madre y demostrara así su lealtad hacia 61 .
ejemplo pertinente. Al principio, se tuvo la impresión d,· 4 . Desde muy pequeno, Ben había escuchado involunta-
que se habia originado en una constelación pulsional m aS(l riamente las violentas escenas noct.urnas que a menud.o
quist a; básicamente, en una identificación femenina. Si n ocurrían en la habitación de sus progenitores. Estas culmi-
embargo, se comprobó que este síntoma era un compues tu naban en com.bates corporales, durante los cuales la madre
integrado por diversos elementos. Los enumeraré de mod u gritaba y golpeaba al padre. La teoría sexu~ de Ben, según
sucinto, sin examinar su interrelación genética, dinámica y la cual el hombre orinaba dentro de la mUjer o en su cue~­
económica. po, nos permite inferir que estos estúnulos de l,,; es.c ena pn-
maria coincidieron con el periodo de] control aun mestable
1. El pensamiento mágico servía para controlar el mundo de su esfínter urinari o. Dichos combates, y el becho de que
externo. El castigo reci bido podia anular los deseos destruc· la madre golpeara al padre , favorecieron la identificación
tivos, y de ese modo era posible evitar que ocurriera lo peor: con este último sobre la base de que ambos se hallaban su-
la concretización del deseo de muerta. Provocar el cast igo jetos a restricciones y al control urinario:
era la contraparte mágica de los malos pensamientos d e La erotización del castigo tuvo su origen , pues, en u na
Ben. Sin embargo, las influencias superyoicas, manifiestas identificación con el padre golpeado. No sorprende mucho
en sus sentimientos de culpa, indicaban que en el complejo el deseo preadolescente de Ben de que su padre se ~ara
de sacrificio existían niveles superiores de actividad psr- ante su mujer y se convirtiera, de este modo, en un aliado
quica. en la lucha contra la madre arcaica y castradora. En este
2 . Los estados de d esualidez de Ben ~tar enfermo, s r sentido debe señalarse que toda vez que el padre triunfaba
malo, incontrolable, destructivo- despertaban siempre In en cuaJ~er cosa -ya sea en el seno .de l a familia .o en lo.s
respuesta afectiva de su madre: esta respuesta solía ser negocios- Ben se sentía orgulloso, feliZ, menos anSlOSO y li-
violentamente colérica e irracional, pero establecía un con- bre de ideas persecutorias. Para mantener este esta.do de
tacto que Ben perdia con facilidad durante los estados d e confianza y competencia, idealizaba a su padre, !o que lo
llevaba a falsificar O ignorar hasta un puoto pehgroso la

194
195
realidad. Esta negación puede resumirse en su convic lo 11 IIoln"ir el miedo a la madre arcaica y castradora, y cuando
de que .mi papá es un gran ~po, pero mi mamá no 1•• 1 niño le fue posible confiar plenamente en su terapeuta y
ninguna oportunidad •. Al identificarse con el padre, e l' ' '01 ..,>e,OQ.er de ella. Por supuesto, su deseo era que esta se
..~,virtiel·a en la madre buena arcaica que 10 libraría de to-
sufría la misma derrota que este, transfoJ:1Ilándose I tll '"
bién en una víctima de la mujer poderosa - la madre 0)'(001 sus dolores y problemas. La terapeuta debía frustrar
ca, mala y castradora-o deseos y conseguir, al mismo tiempo, que los sentí-
tos positivos se unieran a la labor terapéu~ca, o a l a
Este bosquejo de las tendencias que conlluyeron n 1 InlPresa conjunta de superar los catastróficos obstáculos
sintOIna del sacrificio y la impotencia básica nos permH, se oponían al crecimiento. Ben nunca se sintió perse-
establecer una secuencia en la formación de este. El ntV I por l a terapeuta, aun cuando la acusara de m~chas
más profundo se hallará en una perturbación relativo ,1 e imperfecciones. Sin embargo, estas acusaCIones
contacto durante la fase oral. Pese a la posibilidad de inl' t",nn.ab,an parte de su compromiso afectivo con ella, y daban
rir una deterrrünada secuencia sobre bases evolutivas e hi '1ulla.r a la interpretación y el insight.
tóricas, no debe llegarse a la conclusión de que en la ternp,n DE,bem()s subrayar que el complejo de persecución de Ben
puede seguirse un orden temático correspondiente a esuo ... restringía enteramente al ámbito de los objetos malos
distintas tendencias. Los cuatro determinantes son actorl' humanos, o, más bien permanecía dentro de él; nunca hu~
7

que desempenan al unisono sus papeles en el escenario di be indicio alguno de la existencia de temores infantiles con
la terapia, algunos de modo más elocuente que otros; nll respecto a animales y a hechos tan espantosos como el esta-
obstante, todos interactúan en forma continua basta que ~I llido de bombas las descargas de agua, etc. Puesto que es-
agota la fuerza de sus pasiones, momento en el que un nu . tos miedos no te'nIan el carácter primitivo que permite atri-
vo protagonista, como Fortinbras en Hamlet, se hace cargo buir al mundo de los objetos inanimados una serie de in-
de la situación. tenciones malévolas, fue posible dar una solución por lo me-
Es muy probable que los denodados esfuerzos del peque nos parcial al problema de por qué el niño no había desarro-
ño por gratificar de alguna manera su hambre de contacLo llado una psicosis o una fobia. Ben utilizó la terapia para
hallaran , a lo l argo de su infancia y SU niñez, un refuerzo establecer una relación de confianza que lo ayudara a supe-
positivo en la necesidad de intimidad LISien del padre con rar su ambivalencia básica, la cual había impregnado todas
respecto al hijo. De cualquier modo, la bús queda de una sus relaciones objetales y había influido, con igual fuerza,
relación por parte de Ben y su capacidad para mantenerla , en su sentido del si-mismo.
aun cuando aquella fuera muy ambivalente, no sólo cons- La perturbación de Ben se relacionaba con el compromiso
tituyeron constante fu ente de asombro para quienes lo es- objetal, la ambivalencia, el miedo al abandono y l~ castra-
tudiaban, sino que debió considerárselas una cualidad pul- ción 1 De acuerdo con ello el yo se hallaba detenido en la
sional que posibilitaba el tratamiento. Por supuesto, esto eta~a del pensamiento pr~lógico y mágic~, cuya especifi~­
sólo pudo comprobarse con el transcurso del tiempo; en la dad reside en que cierlos afectos, seosaclOnes y percepclO-
evaluación inicial del caso, nada indicaba su existencia. De- nes particulares se atribuyen al ambiente. En el caso de
be señalarse, sin embargo, que la terapeuta cultivó con cui - Ben , esto se limitaba a los objetos humanos. Es obVlo que,
dado la capacidad de respuesta de Ben a ln situación tera- en estas condiciones, la evalu ación de los mundos externo e
péutica y a los fines d el tratamiento -p. ej., mediante In interno resulta defectuosa y la objetividad del juicio se de-
elección de la interpretación adecuada a cada etapa de es- teriora gravemente. Ben demostró la imposibilid~d de que
te--. Se seleccionó minuciosamente el nivel de cada inter- existiera una conciencia del afecto o del peosalOlento pro-
pretación y se procuró que todas las intervenciones se ajus-
taran a la capacidad del yo para integrarlas. 1 En lo que sigue tomD algunas de las ideas que Charles Odier ha
La confianza de Ben en el pensamiento mágico sólo pudo desarrollado en Artxiety and Magic Thin.king. Nueva York: Interna·
ser objeto de un examen crítico (prueba de realidad) al dis- tional Universities Press, 1956.

