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EL DERECHO A UNA CIUDAD EMANCIPATORIA1

Omar arrieta c2.

Para nosotros, lo más sorprendente de la literatura sobre la ciudad y el urbanismo


en el último siglo, es ese intento periódico, de parte de los expertos en el
diseño urbano, por definir ciudades atractivamente adjetivadas: existen ciudades
jardín, ciudades salubres, ciudades ecológicas, verdes, sostenibles,
compactas, difusas, mixtas, y a escala humana. Pero todas ellas han sido
pensadas, propuestas, intervenidas, o renovadas dentro de la lógica del
capitalismo y, digámoslo así, de la razón burguesa, heredera del pensamiento
racionalista, newtoniano, positivista, reduccionista y patriarcal. Y de este,
llamémosle, “marco epistémico” no ha sido posible salirse.

Nuestra exposición parte de un punto de reflexión simple y si se quiere,


trillado:¿es posible soñar con otra ciudad en nuestros países? es decir, ¿es
posible vivir en una ciudad distinta de la que fue pensada con la modernidad, La
ciudad industrial capitalista, excluyente, desigual y patriarcal, que se plasma en
una arquitectura y una cultura de la lógica más perversa de la modernidad? A
partir de aquí nos preguntamos ¿Es la ciudad (cosa en sí) capaz de promover la
emancipación? ¿Cuál es la instancia (si existe) emancipatoria de la ciudad?

Estas interrogantes ciertamente surgen porque entendemos la ciudad como un


espacio socialmente construido, en donde se reflejan las contradicciones socio -
políticas y culturales de un mundo desigual y diverso. Pero, ¿Es la ciudad
únicamente un producto social? Es decir, ¿qué es lo social y qué es lo natural
del espacio construido, del paisaje urbano, de la morfología de la ciudad?] ¿Qué
deviene natural en los espacios urbanos? Esto es, de qué manera la
metamorfosis del espacio urbano hace que lo artificial se nos convierta en
cotidiano y natural y qué importancia tiene este proceso de metamorfosis en la
posibilidad de imaginar un mundo urbano que contribuya a que sus habitantes
construyan lo que Boaventura de Sousa Santos llama otra civilización.

En un mundo pragmático, cortoplacista, utilitarista, neoliberal que construye, “de


manera natural”, la ciudad en la que hoy vivimos: ¿Cómo se sueña? ¿Cómo se
planifica? ¿Cómo se estructura el mercado en la ciudad? ¿Cómo se construye la
vida ciudadana?

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Versión presentada al VI Foro de Debates de los Pueblos y Culturas de las Américas, llevado a cabo los días
21 y 22 de junio del 2011. Universidad Nacional. Heredia, Costa Rica.
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Omar Arrieta Chavarría. Master of Arts de Clark University. USA. Es geógrafo y escritor. Es
profesor – investigador de la Escuela Ciencias Geográficas Universidad Nacional. Heredia, Costa
Rica. Entre sus publicaciones se destacan: El jardín en el espejo. Premio en la rama de cuento del
Certamen Una – Palabra 1999. Y el Poemario Res muerta. San José, Costa Rica. EUNED.
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Cuando Santos, nos habla de reinventar la emancipación social, piensa en plural,


piensa en emancipaciones, en diversidad, en interculturalidad, que son asuntos
también políticos, es decir, en nuestro caso, se trata de asuntos de la política de y
en la ciudad y con los ciudadanos.

Nuestra propuesta es que tenemos derecho a imaginar y a vivir diariamente en


una ciudad que promueva las emancipaciones. En otras palabras, tenemos el
derecho a soñar otra ciudad, pero también tenemos la responsabilidad de luchar
por construirla todos los días como un espacio de libertad plena.

Esa extraña ciudad de hoy

La ciudad de hoy es el espacio de la realización de los grandes negocios, desde


la renta y la especulación de sus suelos hasta la posibilidad de convertirlo
absolutamente todo en la mejor de las mercancías: la educación, la cultura, los
carteles, los seres humanos. Todo se compra, todo se vende y todo se justifica en
función del llamado desarrollo urbano. Cada centímetro cuadrado de terreno
tiene un valor extraordinario para el especulador, para el “desarrollista”. Es decir,
afear el paisaje, terminar con los espacios verdes, minimizar los espacios para la
construcción de parques y lugares de ocio, reducir los espacios públicos, limitar o
negar los servicios básicos para los ciudadanos de una barriada, todo se legitima
en función de la edificación de las grandes torres, de los megaproyectos urbanos.

