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LA APROXIMACIÓN INICIAL

El problema de la definición en psicoterapia: al existir una pluralidad de enfoques psicoterapéuticos


por ende se da también una amplia gama de definiciones de psicoterapia. Sin embargo, la mayoría de estas
coinciden en identificar a la psicoterapia como un tratamiento ejercido por un profesional autorizado que
utiliza medios psicológicos para ayudar a resolver problemas humanos, en el contexto de una relación
profesional.
Frank considera a la psicoterapia como aquellos tipos de influencia caracterizados por:
1) Una persona que cura, capacitada y socialmente autorizada, cuyos poderes curativos son aceptados por
el que sufre y por el grupo social o por una parte importante de él.
2) Una persona que sufre que busca alivio en la persona que cura.
3) Una seria de contactos circunscritos, más o menos estructurados, entre la persona que sufre y la que
cura, por medio de los cuales el que cura, a menudo con la ayuda de un grupo, intenta producir ciertos
cambios en el estado emocional, las actitudes y la conducta del que sufre. Aunque pueden utilizarse
accesorios físicos y químicos, la influencia curativa se ejerce principalmente por medio de palabras,
actos y rituales en los que el que sufre, el que cura y el grupo participan conjuntamente.

ELEMENTOS
1. EL CLIENTE
Es la persona que acude a los servicios psicoterapéuticos. Tienen en común que experimentan algún tipo
de dificultad, malestar o trastorno, que es importante en sus vidas como para provocar un deseo consiente de
cambio. Por lo general, antes de acudir a psicoterapia, los individuos han intentado solucionar sus dificultades
recurriendo a otras fuentes, tales como amigos, médicos, sacerdotes, etc. Habitualmente expresan conflictos
con otras personas y síntomas tales como ansiedad, desesperanza, conducta de evitación, insomnio, ideas
obsesivas, amnesia, pérdida de apetito, etc. Resulta común que estos sentimientos se expresen como algo
extraño a sí mismos, desconocido y que no pueden controlar; en consecuencia, es frecuente que acudan a la
terapia con expectativas poco realistas, es decir, buscando que el terapeuta les de la solución a sus problemas
del mismo modo que el médico le receta una pastilla. El proceso de la terapia se diseña no para cambiar a los
pacientes sino para ayudar a que se cambien a sí mismos.
En resumen, el paciente es cualquier persona que siente necesidad de realizar cambios en su forma de
relacionarse consigo mismo y con el mundo.
La persona que se está cuestionando si asistir a psicoterapia se encuentra en una situación particular. Por
un lado, tiene que poder admitir que ella no puede resolver la situación por sí sola, lo cual supone el
reconocimiento de un cierto fracaso personal o de incapacidad. Pero, por el otro lado, va a ingresar en un
proceso en el que lo que interesa es incrementar el sentimiento de competencia personal. Así, en el momento
en que el cliente pide ayuda se coloca en una posición opuesta que se quiere conseguir con la psicoterapia.
Es importante considerar la ansiedad que puede despertar el hecho de iniciar una psicoterapia. Se puede
relacionar con la falta de referentes que existen en nuestra cultura sobre lo que es una psicoterapia.
Hay casos donde la persona que solicita la terapia no es la que sufre el síntoma y otros en los que no se
acude por decisión e iniciativa propia sino por indicación o mandato de otros. Es importante distinguir entre:
 Demandante: aquel que determina que es necesaria la intervención de un profesional de la psicoterapia.
 Paciente identificado (PI): el portavoz del síntoma o problema.
Cuando el demandante y PI no coinciden la terapia resulta mucho más compleja.
La figura del cliente puede incluir a un individuo concreto, una pareja, un grupo o una institución.

