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Teaching, Schooling and Reading

(Spanish)
Enseñanza, Escolarización y Lectura
La Escuela de Bethel
September 01, 1974 |by John Piper topic: Education
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He dicho varias veces que todo lo que trato enseñar en mis cursillos de estudio es cómo leer
bien. Y creo que eso es la única cosa que nosotros en las humanidades debemos hacer. A lo
mejor ahora debería disculparme y explicar por esto.
Leer es el proceso por cual, a través de la lengua escrito, llegamos a entender las ideas de
otras personas. Es probable que sea la manera más eficaz de aprender más de lo que
sabemos de la vida, y para vivir mejor. Se podría empezar de nuevo a aprender cómo es el
mundo y qué debemos hacer, sin tener en cuenta las experiencias de otras personas, pero
eso no sería muy eficaz.. También, se podría tratar aprender por medio de hablar con los
sabios vivos solamente. Pero eso tambien limitaría el conocimiento y ser ineficaz. Por lo
tanto, casi todos estan de acuerdo que aprender leer es importante para que la sabiduría de
los pensadores más sabios sea disponible a través de la lengua escrita.
Una persona que sabe leer bien nunca será dependiente de las enseñanzas de los profesores
vivos. El mejoramiento de tu sabiduría y tu mente no está relacionado con su estar dentro o
fuera de la escuela. Porque casi todos los grandes pensadores de la historia han compartido
su sabiduría en el escrito, y porque casi todos estos grandes libros son disponibles para ser
comprados en las tiendas o prestado de las bibliotecas, entonces una persona que se ha
entrenado lectura buena y activa, y que quiere crecer a ser más sabio, no tiene que depender
de los profesores vivos, ni de las clases de la escuela, ni de las tareas de casa, ni de los
exámenes. En cambio, como un buen lector y como uno que no sea esclava de la televisión
y la radio, tiene una vida útil de crecimiento por delante de él.
Es de suma importancia que los estudiantes de la universidad paran de tratar de llenar sus
cabezas con hechos y en vez de eso empiezan de tratar de formar el hábito de la lectura
fructífera y activa. Casi todos aquellos hechos van a ser olvidados. Sino la habilidad y la
disciplina y el deseo de leer continuarán dando frutos de 30, 60, 100 veces. Es una tragedia
que al día de la licenciatura muchos estudiantes miran al pasado con anhelo que estan
saliendo del lugar de tanto descubrimiento y crecimiento estimulante en vez de sentir que
están acabando un período de formación que los ha apropiado para una vida aventurera de
la lectura estimulante y el descubrimiento. Es un engaño horrible pensar que el aprendizaje
y el desarrollo personal están solo vinculados con la escuela. La lectura buena debe ser la
carrera de una vida. La instrucción – por lo menos en mis clases – es un proceso de
entrenamiento concentrado para ayudarte preparar para esa carrera.

Ministering to Your Pastor (Spanish)


Ministrando a Tu Pastor
August 01, 1978 |by John Piper topic: Church Issues
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The Bible Friend (Vol. 75, No. 8), Minneapolis, MN
Empezamos con un pasaje de Escritura de Romanos 1:8-12. Pablo le dice a la iglesia:
En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, porque
por todo el mundo se habla de vuestra fe. Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la
predicación del evangelio de su Hijo, me es testigo de cómo sin cesar hago mención de
vosotros siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios,
logre ir a vosotros. Porque anhelo veros para impartiros algún don espiritual, a fin de que
seáis confirmados; es decir, para que cuando esté entre vosotros nos confortemos
mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía.
Quiero hablar de nuestra responsibilidad de ministrar a nuestro pastor. Hemos escuchado
muchas veces que todos los cristianos son ministros, de acuerdo con Efesios 4:12.
Enfatizamos en las clases de Escuela Dominical la necesidad de orar el uno por el otro y
animarse en la fe, pero pienso que a veces nos olvidamos que nuestro pastor es uno de
nosotros. Entonces quiero recordar la razón por la que necesitamos ministrar a nuestro
pastor, cómo podemos hacerlo mejor, y qué podemos esperar como resultado.
Primeramente, ¿por qué debemos ministrar a nuestro pastor? La razón es que él es humano
y un amigo creyente como nosotros. Como hombre, él es sensible a las tentaciones así
como nosotros. La fe no es automática para él solo porque es el pastor. No es más fácil
para él ser una persona cariñosa, esperanzada de lo que es para nosotros. Sus recursos en la
batalla de fe no son mejores que los nuestros. Él es uno de nosotros.
Más que eso, las cargas únicas de su llamado demandan nuestra fiel ministración hacia él;
por ejemplo, la preocupación administrativa de ver que cien detalles sean completados. Ni
nos damos cuenta de muchas de esas cosas. También está el llamado de escuchar y
predicar los mensajes de Dios semana tras semana. Nunca pienses que estos mensajes
vienen fácilmente para el pastor. Si son consistentemente bíblicos, requieren mucho trabajo
fuerte. Muchas lágrimas son derramadas en el estudio de los sermones del pastor que no
vienen simplemente. Si nosotros nos sentimos secos espiritualmente quizás no vayamos a
la iglesia o vayamos por una renovación, pero ¿a dónde puede ir el pastor?
Después, hay la preocupación de querer que su iglesia actúe más como Jesús y que sean la
luz del mundo. Pablo dijo a los gálatas (4:19), "Hijos míos, por quienes de nuevo sufro
dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros." Nada pesa más en el corazón
del pastor que cuando su iglesia no crece en fe, amor y rectitud.
Ustedes pueden hacer listas más largas de las presiones del pastor, pero ahora consideremos
cómo podemos ministrar a nuestro pastor.
La mejor manera de sobrellevar las preocupaciones de nuestro pastor es siendo un
Cristiano. Pablo dice en Filipenses 2:2-3, "haced completo mi gozo, siendo del mismo
sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.
Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de
vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo." En otra palabras, nada
podrá refrescar a nuestro pastor como una congregación que es humilde, amable, que se
parece a Cristo. Pablo dijo a la iglesia Romana, "Porque anhelo veros para . . . [que] nos
confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía.” (1:11-
12). Nuestra fe es una fuente de gran ánimo para nuestro pastor. Entonces seamos una
iglesia de creyentes.
Aparte de eso, tengo tres sugerencias específicas de cosas que podemos hacer para ayudar a
nuestro pastor y aumentar los frutos de su ministerio.
1. Orar por él cada día. Escríbelo para no olvidarte. Y no sólo digas, "Señor
bendice al pastor.” Se específico. Ora por su salud, sus mensajes, su
familia, sus visitas, sus defectos y debilidades. Ponte en su lugar y trata
de sentir con él mientras oras.
2. Segundo, haz todo lo posible para dicirle unas palabras de ánimo.
Escríbele una nota en la tarjeta de registración, manda una carta a su
casa de vez en cuando; llámale por teléfono. Habla con él a solas alguna
vez, mírale directamente a la cara y dile, "Aprecio tu trabajo, pastor, y
estoy orando por ti a diario." No te conformes con saludos después del
servicio de Domingo.
3. Tercero, amonéstalo con un espíritu de perdón. Nunca he hablado con
alguien que esté completamente satisfecho con su pastor. Hay un simple
razón: Todo hombre es imperfecto. Parece que algunas personas nunca
comprenden eso y van de iglesia en iglesia en búsqueda del pastor
perfecto. Eso es imposible. Es mucho más importante encontar una
iglesia donde puedes sentirte en casa y considerar tu responsabilidad de
toda la vida el ayudar al crecimiento de tu pastor. Todos desean cambiar
algo de su pastor, pero, ¿cuántos de nosotros nos hemos dedicado a orar
seriamente sobre eso? Y, ¿cuántos se han sentado con él y con un
espíritu humilde y de perdón lo han amonestado para que cambie? Si lo
amamos lo vamos a hacer ... y no da tanto miedo hablar con él.
Esas son unas de las maneras de ministrar a tu pastor. Puedes pensar en otras.
La última pregunta que hice fue, ¿Qué podemos esperar como el resultado de nuestro
ministerio? Podemos esperar un pastor que esta refrescado, lleno de esperanza y listo para
trabajar. Así nuestro ministerio regresará a nosotros como un bumerán y creará gente que
está refrescada, llena de esperanza y lista para trabajar. Entonces el mundo sabrá que Cristo
es real y está trabajando en nosotros.

Christ and Cancer (Spanish)


Cristo y El Cáncer
August 17, 1980 |by John Piper topic: Disease & Sickness
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Romanos 8:18-28
De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que
habrá de revelarse en nosotros. 19 La creación aguarda con ansiedad la revelación de los
hijos de Dios, 20 porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia
voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza 21 de que la
creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la
gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Sabemos que toda la creación todavía gime a una,
como si tuviera dolores de parto. 23 Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que
tenemos las *primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra
adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esa esperanza
fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya
tiene? 25 Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera mostramos nuestra
constancia. 26 Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos
qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden
expresarse con palabras. 27 Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención
del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman,
los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Antes de ingresar en la universidad difícilmente dediqué un pensamiento al cáncer y a las
enfermedades terminales. Pero desde esos días de universidad, la muerte por enfermedad,
ha andado a mi lado todo el camino. Dos universitarios que yo conocía murieron de
leucemia y cáncer de las glándulas linfáticas antes que tuvieran 22 años. En el seminario vi
a Jim Morgan, mí profesor de Teología Sistemática, marchitarse y morir de cáncer
intestinal en menos de un año. Tenía 36 años. En mí programa de Licenciatura en
Alemania, mí propio “tutor de doctorado”, profesor Goppelt, murió de pronto justo antes de
yo haber terminado. Tenía 62 años. Una coronaría masiva. Entonces vine a Bethlehem, ¡la
casa de Dios! Y enseñé por 6 años y vi a estudiantes, profesores, y administradores morir
de cáncer: Sue Port, Paul Greely, Bob Bergerud, Ruth Ludeman, Graydon Held, Chet
Linday, Mary Ellen Carlson- todos Cristianos, todos muertos antes que su tercera década
terminara. Y ahora he venido a Bethlehem y Harvey Ring. Ha muerto. Y pudieras
multiplicar la lista por diez.
¿Qué debemos decir a estas cosas? algo tiene que decirse porque la enfermedad y la muerte
son una amenaza a la fe en el amor y el poder de Dios. Y como un Pastor considero mí
responsabilidad principal el alimentar y fortalecer la fe en el amor y el poder de Dios. No
hay arma como la palabra de Dios para rechazar las amenazas a la fe. Por lo que quiero que
hoy escuchemos cuidadosamente la enseñanza de las escrituras con respecto a Cristo y el
cáncer, el poder y el amor de Dios por encima y en contra de las enfermedades de nuestros
cuerpos.
Hoy considero este mensaje como un crucial mensaje pastoral, porque usted necesita
conocer donde vuestro pastor se apoya en los temas de enfermedad, cura y muerte. Si pensó
que era mí concepción que cada enfermedad era un fallo divino sobre algún pecado en
particular, o que el fracaso después de unos pocos días de oración para ser curado era una
clara señal de fe no autentica, o que en verdad es Satanás el gobernador de este mundo y
que Dios solamente se mantiene sin hacer nada mientras su enemigo causa estragos con sus
hijos-si pensó usted que alguna de esas eran mis nociones, usted se identificaría conmigo
muy diferentemente a lo que lo haría si supiera lo que realmente pienso. Por lo tanto, quiero
decirle lo que realmente pienso y tratar de mostrarle, desde las escrituras que estos
pensamientos no son solo míos, sino que también, confío en los pensamientos de Dios. Así
que quisiera que todo aquel que tenga una Biblia se dirija junto conmigo a (Romanos 8:18-
28).
Hay seis afirmaciones las cuales resumirán mí teología de enfermedad, y al menos la
semilla para cada una de estas afirmaciones este aquí. Leamos el texto:
Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloría
venidera que en nosotros ha de manifestarse, 19 porque el anhelo ardiente de la creación es
el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 La creación fue sujeta a vanidad, no
por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. 21 por tanto, también
la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los
hijos de Dios. 22 Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de
parto hasta ahora. 23 Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las
primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la
adopción, la redención de nuestro cuerpo, 24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la
esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo? 25 Pero
si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 De igual manera, el
Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues que hemos de pedir como conviene, no lo
sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Pero el
que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los Santos. 28 Sabemos, además, que a los que aman a Dios,
todas las cosas ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Mi primera afirmación es esta:
La época en que vivimos, la cual se extiende desde la caída del hombre en el pecado
hasta la segunda venida de Cristo, es una época en la que la creación, incluyendo
nuestros cuerpos, ha sido sujetada a “vanidad” y a “esclavitud de corrupción.”
Versículo 20: “La creación fue sujetada a vanidad” versículo 21: “La creación será
libertada de la esclavitud de corrupción“ la razón por la que conocemos que esto incluye a
nuestros cuerpos, viene dada en el versículo 23: no solo la amplía creación sino nosotros
mismos (i.e. Cristianos) gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción la
redención de nuestros cuerpos“ nuestros cuerpos son parte de la creación y participan en
toda la vanidad y la corrupción a la que fue sujetada la creación.
¿Quién es en este versículo 20 el que sujeto la creación a vanidad y esclavitud de
corrupción? Es Dios. Los otros únicos posibles candidatos a considerar serian Satanás y el
hombre mismo. Tal vez Pablo quiso decir que fue Satanás al traer al hombre dentro del
pecado, o el hombre al escoger desobedecer a Dios- quizás se refiera a uno de ellos como al
que sujeto la creación a vanidad. Pero no puede significar ni Satanás ni el hombre por las
palabras “en esperanza” al final del versículo 20. Esta pequeña frase sujetada “en
esperanza”, da el motivo o propósito del que sujetó la creación a vanidad. Pero no fue la
intención del hombre ni la de Satanás el traer la corrupción sobre el mundo para que la
esperanza en la redención pudiera ser despertada en los corazones de los hombres y que
algún día la “libertad de la gloría de los hijos de Dios” pudiera brillar más radiantemente.
Solamente una persona pudiera sujetar la creación o vanidad con ese motivo o propósito, el
justo y cariñoso creador.
Por lo tanto, concluyo que este mundo permanece bajo la sentencia judicial de Dios sobre
una humanidad rebelde y pecaminosa- una sentencia de vanidad y corrupción universal. Y
ninguno está incluido ni siguiera los preciosos hijos de Dios.
Probablemente la vanidad y corrupción de la que Pablo habla se refiere a ambas ruina
espiritual y ruina física. Por un lado, el hombre en su estado perdido, esta esclavizado a su
imperfecta percepción: Metas mal planteadas, imprudentes meteduras de patas y
entumecimiento espiritual. Por otro lado, hay diluvios, hambrunas, volcanes, terremotos,
maremotos, plagas, mordeduras de serpientes, accidentes automovilísticos, caídas de
aviones, asma, alergias, el catarro común y el cáncer; todo desgarrando y causando estragos
en el cuerpo humano con dolor, llevando a los hombres- todos los hombres- al polvo.
Mientras estamos en el cuerpo somos esclavos de la corrupción. Pablo dijo esto mismo en
otro lugar en 2 Corintios 4:16 dijo, “No desmayamos, aunque este nuestro hombre exterior
(i.e. el cuerpo) se va desgastando (i.e. siendo corrompido) no obstante nuestro hombre
interior se renueva día a día.” La palabra que Pablo utiliza aquí para podrir y corromper es
la misma utilizada en Lucas 12:33 donde Jesús dijo, “asegúrate de que tú tesoro este en el
cielo donde el ladrón no llega y la polilla no corrompe”. Justo como un abrigo en un
caliente y oscuro closet se lo comen las polillas y se arruinan, así nuestros cuerpos, en este
mundo perdido, van a ser arruinados de una forma u otra. Porque toda la creación ha sido
sujetada a vanidad y esclavizada a corrupción mientras dure esta época. Esa es mi primera
mi afirmación.
Mí segunda afirmación es esta:
Hay una época venidera cuando todos los hijos de Dios que han resistido hasta el
“final” en la fe, serán librados de toda vanidad y corrupción, espiritual y físicamente.
Según el versículo 21, la esperanza en la cual Dios sujeto la creación fue que algún día “la
creación misma sería liberada de su esclavitud de corrupción a la libertad de la gloría de los
hijos de Dios”. Y el verso. 23 dice que: “nosotros mismos gemimos dentro de nosotros
mismos esperando ansiosamente nuestra adopción como hijos; la redención de nuestros
cuerpos”. Esto no ha ocurrido todavía. Esperamos. Pero ocurrirá “nuestra ciudadanía esta
en el cielo del cual esperamos un salvador, el Señor, Jesucristo, quien transformara el
cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloría suya”
(Filipenses 3:20-21). “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la última trompeta,
porque se tocara la trompeta y los muertos serán levantados incorruptibles y seremos
transformados” (1 Corintios 15:52). “El enjugara toda lagrima de nuestros ojos y ya no abr
más muertes, ni abr más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”
(Apocalipsis 21:4).
Esta llegando el día en que todo apoyo será tallado y toda silla de rueda será fundida en
medallones de redención. Y Merlin, Reuben, Jim, Hazel, Ruth y todos los demás entre
nosotros haremos ruedas de carros por todo el Reino de los Cielos. Pero todavía no.
Todavía no. Gemimos esperando la redención de nuestros cuerpos. Pero el día esta llegando
y esa es mí segunda afirmación.
Tercera,
Jesucristo vino y murió para adquirir nuestra redención, para demostrar ambos
caracteres de esa redención, espiritual y física, y para un anticipo de ello.
Él adquirió nuestra redención, demostró su carácter y nos dio un anticipo de ello. Por favor
escuche cuidadosamente, porque esta es una verdad malamente distorsionada por muchos
curanderos de nuestros días.
El profeta Isaías anticipó el trabajo de Cristo así en 52:5-6, (un texto que Pedro aplicó a los
cristianos en 1 Pedro 2:24):
Más él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz,
cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos
descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el
pecado de todos nosotros.
La bendición del perdón y la bendición del saneamiento físico fueron compradas por Cristo
cuando murió por nosotros en la cruz. Y todo aquel que le da su vida a él tendrá ambos de
estos beneficios ¿Pero cuándo? Esa de la pregunta de hoy ¿Cuándo seremos sanados?
¿Cuándo nuestros cuerpos no serán más esclavos de corrupción?
El ministerio de Jesús fue un ministerio de sanidad y de perdón. Él dijo a los discípulos de
Juan el Bautista. “vayan y díganle a Juan lo que ven y oyen: los ciegos reciben su vista, los
cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a
los pobres les es anunciado el evangelio. Y aquel que no se ofende de mí es bendecido”
(Mateo 11:4-6). ¿Ofensa? ¿Por qué se ofendería alguien del que resucita a los muertos y
trae el Reino desde hace mucho tiempo esperado? Fácil- solo resucito unas tres personas.
Dejo a cientos en las tumbas, todos a su alrededor. ¿Por qué? ¿Por qué, no suficientes
familiares tenían fe? ¡O no! Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda, en Lucas 7:13-14,
ella no lo conocía a él de ninguna parte. No fue por su fe todo lo que dice es “Tuvo
compasión de ella” ¿Entonces qué? ¿No tuvo Él compasión de todos los otros sepultados en
Israel?
La respuesta a ¿Por qué Jesús no resucitó a todos los muertos? Es que contrariamente a las
expectaciones judías, la primera llegada del Mesías “no” era la consumación y completa
redención de esta época perdida. La primera venida era más bien para adquirir esa
consumación, ilustrar su carácter y traer un anticipo de ello a su pueblo. Por tanto, Cristo
resucito algunos de los muertos para demostrar que él tenía ese poder y que un día vendría
de nuevo y lo ejercería para todo su pueblo. Y sano a los enfermos para mostrar que su
Reino final sería así. No habrá más llanto ni dolor nunca más.
Pero tenemos un anticipo de nuestra redención ahora en esta época. Los beneficios
adquiridos por la cruz pueden ser disfrutados en medida hasta ahora incluyendo la sanidad.
Dios puede y sana a los enfermos ahora, como respuesta a nuestras oraciones. Pero no
siempre. Los traficantes de milagros que garantizan que Jesús lo quiere a usted bien ahora y
amontonan culpa tras culpa en la espalda de la gente de Dios, afirmando que lo único entre
ellos y la salud es no creer haber fallado al entendimiento de la naturaleza de los propósitos
de Dios en esta era perdida. Ellos han minimizado la muerte del pecado y la importancia
del aleccionamiento purificador de Dios y el valor de la fe a través del sufrimiento y son
culpables de tratar de forzar en esta época lo que Dios quiere para la próxima.
Fíjese en el hilo del pensamiento en Romanos 8:23,24, “Nosotros mismos que tenemos las
primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando
ansiosos la adopción, la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos
salvos”...”Por la redención adquirida por Cristo, los creyentes “ya” han recibido el Espíritu
Santo. Esto es como la cuota inicial de nuestra total redención, pero es solamente el primer
fruto, un anticipo. Y cuando Pablo acentúa que nosotros aún nosotros mismos, que tenemos
este Espíritu gemimos esperando la redención de nuestros cuerpos, puede ver que el está
previniendo contra la “falsa” deducción de que porque hemos sido salvos, por lo tanto
nuestro gemir con la decadencia de nuestros cuerpos se acabo. Y sigue para decir en el
verso 24, “Porque hemos sido salvos en esperanza”. Nuestra salvación no está terminada,
esta solo comenzada. Somos salvos solamente “En esperanza”. Esto es verdad moralmente
Pablo dice en Gálatas 5:5, “A través del Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la
justicia.” Y ello es verdad físicamente; esperamos la redención de nuestros cuerpos. Cristo
ha adquirido esa redención, demostrado su realidad física en su ministerio de sanidad y no
nos ha dado un anticipo de ello sanando a muchas personas en nuestros días, pero, a
algunas muy lentamente, algunas solo en parte y otras nada - esa es mí tercera afirmación.
Cuarta,
Dios controla quién se enferma y quién se recupera, y todas sus decisiones son por el
bien de sus hijos, aún si son muy dolorosas y muy duraderas.
Fue Dios quién sujeto la creación a vanidad y a corrupción y el es el único que puede
libertarla de nuevo. En Éxodo 4:11, cuando Moisés se niega a ir a hablarle al Faraón, Dios
le dice ¿Quién hizo la boca del hombre? ¿Quién le hace mudo o sordo, o lo hace ver, o
ciego? ¿No soy yo el Señor? “Detrás de toda enfermedad está finalmente la soberana mano
de Dios. Dios habla en Deuteronomio 32:39. “Ved ahora que yo, yo soy él, y no hay Dios
además de mí; soy yo quien pone la muerte y da la vida. He herido y soy yo quien sane; y
no hay nadie que se pueda librar de mí mano”.
¿Pero que de Satanás? ¿No es él el, el gran enemigo de nuestra totalidad? ¿No nos ataca el
moral y físicamente? ¿No fue Satanás quien atormento a Job? Si fue él. Pero Satanás no
tiene más poder que el que le es asignado por Dios. El es un enemigo encadenado. De
hecho no fue incorrecto decir por el escritor del libro de Job que las llagas afligidas por
Satanás fueron enviados por Dios. Por ejemplo en Job 2:7, leemos, “Satanás partió de la
presencia del Señor, y afligió a Job con llagas detestables desde la planta del pie hasta la
coronilla de la cabeza”. Entonces después que la esposa de Job lo insta a maldecir a Dios y
morir, Job dice, “¿Recibiremos bien” de la mano de Dios” y no recibiremos mal?” Y para
que no pensemos que Job erró al atribuir a Dios sus llagas, afligidas por Satanás, el escritor
agrega en el versículo 10,2 en todo esto “no pecó” Job con sus labios”. En otras palabras,
no es pecado reconocer la soberana mano de Dios, aún detrás de una enfermedad de la cual
Satanás pueda ser la causa más inmediata.
Satanás puede ser astuto pero en algunas cosas es estúpido, porque fracasa para ver que
todos sus intentos para saquear la piedad, son simplemente convertidos por la providencia
de Dios en ocasiones para purificar y fortalecer la fe. El objetivo de Dios para con su
pueblo en esta era no es principalmente librarlo de enfermedad y dolor sino purgarnos de
todos los vestigios de pecado y en nuestra debilidad hacer que nos aferremos a él como
nuestra única esperanza.
Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo [Hijo mío, no
menosprecies la disciplina del señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el
Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo]. 7 Si soportáis la
disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿Qué hijo es aquel a quien el padre no
disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes,
entonces sois bastardos, no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que
nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedecemos mucho mejor al Padre de
los espíritus, y viviremos? 10 Y aquellos, ciertamente por pocos días no disciplinaban como
a ellos les parecía, pero este para lo que no es provechoso, para que participemos de su
santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de
tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido
ejercitados. (Hebreos 12:5-11)
Todas las aflicciones que llegan a los hijos de Dios sea a través de la persecución, o la
enfermedad, están dirigidas por Dios, para incrementar nuestra santidad al hacernos contar
más con el Dios que resucita a los muertos (2 Corintios 1:9) si nos enojamos con Dios en
nuestra enfermedad, estamos rechazando su amor. Porque es siempre por amor que él
disciplina a sus hijos. Es para nuestro bien y debemos buscar para aprender alguna rica
lección de ello. Entonces diremos como el Salmista, “fue bueno para mí que yo fuese
afligido, que yo pueda aprender este estatus... Yo se, o Señor, que tú juicio es justo, y que
por fidelidad me has afligido (Salmo 119:71-75)”. Esa es mí cuarta afirmación:
básicamente, Dios controla quien se enferma y quien se recupera y todas sus decisiones son
por el bien de sus hijos, aun si es grande el dolor y larga la enfermedad. Pero como dice el
último versículo de nuestro texto, Romanos 8:28 “Sabemos que a los que aman a Dios
todas las cosas los ayudan a bien y son llamados acorde con su propósito”.
La quinta afirmación es que
por lo tanto debemos orar para que Dios ayude a ambas cosas, a sanar y fortalecer la
fe, mientras no sanemos.
Es apropiado que un hijo le pide a su padre que le alivie cuando esta en problemas. Y es
peleando que un cariñoso padre da a su hijo solamente lo que es mejor. Y eso es lo que
siempre hace él: Algunas veces sanando al momento y otras no sanando. Pero siempre,
siempre lo que es mejor para nosotros.
Pero si a veces lo mejor para nosotros es no ser sanados ahora, ¿Como sabremos que orar?
¿Como sabremos cuando dejar de pedir que nos sane y pedir solamente la gracia para
confiar en su bondad? Pablo ha enfrentado este problema en su propia experiencia.
Recuerde usted de 2 Corintios 12:7-10, que Pablo no se parecía a Job, le fue dado un
aguijón en la carne al que llamo un “mensajero de Satanás”. No sabemos que clase de dolor
o mal ello fue, pero el dice que oró tres veces para que se lo quitase, pero entonces Dios le
dio la seguridad que aunque orase él no le sanaría. Todavía su gracia sería suficiente y su
poder sería manifestado no en sanar sino en el fiel servicio de Pablo a través del
sufrimiento.
En nuestro texto, en Romanos 8:26,27 Pablo aborda el mismo problema, pensó: mientras
nosotros esperamos la redención de nuestros cuerpos “el Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad; porque no sabemos como orar como debemos, pero el Espíritu en si mismo
intercede por nosotros con gemidos demasiados profundos para palabras y él (Dios) que
busca en los corazones conoce que es la mente del Espíritu porque el intercede por los
Santos de acuerdo con la voluntad de Dios.” A veces todo lo que podemos hacer es gritar
por ayuda porque no sabemos en que forma la ayuda debe venir. El Espíritu de Dios toma
nuestros tropezones inciertas expresiones de necesidad, y las trae ante Dios en una forma
que esta de acuerdo con las intenciones de Dios. Y Dios responde graciosamente y conoce
nuestras necesidades. No siempre como primero teníamos la esperanza, pero siempre por
nuestro bien.
Así que no estemos orgullosos y no nos mantengamos al margen de la estoica orientación a
Dios que el destino ha traído. Más bien corramos a nuestro Padre en oración e imploremos
ayuda en tiempo de necesidad. Esa es mi quinta afirmación.
Sexta y final,
debemos siempre confiar en el amor y el poder de Dios aun en la hora más oscura del
sufrimiento.
Lo que más me molesta acerca de aquellos que dicen que los Cristianos deben ser siempre
sanados milagrosamente, es que dan la impresión de que la calidad o la fe solamente
pueden ser medidas si tiene lugar un milagro de sanidad física, mientras que en muchos del
Nuevo Testamento UD. tiene la impresión de que la calidad de nuestra fe es reflejada en el
gozo y confianza que mantenemos en Dios a través del sufrimiento.
El gran capítulo sobre fe en la Biblia, es Hebreo Capítulo 11. El cual comienza, “Fe es la
certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Lo que a menudo domina en
este capítulo aunque, fue de los ocho versos finales donde conseguimos la objetiva
ilustración de fe como esa que expone aguanta en Dios para que te rescate “del”
sufrimiento y como la que expone aguanta en Dios por la paz y la esperanza “en” el
sufrimiento. Versículo 33:
Todos ellos, por fe, conquistaron Reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon
bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espadas, sacaron fuerza
de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35 Hubo
mujeres que recobraron con vidas sus muertos;
Ahora si dejamos de leer aquí nuestra concepción de como la calidad de la fe se manifiesta
a si misma estaría muy distorsionado, porque aquí suena como si la fe siempre ganase en
esta vida. Pero aquí ocurre un cambio y encontramos que la fe es también el poder para
perder nuestra vida.
Por fe...Otros fueron atormentados, no acertando el rescate a fin de obtener mejor
resurrección. 36 Otros experimentaron oprobios, azotes y, a más de esto, prisiones y
cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a pruebas, muertos a filo de espadas.
Anduvieron de jaca para allá cubierto de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados,
maltratados. 38 Estos hombres, de los cuales el mundo no era digno, anduvieron errantes
por el desierto por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39 Pero
ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido,
40 Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos
perfeccionados aparte de nosotros.
La gloria de Dios es manifestada cuando el sana “y” cuando da un dulce espíritu de
esperanza y paz a la persona que el no sana, por eso ¡También es un milagro de gracia! o,
que podamos ser una persona entre las que Dios esta a “menudo” sanando enfermedades,
pero esta “siempre” motivándonos estar llenos de gozo y paz mientras nuestra enfermedad
permanece. Si somos un pueblo humilde y aniñado que clamamos a Dios en nuestra
necesidad y confiamos en su promesa, el Espíritu Santo nos ayudara y Dios bendecirá
nuestra iglesia con toda bendición posible. El como dice el texto, hará todo junto para
nuestro bien”.
Esa es mi teología de enfermedad en una palabra. Primero, en esta era toda la creación,
incluyendo nuestros cuerpos, a sido sujetada a vanidad y esclavitud de corrupción.
Segundo, viene una nueva era en la que todo aquel que soporte hasta el final en la fe será
librado de todo dolor y enfermedad. Tercero, Jesucristo vino y murió para adquirir nuestra
redención, demostrar sus ambos caracteres (espiritual y físico) y darnos un anticipo de ello
ahora. Cuarto, Dios controla a quien se enferma y quien se recupera, y todas sus decisiones
son para el bien de sus hijos aun si son dolorosas. Quinto, debemos orarle a Dios por ambas
ayudas (sanar y fortalecer la fe) mientras no seamos sanados, y debemos depender de la
intercepción del Espíritu Santo cuando no sabemos porque orar. Finalmente, debemos
confiar siempre en el poder y el amor de Dios aun en la más oscura hora del sufrimiento.
¡O, que podamos ser una asamblea de Santos que desde lo profundo de sus corazones hace
eco de la fe de Joni Eareckson después de una larga lucha con su parálisis y su depresión!
Ella escribió al final de su libro: “la chica que se tornó emocionalmente desconsolada, y
que se alborotaba en cada nuevo conjunto de circunstancias es una adulta ahora, una mujer
que ha aprendido a contar con la soberanía de Dios” (Joni, p 190).
Final Judgment: Eternal Life vs. Wrath
and Fury (Spanish)
Juicio Final: Vida Eterna vs. Ira y Enojo
August 31, 1980 |by John Piper topic: Heaven & Hell
Series: Essential Truth for the Christian Life
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Romanos 1:28- 2:11
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada,
para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación,
perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y
malignidades; 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto
natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que
los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se
complacen con los que las practican. 1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre,
quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo;
porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que
practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que
tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? 4 ¿O menosprecias las
riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía
al arrepentimiento? 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti
mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a
cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan
gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a
la verdad, sino que obedecen a la injusticia; 9 tribulación y angustia sobre todo ser humano
que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, 10 pero gloria y honra y paz a
todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; 11 porque no hay
acepción de personas para con Dios.
La verdad Bíblica que quiero que entendamos, creamos y vivamos hoy es esta: se acerca el
tiempo en el que toda persona responsable, basándose en sus acciones y actitudes, se
encontrará con el juicio final de Dios, ya sea para vida eterna o para ira y enojo. Con esta
oración estoy tratando de responder tres preguntas acerca del juicio final:
1. ¿Quiénes serán juzgados?
2. ¿Basándose en qué serán juzgados?
3. ¿Cuáles son las alternativas que pueden sobrevenir?
Algunos harían otra pregunta primero, específicamente, ¿por qué hablar acerca del juicio?
¿Qué bien hace eso? ¿No hace esto que la vida se oscurezca y lanza una sombra por encima
del brillante campo del amor de Dios? Mi respuesta tiene tres partes.
La Primera razón es que predico acerca del juicio porque este es un tema muy prominente
en las Escrituras, y yo como maestro y pastor tengo la responsabilidad de revelar todo el
consejo de Dios.
Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y
sacudid el polvo de vuestros pies. 15De cierto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad (Mateo
10:14,15).
[Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a
quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos (Hechos 17:31).
Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después
de esto el juicio (Hebreos 9:27).
...si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya
no queda más sacrificio por los pecados, 27sino una horrenda expectación de juicio, y de
hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios (Hebreos 10: 26,27).
No veo la manera en que un pastor pueda negar este tema en las Escrituras y mantener su
conciencia limpia.
La segunda razón por la que predico acerca de este tema es que para algunas personas el
temor al juicio puede ser la única motivación para considerar confiar en Cristo como su
Salvador. Ahora bien, para que estén seguros, existen mejores razones para venir a Dios
que la de escapar del infierno. Pero si el temor es lo único que conmoverá a una persona
para zafarse de la esclavitud al pecado y hacer que confíe en Cristo, entonces, por el bien
del amor de Cristo, que así sea. Hay mejores razones para que un niño obedezca a su padre,
que el temor de una nalgada. Pero si ese temor es lo único que lo mantendrá lejos de la
calle, que así sea, por el la causa del amor. No soy tan vacilante como algunos a la hora de
permitir que las personas sientan miedo. Porque en mis oídos están zumbando las palabras
de Jesús:
No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. 5Pero os enseñaré
a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de
echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed (Lucas 12: 4,5).
La tercera razón por la que predico acerca del juicio de Dios es que este revela parte del
carácter de Dios y así nos ayuda amarle por quien Dios es. Si oír acerca del juicio de Dios
hace que nos sea más difícil amar a Dios, entonces probablemente el Dios que amamos es
un producto de nuestra imaginación y no el real y verdadero Dios. Si vamos a amar al Dios
verdadero debemos conocer al Dios verdadero. Algo anda mal con nuestra fe si no
podemos cantar alabanzas a Dios, no solo como nuestro Padre amoroso sino también como
el justo Juez de toda la tierra. Hoy mientras me preparaba para nuestro servicio de
adoración, revisé dos himnarios buscando un himno que celebrara la gloria del justo juicio
de Dios, y nos llamara a temer como deberíamos, y no pude encontrar uno. Esa es una mala
señal de una teología deficiente y de una relación con Dios atrofiada. Debemos cantar
alabanzas por todo lo que Dios es, en lugar de insinuar con nuestro silencio que, si juzga, él
no es completamente admirable.
Por estas tres razones, considero esencial predicar sobre un texto cuyo tema sea el juicio de
Dios. El texto que he seleccionado es Romanos 1:28-2:11 y la primera pregunta que
debemos tratar de responder en este texto en cuanto al juicio final es, ¿quiénes serán
juzgados? Pablo da la respuesta en los versículos 5 y 6, “Pero por tu dureza y por tu
corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del
justo juicio de Dios, 6el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”. La respuesta simple
es: todos serán juzgados.
Pablo se desvive para hacer entender este punto porque en su época había al menos un
grupo de personas, algunas de las cuales pensaban que no estarían sujetas a juicio,
específicamente los judíos. Fíjense como Pablo aborda el problema. En Romanos 1:20,21
muestra que el gentil típico de su época, que no glorificaba a Dios, no tenía excusa y estaba
sujeto a juicio. Dice,
Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo
que no tienen excusa. 21Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni
le dieron gracias.
En otras palabras, a pesar de que hay suficiente conocimiento adecuado que muestra que
Dios es digno de honor y gratitud, todavía las personas no le honran, ni le agradecen. Sin
excusa alguna están destinados a la ira.
Luego en la última parte del primer capítulo Pablo describe la clase de cosas en las que cae
una persona que no reconoce a Dios. Versículos 28-32:
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada,
para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación,
perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y
malignidades; 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios,
altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto
natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que
los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se
complacen con los que las practican..
Estas eran las clases de cosas que Pablo veía cuando miraba en derredor en la sociedad, la
familia y los negocios de la vida gentil de su época.
Pero en esa sociedad pagana existía un pequeño enclave de personas que miraban al mundo
de los gentiles con desdén, y al juzgar a los gentiles reafirmaban su propio sentido de
seguridad ante el juicio. Sin embargo, según el apóstol no solo los gentiles carecen de
excusa y están sujetos a juicio, sino también los judíos, Este es el punto del capítulo 2,
versículos 1-3:
Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que
juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. 2 Mas sabemos
que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. 3 ¿Y piensas
esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del
juicio de Dios?
Eso es Precisamente lo que Algunos en Israel Suponían.
¿Recuerdan ustedes como al principio Juan el Bautista les predicó a los incrédulos de
Israel: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8Haced, pues,
frutos dignos de arrepentimiento, 9y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A
Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham
aun de estas piedras”? Hubo muchos en Israel que tenían la desacertada noción de que al
pertenecer al pueblo elegido y ser judíos tenían un pase libre en el día del juicio. De modo
que Juan el Bautista, Jesús y Pablo lucharon para hacer entender que aquellos que
rechazaran a Jesús y vivieran en el pecado, serían condenados en el día del juicio fueran
judíos o gentiles. Fue a las ciudades Judías de Corazín y de Betsaida a las que Jesús dijo,
“¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón [ciudades gentiles] se
hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran
arrepentido en cilicio y en ceniza. 22Por tanto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.” (Mateo 11:21, 22). Jesús
cambia la falsa noción que tenían en sus cabezas: En el día del juicio será peor para los
judíos, no mejor, porque su privilegio es mayor.
Y es esto precisamente lo que Pablo nos dice en Romanos 2: 9-11:
...tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y
también el griego, 10 pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío
primeramente y también al griego; 11porque no hay acepción de personas para con Dios
A quienes mucho les es dado mucho se les exigirá. Por tanto, los judíos están primero al
recibir la bendición y van primero hacia el juicio. Ningún hombre es salvo por su raza, su
patrimonio, o su forma externa de religión. Dios no hace distinciones en estas cosas. Él
mira el corazón y a sus desbordamientos en la vida diaria.
El resumen del asunto es dado en Romanos 3:9 y 22-23: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros
mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que
todos están bajo pecado… para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por
cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Y para nosotros esto
significa que en esta habitación, todo el que no ha huido para refugiarse en Cristo y buscar
misericordia y perdón, está bajo la ira de Dios y va camino al infierno. También nos
muestra que no hay grupos de personas de nuestra sociedad que estén excluidos del juicio.
Desde lo más alto del I.D.S. hasta los antros de la Hennepin Avenue. Tanto los presidentes
empresariales como los chóferes de taxi, los congresistas y los custodios, las amas de casa y
las prostitutas, los marineros y las secretarias, los proxenetas y los pastores, todos
estaremos delante de la barra, en la ‘última bifurcación del camino de la vida. Y todo el
dinero, las posesiones, estatus, el poder y los atractivos en los cuales nuestras almas han
pensado refugiarse, pesarán para la justicia de Dios tanto como el polvo que será sacudido
antes de que el juicio pueda comenzar, antes que los asuntos verdaderamente reales de la
vida puedan ser pesados.
Esto nos lleva a nuestra segunda pregunta: ¿Sobre que bases se hará el juicio final? ¿Cuáles
son los asuntos verdaderamente reales de la vida? Pablo lo resume en Romanos 2:6, “[Dios]
pagará a cada uno conforme a sus obras.” Los versículos 9 y 10 son más precisos en cuanto
a qué clase de obras: “tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo [...]
10pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno”. Lo verdaderamente real de la vida
no es la raza, o el oficio, o el estatus, o el salario, o el atractivo, o la religión de formas y
reglas. El asunto es si uno hace bien o hace mal.
Pero espérense un minuto. ¿Es esta la manera en la que el cristianismo se expresa? ¿Qué
hay con la promesa: “cree en el señor Jesús Cristo y serás salvo”? ¿Qué hay con la gracia,
la misericordia y la justificación de los impíos? ¿No dijo Pablo en Tito 3:5 que Dios “nos
salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por
el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”? Y en Efesios
2:8, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe”. ¿Cómo puede ser que seamos salvos por la
gracia, por medio de la fe, no por obras, y sin embargo ser juzgados conforme a nuestras
obras en el juicio final?
Algunas personas resuelven esta aparente contradicción diciendo que Romanos 2 describe
un juicio en el cual las personas de Dios no tienen parte. Es solamente para los incrédulos.
Yo creo que esa solución es lo contrario de la intención de Pablo y de la enseñanza de
Jesús. Pablo dijo, “[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras”, no sólo a los
incrédulos. Está claro como el sol que Pablo cree que existe un estilo de vida que lo excluye
puede excluirnos del Reino de Dios y por ende los cristianos no viven así. Por ejemplo, en
Gálatas 5:19-21 previene a los cristianos de las obras de la carne los pleitos, celos,
contiendas, herejías, envidias, borracheras, etc., porque “los que practican tales cosas no
heredarán el reino de Dios” (similar a 1ra a los Corintios 6:9-10 y Efesios 5: 5). El juicio
final será conforme a nuestras obras.
El mismo Jesús fue aún más fuerte enfatizando que definitivamente usted no puede pasar el
día del juicio si su vida no ha sido cambiada al guardar los mandamientos de Dios. Por
ejemplo, Mateo 6:14,15: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará
también a vosotros vuestro Padre celestial; 15mas si no perdonáis a los hombres sus
ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Consideren la parábola de
los dos cimientos, Mateo 7:24-27. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace,
le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió lluvia,
y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque
estaba fundada sobre la roca. 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le
compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia,
y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue
grande su ruina”. Ésta es una imagen del juicio y la cuestión es: ¿Has actuado conforme a
las palabras de Jesús?
Tomemos otro ejemplo de Jesús, porque éste ofrece la pista para resolver nuestro problema
de ¿cómo podemos ser salvos por la gracia por la fe y sin embargo todavía el juicio final
será conforme a las obras? En Mateo 12:34-37 Jesús dice a los fariseos
¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la
abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón
saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. 36 Mas yo os digo
que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
Aquí está la pista crucial: en el día del juicio seremos juzgados conforme a nuestras obras,
incluyendo los actos de nuestra lengua, porque los actos son el reflejo infalible de lo que
abunda en el corazón. “porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Se puede
juzgar un árbol por sus frutos y juzgar un corazón por sus obras. En verdad el asunto no es
si somos salvos por la fe en Cristo o por las buenas obras; el asunto es: en el día del juicio
¿cómo mostrará Dios que su juicio es justo? Y la respuesta es, él certificará ante el mundo
que tenemos una fe salvadora al llamar a nuestras obras a testificar acerca de la veracidad
de esa fe.
En el tribunal del juicio del reino de Dios todo el mundo estará reunido frente al Juez justo,
y todos serán culpables de agravio capital. Sin embargo algunos serán declarados inocentes
y serán otros condenados. La razón más profunda para esta separación es que un grupo ha
sido perdonado debido a su identificación con Cristo mediante la fe, y el otro no. Pero lo
que Pablo está enseñando en Romanos 2:7-10 es que en ese tribunal un testigo será llamado
a testificar de la veracidad de nuestra fe o de su ausencia. Y ese testigo será ‘nuestras
obras’, como podemos apreciar en Romanos 1:28-32 que incluye tanto las obras de la
mente como las del cuerpo, las actitudes como las acciones.
Es por gracia que somos salvos mediante la fe; y esta no es nuestra, sino que es regalo de
Dios. Pero el corazón que está lleno de fe se desbordará en actitudes y acciones muy
diferentes de las que se desbordan del corazón incrédulo. Por tanto, nuestras obras
testificarán, sinceramente, acerca de la autenticidad o ausencia de la fe, y no es
incongruente para Dios juzgarnos conforme a nuestras obras. Debemos entender que este
juicio conforme a nuestras obras, no quiere decir que nos ganamos nuestra salvación.
Nuestras obras no ganan, ellas exhiben nuestra salvación. Nuestras obras no son el mérito
de nuestra justicia, sino la señal de nuestra nueva vida en Cristo. Nuestras obras no son
suficientes para hacernos merecedores del favor de Dios, pero demuestran nuestra fe. Por
favor mantengan esta distinción clara en sus mentes, respecto a nuestras actitudes y
nuestras acciones: Ellas no ganan, ellas exhiben; ellas no ameritan, ellas señalan; ellas no
nos hacen merecedores, ellas demuestran. Y por tanto, “[Dios] pagará a cada uno conforme
a sus obras,” Incluyendo a los cristianos.
Nuestra tercera y última pregunta, muy brevemente: ¿Cuáles son las alternativas en el
juicio? Pablo responde en los versículos 7 y 8:
vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,
8pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen
a la injusticia.
Vida eterna o ira y enojo de Dios, éstas son las dos alternativas. En 2da a los
Tesalonicenses 1: 9 Pablo habló de aquellos que no obedecen el evangelio y dice, “os
cuales sufrirán pena de eterna perdición”. Jesús concluye la parábola del gran juicio final,
en Mateo 25: 46, con estas palabras: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida
eterna.”
El infierno es la realidad más espantosa que podemos imaginar. Ningún horror o
sufrimiento en la historia puede ser comparado con lo que Juan llama el “lago de fuego” y
donde Jesús dice que “el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos
9:48). Andar por la vida desconfiando y desobedeciendo al Dios infinito, es un pecado
infinito, y será castigado con tormento eterno.
Pero si el infierno es infinitamente horrible para poder imaginarlo, la vida eterna en la
presencia de Jesús Cristo es infinitamente hermosa para contemplarla en nuestras mentes.
La felicidad que los santos tendrán en la Era venidera será más satisfactoria que todos los
momentos de gozo experimentados por todos los hombres en la historia. ¿Ha existido
alguna vez un momento en el que usted haya pensado que reventaría porque estaba
demasiado feliz? Multiplíquelo por mil veces y que aumente continuamente por toda la
eternidad, y tendrá alguna noción de lo que la vida eterna con Cristo significará.
Concluyo con un resumen de las respuestas a nuestras tres preguntas.
1. Todas las personas sin excepción pasarán por el juicio final de Dios.
2. El juicio será conforme a las actitudes y acciones, que son una señal segura de la
autenticidad o ausencia de fe en Cristo.
3. Las alternativas en el camino llevan o hacia la vida eterna o hacia la ira y el enojo.
Si todavía no lo ha hecho, ¡decídase por la vida! ¿Por qué perecer? Confíe en Cristo y haga
Su voluntad. Y para los que ya aman a Cristo, deléitense en la más gloriosa esperanza que
puedan imaginar, y todo lo que hagan que provenga de la fe.

How Is It Right to Justify the Ungodly?


