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UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR

FACULTAD DE INGENIERIA Y ARQUITECTURA

ESCUELA DE INGENIERIA INDUSTRIAL

TEMA: CRISIS 1932

BACHILLER: MEJIA CANDELARIO, ANGEL ISAAC CARNET: MC13176

HORA: 6:20-8:0 AM AULA: C-32 ASIGNATURA: LEGISLACION PROFESIONAL

DOCENTE: LIC. MARIO ANTONIO MARROQUIN ALFARO

PONDERACION: 10% TIPO DE EVALUACION: 1° LABORATORIO

FECHA: 24-08-2018 FIRMA: __________________________________

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INDICE

OBJETIVOS -------------------------------------------------------------------------------------- 3

INTRODUCCION-------------------------------------------------------------------------------- 4

SUCESOS DE EL SALVADOR 1932 ---------------------------------------------------- 6

HIPOTESIS -------------------------------------------------------------------------------------- 10

CONCLUSIONES ----------------------------------------------------------------------------- 11

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OBJETIVOS

Platear puntos de vista crotorados sobre los hechos de 1932

Asimilar y comprender los hechos ocurridos en 1932

Comprender la crisis ocurrida en 1932 con sentido de convicción

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INTRODUCCION

El levantamiento campesino de 1932 en El Salvador fue una mezcla entre protesta


e insurrección que acabó en etnocidio. Tras la llegada de los españoles a territorio
salvadoreño, la situación económica y social de los nativos se caracterizó por la
constante decadencia de las condiciones de vida, la cual se incrementó en los
años próximos a la independencia. Tras la independencia de El Salvador, los
gobiernos fueron propiciando la creación de un sistema desigual, el cual dejaba
alejadas del progreso a las poblaciones nativas de los territorios del Señorío de
Cuzcatlán. El Salvador, sumido en una profunda crisis económica por la caída de
los precios del café y la crisis de 1929, se enfrentó a una oleada de protestas y
rebeliones contra el sistema desigual de tenencia de tierras, que se agudizaron
con las reformas presidenciales que despojaban a los campesinos de sus tierras
ejidales para darlas a los grandes terratenientes. Los campesinos e indígenas se
levantaron contra el gobierno y atacaron instalaciones militares en el occidente del
país, coincidiendo con una rebelión organizada por el Partido Comunista
Salvadoreño (PCS) tras perder las elecciones que posteriormente acusaron de
fraudulentas.

El resultado fue una respuesta militar del gobierno de Maximiliano Hernández


Martínez, quien ordenó la ejecución de todo aquel que se alzase contra el
régimen. Algunos autores estiman una cifra cercana a los 25.000 fallecidos. Hasta
la fecha, se sigue conmemorando los hechos como uno de los episodios más
emblemáticos y determinantes en la historia de El Salvador, por sus secuelas
políticas, económicas y ante todo, culturales.

Dadas las circunstancias de pobreza y desigualdad, algunos de los campesinos


despojados de sus tierras y sometidos a trabajo mal remunerado empezaron a
rebelarse contra los terratenientes y contra las autoridades. Al inicio fue de manera
individual, lo cual facilitaba que las autoridades detuviesen o amenazasen a los
rebeldes. Los grandes terratenientes estaban fuertemente ligados a las
autoridades militares, por lo cual la defensa de las haciendas era realizada por
cuerpos oficiales de seguridad.

Después de varios arrestos, los campesinos iniciaron un proceso de organización


de bajo perfil, es decir, con un objetivo común pero sin ningún modelo jerárquico;
en tal sentido, los esfuerzos seguían siendo aislados y dispersos, fácilmente
sofocados por los cuerpos de seguridad, que arrestaban a los rebeldes y los
ponían a disposición de las autoridades, quienes los condenaban posteriormente
al paredón de fusilamiento o a la horca. No existen datos acerca de la cantidad de
ejecuciones perpetradas en las semanas previas al levantamiento general; sin

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embargo, se sabe que fueron condenados muchos de los líderes campesinos, así
como los funcionarios públicos que colaboraban de alguna forma con ellos.

El gobierno no tardó en reaccionar, recuperando el control del territorio


salvadoreño en un par de días, por medio de un despliegue militar con el objetivo
de someter a todos los rebeldes. El general José Tomás Calderón gozó de
armamento y efectivos en abundancia: El empleo del armamento superior fue el
elemento decisivo en la confrontación y los relatos hablan de "oleadas de
indígenas, barridos por las ametralladoras". En seguida vino una severísima
represión, ejecutada tanto por unidades del ejército, la policía y la Guardia
Nacional, como por voluntarios organizados en "guardias cívicas".Las guardias
civiles eran personas voluntarias que se ponían al servicio de los cuerpos de
seguridad para colaborar en las labores de patrullaje y en caso de necesidad,
combatían junto a los militares.

