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El rechazo por parte del padre es más dañino que el rechazo por parte de la madre.

Las relaciones conflictivas familiares no sanadas, no solo hieren a la persona afectada sino a
todo el grupo familiar y será un polo de atracción que permitirá la reproducción y repetición
de conductas conflictivas con una futura pareja y con sus propios hijos.

Existen muchos problemas que no podemos solucionar, la mayoría de ellos originados en


nuestros primeros años de vida dentro del contexto familiar. No significa justificar lo que pasó
en nuestra infancia, porque situaciones abusivas lo seguirán siendo, aunque deban ser
perdonadas. Tampoco significa entrar en el papel de víctimas, pues nuestros padres fueron
responsables de nosotros, siendo productos de sus propias experiencias de vida, y debes
recordar que nadie puede dar lo que no tiene. Así que es necesario enfrentar el duelo por los
padres que no tuvimos y aceptar los que sí tuvimos, lo cual no significa aceptar todas sus
acciones como correctas.
El rechazo significa que no han sido satisfechas las necesidades básicas de amor y aceptación,
dos pilares indispensables para construir una mente y un alma saludables; en su lugar
aparecen sentimientos y pensamientos negativos sobre uno mismo, sintiéndose incapaz de
hacer bien las cosas, y sobre los demás, pensando que no se puede confiar en nadie porque
todos te van a lastimar.

Es importante considerar que a veces los papás han dado amor, pero por alguna razón los hijos
no están seguros de ello. Por ejemplo, una mamá enferma que pasa mucho tiempo en el
hospital y un padre que siempre está con ella. También puede ocurrir que los padres, en
función de sus propias experiencias infantiles, no puedan expresar el amor de manera que el
niño pequeño pueda comprenderlo.

El Dr. Salomón dice: “la manera en que un padre rechaza a un hijo es a veces, inversamente
proporcional a la manera en que él mismo fue rechazado, aunque muchas veces lo trata
exactamente igual a la forma en que fue tratado”.
El rechazo puede ser manifiesto o encubierto. El rechazo manifiesto se da: cuando el padre
abandona el hogar y nunca vuelve, cuando se dicen frases que le hacen saber al niño que no
fue deseado o que se esperaba que hubiera nacido del sexo contrario, cuando se le dice que es
un inútil, un tonto y que debería ser más como sus hermanos. El rechazo encubierto es:
cuando hay padres ausentes por actividades personales, cuando los padres se divorcian y
utilizan al niño como medio de agresión entre ellos, padres que no expresan afecto de ninguna
forma y padres sobreprotectores.

La sensación de rechazo por parte de cualquiera de los padres tiene efectos devastadores en el
desarrollo de la personalidad del niño, y casi siempre han sido las madres el blanco principal al
momento de encontrar signos de rechazo en los pequeños, pero una nueva investigación
reciente sugiere que el rechazo del padre es más perjudicial para el desarrollo infantil.

Uno de los coautores de este estudio es el psicólogo Ronald Rohner, de la Universidad de


Connecticut, explica que no se ha encontrado ninguna otra experiencia que tenga un efecto
tan negativo en la personalidad del niño como el rechazo, en especial por parte de los padres.
Los resultados de este estudio demostraron que los niños que se han sentido rechazados por
sus padres se vuelven ansiosos, inseguros y desarrollan hostilidad y agresión hacia los demás.

También se ha descubierto que las mismas partes del cerebro que se activan cuando una
persona experimenta dolor físico, también se desencadenan cuando una persona se siente
rechazada. Esta experiencia imprime un dolor tan grande y agudo que no desaparece si no se
trabaja con él, y que se prolonga hasta la vida adulta, teniendo repercusión en la manera en
que se forman las relaciones interpersonales, pues, a diferencia del dolor físico que puede
desaparecer con medicamentos, el dolor emocional es algo que las personas pueden revivir
psicológicamente y sentir como si les estuviera volviendo a pasar lo mismo.

Dicho estudio también encontró que el rechazo del padre puede dejar rastros más serios en el
desarrollo del niño, que el rechazo de la madre. Esto puede deberse a que los niños perciben al
padre como alguien con mayor poder o prestigio, por lo tanto, más influyente y más capaz de
dañar la personalidad del niño con sus acciones.

Algunas consecuencias que tiene el haber sido rechazado de niño pueden ser: el niño tiene un
concepto pobre sobre sí mismo y se vuelve un adulto que se siente incapaz de lograr lo que se
propone, incluso puede sentir desprecio por sí mismo, por su cuerpo o por su forma de ser.
También se vuelven personas desconfiadas de todo el mundo, piensan que si sus propios
padres los rechazaron, todo el mundo también lo hará y esto crea extrema codependencia con
las personas con las que logra relacionarse (amigos, pareja, etc.).

Tienen dificultades para expresar sus sentimientos y prefieren aislarse antes que conversar
sobre ellos. Se vuelven rencorosos, con gran dificultad para perdonar y con incapacidad de
sentir empatía por los otros. Les cuesta trabajo compartir, pero les da ansiedad pedir ayuda.

También puede suceder que se vayan al otro extremo, es decir, a tener conductas anti sociales
como delincuencia y drogadicción, a la vez que llegan a ser muy extrovertidos, en un afán de
querer llamar la atención y poder sentirse alguien importante.

Aunque muchas de las vivencias de la niñez nos han condicionado a ser de una u otra forma,
siempre es nuestra decisión quedarnos en el papel de víctimas o decidir movernos de ese lugar
donde nos sentimos lastimados y elegimos sanarnos para vivir una vida libre.
La importancia de que ambos padres estén presentes en el proceso de crianza de los niños,
aunque no estén juntos como pareja, debería impulsar a los hombres a querer formar parte de
la vida de sus hijos. Que sepan que su amor es igual de importante que el amor materno, al
cual se le brinda demasiada importancia; siendo la realidad que ambos padres deberían poner
el mismo empeño en involucrarse emocionalmente con sus hijos y con su familia.