Sie sind auf Seite 1von 880

Basado en el Lexikonfür TheologieundKirche, 3~edición

Fundadopor

Michael Buchberger

Directoresdela edición

Walter Kasper Konrad Baumgartner Horst Bürkle Klaus Ganzer Karl Kertelge Wilhelm Korff PeterWalter

Walter Kasper

DICCIONARIOENCICLOPÉDICO

DEEXÉGESIS

YTEOLOGÍABÍBLICA

MarcianoVillanueva Salas

(edición, presentaciónytraducción)

TOMOII

I-Z

1

1

1

1

Herder

Diseño de cubierta: Claudia Bada

©2011, HerderEditorial, S.L., Barcelona

ISBN de la obra completa: 978-84-254-2556-l

ISBN deltomo JI: 978-84-254-2726-8

La reproducción total o parcial de esta obra sin el consentimiento expreso de los titulares del copyright está prohibida al amparo de la legislación vigente.

Imprenta: Líberdúplex

Depósito legal: B-16.908-2011 Printed in Spain, Impreso en España

Herder

www.herdereditorial.com

793

IDOLATRÍA

l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA-

MENTO.

l. ANTIGUO TESTAMENTO

Con el concepto de idolatría (no testificado en laBibliahebrea como término sintetizador y abstracto) se señala de ordinario la adoración de otros dioses, junto a o en lugar del Dios único. Su designación (des- pectiva) como ídolos pone en cla- ro que deben ser despojados de su dignidad divina. De acuerdo con ello, se encuentra en la Biblia una pluralidad de denominaciones sar- cásticas (D'7'7\$ ["'IT/Tm] -nada-, por ejemplo Sal 96,5; Is 2,8.18.20; t:l':¡l~i/ [ª$abbTm]-cachivache-, por ejemplo 2 Sam 5,21; Os 4,17; 14,9; t:J'71':;,i [gillü/Tm] -pedrusco, montón de ex- crementos-, por ejemplo 2 Re 17,12; Ez6,4ss.; t:l':,i1ji'i;l fsiqqü$TmJ-espanta- jo- por ejemplo 2 Re 23,24; Jr 4,1; 7,30, etcétera), que, unidos alosver- bos corrientes para expresar la ve- neración cúltica («servir», «postrar- se», «seguir las huellas»), aluden ala adoración tributada a un falso dios. El frecuente uso del plural en estas denominaciones es patente indicio delaantítesis concomitante entre el Dios UnoYHWH ylos «muchos», a los que unasveces semencionacomo «los otros» (primer mandamiento:

Éx 20,3/Dt 5,7) yotras se les llama, con fórmulas explícitas, «los [dioses] extraños» (p. ej., Jos 24,20.23). En

Idolatría

estos pasajes, a menudo no se esta- blecen distinciones entrelos «ídolos» mencionados y su imagen, mientras que al Dios verdadero se le adora, por el contrario, sin imágenes. La investigación del pasado ex- plicaba el problema de la idolatría en general como una caída de Israel antelos dioses del país de /' Canaán o por la influencia del panteón de las correspondientes grandes poten- cias (especialmenteAsiria) y se con- sideraba que la norma del primer mandamiento le había sido prescri- ta a Israel ya desde los comienzos. Hoy día se discute hasta qué punto la crítica bíblica a la idolatría no es una retroproyección de la historia de Israel a épocas anteriores, cuan- do la idolatríano constituíatodavía ningún problema (l' monoteísmo). Por otro lado, la evolución hacia el monoteísmo parece postular situa- ciones o presupuestos que actua- rían eficazmente como tendencias monolátrico-monoteístas (¿antiguas tradiciones sobre el éxodo, Elías, Oseas?). Para la época preexílica puede partirse de la existencia de varios lugares cúlticos compitien- do entre sí, con sus propias y diver- gentes tradiciones sobre epifanías de Yahveh (no a priori y por doquier carentes de imágenes ni rnonolátri- cas), Es preciso distinguir entre el culto de estos centros y las formas de expresión de la piedad popular, en las que pudo haberdesempeñado un importante papel el culto a una diosa (Jr 44) (l' Astarté), Aunque debecontarse con unatradición an-

Idolatría

tigua del culto aYahveh sin imáge- nes, y también eventualmente con tendencias monolátricas tempranas de la veneración de YHWH, pare- ce ser, con todo, que estos presu- puestos o tendencias sólo llegaron a conceptuarse como características distintivas de la fe en YHWH en una época en la que Israel pugna- bapor conseguir una consolidación interna, con ayuda, no en último término, de delimitaciones frente al exterior. Y todo esto acontece en la última etapa preexílica, duran- te el exilio y, sobre todo, en la fase postexílica. El topos de las «muje- res extranjeras» que inducen a la idolatría (cf. 1 Re 11; Nm 25,lss.), así como lapolémica bíblica contra la idolatría descrita como «prosti- tución» (;-¡J¡ [znhJ) ante sus dio- ses (Éx 34,15s.) o «alejamiento de YHWH» (Os 1,3; 4,12; 9,1; cf. en general Os 1-3; Jr 2-3; Ez 16; 23), señala la tendencia (actualizadapor la investigación) a sobreacentuar, mediante el adecuado lenguaje me- tafórico, la participación femenina como la auténtica problemática. Al fondo se encuentra la significación de lafamilia (y, por tanto, de lamu- jer), sobre la que, desde la llamada reforma deuteronomista, pero más acentuadamente en la época pos- texílica, recae, en cuanto portadora delafe enYHWH, unafunción de creciente importancia para la iden- tidad de Israel. • Bibliografía: H. D. PREUSS, Ver- spottungfremderReligionen imAT (BWANT 92), St y otros, 1971;

794

H. AssMANN (dir.), Die Gotzen der

Unterdrückung und der befreiende Gott, Ms 1984; M.-TH. WACKER y E. ZENGER (dirs.), Der eine Gott unddie Gottin (QD 135), Fr 1991; W.ÜIETRICHyM.A.KLOPFENSTEIN

(dir.), Ein Gott alleini, Fri 1994; NBL 1, págs. 895s. (B. LANG); NHTHG 2 4, págs. 266-272 (M.-TH. WACKER); TRE 23, págs. 237-248 (W. H. ScHMIDT); B. ]ANOWSKI y

N. LoHFINK (dirs.), Religions-Ge-

schichteIsraelsoder TheologiedesAT? (JBTH 10), Nk 1995. Marie-Tberes Wacker

2. NUEVO TESTAMENTO

FueradelNuevo Testamentoyde la literatura paleocristiana, el término griegoparaidolatría, Ei8mAOAatpía, es muypoco frecuente en los escritos del judaísmo temprano y no figura en los LXX. Se tratade un concepto polémico delapredicación misional del cristianismo primitivo sobre el terreno histórico-religioso delos dos primeros mandamientos del decálo-. go, es decir, que se da por supuesto el ?' monoteísmo configurado por eljudaísmo tempranoy el cristianis- mo y dirigido contra el ? politeís- mo. E\'.omAov significapropiamente imagen, copia; Ei8mAoAm:pía sería, por consiguiente, veneración o ado- ración de las imágenes. La imagen de los dioses pagana que represen- ta la divinidad no representaría, por consiguiente, desde el punto de vista del monoteísmo, otra cosa sino a sí mismo, es simplemente un ídolo, una copia. En Rom 1,18-32

795

la idolatría es impiedad, injusticia, mentira y la raíz de todo mal. La idolatría es la negativa a reconocer aDios y resulta, por consiguiente, inéxcusable. En los catálogosdevi- cios (1 Cor5,lOs.; 6,9s.; Gál5,19ss.; Col3,5; 1 Pe4,3;Ap21,8; 22,15) se ataca la idolatríay se la sitúa en el mismonivelquelalujuria, lasbajas pasiones, lasrivalidades, laenvidia, laebriedad, lagula,loscelos,lama- giaycosasparecidas. Pablotienela . mismavisión que el judaísmo: los dioses no existen (1 Cor 8,4; 10,19; Gál 4,8), son hechuras humanas (Rom 1,23). De ahí que, aunque el judaísmoprohíbecomer, comoim- pura, la carne cultualmente ofreci- daalos dioses, Pabloestima, por el contrario, que, dado que los ídolos sonnada,lacarneofrecidaaellosno es ningún tipo de idolatríay está, por tanto, enprincipio, permitida. Pero para no escandalizar alos dé- biles en lafeyen laconciencia, que

consideranidolatríacomerestacar-

ne,losfuertesdebenrenunciaraella (1 Cor 8,1-13; 10,23-11,1). Porotra

parte, el apóstol rechaza estricta- mente laparticipación en los ban- quetes cúlticos idolátricos, porque tras los ídolos están los demonios,

conlosqueelcristianonotienenin-

gún contacto (1 Cor 10,14-22).

• Bibliografía:EWNT l, págs. 936- 941 (H. HüBNER); D. BARTHÉLÉ-

MY, Dieuetsonimage, P 1973,págs. 109_-134; CH. HEIL,DieAblehnung derSpeisegebotedurchPaulus(BBB 96), F 1994.

TbomasKaut

IDUMEA

/' Edom.

Iglesia

IGLESIA

l. LA IGLESIA EN EL ESPEJO DE sus TESTI- MONIOS BÍBLICOS. 2. FUNDAMENTACIÓN DE LA IGLESIA. 3. FORMAS Y ESTRUCTU- RAS DE LA IGLESIA EN DEVENIR. 4. NUEVAS VÍAS PARA LA COMPRENSIÓN DE LA IGLESIA.

l. LA IGLESIA EN EL ESPEJO DE SUS TESTIMONIOS BÍBLICOS

Losescritosneotestamentariosnoha-

blan delos orígenes históricos dela Iglesiaydesureclamaciónteológica desde unadistanciahistórico-críti- casino queladescriben tal como se vace-realizando y adquiriendo cre-

cientes perfiles propios, a partir del fundamento puesto por Jesús me- diante suproclamación del /' reino

deDiosydelallamadadelosdiscí-

pulos. Aunque de este modo se si- túael peso principal del testimonio neotestamentario sobre el origen de laIglesiaenlaobradelavidadeJesús y en el camino que esta Iglesia co- menzó arecorrerdespués dePascua bajolaacción eficazdel Espíritudel Resucitado, noporesopuededejarse delado, para su correcta compren- sión, lapreguntaacerca de lospre- supuestos y los antecedentesjudíos en elAntiguoTestamento, asícomo loconcernientealoscondicionantes sociohistóricosdesudevenir.

2. FUNDAMENTACIÓN DE LAIGLESIA

El término «iglesia» (EKK11:r¡cria) cuentaen elNuevoTestamento con

Iglesia

un total de 114 pasajes (como com- paración, [)acnAeía 1:ou 0eou o 1:&v oupav&v aparece96veces), lo quele convierte en unade las palabras más frecuentes, cargada, además, defuer- tes connotaciones teológicas. La sig- nificación de ÉKKA:r¡cría no serefiere sólo ala «Iglesiatotal»sino también a la /' comunidad, es decir, alaIglesia en un lugar concreto, por ejemplo 1 Cor 1,2: 1:'f\ ÉKKAr¡cría 1:ou 0eou 't'TIoucrn ÉVKopív0C\)) yalgunasveces también ala /' comunidaddoméstica (así Flm 2). Para la introducción de este término como designación·de la comunidaddelosquecreen en Cristo deberecordarseenprimerlugar eluso lingüístico del Antiguo Testamento, ymás en concreto el de los LXX. Al sintagma ÉKKA.r¡cría 1:ou 0eou, fre- cuenteen elNuevoTestamento,leco- rrespondeen elAntiguo el de «asam- blea del pueblo deYahveh» (;ii;-¡, ?;J~ [q•hal JHWHJ). La palabra neotesta- mentaría «Iglesia» o respectivamente «comunidad de Dios» asume el con- ceptoveterotestamentario de /' pue- blo de Dios como asamblea popular convocadaporYahvehyreunidaante él y lo prolonga (cf Heb 2,12 con la cita de Sal 22,23 LXX). Con todo, en el Nuevo Testamento la ÉKKA- r¡cría convocada por Dios y congre- gadaen supresencianoaparececomo simple prolongación hístoricosalvífi- ca del pueblo de Dios del Antiguo Testamento (cf. Rom 9,25s.), sino como nueva fundación escatológi- ca de Dios en virtud de la actuación salvífica de Cristo «por nosotros» (Rom 8,34).

796

La Iglesia surge a partir del movi- miento misionaldelcristianismopri- mitivo y más en concreto de la pro- clamación del evangelio, primero a losjudíosydespuésalosgentiles,yde

la «obediencia de fe» (Rom 1,5) a la

llamada de Dios que brota del evan-

gelio. La Iglesia es el pueblo de Dios escatológico, convocado de entre to- dos lospueblos, que, hasta laparusía de Cristo, intenta dar respuesta a la reclamacióndeDiossobresu creación

y conferirlevalidez en el mundo. A la fundamentación teológica le correspondeasíunafundamentación cristológica, en cuanto que laacción divinafundamentadoraacontece en Jesucristo, y más en concreto en su muerte y resurrección. Con esta ac- ción fundamentadora divina deben coordinarse los primeros plantea- mientos que pueden percibirseyaen las accionesterrenasdeJesús. Llama a los discípulos a su seguimiento y elige de entre ellos a /' Doce «para que estuvieran con él y para enviar- los a predicar» (Me 3,14). Este nú- mero de doce permite descubrir que su misión estabadestinadaalas doce tribus del pueblo de Israel. La co- munidad de discípulos agrupadaen torno aJesús se convierte en el mo- delo anticipado del pueblo de Dios escatológico que, después de Pascua, se realiza, de acuerdo con el cometi- do y la promesa del Resucitado (Mt 28,18ss.; Le24,46-49; Hch 1,8) bajo la forma universal de ÉKKA.r¡cría de judíos y gentiles. A partir de esta génesis de laIgle- sia, que debe ser entendida en tér-

797

minos plenamente históricos, se comprende también la «sentencia fundacional»deJesúsdeMt 16,17ss. Aunque no puede ignorarse lapre- tensióndel evangelistadepresentar una exposición acorde con los he- chos reales, debe también tenerse muypresente su intención literaria configuradora. Sóloaquí, en elv. 18 yenelpasajevecinode 18,17 (ahora en el sentido de «comunidad» refe- ridaalacomunidadlocalconcreta), 'se encuentra, en el conjunto de los evangelios,lapalabra EKKAT]CTÍa con lasignificaciónde«Iglesiatotal». La investigación exegéticaha aludido, conrazón, alapeculiaridadliteraria

del logion, sólo transmitido en toda suintegridadporMt (vs. 17-19), no porMeniporLe (asíespecialmente Vogtle), y aún más alatensión en- trelaideadeIglesia, que «noesuna característica deJesús»y la procla- mación, tan propia de él, del reino deDios. Perounainterpretacióncrí- ticahistóricapuede admitir que la proclamación del reino de Dios de Jesús siguió siendo para sus discí- pulos, también después de Pascua, elhorizonteglobal decomprensión en el que surgelaIglesiacomo por- tadoradeaquellaproclamación. La sentenciadeJesúsacercadela «edi- ficación demi Iglesia» sólo alcanza susingular significado envirtudde su referencia a Pedro. Esta afirma-

ción-consuclaraafinidadintencio-

nalconlasentenciadelamisiónque el Resucitado encomiendaaSimón PedroenJn21,15ss.- esunamirada anticipada sobre la Iglesia postpas-

Iglesia

cualen laquePedro seha converti-

doengarantedela«tradiciónapos-

tólica» en virtud de la llamada de Jesús. Paraestolecapacitan, aélya «losOnce», laspalabrasalentadoras deJesústalcomoseconsignanalfin del evangelio («Estoycon vosotros todos los díashastael fin del mun- do», Mt28,20b), asícomolaprome- saalaIglesiadeque «laspuertasdel Hades no prevalecerán contra ella»

(Mt 16,18d).

3. FORMA Y ESTRUCTURAS DE LA IGLESIA EN DEVENIR

a) El devenir de la Iglesia se sitúa desdeel principio bajo la acción del Espíritu Santo. Asílo ve sobre todo LucasenlosHechos- encorrespon- denciaconlaactuacióndeJesúspor lafuerzadelEspíritu (cf.Le4,18.21). EnelacontecimientodePentecostés (Hch2) consiguelacomunidadreu- nidadelos discípulosorientación e impulso para su misión a los pue- blos. Es el Espíritu Santo quien di- rige los pasos y los caminos de los misioneros que anuncian el evan- gelio y quien conduce a la Iglesia anumerosos oyentes de la palabra. Pablo contempla desde otra pers- pectiva, aún más originaria, el don del Espíritu otorgado a los creyen- tes como elemento constitutivo del serdelaIglesia.Así, demodo espe- cialen 1 Cor 12: enelbautismoyla fe son incorporados, por medio del único Espíritu, como miembros en un solocuerpo, el /' cuerpo de Cristo (12,27). LaconcepcióndelaIglesia insertaen lametáforadelcuerpode

"-

Iglesia

Cristo es más tarde expresada, en Col yEf, con ayuda.de esta misma metáfora, enun concepto: laIglesia esel «cuerpo de Cristo» (Col 1,24; Efl,22s.), «edificado» envirtud de los «dones» del Resucitado yde los serviciosprestadospor cadaunode sus miembros (Ef4,7-16). b)ConelconceptodelaIglesiacomo cuerpo de Cristo se pone bajo clara luz no sólo su carácter de comuni- dad sino también, y sobre todo, su vinculación -de fundamental im- portancia- aCristo.Atravésdeesta vinculaciónrecibetambiénlaIglesia su acuñación específicade «ser-pue- blo-de-Dios». LaIglesianoes l'pue- blodeDiossimplemente a causa de unacontinuidadininterrumpidacon Israel. También aquí aflora la re- lación, henchida de tensión, de la primera Iglesia entre los judíos de Jerusalény los centros delamisión paulina. Sólo en contadas ocasiones se aplicó inmediatamentea los cris- tianos, enlaépocainicial,elconcep- todepueblodeDios,porejemploen

Rom 9,25 (asumiendo aOs 2,25) y 1 Pe2,9s. (cf. Éx 19,5s.),ysiempreen contextoscristológicos.Loscristianos son«pueblodeDios»encuanto «san- tificadosenCristo»y«llamadosaser santos»(1Cor 1,2yotros),como«ele- gidosdeDios»acausade«laentrega de su Hijo» (Rom 8,32s.). Estas de- nominaciones, emparentadas con la

teologíaveterotestamentariadelpue-

blodeDios, reflexionan, cadaunaa supropiamanera, sobre latemática delnuevocomienzodelahistoriadel pueblodeDiosenelacontecimiento

798

Cristo, en el que asimismo hafun- damentado Dios la «nuevaalianza» (1 Cor 11,25; Le 22,20), también aquí convalenciaeclesiológica. e)Laformainterna, espiritual, dela Iglesia no queda reducida al espa- cio interior sino que se exterioriza en los contextos de su entorno so- cial y frente a él. Forman parte de este entorno judíos y gentiles, que no son elementos extrínsecos a la Iglesia. Bienalcontrario, estaIglesia seconvierteen.comunidadformada precisamenteporjudíosygentilesy ha reconciliado en sí ambas partes, apartir-según Ef2,13- delaobra dereconciliación deCristo. El problema de la aceptación de

losgentilesnoenvirtuddelacircun-

cisión yde la ley, sino en virtud de lafeenJesucristo, ylaconsiguiente convivencia de judíos y gentiles en unasolaIglesia,fueeltemaentorno al cual giró el llamado l' Concilio de los apóstoles, h. el 48 d.C. (cf. Hch 15,1-29; Gál 2,1-10). Las decisiones allí adoptadas se mantu- vieron envigor en el curso ulterior de la evolución de la Iglesia. Pero

ya los caps. 9-11 de Rom permiten advertir claramentequedebíadarse por descontada la oposición de un IsraelquenoreconocíaaJesúscomo Mesías, si bien la intención básica

de este pasaje no es acentuar la ex- clusióndeIsrael, sinojustamentesu

salvaciónfinalporlainsondablemi-

sericordiadeDios. La Iglesia se muestra hacia el ex-

terior también, yno en último tér-

mino,atravésdelasestructurasmi-

799

Iglesia

nisteriales cada vez más perfiladas (ordenamiento eclesial, cargos ymi- nisterios eclesiásticos), que no están únicamente al servicio de su organi- zación ydirección, sino que también fueron exigidos e impulsados porlos crecientes enfrentamientos con las herejías en el interior y las persecu- ciones en el exterior.

4.NUEVAS VÍAS METAFÓRICAS PARA LA COMPRENSIÓN DE LA IGLESIA .

Además delos conceptos figurativos de «cuerpo de Cristo» y «pueblo de Dios», existen otras metáforas, di- recta o indirectamente aplicadas ala Iglesia, que expresan aspectos carac- terísticos o incluso elementosparcia- les esenciales delarealidadteológica de la Iglesia. Figura aquí de manera destacada, como abundante gene- radora de motivaciones, lametáfora básicadela «construcción» o el «edi- ficio». La utilización eclesiológicade estaimagen en 1 Cor 3,9-15.16s. es, desde la óptica de la historia de la tradición, anterior incluso a la sen- tenciadeMt 16,18: (« edificaré mi Iglesia»). En 1 Cor 3,9 Pabloyuxta- pone dos imágenes: «Sois labranza de Dios, edificio de Dios». Mientras que la primera, tomada de las labo- res agrícolas, remite al compromiso apostólico de los «colaboradores de Dios» (1 Cor 3,5-9a), la segunda en- cuentra en los versículos siguientes otra aplicación, con fuerte insisten- cia en la idea del «fundamento» so- bre el que seconstruyey en lasolidez del edificio alzado por los construc- tores (los apóstoles). Con lametáfo-

ra de cierre de «templo deDios» que «sois vosotros» (1 Cor 3,16ss.) re- cuerda Pablo a la comunidad aque- lla dignidad (esantidad»), otorgada por el Espíritu, que deben tenerpre- sente y deben mantener con espíri- tu de corresponsabilidad (cf. tam- bién 6,19, aquí referido al cuerpo propio ypersonal de cada creyente:

2 Cor 6,11). La tradición paulina de la Iglesia como «edificio» repercute en otros

escritos neotestamentarios (tardíos). Así, en 1 Pe 2,5, en un contexto parenético: «Servid también voso- tros de piedras vivas para edificar

Cf. asimis- en su cali-

dad de Hijo, estáal frente de supro- pia casa: casa que somos nosotros». Como testimonio de una compren- sión de la Iglesia declaradamente «católica» en el Nuevo Testamento, en 1 Tim 3,15 seencuentraladeno- minación de la Iglesia como «casa de Dios (cbcoc0wú) expresamente identificada con la «Iglesia de Dios viva», «columnay soporte de la ver- dad». Si, de acuerdo con las cartas pastorales, la «casa de Dios» nece- si.t,a instituciones y ordenamientos que garanticen su funcionamiento, a quien sirve, en definitiva, es a «la verdad» (a saber; a la «palabra de Dios», 2 Tim 2,9.15). Para la concepción joanea de la Iglesia resultan singularmente ins- tructivos los discursos metafóricos delpastory lagrey (Jn 10) y la viña y los sarmientos (15). Ambos ponen bajo clara luz la vinculación, apor-

una casa espiritual mo Heb 3,6: «Cristo

».