197
196
LB tarea de la terapia consistió en superar ambos retrasos
piamente dichos, en la medida en que ambos se atribll ~
ran, en gran parte, al mundo externo. «La objetivaci n y t., Lo que más temía Ben era «ser ignorado~ por su madre.
conciencia se excluyen mutuamente (. . .) leste] es un a Sr) , había castigo más sever o que e l hecho de que aquella
to i1nportante de las enseñanzas de Piaget. lop . ci t . , P ~ ara de atenderlo. LIeno de rabia impotente, exclamaba:
113). Este tipo de consideraciones indican con toda pr«1 . madre no me quiere! - , o «¡Ellos [los progenitores] no
aión, por así decirlo, los focos patógenos en relación con lo ' ll'ue<1E'll hacerme eso; los necesito!- . En busca de consuelo,
cuales debe orientarse l a estrategia del tratamiento. Lo, volvía hacia su hermanito, o idealizaba a su padre o a un
gran cantidad de materi ales aportados en las entrev is l .. maestro. Las mujeres se convirtieron en objet os malos que
obligan al terapeuta a eIegir en forma constante; por o ., debían ser aplacados . Por lo tanto, el niño provocaba el cas-
razón, este no puede dirigir un tratamiento sin contar c 11 tigo -la forma más segura de aplacamiento-, en especial
un principio de selección. Caracterizamos dicho princi pi" durante los momentos de angustiosa separaci6n . Tener pro-
como su . hipótesis de trabajo~ . Precisamente porque es i" blemas o estar enfermo poseía también benefic ios secuo-
dispensable para el tratamiento, esta últi1na debe perm u darios que Ben había aprendido a explotar desde la niñez
necer abierta a una continua aut ocorrecciÓll, mediante 111 temprana. . '
verificación permanente de su aplicabilidad. El amor, l a atención y la cercanía seg=an perteneClendo
De acuerdo con nuestra tesis, el complejo de persecuci ti al nivel diádico de las relaciones objetales; el niño elegía
de Ben se rel acionaba con e l miedo a la madre mala arcai sólo un co=pañero por vez, con exclusión de todos los de-
ca; a ello se debía, a su vez, su fijación yoica en el pensn más -ya sea la madre, el padre, los hennanos o , más tarde,
miento prelógico o mágico. La terapeuta, en cuanto objeto la terapeuta-o La desilusión con respecto a uno de e ll os
bueno , tenía que utilizar la posición que Ben le olorgaba suscitaba un cambio d e comp añero, pero la pauta no se mo-
para ayudarlo a llevar su relac ión objetal hasta un nivel dificaba . Esta monotonía mostraba l a incapacidad de Ben
posambivalent e. Calcul ábamos que esto liberaría su pensa- para usar distintos individuos del medio con el fin de grati -
miento del punto de fijación en el pensamiento prelógico o ficar sus diferentes necesidades . En el caso de Ben, una
influirla favorablemente en su prueba de realidad y su sen- persona por vez tenía que dar, en forma global, ~odo ~~ <l,ue
tido de sí mismo. Estimamos que, en términos de desarrollo él necesi taba. Ben resumió este modelo de relaCIón diadica
pulsional, Ben estaba fijado en el nivel preedipico de las re - diciendo: . Si no tengo a mi hermano Paul, ten~o a mi her~
laciones objetales y, en términos de desarrollo yoico, en el mano David; si no los tengo a ellos, tengo a ID.lS padres; SI
nivel del pensamiento prelógico. La actualización de su fi - no tengo a mi padre, tengo a mi madre; pero cuando ella se
jación yoica era condicional -es decir, se lllnitaba a las si - enoja conmigo, tengo ganas de librarme de en~ también•.
tuaciones donde la angustia de Ben superaba el nivel de to- El uso restringido y condicional de las relaClones por par-
lerancia-. te de Ben se reflejaba en su empleo restringido y condicio-
La fijación pulsional se puso de manifiesto, en forma exa- nal-es decir idiosincrásico- de las palabras. Manipulaba
cerbada, en la preadolescencia; de hecho, ella impidió que ambas para ¿ue se ajustaran a sus necesidades. De hecho,
el desarrollo superara esta fase. La fijación yoica había he- las fijaciones pulsionales se pusie ron al alcance del yo ob-
cho fracasar, en gran parte, el período de latencia. Por con- servador a través de la formación de síntomas en la esfera
siguiente, la organización psíquica del niño durante la pos- cognitiva. El uso defensivo de las funciones yoic,,:s (pensa-
l atencia no guardaba relación con el desafío emocional de la miento, lenguaje) se manifestó en sintomas obsCls1Vos t~an­
pubertad y la adol escencia . Los trastornos conflictivos en si torios. Tomaré un ejemplo del segundo año de tratlUIllen-
la adolescencia resultan inevitables, así como la regresión to, cuando sus progenitores hablaban de separarse. Ben
--<lel yo y el ello- es inherente al proceso adolescenl.e nor- aludia a este hecho, pero nunca utilizaba la palabra .-sepa-
mal. En e l caso de Ben, sin embargo, la regresión reveló la ración- o Cuando La terapeuta la empleaba, Ben reacc10naba
tenacidad de Las fijaciones pulsional y yoica, 10 cual indi- con una negación masi va, diciendo en forma agresiva: .. ¿Có-
caba un estancamiento del desarrollo en el nivel preedípico.
199
198
mo puedo sentir miedo, cómo puedo saber incluso qu HI, ,,
to, si no sé nada sobre el asunto?». Cuando se le record llh" "
la~ ~eleas y las amena~ de sus progenitores, sonreía y ,1 que atentaban contra el equilibrio emocional de Ben.
IDltia saber todo muy bIen....Pero --<:oncJuía- mientros "lO angustia de abandono lo obligó a permanecer demasiado
use l~ palabra "separación" estoy seguro de que nada VI' en la etapa prelógica del desarrollo yoico, lo cual
cambiar .... ~~~~::~~ su diferenciación yoica. Como resultado, ciertas
Con el apoyo de la terapeuta, sin embargo, Ben termll',' 11 yoicas adaptativas correspondientes a su edad se
por reconocer la inutilidad de su magia. En un arranque d. laban sumamente desviadas.
valor, preguntó: -¿Qué anda mal? ¿Qué pasa?. Quería o.. ¿Cómo aparecían estas distorsiones en la transferencia?
b~r. No tuvo .que esperar una respuesta, pues utilizó su p • ~L1n!Ullte un largo período, Ben se adhirió a su . omnipoten-
p.la obse!""aClón: sus progenitores dormían ahora en hab,lll prelógica ante la prueba de realidad de la terapeuta.
Clones diferentes. -¿Quién echó a quién del dormitorio? 1'" ''''Ilego de la disolución de su complejo de persecución -o,
las pelíc~as, es la mujer. la que echa al hombre. ¿Pasó al r otras palabras, después de la disminución de su depen-
vés con. miS pa~,:s? ¿QUIén es la mujer? ¿Quién es eljcli" dencia con respecto a la madre arcruca-, las defensas má-
ResurgIó su pIlIDltiva convicción de que la madre era om". !peas pudieron interpretarse y relacionarse con los hechos,
potente y de que el padre debía someterse a su superiorl afectos, pensamientos, miedos y fantasías.
dad. A la postre, Ben reconoció otras alternativas en la lu En la transferencia, el paciente atribuía intenciones des-
chao ¿es la madre mala arcaica quien controla al hombre " tructivas a la terapeuta cada vez que un comentario o una
es el padre edIpico ~uien no conoce el miedo? Por entonc¿., interpretación despertaban su angustia. En tales casos,
la palabra -separaClón~ había perdido su poder mágico. aquella se convertía en la madre arcaica, castradora . La
CUru;'do Ben renunCIÓ al control primitivo de la tensión, siguiente cita textual reflejará mejor una de esas reaccio-
sobrevlDo ~ estado de!,resivo, un miedo a l abandono qu. nes: _Usted me recuerda a un tipo que hace catch en la tele-
duró .excesIvamente y solo se supero después que el pacien visión; agarra el pobre piecito de su rival y lo sacude para
te deJÓ atrás la posición diádica de la infancia. La capacidnd todos lados, y luego se le planta encima •. Utilizaba los fen6-
p.ara dar este paso d~p:nde del progreso yoico y, en esp . menos de transferencia de esta índole para enfrentar la
CIal, de una clara delimi~ción entre fantasía y percepción pulsión infantil y las fijaciones yoicas. La batalla preadoles-
El hecho de .que Beo pudiera usar la palabra . separación cente contra la regresión hacia la madre preedIpica sólo po-
como cualqUIer otra, con el propósito de comuillcar una rea, día líbrarse mediante la internalización del conflicto. Por
~dad, señaló la expansión de la autonomía yoica secunda- 8upuesto, esto únicamente podía ocurrir después que el pa-
na, representada por el empleo maduro del lenguaj e. El ciente abandonara el «realismo infantil. (Piaget). Entonces,
87'ance haCIa esta posición , sin embargo, no fue sereno ni y sólo entonces, Ben pudo ver la vida desde la perspectiva
directo. La formación de síntomas obsesivos transitorios lo del pasado, el presente y el futuro. Comenzó a darse cuenta
obstaculizó repetidas veces. Por ejemplo en determinado con asombro de que sus progenitores habían existido e ido
oportunidad Ben volvió a preocuparse po~ las palabras' s perfilándose como personas mucho antes de que él naciera.
trataba d.el nombre de dos escuelas, una de las cuales te'nra Esto 10 ayudó a verlos como individuos separados, que no
que elegrr para Comenzar sus estudios secundarios. Su sólo vivían, sentian y se comportaban en relación con él. En
preocupación al respecto era, en realidad , un desplaza- una oportunidad, dijo: .Mi padre ya había pasado muchas
mlentode la elección que debería hacer en caso de que sus cosas antes de que yo viniera al mundo-o Hacia el final del
progerutores se separaran: ¿Adónde iría? ¿Con su padre O tratamiento, cuando la terapeuta calificó de .clIi llados»
con su madre? ciertos actos y afirmaciones de los progenitores, Ben sugirió
. La resol~ción. de muchos síntomas igualmente transito- benignamente la palabra - inmaduros»; esto, al menos, im-
~os estabil!z? Cler~ .funciones yoicas deficientes y promo- plicaba algI1DB esperanza de cambio . Por entonces, el pen-
VIÓ el dOIDlDlo cogIlltJvo de situaciones, reales o imagina - samiento mágico de Ben se había restringido a esa acti-
vidad mental legítima que denominamos expresión de de-
seos .. fantasías y ensueños diurnos.
200
201
Sin embargo, cuando la magia dejó de contaminar su pI." intrigas, cambiando cartas o fraguando esquelas me-
samiento y su acción, al principio tuvo lugar una sensa '10 " !DII.nlte las cuales ponia en situación embarazosa a los pre-
de desaliento y abatimiento, lo cual pudo verse cuando 1, autores. A través de los otros, tomaba parte en la
madre consiguió un trabajo de jornada completa. Ben • amorosa - de sus pares. No, no, él DO quería tener una
sintió abandonado e ignorado. Según su costumbre, 1\" En realidad, él nu nca, nunca - haría eso, ni por un
prestaba atención a la dificil situación económica familiar, illón de dólares>. Cuando se le preguntó acerca de _eso"
la cual, como resultado de las limitadas ganancias del pn sonrojó y dijo: .otNo, no, nunca me acercaría a una chica,
dre, babía obligado a la madre a buscar empleo. Ben 561.. po me gustan las chicas•.
podía decir esto: -Mi madre quiere más al dinero que a nI' Este tipo de aversión es característico del preadolescente.
Si me quisiera, se quedaría en casa_, Y concluía: 44Me gusl~1 Lo que bacía atípico el desarrollo psicosexual de Ben era .su
estar solo en casa, la única compañIa que tengo soy yo ml~ obstinada tendencia a identificarse con la madre preedfplca
mo. Puedo comer lo que se me da la gana,.. Cuando volvln y a renunciar a los impulsos fálicos ante la más ligera opa-
de la escuela, experimentaba con la comida. Se bacía sánd aición y desafío. Todos los esfuerzos del niño, a lo largo de
wic:bes de mayonesa, salsa de tomate, mostaza, gelatinn, la fase preadolescente, tendieron a re,,:mplazar a la ~a?re
habas cocidas, lecbuga, ensalada de col, hamburguesa, so arcaica por un poderoso y resplandecJente padre eruplco.
lame, cebolla y queso suizo, todo junto. Estas orgías no du- Lentamente, esta empresa se vio coronada por el éxito. No
raron mucho tiempo. La ausencia de la madre no suscit.6 obstan te, no seguiremos examinando este aspecto de las re-
una regresión permanente ni anul6 el progreso alcanzado laciones objetales de Ben , pues el capítulo siguiente trata
con respecto a la independencia emocional. La gratificación exclusivamente de la relación entre padre e bijo.
solitaria mediante la comida pronto fue reemplazada por Ya he descripto la labor terapéutica, cuyo fin consistía en
un renovado interés en el trabajo escolar, las actividades al distender la fijación preedípica, diádica (fase de la preado-
aire libre y, finalmente, cuando Ben tenia 15 años, por el lescencia); también he aludido a la formación de la. conste-
hecho de conseguir un trabajo él mismo. lación edípica negativa, en la cual el padre se conVJerte en
Los impulsos edípicos, cuando se despertaban. eran hos- objeto de amor triádico (fase de la adolescencia temprana).
tilizados por su temor a perder a la madre como objeto gra- Analizaremos abora el desarrollo de las relaciones objetales
tificante y protector. El temor al abandono babía obstaculi- que refleja la conste~ción edípica típi~ (fase de la ad~les­
zado, en el caso de Ben, la progresión hacia la fase fálica. cencia propiamente dicha). Este estudJO evolutivo termma-
Pasó mucho tiempo antes de que la entrega regresiva a la rá cuando Ben se ha\1e en los umbrales de la adolescencia
pasividad adquiriera un carácter ajeno al yo. El paciente propiamente dicha, después de haber recuperado el ímpetu
sintió que la madre arcaica 10 forzaba a la renuncia y la im- del desarrollo progresivo. En este punto, debemos r~ordar
potencia. Esta imposición, junto con la pérdida de sus pode- al lector que la demarcación de las fases es conven~lOnal y
res mágicos sobre aquella, constituyeron otra fuente de an- se balIa dictada por la conveniencia de establecer hitos a lo
gustia de castración preedípica. largo del desarrollo. Lo qu e en r ealidad observamos son
E l desarrollo psicosexual de Ben dio un paso adelante superposiciones, flujos y. reflujos, avance~ Y ~trocesos. En
cuando este entró en la constelación edípica O triá.dica, en la el curSO de un período, 510 embargo, las direcCIOnes y los lo-
cual, al comienzo, el padre se convirtió en objeto libidinal y gros evolutivos resultan claramente vi:,ibles. .
la madre en adversaria y rival. Cuando estos anunciaron su Ciertos sueños y fantasías de Ben ilustraran la progre-
intención de separarse, Ben comenzó a cocinar para su pa- sión de las relaciones objetales, desde el nivel preedípico
dre; hizo todo 10 que pudo para mantener unida a la fami- hasta el erupico. En el segundo año de tratamiento, Ben co-
lia. En la escuela, se dedicó a llevar cartas de amor de los municó fantasías y ensueños diurnos que arrojaron luz so-
varones a las mujeres; se llamaba a sí mismo el . interme- bre la etapa del desarrollo psicosexual alcanzado por él.
diario». S i bien se sentía degradado por esta posición, era, Cuando se despierta por las noches --cerca de las dos de la
no obstante, un curioso y servicial .¡Joslillon d~amour_. Ur- madrugada, afirma-, imagina que golpea a su maestra en

202 203
el rostro. Esta responde a sus golpes diciéndole ~dam o m conjunto beat , similar al de los Beatles. E,:a famoso y
---es decir, alienta su agresión-o Luego, la maestra cru' ~le!¡Ún sus propias palabras- _todas Las chicas me co-
una calle y es atropellada por un coche para niños , n ,1 pero no porque yo les gustara, sino porque estaban
que duerme un bebé . Estas fantasias de carácter sádico " adas conmigo por haberle quitado popularidad a los
mezclan súbitamente con imágenes eróticas, según las C\lI1 ""ltleS, a quienes ellas amaban. Me agarraban y_ me escu-
les Sen -desnuda a chicas, quitándoles las blusas>. Cunnd" en La cara- o Inmediatamente, contó un sueno de _los
esto ocurre, la imagen cambia y no puede ver sus cara años». Se trataba del sueño del robot, mencionado ~ eL
Tiene curiosidad por saber quiénes son las chicas; a ve . .1:ñt;ulIO 14, que seguia siendo la imagen de referencla de
el rostro se transforma en el de un mono. Esta fantasía p" con respecto a la angustia reLativa al daño corporal. El
see muchas variaciones; ya hemos visto algunas en el capl ....t>ol~. como hemos visto, era el padre aterrador de la escena
tulo 15. ..... m ....'R. Volvamos al sueño anterior, en el que Ben supera
Estas fantasías son muy típicas del adolescente joven, '11 los insuperables Beatles, sólo para descubrir que . las chi-
el sentido de que la agresión pura (pelear, golpear, desnu cuyos ídolos ha destruido, se vengan a su vez de su su-
dar) despierta una excitación sexual indiferenciada. El atfl perioridad. El .bombre mecánico. (el padre) o las veng~ti­
que a la maestra fue motivado por los celos de Ben baci ..as chicas (la madre), quienes rechazan su autoafirmaaón
sus hermanos menores -ataque que alcanzó su punto cul masculina, 10 castigan por sus intentos de igu:uar La gran-
minante en el acto de apoderarse del pecho por la fuerza, deza, real o imaginaria. del padre. Ambos suenos, tom.ados
aunque sólo en forma visual y furtiva-o Este tipo de fanul en conjunto, muestran al joven Hércules en la encruclJada,
sías contienen todos Los elementos de la excitación sexual, Indeciso en cuanto a los peligros a arrostrar. La consteLa-
pero sin La correspondiente fusión de los impulsos agresivos ción triádica aparece en ellos con ~a claridad, y p0<:LJ:í~­
y Libidinales. De hecho, se trata a la mujer como un objeto mos agregar que el primero transmite una alegre sensaClOn
peligroso; debe ser sometida y despojada de su potencia fá- de triunfo por haber superado a ídolos únicos hasta ese mo-
lica, es decir, castradora . Después que el preadolescente ha mento.
superado su miedo y su tendencia regresiva bacia l a madre Si bien la conducta de Ben, que tenía su paralelo en el
arcaica, revive la etapa triádica de las relaciones objetales, sueño y a La cual este resumía, reflejaba aún el tema del
la constelación edípica. La mujer sigue siendo fuente de trato injusto, el muchacho había comenzado. a compren~er
aprensiones, pero abora s u poder maléfico se ha debilitado ya que el deseo de au toafirmación y la neceSIdad do;' castigo
en virtud de La relación positiva del niño con su padre, en se relacionaban de modo estrecho. Ambos se pU!i1eron de
cuanto aliado y compañero . La madre arcaica se vuelve manifiesto en su conducta, y abora que el carácter edipico
prescindible cuando el niño dispone de una nueva fuente de de sus acciones se había vuelto obvio el paciente no podía
suministros narcisistas y de gratificaciones dirigidas hacia dejar de reconocer sus deseos y temores .. Empezó a usar la
el objeto --o sea, cuando el padre ha sido elegido corno obje- ropa interior y el pijama de su padre, pnmero en se":,,,.to y
to de amor-o Esta etapa, a menudo fugaz, rudimentaria y luego abiertamente. Sin prestar atención a Las prohibICIO-
transicional. tiene consecuencias decisivas, pues sólo me- nes de sus progenitores, trató de usar también el nuevo pu-
diante su disolución el niño puede establecer La identifica- lóver de aquel. Paseaba por la casa en pijama, con la bra-
ción masculina y una estructura d efinitiva de su ideal del gueta desabrochada, e inconscienteroe?te.se ~hibia a?te.la
yo (véase el capítulo 17). madre. Cuando se le señalaba su exhibiaorusmo, se mdlg-
Examinemos ahora el paso bacia adelante en el desa- naba muchísimo, y, aunque su autoconciencia.i~bía
rrollo psicosexual de Ben. Los primeros signos de su acerca- aquel, no podía eliminar el impulso que lo ?abía ongulado.
miento tentativo al nivel edipico merecen nuestra atención, A continuación, eL niño desarrolló un Sllltoma que mos-
pues constituyen indicadores significativos del desarrollo traba las características de un tic: consistía en un.a rápida e
progresivo. Para ilustrar este movimiento utilizaremos imperceptible proyección y retracción de la l~gua. entre los
material onírico. En unO de sus sueños, Ben babía fundado labios, algo así como _sacar la lengua •. Al mlsmo tiempo, su

