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¿Cuál es el Modelo más ajustado de las emociones?

Neurociencia Cognitiva

MSGC
Las teorías de la emoción desde la perspectiva psicológica presentan
problemas para establecer una correspondencia neurobiológica, debido a que
hacen referencia a un sentimiento consciente (Gross, 2015) Por esta razón,
actualmente existen diferentes concepciones sobre este tema.Sin embargo,
desde el punto de vista teórico estas teorías señalan una modalidad de
clasificación con tres clases, respectivamente según Redolar 2014:
categóricas, dimensionales y de los componentes múltiples.
En primer lugar las teorías categóricas de la emoción establecen una
diferenciación entre emociones básicas y emociones complejas. Las primeras
son emociones innatas, cuyos componentes abarcan desde los factores
neurovegetativo y endocrino hasta las configuraciones faciales y posturales.
Por otra parte, las emociones complejas son aprendidas y el lenguaje influye en
su desarrollo, aunque la expresión de esta emoción presenta el mismo patrón
de respuesta que las emociones básicas. Existen dos corrientes básicas;
generación y construcción. La primera hace referencia a una correspondencia
exacta de los correlatos neurales de cada emoción específica, pese a que
únicamente se ha encontrado un hallazgo favorable sobre la emoción de
miedo, respecto al incremento de la actividad de la amígdala (Oschner &
Kosslyn, 2014). Según esta perspectiva clásica, los correlatos fisiológicos de
las emociones discretas se encuentran localizados exactamente en el cerebro.
Un ejemplo sería la correspondencia entre la activación de la amígdala y la
emoción del miedo (Sanchéz-Navarro & Román, 2004).Sin embargo, la
amígdala presenta una actividad relacionada con los inputs inesperados de
significado motivacional en general, en lugar de una respuesta específica al
miedo (Barrett, 2006). En cambio, la corriente constructiva considera que las
emociones están compuestas de múltiples factores psicológicos y biológicos,
por lo que no exponen hipótesis sobre la representación a nivel cerebral de
esos elementos, a excepción del modelo de Oschner y Kosslyn. Este modelo
concibe un espacio de referencia neural combinado, en base a las evidencias
de los metaanálisis se confirma el siguiente correlato neurobiológico:

 El afecto central; se ha asociado a las estructuras del centro límbico y


paralímbicas.
 La categorización; se encuentra en la corteza prefrontal dorsomedial, el
lóbulo temporal medial y el área posterior cingulada.
 La atención; está sustentada por las regiones sensoriales y motoras, giro
frontal inferior y el operculum frontal
 El lenguaje: se asocia al lóbulo temporal anterior y la corteza prefrontal
ventrolateral izquierda
Desde esta perspectiva exponen que es necesario clarificar los
elementos psicológicos, pese a que en la comunidad científica se han aceptado
que existen una serie de emociones básicas humanas fundamentales, como el
caso del miedo (Gazzaniga, Yrvin & Magnum, 2009). Posteriormente al dominio
de las teorías discretas de la emoción, el avance neurocientífico favoreció el
desarrollo de las teorías dimensionales de la emoción, tanto por razones
teóricas como pragmáticas. Estas teorías establecen un continuum de las
emociones respecto a una serie de ejes fundamentales, en particular la
valencia, el arousal y la motivación. Los hallazgos experimentales que
corroboran esta perspectiva se centran en la actividad del Sistema Nervioso