(Spanish)
¿Cómo Puede Ser Correcto Para Dios Justificar al
Impío?
September 07, 1980 |by John Piper topic: Justification
Series: Essential Truth for the Christian Life
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Romanos 3:20-4:5
En el corazón de nuestro evangelio hay una verdad que a primera vista ofende el sentido
judicial de las personas perspicaces. Ese sentido judicial está expresado por el sabio del
Antiguo Testamento en Proverbios 17:15 el cual dice, “El que justifica al impío, y el que
condena al justo, Ambos son igualmente abominación a Jehová”. (cf. Proverbios 24:24).
Nosotros derribamos llenos de indignación a los jueces que absuelven al culpable. Nuestra
sensibilidad moral es ultrajada cuando al mal y la culpa no se le dan sanciones legales. Sin
embargo en el corazón de nuestro evangelio permanece la oración: Dios justifica al impío
que cree en Él. Dios absuelve al culpable. ¡Esto es el evangelio! ¿Pero cómo puede ser
correcto para Dios hacer esto?
¿Por qué Se Debe Reflexionar Sobre Esta Cuestión?
Alguien podría decir, ‘No te preocupes con el por qué Dios es justo cuando hace lo que
hace. Si dice que lo hace, sólo confía en que es lo correcto. No dudes de tu Creador’. Ahora
bien, yo admiro una confianza tan fuerte en la justicia de Dios. Y es cierto que Dios es
bastamente más sabio, más elevado, y más profundo que nosotros, tanto que lo que a
primera vista para nosotros puede parecer incorrecto, es correcto cuando todo lo que Dios
conoce es tomado en cuenta. Pero el deseo de conocer cómo puede ser correcto para Dios
absolver al culpable, no fluye necesariamente de la duda. Existen al menos otras dos
razones que nos mueven a hacer esta pregunta:
Una es las ansias de admirar la profundidad de la sabiduría de Dios. Cuando usted admira
la perspicacia fisiológica dentro de los misterios del cuerpo humano, sus preguntas “¿cómo
puede ser esto?, ¿cómo puede ser aquello?” no necesariamente vienen de la duda. Pueden
venir del puro deleite que nos proporciona ver la asombrosa complejidad de la forma en
nuestros cuerpos funcionan. Considero una señal muy importante de que una persona ama a
Dios, si desea conocer mejor a Dios, ver aun más profundo dentro del corazón divino, para
admirar y adorar y disfrutar de Dios más intensamente.
La otra razón para querer saber cómo es correcto para Dios justificar al impío, es el deseo
de eliminar tantas piedras de tropiezo innecesarias como sea posible, que nos impidan
aprobar razonablemente la manera de actuar de Dios. El deseo de exonerar a Dios no es
malo mientras no distorsionamos su verdad para hacerlo aceptable ante las personas de
mente mundana. Si Dios ha revelado el ‘cómo’ y ‘por qué’ de su acción, entonces no
deberíamos vacilar en explicarlos claramente, para ayudar a las personas a ver, y así,
sincera y razonablemente aprobar la sabiduría y justicia de Dios.
Es obvio por Romanos 3:21-26 que Dios ha dado una respuesta a nuestra pregunta y por
tanto debe querer que la consideremos. Eso es lo que quiero que hagamos ahora en la
preparación de nuestro servicio de Santa Cena. Sigamos el pensamiento de Pablo aquí en
estos versículos.
El Problema de la Justicia de Dios
Hasta el versículo 21 de Romanos 3, Pablo ha mostrado que todos los hombres están bajo
pecado y quedan bajo el juicio de Dios (ese también ha sido el punto de nuestros dos
últimos mensajes de los domingos por la mañana). Ahora Pablo dirige su atención hacia el
remedio de la enfermedad universal, que es el pecado, y al juicio. “Pero ahora, aparte de la
ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la
justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él”. Esta es la
mejor noticia del mundo para quienes sentimos nuestra culpa ante Dios y conocemos que
nuestra justicia es completamente inadecuada para ganar el favor de Dios. La buena noticia
es que Dios, en su gran amor, ha provisto una justicia disponible para todo aquel que
encuentre su confianza para la vida, en Jesucristo. No podemos trabajar para ganarnos este
regalo, ameritarlo, o merecerlo; pero está allí para todo aquel que ponga su esperanza en
Cristo. Romanos 4:4-5 deja esto claro: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como
gracia, sino como deuda; 5mas al que no obra [i.e. no trata de ganar, ameritar, o merecerse
el regalo de Dios], sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”.
La buena noticia es que existe un indulto gratuito para el culpable que deja de tratar de
impresionar a Dios y a los hombres, y en lugar de eso, descansa en Jesús. No existe
medicamento humano o recreo que pueda tranquilizar a la conciencia culpable como puede
hacerlo esta verdad. Anhelo que usted la tome para sí y salga hoy de este lugar con la
verdad de Cristo.
Pero ahora esta inmensamente buena noticia creaba un problema para el apóstol Pablo, con
el cual, con la ayuda de Dios, lidia en los versículos 24-26. El versículo 24 dice “…siendo
justificados gratuitamente por su gracia”. Pero no se detiene ahí. Va más profundo y da las
bases o los cimientos de la justificación. La absolución del culpable tiene lugar sobre las
bases de una transacción divina que ocurre en la experiencia de Cristo. Esta transacción es
llamada “redención” en el versículo 24, es decir, compra o rescate. Algo ocurrió en la
muerte de Jesús que es tan estupendo que sirve como base para perdonar a millones y
millones de pecadores que confían en Cristo. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Pablo da la respuesta en los versículos 25 y 26: “… a quien Dios puso como propiciación
por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por
alto, en su paciencia, los pecados pasados”.
Aquí vemos el problema que la justificación del impío causaba para Pablo. La justicia de
Dios está llamada a ser cuestionada por haber pasado por alto los pecados. Dios está ahora
pasando por alto los pecados de aquellos que confían en Jesús. Y el capítulo 4 en los
versículos 6 al 8 muestra que Dios ha estado haciendo lo mismo durante generaciones, a los
que confían en él. “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien
Dios atribuye justicia sin obras, 7diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son
perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no
inculpa de pecado”. Dios ha pasado por alto los pecados de ancianos cuando justificó a
Abraham y a David por fe, y ahora está pasando por alto los pecados de todos los que
confíen en Jesús. Y Pablo dice en el versículo 25 que a causa de esto la justicia de Dios está
siendo cuestionada, tanto que tiene que demostrar su justicia poniendo a Cristo como
propiciación mediante la fe en su sangre.
Pero ¿por qué está siendo cuestionada la justicia de Dios cuando pasa por alto los pecados y
justifica al impío? La razón no es que esto confirmará a los pecadores en su perversidad y
perpetuará su pecado, fue evidente por el mensaje del domingo pasado que la fe salvadora
siempre transforma al pecador. Dios siempre santifica a aquellos que justifica. Por tanto, el
perdón del culpable no regresa a los violadores a las calles, produce transformación
mediante el Espíritu Santo (lo que es el tema de que quiero hablar el próximo domingo).
Así que la justificación del impío no llama a la justicia del Dios a ser cuestionada porque
podría perpetuar el pecado. La verdadera razón, pienso yo, es que el pecado siempre es un
desprecio hacia la gloria de Dios, y por tanto al Dios pasarlo por alto, parece como si
estuviera de acuerdo en que su gloria carece de valor. Ello hace que Dios parezca como si
no fuera honesto consigo mismo. Ello hace ver a Dios como si ya no tuviera el propósito de
demostrar su gloria o preservar su honra. Pero si Dios niega su propio infinito valor,
entonces no solo está dejando de ser verdadero consigo mismo, sino que también la gloria
por la que su pueblo ha esperado es devaluada de su valor supremo. Esto sería el ultraje
supremo y colmo de la injusticia.
La razón por la que pienso que es esta horrible posibilidad la que llama a la justicia de Dios
a ser cuestionada es que en Romanos 3:23 y 1:21, la esencia del pecado parece ser
rehusarnos a glorificar y honrar a Dios. El versículo 23 dice: “por cuanto todos pecaron, y
están destituidos [o privados] de la gloria de Dios” Romanos 1:21-23 explica lo que esto
quiere decir, “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron
gracias […] profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios
incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de
reptiles”. El hombre natural siempre se deleita más en la gloria de las cosas creadas que en
la gloria de Dios. Y al hacer eso cambia la gloria de Dios y por lo tanto queda destituido o
privado de ella.
Por tanto, cuando Dios pasa por alto un pecado que tanto menosprecia su gloria parece
como si considerara que su gloria carece de valor. Pero sería incorrecto que Dios no
preservara su honra, ni la mostrara. Él estaría siendo injusto si actuara de esta manera. Ese
es el meollo del problema de Pablo con la justificación del impío. Esto hace ver a Dios (al
absolver a personas que han pisoteado su gloria en el lodo) como si ya no valorara su
gloria.
La Reivindicación de la Justicia de Dios
Su solución, en una palabra, es la muerte de Cristo. Según el versículo 25, Dios pone a
Cristo como propiciación “por medio de […] su sangre”, i.e. por medio de su muerte.
¿Cómo podría Dios mantener el valor de su propia gloria y todavía ser justo; y, sin
embargo, justificar al impío cuyo pecado ha mancillado y despreciado esa gloria? La
respuesta dada en los versículos 25 y 26 es: Enviando a Cristo a morir y demostrando así la
justicia de Dios. Pero ¿cómo la muerte del Hijo de Dios demostraba la justicia de Dios, su
lealtad al valor de su propia gloria?
Pablo no nos explica esto claramente, en detalles, pero pienso que podemos unir
brevemente las piezas. Conocemos de otras Escrituras que todo lo que Jesús hizo en su vida
y muerte, lo hizo para la gloria de su Padre. Por ejemplo, cuando Jesús se aproxima a la
hora de Su muerte, dice, “Hora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta
hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una
voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez” (Juan 12:27-28). Luego, cuando
Judas había partido de la Última Cena, y su muerte era inminente. Dijo, “Ahora es
glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él” (Juan 13:31). Finalmente en la
gran oración de Jesús en Juan 17, ve su muerte como casi completa y dice “o te he
glorificado en la tierra [Padre]; he acabado la obra que me diste que hiciese” (17:4).
Lo que vemos en este texto es que todo lo que Jesús sufrió, lo sufrió para el bien de la
gloria de Dios. Por tanto, todo su dolor, vergüenza, deshonra, y humillación sirvió para
magnificar la gloria del Padre, porque mostró cuan infinitamente valiosa es la gloria de
Dios, de manera que una perdida como esa debía ser sufrida por su bien. Cuando miramos a
la terrible muerte que sufrió el perfectamente inocente e infinitamente valioso Hijo de Dios
en la cruz, y escuchamos que sufrió todo eso para que la gloria de su Padre pudiera ser
restaurada, entonces sabemos que Dios no ha negado el valor de su propia gloria. Dios no
ha dejado de ser verdadero consigo mismo, no ha dejado de defender su honra y mostrar su
gloria, él es justo. La horrible muerte del Hijo es el medio por el cual el Padre puede ser
ambas cosas, justo, y el único que justifica al impío que tiene fe en Jesús.
Este es un pensamiento glorioso. Nuestra justificación no está basada en una
sentimentalidad débil. Está basada en la inconmovible Roca de la inaccesible justicia de
Dios, demostrada en la muerte y certificada en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Oro para que la Palabra sea una raíz profunda y una gran fortaleza a nuestra fe cuando
conmemoremos la muerte de nuestro Señor juntos.

Christ Did Not Send Me to Baptize


(Spanish)
Cristo No Me Envió a Bautizar
November 16, 1980 |by John Piper topic: Baptism
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1 Corintios 1:10-17
Me sorprende el que Pablo haya dicho, "Cristo no me envió a bautizar," cuando en realidad
una de las últimas cosas que Jesús dijo a sus discípulos fue, "Vayan y hagan discípulos en
todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo."
Para poder comprender lo que Pablo quiso decir al negar que haya sido enviado a bautizar,
tenemos que responder cuatro preguntas:
1. ¿Pablo se oponía al bautismo o trataba de desanimar a los conversos de
ser bautizados?
2. ¿Por qué Pablo no hizo una costumbre de bautizar a todos los nuevos
conversos?
3. ¿Cuál era el objetivo de la misión de Pablo?
4. ¿Qué supone todo esto sobre nuestra visión del bautismo?

¿Pablo se Oponía al Bautismo o Trataba de Desanimar a los Conversos


de ser Bautizados?
1) En primer lugar, ¿se oponía Pablo al bautismo o trataba de desanimar a los conversos de
ser bautizados? En las otras cartas de Pablo y por lo que podemos ver en el libro de los
Hechos, la respuesta es No. Al contrario, Pablo asumía que todos los creyentes a los que
escribía eran bautizados, y una gran parte de sus enseñanzas se basaban en esta experiencia
común para todos los creyentes. Por ejemplo, en Romanos 6:3 Pablo dice, "¿O no sabéis
que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su
muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin
de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en novedad de vida." Aquí Pablo asume que todos los creyentes han
experimentado el bautismo y que se les ha enseñado su significado. Otro ejemplo es la carta
de Pablo a los Colosenses, capítulo 2, verso 12, cuando dice a todos los cristianos, "Fuisteis
sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la
fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos." Aquí de nuevo Pablo no habla del
bautismo como una opción que algunos creyentes toman y otros no. El asume que éste es el
acto por el cual la gente expresaba su fe y se salvaba. (Debo mencionar que la oración
"mediante la fe" en Colosenses 2:12 es una de las principales razones por las que practico el
bautismo de los creyentes y no de los niños.) Sin embargo parecería, por las cartas de Pablo
que no se oponía, sino que más bien aprobaba el bautismo y basaba parte de sus enseñanzas
en él.
Lo mismo vemos en el libro de los Hechos, que registra el trabajo misionero de Pablo. En
primer lugar, el mismo Pablo fue bautizado luego de su conversión. Hechos 9:18 dice:
"Pablo recobró la vista; y se levantó y fue bautizado. Tomó alimentos y cobró fuerzas." Los
varios incidentes sucedidos en las jornadas misioneras de Pablo demuestran que Pablo no
desanimaba a sus conversos de ser bautizados, al contrario, los animaba a hacerlo. En
Hechos 16 Pablo predica en Filipo y los versos 14 y 15 describen lo que le sucedió a una
mujer llamada Lidia: "y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviera atenta a lo que
Pablo decía. Y fue bautizada ella y su familia." El mismo capítulo registra cómo Pablo poco
después fue puesto en prisión en Filipo y hubo un terremoto que abrió las puertas y les dio
la oportunidad a Pablo y Silas de llevar al carcelero a creer en Cristo justo ahí en medio de
la noche. Veamos cómo sucedió esto (versos 30–33): "Señores, ¿qué debo hacer para ser
salvo? (dijo el carcelero) Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu
casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él,
tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó
él con todos los suyos." Este hecho demuestra que Pablo realmente quería ver a sus
conversos bautizados—y pronto.
Pero podría ser que la iglesia que Pablo comenzó en Corinto era diferente, y por eso Pablo
les escribió diciéndoles "¿acaso he bautizado a alguno de ustedes"? En Hechos 18:11
vemos que Pablo trabajó en Corintio alrededor de un año y medio, y el verso 8 dice, "y
muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados." De manera que Corinto no era
diferente de todos los otros lugares a los que Pablo fue: sus conversos siempre fueron
bautizados.
Pero lo interesante en Hechos es que nunca leemos que Pablo era quien bautizaba. Esto
concuerda con lo que nos dice en 1 Corintios 1:14, es decir, que bautizó solo a un pequeño
grupo de sus muchos conversos. El está agradecido de no haber acostumbrado bautizar a
sus conversos.
¿Por qué Pablo no Bautizaba a Sus Propios Conversos?
2) Esto nos lleva a nuestra segunda pregunta: ¿Por qué Pablo no hizo una costumbre el
bautizar a todos sus nuevos conversos? ¿Por qué evidentemente dejó que Timoteo o Silas, o
Lucas realizaran la inmersión en agua? La respuesta que Pablo nos da en 1 Corintios 1:15
es esta: Evito hacer lo bautiza, por que ninguno de mis convertidos será la tentación de
decir que fueron bautizados en mi nombre. ¿Que es la base de esta preocupación?
Pablo tenía tremenda autoridad en la iglesia naciente. Había visto a Cristo resucitado y
había sido comisionado por él para enseñar a las iglesias. Había un riesgo, entonces, de que
él fuera idolatrado y que la gente se jactara orgullosa de haber sido bautizada por Pablo.
Aparentemente este orgullo equivocado había comenzado a crecer en la iglesia de Corinto,
y se estaban dividiendo diciendo "Yo soy de Pablo, o yo soy de Apolo o yo soy de Cefas."
El cuerpo de Cristo en Corinto estaba siendo dividido por el alardeo de diferentes facciones
en relación a su maestro favorito.
Pablo quiere detener este alardeo y las divisiones que estaba causando. De manera que en
3:5 dice, "Quién, pues, es Pablo, y quién es Apolos? Servidores por medio de los cuales
habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó;
pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino
Dios, que da el crecimiento." Luego en 3:21 hace una deducción. "Así que, ninguno se
gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el
mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y
vosotros de Cristo, y Cristo de Dios." En otras palabras, como él dice en 1:31, "Pero EL
QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR."
Pablo trataba de no hacer nada que distrajera la atención del Señor Jesucristo y del poder de
su cruz (1:17). Podría ser que al comenzar su ministerio descubrió que cuando él bautizaba
a sus propios conversos, ellos se sentían tentados a jactarse de ello. De manera que dejó que
sus asociados realizaran casi todos los bautizos, para desviar la atención de si mismo hacia
Cristo.
¿Cuál Era el Objetivo de la Misión de Pablo?
3) Esto nos lleva a nuestra tercera pregunta: ¿Cuál era el objetivo de la misión de Pablo? Él
dijo, "Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio, y no con sabiduría de
palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo." Pablo podía delegar a otros para que
bauticen, pero no podía delegar que prediquen el evangelio. El evangelio es el poder de
Dios para la salvación de todos aquellos que creen; el bautismo es una expresión simbólica
de esta fe. El evangelio es la buena nueva de que todo el que recibe a Cristo como su
Salvador y Señor será salvo. El Bautismo es un pedido a Dios para obtener esta salvación.
Entonces, la predicación del evangelio es lo más importante, y el trabajo de Cristo en la
cruz es mucho más importante que el trabajo de cualquier hombre en el bautismo. Lo que
importa no es quién te bautiza sino en quién eres bautizado.
La misión de Pablo era enaltecer a Cristo y salvar a los hombres predicando el evangelio.
Estaba dispuesto a dejar cualquier cosa que se interpusiera en su misión.
¿Cuál Debería Ser Nuestra Visión del Bautismo?
4) En conclusión ¿qué implica todo esto sobre nuestra visión del bautismo? El bautismo es
un acto de obediencia al mandamiento de Jesús (Mateo 28:19, 20). Por esa razón nunca
debe desviar nuestra atención de Cristo hacia un hombre. Debe expresar nuestro deseo de
confiar únicamente en Cristo para ser salvos y gloriarse solo en él. El centro de nuestra
atención en este acto no debe ser el método, o el lugar, o la persona que nos está
bautizando, sino Jesucristo, su muerte por nosotros y su gloriosa resurrección. Que éste sea
nuestro enfoque hoy para su honor y gloria. "Aquel que se gloríe, que se gloríe en el
Señor."

A Promise for You! (Spanish)


¡Una Promesa para Ti!
January 20, 1981 |by John Piper topic: Hope
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"Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien...
me regocijaré en ellos haciéndoles bien" (Jeremías 32:40, 41).
Esa es una de las promesas de Dios que regreso a ver a una y otra vez cuando siento
desanimado (si, eso puede suceder con pastores). ¿Puedes pensar en otra verdad más
animadora que esa, que Dios regocija en hacerte bien? Él no cumple Su promesa de mala
gana (Romanos 8:28). Es Su gozo hacerte bien. Y no solamente a veces. ¡Siempre! "No me
apartaré de ellos, para hacerles bien."
Pero a veces nuestra situación es tan difícil soportar que no podemos encontrar ningún
gozo. Cuando eso pasa a mí, trato a imitar a Abraham: “El creyó en esperanza contra
esperanza" (Romanos 4:18). Dios ha sido fiel para guardar la chispita de fe para mi y
eventualmente (no en un instante) para avivarlo a ser fuego, formando llamas de felicidad y
confianza completa.
¡O estoy tan agradecido que la cosa que hace Dios Todopoderoso sentir más feliz es hacer
el bien para ti y para mí!
Descansando en la Promesa,
Pastor John
Jesus Is Precious Because He Removes
Our Guilt (Spanish)
Jesús es Precioso Porque Elimina Nuestra Culpa
February 21, 1982 |by John Piper topic: Justification
Series: The Truth & Beauty of Jesus Christ
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Romanos 3:19-26
Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda
boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la
ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el
conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de
Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber
pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este
tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
La culpa es una experiencia universal. Todos alguna vez han tenido la mala sensación de no
hacer lo que debieron haber hecho. Hasta los que niegan que exista tal cosa como el bien y
el mal, quedan atrapados por la ley de Dios escrita en sus corazones. Pretenden probar que
no existe tal cosa como el bien y el mal y que todas las éticas son relativas y arbitrarias,
pero terminan diciendo que es bueno para estar de acuerdo con ellos y es malo no estarlo.
Nadie jamás ha borrado exitosamente el sentido del deber que Dios escribe en cada alma
humana. Nuestras sensibilidades morales pueden estar tan pervertidas que se oponen por
completo a las de Dios, pero todos sienten que deben hacer ciertas cosas y otras no. Y todos
sabemos que no hemos hecho todo lo que debimos haber hecho, o sentido lo que debimos
haber sentido. Y alguna que otra vez esto nos ha hecho sentir mal. A dejar de hacer lo que
debimos haber hecho, lo llamamos: culpa. Y a los malos sentimientos que a menudo le
acompañan, les llamamos: sentimientos de culpa o remordimientos de conciencia.
Si nuestra conciencia es sensible, estos sentimientos pueden producir tanta miseria que
podríamos ser tentados a cometer suicidio. Muy a menudo buscamos otras vías para
disminuir el cargo de conciencia. Existen al menos tres vías por las que las personas
contemporáneas tratan de resolver el problema de la culpa: las intelectuales, las físicas, y
las religiosas. Por ejemplo, entre las vías intelectuales existe la enseñanza de que la culpa se
debe a expectativas no reales que ponemos sobre nosotros mismos. Por supuesto, fallamos
y hacemos lo malo, pero somos solo seres humanos y es irrazonable esperar demasiado de
nosotros. Así disminuyen las expectativas puestas en su propia virtud y tendrá menos culpa.
Otro método es decir que nuestros principios morales son anticuados y restrictivos. Son
producto del accionar gastado de la ética protestante, o son residuos de la mojigatez
puritanita de las costumbres victorianas. Usted resolvería sus problemas de culpa si saliera
de esa época y dejara de vivir en las oscuras épocas de la ética. Una de las más asombrosas
estrategias para manejar la culpa en los últimos diez años ha sido la enseñanza de que
algunas de las cosas que todos pensamos que eran vicios son, en realidad, virtudes, ¡y no
tenerlas es malo! Como: la codicia, y la intimidación, y la auto exaltación. (Ellen Goodman
tenía una editorial en el periódico Friday’s acerca de seminarios que se ofrecían sobre
como casarse por dinero. Un libro acerca de cómo la intimidación se utiliza para tener éxito
en las ventas. Y todo, desde R.C hasta el queso fresco, es vendido con la palabra YO en
letras mayúsculas). Para muchos ha sido muy prometedor resolver sus problemas de culpa
uniéndose a la campaña de convertir los vicios en virtudes.
Pero aun cuando los 70’s fueron marcados por una asombrosa multiplicación de las
estrategias intelectuales para resolver el problema de la culpa, las tradicionales vías físicas
todavía predominan. Para los que no tienen suficiente cerebro para pensar en una forma de
salir de los sentimientos de culpa, siempre se puede recurrir el alcohol, y más
recientemente, otras drogas. Pienso que la mala conciencia es la raíz principal del
alcoholismo. Se puede decir que fue el estrés lo que le llevó a beber, o que fue el dolor y la
soledad lo que le llevó a beber. Pero ¿no es que sintieron que en lo profundo debieron ser
capaces de poder con el estrés, y el dolor, y la soledad; y que lo que querían ahogar era la
creciente culpa de su fracaso? Por supuesto, el alcohol y las drogas no son las únicas vías
para escapar de la culpa. Algunas personas hablan, hablan incesantemente, y nunca
escuchan en silencio, no sea que escuchen algo que no quieren oír. Algunas personas se
dedican día y noche a los juegos, y a los pasatiempos, y a los deportes. Algunas mantienen
la televisión encendida todo el día para crear una lluvia constante de sonido e imágenes en
sus mentes que los proteja de lo que Simón y Garfunkel llamaron “Los inquietantes sonidos
del silencio.”
Pero la táctica más antigua y reverenciada para evitar la miseria de la culpa, es la religión.
Esta táctica puede ser la más engañosa, porque es la que más se acerca a la verdad.
Reconoce lo que generalmente ignoran las estrategias intelectuales y físicas: que la causa
suprema de la culpa es que existe un Dios justo cuya voluntad para sus criaturas es ignorada
o desobedecida. Reconoce que bajo cada remordimiento de conciencia en el alma humana
está la silenciosa, y a menudo inexpresada convicción, “He ido en contra de Dios”. Los
caminos o modos que la religión ha desarrollado para lidiar con ésta culpa, es tratar de
aplacar o apaciguar a Dios con buenas obras o rituales religiosos. Los religiosos conocen
que tienen una gran deuda con Dios debido a su desobediencia. Pero a menudo cometen el
terrible error de pensar que pueden pagarla mediante las buenas obras y la ejecución de
deberes religiosos.
Pienso que si nos tomamos el tiempo, y fuésemos bien cuidadosos, pudiéramos mostrar que
ninguna de estas formas de lidiar con la culpa (intelectual, física, o religiosa), es
satisfactoria. Desde la profundidad de nuestra culpa, nuestras mentes pueden pervertirse
fácilmente, pero nuestros corazones no sanan tan ligeramente. Y en lo profundo, todos
nosotros conocemos que existe algo no auténtico en de la auto-confirmación de las ansias
de dólar, e intimidar a los ejecutivos que te conocen bien. Sabemos que el alcohol, y las
drogas, y el entretenimiento compulsivo, y el ruido no son la vía para vivir en paz. Y
debemos saber, los que hemos escuchado el evangelio de Jesucristo, que la deuda que
tenemos con Dios no puede ser pagada por nuestra miserable virtud. Pero en vez de tratar
de mostrar la incapacidad de todo esto, quiero seguir avanzando en lo que comenzamos en
los dos últimos mensajes. El punto de los dos últimos mensajes era que la imagen bíblica de
Jesús es verdadera. Está históricamente apoyada y es defendible. Y es racionalmente
convincente para la mente abierta. Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre,
Jesús (Juan 7:46). En él se puede confiar, él es verdadero, él sostenía el Antiguo
Testamento, y es él quien habla por su Espíritu en el Nuevo Testamento. Por tanto, es
suficiente para nosotros oír de él, mediante su apóstol, Pablo, como Dios ha lidiado con
nuestra culpa. Es la mejor noticia en todo el mundo. Es la única estrategia que confiesa la
verdad de la justicia de Dios y lo profundo de nuestra deuda ante él. Una vez que usted ha
comprendido la manera en que Dios tratar con su culpa, cualquier otra cosa parecerá ligera,
superficial, y completamente inadecuada en comparación, y se regocijará conmigo en que
‘Jesús es Precioso Porque Elimina Nuestra Culpa.’
Recuerden, no es mi palabra, sino la Palabra de Dios, la Biblia, quien nos muestra el
camino. Examinemos juntos Romanos 3:19-29. Todo lo que quiero hacer es dejar que el
texto hable, porque tiene un poder tremendo para persuadir y conquistar nuestros
corazones. Pero permítanme resumir cinco observaciones del texto, y después las
examinaremos más de cerca para seguir la línea del argumento de Pablo:
• Primera, todos, judíos o gentiles, están personalmente bajo el juicio de Dios por su
pecado (v.19).
• Segunda, la relación resultante de la culpa humana y la indignación divina, no
puede arreglarse mediante las obras de la ley (v.20).
• Tercera, Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar absolución
gratuita (vv. 21-24).
• Cuarta, él ha hecho esto poniendo de por medio a su Hijo Jesucristo para que nos
redima mediante su muerte y demuestre la justicia de Dios (vv.24-26).
• Quinta, este regalo de la justificación llega solo a aquellos que confían en Jesús
(vv.22, 25,26).
Sigamos ahora la línea del pensamiento de Pablo desde el versículo 19 al 26.
Primero: En Romanos 3:9 Pablo resume la idea que ha expuesto anteriormente: “judíos y a
gentiles, […] todos están bajo pecado”. Todos han pecado y están bajo el horroroso
dominio del pecado, todos son esclavos del pecado (Romanos 6:16). Para ilustrar y
respaldar esta idea toma palabras de los Salmos y de Isaías, y describe la condición
pecadora de la especie humana en los versículos 10-18. Luego, en el versículo 19 dice: “ero
sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca
se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios”. Nuestra primera observación, por
tanto, es que todos, sin tener en cuenta la raza, están personalmente bajo el juicio de Dios.
El problema universal de la culpa no se debe al hecho de que le hayamos fallado a nuestros
compañeros, sino a que hemos fallado a Dios. Todos los aquí presentes, en esta habitación,
están directamente bajo el juicio de Dios. Dios trata con usted como un individuo, y algún
día tendrá que rendirle cuentas de su vida. Ese debe ser un pensamiento aterrador si va a
tratar de lidiar con su culpa mediante uno de estos caminos: físico, intelectual, o religioso;
que mencioné anteriormente. ¡Oh! Cuan necios y trágicos parecerán todos: “el día de la ira
y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). No importa cuan virtuosos
aparezcamos, todos estamos bajo el juicio de Dios, y habrá un ajuste de cuentas para lo que
hayamos hecho, y dicho, y pensado, y sentido. El problema universal de la culpa no trata
solo con el cómo sentirnos mejor, sino cómo estar bien con Dios. Las estratagemas
seculares para aliviar la miseria de nuestra culpa, más tarde o más temprano fallarán,
porque ignoran el principal problema de la existencia humana. Somos culpables ante Dios.
Es su ley la que hemos quebrantado. Es de su gloria de la que hemos sido destituidos
(Romanos 3:23). Todos los aquí presentes, en esta habitación, están personalmente bajo el
juicio de Dios, y algún día se encontrarán con él, lo mismo culpables y condenados, que
absueltos y destinados al gozo.
Segundo: El versículo 20 es dado como la base o fundamento del versículo 19: “ya que por
las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [Dios]; porque por
medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Ser justificado significa ser absuelto por
Dios, ser declarado libre e inocente, ser corregidos en relación a Dios de modo que su
indignación sea retirada y nuestra rebelión ya no sea tomada en cuenta. La idea de este
versículo es que la absolución nunca será lograda por medio de las obras de la ley. Esto
quiere decir que, si una persona no confía en la gratuita y justificadora misericordia de
Dios, y pretende todavía estar a bien con Dios mediante las obras de la ley, siempre
fracasará. El resultado o efecto será revelar aún más claramente su pecado (Romanos 5:20;
7:7,8; Galatas 3:19).
La conexión entre los versículos 19 y 20 parece ser más o menos así: Cuando las personas
no confían en la misericordia de Dios, pero tratan de utilizar la ley para estar a bien con él,
la ley trae a la luz su pecado y los condena por su incredulidad. Y ya que esto es cierto para
todos los humanos (“toda carne”), judíos y gentiles (v.20), sabemos que cuando la ley habla
así a los judíos, también tiene en cuenta a todo el mundo, para que toda boca se cierre y
todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Así que las primeras dos observaciones son que
todos son pecadores y están personalmente bajo el juicio de Dios, y que esta relación de
culpa no puede repararse mediante las obras de la ley.
Tercero: Dios, en su propia iniciativa, se ha encargado de buscar nuestra absolución.
Versículos 21-24: “21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios,
testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su
gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Olvidando las promesas acerca de la
misericordia de Dios que habían en la ley del Antiguo Testamento, y los llamados al
arrepentimiento y a la fe, el verdadero efecto de la ley en general, era exponer y condenar el
pecado (Gálatas 3:21-22). Por tanto, cuando Dios se encargó de manifestar su justicia para
nuestra justificación, lo hizo “aparte de la ley”. Es decir: no dirigió nuestra atención de
vuelta a la ley con sus sacrificios de animales, sino que dirigió nuestra atención hacia su
Hijo, al que envió a morir por nuestro pecado. Romanos 8:3 lo expone así: “Porque lo que
era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en
semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.
Lo que quiero subrayar bajo esta tercera observación es que Dios no nos ha abandonado
para que lidiemos con nuestra culpa solos, sino que ha tomado la iniciativa mientras todavía
éramos pecadores (Romanos 5:8) de buscar nuestra absolución y dárnosla gratuitamente. La
gloria del evangelio es el Único ante quien somos culpables y condenados, es el mismo que
se ha encargado de reemplazar nuestra culpa y su indignación por justicia y reconciliación.
Este acto de Dios que nos pone en una relación correcta para con él, donde ya no existe la
culpa y la condenación, es llamado “justificación” en el versículo 24. Y por favor, no
pierdan de vista el fundamento de la justificación en ese versículo: su fundamento es la
gracia y por tanto es un regalo gratis. Usted no puede ganársela o merecerla por obras. La
gracia y las obras se oponen la una a la otra. Escuchen Romanos 11:5, 6: “Así también aun
en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6Y si por gracia, ya no es por
obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra
manera la obra ya no es obra”. Cuando Pablo dice que nuestra culpa es eliminada por
gracia, quiere decir que es un regalo gratis, y que usted no puede ganárselo por obras.
Cuarto: Dios produjo el regalo gratuito de la justificación. Los versículos 24 y 25 dicen
que fue “mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como
propiciación por medio de la fe en su sangre”. ¡Oh, cuan importante es ésta oración! Todos
los esfuerzos seculares para lidiar con la miseria humana de la culpa son impotentes porque
ignoran este hecho: La santidad de Dios y su justa gloria han sido desacreditadas,
difamadas, y blasfemadas por nuestro pecado. ¡Es con un Dios Santo con quien tenemos
que encarar nuestra culpa! Y no puede haber justificación, reconciliación, o limpieza de
conciencia, a menos que la santidad de Dios sea honrada y la difamación de su justicia sea
reparada. La urgencia de nuestro problema con la culpa no es que nos sintamos miserables,
sino que el nombre de Dios ha sido blasfemado. Vivimos en una época con una opinión del
potencial humano tan horrendamente inflada, y con una opinión de la santidad de Dios tan
minúscula que apenas podemos entender cuál es el verdadero problema que tenemos con la
culpa. El verdadero problema no es: ¿Cómo puede ser Dios amoroso, y sin embargo
condenar a personas con pecados tan pequeños? El verdadero problema es: ¿Cómo puede
ser Dios justo, si absuelve a personas tan miserables como nosotros? No puede existir un
remedio duradero para la culpa que no trate con la justa indignación de Dios contra el
pecado.
Es por eso que tiene que haber un sacrificio. Y no cualquier sacrificio, ¡Sino el sacrificio
del Hijo de Dios! Nadie más, ni ningún otro acto, podría reparar la difamación hecha a la
gloria de Dios por nuestros pecados. Pero cuando Jesús murió por la gloria del Padre, se
hizo la satisfacción. La gloria fue restaurada. La justicia fue demostrada. De allí en adelante
está claro que cuando Dios, por gracia, justifica gratuitamente a los impíos (Romanos 4:5),
no está siendo indiferente a las demandas de la justicia. Todo está basado en la gran
transacción entre el Padre y el Hijo en la mañana del Viernes Santo en el Calvario. Ningún
otro evangelio puede eliminar nuestra culpa porque ningún otro evangelio se corresponde a
las proporciones cósmicas de nuestro pecado en relación a Dios.
La quinta: y última observación es que ahora a este regalo gratuito de la justificación
comprada por Jesús en la cruz, solo llegan a aquellos que confían en él. Después que Pablo
dijo en el versículo 21 que Dios había manifestado su justicia aparte de la ley, define esa
justicia en el versículo 22 como “a justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para
todos los que creen en él”. (cf. Filipenses 3:9), luego, en el versículo 25 dice que Cristo es
una expiación (o propiciación) “por medio de la fe”o “que se recibe por la fe.” Finalmente
dice en el versículo 26 que Dios “justifica al que es de la fe de Jesús”. De modo que la
enseñanza de la Palabra de Dios está clara y éste es el evangelio: Cualquiera que confíe en
Jesús para justificación la tendrá gratuitamente.
Esto es a la vez lo más difícil y lo más fácil de hacer para un humano. Es difícil porque
significa reconocer en su corazón que es culpable ante Dios y que no hay nada que pueda
hacer para resolver el problema. A los seres humanos no les gusta pensar así de sí mismos.
Y así el potencial humano tiene un despertar y el verdadero problema con la culpa sigue sin
resolverse para la mayoría de las personas. La fe salvadora que es en Jesucristo es difícil
porque nace de la desesperación, y lejos de la gracia de Dios los humanos odian admitir que
están desesperados.
Pero, por otro lado, ¿qué podría ser más fácil que la fe? No requiere una fuerza
extraordinaria, o una belleza extraordinaria, ni una inteligencia extraordinaria. Nadie tendrá
como excusa en el día del juicio que el camino para la salvación era muy difícil. Dios
simplemente dirá: ‘Teníais que volveros y haceros como niños (Mateo 18:3), y confiar en
mí para que te cuidara. ¿Era tan difícil? ¿Era tan difícil inclinarse hacia mí, descansar en
mis promesas, y tener en cuenta la obra que Jesús realizó? ¿Era tan difícil aceptar un regalo
gratis? ¿Apreciar la perla del perdón? ¿Amar al salvador que murió por ti?’ ¡Es gratis! ¡Es
gratis! ¡Es gratis! ¡Confiesa tu necesidad y descansa en él!
Y ahora, concluyendo, permítanme resumir estas cinco observaciones. Y recuerden que
vienen de un apóstol de Jesús Cristo que vio al Señor, y que fue encomendado por el Señor
para revelar los misterios de Dios (Efesios 3:3-5). Estas no son fábulas ingeniosamente
ideadas. Son verdades que tienen sus raíces en la historia y que vienen del Jesús resucitado
y confirmado por Dios. Primera, todos los seres humanos están personalmente bajo el
juicio de Dios por su pecado (v.19). Segunda, la culpa resultante del hombre y la justa
indignación de Dios no se puede reparar por las obras de la ley (v.20). Tercera, Dios, en su
propia iniciativa, desarrolló nuestra justificación mediante la gracia y la ofrece como un
regalo gratis (vv.21-24). Cuarta, esto lo hizo enviando a su Hijo, Jesús, a redimirnos
mediante su muerte y para demostrar la justicia de Dios (vv.24-26). Quinta y última, este
regalo que es la justificación, la eliminación de nuestra culpa y de la ira de Dios, llega solo
a aquellos que confían en Jesús (vv. 22, 25, 26). Les insto en el nombre de Cristo, a que se
reconcilien con Dios (2da a los Corintios 5:20). Apártense de todas las tácticas
intelectuales, físicas, y religiosas que el mundo utiliza para evadir su culpa, y descansen en
Jesús. Jesús es precioso porque solo él elimina nuestra culpa.

Believe in Your Heart that God Raised


Jesus from the Dead (Spanish)
Crea En Su Corazón Que Dios Levantó a Jesús De Los
Muertos
Domingo de Pascua
April 11, 1982 |by John Piper topic: Faith
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Romanos 9:30-10:10
¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia,
es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.
¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en
la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de
caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Hermanos, ciertamente el anhelo de mi
corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de
que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios,
y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el
fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la
ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que
es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer
abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre
los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es
la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Uno de mis objetivos en esta mañana, es aclarar tanto como me sea posible, a que se refiere
el apóstol Pablo en Romanos 10:9 cuando dice que “Si creyeres en tu corazón que Dios le
levantó (a Jesús) de los muertos, serás salvo”. Esto necesita ser aclarado porque Satanás
cree que Dios levantó a Jesús de los muertos. Pero Satanás no será salvo. Satanás también
confiesa con su boca que Jesús es el Señor. Una y otra vez los demonios mensajeros de
Satanás, cuando eran confrontados por Jesús, gritaban, “Tú eres el Hijo de Dios” (Lucas
4:41); o, “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? (Lucas 8:28). Satanás y sus
huestes no tienen duda acerca de la verdadera identidad de Jesús Cristo. Él es el Hijo de
Dios, El Señor de todo. En consecuencia Jesús dijo en Mateo 7:21: “No todo el que me
dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos”. Y así todos los presentes en esta
habitación en el día de hoy se enfrentan a la pregunta más importante de sus vidas: ¿Es mi
conocimiento de que Jesús es el Señor, y mi convicción de que Dios le levantó de los
muertos como la de Satanás; que lleva a destrucción, o como la de Pablo que lleva a
salvación?
Mi meta es que todos salgan de esta habitación regocijándose en la confianza de que dios
levantó a Jesús de los muertos, y que por esa confianza sean salvos. No quiero meramente
enseñarles a sus cabezas que hay personas que dicen, “Señor, Señor, nosotros creemos en
su resurrección”, y sin embargo están perdidas. Quiero que sus corazones salgan de esa
categoría de personas. Apelo a sus mentes por el bien de sus corazones para el bien de su
salvación.
El Problema Del Rechazo al Mesías Por Parte De Israel
Permítanme proveer algo de ayuda para entender Romanos 10:9 en su más amplio contexto
bíblico. Detrás de 9-11 yace un problema teológico practico que Pablo, guiado por el
Espíritu Santo, estaba tratando de resolver. Dos mil años antes de Cristo, Dios había
elegido a Abraham, el padre de los judíos. Él prometió ser su Dios, hacer grande su
propiedad, entregarle una tierra, y que todas las familias de la tierra serían bendecidas en él
(Génesis 12:1-3; 15:1-6; 17:7). Todo lo que Abraham y sus descendientes tenían que hacer
para disfrutar plenitud estas bendiciones era creer en la promesa de Dios (Génesis 15:6) y
obedecer su consejo (Génesis 18:19; 22:18; 26:5).
Los descendientes de Abraham se multiplicaron grandemente en la tierra de Egipto, y allí
se volvieron esclavos. Pero Dios extendió su mano, atacó al opresor, dividió el Mar Rojo, y
sacó a sus pueblo. En el Monte Sinaí Dios reestableció su pacto con su pueblo,
recordándole su gran amor por ellos y su propósito de bendición. Dios los llama una ves
más a depender de su ayuda y a obedecer sus mandamientos (Éxodos 19:4-6; 20:1, 2; 34:6-
10). Si lo hacían la salvación yacía delante de ellos.
A medida que la historia de Israel progresaba, se hacía cada vez más evidente que la
bendición final y la gran salvación del pueblo elegido de Dios, no sería lograda sin un
Mesías, un Hijo que vendría de David, que purificaría al pueblo de Dios de todo pecado y
traería el juicio sobre los enemigos de Dios (Malaquías 4:1,2; Isaías 61:1,2;53:6). Él no
sería una contradicción, sino el cumplimiento de todo lo que Dios le había enseñado a su
pueblo desde los tiempos de Abraham. El mensaje del Nuevo Testamento es que Jesús es
ese Mesías. Pero el problema que enfrentó el apóstol Pablo, que yace detrás de Romanos
9:11, es que Israel, el pueblo elegido de Dios, está rechazando a Jesús, mientras que los
gentiles lo están aceptando. Pablo agonizaba por la maldición que sus parientes estaban
trayendo sobre ellos mismos (Romanos 9:3; Hechos 13:46). El anhelo de su corazón y su
oración a Dios por ellos era para salvación (Romanos 10:1). Pablo luchaba por entender por
que aquellos, que habían vivido bajo las enseñanzas de Dios en la ley durante tanto tiempo,
rechazarían al único que cumplía la ley.
Cristo No Contradice la Ley
Aquí en Romanos 9:30-10:10 Pablo recorre una larga trayectoria para responder porque
Israel ha rechazado al Mesías, Jesucristo. Una explicación que Pablo definitivamente
rechaza es que Cristo y la ley se contradicen el uno con la otra. Es decir, él repudia la
noción de que los judíos rechazaban a Jesús porque ellos eran fiel a la ley, mientras que
Cristo contradecía a la ley. Mas bien la explicación que Pablo expone, es que Israel había
malinterpretado y hecho un mal uso de la ley, y así cuando Cristo, el fin y el cumplimiento
de la ley, llegó, también lo malinterpretaron y le dieron un mal uso. Jesús fue rechazado
precisamente porque él permanecía por el verdadero significado de la ley, no porque
difiriera tanto de ella.
Vean Romanos 9:31: “mas Israel, que iba tras una ley de justicia (NO como dice la RSV,
“la justicia basada en la ley”; era la ley lo que estaban buscando; Cf. NASB; NIV; KJV), no
la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley”.
¿pueden ustedes ver lo que implica esa pequeña frase “como por” para Pablo? Implica que
la ley nunca estuvo destinada a ser buscada por obras, sino solamente por fe. Cuando Dios
hizo su pacto con su pueblo en el Monte Sinaí, la exigencia divina no era que ellos debían
tratar de ganar su camino a la salvación por obras, sino que debían confiar en su
misericordia y dejar que toda su obediencia fluyese del gozo que produce la fe. Ese es el
corazón de lo que la ley estaba destinada a enseñar. Y eso es precisamente lo que Cristo
enseñaba también: a dejar de confiar en las obras, a confiar completamente en la
misericordia de Dios, y a que toda la obediencia fluyera del gozo que produce la fe. Pero
Israel no captó cual era el punto de la ley, y la convirtió en una especie de trabajo por
medio del cual intentar ganar un salario proveniente de Dios(v.32), tampoco captó el punto
de Cristo, y vieron su propia justicia amenazada por el mensaje de fe de Cristo. Por lo tanto
cuando se dice en el versículo 33 que Israel tropezó en la piedra de tropiezo, existe un doble
significado: tropezaron en Cristo, porque ya habían tropezado anteriormente al interpretar
el verdadero significado de su propia ley.
Así que la respuesta de Pablo al problema de, ¿Por qué Israel está rechazando a su Mesías?
No es que el Mesías contradecía la ley de Israel, sino que el Mesías era el fin, el
cumplimiento, la reafirmación (Romanos 3:31) de esa ley. Ya que Israel no captó el punto
de la ley, que era la fe; también dejó de captar el punto de Jesús, que era también la fe.
El mensaje de la ley y el de Cristo son esencialmente el mismo mensaje: Dios en su
misericordia ha tomado la iniciativa de amarle, de buscarle, de redimirle, y de ser su Dios.
Confíe en él, ámelo, y ande en sus caminos. Por tanto cuando Pablo dice en Romanos 10:4
que “el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”, el no quiere decir “fin”
en el sentido de terminación o abolición (Romanos 3:31), sino “fin” en el sentido de meta,
clímax, cumplimiento. Cristo es aquello acerca de lo que la ley ha estado tratando todo el
tiempo. He aquí la manera en que Jesús lo expresa en Juan 5:39, 40, 46. Le dice a los
maestros de Israel, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas
tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para
que tengáis vida... si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él”. Ese
es el punto de Pablo en Romanos 10.
La Justicia Desde la Fe
Ahora lo que Pablo quiere hacer en los versículos 5-10 es mostrar desde el Antiguo
Testamento, que esto es así; y que creer en nuestros corazones que Dios levantó a Jesús de
los muertos es el cumplimiento de la ley. Tratemos de seguir la línea de pensamiento de
Pablo en los versículos 5-10 y ver como él veía a Cristo en las escrituras de Moisés, y como
esto se relaciona con creer en nuestros corazones que Dios levantó a Jesús de los muertos.
(Recuerden que el versículo 9 es nuestro objetivo, y que simplemente estamos tratando de
verlo en su contexto, a fin de que podamos darle su debida interpretación). Los versículos
del 5-8 dicen, “de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas
cosas, vivirá por ellas (Levíticos 18:5). Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en
tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); 7o, ¿quién
descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8Mas ¿qué
dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que
predicamos”. Una rápida lectura a este texto daría la impresión de que, contrariamente a
todo lo que hemos visto hasta ahora, Pablo ve oposición entre “la justicia que es por la ley”
en el versículo 5 y la “justicia que es por la fe” en el versículo 6. La palabra “pero” al
comienzo del versículo 6 aparenta confirmar esta impresión. Pero tres cosas hacen que esto
sea muy improbable.
1. En el versículo 32 del capitulo 9 vimos que la ley en si misma enseñaba
la justicia que es por la fe, no por obras.
2. La palabra griega traducida “pero” al comienzo del versículo 6 (de)
puede fácilmente significar “y”.
3. El texto bíblico que Pablo utiliza en los versículos 6-8 para ilustrar la
justicia que es por fe, está tomado directamente de la ley de Moisés,
Deuteronomio 30:11-14.
Por lo tanto lo que Pablo está haciendo en los versículos del 5-10 es justificando su
afirmación (en 10:4) de que Cristo es la meta y el clímax de la ley. La justicia que demanda
la ley no es otra que la justicia que viene de la fe. La justicia que ordena la ley, y la justicia
que Jesús da, son la misma; y se cumplen de la misma forma, mediante la fe en las
promesas de Dios.
Ahora lo que Pablo hace en los versículos 6-8 es tratar de mostrar que la justicia que es por
fe, ya está ahí, en la ley del Antiguo Testamento. Él cita un pasaje de Deuteronomio 30:11-
14. Moisés le dice al pueblo:
Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.
12No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y
nos lo hará oír para que lo cumplamos? 13Ni está al otro lado del mar, para que digas:
¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo
cumplamos? 14Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que
la cumplas.
El punto que está claro e inconfundible en ese pasaje, es que el mandamiento de Dios no es
tan difícil. Los pueden hacer y pueden vivir por ellos. Pero ahora eso suena exactamente
igual a lo que pensaban los legisladores fariseos. ¿Cómo pues escuchó Pablo este pasaje
como si se estuviese hablando de la justicia que es por la fe? ¿Por qué vio Pablo a Cristo en
este pasaje y no una presunción farisaica?
La respuesta, pienso yo, se encuentra en Deuteronomio 30:6, que explica que la razón por
la cual los mandamientos de Dios no son tan difíciles de cumplir; es que el propio Dios
dará el poder y la habilidad necesaria para amarle y obedecerle, y para vivir. “Y
circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a
Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas”. Moisés está
profundamente consciente que sin un acto sobrenatural de Dios en nuestros corazones,
nosotros somos absolutamente incapaces de amar a Dios y de obedecerle y de vivir
(Deuteronomio 5:29; 29:4). Por ende cuando dice, unos versículos mas adelante, que los
mandamientos de Dios (amarle y obedecerle) son fáciles de cumplir y están dentro de
nuestro alcance, no se refiere a que seamos lo suficientemente fuerte o lo suficientemente
buenos como para cumplirlos. Moisés se refiere a que Dios es lo suficientemente fuerte y lo
suficientemente bueno como para acercárnoslos, y ponerlos en nuestros corazones, y hacer
que caminemos en ellos. Y ahora podemos ver porque Pablo era capaz de escuchar
Deuteronomio 30:11-14 como la voz de la justicia que es por la fe. Porque solamente
aquellos que tienen fe en la amable y capacitadora obra de Dios en sus corazones, pueden
decir sinceramente que el mandamiento no es muy difícil (Cf. 1 Juan 5:3, 4; Romanos 8:4).
El mandamiento está cerca porque Dios se acerca a los que creen en el.
La Ley Cumplida por Medio de la Fe en Cristo
Ahora bien, ¿Qué hace Pablo en Romanos 10:6-8 con este pasaje del Antiguo Testamento?
Pablo se dice a sí mismo: Ahora, si la ley enseñaba tan claramente que la justicia que lleva
a la vida no es algo que se alcance mediante actos heroicos, sino descansando en la
misericordiosa obra de Dios para nosotros y en nosotros, entonces todo hombre debe ver
que esto es un presagio de Cristo: específicamente, de su encarnación y resurrección. Como
entonces, y también ahora (versículo 6) nadie debe decir jamás, “la demanda de Dios es
muy alta. La esperanza para alcanzar la salvación y la vida, está más allá de nuestro
alcance, en el cielo”. Porque Cristo ya ha bajado de su distante cielo. Se ha acercado a
nosotros en la encarnación precisamente porque no podíamos alcanzarle por nuestros
propios medios. Como entonces, y también ahora (versículo 7) nadie debe decir jamás, “la
demanda de Dios es muy profunda. La esperanza para alcanzar la salvación y la vida, está
más allá de nuestro alcance, en las profundidades del mar”. Porque aunque Cristo entró en
las profundidades de la muerte, ha resucitado y nos está buscando para nuestro bien,
precisamente porque nosotros no podemos buscarle por nuestros propios medios. Por tanto,
la fe nunca dice, “La justicia que lleva a la vida es inaccesible”. Sino reconoce su propia
indefensión y alegremente acepta esta justicia como un regalo de Dios. Esa es la forma en
que la fe habla en la ley, esa es la forma en que la fe habla en el evangelio de Cristo.
“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra
de fe que predicamos”. En Deuteronomio 30 la justicia que es por la fe dice: “Yo creo en
Dios para que circuncide mi corazón, para que me de un amor candente por él, y para que
ponga su voluntad en mi boca y en mi corazón para que yo pueda hacerla y vivir”. Pablo
escucha estas palabras de Deuteronomio y dice, es así como es con Cristo también. La
palabra de fe que predicamos, es una palabra que palabra que Dios destinó para que fuese
puesta en su boca y en su corazón. Dios se acerca a nosotros en la “palabra de fe” y, por la
amable obra de su Espíritu, la escribe en nuestros corazones (2 Corintios 3:3). Y ya que
(como dice el v.10) el corazón es el que tiene la facultad de creer, y la boca es el órgano
que confiesa, a lo que nos ha estado guiando la ley es al versículo 9: “si confesares con tu
boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,
serás salvo”.
Y ahora estamos en el punto donde empezamos. ¿Qué significa creer en su corazón que
Dios levantó a Jesús de los muertos? No puede significar meramente estar de acuerdo con
ese hecho, porque Satanás lo está, y no es salvo. La clave es el versículo 7. La fe no
pregunta desesperadamente, “¿Quién descenderá al abismo?” La fe no aceptará la
sugerencia Satánica de que la justicia, la vida, y la esperanza están más allá del alcance.
Para que estén seguros de que estamos paralizados en el pecado, y de que no tenemos
salvación en nuestro propio esfuerzo (confróntenlo con 10:3). Mas Pablo declara, no es
como si Cristo estuviese esperando en el abismo hasta que podamos bajar a buscarlo y
subirle con nuestro propio esfuerzo. Dios ha tomado la iniciativa, y lo levantó de los
muertos, y trajo la justicia, la vida, y la esperanza; y la puso dentro del alcance de todos.
El significado de la resurrección en esta escritura es que Dios es por nosotros. Su finalidad
es apretar filas con nosotros. Su finalidad es vencer todo nuestro sentido de abandono y
enajenación—el sentimiento de que Dios muy lejos allá arriba o muy lejos allá abajo. La
resurrección de Jesús es una declaración de Dios para Israel, y para todo el mundo, de que
no podemos labrar nuestro camino hacia la gloria; sino que Dios tiene el firme propósito de
hacer lo imposible por hacernos llegar allá. La resurrección es la promesa de Dios de que
todos los que crean en Jesús serán los beneficiarios del poder de Dios para guiarnos en el
camino de la justicia y por el valle de la muerte.
Por tanto, creer en su corazón que Dios levantó a Jesús de los muertos es mucho más que
aceptar un hecho. Significa estar consciente de lo que Dios es para usted, de que ha cerrado
filas con usted, de que está transformando su vida, y de que le salvará para gozo eterno.
Creer en la resurrección significa creer en todas las promesas de vida, de esperanza, y de
justicia, por las que ocurrió. Significa estar tan consiente del poder y del amor de Dios, que
ningún temor ocasionado por las perdidas del mundo, ni ningún afán por las ganancias
mundana; nos seducirán a desobedecer su voluntad. Esa es la primera diferencia entre
Satanás y los Santos. ¡OH, que Dios circuncide todos nuestros corazones a fin de que
podamos amarle y para que podamos descansar en la resurrección de su Hijo.