205
204
rendimiento escolar volvió a disminuir y sus provOCaciOlH pULU,,,,,,ela del superyó arcaico. Es decir, dismin,:,yeron los
-o, a la inversa, su necesjdad de castigo-- aumentnrllll "'i.ed,os y tercores (-Ella quiere matarm~.). propIOS del su-
Acusaba a s u madre de querer sólo su intelecto, es dcclt primitivo, y se afirmaron los sentImIentos de culpa,
buenas notas en la escuela. Su resistencia a obtener buon _pico~ del superyó adípico. El bien y el mal ?-dqUlrteron ~
notas equivalía, por consiguiente, a renunciar a sus impul abstracta, liberándose de la antenor comprensIón
sos fálicos . Quería que su madre reconociera su maduro... fl ~"",u·s'tUa del mundo sustentada por Ben. E ste desplaz~­
sica y sus deseos competitivos de ocupar el lugar del paclrt ,,,,,..>rlro se correlacionó con la declinación del superyó arcru-
o, por lo menos, de ser considerado su igual. Beo rechazllp" el aumento de la función evaluativa del yo. Podemos

!r1.~~~~~D~e!ste~C)~a~v~~ance
la demanda de buenas notas por parte de la madre, pUl' a una demarcación más clara entre las
las vivfa como un sometimiento a la volun tad de esta; 1'11 objetales y de sí mismo, y al rechazo y la
vez de buenas notas, le mostraba su pene. resistencia del yo al pensamient~ mági.co .. ~ste 'pr~greso
En el tratamiento, Ben manifestaba insatisfacción COII cognitivo es concomitante con ]a difereoClaClon pSlqulca, es
respecto a su terapeuta. Cuando sus actos y sueños eroll decir, con la formación de la estructur a. De este modo, se
traducidos a insigh.ts, quería abandonar el tratamiento. Un establecieron dos condiciones esenciales para la adapta-
día se retiró ofendido, antes de que terminara su b ora. Ln ción: la capacidad para postergar, posibili~ada por el hecho
sesión siguiente, antes de entrar en el consultorio fue al bo de «ensayar la acción mediante el pensarrnento-, y la capa-
ño; apareció, por fin, peinado y _acicalado•. En otra oportu cidad para pronosticar. . '
nidad, trajo un banquito que nabla hecho durante la horn Una valoración más realista de los progemto~s de~rrru­
de . tal ler» en la escuela para que la terapeuta 10 admirara. nó que Ben buscara fuente~ adicio,,:ales de gratificaCl~; al
Era obvio que Ben se ballaba profundamente comprometi mismo tiempo, e l comprotlllSo afectIVO con aq~ellos deJÓ de
do con la experiencia edípica que había podido revivir des· interferir en su aprendizaje y en su penslllJllent~. Aprobó
pués de superar la regresión hacia la madre arcaica. Había lodas las materias del octavo grado, que termmo a los 14
alcanzado, aunque tardíamente, una de las condiciones pro· ail.os, y obtuvo en aplicación la calificación de «€x,:"lente».
vias dinámicas y estruct.urales para el curso normal del Con su creciente participación en las frecuentesacbV1dades
proceso adolescente. al aire libre que realizaban sus pares -o, a la mversa, ~on
Debemos señalar en este punto que el restablecimiento su distanciamiento emocional respecto de los. pr?ge.DJto.
adolescente de la constelación edípica exigía, en el caso d res--, desaparecieron el tic de la boca y el exhlblclOmsmo.
Ben, r evisar y corregir en forma simultánea la fas e edípica En son de broma, Ben observó: . TaI como van las cosas en-
incompleta y anormal de su niñez. En muchos aspectos, se tre mamá y yo ... Bueno, todo 10 que puedo deClJ' es que me
comportaba ahora como un niño pequeño que usa el som- voy a d.i vorciar antes de haberme casa~o •. En la s~gtllente
brero de su padre: le llevaba los paquetes a su madre y la entrevista, complementó ese comentarlO con este. ~Usted
ayudaba a realizar los trabajos pesados de la casa, activida· sabe que yo quiero a mis padres más o menoS por 19ual~ .
des que formaban parte de las prercogativas y deberes de Dejó el tema en este puntO, y comenzó a r~,,:"ar en los pa~­
un bOlnbre. A la vez que adoptaba esta actitud masculina, dos de pelota con sus amigos y en la pOSIbilidad de trabaJar
se quejaba de que su padre no le ofreciera un modelo más en el verano. .
admirable; según sus palabras, deseaba que su progenitor Ben dio una prueba real de sus progreso~ .hacla el final
fueca _un hombre y DO un pobre tipo •. del tratamiento, cuando su terapeuta le diJO ~ue es~a
La revitalizada constelación edípica influyó en sus fun- esperando un bebé. El momento en que la teraplR ternuna-
ciones yoicas y su estructura psíquica. En principio, se agu- ría dependía de su embarazo. La réplica inm.ediata de Ben
dizó la capacidad de auloobservacl6n: internalizó al ob- fue: . Yo seré el padrino-; luego agregó, queJandose: .~ be-
servador, el juez y el evaluador exteriores. En virtud de es· bé podría haber esperado, ¿no?. Por supuesto, resurgteron
ta internalización, el yo se independizó más del ambiente. problemas preedípicos, edípicos y con los hermanos; no. ~bs­
Al ampliarse la esfera de las funciones yoicas, se redujo la tante, el paciente adoptó un papel protector y tranqUlliza-

207
206
dar ante la futura madre: «No se preocupe --dijo--: pu d IO
17 _ La im.agen paterna, el padre real
caminar por mis propios medios .. . Como para suavizar u y el ideal del yo
r~acción agresiva, producida por los celos y la frustración ,
hizo tolerable la experiencia crítica expresando sus sen !.
mientos positivos; dijo: «Creo que usted me gustruo .
En vez de continuar exigiendo un amor exclusivo, re 1
vió proseguir el buen trabajo de la terapeuta y llevar con ,.
g~_ sus resultados, COmo un~ responsabilidad y una pos
S10n. Enfrentado con la pérdIda de la terapeuta. se identili El material precedente nos llevó a abandonar la expecta-
có COn la función de esta, antes que con su existencia fis í tiva de que la maduración puberal-es decir, sexual- da-
de mujer y madre. Cuando llegó el momento de la desp rla como resultado un resurgimiento inmediato de la cons-
dida, sintió gratitud y tristeza; pero no se abandonó por n telación edípica. Hemos descripto cic:rtas etapas previas . a
tero a ninguno de estos sentimientos. En cambio, afirmó: este estadio culminante, caracterrstico de la adolescenCIa
-Aprendí a mirar las Cosas de modo diferente; y en eso voy o propiamente dicha_ Llegamos a la conclusión de que, en el
ser también un viejo veterano>. En la última entrevisLo varón la constelación empica positiva sólo puede surgIr
apareció «de punta en blanco», con su mejor aspecto. Son ' una v~z que se ha resuelto el vínculo con la madre preedípi-
nendo, comentó que se merecía algo en una oportun id a d ea y superado la constelación edípica negativa.
como esta. ¿Qué podria ser? Una placa en el respaldo d e 8 U Esta última en el caso del varón, se define por el amor
silla, con la leyenda: -Aquí se sentó .. .". pasivo al paW:e . En terapia, este tipo ~e material. se tra~
La progresión del desarrollo que hemos seguido a trav con harta frecuencia de manera muy CIrcunstanCIal y , SLO
de la terapia de Ben constituye un ejemplo de las etapas ti- más, en forma errónea, en términos de competencia edípica
picas del proceso adolescente. Tenemos muchos motivos pa- o de renuncia a esta_ En nuestro caso, el tema del padre
ra suponer que durante el periodo adolescente Se producen apareció pronto como l a contraparte de la ansiedad perse-
esp~~táneamente, dentro de ciertos límites, correcciones y cutoria que las mujeres despertaban en Ben. En otras pala-
reV1SJones del desarrollo infantil incompleto o estancado. bras el Iniedo irracional a la mujer era minimizado por una
De hecho, es este aspecto corrector de la adolescencia lo que ideaÍización igualmente irracional del padre. De este modo,
hace extremadamente complejo este periodo. Es dificil rea- e] padre importante se convirtió en fuente de confianza y
lizar una descripción psicológica exhaustiva, pues las lineas seguridad.
regresiva y progresiva del desarrollo se dan de manera Con el fin de ordenar y elucidar estos cambios en las re-
simultánea. En el caso de Ben, fue posible estudiar el pro- laciones adolescentes, los mostraré siguiendo una serie de
ceso corrector y seguir en detalle las complejidades del de- pasos. tal como lo dicta la lógica de la progresión del desa-
sarrollo porque el tratamiento permi tió poner bajo el mi - rrollo. El primer paso, que tiene lugar durante la fase de la
croscopio ciertas reestructuraciones psíquicas que, en cir. preadolescencia, se vincula con la relaciÓn preedrpica con la
cunstancias corrientes, no son observables. madre; el segundo, ocurrido en el curso de la fase de la ado-
lescencia temp r ana, con el complejo de Edipo negativo. Tra-
taré de examinar en forma detenida cada paso . Cuando no
existe. en apariencia un orden de sucesión secuencial --es
J

decir, de fase a fase--, cabe sospechar la presencia de una


defensa masiva o de un estancamiento en el desarrollo_ Sa-
bemos, gracias a la experiencia clínica, que el vin~ul.o emo-
cional positivo del adolescente con su padre es mas macee-
sible al tratamiento que su rel ación con la madre edípica.