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Autónomo (SNA), las medidas conductuales de la respuesta de sobresalto y las
características vocales (Mauss, & Robinson, 2009). En primer lugar, las
medidas de la actividad del SNA apoyan el principio de fraccionamiento
direccional, ya que la disminución de la frecuencia cardíaca puede coincidir con
incrementos en la actividad simpática. Asimismo, según la corroboración de la
hipótesis de Lang (Bradley & Lang, 2000), existe una relación lineal inversa
entre la valencia del estado emocional de una persona y la magnitud de la
respuesta de sobresalto. El nivel de arousal también muestra una correlación
con el tono vocal. Incluso, otras medidas de la emoción asociadas a la
dimensión categórica también exponen dimensionalidad, como una serie
decorrelaciones halladas entre la valencia y la conducta facial (Gross,
2015).Sin embargo, la neurobiología ha evolucionado en función de los
hallazgos encontrados respecto a nuevas estructuras cerebrales relacionadas
con el ámbito de la emoción, tanto desde el punto de vista profesional como
experimental. Por esta razón, se han establecido una serie de cuestiones que
no hallan respuesta en las teorías categóricas y dimensionales de la emoción
(Redolar, 2014).
Concretamente, los modelos bidimensionales más relevantes en la
literatura corresponden al modelo circumplejo, el modelo del vector y el modelo
PANA. El modelo circumplejo de la emoción sugiere que las emociones se
distribuyen en un espacio circular bidimensional que contiene dimensiones de
valencia y arousal, según el cual las interpretaciones cognitivas de las
sensaciones neuronales originan los estados afectivos a partir de dos sistemas
neurofisiológicos fundamentales (Redolar, 2014). Este modelo consigue ofrece
un marco conceptual y experimental para explorar las bases neurales del
afecto (Posner, Russel & Peterson, 2005), a diferencia de las teorías de las
emociones categoriales que presentan una serie de limitaciones empíricas, las
cuales se enumeran a continuación:
-No explican las alteraciones comórbidas entre los trastornos del
estado de ánimo
-Confusión de las bases neurofisiológicas de los trastornos afectivos
- Incompatibilidad con los hallazgos recientes en la genética del
comportamiento y la investigación del clima
Los estudios en animales han facilitado iniciar la exploración de la base
neuronal sobre la emoción desde la perspectiva categorial, pese a que la
investigación animal destaca el rol de las estructuras subcorticales. Por esta
razón, los resultados deben interpretarse como conductas afectivas, en lugar
de sentimientos subjetivos (Paul & Mendl, 2018). Asimismo, los estudios de
desarrollo presentan los mismos problemas que la investigación anterior
(Posner, Russel & Peterson, 2005). En este sentido, las investigaciones sobre
la expresión facial informan sobre el estado afectivo, aunque no sobre su
origen (Fernández-Dols y Ruiz-Belda, 1997). En cambio, el modelo circumplejo
presenta un apoyo empírico que se resumen en la Tabla 1:

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Tabla 1. Apoyo empírico del modelo circumplejo

Estudios psicométricos Existencia de dos factores para


explicar la varianza de la
experiencia afectiva;
respectivamente el primer factor
está asociado con los juicios
hedónicos y el segundo factor con la
excitación emocional ( Posner,
Russel y Peterson, 2005)

Relación del sistema mesolímbico


Circuito neural de la Valencia con el circuito de la recompensa, así
como en las emociones negativas
(Posner, Russel y Peterson, 2005)

La Formación Reticular regula los


niveles de excitación del sistema
nervioso central mediante sus
conexiones con el sistema límbico y
Circuito neural del Arousal el tálamo (Jones, 2003 ), como en el
caso de la hiperexcitación
emocional en algunos trastornos del
estado de ánimo (Skinner, Homma,
y Garcia-Rill, 2004)

La corteza prefrontal (CPF) modula


la valencia y el arousal mediante su
influencia sobre las redes
Interacciones de los sistemas de mesolímbica y reticular, como en el
Valencia y Arousal caso del aumento de la CPF medial
y lateral cuando se modifica la
evaluación de los estímulos
aversivos
(Ochsner, Bunge, Gross y Gabrieli,
2002)