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SUCESOS EN EL SALVADOR 1932

En enero de 1932 un levantamiento popular - comunista contra la oligarquía


durante el gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez, provocó la
matanza de miles de indígenas y campesinos. Este hecho traumático marcó
profundamente el carácter de los salvadoreños y dejó su huella en las personas.

Los primeros textos que recogieron lo sucedido eran periodísticos y afines


al gobierno, pero pronto la memoria popular y la literatura se hicieron eco de lo
sucedido, a principio de forma tímida y con el paso de las décadas, cada
vez más abierta, convirtiendo “la silenciación” y “la Matanza”, como se la conoce,
en uno de los motivos de la lucha revolucionaria de los años ´70.

El debate sobre lo que sucedió en 1932 y las implicaciones históricas, sociales y


políticas que tuvo a corto, medio y largo plazo está totalmente abierto. En la
izquierda salvadoreña los enfrentamientos han sido continuos, sin embargo, en
ciertos momentos, la necesidad de sentirse unidos frente a la derecha hizo
que se pusieran de acuerdo, particularmente en la narrativa de aquellos hechos
históricos que justificaban sus ideas, como el de 1932, a pesar de las disputas
sobre si se podía llevar a cabo la revolución o no.

La gravedad de lo sucedido no se discute, todos reconocen que fue un hecho que


afectó y afecta a toda la población del país hasta el punto de calificarlo
como “un componente de identidad nacional compartida” .El diálogo
intertextual supone el debate sobre distintos aspectos del Levantamiento y/o
la Masacre: la causalidad comunistas o la etno - causalidad, el número de
indígenas / campesinos asesinados, la gravedad de la insurrección, el papel de
personajes históricos como Farabundo Martí, el general Hernández Martínez,
Feliciano Ama, las causas de la insurrección y un largo historial.

Lo cierto es que se puede hacer una lectura de la historia de la represión étnica en


El Salvador a través de sus textos. Hay que tener en cuenta que el gobierno hizo
desaparecer buena parte de los periódicos de la época y toda documentación por
lo que lo más completo son los testimonios orales, recogidos en la literatura.
Por otro lado, en La Cicatriz de la Memorias dice que hasta la firma de los
Acuerdos de Paz los indígenas sobrevivientes no se atrevieron a hablar. El trauma
social de los hechos sangrientos, injustos y silenciados hace que se realice una
investigación más. Para curarse, es necesario convertir la experiencia traumática
en memoria narrativa.

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En 1962 en El Turno del Ofendido, Roque Dalton reclama la existencia de
esos muertos y el sometimiento histórico que se ha dado al tema. Los muertos a
los que no se pueden llorar y que se han convertido en la cadena que mantiene la
sumisión, en una losa muy pesada para volver a levantarse.

Las causas que originaron el levantamiento fueron diversas, y la suma de estas


desembocó en la insurrección. Para tener un panorama general de la situación
hay que decir que los indígenas y campesinos que la protagonizaron fue la
generación descendiente de las comunidades que perdieron sus tierras de
propiedad común en 1881, las cuales les fueron arrebatadas y luego entregadas a
los nuevos dueños latifundistas y cafetaleros oligárquicos. Este robo legalizado a
manos del entonces presidente de la republica Rafael Zaldívar, dejo sin tierras de
cultivo a las comunidades indígenas, los cuales se vieron forzados a trabajar como
colonos en las nuevas fincas de café por salarios de hambre.

Otra causa estructural fue el conflicto étnico existente entre los ladinos, que eran
mestizos hispanizados, contra los indígenas que conservaban rasgos fisiológicos
originarios, practicaban la cultura autóctona y muchos de ellos aún hablaban
náhuatl. Los ladinos tenían mejores condiciones sociales, generalmente eran
comerciantes o hacendados y ejercían discriminación hacia los indígenas, que al
igual que en muchos otros países han sido víctima de exclusión y marginación por
parte de los gobiernos colonialistas. Los indígenas veían a los ladinos como sus
enemigos, explotadores y usurpadores de la tierra.

Por otra parte el grano de café se convirtió en el principal producto de exportación


del país durante varias décadas, lo que se convertía en una desventaja para la
economía nacional por no tener un margen de maniobra cuando caían los precios
del café a nivel internacional, esto implicaba un desplome completo en las
ganancias por exportaciones y por consiguiente afectaba las importaciones.
Cuando la gran depresión de 1929 hizo tambalear a toda la economía capitalista,
las repercusiones no se hicieron esperar para El Salvador, el precio del quintal de
café, que en 1926 era de 42.45 colones, descendió en 1930 a 18.76 colones, las
ventas totales bajaron en el mismo periodo, de 42.7 millones de colones a 23.9
millones. Esto provocó que el Estado no tuviera suficientes ingresos para pagarles
a los empleados públicos, a los cuales se les entregaba un recibo que debían
cobrar después, cuando la situación fiscal mejorara, pero la mayoría de
trabajadores como una medida desesperada, optaban por venderlos a personajes
adinerados por un valor menor del que realmente se reflejaba en el recibo.
También fueron afectados los trabajadores agrícolas, y estos en mayor medida,
vieron reducidos sus salarios a la mitad y se les redujo la cantidad de comida en
las fincas, en ocasiones quedaron hasta desempleados por la decisión de sus
patrones de no recoger las cosechas de café en los años menos rentables.