209
208
Investigaremos a continuación el dcsalTOlJo y la nalurlllo •
de la relación de Ben con Su padre, y los conflictos qw • 110 le gusta hacer cosas con el padre, y dejar fuera a la
implicaba. l-ro•. S610 si esta relación se mantiene después del pe-
Oln ..
Si bien el miedo a la mujer es típico en el preadolcSC"II'o le correspoade podemos atribuirle un prop~sito
en el caso de Ben el temor asumía enormes proporciom I~~:~!:~~:a~l)~que le seguirá un desarrollo sexual desv18do
Co~o es característico en crisis semejantes, BeD se vul .. 11 . Nor:malmente, se abandona la posición edí-
haCIa su padre en husca de consuelo y seguridad. El plllh negativa de la adolescencia temprana y se la reempla·
debía ser un ejemplo de inviolahilidad masculina y de '."10 una estructuración definitiva del ideal del yo (BIas,
fianza en sf mismo; esto era, al menos, lo que Ben esporhl," 19'6~:J. Estas consideraciones teóricas permitieron estable-
de él. El hecho de reconocer las debilidades del padre 11 qué pasos consecutivos debía seguir la terapia en el caso
sumisión y su carácter irresoluto-- provocó dos reacciont • deBen.
fl;egación e idealización. Tomadas en conjunto, estas garlllO Primero la desmedida idealización defensiva del padre
tizaron a Ben la importancia y e l amor de su padre. P r "lO debía asociarse con el m iedo a la madre arcaica. Esto podía
lado, Ben atribuía a este cualidades de competencia y ,lo Intentarse sólo si la alianza terapéutica -vale decir, l~ con-
a.udacia que el padre nO posefa y. además, eran desm,'" fianza en la seriedad de la terapeuta- era lo suficlCnte·
tida:" por la observación cotidiana; por e l olro, el niño '" mente Írrme como para ofrecer una protección .:interina.
queJaba en forma constante de la falta de disponihilid"oI contra la angustia; entonces, y sólo entonces, podría aban-
emocional de aquel, de su falta de interés en él o, sirupl donarse la idealización defensiva del padre. Junto con la
mente, de su desam?r: Ben deseaha ester junto a su padn., labor terapéutica, empeZÓ a destacarse el vínculo carmoso
~ozar de su masculinidad protectora y su generosidad (1, con el padre. Su resolución, en el curso norm~ del desarro-
Junt<ls a partidos de béisbol, a restaurantes, de compruo); llo psicosexual, tiene lugar antes de q,:,e el níño pueda en-
ad~ás, q,:,ería <¡ue su pa~e le concediera a él. ltijo primo trar en la fase de la adolescencia p.r oplamente dicha (com-
géruto, pnvileglOS cspeCJales en el hogar: permiso par plejo de Edipo positivo). .
acostarse tarde, prioridad con respecto a la televisión y La competencia y la rivalidad con los pares fueron las pn·
exenCiÓn de las tareas domésticas, propias de una nUla y nC! meras m.anifestacianes de este desarrollo. El mterés en las
de un varón. E l material de Las entrevistas ofrece mucho niñas, así como los fenómenos de transferencia edípicos,
ejemplos relativos a estas caracteristicas de la relación dI' ofrecieron la prueba de nnitiva de que Ben había superado
Ben con su padre. La idealización desmedida de este último su vínculo pasivo con el padre. La desilusión con respecto a
actúa como defensa contra la madre arcaica, que represen .. este último fue tal vez el golpe más duro q ue Ben tuvo que
ta para el prepúber una amenaza de castración e infanti soportar. Sólo cuando el niño mostró los signos de u~a res-
lismo. titución interna, en el deseo de ser lo que ha~¡a quendo que
Además de esta relación preadolcscente COn el padre, en su padre fuera , se tuvo la certeza de que el .,dcal del. y.0 ha-
la c.ual est: ,:s más un -co mpinche.. y un amigo que un com- bía reemplazado una relación objetal r egreslva, narc,slsta y
petldor edlplCo, va cobrando forma una relación de orden pasiva .
m.: tinto . En la fase de la adolescencia temprana, el niño se
ub,ea ,!-entro de la constelación edfpica negativa, escogiendo
El propósito de este hosquejo del . tema del padre. e~. el
caso de Ben fue dar al lector una idea acerca de las pOSIClo-
por prImera vez un objeto narcisista Este movimiento no nes pulsional y yoica específicas de la fase, antes de presen-
es de naturalez.a defensiva; vuelve a poner en acción los rc- tar los materiales del caso que darán cuerpo a estas formu-
si.du?s aún existentes del amor edfpico pasivo por el padre. laciones abstractas. La idealización desmedida del padre se
S, blen esta relación es una prolongación directa de la de. guiaba por los comentarios despectivos de la m .. dre con r~s­
pendencia diádica del periodo preedípico, la cual forma par- pecto a aquel. Aun cuando, reflexiona Ben, .nu padre gnta
te desde entonces de una constelación triádica, asigna aho- y se pone furioso,,_ como persona «es realmente UD buen ti-
ra a la madre el papel de rival y competidor. Al adolescente po». A esto le siguen ejemplos extraídos del pasado, cuando
-me llevó a patinar sobre ruedas como recompensa por por-
210
211
tarm~ bien •. A Ben le gusta ir e la oficina de su pedr modo, el padre invertía su. posición gen~cional , en ~u
describe como un lugar emocionante, con un enormo ~ • I1 de recibir de su primogeruto los SUIDlDlS.t:r0S cmoClO-
torio en el que le encanta sentarse. Quiere dar la imprt,., , que sólo un padre puede ofrecer a sus hiJOS. Su af¡r-
de ~ue su padre es un hombre importante en los negoel.. "'"l~'n de que . Ben debe darme primero, después le dm:é
-dice con orgullo- _se gana bien la vida. ' una vez .1" o de que . Ben l;ene que respetarme pnmero , despues
doscientos dólares en un día-o ' respetaré yo', revela lo absurdo de l as demandas. que am-
Ben no sólo exagera, sino que recurre en forma re pet.id . se hacían mutuamente. Con el fin de normaliz~ esta
la idealización defensiva. Esta se generaliza cada vez no el padre mismo debra somet erse a tratarruento.
guarda ~enos relac:ión con los hechos. Durante algún t WII' lo hi'zo durante casi todo el tiempo en que lo estu v '.' su
po) el runo se eonVlerte en fanático de este sensible tomR El padre reconocia en su hijo ciertos defecto.s parecldos
Prefiere que la terapeuta hable con su padre, antes q uo CIlIO suyos y los combatía con saña feroz. Para VIVlI ~'.'n sus
su madre. Un ejemplo del grado en que Ben se i den LIO". prl)pias deficiencias vergonzantes, neceSJtaba un hiJO q~e
COD su ~rogenjtor es su afrrmación de que será un ~viaj O l l ' .. tuviera ninguna; Ben se había convertido e,:, _SU sí -mls-
como mI padre; me casaré y tendré tres hijos, y les pondr ideal potencial, y sobre esta base se estableclD un fuerte
Dll nombre y el de mis hermanos». Estas í dentificacionl' de cariño ambival ente entre ambos.
eran fugaces y, por cierto, de índole reactiva . Si bien el padre se indignaba ante la~ deman.d~ de su
El desdén, el desprecio y la repugnancia que la madre ox hijo, quería , sin embargo, que Ben . si gwera fastidlándo~o>
presaba hacia su esposo impulsaban al hijo a defenderlo y hasta que -en parte de mala gana , en parte voluntan~­
justificarlo con vehemencia. El niño respondía al deseo d , mente-- satisfacía los deseos del n.ino. Aun cuando querla
la ~adre de que su h ijo no se pareciera al padre (-¿Te g us complacer a su hijo, ello le resultaba cliñ.cil. Como re."u1tado
tana ser como tu padre? ) con una creciente idealización de este vinculo , ambos se mostraban irntados .y e~o~ados la
incluso, una transitoria y exaltada identificación. Se ínter' mayor parte del tiempo. El padre sabí a ~or lDt~ lc,~n que
pretó muchas veces la naturaleza defensiva de ambas exu si.empre babía usado a su h.i jo c?mo - un chi~o eIlUSBTlO, gol-
minando la conducta o las fantasras recurrentes a la l~z d peándolo y castigándolo SLO nmguna razono. Alternando
los hechos que las precipitaban y los afectos concomitantes. con esta interacción sáclica, había frecuentes den:'0straclO-
El padre había observado que el desempeño escolar d nes de afecto, tales como besarse, abraz~se, decirse. pala-
Ben Ouctuaba de acuerdo con los altibajos de su ocupación . bras simpáticas e intercambi~r confi~enClas. Es obViO que
Afirmaba: -Cuando me va bien en el trabajo a Ben le va la liberación o la independenCIa emoclo~al respecto de.1 pa-
mejor en la escuela . Cuando yo subo, Bcn vueia. Parece s - dre se complicó debido a los modos hab,tuales de gratifica-
~ ?ll ejemplo en muchas cosas. Está muy orgulloso de mi ción pulsional mutua establecidos firmemente en amb.os en
actiVIdad •. Debemos señalar ahora que el padre de Ben (un la época en que Ben . ~~anzó la prepuber.tad. L?- relaclDn sa-
vendedor mu~ incompetente Y. en consecuencia , un hombre domasoquista adqUIrio una particular mte.nsl.dad durante
que en el mejor de los casos s610 de vez en cuando podía la adolescencia temprana; por cierto, l a pnnclpal tarea de
mantener a su f"milia) había sacado el mejor partido de la Ben en esta fase fue renunciar a este vínculo. erótico ..
idealización de su hijo; de hecho, dependía de esta fuente de Es indudable que la transición de la poSICión cdíp' ca ne-
auto.estima . No. sólo quería que Ben tuviera éxito para gativa (_pasiva») a la positiva (.activa. ) se re~a .en fonoa
sentirse menos Incompetente y deprimido é l mismo, sino tan gradual. y se halla obstaculizada por oSClla'7 0nes tan
que p~rseguía al niflo para exigirle por la fuerza, ante la frecuentes entre las dos posiciones, que resulta lIDposlble
más hgera provocación, una exhibición de respeto deferen- trazar con precisión una línea de demarcaClón. Duran.te al-
cia y obediencia. ' gún tiempo, por lo menos, n? se .tr.a~a más qu,: de matices y
Sería útil examinar en este contexto la influencia de la predominios . E l uso defenSIVO mlclal (es deCIr, preadol es-
relación del padre con su propio padre, pero sólo menciona- cente) que Ben hacía de la relación co.n. su padrO: se modi.fi~6
ré el hecho de que aquel adjuclicó a Ben un rol parental; de cuando adquirió un carácter competitIvo y belicoso, y deJÓ

213
212
stablecimiento de una instancia interna, c~y.a función eon-
de basarse en la imitación y la idealización. Al mismo 11, 111 Istió en neutralizar l a libido objetal n~clsls~a hasta en-
po, la necesidad de castigo, o de ren uncia masOquisLII 111 lonces ligada a la posición edípica negativa. D icha .lDstan-
m i,:u yó ;n fonna ll1arcada. No obstante, esta eLap ', " cia se concep tualiza como ideal d el yo; la he de.scnp Lo, .en
posIble solo después q u e se dieron a lgunos pasos en lo " • r=inos genétieos, como la heredera del compleJO de Edipo
trucruraci6n psíquica. negativo [BIas, 19621. .'
Hagamos un breve resumen . En virtud de la desm •• " .. IM El ideal del yo tiene una larga histona y, desde su t,,:",-
ide~ación defensiva, Ben había puesto a su padre en "" prana aparición e n l a vida, ha ~ido s iempTe unafo~.aC1ón
pOStClón que le asegurara un flujo d e suministros narehol. narcis ista. A mi juicio, se consolida en una o.rganlzaClon de-
taso Experimentaba esta afluencia como un aumento di' " fi nitiva al declinar la fase de la adolescenCIa temprana .en
autoestima y una sensación de inviolabil idad _ Había I ,1 ... e l hombr e y al resolverse el complejo de Edipo negatIvo
rado una representaci6n o imagen paterna que reguJabh 111 (_pasivo» [Blos, 1962, 19651. La elección homosex~al del
angustia y lo protegía de la muj er, la madre arcaica y CtI obj eto en la adolescencia temprana se basa en neceSIdades
t r adora. E n e l caso de Ben, esto hab ía asumido propoN'''' n a r cisistas. Es menester abandonarla Y tr':-flsformarla en
nes exageradas. E l nmo dependía de la perfecci6n y el 1''' un ideal desper sonalizado, en un mod o de V1da cuyo p~pó­
der del padre; por consiguiente, su imperfección y su d blll sito y validez sean evidentes por si mismos. La ex:LstenCJa Y
dad !e~es.eonstituían la .causa de in terminables quejaR V la búsqueda del ideal del yo constituye una fuente pe~~­
recnmmaClones. Ben habla cread o una imagen ideal d " nente de suministTos narcisistas; eS el regulador del ~~iJj­
padre; si este no vivía conforme a ella, sólo podia debersé brio n arcisista y se lo experimenta. en el plano subJetivo,
un hecho: que el pad re no lo amara. como autoestima. En este conte,,1;o no discutiremos e,;, qué
Incapaz de enfrentar su p ropia sensación d e defici encltt m edída el i deal del yo se bace cargo, en la adolescencLa, de
(testículos), su angustia de cast ración y su minusvalía nor algunas funciones superyoicas Ivéase Blos, 1962J ..
cisista, Ben se volvió hacia su padre en busca de ayuda re" La cambiante naturaleza de la relación entre hijo Y padre
tauradora. Esta sólo podía eorporizarse en un amor exalto b a sido esbozada hasta ahora en términos de su des~rollo
do, y en privilegios y regalos exager ados. Al erlernalizar lo temporal y de sus etapas caTacteríst icas. He~os segmd'.' su
fuente de seguridad, Ben se veía empujado a luchar con 8U progresión desde l a imagen pateTna concebIda def"..ns.wa-
padre, en II": esfuerzo por obligarl o a a d aptarse a la imag n mente basta la valOTación realist a del padre y, por u ltimo,
Ideal. N eceSlt aba a su padre como guardián y estabilizador hasta la lucha competitiva con el rival edípico . .P ~a no
de s u equilibrio narcisista o, subjetivamente de su sensa- recargar Y oscurecer con demasiados datos la descnpcIón. de
~6n de bienestar. El anhelo de un padre bu,,'no - es decir, estas etapas d el desarrollo, nO hemos prestado mereCIda
"llllportante.- refleja la dependencia preedípica de una atención a s u s delicados y moduladores detalles . Hasta al~o­
fuente eJ<tern a, la madre, p ara lograr una sensación de bie- ra h emos puesto el acento sobre los cambios en .Ias relacl~
nestar. Este comp onente regresivo aport6 una cualidad es- nes objetales --es decir, sobre el des~U? pulslO:,al-, SLD
pecial de voracidad oral a l a relación de B en eon su p adre. prestar suficiente atención a las m.odificaClones yOlcas. Este
En la terapia se estimuló con cautela la desilusión con aparente desequilibrio en la terapIa. descru:sa en el supues-
respecto a l padre, a lo cuaJ se opuso resistencia mucho to de que la progresión pulsi onal eJerce SIempre un . efecto
tiempo. Luego, la alianza terapéu tica y el ímpetu innato del favo r able sobr e la capacidad si ntetizadora Y adaptativa del
desarrollo suscitaron los sigui entes cambios: 1) el abandono yo; en otr as palabr as, infl uye d e manera positiva en l a dife-
de la desmedida idealización defensiva del padre; 2) la r enciación yolca . Debemos abocamos abora a e~te aspect.o
renunCla a la fuente externa para controlar la angustia' 3) del proceso total d el desarrollo, lo cual será objeto del SI-
la tolerancia a la d esilusión con respecto al padre, y 4) la guiente análisis. .
pl'ogreS16n desde la .e l ec~ón narcisista del objeto, el padre, L a falsificación de la realidad i ndica que eXiste un fun-
hasta la etapa de la Identidad masculina. El resultado espe- cionamiento yoico insuficiente. Si los deseos y a fectos defor-
rado de estas transformaciones yoicas y pul sionales fue el
215

