Sie sind auf Seite 1von 15

LA APOLOGÍA CRISTIANA DEL PERÍODO DE LA IGLESIA ANTIGUA

DANNY J. LÓPEZ O.

PROFESOR: MICHAEL DELARM

SEMINARIO REFORMADO LATINOAMERICANO

HISTORIA DE LA IGLESIA ANTIGUA

Cabimas, Zulia, Venezuela – 2018


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

I. La apología

A. Definición

II. Los apologistas del período de la Iglesia antigua

A. Juan (Hermano de Jacobo)

B. Cuadrato

C. Arístides

D. Justino Mártir

E. Taciano

F. Atenágoras

G. Teófilo

H. Orígenes

I. Tertuliano

J. Minucio Félix

K. Ireneo

L. Cipriano

M. Atanasio

N. Agustín

III. La apologética del cristianismo frente a la persecución

A. La persecución contra los cristianos

B. Acusaciones contra los cristianos


C. Defensa contra las acusaciones
INTRODUCCIÓN

Es innegable el hecho de que durante el período de la Iglesia antigua hubo mucha

persecución contra la Iglesia de Cristo. Comenzando por parte de los propios judíos para con sus

compatriotas cristianos, como por parte de los gentiles (Los romanos), quienes más adelante fueron

los que encabezaron la persecución contra los cristianos.

Los Apóstoles del cordero, es decir, los doce, se enfrentaron a estas persecuciones y aunque

no se puede asegurar con detalles los aspectos de su muerte, puede decirse que muchos de ellos

murieron siendo mártires. Jacobo, siendo el primer Apóstol martirizado dio testimonio de lo que

sobrevendría a los cristianos a lo largo de estos primero cinco siglos.

En el desarrollo de la historia, varios siervos del Señor, como también lo fueron los

Apóstoles, se levantaron para dar defensa de la fe, lo que se puede llamar “Apología” o

“Apologética”. Algunos de ellos dieron defensa contra las injusticias que el mismo imperio

aplicaba sobre ellos, pero otros dieron defensa de los aspectos teológicos de su fe, es decir, de lo

que se relaciona con la doctrina cristiana.

En este material se pretende abordar el concepto de la apología y la aplicación de la misma

a lo largo del primer período de la Iglesia antigua, presentar a algunos de los apologetas, las

acusaciones por las cuales eran entregados y martirizados los cristianos como también las defensas

que presentaron los mismos ante tales acusaciones.


DESARROLLO

I. La apología

A. Definición

Es preciso poder tratar el significado del término para poder desarrollar el resto del material

y ver quienes se identifican con este adjetivo de apologistas. La Real Academia Español define el

término “Apología” como: “Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o

algo” (DRAE, 2014).

II. Apologistas del período de la Iglesia antigua

Este material no pretende presentar de manera exhaustiva a todos los apologistas del período

de la Iglesia antigua, sino presentar a los que tuvieron algún grado de reconocimiento y de los que

se tienen algunos escritos. Cabe destacar que aunque fueron considerados como apologistas, no

todos ellos permanecieron en la sana doctrina, sino que algunos de ellos se volvieron herejes.

A. Juan

A pesar de que muchos libros no lo citan, Juan realmente es un apologista del primer siglo

de la Iglesia, como lo son otros Apóstoles. En su primera carta, Juan desarrolló un tratado

apologético contra una herejía que se había levantado dentro de la Iglesia, por lo cual habla del

siguiente asunto: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo

ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne,
no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que

ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3 Versión Reina Valera 1960).

B. Quadrato

Quadrato (Cuadrato) fue un apologista que posiblemente vivió entre el primer y segundo

siglo. Algunos afirman que fue discípulo de los Apóstoles. Pocas cosas se hablan acerca de este

hombre por parte de Eusebio. Según González (1994), “…una de las más antiguas apologías que

han llegado a nuestros días es el Discurso a Diogneto, cuyo autor anónimo, quizá Cuadrato, parece

haber vivido a principios del siglo segundo” (p. 78).