2. EL PSICOTERAPEUTA
La pregunta sobre quiénes son los que practican psicoterapia en la actualidad puede plantearse de dos
formas. Por un lado, desde el punto de vista de los requisitos formales que se requieren para ser socialmente
autorizado como psicoterapeuta. Por el otro, desde el punto de vista de las características personales asociadas
con la elección de la profesión de psicoterapeuta.
Con relación a los requisitos formales, conviene tener presente que aunque el rol social de psicoterapeuta
es muy antiguo, la profesión de psicoterapeuta es muy reciente. Aunque la tendencia en la actualidad apunta
hacia la formación de psicoterapeutas en el marco de la psicología científica, los principales argumentos en
este campo se han desarrollado en el marco de los distintos modelos psicoterapéuticos.
En relación a las características personales asociadas con la elección de la profesión de
psicoterapeuta, se encuentran:
a) Motivaciones funcionales asociadas con la elección de la profesión de psicoterapeuta:
 Interés natural por la gente y curiosidad sobre sí mismo y los demás. Asociada con el aprecio por los
aspecto creativos, expresivos y artísticos de la vida.
 Capacidad de escuchar. Principal instrumento curativos del psicoterapeuta. Parecen tener una tendencia
natural a disfrutar oyendo a los demás hablar de sí misma.
 Capacidad de conversar.
 Empatía y comprensión. Estas personas son capaces de reflejar el significado y motivación de la conducta,
los pensamientos y los sentimientos de sí mismo y los demás.
 Capacidad de discernimiento emocional. El conocimiento y la aceptación de las propias emociones
promueven actitud natural y genuina que facilita la curación psicoterapéutica de los demás.
 Capacidad introspectiva, la tendencia a la introspección en los psicoterapeutas puede ayudarles a facilitar
la autoexploración del cliente.
 Capacidad de auto negación, de las gratificaciones personales resulta beneficiosa para la práctica, la tarea
requiere que el terapeuta deje a un lado sus propias necesidades personales y se centre exclusivamente en
las necesidades del paciente.
 Tolerancia a la ambigüedad. Capacidad para soportar lo desconocido, las respuestas parciales y las
explicaciones incompletas. Es importante ya que muchas situaciones vitales y existenciales no tienen a
menudo una respuesta clara, el terapeuta debe tener la capacidad para resistir un cierre prematuro, dar
respuestas rápidas o asumir una posición autoritaria antes el estado de confusión y crisis del cliente.
 Capacidad de cariño. Las personas que eligen esta profesión parecen poseer una actitud de paciencia y
cariño hacia los demás, a menudo acompañadas con una actitud no crítica que les permite aceptar a las
personas como son.
 Tolerancia a la intimidad. Ya que el terapeuta eficaz debe ser capaz de tolerar una intimidad profunda
durante largos periodos.
 Confortable con el poder. Disfrutan sintiéndose en posición de poder e influencia pero deben saber evitar
la trampa de sentirse omnipotente.
 Capacidad de reír. Importante porque el humor cuando se expresa en el momento oportuno tiene
propiedades curativas.

b) Motivaciones disfuncionales asociadas con la elección de la profesión de psicoterapeuta:


 Aflicción emocional: muchos eligen esta profesión para alcanzar una mayor comprensión de si mismo, un
mayor dominio sobre sus problemas personales y una autocuración de sus propios trastornos emocionales.
Esta motivación puede ser perjudicial o beneficiosa para el ejercicio de la profesión en función de si el
futuro terapeuta consigue, a través de su formación, superar sus trastornos personales. La naturaleza misma
de la formación promueve la introspección, el discernimiento emocional y la reorganización psicológica.
Si todo ello conduce a que alcance una resolución de sus propios traumas y un nivel superior de
funcionamiento, entonces es posible que las personas sufrieron altos niveles de trastornos psi. Sean los
mejores psicoterapeutas. Si no es así puede desarrollar un deseo mesiánico de compartir vicariamente la
curación de otros cuando la propia parece inalcanzable, la misma puede ser contraproducente para el
ejercicio de la profesión, porque puede distorsionar seriamente la distancia terapéutica.
 Manejo vicario. Muchos se deciden por esta profesión como una forma de tratar vicariamente con las
contingencias y realidades de la vida. El psicoterapeuta puede ponerse en la posición de ayudar a otros a
superar cuestiones no superadas en su propia vida. Esta situación puede llevar a adoptar una situación
voyerista en la relación terapéutica, que no beneficia al paciente.
 Soledad y aislamiento. Puede ser elegida porque permite satisfacer la necesidad de contacto e intimidad
en un contexto estructurado y asegurado. Perjudica al ejercicio profesional y a la vida personal del
terapeuta.
 Deseo de poder. Cuando el terapeuta no consigue una distancia adecuada con el poder, la idealización del
mismo que realiza el paciente puede producir en el terapeuta una tendencia general hacia la agresividad,
el dominio y la explotación de los demás en sus relaciones personales.
 Necesidad de amor. Es perjudicial cuando va acompañada de un afán mesiánico o cuando el terapeuta
entiende que su amor y aceptación, por si mismos, son agentes curativos. La grandiosidad de esta actitud
puede ser contraria a los intereses de paciente.
 Rebelión vicaria. Algunos pueden sentirse atraídos porque la profesión ofrece una oportunidad segura para
expresar sus necesidades de rebelarse y atacar a la autoridad, resulta perjudicial para la psicoterapia porque
puede conducir a recomendar a los clientes actitudes contrarias a la tradición que pueden funcionar en
contra de los intereses de estos.
 La elección de la profesión se estudió también en relación con determinadas condiciones familiares. Se
detectó que los futuros psicoterapeutas provienen de familias en las que la situación de reciprocidad
emocional ha estado alterada por diversas circunstancias, facilitando así una forma de relacionarse con los
demás en la que se es muy sensible a las necesidades de los otros, mientras a la vez se aprende a silenciar
las propias necesidades.

Hasta el momento se refirió al terapeuta en un sentido unipersonal, sin embargo para ser estrictos hay que
referirse al sistema terapéutico como entidad que puede incluir más elemento que el terapeuta. Por ej.: terapias
familiares contemplan el rol del co-terapeuta, se trata de una figura que trabaja de forma coordinada con el
terapeuta.