La ciudad de hoy se nos aleja cada vez más. El rapto de la ciudad moderna por
el capitalismo la ha convertido en un espacio cada vez más extraño y ajeno al
habitante común, y cada vez nos aliena más. Y todos los días tenemos esa
sensación de que pareciera que hay un momento en el que la ciudad es un
apéndice del hombre y otro momento en que el hombre es un apéndice de la
ciudad. Y hay una distancia cada vez mayor entre el mundo del poder patriarcal
de los políticos, de los tecnoburócratas, y el mundo de los lugares y de las
personas comunes.

A nivel empírico, en términos de la gestión urbana o de lo que algunos


llaman la administración local, habría que revisar qué es la ciudad como cosa
en sí, por ejemplo, hay una gran discusión entre los estudiosos de la ciudad, no
solo sobre la definición de lo que es una ciudad, sino también sobre cosas más
triviales como dónde empieza y dónde termina una ciudad (los límites de la
ciudad) o cómo definir una ciudad en el marco de los procesos de aglomeración
urbana.

Por otro lado también se discute sobre si la ciudad es sólo el espacio densamente
construido, o por ejemplo, si es posible definir la ciudad sin tomar en cuenta su
área de influencia. A partir de esto, y en el plano más bien tecnoburocrático, se
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plantea la cuestión de cuáles son las competencias propias de la ciudad, el tema


de la autonomía de la ciudad, la autogestión, la administración local, o la cuestión
de la identidad urbana que ya antes señalamos. Pero esto no es solamente un
asunto meramente formal, los dirigentes locales pueden saber hasta dónde
ejercen territorialmente la administración urbana, pero para el ciudadano común la
ciudad es su entorno inmediato y tiene muchas veces, (con el crecimiento caótico
de su ciudad), poca idea de hasta dónde llega su territorio, es decir, hasta dónde
tiene derechos y deberes como ciudadano, con el espacio que habita.

A esta pérdida de identidad y del derecho a la ciudad, se suman los nuevos


procesos de fragmentación del espacio como resultado de la globalización del
mercado del suelo urbano. Muchos de los grandes proyectos urbanísticos están
pensados para el ocio y el estilo de vida frívola de las nuevas elites
transnacionales. Los grandes apartamentos o condominios de las torres urbanas
son para el disfrute del paisaje natural tropical de estos compradores
internacionales. Muchos de los grandes proyectos de renovación al interior de los
viejos cascos urbanos, estratégicamente construidos, tienen como finalidad
satisfacer el placer de los clientes de los países ricos. Esto es muy evidente en
los megaproyectos residenciales de los espacios urbanos costeros de Costa Rica,
pero también en algunas de las nuevas inversiones dentro de la Gran Área
Metropolitana. De esta manera la ciudad se fragmenta más y se divide en las
alturas, creando una nueva ciudad para otros ciudadanos que no tienen ni la
menor idea de lo que ocurre con los habitantes nativos y la vida local.

En medio de esos dos mundos que comparten el mismo escenario, están, por
ejemplo, los hospitales, para curar o ver morir a los enfermos que produce la
ciudad. Y aparece allí, de pronto, el negocio: no hay nada mejor para la ciudad
que contar con un buen hospital privado internacional.

No es extraño entonces el texto de Harvey cuando hace referencia al hospital


Johns Hopkins y la Escuela de Salud Pública adjunta, en la ciudad de Baltimore,
estos “… se encuentran entre los mejores complejos sanitarios del mundo, en una
ciudad en donde la esperanza de vida de sus habitantes es abismalmente baja y
la estadística de salud en los entornos inmediatos a estas instituciones cuenta una
atroz historia de empobrecimiento, marginación, explotación y abandono. La
esperanza de vida allí, está entre las más bajas del país y es comparable a la de
muchos de los países más pobres del mundo (63 años para los hombres y 73.2
para las mujeres”. (Harvey, 2000:159)

La ciudad, en la modernidad, ha sido pensada y construida, conforme se


desarrolla el capitalismo, para oprimir la vida en sociedad, para promover la
neurosis colectiva y la enfermedad mental.

Por otro lado, el derecho a la ciudad, tal y como lo señalan autores como Yves
Jouffe, es un concepto lleno de contradicciones en donde, además, no hay lugar
para recetas, es complejo (existe una variedad de derechos, dentro del derecho a
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la ciudad), puede ser reivindicado por la derecha (es decir, en nuestro país
particular, por los empresarios especuladores de línea dura con respecto al
crecimiento urbano), y puede tener efectos perversos , en el sentido de que la
ciudad sea más alienante, mas fragmentada, mas deshumanizada, más
dependiente de las tecnologías y del capital, más exclusiva de las élites
transnacionales en nombre del derecho a “generar riqueza para el país”, es decir,
en nombre del capital privado especulativo, que ha sido el creador directo de la
actual crisis del capitalismo mundial.

