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El principio de reserva de ley:

El principio de reserva de la ley establece que existen materias las cuales, sólo
el órgano legislativo esta facultado a regular, creándose así el orden jurídico
respectivo. Por lo tanto, la reserva de la ley aparece cuando la regulación de
una determinada materia queda acotada en forma exclusiva a la ley formal.

El principio de reserva de la ley manifiesta exclusividad


de competencia del Poder Legislativo para que intervenga sobre determinadas
materias, en virtud del mandato de la misma ley, no pudiendo renunciar a ella,
pues la potestad legislativa en irrenunciable e indelegable en materia
reservada.

Este principio de reserva de la ley entraña, una garantía esencial de nuestro


Estado de Derecho. Su significado último es el de asegurar que la regulación
de los ámbitos que corresponden y afectan a los ciudadanos dependa
exclusivamente de la voluntad de sus representantes.

Según el principio de reserva de la ley, sólo pueden ser contenidos de las leyes
los siguientes:

 La regulación de una libertad;


 La creación de delitos y sus penas;
 El establecimiento de impuestos y contribuciones; y
 La creación de una jurisdicción o de órganos jurisdiccionales

En materia de derechos fundamentales, la Constitución instituye como una


garantía la reserva de ley orgánica para su desarrollo y regulación en el
ordenamiento adjetivo. El artículo 74.2 dispone: “Sólo por ley, en los casos
permitidos por esta Constitución, podrá regularse el ejercicio de los derechos y
garantías fundamentales, respetando su contenido esencial y el principio de
razonabilidad”.
La reserva de ley es un límite y una garantía. Desde el punto de vista de la
administración, constituye una frontera, pues no le está permitido limitar los
derechos. Desde la perspectiva ciudadana, es una garantía, ya que asegura
que la regulación sólo la puede hacer el órgano legislativo como representante
de la soberanía popular.
Así, pues, se cumple con la función primordial de asegurar que los derechos
que la Constitución atribuye a los ciudadanos no se vean afectados por
ninguna injerencia estatal no autorizada por el legislador.
Esto no significa que se excluya la posibilidad de que las leyes que regulan
derechos fundamentales tengan remisiones a normas reglamentarias; es decir,
los denominados reglamentos derivados. Lo que está prohibido es que en
ausencia de una ley se pretenda regular el derecho fundamental a través de un
reglamento independiente, pues ello equivaldría a una denegación de la
reserva y, consecuentemente, de la garantía.
Más aún esa reserva es de ley orgánica, para cuya aprobación o modificación
se requerirá el voto favorable de las dos terceras partes de los legisladores
presentes en ambas cámaras.
Además de mayoría calificada, la regulación de esos derechos (art. 74.2 de la
Constitución) deberá hacerse respetando su contenido esencial y el principio
de razonabilidad.
Respecto de la noción de contenido esencial de un derecho subjetivo, la misma
se refiere a aquellas facultades necesarias para que la existencia del derecho
sea reconocible.
En el caso de la libertad de expresión, por ejemplo, es obvio que el contenido
esencial es la posibilidad misma de expresarse sin censura previa, como en los
de los derechos de los consumidores, es el de participar en el mercado de
consumo con respeto de su dignidad y su salud.
El otro aspecto que hay que tener presente al momento de regular cualquier
derecho fundamental es el principio de razonabilidad o proporcionalidad.
Aquí, el legislador tendrá que pasar un “test de proporcionalidad” que
demuestre, en esencia, que la regla es: a) adecuada, es decir, que la
restricción que sufre el derecho fundamental sea verdaderamente útil para
alcanzar el fin que justifica la limitación; b) necesaria, o sea, que no haya otra
alternativa que permita hacer menos gravoso el límite al derecho, y c)
proporcional, que en sentido estricto significa que se logre un “equilibrio” entre
las ventajas y los perjuicios que se derivan de la norma que limita el derecho .