The Happiness of God: Foundation for


Christian Hedonism (Spanish)
La Felicidad de Dios: Fundamento del Hedonismo
Cristiano
September 11, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Jeremías 32:36-41
Ahora pues, así dice el SEÑOR, Dios de Israel, en cuanto a esta ciudad de la cual vosotros
decís: "Va a ser entregada en mano del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por
la pestilencia." 37He aquí, los reuniré de todas las tierras a las cuales los he echado en mi
ira, en mi furor y con gran enojo, y los haré volver a este lugar y los haré morar seguros.
38Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios; 39y les daré un solo corazón y un solo camino,
para que me teman siempre, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. 40Haré con
ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para hacerles bien, e infundiré mi
temor en sus corazones para que no se aparten de mí. 41Me regocijaré en ellos haciéndoles
bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma.
Una vez, en un servicio me referí a la idea de hedonismo cristiano, y un padre se me acercó
y me dijo, “¿Sabe que nuestra hijita pensaba que usted estaba hablando acerca de
paganismo cristiano?” Sé que aunque lo pronuncié claramente, hedonismo cristiano,
probablemente algunos de ustedes aun seguirán pensando en "paganismo", porque creen
que hedonismo es una filosofía de vida pagana. Y probablemente tengan razón porque el
significado popular de hedonismo es la búsqueda del placer y la indiferencia moral. En 2
Timoteo 3:4 Pablo advirtió que en los postreros días los hombres serán “amadores de los
deleites más que de Dios.” Y seguramente ya estamos viviendo en esos días.
Hace dos años Daniel Yankelovitch publicó un libro titulado Nuevas Reglas: Buscando la
auto-satisfacción en un mundo al revés. Yankelovitch argumenta, sobre la base de extensas
entrevistas y encuestas nacionales, que los cambios masivos que han ocurrido en nuestra
cultura y la búsqueda de auto-satisfacción ha creado un grupo de reglas que gobiernan la
manera en que pensamos y sentimos como americanos. Él dice, “en su forma extrema las
nuevas reglas ponen a las viejas reglas simplemente de cabeza, y en lugar de la ética de
auto-negación nos topamos con gente que rehúsa negarse a cualquier deseo – no por un
apetito desmesurado sino por un extraño principio moralista: “Tengo un deber para
conmigo mismo” (p. xviii). Él cuenta acerca de una joven en sus treintas que se quejaba con
su psicoterapeuta de que se estaba volviendo nerviosa y temerosa porque la vida se le había
vuelto muy agitada – demasiados fines de semana maravillosos, demasiadas discotecas,
demasiadas amanecidas, demasiado hablar, demasiado vino, demasiada droga, demasiado
sexo. “¿Por qué no paras?” le preguntó suavemente el terapeuta. La paciente se le quedó
mirando desconcertadamente por un momento. Entonces se le encendió el rostro,
deslumbrado por una iluminación. “¿Quiere usted decir que realmente no tengo que hacer
lo que quiero?” Ella prorrumpió en asombro. El sello de los nuevos buscadores de auto-
satisfacción es que “ellos operan en la premisa de que los antojos emocionales son objetos
sagrados, y que es un crimen en contra de la naturaleza abrigar una necesidad emocional no
satisfecha” (p. 59). “Nuestra era es la primera en la que diez millones de personas ofrecen
como justificación moral para sus actos la idea de un “yo” ideal y presumiblemente más
“real” que no encaja bien con el rol social que se le ha asignado.”
Probablemente el matrimonio es la relación en la que los buscadores de auto-satisfacción y
sus nuevas reglas han causado más revuelo. Yankelovitch tiene una buena percepción al
decir, “Los matrimonios exitosos son un entretejido de deseos inhibidos-ceder ante los
deseos del otro; aceptar las violaciones a nuestros propios deseos; disgustos tragados;
confrontaciones evitadas; oportunidades de ira desviadas; oportunidades de auto-expresión
silenciadas. El introducir la fuerte urgencia de auto-satisfacción en este proceso es como
pasar una escoba por una delicada telaraña. Con frecuencia todo lo que queda es la cosa
pegajosa que se adhiere a la escoba; la estructura de la telaraña queda destruida” (p.76).
Por lo tanto siento profunda empatía hacia aquellos de ustedes que están lo suficientemente
libres de nuestra cultura como para reaccionar a la palabra hedonismo diciendo, “¡Ya basta!
Nuestras casas, nuestras escuelas, nuestros negocios y nuestra sociedad están siendo
destruidos por buscadores de auto-satisfacción hedonística quienes no tienen el coraje
moral, ni la auto-negación, ni el severo compromiso, ni la lealtad sacrificial que mantiene
unida la preciosa estructura de la vida y que trae nobleza a nuestra cultura. No necesitamos
hedonismo; ¡necesitamos el regreso a la rectitud, la integridad, la prudencia, la justicia, la
sobriedad, la firmeza, el dominio propio!” Créanme, probablemente estamos más de
acuerdo de lo que se imaginan. Todo lo que pido es que me den un oído abierto y
discerniente por nueve semanas antes de que pasen juicio final sobre el Hedonismo
Cristiano.
A veces una ilustración vale más que mil palabras de definiciones abstractas. Así que en
vez de darles una definición precisa de Hedonismo Cristiano permítame comenzar dando
algunos ejemplos Bíblicos de esto. David aconseja al Hedonismo Cristiano cuando manda,
“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón.” (Sal. 37:4) Y él
demuestra la esencia del Hedonismo Cristiano cuando exclama “Como el ciervo anhela las
corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del
Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?” (Sal 42:1-2). Moisés fue
un Hedonista Cristiano (de acuerdo con Hebreos 11:24-27) porque rechazó los “placeres
temporales” del pecado, “considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los
tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa.”. Los santos en Hebreos
10:34 fueron Hedonistas Cristianos porque escogieron arriesgar sus vidas visitando
prisioneros Cristianos y aceptaron gozosamente el despojo de sus propios bienes ya que
sabían que ellos tenían una mejor y perdurable herencia. El apóstol Pablo comentó sobre el
Hedonismo Cristiano cuando dijo en Romanos 12:8, el que hace misericordia, lo haga con
alegría. Y Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe, puso el estándar más grandioso
de Hedonismo Cristiano porque su deleite está el temor del Señor (Is. 11:3) y, por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del
trono de Dios (Heb. 12:2).
El Hedonismo Cristiano enseña que el deseo de ser feliz es dado por Dios y no debe ser
negado o resistido, sino dirigido a Dios para satisfacción. El Hedonismo Cristiano no dice
que cualquier cosa que te guste es buena. Dice que Dios te ha mostrado lo que es bueno y
el hacerlo debe traerte gozo (Miqueas 6:8). Y ya que el hacer la voluntad de Dios debe
traerte gozo, la búsqueda del gozo es parte esencial de todo esfuerzo moral. Si abandonas la
búsqueda del gozo (y por ende te niegas a ser un Hedonista, como yo uso el término) no
puedes satisfacer la voluntad de Dios. El Hedonismo Cristiano afirma que los santos más
piadosos de cada época no han encontrado contradicción al decir, por un lado “POR
CAUSA TUYA SOMOS PUESTOS A MUERTE TODO EL DIA; SOMOS
CONSIDERADOS COMO OVEJAS PARA EL MATADERO.” (Rom 8:36) y por otro
lado, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!” (Fil. 4:4). El
Hedonismo Cristiano no se une a la cultura de auto-gratificación que te hace esclavo de tus
impulsos pecaminosos. El Hedonismo Cristiano te manda a que no seas conformado a este
siglo sino que seas transformado conforme a la renovación de nuestro entendimiento (Rom.
12:2) para que podamos deleitarnos al hacer la voluntad de nuestro Padre en los cielos. De
acuerdo al Hedonismo Cristiano el gozo en Dios no es un ingrediente opcional del pastel
del Cristianismo. Cuando lo meditas, el gozo de Dios es parte esencial de la fe salvadora.
Hoy quiero presentarles la base del Hedonismo Cristiano: La Felicidad de Dios.
Trataré de apoyarme en tres observaciones de las escrituras: 1) Dios es feliz
porque se deleita en sí mismo. 2) Dios es feliz porque es soberano. 3) La
felicidad de Dios es el fundamento para el Hedonismo Cristiano porque se
derrama en misericordia para con nosotros.

1) Primero, Dios es feliz porque se deleita en sí mismo. Dios sería injusto si valorara
cualquier cosa más que aquello que es supremamente valioso. Y él es supremamente
valioso. Si él no se deleitara infinitamente en su propia gloria sería injusto, porque es
correcto deleitarse en una persona en proporción a la excelencia de su gloria. Las escrituras
están saturadas con textos que muestran cómo Dios determinadamente actúa por amor a su
propia gloria. “Por amor mío, por amor mío, lo haré, porque ¿cómo podría ser profanado mi
nombre? Mi gloria, pues, no la daré a otro.” (Isa 48:11)
Lo mismo aparece cuando ponderamos la relación de Dios Padre con Dios Hijo. Existe un
misterio aquí, que va más allá de todo entendimiento humano. Y admito que nuestros
esfuerzos teológicos para describir el auto-conocimiento de Dios y su relación con la
Trinidad, vienen a ser como el balbuceo de un pequeñuelo hacia su padre. Pero aun de la
boca de los bebés puede salir sabiduría si seguimos las Escrituras. Las Escrituras enseñan
que Jesucristo, el Hijo de Dios, es Dios (Juan 1:1). Y en Hebreos 1:3 dice que “El es el
resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza”. 2 Corintios 4:4 habla de la
gloria de Cristo el cual es la imagen de Dios. De estos pasajes aprendemos que desde la
eternidad Dios el Padre contempló la imagen de su propia gloria perfectamente
representada en la persona de su Hijo. Por lo tanto, una de las mejores maneras de pensar
acerca de la inmensa felicidad en su propia gloria es pensar en ella como el deleite que
tiene en su Hijo quien es la imagen de esa gloria. Cuando Jesús entró al mundo Dios el
Padre dijo, “este es mi hijo amado en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17). Cuando Dios
Padre contempla la gloria de su propia esencia en la persona de su Hijo, él es infinitamente
feliz. “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se
complace.” (Isa 42:1) Así que la primera observación es que Dios es feliz porque se deleita
en sí mismo, especialmente al reflejar su naturaleza en su Hijo amado.
2) Segundo, Dios es feliz porque es soberano. Salmo 115:3 dice, “Nuestro Dios está en los
cielos; El hace lo que le place.” (Sal 115:3) Lo que este versículo implica es que la
soberanía de Dios es el derecho y poder que él tiene para hacer lo que le place-él siempre
actúa para preservar su felicidad máxima. Dios es feliz porque sus hechos justos, los cuales
son siempre hechos por amor a su propia gloria, nunca pueden ser frustrados fuera de su
voluntad. Isaías 43:13, “Aun desde la eternidad, yo soy, y no hay quien libre de mi mano;
yo actúo, ¿y quién lo revocará?” Isaías 46:10 “Mi propósito será establecido, y todo lo que
quiero realizaré.” Daniel 4:35, “El actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y
entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has
hecho?’” Podemos estar seguros entonces, que Dios es inmensamente feliz porque él tiene
derecho y poder absoluto como Creador para superar cualquier obstáculo de su gozo.
Vale la pena preguntar aquí, haciendo un paréntesis ¿cómo puede Dios ser feliz cuando el
mundo está repleto de sufrimiento y maldad? Es una pregunta inmensa y difícil. Dos cosas
me ayudan. Una es que no ayuda mucho tratar de preservar la reputación de Dios diciendo
que él realmente no tiene control de todo. Si alguien hubiera intentado consolarme en
diciembre de 1974 cuando mi madre murió en un accidente de autobús, diciendo “Dios no
quería que esto pasara. Todavía puedes confiar en él. Él es bueno.” Le hubiera respondido
diciendo, “Mi consuelo no viene de pensar que Dios es tan débil que no puede evitar que un
madero caiga encima de un minibús Volkswagen.” Mi Dios es soberano. “Él se la llevó en
su tiempo señalado; y ahora yo creo, y algún día veré que fue bueno. Porque he aprendido
en Jesucristo que Dios es bueno. La solución Bíblica para el problema de la maldad no es
robarle la soberanía a Dios.
La otra observación que me ayuda con esta pregunta es que la actitud de Dios hacia los
eventos trágicos depende del foco de la lente. Dios no se deleita en el dolor y la maldad
considerados como tales. Cuando su lente es estrecho y se enfoca sólo en eso, él puede
sentirse lleno de aborrecimiento y dolor. Pero cuando él abre su lente para alcanzar todas
las conexiones y los efectos de un evento, aun hasta la eternidad, el evento forma parte de
un patrón o mosaico en el que él se deleita, y el cual es su voluntad. Por ejemplo, la muerte
de Cristo fue obra de Dios Padre. “y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y
afligido…Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento.” (Isa 53:4,10)”
Aun así, mientras Dios Padre veía la agonía de su amado Hijo y la iniquidad que lo llevó a
la cruz, él no se deleitaba en esas cosas en sí mismas. El pecado mismo y el sufrimiento del
inocente son aborrecibles para Dios. Pero según Hebreos 2:10, Dios
Padre consideró conveniente perfeccionar por aflicciones al autor de nuestra salvación.
Dios quiso que sucediera lo que era aborrecible al mirar por el lente estrecho, porque al
mirar por el lente ancho de la eternidad resultaba ser una forma conveniente de demostrar
su justicia (Rom 3:25f) y llevar a su pueblo a la gloria (Heb. 2:10). Cuando Dios en su
omnisciencia inspecciona la extensión de la historia redentora de principio a fin, él se goza
en lo que ve. Por lo que concluyo que nada en todo el mundo puede frustrar la felicidad de
Dios. Él se deleita infinitamente en su propia gloria; y en su soberanía hace lo que le place.
3) Lo cual nos lleva a la observación final: La felicidad es el fundamento del Hedonismo
Cristiano porque su felicidad se derrama en misericordia para con nosotros. ¿Puedes
imaginarte cómo sería si el Dios que gobierna el mundo no fuese feliz? ¿Qué tal si Dios
fuese dado a la queja y al mal humor y a la depresión como si fuera Juan y el gigante de las
habichuelas mágicas en el cielo? ¿Qué tal si Dios fuera melancólico, desanimado, sombrío,
deplorable, descontento, afligido y frustrado? ¿Podríamos unirnos a David y decir, Salmo
de David, cuando estaba en el desierto de Judá? “Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con
afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay
agua.” (Sal 63:1) ¡De ninguna manera! Nos relacionaríamos con Dios como los niños
pequeños lo hacen con un papá desanimado, sombrío, descontento y frustrado. No lo
pueden disfrutar. Sólo pueden tratar de evitarlo y quizás tratar de comportarse para hacerlo
sentir mejor. Por lo tanto, la base del Hedonismo Cristiano es que Dios es infinitamente
feliz, porque el objetivo del Hedonismo Cristiano es ser feliz en Dios, deleitarse en Dios,
apreciar y disfrutar la comunión con Dios. Pero los niños no pueden disfrutar la compañía
de su padre si este es sombrío, frustrado y triste. Por lo que la base y el fundamento del
Hedonismo Cristiano es que Dios es el ser más feliz de todos.
Otra forma de decirlo sería ésta. Para que un pecador pueda buscar gozo en Dios, debe estar
seguro de que Dios no lo despreciará cuando venga buscando perdón y comunión. ¿Cómo
podemos ser alentados a que Dios nos tratará con misericordia cuando nos arrepintamos de
nuestro pecado y vayamos a buscar gozo en él? Considera el estímulo que hayamos en
Jeremías 9:24, “yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque
estas cosas quiero, dice Jehová.” Dios muestra misericordia porque se deleita en ella. Dios
no está forzado a salvar por cierto principio o regla formal. Él está tan lleno de vida y gozo
en su propia gloria que el clímax de su placer es derramar su misericordia sobre nosotros.
La base de nuestra confianza en la misericordia de Dios es que él es un Hedonista Cristiano
perfecto. Dios se deleita por encima de todas las cosas en su divina excelencia, y su
felicidad es tan completa que se expresa en el placer que tiene en compartirla con otros.
Escucha el latido del Hedonista celestial perfecto en Jeremías 32:40-41. ¿Por qué hace Dios
el bien? ¿Cómo procura amarte? Escucha:
Haré con ellos un pacto eterno, por el que no me apartaré de ellos, para
hacerles bien, e infundiré mi temor en sus corazones para que no se aparten
de mí. Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en
esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma.

¡Dios te hace el bien porque lo disfruta mucho! Él se esfuerza en amarte con todo su
corazón y con toda su alma. La felicidad de Dios que se derrama en amor gozoso, es el
fundamento y el ejemplo del Hedonismo Cristiano.
Cierro esto con una invitación. Estas preciosas y asombrosas promesas del favor de Dios no
le pertenecen a todos. Existe una condición. No es una condición de obras o pago. Un Dios
infinitamente soberano no necesita de tus obras y es dueño de todos los recursos. La
condición es que te conviertas en un Hedonista Cristiano-que dejes de tratar de pagar o
trabajar para él o huir de él, y en vez de eso comiences a buscar con todo tu corazón el
incomparable gozo de la comunión con el Dios vivo.
No se deleita en la fuerza del caballo,
Ni se complace en las piernas ágiles del hombre.
El SEÑOR favorece a los que le temen,
A los que esperan en su misericordia.
(Sal 147:10-11)
La condición para heredar todas las promesas de Dios es que todas las esperanzas de
felicidad que has puesto en ti mismo, en tu familia, en tu trabajo y en tu descanso, las
transfieras a él. “Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón.”
(Sal 37:4)
Conversion to Christ: The Making of a
Christian Hedonist (Spanish)
Conversión a Cristo: La Creación de un Hedonista
Cristiano
September 18, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Mateo 13:44-46
El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un
hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra
aquel campo. 45El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas
finas, 46y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
La semana pasada vimos la infinita y maravillosa felicidad de Dios, que es el fundamento
del hedonismo cristiano. Dios es feliz porque Él toma un placer perfecto en la excelencia de
su propia gloria, especialmente en la manera en que se refleja en su divino Hijo. Dios es
feliz porque Él es soberano, y de esta manera puede sobrepasar cada obstáculo a su deleite.
Y la felicidad de Dios es el fundamento del hedonismo cristiano, porque así Él derrama
sobre nosotros su misericordia. Cuando Dios llama a un hombre o mujer a Él, no es porque
Él tiene necesidad de dar aquel amor que Él comparte. Nosotros concluimos la semana
pasada diciendo que no todo el mundo puede compartir eternamente el gozo, porque existe
una condición que nosotros debemos conocer. La condición es que nosotros debemos
obedecer el mandamiento: "Deléitate asimismo en el Señor". (Sal. 37:4). Pero muchas
personas toman más deleites en las riquezas, en la venganza y en la recreación más que en
Dios. Ellos no han compartido la misericordia de Dios; ellos están perdidos. Lo que ellos
necesitan es convertirse a Cristo, que no es más que convertirse al hedonismo cristiano, eso
es lo que quiero hablar con ustedes en esta mañana.
Alguno puede preguntar: Si el punto crucial es la conversión, ¿por qué no simplemente
decimos, "cree en el Señor Jesucristo y serás salvo?". ¿Por qué traemos esta nueva
terminología del hedonismo cristiano? Es una buena pregunta. Aquí está mi respuesta.
Nosotros vivimos en una sociedad superficialmente cristianizada, donde miles de personas
perdidas piensan que ellos creen en Jesús. En muchos de mis testimonios a los inconversos
y a los cristianos nominales, el mandamiento "cree en el Señor Jesucristo y serás salvo", es
virtualmente sin significado. Borrachos en las calles, dicen que lo son. Parejas no casadas
que duermen juntos, dicen que lo son. Personas mayores que no han disfrutado de la
adoración y la comunión, dicen que lo son. Todo tipo de persona amante del mundo que
asiste a la iglesia, dice que lo es. Mi responsabilidad como predicador de la palabra de Dios
y profesor de la iglesia, no es sólo repetir la preciosa sentencia Bíblica, es hablar la verdad
con palabras que pueden atrapar sus conciencias y ayudarlos a sentir su necesidad de
Cristo. Lo que trato de hacer es tomar una enseñanza tan descuidada y tan esencial de las
Escrituras y hacerla tan clara como pueda, con la esperanza de avivar algunos corazones.
Antes de concentrarnos en la conversión debemos revisar grandes verdades sobre la
realidad que hacen de la conversión algo necesario. La primera verdad que debemos
enfrentar como seres humanos es que Dios es nuestro creador a quien le debemos gratitud
por todo lo que tenemos. La mejor evidencia de esto está en tu propio corazón y vida. ¿Por
qué automáticamente pasas juicio sobre una persona que te desprecia cuando le haz hecho
un favor? Automáticamente hallamos a una persona culpable cuando no ha tenido gratitud
hacia aquel que le ha demostrado gran misericordia. ¿Por qué? Sabes que sería totalmente
insatisfactorio contestar diciendo: Me siento así, meramente porque me castigaban cuando
niño por no decir gracias. No permitimos que se salgan con la suya tan fácilmente. La
rapidez con que nuestros corazones juzgan a personas desconsideradas, nos hace testificar
sobre nuestra verdadera creencia: ¡Los ingratos son culpables!
La verdadera razón por la que nuestros corazones responden de esta manera es porque
somos creados a imagen de Dios. Tu sentimiento de juicio, el cual de una manera
automática, me hace culpable si yo te ignoro después que tu salvar a mi hijo de ahogarse, es
la voz de Dios en ti. Un aspecto de la imagen de Dios en ti, es que involuntariamente te
encuentras considerando la gratitud como una obligación. De esta manera, sabes en tu
corazón que hay un Dios a quien debemos gratitud. Sería demasiado hipócrita pensar que
Dios espera menos gratitud por sus dádivas que tú por las tuyas. "Oh, dale gracias a Dios,
porque Él es bueno: porque para siempre es su misericordia" (Sal. 107:1). De esta manera,
si simplemente tienes un estándar moral en el cual automáticamente atacas al prójimo, no
serás capaz de escapar del hecho de que la ley de Dios está escrita en tu corazón y dice:
Una criatura le debe a su creador afecto de gratitud en la medida de su dependencia a la
bondad de Dios.
Esto nos lleva a nuestra segunda y gran verdad, la cual los humanos debemos empezar a
enfrentar: Nosotros no nos imaginamos, ni hoy ni mañana, la profundidad, intensidad y
consistencia de la gratitud a Dios pertenece como el creador nuestro. Ni siquiera
necesitamos la Biblia para entender que somos culpables de ingratitud. Sabemos que no
hemos rendido a Dios lo que nosotros mismos demandamos de los demás. Nosotros
sabemos que el sentimiento de juicio en nuestros corazones con el cual encontramos a las
demás personas culpables por ingratitud, nos reta a ser testigos vivimos de que Dios nos
encuentra culpables por nuestra asombrosa ingratitud hacia Él. Si nosotros silenciamos este
testigo en nuestros propios corazones, la Escritura lo hace más claro en Romanos 1:18-21.
"La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres,
que retienen la verdad de Dios con injusticia...y aunque conocieron a Dios no le
glorificaron como Dios, ni le dieron gracias por lo que Dios los entregó a una mente
reprobada".
Cuando cada humano se presente frente a Dios para dar cuenta de su vida, Dios no tendrá
que usar alguna sentencia de la escritura para enseñar a las personas su propia culpa y su
estado de condenación. El simplemente preguntará 3 cosas:
1. ¿No fue lo suficientemente claro en la naturaleza que lo que tuviste fue un regalo,
como mi criatura dependiste de Mi para respirar y para vivir y en todo?
2. ¿No fue el sentimiento de juicio en tu propio corazón siempre encontrar a los demás
culpables cuando fueron ingratos y debieron ser agradecidos frente a una
misericordia?
3. ¿Ha sido tu vida llena de alegría y gratitud en proporción a Mi misericordia hacia ti?
El caso queda cerrado.
La tercera gran verdad con la que nos debemos enfrentar es la ira de Dios sobre nosotros
por nuestra gran ingratitud. Nuestro propio sentimiento de juicio requiere que la cuenta
moral del universo sea resuelta. Nosotros no permitimos indignaciones en contra de nuestro
propio carácter de ser barridos debajo de la alfombra, ¡cuánto menos Dios! La rectitud de
Dios significa que Él sostiene la grandeza de su gloria. Cuando nosotros por nuestra
ingratitud desechamos la gloria de Dios, la cuenta de justicia debe ser resuelta. El hombre
merece más que un gato. De esta manera puedes ir a la cárcel por difamar el carácter de un
hombre, pero nadie ha sido condenado por calumniar un gato. Dios merece más que un
hombre y de esta manera la difamación de su carácter a través de marcas grotescas de
nuestra ingratitud, nos lleva a la sentencia de la destrucción eterna. La paga del pecado es la
muerte eterna (Rom. 6:23).
La noticia más terrible en el mundo es que hemos caído bajo la condenación de nuestro
creador y que Él está unido a su propia justicia y carácter para preservar la gloria que Él
merece, mostrando su ira por el pecado de la ingratitud. Pero hay una cuarta gran verdad y
es que, ninguno puede aprender ni de la naturaleza o de sus propias conciencias, la gran
verdad que debe ser dicha a nuestro prójimo, predicada en nuestras iglesias y llevada por
los misioneros: Llamada, las buenas noticias que Dios ha decretado, de tal forma que
podamos satisfacer las demandas de su propia justicia sin condenar a toda la raza humana.
Él la ha tomado sobre Sí, sin tomar en cuenta algún mérito en nosotros, para ejecutar
nuestra salvación. La sabiduría de Dios ha ordenado una forma para que el amor de Dios
sea llevado a nosotros de tal forma que su rectitud no sea comprometida. ¿Es eso sabiduría?
"Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para
los gentiles necedad; más para los llamados tanto judíos como griegos, Cristo es poder de
Dios y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:23-24).
Cristo Jesús, el Hijo de Dios crucificado, es la sabiduría de Dios, por la cual el amor de
Dios puede salvar a pecadores de su ira y al mismo tiempo demostrar su justicia.
Romanos 3:25-26 dice: "A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su
sangre mediante la fe, como evidencia de su justicia, a causa de haber pasado por alto, Dios
en su tolerancia, los pecados pasados, con el propósito de demostrar su justicia en nuestro
tiempo presente, a fin de que el sea justo, y El que declara justo al que es de la fe en Jesús".
“A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, a fin
de demostrar su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos
anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el
que justifica al que tiene fe en Jesús.”
¿Cómo puede Dios exonerar a pecadores que han sido malagradecidos de su gloria y no han
demostrado respeto a su justicia ni tampoco se han comprometido con su gloria? Respuesta:
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros llegásemos a ser
justicia de Dios en El" (2 Cor. 5:21).
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia
de Dios en Él.” (2 Cor. 5:21).
"Mandando a su propio Hijo de la carne corrompida por el pecado, El condenó el pecado en
la carne" (Rom. 8:3).
“...enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el
pecado, condenó al pecado en la carne,” (Rom. 8:3).
"Cristo mismo llevó nuestros pecados en el madero"(1 Ped. 2:24).
“y Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz,...” (1Ped. 2:24).
"Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para
llevarnos a Dios"(1 Ped. 3:18).
Si la noticia más terrible del mundo es que hemos caído en juicio de condenación de
nuestro creador y Él está unido al carácter de su justicia para preservar la gloria que Él
merece sacando su ira hacia el pecado de nuestra ingratitud, entonces la mejor noticia en
todo el mundo (¡El evangelio!) es que Dios dictó sentencia sobre su Hijo en nuestro lugar
(Gal.3:13) y así demostró su justicia que está unida a su propia gloria y así, ¡seguir
salvando a pecadores como yo!.
Pero no todos los pecadores. No todos han sido salvados de la ira de Dios porque Cristo
solo murió por los pecadores. Esta es la quinta gran verdad que nosotros debemos oír:
Existe una condición que debes conocer para poder salvarte. Yo quiero enseñarlo como mi
último punto, que es convertirse un hedonista cristiano, que es la parte esencial de esta
condición.
"¿Qué debo hacer para ser salvo?". Esta es probablemente la más importante pregunta que
cualquier humano debe hacerse. Veamos por un momento las diferentes maneras en la que
Dios contesta esta pregunta en su palabra. La respuesta en Hechos 16:31 es "Cree en el
Señor Jesucristo y serás salvo". La respuesta en Juan 1:12 es que debemos recibir a Cristo:
"Todo aquel que le recibe...Él le dio potestad para convertirse en hijo de Dios". La
respuesta en Hechos 3:19 es, "arrepiéntete"; esto es, dale la espalda al pecado (arrepiéntete
para que tus pecados sean borrados). La respuesta en hebreos 5:9 es obediencia a Cristo.
“Jesús se convirtió en la fuente eternal de salvación a aquellos que le obedecen.”
Jesús mismo respondió la pregunta de varias formas. Por ejemplo, Él dijo en Mateo 18:3,
que hacerse como un niño es una condición para la salvación:
“Verdaderamente te digo a ti, a menos que no te conviertas en un niño, no podrás entrar a
reino de los cielos.”
En Mateo 8:34-35. La condición de auto negación es perder el deseo de las cosas de este
mundo por la vida en Cristo.
“Si cualquier hombre viene a mi, que se niegue a si mismo, tome su cruz y sígame. Por que
cualquiera que quiera salvar su vida la perderá; y cualquiera que pierda su vida por causa
del evangelio, la salvará.”
En Mateo 10:37 Jesús dice que la condición es amarlo más a Él, que a cualquier otra
persona:
“Aquel que ame más a padre o madre más que a Mi no me Merece a Mi y el que ame a hijo
o a hija más que a mi, no me merece a mi.” (Ver a 1 Corintios 16:22; 2 Timoteo 4:8)
Lucas 14:33. La condición para la salvación es que seamos libres del amor a nuestras
posesiones: “Cualquiera que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo.”
Existen condiciones en el nuevo testamento que dicen que debemos conocer para así
beneficiarnos de la Muerte de Cristo y ser salvados. Nosotros debemos creer en Él,
recibirle, volvernos de nuestros pecados, obedecerle, humillarnos a nosotros mismo como
niños, y amarle más de lo que amamos a nuestra familia, nuestras posesiones en esta vida.
Esto es lo que significa ser convertido a Cristo. Y esto solamente es el camino de una vida
eterna.
¿Pero qué es lo que mantiene estas promesas? ¿Qué las une? ¿Qué cosas impiden a una
persona hacerlas? Yo creo que la respuesta está en la parábola de Mateo 13:44.
El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo, que un hombre descubrió
y lo ocultó: entonces por el gozo que tiene, va y vende todo lo que tiene y compra ese
Campo.
Esta parábola describe cómo una persona es convertida y traída al reino de los cielos, él
descubre un tesoro y es llenado de gozo lo cual hace que venda todo lo que tiene de tal
forma que pueda tener ese tesoro. Tú te conviertes a Cristo cuando Cristo se convierte en el
tesoro de tu corazón y tu santo gozo. El nuevo nacimiento de esta santa afección es la raíz
común de todas las condiciones de la salvación. Nosotros nacemos de nuevo-convertidos-
cuando Cristo se convierte en el tesoro en el cual encontramos el más grande deleite que es
confiar en Él, obedecerle y convertir esto en nuestro hábito normal.
Algunos pueden decir en contra del hedonismo cristiano: “es posible tomar esta decisión
por Cristo sin el incentivo del gozo” Yo lo dudo. Pero este tema en esta mañana no.”
Puedes tomar la decisión por Cristo sin el incentivo del gozo; pero... ¿pudieras tú? ¿Te
haría algún bien en el caso que pudieras? ¿Existe alguna evidencia en las escrituras de que
Dios aceptaría a personas que vienen a Él por cualquier otro motivo que no sea el deseo de
agradarle a Él? Algunos dirían: “Nuestro propósito de vida debiera ser agradar a Dios y no
a nosotros mismos”, “¿pero qué es lo que agrada a Dios?” Hebreos 11:6.
Sin fe es imposible agradar a Dios. Para cualquiera que quiera estar cerca de Dios debe
creer que Él existe y que Él recompensa a aquellos que le buscan.
Tú no puedes agradar a Dios, a menos que tú vengas a Él buscando recompensa.
Qué fue lo que Cristo le dijo a Pedro cuando Pedro se enfocó en su auto negación sacrificial
y dijo: “nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mateo 19:27), Jesús vio su
orgullo: “Nosotros hemos hecho la heroica decisión de sacrificarnos por Jesús”. Y ¿Cómo
Cristo sacó ese orgullo del corazón de Pedro? Él dijo:
No existe alguno que haya dejado todo por mí que no reciba su recompensa… Ahora y en
la vida eterna.
Pedro si tú no vienes a mí, por que soy el más grande tesoro, que todas esas cosas que tú
has dejado, entonces tú nunca has venido a mí, tú sigues enamorado de tu autosuficiencia.
Tú no te has convertido en un niño para el beneficio de su padre. Es este orgullo, que quiere
ser más que un bebé; buscando la justicia, paz y gozo de nuestro Cristo. La condición de la
salvación es que tú vengas a Cristo y busques la recompensa y que encuentres en el tesoro
de tu corazón que es un santo gozo.
Para resumir: existen cinco grandes verdades que cada ser humano necesita para que se
adueñe de estas cosas:
Primero: Dios es nuestro creador a quien le debemos gratitud por todo lo que tenemos.
Segundo: Ninguno de nosotros siente lo profundo, lo intenso y lo consistente de la gratitud
que le debemos a nuestro creador.
Tercero: Nosotros entonces estamos bajo la justa condenación de Dios. Nuestro propio
sentimiento judicial nos enseña que somos culpables.
Cuatro: En la muerte de Cristo Jesús por nuestros pecados Dios ha hecho la manera de
satisfacer las demandas de su justicia y alcanzar la salvación de su pueblo.
Finalmente, la condición que nosotros debemos tener para beneficiarnos de esta grande
salvación es que nosotros seamos convertidos a Cristo.- y conversión a Cristo es lo que
pasa cuando Cristo se convierte en tu tesoro y en el santo gozo de tu corazón. Cada
invitación bíblica de la palabra de Dios está enraizada en la promesa de un tesoro
purificado. Cristo mismo es una amplia recompensa por cada sacrificio. La invitación a la
palabra es sin la posibilidad de equivocarse Hedonista:
“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y
comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en
lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del
bien, y se deleitará nuestra alma con grosura.
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; Oíd y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto
eterno, las misericordias firmes de David.
(Isaías 55: 1-3)

