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T.F. (II) 20181113 1830 - Vat.

II - Tarea 2

Lo que dimos en esta clase:

1. Terminamos Vat. II y lo comparamos con Vat. I a través de sus constituciones respectivas


(Dei Filius y Dei Verbum)
2. Comentamos la Tarea 2 (muy bien comentado por parte de Marta Garre)
3. Empezamos a dar el documento "Teoría 5 Historia y revelación" (p.58) pero lo dejamos en
seguida.

***

DESARROLLO

A. Terminamos Vat. II.

Vamos a terminar con el artículo 5 de la DV, pero antes leemos DF. Recordemos que la DF
es la Constitución dogmática sobre la fe católica del concilio Vaticano I, promulgada el 24 de abril
de 1870. Con la Dei Filius un concilio se enfrenta dogmáticamente por primera vez con el tema de
la revelación y de la fe. El escenario histórico-cultural en que se sitúa ve en el horizonte dos fuertes
contraposiciones: por una parte, la crítica del racionalismo, y del semirracionalismo, que se
expresaba sobre todo en las diversas formas de agnosticismo: por otra, la posición de los
tradicionalistas y fideístas.

Leemos el resumen que nos dejó Marta Garre:

«El tercer capítulo, De fide, prosigue la enseñanza que se había dado sobre la revelación, afirmando que
la aceptación de la verdad revelada no es fruto de la razón; es mas bien fruto de la autoridad, de Dios
.mismo que se revela y que no quiere engañar a nadie. De todas formas, a la razón le queda siempre la
posibilidad de comprender el acto de fe como un acto libre en virtud del análisis de los signos de
credibilidad de la razón, en particular los milagros y las profecías, "que garantizan la sobrenaturalidad de
la misma revelación»

Ahora vamos a leer lo que pone DV. En relación a la fe y la razón aparecen dos nuevos
aspectos:

«La revelación hay que recibirla con fe.

5. Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe» (Rm., 16, 26; cf. Rm., 1, 5; 2 Cor., 10, 5-
6), por la que el hombre se entrega libre y totalmente a Dios, prestando «a Dios revelador el homenaje del
entendimiento y de la voluntad» y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar
esta fe necesitamos la gracia de Dios que previene y ayuda, y los auxilios internos del Espíritu Santo, el
cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da «a todos la suavidad en el
aceptar y creer la verdad». Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu
Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones»

Son bastantes las diferencias entre ambas constituciones (DV y DF). ¿Qué es lo que vemos?
Nos fijamos en la definición que da de la fe. Por un lado la fe aparece como respuesta del hombre
desde su libertad, como compromiso total y libre del hombre, eso no aparece en la DF. Y luego
además, para definir la fe, habla de la razón también. Aquí considera implícitamente que fe y razón
van unidas o son complementarias porque "por la fe el hombre se entrega libre totalmente a Dios
prestando a Dios el homenaje del entendimiento y la voluntad". En la aceptación del acto de fe si se
hace desde la libertad, se da una colaboración y al mismo tiempo un sometimiento de la razón a la

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revelación. Pero esto, ¿por qué se hace? por la gracia. Por lo tanto, es un acto de libertad y ahí
aparece la razón. Pero también necesitamos la gracia del Espíritu Santo y este ultimo no aparecía en
la DF. Estas son, pues, las dos diferencias con respecto a la fe de las dos constituciones.

Y luego en el artículo 6 de la DV, vamos a ver como cambia el orden respecto a Vat I.
Veamos:

«Las verdades reveladas.

6. Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a sí mismo y manifestar los eternos decretos de
su voluntad acerca de la salvación de los hombres, «para comunicarles los bienes divinos, que superan
totalmente la comprensión de la inteligencia humana». Confiesa el Santo Concilio «que Dios, principio y
fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo
de las criaturas» (cf. Rm., 1, 20); pero enseña que hay que atribuir a su revelación «el que todos, aun en la
presente condición del género humano, puedan conocer fácilmente, con firme certeza y sin ningún error,
las cosas divinas que por su naturaleza no son inaccesibles a la razón humana».