Iliria

tadoradeconsistencia, delaIglesia a Cristo. Así, en términos expresos, la sentencia aclaratoria: «Sin mí, nada podéishacer» (15,5). EnJn 15,12-17 añade el evangelista, mediante el tema de la amistad, de inspiración helenista, su propio acento eclesio- lógico, en estrecha conexión con el mandamiento del amor al próji- mo: la Iglesia comci «comunidad de amistad» (Klauck). Del ámbito de la familia conyu- gal, cercana, en cuanto a la motiva- ción, a la metáfora de la casa, puede mencionarse, en fin, la característi-

ca de la Iglesia como esposa de Cristo (Ap 19,7.9; 22,17; cf. Ef 5,25-27; en Ap 21,2.9 aparece la Iglesia como consumación de la imagen de la /'Jerusalén celeste)ycomofamiliade Dios(cf. Me3,33ss. par.).Aquíseins- cribetambién eldiscurso, queaparece en varios escritos neotestamentarios (p. ej., Rom 8,16; Jn 1,12; 1 Jn 3,ls.) acerca de los hijosdeDios. • Bibliografía: R. ScHNACKENBURG, DieKirche im NT, Fr 2 1963; Mys- terium Salutis 4/1, págs. 101-122

(H. ScHLIER; trad. española Ma

1969ss.); K. KERTELGE, Gemeinde undAmtinNT, M 1972;J. füANK, Vom Urchristentum zur Kirche, M 1982; J. GuILLET, Entre jésus et l'Église, P 1985; M. MERKLEIN,jesus

undPaulus,Tu 1987,págs. 296-318; HFTH 3, págs. 49-96 (G. LoHFIN); TRE 18, págs, 211-216 (K. BER- GER); NHTHG 3, págs. 104-119

(H. FRANKEMOLLE); NBL 2, págs.

481-486 (J. HAINZ); H.-J. KLAUCK, GemeindezwischenHausundStadt,

800

Fr 1992, págs, 95-123; J. RoLOFF, Die Kirche im NT, Go 1993; CH.

G. MüLLER, GottesPjlanzung- Got-

tes Bau - Gottes Tempel, F 1995;

R. MMPLINGyTH. SomNG (dirs.),

EkklesiologiedesNT FSKKertelge, Fr 1996; P. BARNETT, A/ter]esu, vol. 1: The Birth of Christiani- ty: The First Twenty Years, GR-C 2005; S. SAVARIMUTHU, A Com- munity in Search of its Identity: Mt 21:28-22,14in aSubalternPerspec- tive, Delhi 2007; J. CAZEAUX, Les Actes des Apótres: L'Église entre le martyre d'Étienne et la mission de

Paul, LD 224, P 2008. KarlKertelge

ILIRIA

Concepto bajo elquese engloban di- versas tribusde origen indogermano que se fueron asentando a lo largo de las costas del Adriático oriental y en la mayor parte de la región oc- cidental delos Balcanes. Laprimera presenciadeestas tribus (la protoili- ria) se remonta al Bronce Antiguo (afinalesdelIII milenio a.C.), mien- tras que las tribus ilirias en senti- do estricto pudieron formarse a fi- nales del Bronce. Lo más tarde en el s. V a.C. se fundó un reino ilirio que, derrotado en la guerra roma- no-macedónica, desapareció el año 167 a.C. En el transcurso del s. r cristiano quedaron definitivamente sometidos a los romanos, aunque la romanización de su culturaprogresó con muchas dificultades.

801

Imagen

Aparte la actividad mrsionera del apóstol Pablo (cf. Rom 15,19; 2 Tim 4,10), no existen para esta

queológicosdelosiniciosdelcristia-

nismo.Lospuntosdeapoyoarqueo-

lógicosmásantiguosseremontanal s. 111 d.C. • Bibliografía:J.ZEILLER,Lesorigines chrétiennesdanslaprovinceromaine deDalmatie, P 1906;A. STIPCEVIC, Illiri, Zagreb 1989; J.J. WILKES, TheIllyrians, O 1992. BrankoKirigin

IMAGEN

l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA-

MENTO.

l.ANTIGUO TESTAMENTO

Yalasimpledocumentaciónlingüís-

ticadel hebreo bíblico (conmás de

10 términos distintos para el con-

das. Para comprender en susjustos

términoselalcancedeestaprohibi-

ción, quesesitúaenelcentromismo de la temática veterotestamentaria

región indicaciones o vestigios ar-

de las imágenes, debe tenerse espe- cialmente en cuenta que los dife- rentesvocabloshebreos sevinculan

semánticamentealosdiferentesmo-

dosdelafabricacióndelasimágenes oasufunción (o su esencia)ynun- ca se las entiende como metáforas, recuerdos, representaciones o cosas parecidas. Tanto las múltiples alu- sionesdelAntiguoTestamentoalas

obras de arte (p. ej., Éx 25ss.35ss.; 1 Re 6 y otros) como los hallazgos aportados por la arqueología pa- lestina en este campojustifican la pregunta acerca de la significación exacta de estas prohibiciones o de lasrelaciones conlasimágenes. Las cambiantesformulacionesenpasajes centralesdelAntiguoTestamento-a menudo vinculadas con laprohibi- cióndelcultoadiosesextrañosenla cabeceradetextoslegislativos (p. ej., Éx 20,4 par. Dt 5,8; Éx 20,23; 34,17; Lv 19,4; 26,l; Dt 27,15)- in- sinúan una dilatadahistoria en la

evolucióndeestaprohibiciónenco-

ne~iónydependenciacon el origen del /' monoteísmo. Estaprohibición nuncafue entendidacomorechazo de obras o representaciones artísti-

cas, sino que tuvo siempre el senti- do práctico delapromoción (teóri- ca) de laveneración única del Dios YHWH.Asíloconfirmatambiénla

utilizaciónpeculiardeelementosvi-

sualesenlaprofecíaveterotestamen-

israelitalasimágenesestánprohibí- taria (cf. por ejemploJr 6 con Is40

ellas (p. ej., enlapolémicasobrelas imágenes). Atodo ello viene aaña- dirse el fenómeno, singular en el Oriente antiguo, de que en el culto

riossetratadeenfrentamientoscon

ríadelosejemplosveterotestarnenta-

pues estas últimasvisualizan en las imágenes concepciones religiosas o teológicas, mientrasqueenlamayo-

concepción de Israelyladelas res- tantesculturasdelOrienteantiguo,

recen indican la diferencia entre la

contextosenqueestosvocablosapa-

tosugranimportanciaenelAntiguo Testamento. De todas formas, los

ceptodeimagen)ponedemanifies-

Imagen

y las visiones de Ezequiel). Lamás antigua formulación de la prohibi- ción deimágenesseencuentraenel texto fundamental del .l' decálogo (Dt 5,8): «Noteharásningunaima- gen esculpida». En ella se expresa, además, unapieza central de la re- flexiónteológicaacercadel colapso del reino del Norte amediados del s.VII a.C.: enelrelatodelateofanía del Sinaí se calificapor vez prime- racomo pecado, através del relato delbecerro deoro, laveneración de

imágenes (Éx32). Esmuyprobable que esta crítica esté dirigidaal cul- to del toro-sobre todo en Betel- y alaambivalencia, inconciliablecon la monolatría intolerante de aque- llaépoca, inherenteatodoatipode imágenesysímbolosenelculto. En una etapaposterior, laprohibición

deimágenesseindependizóyseam-

plió parcialmente hasta incluir to- daslasrepresentacionesenelámbito cúltico, tal comoponeantelos ojos la más amplia parénesis sobre esta materia del Antiguo Testamento, la de Dt 4. Como intención posi- tivade laprohibición de imágenes puede señalarse la preservación de la indisponibilidad del Dios que se revela, ya que esta independen- cia es inconciliable con la concre- ción estáticavinculada a todas las imágenes. El Antiguo Testamento sale al encuentro de la ausencia de una individualidad de Dios accesi- ble a la comprensión humana me- diante la revelación de su nombre (/' nombres de Dios), en conexión conlaprotecciónfrentealpeligrode

802

su abuso (Dt 5,11) mediante prác- ticas mágicas equiparables al culto delasimágenes. Laépocaposterior delAntiguoTestamentodevuelvea lainmanencia, mediantelallamada .l' imagen y semejanza de Dios, la trascendenciadeDiosderivadadela prohibicióndeimágenes. Sepercibe otrotipodeenfrentamientocon las imágenesenlaspolémicascontralas imágenes de los dioses (sobre.todo en el Deuteroisaías). Este rechazo, basado en la burla racionalmente fundamentada(sobretodoenvirtud de sus alusiones al carácter inerte, muerto, sinvida, deestas imágenes y alamateria de que están hechas) noesexclusivodeIsrael,peroesaquí donde adquiere una forma propia gracias a su posterior vinculación con tradiciones sobreprohibiciones deimágenes. • Bibliografía: C. DoHMEN, DasBil- derverbot, F 2 1987 (bibliografía); S. ScHROER, InIsraelgab esBilder, Go 1987 (bibliografía); O. KEEL y C. UEHLINGER, Gdtinnnen, Gotter undGottessymbole, Fr 1992 (biblio- grafía).

2. NUEVO TESTAMENTO

También en el Nuevo Testamento aparecelaproblemáticadelas imá- genes, aunque con un espacio mu- chomásreducidoqueenelAntiguo Testamento (donde ocupa unapo- sición central), lo que es indicio de la relación hermenéutica existen- te entre ambos Testamentos. El Nuevo Testamento tiene siempre, en efecto, al Antiguo Testamento

803

como presupuesto de validez per- manente y confirma o repite, por tanto, las formulaciones veterotes- tamentarias. Yasí, aunque no secita la problemática de las imágenes del Antiguo Testamento, todo elNuevo Testamento ladapor supuesta. Dos ámbitos delimitan el campo de pro- blemas neotestamentario acerca de la prohibición de imágenes. El en- frentamiento neotestamentario con la idolatría bajo todas sus formas se desarrolla a partir inmediatamente del contexto veterotestamentario de la prohibición de imágenes y de la polémica sobre las imágenes de los dioses. En el terreno de la termino- logía se utiliza además el concepto ded8úlAOV (y sus derivados) que los LXXhabían empleadoyaparadesig- nar alas imágenes inertesycarentes de vida de los dioses. Empalmando con los LXX, se recurre también, como término técnico para el cul- to a las imágenes, al vocablo dxrov sobre todo cuando se hace necesa- rio distinguir entre una divinidad y su representación en el contexto de las imágenes de dioses. A partir de aquí, el campo semántico no selimi- ta sólo alaprohibición de imágenes sino queabarcaprácticamente todas lasaccionesyactitudes, de connota- ción negativa, en la fe y en el culto. Sevinculatambién ala ideavetero- testamentaria de la /' imagen y se- mejanza de Dios un segundo espa- cio en la temática neotestamentaria sobre lasimágenes que encuentrasu expresión terminológica en eltérmi- no stxrov, La posible combinación

Imageny semejanzadeDios

-a través del concepto- entre datos veterotestamentarios y el universo griego de las ideas (sobre todo en la relación modelo-copia), cristaliza en las numerosasymultiformesutiliza- ciones en laliteratura epistolarneo- testamentaria. Se formulan de esta manera numerosos aspectos cristo- lógicos, antropológicos, eclesioló- gicos y escatológicos de la relación Cristo-Iglesia/creyente-Dios. El en- frentamiento, ya iniciado en la pri- mera etapa cristiana, sobre la ima- gen de Cristo se concentra, sobre el trasfondo de la prohibición de imá- genesveterotestamentaria, en lacon- cepción neotestamentariade Cristo como la imagen visible del Dios in- visible (Col 1,15; 2 Cor 4,4). • Bibliografía: EWNT 1, págs. 936- 941 (H. HüBNER); págs. 942-949 (bibliografía) (H. KuHLI); H.-J.

Klauck, Herrenmahlundhellenist.

Kult, Ms 1982.

ChristophDohmen

IMAGEN YSEMEJANZA DE DIOS

l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA- MENTO.

1:ANTIGUO TESTAMENTO

a)Problemasfilológicos. El enunciado

cumbre delaantropologíaveterotes- tamentaria, según el cual el hombre ha sido creado a imagen y como se- mejanza de Dios (no de YHWH), no aparece hasta después del exi- lio, y en el Antiguo Testamento he- breo sólo en el Escrito sacerdotal (P: Gn 1,26.27; 5,1; 9,6). Dios ini-

Imageny semejanzadeDios

cialaúltimaobradelacreación, for- malyestructuralmentedestacada, a saber, elgénerohumano, trasplural deliberación, en cuyo origen sedeja traslucir un consejo en la asamblea de los dioses. El pasaje central de Gn 1,26utilizadossustantivosydos proposiciones 1J?¿7p [b =stm =nw] y 1Jt)mp [k= dmwt= nw]. Laformula- ciónguíaeslaprimera (b=stm=nw, cf. 1,27; 9,6). slm significa«estatua»; b=nodebeentendersecomo betnor- mae(a, osegúnnuestraimagen;asíya Gn 1,26.27LXX: Kmá),sinocomo betessentiae(Jenni): creado [pataser] imagen de Dios. Lafinalidad de la aposición explicativa k =dmwt=nw es discutida. Semánticamente, y como consecuencia del cambio de la preposición en Gn 5,1 (cf. 5,3), b =y k= son aquí de hecho inter- cambiables. Dado que el hebreo no puede expresar una gradación de la igualdad (igual, o respectivamente casi semejanteo más o menos igual oparecido) (Jenni), k= dmwt= nw no designa ni una debilitación ni una acentuación de la afirmación de la igualdad con Dios. Es discutible quelaexplicacióndeJenni, segúnla cual en k =dmwt, como preposición compuesta, dmwt no añade ningún matiz quevayamás allá de k=, sea suficiente para Gn 1,26 (semejan- te a nosotros), porque en 5,1 dmwt tiene otro tipo de preposición: b. En la inscripción aramea de tell Fekheriye, del s. IX a.C., los térmi- nos slm y dmwt no designan, en un contextodiferente, aspectoscomple- mentarios (Dohmen), sinoquefun-

804

cionan como sinónimos (Gross). Y esto mismo es también probableen elcasodelhebreodeGn 1,26. Enla PatrísticayenlaEdadMediafueron copiosas las especulaciones basadas en las diferentes significaciones de Elxrov/óµoímoic;, imagolsimilitudo. b) Significación. Gn 1,26explicitala imagenysemejanza, medianteuna frasefinal, como dominio sobrelos animales. ;717 [rdh] no implica un ejercicio ilimitado del poder, sino responsabilidad activa del hombre soberano como administrador de Dios, envirtud de labendición di- vina, paralatotalidad del universo creado (Janowski). Esta soberanía, inicialmente proyectada como in-

cruenta (1,29: alimentaciónvegeta- riana), incluye, después deldiluvio,

el sacrificio de animales, de modo

que el dominio se convierte en te- rror (Gn 9,2.3). Pero quedan ex- cluidos los homicidios, porque los hombressonimagenysemejanzade Dios (9,5.6). Asípues, P (elEscrito sacerdotal) da unadefinición fun- cional de esta imagen y semejanza

(Barr). No han conseguido conso- lidarse las tentativas de los últimos cien años (Jónsson) por llenar de significación ontológica la relación singularmenteestrechaatenordela

afirmacióndelaimagenysemejan-

zacon Dios (Albertz) (cf. yalaexé-

gesis del judaísmo temprano yra-

bínico) (Schreiner), porque no son las adecuadas para las característi- cas propias de Gn l. Ciertamente

P ha coordinado entre sí, de acuer- do con la concepción de los tem-

805

Imageny semejanzadeDios

plosdelOrienteantiguo, lacreación del mundo y la construcción de la Tiendasanta(Zenger), peronopue- dedemostrarsela existenciade una referenciatambién alaimagenyse- mejanza, sobre todo porque P sólo habladeellaenGn 1y9, enel con- texto delahumanidadglobal.

e) Paralelos en la historia de las reli-

giones, cuyatransmisiónenlahisto-

riadelatradición permanece oscu- ra, confirman la interpretación·de la imagenysemejanzacon Dios en

elsentidodelatareadedominioso-

berano asignada al hombre. Desde aproximadamente el año 1780 a.C. hasta los ptolorneos, se expresó en Egipto, con variedad de términos, estasoberaníacomoimagendeDios, enlaqueseapoyasufuncióncomo representante de Dios en la tierra (Ockinga). Dado que en Egipto no existen referencias alacreación (ex- cepción: la doctrina para el faraón Merikare,h. 2100a.C., queatribuye la imagen y semejanza a todos los hombres), apartirdeldescubrimien- to de la tabillaneobabilónicaVAT 17019 (h. 1000-500 a.C.) (Mayer), quenarralacreacióndeloshombres lullu trabajadores y a continuación la del rey como hombre-mdliku, se prestó renovada atención a la tra- dición mesopotámica (Van Seters, Müller), sobre todo porque en la Asiria de los siglos xm y VII a.C. al rey se le llama imagen lselmu] de Dios (Dion). Aunque el Antiguo Testamento no conoce el título de imagen de Dios como denomina- ción del rey, este telón de fondo de

laideologíadelarealeza encajacon el hechodeque, traselhundimien- to de la monarquía, Gn 1 habla de la igualdad y semejanza con Dios de todos los hombres (también Sal

8,6-9,coninsistenciaenladignidad

ónticadel hombre). d) Conclusiones. Atravésdelaideade

laigualdadysemejanzacomorepre-

sentación divina, P acentúalatarea del hombre en sumundo (en su en- torno). Lamirada se dirige desde el hombrealosseressometidosaél, no desde el hombre a Dios. Aquí P re- conoceenGn 1,27sufuncióndeac- tuar, encuanto varónymujer, como imágenes de Dios. Sin afirmar, a mododeinclusión,labisexualidadde Dios (Levin), P subraya laigualdad fundamental,acordeconlacreación, deambossexos. Sonlosautoresgrie- gos (tambiénneotestamentarios)que hablan de dxcov quienes cambian estaJi;~c~i6n:·entienden laimagen ysemejanzaconceptualmentecomo aplicada ala relación modelo-copia (de ahí el Ka-tá. de Gn 1 en LXX; Si 17,3). Sab2,23buscalaimageny semejanza en el hombre (que según

7,26leadvienealasabiduría)enuna

cualidad divina, la dela inrnortali- d~ ylaincorrupción. • Bibliografía: J. BARR, «Thelmage of God in rhe Book of Genesis. -A StudyofTerminology», BJRL 51 (1968), págs. 11-26; W. Gsoss, «Die Gottebenbildlichkeit des Menschen im Kontext der Pries- terschrift», ThQ 161 (1981), págs. 244-264; B. ÜCKINGA, Die Got-

tebenbildlichkeit im Alten Ágyp-

Imageny semejanza deDios

ten und imAT, Wi 1984; DBS 10, págs. 365-403 (P.-E. Drox): W. R. MAYER, «Ein Mythos von der Er- schaffung des Menchen und des Kónigs,»Or56(1987),págs. 55-68;

E.ZENGER, GottesBogenindenWol- ken, St 2 1987; G. A. JóNSSON, Gen 1:26-28 ina Century of Old Testa- mentResearch,Lund 1988;}.VANSE- TERS, «TheCreationofManandrhe CreationofK.ing»,ZAW101 (1989), págs.333-342;H.-P.MüLLER, «Eine

neuebabylonischeMenschenschóp-

fungserzahlungimLichtkeilschrift.

undbiblis.Parr.»,enÍDEM(dir.),My-

thos-Kerygma-Wahrheit, B-NY1991,

págs.43-67;TRE22,págs.464-474

(R. ALBERTZ); E. }ENNI, «Pleonast, AusdrückefürVergleichbarkeit:Neu WegederPsalmmenforschung», en K. SEYBOLD y E. ZENGER (dirs.), Fr-B-V 1994,págs. 201-206; C. LE- VIN, «Tatbericht undWortbericht in derpriesterschriftl. Schópfungs- erzáhlung», ZThK91 (1994), págs.

115-133.

Walter Gross

2. NUEVO TESTAMENTO

Las raíces neotestamentarias de la concepción dogmáticadelaimagen

ysemejanzaseencuentranenelcom-

plejo-eiKÓlV, ymásenconcretoenlas categorías:a)Cristocomoimagende Dios, b)loscreyentesensurelacióna Cristo, imagendeDios,yc) elvarón como imagen deDios. a) CristocomoimagendeDios. 2Cor 4,4habladeCristo, imagendeDios, en el contextodelasreflexionesso- bre el conocimiento de la /' gloria

806

de Dios concedido a los creyentes

(v. 6). El tema viene preparado y contextualmente determinado des- de la perspectiva historicosalvífica

porideassobrelarevelaciónylaepi-

fanía. ElhimnodeCol 1,15-20, to- mado delatradición, celebralasig- nificación soteriológica de Cristo, el primogénito de entre los muer- tos (1,18b)ysesirveparaello, como apoyo, del tema de la imagen de Dios destacado al principio (v. 15). LajovenIglesiadefine, conayudade un bien conocido esquema mental judío, larelacióndeCristoconDios y con la creación. La copia-imagen deDiosparticipadeldominiosobre el cosmos. En el exordio retórico al principio de la Carta a los hebreos (1, 1-4) se le llama al Hijo resplan- dordelagloriade Dios eimpronta desu esencia (1,3). Lossorprenden- tes conceptos filosófico-helenistas

<':rna:úyacrµa y xapcx.K't'TJP son si- nónimos del paulino Eixrov.

b)LoscreyentesensurelaciónconCris-

to, imagendeDios. Rom8,29y 1Cor

15,49tratandelaimagenysemejanza

enuncontextoreferidoalaconsuma-

ción futura. Por voluntad de Dios, los creyentes seconfiguran según la imagende suHijo orespectivamen- te, enlugardelaimagendelhombre terreno (Adán), llevan la del hom- breceleste (Cristo). Sobrelabasedel esquema modelo-copia, se da una cercanía a Cristo otorgadapor gra- ciayordenadaalaconsumación, ya sea en formade participación en la existenciagloriosadeCristo ocomo equiparación mística a quien es, en

807

persona, imagen de Dios. El esque- ma Adán-Cristo aducido en 1 Cor 15,49 confirma esta situación, traza-

da para el complejo-eixóv, La ima-

gen ysemejanzaes «expresiónparael hombre en su plenitud, que semani- fiesta como inmortalidad, incorrup- ción, gloria y oúvaµu; (15,43s.53s)» (TRE6, pág. 497).Apareceunacon- ciencia acusadamente cristiana en 2 Cor 3,18, en la idea de una trans- formación deloscreyentesenla «ima- gen misma» en la contemplación de la gloria del Señor con el rostro des- cubierto. Pabloexpresaasíelproceso de la configuración de la imagen en una vivencia «carismático-extática» tal vez visionaria, que avanza paso a paso (cf. Rom, 8,29). En un contex- to parenético, en el marco de la ar- gumentación «hombreviejo-hombre nuevo», aparece en Col 3,10 el lema «según la imagen de su creador». Se lesrecuerdaalosinterpeladossu ima- gen de Dios, graciosamente renova- da en Cristo (cf. Gn l,26s.), y se les incita al correspondiente comporta- miento ético. e)Elvarón como imagendeDios. Alo largo de un razonamiento queanali- zaelproblemadelaobligación delle- var el velo impuesto alasmujeres, en 1 Cor 11,7 se limita la semejanza de Dios alvarón en cuanto imagen dela gloria de Dios y cabeza de la mujer. - En su argumentación, de tipo mi- dráshico, hace suyo, como argumen- tum adhominem, un proverbio prea- cuñado: a tenor de las concepciones judíasde aquellaépoca, elcabeza (de familia) es el «lugar» de la semejan-

Immanuel

za de Dios (TRE 6, pág. 497). Pero sólo desde los presupuestos sociales modernospuedepercibirse aquí una tendenciamisógina. El Nuevo Testamento da por su- puesta la fundamentación de la se- mejanza divina en la teología de la creación yladesarrolla en dirección

a una renovación y confirmación

cristológica. El concepto elxóv pro-

porciona aquí el marco cronológico

e histórico-cultural preacuñado.