Worship: The Feast of Christian Hedonism


(Spanish)
Adoración: El Banquete del Hedonismo Cristiano
September 25, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Salmos 63:5-6
5Como con médula y grosura está saciada mi alma; y con labios jubilosos te alaba mi boca.
6Cuando en mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante las vigilias de la noche.
La rebeldía contra el hedonismo cristiano ha matado el espíritu de adoración en muchas
iglesias. Cuando se tiene la idea de que los actos morales más sublimes deben estar libres
del interés propio, entonces la adoración, que es uno de los más sublimes actos morales que
un ser humano puede mostrar, se concibe simplemente como un deber; y cuando la
adoración se reduce a un deber, deja de existir. Uno de los más grandes enemigos de la
adoración en nuestras iglesias es nuestra propia virtud mal dirigida. Tenemos la vaga idea
de que buscando nuestro propio placer es pecado y por eso la virtud en sí misma aprisiona
el deseo de nuestro corazón y asfixia el espíritu de la adoración. ¿Para qué es la adoración?
¿Acaso no es nuestra jubilosa fiesta en el banquete de la gloria de Dios?
La adoración es un sentimiento interno y una acción externa que refleja la excelencia de
Dios; y el sentimiento interno es la esencia, porque Jesús dijo,
Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, en vano me adoran.
La adoración es vana, vacía, nada, cuando el corazón está insensible; y creo que es posible
describir la experiencia del corazón en la adoración. En general, hay tres maneras como el
corazón puede responder en adoración a Dios, y usualmente se pueden sobreponer y
coexistir.
1) El corazón puede deleitarse en las riquezas de la gloria de Dios
“Como con médula y grosura está saciada mi alma; y con labios jubilosos te alaba mi boca.
Cuando en mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante las vigilias de la noche.”
(Salmos 63:5-6)
2) El corazón puede anhelar que ese deleite sea más profundo, más
intenso y más consistente.
“Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi
alma tiene sed de Dios, del Dios viviente; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de
Dios?” (Salmos 42:1-2)
3) El corazón puede arrepentirse con dolor cuando no siente el deleite
en Dios, ni el anhelo de deleitarse en Dios.
“Cuando mi corazón se llenó de amargura, y en mi interior sentía punzadas, entonces era yo
torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti.” (Salmos 73:21-22)
Por tanto, si no sientes deleite en las riquezas de la gloria de Dios, ni el anhelo de ver y
conocer mejor a Dios, ni sientes dolor que tu anhelo y deleite sean tan pobres, entonces no
estás adorando. ¿Acaso no es claro que una persona que piensa como una virtud vencer el
interés propio y que piensa que es un vicio buscar nuestro propio placer, difícilmente tendrá
la capacidad para adorar? Porque la adoración es la muestra de amor más hedonista de la
vida y no debe ser arruinada por el mínimo pensamiento de desinterés. El gran
impedimento para la adoración no es que somos personas buscadoras de placer, sino que
estamos dispuestos a conformarnos con placeres que dan lástima. Jeremías lo pone de esta
manera:
“¿Ha cambiado alguna nación sus dioses, aunque ésos no son dioses? Pues mi pueblo ha
cambiado su gloria por lo que no aprovecha. Espantaos, oh cielos, por esto, y temblad,
quedad en extremo desolados--declara el SEÑOR. Porque dos males ha hecho mi pueblo:
me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas
agrietadas que no retienen el agua.”
(Jeremías 2:11-13)
La gran barrera que impide a uno alabar entre el pueblo de Dios no es que siempre
buscamos nuestra propia satisfacción, sino que nuestra búsqueda es tan débil y sin
entusiasmo que nos conformamos con cisternas rotas cuando hay una fuente a la vuelta de
la esquina.
Uno de mis más importantes tutores en el hedonismo cristiano ha sido C.S. Lewis.
Recuerdo cuan grandioso fue el descubrimiento cuando leí en 1968 la primera página de su
sermón, “El Peso de Gloria”. No es nada más de lo que Jeremías dijo, pero es más de esta
época.
Si preguntaras a 20 buenos hombres de hoy día cuál consideran como la mayor de las
virtudes, diecinueve te responderían, la abnegación o desinterés propio. Pero si preguntaras
a casi cualquiera de los grandes cristianos de la antigüedad te responderían, amor. ¿Ves que
ha pasado? Un término positivo ha sido sustituido por uno negativo. El ideal negativo de la
abnegación o desinterés propio sugiere principalmente, no el asegurar el bien de los demás,
sino el poder vivir nosotros sin ese bien, como si la abstinencia y no su felicidad fuese lo
importante. No pienso que esta sea la virtud del amor cristiano. El Nuevo Testamento nos
habla mucho sobre el negarse a sí mismo, pero no como un fin en sí. Se nos dice que
tenemos que negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz, para poder seguir a Jesús; y
casi cada descripción de lo que finalmente encontraremos si así hacemos, contiene y apela
al deseo. Si en muchas mentes modernas está la noción de que desear nuestro propio bien y
sinceramente tener la esperanza de regocijo en él es malo, sostengo que esta idea se ha
arrastrado sigilosamente de Kant y los estoicos y no es parte de la fe cristiana. Más aún, si
consideramos las evidentes promesas de recompensa y la asombrosa naturaleza de las
recompensas prometidas en el evangelio, parecería que nuestro Señor encuentra nuestros
deseos, no demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas sin entusiasmo
jugueteando con bebidas y sexo cuando se nos ofrece gozo eterno, como cuando un niño
ignorante quiere jugar con el lodo de la pocilga, porque no se imagina lo que se le ofrece,
unas vacaciones en la playa. Somos muy fáciles de complacer.
¿No es así? Nuestro deseo de felicidad es muy débil. Nos hemos conformado con una casa,
con una familia, con algunos amigos, un trabajo, una televisión y microondas y PC, poder
salir algunas noches a cenar y tomar vacaciones todos los años. Nos hemos acostumbrado a
placeres tan pequeños, sin emoción, perecederos, inadecuados que nuestra capacidad de
regocijarnos se ha marchitado, y por eso nuestra adoración se ha marchitado.
Pero tengo un sueño para nuestra iglesia, y lo que el servicio de adoración podría ser si
todos en ella fueran hedonistas cristianos. Yo sueño una hora cada semana, una hora
totalmente diferente a las demás horas, es una cita corporativa cada semana con el Dios
viviente. Un cuarto lleno de personas que desde el fondo de sus corazones dicen:
“Cuando estaba en el desierto de Judá. Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi
alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua.” (Salmos
63:1)
Sueño con una reunión de personas que aman la conversación de amistades cristianas, pero
que por amor a la profundidad de esa misma conversación, la abandonan por una hora y
durante el preludio del piano se inclinan en oración sincera para que el Espíritu de Dios
descienda sobre nuestra adoración y sacuda este lugar con su poder. Sueño con familias de
creyentes reunidas el domingo en la mañana genuinamente felices en Dios, como familias
que están en su primer día de vacaciones, o alrededor de un gran pavo en el día de acción
de gracias, o al lado de un árbol de navidad cuando se están repartiendo los regalos.
Corazones libres para regocijarse, libres para decir “¡AMÉN!” cuando el coro nos lleva a
Dios, o cuando la alabanza del piano entroniza al Rey de Reyes, o cuando los predicadores
hablan alguna verdad incomparable del evangelio. Yo sueño una hora juntos, donde el
rencor se desvanece y las viejas heridas irritadas se sanan con el calor del regocijo en el
Señor. Una hora donde los santos abatidos absorben el poder y la fuerza del Señor para
volver a trabajar renovados y fuertes para el lunes. Sueño con personas reunidas,
hambrientas por escuchar la Palabra de Dios, y para hacer ruidos de júbilo al Dios de su
salvación a son de cantos, órganos, pianos y trompetas, y flautas, cuerdas, címbalos y
voces. Yo sueño una vez a la semana con ustedes, donde nos encontremos con Dios juntos
en tan real y evidente manera que los visitantes entren y digan: “¡Ciertamente Dios está en
este lugar!”
No es meramente un sueño. Es la voluntad de Dios para con nosotros y es lo que está
sucediendo. Un hombre vino a verme la semana pasada, quién había visitado nuestro culto
de adoración en la mañana un par de veces. Él dijo que sólo quería animarme a que me
mantuviera así y salieron lágrimas de sus ojos y dijo: “Yo fui a mi casa y lloré porque
nosotros no adoramos en mi iglesia de la manera que tú lo haces en la tuya.” Yo estaba
sorprendido, porque yo sé cuanto camino aun nos queda por recorrer. Como recién
convertido había sido nutrido en una iglesia muy informal, en una casa. Entonces dije:
“Nuestro servicio debe parecerte rígido entonces, ya que todo es tan planificado”. Pero él
dijo: “No, no. No es la forma o la estructura. Es que hay vida. El liderazgo y las personas
están realmente encontrándose con Dios.” Y él esta correcto. Hay iglesias carismáticas
muertas e iglesias litúrgicas vivas. La forma es sólo el camino para mantenernos a todos en
la misma dirección; que la máquina de la adoración corra como una bala por los rieles, o
que se detenga fría en la estación, depende de si somos hedonistas cristianos o no.
Entonces ¿Qué podemos hacer para realizar este sueño en nuestra iglesia? Dos cosas: Una
intelectual, la otra emocional. Tendremos que convencernos intelectualmente que las
objeciones contra el hedonismo cristiano no son válidas, y tendremos que despertar nuevas
y poderosas emociones en nuestros corazones para Dios. Permítame dar respuesta a cuatro
objeciones al hedonismo cristiano relacionadas con la adoración.
1. Primero, hedonismo cristiano no significa que Dios se hace inferior para
ayudarnos a conseguir placeres seculares. El placer que un hedonista
cristiano busca es el placer que está en Dios mismo. Él es el fin de
nuestra búsqueda de gozo, no el medio para algún otro fin. “Entraré al
altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; te alabaré con arpa, oh
Dios, Dios mío.” (Salmos 43:4). Él es nuestro máximo regocijo, no las
calles de oro o una reunión con un pariente, u otra bendición en la tierra
o el cielo. La semana pasada hablábamos sobre Hebreos 11:6 que no
agradas a Dios a menos que tu vengas a él por recompensa, y hoy
insisto otra vez, la recompensa es comunión con Dios mismo.
2. Segundo, el hedonismo cristiano está conciente de que nuestra propia
conciencia mata el gozo y por ende mata la adoración. Tan pronto como
vuelves tus ojos a ti mismo y te das cuenta de que estás
experimentando gozo, se va. El hedonismo cristiano sabe que el secreto
del gozo es olvidarse de sí mismo. Sí, nosotros vamos al Instituto de Arte
de Minneapolis para alegrarnos viendo las pinturas. Pero el consejo del
hedonismo cristiano es: Mantén una completa atención en las pinturas y
no a tus emociones, o arruinarás toda la experiencia. Por eso en nuestra
adoración debemos estar radicalmente orientados a Dios, y no a
nosotros mismos.
3. Tercero, el hedonismo cristiano no hace un Dios del placer. Pero sí dice
que ya has hecho un dios de cualquier otra cosa que te produzca más
placer.
4. Cuarto, el hedonismo cristiano no nos pone por encima de Dios cuando
lo buscamos por interés propio. Un paciente no es mayor que su doctor
porque él es el que viene a ser sanado. Un niño no es mayor que su
papá cuando quiere divertirse jugando juntos. Supongan que en
diciembre 21 yo le lleve a mi esposa 15 largas rosas rojas a la casa para
celebrar nuestro aniversario, y cuando ella diga: “Son muy hermosas,
Johnny, gracias” yo responda: “Ni lo menciones, es mi deber.” Con esa
palabra, todos los valores morales desaparecen. Sí, es mi deber, pero a
menos que yo sea movido por un espontáneo afecto hacia su persona,
ella menospreciará el ejercicio de mi deber. Eso es lo que tiene que
cambiar en nuestra adoración. Menospreciamos a Dios cuando sólo
vamos tras los movimientos externos en nuestra adoración y no nos
complacemos en Su persona. Exalto a mi esposa y no la menosprecio
cuando yo le digo, “la razón por la que quiero salir a solas contigo esta
noche es porque encuentro placer estando contigo.” El principal de los
propósitos del hombre es glorificar a Dios disfrutando de Él para
siempre, y si no disfrutamos de Él no le glorificamos. Por eso digo otra
vez que mi sueño de que nuestra iglesia venga a ser un pueblo adorador
sólo se hará realidad si nos convertimos en hedonistas cristianos que no
nos conformamos con hacer pastel de lodo en las pocilgas.
Espero que antes de terminar con esta serie estén convencidos de esto en sus mentes. Pero
eso no será suficiente. Para llegar a ser verdaderos adoradores, nuevas y poderosas
emociones deben ser despertadas en nuestros corazones para Dios. A menos que cultivemos
el poder de las emociones e imaginaciones que recibimos de Dios, estas se apagarán y
morirán y así también nuestra adoración. No dejemos que nos pase lo que le pasó a Charles
Darwin. Cerca del final de su vida escribió su autobiografía para sus hijos, y expresó su
lamento. Escribió:
“A los 30 años o más, la poesía en su diversidad... me dieron un gran placer...
anteriormente las fotografías me produjeron placer considerable, y la música gran deleite.
Pero ahora y desde hace años no puedo resistir leer una línea de poesía... también he
perdido casi todo el sentido del gusto por las fotografías y la música... retengo algo de gusto
por buenos paisajes, pero no me dan el exquisito deleite que sentía anteriormente... mi
mente parece haberse convertido en una especie de máquina procesando leyes generales a
partir de una colección de hechos.”
Hermanos y hermanas, ¡por favor no dejen que esto les pase! No dejen que su cristiandad
sea la procesadora de leyes generales doctrinales a partir de una colección de hechos
bíblicos. No dejen que su primer amor se enfríe. No dejen que su admiración y asombro
como la de un niño muera. No dejen que el paisaje, la poesía y la música de la relación con
Dios se marchiten y ya no signifique nada. Ustedes tienen una capacidad para regocijarse,
la cual apenas conocen. Dios la sacará a relucir. Abran sus ojos a la gloria de Dios, está
alrededor de ustedes. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra
de sus manos.”
Dios despertará sus corazones si se lo piden y lo buscan como a un tesoro escondido. El
lunes pasado en la noche estaba volando en un jet de regreso de Chicago. Estaba casi sólo
en el avión, entonces me senté al lado de la ventana en la parte este. El piloto dijo que había
una tormenta sobre el Lago Michigan y en Wisconsin, y que la esquivaría por el oeste. Me
senté allí mirando fijamente en total tiniebla, cuando de repente todo el cielo estaba
brillante con luz y una caverna de nubes blancas cayó a dos, tres, cuatro millas por debajo
del avión y luego desapareció. Un segundo después un enorme túnel blanco de luz estalló
de norte a sur a través del horizonte, y otra vez desvaneció en tiniebla. Muy pronto la luz
era casi constante y volcanes de luz estallaban de las nubes en forma de barrancos detrás de
montañas blancas. Me senté allí moviendo mi cabeza casi sin poder creer lo que veía.
“Cristo, si esto es sólo la chispa cuando afilas tu espada, cómo será el día de tu
advenimiento.” Y recordé la palabra de Dios que dice:
“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será
también la venida del Hijo del Hombre.”
Aun ahora cuando recuerdo ese paisaje, la palabra “gloria” está cargada de emoción para
mí y agradezco a Dios que una y otra vez ha despertado mi corazón para desearle, para
adorarle; y lo hará por ti si realmente quieres que lo haga.
Every Hero Gets Hiccups (Spanish)
A Cada Héroe le Da Hipo
September 26, 1983 |by John Piper topic: Christian Biography
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Recuerdo años atrás en 1967 la primera vez que vi a mi profesor de filosofía de la
universidad con su ropa mugre cortando su propio césped. Al momento parecía que existía
un abismo tan grande entre cortar el césped y la metafísica, que sólo observé en asombro.
El anterior jueves en el diario Tribune había un reportaje acerca de la conferencia de J.R.R.
Tolkien en la Universidad Marquette en Milwaukee. A mi antiguo profesor de Inglés,
Clyde Kilby, quien trabajó con Tolkien en el Simarillon en 1966, se le reportó habiendo
dicho que Tolkien (quien escribió el espectacularmente exitoso Señor de los Anillos) “era
solamente un hombre común llevando una tipo de vida muy común. El tenía todos los
problemas de un ser humano normal, algo acentuados por su gran mente y alma.” Me dio
hipo de leer eso. Así que me trate de imaginar a Tolkien con hipo. La mejor manera de
bajar a un héroe a la tierra es imaginártelo con hipo.
Entonces, ¿Qué hacemos? ¿No tener héroes?. Esa es una conclusión muy moderna. Ambos,
Ronald Reagan y Ted Kennedy se ponen sus pantalones una pierna a la vez. Conclusión:
No hagas héroes de tipos comunes. Mira las telenovelas. ¿Ves algún héroe? No está de
moda tener héroes. No es democrático. Los héroes implican discriminación de hecho. Tener
héroes no mejora tu auto-imagen. Los héroes son proyecciones de tu propio sentido de
insuficiencia. Además, no hay ningún héroe real. A todos ellos les da hipo.
Héroe (‘e.ro.e), m. pl.-ROES (-ro.es). Personaje principal que toma una parte admirable en
cualquier acción o evento notable; por tanto, una persona considerada como un modelo.
Bueno, yo creo en héroes ¡Sí, Señor! De hecho, yo creo que una de las razones por las que
nos contentamos con esas vidas comunes de “telenovelas” es porque no tenemos héroes. No
hay ninguna foto de alguien pegada en nuestra pared para incitarnos a la grandeza. La
Biblia nos enseña a tener héroes. ¿No es eso lo que significa Hebreos 11? ¡Elije a un héroe!
“y considerando el resultado de su conducta, ¡imitad su fe!” (Hebreos 13:7). ¿Quién es tu
héroe? Oh, cuánto necesitamos héroes que nos saquen de la inercia de lo común.
Consíguete un héroe. No ser capaz de encontrar uno es admitir que la vida es insípida y
siempre ha sido insípida. Pero la vida en Cristo no debe—no puede—ser insípida. ¡Mira las
biografías Cristianas! Habla con Donna Rasmussen acerca de la emoción y el reto de la
historia de Henrietta Mears! ¡Habla con Tom Steller acerca del libro George Whitefield de
Dallimore! ¡Háblame acerca de Jonathan Edwards y C.S. Lewis y Daniel Fuller!
Tú nunca sentirás que la vida no tiene esperanza y es insípida si encuentras un gran héroe
Cristiano. Por su puesto, todos ellos tienen hipo. Pero eso es parte de la emoción: ¡Son
como nosotros y mira lo que Dios hizo por medio de ellos!
En búsqueda de lo mejor junto a ustedes,
Pastor John.
Love: The Labor of Christian Hedonism
(Spanish)
El Amor: La Labor del Hedonista Cristiano
October 02, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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La benevolencia dirigida a Dios de una manera desinteresada es blasfemia. Si vienes a Dios
sumisamente ofreciéndole a Él beneficio de tu amistad en lugar de ir a Él sediento por su
comunión, entonces te estás exaltando sobre Dios como benefactor y le rebajas a Él a un
necesitado beneficiario –y eso es blasfemia-. La única manera de honrar y glorificar la toda
suficiencia de Dios es venir a Él por el deleite de conocerle y ser objeto de su amor. A esto
le podemos llamar hedonismo cristiano vertical. Entre Dios y el hombre, en el eje vertical
de la vida, la búsqueda del deleite no es sólo tolerable; es mandatorio: “Deléitate así mismo
en Jehová”. El propósito principal del hombre es glorificar a Dios por medio de deleitarse
en Él.
Pero, ¿Qué acerca del hedonismo cristiano horizontal? ¿Qué de nuestra relación con otras
personas? ¿Es la benevolencia desinteresada el ideal entre los hombres? O ¿Es la búsqueda
del placer mandatorio en el eje horizontal también? La respuesta del hedonismo cristiano es
que la búsqueda del placer es una motivación esencial para toda buena obra. Puesto de otra
manera, si abandonas la búsqueda del placer pleno y duradero, no puedes amar a los demás
ni agradar a Dios. Me gustaría intentar mostrarte por las Escrituras por qué creo esto; trata
con algunos pasajes problemáticos y entonces termina con el desafío de disfrutar una larga
historia del hedonismo cristiano en la labor de amar en la iglesia y en el mundo.
Veamos primero 2 Corintios 8: ¿A qué clase de obra Pablo denomina amor en el pasaje?
“Queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En
medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron
en rica generosidad...No hablo como quien manda, sino para poner a prueba por la eficacia
de otros, la sinceridad también del amor vuestro” (8:1,2,8).
Pablo pone a los macedonios como un ejemplo del más sincero amor para ser imitado por
los Corintios. Según los versos1 y 2, ¿Qué es el amor?
1. Es el resultado de la obra de la gracia divina: “Queremos que se enteren de la gracia
que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia” (v.1).
2. Esta experiencia de la gracia de Dios llenó de gozo a los Macedonios. “En medio de
las pruebas más difíciles, su desbordante alegría en su extrema pobreza abundaron
en rica generosidad” (v.2). Nótese que el gozo no se debía a que Dios los había
prosperado en el aspecto financiero. De hecho, ellos estaban en extrema pobreza
según el verso 2. Por tanto, el gozo era un gozo en Dios y no en los bienes.
3. El gozo en la gracia de Dios fluía en generosidad para suplir las necesidades de los
pobres santos en Jerusalén. Entonces, ¿cuál es el amor que Pablo ve aquí? El amor
es el desbordamiento del gozo en la gracia de Dios, el cual, con alegría, suple las
necesidades de los demás.
Notemos lo que dice el verso 4: “Ellos rogaron con sinceridad a Pablo que aceptase la
gracia y la comunicación del servicio para los santos. No debemos pensar que cuando ellos
dieron libremente, su relación con Dios les obligó a actuar contra sus propios deseos.
Cuando un hijo le pide una vuelta más a su padre en la montaña rusa, no es porque ellos son
guiados por un precepto moral contrario a sus deseos. Cuando los macedonios pidieron a
Pablo que les diese el privilegio de ofrendar para una causa de benevolencia, debemos
asumir que ellos querían hacerlo. Es claro que ellos se estaban negando a sí mismos todos
los placeres o comodidades que podrían conseguir con el dinero que repartían, pero el gozo
de extender la gracia de Dios a otros es mucha mejor recompensa que cualquier otra cosa
que el dinero pudiera comprar. Estas personas estaban tan llenas del gozo de Dios que el
ofrendar (aún en pobreza) no es una carga, sino una bendición. Ellos descubrieron la gran
tarea del hedonista cristiano: EL AMOR. Esta es la abundancia del gozo en Dios que con
alegría hace frente a las necesidades de los demás.
He escuchado con frecuencia que el amor no es un asunto de sentimientos sino de acciones.
Esto es una simplificación muy drástica (y se fundamenta en una teología que cree en la
posibilidad de ética sin nuevo nacimiento). ¿Por qué Pablo dice en 1 Cor. 13:3 “Si
repartiese todo lo que tengo para dar de comer a los pobres...y no tengo amor, de nada me
sirve”? La razón de esto es que al amor genuino es siempre algo más que acción.
Pablo no tomó como ejemplo a los Macedonios porque simplemente dieron con
generosidad. Él los tomó como ejemplo porque su ofrenda sobreabundó de gozo en la
gracia de Dios. Una acción de benevolencia que no proviene del gozo en la gracia de Dios
no es amor. Lo único que Pablo denomina amor es la labor del cristiano hedonista: la
acción benevolente de aquellos que han sustentado su satisfacción en Dios y ahora buscan
expandir este gozo con otros.
¿Lo ves? Espero que sí. La búsqueda del placer pleno y duradero es un motivo esencial
para toda buena obra, y si la abandonas no puedes amar al prójimo ni agradar a Dios.
Veamos si esto es confirmado en otros pasajes de la Biblia. Pablo continúa su súplica para
fondos en 2 Corintios 9. Él da un principio más sustancioso en el verso 7.
“Cada uno debe dar como propuso en su corazón: no con tristeza, porque Dios ama al dador
alegre”. Según el texto, Dios no aprecia cuando las personas actúan benevolentemente, pero
sin un corazón agradecido. Cuando las personas no encuentran placer en sus actos de
servicio, Dios no encuentra placer en ellos. Él se deleita en el dador y servidor alegre. Por
eso es que digo, que si abandonamos perseguir el placer pleno y duradero, no podremos
agradar a Dios. Si nosotros somos indiferentes a dar alegremente, somos indiferentes a lo
que agrada a Dios, y agradamos a Dios cuando nos deleitamos en dar. De esta misma
forma, es esencial que seamos cristianos hedonistas en el plano horizontal, es decir, en
nuestras relaciones con el prójimo, siempre persiguiendo la alegría de dar.
Consideremos 1 Pedro 5. Cuando Pedro les dice a los ancianos como ellos en su ministerio
deben dirigir el rebaño de Dios, aplica el mismo principio pastoral que mencionó en 2
Corintios 8 sobre las finanzas.
Atender el rebaño de Dios que está a tu cargo, no por fuerza, sino voluntariamente; no para
ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto.
Dios ama al pastor alegre. El mandamiento de Dios no es que sólo hagamos nuestro trabajo,
sino que encontremos deleite en Él. Si no persigues el deleite en tu ministerio, entonces no
persigues el mandato de Dios. Phillip Brooks, un pastor episcopal en Boston, 100 años
atrás, y el autor del libro “Oh pequeña ciudad de Belén”, escribió acerca del pastorado:
“Yo pienso, otra vez, que es esencial para el éxito del predicador que él debe disfrutar
entrañablemente su trabajo. Esto es, no sólo en el momento de pensar, sino también de
actuar. Ningún hombre para quien los detalles de su tarea resulten repulsivos puede llevarla
a cabo bien constantemente, por mucha plenitud que este pueda otorgar a su espíritu. Puede
que haga algo con mucha energía y que lo soporte a pesar que no le guste, pero no podrá
continuar trabajando año tras año, día tras día. Así que, tanto si lo consideras un placer
perfectamente legítimo o un elemento esencial de tu fuerza, si puedes experimentar un
sencillo deleite en lo que tienes que hacer como ministro, en lo apasionante que es escribir,
en un sentimiento de profundo placer al hablar, en estar delante de la audiencia y causarles
impresión, en el contacto de los jóvenes, cuanto más plenamente lo disfrutes, mejor lo harás
todo”.
En el orden de ministrar en la iglesia o en el mundo en una manera que agrada a Dios,
nosotros debemos creer y perseguir la palabra de Jesús, la cual Pablo utiliza en Hechos
20:35 sobre inspirar otro grupo de ancianos:
“Recuerda las palabras del Señor Jesús, cuando dijo, hay más bendición en dar que en
recibir”.
Cuando Pablo dice “recuerda esta promesa”, quiere decir que hay un gran valor y un
conciso incentivo por nuestro ministerio. Él quiere decir que el valor moral de nuestra
generosidad no es arruinado cuando lo perseguimos de manera hedonista. No está mal
desear y perseguir la bendición que Cristo ha prometido cuando dijo: “Hay más bendición
en dar que en recibir”.
El impedimento de amar a otras personas es el mismo impedimento de amar a Dios. El
obstáculo que nos mantiene fuera de obedecer el primer mandamiento vertical, es el mismo
obstáculo que nos mantiene fuera de obedecer el segundo mandamiento horizontal. El
obstáculo no es que todos estamos tratando de complacernos a nosotros mismos, sino que
estamos muy lejos de complacernos fácilmente. Muchas veces no creemos las palabras de
nuestro Salvador cuado nos dice que hay más bendición, más alegría, más grande y
duradero placer en la vida devota a ayudar a otros que la que hay en la vida devota al
confort material. De esta misma manera, debe haber un gran anhelo por contentamiento
que, (de acuerdo con Cristo), debe llevarnos a la simplicidad de la vida y a las labores de
amor contenidas en ellas mismas, en vez de las cisternas rotas de la prosperidad y el
confort. El mensaje que necesitamos proclamar desde la torre más alta y desde el mismo
centro de los buscadores del placer es esto: Ustedes no están ni cerca de ser hedonistas”.
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones
minan y hurtan: más haceos tesoros en los cielos, donde ni la polilla y ni el orín corrompen,
y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:19-20).
Renuncia a estar satisfecho con el 5% de producción de placer que te consume en meses de
aflicción, de polilla y de muerte. Invierte en tarjeta azul bien marcada y asegura en el cielo.
Una vida devota a la comodidad material que taladra, es como tirar dinero a un hoyo de
ratas. Pero el amor simplificado por el gran placer que nos va a producir dividendos de
gracia sobrepasará y nunca terminará.
Oye la palabra de: “Vende todo lo que tienes y dad limosnas; haceos bolsas que no se
envejecen, tesoros en los cielos que nunca faltan; donde ladrón no llega ni la polilla
corrompe”.
Hermanos y hermanas, el mensaje que nosotros tenemos para el mundo es la palabra de
Dios; Buenas noticias: “Dejemos las cisternas rotas temporales, placer insatisfactorio. Ven
a Cristo, en cuya presencia podrás obtener placer pleno y duradero. Únete a nosotros en la
labor del hedonismo cristiano, porque Dios ha hablado: “Hay más bendición en amar que
en vivir en lujos”. Considera lo que enseña Hebreos 10:32-34. Es impresionante el
sobreabundante placer en los tesoros del cielo que produjo el amor en los primeros
cristianos en las garras de la severa persecución.
“Recuerda aquellos días cuando después de haber sido iluminado, soportaste la aflicción
con sufrimientos; algunas veces ser expuesto públicamente al abuso y a la aflicción; y a
veces ser compañero de aquellos que fueron tratados de la misma manera. Porque de los
presos también os compadecisteis y del despojo de vuestros bienes sufriste con gozo,
sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis,
pues, vuestra confianza, que tiene tan grande galardón” (Hebreos 10:32-35).
Estos cristianos fueron motivados al ministerio en la prisión, de la misma manera que los
Macedonios en 2 Corintios 8:1-8 fueron motivados a aliviar al pobre. Su gozo en Dios se
manifestaba en amor por los demás. Ellos miraron sus propias vidas y dijeron: “Mejor es tu
misericordia que la vida” (Salmos 63:3). Ellos miraron todas sus posesiones y dijeron:
“Tenemos una herencia en los cielos perdurable y mejor que cualquiera que estas cosas”
(v.34). Entonces, se miraron los unos a los otros y dijeron:
“Nos pueden despojar
De bienes, nombre, hogar,
El cuerpo destruir,
Mas siempre ha de existir
De Dios el reino eterno”.
(Martín Lutero)
Con gozo renunciaron a todo lo que poseían (Lc. 14:33) y siguieron a Cristo yendo a la
prisión a visitar a sus hermanos y hermanas. El amor es la abundancia de gozo en Dios que
hace frente a las necesidades de los demás.
Para subrayar lo que quiere, el autor de hebreos pone a Moisés como ejemplo de esta clase
de hedonismo cristiano (vs.24-26). Fijémonos en lo parecida que es su motivación a la de
los primeros cristianos del capítulo 10 y a los macedonios de 2 Corintios 8.
“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, escogiendo
antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios, porque
tenía la mirada puesta en el galardón”.
El autor de este libro manifiesta que el deseo de los cristianos de una herencia mejor y más
duradera produjo un amor gozoso que les costó sus bienes. Aquí en el capítulo 11, Moisés
es un héroe para la iglesia, porque su deleite en la recompensa prometida se manifestó con
tal gozo, que consideró como basura los placeres de Egipto, quedando así ligado en amor al
pueblo de Dios para siempre.
Miremos a Cristo, el autor y consumador de la fe, que con gozo fue elegido desde antes de
la fundación del mundo para sufrir en la cruz.
La más grande labor de amor que ha ocurrido alguna vez, fue posible porque Jesús
persiguió el más grande e inimaginable deleite, es decir, el gozo de ser exaltado a la diestra
de Dios en la asamblea de los redimidos.
Este ejemplo de Cristo nos da una buena oportunidad para lidiar con algunas
contradicciones aparentes en algunos textos, que son muy frecuentemente traídos en
respuesta al hedonismo cristiano. Por ejemplo, 1 Corintios 13:5 dice: “El amor no busca lo
suyo”. 1 Corintios 10:24 dice: “No buscando lo suyo propio, sino lo del otro”. Y Romanos
15:1-3, dice: “Si los que somos más firmes debemos llevar las flaquezas de los débiles y no
agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en bien a
edificación, porque Cristo no se agradó a Sí mismo; antes bien, como está escrito: los
vituperios de los que te vituperan cayeron sobre mi”.
¿Entonces este pasaje contradice el hedonismo cristiano? No lo creo. Cuando Pablo dice “el
amor no busca lo suyo”, él no quiere decir que el amor no toma deleite en los actos de
servicio (Rom. 12:8). Él tampoco quiere significar que si soy atraído a predicar la emoción
de compartir las buenas noticias de Dios, no puede ser un acto de amor. Él sigue diciendo:
“El amor todo lo espera” (1 Corintios 13:7). Pero, ¿Qué es el gozo sino la expectación de
que algo deleitoso va a ocurrir? Si damos a Pablo el beneficio de la duda, en vez de asumir
que él se contradice a sí mismo, el simple significado de todo esto es que los cristianos no
deben buscar su propio placer a expensas del amor. Nosotros debemos unirnos a Cristo en
la vía del Calvario, sufriendo, siendo avergonzados y en simplicidad. Pero no de mala gana,
no quejándonos. Debemos unirnos al Señor en esta vía de amor, por el gozo que se ha
puesto frente a nosotros, porque Dios ama al dador alegre, porque Dios ama al pastor
apasionado o deseoso, porque hay más bendición en dar que en recibir, porque el sufrir con
Cristo es más grande que el bienestar de los placeres de Egipto, porque si perdemos
nuestras vida por Él la ganaremos.
Si, existe la doctrina de la auto negación en la Biblia. Debemos negarnos a nosotros
mismos la honra del hombre para que así disfrutemos de la aprobación de Dios; debemos
negarnos a nosotros mismos los tesoros de este mundo para así disfrutar del bienestar
eternal; debemos negarnos a nosotros mismos en cuanto a la seguridad puesta en los
hombres de tal manera que disfrutemos de la seguridad en Dios; debemos negarnos a
nosotros mismos borracheras y glotonerías para que seamos invitados al más grande
banquete del universo; debemos negarnos a nosotros mismos en la auto confianza para que
podamos decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Dios nunca te pedirá que te
niegues a ti mismo un mayor valor por un menor valor. Ese menor valor es precisamente el
pecado. Por el contrario, siempre, Dios nos manda a negarnos los placeres de un segundo
grado, de tal manera que obtengamos los placeres plenos y eternos de primer grado.
Después de este sumario vertical en la fiesta del hedonismo cristiano en adoración, viene su
sumario horizontal a la labor del hedonismo cristiano en amor a los demás. El orden es
crucial, el amor es la abundancia de placer en Dios que nos hace conocer las necesidades de
los demás.
Muchos santos, al pasar de los siglos, han descubierto que perseguir el placer es un motivo
esencial para toda buena obra y si abandonas este propósito de llenarte de este gran placer,
no podrás amar al prójimo ni agradar a Dios. George Muller de Bristol escribió: “Yo veo
más claro que nunca, que el primer y gran negocio que deseo atender cada día es tener mi
alma feliz en el Señor” (autobiografía, p.52). Ese gozo que tenía en Dios sobreabundó en
una vida de amor a los huérfanos de Inglaterra.
El hijo de Hudson Taylor grabó a su padre en sus últimos momentos, diciendo: Yo nunca
hice un sacrificio”. Su hijo comenta, “lo que él dijo fue la verdad, pues las compensaciones
fueron tan reales y duraderas que llegó a la conclusión de que dar es recibir cuando el
corazón está ligado con Dios” (El secreto espiritual de Hudson Taylord, p.30). A partir de
este corazón que se regocijó en Dios, creció una iglesia de millones de personas en China.
Jonathan Edwards, cuya predicación causó el primer gran avivamiento en América en los
1740, resolvió en sus años de universidad: “Para esforzarme a obtener por mi mismo la
mayor felicidad en el otro mundo tan posible como sea posible, con todas las fuerzas, vigor
y vehemencia, ¿Está completa, la idea?
En la década de los 80, oí a un joven pastor asociado de la Iglesia Bautista de Sion dar una
conferencia en una casa de hospitalidad, donde él vino a conocer al Señor como un niño del
centro de la ciudad. Ahora, después de graduarse del seminario en California, él ha vuelto a
su trabajo en Minneapolis. Una de las oraciones que recuerdo es esta: “Si puedo amar a
alguien, ¡oh!, sería feliz”. Este es un buen comentario concluyente en las palabras de Jesús:
“Es más bienaventurado dar que recibir”. Sigamos caminando rumbo a Belén.

Money: Currency for Christian Hedonism


(Spanish)
El Dinero: La Moneda para el Hedonismo Cristiano
October 09, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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1 Timoteo 6:6-19
6Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de
contentamiento. 7Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él.
8Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos. 9Pero los que
quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que
hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10Porque la raíz de todos los males es
el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron
con muchos dolores.
11Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el
amor, la perseverancia y la amabilidad. 12Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la
vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de
muchos testigos. 13Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo
Jesús, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, 14que guardes el
mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo,
15la cual manifestará a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de
reyes y Señor de señores; 16el único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible; a
quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A El sea la honra y el dominio eterno. Amén.
17A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la
incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas
para que las disfrutemos. 18Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras,
generosos y prontos a compartir, 19acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento
para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida.
El dinero es la moneda del Hedonismo Cristiano en el sentido de que lo que haces con él –
o deseas hacer con él – puede construir o destruir tu felicidad para siempre.
1 Timoteo 6:6-19 nos dice con mucha claridad que lo que haces con el dinero puede
destruirte (v.9); o puede asegurar tu vida eterna (v.19). Me parece a mí que este texto nos
enseña a usar nuestro dinero de la mejor manera, de tal forma que podamos alcanzar
ganancias más grandes y duraderas. Así que el texto aboga a favor de lo que he llamado
hedonismo cristiano: – El punto de vista no nada más permitido, sino también ordenado por
Dios, en nuestro intento de alcanzar nuestro completo y más duradero gozo; y que todos los
males del mundo vienen no porque nuestro anhelo por felicidad es muy fuerte sino porque
es muy débil, al punto que nos conformamos con placeres pasajeros que no satisfacen
nuestra alma en lo más profundo sino que la destruye.
Pablo le escribe a Timoteo unas palabras de advertencia acerca de algunos engañadores
astutos que descubrieron que podían enriquecerse en el avivamiento evangelístico de Efeso.
Según Efesios 6:5 estos asumían que la piedad era un medio de ganancia. Eran tan adictos
al amor al dinero que la verdad no tiene lugar en sus afectos. No se regocijan en la verdad.
Sino, se regocijan en la evasión de impuestos. Están dispuestos a aprovecharse de cualquier
nuevo interés popular para ganarse unos centavos. Nada le es sagrado. Si sus beneficios son
grandes y gordos, las estrategias publicitarias son un asunto indiferente. Si la piedad es
popular, entonces vendamos piedad. El sexo siempre vende, pero la piedad viene y se va.
Tienes que tomar la cresta de la ola para poder aprovecharla. Vivimos en tiempos buenos
para sacar beneficios de la piedad. El Mercado de la piedad está caliente para los
vendedores de libros, crucifijos plateados, hebilla de peces, madera de olivo, etiquetas
engomadas para carros, cruces de la buena suerte con agua bendita por dentro para el bingo
y con garantía de 90 días o si no te devuelven el dinero. Vivimos en tiempos buenos para la
ganancia en la piedad.
Pablo pudo haber respondido a este intento de convertir la piedad en ganancia diciéndoles:
‘Timoteo, no les sigas, porque los cristianos no viven para las ganancias. Los cristianos
hacen lo bueno porque es correcto. Los cristianos no son motivados por las ganancias.”
Pero eso no fue lo que Pablo le dijo en el verso 6. El dijo “la piedad es medio de gran
ganancia acompañada de contentamiento.”
En vez de decir que los cristianos no viven para las ganancias, él dice que los cristianos
debieran vivir para mayores ganancias que los centavos; que es por lo que viven los
engañadores astutos. La piedad es el medio para conseguir esta gran ganancia pero sólo si
estamos dispuestos a vivir contentos con la sencillez y no con la avaricia por las riquezas.
“La piedad acompañada de contentamiento es una gran ganancia.” Si tu santidad te ha
librado del anhelo de ser rico y te ha permitido estar contento con tu actual condición,
entonces la piedad ha sido medio de gran e inmensa ganancia en tu vida (1 Tim 4:8). La
piedad que vence el anhelo de tener abundancia material es una gran ganancia espiritual.
Así que el verso 6 nos está diciendo que es gran ganancia no perseguir las riquezas
materiales.
Lo que sigue en los versos 7-10 son tres razones del por qué no debemos perseguir las
riquezas. Primero permítame insertar una clarificación o nota de balance. Vivimos en una
sociedad donde muchos negocios legítimos dependen de enormes concentraciones de
capital. No se puede construir una nueva planta de manufactura sin millones de dólares en
capital. Por lo tanto los gerentes financieros en grandes negocios comúnmente tienen la
gran responsabilidad de acumular reservas, por ejemplo, vendiendo acciones de la empresa.
Cuando la Biblia condena el deseo de ser rico no está necesariamente condenando un
negocio en particular que busca expandirse y aumentar su capital. Puede ser que los
administradores de la empresa sean codiciosos de ganancias personales, o puede ser que
tengan nobles motivaciones para que el crecimiento de la empresa beneficie a más
personas. Y aún cuando un empleado se le ofrece un mejor salario y lo acepta, eso no es
suficiente para condenarlo por anhelar ser rico. Quizás aceptó el trabajo porque anhela
fervientemente el poder, estatus y los lujos que da el dinero, o quizás esté contento con lo
que tiene y piensa usar el dinero extra para construir un orfanato, o dar una beca, o mandar
a un misionero, u ofrendar para una nueva obra urbana.
Estar trabajando para ahorrar dinero para la causa de Cristo no es lo mismo que anhelar ser
rico. Lo que Pablo nos está advirtiendo no está relacionado con el deseo de ahorrar dinero
con fines de suplir nuestras necesidades y las de otros; sino que nos advierte del peligro de
anhelar tener más y más dinero para elevar el ego y los lujos.
Veamos ahora las 3 razones que Pablo da en los versos 7 al 10 del por qué no debemos
desear ser ricos.
1. Primero, en el verso 7: “Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar
de él”. O como dice Flossie O’Connor: “En el carro fúnebre no hay espacio para maletas”.
Supongamos que alguien entre a un museo de arte frente a todos en una gran ciudad y
comience a tomar para sí las pinturas de las paredes y ponerlas debajo de sus brazos. Tú te
acercas a él y le dices: ¿Qué haces? Y el responde:- “Me estoy convirtiendo en un
coleccionista de arte”; y le dices: ¡Pero no te pertenecen, y además no te permitirán salir
con todo eso! ¡Tienes que salir igual como cuando entraste!
Pero el responde una vez más: ¡Claro que son mías! ¿No te das cuenta que las tengo debajo
de mis brazos, y que la gente me ve como un importante coleccionista? Yo no me preocupo
de cuando vaya a salir. No me dañes el momento. A tal hombre le llamaríamos un necio,
apartado de la realidad. Así es todo aquel que se gasta a sí mismo para enriquecerse en esta
vida. Saldremos de la misma manera en que entramos.
O imaginemos 269 personas entrando a la eternidad en un accidente de avión. Antes del
accidente había un político, un ejecutivo corporativo millonario, un ‘playboy’ y su mujer,
un niño de un misionero volviendo a casa después de haber visitado a sus abuelos. Después
del accidente están parados frente a Dios desnudos de toda Master Card, chequera, línea de
crédito, ropa de último modelo, exitosos libros y reservaciones del Hilton.
El político, el ejecutivo corporativo millonario, el ‘playboy’ y su mujer, y el niño están al
mismo nivel, con absolutamente nada en sus manos y solamente lo que llevan en su
corazón. Cuán absurdo y trágico será la apariencia en ese día de aquel que ama el dinero;
como el hombre que se pasó la vida coleccionando entradas al tren y al final tan
preocupado que pierda la salida del tren. No trates de enriquecerte: “Porque nada hemos
traído al mundo, así que nada podemos sacar de él.”
2. Segundo, verso 8: “Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos
contentos” El cristiano puede y debe de estar contento con tener las necesidades sencillas
de la vida. Mencionaré 3 razones del por qué la sencillez es posible y buena: Primero,
porque cuando tienes a Dios cerca de ti y para ti, no necesitas el dinero o cosas extras para
tener paz y seguridad.
Hebreos 13:5-6 dice, “Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque
Él mismo ha dicho: NUNCA TE DEJARÉ NI TE DESAMPARARÉ, de manera que
decimos confiadamente: EL SEÑOR ES EL QUE ME AYUDA; NO TEMERÉ. ¿QUÉ
PODRA HACERME EL HOMBRE?”
Por lo cual decimos confiadamente “El SEÑOR está a mi favor; no temeré. ¿Qué puede
hacerme el hombre?”
No importa la dirección en que se esté moviendo el Mercado, Dios siempre es mayor que el
oro. Así que con la ayuda de Dios podemos estar contentos con las necesidades sencillas de
la vida.
Segundo, podemos estar contentos con las necesidades sencillas de la vida porque la
satisfacción de los deleites más profundos que Dios nos da a través de la creación son dones
gratis de la naturaleza y relaciones de amor con otras personas. Después que tus
necesidades básicas han sido suplidas con dinero comienza a disminuir tu capacidad de
disfrutar estos placeres en vez de aumentar. El comprar cosas no contribuye absolutamente
nada a la capacidad del corazón a gozarse.
Hay una gran diferencia entre el entusiasmo temporal de un nuevo juguete y el de un abrazo
de bienvenida a un amigo devoto. ¿Cual de las dos crees que tendría la satisfacción de gozo
más profunda en la vida, el que paga $100.00 por quedarse una noche en una suite del piso
40 del edificio más lujoso de la ciudad, fumando en un bar lleno de mujeres extrañas y
tomando tragos de 10 dólares; o un hombre que se queda en un Motel 6 al lado de una finca
de girasoles y escribiendo cartas de amor a su esposa en lo que aprecia el amanecer?
Tercero, podemos estar contentos con las necesidades sencillas de la vida porque podemos
invertir el resto del dinero en las cosas que en realidad tienen valor. Tres billones de
personas desconocen a Jesucristo. De esos 2 de cada 3 no tienen un cristiano viable que
pueda predicarles. Si han de llegar a escuchar (Cristo manda a predicarles) misioneros de
distintas culturas deben ser mandados y eso requiere dinero.
Todas las riquezas necesarias para mandar a estos nuevos escuadrones de embajadores
pueden ser encontradas dentro de la iglesia estadounidense. Si nosotros como Pablo, nos
contentamos con las simples necesidades de la vida, entonces miles de dólares en
Bethlehem (‘Belen’ La Iglesia que Pastorea J. Piper) y millones de dólares de la
Conferencia General de Bautistas, y cientos de millones de dólares en la Iglesia Protestante
se desprenderían para llevar el evangelio a las naciones.
Y la revelación de gozo y libertad que produciría localmente sería el mejor testimonio
imaginable. El llamado bíblico es que tú puedes y debes estar contento con las necesidades
básicas de la vida. Así que, no trates de enriquecerte.
3. La tercera razón para no perseguir la riqueza es por que perseguirla terminaría en la
destrucción de tu vida (v. 9-10).
Aquellos que desean ser ricos caen en tentación, en un engaño, en muchos deseos sin
sentido dañinos que llevan al hombre a la ruina y la destrucción. Por que el amor al dinero
es raíz de todos los males. Es a través de este anhelo que muchos se han extraviado de la fe
y han torturado sus corazones con muchos dolores.
Ningún Hedonista cristiano desea caer en la ruina y la destrucción y ser torturado con
muchos dolores. Así que ningún hedonista cristiano desea ser rico. Prueba eso en ti mismo.
La actitud que tienes hacia el dinero, ¿lo aprendiste de la Biblia o lo has aprendido del
mercantilismo moderno?
Cuando estás en un avión y lees las revistas, casi cada página nos empuja a ver las riquezas
opuesto a como lo enseña el verso 9. El verso 9 hace vivido, la perdición que es desear ser
rico. Esas revistas explotan y promueven ese deseo de tener una imagen de riqueza.
Por ejemplo, en la revista de la aerolínea UNITED edición de Septiembre 1983 aparece una
página completa promocionando las sillas reclinables marca LA-Z-BOY. La promoción
muestra a un hombre en su oficina cómodamente sentado y las siguientes frases: Arriba
“Sus trajes son a la medida. Su reloj es de oro. Su silla es LA-Z-BOY.” Y Abajo “He
trabajado duro y tuve un poco de suerte: Mi negocio es un éxito. Deseaba que mi oficina
reflejara eso y creo que lo hace. Para mi oficina escogí una LA-Z-BOY reclinable ejecutiva.
Encaja en la imagen que deseo… Si no puede decir eso del asiento de tu oficina, ¿no es ya
tiempo de que te sientes en una LA-Z-BOY? Además, ¿no has pasado ya demasiado tiempo
sin una?
Para aquellos que tienen oídos para oír, hay una filosofía del dinero en esos comentarios
que dice más o menos lo siguiente: Te lo has ganado, sólo un necio se negaría a reflejar
imagen de riqueza. Si el verso 9 es verdad y el deseo de ser rico nos trae a la trampa de
Satanás y la destrucción del infierno, entonces esta publicidad que explota y promueve ese
deseo es del demonio y es tan destructiva a una vida bíblica como cualquier publicidad
sexual que leas en el periódico.
¿Estás tú despierto y libre de la clara maldad en el mercantilismo moderno? ¿O quizás esta
omnipresente mentira te ha engañado al punto que el único pecado que relacionas con el
dinero es el robar? Yo creo en la libre expresión y libre comercio porque no tengo fe alguna
en la capacidad moral de un gobierno civil a mejorar las instituciones creadas por
ciudadanos pecadores. Pero por amor a Dios usemos nuestra libertad como cristianos para
decirle que NO al deseo de las riquezas y decirle que SI a la verdad.
Hay gran ganancia cuando estamos contentos con las simples necesidades de la vida.
Las palabras en los versos 6 al 10 son a personas que no son ricos pero que pueden ser
tentados a ser ricos. En los versos 17 al 19 Pablo se dirige a un grupo en la iglesia que ya es
rico. ¿Qué debe hacer un rico con su dinero si se convierte al cristianismo? La respuesta del
verso 19 es un resumen de las enseñanzas de Jesús.
Jesús dijo que no hiciéramos tesoros en la tierra sino en el cielo (Mt. 6:19-20). Él dijo que
debemos usar el dinero para proveer beneficios que no envejecen y un tesoro celestial que
no perece (Lc 12:33). Él dijo que debemos usar el dinero para asegurar una bienvenida en
la morada celestial.
Pablo dice en el verso 19 que los ricos deben de usar su dinero de manera que “acumulen
para sí tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que
en verdad es vida.” Hay una manera de usar el dinero que falsifica la vida eterna – no
porque la vida eterna puede ser comprada, sino porque el uso del dinero muestra donde está
nuestra esperanza.
Pablo le da tres direcciones a los ricos de cómo usar el su dinero y asegurar su futuro.
Primero (v.17), no dejes que el dinero produzca orgullo en ti. ¡O que tan engañoso es! Cada
uno de nosotros ha sentido la arrogancia de sentirse superior que emerge después de haber
hecho una buena inversión o una nueva adquisición o gran logro.
La atracción principal del dinero es el poder que da y el orgullo que alimenta. Pablo nos
dice que no dejemos que eso suceda.
Segundo (v.17), él le dice a los ricos, “…no pongan su esperanza en la incertidumbre de las
riquezas, sino en Dios el cual nos da abundantemente.” Para los ricos esto no es fácil de
hacer. Por eso dijo Jesús que es difícil que un rico entre al Reino (Mr. 10:23). Es difícil
mirar a toda la esperanza que ofrecen las riquezas y alejarse de eso y descansar toda la
esperanza en Dios.
Es difícil no amar el regalo y olvidar al Dador. Pero esta es la única esperanza para el rico.
Si no pueden hacerlo están perdidos. Deben de esperar en Dios más de lo que esperan en
sus regalos. Y lo que sea que disfruten en la tierra deben de hacerlo para Él.
Finalmente (v.18), los ricos deben de usar su dinero para buenas obras y deben de ser
abiertos y generosos. Después de haber sido liberados del imán del orgullo y después que
su esperanza está puesta en Dios y no en el dinero, sólo hay una cosa que puede suceder: Su
dinero fluirá libremente para multiplicar los múltiples ministerios de Cristo.
Los pobres serán alimentados, los enfermos sanados, los ignorantes enseñados y el
evangelio llegará a las personas en las fronteras misioneras. Y así como el viejo Saqueo, el
amor cambiará la lujosa vida de oro por una de cobre, sencilla y duradera.
Me parece a mí que nuestro último énfasis debe de ser que en ambos textos Pablo quiere
que abracemos la vida eterna y que no la perdamos. Pablo nunca pierde tiempo en lo que no
es esencial. Él vive a un paso de la eternidad. Por eso él ve todo tan claro. El se para como
el portero de Dios y nos trata como piadosos hedonistas cristianos.
¿Tú quieres la vida que es en verdad, no (v.19)? ¿Tú no quieres ruina y destrucción y
tortura en tu corazón (v.9-10)? ¿Tú si quieres toda la ganancia que hay en la piedad?
Entonces usa la moneda del Hedonismo Cristiano sabiamente: no desees ser rico, sino
conténtate con tener las simples necesidades de la vida. Pon tu esperanza completamente en
Dios, cuídate del orgullo y deja que el gozo de Dios sobreabunde con riquezas de
liberalidad para los perdidos y necesitados del mundo.

Marriage: A Matrix of Christian


Hedonism (Spanish)
Matrimonio: La Matriz del Hedonismo Cristiano
October 16, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Efesios 5:21-33
21) Sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo. 22) Las mujeres estén sometidas a sus
propios maridos, como al Señor. 23) Porque el marido es cabeza de la mujer, así como
Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo.24) Pero así, como a
iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. 25)
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se dio a sí mismo por
ella, 26) para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra,
27) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni
arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. 28) Así también deben amar
los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo
se ama. 29) Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida,
así como también Cristo a la iglesia; 30) porque somos miembros de su cuerpo. 31) Por
esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y los dos serán una sola
carne. 32) Grande es este misterio; pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. 33) En
todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y que la mujer
respete a su marido.
La teología de Pablo acerca del matrimonio comienza con la Palabra de Dios: La Palabra de
Dios, quien es Jesucristo; y la Palabra de Dios, que es la inspiración del Antiguo
Testamento. Y porque Dios no es un Dios de confusión, su Palabra es coherente. Tiene
unidad. De modo que cuando Pablo quiere entender el matrimonio, él va a la Palabra de
Dios-a Jesús y las Escrituras. Cuando él une a Cristo y la Escritura para oír la Palabra de
Dios acerca del matrimonio, lo que él escucha es un misterio profundo con implicaciones
prácticas muy intensas. Y lo que desearía hacer con ustedes esta mañana es explorar este
misterio y aplicar dos de sus implicaciones prácticas a nuestras vidas.
Efesios 5:31 es una cita de Génesis 2:24, “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su
madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Luego Pablo agrega en el verso 23,
“Grande es este misterio, mas yo digo esto respecto de Cristo y su iglesia.” Pablo sabía algo
de Cristo y su iglesia que le llevó a ver en Génesis 2:24 un misterio en el matrimonio.
Volvamos a Génesis 2:24 y veamos más de cerca el contexto de este verso y su conexión
con la creación.
Según Génesis 2, Dios creó a Adán primero y lo puso solo en el jardín. Luego en el verso
18 el Señor dijo, “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él.” No
creo que esto es un indicio de la comunión de Adán con Dios; ni tampoco es una pista de
que el jardín era muy duro de cuidar. El punto es que Dios hizo a Adán para ser un ente
sociable. Dios no nos creó para ser sacos de su misericordia, sino conductos. Ningún
hombre está completo a menos que esté conduciendo la gracia (como electricidad) entre
Dios y otra persona. (Los solteros no deben concluir que esto sólo es posible en el
matrimonio.) Debe haber otra persona, no un animal. Por esto en Génesis 2:19-20 Dios dio
pareja a los animales frente a Adán para mostrarle que los animales nunca serían una
“ayuda idónea para él.” ¡Oh, los animales ayudan mucho! Pero sólo una persona puede ser
coheredera de la gracia de la vida. (1 Pedro 1: 4-7). Sólo una persona puede recibir y
apreciar, y disfrutar la gracia. Los animales no lo harán. Hay una diferencia infinita entre
compartir las luces nórdicas con quien amas, que con un perro.
Por eso, de acuerdo al verso 21, “Entonces Jehová hizo caer sueño profundo sobre Adán, y
mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla
que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Habiendo
mostrado al hombre que ningún animal podía ser su ayuda, Dios hizo otro humano de su
propia carne y hueso para que fuera como él –y a la vez diferente de él. El no creó otro
hombre. Creó una mujer. Y Adán reconoció en ella la perfecta pareja para él- diferente de
los animales: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada
Varona, porque del varón fue tomada.
Creando una persona como Adán, pero diferente de Adán, Dios proveyó la posibilidad de
una unidad profunda que de lo contrario hubiese sido imposible. Hay un tipo diferente de
unidad que se disfruta en la unión de partes complementarias que la que se disfruta uniendo
dos cosas iguales. Cuando todos cantamos la misma línea de melodía es llamado “unísono”,
que significa “un sonido.” Pero cuando unimos diversas líneas de soprano, contralto, tenor
y bajo, le llamamos armonía, y todo el que tiene un buen oído sabe que algo más profundo
en nosotros es tocado por una gran armonía que por unísono. De modo que Dios hizo una
mujer y no otro hombre. El creó la heterosexualidad, no la homosexualidad. La primera
institución de Dios fue el matrimonio no la fraternidad.
Noten la conexión entre los versos 23 y 24, señalados por la palabra “por tanto” en el verso
24. En el verso 23 el enfoque se encuentra en dos cosas: Objetivamente, en el hecho de que
la mujer es parte en carne y hueso del hombre y Subjetivamente, en el gozo que Adán
experimenta al ser presentado a la mujer. “Esto es hueso de mis huesos y carne de mi
carne.” Partiendo de estas dos cosas el escritor hace una inferencia sobre el matrimonio en
el verso 24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y
serán una sola carne.” En otras palabras, en el principio Dios hizo la mujer del hombre
como carne de su carne y hueso de sus huesos, y entonces la trajo al hombre para que
descubriera en comunión viva lo que significa ser una sola carne. Entonces el verso 24
muestra la lección de que el matrimonio es simplemente esto: un hombre dejando a padre y
madre porque Dios le ha dado una unión con esta mujer y no otra, y descubrir la
experiencia de ser una sola carne. Eso fue lo que Pablo vio cuando buscó la Palabra de Dios
en las Escrituras.
Pero Pablo conocía otra Palabra de Dios –Jesucristo. Él lo conocía profunda e íntimamente.
El había aprendido de Jesús que la iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 1:23). Por la fe una
persona es unida a Jesucristo y a los otros creyentes de modo que “todos somos uno en
Cristo Jesús” (Gál. 3:28). Los creyentes en Cristo son el cuerpo de Cristo- somos el
organismo a través del cual él manifiesta su vida y en el cual su espíritu mora. Al conocer
esto acerca de la relación entre Cristo y su iglesia, Pablo ve un paralelo aquí con el
matrimonio.
Él ve que el marido y la mujer se convierten en una sola carne (de acuerdo al capítulo 2
verso 24) y que Cristo y la iglesia se convierten en un solo cuerpo. De modo que él le dice a
la iglesia, en 2 Cor. 2:11: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un
solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” Él ve a Cristo como el
esposo, a la iglesia como la esposa y su conversión como un acto de desposamiento que él
le ha ayudado a llevar a cabo. La presentación de la novia a su esposo sucederá
probablemente en la segunda venida de Cristo. Eso también es descrito en Efesios 5:22. De
modo que parece que Pablo usa la relación del matrimonio humano, aprendida de Génesis
2, para describir y explicar la relación entre Cristo y la iglesia.
Pero cuando lo decimos de esa manera, algo muy importante queda desapercibido. Esto nos
lleva otra vez a donde comenzamos en Efesios 5:32. Después de citar Génesis 2:24 sobre el
hombre y la mujer convirtiéndose en una sola carne Pablo dice: “Grande es este misterio;
mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” El matrimonio es un misterio. Hay más
aquí de lo que nuestros ojos pueden ver. ¿Qué es? Pienso que es esto: Dios no creó la unión
de Cristo y de la iglesia después del patrón del matrimonio humano; es justo lo inverso,
creó el matrimonio humano según el patrón de la relación de Cristo y su pueblo. El misterio
de Génesis 2:24 es que el matrimonio que describe es una parábola o símbolo de la relación
de Cristo y su pueblo. Dios no hace las cosas por casualidad. Todo tiene un propósito y
significado. Cuando Dios se dispuso a crear el hombre y la mujer y ordenar la unión del
matrimonio, el no tiró dados o eligió el palito más largo o tiró una moneda. El hizo el
patrón del matrimonio con propósito a partir de la relación entre su Hijo y la iglesia, la cual
el planeó desde la eternidad. Por tanto, el matrimonio es un misterio-contiene y conlleva un
significado mucho mayor que el que se puede ver en el exterior. Lo que Dios ha unido en
matrimonio debe ser un reflejo de la unión entre el Hijo de Dios y su novia la iglesia.
Aquellos de nosotros que estamos casados, necesitamos sopesar una y otra vez cuán
misterioso y maravilloso es que Dios nos ha dado el privilegio de reflejar realidades divinas
estupendas infinitamente mayores y mucho más maravillosas que nosotros mismos.
Ahora, ¿cuáles son algunas de las implicaciones prácticas de este misterio del matrimonio?
Mencionaré las dos que parecen dominar el pasaje en Efesios. Uno es que los esposos y
esposas deben conscientemente imitar la relación que Dios diseñó para Cristo y su iglesia.
La otra es que en el matrimonio cada parte debe perseguir su propio gozo en el gozo del
otro, esto es, el matrimonio debe ser una base del Hedonismo Cristiano.
Primero, ¿entonces, qué patrón hizo Dios intencionalmente para los esposos y las esposas
cuando ordenó el matrimonio como una parábola o imagen misteriosa de la relación entre
Cristo y la iglesia? Pablo menciona dos cosas, una a la esposa y una al esposo. A la esposa
le dice en los versículos 22-24,
Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza
de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su
Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus
maridos en todo.
De acuerdo al patrón divino las casadas deben tomar su rol especial del propósito de la
iglesia. Como la iglesia se somete a Cristo, así las casadas deben someterse a sus maridos.
La iglesia se somete a Cristo como su cabeza: Verso 23-“El marido es cabeza de la mujer,
así como Cristo es cabeza de la iglesia.” Liderazgo implica al menos dos cosas: Cristo es el
suplidor o Salvador y Cristo es la autoridad o líder. “Cabeza” es usada dos veces más en
Efesios. Efesios 4:15,16 ilustra la cabeza como el suplidor y Efesios 1:20-23 ilustra la
cabeza como autoridad.
Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es,
Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre si por todas la coyunturas
que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su
crecimiento para ir edificándose en amor. (4:15, 16)
La cabeza es la meta para la cual crecemos y el recurso que permite el crecimiento. Ahora
consideren Efesios 1:20-23,
La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los
lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo
nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas
las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia la cual es su
cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
Cuando Dios levantó a Cristo de los muertos él lo hizo cabeza en el sentido de que le dio el
poder y la autoridad sobre toda otra ley y autoridad, poder y dominio. Por tanto, del
contexto de Efesios, el liderazgo del marido implica que de acuerdo a sus posibilidades él
debe aceptar la mayor responsabilidad de suplir las necesidades de su esposa (incluyendo
las necesidades materiales, pero también protección y cuidado) y él debe aceptar la mayor
responsabilidad de autoridad y liderazgo en la familia.
Entonces cuando dice en el verso 24, “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, también
las casadas lo estén a sus maridos en todo” el significado básico de la sumisión sería:
reconocer y honrar la mayor responsabilidad del marido de suplir tu protección y
sostenimiento; estar dispuesta a ceder a su autoridad en Cristo y estar inclinada a seguir su
liderazgo. La razón por la cual digo que la sumisión es una disposición a ceder y una
inclinación a seguir es porque la pequeña frase: “como al Señor” limita el rango de la
sumisión. Ninguna esposa debe reemplazar la autoridad de Cristo por la autoridad del
marido. Ella no puede ceder o seguir a su marido en pecado. Pero aún cuando la esposa
cristiana pueda estar firme con Cristo en contra de la voluntad pecaminosa de su marido,
ella puede tener un espíritu de sumisión. Ella puede mostrar por su actitud y conducta que a
ella no le gusta resistir a su voluntad y que ella anhela para él que él abandone el pecado y
que la guíe en justicia de tal manera que su disposición a honrarlo como cabeza puede
nuevamente producir armonía. De modo que en esta parábola misteriosa del matrimonio la
mujer debe tomar su rol especial a partir del propósito de Dios para con la iglesia en su
relación con Cristo. Verso 25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la
iglesia y se entregó a sí mismo por ella” Si el esposo es la cabeza de la mujer, como dice el
verso 23, que sea bien claro para todos los esposos que esto significa primordialmente
ejercer liderazgo con un amor dispuesto a morir para darle vida a ella. Como Jesús dice en
Lucas 22:26, “el que dirige sea como el que sirve” El esposo que se sienta frente al
televisor y da órdenes a su mujer como a una esclava ha abandonado a Cristo para seguir a
Archie Bunker. Cristo tomó una toalla y lavó los pies de sus discípulos. Si tú quieres ser un
esposo cristiano, imita a Cristo y no a Yaba el Jot (personaje de la guerra de las galaxias).
Es cierto que el verso 21 pone esta sección completa bajo el título de sumisión mutua.
“Someteos unos a otros en el temor de Dios” Pero no está garantizado el inferir de este
verso que la manera que Cristo se somete a la iglesia y la manera que la iglesia se somete a
Cristo es lo mismo. La iglesia se somete a Cristo por una disposición de seguir su liderazgo.
Cristo se somete a la iglesia por la disposición de ejercer su liderazgo en servicio humilde
hacia la iglesia. Cuando Cristo dijo: “el que dirige sea como el que sirve” él no quiso
significar que el líder dejará de ser líder. Aún cuando él estaba de rodillas lavando los pies
de sus discípulos ninguno dudó de quién era el líder. Ni tampoco ningún esposo cristiano
debiera evadir su responsabilidad debajo de Dios de proveer una visión moral y liderazgo
espiritual como un siervo humilde de su esposa y familia.
De modo que la primera implicación del misterio del matrimonio como un reflejo de la
relación de Cristo y la iglesia es que las esposas deben tomar su rol especial de la iglesia y
los esposos deben tomar su rol especial de Cristo. Y dondequiera que encuentre un
matrimonio como ese, usted encontrará dos de las personas más felices en el mundo porque
sus vidas conformes a la palabra de Dios en las Escrituras y la Palabra de Dios en
Jesucristo.
Una implicación práctica final de este misterio del matrimonio: un marido y esposa deben
perseguir su propio gozo en el gozo mutuo. Hay escasamente en la
Biblia un pasaje más hedonista que Efesios 5:25-30. Este texto muestra claramente que la
razón por la cual hay tanta miseria en los matrimonios no es que los maridos y las esposas
están buscando su propio placer sino que no están buscándolo en el placer de sus parejas.
Pero este texto nos manda hacer justo eso porque Cristo hace justo eso.
Primero, noten el ejemplo de Cristo en los versículos 25-27:
Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo
por ella, (¿por qué él lo hizo?) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del
agua por la palabra, (¿por qué la limpió?) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia
gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin
mancha.
Cristo murió por la iglesia para presentarse a sí mismo una novia Hermosa. Él sufrió la cruz
por el gozo del matrimonio que estaba puesto ante él. ¿Pero cuál es el gozo final de la
iglesia? ¿No es el ser presentada como una novia al Cristo soberano? De modo que Cristo
buscó su propio gozo en el gozo de la iglesia. Por tanto, el ejemplo que Cristo pone para los
esposos es buscar el gozo en el gozo de sus esposas.
El verso 28 hace esta aplicación explícita. “Así también los maridos deben amar a sus
mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque
nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida...” Pablo reconoce
una de las piedras angulares del Hedonismo Cristiano: “Nadie aborreció jamás a su propia
carne.” Aún aquellos que cometen suicidio lo hacen para escapar de la miseria. Por
naturaleza nos amamos a nosotros mismos, esto es, hacemos lo que pensamos en el
momento nos hará felices. Y Pablo no construye una presa contra el río del hedonismo; el
construye una canal para él. Él dice, maridos y esposas, reconozcan que en el matrimonio
se han convertido en una sola carne; por tanto, si vives para tu placer privado a expensas de
tu pareja, estás viviendo en contra tuya y destruyendo tu gozo más grande. Pero si te
dedicas con todo tu corazón al gozo santo de tu pareja estarás también viviendo para tu
gozo y haciendo un matrimonio según la imagen de Cristo y su iglesia.
A pesar de que mi testimonio personal no puede agregar ningún peso a la Palabra de Dios,
quiero dar mi testimonio de todas formas. Descubrí el hedonismo cristiano el mismo año
que me casé, en 1968. Por quince años Noel y yo, en obediencia a Cristo, hemos perseguido
tan apasionadamente como podemos los gozos más profundos y duraderos. Todo esto en
imperfección, todo también con un corazón dividido en algunos momentos, hemos vigilado
nuestro propio gozo como un cazador, en el gozo mutuo. Y podemos testificar juntos: allí
es donde se encuentra el premio. Y creemos que haciendo del matrimonio una base para el
hedonismo cristiano, cada uno desarrollando su rol ordenado, el misterio del matrimonio
como una parábola de Cristo y de la iglesia se vuelve manifiesto para Su gran gloria. Amén.