¿Dónde estaría aquí este cambio de orden? Vemos que el conocimiento de Dios por la
revelación lo coloca en primer lugar y en segundo lugar, el conocimiento natural. No desdice a Vat
I. pero prioriza una cosa frente a la otra. Esto lo vemos en el artículo que acabamos de leer:
«Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a sí mismo y manifestar los eternos
decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, «para comunicarles los bienes
divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana». ¿Y esto por qué?
porque la fe lleva donde no puede la razón, ya lo hemos visto. Ambas tienen su campo de actuación
pero no se contradicen, se necesita la una a la otra.

Hasta aquí las diferencias entre Vat I y Vat. II comparando las dos constituciones.

B. Tarea 2.

Comentamos la tarea 2 en su totalidad.

Empezamos leyendo:

«No es un dato adquirido el hecho de que la teología fundamental debe considerarse como una disciplina
teológica. En este aspecto se asiste todavía a una incertidumbre que es fruto de la diversa precomprensión
de la identidad de la materia.

Maravilla no poco esta perplejidad, sobre todo si se piensa en el hecho de que la Fundamental, por su
propia naturaleza, está llamada al estudio de la revelación y de su credibilidad.

Por tanto, es necesario que se justifique el carácter teológico de la Fundamental precisamente a partir de
sus contenidos y de las metodologías que se utilizan.

1. Carácter teológico de la Fundamental.

El primer elemento que hay que considerar es que la Fundamental pertenece a la teología sic et
simpliciter. Al ser una disciplina dirigida a la especialización es lógico que entra en el cuadro total de la
ciencia teológica y que con ella participa de sus contenidos y de sus metodologías. La aparición de la
teología fundamental ha de considerarse como fruto de un progreso dinámico que todas las ciencias ponen
en acto al estructurarse y al tener que corresponder a las diversas exigencias que requieren las épocas
históricas.

Así pues, la Fundamental no es algo distinto de la teología y por este motivo participa de su dinámica

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interna. Sin embargo, afirmar que es una disciplina teológica equivale a proponer de nuevo el dilema de
su peculiaridad respecto a las demás disciplinas y de su naturaleza específica respecto a las otras ciencias.

A partir de este último aspecto, es importante subrayar el carácter particular que posee la misma teología
como «ciencia». La ciencia se autodetermina a partir de su propio objeto y de las metodologías que utiliza
en sus análisis, así como de la capacidad de falsabilidad de sus a priori temáticos. Afirmar que la teología
es una ciencia no equivale a ponerla en el mismo nivel de las ciencias empíricas o experimentales, sino
más bien a poner de manifiesto que, aunque con su carácter paradójico -determinado por su misión de
estudiar el «misterio de la revelación de Dios»-, constituye y emplea un instrumental científico que le
permite alcanzar unos resultados universalmente comunicables»

Hemos de diferenciar bien cuándo el autor habla de otros y cuándo el autor se posiciona. El
autor se posiciona cuando dice «Así pues, la Fundamental no es algo distinto de la teología y por
este motivo participa de su dinámica interna. Sin embargo, afirmar que es una disciplina teológica
equivale a proponer de nuevo el dilema de su peculiaridad respecto a las demás disciplinas y de su
naturaleza específica respecto a las otras ciencias».

La idea del autor es afirmar que la TF es una disciplina teológica, es una ciencia pero no
equivale a ponerla al mismo nivel de las ciencias empíricas o experimentales porque posee una
peculiaridad y estaba en su OBJETO DE ESTUDIO: el misterio de Dios que se revela al hombre.
Pero sí que utiliza un instrumental científico, y estos serían los criterios de comprobación. Y estos
criterios de comprobación (o instrumental científico) van dirigidos a los no creyentes incluso, con la
finalidad de hacerles inteligibles el contenido de la revelación "como una realidad portadora de
sentido" (recordamos el tema anterior y de esta manera relacionamos la teoría dada en clase con el
texto que estamos trabajando).

En la página 62 del texto nos dice que la identidad de la fundamental se define por el objeto
de estudio, esto sería una segunda idea. La leemos:

«Más directamente, para la teología fundamental hay que observar que su objeto de estudio es el
acontecimiento de la revelación y la fe de los cristianos en ella. Este contenido específico la determina ya
como una disciplina que ha de ser capaz de asumir totalmente los requisitos del saber teológico, ante todo
la relación ineliminable con la revelación como su referente normativo y la fe de la comunidad creyente
que la acoge y transmite a lo largo de los siglos, así como su interpretación por obra del Magisterio.