C. Arístides

Se conoce a Arístides como uno de los apologistas más tempranos del segundo siglo,

mencionado también por Eusebio. Como Cuadrato, también escribió una carta o apología al

emperador Elio Adriano, quien sucedió al emperador Trajano. Según González (1994), la fecha de

su composición se ubica en el 138 d.C. (p. 78).

D. Justino Mártir

Justino Mártir fue un hombre que corrió por varias corrientes filosóficas en búsqueda de la

verdadera filosofía, peregrinación en la cual llegó al cristianismo, a la cual declara como

“verdadera filosofía” (González, 1994. p. 69). Quizá pueda considerarse como el apologista más

famoso del período antiguo de la Iglesia. Entre sus escritos puede encontrarse dos apologías y el

dialogo con Trifón.


E. Taciano

No se conoce mucho acerca de la conversión de este apologista, pero algunos concuerdan

con que se convirtió bajo la predicación de Justino Mártir. Fue considerado como un discípulo de

Justino, y escribió una apología llamada “Discurso a los griegos”.

F. Atenágoras

En el mismo siglo segundo, se encuentra a un hombre llamado Atenágoras, quien fue un

filósofo del mismo tiempo que Taciano y que, afirma González (1994), escribió en defensa de los

cristianos y un tratado sobre la resurrección de los muertos.

G. Teófilo

Este es un hombre conocido por los alrededores del año 180 d.C. Según González (2010)

en sus escritos manifestó un conocimiento muy superficial de los aspectos culturales que le

rodeaban, como también de su defensa a favor del cristianismo. Sin embargo, dejó varios escritos

denominados “Libros a Autólico”.

H. Orígenes

Orígenes fue un hombre del siglo tercero, considerado como un gran maestro de Alejandría,

quien escribió una apología contra Celso. Afirma González (2010), se sabe que fue un hombre de

padres cristianos. Su padre fue martirizado en el período del emperador Septimo Severo, y su

madre le libró de ser encarcelado y quizás martirizado escondiendo sus ropas, para que no saliera

a la calle a causa de su celo.


I. Tertuliano

Tertuliano fue muy distinguido y famoso por su defensa del cristianismo, era experto en la

ley romana. Parece haberse convertido al cristianismo a la edad de 40 años. Parece ser que era

abogado por como defendía a los cristianos en un comentario acerca de la decisión de Trajano en

cuanto a la sentencia contra los cristianos.

J. Minucio Félix

Minucio Félix fue un hombre considerado como muy intelectual, quien también fue

abogado. Su literatura fue considerada como una de las mejores composiciones de la Iglesia

primitiva. Según Backhouse E. & Tylor C. (2004), su composición fue catalogada como “La perla

de la apologética cristiana” (p. 71).

K. Ireneo

Ireneo fue un hombre reconocido, el cual fue discípulo de Policarpo. Algunos proponen

que su nacimiento fue en el año 130 d.C., y que se dio en Lión, donde posteriormente sería

ordenado como Obispo a causa del martirio de Fotino. Procuró llevar a la congregación a la que

estaba dedicado en la sana doctrina y la vida correcta. Sus escritos apologéticos se ocupaban de

callar la herejía, más que refutar los juicios injustos contra los cristianos.

L. Cipriano

Según González (1994), “Cipriano se había convertido cuando tenía unos cuarenta años de

edad, y poco tiempo después había sido electo obispo de Cartago” (p. 130). Cipriano tenía como

mentor a Tertuliano a través de sus escritos, y al igual que él, era hábil en la retórica. Sus escritos
son considerados como una de las mejores piezas de composición apologética del período de la

Iglesia antigua del siglo tres.

M. Atanasio

Se sabe de este hombre que fue de Alejandría, de apariencia no muy notable, pero que

estuvo entre las personas que asistieron al concilio de Nicea. Fue enseñado en mucho por los mojes,

es decir, fue influenciado por la doctrina monástica. Según González (1994) se sabe de él que “de

todos los opositores del arrianismo, Atanasio era el más temible” (p. 225). Antes del concilio, se

sabe que Atanasio ya había escrito sus obras: “Contra los gentiles”, y “Acerca de la encarnación

del Verbo”.