Prayer: The Power of Christian Hedonism


(Spanish)
La Oración: El Poder del Hedonismo Cristiano
October 23, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Juan 16:24
24 Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo
sea completo.
En ocasiones, se pregunta a Hedonistas Cristianos si ¿Estás deseoso de ser condenado para
la gloria de Dios? Esto es, ¿estás dispuesto a abandonar todo gozo si al hacerlo Dios fuese
más glorificado? El punto de la pregunta es colgar al Hedonista Cristiano en un cuerno u
otro de un dilema. Si decimos no, no estamos dispuestos de ser malditos por la gloria de
Dios, entonces parece que colocamos nuestra felicidad por encima de la gloria de Dios. Si
decimos sí, estamos deseosos de ser condenados por la gloria de Dios, entonces cesaríamos
de ser Hedonistas Cristianos, porque hemos dejado de buscar el gozo.
Pero este ataque sobre el Hedonismo Cristiano falla porque la pregunta que se postula
asume dos cosas que no son ciertas: una sobre el infierno y la otra sobre Dios. Cuando el
crítico pregunta, “¿Estás dispuesto a ir al infierno para la gloria de Dios?”, no percibe que si
contestamos sí a su pregunta, significa que nuestro más profundo anhelo es ver a Dios
glorificado a través de la vida y la muerte. Entonces, si tuviéramos que ir al infierno para
que Dios fuese glorificado, el infierno sería el camino para satisfacer nuestro más profundo
anhelo. Pero entonces, el infierno no sería más infierno. Bíblicamente, el infierno es una
total, irreversible y completa miseria donde no hay satisfacción alguna. Por tanto, la
pregunta del crítico está construida sobre una suposición no-bíblica sobre el infierno.
Por igual, se basa también en una suposición no-bíblica sobre Dios. La pregunta asume que
Dios condenaría una persona que está dispuesta a ser condenada por causa de la gloria de
Dios. Pero esta suposición es enteramente no bíblica. El compromiso recto de Dios de
mantener el valor de su gloria significa que él así mismo mantendrá aquellos que la valoran
por sobre todas las cosas. El Dios de la Biblia no puede condenar una persona que ama su
gloria lo suficiente como para ser condenado. Y así, la pregunta “¿Estás deseoso de ser
condenado por la gloria de Dios?” es una ofensa contra la rectitud de Dios. Nos obliga a
considerar una posibilidad donde Dios sería injusto si la realizara. No debiera ni siquiera
formularse tal pregunta porque la visión que presupone del infierno y de Dios es contraria a
la revelación bíblica.
Además de eso, el Hedonismo Cristiano no es realmente el enemigo que el crítico persigue.
Persigue personas que ponen su interés antes que el interés de Dios, y que colocan su
felicidad por encima de la gloria de Dios. Pero el Hedonismo Cristiano enfáticamente no
hace esto. Con seguridad, los Hedonistas Cristianos perseguimos nuestro interés y felicidad
con todas nuestras fuerzas. Pero hemos aprendido de la Biblia que el interés de Dios es
magnificar su gloria al derramar su misericordia en nosotros. Por tanto, la búsqueda real de
nuestro interés y verdadera felicidad no está nunca por encima del de Dios sino siempre en
Dios.
La más preciosa verdad de la Biblia es que el mayor interés de Dios es glorificar el caudal
de su gracia haciendo los pecadores felices en él. Cuando nos humillamos como niños
pequeños y dejamos todo aire de autosuficiencia, y corremos alegremente hacia el gozo del
abrazo de nuestro Padre, la gloria de su gracia es magnificada y el anhelo de nuestra alma
es satisfecho. En la sabiduría y por la gracia de Dios nuestro interés y su gloria son uno.
Los Hedonistas Cristianos nos son idólatras cuando persiguen ambas cosas unidas.
Una de las más claras demostraciones de que la búsqueda de nuestro gozo y la búsqueda de
la gloria de Dios están supuestas a ser una misma, es la enseñanza de Jesús en oración en el
evangelio de Juan. Las dos frases claves son Juan 14:13 y 16:24. Una muestra que la
oración es la búsqueda de la gloria de Dios. La otra muestra que la oración es la búsqueda
de nuestro gozo. En Juan 14:13 Jesús dice “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” En Juan 16:24 dice, “Hasta ahora nada habéis
pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.” El propósito
final del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre. Y el hecho principal del
hombre por el cual se preserva la unidad de estas dos metas es la oración. Así pues, los
Hedonistas Cristianos que procuran en la gloria de Dios que su propio gozo sea completo,
serán sobre todo personas de oración. Así como un venado sediento se agacha a beber del
arroyo, la postura característica del Hedonista Cristiano es sobre sus rodillas.
Si somos iguales, el cambio de paso durante el verano pasado y la repentina explosión de
actividad este otoño han probablemente lastimado bastante la disciplina de su vida de
oración. Quizás todo lo que necesitan es que alguien les recuerde su importancia y estarán
de vuelta en el feliz camino de levantarse temprano o de la meditación a mediodía o la
oración tarde en la noche. Necesitamos puntos a través del año en que tomamos nuestras
cargas y reajustamos nuestra ruta. Espero que el día de hoy sea uno de esos puntos en su
vida de oración.
Veamos más de cerca la oración como la búsqueda de la gloria de Dios y la oración como
búsqueda de nuestro gozo, en ese orden. En Juan 14:13 Jesús dice, “Todo lo que pidáis en
mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Supón que estás
totalmente paralizado y no puedes hacer nada por ti mismo excepto hablar. Y supón que un
amigo fuerte y confiable prometió vivir contigo y hacer todo aquello que necesites. ¿Cómo
glorificarías a tu amigo si un extraño viniere a verte? Podrías decir, “Amigo, por favor
levántame y pon una almohada detrás de mí para que pueda ver a mi huésped. ¿Y podrías
ponerme los lentes también por favor?” Tu visitante entendería al oírte que estás desvalido
y que tu amigo es fuerte y amable. Glorificas a tu amigo al necesitarle y pedirle ayuda y
contar con él.
En Juan 15:5 Jesús dice, “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y
yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.” Así que
realmente estamos paralizados. Sin Cristo no somos capaces de hacer nada bueno
(Romanos 7:18). Pero Dios desea que llevemos fruto – que amemos personas hacia el reino.
Así que promete hacer por nosotros (como un amigo fuerte y confiable) lo que no podemos
hacer por nosotros mismos. ¿Y cómo lo glorificamos? Jesús nos responde en Juan 15:7, “Si
permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será
hecho.” Oramos. Pedimos a Dios que haga por nosotros a través de Cristo lo que no
podemos hacer por nosotros mismos – dar y llevar fruto. Entonces el verso 8 muestra el
resultado que buscamos: “En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto…”
Entonces, ¿cómo es glorificado Dios mediante la oración? La oración es admitir
abiertamente que sin Cristo nada podemos hacer. La oración es apartarnos de nosotros
mismos a Dios, en la confianza de que Él proveerá la ayuda que necesitamos. La oración
nos humilla cual necesitados y exalta a Dios como acaudalado.
Otro texto en Juan que muestra cómo la oración glorifica a Dios es Juan 4:9-10. Jesús le
había pedido a una mujer un vaso de agua:
“La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que
soy samaritana? (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos.) Respondió Jesús y
le dijo: Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le
habrías pedido a El, y El te hubiera dado agua viva.”
Si fueras un marinero severamente afectado por el escorbuto y un muy generoso hombre
viniera a bordo de tu barco con sus bolsillos rebosantes de vitamina C y te pidiera una
rodaja de naranja, quizá se la dieras. Pero si tú supieras que él es generoso y que lleva
consigo todo lo que necesitas para ser curado, cambiarías los papeles y le pedirías ayuda.
Jesús le dice a la mujer, “Si tú conocieras el don de Dios, y quién soy yo, orarías a mí.” Hay
correlación directa entre no conocer bien a Jesús y no pedir mucho de él. Falla en nuestra
vida de oración es generalmente falla en conocer a Jesús. “Si supieras quién habla contigo,
¡me pedirías!” Un cristiano que no ora es como un conductor de autobús tratando de
empujar su vehículo fuera de una grieta por sí solo, porque no sabe que Clark Kent
(Superman) está en el autobús. “Si supieras, pedirías.” Un cristiano que no ora es como
tener las paredes de tu cuarto cubiertas con certificados de regalo en una tienda lujosa pero
siempre comprar en la subasta de trapos porque no sabes leer. “Si conocieras el don de
Dios, y quién es el que te habla, pedirías – ¡TÚ PEDIRÏAS!”
Y la implicación es que aquellos que piden – cristianos que invierten su tiempo en oración -
lo hacen porque ven que Dios es un grandioso dador y que Cristo es sabio y misericordioso
y poderoso por sobre toda medida. Sus oraciones glorifican a Cristo y honran su Padre. El
principal fin del hombre es glorificar a Dios. Así pues, cuando nos convertimos en lo que
Dios creó para ser, nos convertimos en personas de oración.
Pero el principal fin del hombre es también disfrutar de Dios por siempre. Y esto nos lleva
de vuelta a Juan 16:24, “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis,
para que vuestro gozo sea completo.” ¿No es esta una invitación al Hedonismo Cristiano?
¡Procuren la plenitud de su gozo! ¡Oren! De esta palabra sagrada y de la experiencia
inferimos una regla simple: entre cristianos profesantes, la falta de oración siempre
producirá falta de gozo. ¿Por qué? ¿Por qué una profunda vida de oración lleva a plenitud
del gozo pero una vida superficial de oración produce descontento? Jesús da al menos 2
razones.
Una se halla en Juan 16:20-22. Jesús advierte a sus discípulos que sufrirán en su muerte,
pero se regocijarán nuevamente en su resurrección: “En verdad, en verdad os digo que
lloraréis y os lamentaréis, pero el mundo se alegrará; estaréis tristes, pero vuestra tristeza se
convertirá en alegría. Cuando la mujer está para dar a luz, tiene aflicción, porque ha llegado
su hora; pero cuando da a luz al niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que
un niño haya nacido en el mundo. Por tanto, ahora vosotros tenéis también aflicción; pero
yo os veré otra vez, y vuestro corazón se alegrará, y nadie os quitará vuestro gozo.” ¿Cuál
es la fuente del gozo en los discípulos? Respuesta: la presencia de Jesús: “Yo os veré otra
vez, y vuestro corazón se alegrará…” Ningún cristiano tendrá plenitud de gozo sin una
comunión vital con Jesucristo. El conocer sobre él no será suficiente y trabajar para él
tampoco. Debemos tener una comunión personal, vital con él; de otra manera, el
cristianismo se volverá una carga sin gozo. En su primera carta, Juan escribió, “…y en
verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas
cosas para que nuestro gozo sea completo.” (1 Juan 1:3b-4). La comunión con Jesús
compartida con otros es esencial para la plenitud del gozo.
La primera razón del por qué la oración lleva a plenitud de gozo es que la oración es el
nervio central de nuestra comunión con Jesús. Él no está aquí físicamente para que le
veamos. Pero en oración hablamos con Él como si estuviera aquí. Y en la quietud de esos
momentos sacros escuchamos sus pensamientos y vertimos en Él nuestros anhelos. Quizá
Juan 15:7 es el mejor resumen de esta comunión bipartita: “Si permanecéis en mí, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.” Cuando las
palabras de Jesús permanecen en nuestra mente oímos aún los pensamientos del Cristo
vivo, pues Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Y del profundo escuchar del corazón
viene el lenguaje de oración como incienso dulce frente al trono de Dios. Una vida de
oración lleva a plenitud de gozo porque la oración es el nervio central de nuestra vital
comunión con Jesús.
La otra razón porque la oración produce plenitud de gozo es que la oración provee el poder
para hacer lo que amamos hacer, pero que no hacemos sin la ayuda de Dios. El texto dice,
“Pedid y recibirán, para que su gozo sea completo.” La comunión con Jesús es esencial
para el gozo pero hay algo implícito que nos impele a compartirlo con otros. Un cristiano
no puede ser feliz y mezquino, porque es más bendito dar que recibir. Así, la segunda razón
por la que una vida de oración lleva a plenitud de gozo es que nos da el poder de amar. Si la
bomba del amor se seca, es porque la tubería de la oración no es lo suficientemente
profunda.
En resumen: la Biblia enseña claramente que la meta de todo lo que hacemos debe ser
glorificar a Dios. Pero así mismo enseña que en todo lo que hacemos hemos de buscar la
plenitud de nuestro gozo. Algunos teólogos han tratado de forzar la separación de estas 2
búsquedas haciendo preguntas como, “¿Estás dispuesto a ser condenado por la gloria de
Dios?” Pero la Biblia no nos obliga a elegir entre la gloria de Dios y nuestro gozo. De
hecho, nos prohíbe elegir. Y lo que hemos visto del evangelio de Juan es que la oración,
quizá más claramente que cualquier otra cosa, personifica la unidad de estas 2 búsquedas.
La oración busca el gozo en la comunión con Jesús y en el poder de compartir su vida con
otros. Y la oración procura la gloria de Dios al tratarlo como la reserva de toda esperanza.
En la oración admitimos nuestra pobreza y la prosperidad de Dios, nuestra bancarrota y su
botín, nuestra miseria y su misericordia. Así pues, la oración exalta grandemente y glorifica
a Dios, precisamente al procurar todo lo que deseamos en Él y no en nosotros mismos.
“Pedid y recibiréis, que el Padre sea glorificado en el Hijo para que vuestro gozo sea
completo.”
Cierro con una seria exhortación. A menos que esté muy equivocado, una de las principales
razones por la que muchos de los hijos de Dios no tienen una vida de oración significativa,
no es tanto porque no lo deseemos, sino porque no lo planificamos. Si queremos tomar unas
vacaciones de 4 semanas, no te despiertas una mañana de verano y dices, “¡Hey! ¡Vámonos
hoy!”. No tienes nada listo, no sabrías dónde ir, nada ha sido planificado. Pero así es como
muchos tratamos la oración. Nos levantamos un día y nos damos cuenta que ciertos tiempos
de oración significativos deben ser parte de nuestras vidas, pero nada está listo nunca. No
sabemos dónde ir. Nada ha sido planeado. No hay tiempo. No hay lugar. No hay
procedimiento. Y sabes tan bien como yo que lo opuesto de planificar no es una ola de
experiencias profundas y espontáneas de oración. Lo opuesto de planificar es la grieta. Si
no planificas vacaciones, probablemente te quedes en casa y veas TV. El flujo natural, no
planificado de vida espiritual se hunde hasta el más bajo nivel de vitalidad. Hay una carrera
que correr y una batalla que librar, si quieres una renovación de tu vida de oración, debes
planificar tenerla.
Mi sencilla exhortación es la siguiente: te urjo a que tomes 10 minutos esta tarde para
pensar tus prioridades y cómo entra la oración en ellas. Haz nuevas resoluciones. Prueba
alguna nueva ventura con Dios. Fija un tiempo. Fija un lugar. Escoge una porción de las
escrituras como guía. Todos necesitamos correcciones a medio camino. Haz hoy un gran
día de volver a la oración – para la gloria de Dios y la plenitud de tu gozo.

The Bible: Kindling for Christian


Hedonism (Spanish)
La Biblia: Ignición del Hedonismo Cristiano
October 30, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Salmos 19:7-11
7 La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma;
el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo.
8 Los preceptos del SEÑOR son rectos, que alegran el corazón;
el mandamiento del SEÑOR es puro, que alumbra los ojos.
9 El temor del SEÑOR es limpio, que permanece para siempre;
los juicios del SEÑOR son verdaderos, todos ellos justos;
10 deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino,
más dulces que la miel y que el destilar del panal.
11 Además, tu siervo es amonestado por ellos;
en guardarlos hay gran recompensa.
El hedonismo cristiano es muy consciente de que cada día con Jesús no es “más dulce que
el anterior.” Algunos días con Jesús nuestra disposición es tan amarga como los nísperos
verdes. En Jesús algunos días estamos tan tristes que sentimos que nuestro corazón se
quiebra en pedazos. En Jesús algunos días el miedo nos convierte en nudo de nerviosismo.
Con Jesús algunos días estamos tan deprimidos y desalentados que entre la cochera y la
casa solo nos queda sentarse sobre la hierba y llorar. Cada día con Jesús no es más dulce
que el anterior. Lo sabemos por experiencia y por las escrituras. Porque el texto dice
(Salmo 19:7), “La ley de Jehová es perfecta, que restaura el alma.” Si cada día con Jesús
fuera más dulce que el anterior, no necesitaríamos ser restaurados.
La razón por la que David alabó a Dios con las palabras, “junto a aguas de reposo me
conduce. Él restaura mi alma,” es porque tuvo días malos. Hubo días cuando su alma
necesitó ser restaurada. Es la misma frase usada en Salmo 19:7 – “la ley del Señor es
perfecta, que restaura el alma.” La vida cristiana normal es un proceso repetido de
restauración y renovación. Nuestro gozo no es estático. Fluctúa con la vida real. Es tan
vulnerable a los ataques de Satanás como lo es un recinto de la marina Libanesa a un
terrorista suicida. Cuando Pablo escribe en 2 Corintios 1:24, “no que nos enseñoreemos de
vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo” debiéramos enfatizarlo de esta forma:
“Trabajamos junto contigo para tu gozo.” La preservación de nuestro gozo en Dios requiere
trabajo. Es una lucha. Nuestro adversario el diablo anda como león rugiente, y tiene apetito
insaciable para destruir una cosa: el gozo de la fe.
Pero el Espíritu Santo nos ha dado un escudo llamado fe y una espada llamada Palabra de
Dios y un poder llamado oración para defender y extender nuestro gozo. O, usando otra
imagen, cuando Satanás gruñe y resopla y trata de apagar la llama de nuestro gozo, tienes
una fuente infinita de encendido en la Palabra de Dios. Y aún cuando haya días donde
sintamos que cada trozo de nuestra alma está frío, si nos arrastramos hacia la palabra de
Dios y clamamos por oídos para oír, las frías cenizas se levantarán y la pequeña chispa de
vida se avivará, porque, “La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma.” La Biblia es
la ignición del Hedonismo Cristiano.
Mi propósito esta mañana es motivarnos a vestirse con la espada del Espíritu, la palabra de
Dios, y esgrimirla para preservación de nuestro gozo en Dios. Hay tres peldaños que
necesitamos subir juntos.
Primero, necesitamos conocer por qué aceptamos la Biblia como la palabra de Dios. Casi
todas las personas del mundo estarán de acuerdo en que si el Dios único y verdadero ha
hablado entonces no habrá felicidad duradera para los que ignoraran su palabra. Pero muy
pocas personas creen realmente que la Biblia es la palabra del Dios vivo. Ni tampoco
creerían sin tener suficientes razones.
Segundo, necesitamos ejemplos que nos animen al ver cómo la Biblia enciende y preserva
nuestro gozo. Finalmente, necesitamos escuchar retos prácticos de cómo renovar nuestra
meditación diaria de la Palabra de Dios, y ceñir esa espada tan cerca alrededor de nuestra
cintura de modo que nunca estemos sin ella.
1) Por la limitación de tiempo que tenemos, quizás la mejor manera de dar el primer paso
sea compartir el por qué yo acepto la Biblia como Palabra de Dios. El fundamento de mi
confianza es Jesucristo. No es necesario creer primero que la Biblia es infalible para saber
que presenta a una persona histórica de cualidades incomparables. La posibilidad de que el
Jesús histórico fuera un actor consumado o un lunático es para mí tan remota que me
inclino a confesar que él es verdadero. Sus argumentos no son la propaganda de un
impostor o la presunción de un esquizofrénico. Habla con autoridad, perdona el pecado,
sana enfermos, saca fuera demonios, penetra los corazones de sus oponentes, ama a sus
enemigos, muere por los pecadores y deja atrás una tumba vacía, no porque cegara los ojos
del mundo sino porque él es el hijo de Dios que vive para siempre y que vino a salvar al
mundo. Él ha ganado mi confianza a través de sus palabras y obras.
De Jesús me muevo hacia atrás, al Antiguo Testamento, y hacia adelante al Nuevo
Testamento. Los cuatro evangelios presentan evidencias distintas de que Jesús consideró al
Antiguo Testamento como palabra de Dios. En Mateo 5:17 Jesús dice que no vino a abolir
sino a cumplir la ley y los profetas, y en Mateo 22:29 él dice que los Saduceos yerran
porque no conocen las escrituras. En Marcos 7:8-9 Jesús contrasta tradiciones de hombres
con los mandamientos de Dios en el Antiguo Testamento. En Lucas 24:44 dice a los
discípulos que todo lo escrito sobre él en la ley de Moisés, los profetas y los salmos ha de
ser cumplido. Y en Juan 10:35 simplemente dice “La Escritura no puede ser quebrantada.”
Por lo tanto, leo el Antiguo Testamento como la palabra de Dios porque Jesús lo hizo así.
Pero Jesús no se quedó en la tierra para autorizar el Nuevo Testamento. Mi confianza en el
Nuevo Testamento como palabra de Dios descansa en un grupo de observaciones que en
conjunto proveen una razonable fuente de confianza.
a) Jesús escogió doce apóstoles como sus autorizados representantes al fundar la iglesia.
Les prometió al final de su vida que “El Espíritu Santo… os enseñará todas las cosas, y os
recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26, 16:13).
b) Luego el apóstol Pablo, cuya conversión asombrosa de una vida homicida de Cristianos
a una vida dedicada a hacer Cristianos demanda una explicación especial, explica que él (y
los otros apóstoles) han sido comisionados por el Cristo resucitado para predicar “no con
palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu” (1 Corintios
2:13). La predicción de Cristo se cumple por medio de esta inspiración.
c) Pedro confirma (2 Pedro 3:16) cuando pone los escritos de Pablo en la misma categoría
de los escritos inspirados del Antiguo Testamento (2 Pedro 1:21).
d) Todos los escritos del Nuevo Testamento provienen de aquellos primeros días de
revelaciones especiales prometidas y fueron escritos por los apóstoles y asociados cercanos.
e) El mensaje de estos libros tiene sello de verdad porque guarda sentido
independientemente de su realidad. El mensaje sobre la santidad de Dios y nuestra culpa
por un lado, y por el otro la muerte de Cristo y su resurrección como nuestra única
esperanza – este mensaje encaja en la realidad que vemos y la esperanza que anhelamos y
no vemos.
f) Finalmente, como declara el Catecismo Bautista, “La Biblia se evidencia a sí misma
como la palabra de Dios por medio de… su poder para convertir pecadores y edificar a los
santos.”
Por estas razones, cuando leo el Antiguo o el Nuevo Testamento los leo como palabra de
Dios. Dios no es silente en mi vida. El es incómodamente vocal y preciso acerca de todo
tipo de cosas. Veo como un singular acto de gracia de Su parte el hecho de que haya
determinado que el trabajo de mi vida sea entender su palabra y enseñarla a su iglesia.
Cuando la Biblia habla, Dios habla. Significa que las cosas dichas sobre la palabra de Dios
en la Biblia, se aplican a la Biblia. Y me he sentido muy abrumado al preparar este mensaje
por todas las cosas que la Biblia dice sobre el valor de la palabra de Dios. ¡Que tesoro
tenemos en las mismas palabras de Dios! “Deseables son más que el oro, y mas que mucho
oro afinado, y dulce es mas que la miel que destila del panal” (Salmo 19:10).
2) Esto nos lleva al segundo escalón esta mañana. Algunos ejemplos de cómo la Biblia
posee tanto valor para nosotros. ¿Por qué meditar en las Santas Escrituras produce o es una
vida de gozo? La mayoría de los particulares que quiero darles puede que pronto sean
olvidados, pero espero que el impacto total del valor de la Biblia te haga leerla con más
regularidad, más profundidad, y más gozo. Considera estos beneficios.
En Deuteronomio 32:46-47 Moisés dice, “Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que
yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir
todas las palabras de esta ley. Porque no os es cosa vana; es vuestra vida.” La Biblia no es
algo trivial; es asunto de vida o muerte. Si tratas la palabra de Dios como trivialidad pierdes
derecho de vida. Nuestra vida física depende de la palabra de Dios porque por su palabra
fuimos creados (Salmo 33:9; Hebreos 11:3) y él “sustenta todas las cosas con la palabra de
su poder” (Heb. 1:3). Nuestra vida espiritual comienza con la palabra de Dios: Santiago
1:18 “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad.” “siendo renacidos... por
la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). Y no sólo
empezamos a vivir por la palabra de Dios, sino que continuamos vivos por la palabra de
Dios: “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
(Mat. 4:4; Deut. 8:3). La palabra de Dios crea y sostiene nuestra vida física, y nuestra vida
espiritual personal renace y vive por la palabra de Dios. Luego entonces la Biblia “¡no es
asunto trivial, es tu vida!”
La palabra de Cristo engendra y sostiene vida porque engendra y sostiene fe. “Pero éstas se
han escrito” dice Juan “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que
creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31) “La fe es por el oír,” escribe el apóstol
Pablo, “y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). La fe que inicia nuestra vida en
Cristo y la fe por la que continuamos viviendo provienen de oír la palabra de Dios. Si la fe
es de importancia eterna para nuestra vida diaria, así también la Biblia.
En ocasiones fe y esperanza se usan como sinónimos en la escritura. “La fe es la certeza de
lo que se espera” (Hebreos 11:1). Sin esta fe para el futuro nos desalentamos y deprimimos
y nuestro gozo se desinfla. Fe es absolutamente esencial para el gozo del Cristiano
(Romanos 15:13). ¿Y cómo mantenemos la esperanza? El salmista lo pone así (78:5-7), “El
estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la
notificasen a sus hijos… a fin de que pongan en Dios su confianza.” Pablo escribe muy
claro: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron
antes a fin de que por la paciencia y la consolación de las escrituras, tengamos esperanza”
(Romanos 15:4). La Biblia entera tiene este propósito y este poder: crear esperanza en los
corazones del pueblo de Dios.
Otro elemento esencial de la vida es la libertad. Ninguno de nosotros sería feliz si no
fuésemos libres de lo que odiamos y libres para lo que amamos. ¿Y dónde encontramos la
verdadera libertad? Salmo 119:45 dice, “Y andaré en libertad, porque busqué tus
mandamientos.” Y Jesús dice, “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan
8:32). Y para que terminemos de entender el punto dice luego en Juan 17:17, “Santifícalos
en tu verdad; tu palabra es verdad.” La palabra de Dios es la verdad divina que nos libera
del engaño. Rompe el poder de los placeres falsificados, y nos mantiene libres de caer en la
estupidez del pecado. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal.
119:105). “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Sal. 119:11,
v.9). Las promesas de Dios son el poder liberador, que nos guía a la santidad: “nos ha dado
preciosas y grandísimas promesas, para que por ella llegaseis a ser participantes de la
naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo” (2 Pedro 1:4,
Juan 15:3). Libertad, guía, semejanza a Dios – todas estas cosas vienen mientras meditamos
y confiamos en la palabra de Dios, la Biblia.
Por supuesto, la Biblia no responde cada pregunta acerca de la vida. Cada encrucijada del
camino no tiene una flecha bíblica. Necesitamos sabiduría dentro de nosotros. Pero eso,
también, es un regalo de la Escritura. Como dice el texto, “El testimonio de Jehová es fiel,
hace sabio al sencillo... El precepto de Jehová es puro, alumbra los ojos” (Salmo 19:7-8;
119:98). Aquellas personas cuyas mentes están saturadas con la palabra de Dios y sumisas
a sus pensamientos tienen una sabiduría que en la eternidad probará ser superior a toda la
sabiduría secular del mundo.
Sin embargo, nuestra voluntad torcida y nuestras percepciones imperfectas nos llevan una y
otra vez hacia actos necios y situaciones dañinas. Ese día no es más dulce que el día
anterior y necesitamos restauración y consuelo. ¿Adónde iremos por consuelo? Podemos
seguir al Salmista de nuevo: “Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha
vivificado… Me acordé, oh Jehová de tus juicios antiguos, y me consolé” (Salmo 119:50,
52). Y cuando nuestros fracasos y aflicciones amenacen nuestra seguridad de fe, ¿a dónde
vamos a reconstruir nuestra confianza? Juan nos invita a acudir a la palabra de Dios: “Estas
cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del “Hijo de Dios para que sepáis
que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:13). La
Biblia fue escrita para darnos seguridad de vida eterna.
El objetivo número uno de Satanás es destruir tu gozo en la fe. Tienes un arma ofensiva: La
espada del Espíritu, la palabra de Dios (Efesios 6:17). Pero de lo que muchos cristianos no
se dan cuenta es que no es posible desenvainar la espada de otro creyente. Si no te la ciñes
tú, si la palabra de Dios no permanece en ti (Juan 15:7), en vano tratarás de alcanzarla. Si
no te la ciñes, no podrás empuñarla. Pero si lo haces, ¡que poderoso guerrero serás! “Os he
escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros
y habéis vencido al maligno” (1 Juan 2:14)
3) Así que la Biblia es la palabra de Dios y la palabra de Dios no es trivial. Es la fuente de
vida, y fe, y esperanza, libertad, guía, sabiduría, consuelo, seguridad y victoria sobre
nuestro enemigo más grande. Entonces, ¿hay alguna duda de por qué los que más sabios
dijeron, “Los mandamientos de Jehová son verdad, que alegran el corazón” (Salmo 19:8)?
“Me regocijaré en tus estatutos, no me olvidaré de tus palabras” (Salmo 119:16). “¡Oh,
cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Salmo 119:97). “Por heredad he
tomado tus testimonios para siempre, sí, son el gozo de mi corazón” (Salmo 119:111).
“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de
mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí” (Jeremías 15:16) ¿Pero hemos de
perseguir este gozo como Hedonistas Cristianos? ¿Hemos de tirar el encendido de la
palabra de Dios en el fuego del gozo? ¿Se supone que persigamos nuestro placer al meditar
en la palabra de Cristo? Ciertamente que sí. Porque el mismo Señor ha dicho, “Estas cosas
os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido”. (Juan
15:11).
En este Domingo de la Reforma les imploro a no permitir que la sangre de los mártires sea
derramada en vano. No permitan que la labor de Lutero, Melancthon, Calvino y Zwinglio
sea en vano. Dios los levantó como instrumentos para liberar las Santas Escrituras, para
nosotros. Despreciamos a Dios e insultamos sus santos si tratamos la Biblia como algo
trivial en nuestra vida. Martín Lutero sabía mejor que cualquier hombre que ha vivido que
cada día con Jesús no es más dulce que el día anterior. Y de acuerdo con Roland Bainton,
Lutero escribió estas palabras en el año de su más profunda depresión:
Aunque estén demonios mil,
Prontos a devorarnos
No temeremos porque Dios
Sabrá cómo ampararnos
Aun muestre su vigor
Satán y su furor,
Dañarnos no podrá
Pues condenado es ya
Por la Palabra Santa
Missions: The Battle Cry of Christian
Hedonism (Spanish)
Misiones: El Grito de Batalla del Hedonismo Cristiano
November 13, 1983 |by John Piper topic: Christian Hedonism
Series: Desiring God
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Marcos 10:17-31
17Cuando salía para seguir su camino, vino uno corriendo, y arrodillándose delante de El,
le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18Y Jesús le dijo: ¿Por
qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. 19Tú sabes los mandamientos:
"NO MATES, NO COMETAS ADULTERIO, NO HURTES, NO DES FALSO
TESTIMONIO, no defraudes, HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE". 20Y él le dijo:
Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo:
Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y
ven, sígueme. 22Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de
muchos bienes. 23Jesús, mirando en derredor, dijo* a sus discípulos: ¡Qué difícil será para
los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios! 24Y los discípulos se asombraron de sus
palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo*: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el
reino de Dios! 25Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un
rico entre en el reino de Dios. 26Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: ¿Y quién
podrá salvarse? 27Mirándolos Jesús, dijo*: Para los hombres es imposible, pero no para
Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios. 28Entonces Pedro comenzó a decirle:
He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. 29Jesús dijo: En verdad os
digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o
hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, 30que no reciba cien veces más
ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con
persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna. 31Pero muchos primeros serán
últimos, y los últimos, primeros.
Hoy día, la mayoría de personas no creen en la causa a favor de misiones al extranjero.
Walbert Buhlmann, un secretario de misiones en Roma, representa a muchos líderes
denominacionales cuando dice, “En el pasado teníamos la llamada motivación de salvar
almas. Estábamos convencidos que si no bautizábamos, grandes cantidades de personas
irían al infierno. Ahora, gracias a Dios, creemos que toda la gente y todas las religiones ya
están viviendo en la gracia y el amor de Dios y serán salvados por la misericordia de Dios.”
(Time, Dec. 27, 1982, p.52). La Hermana Emmanuelle de Cairo, Egipto, dice, "Hoy en día
ya no hablamos de conversión. Hablamos de ser amigos. Mi trabajo es probar que Dios es
amor y llevar valentía y valor a esta gente” (Time, p. 56). La mayoría de personas, como
estos dos misioneros, no se someten a la autoridad de Dios en la Biblia, sino que crean su
propio Dios según lo que a ellos les gustaría que Él dijera. Y como a ellos les gustaría que
Él dijera que todos los hombres son salvos sea que escuchen el evangelio de Cristo o no,
entonces este es el tipo de Dios que ellos crean.
Pero hay que rechazar las enseñanzas esenciales de Las Escrituras para poder creer en un
Dios así. Escuchen las Palabras del Hijo de Dios, las cuales le habló al apóstol Pablo
cuando le llamó al servicio misionero:
“Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como
ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me
apareceré a ti; librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío, para
que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás
a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han
sido santificados.” (Hechos 26:16-18)Esta comisión que nuestro Señor le dio a Pablo sería
vacía y sin sentido si en verdad los ojos de las naciones no necesitan ser abiertos, no
necesitan volverse de las tinieblas a la luz y si ellos no necesitan escapar del poder de
Satanás para ir a Dios y no tienen necesidad del perdón de pecado que sólo se obtiene por la
fe en Cristo quien es predicado por los embajadores del Señor. Pablo no se entregó como
misionero a Asia y Macedonia y Grecia y Roma y España para informarle a la gente que ya
eran salvos, sino para proclamar que la salvación había sido consumada en Jesucristo para
todos los que se arrepienten y entregan a él obediencia de fe. Por eso, cuando el mensaje
sobre Cristo era rechazado (por ejemplo, por los Judíos de Antioquia), él dijo, “mas ya que
la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.”
(Hechos 13:46) Lo que está en juego en la labores misioneras es la vida eterna. La meta es
precisamente la conversión a Cristo de cualquier tipo o forma de alianza. “Y en ningún otro
hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual
podamos ser salvos. (Hechos 4:12).”
Dios no es injusto. Nadie será condenado por no creer un mensaje que no hayan escuchado.
Aquellos que nunca han escuchado el evangelio serán condenados por no reconocer la luz
del poder y gracia de Dios en la naturaleza, presente en sus conciencias. Pues como dice
Rom. 1:20,21 “Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno
poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado,
de manera que no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios
ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue
entenebrecido”. Separados de la gracia especial y salvífica de Dios, le gente está muerta en
el pecado, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios y con dureza
de corazón (Ef. 2:1; 4:18). Y el medio que Dios ha establecido para la administración de
esa gracia salvífica especial es la predicación del evangelio de Jesucristo. “Tengo
obligación tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como
para con los ignorantes. Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el evangelio
también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el
poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del
griego (Rom. 1:14-16).”
La noción de que las personas se salvan sin escuchar el evangelio ha causado estragos en
los esfuerzos misioneros de denominaciones con orientación liberal. Entre 1953 y 1980 la
presencia misionera de las iglesias protestantes de corriente liberal sufrió un descenso de
9,844 a 2,813, mientras que la presencia misionera de iglesias protestantes evangélicas, las
cuales toman más en serio las Escrituras, ha aumentado en más de un 200%. La Alianza
Misionera Cristiana, con sus 200,000 miembros, mantiene 40% más misioneros que Iglesia
Metodista Unida con sus 9.5 millones de miembros. Hay poder misionero asombroso
cuando se cree La Palabra de Dios.
Muchos de ustedes están al borde de establecer nuevos compromisos con las misiones:
algunos un nuevo compromiso para alcanzar gente fronteriza, otros por nuevos caminos de
educación, otros en usos nuevos de tu vocación en una cultura menos saturada por la
iglesia, otros en nuevo estilo de vida y otros en un nuevo patrón en el dar y orar y leer.
Quiero empujarte del borde en que te encuentras hoy. Quiero presentarte la causa de las
misiones tan atractiva que no puedas resistir más su magnetismo.
Para el verdadero Hedonista Cristiano nuestro pasaje contiene por lo menos dos incentivos
irresistibles para dejar atrás el hogar por Cristo y su evangelio. Notemos primero en Marcos
10:25-67, “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico
entre en el reino de Dios. Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: ¿Y quién podrá
salvarse? Mirándolos Jesús, dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque
todas las cosas son posibles para Dios.” Este es una de las conversaciones misioneras más
estimulantes de la Biblia. ¿Qué misionero no ha contemplado su obra y ha dicho, “Es
imposible”? A lo cual Jesús responde: “Sí, para los hombres es imposible.” Ningún hombre
puede librar a otro hombre del poder esclavizante del amor al dinero.
El joven rico se fue triste porque su esclavitud a las cosas no podía ser quebrantada por el
hombre. Para los hombres es imposible. Por eso la obra misionera, la cual es simplemente
librar el corazón humano de la esclavitud a otras alianzas fuera de Cristo, es imposible
¡para los hombres!
“Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para
Dios.” He aquí se encuentra el incentivo incomparable para el servicio misionero.
Noel y yo fuimos a Urbana ’67. Recuerdo como John Alexander, director de intramuros,
decía que cuando era joven él pensaba: “Si la predestinación es cierta, nunca seré un
misionero.” Luego agregó, “pero luego de años en la obra digo: ‘si la predestinación no es
cierta nunca podría ser misionero.’ ” Si Dios no estuviese a cargo de hacer lo que es
humanamente imposible, la obra misionera no tendría esperanza. ¿Quién, fuera de Dios,
puede levantar al muerto espiritual y darle oído para el evangelio (Hechos 16:14)? Las
grandes doctrinas bíblicas de la elección incondicional y la predestinación para ser hijos y
la gracia irresistible en la predicación de Cristo son incentivos poderosos para aventurarse a
penetrar culturas musulmanes, hindúes o budistas, o culturas tribales donde la gente parece
ser más dura que clavos de acero contra la predicación del evangelio.
Jesús dijo, “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo
traer, y oirán mi voz” (Juan 10:16) Por tanto, cuando Pablo entra ciudad tras ciudad en sus
viajes misioneros, su propósito es claro – juntar las ovejas. El Señor le dijo a Pablo en una
visión cuando él entró a Corinto (Hechos 18:9-10): “No temas, sino habla, y no calles;…
porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.” Y cuando Pablo acabó de predicar en la
ciudad de Antioquia Lucas describe el resultado así: “creyeron todos los que estaban
ordenados para vida eterna.” (Hechos 13:48). Los misioneros que van armados con las
grandes verdades de la predestinación y la gracia irresistible van con la confianza de que
Dios hará por otros hoy lo que él hizo por Lidia –“el Señor abrió el corazón de ella para que
estuviese atenta a lo que Pablo decía.” (Hechos 16:14). Cuando se refiere a entrar al reino
hay dos verdades. Una es esta: “Para el hombre es imposible”, y ninguno será salvo. La otra
es esta: Para Dios todas las cosas son posibles”, por lo tanto, aquellos que están ordenados
para vida eterna estarán atentos al evangelio y creerán y serán salvos.
David Brainerd, cuyas publicaciones misioneras y su diario personal probablemente han
hecho más para encender el fuego de la causa de la misiones que cualquier otro libro aparte
de la Biblia, dijo que él vivió para dos cosas: mi propia santificación y la reunión de los
elegidos de Dios.”
De modo que el primer incentivo al servicio misionero es el gran consuelo que cuando
dejamos nuestro hogar por Cristo y el evangelio, las conversiones que buscamos serán el
trabajo de Dios de acuerdo a su plan eterno. “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo
ha dado Dios. 7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el
crecimiento. (1 Cor. 3:6,7) Lo que es imposible para nosotros, no es imposible para Dios y
él lo hará. ¡Qué grandioso es caminar con Dios hasta un pueblo no alcanzado, esclavizado
por el pecado y Satanás y oír a Dios decir: “No temas, sino habla y no calles… porque yo
tengo mucho pueblo en esta ciudad! Mis ovejas estarán atentas a mi voz.”
El segundo incentivo para convertirse en misionero podemos encontrarlo en Marcos 10:28-
30. Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos
seguido.
Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o
hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del
evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas,
madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna." Esto no
significa que si eres misionero te harás rico en posesiones materiales. Significa que si eres
privado de tu familia terrenal en el servicio de Cristo, recibirás cien veces más en tu familia
espiritual, la iglesia. Pero aún esto debe ser muy limitado. ¿Qué de esos misioneros
solitarios que trabajan por años sin ser rodeados por cientos de hermanas y hermanos y
madres e hijos en la fe? ¿No es la promesa cierta para ellos? Ciertamente lo es.
Lo que ciertamente Cristo quiere significar es que él mismo pagará cada pérdida. Si
entregas el afecto de una madre y su preocupación, obtendrás cien veces más el afecto y
preocupación del Cristo que está siempre presente. Si entregas la camaradería tierna de un
hermano obtendrás cien veces más la ternura y camaradería de Cristo. Si entregas el sentido
de estar en casa que tenías en tu hogar, obtendrás cien veces más la comodidad y seguridad
de saber que tu Señor es el dueño de cada casa, pedazo de tierra, río, y árbol de la tierra.
¿No es justo esto lo que Jesús les está diciendo a los futuros misioneros: Yo prometo
trabajar para ti y ser tanto para ti que no podrás decir que has sacrificado algo? Esta es la
forma como Hudson Taylor lo tomó, porque al final de sus cincuenta años de labor
misionera en la China él dijo: “Nunca hice un sacrificio”.
Cristo tiene como propósito ser glorificado en la gran empresa misionera. Por tanto, él
desea permanecer siendo el benefactor y que nosotros seamos los beneficiarios. Aún
cuando somos llamados a ser misioneros seguimos siendo enfermos en el hospital de
Cristo. Todavía somos pobres necesitando la salud y el bienestar. De modo que cuando él
nos envía a Liberia, Camerún, Brasil, Japón, India o China, él nos envía allí como parte de
nuestra terapia. El dice: “Ahora, sé que esta terapia tiene efectos secundarios, por ejemplo
persecución, pero te prometo como tu doctor que si sigues el régimen de salud misionero,
tu condición va a mejorar cien veces más que si tú lo rechazas”. Los misioneros no son
héroes que pueden hablar con arrogancia del gran sacrificio que están haciendo por Dios.
Ellos son los verdaderos hedonistas cristianos. Ellos son los que saben que el verdadero
grito de batalla del hedonismo cristiano está en las misiones, y han descubierto que hay cien
veces más gozo y satisfacción en una vida dedicada a Cristo y el evangelio que una vida
dedicada a las comodidades frívolas, los placeres y los avances terrenales. Como Ralph
Winter dijo al concluir su folleto “Di sí a la misión”, “Jesús, por el gozo puesto delante de
él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio…’ Seguirle es tu decisión. ¡Ya estás advertido!
Pero no olvides el gozo”. O como yo, Cambell White dijo en 1909 cuando el Movimiento
Misionero de Layman estuvo en su mayor auge: “Fama, placeres son sólo cáscaras y
cenizas en contraste con el gozo ilimitado y permanente de trabajar con Dios para el
cumplimiento de su plan eterno”.
No te estoy llamando a echar a perder tu valentía y sacrificio por Cristo. Te estoy llamando
a renunciar todo lo que tienes para obtener la perla de las perlas. Te hago un llamado
urgente de contar todas las cosas como basura por el valor superior de pararse en el servicio
del Rey de reyes. Te hago un llamado urgente a quitarte los harapos que se compran en las
tiendas y ponerte las vestiduras de los embajadores de Dios. Te prometo que vendrán
persecuciones y privaciones, pero “recuerda el gozo”: “Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mt. 5:10)
Dos incentivos para convertirse en misionero-directos de la boca de Jesucristo: 1) Cada
imposibilidad de los hombres es una sencillez para Dios; las conversiones de pecadores
endurecidos será el trabajo de Dios y ocurrirán de acuerdo a su soberano plan. No
necesitamos estar temerosos ni preocupados por nuestra debilidad. La batalla es del Señor y
él nos dará la victoria. 2) Cristo promete trabajar por nosotros y ser tanto para nosotros que
cuando nuestra vida misionera acabe no podamos decir que hemos sacrificado algo.
Cuando seguimos su prescripción misionera, descubrimos que aún en los efectos negativos
el mejoramiento de nuestra condición–nuestro crecimiento, nuestra salud espiritual, nuestro
gozo–mejora cien veces más.
Ahora quiero darles dos razones adicionales por las cuales pienso que Dios hará un trabajo
sorprendente en las misiones en Bethlehem en un tiempo muy cercano. Una razón es que
los vientos de su Espíritu se están sintiendo. El llamó a Glenn Ogren de nuestra facultad a
las misiones. Esta noche encomendaremos a David y Faith Jaeger quienes estarán partiendo
para Liberia el martes-los primeros nuevos misioneros que Bethlehem enviará desde que
Steve Nelson fue enviado hace 10 años. El grupo de oración por las misiones fronterizas, el
grupo de estudio y el equipo ministerial de misiones Toshavim están estudiando, orando y
soñando para convertirnos en una iglesia mundial. Los círculos de mujeres misioneras
continúan una base estable de oración y educación. Tom Steller está sopesando la
posibilidad de guiar un equipo de personas el próximo verano al Centro de Misiones
Mundiales de los Estados Unidos para un curso de estudios en el instituto de Estudios
Internacionales. Y Ralph Winter, el fundador del U.S.C.W.M. y misionary statesman, ha
aceptado ser nuestro portavoz en la conferencia misionera del próximo año. Estos avances
en Bethlehem no han sido obra de una persona-son evidencias de que algo nuevo del
Espíritu de Dios está en el viento. Muchos de ustedes han estado orando al Señor de la
mies-y los primeros frutos de sus respuestas ya son visibles.
La otra razón por la que creo que Dios hará un trabajo sorprendente en misiones en
Bethlehem es que la extremada necesidad del mundo está convirtiéndose en algo tan obvio
y nosotros no somos el tipo de personas que puede ignorarlo. La gran mentira de Satanás en
la generación pasada ha sido que la gran comisión está completa, y por tanto la iglesia
puede olvidarse de su mentalidad de guerra. Las personas confundieron las “naciones” de
Mateo 28:19 (“Haced discípulos de todas las naciones”) con las naciones políticas de
nuestros días y han concluido que se han hecho discípulos en cada nación, y por tanto el fin
puede llegar. Pero ellos olvidan el cántico celestial en Apocalipsis 28:19 donde Cristo es
adorado: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y
con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”.
Cuando Jesús comisionó su Iglesia a hacer discípulos de las personas Él no tenía en mente
solamente los límites políticos. Él tenía en mente los distantes y distintos grupos incluyendo
tribus, lenguas y personas. Y hoy hay aproximadamente 16,000 grupos de los cuales no se
han discipulado. Si cada cristiano en el mundo ganara todos sus vecinos para Cristo la
mitad del mundo aun no estaría evangelizada; porque dos mil millones de personas
conforman grupos de personas culturalmente distantes que no tienen testigos indígenas.
Ellos son las “personas escondidas,” las “personas fronterizas” de nuestros días. La única
forma en que ellos pueden ser alcanzados es por misioneros de otras culturas. El día de
misiones extranjeras no ha concluido. Por el contrario, estamos parados en la cúspide de un
nuevo movimiento en las iglesias occidentales y tercermundistas para penetrar la última
frontera.
Ciento cincuenta misioneros protestantes de Norteamérica sirven entre 733 millones de
musulmanes en 4,000 grupos de personas musulmanas; 100 misioneros entre 537 millones
de hindúes en 3,000 grupos de personas hindúes; 200 misioneros entre 255 millones de
budistas, con un total de 650 misioneros protestantes norteamericanos entre un poco menos
de la mitad de la población mundial quienes básicamente no han sido alcanzados
(1,930,000,000). Y entonces vemos los Estados Unidos. Hay más iglesias en las Ciudades
mellizas que misioneros en casi dos millones de musulmanes, hindúes, chinos y budistas.
¿Es eso obediencia? Los americanos donan $700 millones de dólares al año para las
agencias misioneras-la misma cantidad que gastan en goma de mascar. Cada 52 días los
norteamericanos gastan en comida para animales domesticados lo mismo que gastan
anualmente en misiones extranjeras. Y la razón de estas cosas no es que estamos viviendo
para el placer, sino que no creemos a Jesús cuando dice que podemos obtener cien veces
más placer abandonando todo por su nombre y su evangelio.
El viernes en la mañana recibí una llamada de un seminario en otra parte de nuestro país
pidiéndome que les permitiera poner mi nombre en una lista de candidatos para un
profesorado en el Nuevo Testamento. No me tomó cinco segundos responder esa pregunta.
Mi respuesta fue negativa. Tengo una gran iglesia. Dios está comenzando a moverse. Ni
siquiera me agreguen a su lista. Quiero construir una iglesia mundial con ustedes en
Bethlehem. Quiero ver nuevos misioneros salir de este cuerpo cada año. Quiero estar aquí
para recibir a David y Faith cuando regresen de su primera misión. Quiero viajar a algunos
de nuestros campos y ministrar a nuestros misioneros y traer reportes de lo que Dios está
haciendo. Quiero predicar y escribir de tal forma que jóvenes y ancianos, hombres y
mujeres no puedan continuar con sus negocios de la manera usual mientras que haya más
iglesias en las Ciudades Mellizas que misioneros en la mitad del mundo. El desafío es
grande. Pero Dios es más grande. Las recompensas son cien veces mejores que cualquier
cosa que este mundo nos puede ofrecer. El grito de batalla del Hedonismo Cristiano es:
¡Ve! Duplica tu gozo en Dios compartiéndolo en los hogares fronterizos.