Defender el carácter teológico de la Fundamental equivale a subrayar la relación entre su investigación y


el objeto de la misma. Este objeto no es, como para las otras ciencias, completamente verificable o
repetible. Al contrario, ha sido dado «una vez por todas» en la historia de la humanidad»

Nos está diciendo que la identidad de la TF se define por SU OBJETO DE ESTUDIO. Esto
es una segunda idea. ¿Qué más nos interesa? Seguimos leyendo:

«La investigación científica podrá ser capaz, en este caso, de acceder al acontecimiento histórico que se
cualifica y comprende como acontecimiento de revelación de Dios. En este horizonte podrá valorar los
diversos momentos y elementos que lo componen: probar su solidez histórica mediante las diversas
ciencias arqueológicas e históricas, valorar su sentido a través de un plan hermenéutico que permita la
comprensión del significado real de los textos y la intención de los autores, comprobar la credibilidad de
los testigos y la veracidad y coherencia de su testimonio, consolidar esos hechos con una tradición
ininterrumpida que no sólo permite el conocimiento de los mismos hechos, sino que constituye una clave
interpretativa ineliminable de los mismos. A pesar del instrumental que se crea entonces, la teología
fundamental sabe, desde el comienzo de su investigación, que es imposible poder disponer del objeto de
estudio a su antojo».

¿De qué nos está hablando aquí? de la historicidad y los criterios de comprobación e
instrumental científico que utiliza la TF para argumentar.

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Vamos a seguir:

«En efecto, este objeto está situado desde su aparición en el horizonte del misterio, que es creído y
aceptado a través de un asentimiento que atestigua tanto la verdad plena del contenido como la adhesión
total al mismo de quienes lo aceptan. El asentimiento, que es parte integrante del acto de fe, obliga al
teólogo a no poder prescindir nunca de su relación con la revelación y con la fe de la comunidad».

El autor normalmente hace afirmaciones y las desarrolla. Cuando veamos que cambia de
tema, tenemos una idea para comentar nosotros. Seguimos:

«Desde el comienzo de su teologar, sabe que lo precede un teologar de una comunidad entera que se ha
construido a sí misma con la transmisión del contenido de la revelación y con la búsqueda en él del
sentido de la historia»

Resaltamos la idea de comunidad. Sabemos que hay una comunidad detrás de toda esta
teología y se construyó a sí misma y que vivió y experimentó esta fe.

«Por consiguiente, si por una parte la teología fundamental pertenece a la teología, por otra hay que añadir
que la teología misma pertenece a ese ser peculiar de la fe eclesial que busca la inteligencia de lo que cree
y que, por tanto, no puede ser una celosa actividad de cada teólogo en particular»

Hay que tener en cuenta esa tradición y la interpretación de la misma.

«Hay una «responsabilidad científica» que cualifica al teólogo fundamental -pero, de suyo, a todo
teólogo- respecto a cualquier otro científico: la de subrayar que la propia identidad se define por el objeto
de su estudio y no viceversa.

Un teólogo fundamental sin fe se vería reducido a un historiador del suceso, pero sin poder comprender
en profundidad el propio suceso. Efectivamente, si éste se quedase reducido a un puro suceso histórico,
llegaría a faltar la connotación más importante que posee, es decir, la pretensión de ser una revelación
divina que lleva consigo.

Por tanto, relacionarse con la revelación cristiana no es limitar la especulación y la búsqueda al simple
ámbito de una «posible» expresión de Dios en la historia; ni es tampoco abstraerse en el ámbito de lo
religioso genérico para verificar una noción de trascendencia»

Como vemos, no podemos hacer teología aisladamente. ¿Cuál sería la responsabilidad


científica del teólogo? tiene que tener claro, empecemos por esto, de que la identidad de su ciencia
se define por su objeto de estudio. Y la pretensión de verdad del teólogo sería demostrar que se trata
de una revelación divina pero que, siendo divina, sea capaz de dar sentido a la historia y a la
existencia del hombre. Nosotros podemos experimentar que vive, que no es una mentira lo que nos
han contado de la revelación. Ademas, tengo el testimonio de una comunidad que lo vieron
escucharon y nos trasmitieron sus enseñanzas y nosotros lo ratificamos. El cristianismo, pues, tiene
una base histórica. Lo leemos en:

«Y esto significa mucho más. Equivale realmente a la certidumbre «científica» de que Dios ha hablado a
la humanidad, que Jesús de Nazaret tiene conciencia de ser Hijo del Padre y por eso mismo Palabra
definitiva dirigida al hombre y a la historia en busca de salvación. Prescindir de este a priori equivaldría a
un falseamiento del acontecimiento; la teología fundamental dejaría de ser «científica», al no
corresponder ya a su objeto de estudio y haber dejado de ser una experta en El».

Seguimos:

«El ser expertos es uno de los elementos cualificativos de la investigación científica. Experto es aquel que

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tiene una relación de «simpatía» con el objeto de estudio, lo lee y lo comprende desde dentro porque ve
su coherencia lógica y porque relaciona con él incluso su existencia. Experto no es solamente el que lo
sabe todo de una materia por haberlo adquirido mediante el estudio; es más bien aquel que modela y hace
de su existencia una referencia constante al objeto de estudio, por haber visto en él el sentido de su
búsqueda».

Habla de lo mismo. Ya se ha dicho lo importante y esto seria una de las ideas secundarias o
de adorno. Seguimos:

«Por tanto, para ser «experta» en la revelación, la teología fundamental tiene que ser capaz de entrar en la
lógica revelativa y en la vida de fe de la comunidad. Prescindir de estos dos polos significaría impedirle
acercarse «científicamente» a su objeto de estudio y equivaldría ponerla en vía
muerta»

Vemos que repite lo mismo.

«La nueva perspectiva en que se inserta la teología fundamental está bajo el signo de una doble
dimensión, mediante la cual intenta llegar a su destinatario. Por tanto, es posible verificar una dimensión
dogmática, con la que ella elabore el objeto de su estudio a la luz de la revelación y de
los principios que dimanan de ella. Este impacto está destinado primariamente al creyente que se sitúa en
la condición de comprender el contenido de su creer a partir del contenido mismo al que se entrega. Y hay
una segunda dimensión, la apologética. Mediante ella, se busca la inteligencia de lo que ya se cree con la
intención de ofrecer a la opción de fe su plena libertad. El objeto de estudio, en esta segunda dimensión,
es analizado con una metodología que sabe hacer inteligible su contenido incluso para aquel que no tiene
la misma experiencia de fe, de forma que pueda percibirlo como portador de sentido».

Esto es parecido a lo que nos dice Pié Ninot en el primer tema que vimos (léase). También lo
vemos en el artículo 5 de la DV.

La profesora comenta que es muy difícil construir un manual de TF y que dure para mucho
tiempo porque es algo que se va construyendo a través del diálogo con la sociedad. Además, no hay
consenso de que fe y razón son las dos alas que nos llevan a la revelación. Tenemos muy metido de
que hay contradicción y la TF se construye a través de ese diálogo por eso hay un problema.

La TF es la que tiene la labor de dialogar con la sociedad, cosa que la dogmática no le hace
falta puesto que su objeto de estudio es la escritura. "Una cosa es en qué creemos y otra cosa es por
qué creemos" (dice una compañera). La TF tiene que responder a "por qué creemos".

Un compañero pregunta: ¿cómo llegar a la gente que no cree? (buena pregunta, se genera
debate).

Llegado a este punto, la profesora puntualiza una serie de ideas (IMPORTANTE):

1º) La ciencia se define sobre todo por su método e implica siempre el criterio de
comprobación. La teología no puede constituirse como ciencia autónoma al margen de la
"obediencia de la fe" (art. 5 DV), nos lo dice Fisichella en el texto. Pero sí que puede reivindicar un
estatuto científico en la medida en que tienden de un modo metódico y crítico a un conocimiento
ordenado de su objeto. Digamos que es un discurso particular, original pero un discurso objetivo y
coherente que manifiesta la lógica interna de la fe cristiana. Este es el objetivo de la disciplina. De
la teología se dice que es la ciencia de las ciencias porque la fe incide en la razón, cosa que no
ocurre en otras ciencias.