• Bibliografía:TttWNT 2,págs. 393- 396; EWNT 1, págs. 942-949 (bi- bliografía); TRE 6, págs. 491-498

(J. }ERWELL).

IMMANUEL

]oseJErnst

(Hebreo ?ti 1J~l/ [Imtnénú 'el}, «Dios

con nosotros», Vulg. Emmanuel), nombre de un niño, cuyo nacimien- to de una ;-¡~7~ ['almah], «virgen» o «mujer joven»), anunciado por el profeta lsaías, constituía, según Is 7,146, la señal dada a /' Ajaz o respectivamente a la casa de David, en el marco de un episodio durante la guerra sirio-efrainita. Frente a la ici:erpretación, directamente mesiá- nica, predominante e incluso única en el pasado desde muchos puntos de vista, que aplicaba la sentencia a Jesús (Mt 1,23), en la exégesis cien- tíficaveterotestamentaria de los úl- timos decenios, y en el marco de las numerosas y diversas soluciones propuestas, se hallegado a un cierto consenso queidentifica almmamuel

Imposición delas manos

con el hijo ysucesor deAjaz. Según esto, con el anuncio del nacimien- to de un hijo en el contexto de un oráculo dinástico se le anunciaba al reyAjaz por anticipado el desenlace favorable de la amenaza militar que proyectaban sobre Judá el Estado arameo de Damasco, el reino del Norte y el poder asirio. Esta inter- pretación es la que mejor encaja con el estado actual del texto, así como con la posición personal del profe- ta en Is 7,1-17, dentro del llamado «memorial de Isaías» (Is 6,1-8,18*), y sitúaasimismo layuxtaposición de tendencias de castigo yde salvación en Is 7,1-17 en un punto de equi- librio relativamente satisfactorio, aunque siguen existiendo conside- rables dificultades: la presencia de un relato ajeno, la estructuración de Is 7,13-17 como sentenciade castigo contra la casa de David, los proble- mas de críticaliterariade Is 7,146-17 yotras numerosas observaciones tex- tuales abren de par en par las puer- tas a otras interpretaciones. En lo que respecta sobre todo al carácter del relato ajeno, hayque preguntarse si Is 7,1-17 fue redactado en la época de Isaías y/o sólo refleja este perio- do, o si, por el contrario, el aconteci- miento debeleerse sobre el negativo de la catástrofe del 587 a.C.: en este segundo caso, la señal consistiría o bien en que se anuncia el final de la casade David como consecuenciade la errónea política de los davídidas, paradigmáticamente representada en Ajaz (Immanuel sería entonces el sucesor del trono en cuyo nombre

808

se renueva probablemente la garan- tíade permanenciaen favor deladi- nastía [v. 96), pero cuyo destino do- cumenta la ruptura entre Dios y el

linajede David sobre el telón de fon- do de vs. 11-13 [tu Dios-mi Dios] a cuyas consecuencias sealude), o bien en que a la dinastía que ha fallado

a los ojos de Dios se le contrapone

un antípoda, el soberano mesiánico

de los últimos tiempos (cf. Miq 5,2). Frente aesta explicación, para lama- yoría de los investigadores actuales

el

v. 15, redaccionalmente valorado

y

mesiánicamente interpretado, es

el puente hacia la intelección me- siánica del Immanuel en la época neotestamentaria. • Bibliografía: J. WERLITZ, Studien zur literarkrit. Methode, B 1992 (bibliografía); NBL 7, págs. 227ss. (M. G6RG); R. STAHL, «lmmanu- el»-Gottmituns?Mitteilungen und Beitrdge(ed. porlaFacultaddeTeo- logía de Leipzig, Forschung.s-Srel- leJudentum), 8 (1994), págs. 19-36 (bibliografía).

Jürgen Werlitz

IMPOSICIÓN DE LAS MANOS

l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA-

MENTO.

l. ANTIGUO TESTAMENTO

El gesto de la imposición (hebreo 71.)D [smk], más bien «apoyarcon fuer- za») la o las manos sobre la cabeza de una persona o de un animal for- ma parte de varios procesos ritua- les. Los testimonios pertenecen a la

809

Imposición de las manos

todasellasinseguras, lassiguientes:

capasacerdotaldelPentateucoyasu campodeirradiación. Debendistin- guirsecuidadosamentelossiguientes contextosyformas del gesto: a) sa- crificio de animales (holocausto, sacrificio de la comunidad [hebreo Cl'l;)?o/ n:;;l!-zsebens•tamTm] ysacrificio por el pecado): inmediatamentean- tes delainmolación, el oferente (sa- cerdoteolaico)apoyaunamano (¿la derecha?)enlacabezadelanimalque serásacrificado (Lv 1-4). b) Ritodel machocabrío: elDíadelaExpiación, el sumo sacerdote, tras la confesión de los pecados, transfiere, median- te la imposición de ambas manos, la culpa a un macho cabrío, que a continuación esllevado aldemonio deldesierto ? Azazel, esdecir,noes sacrificado (Lv 16). e)Investirdeun cargo: en la consagración de los sa- cerdotes (Éx29; Lv8), lasmanos se

imponensobrelavíctimadelsacrifi- No se sabe si el «rito de ordena-

ción»neotestamentariosederivadi-

cionosobreelsacerdote. Elritualde laconsagración de los levitas cono- ce, en cambio, dos imposiciones de

manosdiferentes:losisraelitasimpo-

nen las manos sobrelos levitas (¿los

levitas como «ofrenda» de Israel?) y loslevitas sobrelos animales del sa- crificio. EnNm27,15-23 (Dt 34,9) Moisés instituye aJosué como su- cesor suyo mediante la imposición delasmanos. d) Lostestigosdeuna blasfemiaimponen las manossobre el transgresorantes delalapidación (Lv24,14; Dt 13,34). En el Antiguo Testamento no se ofrece una explicación de la impo- sición de las manos. Se proponen comoalternativasdeinterpretación,

El Nuevo Testamento utiliza la ex-

presión E7tt'tt0ÉVm 't<X~ XEtpa<; (o

a)transferenciadelospecados (sólo aplicable al caso del macho cabrío, noalossacrificios); b)identificación del oferente con el animal ofrecido en sacrificio, especialmentelareali- zación simbólicadelaentregadela vidadel sacrificante (que no enca- ja en los sacrificios comunitarios); e) acto deentregaalamuertesacri- ficial; d) declaración de propiedad (conlaqueselecomputalavíctima alofertante; segúnlatradición, elsa- crificantedeberealizarporsímismo esteactosingular; e)designacióndel destinatario deunaacción ritual. En otros contextos conceptuales (p. ej., con losverbos D'W [sjm] y íl'tll [sjt] enlugarde 71.10 [smkJ), laimposi- cióndelasmanosesseñaldelamento en2Sam 13,19ygestodebendición

enGn48,13-18.

rectayexclusivamentedeNm8; 27; Dt 34 (y Gn 48) o si existen otras influencias(deljudaísmotemprano). • Bibliografía:ANcBD3, págs. 47s.; NBL2, págs. 27s.;THAT 2, págs. 161s.; TttWAT 5, págs. 883-889; .:[RE 14, págs. 415s. • R. REN- TORFF, Leviticus (BK.AT 3/1), Nk 1985, págs. 32-48 (bibliografía);

R.P. KNIERIM, Textand Conceptin

Leviticus 1:1-9 (Forschungen zum AT2), Tu 1992.

GeorgSteins

2. NUEVO TESTAMENTO

Imposición de las manos

810

ení0Ecrn; -r&v xnp&v) como giro fijo yestablecido para la imposición de manos. Este uso lingüístico apa- receyaen los LXX (amenudo como traducción del hebreo ?~ 1; 7~9 [sémetcjed al], Gn 48,14; Nm 8,10; 27,18.23; Dt 34,9). La expresión xcipo-rovEtV (originariamente «ele- gir por votación a mano alzada», cf. 2 Cor 9,19; Did 15,1) sólo figura con el significado de «instituir en el cargo mediante laimposición de las manos» en Hch 14,23. En la literatura helenista está am- pliamentetestificadalaimposiciónde las manos (o tocar con lamano)·con fines terapéuticos (Serapis, Asclepio, Apolonio de Tiana), El Nuevo Testamento conoce la imposición delas manos comogesto

decuraciónydebendición:Jesús cura

mediantelaimposición delas manos (Me6,5; Le4,40; 14,13; cf. Me5,23; 7,32; 8,23) o tocando a los enfer- mos con la mano (Me 1,41; 8,25; Mt20,34). Ponelas manos sobre los niños y los bendice (Me 10,13-16). En su. nombre, y enviados por él, sus discípulos (ymás en especial los /' Doce: Me6,13) prolongan las cu- raciones mediante la imposición de las manos (Me 16,17s.; Hch 14,3; 28,8; cf. Sant 5,14) o tocando con la mano (Hch 3,7; 5,12; 9,17.41).

La transmisióno comunicacióndel

espíritumediantelaimposicióndelas manos, ya mencionada en Dt 34,9, ha sido recibida y confirmada en el Nuevo Testamento: a) paralainicia- ción cristiana, y b) para comisiones ministeriales. a) Hch 8,14-18 indi-

caque la comunicación del Espíritu mediantelaimposición de las manos de Pedro yJuan tiene una significa- ción complementadora del bautis- mo (/' confirmación). Según Hch 19,3-7, el bautismo «en el nombre del SeñorJesús» y la imposición de las manos con laque se transmite el Espíritu Santo sustituyen el bautis- mo de Juan. Heb 6,2 enumera las enseñanzas sobre bautismos (lit.:

«abluciones») y la imposición de las manos como parte constitutiva de la catequesis cristiana fundamental. b) Pablo y Bernabé, elegidos por el Espíritu, son comisionados por la comunidad, mediante la oración y la imposición de las manos, para anunciar el evangelio (Hch 13,lss.). Hch 6,1-7 ofrece un paradigma de la evolución y la transmisión proto- cristiana: mediante la oración y la imposición de las manos, los doce apóstoles instituyen asietehombres, elegidos porla comunidad, «de bue- nareputación, llenos deespírituysa- biduría», para «el servicio de las me- sas» (cf Nm 27,15-23). Hch 14,23 informa de ladesignación depresbí- teros mediante la imposición de las manos de Pablo y Bernabé: el texto refleja el orden ministerial vigente en la época de la redacción de este escrito. En las Cartas pastorales ex- horta Pablo a su discípuloTimoteo a no descuidar el carisma que se le ha concedido (en este caso la graciadel ministerio) «mediante intervención profética con la imposición de las manos delpresbiterio») (1 Tim 4,14; 1,18) yaque «reavive el don de Dios

811

Incredulidad

que hay en ti por la imposición de mismanos» (2Tim 1,6). Laaltaes- timadel carismadel ministeriopro- híbeunaprecipitadaimposición de lasmanos (1Tim5,22). SegúnHch ylas Cartas pastorales, la oracióny laimposición delas manos (parala comunicación del carismaministe- rial) son loselementosconstitutivos básicos de la instalación en un mi- nisterioeclesialparalapreservación delatransmisión apostólica. • Bibliografía:LTttK 2 4,págs. 1344s. (N. Ai:>LER); TttWNT 8, págs. 160ss. (CH. MAURER), 9, págs. 417s.,420-423(E.LoHsE);TRE 14, págs. 415-422 (bibliografía) (A. T. HANSON); RAC 13, págs. 482-493 (C.VoGEL). •N.ADLER, Taufeund

tes adecuados (incensarios) despi- de un aroma balsámico. Desde la Antigüedad se le atribuyen propie- dadesapaciguadoras (sobrelosdioses yloshombres). Existen testimonios desuempleoenEgiptoyenOriente desdeel mmilenioa.C. (enelculto, en lamedicinayen lacosmética). Desbordando el círculo del cul- to privado (Ez 8,7-13), en la épo-

ca postexílica (h. el 500 a.C.), las mezclas aromáticas (Éx 30) entra- ron también en el culto oficial de Israel aYahveh, en un primer mo-

mentocomoaditamentoalasofren-

dasdealimentos (Lv2,ls.)-aunque

todavía no en el sacrificio expiato- rio (Lv 5,11; Nm 5,15)- ymás tar- de fue también esparcido sobre los panes de la presencia en el templo

(Lv24,7).Éx30prescribefinalmen-

telasofrendasdeinciensodelama-

ñanayla tarde sobre el único altar

Handaujlegung, Ms 1951; H. VON LrPS, Glaube-Gemeinde-Amt, Go

1979; O. KNOCH, «Die Funktion derHandauflegungimNT», LJ 33

(1983),págs.222-235;K.ScHOLTIS- del incienso del templo postexílico.

Eltérminoesusadotambiénensen-

tidometafórico, sobre todoenlali- teratura sapiencial. • Bibliografía: PRE Suppl. 15, págs. 700-777 (bibliografía) (W. W. MüLLER).• D. MARTINETZyM.

Pb 1993, págs. 124-129. K!aus Scboltissek

SEK, VollmachtimATundjudentum,

INCIENSO

(Hebreoíll.Di?[q•torffit}, ;-¡~j? [l•bonah],

griego AÍ~avo~, 0uµíaµa, latín thus, incensum) es la resinaseca del

árbol Boswe!lia carteri, que crece

básicamente en la altiplanicie etio- pedel Tigre. Otras especiesprospe- ran en las zonas costeras de Omán

ydelYemen (Boswe!!iasacra)yen la

India. Cuandoestaresinasequema con brasas de carbón en recipien-

PFEIFER, Der Weihrauch. Geschich- te, Bedeutung, Verwendung, Rb 1997

(bibliografía).

INCREDULIDAD

MichaelPfeifer

a) Dos conceptos. El Antiguo Testa- mentono conoceuntérminotécni- co para la ideade la incredulidad,

Incredulidad

812

pero sí un amplio círculo de signi- ficados que el Nuevo Testamento daporsupuestos. Elcamposemán- tico neotestamentario concuerda

ampliamente con el del judaísmo temprano: <X7tlO''tÍa significainfide- lidadytambién-yacentuadamente en el NuevoTestamento- incredu- lidad en el sentido de rechazo del evangelio (Rom 11,20), de /' en- durecimiento (Me 16,14) o duda (Rom 4,20); amcr'tÉco significa ser infiel (Rom 3,3) o incrédulo (Le 24,11); amcr'toc; (Hch 26,8) es la persona dubitativa, que no concede crédito, tanto en el senti- do de dudadesconfiada (Jn 20,27; Me9,19) comoenun sentidotécni- co, como denominación de los pa- ganos (1 Cor 7,12 yotros). b) Comprensiónfundamental. La Sagrada Escriturano conoce la in- credulidad como dudateórica acer- ca de la existencia de Dios, sino como negación de su unicidad (Is 42,6-20) o de su poder y su justi- cia (asíla opinión delos «necios»en Sal 10,4; 14,1: «NohayDios»). Enel Nuevo Testamento, sobre estabase yen transformación cristológica, la incredulidad es negación de la fi- liación divina deJesús (Jn 20,27) o dudasobresupoderdehacervenirel reinodeDios (Me6,l-6a) osobrela magnituddesuamorparaperdonar lospecados (2Tim2,13). Suconcep- toopuestoesla/' feenlaunidad (di- versamenteacentuadaenelAntiguo yelNuevoTestamento)deconfianza

yconocimiento,deconfesiónyacep-

tacióntotalmenteorientadosaDios,

asus institucionesysus mensajes, a su creación ya su plan en lahisto- riay, enelNuevoTestamento, como síntesisdetodo, asuHijoque,según Heb 12,2, es el «iniciadoryconsu- madordelafe».TantoenelAntiguo

comoen elNuevoTestamentolain- credulidad es, sobre todo, rechazo, difamaciónydesconocimientocomo

alternativaslibrementeelegidasfren-

teaestafe. c) Incredulidady culpa. El cono- cimiento del Dios único se acer- ca, en la teología sapiencial ve- tero y neotestamentaria (Sab 13; Rom 1,18-32) al pensamiento es- toico que confía, en principio, en la razón humana creadapor Dios. El quebrantamiento del manda- miento principal es considerado como la fuente de todo mal, por- quees Diosquien daygarantizala ley moral (Sab 14,12-24; Barsi 54, 17s.; Rom 1,18-3,20; Sant). Deam- bas cosas depende que la incredu- lidad, cuando afecta a la relación fundamental con Dios o su Cristo, pueda ser entendida como /' cul- pa, tantoen elAntiguoTestamento

como en el Nuevo. Sobre todoJn aplica esta secuencia de ideas a la cristología (Jn 16,9; cf. 8,21-24; 15,22-25): Quien rechaza al que revela el amor de Dios (3,16) per- maneceenlastinieblasdelodio. En todalaEscrituraesválido: del mis-

momodoquelafesepresentauni-

daalaverdadyalajusticia, así, ala inversa, laincredulidadaparecevin- culadaalamentirayalainjusticia. Criticarestaconcepción comodes-

813

Infancia dejesús, Historia dela

calificación de quienes piensan de otramaneraotienen otrascreencias es introducir categorías modernas en el horizonte de la comprensión bíblica. De hecho, el discurso so- brelaincredulidad como elpecado básico se hace con la intención de superarla: laincredulidadnoesuna fatalidad o un destino sino una si- tuación delaquecadaindividuo es responsableyque, merced ala gra- ciadeDios, puedeydebesuperarse por la palabra deJesús (Jn 20,27). Cuando se establece una estrecha conexión entre la incredulidady el endurecimiento (Is 6; Rom9ss.), el acento no recae en larelativización de la responsabilidadhumana sino quelo que sepretende es presentar el aspecto negativo de la increduli- dadcomoconsecuenciadel castigo divinoy, portanto, yporotrolado, fundamentaraúnmásenlajusticia de Dios las promesas de una supe- ración definitiva (Rom 11).

d) La incredulidad en la realización existencialdelcreyente. Encierrauna

extraordinaria densidad existencial el grito de petición de ayuda que dirige aJesús, con lágrimas, aquel padre angustiado, en el relato dela curación milagrosa de Me 9,14-29:

«¡Creo! ¡Ayudaami incredulidad!», Fe e incredulidad aparecen en este pasaje, al igual que en el resto dela SagradaEscritura, como magnitu- des contrapuestas, pero la feinclu- yelaconfesióndeincredulidadque grava, como duda e inseguridad, la debilidadhumanayaún máslasú- plica por su superación. Bajo esta

modalidad, la incredulidad es una experienciaradicaldelser cristiano, aanqueciertamentebajo elsignode la fe. Mt habla abiertamente de la tensión entre disposición al segui- miento ytentación precisamente a propósito dela «pocafe» delosdis- cípulos (8,26; 14,31; 16,8). La incredulidad con que, según el Nuevo Testamento, tropezaron

losmisionerosdelcristianismopri-

mitivonecesitaunacuidadosadife-

renciación. En elcasodelosjudíos, Pablo la achaca a que «tienen celo por Dios», pero les falta el conoci- miento deJesucristo (Rom 10,2). En el caso de los paganos obedece a una contradicción con lavoz de su conciencia que pide ser disipa- da mediante la proclamación del evangelio (Rom 1,16-25). En am- boscasos, estasdifíciles cuestiones requieren en nuestros días la me- diación de una cuidadosa valora- ción de los datos bíblicos.

• Bibliografía: EWNT 1, págs. 290-

295 (G. BARTH); A.VERGOTE, Reli-

gion,foi, incroyance, Bl 1983.

ThomasSoding

INFANCIA DE JESÚS, HISTORIA DE LA

Adiferencia de MeyJn, Mt 1-2 y Le 1-2ofrecentextosquehablandel

origen, el nacimiento yla infancia deJesús, llamadoshistorias oevan- gelios de la infancia. Mucho más

importantequelapregunta-lastra-

dapormúltiplesproblemas- acerca

Infancia dejesús, Historia dela

814

de su valor histórico, es la relativa a su teología. Los relatos mateano y lucano tienen muy pocos detalles comunes (aunque de fundamental importanciateológica), que el kerig- maCristo postpascual relaciona con el origen y los inicios de la vida de Jesús: filiación divinaydavídica, ge- neración en virtud del espíritu, con- cepciónvirginal. Pero el nacimiento en Belén en tiempos de Herodes el Grande y la residencia en Nazaret tienen fundamentos tan opuestos que es preciso atribuirlos a diferen- tes fuentes históricas. a) Los elementos específicos de la exposición mateana son la .l' ge- nealogía de Jesús que, a través de David, llega hasta Abrahán, y las cuidadosas citas bíblicas (l,22s.; 2,5s.15.17s.23), por medio de las cuales se presentan las promesas a Abrahán y las profecías mesiáni- cas como cumplidas en el aconte- cimiento Cristo. Se discute hasta qué punto se ha recurrido a fuen- tes. En razón de las repetidas ins- trucciones a través de sueños (1,20; 2,12.13.19.22) yla casi permanente analogía con la biografíade Moisés, que interpreta aJesús como el nuevo profeta prometido en Dt 18,15-18, Strecker, Brown y otros investi- gadores asumen la existencia de una fuente unitaria de la que bebe Mt 1,18-2,23. Opinan lo contrario Pesch y Vógtle: el anuncio del na- cimiento de 1,18-25 es, según estos autores, una redacción mateana. Dado que las hipótesis crítico-lite- rarias hasta ahora expuestas no son,

en general, convincentes, se admite que el cap. 2 (visita de los .l' reyes magos, matanza de los niños ino- centes, huida, regreso) proceden de una fuente que Mt ha reelaborado profundamente. b) La historia de la infancia lucana -compuesta al estilo de las biogra- fías helenistas, con comparaciones tendentes a marcar superaciones- contiene himnos que constituyen reflexiones teológicas (.l' Magnífi- cat, .l' Benedictus, Gloria in excelsis Deo, Nuncdimittis); en ellos se ala- ba aJesús como libertador mesiáni- co, portador de lapazyla salvación de los pueblos, en quien han llega- do a su cumplimiento la alianza de Abrahán y los anuncios proféticos. Es posible que Le haya encontrado yapreviamente fijado por escrito el rosario de relatos, a excepción de la perícopa de Jesús a los doce años. Estafuente prelucana se fundamen- ta, en 1,5-25.46b-50a.57-67.76-79, en una historia de la infancia de Juan Bautista, conservada en tra- diciones judías, que veían en él a Elías redivivo y al mediador escato- lógico de la salvación. La redacción prelucana se completó con tradicio- nes que celebraban aJesús como el Hijo de Dios y de la virgen y re- dentor engendrado por el Espíritu Santo, superior al profeta Juan Bautista. La perícopa de Simeón abre la perspectiva de la misión a los gentiles. El cumplimiento de la ley y la piedad del templo remiten, por su parte, a tradiciones judeo- cristianas. Las noticias biográficas

815

Infierno

yelapotegma, biográficamenteela- borado, sobreel niñoperdidofijan el contexto cronográfico del evan- gelio de Le ypodrían deberse a la redacción lucana.