Proud People Don't Say Thanks (Spanish)


Las Personas Orgullosas no Agradecen
November 20, 1983 |by John Piper topic: Gratitude
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Romanos 1:16-23
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo
aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la
justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los
hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es
manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder
y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por
medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Pues habiendo conocido a
Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron
necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre
corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
Romanos 1:18-23 describe lo que es universalmente cierto de todas las personas que no se
han sometido al poder del evangelio. Ellas han apreciado la verdad acerca de Dios desde la
creación, pero sus inclinaciones naturales van tan fuertemente en contra de esta verdad, que
la ocultan (v.18). Las personas que aman el pecado odian la luz y no vendrán a la luz a
menos que sus obras deban ser expuestas (Juan 3:20). Pero la luz de la verdad de Dios sigue
resplandeciendo en el evangelio de Jesucristo (2 Corintios 4: 4-6); y resplandece, para
aquellos fuera del evangelio, en la obra de la creación.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría” (Salmos 19: 1-2).
“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos
1: 20).
Para aquellos que, mediante la gracia de Dios, aman la verdad y no quieren ocultarla, la
creación se vuelve un deslumbrante libro de lecciones en teología. La creación enseña que
existe una deidad, un Ser infinitamente maravilloso, que hizo el mundo. Enseña que este
Ser es eterno y que tiene un estupendo poder. El mundo en su estructura molecular, visible
y galáctica; y en su orden, lleva la marca de un Arquitecto. Y sí él es el Arquitecto de todo
lo que existe, no fue creado por nadie y es eterno. Un eternamente poderoso e infinitamente
maravilloso Creador de todas las cosas, se hace evidente en el libro de lecciones que es la
creación. Pero eso no es todo lo que podemos leer en este libro.
Si existe un Dios todopoderoso e infinitamente glorioso que creó todas las cosas. Entonces
yo también, soy su criatura. Y todo lo que tengo es de él. ¿Quién a no ser el Creador, da a
los hombres vida, aliento, y todas las cosas (Hechos 17: 25)? Parándome ante la irresistible
lógica del libro de lecciones que es la creación, tengo que admitir que todo es un regalo. Es
inconcebible que el Creador algún día tenga que deberme algo. ¿Pues cuando podría darle
un regalo por el que deba ser recompensado? “Porque de él, y por él, y para él, son todas las
cosas” (Romanos 11: 35-36). Yo no soy mío, le pertenezco a mi Creador. Mi existencia se
debe a él, y por tanto mi existencia tiene que ser para él.
¿Pero que le puedo dar yo a mi Creador? Si él tuviere hambre no me lo diría, porque el
mundo y todo lo que hay en él, es suyo. Las aves del aire, los gusanos en el campo, el
ganado en los miles de montes, pertenecen a él (Salmos 50: 10-12). Todo lo que existe es
de Dios. No puedo mejorar a Dios. No puedo enriquecer ni adicionarle algo a Dios.
Siempre seré, completa e ineludiblemente, el recipiente. No “es honrado por manos de
hombres, como si necesitase de algo” (Hechos 17:25). ¿Cómo, pues, viviré para él? ¿Cómo
le agradaré?
La respuesta a esta pregunta, también está escrita en el libro de lecciones que es la creación
reflejada en nuestra propia conciencia. ¡Debo estarle agradecido a él! Sino puedo añadirle
algo a su gloria, entonces debo honrar su gloria. Si existe un Dios eternamente poderoso e
infinitamente maravilloso que creó todo lo que existe, entonces existe solamente un destino
justo para sus criaturas -vivir para la alabanza de su gloria… unirnos a nuestro Creador en
su propósito de hacer que su poder y gloria sean conocidos y amados entre las naciones.
¿Cómo honrará una mera criatura la gloria de su Creador? Todos conocemos la respuesta a
esa pregunta: Honramos su gloria queriéndola y estando agradecidos. “El que sacrifica
alabanza me honrará” (Salmos 50: 23).
La gratitud honra a Dios. La gratitud es el eco de la gracia cuando repercute a través de los
recovecos del corazón humano. Gratitud es aceptar un regalo gratuito sin sentir vergüenza y
declarar de todo corazón que lo que queremos no lo podemos comprar. Por tanto la gratitud
glorifica a la gracia gratuita de Dios y representa la humildad de un necesitado y receptivo
corazón.
Es realmente asombroso cuánto podemos conocer acerca de Dios y nuestro deber, al solo
ponderar honestamente la lección del libro de la creación: que existe un Ser infinitamente
maravilloso quien hizo todas las cosas, tiene un poder eterno, a quien debemos la vida, el
aliento y todo lo demás; a quien, por tanto, debemos glorificar y agradecer desde el fondo
de nuestros corazones día y noche. Ninguno que comprenda la realidad en que vive necesita
la Biblia para saber que debe glorificar y dar gracias a Dios. Está escrito en el cielo y en el
corazón humano –sin embargo, nadie obedece.
“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias”
(Romanos1:21). “...por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”
(Romanos 3:23). “Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del
Dios incorruptible en semejanza de imagen de… (Romanos 1: 22-23).
Lo que Pablo quiere decir en (Romanos 3:23) con ‘todos los hombres están destituidos de
la gloria de Dios’, está explicado en Romanos 1:23 -todos cambiaron la gloria de Dios por
imágenes. Así que el significado del pecado está claro: el pecado es tomar el diamante que
es la gloria de Dios, llevarlo a la casa de empeños del orgullo, y empeñarlo por el mármol
quebrado de la autosuficiencia. Note el versículo 22: “Profesando ser sabios, se hicieron
necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de…” Toda
la creación da testimonio de que somos las criaturas de un Creador eternamente poderoso e
infinitamente glorioso, y que debemos querer su gloria por encima de todas las cosas, que
debemos agradecerle de todo corazón día y noche. Pero por alguna misteriosa razón el
corazón humano repudia esa verdad y la oculta (v.18), o como dice el versículo 25,
nosotros cambiamos la verdad acerca de Dios por una mentira. ¿Por qué? Porque queremos
que piensen que somos sabios. “Profesando ser sabios […] cambiaron la gloria de Dios.”
La razón por la que el corazón humano repudia la verdad que enseña la creación, es que
ésta es demasiado humilde. Desde el profundo mar hasta el brillante cielo, la creación grita
que Diostiene poder eterno, que Dios es un Ser infinitamente maravilloso, que Dioses el
Creador de todo lo que existe, y que somos totalmente dependientes de su absoluta libertad
de decisiones para crear y sostener nuestra vida o no. Y, por lo tanto, debemos glorificarle a
él y no a nosotros, y darle las gracias a él y no tomarnos el crédito para nosotros. ‘Pero las
personas orgullosas no agradecen’ La gratitud es el eco de la gracia cuando repercute a
través de los recovecos del corazón humano. Pero las personas orgullosas no necesitan la
gracia. No creen que sus corazones estén vacíos sin Dios. ¡Están llenos de sabiduría! Y,
“Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en
semejanza de imagen de....” Las personas orgullosas no agradecen. Con los labios
apretados toman el diamante, que es la gloria de Dios, entran a la casa de empeños del
orgullo, y lo empeñan a cambio del mármol quebrado de la autosuficiencia. Después se
llevan este pequeño ídolo a casa, lo ponen en el manto de sus mentes, y se postran ante él
en cientos de formas diferentes cada día. “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron
como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos [...]
Profesando ser sabios...”. Las personas orgullosas no dan las gracias.
Ahora bien, aquí debemos evitar señalar con el dedo en vano, como si Madalyn Murray
O’Hair, o Hugo Heggner, o alguna tribupagana fueran los únicos acusados en este caso.
Nosotros, que conocemos bien a Dios, también estamos señalados en este texto. Hay una
prueba que usualmente uso para humillarme a mí mismo frente al Señor. Se la recomiendo.
Considere la espontaneidad y la intensidad de la ira, cuando alguien levanta falso
testimonio contra usted, o interrumpe su concentración, o se cuela delante de usted en la
tienda de comestibles Country Club; compare esas emociones con la intensidad y la
espontaneidad de la indignación cuando alguien levanta una calumnia acerca de Dios, y
cuando sus mandamientos son quebrantados y las personas se ponen por delante de él. O
considere la emoción sincera que experimenta cuando consigue un ascenso, o una
inesperada ventaja fiscal, o un reconocimiento de su superior; y compare esta sincera
emoción con la sinceridad y la intensidad de la emoción que siente cuando contempla el
carácter de Cristo y la gloria de Dios. Un momento de reflexión nos humillará,
virtualmente, a todos. Nuestros corazones están vivos, son rápidos, son sensibles, son
receptivos y están llenos de emociones hacia las cosas que conciernen a nuestros placeres
materiales y nuestro ego. Pero Oh, ¡cuan lentos y que aburridos y que indiferentes y que
lacónicos somos intelectualmente hacia la realidad de Dios! Por tanto, no señalemos con
nuestro dedo a otros que empeñan la gloria de Dios a cambio del mármol quebrado de la
autosuficiencia. Existe suficiente evidencia en nuestra propia vida emocional, para probar
que nosotros también, hemos apenas comenzando a inclinar, nuestros sentimientos hacia el
diamante de la gloria de Dios.
Tenemos una profunda necesidad de contribución y arrepentimiento. La razón por la que
recalco esto en el domingo que precede a una de las vacaciones más felices del año, es
porque quiero que el jueves1 experimenten la mayor cantidad de gozo, proveniente de
corazones con profunda gratitud. Las personas orgullosas no agradecen, y nosotros
padecemos profundamente de orgullo. Si no comenzamos nuestra Festividad con un
arrepentimiento, simplemente nos estaremos uniendo al mundo en el irónico ejercicio de la
Festividad tratando de mostrar un genuino sentimiento de gratitud a cambio del quebrado
mármol de la autosuficiencia.
Sé que pudiera unirme al popular coro de escritores y predicadores que constantemente nos
dicen cuan hermosos somos. Pudiera pulirle su mármol. Pudiera ponerlo en un lugar
seguro, detrás de las caricaturas de calvinísticos predicadores que apalean el pecado y
niegan el gozo. Yo pudiera ponerlo bajo el foco de un eslogan como, ‘Si va a ser, depende
de mi.’ Y quizás unos pocos de ustedes, cuyo conocimiento de la Biblia y de su propio
corazón es poco profundo, dirían, ‘Ah, dulces palabras. Oigan como ama a su pueblo, los
hace sentir enteros en lugar de rotos.’ Pero Dios me reprendería con las palabras de
Jeremías 6:14, “Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay
paz.”.
Es como si yo fuera un médico y usted viniera a mí con una profunda herida en la planta de
su pie, ocasionada por un trozo de vidrio que se hallaba escondido en el fango. Sus amigos
están de pie y observan como, cuidadosamente, limpio con un algodón la piel alrededor de
la herida, y la saturo. Ellos se maravillan de lo compasivo que parezco y de lo tiernamente
que manipulo el área sensible, y de lo expertamente que realizo la sutura, y de lo bien que
se encuentra la piel. Pero mi médico jefe, muy ecuánime, se aproxima después y dice,
‘Tienes una buena actitud ante el paciente, Piper; hiciste una sutura; creo que se fueron
felices, pero el fondo de esa herida estaba llena de fango cuando la cerraste. Y para el Día
de Acción de Gracias ese pié va a estar infectado’. ‘Curan la herida de mi pueblo con
liviandad, diciendo: ‘Paz, paz,’ cuando lo que hay es orgullo, orgullo’ Raspen el fango para
sacarlo de la herida. Es posible que hoy duela, pero para el jueves saltarán como los
corderos del establo.
Mi deseo para ustedes es que su gratitud hacia Dios, este agradecimiento, sea muy
profundo, muy auténtico y muy alegre. La razón por la que esto puede ser posible es que
Dios da gracia a las personas que odian su orgullo y que están quebrantadas debido a su
pecado. David saboreó esta gracia y dijo, “Los sacrificios de Dios son el espíritu
quebrantado; al corazón contrito y humillado, no despreciaras tú, Oh Dios” (Salmos 51:17).
Y Dios mismo da testimonio de su gracia con palabras similares en Isaías 57: 15, “Yo
habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer
vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”
Para el verdadero hijo de Dios el repetido descubrimiento de su propio pecado trae consigo
un dolor piadoso que produce arrepentimiento, lleva a la salvación y no deja remordimiento
(2 Corintios 7: 10). No soy capaz de comprender a las personas que dicen que no debemos
abogar por la contrición y la pobreza de espíritu de aquellos cuyos pecados han sido
perdonados y están siendo renovados en el Cristo que mora en su interior. Es precisamente
porque Cristo me ama tanto que la frialdad de mi celo en la oración, en la meditación, en la
adoración y en el testimonio, me aflige tan profundamente. ¿Acaso debemos tomar el
desgano de nuestra devoción a la ligera porque él es tan amable? ¿Nunca le han hecho
llorar de remordimiento, precisamente porque le han perdonado?
Le ruego a Dios que exista un gran agradecimiento de corazón, hacia Dios, en cada uno de
sus hogares esta semana. Le pido que algunos de ustedes se encuentren a sí mismos
cantándoles al Señor, que algunos de ustedes escriban una oración de alabanza en su diario,
que algunos compongan poemas de agradecimiento, que algunos hagan una larga lista de
bendiciones, que algunos pasen un tiempo especial a solas con Cristo y que algunos le
digan a su esposa, esposo, o amigo, “Le doy gracias a Dios por tenerte a ti.”
Pero las personas orgullosas no agradecen. Y así, he presentado delante de ustedes, tres
verdades muy humildes para mejorar su agradecimiento. La primera verdad: La naturaleza
nos enseña que un Ser infinitamente maravilloso y eternamente poderoso nos creó a y a
todo lo que tenemos. Por tanto, somos sus criaturas. Él es nuestro dueño. Nuestra vida,
nuestro aliento, y todo lo que tenemos es un regalo. Nuestro deber es, simplemente, estarle
agradecidos de corazón y apreciar profundamente su gloria. La segunda humilde verdad es
que todos estamos lejos de cumplir este deber. No hemos apreciado consistentemente el
diamante de la gloria de Dios con un afecto que llegue siquiera cerca de su valor real, sino
que lo hemos cambiado una y otra vez por mármoles quebrados, que en nuestra gran
‘sabiduría’ hemos determinado como más valiosos. La tercera humilde verdad es que Dios,
en su gran misericordia, envió a su hijo a sufrir el juicio de los que están quebrantados y
contritos en espíritu y confían en él.
Las personas orgullosas no agradecen. Pero los que creen estas tres verdades, lo hacen
desde lo profundo de sus corazones. La verdad de que somos criaturas totalmente
dependientes, la verdad de que somos pecadores depravados y la verdad de que estamos
redimidos y completamente perdonados a través de la fe contrita. Si estas tres verdades
penetran a su corazón esta mañana, le vaciaran de orgullo y llenaran con agradecimiento
hacia Dios.
1
El mensaje es predicado el 20 de Noviembre de 1983 (Víspera del día Acción de Gracias
de ese año, a celebrarse el jueves 24).

How Believers Experienced the Spirit


Before Pentecost (Spanish)
¿Cómo Experimentaban Los Creyentes El Espíritu Antes
Del Pentecostés?
February 19, 1984 |by John Piper topic: The Holy Spirit
Series: The Person & Work of the Holy Spirit
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Romanos 8:1-8
Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en
Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Pues lo que la ley no pudo
hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo : enviando a su propio Hijo en
semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la
carne, 4 para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme
a la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Porque los que viven conforme a la carne, ponen la
mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del
Espíritu. 6 Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu
es vida y paz; 7 ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta
a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, 8 y los que están en la carne no pueden
agradar a Dios.
La diferencia entre un historiador y un predicador es que el historiador dice: “¿Fue así?” y
el predicador dice: “¿Y qué?”1 Tomé un curso en un seminario sobre Literatura Sapiensal
del Antiguo Testamento, donde hablamos acerca del paralelismo y determinación de la
poesía hebrea y la Heilesgeschichte (“historia de la salvación”) y muchas veces yo
levantaba mi mano al final de la clase y decía “¿Y qué?”. Nunca he creído en el
conocimiento como un fin, o en el arte como un fin. Tales nociones siempre me han sonado
profundamente ateas. Sin duda, para un cristiano la única razón para estudiar o ser artístico
es Dios. “... o que hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1ra a
los Corintios 10:31). Y no puedo dejar de pensar que el conocimiento como un fin, o el arte
como un fin, es una máxima muy insensible y carente de amor. Sin dudas, para un cristiano,
todo estudio y todo trabajo creativo debe justificarse a sí mismo en términos de amor. “Que
todo se haga para edificación” (1ra a los Corintios 14:26). “Todas vuestras cosas sean
hechas con amor” (1ra a los Corintios 16:14). El aprendizaje y trabajo que no lleva a las
personas en amor hacia Dios no es guiado por el Espíritu de Cristo.
Así que cuando me planteo la pregunta: ¿Cómo experimentaban los creyentes el Espíritu
Santo antes del Pentecostés? No puedo pensar en ella durante más de cinco minutos sin
decir: “¿Y qué?” ¿A quién le importa? ¿Hará alguna diferencia para nuestras vidas conocer
la respuesta? Creo que sí hará la diferencia. Yo no les molestaría con esta pregunta si no lo
creyera. Quiero mostrarles diez formas en que los santos del Antiguo Testamento
experimentaron el Espíritu Santo. Pero, permítanme primeramente decirles porque creo que
es una pregunta tan relevante.
Pentecostés era una festividad judía que se celebraba cincuenta días después de la Pascua.
Jesús fue crucificado durante la celebración de la Pascua, siete semanas después, en el día
de pentecostés, el Señor crucificado cumplió la promesa que había hecho en Juan 15:26 – a
saber, que enviaría el Espíritu Santo. Juan el Bautista había prometido diciendo: el que
viene detrás de mí “El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16). Así que a
las 9:00 de la mañana en el día de Pentecostés, mientras los discípulos estaban orando “vino
del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento [...] 3 y se les aparecieron lenguas como
de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del
Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad
para expresarse” (Hechos 2.2-4). Entonces Pedro predicó un sermón y dijo: “sino que esto
es lo que fue dicho por medio del profeta Joel: 17 Y sucederá en los últimos días -dice
Dios- que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas
profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños...”
(Hechos 2:16-17). En otras palabras, Pedro dice que hemos llegado a los últimos días: el
Mesías ha llegado, ha logrado la redención sobre la cruz, se ha levantado y ha ascendido
hasta la diestra de Dios, y el intervalo antes de su venida en gloria será conocido por un
incomparable derramamiento del Espíritu Santo sobre hombres y mujeres, sobre ancianos y
jóvenes, siervos y libres, los que están cerca y los que están lejos. Y el pueblo de Dios en
este período es el pueblo nacido del Espíritu, bautizado en el Espíritu, lleno con el Espíritu,
capacitado por el Espíritu para ser testigos del “resplandor del evangelio de la gloria de
Cristo”. Vivimos en los últimos días del Espíritu. Vivimos en los días que Isaías (44:3) y
Ezequiel (11:19; 36:26ss; 39:29) y Joel (2:28) profetizaron y anhelaron ver. No habrá más
momentos de cambio decisivo en la historia de la redención antes de la vuelta de Jesús para
establecer su reino. Este es; estos son los días de Pentecostés, los días de la plenitud del
Espíritu, los días de una misión que abarca todo el mundo.
Permítanme ahora sugerir una analogía para ilustrar la experiencia del Espíritu antes y
después del Pentecostés. Imagínense un enorme dique para una hidroeléctrica en
construcción, como el Gran Dique de Asuán en el Nilo, de 111 metros de altura y más de
un kilómetro de largo. El presidente de Egipto, Nasser anunció el plan de construcción en
1953. El dique fue completado en 1970 y en 1971 hubo una gran ceremonia de dedicación
y las 12 turbinas con su capacidad de diez billones de kilowatt/hora fueron liberadas con
suficiente poder para iluminar cualquier ciudad en Egipto. Durante el largo período de
construcción no se detuvo completamente el fluir del río Nilo. Aún mientras se llenaba la
represa, se permitía que parte del río continuara fluyendo. Las familias de Egipto, río abajo,
dependían de eso. Bebían sus aguas, lavaban en ellas, el río regaba sus cultivos y movía las
ruedas de sus molinos. Navegaban sobre sus aguas a la luz de la Luna y escribían canciones
sobre él. Era su vida, pero el día en que la represa vertió a través de las turbinas fue
liberado un poder que se esparció más allá de esas pocas familias río abajo y trajo consigo
posibilidades que ellas solo habían soñado.
Bien, Pentecostés es como la apertura de dedicación del Gran Dique de Asuán. Antes de
Pentecostés, el río del Espíritu de Dios bendijo al pueblo de Israel y era quien les impartía
vida. Pero después de Pentecostés el poder del Espíritu se esparció para iluminar a todo el
mundo. Ninguno de los beneficios disfrutados en los días anteriores a Pentecostés fue
quitado. Pero diez billones de kilowatts fueron añadidos para capacitar a la iglesia para
llevar la luz del evangelio de la gloria de Cristo a toda lengua, tribu, y nación.
Así que esta es mi respuesta a la pregunta ¿por qué la experiencia de los santos del Antiguo
Testamento es valiosa para todos nosotros hoy? Si estos santos experimentaron privilegios
y poderes en el Espíritu Santo antes de que el dique fuera abierto, ¡¿cuánto más no
experimentaremos nosotros en estos días de billones de kilowatts?! Es necesario examinar
la experiencia del Antiguo Testamento para despertarnos a nuestros privilegios en estos
últimos días en que ha sido inaugurado el Pentecostés. La iglesia hoy está tan dormida que
algunos hemos caído por debajo de los santos del Antiguo Testamento en nuestra
apropiación de lo que el Espíritu tiene para dar.
Así que aquí tenemos diez formas en que los creyentes del Antiguo Testamento
experimentaron el Espíritu santo y que deben ser disfrutadas por la iglesia en estos “últimos
días” de plenitud Pentecostal.
Lo primero y más básico: los creyentes del Antiguo Testamento estaban conscientes del
Espíritu de Dios como Creador y Sustentador de sus vidas naturales. En Job 33:4 Eliú
habla por todos los judíos fieles cuando dice: “El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento
del Todopoderoso me da vida”. El Salmo 104 celebra el milagro y la variedad de todas las
cosas y dice (vv. 29-30): “les quitas el aliento, expiran, y vuelven al polvo. 30 Envías tu
Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra”
Tengo la esperanza de que usted comparta este punto de vista del mundo con los santos del
Antiguo Testamento: A saber, que la concepción en el vientre de su madre fue un acto
soberano de creación del Espíritu de Dios y que cada aliento que toma ahora y cada
transacción química que ocurre en las células de su cuerpo está sustentada en cada instante
por la obra del Espíritu Santo. El mundo en que crecimos y vivimos no ve las cosas de esta
manera. Y, por lo general, hemos absorbido su punto de vista mecanicista.2 El mundo ve un
proceso mecánico de evolución y selección natural. Pero el cristiano debe ver el proceso
creativo, la obra inventiva del Espíritu de Dios. Y cada aliento que usted toma debe ser una
oración de agradecimiento por vivir, moverse, y existir en el Espíritu de Dios.
Segundo: los creyentes del Antiguo Testamento experimentaron el nuevo nacimiento y
morada del Espíritu Santo. Cuando Nicodemo quedó desconcertado por la demanda de
Jesús de un nuevo nacimiento por el Espíritu, Jesús respondió (Juan 3:10): “Tú eres
maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas?”. En otras palabras, no estoy enseñando o
exigiendo nada nuevo. Cualquier israelita que haya sido salvado alguna vez tuvo que nacer
de nuevo por el Espíritu de Dios. De otra manera ¿cómo pudiera vencer su hostilidad
natural hacia Dios? ¿Cómo hubieran podido someterse a la ley de Dios y agradarle –como
muchos hicieron, como Abel, Noé, y Abraham, y Moisés, y Rahab, y Ruth, y Débora, y
David? Pablo dice en Romanos 8:7-9: “la mente puesta en la carne es enemiga de Dios,
porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, 8 y los que están en la
carne no pueden agradar a Dios.9 Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el
Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros”. Hay dos grupos de hombres:
los que están en la carne (nacidos de la carne) y los que están en el Espíritu (nacidos del
Espíritu). Los que están en la carne no tienen el Espíritu y no se pueden someter a la ley de
Dios o agradar a Dios. Los que están en el Espíritu tienen la morada del Espíritu y son
capacitados por él para cumplir los justos requerimientos de la ley.
Esto significa que todos los santos del Antiguo Testamento que confiaron en Dios y
siguieron sus caminos en la obediencia de la fe, nacieron de nuevo por el Espíritu y tenían
la morada del Espíritu. Por ejemplo, Números 14:24 se dice de Caleb: “mi siervo Caleb,
porque ha habido en él un espíritu distinto y me ha seguido plenamente, lo introduciré a la
tierra donde entró”. Y Números 27:18 dice: “Y el Señor dijo a Moisés: Toma a Josué, hijo
de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él...”. Los creyentes del
Antiguo Testamento fueron salvados de la misma forma que nosotros: nacieron del
Espíritu, confiaron en las promesas de Dios, y siguieron sus mandamientos en la obediencia
de la fe.
Tercero: los creyentes del Antiguo Testamento disfrutaron la presencia constante del
Espíritu de Dios. El Salmo 139:7-10 dice: “¿Adónde me iré de tu Espíritu, o adónde huiré
de tu presencia? 8 Si subo a los cielos, he aquí, allí estás tú; si en el Seol preparo mi lecho,
allí estás tú. 9 Si tomo las alas del alba, y si habito en lo más remoto del mar, 10 aun allí me
guiará tu mano, y me asirá tu diestra”. Los creyentes del Antiguo Testamento disfrutaban la
presencia del Espíritu Santo dondequiera que iban. Cuando soy llamado a ir a lugares
donde me siento inseguro, siento mucho valor al saber que el Espíritu está a mi alcance
para darme las palabras que necesito, y que también ya está en el lugar a que me dirijo para
preparar el camino y sostenerme cuando llegue.
Cuarto, Los creyentes del Antiguo Testamento experimentaban el Espíritu de Dios como su
Consejero o Maestro. En Nehemías 9, Esdras da gracias a Dios por todos los beneficios que
Dios ha dado a Israel en el pasado, y dice en el verso 20: “Y diste tu buen Espíritu para
instruirles, no retiraste tu maná de su boca”. El Espíritu fue su instructor probablemente en
dos sentidos: fue por el Espíritu de Dios que los profetas hablaron al pueblo la Palabra de
Dios (Nehemías 9:30), y fue por el Espíritu que el pueblo fue capacitado para asir y aplicar
la Palabra. Hoy el Espíritu todavía nos instruye por la Palabra de la Escritura y debemos
orar seriamente por un derramamiento del Espíritu iluminador de Dios para que las
Escrituras vivan realmente para nosotros y se vuelvan intensamente personales.
Quinto, los santos del Antiguo Testamento creían que la artesanía y la habilidad artística
al servicio de Dios eran un don del Espíritu Santo. Dios no solo diseñó cómo quería que se
construyera su tabernáculo; también equipó a los artesanos para hacerlo. Éxodo 31:1-5
dice: “Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 2 Mira, he llamado por nombre a Bezaleel, [...]
3 Y lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en
toda clase de arte, 4 para elaborar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5 y en
el labrado de piedras para engaste, y en el tallado de madera; a fin de que trabaje en toda
clase de labor”. En un sentido, toda habilidad artesana y de arte es un don de Dios como
también lo es nuestro aliento. Pero el texto dice que Dios llamó a Bezaleel por nombre y le
llenó con su Espíritu. Y creo que había y hay hoy todavía un toque o llenura especial del
Espíritu Santo que eleva la obra de un artista, músico, o artesano, llevándola desde la
simple habilidad técnica hasta la habilidad divinamente dada que exalta a Dios y edifica la
fe.
Sexto, los creyentes del Antiguo Testamento experimentaban la llenura del Espíritu Santo
como un poder que debía ser valiente para denunciar la maldad y declarar la justicia.
Micaías 3:8 dice: “Yo, en cambio, estoy lleno de poder, del Espíritu del Señor, y de juicio y
de valor, para dar a conocer a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado”. No descansa ante el
poder de los hombres y arriesga su vida y se levanta a favor de la verdad de Dios y para
denunciar al pecado. El Espíritu da ese valor. Lucas 1:15 dice que Juan el Bautista fue lleno
con el Espíritu desde el vientre de su madre, y logró que le cortaran la cabeza por denunciar
el matrimonio ilegal de Herodes. Sin dudas tenemos una gran necesidad de hombres y
mujeres llenos del Espíritu para exponer y denunciar los males de nuestra sociedad para que
ya no se cierren los ojos ante ellos: la explotación de los cuerpos de mujeres, y su
humillación en la propaganda, la excesiva destrucción de la vida humana por medio de los
abortos a demanda, las maniobras de nuestro propio país para desestabilizar a otros
gobernantes, el ilimitado desperdicio y glotonería de la vida americana, la arrogante actitud
para divorciarse y recasarse (que Dios desprecia), y la promoción multimillonaria del
alcohol y los cigarros, cuando no son otra cosa que destructores de la familia y asesinos del
cuerpo. Cuando las personas son llenas del Espíritu Santo, no cierran los ojos ante la
maldad.
Siete, los santos de antaño experimentaron la victoria sobre el temor por la presencia del
Espíritu. Cuando Dios quería animar a su pueblo para reedificar el templo después del
exilio, dijo: “trabajad, porque yo estoy con vosotros” [...] mi Espíritu permanece en medio
de vosotros; no temáis” (Hageo 2:5). Solo piense, si los judíos que volvían del juicio de
Dios que era el exilio babilónico podían cobrar ánimo creyendo que el Espíritu de Dios les
protegería ¡¿cuánto más valientes debiéramos sentirnos nosotros que tenemos la certeza
sobrecogedora del amor de Dios y su poder en la muerte y resurrección de Jesús?! Los
santos del Antiguo Testamento sabían entonces, y los cristianos sabemos hoy, que la
victoria sobre toda amenaza y obstáculo pertenece a Dios. Zacarías 4:6 dice: ““No por el
poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu”—dice el Señor de los ejércitos”.
Ocho, algunos creyentes del Antiguo Testamento, estaban capacitados por el Espíritu para
hacer obras extraordinarias de poder para ayudar al pueblo de Dios. Por ejemplo, en la
vida de Sansón leemos: “Y el Espíritu del Señor vino sobre él con gran poder, y lo
despedazó como se despedaza un cabrito” (Jueces 14:6). O: “Y el Espíritu del Señor vino
sobre él con poder, y las sogas que estaban en sus brazos fueron como lino quemado con
fuego y las ataduras cayeron de sus manos” (15:14). No era una manifestación común del
Espíritu, pero era real entonces y lo es hoy. De cuando en cuando en circunstancias
extraordinarias de necesidad, el Espíritu capacita a cristianos ordinarios para realizar obras
asombrosas de rescate mucho más allá de sus capacidades ordinarias –como levantar el
auto de encima del esposo herido y atrapado, o escapar de un violador furioso.
Nueve, el Espíritu capacita a algunos de los creyentes del Antiguo Testamento para
interpretar la revelación de Dios en sueños. Después que José interpretó el suelo de Faraón
sobre el hambre que vendría, Faraón dijo: “¿Podemos hallar un hombre como éste, en quien
esté el espíritu de Dios?”. En el día de Pentecostés Pedro dijo que en estos últimos días
“vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñaran sueños” (Hechos 2:17). Si
estos últimos días deben ser días de sueños y visiones del Espíritu Santo debemos orar
seriamente para que muchos José dotados se levanten de entre nosotros y puedan discernir
la verdad y el error.
Por último, el Espíritu Santo dio a algunos de en el Antiguo Testamento un don de
profecía. Por ejemplo, cuando Moisés se reunió con los setenta ancianos de Israel en el
tabernáculo dijo en números 11:25: “el Señor descendió en la nube y le habló; y tomó del
Espíritu que estaba sobre él y lo colocó sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el
Espíritu reposó sobre ellos, profetizaron; pero no volvieron a hacerlo más”. Evidentemente,
Dios solo les dio a probar un poco de los poderes proféticos a los setenta ancianos. Parecía
señalar a algo más que vendría en el futuro. Cuatro versos después, Moisés dice: “¡Ojalá
todo el pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos!” (v.29).
Lo que nuevamente apunta hacia los últimos días inaugurados en Pentecostés. Pedro dice:
“Y sucederá en los últimos días—dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda
carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán”. ¿Qué es este don de profecía? ¿Dónde
se ha manifestado en la iglesia de hoy? ¿Se ha manifestado? Al menos parte de la respuesta
a esta pregunta se encuentra en la enseñanza de los dones espirituales en 1ra a los Corintios
12-14, que comenzaremos a estudiar pronto en las series de la tarde.
Permítanme, esta mañana, terminar simplemente volviendo por un instante al Gran Dique
Asuán. Aún antes de que el dique fuera completado, y la represa fuera oficialmente liberada
en los días de Pentecostés, los santos del Antiguo Testamento río abajo, disfrutaban de los
estupendos beneficios del río del Espíritu de Dios. Hacemos bien al leer sobre estas cosas, y
hacernos la simple pregunta: si ellos experimentaron tanto del Espíritu de Dios en lo que
era solo un manantialito de la represa, ¿cuánto más debiéramos nosotros disfrutar bajo una
docena de turbinas del Pentecostés?

The Spirit Will Give Life to Your Mortal


Bodies (Spanish)
El Espíritu Dará Vida A Vuestros Cuerpos Mortales
Domingo de Resurrección
April 22, 1984 |by John Piper topic: Glorification / Resurrection of the Body
Series: The Person & Work of the Holy Spirit
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Romanos 8:9-11
Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de
Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El. 10Y
si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el
espíritu está vivo a causa de la justicia. 11Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús
de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los
muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita
en vosotros.
Me gustaría tratar de demostrar en esta mañana, a partir de la Palabra de Dios, que si el
Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, entonces, sin
duda alguna, él dará vida a sus cuerpos mortales. Dios asegura de un modo claro e
inconfundible que su Espíritu ha establecido su morada los corazones de todos ustedes, así,
aunque sus cuerpos mueran, él les levantará de entre los muertos, tal como hizo con Jesús.
Enfoquemos nuestra atención en Romanos 8:11 y permitamos que Dios grabe este texto en
las tablas de nuestros corazones como la revelación mayor del Domingo de Resurrección.
“Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el
mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros
cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”. En este verso existen
dos grandes “si”. Está el si Jesús resucitó ¿Es cierta esta historia? ¿Levantó Dios a Jesús de
entre los muertos? Y está el “si” de la conversión ¿Ha recibido usted el Espíritu de Dios en
su corazón? ¿Es el Espíritu de Dios quien guía su vida? ¿Ha sido adoptado por el Espíritu
para convertirse en miembro de la familia de Dios? ¿Comenzó el Espíritu a impartirle el
carácter de su Padre celestial?
Si alguno de estos dos “si” es falso para usted, entonces la promesa es en vano, y su cuerpo
mortal no resucitará para vida sino para un espantoso juicio. Así que las dos preguntas más
importantes que pongo ante ustedes en esta mañana son:
1. ¿Están seguros de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos?
2. ¿Están seguros de que el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en ustedes?
Déjenme tratar de llevarles a la fundamento de la seguridad para estas dos preguntas.
Primero, ¿está seguro que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos? Esta pregunta nos
lleva directamente hacia la credibilidad del testimonio ¿Cómo decidir si creer al testimonio
de un hombre o no? Tomen, por ejemplo, a Pablo mientras escribe el libro de Romanos,
¿cómo podemos asegurar racionalmente que sus declaraciones son ciertas?, en especial sus
declaraciones sobre la resurrección de Jesús.
Creo que ustedes presentarían las mismas siete interrogantes sobre la credibilidad de Pablo
que las que se presentarían en relación a cualquier testigo de hoy en día.
1. ¿Estoy dispuesto a aceptar la posible verdad de lo que Pablo está diciendo y listo
para cambiar mi vida si ella es cierta?
2. ¿Muestra el carácter de Pablo (su humildad, amor y sumisión a Dios) la
improbabilidad de que él sea fácilmente engañado, o de que sea dado a la invención
de una mentira?
3. ¿Son consistentes sus enseñanzas y testimonios? ¿Son coherentes? ¿O habla Pablo
contradiciéndose a sí mismo?
4. ¿Ofrece Pablo alguna evidencia para sus declaraciones y sostienen estas evidencias
sus declaraciones?
5. ¿Existen otros testigos creíbles que corroboren su afirmación o es él el único que
hace esta afirmación?
6. ¿Proporciona su declaración una comprensión que ayuda a dar sentido a nuestra
imagen general de todas las cosas o satisface las verdaderas necesidades del
hombre?
7. ¿Tienen sus declaraciones un efecto duradero que brinden algún sostén
independiente a la realidad que enuncian?
Soy cristiano porque he respondido sí a todas esas preguntas:
1. Sí, estoy dispuesto a cambiar si se demuestra que las declaraciones de Pablo son
ciertas.
2. Sí, he visto lo suficiente sobre Pablo en sus trece cartas para convencerme de su
integridad moral –él no es presa fácil del engaño y no es una persona que inventa
cosas.
3. Sí, mientras más estudio más me convenzo de la coherencia y unidad de todo su
mensaje, él no se contradice a sí mismo.
4. Sí, Pablo da evidencias para sostener sus declaraciones, tales como la bien conocida
historia de su conversión (su historia estuvo abierta al escrutinio público), en que
dejó de ser un perseguidor de la iglesia para convertirse en un misionero fundador
de iglesias (Gálatas 1:12ss), y las señales y maravillas que hizo entre las iglesias
(Romanos 15:19; 2da a los Corintios 12:12).
5. Sí, hay otros testigos increíbles: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pedro, Santiago, y el
mismo Jesús cuando dijo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan
2:19).
6. Sí, la enseñanza de Pablo acerca de la resurrección encaja con la imagen general de
todas las cosas que ayuda a dar sentido a la historia y a la vida, y satisface la
necesidad de perdón y esperanza que todos tenemos, da cumplimiento a profecías
de más de cien años (Isaías 53:10). Y revela como Dios no será derrotado por la
muerte, sino que hará que todas las cosas sean nuevas.
7. Sí, hay efectos duraderos que son consecuencia de la resurrección de Jesús: la
resurrección transformó a pescadores miedosos en intrépidos apóstoles. Y aquellos
de nosotros que hemos recibido al Cristo vivo como Señor sabemos de los
maravillosos cambios que ocurren en nuestras propias vidas. La resurrección de
Cristo generó un movimiento cristiano mundial de extraordinarias proporciones.
Hoy casi cada país sobre la tierra tiene testigos cristianos. El cristianismo es la única
fe mundial que no tiene una base cultural desde donde se esparce, o unas oficinas
centrales. Hay muchos más cristianos profesantes en el mundo que adherentes de
cualquier otra religión. Cada día seis mil nuevas personas proclaman fidelidad al
Cristo resucitado y cada semana mil seiscientas iglesias son establecidas en su
nombre.
Por tanto, creo que si ustedes se enfrentan con honestidad a estas siete preguntas, cualquiera
de los que están aquí en esta mañana puede tener una seguridad razonable de que Dios
levantó a Jesús de entre los muertos. La mayoría de las personas no pueden volverse
cristianos no debido a la ausencia de evidencias, sino a la falta de interés. Y esto nos lleva
al segundo gran “si” de Romanos 8:11: “Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de
entre los muertos habita en vosotros…”. No es suficiente estar persuadidos de que Dios
levantó a Jesús de entre los muertos. El diablo está más convencido de eso que cualquiera
de nosotros, sin embargo esa convicción no salva a Satanás; ni asegurará nuestra
resurrección. Tenemos que recibir el Espíritu de Dios en nuestro corazón a fin de que la
resurrección nos haga algún bien. Ser cristiano es ser guiado por el Espíritu. Los próximos
versos de Romanos 8 lo explica en detalle (vv. 13-17).
…porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir
las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
los tales son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver
otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual
clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que
somos hijos de Dios.
Leyendo hacia atrás vemos tres evidencias en este texto que le pueden dar la seguridad de
tener el Espíritu Santo.
1. Verso 15: si puede clamar a Dios con sinceridad “¡Abba Padre!”, entonces tiene el
testimonio del Espíritu en su vida. Es decir, si usted busca a Dios como a su Padre
para tener seguridad y guía, entonces tiene el Espíritu de Dios.
2. Verso 14: Si es guiado por el Espíritu de Dios, entonces es un hijo de Dios ¿Se
apoya en la Palabra de Dios dada por su Espíritu para recibir consejo? ¿Cede ante el
impulso de Dios de continuar en las sendas de justicia? Si lo hace, el Espíritu de
Dios habita en usted.
3. Verso 13: Si por el Espíritu hace morir las obras de la carne, vivirá (alcanzará la
resurrección) ¿Cuando usted se enfrenta a la tentación de hacer lo malo, busca la
ayuda del Espíritu de Dios y confía en su poder para acabar con el acto pecaminoso
antes de que éste suceda?
Si realmente batalla de esta forma con la maldad, entonces tiene la garantía de que el
Espíritu de Dios habita en usted.
Dios no quiere que se sienta inseguro de que su Espíritu habita en usted. Porque si no sabe
si el Espíritu habita en usted, entonces no puede saber si Dios dará vida a su cuerpo mortal
en la resurrección. El texto dice: “Pero si el Espíritu […] habita en vosotros, el mismo
[Dios] dará vida a vuestros cuerpos”. Así que antes de que dejemos atrás nuestros dos
grandes “si”, permítanme asegurarme de cada uno de ustedes conoce cómo recibir el
Espíritu Santo. La resurrección y vida eterna dependen de eso. Hechos 2:38 dice:
“Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón
de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. El arrepentimiento, es apartarse
decididamente del pecado y es la decisión de seguir a Cristo. El Bautismo en su nombre es
un acto de obediencia que significa muerte a la vieja vida, y fe en Cristo quien nos ayuda a
vivir una nueva vida de acuerdo a su voluntad. La esencia del arrepentimiento y el bautismo
es fe. Así dice Pablo en Gálatas 3:2: “¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el
oír con fe?”. El Espíritu Santo es dado a cualquiera y a todo aquel que confía en Cristo –
confíen en él para el perdón; confíen en él para que les muestre cómo vivir, confíen en él
para ayudarles a vivir de esa manera, confíen que él les dará el mejor futuro para siempre.
En esta misma hora, si oran esta oración de corazón, pueden recibir el Espíritu de aquel que
resucitó a Jesús de entre los muertos: «Misericordioso y poderoso Jesucristo, ahora me
alejo de la culpa y confío en la provisión de tu perdón; me alejo del pecado y confío en la
nueva senda que tienes para mi vida; me alejo de la auto confianza y confío en tu poder
para ayudarme a obedecer; y me alejo del miedo, y confío en tus promesas para mi futuro».
Si ora de corazón y con una sinceridad que es evidente en toda su vida, entonces puede
saber que el Espíritu de Dios mora en usted y que el resto de este mensaje es para usted.
Romanos 8:11 promete: “si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará
vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros”.
Pudiéramos invertir horas maravillosas profundizando en la relación que existe entre la
resurrección de nuestros cuerpos y la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Pudiéramos ir a Romanos 8:23 y ver cómo los primeros frutos de nuestra adopción por
Dios es la presencia del Espíritu de Dios en nuestras vidas, y cómo la consumación de esta
adopción es la redención de nuestros cuerpos. Pudiéramos ir a 1ra a los Corintios 15:44 y
ver que cuando nuestro cuerpo sea resucitado de entre los muertos, será un nuevo cuerpo
espiritual, no será un simple espíritu sin cuerpo, no solo carne y sangre, sino un nuevo
cuerpo semejante al cuerpo de Cristo, perfectamente ajustado para la plenitud espiritual
constante y para la vida en la nueva tierra y el cielo nuevo. Pudiéramos ir a Romanos 6:5 y
ver cómo el Espíritu asegura nuestra resurrección uniéndonos a Cristo: “Porque si hemos
sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la
semejanza de su resurrección”.
Pero en lugar de explorar todos esos textos utilicemos el resto de nuestro tiempo
simplemente analizando algunas de las implicaciones prácticas de Romanos 8:11 –la
verdad indispensable de que si el Espíritu de Dios habita en esta mañana en ustedes, Dios
les resucitará de entre los muertos cuando ocurra la segunda venida de Cristo, y les dará
nueva vida a sus cuerpos mortales.
La primera implicación que quiero mencionar es que Dios está profundamente interesado
en nuestros cuerpos. Si no lo estuviera, lo dejaría podrirse en la tumba y nos exhortaría a
decir: ¡De buena nos libramos! Pero él nunca nos hace esa exhortación. Mire por ejemplo a
1ra a los Corintios 6:13-14. Aquí Pablo está refutando a las personas que dicen que no
importa lo que hagamos con nuestro cuerpo porque el Señor solo está interesado en nuestro
espíritu. Después de citar la consigna de sus oponentes en el verso 13, él dice (en la última
parte del verso): “Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el
Señor es para el cuerpo. 14Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros
mediante su poder”. Hay dos declaraciones sorprendentes en el verso 13: el cuerpo es para
el Señor, y el Señor es para el cuerpo ¿Qué quiere Pablo dar a entender al decir que el
cuerpo es para el Señor? Mire los versos 19 y 20: “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es
templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois
vuestros? 20Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro
cuerpo”. “El cuerpo es para el Señor” significa que nuestro cuerpo existe para glorificar a
Dios. Hay un modo de utilizar nuestros ojos, oídos, lengua, manos, pies, apetitos, y deseos
sexuales que glorifica a Dios. Y hay un modo de utilizar a nuestros ojos, oídos, lengua,
manos, pies, apetitos y deseos sexuales que deshonra a Dios. Nuestros cuerpos con todos
sus apetitos, deseos, y limitaciones no son un accidente en el plan de Dios. Por el contrario,
el verso 13 dice: “el Señor es para el cuerpo”. Él no está en contra del cuerpo, está para el
cuerpo ¿por qué si no, lo resucitaría de entre los muertos?
¿Le gustaría ver una instantánea bíblica de lo que Dios hará a su cuerpo? Aquí tenemos una
instantánea de Daniel: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán
[…] 3Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a
muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás” (12:2-3). Aquí tenemos otra
instantánea, tomada de una parábola de Jesús: “Entonces los justos resplandecerán como el
sol en el reino de su Padre” (Mateo 13:43; cf. 17:2). Y aquí tenemos otra más tomada de la
carta a los Filipenses 3:21: “el Señor Jesucristo, 21el cual transformará el cuerpo de nuestro
estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que
tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo”. Dios nos creó con un cuerpo y nos creó
para su gloria. Por tanto él resucitará nuestros cuerpos mortales; no importa si ahora están
mutilados, o deformados, o demacrados, o acosados por la enfermedad, y los volverá tan
fuertes, tan saludables, y tan hermosos, que cuando yo los vea diré: «Ustedes son como el
cielo azul en un radiante día de verano… son como el brillo de un millón de estrellas
puestas sobre la negra noche del espacio… su resplandor es como el sol… sí, en ustedes
veo la forma y majestuosidad de la gloria de Jesucristo quien les hizo, les redimió, les
resucitó, y les glorificó con su gloria por los siglos de los siglos».
Pero ¿qué decir sobre el presente? ¿Qué diferencia hace esta espectacular esperanza de ser
resucitados para compartir la gloria de Cristo? Una vez Jesús estaba en un banquete con
muchas personas eminentes. Él se volvió hacia su anfitrión y dijo (para que todos nosotros
lo escucháramos): “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a
tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos a su vez también te
conviden y tengas ya tu recompensa. 13Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a
pobres, mancos, cojos, ciegos, 14y serás bienaventurado, ya que ellos no tienen para
recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justos”. Piense por un
momento, ¿no tienen estas palabras de nuestro Señor, la intención de responder a nuestra
interrogante: dónde puede una persona encontrar poder para seguir adelante en una vida de
amor cuando existen muy pocas recompensas terrenales? ¿Dónde encontrarán, un esposo o
esposa, la fortaleza emocional para continuar entregándose día a día a pesar de que no haya
reciprocidad? ¿Dónde un hombre o mujer, a quien le gustaría estar casado, obtendrá la
fortaleza para contentarse y contenerse durante setenta años de soltería? ¿De dónde obtuvo
Maud Cary la fortaleza para seguir adelante durante 54 años de difícil servicio misionero en
Morocco, solo para ser recompensada con dos oraciones en su funeral, unos pocos
visitantes, y ninguna lágrima? ¿De dónde obtuvo Jesús la fortaleza para soportar la cruz y
menospreciar la vergüenza (Hebreos 12:2) –unos discípulos que huían, y la negación de
Pedro, y los golpes y las burlas y las espinas y los clavos?
Respuesta: “tú serás recompensado en la resurrección de los justos”. Por el gozo puesto
ante nosotros en la resurrección, lo soportamos todo para Cristo. Jesús no nos prometió que
la obediencia a él sería recompensada por los hombres en esta vida. Por el contrario, dijo:
“Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra
vosotros falsamente, por causa de mí. 12Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa
en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que
vosotros”. ¡Oh sí hay gozo en la obediencia a Cristo! –mucho más gozo que si viviéramos
para la alabanza de los hombres y buscáramos nuestra recompensa en esta vida –pero
nuestro gozo viene de la inconmovible esperanza de Romanos 8:11, no de las inestables
circunstancias de nuestra vida. “Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los
muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos,
también dará vida a vuestros cuerpos mortales”. Si realmente cree que Dios está a su favor
y no en su contra, y que dará vida a su cuerpo mortal, y que cualquier bien que haga en esta
vida será pagado cien veces más en la resurrección de los justos, y que en ese momento
brillará como el sol en el reino de su Padre, entonces posee una reserva de fortalezas
inagotable para seguir haciendo el bien que Dios le ha llamado a hacer, no importa si
alguien lo aprecia ahora o no. Por tanto, la esencia de la vida cristiana no es la batalla para
obtener la recompensa de los hombres, sino la batalla para continuar creyendo en la
resurrección de nuestro cuerpo en gloria.
Y el gran fundamento de esta esperanza es que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos,
que él reina ahora como Rey sobre la tierra, y los cielos, y la muerte, y el infierno; y que no
puede fallar en su propósito de resucitarnos hacia su gloria. A él pertenece toda la alabanza
y el honor y la gloria y las acciones de gracias por los siglos de los siglos, amén.
Eternal Life Has Appeared in Christ
(Spanish)
La Vida Eterna ha Aparecido en Cristo
January 27, 1985 |by John Piper topic: The Person of Christ
Series: Let Us Walk in the Light: 1 John
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1 Juan 1:1-4

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras
manos, acerca del Verbo de vida 2(pues la vida fue manifestada, y nosotros la
hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba
con el Padre y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, os proclamamos
también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros;
y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 4Os
escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo.