214
man la percepcióD y la cognicióD, el jtticio y la conduelo , el padre. Esta actividad del yo adquirió el rangO? de función
vuelven incoDstanles e indignos de confianza. Las quejas tI. yoica autónoma solamente después .d~ de~~"!l~';'l'se.
Ben con respecto a su padre ejemplifican esta irracionah En el capítulo precedente, descnbi la ~nhlb~clOn de Ben
dad del pensanliento. UDa vez dijo, en tono acusador: . MI para el aprendizaje en relación con la BXlgenCla de su ma-
pad re DO me enseñó a boxear_, ignorando el hecho d qu,' dre de que fuera un niño brillante y un alumno excelente.
su padre DO sabía nada de boxeo. De acuerdo COD el razon I Como resultado de la resistencia opuesta a la demand a de
miento de Ben, el padre tenía la culpa de que su hijo no pu su madr e su desempeño escolar sufrió un deterioro. Luego
diera pelear, de que tuviera m iedo de ser golpeado o d" que el ap~endizaje se liberó del mied~ a la sumisió? a la
"IIlatar a algttien en un arranque de fu ria •. Sintiéndose dI' madre arcaica los estudios de Ben mejor aron , pero sm que
bil, afeminado y cobarde, se volvía hacia su padr paru h u biera, sin .,;,wargo, estabilidad en ello. En realidad~ el
tranquilizarse: sobre todo, quería que lo ..trataran con ro,. a prendizaje se vio comprometido de nue,:,o por una relaCló!'
peto-, Si su padre le adjudicaba un lugar de importancia y conflictiva con el padr e. Este desplaz8Dllento y esta repe.b-
le otorgaba el derecho de disciplinar a sus hermanos, en ción manifiestan la afinidad existente entre certas funClo-
tODces haréa lo que un buen padre debe hacer. El caminu nes yoicas y el manejo del conflicto, y .m~estrRI>: có~o la
que llevó desde la reiterada queja de Ben: . Mi padre no m" misma función ---en este caso, e l aprendizaJe- se inhlbe en
respeta, DO respeta mis actos», hasta la comprensión de qUl! contextos emocionales diferentes y con distintos propósitos
- no p uedo respetar a mi padre por sus actos. , fue largo y defeosi vos.
tortuoso. La valoración realista del padre se dejó sentir en la acti-
Cuando Ben abrigaba un deseo que, en su opinión, tení tud de Ben con respecto a la falta de instrucción de aquel.
que ser satisfecho por un buen padre pero su padre se nega Primero trató de no herir los sentimientos de su padre sa-
ba a ello, sentía que este no lo amaba. Decía: . Mi padre no biendo ~ás que él; lu ego pensó que su éxito enorgullecería
me quieye", o "'DO me cuida •. Los celos hacia los bermano.!i al padre y lo haría fe.l iz. En la terapia, la rivalidad edípica
siempre contribuían a estas quejas. ED cierta oportunidad, se t rató, eD gran parte, en términos de capacidad, compe-
los celos llegaron a un punto crWco cuando el padre los II . tencia y éxito con respecto a l a educación. D urante un corto
vó a él y a sus hermanos a ver un partido de béisbol. Lo ob- lapso, Ben se dedicó a luchar con su padre, aun cuando sa-
sesionó el pensamiento del «pCligro que significa concurrir bía que este era un hombre vigoroso. Decia el paCiente: . Yo
a un partido•. ¿Por qué? Uno podía caerse fácilmente de las no soy rival para él; pero él sí 10 es para mÍ>. Luego mostra-
gradas y no habia algo que detuviera la caida. Abandonó el ba, usando dos lápices, d e qué manera luchaban. Las a.n-
estadio COD dolor de cabeza. gustiosas fantasías de ambivalencia que esas .peleas 8IDlS-
La falta de instrucción del padre fue una deficiencia que tosas> despertaban en Ben se reflejan con toda claridad en
finalmente produjo una fisura en el ídolo mODolitico. Igno- sus palabras: "Cuando luchamos, tengo miedo de hacer caer
raba muchas cosas que Ben había aprendido. Al principio, a mi padre, porque es tan grande q u e podría romper algo;
esta comprensión fue motivo de rencor hacia el padre, que la cama, por ejemplo. Cuanto más grandes son, más pesa-
había desilusionado en forma intencional y por despecho a d amente ca.e n •. Los elementos de agresión , competenda,
su rujo . • Mis amigos se reirian de mí si lo supieran». En idealización y decepción se expresaban eD rápida sucesióD;
este sentido, resultó particularmente claro cómo Ben pasó era preciso clasificarlos en relación con el deseo, la defensa
de una decepción narcisista (.Qttiero un padre instruido.) a yel reconocimiento.
1.. rivalidad y el miedo edípicos (.Quiero superarlo en cono- La d esilusión con r especto al padre era muy penosa para
cimieDtos.). En la primera etapa, a Ben le iba bien eD la es- e l niño. No obstan te, ciertas consideraciones teóricas refe-
cuela cuando se sentía orgulloso de los logros, en realidad rentes a la a utonomía yoica y la dependencia objetal h acían
escasos, que su padre obtenía en el trabajo . Durante la se- que se atribuyera una importancia fundamental a. este pro-
gunda etapa, Ben pudo tener éxito só lo después q u e el blema. Ben observaba a su padre con suma atenCión, y ha-
aprendizaje dejó de ser una funcióD del vínculo erótico con blaba acer ca de estas observaciones en sus sesiones, donde

216 2 17
se las evaluaba y se terminaba por reconocer que mucho
de ellas reflejaban cualidades permanentes del padre, au impulsos edípicos y fálicos se pusieron de manifies.to en el
tes que características transitorias y modificables. Bcn h u exhibicionismo y en el tic de la boca -ambos descnptos en
bía advertido la celosa vigilancia del padre cuando la madrl1 el capítulo precedente--.
servía la comida. Había notado también cómo temía a su Ben pudo tolerar cada vez más su desilusión respecto del
posa . • Papá trató de escaparse de mamá. iEstaba tan a sUl padre; finalmente, le fue posible ruscurrir sobre él en tér-
tado! Pero ella lo agarró y 10 golpeó en la espalda-o De pron minos realistas sin reacciones depresivas. En tono pen-
to, este incidente perdió sus límites temporales, pues, ni sativo lo descri'bió certeramente con estas palabras: ~Mi
parecer, también había ocurrido cuando Ben era pequeño y, padre 'es fuerte cuando tiene que pegar; tiene mal genio.
al despertarse por la noche, escuchaba pelear a sus proge Sólo en apariencia es él quien toma las decisiones; si mi
ruto res y proferir insultos a Su padre. Lentamente, Bcn c m madre 10 contraruce alguna vez, eUa es la que se impone>.
pezó a tomar conciencia de la debilidad de este último, UI1 Ben reconoci ó la debilidad de su padre, al mismo tiempo
hombre que siempre hacía promesas para ocultar su incom que se dio cuenta de sus propios pensamientos y sentimien-
petencia, que decía «sí- O eno- sin poder mantener su pala tos agresivos y críticos . Los dolores de cabeza a menudo blo-
bra hasta el final. queaban la expresión de estos sentimientos. Cuando l<? pa-
Cuando promediaba el tratamiento, los cónyuges contem saba bien con sus amigos, se sentía culpable porque ~Sl hu-
plaron la posibilidad de separarse; una vez más apareció I I biera cuidado a mis hermanos, mis padres hubieran porudo
negación en Ben. • Usted s abe ----<lijo--, siempre pensé qU 4' salir•. Su independencia y la búsqueda de su propio placer
es al hombre a quien echan del dormitorio; al menos, 081 en compañía de sus pares contenían despecho, mala volun-
pasa en las películas. Pero -agregó triunfalmente-- en m tad y venganza. Estos afectos podían considerarse puentes
casa, a la que echan de la habitación es a mi madreo. Cuan que conducían a la lucha edípica de la adolescencia propia-
do se interpretó esta inversión defensiva de l a realidad , I mente rucha.
paciente lo aceptó ruciendo : . Mi papá es un pobre tipo >. Al La progresión en el desarrollo psicosexual nunca ocurre
reconocimiento de la verdad le siguió un estado depresi vIl sin contratiempos. En el caso de Ben, estos se debían, en
que duró varios días. Durante este lapso, recordó un perio parte, a las constantes peleas parentales. La ira del nino
do en que su madrc solía gritar constaotemente, y cómo lo contra los progenitores llegaba a límites que 10 asustaban .
vieja ruscordia parental siempre lo habí a asustado y hech u • Cuando pierdo el control, tiro cosas o golpeo a mis berma-
sentir desgraciado. Por un tiempo, volvió a recurrir a la d o· nos-o En un decirudo esfuerzo por dominarse, se refugiaba
pendencia y a las exigencias con respecto a su padre . en el vestíbulo del departamento, donde empujaba con los
Ben descubrió con asombro que tanto su padre como él s puños contra la pared . hasta que toda la rabi a se escurriera
comportaban como si fueran 1t8cusadoSl-. tl Veo --dijo en unn por mis dedos..
oportunidad- que mi padre se siente acusado por m I La creciente agresión lo ponía constantemente ante la
madre porque no es buen padre ni esposo. Por eso e lla alternativa de _hacer locuras. o recurrir de nuevo a la de-
quiere separarse>. En virtud de la identificación, Ben com pendencia y la receptividad. Ben relató muchos incidentes
partía con su padre la angustia del abandono . • Necesito n de este tipo, reconociendo que el culpable era él. Decía: . Sí,
mis padres para comer, para vestirme y para obtener dino tuve un probl ema. Provoco a mis padres y no puedo evitar-
ro; no pueden ignorarme, porque los necesito-o Gradual- lo». Debemos senalar que Ben poseía una notable capacidad
mente, Ben pudo trazar una clara linea divisoria entre 108 para retomar el compromiso terapéutico, toda vez que :t'a-
conflictos de los progenitores y sus propios conflictos en ro liaba obstáculos en el camino hacia el desarrollo progresIvo.
lación con ellos. Junto con el progreso hacia la independen- La desilusión que le produjo SU padre gradualmente se-
cia, se hizo evidente que los impulsos edípicas erS.D s u a.. pultó la imagen en exceso idealizada de este. El ideal del yo
citados por la inminente separación de los padres; al mismo cumplió, entonces, la función atribuida al padre ideal de la
tiempo, Ben se defendía de ellos mediante la represión . Lo. adolescencia temprana. El proceso meruante el cual el ob-
jeto idealizado, el padre, se transformó en una instancia in-