• Bibliografía:G.STRECKER,DerWeg der Gerechtigkeit, Go 1962;J. DA- NIÉLOU, Los evangelios de la infan-

INFIERNO

l. ANTIGUO TESTAMENTO Y JUDAÍSMO TEM- PRANO. 2. NUEVO TESTAMENTO.

l. ANTIGUO TESTAMENTO

Y JUDAÍSMO TEMPRANO

Laconcepcióndelinfiernocomolu-

gardeun castigoeterno despuésde lamuerte no figura en el Antiguo Testamento, pero sí aparece el ma- terial de ideas apartir de las cuales pudo evolucionarbajo lainfluencia de la teología de la /' apocalíptica judía. Entran aquí: a) la /' gehe- na (yéiovva). El originario valle de Hinón ciJ;:J '~ [ge hinnom], ]os 15,8;

1971; R. E. BROWN, The Birth of 18,16; 2 Re 23,10) fue entendido

en el s. n a.C. como el lugar en el que, tras elJuicio Final, semuestra

elinfiernodefuego(Henet90,26s.;

26,4; 27,lss.; 54,1-6; 56,3s.).Lasan- teriores sentencias dejuicio y casti- gosobreelvalle (Jr7,32; 19,6) ejer- cieron sin duda influencia en esta interpretación, pero el factor deter- minante fue el planteamiento apo- calíptico. En la épocasubsiguiente, el nombreperdió sureferenciageo- gráfica y pasó a designar directa- mente el infierno de fuego del fin de los tiempos; b) el reino de los mu~rtos: 'iiNt.p {s"'otJ, Hades [(iOT]<;]). Es el lugar donde moran, sin dis- tinción, todos los muertos, conver- tido más tarde-aunque sin despla- zarnunca del todo su significación originaria- en el lugar de estancia de losjustos y de los pecadores, en

theMessiah, Lo 1977 (trad. esp.: El

ÍDEM, Messias und Gottessohn, D

Evangelien, D 1971, págs. 43-56;

burts-undKindheits-Ceschíchre», en ÍDEM, DasEvangelium unddie

cia, Ba 1968;A.SALAS, «Lainfancia deJesús (Mt 1-2) ¿Historiaoteolo- gía?», BiblEscBib l, 1976;A.VóGT- LE, «OffeneFragen zur lukan. Ge-

nacimiento delMesías, Ma 1982); R. PESCH (dir.), Zur Theologie der Kindheitsgeschichten, M 1981; TH. KAuT,Befreierund befreites Volk, F 1990;W RADL,Der Ursprung]esu. Traditionsgeschichliche Untersuchun-

gen Zu Lk 1-2, Fr 1996; CH. W.

JuNG, The Original Language of theLukanInfancyNarratiue,JSNT

Sup. 267, Lo-NY2004.

ThomasKaut e) Entrelos evangeliosapócrifossobre

la infancia merecen citarse, como los más antiguos, el Protoevangelio deSantiago (s. n) acercadeMaríay el nacimientoy lainfanciadeJesús

ylaHistoriadela infancia de Tomás (Evangelium Thomae de Infantia

Salvatoris), acerca de los milagros llevadosacaboporJesúsniño.

• Bibliografía: SANTOS ÜTERO, Los Evangelios Apócrifos, Ma 8 1993. KarlHoheisel

distintos espacios, hasta el Día del Juicio (Henet 22)y, finalmente, en ellugardel castigodelospecadores

Inmortalidad

816

del fin delos tiempos (Henet 63,10; Sal 2,1; 17,4; SalSa 14,9; 15,10). e) El abismo (t1i0T;1 [tehomJ, al3ucrcroc;). En el Antiguo Testamento se designa con esta palabra el agua protoori- ginaria o los torrentes de las aguas, y también el mundo de los muertos (Sal 71,20) y, más tarde, la cárcel de los espíritus desobedientes (Jub 5,6; Henet 10,4-13; 18,lls. y otros).

2. NUEVO TESTAMENTO

En el Nuevo Testamento aparece una aceptación arrefleja y asisterná- ticade estas concepciones, con ladi- versidad quemostraban en eljudaís- mo temprano. La tradiciónjesuana conocelaamenazade lagehena, con la que se pretende acentuar la gran

importanciadelasexigenciasformu-

ladas (Mt 5,22; 5,29s. par. Me 9,43; Mt 10,28 par. Le 12,5; Mt 18,9 par. Me 9,47; Mt 23, 15.33). Fuerade es- tos pasajes, en elNuevo Testamento sólo figura en Sant 3,6. - Le 16,23 presenta el hades (el abismo) como lugar de castigo. En las lamenta- ciones sobre las ciudades galileas (Mt 11,23 par. Le 10,15), elhadesno significa solamente la profundidad del /' mundo subterráneo sino que se le debe entender también como alusión a la reprobación escatoló- gica. - En el abismo están tempo- ralmente retenidos los malos espíri- tus (Le 8,31; Ap 9,ls.11; 11,7; 17,8; 20,1.3). - Además de estas concep- ciones espaciales, expresiones tales como «fuego eterno» (Mt 3,12 par. Le 3,17; Mt 18,8; 25,41; Jds 7), «el gusano que nuncamuere» (Is 66,24

en Me 9,48) o el «llanto y crujir de dientes» (Mt 8,12; 13,42.50 y otros) dan por supuesto estelugar. Elmun- do conceptual neotestamentario no

se deja reducir a una línea semánti-

ca simplificada. El término infernus lleva asociada la idea del poder de la muerte como un poderhostilaDios. Ap 1,18 anuncia su sometimiento al Resucitado ysu aniquilación defini- tiva al final delos tiempos (20,13s.).

A la Iglesia se le promete protección

frente a estepoder (Mt 16,18). - Las sentencias explícitas sobre el infier- no son escasas ~n la literatura neo- testamentaria. Faltan totalmentepor ejemplo en losescritospaulinos. Pero esevidente quelaposibilidad de una escatología negativa de la salvación podía expresarse con otras formas lingüísticas. • Bibliografía:Bill4,págs. 1016-1165; THWNT 1, págs. 9, 146-150, 655s.; HDG 4/7a, págs. 37-41; EWNT 1, págs. 8s., 72s., 574ss. (bibliogra- fía); D. MARGUERAT, Lejugement dans l'Évangile deMatthieu, Gine- bra 1981; C. MILIKOWSKY, «Whit Gehenna?», NTS 34 (1988), págs.

238-249.

INMORTALIDAD

Horacio E. Lona

La creencia de que tras la /' muer-

te biológica el hombre sigue vivien-

do (de algunamanera) es una de las convicciones básicas de la mayoría de las religiones. En la Biblia, la in- mortalidad es un atributo exclusivo

817

Inocentes, Matanza delos

de Dios (1 Tim 6,16), que se dife- renciadelainmortalidadconcedida aloshombresdespuésdesumuerte mediante la resurrección yla glori- ficación. La esperanza en la inmortalidad se orienta hacia la resurrección, parareproducirlaimagendeCristo (Rom 8,29) y estar junto a él (Flp 1,23). Si la /' resurrección aconte- ce a través de latransformación, si lomortalserevistedeinmortalidad (1 Cor 15,51-54) significaqueseha . alcanzadounestadiodefinitivoenel quequedan excluidasotrasexisten- cias en proceso de muerteynueva vida (reencarnación). La /' vida eterna como conteni- do de la esperanza de la resurrec- ción no significa unaprolongación ilimitada de la vida después de la

muerte. Debe aquí tenerse presen- te la diferencia entre ~íoi; y (;;rol). El hombre tiene ya en el momen- topresentevidaeternaenvirtudde la comunión con Dios (en la fe y la eucaristía, Jn 6,47-51). La muer- teyahasidovencida: el hombreha pasado ya de lamuerte a lavida a través del amor (1 Jn 3,14). Nada,

• Bibliografía:A. M. DuBARLE, «La esperanzade lainmortalidad en el Antiguo Testamento», Concilium 60 (1970), págs. 30-42; J. PIEPER,

Tod und Unsterblichkeit, M 2 1979;

G. GRESHAKEy G. LoHFINK, Na-

hewartung-Auferstehung-Unsterblich-

keit, Untersuchungzurchr. Eschatolo-

gie, Fryotros, 5 1986;J. RATZINGER,

Eschatologie- TodundewigesLeben,

Rb 6 1990 [trad. esp., Escatología, Ba 2 2008]; CH. HERRMANN, Un-

sterblichkeitderSeeledurchAuferste-

hung, Go 1997.

Heino Sonnemans

INOCENTES, MATANZA DE LOS

Mt2,16ss. eselúnico evangelioque transmite lainformación de lama- tanzadetodos los niñosvarones de menos de dos años (con referencia aMt 2,7) de Belényde su entorno porordendelreyl" Herodes, conla intención de dar muerte al Mesías. Lanarración mateana se cierra con una alusión a la lamentación de Raquel, inconsolable por lamuerte

desushijos (citadeJr31,15 orespec-

nisiquieralamuerte,puedeseparar- tivamente 38,15 LXX).

nos del amor de Dios enJesucristo (Rom 8,38s.). En latradición cristiana, laespe- ranzamás alládelamuertesehalla vinculada alaidea de la inmortali- daddel /' alma, aunque, adiferen- cia de las concepciones platónicas, no es entendidacomo unarealidad preexistente, sinoqueseinscribeen laesferadelocreado.

Lasfuenteshistóricasindependien-

tes·deMtno conocenningún asesi- nato masivo de este género. Existen paralelos con Éx 1,15-22, donde Moisésescapaalasentenciadepena capitaldecretadapor elfaraón. • Bibliografía:R.T.FRANCE, «Herod and the children of Bethlehern», NT21 (1979), págs. 98-120.

Doris Gerstl

Inspiración

INSPIRACIÓN

a) Laideadequeexistenescritosins- pirados seremontaen lahistoriade laculturahastalaAntigüedadgriega yromana. Losautoresdeljudaísmo temprano (Filón, Mos. 11, 188-191; spec. IV, 49; Josefo, c. Ap. I,37) aceptan ydesarrollan esta concep- ción. Enlosescritosneotestamenta- riostardíos (2Tim3,16;2Pe l,2Os.) se llegó a unaprimera concreción cristiana. Proporcionaron impulso

para ello los interrogantes plantea- dos apropósito del carácter vincu-

lanteparalafeenCristodelosescri-

tosveterotestamentarios, entendidos

como/'palabradeDios. Sualcance

incluía«todaescriturainspiradapor Dios», el objetivo se exponía atra- vés de los conceptos de «enseñan- za», «refutación», «educación en la

justicia»ysedescribía-elmarcoteo-

lógico global como adquisición de

la sabiduríanecesariaparalafe sal-

vadoraenJesucristo (2Tim 3,15s.).

El criterio interno es que está «ins- pirada por Dios» (0EÓ7tVEUO"'toc;)

o impulsada por el Espíritu Santo

(í:monvi::úµmoc;áyíoucepouévn). Se cualifica, pues, a las «Sagradas Escrituras» (2 Tim 3,15), en razón desu origen, comodadasporDios, atribuidas, en lo que concierne ala redacción literaria, a hombres que hablanpor encargodeDiosyorde- nadas, en cuantoasu significación, alatransmisión de la salvación. El apoyo decisivo del modelo de ins- piración es la fe, testificada en el Antiguo Testamento, en un Dios

818

quehabla a su puebloyla confian- za en lapalabravivificante que ha

puesto en labiosdehombresllama- dos por él y a quienes ha confiado la tarea de consignarla en «escritos (átypacpaí). Elmedioquegaranti- za laverdad permanente a lo largo de un dilatado proceso de forma- ción es el Espíritu deYahveh, vin- culado en los escritos del judaísmo tempranoalaconcepcióngriegadel 1tvi::uµa ycuyaeficaciafuerelacio- nada también con los «libros san- tos»(1 Mac 12,9;_2Mac8,23; Filón, Abr. 61; decal. 8,37; Mos 11 1-44y otros). El «Espíritu»yla «palabra», comopar conceptual, empujanha- ciaunacondensación en «espírituy escritura». SegúnIs34,16existeuna estrechacorrelaciónentrelibro, boca yespíritudel Señor. Pablopudore- currir a estas concepciones en la secuencia «sus profetas»- «prome- ter»- «escriturassantas»yreferirlas

alafeenCristocomoasuconsuma-

ción (Rom 1,2). 2 Pehizo suyaesta ideay la profundizó hasta llegar a las íi::pa ypáµµaw (2 Pe 3,15). Al

fondo latía la convicción de que el quehabló en el pasado alos padres pormediodelosprofetas es el mis- mo que nos habla ahora por me- dio del Hijo (Heb 1,ls.). Perohasta 4Esd 14ylosescritosneotestamen- tarios tardíos no puede descubrirse lapresenciade una teoríareflejade lainspiración. b) Deben ponerse límites a un es- trechamiento subjetivista de la ins- piración entendidacomo un sentir- seindividualmenteafectadoatravés

81:)

Intereses

de la guía global de Dios, impul- sadapor el espíritu. Por otro lado, la teoría de la inspiración funda- mentada en la Bibliano conoce las objetivaciones que se desarrollaron más tarde en el curso de la discu- sión especulativa. Lainspiración de laEscrituramantieneunaconexión dinámica con el carisma profético yelapostólico «quesematerializay se prolonga en el proceso de con- versión de lapalabrade Dios en li- bro» (H. Haag). Las reflexiones e;,_ torno a un acontecimiento de elec- ciónyde capacitación impulsadoy guiadoporDios(P. Stuhlmacher)se remontan desdeun escrito redacta- doporhombreshastalapalabrade Diosque, en el encuentropersonal, capacita para cada nuevo testimo- nio. LaIglesiaquecree, queconfiesa y que interpreta configura el gran marco dentro del cual tienen lugar estos procesos espirituales. Lo que hasidoyaestablecido como funda- mento en lafijación del canonpro- porciona impulso para nuevos en- cuentros en lahistoria de Dios con loshombres. • Bibliografía:THWNT6,págs.341-

págs. 24-29; A. VéiGTLE, Ojfenba-

rungsgeschehen und Wirkungs-Ge-

schichte, Fr 1985, págs. 305-328; .B. LANG, DieBibel, Pb 1990, págs. '202-210; NBL2, págs. 233ss. (M.

LIMBECK);NHTHG2,págs.408ss.

(M. LIMBECK); A. IZQUIERDO,

Scrittura ispirata, Atti del Simposio

internazionalesull'ispirazionepro-

mosso dall'Ateneo Pontificio Regí-

naApostolorum, Ciudad del Vati-

cano2002.

JosefErnst

INTERESES

Tasa o remuneración que se perci- beporelpréstamodedinero, fijada deordinarioenuntantoporciento anual. El Antiguo Testamento no

establece distinciones entre los in- teresesy la usura (p. ej., Éx22,24; Lv25,36; Dt 23,20s.; Neh 5,7; Sal 15,5; Prov 28,8; Ez 18,7ss.; 22,12), sino que mezcla ambos términos como sinónimos. Está prohibido el cobro de intereses porpréstamos dinerarios a conciudadanosjudíos, pero se pueden cobrar por présta-

350;P.BENOIT,L'Inspiration:lnitia- mosoinclusoporcréditosaextran-

tion Biblique, P 3 1954, págs. 6-44;

L.ALONSOScHéiKEL,Lapalabrains-

jeros. En el NuevoTestamento por un lado seacentúaestaprohibición (Le 6,34), pero por otro lado se condena al siervo que no ha sabi- do obtener intereses con su dinero (Le 19,23; Mt25,27). • Bibliografía: G.ENDERLE(dir.),Le-

5, págs. 703ss. (A. BEA);Mysterium Salutis l, 351 (H. HAAG; trad. es- pañola, Ma 1969ss.); P. STUHLMA-

CHER, Vom Verstehen des NT, Go

pirada. LaBibliaa la luzdelacien- cia dellenguaje, Ba 2 1969; LTHK 2

xikon der Wirtschaftsethik, Fr 1993,

1979, págs. 47-55; J. ERNST, Mein

Wort brennt wie Feuer, Pb 1984,

págs. 1339-1344.

]oachim Wiemeyer

Interpretación existencial

820

J. FLoRKOWSKI, Teologíadelafeen Bultmann, Ma 1973. Martin Evang

Método desarrollado por R. Bult- mann apartir, entre otros factores, delanálisisdelserdeM. Heidegger, paraponerderelieveelsentido exis-

tencialdelostextos,ymásenconcre- l. HISTORIA. 2. VALORACIÓN.

toeldelostextosbíblicos.Elconoci-

mientosebasa, según Bultmann, en unarelaciónvitalconelcontenidode

lostextosypresuponeunacompren-

siónpreviadeestecontenido,apartir

delacual,yenelcursodelainterio- ylahistoria (l'_Exégesis 3, Los mé-

todos) han perseguido tres objeti- vos esenciales: el análisis filológico delostextosbíblicos, lareconstruc- cióncríticadelprocesohistóricoque estos métodos tematizan o dan por

supuestosylainterpretacióndelsen-

tidohistórico desus enunciados.

detextos,peroimpulsadodemanera especialpor los textos bíblicos, esla preguntaquesiemprepreocupaalos

hombressobrelasingularidadylafi- l. HISTORIA

nalidaddesuexistenciaque,encuan-

topreguntaconscienteeinconsciente sobre Dios, incluye un pre-conoci- miento de Dios. La interpretación

existencial sugiere al hombre, en el marco de un entramado conceptual

desmitologizanteyadecuadoalahis-

toricidaddelaexistencia,entenderla

comprensióndelaexistenciahumana

contenidaenlostextoscomoposibi-

lidadde supropiaautocomprensión y-en elcasoconcretodelosescritos bíblicos- como serenlafeparauna

decisiónexistencialpuestaenprácti-

cacomo supropio ser.

Denominación característica de la exégesiscientíficadelaEscriturade la Edad Moderna. El recurso a los métodos científicos dela literatura

EXISTENCIAL

INTERPRETACIÓN

INVESTIGACIÓN

HISTÓRICO-CRÍTICA

rizacióndelproblemaqueplanteala referenciaobjetiva, llevaaun «hacia dónde o hacia qué de la informa- ción». Uno de estos «haciadónde o haciaqué», posibleencualquiertipo

Siempre ha existido, ya desde la Antigüedad, y tanto en el judaís- mo como en el cristianismo, una cuidadosa investigación filológi- ca de la Biblia (l' Masora, maso- retas, Orígenes, Jerónimo). Se ha mantenido asimismo siempre vivo el interés por lahistoria de Israel y de laprimitiva Iglesia (Eusebio de Cesarea). Laaltaestimatributadaa lainterpretaciónalegórica (l' alego- ría) nunca entorpeció los esfuerzos en pro del sentido literal (Escuela antioquena). Pero deunainvestiga- cióngenuinamentehistórico-crítica delaBibliasólopuedehablarsecon propiedadapartirdelaIlustración. Habían proporcionado ya firmes

• Bibliografía: R. BULTMANN, Glau- ben und Verstehen (trad. esp. Creer

y comprender, I-II, Ma 1974-1976);

821

Investigación histórico-crítica

impulsos en esta dirección el hu- manismo (adfontes) y la Reforma

(sola Scriptura). Aunque hubo, en

los inicios del movimiento, im- portantes contribuciones católicas (R. Simon), la evolución se llevó a cabo en muy amplia medida en el campodelateologíaprotestante. El procesoafectabaalmismotiempoy porun igualalosdosTestamentos. La exégesis de la Ilustración cues- tionóen especiallacredibilidadhis- tórica de muchos textos bíblicos y se esforzó por establecer una con- cordia, medianteunacríticabíblica racionalista, entre un cristianismo «racional»y la Escritura. La época de florecimiento de la investiga- ción histórico-crítica se inició con la «irrupción del pensamiento his- tóricoen els.XIX» (P. Hünermann). La importanciade la escuela de la críticaliterariaradicaen el desarro- llo de las grandes teorías acerca de las fuentes (hoy en parte cuestio- nadas) en el Antiguo Testamento (Pentateuco [Wellhausen]; lsaías) y en el Nuevo (prioridad de Me [K. Lachmann]; fuente de los ? logia [Ch. H. Weisse]; Pseudoepigrafía [F. Ch. Baur]). Bajo la influencia

delafilosofíadelahistoriahegelia- factorhistóriconifuncionan alser-

cias actuales se centran sobre todo enlaobservaciónyvaloracióndelos métodoslingüísticosysociológicos, queresultandeutilidadexegéticaen la medida en que ni relativizan el

mermomentoestuvoexcesivamente fijada en la diacronía. Las tenden-

G. Bornkamm), aunque en un pri-

terrogantes acercadelJesús históri- co). Laescueladela ? historiadela redacción demostró ser pionera en el ámbitodelainvestigación sinóp- tica (H. Conzelmann,W. Marxsen,

vinculados a la teología dialéctica (K. Barth), se investigaron, con ex- celentes resultados, las leyes de la formación delatradición oralyes- crita. Por lo demás, en la exégesis neotestamentaria, lahistoria de las formasllevó, bajolainfluenciadela teologíaexistencial deBultmann, a unarelativizacióndelahistoria (in-

R. Bultmann), cuyos inicios están

del entorno de los escritos bíblicos. ·A esta escuela, influidapor la teo- logíaliberal (A. vonHarnack) lere- sultó difícil captar loproprium del Antiguo Testamento ydel Nuevo. En laescueladela ? historiadelas formas (A. Gunkel, M. Dibelius,

helenistasydeljudaísmo temprano

na, esta escuela se dejó aprisionar, en sustentativasdereconstrucción, por numerosos prejuicios confesio- nales e históricos (investigación de lavidadeJesús). Laaportacióndela escueladelahistoriadelasreligiones (F.Delitzsch,W.Wrede,W Bousset)

radicaenlaexploracióndenumero-

sas fuentes escritas paleoorientales,

viciodelateología.