Las únicas cartas en el Nuevo Testamento que no mencionan el nombre del autor son las
tres cartas de Juan y la epístola a los Hebreos. La iglesia añadió el título (Primera Epístola
del Apóstol San Juan) después. Pero hay tres buenas razones para creer que el apóstol Juan
escribió la carta.
Primero, porque los primeros escritores cristianos aceptaron que Juan era el escritor—
Ireneo (200 d. de J.C.), Clemente de Alejandría (215 d. de J.C.) y Tertuliano (220 d. J.C.).
Segundo, porque el escritor se identifica como un testigo ocular de la vida terrenal de Jesús
(1:1): “lo que hemos visto con nuestros ojos…lo que hemos contemplado y lo que han
palpado nuestras manos”. Tercero, el estilo y la terminología son casi iguales al estilo y la
terminología del Evangelio de Juan.
Al final del Evangelio de Juan (21:24) es escrito explícitamente que el apóstol que lo
escribió fue el discípulo amado’’, es decir, el discípulo que tenía la más intima amistad
personal con Jesús, el que en la última cena se reclinó en el pecho de Jesús (13:23), a quién
Jesús le encomendó a su madre, el que corrió más aprisa que Pedro al sepulcro vacío (20:2-
4).
Pero el discípulo amado nunca se nombra. Tuvo que ser uno de los tres íntimos: Pedro,
Jacobo o Juan. ¡No pudo haber sido Pedro porque corrió más aprisa que Pedro! Y según
Hechos 12:1 Jacobo fue muerto por Herodes aproximadamente diez años después de la
muerte de Jesús. No es probable que el Evangelio según San Juan fuera escrito en una fecha
tan cercana. Entonces la conclusión más probable es que el discípulo amado y el autor del
Evangelio y las epístolas fue el apóstol Juan.
En un sentido esto no es importante, puesto que el autor bajo la inspiración del Espíritu
Santo no nos dijo su nombre, y en última instancia el significado del libro no depende del
conocimiento de quién fue el autor.
Pero en otro sentido es importante, porque un rechazo de la profesión del autor (la
paternidad literaria) de Juan casi siempre va junto con el rechazo de su aserción de ser un
testigo ocular del Señor. Tácitamente ningún erudito dice que “No fue Juan. Fue otro de los
doce”. Todos saben que si el autor de esta carta estaba tan cerca a Jesús para tocarlo,
entonces fue Juan. No hay otros candidatos probables entre los discípulos de aquellos días.
Entonces rechazar de Juan como el autor es virtualmente siempre un rechazo de la verdad
del primer versículo de la carta: “Lo que hemos oído, lo que hemos visto,…lo que han
palpado nuestras manos…”. Si no fue Juan, no fue un testigo ocular, y la integridad del
autor (que reclama ser un testigo ocular) es impugnada desde el principio.
Por tanto la razón por la que empiezo con estos pensamientos de la paternidad literaria de
esta carta es para reforzar el asunto con que el autor empieza: había oído, había visto y
había palpado al Hijo de Dios.
En el día del juicio Dios preguntará a las personas que han leído esta carta y que no han
creído su testimonio: “¿Por qué no creíste el testimonio de mi siervo Juan? ¿Manifestó las
cualidades características de un mentiroso o un lunático? ¿Contradijo el mensaje de su carta
verdades razonablemente establecidas en la historia? ¿No estaba de acuerdo su testimonio
con los otros testimonios de mi Hijo? ¿Por qué no creíste su testimonio?
En ese día de la verdad será una sola respuesta: “Todo el que hace lo malo odia la luz, y no
viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas” (Juan 3:20). No es porque nos falta
testimonio confiable de la verdad de Cristo que estamos lentos para creer. Es porque creer
es ser quebrantado y permitir que la oscuridad de nuestros corazones sea expuesta a la luz
de la santidad de Dios.
Los exhorto a Uds. a que no cierren los rincones escondidos de pecado en sus vidas sino a
que vengan a la luz y consideren con diligencia la realidad que en esta carta tenemos que
tratar con el mensaje del que en verdad vio y tocó al Señor de gloria.
Para desempacar el significado de estos cuatro versículos, he intentado poner en orden
lógico las aserciones principales que veo.
1. Cristo, nuestra Vida, ha existido eternamente con el Padre.
2. Cristo, nuestra Vida, se manifestó en la carne.
3. Por medio de la encarnación de Jesús, Juan ha obtenido comunión con el
Padre y con su Hijo Jesucristo.
4. Por tanto, Juan hace de la proclamación de Cristo la base de su
comunión con los otros creyentes.
5. Juan anhela la plenitud de gozo que viene cuando los demás comparten
su deleite en la comunión del Padre y del Hijo.
El manantial de donde el río de este texto fluye es Cristo que nunca tuvo un principio sino
que ha existido eternamente con el Padre. Y el océano a donde el río de este texto fluye es
el gozo de nuestra comunión entre nosotros y con el Padre y el Hijo.
Por consiguiente, esta mañana me gustaría caminar junto al río de este texto y tomar
brevemente en estos cinco lugares. Mi meta es que Dios use el agua de su palabra para
refrescar tu confianza en Cristo y para intensificar tu deseo para el gozo de su comunión.
1. Cristo, nuestra Vida, ha existido eternamente con el Padre.
v. 2 – “La vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os
anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó”.
Primero, notemos que Cristo simplemente se llama “la Vida”. “La vida fue manifestada”.
Cristo fue el que fue hecho manifiesto. Cristo apareció en forma humana. Pero como dice 1
Juan 5:11, 12: “Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al
Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida”. Entonces el Hijo de
Dios, Cristo Jesús, es nuestra Vida. Cuando tenemos comunión con él, compartimos la
vida.
Segundo, notemos que esta vida es eterna. “La vida fue manifestada…y os anunciamos la
vida eterna”. Este es el mejor comentario sobre la primera frase del primer versículo: Lo
que existía desde el principio… “Desde el principio” quiere decir que Cristo nuestra Vida
estaba allá cuando la creación empezó. Él es eterno. No tuvo principio. No tendrá fin. No es
parte de la creación. En el principio él es la fuente de la creación. Toda vida sale de él. Él es
el manantial, no parte del río. “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios,
y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por
medio de él, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3).
La aserción más fundamental de este texto es que Cristo nuestra Vida ha existido
eternamente con el Padre. Todo lo demás fluye de esto. Hacemos bien si meditamos
frecuentemente y profundamente en la realidad majestuosa que Cristo ha existido sin
principio desde toda eternidad.
2. Cristo, nuestra Vida, se manifestó en la carne.
Otra vez el versículo 2 hace muy sencillo este punto: La vida fue manifestada. Es decir, el
Cristo eterno llegó a ser visible. Se apareció. Y el sentido en que apareció es hecho
comprensible en versículo 1: Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo
que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos…
La realidad que Juan reclama haber tocado lo que existía desde el principio, es decir, la
Vida eterna manifestada, muestra claramente que el punto aquí es la encarnación. El Cristo
eterno, quien estaba con el Padre desde el principio y en verdad era Dios —este Cristo
apareció en la carne. Llegó a ser hombre—.
Aquí está la gran piedra de tropiezo. La gente ha tropezado sobre ella desde los días de Juan
hasta nuestros propios días. (Cf. EL MITO DE DIOS ENCARNADO). Juan dice en su
segunda carta (v. 7): “Muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que
Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo”.
Muchos están dispuestos a creer en Cristo si él solamente se queda como una realidad
espiritual (para ellos). Pero cuando predicamos que Cristo ha llegado a ser hombre
particular en un lugar particular impartiendo órdenes particulares y muriendo en una cruz
particular exponiendo los pecados particulares de nuestras vidas particulares, entonces la
predicación deja de ser aceptable para muchos.
No creo que sea tanto el misterio de una naturaleza divina y humana en una persona que
causa a la mayoría de la gente que tropiece sobre la doctrina de la encarnación. La piedra de
tropiezo es que si la doctrina es verdadera, cada persona en el mundo debe obedecer este
hombre judío particular. Todo lo que dice es la ley. Todo lo que hizo es perfecto. Y la
particularidad de su obra y palabra brota en la historia en la forma de un libro inspirado
particular (escrito en los idiomas particulares griego y hebreo) que reclama una autoridad
universal sobre cualquier libro que jamás haya sido escrito.
Esta es la piedra de tropiezo de la encarnación —cuando Dios llega a ser hombre, él quita
toda pretensión del hombre para ser Dios—. Ya no podemos hacer más lo que queremos.
Debemos hacer lo que este único hombre judío quiera que hagamos. Ya no podemos fingir
más que somos autosuficientes, porque este único hombre judío dice que todos estamos
enfermos con el pecado y debemos venir a él para ser curados. Ya no podemos depender
más de nuestra propia sabiduría para encontrar vida, porque este único hombre judío, que
vivió por 30 años obscuros en un país pequeño en el Medio Oriente, dice: “Yo soy el
camino, y la verdad, y la vida”.
Cuando Dios llega a ser hombre, el hombre cesa de ser la medida de todas las cosas, y Este
Hombre llega a ser la medida de todas las cosas. Simplemente es intolerable al corazón de
los hombres y las mujeres. La encarnación es una violación del proyecto de derechos
humanos escrita por Adán y Eva en el huerto del Edén. ¡Es totalitario! ¡Es autoritario!
¡Imperialismo! ¡Despotismo! ¡Usurpación! ¡Absolutismo! ¿Quién piensa Él que es?
¡DIOS!
Por lo tanto la doctrina de la encarnación ha sido desde el principio un examen (criterio de
prueba) de la ortodoxia y la autenticidad espiritual. 1 Juan 4:2, 3: “En esto conocéis el
Espíritu de Dios; todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y
todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios”.
Solo el Espíritu de Dios puede romper nuestra rebelión contra la particularidad autoritaria
de la encarnación y hacernos someter con gozo a este hombre judío como nuestro soberano
absoluto. Y por lo tanto la confesión que Dios ha venido en la carne es el examen doctrinal
de Juan si somos de Dios.
3. Por medio de la encarnación de Jesús, Juan ha obtenido comunión
con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
La última parte del versículo 3 dice: “Nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo
Jesucristo. La comunión (koinonia) es una experiencia personal de compartir algo
significativo al igual que los demás. Es la alegría de estar en un grupo cuando están de
acuerdo sobre lo que importa mucho. Es lo que hace trabajar con Tom y Steve y Dean y
Char uno de los deleites más grandes de mi vida. Es lo que da raíz y fibra (carácter) y fruto
al matrimonio cristiano.
Entonces decir que tienes comunión con el Padre y con su Hijo significa que compartes sus
valores. Crees lo que creen y amas lo que aman. Por lo tanto te deleitas al pasar tiempo
junto con ellos. Te encanta incluirlos en todo lo que haces. Aprecias la idea de pasar la
eternidad conociéndolos mejor.
Muy prácticamente lo que quiere decir es que repetidamente recordamos porciones
memorizadas de la palabra de Dios; y mientras el Señor nos habla una palabra de aviso o de
promesa o de guía, oramos por su ayuda para responder apropiadamente y en seguida
confiamos en él mientras andamos con él en la luz. Él se te acerca por su palabra. Tú te
acercas a él por la oración, y en el poder de la comunión haces su voluntad.
Juan sabe que el regalo de esta comunión es debido a Jesús. Cristo vino y se hizo el amigo
de recaudadores de impuestos y pecadores. Ofreció su comunión a cualquiera que estuviera
dispuesto a cambiar sus valores y a estimar todo del mismo modo que él. No puedes tener
comunión con Jesús si no confías en su juicio. Pero si confías en Jesús, no solo tienes
comunión con él, sino también con Dios el Padre. Juan dice en 2:23: “Todo aquel que niega
al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre”. La
comunión con Dios solo es posible por medio de Jesucristo su Hijo.
Entonces cada vez que alguien da testimonio de la verdad de Jesucristo —quién fue, lo que
hizo y lo que estima— la oportunidad existe para que los que oyen el testimonio terminen
de rebelarse contra la voluntad de Cristo, acepten sus valores, y comiencen a tener
comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo.
4. Por tanto, Juan hace de la proclamación de Cristo la base de su
comunión con los otros creyentes.
El versículo 3 dice: “Lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para
que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con
el Padre y con su Hijo Jesucristo”. O al leer el versículo al revés: “Puesto que nuestra
comunión es con el Padre y con su Hijo, la única manera en que podemos cultivar
comunión con vosotros es proclamaros lo que sabemos sobre el Hijo a quién hemos visto y
oído”.
En la Iglesia Bautista Belén hablamos sobre tres prioridades del ministerio: el compromiso
con Dios en la adoración, el compromiso de los unos con los otros en el crecimiento mutuo,
el compromiso con el mundo en el testimonio. Note que este versículo sustenta claramente
la relación entre los primeros dos compromisos. Para experimentar comunión con sus
lectores Juan les dice lo que cree sobre Jesucristo. En otras palabras, no hay comunión
significativa entre las personas que no creen igual con respecto a Jesucristo. La doctrina
compartida [que tenemos en común] es la base de la comunión cristiana.
Cuando Juan quería cultivar comunión con un grupo de personas, les escribe una carta llena
de teología. Cuando Pablo quería preparar una comunión misionera para apoyarlo y para
enviarlo a España, escribió un libro teológico que se llama Romanos. Si deseas que tu
comunión sea más profunda y más fuerte, debes compartir más teología.
Hay muchas lecciones para nosotros aquí. Permítame mencionar tres.
Primero, el gran peligro del movimiento carismático alrededor del mundo hoy (con todo el
bien que veo en él) es que a menudo procura preservar la comunión entre creyentes a base
de una experiencia compartida antes que a base de la teología compartida. Este no es el
camino bíblico, y con el tiempo resultará en la muerte de una experiencia mal cimentada o
en el desarrollo de una teología herética para suavizar las deferencias.
Segundo, con seguridad este texto implica que ningún cristiano se debe casar con un
incrédulo. La comunión profunda de las cosas más importantes no es posible donde no
compartimos el mismo entendimiento y afecto por Cristo.
Tercero, es una gran y triste ironía que como una Convención (Bautista General), que
profesa estimar la Biblia, tengamos la reputación de procurar preservar la unidad de la
comunión no por exaltar las grandes doctrinas de la Escritura, sino por evitarlas. Cuando
Juan quiso cultivar y preservar la comunión de sus lectores, se hizo teólogo. Cuando la
Convención quiere cultivar y preservar la comunión, se hace ateóloga. En muchas maneras
estamos pagando el precio por esto. Y es una gran tristeza.
Si Dios quiere, escogemos una dirección diferente en Belén. Seremos explícitamente
teológicos y siempre a plena vista proclamamos nuestra doctrina. La última cosa que quiero
es atraer o mantener miembros por ocultar las mismas características que nos llenan de
pasión y celo para la gloria de Dios. Diluir la teología al denominador menos común de la
aceptabilidad es la señal de la muerte para la adoración, la ortodoxia, las misiones, la
moralidad y el crecimiento. Y la Convención Bautista General tiene problemas en todas
esas áreas.
Seamos como Juan. Versículo 3: “Lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a
vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros”. ¡Esto es lo que
creemos sobre Cristo! ¿Estiman Uds. lo que estimamos?
5. Juan anhela la plenitud de gozo que viene cuando los demás
comparten su deleite en la comunión del Padre y del Hijo.
Versículo 4: “Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo”. Yo creo que
la Biblia de Las Américas está en lo correcto al aceptar la lectura “nuestro gozo” en vez de
la lectura de la Reina Valera 1960 “vuestro gozo”.
Por supuesto, en una iglesia donde una de nuestras características es el hedonismo cristiano,
esto no es ninguna sorpresa. Primero sale el gozo tremendo de conocer a Dios y
experimentar comunión con él. Pero después tenemos hambre de algo más. No que algo se
le pueda añadir a Dios, sino que más de Dios se podría experimentar en la comunión de los
santos (Cf. Salmo 16:1-3). Si no fuera la verdad, el anhelo de la comunión sería idolatría.
Nuestro gozo en la comunión de Dios se hace completo en el gozo que los demás tienen en
la comunión de Dios.
Esta es la esencia del hedonismo cristiano —la doctrina que no solo es permitido sino que
es necesario perseguir tu propia alegría en la alegría santa de los demás—. Si hicieras tu
meta guiar a un amigo en la comunión de Dios, pero en tu corazón dijeras: “No me importa
si él encuentra la comunión con Dios”, serías malo. Dios no quiere que nuestro corazón sea
indiferente al bien que buscamos. Dios quiere que nos regocijemos en el bien. Quiere que
persigamos nuestro gozo en el bien como Juan lo hizo. “Os escribimos estas cosas para que
nuestro gozo sea completo”.
Que doctrina devastadora —enseñar que es incorrecto que un cristiano persiga su propia
alegría—. Esta doctrina insulta a Dios que nos manda a deleitarnos en el Señor y estimarlo
como gozo cuando pongamos nuestras vidas para compartir ese gozo con los demás.
En resumen:
1. Cristo, nuestra Vida, ha existido eternamente con el Padre.
2. Cristo, nuestra Vida, se manifestó en la carne.
3. Por medio de esta encarnación obtenemos comunión con el Padre y con
su Hijo Jesucristo.
4. Por tanto, debemos hacer del entendimiento bíblico de Cristo la base de
la comunión con los otros creyentes.
What We Believe About the Five Points of
Calvinism (Spanish)
Lo Que Creemos Sobre De Los 5 Puntos Del Calvinismo
Revisado en Marzo, 1998
March 01, 1985 |by Bethlehem Baptist Church Staff topic: The Doctrines of Grace /
Calvinism
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1. PREFACIO
2. INTRODUCCION HISTORICA
3. DEPRAVACION TOTAL DEL HOMBRE
4. GRACIA IRRESISTIBLE
5. EXPIACIÓN LIMITADA
6. ELECCIÓN INCONDICIONAL
7. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS
8. TESTIMONIOS CONCLUYENTES
9. UNA APELACIÓN FINAL

1. PREFACIO
Amamos a Dios. Él es nuestro gran tesoro, y nada se le compara. Uno de los más antiguos y
grandiosos catecismos dice: “Dios es un Espíritu infinito, eterno, inmutable, sabio,
poderoso, santo, justo, bueno y verdadero”. A Ese es el que amamos. Amamos todo el
panorama de sus perfecciones. El fin de la búsqueda del alma para eterna satisfacción, es
conocerle y ser amados por Él. Él es infinito; Y eso responde a nuestro anhelo por plenitud.
Él es eterno; y eso responde a nuestro anhelo por permanencia. Él es inmutable; y eso
responde a nuestro anhelo por estabilidad y seguridad. No hay alguien como Dios. Nada se
puede comparar con Él. Dinero, sexo, poder, popularidad, conquista, nada se compara con
Dios.
Mientras más le conoces, más quieres conocerle, mientras más te deleitas en su compañía,
más hambriento estarás por una comunión más profunda y rica. Satisfacción a los niveles
más profundos produce un santo anhelo para el tiempo cuando tengamos el poder de Dios
para amar a Dios. Esa es la manera en que Jesús ora por nosotros al Padre, “... que el amor
con que me amaste pueda estar en ellos”. Eso es lo que anhelamos: que el mismo amor del
Padre por el Hijo nos llene, permitiéndonos amar al Hijo, con el mismo amor del Padre.
Luego las frustraciones de un amor inadecuado terminarán.
Si, mientras más lo conoces, lo amas y confías en Él, más anhelas conocerle. Por eso es que
hemos escrito este folleto. Anhelamos conocer a Dios y disfrutar de Él. Otro antiguo
catecismo dice: “¿cual es el fin principal del hombre?” y responde: “El fin principal del
hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre”. Creemos que disfrutar de Dios
es la forma en que le glorificamos, porque Dios es más glorificado en nosotros cuando
estamos más satisfechos en Él. Pero para disfrutar de Él debemos conocerle. Verle es
saborearle. Si Él permanece borroso, o en una vaga neblina podríamos estar intrigados por
un momento. Pero no estaríamos maravillados con gozo, como cuando la neblina se aclara
y te encuentras a ti mismo en el borde de un precipicio.
Nuestra experiencia es que un claro conocimiento de Dios tomada de la Biblia es la llama
que sostiene el fuego de nuestros afectos por Dios. Y probablemente el tipo más crucial de
conocimiento, es el conocimiento de lo que Dios es como lo es en la salvación. De eso
tratan los cinco puntos del Calvinismo. Nosotros no empezamos como calvinistas y
defendiendo un sistema.
Empezamos como cristianos creyentes en la Biblia quienes quieren poner la Biblia por
encima de todo sistema de pensamiento. Y a través de los años- muchos años de lucha-
hemos profundizados en la convicción de que las enseñanzas calvinistas en los cinco
puntos, son bíblicas y por lo tanto verdaderas.
Nuestra lucha nos hace pacientes con otros que están en el camino. Creemos que toda
batalla para entender lo que la Biblia enseña acerca de Dios es valiosa. Dios es una fuerte
roca en un mundo de arena movediza. Conocerle en su soberanía es convertirse en un árbol
fuerte ante un viento de adversidad y confusión. Y acompañando la fortaleza, esta su
dulzura y ternura, que va más allá de nuestra imaginación. El soberano León de la tribu de
Judá es el dulce cordero de Dios.
Esperamos que puedas ser ayudado. Por favor no sientas que debes leer este folleto en un
orden en particular. Pues muchos de ustedes querrán saltar la introducción histórica porque
no es tan relevante en el momento para responder las preguntas bíblicas. Hay un orden
intencional en este folleto. Pero siéntete libre de empezar donde sea de más urgencia para
ti. Si obtienes ayuda entonces volverás atrás al resto del mismo. Si no obtienes ayuda,
entonces, retorna a la Biblia y léela con todas tus fuerzas. De todas maneras, ahí es donde
queremos que termines: Leyendo y entendiendo y amando y disfrutando y obedeciendo la
palabra de Dios, no la nuestra.
Por la supremacía de Dios en todas la cosas, para el gozo de todas las gentes.
2. INTRODUCCION HISTORICA
Juan Calvino, el más famoso teólogo y pastor de Ginebra, murió en 1564. Junto a Martín
Lutero en Alemania, fue la fuerza más influyente de la reforma protestante. Sus
comentarios e Institución de la Religión Cristiana, están aun ejerciendo una tremenda
influencia en el mundo cristiano.
Las iglesias que han heredado estas enseñanzas de Calvino son usualmente llamadas
Reformadas, en oposición a luteranos y Episcopales heredados de la reforma. Mientras no
todas las iglesias Bautistas adoptan la teología reformada, existe una tradición bautista
significativa que creció fuera de y aun abraza las doctrinas centrales heredadas de la rama
Reformada.
La controversia entre arminianos y calvinistas llego a Holanda cerca de los 1600. El
fundador del Arminianismo fue Jacobo Arminio (1560-1609). El estudio bajo el estricto
calvinismo de Teodoro Beza en Ginebra y fue profesor de teología de la universidad de
Leiden en el 1603.
Gradualmente, Arminio comenzó a refutar algunas enseñanzas calvinistas. La controversia
se propagó en toda Holanda, donde la iglesia reformada era la gran mayoría. Los
arminianos trazaron su credo en 5 artículos (escritos por Uytenbogaert), y los plantearon
frente a las autoridades del estado de Holanda en 1610 bajo el nombre de La protesta,
firmado por 46 ministros. (Estos 5 artículos pueden ser leídos en Philip Schaff, Creeds of
Christendom, vol. 3, pp. 545-547).
Los calvinistas responden con una contra-protesta. Pero la respuesta oficial calvinista vino
del Sínodo de Dort, quien sostuvo para considerar Los Cinco artículos desde el 13 de
noviembre de 1618 hasta el 9 de mayo del 1619. Hubo 84 miembros y 18 comisionados
seculares. El Sínodo escribió lo que se conoce como los Cánones de Dort. Estos aun son
parte de la confesión de la iglesia reformada en América y de la iglesia cristiana reformada.
Ellos afirman los cinco puntos del calvinismo en respuesta a los cinco artículos de protesta
Arminiana. (Ver Schaff, vol. 3, pp. 581-596).
Así que, los cinco puntos del Calvinismo no fueron escogidos por calvinistas como un
resumen de su enseñanza. Ellos surgen como respuesta a los Arminianos, quienes
escogieron estos 5 puntos para oponerse.
Es más importante dar una posición Bíblica positiva en los Cinco puntos que conocer la
forma exacta de su controversia original. Estos cinco puntos todavía están en los corazones
de la teología Bíblica. Ellos son importantes. Donde nos encontramos, estas cosas
profundas afectan nuestro punto de vista de Dios, hombre, salvación, expiación,
regeneración, seguridad, adoración y misiones.
En algún punto del camino, los cinco puntos vinieron a ser resumidos bajo en acróstico
TULIP.
T- Total depravity (Depravación total).
U- Unconditional election (Elección incondicional)
L- Limited atonement (Expiación limitada)
I- Irresistible grace (Gracia irresistible)
P- Perseverance of the saints (Perseverancia de los santos)
Nota: No seguiremos este orden en nuestra presentación. Hay una buena razón para este
orden tradicional: Comienza con el hombre en necesidad de salvación y luego da, en el
orden en que ocurren, los pasos que Dios da para salvar a su pueblo. Dios elige, envía a su
Hijo para expiar los pecados de los elegidos, de una manera irresistible atrae a su pueblo a
la fe, y finalmente trabaja para que ellos perseveren hasta el fin.
Hemos encontrado, de todas maneras, que el hombre capta estos puntos más fácilmente si
seguimos una presentación basada en el orden en que se experimentan.
1. Experimentamos nuestra propia depravación y nuestra necesidad de
salvación.
2. Experimentamos la irresistible Gracia de Dios llevándonos a la fe.
3. Confiamos en la suficiencia de la expiación de la muerte de Cristo por
nuestro pecado.
4. Descubrimos que detrás del trabajo de Dios en expiarnos de nuestros
pecados y traernos a la fe estaba la elección incondicional de Dios.
5. Finalmente, descansamos en su elección de Gracia para darnos la fuerza
y voluntad para perseverar hasta el fin en fe.
Este es el orden que seguiremos en nuestra presentación.
Quisiéramos expresar lo que creemos que las Escrituras enseñan sobre estos cinco puntos.
Nuestro gran deseo es dar honor a Dios por medio de entender y creer su verdad revelada.
Estamos abiertos a cambiar cualquiera de nuestras ideas que contradiga la verdad de las
Escrituras. No tenemos ningún interés en Juan Calvino mismo, y encontramos que algunas
de las ideas que enseño están erradas. Pero, en general, estamos dispuestos a llamarnos
calvinistas en estos cinco puntos, porque encontramos que la posición calvinista es Bíblica.
Compartimos los sentimientos de Jonathan Edwards quien dijo en el prefacio de su libro
LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD, “No tomaría del todo inoportuno ser llamado
calvinista, por alguna distinción: aunque rechazo una completa dependencia en Calvino, o
una creencia en las doctrinas que sostengo, porque el las creyó y también las enseño; y no
puedo ser cargado con creencias de cada cosa que el enseñaba.
3. DEPRAVACION TOTAL DEL HOMBRE
Cuando hablamos de la depravación total del hombre, nos referimos a la condición natural
del mismo, separado de alguna Gracia ejercida por Dios para restringirlo o transformarlo.
No hay duda de que el hombre podría llevar a cabo más actos pecaminosos contra su
prójimo de los normalmente hace. Pero si el mismo es restringido de llevar a cabo más
actos pecaminosos por motivos que no pertenecen a una alegre sumisión a Dios, entonces
aun su “virtud” es mala a los ojos de Dios.
Romanos 14:23 dice: “Todo lo que no procede de fe es pecado”. Esta es una acusación
radical sobre toda virtud que no procede de un corazón humilde que depende de la Gracia
de Dios.
La terrible condición del corazón humano nunca será reconocida por personas que la
evalúan sólo en relación con otras personas. Romanos 14:23 deja bien claro que la
depravación es nuestra condición en relación a Dios primariamente, y de una manera
secundaria en relación al prójimo. A menos que empezamos en este punto, nunca
percibiremos la totalidad de nuestra natural depravación.
La depravación del hombre es total al menos en cuatro sentidos:
A. Nuestra rebelión contra Dios es total.
Separados de la Gracia de Dios no hay deleite en su santidad, y no hay una alegre sumisión
a la soberana autoridad de Dios.
Es claro que el hombre totalmente depravado pudiera ser muy religioso y filántropo. Él
puede orar, dar limosna y ayunar, como Jesús enseñó (Mateo 6:1-18). Pero toda su religión
es rebelión contra los mandamientos de su Creador si no proviene de un corazón como el de
niño, confiado en la libre Gracia de Dios. La religión es una de las principales formas que
el hombre usa para ocultar su indisposición de abandonar su auto dependencia y depositar
todas sus esperanzas en la inmerecida misericordia de Dios (Lc. 18:9-14; Col. 2:20-23).
La totalidad de nuestra depravación puede ser considerada en Rom. 3:9-10,18: “Ya hemos
acusado a Judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como esta escrito: No hay justo
ni aun uno; no hay quien busque a Dios...no hay temor de Dios delante de sus ojos”.
Es un mito pensar que el hombre en su estado natural busque a Dios de una manera
genuina. El hombre busca a Dios. Pero el hombre no busca a Dios por lo que Él es. Él
busca a Dios en un aprieto como uno que puede preservarlo de la muerte o como un medio
para incrementar su placer carnal. Separado de la conversión, nadie viene a la luz de Dios.
Algunos vienen a la luz. Pero escuchemos lo que Juan 3:20-21 dice acerca de ellos:
“Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras
no sean reprendidas. Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto
que sus obras son hechas en Dios”.
Sí, existen aquellos que vienen a la luz -llamados como aquellos que sus obras son hechas
en Dios. “Hecho por Dios” significa trabajado por Dios. Separado de este trabajo en Gracia
de Dios todos los hombres odian la luz de Dios y no vendrán a Él a menos que su pecado
sea expuesto- Esto es una rebelión total. “No hay quien busque a Dios...No hay temor de
Dios delante de sus ojos”.
B. En su total rebelión todo lo que el hombre hace es pecar.
En Romanos 14:23 Pablo dice: “todo lo que no proviene de fe es pecado”. Por tanto, si todo
hombre esta en una rebelión total, todo lo que el hace es el producto de su rebelión y no
puede honrar a Dios, pero sólo parte de su rebelión pecaminosa. Si un rey enseña a sus
súbditos como luchar bien y esos súbditos se rebelan contra su rey y le resisten, usando
todas las habilidades que el mismo rey les enseño, entonces aun aquellas habilidades se
tornan malas.
Por esta razón, el hombre hace muchas cosas las cuales sólo las puede hacer porque el ha
sido creado a la imagen de Dios, las cuales en el servicio a Dios Él pudiera ser adorado.
Pero en el servicio del hombre rebelde que se auto justifica, estas cosas son pecaminosas.
En Romanos 7:18 Pablo dice:”Y yo se que en mi, esto es, en mi carne, no mora el bien”.
Esta es una confesión radical de la verdad, que en nuestra rebelión nada de lo que pensemos
o sentimos es bueno. Todo es parte de nuestra rebelión. El hecho de que Pablo califica su
depravación con las palabras, “en mi carne”, muestra que el desea afirmar que el bien es
producido por el Espíritu de Dios en el (Rom. 15:18). “Carne” se refiere al hombre en su
estado natural separado del trabajo del Espíritu de Dios. , lo que Pablo esta diciendo en
Romanos 7:18 es que separado del trabajo del Espíritu de Dios, todo lo que pensamos,
sentimos y hacemos no es bueno.
NOTA: Reconocemos que la expresión “el bien” tiene un margen amplio de significados.
Tendremos que usarlo en un sentido restringido para referirnos a muchas acciones de
personas caídas, quienes de hecho no son buenas.
Por ejemplo, tendremos que decir que es bueno que la mayoría de los inconversos no
asesinen y que algunos inconversos realizan actos de benevolencia. Lo que queremos decir
es que cuando llamamos a esos actos “buenos” es que estos más o menos se conforman al
patrón externo de vida que Dios ha ordenado en las Escrituras.
De cualquier manera, esta conformidad externa a la voluntad revelada de Dios no es justicia
en relación a Dios. No es hecha en dependencia de Dios o para su gloria. El no esta
confiado por los recursos, aunque Él se los provee todos. Ni su honor es exaltado, aun
cuando esa es su voluntad en todas las cosas (1 Corintios 10:31). De todas maneras, aun
estas “buenas” acciones son parte de nuestra rebelión y no son “buenas” en el sentido que
realmente cuenta al final –en relación a Dios-.
C. La inhabilidad del hombre para someterse a Dios y hacer el bien es total.
Recogiendo el término “carne” (el hombre separado de la Gracia de Dios), encontramos a
Pablo declarando ser totalmente esclavizado en una rebelión. Romanos 8:7-8 dice: “la
mente puesta en la carne es enemistad contra Dios; no se somete a la ley de Dios, ni
tampoco puede; y aquellos que están en la carne no pueden agradar a Dios”.
“La mente puesta en la carne” es la mente del hombre separada de la morada del Espíritu de
Dios (“no estáis en la carne, estáis en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en
vosotros” Rom. 8:9). Así que el hombre natural tiene una mente programada para no
someterse ni poder someterse a Dios. El hombre no puede reformarse a sí mismo.
Efesios 2:1 dice que los cristianos estábamos todos una vez “muertos en nuestros delitos y
pecados”. El punto de la muerte es que éramos incapaces de la vida de Dios. Nuestros
corazones eran como piedra hacia Dios (Efesios 4:18; Ezequiel 36:26). Nuestros corazones
estaban ciegos y eran incapaces de ver la gloria de Dios en Cristo (2 Corintios 4:4-6).
Éramos totalmente incapaces de reformarnos a nosotros mismos.
D. Nuestra rebelión es totalmente merecedora de castigo eterno.
Efesios 2:3 procede a decir que hemos estado muertos en nuestros delitos y pecados y que
por eso éramos hijos de ira. Esto es, que si estamos bajo la ira de Dios por la corrupción de
nuestros corazones, nos ha hecho buenos por la muerte de Cristo.
La realidad del infierno es la indignación de Dios por nuestra infinita suciedad. Si nuestra
corrupción no mereciese el castigo eterno, Dios fuese injusto tratándonos con un castigo tan
severo como el tormento eterno. Pero las Escrituras enseñan que Dios solamente condena a
los incrédulos al infierno eterno (2 Tes. 1:6-9; Mat. 5:29; 10:28; 13:49; 18:8; 25:46; Apoc.
14:9-11; 20:10). Así que, de esto se entiende que el infierno es una sentencia total de
condenación, para hacer esto debemos entender que somos totalmente culpables y
separados de la Gracia salvadora de Dios.
En resumen, la depravación total significa que nuestra rebelión en contra de Dios es total, y
que cada cosa que hacemos es rebelión por el pecado, y nuestra inhabilidad de someternos a
Dios y de reformarnos a nosotros mismos es total, y que nosotros merecemos el castigo
eterno.
Es duro exagerar sobre la importancia de admitir que nuestra condición futura es mala. Si
pensamos sobre nosotros mismos como si fuésemos buenos sería contrario a Dios, la obra
de la redención pudiera estar entonces defectuosa. Pero debemos humillarnos a nosotros
mismos sobre esta terrible verdad, que es nuestra total depravación, estaríamos en una
posición de ver y apreciar la gloria y las maravillas del trabajo de Dios, la cual discutiremos
en los siguientes 4 puntos.
4. GRACIA IRRESISTIBLE
La doctrina de la Gracia irresistible no significa que toda la influencia del Espíritu Santo no
pueda ser resistida. Significa que el Espíritu Santo puede vencer toda resistencia y hacer su
influencia irresistible.
En Hechos 7:51, Esteban dice a los lideres judíos: “Vosotros, que sois duros de cerviz e
incircuncisos de corazón y de oídos, resistir siempre al Espíritu Santo; como hicieron
vuestros padres, así también hacéis vosotros”. Por otro lado, Pablo habla de entristecer y
apagar el Espíritu Santo (Ef. 4:30; 1 Tes. 5:19). Dios da muchos ruegos e incitaciones las
cuales son resistidas. De hecho, toda la historia de Israel en el Antiguo Testamento es una
historia prolongada de resistencia, como muestra la parábola de los labradores malvados
(Mateo 21:33-43; Romanos 10:21).
La doctrina de la Gracia irresistible significa que Dios es soberano y puede vencer toda
resistencia cuando el quiere. “Él actúa conforme a su voluntad en el ejercito del cielo y
entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: ¿Que haces?”
(Daniel 4:35). “Nuestro Dios esta en cielos; todo cuanto quiso ha hecho” (Salmos 155:3).
Cuando Dios se propone cumplir su soberano propósito, nadie puede resistirle de una
manera exitosa.
Esto es lo que Pablo enseña en Romanos 9:14-18, lo que provocó a sus oponentes decir:
“¿Por que, pues, todavía reprocha Dios? porque ¿Quien resiste su voluntad?”. A lo que
Pablo responde: “¿Quien eres tu oh hombre, que le contestas a Dios? ¿Dirá acaso el objeto
moldeado al que lo moldea: por que me hiciste así? ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el
barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honroso y otro para uso deshonroso?”
(Romanos 9:20).
Más específicamente, la Gracia irresistible hace referencia a la obra soberana de Dios de
vencer la rebelión de nuestro corazón y tráenos a la fe en Cristo y así ser salvos. Si nuestra
doctrina de la depravación total es verdadera, no puede haber salvación sin la realidad de la
Gracia irresistible. Si estamos muertos en nuestros delitos y pecados, totalmente incapaces
de someternos a Dios, entonces nunca creeremos en Cristo a menos que Dios pueda vencer
nuestra rebelión.
Alguien podría decir: “Si, el Espíritu Santo debe llevarnos a Dios, pero nosotros podemos
usar nuestra libertad para resistir o aceptar esa obra”. Nuestra respuesta es: Excepto por el
continuo ejercicio de la Gracia salvadora, siempre usaremos nuestra voluntad para resistir a
Dios. Eso es lo que significa ser “incapaz de someterse a Dios”. Si una persona se torna lo
suficientemente humilde para someterse a Dios es porque Dios ha dado a esa persona una
nueva y humilde naturaleza. Si una persona permanece con un corazón duro y orgulloso
ante la voluntad de Dios, es porque esa persona no ha recibido un espíritu de buena
voluntad. Pero para verlo persuasivamente debemos buscar las Escrituras.
En Juan 6:44 Jesús dice: “Nadie puede venir a Mi si no lo trae el Padre que me envió”. Esta
obra es una obra de la Gracia soberana sin la cual nadie puede ser salvo de su rebelión
contra Dios. Otra vez alguien dice: “Él atrae a todas las personas, no sólo a algunos”. Pero
esto simplemente evade la clara implicación del contexto de que esta obra del Padre es la
razón por la cual algunos creen y otros no.
Específicamente Juan 6:64-65 dice, “Pero hay algunos de vosotros que no creéis. Porque
Jesús sabia desde el principio quienes eran los que no creían, y quien era el que le iba a
traicionar. Y decía: por eso os he dicho que nadie puede venir a mi si no se lo ha concedido
el Padre”.
Notemos dos cosas:
Primero: Que el venir a Cristo es llamado un regalo. No es sólo una oportunidad. Venir a
Jesús es “dado” a algunos y a otros no.
Segundo: Que la razón por la que Cristo dice esto, es para explicar por que “hay algunos
que no creen”. Podríamos parafrasear de la siguiente manera: Jesús sabía desde el principio
que Judas no creería en Él a pesar de todas las enseñanzas e invitaciones que recibió. Y
porque Él sabía esto, lo explicó con las siguientes palabras, nadie viene a mí a menos que le
sea dado por el Padre. Judas no fue dado a Jesús. Hubo muchas influencias en su vida para
su bien. Pero el decisivo e irresistible regalo de la Gracia no le fue dado.
2 Timoteo 2:24-25 dice: “Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con
todos, apto para enseñar, sufrido. Corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso
Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad”.
Aquí, como en Juan 6:65, el arrepentimiento es llamado como un regalo de Dios. Notemos
que Pablo no está diciendo que la salvación es meramente un regalo de Dios. Él está
diciendo que aun el prerrequisito para ser salvo lo es también. Cuando una persona escucha
el llamado de arrepentimiento de un predicador puede resistir dicho llamado. Pero si Dios
le da el arrepentimiento la persona no puede resistirse porque el regalo es que su resistencia
ha sido removida. No estar dispuesto a arrepentirse es lo mismo a resistir al Espíritu Santo.
Por esto, si Dios da el arrepentimiento es lo mismo que quitar la resistencia. Esta es la
razón por la cual llamamos a esta obra de Dios “la Gracia irresistible”.
NOTA: Debería ser obvio a partir de esto que la Gracia irresistible no implica que Dios nos
fuerza a creer contra nuestra voluntad. Esto sería una contradicción de términos. Al
contrario, la Gracia irresistible es compatible con la predicación y el testimonio que trata de
persuadir a personas a hacer lo que es razonable y lo que es acorde con sus mejores
intereses.
1 Corintios 1:23-24 dice. “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de
tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles. Más para los llamados, tanto judíos
como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios”. Notemos dos tipos de llamado
que se implican en este texto.
Primero: La predicación de Pablo va dirigida a todos, tanto judíos como griegos. Este es el
llamado general del Evangelio. Este ofrece salvación a todo aquel que cree en el Cristo
crucificado. Pero este es llamado necedad por aquellos que no tienen un oído receptivo al
mismo.
Segundo: Pablo hace referencia a otro tipo de llamado. Él dice que entre aquellos que oyen
hay algunos que son “Llamados” en una manera que se refieren a la cruz como locura pero
como sabiduría y poder de Dios. ¿Cuál otro puede ser este llamado si no el irresistible
llamado de Dios de las tinieblas a su luz admirable? Si todos los que son “llamados” en este
sentido consideran la cruz como el poder de Dios, entonces algo en el llamado debe afectar
la fe. Esta es la Gracia irresistible.
Hay otra explicación en 2 Corintios 4.4-6: “En los cuales el dios de este mundo ha cegado
el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la
gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos,
sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. Pues
Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en
nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de
Cristo”.
Desde que el hombre es cegado a la gloria de Cristo, se necesita un milagro para que este
pueda ver y creer. Pablo compara este milagro con el primer día de la creación cuando Dios
dijo: “Sea la luz”. Es en un sentido una nueva creación, o un nuevo nacimiento. A esto es
que se refiere el llamado eficaz en
1 Corintios 1:24.
Aquellos que son llamados tienen su ojos abiertos por el soberano poder Creador de Dios,
por lo que ellos ya no ven la cruz de Cristo como locura, sino como poder y sabiduría de
Dios. El llamado efectivo es el milagro de tener nuestra ceguera removida. Esta es la Gracia
irresistible.
Otro ejemplo de esto se encuentra en Hechos 16:14, donde Lidia está escuchando la
predicación de Pablo. Lucas dice: “El Señor abrió su corazón para que recibiera lo que
Pablo decía…” A menos que Dios abra nuestros corazones, no recibiremos el mensaje del
Evangelio. A este corazón abierto es a lo que nos referimos cuando hablamos de la Gracia
irresistible.
Otra manera de describir esta obra es el “Nuevo Nacimiento” o ser nacido de nuevo.
Creemos que el nuevo nacimiento es una creación milagrosa de Dios que permite a una
persona muerta recibir a Cristo y ser salva. No creemos que la fe precede o causa el nuevo
nacimiento. La fe es la evidencia de que Dios nos ha hecho nacer de nuevo. “Todo aquel
que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5:1).
Cuando Juan dice que Dios da el derecho de ser llamado hijo de Dios a aquellos que
reciben a Cristo (Juan 1:12), continua diciendo que esos que reciben a Cristo “no nacieron
de sangre ni de carne ni de voluntad de varón, sino de Dios”. En otras palabras, Es
necesario recibir a Cristo para ser hecho un hijo de Dios, pero el nacimiento que trae a uno
dentro de la familia de Dios no es posible por la voluntad de varón.
El hombre está muerto es delitos y pecados. Él no puede hacerse nacer de nuevo, o crear
nueva vida en el mismo. Él debe nacer de Dios. Entonces, con la nueva naturaleza de Dios,
inmediatamente recibe a Cristo. Los dos hechos (regeneración y fe) están tan estrechamente
conectados que en la experiencia no podemos distinguirlos. Dios engendra en nosotros una
nueva vida y la primera sombra de vida en el nuevo nacimiento es la fe. Este nuevo
nacimiento es el efecto de la Gracia irresistible, porque es un acto de soberana creación
–“No por voluntad de hombre sino de Dios”--.
5. EXPIACIÓN LIMITADA
La expiación es el trabajo de Dios en Cristo en la cruz, por medio del cual cancela la deuda
de nuestros pecados, apaciguó su santa ira contra nosotros, y ganando para nosotros todos
los beneficios de la salvación. La muerte de Cristo fue necesaria porque Dios no hubiese
mostrado una justa recompensa para su gloria si hubiese barrido nuestros pecados debajo de
la alfombra sin castigo alguno.
Romanos 3:25-26 dice que Dios “puso a Cristo como propiciación por nuestros pecados por
su sangre...con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo,
y El justifica al que es de la fe de Jesús”.
En otras palabras, la muerte de Cristo era necesaria para vindicar la justicia de Dios en
justificar al impío por medio de la fe. Sería injusto perdonar pecadores aunque su pecado
sea insignificante, cuando de hecho el pecado es un insulto infinito contra la valiosa gloria
de Dios. Por lo tanto Jesús lleva en sus hombros la maldición, la cual merecíamos por
nuestro pecado, de esta manera podemos ser justificados y la justicia de Dios ser vindicada.
El termino “expiación limitada” señala la pregunta, “¿Por quien murió Cristo?” Detrás de la
pregunta sobre la extensión de la expiación dirige a otra pregunta igualmente importante
acerca de la naturaleza de la expiación. ¿Qué fue lo que Cristo logro en la cruz por aquellos
que murió?
Si dices que Jesús murió por todos los seres humanos en la misma manera, entonces debes
definir la naturaleza de la expiación de una manera muy diferente a si creyeras que sólo
murió por aquellos que creen. En el primer caso, crees que la muerte de Cristo en realidad
no salva a nadie; simplemente hace posible la salvación. En este caso la muerte de Cristo
no quita la ira de Dios de ninguna persona, sino que creo un lugar donde las personas
pueden ir y encontrar misericordia –si ellos pudieran realizar su propio nuevo nacimiento y
traerse ellos mismos a la fe sin la irresistible Gracia de Dios.
Si Cristo murió por todos los hombres en la misma manera, entonces no compró Gracia
regeneradora para aquellos que son salvos. Ellos deberían regenerarse ellos mismos y
traerse ellos mismos a la fe. Entonces y sólo entonces ellos se convierten en participantes
de los beneficios de la cruz.
En otras palabras, si crees que Cristo murió por todos los hombres en la misma manera,
entonces los beneficios de la cruz no pueden incluir la misericordia por la que somos
traídos a la fe, porque entonces todos los hombres serían traídos a la fe, pero ellos no lo
están. Pero si la misericordia por la cual somos traídos a la fe (Gracia irresistible) no es
parte de lo que Cristo compró en la cruz, entonces somos dejados para salvarnos a nosotros
mismos desde la esclavitud del pecado, de la dureza de nuestro corazón, de la ceguera de
nuestra corrupción y de la ira de Dios.
Por lo tanto se hace evidente que no es el calvinismo quien limita la expiación. Es el
Arminianismo, porque niega que la expiación de Cristo logre lo que desesperadamente
necesitamos –Llamado, salvación desde la condición de muerte y dureza de corazón y
ceguera bajo la ira de Dios. El arminiano limita el valor natural y la efectividad de la
expiación de tal manera que dice que es lograda aun por aquellos que mueren en
incredulidad y son condenados. En la manera que se dice que Cristo murió por todos los
hombres, el arminiano limita la expiación a una simple oportunidad no muy poderosa para
que los hombres se salven a ellos mismos de su terrible situación de depravación.
En la otra mano nosotros no limitamos el poder y la efectividad de la expiación.
Simplemente decimos que en la cruz Dios tenía en mente la redención de sus hijos.
Afirmamos que cuando Cristo murió por estos, Cristo no sólo creó la oportunidad para
salvarse a ellos mismos, sino que en realidad compró a favor de ellos todo lo necesario para
que fuesen salvos, incluyendo la Gracia regeneradora y el don de la fe.
No negamos que todos los hombres son beneficiados en algún sentido de la cruz. 1 Timoteo
4:10 dice que Cristo es el “Salvador de todos los hombres, especialmente de aquellos que
creen”. Lo que negamos es que todos los hombres son proyectados como los beneficiarios
de la muerte de Cristo en la misma manera. Toda la misericordia de Dios hacia los
inconversos –del sol naciente (Mateo 5:45) de la predicación del Evangelio en todo el
mundo (Juan 3:16)- es hecho posible por la cruz.
Esta es la implicación de Romanos 3:25 donde la cruz es presentada como la base de la
justicia de Dios en pasar por alto los pecados. Cada respiro que un inconverso tiene es un
acto de la misericordia de Dios reteniendo el juicio (Romanos 2:4). Cada momento que el
Evangelio es predicado a los inconversos Dios les está mostrando su misericordia dándole
esta oportunidad para salvación.
¿De dónde fluye esta misericordia para con el pecador? ¿Cómo es Dios justo y retiene el
juicio de pecadores que merecen ser inmediatamente lanzados al infierno? La respuesta es
que la muerte de Cristo muestra de una manera clara el justo aborrecimiento de Dios al
pecado y que tiene la libertad de tratar el mundo con misericordia sin comprometer su
justicia.
Pero Él es especialmente el Salvador de aquellos que creen. Él no murió por todos los
hombres en el mismo sentido. La intención de la muerte de Cristo por los hijos de Dios es
que la misma compró algo más que el sol saliente y la oportunidad de ser salvos. La muerte
de Cristo realmente salva de todo mal a aquellos por quienes “especialmente” Cristo murió.
Hay muchos pasajes que dicen que la muerte de Cristo fue designada para la salvación del
pueblo de Dios, no por cada individuo. Por ejemplo:
Juan 10:15. “y pongo mi vida por las ovejas.”. Las ovejas de Cristo son aquellos que son
dados por el Padre al Hijo. “Ustedes no oyen mi voz porque no son de mis ovejas”.
Notemos: Ser una oveja te permite ser un creyente, no viceversa. Por esto las ovejas por las
que Cristo murió son las elegidas por el Padre para ser dadas al Hijo.
En Juan 17:6,9, 19 Jesús ora: “He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me
diste; tuyos eran, y me los diste... Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los
que me diste; porque tuyos son... Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también
ellos sean santificados en la verdad.” La santificación en vista aquí es la muerte de Cristo la
cual Él estaba a punto de sufrir. Su muerte y su intercesión son únicamente por sus
discípulos, no por el mundo en general.
Juan 11:51-52: “(Caifas) como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús
había de morir por la nación, y no solamente por aquella nación, más también para que
juntase en uno los hijos de Dios que estaban dispersos”.Hay hijos de Dios dispersos por
todo el mundo. Estos son las ovejas. Estos son los que el Padre entregó al Hijo. Jesús murió
para juntar estas personas en un sólo pueblo. El punto es igual a Juan 10:15-16, “Como el
Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi alma por las ovejas; También tengo
otras ovejas que no son de este corral, aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz;
y se hará un corral, y habrá un pastor”. Cristo murió por sus ovejas, esto es, por los hijos de
Dios.
Apocalipsis 5:9: “Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste
muerto, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y
nación”. En armonía con Juan 10:16 Juan no esta diciendo que la muerte de Cristo rescató a
todos los hombres pero que rescató a hombres de todas las tribus del mundo.
Esta es la manera en que entendemos textos tales como 1 Juan 2:2, el cual dice: “Y él es la
propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los
del mundo entero”. Esto no significa que Cristo murió con la intención de aplacar la ira de
Dios por cada persona en el mundo, sino que “las ovejas”, “los hijos de Dios” están
dispersos por todo el mundo, “por toda lengua y tribu y nación” son incluidos en la
propiciación de Cristo. De hecho el paralelo gramatical entre Juan 11:51-52 y 1 Juan 2:2 es
tan cercano que es difícil escapar de la convicción de que el mismo asunto es tratado por
Juan en ambos versículos.
Juan 11:51-52, “profetizó que Jesús había de morir por la nación, y no solamente por
aquella nación, más también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban
dispersos”.
1 Juan 2:2, “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros,
sino también por los del mundo entero”.
“El mundo entero” se refiere a los hijos de Dios dispersos por todo el mundo.
Si “El mundo entero” se refiere a cada individuo del mundo, nos vemos forzados a decir
que Juan estaria enseñando que todas las personas serían salvas, cosa que él no cree
(Apocalipsis 14:9-11). La razón por la que nos veríamos forzados a decir esto es que el
término propiciación se refiere a una real remoción de la ira de Dios del pecador. Cuando la
ira de Dios contra un pecador es propiciada, la misma es removida de ese pecador. Y el
resultado es que todo el poder de Dios ahora fluye en el servicio de su misericordia,
resultando en que nada puede detenerlo de salvar a ese pecador.
El pecado propiciado no puede ser castigado. De otro modo la propiciación perdería su
significado. Por esta razón si Cristo es la propiciación por todos los pecados de cada
individuo del mundo, ellos no pueden ser castigados, y deben ser salvos. Pero Juan no cree
en tal universalismo (Juan 5:29). Por esto es improbable que 1 Juan 2:2 enseñe que Jesús es
la propiciación por toda persona en el mundo.
Marcos 10:45, en armonía con Apocalipsis 5:9, no dice que Jesús vino a rescatar a todos los
hombres. El verso dice: “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para
servir, y dar su vida en rescate por muchos”.
De manera similar en Mateo 26:28 Jesús dice: “Esta es mi sangre del nuevo pacto, que por
muchos es derramada para remisión de pecados”.
Hebreos 9:28: “así también el Cristo habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados
de muchos; aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los
que ansiosamente lo esperan”. (Ver también 13:20; Isaías 53:11-12).
Uno de los pasajes más claros en relación a la muerte de Cristo es efesios 5:25-27. Aquí
Pablo no sólo dice que el beneficiario intencional de la muerte de Cristo es la iglesia, sino
que también que el efecto intencional de la muerte de Cristo es la santificación y
glorificación de la iglesia. Esta es la verdad que queremos preservar, que la cruz no tenía
intención de dar a todos los hombres la oportunidad de salvarse a sí mismos, sino que su
intención era en realidad salvar a la iglesia.
Pablo dice: “Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla
limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra, para presentársela gloriosa para sí
mismo”.
De manera similar, en Tito 2:14 Pablo describe el propósito de la muerte de Cristo de la
siguiente manera: “Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y
limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras”. Si Pablo fuese un arminiano
¿no hubiese dicho: “Él se dio a Sí mismo para redimir a todos los hombres de la iniquidad y
purificar a todos los hombres para Él”? Pero Pablo dice que el diseño de la expiación es
para purificar para Cristo un pueblo separado del mundo. Esto es lo que precisamente Juan
dice en Juan 10:15; 11:51 y Apocalipsis 5:9.
Uno de los textos más cruciales en este aspecto es Romanos 8:32. Se trata de una de las
más preciosas promesas para el pueblo de Dios en la Biblia. Pablo dice, “Quien no
escatimo ni a su propio Hijo por todos nosotros, ¿como no nos dará juntamente con Él
todas las cosas?”.
El asunto crucial a notar aquí es como Pablo sustenta la seguridad de nuestra herencia en la
muerte de Cristo. Él dice: “Seguramente que Dios te dará en Cristo todas las cosas porque
Él no escatimo a su Hijo, sino que lo entregó por ti”. ¿En qué se convierte este precioso
argumento si Cristo es dado por aquellos que de hecho no reciben todas las cosas, sino sólo
la condenación? El argumento se desvanecería.
Si Dios dio a su Hijo por los inconversos que al final son condenados, entonces el no puede
decir que la dadiva del Hijo garantiza “todas las cosas” para aquellos por los cuales Él
murió. ¡Pero esto es lo que el dice! Si Dios dio a su Hijo por ti, entonces Él seguramente te
dará todas las cosas. La estructura del pensamiento de Pablo aquí es destruida al introducir
la idea de que Cristo murió por cada persona del mundo en la misma manera.
Podemos concluir esta sección con el siguiente resumen. ¿Cual de las siguientes
declaraciones es verdadera?
1. Cristo murió por algunos pecados de todos los hombres.
2. Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres.
3. Cristo murió por todos los pecados de todos los hombres.
Nadie asegura que la primera declaración es verdad, pues todo estaría perdido porque
habría pecados por los que Cristo no murió. La única manera de ser salvo del pecado es que
Cristo lo cubra con su sangre.
El tercer argumento es el que los arminianos defienden. Cristo murió por todos los pecados
de todos los hombres. Pero entonces, ¿Por qué no todos son salvos? Ellos responden que no
todos creen. Pero ¿no es este incrédulo uno de los cuales por los que Cristo murió? Si ellos
dicen que sí, entonces ¿Por qué no es cubierto por la sangre de Cristo y todos los
inconversos se salvan? Si ellos dicen que no (que la incredulidad no es un pecado por el
cual Cristo murió) entonces ellos deben decir que un hombre puede ser salvo sin tener
todos los pecados cubiertos por la sangre de Jesús, o ellos deben unirse a nosotros en
afirmar el segundo argumento: Cristo murió por todos los pecados de algunos hombres.
Esto es, que murió por la incredulidad de los elegidos por lo cual el castigo de la ira de Dios
es aplacado a favor de ellos y su Gracia es libre para traerlos de manera irresistible de las
tinieblas a su maravillosa luz.
6. ELECCIÓN INCONDICIONAL
Si todos nosotros somos tan depravados que no podemos ir a Dios sin haber nacido de
nuevo por la irresistible Gracia de Dios, y si esta Gracia en particular es comprada por
Cristo en la cruz, entonces es claro que la salvación de alguno de nosotros descansa en la
elección de Dios.
Cuando hablamos de la elección nos referimos a la elección para salvación de parte de
Dios. Esta elección es incondicional porque no hay condición de que el hombre conozca a
Dios antes de que Dios lo escoja para salvación. El hombre está muerto en delitos y
pecados. Entonces no hay condición de conocer a Dios antes de que Dios lo escoja para
salvarlo de la muerte.
o estamos diciendo que la salvación final es incondicional. No lo es. Debemos
experimentar la condición de la fe en Cristo para heredar vida eterna. Pero la fe no es una
condición para la elección. Es justamente lo contrario. La elección es la condición para la
fe. Esto es así porque Dios nos escoge desde antes de la fundación del mundo para comprar
nuestra redención en la cruz y revivirnos con la Gracia irresistible y traernos a la fe.
Hechos 13:48 nos dice como los gentiles respondieron a la predicación del Evangelio en
Antioquia de Pisidia: “Y cuando los gentiles escucharon esto, se regocijaron y glorificaron
la palabra de Dios; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. Notemos,
no dice que todos cuantos creyeron fueron ordenados para vida eterna. La elección eterna
de Dios es la razón de que algunos creyeran mientras otros no.
De manera similar Jesús dice a los Judíos en Juan 10:26, “Vosotros no creéis porque no
sois de mis ovejas”. Él no dice: “Vosotros no sois mis ovejas porque no creéis”. Ser una
oveja es algo que Dios decide por nosotros antes de que pudiéramos creer. Es la base y la
capacitación de nuestro creer. Creemos porque somos las ovejas escogidas de Dios, no
viceversa (Juan 8:47; 18:37).
En Romanos 9 Pablo resalta la elección incondicional. Por ejemplo, en los versos 11-12 el
describe el principio que Dios uso para la elección de Jacob y Esaú: “pues no habían aun
nacido, ni habían hecho aun ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la
elección permaneciese, no por las obras sino conforme por el que llama, se le dijo: El
mayor servirá al menor”. La elección de Dios es preservada de manera incondicional
porque es traspasada antes de nacer o hacer algo bueno o malo.
Nota: Algunos intérpretes dicen que Romanos 9 no tiene nada que ver con la elección de
individuos para su destino eterno. Ellos dicen que el capitulo sólo se relaciona con los roles
históricos que están en juego entre los pueblos descendientes de Jacob y Esaú.
Recomendamos La Justificación de Dios por John Piper, el cual fue escrito para investigar
este asunto. El libro concluye que Romanos 9 no sólo relata los roles históricos de todas
esas personas, sino también de los destinos eternos de individuos, porque, entre otras
razones (justificación, pp. 38-54), los versos 1-5 posan un problema acerca de la perdición
de individuos israelitas y ese problema queda totalmente irresuelto si el capítulo no tiene
nada que decir acerca de individuos.
La incondicionalidad de la elección de Gracia de Dios es resaltada nuevamente en los
versos 15-16: “Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y me compadeceré del
que Yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios
que tiene misericordia”.
Realmente no entendemos la misericordia si pensamos que podemos iniciarla por nuestra
propia voluntad o esfuerzo. Estaríamos desesperanzadamente perdidos en la oscuridad del
pecado. Si vamos a ser salvos, Dios tendrá que tomar de una manera incondicional tomar la
iniciativa en nuestro corazón e irresistiblemente hacer que nos sometamos a Él de una
manera voluntaria.
Efesios 1:3-6 es otro poderoso fundamento de la incondicionalidad de nuestra elección y
predestinación para la adopción.
“Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesús Cristo, el cual nos bendijo con toda
bendición espiritual en bienes celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la
fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en caridad; el
cual nos señaló desde antes el camino para ser adoptados en hijos por Jesús, el Cristo, en sí
mismo, por el buen querer de su voluntad, para alabanza de la gloria de su Gracia, con la
cual nos hizo aceptos en el Amado”.
Algunos intérpretes argumentan que esta elección desde antes de la fundación del mundo
fue sólo una elección de Cristo, pero no una elección de lo que cada individuo sería en
Cristo. Esto sencillamente equivale a decir que no hay elección incondicional de individuos
para salvación. Cristo es puesto adelante como el escogido de Dios y la salvación de
individuos es dependiente de su propia iniciativa para vencer su depravación y ser unidos a
Cristo por la fe. Dios no los escoge y por lo tanto Dios no puede convertirlos de manera
efectiva. Él sólo puede esperar a ver quien revivirá de la muerte y le escogerá a Él.
Esta interpretación no encaja bien con el verso 11, el cual dice: “Habiendo sido
predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su
voluntad”.
Tampoco el texto literal del verso 4 cuadra con esta interpretación. El significado ordinario
de la palabra “escogió” en el verso 4 es seleccionar o escoger de un grupo (cf. Lc. 6:13;
14:7; Jn. 13:18; 15:16,19). Así que el significado natural del versículo es que Dios escogió
a su pueblo de la humanidad, antes de la fundación del mundo en virtud de su unión con
Cristo su Redentor.
Toda la elección está relacionada con Cristo. No habría elección de pecadores para
salvación si Cristo hubiera sido destinado a morir por sus pecados. Así que en ese sentido
ellos son elegidos en Cristo. Pero son ellos los que son escogidos desde antes de la
fundación del mundo, no sólo Cristo.
Además, el texto del verso 5 sugiere la elección de un pueblo para estar en Cristo, y no sólo
la elección de Cristo. Literalmente el texto dice: “Habiéndonos predestinado para ser
adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. Somos los predestinados, no Cristo. Él es
quien hace la elección de pecadores posible, y así nuestra elección es “por medio de Él”,
pero aquí no se habla de Dios teniendo una visión sólo de la elección de Cristo.
Quizás el texto más importante de todos en relación a la enseñanza de la elección
incondicional es Romanos 8:28-33.
“Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que
conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los que antes conoció, también
les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo,
para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos; Y a los que les señaló desde antes
el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que
justificó, a éstos también glorificará. ¿Pues qué diremos a esto? Si Dios es por nosotros,
¿quién será contra nosotros? El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por
todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los
escogidos de Dios? Dios es el que los justifica”.
A menudo este texto es usado para argumentar en contra de la elección incondicional
basándose en el verso 29 el cual dice: “A los que antes conoció también los predestino...”
Así que algunos dicen que las personas no son escogidas de manera incondicional. Ellos
son escogidos sobre la base de su fe la cual es producida sin la ayuda de la Gracia
irresistible de Dios y la cual Dios ve de antemano.
Pero eso no cuadra con el contexto. Notemos que Romanos 8:30 dice: “Y a los que
predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que
justificó, a éstos también glorificó”.Enfoca por un momento el hecho de que todo el que
Dios llama también lo justifica.
El llamado del verso 30 no es dado a todas las personas. La razón por la cual sabemos que
no lo es que todos aquellos que son llamados son también justificados –pero no todos los
hombres son justificados. Así que este llamado en el verso 30 no es el llamado general al
arrepentimiento que los predicadores dan o que Dios da a través de la gloria de la
naturaleza. Todos los hombres reciben ese llamado. El llamado del verso 30 es dado sólo a
aquellos que Dios predestina a ser conformados a la imagen de su Hijo (v.29). Y es un
llamado que desemboca en justificación: “a los que llamo, a estos también justificó”.
Pero sabemos que la justificación es por la fe (Rom. 5:1). ¿Cuál es entonces este llamado
que es dado a todos aquellos que son predestinados y que desemboca en la justificación?
Este debe ser el llamado de la Gracia irresistible. Se trata del llamado de 1 Corintios 1:24
discutido en la página 6.
Entre el acto de la predestinación y la justificación está el acto del llamado. Debido a que la
justificación es sólo por la fe, el llamado en vista debe ser el acto de Dios por el cual llama
a la fe a existencia. Y como esta desemboca de manera necesaria en la justificación, debe
ser irresistible. No hay llamado (en ese sentido; no en el sentido de Mateo 22:14) que no
sea justificado. Todos los llamados son justificados. Así que, el llamado del verso 30 es el
trabajo soberano de Dios el cual trae a la persona a la fe por la que es justificado.
Ahora notemos la implicación que este tiene para el significado de “conoció” en el verso
29. Cuando Pablo dice en el verso 29: “A los que antes conoció también los predestinó”, no
puede querer decir (como muchos tratan de hacer que diga) que Dios sabía de antemano
quienes usarían su libre albedrío para venir a la fe, así que los puede predestinar para ser
adoptados porque ellos hicieron esa libre elección por su propia voluntad. Esto no puede
significar semejante cosa porque hemos visto del verso 30 que las personas no vienen a la
fe por su propia voluntad. Ellos son llamados de una manera irresistible.
Dios no prevé la libre decisión de personas que creen porque no existe tal libertad de
decisión. Si alguien viene a la fe en Cristo, es porque son revividos de la muerte (Efesios
2:5) por el poder creativo del Espíritu de Dios. Eso es, son en efecto llamados de las
tinieblas a la luz.
Así que, el previo conocimiento de Romanos 8:29 no es el mero conocimiento de algo que
sucederá en el futuro separado de la predeterminación de Dios. En vez de esto, es el tipo de
conocimiento referido en el Antiguo Testamento como en Génesis 18:19(“Yo he
escogido[literalmente: conocido] a Abraham para que el pueda encargar a sus hijos...que
guarden el camino del Señor”), y Jeremías 1:5(“Antes que te formase en el vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifique, te di por profeta a las naciones”) y Amos 3:2(“A
vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra, os castigare por todas
vuestras maldades”).
Como C.E.B. Cranfield dice, el previo conocimiento de Romanos 8:29 es “ese especial
conocimiento tomado de una persona la cual es escogida por la Gracia de Dios”. Tal
conocimiento es virtualmente la misma elección: “A los que antes conoció (i.e. escogió)
también los predestinó para ser conformados a la imagen de su Hijo”.
Por tanto, lo que este magnifico texto (Romanos 8:28-33) enseña es que Dios realmente
realiza la redención de su pueblo desde el inicio hasta el final. Él conoce de antemano, o
sea, escoge personas para Sí desde antes de la fundación del mundo, predestina estas
personas para ser conformadas a la imagen de su Hijo, las llama para Si mismo en fe, las
justifica por medio de la fe, y finalmente las glorifica –y nada puede separarlas del amor de
Dios que es en Cristo Jesús (Rom. 8:39). ¡A Él sea toda la adoración y la gloria! Amen.
7. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS
Continúa lo que se ha dicho anteriormente que el pueblo de Dios perseverará hasta el fin y
no se perderá. Los que son previamente conocidos son predestinados, los predestinados son
llamados, los llamados son justificados, y los justificados son glorificados. Ni uno de este
grupo se pierde. Pertenecer a este grupo es estar eternamente seguro.
Pero queremos significar más que eso con la doctrina de la perseverancia de los santos.
Queremos significar que los santos van y deben perseverar en la obediencia que viene de la
fe. La elección es incondicional, pero la glorificación no lo es. Hay varias advertencias en
las Escrituras de que aquellos que no abrazan pronto a Cristo pueden perderse al final.
Las siguientes siete tesis resumen lo que entendemos sobre esta importante doctrina:
A. Nuestra fe debe perdurar hasta el final si somos de los salvos.
Esto significa que el ministerio de la palabra es el instrumento de Dios para la preservación
de la fe como también para engendrar la fe. No aspiramos fácilmente luego que una persona
ha orado para recibir a Cristo, como si estuviéramos seguros de nuestra perspectiva de que
están ahora más allá del alcance del maligno. Existe una lucha de fe que debe ser peleada.
Debemos permanecer en la fe hasta el final si somos salvos.
1 Corintios 15:1,2 dice: “Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado,
el cual también recibisteis, en el cual también están firmes; por el cual asimismo, si retenéis
la palabra que os he predicado, estáis siendo salvos, si no creísteis en vano”.
Colosenses 1:21-23 dice: “A vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y
enemigos de ánimo en malas obras, ahora empero os ha reconciliado en el cuerpo de su
carne por medio de la muerte, para haceros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de
él; si empero permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del
Evangelio que habéis oído; el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo; del
cual yo Pablo soy hecho ministro”.
2 Timoteo 2:11-12 dice: “Es palabra fiel: Que si somos muertos con él, también viviremos
con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará”.
Marcos 13:13 dice: “Más el que perseverare hasta el fin, ese será salvo”.
Mire también Apocalipsis 2:7,10,11,17,25,26; 3:5,11,12,21.
B. La obediencia que es evidencia de la renovación interna que viene de Dios, es
necesaria para la salvación final.
Esto no quiere decir que Dios demanda perfección. Es claro en Filipenses 3:12-13; 1 Juan
1:8-10 y Mateo 6:12 que el Nuevo Testamento no sostiene la demanda de una estricta
perfección para ser salvos. Pero el Nuevo Testamento sí demanda que debemos ser
moralmente cambiados y caminar en novedad de vida.
Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.
Romanos 8:13: “porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu
mortificáis las obras del cuerpo, viviréis”.
Gal. 5:19-21: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas,
disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas;
de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no
heredarán el Reino de Dios”. (Ver también Efesios 5:5; 1 Corintios 6:10)
1 Juan 2:3-6: “Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus
mandamientos. El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es
mentiroso, y no hay verdad en él. Más el que guarda su Palabra, la caridad de Dios está
verdaderamente perfecta en él; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en
él, debe andar como él anduvo”. (Ver también 1 Juan 3:4-10, 14; 4:20)
Juan 8:31: “Y decía Jesús a los judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en
mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. (Ver también Lucas 10:28; Mateo 6:14-
15; 18:35; Génesis 18:19- 22; 16-17; 26:4-5; 2 Timoteo 2:19)
C. Los elegidos de Dios no pueden perderse.
Es por esta razón por la que creemos en la seguridad- llamada, la seguridad eterna de los
elegidos. La implicación es que Dios trabajará para que aquellos que escogió para la eterna
salvación sean capacitados para perseverar en la fe hasta el fin y cumplir, por el poder del
Espíritu Santo, los requerimientos para obediencia.
Romanos 8:28-30, nos dice: “Y ya sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les
ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos). Porque a los
que antes conoció, también les señaló desde antes el camino para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos;
Y a los que les señaló desde antes el camino, a éstos también llamó; y a los que llamó, a
éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará”. Lo que es
evidente de este pasaje es que esos que son efectivamente llamados a la esperanza de la
salvación realmente perseveraráan hasta el fin y serán salvos.
Juan 10:26-30: “más vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no
perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor
que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre una cosa
somos”. (Ver también Efesios 1:4-5).
D. Existen caídas en algunos creyentes, pero si esa caída persiste, es muestra de que su
fe no era genuina y ellos no habían nacido de Dios.
1 Juan 2:19: “Ellos salieron de nosotros, más no eran de nosotros, porque si fueran de
nosotros, hubieran sin duda permanecido con nosotros; pero esto es para que se manifestara
que todos no son de nosotros”. De manera semejante se ilustra en la parábola del sembrador
en Lucas 8:9-14 ilustra personas que “oyen el Evangelio, lo reciben con gozo; pero como
no tienen raíces, ellos sólo creen por un tiempo y en el tiempo de la prueba se apartan”.
El hecho de que tal cosa sea posible es precisamente por lo que el ministerio de la palabra
en toda iglesia local debe contener muchas advertencias a los miembros de la iglesia a
perseverar en la fe y no enredarse en esas cosas que pudieran extraviarlos y que podría
resultar en su condenación.
E. Dios nos justifica en el primer y genuino acto de fe salvífica, pero haciendo esto, el
tiene una visión de todos los actos subsecuentes de la fe contenida, como en una
semilla, en ese primer acto.
Lo que estamos tratando de hacer aquí es confesar la enseñanza de Romanos 5.1, por
ejemplo, que enseña que ya somos justificados ante Dios. Dios no espera hasta el final de
nuestras vidas para declararnos justos. De hecho, no seríamos capaces de tener la seguridad
y libertad de vivir las radicales demandas de Cristo a menos que podamos estar seguros que
por nuestra fe ya estamos justificados delante de Dios.
Sin embargo, debemos confesar el hecho de que nuestra salvación final es hecha
contingente a la subsiguiente obediencia que proviene de la fe. La manera como estas dos
verdades se fusionan es que ya somos justificados sobre la base de nuestro primer acto de fe
porque Dios ve en este (así como el puede ver en el árbol de bellota) en embrión de la vida
de fe. Esta es la razón por la que esos que no persisten en la vida de fe con su inevitable
consecuencia simplemente dan testimonio de que su primer acto de fe no fue genuino.
El soporte textual para esto es que Romanos 4:3 cita Génesis 15:6 al hecho donde Abraham
fue justificado por Dios. Esta es una referencia a un hecho de fe muy temprano en la vida
de Abraham. Romanos 4:19-22, de todas maneras, se refiere a una experiencia de Abraham
muchos años después (Cuando tenía 100 años de edad, ver Génesis 21:5,12) y dice que por
la fe de esta experiencia Abraham fue reconocido como justo. En otras palabras, parece ser
que la fe que justificó a Abraham no fue su primer acto de fe únicamente, sino la fe que
provocó los actos de obediencia más tarde en su vida. (El mismo hecho puede verse en
Santiago 2:21-24 en su referencia al acto tardío en la vida de Abraham, llamado, el
ofrecimiento de su hijo, Isaac, en Génesis 22). La manera de como tejer estas hebras de la
verdad bíblica es declarando que somos internamente justificados sobre la base de nuestro
primer acto de fe, pero no sin referencia a todos los subsecuentes actos de fe que dan a luz
la obediencia que Dios demanda.
F. Dios obra para causar la perseverancia de sus elegidos.
No somos dejados por nosotros mismos y nuestra seguridad está bien enraizada en el amor
soberano de Dios que produce eso para lo cual nos ha llamado a hacer. 1 Pedro 1:5 nos
dice: “para vosotros que sois guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud
que está aparejada para ser manifestada en el postrer tiempo”. Judas 24,25 agrega: “A
aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin pecado, y presentaros delante de su gloria
irreprensibles, con grande alegría, al Dios único sabio, nuestro Salvador, sea gloria y
magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos. Amén”.
1 Tesalonicenses 5:23-24 dice: “Y el Dios de paz os santifique completamente; para que
vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida del Señor
nuestro, Jesús, el Cristo. Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”.
Filipenses 1:6: “Confiando de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la
perfeccionará hasta el día de Jesús el Cristo”.
1 Corintios 1:8-9: “el cual también os confirmará que permanezcáis sin pecado hasta el fin,
hasta en el día de nuestro Señor Jesús, el Cristo. Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la
confraternidad de su Hijo, Jesús, el Cristo, Señor nuestro”.
G. Por lo tanto debemos ser entusiastas en hacer nuestro llamado y elección segura.
2 Pedro 1:10: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y
elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”.
8. TESTIMONIOS CONCLUYENTES
Es posible creer todas estas cosas en tu mente e ir al infierno. Cuan engañosos e hipócritas
somos por naturaleza! Por lo tanto nuestro interés en escribir todas estas cosas no es
meramente convencer la mente sino también ganar el corazón.
Queremos para otros la dulce experiencia de reposar en el confort masivo de estas
verdades. Queremos que otros puedan sentir el tremendo incentivo para la justicia y para
las misiones que fluyen de estas verdades. Queremos para otros la experiencia de conocer y
confiar en la Gracia soberana de Dios de tal manera que a Él y sólo a Él sea la gloria.
Para este fin hemos recogido aquí algunos testimonios de lo que estas verdades han
significado para algunos grandes cristianos del pasado. Para aquellos que las han conocido
verdaderamente, ellas nunca han sido meras especulaciones para la cabeza, sino siempre
han sido poder para el corazón y la vida.
Agustin
Agustín fue convertido de una manera resonante por la Gracia irresistible de Dios después
de dejar una vida inmoral. Él escribió en sus confesiones(X, 40):
“No tengo ninguna esperanza fuera de Tu gran misericordia. Da tu mandato y manda lo que
es tu voluntad. Tú impones en nosotros continencia...verdaderamente por continencia
somos unidos y traídos de vuelta a esa unidad de la que fuimos dispersados hacia una
pluralidad. Te ama poco aquel que ama cualquier otra cosa junto a Ti, la cual no ama para
ti. ¡Oh amor siempre ardiente y nunca se apaga! ¡Oh caridad, Dios mío, enciende en mí! Tú
mandas continencia. Concede lo que mandas y manda tu voluntad.”
Estas son las palabras de un hombre que amaba la verdad de la Gracia irresistible, porque el
sabe que el es totalmente incompleto sin ella. Pero también en sus cartas doctrinales el
dirige esta amada verdad a casa (Epístola ccxvii, Para Vitalis):
“Como prefiero pensar en tu caso, si estas de acuerdo con nosotros en suponer que estamos
haciendo nuestro deber en oración a Dios, como es nuestra costumbre, por aquellos que
rehúsan creer, que sean capacitados para creer y aquellos que resistan o se opongan a su ley
y doctrina, que lo crean y lo sigan. Si estas de acuerdo con nosotros en pensar que hacemos
nuestro deber en agradecer a Dios, como acostumbramos, por aquellas personas cuando han
sido convertidos...entonces estas dispuesto a admitir que la voluntad de Dios es
previamente movida por la Gracia de Dios, y que es Dios quien hace que deseen el bien que
rechazaban; que es a Dios a quien pedimos que lo haga, y sabemos que es justo darle
gracias por tal hecho...”
Para Agustín la verdad de la Gracia irresistible era el fundamento de sus oraciones por la
conversión de los perdidos y de su gratitud para con Dios cuando ellos se convertían.
Jonathan Edwards
Jonathan Edwards, el gran predicador Ingles y teólogo del siglo XVIII, tuvo un amor igual
de profundo por estas verdades. Él escribió cuando tenía 26 años de edad, el día en que se
enamoró de la soberanía de Dios:
“Se ha producido una maravillosa alteración en mi mente respecto a la doctrina de la
soberanía de Dios desde aquel día hasta hoy; de manera que casi nunca he encontrado algo
que me plantee alguna objeción contra ella en el sentido más absoluto...Desde entonces, no
sólo he estado convencido, sino que mi convicción ha sido maravillosa. Esta doctrina me ha
resultado a menudo sumamente agradable, brillante y dulce. La soberanía absoluta es algo
que me encanta atribuir a Dios...La soberanía de Dios me ha parecido, una grandiosa parte
de su gloria. Ha sido siempre mi deleite acercarme a Dios, y más aun adorarle como al Dios
soberano” (Narrativa personal).
George Whitefield
Edwards lloró abiertamente cuando George Whitefield predicó en su iglesia, debido a lo
tanto que amó el mensaje que predicó. Whitefield fue un gran evangelista en el siglo XVIII.
Él dijo: “Yo abrazo el sistema calvinista, no por Calvino, sino porque Cristo Jesús me lo ha
enseñado”(Arnold Dalimore, GEORGE WHITEFIELD 1,p. 406).
Él imploró a John Wesley no oponerse a las doctrinas del calvinismo:
“No puedo soportar los pensamientos de oponerme a ti: pero como puedo evadirlos, si te
ocupas (como tu hermano Charles una vez dijo) de echar a Juan Calvino fuera de Bristol.
¡Ay! Nunca he leído algo que Calvino haya escrito; mis doctrinas las tengo de Cristo y sus
apóstoles; Fui enseñado por ellos de Dios.” (Dalimore, p. 574)
Fueron estas doctrinas que le llenaron con un santo celo por el evangelismo:
“Las doctrinas de la elección, y la gratuita justificación en Cristo Jesús están diariamente
más y más presionando mi corazón. Ellas llenan mi alma con un santo fuego y me
proporcionan gran confianza en Dios mi Salvador.
Espero que podamos atrapar fuego uno del otro, y que haya una santa emulación entre
nosotros, quienes deben más degradar al hombre y exaltar al Señor Jesús. Nada más que las
doctrinas de la reforma pueden hacer esto. Todas las demás dejan el libre albedrío en el
hombre y lo hacen, en parte al menos, un Salvador de sí mismo. Mi alma, no se acerca a
esos que enseñan esas cosas...Yo se que Cristo es todo en todo. El hombre es nada: tiene un
libre albedrío para ir al infierno, pero no para ir al cielo, hasta que Dios trabaje en él para
ejercer su buena voluntad.
Oh, la excelencia de la doctrina de la elección y la de la preservación final de los santos!
Estoy persuadido, hasta que el hombre venga a creer y sentir estas importantes verdades, no
saldrá de sí mismo, pero cuando este convencido de esto y asegure su aplicación en su
corazón, entonces caminará por fe efectivamente!” (Dalimore, p. 407)
George Mueller
George Muller es famoso por los orfanatos que fundóo y por la asombrosa fe que tenía para
pedir por la provisión de Dios. No muchos conocen la teología que soportaba a ese gran
ministro. A mediado de los 20 (1829) tuvo una experiencia la cual registró más adelante de
la manera siguiente:
“Antes de este período (cuando vine a adoptar la Biblia como mi única regla de juicio)
estuve muy opuesto a las doctrinas de la elección, redención particular (expiación limitada),
y la final perseverancia por Gracia. Pero ahora fui traído a examinar esas preciosas
verdades por la palabra de Dios. Siendo hecho para no querer la gloria para mi mismo en la
conversión de pecadores, sino considerándome meramente como un instrumento; y siendo
hecho para querer recibir lo que las Escrituras decían, fui a la palabra, leyendo el Nuevo
testamento desde el principio, con una referencia particular para estas verdades.
Para mi sorpresa encontré pasajes que hablan directamente sobre la elección y la Gracia
perseverante, fueron como 4 veces tantos como esos que hablan aparentemente contra esas
verdades; y aun esos pocos, poco después, cuando los examinéy los entendí, sirvieron para
confirmarme en dichas doctrinas.
Debido al efecto de mi creencia en estas doctrinas, me siento forzado a declarar para la
gloria de Dios, que aunque soy excesivamente débil, y no he muerto a los deseos de la
carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, como pudiera, y como debería ser,
todavía, por la Gracia de Dios, he caminado más cerca con Él desde ese periodo. Mi vida
no ha sido tan variable, y puedo decir que he vivido mucho más para Dios que antes”
(Autobiografía, pp. 33-34).
Charles Spurgeon
Charles Spurgeon era contemporáneo de George Muller. Era el pastor del Tabernáculo
Metropolitano en Londres por 30 años, el pastor más famoso de su época –y un Bautista en
la misma. Su predicación era poderosa ganando almas para Cristo. Pero ¿Cual fue su
Evangelio que mantuvo a cientos hechizados semana tras semana y atrajo a tantos al
Salvador?
“Tengo mi propia opinión y es que no existe tal cosa como predicar a Cristo y a este
crucificado, a menos que prediquemos lo que en nuestros días llamamos calvinismo. Es un
sobrenombre llamarlo calvinismo; calvinismo es el Evangelio, y nada menos. No creo que
podamos predicar el Evangelio... a menos que prediquemos la soberanía de Dios en su
dispensación de Gracia; ni a menos exaltemos la elección incondicional, eterna, inmutable,
el amor victorioso de Jehová; tampoco creo que podamos predicar el Evangelio a menos
que lo basemos en la especial y particular redención del pueblo escogido en los que Cristo
obro sobre la cruz; tampoco puedo comprender un Evangelio que deja caer a los santos
luego de estos ser llamados” (Autobiografía 1, p.168).
Él no siempre creyó estas cosas. Spurgeon relata su descubrimiento de estas verdades a la
edad de 16 años:
“Nacido, como todos nosotros somos por naturaleza, un Arminiano, aun creía las cosas
viejas que había escuchado continuamente del pulpito, y no veía la Gracia de Dios. Cuando
venía a Cristo, creía que lo hacia por mí mismo, y aunque buscaba al Señor sinceramente.
No tenía ni idea de que el Señor me buscaba...puedo recordar el día y la hora cuando por
primera vez recibí estas verdades en mi alma – cuando estaban, como John Bunyan dice,
ardiendo en mi alma como un hierro caliente...
Una noche, cuando estaba sentado en la casa de Dios, no estaba pensando mucho en el
sermón del predicador, por lo que no lo creí. El pensamiento me golpeó, “¿Cómo llegaste a
ser cristiano?”. Vi al Señor. “¿Pero cómo viniste a ver al Señor?”. La verdad pasó
rápidamente por mi mente en un momento –No le habría visto a menos que hubiese una
influencia previa en mi mente que me hiciera buscarle. Oré, pensé, pero entonces me
pregunté a mí mismo, ¿cómo vine a orar? Fui inducido a orar por la lectura de las
Escrituras. ¿Cómo vine a leer las Escrituras? Las leí, pero ¿qué me permitió hacerlo?
Entonces, en un momento, vi que Dios era la zapata de todo esto, y el autor de mi fe, y
entonces toda la doctrina de la Gracia me fue clara, y de esa doctrina no he renunciado
hasta este día, y deseo hacer de esto mi constante confesión, “Atribuyo mi cambio
completamente a Dios” (Autobiografía, pp.164-5).
Spurgeon comenzó una universidad para pastores y tuvo como propósito enseñar que la
llave de ser un maestro digno en la iglesia era entender estas doctrinas de la Gracia.
“El Arminianismo es, por lo tanto, culpable de confundir doctrinas y actuar como
obstrucción al entendimiento claro y lúcido de las Escrituras; porque representa
incorrectamente o ignora el propósito eterno de Dios, disloca totalmente el significado del
plan complete de redención. Ciertamente, la confusión es inevitable fuera de la verdad
fundamental [de la elección].
Sin esta doctrina, hay falta de unidad de pensamiento, y en general no tienen idea alguna
sobre un sistema de divinidad. Es casi imposible convertir a un hombre en teólogo a menos
que se empiece con esta [doctrina de la elección]. Si deseas puedes colocar a un joven
creyente en una Universidad por 4 años, pero a menos que le enseñes este plan fundamental
del pacto eterno, experimentará poco progreso, porque sus estudios no concuerdan, no ve
como una verdad encaja con la otra y como todas las verdades deben armonizar juntas…
Tome cualquier condado de Inglaterra y encontrará hombres pobres con picos y palas que
tienen mayor conocimiento sobre divinidad que la mitad de aquellos que salen de nuestras
academias y universidades, sencilla y totalmente porque estos hombres han aprendido en su
juventud un sistema en el cual la elección es céntrica y luego han visto como su propia
experiencia encaja exactamente con este.”
9. UNA APELACIÓN FINAL
Es apropiado concluir este relato sobre nuestra creencia en las doctrinas de la Gracia
apelando a usted, el lector, a recibir al Cristo magnífico, quien es el Autor eterno de estas
doctrinas. Preste atención a la hermosa súplica presentada por J.I. Packer, un gran defensor
de estas verdades:
A la pregunta: ¿qué debo hacer para ser salvo? El Evangelio viejo [Calvinismo] responde:
cree en el Señor Jesucristo. A la próxima pregunta: ¿qué significa creer en el Señor
Jesucristo? su respuesta es: significa verse pecador y ver a Cristo como aquel quien murió
por pecadores; abandonando toda justicia y confianza propia y echándose completamente
sobre Él para recibir perdón y paz; e intercambiar esa enemistad natural y rebelión contra
Dios por un espíritu de sumisión a la voluntad de Cristo por medio de la renovación del
corazón por el Espíritu Santo.
Y a una tercera pregunta: ¿cómo procedo a creer en Cristo y al arrepentimiento si no tengo
la habilidad natural para hacer estas cosas? responde diciendo: mira a Cristo, háblale a
Cristo, clama a Cristo, tal como eres; confiesa tu pecado, tu impenitencia, tu incredulidad, y
échate en Su misericordia; pídele que te de un nuevo corazón obrando en ti verdadero
arrepentimiento y una fe firme; pídele que quite de ti tu corazón incrédulo y escriba Su ley
dentro de ti, para que nunca te apartes de Él. Vuélvete a Él y confía en Él lo mejor que
puedas, y ruega por la Gracia para volverte y confiar más completamente; utiliza los medio
de Gracia con expectación, mirando a Cristo acercarte a ti mientras buscas acercarte a Él;
mira, ora, lee y escucha la Palabra de Dios, adora y ejerce comunión con el pueblo de Dios,
y persevera hasta conocer más allá de cualquier duda que realmente eres un ser cambiado,
un creyente penitente y que el corazón que has deseado se te ha concedido (“Redacción
Introductoria a La Muerte de la Muerte y la Muerte de Cristo de John Owen,” p. 21).
Permite que Charles Spurgeon te dirija en oración:
Les suplico que se unan a mí en oración en este momento. Únanse a mí mientras pongo
palabras en vuestras bocas y las pronuncio en lugar vuestro-“Señor, soy culpable, merezco
tu ira. Señor, no puedo salvarme. Señor, quiero un nuevo corazón y un espíritu recto, pero
¿qué puedo hacer? Señor, no puedo hacer nada, ven y obra en mí el querer y el hacer tu
buena voluntad.
Sólo Tú tienes el poder, lo se, Para salvar a un este infeliz ¿A quién y donde huiré Si no voy
corriendo a Ti?
Pero desde mi alma clamo a tu nombre. Temblando, pero creyendo, me echo
completamente sobre ti, oh Señor. Confío en la sangre y justicia de tu amado Hijo…Señor,
sálvame ahora, por amor Jesús.” (De Iain Murray, The Forgotten Spurgeon [Edinburgh:
Banner of Truth Trust, 1973], pp. 101f.)