En las sociedades capitalistas, como señalan Pascual y Herrero (2010) y esto es


válido para los espacios urbanos, “la obligación de maximizar los beneficios y
mantener el crecimiento determinan las decisiones que se toman sobre cómo
estructurar los tiempos, los espacios, las instituciones legales, el qué se produce y
cuánto se produce. En la sociedad capitalista no se produce lo que necesitan las
personas, sino lo que da beneficios”. (pag.3)

Esto se refleja muy bien en el problema de confundir el derecho a la ciudad, con el


derecho a la proximidad o a la accesibilidad, que ha estudiado Jouffe para el caso
de las barriadas en Santiago de Chile Jouffe (s.f.). Señala este autor que

A través del derecho a la ciudad, el habitante exige su derecho a producir o


transformar la ciudad y usarla. Una primera reducción consiste en menospreciar la
dimensión participativa, poniéndola después del tema de la producción cuando
ésta queda por hacer, o después del tema del uso cuando los espacios urbanos ya
existen. Así las instituciones públicas o el mercado se harán cargo de construir la
ciudad en nombre del habitante y de volvérsela accesible.

En un segundo tiempo, el derecho a la ciudad puede ser reducido a la garantía del


acceso a la ciudad, menospreciando la importancia de su producción. Varios
servicios urbanos como los hospitales, las administraciones, las áreas culturales o
los centros de empleo, existen pero se concentran fuera del alcance de las masas
desfavorecidas, por culpa de la distancia o de otra forma de exclusión. Luego, el
tema del acceso domina el de la producción de los servicios. De manera ejemplar,
la planificación urbana renuncia a acercar el empleo de los trabajadores pero le
permite e impone desplazarse hacia sus trabajos. En estos ámbitos, el derecho a
la ciudad se concreta entonces como un derecho al acceso a la ciudad.

Como bien apunta este autor, la vida urbana exige sobre todo la supresión de las
fronteras, distancias y discriminaciones con el fin de garantizar el acceso a todos
los espacios de la ciudad. “El acceso mínimo pone en contacto el individuo con el
conjunto de los lugares donde necesita ir: su trabajo, su hospital, su centro de
esparcimiento, etc. El acceso máximo pone en contacto el individuo con el
conjunto de los mercados correspondientes a los servicios que necesita: el
mercado del empleo que corresponde a su calificación, el mercado de los servicios
de salud, el mercado del esparcimiento, etc.” De esta manera, "La accesibilidad
crea el mercado” y seduce y constriñe al ciudadano y como la accesibilidad le
anuncia su emancipación espacial y social, el habitante de la ciudad muchas
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veces cae en la trampa asociando movilidad espacial con emancipación y reduce


el derecho a la ciudad a el derecho a la movilidad, convirtiéndolo en mero derecho
a la accesibilidad. Así, el ciudadano reduce su derecho universal a la ciudad, al
derecho a una ciudad accesible, que obviamente tiene un carácter más sectorial.
(Ver, Jouffe, s.f. y Jouffe, 2010)

El derecho a la ciudad es un buen ejemplo, de cómo, al fragmentarse el discurso,


el poder y el sistema capitalista se apropia de los derechos ciudadanos para su
propio beneficio.

Sobre ambiente, sostenibilidad, ciudad verde, ecología y otras


yerbas urbanas.

Por otro lado, podemos pensar un poco la cuestión de la relación sociedad


naturaleza en la ciudad, a partir de experiencias, como la que documenta Almeida
López, y que además nos podría arrojar luces, para entender que lo ambiental no
es asunto solamente de recoger y reciclar desechos, sino que hay que buscar
otros enfoques para entender integralmente la cuestión del ambiente y también
las propuestas de las ciudades sostenibles o eco ciudades, o ciudades verdes
que surgen por todas partes en los diseños y las buenas intenciones de los
urbanistas.

“ „Pensamos en una ciudad de otro tipo‟, diferente de aquella ciudad identificada


como lugar de “explotación”; una ciudad donde sea posible congregar , “al mismo
tiempo”, producción agrícola y actividades urbanas, que permita una “condición
más amplia”, que asocie “vida campesina o rural con la vida urbana”; no se
trataba de imaginar una ciudad cuyo espacio físico fuera diferente de otra de la
región, sino que debería ser un lugar donde lo diferente se diera por la “forma de
organización”; una “ciudad sin discriminación”, es decir, sin exclusión de los
campesinos de las actividades típicamente urbanas, donde el propio colono del
asentamiento” pueda “generar el empleo para él mismo”, donde pueda hacerse
“dueño de sí mismo”; una ciudad que no se busque exclusivamente “por una
cuestión de supervivencia”, únicamente por el “empleo que pueda ofrecer”; en fin,
una ciudad que se constituya como “medio de reunión”, como “estructura montada
sobre otra concepción social ” y que se haga permeable a la “conciencia y al
modo de vivir” que el medio rural produce.” (Almeida, 2011:238.) [Definición de
¿qué entiende por ciudad? de los colonos del asentamiento Ireno Alves dos
Santos, en el centro oeste del estado de Paraná].