2. VALORACIÓN

Si la Bibliaes lapalabradeDios en palabras humanas, entonces la in- vestigación histórico-crítica de las formas lingüísticas, la historia del origen, la intención históricay las repercusiones prácticas de los tex-

IradeDios

822

tos bíblicos tienenper se dignidad teológica (Dei Verbum, 12). La in- vestigación estrictamente metodo- lógica, interdisciplinariamente res- ponsable, delahistoriadeIsrael, de Jesúsydelprotocristianismonosólo es irrenunciable, en beneficio de la credibilidad misma dela compren- sióneclesialdelaEscritura,sinoque vienereclamadateológicamentepor lacosamisma. Dehecho,laexégesis histórico-críticahallevado,tantoen la Iglesia católica corno en la pro- testante, aungran enriquecimiento delapiedadydelateologíabíblica, porqueaunaconladistinciónéntre elsentidooriginariodelaEscrituray larealidaddelafedelaIglesia, apa- reció también en elprimer plano la granriquezadelasteologíasbíblicas, talcomoserevelan en lamultiplici- dad delos diversos escritos, capasy enunciados. Pero también se llegó,

por otro lado, a un distanciamien- to entre la exégesis científica de la Escrituraylaexégesis eclesial. Han contribuido aello no sólo el placer

porlashipótesisylaavecesdeficien-

te concienciade los problemas her-

menéuticosdelainvestigaciónhistó-

rico-críticadelaBiblia,sinotambién laexcesivacientificación (incluidala especialización) de la exégesis y su concentración en elpasado. • Bibliografía:TRE6,págs.346-409 (J. W. RoGERSON, B. J. Dms- NER, O. MERK).• w. G. KüM-

MEL,DasNT. GeschichtederErfor- schungseinerProbleme, Fr-M 2 1970; P. M. BEAUDE, Tendences nouvelles

de l'exégese, P 1979; w. VoGLES,

«Les limites de laméthode histo- rico-critique», LavalTP 36 (1980), págs. 173-194; H.-J. KRAUS, Ge-

schicbtederhistorisch-kritischen Er- forschungdesAT, 2 1982; P. STUHL- MACHER, Vom Verstehen des NT,

Go 2 1986; Ttt. STERNBERG (dir.),

NeueFormen der Schriftauslegung?

Fr-Bs-V 1992; Ttt. S6DING, «Wis-

senschaftlicheundkirchlicheAus-

legung», enW. PANNENBERGyTa. ScHNEIDER (dirs.), Verbindliches Zeugnis, Go-Fr 1995,págs. 72-121; P. BASTA, Gezerath Shawah: Storia,

forme e metodi dell'analogia biblica,

R 2006; G. BRAULIK, Studien zu

denMethodenderDeuteronomiums-

exegese. St 2006; J. BARTON, The

Nature ofBiblical Criticism, Louis-

ville2007;J.A. FITZMYER, TheIn-

terpretation ofScripture: In Defense on theHistorical-CriticalMethode,

NY-Mahwah2008.

IRA DE DIOS

Thomas Soding

Las numerosas sentencias de la Sa- gradaEscriturasobrelairadeDios, quesearticulacomoaversiónfrente atodomal (Arn 1-2)ysedirigecon- tra quienes quebrantan la /' alian- za (Os 8,1-14) y retienen cautivala /' verdad (Roro 1,18), permiten co- nocer que no se trata-a pesar de que aveces se la siente corno enig- mática (Gn 32,23-33; Éx 4,24ss.; cf. Éx 33,20) - ni de un estallido

de ciego furor de un déspota capri-

chosonideunpoderdemoniacofu-

823

IradeDios

nesto (Os 11,9; Miq 7,18; Sal 30,6;

103,9s.),sinodelamanifestaciónde

la santidad de Diosyde laimplan- tación de su reclamación de domi-

nio absoluto (Sal 5,5ss.; Ef 5,1-6), frentealacuallaracionalizaciónde lairadeDios impidetransformarla en unadoctrinaderígidavenganza (Job: discursos de los amigos) o en unatributodeDios. Cornoreacción divina contra el comportamiento erróneo de los hombres y contra la hybrisdelaautoabsolutización,laira deDiosno semanifiestasolamente encadaunodelosaisladosgolpesde

venganzasinotambiénenlaamena-

za global que pende sobre el hom-

bre y su mundo (Is 13,13; 34,1-4; Heb 10,31)yremitealafracturaen- treDiosyelhombre abierta, según

la protohistoria, con el /' pecado original corno abandono porparte de la humanidad de la línea de la evolución queridapor Dios (Gn 3).

Desdeentonces,lairadeDiosabar-

calasituaciónuniversaldelhombre efímero (Sal 90,9-12; 102,lls.) yla convierte en un tiempo dejuicio y

castigo (Is 26,20s.; Mt 3,7; Ef2,3),

enelquecualquierdesdichaycual-

quier calamidad puede ser atribui-

daalairadeDios (Am 3,6). Como

quieraquetodoloterrenoestáadis-

posicióndelDioscreadorcornoins-

trumentodesuira, elcreyentesufre amenudobajolaimpresióndeestar entregadodesamparado alaconde- nación (Job 16,9ss.; 19,11; Larn 3; 1 Mac 1,54-64). El hecho de que, incluso en el castigodelaculpahu- mana, la iradeDios excluye, como

consecuencia última, la aniquila-

ción de la creación, está relaciona- doconel /' arrepentimientodeDios cornoaquelsífrenteatodo loporél creado, porencimadesujuicioysu castigo (Gn 6,6; 8,21s.). Las reper-

cusioneshistoricosalvíficassemani-

fiestan en lalonganimidad deDios que impide la irrupción de su ira, que posterga el castigo (Éx 32,13; Jr 18,8; Arn 7,3.6) y abre de este modoespacioparala/' penitenciay la/' conversión (Jr26,3.13;Jon4,2; 2Pe3,9), paralapurificacióndelos piadososypara laamonestación de losimpíos (Job 33; 36,1-14). Sólola negativaalaconversión (1 Pe3,20) hace inevitable la ira del castigo de Dios y remite al Día deYahveh (Is 13,9-12) o al día de su ira (Arn 5,18ss.; Sof 1,15; Larn 1,2), quetrae el ajustedecuentas definitivoycu- yas tribulaciones configuran el jui- ciofinal (Rorn2,5ss.;Ap 6,17; 14). El judaísmo temprano convirtió las repercusiones de la ira de Dios en el juicio final (Sab 5,20; Henet 55,3; 90,18; Sib 3, 556,561) en un terna específico. Tan sólo la inque- brantablevoluntadsalvíficadeDios puedeponerfin ala relación de ira ytransformarla en transiciónhacia una nueva existencia (Os 2,14-23; Is 11,1-10; Jr 31,31-34). - La reve- lación escatológicaylaencarnación visibledelavoluntadsalvífica, enla que queda incluida la ira de Dios, es, según el testimonio del Nuevo

Testamento,Jesucristo(]n3,16;Rom

5,8.10; 9,22ss.). Dado que Cristoes el cumplimiento yla consumación

Isaac

824

de la ley (Rorn 3,25ss.) y que ésta sólo puede ser conocidayvalorada en su auténtica significación atra- vés delanuevaalianza (Rorn 3,31), la ley ya no puede, en cuanto tal, determinarlarelación delhombrea Dios, sinoque, cuandohayley,pro- voca la irade Dios (Rorn4,15). En Cristo se escindelahumanidad en- trelosquequedanliberadosdelaira deDiosporquesedejanredimirpor su misericordia (Jn 5,24; 1 Tes 5,9) yaquellos otros que, porque recha- zan al SalvadorCristo, permanecen bajolairadeDios (Mt3,7ss.; 25,41; Jn 3,36). • Bibliografía:TttWNT5,págs. 392- 448; TttWAT 1, págs. 376-389 (J. BERGMANN, E.JoHNSON); EWNT 2, págs. 1293-1297 (W PESCH); R. BRANDSCHEIDT, Gotteszorn und Menschenleid, Tréveris 1983; W. Gaoss, «Zorn Gottes - ein bibl. Theologumenos», enW. BEINERT

(dir.), Gott- ratlos vor dem Basen,

Fr 1999, págs. 47-85; S. Joo, Pro-

vocation andPunishment: TheAnger of God in the Book of]eremiah and Deuteronomistic Tbeology, BZAW

361, B-NY2006. RenateBrandscheidt

ISAAC

l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA- MENTO.

l. ANTIGUO TESTAMENTO

ElnombredeIsaac(¡;,Q:,t:IPQW' [ii$/Jáql jis!Jáq], de «reír», acausadelarisade /' Sara [Gn 18,12s.15; 21,6a] o de

Abrahán [Gn 17,17] y de la gente [Gn 21,66]) es laforma apocopada de ji$1Jáq-'el («El/Dios ríe»). Según Gn 26*, Isaac eraunnómadadelas regiones marginales, asentadojunto a Berseba, que supo asegurarse allí, para su clan, los derechos del agua del pozo (Gn 26,*19-33 JE) y alzó enaquel lugarunaltar (Gn26,33ss. JE) a su Dios protector personal, el «Dios del padre» (?), con el atribu- tivo penedji$/Jáq («Terror [nurninoso] de Isaac», cf. Gn 31,42.53 E JE]). En Gn 26,6.1~-23 podrían reflejar- se conflictos entre los hombres de Isaacylos de Guerarpor lapropie- daddeterrenos. Lasnarracionesori- ginarias sobre Isaac (Gn 26,*7-35) fueron agrupadas por vez primera por elyehovista-en un marco teo- lógico (Gn 26,2b.3a: promesa de ayudaydebendición)- en unauni- dad cerrada e insertadas en la serie de sagas deJacob (Gn 25,19-35.32). Esta serie conocíaya, en su forma- ciónelohísta(E) aIsaaccornoelhijo único del matrimonio legítimo de Abrahán (Gn 21,1*.6a~.10.12; 22, 1-14.19). Segúnelyahvista, Isaacna- ció (Gn21.2a.6aa.b.7) despuésdela huidade z Agar (Gn 16,1-14). Sólo en elyehovista es Isaac el hijo dela promesa (Gn 18,1-16). El riesgoque

secerníasobrelaantepasadadelaes-

tirpe-un relato inicialmente inde- pendiente-fuetrasladadomástarde aIsaacy .l' Rebeca(Gn26,7-11JE).Y

otrotantocabedecirdelasagadelsa-

crificiodelhijo, sustituido enMoria

por un carnero (Gn 22,*1-14.19 E). Según Gn 35,27ss. (Escrito sacer-

825

Isaac

dotal [P]) Isaac murió a la edad de 180 años y fue sepultado en el pan- teón familiar de /' Mamré. La importancia atribuida a Isaac en todas las capas del Pentateuco ra- dica en que es el padre de >Jacob y de > Esaú (Gn 25,21-28J,JE; 27 E, JE).AdiferenciadeAbrahán, lafigu- radeIsaacaparecepocoperfilada: se destaca no lo que Isaac hace, sino lo queYahveh hace por él (Gn 17,19 P:

alianza de Yahveh con Isaac), en él (Gn 22,1-19 E, JE, redacción del Pentateuco: como cordero llevado al sacrificio sin saberlo y portador de la esperanza deAbrahán) o por me- dio de él (Gn 27 E,JE: bendición de Jacob en lugar de Esaú): Isaac, hijo de la promesa, es un hombre de la bendición divina bajo la escolta y la compañía protectora de Yahveh (Gn 26, 2-3.12.24.28s. JE), un ins- trumento dela bendición deYahveh (Gn 27 E, JE). Isaac tuvo especial importancia para Israel como por- tador de la promesa y padre del an- tepasado nacional. Fue, al parecer, en elreino del Norte dondemejor se conservó su recuerdo (cf. Am 7,9.16 y también Berseba: Am 5,5; 8,14), lo que explica el interés del elohís- ta. En el Pentateuco Isaac figura en la triada de los patriarcas a la que se reveló Yahveh (Éx 6,3 P) o a la que seleprometió bajojuramento la tierra (Dt 1,8; 6,10.18 y otros). Son pasajes deuteronomistas: Gn 50,24; Éx 32,13; 33,1; Nm 32,11; tam- bién: Gn 35,12; Éx 6,8 P). Junto con Abrahán, Isaac se cuenta en la época postexílica entre los garantes

de la alianza de Yahveh con Israel (cf. Éx 2,24; Lv 26,42; Dt 29,12; 2 Re 13,23; Sal 105,9 par. 1 Cró 16,16). Hay asimismo alusiones a Isaacen laliteraturaveterotestamen- taria tardía (Tob 4,12; 2 Mac 1,2; Si 44,22; Bar 2,34; Dn 3,35 LXX). Jdt (8,26) recuerdalapruebadeIsaac (Gn 22). • Bibliografía: BHH 2, págs. 775s.; NBL 2, págs. 237, 240; TttWAT 7, pág. 735; TRE 16, págs. 292-296; J.J. STAMM, Beitrdg»z. hebr. und altorient. Namenkunde (OBO 30), Fri-Go 1980, págs. 9-14; E. BwM, Die Komposition der Vater-Ge- schichte (WMANT 57), Nk 1984; H. ScHMID, Die Gestaltdes Isaak (EoF 274), Da 1991; l. FrsCHER, DieErzeltern Israels (BZAW 222), B-NY 1994.

LotharRuppert

2. NUEVO TESTAMENTO

Al igual que en el Antiguo Testa- mento, también en elNuevo Isaacfi- gura,juntocon /'Abrahány/'Jacob, entrelospatriarcas tribales. Estatría- da sirve en el Nuevo Testamento so- bre todo como aposición de identi- ficación: el Dios deJesús es el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios deJacob (Me 12,26s. [Éx 3,6]; cf. Mt 1,2). EsteDios «haglorificado asu siervoJesús» (Hch 3,13; cf. 7,32). Según lapromesadeJesús, «muchos vendrán de Oriente y de Occidente a ponerse a la mesa con Abrahán, IsaacyJacob en elreino de los cielos» (Mt 8, lls. par.). En elenfrentamien- to apropósito delaverdaderadeseen-

Isabel

cienciadeAbrahán,acentúaPabloen Gál 4,21-31 yRom 9,6-13 tanto la

fidelidadcomolalibertaddelaelec-

ción de Dios: lapromesaaAbrahán no seaplicadeunamismamaneraa toda su posteridad, porque sólo los

descendientes de Isaac son «hijos de la promesa» (Rom 9,7s [Gn 21,12 LXX]). También en la secuenciade lostestigosdelafedeHeb 11esmen- cionado Isaac como'portador de la promesa:envirtuddesufeenelDios

capazderesucitaralosmuertoslere-

cuperóAbrahán «en cierto sentido» de entre ellos (Heb 11,9.17-20). La escenaenlaqueAbrahán ataaIsaac (Gn22,9)ysurepercusión enlahis- toriadeljudaísmotemprano ejercie- ron unamoderada influencia en la

interpretacióncristológico-soterioló-

gicadelamuertedeJesúsen el cris- tianismo primitivo (cf. Rom 8,32 [Gn22,12.16 LXX]; probablemente tambiénJn 1,29; 3,16). Aunque se mantieneladiferencia entre las ata- duras de Isaacyla muerte deJesús, Jub 17,15s.yotrostestimoniosjudíos establecen unaconexión entre el sa- crificio de Isaacy el sacrificio de la passah o respectivamente permiten descubrir puntos de contacto para una interpretación teológica expia- toria precristiana del sacrificio de

Isaac. • Bibliografía:TRE16,págs.296-301 (R. ALBERTZ, M. BROCKE); ANc- BD 3, págs. 462-470 (R. MAR- TIN-ACHARD). •J. DANIÉLOU, «La typologie d'lsaac dans le christia- nisme prirnirif», Brn 28 (1947), págs. 363-393; J. SwETNAM,]esus

826

andIsaac, R 1981; M. KRUPP, Den Sohn opfern?Go 1995. KlausScholtissek

ISABEL

a)LosLXXtraducenpor'E1.tcrá~c8

elhebreo Y~lp'?l;!["'/Tsreba1, «miDios esplenitud»), nombredeunamujer de la tribu de Leví mencionada en Éx 6,23 como mujer del sumo-sa- cerdoteAarón, hijadeAtninadaby hermanadeNajsón (antepasado de Jesús segúnMt 1,4yLe3,32a.). b)EnLe 1, Isabelesdescendientede Aarón, mujerdelsacerdoteZacarías, parientedeMaría,lamadredeJesús, pero sobretodoeslamadredeJuan Bautista, a quien dio a luz, a pesar de su esterilidad yde su avanzada edad, porgraciadeDios. Lafuente del círculo del Bautista subyacente en Le 1 interpreta al hijo de Isabel como Elias redivivus (Mal 3,23), que prepara los caminos del pue- blo de Dios del fin de los tiempos (Le 1,17.76). En esta leyenda per- sonal, IsabelyZacaríasencarnan el Israeldelosúltimosdíasquesiguea lapredicación del Bautista. e)Enlareelaboracióncristiana,Isabel se convierte, en virtud de su saluta- ciónproféticaaMaríayalfrutodesu vientre(acogidaenelAvemaría)yde sumacarismoalamadrecreyentede Jesús (Le 1,45) en representante del Israel queaceptalafe enJesucristo. • Bibliografía:M.NoTH,Dieisraelit. Personennamen imRahmen derge- meinsemit. Namengebung(BWANT

827

Isaías, LibrodeIsaías

46),Sr 1928;J.D. FowLER, Personal

Names inAncientHebrew (JSOT.5

49), Sheffield 1988; T. KAuT, Be-

freier und befreites Volk (BBB 77),

F 1990.

!SACAR

/' TribusdeIsrael.

ThomasKaut

ISAÍAS, LIBRO DE ISAÍAS

. l. ANTIGUO TESTAMENTO. 2. NUEVO TESTA- MENTO.

l. ANTIGUO TESTAMENTO

a) El libro de lsaías (del hebreo 1;-J;VW; [Jesa1ahü], con formas secun- darias «Yahveh salva», «salvación deYahveh», «Yahveh es salvación»; LXX'Hocciuq, Vulg. lsaias) es, con sus 66 capítulos, el más extenso de losescritosdelosprofetas, tantoan- teriores como posteriores, yasume, en estacategoría, el primerlugar en elcanonhebreo. En suformaactual presenta una composición decom- plejidad extrema, que conduce, en varios recorridos, através del casti- go, ala salvación, y se resiste auna visión globalorientadaporlalógica y los detalles. Si se inicia su lectu- raporlasúltimaspáginas, elescrito esperala salvacióndeYahvehdelos tiemposdel finparalospiadososde lacomunidad (odeunadelascomu- nidades) cultualdeIsrael en /' Sión, en la que se incluyen los piadosos delos pueblos extranjeros, junto al juicio y el castigo definitivos de los

malhechoresdedentroyfueradela

comunidad(65s.).Todoesteconjun-

tohasidoconsideradoporlasposte-

riores transmisiones dela tradición fijada por escrito, de acuerdo con el título mismo del libro en Is 1,1,

comovisióndelsaías, hijodeAmós, enels.VIII a.C. Laconexiónfunda- mentalque, según esto, sedaríaen- treloscaps. 40-66*yloscaps. 1-39* está externamente testificada por vez primerahacia el año 180 a.C., en Si 48,22-25, donde se designa a lsaías-y apartir de aquí luego de múltiplesmanerashastaelmomento actual- comoelmayordelosprofe-

tasdeIsrael.Enestavisiónglobal, el

librohatenidounaenormerepercu-

sión histórica. En contra de lapre-

sentacióndelcanon, quehacequeel profetahistóricopronunciepalabras decisivas en el curso de aconteci-

mientos ocurridosvarios siglosdes- pués, ya afinalesdel s. XVIII (ycon

algunasexcepcionesenépocasante-

riores, comoladeMoseIbnEsra)la

ciencia de lacríticahistórica inició la andadurahacia el descubrimien- to deladisparidaddelos complejos Is 1-39* y40-66* (J. G. Eichhorn, J. C. Doederlein) que, afinales del s. xrx, señalabacon crecientepreci-

siónqueellibroconstituyeunaespe-

ciedebiblioteca, compuestaportres profetasdiferentes, originariamente independientes, cada uno de ellos con su propiahistoriade tradición:

caps. 1-39* del profeta histórico Isaías (=Protoisaías);caps. 40-55*,de otroprofetaanónimodel s. v1 a.C., alque,deacuerdoconsuposiciónen

Isaias, Librodelsaías

828

el libro, se le denomina convencio- nalmente como Deuteroisaías (Se- gundoIsaías); caps. 56-66, elllama- doTritoisaías(TercerIsaías), dels.v a.C. (B. Duhm). Con esta articu- lación tripartita se da lamano una exégesis preferentemente orientada alaipsissimavoxdecadauno delos profetasque, enelmomentoactual, semueve,enlostrescamposcitados, hacia disentimientos cadavez más profundos. Lasposiciones extremas han oscilado desde un máximo de material garantizado por la crítica históricahasta soluciones mínima- listas en la crítica dela redacción y en la crítica de las tendencias (que llegan incluso hasta la negación de lapresenciadematerialauténticoen los caps. 1-39), de modo que has- tahacepoco sedabaporperdidala unidaddellibro (almenoscomohi- pótesis), quesólohapodidosernue- vamenterestablecidaenelmarcode laexégesis sincrónicade un canoni- calapproach. Conunpuntofinalde la evolución todavía abierto, pare- ce ahoraposible, desde el punto de vista crítico, alcanzar un consenso (en contrade una explicación fun- damentalistaquesiempreencuentra seguidores) acercadequeel librode Isaías, en su forma actual, tiene (al menos) dospuntosdecristalización (R. Rentorff): laactividaddelprofe- tahistóricodels. VIII a.C., cuyahe- rencia, envisiónretrospectiva, seha conservadoenlapartesustancialde Is 1-39,ytextosque, alfinaldelexi- liobabilónico, intentan controlarla situaciónenelexiliodespuésdelaño

587 a.C. (Is 40-66*). El libro en su forma actual puede ser el resultado

deunprocesocomplejoyconvarias capas, en el que estos dos núcleos básicos de la tradición, al principio cadaunopor su lado, acabaron por confluiryfuerontransmitidoscomo un solo libro.

b)Enloquerespectaalpuntodecris-

talizaciónmásantiguodeIsaías 1-39,

existeporelmomentounciertocon-

sensoenque, aexcepcióndealgunas pequeñas unidades detransmisión

en 13-23 (p. ej., 22,1-15*), estepun- to debe buscarse exclusivamente en loscaps. 1-11yenelllamadocírculo asirio de los caps. 28-32. Se regis- tra, en cambio, un amplio consen- so desdehaceyamucho tiempo, en queporejemploIs24-27, elllamado «granApocalipsis»,Is34s. o«peque-

ñoApocalipsis»eIs36-39,losrelatos

deIsaíassobreEzequíastomadosde 2Re 18-20, noseremontanaIsaías. Pero apenas existe posibilidad de

acuerdoacercadelaexactadelimita-

ción del restantematerialauténtico. Sediscute,porejemplo,acercadelos textos quehablan de un futuro so- berano salvífico (? Mesías; Is9,1-6;

11,1-9*),delainviolabilidaddeSión

(Is 8,9s.; 14,24-27 yotros) yde un resto portador dela salvación (para el conjunto, cf. R. Kilianytambién O.Kaiser). Lacuestiónfundamental consiste, según esto, en si laprocla- macióndeIsaías debeser entendida

comosimpleprofecíadecastigoode endurecimiento, quehasidoconsig-

nadaliterariamenteenalgunas«mal-

diciones» o lamentaciones (5,8-24*;

829

Isaias, LibrodeIsaías

? Ajazy? EzequíasdeJudá, todos ellosmarcadospor lapolíticamun- dial del Imperio neoasirio. Según 8,3 estaba casado con una mujer que, en un relato profético en pri- merapersona, esllamada profetisa. Según 7,3y8,1-4 (cf. 8,16ss.), tuvo

(2,7-21*; 3, 16s. y otros) y/o textos en la línea de lamisión de endure- cimiento (6,9s.), o si lapredicación

isaianacontieneyalayuxtaposición

-característicadel libro- decastigo

ysalvación, bienporquetraslapro-

clamacióndeconversiónoralyfrente al menos dos hijos, alos que puso

nombres simbólicos. La asignación aun concreto estamento social (te- sisdelpatriciado,porejemplo), sólo puede contemplarse en un terreno especulativo. Si, deacuerdocon 8,1 y30,8, sabía escribir, debe asumir-

se su formación en una escuela sa- piencial. 2 Re 18-20 par. Is 36-39 no añaden ninguna información a losrasgoslegendariossobrelafigura histórica de Isaías ypertenece en- teramente al reino de la leyenda el

relato sobre su martirio bajo el rey Manasés (Martls).