I Will Not Be Enslaved by Anything


(Spanish)
No Me Dejaré Dominar por Ninguna
September 01, 1985 |by John Piper topic: Killing Sin
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1 Corintios 6: 12-20
Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son
lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. Los alimentos son para el estómago y el
estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es
para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al
Señor, también nos resucitará a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros
cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré
miembros de una ramera? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que el que se une a una ramera
es un cuerpo con ella? Porque El dice: LOS DOS VENDRAN A SER UNA SOLA
CARNE. Pero el que se une al Señor, es un espíritu con El. Huid de la fornicación. Todos
los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca
contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que
está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido
comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales
son de Dios.
El viernes por la mañana miré por la ventana del dormitorio mientras me abotonaba la
camisa y vi una parábola de la vida moderna norteamericana. Un hombre de mediana edad,
vestido con un traje verde de tres piezas, caminaba en dirección oeste hacia nuestra casa en
la parte norte de la calle 18. Tenía algo amarillo en su mano derecha, quizás una piel de
plátano o una bolsa de patatas fritas. No sabría decir. Mientras caminaba, miraba a su
izquierda, hacia el otro lado de la calle. Entonces se volvió y miró tras de sí. Y después
arrojó la cosa amarilla por encima de la valla de la autopista.
Dos Signos de la Vida Secular Norteamericana
En este pequeño suceso observamos al menos dos signos de la vida secular norteamericana.
Uno es el ateísmo práctico. El otro es el hedonismo físico.
1. Ateísmo Práctico
La valla de la autopista estaba a la derecha del hombre, oculta tras unos arbustos. Podía ver
lo que tenía al frente mientras caminaba. El suelo estaba bajo sus pies. Y se aseguró de
echar un vistazo a la izquierda y tras de sí. ¿Por qué no miró hacia arriba? Porque en ese
momento era un ateo práctico. Podría haber habido alguien a la izquierda o a su espalda al
que le importase. Pero a nadie en el cielo le importaba. La vida norteamericana es
generalmente atea cuando se trata de plátanos o patatas fritas. Las palabras de la gente no
son lo que demuestra su ateísmo práctico, sino el hecho de mirar hacia arriba o no cuando
creen que están solos.
2. Hedonismo Físico
El otro signo que vi de la vida norteamericana fue el hedonismo físico. ¿Por qué este tipo
prefirió tirar la cosa amarilla en lugar de llevarla hasta un bote de basura? Porque llevarla
era inconveniente. Era molesto, desagradable.
¿Pero por qué miró por encima de su hombro antes de tirarla? Porque su conciencia le decía
que aquella acción no era buena y que la gente la desaprobaría. Así que un pequeño
conflicto surgió en su interior. Duró cinco segundos aproximadamente. “¿Opto por el placer
de no cargar con esta cosa? ¿U opto por el placer de tener la conciencia limpia?” Desde
luego no era un gran dilema. Ganó el placer físico. Y eso es otro signo de nuestra cultura.
Hedonismo físico. Si a su cuerpo le sienta bien ¿por qué va a negarse? La desgracia de
nuestra cultura es que se desea más el placer físico que el gozo espiritual.
Por supuesto, ambas cosas van de la mano: ateísmo práctico y hedonismo físico. Cuando
Dios queda fuera de escena, entonces mi conciencia no tiene una máxima importancia
como parte de la imagen de Dios, por tanto, “comamos, bebamos y tiremos basura a la
autopista, pues mañana estaremos muertos –y listo". Si pueden mantener a Dios alejado de
los plátanos y las patatas fritas que pasen por su vida, entonces pueden seguir adelante con
la satisfacción de sus deseos.
El Objetivo de este Mensaje
Esta historia es simplemente para ayudarles a recordar qué es lo que quiero resaltar de este
texto ―que nosotros, los que no somos ateos, sino creyentes en Jesucristo, no seremos
esclavos del placer físico. Cuando el conflicto surja en nuestro propio interior, miraremos
hacia arriba, y por el poder del Espíritu de Dios, nos libraremos de los deseos del cuerpo.
Nada nos dominará.
El objetivo de este mensaje es que 1 Corintios 6:20 se cumpla en sus vidas. “No sois
vuestros. Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro
cuerpo”. 1 Corintios 10:31 dice: "Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis
cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios". Lo hemos dicho miles de veces,
pero, ¿nos sentamos a la mesa, ante los alimentos y la bebida, y hacemos lo que dicen las
escrituras? ¿Comemos para la gloria de Dios? ¿Bebemos para la gloria de Dios? ¿Cómo
podemos hacerlo?
Lectura Inversa del Texto
Centremos nuestra atención en 1 Corintios 6:12-14
Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son
lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. Los alimentos son para el estómago y el
estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es
para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al
Señor, también nos resucitará a nosotros mediante su poder.
Para entender estos versículos, debemos leerlos a la inversa —empezar por el final. Al final
del versículo 13, Pablo dice: “el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el
Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros".
El Cuerpo es para el Señor
¡El cuerpo es para el Señor! Tu cuerpo se te ha sido dado por un motivo: para ser un
instrumento para glorificar a Cristo (6:20). El modo en que usas tu cuerpo y el modo en que
lo cuidas debería transmitir que la gloria de Cristo es plenamente gratificante.
El Señor es para el Cuerpo
Después dice que no sólo el cuerpo es para el Señor, “El Señor es para el cuerpo". Es decir,
a Cristo el cuerpo no le resulta indiferente. Se preocupa por él. Pone un precio al uso que le
damos. Hace del cuerpo su templo (6:19). Él es "para el cuerpo" —no contra él, y no
indiferente a él.
El Señor Resucitará Nuestros Cuerpos
Por último, Pablo dice (versículo 14): "Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a
nosotros.” En otras palabras, el cuerpo nunca perderá su importancia. Algún día acabará en
la tumba. Pero algún día será resucitado y restituido. Dios le dio a Jesús un cuerpo
resucitado y Dios nos dará a nosotros un cuerpo resucitado. La resurrección es la
declaración final de Dios de que Él es para el cuerpo.
“Los Alimentos son para el Estómago y el Estómago para los
Alimentos”
¿Qué vamos a decir, por tanto, con respecto a la primera parte del versículo 13? “Los
alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los
dos.” Esto suena de modo totalmente opuesto a lo que hemos descrito antes. Suena como el
siguiente argumento: el cuerpo acabará en la tumba de todos modos, así que no tiene
importancia moral real. Sólo existe para procesar los alimentos durante un tiempo y luego
se va.
Creo que éste es exactamente el significado que tenía en boca de algunos Corintios. Es
probable que fuera un eslogan: “¡Alimentos para el estómago y el estómago para los
alimentos!"—pásame las patatas. Es probable que también usaran este eslogan para
referirse al sexo y a la bebida también. "¡Sexo para el cuerpo y el cuerpo para el sexo!"
Seguramente por esta razón, Pablo pasa de los alimentos a la inmoralidad sexual en la
segunda parte del versículo 13 (donde dice: “el cuerpo no es para la fornicación").
Algunos de los corintios tenían tal visión del cuerpo que lo que hiciesen con él no tenía
implicación moral. En 1 Corintios 5:2 incluso se jactaban de haber cometido incesto en la
iglesia. En 11:21 algunos de ellos hasta se emborracharon en la Eucaristía. Según su
razonamiento, el cuerpo, los alimentos, la bebida y el sexo serían finalmente destruidos.
Sólo habrá espíritus libres. Así, el cuerpo no importa. Puedes comer y beber y practicar el
sexo tanto como quieras porque el cuerpo no tiene importancia moral. Lo que sabes y lo
que crees es lo que realmente cuenta (8:1-3).
Pablo se opuso a esta perspectiva con todas sus fuerzas. Les dio un nuevo eslogan
radicalmente diferente: "El Señor es para el cuerpo y el cuerpo es para el Señor". El cuerpo
no será sólo destruido; será resucitado. El cuerpo no es indiferente desde el punto de vista
moral. Es para la gloria de Dios.
De modo que lo que nos encontramos en los versículos 13 y 14 es un eslogan corintio que
justifica la inmoralidad, la embriaguez y el apetito desenfrenado, y la respuesta de Pablo al
mismo.
"Todas las Cosas Me son Lícitas”
Encontramos un caso similar en el versículo 12: un eslogan y la respuesta de Pablo.
“Todas las cosas me son lícitas,”
pero no todas son de provecho.
“Todas las cosas me son lícitas,”
pero yo no me dejaré dominar por ninguna.
También podría darse el caso de que las palabras “Todas las cosas me son lícitas”
perteneciesen a las propias enseñanzas de Pablo, porque no niega que sean verdaderas. No
dice: “No, para mí NO todas las cosas son lícitas." De hecho creo que está de acuerdo con
el eslogan. Pero con él se refiere a algo muy diferente del significado que tenía para el
libertino pueblo de Corinto.
Se refiere a que cuando se deja de vivir según las listas legales de lo que se debe y no se
debe hacer, se debe empezar a vivir según el amor y la libertad cristianos. Sí, la antigua ley
de la carta que coacciona la carne con amenazas debería ser el inicio. Ya no estamos bajo la
ley (Romanos 6:14), estamos bajo el dominio de la gracia. ¿Y ahora, qué?
Dos Indicaciones para la Vida
En el versículo 12, Pablo responde con dos indicaciones que yo he llamado la ley del amor
y la ley de la libertad.
1. La Ley del Amor
Primero dice: “De acuerdo, todas las cosas están permitidas en cierto sentido, no debemos
vivir bajo restricciones legales externas; PERO NO TODAS LAS COSAS SON DE
PROVECHO." Dicho de otro modo, no hay que preguntar: “¿Qué TENGO que hacer?”,
sino “¿Qué es DE PROVECHO hacer?”
La llamo la ley del amor porque es el amor el que quiere ser de provecho para los demás.
Pablo establece la conexión entre lo bueno y el amor de forma aproximada. Nota que en 1
Corintios 10:23 se explica que ser de provecho es ser edificante para los demás: "Todo es
lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica”. Las cosas de
provecho son las que edifican a los demás en la fe.
Pero también mira como en 1 Corintios 8:1 Pablo relaciona el acto de amor con el acto de
edificar a los demás. “El conocimiento envanece, pero el AMOR EDIFICA”. Entonces, si
el amor es lo que edifica y edificar es lo que Pablo entiende como ser de provecho, en 6:12
(cuando dice: "no todas las cosas son de porvecho) hace referencia a que debemos dejar que
nuestras vidas se guíen por la ley del amor.
Seguramente en esta “ley” pensaba Pablo en Gálatas 6:2 cuando decía: “Llevad los unos las
cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Y en 1 Corintios 9:21, cuando dice: “a
los que están sin ley, como sin ley (aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de
Cristo) para ganar a los que están sin ley”. No estamos bajo la ley como mera limitación
externa. Estamos en gracia, lo que implica una limitación interna hacia el amor, es decir, a
ser de provecho y a edificar a los demás en la fe.
2. La Ley de Libertad
En segundo lugar, Pablo dice en 6:12 ”Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré
dominar por ninguna". En otras palabras, no sólo dejes que tus acciones se guíen por la Ley
del Amor, sino que también se guíen por la Ley de la Libertad. No preguntes “¿Se me
permite hacer esto como cristiano?”, sino “¿Soy esclavo de este acto? ¿Se está convirtiendo
este alimento o bebida, el sexo o este hobby o trabajo en mi maestro en lugar de en mi
sirviente?”
¿Qué es la LEY DE LIBERTAD? Es simplemente el control del Espíritu Santo desde el
interior. En Romanos 8:2, Pablo dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te
ha libertado de la ley del pecado y de la muerte”. Dicho de otro modo, la labor del Espíritu
es una LEY DE LIBERTAD. Libera del poder del pecado y de la muerte. “¡Dónde está el
Espíritu del Señor hay libertad!” (2 Corintios 3:17; ver Santiago 1:25; 2:12).
Por tanto, dos son las leyes que rigen el comportamiento y las costumbres de un cristiano:
la ley del amor (“¿Es esto de provecho, edifica?”),y la ley de la libertad (“¿Esto me
dominará, me convertirá en adicto?”).
Relación entre Ambas Leyes
Si nos preguntamos por la relación entre ambas leyes, Gálatas 5:13 ofrece una respuesta:
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como
pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. La libertad es más
fundamental que el amor. La libertad interior es el manantial; el amor es el agua que brota
como “provecho" para los demás. El trabajo interior del Espíritu Santo, que nos libera de la
esclavitud de todo excepto de Dios, es la fuente del amor.
Así que el reto más básico que se nos presenta en 1 Corintios 6:12-14 es: ¡mantén tu
libertad en Cristo! ¿Puedes decir como Pablo “no me dejaré dominar”?
Dos Motivos Bíblicos para Vivir en Libertad
Termino con dos motivos bíblicos de por qué se debe luchar para liberarse de cualquier tipo
de dominio, ya sea la comida, la bebida, la lujuria, la pereza o el trabajo. Primero, porque la
esclavitud es tan peligrosa. Y segundo, porque la libertad es tan maravillosa.
1. El Peligro de la Esclavitud
Primero, la esclavitud es realmente peligrosa. Me refiero a lo siguiente: el persistente
rechazo a decir no a una costumbre dominadora (como el apetito desenfrenado) implica el
riesgo de que tu conciencia se endurezca, de modo que ya no te sientas culpable por dicha
esclavitud. Y después otras costumbres se justificarán más fácilmente y pronto podría
suceder que todo el concepto bíblico de lucha espiritual, vigilancia, abnegación y
autocontrol desaparezca de tu vida.
“Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!” ¿Crees que estás más allá de la
posibilidad de que tu fe naufrague? ¿De dónde crees que surgen los renegados y los
apóstatas? Son gente que, poco a poco, ignora la voz de Dios en sus propias conciencias
con respecto a cosas que aparentemente no son importantes. “Alimentos son para el cuerpo,
el cuerpo para los alimentos −ambos perecerán algún día en la tumba; no importa como
coma o beba."
¿Por qué Dios nos recuerda en Hebreos 12:16-17 la tragedia de Esaú con estas palabras:
"que no haya ninguna persona . . . como Esaú, que vendió su primogenitura por una
comida. Porque sabéis que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado,
pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas"?
¿Cómo se alejaron Himeneo y Alejandro del Señor? 1 Timoteo 1:19 nos dice: "guardando
la fe y una buena conciencia, que algunos han rechazado y naufragaron en lo que toca a la
fe. Entre los cuales están Himeneo y Alejandro". ¿Cuáles crees que serán las consecuencias
espirituales de negar día tras día la voz de tu conciencia y ceder ante la esclavitud de la
comida, la bebida o la lujuria?
¿Qué quería decir Pablo cuando escribió a los filipenses: “Porque muchos andan como os
he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de
Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito” (Filipenses 3:18-19)?
¿Por qué Pablo ordenó a los corintios: "Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que
compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona
corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como
sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi
cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea
descalificado” (1 Corintios 9:25-27)?
¿Por qué para su primer −y quizás único− sermón al gobernador Felix eligió Pablo el
siguiente resumen: "justicia, el DOMINIO PROPIO y el juicio venidero" (Hechos 24:25)?
Si tu tuvieses que dar un sermón desde prisión a un gobernador, ¿sería tu segundo punto el
dominio propio?
¿Por qué dijo Jesús: “Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti;
porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado
al infierno"?
¡Dios ha dicho todas estas cosas por nuestro bien! ¡Están ahí para que podamos darnos
cuenta de que controlar el propio cuerpo no es un asunto menor! “Todas las cosas me son
lícitas, ¡PERO YO NO ME DEJARÉ DOMINAR POR NINGUNA!” Suelta las ataduras de
tu cuerpo. No has sido creado para que la gula o la lujuria te guíen con sus correas como un
perro.
2. La Maravilla de la Libertad
La segunda razón por la que debemos luchar para liberarnos de toda esclavitud es porque la
libertad es realmente maravillosa.
Cuando aquel hombre con el traje de tres piezas eligió el placer de una mano vacía
balanceándose en su costado antes que el placer de una conciencia limpia, ¡¡¡¿Acaso eligió
la ALEGRÍA?!!! “Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba”, dice el
apóstol Pablo (Romanos14:22). ¡Ceder de forma persistente a los excesivos deseos del
cuerpo en contra de la voz de la conciencia implica una vida de miseria!
Pero enfrentarse y hacer lo contrario, aprovechar la ley del Espíritu de vida interior, y sentir
que uno mismo porta el fruto de dominio propio, y doblegar al cuerpo rebelde para que se
someta, de modo que ya no sea un maestro, sino un sirviente –¡Eso sí que es la victoria y la
alegría!
Hermanos y hermanas, por ustedes se pagó un precio. Sus cuerpos importan. Son el templo
del Espíritu Santo. Glorifiquen a Dios en sus cuerpos: reciban sus regalos de placer con
gratitud, y rechacen todo exceso mediante la adicción liberadora a la majestuosidad de Él.

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