Las aportaciones del modelo circumplejo se centran en la comorbilidad


de los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad, debido a que entiende
que estas emociones disfóricas surgen de una actividad intercorrelacionada
(Chengappa & Gershon, 2001). Incluso, los estudios de neuroimágen respaldan
una actividad anormal en los circuitos de valencia emocional y solapamiento
cognitivo, como el sistema mesolímbico y las cortezas prefrontales (Davidson,
2002). Estos resultados son similares a los hallados en estudios de imágenes
funcionales (Bremner, 2002), estudios con animales y estudios de neuroimagen
(CITA DE Diler, Kibar & Avci, 2004). Asimismo, los efectos adversos de los

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fármacos antidepresivos corroboran estos datos, ya que pueden aumentar el
estado melancólico en el trastorno depresivo (Rickels et al., 1998). En este
sentido, la dimensión de arousal explica la comorbilidad desde el Trastorno por
Déficit e Hiperactividad de la atención (TDAH) y los trastornos del estado de
ánimo (Faraone, Glatt, & Tsuang, 2003). Inclusive, se han observado patrones
de activación anormales del SNC en personas con estos trastornos (Skinner et
al., 2004), bien respecto a la mielininización retardada de la formación reticular
en TDAH (Ucles, Lorente & Rosa, 1996) o debido a la excesiva activación de la
amígdala en individuos con trastornos de ansiedad (Rauch, Shin & Wright,
2003). Por otra parte, los estudios de neuroimágen contribuyen a demostrar el
rol de la amígdala tanto ante estímulos apetitivos como aversivos, en particular
si se concibe que la amígdala forma parte del sistema de excitación del SNC
(Posner, Russel y Peterson, 2005).
Otro ámbito de investigación es el temperamento, en el cual los
hallazgos implican que las predisposiciones temperamentales se correlacionan
con amplios dominios de la emoción (Kalin &Shelton, 2003). En particular, las
diferencias temperamentales de los afectos surgirán de las variaciones de los
sesgos y la reactividad del sistema de valencia dentro del SNC. Por ejemplo,
las predisposiciones temperamentales hacia la afectividad positiva y negativa
se han asociado con diferencias en la asimetría prefrontal de niños inhibidos
que exponen una actividad exagerada en la corteza prefrontal derecha
(Davidson & Fox, 1989). Respecto a los estudios sobre genética, desde el
modelo circumplejo proponen los marcadores genéticos asociados con
medidas conductuales o neurofisiológicas de reactividad de los sistemas de
valencia o arousal (Posner, Russel y Peterson, 2005). Se ha demostrado que
las medidas regionales son más poderosas estadísticamente que el uso de
variables categóricas en la identificación de loci de susceptibilidad genética
para trastornos complejos (Almasy & Blangero, 1998).
Los estudios de desarrollo desde una perspectiva dimensional sugieren
que los adultos utilizan un sistema dimensional, mientras que los niños utilizan
un sistema categorial limitado (Widen y Russell, 2003). A lo largo del ciclo vital
la trayectoria evolutiva de la experiencia emocional puede ayudar a
comprender un hallazgo común en estudios epidemiológicos de los trastornos
del estado de ánimo en los niños, como es la ansiedad (Warner, Weissman,
Mufson & Wickramaratne, 1999). En concreto, esta evidencia predice el
desarrollo en el futuro de otros trastornos mentales, como la depresión (Pine,
Cohen, Johnson& Brook, 2002). En general, el modelo circumplejo se ha
utilizado con mayor frecuencia para evaluar estímulos de palabras
emocionales, expresiones emocionales y estados afectivos (Posner, Russel y
Peterson, 2005).
En cambio, dentro de los modelos dimensionales el modelo del vector
posee una concepción ligeramente distinta. Concretamente, El modelo de
vector sostiene que hay una dimensión subyacente de arousal y una elección
binaria de valencia que determina la dirección. Esto da como resultado dos
vectores que pueden adquirir valores positivos o negativos (Bradley,
Greenwald, Petry & Lang, 1992). De hecho, según estos autores la diferencia
principal reside en la existencia de emociones, cuyo arousal es alto y su
valencia es neutra. Desde este modelo la neutralidad de la valencia es