Losmaterialesparecenestarorde-

nados, al menos en parte yde una manera genérica, según puntos de vista cronológicos (cf. Is 6,1; 7s.; 14,28; 20; 28-31) y diversas fases deactividaddeIsaías, lamástardía en la guerra siro-efrainita, hasta el 701.A esto corresponde también la conclusión de Is 1-39 en virtud de loscaps. 36-39, aunquesuinserción estáprobablementerelacionadacon 40-66*. LastresgrandesseccionesIs 1-12; 13-23 (orespectivamente27); 28-35 se pueden encajar aceptable- mentebien en el esquema escatoló- gicodelosoráculoscontraelpueblo de Dios - oráculos contra los pue- blos extranjeros - oráculos salvífi-

cos, tal como aparecen en Ezequiel

31,lss.yotros)yoráculosdecastigos

a su fracaso lsaías haya consignado

por escrito, con mirada retrospec-

tiva, su mensaje como anuncio de endurecimiento (cf. la hipótesis de retroproyección ymemorial escrito ·sobre Is 6,1-8,18* en O. H. Steck

y C. Hardmeier), bien porque ha

contado con el exterminiodelacla- sedirigenteylaconservacióndé; un pequeñorestofiel (ambivalencia,se- gún H. Wildberger), o bien, en fin, porque, en el curso de su predica- ción, y con la mirada puesta en el castigo yla salvación de Sión ydel pueblo de Dios, se haya producido un cambio deopinión en el profeta respecto deAsiriacomoinstrumen- todelcastigodeYahveh (G. Fohrer). Debe, por consiguiente, dejarse abiertalapreguntade si apartir de los textos agrupados en Is 1-39 es posible extraer algunas conclusiones histórico-biográficas sobre laperso- nadelprofetalsaías: segúnlosdatos del libro, fue llamado por vezpri- merao respectivamentecomisiona- do para unamisión especial el año de lamuerte del rey Ozías (Is 6,1) (h. el 736 a.C.) yprolongó sus ac- tividades hasta poco después del 701 a.C. (22,1-15*), esdecir,duran-

te casi 40 años, enJudá/Jerusalén, bajo los reinados de Ozías, jotán,

lsaias, Librodelsaías

yJeremías (LXX). El hecho de que

nopuedacomprobarseestrictamen-

te depende, por un lado, de lahis- toriaanterior (coleccionesocompo- siciones antecedentes) y, por otro, de lahistoria posterior (anexión de Is 40ss.). Forman parte de lahisto- riaprecedentelaretransmisióndela seccióncentral,laediciónampliada

decolecciones,posiblementeduran-

te el reinado de Josías (H. Barth, J. Vermeylen), pero más probable- mente sólo acometida agran esca- la en la épocadel exilio (O. Kaiser, R. Kilian, W. Werner), que se ex- tiende,alolargodevariosimpulsos,

hastaentradalaépocapersa.

e)LasecciónfundamentaldeIs40-

66 surgió en la situación del exilio, en el curso de la victoria, que ya empezabaaperfilarse, del reypersa Ciro (h. 550-540 a.C.). Se la ads- cribe a un profeta cuya actividad debió desarrollarse en Babilonia. Con todo, ni se menciona un au- tor como tal ni se encuentran en su legado textos que se hayan servido de géneros típicamente proféticos. Deahíquesehayandiscutidotanto su autocomprensión como su iden- tidad, esto último hastael extremo derenunciaraunapersonasingular yconcretaenfavordelatesis deun círculo deautores (D. Michel). La unidad literaria de Is 40-55 se daba hasta fechas recientes por comprobada, salvo algunas peque- ñas ampliaciones y el problema es-

pecífico de los cantos del /' Siervo deYahveh (aunquecf yaK. Elliger, H.-C. Schmitt, K. Kiesow, R. P.

830

Merendino). Pero los análisis críti- co-literariosehistórico-redaccionales más modernos (0. H. Steck, R. G. Kratz, J. van Oorschot) insinúan quesólopuedecontarsecon un sec- tor nuclear para 40-48 (aunque de otra opinión H.-J. Hermisson). La composición del grupo de capítu- los, con prólogo (40,1-11), el com- plejo Jacob-Israel (40,12-48,22), el complejoJerusalén-Sión (49,1-55,7) · y el epílogo (55,8-13), para la que se atribuyen esenciales funciones de agrupación a.los cantos del Siervo deYahvehya los llamados himnos (C.Westermann,T.N. D.Mittinger. F. Matheus)es,segúnesto,redaccio- nalyposterioral exilio. El mensaje central del Deuteroi- saías, quedesarrollósuactividaden el exilio, radica en laproclamación -desplegada en oráculos salvíficos, anuncios de salvación, controver- siasydiscursos dejuicioycastigo- de lavoluntad salvíficadeYahveh, que ha demostrado ser, a través de lacreaciónydelahistoria, elÚnico (/' monoteísmo) ydel giro -queya estáemergiendo- del destinodelos exiliados por medio del rey persa Ciro, del queYahveh se sirvecomo de un instrumentopara el derroca- mientodeBabelylavueltaalhogar delosgolá(nuevoéxodo). Laheren- cialiteraria del Deuteroisaías pudo tal vez ser recogida por un grupo teocrático de los regresados que, en laépocasubsiguiente, ocupóproba- blementeunaplazaentrelos canto- res del templo (O. H. Steck). Con el fin del exilio en su sentido pro-

831

Isaías, LibrodeIsaías

pio (el año 538, talvezenvirtudde un decreto deCiro), yel retorno (al principiosólodeunpequeñogrupo deexiliados) noquedabanenmodo alguno eliminadas las repercusio- nes del exilio enJerusalén yJudáy fuepreciso seguir desarrollando un trabajo de convicción acerca de la próximasalvación deDiosentrelos que habían permanecido en el país (cf. también 60-62).

d)Is55-66nuncahatenidounagran

historiapropia.Lacomposición, cla- ramenteplanificadayarticuladaen trespartes(56-59; 60-62; 63-66), es elresultadodeuncomplejoproceso dereescrituracuyosiniciossesitúan

enelnúcleobásicodeloscaps.60-62.

Lahipótesis de una figuraproféti-

ca individual para el Tritoisaías (así por vez primera B. Duhm) como discípulo del Deuteroisaías en la Jerusalén postexílica (K. Elliger) ha sidoampliamenteabandonada (aun- que cf. K. Koenen) en favorde una explicación histórico-redaccional (C.Westermann) enelsentidodeun

acoplamientodefragmentosycom-

plementaciones o respectivamente de la hipótesis de la reescritura, o reducida ala sección fundamental de 60-62 (J. Vermeylen. S. Sekine, especialmente O. H. Stecky en fe- chas recientesW. Lau; parala cate- gorización cf. O. Kaiser). Pero si se tienen en cuentalas referencias lite- rarias aIs 40-55, esta sección debe- ría explicarsemás bien como rees-

critura a cargo de hombres doctos en laEscritura. Los 11 capítulos re- flejan de unamanera ampliamente

paradigmáticalahistoriadelaesca-

tologíajudía hasta desembocar en la /' Apocalíptica (O. Kaiser). Sus enunciados sirven -al menos en los estadios finales (cf. especialmente 56,1-8 y sobre esto R. Rendtorff)- para establecer una conexión entre loscomplejos 1-39y40-66*paraun granLibrodeIsaías. e)Porencimadelapluralidad, quese articulaenetapashistóricas, ellibro de Isaías presenta una unidad cen- trada en el problemade la relación entre castigo y salvación para Sión ypara el pueblo de Dios (y luego tambiénparalosrestantespueblos). El castigo anunciadoen Is 1-39* se sitúa en la épocapostexílicay con- diciona la preguntade la voluntad salvífica fundamental de Dios. La pregunta recibe unarespuestapo- sitivaen Is 40-55; 60-62, con efec- tos retroactivos sobre el curso dela transmisióndeIs 1-39 (p. ej., l*; 12; 34s.). La expectativa, que aquí se amplía hasta convertirse en unjui- ciouniversal,llevaaunaconcepción queyano distingueentreelpueblo deDiosylosrestantespueblos, sino entrepiadososymalvados. Existela posibilidad de salvación, con inde-

pendenciadel origen. Ya en ellibro de Isaías se espera el inicio del rei- no de Dios (52,7-10). Entendido al principio como brutumJactum, los transmisoresposterioresseatuvieron aélcon firmezay, ante el problema del retraso de la salvación, fueron añadiendocrecientesdelimitaciones

(conversiónyunestilodevidaagra-

dable a Dios). El libro se convertía

Isaías, Libro delsaías

así, consecuentemente, en elemento esencial de laproclamación del cris- tianismo primitivo. • Bibliografía: Comentariosa loscaps. 1-39 (respect. 66): B. DuttM (HK), Go 51968; G. FottRER (ZBK), 2 vols., Z 3 1991; H. WILDBERGER (BK.AT), 3 vols., Nk 1972-1982; O. KAISER(ATD),2vols.,Go,vol. l, 51981, vol. 2, 3 1983; R. KILIAN (NEB), 2 vols., Wu 1986-1994. •A loscaps. 40-55 (respect. 66): P. VoLZ (KAT), Hi 1974; C. R. NüRTH, O 1964; G. FoHRER (ZBK), Z 1964, 2 1986; K. ELLIGER (BK) vol. 1, Nk 1978; C.WESTERMANN (ATD), Go 51986; H.-J. HERMISSON (BK. AT),vol. 2, Nk 1987ss.;W. GRIMM (CalwerBibel-Kmtr.), St 1990. •A los caps. 56-66:W. KESSLER, Botschaft

desAlten Testament, St 3 1986. • Tam- biénTRE 8, págs. 510-530 (D. MI- casia), 16, págs. 636-658 (0. KAI- SER); R. KILIAN,[esaja, Da 1983; H.-J. HERMISSON, «Deutero-j-Pro- bleme», VF 31 (1986), págs. 53-84;

R. RENDTORFF, DasAT. BineEin-

führung, NK 1983, págs. 201-212; O. KAISER, Grundlegung derEin- leitung in die kanon und deutero- kanon. Schriften desAT, vol. 2, Gt 1984,págs. 29-66;J. BLENKINSOPP, Isaiah40-55, NY-Lo-Toronto2002; ÍDEM,Isaiah56-66, NY-Lo-Toron- to2003;J. GoLDINGAYyD. PAYNE, A Critica!andExegetical Commen-

tary on Isaiah 40-55, vol. 1, Intro- duction and Commentary on Isaiah 40.1-44.23;vol. 2, Commentary on Isaiah 44.24-55.13, Lo-NY 2006;

A. L. H. M. VANWIERINGEN, The

832

Reader-Oriented Unity of the Book ofIsaiah, A2006; B. M. ZAPFF,Je- saiah55-66, Wu 2006; ÍDEM,[esa- ja 40-54, Wu 2006. jürgen Werliz

2. NUEVO TESTAMENTO

El nombre del profeta Isaías apare- ce testificado 23 veces en el Nuevo Testamento. En 13 de ellas se dice explícitamentequeera «profeta», que hablabaproféticamente. Ensu «libro» (Le 3,4; 4,17) se encuentran textos quealuden aJesús (Mt4,14yotros) o aJuanBautista (Mt3,3; cf.Jn 12,38). Están «escritos» (Me 1,2;Le3,4), «di- chos» (Jn 12,39.41), «pueden leerse» (Hch 8,28.30). Según Pablo, Isaías «dice» (Rom 10,16.20; 15,12); «cla- ma» (Rom 9,27) o «predice» (Rom 9,29). Lo escrito en el libro deIsaías es «profecía» (Mt 13,14; 15,7;Me7,6), «hablapormedio delEspíritu» (Hch 28,25)yes aplicableprimero aIsrael (Rom 10,21) o respectivamentealos padres (Hch 28,25). Pero, al mis-

mo tiempo, alude al futuro (Rom · 9,27.29; Jn 12,41) y remite, en vir- tud del 7tATJpÓro en Jn 12,38 o de los «cumplimientos de la Escritura» de Mt (4,14; 8,17; 12,17; 13,35 [cf. 13,14: compuesto con ava]) a las promesas. Son también nume- rosas las referencias neotestamenta- rias al libro de Isaías (en especial a los cantos del /' Siervo de Yahveh), aunque no siempre se las puede pre- cisar de forma inequívoca. • Bibliografía:R.H. GuNDRY, TheUse oftheOldTestamentinSt. Matthew's

Cospel, Le 1967; W. RoTHFUCHS,

833

Israel. ElIsraelbíblico

Die Erfüllungszitate des Mattbd- us-Evangelium, St 1969; EWNT2,

págs. 309s.; A. SAND, DasEvange- lium nach Matthdus, Rb 1986 (Ex- curso2, págs. 76-82).

ISIS Y ÜSIRIS

Alexander Sand

? Egipto, 2. Historiadelareligión.

ISMAEL_

car distancias entre Ismael e Israel, acentúa, por el contrario, su cerca- nía (Gn 16,15ss.27; 25,9). Contra esta evolución polemiza de nuevo Gn 21,9-21 (KDs o ]"). En ciertos textos, Ismael es el representante de losárabesyatravésdeellosseintenta definir, enelIsraelposterior, larela- ción que puede o debe mantenerse con estosvecinos.

• Bibliografía: E. A. KNAUF, Ismael,

Wi 2 1989.

ErnstAxelKnaufBelleri

(Hebreo ?Nl?lto/: [Jisma'(')el], «Dios oye»). Según la fuente geográfica dels. VII a.C., recogidaen elEscrito sacerdotal de Gn 25,13ss., era una confederación detribus del desierto siro-arábigoque,comolamayoríade susmiembros,estátestificadabajoel nombre de *Sama'il en textos asirios (? Asiria) de la primera mitad del s.vna.C.Enlastradicionesnarrativas selepresentacomohijodeAbrahán y, por consiguiente, como hermano de /' Isaac, primo de /' Moab yde Amóny tío de /' Edom. Elvatici- niotribaldeGn 16,12*, introducido secundariamenteen un «oráculo de

nacimiento»,esciertamentepreexíli- guo.Yaen lasCartasdeEl-Amarna

(DinastíaXVIII)secitanvariostopó-

como principal fuenteliterariapara lahistoria de Israel, también, como fuente primaria, los datos aporta- dos por la arqueología, la epigra- fíayla literatura del Oriente anti-

a) Fuentes. La exposición delahis- toriadel Israelbíblicodependedela elección ylavaloración delas fuen- tes. Seperfilaaquí una tendencia a situar,juntoalAntiguoTestamento

ISRAEL. EL ISRAEL BÍBLICO

J. HISTORIA. 2.TEOLOGÍABÍBLICA. 3.NUEVO TESTAMENTO.

l. HISTORIA

co.EnGn 16,1-12*(DocumentoKº oJ!]') se menciona a /' Agar como madre de Ismael, aunque debe de- jarse sin respuestalapreguntade si se trata aquí de un uso lingüístico de la época persa (Agar =todo el norte deArabia) o de unAgar an-

terior (Agar =Arabia oriental). El Escrito sacerdotal asume este tex- to críticamentey, en lugar demar-

nimoscananeos (Guézer, Meguido, Jerusalén), y en la estela del faraón Meneftá (h. 1220 a.C.; TUAT 1, 546-552) figuralamención explíci- tadeIsrael. Los documentos meso- potámicos señalan, desde el III mi- lenio a.C., costumbres en el campo del derecho, de la economíaydela articulación socialque, con algunas

Israel. ElIsrael bíblico

834

reservas, pueden serasumidascomo

aplicablestambiénalIsraeldelospri- tad del n milenio a.C., en la época

merostiempos.Indican,porejemplo,

convergenciasexactaslasinscripcio-

nes de Salmanasar III (mención de /' Ajab de Israel [TUAT 1/4, 361; 853a.C.] yJehú, delacasadeOmrí [ibídem 363, 366s.; 841 a.C), laes- tela de Mesá (mención del nombre del rey israelita Omrí [KAI n. 181;

840 a.C.]), las listas de tributarios de Tiglat Piléser III (mención del nombre de Menajén de Samaria y de Ajaz de Judá [TGP n. 28; ha-

cia 740 a.C.]), el relato de Sargón

sobre la destrucción de ? Sámaria

(TGP n. 29) y la inscripción de Siloé (KAIn. 189;701 a.C.). Lacar- ta de ? Laquis, n. 3 (KAI n. 193) habladelaembajadadel generalju- dío Konjahu para solicitar la ayu-

da de Egipto contralos babilonios.

Una crónica de? Nabucodonosor menciona la conquistadeJerusalén (la «ciudad de la-aou-du», TUAT 1/4 403s.) el año 597 yfinalmen-

te las listas babilónicas citan al rey judíoJoaquín (TUAT 1/4, 412s.). Son más inseguras las convergen- ciasdetellDan (s. IX, conjunciónde JazaeldeDamasco,JorándeIsraely Ocozíasde bjtdwd). Para los testimonios arqueológi- cosdelBronceMedioII (apartirdel

1950a.C.)yhastalaEdaddelHierro

paleoorientales ya consideraciones

detipocultural-arqueológico,laépo-

construir, recurriendo atradiciones

consiguenalgunosinvestigadoresre-

patriarcal (J. Bright; M. Metzger), ni en el S. XIII a.C. con el éxodo (W.W. Hallo), nialfinaldelBronce Reciente II, con la conquista de Canaán (A.Alt,M.Noth). Sólocon- cediendo un ciertovalorhistórico a las fuentes delAntiguo Testamento

historia de Israel en laprimerami-

caanteriorala.conquistaconlaayu-

da de lanarración repetitiva de las tradiciones bíblicas (S. Herrmann; H. Donner). Deacuerdoconsuaser- toprogramático «lahistoriacomien- zadondecomienzalahistoriografía»,

J.A. Soggin sitúaeliniciodelahis- toriadeIsrael en lagranmonarquía

davídico-salomónica,peroseenfren-

ta aunadatación cadavez más tar- día de sus fuentes (sobre todo del yahvista). Finalmente, apartirdela consolidación dela administración medianteunsistemadefuncionarios

yde la creciente convergencia de la

documentaciónhistóricamenterele-

vante, sehasituadoelinicio, lomás

pronto,despuésdeladivisióndelrei-

no einclusomástarde (J. H. Hayes

yJ. M. Miller). Lainvestigación re-

ciente, sobre todo laangloparlante, cuestiona, en principio, el Antiguo Testamentocomotestimoniodeuna historiadeIsrael, porquecomo lite-

ratura tendenciosa sólo proporcio- naría datos fiables apartir del exi- lio (N. P. Lemche; G.W.Ahlstrom;

R. B. Coote y K. W. Whitelam;

III (332 a.C.), cf.Weippert.

b)LosiniciosdelIsraelbíblico. Apar-

tir de una creciente devaluación de

lasfuentesbíblicascomotestimonios históricos (crisis del /' Pentateuco), hoydíayanosesitúaelorigendela

835

Israel. ElIsraelbíblico

H. M. Niemann). Pero este enfoque tropiezacon graves dificultades, por- queno tieneencuentalaarqueología. c) La épocapreestatal. Parece justi- ficado situar los inicios de la histo- riade Israel afinales del s. XIII a.C., dado que su nombre aparece men- cionado en la estela de Meneftá, aunque de todas formas la estela se limita a constatar la existencia de una formación tribal o familiar se- dentaria en la montaña de Efraín, compuestaprobablementepor tJapiru V' hebreos) huidos de las ciudades antes de la coalición fundamental con el grupo deMoisés (shasu; NBL 2, pág. 248 [M. Gorg]). Sólo esposi- ble formularmás afirmaciones acer- ca de Israel a finales del II milenio con la ayuda de conclusiones ana- lógicas a partir de la investigación etnográfica y etnosociológica. Con

la miradapuesta en la cultura urba-

na de Palestina del Bronce Reciente

y bajo la impresión de un modelo

del Pentateuco condicionado y de- terminado por tradiciones histó- ricas, M. Noth adaptó el modelo greco-itálico de la anfictionía, que debería abarcar justamente el siste-

ma de Doce Tribus de Israel y ele- mentos específicos de derecho tribal. Pero esta hipótesis ha sido abando- nada debido a consideraciones cúl- ticas (¿un santuario central?) e his- tórico-sociológicas (desurbanización

y retorno a las formaciones tribales

afinales del Bronce RecienteII). En

su lugar se propone bien el modelo derevolución (coalición depequeños campesinos hebreosvagabundeando

estacionalmente en torno a las ciu- dades con fugitivos de las ciudades cananeas, G. E. Mendenhall), para una conquista de Canaán por la fuerzadelas armas, o bien elmodelo evolutivo (N.O. Lemche), que se in- clinapor una ocupación básicamen- ,te pacífica a lo largo del tiempo. Parece ampliamente indiscutida en la protohistoria de Israel la pre- sencia de elementos de población de baja extracción social, con esta- tus seminómada y escasa diferen- ciación artesanal. Con un género de vida nómada, en parte dentro y en parte fuera del territorio nuclear palestino, entraron en contacto con la civilización urbanamediante mi- graciones (transmigración; W. F. Albrigh) o cambio de pastos (tras- humancia, A. Alt), en la medida en que no abandonaban por su propia

voluntad, como outlaws, las ciudades

paraestablecerse en las zonas margi-

nales de las tierras cultivadas (cf. las pruebas arqueológicas de khirbet el-Meshash, tellEsdar, Izbet Sartah, Gilo y otras).