218
219
terna, el ideal del yo, fue sinuoso y paulatino; insumió largo - _palabras groseras> como "IHacete coger!-. Ya no sie';lte
tiempo y en él abundaron estancanllentos y contratiempos. lástima por él; en cambio, comienza a formular sus propias
La etapa más signada por dilaciones y fugas fue la que pro normas, metas y valores en oposición a ét Anuncia: +cYa -;t0
cedió a la de la competencia abierta con el padre, el rivnl le temo»; esta afirmación por supuesto, no era más que sal-
edipico. Llegado a ese punto, Ben deseó superar los logro~ bar en la oscuridad. Ben se babia identificado con el aspec-
de su padre. E l hecho de que poseyera la misma estructur I to más temido de la pen;onalidad de su padre (identifica-
corporal que su progenitor afirmaba una identidad física. ción con el agresor). Estallaba en incontrolables arranques
Sin embargo, hasta que esta semejanza no se viera libre d ol de mal gemo cuando él lo provocaba -vociferaba, arrojaba
estigma de degradación con que la madre había marcado O objetos, cerraba de golpe las puertas y pegaba puñetazos-o
su esposo, al nmo le sería imposible derivar de esta simili- Desafiaba a la terapeuta: «Dígame, ¿qué hay de mal.o en un
tud una orgullosa confianza en sí mismo. A la madre le de· simple grito enérgico?~.
sagradaba, por cierto, que Beo expresara el deseo de seguir Estas recaídas en la identificación r egresiva siempre re-
los pasos del padre en cuanto a su vocación; había esperado trotraían al paciente a la relación ambivalente con su p~­
cosas más importantes de él. dre; lo que las precipitaba era, sencillamente, la angustia
La persistencia con que la madre socavaba la respetabili- edipica. Contratiempos como estos permitieron comprender
dad del padre de Ben como hombre . sostén del bogar, espo- en forma cada vez más profunda la dificu1tosa liberación de
so y padre, no le dejaba al niño otro camino que establecer Ben con respecto a la imagen paterna idealizada. El proce-
una alianza secreta con él. La ansiedad y la culpa que le so de «elaboración- -o sea, el regreso reiterado al mismo
provocaba esta solución e ran considerables, y contribuían n tema en contextos diversos y bajo distintas situaciones vi-
su necesidad de castigo. Sabía que era un -intermediario_o tales' precipitantes- representa el aspecto de la terapia
util izado por ambas partes. El reconocimiento de que -estoy que pone a prueba, por así decirlo, la posibilidad de tratar
atrapado. constituyó la señal para iniciar un denodado e l tema conflictivo en los diferentes ruveles del desarrollo.
combate contra esa situación. Comenzó a considerar critica- Resulta imposible tratar de modo suficiente los vestigios o
mente a ambos progenitores: _No me gusta como actúa m i residuos del núcleo patógeno en determinado nivel del de-
padre; pero tampoco me gusta como lo trata mi madre. Me sarrollo. Esto obliga a reanudar el t ratamiento de cierto
da lástima por él~ . La identificación con el padre dominado complejo en una etapa posterior de la terapia, en relación
por su mujer, así como la conmiseración por él, disminuye- con nuevos fracasos, sobrevenidos en un estadio más avan-
ron junto con la desilusión con respecto al -gran hombre. , zado del desarrollo, cuando reaparece la tendencia patóge-
el ídolo edipico. El sometimiento pasivo a su padre, siguien- na originaria.
do el modelo parental, se volvió progresivamente egodistó- Con la valoración progresivamente realista de sus proge-
ruco. Con la primera marea de la rivalidad edípica adoles- rutares, la conducta de Ben adquirió una cualidad diferen-
cente volvieron a circular las viejas pautas familiares de te. En efecto, el muchacho decía: _Aunque mis padres sean
extorsión y denigración. Vino nuevo en odres viejos: e l hijo locos, yo no tengo por qué serlo tambié n • . La distan~i.a ~o­
se rebeló contra el padre convirtiéndose en delator. Para cional con respecto a aquellos se reflejó en la estabilizaCión
congraciarse con su madre, Ben le contó cosas que esta no relativa de sus funciones yoicas -en otras palabras, en la
sabía acerca de las inconsecuencias y evasiones del padre. independencia de estas de los desplazamientos emociona-
Ahora se presentaba ante ella como si dijera: «Soy mejor les- . Al respecto, había numerosas pruebas. particular-
que mi padre». mente notables en la escuela: su desempeño babía mejora-
La relación de Ben con su padre cambió radicalmente . En do su conducta era satisfactoria, hacía los deberes con más
cierta oportunidad en la que despotricaba contra su .padre regwaridad y su cuaderno mostraba mayor orden y proliji-
podrido», que daba un mal ejemplo a sus hijos. se interrum- dad. Ben esperaba que 10 transÍlTÍeran a una clase de bo-
pió y dijo: . Pero yo no tengo que seguir su ejemplo>. Cuan- nor. Había desechado las pautas de pensamiento de sus
do estaba enojado con su padre se le ocurrían palabrotas progerutores, después de observar en esas pautas una noto-

220 221
trataba de fijar sus propias metas. Una. vez desapare~do el
ría indiferencia ante la lógica y los hechos. Había compr ' n miedo a superar a su padre, estaba en libertad de elegrr. La
dido que algunas ideas de sus progenitores eran -bastanl" opción de una . buena instrucción» ya no forma~a parte d~
peculiares. , . parecían disparatadas. y mo ten ían muclw conflicto edípico; por otTa parte, la competencla se hab,a
sentido •. Luego de juzgar esas ideas, exclam6 regocij adu desplazado hacia los pares. Una inc;ipiente ~da social, en la
-Pero yo puedo pensar por mí mismo•. que participaban muchachos y chIcas, habla reemplazado
Estos grandes progresos en su individuación eran segu' al anterior compromiso absoluto con sus progemtores y
dos por estados de ánimo displacen teros, que podían enlen hermanos. Ya nos hemos referido a los grandes progresos
derse en términos de culpa (componente progresivo) y dI' hechos por Ben en este sentido. Por supuesto, la relación
sentimientos de abandono (componente regresivo). Los SCII con su padre siguió siendo agresiva y. rebelde, pero ~st~ba
timientos de culpa, provocados por las aspiraciones y ambl menos marcada por tendencias regreslvas. Las peculi~da­
ciones edípicas, constituyen la situación conflictiva típicH des caracterológicas del padre, así comO la autoafirmaCl6n y
de la adolescencia propiamente dicha. El hecho de valoror la autoconfirmación adolescentes de Ben, eran 19ualmente
en forma realista a los padres no deja d.e mezclarse con im · responsables de que continuaran las turbul~n~as . Este
pulsos contradictorios. El deseo de independencia aumenl estado, en sí mismo, no se consideró paLognomoruco.
el sentimiento de pérdida y de seguridad derivado de la imn· Cuando terminó el tratamiento, Ben se hallaba en la eta-
gen parental infantil. El precio de la independencia es tole- pa de la adolescencia propiamente dicha; sentía que había
rar la soledad, así como aceptar las limitaciones personal «aprendido a hacerlo por mi propia cuenta.. Tenía entonces
y la finitud de la vida [Blos, 1967J. Me he referido brevo- 15 años' no había crecido tanto como él esperaba, pero ya se
mente a los estados de ánimo subsiguientes calificándolos afeitab~. Para el verano siguiente había elegido trabajar ce-
de disfóricos; ellos incluyen estados de desaliento, desam- mo repartidor; el verano anterior, en cambio, rebusó des-
paro, desesperación, rabia impotente, debilidad e inutili - cender tan bajo: quería ser . subdirector de unos grandes al-
dad. Las raíces de estos estados se hallarán, en casos simi- macenes> o no trabajar en absoluto. El hecho de ver a su
lares al de Ben, en la ambivalencia difusa de las relaciones padre de ';'anera más ajustada a I~ reali~ad ,le había perm~­
objetales infantiles. tido verse a sí mismo sm recurnr a rungun engrandecJ-
El adolescente que evalúa de manera más realista a sus miento defensivo; pOT consiguiente, podía planificar y ac-
progenitores descubre no sólo sus características negativas tuar dentro de sus posibilidades y de acuerdo con las opor-
sino también las positivas. Esta es, por supuesto, la esencio tunidades que el mundo realmente le ofrecía.
de una valoración realista. De acuerdo con esto, Ben reco-
noció cualidades estimables en sus imperfectos padres, y de
buena gana les otorgó los privilegios de la auLoridad, allí
donde su competencia estaba intacta. Apreció, en contradic-
ción con su madre, los esfuerzos incansables aunque frus-
trados del padre con respecto al trabajo. Muchos reconoci-
mientos de este tipo significaron , en suma , la capacidad d e
abandonar la imagen paterna global y proyectiva -es de-
cir, infantil- y avanzar, en s us interacciones personales,
hacia un conocimiento diferenciado y la valoración del ob-
jeto. En vez de depender del padre idealizado, Ben se sepa-
ró de él; esto transformó el vinculo objetal narcisista con su
padre en una instancia interna y desexuaJizada: el ideal del
yo [Blos, 1965J.
Ben ya no necesitaba un padre que tuviera un buen nivel
de instrucción y fuera fuente de orgullo para su hijo; ahora
223
222
18. El «impase» recíproco de los posiciones regresivas. El compromiso parental cubre un
progenitores y su hijo adolescente amplio espectro. Va desde ignorar la maduración sexual del
niño en edad prepuberal hasta solicitar con impaciencia
que cumpla con Su actividad genital; desde suscita.: con
tenacidad el afecto y la obediencia del púber hasta alejarse
de él fuente intolerable de desengaño y frustración.
Cu'ando me refiero al .hijo adolescente - , mi objetivo es
destacar la relación entre progenitores e hijo .• Bijo adoles·
Se sabe, en general, que las etapas criticas por las quu cente.. se refiere sólo secundariamente al aspecto de la ma·
atraviesa el niño en su desarrollo suscitan en los progenito duración; lo principal es su posición generacional. Obvia·
res ciertas reacciones que, sj bien son universales, adqulo mente, esto no se altera con la edad; cada progenitor es bijo
ren un contanido psíquico y una cualidad afectiva que pUl) con respecto a sus padres. Por consiguiente, la pubertad del
den rastrearse en las Mstorias vitales de aquellos. Las vici hijo actualiza. de modo inesperado, ciertas debilidades blen
situdes del desarrollo pulsional y yoico de los padres se r controladas de la niñez y la adolescencia de los progeni-
flejan en su interacción con el lrijo --<ln especial en las etll tores. Por esta razón August Aichhom soüa decir que .los
pas criticas del desarrollo, de Las cuales la pubertad es. SJIl lrijos son criados por sus abuelos> (comunicación person al).
duda, una de las principales-o Dar a luz y criar un niño da En el mejor de los casos, la combinación de dos progenitores
pie, desde luego, a fantasías universales de renacimiento, cuyas debilidades difieren actúa como un sistema de con-
de volver a vivir y de alcanzar la inmortalidad. Dos factore . troles y equilibriOS en una nueva ramilia. Sea como fuere,
controLan el delicado equilibrio que impide la t ransformo las ansiedades que experimentan los progenitores durante
ción de estas fantasías en parte de la realidad y en un a8· la pubertad de su lrijo se suelen superar median te el placer
pecto esencial del ambiente en que vive el niño. de la expectación. Esto hace soportable el hecho de no ser
Ambos progenitores -probablemente uno más que el más los padres de un niño sexualmente inmaduro y depen·
otr~ actúan como control recíproco, evitando así que Las diente; gracias a esta experiencia, los progenitores se pre·
fantasias respectivas se introduzcan indebidamente en sus paran para acercarse a la edad madura O entrar en ella.
prácticas de crianza y en su relación con el vástago. A su Nuestra época ha estigmatizado el envejecimiento, prin·
vez, antes de alcanzar la pubertad, el niño ya ha levantado cipalmente a través de la publicidad; en consecuencia, los
una barrera contra la influencia contaminadora de las fan· progenitores necesitan a su hijo con mayor urgencia y duo
tasias parentales con respecto a él. Esta barrera se ha foro rante un tiempo más largo que antes, para segui r siendo jó·
talecido con el apoyo de las influencias correctoras de un venes. Esta necesidad persiste hasta bien entrada la ado·
medio social que no cesa de ampliarse. Además, la creciente lescencia del hijo. El efecto polarizador de esta tendencia
facultad del niño para evaluar en forma critica ha privado a adulta puede reconocerse en la .brecha generacional- , man-
los padres de la supremacía y el prestigio absolutos. tenida con tanta pasión por la juventud de boyo Los adultos
En la vida real, por supuesto, este cuadro ideal es menos que temen envejecer despiertan sospechas en los jóvenes,
que verdadero, pues la adolescencia no puede seguir su cu r· quienes alegan que aquellos niegan O ignoran asi su propia
so normal sin sufrir regresiones [Blos, 1967]. La regresión maduración. Se sabe perfectamente que los jóvenes no con-
adolescente rara vez constituye un proceso intrapsíquico fían ya en nadie «que baya pasado los treinta años". Un
solamente; por lo general, arrastra al ambiente inmediato y hippie inconformista comentó que esta actitud era <una
a círculos más amplios en un torbellino de interacciones. Es verdadera exageración-; por cierto, es la contraparte de la
decir, los progenitores del período infantil vuelven a incor· sentencia victoriana según la cual se debe .mirar pero no
porarse a la vida presente del niño en proceso de madura· escuchar. a los niños [Blos, 1969, 1970].
ción y, de este modo, quedan enredados en sus respectivas Podria describirse la adolescencia en términos de las tao
reas y conflictos parentales que complementan los que ya