N. Agustín

Agustín fue un hombre que tuvo muchos embates en su corazón respecto a obedecer a Dios

o no hacerlo. Fue a través de las palabras de un niño que encontró una motivación para leer un

famoso pasaje del Apóstol Pablo, afirma Gonzáles (1994), las palabras del niño fueron “Toma y

lee, toma y lee, toma y lee” (p. 268). El pasaje que leyó del Apóstol Pablo fue: “Andemos como

de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas

y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos

13:13-14 Versión Reina Valera 1960).

III. Apologética del cristianismo frente a la persecución

A. La persecución contra los cristianos


Desde el primer siglo de la Iglesia de Cristo empezó a ser objeto de la persecución. En

muchas oportunidades, estos atropellos se debían a la negativa de adorar o rendir culto al

emperador (El cual era considerado un dios dentro del imperio romano) y a los otros dioses que

tenían los romanos.

Aunque los cristianos no representaron una amenaza para el imperio romano, su negativa

a obedecer las órdenes de los principales representaba una falta de sujeción a la autoridad, razón

por la cual se les condenaba a morir a estos cristianos. Repetidamente se les motivaba a blasfemar

contra Dios (Apostatar) y adorar al emperador, ante lo cual, muchos sucumbieron, pero otros,

permanecieron y se les otorgó la corona del martirio, como fue el caso de Policarpo, quien

habiéndose entregado a las autoridades que le buscaban, según Gonzáles (1994), respondió a la

misma que le pedía que tuviera consideración de su edad y blasfemara contra Dios: “Llevo ochenta

y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho. ¿Cómo he de maldecir a mi rey, que me salvó?”

(p. 65).

En algunos de estos juicios, se les daba la oportunidad de defenderse, cosa que los cristianos

tomaron de parte de las prácticas griegas del pensamiento, mientras que en escazas oportunidades

se levantaba alguien a defender la causa de los cristianos, como fue el caso del cual habló Justino

Mártir en una de sus apologías, donde narra que: “en el juicio de un cristiano se presentaron otros

dos a defenderle, y la consecuencia fue que los tres murieron como mártires” (González, 1994. p.

67).
A la luz de algunos casos de martirios, entre ellos, uno especial como lo es el de Policarpo,

puede verse, como un patrón básico, el hecho de que a los cristianos se les daba la oportunidad de

defenderse y convencer al populacho de que los juicios realizados contra ellos eran injustos.

B. Acusaciones contra los cristianos

Es evidente entonces, que ciertamente los cristianos eran llevados a juicios, pero muchos

de ellos por lo general no eran por causa de una persecución organizada, pues hubo un tiempo en

el que el emperador consideró no gastar tanto en la persecución contra los cristianos, de manera

que solo los cristianos eran llevados a juicio cuando se les presentaba o se les acusaba. Fue así el

caso de Justino Mártir, quien se cree fue entregado por su rival Crescente en son de venganza: Fue

acusado a las autoridades para ser posteriormente martirizado.

Las acusaciones para que los cristianos fueran presentados a las autoridades eran simples

supersticiones o presunciones, pues realmente no se podía corroborar el hecho de que cometían las

atrocidades que se les atribuía por parte de quienes les acusaban.

Según González (1994), las cosas por los que se les acusaba, encontramos lo siguiente: (a)

Canibalismo, por cuanto escuchaban que en una cena comían el cuerpo de un hombre, y que éste

hombre era un niño nacido de un pesebre, (b) asesinato, pues mataban al niño para poder comerlo,

y quien lo hacía era el neófito recién iniciado en la fe, (c) orgías, por cuanto se reunían en sitios

oscuros, justo después de un festejo de comida y bebida que realizaban llamada “la fiesta del

amor”, (d) incesto, pues escuchaban que se llamaban hermano y hermana, aún entre esposos,
relacionado también con lo de las orgías, (e) borracheras, (f) adoraban a un asno como Dios, por

lo que eran motivo de burla, (g) ateos, (h) entre otras.

C. Defensa contra las acusaciones

Varios hombres destacados se entregaron a la defensa del cristianismo, por lo que algunos

escribieron comentarios acerca de las decisiones tomadas, como ilógicas e injustas por parte de las

autoridades o jueces.