Ante esta situación los obreros buscaron respaldo en las organizaciones de


obreros aglutinados en la Federación Regional de Trabajadores salvadoreños
(FRTS), constituida por trabajadores de las ciudades más desarrolladas del

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momento, donde las condiciones laborales también eran pésimas y no se gozaba
de mayores prestaciones de ley. Se organizaban los zapateros, los sastres, los
panificadores, las vendedoras de los mercados, era una época en la que los
trabajadores adquirieron identidad de clase, reconocieron su valor indispensable
para la producción. Las ideas de libertad que emanaban del régimen de los soviets
en la lejana Rusia llegaban a Latinoamérica como semillas sobre tierra fértil, y es
así como en 1930 se funda el Partido Comunista de El Salvador (PCS). Los
indígenas que mantenían lazos muy fuertes de unidad en sus comunidades,
deciden afiliarse en conjunto al PCS, cofradías enteras fueron a engrosar las filas
de los comunistas, sumándose a luchar junto a los obreros de la ciudad. Los
trabajadores exigían mejores salarios, libertad sindical y de organización, en las
fincas se pedía que las tortillas de su ración de comida fueran más grandes y se
les pagara con moneda de curso legal, en lugar de las “fichas de lata” que recibían
como pago y que con ellas solo podían comprar en la tienda del patrón al que le
trabajaban. La respuesta del gobierno fue represión tras represión. Durante años
se trató de socavar cualquier tipo de organización obrera, se ametrallaban las
casas en el momento en que se realizaban reuniones organizativas con los
trabajadores dentro, se perseguía y se encarcelaba a los líderes comunistas, sin
embargo los trabajadores seguían organizándose.

Para 1930 estaba en el gobierno de turno Arturo Araujo, quien prometía una
reforma agraria en beneficio de la población campesina, propuesta que no fue del
agrado de la oligarquía, por lo que es removido de la presidencia a través de un
golpe de Estado para instaurar en el poder al militar Maximiliano Hernández
Martínez. Fueron años de efervescencia y descontento para la clase trabajadora.
Ante esto el PCS decide participar en las elecciones municipales de 1932, las
cuales fueron boicoteadas fraudulentamente, esto convertía la vía electoral en un
callejón sin salida, la pobreza se veía por doquier, tanto en el campesinado como
en los trabajadores de la ciudad, la represión aumentaba para los sindicatos y
organizaciones obreras, la insurrección se respiraba en el aire, los trabajadores
agitados por el PCS habían tomado una decisión: ¡vencer o morir! En medio de
estas luchas sociales y campesinas surgieron líderes importantes para la
organización de la clase trabajadores, entre los que destacan: Farabundo Martí,
miembro del Socorro Rojo Internacional (SRI), Feliciano Ama, líder indígena, y
estudiantes como Alfonzo Luna y Mario Zapata.

En enero de 1992 campesinos e indígenas se lanzaron a las calles armados con


machetes y herramientas agrícolas, los levantamientos se dieron principalmente
en el occidente del país, en pueblos como Tacuba, Juayúa, Ataco, Sonsonate,
Santa Ana, Ahuachapan, Izalco, Cuhisnahuat, Santo Domingo de Guzmán y
Nahuizalco. Se pretendía tomar los cuarteles y que estos se amotinaran con la
agitación de soldados comprometidos con la lucha, pero esto no sucedió porque
dichos soldados fueron descubiertos y fusilados previamente. La recién fundada
Guardia Nacional, estructura represiva del gobierno, junto con elementos del
ejército combatieron la insurrección de la cual ya tenían conocimiento de
antemano. La lucha fue desigual, los campesinos estaban mal preparados y
contaban con muy pocas armas de fuego, el SRI no había respondido
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satisfactoriamente a la solicitud de apoyo y armamento que hizo la sección
salvadoreña, estratégicamente tuvieron problemas de comunicación y
coordinación, incluso unos sectores de trabajadores decidieron a último momento
no apoyar el levantamiento pero esa noticia no llego a tiempo a los grupos que se
alzaron, recordemos que el uso del telégrafo era exclusivo de instituciones
gubernamentales, unos estaban decididos a alzarse y otros ya habían desistido de
realizar la insurrección, sobre todo cuando se supo de la captura previa y posterior
fusilamiento de los principales líderes del PCS y del SRI, dejando sin dirección a
los sublevados. El saldo de la insurrección fueron unos cuantos muertos del lado
de los militares (menos de cien) y una completa masacre para los campesinos e
indígenas, el ejército y demás cuerpos represivos se dieron la tarea en los días
siguientes al levantamiento, de ir a los poblados asesinando a toda persona con
vestigios de indígena, que a causa de la afiliación colectiva al PCS se vio al
indígena como sinónimo de comunista, agravando más esta situación la actitud
delatora de los ladinos en contra de las nativos, que veían en los “indios” una
población arcaica que debía ser eliminada para lograr el desarrollo el país. Los
muertos se estiman de 25,000 a 30,000 entre obreros, campesinos e indígenas,
los sobrevivientes de estos últimos se vieron obligados a ocultar su identidad, su
idioma y sus costumbres para poder seguir con vida.