Como bien señala Aníbal Quijano (2011) “En Almeida, lo que descubrimos es la
emergencia de una trama de relaciones de tipo urbano, de conductas civiles, de
nuevos oficios, de formas de vecindad, de comunicación, en las cuales la vida y la
actividad campesina se entretejen con las nuevas necesidades e imágenes de la
vida urbana. …,”. (pág. 389)
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Las yerbas urbanas de las que aquí hablamos hacen referencia a esa idea tan en
boga de creer que el medio ambiente, o la ecología urbana, o la ciudad verde
puede vivir, como una yerba en la ciudad, sin cuestionarse el uso del poder, sin
percatarse, de que muchas veces, lo ecológico, lo verde, lo sostenible, lo
reciclable, forman parte de un discurso fragmentado del cual se apropian los
políticos, los empresarios y el capital, para crear la ilusión en la gente de que el
mundo en la ciudad puede ser mejor sin cambiar el origen, la esencia de los
procesos de degradación de los espacios urbanos, procesos que están
directamente asociados a las tecnologías contaminantes, las lógicas productivas y
las formas de consumo masivo que el mercado urbano promueve y que no son
seriamente cuestionadas por los planificadores o por los que tienen o ejercen el
poder local.

La ciudad emancipatoria desde la otra cara humana


Si somos seres destinados a vivir en ciudades, o de manera más laxa, en
espacios urbanos o en espacios y modos de vida rurales pero pensados como
ciudades, creemos que es necesario hacerlo y es posible lograrlo, desde distintas
formas, por ejemplo, la emancipación de la ciudad, puede entenderse en el plano
de los derechos ciudadanos, como la recuperación de la ciudad para toda la gente
según sus necesidades y de acuerdo con sus posibilidades, para la mujer y la
familia.

En el plano físico, significa entre otras cosas, preservar, recuperar, identificar los
elementos simbólicos que le dan identidad a una ciudad, en el plano de la
administración local, fortalecer el gobierno local y sus competencias, potenciar sus
capacidades como escenario del trabajo y del ocio. En el plano de la
globalización, emancipar la ciudad significa integrarse a la red global para
promover el encuentro de las culturas, para enriquecer el cosmopolitismo crítico
entre sus habitantes y sus visitantes. De esta manera, con nuestra práctica socio
-política, emancipamos la ciudad y la convertimos, a su vez, dialécticamente, en
una ciudad emancipatoria.

Pero recuperar la ciudad para la gente, significa para todos y todas. El derecho a
la ciudad, pasa por el derecho de las mujeres de tener una ciudad que contribuya
a la emancipación de ellas y la familia.

Con el feminismo, se enriquece la posibilidad de otra ciudad pues estos aportes


señalan la invisibilidad de la naturaleza y de la mujer al que les somete la
economía y la sociedad en que vivimos. Los trabajos de las mujeres, a pesar de
considerarse separados del entorno productivo, producen una mercancía
fundamental para el sistema económico: la fuerza de trabajo (Pascual y Herrero,
2010:3). Lo que estos autores llaman “trabajo de cuidados”, asociados a la
reproducción humana, incluyen la crianza de los hijos, la solución de las
necesidades básicas de la familia, la promoción de la salud y otros, como ellos
señalan:
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Esta colección difusa de trabajos incluye asuntos tan dispares como cocinar
(tres veces al día, siete días en semana, doce meses al año), cuidar a las
personas enfermas, hacer camas, vigilar constantemente los primeros
pasos de un bebé, decidir qué comen las personas de la casa, acarrear
productos para el abastecimiento (leña, alimentos, agua…), amamantar,
arreglar o fabricar ropa, ocuparse de los hijos de otra madre del colegio,
ayudar a hacer los deberes, fregar los cacharros, parir, limpiar el wáter,
mediar en conflictos, ordenar armarios, consolar, gestionar el presupuesto
doméstico… La lista de trabajos que se realizan y son invisibles, e
imprescindibles para el funcionamiento del sistema económico es
inacabable. Pascual y Herrero (2010:3)

En el ámbito del capitalismo los mercados se segmentan bajo su dominio, por


ejemplo, el espacio público urbano gestionado desde la racionalidad de la
sociedad patriarcal es considerado independiente del ámbito de la economía
doméstica, que es ignorada por el poder y arbitrariamente asignada a las
mujeres.