Ante la acusación de ser ateos, muchos cristianos se valían de argumentos filosóficos para

manifestar el hecho de que las personas se creaban dioses a su propia imagen, es decir, que los

dioses que las personas tenían eran producto de la invención humana. Argumentaban el hecho de

que no podían adorar a un dios que fuera producto de la imaginación humano, pues el único Dios

había creado todas las cosas y era un error adorar cualquier cosa de la creación. Según González

(1994), el proponente de esta defensa fue Taciano. Si algo hay que resaltar de los cristianos y aún

de los judíos que era común que fueran presentados por esto, pues ellos era monoteístas, es decir,

creían y adoraban a un solo Dios.

Tocante a las orgías y las uniones incestuosas, borracheras, asesinatos y cualquier otra cosa

ilícitas, los creyentes respondían en función de lo que su fe enseñaba. La razón presentada para

defenderse la presenta Gonzáles (1994) de la siguiente manera: “¿Cómo pensar que en nuestro

culto se dan orgías y uniones ilícitas, cuando nuestros principios de conducta son tales que aun los

malos pensamientos han de ser desechados?”. Ellos apelaban al hecho de que si predicaban una
moral cuyos estándares eran totalmente diferentes a los del mundo y que básicamente eran los

mismos que Dios había dado desde la antigüedad, sería ilógico que practicaran algo contrario.

Frente a la acusación de que comían a los niños en las fiestas, respondieron alineados a la

misma exposición del párrafo pasado. Tal práctica no iba en armonía con lo que enseñaban. En su

lugar, señalaron el hecho de que la práctica de la sociedad era la que debía ajusticiarse, pues

dejaban a los niños expuestos ante los abates de los elementos, es decir, los tiraban y los

abandonaban en la calle para que murieran de hambre y bajo la exposición del frío y en general de

todo lo que enfrentaban los niños abandonados.

Entre las defensas que se presentaban, también se hablaba acerca de la negación a adorar o

rendir culto al emperador. De esto si se consideraban culpables, puesto que no deshonrarían a su

Dios adorando a los seres creados. No solamente se declaraban culpables, sino que añadían el

hecho de que el emperador no necesitaba ser adorado, sino que se le sirviera, es decir, que se le

ayudara para que la sociedad gozara de orden y bienestar. Ante tal declaración, afirmaban que no

había mejor integrante de una sociedad que un cristiano que deseara servir al Señor por sobre todo,

pero también obedecer y sujetarse a las autoridades impuestas por Dios, tal como dice la Palabra:

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de

Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1 Versión Reina Valera 1960).
CONCLUSIÓN

A la luz de lo que se ha desarrollado, puede considerarse que la Iglesia de Cristo en realidad

no ha dejado de ser perseguida. Quizá no sea una persecución que lleve al creyente a la muerte por

causa de su fe en la actualidad, pero si algo se ha visto como patrón a lo largo de la historia, es que

el cristianismo siempre ha sido atacado por el alto estándar moral que ha recibido de parte de Dios

y que así mismo predica de verbal y prácticamente por mandato de Dios para el bienestar y el

orden social. Los cristianos aún siguen siendo presentados o acusados a causa de lo que enseñan y

práctica, de manera que es necesario presentar una defensa de la fe.

No cabe duda que en toda la historia de la Iglesia Dios ha proveído de hombres y mujeres

dispuestos, no solo a morir por su fe en Cristo, sino también a defender tal fe. Más allá de reconocer

alguna gloria de estas personas que han vivido a lo largo de la historia, debe considerarse tomar

como ejemplo lo que hicieron y lo que dejaron. Es necesario recordar lo que afirma el maestro:

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y

nada hay nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1:9 Versión Reina Valera 1960).
BIBLIOGRAFÍA

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.a ed.). Consultado

en http://dle.rae.es/?id=3EdAe0R

González J. L. (1994). Historia del cristianismo (Tomo I). Miami: Unilit

González J. L. (2010). Historia del pensamiento cristiano. España: CLIE

Backhouse E. & Taylor C. (2004) Historia de la Iglesia primitiva: Desde el siglo I hasta la

muerte de Constantino. España: CLIE