• Equipo terapéutico. Se caracteriza por compartir parte de la responsabilidad terapéutica, bien asesorando
al terapeuta a partir de sus comentarios acerca del estado del caso (sesión clínica), bien observando el proceso
directamente (a través de un video o espejo) y eventualmente participando de modo simultaneo en dicho
proceso (mediante consultas con el terapeuta durante la sesión o incluso con mensajes dirigidos directamente
al cliente).

• Supervisión. Es importante para los principiantes como para los expertos. Consiste en una consulta de un
caso a un terapeuta considerado más experto, sea por su mayor experiencia, prestigio o por la distancia en la
que se sitúa al no estar implicado directamente en el caso.
 Supervisión directa: el supervisor observa desde un monitor o espejo unidireccional el trabajo del
terapeuta.
 Supervisión indirecta: la consulta de supervisión se realiza con posterioridad y parte del relato del
terapeuta.

3. LA RELACIÓN TERAPÉUTICA
La relación entre terapeuta y cliente es uno de los elementos distintivos esenciales de toda psicoterapia.
Para que la relación sea verdaderamente terapéutica, debe ser diferente de otras relaciones en la vida del
paciente. La diferencia esencial reside en que se trata de una relación profesional: el terapeuta se interesa
genuinamente por el cliente, pero no forma parte de sus relaciones interpersonales cotidianas. Del carácter
profesional se deprenden otras características como asimetría, carácter retributivo y encuadre.
La relación terapéutica es asimétrica porque se inicia a partir de la demanda del cliente y se centra en sus
necesidades. Además, al terapeuta se le retribuye por su trabajo.
Asimismo al ser una relación profesional, la relación terapéutica requiere una estructuración específica, es
decir un encuadre: conjunto de reglas fijadas por el terapeuta para hacer viable la psicoterapia. Estas incluyen
los honorarios, la duración y la frecuencia de las sesiones, el lugar donde se realizan, las vacaciones, etc.
Existe un consenso generalizado en recomendar que el terapeuta y cliente no mantengan ningún otro tipo de
relación fuera de la relación terapéutica. Resulta desaconsejable que el terapeuta acepte como cliente a un
familiar, un amigo o a un conocido, con quien mantiene una relación previa.
Independientemente del encuadre externo, el modelo psicoanalítico habla del encuadre interno o de la
actitud del analista, la cual tiene que ser neutral para facilitar el proceso transferencial. Es importante destacar
que los diferentes modelos terapéuticos sugieren visión particulares de lo que debe ser la relación terapéutica:
 Modelo humanístico-existencial: destaca la calidez personal mediante actitudes de empatía,
consideración positiva y autenticidad del terapeuta.
 Modelo conductual: se propone al terapeuta como objeto de moldeamiento y reforzador de la
conductas apropiadas.
 Modelo cognitivo: relación de guía orientador.
 Modelo sistémico: terapeuta se sitúa en una posición de equidistancia con relación a las posturas de
los distintos miembros de la familia.

La noción de alianza terapéutica, originada en el seno del modelo psicoanalítico, resulta generalizable a
otros modelos. El desarrollo de una adecuada alianza terapéutica es un factor de cambio esencial en todas las
formas de psicoterapia, aunque su naturaleza varié según la modalidad de terapia. Componentes:
 Vínculo establecido entre clientes y terapeuta: la calidad de este vínculo determina el tono emocional
de la vivencia que el cliente tiene del terapeuta, que influye en su colaboración en el proceso
terapéutico.
 Grado de acuerdo de los objetivos: se trata de si el cliente y terapeuta orientan sus esfuerzos en la
misma dirección.
 Acuerdo en las tareas de la terapia: es decir, en el acuerdo acerca de los medios que son adecuados
para conseguir los objetivos propuestos.
Estos tres aspectos se influyen mutuamente.

EL PROCESO TERAPÉUTICO
Al hablar de proceso terapéutico es sentido amplio, se hace referencia al conjunto de procesos
psicosociales que tienen lugar desde el inicio al final de la psicoterapia. La concepción del proceso terapéutico
depende del modelo psicoterapéutico que se adopte. Existen planteamientos que abarcan el proceso
psicoterapéutico en general, independientemente de un modelo terapéutico especifico.
Ya Rogers (1942) había propuesto un modelo general del proceso terapéutico que constaba de tres etapas
básicas: catarsis, insight y acción. Carkhuff tomo este mismo modelo como punto de partida pero enfatizando
el papel de la tercera fase más de lo que hizo Rogers, y sometiéndolo a investigación empírica. Según esta
propuesta el cliente sigue las siguientes fases en el proceso terapéutico:
a) Exploración de la situación;
b) Comprensión de la situación en relación con los objetivos; y
c) Actuación para conseguir los objetivos.