Bajolapresióndelateologíavetero-

testamentariadelaalianza en Éx33s. y]os 24, M. Weber ha introducido, como nuevo modelo, el de la confe- deración (C. Schafer-Lichtenberger), aunque no cuadra bien con las rela- ciones deparentesco, tan acentuadas en elAntiguo Testamento, delospri-

meros israelitas. Recurre también a estas relaciones (sobre todo para la época de los jueces) la tesis etnoso- ciológica de «historia segmentada» (F. Crüsemann; R. Neu), que en-

Israel. ElIsrael bíblico

cuentrayaprecedentemente etnias estructuradasesencialmentedesdela basedelparentesco,queactuabansin unainstanciacentral (acéfalas). Los relatos bíblicos sobre los pa- triarcas, el éxodo yla conquistade Canaán pueden integrarse en muy buena medida en estos modelos, aunque persisten algunas tensio-

nes residuales (éxodo). Según esto, los patriarcas habrían sido transrni- grantes, en cuyo origen rnesopotá- mico (l' Ur, l'Jarán)insistellamati- vamenteelAntiguoTestamento.Los contactos con lapoblación cananea sedentaria estuvieron parcialmen- te marcados por notables fricciones

(Gn32,23ss.),perofueronsedimen-

tando lentamente en la integración

delosnuevosgruposétnicos, enpri- merlugaralolargodel ejegeográfi- co l' Penuel-Sucor-Siquén (Gn 32;

34). Lasmigracionesintrapalestinas delospatriarcaspuedenserdescritas según el modelo de la trashuman- cia, mientrasqueelrelatodel éxodo ydelamarchapor el desierto com-

binaaspectosevolutivosyrevolucio-

narios con los delatransmigración.

Según esto, laconquistadelatierra debeinterpretarsecomoun proceso de cambio o transformación social intracananeo (A. H. J. Gunneweg). Lamejor explicación delaépocade losjueces ydel sistema delas Doce

Tribus (Gn 49; Jos 24; Jue 5; cf. R. Smend) eslaofrecidapor el modelo dela«historiasegmentada». d) La transición a la monarquía. El

sistematribalsegmentadodelaépo-

ca de los l' jueces estuvo sometido

836

ala constante crisis existencial de- rivada de la latente amenaza de la Pentápolisfilistea(PueblosdelMar). Trasunpasajeroaliviodelasituación en la batalla de Tanac (l' Débora) contralos cananeos (Jue4s.), lade- rrotadeAfee, enelaño 1054, frente alos filisteos (1 Sam 4), que impli- có lapérdidadel l' arcadelaalian- za, empujó hacia la formación del Estado. Pensadainicialmentecomo unaprolongación del cargo dejuez (si5ped) (primerospasosenl' Gedeón y l' Abimelec,jue 8s.), larealezade

l' Saúl (nagTd, mrelrek}, apoyadaen el campesinado y el ejército, adquirió

prontocarácterinstitucionalydinás-

tico, necesitadodelegitimaciónteo- lógica (1 Sam 10,25). Debido auna

seriedecarenciasreligiosasypsíqui-

cas, Saúl no consiguió mantenerse pormuchotiempoysucumbióenla batalladeGelboé (1 Sam 10,25). Con la formación del Estado, la redacción literaria escrita de la tra- dición (historiadel arca: 1 Sam4-7; historia de la ascensión de David:

1 Sam 16-2 Sam 5; 7-8; L. Rost; A. Weiser) alcanzó una cierta con- solidación que informa fiablemen- te sobre laproclamación de David comoreyprimerosobrelastribusdel Sur (2 Sam2)yluegotambién, me- diante uniónpersonal, sobrelasdel Norte (2Sam 5). Susgrandeslogros fueron latransformación delaneu- tral l' Jerusalén jebusea para con- vertirlaenresidenciareal (2Sam6),

laexpansión deIsrael en gran reino con la anexión de los Estados limí- trofes deTransjordania, la integra-

837

Israel. ElIsraelbíblico

cióndelassufragáneasfilisteasyde las ciudades-Estado cananeasjunto con su aparato administrativo res- petando su autonomía relativa, la forja de una política exterior esta- bilizadora (Tiro) ylos preparativos parala construcción del /' templo. Por otraparte, dio muestras de evi- dente debilidad en la regulación de su sucesión (intrigas palaciegas por el trono: 2 Sam 9-20; 1 Re 1-2). Su hijo /' Salomón mantuvo lamisma

políticadegranreinoy, aunquecon algunasligeraspérdidasterritoriales, llevóadelantelosplanteamientosde David: relacionespolíticasycomer- ciales internacionales (construcción

delpuertodeEsiónGueber),edifica-

cióndeltemplo, consolidacióninter- namediantelaconstrucción defor-

talezasyciudadesfortificadas(Jasor, Meguido, Guézer). Perodejósinre- solver el problema de una política fiscaldesequilibrada (1 Re4). Los problemas típicos de aquel gran reino sehicieron másvirulen- tosenlaépocasiguiente: larelación de la realeza con la monolatría de

Yahveh,lacrisisdeidentidadderiva-

dadelamultinacionalidaddelreino,

la pérdida de las libertades indivi- dualestradicionales,laconstrucción del templo único y la presencia de Yahveh. e) La etapa delosreinosdivididosse inició con larebelión deloscírculos norisraelitas conservadores, que no reconocieroncomosucesoraRoboán,

hijodeSalomón,sinoqueproclama-

ron aJeroboán, jefe de la leva, rey de las tribus del Norte (926 a.C.;

1 Re 12,20). Poniendo en práctica unapolítica consecuente, Jeroboán culminó la separación mediante la construcción de los santuarios a Yahvehde /' Betely/' Dan eimpu- soasíundistanciamientorespectode laadoracióndeYahvehde las tribus meridionalesdeJudáyBenjamín (cel pecadode[eroboán»). a) ElreinodelNorte, Israel-sepa- rado de ladinastíadavídica- cono- ció, en el curso de su historia, diez dinastíasdiferentes,delasquesólola delosomridas(Omrí,Ajab, Ococías, Jorán)consiguiómantenersedurante medio siglo (881-845) yla deJehú

(I' Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboán II y Zacarías) incluso durante toda una centuria (845-746). Omrí convirtió aSamariaenlacapitalfortificadadel reinoycanceló sus diferencias con Judáparaprepararsuenfrentamiento conAramy/' Asiria. Laprotección ofrecida por su hijo Ajab a la reli- gión cananeade l' Baal fue un ras- gosistemáticodelapolíticareligiosa detodaladinastíaydesencadenó la reacciónpolémicadelosprofetas de Yahveh, /' Elíasy /' Elíseo. Por esta razón, extirpóJehú atodaladinas- tía en el baño de sangre deYizreel (Os 1,4). La etapa de Jehú estuvo ma?cadapor fuertes enfrentamien- tosconlos /' arameos(cf.Am 1,3ss.),

quesólopudieronsuperarsemedian-

teunpactotributariocon losasirios (inscripción de Salmanasar III). Un equilibrio de fuerzas entreAsiria y el Estado arameo proporcionó a Israel una etapa de florecimiento bajoJeroboánII,perofuetambiéna

Israel. ElIsrael bíblico

lavez un periodo de decadencia so- cial (Amós).AlamuertedeJeroboán se produjeron enfrentamientos que socavaron la fortaleza del Estado. Nuevas presiones expansionistas de Asiria (Tiglat Piléser) impulsaron

unaalianzaentreArameIsrael,fren-

te alaqueAjazdeJudásemantuvo

neutral,loqueprovocó,elaño733,la

guerra siro-efrainita (2 Re 16; Is7s.; Os 5,8ss.). Cuando finalmente, el

año732,elreyOseassenegóapagar

eltributoaAsiria, Salmanasaratacó aIsraelyredujoloslímitesdelreinoa

laprovinciadeSamariaylasmonta-

ñasdeEfraín.Unanuevarebeliónde Oseasfinalizóconlaconquistadela capital, el año 722, yladeportación delastribusdelNorte.

13) El reino del Sur, ]udá, estaba

formado por las tribus de Judá y

Benjamín y la ciudad deJerusalén. Laciudad, eltemplo (J' Sión)ylaley sucesoria actuaron como elementos de estabilidad. El pequeño Estado

debióserconsideradocomorelativa-

menteinsignificante, dadoqueape- nassemencionan sucesosdealguna envergadura en la secuencia de sus 20 monarcas. Bajo el rey J' Josafat (872-852) sellevóacabo unarefor- malegislativa (2 Cró 19). Losnom- bres de Ezequías (725-697) y de Josías (639-609) estánvinculados a reformas del culto (2 Re 18; 22s.). Bajo Ezequías deprodujeron levan- tamientoscontraAsiria,quetuvieron

suculminacióndramáticaelaño701,

bajoSenaquerib (2Re 18):Jerusalén fueprivadadesuhinterlandyel rei- no quedó reducido, en tiempos de

838

Manasés, a una ciudad-Estado sin territorio. El ocaso deAsiria (con- quistadeNíniveporlosbabiloniosel año612 a.C.) aportóunintermedio de florecimiento paraJudá, utiliza- doporJosías (622a.C.)paraanexio- narselamayorpartedel desapareci- do reino del Norteyparaponer en marchaun amplia reforma del cul- to (Deuteronomio). En la etapa si- guiente, Judá sevio envuelto en los enfrentamientosentre J' Babiloniay J' Egipto. Con lamuerte deJosías, el año 609, llegó a su fin de hecho la independencia estatal, porque su hijoJoacazfuedestronadopororden del faraón en beneficio deJoaquín quien, trasladerrotadelosegipcios en Carquemis, el año 605, se con- virtió en vasallo de los babilonios, aunque a continuación se rebeló contra ellos. Su hijo Jeconías tuvo que capitular el año 597 parapre- servaraJerusaléndeladestrucción. Fue deportado a Babilonia (Ez 19), junto con la clase altajerosolimita- na, enqueestabaincluidoelprofeta Ezequiel (Ezl,lss.).Unanuevarebe- lión de su sucesor Sedecías acarreó la destrucción total de Jerusalén, incluido el templo, el año 586, por orden de Nebuzardán, general de Nabucodonosor,yladeportaciónal J' exilio delamayorpartedelapo- blación (Jr 39,1-10; 2 Re25). Sobre la conquistade las ciudades fortifi- cadas anteriormente asediadas pro- porcionan información los óstraka deLaquis.

j) La época del exilio eslademásdi-

fícil comprensión histórica, porque

839

Israel. ElIsrael bíblico

los relatos bíblicos persiguen esen- cialmente una finalidad teológica:

evitar unarepetición del fin del rei- no delNorte del año 722 mediante elrecursodetrasladarlaidentidadde Israelalos exiliadosydeesbozarun programaderestablecimiento (en el contexto de un movimiento restau- radorgeneralizadoqueafectóatodo el Oriente; cf. Donner, pág. 402). Lapoblación quepermaneció en el suelodeJudáquedó sometidaalgo- bernadorjudíoGodolías, quefijósu residencia en /' Mispá. Es probable que, al morir asesinado Godolías (Jr 40,14), muchos judíos, temien- dolarepresaliadeBabilonia, busca- ran refugio enEgipto (Jr44), ymás en concreto en /' Elefantina, junto a Asuán, donde existía una colo- niajudíaquecontabacon supropio templo Yhw (papirosdeElefantina). Resulta aquí digna de mención la retrovinculación del calendario fes- tivo anual con la comunidad de Jerusalén (cf. laCarta depassah del

419 a.C.; W. Beyerlin, págs. 270ss.). Judáfue incorporada alaprovincia deSamaria.Alosjudíosexiliadosen

TellAbib,enelcanaldeQuébar,jun-

to aNipur (Ez 1,3; 3,11.15 yotros)

selespermitió elejercicio desureli- gión (paralasrelacionescomerciales,

cf.lasactasdel«establecimientoban-

cario»Murashuehijos, H. Donner, pág. 417). Bajo lainfluenciade los sacerdotes jerosolimitanos depor- tados y de los profetas Ezequiel y Deuteroisaías, se llevó a cabo una recopilación global de las tradicio- nes religiosas de Israel quemarcó el

origen de una etapa de importantí- simacreación literariaisraelita dela

quesederivaron,conlógicacoheren-

cia,nuevosesquemasdeconstitución (sobretodoenEz40-48; Dt)queen- trarían en vigor parael nuevo Israel

despuésdelexilio.Tuvieronaquífun-

damentalimportanciaelPentateuco

yla Obrahistórica deuteronomista (que establecía una conexión entre la gran esperanza y el acto de be- nignidad de Evil Merodac (Amel Marduc) en favordel reyJoaquín el año 562 a.C. (2 Re 25,27-29). Con

lasLamentacionesseiniciabaunaco-

lección decantos parala superación interior de la catástrofe. Se reescri- bieroncon notableintensidadtodos losanterioreslibrosproféticosdeque se disponía. La /' circuncisión y el /' sábadoalcanzaronelrangodecon- fesionescentrales (Éx31) ysirvieron parapreservar laidentidad religiosa

ysocial. g) La épocapersa se inició con la conquista de Babilonia por /' Ciro el año 538 a.C. En el marco de su

políticaderestablecimientogenera-

lizado, el monarcapersapermitióel regreso de los exiliados y larecons- trucción del templo de Jerusalén (Esd l; 6). Artajerjes prescribió la tofá de Israel como ley obligatoria (Esd 7,25s.). Tras un penoso retor- no, se configuró larestauración en lastimosascircunstancias-plagadas de ataques por parte de los samari- tanos- ysuperandodificultadesex- tremas. Bajo /' Zorobabel (en cali- dad de gobernador) yJosué (como sumosacerdote), pudodedicarse, el

Israel. ElIsrael bíblico

840

traducción griegadela Bibliadelos LXX(Septuaginta) (Cartade/'Aris- teas, /' Biblia, 8,Traduccionesdela Biblia). Lahelenización de Samaria

bajolajefaturajurídica (desaparición delafastidiosavinculacióndeJehud a laprovincia de Samariayrecons- truccióndelasmurallasdeJerusalén, Neh 3,-1-32) yreligiosa (inaugura- ción de un nuevo orden comunita- rio) de/' Nehemías (h. 445/444- 433/432 a.C.) y Esdras (h. 425; para la problemática de las fechas, cf. H. Donner,págs. 452s.). Secon- cluyóelPentateucoysecanonizóla torá(/' canon). Israel, omásexacta- mentelaprovinciadeJehud, con su poblaciónisraelitayjudía, goberna- da (ierocráticamente) porlossumos

sacerdotes,setransformóenunaco- puésdelabatalladePaneas.Judeafue

incorporadaalaeparquíadeSamaria

(1Mac3,10). /'AntíocoIVEpífanes

(175-164a.C.)prohibiólaconfesión

y la práctica del cultojudío y con-

sagró el templo deJerusalén aZeus Olímpico (1 Mac l,4lss.): «La abo-

minación dela desolación» (Dn 11, 31; 12,11). Como respuesta a esta

provocación, el año 167 a.c. estalló

la rebelión de los /' asmoneos (lla-

mados,apartirdel 165-161 /'maca- beos), quereclamaronparasíladig- nidad -sacerdotal, aunque no la sadoquita- del sumo sacerdocio y también-paralelamente alapérdi- dadel poder de los seléucidas, bajo Aristóbulo I (104-103) -, la reale- za. Tras el inicial restablecimiento

conservadores que construyeron en Garizín, junto a Siquén, su propio centro cúltico (2 Mac 6,2) yfinal- mente, trassiglosdedistanciamien- to, sesepararon definitivamentedel judaísmo. Larelativatoleranciafren- te a las tradiciones de Israel llegó a sufinhaciael200a.C., traslatoma del poder por el seléucida (así lla- mado por el nombre del fundador de la dinastía, Seleuco I, 323-281) /' Antico 111, inmediatamente des-

desencadenólaoposicióndegrupos

año 525 a.C., el segundo templo. Seconsiguióunamayorestabilidad

munidad religiosa dejudíos prácti- camenteautónoma (S. Stiegler). h) La épocahelenista se inicia con la conquistadePalestinaporAlejandro Magno (332 a.C.; Zac 9,1~8). Bajo sus sucesores, los diadocos, lsrael-

Judáquedóasignadoalterritorioes-

tatal egipciohelenistadelos ptolo- meos (así llamados por Ptolomeo I Sóter, 323-283). Aunque en un pri- mermomentonosevieronafectadas ni lareligión ni laautonomíade los judíos, sefueron haciendo cadavez máspalpableslainfluenciapoliteísta yel pensamiento secularizado de la filosofíahelenista. Surgió, como co- rrienteopuesta,elmovimientodelos jasideos(/'Asidismo),judíospiadosos muyapegadosasustradiciones, que considerabanamenazadalaherencia de Israel. Ladiáspora grecoparlante de Egipto (/' Alejandría) ganó im- portanciay cultivó como propiala

de la religión y del culto en Israel, volvió a reproducirse sin tardanza,

a causa de la acumulación de car-

gos, lahelenización yla seculariza- ción desenfrenadas, laresistenciade

841

los conservadoresjasidimque, frente

Israel. ElIsraelbíblico

consiguió reagrupardenuevo bajo su

a

aquellas tendencias, promovían el

mano lacasi totalidad del territorio,

• Bibliografía: EKL 3 2, págs. 759-771

cumplimiento íntegroysin concesio- nesdelatorá.Antela contaminación del culto, los /' esenios reaccionaron con amplios movimientos de sece-

pero a continuación se produjo una escaladade disturbios antirromanos (/' zelotas) quedesembocaron, el año 70 d.C., en el estallido dela I guerra

sión (/' Qumrán). También entre los /' fariseos (que, entre otras ini- ciativas, solicitaron la intervención del monarca sirio Demetrio III), se registraron rebeliones durante el reinado de /' Alejandro Jarreo (103-76). La literatura /' apocalíp- tica, surgida bajo las turbulencias deAntíoco IV, consideró que había llegado el cambio de eón cuando el romano Pompeyo (63 a.C.) intervi- no en laguerracivil entreHircano II yAristóbulo II, derrotó a Hircano, sometióJudeaaldominio pagano ro-

judía, ladestrucción deJerusalénpor Tito, el año 73 d.C. y la conquista de Masada. Una segunda rebelión, de tintes mesiánicos, de Simón bar Kochba (o Simón bar Kokebá [ehijo de la estrella»]) bajo Adriano, pro- vocó la derrota definitiva. El nom- bre de Jerusalén fue cambiado por el Aelia Capitolina y la provincia fue llamada Siria-Palestina, toman- do la denominación de los filisteos, los enemigos más encarnizados de Israel en el pasado.

mano y la incorporó a la provincia

(A.

H. J. GuNNEWEG); TRE 12,

de Siria. Mientras que en el pasado Israelhabíaconservado siempre una

págs. 698-740 (S. HERRMANN); 16, págs. 368-383 (R. ALBERT,

cierta identidad territorial, ahora

C.

TttüMA); NBL 1, págs. 154-160

había desaparecido (separación de

(V.

Fnrrz): 2, págs. 228-231 (H.-P.

la /' Decápolis, anexión de Idumea,

MüLLER); págs. 246s. (P. R. DA-

judaizada con métodos coactivos, etcétera). El idumeo /' Herodes el Grande, instalado como rey por los romanos (37-4 a.C.), aunquepagano

vrss),págs. 584-588 (V. FRITZ) (bi- bliografía); TttWNT 3, págs. 356- 394 (G. VON RAD, K. G. KUHN, W. GuTBROD); THAT 1, págs.

y helenista, promovió el culto jero-

solimitano mediantelaampliacióny reconstrucción del templo. También levantó importantes fortalezas (en- treellas ?' Masada, ?' Maquerontey Herodión).Asu muerte, el territorio quedó dividido al principio entresus hijos Arquelao, Herodes Antipas y Filipo, aunquesometidoaprocurado- res romanos (p. ej., Poncio /' Pilato, 26-36 d.C). HerodesAgripa (41-44)

782-785 (G. GERLEMAN); TttWAT 3,_ págs. 986-1012 (H.-J. ZoBEL);

A. ALT, Kleine Schriften zur Ge-

schichtedesVolkesI, 2vols., M 1953;

W. F. ALBRIGHT, TheBiblicalPeri-

odfromAbrahamtoEsra, NY 1963;

R. DEVxux, HistoriaantiguadeIs-

rael,Ma 1975;J. BRIGHT, Historiade Israel, Bilbao 2001; M. NoTH, Ge- schichteIsraels, Go 9 1981 (trad. cas-

tellana: HistoriadeIsrael, Ba 1966);

Israel. ElIsraelbíblico

842

G. W. AHLSTR0M, Who weretheIs-

raelites?, Winona Lake, 1986; N. P.

LEMCHE, Ancient Israel. A New

History ofIsraelite Society, Sheffield 1988; H. WEIPPERT, Paldstina in vorhellenist. Zeit(HandbuchderAr- chdologie, vol. 2/1), M 1988; A. H.

J. GuNNEWEG, GeschichteIsraelsbis

(Gn 32,29; Os 12,4) no es satisfac- toria, porque no tiene en cuenta la valencia sujeto, habitual en las de- nominaciones extraordinarias, del elemento teóforo 't. A diferencia del nombre deJudá (Ja-ú-da-a), llama la atención, en lasfuentes babilónicas,

la diversidad de las denominacio-

BarKochba, Sr 6 1989; R.NEu, Vom

nes de Israel (Siri'lajja, ljumri, bit ljumri,

derAnarchiezum Staat, Nk 1992;

Samerina).

H.

HAAG, ElpaísdelaBiblia. Geo-

Lafonéticadel nombreen la estela

grafía. Historia. Arqueología, Ba 1992; G. W. AHLSTR0M, TheHis- tory ofAncientPalestineJrom thePa-

de Meneftá hace ciertamente posi- bles derivaciones de w/Jsr, «serrecto», «serjusto» (cf. «[eschurum; TttWAT

laeolithicPeriodtoAlenxander'sCon-

3, págs. 1070-75; GB 18 pág. 513), del

quest (JSOT.S 146), Sheffield 1993;

árabe wsr, «sanar» (W. F.Albright),

P.

KAswALDER, «Larcheologia e le

o

de sarija «brillar» (K. Vollers), pero

origini di Israele», Rrvbr 41 (1993),

el

desplazamiento fonético neoasirio

págs. 171-188; M. METZGER, Grundriss der Geschichte Israels, Nk 9 1994; S. STIEGLER, Die nach- exilische]HWH-Gemeinde, F 1994;

sugiere más bien una significación tomada de sri/n, «contender», «dis- putar» (sólo Gn 32,29; Os 12,4), algo así como «Dios lucha» o «lu-

R.

ALBERTZ, Die Exilzeit, 6Jahr-

che Dios» (J. Heller) o de la for-

hundert vor Chr., St-B-Co 2001;

mación secundaria srr, «dominar»

A. MARCHADOURyD. NEUHAUS,

The Land, the Bible, and History, NY2007; E. ABATE, Lafinedelre- gno diSedecia, Ma 2008.