224
225
hemos definido en función del adolescente. Estamos mol Hasta este momento, el equilibrio se mantuvo con ayuda
preparados para hacerlo de modo sistemático, pues no se hu del yo parental auxiliar. En tanto no comience e l proceso
estudiado en forma exhaustiva a los progenitores en cuanl adolescente, el desarrollo yoico deteriorado o estancado del
participantes del proceso adolescente de sus hijos. SabemoH niño no se hará evidente. Los puntos en que se intersectan
mucho más sobre el papel que desempeñan en el desarrollD las necesidades infantiles del niño y las tendencias paren-
del hijo cuando este es menor y la unidad padres-hijo apo tales correspondientes permiten la consolidación de un ..im-
rece con más claridad. En el estudio de la adolescencia, y paseo evolutivo. El grado de desarrollo y de integración del
particularmente en el tratamiento del adolescente, la reglll superyó dentro de la estructura psíquica es un indicador
(y no la excepción) es que se excluya a los progenitores. E - válido de la intemalización del medio y de la capacidad pa-
ta práctica subraya las tareas adolescentes del distancio ra reconocer la existencia del conUieto. E l desarrollo pro-
miento emocional con respecto a aquellos y de la intemali gresivo en el curso de la adolescencia se afirma sobre estas
zación de los conflictos como una cond ición previa para In dos facultades: la internalización del conflicto y la toleran-
labor terapéutica. De cualquier manera, se tropieza con I cia de este.
hecho de que el bij a pubescente despierta en los progeni- Volvamos a considerar el caso de Ben teniendo presente
tores un modo muy idiosincrásico de compromiso paren tal esta última afirmación. Lo que al comienzo del tratamiento
Esto puede ser reconocido en peculiaridades afectivas y cog- aparecía como sentimientos de culpa se reveló, en cambio,
nitivas que se controlaban mejor cuando el niño era más pe- como manifestaciones de temor: miedo al abandono, a la
queño. frustración, al daño corporal o la castración. Para desviar
Seria erróneo considerar que estas complicaciones del d e- estos peligros, Ben necesitaba la intervención instantánea
sarrollo se deben solamen te al compromiso parental idio- de la madre . Sería casi demasiado simplista decir que la
sincrásico en el proceso adolescente. Si bien la proyección madre necesitaba a su hijo para atenuar estados afectivos
de las fantasías y las ansiedades de los progenitores a m e- muy similares; no obstante, lo cierto es que la sensación de
nudo es notoria y puede tener un efecto devastador sobre el privación y de ser estafado por la vida era igualmente
hijo adolescente, lo que merece nuestra atención es la re- fuerte en ambos. La vida familiar constitWa para la madre
ceptividad y la facilitación del compromiso parental por una búsqueda constante de restitución -de hecho, de uni-
parte del niño. El fracaso del adolescente en separarse do dad con su hijo--, con el fin de compensar las privaciones
sus objetos de amor y odio infantiles constituye un obstácu- que había sufrido cuando pequefla, de las cuales n unca se
lo catastrófico para el desarrollo progresivo. La creencia del había recuperado. Su padre había abandonado el hogar
adolescente en cuanto a que únicamente si los progenitores cuando ella tenía alrededor de cuatro años; s u madre era
modifican la imagen que tienen de él estará en libertad de tan enfermiza y se hallaba tan encerrada en sí misma que
crecer no hace más que destacar su persistente dependen- podría sospecharse un estado psicótico; esto le impedía cui-
cia del sumi nistro y la deflllición externos, hecho que po- dar de su familia con cierta regularidad. Sólo sabemos que
dríamos caracterizar como ~formación exógena de la identi- los niños fueron ubicados en otros hogares, temporariamen-
dado. Esta indica que e l niño aún no puede recurrir en me- te, .. cuando nos convertimos en una carga demasiado pesa-
dida suficiente a la adaptación auto plástica a la etapa de la da para mi madreo.
pubertad. La madre de Ben necesitaba a su familia como experien-
Con el tiempo, este estado r evela una fijación pulsional y cia restitutoria; competía con sus hijos, esperando -incluso
una diferenciación yoica retardada. Ambas han restringido exigiendo-- que estos comprendieran sus necesidades y le
la esfera de la autonomía yoica secundaria, porque las fun - concedieran iguales derechos. En situaciones de stress, sus-
ciones del yo nunca se han alejado lo suficiente de las pul- titWa los cuidados maternales por una actitud de rivalidad
siones instintivas . Al producirse la intensificación pulsional con los hermanos. En este sentido, es interesante señalar
de la pubertad, así como el predominio genital, el déficit de que queria tener un hijo solamente -o sea Ben- porque,
energía pulsional neutralizada alcanza un punto critico. según decía, . no podría querer a otroo. Necesitaba una rela-

227
226
ción global que sólo incluyera a dos. Dividir su amor enln ra, en relación con las mujeres, de _matar o ser muerto.. , ~
varios niños no le haria más que confundir sus iden.tidad ". madre respondía en términos igualmente concretos. Un día
La madre dio a Ben un reconocimiento seguro de su indiv l· que Ben estaba enojado con ella, dejó de liJl!!,iar los vidrios
dualidad, aunque sólo hasta cierto punto, durante su infan · de las ventanas debido al temor de que su hiJO la empuJara .
cia y su niñez temprana. Durante los primer os años for o . ¿Cómo pudo pensar eso?- , exclamó Ben en sesión, absolu-
mativos no pudo consolidarse un sentido estable del sí-mi . tamente consternado . Este episodio ocurrió cuando el pa-
mo. ada sorprende que la madre esperara que el trata· ciente ya se atrevía a mirar críticamente a sus progenitores
miento transformaría a Ben de modo que este satisficiera y comenzaba a establecer respecto de ellos La dis~cia. emO-
las necesidades de aquella. Cooperaba con la terapia en e8 cional apropiada a su edad . Ben oponía una reSl.Stencla ca -
tos términos, pero nunca pudo otorgar a la terapeuta unn da vez mayor a su propio deseo y a la expectativa de la ma-
autonomía permanente. En cierta oportunidad, por ejem· dre de que él la salvara de la desesperación de una vida
plo, ordenó a Ben que le dijera a la terapeuta que no debín frustrada. Esto llevó a otro oimpaseo que, si bien es corrien-
darle ningún regalo de cumpleaños, pues ella misma lo te, merece que le concedamos nuestra atención .
había negado el suyo como castigo. La úDica posi bilidad do Como hemos visto, la disponibilidad emocional del padre
evitar estas intrusiones competitivas en la terapia del nillo es una condición esencial para el preadolescente. Ello le
era proporcionar a la madre una relación terapéutica excl u- ayuda en forma posi tiva a cumplir la tnre~ de esta fase 7 s
sivamente suya. decir, llegar a. un acuerdo con la tendenCIa regreSIVa haclB
Por supuesto, no debemos olvidar que ella misma había la madre arcmca-. En esta coyuntura, en la que empleza a
recibido insuficientes cuidados maternos y aún ahora man- esbozarse la virilidad de! niño, pocas madres pueden evitar
tenía con su madre una relación de dependencia y muy am- la esperanza de que en su hijo no se repitan las imperfeccio-
bivalente. Madre e bija se acusaban mutuamente de ser nes del padre, ui menos aún sus defectos serios. Este deseo
demasiado exigentes y egoístas, de no dar nada, O de dar só- se vuelve nocivo cuando se espera que él compense las fa-
lo cosas inservibles. La hija tenia bambre de aprobación y llas del padre, taí como las entiende la madre. La conocida
reconocimiento, para superar una profunda sensación do exclamación . ¡Eres igual a tu padre!. significa, cuando la
desesperanza e inutilidad; la responsabilidad de hacerlo decodifica e! niño, . No seas igual a t u padre o te desprecia-
sentir íntegra y bien recaía en el hijo mayor, Ben. Exagera- ré- . La deuigración del padre edípico por parte de la madre,
ba las dotes intelectuales del niño, y le exigía realizar cosas así como las advertencias de esta respecto de que Ben no
que superaban sus posibilidades reales. En su desesperado resultara igual a aquel, exacerbaron los peligros específicos
intento de realizarse a través de su hijo, sólo estaba perpe- de la preadolescencia.
tuando su propia sensación de fracaso y frustración. De Dicha crisis produce un .impase. secundario. El hijo se
este modo, inconscientemente, estaba creando en el hijo la asegura el suministro amoroso de la madre toda vez que se
imagen de su denigrado sí-mismo; castigaba a Ben por sus adapta a las necesidades de esta y se subordina a su modo
malas intenciones y su perversidad, que se ponían de mani- de pensar. Otra vez, la pubertad introduce nn nuevo ele-
fiesto en los continuos fracasos del niño en satisfacer las mento en esta pauta. La identificación del niño con la
necesidades de la madre. madre de pronto la alarma, porque ve en este hecho una
Este círculo vicioso, cuyas pautas habían arraigado en la inclinación homosexual que debe <cortarse de ralzo. Cuando
niñez temprana, se volvió sintomático de un desarrollo des- Ben a los 13 años, miraba dentro de las ollas para ver qué
viado al comenzar la pubertad. En esta etapa, el niño se comida habla, su madre le ordenaba, con desprecio y dis-
dispuso a luchar contra su madre. Con toda razón, sentía gusto, que abandonara la cocina, pues sen tia que el ~iño es-
que esta utilizaba sus logros y su crecimiento para mante- taba manifestando un interés exclusivamente femeruno. La
ner sus necesidades narcisistas. Li teralmente, el niño sos- misma escena se repetía cuando el niño hojeaba e! recetario
tenía en sus manos la cuerda salvavidas de la que su madre de comidas de su madre, o leía un catálogo de cosméticos
dependia para estabilizarse. No sorprende qne Ben habla- que acababa de llegar por correo. En estas ocasiones, el

229
228
miedo que la homosexualidad desperlaba en la madre pro una persona apartada y e~ocj~~almente iI;'accesible para
vocaba estallidos que Ben caracterizaba sólo como las -gro éL Deseaba reparar esta pnvaClon estableCIendD una rela-
ciosas reacciones- maternas. Aun cuando t.a.les escenas con ción Intima con Ben de quien esperaba afecto, confianza y
fundían al niño, se daba cuenta de que su mad re conside· admiración. N.o sD~rende que se sintiera _berido c~andD
raba su conducta como -afeminada-, lo cual era para cilIO Ben consideró que ya era grande (tenia 13 anos) para ID",;r-
un indicio de anormalidad sexual. Obviamente, no se podr" cambiar besos con su padre a la hDra de aCDstars~. Ademas,
excluir un desarrollo psicosexual desviado. Antes de deLer queria que su hijo al menoS le hicie;a confiden,:'a:' Y le re-
minar esta cuestión. sin embargo, debe tenerse en cueo l,tI velara sus sentimientos Y pensamIentos. EnVIdIaba a la
que los presuntos intareses femeninos suelen ser uo fen terapeuta pDrque esta era receptora de esas confidencias:.
meno transitorio durante la etapa inicial de la adolescencin El padre esperaba obtener <reparación- a través del hiJO,
en el hombre. Irónicamente, la madre, en Su afán por evitar lo cual colocaba a este último en la posición de ~quel. De
una desviación psicosexual, en realidad empujaba al hijo modo característico, ambos reñían acerca de qUIén debí~
hacia una identificación femenina. dar primero -ya fuera un regalo, atención, respeto, conSI-
En este punto, debo r ecordar simplemente al lector 1" deración, etc.-. El padre nunca dejó de equiparar La obe-
estrecha relación entre el pensamiento prelógico de Ben y diencia de su hijo con el hecho de que este ID amara. Por
el -impase- con respecto a la identificación. Sin duda, la pu- consiguiente, podía converti rse en un hombre s~vero Y
bertad de Ben produjo la intensificación reactiva de la per- autoritario tan sólo en virtud de su urgente neceSIdad de
turbación afectiva de su madre, haciendo que esta últimll ser querido por su hijo. Esta erotización de la disciplina ha-
recurriera con mayor frecuencia al pensamiento prelógico. cía que el niño n.o pudiera aceptar las demandas y reglas
El sistema de la madre para controlar la realidad fortaleció establecidas por el padre, aun cuandD ellas fueran -<:DmO
su posición materna en el nivel arcaico y omnipotente . El ocurría a veces-- muy razDnables. Dada la impDsibilidad de
padre, por supuesto, no podía competir en un pie de igual- resolver las implicaciones emocionales, sobrevenía una l u ~
dad coo estos poderes, ni deserunascarar o contrarrestar cba lisica plena de golpes y recriminaciones. .
con éxito su naturaleza fantástica. Los progenitores de Ben El padre de Ben recuerda cómo la debIlidad de su propIo
no podían controlarse y equilibrarse mutuamente, con el fin padre lo enfurecía hasta el punto de temer _matarlo». Ben
de anular las influencias más nocivas de Cadll uno en el de- repetía literalmente una de estas quejas, la cual se refería
sarrollo emocional de su bijo. Por consiguiente, sus influen- al fracaso del padre en protegerlo de la madre . .El paru:e
cias perturbadoras sobre el crecimiento del niño se combi- siempre temió a su madre , mujer domina~ora a q~en hab,a
naban entre sí, en vez de neutralizarse. Paradójicamente, tratado de satisfacer y aplacar toda su VIda. Habla renun-
Ben babía tomado de su madre el modo mágico de controlar ciado a sus impulsos fálicos y ahora experimentaba un
la angustia, en un esfuerzo por rechazar el dominio emocio- profundo miedo hacia las mujeres. Podemos ver cómo la
nal de aquella sobre él. En virtud de esta respuesta' circu- identificación de Ben CDn su padre estaba llena de peligros ,
lar, la madre había contaminado el yo de su bijo con su pro- porque exacerbaba su temor p~eadolescente a la m.a~re
pia comprensión regresiva de la realidad y sn control pro- arcaica. La idealización desmedida del padre era el uruco
yectivo de la angustia. modo de resolver este dilema. E l padre buscaba expurgar
Dirigiremos abora nuestra atención hacia el padre de su pasado y su presente denigrantes a trav~s d~ Ben, pre-
Ben y veremos en qué molde queria él encajar a su hijD, CDn tendiendo que el niño sobresaliera en 10 que el ';"lsmO habla
el fin de satisfacer sus propias necesidades. En primer lu- fracasado. Por ejemplo, esperaba que Ben term~nru::a todo lo
gar, se destaca la expectativa del padre de incrementar su que empezaba, mientras que él miS':'D solla dejar IDcDnclu-
autoestima a través de los IDgroS de su hijo y, en segundo sas las tareas que iniciaba. CualqUler def,:cto de Ben que
término, de establecer entre él y Ben una intimidad que reflejara una característica del padre sUSCItaba en este la
anheló toda su vida. Las similitudes generaciDnales son no- reprimenda más severa, a menudo tot~mente despropor-
tables. El padre recuerda con dolor que su propiD padre era cionada con el incidente. En este sentIdo, la autocensura

