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1º La inteligencia es un tema que me excede totalmente.

Uno puede reflexionar sobre muchas cosas,


sobre uno mismo, sobre sus potencias interiores, la realidad, y todo ello mediante la inteligencia;
pero cuando uno se pone a reflexionar sobre la inteligencia misma, todo se complica. El tema —
mas bien, el misterio— de la inteligencia es profundamente paradojal. Tanto es así que, de forma
particular desde la modernidad, casi toda la discusión filosófica ha rondado sobre este tema:
Descartes, Locke, empiristas, racionalistas, Kant; todos discuten qué es, cómo es, cómo funciona.
En esta comunicación nos limitaremos a describir la inteligencia brevemente.
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2º Es la potencia más propia y específica del hombre. Esto quiere decir, cambiando el acento de la
palabra, que la inteligencia es lo que especifica al hombre: lo que lo constituye como una especie
distinta dentro del gran género de los vivientes animados. Sólo el hombre tiene inteligencia
racional, y ésta no se le añade como un mero accidente mas a su sustancia, sino que es una
accidente especificante de la sustancia del hombre: esto quiere decir que la inteligencia imprime su
racionalidad en todo el ser y en las demás potencias del hombre: la imaginación, la memoria, la
cogitativa, los sentidos externos e internos están abiertos y tienen una vocación hacia la inteligencia.
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3º Para entenderla bien hay que hacer un camino ascendente. Los sentidos externos reciben las
formas de las cosas (species inteligibles)—de la realidad—, y éstas son almacenadas (secundum
quid) por los sentidos internos (memoria, imaginación y la cogitativa). Éstos, a su vez, mueven sus
objetos hacia la inteligencia para que ésta beba su objeto propio en el que los sentidos le presentan.
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4º Ahora bien, si esto fuera así, significaría que la inteligencia es puramente pasiva, totalmente
potencial, que tan sólo recibe formas del exterior. En este punto la antigüedad habla del intelecto
agente, una potencia muy difícil de conocer. Para decirlo brevemente, el intelecto agente es el
encargado de iluminar y abstraer los inteligibles —es decir, los objetos de la inteligencia—
contenidos en las imágenes almacenadas por imaginación. Por otra parte, no sólo actúa sobre la
imaginación, sino que ya desde la percepción sensible está actuando (vade retro, Kant), señalando e
iluminando los inteligibles. (Para entenderlo podemos compararlo con el ojo de un gato en la
oscuridad: la imagen que llega a nuestro ojo y al del gato es la misma. En la retina del gato hay
mucha más púrpura visual (rodopsina) que en la del hombre, y por eso capta mejor).
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5º Tomemos otro ejemplo para recapitular todo lo visto. Tenemos, por un lado, la almohadilla que
representa la imaginación guardando las imágenes recibidas por los sentidos (tinta). Y por otra parte
tenemos la hoja en blanco (el intelecto posible: recibe las especies inteligibles) que es la
inteligencia. Lo que falta ahora es el sello (intelecto agente) que tome las formas inteligibles de la
imaginación y las imprima en la inteligencia. (Más aun, la forma de la cajita de la inteligencia y la
tinta que uso, están condicionadas por el sello).
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6º Nos podemos preguntar: ¿cuál es, pues, su objeto? El objeto de la inteligencia es el ser en su
amplitud universal, y más específicamente el ser corpóreo (en ens mobile): es la cosa. La
inteligencia no tiene otro modo de encontrar su inteligibles más que por los sentidos. (bánquensela,
modernuchos).
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7º ¿Qué es la inteligencia entonces? La inteligencia es la potencia del hombre que se mueve en el
ámbito del ser, desde lo conocido a lo desconocido, extrayendo por análisis, composición y
comprobación el objeto que le es propio (es decir, el ser de las cosas).
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8º La inteligencia tiene dos modos de operar, es decir, que tenemos fundamentalmente dos modos
de conocer: por un lado, el argumentativo, que por una ilación progresiva y gradual va poseyendo
verdades aún no conocidas (ej Sherlock Holmes: tanto la inducción como la deducción y la analogía
se encuentran en este nivel); y por el otro el intuitivo, que es una visión directa e instantánea de un
determinado ser. Éste puede darse como intuición de los primeros principios (ejemplo Pascal) o
como una aprehensión simple del ser en común. Más aún, todo acto completo de la inteligencia
comienza y termina por una intuición.
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9º Concentrémonos en la intelección, en la que podemos ver 3 pasos: a) la simple aprehensión, b) el
razonamiento y c) el juicio.
a) Para que el conocimiento humano sea pleno es necesario que el hombre esté en contacto
profundo con la realidad, porque de otra manera los sentidos no pueden abastecer la inteligencia. Es
por esto que, en todas las grandes civilizaciones antiguas en donde floreció la metafísica hayan
estado estrechamente vinculadas con la tierra, con lo real. La simple aprehensión es una intuición
donde la inteligencia recibe de manera oscura y masiva los primeros principios y el ser general de
las cosas. Este paso es absolutamente involuntario y necesario, y se manifiesta en formas y grados
distintos dependiendo de la persona. (niños, matemáticos, artistas, etc). Esta aptitud, en el fondo, es
el nexo del hombre con la realidad, por medio de ella la conoce y se vincula con ella.
b) El segundo paso es el raciocinio; es un paso difícil, porque se requiere una esforzada
disciplina lógica para llegar a razonar; y es un paso delicado, porque de él depende el acierto en el
encuentro entre el universal y el particular. La inteligencia mira el nexo causal entre la premisa
mayor y la menor, y cuando ve que el nexo es necesario, brota una conclusión.
c) El Juicio es el acto de conocimiento propiamente dicho: es el momento en que el
entendimiento ve que es el objeto. Es cuando la intelección asciende desde lo físico hacia lo
metafísico y alcanza las últimas causas de la realidad. Un juicio se compone de dos términos: un
sujeto y un predicado, unidos por una cópula ES. En el juicio la inteligencia logra pronunciar un
género de cosas, o una especie, o un individuo en sus causas, y logra lo que comúnmente se llama
sabiduría.