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En un entorno marcado por la pobreza, las tensiones sociales y las duras

condiciones de trabajo, Elizabeth Gaskell vuelve a ofrecernos una de sus


inolvidables historias de amor.

Mary Barton fue la primera novela de la escritora, iniciada como terapia


para curar la depresión tras la muerte de su hijo, pero es sin duda una pieza
excelente, donde Gaskell demuestra su capacidad para volcar en el papel su
concepción de su entorno y para construir personajes conmovedores pero
reales.

Mary Barton es en parte una historia de amor en la que la heroína deberá


enfrentarse a un grave obstáculo para alcanzar la felicidad; pero sobre todo es
un retrato, e incluso una denuncia, de las miserables condiciones de vida que
los obreros de la primera mitad del siglo XIX sufrían a causa de sus patronos.

Mary es una joven obrera, miembro de una familia de obreros. A través


de la narración conocemos a la familia de Mary en los “buenos tiempos”,
cuando hay trabajo y, aunque con estrecheces, los obreros pueden vivir con
relativa dignidad. Sin embargo, acontecerá una depresión del comercio que
dejará sin trabajo y sin pan al padre de Mary y a otros muchos obreros.
Reducido a la miseria y al hambre, el padre de Mary, un sindicalista
implicado en la lucha por unas mejores condiciones laborales para sus
compañeros, se va radicalizando. Cada vez tiene más claro que la opulencia de
unos es la raíz de la extrema necesidad de otros. Y serán sus actos los que
enfrenten a Mary a la dura prueba que es el eje de la novela.
Elizabeth Gaskell supo poner en voz de sus personajes el lamento de
angustia que poco a poco iba convirtiéndose en grito de rebelión.

Mary Barton es, como puede comprenderse, una novela cuyo tema sigue
estando vigente más de siglo y medio después. Construir la riqueza de unos
pocos a costa de la necesidad de la mayoría sigue siendo una realidad presente
en nuestra sociedad y nos recuerda de quién es el mérito de las ventajas que
hoy disfrutamos, pues los patronos nunca han estado dispuestos a ceder sus
privilegios.