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imperceptible, debido a que cuando se produce alto arousal también tiene lugar
una diferenciación entre las valencias positivas y negativas. Asimismo, el
modelo PANA se define como una rotación de 45 grados del modelo
circumplejo que posee dos ejes primarios; la Activación Positiva (AP) entendida
como activa, eufórica y excitada, mientras que la Activación Negativa (AN)
corresponde con la somnolencia, el embotamiento y la lentitud. En este sentido,
PANA es similar al modelo del vector, ya que los ejes son construcciones
unipolares que se definen por sus altos extremos. Por esta razón, coinciden en
que los estados de bajo arousal tienen más probabilidades de ser neutrales y
los de alto arousal se diferencian por su valencia. En este contexto, los
resultados del estudio de Rubin & Talarico muestran que el modelo más
ajustado de las emociones depende del estímulo específico en el que se
encuadre. Los datos apoyan el modelo circumplejo en el dominio de la emoción
definidos por valencia y arousal, pese a que no ha encontrado evidencias
favorables sobre los modelos del vector o PANA; excepto cuando la
investigación utiliza estímulos con intensidad y valencia, o bien similares a
eventos, recuerdos autobiográficos o palabras aleatorias, así como la
intensidad y la valencia (Rubin & Talarico, 2009).
En base a estos hallazgos se ha de tener especial cautela al determinar
el modelo más ajustado de la emoción, debido a que las técnicas y los
estímulos experimentales utilizados influyen en la importancia de un modelo u
otro. Por esta razón, el modelo dimensional no cumple los requisitos necesarios
para ser considerado el esquema de partida de la teoría emocional. Se ha de
proponer que los médicos e investigadores se alejen de un modelo de emoción
dimensional y se aproximen a la consideración de las emociones desde la
teoría de los componentes múltiples, según la cual la experimentación de la
intensidad de las emociones depende de ciertos factores. Actualmente la teoría
de la emoción de los componentes múltiples se ha establecido como la
explicación más relevante en el sector, puesto que supone una integración de
los enfoques citados con anterioridad y concilia las emociones discretas según
una combinación múltiple de las dimensiones. La concepción fluida de estos
aspectos del afecto es determinante para una valoración cognitiva del
significado emocional correspondiente con una respuesta fisiológica y
conductual (Redola, 2014).
Las tres teorías dominantes según las premisas anteriores se basan en
las que se van a conceptualizar a continuación (Kolb & Wishaw, 2015):
- La hipótesis del marcador somático de Damasio; considera las emociones
asociadas a la razón y a la toma de decisiones, cuyos sistemas cerebrales
corresponden a aquellos encargados de la gestión de la cognición y el
comportamiento social. De esta forma, los cambios corporales o marcadores
somáticos se vincularían a fenómenos externos, influyendo ambos factores en
la cognición mediante las estructuras límbicas, la corteza prefrontal, las
cortezas somatosensoriales y las estructuras límbicas. Desde esta perspectiva
la emoción es fundamental para la supervivencia de un sujeto a nivel individual
y social. Por ejemplo los pacientes con daños en el lóbulo frontal que se
caracterizan por poseer pocas emociones, en consecuencia muestran
alteraciones en estas áreas de desarrollo. En particular el marcador somático