Cuando hablamos de criterios de comprobación nos referimos a lo siguiente: la teología como

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ciencia parte de principios no evidentes que son los artículos de la fe, nuestros principios no
evidentes de los que partimos, por tanto tiene unos axiomas o antecedentes como cualquier otra
ciencia que son nuestras fuentes (Escritura, Tradición y el Magisterio). Estos son nuestros axiomas
E, T y M. entonces, ¿cuáles serían nuestros consecuentes? serán las conclusiones a las que se llega a
través de sus propios criterios de comprobación, que son los métodos histórico-críticos. Además
posee unos objetos suyos propios, que son Dios, Jesucristo y las "verdades de fe" que se derivan de
ellos.

2º) Otra cuestión es cuando nos preguntamos ¿cómo operan, o actúan, la razón y la fe en
teología? no se pueden separar. La fe ofrece el contenido y la razón es la que hace el discurso
coherente, es decir, interpretamos las verdades de fe según el contexto histórico en el que fueron
dichas y escritas procediendo desde sí misma y asumiendo su dimensión inteligible, se adhiere a la
fe y desarrolla sus objetos propios.

Una nota final como curiosidad: San Agustín reivindica el estatuo de ciencia para la teología
y Santo Tomás de Aquino, frente a sus predecesores, esto es, los que seguían a San Agustín
(Alejandro de Hales, San Buenaventura, etc.) rechazaba aplicar la noción de ciencia aristotélica a la
teología. Santo Tomás dice que, en todo caso, deberíamos hablar de un 'ciencia subalterna' por su
peculiaridad.

La profesora añade lo siguiente (literal):

"La teología tiene estatuto científico de ciencia, no es una ciencia al uso, pero sí tiene estatuto de ciencia
ya que tiene un objeto de estudio delimitado y por lo tanto un objeto de investigación, partimos de unas
fuentes o axiomas que son los artículos de fe (E,T,M) nos servimos de unos criterios de comprobación y a
partir de ellos sacamos unas conclusiones, es decir, interpretamos, que es lo que hace el Magisterio. Lo
más correcto, pues, es decir que tiene estatuto jurídico de ciencia y podemos defenderla como tal"

C. Historia y revelación (I).

Leemos la página 58 del documento "Teoría 5 Historia y revelación":

«3. Historia y revelación.

Cuando se toma la historia como un horizonte hermenéutico en donde explicar y comprender la


revelación, es necesario avanzar luego al paso de las dos, para que no quede mortificado ninguno de los
elementos a costa del otro. La revelación no puede prevalecer sobre la historia, mortificando su contenido
multisecular; la historia no puede prescindir de la revelación, si no quiere perder su significado. El
distanciamiento de ambas corresponde a la muerte»

Esto está claro: si la revelación prescinde de la historia sería una revelación no significativa
para el hombre, sería como un "cuento". La historia tampoco puede prescindir de la revelación si no
quiere prescindir de su significado.

Seguimos con la lectura:

«A partir del Vaticano II se han dado varios intentos de lectura de la revelación, especialmente por obra de
la teología protestante, que han manifestado mediaciones diferentes para la representación del único
acontecimiento. La obra ya clásica del «círculo de Heidelberg», La revelación como historia, ha
acentudado la historia como lugar original en el que se puede expresar y comprender la revelación que
constituye, en la resurrección de Cristo, el cumplimiento y el final de toda la historia»

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Aquí lo que va a dar son diferentes definiciones de la historia. Seguimos:

«La reflexión de J. B. Metz ha señalado la praxis como elemento específico de la revelación concreta de
Dios y como camino regio para su comprensión por parte del hombre. J. Moltmann en la Teología de la
esperanza lee la revelación como promesa que se realiza en la historia, pero que encuentra su sentido
pleno en la realización escatológica no tanto de la historia como de la promesa misma de Dios»

Esta segunda definición es la que más le gusta a la profesora: "la revelación como
promesa..." es decir, en la revelación se entrelazan pasado, presente y futuro porque es una promesa
que se realizó y se realizó en la historia, que la vamos haciendo viva a través de nuestro presente y
su realización completa la alcanzaremos en el futuro escatológico.

Hasta aquí la clase de hoy.

***

Gabriel Navarro Solano


14 de noviembre de 2018
08:39 a.m.