A pesar de no tener los resultados esperados, la insurrección de 1932 en El


Salvador es un acto heroico conmemorado por la clase obrera, del que podemos
sacar importantes lecciones para abonar a las luchas actuales de los trabajadores,
que siguen luchando por mejorar los salarios de hambre que marcan la gran
desigualdad entre la burguesía oligárquica y la masa de trabajadores que mueve
la economía del país. Este legado de lucha revolucionaria en El Salvador ha
forjado una clase trabajadora combativa que durante las décadas siguientes a esta
masacre, conquistó reivindicaciones laborales, libertades sindicales y sobre todo
nos ha proporcionado un cúmulo de experiencias y métodos de lucha para seguir
dando la batalla día con día para erradicar la explotación, la desigualdad y la
exclusión que tanto ha sufrido nuestro pueblo y en mayor medida las comunidades
indígenas. Como marxistas enarbolamos esta continua lucha y reconocemos que
gracias a los esfuerzos de generaciones anteriores, ahora contamos con espacios
de participación que estos compañeros no tuvieron. ¡La lucha continúa!

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HIPOTESIS

El pueblo indígena fue prácticamente engañado por parte de figuras llamativas, si


bien es cierto que Maximiliano Hernandez Martinez llego al poder por golpe militar
este no velo por derechos de trabajadores, luego de ocurrido esto los indígenas
sufrieron el engaño prometiéndoseles que se les daría sus tierras al apoyar ciertas
diligencias políticas, pero no esto no fue así ya que no era posible que un “pobre
indígena” pudiera llegar al poder al ser su competencia “los ricos y dueños de
todas las tierras”. Al ocurrir esto los indígenas realizaron un levantamiento pero
esto era inminente con o sin el fraude electoral ocurrido ya que todo esto venía
siendo producto también de las crisis económicas provenientes de la fecha de
1929 hacia adelante.

El levantamiento de personas es debido a la necesidad de mejoras en la calidad


de vida, hacia los empleados y hacia todos los sectores.

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CONCLUSIONES

Así, aunque las causas del levantamiento están bastante claras, uno de los puntos
a debate más importante está en la causalidad: etno causalidado causalidad
comunista. El debate sobre qué tipo de levantamiento es fundamental para la
historia posterior no solo de El Savador, sino de todo el continente ya que la
causalidad comunista hubiese sido un precedente inédito en el país, útil para
el siguiente intento. Mientras, la etno causalidad hubiese dado un mayor
protagonismo al elemento indígena que quedó desde 1932 en la sombra. Es un
aspecto muy significativo ya que el texto literario se proyecta sobre el recuerdo
histórico, como en el caso de Miguel Mármol, lo que afecta a la realidad y sirve de
motor para nuevas creaciones literarias. Los hechos se dividen en dos
momentos a los que se les da más o menos protagonismo, más o menos
espacio, según la ideología del autor: el levantamientoy la matanza. Así, si en los
primeros textos cercanos a la ideología gubernamental se detalla el levantamiento
y todos los muertos causados por los insurrectos, como es el caso de Joaquín
Méndez, en la narrativa revolucionaria se insiste en la magnitud de la represión
posterior: Roque Dalton, Salarrué, Manlio Argueta, Claribel Alegría, etc.

Los protagonistas del a revolución han sido heroizados o convertidos en


personajes grotescos dependiendo del objetivo del autor. Tal es el caso de
la figura principal: Farabundo Martí a quien se considera un loco o un héroe.
Junto a él otros activistas de los que se discuten sus métodos, objetivos, historias
personales, relaciones internacionales, etc.

Los caciques muertos en la insurrección, Feliciano Ama y Chico Sánchez, y


su filiación política son fundamentales en los textos de la izquierda y de la derecha
porque la interpretación del papel en el levantamiento se relaciona con la
causalidad.

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