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se encontraría ubicado en la corteza prefrontal ventromedial y en la corteza
orbitofrontal (Chiu, Huang, Duann & Lin, 2018).
-La teoría de la interacción cognitiva de Le Doux; es similar a la concepción
sobre la supervivencia de Damasio, pese a que en este caso únicamente se ha
centrado en la investigación del miedo. El sistema de miedo se estudiaría
desde el condicionamiento aversivo, como en el caso del condicionamiento
clásico de la rata entre un estímulo neutro y un estímulo incondicionado
doloroso. La amígdala es la estructura principal del miedo condicionado, por lo
tanto la lesión de esta área consecuente interfiere en este condicionamiento.
Un ejemplo son los pacientes con lesiones temporales que afectan a la
amígdala y no presentan condicionamiento al miedo, pese a que en estudios de
neuroimágen muestran activación de la amígdala durante el condicionamiento.
Por esta razón, el autor propone que se produce una interacción entre los
circuitos amigdalinos y corticales para influir en la emoción, como es el caso de
las regiones prefrontales orbitaria y media. Estas áreas desempeñan un rol
relevante en la formación de pensamientos sobre estímulos que producen
miedo y se asocian a los hallazgos sobre pacientes con daño frontal que no
muestran conductas relacionadas con el miedo. En este sentido, el contexto es
otra variable relevante, tal y como se ha demostrado en aquellos pacientes que
poseen lesión hipocampal y expresan una interferencia de las asociaciones
situacionales.
- La teoría de la lateralización de Gainotti; parte de una concepción clásica
debido a las asimetrías cerebrales de las funciones cognitivas. Según esta
propuesta ambos hemisferios cerebrales tienen funciones complementarias en
la conducta emocional, por una parte el hemisferio derecha participa en los
componentes automáticos y por otro lado el hemisferio izquierdo se encarga
del control cognitivo. Por esta razón, el hemisferio derecho genera emociones y
el izquierdo las interpreta. Asimismo, la postura de Gazzaniga sobre el lenguaje
es similar a la concepción de Gainotti sobre las emociones. Esta última
propuesta teórica a diferencia de la teoría de Damasio sobre el marcador
somático o la interacción cognitiva de LeDoux se considera insuficiente para
abarcar una explicación completa y detallada de la emoción, debido a que
únicamente se centra en el estudio de la asimetría. Por lo tanto, ante estas
concepciones, ¿Cuál sería la más ajustada?
En este caso la teoría del marcador somático de Damasio se ajustaría
más a la realidad del ámbito emocional respecto al resto propuestas citadas
anteriormente. Desde un punto de vista neurobiológico, las emociones actúan
en la toma de decisiones y forman parte de la cognición humana, debido a la
herencia ontogenética y social. La valencia intrínseca de los sentimientos y la
intensidad de las desviaciones homeostáticas explican el curso de orientación
de la emoción. Sin embargo, los procesos exteroceptivos que evolucionaron
posteriormente no contienen valencia intrínseca, por lo que la cognición
superior toma prestada las etiquetas que se desarrollaron primero como un
componente de la regulación homeostática (Carvalho & Damasio, 2013). Este
proceso comprende que las emociones fueron el punto de origen para
establecer niveles más altos de cognición y consciencia. Según el estudio de
Nook, Sasse, Lambert, McLaughlin y Somerville (2017), la concepción de las
representaciones multidimensionales completas de la emoción es una