231
230
como establecer la capacidad de resistir a las influencias
del padre coincidía Con las advertencias de la madre a 11\1 mutuamente desorganizadoras.
hijo: no seas como tu padre. La interacción excesivamente desviada que tenía lugar
Ben contó que su padre deseaba expresamente que ins i en la familia de Ben destaca lo que se suele observar en el
tiera en pedirle cosas. pues si no se lo empujaba y urgía J. curso de la adolescencia; de modo más específico, en el cur-
resultaba dificil llevar a cabo cualquier plan; por ejempl o. so del <segundo proceso de individuación- do: la adolesce~­
concurrir a un partido de béisbol o ir a pescar juntos. Por cia [BIas 1967). Si los progenitores se mantienen en el lli-
supuesto, sólo debía insistir cuando su padre se mostrab , vel de w'ta relación que antes se ajustaba al niño sexual-
receptivo a ello. mente inmaduro, los esfuerzos del púber por desembara-
La expresión de las necesidades infantiles de los proge", zarse de los vínculos objetales infantiles se bloquean de mo-
tares en relación con sus lújos confundia a Ben, quien se , ,,. do crítíco. Uno de los progenitores, o ambos, pueden seguir
fería a ellas diciendo, muy correctamente: - Mis padres Su alguno de estos caminos: o bi ~ sus propias n~sidades de-
rebajan a mi uivel>, o -Les sirvo de p'Lnchillg ball•. El ni"ú terminan que ignoren el cambIO corporal del runo, o bien se
sentía que muchas d e las respuestas afectivas de aquellos identifican con su hijo adolescente y se convierten en sus
no se relacionaban con él como individuo; estaban dirigid compañeros. En el primer caso, se prefiere al ~i!'0 inmadu-
a alguna imagen a la que esperaban que el chico se ajusro ro; en el segundo, los progenitores vuelven a V1V1r su propia
ra. En esta configuración proyectiva, el niño nunca pud adolescencia a través del hijo. Al hacer esto, fuerzan su ca-
descubrir sus propias partes, o verlas confirmadas medlan- maradería y solidifican la interdependencia. Ambas posi-
te la validación consensual. Se sentía confundido y perse- ciones parentales obstaculizan el retiro de libido de los ob-
guido. El -ambiente facili tadOl-', para usar los términos de jetos infantiles; de hecho, constituyen una barn:ra en e l ca-
Winnicott, era inconsecuente y contradictorio; no proporcio-- mino del desarrollo progresivo. Observaremos siempre que,
naba los estímulos y las reacciones adecuadas a la edad qu como consecuencia de la infantilización de las relaciones
promueven el crecimiento. De h echo, la vida familiar do objetales adolescentes, ciertas fun~,?nes yo~as caen dentro
Ben actuaba como medio nocivo con respecto al desar r ollo del ámbito de la calamitosa detenclOll pulslOnal. E l caso de
del niño. Únicamente una minuciosa investigación de la di- Ben lo demuestra a la perfección .
námica familiar podia llevar a diferenciar entre los conflic- La liberación adolescente de l os objetos infantiles sa sue-
tos inter~zados, con s us secueJas neuróticas, y los aspec- le complementar con una progresión en el desarrollo de los
tos reactIvos de su perturbación, dirigidos contra un am- progenitores. Cuando falta este cambio parentnl, el proceso
biente nocivo. adolescente se vuelve muy gravoso. Si la reladón de los
No cabía esperar que Ben superase los catastróficos obs- progenitores con su hijo inmaduro permanece en esencia
táculos en su desarrollo en tanto siguiese apoyado por los inalterable, el proceso adolescente se ve catastr?ficam.ente
beneficios secundarios que le proporcionaban su enferme- obstaculizado. Los progenitores, en desventaja SOCial Y
dad y la de sus progenitores. El tratamiento de estos úl- emocional, influyen en la formación de la personalidad de
timos constituía, por consiguiente, una parte esencial del su lújo desde la edad más temprana. La inmadw:ez emocIO-
tratamiento del niño. Si bien 00 siempre es necesario in- nal tiende a perpetuarse a través de las generaCIones. Nor-
cluir a los progenitores en un plan de tratamiento total, era malmente, se espera que la adolescencia del hijo lleve a los
indudable que, en este caso, la excesiva interacción familiar progenitores hacia una nueva eta? ..... en. !a que estos, en for-
infantil o, a la inversa, la extrema falta de internalización ma gradual, dejen de tener partlClpaclOn en la cnanza de
eran signos inequívocos de la necesidad de un pl an de tra- aquel y de ofrecerle bienestar físico.
tamiento completo. El objetivo ideal de la estrategja tera - Es menester abandonar el rol parental que se adecuaba
péutica era que Ben, su madre y su padre llegaran a un al niño dependiente, Y la gratificación de los progenitores,
acuerdo, en forma individual y separada, con la inmadurez que antes se derivaba de la dependencia del. pequeño, debe
ya señalada de las relaciones objetales. En realidad, el ob- hallar objetivos nuevos Y diferentes . Se les pIde a los praga-
jetivo fue detener el sistema pernicioso de interacción, así
233
232
nitores que toleren la distancia emocional con respecto a su
hijo adolescente y acepten sus limitaciones parentales. Am·
bos ajustes anuncian la edad madura. El ser humano tien-
Referencias bibliográficas
de a abandonar el núcleo familiar sólo en medio de conflic-
tos y angustia, es decir, de mala gana. El élan de la madu-
ración supera muchas veces la inercia. El niño pubescen Ul
suele mantenerse, en gran medida, ajeno al conflicto o dilo-
ma que la maduración fisi ca provoca en sus progenitores.
El período de latencia debería prepararlo para que se inici •
el proceso adolescente. A mi juicio, el mayor logro prepara-
torio es la resistencia que opone al peligro de contaminarso En publicaciones antenores he mencionado la li~eratura
con la regresión parental. En el caso de Ben, se comprobó más importante sobre la adolescencia. ~o es nccesan~ recar-
que esta resistencia era defectuosa y debía restaurárse la, gar esta monografía repitiendo esas mIsmas referenCIas. ~b­
como condición previa para el desarrollo progresivo. No se viamente, mi deuda de gratitud es enorme. Puesto que el.o?Je-
podrá determinar con certeza la medida en que ha sido lo- tivo de este estudio fue correlacionar mis .conceptos teon~s
grada esta restauración hasta que el paciente haya pasado con la práctica clínica, debo dirigir la atenClón del lector haCIa
la etapa final de la adolescencia. aquellas publicaciones en las que se fueron art,cula~do , a tra-
El estudio de Ben nos pennitió observar, en forma magni- vés de los años, mis puntos de vista evolutiv~s y teó.n cos sobre
ficada, lo que ocurre de modo menos perceptible en el ado· la adolescencia. Esto explica por qué la 81~,ente .lista se reS'
lescente normal. Lo que Ben obtuvo de la terapia configura tringe a mis propios trabajos. S u prop6sIto es. Simplemente
un esbozo de las etapas que deben atravesarse antes de al- reunir, por así decirlo, el cue.rpo completo de mis teoría.s, - re-
canzar la fase de la adolescencia propiamente dicha -fase vestido> ahora con los numerosos fragmentos de matenal .cll-
que correspondía a la edad cronológica y al estado físico del ruco que ofrecen estos dos estudios . Al I~ctor corresponde JUZ-
pacien te-o Cuando se consiguió esto, el tratamiento llegó, gar si ellos se ajustan o no a dIchas teonas.
naturalmente, a su fin. al menos por el momento. El pro-
pósito principal del trabajo con Ben fue el tratamiento; no 1954 «Prolonged Adolescence: Tbe Formulation ora Syndrome
obstante, el caso ofreció también apoyo cJinjco no sólo a la and its Tberapculic Implications. , Amencan JOl.lrnal o(
formulación teórica de la etapa inicial de la adolescencia en Orthopsychiatry, vol 24. .
el hombre, sino igualmente al modelo evolutivo del niño en 1957 . Preoedipal Factors in the Etiology ofFru;nale Delinquen:
edad puberal. CY", en The PsychoaJla~y~ie Study oftlle Ch.ld, Nueva York.
International Universlties Press, vol. 12.
1958 .Preadolescent Orive Organization. , Journal o( the Ame-
rican Psychoanalylic Association, vol. 6.
1960 .Comments on tbe P sychological Consequences ~f Cryp-
torchism: A Clinical Study., en Th e Psyelt~.naly~LC Study
orthe Child, Nueva York: International UOlvecslties Press,
vol. 15. . h V .
1962 .Intensive Psychotherapy in Relatlon to t e anous
Phases of Adolescenee- , American Journal o( Orthopsy-
chiatry, vol. 32. . N
1962 On Adolescence: A Psychoanalytic lnlerpretat¡on, ueva
York: Tbe Free Prcss ofGlencoe, 1962. (Psicoanálisis de la
adolescencia , México: Joaquin Mortiz, 1971.)

234 235
li>6S _1':... e"",.." of .... ti n~ O~ t ,n U,.h ....., lo u •• A ""' ~ • •
........... _. Jo",'"'' "r ,,_ .. ~""'"'.
A ....... .....,. "" C.i'" p..,.
cM,• •",. vol ~. 'l<oImpr .... e D "'.oo ... ~ N. R ufo'" ... .. A
De""",,"UH'U' Ap,m,",,,~ ,,, P",/J _ _ '" _ ' ' ' ' ' Out. N ... u
y" ,k, _" "".".ti",o.1 Un;'-. ..;"_ P ...... 1006.)
~""4 .lTh"," Ty",<~ ' 0::-'''''"0';'''''
b. "..n.'"
n.Ji"""",,,......
<>n U. '""11.0.-" y A. S. "''''''n_" ...1• . , P~.''':7 /):7 """";~' e..,}
F~~ ~ I~ 1).."n~".oc" , Pal~ Alto, Sei .." . . . .. ,,1 Beh •• ; "
Ik><ko, "U~.
1 .... 6 _'1"'0 1,.,;,,,,,, S _o 01' y "", M" I -.... , "~. ,.~ no" l".yc¡,~ .
"n o'y'''' S'u,'~ o{ ,~. eh"d '" u .... Yo . "" I ~ t... n . ' ;"".,
L' ninro i t . . ? •••• ,'01. 2<>,
',",7 _-n.o S...,<md [ndHdm"'on P>"" .... or Ad ....... ...,e-.•.,
TI<. ;>'Y'_H"'~'" S'wd> <>F,'"
C~ "". "' .. OVO y o.k, -",ter--
nM;"n .. 1 u~; • .,... ;t" a. P.--.. . <>l. 2~.
'008 oCh.,.<....,. r.,.-m.ti.,~;n Adol_Gn .... , o .. T~. Po,..,""
"no' y'" Stwd~ D{ tAo Ch'W Nu< •• Ycok, I n ....
U";.c"'it.o,,. !"ro ... "01. :<:1.
,.,.ti"".,
1000 _Yo"'~ Un«." A Sy",p""" •• T"" .,~ ..ri"",. J""'Hul""
~~h"u",. yol . '26.
1~70 TI- 0.. .... _ .... o"p.' F"", G,.d l'i<l;,,~,