2. TEOLOGÍA BÍBLICA

a)Antiguo Testamento. a) El nom- bre de Israel ('?~1o/' [jisra'efJ) figura 2.514 veces en el Antiguo Testa- mento. Aunque está testificado en documentos extrabíblicos de Eblá

(is-ra-it), Ugarit (jsr 3 t), en la estela de

Meneftá (Jjz 3 r), en la inscripción de Salmanasar III (KURSir-'i-ta-a) y en la estela de Mesá (jsr't), su significado es inseguro. La etimología popu- lar «El que ha luchado con Dios»

(A. Lemaire), en el sentido de «Dios domina» o «muéstrese Dios como dominador» (M. Noth, Die israe-

, pág. 207; H.-J. Zobel, pág. 990). Israel figura como nombre perso- nal y como topónimo y, de manera más bien secundaria, también como denominación colectiva de un con- glomerado de tribus. Así, la tenta- tiva de A. Lemaire de ver en 'esri'et de Nm 26,31; ]os 17,2 el origen de Israel ubicado en unasolafamilia (la de los asrielitas), es digna de aten- ción en virtud del paralelismo con /' Siquén, pero insegura según las leyes de la fonética.

litische Personennamen

Hi 1968,

843

Israel. ElIsrael bíblico

En conjunto, Israel aparececomo «una comunidad marcadapor cos- tumbres y concepciones jurídicas comunes ypor unaparticipación y solidaridadmutuas» (R. Albertz) y determinadaporunafeunificanteen YHWH yuna relación común con

rior (cf. la diferente composición de

las listas de tribus: Jue 5; Dt 33 [se- gúnelv. 7tambiéndebíapertenecer Judá];Gn49 [segúnelv. 10 esaJudá aquien le corresponde la jefatura]; Nm ls.;26; Sal 80,2), niporelexte- rior (extensión territorial yvincula- ción política), estuvo marcadades- desusiniciosporunascostumbresy unasleyescomunes («Esonosehace enIsrael», 2 Sam 13,12; cf. Gn34,7; Jue 20,6.10.13). Las instituciones políticas estaban establecidas a ni- vel de tribu: «Los caudillos, los que empuñan el cetro y los príncipes» (Jue 5,14), los ancianos (Jue 11,5s.), loshombresdelaciudad (Jue8,5ss.) yloshombres delatribu (Jue 11,11; 20,21 yotros). Sólo en los casos de

gravesconflictosasumieronlosgran-

desjueces (Jue 10,4), especialmente el benjaminita Saúl, funciones que

desbordaban el marco tribal, en las que se ponía en marchala solidari- dad constitutiva de las sociedades segmentadas (como provocadapor Yahveh, Jue 5,11). Entonces, deno- minaciones tales como «madre de

Israel»paraDébora(Jue5,7),«ancia-

nosdeIsrael» (1 Sam4,3), «hombres

deIsrael»(11,15)señalanunacrecien-

teconsolidación socialintertribal. A~nque las fuentes más antiguas acentuaban la valencia teológica del concepto de Israel («pueblo de

latierra.EsteIsraeltienesiempreele-

mentoscomunesconlaideade«pue-

blo» yde «comunidad», pero no se identificaplenamente con ninguno de estos conceptos (H. D. Preuss 1, pág. 60). La dimensión «pueblo de Dios»esradicalmenteindependiente delasituaciónpolítica. 13) Épocapreestatal. El datocrono- lógicamente más antiguo, el de la estelade Meneftá, se refiere aIsrael como auna etniade Palestina cen- tral. El primer testimonio bíbli- co cronológico, el deJue 5, llama a Israel (recurriendo a una denomi- nación literariamentemás antigua:

R. Smend [cf. Israel, 118s.]) «pueblo deYHWH» ('am JHWH, designación

confuertecargadevinculaciónfami-

liar, mientrasquelaexpresión «pue-

blo de Dios» ['am ha""lohTm} sólo está testificadaenJue20,2;2Sam 14,14), es decir, que emplea el concepto en sentidoteológicoparareferirseauna asociacióntribaldescentralizadaque mantenía una relación con Yahveh

(aquíbajolaformaprimitivadecam-

pamentodelejército;cf. H. D.Preuss 1, págs. 56, 149) ymostraba estruc- turas segmentadas y en la que las

interconexiones intrasociológicas se describíanpormediodegenealogías. Estaasociación, nofijadaen unpri-

mermomentoniporelaspectointe- trospectiva laintegración del grupo

33,5]),contemplandoconmiradare-

YHWH» [Jue 5,11.13],YHWH «el Dios de Israel» [vs. 3.5], a quien la asamblea de las tribus [jehed sibte jisra'el] reconoce como asu rey [Dt

Israel. ElIsrael bíblico

844

nuevoestatusdeunIsraelqueseiba

del éxodo (Moisés), pues conocían los «hechossalvíficosdeYHWH en Israel» (Jue 5,11; cf. Os 1,1; Éx3,7) en el pasado (liberación de Egipto [/' éxodo] comodatofundamentalde Israel), contodo,elelementoteóforo -'etdel nombrede Israel aludeauna precedenteveneración deEl (¿enun grupo Raquel-Lía protoisraealita?); H.-J. Zobel, pág. 1003; H. Donner, pág. 106; /' hebreos). Estavenera- ción debió ubicarse originariamen- te, aunacon elnombredeIsrael, en la zona Penuel-Sucot-Siquén, don- de se registró el traslado del nom- brea /' Jacob (Penuel Gn 32,29.31; cf. /' Betel, Gn 35,10;Jos 8,30). Los

relatosreflejanuncaminodeintegra- Israel se convertíaasí en «la comu-

nidaddeYahvehclaramentedelimi-

tada, religiosamentecaracterizaday orientada a su Dios» (H.-J. Zobel,

ciónreligiosa-noexentadefricciones (cf. Gn34;Jos24)-,aloquetambién podría aludir lahonrosadenomina-

delaveneraciónaYHWHdeorien-

ligiónElenvirtuddelarecuperación

acercadelalentadisolucióndelare-

del culto. Sólo los relatos del éxodo yde la marchapor el desierto informaban

consolidandotambiénenelterreno

tación antiestaralista (R. Albertz)

(«YHWH,elDiosdeIsrael»,Éx5,1;

24,10; 32,27; 34,23) propia de los

ámbitosdelasetniasdelSur(/' Yah- veh) todavía en la época preestatal, transmitidas en Palestina central por las tribus de José y Benjamín y, más al sur, por los madianitas y los quenitas (A. H. J. Gunneweg).

ciónyeschurun (= «elhonesto»), apli- cadaaIsraelenlacasicontemporánea canciónorespectivamentebendición de Moisés (Dt 32,15; 33,5.26), sin duda como contraposición aJacob (= «eltrapacero»).

Losrestantesrelatosreflejanado-

racionesaElvinculadasaclanes(Éx 3,6) y la incorporación de cultos- El locales (p. ej., 'el 're/jan enJebus, Gn 14,18ss.: 'et ro'Ten Beer-Lajay- Roi, Gn 16,13; 21,8-21; 'etbét'el en Betel, Gn 28,lüss.; 35,1-7; 'el 'otétn en Berseba, Gn 21,33), peldaños que cristalizan en la denominación colectiva 'e/'"'lohejisra'ellocalizadaen Siquén (Gn 33,20), así como en el encumbramiento de Siló ala cate-

goría de santuario suprarregional (Gn 49,10 [?]; 1 Sam 2-4) y en el

pág. 1005).

y) Auna con la incipiente monar-

quía, seintrodujounnuevoordena-

miento social deIsrael: los titulares

tradicionalesdelasdecisionespasa-

ronaunsegundoplanoenbeneficio

de estructuras políticas, militares y económicas centrales (2 Sam 19s.).

ElnombredeIsraelconservólasig-

nificaciónteológicadelaépocapre-

estatal, mientras que la de «[acob»

insistíamásenlosfactoresnaciona-

les (Nm 23,7.21.23; 24,5.17). Pero

tambiénsesobrepusouncomponen-

tejurídico estatal que, al menos en el aspecto terminológico, implica- ba el reconocimientodeJudácomo magnitud distinta de Israel: «todo Israel» (1 Sam 17,52; 18,16; 2 Sam 3,21; 8,15; 1 Re 4,7 incluida la re-

845

Israel. ElIsraelbíblico

giónmeridional; 1 Re5,27; 15,33ex- cluidalaregiónmeridional), «Israel» (2Sam 5,12incluidalaregiónmeri- dional; 2 Sam 3,17.19 excluidaesta región), «IsraelyJudừ(2Sam3,10)

y «todo Israel yJudá» (2 Sam 5,5).

La jefatura de l' Saúl se extendía sobreIsrael (1 Sam 9,16.20), expre- sión que señala, casi con entera se- guridad, sólo las tribus del Norte. Pero se conservó a lavez una pre- ponderanciateológicadel concepto de Israel. l' David fue elegido rey ·de «la casa dejudá» por los hom-

bres deJudá (2 Sam 2,4.7), pero es

«ungidocomoreydeIsrael»sóloen

virtud de una sentencia deYahveh

concepto de«pueblodeYHWH»se mantenía el componente de la sig- nificación religioso-teológica (Ch. Frevel, pág. 86).

Losprofetasadoptarondiversasac-

titudes frente aeste cambio semán- tico: Am yMiq designaban con el término Israel primariamenteal rei- no del Norte (Am2,6; 3,12.14; 5,4; 7,8.17; 8,2 [en paralelo con la «casa

deJosé:Miq 1,5.13;Nah2,3]),mien- trasqueOs,IsyEzpodían entender por Israel ambos reinos (Os 1,1.6; 2,2; 9,10, 11,1; 12,14;Is5,19;8,14.18; Ez 3,1) yhablar específicamente de «Efraín» cuando se referían al reino delNorte (Os5,3.9s.; 13,l; Is7,2.5.8;

Jr31,18;Ez37,16;Zac9,10).Elnom-

bredeIsraelseconvirtióenestospro-

fetas en símbolo de laelección yde lavoluntaddealianzadeDios (cf.es- pecialmenteOs 1,9; 2,25). E) El hundimiento del reino del

(2 Sam 5,3; cf. 9,16). Yalaliteratu-

radelaprimeraetapadelamonar-

quíapretendíadestacar, recurriendo

al Israel preestatal, la constitución deIsrael comoconfederacióntribal, comofundaciónyordenación sacra

deYahvehqueesnecesarioproteger Norte, elaño722a.C.,abriódenue-

(Gn 27,29; Nm 24,9). La incorpo-

ración de listas tribales posteriores (p. ej., Gn 49,1-27) es prueba del esfuerzo por contraponer a las ten- dencias monárquicas centralizado-

elnacienteDeuteronomio-quetam-

raslafiguraidealdeIsraelcomofor-

macióntribal. ii) Conladivisióndelreinosediluyó

«Israel»alaedaddeMoisésylainter-

lacomunidadcomopuebloimplícita pretaba como «asamblea» (qaha() en

en elconceptopreestatal. Israelpasó

a ser ladenominación jurídicaesta-

taldelosterritoriosdelastribussep-

tentrionales y centrales de Palestina (2Sam 19,42ss.)yelconceptopolíti- codelreinodelNorte(1 Re 12ss.),es- tabilizadocomoEstadobajo/' Omrí (1 Re 16,21s.), mientras que en el

aceptadolareclamacióndeexclusivi-

daddeYahveh (Éx34;cf.lospreám- bulosdel /" decálogo).

tud dela conclusión dela alianzay lasobligacionesdelaley,seconvertía en elpueblodeDios (Dt 5,22; 9,10; 10,4; 18,16; 23,3-9) ydonde había

el monte de Dios, en laque, envir-

biénpodíarealizarsecomoJudá-. El Dtretroproyectabaladenominación

vounaperspectivapanisraelita.Israel pasabaaserdeahoraenadelanteuna magnitud ideal (como «pueblo de YHWH»),deunamaneraespecialen

Israel. ElIsraelbíblico

846

s) El colapso del reino en su tota-

rios, aunque ahora con contenidos objetivos más matizados. Quedaba definitivamenteescindidalaunidad nacional-religiosadeIsrael. Israelse convertía en un subconjunto de sí mismo (F.-L. Hossfeld) y se plan-

los hechos salvíficos de Dios en la historia. ParaEz, Israelapareceaho- rasustantivado en cuanto que en él se da a conocer el nombre de Dios (Ez39,7). Lapérdidadelaformade

organizaciónestatalllevóaunasus-

titución delas connotaciones colec-

tivasdelconceptodeIsraelporelin-

dividualizante «hijosdeIsrael» (b•ne

teaba el problema de quiénes eran jisra'et). El lugar de la composición

los genuinos representantes delver-

dadero Israel: losgolá de Babilonia (Ag 1,12; 2,2) olosquehabíanper- manecidoenelpaís. Estaproblemá-

ticafuereelaboradaeneltbeolegume-

non del «Resto de Israel» (Dt 4,27;

28,62;Jr23,2; Ez20,38; Zac 13,8; ?' Resto). Dadoque, enprincipio,yasólo se

manteníaenpielaformadeorgani-

zaciónfamiliar, laconcepcióntribal delaépocapreestatalseconvirtióen expresión delanuevaorganización. Aquí, y como reminiscencia de las agrupaciones nacidas ydesarrolla- das en el marco de las familias, los clanes y las tribus, se recurrió a la formación de estructuras genealó- gicas artificiales, a las «casas pater- nas» (bet 'abbot, Esd 2,59; Neh 7,61) modeloretrospectivoparaelEscrito sacerdotal P y Cró de la descrip- ción del Israel preestatal (Nm lss.; 1 Cró7,9). Israelesahoraladenomi- naciónhonorífica (Is44,5) parade- signaraloselegidos (Is44,1;45,4, es

decir,paralosexiliados,Jr50,17-19;

Yahvehyestabandispuestosaobser-

Israel atodos cuantos confesaban a

tasen 'am que, derogandoDt23,2-9, enumeraba como pertenecientes a

componentessignificativosorigina-

lidad, el año 587 a.c., reactivó los

estatal fue ocupado por la comu- nidad del culto ('edah, Nm 1,2.[P]; qahat Dt 5,22; 9,10; 3,30, elimina- cióndelestrechamientosemánticoa

lasrelacionesdeparentescoimplíci-

var la ,l' circuncisión yel ?' sábado (Éx 12,48s.; Nm 9,14; 1 Re 8,4lss.;

Is44,5; 45,20ss.; 56,1-8). En el ám- bito de la literatura deuteronómica

se acometió una intensa reelabora- ción de la teología de la ,l' alianza (Dt4,31; 7,9; 9,5; 30,6). Los deute- ronomistas acentuaron la totalidad de Israel (Dt 1,1; 5,1; 11,6; 27,9; 31,11; 34,12)comopueblopropiedad deYHWH (Éx 19,5; Dt 7,6; 14,2; 26,18; Sal 135,4; Mal 3,17), cuya identidadconsistíaenlavinculación aYahveh, que estructuraba a Israel haciadentro (comocomunidadfra- ternadeaprendizajeydefestividad; cf. G. Braulik, págs. 14ss.) yhacia fuera (como sociedad contrastante, cf. N. Lohfink, 1988, págs. 130ss.).

Sellegótambién,alavez,aunanue-

vaacentuación delaconexión entre Israelylatierra (posesióndelatierra

Is 46,3), que habían recibido en el Sinaí la torá (Nm 1,5-15; 2,3-31 y otros)yfueron losportadoresdelas tradiciones transmitidas acerca de

847

Israel. ElIsraelbíblico

como don: Gn 12,7; 17,8; Dt 5,16; 26,9; Is 11,10-16; Ez47,2lss.; pose- sión delatierraenvirtuddelaobe- diencia a la torá: Dt 1,8.35; 4,21; 10,11; 11,9; 26,3.15).

r¡) En la épocapostexílica volvió a

restringirse de nuevo la denomina- cióndeIsraelal usolingüísticoteo- lógico (Jos 3,1; 1 Re 8,62ss.; 18,19; 1 Cró 11,4), aunquelaObrahistóri- cadeuteronómicaylaObrahistórica cronistaseesforzaronpordistinguir entre Israel yJudá. La denomina- ción política de la provincia era Jehud (Neh 1,2), mientras que con el término Israel se aludíaya sim- plemente a su religión: los retorna- dos eran «todo Israel» (J. Schreiner 1995, pág. 34). Lacomunidaddefe ('edah), representadaporJosué (sumo sacerdote) yZorobabel (jefe políti- co), tenía fundamentación teocrá- ticay estructurahieráticayveía su identidad en la culminación de la construcción del templo y el esta- blecimiento de un «culto litúrgico grato aDios» (R. Hanhart: BK.AT 14/7, págs. 255s. aZac 4,1-14). La Obrahistóricacronistaacentuabala totalidadylacontinuidad de Israel (1 Cró 2,7; 9,1; 11,1.4.10), identifi- cada con la «comunidad postexíli- ca» (qahal, 1 Cró29,2; 2 Cró20,14; 28,14) y con el «Resto de Israel», en el que la Obrahistórica cronis- ta centraba sus expectativas de res- tauración, ahora con matices esca- tológicos (2 Cró30,6ss.; cf.Ag 1,2; Haussmann, págs. 226s., 239s.). La situación social cristalizó en lafor- mación de una acusada piedad de

lospobres (? pobreza), enlaquees- tos últimosseentendían, en cuanto

«pueblodeDios», comoun subgru- po de Israel (cf. Is 49,13 con Sal 14,4; 72,2; 94,3-8; Sof2,3).

Alainsignificanciapolíticasecon-

traponía el postulado del universa- lismo teológico (Éx 19,3-8; Is 61,6; cf. 1 Pe2,9), quepreveíanuevasmi- siones para Israel (Dt 4,5-8; 28,1; Is 42,6; 49,6; 60,3; 66,18-23) y le convertíaenmetadelaperegrinación

delospueblos.Yaunqueesteuniver-

salismo estaba centrado en ?' Sión,

JerusalényJudá (Zac2,14s.), lade- nominación de «Israel»semantenía siemprecercana (Is2,1-5;Miq4,1-5), al igual quelade «pueblo de Dios», ahoraespiritualizadayconvertidaen

síntesisdelaacciónsalvíficauniver-

saldeDios (Is42,6; 49,6). Ysibien

la expectativa mesiánica (davídida) contemplabala restauración de un Estado nacional, también existían

expectativasorientadasalacomuni-

dad (Zac9,9s.). Esteparalelismorea- parece también en los esfuerzos de restauración deNehemías (Neh 13:

consolidación delacomunidadme- diantedelimitaciones,prohibiciónde matrimonios mixtos, preocupación por !9s levitas ypor la observancia del sábado) yde ?' Esdras (Esd 9s.; Neh 8s.: disolucióndelosmatrimo- niosmixtos,promulgacióndelatorá como ley «canónica», cf. Donner, 4, pág. 465). Apesar de la escisión de los samaritanos (? Samaria), la reunificacióndeIsraelyJudásiguió siendo el objeto dela esperanza es- catológica (Is ll,12ss.; Ez 37,15ss.;

Israel. ElIsrael bíblico

Zac 10,6-10). Junto al culto sacrifi- cial, surgió el servicio de la palabra divina (cf. Neh 8s.), demodo que se abríayalasendadelatransición dela comunidad deltemplo aladela J' si- nagoga del judaísmo. Este Israel se hallabaahorabajo lapromesadeque Dios volverá a convertirlo de nuevo en su pueblo (Jr 24,6s.) y de que lo mantendráasípor todos lostiempos (31,35s.). En concordancia con la «aperturadelAntiguoTestamento», también quedabaabiertaalfuturo la realización de Israel. 0) Épocahelenista. Lairrupción de la religión extranjera helenista pro- vocó unareagrupación delasfuerzas conservadoras (jasidim). Israel fue (en contraposición a la denominación de «judíos» asignada desde el exterior) la autodenomina- ción delpueblojudío (1Mac 13,26), título honorífico de la comunidad judía (Bar3,9s.; Si44,23; SalSa 11,7; 14,5), que acentuaba la continui- dad con el antiguo pueblo de Dios (Esd 2,2.59; 2 Cró 28) y esperaba para el fin de los tiempos una rea- grupación de todas las tribus (SalSa 17,44). El componente étnico de la significación perdió su valencia en la delimitación frente a los samari- tanos y frente a la judaización, por medios coercitivos, de Idumea bajo los asmoneos. Los /' macabeos aspi- raban aunarestauración delreinode David en la que se percibían remi- niscenciasdelaperdidaimportancia territorial. En correspondencia con la apari- ción postexílica de grupos proféti-

848

cos, se llegó alaformación de gran- des partidos religiosos (/' esenios, /' fariseos, /' saduceos), que desea- ban conservar las antiguas tradicio- nes de Israel frente a las tendencias de helenización. t) Qumrán. La comunidad (jaf:,ad) de /' Qumrán seentendíaasímisma como el pueblo de Dios Israel (lQS 5,5.22; 6,13; 9,6; CD 3,19), segrega- do, en cuanto /' «Resto», deun Israel mayor (lQS6,13s.; CD 14,4s.), como elIsrael auténtico (lQS8,9) que, «en cuanto núcleo de Israel, ha de lle- var a cabo su misión en el Israel to- tal» (H.-J. Zobel). Era significativa la insistencia en el carácter laico de Israel, en contraste con el sacerdocio deAarón (lQS 5,6), quefueprolon- gadahasta insertarla en laesperanza mesiánica (lQS 9,11).

• Bibliografía: THWAT 3, págs.

595-603 (H. J. FABRY); págs. 986-

1012

(H.-J. ZoBEL); 5, págs. 1079-

1093

(J. MILGROMyotros); 6, págs.

177-194 (E. LrPINSKr); págs. 1204-

1222 (H.-J. FABRY, F.-L. HosssFELD

y otros); THAT l, págs. 782-785

(G. GERLEMAN);TRE 16,págs. 368-

379 (R. ALBERTZ); págs. 379-383

(C. TttoMA);EKL 3 2,págs. 759-771

(A. H. J. GuNNEWEG); NBL 1, págs. 940ss. (N. LoHFINK); 2,págs. 246s. (P. R. Dxvrss). • H. SEEBASS, DerErzvaterIsrael unddieEinfüh- rung der]aweverehrung in Kana- an (BZAW 98), B 1966; H. C. M. VoGT, Studiezur nachex. Gemeinde in Esra undNehemiah, Werl 1966; L. Rosr, Vorstufen von Kircbe und Synagoge im AT (BWANT 4/24,

849

Israel. ElIsraelbíblico

Sr 2 1967; L. WACHTER, Israel und jeschurun (Arbeiten zurTheologie 1/46), Sr 1971, págs. 58-64; Mys- terium Salutis 4/1, 23-99 (N. FüG- LISTER; trad. esp., Ma 1969ss.); H. SEEBASS,«Erwagungenzumaltisrael.

SystemderzwólfStamme»,ZAW90

(1978),págs. 196-220;G. BRAULIK, Dtn 1-16,17