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capacidad adquirida a lo largo del ciclo vital, ya que los conceptos emocionales
pueden influir en las experiencias y percepciones de la emoción. Por esta
razón, las emociones pueden apoyarse en la capacidad general para
representar múltiples dimensiones simultáneamente, a través de los siguientes
aspectos: conocimiento verbal, razonamiento fluido, capacidad general para
representar estímulos bidimensionalmente y comportamientos de tareas de
bajo nivel. Por ejemplo, hay evidencia de que los niños tienden a comportarse
de manera diferente a los adultos al usar escalas de calificación. De hecho, la
representación de las emociones entre los 6 y 25 años se convierte en un
modelo bidimensional sobre la valencia y el arousal.
El marcador somático enfoca la atención en las consecuencias de una
acción determinada, de forma que funciona como una alarma automática ante
las decisiones inadecuadas en el proceso de toma de decisión según la False
Fag Theory (Schiavon, Viola, Sanvicente-Vieira, Malloy-Diniz & Grassi-Oliveira,
2017). De hecho, la hipótesis del marcador somático desde el contexto de la
adicción parece ser un buen modelo explicativo, debido a que visualiza la
adicción como un estado de no homeostásis entre un sistema impulsivo que
media las propiedades motivacionales del incentivo y un sistema reflexivo
responsable del control de los impulsos. Esta noción es compatible con la
conceptualización de doble proceso de toma de decisiones. Igualmente,
considera que el sistema impulsivo corresponde a los circuitos involucrados en
conductas de acercamiento apetitivo, como la amígdala y el cuerpo estriado
ventral (Olsen, Lugo & Sütterlin, 2015). Inclusive, parece que las neuronas en
el cuerpo estriado ventral responden altamente a las recompensas naturales y
al objeto adictivo (Olsen et al., 2015). En este sentido, el input excitatorio de la
amígdala basolateral al núcleo accumbens determina la conducta de búsqueda
de recompensa en modelos animales (Ambroggi et al,2008; Stuber et al, 2011).
Por otra parte, el sistema reflexivo se asocia a las regiones de la corteza
prefrontal y la corteza cingulada. El sistema depende de los circuitos
neuronales asociados con las funciones ejecutivas como la memoria de trabajo
y la inhibición de la respuesta, asimismo mediadas por la corteza prefrontal
dorsolateral y ventrolateral. Otras funciones funciones ejecutivas como la
inducción secundaria de estados somáticos y la resolución de conflictos están
mediadas por la corteza prefrontal medial y la corteza cingulada anterior
(Bechara &, Damasio, 2005; Noël, Brevers &Bechara, 2013). Inclusive, la
corteza insular influye en la eficiencia de ambos dos sistemas.
La corteza insular sería la base de las sensaciones subjetivas de
señales interoceptivas, puesto que se encargaría de la traducción de las
señales homeostáticas relacionadas con la condición del cuerpo en los estados
de abstinencia en la experiencia subjetiva de craving. Por esta razón, la
evidencia empírica de un grupo de pacientes con accidente cerebrovascular en
la región insular indica que el deterioro de esta estructura elimina la adicción a
la nicotina, de manera que estaría asociada al mantenimiento de la adicción
(Naqvi, Rudrauf, Damasio & Bechara, 2007). Esta estructura puede fomentar o
eliminar funcionalmente el sistema reflexivo de la adicción, cuya idea es
compatible con la evidencia neuroanatómica de las conexiones bidireccionales
de la corteza insular con la corteza orbitofrontal y la amígdala (Ongür & Price,
2000; Reynolds & Zahm, 2005). En resumen, un sistema basado en esta
estructura podría influir en los sistemas duales de tal manera que las señales

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emocionales iniciadas por estos circuitos impulsados por recompensas
predispongan al adicto hacia el objeto deseado.
Sin embargo, la utilización de los marcadores somáticos es considerada
como un método de influencia sobre el comportamiento muy ineficiente. Según
la teoría del marcador somático la influencia de las emociones sobre la toma de
decisiones en los individuos con dependencia de una sustancia genera una
serie de anormalidades en la expresión del conjunto de los afectos. Sin
embargo, no se han hallado evidencias favorables a esta afirmación (Verdejo-
García & Berchara, 2009). En definitiva, la postura del marcador somático es
controvertida a causa de que los hallazgos empíricos no son concluyentes, bien
por la metodología utilizada o porque no se ajusta al ámbito de estudio.
En este contexto, las teorías de los componentes múltiples necesitan un
estudio pormenorizado, ya que existen escasas referencias en la literatura
científica sobre su eficacia. En cambio, los modelos dimensionales se han
aplicado en una mayor cantidad de estudios con una mayor fiabilidad, pese a
los resultados poco concluyentes de los diversos modelos. El modelo
circumplejo parece que presenta datos más ajustados en la actualidad a la
realidad científica, aunque también presenta problemas (Gondim & Alvaro,
2008).

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