En una ciudad emancipatoria, el papel de la mujer en la ciudad y de la ciudad para


la mujer, debe obedecer a una lógica totalmente distinta a la heredada de esa
modernidad perversa de la que hablábamos al inicio. Las propuestas
emancipatorias, desde el enfoque de la mujer en la ciudad, deben incluir una
economía crítica que no solo las incorpore sino que sea una nueva teoría
económica donde sus aportes sean visibilizados tomando en cuenta el trabajo
reproductivo que se da fuera del ámbito mercantil, la que ocurre en la esfera
privada de la ciudad, de esa ciudad que ha sido estructurada solo para que la
mujer juegue ese papel pasivo de reproductora de la fuerza de trabajo desde la
invisibilidad de lo doméstico. Ello obliga a pensar otras racionalidades y no
solamente la ligada al mercado como medio de materializar la ganancia. Son
racionalidades que implican otros estilos de vida, otras formas de ver el mundo, la
economía y la familia, y otra forma de pensar, vivir y diseñar la ciudad.

Para concluir diremos que, primero, no será posible contar con una ciudad
emancipatoria, sin transformar el modelo de ciudad y de sociedad que surge con
la cara oscura de la modernidad: capitalista, patriarcal, excluyente. Segundo, No
es posible contar con una ciudad emancipatoria si se continúa diseñando una
urbe, un paisaje urbano, una morfología urbana que privilegia el espacio de lo
privado sobre lo público ciudadano, como espacio pensado únicamente para la
reproducción ampliada del capital. Tercero, existen ejemplos aislados y efímeros
dentro del movimiento social, de formas productivas (cooperativas solidarias, por
ejemplo), y de búsqueda de espacios alternativos al mercado capitalista que han
surgido en algunas urbes de países de África, Asia y América Latina. Estos son,
aún, proyectos incompletos, experimentales, que aparecen como prefiguraciones
de la ciudad emancipatoria y que estamos seguros, se irán fortaleciendo en el
futuro. Cuarto, es esencial, para los procesos de emancipación, entender cuál es
el papel que deben de jugar las universidades públicas de nuestros países, qué
tipo de investigación, qué tipo de extensión vamos a realizar con los habitantes
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de la ciudad. ¿Vamos a insertarnos acríticamente frente al poder del capital


privado y de los tecno burócratas a su servicio? ¿Vamos a revisar seriamente
nuestras alianzas estratégicas con las empresas que operan en la ciudad?
Desde las universidades ¿Vamos a apostar seriamente por contribuir a la
emancipación social y a edificar una ciudad emancipatoria en nuestro país? El
reto queda Allí.

REFERENCIAS

Almeida, J.M. de. “El dorso de la ciudad”: los sin tierra y la concepción de otro tipo
de ciudad (2011) En Santos, B. de Sousa (Coord.). Producir para vivir. México:
FCE. Pp. 219-254.

Jouffe, Yves. (2010) Contra el derecho a la ciudad accesible. Perversidad de una


reivindicación consensual. En Sugranyes, A. y Mathivet, C. Ciudades para tod@s.
Por el derecho a la ciudad, propuestas y experiencias, Santiago, Chile: Habitat
Intenational Coalition. Pp. 45 -58.

Jouffe, Yves. (s.f.). ¿Derecho a la ciudad accesible o a la ciudad cercana?


Discusión de una reivindicación ambigua desde el caso de hogares pobres de la
periferia de Santiago de Chile. En Instituto de la vivienda Facultad de
Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile, Fondecyt, N° 3080068.
Recuperado el 20 de junio del 2011 de
http://eventos.filo.uba.ar/index.php/geocritica/2010/paper/viewFile/690/320

Harvey, D. (2005). Espacios de esperanza. Madrid: Akal.


[2000. Spaces of Hope. Berkeley, CA: University of California Press.]

Pascual, M & Herrero, Y. (2010). Ecofeminismo, una propuesta para repensar el


presente y construir el futuro. Boletín ECOS nº 10 (CIP-Ecosocial ).

Purcell, Mark (2009), “Le Droit à la ville et les mouvements sociaux


contemporains”, in Rue Descartes, n°63, p. 40-50.

Quijano, A. (2011). ¿Sistemas alternativos de producción? En Santos, B. de


Sousa (Coord.). Producir para vivir. México: FCE. Pp. 369-399.